[Dossier Isabel II y su falsa descendencia]
Enrique Puigmoltó pide el título que Isabel II dio a su tatarabuelo, amante de la reina, tras engendrar a Alfonso XII, en El Mundo, Consuelo Font, 27 febrero 2026:
Diversos historiadores atribuyen al militar valenciano la paternidad del hijo de Isabel II. La reina se lo llevó a vivir a palacio y le recompensó con el vizcondado de Miranda, que han heredado sus descendientes.
El pasado 19 de febrero el BOE publicó que Enrique Puigmoltó Sánchez de León había solicitado la sucesión en el vizcondado de Miranda, que la reina Isabel II concedió en 1857 a perpetuidad a su tatarabuelo, Enrique Puigmoltó y Mayans, también conde de Torrefiel. El futuro vizconde de Miranda desciende de dos importantes familias valencianas: los Puigmoltó por vía paterna y, por parte de su madre, María Pilar, que fue fallera mayor infantil en 1958, los Sánchez de León. Conocida saga de políticos y juristas, a su rama extremeña pertenece el que fue primer ministro de Sanidad de la democracia, Enrique Sánchez de León.
Los Puigmoltó han pasado con mayúsculas a la historia de España gracias al citado Enrique Puigmoltó y Mayans, un laureado general decimonónico que encandiló a la reina Isabel II y a quien se atribuye la paternidad nada menos que del rey Alfonso XII, único hijo varón de la soberana. Dicen que Don Juan, padre del Rey Juan Carlos, cuando coincidía con los Puigmoltó en Valencia, se refería a ellos como sus primos. La propia Isabel II parece que se lo reconoció a su amante en una carta que nunca vio la luz, aunque era del dominio público, ya que cuando 21 cañonazos anunciaron el 28 de noviembre de 1857 el nacimiento del heredero, la gente murmuraba maliciosamente: "Ha nacido el Puigmoltejo".
Las arrebatadas pasiones de la reina eran vox populi y no solo se limitaron a Puigmoltó, a quien precedieron el general Serrano, el tenor Tirso Obregón, el también militar José Ruiz de Arana, apodado el pollo Arana, supuesto padre de la infanta Isabel La Chata, y hasta su tutor, Salustiano Olózaga, jefe de gobierno, quien aseguran que la desfloró.
Para justificar tales excesos hay que entender que a la pobre reina la casaron a los 16 años con Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz, primo suyo por partida doble. "¡Con Paquita no!", exclamó horrorizada Isabel cuando le impusieron la boda. Y es que Francisco de Asís tenía acreditada fama de homosexual e incluso residió temporadas en el palacio de Riofrío con su amante, el decorador andaluz Antonio Meneses. Hay dudas incluso de que el matrimonio regio se consumara. "Francisco llevaba más encajes que yo", comentaba indignada la soberana sobre su noche de bodas. Pese a ello, el consorte guardó las formas y reconoció como suyos a los vástagos de Isabel II, que de los 12 hijos que alumbró ocho murieron prematuramente, incluidos todos los varones, salvo Alfonso, el futuro rey. Gran monarca, le apodaron el Pacificador, pues además de restaurar la monarquía constitucional tras la revolución de 1868 que derrocó a su madre, finiquitó las guerras carlistas entre los partidarios de Isabel II y los carlistas de Carlos Hugo, hermano de Fernando VII, que no aceptaban una mujer en el trono.
El apuesto Enrique Puigmoltó y Mayans, III conde de Torrefiel, tras licenciarse como alférez del cuerpo de Ingenieros, destacó luchando heroicamente en el frente de Cataluña contra los carlistas. Fue en la revuelta revolucionaria de julio de 1856, tras el golpe del general O'Donnell, cuando se encumbró tras lograr sofocar a un grupo de milicianos que pretendían asaltar el palacio real, poniendo en grave peligro a la reina.
Condecorado con la Gran Cruz de San Fernando, se ganó el favor de Isabel II, que cayó rendida a sus pies, sin esconder su pasión, pues se llevó a su amante a vivir con ella en palacio, mientras Francisco de Paula se instaló en El Pardo. Cuando un año después vino al mundo el ansiado varón, futuro Alfonso XII, parecía evidente la paternidad de Puigmoltó, a quien apodaban el Favorito, y que la reina premió un mes después con el vizcondado de Miranda.
Sin embargo, el escándalo iba en aumento, tanto que el general Narváez, jefe de gobierno, amenazó con dimitir si Isabel II no echaba a su amante de palacio. El influyente confesor de la reina, el padre Claret, rechazó impartirle el sacramento. La soberana tuvo que ceder y Puigmoltó regresó a Valencia, donde se casó en 1864 con Julia Fuster, madre de sus dos hijos mayores, Luisa y Enrique. Tras enviudar volvió a casarse con María Rodríguez Trelles, con la que tuvo otros dos hijos, Vicente y Ángeles. Ascendido a general de brigada, con mando en plaza en Valencia, inició también la carrera política y fue elegido diputado por Enguera.
Incremento de poder
Los Puigmoltó, que ya eran una familia muy destacada en Valencia, incrementaron su poder a raíz de incluir oficiosamente en su estirpe a un rey de España. De hecho, quienes deseaban obtener algún favor de la Corona acudían a ellos.
Dueños de propiedades históricas, como el palacio de Torrefiel en Onteniente, actual sede de ese ayuntamiento, han conservado en la familia la propiedad más emblemática de su linaje, la finca Puigmoltó. Ubicada en Fontanars del Alforins, dentro del valle de Albaida, zona conocida como la Toscana valenciana por su bello entorno de viñedos, destaca su espectacular palacio que data del año 1600 y hoy la familia explota para bodas y eventos.
En los años 50 sus títulos se dividieron en dos sagas, pues Vicente Puigmoltó y Rodríguez Trelles, IV conde de Torrefiel y II vizconde de Miranda, distribuyó sus títulos entre sus hijos: Vicente, el primogénito, heredó el condado y Enrique, el vizcondado.
El futuro V vizconde de Miranda, Enrique Puigmoltó Sánchez de León, está casado con Sandra de Selva y es padre de cuatro hijos: Quique, Nicolás, Patricia y Santiago. Ha solicitado la sucesión del título tras fallecer su padre, Enrique Puigmoltó Garrigues, el 11 de junio de 2025 a los 84 años. Personaje destacado de la sociedad valenciana, fue hermano mayor de la Real Maestranza de Caballería y de la Hermandad del Santo Cáliz. Formó también parte durante una etapa del consejo de administración de Food Machiner Española (Fomesa), empresa de fabricación de maquinaria alimenticia que regentaba su familia política, los Sánchez de León, de la que su esposa Pilar era vicesecretaria, aunque en 2011 se retiraron del consejo y actualmente está en liquidación.
El matrimonio tuvo cuatro hijos: Marta, Enrique, Ignacio y Borja, y aunque la primogénita es Marta, es su hermano Enrique, el mayor de los varones, quien ha solicitado el título. Se mantiene así unido al vizcondado de Miranda el apellido Puigmoltó, que la tradición y diversos historiadores asocian al rey Alfonso XII.
Isabel II, la reina de los 12 embarazos y ninguno de su marido: "No era ninfómana, estaba mal casada", en El Mundo, por Consuelo Font, 27 septiembre 2023
Un 28 de septiembre de 1868, la sublevación encabezada por los generales Prim, Serrano y el almirante Topete derrotó a las tropas leales a Isabel II en la batalla de Alcolea. La guarnición de Madrid se unió a la revolución del 68, secundada por las masas, al grito de "mueran los Borbones" y obligó a la reina, de veraneo en San Sebastián, a abandonar España el 30 de septiembre camino del exilio.
Se refugió en París, acogida por el emperador Napoleón III y Eugenia de Montijo, y posteriormente compró el pequeño palacio Basilewski, rebautizándolo como palacio de Castilla, donde residió hasta su muerte en 1904 por una gripe mal curada. Jamás se le permitió regresar, ni siquiera cuando su hijo, el futuro Alfonso XII, en quien había abdicado, recuperó el trono español en 1876.
Isabel II fue en realidad una mujer condenada a una pesada carga para la que no estaba preparada como era reinar, siendo además víctima de su entorno. Nacida el 8 de octubre de 1830, a los 3 años se convirtió en heredera, tras la muerte de su padre, el nefasto Fernando VII en 1833. Apodado El Deseado, cuando regresó del exilio tras la invasión de Napoleón, traicionó a los españoles y a la Constitución liberal de Cádiz, restaurando un régimen tiránico, la "década ominosa". Según las crónicas era cobarde, feo, antipático, habitual de los burdeles y mal hijo, pues conspiró contra su propio padre, Carlos IV.
Isabel II nació de su cuarto matrimonio con Cristina de Borbón Dos Sicilias, pues sus anteriores esposas murieron sin darle descendencia: su problema de macrofalosomía -enorme pene- les provocaba terribles dolores impidiéndoles concebir. Al tener una sola hija, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, que permitía reinar a las mujeres, despojando de la Corona a su hermano y heredero, Carlos María Isidro. Esto dio origen a las sangrientas guerras carlistas, en las que los liberales apoyaron a Isabel II, que se convirtió en emblema de las libertades frente al candidato ultraconservador .
Pero la heredera, inmadura y malcriada aunque de corazón generoso, carecía de formación. Su madre, la reina regente María Cristina, estaba más dedicada a su amante, el guapo sargento Fernando Muñoz, que a educar a Isabel. Según el conde de Romanones, "con diez años apenas sabía leer, de aritmética solo sumar, su ortografía era pésima y sus modales en la mesa deplorables. Solo le divertían sus juguetes y sus perritos". Y el historiador Comellas la retrata como "apasionada por España y por sus amantes, era desenvuelta, castiza y plena de espontaneidad, pero la amabilidad se mezclaba en ella con la chabacanería" .
Entorno corrupto
Desde que subió al trono con 13 años, la "reina de los tristes destinos" como pasó a la Historia, se rodeó de consejeros nada fiables, conservadores o liberales, como el padre Claret, que la manipulaban a su antojo. Inicialmente cedió cierto poder al Parlamento, pero pronto las libertades fueron cercenadas. La corrupción y la existencia de una casta militar que cambiaba gobiernos a base de pronunciamientos, sumado a una camarilla regia que interfería en política, provocaron su final. En el exilio reconocería a Benito Pérez Galdós que nadie la enseñó a gobernar. "Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía".
Para su desgracia, la obligaron a casarse a los 16 años con su primo, el afeminado infante Francisco de Asís y Borbón, único candidato que no molestaba a las potencias europeas al no influir en sus alianzas, pero sería su mayor enemigo al conspirar continuamente en su contra. Solo tenían en común que a ambos les gustaban los hombres, como Isabel II confesaría al diplomático León y Castillo: "¿Qué voy a decir de un hombre que en la noche de bodas llevaba más bordados en su camisa que yo en la mía?". Esto empujó a la soberana, que advirtió "he cedido como reina pero no como mujer", a coleccionar amantes, tanto que ninguno de sus 12 embarazos se atribuía a su esposo. Destacan los generales Serrano y O'Donnell, el cantante José Mirall, el compositor Emilio Arrieta o Enrique Puig Moltó, "el pollo real", supuesto padre de Alfonso XII según la rumorología. Algunos justificaban este furor uterino por su mal matrimonio "no era ninfómana, estaba mal casada". Ya en el exilio, la pareja se separó, afincándose la reina en París y el consorte al palacio de Épinay-sur-Seine.
“Qué había de hacer yo, reina con 13 años, sin ningún freno a mi voluntad, con todo el dinero para antojos y no oyendo más voces que las de la adulación que me aturdía”
El derrocamiento de Isabel II no solucionó la grave crisis política en que estaba sumido el país: se buscó monarca en el extranjero y a instancias del general Prim fue elegido Amadeo de Saboya, hijo del monarca italiano, pero en dos años tiró la toalla: "Esta España vive en constante lucha. Si fueran extranjeros sus enemigos sería el primero en combatirlos, pero quienes perpetuan sus males son los propios españoles", afirmó al abdicar. Inmediatamente se proclamó la I Republica el 11 de febrero de 1873, que solo duró un año, en el que se sucedieron cuatro presidentes distintos: Pi y Margall, Salmerón, Castelar y Figueras. El caos y el desmembramiento de la nación desencadenaron el golpe de estado del general Martínez Campos, que restauró la monarquía Borbón con Alfonso XII. Isabel II jamás regresó a España, salvo esporádicamente: su propio hijo lo consideró preferible para salvaguardar la estabilidad de la Corona.
Alfonso XII: el incendio del Tribunal Supremo, secretos, chantajes y la sobra del Rey, Por Francisco Marcos, en El Mundo, 10/11/2024:
El 'fortuito' incendio de 1915 enterró cualquier pretensión al trono de los hijos ilegítimos de Alfonso XII. Un libro rescata la verdadera historia que puso a la Casa Real en una situación tan delicada. Una cubana, una enfermedad... La historia del verdadero sucesor de Alfonso XIII que habría impedido reinar a su sobrino, Don Juan Carlos.
"A los nenes, un beso de tu Alfonso"
El 4 de mayo de 1915 un devastador incendio consumió el Tribunal Supremo de España y arrasó no sólo importantes archivos judiciales sino también una parte oculta de nuestra historia. Lo que en su momento fue descrito como un trágico accidente ocultaba la desaparición de documentos que podrían haber comprometido a la Casa Real. Este desastre aparentemente fortuito fue en realidad el desenlace de una investigación que involucraba a los hijos adulterinos de Alfonso XII con Elena Sanz, una famosa cantante de ópera.
El suceso ha permanecido en la leyenda judicial durante más de un siglo junto con el fantasma del secretario José María Armada, que murió en el incendio. Algunos aseguran que su espíritu sigue vagando atado a los secretos que el fuego intentó silenciar. Sin embargo, lo que hasta ahora se consideraba folklore ha cobrado nueva relevancia con el descubrimiento de un sumario desaparecido que pudo haber cambiado el curso de la justicia en España.
Un suceso que se relata en El Sumario, un libro donde se desvela cómo el incendio del Supremo no solo destruyó pruebas vitales, sino también ocultó una trama de chantaje a la Casa Real por parte de los hijos ilegítimos de Alfonso XII.
En 1915 el Tribunal Supremo albergaba casos de gran relevancia para el Estado. El incendio, que comenzó la mañana del 4 de mayo, destruyó gran parte del edificio y cientos de documentos, entre ellos un sumario que afectaba al Rey y contenía pruebas de su relación extramarital con la soprano, de la que nacieron dos hijos, Alfonso y Fernando Sanz. Alfonso era mayor que Alfonso XIII, lo que lo convertía en el primogénito y, teóricamente, en el legítimo heredero de la corona.
El documento clave de este sumario fue falsificado para evitar que los menores recibieran una compensación y su desaparición impidió interponer una querella por falsedad documental en años posteriores. El penalista Jiménez de Asúa intentó llevar el caso ante la Justicia durante la II República pero se encontró con que la prueba principal había desaparecido en el incendio.
Poco se sabe del contexto que precedió al incendio, pero años antes la Casa Real había sido objeto de chantaje por personas conocedoras de la relación extramarital. Los bastardos, Alfonso y Fernando Sanz, representados por Fernand Labori, un famoso abogado parisino que defendió a Alfred Dreyfus, habían iniciado un proceso legal en Francia para legitimar su parentesco con el Rey. Este conflicto llevó a la detención de Prudencio Ibáñez, banquero privado del monarca, y la gravedad del asunto obligó a la Casa Real a acceder a un chantaje secundario para evitar que el escándalo saliera a la luz. Aunque los hijos ilegítimos firmaron un pacto con la Casa Real, mediante el cual renunciaban a cualquier reclamación al trono a cambio de una compensación económica, el oportuno incendio fue el desenlace perfecto para borrar cualquier rastro de los documentos comprometedores. Pero esa no fue la única desgracia ni el único accidente que sufrió Elena Sanz. Ni siquiera el único incendio en el que se perdieron otros documentos que la vinculaban al Rey.
A pesar de que se asumió que la mayoría de las pruebas se perdieron entre el fuego, con el tiempo surgieron indicios de que algunos objetos clave no sucumbieron a las llamas. Entre ellos, un cuadro de siete metros que se creía destruido y fue encontrado años después en el Museo Cerralbo. Otro cuadro, de menor tamaño, fue recuperado por la Policía en 1994 justo cuando iba a ser subastado en una galería de arte.
Casa Real. La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos, en El Mundo, por Consuelo Font.
La trágica historia de amor de Alfonso XII cuyo broche final puso su bisnieto, el Rey Juan Carlos
Estos hallazgos avivaron las sospechas de que el incendio pudo haber sido una operación orquestada destinada a eliminar selectivamente ciertos documentos, mientras otros objetos, de menor valor legal, fueron rescatados o vendidos.
El descubrimiento de los cuadros fue crucial para mi investigación. Si algunas piezas habían sobrevivido ¿podrían haber sobrevivido también documentos del sumario? Esta hipótesis me llevó a profundizar en los archivos de abogados y personas cercanas al caso. Tras años de búsqueda logré localizar en los archivos de Fernand Labori varios documentos clave. Y en una subasta de manuscritos antiguos el original del sumario de la demanda presentada por los hermanastros de Alfonso XIII, así como correspondencia comprometedora entre el marqués de Borja, abogado de la Casa Real, y personalidades vinculadas a los chantajistas junto con una copia del documento que habría permitido al catedrático Jiménez de Asúa interponer la querella por falsedad documental.
La leyenda del fantasma de José María Armada ha sido una constante en las historias del Tribunal Supremo. Algunos trabajadores del edificio aseguran haber visto su figura recorriendo los pasillos subterráneos en las noches, mientras otros creen que su alma no descansa debido a la destrucción de los documentos que podrían haber expuesto a la Casa Real.
Más allá de las historias de fantasmas lo cierto es que Armada jugaba un papel clave dentro del Tribunal y su muerte en el incendio solo añade una capa de misterio. Su trágico final, junto con la desaparición de documentos tan sensibles, plantea una incógnita: ¿Fue el incendio un accidente o una maniobra deliberada para ocultar un escándalo de la monarquía?
El incendio del Tribunal Supremo se ha convertido en un símbolo de la fragilidad de la Justicia cuando se enfrenta a los intereses de los poderosos. Lo que las llamas intentaron borrar ha sobrevivido gracias a la perseverancia de quienes se han negado a aceptar la versión oficial, como el protagonista de El Sumario, Alonso Torquemada, un periodista atormentado por la vida que puso en peligro su carrera para saber quién estuvo implicado en el siniestro.
Porque El Sumario ha vuelto a la luz revelando una historia que el poder intentó enterrar: un rey, una relación extramarital, hijos ilegítimos, incendios, atropellos, espionajes y un chantaje que puso a la Casa Real en una situación delicada. Algunos abogados fueron encarcelados por intentar defender a un editor que deseaba publicar la historia y el chantaje se convirtió en un mecanismo para silenciar cualquier conflicto que pudiera dañar la imagen de la monarquía.
Tras años de investigación logré reconstruir lo que el fuego no pudo destruir: la verdad. El Sumario no sólo saca a la luz documentos inéditos, sino que también cuestiona el papel del poder y la Justicia en aquella España de la Restauración. Mientras los cuadros rescatados decoran museos, las verdaderas piezas clave -los documentos que revelan el chantaje y el fraude- han resurgido. Más de un siglo después, los secretos que el incendio del 4 de mayo de 1915 intentó enterrar han encontrado la forma de sobrevivir.
Isabel II, una historia de misoginia y pornovenganza, en El Mundo, por Leticia Blanco, 13 marzo 2020
Herminia Luque gana el Premio Edhasa de Narrativas Históricas con 'La reina del exilio', una novela sobre las traiciones políticas y personales de las que fue víctima la monarca
Herminia Luque es la ganadora de la tercera edición del Premio Edhasa de Narrativas Históricas por 'La reina del exilio', una novela sobre la microcorte parisina que estableció Isabel II en su exilio. En la obra, las protagonistas son la monarca y las mujeres que la rodeaban (ayudantas, lectoras, aprendices) en un mundo profundamente desigual.
La historia arranca en 1882 en la capital francesa con la llegada a la corte de Julio Ucedo, un personaje donjuanesco que trae consigo unos papeles de amenazan con comprometer de nuevo la imagen moral de Isabel, quien años antes, en 1868, había sido destronada tras la revolución La Gloriosa. "Ya entonces fue traicionada por el que había sido su primer amante, Francisco Serrano, el que la inició en la pasión y acabaría instigando la revuelta contra ella", explica la autora.
En 'La reina del exilio', explica Luque, se entremezclan dos tramas: por un lado la protagonizada por el seductor Uceda, que se abrirá camino hasta llegar a su objetivo, la reina, y por otro lado la difícil vida de Teresa, una huérfana que lucha por sobrevivir en un mundo que no le ofrece demasiadas oportunidades. Teresa llegará a la corte de Isabel II de la mano de Elena Sanz, un personaje que existió en la vida real y que fue amante de Alfonso XII y madre de dos hijos suyos, hasta el punto de ser considerada por la propia Isabel como su "nuera ante dios".
¿Por qué Isabel II en el exilio como tema? "He sido una gran lectora de las biografías que le ha dedicado Isabel Burdiel a la monarca y siempre me ha fascinado la complejidad de ese periodo. Es cierto que tuvo más sombras que luces, pero no fue tan nefasto como parece. Isabel ha sido muy maltratada por la historiografía y la literatura. Todos la ridiculizaban, Valle Inclán describió su corte como un esperpento. Creo que hay un componente de misoginia en esa mirada", opina Luque.
"Hay que recordar que en la caída de Isabel II no sólo hubo componentes políticos, sino una misoginia feroz", afirma la autora."La reina sufrió toda su vida libelos y ataques como el álbum obsceno de los hermanos Bécquer en el que ridiculizaron a toda la corte y la retrataron en instantáneas pornográficas. Está claro que Isabel II no respondía al modelo de mujer de la época, la de esposa fiel y amante. Pero es que, para empezar, la casaron con un primo que era abiertamente homosexual. Se aceptaba que los hombres de la época, incluso los reyes y príncipes, tuvieran amantes o frecuentaran prostitutas, pero ella, al ser la reina de España, tenía que ser un modelo del ángel de hogar. Y no lo era".
Las 89 ilustraciones de los hermanos Bécquer retrataron a los Borbones y a Isabel II en escenas que iban del onanismo a la zoofilia y causaron un enorme revuelo en su día. "Son imágenes feroces, brutales, en las que ella aparece desnuda, manteniendo relaciones con su confesor... Son aberrantes, lo que hoy llamaríamos pornovenganza pero con los medios de la época, viñetas elaboradas a todo color". "Es un asunto muy turbio, fruto de una misoginia feroz. Su propio marido y su cuñado pudieron participar en la financiación del álbum. Al final, como afirma Burdiel en sus libros, la lección es que no se puede reinar inocentemente. A Isabel II, la inocencia le acabó por estallar", reflexiona la escritora.
Es la tercera novela de Luque, una profesora en un instituto de Málaga de Geografía e Historia, quien considera que "la historia no se puede seguir contando igual, hay que hacer un esfuerzo y ofrecer otra mirada. Las mujeres no pueden ser ignoradas como lo han sido hasta ahora". "Es una novela feminista avant la lettre. Los personajes no lo son, pero como escritora y profesora de Historia sí que me interesa la mirada de género. Se le ha negado a la mitad de la humanidad. Y ahora ha llegado el momento de contar la aportación de las mujeres", añade.
Por primera vez, el Premio Edhasa de Narrativas Históricas tiene un finalista: se trata de 'Bellum Cantatum' de José Manuel Aparicio, una novela de aventuras ambientada en el año 26 antes de Cristo en las guerras asturcántabras que durante una década sacudieron a la región, que resistió fieramente a la invasión romana. El protagonista, Sekeios, queda atrapado entre los dos bandos y tendrá que combatir la hostilidad de la resistencia montañesa y los ataques de las tropas de Augusto.