sábado, 4 de abril de 2026

Por qué México debería pedir perdón... a los indígenas

 [Transcripción corregida por el bloguero de Isaac Moreno Gallo, Por qué México debería pedir perdón, en TouTube, 25 mar 2026. Enlazar para poder ver los diagramas visuales:]

Bueno, amigos, pues hoy me apetece hablaros de México después de España. Y sí, porque aquello fue España antes de ser un país llamado México. 

Esto, por desgracia, se desconoce mucho en la propia España, porque entendería uno que se desconociera en otros países. No es su historia, no es su problema, pero se desconoce en España. En mi generación no nos enseñaron prácticamente nada de esto, pero nada, ni del alcance geográfico que tuvo aquella España en América, ni de otras cosas semejantes. Pero, como ya he hecho capítulos de ese México antes de España, de la conquista de México, porque tenéis uno que tenéis que ver obligatoriamente allí al principio en la lista de reproducción de La romanización de América, que la llamé así, uno titulado Bernal Díal del Castillo es uno de los prohombres que escribió la historia de aquella conquista, es muy interesante. Otro sobre Bernardino de Sahagún y, ya si queréis saber más cosas, hay otro sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otro sobre Orellana, La aventura de Orellana

Pero los que más afectan a este que hoy vamos a tratar son los dos primeros, Bernal Díaz del Castillo y Bernardino de Sahagún, porque ambos dan una descripción preciosa y precisa de cómo fue aquella conquista y la formación de aquellos territorios para la corona española en aquel momento, en el siglo XV. Lo cierto es que, aprovechando la invasión francesa, los momentos políticos convulsos que vivía la España peninsular con Fernando VI, pues los criollos que formaban la élite de aquellas sociedades hispanoamericanas, influidos por las nuevas ideas revolucionarias de la Ilustración, de lo que había ocurrido en Estados Unidos, de lo que había ocurrido también en Francia, decidieron que había llegado su momento y, ayudados por potencias extranjeras, y también por ideologías secretas extranjeras, la Masonería sobre todo, que influyó muchísimo en todos ellos, decidieron emprender unas batallas de emancipación que se convirtieron verdaderamente en guerras civiles, allí, en aquellos territorios americanos. 

Bueno, los acontecimientos, finalmente, pues, llevaron a que aquellos territorios se independizasen y sobre todo se fragmentasen y, como vamos a ir viendo, se empobreciesen  extremadamente. Eso es lo más triste. Pues lo cierto es que, de los virreinatos que se habían formado en América, el de la Nueva España era probablemente el más potente, y hoy hubiese sido uno de los territorios más ricos del planeta si se hubiese conservado en la extensión y en la forma en la que estaba. 

Porque la Nueva España fue realmente la joya de la corona española y tuvo una potencia económica global, que se puede decir así, entre los siglos XVI y XIX, tanto en agricultura como en minería como en el comercio. Ojo al galeón de Manila, una red comercial que se estableció con Oriente, con Filipinas, con China, donde una moneda global aceptada por todos los países, que era el real de ocho, un real de plata, que era el dólar realmente, convirtió efectivamente a aquel imperio español en una globalización económica de la que se han hecho incluso películas últimamente al efecto y que muchos españoles están descubriendo porque es que realmente lo desconocían, que no nos lo enseñaron en la escuela (es una cosa verdaderamente misteriosa). Es decir, que económicamente y financieramente el Imperio Español conectaba Asia, América y Europa. El único que hacía eso. A través del puerto de Acapulco, desde Asia, se traían especias, se traía seda, se traía porcelana, se traía muchísimo tipo de mercancías y se llevaba plata porque había que pagarlo. Se llevaba el real de a ocho. En la Nueva España, las haciendas se convirtieron en grandes centros de producción agrícola, maíz, trigo, caña de azúcar, etcétera. Ganado bovino, ganado ovino, ganado equino que se había llevado desde Europa, desde España. Y todo eso abastecía a todas las minas reales que había en ese momento, donde se estaba explotando la plata fundamentalmente y a las ciudades que crecieron de una manera impresionante.

Precisamente la ciudad de México, México D. F. hoy en día, fue uno de los centros urbanos más ricos e influyentes de toda la época birreinal. Alexander von Hunboldt describió México a principios del siglo XIX como una tierra de inmensa riqueza natural y contrastes sociales. Acuñando el término de Ciudad de los Palacios, quedó deslumbrado por México, resaltando su belleza y su modernidad científica. un hombre que era alemán, explorador, venía de Berlín, conocía París, conocía Londres, conocía toda Europa. Y México le pareció lo mejor del mundo, la ciudad de México. Escribió mucho sobre su visita a México entre 1803 y 1804 y afirmaba: "Ninguna ciudad de América, sin exceptuar los Estados Unidos, puede exhibir instituciones científicas tan grandes y sólidas como Ciudad de México." Humboldt también afirmó que los mineros mexicanos eran los mejor pagados del mundo, recibiendo entre seis y siete veces más salario por su labor que un minero alemán. ¡Ojo al dato! Esto revienta el mito de la esclavitud, de la explotación etcétera porque ningún indígena, ningún nativo de las etnias americanas era esclavo. Estaba prohibido por ley y así era. Allí no trabajaban esclavos, trabajaba gente asalariada. Y lo dice el propio Humboldt, que lo vio con sus propios ojos. 

Aún dijo más. El agricultor indio era pobre, pero su situación era mucho mejor que los campesinos del norte de Europa, destacando la ausencia de esclavitud en comparación con otras colonias que él conocía, porque conocía colonias inglesas, colonias francesas, incluso los Estados Unidos ya emancipados y la esclavitud era atroz en todos esos sitios. Y aquí habla de ausencia de esclavitud. Según sus palabras, había una gran felicidad de vida y una notable abundancia en los recursos, señalando que, a pesar de la desigualdad, la situación de la población de Nueva España era superior a la de muchas partes de Europa. Evidentemente, en México había desigualdad, porque había mucha riqueza. Por lo tanto, había una gran parte de la población rica, una clase media relativamente escasa y habría muchos pobres, claro. ¿Y en qué ciudad de Europa, en qué capital del mundo en ese momento ataban los perros con longanizas? En ninguna. Absolutamente en ninguna. Llegó a considerar incluso que la Nueva España, lo que hoy conocemos por México, y mucho más territorio que ya desapareció, estaba en ciertos aspectos más avanzada y mejor desarrollada que otras provincias españolas, encontrando en ella además una riqueza cultural notable, señal de que había dinero. Porque el dinero llama a la cultura, nunca ha sido de otra forma. 

Quedó impresionado por la riqueza artística de la capilla del Rosario en Puebla. ¡Ojo, que como estas iglesias había muchísimas en Ciudad de México y en otras ciudades, porque se fundaron hospitales, lo sabéis, se fundaron universidades por todo lo que fue la Nueva España y otros virreinatos que dependían de España! Las catedrales, las iglesias tenían una riqueza que no tenían las iglesias ni catedrales españolas, porque el oro y la plata que se extraía de allí, quedaba fundamentalmente allí, y con eso se pagaba todo esto. De hecho, la denominó a esta capilla de Puebla, a esta capilla de la Virgen del Rosario, como la octava maravilla del mundo, debido a la espectacular decoración cubierta de lámina de oro, reflejando el esplendor y la habilidad artística de aquella época, porque se quedó deslumbrado ante esa capilla. Ahí está "el oro que nos robaron los españoles", como dicen entre comillas, que "se llevaron el oro". Pues todo eso que acabo de mencionar no fue gratis, evidentemente. ¿Cómo será la cosa, que hoy México es la séptima potencia mundial en producción de oro?

Saca unas 140 toneladas de oro al año. Pues bien, España, en 300 años, trajo en calidad de impuestos el quinto real, 185 toneladas en monedas, que venía ya en monedas, de toda América, no de México, de toda América, de todas sus posesiones en América, como os digo, como los pagos de los impuestos. Un dato que figura en el Archivo de Indias, es decir, que México produce en un año el mismo oro que se trajo los españoles en 300, en 300 años. El resto está allí, por supuesto, el resto que se extrajo en aquella época, que era muy poco. Y, hoy, para la cantidad de oro que producen y que sacan, y la riqueza que sigue teniendo el país, a pesar de las enormes pérdidas que tuvo después de la Independencia, "pues podría lucirles más el pelo", como dicen en mi pueblo. En fin, que como los criollos evidentemente ambicionaban todo esto, que no los indígenas, que no fueron los artífices de la Independencia, absolutamente no, para nada. Aunque, sí, de la conquista. Ojo, porque la conquista no la hicieron los españoles. Ya lo digo en los capítulos que he tratado de esto y que os he mencionado. Los artífices de la conquista de todo México y prácticamente de toda la España americana fueron los indígenas. En el caso de Mesoamérica, los tascaltecas sobre otras etnias y otras tribus, porque fueron los más numerosos, los que llevaron la voz cantante, y los que luego gozaron de privilegios gracias a ello. Orgullosos además de esto durante toda la vida. Ahí está el Lienzo de Tascala, donde ellos narran todas las vicisitudes de la conquista, cómo participaron ellos, cómo ellos fueron los que conquistaron Tenochtitlán, porque así es, o sea, el número de tlascaltecas y de otras tribus como cholultecas y otros aliados, pero sobre todo de tlascaltecas respecto a los españoles, era entre 100 y 200 a uno. Los españoles pudieron poner la estrategia, la inteligencia de algunos puntos de la batalla, porque sí, los bergantines que se echaron a la laguna, pues fue idea de Cortés, y otras cosas, pero los que allí se batieron el cobre, los que conquistaron Tenochtitlán fueron los que más ganas tenían de hacerlo desde hacía décadas, los tascaltecas. Y, como decía Díaz del Castillo, "a pesar de los esfuerzos que nosotros poníamos, no conseguíamos que dejasen de matar a la gente cuando cayó Tenochtitlán", porque les parecía una salvajada lo que estaban haciendo los talascaltecas con la gente ya rendida y medio muerta de hambre que estaba saliendo de Tenochtitlán, los estaban masacrando, pero no podían evitarlo, porque es que eran 2000 en ese momento los españoles, incluidas todas las tropas de Pánfilo de Narváez que se habían sumado a ellos. Y hablamos de 100.000 o 200.000 trascaltecas, y otros indígenas aliados que deseaban desde hacía mucho tiempo borrar del mapa a los mexicas. Ya sabéis, era el imperio dominante en ese momento, la triple alianza del lago Texcoco, que bueno, pues apenas unas décadas antes, se habían merendado a decenas de miles de enemigos, sobre todo los tlascaltecas, habían tenido una guerra recientemente con ellos, y las consecuencias de esas guerras eran escuchar los gritos de los suyos, cómo les sacaban el corazón en vivo para ofrecérselo a su dios, tirarlos por las escaleras abajo y luego comerse los despojos de lo que quedaba allí. Sí, de la forma ritual que quieran ustedes. Sí, todo eso era un rito y efectivamente eran costumbres que a los españoles le parecieron feas y se las quitaron. Sí, hay que reconocer eso. Verdaderamente sí que le quitaron a los indígenas esas costumbres, pero lo que es el oro muy poquito. 

El caso es que allá en las primeras décadas del siglo XIX empiezan los movimientos revolucionarios y bueno, en principio los protagonistas son Miguel Hidalgo y José María Morelos. Estos nombres, que en México evidentemente se los sabrán de carrerilla, porque en el relato histórico que le enseñan en sus escuelas pues son los libertadores o algo así, habrán puesto un calificativo parecido a esto. En España no los conoce nadie, absolutamente nadie. Por eso lo quiero decir, por lo menos, ya que estos capítulos van a todo el mundo que habla español, pues por lo menos que sepan que han existido también. Desde luego, según varios historiadores, todo apunta a que ambos eran masones, es decir, estaban de nuevo influidos por esa ideología muy asociada también en aquellos momentos a la Ilustración y a los movimientos revolucionarios que estaban agitando el mundo. De hecho, en la propia Ciudad de México apareció una logia que se llamó Arquitectura moral, a la que parece que estos dos pertenecieron, estos y otros tantos participantes en estos movimientos. Evidentemente no ha quedado documentación de que esto sea así, porque eran sectas secretas, como siguen siendo.

O sea, los masones no van por ahí con un sello en la frente diciendo: "Yo soy masón." Y, en aquella época, la Inquisición los tenía vigilados, además allí, en México, porque sabían que eran muy anticatólicos y que podían conspirar en cualquier momento contra la Iglesia. De hecho, todos los movimientos que salieron de allí y los gobiernos fueron muy anticlericales después, probablemente pues en venganza, ¿no? Esa especie de venganza ideológica, de decir estos estaban con el rey, estaban con la Península, por lo tanto, pues, son nuestros enemigos. A pesar de la creencia tan arraigada en la población y el catolicismo, me refiero. Más adelante vinieron otros gobernantes, como por ejemplo Benito Juárez ya en 1840, un hombre acérrimamente anticlerical, que echaba pestes contra el clero, a excepción de Miguel Hidalgo, que lo tenía puesto en un altar, porque Miguel Hidalgo era cura, era un sacerdote, pero para él Miguel Hidalgo era el único cura que se salvaba en el mundo. Los demás tenían que pasar pues por la horca o algo parecido. Bueno, Benito Juárez fue el primer presidente indígena que tuvo México y, curioso, porque además de ser muy anticlerical, tenía unas fobias importantes dentro del mundo indígena.

Él creo que era de un pueblo zacateca. Los zacatecas también habían colaborado, la mayoría de ellos, con los españoles en los momentos de la conquista. A pesar de lo cual, él odiaba a los trascaltecas sin paliativos. Los odiaba. En un discurso que hizo allá en 1840 en la ciudad de Oaxaca, dice literalmente, y como es cortito os lo voy a leer en la literalidad, en un párrafo:

Roma, que en los bellos días de su República se había hecho la señora del universo y modelo del valor y de las demás virtudes sociales (pues mira, prácticamente lo que había pasado con España y toda la Nueva España y toda América, pero en este caso habla de Roma) se vio después humillada a los pies de sus emperadores y al fin destrozada por las armas de la barbarie. (Vaya, parece que está hablando de ellos mismos, ¿verdad?) Porque entonces cada cual de sus hijos procuraba sus propias comodidades y cada cual se abandonaba a la más vergonzosa apatía. (Efectivamente, el egoísmo de cada región de América exactamente se tradujo en esto. Está hablando de Roma, pero es como si hablase de ellos mismos, literalmente. Pero a continuación dice): México, poblada de 1000 naciones guerreras y por la misma naturaleza defendida, recibió la ley de un puñado de aventureros. (Habla de españoles, porque los viles trascaltecas prefirieron una rastrera venganza al honor nacional. ¡Vaya, pobres tlascaltecas! Dice "México poblada de 1000 naciones guerreras", eso es lo que era, 1000 grupúsculos de etnias guerreras. Omite evidentemente en estos discursos que se sacaban el corazón en vivo y se comían los unos a los otros. Eso es lo que eran las 1000 naciones guerreras.

Porque, en el relato histórico que crearon los independentistas, mitificaron todas estas culturas. Todavía hoy los indigenistas las mitifican y engañan a la gente con cosas que no han sido, evidentemente. Y a estas tribus que estaban en la edad de piedra y tenían unas costumbres atroces, las ponen como si hubieran estado a punto de llegar a la Luna, si no es porque llegaron los españoles. Y también dice: "Y prefirieron una rastrera venganza al honor nacional." Pero, ¿de qué nación? ¿De qué honor nacional habla si acaba de decir en la frase anterior que estaba poblada de 1000 naciones guerreras? Desde luego, si era el honor nacional de Tlascala, evidentemente pelearon por él.

Por eso se aliaron a los españoles. No había ningún otro tipo de nación antes de los españoles. En fin, que después de calificar de esta forma a los trascaltecas, dice, prestaron su funesta alianza al invasor de Castilla, que también los subyugó en premio de su perfidia y egoísmo criminal. Pues no, no les subyugó. No solamente no les subyugó, sino que participaron con ellos en la conquista de muchísimos territorios de toda América y hasta de Filipinas. Y hasta lucharon contra los piratas japoneses en Filipinas porque estaban en todos los lados, los trascaltecas, y hasta en la conquista del Perú hubo trascaltecas y se les dio premio y se les dio privilegios de nobleza y podían portar armas de fuego y podían montar a caballo, cosa que a no todas las etnias se les concedió porque, a los que habían sido derrotados por la guerra, eso nunca lo tuvieron. Y hasta territorios y pueblos en el norte, en lo que hoy es Estados Unidos, poblaron los trascaltecas. Así que miente, miente totalmente en estos párrafos. Pero es un discurso patriótico en el que está creando un relato y, normalmente, en esas épocas de 1840, todos los que lo escuchaban sabían menos que él, así que se tragaban lo que oían. Lo cierto es que, si el mundo indígena sufría cierta desigualdad y había un clasismo importante dentro de lo que era la Nueva España y en el resto del mundo, es porque eso se omite cuando se habla de esta forma. Ojo, después de la Independencia de México en 1821, durante todo el siglo XIX, la mayoría de los historiadores consideran que es el periodo más devastador para las comunidades indígenas, las comunidades originarias. Porque tras la salida de España de allí como Reino, los criollos en el poder consolidaron un Estado nacional que buscó precisamente homogeneizar a la población a costa de la identidad y de las tierras indígenas, lo que supuso prácticamente la destrucción de aquellas etnias. Se les despojó de las tierras comunales, y a continuación de la independencia; no antes, a continuación

Se forzó a muchos indígenas a convertirse en mano de obra barata, o cuasi esclavos, en las haciendas, cosa que no había ocurrido antes porque tenían sus tierras y las trabajaban y sacaban de ellas lo que podían. En el momento que se las quitaron, pues tuvieron que emplearse a muy bajo precio, prácticamente esclavos de los criollos, y de las haciendas grandes que estaban en posesión ¡como no! de los criollos. Hubo auténticas guerras de exterminio, que llamaron de pacificación. Así, entre comillas, se llevaron a cabo auténticas campañas militares violentas para someter a los pueblos que se sublevaban ante esa situación, especialmente en el norte del país, como fueron las famosas Guerras apaches en 1849, poquito después del discurso del señor Benito Juárez. Y esto se hizo bajo un lema que existió como tal, que no quede ni un Apache, una auténtica campaña de exterminio. Hablé de las guerras apaches en estos episodios que os he citado al principio. Ahí podéis profundizar más. Y lo mismo ocurrió con algunos levantamientos en el sur, que fueron aplastados sin piedad. Y, todo esto, en un amplísimo territorio que hasta ese momento había estado pacificado y con una estabilidad envidiable, como decían los viajeros europeos. El propio von Humboldt, por si no creen a los historiadores, pues ahí tienen un señor imparcial que visitó aquello y que era alemán, no era español.

Lo cierto es que el racismo estructural se impuso precisamente a partir de entonces, porque si las leyes españolas protegían a los indígenas y promocionaban el mestizaje desde los tiempos de Isabel Católica, cuando se descubrió aquello, a partir de entonces todo cambió radicalmente y las leyes, por supuesto, se abolieron, aparecieron una nueva Constitución y unas nuevas leyes. Se impuso una visión criolla que consideraba a la cultura indígena como un obstáculo para el progreso y la modernidad. Exactamente eso. Y esto pues resultó en la supresión sistemática de las lenguas y de las costumbres nativas.

En la educación se dejó de impartir la lengua indígena, la lengua náhuatl, que era la mayoritaria allí. Vamos, que los pueblos indígenas fueron marginados del proyecto de nación que estaban creando estos señores después de la independencia. y sus derechos territoriales y culturales pues desaparecieron.

Precisamente el periodo que se conoció como el Porfiriato en honor a uno de los gobernantes, Porfirio Díaz, continuaron esa política de despojo y asimilación, convirtiendo el siglo posterior a la independencia en una etapa infernal de presión sobre las comunidades originarias. Tanto es así que aunque la lengua náhuatl era la lengua franca y más hablada en el altiplano central a inicios del siglo XIX, sufrió una drástica disminución en sus hablantes en comparación con aquel periodo virreinal del que habían salido. De hecho, hasta los indígenas han disminuido el número.

Precisamente el nuevo estado mexicano adoptó el español como la lengua oficial y de prestigio, asociando modernidad y ciudadanía con su uso. Entonces los propios indígenas se automarginaban, veían que se convertían en parias si seguían hablando náhuatl. Nada de esto había ocurrido en el virreinato. De hecho, a mediados del siglo XIX, según leo en algunos estudios, pues la necesidad de conocer las normativas y leyes impuestas por el Estado, que estaban todas en español, por supuesto, llevó a los propios hablantes de náhuatl a aprender español para interactuar con la administración. Es decir, si ya no hablabas español, no eras nadie, cosa que no había ocurrido en ese momento, donde el clero, los administradores y todos en la Nueva España hablaba el náhuatl porque tenían que entenderse con la mayoría, la gran mayoría que seguía hablando náhuatl. Mientras que en 1821 el 70% del total de la población hablaba lenguas indígenas, en la actualidad esa cifra ha bajado aproximadamente al 6,6% de la población total. Pues esa es la diferencia del trato indígena en todos los sentidos y del respeto a su cultura, etcétera, etcétera. Ahora sí, el malo es España, no los que gobernaron después de España, no, España.

Es la estupidez que este tipo de relatos que se han impuesto allí y hasta aquí en España, pues hay gente que se lo cree. Pero bueno, la debilidad de un país en constantes guerras civiles, que es lo que ocurrió después de su independencia, continuamente hubo guerras civiles de todo tipo, pues ocasionó que el primer enfrentamiento serio que tuvieron con los Estados Unidos les costó pues más de la mitad de su territorio, nada menos, porque en la guerra de 1846 a 1848, apenas 2 años, tuvo que ceder 2,4 millones de km cuadrados a Estados Unidos porque los Estados Estados Unidos en una serie de batallas y de conflictos venció a México directamente. Llegaron a entrar en la capital de México y una de las condiciones que pusieron para acabar la guerra y para marcharse de la capital de México, lo que significa que si hubieran querido se habían quedado con México entero. Pasa que ya les debió de dar hasta vergüenza. Dijeron, "Bueno, vamos a hacer un tratado, el famoso tratado de Guadalupe Hidalgo, que se llama así." No solo eso, después de este tratado de Guadalupe Hidalgo y en 1853 tuvieron que hacer una venta adicional de más de 100,000 km² en el sur de Arizona y Nuevo México, famoso tratado de Mesilla. Esto tuvo un impacto económico y social desastroso para México. La infraestructura minera y agrícola fue realmente destruida en estas guerras. El país se sumió en una inestabilidad política interna severa.

Lo que os digo, guerras civiles continuas. La famosa moneda virreinal, el real de a ocho, pues por supuesto ya desapareció. Dejó de ser la moneda de cambio internacional, al contrario, pasó a ser el dólar. se reemplazó por el dólar de plata, porque para eso Estados Unidos había ganado la guerra y la hegemonía en todo el territorio. Y de esta manera, pues México perdió inmensas riquezas, mineras, petroleras, agrícolas, California, Texas, etcétera, y además, poco antes de que comenzase el famoso auge del oro, el oro de California, que también fue  tras de las riquezas que Estados Unidos se lanzó a por ella. Entre tanto ya habían tenido una guerra también con Francia, la Guerra de los pasteles que llaman 18389 con unas reclamaciones económicas que hubo un bloqueo de los puertos, etcétera. México se vio forzado a pagar una indemnización de 600,000 de aquel entonces, que fue una pesada carga para aquella nación tan joven como era aquel México. Pero la segunda intervención francesa fue devastadora, 1862-1867. Benito Juárez, del que ya hemos hablado, decidió suspender la deuda externa en 1861 porque no la podían pagar. Estaban endeudados desde el momento de la independencia. Les había ayudado mucha gente y les habían endeudado hasta arriba, como ocurrió con todos los países hispanoamericanos. Eh, algunos todavía deben de estar debiendo dinero. Hablamos ya del siglo XXI. Y entonces Francia lo que se le ocurrió es, si no me pagan, pues invado México. Lo invadió e impuso un emperador, Napoleón Tercero y allí estableció un imperio, pues aliado de Francia con un emperador que pusieron ellos. Unos 30,000 soldados franceses ocuparon todo el país para que esto se llevase a cabo. Por supuesto, se destruyeron las vías férreas, se atacaron multitud de infraestructuras e instalaciones, una guerra de 5 años que tuvo un impacto económico atroz, verdaderamente atroz. Bueno, pues entre una cosa y otra, México salió de una guerra para entrar en otra hasta llegar a la famosa Revolución mexicana de la que todo el mundo habrá oído hablar, aunque solo sea como el que oye llover, aunque no conozca más detalles precisos, porque en España no se conoce, ya os digo, nada sobre este asunto. Se inició el 20 de noviembre de 1910 y duró hasta el año 17. Esto empezó bajo una dictadura conocida como el porfiriato, que antes he mencionado, en el que Porfirio Díaz Mori ejerció el poder en el país de la manera más dictatorial que se le ocurrió desde 1876 hasta 1911, 35 años. No le fue mal con esta dictadura, porque México por lo menos se estabilizó y prosperó bastante, pero cuando estalló la revolución todo se echó a perder, una guerra civil de las peores que ha tenido pues en casi todos los países del mundo.

Se estima que entre 1910 y 1920 causó entre 1 y 2 millones de muertos directamente, además de unos 3,4 millones que también murieron pues por hambrunas, emigración, la pandemia de gripe de 1918 que les pilló el medio de todo esto y la disminución de la natalidad porque el país pues echó a perder, como quien dice. En fin, que finalmente el país se fue estabilizando y cuando acabó la guerra civil, pues bueno, no se sabe muy bien si en el año 17 cuando se proclamó una Constitución o en el año 24 ya con la presidencia de Plutarco Elías Calles, o en 1928, que es cuando se asesinó al reelecto presidente Álvaro Obregón. Pero bueno, llegó el momento que la guerra se acabó, no por mucho tiempo, porque como todos los gobiernos habían sido muy anticléricales y la propia Constitución era anticlérical, al contrario que el pueblo que seguía teniendo una profunda raíz católica, pues esto volvió a provocar nuevos conflictos, como fue, por ejemplo, la Guerra Cristera. La guerra cristera, os lo resumo entre el año 192 y 1929, pues fue precisamente a raíz de una ley, la ley de calles de este presidente anterior que he dicho que buscaba limitar el culto y el número de sacerdotes. Y esto pues generó un profundo descontento entre los católicos, quienes vieron esto como una persecución religiosa. Y el caso es que se formaron milicias y empezó una nueva guerra civil. Pues bueno, un levantamiento armado de la población católica, pues al grito de ¡viva Cristo Rey!, que os sonará de otras cosas, pero esto empezó allí en la famosa guerra cristera de México. En ese momento el adoctrinamiento gubernamental era lo que se podría llamar comunista, es decir, además de anticlerical. Y eso, pues a los pocos que todavía tenían eh propiedades rurales, aunque ya las tierras comunales se habían perdido en gobiernos anteriores, como os he dicho, pues siguió siendo un motivo de conflicto importante y sumó muchos adeptos al movimiento cristero que igual no eran tan católicos, pero eran propietarios y es que el gobierno les quería rasar por todos los lados. En fin, que aquello acabó con una especie de mal acuerdo entre la Iglesia y el Estado y acordaron la reanudación del culto, pero sin cambiar la Constitución de 1917 ni la ley de calles, que realmente eran las leyes que estaban prohibiéndolo o limitándolo. Y de esa manera, pues los cristeros, lo que eran las milicias, fueron desarmadas y dejaron de recibir el apoyo de sus obispos, que de alguna manera eran los directores espirituales de aquel conflicto. Esto se tradujo en que cientos de líderes y excombatientes cristeros fueron asesinados por el gobierno tras entregar las armas. Esto es lo que se llamó la traición cristera. Claro, los cristeros en ese momento consideraban que tenían ventaja militar sobre el ejército federal y esto fue una decepción terrible para ellos. De hecho, hubo una nueva rebelión allá en el año 31 al 41, todavía ya muy reciente, ¿verdad? Justo ya casi acabó con esto con la Segunda Guerra Mundial, ya sin muchas consecuencias porque les había diezmado a todos los primeros que se revelaron por este asunto. En fin, que estamos dando un repaso muy rápido a los 200 años más o menos que llevan después de la independencia de España. Contra aquellos 300 años de esplendor, de desarrollo y de riqueza, que eso está comprobado además de los testimonios, ¿verdad?, de viajeros y de otro tipo.

Pues bueno, a partir de aquello, ya resumiendo mucho, apareció el Partido Revolucionario Institucional, el PRI que ha gobernado pues durante 70 años y que después pues ha sido sucedido con algún impaz por otros partidos como está ahora el MORENA, etcétera, ¿no? Partidos que para el pobre México pues se han identificado mucho con el desvío de recursos, crimen organizado, enriquecimiento ilícito de funcionarios. Ha habido muchos gobernadores del PRI señalados por abusos de poder y desfalcos, por ejemplo, ¿no? Como Javier Duarte, Tomás Yarrington, César Duarte, cada uno en un estado, eh, Chihuahua, este último, etcétera, Roberto Borge. La historia del PRI es bastante oscura.

Luego aparecieron los cárteles de la droga, también muy ligados a este partido, amparados por él, según decían allí, según dicen los historiadores. Bueno, pues ya estamos a finales del siglo XX. El caso es que el PRI en algún momento perdió las elecciones, cosa que también debían de manipular. También hubo quejas sobre este asunto y con algún impase en el poder, porque perdieron el poder, pero volvieron en 2012, en el 2018 de nuevo volvió a haber otro escándalo en el que perdieron toda la credibilidad y de alguna manera, pues el heredero de aquel partido institucional, porque es lo que era, vamos, que se ancló en el poder durante décadas, casi un siglo, pues puede ser este famoso movimiento de regeneración nacional que se llama MORENA, que ya sabéis que ha tenido los dos últimos presidentes, el famoso López Obrador y Claudia Sheinbaum, uno de ellos de procedencia española y la otra con todos sus abuelos de origen judío y procedencia centreuropea. Vamos, que tiene la misma sangre indígena que tengo yo, o sea, ninguna. De nuevo, con las mismas sombras, con las mismas acusaciones de corrupción, de connivencia e incluso amparo de los cárteles de la droga, el de Sinaloa, etcétera. Incluso establecieron una política de abrazos y no balazos. Bueno, pues sí, a besos van a acabar con los cárteles de la droga, casi seguro.

Faltaría más. En fin, que hay una serie de escenas intensas que hoy solamente se pueden ver en ese querido país que es México, que certifican claramente que estamos ante un estado terriblemente disfuncional, porque es probablemente el único sitio en la actualidad en todo el mundo en el que algunas madres tienen que recuperar a sus hijos de la forma más lamentable posible. Y eso se debe precisamente a los gobiernos mexicanos, a los últimos de las últimas décadas, desde que estas costumbres criminales aparecieron hasta la actualidad. En fin, que la historia de México después de la independencia no es precisamente brillante. Podía haber sido mucho mejor. No sabemos que podría haber sido si todavía fuera España, pero lo cierto es que entre los fisreinatos compartían recursos y en algún momento dado también hubieran compartido defensa. Y a pesar de muchos momentos y traspiés que tuvo aquella historia que posibilitaron en gran medida la independencia de México, pues como por ejemplo la traición de riego, el militar español que cuando había concentrado tropas el rey para luchar contra los independentistas allí en México y en Sudamérica en general, pues decidió que lo mejor que podía hacer era ir contra el rey, contra el propio Fernando VI, un rey que parece que no ha sido muy querido y que no se sabe si podría haber hecho algo más para evitar esto. Pero en todo caso es que le crecieron los enanos porque esto fue un palo muy duro. Destituyeron al rey incluso. Pero claro, había una alianza en Europa para evitar nuevas revoluciones como la de Napoleón y los famosos 100.000 hijos de San Luis, que fueron los que entraron en España, pues acabaron con riego y con todo su movimiento y volvieron a poner al rey.

Eso sí, en el entretanto habíamos perdido todos los territorios americanos como consecuencia de también este masón, porque todos estos militares tenían prácticamente órdenes de las logías masónicas que evidentemente estaban luchando contra España en ese momento, porque casi todas eran inglesas y francesas, es decir, respondían a intereses extranjeros. Y así es como un territorio hoy que perdió más de la mitad del territorio del norte, un territorio que olía a petróleo ya en ese momento de una manera brutal. Los Estados Unidos se lo están aprovechando porque es su yacimiento petrolífero. Pues no sé si alguien debería pedirle perdón a él o es él ese Estado mexicano el que tendría que pedir perdón. Ya no digo a España, pero por lo menos a los mexicanos, porque menuda ruina que les llevó con la riqueza que heredaron. Se encontraron un país inmenso y riquísimo, a huevo, y lo echaron a perder. Y la culpa vienen a decir en su relato que es del que estaba antes. Aguántales. Y qué decir del propio nombre del país, México. Pero si la etnia mexica quedó muy diezmada después de la conquista de Tenochtitlán. Fue minoritaria. Si acaso la que se expandió y la que procreó y la que ocupó prácticamente todo el país fueron los trascaltecas. ¿Cómo es que México no se llama Tlascala o la gran Tlascala y no México? 

Hasta en eso es un auténtico disparate. Pero hay que leer los relatos de los políticos y de los historiadores de aquel momento, principios del siglo XIX, cómo desvirtúan todo esto para montar una historia y convencer a los que en ese momento les podían leer, incluso los posteriores, de que los hechos habían sido completamente diferentes o incluso lo contrario a lo que realmente había ocurrido. Ya sabéis, la historia es un relato, pero los hechos son otra cosa, pero en este caso es que es de lo más sangrante. Bueno, amigos, pues esto es todo lo que os quería contar del México después de España y de por qué creo que México debería pedir perdón por lo menos a los mexicanos que se lo merecen, que hagan un comunicado oficial el Estado mexicano pidiendo perdón a los mexicanos por haberles arruinado el futuro más brillante que en ese momento tenían aquella región de España. Hasta otra vez, amigos.

viernes, 3 de abril de 2026

Dentro de la luz pueden atisbarse huecos de movimiento más rápido que ella misma

 VV. AA., "Correlaciones superlumínicas en conjuntos de singularidades en fase óptica", Nature 651, 920-926 (2026), publicado el 25 de marzo de 2026:

Solo los puntos oscuros o huecos dentro de las ondas de luz pueden moverse más rápido que la luz misma. Y eso se ha observado con microscopio electrónico ultrapotente ralentizando la luz en nitruro de boro hexagonal: los huecos saltan desde las ondas más adelante que ellas mismas. No contradice esto la Relatividad, porque esos huecos no llevan nada: ni energía ni información ni masa. Son sombras geométricas misteriosas que nunca habían sido vistas. 

Habría que investigar si eso puede observarse también en polaritones.

miércoles, 1 de abril de 2026

Chaves Nogales inspira filmes que se están rodando

 ‘A sangre y fuego’: la resurrección del gran relato de Chaves Nogales sobre la Guerra Civil, en El País, Mar Padilla, 1 ENE 2023:

El libro, que acaba de ser traducido al alemán, inspira proyectos audiovisuales de Juan Antonio Bayona y Rodrigo Sorogoyen

Hay libros como bumeranes, que vuelven, ofreciendo retazos del pasado con la urgencia del primer vuelo. Ese es el caso de A sangre y fuego, el libro sobre la Guerra Civil de Manuel Chaves Nogales. La obra del periodista sevillano —un compendio de relatos sobre milicianos, herreros, monjas, falangistas, madres, oficinistas y también personajes reales, como André Malraux o Rafael Alberti, reconvertidos en víctimas, antihéroes, asesinos o desertores, atrapados entre los extremismos y la locura de la guerra— vive una resurrección.

Publicada en plena guerra, en 1937, en una editorial chilena llamada Ercilla, inédita en España hasta 1993, cuando recuperó la obra la editorial Renacimiento, y relanzada por Libros del Asteroide en 2011; el interés por este libro revive: en 2018 tuvo una adaptación en podcast emitida en Onda Cero bajo la dirección de Carlos Alsina. A principios de 2021, Movistar+ anunció una serie inspirada en la obra de Chaves, firmada por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, director y guionista de As bestas o El reino, pero en abril la plataforma se desligó de la iniciativa. Desde entonces, Sorogoyen busca financiación y nuevos aliados para sacarla adelante. “Es el proyecto de mi vida y estoy seguro de que tarde o temprano saldrá. No tengo prisa”, confirma en conversación telefónica.

Con el título provisional de La guerra, la serie de seis capítulos —de los que tres ya tienen el guion prácticamente desarrollado— está inspirada “en el espíritu” de Chaves, concede Sorogoyen, pero no en sus relatos de ficción de A sangre y fuego. Sí tiene ese punto de vista del sevillano “hacia las personas que sufrieron la guerra desde los dos bandos, intentando ser objetivo, algo tan difícil en una contienda así, sin apostar por el blanco o el negro, sino por la gama de grises”, dice.

La obra de Chaves, “tan oculta y silenciada durante tanto tiempo”, denuncia Sorogoyen, la descubrió hace muchos años gracias a la recomendación de un amigo, y le impresionó esa “mirada nada simplista” que él quiere aplicar a su serie. “Cada vez se habla menos de la guerra y es un hecho fundamental en nuestra historia. Si se hiciera una encuesta a los jóvenes, muy pocos sabrían explicar lo que ocurrió. Y hay que hacerlo”.

El que ya está en marcha es el proyecto de Juan Antonio Bayona, director de Un monstruo viene a verme o La sociedad de la nieve. Bayona está trabajando en la adaptación de A sangre y fuego con Agustín Díaz Yanes como guionista y lleva varios años inmerso en el proyecto. El cineasta barcelonés lo explicó en el marco del festival de cine de Sevilla, celebrado en noviembre. En un encuentro con el público, Bayona detalló que del libro de Chaves le interesó “especialmente la visión humanista” sobre la guerra, que llevaba varios años desarrollando la idea y que este escritor tenía un significado sentimental para él porque su padre —originario de la localidad de Osuna— era sevillano, como el periodista. Bayona cuenta con el beneplácito de la familia Chaves. Conoció personalmente a Pilar, la hija mayor del autor de Juan Belmonte, matador de toros, fallecida en 2021 a los 101 años, y ha tenido acceso a todo tipo de testimonios y documentos. Al ser preguntados por este periódico, ni Bayona ni Yanes han querido ampliar la información, alegando que aún es pronto para hablar del proyecto.

Criterio propio

“Es un libro que habla del impacto de la guerra en personas normales, de la crueldad y de la estupidez a la que las arrastra. De ahí la importancia del subtítulo: Héroes, bestias y mártires de España”, explica Antony Jones Chaves, nieto del periodista, sobre una obra traducida al alemán en noviembre por la editorial Kupido. El esfuerzo de divulgación de la obra de su abuelo lleva implícito, según Jones, el compromiso por la libertad y la democracia, y con proyectos como el de Bayona aspira a llegar a públicos de diferentes generaciones y puntos de vista distintos. “La idea es que la gente piense, que reflexione”, añade. “Mi abuelo resaltaba el peligro que supone dejarse llevar por bandos extremos, esos que te obligan a elegir. Su advertencia es que hay que luchar por ser libre y tener independencia de criterio”.

En carne viva

Nacido en 1897 en Sevilla, Chaves Nogales empezó de adolescente a escribir en el periódico sevillano El Liberal. Después se fue a Madrid, donde trabajó en la revista Estampa y el Heraldo de Madrid, hasta que en 1930 se hizo cargo del diario republicano Ahora, ubicado en la Cuesta de San Vicente. Eran buenos tiempos: vivía con su familia en un piso señorial, en el mismo edificio de la Redacción, y era muy conocido y respetado. Pero no se dejó llevar por espejismos. “Yo tengo la impresión de que todo esto es pasajero. Nosotros acabaremos en una buhardilla pobre de una callejuela de París”, le dijo a Pío Baroja, uno de los escritores que llamó para colaborar en su periódico junto con Valle-Inclán, Unamuno o Josefina Carabias.

Su vaticinio resultó exacto: cuando el 6 de noviembre de 1936 el Gobierno de la República abandonó su puesto en Madrid para trasladarse a Valencia, él abandonó el suyo. Se exilió y, por un tiempo, él y su familia malvivieron en una pensión de “un arrabal de París, que es donde caen los residuos de humanidad que la monstruosa edificación de los Estados totalitarios va dejando”, escribe en el prólogo de A sangre y fuego, “una pieza maestra, de una lucidez excepcional, no contaminada por el odio entre bandos”, según Ignacio Garmendia, editor de la obra completa de Chaves para Libros del Asteroide, publicada en 2020.

Su olfato nunca le engañó. En la década de los treinta entendió el tenebroso futuro que se avecinaba sobre España y Europa y así lo transmitió en artículos y reportajes. Fue testigo directo del impacto de la Revolución Rusa, del auge de los fascismos en Berlín y Roma, y recorrió la geografía española tomando notas sobre vidas que se iban resquebrajando en brechas ideológicas cada vez más enfrentadas. Con el alzamiento de las tropas de Franco, luchando “contra el fascismo con el arma de mi oficio”, según escribe en el citado prólogo, continuó dirigiendo el diario. Y allí siguió hasta que temió por su vida. “Yo era perfectamente fusilable”, tanto para los que se alzaron contra la República como para los revolucionarios, argumentó en el libro. Por eso decidió huir.

De ahí surge A sangre y fuego, “un escrito en carne viva”, explica María Isabel Cintas, investigadora y experta en la obra de Chaves. El origen viene de la urgencia de plasmar el dolor y la sinrazón de lo que vio, escuchó y vivió los meses que permaneció en Madrid. “Hablaba con mucha gente, de diferentes bandos. Tenía muchas fuentes. Tomaba notas y hacía entrevistas a los milicianos que volvían por la noche a la ciudad y le contaban episodios de lo que ocurría en el frente”, detalla Cintas. La guerra la vivió en el periódico mismo, en la misma Cuesta de San Vicente, donde había barricadas. Con el traslado del Gobierno republicano dio la guerra por perdida y se marchó, pero siguió el curso de los acontecimientos una vez abandonó Madrid.

Personas reales

Tal y como explica el propio Chaves en el prólogo, los protagonistas de sus historias están basados en personas reales, muchas de ellas identificadas por Cintas. Es el caso del “camarada Arnal” del relato El tesoro de Briesca, inspirado en Emiliano Barral, un escultor anarquista amigo de Chaves, que iba a verlo a la Redacción y que murió defendiendo Madrid en otoño del 36. O la figura de Daniel, el trabajador alérgico a sectarismos que protagoniza el relato Consejo obrero, trasunto de la figura del propio autor, según la investigadora.

Las historias del libro, publicadas por entregas durante el transcurso de la guerra en periódicos y revistas argentinas, mexicanas, cubanas, francesas, inglesas y neozelandesas, y después con formato de libro en Chile, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, hablan del terror que devora a hombres tranquilos, de empresarios chivatos y de obreros cobardes, de la eclosión de un nacionalismo alucinado que lleva a algún personaje a gritar “viva el cocido y abajo el Foreign Office”, de armas y explosivos escondidos en los sótanos del Teatro Real (Madrid), de quintacolumnistas que ven fusilar a su padre sin apenas pestañear y de señoritos a caballo por campos andaluces “capaces de lidiar lo mismo una corrida de un miura que un Ayuntamiento del Frente Popular”.

Rescatada de un negro olvido gracias a Cintas, al editor Abelardo Linares y al escritor Andrés Trapiello, la mirada de Chaves sobre la guerra, cruda y audazmente libre, ha sido reivindicada por autores tan distintos como Antonio Muñoz Molina, Arturo Pérez-Reverte, Felipe Benítez Reyes, Jorge Martínez Reverte, Mar Abad o Ignacio Martínez de Pisón.

Según Garmendia, la vigencia de A sangre y fuego se debe a la clarividencia que transmite por “defender la democracia en un momento como aquel, a su potencia superadora de los extremismos”. El editor y crítico anima a leer al periodista sevillano “por su escritura, absolutamente moderna y actual”, y por su legado: “Aprender que el diálogo es la herramienta básica entre las personas”.

Europa en llamas

Más allá de la Guerra Civil, Chaves fue uno de los grandes cronistas europeos de la primera mitad del convulso siglo XX. Un periodista que estaba en el sitio adecuado en momentos clave, un escritor que se pateó callejuelas y aldeas por todo el continente y que, a su vez, entrevistó a Alfonso XIII, al emperador Haile Selassie, a Charles Chaplin, a Joseph Goebbels o a Winston Churchill.

No le gustó lo que vio. En junio de 1932, en una conferencia en el Ateneo de Sevilla, advirtió: “He conocido de cerca las dictaduras roja, negra y parda. Y soy enemigo de todas ellas porque rebajan la dignidad del hombre. En el mundo no hay más que un régimen posible: el de la república democrática tolerante y comprensiva”.

La guerra española le llevó a vivir “por la parte habitable del mundo que queda”, escribió. Pero después llegó la Segunda Guerra Mundial y la claudicación francesa —”Las masas modernas lo soportan todo menos la incomodidad material y física”, dijo al respecto en su obra La agonía de Francia, de 1940— y tuvo que huir de nuevo. De París se fue a Londres, donde se sintió libre. Trabajó en la BBC, en The Evening Standard, pero estaba solo, sin su familia. Murió de una peritonitis el 8 de mayo de 1944 en la capital británica. En España, la locura de la guerra había dado paso a la desquiciada dictadura franquista. A su hermano le prohibieron publicar una esquela en el diario Abc con su nombre y, 12 días después de su muerte, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo sentenciaba a Chaves Nogales, cuando ya había fallecido, por “delito consumado de masonería”, ordenando la “busca, captura y prisión del condenado”.

Tres artículos olvidados de Manuel Chaves Nogales

 Tres artículos olvidados de Manuel Chaves Nogales, por Manuel Chaves Nogales, El País, 16 may 2025:

La profesora de Filología Inglesa Yolanda Morató ha rescatado 500 reportajes, análisis y crónicas que el periodista sevillano escribió sobre la Segunda Guerra Mundial. Lea aquí tres de estos artículos olvidados escritos entre París y Londres

Un trabajo de investigación detectivesco en hemerotecas de decenas de países ha permitido rescatar el articulismo que Manuel Chaves Nogales escribió desde Londres y París durante la Segunda Guerra Mundial. Este corpus periodístico se recopilará en tres volúmenes que durante este 2025 publicara la editorial El Paseo.

Supera la crueldad nazi a los bárbaros, 6 de febrero de 1940

Los relatos de atrocidades cometidas por los alemanes, en Polonia, están demostrando algo que el mundo se resistía a creer. Que la dominación hitleriana se asienta, no en el sometimiento y explotación del vencido, no en la imposición de la ley más o menos dura del vencedor, sino en el aniquilamiento total del adversario y su extirpación radical merced al progreso mecánico moderno para suprimir a masas enormes de humanidad y reducir a la esclavitud total a los supervivientes.

Esta realidad actual es tan monstruosa, que es de difícil comprensión, porque nunca antes había sido posible ni siquiera en épocas más luctuosas, más bárbaras. Los grandes caudillos bárbaros de la antigüedad no eran más piadosos que los nacionalsocialistas, pero por mucha que fuera su crueldad, tenían un límite: el de la imposibilidad física de asesinar o esclavizar a muchedumbres ilimitadas. Se podía pasar a degüello a una guarnición, cargar de cadenas a los habitantes de una ciudad, de un país, pero no había el modo físico de aniquilar a pueblos enteros de millones de habitantes.

Los nacionalsocialistas están haciendo esto en Polonia, sistemáticamente, científicamente. Para esto sirve la ciencia humana. El Estado moderno, con su vasta organización policíaca, sus armas automáticas y sus campos de concentración, ha proporcionado a la barbarie nacionalsocialista un instrumento de dominación ideal con el que habría soñado Gengis Khan.

El mundo incrédulo se resiste a creerlo; cuando se habla del terror nazi en Polonia, las gentes ingenuas se imaginan sencillamente escenas dramáticas de ocupación por un ejército victorioso, como tantos otros casos de conquista registrados en la historia de la edad moderna.

Siempre hubo matanzas, deportaciones en masa de judíos, siempre se ha perseguido a intelectuales rebeldes y siempre se ha fusilado a los patriotas vencidos. Ha sido necesario que el Vaticano, prescindiendo de su cautela política, lance al mundo, por medio de la radiodifusión, un grito agudo de horror para que empiece a entreverse la horrenda verdad. Pero los sacerdotes fusilados por docenas, como los patriotas ejecutados a millares, no representan la máxima crueldad del nazismo. Lo espantoso es el pensar en los cientos de miles de hombres deportados, encerrados en campos de concentración, traídos y llevados como ganado, desposeídos de todos sus bienes y separados de sus familias. Para poner una barrera a esta barbarie nazi, está la guerra, y solo quienes sigan haciéndose vanas ilusiones sobre el verdadero sentido de la dominación hitleriana, pueden desinteresarse de la contienda europea. Quienes sabemos, por dolorosa experiencia, lo que el nazismo significa, no admitimos esa opción.

"La vida de los perros y los gatos", Correio da Manhã, 10 de enero de 1941

Cuando estalló la guerra, había alrededor de diez millones de gatos y más de tres millones de perros en Inglaterra. En total, suponían trece millones de bocas inútiles que alimentar. Alrededor de un millón de gatos fueron sacrificados en los primeros meses de la guerra, debido a las exigencias de la evacuación. Sin embargo, no tardó mucho en empezar una campaña de protección de los gatos, espoleada por la especial simpatía ―podríamos decir incluso que por la debilidad de los ingleses ― por los animalillos domésticos.

Se dice que los gatos son imprescindibles para combatir las ratas; y aunque no parece muy seguro que los felinos domésticos, que llevan una vida regalada, se dediquen a su antigua actividad de cazadores, se dice que su simple presencia en los hogares mantiene alejados a los roedores. Se cita como ejemplo el terrible caso de Madrid, donde la población, hambrienta por el asedio, se vio obligada a devorar todos los gatos de la ciudad. El general Franco hizo su entrada triunfal en la capital de España acompañado de un auténtico ejército de gatos, destinado a purgar la capital.

Gracias a estas razones se salvaron las vidas de los gatos de Londres; es muy común ver a los gatos en edificios destruidos por los bombardeos alemanes, rescatados por vecinos compasivos, que les llevan leche y cortezas de queso todos los días. En la City, sobre todo, tras los destrozos provocados por los incendios, hay toda una población felina que vive entre los escombros, apoyada por la buena voluntad de los empleados y las mecanógrafas de las oficinas cercanas, cuya primera preocupación cada día es poner algo de comida al alcance de los gatos abandonados.

Para esta población de gatos callejeros sólo hay un día de ayuno: el domingo, cuando no abren las oficinas. Ahora, sin embargo, hay un aspecto más serio: no está solo el problema de los gatos, sino también el problema de los perros. ¿Cómo seguir alimentando, sobre todo con carne, a tres millones de perros cuando las raciones de carne ya empiezan a restringirse a lo estrictamente indispensable para la población?

El Ministerio de Abastecimiento ha anunciado que la persona que alimente a los perros con cualquier tipo de carne que pueda ser utilizada en la alimentación humana será severamente castigado. Inmediatamente han surgido unos curiosos clubes “Pro-carne para perros”, que han empezado a actuar con gran dinamismo. Y los amigos de los perros, por legiones, se preparan para garantizar la subsistencia de sus antiguos compañeros.

Las ligas de defensa canina están trabajando para garantizar que los perros sean alimentados regularmente con carne de caballo, que en Inglaterra no se utiliza en la alimentación humana. Pero como no existe una carnicería que venda carne de caballo, los dueños de los perros tendrán que unirse para adquirir al por mayor los restos equinos que estén disponibles.

Lo que se teme es que las ligas protectoras de caballos (que también existen en gran número en Inglaterra) entren en conflicto con las ligas caninas, cuyos objetivos deben de parecerles abominables.

En este caso, la única solución para los perros ingleses es que se vuelvan vegetarianos. Y lo peor es que ya se hacen campañas para que a los perros solo les den, además de sobras, verduras que los humanos no podamos utilizar. Por otra parte, el perro se encuentra con un formidable competidor, el cerdo, cuya voracidad debe alimentarse si los ingleses quieren seguir comiendo su tocino frito, la base tradicional del desayuno británico.

Malos tiempos, estos de ahora, para el fiel amigo del hombre. El perro era una figura muy importante en la vida inglesa; gozaba de innumerables privilegios y consideraciones. Ser un cachorro en Inglaterra era mucho mejor que ser judío en algunos países o demócrata en otros. Había establecimientos en Londres dedicados específicamente a la venta de comida para perros: hoy, por supuesto, están todos cerrados. Aquellas papillas científicas, aquellos jabones y cremas que hacían que les brillase el pelaje, aquellos elegantes collares e, incluso, las máscaras antigás fabricadas especialmente para que las utilizaran... Todo eso, ¡pobres perros!, ya ha desaparecido.

El inglés sabe que le espera una guerra larga y dura, y ya se ha resignado a ver a su perro compartir sus sufrimientos. Y si no fuera por las sociedades protectoras de razas caninas, me atrevería a decir que, si fuera necesario, los ingleses se comerían a sus perros sin el menor remordimiento, siempre y cuando pudieran seguir luchando hasta la victoria.

"Duros cuando ganan y blandos cuando pierden", Diario de Pernambuco, 9 de febrero de 1943

Parece imposible que los alemanes sean tan duros cuando ganan y tan blandos cuando pierden. Realmente, sorprende ver la manera en que acusan los golpes de los adversarios y pierden, de repente, toda integridad.

El Reich ha decretado un extravagante luto nacional por el desastre de Stalingrado, con marchas fúnebres, supresión de espectáculos y lamentaciones de sus dirigentes, lo que revela una Alemania blanda y sentimental, que en nada se parece a la Alemania arrogante, inhumana y cruel de otros días, cuando cantaba victoria.

Es evidente que los alemanes saben golpear a los demás con trances inhumanos, pero no saben soportar con dignidad los golpes que reciben, que les hacen gimotear lastimeramente.

Ahora dicen que ese sexto ejército, flor y nata del militarismo alemán y que había devastado Francia, Bélgica, Holanda y Grecia, sin mostrar un solo gesto de piedad por los pueblos que destruyó, quiere hacerse acreedor de la piedad universal, presentándose ahora ante el mundo como un desdichado paladín de la civilización, del humanitarismo y de la cultura, además de víctima inocente de la ferocidad enemiga.

Casi parece que fueran los rusos lo que hubiesen invadido Alemania, cuando los que llevaron la muerte y la desolación a los vastos territorios rusos, saqueando y asesinando a millones de seres que defendían su tierra, sus hogares, su patria y su independencia, fueron los alemanes.

Si los dirigentes nazis tuvieran un mínimo de pudor no se atreverían a hacer estas pomposas exequias, ni a derramar lágrimas de piedad sobre sus aniquilados ejércitos a los que, de haber caído dignamente, les bastaría con un silencio respetuoso.

Los agresores de Stalingrado deberían haber caído como los héroes de la Antigüedad, sin un lamento a la hora de exhalar el alma, arrostrando con dignidad las consecuencias de su propia dureza del alma. Ante las naciones, lloran por los estragos causados por la guerra.

Carmen de Burgos, Colombine

 Carmen de Burgos, la primera mujer periodista en España que tuvo un contrato, en El País, por Alberto G. Palomo, 1 abr 2026:

La periodista de guerra y escritora se adelantó a su tiempo pero después la dictadura la borró de los libros. Su memoria reverdece hoy de la mano de otra mujer

Dos años antes de que Lorca estrenara Bodas de sangre, una mujer ya había narrado aquella historia inspirada en el crimen de Níjar. Era Carmen de Burgos con Puñal de claveles, de 1931. Cada cual eligió su estilo y su desenlace, pero la materia prima era la misma. Hubo otra diferencia: cómo les trató la posteridad. El poeta granadino quedó inscrito en el canon. A ella le esperó el ostracismo.

Carmen de Burgos fue la primera mujer periodista en España con contrato en una redacción. Firmó reportajes sociales con su propio nombre o con seudónimos como Colombine. Viajó a Melilla en 1909 para informar sobre la guerra. Defendió la educación, la emancipación y la independencia de las mujeres en una sociedad que apenas les reconocía derechos. Incluso montó su tertulia con amigas en el salón de su casa mientras en los cafés eran los hombres quienes tejían greguerías.

Y, sin embargo, durante décadas apenas ocupó una línea en los manuales. Feminista, republicana y anticlerical, De Burgos encarnaba todo aquello que el régimen franquista se propuso extirpar del relato cultural español. Tras la Guerra Civil, aunque llevaba ya años muerta (falleció en 1932), fue incluida en la lista de autores prohibidos.

Entendía el periodismo como una herramienta de transformación social y la literatura como una “confesión a voces”. Sus experiencias alimentaban su obra. En La malcasada volcó la herida de un matrimonio fallido. A pesar de aquel tormento, mantuvo después una intensa relación con Ramón Gómez de la Serna, en una unión tan admirada como criticada. Fue protagonista de su tiempo, pero también rehén de los prejuicios de esa época: campañas de desprestigio, rumores, ataques personales.

Durante décadas, su rastro quedó reducido a una placa discreta en el portal de su última casa en la capital. España cabalgó por la Transición sin revisar a quién había dejado atrás. Hasta que una colega tropezó con sus artículos. Victoria Gallardo investigaba los oficios desaparecidos de las mujeres madrileñas cuando descubrió que, un siglo antes, De Burgos había dedicado una serie de reportajes en el Heraldo de Madrid al mismo asunto.

“Noté una especie de conexión”, explica. De aquel flechazo surgió Todos los nombres de Carmen, un volumen que no solo reconstruye una biografía, sino que interpela una desmemoria. Gallardo evita la hagiografía. No presenta a Carmen como una heroína, sino como alguien con grietas de vulnerabilidad. Capaz de soltar frases impagables —“No eres hija mía si lloras delante de los alemanes”, le dijo a su hija al ser acusada de espía en un tren durante la Primera Guerra Mundial— y de momentos de duda. La recuperación de su figura no es un gesto aislado. “Comienza a renacer gracias, por ejemplo, a la exposición que le dedicó el pasado año la Biblioteca Nacional de España y al empeño de biógrafos y documentalistas”, señala Gallardo, que no pretende ajustar cuentas, sino ensanchar el legado: “Carmen peleó por un Madrid más justo, conquistando espacios que les habían sido vetados y derechos que les habían sido negados. Ellas abrieron el camino por el que hoy nosotras transitamos”.

Recordar a Carmen de Burgos es “lo mínimo”, sostiene. Aunque no resulte un ejercicio de nostalgia, sino de lanzar interrogantes: ¿cuántas más quedaron fuera? ¿Quién decide qué permanece? La propia corresponsal anotó que “el olvido tiene la melancolía de las cosas que mueren”. Y tal vez el suyo no se debía a un deceso natural, sino a un coma inducido. Pero hay quien intenta corregir esta laguna histórica. Como Victoria Gallardo, que restituye, en parte, esa genealogía mutilada.

martes, 31 de marzo de 2026

El derecho consagra el principio de mal menor.

 [Transcrito de VulturVar, "El derecho no está diseñado para la justicia"]

 Capítulo 1: El Moloch del Derecho

Solo a expensas de ciertos valores puede, en determinados casos, existir el orden jurídico, cuya esencia consiste en supeditar todo bien a la seguridad, la santidad, la verdad, la belleza y hasta la propia justicia. Más, ¿cómo es esto posible? ¿Qué valor es este que, como un nuevo Moloch, exige el sacrificio de ofrendas tan preciosas? Extraño como pueda aparecer, el orden jurídico antepone la seguridad a todo otro valor como un medio para favorecer el imperio de todos los valores. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 362)

Jorge Millas fue uno de los filósofos chilenos más importantes del siglo XX. Utiliza para describir el derecho la imagen de Moloch, una figura que exigía lo más preciado para seguir funcionando. Millas toma esta imagen y la aplica al sistema jurídico. Y la pregunta que surge de inmediato es: ¿qué es exactamente lo que el derecho nos exige sacrificar? 

No nos exige sacrificar cosas menores. Nos pide sacrificar la verdad, inclusive la justicia. Todo aquello que, en teoría, el derecho protege. Y esto no ocurre por accidente, por corrupción o por mala fe, ocurre por diseño. El sistema funciona correctamente cuando lo hace, y necesitamos que lo haga. En este video vamos a explorar esta idea de Jorge Millas, esta paradoja que él llama una aberración axiológica: la idea de que el derecho solo puede proteger los valores que más nos importan... a condición de sacrificarlos cuando sea necesario.

Capítulo 2: Qué es el derecho y por qué obedecemos

Para entender la paradoja, primero hay que entender qué es el derecho. Millas descarta la experiencia cotidiana como punto de partida. Observar jueces, policías o tribunales no revela la esencia del sistema, solo su infraestructura. Millas hace un análisis más intuitivo. Se pregunta: ¿qué es lo común a todo ordenamiento jurídico que existe o que ha existido? Estas son las normas, una regulación coactiva del comportamiento social, normas que orientan conductas y tienen detrás la posibilidad de una sanción. Esas normas son objetos ideales, estructuras lógicas que existen independientemente de si alguien las cumple, como las matemáticas. 

Pero las ciencias jurídicas no estudian hechos o fenómenos, no se plantean preguntas acerca de sucesos o cambios del mundo factual. Su objeto propio son las normas jurídicas, que no constituyen casos reales pertenecientes a la trama de acciones y reacciones entre hechos, sino objetos ideales pertenecientes al mundo racional de las significaciones. Es decir, que la tarea del jurista es análoga a la del matemático o a la del lógico, los cuales tampoco estudian hechos, sino estructuras ideales. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 116.)

Por eso el estudio del derecho no es descriptivo como la sociología, sino que es lógico. Aquí dialoga directamente con Hans Kelsen, el filósofo del derecho que intentó depurar el derecho de toda consideración moral o política. Para Kelsen, la norma está dirigida al Estado y al juez. Si hay un ilícito, este debe sancionarlo. El ciudadano aparece de una manera derivada. Millas corrige eso: toda norma es en realidad la conjunción de dos juicios coexistentes: la norma secundaria que exige una conducta al ciudadano y la norma primaria, que le ordena al Estado sancionar esa conducta si no se cumple.

Las dos son necesarias. Aquí Millas da el paso más importante en su argumento y es donde va más allá de Kelsen, porque una cosa es la norma individual y otra muy distinta es el derecho tomado en su totalidad. El derecho como conjunto no es neutral, es un bien moral instrumental, un sistema que existe para hacer posible la convivencia y que por esa razón merece obediencia.

El derecho in toto, como orden integral de convivencia regido por la autoridad pública, nos obliga, por consiguiente, en cuanto es él mismo un valor, en cuanto en su esencia reside un imperativo axiológico. Es decir, que debemos acatamiento al derecho porque el derecho es un bien. El derecho como totalidad tiene, entonces, un fundamento extrajurídico, ya que la obligatoriedad jurídica es, según sabemos, axiológicamente neutra, y solo implica imputabilidad de sanciones.  (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 322-323.)

Esto resuelve la pregunta que el formalismo puro de Kelsen no podía responder. ¿Por qué obedecemos el derecho? Porque, para Kelsen, una vez que el análisis llega a la norma fundamental, la obediencia es casi un presupuesto lógico del sistema. Para Millas, la razón es distinta, y más honesta: obedecemos porque el derecho mismo es un valor, porque preferimos un orden, aunque sea imperfecto, a la incertidumbre total. Y ahí surge una pregunta: si el derecho vale como instrumento para proteger valores, ¿cuáles son esos valores? ¿Cuál es el valor que lo hace funcionar, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal? La respuesta de Millas es precisa: la seguridad jurídica

Capítulo 3: La Seguridad Jurídica y el precio del orden

El derecho tiene una plasticidad notable y puede ponerse al servicio de la salud pública, la igualdad o la justicia. Pero hay un valor que no es opcional, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal. Millas lo llama el a priori funcional, la condición que hace posible que el derecho perciba cualquier otro valor, que el derecho sea predecible, que cada persona sepa que atenerse. No es un detalle administrativo. Esta es la base sobre la que descansa todo lo demás. Sin esa previsibilidad, el derecho no puede orientar conductas, y, si no puede orientar conductas, no puede proteger ningún valor. Aquí aparece la paradoja que llama la aberración axiológica. Garantizar esa previsibilidad tiene un costo que no es ocasional ni accidental, está inscrito en la estructura misma del derecho. El orden jurídico antepone la certeza a la justicia cada vez que el sistema lo requiere para mantenerse de pie. No protege los valores a pesar de sacrificarlos, los protege mediante ese sacrificio.

Capítulo 4: El Sacrificio en Acción (prescripción y cosa juzgada)

Esto no es abstracción. Milla lo ilustra con instituciones concretas y dos de ellas lo muestran con una claridad que incomoda: la prescripción extintiva es el ejemplo más limpio. Si un acreedor deja pasar los años sin cobrar una deuda, su acción legal prescribe, y el deudor adquiere la certeza inamovible de que ya no podrá ser obligado a pagar. Es justo que una deuda se evapore por el paso del tiempo quizás no. Pero el sistema prefiere eliminar la inseguridad de un cobro eternamente posible antes que proteger a un acreedor negligente. Aún más extrema, es la prescripción adquisitiva. Millas no la aborda directamente en su libro, que son, en realidad, apuntes de sus clases, pero difícilmente podría encontrarse un ejemplo más ilustrativo.

El artículo 2510 del Código civil chileno establece que 10 años de posesión bastan para adquirir el dominio de un bien, sin importar si el poseedor actuó de buena o de mala fe. Cuando decimos mala fe, no estamos hablando de un descuido ni de una ambigüedad.

El artículo 2510 del Código civil: "El dominio de cosaas  omerciales que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede serlo por la extraordinaria [...] Artículo 2511: El lapso de tiempo necesario para adquirir por esta especie de prescripción es de diez años contra toda persona"

Alguien que robó una propiedad que la obtuvo mediante fraude, se convierte en dueño legítimo si el tiempo pasa y nadie actúa; el sistema lo sabe y aún así lo consagra. ¿Es justo esto? Casi con certeza, no, pero aquí está la clave que Millas nos entrega: el derecho no pretende que sea justo. Lo que hace es anteponer la certeza del presente a la verdad del pasado. Reabrir indefinidamente el origen de cada propiedad, perseguir cada injusticia originaria, significaría someter el sistema de derechos a una inestabilidad permanente, lo que los antiguos llaman probatio diabolica o "la prueba diabólica". El Moloch exige ese sacrificio preciso, que la verdad de cómo se obtuvo algo ceda ante la seguridad de saber quién lo tiene ahora. El tiempo aquí no es neutral, ni accidental. Es una herramienta deliberada del orden jurídico para cerrar el pasado y hacer habitable el presente. La cosa juzgada también es una manifestación de esto. Una vez que hay una sentencia firme, el sistema no admite que nadie reabra el asunto, ni siquiera si el fallo fue injusto. Ni siquiera si todos lo saben.

Millas rechaza la antigua idea de que la cosa juzgada es una ficción de verdad, como si el derecho fingiera que el juez siempre acierta. El derecho no finge nada: simplemente hace al fallo inmutable, lo que describe como una prohibición de derogación. La sentencia es una norma que el sistema blinda contra cualquier acto posterior que pudiera anularla. Un fallo debe cumplirse, no porque sea justo, sino porque fue dictado por quién tenía el poder de dictarlo. La autoridad de la jurisdicción precede la justicia del fallo. Eso es lo que hace al derecho honestamente cínico. No miente. No pretende que sus sentencias sean perfectas, solo las declara definitivas.

Capítulo 5: Conclusión.

Conclusión. Este es el corazón de la aberración axiológica. El derecho no falla ocasionalmente ni produce injusticias por descuido. Está estructuralmente diseñado para sacrificar la verdad y la justicia del caso particular cuando la seguridad del sistema lo exige. El Moloch no actúa por capricho, actúa por diseño. Y sin embargo, Millas no concluye que el derecho sea un mal que apenas toleramos. Concluye algo más complejo: que sin ese sacrificio, sin ese orden imperfecto que a veces consagra injusticias, no habría ningún marco estable dentro del cual perseguir la justicia o cualquier otro valor. El derecho protege los valores, sacrificándolos un poco cada vez, para que el sistema que los hace posible siga en pie.

lunes, 30 de marzo de 2026

La mujer según Schopenhauer

 [Transcripción corregida de Schopenhauer despreciaba la naturaleza femenina (y la psicología moderna prueba que tenía razón)

 ¿Alguna vez has amado a alguien y aún así sentiste que había algo de falsedad en todo aquello? ¿Has tenido la sensación de que el afecto que recibiste era un teatro cuidadosamente ensayado para obtener algo a cambio? ¿O, peor, te diste cuenta de que entregaste tu alma por una mirada y solo después entendiste que aquello era solo estrategia, no sentimiento? 

"La mujer es un animal de cabellos largos e ideas cortas". Estas no son palabras de un hombre frustrado con el amor, son de Arthur Schopenhauer, uno de los filósofos más oscuros y sinceros de la historia. Para él, la mujer era la manifestación más perfecta de la trampa que la naturaleza construyó para mantener girando el ciclo de la vida, aunque eso costara la dignidad, la libertad o la lucidez del hombre. 

Tal vez tú ya hayas sentido eso, pero jamás te atreviste a ponerlo en palabras. Quizás sospechaste de ese cambio repentino de humor, de esa lágrima demasiado rápida, de esa desaparición fría después de noches intensas, y, quizá muy en el fondo, te odiaste por darte cuenta de que, incluso después de todo eso, todavía querías más. 

En este video vamos a atravesar un territorio peligroso. Entre las ideas brutales de Schopenhauer y los datos de la psicología moderna hay un hilo invisible que cose instintos, manipulación, amor y destrucción. No vamos a hacer un manifiesto de odio; vamos a desenterrar una verdad que muchos hombres sienten, pero no tienen el valor de nombrar. Y quizá, solo quizá, al final de este recorrido no odies a nadie, pero tampoco vuelvas a confiar. 

De la misma manera, Arthur Schopenhauer no odiaba a las mujeres como un hombre herido odia. Las despreciaba como un pensador que ve a través de la ilusión. Y eso es mucho más peligroso. Su desprecio era filosófico, casi clínico. No gritaba contra ellas, las describía como quien revela un fraude ancestral. Y lo que decía todavía resuena con una fuerza incómoda, en los callejones de la experiencia masculina moderna. Para Schopenhauer, la mujer no era el sexo bello, como romantizan los poetas. Era el sexo necesario, un cuerpo moldeado por la naturaleza, no para encantar, sino para atrapar. 

Escribió: "Solo un hombre cuya razón ha sido oscurecida por sus impulsos sexuales podría llamar sexo bello a una raza de hombros estrechos, caderas anchas y piernas cortas." Así comenzaba el ataque, rompiendo el encantamiento, rasgando el barniz del deseo con la hoja de la razón. Mientras otros filósofos especulaban sobre el alma femenina, Schopenhauer la reducía a un reflejo del instinto biológico. No había misterio, no había una esencia elevada, había función, supervivencia, repetición e engaño. Pero antes de juzgarlo con los ojos de hoy, hay que recordar lo que lo movía: el disgusto por la vida. Para él vivir era sufrir. La existencia era una prisión impuesta por la voluntad, una fuerza ciega, irracional, que nos empuja a continuar incluso cuando todo en nosotros pide silencio. Y la mujer era la embajadora de esa voluntad, el señuelo, el anzuelo, el recurso que la naturaleza utiliza para garantizar que el hombre, aún lúcido, se doblegue ante el ciclo de la reproducción. Schopenhauer miraba el cuerpo femenino con la frialdad de quien ve una trampa sofisticada, la piel suave, la voz tierna, la expresión vulnerable. No eran cualidades morales, sino estrategias evolutivas. "No había afecto ahí", decía él, "había cálculo, pero un cálculo sin conciencia, lo que lo volvía todavía más peligroso. La mujer, según él, no manipulaba porque fuera mala: manipulaba porque era eficaz. Estaba optimizada para seducir, para domesticar al hombre a través de la emoción y, lo más cruel, lo hacía naturalmente, con la fluidez de quien nació para ello. Este pensamiento puede sonar brutal, y lo es, pero detente y piensa. ¿Cuántas veces tú, hombre, no te has visto haciendo de todo por alguien que parecía frágil, enamorada, encantada contigo, y después te diste cuenta de que aquello no era amor, sino necesidad disfrazada?

¿Cuántas veces esa dulzura inicial se transformó en frialdad, en manipulación silenciosa, en exigencias sin nombre? Schopenhauer veía en eso un patrón, no una excepción. La mujer sería, en sus palabras, el  medio por el cual la naturaleza garantiza que el hombre se ilusione lo suficiente como para convertirse en padre: nada más, nada menos. Afirmaba que la mujer no ama al hombre, ama lo que él puede ofrecer. Y eso no es una elección consciente, es programación, evolución. Y eso lo hacía reír amargamente del romanticismo, del ideal del amor eterno, de los poetas que escribían sobre almas gemelas, porque para él todo eso era parte de la gran ilusión. 

La mujer no jura eternidad, ofrece afecto mientras eso le convenga, y cuando ya no le conviene, se va. Así de simple. No son crueles, son funcionales. Ese podría ser el resumen de la visión shopenhaueriana. Y, si eso duele, quizá es porque algo dentro de ti reconoce esa lógica, porque aunque lo niegues con palabras, el cuerpo lo recuerda. La memoria afectiva guarda esas partidas inexplicables, esa mirada que ya no brilla, ese silencio que sustituye al toque, y aquí reside la genialidad oscura de Schopenhauer.

Se dio cuenta de todo esto siglos antes de la psicología moderna, antes de que se hablara de hipergamia, teoría del apego, condicionamiento emocional, recompensa intermitente. Antes de tener datos, estudios gráficos, él ya veía los patrones. La mujer, según él, no es villana, es vector, un vector que dirige al hombre hacia el sufrimiento, porque lo seduce con la promesa de completitud, pero entrega solo fragmentos. No miente, oscila; no destruye, recalibra la entrega conforme cambian las ventajas. Y el hombre ama con profundidad, con construcción, con proyección; ama como quien apuesta todo, y es precisamente por eso que se quiebra, no por ella, sino porque creyó que ella era como él. 

Ese es el error que Schopenhauer quería exponer. El error de pensar que hay simetría donde hay estrategia, de creer que el amor de ella tiene la misma lógica que el tuyo, de imaginar que su afecto se sostiene en lo que eres y no en lo que entregas. Pero ¡cuidado! Schopenhauer no proponía venganza, proponía desencantamiento. Quería quitar el velo, no el corazón. Quería que el hombre dejara de ser marioneta del romanticismo y empezara a mirar a la mujer como se mira a una esfinge, con respeto, pero con desconfianza. La mujer para él era como un espejo que devuelve la imagen que necesitas ver para que sigas sirviendo a su guion. Y cuando ya no sirves, rompe el espejo sin drama, sin culpa, solo reinicio, porque su supervivencia exige movimiento y la tuya exige ceguera a menos que despiertes. Schopenhauer creía que los hombres sufrían, no por las mujeres en sí, sino por las ideas que proyectaban en ellas. 

Sufrían porque romantizaban el instinto, transformaban tácticas en sentimientos, cambiaban supervivencia por fidelidad y daban el alma esperando recibir amor. Pero ella nunca prometió el alma, solo sonrió, solo susurró, solo fue lo que necesitaba hacer en ese momento. La filosofía de Schopenhauer nos pide algo muy difícil, que miremos aquello que deseamos y nos preguntemos: ¿esto es amor o es ilusión programada? ¿Es reciprocidad o necesidad disfrazada? ¿Me ama, o solo me usa como puente hacia algo mejor? Si esas preguntas duelen es porque aún hay esperanza. Pero, cuando ya no duelan, cuando la lucidez sustituya al deseo, verás lo que Schopenhauer vio: a la mujer como la trampa más hermosa jamás creada, pero, aún así, una trampa. Y una vez que ves la trampa, ya no eres más una víctima. Te conviertes en algo raro, peligroso, soberano. 

Ahora, dime algo: ¿alguna vez has sentido que das demasiado y, aún así, no te respetan? No es por falta de esfuerzo, es porque el respeto no se pide, se proyecta. Y esa proyección comienza en cómo entrenas tu mente para mantener la frialdad y el enfoque en situaciones críticas. Ocurre que muchos crecieron con la idea de ser bueno, ser comprensivo, pero eso no forma hombres fuertes, eso forma personas fácilmente manipulables. Existe un modelo de autocontrol mental que está siendo usado por quienes decidieron dejar de agradar y empezar a imponerse con presencia. Grabamos un video explicando cómo esa estructura funciona en la vida real. 

Para acceder, escanea el código en pantalla o haz clic en el enlace de la descripción o en el primer comentario fijado. ¿Alguna vez intentaste razonar con tu propio deseo? Intentaste explicarte con lógica por qué debías irte, pero no pudiste levantarte de su cama. ¿Escuchaste esa voz racional diciéndote, "Esto va a destruirte y aún así te quedaste?" El filósofo puede entender el mundo, el poeta sentirlo, pero ninguno de los dos escapa de la mujer que encarna el deseo. Y quizás sea precisamente ahí donde el hombre empieza a perderse, cuando intenta usar la razón para descifrar el instinto y termina vencido por algo que nunca fue creado para ser racional. 

Schopenhauer lo veía con una lucidez dolorosa. Para él, el hombre es un animal que sufre porque piensa, pero cuando el pensamiento se encuentra con el deseo, algo se rompe. La claridad se convierte en delirio, la lógica se dobla y el hombre racional se transforma en siervo voluntario de la ilusión. Creía que el deseo sexual, especialmente el deseo por una mujer idealizada, es la forma más eficiente que tiene la naturaleza de esclavizar al hombre. Y lo más cruel lo hace con su consentimiento. El amor es una ilusión proyectada por la voluntad para mantener viva a la especie, decía él. Detente y piensa. ¿Qué lleva a un hombre a abandonar su lucidez? ¿Qué lo hace ignorar advertencias, consejos, señales claras de manipulación o egoísmo? ¿Por qué insiste en arreglar a una mujer que lo despreció otra vez? ¿Por qué cree que esta vez será diferente? La respuesta es simple y brutal. El deseo lo ciega porque el instinto ganó. La mujer en este juego no necesita ser malintencionada, solo necesita existir con las características que activan ese código ancestral. La vulnerabilidad que despierta protección, la belleza que sugiere fertilidad, la mirada que promete exclusividad, el lenguaje corporal que susurra rendición. Pero todo eso es solo forma. La esencia puede estar vacía o peor, puede ser estratégica. Y aquí entra la ironía cruel. El hombre confunde instinto con amor, confunde atracción con conexión, confunde entrega hormonal con profundidad emocional. Mientras tanto, la mujer, aunque no sea plenamente consciente, juega otro juego. Un juego donde el afecto se concede en función de la conveniencia, no de la eternidad.

Ella no está interesada en la poesía del alma. Ella está biológicamente optimizada para elegir al compañero que le ofrezca más ventajas evolutivas. Esto es hipergamia. Y no se trata de oportunismo vulgar, se trata de programación biológica. Ella no decide dejarte porque encontró a alguien mejor. Simplemente siente que ya no te necesita y su deseo, igual que el tuyo, habla más fuerte que la razón. Mientras tú crees que el amor es sacrificio, ella se mueve por selección. Mientras tú te convences de que todo vale la pena por ella, ella solo observa quién entrega más valor con menos costo emocional. Es cruel, sí, pero es real. Y es aquí donde la psicología moderna se encuentra con Schopenhauer. Estudios como los de David Bus muestran que las mujeres priorizan características como estatus, recursos, estabilidad y dominio emocional, especialmente en contextos a largo plazo. Es decir, incluso sin saberlo están calibrando, comparando, eligiendo todo el tiempo. Y si aparece alguien que ofrece una condición más ventajosa, aunque sea emocionalmente inferior, su cuerpo responde antes que su cerebro. Lo sientes cuando de repente empieza a responder con menos entusiasmo, cuando sus ojos pierden el brillo pero tú sigues intentando reavivar la llama, cuando dice que necesita espacio y tú le das más amor, y cuanto más entregas más se aleja. No es maldad, es algoritmo biológico. Y ahí es donde la razón masculina colapsa, porque sigue intentando amar a una mujer que ya dejó de elegirlo. Sigue invirtiendo en una conexión que para ella expiró. 

Él intenta racionalizar lo irracional. Intenta demostrar valor en un terreno donde el valor se mide por instinto, no por argumento. Y cuanto más se humilla, más pierde valor ante sus ojos. Schopenhauer veía este patrón como una comedia trágica, el hombre ebrio de deseo, arrodillado ante una figura que a sus ojos es divina, pero que en  realidad es solo humana, con instintos tan egoístas como los de él. La diferencia es que ella sabe lo que quiere, él no.

La mujer no necesita entender filosofía para manipular. Manipula con la respiración, con la ausencia, con el cambio de tono, con la espera, con el silencio. Y él intentando ser racional empieza a decaer emocionalmente. Se vuelve dependiente, se vuelve predecible, se vuelve débil, pero el deseo no quiere fuerza, quiere satisfacción. Y cuando te conviertes en necesidad, ella pierde el interés. Porque lo que atrae no es el amor que suplica, es el amor que se mantiene. Es el hombre que no se  inclina, incluso deseando. Esa es la trampa. ¿Crees que siendo bueno, sensible, dedicado, vas a ser amado con la misma intensidad? 

Pero ella fue hecha para desear el desafío, el riesgo, la incertidumbre y tú te volviste demasiada certeza. Schopenhauer no tenía Tinder, no conocía datos de neurociencia, no leía estudios sobre dopamina o el ciclo ovulatorio, pero observaba y veía. Veía que el hombre es derrotado no porque ama, sino porque no entiende lo que ama. El deseo para él es el verdugo de la razón. Y mientras el hombre desee sin comprender, amará sin ser amado. Por eso escribió: "La mujer es por naturaleza mentirosa, no por maldad, sino por necesidad." Y hoy la ciencia coincide. La mujer se miente a sí misma para mantener el autoengaño. Cree que todavía ama, hasta el día que deja de hacerlo. Jura que es diferente, hasta el día que encuentra a alguien mejor. Y, el hombre, si no despierta, siempre será el último en darse cuenta. Schopenhauer no quería que odiaras a las mujeres. Quería que vieras el teatro y que aprendieras a salir del escenario antes de que se apaguen las luces. Porque cuando el deseo gobierna a la razón, el amor se convierte en esclavitud. Y solo el hombre que entiende esto es capaz de amar sin destruirse.

Ella llega con los ojos grandes, la sonrisa contenida, los gestos suaves. La escuchas decir que está cansada de hombres que solo la quieren por interés y tú de inmediato te ofreces como la excepción. Crees que entendiste el juego, pero aún ni siquiera has notado que el juego ya empezó y que ella ya va ganando. La mujer moderna no necesita gritar para dominar. ha aprendido o mejor dicho ha evolucionado para conseguir lo que quiere con la mínima exposición y el máximo impacto. La psicología lo llama poder oculto, una forma de influencia sutil, indirecta, que moldea comportamientos, altera decisiones y redefine dinámicas sin nunca parecer agresiva. 

Schopenhauer, con su brutalidad habitual ya había observado este fenómeno siglos atrás. Decía que la mujer no conquista por la lógica, sino por la emoción, y que en el fondo lo que ejerce no es amor, sino control emocional disfrazado de afecto. Pero hoy con el lenguaje pulcro de las universidades, lo que Schopenhauer gritaba con desesperación se traduce en términos como comunicación indirecta, manipulación emocional, recompensa intermitente y narcisismo encubierto. La verdad es que detrás de la dulzura hay una maquinaria psíquica extremadamente eficaz. Robert Green, en su libro Las 48 leyes del poder, escribió: "El manipulador emocional seduce no con promesas directas, sino con una aparente carencia. Te necesita y eso te hace ceder." ¿Y quién más que la mujer ha aprendido a usar su propia vulnerabilidad como arma? Ella no grita, se calla, no exige, suspira, no reclama, mira con decepción y de repente tú estás haciendo todo para recuperar el brillo en sus ojos. Esa es la belleza cruel del poder oculto. Ella no manda, pero tú obedeces y aún crees que fue idea tuya. 

Sam Benin, especialista en narcisismo, escribió sobre el arquetipo de la narcisista femenina encubierta. Aquella que parece víctima, pero es depredadora. Aquella que llora y te controla con sus lágrimas. Aquella que se muestra frágil y te debilita al hacerte su héroe. Aquella que se aleja sin motivo y tú pasas días intentando entender en qué fallaste y tal vez no fallaste. Tal vez solo sintió que estabas demasiado entregado y por lo tanto demasiado predecible. Y como toda criatura de poder se alimenta de tu desequilibrio. Esto no es teoría, es un patrón. La psicología evolutiva muestra que las mujeres desarrollaron a lo largo de milenios habilidades sociales y emocionales muy superiores a las de los hombres por pura cuestión de supervivencia. Mientras los hombres guerreaban con espadas, ellas guerreaban con palabras. Mientras ellos imponían fuerza, ellas imponían culpa y a lo largo de generaciones ganaron. Schopenhauer veía esto con asombro.

Decía que la mujer parecía frágil, pero que su influencia era silenciosa, persistente, implacable. No te derriba con violencia, te desgasta con expectativas no dichas, con emociones inestables, con ausencias estratégicas. Su arma no es el enfrentamiento, es el colapso interno que induce en ti. Y lo más cruel es que no puedes probar nada. Ella no hizo nada, simplemente no estaba lista. Necesitaba tiempo. Sintió que algo cambió. Y tú, racional, intentas entender, analizas conversaciones, revisas mensajes, buscas errores. Mientras tanto, ella ya está en otra fase del ciclo, no porque sea cruel, sino porque es adaptativa. Necesita seguir, necesita evolucionar, necesita, como diría la psicología, buscar recursos más alineados con su valor percibido. Tú te destruyes buscando coherencia donde solo había instinto. Y aquí está el punto más aterrador. Ella no sabe qué está manipulando. Cree en sus propias emociones, llora de verdad, sufre, pero en el fondo sufre porque perdió el control, no porque te perdió a ti. El amor para ella es fluido, condicional, temporal, pero dicho con tanta intensidad que tú crees que es eterno y eso es lo que te rompe. Schopenhauer escribía: "La mujer seduce para obtener, y retira el afecto cuando ya tiene lo que quiere. Su amor no es eterno, es oportuno". 

La psicología moderna dice lo mismo. Con otras palabras, la mujer regula la entrega emocional según el retorno percibido. No da lo que siente, da lo que cree que mereces según el momento. Y si mereces menos, se aleja. Si te vuelves necesitado, se enfría. Si cuestionas, guarda silencio. Y al final tú te vuelves el manipulable. Y ella la que se aleja para protegerse. 

Mira, esto no se trata de demonizar, se trata de ver el juego tal como es: ¿crees que ella es dulce porque sonríe? pero ¿has pensado en cuántas veces esa sonrisa te puso de rodillas? ¿Cuántas veces pediste disculpas por cosas que ni entendías? ¿Cuántas veces te sentiste culpable solo porque ella ya no estaba feliz, aunque tuviera todo? Esa es la fuerza del poder oculto. Ella nunca pide, pero siempre recibe. Y tú, que solo querías amar y ser amado, terminas convirtiéndote en un espectro de ti mismo, caminando sobre cáscaras de huevo, autocensurándote, intentando agradar, con la esperanza de que esa dulzura regrese. Pero no regresa, porque nunca fue real. Fue un mecanismo, una invitación, una fase del ciclo. La psicología moderna confirma lo que Schopenhauer gritaba: ella no te ama. Ella te regula, no con maldad, sino con precisión. Y el hombre que no ve esto, se destruye intentando recuperar un paraíso que nunca existió. ¿Alguna vez te has detenido a pensar en cuántos hombres conoces que se han destruido por amor? Que abandonaron amigos, proyectos, identidad, todo, en nombre de una mujer; que confundieron devoción con valor, y sumisión con afecto. Ellos no gritan, no lloran en público: simplemente desaparecen poco a poco, primero en la mirada, luego en las palabras, hasta que no queda nada que no sea una versión domesticada de sí mismos con la esperanza de ser aceptados. Esa es la tragedia silenciosa del hombre que ama demasiado. No se da cuenta de que al ofrecerlo todo pierde justamente lo que lo hacía deseable, su fuerza, su soberanía, su esencia. 

Schopenhauer no se guardaba palabras al describir a este tipo de hombre. Para él, el romanticismo era una enfermedad, una especie de alucinación colectiva que hacía que el hombre actuara en contra de sí mismo. El hombre enamorado es un loco, un esclavo, un ciego conducido por la belleza hasta el abismo de su propia anulación. ¿Y no es eso lo que pasa? Al principio ella parece perfecta: se ríe de tus chistes, admira tu ambición, dice que nunca conoció a alguien como tú. Tú crees que encontraste la excepción, y entonces empiezas a moldear tu vida en torno a ella. Renuncias a pequeños placeres, a amigos, a hábitos, a ti mismo. Ella nunca te pidió eso, pero tampoco lo impidió. Y, cuando te das cuenta, estás tratando de mantener la relación con sacrificios que ella ni siquiera nota. Haces más, das más, amas más, pero recibes cada vez menos. El afecto de ella, que antes era abundante, ahora es racionado. Y piensas, "Tengo que hacerlo mejor." Y lo haces. Y mientras más das, más se aleja. Mientras más demuestras, más te pone a prueba. Hasta que un día simplemente dice: "Eres maravilloso, pero ya no siento lo mismo." ¿Y qué haces tú? Suplicas, prometes, dices que vas a cambiar. Y en ese momento ya no eres un hombre, eres solo un reflejo roto de alguien que se perdió dentro de un amor que nunca fue recíproco, solo fue conveniente. 

La psicología moderna llama a esto autoaniquilación emocional. Existe cuando la persona pierde la capacidad de verse como individuo, porque toda su identidad está atada a la aceptación del otro. Y el hombre que ama demasiado vive exactamente eso: solo se siente valioso cuando está complaciendo, cuando está siendo validado, cuando está siendo necesario. Pero el amor verdadero, si es que eso existe, no se sostiene en la necesidad, florece en la libertad. Y la mujer, al darse cuenta de que el hombre se entregó demasiado, pierde el interés porque dejó de ser un reto, dejó de ser hombre.

Schopenhauer veía esto con un desprecio casi cínico. Para él, el hombre que idealiza a la mujer se convierte en un mendigo emocional, viviendo de migajas, buscando miradas, sonrisas, palabras dulces que él mismo le enseñó a usar en su contra. Nada es más repulsivo que un hombre que suplica amor. Él ya perdió. Y es verdad. Porque cuando el amor se convierte en súplica, ya no es amor, es dependencia, es adicción, es miedo hasta estar solo, es necesidad de aprobación. ¿Y sabes cuál es el problema de eso? La mujer lo siente. Aunque no sepa explicarlo, lo percibe. Percibe que ahora él vive por ella y eso, lejos de encantarla, la aleja. La naturaleza de la atracción es brutal. Respeta el misterio, no la entrega absoluta. La psicología ya confirmó lo que Schopenhauer intuía. El amor incondicional es hermoso en teoría, pero en la práctica el deseo requiere condición, necesita margen, frontera, límite. Y el hombre que ama demasiado, ya no tiene límite. Dice sí a todo, acepta todo, tolera todo y, en el fondo, espera que ese sacrificio conmueva, impresione, conquiste. Pero no conmueve, no impresiona, no conquista. Porque nadie desea lo que ya se posee por completo. Y el hombre que se entrega demasiado se vuelve predecible, sumiso, domesticado.

Schopenhauer nos advertía sobre ese abismo. El hombre que ama sin medida se convierte en un siervo de su propia ilusión. Y cuando la mujer se va (y ella siempre se va), si ese patrón se instala, él no sufre por perderla a ella, sufre porque, al perderla, se da cuenta de que ya no queda nadie dentro de sí. La autoaniquilación es eso, no es la pérdida de su amor, es el olvido del amor propio. Y lo más cruel es que este tipo de hombre no es débil, es generoso, es sensible, es muchas veces noble, pero no entendió algo simple: el amor sin límite no genera admiración, genera desprecio. Y el desprecio es el fin del deseo. Por eso Schopenhauer no defendía el odio como respuesta, defendía el alejamiento, la claridad, el desapego. Él decía: "El sabio no se entrega a la pasión. Observa, elige, permanece entero." Y tal vez ese sea el único camino posible. Amar, pero mantenerse entero. Entregar, pero jamás suplicar. desear, pero nunca perderse. Porque al final el hombre que ama demasiado no sufre por amar, sufre porque olvidó amarse también.

No necesitas odiarla, ni luchar contra ella, ni desenmascararla. Todo eso seguiría siendo girar alrededor de ella. Solo necesitas ver, ver con ojos desencadenados, ver sin esperanza de reciprocidad, ver sin el deseo de salvarla o de perderte por ella. Schopenhauer lo entendió antes que todos. Él no proponía que el hombre se volviera frío. Proponía que se volviera intocable, no emocionalmente insensible, sino emocionalmente libre. Porque el verdadero poder masculino no está en dominar, convencer o poseer. Está en no ser dominado. Está en rechazar el papel de rehén emocional. Está en amar sin perder el trono. Hoy, más que nunca, esa soberanía está en riesgo. Vivimos en un mundo moldeado por la seducción. No solo la seducción del cuerpo femenino, sino la seducción de la validación, de la dopamina, del match, del elogio, de la sonrisa, de la promesa de que esta vez será diferente, pero nunca lo es. Y tú ya lo sabes, el hombre que sobrevive en este nuevo mundo no es el más fuerte físicamente, ni el más rico, ni el más popular: es el hombre que sabe decir no a lo que brilla, pero no alimenta. Es el hombre que ve el juego y se rehúsa a jugarlo. Porque, mientras sigas buscando la aprobación femenina, estarás fuera de ti. Vivirás en función de reacciones, likes, respuestas, silencios. estarás permanentemente distraído de quién eres (y no existe sufrimiento mayor que ese, estar lejos de ti mismo). Schopenhauer escribía: "El hombre sabio pone su felicidad, no en la satisfacción del deseo, sino en su negación". Lo que él quería decir es simple, pero exige valor: te liberas cuando dejas de desear aquello que te esclaviza. Pero, ¿cómo hacerlo en un mundo que susurra todo el tiempo que, sin ella, no eres nada? Es necesario reaprender a estar solo, no como castigo, sino como ritual, porque la soledad no es ausencia, es reinicio. Es en el silencio de la ausencia femenina donde escuchas por primera vez tu propia voz sin interferencias. Es cuando dejas de agradar, de demostrar, de conquistar, que comienzas a reconstruirte como hombre. Y ese hombre, cuando renace, viene distinto: ama con lucidez, toca sin perderse, cuida, pero también impone. Observa antes de entregarse. 

Ese hombre no odia a las mujeres, pero tampoco las endiosa. Él ve y, porque ve, elige. Y, si ella juega con encanto, pero no entrega presencia, él se aleja. Si ella seduce, pero manipula, él guarda silencio. Si ella exige, pero no respeta, él cierra la puerta con la calma de quien ya no necesita explicarse. Ese hombre ha aprendido que el cariño es bueno, pero no es moneda para comprar afecto. Que el sexo es poderoso, pero no es suficiente para sostener un vínculo. Que la belleza es encantadora, pero sin integridad es solo otra trampa más. Y, sobre todo, ese hombre ha aprendido que el mayor error es intentar ser amado a cualquier costo, porque el amor verdadero no nace de la actuación, nace de la presencia. 

Schopenhauer con su filosofía de la negación del deseo, nos señala una dirección. La libertad no está en ser amado por ella, sino en no necesitar serlo. Ese es el punto de ruptura. El momento en que el hombre deja de negociar su dignidad por migajas emocionales. El momento en que dice: "Yo soy suficiente." Y eso no es arrogancia, es soberanía. Es la firmeza de quien camina con los  pies en la tierra, incluso cuando el corazón todavía late por ella. Es el poder de quien sabe lo que siente, pero no se inclina ante el sentimiento. Es la madurez de quien ama, pero jamás suplica. Y,  paradójicamente, es ese hombre el que más atrae, porque es raro, es peligroso, no necesita. Y el mundo no sabe cómo lidiar con alguien que no necesita. Ese hombre observa la seducción y sonríe. Observa la manipulación y se retira. observa la pasión y respira hondo antes de ceder porque conoce el abismo. Ha estado ahí y decidió no volver jamás. Ahora quiere otra cosa. No solo sexo, no solo compañía, sino respeto, ¿verdad? Presencia real. Y si eso no llega, prefiere el silencio. Y cuando ese hombre encuentra a una mujer, una mujer real, consciente, completa, no la domina, la invita a caminar a su lado, nunca adelante, nunca detrás. Pero si ella vacila, él se va, no con rabia, con respeto, por ella y por sí mismo. Esa es la soberanía y se construye en el silencio de los días en que eliges quedarte solo en lugar de mendigar compañía, en los momentos en que eliges leer, construir, entrenar, respirar, en lugar de correr detrás de quien ya dejó claro que no te ve. La soberanía nace cuando te bastas a ti mismo y eso sí es  amor, no por ella, por ti.

No tienes que estar de acuerdo con todo lo que escuchaste. De hecho, sería extraño si lo estuvieras, porque si todavía amas con los ojos cerrados, si aún crees que la dulzura siempre es sincera, si todavía entregas tu alma como si fuera un regalo, entonces quizás sigues dentro de la ilusión. Y todo esto que leíste puede haberte parecido demasiado amargo, pero la verdad no pide permiso para ser digerida, solo necesita ser vista y una vez vista lo transforma todo. Schopenhauer no escribió para destruir el amor, escribió para destruir la mentira. Esa que nos hace confundir la sumisión con el romanticismo. Esa que nos enseña a arrodillarnos ante el afecto cuando deberíamos caminar a su lado. Esa que convierte a hombres increíbles en sombras de sí mismos. intentando agradar a quien nunca los vio por completo. La psicología moderna, con sus tablas y estudios, solo confirmó lo que él ya gritaba desde su ventana existencial. La mujer no es la villana, pero el hombre que duerme frente a ella es la víctima ideal. El amor solo vale la pena cuando puedes amar sin perderte, sin dejar de ser hombre, sin apagarte por un poco de cariño, sin confundir presencia con actuación. Poco a poco aprendes a amar con los ojos abiertos, a desear con lucidez, a ofrecer el corazón, pero con los pies en la tierra.

Y un día sin drama, sin dolor, sin lamento, simplemente sonreirás ante la belleza y seguirás tu camino, porque ya entendiste. Quiero contarte algo, algo personal. Hace años me arrodillé, no literalmente, sino por dentro. Me anulé, me silencié, me incliné ante un amor que parecía serlo todo. Hice de todo, aguanté de todo y lo peor, pensé que era algo hermoso. Creí que era maduro, creí que eso era amor. Pero cuando ella se fue, porque, claro, se fue, me di cuenta de que quien se había ido primero fui yo. Me fui apagando poco a poco y al final ni yo sabía quién era. Fue entonces cuando encontré a Schopenhauer y no, él no me hizo odiarla. Me hizo mirarme al espejo y darme cuenta de lo ingenuo que era, de cuánto necesitaba su aprobación, porque no había construido nada dentro de mí que me mantuviera en pie.

Ese dolor, esa soledad, ese vacío se convirtieron en suelo firme, se convirtieron en disciplina, se convirtieron en lucidez. Y hoy, si estoy aquí compartiendo estas ideas contigo, es porque sé, con cada célula de mi cuerpo, que tú también ya pasaste por esto, y, si no, lo pasarás. Pero ahora quizá estés más preparado.

Gracias por llegar hasta aquí. No escuchaste un video, atravesaste un espejo y espero que haya salido del otro lado más entero, más lúcido y mucho más peligroso. Ah, y si todo esto resonó contigo, haz clic en el enlace de la descripción o en el primer comentario fijado para entender cómo aplicar este método que transforma reactividad en autocontrol y caos interno en presencia firme. Si sobreviviste hasta aquí, felicidades. No todos tienen estómago o valor para enfrentar todo esto sin salir corriendo a ver un reality motivacional de pareja feliz al atardecer; pero, si sentiste que algo de aquí te tocó en un lugar donde nadie llega, entonces haz lo siguiente. Deja un comentario diciendo, "Vi el teatro. Solo quien entendió sabrá." Dale like al video porque el algoritmo todavía es un poco más tonto que la naturaleza femenina. y suscríbete al canal porque los próximos videos van a hacer que Schopenhauer parezca un romántico optimista y esos videos que están apareciendo en la pantalla, uno de ellos va a liberarte, el otro va a romperte de nuevo. Buena suerte eligiendo.