sábado, 28 de febrero de 2026

Entrevista a Alfonso Guerra sobre los Machado

 Alfonso Guerra: "El mito de los hermanos Machado como símbolo de las dos Españas enfrentadas es falso", en El Mundo, Teresa López Pavón, 18/10/2024:

El ex diputado socialista es comisario de una muestra que reivindica la obra de «dos grandes poetas» y desmonta los mitos sobre su relación

Alfonso Guerra se mueve con lentitud contemplativa entre los anaqueles instalados en la antigua Fábrica de Artillería de Sevilla, donde desde este lunes se podrán contemplar documentos y fotografías de una saga intelectual, la de los Machado, que ha legado a España dos de sus grandes poetas: Antonio y Manuel.

Los Machado. Retrato de familia reivindica por igual a los dos hermanos y desmonta algunos de los mitos construidos en torno a su obra y al papel que representaron en la Guerra Civil. El ex vicepresidente del Gobierno es el comisario de la muestra y, de la mano de la periodista Eva Díaz Pérez, lleva dos años seleccionando material a partir de los dos grandes fondos documentales de la familia Machado: el de la Fundación Unicaja y el de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes.

Cuenta Guerra que conoció a Antonio Machado a través de su maestro Rafael. Y a Pablo Iglesias, a través de Machado: «Fue Machado el que me llevó al socialismo».

P. Dígame qué vamos a aprender en esta exposición.

R. En primer lugar, que ésta no es la exposición sobre un gran poeta y un poeta menor. Esta es una exposición sobre dos grandes. Antonio tiene una influencia reconocida en mayor o menor medida en función de la época pero Manuel ha estado eclipsado durante muchos años por razones no literarias. En segundo lugar, este recorrido demuestra que la excelencia de Antonio y Manuel no es fruto del azar sino el resultado de haber nacido en una familia verdaderamente extraordinaria. El abuelo fue rector de la Universidad de Sevilla, alcalde, gobernador civil, botánico, zoólogo, médico, el primer darwinista de España. Y también es extraordinaria la abuela, pintora y recolectora de romances. O el padre, un gran folclorista. Antonio y Manuel se forman leyendo a los clásicos en la Biblioteca Nacional y yendo a las tertulias literarias y a los teatros y atesoran una enorme cultura. Y, por último, mostraremos que estos hermanos nunca estuvieron enfrentados, jamás. Ni siquiera la crueldad de una guerra civil los enfrentó ni un momento. Por tanto, el mito de que estos dos grandes poetas podrían representar las dos Españas es sencillamente falso, es mentira.

P. Y, ¿cómo se forja ese mito del enfrentamiento si todos los testimonios apuntan a lo contrario?

R. Uno estaba en Madrid cuando los sublevados dieron el golpe y otro estaba en Burgos, por casualidad, porque había ido a visitar con su mujer a su cuñada Carmen. Entonces, lo meten en la cárcel y sale -yo creo- muerto de miedo. Es verdad que después hizo algunos poemas de exaltación del régimen. Aunque también es cierto que llegó a estar perseguido por los fascistas y por las autoridades de la República. Esas circunstancias personales que alejan físicamente a los hermanos tras el golpe, se toman como metáfora del enfrentamiento. Pero, como no es verdad que existiera, tenemos que deshacer ese mito. Antonio llegó a decir que, pese a lo que estaba cayendo sobre el pecho de los españoles, lo que más lamentaba era no tener a su hermano cerca.

P. Tanto Manuel como Antonio habían defendido los principios de la República y el socialismo. Sin embargo, en Manuel se produce un reniego tal vez por decepción con la República, por convencimiento o por instinto de supervivencia.

R. Los dos hermanos se declaraban republicanos. Pero hay que matizar muy bien las cosas. Antonio Machado era republicano, pero él deja constancia escrita y hablada reiteradamente de que él apoya a la República porque es lo que ha decidido el pueblo. Que si hubiese sido impuesta y no por una votación popular, él no sería republicano. Eso tiene muchísima importancia. Es decir, su ideario político es apoyar lo que decida el pueblo. Y Manuel tiene escrito con mucha claridad que los dos sistemas que él llama "capitalista" y "comunista" ninguno atiende al ser humano: atienden al hombre y no a la persona. Para él, tanto el fascismo como el comunismo son detestables. Sin embargo, llegó a escribir la letra de un Himno de la República, con música de Óscar Esplá. Pero, cuando la República empieza a complicarse, los dos hermanos escriben a cuatro manos una obra de teatro, que se llama La Diosa Razón, que trata sobre la revolución francesa. Y se puede pensar que pudiera ser un reflejo de lo que estaban viendo ellos de la evolución de la República. Puede inferirse pero no puede afirmarse categóricamente que ésa fuera su intención.

P. En una entrevista hecha a dúo para el periodista Francisco de Víu, los Machado hablan de su republicanismo, del socialismo y de las tensiones territoriales. Permítame que aproveche para traerme el asunto al presente.

R. Mire, en ningún caso voy a utilizar a los Machado para tomar razón de mi posición actual. Los Machado son una cosa demasiado grande para mezclarla con rifirrafes y el guirigay de la política. No tiene cabida en esta entrevista.

P. Pero supongo que usted se identifica con esas «gotas de sangre jacobina» del poema de Antonio.

R. Siempre he tenido gotas de sangre jacobina. Lo aprendí de él.

P. En esa entrevista con los dos hermanos Machado se hacía una reivindicación del socialismo como "la fuerza política mejor organizada y sometida a disciplina más rigurosa".

R. Es que entonces era verdad, es que entonces era verdad (risas).

P. Le he leído recientemente que usted piensa que ve al PSOE de hoy en una situación parecida a la que vivió en 1934. ¿A qué se refiere?

R. Sí. Es sencillo de entender... Lo tengo muy claro y se lo podría explicar pero es que, si estamos hablando de los Machado, no me apetece. En una entrevista sobre los Machado, no. Más adelante, otro día.

P. Lo intentaré de otra forma: Decían también los Machado en esa entrevista que más peligrosos que los monárquicos eran "las instituciones caciquiles que hoy son monárquicos y mañana son republicanas".

R. Claro. Y apuntan muy bien a esos grupos de presión, grupos de intereses, que se cambian la etiqueta y hay que estar muy avisados. Y eso está muy bien visto. Mire, son estos dos personajes visionarios con una capacidad de profundización en la conciencia colectiva extraordinaria. Por eso han servido de guía para mucha gente durante varias generaciones.

P. ¿En qué momento de su vida entra usted en contacto con los Machado?

R. Yo estaba en cuarto curso de Bachillerato. El profesor de literatura se llamaba don Rafael, que era un señor adusto pero que conocía muy bien la literatura. Nos anunció un día que nos iba a hablar de un poeta que sobre todo era, "en el buen sentido de la palabra, bueno". Yo empecé a leer a Machado con 14 años y, fíjese si tuvo influencia para mí que, dos años más tarde, una de las cosas que leí fue un suelto que había publicado en una columna que se llamaba El mirador de la guerra, en La Vanguardia, el 16 de agosto del 38, donde hablaba de un personaje que yo desconocía entonces y que era Pablo Iglesias, "cuya voz tenía el timbre inconfundible de la verdad humana". Por tanto, Machado me orientó desde el punto de vista ideológico. Fue Machado el que me llevó al socialismo.

P. ¿Usted cree, como dice José Rodríguez de la Borbolla, que, al igual que la derecha debería exorcizar el franquismo, también la izquierda tendría que hacer un ejercicio parecido con la Segunda República?

R. Esa es una idea mía que Borbolla me pidió prestada. Los conservadores en general en España nunca han querido aceptar con claridad que el 18 de julio del 36 fue una ruptura evidente de la democracia, de la libertad, lo han aceptarlo, sí, pero no lo han querido expresarlo. Y los progresistas nunca han querido analizar con detalle qué pasó en la República. La figura ideal de la República que se ha instalado, por comparación con lo que fue la dictadura, no es real tampoco.

P. ¿Hemos sabido interpretar bien eso de «una de las dos Españas ha de helarte el corazón»? Hay quien cree que Machado se refiere a la España fascista y quien piensa que es cualquiera de las dos.

R. Es que, tal vez, cuando Machado hablaba de las dos España no se refería a la izquierda y la derecha. Él habla de dos espíritus que conviven: el de las «nobles calaveras católicas», el de la permanente exaltación del imperio, del pasado; y, por contra, el de la España joven, «la España de la rabia y de la idea», «la del trabajo y la cultura». Él nunca hizo ese salto de interpretación que luego han hecho los políticos. Lo suyo fue siempre más tenue, matizado, suave, sutil.

Dossier Isabel II y su falsa descendencia

 [Dossier Isabel II y su falsa descendencia]

 Enrique Puigmoltó pide el título que Isabel II dio a su tatarabuelo, amante de la reina, tras engendrar a Alfonso XII, en El Mundo, Consuelo Font, 27 febrero 2026:

Diversos historiadores atribuyen al militar valenciano la paternidad del hijo de Isabel II. La reina se lo llevó a vivir a palacio y le recompensó con el vizcondado de Miranda, que han heredado sus descendientes.

El pasado 19 de febrero el BOE publicó que Enrique Puigmoltó Sánchez de León había solicitado la sucesión en el vizcondado de Miranda, que la reina Isabel II concedió en 1857 a perpetuidad a su tatarabuelo, Enrique Puigmoltó y Mayans, también conde de Torrefiel. El futuro vizconde de Miranda desciende de dos importantes familias valencianas: los Puigmoltó por vía paterna y, por parte de su madre, María Pilar, que fue fallera mayor infantil en 1958, los Sánchez de León. Conocida saga de políticos y juristas, a su rama extremeña pertenece el que fue primer ministro de Sanidad de la democracia, Enrique Sánchez de León.

Los Puigmoltó han pasado con mayúsculas a la historia de España gracias al citado Enrique Puigmoltó y Mayans, un laureado general decimonónico que encandiló a la reina Isabel II y a quien se atribuye la paternidad nada menos que del rey Alfonso XII, único hijo varón de la soberana. Dicen que Don Juan, padre del Rey Juan Carlos, cuando coincidía con los Puigmoltó en Valencia, se refería a ellos como sus primos. La propia Isabel II parece que se lo reconoció a su amante en una carta que nunca vio la luz, aunque era del dominio público, ya que cuando 21 cañonazos anunciaron el 28 de noviembre de 1857 el nacimiento del heredero, la gente murmuraba maliciosamente: "Ha nacido el Puigmoltejo".

Las arrebatadas pasiones de la reina eran vox populi y no solo se limitaron a Puigmoltó, a quien precedieron el general Serrano, el tenor Tirso Obregón, el también militar José Ruiz de Arana, apodado el pollo Arana, supuesto padre de la infanta Isabel La Chata, y hasta su tutor, Salustiano Olózaga, jefe de gobierno, quien aseguran que la desfloró.

Para justificar tales excesos hay que entender que a la pobre reina la casaron a los 16 años con Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, primo suyo por partida doble. "¡Con Paquita no!", exclamó horrorizada Isabel cuando le impusieron la boda. Y es que Francisco de Asís tenía acreditada fama de homosexual e incluso residió temporadas en el palacio de Riofrío con su amante, el decorador andaluz Antonio Meneses. Hay dudas incluso de que el matrimonio regio se consumara. "Francisco llevaba más encajes que yo", comentaba indignada la soberana sobre su noche de bodas. Pese a ello, el consorte guardó las formas y reconoció como suyos a los vástagos de Isabel II, que de los 12 hijos que alumbró ocho murieron prematuramente, incluidos todos los varones, salvo Alfonso, el futuro rey. Gran monarca, le apodaron el Pacificador, pues además de restaurar la monarquía constitucional tras la revolución de 1868 que derrocó a su madre, finiquitó las guerras carlistas entre los partidarios de Isabel II y los carlistas de Carlos Hugo, hermano de Fernando VII, que no aceptaban una mujer en el trono.

El apuesto Enrique Puigmoltó y Mayans, III conde de Torrefiel, tras licenciarse como alférez del cuerpo de Ingenieros, destacó luchando heroicamente en el frente de Cataluña contra los carlistas. Fue en la revuelta revolucionaria de julio de 1856, tras el golpe del general O'Donnell, cuando se encumbró tras lograr sofocar a un grupo de milicianos que pretendían asaltar el palacio real, poniendo en grave peligro a la reina.

Condecorado con la Gran Cruz de San Fernando, se ganó el favor de Isabel II, que cayó rendida a sus pies, sin esconder su pasión, pues se llevó a su amante a vivir con ella en palacio, mientras Francisco de Paula se instaló en El Pardo. Cuando un año después vino al mundo el ansiado varón, futuro Alfonso XII, parecía evidente la paternidad de Puigmoltó, a quien apodaban el Favorito, y que la reina premió un mes después con el vizcondado de Miranda.

Sin embargo, el escándalo iba en aumento, tanto que el general Narváez, jefe de gobierno, amenazó con dimitir si Isabel II no echaba a su amante de palacio. El influyente confesor de la reina, el padre Claret, rechazó impartirle el sacramento. La soberana tuvo que ceder y Puigmoltó regresó a Valencia, donde se casó en 1864 con Julia Fuster, madre de sus dos hijos mayores, Luisa y Enrique. Tras enviudar volvió a casarse con María Rodríguez Trelles, con la que tuvo otros dos hijos, Vicente y Ángeles. Ascendido a general de brigada, con mando en plaza en Valencia, inició también la carrera política y fue elegido diputado por Enguera.

Incremento de poder

Los Puigmoltó, que ya eran una familia muy destacada en Valencia, incrementaron su poder a raíz de incluir oficiosamente en su estirpe a un rey de España. De hecho, quienes deseaban obtener algún favor de la Corona acudían a ellos.

Dueños de propiedades históricas, como el palacio de Torrefiel en Onteniente, actual sede de ese ayuntamiento, han conservado en la familia la propiedad más emblemática de su linaje, la finca Puigmoltó. Ubicada en Fontanars del Alforins, dentro del valle de Albaida, zona conocida como la Toscana valenciana por su bello entorno de viñedos, destaca su espectacular palacio que data del año 1600 y hoy la familia explota para bodas y eventos.

En los años 50 sus títulos se dividieron en dos sagas, pues Vicente Puigmoltó y Rodríguez Trelles, IV conde de Torrefiel y II vizconde de Miranda, distribuyó sus títulos entre sus hijos: Vicente, el primogénito, heredó el condado y Enrique, el vizcondado.

El futuro V vizconde de Miranda, Enrique Puigmoltó Sánchez de León, está casado con Sandra de Selva y es padre de cuatro hijos: Quique, Nicolás, Patricia y Santiago. Ha solicitado la sucesión del título tras fallecer su padre, Enrique Puigmoltó Garrigues, el 11 de junio de 2025 a los 84 años. Personaje destacado de la sociedad valenciana, fue hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería y de la Hermandad del Santo Cáliz. Formó también parte durante una etapa del consejo de administración de Food Machiner Española (Fomesa), empresa de fabricación de maquinaria alimenticia que regentaba su familia política, los Sánchez de León, de la que su esposa Pilar era vicesecretaria, aunque en 2011 se retiraron del consejo y actualmente está en liquidación.

El matrimonio tuvo cuatro hijos: Marta, Enrique, Ignacio y Borja, y aunque la primogénita es Marta, es su hermano Enrique, el mayor de los varones, quien ha solicitado el título. Se mantiene así unido al vizcondado de Miranda el apellido Puigmoltó, que la tradición y diversos historiadores asocian al rey Alfonso XII.

Isabel II, la reina de los 12 embarazos y ninguno de su marido: "No era ninfómana, estaba mal casada", en El Mundo, por Consuelo Font, 27 septiembre 2023

Un 28 de septiembre de 1868, la sublevación encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete derrotó a las tropas leales a Isabel II en la batalla de Alcolea. La guarnición de Madrid se unió a la revolución del 68, secundada por las masas, al grito de "mueran los Borbones" y obligó a la reina, de veraneo en San Sebastián, a abandonar España el 30 de septiembre camino del exilio.

Se refugió en París, acogida por el emperador Napoleón III y Eugenia de Montijo, y posteriormente compró el pequeño palacio Basilewski, rebautizándolo como palacio de Castilla, donde residió hasta su muerte en 1904 por una gripe mal curada. Jamás se le permitió regresar, ni siquiera cuando su hijo, el futuro Alfonso XII, en quien había abdicado, recuperó el trono español en 1876.

Isabel II fue en realidad una mujer condenada a una pesada carga para la que no estaba preparada como era reinar, siendo además víctima de su entorno. Nacida el 8 de octubre de 1830, a los 3 años se convirtió en heredera, tras la muerte de su padre, el nefasto Fernando VII en 1833. Apodado El Deseado, cuando regresó del exilio tras la invasión de Napoleón, traicionó a los españoles y a la Constitución liberal de Cádiz, restaurando un régimen tiránico, la "década ominosa". Según las crónicas era cobarde, feo, antipático, habitual de los burdeles y mal hijo, pues conspiró contra su propio padre, Carlos IV.

Isabel II nació de su cuarto matrimonio con Cristina de Borbón Dos Sicilias, pues sus anteriores esposas murieron sin darle descendencia: su problema de macrofalosomía -enorme pene- les provocaba terribles dolores impidiéndoles concebir. Al tener una sola hija, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, que permitía reinar a las mujeres, despojando de la Corona a su hermano y heredero, Carlos María Isidro. Esto dio origen a las sangrientas guerras carlistas, en las que los liberales apoyaron a Isabel II, que se convirtió en emblema de las libertades frente al candidato ultraconservador .

Pero la heredera, inmadura y malcriada aunque de corazón generoso, carecía de formación. Su madre, la reina regente María Cristina, estaba más dedicada a su amante, el guapo sargento Fernando Muñoz, que a educar a Isabel. Según el conde de Romanones, "con diez años apenas sabía leer, de aritmética solo sumar, su ortografía era pésima y sus modales en la mesa deplorables. Solo le divertían sus juguetes y sus perritos". Y el historiador Comellas la retrata como "apasionada por España y por sus amantes, era desenvuelta, castiza y plena de espontaneidad, pero la amabilidad se mezclaba en ella con la chabacanería" .

Entorno corrupto

Desde que subió al trono con 13 años, la "reina de los tristes destinos" como pasó a la Historia, se rodeó de consejeros nada fiables, conservadores o liberales, como el padre Claret, que la manipulaban a su antojo. Inicialmente cedió cierto poder al Parlamento, pero pronto las libertades fueron cercenadas. La corrupción y la existencia de una casta militar que cambiaba gobiernos a base de pronunciamientos, sumado a una camarilla regia que interfería en política, provocaron su final. En el exilio reconocería a Benito Pérez Galdós que nadie la enseñó a gobernar. "Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía".

Para su desgracia, la obligaron a casarse a los 16 años con su primo, el afeminado infante Francisco de Asís y Borbón, único candidato que no molestaba a las potencias europeas al no influir en sus alianzas, pero sería su mayor enemigo al conspirar continuamente en su contra. Solo tenían en común que a ambos les gustaban los hombres, como Isabel II confesaría al diplomático León y Castillo: "¿Qué voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba más bordados en su camisa que yo en la mía?". Esto empujó a la soberana, que advirtió "he cedido como reina pero no como mujer", a coleccionar amantes, tanto que ninguno de sus 12 embarazos se atribuía a su esposo. Destacan los generales Serrano y O'Donnell, el cantante José Mirall, el compositor Emilio Arrieta o Enrique Puig Moltó, "el pollo real", supuesto padre de Alfonso XII según la rumorología. Algunos justificaban este furor uterino por su mal matrimonio "no era ninfómana, estaba mal casada". Ya en el exilio, la pareja se separó, afincándose la reina en París y el consorte al palacio de Épinay-sur-Seine.

“Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía”

El derrocamiento de Isabel II no solucionó la grave crisis política en que estaba sumido el país: se buscó monarca en el extranjero y a instancias del general Prim fue elegido Amadeo de Saboya, hijo del monarca italiano, pero en dos años tiró la toalla: "Esta España vive en constante lucha. Si fueran extranjeros sus enemigos sería el primero en combatirlos, pero quienes perpetuan sus males son los propios españoles", afirmó al abdicar. Inmediatamente se proclamó la I Republica el 11 de febrero de 1873, que solo duró un año, en el que se sucedieron cuatro presidentes distintos: Pi y Margall, Salmerón, Castelar y Figueras. El caos y el desmembramiento de la nación desencadenaron el golpe de estado del general Martínez Campos, que restauró la monarquía Borbón con Alfonso XII. Isabel II jamás regresó a España, salvo esporádicamente: su propio hijo lo consideró preferible para salvaguardar la estabilidad de la Corona.

Alfonso XII: el incendio del Tribunal Supremo, secretos, chantajes y la sobra del Rey, Por Francisco Marcos, en El Mundo, 10/11/2024:

El 'fortuito' incendio de 1915 enterró cualquier pretensión al trono de los hijos ilegítimos de Alfonso XII. Un libro rescata la verdadera historia que puso a la Casa Real en una situación tan delicada. Una cubana, una enfermedad... La historia del verdadero sucesor de Alfonso XIII que habría impedido reinar a su sobrino, Don Juan Carlos.

"A los nenes, un beso de tu Alfonso"

El 4 de mayo de 1915 un devastador incendio consumió el Tribunal Supremo de España y arrasó no sólo importantes archivos judiciales sino también una parte oculta de nuestra historia. Lo que en su momento fue descrito como un trágico accidente ocultaba la desaparición de documentos que podrían haber comprometido a la Casa Real. Este desastre aparentemente fortuito fue en realidad el desenlace de una investigación que involucraba a los hijos adulterinos de Alfonso XII con Elena Sanz, una famosa cantante de ópera.

El suceso ha permanecido en la leyenda judicial durante más de un siglo junto con el fantasma del secretario José María Armada, que murió en el incendio. Algunos aseguran que su espíritu sigue vagando atado a los secretos que el fuego intentó silenciar. Sin embargo, lo que hasta ahora se consideraba folklore ha cobrado nueva relevancia con el descubrimiento de un sumario desaparecido que pudo haber cambiado el curso de la justicia en España.

Un suceso que se relata en El Sumario, un libro donde se desvela cómo el incendio del Supremo no solo destruyó pruebas vitales, sino también ocultó una trama de chantaje a la Casa Real por parte de los hijos ilegítimos de Alfonso XII.

En 1915 el Tribunal Supremo albergaba casos de gran relevancia para el Estado. El incendio, que comenzó la mañana del 4 de mayo, destruyó gran parte del edificio y cientos de documentos, entre ellos un sumario que afectaba al Rey y contenía pruebas de su relación extramarital con la soprano, de la que nacieron dos hijos, Alfonso y Fernando Sanz. Alfonso era mayor que Alfonso XIII, lo que lo convertía en el primogénito y, teóricamente, en el legítimo heredero de la corona.

El documento clave de este sumario fue falsificado para evitar que los menores recibieran una compensación y su desaparición impidió interponer una querella por falsedad documental en años posteriores. El penalista Jiménez de Asúa intentó llevar el caso ante la Justicia durante la II República pero se encontró con que la prueba principal había desaparecido en el incendio.

Poco se sabe del contexto que precedió al incendio, pero años antes la Casa Real había sido objeto de chantaje por personas conocedoras de la relación extramarital. Los bastardos, Alfonso y Fernando Sanz, representados por Fernand Labori, un famoso abogado parisino que defendió a Alfred Dreyfus, habían iniciado un proceso legal en Francia para legitimar su parentesco con el Rey. Este conflicto llevó a la detención de Prudencio Ibáñez, banquero privado del monarca, y la gravedad del asunto obligó a la Casa Real a acceder a un chantaje secundario para evitar que el escándalo saliera a la luz. Aunque los hijos ilegítimos firmaron un pacto con la Casa Real, mediante el cual renunciaban a cualquier reclamación al trono a cambio de una compensación económica, el oportuno incendio fue el desenlace perfecto para borrar cualquier rastro de los documentos comprometedores. Pero esa no fue la única desgracia ni el único accidente que sufrió Elena Sanz. Ni siquiera el único incendio en el que se perdieron otros documentos que la vinculaban al Rey.

A pesar de que se asumió que la mayoría de las pruebas se perdieron entre el fuego, con el tiempo surgieron indicios de que algunos objetos clave no sucumbieron a las llamas. Entre ellos, un cuadro de siete metros que se creía destruido y fue encontrado años después en el Museo Cerralbo. Otro cuadro, de menor tamaño, fue recuperado por la Policía en 1994 justo cuando iba a ser subastado en una galería de arte.

Casa Real. La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos, en El Mundo, por Consuelo Font.

La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos

Estos hallazgos avivaron las sospechas de que el incendio pudo haber sido una operación orquestada destinada a eliminar selectivamente ciertos documentos, mientras otros objetos, de menor valor legal, fueron rescatados o vendidos.

El descubrimiento de los cuadros fue crucial para mi investigación. Si algunas piezas habían sobrevivido ¿podrían haber sobrevivido también documentos del sumario? Esta hipótesis me llevó a profundizar en los archivos de abogados y personas cercanas al caso. Tras años de búsqueda logré localizar en los archivos de Fernand Labori varios documentos clave. Y en una subasta de manuscritos antiguos el original del sumario de la demanda presentada por los hermanastros de Alfonso XIII, así como correspondencia comprometedora entre el marqués de Borja, abogado de la Casa Real, y personalidades vinculadas a los chantajistas junto con una copia del documento que habría permitido al catedrático Jiménez de Asúa interponer la querella por falsedad documental.

La leyenda del fantasma de José María Armada ha sido una constante en las historias del Tribunal Supremo. Algunos trabajadores del edificio aseguran haber visto su figura recorriendo los pasillos subterráneos en las noches, mientras otros creen que su alma no descansa debido a la destrucción de los documentos que podrían haber expuesto a la Casa Real.

Más allá de las historias de fantasmas lo cierto es que Armada jugaba un papel clave dentro del Tribunal y su muerte en el incendio solo añade una capa de misterio. Su trágico final, junto con la desaparición de documentos tan sensibles, plantea una incógnita: ¿Fue el incendio un accidente o una maniobra deliberada para ocultar un escándalo de la monarquía?

El incendio del Tribunal Supremo se ha convertido en un símbolo de la fragilidad de la Justicia cuando se enfrenta a los intereses de los poderosos. Lo que las llamas intentaron borrar ha sobrevivido gracias a la perseverancia de quienes se han negado a aceptar la versión oficial, como el protagonista de El Sumario, Alonso Torquemada, un periodista atormentado por la vida que puso en peligro su carrera para saber quién estuvo implicado en el siniestro.

Porque El Sumario ha vuelto a la luz revelando una historia que el poder intentó enterrar: un rey, una relación extramarital, hijos ilegítimos, incendios, atropellos, espionajes y un chantaje que puso a la Casa Real en una situación delicada. Algunos abogados fueron encarcelados por intentar defender a un editor que deseaba publicar la historia y el chantaje se convirtió en un mecanismo para silenciar cualquier conflicto que pudiera dañar la imagen de la monarquía.

Tras años de investigación logré reconstruir lo que el fuego no pudo destruir: la verdad. El Sumario no sólo saca a la luz documentos inéditos, sino que también cuestiona el papel del poder y la Justicia en aquella España de la Restauración. Mientras los cuadros rescatados decoran museos, las verdaderas piezas clave -los documentos que revelan el chantaje y el fraude- han resurgido. Más de un siglo después, los secretos que el incendio del 4 de mayo de 1915 intentó enterrar han encontrado la forma de sobrevivir.

Isabel II, una historia de misoginia y pornovenganza, en El Mundo, por Leticia Blanco, 13 marzo 2020 

Herminia Luque gana el Premio Edhasa de Narrativas Históricas con 'La reina del exilio', una novela sobre las traiciones políticas y personales de las que fue víctima la monarca

Herminia Luque es la ganadora de la tercera edición del Premio Edhasa de Narrativas Históricas por 'La reina del exilio', una novela sobre la microcorte parisina que estableció Isabel II en su exilio. En la obra, las protagonistas son la monarca y las mujeres que la rodeaban (ayudantas, lectoras, aprendices) en un mundo profundamente desigual.

La historia arranca en 1882 en la capital francesa con la llegada a la corte de Julio Ucedo, un personaje donjuanesco que trae consigo unos papeles de amenazan con comprometer de nuevo la imagen moral de Isabel, quien años antes, en 1868, había sido destronada tras la revolución La Gloriosa. "Ya entonces fue traicionada por el que había sido su primer amante, Francisco Serrano, el que la inició en la pasión y acabaría instigando la revuelta contra ella", explica la autora.

En 'La reina del exilio', explica Luque, se entremezclan dos tramas: por un lado la protagonizada por el seductor Uceda, que se abrirá camino hasta llegar a su objetivo, la reina, y por otro lado la difícil vida de Teresa, una huérfana que lucha por sobrevivir en un mundo que no le ofrece demasiadas oportunidades. Teresa llegará a la corte de Isabel II de la mano de Elena Sanz, un personaje que existió en la vida real y que fue amante de Alfonso XII y madre de dos hijos suyos, hasta el punto de ser considerada por la propia Isabel como su "nuera ante dios".

¿Por qué Isabel II en el exilio como tema? "He sido una gran lectora de las biografías que le ha dedicado Isabel Burdiel a la monarca y siempre me ha fascinado la complejidad de ese periodo. Es cierto que tuvo más sombras que luces, pero no fue tan nefasto como parece. Isabel ha sido muy maltratada por la historiografía y la literatura. Todos la ridiculizaban, Valle Inclán describió su corte como un esperpento. Creo que hay un componente de misoginia en esa mirada", opina Luque.

"Hay que recordar que en la caída de Isabel II no sólo hubo componentes políticos, sino una misoginia feroz", afirma la autora."La reina sufrió toda su vida libelos y ataques como el álbum obsceno de los hermanos Bécquer en el que ridiculizaron a toda la corte y la retrataron en instantáneas pornográficas. Está claro que Isabel II no respondía al modelo de mujer de la época, la de esposa fiel y amante. Pero es que, para empezar, la casaron con un primo que era abiertamente homosexual. Se aceptaba que los hombres de la época, incluso los reyes y príncipes, tuvieran amantes o frecuentaran prostitutas, pero ella, al ser la reina de España, tenía que ser un modelo del ángel de hogar. Y no lo era".

Las 89 ilustraciones de los hermanos Bécquer retrataron a los Borbones y a Isabel II en escenas que iban del onanismo a la zoofilia y causaron un enorme revuelo en su día. "Son imágenes feroces, brutales, en las que ella aparece desnuda, manteniendo relaciones con su confesor... Son aberrantes, lo que hoy llamaríamos pornovenganza pero con los medios de la época, viñetas elaboradas a todo color". "Es un asunto muy turbio, fruto de una misoginia feroz. Su propio marido y su cuñado pudieron participar en la financiación del álbum. Al final, como afirma Burdiel en sus libros, la lección es que no se puede reinar inocentemente. A Isabel II, la inocencia le acabó por estallar", reflexiona la escritora.

Es la tercera novela de Luque, una profesora en un instituto de Málaga de Geografía e Historia, quien considera que "la historia no se puede seguir contando igual, hay que hacer un esfuerzo y ofrecer otra mirada. Las mujeres no pueden ser ignoradas como lo han sido hasta ahora". "Es una novela feminista avant la lettre. Los personajes no lo son, pero como escritora y profesora de Historia sí que me interesa la mirada de género. Se le ha negado a la mitad de la humanidad. Y ahora ha llegado el momento de contar la aportación de las mujeres", añade.

Por primera vez, el Premio Edhasa de Narrativas Históricas tiene un finalista: se trata de 'Bellum Cantatum' de José Manuel Aparicio, una novela de aventuras ambientada en el año 26 antes de Cristo en las guerras asturcántabras que durante una década sacudieron a la región, que resistió fieramente a la invasión romana. El protagonista, Sekeios, queda atrapado entre los dos bandos y tendrá que combatir la hostilidad de la resistencia montañesa y los ataques de las tropas de Augusto.

viernes, 27 de febrero de 2026

Entrevista a László Krasznahorkai, premio Nobel de literatura

 László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura: “Mi Hungría es la de la lengua, no la de los húsares”, en El País, Jacinto Antón, Barcelona - 26 feb 2026:

El autor de ‘Tango satánico’ habla en Barcelona de su país, de la Shoah, de sus autores favoritos y del cineasta Béla Tarr: “No ofrezco esperanza, pero tampoco la quito”

Aureolado por el Premio Nobel de Literatura y por los mechones de pelo blanco que —junto a la barba cana y los ojos de un azul tan puro que hieren— le dan un aspecto de apóstol o profeta, el escritor húngaro László Krasznahorkai (Gyula, 72 años) recibe en el bar del hotel Alma tras haberse dado el día antes un insólito, para un autor tan depurado y exigente como él, baño de multitudes en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). El autor de Tango satánico y Melancolía de la resistencia, vestido completamente de negro y sorprendentemente bronceado, está de un humor excelente y se muestra cercano y afable, aunque se ensombrecerá al hablar de la situación política de su país. Poner sobre la mesa un ejemplar de su libro Trabajo preliminar para un palacio (aún no traducido al castellano), protagonizado por un librero homónimo de Melville, sirve para arrancar la conversación recuperando una discusión mantenida en 2024 en Marraquech en las Conversaciones literarias de Formentor sobre el significado de la ballena que aparece en Melancolía de la resistencia.

Pregunta. Negó entonces hasta tres veces que la ballena fuera un símbolo de nada, ni de Moby Dick, ni del estalinismo, ni de la codicia, ni del caos…

Respuesta. Y sigo diciéndolo, en mi obra nada es simbólico, no me gustan los símbolos en la literatura, ni la parábola, aunque tengo una debilidad por la poesía simbolista francesa. A ese libro, Trabajo preliminar, le tengo mucho aprecio porque salen Melville, Malcolm Lowry, que es uno de mis autores favoritos, y el innovador y visionario arquitecto experimental estadounidense Lebbeus Woods. Lebeo es un nombre bíblico, por cierto.

P. Preguntarle entonces si la literatura es un tango con el diablo…

R. Lo es para los personajes de Tango satánico. Hay bailes más felices como el flamenco, a pesar de que también trata de la pasión y el demonio está asimismo presente, se puede sentir la influencia del diablo en el flamenco. Pero en mi novela, el tango es simplemente el baile que hacen allí mientras esperan un milagro. Es eso y nada más.

P. ¿Es entonces solo realismo?

R. Realismo es una palabra asociada a una época, no es lo que yo hago. ¿Qué es el realismo? La verdad es que no existe exactamente tal cosa, si piensas que incluso ante algo tan objetivo como un accidente de coche, los testigos darán versiones distintas. Cuando hablas de relaciones sentimentales o emocionales como hago yo, no puedes decir qué es real y qué no. No puedes presentar una situación desde un punto de vista correcto: ¿cuál sería? De hecho, se trata de un cambio radical del concepto de realidad, es más, de la desaparición de la realidad.

P. ¿Qué intenta decir al lector? Los hay que quedan algo desconcertados con sus libros.

R. Primero, intento convencerlos de que no me lean, y lo digo en serio, honestamente. No ofrezco esperanza, aunque tampoco la quito. Los míos no son libros de recetas, evidentemente. No se puede cocinar una buena comida con ellos. Son como una paella que hice una vez. Salió mal, tenía todos los ingredientes de paella, pero el conjunto no funcionó, incluso me sentó fatal. Pero si alguien, pese a todo, decide leer libros míos, le aconsejo que no se crea nada de lo que se ha dicho sobre ellos. Lo de que son difíciles de leer. Es verdad que uso frases inusualmente largas [de hecho una sola en 400 páginas en el último, Herscht 07769, que publicará Acantilado, sobre un personaje que quiere alertar del fin del mundo a Angela Merkel mientras trabaja como limpiador de grafitis para un director amateur de orquesta neonazi]. Es como cuando guardas un secreto mucho tiempo y de repente lo sueltas: cómo te quiero Lucía y siempre te querré, y toda la avalancha que sigue; no puedes decirlo en frases cortas. Imposibilita el uso del punto el que suelo escribir desde esa pasión por el contar. En fin, se me ocurre ahora: ¿todo esto le interesa a alguien? ¿A quién le interesa cómo se ha hecho un libro? Nos sorprendería si Samuel Beckett nos explicara cómo surgió Esperando a Godot. Yo creo que no tenía una idea, salió así. Honestamente, no puedo decir más. Tengo algo en mi cabeza, lo compongo y escribo. Y si el lector tiene un mal día, se compra el libro.

P. Dicho así…

R. Lo importante es que el lector se reconozca a sí mismo. Lo frágil que es su propia dignidad. Que se dé cuenta de que esa dignidad es lo último que se le puede quitar, pero que se le puede quitar. En eso nos diferenciábamos mi amigo Béla Tarr y yo. Él creía que a una persona no se la podía despojar de su dignidad.

P. ¿Siente una afinidad con el mundo húngaro?

R. La hungaridad… Nací húngaro, mi lengua materna es el húngaro. La hungaridad, lucho contra ello todo lo posible. Por qué cambiar ser ciudadano del mundo por ser solo húngaro. Mi relación con ser húngaro es como la que tienes con una piedra en la orilla del río. No sabemos por qué es así. Por qué no nací albano o eslovaco. Lejos de mí ideologizar el hecho de ser de alguna nación, de Hungría concretamente. Siempre hay auges del populismo, gente que está orgullosa de ser húngaro, de la patria. ¿Estoy orgulloso de la silla en que estoy sentado? Es muy perjudicial cómo habla la gente de la patria en relación con la realidad. La procedencia no tiene mucho que ver con nada. Ciertamente, a los que hablan como yo los odian. Me gusta la lengua húngara, me siento muy afortunado de que mi lengua materna sea una capaz de expresar matices muy finos. Pero respeto igual otras lenguas y entiendo que se las cuide, como a la lengua catalana, en la que tengo editor.

P. Entiendo que no es muy de húsares, Esterházys, Abadys, los sables…

R. [Ríe de buena gana] Solo puedes reírte de todo eso. Eso sí, hasta que te alcancen por la calle sus partidarios y te machaquen. Me preguntas por los húsares, la patria, y yo hablo de lengua continuamente. No es una casualidad. Mi Hungría es la de la lengua y no la de los húsares. Me he alejado tanto del mundo húngaro, de ese concepto de lo húngaro contagiado de estupidez. Ocurren cosas horribles en todos los Estados expuestos a los populismos, pero nada igual por intensidad y brutalidad a lo que sucede en Hungría. Esa capacidad de manipular, una fuente de infección. Hungría ya no es un país, es un manicomio del que ya se han ido los médicos y en el que los enfermos juegan a ser médicos los lunes, miércoles y viernes.

P. Con la Historia en la mano, Hungría parece equivocarse siempre en los momentos decisivos. Ha pesado mucho el tratado de Trianón.

R. Siempre se equivoca en las encrucijadas históricas, siempre escoge mal el camino. Cuando dije en una entrevista que no entendía que los húngaros estén siempre muy orgullosos de sus batallas, que además siempre pierden, me atacó la extrema derecha. No tiene sentido discutir. Incluso gente que parece muy inteligente está presa de la ideología. Todo eso nos devuelve al mundo animal, cuando lo que querríamos es elevarnos como personas. No se trata de aceptar o rechazar tradiciones; pocas personas más conservadoras que yo en aceptarlas desde un punto de vista intelectual. Pero, como reza un dicho húngaro, molemos en dos molinos muy diferentes y de la harina de ellos nunca saldrá pan. Y eso ha construido una sociedad enferma, esas heridas psicológicas que se podrían tratar de sanar de manera distinta.

P. En su literatura, pese a tener usted raíces judías, no aparece la Shoah, el Holocausto.

R. Está presente. El antisemitismo, el racismo, la estupidez criminal... están en mis libros, en Melancolía de la resistencia, en Tango satánico… El nazismo pequeñoburgués…

P. Pero no de manera explícita.

R. No he escrito concretamente de la Shoah porque ya lo hizo Imre Kertész [su predecesor húngaro en el Nobel de Literatura, en 2002] , que era muy amigo mío. Yo no podría escribir de eso mejor. Y es muy peligroso hacerlo, hay tantas obras kitsch sobre la Shoah

P. ¿Cómo ha sido lo de ganar el Nobel?

R. Muy inesperado para mí. No pertenezco al grupo de los que están el primer jueves de octubre ante la pantalla viendo la imagen de una puerta cerrada y esperando que se abra y anuncien un nombre. Fue muy difícil asumir que te colocaban junto a tantos nombres que admiras, ¡Faulkner! Sigo sin saber qué hacer con el Krasznahorkai que tiene el Nobel. Es algo que te eleva a una altura en la que no hay oxígeno, y mis pulmones lo necesitan, es mucho honor para mí. Ha sido una valentía elegirme, porque yo siempre he contado en mis libros una historia de fracasos.

P. ¿El cine de Béla Tarr ha condicionado la lectura de su obra? ¿Le ha robado la cartera de alguna manera?

R. No, no, Béla nunca me quitó nada, yo se lo di todo. Mira, un libro es un libro, una novela es una novela, Béla y yo trabajábamos juntos, decidíamos todo juntos. Yo le ayudaba en todo lo que necesitaba. Incluso le convencí de tomar cosas que no quería utilizar. Pero en un barco hay un capitán y los demás. Muchos escritores toleran mal eso, pues que no vayan a lo cinematográfico. El cine tiene leyes muy crueles, y son necesarias.

P. Kafka y Malcolm Lowry son especiales para usted.

R. Son muchos los escritores que admiro, esos no son los únicos ni mucho menos, pero es cierto que sin Kafka, sin El castillo, yo no sería escritor. Y a Lowry también le debo mucho. No es que haya que elegir. Aliento a todo el mundo a abrirse y leer más autores. Viene un mundo, si seguimos así, en el que las estrategias de supervivencia individuales van a tener un papel definitivo.

P. De alguna manera, usted es también un K.

R. Jajaja, un L. K.

P. Permítame la frivolidad, ¿conoce a ese otro Lászlo, Almásy, el explorador húngaro real y el de la novela y la película?

R. Sí, aunque es más conocido fuera de Hungría. Un tipo muy especial y muy colorido. Valdría la pena que los húngaros lo conocieran más, pero me temo que tampoco ayudaría.

Diccionario audiovisual de gestos españoles

 Diccionario audiovisual de gestos españoles

https://mele.web.uah.es/diccionario_gestos/#

Ana M.ª Cestero Mancera, Mar Forment Fernández, M.ª José Gelabert Navarro, Emma Martinell Gifre

El Diccionario audiovisual de gestos españoles es un inventario de gestos básicos, de uso habitual, en España. Viene a cubrir una laguna importante en el material complementario para el aprendiz y el profesor de ELE, pues ofrece información fundamental sobre signos no verbales y muestra su producción en diálogos que se ofrecen en formato audiovisual. Asimismo, puede constituir una ayuda para profesionales de la traducción, para agentes culturales, para agentes turísticos, para profesionales de las actividades relativas a la integración de los inmigrantes. Podrá ser, además, un material de consulta para antropólogos, lingüistas, psicólogos y especialistas en lenguas de signos.

En el ámbito del ELE, sigue las directrices trazadas por el Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación (MCER) (Consejo de Europa 2002). La competencia comunicativa, sumada a unas competencias generales, no relacionadas directamente con la lengua, se ejerce en un ámbito específico, a través de la recepción y la interpretación de secuencias de discursos -textos- y, claro está, a través de la elaboración y la emisión de otras tantas secuencias discursivas. La competencia lingüística comunicativa se considera, aplicada a diferentes niveles, gramatical, sociolingüística, discursiva, estratégica y sociocultural. Asimismo, se acepta que la estrategia es, en primera instancia, verbal y, en segunda instancia, se usa con vistas a suplir deficiencias del componente verbal o, simplemente, para dotar de más eficacia comunicativa al texto, según los determinados contextos de actuación.

Las directrices del Instituto Cervantes, en correspondencia con los dictados del MCER, establecen que los aprendientes de español son agentes sociales dispuestos a realizar acciones intencionadas, las tareas, y dotados de recursos cognitivos, emocionales y volitivos –como miembros de una comunidad hablante de otra lengua–, que deben llegar a dominar las estrategias de comportamiento verbal –y no verbal- en cada situación para conseguir el resultado concreto que se habían propuesto.

La gestualidad del hombre responde, en parte, al bagaje cultural propio del grupo en el que está inserto. Y habrá una parte de la gestualidad, más sintomática, que no permitirá distinguir a miembros de culturas diferentes, hablantes de lenguas diversas. No en vano se discute el alcance de los gestos universales. Otra parcela de la gestualidad responde, en cada individuo, a unas coordenadas concretas: ¿habrá, pues, idiolectos gestuales? Sin embargo, la parcela de la gestualidad susceptible de una descripción sistemática, de una ejecución regular, de un valor estable y –no lo olvidemos– con capacidad de sustitución del mensaje verbal o con capacidad de refrendarlo, sí debe aprenderse cuando se aprende una lengua extranjera.

Hablar de gestualidad, de gestos, no es más que una simplificación práctica. Los movimientos del cuerpo humano van de la mano de la distribución del espacio (proxémica), y la organización del tiempo (cronémica). Además, el campo de las emisiones verbales onomatopéyicas o de las emisiones vocales interjectivas (paralenguaje) suele interferir con la actividad gestual (Poyatos 1994, 2002, 2017; Martinell 2007, 2016, 2018; Matsumoto et alii 2016; Cestero 2017). Y, en un terrero puramente verbal, la gestualidad y la fraseología resultan inseparables (Forment 1996, 1997).

El aprendiente de ELE aspira a aplicar unas expresiones verbales a la ejecución de unas funciones comunicativas, y a obtener, mediante ese acto de competencia comunicativa, la comprensión del interlocutor, es decir, a alcanzar su meta. Es lógico que, al tiempo que va dominando paso a paso el vocabulario, las estructuras gramaticales, las condiciones de uso de las expresiones lingüísticas, las reglas de la interacción (reguladas tradicional y socialmente), vaya actuando con soltura progresiva tanto en la interpretación de la gestualidad de los interlocutores con quienes interactúa como en la ejecución de su propia gestualidad, no siempre –como hemos dicho— similar a la de su lengua.

A este fin, las autoras del Diccionario audiovisual de gestos españoles, con dilatada experiencia en el campo del ELE como profesoras y como autoras de materiales, hemos dirigido nuestros esfuerzos a proporcionar información desde varios ángulos. Hemos querido elaborar una obra que favorezca o exija la interacción del usuario con ella, aprovechando las nuevas tecnologías, y que permita ver el gesto en uso, además de conocer datos relevantes sobre su producción, significado o función. Quien se acerque al Diccionario verá la ejecución de cada uno de los gestos, al tiempo que oirá un diálogo-muestra de situaciones prototípicas de uso. Ello le permitirá contextualizarlo, a través del tipo de interacción en la que se produce, e interpretar la función comunicativa que cumple. Tendrá disponibles, además, algunas expresiones lingüísticas que pueden emitirse a la vez que el gesto o que tienen igual significado o cumplen la misma función, la descripción de la realización del gesto, así como anotaciones necesarias relativas al significado y al uso del gesto, cuando sea preciso; además, en algunos casos, se remite a otras entradas por existir similitud relevante en los gestos correspondientes (→). El Diccionario cuenta con 156 entradas y 278 diálogos representados.

La comunicación que se produce a través de los gestos es básicamente funcional. Así, utilizamos estos signos para realizar actos de comunicación: bien relacionados con la interacción social (saludar, despedirse, pedir perdón, etc.), bien relacionados con la estructuración y el control de la comunicación misma (dirigirse a alguien; iniciar un turno de habla o terminarlo; pedir la palabra; relacionar partes y elementos del discurso; pedir que se repita algo; pedir que se hable más alto, más bajo o más despacio; subsanar deficiencias de fluidez discursiva, o mostrar seguimiento de la comunicación) o bien relacionados con prácticas habituales en la comunicación interactiva humana (identificar personas y objetos; describir personas, lugares, objetos y cosas; sugerir o aconsejar; exteriorizar vivencias, sensaciones, sentimientos y deseos; ubicar objetos, sucesos, lugares o personas; dar instrucciones, o pedir a otros que hagan algo). Por ello, hemos tomado como eje vertebrador del conjunto de gestos básicos que presentamos en este Diccionario un repertorio de funciones, elaborado a partir de los contenidos funcionales del Plan Curricular del Instituto Cervantes (Instituto Cervantes 2006; Cestero 2007, 2017), sin descuidar la información recogida en diccionarios o repertorios de gestos españoles específicos para ELE (Meo-Zilio y Mejía 1980-1983; Coll, Gelabert y Martinell 1990; Takagaki, Ueda, Martinell y Gelabert 1998; Martinell y Ueda 1998; Cestero Mancera 1999; Nascimento 2012).

1. Referencias bibliográficas

Cestero Mancera, Ana M.ª (1999): Repertorio básico de signos no verbales del español, Madrid: Arco/Libros.

Cestero Mancera, Ana M.ª (2007): “La comunicación no verbal en el Plan Curricular del Instituto Cervantes: apuntes para su enseñanza”, Frecuencia L. Revista de Didáctica de Español Lengua Extranjera, 34, pp. 15-21.

Instituto Cervantes (2006): Plan curricular del Instituto Cervantes. Niveles de referencia para el español, 3 volúmenes, Madrid: Instituto Cervantes-Biblioteca Nueva.

Matsumoto, David, Hyisung C. Hwang y Mark G. Frank (eds.) (2016): APA Handbook of Nonverbal Communication, Washington, DC: American Psychological Association.

Martinell Gifre, Emma (2016): “La comunicación no verbal: nuevos ámbitos de especialización profesional”, en: A. M. Bañón, M. del M. Espejo, B. Herrero y J. L. López (eds.), Oralidad y Análisis del Discurso. Homenaje a Luis Cortés Rodríguez, Almería: Universidad de Almería, pp. 421-435.

Martinell Gifre, Emma (2018): “Culturas, lenguas y gestos”, Revista Comunicación, 27, año 39, núm. 2, p. 83-97.

Martinell Gifre, Emma (2007): “La gestualidad hoy, en el marco de la competencia intercultural y de la tendencia a la globalización”, en E. Balmaseda Maestu (coord.), XVII Congreso Internacional de la Asociación del Español como lengua extranjera (ASELE), vol. 1, Logroño: Universidad de La Rioja, 65–82. [Disponible en:  https://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/asele/pdf/17/17_0065.pdf]

Cestero Mancera, Ana M.ª (2017): “La comunicación no verbal”, en Ana M. Cestero e Inmaculada Penadés (eds.), Manual del profesor de ELE, Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá, pp. 1051-1122.

Coll, Josep, M.ª José Gelabert y Emma Martinell (1990): Diccionario de gestos con sus giros más usuales, Madrid: Edelsa.

Consejo de Europa (2002): Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, Madrid: Secretaría General Técnica del MECD-Subdirección General de Información y Publicaciones / Anaya. (Traducción en español del Instituto Cervantes)

Forment Fernández, Mar (1996): ¿Gesticulamos o hablamos de gestos? Notas sobre fraseología del español, Tesis de Licenciatura inédita, Barcelona: Universidad de Barcelona.

Forment Fernández, Mar (1997): “La verbalización de la gestualidad en el aprendizaje de E/LE”, Frecuencia-L 4, pp. 27-31. [Disponible en:  http://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero5/mforment.htm]

Martinell, Emma e Hiroto Ueda (eds.) (1998): Diccionario de gestos españoles. [Disponible en: https://lecture.ecc.u-tokyo.ac.jp/~cueda/index.html]

Meo-Zilio, Giovanni y Silvia Mejía (1980-1983): Diccionario de gestos: España e Hispanoamérica, Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Nascimento Dominique, Nilma (2012): La comunicación sin palabras. Estudio comparativo de gestos usados en España y Brasil, Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá.

Poyatos, Fernando (1994): La comunicación no verbal. 3 vols., Madrid: Istmo.

Poyatos, Fernando (2002): Nonverbal Communication across Disciplines. 3 vols. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins.

Poyatos, Fernando (2017): La comunicación no verbal en la enseñanza integral del Español como Lengua Extranjera, E-eleando. ELE en Red, monografía 1. [Disponible en: http://www.meleuah.es/e-eleando/]

Takagaki, Toshihiro, Hiroto Ueda, Emma Martinell y M.ª José Gelabert (1998): Pequeño diccionario de gestos hispánicos, Tokyo: Hakusuisya.

2 Repertorio de funciones

Su clasificación es la siguiente:

1. Dar y pedir información. Al margen de la función de identificar (a los locutores, a las personas o a entidades referenciales), tienen cabida aquí las funciones destinadas a proporcionar información espacial, temporal y de cantidad.

2. Describir. Se establece distinción entre la descripción de personas y la descripción de objetos y de lugares.

3. Referirse a acciones y actividades cotidianas. En este caso, tienen cabida, por un lado, los gestos que reproducen miméticamente acciones o actividades cotidianas y, por otro, los gestos que evocan acciones o actividades cotidianas. Consideramos que la evocación responde a un distanciamiento entre el gesto y su contenido, por lo general basado en la proximidad entre una estructura lingüística y el propio gesto.

4. Expresar opiniones, actitudes y conocimientos. En este apartado hemos agrupado nueve tipos de funciones, que tienen en común expresar la posición de quien habla y hace el gesto, esto es, tanto opiniones como valoraciones, actitudes y conocimiento.

5. Expresar gustos, deseos y sentimientos. Aquí se recogen dieciséis funciones. Cabe decir que el número de ellas, como en el caso anterior, no ha venido determinado por la diversidad de los valores, sino por la existencia, a nuestro juicio, de un gesto bien definitorio.

6. Intentar influir en el interlocutor. De nuevo en el mismo ámbito de la interacción a la que pertenecía claramente el apartado 1, con sus gestos, en este resulta evidente la decisión de quien interviene y hace el gesto de influir en quien lo percibe, con el propósito de obtener alguna respuesta, ya sea verbal o no verbal. Sabemos que esa línea abarca del consejo a la orden tajante; de la instrucción a la advertencia; del consuelo a la intervención.

7. Relacionarse socialmente. Siempre en el ámbito de la interacción, nos encontramos aquí con la zona más ritualizada, donde las costumbres dictan unas normas tanto de comportamiento, como de intervención verbal y gestual.

8. Estructurar el discurso. Se trata de las funciones prácticas que permiten que las personas que interactúan alternen sus papeles en la emisión y en la recepción de los discursos; que preparan los finales de las intervenciones, que solicitan la repetición de los mensajes, etc., es decir, que regulan la práctica del diálogo. Hemos identificado diez tipos diferentes de funciones.

3 Organización de la información

Las entradas, por tanto, están clasificadas por las macrofunciones mencionadas, que constituyen las diferentes partes del diccionario. Normalmente, al inicio de cada gran apartado, se ofrece una explicación general. La organización de la información que se da sobre cada una de las funciones concretas recogidas en el Diccionario, y sobre los gestos que las cumplen, que se listan por orden alfabético, es la siguiente:

En primer lugar, se consigna la Expresión lingüística. Se presentan seguidos, separados por comas, términos o expresiones lingüísticas que cumplen la misma función o tienen el mismo significado que el gesto. Pueden ser una sola o varias; pueden consistir en una palabra (un verbo, por ejemplo), un conjunto de palabras o una unidad fraseológica. Cuando se ha considerado necesario, se ha incluido una explicación, siempre referida al componente verbal, no al gesto.

En segundo lugar, se ofrece la Descripción de la realización del gesto. Es el intento de que, al margen de que el usuario vea la producción del gesto, comprenda cómo es a través de su explicación mediante palabras. La descripción verbalizada a veces se enriquece con alguna observación.

En tercer lugar, aunque no siempre aparece, puede haber un apartado titulado Significado y uso. En él se ofrece información relevante sobre el gesto, por ejemplo, variantes, nivel sociocultural o grupo etario de quienes suelen realizarlo, etc., es decir, matices más referidos a posibilidades de realización y a personas que suelen emplearlo que a su propio significado. En ocasiones, el gesto, además del significado que determina el lugar en la clasificación que se le ha asignado, puede adquirir otros valores, siempre de acuerdo con la situación comunicativa.

En cuarto lugar, se ofrece uno o más Diálogos con los que se ejemplifican, contextualizados, los gestos del Diccionario. Normalmente, se presenta más de un diálogo para cada gesto, a fin de se disponga de un ejemplo del gesto en relación a más de una forma de expresión lingüística equivalente. Se ha intentado que los diálogos se asemejen a los posibles en situaciones cotidianas. En cada diálogo se indica el lugar exacto en el que se realiza el gesto. Al pinchar en el enlace del video se puede ver la representación del diálogo hecha por actores profesionales.

jueves, 26 de febrero de 2026

Las citas filosóficas más inquietantes

 A lo largo de la historia de la filosofía han existido observaciones, aforismos, frases y pensamientos muy duros de entender que han perdurado debido a que precisamente revelaron verdades ocultas acerca del ser humano, la mente, la existencia y el sentido.

Sumérgete en este recorrido por algunas de las frases filosóficas más inquietantes de la historia. Empecemos.

Nivel uno. 

Quien con monstruos lucha debe cuidar de no convertirse el mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo mirará también dentro de ti. Friedrich Nietzsche

Nietzsche nos advierte aquí sobre el peligro moral de combatir el mal. Al enfrentarnos a monstruos que simbolizan la maldad o la crueldad, corremos el riesgo de volvernos nosotros mismos monstruos. Es una reflexión sombría sobre cómo la violencia o la maldad que intentamos destruir puede infiltrarse en nuestra alma si no tenemos cuidado. Luchar contra algo terrible puede requerir adoptar métodos o actitudes terribles y en ese proceso nuestra propia ética puede comprometerse. Esta frase es oscura porque revela cómo en la búsqueda por derrotar a lo monstruoso podemos perder nuestra humanidad. y cómo la contemplación prolongada de la oscuridad puede hacer que la oscuridad anide en nosotros.

El infierno son los otros. Jean Paul Sartre, A puerta cerrada.

Con esta frase breve y afilada, Jean Paul Sartre resume una de las ideas centrales de su existencialismo acerca de las relaciones humanas. En su obra A puerta cerrada, los personajes descubren que están  condenados a atormentarse, mutuamente, con sus personalidades y juicios. De ahí surge la frase el infierno son los otros. Sartre no dice que los demás sean intrínsecamente malvados, sino que la mirada y la presencia de otras personas pueden aprisionarnos en una imagen fija de nosotros mismos, convirtiéndose en una fuente de angustia. Es inquietante y oscuro porque sugiere que la convivencia humana está plagada de conflicto y dolor. Nuestra identidad y paz interior pueden ser destruidas por la mirada del otro. Nos hace cuestionar la posibilidad de auténtica armonía, comprensión mutua, presentando a la vida en sociedad casi como un castigo inevitable.

El sueño de la razón produce monstruos. Francisco de Goya en Los caprichos.

Esta famosa frase acompaña a un grabado de Francisco de Goya en el que un hombre dormido es rodeado por criaturas nocturnas, búhos, murciélagos y figuras ambiguas que emergen de la oscuridad. Se ha interpretado que cuando la razón se adormece surgen monstruos como la ignorancia y la superstición. Sin embargo, la lectura más inquietante acorde al resto de Los caprichos de Goya es que no es el sueño como ausencia de razón, sino que también el sueño mismo de la razón, es decir, la ilusión de que la razón por sí sola puede reorganizar el mundo, también genera monstruos.

Desde esta perspectiva, la frase no critica únicamente la irracionalidad, sino también el exceso de confianza en la racionalidad misma. La historia ofrece ejemplos perturbadores, proyectos políticos o sociales que, en nombre de la razón, terminaron justificando violencia extrema, tal como sucedió en la Revolución Francesa. 

El silencio eterno de esos espacios infinitos me aterra. Blaise Pascal en sus Pensamientos.

El filósofo y matemático Blaise Pascal expresó con estas palabras su sobrecogimiento ante la inmensidad del cosmos. Contemplando el cielo estrellado, Pascal sentía pavor al imaginar los espacios infinitos del universo y su silencio eterno. Esta frase refleja la experiencia existencial de sentirse diminuto e insignificante en comparación con la infinita extensión del universo. Es inquietante porque plantea una de las preguntas más profundas posibles. En un universo tan vasto, ¿cómo puede haber tanto silencio? ¿Y qué significado tendría entonces nuestra existencia?

El hombre es lobo para el hombre. Thomas Hobbes.

Thomas Hobbes popularizó esta expresión para describir la cruda naturaleza humana en ausencia del orden social. La idea es que sin leyes ni autoridad que nos contenga, los seres humanos nos trataríamos unos a otros con la ferocidad de los lobos. Desde la perspectiva de Hobbes, en el estado de naturaleza pura, cada individuo sería un enemigo potencial de los demás, guiado únicamente por el instinto y la desconfianza. Sugiere que la civilización y la moral son solo frágiles capas que ocultan una verdad salvaje e incontrolable. 

Nivel dos.

El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el sobrehombre, una cuerda sobre un abismo. Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra. 

En esta metáfora vertiginosa, Nietzsche describe al ser humano como una transición, como un puente entre lo que fuimos, un animal, y lo que podríamos llegar a ser, el sobrehombre. La cuerda sobre el abismo sugiere que esta transición es extremadamente arriesgada y difícil. Estamos suspendidos sobre el vacío existencial, tambaleándonos entre la bestialidad y los ideales superiores. La imagen del abismo indica peligro y posibilidad de caer en el vacío de la desesperación o la locura si no avanzamos con cuidado. Es inquietante imaginar a la humanidad caminando sobre este abismo. Significa que nuestro progreso espiritual o moral no está garantizado y que siempre bajo nosotros acecha la nada, o más bien la regresión a la barbarie. 

Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Albert Camus. El mito de Sísifo.

Albert Camus comienza su obra El mito de Sísifo con esta afirmación contundente. Plantea que la mayor interrogante posible que enfrenta el ser humano es si debe seguir viviendo o no. Es decir, si la vida tiene suficiente sentido o valor como para no elegir la autoeliminación. Para Camus, todos los demás problemas filosóficos como la verdad, el conocimiento o la moral vienen después de resolver esta cuestión básica sobre el sentido de la existencia. La oscuridad de esta frase radica en que nos obliga a enfrentar la posibilidad del sinsentido absoluto. 

No nos perturban las cosas, sino los juicios que tenemos sobre ellas. Epicteto.

Esta frase del filósofo estoico Epicteto encierra una verdad psicológica profunda y es que los eventos en sí mismos no nos causan realmente angustia, solamente la interpretación que hacemos de ellos. Desde la perspectiva estoica, el mundo exterior es como es. Lo que está bajo nuestro control es nuestra propia mente y nuestras opiniones. Un mismo acontecimiento puede ser tolerable o devastador dependiendo la actitud mental con la que lo afrontamos. Esta cita tiene un matiz inquietante cuando se reflexiona y es que implica que el origen mismo de nuestro sufrimiento está en nosotros mismos. Nos quita la cómoda idea de poder culpar al destino o a las circunstancias, recordándonos que nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga.

La muerte no es un acontecimiento de la vida, no la vivimos. Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein al final de su obra Tractatus lógicus-philosophicus, afirma que la muerte no es una parte de la vida porque no es experimentada. Te explico, cuando la muerte llega, ya no estamos allí para vivirla. Esta idea, quizás influenciada por Epicuro, señala que la muerte marca el límite de nuestra existencia y de nuestro lenguaje. Nadie puede describir la experiencia de morir, ya que nadie vive para contarla. En cierto sentido, para el sujeto, la muerte no ocurre en el mundo, porque su conciencia, que representa el mundo mismo, deja de existir para él. Es, en otras palabras, su fin del mundo. 

No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Séneca

El filósofo romano Séneca, en sus Cartas a Lucilio, reflexiona sobre la brevedad de la vida. Aquí nos dice que la vida en realidad suele ser lo suficientemente larga, pero somos nosotros quienes malgastamos gran parte de ella en trivialidades. No es que el destino nos dé una existencia demasiado corta, sino que nosotros mismos no aprovechamos el tiempo que tenemos. En consecuencia, llegaremos al final sintiendo que no hubo suficiente tiempo cuando el problema fue cómo lo usamos.

Nivel tres.

Toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, no saber permanecer en reposo en una habitación, Blaise Pascal. 

Tenemos aquí otra aguda observación de Blaise Pascal. Aquí afirma que la raíz de muchos de nuestros problemas es la incapacidad de quedarnos quietos y a solas con nosotros mismos. Pascal sostenía que gran parte de la miseria humana, desde las discusiones, guerras, vicios, distracciones insanas y todo tipo de males, surge porque no nos es soportable estar en silencio, en reposo, solo con nuestros pensamientos.

Buscamos constantemente algo que nos entretenga, que nos distraiga y nos agite, cualquier cosa para huir de la confrontación con nuestro propio vacío y nuestras propias inquietudes. Esta idea es profundamente inquietante. Revela una profunda verdad psicológica y existencial. Huimos  constantemente de nosotros mismos. 

El miedo a la muerte envenena toda la vida. Lucrecio.

El poeta y filósofo romano Lucrecio, seguidor también de Epicuro, señaló que el temor a la muerte contamina la experiencia de vivir. Cuando vivimos con miedo constante a morir, ya sea de la aniquilación o el castigo o simplemente al fin de nuestros días, ese miedo actúa como un veneno sutil que le quita el sabor y la paz a nuestra vida. Nos preocupamos, sufrimos por anticipado y no logramos, por lo tanto, disfrutar el presente. Este veneno es lento y constante, una ansiedad de fondo que puede impedirnos alcanzar la paz. Irónicamente, el miedo a morir es el que más impide vivir plenamente. 

Una conciencia demasiado clarividente es, se lo aseguro, una enfermedad. Una enfermedad verdadera. Fiodor Dostoyevski. En su obra Memorias del subsuelo.

En esa obra, Fiodor Dostoyevski nos presenta a un narrador sumido en una hiperconciencia del sí mismo y del absurdo de la realidad. Cuando dice que una conciencia excesivamente lúcida es una enfermedad, señala lo doloroso que puede ser verlo todo con demasiada claridad y profundidad. Esta enfermedad es reflexionar sin cesar, analizar cada motivo y cada acción hasta quedar paralizado y no poder deliberadamente detener esa reflexión. El protagonista sufre precisamente por ser demasiado consciente de sus propias contradicciones e impotencia. En ella se sugiere que la ignorancia o la falta de reflexión puede dar cierta salud y funcionalidad. A veces entender demasiado, ser demasiado consciente de la condición humana puede hundirnos en la inacción y la amargura.

El hombre parecería ser en muchos sentidos una especie de error. Arthur Schopenhauer.

Arthur Schopenhauer, filósofo propio del pesimismo, veía la existencia humana bajo una luz muy negativa, sin embargo, reveladora, ya que en sus ensayos llegó a afirmar que quizás nuestra existencia parecería ser un error. Esta frase resume su visión. El ser humano es una criatura de deseos insaciables, que sufre más de lo que goza y que incluso cuando satisface sus necesidades cae en el aburrimiento y la desesperanza. Schopenhauer pensaba que si la vida estuviera bien hecha tendríamos esa sensación de vacío ni tanto dolor del sin sentido. Por eso él considera al hombre un experimento fallido o que no vive como debería vivir. La oscuridad de esta idea es evidente.

Nivel cuatro. 

El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Jacques Lacan.

Lacan, psicoanalista francés, formuló esta célebre idea que reinterpreta el legado de Freud. Decir que el inconsciente está estructurado como un lenguaje significa que nuestros pensamientos y deseos inconscientes no son un caos inentendible, sino que tienen organización y reglas similares y complejas como las de un lenguaje y que por eso es tan misterioso y variable como él mismo. La frase de Lacán fascina, pero también perturba porque nos hace sentir habitados por estructuras psíquicas que aún escapan a nuestra propia comprensión consciente. 

Decir algo es hacer algo. J. Austin.

 J. L. Austin, filósofo del lenguaje, revolucionó la lingüística filosófica para siempre con la idea de los actos del habla. Con esta frase enfatiza que al pronunciar ciertas palabras no solo estamos describiendo la realidad, sino actuando sobre ella. Por ejemplo, al decir lo juro en un tribunal uno no describe un juramento. Efectivamente está jurando. Al decir sí acepto en una boda, uno no relata una aceptación, sino que se casa en ese mismo acto. Hablar, entonces, es una forma de acción. Las palabras tienen poder real. Decir algo y hacer algo nos recuerda que no hay palabras inocuas. Con el lenguaje podemos herir, comprometer, bendecir o maldecir. Filosóficamente, derriba la supuesta separación entre palabras y acción, mostrando que las fronteras entre pensamiento, habla y realidad son auténticamente difusas.

El amor propio es el máximo adulador. François de La Rochefoucauld. 

El duque de La Rochefoucauld escribió Aforismos penetrantes sobre la naturaleza humana. En este nos dice que nuestro amor propio, es decir, nuestro ego y nuestra autoestima, nos engañan más y mejor que cualquier adulador externo. Somos propensos a creer lo que nos conviene creer sobre nosotros mismos. Nuestro ego nos susurra alabanzas y justificaciones junto a autoengaños constantemente, pintándonos en mejor luz de la real. Así nos convertimos en víctimas y cómplices de la más sutil de las lisonjas, la que nos hacemos a nosotros mismos. Esta cita desnuda un aspecto oscuro de la psicología humana. La autoindulgencia y la dificultad de vernos con objetividad es inquietante porque implica que incluso cuando intentamos ser humildes o sinceros, nuestro amor propio puede estar manipulándonos sin que lo notemos, haciéndonos creer que somos más justos, más inteligentes o más importantes de lo que realmente somos. 

Si los hombres fueran sinceros, la sociedad se disolvería en pocos días. George Christoph Lichtenberg.

Con su mordaz ingenio. Lichtenberg sugiere aquí que la cohesión social depende de una cierta dosis de falsedad o al menos de silencio sobre la verdad. Si todos dijéramos exactamente lo que pensamos y sentimos sin filtros, las fricciones y conflictos serían insoportables. Las convenciones sociales, la cortesía y las normas actuarían como una especie de aceite que suaviza las asperezas reales entre las personas. La sinceridad absoluta eliminaría esa lubricante exponiendo crudamente las diferencias y resentimientos que los humanos ocultan. Es inquietante porque revela que la sociedad está en buena parte fundada, sino en la hipocresía, en la ocultación. ¿Cuánta verdad puede soportar una sociedad antes de romperse? 

Nivel cinco. 

Todo pecado es impaciencia. Franz Kafka. Aforismos de Suro

Franz Kafka, en sus aforismos finales escritos en la ciudad de Suro, hace esta afirmación enigmática. Considera que la impaciencia es la raíz de todas nuestras faltas. Si lo pensamos bien, ser impaciente significa no saber esperar el curso natural de las cosas, querer el resultado ya y saltarse los pasos. En términos religiosos se interpreta con el mito bíblico mismo que Kafka trata. Adán y Eva pecaron por impaciencia al no respetar el límite impuesto por Dios buscando un conocimiento inmediato. Es una frase profunda y oscura porque redefine el mal en términos psicológicos. No es tanto la maldad deliberada, sino esa prisa interior, esa ansiedad que nos hace desviarnos. Kafka sugiere que el mal de la humanidad proviene de no saber esperar. 

El mal es todo aquello que distrae. Franz Kafka. 

Otro aforismo del mismo Kafka, que como muchos de los suyos tienen múltiples lecturas, apunta lo siguiente. El mal consiste en cualquier cosa que nos desvía de nuestro verdadero propósito o de la verdad esencial de la vida. Espiritualmente hablando, las distracciones mundanas pueden alejar al individuo de un camino correcto, de su búsqueda de sentido. Kafka parece sugerir que lo que realmente es pernicioso no siempre viene, digamos así, estridentemente, sino que son las pequeñas distracciones cotidianas, las tentaciones futiles, lo que nos saca de nuestro rumbo y nos entierra en la mediocridad o peor la falsedad. Es una visión inquietante del mal porque no lo coloca fuera en un demonio reconocible ni le echa la culpa a nadie. Es lo trivial de cada día en el perder el tiempo en tonterías, en dejarse anestesiar por entretenimientos vacíos y en olvidar nuestras metas por estímulos pasajeros. El verdadero mal entonces no nos hace cometer, digamos, de alguna manera, grandes obras, simplemente nos distrae.

Lo que es místico no es cómo es el mundo, sino qué sea. Ludwig Wittgenstein. 

Ludwig Wittgenstein, en sus Cuadernos personales, señala que el verdadero misterio no reside en los detalles de la realidad, sino en el hecho de que exista algo en lo absoluto. Solemos preguntarnos cómo funcionan las cosas, por qué son de tal o cual manera. Pero aquí Witgenstein nos hace mirar más allá. El asombro filosófico máximo es que haya un mundo, que haya ser en vez de nada. Esto es lo místico, lo inexplicable, lo inefable e indecible.

Esta frase es profundamente filosófica y provoca una mezcla de maravilla y desasosiego. Por un lado, despierta una sensación de asombro casi espiritual ante el mero hecho de la existencia, pero por otro lado es oscura en el sentido de que nos lleva al límite mismo de la razón. No podemos dar respuesta al porqué último de la existencia. Que el mundo sea es un enigma que escapa a cualquier intento de explicación científica o lógica, situándonos frente al total silencio místico. Widgenstein, en sus palabras, nos recuerda así nuestra posición humilde ante el misterio absoluto de la realidad. 

Los cerdos gozan más del lodo que del agua pura. Heráclito

Heráclito ofrece aquí una imagen provocadora para reflejar cómo diferentes naturalezas encuentran placer en cosas diferentes y cómo a menudo la naturaleza de ciertas personas prefiere lo inferior. Los cerdos, los animales que simbolizan la suciedad o la bajeza, disfrutan revolcándose en el lodo mientras que el agua limpia les es indiferente o menos atractiva. Este fragmento oscuro suele interpretarse como una crítica a aquellos que, teniendo la opción de algo bueno, puro o elevado, eligen lo sucio o vil, el placer y sus costumbres. La frase es inquietante porque sugiere una visión pesimista de cierta parte de la humanidad, quizás bastante amplia. Insinúa que hay quienes por su naturaleza o hábitos prefieren la ignorancia, prefieren el vicio y la bajeza, es decir, el lodo antes que la virtud o la verdad, el agua pura.

Heráclito conocido por su carácter misántropo, parece lamentar que muchos no aprecien lo bueno y lo limpio, deleitándose en cambio, en lo mezquino y bajo. 

Finalmente, con una de las implicaciones más profundas de la historia de la filosofía, a mi parecer, cito a Ludwig Wittgenstein con esta frase: "El mundo del feliz es otro que el del infeliz."

Esta críptica frase de Wittgenstein en su Tractatus sugiere que la realidad que habitamos depende en gran medida de nuestra actitud o estado de ánimo. No quiere decir que físicamente existan dos mundos, sino que una persona feliz percibe, entiende y vive el mundo de un modo completamente distinto al de una persona infeliz. Cuando estamos felices, el conjunto de hechos y objetos de la vida se organiza para nosotros de una forma luminosa. Cuando estamos infelices, esos mismos hechos componen un panorama sombrío. La idea filosófica de fondo es que nuestra subjetividad crea una especie de submundo propio. Es inquietante porque implica que la felicidad o la infelicidad no son meros estados pasajeros, sino lentes que colorean toda nuestra existencia y la manera en la que comprendemos el universo. Dos individuos, en las mismas circunstancias objetivas viven en universos lingüística y emocionalmente diferentes. Una paradoja difícil de comprender. 

Gracias por haber visto este video. Espero que te haya hecho reflexionar. ¿Qué otra frase hubieras incluido?