[Transcripción corregida por el bloguero de "El síntoma invisible que predice una guerra civil. Anocracia", por Raquel de la Morena, en Youtube]
CONTENIDO
1. El síntoma invisible que predice una guerra civil
2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones
3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso
4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio
5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización
6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17
7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho
8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos
9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada
10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital
11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos
12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad
13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático
14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr
15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano
16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF
17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos
18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder
19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798
20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles
21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings"
22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente
23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?
24. Las señales de advertencia antes del abismo final
¡Bienvenidas, mentes curiosas! ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué algunas naciones, aparentemente estables y modernas, se desmoronan repentinamente en una espiral de violencia fratricida? ¿Sabíais que existe un término que los expertos utilizan para predecir cuándo un país está en riesgo de caer en el abismo de la guerra civil? Ese término es anocracia.
¿Qué tienen en común el Madrid de 1936, las calles incendiadas de Bogotá en 1948 o la Sarajevo sitiada en los años 90 con lo que está pasando actualmente en los Estados Unidos? Como decía una famosa frase atribuida a Mark Twain, “la historia no se repite, pero a menudo rima”.
2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones
La profesora Barbara F. Walter, de la Universidad de California en San Diego, ha pasado décadas analizando por qué estallan las guerras civiles a lo largo de la historia y en todo tipo de culturas y sociedades. Y ha llegado a la conclusión de que las democracias plenas rara vez entran en guerra civil. Las autocracias feroces, esas dictaduras donde el disidente desaparece en mitad de la noche, tampoco suelen sufrirlas, porque el Estado tiene el monopolio absoluto de la fuerza. El peligro se encuentra en el medio. Una herramienta que emplean los politólogos para Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones medir el grado de democracia de un país es la escala Polity IV. Os hablaremos de ella con más detalle dentro de unos minutos, pero, de momento, imaginad una regla que va del -10 al +10. En el extremo izquierdo, el -10, tenemos la autocracia absoluta y hereditaria: pensad en la Corea del Norte de los Kim o en la Arabia Saudí monárquica. En el extremo derecho, el +10, está la democracia plena: países como Dinamarca, Suiza, España o Canadá, donde las instituciones son sólidas y el poder de los gobernantes está limitado. En Hispanoamérica, Uruguay y Chile tienen una puntuación de +10 también; Perú y Argentina, de +9; México, de +8; y Colombia, de +7.
Pero ¿qué hay en el medio? Entre el -5 y el +5 se encuentra la anocracia.
3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso
Es un régimen híbrido, incoherente. Un lugar donde se celebran elecciones, sí, pero donde quien gana tiene el poder de inclinar el tablero a su favor para no perder nunca más e incluso de romper los límites de mandatos preestablecidos antes de su llegada al gobierno para así perpetuarse como líder del país. La anocracia es un sistema donde la democracia existe sobre el papel, pero las instituciones están vaciadas de contenido real. Su nombre proviene del término griego 'kratos', que significa 'poder' o 'fuerza', acompañado del prefijo de negación 'an-', que significa 'sin'. Es decir, que literalmente 'anocracia' se traduciría como “falta de poder” o “falta de fuerza”.
No es que no haya gobierno (como en la anarquía), sino que el poder está tan diluido, disputado o es tan ineficaz que no existe una autoridad central fuerte y coherente.
Pues bien, la anocracia es una zona gris entre la democracia y la autarquía que supone un factor clave para que el riesgo de una guerra civil se dispare.
4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio
Walter y el Grupo de Trabajo sobre Inestabilidad Política de la CIA –ya sabéis, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos– descubrieron que los países que transitan hacia la anocracia —ya sea una democracia que se erosiona o una dictadura que intenta abrirse— son los más vulnerables. Y el segundo factor clave es el faccionalismo: cuando los partidos políticos dejan de diferenciarse por ideologías –es decir, por temas como si hay que subir o bajar impuestos, o a qué partidas del presupuesto dedicar más recursos– para diferenciarse por identidad, es decir, por temas como la religión o la etnia. Cuando la política se convierte en una cuestión de “nosotros contra ellos”, de supervivencia identitaria, la mesa está servida para el desastre.
5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización
Remontémonos casi un siglo en el tiempo para viajar a la España de los años 30. Muchos historiadores plantean la Guerra Civil española como una consecuencia inevitable de los odios atávicos y las tensiones políticas, sociales y económicas que dividieron el país en dos bandos irreconciliables. Pero si miramos a través de la lente de la anocracia, podemos observar algo más preciso: el colapso de las instituciones democráticas ante la polarización extrema.
La Segunda República española, proclamada en 1931 tras el exilio del rey Alfonso XIII, arrancó con grandes esperanzas democráticas. Las dictaduras de los militares Miguel Primo de Rivera y Dámaso Berenguer, quienes habían gobernado durante ocho años con permiso del monarca, habían mantenido al país anclado en el pasado, y los políticos de izquierdas creían poder modernizarlo. Sin embargo, para 1936, España había entrado de lleno en la zona de anocracia.
El Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas, había ganado las elecciones en febrero de aquel año. Por tanto, tenía la legitimidad de las urnas; pero, en la práctica... carecía del control efectivo del orden público. El historiador británico Paul Preston cuenta cómo la sociedad española se había dividido en dos bloques que no se reconocían legitimidad mutua.
Por un lado, una izquierda que veía en la derecha a fuerzas fascistas dispuestas a esclavizar al obrero; por otro, una derecha que veía en la izquierda a una horda bolchevique destructora de la fe y la patria. No había adversarios políticos, sino enemigos mortales.
Los sectores conservadores, terratenientes y católicos llegaron a la conclusión de que dentro del sistema republicano su existencia estaba amenazada. Y cuando un grupo humano pierde la esperanza de que el sistema proteja sus intereses, la violencia se puede convertir para ellos en una opción a considerar; incluso lógica y legítima.
6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17.
Para entender cómo se rompe un país, hay que bajar al detalle, a los actos sangrientos individuales que precipitan el alud.
En julio de 1936, la tensión política en Madrid era enorme. Y la cascada de acontecimientos se inició con un asesinato. El teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo Sáenz de Tejada, de ideología socialista e instructor de las milicias de las Juventudes Socialistas, había recibido amenazas de muerte de la extrema derecha. Se cuenta que su esposa recibió una carta anónima días antes que decía: “Tienes un marido muy valiente, pero viuda serás muy pronto”. Se habían casado dos meses atrás, y algunas fuentes señalan que estaba embarazada.
En la noche del 12 de julio, el teniente Castillo, de 35 años de edad, salió de su casa en la calle de Augusto Figueroa para incorporarse a su puesto. No llegó lejos. En la esquina con la calle Fuencarral, cuatro pistoleros de extrema derecha –presuntamente carlistas o falangistas– lo esperaban. Le dispararon sin mediar palabra. Castillo, herido de muerte, pidió que lo llevaran junto a su mujer, pero falleció enseguida. La noticia corrió como la pólvora por los cuarteles de la Guardia de Asalto y las sedes de los sindicatos. La indignación era absoluta.
Pero lo grave, lo que define el estado de anocracia, es lo que sucedió después: las fuerzas de seguridad del Estado decidieron tomarse la justicia por su mano. No confiaban en los jueces; ellos mismos serían jueces y verdugos. En la madrugada del 13 de julio, un grupo de guardias de asalto y civiles armados, liderados por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, subieron a la camioneta número 17 de la Dirección General de Seguridad. Iban buscando venganza. Su objetivo inicial era José María Gil-Robles, el líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas, pero no lo encontraron en su domicilio; estaba veraneando en Biarritz.
Frustrados, decidieron ir a por el siguiente en su lista: José Calvo Sotelo, el líder del bloque monárquico y la voz más potente de la oposición en el parlamento. Vivía en la calle Velázquez, número 89. Imaginad la escena: es de noche, llaman a la puerta. Calvo Sotelo se asoma al balcón. Ve a guardias de uniforme. Le exigen que los acompañe a la Dirección General de Seguridad para un trámite urgente. Él duda, se resiste, pero al ver las credenciales del capitán Condés, accede. Se despide de su familia, prometiendo llamar en cuanto llegue. Se cuenta que, antes de salir, dijo a sus hijos: “Estad tranquilos, volveré pronto”.
Nunca lo hizo. Subió a la camioneta de la Dirección General de Seguridad. Se sentó en un banco de madera. A su lado y tras él iban los guardias y milicianos. La camioneta arrancó. Apenas habían recorrido unos cientos de metros, cuando le dispararon dos tiros en la nuca. A sangre fría. Dentro de un vehículo policial.
7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho
El cuerpo de Calvo Sotelo fue arrojado a las puertas del cementerio del Este. Cuando se descubrió el cadáver a la mañana siguiente, España se paralizó. No era un asesinato más; era el líder de la oposición ejecutado por miembros de las fuerzas del orden del Estado. Este crimen causó gran conmoción entre los sectores conservadores y muchos de los militares que hasta entonces habían permanecido indecisos ante la posibilidad de tomar el control del país por la fuerza cambiaron de opinión tras conocer las circunstancias del asesinato de Calvo Sotelo. La República, a sus ojos, ya no era un Estado de derecho, sino una anarquía revolucionaria. Apenas cuatro días después, el 17 de julio, dio inicio el golpe de Estado militar.
A través de la violencia de facciones extremistas y del crimen parapolicial, se había quebrado totalmente la confianza en las instituciones y la anocracia había degenerado en una guerra civil.
8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos
Si cruzamos el Atlántico y avanzamos una década, encontramos otro ejemplo desgarrador de cómo la debilidad institucional y el odio partidista pueden destruir una nación. Colombia, en 1948, era formalmente una democracia, pero en la práctica funcionaba como una anocracia oligárquica.
El poder se repartía —o más bien se disputaba a tiros— entre dos partidos: el Liberal y el Conservador. No eran simples opciones electorales; eran identidades heredadas, casi genéticas. Se nacía liberal o se nacía conservador, y eso definía quiénes eran tus amigos y quiénes tus enemigos. El gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, en el poder desde 1946, utilizaba la policía y el ejército para reprimir a los liberales. La violencia era endémica.
9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada
Pero había surgido un hombre que prometía cambiarlo todo: Jorge Eliécer Gaitán, un líder populista, carismático, con una oratoria que hipnotizaba a las masas. Denunciaba a la oligarquía de ambos partidos y prometía justicia para los desposeídos.
Su frase más famosa, “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”, resumía su conexión con la gente. En febrero de 1948, Gaitán organizó la Marcha del Silencio. Cien mil personas. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada llenaron la plaza de Bolívar de Bogotá. No gritaban consignas; solo callaban, portando banderas negras en señal de luto por los liberales asesinados en los pueblos.
Gaitán, ante esa multitud muda, pronunció su famosa 'Oración por la Paz', rogando al presidente Ospina que detuviera la matanza: “Señor presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades... Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida humana, que es lo que puede pedir un pueblo”.
Pero la anocracia colombiana no escuchaba oraciones. Dos meses después, el 9 de abril de 1948, Bogotá estaba engalanada porque se celebraba la IX Conferencia Panamericana, precursora de la Organización de los Estados Americanos. Entre los asistentes estaba el Secretario de Estado de EE. UU., George Marshall. Curiosamente, también se encontraba en la ciudad un joven estudiante cubano llamado Fidel Castro, que había acudido a un congreso estudiantil paralelo.
10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital
A la una de la tarde, Gaitán salió de su despacho en el edificio Agustín Nieto, en la carrera Séptima, para ir a almorzar. Iba acompañado de amigos. Al salir a la calle, un hombre de aspecto humilde, desaliñado, que llevaba días merodeando la zona, se le acercó. Se llamaba Juan Roa Sierra.
Aquel hombre sacó un revólver y disparó tres veces. Gaitán cayó al suelo, herido de muerte, con impactos en la cabeza y el pulmón. Fue llevado a la Clínica Central, donde falleció poco después. La reacción de la multitud fue instantánea. La gente que estaba en la calle identificó a Roa Sierra. Un policía intentó protegerlo metiéndolo en una droguería cercana, pero la turba, furiosa, rompió la reja, sacó al asesino y lo mató a golpes, patadas y ladrillazos allí mismo. No hubo juicio, no hubo preguntas. Solo ira. A continuación, ataron el cadáver desnudo y destrozado de Roa Sierra con corbatas y lo arrastraron por toda la Carrera Séptima hasta dejarlo tirado frente a las escalinatas del Palacio Presidencial, como un mensaje macabro dirigido al gobierno conservador. Décadas después, sigue siendo un gran enigma en Colombia la verdadera motivación de Roa Sierra y sus posibles vínculos con conspiraciones externas –por ejemplo, con la CIA, que no veía con buenos ojos a Gaitán– o internas –con el Gobierno de Ospina–.
La violencia se desató en Bogotá, dando lugar a un trágico escenario que pasó a la historia como 'El Bogotazo'. La policía, compuesta mayoritariamente por liberales de base, se sublevó y comenzó a repartir armas a la multitud. Se asaltaron ferreterías para coger machetes y escopetas. Se incendiaron edificios públicos, iglesias, tranvías. La ciudad ardió por los cuatro costados. Hubo francotiradores en los tejados, linchamientos, saqueos. Lo que Gaitán había intentado evitar con su 'Oración por la Paz' se convirtió en una realidad de pesadilla. El asesinato del líder que encarnaba la esperanza de cambio rompió el último dique de contención. La anocracia colombiana colapsó. El conflicto se extendió al campo y dio inicio a un periodo conocido simplemente como 'La Violencia', con mayúsculas. Una guerra civil no declarada que duró una década y dejó entre 200.000 y 300.000 muertos.
De las cenizas de aquel periodo surgieron guerrillas modernas como las FARC o el ELN. La sombra de aquel 9 de abril de 1948 se proyectó sobre Colombia durante más de medio siglo.
11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos
Avanzamos ahora en el tiempo hasta finales del siglo XX. Europa pensaba que había dejado atrás la barbarie de la guerra, pero los Balcanes nos recordaron que la civilización es una capa muy fina. La guerra en la antigua Yugoslavia fue un ejemplo de manual de cómo la transición de una autocracia a una anocracia puede ser letal. Tras la muerte del mariscal y presidente vitalicio de Yugoslavia Josip Broz Tito en 1980, el pegamento que mantenía unida a la federación yugoslava se disolvió. A finales de los 80, con la caída del Muro de Berlín, Yugoslavia intentó transitar hacia la democracia. Pero en lugar de demócratas, lo que surgieron fueron lo que Barbara Walter llama "emprendedores étnicos". Líderes como el serbio Slobodan Milošević o el croata Franjo Tuđman se dieron cuenta de que la forma más rápida de ganar poder en aquel nuevo desorden no era con programas económicos, sino con el miedo. "Ellos" –los croatas, los serbios, los bosnios musulmanes– vienen a por "nosotros". Manipularon la historia, reavivaron viejos agravios de la Segunda Guerra Mundial [Como el genocidio de serbios ortodoxos por parte de los croatas fascistas católicos de la Ustacha, dirigidos por el dictador títere nazi Ante Pavelic, refugiado luego en España] y convencieron a sus pueblos de que la convivencia era imposible. Un ejemplo concreto que resume la tragedia de la anocracia yugoslava fue la historia de los conocidos como 'Romeo y Julieta de Sarajevo'.
12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad
Admira Ismić era una joven bosnia musulmana. Boško Brkić era un joven serbio ortodoxo. Tenían 25 años. Eran novios desde el instituto, mucho antes de que a nadie le importara quién rezaba a qué dios o quién iba a qué iglesia. Cuando estalló la guerra en 1992 y Sarajevo fue sitiada por las fuerzas serbias, ellos se negaron a separarse. Boško podría haber huido al lado serbio y estar seguro, pero eligió quedarse en el infierno de la ciudad sitiada. No quería separarse de Admira.
La vida en Sarajevo se volvió imposible. Sin agua, sin luz, bajo el fuego constante de los francotiradores y los morteros. En mayo de 1993, decidieron huir. Querían un futuro juntos, lejos de aquella locura. A través de amigos comunes en ambos bandos, consiguieron acordar un alto el fuego temporal para cruzar la línea del frente. El lugar elegido fue el puente de Vrbanja, sobre el río Miljacka, una tierra de nadie controlada por francotiradores de ambos lados.
El 19 de mayo de 1993, a las cinco de la tarde, Admira y Boško salieron de sus escondites. Iban cargados con bolsas ligeras, con lo poco que podían llevar. Caminaban de la mano, confiando en que no dispararían contra una pareja inofensiva. Pero cuando estaban cruzando el puente, sonó un disparo. El francotirador alcanzó a Boško primero. Murió al instante. Admira gritó. Segundos después, otro disparo la alcanzó a ella. Quedó herida de muerte. Pero no huyó. Con sus últimas fuerzas, se arrastró por el asfalto del puente hasta llegar al cuerpo de su amado Boško. Lo abrazó, le pasó el brazo por encima para protegerlo o para estar con él en el final. Y allí, abrazada al hombre que amaba, murió. Sus cuerpos quedaron tirados en medio del puente, bajo el sol y la lluvia, durante ocho días. Nadie se atrevía a ir a recogerlos. Las fuerzas de la ONU decían que era demasiado peligroso. Los serbios y los bosnios se culpaban mutuamente de haber roto el alto el fuego y de haber disparado. Aquella imagen de los dos jóvenes abrazados en la muerte, pudriéndose en la tierra de nadie de una ciudad que había sido un modelo de convivencia, se convirtió en el símbolo de la estupidez y la crueldad de la guerra civil. Finalmente, prisioneros musulmanes fueron obligados por los serbios a recuperar los cuerpos al amparo de la noche. Hoy descansan juntos en el cementerio del León de Sarajevo.
Su historia nos recuerda que cuando la política se convierte en odio identitario, lo primero que muere es la humanidad.
13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático
Y ahora, llegamos al presente. A enero de 2026, cuando estamos grabando este vídeo. Decir esto hace unos años habría sonado a ciencia ficción, pero Estados Unidos, la gran superpotencia mundial de las últimas décadas, un país que siempre había proclamado ser un faro de la democracia, ha entrado en una zona oscura. ¿Qué está pasando realmente en ese país? ¿Por qué sus propios termómetros democráticos han dejado de funcionar y cómo la teoría política se ha convertido en una cruda realidad de disturbios, militarización y miedo en las calles de ciudades como Mineápolis o Los Ángeles? Empecemos por lo más básico: ¿cómo sabemos si un país es una democracia? No basta con que haya urnas y papeletas; las hay en Rusia y Vladimir Putin lleva ya 26 años controlando el país, como un dictador de facto, de igual modo que se han celebrado elecciones en muchas de las dictaduras más férreas bajo la apariencia de plebiscitos. Para hablar de democracia real, necesitamos medir la calidad de las instituciones, los límites del poder y la libertad real de la competencia política.
Y aquí es donde entra en juego la herramienta que mencionamos al principio del vídeo, el índice Polity IV, y su sucesor, el Polity V. Durante casi medio siglo, este proyecto ha sido la Biblia para los analistas internacionales, una base de datos enorme que ha codificado las características de los regímenes políticos de todo el planeta desde el año 1800 hasta nuestros días.
Pero ¿quiénes son los arquitectos de esta escala y por qué su trabajo se ha vuelto tan incómodo para el poder en Washington?
14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr
El padre intelectual de todo esto fue el politólogo estadounidense Ted Robert Gurr, a quien obsesionaba una pregunta que, tal vez, vosotros también os hayáis hecho alguna vez: ¿por qué se rebela la gente? ¿Cuál es el punto en que un grupo humano decide empuñar las armas para derrocar al poder establecido? En su obra cumbre, "Why Men Rebel" ("Por qué se rebelan los hombres"), publicada en 1970, [Existe una obra de igual intención, escrita por el antaño miembro de la Resistance Albert Camus en 1951: L'homme revolté / El hombre revuelto o rebelde] Gurr no se conformaba con explicaciones simplistas; él buscaba patrones, datos, una ciencia del conflicto. Entendió que la violencia no surge de la nada, sino de la "privación relativa", esa brecha dolorosa entre lo que creemos merecer y lo que el sistema nos da. Fue Gurr quien inició el proyecto Polity a finales de los años 60, sentando las bases de una metodología que no juzgaba a los países por sus declaraciones de intenciones, sino por sus estructuras de autoridad reales. Pero quien desarrolló este proyecto y lo convirtió en el estándar internacional que conocemos hoy fue su discípulo, el sociólogo Monty G. Marshall, actual director del Centro para la Paz Sistémica.
Marshall perfeccionó el índice Polity IV, creando una escala que va del -10 al +10. Como ya dijimos, en el extremo negativo, el -10, tenemos las autocracias puras, las tiranías absolutas donde la palabra del líder es ley divina. En el extremo positivo, el +10, están las democracias consolidadas, plenas, donde el poder está controlado por la ley y la competencia es justa. Y en medio, en esa zona gris y peligrosa que va del -5 al +5, habitan las anocracias, regímenes híbridos que mezclan elecciones con represión, parlamentos con caudillos. Las notas se establecen midiendo una larga serie de variables, como, por ejemplo, las 'Restricciones al Ejecutivo' –es decir, si el Gobierno tiene limitado su poder de manera efectiva– o la 'Competencia Política' –o sea, si las elecciones son transparentes y la política un juego limpio–. Durante años, el trabajo de Marshall y su equipo en el Centro para la Paz Sistémica contó con el respaldo del propio gobierno de los Estados Unidos. A través del Grupo de Trabajo sobre Inestabilidad Política (o PITF, por sus siglas en inglés), la administración estadounidense financiaba esos estudios.
Y aquí viene el dato que quizá os sorprenda: el PITF estaba financiado, en última instancia, por la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. Sí, habéis oído bien. Durante décadas, la inteligencia estadounidense pagó para que académicos independientes evaluaran la salud democrática del mundo, incluida la suya propia. Era una muestra de confianza, de fortaleza institucional; Estados Unidos no temía mirarse al espejo porque sabía que el reflejo le devolvería un +10, la máxima puntuación.
15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano
Sin embargo, en 2016, las cosas empezaron a torcerse. Aquel año, Donald Trump logró su primera victoria electoral por la presidencia del país, pero múltiples investigaciones oficiales, de organismos tan relevantes como el Comité de Inteligencia del Senado o el Departamento de Justicia, concluyeron que Rusia había interferido en el desarrollo electoral a través de tres métodos principales. Por un lado, agentes de la inteligencia militar rusa, el GRU, hackearon los servidores del Comité Nacional Demócrata y las cuentas de correo personales de miembros de la campaña de Hillary Clinton, como John Podesta. Estos documentos robados fueron difundidos estratégicamente a través de plataformas como WikiLeaks y cuentas ficticias como DCLeaks para generar cobertura mediática negativa contra Clinton en momentos clave de la campaña.
Por otra parte, la organización rusa Internet Research Agency, vinculada al Kremlin, llevó a cabo una guerra de desinformación masiva. Utilizaron identidades falsas y "granjas de trolls" para difundir contenido divisivo en plataformas como Facebook y Twitter, con el fin de polarizar a los votantes y promover la candidatura de Trump. Además, se detectaron intentos de intrusión por parte de actores rusos en los sistemas de registro de votantes de los 50 estados del país norteamericano. Si bien lograron acceder a datos de votantes en algunos casos, todas las investigaciones concluyeron que no hay evidencia de que se alteraran los recuentos de votos o se manipularan las máquinas de votación.
Aunque la investigación llevada a cabo para el Departamento de Justicia por el fiscal especial Robert Mueller no encontró pruebas suficientes para establecer una conspiración criminal o coordinación directa entre la campaña de Trump y el Gobierno ruso, sí documentó numerosos contactos entre ambos. Las conclusiones del informe de Mueller fueron respaldadas tanto por la CIA, el FBI y la NSA como por un comité del Senado liderado por republicanos.
A consecuencia de las interferencias rusas en el proceso electoral, los observadores internacionales consideraron que las elecciones de 2016 fueron libres, pero no del todo justas, y la puntuación de Estados Unidos en el índice Polity se redujo un punto por primera vez: pasó de +10 a +9.
En 2019 bajó dos puntos más, hasta el +7, después de que la Casa Blanca se negase a cumplir con una solicitud del Congreso de proporcionar información y responder a citaciones.
La polarización extrema y la retórica incendiaria afectó de manera severa a la calificación de la variable 'Competencia Política' de Estados Unidos. Ya no era una competencia abierta y limpia; se estaba volviendo "faccional". El faccionalismo, ya sabéis, se da cuando los partidos políticos dejan de verse como rivales legítimos con los que se puede pactar y empiezan a verse como enemigos existenciales a los que hay que destruir. Cuando la política se convierte en guerra, la democracia empieza a morir.
16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF
Pero el verdadero golpe, el que hizo saltar todas las alarmas, llegó a finales de 2020, cuando Donald Trump, tras su derrota frente a Joe Biden en las elecciones presidenciales más tensas de la historia reciente de Estados Unidos, no aceptó el resultado de las mismas y, siendo aún el presidente en funciones, intentó activamente anular los resultados, lo que culminaría poco después en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. El índice Polity volvió a degradar a Estados Unidos por la conducta antidemocrática de Trump.
La puntuación cayó por debajo del umbral de democracia (+6) y cerró el año 2020 con un +5. Técnica y académicamente, Estados Unidos se había convertido en una anocracia.
Quizá os estéis preguntando cómo es posible que la administración Trump permitiese que el Centro para la Paz Sistémica siguiera recibiendo financiación pública a través del PITF cuando no paraban de rebajar la nota democrática del país desde que habían llegado al poder. La respuesta es... que no lo permitieron. Aquel mismo año de 2020, la financiación del PITF al proyecto Polity se cortó de raíz. La razón oficial fue una disputa metodológica. Un consultor del gobierno, Michael D. Ward, había desarrollado un algoritmo de Inteligencia Artificial para codificar las puntuaciones de los países de forma automática. La administración argumentó que la IA era más rápida y barata que el minucioso análisis humano que realizaban Marshall y sus expertos. Pero Marshall se negó a aceptar que una máquina pudiera captar las sutilezas de la degradación democrática. ¿Puede un algoritmo entender la diferencia entre una ley que se aplica y una que se ignora sistemáticamente? ¿Puede una IA detectar el momento exacto en que un presidente rompe una norma no escrita de contención? El resultado fue que el Centro para la Paz Sistémica se quedó sin recursos. Las actualizaciones de los datos se volvieron esporádicas, embargadas, difíciles de encontrar. Justo cuando más necesitábamos saber qué pasaba, se produjo un apagón informativo.
A pesar de la falta de fondos, Marshall y su equipo no se rindieron. Siguieron monitoreando la situación, y lo que han observado en los últimos años, especialmente entre 2024 y este inicio de 2026, es un colapso vertical. Si hasta 2024 hubo una tímida recuperación de la puntuación bajo la administración Biden, llegando a un +8, el regreso de Donald Trump al poder y, sobre todo, las decisiones judiciales que allanaron su camino, han precipitado el desastre.
Según las notas más recientes del proyecto Polity, emitidas casi como partes de guerra desde la resistencia académica, Estados Unidos ha sufrido un "cambio de régimen adverso".
17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos
Para entender la gravedad de este cambio, tenemos que hablar de una fecha concreta: el 1 de julio de 2024. Ese día, la Corte Suprema de los Estados Unidos, con una mayoría conservadora consolidada, emitió un fallo en el caso Trump v. United States, es decir, “Trump contra los Estados Unidos”.
La sentencia, redactada por el presidente del tribunal John Roberts, otorgó a los expresidentes una "inmunidad absoluta" frente a procesos penales por acciones que cayeran dentro de su autoridad constitucional, y una "presunción de inmunidad" para todos sus actos oficiales. Traducido al lenguaje de la calle: el presidente está por encima de la ley penal siempre que actúe con el sombrero de presidente puesto. Esta decisión socavó la variable más importante del índice Polity, la de las 'Restricciones al Ejecutivo'. La esencia de la democracia es que el líder no puede hacer lo que quiera; tiene límites, frenos, contrapesos. Si el presidente puede ordenar al Departamento de Justicia que persiga a sus enemigos o ignorar las leyes sin miedo a la cárcel, ya no hay restricciones. Marshall y su equipo reaccionaron con horror académico. Tras la toma de posesión de Trump el 20 de enero de 2025, actualizaron la ficha de Estados Unidos con una nota que pasó desapercibida para el gran público y que, sin embargo, era una importante señal de alarma... Cero. Ni democracia (+10), ni autocracia (-10). El cero absoluto. El limbo. Un régimen donde hay elecciones, sí, pero donde el poder ejecutivo no tiene frenos y la oposición juega con las manos atadas.
18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder
Los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard, publicaron en 2018 el libro 'Cómo mueren as democracias', en el que argumentaban la tesis de que las democracias ya no caen con un golpe de estado militar. Hoy en día, las democracias perecen lentamente, desde dentro, asesinadas por líderes que han sido elegidos en las urnas y que utilizan las propias herramientas de la democracia —las leyes, los jueces, la burocracia— para desmantelarla pieza a pieza.
Ellos identificaron dos normas no escritas que sostenían el sistema estadounidense: la "tolerancia mutua" y la "contención institucional". La tolerancia mutua significa aceptar que tu rival político es un patriota igual que tú, con ideas diferentes, pero legítimo. La contención significa que, aunque la ley te permita hacer algo –como indultar a todos tus amigos o llenar el Tribunal Supremo de jueces afines–, no lo haces porque sabes que eso rompería el juego. Trump y el Partido Republicano radicalizado, argumentan Levitsky y Ziblatt, han triturado estas normas. En un artículo publicado en diciembre de 2025 en la prestigiosa revista 'Foreign Affairs', titulado "El precio del autoritarismo estadounidense", Levitsky, Ziblatt y su colega Lucan Way, de la Universidad de Toronto, sentenciaron: “En 2025, Estados Unidos dejó de ser una democracia plena al estilo de Canadá o Alemania”.
19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798
Al inicio de su segundo mandato, la administración Trump declaró que los cárteles de la droga y las bandas criminales constituyen una "invasión" del país, y ha utilizado esta retórica para activar una antigua ley de guerra, la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, contra los inmigrantes actuales que viven en suelo estadounidense. Bajo el amparo de esa ley arcaica, que permite deportar a las personas de manera sumaria –sin supervisión judicial, simplemente afirmando que son amenazas a la seguridad nacional o súbditos de una nación hostil–, el Gobierno lanzó la 'Operación Aurora'. Su nombre proviene de la ciudad de Aurora, Colorado, que Trump describió en campaña como una "zona de guerra" tomada por inmigrantes venezolanos del Tren de Aragua.
En realidad, aunque existe constancia documentada de un grupo de 137 ciudadanos venezolanos que fueron sacados de EE. UU. y enviados a una cárcel de máxima seguridad en El Salvador sin pasar por ningún juez estadounidense, se cree que los expulsados de manera sumaria han sido relativamente escasos. La idea principal era generar miedo entre la población de inmigrantes para que ellos mismos decidieran abandonar el país. En esa línea, el vicepresidente, J. D. Vance, declaró el 7 de enero de 2026 que los agentes del ICE, reforzados por miles de efectivos y contratistas privados, irían "puerta por puerta" para sacar a la gente.
Imaginad la atmósfera que genera todo esto. Barrios en pánico. Personas que no se atreven a ir al trabajo o a la escuela pese a llevar décadas viviendo en Estados Unidos. Familias escondidas en sótanos. La Guardia Nacional de estados demócratas como California o Nueva York amenazando con no cooperar o incluso bloquear a las fuerzas federales. Es el escenario clásico de una anocracia al borde del colapso: dos legitimidades enfrentadas, fuerzas armadas con órdenes contradictorias y una población civil en el medio. Quizás algunos estéis pensando: "Bueno, pero si tienen los papeles en regla no tienen nada que temer, solo van a por los ilegales". La trampa de la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 reside en su letra pequeña. Esta ley no distingue necesariamente entre inmigrantes indocumentados y residentes legales; la distinción clave es entre ciudadanos naturalizados y "súbditos extranjeros". El texto legal permite detener a "todos los nativos, ciudadanos, habitantes o súbditos de la nación hostil" que no estén naturalizados.
Esto significa que un residente legal, con su Green Card, que lleve veinte años trabajando honestamente en el país, podría ser detenido y deportado sumariamente si el presidente declara a su grupo nacional como "hostil", sin derecho a un abogado ni a un juez. Es la eliminación absoluta del debido proceso, tal como ocurrió con los estadounidenses de origen japonés en los años 40. Y a esto se suma una tragedia silenciosa. Muchos os preguntaréis: "¿Y por qué no se hicieron ciudadanos antes? ¿Por qué no se pusieron a la cola?". La realidad es que el sistema migratorio de EE. UU. es un laberinto de cristal diseñado para que te pierdas. Para la inmensa mayoría de los trabajadores inmigrantes, no existe una "fila" en la que ponerse. Leyes como la de 1996 impusieron los terribles "castigos de 3 y 10 años": si has vivido indocumentado más de un año, la ley te obliga a salir del país para arreglar tus papeles, pero al salir, automáticamente te prohíben entrar durante una década. Es un callejón sin salida, una trampa burocrática perfecta.
Y para los que intentan hacerlo por la vía laboral, los atascos son de pesadilla: en 2025, la espera para algunos visados de trabajo supera los tres años de media, y para ciertas nacionalidades como la india o la mexicana, ¡las esperas pueden ser de décadas debido a los límites por país!
20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles
No es desidia por parte de los inmigrantes, es un sistema colapsado donde la "legalidad" es un privilegio inalcanzable para millones de trabajadores honrados que llevan media vida levantando el país. En diciembre de 2025, la administración Trump lanzó la llamada 'Operation Metro Surge'. Bajo el mando de la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y Todd Lyons, director interino del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, más conocido como ICE, por sus siglas en inglés, miles de agentes federales fueron desplegados en las ciudades de Mineápolis y Saint-Paul, geográficamente unidas entre sí.
La excusa oficial era perseguir el fraude en ayudas sociales y detener a criminales peligrosos, pero la realidad que denuncian las autoridades locales y las organizaciones de derechos humanos es la de una ocupación militarizada destinada a castigar a una ciudad gobernada por demócratas y con una gran población de inmigrantes somalíes e hispanoamericanos.
Rápidamente, el ambiente se volvió represivo: negocios cerrados por miedo, escuelas en confinamiento, redadas indiscriminadas... Mineápolis se convirtió en el epicentro de la resistencia contra las nuevas políticas de deportación, y las actuaciones de las agencias federales –como el ICE y la Patrulla Fronteriza– han dejado hasta el momento en que estamos grabando este vídeo, a finales de enero de 2026, dos ciudadanos estadounidenses muertos.
La primera víctima mortal fue Renée Nicole Good, de 37 años, poeta y madre de tres hijos.
Fue abatida en su vehículo por un agente del ICE. La versión del Departamento de Seguridad Nacional fue que se trataba de una “terrorista doméstica” que había intentado atropellar a los agentes. En las grabaciones del suceso, en cambio, se ve que Renée intentaba alejarse del lugar y no embestir a los oficiales cuando estos abrieron fuego. Poco después, el 24 de enero, el enfermero de cuidados intensivos Alex Jeffrey Pretti fue ejecutado en plena calle cuando trató de proteger a una mujer a la que los agentes habían rociado gas pimienta. Lo abatieron con más de diez disparos mientras estaba inmovilizado en el suelo. Estas muertes, unidas a otros muchos actos de abuso de fuerza de los agentes federales no solo contra inmigrantes, sino también contra manifestantes pacíficos y observadores, han generado una crisis constitucional de facto.
El gobernador de Minesota, Tim Walz y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, han exigido la salida inmediata de los agentes federales, y han calificado las acciones del ICE como una violación de los derechos civiles de los ciudadanos. También han intentado bloquear el acceso de los federales a ciertas zonas e iniciar investigaciones independientes de los homicidios, las cuales han sido obstruidas por el Departamento de Seguridad Nacional. Kristi Noem y la administración Trump han defendido a los agentes y han culpado de la violencia a la retórica demócrata. En lugar de intentar apaciguar la situación, han amenazado con desplegar aún más efectivos si las protestas continúan. Pero los incidentes de Mineápolis no son casos aislados. Meses antes, en junio de 2025,
21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings"
Los Ángeles también había sido escenario de un drama parecido. Todo comenzó el 6 de junio con redadas masivas del ICE en lugares de trabajo y barrios hispanoamericanos. La comunidad, harta de vivir con miedo, salió a la calle.
Lo que empezó como manifestaciones pacíficas derivó en enfrentamientos cuando la policía y los agentes federales intentaron dispersar a las multitudes. En Paramount y en el centro de Los Ángeles, se levantaron barricadas. La respuesta del presidente Trump fue saltarse la autoridad del gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom. Invocando poderes federales, Trump desplegó a la Guardia Nacional en las calles de la segunda ciudad más grande del país. La alcaldesa Karen Bass tuvo que imponer toques de queda mientras grupos de manifestantes, bajo el lema "No Kings" ("Sin Reyes"), se enfrentaban a gases lacrimógenos y balas de goma en Grand Park. El gobierno federal culpó a las "ciudades santuario" de fomentar la anarquía; los activistas denunciaron que el gobierno estaba declarando la guerra a su propia población.
Según datos del propio Departamento de Seguridad Nacional —que debemos tomar con cautela, pues son parte interesada en la narrativa—, las agresiones a agentes del ICE aumentaron un 1.300% en el último año. Sea cierta o exagerada esta cifra, lo que indica es que el contrato social se ha roto. No hay autoridad legítima, solo fuerza bruta y resistencia.
¿Y qué dice el mundo de todo esto? La comunidad internacional observa con una mezcla de horror e incredulidad.
22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente
El Instituto V-Dem (Varieties of Democracy) de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, que junto con Polity es el referente mundial en medición de la democracia, no se ha andado con rodeos. En su 'Informe sobre la Democracia 2025', V-Dem alerta de que Estados Unidos está sufriendo el “episodio de autocratización más rápido de su historia moderna”. Destacan el ataque sistemático a la libertad de expresión, la intimidación a periodistas y la politización de la justicia como síntomas claros de una enfermedad terminal.
Freedom House, otra organización clave, mantiene a EE. UU. como "Libre" con una puntuación de 84/100 para 2025, pero advierte severamente sobre la erosión institucional y la presión partidista en los procesos electorales, señalando que la victoria de Trump en 2024 provocó la desestimación de sus causas penales federales, una prueba más de la impunidad de la que hablábamos antes. ¿Se encuentra Estados Unidos al borde de una guerra civil?
23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?
Es difícil saberlo. Según el índice Polity actualmente está en el punto más peligroso de la escala, en plena anocracia, que es un tobogán hacia el caos. No obstante, si el autoritarismo de Trump progresara hasta el punto de descender por debajo del -5 en la escala, la zona de peligro de guerra civil habría quedado superada: Estados Unidos se habría convertido en una dictadura.
En cualquier caso, Barbara Walter advirtió que una guerra civil moderna en EE. UU. no sería como la de 1861, con ejércitos de fuerzas semejantes vestidos de azul y gris en campos de batalla.
No. Sería una guerra de insurgencia, de terrorismo doméstico: bombas en edificios federales, asesinatos selectivos de jueces o políticos, milicias armadas controlando carreteras rurales, y la "limpieza" de barrios por motivos étnicos o políticos.
En España, el asesinato de un líder de la oposición –Calvo Sotelo– fue la chispa definitiva; no porque justificara un golpe de Estado, sino porque lo usaron para declarar que la convivencia era imposible y que no se podía confiar en las instituciones. En Colombia, el magnicidio de la esperanza –Gaitán– desató la violencia porque las instituciones no podían canalizar el dolor del pueblo. Y en Yugoslavia, la manipulación del miedo étnico por líderes oportunistas como Milošević convirtió a vecinos en verdugos. Hoy, en 2026, Estados Unidos camina por el filo de esa misma navaja.
24. Las señales de advertencia antes del abismo final
Si millones de personas sienten que el sistema legal ya no les protege, que el Estado es su enemigo, la tentación de la violencia se dispara, las instituciones se tambalean y el "otro" se convierte en enemigo. La pregunta que nos queda es: ¿somos capaces de aprender? ¿Podemos ver las señales de advertencia antes de que sea demasiado tarde? ¿Y vosotros? ¿Qué opináis de la situación en Estados Unidos? ¿Creéis que la democracia en ese país es lo suficientemente fuerte para resistir esta prueba de estrés o se encuentra a las puertas de un declive definitivo?