lunes, 2 de noviembre de 2026

Revisión de Foucault

  La nada: el ídolo de Foucault, por Carl R. Trueman, en El Debate, 31 oct. 2026

Este mes de octubre se cumple el centenario del nacimiento de Michel Foucault. Ya influyente en vida, cuarenta y dos años después de su muerte, mientras que contemporáneos suyos como Derrida han quedado relegados al olvido, Foucault sigue siendo alguien a quien los académicos tienen que tener en cuenta. Desde el poscolonialismo hasta la teoría queer, sigue siendo una de las figuras más citadas e influyentes en las humanidades. De hecho, las remodeló a su imagen y semejanza. Tras Foucault, somos más conscientes de los factores culturales que conforman el conocimiento, somos más sensibles a cómo las historias del pasado sirven a fines políticos en el presente (y se ven moldeadas por ellos), y somos más recelosos ante un poder omnipresente, a menudo invisible e imposible de resistir.

Si Foucault hubiera vivido en nuestros días, sin duda habría visto reafirmado su pensamiento en aspectos clave. No le sorprendería la transformación de Internet, que ha pasado de ser un espacio de libertad a convertirse en un lugar de algoritmos y vigilancia. Consideraría nuestra actual confusión sobre qué significa —si es que significa algo— el ser humano como la última versión de una obsesión de la Ilustración. Vería la crisis del COVID, desde su lenguaje militarista hasta el uso de la «ciencia» y los «expertos» como medios de control social, como un claro ejemplo de «biopolítica», es decir, el uso de la medicina para definir, acorralar y controlar. Y sería fascinante saber qué pensaría sobre el estado actual del movimiento LGBTQ. Sí, su pensamiento ayudó a derribar el viejo esencialismo de lo que denomina despectivamente «heteronormatividad». Pero el propio movimiento LGBTQ utiliza ahora un lenguaje del tipo «yo nací así» —un lenguaje esencialista que trata la sexualidad como algo innato y fijo— para mantener su propio poder cultural. Nunca sabremos con certeza cómo se habría posicionado Foucault respecto a este desarrollo, pero la oposición LGBTQ a, por ejemplo, las terapias de conversión, parece basarse en una forma de esencialismo vulnerable a ser desmontada con las mismas categorías foucaultianas que hicieron posible la revolución queer.

Sin embargo, por muy brillante que fuera, en el caso de Foucault la cuestión de la vida y el pensamiento se impone a los lectores con cierta urgencia. Tenía un lado oscuro y siniestro. Parece que siempre estuvo al borde de la locura. Su vida homosexual en secreto le llevó a sufrir intentos de suicidio y crisis nerviosas en su juventud. Tras salir del armario en la década de los setenta, se sumergió en el mundo del BDSM y de las saunas, anticipándose a los pervertidos excesos de la actual anarquía sexual. Incluso hay indicios —discutidos pero convincentes— de que viajó a África para pagar por mantener relaciones sexuales con menores en cementerios y de que contagió a otras personas con el virus del sida a sabiendas.

Por supuesto, el mundo de los intelectuales de talento está repleto de figuras cuyas vidas privadas se caracterizaron por excesos sexuales. Pero Foucault sigue siendo un caso extremo. Y sus predilecciones sexuales, caracterizadas como estaban por la transgresión, el dolor, la dominación, la sumisión y los coqueteos con la muerte, encajan con demasiada claridad en sus intereses académicos como para que ambos puedan separarse nítidamente. No era un físico de partículas al que simplemente le gustaba

frecuentar clubes de bondage después de que el laboratorio cerrara por la noche. Había una profunda continuidad entre su filosofía y su forma de vida. La primera le proporcionaba la legitimación teórica de la segunda.

Había también un profundo nihilismo subyacente en su pensamiento que excluía cualquier sentido de valor moral. En vida, se presentaba como un hombre de izquierdas, pero eso era fruto del contexto, no de una convicción. Su crítica al poder lo convertía en una figura de oposición, y la Francia de su época —la de De Gaulle y, posteriormente, la de d’Estaing— tendía más hacia la derecha. Fue comunista durante un breve periodo y coqueteó con el maoísmo, pero en el fondo carecía de una visión política estable y positiva. Sus comentarios sobre la Revolución Iraní resultaron ridículos en su momento y lo parecen aún más hoy en día, aunque estaban en consonancia con su falta de norte moral. En una entrevista publicada en Il Contributo en 1980, el entrevistador le preguntó si consideraba que la democracia era mejor que el totalitarismo. Para gran frustración del entrevistador, Foucault no dejó de eludir la pregunta. Esto era coherente con su compromiso con un enfoque genealógico de la historia que eludía la cuestión de la verdad; pero también ponía de manifiesto el nihilismo impotente de su pensamiento. De hecho, en un ensayo sobre Nietzsche y la genealogía, citó el comentario del filósofo sobre la historia como carente de forma providencial y de un destino con sentido, no siendo más que el resultado de «la mano de hierro de la necesidad agitando los dados del azar». Pues bien, si la historia no significa nada, tampoco quienes la hacen.

Fue ese vacío el que marcó su final. En su novela Al amigo que no me salvó la vida, Hervé Guibert narró su amistad con un hombre, Muzil, y las dificultades a las que ambos se enfrentaron tras contraer el sida. Muzil era Foucault, y la «novela», unas memorias apenas disimuladas.

La descripción que hace Guibert del sufrimiento físico de Muzil en sus últimos días es desgarradora, pero lo más inquietante es su relato de una visita que le hizo al hospital cuando se acercaba el final:

Muzil estaba sentado frente a la ventana soleada, en un sillón reclinable de imitación de cuero blanco, en aquella habitación que apestaba a pescado frito, en el silencio de aquel hospital desierto durante el fin de semana de Pentecostés. Evitó mirarme a los ojos y dijo: «Siempre piensas que, en cierto tipo de situaciones, encontrarás algo que decir al respecto, y ahora resulta que, al fin y al cabo, no hay nada que decir».

Ante la muerte, Foucault permaneció callado. El hombre que rehizo las humanidades a su imagen y semejanza y que inspiró millones de palabras a sus numerosos epígonos, murió sin nada que decir. Nada.

Cuando leí por primera vez ese pasaje, me vino a la mente el salmo 115. Tras describir los ídolos sin vida que los hombres fabrican y adoran, el salmista llega a una conclusión devastadora: quienes los hacen serán como ellos. Y Foucault había hecho un ídolo de la nada. Así, a pesar de sus fascinantes ideas, su deslumbrante intelecto y su enorme influencia, fue su nihilismo el que tuvo la última palabra, o quizás mejor dicho, el que le despojó de sus últimas palabras.

Publicado originalmente en First Things.

domingo, 1 de noviembre de 2026

Entrevista al antropólogo y escritor Albert Sánchez Piñol

 Entrevista a Albert Sánchez Piñol, escritor: "La mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción", por Elena Pita, en elPeriódico, Barcelona, 31 OCT 2026:

Radicalmente antisistema, ha escrito una segunda parte de 'Moby Dick', 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que la editorial Navona acaba de traducir al castellano, haciendo de ello una tragicomedia política

Básicamente, su literatura se debe a la conjunción de tres factores. 1) El tinnitus que se le instaló en el oído a los 14 años, que desde entonces le impide escuchar el silencio. Huyendo de este ruido monocorde y pertinaz, el niño Piñol cerraba los ojos e inventaba historias que le distrajeran. Lo sigue haciendo. 2) La antropología, que pronto despertó su interés por el otro y le condujo al corazón de las tinieblas: con 30 años viajó al Congo en trabajo de campo, buscando a los mal llamados pigmeos para hacer su tesis doctoral. Allí conoció el paraíso (la sociedad igualitaria de esos seres extraterrestres que son los mbutis) y el infierno (la sanguinaria guerra importada por los tutsis). Salió huyendo cuando ni un misionero (blanco) quedaba sobre el terreno. Y 3) Un placer que no disimula por la lectura y la buena letra, que de niño practicaba hablando del revés.

De cierto aire taciturno y apariencia gruesa, por sus ideas claras y radicalmente antisistema, Albert Sánchez Piñol (nacido en la gris barriada de Barcelona que era el Guinardó año de 1965) resulta un ser adorable de risa fácil. Me invita a un café en el Pulitzer. Le comento que vengo de atender una asamblea en la acampada de plaza de Catalunya, y él: "Nada, ningún recorrido tiene esto. Sánchez es el mago de lo imposible, capaz de salir indemne de cualquier hundimiento y encima sacarle provecho".

Y para hundimientos, esta segunda parte de 'Moby Dick' que ha escrito desmontando a Melville, 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que ahora traduce Navona: 'Después del naufragio', haciendo de ello una tragicomedia política aplicable a cualquier latitud del llamado Occidente, del 'procés' al monstruoso Donald Trump.

Antropología aplicada al género fantástico, ¿ese sería su sello personal?

El antropólogo está ahí, y aunque intente que cada libro sea diferente, un autor está siempre escribiendo la misma novela. Trato de eliminar todos los prejuicios de mi mirada: es una lucha constante por anular mi yo, lo que me acerca al budismo. Diferencio dos tipos de literatura, aquella en la que el protagonista es un trasunto del escritor y otra, la que yo intento, donde los personajes tienen vida al margen del autor, y ahí resulta muy útil ese esfuerzo de anularse a uno mismo, para que esos otros vivan.

"La inmersión absoluta con la empatía, verlo todo desde el punto de vista de los otros", ¿así es como define usted la antropología?

Sí, el antropólogo es alguien que se sumerge en una sociedad distinta porque quiere conocerla, ver el mundo como ellos. Y esto es algo muy rico, pero también muy contradictorio y doloroso: necesitas vaciarte completamente.

Piñol, aquellos estudios que hizo en el Congo, ¿fueron el principio y es el fundamento de todo lo que escribe?

En cierto modo, fue al volver cuando empecé a publicar ['La piel fría', 2002, un 'best seller' traducido a 37 idiomas].

Volvió de allí muy alucinado y sin poder concluir su investigación, ¿cierto o me traiciona la memoria?

Es que no puedes no volver flipado de un trabajo de campo antropológico en el trópico africano con los mal llamados pigmeos [nombre tomado de un cuento de Homero en referencia a los gnomos]. Cuando encontremos extraterrestres, no sé si tendrán tres ojos o qué, pero seguro serán más parecidos a nosotros que los mbuti del Congo. Ríete tú de los 'hobbits' de 'El señor de los anillos', los mbuti son seres de apenas un metro, con un cuerpo completamente distinto, y no son negros, sino más bien rojos. Y sí dejé las investigaciones inconclusas porque me pilló la guerra, que fue muy bestia. Los tutsis, después del genocidio de Ruanda, se habían infiltrado en el ejército congoleño e invadieron el país. Y entonces empezaron las intervenciones extranjeras, porque date cuenta de que el Congo es coltán, mineral básico para componentes electrónicos. Llegó un momento en que ni en la selva quedaba un misionero, que son siempre los últimos en abandonar gracias a la impunidad que les otorga el crucifijo.

Piñol, ¿de dónde le viene esa tendencia lúdica a dar la vuelta a conceptos y nombres, como el de esta isla de Onroternis, irás y no volverás, o Jon Quer sin hache [remedo de Junqueras], o Karl van der Berg [Carlos del Monte o Puigdemont], y tantos otros?

Cuando era un crío hablaba al revés, y tenía algún amigo que también practicaba y así podíamos conversar sin que nadie nos entendiera. También tiene algo que ver que soy ambidiestro para muchas cosas, y como no es fácil poner nombre a los personajes, a veces recurro a esto.

Otra singularidad serían esos sustantivos y adjetivos algo arcaizantes que emplea, como reciclados. ¿Es así porque traduce del catalán, idioma en el que piensa y escribe?

Depende, también pienso y escribo en castellano, como sucedió con 'Victus'. Pero es que hay un registro chabacano del castellano que no me convence, ¿sabes?, y a veces algo que parece arcaizante es simplemente serio.

¿Opina que de unos años a esta parte el catalán ha sufrido un retroceso en su uso?

Eso es un dato objetivo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar

¿A qué causas lo achacaría, después de un paradójico intento de acercamiento del poder central?

A ese acercamiento se vieron forzados por los votos en el Congreso, pero nada tiene que ver con la política cultural: es un espejismo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar. Y si resulta que viene un millón de inmigrantes y tú no tienes las herramientas de un Estado ni la política cultural necesaria, ¿cómo vas a gestionar la inmigración y cuál va a ser el idioma en que se integren? La política migratoria considera que el catalán es irrelevante. Además, la inmersión lingüística en las escuelas es irreal, no se da la discriminación positiva necesaria. Me gustaría que se entendiera que defender el catalán no implica en absoluto animadversión alguna por el castellano. Yo considero el catalán mi patrimonio cultural personal y para nada quiero prescindir del castellano, pero están las relaciones de poder. Estoy en contra del imperio siempre, e igual que en Puerto Rico sería un fanático defensor del castellano, que está invadido por el yanqui, aquí el débil es el catalán, y si desaparece, mejor.

Hay en 'Después del naufragio' una lucha de poder bien cómica: un capitán y un segundo de a bordo a cada cual más inepto e ignorante, debatiéndose el puesto. ¿Podría ser una parodia del bipartidismo?

Lo que hice fue una parodia del 'procés', pero tengo amigos americanos que me preguntan si Moby Dick es Donald Trump y los comandantes, demócratas y republicanos. Y ahora tú hablas de PP/PSOE, pues también, un bipartidismo sin cabeza y un monstruo que viene por detrás y que será terrible. Pero es lo que estamos propiciando, porque la nave va sin control.

La impresión es que escribe para reírse del poder, pero ¿el poder no es inmune a la risa?

Sí, el poder tiene una grandísima capacidad para fagocitarlo todo. Y ahora encima ha incorporado la sátira: Trump se hace sátira a sí mismo y, en lugar de perjudicarle, le fortalece. Y en Catalunya, todos los políticos quieren salir en 'Polònia' [programa satírico de TV3], con lo cual nos pisan la sátira a los demás. Pero siempre está bien desnudar al emperador. Yo tengo una frase capital que dice: la mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción. Mediante una metáfora explicas mucho mejor lo que realmente sucede.

Toma prestado un poema de Joan Brossa, 'La gent no s’adona del poder que té', para decir que el poder circula de abajo arriba y que "el gobernante no es sino una marioneta" [Marcel Mauss]. ¿De verdad tiene esperanza en el poder colectivo frente al tanque de las finanzas?

Yo creo que los únicos movimientos que valen la pena son los que van de abajo hacia arriba: lo que viene de arriba te va a absorber, nada más. Pero, en este país, la Transición y todo lo que vino después se hizo desde arriba para abajo. La Transición la hizo el franquismo y consistió básicamente en abrir las puertas al PSOE, que ¿qué ha hecho?, fagocitar cualquier cosa que venga de abajo. Yo veo así las cosas, y mi máxima esperanza se basa en la irracionalidad de la historia, que ocurran cosas que no están previstas. En contra de lo que decía Marx, nadie sabe lo que va a pasar mañana. Parece estar todo controlado y de repente algo revienta el 'statu quo'.

Hay un bipartidismo sin cabeza que está propiciando la llegada del monstruo, que será terrible

Vuelvo al atunero Lònia, donde "toda tragedia era cómica y toda comedia se convertía en trágica". ¿Contempla la condición humana como una perpetua tragicomedia?

Sí, sí, reírse de uno mismo sirve para relativizar. En mi vida el humor es una tabla de salvación. Todas las generaciones han creído que vivían lo peor y lo mejor de la historia humana. No creo que esto sea el fin, vendrá otra gente después de nosotros: esto también se superará.

Piñol, usted de niño debía de tener la cabeza a pájaros, ¿me equivoco?

Vivimos la infancia en una época que espoleaba nuestros deseos de pasión. En mi barrio te podías evadir con las drogas, así que la mitad la palmó, o con la política, había gente que quería hacer la revolución. Y otro modo de volar era la ficción, como en la película de Óscar Aibar, 'Platillos volantes', situada en la Terrassa de los años 70, que no era muy distinta de mi barrio del Guinardó. Lo que querías era largarte de allí, y entonces sucedió esto del tinnitus.

¡¿Perdón?!

Sí, una noche al acostarme me di cuenta de que el sonido ambiental no desaparecía de mis oídos, permanecía como un silbido de fondo. Bien, pues jamás se fue, nunca pude volver a escuchar el silencio: un tormento muy considerable. El recurso que me quedó era cerrar los ojos y empezar a imaginar historias cuyo interés se sobrepusiera al silbido.

Qué horror, y eso de los platillos volantes… ¡Qué marcianadas no haría buscando extraterrestres! ¿Le ocasionaba esto mucho problema en casa y en el colegio?

Sí, pero es que era muy asfixiante vivir cuatro personas en un piso de 55 metros cuadrados e ir a un colegio de curas para quienes eras nada más que un bulto, con unos profesores amargados que ponían cero empatía. O sea, una vida bastante triste. Y en un ambiente tan sórdido y gris, algo tenía que inventar, ¿no? Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse

Tengo entendido que siempre tuvo en mente hacer la segunda parte de Moby Dick, y que mantiene un diálogo constante con Melville a través de un médium. ¿Qué ha opinado de su secuela?

Sí, hace tiempo que quería escribir una continuación de 'Moby Dick' en la estela de 'Los viajes de Gulliver', un libro muy político que fue manual de cabecera para los anarquistas del siglo XX. La fábula política es un género muy desaprovechado. Pero este hombre confunde una novela con un reportaje del 'National Geographic', y escribe cientos de páginas sobre cientos de peces, e incluso creía que la ballena era un pez, y el capitán Ahab no sale más que en dos o tres pasajes, y encima en el original mata a Ismael, que es la voz narrativa. Y entonces...

¿Entonces lo que quería era reescribirlo?

Quería hacer otra versión, decir que quería corregir a un clásico resulta muy presuntuoso. Invertí muchas cosas del original e hice una novela corta y dinámica, de capítulos muy breves que terminan con una frase que te impele a seguir leyendo.

Coficofin, el Ismael de Melville, reflexiona sobre la muerte: "Cuando morimos, nadie puede acompañarnos". ¿La conciencia de la muerte nos distingue del resto de animales o eso es solo algo que suponemos?

Como antropólogo, te diría que hay muchísimas versiones de la muerte. Y la nuestra no es precisamente de las más afortunadas, porque tenemos una idea tan fuerte del individuo… No nos educan para morir sino para temer a la muerte. A mí me gusta mucho la concepción budista, que vacía de contenido y de significado a la muerte, asumiendo que va a suceder y contemplándola como el irse a dormir, despedirse y morir, y eso pasa. Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse.

Piñol, ¿por qué será que nos fascina tanto el terror y por qué el miedo resulta tan contagioso?

Porque es una frontera tras la que está el otro y lo desconocido, que te rechaza. Pero fíjate que solo en esos espacios liminales aprendemos cosas: hay una verdad, un conocimiento en el terror. Es por tanto una realidad que te repele y al mismo tiempo te atrae, y, por tanto, es fascinante. Repulsión y atracción, eso es el terror.

Después del naufragio / Després del naufragi, Albert Sánchez Piñol. Traducción al castellano de Amalia Medina Martín Navona / Univers 304 páginas 23 euros / 22,90 euros

Revisión de Manuel Azaña

 I

 Manuel Azaña, sus años de estudiante en 'El jardín de los frailes' agustinos de El Escorial que acabaron en Paracuellos, en El Mundo, por Fernando Palmero, 31/10/2026:

El programa aplicado por Manuel Azaña durante su actuación al frente de la Segunda República se fijó en los años en los que estudió con los padres agustinos en El Escorial, de donde salió anticlerical y antiespañol, según afirma José María Marco en su nueva edición de 'El jardín de los frailes'.

Como todos los debates que tuvieron lugar durante el otoño de 1931 en unas Cortes de las que saldría la primera (y única) Constitución republicana de la Historia de España, el de aquel 13 de octubre sería de los más acalorados. Se discutía el artículo 24 del texto constitucional (que luego sería el 26) y para defender la expulsión de los jesuitas del país y la prohibición de enseñar a las congregaciones religiosas, el entonces ministro de la Guerra y líder de Izquierda Republicana, Manuel Azaña, pronunció una frase que, después de la oleada anticlerical que había acabado con la quema de conventos en los primeros días de mayo, era toda una declaración programática en la que se jugaba la defensa de la República: "España ha dejado de ser católica".

Es cierto que el nuevo régimen llevaba apenas unos meses en pie, pero Azaña ya "asumió y promovió la defensa de la República en primera persona, con su experiencia vivida (o inventada, podemos añadir nosotros) en El Escorial", explica el especialista José María Marco. Aquel discurso fue acaso el más meditado que pronunció durante el proceso constituyente, porque sabía que sería el más importante de su vida. En lo personal, como en lo político.

Los 484 muertos de los meses más sangrientos de la Segunda República: "La izquierda llamaba fascistas a quienes sólo trataban de cumplir la ley"

La sentencia remitía a otra del filósofo Ernest Renan: "Los que salen del santuario son más certeros en sus golpes que los que nunca han entrado en él", frase, subraya Marco, "que sólo puede tener un sentido: el de una amenaza. Muy probablemente, Azaña la leyó, citada por el cardenal Dupanloup, en El Escorial. La confesión se había convertido en un desafío".

Y es que, el Azaña que terminaría transmutándose en símbolo por excelencia de la República, era fruto de la educación sentimental y de las diversas crisis de identidad que sufrió durante su paso por el Colegio de Estudios Superiores de María Cristina, una institución universitaria regentada por los agustinos y destinada a educar a la élite de la Monarquía constitucional de tiempos de Alfonso XIII. Azaña permaneció allí entre 1893 y 1897 estudiando la carrera de Derecho (que terminaría luego en Zaragoza) y sobre su experiencia intelectual y vital publicaría en 1927 un libro de recuerdos y reflexiones que titularía El jardín de los frailes, en referencia al jardín que se extiende al pie de la fachada sur del Monasterio.

José María Marco, que comisarió a principios de los años 90 del siglo pasado una gran exposición retrospectiva sobre la figura del intelectual y político republicano y le ha dedicado cuatro grandes obras históricas y ensayísticas, acaba de publicar en la editorial de la Fundación Universitaria Española (FUE) la más completa edición comentada y anotada sobre una obra que sitúa a la altura de las de Unamuno, Ortega, Ganivet, Gabriel Miró o Pérez de Ayala.

Tres crisis de identidad

Azaña, nacido en 1880 en una familia de clase media acomodada de Alcalá de Henares, decide conscientemente estudiar en un centro extremadamente elitista, religioso y conservador del que necesariamente saldría convertido en un hombre de Estado. Y cuando lo hace, ha pasado ya por una crisis religiosa que su convivencia con los padres agustinos no hará sino intensificar hasta el punto de hacerle perder definitivamente la fe.

Pero esa fue la primera de las grietas que sufre el joven Azaña en su identidad en formación. La segunda atañe a su concepto de lo nacional, ya que empieza a forjarse una idea de España y de ser español distinta a la ortodoxa, católica e imperial que se le ha inculcado en el colegio. Finalmente, con su actitud de rebeldía, que le lleva a abandonar el centro universitario antes de terminar sus estudios, el autor decide iniciar un proceso de desclasamiento al renunciar a ese futuro entre la clase dirigente que le estaba reservado. El autor de la obra, un trasunto del propio Azaña, acaba su experiencia en El Escorial instalado en un incierto nihilismo.

Pero El jardín de los frailes indica, según Marco, que todo lo que el autor ha dejado atrás no ha sido sustituido por nada. "Dios está ausente, pero no ha sido reemplazado; no sabemos qué ha ocupado el lugar de la falsa conciencia españolista, y el protagonista se limita a afirmar, al final, su condición de desclasado diletante. En realidad, el protagonista de El jardín de los frailes, y con él Azaña, se asoman a un mundo nuevo, para el que carecen de medios expresivos, como no sea el silencio. Si la obra no habla sólo de la crisis de fin de siglo, con sus enfrentamientos entre curas y republicanos clerófobos, es porque abre la puerta a un conflicto distinto. Y lo que está en conflicto aquí no es ya la separación de la Iglesia y el Estado, o la educación religiosa, o la supervivencia de las congregaciones, motivos todos del anticlericalismo decimonónico, sino algo que este no imaginaba, como es la llegada forzosamente violenta -pero ahora de una violencia masiva, inconcebible- de un mundo en el que Dios no existe o, más exactamente, del que Dios ha de ser evacuado. Sabemos el cariz que tomará este enfrentamiento durante la República y luego en la Guerra Civil".

Efectivamente, tras el golpe de Estado del 18 de julio, los primeros meses en la zona leal a la República estuvieron caracterizados por lo que muchos autores han denominado el Terror rojo. No sólo por el encarcelamiento de "desafectos al régimen" en las chekas (o cárceles del pueblo) organizadas por los partidos y sindicatos comunistas, socialistas y anarquistas, sino por el asesinato masivo y planificado de al menos 2.500 personas en Aravaca, Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, llevado a cabo desde finales del mes de octubre de 1936 (hace ahora 90 años) hasta principios del mes de diciembre. Sacados de las cárceles donde previamente habían sido conducidos sin juicio previo, fueron fusilados y enterrados en fosas comunes. Debido a que la República había adquirido desde su comienzo un carácter anticlerical y antirreligioso, entre los asesinados en aquellas jornadas se encontraban miles de religiosos y religiosas, entre los que estaban muchos de los padres agustinos con los que Azaña, para entonces ya presidente de la República, había coincidido en El Escorial.

Cuando entre los días 10 y 13 de mayo de 1931 comenzaron a arder iglesias, conventos y centros religiosos, Azaña, entonces ministro de la Guerra, vetó el uso de la Guardia Civil para evitar las destrucciones. Fue su primera decisión para que España dejara "de ser católica". Luego, la expulsión de los jesuitas, la prohibición a las congregaciones de dedicarse a la enseñanza y la incautación de sus centros, entre ellos los de El Escorial. De esta forma, los 106 padres agustinos fueron trasladados a la cárcel de San Antón, y el 28 de noviembre de 1931, 12 de ellos fueron fusilados en Paracuellos del Jarama. "Al día siguiente", termina Marco, "salieron otros 51. Fueron por tanto 63 los agustinos de El Escorial asesinados en las matanzas de la localidad madrileña, organizada por los socialistas y comunistas con Santiago Carrillo al frente. De estos hechos no queda ningún rastro en los papeles de Azaña". Lo que sí cuenta en sus 'Memorias' el ex presidente de la República es la visita que uno de los supervivientes le hizo en Valencia en 1937. "Adoptó una actitud distanciada", explica Marco, "carente de cualquier compasión ante los hechos que el P. Isidoro le debió contar. En el texto van aludidos con un eufemismo siniestro: 'han perecido'. Y como Azaña no está dispuesto a que la realidad varíe su proyecto ideológico y artístico, acaba aleccionando al P. Isidoro y le achaca la responsabilidad de lo ocurrido". Le dijo: "Sus amigos fervorosos, los apasionados de la religión y del orden, son los causantes, no sólo de la desventura personal de usted y de sus compañeros, sino de las instituciones a que pertenecen".

Homosexualidad

La escritura y publicación de El jardín de los frailes tuvo otro protagonista ineludible: Cipriano de Rivas Cherif (1891-1967), dramaturgo, poeta, crítico, periodista, amigo íntimo de Azaña y su cuñado desde que en 1929 se casara con su hermana, Dolores de Rivas Cherif, casi 25 años más joven que él y con la que nunca tuvo hijos. Fue Cipriano el que le animó a escribir sus recuerdos de El Escorial, que comenzó a publicar por entregas en La Pluma, la revista que fundaron juntos en 1920, y cuya finalización, mientras el director de teatro se encontraba de gira con la compañía de Margarita Xirgu, supuso la superación de una crisis honda y dolorosa en su amistad. "Lo que me desconsuela", escribió Azaña a su amigo, "es que el separarnos manifiesta un fracaso mío, principalmente y de los dos, en cuanto ninguna de las cosas que hemos soñado y proyectado ha venido a cumplirse. Además -aquí entra mi egoísmo- tú eras lo que me quedaba de la juventud". La posible relación homosexual entre los dos fue uno de los instrumentos de ataque que se utilizaron para desacreditar al entonces ministro de la Guerra y su polémica reforma del Ejército.

En este sentido, El jardín de los frailes es, también, fruto de la historia de una profunda amistad entre dos hombres. Por eso, resulta cuanto menos inquietante cuando, en el último capítulo del libro, Azaña confiesa a uno de los frailes con los que coincide después de mucho tiempo, que de aquellos años le quedaba "un sabor de ceniza". Para José María Marco, esa expresión, que aparece en La Ciudad de Dios de San Agustín, en referencia al sabor de los frutos que por castigo divino se producían en la ciudad de Sodoma, y que utilizan también André Gide y Marcel Proust, es una clara alusión a la homosexualidad.

No existen en sus escritos evidencias de sus preferencias sexuales, aunque en su novela 'Fresdeval' y algunos escritos sobre 'Hipólito', que no llegó a publicar en vida, aparecen escenas y conversaciones homoeróticas entre los personajes. En el pasaje de El jardín de los frailes, concluye Marco, "Azaña seguiría, a su manera, nunca sencilla, la famosa recomendación de Proust, según la cual se puede contar todo, pero a condición de no decir nunca Yo. Hasta qué punto Azaña se retrata en el protagonista de su ensayo autobiográfico es algo que queda para el lector avispado".

El jardín de los frailes, Manuel Azaña. Estudio y edición a cargo de José María Marco. 480 páginas. Editorial: Fundación Universitaria Española, 2026.

II

Manuel Azaña, el malditismo del antimoderno que abrazó la República, en El Mundo por Iñaki Ellacuría, 22 noviembre 2021:

El último libro de José María Marco, 'Azaña, el mito sin máscaras', descubre la influencia de los reaccionarios franceses en el político republicano

El mito de Manuel Azaña como punto de encuentro entre las «dos Españas» y referencia de la actual democracia, una lectura generosa y abierta a los matices sobre el papel del presidente de la Segunda República que es más bien tardía, cobra fuerza en los 90 por la necesidad de PSOE y PP de actualizar sus referentes históricos y reaparece periódicamente ahora en el debate público. Constatando la primacía de la leyenda del personaje sobre una biografía repleta de claroscuros y a la que no dejan de añadirse libros.

Entre los más recientes, una pieza nuclear para la construcción de la leyenda, la reedición de Retrato de un desconocido. Vida de Manuel Azaña (Reino de Cordelia), que escribió Cipriano de Rivas Cherif, cuñado del republicano, amigo íntimo, confidente. Una biografía que arranca con un prólogo de José Luis Rodríguez Zapatero en el que sostiene que «más de siete décadas después de que se vislumbrara el corazón de una democracia social como esa, que hoy nos sigue pareciendo perfectamente reconocible, los ecos de esos anhelos y de esas frustraciones, unos y otras, llegan también hasta nosotros». El otro libro llegado a las librerías, Azaña, el mito sin máscaras (Encuentro), del ensayista José María Marco, rechaza que el presidente de la Segunda República pueda aún ser considerado un hombre cercano al liberalismo y principal referente de nuestra actual Monarquía parlamentaria.

Es la «pulsión revolucionaria» del ex presidente lo que, para Marco, le inhabilita como símbolo y mito. «Azaña se ha convertido en una referencia mitológica única, en la que se vuelca la necesidad de relacionar la democracia actual con la Segunda República, y eso da pie a una reflexión equivocada y sesgada acerca de lo que es la democracia española. Una monarquía parlamentaria no puede tener como referencia a un dirigente republicano que excluyó con sus políticas a más de la mitad de los españoles», subraya.

Autor de otros estudios sobre Azaña como La inteligencia republicana, La creación de sí mismo y El fondo de la nada, Marco sostiene que durante su mandato la República prevalece sobre la democracia. Un republicanismo de autor y a la medida. «Azaña tiene la voluntad de hacer una España nueva, de fundarla, su proyecto fue el de la republicanización de todos los estamentos, como el ejército, y un intento de secularización de la sociedad española que pasa por la supresión de la libertad de enseñanza y asfixiar económicamente a las órdenes religiosas».

La gran novedad que aporta la última investigación de Marco es el perfil de Azaña como un antimoderno, un nihilista imbuido del espíritu del 98 que encuentra en el republicanismo «una tabla de salvación». Más que un político vocacional, un proyecto de artista sin imaginación que a los 23 años abandona su carrera profesional en un importante despacho de abogados de Madrid para instalarse en la casa familiar de Alcalá de Henares y escribir una novela que quedará inconclusa, La vocación de jerónimo. «Es un texto típico de la época, muy influenciado por la literatura francesa y con el que Azaña busca una autenticidad que no encontraba en su etapa madrileña. Quiere ser un artista, no solo un buen escritor, que sin duda es, quiere ser un artista porque este es el único que tiene la capacidad para comunicarse con la esencia de pueblo, del paisaje, de esa España de verdad que él va buscando huyendo de la oligarquía madrileña», señala Marco.

Pero no será hasta la escritura de sus Memorias, décadas después, cuando Azaña, un hombre «muy burgués que se odiaba así mismo y que se sintió toda la vida como outsider en busca de reconocimiento», puede cumplir su ambición de artista. Para Marco el político republicano es un prosista de altura que bebe sobre todo de los escritores reaccionarios y nacionalistas franceses como Maurice Barrès. Seguramente porque en sus años de investigación existencial y de libros fallidos, Azaña sentirá un vacío que le llevará a un profundo nihilismo y de allí al republicanismo como tabla de salvación. «Si los nacionalistas que había leído hablan de la nación como un punto fijo en un naufragio, su respuesta de fin de siglo, Azaña se agarra no al nacionalismo sino a la República. Para él el republicanismo es casi una religión, lo que explica que durante su mandato se niegue a aceptar los hechos que anuncian el fracaso de este proyecto político. Pasa del culto al yo al culto del pueblo español», dice Marco.

Precisamente, es con la proclamación de la Segunda República y su llegada al poder cuando Azaña halla, al fin, la inspiración del artista, que plasmará en sus Memorias, una suerte de monólogo interior y el retrato más descarnado de ese sistema políticos y sus actores, a los que tanto desprecia. Sus años de presidente, pese a la tragedia que vive España o quizá por ello, son su gran obra. El momento en el que «el artista y el político se juntan, y con sus grandes discursos durante la Guerra Civil, que preconizan una política de reconciliación contraria a lo que había practicado anteriormente, Azaña se convierte en el artista puro».

 III

Manuel Azaña y la II República: autopsia de un mito, en El Mundo, por Pedro Carlos González Cuevas, 22 de marzo de 2021:

Destaca el autor que de tanto criticar los 'mitos' del franquismo, la izquierda historiográfica ha desembocado en la construcción del 'mito' de la II República y de su hombre representativo, Manuel Azaña Díaz

En una semblanza de Voltaire, Roland Barthes definió al autor de Cándido como el último escritor «feliz», ya que nunca tuvo en su tiempo adversarios de altura. En ese sentido, quizá la izquierda española sea la última izquierda europea realmente «feliz». No porque sea excesivamente inteligente, que no lo es, sino porque casi nadie se atreve a contradecir sus opiniones, por muy discutibles que sean. Este hecho resulta evidente sobre todo en el campo historiográfico, cuando se tratan temas como la II República, la Guerra Civil o el régimen de Franco. De tanto criticar los mitos del franquismo, la izquierda historiográfica española ha desembocado en la construcción del mito de la II República y de su hombre representativo, Manuel Azaña Díaz. Dentro de poco se cumplirán noventa años del advenimiento del régimen republicano; de ahí que sea necesario someter a revisión este tipo de interpretaciones.

Para empezar, podemos preguntarnos si la II República fue realmente un régimen político dotado de legitimidad. En mi opinión, no. Sin duda, fue un régimen legal, pero nunca llegó a conseguir una legitimidad plena. Hace años, leyendo el célebre libro del historiador italiano Guglielmo Ferrero, liberal antifascista muerto en el exilio, El poder. Los Genios Invisibles de la Ciudad, me asaltó la duda. En una de sus páginas, Ferrero definía a la II República española como un régimen político «prelegítimo». Y es que para el historiador italiano la misión del poder político es la de acabar con el miedo, que es el sentimiento fundamental del hombre frente al mundo. A ese respecto, el requisito fundamental es la legitimidad, es decir, el ejercicio del poder según principios compartidos entre gobernantes y gobernados, a través de diferentes fórmulas políticas. Naturalmente, un principio de legitimidad no puede establecerse en frío. Solo es eficaz si está en armonía con los mores, la religión, la mentalidad y los intereses económicos de una determinada época; en definitiva, cuando es vivido como una creencia, que nadie puede poner en duda.

A lo largo de su efímera y precaria existencia, la II República nunca logró articular una fórmula política aceptada por la mayoría de la población. Y es que no debemos olvidar que los republicanos estuvieron dispuestos a instaurar su alternativa, como lo demuestran las intentonas de Jaca y Cuatro Vientos, mediante el golpe de Estado militar. Y que, finalmente, su advenimiento no fue producto de una transición pactada, sino producto de una movilización de carácter revolucionario. Sin duda, la Monarquía había perdido su legitimidad. La sociedad deferente de notables dejaba paso a una realidad mucho más conflictiva. La II República nació escorada a la izquierda. El liberalismo radical y el socialismo ocupaban el poder por vez primera en la historia de España. Sin embargo, las izquierdas se hallaban profundamente divididas en sus proyectos políticos y sociales. Las dos grandes tendencias del movimiento obrero, socialistas y anarquistas, tenían ideas muy distintas sobre la naturaleza del proceso sociopolítico. Como se demostró en octubre de 1934, un sector muy importante del PSOE, el liderado por Francisco Largo Caballero, tuvo un visión puramente instrumental del régimen republicano, que concibió exclusivamente como vía hacia el socialismo. La CNT fue una fuerza claramente disruptiva durante todo el período republicano. Los nacionalismos periféricos nunca renunciaron a la independencia. Por otra parte, las Cortes constituyentes de 1931 no fueron representativas del conjunto de la sociedad española y dieron lugar a un texto constitucional que nunca fue aceptado por un sector tan decisivo y numeroso como los católicos, por su contenido abiertamente secularizador y anticlerical. Sin duda, hubo unas derechas, como los monárquicos alfonsinos y los carlistas, irreductibles; pero no hay duda de que la Iglesia y un sector del catolicismo estuvieron abiertos al pacto. Ante la magnitud de la disidencia, no resulta extraño que una parte de la legislación republicana tuviera un carácter abiertamente represivo, como la Ley de Defensa de la República, la Ley de Orden Público y la Ley de Vagos y Maleantes, conocida como la Gandula.

Ramiro de Maeztu señaló que la II República, a diferencia de la francesa, no disponía de un Léon Gambetta, es decir, un líder flexible y oportunista capaz de mediar entre los distintos intereses sociales. No lo fue, desde luego, Manuel Azaña. El político alcalaíno goza hoy de buena prensa en nuestro campo historiográfico. Santos Juliá publicó una biografía canónica, Vida y tiempo de Manuel Azaña, donde nos lo presenta como un estadista incomprendido. Y fue el editor de sus Obras Completas, presentadas por Rodríguez Zapatero, para quien Azaña era el precursor de la España actual. Pedro Sánchez visitó su tumba en Montauban, dedicándole grandes elogios. En conmemoración de los ochenta años de su muerte, el Congreso celebró un homenaje, presentándole como un hombre de «consenso» y «reconciliación». En diciembre del año pasado se inauguró una exposición en la Biblioteca Nacional dedicada a su figura. Y de nuevo apareció como el forjador de la España actual.

¿Quién fue realmente Manuel Azaña?. No, desde luego, un gran escritor. Su novela El jardín de los frailes, es una obra carente de tensión narrativa y enormemente ingenua desde el punto de vista ideológico. Fue insensible a las vanguardias. En sus Diarios, Azaña se autodestruye, porque muestra su auténtica faz sectaria y sarcástica. Nadie, sobre todo sus más directos colaboradores, salen bien parados de sus testimonios. Despreció a Ramiro de Maeztu, Ortega y Gasset y Azorín, siendo como pensador y literato, muy inferior a ellos. Michael Oakeshott lo hubiese caracterizado como el típico «racionalista político», por su pretensión de emanciparse de la historia. No existen en su obras huellas de Marx, Weber, Schmitt o Keynes. El pensamiento económico le fue completamente ajeno. En su obra no aparece la menor reflexión sobre la revolución rusa, el marxismo, el fascismo o el New Deal. La crisis del capitalismo liberal y del parlamentarismo no pareció conmoverle. Su actitud ante la Iglesia católica careció de inteligencia, la desafió directamente y, por supuesto, perdió la batalla. Lo más grave de su discurso de octubre de 1931 no fue la frase «España ha dejado de ser católica», sino que el número de católicos españoles resultaba irrelevante para el nuevo régimen. No menos irresponsable fue su planteamiento del tema catalán, incluso en algún momento llegó a reconocer la hipótesis del reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Dada nuestra perspectiva actual, hoy sabemos que la razón histórica estuvo de parte de Ortega y Gasset en las discusiones sobre el Estatuto de Cataluña. Su modelo de república supuso un claro intento de marginación del conjunto de las derechas, a las que no otorgaba papel alguno en el nuevo régimen. En su opinión, solo el Partido Radical, y no la CEDA, podía representar a la derecha en la República. De ahí su irresponsable posición ante el triunfo de los conservadores en las elecciones de 1933. No participó en la insurrección de octubre de 1934, pero consideró ilegítima la participación de la CEDA en los gobiernos republicanos. Como presidente de la República, la lucidez y la eficacia políticas brillaron por su ausencia. A lo largo de la Guerra Civil, no fue más que una marioneta. Por ello, su discurso pronunciado en Barcelona en julio de 1938 -el de «Paz, Piedad y Perdón»- carece de grandeza, ya que se pronunció ante el presagio de una inevitable derrota. Además, su contenido fue censurado por las autoridades republicanas, al considerarlo derrotista. El epitafio de su trayectoria política fue La velada en Benicarló, donde, al menos en parte, reconoce sus errores. En ese sentido, cualquier intento de convertirlo en ejemplo tan sólo puede ser concebido como fruto de una mente superficial. «Son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo» (Mateo, XV, 12-14). O sea, en la III República confederal.

Pedro Carlos González Cuevas es historiador y profesor titular de Historia de las Ideas Políticas en la UNED.

IV

Aventuras políticas. Romanones y Azaña: las fracasadas transiciones a la democracia en España, por Raúl Conde, en El Mundo,  17 marzo 2021:

La figura capital del régimen de la Restauración, y el presidente de la II República fueron dos gigantes de la política nacional que, aunque antagónicos, soñaron con modernizar el país y consolidar las bases de un régimen democrático. Dos libros recuerdan sus legados

La salida del poder del conde de Romanones, durante el reinado de Alfonso XIII; y de Manuel Azaña, cuando partió al exilio en el ocaso de la Guerra Civil, simboliza mucho más que la caída de dos gobiernos: ambos casos pusieron de manifiesto una crisis de régimen. El periodo entre 1919 y el 39 explica, en buena medida, el trauma nacional cainita que hubo que expurgar durante la Transición para alcanzar una democracia plena. La Restauración borbónica, junto a los partidos dinásticos, fracasó en su intento de integrar a los republicanos moderados en las instituciones. Azaña naufragó a la hora de lograr la permanencia de un sistema republicano inclusivo.

Estas dos figuras de la política contemporánea española, antagónicas en su ideología y trayectoria, saltan de nuevo al presente de la mano de dos obras apreciables, pero de enfoque contrapuesto. Guillermo Gortázar, profesor de Historia Contemporánea de la Uned y ex diputado del PP, publica Romanones. La transición fallida a la democracia (Espasa) una prolija biografía de Álvaro de Figueroa y Torres, epítome de la política de notables y oligárquica. Por su parte, Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la Uned y comisaria de la exposición Azaña: intelectual y estadista, que acoge la Biblioteca Nacional, presenta el próximo 23 de marzo una nueva edición de Manuel Azaña. Entre el mito y la leyenda (Guillermo Escolar Editor).

Tanto Gortázar como Egido se nutren de abundantes fuentes documentales, incluida correspondencia privada. El primero lo hace enhebrando un relato historiográfico que se lee a modo de novela y concebido desde una óptica liberal. La segunda pergeña un ensayo a través de una prosa vibrante y una panoplia plural de referencias bibliográficas, lo que ayuda a trazar un gran angular de quien personalizó las reformas para superar el caciquismo.

Ambos autores escarban en los éxitos políticos de Romanones y Azaña, pero no omiten sus pasivos. Gortázar define así al conde: «Era un hombre honrado, positivo y reformista, pero también empirista y tacticista. No creía en los programas a medio y largo plazo. Creía que el política debía enfrentarse a los problemas inmediatos y concretos».

Procedente de una familia acomodada con múltiples posesiones en Guadalajara y propulsado en política gracias a su suegro, el jurisconsulto Manuel Alonso Martínez, Romanones -cabeza del Partido Liberal y conspicuo representante del caciquismo- llegó a ser presidente del Consejo de Ministros en tres periodos interrumpidos entre 1910 y 1919, salpicados por su posición en favor de intervenir en la Primera Guerra Mundial junto a los aliados y por la lucha obrera en Cataluña. También presidió el Senado y fue alcalde de Madrid, y operó como éxito como empresario de la minería. Ejerció de diputado en las Cortes durante la Restauración y la Segunda República. Siempre en representación de Guadalajara. «Era su distrito electoral a la inglesa, representaba a 50 municipios alrededor de Guadalajara. En 1933 quintuplicó en votos al PSOE», explica Gortázar. Romanones en 1933 quintuplicó en votos al PSOE en su Guadalajara natal.

La tesis principal de su libro estriba en que el nudo gordiano que permite entender la evolución de España en el siglo XX no es tanto el periodo que abre la Guerra Civil, con sus 40 años de dictadura, sino lo que el historiador alavés califica como «espectáculo de inestabilidad» con movimientos revolucionarios de todo tipo entre 1923 y 1936.

«La Guerra Civil y la dictadura -asegura- fueron consecuencia de los años anteriores. No los circunscribo solo a la República, como hace la derecha autoritaria, ni tampoco al golpismo de la derecha, como hace la izquierda de los años 30. El problema se origina en la ruptura del orden constitucional en 1923 con el golpe de Primo de Rivera».

Zaherido por erigirse en conspicuo representante del caciquismo, Romanones es hoy, a juicio de Gortázar, «una figura que ha sido maltratada por la historiografía». El propio conde, en sus memorias Notas de una vida, confiesa que sus enemigos siempre fueron «multitud». Aunque fue acusado de maniobrero, no se le puede acusar de insensible: impulsó el primer decreto del mundo de la jornada laboral de ocho horas y se abrió a la descentralización administrativa del Estado.

El Desastre de Annual acelera el desgaste de la Monarquía. Y republicanos y socialistas, que repudian los cambios de Gobierno del turno, cercan al monarca a raíz de las miserias de un sistema inmovilista. Gortázar tacha al ex presidente republicano de «soberbio» y añade que decidió «desde un principio la alianza con los socialistas en lugar de bascular hacia la moderación con un posible acuerdo con los radicales centristas de Lerroux».

Ángeles Egido tiene una opinión antagónica sobre el ex mandatario republicano. «Azaña sigue siendo una figura muy controvertida, pero lo que debería prevalecer es que intentó establecer una verdadera democracia en España, al estilo de las de los regímenes democráticos occidentales, aunque luego se le desbordar por los extremos. El recuerdo del proyecto reformista de la Segunda República estuvo implícitamente presente en la Transición. Narcís Serra, siendo ministro de Defensa, confesó en su momento que había tenido en cuenta la reforma militar azañista».

La derecha vio rápido, tras el advenimiento del 14 de abril, que estaba ante «el adversario más consistente», según Egido.

Sus detractores le acusaron de ser el culpable de la sublevación del 18 de julio de 1936 y le definían como un jacobino dispuesto a triturar el Ejército y laminar el catolicismo. «Engendro republicano», sicario de la «horda roja», compendio de la «antipatria masónica» fueron algunos de los epítetos repetidos en los libelos franquistas. Incluso Benavente contribuyó a propagar el rumor de la amistad interesada del dirigente republicano con su cuñado, Cipriano Rivas Cherif. La pugna entre azañófilos y azañófobos llega hasta nuestros días. Según Paul Preston, Azaña tenía suficiente talla para que se le considerase un enemigo verdaderamente peligroso».

Perteneciente a una familia burguesa, de posición económica desahogada, recibió una educación adecuada a su clase y condición, e incluso disfrutó de una beca en París. Se casó con Dolores de Rivas Cherif con casi 50 años, edad en la que despegó una carrera política que le llevó al poder tras haber desarrollado una intensa actividad intelectual no exenta de dardos malévolos por parte de sus coetáneos. «Escritor sin lectores», dijo de él Unamuno.

«Se hizo grande en el Parlamento, con sus argumentaciones y buscando soluciones en los debates sobre las grandes leyes de la República. Tenía una sólida formación jurídica», asegura Egido.

Para Azaña la República no era un paréntesis, sino la recuperación del "verdadero ser de España

«En lo personal, era reservado a primera vista. Pero una vez que se rompía la coraza con la que se protegía, se mostraba amable, culto, educado, irónico, divertido, sensible a la música y el arte». Políticamente, Azaña «fue antes un demócrata que un republicano». Para él, la República no era un paréntesis, sino la recuperación del «verdadero ser de España». Y de ahí deriva su concepción del Estado autonómico, plasmado en el trámite del Estatuto de Cataluña en 1932. «La Constitución republicana -recuerda Egido- se comprometía a negociar los estatutos pero acuñó la fórmula del Estado integral, que aunaba sin anular. Es decir, aseguraba la unidad de España, tal como consta en el primer artículo de la Constitución. Además, se renunció expresamente al federalismo al tener muy presente el modelo de la Primera República, que había fracasado por el cantonalismo. El artículo 13 decía: «En ningún caso se admite la Federación de regionales autónomas».

Romanones murió el 11 de septiembre de 1950. El dictador autorizó un cortejo fúnebre por la Castellana y fue enterrado en el panteón de sus padres, los marqueses de Villamejor, mientras su hijo Eduardo, conde de Yebes, terminaba la construcción del mausoleo de los Romanones en el cementerio de Guadalajara. Gortázar sostiene que Figueroa fue «un hombre que intentó, sin éxito, contribuir a la evolución del régimen liberal a otro democrático».

Azaña expiró en el exilio. Solo y sin una despedida solemne acorde con quien fue jefe de Estado. Alejado de su patria, desposeído de todas sus pertenencias, enfermo de ataques cerebrales, amenazado de secuestro por los agentes de Franco, alojado en un pequeño hotel de la localidad francesa de Montauban. Egido evoca una declaración de Azaña que resume su legado, aún vigente: «Concedió una entrevista al periodista Jon Gunther y cuando éste le preguntó que se definiera contestó con unas palabras que en España se tradujeron así: 'soy un intelectual, un liberal y un burgués'. En realidad, lo que dijo fue: 'soy un intelectual, un demócrata y un burgués'».

 V

 Fresdeval. La pulsión homosexual de Manuel Azaña "está ahí", por Darío Prieto, en El Mundo, 3 diciembre 2021:

En 'Azaña, el Mito sin máscaras', José María Marco aborda, entre otros muchos aspectos de la personalidad del presidente republicano, el latido homoerótico que existía en sus novelas.

"El más guapo compañero de Bruno le confesaba una afición pegajosa y propósitos obscenos sobre su persona, que dichos en tono de chanza, delante de amigos, podían tomarse a broma pesada. Una tarde, solos Bruno y el amigo en la huerta, crecieron tan sofocantes las demostraciones, la risa que las acompañaba se heló tan de pronto en la faz ardorosa del mozo, que Bruno, súbitamente se desnudó y plantándosele delante le dijo en son de reto: '¿Qué quieres de mí? ¡Aquí me tienes! ¡Atrévete!' El amigo huyó. Bruno se bañó en el estanque". En 1930 Manuel Azaña (1880-1940) escribió una novela, 'Fresdeval', que no llegó a ver publicada y que incluía esta escena, con claras resonancias de la juventud de quien estaba llamado a ser el gran líder de la Segunda República.

La posible homosexualidad de Azaña fue, según el ensayista José María Marco, un asunto que apareció recurrentemente para intentar desacreditarle en su carrera política. Sin embargo, más allá del chisme, pocos se aventuraron a investigar el asunto en los testimonios escritos del propio Azaña, que trascienden sus famosos Diarios. Marco lo ha hecho en 'Azaña, el Mito sin máscaras', que acaba de editar Encuentro y donde se aproxima a aspectos no tan habituales en la bibliografía sobre el estadista alcalaíno.

Para Marco, más allá de la etiqueta, lo que deja entrever Azaña en sus textos forma parte de la tónica de la época. "El final del siglo XIX y el principios del XX es un momento de crisis muy profunda con todo", explica a LOC. "Y esa crisis conlleva una especie de cuestionamiento general de todos los valores y de todas las tendencias estéticas heredadas. También de la ciencia, de la nación... Es una puesta en crisis general. Y una de las cosas que hacen muchos escritores es un viaje interior, hacia el yo, de exploración de la autenticidad, de dónde estoy y qué es lo que soy realmente. Y ese tipo de literatura autobiográfica, confesional, de diarios y dietarios se cultivó muchísimo".

Azaña fue, abunda Marco, "un hombre que desde muy joven, desde los 23 años, siguió ese camino. Quería ser artista, escritor, y empezó una investigación sobre su propia primera persona, algo muy característico de ese momento". Es ahí "donde la homosexualidad o el amor entre hombres empieza a aparecer como una realidad que algunos no pueden esquivar". Unos lo sacan a la luz y otros no, apunta Marco. "Yo creo que no se puede hablar con claridad de que Azaña tuviera una atracción por los hombres. Pero el caso es que el tema está ahí".

El que fuera presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República, amén de titular de varias carteras y último presidente de la República a la derrota de ésta en la Guerra Civil, "frecuentó mucho los círculos teatrales de los años 20 con su cuñado Cipriano Rivas Cherif, que tenía muy buenos contactos y estuvo muy relacionado con García Lorca", recuerda Marco. "Son unos años en los que hay una cierta efervescencia de presencia pública de la homosexualidad en ámbitos literarios y teatrales, con personajes como el propio Lorca o Jacinto Benavente. Años, también, en los que se traduce el 'Corydon' de Gide", relata el ensayista.

Por ese motivo, "aparecen habladurías sobre su relación con Rivas Cherif, que luego se utilizan durante la República, sobre todo cuando se producen sus reformas militares, y que suscitan una crítica muy dura. Pero los textos de Azaña sobre los que trata los temas homosexuales son textos que quedaron sin ver la luz, excepto uno, que se publicó durante la guerra".

En su libro, Marco analiza no sólo el 'Fresdeval', sino también algunos de sus apuntes sobre personajes masculinos para piezas narrativas. "Creo que a los historiadores españoles les falta imaginación", lamenta. "No se meten en terrenos que creen que los desbordan. Así que no se meten en la literatura, salvo alguno, como Jesús Ferrer-Solá, autor de 'Manuel Azaña: Una pasión intelectual'. Pero la gente de literatura tampoco: considera que Azaña era más político que literato. Así que se queda un poco entre dos aguas".

Esa indefinición encaja con la propia naturaleza de Azaña, hombre continuamente atormentado por diversas razones a lo largo de su vida. En cualquier caso, su orientación sexual no debería ser motivo, ni entonces ni ahora, para valoraciones de ningún tipo. "Yo no le reprocho absolutamente nada. Al contrario, me interesa muchísimo que fuera capaz de suscitar el tema y de encontrar algo ahí", sentencia Marco.

viernes, 30 de octubre de 2026

Seis mil nuevas palabras se incorporan al Diccionario de la RAE, vigesimocuarta edición.

 I

 Gordofobia, trans, ecoansiedad, ciberataque, brontosaurio o ramen: las nuevas palabras que entran en el Diccionario, en El País, Jorge Morla, Madrid - 30 oct 2026:

La nueva edición del DRAE incluye más de 6.000 nuevas entradas. Ofrecemos una selección de las más llamativas

La 24ª edición del Diccionario presentada hoy incluye más de 6.000 nuevas entradas. Esto incluye tanto nuevas palabras como nuevas acepciones, de todo tipo. El ámbito tecnológico, lógicamente, se lleva la palma. IA aparece como sinónimo y siglas de inteligencia artificial, pero también llegan ciberataque, ciberseguridad, desconfigurar, renderizar, resetear o QR. Aunque no teníamos muy claro qué es, también aparece cúbit. Por no salir del ámbito tecnológico, los nuevos actores de la comunicación digital también llegan al DRAE: influencer, pódcast, post. Una incorporación que seguro agradece la sección de este periódico que trabaja con cámaras es fotogalería.

Entran palabras sobre la identidad (trans), a la vez que algunas que señalan discriminación (racializar, gordofobia, edadista). El apartado de salud es bastante prolífico: codependencia, desfibrilar, ELA, enterovirus, listeriosis, superbacteria. Muchos pensaban que hantavirus ya había entrado, pero no; era un déjà vu. El ámbito del medioambiente también comparece: ecoparque, ecotasa, y algunos de sus aspectos negativos: macrogranja, turistificación… es normal que a muchos les entre ecoansiedad, y seguro que algunos de los que más la sufren son los inuit. El brontosaurio, por muy grande que sea, cabe también en la nueva edición; no se sentirá solo, porque le acompaña su amigo el tricerátops.

La gastronomía tiene una presencia importante, y no solo como puesta a punto de las nuevas técnicas culinarias (esferificación), sino también como muestra de localismos: comidería, poke, ramen, tiradito. Amantes de los tés, atención: el roibos también entra. El marcado carácter panhispánico se muestra también con las incorporaciones referentes al transporte: ciclorruta, cocotaxi, fotomulta. Hay también expresiones cotidianas y coloquialismos que, a fuerza de insistir, han entrado, como cumple o porfa. Por supuesto, cada uno tendrá su favorita. Por ejemplo, mataleón, que es una “llave de lucha que consiste en sujetar por detrás el cuello del adversario con el brazo hasta inmovilizarlo”. A continuación, una completa selección con algunas de las mejores entradas:

acícula. (Del lat. tardío acicŭla, var. de acucŭla, y este del lat. acus ‘aguja’ y el suf. dim. f.-ŭla). f.Bot. Hoja muy estrecha y puntiaguda de los pinos y de otras coníferas.

acitronar. (De acitrón). tr. Mx. Sofreír algunas verduras, generalmente cebolla y ajo, hasta que se vuelvan traslúcidas.

acupresión. (Adapt. del ingl. acupressure, y este de acupuncture ‘acupuntura’ y pressure ‘presión’). f.Técnica terapéutica que consiste en presionar con los dedos determinados puntos del cuerpo.

agroecosistema. (Adapt. del ingl. agro-ecosystem, y este de agro- ‘agro-’ y ecosystem ‘ecosistema’). m.Ecol. Ecosistema modificado y gestionado por los seres humanos para la explotación agrícola.

agromercado. (De agro- y mercado). m.Cu. Establecimiento donde se agrupan varios puestos de venta de productos agrícolas.

agrosistema. (De agro- y sistema). m.Ecol. agroecosistema.

ambolo. (Del fang m’bolo). interj.GE. hola (→ 1).

amiotrofia. (Adapt. del ingl. amyotrophy, y este de a- ‘a-²’, myo- ‘mio-’ y-trophy ‘-trofia’). f.Med. Atrofia muscular.

antiedad. adj. Que retrasa o aminora los signos de envejecimiento. Apl. a un medicamento o a una sustancia, u. t. c. s. m.

antiglobalización.1. adj. Contrario a la globalización. Apl. a pers., u. t. c. s.2. f. Conjunto de movimientos sociales contrarios a la globalización económica.

antropización. (De antropo-,-izar y-ción). f.Transformación del entorno natural por la acción humana.

AOVE. (Acrón.). m.aceite de oliva virgen extra.

app. (Voz ingl., acort. de application ‘aplicación’). f.Aplicación informática para dispositivos móviles.

apu. (Del quechua apu; propiamente ‘señor, jefe’).1. m. Pe. Espíritu tutelar de una comunidad, que habita en una montaña.2. m. y f. Pe. Líder de una comunidad indígena.

aspectudo, da. (De aspecto y-udo). adj. coloq.Ec. Dicho de una persona, que aparenta tener más edad de la que realmente tiene.

astrofotografía. (Adapt. del ingl. astrophotography, y este de astro- ‘astro-’ y photography ‘fotografía’).1. f. Astron. Área especializada de la fotografía que consiste en la toma de imágenes de astros y objetos espaciales.2. f. Astron. Imagen obtenida por medio de la astrofotografía (→ 1).

atrezar. (Del it. attrezzare). tr.Cinem., Teatro y TV. Colocar el atrezo o utilería en el lugar del rodaje o en el escenario.

audiodescripción. (De audio- y descripción). f.Descripción oral de imágenes y datos, que proporciona a las personas ciegas o con discapacidad visual información que les permite completar la comprensión de películas u otros materiales audiovisuales, obras de teatro, manifestaciones culturales, etc.

autocorrección. (De *auto-*¹ y corrección).1. f. Corrección de los propios errores.2. f. En un sistema o programa informático, corrección automática de errores tipográficos u ortográficos.

autocorrector, ra. (De *auto-*¹ y corrector).1. adj. Que realiza una autocorrección o que la implica.2. m. En un sistema o programa informático, funcionalidad que permite la autocorrección de un texto.

autolavado. (De *auto-*² y lavado).1. m. Lavado de un vehículo por procedimientos automáticos.2. m. Establecimiento de autolavado (→ 1).

basuraleza. (Fusión de basura y naturaleza). f.Basura abandonada en la naturaleza, que contribuye a la contaminación ambiental.

bicisenda. f.Ar., Py. y Ur. En una vía pública, carril reservado a la circulación de bicicletas.

biocronología. (Adapt. del ingl. biochronology, y este de bio- ‘bio-’ y chronology ‘cronología’). f.Paleon. Estudio de la secuencia temporal en la que aparecieron y se extinguieron los organismos del pasado.

biodiverso, sa. (De bio- y diverso). adj.Dicho especialmente de una región o de una zona, rica en biodiversidad.

bioeconomía. (De bio- y economía). f.Disciplina que se ocupa de la gestión eficiente de los recursos naturales con el objeto de lograr una producción sostenible de bienes y servicios.

bioindicador, ra. (Adapt. del ingl. bioindicator, y este de bio- ‘bio-’ e indicator ‘indicador’). adj.Ecol. y Med. Dicho de un organismo o de una sustancia, que proporciona información cualitativa, especialmente de un medio o de un ecosistema. U. t. c. s. m.

biomolécula. (Adapt. del fr. biomolecule, y este de bio- ‘bio-’ y molecule ‘molécula’). f.Biol. Molécula que en los seres vivos realiza una función estructural o interviene en el metabolismo celular o en otras funciones fisiológicas.

bipedismo. (De bípedo e-ismo). m.Biol. Modo habitual de andar de todas las especies de la filogenia humana, que se mantienen erguidas sobre las extremidades inferiores, y de algunos vertebrados, que lo hacen sobre las extremidades posteriores, como, p. ej., las aves.

blanquería. (De blanco y-ería).1. f. Ar. Tienda donde se venden manteles, sábanas, toallas y artículos similares.2. f. Ar. Conjunto de artículos que se venden en una blanquería (→ 1).

bómber. (Del ingl. bomber [jacket]; literalmente ‘[chaqueta] de bombardero’, por imitar en su diseño la que solían llevar los pilotos americanos y británicos durante la Segunda Guerra Mundial). f.Cazadora acolchada por dentro, con elásticos en los puños y la cintura y con cierre de cremallera, como la utilizada por los pilotos de aviones militares. U. t. c. adj.

bondi. (Del port. brasileño bonde ‘tranvía’, y este del ingl. bond ‘bono’). m. coloq.Ar., Py. y Ur. Vehículo automóvil de transporte público y trayecto fijo que se emplea habitualmente en el servicio urbano.

bonobo, ba. (Del al. Bonobo, y este de or. inc.). m. y f.Primate homínido que habita en las selvas de África central, de tamaño similar al del chimpancé común, pero con extremidades posteriores más largas que las anteriores, generalmente de cara negra y de comportamiento pacífico, basado en la diversidad y frecuencia de sus relaciones sexuales (Pan paniscus).

brígido, da. adj. coloq.Ch. Tremendo o de gran intensidad, hasta el punto de producir asombro o de resultar difícil de comprender o aceptar.

broncoespasmo. VAR. broncospasmo. (De bronco- y espasmo). m.Med. Espasmo de los músculos de los bronquios terminales.

brontosaurio. (Del lat. cient. Brontosaurus, y este del gr. βροντή brontḗ ‘trueno’, la vocal de unión-o- y σαῦρος saûros ‘lagarto’). m.Paleon. Dinosaurio herbívoro cuadrúpedo, propio del Jurásico, de cabeza pequeña, cola y cuello largos, y cuerpo de gran tamaño, que llegó a medir más de 20 m y a pesar más de 20 t, y cuyos fósiles se han hallado en América del Norte.

burrata. (Del it. burrata, y este der. de burro ‘mantequilla’). f.Producto lácteo de origen italiano formado por una corteza tierna de mozzarella con un relleno cremoso de queso fresco y nata.

camionetero, ra. (De camioneta y-ero). m. y f. coloq.Gu. Persona que conduce un autobús de servicio público.

cámper. (Del ingl. camper, y este der. de camp ‘acampar’). m. o f.Furgoneta habitable para viajes o acampadas.

canchita. (De cancha¹ e-ita³). f.Bo. Juego en que unas figuras pequeñas accionadas mecánicamente remedan un partido de fútbol. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.

candombaile. (Fusión de candombe y baile¹). m.Ur. Fiesta popular con música en vivo y baile.

caravanismo. m.Esp. Turismo en caravana o en autocaravana.

cardiosaludable. (De cardio- y saludable). adj. Saludable para el corazón.

carrotanque. (De carro¹ y tanque¹). m.Co. Vehículo utilizado para transportar líquidos, especialmente gasolina y agua.

catorcera. (De catorce y-era). f. coloq.Ve. Gran cantidad de personas o cosas.

ceo². (Del ingl. CEO, acrón. de chief executive officer ‘director ejecutivo jefe’). m. y f. Persona de mayor nivel ejecutivo en una corporación o una institución.

ceramida. (Adapt. del al. Ceramid, y este del lat. cera ‘cera’ y el al. Amid ‘amida’).1. f. Bioquím. Lípido que se encuentra en diferentes tejidos biológicos.2. f. Compuesto de ceramida (→ 1) empleado en dermatología y cosmética como hidratante.

chambitas. (Der. de chamba¹). m. y f. coloq.Mx. Persona que hace cualquier tipo de trabajo informal.

chanchulla. f. coloq.Bo. En la jerga estudiantil, apunte que se lleva oculto para copiar en los exámenes.

checador, ra. (De checar y-dor).1. m. y f. Mx. Persona que se dedica a llevar el control de los empleados, de la mercancía o del manejo de un negocio.2. adj. Mx. Que sirve para registrar la hora de entrada y salida de un empleado. Apl. a aparato, u. t. c. s. m.

cholulo, la. (De Cholula, personaje de una historieta gráfica creado en Argentina en 1956 por M. de la Torre y O. Blotta).1. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, que siente fascinación por las personas famosas. U. t. c. s.2. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, que busca rodearse de personas famosas o aparecer en los medios de comunicación para ganar fama o figurar. U. t. c. s.3. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, frívola, superficial. U. t. c. s.

choquete. m. coloq.Ho. Chorro grueso de agua u otro líquido.

ciberamenaza. (De ciber- y amenaza). f. Actividad o técnica malintencionadas que constituyen una amenaza para la seguridad de un entorno informático.

ciberataque. (De ciber- y ataque). m. Acceso a un sistema o una red informáticos con el fin de alterar su funcionamiento o de manipular, robar o destruir información.

ciberseguridad. (De ciber- y seguridad). f. Protección de los equipos electrónicos y del espacio digital frente a ataques informáticos.

ciclorruta. (De ciclo ‘bicicleta’ y ruta). f.Co. y Ec. En una vía pública, carril reservado a la circulación de bicicletas.

cocotaxi. (De coco¹ y taxi). m.Cu. Triciclo con motor empleado como medio de transporte urbano para pasajeros, que dispone de un asiento doble detrás del conductor y está recubierto por una carcasa semiesférica.

codependencia.1. f. Dependencia mutua.2. f. Psicol. Dependencia emocional de quien cuida a una persona dependiente con respecto a esta.

colisionador. (De colisionar y-dor). m.Fís. Acelerador en el que dos haces de partículas subatómicas son dirigidos en direcciones opuestas para hacerlas colisionar y poder estudiar así los productos resultantes.

comidería. f.Ni. Establecimiento informal y pequeño donde se sirve y vende comida casera.

congosá. m. coloq.GE. chismorreo.

conurbado, da. adj.Mx. Dicho de un núcleo urbano, que forma parte de una conurbación.

corillo. (De coro¹ e-illo). m.PR. Grupo de personas que se relacionan entre sí por amistad o por algún interés común.

credencializar.1. tr. Mx. Dicho de una institución: Otorgar una credencial a alguien. U. t. c. intr.2. prnl. Mx. Dicho de una persona: Obtener una credencial.

cúbit. (Del ingl. qubit, acrón. de quantum bit ‘bit cuántico’). m.Fís. Unidad de medida de información cuántica, basada en la superposición de dos estados cuánticos.

cumple. (Acort.). m. coloq. cumpleaños.

déjà vu. (Loc. fr.; literalmente ‘ya visto’).1. m. Sensación de haber vivido o experimentado con anterioridad una situación presente.2. m. Cosa que se repite o carece de novedad.3. m. Med. paramnesia.

dentazón. f. Ho. dentadura.

desconfigurar. tr. Hacer que algo pierda su configuración. U. t. c. prnl.

desfibrilar. (Der. regres. de desfibrilación). tr. Med. Aplicar descargas eléctricas con el desfibrilador para restablecer el ritmo cardíaco normal.

destopar. (De destope). tr. Econ. Esp. Eliminar el límite máximo establecido de las cotizaciones y las pensiones.

docuserie. (Del ingl. docuseries, y este de documentary ‘documental’ y series ‘serie’). f. Serie de televisión que combina el documental con la telerrealidad.

ecoansiedad. (De *eco-*¹ y ansiedad). f. Ansiedad provocada por la degradación medioambiental a causa de la actividad humana y el cambio climático.

ecoparque. (De *eco-*¹ y parque).1. m. Espacio natural destinado al ocio, que busca fomentar el respeto por la naturaleza, la biodiversidad y el medio ambiente.2. m. Lugar provisto de los dispositivos adecuados para la recogida selectiva de residuos domésticos diversos con vistas a su posterior tratamiento o reciclaje.

ecotasa. (De *eco-*¹ y tasa). f. Tributo destinado a gravar las actividades contaminantes del medio ambiente.

edadista.1. adj. Perteneciente o relativo al edadismo.2. adj. Partidario del edadismo. Apl. a pers., u. t. c. s.

ELA. (Acrón.). f. Med. esclerosis lateral amiotrófica.

enterovirus. (De entero- y virus). m. Biol. y Med. Virus de los que constituyen un grupo que en los seres humanos produce diversas enfermedades respiratorias y gastrointestinales. U. t. en pl. como taxón.

esclusaje. m. Pa. Paso de una embarcación por una esclusa.

esferificación. f. En cocina, acción y efecto de esferificar.

esferificar. tr. En cocina, encapsular un alimento dentro de una esfera de textura gelatinosa.

espectar. tr. GE. Ver un espectáculo.

estruchar. tr. coloq. Ec. Robar, especialmente en una vivienda, forzando sus accesos.

floreño, floreña.1. adj. Natural de Las Flores, distrito del departamento de Chalatenango, en El Salvador. U. t. c. s.2. adj. Perteneciente o relativo a Las Flores o a los floreños.

fotogalería. (De *foto-*² y galería).1. f. Lugar en el que se exponen colecciones de fotografías.2. f. Conjunto de fotografías que se muestran en un lugar o que acompañan informaciones en medios generalmente digitales.

fotomulta. (De *foto-*² y multa). f. Ar., Co., Ec. y Mx. Multa impuesta por una infracción de tráfico registrada por una cámara.

fotopapeleta. (De *foto-*² y papeleta). f. Pe. Multa impuesta por una infracción de tráfico registrada por una cámara.

fregonería. (De fregón y-ería). f. coloq. Mx. Suceso o cosa que causan admiración.

friaje. (Der. de frío). m. Pe. Fenómeno climático propio de la Amazonía caracterizado por un descenso repentino de la temperatura a causa de los vientos provenientes del sur.

gordofobia. (De gordo y-fobia). f. Aversión hacia la gordura corporal o hacia las personas gordas.

guarifaifa. f. coloq. Ch. Cosa de poca importancia o que no se sabe cómo nombrar.

hantavirus. (Del lat. cient. Hantavirus, y este de Hantaan, río coreano, y virus ‘virus’). m. Biol. y Med. Virus de los que constituyen una familia que produce diversas enfermedades graves en los seres humanos, fundamentalmente la fiebre hemorrágica. U. t. en pl. como taxón.

IA.1. f. Inform. inteligencia artificial (➝ 1a).2. f. Inform. inteligencia artificial (➝ 1b).

imeca. (Acrón. de índice metropolitano de la calidad del aire). m. Mx. Unidad de medida de contaminación ambiental.

influencer. m. y f. Persona que, por su gran número de seguidores en las redes sociales, es muy influyente en gustos y comportamientos.

infomediación. (De información e intermediación, der. regres. de infomediario). f. Econ. Actividad económica consistente en la intermediación entre un conjunto de datos de internet y los interesados en ellos, para lo que se recopila, analiza, filtra y organiza esa información, presentándola de manera útil, relevante y neutral.

inuit. (Del inuit inuit).1. adj. Dicho de una persona, de un grupo étnico que habita en las tierras árticas de Alaska, Canadá y Groenlandia. U. t. c. s.2. adj. Perteneciente o relativo a los inuits.3. m. Lengua esquimalaleutiana hablada por los inuits.4. adj. Perteneciente o relativo al inuit. Léxico inuit.

listeriosis. (De Listeria, género de bacterias, e-osis). f. Med. Enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Listeria, que afecta especialmente a mujeres embarazadas, recién nacidos, ancianos y personas inmunodeprimidas.

macrogranja. (De macro- y granja). f. Granja de grandes dimensiones en la que se crían de forma intensiva muchos animales.

mataleón. m.Mx. Llave de lucha que consiste en sujetar por detrás el cuello del adversario con el brazo hasta inmovilizarlo.

mecatrónico, mecatrónica. (De mecatrónica). adj. Perteneciente o relativo a la mecatrónica.

metadato. (De meta- y dato). m. Inform. Dato estructurado que describe información sobre otros datos.

metaverso. (Calco del ingl. metaverse). m. Entorno virtual en el que los usuarios interactúan social y económicamente mediante avatares en un ciberespacio que actúa como metáfora del mundo real, pero sin sus limitaciones físicas.

miso². (Del jap. miso). m. Pasta elaborada con semillas de soja fermentadas y sal marina, usada especialmente en la gastronomía japonesa.

motoconcho. m.R. Dom. Motocicleta que se dedica al transporte de pasajeros.

multijugador. (Calco del ingl. multiplayer). adj.Inform. Dicho de un videojuego: Que permite la participación simultánea de varios jugadores.

multilateralismo. m. Principio según el cual las relaciones entre los Estados deben regirse por la cooperación y las decisiones adoptadas conjuntamente en organismos internacionales.

nanopartícula. (De nano- y partícula). f.Fís. y Quím. Partícula cuyas dimensiones se miden en nanómetros.

narcolancha. (De narco- y lancha). f. Embarcación rápida utilizada para el transporte ilegal de drogas.

narcopiso. (De narco- y piso). m. Vivienda utilizada para la venta o el consumo ilegal de drogas.

ortorexia. (Del ingl. orthorexia, y este de ortho- ‘orto-’ y-rexia ‘-rexia’). f. Obsesión patológica por consumir comida considerada saludable.

papilomavirus. (De papiloma y virus). m.Biol. y Med. Virus de los que constituyen una familia que produce verrugas y diversas lesiones en animales, incluidos los seres humanos. U. t. en pl. como taxón.

performativo, performativa. (De performar y-ivo). adj. Que realiza una acción por el mismo hecho de ser expresado.

permisar. tr.P. Rica. Autorizar o conceder un permiso.

petricor. (Del ingl. petrichor, y este del gr. πέτρα pétra ‘piedra’ e ἰχώρ ikhṓr ‘fluido’). m. Olor que produce la lluvia al caer sobre un suelo seco.

pódcast. (Adapt. del ingl. podcast). m. Archivo de audio o vídeo que puede descargarse de internet o escucharse en línea mediante suscripción previa.

poke. (Voz hawaiana). m. Plato de la gastronomía hawaiana elaborado principalmente con pescado crudo cortado en dados y aderezado con diferentes ingredientes.

porfa. (Acort.). interj. coloq. Expresión con que se formula una petición de manera afectuosa o insistente.

post. (Voz ingl.). m. Mensaje publicado en un blog o en una red social.

previsualizar. tr. Visualizar previamente algo, especialmente un documento o una imagen, antes de su versión definitiva.

puntabola. m.Ec. Bolígrafo.

QR. (Sigla de quick response ‘respuesta rápida’). adj. Dicho de un código de barras bidimensional: Que almacena información en una matriz de puntos y permite una lectura rápida mediante dispositivos electrónicos. Apl. a código, u. m. c. s. m.

racializar. tr. Atribuir una interpretación racial a una persona, grupo o conflicto social.

ramen. (Del jap. rāmen). m. Sopa japonesa elaborada con fideos, generalmente servida en caldo y acompañada de diversos ingredientes.

reduflación. (De reducción e inflación). f. Práctica comercial consistente en reducir la cantidad o el tamaño de un producto mientras se mantiene su precio o incluso se incrementa.

renderizar. tr. Inform. Generar mediante un procedimiento informático una imagen, un modelo tridimensional o una secuencia audiovisual a partir de datos digitales.

resetear. tr. Inform. Reiniciar un sistema, dispositivo o programa para devolverlo a un estado inicial o de funcionamiento normal.

roibos. (Del afrikáans rooibos, literalmente ‘arbusto rojo’). m. Arbusto sudafricano de la familia de las fabáceas cuyas hojas se utilizan para preparar una infusión del mismo nombre (Aspalathus linearis).

roque³. m.Can. Montículo rocoso aislado que sobresale en el terreno o en el mar.

rueda². f.Ec. Neumático de un vehículo.

seba. f.Ant., Col., C. Rica, Ec., Pan., R. Dom. y Ven. Grasa corporal abundante.

somontano².1. m. Terreno situado al pie de una montaña o sierra.2. m. Conjunto de poblaciones situadas en un somontano (→ 1).

sonear. intr.C. Rica, Cu., El Salv., Guat., Hond., Nic., Pan., P. Rico, R. Dom. y Ven. En determinados estilos de música popular caribeña, improvisar versos cantados sobre una base rítmica.

sopotocientos, sopotocientas. adj. coloq. Número muy elevado e indeterminado.

superbacteria. (De super- y bacteria). f. Bacteria resistente a numerosos antibióticos.

tejeda. (De tejo y-eda). f. Terreno poblado de tejos.

teleprónter. (Adapt. gráf. de teleprompter). m. Dispositivo que proyecta un texto para que pueda ser leído mientras se mira a la cámara o al público.

tiradito. (Del part. de tirar). m.Perú. Plato preparado generalmente con pescado crudo cortado en láminas finas y aderezado con limón y otros ingredientes.

tosta. f. Rebanada de pan tostado sobre la que se colocan distintos ingredientes.

trans. adj. Dicho de una persona: Que se identifica con un género distinto del asignado al nacer o que expresa su identidad de género de forma diferente a las expectativas convencionales. U. t. c. s.

trencadís. (Voz cat.). m.Téc. art. Mosaico realizado con fragmentos irregulares de cerámica, vidrio u otros materiales.

tricerátops. (Del lat. cient. Triceratops, y este del gr. τρι- tri- ‘tres’, κέρας kéras ‘cuerno’ y ὤψ, ὠπός ṓps, ōpós ‘cara’). m.Paleon. Dinosaurio herbívoro cuadrúpedo del Cretácico superior, caracterizado por tener tres cuernos y una gran gola ósea en la cabeza.

troquero, troquera. m. y f.Mx. Persona que conduce un camión de carga.

trufi. f.Bol. Vehículo de transporte colectivo que realiza recorridos urbanos o interurbanos con trayectos establecidos.

turistificación. (De turistificar y-ción). f. Transformación de un lugar como consecuencia del excesivo desarrollo de la actividad turística.

volcadora. f.R. Dom. Camión con caja basculante destinado al transporte de materiales a granel.

zoneíta. f.Med. Inflamación de una determinada zona del cuerpo.

II

El Diccionario de la Lengua Española de 2026: el último de los de siempre, el primero de los del futuro, por Carlos Onetti y Luis Alemany, en El Mundo, 30/10/2026:

La gran obra de las academias cumple 300 años y estrena su primera edición nativa digital: más amplia, más sintética y más racional para los usuarios, pero en continuidad con el trabajo histórico. La RAE presenta la nueva edición del diccionario de la lengua española y afronta nuevos retos con la IA

Lo más sencillo será empezar con con la consulta de un artículo cualquiera en la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Lengua Española (2014) y con la búsqueda de la misma palabra en la nueva versión que la Real Academia Española presentó ayer. Por ejemplo, «palo». Hasta el jueves, bajo la palabra «palo» aparecía una referencia etimológica. Después, había 27 acepciones. La primera se refiere al objeto. La segunda, define palo como una manera de decir madera. La 13ª, como robo; la 14ª, como coito. La 27ª viene con la categoría de Med, medicina: «Nombre primitivo de la quina en España». Después, aparecen grupos nominales en los que aparece la palabra palo: palo de ciego, palo de Brasil, palo santo... y, al final, hay 48 sinónimos divididos en 11 categorías. La entrada «palo» está resuelta en 1.976 palabras.

Ahora, en 2026, el Diccionario de la Lengua Española presenta «palo» con textos parecidos a los de 2014. La primera definición es la misma: «Pieza de madera u otro material, mucho más larga que gruesa, generalmente cilíndrica y fácil de manejar». La diferencia es que, en vez de 27 acepciones, en el nuevo Diccionario hay seis entradas que se despliegan en 27. Cinco están tematizadas: el palo en el lenguaje de la marina, en el de la tauromaquia, en el deporte... Cada categoría ofrece sinónimos y antónimos y formas complejas relacionadas. El contenido no ha decrecido, pero está dispuesto de una manera más sintética. Todo cabe en 145 palabras.

La esencia de la vigésimo cuarta edición del Diccionario de la Lengua Española es esa: importa tanto lo que permanece como lo que cambia. El Diccionario estrenó ayer su primera edición digital, pensada como una herramienta de búsqueda y no como un libro que se ha adaptado a internet, pero su contenido es la consecuencia de tres siglos de lexicografía, desde 1726. «Yo no empecé este proyecto, yo vine a una cosa empezada», dice la lexicógrafa y académica Paz Battaner, directora de la nueva edición del DLE. «Adaptamos, desarrollamos, intentamos poner un poco de mano, pero el diccionario es un proceso continuo».

¿Qué significa la nueva disposición en la práctica? «La diferencia fundamental para los usuarios está en que el contenido que había en 2014, las 27 acepciones distintas de «palo», dispuestas en una sucesión desestructurada, aparecen ahora agrupadas. «como si fueran las púas de un peine», explica el académico Guillermo Rojo.

«Una acepción química, por ejemplo, aparecía siempre al final de la definición, fuera la que fuera», continúa Battaner. «En esta edición, las acepciones están unidas por su significado. Para el usuario es mucho más racional, porque un significado tiene continuidad en el siguiente».

Durante 300 años, la Real Academia Española ha publicado su diccionario, la obra que, además de reunir 100 millones de consultas al mes, es el núcleo simbólico del idioma. En 1726, apareció el primer tomo de los seis del Diccionario de autoridades. En 1739 quedó terminada la obra, una base inicial de 69.410 entradas. La coletilla de «de autoridades» es relevante, porque los lexicógrafos del siglo XVIII se esforzaron por justificar sus artículos en fuentes literarias y científicas.

El método no ha cambiado tanto. Battaner explica que el trabajo del DLE se ha desarrollado en dos tiempos: los académicos decidían en comunicación con sus colegas en América y los lexicógrafos buscaban fuentes y redactaban definiciones de acuerdo a una especie de libro de estilo. Un ejemplo de esa forma de escribir diccionarios dice que las acepciones deben formularse en una sola oración y no deben plantearse en negativo. La palabra «seco» no puede aparecer explicada como «no mojado».

Hay algo más respecto a la redacción de los artículos: el carácter nativo digital del Diccionario de la Lengua Española significa que la obra deja de estar condicionada por las limitaciones físicas de un libro, por unas costuras. ¿Significa eso que las definiciones tienden a dejar de ser definiciones y se convierten en ensayos? Paz Battaner reconoce que esa puede ser una tentación en los conceptos más abstractos. Guillermo Rojo dice que es mejor evitarla. «Un diccionario no es ni debe ser una enciclopedia».

Sin embargo, algo hay: el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado dijo en la presentación del DLE de 2026 que esta edición es la última de las de las de siempre y la primera de las que están por venir, porque, pronto, el Diccionario de la Lengua Española incorporará informacion oral y gráfica y conectará con las demás obras de las academias (Gramática, dicionarios temáticos, etcétera), de modo que todo el conocimiento sobre las palabras aparezca unido en hipertexto.

Mientras tanto, el diccionario también tiene una edición en papel, porque el valor simbólico de los libros existe. Ya no ocupa seis volúmenes, sino dos. La edición física (Espasa) tiene 3.606 páginas, 99.990 palabras definidas, casi 209.000 acepciones, 54.829 referencias etimológicas. 23.255 acepciones con marca de especialidad técnica, 20.672 acepciones con marca geográfica y 85.201 ejemplos.

«El carácter del Diccionario no es normativo, pero los hispanohablantes deberíamos atenernos a las palabras que están en él para entendernos», explica Santiago Muñoz Machado. «Uno de los riesgos que hemos detectado es que la Inteligencia Artificial cree dialectos para las máquinas initeligibles para nosotros. Para evitarlo, hemos pedido a las tecnológicas que entrenen a sus máquinas con nuestras herramientas, entre ellas el Diccionario».

-¿Qué ocurriría si el Diccionario se hubiera abandonado en 1960 y no se hubiera actualizado?

-En Francia, la Académie Française tiene ciclos mucho más largos que nosotros. Hasta hace poco llevaban ocho ediciones desde 1635 frente a las 24 que llevamos nosotros desde la fundación en 1726. ¿Qué ocurriría? Habría un decalaje entre el vocabulario oficial y el vocabulario común.

Y, a la vez, la comunicación con el pasado sería peor. «Mario Vargas Llosa decía que sin el DLE no habría entendido el Quijote», recuerda Muñoz Machado. «A veces se plantea retirar palabras en desuso. No lo haremos».

 III

 El Diccionario de los 300 años estrena su 24ª edición: 99.900 palabras, diseño nativo digital y novedades como performativo, porfa, narcolancha e influencer, en El Mundo, por Luis Alemany, 30 octubre 2026.

La Real Academia Española y sus colegas de América presentan la nueva versión de su gran obra, con casi 7.000 palabras nuevas y una disposición más clara de la información.

El Diccionario de la Lengua Española, (DLE) la obra que nació hace 300 años justos con el nombre de Diccionario de Autoridades, cuenta desde este viernes con una nueva versión, la edición número 24, la que sustituye a la de 2014.

Los datos importantes se pueden resumir en tres ideas: primero, el nuevo DLE ofrece 99.990 artículos y cerca de 209.000 acepciones. Hasta ahora, ofrecía 93.111 artículos y 195.439 acepciones. Segundo: por primera vez, el DLE está concebido como un servicio en línea antes que como un libro, lo que condiciona la manera de disponer la información y su amplitud. Aunque el libro existe: está dividido en dos tomos que suman 3.606 páginas (Espasa).

Y tercero: la Real Academia Española aparece como autora del Diccionario en colaboración con la Asociación de Academias de la Lengua Española, Asale. Eso significa, en la práctica, que el trabajo del DLE lo han hecho los académicos en España, pero en diálogo con sus compañeros de América, África y Asia. Las academias del español han propuesto, ampliado, aprobado y matizado las definiciones redactadas en Madrid.

"Esta presentación es un acto crucial en nuestras vidas", dijo Santiago Muñoz Machado, director de la RAE y presidente de Asale. Muñoz Machado explicó que el nuevo DLE es el último de los viejos diccionarios, "el zenit de una generación de diccionarios" y el comienzo de un nuevo mundo en la lexicofgrafía. En los próximos años, el Diccionario conectará con hipervínculos a la gramática, los diccionarios especializados y el resto de obra normativa de las academias e "incorporará información oral y visual".

La segunda idea en la que insistió Muñoz Machado fue en el carácter panhispánico del DLE, un rasgo en el que Asale insiste desde hace décadas. Los sinónimos dispuestos en el Diccionario, por ejemplo, ya no privilegian el español de España. Los 22 directores de las academias de América, África y Asia estuvieron en el acto y leyeron la definición de una palabra cada uno. El director de la Academia Peruana, por ejemplo se fijó en la modificación del adjetivo "senderista" en referencia a Sendero Luminoso. El argentino eligió "chepibe" y la estadounidense, "hispanoudinense". Sin embargo, el sentido de celebración que estaba previsto para la presentación de la 24ª edición del DLE cambió de tono por el accidente de los trenes en Urda. Los Reyes de España, que iban a presidir el acto, cancelaron su participación.

En los 6.800 nuevas palabras incluidas en el Diccionario hay una imagen del mundo contemporáneo: AOVE (aceite de oliva virgen), app (marcada como anglicismo), antropización, basuraleza, bómber, burrata, cámper, cocotaxi, déjà vu (marcada como galicismo), ecotasa, gordofobia, influencer (anglicismo), inuit, multilateralismo, narcolancha, narcopiso, performativo, pódcast, porfa, QR, resetear, rueda y somontano (las dos como vinos), trans, turistificación...

Según las academias, los temas en los que se han incorporado más artículos y acepciones nuevas son la zoología y botánica. Hay también un esfuerzo en ampliar el vocabulario de "la medicina, la economía, el derecho, Internet, las redes sociales y las nuevas tecnologías, la política, el medioambiente, la gastronomía y el deporte". 1.490 gentilicios nuevos aparecen en el Diccionario junto a 1.570 voces de uso exclusivo en los países hispanohablantes.

¿Y la disposición de la información? Según explicaron las academias, el usuario en internet del Diccionario encuentra ya la información mucho mejor estructurada. Las acepciones aparecen agrupadas por similitud de significado, de modo que la definición de una palabra con la marca "médicina" aparece junto a la que lleva la marca "química". El DLE describe también las palabras según los niveles de comunicación en los que se emplean (coloquiales, cultas, malsonantes, etcétera), su empleo en ámbitos específicos (ciencias, arte, deporte...), su adscripción geográfica (Argentina, Cuba, Chile, España...) y con ejemplos de uso. La lematización es más precisa: ya aparece la forma "emperador/triz" sino "emperador/emperatriz". Y, sobre todo, los artículos están llenos de hipervínculos que permiten sintetizar la información, ya que muchas explicaciones farragosas se resuelven con un cuadro emergente.

"Es muy elevado el número de acepciones que se han enmendado bien porque requerían un enfoque, distinto o bien porque necesitaban un lenguaje actualizado", dijo Paz Battaner, directora de la 24ª edición en la presentación de Madrid. "Los autores de un diccionario solo pueden aspirar a explicar el sentido de las palabras en un momento dado o hasta un momento dado, pero no pueden predecir el futuro. Por eso, los diccionarios tienen que seguir evolucionando para ser útiles, Esperamos resolver las dudas con la misma solvencia que hasta ahora".

Sólo queda añadir dos datos para poner el Diccionario de la Lengua Española en contexto: la Academia Francesa presentó en 2024 su última edición del Dictionnaire de l'Académie Française. La anterior versión era de 1935, mientras que el DLE renueva sus versiones cada 12 años. En el ámbito anglosajón, el Oxford English Dictionary (que no tiene un valor normativo como el de DLE) tiene 600.000 palabras definidas.

IV

El diccionario en tiempos de IA, editorial de El País, 2 nov 2026:

La Academia Española actualiza su repertorio de léxico y, por primera vez, lo hace a partir de la edición digital, que tiene 100 millones de visitas al mes

En estos tiempos desconcertantes en los que la IA escribe novelas, es capaz de resolver los grandes problemas matemáticos o incluso generar agentes autónomos que se descontrolan por internet resulta reconfortante que siga habiendo sólidas instituciones prácticamente inalteradas en el tiempo, como la Real Academia Española y su emblemático diccionario. El viernes se presentó en Madrid la 24ª edición de este repositorio y, naturalmente, las palabras del ámbito de la tecnología son algunas de las más numerosas incorporadas a esta actualización: como IA, por ejemplo, definida como sinónimo de inteligencia artificial. Pero hay otra novedad técnica en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) que tal vez sea el más claro signo de que los tiempos cambian incluso para los rigurosos filólogos de la vieja escuela: por primera vez el diccionario, con una versión impresa en dos volúmenes de papel, se ha confeccionado a partir de la edición digital y no a la inversa.

Al cabo de tres siglos del primer Diccionario de autoridades en los días de la Ilustración, ahora el que no corre vuela para encontrar el significado de una palabra. Lo demuestra que la edición del diccionario en línea se ha convertido en una herramienta de consulta en todo el mundo, tanto que tiene ya 100 millones de visitas al mes a la búsqueda de un significado preciso. Frente a la imagen del lexicógrafo rellenando viejas fichas de cartón, la de una Academia transformada en una moderna plataforma al servicio del conocimiento y el uso del español.

Pero no deben confundirse los ritmos del habla y los de la ciencia de las palabras. El diccionario no es un brontosaurio, para decirlo con uno de los fichajes léxicos, aunque lo parezca si tarda tanto en incorporar expresiones coloquiales como cumple o porfa, que de tan gastadas ya parecen cursis. No es un tricerátops porque, en lo relativo a la incorporación de neologismos y otros vocablos, el diccionario va tarde por definición. Primero parte del uso social —edadismo, hantavirus, el dichoso influencer, macrogranja, pódcast, ramen, turismofobia—, después viene el análisis por el equipo de lingüistas que trabajan en la docta casa (con una capacidad de rastreo histórica) y luego pasa por el filtro de las distintas comisiones de la institución.

No menos relevante resulta en este proceso la vocación panhispánica de las últimas versiones del diccionario. Otro signo de los tiempos. El objetivo es fijar, pulir y dar esplendor a un vocabulario intentando documentar su uso en territorios de habla hispana. Aunque también aparecen palabras que son paradigmáticas de un país y por ello el viernes en Madrid representantes de las academias de América, Filipinas y Guinea defendieron alguna de sus incorporaciones. Desde el pelucar de la academia ecuatoguineana (la acción de cortar el pelo) hasta el recadero que en Argentina se llama chepibe. Esta variedad de procedencia, como los distintos acentos, son la prueba más evidente de la vitalidad de nuestra lengua global.