miércoles, 24 de junio de 2026

Alex Grijelmo. La ortografía no es solo cuestión estética

  La ortografía no es solo una cuestión estética, en El País, Álex Grijelmo, 24 jun 2026:

 Las normas de acentuación y escritura se aprenden sin querer: leyendo. Quien comete faltas muestra que no ha leído

Las pruebas de Selectividad de este año han seguido en general la estela de una menor penalización de las faltas de ortografía. En los exámenes de lengua (tanto la castellana como la catalana, la eusquérica o la gallega) no se podrán reducir más de dos puntos por ese concepto; en las demás disciplinas, no más de uno; y en las de matemáticas ni siquiera influirán en la nota. Para que se vea el derrotero que llevamos, baste recordar que hace 29 años se podían descontar hasta cuatro puntos. Y hace 30, con cuatro faltas se propinaba un suspenso.

Una vez más, estos criterios (con ligeras variaciones por comunidades autónomas) parecen basarse en el entendimiento de la ortografía como una mera cuestión estética que además depende de la materia sobre la que se escriba. Es decir: si los estudiantes escriben de matemáticas, no queda feo; y si escriben sobre lengua, sí; pero no tanto como antes. Y si escriben sobre geografía, queda más o menos.

Sin embargo, la ortografía no se reduce a que nos parezca horroroso un vocablo mal reproducido, aunque también eso importa. Si alguien escribe “ambre” en vez de “hambre”, realmente queda poco estético, pero con ello deduciremos que el autor no ha prestado atención a sus escasísimas lecturas y no ha aprendido ortografía sin querer, que es como la aprende todo el mundo: leyendo. Por supuesto, un error solitario puede deberse a un despiste, y todos incurrimos en alguno, sobre todo los despistados; pero las faltas de ortografía y puntuación que se repiten en una persona nos transmiten un mensaje de fondo acerca de lo que ha sucedido en su formación.

El novelista Pedro Sorela, que fue profesor de Periodismo y redactor de Cultura en este periódico, a cuya memoria se dedicó el 29 del mes pasado un acto en el pabellón Europa de la Feria del Libro de Madrid, señalaba en un artículo el 19 de mayo de 1997 que es muy raro que alguien cometa faltas ”si se ha leído lo que los planes de estudio dan por supuesto que los chicos han leído”.

Aquel artículo recogía que en la Selectividad de Madrid se había abolido entonces la norma de que el examen se suspendiera con tres errores de ortografía en Lengua y Comentario de Texto. Como se ve, cada retoque ha ido añadiendo magnanimidad ante el desconocimiento.

Así que hace falta señalar una vez más que la ortografía constituye un termómetro que permite descubrir la fiebre de alguien, y que no por tirar a la papelera el termómetro dejará de existir la calentura. Relajar las exigencias equivale a depositar en la universidad a unos alumnos que empezarán sus estudios superiores con carencias notables de las que ni siquiera son conscientes. Si después los profesores no corrigen eso –y no parece algunos que se dediquen mucho a ello, a lo mejor porque tampoco son conscientes– la consecuencia de todo conduce a lanzar a la sociedad a unos graduados menos cultos (menos leídos), y por tanto con menor capacidad de reflexión y de abstracción, con más dificultad para concentrarse en algo y, lo peor, fácilmente manipulables. Así que la ortografía importa más de lo que parece.

Las normas de nuestras tildes son muy sencillas, y cabrían en el espacio de esta columna. Habrían servido por ejemplo para que una periodista a la que acabo de oír en un boletín de radio no llamase “Cerundolo” a un tenista argentino sino que leyese el apellido correcto “Cerúndolo”. Así nos habría evitado percibir que no tenía ni idea del asunto acerca del cual estaba informando.

Esas reglas, tan útiles, tan sencillas, se incorporan con la lectura de libros y periódicos, pero, en su defecto, también con el estudio. Un alumno que ni lea ni sea capaz de aprendérselas estará capacitado difícilmente para esfuerzos intelectuales superiores. No hay que olvidar que la ortografía del español es el eje de la unidad de la lengua y que sobre él giran sus ricas variedades. Escribimos con respeto a los acentos de todos para que cada cual lea las palabras con su acento propio.

Un periodista amenazado

 Federico Quevedo: “Una amenaza de Montoro me hizo tocar fondo y decidí acabar con mi vida”, en El País, Ángeles Caballero, Madrid - 24 jun 2026:

El periodista recuerda el coste personal que le supuso ser crítico con el Gobierno de Mariano Rajoy desde posiciones consideradas afines

Federico Quevedo (Hamburgo, 64 años) emplaza a EL PAÍS en la redacción de Capital Radio. “Llevo ya treinta y muchos años de carrera, he pasado por todo tipo de medios, aunque ha habido una constante, la radio. Es el medio con el que más me identifico”, cuenta. De números hablará poco, pero mucho de oficio, de política y del coste que le supuso ser crítico con el poder, con un intento de suicidio y una crisis personal de la que hoy dice estar recuperado.

Pregunta. De toda esa trayectoria, casi siempre ha estado ligado al periodismo económico, que tiene fama de aburrido.

Respuesta. Es verdad que tiene ese marchamo de ser un poquito más plasta, más plomo, pero cuando estuve en La Gaceta de los Negocios empecé a hacer información política dentro de la prensa económica, lo cual era un poco innovador. Me encanta la información política.

P. ¿Y la política?

R. Creo que es esencial para los ciudadanos, para la vida pública, y para la mejora de las condiciones de vida de las personas. También tiene sus elementos negativos, pero para eso estamos nosotros, para contarlo y para conseguir que la política sea mejor.

P. ¿En qué nos hemos equivocado los periodistas o cuánto hemos contribuido a la desafección o a alimentar la antipolítica?

R. Como profesión nos afectó mucho la crisis de 2008, y a partir de ahí nos ha costado mucho adaptarnos a la nueva situación. ¿Cuál es la nueva situación? Un entorno con internet y redes sociales al que nos está costando mucho adaptarnos, y los ciudadanos se informan cada vez más ahí en vez de en los medios de comunicación clásicos. Pero mi sensación es que no es tan grave. Yo creo que le damos demasiada importancia.

P. ¿A qué? ¿A las redes?

R. Sí, tenemos que estar en las redes porque es donde está la mayoría de la gente, pero tenemos que conseguir, y lo podemos hacer, que la gente confíe en el periodismo de verdad. El verdadero periodismo se sigue haciendo en los medios tradicionales y vamos a estar siempre ahí.

P. Siempre ha tenido presencia mediática, pero hubo un momento en el que se convirtió en noticia.

R. Fue un momento difícil. Digamos que estaba en lo alto de la curva, en televisión, radio, en prensa, pero me volví crítico con el poder. O sea, no es que no lo hubiera sido antes, pero se entendía que yo era un periodista etiquetado en la derecha. Pero creo que el Gobierno de Mariano Rajoy cometió muchos errores y lo señalé. Y cuando a determinados gobiernos los critican desde posiciones distintas, digamos que lo tienen como interiorizado, pero cuando se les critica desde lo que ellos consideran que son uno de los suyos, lo llevan mal. Fueron a por mí.

P. ¿Qué pasó?

R. Me sacaron de los medios en los que colaboraba y hubo consecuencias económicas. Una amenaza directa por parte del entonces ministro de Hacienda (Cristóbal Montoro) de que o cambiaba mi manera de enfocar lo que estaba pasando o la inspección de Hacienda iría por mí, que fue lo que pasó realmente, porque obviamente yo no cambié mi manera de pensar ni de manifestar mi opinión. Eso me llevó a tocar fondo y decidí incluso acabar con mi vida.

P. ¿Cómo detectó las primeras señales de lo que estaba pasando?

R. Yo entonces hacía con Fernando Jáuregui una cosa que se llamaba El confidencial de La Linterna en la cadena COPE. Cuando ocurrió todo lo de 2017 en Cataluña, me llamó el presidente de la cadena y me dijo: “Me han pedido tu cabeza. No la voy a dar, pero…”. Fue una advertencia. Todavía aguanté unos meses, pero metieron en la cárcel a Oriol Junqueras y me mostré muy crítico con que estuviera en prisión por una cuestión política, por muy grave que fuera el asunto, y lo denuncié en el programa. Pasaron unos meses y me llamaron para decirme: “No vuelvas más por aquí”. Yo sabía quién había sido, el brazo ejecutor, que se llama Soraya Sáenz de Santamaría y María Pico, que era su ariete. En otros medios me había pasado también tres cuartos de lo mismo. En un programa del Canal 24 Horas me pusieron en la lista de tertulianos y me acabaron tachando.

P. ¿Qué o quién le sostuvo durante ese tiempo?

R. Mis hijos. El pequeño tenía entonces cinco o seis años y en el momento en el que tomé la decisión de acabar con mi vida surgió su imagen en la pantalla de mi teléfono móvil. Fue entonces cuando llamé a emergencias y dije: “Acabo de hacer esto”. Me contestaron: “Deja la puerta abierta porque vas a perder el conocimiento y así podemos entrar en tu casa”. Me desperté en el hospital.

P. Hoy está mejor, pero hay compañeros y compañeras, también políticos, amenazados por ejercer su profesión. ¿Usted tiene miedo?

R. Miedo no, pero sí he sentido el linchamiento en redes sociales cuando he manifestado ciertas posiciones. Hace no mucho se me ocurrió decir que me parecía mucho más democrático en este momento un partido como EH Bildu que Vox. Fue brutal, pero me da da igual. Lo sigo pensando, que EH Bildu tiene aún que hacer un recorrido, pero ha demostrado ser mucho más democrático que Vox.

P. ¿Alguna vez ha puesto alguna denuncia?

R. Una vez, a un tipo que me amenazó con pegarme un tiro en la nuca y gané. Era una cantidad muy pequeña, pero pagó y se lo di a una ONG.

P. Esos hijos que le sostuvieron entonces, ¿le han pedido alguna vez que lo deje?

R. No. Y eso que a veces no están de acuerdo con algunas de mis opiniones, como es lógico. Me califico como un liberal de centro que cree en el diálogo. Sé que eso hoy en día se lleva muy mal y provoca muchas tensiones aun en los extremos. Pero, pero no son los mismos unos extremos que otros, ¿eh?

P. Menudo melón que acaba de abrir.

R. En la extrema derecha hay un negacionismo de los derechos civiles que no hay en la extrema izquierda, y para mí eso es una diferencia fundamental. La extrema izquierda puede tener muchas cosas con las que yo no estoy de acuerdo, sobre todo en cuestiones de la libertad personal o de la libertad económica, pero en la defensa de los derechos estoy de acuerdo prácticamente al 99 por ciento.

martes, 23 de junio de 2026

Gran estudio sobre conservantes alimentarios cancerígenos

 Un gran estudio relaciona algunos conservantes alimentarios con mayor riesgo de cáncer, en El País, por Aser García Rada, 23 jun 2026:

El estudio de cohorte francés NutriNet-Santé identifica asociaciones modestas entre la ingesta de estos aditivos y el riesgo de cáncer, lo que reabre el debate científico y regulatorio

Los conservantes alimentarios están presentes en una gran variedad de productos del supermercado, desde panes de molde y salsas hasta carnes procesadas, e incluso en muchos alimentos no ultraprocesados. Su función es prolongar su vida útil, pero persiste la preocupación por sus posibles efectos adversos cuando se consumen de forma habitual.

Ahora, una investigación epidemiológica publicada a principios de año en The BMJ analiza por primera vez la relación entre el consumo acumulado de un amplio abanico de conservantes y la incidencia de cáncer. Basándose en datos de unos 100.000 participantes del estudio de cohorte francés NutriNet-Santé, seguidos de media unos siete años y medio, el trabajo identifica asociaciones entre la ingesta de aditivos ampliamente utilizados —como el sorbato potásico, el metabisulfito potásico, el nitrito sódico, el nitrato potásico, el ácido acético o el eritorbato sódico— y una mayor incidencia de cáncer en general, así como de cáncer de mama y de próstata. No obstante, los autores recalcan que son necesarios estudios adicionales para confirmar estas asociaciones.

El aumento del riesgo observado es modesto, como subraya el editorial que acompaña al estudio, firmado por dos investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard. En términos absolutos, a los 60 años sería del 13,3% entre quienes consumen más conservantes frente al 12,1% entre quienes consumen menos, lo que equivaldría a unos 12 casos adicionales de cáncer por cada 1000 personas. Aunque parezca poco, el impacto global podría ser relevante, ya que casi toda la población consume estos aditivos con regularidad a lo largo de la vida.

Los editorialistas reconocen la solidez metodológica del trabajo, pero llaman a interpretar los resultados con cautela: al tratarse de un estudio observacional, no permite establecer relaciones causales. Aun así, consideran que los hallazgos son coherentes con datos experimentales previos y refuerzan las recomendaciones de priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados.

Para Clara Joaquín, coordinadora del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y endocrinóloga del hospital Germans Trias i Pujol, que como el resto de expertos consultados no ha participado en la investigación, los resultados encajan con una tendencia preocupante. “Aunque en parte me lo esperaba, son sorprendentes”, señala a EL PAÍS. “Estamos viendo un aumento de los cánceres y a edades cada vez más jóvenes, y creo que una parte importante tiene que ver con la exposición crónica a lo que comemos”. Aun así, admite que “es complicado eliminar todos estos conservantes de la dieta”.

Diferencias entre conservantes antioxidantes y no antioxidantes

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores —de varias universidades francesas e instituciones como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), el INSERM o el Institut Pasteur— analizaron la dieta de los participantes mediante registros repetidos de 24 horas que cruzaron con bases de datos sobre la composición de productos industriales y con análisis de laboratorio.

El estudio destaca por el tamaño de la cohorte y por ampliar el foco más allá de los aditivos más estudiados. “El eritorbato o los acetatos apenas se habían tenido en cuenta, y los sulfitos se han relacionado más con alergias que con cáncer”, apunta Joaquín. En total, evaluó 58 conservantes, agrupados bajo los conocidos códigos europeos “E-XXX”, entre ellos los sorbatos (E200-203), los sulfitos (E220-228) y los nitratos y nitritos (E249-252). Uno de los retos fue que muchos se consumen en alimentos que ya se vinculan con mayor riesgo de cáncer per se, como las carnes procesadas —caso de nitratos y nitritos— o las bebidas alcohólicas, como el vino —el de los sulfitos—, lo que dificulta aislar el efecto específico del aditivo del asociado al propio alimento o sus otros componentes.

Los investigadores engloban los conservantes en dos grandes grupos con niveles de riesgo diferentes. Por un lado, una mayor ingesta de conservantes no antioxidantes —los que impiden el crecimiento de microorganismos— se asocia con un aumento del riesgo de cáncer en general. En este grupo también observaron asociaciones con cáncer de mama y de próstata para algunas familias de aditivos —como sorbatos, sulfitos o acetatos— y para compuestos concretos como nitratos o nitritos.

Estos dos últimos pueden transformarse en el organismo en nitrosaminas, carcinógenas en animales y consideradas potencialmente carcinógenas en humanos, lo que llevó en 2023 a la Comisión Europea a reducir sus niveles permitidos.

En cambio, los conservantes antioxidantes —que evitan la oxidación, como los ascorbatos (vitamina C) o los tocoferoles (vitamina E)— no se asociaron con el cáncer en general. La excepción fue el eritorbato sódico (E316), empleado para mantener el color rosado en carnes procesadas como hamburguesas, salchichas o embutidos, y en algunas bebidas, que sí se asoció con mayor incidencia de cáncer.

Para Rocío Barragán, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat de València, el estudio merece atención científica y regulatoria, aunque insiste en la cautela. “No permite sacar conclusiones definitivas, pero tiene una población enorme y plantea que quizá haya que reevaluar el efecto tóxico de algunos conservantes”.

Barragán, que también es investigadora del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) y de la Universidad de Columbia, destaca además que el estudio aborda una cuestión poco explorada: el posible efecto combinado de múltiples aditivos en la dieta. “Normalmente los conservantes se evalúan de forma individual, pero no sabemos bien cuál puede ser el efecto combinado de muchos aditivos consumidos al mismo tiempo”, señala.

La experta apunta, no obstante, algunas debilidades metodológicas. “Cuando se analizan muchas variables a la vez, siempre existe la posibilidad de que algunas asociaciones resulten significativas por azar”. Aun así, valora positivamente que el estudio haya ajustado sus resultados por múltiples factores de confusión, como el estilo de vida o el patrón dietético. En todo caso, “los resultados refuerzan la recomendación de reducir los ultraprocesados y consumir alimentos más frescos. Patrones como la dieta mediterránea, basados en alimentos mínimamente procesados, siguen siendo los más saludables”.

“Hay que tener en cuenta que muchos de estos aditivos son imprescindibles en el sistema alimentario actual”, advierte por su parte José Juan Rodríguez Jerez, catedrático de Seguridad Alimentaria de la Universidad Autónoma de Barcelona. “El consumidor quiere alimentos con aspecto fresco, que duren varios días en el frigorífico y que sean seguros. Sin conservantes, en muchos casos eso no sería posible”.

En algunos casos, añade, los aditivos se utilizan precisamente para prevenir riesgos sanitarios más graves. “Por ejemplo, retirar completamente nitratos o nitritos de ciertos alimentos podría aumentar el riesgo de Clostridium botulinum, que produce botulismo y puede ser mortal”, afirma. “En seguridad alimentaria siempre hay un equilibrio entre distintos riesgos”.

Un toque de atención para un mundo con prisa

Así, el estudio alimenta el debate regulatorio. “Estos hallazgos aportan información útil para una futura reevaluación del perfil de seguridad de estos aditivos por parte de las agencias sanitarias, teniendo en cuenta el equilibrio entre los beneficios de la conservación de los alimentos y los posibles riesgos para la salud”, señalan los autores. En la misma línea, el editorial apunta que el uso generalizado de conservantes y las incertidumbres sobre sus efectos a largo plazo justifican “una revisión de las normativas actuales”, con límites más estrictos, un etiquetado más claro y una vigilancia más sistemática.

“El modelo de producción y consumo actual hace que muchos alimentos necesiten conservantes para alargar su vida útil y abaratar costes, ¿pero hasta qué punto eso resulta beneficioso o no para la salud?”, plantea Barragán. Para Joaquín, los resultados suponen “un toque de atención” en sociedades con poco tiempo para cocinar y una oferta alimentaria mayoritariamente envasada. A su juicio, “las instituciones sanitarias deberían valorar de forma individual cada conservante” y avanzar en su regulación, como ya se ha hecho con algunos disruptores endocrinos. “Habría que hacer estudios específicos con cada uno y regular en función de su perfil de riesgo”, afirma, aunque reconoce la complejidad del escenario: “No solo están en los ultraprocesados; muchos alimentos poco procesados también los contienen”.

Los investigadores consideran, por último, que sus resultados deberían incentivar a la industria a limitar el uso de conservantes y reforzar políticas públicas que faciliten el acceso a alimentos frescos, de temporada o mínimamente procesados. También recuerdan que “los médicos de atención primaria y los dietistas podrían desempeñar un papel clave a la hora de trasladar estas recomendaciones”.

Así lo hace Joaquín, que pide leer bien las etiquetas. “Cuantos menos ingredientes tenga un producto, mejor; si tiene más de cuatro, recomiendo no comprarlo”. Aconseja evitar no solo los ultraprocesados, sino también muchos alimentos procesados: “Es preferible que estén lo menos envasados posible”. La recomendación cobra especial relevancia ante el auge de los servicios de comida preparada y de tuppers a domicilio. “Pueden estar equilibrados en calorías o nutrientes, pero no sabemos qué conservantes utilizan. No es igual cocinar con tomate fresco que usar una salsa industrial con sulfitos, o unos garbanzos cocidos en casa que unos de conserva”.

sábado, 20 de junio de 2026

La IA ya escribe novela y poesía

 LA IA ya escribe novelas y poemas, en El País, por Nadal Suau 20 jun 2026 

La irrupción de la inteligencia artificial en el ámbito de la escritura plantea un dilema crucial: ¿seguirá siendo literatura?

La IA es hoy el tabú y el terror de la literatura. Cuando la premio Nobel Olga Tokarczuk confesó que la utiliza para investigar o incluso testear estructuras, el templo se partió en dos, y vuelve a hacerlo cada vez que un relato premiado levanta sospechas de haber sido intervenido por algoritmos. Sin embargo, la IA ya no dejará jamás de ser un agente real operando en el mundo, y es en ese mundo en el que escribiremos. A medio y largo plazo, resulta imposible especular con lo que ocurrirá, pero a corto plazo (tan corto que ya estamos ahí) diría que van a convivir tres fenómenos: la escritura de IA, la escritura con IA y la escritura sin IA. Debemos exigir, mientras aún sea posible, que nadie nos cuele una cosa por otra.

Por supuesto que la IA escribirá (ya escribe) artículos, papers, novelas, poemas. Lo hará, además, con cierto grado de competencia, puesto que la mayor parte de la producción escrita responde a fórmulas predecibles. Esto resulta evidente en la literatura comercial rutinaria, basada en repetir tramas, arquetipos o escenas, pero también en la literatura “de prestigio” convencional. En ambos casos, el mercado, sea mainstream o de nicho, le plantea en la práctica prompts ineludibles al autor, al exigir tal tipo de confesiones, giros narrativos o discursos de fondo. Si hablamos de la ficción literaria (esa redundancia anglosajona tonta, pero útil), a eso se añaden los tics que imponen las escuelas de escritura y, sobre todo, los requisitos de las becas de creación, esos paliativos insuficientes de la pobreza, que poco a poco están obligando a que todos los libros parezcan escritos por una sola voz dando vueltas a los mismos temas, imaginario y bibliografía. No parece descabellado que un estándar medio de calidad, homologable en ambas circunscripciones, esté al alcance de Claude —otra cosa son las obras excepcionales—.

Pero aquí topamos con una paradoja. Para que la IA escriba, alguien tiene que proporcionarle directrices que le expliquen qué escribir. De hecho, la escritura de IA implica la aparición de un nuevo género extraño, el prompt, una forma breve de escritura humana que exige precisión, especificidad, y síntesis, eso sí, alejada radicalmente de lo que siempre habíamos considerado literatura. En semejante proceso, ¿el prompt es escritura subsidiaria o central?

La escritura sin IA se irán convirtiendo en escritura contra la IA, obligada a estudiar sus marcas de autoría para esquivarlas

En segundo lugar, existe la escritura con IA. Me temo que, si hiciéramos una macroencuesta entre periodistas, guionistas, académicos o novelistas suministrándoles una buena dosis previa de Pentotal, pronto descubriríamos que esta ya es hoy la forma de escritura hegemónica: el autor escribe con autonomía, pero acude al chatbot para acelerar el estudio previo, proponer frases o pasajes alternativos para escoger el mejor, corregir ortografía o gramática, someter un inédito a escrutinio, etcétera. ¿Hasta qué punto podrán un lector o un programa fiscalizar esta clase de operaciones? Soy escéptico al respecto.

La escritura con IA tampoco es inocente ni aséptica, y tendrá consecuencias: aplanamiento del estilo, homogenización del trasfondo ideológico, pérdida del control del lenguaje. Por otro lado, parece complicado que la industria y sus trabajadores renuncien indefinidamente a una herramienta tan poderosa. Es aquí donde se sustentan el tabú y el terror, en la vergüenza de admitirlo y en el recelo que despierta la amenaza de que el proceso creativo, por mucho que lo parapetemos tras una mística ancestral, se acabe revelando un hecho tan estadístico y automatizable como otro cualquiera.

Claro que la hipótesis verdaderamente provocativa sería que una colaboración intensa entre la IA y el creador ofreciera posibilidades literarias no ya legítimas, sino estimulantes. De momento, los intentos han sido escasos y decepcionantes, pero no sé si eso significa que vayan a serlo indefinidamente. La clave estará en cómo se aborda el proceso, que es lo único importante en la creación artística.

Por último, la escritura sin IA sobrevivirá en busca de un territorio propio, de unas señas de identidad inconfundibles. De momento, la escritura sin IA es la única que los actores del mundo literario (autores, editores, lectores, libreros, críticos) consideramos legítima, en un consenso que todavía no presenta desgaste. Pero no me extrañaría que en breve tenga que conformarse con ser solo la más prestigiosa. Minoritaria, anticomercial, signo de resistencia, ubicada ahí donde la industria del libro adopta formas y cifras artesanales.

En ese panorama, las prácticas más disruptivas serán las más conservacionistas, y a medida que el mercado y las instituciones normalicen el empleo del algoritmo, la escritura sin IA se irá convirtiendo en una escritura contra la IA, es decir, una escritura obligada a estudiar las marcas de autoría de la IA para esquivarlas y confrontarlas con aquello que un humano siga pudiendo escribir por sí solo, y que se parecerá mucho al error, a la reivindicación del error. La perfección siempre ha sido un objetivo artístico un tanto banal, pero estamos a las puertas de que se convierta en un rasgo directamente sospechoso. Así, escribiremos sin IA, de acuerdo, pero con la IA teniendo un papel activo en nuestro trabajo, condicionándolo, haciéndose presente en forma de ausencia forzada, definiendo lo literario como su negativo. Entonces, lo que haremos, ¿seguirá siendo literatura? Porque lo que no va a ocurrir es que volvamos a un mundo sin IA.

O tal vez haya margen para ciertas alternativas al bucle. Un escritor podría (sin dejar de serlo, ¡menuda alquimia!) no escribir, convertir su propia escritura en ausencia activa. O renunciar a leer su contemporaneidad, aislándose en una cabaña. O no publicar, en un gesto que impugnase las condiciones del juego. Sin embargo, si una literatura no se concreta, no se pregunta por cuánto le rodea ni se comunica, ¿sigue siendo literatura? Al parecer, en el siglo XXI todo conduce a la pregunta por la supervivencia.

Zapatero y la m. por Javier Cercas

 Zapatero y la mierda, en El País, por Javier Cercas, 20 jun 2026:

No han cumplido con su deber de crear un sistema lo más invulnerable posible a la corrupción; y se lo hemos permitido

En pleno estallido del caso Zapatero, mientras leía noticias a cuál más deprimente, un titular me levantó el ánimo. “Con 89 años, tengo relaciones con distintos hombres fuera de la residencia”, declaraba a El Periódico una señora. Pensé: “Olé tus ovarios”. También pensé: “En las próximas elecciones, votaré a esta señora”. Pasado el subidón, volvió la depresión.

Lo más serio que se ha dicho sobre el caso Zapatero lo dijo en el Congreso Gabriel Rufián: “Es una mierda”. Pero yo no creo que sea una mierda porque Zapatero fuera un faro moral o un padre político que ha dejado a oscuras o huérfana a la izquierda, o por cualquiera de las demás cursiladas que se dijeron aquellos días. Yo creo que es una mierda porque Zapatero fue presidente del Gobierno. Que yo lo votara dos veces —todas las que se presentó a la presidencia— es lo de menos; lo relevante es que fue el presidente de todos, incluidos los que no lo votaron. Esa es la mierda auténtica. Hace ocho años, un Gobierno del PP cayó envuelto en casos de corrupción; todo parece indicar que este Gobierno va a caer envuelto en casos de corrupción. Esto no es un argumento equidistante: es un hecho. En realidad, ahora mismo no resulta nada fácil de explicar fuera de España, a menos que se recurra a la teoría de la conspiración, que siga en su puesto un presidente que tiene imputados por la justicia a su esposa, a su hermano, a su última mano derecha, a su penúltima mano derecha, a la mano derecha de su penúltima mano derecha y a un grupo de su propio partido, cuyo secretario de Organización urdió según el juez una “estructura criminal” para desacreditar adversarios; también a Zapatero, quien, como dijo Carlos E. Cué, para el presidente era mucho más importante que muchos ministros (así es: fue Zapatero quien pactó en 2023 con Puigdemont un acuerdo donde el PSOE suscribe todas las mentiras del secesionismo, lo que hizo posible la amnistía y la segunda legislatura de Sánchez). Dicho esto, ¿cómo extrañarse de que haya quien piense que todos los políticos son iguales y que el sistema está corrompido, gente a la que entren ganas de no volver a votar o de votar a una nonagenaria alegre y folladora? ¿Cómo es posible que haya quien acuse a esa gente deprimida de fomentar la antipolítica y no entienda que quien la fomenta son los políticos que no atajan de una vez la corrupción? Porque no se engañen: la cuestión no es cambiar los malos gobernantes por los buenos; la cuestión es cambiar el sistema de forma que ni siquiera los buenos gobernantes puedan convertirse en malos. ¿Imposible? Falso: en Dinamarca o Finlandia la corrupción es irrelevante. ¿Que nosotros somos distintos, que tenemos otra cultura y otra tradición? Y un cuerno: hace cuatro días también se decía que, a diferencia de daneses o finlandeses, nosotros no podíamos vivir en democracia porque teníamos otra cultura y otra tradición; y aquí estamos. No, la cuestión no es esa; la cuestión es que, en estos casi 50 años de democracia, nuestros partidos políticos —empezando por el PSOE y el PP— no han cumplido con su deber de crear un sistema lo más invulnerable posible a la corrupción; y que nosotros se lo hemos permitido. Esa es la verdadera mierda.

No ocultaré que conozco a Zapatero. Ya no era presidente, pero yo le había criticado en un artículo y quiso hablar conmigo. Conversamos; estuvimos de acuerdo en unas cosas y en otras no. No me pareció un faro, ni falta que hace: para ser un político útil basta con ser razonable y honesto, tener un poquito de humildad, saber escuchar, rodearse de buenos asesores y querer lo mejor para tu país. Me pareció que Zapatero cumplía los requisitos (y no tengo ninguna razón para pensar que mi nonagenaria favorita no los cumpla); ni se me pasó por la cabeza, en todo caso, que pudiera hacer nada semejante a lo que el juez le atribuye. Por lo demás, creo en la inocencia de Zapatero; por un motivo: porque la civilización consiste en creer que cualquier persona, sea el presidente del Gobierno o Jack el Destripador, sea de izquierdas, de derechas o mediopensionista, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Todo lo demás es una mierda

Verdades útiles que se aprenden tarde

 Jordi Segués, "25 verdades brutales que me hubiera gustado saber antes de los 20 (Consejos a mi futuro hijo)" 

Ahora mismo tengo 41 años. Y si pudiera volver atrás y hablar con mi yo de 20 años para darle consejos sobre cómo desarrollar un negocio de éxito y tener una vida plena y feliz, esto es lo que le diría y ojalá lo hubiera entendido antes. Y esto también es para ti, mi hijo, mi futuro hijo, para que te ayude.

Lo primero, rodéate de personas positivas y con hambre de éxito. Eres la media de las cinco personas de las que te rodeas. Yo cometí el error de juntarme con personas quejicas y sin ganas de trabajar. Nunca se responsabilizaban de nada y todo lo que les ocurría era culpa del jefe y de los demás. No caigas en esto porque luego te conviertes en uno de ellos y es muy difícil salir de ahí. En la vida tú eres el responsable de todo lo que te ocurre, nadie más.

No intentes convencer a la gente que no quiere ser convencida. Cuando era más joven discutía con las personas que no tenían mi punto de vista para intentar hacerles ver mi realidad con argumentos. Pero la realidad es que aparte de una pequeña cantidad de personas que escuchan dispuestas a cambiar de opinión y te argumentan su punto de vista para que tú puedas cambiar tu propia opinión. La verdad es que la mayoría de gente pues simplemente no quiere escuchar ni cambiar de opinión. Si insistes, vas a drenar toda tu energía para nada. En su lugar usa esa energía para construir tu proyecto. No te enfades con esas personas. Simplemente acepta que ciertas personas se queden con la visión que tienen, aunque desde tu punto de vista sea errónea. Acepta que podáis estar en desacuerdo y que se queden en su realidad.

Nunca dejes de estudiar, de aprender y de leer. Pensamos que la formación acaba cuando acabas la universidad, pero no es falso. La formación de verdad empieza en ese mismo momento. Cómprate libros, libros de desarrollo personal y de negocios y devóralos sin piedad. Sé curioso, estudia, ten hambre de conocimiento. El conocimiento con acción es la mayor palanca para construir la vida que quieres. Aprenderás más con 10 libros que con 5 años de universidad. Aprende inglés cuanto antes. Empieza a ver todas las películas y series que te gusten en inglés. Cómprate los libros en inglés, que acostumbra a ser la versión original. El 90% del conocimiento relacionado con negocios y desarrollo personal ahora mismo está en inglés. Si no lo entiendes, te pierdes lo mejor.

Cinco. Ser humilde no es pensar menos de ti y no tiene nada que ver con ser pobre. Ser humilde es pensar menos en ti y ayudar también a los demás. Pero pensar en ti y sobre todo pensar en grande es fundamental. Pensar en pequeño o actuar con timidez no inspira a nadie. No te menosprecies y no dejes que los demás te convenzan de que no eres capaz. Ser humilde también es admitir cuando no sabes algo y está bien, pero ser humilde no es bajar la cabeza.

Seis. Aprende a decir que no sin complejos ni culpa. No hace falta que justifiques un no si no te apetece. Cuando le dices que sí a todos, te dices no a ti. Decir no es más importante que decir sí. Decir sí es fácil, pero no te hace feliz. Tienes el mismo derecho a decir sí que a decir no. Quienes se enfaden cuando les digas no, no merecen estar cerca de ti. Y eso no quita que debas ser generoso y agradecido cuando sea necesario. Saber poner límites y decir que no es un superpoder. Para poner foco y construir algo grande debes decir no más a menudo que decir sí. Tú debes ser el maestro de lo que haces y de cuándo lo haces, no los demás. 

Siete. Es mejor admitir que entraste por la puerta equivocada que quedarte en la habitación equivocada. Cuanto antes reconozcas que te equivocaste e ignores el sesgo del coste hundido, antes empezarás a ir en la dirección adecuada. 

Ocho. Esperar una señal. Ya es la señal. Si quieres una, aquí la tienes. Esta es la señal. 

Nueve. Has pasado por cosas más difíciles que esta. y las has superado, esta también la superarás. Y además es una oportunidad para aprender y para crecer. ¿Recuerdas cuando pensabas que no te sacarías ese examen y al final lo lograste? ¿Recuerdas cuando pensabas que no podrías sacarte el permiso de conducir y todo salió bien? Es lo mismo. Confía en ti. Costará más o menos, pero lo lograrás

10. Cuando dejas de mostrar necesidad, los resultados llegan. No se trata de desearlo y esperar. Se trata de desearlo y construirlo, pero sin preocuparte de cuánto tiempo tarde en llegar. Sin presión, sin necesidad, desde el desapego. Confía en que llegará y trabaja para ello. Cuando el mundo ve que no lo necesitas y no dependes de ello, todo se alínea para que ocurra. La confianza y el desapego son el imán más potente en el ámbito personal, profesional y amoroso. 

11. Debes estar dispuesto a no ser entendido para tener éxito. Si quieres éxito, es lo que hay. La gente no entenderá por qué lo quieres ni por qué haces lo que haces. Te dirán que eres un insensato, que no es para ti, que no se puede, que no lo necesitas, que eres raro, que estás loco. Si esto ocurre, es buena señal, señal de que vas en la dirección correcta. Ser incomprendido es el precio del éxito, pero no te preocupes, cuando lo logres y lo lograrás, los que no te entendían te dirán que sabían que lo lograrías. 

12. Pide consejo solo a los que han llegado donde quieres llegar. Está bien escuchar, pero no todos los consejos y opiniones tienen el mismo valor. Si quieres conseguir dinero, escucha los consejos de los que tienen dinero. Si quieres una buena relación amorosa, escucha los consejos de los que la tienen y así con todo. Tus padres, amigos y familiares te aconsejarán, pero depende de ti saber qué consejos tener en cuenta y cuáles no. Siempre desde la gratitud y el respeto.

13. Tú creas tus propios límites. La vida es un espejo, no una ventana. El mundo no es como es. El mundo es como tú eres. Si quieres que las cosas mejoren, tienes que mejorar. Si no lo crees, no vas a poder construirlo. Lucha constantemente con tus creencias limitantes. Tu mente es tu límite. Tu límite eres tú. 

14. Construye tu propio objetivo y propósito en la vida. La sociedad intentará decirte cómo tienes que vivir y por qué. No hagas caso. La gran mayoría de personas no saben que quieren en la vida y están a la deriva. Encuentra lo que te hace feliz a ti. Construye un plan y ejecútalo. La vida es más simple de lo que parece. Vivir la vida que los demás quieren para ti es garantía de infelicidad. Mereces ser feliz. Que nadie te diga lo contrario, ni siquiera yo. 

15. Antes de ayudar a los demás, ayúdate a ti. Cuando estás en un avión y saltan las mascarillas, primero te la pones tú y luego se la pones a tus hijos y acompañantes. Si tú no estás bien, no podrás ayudar a los demás. Tú eres la prioridad. Sin ti, las demás personas no podrán ser ayudadas. 

16. Para tener una nueva vida, deberás estar dispuesto a perder la antigua. El cambio es parte del camino y en el camino perderás amigos y ganarás amigos. Y en esta transición descubrirás quiénes realmente fueron tus amigos de verdad y quiénes no. Es un proceso natural. Acéptalo. No dejes que tu vida anterior te ancle. 

17. No pidas permiso. Es tu vida. No dejes que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer. Escucha los consejos pertinentes y piensa por ti mismo, pero no dejes que los miedos ajenos te limiten. No le debes explicaciones a nadie. Vive tu vida siempre desde el respeto y el agradecimiento, pero no pidas permiso para vivir.

18. Sé buena persona, aunque de vez en cuando salgas perdiendo. Trata a los demás como te gustaría que te trataran y tu libertad acaba donde empieza la de los demás. Esto me lo enseñó mi madre. Haz que esto guíe tu vida. Duerme con la conciencia tranquila.

19. Habla bien de las personas. Evita el drama. Evita las scríticas. Un cumplido en el momento adecuado puede salvar una vida o sacar una sonrisa. Los cumplidos y las críticas hablan más de ti que de la otra persona. Recuérdalo. Antes de hablar de los demás, mírate en el espejo. 

20. Responsabilízate de todo. Nadie vendrá a salvarte. Tendrás lo que construyas. Eres el responsable de lo que te ocurre en la vida. No siempre tienes la culpa de lo que te ocurre, pero siempre tienes gran parte de responsabilidad en lo que te ocurre. El día que lo entiendas, tu vida cambia de forma radical. Si no asumes la responsabilidad de lo que te ocurre, no podrás cambiar lo que te ocurre. Es así de simple. Responsabilizarse es tomar el control.

21. Toma decisiones desde la ilusión, nunca desde el miedo. Las decisiones que tomas desde el miedo y desde la escasez no te hacen avanzar. El miedo da malos consejos. No le pidas consejo al miedo. Toma decisiones desde la ilusión, desde el optimismo y desde la intuición.

22. Toma decisiones. Sea cual sea, pero tómala. No decidir es decidir quedarte donde estás. Avanza más el que toma 10 decisiones, se equivoca nueve veces y acierta una que el que no toma ninguna.

23. Nunca es demasiado tarde. El mejor momento para plantar un árbol era hace 20 años. Obvio, ya lo sabemos, porque hoy estarías recogiendo los frutos. Pero el segundo mejor momento es hoy. Si quieres, hoy puede ser el día. y tu yo de dentro de 20 años te lo agradecerá.

24. La familia y las personas a las que amas son lo más importante. Sin ellas lo demás no tiene sentido. Sin ellas el dinero no tiene sentido. Sin ellas la salud no tiene sentido. Las personas se mueren. La vida es corta. No esperes. Invierte tiempo en ellas.

25. Sé agradecido, pero inconformista y ambicioso. Tienes potencial. Puedes construir grandes cosas. Confía en ti y empieza. No dejes que los límites de los demás te limiten. Que ellos no puedan no significa que tú no puedas. Si tienes un negocio o quieres construirlo y crees que las redes sociales, como te decía antes, pueden ayudarte a darte a conocer y a conseguir clientes, al igual que me han ayudado a mí, he preparado una masterclass de una hora aquí en YouTube. Es gratis, pero necesitas paciencia para ver una hora de clase. Sí, si quieres crecer y viralizar y vender en redes sociales para construir un negocio rentable, míratela. te ayudará, te dará claridad y al final de la clase te contaré cómo podemos trabajar juntos. Te lo dejo por aquí. Espero que este vídeo te guíe y te dé luz y sea un faro en tu vida. Te quiero.

viernes, 19 de junio de 2026

La fabricación del consenso y la crítica de Chomsky a tal producción.

  [Transcrito y corregido por el bloguero desde el canal de YouTube Historiador del pasado.]

 Cada mañana abres el teléfono y el mundo ya está ahí, ya editado, ya ordenado, ya decidido. Alguien eligió qué verías primero, qué ignorarías, qué te harías sentir indignado y qué pasaría sin que lo notaras. Y lo más inquietante no es que eso ocurra. Lo más inquietante es que casi nadie lo cuestiona. ¿Qué pasaría si alguien hubiera dedicado su vida entera a rastrear ese mecanismo? Si hubiera pasado décadas desentrañando cómo funciona el poder sobre la mente de millones de personas sin que esas personas lo noten. Si hubiera documentado caso por caso, el modo en que las sociedades modernas fabrican el consenso de sus ciudadanos como una fábrica fábrica automóviles. Eso es exactamente lo que hizo Noam Chomsky

y lo que encontró no dejó indiferente a nadie porque lo que encontró no es una teoría abstracta, es el mecanismo detrás de lo que piensas hoy, detrás de lo que consideras sentido común, detrás de las opiniones que crees haber formado tú mismo.

Abraham Noam Chomsky nació el 7 de diciembre de 1928 en Filadelfia, Pensilvania, una ciudad que olía a historia y a contradicción, la ciudad donde los padres fundadores firmaron la Constitución más influyente del mundo moderno y donde al mismo tiempo la pobreza y la desigualdad llevaban décadas acumulándose en barrios que ese mismo documento parecía haber olvidado. Crecer en Filadelfia a finales de los años 30 era crecer en el margen de la gran depresión. Era ver a hombres adultos sin trabajo en las esquinas. era escuchar a los adultos hablar con una mezcla de miedo y rabia sobre el futuro. Era aprender desde niño que el mundo no era tan ordenado ni tan justo como los libros de texto decían.

Su padre William Chomsky era un académico hebreo, un estudioso del lenguaje que había emigrado desde Ucrania, huyendo del servicio militar zarista. Un hombre de libros, de ideas, de conversaciones largas sobre gramática medieval y tradición judía. Su madre, Elsie Simonofsky era maestra, activista, alguien que creía que el mundo podía cambiarse. En ese hogar el pensamiento no era un lujo, era el aire que se respiraba. Era la manera natural de estar en el mundo.

El pequeño Noam aprendió a leer muy temprano. Aprendió también algo que muy pocos adultos saben hacer, a no aceptar una respuesta solo porque quien la daba tuviera autoridad. A hacer la siguiente pregunta. A preguntar por qué cuando el porqué era incómodo. A los 10 años ya leía los editoriales del periódico con una atención que sus compañeros reservaban para los cómics, no porque fuera un niño prodigio en el sentido espectacular, sino porque en su casa las ideas tenían peso real, tenían consecuencias, eran algo por lo que valía la pena pelearse, cerca de una comunidad judía de inmigrantes en el barrio norte de Filadelfia, un mundo donde la política no era abstracta, donde las discusiones sobre anarquismo, sionismo, socialismo y democracia ocurrían en los cafés, en las librerías, en las mesas de las familias los viernes por la noche. ¿Puedes imaginar crecer en un ambiente donde las ideas sobre cómo organizar la sociedad eran conversaciones cotidianas? ¿Donde el debate político era tan natural como hablar del tiempo? 

Ese ambiente formó algo en Chomsky que ninguna universidad habría podido enseñarle. Le formó la convicción de que la política no es un asunto de especialistas, es un asunto de todos y que cuando los ciudadanos abandonan ese territorio, alguien más lo ocupa con consecuencias que todos terminan pagando. A los 12 años visitó por primera vez la ciudad de Nueva York.

Caminó por la segunda avenida en el corazón del barrio judío del East Side y lo que vio lo impactó de una manera que décadas después seguiría recordando. Vio un mundo intelectual en ebullición, librerías anarquistas, periódicos en yidis, debates callejeros sobre Marx y Bakunin, artistas y pensadores que creían genuinamente que el mundo podía reorganizarse sobre bases más humanas y más libres. Ese fue el primer gran paisaje intelectual de su vida. No una aula, una ciudad pensando en voz alta. A los 16 años llegó a la Universidad de Pennsylvania, un campus de otra galaxia comparado con el barrio obrero donde había crecido. Y sin embargo, en esa transición algo en él no cambió. La mirada que llevaba puesta desde niño, esa mirada que preguntaba, que desconfiaba de las verdades convenientes, que encontraba sospechoso lo que todo el mundo aceptaba sin discusión. Esa mirada lo acompañaría durante los siguientes 70 años y con ella cambiaría el pensamiento de millones de personas en todo el mundo.

Y hay algo que ocurre en tu cerebro ahora mismo mientras lees estas palabras. Algo que los científicos llevaban siglos intentando explicar y que nadie había podido explicar de una manera que tuviera sentido real. ¿Por qué todos los seres humanos en todas las culturas, en todos los momentos de la historia aprenden a hablar? ¿Por qué un niño de 2 años sin ninguna instrucción formal, sin ningún manual, sin ningún sistema de recompensas, empieza a producir frases que nadie le enseñó específicamente? ¿Por qué el lenguaje humano no es simplemente un conjunto de hábitos aprendidos, sino algo infinitamente más profundo y más misterioso que eso? Chomsky llegó a la Universidad de Pennsylvania con la intención de estudiar filosofía y política, pero en ese campus encontró algo que no esperaba. Un hombre llamado Zellig Harris, un lingüista brillante de convicciones políticas radicales, que estaba haciendo preguntas sobre el lenguaje que nadie había formulado de esa manera. La conversación entre Chomsky y Harris duró años y en el proceso de esa conversación, el joven estudiante comenzó a ver que el lenguaje no era solo un objeto de estudio académico, era una ventana abierta directamente a la naturaleza de la mente humana. a lo que significa ser humano, a lo que distingue a nuestra especie de todo lo demás que existe sobre la Tierra. Chomsky llegó al MIT en 1955.

Era joven, desconocido y profundamente convencido de que la teoría dominante sobre el lenguaje estaba equivocada de manera fundamental. La teoría dominante era el conductismo, la idea de que el lenguaje se aprende por condicionamiento, que un niño aprende a hablar porque sus padres refuerzan los comportamientos verbales correctos y no refuerzan los incorrectos.

Era una teoría limpia, ordenada, mecanicista. Era también, según Chomsky, completamente incapaz de explicar lo que ocurría realmente. ¿Cuántas frases has producido hoy que nunca habías dicho antes? ¿Cuántas combinaciones de palabras has generado que nadie te enseñó explícitamente?

Eso es exactamente el problema que el conductismo no podía resolver. El ser humano no reproduce frases que ha escuchado, genera frases nuevas en tiempo real con reglas que nadie le enseñó conscientemente.

Chomsky propuso algo radicalmente diferente, que los seres humanos nacen con una capacidad gramatical innata, con una arquitectura mental que hace posible el lenguaje de la misma manera que la arquitectura biológica del ojo hace posible la visión. Lo llamó la gramática generativa, la idea de que hay una estructura profunda en el lenguaje humano que subyace a toda la diversidad aparente de las lenguas del mundo, que debajo del inglés y del chino y del árabe y del guaraní hay algo que funciona de la misma manera, porque el cerebro humano que los genera funciona de la misma manera. En 1957 publicó Estructuras sintácticas, un libro de apenas 116 páginas que cambió para siempre la manera en que la humanidad entendía el lenguaje y la mente. Era tan revolucionario que muchos de sus colegas tardaron años en comprender qué estaba diciendo. Y cuando lo comprendieron, la lingüística nunca volvió a ser la misma. ¿Por qué importa todo esto más allá de la lingüística? Porque la pregunta de cómo funciona el lenguaje en la mente humana es inseparable de la pregunta de cómo funciona el pensamiento, de cómo construimos la realidad, de cómo las palabras que usamos para describir el mundo también forman el mundo que somos capaces de ver. Si el lenguaje no es simplemente un hábito aprendido, sino una capacidad innata y generativa. Entonces, las preguntas sobre quién controla el lenguaje, quién elige las palabras con que se describen los conflictos, las guerras, las políticas, los enemigos, adquieren una gravedad completamente diferente. Las palabras no son etiquetas neutrales pegadas sobre una realidad que existe independientemente de ellas. Son el instrumento con el que construimos la realidad que somos capaces de percibir. Y Chomsky, el joven lingüista que acababa de revolucionar su disciplina, estaba a punto de aplicar esa comprensión a un territorio mucho más amplio y mucho más peligroso. El territorio del poder, de los medios de comunicación, de la manera en que los gobiernos y las corporaciones usan el lenguaje para construir la realidad que les conviene. 

Estaba a punto de dejar de ser solamente un lingüista y de convertirse en algo que el poder nunca perdona. Un testigo que nombra lo que preferiría permanecer innombrado. En 1965, el gobierno de los Estados Unidos tomó una decisión que cambiaría el mundo. Decidió escalar masivamente su intervención militar en Vietnam y con esa decisión tomó otra igualmente importante y mucho menos discutida. Decidió construir un relato sobre esa intervención que hiciera a la población estadounidense apoyarla o al menos no oponerse. Un relato sobre amenazas comunistas y dominós geopolíticos y la necesidad de defender la libertad. Un relato producido y distribuido con una eficiencia que habría  admirado a los mejores publicistas del mundo. Chomsky observó ese proceso con la misma atención con que había observado la estructura del lenguaje y lo que vio lo indignó de una manera que nunca pudo simplemente contemplar desde la distancia académica.

En 1967 publicó un ensayo que sacudió al establecimiento intelectual norteamericano. Se llamaba La responsabilidad de los intelectuales. La pregunta que hacía era tan simple como devastadora. ¿Cuál es la responsabilidad de quien tiene conocimiento, acceso a información y capacidad de análisis cuando el gobierno de su país miente sistemáticamente para justificar una guerra? Callarse, mirar hacia otro lado, usar las herramientas de la academia para producir justificaciones elegantes de lo injustificable. Chomsky decía que no, que la responsabilidad del intelectual es decir la verdad y denunciar la mentira, y que hacerlo frente a un poder que tiene todos los recursos para silenciarte no es heroísmo abstracto, es la condición mínima para seguir mirándote al espejo. El establishment académico y mediático de los Estados Unidos nunca le perdonó eso. No la idea en sí. Le perdonaron muchas ideas provocadoras. Le perdonaron menos que esas ideas fueran ciertas y estuvieran documentadas, porque Chomsky no argumentaba con opiniones, argumentaba con datos, con documentos desclasificados, con cables diplomáticos, con estadísticas que nadie discutía porque nadie podía discutirlas.

Eso es mucho más difícil de ignorar que una simple opinión incómoda. Pero la gran obra de su vida intelectual en este territorio llegó en 1988. Junto con Edward S. Herman, un economista de la Universidad de Pennsylvania, publicó Los medios de comunicación y sus mitos. Conocido en el mundo de habla inglesa como The manufacturing Consent. The Political Economy of the Mass Media. (1988) / La fabricación de consenso [o consentimiento]. La economía política de los medios de comunicación de masas es su traducción literal. El título en la traducción al español, Los guardianes de la libertad (1990) captura algo del argumento, pero el título original dice más: Fabricación del consenso, no manipulación, no mentira, consenso fabricado como una manufactura, como un proceso industrial. La pregunta central del libro era una que nadie se había hecho de esa manera. ¿Por qué los grandes medios de comunicación en una democracia libre producen sistemáticamente un periodismo que apoya los intereses de los gobiernos y las grandes corporaciones? 

La respuesta obvia sería que el gobierno los controla, pero en los Estados Unidos el gobierno no controla los medios. Los medios son privados, libres, independientes. O al menos eso dice el relato oficial. Entonces, ¿por qué el resultado es tan consistentemente favorable a los intereses del poder? Chomsky y Edward S. Herman propusieron algo mucho más sofisticado que la teoría de la conspiración. Propusieron un modelo, lo llamaron el modelo de propaganda, no en el sentido de que alguien en un despacho oscuro dictaba las noticias del día, sino en el sentido de que existen filtros estructurales que operan a lo largo de toda la cadena de producción de noticias y que determinan qué llega al público y cómo llega. 

El primer filtro es la propiedad. Los grandes medios son propiedad de grandes corporaciones, corporaciones que tienen intereses económicos concretos en determinadas políticas, en determinados gobiernos, en determinadas versiones del mundo. Un medio cuyo propietario tiene intereses en la industria de defensa va a publicar fácilmente un análisis honesto del gasto militar.

El segundo filtro es la publicidad. Los medios sobreviven económicamente de los anunciantes y los anunciantes son grandes empresas que prefieren ciertos ambientes editoriales a otros. Un tono demasiado crítico, demasiado radical, demasiado incómodo para los intereses corporativos puede costar contratos publicitarios y eso el editor lo sabe aunque nunca lo diga en voz alta. 

El tercer filtro son las fuentes. El periodismo diario necesita fuentes constantes de información y [carraspeo] las fuentes más accesibles, más organizadas, más productivas en términos de material publicable son precisamente los gobiernos y las grandes empresas, los que tienen departamentos de comunicación, [carraspeo] portavoces, comunicados de prensa perfectamente empaquetados, los que pueden invitar al periodista a una rueda de prensa o retirarle el acceso si publica algo que no les gusta.

El cuarto filtro es lo que Chomsky y Herman llamaron las contramedidas, las campañas organizadas de respuesta negativa frente a las noticias que disgustan a los poderosos. El lobby, los grupos de presión, las amenazas de demanda, las cartas masivas, el arsenal de quien tiene recursos para aplastar la disidencia periodística antes de que se consolide. 

Y el quinto filtro, el más sutil y el más eficaz, es el anticomunismo como sistema de control. En el  momento histórico en que escribían, el anticomunismo era el marco ideológico que definía qué ideas eran aceptables y cuáles estaban fuera del espacio de lo pensable. Hoy ese marco tiene otros nombres, pero la función es idéntica. El sistema no necesita sensores, se autocensura. El periodista aprende qué tipo de historias llegan a publicarse y cuáles desaparecen en el camino. El editor aprende qué tipo de enfoques o encuadres generan problemas y cuáles no.

Y todo eso ocurre sin que nadie dé una orden explícita, sin que nadie firme un decreto, ocurre sin que nadie mencione la palabra censura, porque la censura más eficaz es la que no se reconoce como tal. ¿Cuántas veces has tomado la información de una fuente sin preguntarte quién la financia? ¿Cuántas veces has aceptado el enfoque o encuadre de una noticia sin preguntarte qué opciones de interpretación ese encuadre excluye? ¿Cuántas veces has confundido el consenso de los medios con la realidad? Si la respuesta te incomoda, es exactamente la incomodidad que Chomsky quería provocar.

Cada semana una historia que cambia algo en la manera en que ves las cosas. y la de Chomsky todavía no ha terminado. La gran paradoja del modelo de propaganda es que funciona mejor en las sociedades que se llaman a sí mismas libres. En una dictadura, la propaganda es visible. La gente sabe que el periódico oficial miente y desarrolla defensas, desconfía, lee entre líneas, construye redes alternativas de información. En una democracia con medios aparentemente libres, la propaganda es invisible.

Porque, ¿para qué desconfiar si los medios son independientes? ¿Para qué leer entre líneas si no hay censura oficial? La libertad de prensa se convierte así, paradójicamente en el ambiente más favorable para la propaganda efectiva, porque la propaganda que funciona es la que nadie llama propaganda. Y en ese punto Chomsky hace la pregunta que cambia todo. ¿Qué significa ser libre si los marcos dentro de los cuales piensas han sido construidos por otros? ¿Qué significa tener opiniones propias si las premisas desde las que razonas fueron elegidas sin tu consentimiento? 

¿Es libre el pez que nada en el acuario si nunca sospecha que hay un acuario? Walter Lippmann (nota 1), uno de los periodistas más influyentes del siglo XX, escribió en 1922 algo que Chomsky nunca olvidó. Escribió que la función de las élites ilustradas en una democracia era fabricar el consenso de los ciudadanos. Ese fue el origen de la expresión que Chomsky y Herman usaron décadas después. Pero lo que Lippmann consideraba una necesidad deseable, Chomsky lo consideraba el mecanismo central de la dominación moderna. Y lo que Chomsky pasó décadas documentando sobre Vietnam, sobre Nicaragua, sobre Timor Oriental, sobre Irak, sobre Palestina, no fue simplemente un catálogo de crímenes y mentiras. Fue la demostración empírica, caso por caso, de que el modelo funcionaba, de que los mismos filtros producían los mismos resultados sistemáticamente, de que no era una serie de accidentes, era una estructura. 

¿Y qué significa vivir eso hoy en 2026? Pues que esa estructura está intacta, pero radicalmente amplificada, porque todo lo que Chomsky describió sobre los medios del siglo XX ha encontrado en el siglo XXI una versión exponencialmente más poderosa. Las redes sociales no liberaron a la información del control corporativo, la concentraron en manos de unas pocas plataformas cuyo poder económico y político supera al de cualquier medio de comunicación que existió antes. Google, Meta X, TikTok.

Cuatro o cinco empresas deciden qué ve la mayor parte de la humanidad. No con editores con nombre y apellido, con algoritmos. Y los algoritmos tienen algo que los editores humanos nunca tuvieron. La capacidad de personalizar la realidad, de construir para cada usuario una versión del mundo calibrada específicamente para mantenerlo enganchado el máximo tiempo posible. No informado, enganchado. 

La diferencia entre esas dos palabras es el corazón de la crisis que vivimos. El algoritmo no aprendió que la verdad genera engagement. Aprendió que la indignación genera engagement, que el miedo genera engagement, que la confirmación de lo que ya crees genera engagement, que el escándalo genera engagement y construyó el mundo de la información a la imagen de esos aprendizajes. 

¿Cuántas veces tu algoritmo te mostró algo que desafiara profundamente lo que ya creías? ¿Cuántas veces te sacó de tu zona de certeza en lugar de profundizarla? Si la respuesta es pocas veces o ninguna, estás describiendo exactamente la cámara de eco que los investigadores llevan años documentando. El mundo donde cada ciudadano vive en una versión diferente de la realidad. Versiones que raramente se tocan, que se vuelven cada vez más incompatibles y entre las cuales el diálogo se hace cada vez más imposible porque no hay un terreno común de hechos desde el cual empezar. Chomsky diría que eso no es un fallo del sistema, es su funcionamiento perfecto. 

Una ciudadanía fragmentada, enojada, dividida contra sí misma, no se organiza para desafiar el poder. Se consume en sus propias guerras tribales, mientras el poder opera con una tranquilidad que ningún conflicto entre ciudadanos amenaza. ¿Cuántas veces has sentido que la polarización política te separa de personas con quienes antes podías hablar? ¿Cuántas veces esa separación te ha impedido concentrarte en lo que los divide realmente en términos de intereses y de poder? Esa es la función de la polarización como producto manufacturado. No separar ideológicamente a la sociedad porque eso sea útil para el debate democrático.

Separar a los ciudadanos entre sí para que no puedan encontrar el enemigo real. Y entonces llega la inteligencia artificial y todo lo que Chomsky documentó sobre la fabricación del consenso adquiere una escala que ninguno de los grandes pensadores del siglo XX habría podido anticipar. Los deep fakes, los bots que amplifican narrativas seleccionadas, los sistemas de generación de texto que pueden producir millones de artículos de desinformación en segundos. La personalización de la realidad llevada a su extremo lógico. Un mundo donde cada persona puede vivir encerrada en un universo de información diseñado específicamente para ella, para sus miedos, para sus prejuicios, para sus deseos, [resoplido] para mantenerla exactamente donde el sistema quiere que esté. 

Chomsky tiene 95 años mientras escribimos esto. Sigue hablando, escribiendo, respondiendo entrevistas con la misma claridad y la misma indignación controlada con que escribía a los 35. Porque lo que lo mueve nunca ha sido el cinismo. El cinismo es la postura de quien ya no cree que el mundo pueda cambiar, pero tampoco quiere admitir que dejó de intentarlo.

Lo que mueve a Chomsky es algo diferente, más incómodo que el cinismo, más exigente. Es la convicción de que la comprensión es la condición previa de cualquier posibilidad de cambio, que no puedes transformar lo que no entiendes, que no puedes resistir lo que no ves y que el primer acto de libertad real es siempre nombrar el mecanismo que te controla.

Su herencia no es un partido político, no es un programa de gobierno, no es una utopía diseñada, es una pregunta que no se deja cerrar. ¿Quién decide qué pensamos y con qué interés lo decide? Si puedes hacer esa pregunta sobre las noticias que consumes, sobre los marcos que usas para interpretar el mundo, sobre las ideas que das por sentadas, porque todo el mundo las da por sentadas, entonces Chomsky cumplió su propósito. No quería seguidores, quería ciudadanos que pensaran. Y el pensamiento que él practicó durante décadas era el más peligroso de todos.

No el pensamiento que desafía a los adversarios, el pensamiento que desafía las propias certezas, el que mira el propio acuario, el que pregunta: "¿Qué estoy dando por hecho que no debería dar por hecho? ¿Qué no estoy viendo porque el modo en que recibo la información hace que no pueda verlo?"

En un mundo donde los algoritmos conocen tus miedos mejor que tus amigos, en un mundo donde la inteligencia artificial puede fabricar cualquier realidad con la misma facilidad con que tú fabricas tus creencias cotidianas. En un mundo donde la diferencia entre información y propaganda se vuelve cada vez más difícil de trazar. El trabajo de Chomsky no es historia, es el mapa del territorio en que vivimos y el mapa no te dice a dónde ir. Pero sin el mapa caminas sin saber que estás perdido. La pregunta con que empezamos sigue ahí.

¿Quién influye en lo que pensamos sin que nos demos cuenta? Chomsky pasó 70 años documentando la respuesta y al final la respuesta más importante no es la que él da, es la que tú decides hacer con esa información. Porque ese momento, el momento en que decides qué hacer con lo que sabes, es el único territorio que ningún algoritmo, ningún medio de comunicación y ningún sistema de poder puede colonizar del todo si lo cuidas. Si este documental te hizo pensar diferente sobre algo que creías entender, eso es exactamente para lo que existe, historiador del pasado. Deja en los comentarios cuál fue la idea que más te impactó: el modelo de propaganda, los filtros de los medios, la relación entre algoritmos y poder o simplemente la pregunta de cuánto de lo que piensas pensaste tú realmente. Escríbelo. Y si aún no te has suscrito, este es el momento. Aquí no exploramos el pasado para recordarlo, lo exploramos para entender el presente en que vivimos. M.

== Notas ==

1. [De una IA, aumentado por el bloguero] Chomsky recurre constantemente a los textos del periodista, politólogo, diplomático y filósofo de origen judeoalemán Walter Lippmann (1889-1974), dos veces premio Pulitzer y discípulo de nuestro George Santayana, consejero del presidente Wilson y curiosamente creador del término "guerra fría", por las siguientes razones fundamentales:

La invención del concepto: Walter Lippmann acuñó en su libro Public Opinion (1922) la célebre frase "fabricación del consentimiento" (manufacturing consent). Chomsky y Edward S. Herman tomaron prestada esta frase exacta para dar título a su obra política más famosa, publicada en español como Los guardianes de la libertad.

El rebaño desconcertado: Lippmann argumentaba que los ciudadanos comunes en una democracia no están capacitados para gobernar y forman un "rebaño desconcertado". Según su visión, el público debe ser mero "espectador" y no "participante" de la acción política.

La minoría inteligente: Para Lippmann, las decisiones deben quedar en manos de una "clase especializada" o una minoría inteligente encargada de guiar a las masas mediante la gestión de la información.

Chomsky utiliza estas tesis de Lippmann no para respaldarlas, sino de forma crítica: para demostrar que el sistema democrático moderno utiliza los medios de comunicación como una herramienta de propaganda sutil, diseñada para mantener a la población al margen de las verdaderas estructuras de poder. Lippmann creía que los nacionalismos, la competencia entre imperialismos y los estados fallidos son formas de mal o malformaciones políticas y los principales problemas del mundo en el siglo XX, y generan guerras. Lippmann se hacía eco de Vilfredo Pareto, y Ortega y Gasset de ambos.

martes, 16 de junio de 2026

Ultimatum

 Discurso / monólogo del alienígena Klaatu al mundo entero en Ultimatum a la Tierra (1951) de Robert Wise

 Os voy a dejar muy pronto. Y perdonadme si me expreso con rudeza, el universo se va haciendo más pequeño cada día y la amenaza de agresión por parte de ningún grupo ni de nadie no se puede tolerar. Ha de haber seguridad para todos o nadie se sentirá seguro. Esto no significa renunciar a nuestras libertades, salvo a la libertad de actuar de modo irresponsable.

Vuestros antepasados sabían esto cuando hicieron leyes para gobernarse a sí mismos y crearon policías para obligar a cumplirlas. Nosotros, los de otros planetas, hemos aceptado ese principio.

Tenemos una organización para la mutua protección de todos los planetas y para la completa eliminación de la agresión.

Esta basa su autoridad, desde luego, en una fuerza de policía que la protege. Para tal policía hemos creado una raza de autómatas. Su misión es patrullar por los planetas en naves como esta para salvaguardar la paz.

En caso de agresión, les hemos dado poder absoluto sobre nosotros y este poder no puede revocarse. Al primer signo de violencia actúa automáticamente contra el agresor. El castigo para las provocaciones es demasiado terrible para arriesgarse. Como resultado, vivimos en paz, sin armas ni ejércitos, seguros de que estamos libres de agresiones y guerras y libres para emprender más beneficiosas empresas. Nosotros no pretendemos haber logrado la perfección, pero tenemos un sistema y una labor. Y he venido a exponeros estos hechos. No nos interesan los asuntos internos de vuestro planeta, pero si amenazáis con extender vuestra violencia, la Tierra quedará reducida a un montón de cenizas.

La elección es simple. Con nosotros y vivir en paz o perecer víctimas de vuestra insensata ceguera actual. Esperaremos vuestra respuesta. La decisión es asunto vuestro.

El miedo del profesor a suspender

 Carta al director de El País de Encarni Esteban García. Huércal de Almería (Almería)

 Soy profesora de FP. Tras años en la empresa privada, decidí dar el salto a la docencia para transmitir mi experiencia. Después de ocho años en las aulas, tengo que reconocer que el golpe de realidad ha sido duro. Siempre que llega junio, pienso lo mismo: ¿cuándo empezamos los profesores a tener miedo de suspender al alumnado? Estamos ahogados en un mar de burocracia que parece buscar más la protección legal que educar. Ahora impera el temor a las consecuencias de un suspenso. He visto a compañeros aprobar a estudiantes solo para evitar el calvario de las reclamaciones y un desgaste emocional insoportable. Haces tu trabajo con el mayor rigor posible, pero si la calificación no coincide con las expectativas del alumnado, el docente pasa de evaluar a ser evaluado. ¿Estamos inflando las notas para comprar nuestra tranquilidad? ¿Hasta dónde va a llegar esta devaluación del sistema educativo? Y lo que más me preocupa: ¿qué profesionales estamos preparando para el futuro?

lunes, 15 de junio de 2026

El panpsiquismo se vuelve popular, Enric Gel

 [Transcripción y corrección del bloguero desde el portal de Enric Gel Adictos a la filosofía]

 La desesperación ante el problema duro de la conciencia

Imagina que todas las cosas a tu alrededor —tu  teléfono, los árboles, las estrellas— tuvieran  mente propia. Suena loco, ¿verdad? Pero... ¿y si  es así? ¿Y si todo es consciente? Te presento el  panpsiquismo, una idea revolucionaria que está  conquistando cada vez más terreno dentro de la filosofía de la mente y que promete resolver el problema de la conciencia ahí donde las  alternativas más comunes fracasan de modo  estrepitoso. Soy Enric Gel, soy filósofo y llevo meses estudiando las distintas posturas respecto del problema mente-cerebro porque me tiene loco.  

En los últimos vídeos, hemos hablado de por qué da la impresión de que la ciencia nunca podrá  explicar reductivamente la conciencia, apelando al famoso artículo ¿Cómo es ser un murciélago? de Thomas Nagel. También hemos presentado los problemas que tiene la propuesta habitual de que la conciencia emerge del cerebro. Lo cierto es que, por mucho que la neurociencia haya avanzado y progresado de manera impresionante en nuestra comprensión de los mecanismos que se dan en el cerebro correlacionados con la experiencia subjetiva, seguimos sin estar ni un milímetro más cerca que al empezar de dar con una explicación de por qué las personas son conscientes, de por qué hay un "cómo es" experimentar el mundo desde un punto de vista subjetivo, correlacionado con todas esas cosas raras que hacen tus neuronas. Da la impresión de que todos esos procesos físicos y electroquímicos que se dan dentro de tu cráneo se podrían dar perfectamente igual sin ir acompañados de experiencia subjetiva consciente. De ahí que, tras el continuo fracaso del paradigma materialista de producir ni que sea el comienzo  de una explicación plausible de la conciencia, muchos filósofos empiezan a estar convencidos de que la solución al problema mente-cerebro nos va a requerir pensar fuera de la caja y probar suerte con otras teorías, por locas que suenen a priori. El tiempo del materialismo ya ha pasado,  piensan muchos. Es hora de probar cosas nuevas.

¿Qué es el panpsiquismo? Realidad y caricatura

Y una de las nuevas propuestas que está ganando más  popularidad en los últimos años es precisamente el panpsiquismo: la idea de que la conciencia es tan  fundamental como las fuerzas de la física y que,  por tanto, está presente en todos los niveles de  la realidad, caracterizando a todo lo que existe. Se trata de una teoría que ha llegado a llamar incluso la atención de algunos neurocientíficos, como Giulio Tononi y Christof Koch, con su Teoría  de la Información Integrada, que plausiblemente tiene implicaciones panpsiquistas.  Pero, ciertamente, estarás pensando, "Esto es irse demasiado lejos, es ponerse muy  radical. ¿Realmente tenemos que pensar que todo,  todo tiene una dimensión mental, desde los libros  que tengo aquí detrás hasta los electrones? ¿Qué argumentos podría haber que nos llevasen en esta  dirección?". Pues me alegra que me lo preguntes.  

Yo te lo explico. Pero antes, una aclaración  para no empezar ya de entrada con mal pie: algunas personas se piensan que la mejor objeción en contra del panpsiquismo es que no hay ninguna evidencia de que las piedras, por ejemplo, sientan dolor, alegría, tristeza, cosquillas o que los quarks especulen  acerca de qué van a hacer con su vida, ¡jaja, qué gracia! Pero esto no es una objeción, es una caricatura. ¿Por qué? Porque, por lo general, las formas de panpsiquismo que se toman en serio dentro de la literatura no atribuyen formas de experiencia tan complejas a las otras cosas aparte del ser humano, y desde luego no pensamiento. El ser humano tiene experiencias increíblemente ricas y complejas, sí. Pero, a medida que uno va bajando en la escala ontológica, dice el panpsiquismo, la textura interna de la dimensión  subjetiva se va empobreciendo, disminuyendo. Si los electrones tienen una dimensión mental, dicen, se corresponde con una experiencia de lo más básica y diluida, para nada similar a todo lo que experimentamos nosotros. Así que no, el panpsiquismo no te compromete necesariamente con la idea de que las piedras tengan sentimientos. Apartados, por tanto, los muñecos de paja, estamos ya preparados para adentrarnos en el fascinante mundo de los argumentos. Dentro de la literatura, hay dos argumentos principales a favor del  panpsiquismo.

Primer argumento a favor del panpsiquismo

 El primero parte de la imposibilidad o la implausibilidad del emergentismo, y lo han defendido filósofos como Thomas Nagel (otra vez) o Galen Strawson. Vistas las dificultades de reducir la conciencia, la experiencia consciente  subjetiva, a procesos meramente físicos y electroquímicos, se ha vuelto común referirse a la conciencia como un fenómeno emergente: una nueva propiedad que es irreductible a lo físico, pero que emerge de la materia cuando esta alcanza un cierto grado de complejidad. En el vídeo anterior, ya hemos visto las principales críticas que recibe la posición emergentista. Básicamente, que parece magia: el emergentista nos está diciendo que, sencillamente, cuando la materia alcanza un grado de complejidad completamente arbitrario, pues ahí, ¡puf!, aparece de pronto la conciencia, como si saliera de la nada. Además, los ejemplos de propiedades emergentes a las que suele apelar el emergentista para fundamentar su propuesta (cosas como el juego de la vida de Conway o la liquidez del agua) en realidad no se comparan para nada con la supuesta emergencia de la conciencia. Y en tal caso, se quejan los críticos, el emergentismo no resuelve nada y se limita a ponerle una etiqueta, un nombre chulo al misterio que precisamente es el que tenemos que resolver. El emergentista es incapaz de explicar cómo ni por qué la conciencia termina emergiendo de lo no consciente, se limita a decir que, cuando lo no consciente alcanza un grado de complejidad X, que es completamente arbitrario y que podría perfectamente ser cualquier otro mayor o menor, pues ahí, ¡voilá!, aparece de pronto la conciencia y ya está. Y eso no es una explicación satisfactoria para muchos autores.Te recomiendo que le eches un  ojo al vídeo anterior de esta serie, que te dejo aquí en la tarjetita, para ver la argumentación  completa. Ahora, a menos que uno quiera lanzarse a los brazos del dualismo, con su famoso problema de la interacción entre lo material y lo inmaterial, o del idealismo, que plantea que la mente es más fundamental incluso que la materia, da la impresión de que la única opción para  salvar el materialismo es precisamente el panpsiquismo. De ahí que varios autores hayan defendido justamente que el materialismo termina implicando el panpsiquismo, porque no hay ninguna otra opción para dar cuenta de la realidad de la conciencia. Negar la realidad de la consciencia, como hace el eliminativismo, no lo podemos hacer, es absurdo. Reducirla a lo no consciente, como ha intentado hacer el materialismo reductivo, es un proyecto en el que hemos perdido ya muchísimo tiempo y energía y que no nos ha llevado a ninguna parte.Y proponer que emerge de lo puramente desprovisto de dimensión mental es tan ininteligible y mágico como decir que sale de la nada. Pues, en estas condiciones, a menos que quiera atribuirle la conciencia a una sustancia inmaterial que tampoco voy a saber de dónde viene, de dónde sale ni cómo interactúa con lo físico, la única opción que me queda es reconocer que lo mental es una dimensión tan fundamental y básica de la realidad como las propiedades de que me habla la física. Si no puedo negar su realidad y tampoco puedo decir que antes no existía y luego empezó a existir en algún momento de la historia del cosmos a partir de lo no consciente, solo me queda aceptar que siempre ha estado ahí, que todas las cosas en todo momento han tenido, tienen y tendrán una dimensión mental. ¿No puedo explicar la conciencia como un producto posterior de lo no consciente? Pues eliminemos el supuesto problemático: el supuesto de que existe efectivamente lo no consciente, y pasemos a postular la conciencia como algo básico y omnipresente. Ahora ya no tenemos que explicar  de dónde sale ni cómo, porque es que no sale de ninguna parte, siempre ha estado ahí, presente en todos los niveles de la realidad, incluso en el más fundamental. Solo así, dicen, solo suponiendo que la conciencia humana surge de formas más básicas y primitivas de conciencia, podemos evitar el absurdo de decir que una propiedad genuinamente irreductible emerge (signifique eso lo que signifique) de la mera reorganización de elementos que pertenecen a una categoría completamente distinta de cosas. 

Otra manera de verlo: cualquier punto en la escala de complejidad material que pueda señalar el emergentista y  decir "Ah, es aquí y no antes donde surge la conciencia, donde emerge la conciencia en un sentido fuerte", cualquier punto que señale va a ser completamente arbitrario. Es mucho más simple, más parsimonioso y más elegante, desde un punto de vista explicativo, eliminar esa arbitrariedad. ¿Y cómo eliminamos esa arbitrariedad? Pues diciendo que la conciencia no surge en ningún momento, sino que siempre ha estado ahí, en toda la escala de complejidad material, de una manera que la refleja. Pero quizá esto es muy precipitado, puede  decir alguien. Quizás la ciencia del futuro logre hacer inteligible la emergencia fuerte de la conciencia, solamente tenemos que esperar al Darwin de la neurociencia. Lo que pasa, responde el panpsiquista, es que, vistas las dificultades insalvables del reduccionismo y del emergentismo, no hay ningún motivo para suponer que la ciencia del futuro va a operar según el supuesto de que la conciencia tiene que ser explicada en términos de lo no consciente. Tal vez la revolución que necesitamos es justamente intentar entender la conciencia humana en términos de formas de conciencia más primitivas. Como decía al inicio, el intento, el proyecto de explicar la conciencia, lo experiencial, en términos de lo no-experiencial no ha producido ni el comienzo de una explicación. En esta situación, negarse a priori a explorar paradigmas alternativos es sencillamente estar cayendo en el peor de los dogmatismos.  

Segundo argumento a favor del panpsiquismo

Vamos con el segundo argumento a favor del  panpsiquismo. Y aprovecho también para recomendarte  un libro que tiene que ver con todo esto. En el vídeo anterior te recomendé este de William Jaworski, Philosophy of Mind: A Comprehensive Introduction, pero en este quiero recomendarte el de Edward Feser, que es mucho más cortito, más accesible, más divulgativo, se podría decir. Se titula sencillamente Philosophy of Mind y está muy bien. Y si lo que quieres es algo más introductorio a la filosofía en general, ¿Hay filosofía en tu nevera?, mi libro, está escrito para ti. Te dejo un enlace en el comentario fijado. Sobre este tema del panpsiquismo, te  recomiendo también la entrada "Panpsychism" de la Stanford Encyclopedia of Philosophy, que ha sido una de las fuentes principales que he utilizado para preparar este vídeo. 

El  segundo argumento a favor del panpsiquismo toma su inspiración del famoso filósofo británico  Bertrand Russell. Hacia el final de su vida, Russell se alejó del positivismo, según el cual la física podría llegar a explicarlo todo, y solía gustarle llamar la atención sobre lo esquelética que era la imagen científica del mundo:  

"No siempre nos damos cuenta de lo extremadamente abstracta que es la información que la física teórica nos da. Nos pone sobre la mesa ciertas ecuaciones fundamentales que le permiten tratar con la estructura lógica de los eventos, al tiempo que deja completamente desconocido cuál es su carácter intrínseco. Todo lo que la física nos da son ciertas ecuaciones que recogen las propiedades abstractas de sus cambios, pero acerca de qué es lo que cambia, a partir de qué y hacia qué; con respecto a esto... la física calla"

Si le  preguntáramos a alguien de la calle, probablemente nos diría que la física nos dará algún día una  descripción completa del mundo natural. Pero el punto de Russell es que, cuando uno atiende al lenguaje matemático-causal que utiliza la física para describir los fenómenos, lo que salta a la vista justamente es el carácter radicalmente incompleto de su imagen del mundo. Lo que hace la física, dice Russell, es abstraer de la concreción de las cosas y quedarse exclusivamente con la estructura lógico-matemático-causal del mundo físico. Es como un pintor que se limita a dibujar sobre un fondo blanco y con tinta negra los contornos de las cosas, y ya está; y además de la manera más geométrica posible, todo lo demás lo deja fuera. Esto es un conocimiento muy útil y muy valioso, por supuesto, pero como mucho, dice Russell, eso nos dice cómo actúan o están dispuestas a actuar las cosas y cómo se relacionan entre sí. Acerca de su "qué", de su naturaleza intrínseca, acerca de eso la física calla. La física nos lo dice todo acerca de cómo se comporta  el electrón, pero acerca de qué es en sí mismo, considerado en sí mismo, acerca de su naturaleza intrínseca y categórica, eso no es una pregunta, dice Russell, que se pueda responder con el lenguaje y los métodos de la física. Ahora bien, razona el panpsiquista, tiene que haber  una naturaleza intrínseca a las cosas, una intrinsicalidad. La estructura que la física  descubre no puede estar flotando en el vacío, por decirlo así, tiene que ser la estructura de un "algo" que está estructurado de esa manera. 

Pero, ¿qué es ese "algo" intrínseco? Y aquí es donde entra justamente la propuesta panpsiquista: la naturaleza intrínseca de la materia es, al menos en parte, conciencia, experiencia consciente. La física nos dice cómo se comporta el electrón, pero el electrón, de suyo, es algo con conciencia. ¿Pero por qué adoptar esta idea? Bueno, pues porque, aunque no tenemos ninguna manera directa de verificar la naturaleza intrínseca de las cosas externas, sí sabemos de modo directo que al menos cierta materia tiene una dimensión mental consciente, a saber, la materia de nuestro cerebro. Y esto ya es una pista, dice el panpsiquista: nuestra única pista. Por tanto, en ausencia de motivos de peso para pensar lo contrario, la explicación más simple, elegante, parsimoniosa y unificada de las cosas es pensar que la materia fuera de nuestros cerebros comparte justamente esa cualidad con la materia de nuestros cerebros: la cualidad de ser consciente, de tener una dimensión mental. La hipótesis contraria, la de que la materia extracerebral es pura y absolutamente inconsciente, es justamente  la que genera el problema duro de la conciencia, porque entonces no hay modo de explicar cómo lo  consciente emerge o surge de lo inconsciente.  

Como escribió el científico Arthur Eddington:

 "El físico de la época victoriana creía saber exactamente de qué hablaba al usar términos como  materia y átomo. Los átomos eran pequeñas bolitas que brillaban, una expresión clara que se suponía lo encapsulaba todo acerca de su naturaleza […]. Pero ahora nos damos cuenta de que la ciencia no tiene nada que decir acerca de la naturaleza intrínseca del átomo. El átomo físico es, como todo en la física, una serie de indicaciones métricas. Tales indicaciones están ahí, estamos de acuerdo, asociadas a un fondo desconocido. ¿Por qué no vincularlas entonces a algo de naturaleza espiritual que tenga como característica prominente la conciencia? Parece un poco tonto preferir asociarlas a algo de una supuesta naturaleza concreta inconsistente con la conciencia y luego ir preguntándose con asombro de dónde sale ésta".

Pero no todo son flores, como os podéis imaginar. El panpsiquismo recibe también muchas críticas, tantas o más que las otras posiciones dentro de la filosofía de la mente. Voy a explicarte dos: una que es la más  común, pero la menos poderosa, y otra que es justamente todo lo inverso. La objeción más común al panpsiquismo es esta:

Primera objeción al panpsiquismo

Es poner esta cara de "¿Me estás troleando?". Es quejarse de que es muy raro y contraintuitivo pensar que todo tiene una dimensión mental. A esto, el panpsiquista responde diciendo que ya aceptamos en nuestra visión del mundo muchísimas cosas que son raras y contraintuitivas: que cuanto más rápido vas, el tiempo corre más despacio; que los sistemas cuánticos no tienen propiedades bien definidas al margen de la medición; etcétera. Si el panpsiquismo es realmente la teoría de la conciencia que nos ofrece la imagen más simple y unificada del mundo, y no tiene ese gran problema de tener que explicar de dónde sale esa propiedad irreductible de la conciencia (porque es que no sale de ninguna parte, porque siempre ha estado  ahí), pues, ¿por qué debería su rareza impedirnos abrazarlo? Además, literalmente todas, pero TODAS las posiciones dentro de la filosofía de la mente tienen implicaciones raras y contraintuitivas,  y el que diga que no es que no lo ha estudiado.  

Y encima, tampoco es como si el panpsiquismo fuera universalmente contraintuitivo. De hecho, ha habido muchas culturas a lo largo de la historia que han abrazado sistemas de pensamiento similares. Que nos parezca raro no es algo natural, dice el panpsiquista, sino más bien producto de los prejuicios y los sesgos de la cultura materialista y cientificista de Occidente.  

Así que no, la mejor objeción en contra del  panpsiquismo no es esta, sino una que se llama el problema de la combinación.

¿El problema duro del panpsiquismo?

Lo desarrolla Philip Goff en este artículo de aquí [véase bibliografía abajo], por si quieres luego ir a echarle un ojo. ¿Te acuerdas de que el  primer argumento a favor del panpsiquismo parte de que es imposible o ininteligible la idea de que la conciencia emerge de lo no consciente? Pues bien, los críticos señalan que el panpsiquismo tiene,  en el fondo, un problema idéntico. Cierto, ya no tiene el problema de explicar cómo la conciencia surge de lo no-consciente porque ya no hay nada no-consciente, pero esto se sustituye por el problema de explicar cómo surge la conciencia específicamente humana, con toda su riqueza y complejidad, de la mera unión, combinación, agregación de un número astronómico de  microconciencias más básicas. ¿Cómo funciona eso? ¿Cómo es que millones de microsujetos, micromentes basiquillas, cada una con su perspectiva particular, privada y subjetiva, se combinan para  dar lugar a un macrosujeto Chad, más gordito, superior y distinto? Y claro, llegados a este punto, parece que el panpsiquista está condenado a reproducir las otras posiciones dentro de la filosofía de la mente. El panpsiquista puede decir que la conciencia humana realmente no existe, que no existe el sujeto humano, sino que el sujeto humano es una ilusión y que solamente existen los microsujetos. Pero entonces, que no se queje del eliminativismo. Puede decir que en realidad el sujeto humano y su rica experiencia se reducen a los microsujetos y sus microexperiencias y sus relaciones entre sí, pero buena suerte con eso y que no se queje del materialismo reductivo. O puede, por último, hablar de que el sujeto humano y su experiencia emergen de la base microconsciente. Pero entonces, que no se queje del emergentismo, porque básicamente está heredando sus mismos problemas. Hay, por descontado, algunas propuestas de solución. Quizás la más interesante es la de Hedda Hassel Morch, que propone que, al formar la mente humana, los microsujetos se fusionan entre sí y dejan de existir como tal. Por dar una imagen del asunto: no es que los microsujetos se unan como los ladrillos se unen para formar una casa, sino más como diversas gotas de agua se fusionan para formar una sola masa líquida mayor. Morch ha argumentado que  esto, si bien no elimina del todo el problema, es una forma de emergentismo menos radical que los emergentismos no-panpsiquistas. 

Porque al menos nos estamos moviendo dentro de la misma categoría de cosas, de lo experiencial, de lo consciente. Y que esto, si bien no es enteramente satisfactorio, pues es mejor que nada. Pero está por ver si esto es realmente una solución que tenga algún sentido: el panpsiquismo está muy verde todavía, dicen los panpsiquistas, y el único consenso que hay es que hay que seguir trabajando para dar con una solución satisfactoria. Pero lo interesante es que si uno quiere refutar el panpsiquismo, éste es el problema en el que tiene que insistir. Pero... ¿y si el problema está en que el panpsiquismo no es lo suficientemente radical? ¿Y si necesitamos una teoría de la conciencia que sea todavía más loca? Pues eso es lo que vamos a explorar en el siguiente vídeo.

BIBLIOGRAFÍA

► Philip Goff (2022), "Panpsiquismo", Enciclopedia de Filosofía Stanford [en inglés].

► William Jaworski (2011), Filosofía de la mente. Una introducción exhaustiva, Wiley-Blackwell [en inglés].

► Galen Strawson (2006), "Monismo realista. Por qué el fisicalismo implica el panpsiquismo", Journal of Consciousness Studies, 13, pp. 3-31 [en inglés].

► Thomas Nagel (2012), Mortal Questions, Cambridge University Press [en inglés].

► Edward Feser (2006), Filosofía de la mente. Una guía para principiantes, OneWorld Publications [en inglés].

► Philip Goff (2006), "La experiencias no se suman", Journal of Consciousness Studies, 13, pp. 56-61 [en inglés].

► Philip Goff (2016), "La solución del enlace fenomenal al problema de la combinación", en G. Bruntrup & L. Jaskolla, Panpsiquismo: Perspectivas Contemporáneas, Oxford University Press, pp. 283-302 [en inglés].

► Hedda Hassel Morch (2014), Panpsiquismo y causalidad. Un nuevo argumento y una solución al problema de la combinación, tesis doctoral, Universidad de Oslo [en inglés].

► Hedda Hassel Morch (2023), Teorías no-fisicalistas sobre la conciencia, Cambridge University Press [en inglés].