domingo, 12 de abril de 2026

Las 10 profesiones preferidas de los estúpidos

 [Transcripción corregida por el bloguero de "Las 10 profesiones preferidas de los estúpidos", en Manual del Filósofo, YouTube, 12 de abril de 2026. Al final, la bibliografía.]

 Hay profesiones que exigen años de estudio, disciplina y fracaso antes de dejar entrar a alguien. Y hay otras donde el idiota entra por la puerta principal, se instala cómodo y empieza a cobrar antes de que nadie le haga una sola pregunta incómoda. 

No hablamos de mala suerte ni de excepciones. Hablamos de estructuras que fueron diseñadas sin quererlo para que la mediocridad no solo sobreviva, sino que prospere. 

Hoy vas a ver 10 de esas profesiones y si trabajas en alguna de ellas, presta atención porque lo que vas a escuchar probablemente ya lo viste, solo que nunca nadie lo había dicho así. 

Índice

1. Influencer.

2. Político.

3. Coach.

4. Periodista político.

5. Cantante.

6. Abogado.

7. Juez.

8. Profesor universitario

9. Futbolista.

10. Tiktoker.

11. Bibliografía

Uno. Influencer.

El influencer vive en una profesión donde parecer puede rendir más que ser. Ahí está la primera puerta por donde entra el estúpido. En otros oficios, la mediocridad tropieza con algo incómodo, una técnica, una prueba, un cliente difícil, una consecuencia. Aquí muchas veces basta con encuadrarse bien, repetir lo que ya circula y sostener una presencia constante.

El idiota se mueve cómodo en ese ambiente porque no pierde tiempo dudando, corrigiéndose o profundizando. Sube una foto casual preparada durante una hora, graba un video fingiendo cercanía y convierte cualquier banalidad en contenido si viene con la luz correcta. Lo que en otra parte sería simple vanidad, aquí puede transformarse en carrera y cuando el vacío no perjudica, empieza a cotizar. Eso fue lo que vio Christopher Lasch al describir una cultura donde el sujeto necesita reflejo, reacción y aplauso para sentirse real. El influencer mediocre vive exactamente ahí. No muestra una vida, muestra la parte de su vida que mejor circula. El desayuno no se toma, se documenta. El viaje no se vive, se edita. La tristeza no se procesa, se convierte en clip. 

Erving Goffman lo habría reconocido enseguida. No es una persona comunicando algo, sino una persona administrando impresión de manera constante. Ahí nace la estupidez propia del oficio. No en la cámara, sino en la facilidad con la que alguien termina confundiendo intimidad con contenido, experiencia con material y personalidad con producto. Cuanto más se muestra, menos claro tiene quién es fuera del personaje que funciona. Lo peor viene después, cuando la visibilidad empieza a producir una ilusión de autoridad. El sujeto fue premiado por mostrarse y muy pronto concluye que eso también le da derecho a opinar de política, moral, relaciones, salud mental o sentido de la vida.

Habla de todo porque lo miran, aconseja porque lo siguen, sentencia porque lo comparten y ahí la estupidez deja de ser liviana y se vuelve insolente. No toda persona visible cae en eso, claro, pero el idiota sí y rápido, porque descubre una ventaja extraordinaria en esta profesión. 

Puede vivir de la atención sin pasar por la humillación del mérito. No necesita comprender el mundo para sacar provecho de él. Le basta con posar delante de su reflejo hasta creer que ser visto ya lo volvió importante. 

Dos. Político.

La política ofrece algo que al estúpido le fascina. Escenario, micrófono y poder al mismo tiempo. En pocos lugares la insuficiencia puede vestirse también de convicción. No necesita entender un problema. Le basta con aprender a nombrarlo de forma útil. Simplifica lo difícil, dramatiza lo ambiguo y repite frases como si la seguridad del tono pudiera reemplazar la pobreza de la idea. 

Ahí su mediocridad deja de ser un obstáculo y empieza a convertirse en herramienta. Mientras una persona seria duda, matiza y corrige, el estúpido avanza con la ligereza del que nunca se detiene a pensar demasiado. Y como la política premia mucho más la eficacia del gesto que la honestidad del juicio, termina ocurriendo lo de siempre. El torpe con ambición aprende aparecer firme y ya tiene media carrera hecha. 

Eso fue lo que Orwell vio con una claridad brutal. Cuando el lenguaje se degrada, la realidad empieza a volverse más fácil de manipular. El político estúpido no solo piensa mal, habla de una manera que impide pensar bien. Llama responsabilidad a la cobardía, diálogo a la maniobra, prudencia a la conveniencia y pueblo a cualquier masa que todavía le sirva. No usa palabras para aclarar, sino para cubrir. 

Goffman también entra aquí sin esfuerzo, porque la política es una escuela de representación permanente. El sujeto aprende el tono correcto, la indignación correcta, la empatía correcta y hasta la falsa espontaneidad correcta. No importa tanto lo que es, sino lo que logra proyectar. Y ahí la estupidez encuentra un territorio ideal, uno donde la máscara no oculta la pobreza interior, sino que muchas veces la vuelve competitiva. Lo más peligroso de esta profesión es que el estúpido no se limita a hacer el ridículo: puede volverse decisivo. A diferencia del influencer, no vende solo imagen. A diferencia del coach, no vende solo certezas. Aquí ya administra lenguaje público, percepción colectiva y a veces decisiones que afectan la vida de otros.

Por eso el estúpido político se vuelve tan dañino, porque confunde táctica con inteligencia, cálculo con lucidez y poder con razón. Poco a poco deja de usar el personaje para conseguir espacio y empieza a creer que el espacio confirma el personaje. Ya no interpreta autoridad, se siente autoridad. Y cuando una profesión le permite a alguien crecer en influencia al mismo ritmo en que se vacía por dentro, no estamos ante una simple fragilidad de carácter. Estamos ante una forma organizada de estupidez con consecuencias públicas.

Tres. Coach

El coaching atrae al estúpido porque le permite transformar una carencia en ventaja, su incapacidad para soportar la complejidad. El idiota detesta lo ambiguo, sospecha de lo difícil y se impacienta con todo lo que no cabe en una fórmula. Pues bien, aquí puede convertir ese defecto en método y cobrar por ello. No necesita comprender en serio el miedo, el fracaso, la ansiedad o la frustración. Le basta con reorganizarlos en una secuencia de frases utilizables. Habla de mentalidad, propósito, disciplina y abundancia, como si la vida humana fuera un mueble mal armado que se corrige con cinco movimientos. 

Y mucha gente compra eso no porque sea verdad, sino porque cansa menos que pensar. Ahí prospera el estúpido, en el lugar donde la simplificación no avergüenza, sino que se vende como claridad transformadora.

Eso fue lo que Lash entendió al mirar una cultura obsesionada con la autoestima, la validación y la necesidad de sentirse especial. El coach estúpido no cura esa fragilidad, la explota, no combate la inseguridad, la reorganiza alrededor de nuevas palabras de moda. Todo tiene que sonar fuerte, expansivo, decidido, empoderador. La duda desaparece, la ambivalencia estorba, el conflicto interior se aplasta hasta caber en un eslogan.

Goffman también encaja aquí porque pocas profesiones dependen tanto de la escena. El cuerpo, la voz, la mirada, la pausa, el dominio del espacio, la seguridad del gesto. Todo trabaja para que la convicción se vea antes de que la idea pueda ser examinada. El coach mediocre entiende eso muy rápido. Descubre que no necesita profundidad si logra producir impresión de profundidad y a partir de ahí ya tiene negocio. 

Lo verdaderamente feo aparece cuando empieza a confundirse con un guía. El sujeto fue premiado por hablar con firmeza, por sonar seguro, por convertir malestar ajeno en entusiasmo momentáneo y entonces concluye que ya puede orientar vidas. Ahí su estupidez se vuelve más seria, porque ya no ofrece solo frases torpes, sino dirección existencial de baja calidad. Habla de grandeza sin haber pensado el límite, de libertad sin haber entendido la dependencia y de sentido sin haber soportado nunca la falta de sentido. No acompaña a nadie hacia una comprensión más honda de sí mismo. Empuja al otro hacia una versión más obediente de su propia ansiedad. 

Y eso explica por qué esta profesión atrae tantos idiotas. Porque les permite mandar sin entender demasiado, influir sin haber madurado y vender superioridad emocional sin pasar por la humillación de la sabiduría real. 

Cuatro. Periodista político. 

El periodista político atrae a muchos estúpidos porque trabaja en un territorio donde parecer lúcido vale casi tanto como serlo. No necesita gobernar, no necesita resolver, no necesita cargar con el peso final de una decisión. Le basta con interpretar, encuadrar, comentar y hacerlo con el tono exacto de quién parece entender más que los demás. Ahí el idiota encuentra una ventaja inmensa. Puede vivir de la proximidad al poder sin pagar el precio del poder. Aprende rápido a hablar con gravedad, a usar palabras grandes, a convertir intuiciones pobres en análisis solemnes y a disfrazar reflejos ideológicos de lectura sofisticada. No hace falta comprender la realidad. Muchas veces basta con administrarla verbalmente mejor que el espectador cansado que lo escucha.

Eso fue lo que Orwell entendió cuando vio que el lenguaje degradado no solo encubre la realidad, también la reorganiza para volverla más cómoda, más útil, más obediente. El periodista político estúpido no miente siempre, hace algo peor. Selecciona, deforma, dramatiza y simplifica hasta dejar la realidad del tamaño exacto de su personaje. Goffman lo habría reconocido enseguida. No estamos viendo a un hombre que piensa en público, sino un hombre que sostiene una impresión de lucidez frente a una audiencia. Por eso gesticula como quien pesa el mundo, frunce el ceño, como quien carga una verdad incómoda y habla como si cada frase saliera de una altura moral especial. Mucha solemnidad, mucha gravedad, mucha escenografía, demasiada poca honestidad intelectual. Lo grotesco empieza cuando esa escenificación se vuelve identidad. El sujeto, ya no comenta la política, vive de parecer más inteligente que ella. Se enamora del análisis como forma de narcisismo, del matiz como adorno y de la coyuntura como espejo donde puede admirar su supuesta superioridad.

Poco a poco deja de buscar claridad y empieza a buscar centralidad. ya no quiere explicar un conflicto, quiere ser la voz inevitable alrededor del conflicto y ahí la profesión se vuelve fértil para el estúpido, porque le permite transformar una mezcla de vanidad, ideología y reflejos rápidos en prestigio cotidiano. 

No crea nada, no resuelve nada, no arriesga nada decisivo, pero consigue algo que para cierto tipo de idiota vale más que todo eso. la sensación permanente de ser el hombre que ve más hondo que el resto, aunque casi nunca pase de la superficie.

Cinco. Cantante.

El canto atrae a muchos estúpidos porque fue la primera profesión artística donde la tecnología consiguió eliminar casi por completo el filtro de la incompetencia. Hubo un tiempo en que la voz era el límite. O sonabas o no sonabas y el mercado lo decidía con bastante crueldad. Hoy el autotune corrige lo que la naturaleza negó. El algoritmo distribuye lo que el talento no habría conseguido y el marketing de personaje vende lo que la música no sostiene. El idiota entiende ese nuevo ecosistema antes que nadie. No necesita años de formación, ni disciplina técnica, ni una relación honesta con el instrumento. Necesita una estética reconocible, una cadena visible y una letra que quepa en 3 minutos de ostentación repetida. 

Eso es lo que hace que esta profesión sea tan fértil para el estúpido. El proceso productivo entero dejó de decirle no. El productor lo acepta porque el formato vende. La plataforma lo distribuye porque el algoritmo no juzga calidad. El público lo consume porque la repetición crea familiaridad y la familiaridad se confunde con gusto. Orwell lo habría reconocido enseguida. Cuando el lenguaje se degrada hasta caber en un eslogan, deja de comunicar algo y empieza a funcionar como ruido organizado. La letra del idiota no describe el mundo ni cuenta una historia. Administra señales de estatus. El dinero, la mujer, el auto, el barrio que dejó atrás. No hay nada que pensar porque nunca hubo nada que decir. Solo hay que repetirlo con suficiente volumen para que parezca convicción. 

Lo más grotesco llega cuando ese vacío empieza a cotizar como autenticidad. El sujeto nunca pasó por la humillación del mérito real, nunca fue corregido por un límite técnico, nunca tuvo que mejorar porque el mercado se lo exigiera y aún así concluye que el dinero que gana es prueba de talento, que los streams confirman profundidad y que su opinión sobre el mundo merece el mismo espacio que su música. Ahí la estupidez se vuelve insolente. No es solo que no sabe cantar, es que nunca nadie en todo el proceso le dijo que eso importaba. Y cuando una industria entera conspira para que el mediocre no se encuentre nunca con su propia mediocridad, no hay que preguntarse por qué atrae tantos estúpidos. Hay que preguntarse qué queda de la música cuando el filtro desaparece por completo. 

Seis. Abogado.

La abogacía atrae a muchos estúpidos porque es una profesión donde la palabra puede volverse arma, máscara o cortina. Y para cierto idiota eso resulta irresistible. No le interesa tanto la justicia como la posibilidad de ganar. 

No le atrae el derecho como orden, sino como campo de maniobra. Aprende pronto que una frase bien lanzada puede impresionar más que una verdad incómoda, que la seguridad verbal produce autoridad, aunque el fondo sea pobre, y que mucha gente confunde facilidad retórica con inteligencia real. Ahí encuentra una comodidad enorme. En lugar de usar el lenguaje para aclarar, lo usa para cubrir. En lugar de ordenar un conflicto, busca explotarlo a favor propio. No necesita ser profundo. Le basta con parecer más rápido, más listo y más agresivo que el otro, mientras el ritual jurídico lo protege. 

Orwell ayuda a leer este tipo porque el abogado estúpido rara vez destruye el vínculo entre palabra y realidad de golpe: lo va desgastando con elegancia. Dice lo justo para desplazar, insinuar, ensuciar, oscurecer o torcer sin que el gesto parezca grosero. Goffman también entra perfecto porque pocas profesiones dependen tanto del papel, del tono, de la escena y del control de impresión. El abogado estúpido aprende a vestir seriedad, a modular convicción, a usar tecnicismo como humo y cortesía como cuchillo. No discute para esclarecer, sino para imponer ventaja. Ahí está su miseria. Confunde precisión con astucia, muchas veces al que logra imponerse verbalmente, no tarda en sacarle una conclusión venenosa. Si ganó, entonces tenía razón. El problema es que esa lógica termina pudriendo la estructura moral del oficio dentro de quien la abraza demasiado. Poco a poco, el sujeto ya no quiere resolver conflictos con justicia razonable. Quiere vencer incluso cuando eso exige vaciar de sentido aquello que dice defender. Se vuelve incapaz de distinguir una victoria legítima de una victoria simplemente eficaz. Y ahí prospera el estúpido típico de esta profesión, el que hace de todo para ganar, el que cree que ceder es debilidad, el que transforma la ley en escenario para su propio apetito de superioridad. No todo abogado cae en eso, evidentemente, pero el idiota sí, porque descubre que en este oficio su peor rasgo puede pasar por talento. Y cuando una profesión permite que el cinismo se maquille de competencia, la estupidez no entra por la puerta de atrás, entra por la principal.

Siete, juez.

El juez atrae a muchos estúpidos porque pocas profesiones ofrecen una tentación tan limpia de confundir autoridad con superioridad humana.

No basta con decidir. Se puede decidir desde arriba, cubierto de rito, distancia y solemnidad. Y para cierto idiota, esa arquitectura es embriagadora. Aprende pronto que el cargo no solo ordena, también separa. No solo obliga, también eleva. Ahí empieza la deformación. Ya no se ve como un hombre ejerciendo una función, sino como una figura situada por encima del conflicto ordinario. Esa es la clase de estupidez que esta profesión puede incubar.

la del que deja de servir a la ley y empieza a usar la ley como espejo donde contemplar su propia importancia. No toda toga produce vanidad, claro, pero la vanidad encuentra ahí una escenografía extraordinariamente cómoda. Pierre Bourdieu ayuda a entenderlo porque el poder judicial concentra capital simbólico en estado puro, lenguaje técnico, distancia ritual, reconocimiento institucional y una autoridad que se presenta como legítima antes incluso de ser examinada. El juez estúpido absorbe todo eso como si fuera sustancia propia. Goffman también encaja porque el oficio está lleno de escena. La voz medida, el gesto sobrio, la pausa grave, la mirada que cae como si cada frase descendiera de una altura moral especial y poco a poco el personaje se come al hombre. Ya no interpreta una función, se siente la función. La prudencia se vuelve frialdad prestigiosa, la rigidez se vuelve nobleza y la falta de escucha se disfraza de imparcialidad. Así prospera este idiota. No necesitando gritar, precisamente porque el decorado ya grita por él. Lo más feo de este perfil aparece cuando empieza a creer que su posición lo volvió más lúcido que los demás en todo. No solo juzga expedientes. Empieza a juzgar la vida, la gente, el lenguaje y hasta el valor moral de quienes lo rodean. La distancia funcional se convierte en superioridad ontológica. Ya no hay servidor de una estructura, sino un pequeño soberano de sí mismo. Y ahí la estupidez se vuelve más peligrosa que en otras profesiones, porque viene blindada por legitimidad. El influencer necesita atención, el coach necesita clientes, el juez estúpido ya tiene silla, rito y obediencia previa. Por eso resulta tan difícil de corregir. No se equivoca como un hombre común, se equivoca desde un pedestal. Y cuando la arrogancia consigue toga, deja de parecer un defecto. Empieza a parecer orden natural. 

Ocho. Profesor universitario.

La universidad atrae a muchos estúpidos con credenciales porque ofrece algo que el militante necesita más que el oxígeno. Una tribuna con autoridad prestada. No llega ahí para enseñar, sino para convertir el aula en territorio ideológico. Aprende rápido que el cargo protege, que la jerga intimida y que el alumno que duda puede ser neutralizado con una mirada de superioridad moral. No investiga para comprender, investiga para confirmar lo que ya decidió creer antes de abrir el primer libro.

Dietrich Bonhoeffer lo habría reconocido sin esfuerzo. No estamos ante alguien que piensa, sino ante alguien que transmite consignas con acento doctoral y llama eso pensamiento crítico. El militante universitario aprendió a usar el conocimiento como arma de exclusión. Cita siempre dentro de la misma tribu teórica, lee para blindarse y construye una burbuja bibliográfica donde toda evidencia incómoda desaparece antes de llegar a la clase. Lo grotesco aparece en la contradicción que no ve. Exige autonomía intelectual al alumno, pero castiga cualquier divergencia que amenace su narrativa. Predica pensamiento crítico, pero es el primero en ofenderse cuando lo piensan críticamente a él. Goffman lo habría descrito sin piedad. No estamos viendo a un hombre que enseña, sino a un hombre administrando una escena donde él siempre tiene razón antes de que empiece la discusión. Lo más peligroso de este perfil es su impermeabilidad. La arrogancia del juez viene del cargo. La del militante universitario viene de la certeza moral y esa es mucho más difícil de corregir. Quien discrepa no está simplemente equivocado, está del lado incorrecto de la historia. Esa lógica convierte el aula en tribunal y al alumno en caso a ser reeducado, no en inteligencia a ser formada. El sujeto ya no distingue entre transmitir conocimiento y distribuir su propia ideología con sello académico. Y cuando una institución diseñada para disciplinar el juicio empieza a premiar exactamente eso, no está formando pensadores, está certificando militantes con vocabulario sofisticado.

Nueve. Futbolista. 

El fútbol atrae a muchos estúpidos, no porque jugar sea una actividad menor, sino porque la fama que produce puede inflar alguien mucho más rápido que su propia formación interior. El jugador estúpido no nace necesariamente en la cancha, nace después, cuando descubre que correr bien detrás de una pelota le permitió entrar en un circuito de dinero, adoración y reverencia pública que empieza a aparecerle prueba de grandeza total. Ahí la deformación se acelera. El sujeto, que quizá domina con brillantez un campo muy específico, empieza a imaginar que ese éxito lo volvió profundo en todos los demás. La multitud lo aplaude, la prensa lo busca, las marcas lo rodean y muy pronto la vida cotidiana deja de contradecirlo.

En un ecosistema así, la estupidez no necesita esconderse. Puede crecer acompañada de ovación, privilegio y una pedagogía constante de impunidad. Girard ayuda a leer este perfil porque el jugador famoso concentra deseo mimético en estado puro. No solo es admirado por lo que hace, sino por lo que representa. Fuerza, triunfo, estatus, excepción. El idiota que prospera ahí aprende pronto a alimentarse de ese préstamo afectivo. 

Ya no distingue entre ser celebrado por una habilidad y ser valioso como conciencia. Lash completa el cuadro porque la celebridad alimenta una forma de show inflado que necesita confirmación permanente. Se nota en cosas pequeñas. 

El jugador que habla de política con tono de profeta, el que opina de todo como si la fama hubiera aclarado su pensamiento, el que trata cualquier límite como ofensa personal, porque hace tiempo dejó de oír la palabra, no sin sentir que la realidad lo está irrespetando.

Lo grotesco de esta profesión no está en el lujo ni en el aplauso, sino en la rapidez con que ambos pueden producir una fantasía de grandeza total. El jugador serio sabe que su talento está en un terreno preciso, el estúpido no. El estúpido toma la adoración de estadio como certificado universal de sabiduría y entonces ya no solo juega, pontifica, ya no solo gana partidos, siente que ganó un rango humano especial. Ese es el punto donde la profesión se vuelve fértil para él. No porque todo futbolista sea así, sino porque pocos ambientes mezclan tan bien mérito real en una parcela concreta con inflación delirante del ego fuera de ella. Cuando esa mezcla prende, aparece un tipo muy reconocible. El famoso sin profundidad, rodeado de elogios tan constantes que termina creyendo que cualquier pensamiento suyo merece sonar como lección. 

10. Tiktoker

Tiktok atrae a muchos estúpidos porque llevó al límite casi obsceno todo lo que ya estaba deformado en la cultura de la tensión. Velocidad, simplificación, actuación, validación instantánea y recompensa por impacto breve. Allí ya no hace falta parecer interesante durante media hora, ni siquiera durante diez minutos. Bastan segundos. Y esa reducción brutal del tiempo favorece como pocas cosas al idiota histriónico, al que convierte gesto en personalidad, reacción en pensamiento y  ruido en presencia. El tiktoker estúpido entiende muy rápido las reglas. No profundizar, no detenerse, no matizar, no dudar, capturar, golpear, pasar. Lo suyo no es decir algo que permanezca, sino producir un estímulo que sobreviva lo suficiente para multiplicarse. En un formato así, la insuficiencia no estorba. Muchas veces es exactamente el combustible correcto para volverse visible. Goffman entra con una precisión casi cruel porque aquí la vida ya no solo se representa, se fragmenta en microescenas de eficacia inmediata.

Todo es frente, todo es personaje, todo es impresión administrada en estado de urgencia. Lash también aparece sin esfuerzo porque pocas profesiones dependen tanto de la necesidad de reacción para sostener el yo. El tiktoker estúpido vive de eso, de medir su consistencia por la respuesta instantánea de una multitud abstracta. Se nota en lo cotidiano. La opinión no se forma, se ensaya frente a cámara. La indignación no se piensa, se actúa. La gracia no nace, se calibra. Y como el algoritmo premia intensidad antes que verdad, caricatura antes que matiz y repetición antes que elaboración, el sujeto descubre una verdad embriagadora. puede ser recompensado precisamente por no frenar nunca a reflexionar demasiado.

Lo peor es que este formato no solo visibiliza estupidez, la entrena, enseña a cortar antes de desarrollar, a afirmar antes de comprender y a convertir cualquier impulso en identidad, porque no hay tiempo suficiente para que una idea madure. El resultado es un tipo humano muy particular, alguien que ya no sabe distinguir entre impacto y importancia, entre viralidad y valor, entre circular y decir algo que merezca permanecer. Ahí la profesión se vuelve ideal para el idiota más contemporáneo de todos. El que ya no necesita construir personaje con paciencia, como hacía el influencer, ahora puede fabricarlo en ráfagas con espasmos calculados de atención. Y cuando una profesión convierte la brevedad en criterio supremo y la reacción en forma principal de recompensa, no hay que preguntarse por qué atrae tantos estúpidos. Hay que preguntarse cómo no iba a atraerlos. 

Diez profesiones, diez puertas por donde la estupidez entra sin que nadie la detenga. No porque el mundo sea injusto, sino porque ciertas estructuras fueron construidas sin fricción suficiente para expulsar al mediocre. Y cuando una profesión no tiene mecanismo que corrija, no tarda en llenarse de gente que nunca necesitó mejorar para seguir avanzando. La pregunta incómoda no es quién está en esa lista. La pregunta es, ¿qué dice de nosotros que sigamos eligiéndolos, siguiéndolos, votándolos y pagándoles? Porque el estúpido no prospera solo. Prospera porque alguien todos los días le sigue dando exactamente lo que necesita para no tener que cambiar nunca. ¿Qué profesión falta en esta lista? Déjala en los comentarios porque si algo quedó claro hoy es que el problema no es poco.

Bibliografía 

Christopher Lasch, La cultura del narcisismo (1979)

Erving Goffman, La presentación de la persona en la vida cotidiana (1959)

George Orwell, Política y lengua inglesa (1946)

Pierre Bourdieu, La fuerza del derecho (1986)

Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión (1951)

René Girard, Mentira romántica y verdad novelesca (1961)


Libertades cubanas

[Escrito de una joven cubana]:

1. Nací en Cuba pero un extranjero tiene aquí más derechos que yo. 

2. Soy libre pero no puedo hablar lo que pienso ni decir lo que sueño. 

3. Vivo en una "democracia" pero en mi vida solo he visto un partido, un solo punto de vista, un solo gobernante.

4. Puedo votar en elecciones pero solamente se presenta un candidato. 

5. Mi educación es "gratis" pero tuve que trabajar voluntario en las escuelas del campo para que no me botaran de las escuelas gratuitas. 

6. Mi educación es "gratis" pero no puedo escoger lo que voy a estudiar.

7. Tengo un título universitario pero trabajo en un paladar.

8. Oficialmente no hay nada debido al bloqueo norteamericano, pero para los extranjeros el bloqueo no existe. 

9. Mi mamá me decía que en los gobiernos de antes, cuando no había que comer, se comía harina... ¿qué cosa es harina?

10. Mi cuidado médico es gratis pero en el dispensario no hay medicinas y el médico que nos toca en el barrio está muy ocupado manejando un taxi y la enfermera resuelve como jinetera y como está despierta toda la noche, no se le puede molestar por el día.

11. Tengo un televisor pero hay solo dos canales de televisión y la misma cara en los dos.

12. Tengo un ventilador pero no hay corriente eléctrica.

13. Me gusta bañarme pero no hay agua en mi barrio hace tres años.

14. Cuando tengo cepillo para los dientes no hay pasta. Cuando tengo pasta no tengo cepillo. 

15. Tengo un lápiz pero no tengo papel. 

16. Cuando tengo lápiz y papel me recuerdo que no se puede escribir lo que se piensa. 

17. Dicen que la vida se vive una sola vez; se ve que el que escribió eso no estaba en Cuba. 

18. Aquí la vida no se vive si no que se observa. 

19. La Libertad tarda, pero llega.

jueves, 9 de abril de 2026

La transición conservadora

 Ser conservador después de Franco, en El País, por Ignacio Peyró, 20 nov 2025:

La Transición debe mucho al reformismo moderado, pero la derecha solo empezó a seducir a la mayoría electoral en los años noventa, con su conversión liberal

En apenas unos años, España iba a convertirse en una democracia avanzada, en miembro de la OTAN y de las Comunidades Europeas, pero el 20 de noviembre de 1975 no era un día para ser determinista. “Cuando hablamos de Salamina”, escribe Huizinga, “hay que hacerlo como si los persas aún pudieran ganar”. Y hace hoy 50 años, nadie podía saber quién iba a ganar el futuro en España. Al recordar aquel tiempo, el hispanista Trevor Dadson incidía en una paradoja: si el mundo celebró la Transición española, fue precisamente porque nadie en el mundo tenía demasiada confianza en que la Transición saliese bien. No era una cautela inútil, como se vio, años después, en las transiciones del espacio pos-soviético. Y en la España de 1975 también podían ganar los persas. A Franco le sucedía, según lo estipulado, una Monarquía tradicional, de amplios poderes y alineada con los principios del Movimiento. Y desde su kilómetro cero, la Transición se iba a ver acompañada, sobre un fondo de crisis económica, del ruido de sables y de los bombazos de una ETA que, por ejemplo, saludó el año auroral de 1978 con 65 muertos. Por supuesto que hubo presiones externas y, ante todo, una mayoría interna que quiso poner al país en hora con las democracias occidentales. A la vez, no había certezas como para justificar las esperanzas. Y una España que llevaba siglo y medio surtiendo a Europa de pintoresquismo y anomalías bien podía seguir siendo different un tiempo más.

Escribe Diogo Noivo que la Transición portuguesa la hizo la izquierda y la consolidó la derecha, en tanto que la Transición española fue un movimiento de la derecha que la izquierda haría irrevocable. Son generalidades, claro, que hay que tomar cum grano salis. En lo que afecta a España, en todo caso, permiten reintegrar el mérito conservador en nuestra Transición. Conservadores fueron muchos de sus artífices. Conservador fue el cambio “de la ley a la ley”. Conservador fue el paradigma de la reforma frente a la ruptura o la continuidad, como iba a ser ejemplarmente conservador mostrar —tanto a las filas ajenas como al búnker propio— que la moderación política puede llevarse adelante con una voluntad política ardorosa. En la Transición hubo, por tanto, rasgos de una operación conservadora como no se veían desde tiempos de Cánovas. Con dos créditos especiales. En primer lugar, la confirmación de que en la Historia hay grandes procesos y condicionantes materiales, pero los hombres y sus pasiones —el Rey y Suárez, Torcuato, Tarancón— siguen siendo determinantes. Y, en segundo lugar, el entendimiento del conservadurismo como ligado por fuerza al reformismo, según lo quiso esa guía de conservadores que fue Edmund Burke. Sí, finalmente hay una conclusión de escepticismo conservador: se podía haber hecho mejor, pero es arrogante pensar que se podía haber hecho perfecto.

Reivindicar la huella conservadora en la Transición quiere menos provocar que reclamar un patrimonio compartido. Al fin y al cabo, del 75 en adelante todo el mundo iba a hacer cosas inesperadas que terminaríamos incluso incorporando a una cierta mitología común. Los procuradores franquistas votan su suicidio ritual. Un ex secretario general del Movimiento legaliza el PCE. Los comunistas despliegan en su Comité Central “la bandera con los colores del Estado”. Los socialistas españoles abandonan el colectivismo (15 años antes que los laboristas británicos) y acometerán una revolución industrial. Cuando el giro político se completa y el centroderecha vuelve a gobernar, hará a su vez otras cosas inesperadas como abrazar la descentralización política o sentenciar la mili. A los 25 años de la muerte de Franco, en el momento en que el centroderecha gana por mayoría absoluta, Aznar afirma: “Hoy se acabó la Guerra Civil como argumento político”.

Era una ocasión para la grandilocuencia histórica, pero con estas palabras Aznar también buscaba confirmar algo más práctico: que los españoles quedaban manumitidos de la necesidad de ser progresistas. Si en tiempos de Franco esa militancia progresista podía sentirse como una obligada resistencia íntima, una democracia consolidada ya solo necesitaba demócratas. En la práctica, sin embargo, pasados 50 años, bien podemos pensar que no ha logrado ser así. Prueba de ello es que seguimos escribiendo sobre la posibilidad de ser conservador después de la muerte de Franco, cuando nadie en Polonia dudaría si es posible ser socialdemócrata después de Jaruzelski. En la democracia española, los progresistas se han comportado menos como actores de la obra que como dueños del teatro. El dóberman en el 96, el Tinell en 2003 o el Muro de 2023 son muestras de la inferioridad moral adjudicada a una derecha para cuya exclusión, por cierto, nunca se ha necesitado de la compañía de ninguna derecha extrema. Sea en la Academia o en la cultura popular, el liberal-conservadurismo solo aparece en España como cuota o como nicho, y la mirada foránea a nuestro país se articula en exclusiva a través de su canon progresista. Con todo, alguna culpa tendrá la derecha cuando sus líderes morales aún son intelectuales conversos de la izquierda. Feijóo, que en su juventud votó al PSOE, acaba de confesar su amor por la canción de autor de izquierdas: un espacio compartido, en el mejor de los casos; también, en el peor, un síntoma de la ancilaridad de la derecha en el sistema cultural español. En definitiva, la izquierda ha proyectado sobre la derecha la mala conciencia de que el dictador se les muriese de viejo. Algo llamativo, pues a la pregunta “¿dónde estabas tú en 1972?”, no hay tantos que puedan responder con plena felicidad ni en nuestra izquierda ni en nuestros nacionalismos.

La primacía de la izquierda en la democracia española cuaja en unos años ochenta en que la derecha está desorientada y dividida. Solo en los noventa, con su conversión liberal, la derecha empieza a seducir a mayorías. La democracia española por fin tiene su segundo violín. Aquel PP sitúa ya como “referente político inmediato” a la UCD y no a su presidente de honor, Manuel Fraga. Y frente al “complejo de derecha” de la década anterior, Aznar afirmará que no padece “mala conciencia democrática”. Lo demás es una historia que aún vemos y sentimos: al envite del modelo neoconservador, le sigue, con Rajoy, un repliegue tecnocrático. El PP, en todo caso, se va caracterizando como un partido de síntesis y concertación liberal-conservadora, de base amplia, institucional y europeísta, intelectualmente inhibido por su voluntad de ensamblar sensibilidades y, en todo caso, amigo de las vías medias que abre el encuentro entre dos ideales no siempre fáciles de objetivar como son el liberalismo y el humanismo cristiano. En todo caso, su propia solidez e implantación como partido le han sido de ayuda ante amenazas existenciales: el asedio de Ciudadanos, el deterioro causado por la corrupción, el desgaste de la gestión de la crisis o el afloramiento de cainismos en los años de Casado.

La novedad de estos años para el conservadurismo español es que el PP no solo se ve hostilizado por el PSOE. Vox va a nacer como una corrección en materia de valores: un PP auténtico, antes de su reposicionamiento en la internacional de la derecha identitaria, por donde sopla el aire de los tiempos. Así, mientras una rara discusión llevaba a FAES a acusar a Vox de “corromper el conservadurismo”, la prensa ha tenido que corregir el tiro aceleradamente para subrayar que la derecha dura ya no es el nuevo punk sino nada menos que el nuevo pop. Como a la izquierda radical, a la derecha dura la Transición tampoco le sirve para nada: véase su ausencia en los fastos monárquicos de estos días. El 20 de noviembre de 2000, Josep Ramoneda se quejaba de un aniversario “rodeado de indiferencia ciudadana”. Veinticinco años después, no diremos que es un homenaje oblicuo, pero Franco ha regresado con fuerza a la conversación del presente. Durante mucho tiempo, cuando la extrema derecha miraba al pasado, citaba a Franco y se encomendaba a la retórica de Blas Piñar, no ganó un solo voto. Ahora utiliza TikTok para hablar del futuro y la derecha tradicional todavía no ha encontrado el modo de pararla.

miércoles, 8 de abril de 2026

Reglamento del fútbol de calle y patio de recreo

 1. El gordo siempre es el portero.

2. El partido acaba cuando todos están cansados.

3. Aunque el partido vaya 20 a 0 se decide por "el que meta, gana".

4. No hay árbitro.

5. Solo se pita falta si es muy clara o alguien sale llorando.

6. No existe el fuera de juego.

7. Si el dueño del balón se enfada, se acaba el partido.

8. Los dos mejores no pueden estar en el mismo equipo y son los que eligen.

9. Elige el primero el que gana a los chinos, esto es, el sorteo a pares y nones.

10. Lo peor que te puede pasar es ser elegido el último.

11. En las faltas directas la barrera siempre estará bastante cerca del balón.

12. Se detiene el partido cuando pasa una persona mayor o una madre con bebé.

13. Son enemigos para siempre los jugadores del barrio más cercano.

14. Los que no tienen ni idea de jugar quedan de suplentes o de defensas.

15. Si llegan los mayores para jugar, hay que abandonar el campo.

16. Si se apuesta algo, hay que ponerse muy serio: es como jugar una final.

17. Las porterías son dos piedras o dos chaquetas de chándal. Se mide a pasos, y cuando no se mire se encoge.

18. Cuando el balón pasa por encima del portero todos gritan ¡Alta! (suele dar resultado para que el gol no valga).

19. "La ley de la botella: el que la tira va a por ella". Y ese responderá: "La ley del vaso, el que la tira no hace caso".

20. Si hay penalti, quitan al gordo y se pone el mejor.

21. Se echan pies para elegir equipo, y se termina con "monta y cabe".

22. Para distinguir equipos (aunque todos saben quién es de cada uno), el que hace el primer gol, se queda con camiseta y el que recibe el gol se quita la camiseta. Así se distinguen los dos equipos. Pero si hace mucho calor, entonces el equipo que mete primero elige quitársela, y es el otroel que  termina con ropa sudada.

lunes, 6 de abril de 2026

Informe sobre economía global

 Primeros compases de una marcha fúnebre geoeconómica, en El País, Claudi Pérez, Madrid - 5 abr 2026:

Los expertos ven una estanflación similar a la de los setenta o incluso una recesión global en el peor de los escenarios, pero las previsiones no son sólidas por la elevada incertidumbre geopolítica

“¿Alguien ha apuntado la matrícula de ese camión?”. Algo así debió pensar medio mundo en la segunda mitad de 2008, cuando el sistema perdió el control y atropelló —de forma casi literal— a la economía y a los mercados internacionales. En aquella matrícula ponía Lehman Brothers, según una estupenda crónica de Alan Blinder, de Princeton, por aquel entonces, pero pocos economistas vieron venir ese crash que acabó siendo la Gran Recesión. También ahora muy pocos expertos tienen claro lo que se avecina, con la guerra en Irán y el formidable shock energético asociado. Todo el mundo ve la matrícula de Trump en el camión que acaba de arrollarnos, pero aún no están claras las lesiones económicas que puede generar: eso dependerá de la duración del conflicto, del bloqueo del estrecho de Ormuz, del impacto en las infraestructuras energéticas del Golfo y, en fin, del humor de la pareja Trump-Netanyahu, que junto con Putin en Ucrania están haciendo bailar a la geoeconomía global al son de una marcha fúnebre geopolítica. Con la incertidumbre en máximos, los historiadores económicos sostienen que se avecina una enfermedad económica setentera, la estanflación, una fea combinación de estancamiento económico e inflación; en el peor de los casos, una sacudida que terminará en una recesión global. Los especialistas en macroeconomía y en los mercados financieros se aferran a un refrán caribeño, “lo más seguro es que quién sabe”. Y los expertos en commodities, las materias primas de toda la vida, probablemente quienes hoy manejan mejor información, llevan cinco semanas echándose las manos a la cabeza.

Allá por 2008 muy pocos acertaron con lo que venía. Uno de ellos fue Nouriel Roubini, que ahora vaticina que la escalada bélica en el Golfo irá a más y provocará bajo crecimiento, alta inflación y, de propina, enormes riesgos de crisis financiera. Otro de los que lo vieron venir hace casi dos décadas, Raghuram Rajan, ve el petróleo camino de los 150 dólares por barril, tal vez incluso de los 200, y apunta que los efectos devastadores del parón energético se irán infiltrando en toda la economía a través de las cadenas de suministro hasta provocar una recesión severa. Ann Pettifor, economista británica que también predijo la última gran crisis del capitalismo, alerta del potencial acelerador de los mercados financieros para noquear a la economía real. Steve Keen, economista poskeynesiano que también acertó cuando la Gran Crisis, es el más agorero: vislumbra la mayor crisis de la economía moderna, y subraya que la guerra ha funcionado como un catalizador que expone las vulnerabilidades de la economía global. Que son muchas: el riesgo de castañazo del dólar, de burbuja de la inteligencia artificial o de tensiones en los mercados de divisas, de deuda, de crédito privado y de renta variable.

Joan Robinson, formidable economista ya fallecida, solía decir que el presente es “un tiempo comprendido entre un futuro desconocido y un pasado irrevocable”. En una conversación con este periódico, Paul De Grauwe, profesor de Lovaina, parafrasea a Robinson para asegurar que las previsiones económicas son, a día de hoy, espejismos organizados: “Nadie puede predecir qué sucederá con las guerras, y por lo tanto es imposible hacer previsiones sólidas, y eso tiene implicaciones para los consumidores, los inversores, las empresas y los gobiernos”. La OCDE y la Organización Mundial del Comercio acaban de publicar sus vaticinios, y el Fondo Monetario Internacional lo hará en solo unos días; todos ellos adoptan tonos más o menos lúgubres. En el mejor de los casos, si la guerra termina pronto y los desperfectos no son mayúsculos, el impacto se dejará notar en la inflación, en unas décimas de crecimiento, en una dislocación que va para largo en el sector energético y en primas de riesgo mayores en muchos ámbitos. El peor de los escenarios tiende al negro: una recesión severa a escala global si Ormuz no se reabre pronto, con un potencial desestabilizador enorme si los mercados aceleran con el pulgar hacia abajo.

Las primeras sacudidas ya se dejan notar, pero la risa va por barrios: la conmoción económica es global, pero muy asimétrica. Los tiros, grosso modo, van por aquí.

Perdedores (y ganadores). Los países importadores de energía están mucho más expuestos que los exportadores (Estados Unidos lo es desde 2019 gracias al fracking; Rusia también sale muy favorecida de este lío, y los países del Golfo que consigan seguir vendiendo gas y petróleo). Asia y Europa salen peor parados. Los países pobres, y en general las rentas bajas, estarán entre los más desfavorecidos: los fertilizantes ya se están encareciendo y los alimentos van a subir de precio. En los países más pobres se gasta más en torno al 40% de la renta en alimentación; en los emergentes, el 20%; en los países ricos, el 9%. Hay aún un tercer grupo de perdedores: los países con escasas reservas energéticas y más dependientes de las importaciones de energía de Golfo. Quienes hayan hecho los deberes y tengan reservas (China) o energías renovables (España) pueden salir mejor parados. España, además, se beneficiará de un estímulo adicional gracias al turismo.

Energía. El bloqueo del estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de la energía que consume el mundo entero, y los daños en las infraestructuras del Golfo han dejado ya “la mayor perturbación de la historia del mercado petrolero”, por encima de la guerra de Ucrania o del shock petrolero de los 70, según la Agencia Internacional de la Energía. El FMI insta a los gobiernos a prepararse para lo impensable: hay un déficit de unos 10 millones de barriles de petróleo diarios, según Oxford Economics, y ni siquiera son descartables los problemas de escasez ni los racionamientos. Las economías importadoras de África, Oriente Próximo y América Latina son ya las más afectadas. La factura será cara para las grandes economías industriales de Asia, con presiones sobre la balanza de pagos, sus monedas y sus finanzas públicas. El impacto en Europa será notable: después de Ucrania se habló mucho de independencia energética, pero básicamente se cambió energía barata rusa por gas estadounidense. Italia y Reino Unido están más expuestas por su dependencia del gas; Francia y España, menos por el poderío nuclear francés y la apuesta por las renovables española. Incluso entre los productores del Golfo las perspectivas son sombrías: tienen dificultades para transportar el crudo y el gas natural, y los misilazos de Irán hacen prever menos estabilidad; un futuro de lo más incierto. “En todo el mundo el bloqueo de Ormuz provoca un shock de oferta que traerá estanflación: recortes de PIB y subidas de precios que no serán peores en Europa que en otros lugares como Asia”, resume De Grauwe.

Estados Unidos. “Somos exportadores de energía, y aun así la posibilidad de recesión es elevada, porque es probable que el bloqueo de Ormuz se prolongue. Además, ese riesgo llega en un contexto de señales preocupantes en el mercado de crédito privado, de valoraciones bursátiles muy elevadas, de burbuja en la IA y de finanzas públicas insostenibles”, asegura a este diario el economista Desmond Lachamn, del ultraconservador American Enterprise Institute. Los progresistas piensan lo mismo: “Trump ha cometido un grave error de cálculo con Irán: va a tener que elegir entre una escalada o el abandono total del Oriente Próximo. Y va a sufrir el impacto en casa, por la pérdida de poder adquisitivo”, afirma por correo electrónico James Galbraith, de la Universidad de Texas. El shock económico tendrá consecuencias de largo plazo, con Europa tratando de librarse de la dependencia de Washington en energía y en seguridad, y con China afianzando posiciones en la lucha por la hegemonía global, como gran potencia de la energía renovable.

Cadenas de suministro y alimentación. Los últimos petroleros que salieron de Ormuz antes de la invasión están llegando a su destino. El desvío de buques por otras rutas y el aumento del coste de los fletes y de los seguros elevará los precios y los plazos de entrega de todo tipo de mercancías en todo el mundo, y corre el riesgo de trastornar las cadenas de suministro globales. Un tercio de los fertilizantes pasa por Ormuz: la amenaza sobre las cosechas y el precio de los alimentos ya se empieza a notar. La dislocación de las cadenas de suministro afectará a la industria de las economías desarrolladas, con el riesgo de cierre de fábricas por el efecto combinado del aumento de precios de la energía y la falta de suministros. Hay ya serios riesgos de desabastecimiento en productos como el helio (fundamental para los semiconductores) y el azufre (clave para la producción de níquel en Indonesia y las baterías de los coches eléctricos).

Inflación. El castigo en la inflación y en el PIB de los precios energéticos tiene una coda preocupante. Con el tiempo, las subidas en el coste del transporte encarecen también los precios industriales, y se producen efectos de segunda ronda (histéresis, en la jerga imposible de los economistas) con las lógicas demandas de incrementos salariales que exacerban las presiones inflacionistas. El estrés de los grandes bancos centrales del mundo va a ser máximo: las recesiones tras episodios de incrementos fulgurantes del precio de la energía no las causa la inflación, sino las subidas de los tipos de interés. “Las alzas de tipos no resuelven los shocks de oferta y agravan la desaceleración de las economías. El BCE no debería sobrerreaccionar”, dice De Grauwe. Pero el mercado descuenta ya dos subidas de tipos este 2026. Fráncfort tiene el gatillo fácil.

Mercados financieros. Ha habido ya caídas bursátiles en todo el mundo, aunque relativamente moderadas: los mercados siguen apostando a un final inminente del conflicto. Hasta ahora han acertado poco y mal. Han subido los intereses que paga la deuda pública en las economías avanzadas y en las emergentes. Hay presiones sobre las balanzas comerciales de los países importadores de energía, que se traducen en estrés en los mercados de divisas. “Abróchense los cinturones”, resumía hace unos días la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva. Si la guerra continúa se activará una especie de correa de transmisión que va de los mercados energéticos a los mercados financieros, y de los mercados financieros a la economía real. Hay un déficit de suministro del 10 millones de barriles de petróleo al día en la demanda mundial de crudo: varios países han aplicado ya planes de choque para evitar el encarecimiento de los carburantes, pero si la guerra se prolonga esas medidas no bastarán, y tampoco hay margen fiscal para mucho más. Además, es probable que una de las soluciones a este lío sea un menor consumo, aunque el mundo parezca poco preparado para eso.

Catastrofismo, versión 2026. El economista Andy Xie, ex del MIT, del FMI y de Morgan Stanley, y uno de los que más acertó con Lehman Brothers e incluso antes, con la crisis asiática, dibuja un panorama desolador. En agosto de 2008 lo clavó: “El apocalipsis está cerca”. Ahora regresa a los tonos graves del catastrofismo: “A medida que los inventarios de petróleo disminuyan, los precios de la energía subirán aún más. Cuando el precio del petróleo esté lo suficientemente alto, los mercados bursátiles se desplomarán, y desencadenarán una recesión global. La economía estadounidense depende de su mercado de valores. Las enormes inversiones en inteligencia artificial que mantienen a flote la economía solo pueden continuar en un mercado al alza: cuando el mercado se desplome, la burbuja de la IA corre el riesgo de colapsar. Trump no puede continuar la guerra con un mercado bursátil en colapso y una recesión a la vuelta de la esquina: el encarecimiento de la energía pondrá punto final a la guerra, pero con consecuencias devastadoras sobre la economía real”, escribe Xie en el South China Morning Post. El apocalipsis casi siempre defrauda a sus profetas. Pero cuidado con ese casi cuando la economía es una arma de guerra más.

Fraseología de los billetes de ira sin vuelta

 Todos hemos tenido ese momento, ese preciso instante en el que alguien te saca de quicio de tal manera que solo quieres pronunciar estas cuatro palabras:Vete a la... 

Pero claro, somos gente con educación, con vocabulario, con fineza. Así que hoy os traigo diez formas variadas de mandar a alguien a la miércoles sin perder la compostura.

Algunas más elegantes, otras menos, pero siempre sin usar las palabrotas. Frases cuidadosamente recopiladas tras una intensa investigación en los rincones más profundos y cuestionables de internet. Sí, he sacrificado mi algoritmo por vosotros. Frases encontradas en foros olvidados, comentarios de madrugada, y probablemente escritas por gente inspirada por hechos reales en distintas partes del mundo hispanohablante. Sacad papel y boli. Hoy repartimos billetes de ira sin vuelta.

Cómprate un desierto y lo barres. Empieza por el Sáhara y sigue con el de Gobi.

No te vayas, pero cierra por  fuera.

Que te den por donde amargan los pepinos.

Vete a contar los frailes, que creo que se ha perdido uno.

Cómprate un bosque y piérdete, o cómprate un euro de desierto o bosque y piérdete.

Vete a donde pican las gallinas.

¿Por qué no vas a la esquina a ver si llueve? Y si llueve, te esperas a ver si sale el arcoiris. De allí no te muevas. Lo mejor es que en la esquina seguramente hay una reunión de gente como tú esperando el parte meteorológico. 

Vete a dar una vuelta y cuando te canses sigue. Es como el camino de Santiago, pero sin la parte de volver a casa. 

Si ves un cartel que dice fin del mundo, vas por buen camino. Por el equipaje, no te preocupes, tu pesadez ya la llevas contigo. 

Me encantaría seguir hablando contigo, pero he quedado para mirar cómo se seca una pared y no quiero llegar tarde. Es una sesión de meditación profunda con el gotelé No me esperes. El color blanco hueso tiene un algo dramático que no me puedo perder.

Estimado señor o señora, hágame el favor de practicar sus aficiones lejos de mi perímetro. Le sugiero el Polo Norte. Allí el silencio es absoluto y las posibilidades de coincidir conmigo inexistentes. El aire frío despeja la mente y a usted claramente le hace falta.

Ayuda a salvar la salud mental y limpia el entorno de personajes intensos. Son herramientas de supervivencia social. Seguimos.

Vete a freír espárragos, pero a fuego lento ¿eh?, de uno en uno y en una cocina que esté por lo menos a tres provincias de distancia. Y cuando acabes, sigue con alcachofas. Tenemos todo el siglo. Si se te acaba el aceite, vete a buscarlo a Italia, a pie. 

Que miras, bobo, que miras bobo. Anda, anda para allá, bobo. Anda para allá. Funciona mejor si acabas de ganar un mundial, pero en la oficina para el que te mira el monitor también sirve.

Camina. que el pasto no crece si te quedas ahí parado mirando

Vete a hacer gárgaras a Niágara que te pago el billete de ida, y el de vuelta, ya, si eso, hablamos en 2090. Aprovecha el caudal para limpiar también tus ideas. 

Por favor, vete y disfruta de tu propia compañía. Es el experimento psicológico definitivo. ¿Cuánto tiempo te aguantas? 

Tu compañía es un el lujo que ya no me puedo permitir. Quédatela toda. 

Creo que nos favorece la distancia. La perspectiva mejora cuando no puedo distinguir tus rasgos faciales. 

Mi cariño por ti es inversamente proporcional a los metros que nos separan.

Y esta es mi favorita: 

Ve a ver si ya puso la puerca. Si la puerca no ha puesto, te sientas y le das ánimos. No vuelvas hasta que los lechones tengan universidad y carrera. 

Y aquí lo tenéis, billetes directos al olvido, sin palabrotas, como lo queríamos y sin despeinarse. Recordad, no es mala educación, es higiene emocional. Hay gente que simplemente necesita que le indiques la salida.

Reprensiones de madre

Te lo dije

Pero ¿tú que te has creído?

¡La madre que te parió! ¡La madre que te trajo!

Arreando, que es gerundio

¿Tú-que-te-piensas? ¿Que yo soy el Banco de España?

¡Dos [lo que sea] te voy a comprar!

¿Te crees que el dinero crece en los árboles? Ve y cógelo. 

¡No me, no me que te, que te...!

Cuando tú vas yo vengo

A la cárcel vas a venir a robar...

¿Te doy una razón para llorar?

Cuando seas mayor, comerás huevos

¡Como vaya yo y lo encuentre, vas a saber lo que es bueno / te vas a enterar!

Si no te las comes, te las cenas y si no, te las desayunas.

 Si eres mayorcito para trasnochar, lo eres para madrugar.

Pero ¿vas con esas pintas?

Eso ¿es un vestido o una camiseta?

¡Cualquier día cojo la puerta y me voy!

Retírate el pelo de la cara

¿A que voy yo y lo encuentro?

Como sigas llorando, te voy a dar una razón para que llores de verdad

Como te caigas, cobras

Si te tragas el chicle, se te va a quedar pegado en las tripas

¿Ahora sales? ¡Pero si es la hora de volver!

Esto me duele más a mí que a ti

Como tenga que ir yo...

Pues que no te lo tenga que repetir

Es la primera vez que me siento en todo el día

Créeme, ¡es por tu bien!

Tu madre sabe lo que es mejor para ti

Llévate una chaqueta por si refresca

Cuando tengas tu casa harás lo que quieras. Mientras vivas en esta, se hará lo que yo diga

Y  si tus amigos se tiran por un puente ¿tú también?

No tardes, y me traes las vueltas

Abrígate, que hace frío.

Pero ¿qué he hecho yo para merecer esto?

Ya verás, cuando llegue tu padre

Te vas a enterar de lo que vale un peine

Pregúntale a tu padre

Un día cojo la puerta, me voy, y a ver cómo os las apañáis sin mí

Verás como saque la zapatilla...

Pues si te enfadas ya tienes dos problemas, enfadarte y desenfadarte

Come y calla.

Mamá, ¿qué hay de comer?  - Comida.

Si te duele es que está curando.

Si estás enfermo para ir a clase, también lo estás para salir con los amigos.

Esto no es un hotel en el que uno viene, come y se va

A ver si te cortas el pelo, que dentro de poco no vas a ver ni torta.

Bébete el zumo, que se le van las vitaminas

Algo habrás hecho.

Que sea la última vez que... [cualquier cosa mala].

"Porque sí" y "porque no".

¿Es que tengo que ir detrás de vosotros para que hagáis las cosas bien?

¿Para qué me preguntas, si vas a hacer lo contrario?

De puertas para afuera todo es fiesta y de puertas para adentro todo molesta.

Cuando tengas hijos te acordarás de mí.

A tu madre no le levantes la voz ¡eh!

¡Ni peros, ni peras!

¡Ni moto, ni mota!

¿Quién te crees que soy? ¿La sirvienta?

Te lo digo por tu bien

¡Niño! ¡Ven acá p'acá!

¿Qué pasa? ¿Que tus amigos no tienen casa?

¿Qué te crees, que nací ayer?

Algún día me lo agradecerás.

¿Cuento hasta tres? Uno, dos y tres.

Cuando seas madre lo entenderás.

¿Y mi beso?

Porque soy tu madre, y punto.

Yo no digo nada, pero te están viendo los reyes magos...

Ya dirás ¡qué razón tenía mi madre...!

Esta habitación no se recoge sola.

Recoge tu cuarto, que parece una leonera.

Ya estás tardando.

Es la primera vez que me siento hoy.

¿De verdad me tengo que levantar?

Un día me matáis del disgusto.

Lleva el paraguas que va a llover.

La madre que te parió, que he sido yo.

El vago trabaja dos veces.

¿Es que te crees que me chupo el dedo?

Quien tiende bien, plancha la mitad.

Eso te pasa por andar descalzo.

Estas no son horas [de llamar a una casa decente].

Todo lo que me he sacrificado por ti y así me lo pagas.

A que cobras.

Tú ve, que el no ya lo tienes

Ponte recta, que te va a salir chepa.

Pregúntale a tu padre.

Verás como saque la zapatilla.

Cómete eso, que es lo mejor.

Ponte muda limpia por si te pasa algo y tienes que ir al hospital.

¡Me vas a enterrar!

Ya verás como se entere [o cuando venga] tu padre.

¿Pero qué te piensas, que soy tu criada?

Para salir de fiesta nunca estás cansado.

Yo a tu edad…

Te bañas o te bañas.

Supongo que lo que no está en su sitio es para tirar.

Te voy a lavar la boca con jabón.

Cuando lleguemos a casa vas a ver.

Ya tendrás a tus hijos

Tú no te mandas solo-a

¿Me estás avisando o pidiendo permiso?

A ver si te echas novio/a y te largas de una vez.

Entre tu padre, tu hermano y tú, me vais a matar de un disgusto.

Hasta que ocurre.

Llámame cuando llegues.

¡Cuántos niños en África querrían comer tu comida!

¿No te comes eso? ¡Si es lo más rico / lo mejor! 

Hasta que no lo rompas no te vas a quedar tranquilo. 

Deja el móvil que te vas a quedar ciego.

¡Tráeme las vueltas!

Apaga la luz, que no soy Iberdrola.

Quien quiera peces, que se moje el culo.

Los hombres no lloran

Para que llores con motivo (una tunda)

Me vais a volver loca

No pises el suelo, está fregado

Te da todo igual, te entra por una oreja y te sale por la otra

Mamá, ¿Qué hay hoy para comer? Lo que voy a cocinar

Ya te acordarás de mí, ya. 

No. Y punto.

No me hagas levantar.

¿Te aburres? Pues cómprate un mono / Pues date cabezazos contra la pared. /  Pues ordena tu habitación.

¿Otra vez lo mismo para comer? Son lentejas, si quieres las comes y si no las dejas

Porque lo digo yo y punto, que por algo soy tu madre.

¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?

Quién madruga, Dios le ayuda

Si no estudias, nunca llegarás a nada / no serás nada en la vida

Comiendo no se habla

El saber no ocupa lugar

No te metas al agua sin hacer tus dos horas de digestión

Cede el asiento a las personas mayores

No hables con desconocidos

Si tú no crees en ti misma, nadie lo hará

Me vas a sacar canas verdes

No hagas ruido al comer, cierra la boca

La cama te llama, ve a ver qué quiere

Es de mala educación hablar con la cabeza vacía

La pregunta del aragonés, que preguntas lo que ves

Cuando vuelva, lo quiero ver todo ordenado

Te calmas o te calmo

¿Quién crees que te lava la ropa?

Aquí huele a pies

¿Para qué se inventó el teléfono?

Eres idéntico a tu padre.

Deberías aprender de fulanito...

¿Qué te cuesta avisar?

Esa muchacha no te conviene

Que yo sepa no soy tu empleada

Mastica bien los alimentos

Parece que le hablo a la pared

¿Crees que estoy pintada?

Guarda las lágrimas para cuando me muera

¿Y a quién le pediste permiso? ¿Acaso ya te mandas solo?

Con la verdad se va a todas partes

Si no te lo comes todo te quedas sin postre

Da siempre los buenos días

A mí no me importan tus amigos, me importas tú

Pobre de ti como me traigas un suspenso

Mamá, ¿Qué hay hoy para comer? -Lo que voy a cocinar


sábado, 4 de abril de 2026

Por qué México debería pedir perdón... a los indígenas

 [Transcripción corregida por el bloguero de Isaac Moreno Gallo, Por qué México debería pedir perdón, en TouTube, 25 mar 2026. Enlazar para poder ver los diagramas visuales:]

Bueno, amigos, pues hoy me apetece hablaros de México después de España. Y sí, porque aquello fue España antes de ser un país llamado México. 

Esto, por desgracia, se desconoce mucho en la propia España, porque entendería uno que se desconociera en otros países. No es su historia, no es su problema, pero se desconoce en España. En mi generación no nos enseñaron prácticamente nada de esto, pero nada, ni del alcance geográfico que tuvo aquella España en América, ni de otras cosas semejantes. Pero, como ya he hecho capítulos de ese México antes de España, de la conquista de México, porque tenéis uno que tenéis que ver obligatoriamente allí al principio en la lista de reproducción de La romanización de América, que la llamé así, uno titulado Bernal Díal del Castillo es uno de los prohombres que escribió la historia de aquella conquista, es muy interesante. Otro sobre Bernardino de Sahagún y, ya si queréis saber más cosas, hay otro sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otro sobre Orellana, La aventura de Orellana

Pero los que más afectan a este que hoy vamos a tratar son los dos primeros, Bernal Díaz del Castillo y Bernardino de Sahagún, porque ambos dan una descripción preciosa y precisa de cómo fue aquella conquista y la formación de aquellos territorios para la corona española en aquel momento, en el siglo XV. Lo cierto es que, aprovechando la invasión francesa, los momentos políticos convulsos que vivía la España peninsular con Fernando VI, pues los criollos que formaban la élite de aquellas sociedades hispanoamericanas, influidos por las nuevas ideas revolucionarias de la Ilustración, de lo que había ocurrido en Estados Unidos, de lo que había ocurrido también en Francia, decidieron que había llegado su momento y, ayudados por potencias extranjeras, y también por ideologías secretas extranjeras, la Masonería sobre todo, que influyó muchísimo en todos ellos, decidieron emprender unas batallas de emancipación que se convirtieron verdaderamente en guerras civiles, allí, en aquellos territorios americanos. 

Bueno, los acontecimientos, finalmente, pues, llevaron a que aquellos territorios se independizasen y sobre todo se fragmentasen y, como vamos a ir viendo, se empobreciesen  extremadamente. Eso es lo más triste. Pues lo cierto es que, de los virreinatos que se habían formado en América, el de la Nueva España era probablemente el más potente, y hoy hubiese sido uno de los territorios más ricos del planeta si se hubiese conservado en la extensión y en la forma en la que estaba. 

Porque la Nueva España fue realmente la joya de la corona española y tuvo una potencia económica global, que se puede decir así, entre los siglos XVI y XIX, tanto en agricultura como en minería como en el comercio. Ojo al galeón de Manila, una red comercial que se estableció con Oriente, con Filipinas, con China, donde una moneda global aceptada por todos los países, que era el real de ocho, un real de plata, que era el dólar realmente, convirtió efectivamente a aquel imperio español en una globalización económica de la que se han hecho incluso películas últimamente al efecto y que muchos españoles están descubriendo porque es que realmente lo desconocían, que no nos lo enseñaron en la escuela (es una cosa verdaderamente misteriosa). Es decir, que económicamente y financieramente el Imperio Español conectaba Asia, América y Europa. El único que hacía eso. A través del puerto de Acapulco, desde Asia, se traían especias, se traía seda, se traía porcelana, se traía muchísimo tipo de mercancías y se llevaba plata porque había que pagarlo. Se llevaba el real de a ocho. En la Nueva España, las haciendas se convirtieron en grandes centros de producción agrícola, maíz, trigo, caña de azúcar, etcétera. Ganado bovino, ganado ovino, ganado equino que se había llevado desde Europa, desde España. Y todo eso abastecía a todas las minas reales que había en ese momento, donde se estaba explotando la plata fundamentalmente y a las ciudades que crecieron de una manera impresionante.

Precisamente la ciudad de México, México D. F. hoy en día, fue uno de los centros urbanos más ricos e influyentes de toda la época virreinal. Alexander von Humboldt describió México a principios del siglo XIX como una tierra de inmensa riqueza natural y contrastes sociales. Acuñando el término de Ciudad de los Palacios, quedó deslumbrado por México, resaltando su belleza y su modernidad científica. un hombre que era alemán, explorador, venía de Berlín, conocía París, conocía Londres, conocía toda Europa. Y México le pareció lo mejor del mundo, la ciudad de México. Escribió mucho sobre su visita a México entre 1803 y 1804 y afirmaba: "Ninguna ciudad de América, sin exceptuar los Estados Unidos, puede exhibir instituciones científicas tan grandes y sólidas como Ciudad de México." Humboldt también afirmó que los mineros mexicanos eran los mejor pagados del mundo, recibiendo entre seis y siete veces más salario por su labor que un minero alemán. ¡Ojo al dato! Esto revienta el mito de la esclavitud, de la explotación etcétera porque ningún indígena, ningún nativo de las etnias americanas era esclavo. Estaba prohibido por ley y así era. Allí no trabajaban esclavos, trabajaba gente asalariada. Y lo dice el propio Humboldt, que lo vio con sus propios ojos. 

Aún dijo más. El agricultor indio era pobre, pero su situación era mucho mejor que los campesinos del norte de Europa, destacando la ausencia de esclavitud en comparación con otras colonias que él conocía, porque conocía colonias inglesas, colonias francesas, incluso los Estados Unidos ya emancipados y la esclavitud era atroz en todos esos sitios. Y aquí habla de ausencia de esclavitud. Según sus palabras, había una gran felicidad de vida y una notable abundancia en los recursos, señalando que, a pesar de la desigualdad, la situación de la población de Nueva España era superior a la de muchas partes de Europa. Evidentemente, en México había desigualdad, porque había mucha riqueza. Por lo tanto, había una gran parte de la población rica, una clase media relativamente escasa y habría muchos pobres, claro. ¿Y en qué ciudad de Europa, en qué capital del mundo en ese momento ataban los perros con longanizas? En ninguna. Absolutamente en ninguna. Llegó a considerar incluso que la Nueva España, lo que hoy conocemos por México, y mucho más territorio que ya desapareció, estaba en ciertos aspectos más avanzada y mejor desarrollada que otras provincias españolas, encontrando en ella además una riqueza cultural notable, señal de que había dinero. Porque el dinero llama a la cultura, nunca ha sido de otra forma. 

Quedó impresionado por la riqueza artística de la capilla del Rosario en Puebla. ¡Ojo, que como estas iglesias había muchísimas en Ciudad de México y en otras ciudades, porque se fundaron hospitales, lo sabéis, se fundaron universidades por todo lo que fue la Nueva España y otros virreinatos que dependían de España! Las catedrales, las iglesias tenían una riqueza que no tenían las iglesias ni catedrales españolas, porque el oro y la plata que se extraía de allí, quedaba fundamentalmente allí, y con eso se pagaba todo esto. De hecho, la denominó a esta capilla de Puebla, a esta capilla de la Virgen del Rosario, como la octava maravilla del mundo, debido a la espectacular decoración cubierta de lámina de oro, reflejando el esplendor y la habilidad artística de aquella época, porque se quedó deslumbrado ante esa capilla. Ahí está "el oro que nos robaron los españoles", como dicen entre comillas, que "se llevaron el oro". Pues todo eso que acabo de mencionar no fue gratis, evidentemente. ¿Cómo será la cosa, que hoy México es la séptima potencia mundial en producción de oro?

Saca unas 140 toneladas de oro al año. Pues bien, España, en 300 años, trajo en calidad de impuestos el quinto real, 185 toneladas en monedas, que venía ya en monedas, de toda América, no de México, de toda América, de todas sus posesiones en América, como os digo, como los pagos de los impuestos. Un dato que figura en el Archivo de Indias, es decir, que México produce en un año el mismo oro que se trajo los españoles en 300, en 300 años. El resto está allí, por supuesto, el resto que se extrajo en aquella época, que era muy poco. Y, hoy, para la cantidad de oro que producen y que sacan, y la riqueza que sigue teniendo el país, a pesar de las enormes pérdidas que tuvo después de la Independencia, "pues podría lucirles más el pelo", como dicen en mi pueblo. En fin, que como los criollos evidentemente ambicionaban todo esto, que no los indígenas, que no fueron los artífices de la Independencia, absolutamente no, para nada. Aunque, sí, de la conquista. Ojo, porque la conquista no la hicieron los españoles. Ya lo digo en los capítulos que he tratado de esto y que os he mencionado. Los artífices de la conquista de todo México y prácticamente de toda la España americana fueron los indígenas. En el caso de Mesoamérica, los tascaltecas sobre otras etnias y otras tribus, porque fueron los más numerosos, los que llevaron la voz cantante, y los que luego gozaron de privilegios gracias a ello. Orgullosos además de esto durante toda la vida. Ahí está el Lienzo de Tascala, donde ellos narran todas las vicisitudes de la conquista, cómo participaron ellos, cómo ellos fueron los que conquistaron Tenochtitlán, porque así es, o sea, el número de tlascaltecas y de otras tribus como cholultecas y otros aliados, pero sobre todo de tlascaltecas respecto a los españoles, era entre 100 y 200 a uno. Los españoles pudieron poner la estrategia, la inteligencia de algunos puntos de la batalla, porque sí, los bergantines que se echaron a la laguna, pues fue idea de Cortés, y otras cosas, pero los que allí se batieron el cobre, los que conquistaron Tenochtitlán fueron los que más ganas tenían de hacerlo desde hacía décadas, los tascaltecas. Y, como decía Díaz del Castillo, "a pesar de los esfuerzos que nosotros poníamos, no conseguíamos que dejasen de matar a la gente cuando cayó Tenochtitlán", porque les parecía una salvajada lo que estaban haciendo los talascaltecas con la gente ya rendida y medio muerta de hambre que estaba saliendo de Tenochtitlán, los estaban masacrando, pero no podían evitarlo, porque es que eran 2000 en ese momento los españoles, incluidas todas las tropas de Pánfilo de Narváez que se habían sumado a ellos. Y hablamos de 100.000 o 200.000 trascaltecas, y otros indígenas aliados que deseaban desde hacía mucho tiempo borrar del mapa a los mexicas. Ya sabéis, era el imperio dominante en ese momento, la triple alianza del lago Texcoco, que bueno, pues apenas unas décadas antes, se habían merendado a decenas de miles de enemigos, sobre todo los tlascaltecas, habían tenido una guerra recientemente con ellos, y las consecuencias de esas guerras eran escuchar los gritos de los suyos, cómo les sacaban el corazón en vivo para ofrecérselo a su dios, tirarlos por las escaleras abajo y luego comerse los despojos de lo que quedaba allí. Sí, de la forma ritual que quieran ustedes. Sí, todo eso era un rito y efectivamente eran costumbres que a los españoles le parecieron feas y se las quitaron. Sí, hay que reconocer eso. Verdaderamente sí que le quitaron a los indígenas esas costumbres, pero lo que es el oro muy poquito. 

El caso es que allá en las primeras décadas del siglo XIX empiezan los movimientos revolucionarios y bueno, en principio los protagonistas son Miguel Hidalgo y José María Morelos. Estos nombres, que en México evidentemente se los sabrán de carrerilla, porque en el relato histórico que le enseñan en sus escuelas pues son los libertadores o algo así, habrán puesto un calificativo parecido a esto. En España no los conoce nadie, absolutamente nadie. Por eso lo quiero decir, por lo menos, ya que estos capítulos van a todo el mundo que habla español, pues por lo menos que sepan que han existido también. Desde luego, según varios historiadores, todo apunta a que ambos eran masones, es decir, estaban de nuevo influidos por esa ideología muy asociada también en aquellos momentos a la Ilustración y a los movimientos revolucionarios que estaban agitando el mundo. De hecho, en la propia Ciudad de México apareció una logia que se llamó Arquitectura moral, a la que parece que estos dos pertenecieron, estos y otros tantos participantes en estos movimientos. Evidentemente no ha quedado documentación de que esto sea así, porque eran sectas secretas, como siguen siendo.

O sea, los masones no van por ahí con un sello en la frente diciendo: "Yo soy masón." Y, en aquella época, la Inquisición los tenía vigilados, además allí, en México, porque sabían que eran muy anticatólicos y que podían conspirar en cualquier momento contra la Iglesia. De hecho, todos los movimientos que salieron de allí y los gobiernos fueron muy anticlericales después, probablemente pues en venganza, ¿no? Esa especie de venganza ideológica, de decir estos estaban con el rey, estaban con la Península, por lo tanto, pues, son nuestros enemigos. A pesar de la creencia tan arraigada en la población y el catolicismo, me refiero. Más adelante vinieron otros gobernantes, como por ejemplo Benito Juárez ya en 1840, un hombre acérrimamente anticlerical, que echaba pestes contra el clero, a excepción de Miguel Hidalgo, que lo tenía puesto en un altar, porque Miguel Hidalgo era cura, era un sacerdote, pero para él Miguel Hidalgo era el único cura que se salvaba en el mundo. Los demás tenían que pasar pues por la horca o algo parecido. Bueno, Benito Juárez fue el primer presidente indígena que tuvo México y, curioso, porque además de ser muy anticlerical, tenía unas fobias importantes dentro del mundo indígena.

Él creo que era de un pueblo zacateca. Los zacatecas también habían colaborado, la mayoría de ellos, con los españoles en los momentos de la conquista. A pesar de lo cual, él odiaba a los trascaltecas sin paliativos. Los odiaba. En un discurso que hizo allá en 1840 en la ciudad de Oaxaca, dice literalmente, y como es cortito os lo voy a leer en la literalidad, en un párrafo:

Roma, que en los bellos días de su República se había hecho la señora del universo y modelo del valor y de las demás virtudes sociales (pues mira, prácticamente lo que había pasado con España y toda la Nueva España y toda América, pero en este caso habla de Roma) se vio después humillada a los pies de sus emperadores y al fin destrozada por las armas de la barbarie. (Vaya, parece que está hablando de ellos mismos, ¿verdad?) Porque entonces cada cual de sus hijos procuraba sus propias comodidades y cada cual se abandonaba a la más vergonzosa apatía. (Efectivamente, el egoísmo de cada región de América exactamente se tradujo en esto. Está hablando de Roma, pero es como si hablase de ellos mismos, literalmente. Pero a continuación dice): México, poblada de 1000 naciones guerreras y por la misma naturaleza defendida, recibió la ley de un puñado de aventureros. (Habla de españoles, porque los viles trascaltecas prefirieron una rastrera venganza al honor nacional. ¡Vaya, pobres tlascaltecas! Dice "México poblada de 1000 naciones guerreras", eso es lo que era, 1000 grupúsculos de etnias guerreras. Omite evidentemente en estos discursos que se sacaban el corazón en vivo y se comían los unos a los otros. Eso es lo que eran las 1000 naciones guerreras.

Porque, en el relato histórico que crearon los independentistas, mitificaron todas estas culturas. Todavía hoy los indigenistas las mitifican y engañan a la gente con cosas que no han sido, evidentemente. Y a estas tribus que estaban en la edad de piedra y tenían unas costumbres atroces, las ponen como si hubieran estado a punto de llegar a la Luna, si no es porque llegaron los españoles. Y también dice: "Y prefirieron una rastrera venganza al honor nacional." Pero, ¿de qué nación? ¿De qué honor nacional habla si acaba de decir en la frase anterior que estaba poblada de 1000 naciones guerreras? Desde luego, si era el honor nacional de Tlascala, evidentemente pelearon por él.

Por eso se aliaron a los españoles. No había ningún otro tipo de nación antes de los españoles. En fin, que después de calificar de esta forma a los trascaltecas, dice, prestaron su funesta alianza al invasor de Castilla, que también los subyugó en premio de su perfidia y egoísmo criminal. Pues no, no les subyugó. No solamente no les subyugó, sino que participaron con ellos en la conquista de muchísimos territorios de toda América y hasta de Filipinas. Y hasta lucharon contra los piratas japoneses en Filipinas porque estaban en todos los lados, los trascaltecas, y hasta en la conquista del Perú hubo trascaltecas y se les dio premio y se les dio privilegios de nobleza y podían portar armas de fuego y podían montar a caballo, cosa que a no todas las etnias se les concedió porque, a los que habían sido derrotados por la guerra, eso nunca lo tuvieron. Y hasta territorios y pueblos en el norte, en lo que hoy es Estados Unidos, poblaron los trascaltecas. Así que miente, miente totalmente en estos párrafos. Pero es un discurso patriótico en el que está creando un relato y, normalmente, en esas épocas de 1840, todos los que lo escuchaban sabían menos que él, así que se tragaban lo que oían. Lo cierto es que, si el mundo indígena sufría cierta desigualdad y había un clasismo importante dentro de lo que era la Nueva España y en el resto del mundo, es porque eso se omite cuando se habla de esta forma. Ojo, después de la Independencia de México en 1821, durante todo el siglo XIX, la mayoría de los historiadores consideran que es el periodo más devastador para las comunidades indígenas, las comunidades originarias. Porque tras la salida de España de allí como Reino, los criollos en el poder consolidaron un Estado nacional que buscó precisamente homogeneizar a la población a costa de la identidad y de las tierras indígenas, lo que supuso prácticamente la destrucción de aquellas etnias. Se les despojó de las tierras comunales, y a continuación de la independencia; no antes, a continuación

Se forzó a muchos indígenas a convertirse en mano de obra barata, o cuasi esclavos, en las haciendas, cosa que no había ocurrido antes porque tenían sus tierras y las trabajaban y sacaban de ellas lo que podían. En el momento que se las quitaron, pues tuvieron que emplearse a muy bajo precio, prácticamente esclavos de los criollos, y de las haciendas grandes que estaban en posesión ¡como no! de los criollos. Hubo auténticas guerras de exterminio, que llamaron de pacificación. Así, entre comillas, se llevaron a cabo auténticas campañas militares violentas para someter a los pueblos que se sublevaban ante esa situación, especialmente en el norte del país, como fueron las famosas Guerras apaches en 1849, poquito después del discurso del señor Benito Juárez. Y esto se hizo bajo un lema que existió como tal, que no quede ni un apache, una auténtica campaña de exterminio. Hablé de las guerras apaches en estos episodios que os he citado al principio. Ahí podéis profundizar más. Y lo mismo ocurrió con algunos levantamientos en el sur, que fueron aplastados sin piedad. Y, todo esto, en un amplísimo territorio que hasta ese momento había estado pacificado y con una estabilidad envidiable, como decían los viajeros europeos. El propio von Humboldt, por si no creen a los historiadores, pues ahí tienen un señor imparcial que visitó aquello y que era alemán, no era español.

Lo cierto es que el racismo estructural se impuso precisamente a partir de entonces, porque si las leyes españolas protegían a los indígenas y promocionaban el mestizaje desde los tiempos de Isabel Católica, cuando se descubrió aquello, a partir de entonces todo cambió radicalmente y las leyes, por supuesto, se abolieron, aparecieron una nueva Constitución y unas nuevas leyes. Se impuso una visión criolla que consideraba a la cultura indígena como un obstáculo para el progreso y la modernidad. Exactamente eso. Y esto pues resultó en la supresión sistemática de las lenguas y de las costumbres nativas.

En la educación se dejó de impartir la lengua indígena, la lengua náhuatl, que era la mayoritaria allí. Vamos, que los pueblos indígenas fueron marginados del proyecto de nación que estaban creando estos señores después de la independencia. y sus derechos territoriales y culturales pues desaparecieron.

Precisamente el periodo que se conoció como el Porfiriato en honor a uno de los gobernantes, Porfirio Díaz, continuaron esa política de despojo y asimilación, convirtiendo el siglo posterior a la independencia en una etapa infernal de presión sobre las comunidades originarias. Tanto es así que aunque la lengua náhuatl era la lengua franca y más hablada en el altiplano central a inicios del siglo XIX, sufrió una drástica disminución en sus hablantes en comparación con aquel periodo virreinal del que habían salido. De hecho, hasta los indígenas han disminuido el número.

Precisamente el nuevo estado mexicano adoptó el español como la lengua oficial y de prestigio, asociando modernidad y ciudadanía con su uso. Entonces los propios indígenas se automarginaban, veían que se convertían en parias si seguían hablando náhuatl. Nada de esto había ocurrido en el virreinato. De hecho, a mediados del siglo XIX, según leo en algunos estudios, pues la necesidad de conocer las normativas y leyes impuestas por el Estado, que estaban todas en español, por supuesto, llevó a los propios hablantes de náhuatl a aprender español para interactuar con la administración. Es decir, si ya no hablabas español, no eras nadie, cosa que no había ocurrido en ese momento, donde el clero, los administradores y todos en la Nueva España hablaba el náhuatl porque tenían que entenderse con la mayoría, la gran mayoría que seguía hablando náhuatl. Mientras que en 1821 el 70% del total de la población hablaba lenguas indígenas, en la actualidad esa cifra ha bajado aproximadamente al 6,6% de la población total. Pues esa es la diferencia del trato indígena en todos los sentidos y del respeto a su cultura, etcétera, etcétera. Ahora sí, el malo es España, no los que gobernaron después de España, no, España.

Es la estupidez que este tipo de relatos que se han impuesto allí y hasta aquí en España, pues hay gente que se lo cree. Pero, bueno, es la debilidad de un país en constantes guerras civiles, que es lo que ocurrió después de su Independencia: continuamente hubo guerras civiles de todo tipo, y ocasionó que el primer enfrentamiento serio que tuvieron con los Estados Unidos les costara pues más de la mitad de su territorio, nada menos, porque en la guerra de 1846 a 1848, en apenas dos años, tuvo que ceder 2,4 millones de km cuadrados a Estados Unidos, porque los EE. UU., en una serie de batallas y de conflictos, vencieron a México directamente. Llegaron a entrar en la capital de México, y fue una de las condiciones que pusieron para acabar la guerra (y para marcharse de la capital de México, que, si hubieran querido se habían quedado con México entero). Pasa que ya les debió de dar hasta vergüenza. Dijeron, "Bueno, vamos a hacer un tratado, el famoso tratado de Guadalupe Hidalgo", que se llama así. No solo eso, después de este tratado de Guadalupe Hidalgo, y en 1853, tuvieron que hacer una venta adicional de más de 100.000 km² en el sur de Arizona y Nuevo México, el famoso tratado de Mesilla. Esto tuvo un impacto económico y social desastroso para México. La infraestructura minera y agrícola fue realmente destruida en estas guerras. El país se sumió en una inestabilidad política interna severa. Lo que os digo: guerras civiles continuas.

La famosa moneda virreinal, el real de a ocho, pues por supuesto ya desapareció. Dejó de ser la moneda de cambio internacional, al contrario, pasó a ser el dólar. Se reemplazó por el dólar de plata, porque para eso Estados Unidos había ganado la guerra y la hegemonía en todo el territorio. Y de esta manera, pues México perdió inmensas riquezas, mineras, petroleras, agrícolas, California, Texas, etcétera, y además, poco antes de que comenzase el famoso auge del oro, el oro de California, que también fue  tras de las riquezas que Estados Unidos se lanzó a por ella. Entretanto, ya habían tenido una guerra también con Francia, la Guerra de los pasteles que llaman (1838-1839) con unas reclamaciones económicas que hubo un bloqueo de los puertos, etcétera. México se vio forzado a pagar una indemnización de 600,000 de aquel entonces, que fue una pesada carga para aquella nación tan joven como era aquel México. Pero la segunda intervención francesa fue devastadora, 1862-1867. Benito Juárez, del que ya hemos hablado, decidió suspender la deuda externa en 1861 porque no la podían pagar. Estaban endeudados desde el momento de la independencia. Les había ayudado mucha gente y les habían endeudado hasta arriba, como ocurrió con todos los países hispanoamericanos. Eh, algunos todavía deben de estar debiendo dinero. Hablamos ya del siglo XXI. Y entonces Francia lo que se le ocurrió es, si no me pagan, pues invado México. Lo invadió e impuso un emperador, Napoleón III y allí estableció un imperio, pues aliado de Francia con un emperador que pusieron ellos. Unos 30.000 soldados franceses ocuparon todo el país para que esto se llevase a cabo. Por supuesto, se destruyeron las vías férreas, se atacaron multitud de infraestructuras e instalaciones, una guerra de 5 años que tuvo un impacto económico atroz, verdaderamente atroz. Bueno, pues entre una cosa y otra, México salió de una guerra para entrar en otra hasta llegar a la famosa Revolución mexicana de la que todo el mundo habrá oído hablar, aunque solo sea como el que oye llover, aunque no conozca más detalles precisos, porque en España no se conoce, ya os digo, nada sobre este asunto. Se inició el 20 de noviembre de 1910 y duró hasta el año 17. Esto empezó bajo una dictadura conocida como el Porfiriato, que antes he mencionado, en el que Porfirio Díaz Mori ejerció el poder en el país de la manera más dictatorial que se le ocurrió desde 1876 hasta 1911, 35 años. No le fue mal con esta dictadura, porque México por lo menos se estabilizó y prosperó bastante, pero cuando estalló la revolución todo se echó a perder, una guerra civil de las peores que ha tenido pues en casi todos los países del mundo.

Se estima que entre 1910 y 1920 causó entre 1 y 2 millones de muertos directamente, además de unos 3,4 millones que también murieron pues por hambrunas, emigración, la pandemia de gripe de 1918 que les pilló el medio de todo esto y la disminución de la natalidad porque el país pues echó a perder, como quien dice. En fin, que finalmente el país se fue estabilizando y cuando acabó la guerra civil, pues bueno, no se sabe muy bien si en el año 17 cuando se proclamó una Constitución o en el año 24 ya con la presidencia de Plutarco Elías Calles, o en 1928, que es cuando se asesinó al reelecto presidente Álvaro Obregón. Pero bueno, llegó el momento que la guerra se acabó, no por mucho tiempo, porque como todos los gobiernos habían sido muy anticlericales y la propia Constitución era anticlerical, al contrario que el pueblo que seguía teniendo una profunda raíz católica, pues esto volvió a provocar nuevos conflictos, como fue, por ejemplo, la Guerra Cristera. La guerra cristera, os lo resumo entre el año 192 y 1929, pues fue precisamente a raíz de una ley, la ley de calles de este presidente anterior que he dicho que buscaba limitar el culto y el número de sacerdotes. Y esto pues generó un profundo descontento entre los católicos, quienes vieron esto como una persecución religiosa. Y el caso es que se formaron milicias y empezó una nueva guerra civil. Pues bueno, un levantamiento armado de la población católica, pues al grito de ¡viva Cristo Rey!, que os sonará de otras cosas, pero esto empezó allí en la famosa guerra cristera de México. En ese momento el adoctrinamiento gubernamental era lo que se podría llamar comunista, es decir, además de anticlerical. Y eso, pues a los pocos que todavía tenían eh propiedades rurales, aunque ya las tierras comunales se habían perdido en gobiernos anteriores, como os he dicho, pues siguió siendo un motivo de conflicto importante y sumó muchos adeptos al movimiento cristero que igual no eran tan católicos, pero eran propietarios y es que el gobierno les quería rasar por todos los lados. En fin, que aquello acabó con una especie de mal acuerdo entre la Iglesia y el Estado y acordaron la reanudación del culto, pero sin cambiar la Constitución de 1917 ni la Ley de Calles, que realmente eran las leyes que estaban prohibiéndolo o limitándolo. Y de esa manera, pues los cristeros, lo que eran las milicias, fueron desarmadas y dejaron de recibir el apoyo de sus obispos, que de alguna manera eran los directores espirituales de aquel conflicto. Esto se tradujo en que cientos de líderes y excombatientes cristeros fueron asesinados por el gobierno tras entregar las armas. Esto es lo que se llamó la Traición cristera. Claro, los cristeros en ese momento consideraban que tenían ventaja militar sobre el ejército federal y esto fue una decepción terrible para ellos. De hecho, hubo una nueva rebelión allá en el año 31 al 41, todavía ya muy reciente, ¿verdad? Justo ya casi acabó con esto con la Segunda Guerra Mundial, ya sin muchas consecuencias porque les había diezmado a todos los primeros que se revelaron por este asunto. En fin, que estamos dando un repaso muy rápido a los 200 años más o menos que llevan después de la independencia de España. Contra aquellos 300 años de esplendor, de desarrollo y de riqueza, que eso está comprobado además de los testimonios, ¿verdad?, de viajeros y de otro tipo.

Pues bueno, a partir de aquello, ya resumiendo mucho, apareció el Partido Revolucionario Institucional, el PRI que ha gobernado pues durante 70 años y que después pues ha sido sucedido con algún impaz por otros partidos como está ahora el MORENA, etcétera, ¿no? Partidos que para el pobre México pues se han identificado mucho con el desvío de recursos, crimen organizado, enriquecimiento ilícito de funcionarios. Ha habido muchos gobernadores del PRI señalados por abusos de poder y desfalcos, por ejemplo ¿no? Como Javier Duarte, Tomás Yarrington, César Duarte, cada uno en un estado, Chihuahua este último, etcétera, Roberto Borge. La historia del PRI es bastante oscura.

Luego aparecieron los cárteles de la droga, también muy ligados a este partido, amparados por él, según decían allí, según dicen los historiadores. Bueno, pues ya estamos a finales del siglo XX. El caso es que el PRI en algún momento perdió las elecciones, cosa que también debían de manipular. También hubo quejas sobre este asunto y con algún impase en el poder, porque perdieron el poder, pero volvieron en 2012, en el 2018 de nuevo volvió a haber otro escándalo en el que perdieron toda la credibilidad y de alguna manera, pues el heredero de aquel partido institucional, porque es lo que era, vamos, que se ancló en el poder durante décadas, casi un siglo, pues puede ser este famoso movimiento de regeneración nacional que se llama MORENA, que ya sabéis que ha tenido los dos últimos presidentes, el famoso López Obrador y Claudia Sheinbaum, uno de ellos de procedencia española y la otra con todos sus abuelos de origen judío y procedencia centreuropea. Vamos, que tiene la misma sangre indígena que tengo yo, o sea, ninguna. De nuevo, con las mismas sombras, con las mismas acusaciones de corrupción, de connivencia e incluso amparo de los cárteles de la droga, el de Sinaloa, etcétera. Incluso establecieron una política de abrazos y no balazos. Bueno, pues sí, a besos van a acabar con los cárteles de la droga, casi seguro.

Faltaría más. En fin, que hay una serie de escenas intensas que hoy solamente se pueden ver en ese querido país que es México, que certifican claramente que estamos ante un estado terriblemente disfuncional, porque es probablemente el único sitio en la actualidad en todo el mundo en el que algunas madres tienen que recuperar a sus hijos de la forma más lamentable posible. Y eso se debe precisamente a los gobiernos mexicanos, a los últimos de las últimas décadas, desde que estas costumbres criminales aparecieron hasta la actualidad. En fin, que la historia de México después de la independencia no es precisamente brillante. Podía haber sido mucho mejor. No sabemos que podría haber sido si todavía fuera España, pero lo cierto es que entre los fisreinatos compartían recursos y en algún momento dado también hubieran compartido defensa. Y a pesar de muchos momentos y traspiés que tuvo aquella historia que posibilitaron en gran medida la independencia de México, pues como por ejemplo la traición de Rafael del Riego, el militar español que cuando había concentrado tropas el rey para luchar contra los independentistas allí en México y en Sudamérica en general, pues decidió que lo mejor que podía hacer era ir contra el rey, contra el propio Fernando VII, un rey que parece que no ha sido muy querido y que no se sabe si podría haber hecho algo más para evitar esto. Pero en todo caso es que le crecieron los enanos porque esto fue un palo muy duro. Destituyeron al rey incluso. Pero claro, había una alianza en Europa para evitar nuevas revoluciones como la de Napoleón y los famosos Cien mil hijos de San Luis, que fueron los que entraron en España, pues acabaron con Riego y con todo su movimiento y volvieron a poner al rey.

Eso sí, en el entretanto habíamos perdido todos los territorios americanos como consecuencia de también este masón, porque todos estos militares tenían prácticamente órdenes de las logías masónicas que evidentemente estaban luchando contra España en ese momento, porque casi todas eran inglesas y francesas, es decir, respondían a intereses extranjeros. Y así es como un territorio hoy que perdió más de la mitad del territorio del norte, un territorio que olía a petróleo ya en ese momento de una manera brutal. Los Estados Unidos se lo están aprovechando porque es su yacimiento petrolífero. Pues no sé si alguien debería pedirle perdón a él o es él ese Estado mexicano el que tendría que pedir perdón. Ya no digo a España, pero por lo menos a los mexicanos, porque menuda ruina que les llevó con la riqueza que heredaron. Se encontraron un país inmenso y riquísimo, a huevo, y lo echaron a perder. Y la culpa vienen a decir en su relato que es del que estaba antes. Aguántales. Y qué decir del propio nombre del país, México. Pero si la etnia mexica quedó muy diezmada después de la conquista de Tenochtitlán. Fue minoritaria. Si acaso la que se expandió y la que procreó y la que ocupó prácticamente todo el país fueron los trascaltecas. ¿Cómo es que México no se llama Tlascala o La gran Tlascala y no México? 

Hasta en eso es un auténtico disparate. Pero hay que leer los relatos de los políticos y de los historiadores de aquel momento, principios del siglo XIX, cómo desvirtúan todo esto para montar una historia y convencer a los que en ese momento les podían leer, incluso los posteriores, de que los hechos habían sido completamente diferentes o incluso lo contrario a lo que realmente había ocurrido. Ya sabéis, la historia es un relato, pero los hechos son otra cosa, pero en este caso es que es de lo más sangrante. Bueno, amigos, pues esto es todo lo que os quería contar del México después de España y de por qué creo que México debería pedir perdón por lo menos a los mexicanos que se lo merecen, que hagan un comunicado oficial el Estado mexicano pidiendo perdón a los mexicanos por haberles arruinado el futuro más brillante que en ese momento tenían aquella región de España. Hasta otra vez, amigos.