domingo, 1 de noviembre de 2026

Entrevista al antropólogo y escritor Albert Sánchez Piñol

 Entrevista a Albert Sánchez Piñol, escritor: "La mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción", por Elena Pita, en elPeriódico, Barcelona, 31 OCT 2026:

Radicalmente antisistema, ha escrito una segunda parte de 'Moby Dick', 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que la editorial Navona acaba de traducir al castellano, haciendo de ello una tragicomedia política

Básicamente, su literatura se debe a la conjunción de tres factores. 1) El tinnitus que se le instaló en el oído a los 14 años, que desde entonces le impide escuchar el silencio. Huyendo de este ruido monocorde y pertinaz, el niño Piñol cerraba los ojos e inventaba historias que le distrajeran. Lo sigue haciendo. 2) La antropología, que pronto despertó su interés por el otro y le condujo al corazón de las tinieblas: con 30 años viajó al Congo en trabajo de campo, buscando a los mal llamados pigmeos para hacer su tesis doctoral. Allí conoció el paraíso (la sociedad igualitaria de esos seres extraterrestres que son los mbutis) y el infierno (la sanguinaria guerra importada por los tutsis). Salió huyendo cuando ni un misionero (blanco) quedaba sobre el terreno. Y 3) Un placer que no disimula por la lectura y la buena letra, que de niño practicaba hablando del revés.

De cierto aire taciturno y apariencia gruesa, por sus ideas claras y radicalmente antisistema, Albert Sánchez Piñol (nacido en la gris barriada de Barcelona que era el Guinardó año de 1965) resulta un ser adorable de risa fácil. Me invita a un café en el Pulitzer. Le comento que vengo de atender una asamblea en la acampada de plaza de Catalunya, y él: "Nada, ningún recorrido tiene esto. Sánchez es el mago de lo imposible, capaz de salir indemne de cualquier hundimiento y encima sacarle provecho".

Y para hundimientos, esta segunda parte de 'Moby Dick' que ha escrito desmontando a Melville, 'Després del naufragi' (Univers Llibres), que ahora traduce Navona: 'Después del naufragio', haciendo de ello una tragicomedia política aplicable a cualquier latitud del llamado Occidente, del 'procés' al monstruoso Donald Trump.

Antropología aplicada al género fantástico, ¿ese sería su sello personal?

El antropólogo está ahí, y aunque intente que cada libro sea diferente, un autor está siempre escribiendo la misma novela. Trato de eliminar todos los prejuicios de mi mirada: es una lucha constante por anular mi yo, lo que me acerca al budismo. Diferencio dos tipos de literatura, aquella en la que el protagonista es un trasunto del escritor y otra, la que yo intento, donde los personajes tienen vida al margen del autor, y ahí resulta muy útil ese esfuerzo de anularse a uno mismo, para que esos otros vivan.

"La inmersión absoluta con la empatía, verlo todo desde el punto de vista de los otros", ¿así es como define usted la antropología?

Sí, el antropólogo es alguien que se sumerge en una sociedad distinta porque quiere conocerla, ver el mundo como ellos. Y esto es algo muy rico, pero también muy contradictorio y doloroso: necesitas vaciarte completamente.

Piñol, aquellos estudios que hizo en el Congo, ¿fueron el principio y es el fundamento de todo lo que escribe?

En cierto modo, fue al volver cuando empecé a publicar ['La piel fría', 2002, un 'best seller' traducido a 37 idiomas].

Volvió de allí muy alucinado y sin poder concluir su investigación, ¿cierto o me traiciona la memoria?

Es que no puedes no volver flipado de un trabajo de campo antropológico en el trópico africano con los mal llamados pigmeos [nombre tomado de un cuento de Homero en referencia a los gnomos]. Cuando encontremos extraterrestres, no sé si tendrán tres ojos o qué, pero seguro serán más parecidos a nosotros que los mbuti del Congo. Ríete tú de los 'hobbits' de 'El señor de los anillos', los mbuti son seres de apenas un metro, con un cuerpo completamente distinto, y no son negros, sino más bien rojos. Y sí dejé las investigaciones inconclusas porque me pilló la guerra, que fue muy bestia. Los tutsis, después del genocidio de Ruanda, se habían infiltrado en el ejército congoleño e invadieron el país. Y entonces empezaron las intervenciones extranjeras, porque date cuenta de que el Congo es coltán, mineral básico para componentes electrónicos. Llegó un momento en que ni en la selva quedaba un misionero, que son siempre los últimos en abandonar gracias a la impunidad que les otorga el crucifijo.

Piñol, ¿de dónde le viene esa tendencia lúdica a dar la vuelta a conceptos y nombres, como el de esta isla de Onroternis, irás y no volverás, o Jon Quer sin hache [remedo de Junqueras], o Karl van der Berg [Carlos del Monte o Puigdemont], y tantos otros?

Cuando era un crío hablaba al revés, y tenía algún amigo que también practicaba y así podíamos conversar sin que nadie nos entendiera. También tiene algo que ver que soy ambidiestro para muchas cosas, y como no es fácil poner nombre a los personajes, a veces recurro a esto.

Otra singularidad serían esos sustantivos y adjetivos algo arcaizantes que emplea, como reciclados. ¿Es así porque traduce del catalán, idioma en el que piensa y escribe?

Depende, también pienso y escribo en castellano, como sucedió con 'Victus'. Pero es que hay un registro chabacano del castellano que no me convence, ¿sabes?, y a veces algo que parece arcaizante es simplemente serio.

¿Opina que de unos años a esta parte el catalán ha sufrido un retroceso en su uso?

Eso es un dato objetivo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar

¿A qué causas lo achacaría, después de un paradójico intento de acercamiento del poder central?

A ese acercamiento se vieron forzados por los votos en el Congreso, pero nada tiene que ver con la política cultural: es un espejismo. Hay una presión y una catalanofobia enormes que yo creo que España tendría que afrontar. Y si resulta que viene un millón de inmigrantes y tú no tienes las herramientas de un Estado ni la política cultural necesaria, ¿cómo vas a gestionar la inmigración y cuál va a ser el idioma en que se integren? La política migratoria considera que el catalán es irrelevante. Además, la inmersión lingüística en las escuelas es irreal, no se da la discriminación positiva necesaria. Me gustaría que se entendiera que defender el catalán no implica en absoluto animadversión alguna por el castellano. Yo considero el catalán mi patrimonio cultural personal y para nada quiero prescindir del castellano, pero están las relaciones de poder. Estoy en contra del imperio siempre, e igual que en Puerto Rico sería un fanático defensor del castellano, que está invadido por el yanqui, aquí el débil es el catalán, y si desaparece, mejor.

Hay en 'Después del naufragio' una lucha de poder bien cómica: un capitán y un segundo de a bordo a cada cual más inepto e ignorante, debatiéndose el puesto. ¿Podría ser una parodia del bipartidismo?

Lo que hice fue una parodia del 'procés', pero tengo amigos americanos que me preguntan si Moby Dick es Donald Trump y los comandantes, demócratas y republicanos. Y ahora tú hablas de PP/PSOE, pues también, un bipartidismo sin cabeza y un monstruo que viene por detrás y que será terrible. Pero es lo que estamos propiciando, porque la nave va sin control.

La impresión es que escribe para reírse del poder, pero ¿el poder no es inmune a la risa?

Sí, el poder tiene una grandísima capacidad para fagocitarlo todo. Y ahora encima ha incorporado la sátira: Trump se hace sátira a sí mismo y, en lugar de perjudicarle, le fortalece. Y en Catalunya, todos los políticos quieren salir en 'Polònia' [programa satírico de TV3], con lo cual nos pisan la sátira a los demás. Pero siempre está bien desnudar al emperador. Yo tengo una frase capital que dice: la mejor forma de explicar la verdad es mediante la ficción. Mediante una metáfora explicas mucho mejor lo que realmente sucede.

Toma prestado un poema de Joan Brossa, 'La gent no s’adona del poder que té', para decir que el poder circula de abajo arriba y que "el gobernante no es sino una marioneta" [Marcel Mauss]. ¿De verdad tiene esperanza en el poder colectivo frente al tanque de las finanzas?

Yo creo que los únicos movimientos que valen la pena son los que van de abajo hacia arriba: lo que viene de arriba te va a absorber, nada más. Pero, en este país, la Transición y todo lo que vino después se hizo desde arriba para abajo. La Transición la hizo el franquismo y consistió básicamente en abrir las puertas al PSOE, que ¿qué ha hecho?, fagocitar cualquier cosa que venga de abajo. Yo veo así las cosas, y mi máxima esperanza se basa en la irracionalidad de la historia, que ocurran cosas que no están previstas. En contra de lo que decía Marx, nadie sabe lo que va a pasar mañana. Parece estar todo controlado y de repente algo revienta el 'statu quo'.

Hay un bipartidismo sin cabeza que está propiciando la llegada del monstruo, que será terrible

Vuelvo al atunero Lònia, donde "toda tragedia era cómica y toda comedia se convertía en trágica". ¿Contempla la condición humana como una perpetua tragicomedia?

Sí, sí, reírse de uno mismo sirve para relativizar. En mi vida el humor es una tabla de salvación. Todas las generaciones han creído que vivían lo peor y lo mejor de la historia humana. No creo que esto sea el fin, vendrá otra gente después de nosotros: esto también se superará.

Piñol, usted de niño debía de tener la cabeza a pájaros, ¿me equivoco?

Vivimos la infancia en una época que espoleaba nuestros deseos de pasión. En mi barrio te podías evadir con las drogas, así que la mitad la palmó, o con la política, había gente que quería hacer la revolución. Y otro modo de volar era la ficción, como en la película de Óscar Aibar, 'Platillos volantes', situada en la Terrassa de los años 70, que no era muy distinta de mi barrio del Guinardó. Lo que querías era largarte de allí, y entonces sucedió esto del tinnitus.

¡¿Perdón?!

Sí, una noche al acostarme me di cuenta de que el sonido ambiental no desaparecía de mis oídos, permanecía como un silbido de fondo. Bien, pues jamás se fue, nunca pude volver a escuchar el silencio: un tormento muy considerable. El recurso que me quedó era cerrar los ojos y empezar a imaginar historias cuyo interés se sobrepusiera al silbido.

Qué horror, y eso de los platillos volantes… ¡Qué marcianadas no haría buscando extraterrestres! ¿Le ocasionaba esto mucho problema en casa y en el colegio?

Sí, pero es que era muy asfixiante vivir cuatro personas en un piso de 55 metros cuadrados e ir a un colegio de curas para quienes eras nada más que un bulto, con unos profesores amargados que ponían cero empatía. O sea, una vida bastante triste. Y en un ambiente tan sórdido y gris, algo tenía que inventar, ¿no? Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse

Tengo entendido que siempre tuvo en mente hacer la segunda parte de Moby Dick, y que mantiene un diálogo constante con Melville a través de un médium. ¿Qué ha opinado de su secuela?

Sí, hace tiempo que quería escribir una continuación de 'Moby Dick' en la estela de 'Los viajes de Gulliver', un libro muy político que fue manual de cabecera para los anarquistas del siglo XX. La fábula política es un género muy desaprovechado. Pero este hombre confunde una novela con un reportaje del 'National Geographic', y escribe cientos de páginas sobre cientos de peces, e incluso creía que la ballena era un pez, y el capitán Ahab no sale más que en dos o tres pasajes, y encima en el original mata a Ismael, que es la voz narrativa. Y entonces...

¿Entonces lo que quería era reescribirlo?

Quería hacer otra versión, decir que quería corregir a un clásico resulta muy presuntuoso. Invertí muchas cosas del original e hice una novela corta y dinámica, de capítulos muy breves que terminan con una frase que te impele a seguir leyendo.

Coficofin, el Ismael de Melville, reflexiona sobre la muerte: "Cuando morimos, nadie puede acompañarnos". ¿La conciencia de la muerte nos distingue del resto de animales o eso es solo algo que suponemos?

Como antropólogo, te diría que hay muchísimas versiones de la muerte. Y la nuestra no es precisamente de las más afortunadas, porque tenemos una idea tan fuerte del individuo… No nos educan para morir sino para temer a la muerte. A mí me gusta mucho la concepción budista, que vacía de contenido y de significado a la muerte, asumiendo que va a suceder y contemplándola como el irse a dormir, despedirse y morir, y eso pasa. Me gusta la perspectiva budista de vaciarse, frente a la occidental, que consiste en llenarse.

Piñol, ¿por qué será que nos fascina tanto el terror y por qué el miedo resulta tan contagioso?

Porque es una frontera tras la que está el otro y lo desconocido, que te rechaza. Pero fíjate que solo en esos espacios liminales aprendemos cosas: hay una verdad, un conocimiento en el terror. Es por tanto una realidad que te repele y al mismo tiempo te atrae, y, por tanto, es fascinante. Repulsión y atracción, eso es el terror.

Después del naufragio / Després del naufragi, Albert Sánchez Piñol. Traducción al castellano de Amalia Medina Martín Navona / Univers 304 páginas 23 euros / 22,90 euros

Revisión de Manuel Azaña

 I

 Manuel Azaña, sus años de estudiante en 'El jardín de los frailes' agustinos de El Escorial que acabaron en Paracuellos, en El Mundo, por Fernando Palmero, 31/10/2026:

El programa aplicado por Manuel Azaña durante su actuación al frente de la Segunda República se fijó en los años en los que estudió con los padres agustinos en El Escorial, de donde salió anticlerical y antiespañol, según afirma José María Marco en su nueva edición de 'El jardín de los frailes'.

Como todos los debates que tuvieron lugar durante el otoño de 1931 en unas Cortes de las que saldría la primera (y única) Constitución republicana de la Historia de España, el de aquel 13 de octubre sería de los más acalorados. Se discutía el artículo 24 del texto constitucional (que luego sería el 26) y para defender la expulsión de los jesuitas del país y la prohibición de enseñar a las congregaciones religiosas, el entonces ministro de la Guerra y líder de Izquierda Republicana, Manuel Azaña, pronunció una frase que, después de la oleada anticlerical que había acabado con la quema de conventos en los primeros días de mayo, era toda una declaración programática en la que se jugaba la defensa de la República: "España ha dejado de ser católica".

Es cierto que el nuevo régimen llevaba apenas unos meses en pie, pero Azaña ya "asumió y promovió la defensa de la República en primera persona, con su experiencia vivida (o inventada, podemos añadir nosotros) en El Escorial", explica el especialista José María Marco. Aquel discurso fue acaso el más meditado que pronunció durante el proceso constituyente, porque sabía que sería el más importante de su vida. En lo personal, como en lo político.

Los 484 muertos de los meses más sangrientos de la Segunda República: "La izquierda llamaba fascistas a quienes sólo trataban de cumplir la ley"

La sentencia remitía a otra del filósofo Ernest Renan: "Los que salen del santuario son más certeros en sus golpes que los que nunca han entrado en él", frase, subraya Marco, "que sólo puede tener un sentido: el de una amenaza. Muy probablemente, Azaña la leyó, citada por el cardenal Dupanloup, en El Escorial. La confesión se había convertido en un desafío".

Y es que, el Azaña que terminaría transmutándose en símbolo por excelencia de la República, era fruto de la educación sentimental y de las diversas crisis de identidad que sufrió durante su paso por el Colegio de Estudios Superiores de María Cristina, una institución universitaria regentada por los agustinos y destinada a educar a la élite de la Monarquía constitucional de tiempos de Alfonso XIII. Azaña permaneció allí entre 1893 y 1897 estudiando la carrera de Derecho (que terminaría luego en Zaragoza) y sobre su experiencia intelectual y vital publicaría en 1927 un libro de recuerdos y reflexiones que titularía El jardín de los frailes, en referencia al jardín que se extiende al pie de la fachada sur del Monasterio.

José María Marco, que comisarió a principios de los años 90 del siglo pasado una gran exposición retrospectiva sobre la figura del intelectual y político republicano y le ha dedicado cuatro grandes obras históricas y ensayísticas, acaba de publicar en la editorial de la Fundación Universitaria Española (FUE) la más completa edición comentada y anotada sobre una obra que sitúa a la altura de las de Unamuno, Ortega, Ganivet, Gabriel Miró o Pérez de Ayala.

Tres crisis de identidad

Azaña, nacido en 1880 en una familia de clase media acomodada de Alcalá de Henares, decide conscientemente estudiar en un centro extremadamente elitista, religioso y conservador del que necesariamente saldría convertido en un hombre de Estado. Y cuando lo hace, ha pasado ya por una crisis religiosa que su convivencia con los padres agustinos no hará sino intensificar hasta el punto de hacerle perder definitivamente la fe.

Pero esa fue la primera de las grietas que sufre el joven Azaña en su identidad en formación. La segunda atañe a su concepto de lo nacional, ya que empieza a forjarse una idea de España y de ser español distinta a la ortodoxa, católica e imperial que se le ha inculcado en el colegio. Finalmente, con su actitud de rebeldía, que le lleva a abandonar el centro universitario antes de terminar sus estudios, el autor decide iniciar un proceso de desclasamiento al renunciar a ese futuro entre la clase dirigente que le estaba reservado. El autor de la obra, un trasunto del propio Azaña, acaba su experiencia en El Escorial instalado en un incierto nihilismo.

Pero El jardín de los frailes indica, según Marco, que todo lo que el autor ha dejado atrás no ha sido sustituido por nada. "Dios está ausente, pero no ha sido reemplazado; no sabemos qué ha ocupado el lugar de la falsa conciencia españolista, y el protagonista se limita a afirmar, al final, su condición de desclasado diletante. En realidad, el protagonista de El jardín de los frailes, y con él Azaña, se asoman a un mundo nuevo, para el que carecen de medios expresivos, como no sea el silencio. Si la obra no habla sólo de la crisis de fin de siglo, con sus enfrentamientos entre curas y republicanos clerófobos, es porque abre la puerta a un conflicto distinto. Y lo que está en conflicto aquí no es ya la separación de la Iglesia y el Estado, o la educación religiosa, o la supervivencia de las congregaciones, motivos todos del anticlericalismo decimonónico, sino algo que este no imaginaba, como es la llegada forzosamente violenta -pero ahora de una violencia masiva, inconcebible- de un mundo en el que Dios no existe o, más exactamente, del que Dios ha de ser evacuado. Sabemos el cariz que tomará este enfrentamiento durante la República y luego en la Guerra Civil".

Efectivamente, tras el golpe de Estado del 18 de julio, los primeros meses en la zona leal a la República estuvieron caracterizados por lo que muchos autores han denominado el Terror rojo. No sólo por el encarcelamiento de "desafectos al régimen" en las chekas (o cárceles del pueblo) organizadas por los partidos y sindicatos comunistas, socialistas y anarquistas, sino por el asesinato masivo y planificado de al menos 2.500 personas en Aravaca, Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz, llevado a cabo desde finales del mes de octubre de 1936 (hace ahora 90 años) hasta principios del mes de diciembre. Sacados de las cárceles donde previamente habían sido conducidos sin juicio previo, fueron fusilados y enterrados en fosas comunes. Debido a que la República había adquirido desde su comienzo un carácter anticlerical y antirreligioso, entre los asesinados en aquellas jornadas se encontraban miles de religiosos y religiosas, entre los que estaban muchos de los padres agustinos con los que Azaña, para entonces ya presidente de la República, había coincidido en El Escorial.

Cuando entre los días 10 y 13 de mayo de 1931 comenzaron a arder iglesias, conventos y centros religiosos, Azaña, entonces ministro de la Guerra, vetó el uso de la Guardia Civil para evitar las destrucciones. Fue su primera decisión para que España dejara "de ser católica". Luego, la expulsión de los jesuitas, la prohibición a las congregaciones de dedicarse a la enseñanza y la incautación de sus centros, entre ellos los de El Escorial. De esta forma, los 106 padres agustinos fueron trasladados a la cárcel de San Antón, y el 28 de noviembre de 1931, 12 de ellos fueron fusilados en Paracuellos del Jarama. "Al día siguiente", termina Marco, "salieron otros 51. Fueron por tanto 63 los agustinos de El Escorial asesinados en las matanzas de la localidad madrileña, organizada por los socialistas y comunistas con Santiago Carrillo al frente. De estos hechos no queda ningún rastro en los papeles de Azaña". Lo que sí cuenta en sus 'Memorias' el ex presidente de la República es la visita que uno de los supervivientes le hizo en Valencia en 1937. "Adoptó una actitud distanciada", explica Marco, "carente de cualquier compasión ante los hechos que el P. Isidoro le debió contar. En el texto van aludidos con un eufemismo siniestro: 'han perecido'. Y como Azaña no está dispuesto a que la realidad varíe su proyecto ideológico y artístico, acaba aleccionando al P. Isidoro y le achaca la responsabilidad de lo ocurrido". Le dijo: "Sus amigos fervorosos, los apasionados de la religión y del orden, son los causantes, no sólo de la desventura personal de usted y de sus compañeros, sino de las instituciones a que pertenecen".

Homosexualidad

La escritura y publicación de El jardín de los frailes tuvo otro protagonista ineludible: Cipriano de Rivas Cherif (1891-1967), dramaturgo, poeta, crítico, periodista, amigo íntimo de Azaña y su cuñado desde que en 1929 se casara con su hermana, Dolores de Rivas Cherif, casi 25 años más joven que él y con la que nunca tuvo hijos. Fue Cipriano el que le animó a escribir sus recuerdos de El Escorial, que comenzó a publicar por entregas en La Pluma, la revista que fundaron juntos en 1920, y cuya finalización, mientras el director de teatro se encontraba de gira con la compañía de Margarita Xirgu, supuso la superación de una crisis honda y dolorosa en su amistad. "Lo que me desconsuela", escribió Azaña a su amigo, "es que el separarnos manifiesta un fracaso mío, principalmente y de los dos, en cuanto ninguna de las cosas que hemos soñado y proyectado ha venido a cumplirse. Además -aquí entra mi egoísmo- tú eras lo que me quedaba de la juventud". La posible relación homosexual entre los dos fue uno de los instrumentos de ataque que se utilizaron para desacreditar al entonces ministro de la Guerra y su polémica reforma del Ejército.

En este sentido, El jardín de los frailes es, también, fruto de la historia de una profunda amistad entre dos hombres. Por eso, resulta cuanto menos inquietante cuando, en el último capítulo del libro, Azaña confiesa a uno de los frailes con los que coincide después de mucho tiempo, que de aquellos años le quedaba "un sabor de ceniza". Para José María Marco, esa expresión, que aparece en La Ciudad de Dios de San Agustín, en referencia al sabor de los frutos que por castigo divino se producían en la ciudad de Sodoma, y que utilizan también André Gide y Marcel Proust, es una clara alusión a la homosexualidad.

No existen en sus escritos evidencias de sus preferencias sexuales, aunque en su novela 'Fresdeval' y algunos escritos sobre 'Hipólito', que no llegó a publicar en vida, aparecen escenas y conversaciones homoeróticas entre los personajes. En el pasaje de El jardín de los frailes, concluye Marco, "Azaña seguiría, a su manera, nunca sencilla, la famosa recomendación de Proust, según la cual se puede contar todo, pero a condición de no decir nunca Yo. Hasta qué punto Azaña se retrata en el protagonista de su ensayo autobiográfico es algo que queda para el lector avispado".

El jardín de los frailes, Manuel Azaña. Estudio y edición a cargo de José María Marco. 480 páginas. Editorial: Fundación Universitaria Española, 2026.

II

Manuel Azaña, el malditismo del antimoderno que abrazó la República, en El Mundo por Iñaki Ellacuría, 22 noviembre 2021:

El último libro de José María Marco, 'Azaña, el mito sin máscaras', descubre la influencia de los reaccionarios franceses en el político republicano

El mito de Manuel Azaña como punto de encuentro entre las «dos Españas» y referencia de la actual democracia, una lectura generosa y abierta a los matices sobre el papel del presidente de la Segunda República que es más bien tardía, cobra fuerza en los 90 por la necesidad de PSOE y PP de actualizar sus referentes históricos y reaparece periódicamente ahora en el debate público. Constatando la primacía de la leyenda del personaje sobre una biografía repleta de claroscuros y a la que no dejan de añadirse libros.

Entre los más recientes, una pieza nuclear para la construcción de la leyenda, la reedición de Retrato de un desconocido. Vida de Manuel Azaña (Reino de Cordelia), que escribió Cipriano de Rivas Cherif, cuñado del republicano, amigo íntimo, confidente. Una biografía que arranca con un prólogo de José Luis Rodríguez Zapatero en el que sostiene que «más de siete décadas después de que se vislumbrara el corazón de una democracia social como esa, que hoy nos sigue pareciendo perfectamente reconocible, los ecos de esos anhelos y de esas frustraciones, unos y otras, llegan también hasta nosotros». El otro libro llegado a las librerías, Azaña, el mito sin máscaras (Encuentro), del ensayista José María Marco, rechaza que el presidente de la Segunda República pueda aún ser considerado un hombre cercano al liberalismo y principal referente de nuestra actual Monarquía parlamentaria.

Es la «pulsión revolucionaria» del ex presidente lo que, para Marco, le inhabilita como símbolo y mito. «Azaña se ha convertido en una referencia mitológica única, en la que se vuelca la necesidad de relacionar la democracia actual con la Segunda República, y eso da pie a una reflexión equivocada y sesgada acerca de lo que es la democracia española. Una monarquía parlamentaria no puede tener como referencia a un dirigente republicano que excluyó con sus políticas a más de la mitad de los españoles», subraya.

Autor de otros estudios sobre Azaña como La inteligencia republicana, La creación de sí mismo y El fondo de la nada, Marco sostiene que durante su mandato la República prevalece sobre la democracia. Un republicanismo de autor y a la medida. «Azaña tiene la voluntad de hacer una España nueva, de fundarla, su proyecto fue el de la republicanización de todos los estamentos, como el ejército, y un intento de secularización de la sociedad española que pasa por la supresión de la libertad de enseñanza y asfixiar económicamente a las órdenes religiosas».

La gran novedad que aporta la última investigación de Marco es el perfil de Azaña como un antimoderno, un nihilista imbuido del espíritu del 98 que encuentra en el republicanismo «una tabla de salvación». Más que un político vocacional, un proyecto de artista sin imaginación que a los 23 años abandona su carrera profesional en un importante despacho de abogados de Madrid para instalarse en la casa familiar de Alcalá de Henares y escribir una novela que quedará inconclusa, La vocación de jerónimo. «Es un texto típico de la época, muy influenciado por la literatura francesa y con el que Azaña busca una autenticidad que no encontraba en su etapa madrileña. Quiere ser un artista, no solo un buen escritor, que sin duda es, quiere ser un artista porque este es el único que tiene la capacidad para comunicarse con la esencia de pueblo, del paisaje, de esa España de verdad que él va buscando huyendo de la oligarquía madrileña», señala Marco.

Pero no será hasta la escritura de sus Memorias, décadas después, cuando Azaña, un hombre «muy burgués que se odiaba así mismo y que se sintió toda la vida como outsider en busca de reconocimiento», puede cumplir su ambición de artista. Para Marco el político republicano es un prosista de altura que bebe sobre todo de los escritores reaccionarios y nacionalistas franceses como Maurice Barrès. Seguramente porque en sus años de investigación existencial y de libros fallidos, Azaña sentirá un vacío que le llevará a un profundo nihilismo y de allí al republicanismo como tabla de salvación. «Si los nacionalistas que había leído hablan de la nación como un punto fijo en un naufragio, su respuesta de fin de siglo, Azaña se agarra no al nacionalismo sino a la República. Para él el republicanismo es casi una religión, lo que explica que durante su mandato se niegue a aceptar los hechos que anuncian el fracaso de este proyecto político. Pasa del culto al yo al culto del pueblo español», dice Marco.

Precisamente, es con la proclamación de la Segunda República y su llegada al poder cuando Azaña halla, al fin, la inspiración del artista, que plasmará en sus Memorias, una suerte de monólogo interior y el retrato más descarnado de ese sistema políticos y sus actores, a los que tanto desprecia. Sus años de presidente, pese a la tragedia que vive España o quizá por ello, son su gran obra. El momento en el que «el artista y el político se juntan, y con sus grandes discursos durante la Guerra Civil, que preconizan una política de reconciliación contraria a lo que había practicado anteriormente, Azaña se convierte en el artista puro».

 III

Manuel Azaña y la II República: autopsia de un mito, en El Mundo, por Pedro Carlos González Cuevas, 22 de marzo de 2021:

Destaca el autor que de tanto criticar los 'mitos' del franquismo, la izquierda historiográfica ha desembocado en la construcción del 'mito' de la II República y de su hombre representativo, Manuel Azaña Díaz

En una semblanza de Voltaire, Roland Barthes definió al autor de Cándido como el último escritor «feliz», ya que nunca tuvo en su tiempo adversarios de altura. En ese sentido, quizá la izquierda española sea la última izquierda europea realmente «feliz». No porque sea excesivamente inteligente, que no lo es, sino porque casi nadie se atreve a contradecir sus opiniones, por muy discutibles que sean. Este hecho resulta evidente sobre todo en el campo historiográfico, cuando se tratan temas como la II República, la Guerra Civil o el régimen de Franco. De tanto criticar los mitos del franquismo, la izquierda historiográfica española ha desembocado en la construcción del mito de la II República y de su hombre representativo, Manuel Azaña Díaz. Dentro de poco se cumplirán noventa años del advenimiento del régimen republicano; de ahí que sea necesario someter a revisión este tipo de interpretaciones.

Para empezar, podemos preguntarnos si la II República fue realmente un régimen político dotado de legitimidad. En mi opinión, no. Sin duda, fue un régimen legal, pero nunca llegó a conseguir una legitimidad plena. Hace años, leyendo el célebre libro del historiador italiano Guglielmo Ferrero, liberal antifascista muerto en el exilio, El poder. Los Genios Invisibles de la Ciudad, me asaltó la duda. En una de sus páginas, Ferrero definía a la II República española como un régimen político «prelegítimo». Y es que para el historiador italiano la misión del poder político es la de acabar con el miedo, que es el sentimiento fundamental del hombre frente al mundo. A ese respecto, el requisito fundamental es la legitimidad, es decir, el ejercicio del poder según principios compartidos entre gobernantes y gobernados, a través de diferentes fórmulas políticas. Naturalmente, un principio de legitimidad no puede establecerse en frío. Solo es eficaz si está en armonía con los mores, la religión, la mentalidad y los intereses económicos de una determinada época; en definitiva, cuando es vivido como una creencia, que nadie puede poner en duda.

A lo largo de su efímera y precaria existencia, la II República nunca logró articular una fórmula política aceptada por la mayoría de la población. Y es que no debemos olvidar que los republicanos estuvieron dispuestos a instaurar su alternativa, como lo demuestran las intentonas de Jaca y Cuatro Vientos, mediante el golpe de Estado militar. Y que, finalmente, su advenimiento no fue producto de una transición pactada, sino producto de una movilización de carácter revolucionario. Sin duda, la Monarquía había perdido su legitimidad. La sociedad deferente de notables dejaba paso a una realidad mucho más conflictiva. La II República nació escorada a la izquierda. El liberalismo radical y el socialismo ocupaban el poder por vez primera en la historia de España. Sin embargo, las izquierdas se hallaban profundamente divididas en sus proyectos políticos y sociales. Las dos grandes tendencias del movimiento obrero, socialistas y anarquistas, tenían ideas muy distintas sobre la naturaleza del proceso sociopolítico. Como se demostró en octubre de 1934, un sector muy importante del PSOE, el liderado por Francisco Largo Caballero, tuvo un visión puramente instrumental del régimen republicano, que concibió exclusivamente como vía hacia el socialismo. La CNT fue una fuerza claramente disruptiva durante todo el período republicano. Los nacionalismos periféricos nunca renunciaron a la independencia. Por otra parte, las Cortes constituyentes de 1931 no fueron representativas del conjunto de la sociedad española y dieron lugar a un texto constitucional que nunca fue aceptado por un sector tan decisivo y numeroso como los católicos, por su contenido abiertamente secularizador y anticlerical. Sin duda, hubo unas derechas, como los monárquicos alfonsinos y los carlistas, irreductibles; pero no hay duda de que la Iglesia y un sector del catolicismo estuvieron abiertos al pacto. Ante la magnitud de la disidencia, no resulta extraño que una parte de la legislación republicana tuviera un carácter abiertamente represivo, como la Ley de Defensa de la República, la Ley de Orden Público y la Ley de Vagos y Maleantes, conocida como la Gandula.

Ramiro de Maeztu señaló que la II República, a diferencia de la francesa, no disponía de un Léon Gambetta, es decir, un líder flexible y oportunista capaz de mediar entre los distintos intereses sociales. No lo fue, desde luego, Manuel Azaña. El político alcalaíno goza hoy de buena prensa en nuestro campo historiográfico. Santos Juliá publicó una biografía canónica, Vida y tiempo de Manuel Azaña, donde nos lo presenta como un estadista incomprendido. Y fue el editor de sus Obras Completas, presentadas por Rodríguez Zapatero, para quien Azaña era el precursor de la España actual. Pedro Sánchez visitó su tumba en Montauban, dedicándole grandes elogios. En conmemoración de los ochenta años de su muerte, el Congreso celebró un homenaje, presentándole como un hombre de «consenso» y «reconciliación». En diciembre del año pasado se inauguró una exposición en la Biblioteca Nacional dedicada a su figura. Y de nuevo apareció como el forjador de la España actual.

¿Quién fue realmente Manuel Azaña?. No, desde luego, un gran escritor. Su novela El jardín de los frailes, es una obra carente de tensión narrativa y enormemente ingenua desde el punto de vista ideológico. Fue insensible a las vanguardias. En sus Diarios, Azaña se autodestruye, porque muestra su auténtica faz sectaria y sarcástica. Nadie, sobre todo sus más directos colaboradores, salen bien parados de sus testimonios. Despreció a Ramiro de Maeztu, Ortega y Gasset y Azorín, siendo como pensador y literato, muy inferior a ellos. Michael Oakeshott lo hubiese caracterizado como el típico «racionalista político», por su pretensión de emanciparse de la historia. No existen en su obras huellas de Marx, Weber, Schmitt o Keynes. El pensamiento económico le fue completamente ajeno. En su obra no aparece la menor reflexión sobre la revolución rusa, el marxismo, el fascismo o el New Deal. La crisis del capitalismo liberal y del parlamentarismo no pareció conmoverle. Su actitud ante la Iglesia católica careció de inteligencia, la desafió directamente y, por supuesto, perdió la batalla. Lo más grave de su discurso de octubre de 1931 no fue la frase «España ha dejado de ser católica», sino que el número de católicos españoles resultaba irrelevante para el nuevo régimen. No menos irresponsable fue su planteamiento del tema catalán, incluso en algún momento llegó a reconocer la hipótesis del reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Dada nuestra perspectiva actual, hoy sabemos que la razón histórica estuvo de parte de Ortega y Gasset en las discusiones sobre el Estatuto de Cataluña. Su modelo de república supuso un claro intento de marginación del conjunto de las derechas, a las que no otorgaba papel alguno en el nuevo régimen. En su opinión, solo el Partido Radical, y no la CEDA, podía representar a la derecha en la República. De ahí su irresponsable posición ante el triunfo de los conservadores en las elecciones de 1933. No participó en la insurrección de octubre de 1934, pero consideró ilegítima la participación de la CEDA en los gobiernos republicanos. Como presidente de la República, la lucidez y la eficacia políticas brillaron por su ausencia. A lo largo de la Guerra Civil, no fue más que una marioneta. Por ello, su discurso pronunciado en Barcelona en julio de 1938 -el de «Paz, Piedad y Perdón»- carece de grandeza, ya que se pronunció ante el presagio de una inevitable derrota. Además, su contenido fue censurado por las autoridades republicanas, al considerarlo derrotista. El epitafio de su trayectoria política fue La velada en Benicarló, donde, al menos en parte, reconoce sus errores. En ese sentido, cualquier intento de convertirlo en ejemplo tan sólo puede ser concebido como fruto de una mente superficial. «Son ciegos, guías de ciegos; y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán al hoyo» (Mateo, XV, 12-14). O sea, en la III República confederal.

Pedro Carlos González Cuevas es historiador y profesor titular de Historia de las Ideas Políticas en la UNED.

IV

Aventuras políticas. Romanones y Azaña: las fracasadas transiciones a la democracia en España, por Raúl Conde, en El Mundo,  17 marzo 2021:

La figura capital del régimen de la Restauración, y el presidente de la II República fueron dos gigantes de la política nacional que, aunque antagónicos, soñaron con modernizar el país y consolidar las bases de un régimen democrático. Dos libros recuerdan sus legados

La salida del poder del conde de Romanones, durante el reinado de Alfonso XIII; y de Manuel Azaña, cuando partió al exilio en el ocaso de la Guerra Civil, simboliza mucho más que la caída de dos gobiernos: ambos casos pusieron de manifiesto una crisis de régimen. El periodo entre 1919 y el 39 explica, en buena medida, el trauma nacional cainita que hubo que expurgar durante la Transición para alcanzar una democracia plena. La Restauración borbónica, junto a los partidos dinásticos, fracasó en su intento de integrar a los republicanos moderados en las instituciones. Azaña naufragó a la hora de lograr la permanencia de un sistema republicano inclusivo.

Estas dos figuras de la política contemporánea española, antagónicas en su ideología y trayectoria, saltan de nuevo al presente de la mano de dos obras apreciables, pero de enfoque contrapuesto. Guillermo Gortázar, profesor de Historia Contemporánea de la Uned y ex diputado del PP, publica Romanones. La transición fallida a la democracia (Espasa) una prolija biografía de Álvaro de Figueroa y Torres, epítome de la política de notables y oligárquica. Por su parte, Ángeles Egido, catedrática de Historia Contemporánea de la Uned y comisaria de la exposición Azaña: intelectual y estadista, que acoge la Biblioteca Nacional, presenta el próximo 23 de marzo una nueva edición de Manuel Azaña. Entre el mito y la leyenda (Guillermo Escolar Editor).

Tanto Gortázar como Egido se nutren de abundantes fuentes documentales, incluida correspondencia privada. El primero lo hace enhebrando un relato historiográfico que se lee a modo de novela y concebido desde una óptica liberal. La segunda pergeña un ensayo a través de una prosa vibrante y una panoplia plural de referencias bibliográficas, lo que ayuda a trazar un gran angular de quien personalizó las reformas para superar el caciquismo.

Ambos autores escarban en los éxitos políticos de Romanones y Azaña, pero no omiten sus pasivos. Gortázar define así al conde: «Era un hombre honrado, positivo y reformista, pero también empirista y tacticista. No creía en los programas a medio y largo plazo. Creía que el política debía enfrentarse a los problemas inmediatos y concretos».

Procedente de una familia acomodada con múltiples posesiones en Guadalajara y propulsado en política gracias a su suegro, el jurisconsulto Manuel Alonso Martínez, Romanones -cabeza del Partido Liberal y conspicuo representante del caciquismo- llegó a ser presidente del Consejo de Ministros en tres periodos interrumpidos entre 1910 y 1919, salpicados por su posición en favor de intervenir en la Primera Guerra Mundial junto a los aliados y por la lucha obrera en Cataluña. También presidió el Senado y fue alcalde de Madrid, y operó como éxito como empresario de la minería. Ejerció de diputado en las Cortes durante la Restauración y la Segunda República. Siempre en representación de Guadalajara. «Era su distrito electoral a la inglesa, representaba a 50 municipios alrededor de Guadalajara. En 1933 quintuplicó en votos al PSOE», explica Gortázar. Romanones en 1933 quintuplicó en votos al PSOE en su Guadalajara natal.

La tesis principal de su libro estriba en que el nudo gordiano que permite entender la evolución de España en el siglo XX no es tanto el periodo que abre la Guerra Civil, con sus 40 años de dictadura, sino lo que el historiador alavés califica como «espectáculo de inestabilidad» con movimientos revolucionarios de todo tipo entre 1923 y 1936.

«La Guerra Civil y la dictadura -asegura- fueron consecuencia de los años anteriores. No los circunscribo solo a la República, como hace la derecha autoritaria, ni tampoco al golpismo de la derecha, como hace la izquierda de los años 30. El problema se origina en la ruptura del orden constitucional en 1923 con el golpe de Primo de Rivera».

Zaherido por erigirse en conspicuo representante del caciquismo, Romanones es hoy, a juicio de Gortázar, «una figura que ha sido maltratada por la historiografía». El propio conde, en sus memorias Notas de una vida, confiesa que sus enemigos siempre fueron «multitud». Aunque fue acusado de maniobrero, no se le puede acusar de insensible: impulsó el primer decreto del mundo de la jornada laboral de ocho horas y se abrió a la descentralización administrativa del Estado.

El Desastre de Annual acelera el desgaste de la Monarquía. Y republicanos y socialistas, que repudian los cambios de Gobierno del turno, cercan al monarca a raíz de las miserias de un sistema inmovilista. Gortázar tacha al ex presidente republicano de «soberbio» y añade que decidió «desde un principio la alianza con los socialistas en lugar de bascular hacia la moderación con un posible acuerdo con los radicales centristas de Lerroux».

Ángeles Egido tiene una opinión antagónica sobre el ex mandatario republicano. «Azaña sigue siendo una figura muy controvertida, pero lo que debería prevalecer es que intentó establecer una verdadera democracia en España, al estilo de las de los regímenes democráticos occidentales, aunque luego se le desbordar por los extremos. El recuerdo del proyecto reformista de la Segunda República estuvo implícitamente presente en la Transición. Narcís Serra, siendo ministro de Defensa, confesó en su momento que había tenido en cuenta la reforma militar azañista».

La derecha vio rápido, tras el advenimiento del 14 de abril, que estaba ante «el adversario más consistente», según Egido.

Sus detractores le acusaron de ser el culpable de la sublevación del 18 de julio de 1936 y le definían como un jacobino dispuesto a triturar el Ejército y laminar el catolicismo. «Engendro republicano», sicario de la «horda roja», compendio de la «antipatria masónica» fueron algunos de los epítetos repetidos en los libelos franquistas. Incluso Benavente contribuyó a propagar el rumor de la amistad interesada del dirigente republicano con su cuñado, Cipriano Rivas Cherif. La pugna entre azañófilos y azañófobos llega hasta nuestros días. Según Paul Preston, Azaña tenía suficiente talla para que se le considerase un enemigo verdaderamente peligroso».

Perteneciente a una familia burguesa, de posición económica desahogada, recibió una educación adecuada a su clase y condición, e incluso disfrutó de una beca en París. Se casó con Dolores de Rivas Cherif con casi 50 años, edad en la que despegó una carrera política que le llevó al poder tras haber desarrollado una intensa actividad intelectual no exenta de dardos malévolos por parte de sus coetáneos. «Escritor sin lectores», dijo de él Unamuno.

«Se hizo grande en el Parlamento, con sus argumentaciones y buscando soluciones en los debates sobre las grandes leyes de la República. Tenía una sólida formación jurídica», asegura Egido.

Para Azaña la República no era un paréntesis, sino la recuperación del "verdadero ser de España

«En lo personal, era reservado a primera vista. Pero una vez que se rompía la coraza con la que se protegía, se mostraba amable, culto, educado, irónico, divertido, sensible a la música y el arte». Políticamente, Azaña «fue antes un demócrata que un republicano». Para él, la República no era un paréntesis, sino la recuperación del «verdadero ser de España». Y de ahí deriva su concepción del Estado autonómico, plasmado en el trámite del Estatuto de Cataluña en 1932. «La Constitución republicana -recuerda Egido- se comprometía a negociar los estatutos pero acuñó la fórmula del Estado integral, que aunaba sin anular. Es decir, aseguraba la unidad de España, tal como consta en el primer artículo de la Constitución. Además, se renunció expresamente al federalismo al tener muy presente el modelo de la Primera República, que había fracasado por el cantonalismo. El artículo 13 decía: «En ningún caso se admite la Federación de regionales autónomas».

Romanones murió el 11 de septiembre de 1950. El dictador autorizó un cortejo fúnebre por la Castellana y fue enterrado en el panteón de sus padres, los marqueses de Villamejor, mientras su hijo Eduardo, conde de Yebes, terminaba la construcción del mausoleo de los Romanones en el cementerio de Guadalajara. Gortázar sostiene que Figueroa fue «un hombre que intentó, sin éxito, contribuir a la evolución del régimen liberal a otro democrático».

Azaña expiró en el exilio. Solo y sin una despedida solemne acorde con quien fue jefe de Estado. Alejado de su patria, desposeído de todas sus pertenencias, enfermo de ataques cerebrales, amenazado de secuestro por los agentes de Franco, alojado en un pequeño hotel de la localidad francesa de Montauban. Egido evoca una declaración de Azaña que resume su legado, aún vigente: «Concedió una entrevista al periodista Jon Gunther y cuando éste le preguntó que se definiera contestó con unas palabras que en España se tradujeron así: 'soy un intelectual, un liberal y un burgués'. En realidad, lo que dijo fue: 'soy un intelectual, un demócrata y un burgués'».

 V

 Fresdeval. La pulsión homosexual de Manuel Azaña "está ahí", por Darío Prieto, en El Mundo, 3 diciembre 2021:

En 'Azaña, el Mito sin máscaras', José María Marco aborda, entre otros muchos aspectos de la personalidad del presidente republicano, el latido homoerótico que existía en sus novelas.

"El más guapo compañero de Bruno le confesaba una afición pegajosa y propósitos obscenos sobre su persona, que dichos en tono de chanza, delante de amigos, podían tomarse a broma pesada. Una tarde, solos Bruno y el amigo en la huerta, crecieron tan sofocantes las demostraciones, la risa que las acompañaba se heló tan de pronto en la faz ardorosa del mozo, que Bruno, súbitamente se desnudó y plantándosele delante le dijo en son de reto: '¿Qué quieres de mí? ¡Aquí me tienes! ¡Atrévete!' El amigo huyó. Bruno se bañó en el estanque". En 1930 Manuel Azaña (1880-1940) escribió una novela, 'Fresdeval', que no llegó a ver publicada y que incluía esta escena, con claras resonancias de la juventud de quien estaba llamado a ser el gran líder de la Segunda República.

La posible homosexualidad de Azaña fue, según el ensayista José María Marco, un asunto que apareció recurrentemente para intentar desacreditarle en su carrera política. Sin embargo, más allá del chisme, pocos se aventuraron a investigar el asunto en los testimonios escritos del propio Azaña, que trascienden sus famosos Diarios. Marco lo ha hecho en 'Azaña, el Mito sin máscaras', que acaba de editar Encuentro y donde se aproxima a aspectos no tan habituales en la bibliografía sobre el estadista alcalaíno.

Para Marco, más allá de la etiqueta, lo que deja entrever Azaña en sus textos forma parte de la tónica de la época. "El final del siglo XIX y el principios del XX es un momento de crisis muy profunda con todo", explica a LOC. "Y esa crisis conlleva una especie de cuestionamiento general de todos los valores y de todas las tendencias estéticas heredadas. También de la ciencia, de la nación... Es una puesta en crisis general. Y una de las cosas que hacen muchos escritores es un viaje interior, hacia el yo, de exploración de la autenticidad, de dónde estoy y qué es lo que soy realmente. Y ese tipo de literatura autobiográfica, confesional, de diarios y dietarios se cultivó muchísimo".

Azaña fue, abunda Marco, "un hombre que desde muy joven, desde los 23 años, siguió ese camino. Quería ser artista, escritor, y empezó una investigación sobre su propia primera persona, algo muy característico de ese momento". Es ahí "donde la homosexualidad o el amor entre hombres empieza a aparecer como una realidad que algunos no pueden esquivar". Unos lo sacan a la luz y otros no, apunta Marco. "Yo creo que no se puede hablar con claridad de que Azaña tuviera una atracción por los hombres. Pero el caso es que el tema está ahí".

El que fuera presidente del Consejo de Ministros de la Segunda República, amén de titular de varias carteras y último presidente de la República a la derrota de ésta en la Guerra Civil, "frecuentó mucho los círculos teatrales de los años 20 con su cuñado Cipriano Rivas Cherif, que tenía muy buenos contactos y estuvo muy relacionado con García Lorca", recuerda Marco. "Son unos años en los que hay una cierta efervescencia de presencia pública de la homosexualidad en ámbitos literarios y teatrales, con personajes como el propio Lorca o Jacinto Benavente. Años, también, en los que se traduce el 'Corydon' de Gide", relata el ensayista.

Por ese motivo, "aparecen habladurías sobre su relación con Rivas Cherif, que luego se utilizan durante la República, sobre todo cuando se producen sus reformas militares, y que suscitan una crítica muy dura. Pero los textos de Azaña sobre los que trata los temas homosexuales son textos que quedaron sin ver la luz, excepto uno, que se publicó durante la guerra".

En su libro, Marco analiza no sólo el 'Fresdeval', sino también algunos de sus apuntes sobre personajes masculinos para piezas narrativas. "Creo que a los historiadores españoles les falta imaginación", lamenta. "No se meten en terrenos que creen que los desbordan. Así que no se meten en la literatura, salvo alguno, como Jesús Ferrer-Solá, autor de 'Manuel Azaña: Una pasión intelectual'. Pero la gente de literatura tampoco: considera que Azaña era más político que literato. Así que se queda un poco entre dos aguas".

Esa indefinición encaja con la propia naturaleza de Azaña, hombre continuamente atormentado por diversas razones a lo largo de su vida. En cualquier caso, su orientación sexual no debería ser motivo, ni entonces ni ahora, para valoraciones de ningún tipo. "Yo no le reprocho absolutamente nada. Al contrario, me interesa muchísimo que fuera capaz de suscitar el tema y de encontrar algo ahí", sentencia Marco.

viernes, 30 de octubre de 2026

Seis mil nuevas palabras se incorporan al Diccionario de la RAE, vigesimocuarta edición.

 Gordofobia, trans, ecoansiedad, ciberataque, brontosaurio o ramen: las nuevas palabras que entran en el Diccionario, en El País, Jorge Morla, Madrid - 30 oct 2026:

La nueva edición del DRAE incluye más de 6.000 nuevas entradas. Ofrecemos una selección de las más llamativas

La 24ª edición del Diccionario presentada hoy incluye más de 6.000 nuevas entradas. Esto incluye tanto nuevas palabras como nuevas acepciones, de todo tipo. El ámbito tecnológico, lógicamente, se lleva la palma. IA aparece como sinónimo y siglas de inteligencia artificial, pero también llegan ciberataque, ciberseguridad, desconfigurar, renderizar, resetear o QR. Aunque no teníamos muy claro qué es, también aparece cúbit. Por no salir del ámbito tecnológico, los nuevos actores de la comunicación digital también llegan al DRAE: influencer, pódcast, post. Una incorporación que seguro agradece la sección de este periódico que trabaja con cámaras es fotogalería.

Entran palabras sobre la identidad (trans), a la vez que algunas que señalan discriminación (racializar, gordofobia, edadista). El apartado de salud es bastante prolífico: codependencia, desfibrilar, ELA, enterovirus, listeriosis, superbacteria. Muchos pensaban que hantavirus ya había entrado, pero no; era un déjà vu. El ámbito del medioambiente también comparece: ecoparque, ecotasa, y algunos de sus aspectos negativos: macrogranja, turistificación… es normal que a muchos les entre ecoansiedad, y seguro que algunos de los que más la sufren son los inuit. El brontosaurio, por muy grande que sea, cabe también en la nueva edición; no se sentirá solo, porque le acompaña su amigo el tricerátops.

La gastronomía tiene una presencia importante, y no solo como puesta a punto de las nuevas técnicas culinarias (esferificación), sino también como muestra de localismos: comidería, poke, ramen, tiradito. Amantes de los tés, atención: el roibos también entra. El marcado carácter panhispánico se muestra también con las incorporaciones referentes al transporte: ciclorruta, cocotaxi, fotomulta. Hay también expresiones cotidianas y coloquialismos que, a fuerza de insistir, han entrado, como cumple o porfa. Por supuesto, cada uno tendrá su favorita. Por ejemplo, mataleón, que es una “llave de lucha que consiste en sujetar por detrás el cuello del adversario con el brazo hasta inmovilizarlo”. A continuación, una completa selección con algunas de las mejores entradas:

acícula. (Del lat. tardío acicŭla, var. de acucŭla, y este del lat. acus ‘aguja’ y el suf. dim. f.-ŭla). f.Bot. Hoja muy estrecha y puntiaguda de los pinos y de otras coníferas.

acitronar. (De acitrón). tr. Mx. Sofreír algunas verduras, generalmente cebolla y ajo, hasta que se vuelvan traslúcidas.

acupresión. (Adapt. del ingl. acupressure, y este de acupuncture ‘acupuntura’ y pressure ‘presión’). f.Técnica terapéutica que consiste en presionar con los dedos determinados puntos del cuerpo.

agroecosistema. (Adapt. del ingl. agro-ecosystem, y este de agro- ‘agro-’ y ecosystem ‘ecosistema’). m.Ecol. Ecosistema modificado y gestionado por los seres humanos para la explotación agrícola.

agromercado. (De agro- y mercado). m.Cu. Establecimiento donde se agrupan varios puestos de venta de productos agrícolas.

agrosistema. (De agro- y sistema). m.Ecol. agroecosistema.

ambolo. (Del fang m’bolo). interj.GE. hola (→ 1).

amiotrofia. (Adapt. del ingl. amyotrophy, y este de a- ‘a-²’, myo- ‘mio-’ y-trophy ‘-trofia’). f.Med. Atrofia muscular.

antiedad. adj. Que retrasa o aminora los signos de envejecimiento. Apl. a un medicamento o a una sustancia, u. t. c. s. m.

antiglobalización.1. adj. Contrario a la globalización. Apl. a pers., u. t. c. s.2. f. Conjunto de movimientos sociales contrarios a la globalización económica.

antropización. (De antropo-,-izar y-ción). f.Transformación del entorno natural por la acción humana.

AOVE. (Acrón.). m.aceite de oliva virgen extra.

app. (Voz ingl., acort. de application ‘aplicación’). f.Aplicación informática para dispositivos móviles.

apu. (Del quechua apu; propiamente ‘señor, jefe’).1. m. Pe. Espíritu tutelar de una comunidad, que habita en una montaña.2. m. y f. Pe. Líder de una comunidad indígena.

aspectudo, da. (De aspecto y-udo). adj. coloq.Ec. Dicho de una persona, que aparenta tener más edad de la que realmente tiene.

astrofotografía. (Adapt. del ingl. astrophotography, y este de astro- ‘astro-’ y photography ‘fotografía’).1. f. Astron. Área especializada de la fotografía que consiste en la toma de imágenes de astros y objetos espaciales.2. f. Astron. Imagen obtenida por medio de la astrofotografía (→ 1).

atrezar. (Del it. attrezzare). tr.Cinem., Teatro y TV. Colocar el atrezo o utilería en el lugar del rodaje o en el escenario.

audiodescripción. (De audio- y descripción). f.Descripción oral de imágenes y datos, que proporciona a las personas ciegas o con discapacidad visual información que les permite completar la comprensión de películas u otros materiales audiovisuales, obras de teatro, manifestaciones culturales, etc.

autocorrección. (De *auto-*¹ y corrección).1. f. Corrección de los propios errores.2. f. En un sistema o programa informático, corrección automática de errores tipográficos u ortográficos.

autocorrector, ra. (De *auto-*¹ y corrector).1. adj. Que realiza una autocorrección o que la implica.2. m. En un sistema o programa informático, funcionalidad que permite la autocorrección de un texto.

autolavado. (De *auto-*² y lavado).1. m. Lavado de un vehículo por procedimientos automáticos.2. m. Establecimiento de autolavado (→ 1).

basuraleza. (Fusión de basura y naturaleza). f.Basura abandonada en la naturaleza, que contribuye a la contaminación ambiental.

bicisenda. f.Ar., Py. y Ur. En una vía pública, carril reservado a la circulación de bicicletas.

biocronología. (Adapt. del ingl. biochronology, y este de bio- ‘bio-’ y chronology ‘cronología’). f.Paleon. Estudio de la secuencia temporal en la que aparecieron y se extinguieron los organismos del pasado.

biodiverso, sa. (De bio- y diverso). adj.Dicho especialmente de una región o de una zona, rica en biodiversidad.

bioeconomía. (De bio- y economía). f.Disciplina que se ocupa de la gestión eficiente de los recursos naturales con el objeto de lograr una producción sostenible de bienes y servicios.

bioindicador, ra. (Adapt. del ingl. bioindicator, y este de bio- ‘bio-’ e indicator ‘indicador’). adj.Ecol. y Med. Dicho de un organismo o de una sustancia, que proporciona información cualitativa, especialmente de un medio o de un ecosistema. U. t. c. s. m.

biomolécula. (Adapt. del fr. biomolecule, y este de bio- ‘bio-’ y molecule ‘molécula’). f.Biol. Molécula que en los seres vivos realiza una función estructural o interviene en el metabolismo celular o en otras funciones fisiológicas.

bipedismo. (De bípedo e-ismo). m.Biol. Modo habitual de andar de todas las especies de la filogenia humana, que se mantienen erguidas sobre las extremidades inferiores, y de algunos vertebrados, que lo hacen sobre las extremidades posteriores, como, p. ej., las aves.

blanquería. (De blanco y-ería).1. f. Ar. Tienda donde se venden manteles, sábanas, toallas y artículos similares.2. f. Ar. Conjunto de artículos que se venden en una blanquería (→ 1).

bómber. (Del ingl. bomber [jacket]; literalmente ‘[chaqueta] de bombardero’, por imitar en su diseño la que solían llevar los pilotos americanos y británicos durante la Segunda Guerra Mundial). f.Cazadora acolchada por dentro, con elásticos en los puños y la cintura y con cierre de cremallera, como la utilizada por los pilotos de aviones militares. U. t. c. adj.

bondi. (Del port. brasileño bonde ‘tranvía’, y este del ingl. bond ‘bono’). m. coloq.Ar., Py. y Ur. Vehículo automóvil de transporte público y trayecto fijo que se emplea habitualmente en el servicio urbano.

bonobo, ba. (Del al. Bonobo, y este de or. inc.). m. y f.Primate homínido que habita en las selvas de África central, de tamaño similar al del chimpancé común, pero con extremidades posteriores más largas que las anteriores, generalmente de cara negra y de comportamiento pacífico, basado en la diversidad y frecuencia de sus relaciones sexuales (Pan paniscus).

brígido, da. adj. coloq.Ch. Tremendo o de gran intensidad, hasta el punto de producir asombro o de resultar difícil de comprender o aceptar.

broncoespasmo. VAR. broncospasmo. (De bronco- y espasmo). m.Med. Espasmo de los músculos de los bronquios terminales.

brontosaurio. (Del lat. cient. Brontosaurus, y este del gr. βροντή brontḗ ‘trueno’, la vocal de unión-o- y σαῦρος saûros ‘lagarto’). m.Paleon. Dinosaurio herbívoro cuadrúpedo, propio del Jurásico, de cabeza pequeña, cola y cuello largos, y cuerpo de gran tamaño, que llegó a medir más de 20 m y a pesar más de 20 t, y cuyos fósiles se han hallado en América del Norte.

burrata. (Del it. burrata, y este der. de burro ‘mantequilla’). f.Producto lácteo de origen italiano formado por una corteza tierna de mozzarella con un relleno cremoso de queso fresco y nata.

camionetero, ra. (De camioneta y-ero). m. y f. coloq.Gu. Persona que conduce un autobús de servicio público.

cámper. (Del ingl. camper, y este der. de camp ‘acampar’). m. o f.Furgoneta habitable para viajes o acampadas.

canchita. (De cancha¹ e-ita³). f.Bo. Juego en que unas figuras pequeñas accionadas mecánicamente remedan un partido de fútbol. U. m. en pl. con el mismo significado que en sing.

candombaile. (Fusión de candombe y baile¹). m.Ur. Fiesta popular con música en vivo y baile.

caravanismo. m.Esp. Turismo en caravana o en autocaravana.

cardiosaludable. (De cardio- y saludable). adj. Saludable para el corazón.

carrotanque. (De carro¹ y tanque¹). m.Co. Vehículo utilizado para transportar líquidos, especialmente gasolina y agua.

catorcera. (De catorce y-era). f. coloq.Ve. Gran cantidad de personas o cosas.

ceo². (Del ingl. CEO, acrón. de chief executive officer ‘director ejecutivo jefe’). m. y f. Persona de mayor nivel ejecutivo en una corporación o una institución.

ceramida. (Adapt. del al. Ceramid, y este del lat. cera ‘cera’ y el al. Amid ‘amida’).1. f. Bioquím. Lípido que se encuentra en diferentes tejidos biológicos.2. f. Compuesto de ceramida (→ 1) empleado en dermatología y cosmética como hidratante.

chambitas. (Der. de chamba¹). m. y f. coloq.Mx. Persona que hace cualquier tipo de trabajo informal.

chanchulla. f. coloq.Bo. En la jerga estudiantil, apunte que se lleva oculto para copiar en los exámenes.

checador, ra. (De checar y-dor).1. m. y f. Mx. Persona que se dedica a llevar el control de los empleados, de la mercancía o del manejo de un negocio.2. adj. Mx. Que sirve para registrar la hora de entrada y salida de un empleado. Apl. a aparato, u. t. c. s. m.

cholulo, la. (De Cholula, personaje de una historieta gráfica creado en Argentina en 1956 por M. de la Torre y O. Blotta).1. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, que siente fascinación por las personas famosas. U. t. c. s.2. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, que busca rodearse de personas famosas o aparecer en los medios de comunicación para ganar fama o figurar. U. t. c. s.3. adj. coloq. Ar. Dicho de una persona, frívola, superficial. U. t. c. s.

choquete. m. coloq.Ho. Chorro grueso de agua u otro líquido.

ciberamenaza. (De ciber- y amenaza). f. Actividad o técnica malintencionadas que constituyen una amenaza para la seguridad de un entorno informático.

ciberataque. (De ciber- y ataque). m. Acceso a un sistema o una red informáticos con el fin de alterar su funcionamiento o de manipular, robar o destruir información.

ciberseguridad. (De ciber- y seguridad). f. Protección de los equipos electrónicos y del espacio digital frente a ataques informáticos.

ciclorruta. (De ciclo ‘bicicleta’ y ruta). f.Co. y Ec. En una vía pública, carril reservado a la circulación de bicicletas.

cocotaxi. (De coco¹ y taxi). m.Cu. Triciclo con motor empleado como medio de transporte urbano para pasajeros, que dispone de un asiento doble detrás del conductor y está recubierto por una carcasa semiesférica.

codependencia.1. f. Dependencia mutua.2. f. Psicol. Dependencia emocional de quien cuida a una persona dependiente con respecto a esta.

colisionador. (De colisionar y-dor). m.Fís. Acelerador en el que dos haces de partículas subatómicas son dirigidos en direcciones opuestas para hacerlas colisionar y poder estudiar así los productos resultantes.

comidería. f.Ni. Establecimiento informal y pequeño donde se sirve y vende comida casera.

congosá. m. coloq.GE. chismorreo.

conurbado, da. adj.Mx. Dicho de un núcleo urbano, que forma parte de una conurbación.

corillo. (De coro¹ e-illo). m.PR. Grupo de personas que se relacionan entre sí por amistad o por algún interés común.

credencializar.1. tr. Mx. Dicho de una institución: Otorgar una credencial a alguien. U. t. c. intr.2. prnl. Mx. Dicho de una persona: Obtener una credencial.

cúbit. (Del ingl. qubit, acrón. de quantum bit ‘bit cuántico’). m.Fís. Unidad de medida de información cuántica, basada en la superposición de dos estados cuánticos.

cumple. (Acort.). m. coloq. cumpleaños.

déjà vu. (Loc. fr.; literalmente ‘ya visto’).1. m. Sensación de haber vivido o experimentado con anterioridad una situación presente.2. m. Cosa que se repite o carece de novedad.3. m. Med. paramnesia.

dentazón. f. Ho. dentadura.

desconfigurar. tr. Hacer que algo pierda su configuración. U. t. c. prnl.

desfibrilar. (Der. regres. de desfibrilación). tr. Med. Aplicar descargas eléctricas con el desfibrilador para restablecer el ritmo cardíaco normal.

destopar. (De destope). tr. Econ. Esp. Eliminar el límite máximo establecido de las cotizaciones y las pensiones.

docuserie. (Del ingl. docuseries, y este de documentary ‘documental’ y series ‘serie’). f. Serie de televisión que combina el documental con la telerrealidad.

ecoansiedad. (De *eco-*¹ y ansiedad). f. Ansiedad provocada por la degradación medioambiental a causa de la actividad humana y el cambio climático.

ecoparque. (De *eco-*¹ y parque).1. m. Espacio natural destinado al ocio, que busca fomentar el respeto por la naturaleza, la biodiversidad y el medio ambiente.2. m. Lugar provisto de los dispositivos adecuados para la recogida selectiva de residuos domésticos diversos con vistas a su posterior tratamiento o reciclaje.

ecotasa. (De *eco-*¹ y tasa). f. Tributo destinado a gravar las actividades contaminantes del medio ambiente.

edadista.1. adj. Perteneciente o relativo al edadismo.2. adj. Partidario del edadismo. Apl. a pers., u. t. c. s.

ELA. (Acrón.). f. Med. esclerosis lateral amiotrófica.

enterovirus. (De entero- y virus). m. Biol. y Med. Virus de los que constituyen un grupo que en los seres humanos produce diversas enfermedades respiratorias y gastrointestinales. U. t. en pl. como taxón.

esclusaje. m. Pa. Paso de una embarcación por una esclusa.

esferificación. f. En cocina, acción y efecto de esferificar.

esferificar. tr. En cocina, encapsular un alimento dentro de una esfera de textura gelatinosa.

espectar. tr. GE. Ver un espectáculo.

estruchar. tr. coloq. Ec. Robar, especialmente en una vivienda, forzando sus accesos.

floreño, floreña.1. adj. Natural de Las Flores, distrito del departamento de Chalatenango, en El Salvador. U. t. c. s.2. adj. Perteneciente o relativo a Las Flores o a los floreños.

fotogalería. (De *foto-*² y galería).1. f. Lugar en el que se exponen colecciones de fotografías.2. f. Conjunto de fotografías que se muestran en un lugar o que acompañan informaciones en medios generalmente digitales.

fotomulta. (De *foto-*² y multa). f. Ar., Co., Ec. y Mx. Multa impuesta por una infracción de tráfico registrada por una cámara.

fotopapeleta. (De *foto-*² y papeleta). f. Pe. Multa impuesta por una infracción de tráfico registrada por una cámara.

fregonería. (De fregón y-ería). f. coloq. Mx. Suceso o cosa que causan admiración.

friaje. (Der. de frío). m. Pe. Fenómeno climático propio de la Amazonía caracterizado por un descenso repentino de la temperatura a causa de los vientos provenientes del sur.

gordofobia. (De gordo y-fobia). f. Aversión hacia la gordura corporal o hacia las personas gordas.

guarifaifa. f. coloq. Ch. Cosa de poca importancia o que no se sabe cómo nombrar.

hantavirus. (Del lat. cient. Hantavirus, y este de Hantaan, río coreano, y virus ‘virus’). m. Biol. y Med. Virus de los que constituyen una familia que produce diversas enfermedades graves en los seres humanos, fundamentalmente la fiebre hemorrágica. U. t. en pl. como taxón.

IA.1. f. Inform. inteligencia artificial (➝ 1a).2. f. Inform. inteligencia artificial (➝ 1b).

imeca. (Acrón. de índice metropolitano de la calidad del aire). m. Mx. Unidad de medida de contaminación ambiental.

influencer. m. y f. Persona que, por su gran número de seguidores en las redes sociales, es muy influyente en gustos y comportamientos.

infomediación. (De información e intermediación, der. regres. de infomediario). f. Econ. Actividad económica consistente en la intermediación entre un conjunto de datos de internet y los interesados en ellos, para lo que se recopila, analiza, filtra y organiza esa información, presentándola de manera útil, relevante y neutral.

inuit. (Del inuit inuit).1. adj. Dicho de una persona, de un grupo étnico que habita en las tierras árticas de Alaska, Canadá y Groenlandia. U. t. c. s.2. adj. Perteneciente o relativo a los inuits.3. m. Lengua esquimalaleutiana hablada por los inuits.4. adj. Perteneciente o relativo al inuit. Léxico inuit.

listeriosis. (De Listeria, género de bacterias, e-osis). f. Med. Enfermedad infecciosa causada por bacterias del género Listeria, que afecta especialmente a mujeres embarazadas, recién nacidos, ancianos y personas inmunodeprimidas.

macrogranja. (De macro- y granja). f. Granja de grandes dimensiones en la que se crían de forma intensiva muchos animales.

mataleón. m.Mx. Llave de lucha que consiste en sujetar por detrás el cuello del adversario con el brazo hasta inmovilizarlo.

mecatrónico, mecatrónica. (De mecatrónica). adj. Perteneciente o relativo a la mecatrónica.

metadato. (De meta- y dato). m. Inform. Dato estructurado que describe información sobre otros datos.

metaverso. (Calco del ingl. metaverse). m. Entorno virtual en el que los usuarios interactúan social y económicamente mediante avatares en un ciberespacio que actúa como metáfora del mundo real, pero sin sus limitaciones físicas.

miso². (Del jap. miso). m. Pasta elaborada con semillas de soja fermentadas y sal marina, usada especialmente en la gastronomía japonesa.

motoconcho. m.R. Dom. Motocicleta que se dedica al transporte de pasajeros.

multijugador. (Calco del ingl. multiplayer). adj.Inform. Dicho de un videojuego: Que permite la participación simultánea de varios jugadores.

multilateralismo. m. Principio según el cual las relaciones entre los Estados deben regirse por la cooperación y las decisiones adoptadas conjuntamente en organismos internacionales.

nanopartícula. (De nano- y partícula). f.Fís. y Quím. Partícula cuyas dimensiones se miden en nanómetros.

narcolancha. (De narco- y lancha). f. Embarcación rápida utilizada para el transporte ilegal de drogas.

narcopiso. (De narco- y piso). m. Vivienda utilizada para la venta o el consumo ilegal de drogas.

ortorexia. (Del ingl. orthorexia, y este de ortho- ‘orto-’ y-rexia ‘-rexia’). f. Obsesión patológica por consumir comida considerada saludable.

papilomavirus. (De papiloma y virus). m.Biol. y Med. Virus de los que constituyen una familia que produce verrugas y diversas lesiones en animales, incluidos los seres humanos. U. t. en pl. como taxón.

performativo, performativa. (De performar y-ivo). adj. Que realiza una acción por el mismo hecho de ser expresado.

permisar. tr.P. Rica. Autorizar o conceder un permiso.

petricor. (Del ingl. petrichor, y este del gr. πέτρα pétra ‘piedra’ e ἰχώρ ikhṓr ‘fluido’). m. Olor que produce la lluvia al caer sobre un suelo seco.

pódcast. (Adapt. del ingl. podcast). m. Archivo de audio o vídeo que puede descargarse de internet o escucharse en línea mediante suscripción previa.

poke. (Voz hawaiana). m. Plato de la gastronomía hawaiana elaborado principalmente con pescado crudo cortado en dados y aderezado con diferentes ingredientes.

porfa. (Acort.). interj. coloq. Expresión con que se formula una petición de manera afectuosa o insistente.

post. (Voz ingl.). m. Mensaje publicado en un blog o en una red social.

previsualizar. tr. Visualizar previamente algo, especialmente un documento o una imagen, antes de su versión definitiva.

puntabola. m.Ec. Bolígrafo.

QR. (Sigla de quick response ‘respuesta rápida’). adj. Dicho de un código de barras bidimensional: Que almacena información en una matriz de puntos y permite una lectura rápida mediante dispositivos electrónicos. Apl. a código, u. m. c. s. m.

racializar. tr. Atribuir una interpretación racial a una persona, grupo o conflicto social.

ramen. (Del jap. rāmen). m. Sopa japonesa elaborada con fideos, generalmente servida en caldo y acompañada de diversos ingredientes.

reduflación. (De reducción e inflación). f. Práctica comercial consistente en reducir la cantidad o el tamaño de un producto mientras se mantiene su precio o incluso se incrementa.

renderizar. tr. Inform. Generar mediante un procedimiento informático una imagen, un modelo tridimensional o una secuencia audiovisual a partir de datos digitales.

resetear. tr. Inform. Reiniciar un sistema, dispositivo o programa para devolverlo a un estado inicial o de funcionamiento normal.

roibos. (Del afrikáans rooibos, literalmente ‘arbusto rojo’). m. Arbusto sudafricano de la familia de las fabáceas cuyas hojas se utilizan para preparar una infusión del mismo nombre (Aspalathus linearis).

roque³. m.Can. Montículo rocoso aislado que sobresale en el terreno o en el mar.

rueda². f.Ec. Neumático de un vehículo.

seba. f.Ant., Col., C. Rica, Ec., Pan., R. Dom. y Ven. Grasa corporal abundante.

somontano².1. m. Terreno situado al pie de una montaña o sierra.2. m. Conjunto de poblaciones situadas en un somontano (→ 1).

sonear. intr.C. Rica, Cu., El Salv., Guat., Hond., Nic., Pan., P. Rico, R. Dom. y Ven. En determinados estilos de música popular caribeña, improvisar versos cantados sobre una base rítmica.

sopotocientos, sopotocientas. adj. coloq. Número muy elevado e indeterminado.

superbacteria. (De super- y bacteria). f. Bacteria resistente a numerosos antibióticos.

tejeda. (De tejo y-eda). f. Terreno poblado de tejos.

teleprónter. (Adapt. gráf. de teleprompter). m. Dispositivo que proyecta un texto para que pueda ser leído mientras se mira a la cámara o al público.

tiradito. (Del part. de tirar). m.Perú. Plato preparado generalmente con pescado crudo cortado en láminas finas y aderezado con limón y otros ingredientes.

tosta. f. Rebanada de pan tostado sobre la que se colocan distintos ingredientes.

trans. adj. Dicho de una persona: Que se identifica con un género distinto del asignado al nacer o que expresa su identidad de género de forma diferente a las expectativas convencionales. U. t. c. s.

trencadís. (Voz cat.). m.Téc. art. Mosaico realizado con fragmentos irregulares de cerámica, vidrio u otros materiales.

tricerátops. (Del lat. cient. Triceratops, y este del gr. τρι- tri- ‘tres’, κέρας kéras ‘cuerno’ y ὤψ, ὠπός ṓps, ōpós ‘cara’). m.Paleon. Dinosaurio herbívoro cuadrúpedo del Cretácico superior, caracterizado por tener tres cuernos y una gran gola ósea en la cabeza.

troquero, troquera. m. y f.Mx. Persona que conduce un camión de carga.

trufi. f.Bol. Vehículo de transporte colectivo que realiza recorridos urbanos o interurbanos con trayectos establecidos.

turistificación. (De turistificar y-ción). f. Transformación de un lugar como consecuencia del excesivo desarrollo de la actividad turística.

volcadora. f.R. Dom. Camión con caja basculante destinado al transporte de materiales a granel.

zoneíta. f.Med. Inflamación de una determinada zona del cuerpo.

Nueva edición del Quijote

 El catedrático emérito de la UCO Diego Martínez Torrón publica una nueva edición ampliada de Don Quijote en tres volúmenes. Se puede descargar entera en este enlace.

Cicerón

 ‘Marco Tulio Cicerón’: talento, ambición y poder, en Babelia, suplemento cultural de El País, por Manel García Sánchez, 30 oct 2026:

Se publica una nueva edición de la biografía escrita por el historiador Francisco Pina Polo, que aleja al autor romano de sus representaciones antagónicas como héroe de la libertad republicana y político oportunista

“¿Qué dirá la historia de mí dentro de 600 años? Yo la considero a ella mucho más que los rumores de los actuales". La pregunta de Cicerón (Arpino, 106-Formias, 43 a.C.), dirigida a su estimado amigo Ático, revela una obsesión que lo torturó toda su vida: la posteridad. Dos mil años después sabemos que la vanidad quedó compensada con creces por su genialidad; y aunque sea verdad que la figura de Cicerón nos resulta poco simpática, y buena prueba de ello es que pocos personajes de la Antigüedad han sido tan denostados, no es menos cierto tampoco que la admiración que su prosa ha generado a lo largo de los siglos prueba que su talento estuvo muy por encima de su discutible integridad como político, como persona y como intelectual. El hallarnos frente a un animal político como Cicerón y ante una de las épocas más fascinantes de la historia universal, la de la crisis y final de la República romana, convierte en tentador y temerario a la par el poder contar una vida sobre la que poseemos tantos datos y tan profundamente parciales porque buena parte de lo que sabemos de Cicerón procede del egocéntrico cálamo del propio Cicerón. Francisco Pina Polo, insigne ciceroniano por vocación, que no por convicción, acepta el reto de enfrentarse a la escritura de otra biografía de Cicerón demostrando que la Fortuna siempre premia a los audaces.

Como señala Cristina Rosillo-López en el prólogo a esta nueva edición del Cicerón de Pina Polo, acercarse a Marco Tulio Cicerón supone enfrentarse a un personaje fascinante del que conocemos en profundidad sus fortalezas y sus flaquezas. Su extraordinario legado documental nos permite conocerlo como a ningún otro romano republicano, incluso podemos leer más allá de sus incontables y brillantes discursos sus cartas a Ático y a sus familiares. El que Cicerón convirtiera a su persona en el centro de la acción crea asimismo una falsa sensación de proximidad. El mérito de Pina Polo consiste precisamente en hacernos despertar de ese sueño dogmático e introducir la suficiente distancia crítica entre Cicerón y nosotros para desvanecer tal ilusión.

Pina Polo verbaliza con elocuencia ciceroniana que ni Cicerón fue el héroe de la libertad republicana, como pensó Pierre Grimal en su hagiografía sobre el Arpinate, ni tampoco el político vacilante, sin penetración y oportunista que Theodor Mommsen caricaturizó en una demoledora diatriba. Pina Polo no ha escrito ni un panegírico ni una filípica sobre Cicerón, sino que esboza los claroscuros de un auténtico animal político: inteligente y ambicioso, inseguro y audaz, vanidoso y narcisista, obsesionado siempre con la idea de que la historia lo absolvería. La política no fue para Cicerón una actividad más, sino el ámbito que dotaba de sentido su existencia, al servicio de la República y de sí mismo.

No podemos olvidar nunca su condición de homo novus y cometer el error de sentar a Cicerón en el diván del psicoanalista. Proceder de la provinciana Arpino no era a priori una desventaja en la Roma republicana. No contar con antepasados consulares e ilustres sí era en cambio un poco rentable capital político. Frente a aquellos que como César o Pompeyo podían exhibir nombres y glorias heredadas, él solo contaba con el talento y una cadena de méritos que catapultaron su ascenso a través de un pavoroso cursus honorum y una ambición desmesurada y elecciones oportunistas que precipitaron su caída.

El profesor Pina Polo ha dedicado toda una vida académica en la Universidad de Zaragoza y en el extranjero a demostrar cómo la política romana dependía de factores que desbordan —o quizás no— nuestras categorías políticas actuales: prestigio y honores, clientelismo y meritocracia, servicio y deber, dignitas y auctoritas, arte oratoria para persuadir y máscaras dramáticas para trepar y sobrevivir sin escrúpulos. El Senado y las magistraturas importaban, por supuesto, pero la República funcionaba también mediante conversaciones dentro y fuera de las instituciones y, sobre todo, por redes de amistad clientelar, a las que Francisco Pina Polo y Cristina Rosillo-López han dedicado especial atención desde su grupo de investigación y colección de valiosas monografías Libera Res Publica sobre la República romana.

En el contexto de la Roma republicana, Cicerón necesitaba hablar de Cicerón y que se hablase de Cicerón, como César necesitaba hablar de César y que se hablase de César. La búsqueda de la gloria no era siempre una patología narcisista, sino un bien y un capital político que debía conquistarse y conservarse. La posteridad comenzaba en cada presente y quien carecía de un pasado aristocrático heredado tenía que controlar el relato de sí mismo y recordar a cada instante que él se hallaba entre los salvadores de la patria. Ahí reside uno de los grandes méritos de esta apasionante biografía: comprender a Cicerón sin exigirle que sea uno de los nuestros, analizar la gestualidad cambiante de un individuo por histórico contradictorio.

El hombre que si bien conquistó todos los honores no pudo gobernar su presente, sí que ha conseguido durante siglos ayudarnos a reflexionar sobre quién tiene derecho o no a presentarse como salvador de la patria o sobre si todas aquellas cosas que son beneficiosas para el Estado son legítimas y justas. Esa incertidumbre y preocupación acompañó a Cicerón a lo largo de su vida y esta deslumbrante biografía sitúa a Cicerón y a nosotros mismos ante el espejo para recordar que ni somos ni podemos ser ajenos a esos perturbadores pensamientos, que la historia puede y debe, como creía Cicerón, ser maestra para la vida.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Enrique Vila-Matas premio Nacional de Literatura 2026

 I

 Enrique Vila-Matas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2026, en El País, Sergio C. Fanjul, Madrid - 27 oct 2026:

El Ministerio de Cultura concede el galardón al escritor catalán, columnista de EL PAÍS, por su “ficción posmoderna” y su “proyecto metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico”

Enrique Vila-Matas ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas, que otorga el Ministerio de Cultura. El jurado ha elegido al autor, columnista de EL PAIS, por “su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria”. Fundado en 1984, este premio ha recaído a lo largo de su historia en nombres como Juan Goytisolo, Rosa Montero, Miguel Delibes, Bernardo Atxaga, Francisca Aguirre, Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute o Francisco Umbral. El premio, que se da a la labor literaria de una vida, tiene una dotación de 50.000 euros.

Vila-Matas, columnista de EL PAÍS, es dueño de un universo propio caracterizado por el gusto por el juego, el humor, lo metaliterario y la exploración de los entresijos de la creación libresca. Unos textos en los que se mezclan los géneros, y la novela parece ensayo, el ensayo novela, la ficción realidad y la realidad una cosa muy rara, plagada de escritores con características muy particulares. La literatura y la vida se confunden y ambas conducen al absurdo.

“Encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna a través de un estilo particular donde las fronteras entre realidad y fabulación se difuminan y entremezclan con absoluta fluidez, construyendo un universo literario que dialoga con la tradición mientras la reinventa. Al convertir la duda en método y la lectura en aventura, reivindica la creación literaria como un arte de la inteligencia y del placer”, dice el acta del jurado.

Buena prueba de ello es Historia abreviada de la literatura portátil (1985) protagonizada por la “conspiración shandy” (por el Tristram Shandy, de Laurence Sterne), una sociedad secreta fundada en torno a dos principios: primero, que la obra de uno sea portátil y trasladable en un maletín, y, segundo, “funcionar como una perfecta máquina soltera”, es decir, ser autónomo y autosuficiente. Formaron parte de la conjura shandy, según la imaginación del barcelonés, Duchamp, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, César Vallejo, García Lorca o Georgia O’Keefe.

Siguiendo esa línea, en Bartleby y compañía (2000) Vila-Matas habla de esos escritores que un día dejan de escribir, como Juan Rulfo, Arthur Rimbaud o J. D. Salinger y que toma el título de Bartleby, el famoso escribiente del cuento de Herman Melville cuya frase emblemática era: “Preferiría no hacerlo” (y que tanto se lee ahora en camisetas y tote bags, aunque la gente, en general, prefiera sí hacerlo).

El jurado ha manifestado que “su cuestionamiento de la autoridad narrativa, sumado a una agudeza y un humor que raya en el laconismo y la ironía, lo sitúan como uno de nuestros escritores más subversivos. Su obra sustenta un proyecto creativo y arriesgado en el marco de las letras hispánicas, que, a través de un viaje metaliterario apoyado en la cita, el mestizaje y el juego ensayístico, investiga a fondo el género de la novela, la autoría, la identidad personal y el porvenir de la escritura”.

En Doctor Pasavento (2005) se centra en la figura de este doctor —que podría pertenecer a la conjura shandy—, a su vez obsesionado por la figura del escritor Robert Walser, que pasó muchos de sus días en un manicomio suizo y que falleció mientras daba uno de sus célebres paseos: la nieve de las montañas fue la que acogió su cadáver. Como Walser, Pasavento escribe cada vez con una caligrafía más pequeña y tiene fuertes deseos de desparecer, incluso de la grandeza literaria.

En Kassel no invita a la lógica (2014) narra la peripecia de un escritor invitado a la Documenta de Kassel, feria de arte contemporáneo conocida por el gusto por la experimentación, la intelectualidad, el pensamiento extremo: allí su función será convertirse en una instalación viviente, una performance que consiste en sentarse a escribir cada mañana en un restaurante chino de las afueras de la urbe alemana.

Como se ve, Vila-Matas es un escritor obsesionado por los escritores (no en vano su columna en la sección de Cultura de EL PAÍS se titula Café Perec, en referencia al célebre escritor experimental Georges Perec), aunque no solo para escritores: la originalidad de sus tramas, su humor intrínseco, su gusto por el desconcierto, lo raro, lo periférico, ha cosechado legiones de lectores sin abandonar, curiosamente, los aires de escritor de culto.

Además del presente Premio Nacional, el catalán ha recibido, entre otros, el Premio Rómulo Gallegos, el Herralde, el Formentor de las Letras y el FIL de Literatura en Lenguas Romances, premio que le ha consolidado como un nombre sólido, pero también líquido en su libertad, capacidad de invención y permanente ironía.

II

Enrique Vila-Matas: “Viví en una dictadura hasta los 27 años. Este mundo cada vez se parece más a todo aquello”, en Babelia, suplemento cultural de El País, por Paco Cerdà, 28 mar 2025:

El autor publica ‘Canon de cámara oscura’ y sueña con una novela sin tramas, en la que se mezclara sin problemas lo autobiográfico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficción pura, con la realidad escrita como tal

1

Del niño Enrique Vila-Matas su maestro se burló. Delante de sus compañeros Cadena, Flavià y el resto de la clase, el profesor de los maristas leyó en voz alta su redacción escolar y se mofó.

— Como pueden comprobar, el alumno Vila-Matas nos informa en este texto de la baja intensidad de la luz de la lámpara de su escritorio.

Todos rieron.

El alumno Vila-Matas —flaco, cejas largas, frente ancha, pómulos marcados, raya a la izquierda, grillos en la cabeza asomando por los ojos— debió de bajar la mirada. Había escrito que aquella lámpara dormía sobre sus ojos en vela. Era una metáfora de su estado de ánimo; una imagen de la precariedad económica que sufrían en el piso de la calle de Rimbaud, Barcelona, años sesenta; el mundo de ayer.

Todos rieron.

Pero aquella tarde remota en que su maestro lo llevó a conocer el hielo de la crítica, el alumno Vila-Matas descubrió algo más importante. Sintió, por primera vez, la íntima necesidad de escribir.

Y si la lámpara era débil, mejor buscar en un cuarto oscuro.

Ahora ha llegado ese momento.

2

Hace medio siglo que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 76 años) empezó a publicar. Lleva más de 40 libros desde que en la mili, en la trastienda del colmado de un regimiento de artillería perdido en el norte de África, aquel Giovanni Dogo sin desierto ni tártaros escribió su primera novela: Mujer en el espejo contemplando el paisaje.

En Impostura exploró el misterio de la identidad personal, la pasión por ser otro, la necesidad de habitar vidas distintas.

En Historia abreviada de la literatura portátil creó los shandys y aquella conjura secreta de escritores con maleta.

En Suicidios ejemplares cartografió la voluntad radical y última de desaparición que es la muerte voluntaria.

En Bartleby y compañía —su hit— dibujó una constelación de escritores que renunciaron a escribir.

En El mal de Montano llevó al límite la obsesión enfermiza por la literatura como patología incurable y a la vez remedio salvífico.

En París no se acaba nunca Marguerite Duras le enseñó que la escritura es un entramado sin principio ni fin.

En Doctor Pasavento, de la mano de Robert Walser, reflexionó sobre la desaparición del sujeto en Occidente y su empeño por reaparecer.

Entonces Vila-Matas ya tenía un proyecto literario; un trencadís a lo Gaudí. Luego fue sumando teselas y más teselas a su mosaico. Y así tendió un paseo a lo largo del puente que enlaza el mundo excesivo de Joyce con el más lacónico de Beckett en Dublinesca. Y encumbró el arte de no hacer nada con el síndrome Oblómov en Aire de Dylan. Y buscó una frase perdida mientras exaltaba el arte de caminar sin rumbo en Esta bruma insensata. Y se preguntó si la vida solo fuera leer y escribir flaneando por París y otras ciudades en Montevideo.

Todo —siempre— entretejido con la literatura. Una catedral metaliteraria.

Ahora da otra vuelta de tuerca. Regresa al espíritu de sus bartlebys que no escriben y alcanza lo metavilamatiano 25 años después. Su nuevo libro, Canon de cámara oscura, empieza con la muerte de Antonio Altobelli, un lúcido y marginal escritor barcelonés, conocido como El Fracasista, que deja un encargo a su secretario y heredero: debe seleccionar, de entre su inmensa biblioteca, 71 libros y guardarlos en un cuarto mal iluminado. La misión es que Vidal Escabia, así se llama su asistente, conforme un canon literario desplazado, intempestivo e inactual. Un canon disidente. Que discrepe. Que bordee la locura. Que se mueva, oscuro, entre las sombras. Como aquella débil lámpara en los días no azules de la infancia.

Pero hay una duda. Un misterio. El enigma es averiguar si Vidal Escabia es un hombre herido por el amor que siente por su hija ausente o acaso es un androide, un Denver-7 infiltrado entre la gente corriente.

Pero qué más da. Mueran las fajas y la trama. Entra Vila-Matas.

3

El escritor saluda. Bufanda y gorra vilamatianas. Mirada vilamatiana, quizá con más bartlebys en las bolsas. Y algo completamente inesperado: saca de una carpeta unos folios. Unos apuntes, unas citas, un pasaje, el correo de un escritor amigo valorando su última novela, todo va numerado como numerados van estos perfiles. Me los da. Se diría que, así como entra en el mundo de sus autores favoritos en mímesis y simbiosis, ha pretendido penetrar en la forma de este perfil. Vilamatiano, sin duda.

También yo le copio. Le pregunto con una cita.

—Dice Walser: “A menudo cuesta toda una vida librarse de ciertos recuerdos, por muy irrelevantes que sean”.

—Vuelven muchos recuerdos. Vuelve el día que mis padres, en tono trágico, me dijeron: “Tenemos que romper la hucha”. Yo no entendía aquella seriedad. No le daba valor a aquellas monedas que ellos entonces necesitaban y se me grabó el impacto de lo mal que lo pasaron al romperla. Vuelve también una imagen un poco triste: yo, de pequeño, por las aceras de Barcelona, agachado por el suelo con una cinta de metro, midiendo con mi padre la distancia entre farmacias para ver si él podía averiguar dónde cabía legalmente otra farmacia y así poder sacar adelante a la familia después de haberse arruinado. Vuelve el camino de cada día de casa al colegio: ahí está encerrado todo. Tu memoria, tu imaginación; tú mismo. Vuelve también la pregunta que un día me hizo mi padre bajando por el Tibidabo: “Y tú”, me preguntó, “¿qué quieres ser de mayor?”. Yo le dije director de un circo. Podría haberle dicho payaso o equilibrista, pero le dije director.

Es, en cierto modo, lo que viene haciendo Vila-Matas toda su vida: dirigir el circo de todos esos literatos a quienes hace hablar o callar en un largo número que se repite con variaciones Goldberg. Esta vez lo ha hecho con un androide. Y es curioso: cuando todos temen al lobo feroz de la inteligencia artificial, él ha utilizado a un androide como trasunto para hablar de la libertad.

—De todos mis libros, esta es la voz más extrema, el narrador que más fuera está del mundo. No ha nacido. No tiene padres. No tuvo infancia. No tiene recuerdos propios. Y eso me ha dado una libertad que nunca había conocido. Siempre he buscado una voz libre, porque la literatura es la búsqueda de la libertad. A eso aspiro, como el Quijote: a la libertad. Porque me crie en una dictadura y hasta los 27 años viví en ella. Eso marca. Y no quiero volver a ver nada que se le parezca ni lo más mínimo. Sin embargo, este mundo cada vez se parece más a todo aquello.

—¿Estamos perdiendo libertad?

—Sí. Pero escribiendo puedes ser libre. Yo así me siento libre. Aunque a los libres los tachen de locos. Mira el licenciado Vidriera: había de ser un loco para decir lo que pensaba de su época. Lo mismo sucede hoy. Y está bien que así sea: estamos todos tan necesariamente locos que no estarlo sería otra forma de locura. La absoluta rareza sería la normalidad.

4

Otra maestra, otra estudiante y otra lámpara, esta vez encendida. Fue cuando la profesora de literatura le regaló a su alumna adolescente un libro: Historia abreviada de la literatura portátil. Iba dedicado por su autor. “Para Anna Maria, este regalo portátil”. El volumen le cambió la vida a aquella muchacha. Hoy la que dedica libros es ella, Anna Maria Iglesia: periodista cultural, lectora profesional para editoriales y autora de Ese famoso abismo (Wunderkammer, 2020), casi 200 páginas de conversación profunda con Enrique Vila-Matas.

Ahí sueña Vila-Matas con una novela desterrada de tramas, argumentos y realismos y ya felizmente instalada en la frontera; una novela en la que sin problemas se mezclara lo autobiográfico con el ensayo, con el libro de viajes, con el diario, con la ficción pura, con la realidad traída al texto como tal.

Ahí rememora cómo impactaron en su poética del fracaso estos versos de William Carlos Williams: “Ninguna derrota / es enteramente derrota: / el mundo que abre es siempre / un lugar antes insospechado. / Un mundo perdido es un mundo / que nos llama a lugares inéditos”.

Ahí anhela una vida como viaje rectilíneo, sin Ítaca a la que regresar.

Le pido a Anna Maria Iglesia 25 adjetivos que describan a Vila-Matas. Caída la medianoche, cuando ya duermen sus hijas, ella se sienta ante el teclado y responde de un tirón. Y escribe irónico, paradójico, cómico, blanchotiano pero cada vez menos, autoparódico, ambiguo, reiterativo con variaciones, afrancesado (a veces), anglosajón (por momentos), extraño, vital, curioso, indagador, reflexivo pero no pedante, creador de antihéroes tozudos, de ficción sin auto, de ficción pese al yo, burlesco y a la vez tremendamente serio, inventivo, durasiano (de Marguerite) y pitoliano (de Pitol), pero sobre todo walseriano.

Es decir, un híbrido.

5

¿Cómo sería hacer un Vila-Matas de su última novela?

Lo primero, tomar las tijeras y cortar algunas frases suyas del Canon de cámara oscura. Por ejemplo estas:

1. Utopía: mi deseo de que un día escribir y respirar no sean ritmos diferentes.

2. Escribir siempre ha sido tratar de escribir lo que escribiríamos si escribiésemos, aunque no escribamos.

3. La vida de cualquier persona normal es exageradamente ficticia. Todos fingen todo el rato y lo que sucede es que jamás pueden ser ellos mismos, y a su manera están tremendamente encerrados en algo que no existe y que tiene todo el aspecto de, en el fondo, no tener sentido alguno. Hablo del mundo, claro.

4. Vi un mundo que solo era puro vacío, pero a la vez vi que en el vacío no faltaba nada, que éramos nosotros quienes no veíamos nada en él por culpa de nuestra ridícula visión endeble.

5. A veces hay que seguir, como si nada, como si nadie, como si nunca.

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En ocasiones lo han colocado en las quinielas del Premio Nobel. O del Cervantes. Raro que no tenga el Nacional de Narrativa cuando The Paris Review lo encumbró como uno de los cinco escritores españoles entrevistados en 70 años; lo más parecido a un canon contemporáneo.

Ahora bien: donde Vila-Matas siempre gana es en los laboratorios metacadémicos de la Academia.

En la base de datos que recoge todas las tesis doctorales leídas en España existen al menos 11 tesis sobre Vila-Matas. Sobre su narrativa breve, su escritura intersticial, su poética de la conjunción, su concepto de viaje y fuga, su laberinto especular, su articulismo, su ficción crítica, su poética posmoderna, su aventura literaria como arma política, algunas cosas más.

Entro en la investigación del senegalés Papa Mamour Diop, titulada Enrique Vila-Matas y la búsqueda de la novela total (1973-2007): mestizaje genérico e intertextualidad. Son casi 500 páginas de paseo sesudo por el mundo vilamatiano, pero me deslumbra un concepto: la literofagia.

Literofagia: literatura que se nutre de y para sí misma. Que engulle y deglute literatura para degradar literatura, digerir literatura, absorber literatura, excretar literatura y luego dejar hueco para ingerir nueva literatura. Vila-Matas.

De esta investigación surge un mapa. Un territorio. Su canon ­real. Ese vasto mundo de citas y afinidades que van de Pitol a Tabucchi, de Magris a Sebald, de Bolaño a Musil. Y sobre todo: la angustia existencial de Kafka, el concepto libro-mundo de Joyce, la escritura infinita de Borges, la desaparición del autor de Walser, el paroxismo de la experimentación en Goethe, Shakespeare y Cervantes. Son los puntos cardinales de su atlas.

7

Dice Elias Canetti: “Todo escritor que ha conseguido un nombre y que lo impone sabe que, por este motivo, deja de ser escritor, pues administra posiciones como un burgués cualquiera”.

¿Se ha aburguesado?

—Esa idea de Canetti me crea un sentimiento de culpa. No puedo evitarlo. Hay tantas novelas rechazadas de genios que nos hemos perdido… Y en cambio yo, como otros, ocupo un sitio. Ahora bien: lo horroroso es si evitas el riesgo para conservar tu sitio burgués. Porque sin riesgo no tiene sentido la literatura. En este libro está muy presente el concepto de la oscuridad. A ello me llevó una idea de Maurice Blanchot. Él decía que la oscuridad que vemos disimula la oscuridad que hay detrás. Solo hallamos alguna luz, si es que la hallamos, avanzando entre tinieblas. Justo eso es escribir: un oficio de tinieblas. Cuando avanzas en la oscuridad vas a tientas. Te arriesgas. Vives.

¿Y el miedo al fracaso?

—El fracaso es inherente a la escritura. Y no es ninguna tragedia. Al contrario: el fracaso es digno. Es más: puede incluso superar al triunfo. Mira: una vez pude entrevistar a Dalí y me respondió algo que solo ahora he comprendido: “La obra perfecta es la muerte”.

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La obra perfecta de un bartleby que no escribe, como Vidal Escabia, es componer un canon literario desplazado, intempestivo, inactual. De los libros que el narrador va salvando en su cuarto oscuro aparecen nombres consagrados: Ovidio, Cervantes, Melville, Montaigne, Musil, Walser, Sterne, Zweig, Kaf­ka, Canetti, Calvino, Fitzgerald, Barthes, Ribeyro, Martín-Santos, Handke, Banville, Tavares. También surgen otras plumas más periféricas que entran o aguardan su turno para alcanzar el canon oscuro, como Alfred North Whitehead, Ryoko Sekiguchi, David Markson, Alberto Savinio, Harold Duché, Sergio Chejfec, Valeria Luiselli, Pablo Martín Sánchez o Camila Cañeque, otra cazacitas con sus 452 últimas frases antes del verdadero final.

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Página 199. Vila-Matas habla de un concepto japonés intraducible: ikigai. Más o menos quiere decir la razón de vivir, la razón de ser, lo que hace que una vida valga la pena ser vivida. El ikigai se da cuando se alinean cuatro aspectos:

Lo que te gusta.

Lo que haces bien.

Lo que te da una recompensa.

Aquello que el mundo necesita de ti.

Oír hablar a Vila-Matas en la trastienda de una librería, oírle decir que solo el amor y la literatura dan sentido a la vida, oírle decir que ama tanto a la literatura que experimenta con ella un sentido de pertenencia hasta identificarla consigo mismo y con su vida, oír hablar delante de una carpeta al niño mayor que hace setenta y pico años ideaba historias imaginarias con sus soldaditos de plomo y que aún sigue con los grillos asomando por esos ojos en vela, oír todo eso es entender su ikigai: escribir y respirar.

Canon de cámara oscura, Enrique Vila-Matas Seix Barral, 2025

224 páginas. 19,90 euros.

 III

Enrique Vila-Matas o el arte de inventar una conversación con Marlon Brando, en El País, Raquel Vidales, Barcelona -15 de marzo de 2024:

El escritor barcelonés reúne en un libro las célebres entrevistas periodísticas inventadas que publicaron como verdaderas

El encuentro entre la periodista y el célebre escritor tiene lugar en una cafetería de Barcelona. Podemos agregar que “es una soleada mañana de invierno” o que “el ambiente es tranquilo, los clientes hablan bajito, algunos leen, otros teclean en sus portátiles”. Detalles para reforzar la credibilidad: el periodista estuvo verdaderamente ahí y entrevistó al escritor. Es la base del periodismo. Pero también puede suceder que el autor no acuda a la cita por un imprevisto y que todo lo que está escrito aquí sea falso. Una conversación imaginada. Porque de eso hemos venido a hablar en esta cafetería. De verdades y mentiras. De periodismo y literatura. De cuando en 1968 el escritor barcelonés Enrique Vila-Matas tenía 20 años y publicó en la revista Fotogramas una entrevista inventada con el actor Marlon Brando. Un año después, otra con el bailarín Rudolf Nuréyev en la misma publicación. Otra más con el autor Anthony Burgess en La Vanguardia en 1982. Con el filósofo Cornelius Castoriadis también en La Vanguardia en 1983. Y de cómo aquellos y otros textos desvergonzados han acabado ahora reunidos en un libro, Ocho entrevistas inventadas (H&O), que dispara una metralla de preguntas sobre los conceptos de ficción y realidad en un mundo en el que las fake news pueden desatar una guerra o cambiar el rumbo de un país en un santiamén.

Primera pregunta: ¿No temía que le descubrieran? 

"No me acuerdo. Supongo que no lo pensé. No estoy demasiado orgulloso de haberlo hecho, es lo que hacía y ya está", reconoce Vila-Matas. Ciertamente, aquello no comenzó con afán literario sino por pura necesidad. La historia es conocida porque la confesó años después (sin que ya nadie se enfadara). Acababa de conseguir el trabajo en Fotogramas y el primer encargo que le hicieron fue traducir del inglés una entrevista con Marlon Brando. Pero él no sabía inglés y decidió inventársela. Así de sencillo. La de Nuréyev fue porque la noche antes se peleó con el bailarín en un local de Barcelona. Las de Burgess y Castoriadis las llevaron escritas recopilando declaraciones en otros medios, se las enseñaron, ellos las aprobaron y así terminaron antes. En el libro se incluyen otras con Patricia Highsmith, Juan Antonio Bardem y Rovira Beleta no falsas, sino más bien “intervenidas”. Y otro de regalo con Brando publicado en 1980 en la revista Dezine que supuestamente reproducía la que debía traducir en Fotogramas pero que resultó ser igualmente inventada, adentrándose ya en el juego literario.

— Tamaña desfachatez no sería posible ahora que todo está en internet, ¿no? Aunque paradójicamente también vivimos en el imperio de las fake news . ¿Cómo se explica esta paradoja?

— Le voy a decir una cosa: el mundo de la realidad y el mundo de la ficción están cortados por un espejo y nunca alcanzas el otro lado. Cada vez que cuentas algo estás cambiando la realidad. Aunque no sea ficción, lo cierto es que estás alterando la realidad. Porque la realidad es compleja. Un ejemplo clarísimo: situaciones que has vivido en el pasado y que recuerdas de una manera concreta, de pronto las revisas y te das cuenta de que sucedieron de otra manera. Eso es la complejidad.

— ¿Quiere decir que en el fondo toda entrevista periodística contiene algo de invención? Al fin y al cabo, el contexto es forzado. En este caso, el escritor está aquí porque quiere vender su libro y seguramente le han hecho las mismas preguntas en otras entrevistas. Y el periodista busca respuestas que publican en una página y titulares llamativos. ¿Cuánta verdad hay en todo esto?

— Le puedo dar mi versión. Yo intento no repetirme porque entonces se aburre seguro. Doy siempre la oportunidad de que pase algo en la entrevista.

— Entonces, ¿la verdad se encuentra en lo imprevisto?

—No lo sé. Yo me muevo en el terreno de la ficción. Y sobre eso lo que le puedo decir es que todo lo que sea ser sincero en la ficción es una tontería. No tiene nada que ver con el periodismo.

Pero la ficción también puede cruzarse con la realidad. O forzarla como fingir las noticias falsas deliberadas . El simulacro de La guerra de los mundos de Orson Welles o los fakes del fotógrafo Joan Fontcuberta juegan en esa frontera para dejar al descubierto sus grietas. Aunque originalmente Vila-Matas no tenía esa intención, lo cierto es que lo que comenzó siendo un fraude se ha convertido en objeto de fascinación y disquisiciones metaliterarias o metaperiodísticas. Muchos estudiosos de su obra han señalado aquellas entrevistas como el germen de su escritura de ficción. Esa que lo distingue como una firma de referencia de las letras españolas, con títulos tan celebrados como Bartleby y compañía , París no se acaba nunca o El mal de Montano .

Escribe el crítico Manuel Aznar en el prólogo de Ocho entrevistas inventadas: “El Vila-Matas que reconoceremos con posterioridad, aquel que entreteje su voz con la de otros o que elabora sus ficciones desde el ensayismo y la reescritura crítica, relumbra en la segunda entrevista a Marlon Brando, donde se permite lanzar una mirada irónica y reincidente —doce años más tarde— hacia el primer encuentro con el actor estadounidense”.

El libro se cierra con un texto titulado Recuerdos inventados, en el que Vila-Matas nombra personajes reales y se inventa sus recuerdos. Entre ellos, escritores como Antonio Tabucchi, Sergio Pitol o Pessoa. “Es un texto bisagra entre la primera etapa de mi vida literaria y la segunda”, explica. ¿Pero acaso no tienen todos los recuerdos siempre algo de invención? "Claro. Tú recuerdas el último invento que has hecho de tu recuerdo. Pero de pronto ves una foto del pasado y descubres a una persona que no recordabas. Repito: la realidad es compleja".

Que fuera el propio autor quien desvelara el engaño no viene sino a reafirmar la naturaleza fundamental de aquellos fakes. Él se resiste a considerarlo rotundamente de esa manera, pero reconoce que a medida que iba publicando nuevas entrevistas falsas, iba "descubriendo algo que ha continuado siempre: el juego. El juego y el riesgo. Era como un teatro privado". Porque si Vila-Matas no hubiera confesado, no sería posible el extraño disfrute literario que hoy produce la revisión de esos textos. No es lo mismo leerlos creyendo que son verdad que sabiendo que son inventados. Ya saben: el tiempo convierte la tragedia en comedia.

A veces parece que Vila-Matas quisiera vislumbrar al hombre que hay detrás de la estrella Marlon Brando: “Un tipo como yo resulta siempre un fastidio para todos”. En otros momentos le hace decir al actor cosas que seguramente fuera él quien las pensara, como un ventrílocuo: “Mi trabajo en el cine: veinte años quemados en el altar de la vanidad”. ¡Y qué decir de la sentencia que le sirvió de titular!: “Sé que puedo terminar asesinado como los Kennedy o Luther King”. ¿Y por qué no?

Pero con Nuréyev nos quedamos directamente en el terreno de la tragedia. "Cuando bailo me olvido de todo. Me elevo por encima de todo. Dejo de ser Rudolf Nuréyev y me convierto en un ser alado. Fíjese bien: vuelo. Pero tampoco volando consigo ser feliz".

— Oiga, ¿se lo inventaba todo o iba sacando frases de ellos de otras entrevistas?

—Cogía cosas. Pero básicamente era todo inventado.

—Siguiendo el juego, otros periodistas se han inventado entrevistas con usted. ¿Le gustaron?

-No. No por las cosas que ponían en mi boca, sino porque eran tontas.

 IV

El amor en la hora de la verdad, en El País, Enrique Vila-Matas, 27 feb 2024:

En su nueva novela, Paul Auster mantiene su fe en la ficción y en el amor a pesar de habitar, como dice, en ‘Cancerland’

¿Hay algo más verosímil que la trágica “locura de pena” de la que nos habla Paul Auster en Baumgartner? En su novela, a pesar de vivir, como él mismo dice, “en el país de Cancerland”, tiene el detalle de seguir apostando por el estridente estupor que produce la realidad y mantener una incondicional fe en la ficción, así como una no menos incondicional fe en el amor. Y tanto es así que, al convertir Auster en tan verosímil la “locura de pena” del viudo Baumgartner, va creando el sendero narrativo idóneo para llegar a un momento supremo, digno de cualquier antología de historias de amor: suena en la noche el teléfono y el destartalado viudo escucha, desde el más allá, la voz de su mujer muerta nueve años antes.

Aunque necesariamente ambigua, la fracción de verosimilitud de este episodio crea las condiciones suficientes para que el lector quede atrapado por la destreza del autor en el arte de la ficción. Un arte que, a partir de ese momento mágico y magistral, le lleva a frecuentar las emociones que marcarán el paso al resto de la novela, creada con ese tipo de naturalidad en la escritura moderna que suele atribuirse a Stendhal, monarca precisamente de todos los libros de amor.

En Baumgartner se nos dice que si tenemos la suerte de estar estrechamente conectados con otra persona, tan y tan cerca que el otro sea tan importante como tú mismo, la vida no solo se volverá posible, sino también vivida. Que es como decir que, con tumba fría o sin ella, el amor es más eterno que el silencio de la muerte. Y que, al final de nuestros días, solo cuenta si has querido a alguien y te han querido a ti.

“¿Ha pasado el amor a ser algo minusvalorado en el mundo contemporáneo, quizás porque provocan más interés otros valores?”. Esta es una de las preguntas que formula David Trueba a Woody Allen en su recién estrenado y brillante filme–entrevista Un día en Nueva York. La respuesta de Woody Allen (que me devuelve a la novela de Auster): “Creo que si ves películas ambientadas en la actualidad, o de época, incluso si lees libros de ahora, el amor está siempre ahí”.

El amor y el crimen, puntualiza Woody. Y el crimen remite a muerte, a “locura de pena”, a los clásicos amor y muerte, a los que falta siempre añadir el tercer tema, el paso del tiempo, cliché que no puede faltar en el triángulo de los temas que siempre están ahí. Para Woody Allen amor y muerte “se han mantenido estables, desde la tragedia griega hasta ahora, “pasando por Shakespeare, Chéjov, y llegando hasta Scorsese”. Se lo dice a David Trueba con la misma prodigiosa serenidad que mantiene a lo largo de todo el filme–entrevista, donde le resta cualquier tipo de pompa a su trayectoria, cayendo incluso en la humildad, aun sabiendo, como cabe suponer que sabe, que el problema de la humildad es que no puedes presumir de ella. Pero es que eso es lo que parece interesarle a Woody: no presumir de nada, como si quisiera decirnos que todo lo que filmó fue fácil, salió rodado. Y que solo el amor, como nos dice Auster en Baumgartner, cuenta a la hora de la verdad.

V

Por qué arden las redes, en El País, por Enrique Vila-Matas, 26 sept 2023:

La furia en internet solo confirma que en realidad no hay nada nuevo bajo el sol, ni siquiera en nuestra mismísima era digital

El año pasado, cuando Peter Dinklage interpretó a Cyrano de Bergerac, relacionó a este pendenciero y polemista brillantemente locuaz con el gran auge de las redes sociales. Y explicó que el filme, basado en la obra de Rostand, no iba sobre una nariz que afea un rostro, sino sobre los “temores interiores” que llevaban a Cyrano a no atreverse a confesarle su amor a Roxana por miedo a ser rechazado. Como se sabe, esos temores los encauzó Cyrano utilizando a un joven carente de ingenio para que le llegaran intensas declaraciones de amor a la bella inalcanzable.

La asociación de los “temores interiores” con el auge de las redes sociales resulta del todo evidente si nos concentramos en los muchos seres descontentos con su propia vida que combaten en la Red esos temores tras identidades construidas a su antojo. Llama la atención, por cierto, el caso de algunos anónimos —a buen resguardo, creen ellos— que han construido paradójicamente unas vidas más deshonestas de las que tenían, lo que, por supuesto, es responsabilidad suya y consecuencia de su escaso talento para construir.

A la hora de inventarse una vida nueva en las redes, el gran ejemplo que tenían a su disposición los descontentos con las suyas era Wakefield, el personaje de Hawthorne, al que la semana pasada Dora García definió a la perfección: “Un hombre que se marcha de su vida para verla desde fuera”. Ese precisamente era el sueño de Antonio Tabucchi, que sostenía que uno tenía que saber verse a sí mismo desde fuera, lo que ahora me recuerda que un aire muy Wakefield atraviesa los cuentos magníficos de Los divagantes, de Guadalupe Nettel (Anagrama), y que ese mismo aire parecía cruzar este domingo por la entrevista de Elsa Fernández Santos a Víctor Erice, donde éste evocaba un género de cine antiguo y genuino, basado en arquetipos, “el que trataba de la vida no tanto como es, sino como debería ser”.

No conozco, fuera del arte, una sola vida que haya sido como tendría que haber sido. Y en cuanto al ruido y la furia de las redes sociales creo que éstas sólo confirman que en realidad no hay nada nuevo bajo el sol, ni siquiera en nuestra mismísima era digital, que tal vez sólo sea —como le confirmara Tom McCarthy a Antonio Lozano en Librújula— la forma más avanzada de mostrarnos lo que la existencia ha sido siempre: una red de intercambios y transmisión de mensajes. Para el novelista McCarthy (no confundir con el cineasta), esto es algo que no puede estar más claro, dado que la literatura occidental nace en parte con una señal que cruza el espacio. En la Orestiada, Esquilo describe una serie de almenaras (fuegos que los griegos llamaron ángaros), señalizaciones que se extienden a lo largo de los quinientos kilómetros que separan Argos de Troya y que conforman una especie de red de telecomunicaciones, porque no son sólo hogueras, incorporan unos mecanismos capaces de generar códigos. Y bueno, recuerdo que ayer mismo, cuando por millonésima vez oí que “ardían las redes”, pensé: no es tan extraño, son las hogueras que ya ardían en la Orestiada.

VI

[Artículos de Vila-Matas en Café Perec]

VII

[Artículo de la Wikipedia]

Enrique Vila-Matas (Barcelona, 31 de marzo de 1948) es un escritor español, autor de más de una treintena de obras, entre novelas, ensayos y otros tipos de narrativa y libros misceláneos.

Su obra ha sido reconocida con diversos premios, como el Rómulo Gallegos, Médicis y FIL de Literatura en Lenguas Romances, entre otros, y ha sido traducida a más de treinta idiomas. Es uno de los tres escritores españoles entrevistados por The Paris Review en su sección «The art of fiction».

Biografía

Nació en Barcelona, en el número 108 de la calle Roger de Llúria, frente al desaparecido cine Metropol. Estudió derecho y periodismo, y entró en 1968 como redactor en la revista de cine Fotogramas así como en Destino. En 1970 dirigió dos cortometrajes, Todos los jóvenes tristes (sobre la desesperación) y Fin de verano (sobre la destrucción de la familia burguesa). Además, fue actor en siete películas catalanas, todas ellas prohibidas por la censura franquista.

En 1971 realizó el servicio militar en Melilla, donde —en la trastienda de un colmado militar— escribió su primer libro, Mujer en el espejo contemplando el paisaje, que recuperará su título inicial —En un lugar solitario—, en la reedición en 2001 de sus textos de 1973-1984. A su regreso a Barcelona, trabajó como crítico de cine de las revistas Bocaccio y Destino.

Vivió en París dos años, a partir de 1974, en una buhardilla que le alquiló la escritora Marguerite Duras; allí escribió su segunda novela, La asesina ilustrada. Su tercer y cuarto libro, Al sur de los párpados, historia del aprendizaje de un escritor, y los cuentos de Nunca voy al cine, aparecieron en 1980 y 1982. El autor cierra esta etapa inicial con Impostura, de 1984.

A partir de este momento, su obra y su vida se funden. Desde luego, hay que contar con su experiencia con América Latina, que ha sido fundamental en su desarrollo (no solo por su amistades con Roberto Bolaño, Sergio Pitol, Juan Villoro, Ricardo Piglia, Ednodio Quintero). Ya en los ochenta escribía en un suplemento que hizo época —Culturas de Diario 16—, y desde entonces ha seguido publicando en diversos lugares —en París, en Le Magazine Littéraire, entre septiembre de 2004 y marzo de 2008—, así como en el diario El País desde el primero de esos años hasta hoy (en la sección de Cultura, donde escribe la columna Café Perec, que se publica quincenalmente los martes). Está casado con Paula Massot, profesora de literatura, a la que dedica sus libros como Paula de Parma.

Publicó su primer libro en 1971, la novela breve Mujer en el espejo contemplando el paisaje, escrita mientras hacía el servicio militar en el norte de África. Aunque la hizo sin ánimo de publicarla, a su regreso a Barcelona Beatriz de Moura la leyó y le propuso sacarla en Tusquets. Vila-Matas ha comentado sobre su ópera prima: «Que yo sepa, esa novela, que es una sola frase ininterrumpida, sólo la leyó Héctor Bianciotti, que me dijo que era “un ejercicio de estilo”». Cuatro años más tarde apareció su segunda novela, La asesina ilustrada; en 1980 apareció la tercera, Al sur de los párpados y dos años después, su primer libro de cuentos Nunca voy al cine; vuelve a la novela en 1984 con Impostura, basada en un hecho real sobre un ladrón de tumbas que se hace pasar por un escritor desaparecido; aquí surge por primera vez el misterio de la "verdadera identidad personal", uno de los temas recurrentes de Vila-Matas.

Historia abreviada de la literatura portátil (1985) marca la primera vez en que el autor mezcla ensayo y ficción; Vila-Matas lo califica de "intento prematuro" y constata: «En el periódico El País fue liquidada con unas palabras demoledoras: “Se nota que el autor veranea en Cadaqués”». Treinta años más tarde, Ignacio Martínez de Pisón escribiría en Babelia, el suplemento cultural del citado diario, palabras elogiosas para aquel libro: «Con la perspectiva del tiempo puede considerarse su obra fundacional. Buena parte de su literatura posterior está ya anunciada en ese centenar escaso de páginas: su aversión a las formas más rancias de la tradición novelística, sus viajes de ida y vuelta entre vida y literatura, su desdén por el psicologismo de la narrativa realista, una genealogía cultural que bebe de las vanguardias, una distinguida actitud de flâneur... También su humorismo extremadamente serio estaba ya en ese libro: Vila-Matas se presentaba como un Buster Keaton de la literatura».

Publica sucesivamente tres recopilaciones de cuentos, aunque el primero es, según el autor, «libro de relatos y novela a la vez»: Una casa para siempre (1986), Suicidios ejemplares (1991), Hijos sin hijos (1993), a los que sigue Recuerdos inventados (1994), antología de sus mejores cuentos. Vuelve a continuación a la novela con Lejos de Veracruz (1995), Extraña forma de vida (1997), El viaje vertical (2000), Bartleby y compañía (2001), sobre la posible imposibilidad de escribir, y El mal de Montano (2002).

A principios de los años noventa publica su primera recopilación de artículos y ensayos literarios bajo el título de El viajero más lento (1992), a la que siguió en 1995 una segunda entrega, El traje de los domingos. Otros libros que contienen ensayos literarios son: Para acabar con los números redondos (1998), Desde la ciudad nerviosa (2000), Extrañas notas de laboratorio (2003, aparecido en Venezuela), Aunque no entendamos nada (2003, Chile), El viento ligero en Parma (2004, México), Y Pasavento ya no estaba (2008, Argentina). Sobre su experiencia de juventud en la capital francesa escribió un irónico París no se acaba nunca (2003).

En 2005 aparece Doctor Pasavento que gira en torno al tema de la desaparición y «la dificultad de no ser nadie». Este libro cierra su trilogía metaliteraria sobre las patologías de la escritura (junto con Bartleby y compañía y El mal de Montano).

En septiembre de 2007 regresa al cuento y publica Exploradores del abismo, tras una enfermedad grave. En el Dietario voluble, de 2008, se decanta cada vez más por borrar las fronteras entre la ficción, el ensayo y la biografía. El libro es un diario literario o especie de guía que permite vislumbrar la arquitectura interna de su obra y que combina las experiencias de lectura, las experiencias de vida, la memoria personal y las ideas literarias de un ensayista.

En 2010 volvió a la novela con gran éxito: Dublinesca trata de un editor en crisis y de un viaje a Dublín, con referencias a Joyce y Beckett: «Era un personaje de ficción, con algún punto en común conmigo. Cuando lo convertí en editor ya era una mezcla de muchos editores que he conocido. En París, por ejemplo, algunos lectores han creído ver que hablo de Christian Bourgois, mi editor francés». Parte de un sueño premonitorio: «Lo tuve hace tres años en el hospital, cuando estuve gravemente enfermo. Fue de una impresionante intensidad. Soñé que me encontraba en Dublín, ciudad en la que no había estado nunca, y que había vuelto a beber y que estaba en el suelo, en la puerta de un pub, llorando de una forma muy emocionante. Lloraba abrazado a mi mujer, lamentando haber regresado al alcohol. La intensidad venía de que en el sueño, en el abrazo con mi mujer, estaba concentrada, con gran densidad, una idea de renacimiento. Me estaba recuperando en el hospital y fue como si tocara la verdadera vida por primera vez. Pero no he logrado transmitir toda la intensidad... A los pocos meses viajé a Dublín y no di con el lugar exacto del sueño. Pero lo recordaba con una precisión asombrosa».

Con En un lugar solitario, de 2011, agrupa toda su narrativa de la etapa de formación (1973-1984), con una larguísima presentación sobre su inquietud creativa inicial. Este libro revelador se completa, en el mismo año, con otros dos: Una vida absolutamente maravillosa, antología de sus ensayos (1992 hasta 2010); y los paralelos relatos escogidos de Chet Baker piensa en su arte, que llegan desde 1988 hasta 2010. Ambos trazan literariamente la parábola de su propia concepción. Es este tramo un periodo de transfiguración en su obra, pues con su narrativa proteica ha llegado a fundar un nuevo "género" en el que el relato se pierde en el ensayo y en donde asimismo explora la novela con un trayecto crítico.

En marzo de 2012 publica la novela Aire de Dylan, falsas memorias del escritor Juan Lancastre, en la que se desarrolla la idea de que toda autobiografía, ficticia o verdadera, es necesariamente una impostura. Aire de Dylan despliega un gran humor, e ironiza sobre la productividad literaria al tiempo que crea la figura del novelista "arrepentido". Ese novelista es el narrador: un hombre educado en la cultura del esfuerzo, que está arrepentido de todo lo que ha escrito en su carrera literaria; es más, le gustaría quedarse completamente mudo en la vida real. Quiere retirarse de todo, pero se lo impide una historia que se cruza en su vida y que unas dramáticas circunstancias le obligan a poner por escrito: su encuentro con unos jóvenes que han fundado la secreta sociedad Aire de Dylan y quieren tener una sola idea al día y entregarse al arte de no hacer nada, dominados por el síndrome de Oblomov (el personaje ‘radicalmente gandul’ de la literatura rusa). En 2019 publicó Esta bruma insensata cuya trama trata sobre el arte de las citas literarias y la repetición de estas en la historia de las ideas y de la literatura misma. Previamente había escrito las novelas Kassel no invita a la lógica (Seix Barral, 2014) y Marienbad eléctrico con cuyos temas fueron el arte contemporáneo y moderno occidental, en una mezcla de ensayo y narrativa.

Su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas y galardonada con numerosos premios. Pertenece a la Orden del Finnegans, que toma su nombre de un pub de Dalkey (Irlanda), aunque hay quien pueda tomarlo también de la última novela de James Joyce, Finnegans Wake. Los caballeros de la Orden del Finnegans se obligan a venerar la novela Ulises de James Joyce y, a ser posible, asistir cada año en Dublín, el 16 de junio, al Bloomsday, larga jornada que culmina, al caer la tarde, en Torre Martello (inicio de la novela), para leer unos fragmentos de Ulises, e ir hasta el pub Finnegans de la vecina población de Dalkey. Ha recibido distinciones en diversos países, entre ellas la Legión de Honor (Francia); en 2013 fue nombrado "Rector (desconocido)" de la Universidad Desconocida en Brooklyn, Nueva York.

Obra

Novela

1973 - Mujer en el espejo contemplando el paisaje, Tusquets

1977 - La asesina ilustrada, Tusquets (Lumen, 2005)

1980 - Al sur de los párpados, Fundamentos

1984 - Impostura, Anagrama

1985 - Historia abreviada de la literatura portátil, mezcla de ficción y ensayo, Anagrama

1995 - Lejos de Veracruz, Anagrama

1997 - Extraña forma de vida, Anagrama

1999 - El viaje vertical, Anagrama

2000 - Bartleby y compañía, Anagrama

2002 - El mal de Montano, Anagrama

2003 - París no se acaba nunca, Anagrama

2005 - Doctor Pasavento, Anagrama

2008 - Dietario voluble, Anagrama

2010 - Dublinesca, Seix Barral

2010 - Perder teorías, Seix Barral

2011 - En un lugar solitario, recopilación de sus 5 primeros libros, de 1973-1984; Mondadori/Debolsillo

2012 - Aire de Dylan, memorias falsas del escritor Juan Lancastre, Seix Barral

2014 - Kassel no invita a la lógica, Seix Barral

2017 - Mac y su contratiempo, Seix Barral

2019 - Esta bruma insensata, Seix Barral

2022 - Montevideo, Seix Barral

2025 - Canon de cámara oscura, Seix Barral

Cuentos

1982 - Nunca voy al cine, Laertes

1988 - Una casa para siempre, "libro de relatos y novela a la vez", Anagrama

1991 - Suicidios ejemplares, Anagrama

1993 - Hijos sin hijos, Anagrama

1994 - Recuerdos inventados, antología, Anagrama

2007 - Exploradores del abismo, Anagrama

2011 - Chet Baker piensa en su arte, antología, Mondadori/Debolsillo

2013 - Niña, cuento infantil con ilustraciones de Anuska Allepuz, Alfaguara

Ensayo

1992 - El viajero más lento, Anagrama (aumentada en 2011 por Seix Barral con el título de El viajero más lento. El arte de no terminar nada)

1995 - El traje de los domingos, Huerga & Fierro

1997 - Para acabar con los números redondos, Pre-textos

2000 - Desde la ciudad nerviosa, Alfaguara (ed. aumentada en 2004)

2003 - Extrañas notas de laboratorio, El otro, el mismo (ed. aumentada en 2007)

2003 - Aunque no entendamos nada, J.C. Sáez editor

2004 - El viento ligero en Parma, Sexto Piso, México (Madrid, 2008)

2008 - Ella era Hemingway. No soy Auster, Ediciones Alfabia

2008 - Y Pasavento ya no estaba, Editorial Mansalva

2011 - Una vida absolutamente maravillosa. Ensayos selectos, Debolsillo

2013 - Fuera de aquí. Conversaciones con André Gabastou. Galaxia Gutenberg

2014 - Escribir París, con la escritora argentina Sylvia Molloy; la sección Vila-Matas con artículos sobre la capital francesa se titula Aire de París, Brutas Editoras, Nueva York

2016 - Marienbad eléctrico, sobre la relación que el autor tiene con la artista francesa Dominique González–Foerster; Christian Bourgois (trad.: André Gabastou; París) / Caja Negra (Buenos Aires) / Editorial Almadía (México D.F.)

2018 - Impón tu suerte, Círculo de Tiza

Libros sobre Vila-Matas

Andrés-Suárez, Irene y Ana Casas (eds.) Enrique Vila-Matas. Madrid: Arco/ Libros, 2007 (Col. «Cuadernos de Narrativa»). [Compilación de textos presentados en el “Grand Séminaire de Neuchâtel. Coloquio Internacional Enrique Vila-Matas”, celebrado en la Universidad de Neuchâtel, el 2 y 3 de diciembre de 2002].

Heredia, Margarita (ed.) Vila-Matas portátil. Un escritor ante la crítica. Barcelona: Candaya, 2007. [El libro incluye un DVD: Café con Shandy (30’), una charla entre Vila-Matas y Juan Villoro].

Salas, Lisbeth. Infinitamente serio. Caracas: La cámara escrita, 2009.

Pozuelo Yvancos, José María. Figuraciones del yo en la narrativa. Javier Marías y E. Vila-Matas. Valladolid: Universidad de Valladolid, Junta de Castilla y León, 2010. (Cátedra Miguel Delibes).

Ríos Baeza, Felipe A. (ed.) Enrique Vila-matas. Los espejos de la ficción. México: Ediciones Eón/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2012.

Badia, Alain, Anne-Lise Blanc y Mar García (eds.) Géographies du vertige dans l'œuvre d'Enrique Vila-Matas. Perpignan: Presses universitaires de Perpignan, 2013.

Carrera, Guillermo. Crítica portátil. La estructura ausente en Doctor Pasavento (una aproximación narratológica). Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla , 2013.

Diop, Papa Mamour. Enrique Vila-Matas en su red narrativa : hibridismo, reescritura e intertextualidad. Valladolid: Ediciones Universidad de Valladolid, 2016.

Iglesia, Anna María. Ese famoso abismo. Conversaciones con Enrique Vila-Matas. WunderKammer editorial 2020.

Carrera, Guillermo. La vida de los otros. El funcionamiento de los relatos posmodernos. Buenos Aires: Epyca Editorial, 2020.

Libros colectivos

Best European Fiction 2011. Participación en esta antología europea con el relato 'Far From Here'. Edited by Aleksander Hemon, preface by Colum McCann. www.dalkeyarchive.com

Viscerales. Ediciones del Viento, La Coruña, 2011.

El descrédito: Viajes narrativos en torno a Louis Ferdinand Céline. Julio César Álvarez y Vicente Muñoz Álvarez (coordinadores). Autores: Enrique Vila-Matas, Miguel Sánchez-Ostiz, Mario Crespo, Celia Novis, José Ángel Barrueco, Óscar Esquivias, Daniel Ruiz García Ediciones Lupercalia, Alicante, 2013.

Premios y reconocimientos

Premios

2001: Premio Rómulo Gallegos, por El viaje vertical

2001: Premio Ciudad de Barcelona

2002: Premio Fernando Aguirre-Libralire

2002: Premio Herralde, por El mal de Montano

2002: Premio Nacional de la Crítica, por El mal de Montano

2003: Premio Médicis Extranjero

2003: Premio del Círculo de Críticos de Chile

2006: Premio Internacional Ennio Flaiano

2006: Premio Fundación José Manuel Lara

2006: Premio Real Academia Española

2007: Premio Elsa Morante, en el apartado Scrittori del Mondo

2009: Premio Internacional Mondello, por Dottor Pasavento

2010: Premio Leteo (León, España), por el conjunto de su obra

2010: Premio Jean Carrière, por Dublinesca (Nimes)

2011: Premio Bottari Lattes Grinzane

2012: Premio Argital, por Aire de Dylan (Noche de la edición de Euskadi)

2012: Premio Gregor von Rezzori a la mejor obra de narrativa extranjera, por Exploradores del abismo

2014: Premio Formentor de las Letras, por su obra literaria

2015: Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, por el conjunto de su obra literaria

2016: Premio Nacional de Cultura de la Generalidad de Cataluña, por el conjunto de su obra literaria

2017: Premio Feronia-Città di Fiano, por el conjunto de su obra

2017: Prix Ulysse (Bastia, Corse)

2017: Premio Lisbon Festival Film. Sintra (Portugal)

Premio al mejor libro extranjero en Francia

2026: Premio Zenda de Honor

2026: Premio Nacional de las Letras Españolas

Reconocimientos

Doctor honoris causa por la Universidad de los Andes (Venezuela)

Caballero de la Legión de Honor (Francia)

Oficial de la Ordre des Arts et des Lettres

VII

[Presentaciones de Anagrama]

Historia abreviada de la literatura portátil

El lector tiene en sus manos la obra más emblemática, ya casi legendaria, de Enrique Vila-Matas. Publicada en 1985, "Historia abreviada de la literatura portátil" fue traducida inmediatamente a un gran número de idiomas y, más allá de las páginas del libro, originó diversas conspiraciones en la vida real. La conspiración shandy o sociedad secreta de los portátiles fue fundada en 1924 en la desembocadura del río Níger y quedó disuelta tres años después, tras un espectacular escándalo, en Sevilla. Formaron parte de la conjura shandy, entre otros, Duchamp, Scott Fitzgerald, Walter Benjamin, César Vallejo, Rita Malú, Valery Larbaud, García Lorca, Pola Negri, Berta Bocado, Alberto Savinio y Georgia O?Keefe. Dos requisitos eran imprescindibles para formar parte de la sociedad secreta: junto a que la obra artística de uno fuera portátil, es decir, que no fuera pesada y pudiera ser fácilmente trasladable en un maletín, la otra condición era la de funcionar como una perfecta máquina soltera. Aunque no imprescindibles, se recomendaba también poseer ciertos rasgos que eran considerados como específicamente shandys: sexualidad extrema, espíritu innovador, ausencia de grandes propósitos, insolencia, tensa convivencia con el doble, simpatía por la negritud y nomadismo infatigable.

Dietario voluble

Este libro abarca los tres últimos años (2005-2008) del cuaderno de notas personal de Enrique Vila-Matas. Al tratarse de un diario literario que se origina en la lectura, es una obra escrita desde el centro mismo de la escritura. Combina los comentarios sobre libros leídos con la experiencia y la memoria personal, y va proponiendo la desaparición de ciertas fronteras narrativas y abriendo camino para la autobiografía amplia, siempre a la búsqueda de que lo real sea visto como espacio idóneo para acomodar lo imaginario, y así novelizar la vida. No se aleja, además, Dietario voluble de los procedimientos literarios más habituales en Vila-Matas, donde las diferencias estilísticas entre libros de ficción y colecciones de ensayos son cada vez menos relevantes y más fieles a una feliz consigna de literatura híbrida y fragmentaria en la que los límites siempre se confunden y la realidad baila en la frontera con lo ficticio, y el ritmo borra esa frontera.

Compuesto en parte por notas que pasaron directamente del cuaderno personal del escritor a la edición dominical de El País de Cataluña, pero también por importantes fragmentos que no se movieron del cuaderno y que ahora dejan de ser inéditos, y también por notas que han sido escritas para completar esta edición, Dietario voluble es, ante todo, un tapiz que se dispara en muchas direcciones. Si a propósito de Exploradores del abismo hablaba Justo Navarro de «la felicidad de contar descubrimientos en un grafiti mental interplanetario que iba de Estocolmo a Ronda, de Malibú a la Rusia más profunda, de Buenos Aires al espacio, y donde pueden coincidir Kafka y Petronio, Bernhard y Burroughs, parejas imposibles», aquí en el Dietario se viaja de nuevo en todas las direcciones posibles del tapiz, y las parejas de baile son más extrañas aún si cabe: su ritmo incesante borra cualquier divisoria entre el infinito y los límites.

Exploradores del abismo

«¿Qué escribes?», le preguntaron una tarde a Enrique Vila-Matas. El escritor vivía, tras Doctor Pasavento, en una permanente sensación de camino clausurado, pues sentía que había llegado al final de un cierto recorrido y ante él se abría un abismo. «Escribo el título de un libro», respondió. El título era Exploradores del abismo. En los días que siguieron, comenzó a surgir una serie de relatos relacionados con lo que sugería ese título. El libro entero es la exploración de ese abismo. Y, como el mismo título indica, se ocupa de historias que protagonizan seres al borde del precipicio, seres que se entretienen en ese borde y lo estudian, investigan, analizan. 

Los exploradores son, obviamente, una metáfora de la condición humana. Son optimistas y sus historias, por lo general, son las de personas corrientes que, al verse bordeando el precipicio, adoptan la posición del expedicionario y sondean en el plausible horizonte, indagando qué puede haber fuera de aquí, o en el más allá de nuestros límites. Son personas no especialmente modernas, pues por lo general desdeñan el hastío existencial tan en boga, y más bien es gente anticuada y muy activa que mantiene una relación desinhibida y directa con el vacío. En ocasiones, ese vacío es el centro del relato que protagoniza mientras que en otras, bien distintas, el abismo llega a ser sólo un buen pretexto para escribir un cuento.

En realidad, los relatos de este libro buscan puentes en un admirable abismo, que es pacientemente explorado en todas las direcciones posibles por historias sutilmente conectadas: historias cruzadas por la enigmática y sinuosa silueta de un equilibrista, cuyo recorrido va trazando el inestable y a la vez consistente hilo que liga, con bella y extraña coherencia interna, el conjunto de relatos que componen este regreso de Enrique Vila-Matas a la narrativa breve, pero también al libro inclasificable, tan alejado de la novela convencional como del típico conjunto -siempre tan sospechoso- de cuentos cerrados y correctos. Al final estamos sin duda menos perdidos que al comienzo, pero también más cerca de un nuevo abismo. Y se intuye que, como diría Canetti, los exploradores ya no saben cómo volver del mapa.Y también se intuye que los lectores de Vila-Matas acogerán con avidez este libro deslumbrante.

Doctor Pasavento

El héroe moral del escritor y doctor Pasavento es Robert Walser, de quien admira su afán por pasar desapercibido, la vida de bella infelicidad que llevó y la extrema repugnancia que le producían el poder y la grandeza literaria.

Perseguir el destino de este escritor significa para Pasavento retirarse del mundo, como lo prueba esa caligrafía suya que se va haciendo cada vez más microscópica y le lleva a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz porque siente que éste se encuentra más cerca de la desaparición, del eclipse. 

«No escribo para ser fotografiado», dice en cierta ocasión. Quiere apartarse, y un día desaparece. Cree que indagarán, que le sucederá lo que a Agatha Christie cuando la buscaron por toda Inglaterra a lo largo de once días y al final fue encontrada. Pero al doctor Pasavento no le busca nadie y poco a poco va imponiéndose esta sencilla verdad: nadie piensa en él. 

Le veremos entonces recurrir a la estrategia de la renuncia: el acto extremo con el cual algunos raros escritores se aseguran el único modo de captar el destello de la vida plena e inexpresable, no sofocada por el poder. Le veremos renunciar al yo, a su grandeza y a su supuesta dignidad, y hasta creer que está encarnando por sí solo la historia de la desaparición del sujeto en Occidente.

«Lo que yo quiero es seguir existiendo sin ser molestado», dice el doctor Pasavento, y luego, de forma algo contradictoria, se pregunta si será capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existe. Viaja al manicomio suizo donde Walser vivió tantos años apartado del mundo y se acerca al ejercicio de un arte muy peculiar y en el que su escritor más admirado fue un consumado maestro: el arte de convertirse en nada. 

En Doctor Pasavento, Enrique Vila-Matas, después de Bartleby y compañía, El mal de Montano y París no se acaba nunca, prosigue la ruta ascendente que lo ha consagrado, indiscutiblemente, como uno de los grandes escritores europeos de nuestro tiempo.

París no se acaba nunca

París no se acaba nunca es una revisión irónica de los días de aprendizaje literario del narrador en el París de los años setenta. Fundiendo magistralmente autobiografía, ficción y ensayo, nos va contando la aventura en la que se adentró cuando, en una buhardilla de París, redactó su primer libro. Y nos desvela, por ejemplo, cómo en parte escribió ese libro gracias a los consejos para escribir una novela que le dio, resumidos en una breve cuartilla, Marguerite Duras, su muy atípica casera.

París no se acaba nunca es también la historia de cómo en su juventud el narrador viajó a esa ciudad para imitar literalmente la vida bohemia de escritor principiante de Hemingway, quien contó, en París era una fiesta, que allí fue «muy pobre y muy feliz», y de cómo, por el contrario, el narrador fue muy pobre y muy infeliz. Aunque, eso sí, logró allí escribir su primera novela y, además, descubrió que, como decía John Ashbery, después de vivir en París, uno queda incapacitado para vivir en cualquier sitio, incluido París. 

En París no se acaba nunca, que es también el título del último capítulo de París era una fiesta, Enrique Vila-Matas nos ofrece un retrato del joven debutante en la vida y en el arte, que se inscribe, con sorprendentes matices renovadores, en la ya clásica tradición de aquellos relatos que giran en torno a la educación sentimental de alguien que, escapando de un ambiente mediocre, busca triunfar en el centro mismo del arte. 

Después de tan resonantes éxitos como El viaje vertical, Bartleby y compañía y El mal de Montano, el autor consigue en esta nueva novela una armoniosa y logradísima síntesis de las muchas facetas de su singular narrativa.