martes, 3 de marzo de 2026

El arzobispo visigodo Eugenio de Toledo lamenta la vejez

  Eugenio de Toledo. 

Lamento por la llegada de la vejez.

La malvada vejez ya se apodera del miserable para doblegarlo; por eso, desde el dolor, canto canciones nuevas y tristes. He aquí que riego con lágrimas mis mejillas bajo mi frente húmeda de rocío y nuestros murmullos llorosos llegan al cielo. 

Pero, antes de eso, ella misma quedará al descubierto por nuestros propios yambos, cuán intolerablemente daña con sus propias enfermedades. ¡Oh Senectud cruel y malvada, devoras todas las cosas bellas con tus fauces salvajes, abres la boca voraz y revelas tu garganta negra, hieres como una madrastra con semilla mortal y traspasas al herido con la espada de la muerte. 

A medida que te acercas, toda fuerza falla, la salud retrocede, la enfermedad surge, los sentidos se embotan, la belleza perece, el pecho enfermo se consume en suspiros, la alegría se vuelve carga, el llanto deleite. Rompes huesos, arrugas extremidades, cortas el cabello e insertas canas, embotas los dientes, los vuelves puntiagudos, sacudes todo el cuerpo con temblor repugnante, amenazas con fiebres e infliges dolores. 

Por tu culpa la gota produce duras hinchazones, una tos sin aliento escupe flemas purulentas, una profusión de heridas abrasa la piel. No hay placer en bebida ni en comida: solo los lamentos traen consuelo. 

Mientras medito estas cosas tediosas en mi fuero interno, es agradable dejar todo lo que pasa, temer a Dios buscando lo eterno, considerar polvo las ganancias terrenales, orar siempre y decir con llanto: ¡Fuera, oh vanas alegrías del mundo, riquezas perecederas, propiedades fangosas, cetros, honores, adulaciones dañinas! Ahora el fin está cerca, la ruina llega; ahora la Muerte sangrienta llama a nuestra puerta.

¡Oh Muerte, devoradora de todo! A ti dirijo ahora mi queja. ¿Por qué persigues a los desdichados? ¿Por qué vienes con tanta prisa? Haces que las estaciones pasen rápido y aceleras su curso ensangrentado. Te apresuras, y cesan las alegrías de la vida, se cierne una sombra terrible, desvanécese la luz radiante. Todos los órganos vitales se ven privados de fuerza vivificante. Se cierran los ojos, calla la lengua locuaz, los oídos abiertos se vuelven sordos para todo son y con las fosas nasales tapadas no hay aroma, los pulmones no respiran ya el aire que da vida, se entumecen de frío las extremidades y ni siquiera la sangre se calienta. La carne se consume, los gusanos devoran todo y así la forma del hombre se convierte en cenizas putrefactas. 

Ciertamente he cantado muchas cosas que temer, muchas cosas terribles; pero lo que verdaderamente temo, ahora lo diré entre lágrimas. Veo al severo tribunal del Juez entronizado allá en lo alto, ante cuya mirada tiembla toda la creación. La hueste celestial, de blanco vestida, deposita sus coronas ante Él y, con rodillas temblorosas, se inclina ante el trono; así busca ver a su Señor, así amarlo para siempre, de modo que un temor, mezclado con amor, agita el alma.

¿Qué harán entonces el gusano, la podredumbre, la ceniza, si los corazones tiemblan ante el rostro de Cristo? Oprimí, despojé, forjé acusaciones, mi mente era sorda al llanto del pobre. He corrompido mi propio cuerpo con llaga gratuita: por eso soy miserable, por eso temeroso, por eso tembloroso. Ninguna misericordia frenó jamás mi ira, ni estaba yo sin bilis en mi furia ni sin derramar sangre. Por eso el alma teme sufrir golpes similares, o ser desgarrada por un azote que daña sin fin. Porque, aunque aquí por poco tiempo se cometen tales infamias, una llama larga consume después el alma.

Temo con razón tales cosas, mientras late temblando el corazón. Te suplico ¡oh Dios supremo! por tu misericordia (pues nadie más que Tú desearía quitar la mancha del pecado o limpiar la mente de sus vicios ingénitos): perdona la culpa de alguien tan miserable, perdona el crimen; haz el bien después de la caída, después de tan gran mal. ¡Perdona, te lo ruego, al alma que jadea, perdona al alma que suplica, que teme las llamas y gime por sus propias malas acciones!Tú que das alegrías a los santos, que concedes recompensas a los justos! ¡Que el castigo del pobre Eugenio sea leve, te lo ruego!       

Quien desee saber o pregunte cuál fue la causa de mi esfuerzo, de las miserias de esta vida, que lo aprenda con amabilidad. Mientras la vida infeliz me zarandeaba durante diez y catorce años, y la vejez lenta me perseguía con paso rápido, una grave enfermedad se apoderó de mi cuerpo cansado que amenazaba con el golpe de una muerte salvaje y atormentaba largamente mis miembros con un dolor agudo. Una fiebre incierta quemaba mis huesos, mi carne se consumía con languidez, ningún alimento restauraba mi cuerpo debilitado, ninguna bebida me proporcionaba alivio. ¡Tan a menudo me golpeaban males tan grandes y, temblando de miedo ante una muerte espantosa, lamentaba en verso el fugaz curso de la vida! 

Aforismos de Ángel Crespo

A cada poeta se le lee en su obra y en la de los demás. Por eso, leer a un solo poeta con olvido de los otros es no leerlo. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Algunos poetas parecen ignorar a la décima Musa: la que aconseja no escribir. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Antes de escribir hay que aprender a no hacerlo. "Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

''Apenas''. He aquí la palabra más poética. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Bajo cada poema hay otro más precioso que él, como un tesoro. Todo es cuestión de querer y saber cavar con fe. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

¿Cómo conquistar la serenidad? Estando por cima de todos los dogmas, como los dioses. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Corrección no es arrepentimiento, sino reiteración y, a veces, reincidencia. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Cuando se lo corrige con disminución, el poema se hace más nuestro; con aumento, más del aire; sin lo uno ni lo otro, más de sí mismo. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Cuando todos los caminos confluyen en uno, van a dar al [[infierno]]. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

En el país de los tuertos, el ciego es el rey. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Debussy escribía en un espejo; Stravinsky, detrás del espejo; Schönberg, en el marco del espejo. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

''Dicen los músicos''

Bach: ¡Creo!

Beethoven: ¡Lucho por creer!

Schumann: ¿Se puede creer?

Debussy: ¿Creyó alguien alguna vez?

Bartok: ¿Qué es creer?   ''Claro: oscuro'', Zaragoza, Porvivir Independiente, 1978

El diablo sabe pero no entiende. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

El olvido nos obliga a inventar, a descubrir lo que ignorábamos. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

El sentido común carece de sentido. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

El poeta toca una flor y la convierte en flor. Y no hay metamorfosis más profunda. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

El verdadero mundo de la pintura es invisible; el de la música, inaudible; el de la poesía, inefable. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Entre el entender y el no entender reside el saber. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Esas poetisas que se conforman con desnudarse. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Escribir poesía es inventar lo cierto: como si no lo fuera. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Hay almas -y pueblos- que son como un estanque al que se arrojase una piedra y no produjese ondas. Á. C., ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

La poesía es tan corta que no deja tiempo para la prisa; tan larga, que sobra tiempo para la calma. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

La poesía no busca el misterio, sino la verdad: por eso es misteriosa. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

La poesía no es la palabra en el tiempo, sino el tiempo en la palabra. "Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

La poesía no pone los puntos sobre las íes, sino las íes bajo los puntos. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

La sabiduría no es fruto de la ciencia, sino de la conciencia. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Lo callado amplifica lo dicho. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Lo evidente no merece a la poesía, pero, ¿hay algo evidente? ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Lo más absurdo que puede escribirse es la biografía de un héroe. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Medios de locomoción

El Duque de Rivas escribía en calesa.

Espronceda, a caballo.

Bécquer, en la barca de Lohengrin, pero con otra música.

Zorrilla, en una tartana, pero tirada por un purasangre.

Núñez de Arce, en un tren de cercanías.

''Claro: oscuro'', Zaragoza, Porvivir Independiente, 1978

No cambies: varía. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

No escribas para el presente ni para el futuro, sino para los capaces de entender. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Nos acerca lo que nos diferencia: por eso hacemos el amor. Las iglesias y los partidos unen, en cambio, a lo semejante: por eso engendran odio. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996. 

Parábola sola.

La poesía es como un árbol que crece al revés: su copa atraviesa el centro de la tierra y acaba por aparecer en los antípodas, donde parece un árbol cualquiera; por lo que pocos son capaces de llegar hasta sus raíces. "Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Para ser capaz de decir algo hay que renunciar a decirlo todo. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Poesía real e inaprensible: como en un espejo. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Protesto porque estoy convencido, no para convencer. "Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Quien lo recuerda todo no puede aprender. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Quien no se contradice no se dice. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Sí hay algo nuevo bajo el sol: cada poema verdadero. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996. 

Somos lo que incesantemente estamos dejando atrás, lo que todavía no somos. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Tan solo la nada es igual a sí misma. "Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Toda obra poética, aun suponiendo que nadie la lea y llegue a olvidarla su propio autor, perfecciona el mundo.  ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Todo era igual antes del poema.  ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Todo pensamiento sistemático conduce al absurdo; sólo la [[intuición]] poética descubre los fundamentos de la verdad. ''Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996.

Una imagen bella vale más que todos los silogismos.  ''Claro: oscuro'', Zaragoza, Porvivir Independiente, 1978.


Ver y oír

Unamuno veía bien, pero oía mal.
Antonio Machado oía bien, pero veía mal.
Rubén Darío oía y veía bien, pero oía mejor que veía.
Juan Ramón Jiménez también veía y oía bien, pero veía mejor que oía.[

Yo soy yo, y mi circunstancia trata de negarme.' 'Aforismos'', Huerga y Fierro, 1996. 

Nueva edición del Zohar

 ‘Zohar’, el libro más importante de la mística hebrea, en El País, por Juan Arnau, 3 mar 2026:

Lola Josa presenta una selección exquisita de fragmentos de esta obra universal atribuida a Moisés de León. Nacida en los Campos de Castilla en el siglo XIII, heredera de la cábala de Gerona y Barcelona, anticipa la gran mística española de los Siglos de Oro

Para el cabalista el mundo oculto es infinitamente superior al manifiesto. En eso coindice con la astrofísica moderna. En el universo predominan la materia y la energía oscuras. Su fundamento (Ein Sof) es un secreto inagotable que nunca colmará nuestras inquisiciones, “una energía oscura más rápida que la luz”, escribe Lola Josa, autora de esta esplendorosa antología. Hay en el Zohar una idea de especial significación para este cronista: sólo se puede conocer lo falso. Lo verdadero hay que serlo. “Cuando la Luz se propaga, su esplendor despierta preguntas que todavía la esconden más”. Estudiar y no saber. Como en el mito védico, la definición del misterio último es una pregunta: ¿Quién?

La situación plantea un desafío creativo no muy diferente del matemático: crear un lenguaje capaz de trasmitir el Infinito sin privarlo de su esencia enigmática. Ese lenguaje habrá de ser paradójico, irónico y, por encima de todo, apuntar a una posible superación de lo simbólico. La mayoría de las palabras del Zohar, trilíteras, incluyen la antítesis de lo que significan. Una estrategia antigua que Jacques Derrida rescata en Cómo no hablar, ensayo dedicado a la teología negativa. Decir a Dios afirmando lo que no es. Paradojas cruzadas entre silencio, negación y escritura, donde el lenguaje desconcierta la lógica y socava la certidumbre. Vanidad del significado, inevitable en el pensamiento discursivo. Cada respuesta plantea una nueva pregunta. De ahí que la lengua divina no formule un mensaje. Cobra sonoridad y el iniciado se convierte en caja de resonancia. El vacío de Dios es una luz que se oculta a sí misma. Un rayo de tiniebla, que diría Juan de la Cruz, del que la propia Josa ha destapado raíces hebreas.

Hay en todo esto un juego erótico. Un poder femenino que desea recibir el Infinito deviene potencia dadora masculina. Esa es la fricción erótica de la creación. El arte de recibir (Kli) y el poder de dar (Or). Ambos se buscan en ese juego del escondite que es el universo. Pero todo en su justa medida. No hay libertad sin limitaciones. En el origen de los tiempos, la luz del Ein Sof era demasiado intensa y amenazaba con arrasar la creación. El infinito tuvo que retirarse, contraerse, creando un hueco donde fuera posible el crecimiento de las cosas. Una idea fascinante. Un dios que se encoge para que el mundo sea. Una creación anónima y discreta, de un joven artista adolescente, que confirma la intuición de Aristóteles: la metafísica no es lo que está más allá de la Física, sino lo que está detrás de la Física.

El cabalista busca ese recogimiento. Encarna como ningún otro la “desaparición del autor” de la que hablaba Maurice Blanchot. Quien escribe se borra como sujeto soberano y deja que la obra se imponga por sí misma. El cabalista revive la experiencia impersonal del lenguaje. Habita, como Borges, en la eterna biblioteca del Tanaj, busca el infinito entre líneas. De todo lo creado, la Torá es lo más logrado y luminoso, vestido del enigma supremo, tejido hecho de palabras. De ahí que la cultura hebrea sea la cultura letrada por excelencia. Pero las letras son también números, por eso los judíos han sido siempre buenos contables.

Las letras no sólo muestran, también esconden. Son velos que sugieren formas que el procedimiento hermenéutico y criptográfico convierte en revelaciones pasajeras. Y así se va haciendo camino. Las palabras, tan condicionadas ellas, son el trampolín hacia lo incondicionado. La lectura metódica, vertical o invertida, el valor numérico de las letras, permiten un álgebra que genera nuevos significados, todos ellos vanos, pasajeros, que susurran el secreto del origen. Procedimiento irónico. El cabalista sabe que todo entender es un espejismo, pero no ceja en su empeño. Estudiar y no saber.

El Zohar está sembrado de motivos hindúes. El Infinito emite un punto ígneo de luz, del interior de la llama surgen los tonos que colorean el mundo. Se lo llama Uno, Aleph, pues, aunque la divinidad contiene muchas formas, sigue siendo una. Hay también admoniciones morales: “El rumbo que escojas en este mundo será el que te guie una vez muerto”. Alguna de tono confuciano: “Acuérdate del Creador en tu juventud, antes de que lleguen los días malos”. El libro se cierra con la mención a la morada suprema, la morada del Amor, donde todo existe y perdura. “Quien ama el Amor, ama lo eterno, que es Amor y cumple, amando, con el Amor”. Disolviendo fugazmente los límites entre el yo y el otro. La eternidad se enamora de las producciones del tiempo.

Zohar. Libro del esplendor, Edición y traducción de Lola Josa. Atalanta, 2026 384 páginas, 27 euros

Crisis de la asignatura de Religión

 “Hay colegios que no saben qué hacer con los profesores”: crisis en clase de Religión tras perder 370.000 alumnos en un lustro, en El País, Ignacio Zafra, 2 mar 2026:

La caída de la demanda se acelera con la Lomloe. Solo en Navarra, su Ejecutivo calcula que está pagando “1.020 horas de clase que no se imparten

El renacer del espíritu religioso no se aprecia en las aulas españolas. Más bien al contrario. El declive de la asignatura de Religión se ha acelerado en los últimos años tras la aprobación de la actual ley educativa, la Lomloe. La clase ha perdido 369.807 alumnos en un lustro en las etapas donde se imparte ―Primaria, ESO y Bachillerato―, 10 veces más de lo que ha caído el número total de estudiantes en el mismo periodo por la evolución demográfica, según refleja la estadística oficial en el documento Las cifras de la educación en España 2026.

El bajón de alumnado y la reducción de horas semanales que se imparte de la materia en buena parte de España desde la entrada en vigor de la Lomloe, al tiempo que el número de profesores de Religión se ha mantenido prácticamente igual (12.554, según el último dato oficial) hace que muchos docentes tengan más horas de contrato que clases que dar.

Navarra, un territorio que fue muy católico y ahora figura entre los lugares donde menos interés muestran las familias por la asignatura, ha sido la primera en poner el problema sobre la mesa. El departamento de Educación calcula que está pagando “1.020 horas de Religión que no se imparten” por curso, por un importe de 2,1 millones de euros. Un dinero que, sin despedir a los docentes, pero sí ajustando lo que cobran a las clases que dan, quiere dedicar a otros objetivos, como el refuerzo de la Formación Profesional.

“Hay muchos colegios que no saben qué hacer con el profesorado”, señalan fuentes educativas navarras, “o que los destinan a labores que nada tienen que ver con Religión”. Como vigilar los recreos, hacer labores de convivencia o llevar el huerto escolar. Y situaciones parecidas se están produciendo en numerosos centros de toda España, explican directores de colegios e institutos.

La gran deserción se está produciendo sobre todo en la enseñanza pública. Tres de cada cuatro, de los 369.807 alumnos perdidos, provienen de esta red escolar. Justo antes de la aprobación de la Lomloe, en el curso 2019-2020, en Primaria, la etapa donde más se estudia la asignatura, todavía asistían a ella más de la mitad de chavales de la pública (50,8%). En el 2023-2024, el porcentaje había bajado al 43,8%; se trata del último curso disponible, porque en este ámbito la estadística se publica con año y medio de retraso.

En el conjunto de la Primaria, los alumnos de Religión todavía son mayoría (55%), gracias a su peso en la concertada (83,4%) y la privada sin subvencionar (58,2%). Aunque en ambas redes, la clase también ha perdido terreno en el lustro analizado: 2,4 y 6,6 puntos, respectivamente. En la ESO la elige el 51% del alumnado (38% en los institutos públicos) y en Bachillerato, el 32% (24% en la pública).

La especial situación del profesorado de Religión ―no se presentan a oposiciones, sino que son elegidos por los obispos― hace que no se les pueda destinar a funciones docentes distintas de su materia, como sucede con el resto de especialidades, explica Isabel Moreno, vicepresidenta de la federación estatal de directores de centros públicos Fedadi. Es decir, no pueden sustituir a una maestra enferma en una clase de matemáticas, por ejemplo. Ante la caída de la demanda, muchos dan clase en varios centros o, en función del grado de sintonía con la dirección del centro, ocupan parte de su tiempo en funciones diversas, ajenas al motivo de su contrato.

La directora de un colegio navarro admite, por ejemplo, que la docente de su centro se ha quedado “con nueve horas de docencia cuando cobra por 23″. Pero eso no quiere decir, agrega, que no trabaje o que no le resulte útil al centro, ya que coordina el programa de voluntariado del centro, el huerto escolar y las actividades de refuerzo. En el instituto público Toki Ona de Bera, al norte de la comunidad foral, la docente rellena parte de su jornada gestionando la biblioteca, explica su director, Igor Arruabarrena.

En muchas escuelas, como señala entre otros Fran Lires, presidente de la asociación de directores de colegios públicos de Galicia ―que es la autonomía donde más ha caído la matrícula de Religión en el periodo analizado, 14 puntos en Primaria hasta situarse en el 45%―, se encargan de hacer guardias (vigilar el patio). E Iñigo Salaberria, de la federación de directores de la escuela pública Heize de Euskadi ―la comunidad donde menor es la demanda; un 33% en toda la Primaria y solo un 12,6% en la pública―, afirma que, aparte de las clases, el profesorado se dedica a tareas como apoyar “la gestión de comedor”.

PP y Vox

La Lomloe mantuvo la religión en las aulas, en aplicación de los acuerdos firmados por el Gobierno con el Vaticano durante la Transición. Pero eliminó los elementos para tratar de sostener la demanda de la asignatura incluida por el PP en la ley anterior, la Lomce. Como el hecho de que su nota contara en el expediente a la hora de solicitar becas o de cara a la Selectividad, o la obligación de que quienes no eligieran Religión tuvieran que estudiar una “materia espejo” (que ha sido sustituida por una vaga “atención educativa” que los chavales suelen pasar leyendo o adelantando deberes).

Ante el desmoronamiento de la demanda, José María Guardia, presidente del sindicato de profesores de Religión Aprecce, reclama que se vuelvan a implantar. Guardia afirma que en las reuniones que han mantenido con representantes del PP y Vox, ambos partidos se han mostrado partidarios de hacerlo.

La Lomloe ha acelerado la pérdida de matrícula (alcanzando una media de 1,5 puntos por curso en primaria). Pero, en realidad, el descenso viene de largo. Y, salvo algún repunte en secundaria, se ha mantenido al margen de la legislación educativa desde hace 25 años, que es hasta donde permite remontarse la estadística oficial.

En el curso 1998-1999, estudiaba Religión el 85% del alumnado de primaria y el 71% en la ESO, unos niveles que han caído 30 y 20 puntos respectivamente. En la pública, la demanda ha caído a la mitad en la pública en dicho periodo, y solo un poco menos en la ESO. Las diferencias territoriales son, por otro lado, enormes, con Euskadi y Cataluña (38% en Primaria) donde menos se estudia, y Andalucía (71%) y Extremadura (78%) donde más.

lunes, 2 de marzo de 2026

Test de psicopatía

 A diferencia de la mayoría de trastornos psicológicos, no existe un comportamiento individual único que permita definir a una persona como un psicópata. Según la Clasificación Internacional de Enfermedades, existen ocho rasgos que caracterizan a la psicopatía, requiriéndose la presencia de, al menos, tres de ellos para calificar a alguien como psicópata. Estos rasgos son:

1. Cruel despreocupación por los sentimientos de otros.

2. Irresponsabilidad.

3. Despreocupación por el cumplimiento de reglas y normas sociales.

4. Incapacidad para sostener relaciones duraderas.

5. Poca aceptación de la frustración.

6. Incapacidad para sentirse culpable.

7. Incapacidad para aprender de castigos y experiencias.

8. Marcada tendencia a culpar a los demás de los comportamientos conflictivos.

Más recientemente se ha introducido el término sociópata, que sería el psicópata inducido por las experiencias sociales (por ejemplo, tener un padre borracho, maltratador y pegón, como muchos dictadores (Stalin, Franco, Hitler, Mao, Macías... y asesinos en serie), mientras que la psicopatía sería de origen genético. Los sociópatas pueden tener algunos rasgos rudimentarios de empatía. Todos son manipuladores y hábiles actores, y no necesariamente inteligentes ni cultos.

Muchos psicópatas asesinos en serie muestran estos tres rasgos desde niños, por orden de importancia:

1. Tortura y disección de animales.

2. Piromanía.

3. Enuresis nocturna.

Deben ser los tres, y el más importante es el primero.

A vueltas con Francisco García Pavón

 "En un lugar de la Mancha", por Antonio Rivas, 24 de junio de 2008, en La Insignia, pero publicado antes en Bibliópolis:

Con el cuento "De como el Quaque mató al hermano Folión y del curioso ardid que tuvo el guardia Plinio para atraparle" comenzó, en 1953, la que se puede considerar como la versión española y castiza del género policiaco. Diecinueve relatos, cuatro novelas cortas y ocho novelas protagonizadas por Manuel González, alias Plinio, el jefe de la guardia municipal de Tomelloso (Ciudad Real). Su creador, Francisco García Pavón (Tomelloso, 1919 - Madrid, 1989) desarrolló en estas historias un estilo de serie negra autóctono y original, alejado de los estereotipos clásicos anglosajones tanto en el carácter de los personajes como en el entorno en que se desarrollan.

De hecho, y desde cierto punto de vista, se podría decir que las andanzas de Plinio son novelas costumbristas más que policiacas. El misterio de turno ("los casos bobos, sencillos, que es la realidad de un pueblo donde no pasa nada", en palabras de García Pavón) es en muchos casos un simple hilo conductor sobre el que el autor construye multitud de pequeñas historias y situaciones, descripciones pintorescas y crítica social (expresada con la sutileza a la que obligaba la época de la publicación de la mayoría de los relatos, durante el franquismo), estudio de caracteres y representación de la realidad de la época. Pero, al fin y al cabo, ésas son también características de la novela negra, y no desmerece el resultado el hecho de que, en lugar de las grandes urbes norteamericanas donde se mueven los personajes de Hammett y Chandler, o el Londres donde actúa Sherlock Holmes, el escenario sea un tranquilo pueblo de Ciudad Real y las labores investigadoras corran a cargo de un discreto policía municipal, en compañía de su Watson particular, el veterinario jubilado don Lotario (que, a diferencia del mencionado Watson, es mucho más que un comparsa cuyo papel es relatar las aventuras del héroe y asombrarse convenientemente de sus habilidades), con el que recorre las carreteras en un SEAT 600.

Plinio no es un héroe con cualidades asombrosas; es un tipo normal, con sentido común, tranquilo y que conoce a los vecinos, sus familias, sus hábitos y sus quehaceres diarios. No aplica un método científico a la resolución de los casos; se guía por corazonadas, intuición y atención a lo que dice la gente, los cotilleos, los rumores... (y más en un sitio pequeño, donde es poco probable que no haya alguien que se haya enterado de algo). No se enfrenta a peligros (de hecho, jamás tuvo que disparar su arma reglamentaria) ni tiene una inteligencia excepcional o un pasado oscuro. Le intrigan los misterios, pero si el problema es el robo de once jamones, pues eso es lo que ha de resolver. Cuando se aburre por la falta de acción (y en esto tiene otro punto en común con Holmes: lleva mal la inactividad) no mitiga las molestias que ello le causa con escapismos exóticos; se va a la tasca del pueblo para pasar un rato de tertulia y tomarse unos chatos. Es un tipo normal, con las preocupaciones de cualquiera: el trabajo cotidiano, la boda de la hija, etc. Lo que no resta interés en absoluto a las historias de Plinio como serie negra per se. Simplemente, es otro estilo. Y el talento de narrador de García Pavón, considerado uno de los mejores cuentistas españoles del siglo XX, hace el resto.

Con el tiempo, y pese a la originalidad de sus planteamientos, su gran calidad literaria y el hecho de que es un claro precursor de la novela policiaca española, la obra de García Pavón ha sido injustamente olvidada incluso, o quizá especialmente, entre los aficionados al género, y la apreciación por parte de los autores españoles es más que relativa (el propio Vázquez Montalbán la despachaba como un "estudio de costumbres en un pueblo de La Mancha" y le negaba validez como propuesta de novela policiaca). Personalmente, considero que es un error pasar por alto esta serie, y la reciente reedición de las Obras completas de García Pavón pone a disposición de los aficionados la oportunidad de comprobarlo.

Los enemigos literarios de Pablo Neruda

 "Neruda, Carpentier y Cortázar: Las ceremonias del aniversario (II). El interminable ajuste de cuentas", por José Ramón García Menéndez, en  La Insignia. Diciembre del 2007:

 El pleito Carpentier-Neruda (a veces pueril, con frecuencia agrio) cobró una especial virulencia con la publicación de Confieso que he vivido, libro de memorias de Neruda entre el fecundo balance vital y literario del poeta chileno y su irrefrenable gusto por el litigio contumaz con escritores latinoamericanos contemporáneos. De esta forma, mientras hace una caricatura cruel de la relación política y literaria con Pablo de Rokha, poeta y camarada que se suicidó en 1968, a quien denomina "Perico de Palothes"; Neruda califica a Vicente Huidobro como "egocéntrico impenitente" y desprecia la obra de Nicolás Guillén utilizando el equívoco con Jorge Guillén mediante la siguiente mención literal: "…Guillén (el español: el bueno)".

La práctica de la diatriba en Neruda tuvo un temprano entrenamiento en las animadas tabernas del entorno del Palacio de La Moneda. Desde estudiante y hasta su nombramiento como cónsul en Birmania, en 1927, Neruda recorría con su amigo el poeta Romeo Murga los bares de la calle Nueva York, San Pablo y Bandera, probando vino tinto de las históricas cepas chilenas de pinot con las afamadas empanadas chilenas. Con el tiempo, su displicencia con algunos colegas se atemperó, bien porque muy pronto se reconoció localmente su obra literaria (Crepusculario, Veinte poemas…), bien por su proyección cosmopolita en paralelo a sus quehaceres diplomáticos. No obstante, Neruda siempre recordó con especial nostalgia las tertulias de la calle Bandera y, en concreto, de dos amigos poetas fallecidos prematuramente por el delirio de la bohemia santiaguesa: Alberto Rojas y Alirio Oyarzún. Mientras el primer muere por una bronconeumonía fulminante en una noche de invierno por dejar su abrigo como pago en un bar; el segundo no llega a cumplir 30 años como un Rimbaud andino.

No obstante, la "guerra" entre Neruda y el poeta chileno Pablo de Rokha se convierte en un escaparate paradigmático. Excelente escritor de su tiempo, seguido por un grupo de lectores incondicionales, artesano que dominó un poderoso lenguaje poético, marxista de convicciones y militante durante años, como Neruda, en el Partido Comunista Chileno, tuvo una fijación fóbica y casi enfermiza con Neruda, hasta el punto que publicó Neruda y yo, singular colección de descalificaciones e insultos de un litigio personal y literario con un rango casi infantil. Esporádicamente Pablo Neruda brindaba también algún mensaje al bando contrario, con lo que la hoguera de las vanidades de ambos poetas se mantuvo encendida prácticamente hasta el fallecimiento de Rokha.

Para delicia de las tertulias literarias de Santiago, Valparaíso y Temuco, al interminable ajuste de cuentas entre Rokha y Neruda se sumaba Vicente Huidobro, enfrentado a su vez con los dos anteriores, y que compartía el juicio que a Juan Ramón Jiménez le merecía Neruda: "un gran mal poeta". Por su parte, Neruda ridiculizó a Huidobro por su afectación y ñoñería católica que consideraba a Zola, Anatole France o Blasco Ibáñez como escritores pornógrafos. Este peculiar triángulo (curiosamente, los tres militantes eran del PC chileno) produjo, durante décadas y en los aledaños de la Plaza de Armas, un mercado callejero, no menos peculiar, de panfletos incendiarios, dedicatorias apócrifas y carteles cuyos contenidos eran auténticos bofetones.

La escalada del contencioso Neruda-Rokha-Huidobro tuvo, sin duda, un punto álgido a propósito de los funerales del poeta Rubén Azócar. Neruda, viejo amigo de Azócar, lee en el cementerio un poema con efectuosa dedicatoria "Corona de Archipiélago para Rubén Azócar". En dicho poema, Neruda relata las vicisitudes de Azócar cuando es víctima de la inconfesable conducta de un ladrón de gallinas vestido de negro que abandona a Azócar en un hotel de provincias como rehén de una cuenta no pagada. El "ladrón de gallinas" era Pablo de Rokha y con esta anécdocta se refería Neruda a una gira literaria en el sur chileno de Rokha y Azócar. El resultado desastroso de la gira hizo huir en solitario a Rokha de Santiago sin pagar los gastos de hotel mientras que Azócar tuvo que quedarse y trabajar como friegaplatos y camarero en el establecimiento acreedor para zanjar las deudas de ambos. Días después de la difusión del poema de Neruda dedicado a la memoria de Azócar, Pablo de Rokha responde con una colección de "Sonetos Punitivos contra Casiano Basualto" dedicados con crueldad a la vida y obra del autor de las Odas elementales.

Tampoco fue menos cruel Neruda. Recordemos aquellos versos vengativos del Canto general cuando acusa a los colegas españoles que abandonaron a Miguel Hernández en los presidios del franquismo de postguerra: "Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre/en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos/de perra, silenciosos cómplices del verdugo,/que no será borrado tu martirio, y tu muerte/caerá sobre toda su luna de cobardes."

Años después, Neruda gozó de un revitalizado espíritu pugilístico , cercano a los setenta años de edad, que vuelca en sus memorias, hasta el punto de dedicarle media página a "un cierto ambiguo uruguayo de apellido gallego…(que) publica…panfletos en que me descuartiza…ese poetiso (sic) uruguayo con sus fantásticas incriminaciones". . Neruda se refería al crítico uruguayo Ricardo Paseyro, que sostenía una increíble historia conspirativa en torno al asesinato de Trotsky en México, acusando a David Alfaro Siqueiros y a Pablo Neruda como los autores intelectuales del meticuloso plan, instigado por Stalin, para asesinar al líder comunista. Neruda, en este sentido, responsabilizó a Paseyro como propagador de esa calumnia en Europa. Creía que había influido negativamente en la Academia sueca, que lo había postergado en la concesión del Premio Nobel de Literatura, a favor de Sastre y de Seferis, durante dos años en los que el poeta chileno era no sólo favorito sino que la Chascona fue preparada inútilmente para recibir a los medios informativos y autoridades locales en una insoportable lección de modestia para el renombrado vate de Temuco. Por su parte, Paseyro sentía una especial fobia literaria hacia Neruda, pues no podía asimilar algunas de las imágenes y metáforas del chileno. ¿Cómo entender, se cuestionaba el crítico uruguayo, el verso "jueves, yo soy tu novio" si no es más que un "nerudismo" diletante?

Sin embargo, en las memorias de Neruda no encontramos mención alguna a la constelación literaria de Uruguay formada por Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, y Angel Rama, entre otros. Como tampoco menciona a otro de los grandes escritores de América Latina, con una densa obra novelística y poética, como Lezama Lima. En este sentido, en la visión panorámica de grandes trazos y amplios directorios nominales que forman la memoria histórica de Neruda destacan la ausencia de escritores que, sin duda, son parte esencial de la historia literaria del continente en el siglo XX. A mi juicio, esta consideración es, en buena parte, producto de la asimetría entre las dos mitades de la obra, a favor de la primera parte.

Quizás, siguiendo la máxima de Rimbaud ("mi superioridad consiste en que no tengo corazón"), Neruda mostró una prepotencia "natural" consciente de la envergadura de su estatura literaria y física, y de la popularidad que alimentaba constantemente a través de frecuentes gestos de generosidad personal y literaria. Los pugilatos en el seno del gremio literario le permitieron, con acérrimos enemigos y apasionados defensores, estar en el primer plano de la actualidad. Por eso no sorprende que, con especial saña, Neruda también ninguneó a Carpentier y en menor grado a Cortázar, con los que coincide -destino azaroso- en el ritual de los aniversarios de 2004.

Con Carpentier, el pulso fue dilatado en el tiempo y especialmente sensible en términos políticos. Al final de la guerra civil española, Neruda se establece por unos meses en París en un apartamento compartido con Rafael Alberti y María Teresa León en el Quai de L´Horloge, muy cerca de la plaza Dauphine donde, en palabras de Neruda, "vivía el escritor francés (sic) Alejo Carpentier, uno de los hombres más neutrales que he conocido. No se atrevía a opinar sobre nada, ni siquiera sobre los nazis que ya se le echaban encima a Paris como lobos hambrientos". El juicio de Neruda -tan generoso con los colegas de la generación del 27- fue más que duro, sumamente injusto e injustificable. Sin embargo, y a pesar de las menciones ofensivas en Confieso que he vivido, Carpentier profesaba una sincera admiración por la poética apasionada del chileno y se refería a inolvidables veladas en el Madrid bullicioso de la II República en las que Federico García Lorca le hablaba de "oscuras fuerzas telúricas" y "Pablo Neruda me leía poemas cuyos versos me hacían asistir a la mineralización de un personaje".

Pero, además, Carpentier y Neruda compartieron asistencia y participación en el I Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura (Paris, 1935) y en el II Congreso de Escritores Antifascistas (Valencia, 1937). En este sentido, Neruda conocía directamente la apuesta de Carpentier no sólo por su respaldo crítico a valores emergentes en las artes plásticas (Picasso, Miró) o en la música (Satie) sino, también, por su compromiso de denuncia y movilización ante el avance del fascismo en España y, después, en toda Europa, así como el rechazo a las crueles tiranías americanas (Somoza, Trujillo, Batista) a las que, tiempo después y de forma genial, superpuso las herramientas cartesianas para alumbrar el "Recurso del método".

También es cierto que la actitud sobria y medida de Alejo Carpentier, tan afín a las vanguardias modernistas de la Europa de entreguerras y tan alejado, en apariencia, de los alardes sensuales del Caribe, contrastaba con la vitalidad del poeta que, desde su Temuco natal, siente la llamada cosmopolita con el apellido de Jan Neruda, poeta checo, y la insuperable inspiración exótica de la geografía del Índico. Sin duda, el triunfo de la Revolución en Cuba y sus responsabilidades políticas, especialmente en labores diplomáticas, influyó en Alejo Carpentier para que adoptara una posición más fría y distante hacia sus antiguos colegas de Madrid y París. La administración del poder, en términos de Canetti y en un evidente contexto de cerco de Cuba ante el acoso de EEUU, provocó pasividad de los gestores más conscientes y agresividad en los más desconfiados; y en todos ellos, una progresiva tendencia al escepticismo histórico o, en los términos de camaradas literarios desconcertados ante el final de la "primavera de Praga", al marxismo inteligente.

domingo, 1 de marzo de 2026

Sintetizador clásico. Mozart y Purcell.

 Esta es la mejor, e impresionante versión, a mi juicio, en vocaloid, del aria "La Reina de la Noche" de Mozart en La flauta mágica. La máquina logra la claridad en vocaloid por vez primera en cuanto se refiere a esta pieza, que ha exigido un gran estudio fonético del alemán.

Igualmente, el ingeniero de sonido Carey R. Meltz, el mismo de la pieza anterior, ha incluso mejorado con sintetizador, en forma instrumental, la pieza de Henry Purcell que festeja el cumpleaños de la reina Ana. Aquí.

Adam Smith

 I

 La mano visible de Adam Smith: por qué sus ideas siguen siendo influyentes, en El País, Carlos Rodríguez Braun, 1 mar 2026:

El pensador escocés, considerado por muchos como “el padre del capitalismo”, publicó hace 250 años ‘La riqueza de las naciones’, su obra magna. En ella acuñó la metáfora de la mano invisible, que no se refiere a un orden mágico, sino a un mercado con un marco institucional que propicia el crecimiento. Sus ideas influyeron decisivamente en el pensamiento liberal, especialmente por su confianza en la libertad del individuo y por su recelo hacia el intervencionismo del Estado

El título completo del libro que Adam Smith publicó en 1776 fue: Una investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Considerando que no fue el primer texto de economía, ni de liberalismo, y que no estuvo exento de errores, ¿por qué atrajo, y aún atrae, tanta atención?

Sospecho que la respuesta está en su título. Parece que Smith (1723-1790), efectivamente, explicó bien la naturaleza y las causas del crecimiento económico, y lo hizo desde una perspectiva moderna, institucional y multidisciplinar, porque Smith era un pensador con amplias miras más allá de la economía; y con un matizado liberalismo que hizo que su análisis fuera convincente y aplicable tanto en su tiempo como en el nuestro.

Las primeras palabras del libro son: “El trabajo anual de cada nación es el fondo del que se deriva todo el suministro de cosas necesarias y convenientes para la vida que la nación consume anualmente” (La riqueza de las naciones, Alianza; todas las citas corresponden a esta edición).

Este comienzo ya traza una línea divisoria con la falacia que basa la prosperidad en los recursos naturales o los metales preciosos. A Smith no le asombraría saber que el petróleo ayudó a enriquecer a los noruegos, pero no a los venezolanos.

Precisará la modernidad de su análisis, separando la riqueza de una nación de la del Estado, porque para él la riqueza que cuenta es la del pueblo: “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable”.

Pero si el trabajo es la causa de la riqueza ¿por qué no hubo riqueza desde Adán?

Economía, incentivos e instituciones

Smith explica el aumento de la riqueza por la productividad del trabajo, y en concreto por su división, que no puede fructificar hasta que crezca el tamaño del mercado. Por eso cuando selecciona los dos acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad no se le ocurren inventos sino dos extensiones del mercado: el descubrimiento de América y el paso hacia Oriente por el cabo de Buena Esperanza.

La riqueza se crea mediante la producción y el comercio, y no existe la suma cero, otra venerable falacia, según la cual lo que ganan unos lo pierden otros. Todos pueden ganar, y todos cuentan con un poderoso incentivo, una regularidad de la naturaleza humana que Smith subraya en varias ocasiones: el deseo de mejorar nuestra condición, “que nos acompaña desde la cuna y no nos abandona hasta la tumba”.

Todos queremos mejorar, y lo logramos relacionándonos con los demás. Smith no postula el individualismo, porque no hay prosperidad sin intercambios voluntarios en provecho mutuo. Y su mensaje también es contrario al egoísmo, porque los egoístas atienden al propio interés a expensas del ajeno. El mercado es lo contrario, donde la gente satisface su propio interés a la vez que el ajeno.

No basta, sin embargo, con ciudadanos productivos y deseosos de progresar, sino que es imprescindible un marco institucional propicio. Eso ha hecho que la visión multidisciplinar smithiana del crecimiento haya tenido impacto en los teóricos del desarrollo. La economía necesita paz, y por eso “la defensa es mucho más importante que la opulencia”; y también seguridad jurídica: “El comercio y la industria rara vez florecen durante mucho tiempo en un Estado que no disfruta de una administración regular de la justicia, donde el pueblo no se siente seguro en la posesión de sus propiedades, donde el cumplimiento de los contratos no está amparado por la ley”.

Estado y libertad

De lo dicho hasta aquí se desprende que Smith pondera el papel del Estado. ¿En qué medida? Él mismo aclara que en un sistema liberal el soberano ha de cumplir con tres deberes: la defensa, la justicia, y “edificar y mantener ciertas obras públicas y ciertas instituciones públicas que jamás será del interés de ningún individuo o pequeño número de individuos el edificar y mantener, puesto que el beneficio nunca podría reponer el coste que representarían para una persona o un reducido número de personas, aunque frecuentemente lo reponen con creces para una gran sociedad”.

Se comprende fácilmente que el tercer deber puede justificar un indefinido intervencionismo. Y, de hecho, el escocés recomienda medidas antiliberales en diversos campos, desde la educación y la protección de bandera en la navegación hasta la regulación de la banca, entre otras —la cuestión ha sido intensamente debatida—.

Su propia desconfianza práctica en el mercado, empero, da pistas sobre su posición liberal. En efecto, Smith defiende el capitalismo, pero no a los capitalistas, a los que acusa abiertamente: “Es raro que se reúnan personas del mismo negocio, aunque sea para divertirse y distraerse, y que la conversación no termine en una conspiración contra el público o en alguna estratagema para subir los precios”. Pero este recelo no lo lleva a inclinarse en favor del político o estadista —“animal insidioso y astuto”—, sino de los más vulnerables, como son típicamente los consumidores: “El consumo es el único fin y objetivo de toda producción, y el interés del productor merece ser atendido solo en la medida en que sea necesario para promover el del consumidor”. No le impresionarían, por tanto, las manifestaciones nacionalistas ruidosas de los empresarios que reclaman protección para sus “sectores estratégicos” y la “soberanía” variopinta, haciendo pagar más a la gente.

Tampoco aceptaba la habitual arrogancia de los poderosos a la hora de interferir en la propiedad de sus súbditos: “Resulta por ello una grandísima impertinencia y presunción de reyes y ministros pretender vigilar la economía privada de los ciudadanos, y restringir sus gastos… Ellos son, siempre y sin ninguna excepción, los máximos dilapidadores de la sociedad. Que vigilen ellos sus gastos, y dejen confiadamente que los ciudadanos privados cuiden de los suyos. Si su propio despilfarro no arruina al Estado, el de sus súbditos jamás lo hará”.

El camino hacia la riqueza, por tanto, descansa más en los ciudadanos que en las autoridades: “Toda persona, en tanto no viole las leyes de la justicia, queda en perfecta libertad para perseguir su propio interés a su manera y para conducir su trabajo y su capital hacia la competencia con toda otra persona o clase de personas. El soberano queda absolutamente exento de un deber tal que al intentar cumplirlo se expondría a innumerables confusiones y para cuyo correcto cumplimiento ninguna sabiduría o conocimiento humano podrá jamás ser suficiente: el deber de vigilar la actividad de los individuos y dirigirla hacia las labores que más convienen al interés de la sociedad”.

Realista mano invisible

La metáfora más famosa de la economía, la mano invisible, ha sido confundida con la competencia perfecta, que nunca estuvo en la mente de Smith —“si ninguna nación pudiese desarrollarse salvo con el disfrute de una libertad y una justicia perfectas, entonces en el mundo ninguna nación podría haberse desarrollado jamás”—.

La sociedad es un orden complejo, de tal manera que conviene dejar en paz al ser humano, que “al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo. Nunca he visto muchas cosas buenas hechas por los que pretenden actuar en bien del pueblo”. Criticó Smith la desigualdad en la riqueza, pero subrayó la responsabilidad “de la política de Europa, que en ninguna parte deja que las cosas se desenvuelvan con completa libertad”.

Adam Smith cometió errores, como en su defectuosa teoría del valor objetiva o en su pronóstico del poco futuro de las sociedades anónimas. Pero acertó en su teoría fundamental, a saber, que la riqueza de las naciones depende del esfuerzo de cada uno de nosotros para salir adelante —en un contexto pacífico, justo y con una fiscalidad moderada—, y en la idea de que a menudo lo logramos a pesar del Gobierno.

Con prudencia y realismo previno contra la utopía y advirtió sobre la dificultad de las reformas liberalizadoras, porque las regulaciones intervencionistas “no solo introducen desórdenes muy peligrosos en el estado del cuerpo político, sino que son desórdenes con frecuencia difíciles de remediar sin ocasionar, al menos durante un tiempo, desórdenes todavía mayores”.

Reivindicación y legado

Adam Smith es reivindicado por economistas actuales, lo que resulta notable considerando cómo han cambiado tanto la economía real como la teoría económica.

Su visión institucional y multidisciplinar ha sido saludada por destacados académicos. Hablando solo de nuestro tiempo, y limitándonos a los premios Nobel de Economía, han estudiado a Smith y apreciado su pensamiento figuras como Friedrich Hayek, George Stigler, Amartya Sen, Ronald Coase, James M. Buchanan, Vernon Smith y Douglass North. Esta lista no pretende ser exhaustiva, sino solo ilustrativa del impacto científico que han tenido el profesor escocés y su magnum opus oeconomicum.

En cuanto a su legado doctrinal y político, Smith tiene, a causa de su matizado liberalismo, críticos entre los economistas más intervencionistas y también entre las huestes liberales, en particular en la Escuela Austriaca de Economía —pero no toda ella: Hayek lo alaba—.

Por fin, cabe detectar un legado smithiano en la política y la opinión pública. Se extiende el aprecio por el comercio y el mercado, y cunde una reacción política y popular en contra de las intromisiones de las autoridades y su onerosa fiscalidad.

[Carlos Rodríguez Braun (Buenos Aires, 1948) es catedrático jubilado de Historia del Pensamiento Económico y miembro del Real Colegio Libre de Eméritos. Es traductor de La riqueza de las naciones y de La teoría de los sentimientos morales, de Adam Smith.]

II

Adam Smith, el afán moral del ‘padre del capitalismo’, por Rafa de Miguel, en El País, 1 mar 2026:

El pensador escocés fue sobre todo un filósofo preocupado por la empatía. Estudió la necesidad del ser humano de ponerse en el pellejo de los otros para entender sus sentimientos

Edimburgo es una ciudad que rebosa felicidad y cultura. Un incesante río de turistas, que en verano llegan a ser cientos de miles, recorre cada día la empinada Royal Mile, la principal arteria de la ciudad vieja, que conduce al castillo. La imponente estatua en bronce de Adam Smith, a los pies de la catedral de St. Giles, los observa. El ilustre pensador escocés podría ver, a corta distancia, a su contemporáneo David Hume, también inmortalizado en esas calles.

Smith, autor de La riqueza de las naciones y de la Teoría de los sentimientos morales (en su día mucho más aclamada y leída; hoy objeto de historiadores), formó parte de la llamada “Ilustración escocesa”, un breve periodo en la historia, entre 1745 y 1789, en el que se reemplazaron el valor, la lealtad, la religión y la violencia de las dagas por el progreso, la ley, el comercio internacional y el cultivo de las relaciones sociales entre hombres y mujeres. La “Atenas de Gran Bretaña”, fue llamada Edimburgo.

Una ciudad “cuyo clasicismo fue elevado de su frialdad por un gótico que la rescató de lo grotesco”, escribió el historiador James Buchan. Su obra, Capital of the Mind: How Edinburgh Changed the World (Capital de la mente: cómo Edimburgo cambió el mundo), dedica amplias páginas a la figura de Smith, tan reivindicada como malinterpretada por unos y por otros.

Cuando Smith regresó a Edimburgo para pasar allí sus últimos años, escribió al rector de la Universidad de Glasgow para confirmar con nostalgia que sus 13 años en esa institución como profesor de Filosofía Moral “habían sido los más honorables y felices de toda su vida”.

El pensador escocés recibe desde hace tiempos los títulos de “padre del capitalismo”, “padre del pensamiento económico moderno” o “padre del libre mercado”. A su nombre irá asociada ya para siempre la metáfora de la mano invisible (y que solo utiliza en una ocasión en La riqueza de las naciones) y esa idea reducida a la expresión mínima que viene a decir que la búsqueda egoísta del interés particular actúa en beneficio de la prosperidad general.

Y sin embargo, el núcleo central del pensamiento moral de Smith es la simpatía o la empatía: la necesidad del ser humano de ponerse en el pellejo de los otros para entender sus sentimientos. O su brillante aportación de la figura del “espectador imparcial”, un juez imaginario y objetivo de naturaleza mental. En definitiva, nuestra conciencia. Lo que nos permite evaluar nuestras propias acciones para comprobar en qué medida resultan aceptables para los demás.

Smith fue sobre todo un filósofo, preocupado por la moral. Si su mano invisible ha sido interpretada como un mecanismo automático e involuntario cuyo resultado es imponer la armonía en los mercados, el propio filósofo insistió hasta el final en vincular ese bienestar económico con el cumplimiento consciente de normas sociales y morales anteriores. De hecho, uno de sus últimos añadidos a su obra, que nunca dejó de completar, fue la llamada “corrupción de los sentimientos morales”, el resultado no deseado de una admiración excesiva hacia los ricos y un desprecio injusto hacia los pobres.

Café pijo

 Un café con leche en vaso de cristal, caliente, pero no demasiado, con espuma, pero poca, leche de soja, de soja orgánica, cultivada por hobbits de la Tierra Media, bajo Luna llena y bendecida por tres monjes baristas, a 37,5 grados exactos... Demasiada espuma, hazme otro.

sábado, 28 de febrero de 2026

Entrevista a Alfonso Guerra sobre los Machado

 Alfonso Guerra: "El mito de los hermanos Machado como símbolo de las dos Españas enfrentadas es falso", en El Mundo, Teresa López Pavón, 18/10/2024:

El ex diputado socialista es comisario de una muestra que reivindica la obra de «dos grandes poetas» y desmonta los mitos sobre su relación

Alfonso Guerra se mueve con lentitud contemplativa entre los anaqueles instalados en la antigua Fábrica de Artillería de Sevilla, donde desde este lunes se podrán contemplar documentos y fotografías de una saga intelectual, la de los Machado, que ha legado a España dos de sus grandes poetas: Antonio y Manuel.

Los Machado. Retrato de familia reivindica por igual a los dos hermanos y desmonta algunos de los mitos construidos en torno a su obra y al papel que representaron en la Guerra Civil. El ex vicepresidente del Gobierno es el comisario de la muestra y, de la mano de la periodista Eva Díaz Pérez, lleva dos años seleccionando material a partir de los dos grandes fondos documentales de la familia Machado: el de la Fundación Unicaja y el de la Real Academia Burgense de Historia y Bellas Artes.

Cuenta Guerra que conoció a Antonio Machado a través de su maestro Rafael. Y a Pablo Iglesias, a través de Machado: «Fue Machado el que me llevó al socialismo».

P. Dígame qué vamos a aprender en esta exposición.

R. En primer lugar, que ésta no es la exposición sobre un gran poeta y un poeta menor. Esta es una exposición sobre dos grandes. Antonio tiene una influencia reconocida en mayor o menor medida en función de la época pero Manuel ha estado eclipsado durante muchos años por razones no literarias. En segundo lugar, este recorrido demuestra que la excelencia de Antonio y Manuel no es fruto del azar sino el resultado de haber nacido en una familia verdaderamente extraordinaria. El abuelo fue rector de la Universidad de Sevilla, alcalde, gobernador civil, botánico, zoólogo, médico, el primer darwinista de España. Y también es extraordinaria la abuela, pintora y recolectora de romances. O el padre, un gran folclorista. Antonio y Manuel se forman leyendo a los clásicos en la Biblioteca Nacional y yendo a las tertulias literarias y a los teatros y atesoran una enorme cultura. Y, por último, mostraremos que estos hermanos nunca estuvieron enfrentados, jamás. Ni siquiera la crueldad de una guerra civil los enfrentó ni un momento. Por tanto, el mito de que estos dos grandes poetas podrían representar las dos Españas es sencillamente falso, es mentira.

P. Y, ¿cómo se forja ese mito del enfrentamiento si todos los testimonios apuntan a lo contrario?

R. Uno estaba en Madrid cuando los sublevados dieron el golpe y otro estaba en Burgos, por casualidad, porque había ido a visitar con su mujer a su cuñada Carmen. Entonces, lo meten en la cárcel y sale -yo creo- muerto de miedo. Es verdad que después hizo algunos poemas de exaltación del régimen. Aunque también es cierto que llegó a estar perseguido por los fascistas y por las autoridades de la República. Esas circunstancias personales que alejan físicamente a los hermanos tras el golpe, se toman como metáfora del enfrentamiento. Pero, como no es verdad que existiera, tenemos que deshacer ese mito. Antonio llegó a decir que, pese a lo que estaba cayendo sobre el pecho de los españoles, lo que más lamentaba era no tener a su hermano cerca.

P. Tanto Manuel como Antonio habían defendido los principios de la República y el socialismo. Sin embargo, en Manuel se produce un reniego tal vez por decepción con la República, por convencimiento o por instinto de supervivencia.

R. Los dos hermanos se declaraban republicanos. Pero hay que matizar muy bien las cosas. Antonio Machado era republicano, pero él deja constancia escrita y hablada reiteradamente de que él apoya a la República porque es lo que ha decidido el pueblo. Que si hubiese sido impuesta y no por una votación popular, él no sería republicano. Eso tiene muchísima importancia. Es decir, su ideario político es apoyar lo que decida el pueblo. Y Manuel tiene escrito con mucha claridad que los dos sistemas que él llama "capitalista" y "comunista" ninguno atiende al ser humano: atienden al hombre y no a la persona. Para él, tanto el fascismo como el comunismo son detestables. Sin embargo, llegó a escribir la letra de un Himno de la República, con música de Óscar Esplá. Pero, cuando la República empieza a complicarse, los dos hermanos escriben a cuatro manos una obra de teatro, que se llama La Diosa Razón, que trata sobre la revolución francesa. Y se puede pensar que pudiera ser un reflejo de lo que estaban viendo ellos de la evolución de la República. Puede inferirse pero no puede afirmarse categóricamente que ésa fuera su intención.

P. En una entrevista hecha a dúo para el periodista Francisco de Víu, los Machado hablan de su republicanismo, del socialismo y de las tensiones territoriales. Permítame que aproveche para traerme el asunto al presente.

R. Mire, en ningún caso voy a utilizar a los Machado para tomar razón de mi posición actual. Los Machado son una cosa demasiado grande para mezclarla con rifirrafes y el guirigay de la política. No tiene cabida en esta entrevista.

P. Pero supongo que usted se identifica con esas «gotas de sangre jacobina» del poema de Antonio.

R. Siempre he tenido gotas de sangre jacobina. Lo aprendí de él.

P. En esa entrevista con los dos hermanos Machado se hacía una reivindicación del socialismo como "la fuerza política mejor organizada y sometida a disciplina más rigurosa".

R. Es que entonces era verdad, es que entonces era verdad (risas).

P. Le he leído recientemente que usted piensa que ve al PSOE de hoy en una situación parecida a la que vivió en 1934. ¿A qué se refiere?

R. Sí. Es sencillo de entender... Lo tengo muy claro y se lo podría explicar pero es que, si estamos hablando de los Machado, no me apetece. En una entrevista sobre los Machado, no. Más adelante, otro día.

P. Lo intentaré de otra forma: Decían también los Machado en esa entrevista que más peligrosos que los monárquicos eran "las instituciones caciquiles que hoy son monárquicos y mañana son republicanas".

R. Claro. Y apuntan muy bien a esos grupos de presión, grupos de intereses, que se cambian la etiqueta y hay que estar muy avisados. Y eso está muy bien visto. Mire, son estos dos personajes visionarios con una capacidad de profundización en la conciencia colectiva extraordinaria. Por eso han servido de guía para mucha gente durante varias generaciones.

P. ¿En qué momento de su vida entra usted en contacto con los Machado?

R. Yo estaba en cuarto curso de Bachillerato. El profesor de literatura se llamaba don Rafael, que era un señor adusto pero que conocía muy bien la literatura. Nos anunció un día que nos iba a hablar de un poeta que sobre todo era, "en el buen sentido de la palabra, bueno". Yo empecé a leer a Machado con 14 años y, fíjese si tuvo influencia para mí que, dos años más tarde, una de las cosas que leí fue un suelto que había publicado en una columna que se llamaba El mirador de la guerra, en La Vanguardia, el 16 de agosto del 38, donde hablaba de un personaje que yo desconocía entonces y que era Pablo Iglesias, "cuya voz tenía el timbre inconfundible de la verdad humana". Por tanto, Machado me orientó desde el punto de vista ideológico. Fue Machado el que me llevó al socialismo.

P. ¿Usted cree, como dice José Rodríguez de la Borbolla, que, al igual que la derecha debería exorcizar el franquismo, también la izquierda tendría que hacer un ejercicio parecido con la Segunda República?

R. Esa es una idea mía que Borbolla me pidió prestada. Los conservadores en general en España nunca han querido aceptar con claridad que el 18 de julio del 36 fue una ruptura evidente de la democracia, de la libertad, lo han aceptarlo, sí, pero no lo han querido expresarlo. Y los progresistas nunca han querido analizar con detalle qué pasó en la República. La figura ideal de la República que se ha instalado, por comparación con lo que fue la dictadura, no es real tampoco.

P. ¿Hemos sabido interpretar bien eso de «una de las dos Españas ha de helarte el corazón»? Hay quien cree que Machado se refiere a la España fascista y quien piensa que es cualquiera de las dos.

R. Es que, tal vez, cuando Machado hablaba de las dos España no se refería a la izquierda y la derecha. Él habla de dos espíritus que conviven: el de las «nobles calaveras católicas», el de la permanente exaltación del imperio, del pasado; y, por contra, el de la España joven, «la España de la rabia y de la idea», «la del trabajo y la cultura». Él nunca hizo ese salto de interpretación que luego han hecho los políticos. Lo suyo fue siempre más tenue, matizado, suave, sutil.

Dossier Isabel II y su falsa descendencia

 [Dossier Isabel II y su falsa descendencia]

 Enrique Puigmoltó pide el título que Isabel II dio a su tatarabuelo, amante de la reina, tras engendrar a Alfonso XII, en El Mundo, Consuelo Font, 27 febrero 2026:

Diversos historiadores atribuyen al militar valenciano la paternidad del hijo de Isabel II. La reina se lo llevó a vivir a palacio y le recompensó con el vizcondado de Miranda, que han heredado sus descendientes.

El pasado 19 de febrero el BOE publicó que Enrique Puigmoltó Sánchez de León había solicitado la sucesión en el vizcondado de Miranda, que la reina Isabel II concedió en 1857 a perpetuidad a su tatarabuelo, Enrique Puigmoltó y Mayans, también conde de Torrefiel. El futuro vizconde de Miranda desciende de dos importantes familias valencianas: los Puigmoltó por vía paterna y, por parte de su madre, María Pilar, que fue fallera mayor infantil en 1958, los Sánchez de León. Conocida saga de políticos y juristas, a su rama extremeña pertenece el que fue primer ministro de Sanidad de la democracia, Enrique Sánchez de León.

Los Puigmoltó han pasado con mayúsculas a la historia de España gracias al citado Enrique Puigmoltó y Mayans, un laureado general decimonónico que encandiló a la reina Isabel II y a quien se atribuye la paternidad nada menos que del rey Alfonso XII, único hijo varón de la soberana. Dicen que Don Juan, padre del Rey Juan Carlos, cuando coincidía con los Puigmoltó en Valencia, se refería a ellos como sus primos. La propia Isabel II parece que se lo reconoció a su amante en una carta que nunca vio la luz, aunque era del dominio público, ya que cuando 21 cañonazos anunciaron el 28 de noviembre de 1857 el nacimiento del heredero, la gente murmuraba maliciosamente: "Ha nacido el Puigmoltejo".

Las arrebatadas pasiones de la reina eran vox populi y no solo se limitaron a Puigmoltó, a quien precedieron el general Serrano, el tenor Tirso Obregón, el también militar José Ruiz de Arana, apodado el pollo Arana, supuesto padre de la infanta Isabel La Chata, y hasta su tutor, Salustiano Olózaga, jefe de gobierno, quien aseguran que la desfloró.

Para justificar tales excesos hay que entender que a la pobre reina la casaron a los 16 años con Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, primo suyo por partida doble. "¡Con Paquita no!", exclamó horrorizada Isabel cuando le impusieron la boda. Y es que Francisco de Asís tenía acreditada fama de homosexual e incluso residió temporadas en el palacio de Riofrío con su amante, el decorador andaluz Antonio Meneses. Hay dudas incluso de que el matrimonio regio se consumara. "Francisco llevaba más encajes que yo", comentaba indignada la soberana sobre su noche de bodas. Pese a ello, el consorte guardó las formas y reconoció como suyos a los vástagos de Isabel II, que de los 12 hijos que alumbró ocho murieron prematuramente, incluidos todos los varones, salvo Alfonso, el futuro rey. Gran monarca, le apodaron el Pacificador, pues además de restaurar la monarquía constitucional tras la revolución de 1868 que derrocó a su madre, finiquitó las guerras carlistas entre los partidarios de Isabel II y los carlistas de Carlos Hugo, hermano de Fernando VII, que no aceptaban una mujer en el trono.

El apuesto Enrique Puigmoltó y Mayans, III conde de Torrefiel, tras licenciarse como alférez del cuerpo de Ingenieros, destacó luchando heroicamente en el frente de Cataluña contra los carlistas. Fue en la revuelta revolucionaria de julio de 1856, tras el golpe del general O'Donnell, cuando se encumbró tras lograr sofocar a un grupo de milicianos que pretendían asaltar el palacio real, poniendo en grave peligro a la reina.

Condecorado con la Gran Cruz de San Fernando, se ganó el favor de Isabel II, que cayó rendida a sus pies, sin esconder su pasión, pues se llevó a su amante a vivir con ella en palacio, mientras Francisco de Paula se instaló en El Pardo. Cuando un año después vino al mundo el ansiado varón, futuro Alfonso XII, parecía evidente la paternidad de Puigmoltó, a quien apodaban el Favorito, y que la reina premió un mes después con el vizcondado de Miranda.

Sin embargo, el escándalo iba en aumento, tanto que el general Narváez, jefe de gobierno, amenazó con dimitir si Isabel II no echaba a su amante de palacio. El influyente confesor de la reina, el padre Claret, rechazó impartirle el sacramento. La soberana tuvo que ceder y Puigmoltó regresó a Valencia, donde se casó en 1864 con Julia Fuster, madre de sus dos hijos mayores, Luisa y Enrique. Tras enviudar volvió a casarse con María Rodríguez Trelles, con la que tuvo otros dos hijos, Vicente y Ángeles. Ascendido a general de brigada, con mando en plaza en Valencia, inició también la carrera política y fue elegido diputado por Enguera.

Incremento de poder

Los Puigmoltó, que ya eran una familia muy destacada en Valencia, incrementaron su poder a raíz de incluir oficiosamente en su estirpe a un rey de España. De hecho, quienes deseaban obtener algún favor de la Corona acudían a ellos.

Dueños de propiedades históricas, como el palacio de Torrefiel en Onteniente, actual sede de ese ayuntamiento, han conservado en la familia la propiedad más emblemática de su linaje, la finca Puigmoltó. Ubicada en Fontanars del Alforins, dentro del valle de Albaida, zona conocida como la Toscana valenciana por su bello entorno de viñedos, destaca su espectacular palacio que data del año 1600 y hoy la familia explota para bodas y eventos.

En los años 50 sus títulos se dividieron en dos sagas, pues Vicente Puigmoltó y Rodríguez Trelles, IV conde de Torrefiel y II vizconde de Miranda, distribuyó sus títulos entre sus hijos: Vicente, el primogénito, heredó el condado y Enrique, el vizcondado.

El futuro V vizconde de Miranda, Enrique Puigmoltó Sánchez de León, está casado con Sandra de Selva y es padre de cuatro hijos: Quique, Nicolás, Patricia y Santiago. Ha solicitado la sucesión del título tras fallecer su padre, Enrique Puigmoltó Garrigues, el 11 de junio de 2025 a los 84 años. Personaje destacado de la sociedad valenciana, fue hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería y de la Hermandad del Santo Cáliz. Formó también parte durante una etapa del consejo de administración de Food Machiner Española (Fomesa), empresa de fabricación de maquinaria alimenticia que regentaba su familia política, los Sánchez de León, de la que su esposa Pilar era vicesecretaria, aunque en 2011 se retiraron del consejo y actualmente está en liquidación.

El matrimonio tuvo cuatro hijos: Marta, Enrique, Ignacio y Borja, y aunque la primogénita es Marta, es su hermano Enrique, el mayor de los varones, quien ha solicitado el título. Se mantiene así unido al vizcondado de Miranda el apellido Puigmoltó, que la tradición y diversos historiadores asocian al rey Alfonso XII.

Isabel II, la reina de los 12 embarazos y ninguno de su marido: "No era ninfómana, estaba mal casada", en El Mundo, por Consuelo Font, 27 septiembre 2023

Un 28 de septiembre de 1868, la sublevación encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete derrotó a las tropas leales a Isabel II en la batalla de Alcolea. La guarnición de Madrid se unió a la revolución del 68, secundada por las masas, al grito de "mueran los Borbones" y obligó a la reina, de veraneo en San Sebastián, a abandonar España el 30 de septiembre camino del exilio.

Se refugió en París, acogida por el emperador Napoleón III y Eugenia de Montijo, y posteriormente compró el pequeño palacio Basilewski, rebautizándolo como palacio de Castilla, donde residió hasta su muerte en 1904 por una gripe mal curada. Jamás se le permitió regresar, ni siquiera cuando su hijo, el futuro Alfonso XII, en quien había abdicado, recuperó el trono español en 1876.

Isabel II fue en realidad una mujer condenada a una pesada carga para la que no estaba preparada como era reinar, siendo además víctima de su entorno. Nacida el 8 de octubre de 1830, a los 3 años se convirtió en heredera, tras la muerte de su padre, el nefasto Fernando VII en 1833. Apodado El Deseado, cuando regresó del exilio tras la invasión de Napoleón, traicionó a los españoles y a la Constitución liberal de Cádiz, restaurando un régimen tiránico, la "década ominosa". Según las crónicas era cobarde, feo, antipático, habitual de los burdeles y mal hijo, pues conspiró contra su propio padre, Carlos IV.

Isabel II nació de su cuarto matrimonio con Cristina de Borbón Dos Sicilias, pues sus anteriores esposas murieron sin darle descendencia: su problema de macrofalosomía -enorme pene- les provocaba terribles dolores impidiéndoles concebir. Al tener una sola hija, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, que permitía reinar a las mujeres, despojando de la Corona a su hermano y heredero, Carlos María Isidro. Esto dio origen a las sangrientas guerras carlistas, en las que los liberales apoyaron a Isabel II, que se convirtió en emblema de las libertades frente al candidato ultraconservador .

Pero la heredera, inmadura y malcriada aunque de corazón generoso, carecía de formación. Su madre, la reina regente María Cristina, estaba más dedicada a su amante, el guapo sargento Fernando Muñoz, que a educar a Isabel. Según el conde de Romanones, "con diez años apenas sabía leer, de aritmética solo sumar, su ortografía era pésima y sus modales en la mesa deplorables. Solo le divertían sus juguetes y sus perritos". Y el historiador Comellas la retrata como "apasionada por España y por sus amantes, era desenvuelta, castiza y plena de espontaneidad, pero la amabilidad se mezclaba en ella con la chabacanería" .

Entorno corrupto

Desde que subió al trono con 13 años, la "reina de los tristes destinos" como pasó a la Historia, se rodeó de consejeros nada fiables, conservadores o liberales, como el padre Claret, que la manipulaban a su antojo. Inicialmente cedió cierto poder al Parlamento, pero pronto las libertades fueron cercenadas. La corrupción y la existencia de una casta militar que cambiaba gobiernos a base de pronunciamientos, sumado a una camarilla regia que interfería en política, provocaron su final. En el exilio reconocería a Benito Pérez Galdós que nadie la enseñó a gobernar. "Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía".

Para su desgracia, la obligaron a casarse a los 16 años con su primo, el afeminado infante Francisco de Asís y Borbón, único candidato que no molestaba a las potencias europeas al no influir en sus alianzas, pero sería su mayor enemigo al conspirar continuamente en su contra. Solo tenían en común que a ambos les gustaban los hombres, como Isabel II confesaría al diplomático León y Castillo: "¿Qué voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba más bordados en su camisa que yo en la mía?". Esto empujó a la soberana, que advirtió "he cedido como reina pero no como mujer", a coleccionar amantes, tanto que ninguno de sus 12 embarazos se atribuía a su esposo. Destacan los generales Serrano y O'Donnell, el cantante José Mirall, el compositor Emilio Arrieta o Enrique Puig Moltó, "el pollo real", supuesto padre de Alfonso XII según la rumorología. Algunos justificaban este furor uterino por su mal matrimonio "no era ninfómana, estaba mal casada". Ya en el exilio, la pareja se separó, afincándose la reina en París y el consorte al palacio de Épinay-sur-Seine.

“Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía”

El derrocamiento de Isabel II no solucionó la grave crisis política en que estaba sumido el país: se buscó monarca en el extranjero y a instancias del general Prim fue elegido Amadeo de Saboya, hijo del monarca italiano, pero en dos años tiró la toalla: "Esta España vive en constante lucha. Si fueran extranjeros sus enemigos sería el primero en combatirlos, pero quienes perpetuan sus males son los propios españoles", afirmó al abdicar. Inmediatamente se proclamó la I Republica el 11 de febrero de 1873, que solo duró un año, en el que se sucedieron cuatro presidentes distintos: Pi y Margall, Salmerón, Castelar y Figueras. El caos y el desmembramiento de la nación desencadenaron el golpe de estado del general Martínez Campos, que restauró la monarquía Borbón con Alfonso XII. Isabel II jamás regresó a España, salvo esporádicamente: su propio hijo lo consideró preferible para salvaguardar la estabilidad de la Corona.

Alfonso XII: el incendio del Tribunal Supremo, secretos, chantajes y la sobra del Rey, Por Francisco Marcos, en El Mundo, 10/11/2024:

El 'fortuito' incendio de 1915 enterró cualquier pretensión al trono de los hijos ilegítimos de Alfonso XII. Un libro rescata la verdadera historia que puso a la Casa Real en una situación tan delicada. Una cubana, una enfermedad... La historia del verdadero sucesor de Alfonso XIII que habría impedido reinar a su sobrino, Don Juan Carlos.

"A los nenes, un beso de tu Alfonso"

El 4 de mayo de 1915 un devastador incendio consumió el Tribunal Supremo de España y arrasó no sólo importantes archivos judiciales sino también una parte oculta de nuestra historia. Lo que en su momento fue descrito como un trágico accidente ocultaba la desaparición de documentos que podrían haber comprometido a la Casa Real. Este desastre aparentemente fortuito fue en realidad el desenlace de una investigación que involucraba a los hijos adulterinos de Alfonso XII con Elena Sanz, una famosa cantante de ópera.

El suceso ha permanecido en la leyenda judicial durante más de un siglo junto con el fantasma del secretario José María Armada, que murió en el incendio. Algunos aseguran que su espíritu sigue vagando atado a los secretos que el fuego intentó silenciar. Sin embargo, lo que hasta ahora se consideraba folklore ha cobrado nueva relevancia con el descubrimiento de un sumario desaparecido que pudo haber cambiado el curso de la justicia en España.

Un suceso que se relata en El Sumario, un libro donde se desvela cómo el incendio del Supremo no solo destruyó pruebas vitales, sino también ocultó una trama de chantaje a la Casa Real por parte de los hijos ilegítimos de Alfonso XII.

En 1915 el Tribunal Supremo albergaba casos de gran relevancia para el Estado. El incendio, que comenzó la mañana del 4 de mayo, destruyó gran parte del edificio y cientos de documentos, entre ellos un sumario que afectaba al Rey y contenía pruebas de su relación extramarital con la soprano, de la que nacieron dos hijos, Alfonso y Fernando Sanz. Alfonso era mayor que Alfonso XIII, lo que lo convertía en el primogénito y, teóricamente, en el legítimo heredero de la corona.

El documento clave de este sumario fue falsificado para evitar que los menores recibieran una compensación y su desaparición impidió interponer una querella por falsedad documental en años posteriores. El penalista Jiménez de Asúa intentó llevar el caso ante la Justicia durante la II República pero se encontró con que la prueba principal había desaparecido en el incendio.

Poco se sabe del contexto que precedió al incendio, pero años antes la Casa Real había sido objeto de chantaje por personas conocedoras de la relación extramarital. Los bastardos, Alfonso y Fernando Sanz, representados por Fernand Labori, un famoso abogado parisino que defendió a Alfred Dreyfus, habían iniciado un proceso legal en Francia para legitimar su parentesco con el Rey. Este conflicto llevó a la detención de Prudencio Ibáñez, banquero privado del monarca, y la gravedad del asunto obligó a la Casa Real a acceder a un chantaje secundario para evitar que el escándalo saliera a la luz. Aunque los hijos ilegítimos firmaron un pacto con la Casa Real, mediante el cual renunciaban a cualquier reclamación al trono a cambio de una compensación económica, el oportuno incendio fue el desenlace perfecto para borrar cualquier rastro de los documentos comprometedores. Pero esa no fue la única desgracia ni el único accidente que sufrió Elena Sanz. Ni siquiera el único incendio en el que se perdieron otros documentos que la vinculaban al Rey.

A pesar de que se asumió que la mayoría de las pruebas se perdieron entre el fuego, con el tiempo surgieron indicios de que algunos objetos clave no sucumbieron a las llamas. Entre ellos, un cuadro de siete metros que se creía destruido y fue encontrado años después en el Museo Cerralbo. Otro cuadro, de menor tamaño, fue recuperado por la Policía en 1994 justo cuando iba a ser subastado en una galería de arte.

Casa Real. La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos, en El Mundo, por Consuelo Font.

La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos

Estos hallazgos avivaron las sospechas de que el incendio pudo haber sido una operación orquestada destinada a eliminar selectivamente ciertos documentos, mientras otros objetos, de menor valor legal, fueron rescatados o vendidos.

El descubrimiento de los cuadros fue crucial para mi investigación. Si algunas piezas habían sobrevivido ¿podrían haber sobrevivido también documentos del sumario? Esta hipótesis me llevó a profundizar en los archivos de abogados y personas cercanas al caso. Tras años de búsqueda logré localizar en los archivos de Fernand Labori varios documentos clave. Y en una subasta de manuscritos antiguos el original del sumario de la demanda presentada por los hermanastros de Alfonso XIII, así como correspondencia comprometedora entre el marqués de Borja, abogado de la Casa Real, y personalidades vinculadas a los chantajistas junto con una copia del documento que habría permitido al catedrático Jiménez de Asúa interponer la querella por falsedad documental.

La leyenda del fantasma de José María Armada ha sido una constante en las historias del Tribunal Supremo. Algunos trabajadores del edificio aseguran haber visto su figura recorriendo los pasillos subterráneos en las noches, mientras otros creen que su alma no descansa debido a la destrucción de los documentos que podrían haber expuesto a la Casa Real.

Más allá de las historias de fantasmas lo cierto es que Armada jugaba un papel clave dentro del Tribunal y su muerte en el incendio solo añade una capa de misterio. Su trágico final, junto con la desaparición de documentos tan sensibles, plantea una incógnita: ¿Fue el incendio un accidente o una maniobra deliberada para ocultar un escándalo de la monarquía?

El incendio del Tribunal Supremo se ha convertido en un símbolo de la fragilidad de la Justicia cuando se enfrenta a los intereses de los poderosos. Lo que las llamas intentaron borrar ha sobrevivido gracias a la perseverancia de quienes se han negado a aceptar la versión oficial, como el protagonista de El Sumario, Alonso Torquemada, un periodista atormentado por la vida que puso en peligro su carrera para saber quién estuvo implicado en el siniestro.

Porque El Sumario ha vuelto a la luz revelando una historia que el poder intentó enterrar: un rey, una relación extramarital, hijos ilegítimos, incendios, atropellos, espionajes y un chantaje que puso a la Casa Real en una situación delicada. Algunos abogados fueron encarcelados por intentar defender a un editor que deseaba publicar la historia y el chantaje se convirtió en un mecanismo para silenciar cualquier conflicto que pudiera dañar la imagen de la monarquía.

Tras años de investigación logré reconstruir lo que el fuego no pudo destruir: la verdad. El Sumario no sólo saca a la luz documentos inéditos, sino que también cuestiona el papel del poder y la Justicia en aquella España de la Restauración. Mientras los cuadros rescatados decoran museos, las verdaderas piezas clave -los documentos que revelan el chantaje y el fraude- han resurgido. Más de un siglo después, los secretos que el incendio del 4 de mayo de 1915 intentó enterrar han encontrado la forma de sobrevivir.

Isabel II, una historia de misoginia y pornovenganza, en El Mundo, por Leticia Blanco, 13 marzo 2020 

Herminia Luque gana el Premio Edhasa de Narrativas Históricas con 'La reina del exilio', una novela sobre las traiciones políticas y personales de las que fue víctima la monarca

Herminia Luque es la ganadora de la tercera edición del Premio Edhasa de Narrativas Históricas por 'La reina del exilio', una novela sobre la microcorte parisina que estableció Isabel II en su exilio. En la obra, las protagonistas son la monarca y las mujeres que la rodeaban (ayudantas, lectoras, aprendices) en un mundo profundamente desigual.

La historia arranca en 1882 en la capital francesa con la llegada a la corte de Julio Ucedo, un personaje donjuanesco que trae consigo unos papeles de amenazan con comprometer de nuevo la imagen moral de Isabel, quien años antes, en 1868, había sido destronada tras la revolución La Gloriosa. "Ya entonces fue traicionada por el que había sido su primer amante, Francisco Serrano, el que la inició en la pasión y acabaría instigando la revuelta contra ella", explica la autora.

En 'La reina del exilio', explica Luque, se entremezclan dos tramas: por un lado la protagonizada por el seductor Uceda, que se abrirá camino hasta llegar a su objetivo, la reina, y por otro lado la difícil vida de Teresa, una huérfana que lucha por sobrevivir en un mundo que no le ofrece demasiadas oportunidades. Teresa llegará a la corte de Isabel II de la mano de Elena Sanz, un personaje que existió en la vida real y que fue amante de Alfonso XII y madre de dos hijos suyos, hasta el punto de ser considerada por la propia Isabel como su "nuera ante dios".

¿Por qué Isabel II en el exilio como tema? "He sido una gran lectora de las biografías que le ha dedicado Isabel Burdiel a la monarca y siempre me ha fascinado la complejidad de ese periodo. Es cierto que tuvo más sombras que luces, pero no fue tan nefasto como parece. Isabel ha sido muy maltratada por la historiografía y la literatura. Todos la ridiculizaban, Valle Inclán describió su corte como un esperpento. Creo que hay un componente de misoginia en esa mirada", opina Luque.

"Hay que recordar que en la caída de Isabel II no sólo hubo componentes políticos, sino una misoginia feroz", afirma la autora."La reina sufrió toda su vida libelos y ataques como el álbum obsceno de los hermanos Bécquer en el que ridiculizaron a toda la corte y la retrataron en instantáneas pornográficas. Está claro que Isabel II no respondía al modelo de mujer de la época, la de esposa fiel y amante. Pero es que, para empezar, la casaron con un primo que era abiertamente homosexual. Se aceptaba que los hombres de la época, incluso los reyes y príncipes, tuvieran amantes o frecuentaran prostitutas, pero ella, al ser la reina de España, tenía que ser un modelo del ángel de hogar. Y no lo era".

Las 89 ilustraciones de los hermanos Bécquer retrataron a los Borbones y a Isabel II en escenas que iban del onanismo a la zoofilia y causaron un enorme revuelo en su día. "Son imágenes feroces, brutales, en las que ella aparece desnuda, manteniendo relaciones con su confesor... Son aberrantes, lo que hoy llamaríamos pornovenganza pero con los medios de la época, viñetas elaboradas a todo color". "Es un asunto muy turbio, fruto de una misoginia feroz. Su propio marido y su cuñado pudieron participar en la financiación del álbum. Al final, como afirma Burdiel en sus libros, la lección es que no se puede reinar inocentemente. A Isabel II, la inocencia le acabó por estallar", reflexiona la escritora.

Es la tercera novela de Luque, una profesora en un instituto de Málaga de Geografía e Historia, quien considera que "la historia no se puede seguir contando igual, hay que hacer un esfuerzo y ofrecer otra mirada. Las mujeres no pueden ser ignoradas como lo han sido hasta ahora". "Es una novela feminista avant la lettre. Los personajes no lo son, pero como escritora y profesora de Historia sí que me interesa la mirada de género. Se le ha negado a la mitad de la humanidad. Y ahora ha llegado el momento de contar la aportación de las mujeres", añade.

Por primera vez, el Premio Edhasa de Narrativas Históricas tiene un finalista: se trata de 'Bellum Cantatum' de José Manuel Aparicio, una novela de aventuras ambientada en el año 26 antes de Cristo en las guerras asturcántabras que durante una década sacudieron a la región, que resistió fieramente a la invasión romana. El protagonista, Sekeios, queda atrapado entre los dos bandos y tendrá que combatir la hostilidad de la resistencia montañesa y los ataques de las tropas de Augusto.