Deus prope est, tecum est, intus est: "Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti". Séneca, Epístolas a Lucilio, XLI.
Blog de Ángel Romera
El que lee despierta lo que duerme (Epopeya de Gilgamesh)
miércoles, 18 de febrero de 2026
La ética cristiana es lo único que nos falta
[Cómo la Iglesia Católica salvó a la Civilización Occidental (Hechos que ocultan)
Transcrito y corregido desde Legado de Chesterton, Youtube, datado hace un mes]
Te enseñaron en la escuela que la Edad Media fue la Edad Oscura, ¿verdad? Que la Iglesia Católica mantuvo a Europa en ignorancia supersticiosa durante 1000 años. Que la ciencia finalmente triunfó cuando pensadores valientes se liberaron del dogma religioso, que el progreso comenzó cuando la humanidad dejó atrás el cristianismo medieval. Cada palabra de esa narrativa es una mentira y no una mentira accidental.
Es una distorsión sistemática de la historia que comenzó en la Ilustración y continúa hasta hoy en cada aula, cada documental, cada conversación sobre religión y progreso. Te contaron esta versión porque la verdad es demasiado incómoda para el proyecto secular moderno. La verdad es esta: sin la Iglesia Católica, no existiría la civilización occidental.
No habría universidades, no habría método científico, no habría derechos humanos, no habría hospitales, caridad organizada o la idea misma de que cada persona tiene dignidad infinita.
La institución que te dijeron que oscureció el mundo literalmente lo iluminó. Los monjes que te pintaron copiando biblias supersticiosas estaban preservando toda la literatura clásica mientras imperios colapsaban.
Los inquisidores medievales estaban estableciendo el debido proceso legal que protege tus derechos hoy. Chesterton vio esta mentira hace un siglo y dedicó su vida a exponerla.
Hoy vamos a hacer exactamente eso, revelar cómo la Iglesia Católica salvó la civilización occidental con hechos históricos que deliberadamente te ocultaron.
Si eres católico y sientes que tu fe está constantemente bajo ataque, que te presentan como enemigo del progreso, sé exactamente cómo te sientes. Vivimos en una época donde defender la tradición católica te marca como reaccionario ignorante, pero aquí está lo que vas a descubrir. Tienes razones históricas sólidas para sentir orgullo profundo de tu herencia. No nostalgia romántica, no fe ciega.
Hechos históricos documentados que demuestran que la civilización que disfrutas existe porque la Iglesia la construyó.
Si quieres descubrir más verdades sobre el pensamiento católico que transforman perspectivas, suscríbete a este canal donde exploramos las ideas de grandes pensadores cristianos como Chesterton, C. S. Lewis y otros que desafiaron el secularismo moderno con argumentos devastadores.
Empecemos con el mito más grande, el que sostiene toda la narrativa anticatólica, la Edad Oscura. Según la versión estándar, cuando cayó el Imperio Romano en el año 476, Europa cayó en 1000 años de ignorancia religiosa.
La Iglesia prohibió el conocimiento, quemó libros, persiguió pensadores. Recién en el Renacimiento, cuando artistas y filósofos redescubrieron la sabiduría clásica pagana, Europa despertó.
¿Sabes lo que más me fascina de esta narrativa? Que es exactamente al revés de lo que realmente ocurrió. Chesterton entendió algo crucial. Cuando Roma cayó ante invasiones bárbaras, toda la estructura que preservaba el conocimiento colapsó. Bibliotecas ardieron, escuelas cerraron. El comercio que permitía distribución de libros se desintegró.
Europa enfrentaba extinción cultural total. ¿Quién salvó el conocimiento antiguo? Los monjes católicos.
Imagina esta escena. Año 550. Tribus germánicas arrasan aldeas. Nadie lee latín excepto el clero. Los únicos edificios de piedra que sobreviven son monasterios. Y en esos monasterios, monjes benedictinos están haciendo algo extraordinario, copiando a mano cada texto clásico que encuentran. No solo Biblias: Virgilio, Cicerón, Aristóteles, Platón, obras de medicina romana, tratados de agricultura, poesía pagana. Los monjes preservaron todo porque la Iglesia Católica nunca tuvo miedo del conocimiento pagano; al contrario, lo consideraba preparación providencial para el cristianismo. El venerable Beda en Inglaterra, siglo séptimo, está estudiando astronomía y cronología mientras cultiva el campo. Alcuino de York, siglo VIII, establece escuelas palatinas que enseñan las siete artes liberales. Monasterios irlandeses, completamente aislados de Europa continental, mantienen viva la tradición literaria latina cuando el continente sangra.
Déjame mostrarte algo asombroso. Sin esos monjes oscurantistas no tendrías a Platón. Los únicos manuscritos que sobrevivieron a la caída de Roma pasaron por scriptoria monásticos.
Copiar un solo libro tomaba meses. Era un trabajo agotador que arruinaba la vista, pero lo hicieron durante siglos. ¿Y sabes qué textos copiaban con mayor cuidado? Los clásicos paganos. Porque la Iglesia entendía que la verdad es una, venga de donde venga. Que Aristóteles y Platón habían tocado verdades sobre la naturaleza humana que el cristianismo completaba, no contradecía.
Fíjate en esta paradoja chestertoniana. La institución que supuestamente odiaba el conocimiento pagano fue la única que lo preservó cuando todo el mundo civilizado colapsaba.
Los oscurantistas eran los únicos con luz suficiente para leer, pero hay más. No solo preservaron textos, desarrollaron agricultura avanzada, innovaron en arquitectura, mejoraron técnicas de vinicultura.
Los monasterios eran centros de tecnología agrícola que alimentaron a Europa después del colapso romano. Aquí viene lo realmente interesante cuando hablas de la Edad Oscura. ¿Oscura para quién?
Europa experimentó caos político, sí, pero intelectualmente la iglesia mantenía encendida cada lámpara disponible.
No había oscuridad de conocimiento, había protección deliberada de la sabiduría contra la barbarie. Chesterton lo expresó brillantemente. "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo". Cuando todo el mundo civilizado se desintegraba, la Iglesia se negó a ser hija de ese tiempo oscuro. Se aferró al conocimiento antiguo y lo transmitió.
Entonces, primera mentira destruida. La Edad Oscura no fue causada por la Iglesia. La Iglesia fue la única luz en una época realmente oscura de invasiones y colapso. Sin ella, la civilización grecorromana habría desaparecido completamente y estarías viviendo en un mundo sin Platón, sin derecho romano, sin la herencia intelectual que hace posible la civilización occidental.
Ahora vamos a la segunda mentira gigante, que la ciencia y educación superior nacieron contra la Iglesia. La verdad histórica es mucho más incómoda para secularistas. La Iglesia católica inventó la universidad moderna, literalmente.
Bolonia, 1088, París 1150, Oxford 1167, Cambridge 1209. Las primeras universidades del mundo no fueron instituciones seculares que se rebelaban contra el dogma religioso.
Fueron creaciones de la Iglesia Católica, financiadas por la Iglesia, administradas por clérigos, establecidas con bendición papal. ¿Sabes lo que realmente significa la palabra universidad?
Universitas Magistrum Scholarium, comunidad de maestros y estudiantes. La Iglesia creó la idea misma de que el conocimiento debería estar organizado institucionalmente, disponible para quien pudiera aprender, protegido por autonomía corporativa.
Imagina que eres un joven en el año 1200. Si quieres estudiar, no hay alternativa secular. La única educación avanzada en toda Europa está en instituciones católicas.
Teología, sí, pero también medicina, derecho, filosofía natural, ciencia, matemáticas, astronomía, lógica. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. La Universidad de París establece el método escolástico.
¿Qué es presentar todas las objeciones posibles a una idea, examinarlas rigurosamente, responder con argumentación lógica? Este método desarrollado por teólogos católicos se convierte en la base del pensamiento científico occidental.
Tomás de Aquino, siglo XIII, no está simplemente enseñando doctrina, está haciendo filosofía natural rigurosa, integrando Aristóteles con cristianismo, estableciendo que fe y razón son compatibles, que estudiar el mundo natural es estudiar la obra de Dios.
Déjame mostrarte algo asombroso. La idea de que el universo opera bajo leyes naturales consistentes que puedes estudiar mediante observación y razón es una idea cristiana. Las culturas paganas veían el cosmos como caprichoso, controlado por dioses temperamentales. El cristianismo declaró que un Dios racional creó un cosmos racional, que, por tanto, la razón humana podía comprender.
Sin esa cosmovisión, no hay ciencia moderna. Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII, está haciendo experimentos ópticos, promoviendo el método empírico, enfatizando matemáticas en ciencia natural. Alberto Magno está clasificando plantas y animales con rigor aristotélico. Nicolás de Oresme está desarrollando conceptos que anticipan la física newtoniana. ¿Y sabes dónde están haciendo todo esto? En universidades católicas, con financiamiento de la Iglesia, enseñando a estudiantes en programas establecidos por obispos.
Aquí viene lo realmente interesante: cuando la reforma protestante fractura Europa en el siglo XVI, ¿dónde continúa la investigación científica? En países católicos. Los jesuitas se convierten en los científicos más importantes de Europa. Establecen observatorios astronómicos, desarrollan cartografía avanzada, contribuyen a matemáticas, física, astronomía. 35 cráteres lunares están nombrados en honor a científicos jesuitas. Déjame repetir eso. 35 cráteres, en la Luna, llevan nombres de sacerdotes católicos que hicieron astronomía de clase mundial. Chesterton vio esta paradoja claramente. "El loco no es el hombre que ha perdido la razón. El loco es el hombre que lo ha perdido todo, excepto la razón". La modernidad secularizada piensa que la razón funciona sola, sin fundamento metafísico. Pero fue el cristianismo quien dio a la razón su poder al declarar que Dios es Logos, la razón encarnada.
Entonces, segunda mentira destruida: la Iglesia no se opuso a la educación superior y la ciencia. La Iglesia las creó, inventó el modelo institucional, la universidad, desarrolló el método, el escolasticismo que lleva al método científico y financió siglos de investigación.
Cuando piensas en Oxford o Cambridge, estás pensando en instituciones que existen porque obispos católicos decidieron que el conocimiento organizado glorificaba a Dios. Sin la Iglesia no hay modelo universitario, no hay tradición de investigación protegida institucionalmente, no hay camino claro hacia la revolución científica. [...]
Ahora llegamos a algo que la narrativa secular casi nunca menciona. La Iglesia católica inventó el sistema hospitalario moderno. Esto no es exageración, es historia documentada que transformó radicalmente cómo las sociedades trataban a enfermos y pobres. En el mundo antiguo, si eras pobre y enfermabas, morías. Simple. El Imperio Romano tenía hospitales militares para soldados valiosos. Algunos templos paganos ofrecían sanación religiosa, pero la idea de que la sociedad tenía obligación de cuidar al enfermo pobre, al huérfano, al anciano abandonado, simplemente no existía.
¿Sabes qué cambió eso? La doctrina católica de que cada persona, sin importar condición, tiene dignidad infinita porque está hecha a imagen de Dios. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. Año 369, San Basilio de Cesárea establece el Basilias, el primer complejo hospitalario de la historia. No es solo para ricos, es específicamente para pobres, leprosos, viajeros sin recursos. Incluye viviendas, orfanato, hospicio para ancianos. Esta idea se expande explosivamente. Para el año 400, cada ciudad importante del Imperio bizantino tiene hospitales católicos.
Occidente sigue el modelo. Siglo VI: los monasterios benedictinos establecen enfermerías no solo para monjes, sino para la comunidad circundante. Déjame mostrarte algo asombroso. Cuando hablas de hospital, la palabra misma viene de hospitalidad, concepto cristiano de recibir al extraño como si fuera Cristo. Hospes en latín significa tanto huésped como anfitrión.
La Iglesia creó instituciones basadas en la idea radical de que servir al enfermo es servir a Dios. Imagina que eres un leproso en el año 800. La sociedad te rechaza, tu familia te abandona, tienes una enfermedad incurable que te desfigura.
En cualquier cultura pagana estás condenado a morir en aislamiento absoluto. Pero hay un monasterio cerca. Monjes y monjas que han hecho voto de caridad te reciben, te dan cama, te alimentan, limpian tus heridas, te tratan con dignidad cuando el resto del mundo te considera desecho humano. ¿Por qué harían eso? Porque Jesús tocó leprosos. Porque la doctrina católica dice que el sufrimiento tiene significado redentor. Porque la caridad no es opcional para cristianos: es el mandamiento central.
Aquí viene lo realmente interesante. Esta práctica crea algo completamente nuevo en la historia humana. La idea de que la sociedad tiene responsabilidad sistemática de cuidar a sus miembros más vulnerables.
Siglo XII. Europa está cubierta de hospitales católicos. La orden de San Juan establece hospitales para peregrinos y enfermos en Tierra Santa y por todo el Mediterráneo. Algunas de estas instituciones atienden a miles de pacientes simultáneamente con organización administrativa sofisticada.
Chesterton entendió que esta no era simplemente caridad individual: era revolución antropológica. El paganismo clásico admiraba la fuerza. El estoicismo predicaba indiferencia al sufrimiento. Solo el cristianismo declaró que el débil, el enfermo, el pobre tiene valor infinito.
"No necesitamos una religión verdadera tanto como necesitamos algo que haga verdadero todo lo demás", escribió Chesterton. La doctrina de dignidad humana universal hizo verdadero el concepto de derechos humanos.
Hizo verdadera la obligación social de proteger al vulnerable. Hizo verdadera la idea de que una civilización se mide por cómo trata a sus miembros más débiles. Sin esta doctrina católica, no hay fundamento filosófico para derechos humanos modernos. ¿Por qué un ser humano tendría valor inherente? El darwinismo social dice que el débil debe perecer. El utilitarismo dice que vale quien produce utilidad.
Solo el cristianismo afirma que cada persona tiene valor infinito por razones metafísicas, no circunstanciales. Los hospitales católicos no eran solo instituciones médicas, eran manifestaciones físicas de una verdad teológica: que Dios se hizo hombre y sufrió, dignificando así todo sufrimiento humano, que servir al más pequeño es servir a Cristo mismo. Entonces, tercera mentira destruida, la Iglesia no fue enemiga del bienestar humano. Fue la Iglesia quien estableció el sistema institucional de caridad que transformó sociedades y creó el fundamento filosófico de lo que hoy llamamos derechos humanos y estado de bienestar.
Ahora vamos al tema que hace temblar a muchos católicos, la Inquisición. Porque, admitámoslo, cuando alguien quiere atacar a la iglesia, grita "Inquisición" como si eso cerrara todo debate. Pero aquí está la verdad histórica que deliberadamente te ocultaron. La Inquisición medieval estableció principios de debido proceso legal que protegen tus derechos hoy. Sé que suena imposible. Respira hondo: vamos a revisar los hechos. La Europa del siglo XIII enfrenta herejías que amenazan el tejido social.
Los Cátaros en Francia meridional rechazan el mundo material como creación del Diablo. Predican el suicidio por inanición. Destruyen familias. Multitudes enfurecidas comienzan a linchar sospechosos de herejía, sin juicio alguno. ¿Qué hace la Iglesia? Establece la Inquisición en 1231.
Y aquí está lo crucial. Establece procedimientos legales que reemplazan violencia de turba con proceso judicial formal.
Déjame mostrarte algo asombroso. Antes de la Inquisición, si tu vecino te acusaba de herejía, podía formarse una turba y quemarte ese mismo día. No había investigación, no había defensa, no había presunción de inocencia, solo acusación y ejecución inmediata. La Inquisición estableció el acusado tiene derecho a conocer los cargos específicos, tiene derecho a presentar testigos en su defensa, tiene derecho a abogado. Los testigos de acusación deben testificar bajo juramento.
Se requiere evidencia física o testimonio de dos testigos creíbles. ¿Te suena familiar? Son los fundamentos del debido proceso legal occidental. Imagina que eres acusado de herejía en el año 1250.
Bajo justicia secular, la turba te ejecutaría. Bajo la Inquisición, enfrentas proceso formal. Inquisidores interrogan testigos, examinan evidencia. Puedes apelar a autoridades superiores. Si te condenan, tienes opciones de penitencia antes de pena capital. ¿Era el sistema perfecto? No. ¿Hubo abusos? Absolutamente; pero, comparado con la justicia secular de la época, la Inquisición era vastamente más justa. Aquí viene lo realmente interesante. Las cifras que te enseñaron sobre la Inquisición son fantasía protestante del siglo XVI y propaganda ilustrada del XVIII.º
Te dijeron que millones murieron. La investigación histórica moderna demuestra que en la Inquisición Española, la más severa, las ejecuciones totales durante tres siglos fueron entre 3.000 y 5.000 personas. Cada muerte injusta es tragedia. Pero contextualiza: en ese mismo periodo, guerras religiosas protestantes en Europa mataron millones.
La casa de brujas en territorios protestantes ejecutó a decenas de miles. La justicia secular ejecutaba por robar pan. La Inquisición tenía tasa de absolución del 90 % en muchas jurisdicciones. Rechazaba evidencia obtenida por tortura. Requería estándares de prueba más altos que tribunales seculares. Chesterton señaló esta paradoja: "Cuando un hombre deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, sino que cree en cualquier cosa". La modernidad secularizada abandonó los estándares legales que la Inquisición desarrolló y cayó en terror jacobino, gulag soviéticos, campos de exterminio nazis.
Sistemas sin fundamento teológico de dignidad humana mataron a más personas en el siglo XX que todas las guerras religiosas combinadas de la historia anterior. Fíjate en esto: los principios legales que la Inquisición estableció —derecho a conocer cargos, presentar defensa, apelar, presunción de inocencia hasta prueba de culpabilidad— están en las constituciones modernas.
El proceso legal que desarrollaron inquisidores dominicos protege tus derechos hoy cuando enfrentas tribunal. ¿Es irónico? Profundamente, pero es historia factual. Entonces, cuarta mentira destruida, la Inquisición no fue simplemente maquinaria de opresión. En su contexto histórico, introdujo reformas legales que reemplazaron el linchamiento de turba con el debido proceso, estableciendo precedentes que evolucionan en protecciones legales modernas.
La iglesia no inventó la crueldad legal. Estaba limitándola según estándares de su época mientras desarrollaba principios que eventualmente la trascenderían.
Ahora conectemos todo: ¿por qué importa esto más allá de trivia histórica? Porque la civilización occidental que permite que vivas con libertad, educación, derechos y dignidad reconocida fue construida sobre fundamentos católicos.
Si destruyes el fundamento, el edificio colapsa. Mira a tu alrededor: universidades, hospitales, sistema legal con debido proceso. La idea de que cada persona tiene derechos inalienables. El concepto de caridad organizada, la noción de que la razón puede comprender el universo. Cada uno de estos pilares de la civilización occidental tiene raíces profundamente católicas.
Chesterton vio venir lo que estamos viviendo hoy. Escribió en 1920 que "cuando la sociedad rechaza el cristianismo, no se vuelve neutral, se vuelve pagana de nuevo. Y el paganismo moderno es peor que el antiguo porque ya no tiene inocencia."
¿Sabes lo que más me fascina de todo esto? La modernidad secularizada vive de capital moral que heredó del cristianismo pero que ya no puede justificar filosóficamente. ¿Por qué crees en derechos humanos? Si eres materialista consecuente, si somos solo animales evolucionados, ¿de dónde vienen los derechos inalienables? Los derechos son un concepto metafísico. Solo tienen sentido si hay realidad trascendente que los fundamenta. El secularismo moderno quiere los frutos del cristianismo, compasión, igualdad, dignidad humana, justicia, sin la raíz teológica que los hace coherentes.
Imagina esta escena. Estás en debate con secularistas que denuncian la opresión religiosa de la Iglesia. Les preguntas: "¿Por qué creéis que todos los humanos tienen igual dignidad?" Responden: "Porque es obvio"; pero no es obvio en absoluto. No era obvio para romanos que esclavizaban. No era obvio para espartanos que mataban bebés débiles. No era obvio para culturas que practicaban sacrificio humano. La dignidad humana universal se volvió obvia solo después de que el cristianismo pasó 2000 años enseñándola, luchando por ella, construyendo instituciones alrededor de ella.
Déjame mostrarte algo asombroso: cuando la Declaración Universal de Derechos Humanos se redactó en 1948, representantes de países no cristianos cuestionaron el concepto mismo. ¿Por qué los humanos tendrían derechos inherentes? El comité no pudo dar respuesta secular satisfactoria. Simplemente declararon los derechos sin justificación filosófica. Los derechos humanos modernos son cristianismo secularizado. Funcionan solo mientras la memoria cultural cristiana permanece viva. Cuando esa memoria se borra completamente, como Chesterton predijo, regresa la barbarie.
Aquí viene lo realmente interesante para ti. Viviendo en el siglo XXI, estás viendo exactamente ese colapso en tiempo real.
Una cultura que rechaza fundamentos metafísicos cristianos pierde capacidad de defender la dignidad humana coherentemente. El aborto se vuelve derecho porque el humano no nacido pierde status de persona. La eutanasia se vuelve compasión porque la vida sin calidad medible pierde valor. La identidad se vuelve autodefinida porque no hay naturaleza humana objetiva.
Chesterton escribió: "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo. Cada generación libre de tradición cristiana recrea errores que la Iglesia ya refutó siglos atrás. La civilización occidental está consumiendo su herencia católica sin reponerla. Vive de capital moral acumulado mientras rechaza la fuente que lo generó."
¿Significa esto que todo era perfecto en la cristiandad medieval? No, significa que el proyecto de construir civilización justa sin fundamento trascendente es imposible.
La historia lo demuestra repetidamente. Entonces, última verdad revelada, la civilización occidental liberal que celebramos con sus libertades, derechos, instituciones de caridad y justicia, es radicalmente dependiente de la cosmovisión cristiana.
No puedes tener cristianismo sin Cristo, ni civilización occidental sin el cristianismo que la formó. La Iglesia no salvó la civilización, a pesar de ser católica. La salvó precisamente porque era católica, porque tenía verdades trascendentes que motivaban sacrificio heroico y construcción institucional que trascendía generaciones. Entonces, aquí está la verdad completa.
La Iglesia Católica preservó el conocimiento antiguo cuando la civilización colapsaba. Creó el sistema universitario y el método que llevó a la ciencia moderna. Estableció hospitales y dignificó al vulnerable. Desarrolló debido proceso legal. Fundamentó filosóficamente la dignidad humana universal. No lo hizo perfectamente. Católicos pecaron, cometieron errores, abusaron del poder. Pero la Iglesia como institución, guiada por doctrinas verdaderas sobre la naturaleza humana y la realidad, construyó los pilares de la civilización que heredaste.
Aquí está tu acción inmediata. La próxima vez que alguien ataque a la iglesia como enemiga del progreso, pregúntale qué institución preservó el conocimiento clásico. ¿Quién inventó la universidad? ¿De dónde vienen tus derechos humanos? Obliga a confrontar la historia real, no el mito ilustrado. Chesterton lo dijo mejor. La verdad es sagrada y, si dices la verdad demasiado a menudo, nadie la creerá. Hemos repetido mentiras sobre la iglesia tanto que la verdad suena fantástica, pero la verdad permanece. Sin la Iglesia Católica vives en un mundo radicalmente diferente y vastamente peor. Esto no es fe, es historia. Si esta verdad transformó tu perspectiva tanto como transformó la mía cuando la descubrí, suscríbete para explorar más pensadores católicos que desafiaron el secularismo moderno con argumentos devastadores. En el próximo episodio, descubriremos cómo Chesterton predijo el caos cultural que vivimos hoy con precisión profética.
Hasta entonces, recuerda: la ortodoxia no es prisión, es la única libertad que te salva de ser esclavo de tu época.
lunes, 16 de febrero de 2026
Cervantes y la libertad
Cervantes, en El trato de Argel:
Si las prisiones no doblas, / haz cuenta que me has perdido: / que, aunque me desmoches todo, / y me pongas de otro modo / peor que este en que me veo, / tanto el ser libre deseo, / que a la fuga me acomodo / por la tierra o por el viento, / por el agua y por el fuego; / que, a la libertad atento, / a cualquier cosa me entrego / que me muestre este contento.
domingo, 15 de febrero de 2026
Los investigadores españoles no reciben derechos por sus descubrimientos
Una de las científicas que más dinero genera en España no recibe ni un euro por sus descubrimientos. En El País, por Manuel Ansede y Laura Navarro, Madrid - 12 abr 2024:
Las arcas públicas ingresan un millón de euros al año gracias al trabajo de Giovanna Roncador con moléculas para estudiar el cáncer, pero un embrollo burocrático kafkiano impide que se lleve un porcentaje de los beneficios.
La bióloga Giovanna Roncador está viviendo una situación “surrealista”. Es una de las científicas que más dinero genera en España gracias a sus invenciones, pero no recibe ni un euro. Roncador, nacida en la ciudad italiana de Trento hace 57 años, trabaja en una de las mejores instituciones especializadas en cáncer del mundo, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid. Ella dirige la Unidad de Anticuerpos Monoclonales, unas moléculas que se diseñan en el laboratorio para unirse de manera específica a determinadas células y poder, por ejemplo, diagnosticar linfomas. La venta de estos anticuerpos a empresas internacionales genera aproximadamente un millón de euros al año en derechos de explotación para el CNIO, pero la institución no reparte los beneficios con los inventores desde 2020 por un embrollo burocrático kafkiano.
“Ya no sé qué hacer, es una situación muy frustrante. Estoy verdaderamente cansada y desmotivada, por eso he dejado de contactar con empresas para licenciar los anticuerpos. ¿Por qué no se premia a los que trabajan bien? Da igual que lo hagas bien o mal”, lamenta la bióloga. Roncador trabajaba diseñando anticuerpos en la Universidad de Oxford (Reino Unido) cuando la ficharon en 2000 para ayudar a fundar el nuevo centro de referencia contra el cáncer en España. Cuenta que nadie se lo exigió, pero ella, tras cada nuevo anticuerpo desarrollado para las investigaciones del CNIO, se preocupó por contactar con las empresas líderes para presentarles los avances. Si estaban interesadas, la propia Roncador negociaba los acuerdos, logrando ingresos millonarios para su centro, una fundación pública adscrita al Ministerio de Ciencia.
La investigadora italiana cuenta que su padre era camionero, pero dejó el volante para montar su propia empresa de compraventa de vehículos en su pueblo, Mezzolombardo. “Mi padre es muy emprendedor y muy bueno negociando, de ahí me viene”, explica. El mayor éxito de Roncador fue desarrollar un anticuerpo que se dirige específicamente a un subtipo de glóbulos blancos, lo que ha permitido revelar nuevos mecanismos de la respuesta inmunitaria. Su equipo lo diseñó junto a su colega Alison Banham, de la Universidad de Oxford. La británica cobra sus beneficios de explotación desde 2004, pero Roncador solo los recibió entre 2014, cuando el patronato del CNIO por fin aprobó una normativa de reparto, y 2019, justo antes de que el Ministerio de Hacienda paralizara los pagos.
La bióloga pone un ejemplo. Si una empresa gana 100.000 euros al año vendiendo uno de sus anticuerpos, el CNIO recibe unos 15.000. Tras descontar gastos y el porcentaje para la institución española, menos de 6.000 euros llegarían a los inventores. En el caso de su anticuerpo más exitoso, casi la mitad iría a Oxford y, de los aproximadamente 3.000 euros restantes, Giovanna Roncador recibiría el 65% (unos 1.900 euros anuales); su mano derecha, la bióloga Lorena Maestre, el 28% (unos 800 euros); y el jefe de la Unidad de Producción de Proteínas, Jorge Martínez Torrecuadrada, el 7% (unos 200 euros). Roncador y Maestre, las más afectadas porque son las que más dinero generan, demandaron al CNIO ante un juzgado de lo social de Madrid, el 19 de septiembre de 2022, para evitar la caducidad de sus derechos, según la documentación a la que ha tenido acceso EL PAÍS.
¿Cuánto gana un inventor? Se ha pactado con la empresa, mediante una licencia, que el CNIO debe recibir el 15% de la venta neta (los derechos de explotación suelen oscilar entre el 10% y el 25%)
La investigadora calcula que la venta de 65 de sus anticuerpos ha producido más de 8,5 millones de euros de ingresos netos en las arcas públicas del CNIO desde 2004. La institución empezó a repartir beneficios con sus inventores en 2014, pero dejó de hacerlo con el dinero de 2020 y los años posteriores. Un informe de la Intervención General de la Administración del Estado —el órgano de control interno del sector público estatal— recomendó entonces “la suspensión inmediata” del sistema de reparto. “Es un concepto normativo el de regalías que no existe en nuestra legislación y carece de desarrollo reglamentario”, defendieron los auditores, adscritos al Ministerio de Hacienda. El informe, además, sugirió recalcular a la baja los beneficios, descontando más gastos del centro.
Roncador suspira, sentada en su pequeño despacho, decorado con fotografías del cantante David Bowie. “Un sistema tan hiperburocratizado desalienta el espíritu emprendedor”, sostiene. “Estoy agotada de invertir mi tiempo y energía en batallas que otros países de nuestro entorno tienen completamente superadas”, subraya. La bióloga es la fundadora y actual presidenta de la Red Europea de Anticuerpos Monoclonales, con laboratorios de 13 países.
Medio centenar de investigadores del CNIO escribieron el 12 de diciembre de 2022 al Ministerio de Ciencia para comunicar que consideraban “inaceptable” tener que recurrir a los tribunales para poder cobrar un porcentaje por sus invenciones. “No se trata solo de unos derechos económicos, sino la manera también de valorar y premiar un trabajo excepcionalmente hecho y fomentar la transferencia de conocimiento, generando así retornos beneficiosos para la investigación y las instituciones”, argumentaron los firmantes, entre los que se encontraban la propia directora del CNIO, María Blasco, y su predecesor, Mariano Barbacid.
El Ministerio de Ciencia respondió dos semanas después, subrayando que la nueva Ley de la Ciencia, reformada en junio de 2022, ya establece que los investigadores del sector público estatal se llevarán “al menos un tercio” de los beneficios generados por la explotación de sus inventos. “Estoy dando el impulso necesario para agilizar al máximo estos últimos trámites”, aseguró la entonces secretaria general de Investigación, Raquel Yotti, en su respuesta, enviada el 27 de diciembre de 2022.
El proceso kafkiano continuó el año siguiente. La dirección del CNIO explica que sus especialistas estudiaron “múltiples” alternativas y enviaron su propuesta oficial de un nuevo sistema de reparto el pasado 20 de noviembre, a la Intervención General de la Administración del Estado. Un portavoz del Ministerio de Hacienda confirma que la recibieron, pero “por algún problema” no llegó al departamento adecuado hasta hace unos 20 días.
Estoy agotada de invertir mi tiempo y energía en batallas que otros países de nuestro entorno tienen completamente superadas
Roncador y sus colegas están “indignados”. Teniendo en cuenta solo la venta de anticuerpos, hay 23 científicos del CNIO afectados por el impago, más otros 27 que ahora trabajan en otras instituciones. “Es intolerable que la falta de interés y la burocracia impidan resolver un problema que el centro y los propios investigadores están de acuerdo en resolver, de conformidad con la Ley, acercándonos ya a los tres años sin solución”, expone la bióloga italiana. Las licencias de invenciones de científicos del CNIO generaron 1,6 millones de euros en 2023, un 23% más que el año anterior.
La situación es tan insólita que la propia dirección del CNIO apoya las reivindicaciones de las investigadoras que han demandado a la institución por impago de los derechos de explotación. “En los demás centros de investigación españoles sí tiene lugar este reparto, previsto en la legislación vigente. Se trata de una anomalía que discrimina a los investigadores e investigadoras del CNIO y perjudica de forma importante a la actividad innovadora del centro”, explica la dirección a EL PAÍS. “El CNIO, una institución de excelencia científica y de innovación en España, no puede estar en un estado de excepción en relación al reparto de beneficios de explotación”, sentencia.
La bioquímica Eva Ortega Paíno, nueva secretaria general de Investigación del Ministerio de Ciencia, conoce muy bien el problema. Era la directora científica del Biobanco del CNIO hasta que la ministra, Diana Morant, la fichó hace tres meses. “En el Ministerio somos conscientes de esta situación y estamos llevando a cabo un seguimiento para estar pendientes de su resolución. Confiamos en que sea evaluado lo antes posible”, afirma Ortega. Todo el mundo espera la respuesta de Hacienda.
En el vestíbulo del CNIO hay una pancarta gigante en inglés y en español: “Decent salaries NOW at CNIO! ¡Salarios justos YA en el CNIO!”. El comité de empresa la colocó porque los trabajadores más antiguos ganan poco más que cuando se fundó el centro hace un cuarto de siglo. El sueldo de Giovanna Roncador es de 2.681 euros, con 14 pagas al año. El de su número dos, Lorena Maestre, es de 1.794 euros. Son dos de las científicas que más dinero generan en España, en uno de los mejores centros de investigación del cáncer del mundo.
La gerencia del CNIO asegura que “hasta ahora no ha sido posible hacer promociones por restricciones marcadas por los Presupuestos Generales del Estado”. La científica Carmen Guerra, presidenta del comité de empresa, explica que esto ha creado una situación paradójica: los nuevos fichajes entran cobrando el máximo de las viejas tablas salariales, así que ganan más que los veteranos, con el sueldo congelado de facto desde hace un cuarto de siglo. Hay una auditoría en curso para “subsanar las desigualdades salariales”, según la gerencia. También hay una quincena de denuncias de trabajadores del CNIO en marcha, según la presidenta del comité.
Guerra dejó el Laboratorio Jackson, en Estados Unidos, para incorporarse al CNIO en 1998, con una oferta ilusionante. Un cuarto de siglo después, cuenta que gana prácticamente lo mismo que entonces, 2.533 euros mensuales (si se divide en las 14 pagas típicas), pese a tener más responsabilidades. Guerra, madrileña de 57 años, es la coinventora de una línea celular de ratón con modificaciones genéticas muy interesantes para estudiar los mecanismos de un gen implicado en millones de tumores. El CNIO le debe decenas de miles de euros en derechos de explotación impagados.
La bióloga Lorena Maestre, nacida en Madrid hace 48 años, es contundente. “Lo que reclamamos son cantidades minúsculas si las comparas con lo que ganan en algunas empresas, los banqueros, los economistas… Es ridículo. Parece que nos tiene que dar vergüenza recibir unos miles de euros”, deplora. Roncador, a su lado, asiente: “Este sistema es una desventaja competitiva con el resto de Europa, hace que nuestro país sea muy poco atractivo para los científicos punteros. Generamos unos ingresos para el CNIO de un millón de euros al año y parece que estamos pidiendo limosna”.
Protestan los maestros
Invite a una maestra a su mesa (redonda), en El País, Paula Sánchez | Daniel Turienzo, 11 feb 2026:
Para el profesorado de escuelas e institutos, la investigación suele presentarse como algo ajeno: participan, cuando lo hacen, como objetos de estudio
Cuando nos sentamos a una mesa —familiar, entre amigos o en un contexto laboral— es inevitable que, entre anécdotas personales, la conversación derive hacia lo profesional, porque en gran medida aquello a lo que nos dedicamos nos define. En este contexto es habitual que, si se habla de coches, se escuche al mecánico; si la conversación deriva hacia la medicina, se pida la opinión del médico. Sin embargo, cuando el tema es la educación, la maestra no siempre es escuchada con la misma atención, o ni siquiera se le concede la palabra como experta. Y esto ocurre por varias razones.
Por una parte, todos tenemos una experiencia escolar más o menos prolongada. Hemos pasado años en aulas, hemos tenido buenos y malos docentes, recordamos métodos, exámenes y conflictos. Esa vivencia común, junto con el hecho de que la educación es un asunto social que interpela a toda la ciudadanía, nos hace sentir autorizados a opinar sobre educación desde lo práctico, relegando a un segundo plano el conocimiento técnico tan valorado en otras disciplinas.
Pero hay algo más profundo. La cultura profesional docente ha contribuido históricamente a que el enseñante no sea concebido como un agente técnico e intelectual —y también político—, sino como un ejecutor de decisiones ajenas. Cuesta reconocer en el profesorado un saber experto y autónomo, construido desde la práctica, la reflexión y el conocimiento pedagógico. Esta desvalorización no es neutra y se intensifica, además, por factores como el género. De hecho, a medida que avanzamos en el sistema educativo, aumenta el estatus de los profesionales de la educación, y la proporción de hombres que la ejercen.
Basta observar quién ocupa los espacios de debate educativo. En congresos de educación es relativamente raro encontrar a maestras o a profesorado de secundaria, ya no como ponentes, sino incluso como asistentes. Lo mismo sucede en las mesas sobre políticas educativas o en los medios de comunicación: los grandes referentes educativos rara vez son docentes. Resulta difícil imaginar un congreso de cardiología sin cardiólogos clínicos; o una mesa sobre feminismo sin mujeres. En educación, en cambio, esa ausencia parece normalizada.
Nadie cuestiona –ni debería hacerlo- la legitimidad de expertos de otras disciplinas para hablar de educación. Economía, sociología, psicología o neurociencia tienen mucho que aportar. El problema no es la pluralidad de voces, sino que no se echen en falta las esenciales: las de quienes enseñan cada día y sostienen el sistema educativo en condiciones complejas.
Entre la escuela y la academia existe un puente que todavía no hemos cruzado. Esta distancia genera disfuncionalidades en ambas orillas. Para el profesorado que desempeña su labor en escuelas e institutos, la investigación educativa suele presentarse como algo ajeno: estos docentes participan, cuando lo hacen, como meros objetos de estudio, sin que sus miradas y saberes profesionales sean incorporados de forma significativa. Esta desafección dificulta que la evidencia disponible influya en su toma de decisiones en las aulas, y abre la puerta, en ocasiones, a discursos simplificadores o abiertamente anticientíficos.
Desde la academia, el riesgo es inverso: producir una investigación desconectada de la acción didáctica y de la política educativa. La lógica de la carrera académica impone un sistema de producción científica en ocasiones poco útil para la sociedad y para la propia construcción del conocimiento. Estudios rigurosos pero irrelevantes para quienes enseñan, poco transferibles por su temática, formato o canales de difusión. Se consolida así un divorcio entre quienes producen evidencia, quienes diseñan políticas públicas y quienes lo aplican, donde ni a la academia se le reconoce la importancia de escuchar y atender las demandas de la escuela, ni al profesorado se le incentiva a investigar. No es extraño que en los centros no se lea lo que en la academia se escribe, ni que la academia produzca lo que las escuelas necesitan, con honrosas —aunque insuficientes— excepciones.
Para quienes proceden de las aulas, el camino hacia la investigación tampoco está pavimentado con incentivos. El tiempo de formación y escritura académica no se reconoce dentro del horario lectivo ni es una prioridad de las administraciones públicas. Las convocatorias de proyectos suelen estar pensadas para estructuras universitarias consolidadas, no para equipos que nacen en un colegio público o en una escuela infantil. Y, con frecuencia, los docentes solo conocen la ciencia educativa desde fuera: participan en estudios como sujetos de observación, no como coautores de hipótesis o lectores de los resultados. Se les invita a abrir la puerta de sus clases, pero muy pocas veces a sentarse en la mesa donde se interpretan los datos que se obtienen de sus prácticas. Nadie puede entusiasmarse con aquello que le es ajeno, y esa desconexión es, paradójicamente, contraria a los principios pedagógicos que tanto valor tienen en todas las instituciones.
No es solo una cuestión de funciones, sino de reconocimiento. La identidad profesional docente se ha definido más por la vocación y la entrega que por la capacidad de construir teoría o generar evidencia. Muchas maestras ni siquiera se imaginan investigando porque nadie les ha invitado a hacerlo y cuando lo hacen, la reacción suele ser de sorpresa, incluso dentro del propio claustro.
Capacidad de transformación
Superar esta brecha no consiste en exigir que cada docente sea investigador, ni en someter la práctica a la teoría sin crítica. Se trata de producir conocimiento con los docentes y desde la práctica, articulando espacios compartidos de reflexión, investigación y toma de decisiones. Solo así la evidencia puede adquirir legitimidad pedagógica, sentido profesional y capacidad real de transformación, evitando una investigación desconectada de la acción didáctica y unas prácticas escolares aisladas del pensamiento crítico y del debate científico.
Algunas experiencias ya apuntan caminos posibles: modelos de investigación-acción, espacios estables de colaboración entre escuela y universidad con autorías compartidas, facilitadores o knowledge brokers, redes de debate pedagógico sin jerarquías, profesorado asociado y canales de difusión accesibles. Pero quizá el paso decisivo sea reconocer institucionalmente la investigación como parte del trabajo docente, vinculándola a la carrera profesional —en tiempos, formación y evaluación—. No se trata solo de trasladar la ciencia a las aulas, sino de construirla conjuntamente, abriendo espacios reales de interlocución con impacto didáctico y sentido social.
Las reflexiones que atraviesan este debate convergen en una idea esperanzadora: la política educativa y la producción científica sólo tendrán sentido si se construyen con el profesorado, no sobre él. Estos puentes no se levantan de golpe, sino con cada maestra que formula una pregunta distinta sobre su práctica, con cada investigadora que entra en el aula dispuesta a escuchar, con cada espacio compartido que se reconoce como lugar común. En una educación fundamentada en evidencias, ese encuentro no es una opción: es una urgencia compartida.
Paula Sánchez es maestra de Educación Primaria en la escuela pública. Daniel Turienzo es maestro de Educación Infantil en la red educativa en el exterior. Sus opiniones no representan necesariamente la postura de las instituciones u organizaciones con las que los autores mantienen o han mantenido vínculo profesional.
La IA como amenaza laboral
El terremoto de la última versión de la IA alarma a los expertos: “El mundo está en peligro”, en El País, por Jesús Sérvulo González, Washington - 14 feb 2026:
Arrecian las voces que advierten sobre las consecuencias para la sociedad de los últimos modelos de inteligencia artificial y sobre despidos masivos en tareas de cuello blanco
“Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid”, ha advertido esta semana Matt Shumer. Este prestigioso programador que trabaja con la inteligencia artificial (IA) acaba de publicar un artículo titulado Algo grande está sucediendo en el que advierte sobre las amenazas de los nuevos modelos de IA para millones de puestos de trabajo de cuello blanco a lo largo de todo el mundo. Su ensayo se ha viralizado con más de 80 millones de visitas desde el martes.
“La razón por la que tanta gente del sector está dando la voz de alarma ahora mismo es porque esto ya nos ha pasado", explica Shumer, quien relata cómo las empresas de IA están despidiendo a informáticos y desarrolladores porque las herramientas que ellos crearon ya se están programando a sí mismas para hacerse más inteligentes. “No estamos haciendo predicciones. Les contamos lo que ya ha ocurrido en nuestros propios trabajos y les advertimos que son los siguientes”, apunta.
El artículo de Shumer coincide con una semana de agitación en Wall Street. Los inversores han castigado a compañías que se van a ver más afectadas por la irrupción de esta tecnología. Empresas de software, videojuegos o desarrolladores informáticos han recibido un serio correctivo en Bolsa al difundirse las altas capacidades de los nuevos modelos de IA y el riesgo que supone para millones de empleos. Los expertos aseguran que un niño podrá dar instrucciones para crear un videojuego a medida. Y proliferan programas de idiomas creados por personas con escasos conocimientos informáticos.
Pero los inversores también ven cómo la automatización está lista para saltar a otros sectores no tan evidentes como la logística, aseguradoras o consultoras. Con un par de órdenes se podrá crear un programa de planificación fiscal o un bot de atención al cliente que supere la interacción humana.
“El rápido progreso de las herramientas de IA alimenta el temor generalizado de una disrupción en las industrias más expuestas a la difusión de esta tecnología dentro de la economía del conocimiento, en particular en los modelos de negocio que no requieren un uso intensivo de capital, con las empresas de software a la cabeza”, explica Yves Bonzon, responsable de inversiones del banco suizo Julius Baer. “Las preocupaciones de los inversores sobre el impacto disruptivo de la IA siguen pesando sobre las acciones estadounidenses, desde los corredores de seguros y los servicios inmobiliarios hasta la logística”, explica el banco de inversión suizo UBS, que adopta, no obstante, un tono optimista para los inversores: “Aunque está por ver el impacto global en estas industrias y en las empresas individuales, consideramos [este proceso] una validación del potencial de monetización de la IA. Los avances subrayan su naturaleza transformadora”.
“Esto es diferente a todas las oleadas de automatización anteriores, y necesito que entiendan por qué”, avanza Shumer en un relato inquietante que ha encontrado eco en varios ejecutivos del sector. “La IA no reemplaza una habilidad específica. Es un sustituto general del trabajo cognitivo. Mejora en todo simultáneamente. Cuando las fábricas se automatizaron, un trabajador despedido pudo capacitarse para trabajar como oficinista. Cuando internet irrumpió en el comercio minorista, los trabajadores se trasladaron a la logística o los servicios. Pero la IA no deja un hueco conveniente para ocupar. Sea cual sea el objetivo de la capacitación, también está mejorando en eso”, añade.
Las voces de alarma arrecian al tiempo que las grandes tecnológicas redoblan sus apuestas por una tecnología disruptiva. Solamente durante 2026, las cuatro grandes tecnológicas globales, Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft, planean invertir más de 650.000 millones en IA. Es la mayor cantidad invertida en un solo año en cualquier otro desarrollo tecnológico; ni la expansión del ferrocarril a finales del siglo XIX, los programas de la NASA para conquistar el espacio o la burbuja de las puntocom de principios del siglo XXI consumieron tantos recursos en tan poco tiempo.
[The Adolescence of Technology: an essay on the risks posed by powerful AI to national security, economies and democracy—and how we can defend against them: https://t.co/0phIiJjrmz — Dario Amodei (@DarioAmodei) January 26, 2026]
Estos colosos tecnológicos, que manejan un presupuesto mayor que el de algunos países, están lanzados en una alocada carrera para desarrollar la IA. Necesitan entrenar sus modelos informáticos con miles de ordenadores montados con microprocesadores de última generación. Los reúnen en unas naves gigantescas, los centros de datos, con cientos de servidores para que el sistema siga aprendiendo. Y requieren de plantas especiales de suministro de energía para asegurar su enorme consumo.
Schumer dibuja un panorama estremecedor. Explica cómo en los últimos años las mejoras en los modelos cognitivos creados por algoritmos han logrado avances exponenciales. Pero las últimas versiones de OpenAI, creador del popular ChatGPT, o Anthopic, que desarrolla el modelo Claude, “no son mejoras graduales. Es algo completamente diferente”, advierte.
“La IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos”, sostiene Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, la empresa fundada por antiguos investigadores de OpenAI. Amodei publicó hace un par de semanas un inquietante artículo, La adolescencia de la tecnología. Cómo afrontar y superar los riesgos de la IA potente, sobre los riesgos que provocará una tecnología de este calibre o la IA general (IAG), aquella que podrá pensar por sí misma. Este ejecutivo calcula que la mitad de todos los trabajos de cuello blanco en el mundo van a desaparecer en el plazo de entre uno y cinco años. Tras analizar en el artículo las consecuencias de esta revolución, concluye: “El shock a corto plazo tendrá una magnitud sin precedentes”.
Esta semana la empresa ha alcanzado una valoración de 380.000 millones de dólares, después de la última ronda de financiación en la que logró fondos por 30.000 millones. Anthropic se ha posicionado como una de las compañías tecnológicas más concernidas por la seguridad. Asegura que su modelo está entrenado siguiendo principios éticos para evitar la manipulación y el engaño.
Esta semana ha anunciado la creación de una SPAC, una herramienta de cotización bursátil, dotada con 20 millones de dólares, para promover la transparencia y seguridad en los modelos de inteligencia artificial. La empresa Public First busca influir en los legisladores para establecer una regulación y barreras en la IA que impidan los abusos. En realidad, su estrategia es contra su rival OpenAI, que utiliza tácticas más agresivas.
El ensayo de Shumer coincide también con la renuncia de dos ejecutivos de OpenAI y Anthropic, alertando de la profundidad de los cambios que se le vienen al mundo encima, no solo a nivel laboral. “El mundo está en peligro. Y no solo por la IA o las armas biológicas, sino por toda una serie de crisis interconectadas que se desarrollan en este preciso momento”, escribió Mrinank Sharma, un investigador de seguridad de IA que abandonó Anthropic para irse a Reino Unido a escribir poesía y “volverse invisible”.
Sharma ha trabajado en un área para tratar de garantizar la seguridad de la IA para combatir los riesgos del bioterrorismo asistido por IA e investigar “cómo los asistentes de IA podrían hacernos menos humanos”. Y dice que abandona con un cierto sentimiento de resignación.
El miércoles, Zoe Hitzig, investigadora de OpenAI, el creador del popular ChatGPT, publicó un artículo en The New York Times alertando sobre sus dudas respecto a la nueva práctica de que las empresas de IA ofrezcan publicidad. Hitzig, doctora de Economía en Harvard, escribió: “Tengo serias reservas sobre la estrategia de OpenAI”. Al día siguiente presentó su renuncia. En el artículo explica cómo muchas personas emplean las herramientas de IA como terapeutas, para confesar sus emociones o para charlar. El sistema logra una ventaja a la hora de ofrecer publicidad y Hitzig observa problemas éticos.
También existen riesgos de seguridad. Amodei pone el ejemplo de un nuevo país integrado por los 50 millones de mentes más brillantes del mundo. Piensan de 10 a 100 veces más rápido que cualquier humano. Nunca duermen. Pueden usar internet, controlar robots, dirigir experimentos y operar cualquier cosa con una interfaz digital. El experto advierte de que supondría “la amenaza a la seguridad nacional más grave que hemos enfrentado en un siglo, posiblemente nunca”.
jueves, 12 de febrero de 2026
Lista comentada de los treinta mejores autores
[Transcrito de YouTube y corregido por el bloguero, de Semillas de Papel]
Antes de empezar, aviso importante. Esta no es una lista de estas que me he sacado yo porque me la encontré apuntada en la servilleta de un bar, ni el típico rollo de "mis autores favoritos", porque sí, para hacer esta lista aquí ha sido muy escrupuloso. Esta es una especie de lista libro por libro, rollo literario, donde he cruzado un montón de listas de críticos, de encuestas a escritores, de rankings editoriales, incluso de votaciones de lectores y hasta de cánones históricos.
Incluso me he encontrado por ahí todavía listas agregadas de estas que mezclan un montón de rankings mezclados ahí a lo loco. Entra el Time, The Guardian, Modern Library, Lemont, la famosa lista de escritores de Bluen, incluso rankings anglosajones europeos, académicos, yo qué sé, todo lo que me he encontrado en la red, lo he mezclado todo y he hecho como una especie de conclusión. El resultado, pues tenemos un cóctel muy peligroso, os lo digo, un ranking que para nada es perfecto, pero que no es solamente opinión, sino que también intentar responder una pregunta que prácticamente es imposible de de ser respondida. Es, si todos los escritores de los que vamos a hablar hoy pelearan en igualdad de condiciones, ¿quién sería el mejor libro por libro de la historia de la literatura? Pues es lo que vamos a tratar de desentrañar hoy, de este cruce, de este mejunge glorioso de datos que he hecho. Eh, entra el prestigio, entra la influencia, entra la supervivencia y entra cómo han aguantado el paso del tiempo. Y me he quedado con 30 nombres, 30 que ahora sí vamos a desarrollar uno a uno.
Y te adelanto algo desde ya. Da igual a quien eches de menos. Alguien va a enfadarse porque no va a encontrar a quien quiere encontrar. Así que antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, vamos a ir un bastante rápido. Vamos a ser injustos y vamos a dedicar un poquito más de tiempo al top 10. Del 30 al 11 vamos a ir un poquito ligero, así que a Leo.
Empezamos por Fernando Pessoa, 30 escritores por el precio de uno. Le ponemos aquí, pues, porque probablemente a muchos le parezca muy debajo, pero bueno, si alguien se tiene que quejar, que se queje Portugal.
John Milton con su Paraíso perdido, monumental, gigante, importantísimo donde los haya, pero entre tú y yo me parece que se admira bastante más de lo que se lee y creo que eso cuenta.
Herman Melville con Moby Dick. Es una obra maestra, pero a ver quién tiene narices para releerla cada 5 años y tragarse todas las taxonomías que tiene.
En el 27 tenemos a Tolkien y aquí empezamos con los cuchillos afilados. Esto no es literatura clásica ni mucho menos, pero su influencia cultural me parece que es obscena a todos los niveles. Así que aplaudo este puesto.
En el 26 tenemos al genio italiano, Italo Calvino. Juguetón, brillante, elegante, un escritor que te hace creer en cada momento que escribir es la cosa más fácil del mundo. Te lo adelanto, no lo es.
Anton Chéjov, el rey del nunca pasa nada, pero que mientras tanto te destrozo por dentro. Muy poquito espectáculo en su literatura. Mucha cirugía emocional, y me parece que está, creo, en el sitio que le corresponde.
Gustave Flaubert. Si hubiera un obseso del estilo, es él. Madame Bovary sigue humillando a día de hoy a medio planeta literario, y quien quiera que lo imite es muy frío; pero madre mía, qué nivel de literatura.
Simone de Beauvoir el 23. Y aquí se me va a cabrear gente; seguramente no solamente por el ensayo está aquí, sino también por esa narrativa que tuvo y esa influencia totalmente tangible a día de hoy. Yo creo que está perfectamente metida.
En el 22 está Thomas Mann, que es denso, y si no, meteros en La montaña mágica y veréis. Muy intelectual, no es para todos los públicos, pero si entras y te conquista, esto es primerísima división.
Vladimir Nabokov, obsceno para todos los niveles, moralmente incómodo para prácticamente todo el mundo. No cae mejor porque él no quiere caerle bien a nadie, creo, ¿no? Y sinceramente, yo ese gesto se lo agradezco. Ahora empezamos a entrar en una zona peligrosa.
Vamos a ir del puesto número 20 al puesto número 11 y empezamos con George Orwell, con esas dos novelas que escribió. Un montón de ensayos que siguen explicando cómo es el mundo en el que vivimos y cómo el poder, cómo explica ese poder incluso mejor que Twitter entero junto. Aquí está, me parece perfecto, ni más ni menos, ni arriba ni abajo.
En el 19 tenemos la filosofía extrema de Albert Camus, que es para gente que no quiere sentirse idiota mientras está leyendo filosofía, porque te entra de manera elegante, te entra claro, limpio y al final te enteras. Está bien bien arriba.
En el 18 tenemos a Mark Twain, que sinceramente siempre me ha parecido ligero, pero es un error calificarlo así. Tiene el humor como arma de demolición cultural y es una especie de literatura eh muy seria, totalmente disfrazada de otra cosa.
En el 17 tenemos a Ernest Hemingway y muchos se pensarán que está demasiado arriba en la lista, ¿no? Y no te digo yo que no. Eh, pero su influencia es más en el estilo que en la complejidad de sus obras, pero indiscutiblemente es una auténtica leyenda.
Jane Austen está en el puesto número 16 y aquí alguien dirá que está demasiado arriba, que tendría que estar más hacia el top 10. Pues no, lo siento, es lo que hay. Irónica, quirúrgica, una estructura perfecta en su manera de escribir, cero paja, y eso es puro puro oro, crema, calidad pura. Bueno, ya estamos en la antesala del Olimpo. Vamos a ir de los puestos 15 al puesto 11. Y es que ya aquí todo lo que nos vamos a encontrar es altísima literatura, nivel prácticamente jefe final.
Y empezamos en el puesto 15 con Gabo, con Gabriel García Márquez, que creó un universo tan sumamente potente que arruinó a cientos de imitadores que trataron de superarlo y se quedaron por el camino. Solo por eso, solo por ese detalle, merece sin duda estar aquí.
En el 14 tenemos a Molière con sus comedias, con su crítica social, con ese ritmo que sigue funcionando siglos después. Y eso no puede ser casualidad, eso se llama talento.
En el 13 tenemos a Goethe con su Fausto, que fue un auténtico monstruo en todos los niveles. Si ese hombre existiera hoy, se hubiera escrito hoy, yo creo que estaría totalmente prohibido en todas partes por exceso de intensidad.
En el 12 tenemos al genio, a Jorge Luis Borges. Y aquí yo sinceramente me indigno un poquito porque no está nada de acuerdo que Borges esté fuera del top 10, pero no es mi lista, me duele en todo el alma y su obra, que fue corta, me parece que tiene que estar teniendo en cuenta que esto es un ranking libra por libra, yo lo pondría en el top cinco.
En el 11 tenemos a Charles Dickens, popular, profundo, inagotable, personajes totalmente inmortales y lectores a mansalva en todo el mundo. Gran cierre para este bloque justo antes de llegar a la auténtica pomada. Y ahora sí, a partir de aquí, cero bromas, vamos a entrar en el top 10, según este calidoscopio de listas que he podido recopilar, donde ya no estamos hablando de buenos escritores, ya estamos hablando de otra cosa. Estamos hablando de gente que cambió el juego y las reglas para siempre jamás.
En el puesto número 10 tenemos a Marcel Proust. Bueno, es el Everest literario de medio mundo, ¿no? Todo el mundo dice haberse subido a Proust; pero yo creo que nadie ha pasado del campamento base, probablemente. Lento, obsesivo, interminable, angustioso en ocasiones, pero, si eres capaz de entrar en su obra, si te rindes a ese ritmo que tiene, te ocurre algo realmente serio. Es que empiezas a entender cómo funciona realmente la memoria, cómo el pasado no está detrás, sino dentro, en tu interior, y no cuenta una historia, te la reconfigura. A mí personalmente me enfada un poquito porque, eh, porque se posturea mucho con él, ¿no? Me enfada que cualquiera que coja el tiempo perdido lo abandone las 20 páginas, pero aplaudo y me rindo a los pies de la gente que considera que tiene que estar aquí porque sí que se ha terminado su obra. Él llevó la literatura al límite absoluto de lo que el ser humano es capaz de aguantar.
El puesto número nueve se lo lleva Franz Kafka, que la verdad es que Kafka escribió muy poquito, publicó muy poco también, murió muy mal, eh, sin saber que iba a arruinarle la paz mental probablemente a generaciones enteras que vinieron después, porque lo suyo no era contar historias, además odiaba sus historias, quería que las destruyeran. Eh, tú las lees y sientes que has hecho algo mal con tu vida, ¿no? Aunque no sepas qué. Y, ojo, curioso, cuando el apellido de alguien se convierte en adjetivo, se acabó el debate. O sea, hoy en día decir que algo es kafkiano no es marketing, no es prácticamente un meme cultural en toda su extensión. Y la verdad es que resulta un poco indignante la poca obra literaria que tiene y lo alto que está en todas las listas, ¿no? Eh, eso yo creo que pasa por ser más una absoluta genialidad que cualquier otra cosa.
El puesto número ocho es Virginia Wolf, que de Virginia Wolf hasta los andares. Aquí yo me cuadro, aplaudo y digo, pues, lo que siempre digo de Wolf, que ella no grita, ella no pontifica en su obra. Ella te atraviesa con sus palabras, innovó con su manera de narrar, le dio conciencia a todo cuando eso no aparecía en ningún manual ni en ninguna tendencia social de ningún tipo, ¿no? Y muchos la confunden porque creen que es algo frágil, pero es un error. Ella fue prácticamente una cirujana de las letras. Cada frase que tenía estaba donde tenía que estar. Y sinceramente me molesta un poquito que la gente a día de hoy primero la utilice como meme también, y, por otro lado, que la traten con cierta condescendencia. Yo creo que es probablemente la más alta literatura que existe sin que haya testosterona por medio, y eso, eso es muchísimo.
En el siete está James Joyce. Joyce, ese escritor capaz de escribir esas cosas que nadie se lee, pero bueno, aunque no las entiendes, eh, pues dice mucho de él, ¿no? Dice mucho de él que esté aquí porque tú no entras a Joyce para disfrutarlo, entras a Joyce para ver su exhibición técnica del lenguaje. Él no escribe novelas, él escribe gimnasios para tu cerebro. Que es excesivo, sí, que es ególatra, muchísimo. Que es imprescindible para entender lo que la literatura puede llegar a hacer con el lenguaje. Cógete el Ulises, pégalo un vistazo, no es simpático, no va a ser amable contigo, pero esta historia es un ranking libra por libra de los mejores, ¿eh? No un concurso de popularidad. Y oye, pues si está aquí, no sé, júzgalo tú.
El puesto número seis se va a muchos siglos de distancia nuestro. Tenemos a Homero, que siempre hay discusión, pero a mí me da igual. Es un autor real, es un autor colectivo, viene de la tradición oral y todo eso está muy bien para la facultad, pero el resultado es inapelable, ¿no? Ahí tenemos la Iliada, tenemos la Odisea, son el molde de prácticamente todo, todo lo que se ha escrito y todo lo que ha venido después. tienes los héroes, tienes los viajes, tienes el regreso, eh, la guerra, la identidad y que siga aquí arriba después de tantos miles de años, pues es yo creo que la mayor prueba de que la calidad existe y de que el campeón antiguo que tenemos aquí, sorpresa, sigue ganando combates a muchos advenedizos que siglos después han venido.
Puesto número cinco para Fiodor Dostoievski. Nos vamos a la Rusia. Aquí ya entramos en el terreno probablemente más serio. Estamos en el top cinco y Dostoievski no escribía personajes, escribía abismos sin red de seguridad. Tenías culpa, tenías fe, tenías crimen, redención, la contradicción humana en vena, eh, yo qué sé, lees y te ves reflejado en cosas que no te gusta reconocer, pero que las sientes aunque te lo calles. Esto no es entretenimiento, esto es un deporte de riesgo prácticamente. Era desordenado, era excesivo, pero no sé tú, tiene una intensidad emocional que poquitos han vuelto a alcanzar después. Y eso es que sus motivaciones a la hora de escribir eran las que eran. Sin discusión, creo que merece estar aquí porque esto es una pelea cuerpo a cuerpo y un puesto número cinco es totalmente lícito.
Compatriota tenemos en el cuatro a León Tolstoy. Yo los hubiera puesto al revés. Es el escritor que te mira y dice, "Ah, que quieres realismo. Pues toma tres tazas, todo el realismo del mundo". Ahí tienes Guerra y Paz, que es ligerita y es una obra que no debería funcionar, pero funciona. Mil millones de personajes, historia, pensamiento, vida cotidiana, guerra, amor, todo. Venga, mételo todo ahí que te cabe, porque en mil y pico páginas tú dirás. Y aquí no hay truco ni fuegos artificiales. Aquí hay una intensa comprensión brutal del ser humano. Y eso no es fácil, ¿eh? Me enfada lo bien que escribe, te lo digo de verdad. Pero bueno, oye, uno de los grandes campeones de nuestro ring. Madre mía, qué emoción que entramos en el top tres.
En el top tres y tenemos en el tres a Dante Alighieri. Aquí estamos ya probablemente en otro nivel, ¿no? Eh, Dante no escribió un libro, eh, construyó una especie de sistema moral, no sé, y un sistema moral que además yo creo que seguimos utilizando prácticamente todos eh siglos después, ¿no? el Infierno, el Purgatorio, el Paraíso y cada uno con sus niveles, con su arquitectura, con su política, con ajustes de cuentas, con movidas personales, no sé, una auténtica locura creativa de proporciones bíblicas muy difícil de leer; y me parece a veces, sinceramente, me parece insultante que se le trate como un clásico polvoriento, porque esto es de una imaginación salvaje con ambición total, pero tienes que entrar con él a él con mucha cautela porque te puede derrotar en muy pocas páginas y, si no, ¿cuáles son los dos que quedan? Pues lo vas a ver enseguida.
Bueno, en el puesto número dos, Miguel de Cervantes, don Miguel de Cervantes Saavedra, el señor que inventó la novela moderna sin saber lo que estaba inventando, porque eso suele pasar bastante a menudo. Y para colmo se permitió el lujo de reírse de lo que él mismo estaba haciendo y de paso reírse de todo lo que había alrededor. El Quijote es humor, es tragedia, es metaliteratura, es ternura de verdad, es un libro que amo con locura y me tengo que poner un poquito serio en esto porque no es solamente un libro en español, es un manual universal de cómo se tiene que contar bien una historia y por qué se tiene que contar. Me parece imposible que en cualquier tier list que se pueda hacer en el mundo mundial Cervantes no esté en el top tres; está en el dos. Perfecto.
Bueno, y teniendo en cuenta que la mayoría de estas listas que he consultado son anglosajonas, pues en el número uno no podría estar otro que el señor William Shakespeare, que tanto comparte, ¿no?, en muchas cosas con Cervantes. Entonces, yo creo que es un es un puesto 1 y 2 que se tienen que compartir ambos y creo que no es ninguna sorpresa. Creo que Shakespeare es el número uno porque lo tiene todo. Lo tiene todo.Tienee personajes inolvidables, lenguaje afilado, profundidad psicológica, una obra muy grande, teatro que sigue funcionando a día de hoy, frases que usamos sin saber que son suyas constantemente. Su penetración cultural es elevadísima con sus amores, sus celos, su ambición, su traición. Es que es que está todo, todo lo tiene ahí, y todo está vivo, y todo es actual. Y esto no es devoción académica. Esto, te guste más o menos, es una evidencia empírica. Es así. Fíjate, es que se representa, se adapta, se cita constantemente y nunca se agota, siempre encuentras una nueva versión, siempre vuelve a salir algo nuevo de él y vuelve a ser bueno y vuelve a ser brillante. Creo que es justo merecedor del puesto número uno de esta lista o, como se dice ahora, ¿no? el Goat, ¿no? Es que yo toda la vida he pensado que esa palabra significa cabra, pero bueno.
Bueno, vuelvo a sacudirme absolutamente toda la responsabilidad sobre esta lista porque ahora viene la parte más incómoda, ¿no? Da igual qué lista hagas, incluso aunque fuera mía, da igual cuántas fuentes pueda haber consultado yo, cuántas cosas cruce, lo mucho que intente ser justo con esto. Va a faltar alguien, seguro. Igual tu autor favorito no está. O estás demasiado abajo o es demasiado nuevo. ¿Cómo demonios has puesto a este y a este otro no? Bueno, pues yo te pido disculpas humildemente.
Entiendo esta indignación, y es justa prueba de que la literatura sigue viva, vivísima. Y si esto fuera un ranking cerrado, muerto definitivo, pues nadie discutiría, ¿no? Nadie diría: "Pues ya está, tema cerrado, hablemos de otra cosa para siempre." Aquí estamos para discutir con pasión, como solamente se discute ese tipo de cosas que importan de verdad a la gente. Y seamos honestos, ninguno de nosotros lo ha leído todo ni lo va a leer todo. En una larga vida de lector, ¿cuántos libros te puedes llegar a leer? 800, 1000, como mucho. Yo creo que nos queda, vamos, una auténtica locura de obras por descubrir por todos los lados. Así que esta lista nunca jamás va a ser un punto final. Es una invitación al desacuerdo más absoluto, a la relectura, al descubrimiento de un libro y decir: "A ver si es que tanto mito que se habla de este autor merece la pena o no merece la pena." Porque yo creo que después de ver a Shakespeare, a Cervantes, a Dante, a Tolstoy, a Dostoievski, yo qué sé, la pregunta no es quién tiene que estar o cuál es el siguiente de esta lista. La pregunta es, ¿qué libro todavía te está esperando en la estantería, ahí, muerto de risa? Implorándote sin abrir para que te encuentres con la mejor noticia de todas y probablemente algo que te alegre la semana. Y es que lo mejor está por leer.
Sobre el Principio Antrópico Fuerte
[Un comentario sobre el excelente texto de Jesús M. Landart de más abajo. Parece que la creencia en Dios suministra una capacidad evolutiva de mejora. Según explican las estadísticas, los creyentes viven más tiempo que los ateos y se deprimen menos. A un ateo le debía resultar por lo menos paradójico.
Suponga un mundo donde el tiempo no fluye o fluye muy poco. O donde está todo el tiempo comprimido. Algo así como el universo de los heptápodos de La llegada, la película. La evolución sería paradójica en un sentido o en otro. Circular o pendular. Se mejora y se demejora y se mejora otra vez para volver a demejorar. La entropía sigue existiendo, pero tiene poco trabajo que hacer. Hace falta un sentido perpetuo en el tiempo, "hacia la infinidad buscando orilla", como escribió el capitán Francisco de Aldana. Pero la vida humana es discontinua.
Según los teólogos, hay tres cosas que nos hacen trascender: la belleza, el bien o bondad y la verdad. Y ya decía Keats en A una urna griega que "la verdad es belleza y la belleza es verdad". Y Dickinson: "La belleza es la realidad de la naturaleza". Tal vez sea preferible un relojero ciego a ninguno].
Sobre el "Diseño inteligente", por Jesús M. Landart
Recuerdo que siendo niño un profesor nos explicaba su demostración de la existencia de un diseñador en el mundo:
La atmósfera terrestre – decía – tiene un 21% de oxígeno; si en lugar de un 21% tuviera un 19%, nos moriríamos asfixiados, y si tuviera un 25%, moriríamos igualmente por exceso de oxigenación.
Cuando percibió la estupefacción de sus alumnos y la reverencia ante tal revelación, prosiguió:
"Y si eso no les parece suficiente, deberían saber que el sol, ese dador de vida y energía, produce igualmente radiaciones sumamente dañinas que acabarían con la vida de la tierra en cuestión de semanas si no fuera porque la tierra tiene una capa de ozono que precisamente sirve de filtro PRECISAMENTE a dichas radiaciones, dejando pasar las beneficiosas. Concretamente, la ventana de la capa atmosférica en su conjunto filtra todas las radiaciones solares excepto las necesarias para el desarrollo de la vida. Y les diré aún más: la atmósfera terrestre está calibrada de tal manera que la radiación concreta que mejor pasa a través de ella es la que corresponde al color verde, que es aprovechada por la función clorofílica del manto vegetal que cubre el plante, sirviendo de punto de partida para la generación de materia viva a partir de los organismos autótrofos."
La verdad es que así dicho, parece demoledor. Sin embargo, tenemos una enorme batería de explicaciones alternativas que no implican diseñador alguno. Mi profesor estaba simplemente desfasado 175 años. El argumento de la deducción de existencia de un diseñador a partir del orden del cosmos se pierde en la noche de los tiempos, y ha conocido diversas materializaciones. Algunas sugerentes e intelectualmente potentes, como la del teólogo William Paley, que publicó su magna obra Teología natural en 1802, explicando que el diseño funcional de los organismos demuestra o al menos evidencia la existencia de un diseñador. Paley es el creador de la famosísima paradoja del relojero que recoge Richard Dawkins en su libro El relojero ciego (1).
Paley fue el héroe intelectual de Darwin en sus inicios, y fue un formidable contrincante al cual vencer en su tarea científica que desembocó en El origen de las especies. Es importante saberlo para evitar mirar por encima del hombro su teología natural, con la ventaja de nuestra perspectiva del siglo XXI. Así nos lo hace saber el desaparecido Stephen Jay Gould en su enorme y última obra (2)
Darwin dio una vuelta de tuerca al giro copernicano que había desechado el planeta Tierra como centro del universo. Ahora el hombre tampoco era el rey de la creación, sino simplemente una de las especies que pueblan el planeta. Como explica Gould en su libro arriba mencionado, el darwinismo goza de muy buena salud. Eso no quiere decir que los postulados de Darwin permanecen o deben permanecer como dogmas intocables. Nada en ciencia es intocable. Significa que la estructura básica darwiniana permanece como la mejor explicación actual del hecho biológico; aunque los flecos, e incluso algunos apartados importantes están actualmente sometidos a revisión, siendo el propio Gould uno de los revisionistas.
Así las cosas, parece que son malos tiempos para los amantes del argumento del diseño. Sin embargo, la realidad no es esa: hoy existen dos reductos que se niegan a desaparecer. Uno de ellos es un pozo infecto de tonterías conocido como creacionismo científico que no merecería comentario ni mención si no fuera por el extraordinario poder que poseen muchos de sus seguidores en América, y principalmente en los Estados Unidos, ese paradigma de mezcla entre buena ciencia e idiotez.
El otro reducto es de naturaleza diferente, y parte precisamente del mundo de la física, el primero en desterrar el argumento del diseño. Ha conseguido gran predicamento en el mundo de la ciencia y se habla de él con respeto, como si se tratara de una nueva concepción del universo. Recibe el nombre de Principio Antrópico, (PA)
Una formulación fuerte de este principio sostiene, de manera un tanto mística, que la vida humana aparece para dotar de sentido al universo. Los defensores de esta tesis sostienen que, de no darse aquí y ahora las condiciones de nuestra existencia, existiríamos en alguna otra región y en algún otro tiempo. Así, pues, según esta formulación, la respuesta a la pregunta «¿por qué es el universo tal como es?» es que, de haber sido distinto, no estaríamos aquí y no podría realizarse esta pregunta. Pero es que, además, se invoca este principio para explicar la aparición de la conciencia, señalando que las condiciones del universo son justamente las que son (con un precario equilibrio) para permitir la existencia de una inteligencia capaz de formularse esta pregunta.
Se cita al astrónomo Fred Hoyle al hablar de uno de los grandes logros del PA, al postular la existencia de un proceso desconocido para producir carbono en el seno de las estrellas, invocando el PA. Posteriormente, fue demostrada experimentalmente por William Fowler la exactitud de la propuesta de Hoyle.
El asunto es más o menos así:
Prácticamente todos los átomos de nuestro cuerpo, salvo el hidrógeno, están producidos en hornos estelares mediante reacciones nucleares. A grandes rasgos y sin precisión alguna: dos átomos de hidrógeno forman por fusión nuclear uno de helio; dos de helio, uno de berilio y, a partir del berilio, se forma el carbono. El problema es que el núcleo de berilio formado por los dos núcleos de helio es extremadamente inestable, y su cortísima vida media no basta para dar cuenta de la creación de carbono en cantidad suficiente como para que nosotros estemos aquí para contarlo, compuestos por moléculas en las que el carbono es el alma mater.
Fred Hoyle comprendió que la génesis de carbono podría ser posible pese a la breve vida media de los núcleos de berilio si y solo si existiera un fenómeno de resonancia. Sin entrar en detalles, esto sólo se podría producir si el nivel energético del átomo de carbono fuera de exactamente 7,65 megaelectronvoltios.
Este valor obtenido teóricamente era el requerido para que se de la "resonancia" que permita que la reacción entre un núcleo de berilio y uno de helio se produjera con enorme rapidez. A pesar de dudar de las ideas de Hoyle, un grupo de físicos nucleares dirigidos por William Fowler condujeron experimentos de laboratorio en búsqueda de esta resonancia y, para sorpresa de todos, excepto del mismo Fred Hoyle, la encontraron. Un bello ejemplo de una predicción verificada por el experimento.
Hasta aquí muy bien; pero, ¿demuestra esto que el principio antrópico es correcto?
¿Hoyle hace bien al invocar el PA en su propuesta?
Yo creo que en absoluto. Hoyle sabe que existe carbono en cantidad superior a la explicable por las teorías de su momento, e infiere que debe existir un mecanismo oculto de producción de carbono. Teóricamente obtiene la posible solución, que consiste en una resonancia que a posteriori se demuestra ser una teoría correcta y fin de la función.
No es que se da la resonancia, porque en caso contrario no estaríamos aquí para contarlo, sino que estamos aquí para contarlo porque se da la resonancia. No hay nada incorrecto en utilizar el hecho de nuestra mera existencia como un dato más a la hora de explicar el universo. De hecho, somos parte del mismo, y cualquier teoría incompatible con la existencia de vida inteligente debe ser falsa por el evidente hecho de que estamos aquí. Sin embargo, para ese viaje no necesitábamos estas alforjas: cualquier dato que sepamos cierto modifica nuestro estado de conocimiento del mundo. No hace falta invocar oscuras teleologías ni diseños ex profeso.
Los partidarios del PA en su versión fuerte afirman que el universo tiene sus constantes finamente ajustadas PARA QUE sea posible nuestra aparición, convirtiendo al hombre en la finalidad de todo el conjunto.
Espero que el lector sabrá diferenciar este salto al vacío, falsamente vestido de ciencia.
Como muestra de los despropósitos de los partidarios del PA fuerte, tenemos las declaraciones del propio Fred Hoyle:
“Si en un hangar esparcimos por el suelo todas las piezas desmontables, tornillo a tornillo, de un Boeing 747 y en un momento dado cruza un tifón, ¿cuál será la probabilidad de que después nos encontremos allí el avión completamente rearmado y listo para volar?".
Según Hoyle, tenía la misma probabilidad -o incluso mayor- de la que el ADN se formase de manera casual.
Yo no puedo leer esta frase sin que se me ericen los pelos de la nuca. No por la frase, sino por su autor. No parece salida de un astrónomo, sino de un telepredicador del tres al cuarto. Pura basura creacionista vestida de ciencia.
Hoy en día estos creacionistas de nuevo cuño vuelven a las andadas con su propuesta conocida como “diseño inteligente”.
La propia revista Nature (3) dedicó una de sus últimas portadas a este movimiento de opinión que en los Estados Unidos está invadiendo las universidades para captar adeptos a la causa antievolucionista. Se trata de una ofensiva en toda regla, concertada desde esferas de poder. Mientras tanto, un investigador evolucionista si quieren hacer algo tienen que prestarse a acudir a absurdos debates televisivos en los que aparecen en pie de igualdad frente a un cualquiera con cuatro proclamas y un libro nefasto bajo el brazo.
En el peor de los casos, el cualquiera no es tonto en absoluto y está perfectamente aleccionado para meterse al público en el bolsillo. Malos tiempos para la ciencia.
Buenos tiempos para el engaño, la tergiversación, la mentira interesada.
Jesús M. Landart
(1) Richard Dawkins, El relojero ciego. Barcelona: Editorial Labor, s. a.
(2) “La estructura de la teoría de la evolución” Stephen Jay Gould . Ed. Tusquets, Barcelona
(3) Nature, nº 434