martes, 13 de enero de 2026

Marc Vidal, qué ocurre, qué hacer y cómo

 [Transcripción de YouTube en este enlace:]

 Marc Vidal, hoy: "Esto es mucho más grande de lo que parece aunque no te lo cuenten", en YouTube.

Índice:

00:00 – El mundo dividido y la ruptura del contrato social

02:50 – Una generación que ya no puede ser calmada

03:51 – Protestas globales: no son casos aislados

05:33 – El contrato social en entredicho

06:23 – El coste de la vida y la asfixia económica

07:10 – La generación estafada: jóvenes sin futuro

09:21 – Desigualdad extrema y el detonante universal

10:49 – Choque generacional y brecha digital

12:09 – Movimientos sin líderes: la nueva forma de protesta

15:04 – Gobiernos desbordados y pérdida de legitimidad

18:41 – El punto de no retorno: un sistema ingobernable

20:15 – ¿Reparar el sistema o construir uno nuevo?


 El mundo dividido y la ruptura del contrato social

Si te preguntas por qué el mundo parece tan dividido últimamente, por qué estallan protestas en casi todos los rincones del planeta, presta atención, no se trata solo de política ni de los inconformistas de siempre. Algunos ya lo llaman una guerra generacional librándose en las calles. Estamos ante un choque fundamentalmente de valores y de realidades que están reconfigurando nuestro futuro y sacudiendo la base misma de la sociedad. Es mucho más grave de lo que te cuentan. ¿Acaso el contrato social, ese acuerdo tácito de confianza entre ciudadanos e instituciones se ha resquebrajado globalmente? ¿Se ha roto definitivamente la relación entre quienes lo contaban y los que escuchábamos? Tras el contenido que hice sobre Irán hace ya un poco más de una semana, cuando empezaban los disturbios, cuando los medios aún no habían hecho ni una sola nota al margen, muchos de vosotros, gente que ha participado en diferentes movilizaciones durante el pasado año, me escribisteis. Os voy a destacar alguno de esos mensajes que me habéis escrito vosotros mismos. Los tengo por aquí. Desde Alemania, un seguidor llamado Alfred decía, "In Berlin, so riots of energy and rent jet headlines only scream extremure analyst puts spotlight wearing", esto, más o menos quiere decir que "En Berlín hubo disturbios por la energía y el alquiler, pero los titulares solo hablaron de radicales. Tu análisis pone el foco donde duele". Desde Perú, Isaías 98, que lo conozco personalmente. Tumbamos un presidente en días y aún así los medios siguen diciendo que hubo solo inestabilidad. No entienden nada. Gracias por llamar esto por su nombre. Desde el Nepal, un joven que conozco también personalmente desde hace ya unos meses, en este caso solo por escrito llamado Ramesh, me decía más o menos, lo traduzco directamente, cuando cayó el gobierno en Nepal, casi nadie miró, pero fue la calle la que decidió gracias por no ignorar a los países incómodos. Desde Sofía, otro de vosotros, llamado Crirypton, ese es su apodo, me decía que en Bulgaria protestamos contra élites corruptas y presupuestos absurdos. Desde fuera parecía solo ruido. Gracias a tu canal explicaste por qué no lo fue.

Desde Marruecos, Ibrahim, un amigo que conozco de mis viajes al desierto de Taraclat, me escribía por WhatsApp ayer mismo que allí los jóvenes en Marruecos salieron sabiendo que habría represión, que los medios callaban por todas partes, pero que el silencio de los medios europeos también es violencia.

Desde Cuba, Yanina también me confesaba que en Cuba no hay riots, manifestaciones masivas, pero hay algo real. Se rompió el miedo. Necesitamos que tus seguidores, vosotros y los de todos los que hacemos contenidos similares, expliquen a Europa o donde sea lo que está pasando allí. Hay muchos más. Estos son los que llegaron directamente, no por comentarios, sino porque o son de personas que conozco o bien tienen mi correo personal, el que el que yo leo directamente. Todo

 Una generación que ya no puede ser calmada desembocan lo mismo. Son gente muy joven. Son  generaciones que consideran que las generaciones anteriores se las calmaba con promesas de prosperidad futura, pero que a esta generación, la más joven, ya no puedes calmarla con algo que nunca tuvo. Por eso el mundo está explotando. Quédate porque voy a profundizar mucho más que en vídeos anteriores, en contenidos anteriores, en cómo una crisis económica asfixiante, una revolución digital que amplifica cada indignación y una brecha generacional sin precedentes están convergiendo para poner en jaque la estabilidad planetaria y el contrato social que nos ha mantenido cohesionados hasta ahora probablemente ya no funciona. Y por cierto, si quieres acceder al informe escrito y detallado a lo largo de más de 60 páginas que van a complementar este trabajo en los próximos días que estamos preparando para que te lo puedas leer en detalle, para que puedas participar, hazte miembro del canal que mi equipo te lo va a agradecer y yo también. Lo dicho, no te vayas que lo de hoy también te interesa.

Protestas globales: no son casos aislados 

Mira a tu alrededor. Las calles arden en protestas multitudinarias. A primera vista, cada estallido parece tener causas locales, una subida del precio del transporte aquí, una reforma política allá, pero todos comparten un trasfondo común. Millones de personas, sobre todo muy jóvenes, expresan una frustración profunda con el sistema actual. Ya no estamos ante caos aislados, es un fenómeno global sincronizado. Un análisis del propio Bloomberg Economics contabilizaba 53 protestas masivas con más de 10,000 participantes, que es como se les considera en 33 países durante el año pasado, la cifra anual más alta desde que se tienen registros. Estas movilizaciones llegaron a derrocar gobiernos en lugares tan distintos como Nepal, Madagascar, Bulgaria y sacuden incluso democracias avanzadas. Los entrevistados alrededor del mundo sobre estos temas, desde jóvenes en Ciudad de México hasta activistas en Yakarta, revelaban avances compartidos, ira por la creciente desigualdad, precariedad laboral, corrupción y, sobre todo, una duda amarga de que vayan a alcanzar el nivel de vida que tuvieron sus padres.

La desconfianza hacia las instituciones es generalizada y más intensa de lo que creemos los que somos más mayores entre las nuevas generaciones. En encuestas globales, más de la mitad de la población dice que su país está más polarizado que antes y casi todos culpan a un liderazgo fallido, a desigualdades y a una tibia desinformación que genera esa fractura. Y cuando digo desinformación es en todos los sentidos.

El contrato social en entredicho

En otras palabras, el viejo contrato social, ese acuerdo implícito por el cual los ciudadanos aceptamos obedecer las leyes y autoridades a cambio de bienestar, seguridad y oportunidades, están entredicho en todas partes. Cuando tanta gente siente que los gobiernos ya no cumplen su parte, la consecuencia es este rugido global de indignación. No te lo van a explicar en los medios de forma global y comparada, no te van a dejar pequeños detalles, pero está pasando. Para entender esa tormenta perfecta de descontento, hay que mirar qué está fallando. La economía cotidiana de la gente, la confianza en un futuro mejor y la manera en que la tecnología conecta y enciende estos ánimos. Es decir, ver como lo invisible, las frustraciones económicas, lo digital, las redes y la información y lo generacional se entrelazan en esta crisis de alcance planetario. 

El coste de la vida y la asfixia económica

Una gran parte de esta historia está escrita en las hojas de cálculo de la economía doméstica. Hablemos claro, el costo de la vida se ha disparado en los últimos años a niveles que no veíamos desde hacía bastantes décadas. Los más mayores nos acordamos de niños de aquellas inflaciones galopantes que teníamos eh por aquel entonces. La inflación ahora golpeó de nuevo con dos dígitos en muchos países tras la pandemia, con precios de energía y alimentos por las nubes, mientras los salarios se estancaban, por no hablar del truco a la hora de medir el IPC en algunos países, la inflación en otros, cuando no es real. Cuando para la mayoría llegar a fin de mes se vuelve en una hazaña, la promesa básica del contrato social trabajar duro y prosperarás suena a una burla. No es casualidad que tantas protestas hayan estallado bajo la consigna de no podemos pagar más, pero hay un matiz crucial. 

La generación estafada: jóvenes sin futuro

El impacto generacional de esta crisis económica es clave. Las generaciones más jóvenes, los millennials, los que tienen unos 30 y algo y la generación Z, los Zumers, los veinteañeros, sienten que se les ha tocado un futuro muy precario, mucho más que el de sus padres. Y es una percepción válida. Vamos a ver los datos. En muchos países occidentales, la generación boom, los boomers, acumulan la mayor parte de la riqueza privada. En Estados Unidos, donde tenemos algunos datos, los baby boomers concentran más del 50% de la riqueza del país, mientras los millennials apenas poseen un 5%. A la edad en que sus padres ya compraban casa y coche, muchos jóvenes de hoy encadenan alquileres imposibles si es que han podido irse de casa para pagar algo y que además tienen empleos temporales sin estabilidad. La tasa de desempleo juvenil en promedio mundial triplica al de los adultos y tener trabajo ya no elimina la ansiedad. Dos tercios de los jóvenes en el mundo sienten ansiedad por su situación laboral. Incluso muchos de los que están empleados están en la economía informal o en puestos de que está muy por debajo de su formación. Y todo esto ha creado una sensación generacional de estafa. Es la generación estafada.

Los jóvenes ven a sus mayores disfrutar pensiones, empleos, disfrutar. Ya me entendéis, empleos estables, vivienda propia, mientras que a ellos les tocan contratos basura, deudas estudiantiles en los países en los que eso se rige, alquileres estratosféricos, por ejemplo, en Europa. Se habla del primer grupo de jóvenes en mucho tiempo que podría vivir peor que sus padres. Eso ya no es una frase hecha, eso es una realidad. Esa ansiedad económica generacional es pólvora, pólvora pura. En redes sociales se ha vuelto viral un eslogan, el okay boomeres una expresión sarcástica de los jóvenes hacia las actitudes de la generación boomer, los de los años nacidos en los 50 y pico, 60 y pico, encapsulando el hartazgo con frases del tipo "Si te esfuerzas lo conseguirás", que ya suenan vacías. Memes y hashtags sobre la generación de la precariedad, es decir, la generation rent antiwork, unen a jóvenes desde Los Ángeles hasta Lagos en una queja común. El sistema está roto y no me ofrecéis un futuro digno. 

Desigualdad extrema y el detonante universal 

Y atención, porque la desigualdad económica general actúa aquí como detonante universal. Aunque las situaciones varíen por país, en casi todos lados la brecha entre ricos y pobres se ha ido ensanchando en los últimos años. La pandemia amplificó esa brecha de forma, yo diría que escandalosa. El 1% más rico acaparó 2 tercios de la nueva riqueza global generada desde 2020, unos 26 billones dólares hasta 2021. Mientras tanto, por primera vez en 25 años creció la pobreza extrema a nivel mundial. Dicho de otro modo, los multimillonarios, los muy muy multimillonarios vieron duplicar sus fortunas en plena crisis a razón de 2,700 millones más cada día, incluso después de leves caídas de los mercados en el 22, mientras cientos de millones de personas comunes luchaban por mantener un plato en la mesa. Es difícil exagerar el resentimiento que generan cifras así, ¿verdad? Cuando la gente ve que el sistema premia al 1% a costa del 99%, la credibilidad de esas instituciones y la promesa de movilidad social se vienen abajo. No importa si el reclamo concreto de una protesta es el precio del metro en Chile o la condonación de deudas estudiantiles, por ejemplo, en Estados Unidos. Subyace la sensación compartida de injusticia económica y esa indignación encuentra un eco y una amplificación inmediata en internet, que es lo que ha cambiado, y eso alimenta a las protestas en cadena. 

Choque generacional y brecha digital

El choque generacional no es solo económico, es también un desencuentro de valores y visiones del mundo y se amplifica por una brecha digital. Las generaciones difieren en lo que esperan de la sociedad y en cómo se informan y organizan. Y estaría bien escuchar los más los que somos más mayores. A mí me encanta escuchar sus inquietudes. A veces no las comparto, pero intento entenderlas. Porque aquí la tecnología juega en papel de doble filo. Une a los afines, pero separa las generaciones en burbujas informativas. Los jóvenes de la generación Z se han criado en la era de las redes sociales con un océano infinito de información al alcance del móvil. Consumen noticias por feits de Instagram, TikTok, Twitter, en vídeos en YouTube donde la inmediatez y lo visual dominan. Entrre tanto, muchos mayores aún  confían en la televisión tradicional o la prensa escrita para informarse. El resultado, dos realidades paralelas. Un mismo suceso puede ser interpretado radicalmente distinto dependiendo de en qué plataforma te has estado informando. Los que estáis viendo este vídeo, obviamente, no entráis en el patrón de esos que están enfrentados con los que se informan en un ámbito digital. Las cámaras de ecoalimentadas por algoritmos significan que cada grupo recibe confirmación constante de sus propias creencias y enfados. Me dedico a eso. Sé que la tecnología ha sido una arma al servicio de la movilización positiva. 

Movimientos sin líderes: la nueva forma de protesta

Las mismas herramientas digitales que pueden separar están ahora dando poder organizativo sin  precedentes a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes. Plataformas como Telegram, WhatsApp o Discord permiten coordinar protestas de forma descentralizada y casi instantánea. Es lo que ha pasado en estos últimos días en Irán. Un ejemplo impresionante fueron las protestas en Hong Kong en 2019, donde manifestantes, muchos eran muy jóvenes, usaban chats cifrados y foros en línea para planificar  movimientos casi a tiempo real, escapando de la censura en aquel momento China y sin necesidad de líderes visibles. Y esa táctica sin cabeza dificultó enormemente la respuesta gubernamental. Eso es lo que no han entendido algunos todavía. Lo vimos también en la llamada primavera árabe ya en el 2011 y en movilizaciones más recientes en Tailandia, en Bielorrusia, compartiendo consejos tácticos tomado todo ello de movimientos en otros continentes, adaptándolos a su realidad local. Hoy un solo tweet, un vídeo viral, puede cruzar fronteras y encender chispas solidarias al otro lado del globo. Por ejemplo, las protestas juveniles en Nepal, que os decía hace un momento, que me escribieron desde ahí, que tumbaron a su gobierno hace unos meses, inspiraron a jóvenes en Perú que al ver esas noticias en redes las tomaron como modelo a seguir. Del mismo modo, manifestantes de América, Hispanoamérica, replican lemas del Black Life Matters, por ejemplo, de Estados Unidos y activistas europeos han aprendido de la resistencia creativa de los estudiantes en Hong Kong. Se está forjando una red mundial de solidaridad juvenil y algunos no lo ven. Hashtags compartidos, desafíos virales con causa, donaciones colectivas para movimientos en otros países. Todo eso crea una conciencia de lucha global inédita. Nunca había sido así y algunos lo están obviando. Un joven desempleado en Túnez puede sentir que tiene más en común con un milenial endeudado en Estados Unidos que con sus propios gobernantes locales. Por supuesto que esa hiperconexión también tiene su lado oscuro en las protestas. La información se convierte en arma. Las mismas redes propagan indignación legítima y campañas de manipulación. Gobiernos autoritarios y actores malintencionados han utilizado bots y utilizan noticias falsas para dividir a esos movimientos o para justificar la represión. Hay un ejemplo muy claro. Fueron las oleadas de desinformación detectadas en torno a las protestas en Chile en 2019, cuando desde cuentas falsas difundían caos exagerado, atribuían falsamente la violencia a los manifestantes, buscaban restarles apoyo.

La opinión pública hoy es muy volátil y es muy reactiva, mucho más que antes. Un trending topic incendiario puede provocar que en cuestión de días un gobierno enfrente manifestaciones multitudinarias. pidiendo dimisiones de todos ellos. No lo vieron venir. 

Gobiernos desbordados y pérdida de legitimidad 

Todas esas fuerzas económicas, tecnológicas, generacionales están están reblandeciendo los cimientos del poder tradicional. Los gobiernos, tanto democráticos como autoritarios, se encuentran en terreno movedizo, lidiando con desafíos que no saben cómo controlar. Las estructuras clásicas de autoridad están siendo cuestionadas abierta y simultáneamente en muchas partes del mundo. En el mundo vemos un declive notable de la confianza en partidos políticos, parlamentos y medios convencionales. Eso en países democráticos. La polarización política se ha disparado. Amplios sectores de la ciudadanía, por ejemplo, a menudo alineados por generación, sienten que el sistema ya no les representa y por eso surgen candidaturas antisistema y de todo tipo que capitalizan ese desencanto y prometen derribar el estatus quo o en el caso de los más jóvenes, movimientos que rehuyen de los canales formales y prefieren la acción directa en la calle.

Algunos se preguntan, ¿por qué crecen unos y ya no crecen otros? Deberían de revisar estos motivos. Si la mayoría piensa que el mañana será peor, incluso antes de llegar, ¿cómo no van a proliferar las protestas de los Ya basta? Muchos líderes democráticos lucen ahora mismo paralizados. Cualquier decisión difícil es recibida con ira por algún segmento ciudadano movilizado en redes.

Se gobierna a golpe de crisis viral, apagando fuegos constantes, lo que obviamente erosiona la capacidad de trazar reformas a largo plazo, que seguramente es lo que se necesita. Son muy cobardes. La  legitimidad de las instituciones, que son muy cobardes, pende un hilo, sujeta al trending topic del día. En los regímenes autoritarios, la cosa tampoco pinta muy fácil. Antes los dictadores y autócratas confiaban en el control férreo de la información para sofocar el disenso. Pero en la era de internet, incluso con censura, las grietas informativas existen en Irán. han hecho un blackout de internet informativo, pero tienen Starlink para conectarse. Ejemplo, también en China en 2022, las protestas inusuales allí contra su política de cero COVID, que es el que lo que se planteó después de que vídeos de un incendio mortal atribuido al confinamiento circular por redes, pese la censura, fue un chispazo de indignación popular que el Estado no supo anticipar. Lo pararon, sí, pero se las vieron. Y en Irán de nuevo lo que está pasando ahora mismo, las protestas de estos días. Allí están lideradas en gran parte por jóvenes y mujeres desafiando décadas de miedo. Y aunque el régimen reaccionó con dureza, está reaccionando con muchísima dureza, está matando a su gente, ha quedado evidente que hay una generación que ya no se calla a pesar del riesgo. Manifestarse allí es jugarse la vida. Incluso en lugares como Rusia, el estado se enfrenta a fugas de narrativa. Jóvenes bloggers con millones de seguidores cuestionan la versión oficial sobre la guerra en Ucrania y obligan al Krelmin a jugar a la represión. Y eso muestra que el monopolio de la verdad se ha roto.

Esta es la clave. Ningún gobierno puede controlar totalmente el relato cuando cada ciudadano con su teléfono móvil es potencialmente un medio de comunicación.

Y ahora me dirán de todo, pero se convierten en eso, por lo menos de emisión a tiempo real. Otro factor es la ausencia de líderes claros en muchas de esas protestas y eso confunde a las élites. Movimientos como Occupy Wall Street en 2011 o los chalecos amarillos en Francia en el 2018 fueron intencionalmente horizontales, sin cabezas visibles con quienes negociar. Esa tendencia continúa. Muchas de las protestas actuales son espontáneas o coordinadas en red sin un comité central. Para los gobiernos esto es una pesadilla. 

El punto de no retorno: un sistema ingobernable

¿Cómo desactivar un movimiento que no tiene un líder a quien convencer, a quién encarcelar, a quién comprar? La respuesta típica ha sido la represión, la criminalización y por eso a menudo echa más leña al fuego, sobre todo cuando las imágenes de abusos policiales circulan libremente, indignando más a ese grupo descentralizado. La imprevisibilidad es la nueva norma. Un suceso menor puede escalar a crisis nacional en días. Ya te lo decía. En Túnez 2010, un gesto desesperado de un joven vendedor ambulante prendiéndose fuego detonó en la primavera árabe entera. Y hoy cualquier injusticia filmada, desde una agresión policial hasta un comentario racista viralizado, puede ser catalizador de protestas multitudinarias antes de que las autoridades puedan reaccionar. Y en medio de todo eso, los algoritmos, los algoritmos de redes sociales que actúan como aceleradores impredecibles, amplifican contenidos emocionales, a veces polarizantes, dan voz a quienes antes no la tenían, pero también elevan la temperatura del debate público al punto de bullición. Los gobiernos se ven desbordados, intentan contrarrestar narrativas con comunicados oficiales que que ya nadie lee o contratando ejércitos de community managers. para peleas que no pueden ganar en la opinión pública digital porque la conversación es demasiado descentralizada y demasiado caótica. Su sistema, su modelo, no funciona y se están dando cuenta. 

¿Reparar el sistema o construir uno nuevo?

Nos encontramos en un momento bisagra de la historia, un punto en el que debemos preguntarnos algo. ¿Es posible enmendar un contrato social hecho trizas o tendremos que forjar uno completamente nuevo desde cero? La respuesta va a depender de si somos capaces de tender puentes entre esas brechas que os he descrito hoy, en lugar de cabarlas aún más profundas. 

También es posible que estemos entrando en una era de fragmentación mayor donde ese viejo contrato social se reemplaza por mosaicos más pequeños de lealtad. Yo creo más esto. Hay quien especula incluso que podríamos ver una desagregación del Estado nación tal y como lo conocemos. personas que ya no confían en gobiernos centrales y en su lugar se unen a comunidades más ágiles, incluso aunque sean virtuales. Pensemos en grupos que forman micronaciones digitales, en comunidades, por ejemplo, cripto, que operan con sus propias reglas financieras al margen de bancos centrales o en las DAO, que son organizaciones autónomas descentralizadas, donde decisiones son tomadas por miles de usuarios globales mediante blockchain sin jefes permanentes. Suena a ciencia ficción, pero ya existen proyectos piloto de ciudades autónomas, economías basadas en criptomonedas y colectivos online con más cohesión interna que muchas sociedades físicas. Si las instituciones tradicionales no logran adaptarse a esto, muchos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, los más cosmopolitas, podrían optar por salirse del sistema, al menos mentalmente, e invertir todas sus energías en estos nuevos espacios paralelos. Si eso plantearía un escenario totalmente nuevo de inestabilidad para los estados, pero quizá al final forzaría a repensar desde cero cómo definimos el concepto de ciudadanía, de gobierno y de comunidad en el siglo XXI. Por eso, llegados a este punto, sería interesante preguntarse si estamos ante una simple época turbulenta más o se trata de algo más definitivo. Recordemos La Primavera de los Pueblos, cuando oleadas revolucionarias sacudieron a Europa. Era 1848 y tuvo lugar una ola revolucionaria donde los pueblos de distintos países, sin internet ni redes sociales, se levantaron casi a la vez pidiendo libertades y mejores condiciones de vida. Aquello también fue un síntoma de contratos sociales obsoletos. Hoy hay ciertas similitudes que saltan a la vista, pero el claro es más global, más complejo. Estamos en esa zona gris intentando navegar entre el mundo que se desvanece y el que empuja por nacer. Me encanta ser testigo del nacimiento de un nuevo mundo. Sin embargo, la Historia nos enseña que de las grandes crisis nacen grandes transformaciones. Dejadme pensar así. Podemos imaginar un futuro donde tras este periodo de convulsión la sociedad haya reajustado su contrato sobre nuevos fundamentos. Quizá una relación renovada entre gobernantes y gobernados basada en más participación directa y transparencia radical, quizá economías más solidarias que no dejen a generaciones enteras atrás. Quizá una cultura digital donde prevalezca la colaboración global sobre la confrontación tribal.

Sé que suena utópico. ¿Qué pasa? Las utopías de ayer a veces son la realidad del mañana. La pregunta no es solo si el contrato social está roto, sino qué vamos a construir en su lugar. Estamos metafóricamente como una colmena que ha perdido a su reina. Las abejas zumban caóticas por un tiempo, pero luego tienen que unirse todas ellas para crear una nueva líder o la colmena perecerá. Del mismo modo, nuestras sociedades deberán encontrar un nuevo eje de consenso y un nuevo propósito compartido. Puede que tengamos que reinventar nuestras instituciones desde las cenizas. ¿Qué pasa? Igual sí. No sería fácil, pero la capacidad humana para adaptarse y crear es poderosa. A los que nos gusta la historia lo sabemos. La clave estará en nuestra participación activa, en entender que todos somos parte del problema y también de la solución. Si algo nos demuestra esta oleada global de protestas, incluida las de Irán, es que la gente sí quiere ser escuchada y sí quiere formar parte del cambio. Aprovechemos esa energía no solo para protestar, sino para proponer, porque el futuro va a depender de nuestra habilidad para imaginar nuevas formas de convivencia y que las podamos hacer realidad. Cada uno de nosotros, joven o viejo, tiene en sus manos un pedacito de esa reconstrucción.

El contrato social era el pegamento invisible que mantenía unida la porcelana de nuestra sociedad. Y ahora ese jarrón se ha hecho añicos, te lo expliquen o no en la tele. Podemos dejar que los pedazos se dispersen y cortarnos con ellos o armarnos de valor para recomponerlo, pero dándole una nueva forma mucho más resistente. 

Está en nuestras manos, amigos, decidir si de esta fractura global emerge un mosaico caótico o un nuevo pacto más justo y fuerte. Porque pase lo que pase en las calles de Teherán nos afecta.

Podemos señalar a los que callan, a los que no. Lo que pasa en las calles de cualquier otra parte del  mundo nos afecta. Es curioso el silencio de algunos, algunas, por los que callan y por los que no. Ver todo esto como un campo de debate ideológico desde una perspectiva antigua de derecha, izquierda, arriba o abajo, adelante o atrás es un error. Esto no es ideológico. Por lo menos no solo. Estamos hablando de una falta de legitimidad creciente de quienes nos gobiernan en cualquier lugar del mundo.

Da igual el lugar, da igual si son dictaduras, teocracias o sistemas diversos, da igual. La cuestión es que algo se ha roto y volverlo a recomponer como estaba antes ya es imposible. Y el tiempo dirá, ¿hasta qué punto estamos creando un nuevo mundo o simplemente vamos a retocar estéticamente el que se hizo añicos? No podemos participar físicamente en las batallas que se libran en tantos lugares del mundo.

Obviamente no podemos ir, pero sí podemos analizarlas correctamente.

No son un titular, no son un resumen, no es un fragmento de un informativo. Son procesos complejos que están definiendo el mundo de nuestros hijos. Es momento de explicarlo, de contarlo y de denunciarlo. Es momento de participar en la medida de lo posible. Es momento de apagar la televisión porque solo te va a contar lo que pasa cuando interese contar lo que pasa. No antes y no después. La historia no está escrita. La pluma la sostenemos nosotros con nuestras acciones colectivas.

Plataformas como esta, conocimiento, con empatía y con determinación podemos transformar la crisis, la que vive el mundo en oportunidad y forjar ese futuro compartido que hoy parece tan incierto. Seguimos.

lunes, 12 de enero de 2026

Derrota y descontrol del proceso educativo. La enseñanza de la filosofía.

 Víctor Bermúdez, profesor de Filosofía: “Hemos perdido el control del proceso educativo, lo que damos en clase es en gran medida un simulacro”, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia - 25 dic 2025:

Coautor del currículo oficial, el docente acaba de publicar un libro sobre el estado de su asignatura y advierte de la pérdida de referentes culturales comunes entre el profesorado y sus alumnos

Víctor Bermúdez volvió en septiembre a su instituto público de Mérida, donde da clase de Filosofía, después de cinco años en el Ministerio de Educación, donde ha coordinado la redacción de los actuales currículos de su materia y de varias más, como Historia. Acaba de publicar con otros autores Defensa de la enseñanza de la Filosofía: trayectorias en Iberoamérica (Aula de Humanidades), libro en el que explica que para entender por qué en España se enseña Filosofía en secundaria, y no sucede lo mismo en el centro y norte de Europa, hay que remontarse a las guerras de religión del siglo XVI. Durante una hora de entrevista, Bermúdez repasa la historia y características de su asignatura, para lanzarse después a hablar de cómo ve a los chavales y la escuela, la parte que, puestos a elegir, se recoge aquí. Nacido hace 57 años en Barcelona y criado en Triana, Sevilla, responde a las preguntas por videollamada desde el estudio de su casa. La cámara muestra el espacio acogedor donde trabaja alguien que no es precisamente un maniático del orden.

Pregunta. Afirma en el libro que una de las preocupaciones del profesorado en España es que el alumnado presenta “dificultades generales de atención, comprensión y expresión”. ¿La comparte?

Respuesta. Es una pregunta muy complicada. No es algo solo o específico de la materia de Filosofía. Como profesor creo que estamos en un momento de gran desconcierto educativo. Hemos perdido casi totalmente el control del proceso educativo de los chicos y las chicas, de los futuros ciudadanos. Y en gran medida la educación que seguimos dando en los centros educativos es un poco un simulacro.

P. ¿Por qué?

R. En primer lugar, se han desbocado los cauces de obtención de información. No hay quien los controle, porque en gran medida pertenecen a ámbitos privados. Empezando por las empresas que suministran herramientas no solamente de obtención, sino ahora de producción de información a través de la inteligencia artificial. La escuela no sabe cómo actualizar el lenguaje educativo para que pueda competir con eso. En segundo lugar, creo que la escuela está renunciando a su objetivo fundamental, que era generar una especie de cultura general común a toda la ciudadanía, que pudiera servir no ya para obtener trabajo, sino para generar unos vínculos comunitarios, unas referencias comunes, y una formación moral que permitiese a las personas afrontar el mundo. La educación está fracasando en esto y no por no porque no haya voluntad. Veo a mis compañeros y compañeras trabajando como locos por intentar enganchar al alumnado. Pero no sabemos cómo competir con, cómo llegar a, ni tampoco qué impartir. Y no sabemos cómo recuperar ese fondo de cultura general, de referentes culturales comunes que los chicos no llegan a compartir con nosotros.

P. Pero ¿tienen más dificultades de comprensión y expresión?

R. Hay dificultades, eso es innegable, para comprender textos escritos y para expresar por escrito contenidos complejos de una forma también compleja y amplia. Es decir, hay dificultades para expresarse en el lenguaje en el que tú y yo nos hemos educado.

P. ¿Cree que en ello influye el entorno en el que se están criando fuera de la escuela: las pantallas, los móviles, las redes sociales…?

R. Sí, y ahora la inteligencia artificial. No es que en general comprendan menos; comprenden menos y se expresan peor en determinados códigos. Con esto no quiero ser relativista; no creo que cualquier forma de comunicación sea igual de buena, creo que el lenguaje verbal es mucho mejor que otros, porque pensamos con él. Como les digo a mis alumnos, si no escribes bien y no hablas bien, tampoco puedes pensar bien. Pero tampoco quiero decir que los chicos sean tontos. Son muy listos y tienen un potencial enorme. A mi juicio, desaprovechado porque no están aprendiendo todos los lenguajes que deberían estar aprendiendo y dominando.

P. ¿Qué le preocupa del uso que hacen de la IA?

R. Lo que temo no es, ya que los chicos usen la inteligencia artificial, que la usan y mucho. Sino que muchos la utilizan ya sin picardía porque realmente creen que es una herramienta para que ellos puedan expresarse mejor. Un poco como el autotune, el aparato que hace que parece que cantas afinado aunque no lo hagas. Llegan a creer que esa expresión es fruto de su colaboración con la máquina, cuando en el fondo la máquina lo hace prácticamente todo. Muchos se están engañando con eso. La escuela tendría que aprovechar las herramientas que le proporciona la inteligencia artificial para educar, que es muy aprovechable, aunque habría que cambiar el propio concepto de evaluación. Pero no creo que ese sea el elemento fundamental del desconcierto.

P. ¿Cuál es?

R. Que se está disgregando a marchas forzadas ese ámbito que antes llamábamos cultura general, y que hacía que pudieras hablar con cualquier ciudadano de Cervantes o que un chico supiera dónde está Egipto. Un magma simbólico y de ideas que pueda amueblar la convivencia. Hay muchos chicos que no saben, por ejemplo, situarse históricamente de forma clara, y hablo de chicos de segundo de Bachillerato.

P. ¿A qué lo atribuye?

R. Creo que tiene que ver con que la educación en los últimos años se está centrando fundamentalmente en procedimientos. Que el chico o la chica sea capaz de desarrollar ciertas habilidades. Pero esto tiene el problema de que se pierda ese idioma común que antes era la cultura de, no sé, los europeos, por hablar de un ámbito cultural más concreto. Por un lado, la globalización ha roto, y tiene su parte positiva, esa burbuja cultural europea y de cada uno de sus países. Pero por otro, no ha dado nada para sustituir ese hueco cultural. Ese idioma de conceptos, contenidos, problemas comunes a nivel cultural, filosófico, político. De forma que cada vez nos comunicamos peor, cada vez nos entendemos menos. Y esto también está canalizado por el fenómeno de la polarización política y, en general, de la superficialidad de la comunicación que protagonizan fundamentalmente las redes globales. Una comunicación basada sobre todo en el consumo de productos muy simples, muy prefabricados.

P. ¿Qué papel le queda a la escuela?

R. Ese espacio de formación pública, dependiente únicamente del Estado, que es especialmente la escuela pública, es un reducto cada vez menor de interacción entre la ciudadanía. Se va empequeñeciendo frente al mercado global de comunicación, de formación y ahora ya de producción de información de las empresas privadas. Donde no hay referentes compartidos, un idioma cultural común que te permita plantear problemas profundos y encontrar un interlocutor. Sino que hay un nivel muy superficial de información, y básicamente una gran soledad individual, existencial, especialmente entre los jóvenes. Y no es solo aquí. A nivel mundial la escuela está perdiendo protagonismo.

P. ¿Puede hacer algo la filosofía al respecto?

R. Llámame si quieres ingenuo, pero sigo teniendo confianza en que la filosofía, la competencia filosófica, podría ser un cierto revulsivo para que la educación articule algo que permitiese a los chicos defenderse un poco de la agresión que sufren continuamente del entorno. Lo que no sé es cómo no tienen más problemas mentales. Si no tienen herramientas conceptuales, conceptos con los que comprender, categorías con las que ordenar la información, capacidad para hacer mapas mentales integrando lo que viene de aquí y de allá, no sé cómo podrán estos chavales afrontar no solo lo que hay, sino lo que se les viene encima. Porque se les viene encima una crisis ecosocial enorme, no sé si un contexto prebélico o bélico… En fin, igual es que soy ya muy viejo.

Entrevista al filósofo de 102 años Edgar Morin

 Las reflexiones del filósofo Edgar Morin a sus 104 años: "La sociedad es cada vez más sumisa, debemos pasar a la resistencia", en El Mundo, por Gonzalo Suárez, 8 enero 2026:

El icónico pensador francés hace balance de su más de un siglo de vida en 'Lecciones de la historia', donde condensa en 16 breves lecciones todo aquello que podemos, y debemos, aprender de nuestro pasado. "El día a día domina la vida cotidiana. Olvidamos que vivimos dentro de una historia"

El 8 de julio de 1921, la Comisión de Reparaciones Aliadas decretó que Alemania había incumplido los pagos acordados en el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial. A 8.000 kilómetros de allí, Mongolia declaró su independencia de China con la ayuda de tropas soviéticas. Y algo más cerca de casa, el general Manuel Fernández Silvestre extendió tanto las tropas en el Rif que acabó provocando el Desastre de Annual, que costó 11.500 muertos al Ejército español.

Ese mismo día, que suena casi a prehistoria, un bebé llamado Edgar Nahoum llegaba al mundo en París, en el seno de una familia de judíos sefardíes emigrados de Tesalónica. Pero no fue hasta dos décadas después, al alistarse en la Resistencia antinazi y participar en la Liberación de París, cuando el joven Edgar adoptaría el seudónimo con el que pasaría a la historia como uno de los grandes pensadores de su tiempo. "Mi militancia en la Segunda Guerra Mundial fue uno de los tres hechos que marcaron mi pensamiento, junto con la Guerra Civil española y la desestalinización emprendida por Jruschov", asegura Edgar Morin en una entrevista por correo electrónico, pues una indisposición le forzó a anular la cita acordada.

No es exagerado decir que el pope del 'pensamiento complejo' es el último gran intelectual del siglo XX. Sólo él vivió en primera persona la barbarie nazi que lo arrasó todo. Más tarde se convertiría en un comunista convencido, aunque fuera purgado en 1951 por su afán librepensador. También fue una figura clave en el Mayo del 68, que le pilló como profesor en la Universidad de Nanterre, desde donde narró en directo las revueltas en clarividentes textos en Le Monde.

Hoy, a sus 104 años, Edgar Morin sigue siendo un titán de las ideas que no deja de reflexionar, divulgar y editar libros. El último es Lecciones de la historia. ¿Podemos aprender de nuestro pasado? (Taurus). En este ensayo condensa lo aprendido en su vida en 16 breves lecciones de apenas dos o tres páginas. Dice que su esperanza es animar a las generaciones actuales, cegadas por el fulgor de lo inmediato, a que adopten una mirada más amplia: "El día a día domina la política y la vida cotidiana. Vivimos desarraigados del pasado y privados del futuro. Olvidamos que vivimos dentro de una historia".

"Las condiciones históricas son distintas hoy a las de los años 30, pero los peligros y las cegueras de ambos períodos son de la misma naturaleza"

PREGUNTA. ¿Es esa la principal lección de su libro? Porque el momento actual, con su aluvión de acontecimientos históricos, no invita a mirar las cosas con perspectiva...

RESPUESTA. Las perspectivas de futuro son muy inquietantes, sí, pero la experiencia me ha mostrado algo importante: que lo improbable puede llegar a suceder.

P. ¿Le recuerda la situación actual a su infancia y adolescencia en los años 20 y 30?

R. Las condiciones históricas son distintas, pero los peligros y las cegueras de ambos períodos son de la misma naturaleza. Hubo un tiempo no tan lejano en que todavía se podía imaginar un cambio de rumbo, pero parece que ahora ya es demasiado tarde. Ciertamente, lo improbable y, sobre todo, lo imprevisto pueden suceder. No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, con o sin desesperanza, pasar a la Resistencia.

Esta alusión a la Resistencia no parece casual. De ahí que rebobinemos a la infancia parisina que tanto marcó a nuestro protagonista. El pequeño Edgar se crió en los felices años 20, pero la tragedia pronto sacudió su vida. Su madre, Luna Beressi, enferma del corazón, falleció cuando él sólo tenía 10 años y se refugió en el cine, la lectura, el ciclismo y la aviación para sobrellevar la pérdida. En concreto, se enfrascó en Dostoievski, cuya lectura no sólo le sirvió de bálsamo, sino que le instruyó sobre el alma humana y marcó su pensamiento. "La muerte de mi madre ha sido el hecho principal de mi vida", declaró a Le Monde.

Cinco años después, Morin ya dio muestras de su compromiso político. Apenas alcanzada la mayoría de edad, le conmocionó la Guerra Civil y se afilió a organizaciones de apoyo al bando republicano. Al mismo tiempo se las arregló para ingresar en la Sorbona parisina y, tras el éxodo por la invasión nazi, se licenció en Derecho, Historia y Geografía en la Universidad de Toulouse sin dejar de colaborar con la Resistencia. Tan brillante era su currículum que ni siquiera necesitó un doctorado para obtener un puesto en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), la institución de investigación científica más prestigiosa de Francia, casa de 12 Premios Nobel y 10 Medallas Fields de Matemáticas.

Tras casarse con Violette Chapellaubeau, la primera de sus cuatro esposas, Morin emprendió un estudio multidisciplinar de un pueblo de la Bretaña, uno de los primeros ensayos etnológicos de la sociedad francesa contemporánea. También se interesó por prácticas culturales que desdeñaban los intelectuales de su época, lo que le llevó a recorrer América Latina. Defender los derechos de la población indígena se convirtió en otra de las pasiones de su vida.

De todas estas experiencias, Morin extrajo una de sus grandes aportaciones al pensamiento del siglo XX: la idea de policrisis, que acuñó en 1993, décadas antes de que miles de analistas como Adam Tooze se la apropiaran sin citarle. Según él, una policrisis no es sólo una acumulación de crisis sociales, políticas, económicas o ambientales: la clave es cómo interactúan entre ellas. De hecho, resolver un problema de forma aislada puede empeorar el resto de formas impredecibles. Por ello, Morin siempre propone un enfoque global que incorpore la complejidad de las interacciones antes de actuar.

"Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya anciano, intento nutrirme de la experiencia"

PREGUNTA. ¿Cómo interpreta la ‘policrisis’ actual: el cambio climático, la aceleración tecnológica, la fragmentación geopolítica, el cansancio democrático...? ¿Se trata de una ‘policrisis’ que abrirá una nueva era histórica? ¿O sólo es la repetición de viejos patrones que consideramos únicos por nuestro egocentrismo histórico?

RESPUESTA. Es una crisis de la humanidad globalizada, con innumerables entrelazamientos, y cuyo desenlace es incierto.

Su otra gran idea es el "pensamiento complejo", un método que busca comprender los fenómenos en su totalidad y al que dedicó la gran obra de su vida: El método, un oceánico tratado de seis volúmenes publicados entre 1977 y 2004. Su idea clave es que la realidad es un tejido de relaciones y, para comprenderla, hay que mirar al conjunto y las partes a la vez, además de todas sus interrelaciones. Por ejemplo, el pensamiento dialógico defiende que existan dos ideas opuestas a la vez -que en el mundo pueden convivir orden y caos a la vez- sin que se excluyan mutuamente: la vida necesita reglas para funcionar, sí, pero también errores, crisis y cambios para evolucionar.

Con semejante currículum, cuajado de premios internacionales y doctorados honoris causa, hace tiempo que Morin se tendría ganada una jubilación más que honrosa. Sin embargo, su producción se ha acelerado con la vejez, sobre todo desde que fue uno de los inspiradores, junto a Stéphane Hessel, de las revueltas juveniles que recorrieron el mundo en 2011. "Es la primera vez que mis libros se convierten en best sellers", dijo, socarrón, en aquella época.

PREGUNTA. ¿Qué alimenta su curiosidad en esta etapa de su vida?

RESPUESTA.Todo: la vida, el ser humano, el cosmos, el amor, la amistad…

P. En una entrevista reciente en el ‘Corriere della Sera’, dijo que cada fase de la vida le ha dejado su huella…

R. Sí, conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya anciano, intento nutrirme de la experiencia de todas las edades que he atravesado

P. Me remito, entonces, a su infancia. Estudios recientes dicen que los jóvenes de los países occidentales cada vez conceden menos valor a la democracia: estarían dispuestos a cambiar sus libertades si se les garantiza más seguridad y estabilidad económica. ¿Qué les diría?

R. Intentaría demostrarles que nunca se debe sacrificar la libertad. Entiendo que la falta de una esperanza previsible es un factor que irrita a la juventud. Estamos dominados por formidables poderes políticos y económicos, a la vez que nos amenaza la instauración de una sociedad de sumisión. La primera y más fundamental resistencia es la del espíritu. Esa resistencia prepararía a las generaciones jóvenes para pensar y actuar en favor de las fuerzas de unión, fraternidad, vida y amor –que podemos concebir bajo el nombre de Eros– contra las fuerzas de dislocación, desintegración, conflicto y muerte, que podemos concebir bajo los nombres de Pólemos y Tánatos.

P. Pero sí es cierto que muchos ciudadanos se sienten desorientados por la velocidad del cambio. ¿Qué recursos filosóficos pueden ayudarnos a dar sentido al presente, en lugar de sucumbir al miedo o a la nostalgia?

R. La conciencia de la Historia, con sus azares imprevistos y sus incertidumbres.

P. En sus obras recientes ha hablado de una crisis todavía más profunda que las demás: la crisis del pensamiento, marcada por la simplificación excesiva en detrimento de la complejidad, los sueños y la poesía. ¿Es esa, según usted, la raíz de las demás crisis?

R. Me temo que sí. Hay que resistir a la intimidación de toda mentira proclamada como verdad y a la contagiosa embriaguez colectiva. Es necesario no ceder nunca al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Esto exige resistir al odio y al desprecio. Implica esforzarse por comprender la complejidad de los problemas y fenómenos, en lugar de sucumbir a una visión parcial o unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres.

"No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, pasar a la resistencia"

PREGUNTA. También ha criticado la creciente fragmentación del saber: parece que privilegiamos la cantidad de información en detrimento de su calidad. Es decir, disponemos de cada vez más datos, pero nos falta capacidad para establecer conexiones y dar sentido a la realidad.

RESPUESTA. Esa es precisamente la crisis del pensamiento. La experiencia de la gran crisis planetaria y multidimensional que surgió con la pandemia prueba de forma evidente la necesidad de un pensamiento complejo y de una acción consciente de las complejidades de la aventura humana.

P. Usted afirma que el ‘Homo sapiens también puede ser ‘Homo demens’. Es decir: la razón y el delirio coexisten en nosotros. Ahora que parece que el ‘Homo demens’ gana la batalla, ¿cómo puede contraatacar el ser humano?

R. Mediante una toma de conciencia todavía invisible. Es la unión, dentro de nosotros mismos, de las fuerzas de Eros y las del espíritu despierto y responsable la que alimentará nuestra resistencia frente a los sometimientos, las ignominias y las mentiras. Los túneles no son interminables, lo probable no es lo cierto, lo inesperado siempre es posible.

P. Como último gran pensador europeo, ¿qué papel puede desempeñar hoy nuestro continente en un mundo cada vez más polarizado entre China y EE.UU.? ¿Qué renovación cultural o filosófica necesita Europa, que parece paralizada, para recuperar su voz en el mundo?

R. Necesita lo que he formulado como un humanismo regenerado. Ser humanista, hoy, no es solo comprender que los peligros, las incertidumbres y las distintas crisis –la de la democracia, la del pensamiento político, la del desbordamiento del beneficio, la de la biosfera y, por último, la multidimensional de la pandemia– nos han unido en una comunidad de destino. Ser humanista es también sentir, en lo más profundo de uno mismo, que cada uno de nosotros es un momento efímero de una aventura extraordinaria: la aventura de la vida, que dio origen a la aventura humana, la cual, entre creaciones, tormentos y desastres, ha llegado a una crisis gigantesca en la que se juega el destino de la especie. El humanismo regenerado no es solo el sentimiento de comunidad y solidaridad humanas, sino también la conciencia de formar parte de esa aventura desconocida e increíble, y el deseo de que continúe hacia una metamorfosis de la que surja un nuevo devenir.

P. Usted sostiene que "la vida es un combate entre la prosa y la poesía". ¿Cómo lograr que, en un mundo tan desafiante, la prosa no lo invada todo y que preservemos un espacio para la poesía?

R. Cada uno debe intentar vivir poéticamente. Todos los momentos de felicidad contienen una dimensión poética. 

La aspiración a realizarse estando integrado en una comunidad debería ser la primera aspiración humana; la segunda, la de una vida poética. 

No confundo la prosa con la desgracia: en la prosa hay ausencia de alegría; en la desgracia hay presencia de sufrimiento. Aquellos que padecen la desgracia –los encarcelados, los excluidos, los miserables– también están condenados a la prosa, aunque a veces conozcan instantes fugaces de poesía.

Entrevista al neurocientífico Anil Seth

 Neurociencia. Anil Seth, el neurocientífico que sostiene que nuestra realidad no es más que una "alucinación controlada": "Es una manera sencilla de explicar la compleja conciencia humana", por Daniel Arjona, 7 enero 2026:

En 'La creación del yo: una nueva ciencia de la conciencia', el británico aspira a redefinir nuestra comprensión de la existencia humana: "Que cada uno experimente el mundo a su manera no significa que todo sea arbitrario"

Hace cinco años, un hombre dejó de existir por tercera vez en su vida. No estaba dormido. Si lo hubiera estado, el bisturí del cirujano le habría despertado al instante. Se hallaba sumido en una profundidad mucho mayor, más cercana a la muerte o al coma que al descanso nocturno. Mientras su cerebro se inundaba de fármacos, experimentó el desmoronamiento de su propia presencia, una oscuridad absoluta y reconfortante donde no transcurrió ni un segundo, ni una hora, ni un siglo; el tiempo simplemente se evaporó. No estaba allí. Fue sujeto pasivo de ese acto de magia moderna y cotidiana que es la anestesia, un procedimiento que transforma temporalmente a las personas en objetos biológicos, en carne y hueso sin rastro de universo interior, solo para devolverles milagrosamente la condición de ser consciente horas después, intactos pero desconcertados ante el abismo de la nada que acaban de habitar.

Ese viajero del olvido es el neurocientífico británico Anil Seth (Oxford, 1972), y esta experiencia liminal es el punto de partida de La creación del yo: una nueva ciencia de la conciencia (Sexto Piso), una obra monumental que aspira a redefinir nuestra comprensión de la existencia humana. Seth, codirector del Centro Sackler de Ciencia de la Conciencia, sostiene que nuestra percepción de la realidad no es un reflejo objetivo del mundo, sino una «alucinación controlada» generada por el cerebro para garantizar nuestra supervivencia biológica.

Lejos de considerar la conciencia como un misterio místico o un software computacional, su teoría del «animal-máquina» la ancla profundamente en nuestros ritmos fisiológicos, sugiriendo que sentimos porque estamos vivos. Diseccionamos junto al autor los mecanismos que fabrican nuestra identidad y abordamos el gran enigma de por qué hay algo, en lugar de nada, dentro de nuestras cabezas.

Anil Seth. "Tras la muerte no hay nada, ni sufrimiento ni dolor"

PREGUNTA. Propone sustituir el célebre 'problema difícil' de la conciencia por lo que llama el 'problema real': explicar, predecir y controlar las propiedades fenomenológicas de la experiencia. ¿Estamos ante una auténtica solución científica al gran enigma o, más bien, ante una estrategia elegante para rodearlo?

RESPUESTA. Quizás ninguna de las dos. La forma de pensar basada en el «problema difícil» ha dominado los enfoques científicos y filosóficos de la conciencia durante mucho tiempo. Estuve almorzando precisamente con Dave Chalmers hace un par de días en Nueva York... fue él quien acuñó esa forma de plantearlo. Es una manera muy intuitiva de pensar en el problema, porque, remontándonos a Descartes y antes, siempre ha existido el desafío de cómo relacionar el mundo de la materia física con el mundo de lo mental. En particular, con la parte consciente de nuestras vidas mentales. Tal vez no sea tan difícil imaginar cómo pueden funcionar cosas como la memoria o la atención basándose en procesos físicos, pero la rojez del rojo, el dolor de una muela... Eso parece ser otra cosa. Siempre ha existido esa brecha explicativa entre lo físico y lo consciente. El «problema difícil» realmente cristaliza eso.

P. Usted opone lo que llama el 'problema real'.

R. Sí, pero tampoco es nada revolucionario. Se trata de ponerle una etiqueta a cómo podemos seguir progresando en la ciencia de la conciencia frente a este aparente misterio planteado por el «problema difícil». La idea central es darse cuenta de que todavía podemos hacer lo que la ciencia hace típicamente cuando se enfrenta a un fenómeno: explicar, predecir y tal vez incluso controlar sus propiedades. Pero en este caso, las propiedades de las que hablamos son propiedades de la experiencia: por qué una experiencia es como es y no de otra manera, o por qué diferentes experiencias se sienten como se sienten. Creo que siguiendo este camino, no vamos a resolver el «problema difícil» en la forma en que estamos familiarizados con él. No vamos a llegar a un momento eureka donde digamos: «Ah, así es como se obtiene la experiencia a partir de la materia». Pero tampoco creo que estemos simplemente rodeándolo. Creo que estamos disolviendo el «problema difícil», no resolviéndolo. Cuanto más tiramos del hilo del «problema real», menos extraño se vuelve pensar que la materia -la materia biológica dentro de nuestros cerebros- podría tener experiencias. Parte de esto implica que nuestras preguntas cambian. Hay otros aspectos de la conciencia y del «problema difícil» que no tienen que ver con la dificultad de la ciencia, sino con el hecho de que ponemos el listón muy alto: intentamos explicarnos a nosotros mismos. Queremos algo que conlleve un nivel de satisfacción intuitiva que no pedimos en otras ciencias. Nadie dice que la mecánica cuántica es un fracaso porque no tiene sentido intuitivo; es un éxito y no tiene sentido. Es una ciencia muy exitosa. Así es como me gusta pensar en la conciencia.

P. En 'La creación del yo' describe nuestra experiencia de la realidad como una «alucinación controlada», donde el cerebro no es una ventana al mundo, sino una máquina de predicción que solo deja entrar los datos sensoriales para corregir sus errores. Si biológicamente "no vemos las cosas como son, sino como somos", ¿tenemos alguna esperanza de alcanzar una objetividad compartida o estamos condenados a la subjetividad y las 'fake news'?

R. Vamos por partes. No creo que estemos condenados a las fake news en absoluto. La cita sobre que «vemos las cosas como somos nosotros» se remonta al Talmud. El hecho de que cada uno experimente el mundo a su propia manera única no significa que todo sea arbitrario, que podamos experimentar las cosas como nuestro cerebro decida. A veces, cuando soñamos, somos capaces de tener experiencias completamente divorciadas de la realidad. También bajo ciertas condiciones psiquiátricas o con drogas psicodélicas. Pero no la mayor parte del tiempo. La razón por la que uso el eslogan «alucinación controlada» es precisamente por el control. Ambos elementos son importantes. La parte de la alucinación enfatiza que nuestros cerebros no son solo ventanas al mundo; la percepción es siempre constructiva. Tiene que haber un proceso en el que el cerebro hace una inferencia, una «mejor suposición» sobre lo que hay ahí fuera, las causas de las señales sensoriales, y luego utiliza esas señales sensoriales para calibrar estas predicciones. Esa es la hipótesis subyacente: lo que experimentamos es la mejor suposición del cerebro, en lugar de una simple lectura de datos sensoriales.

P. ¿Por qué?

R. Para la mayoría de nosotros, nuestras alucinaciones estarán controladas por una realidad objetiva compartida. Si vamos a cruzar la calle, veremos el tráfico. Puede que no tengamos exactamente la misma experiencia, pero todos experimentaremos aspectos que reflejan la realidad tal como es. Así que hay, de nuevo, un terreno intermedio. No creo que podamos experimentar jamás la realidad «tal como es». No creo que tenga sentido siquiera sugerir eso. Es una forma de pensar que se remonta a Kant y la idea del noúmeno («la cosa en sí»). Las cosas «como son» siempre están ocultas tras un velo sensorial. El color no existe independientemente de una mente, así que ni siquiera tiene sentido preguntar «¿puedes experimentar el color como realmente es?». Porque lo que «realmente es», depende de tu cerebro. Lo que vale para el color, vale de diferentes maneras para todo; la experiencia siempre depende de la mente. Pero de ninguna manera estamos condenados a las fake news, viviendo en nuestras propias burbujas narcisistas de subjetividad individual. Tenemos lenguaje, tenemos formas de comunicar y compartir nuestras experiencias, y nuestras experiencias suelen estar fundamentadas en algo. Esto no es garantía de que no terminemos en nuestras propias burbujas narcisistas; por supuesto, eso puede suceder y sucede. Lo vemos en las redes sociales y en todo tipo de cosas. Hay motivos, sin embargo, para el optimismo: si reconocemos que incluso para cosas tan políticamente irrelevantes como el color de un vestido (recordará la famosa foto del vestido que parecía azul y negro o blanco y dorado), si nos damos cuenta de que incluso nuestras experiencias perceptivas de estas cosas inofensivas pueden ser diferentes, podemos cultivar un poco de humildad sobre nuestra propia visión del mundo.

"Algunos de los principales expertos en el campo de la IA piensan que esta tecnología es una entidad consciente"

PREGUNTA. ¿Ese tipo de humildad es el primer paso para disolver algunas de las dinámicas sociales más peligrosas como las cámaras de eco?

RESPUESTA. El problema con ese tipo de creencias a nivel social es cuando la gente no puede entender que otra forma de ver las cosas es posible. Hay aquí una lección importante que puede ayudarnos a lidiar con esas dinámicas sociales. De hecho, este es uno de nuestros grandes proyectos experimentales en este momento: el Censo de la Percepción, que analiza en la práctica cuán diferentes son nuestras experiencias perceptivas. Puede parecer contraintuitivo para algunas personas porque nuestra experiencia tiene el carácter de ser una ventana objetiva al mundo; simplemente parece que el mundo está ahí fuera. Desde el punto de vista de la evolución, esto tiene sentido; no sería muy útil si fuéramos criaturas que caminaran por ahí experimentando nuestras experiencias como construcciones. Sería como si todos caminaran sintiendo que están alucinando. No es de extrañar que experimentemos las cosas como si no dependieran de nuestros propios cerebros. Las diferencias pueden ser pequeñas, o internas, pero, si no pensaras en ello, podrías pasar toda tu vida sin darte cuenta de que otra persona está teniendo una experiencia ligeramente diferente. Hay mucho más por descubrir empíricamente sobre la naturaleza de la diversidad perceptiva.

P. En sus investigaciones defiende que la conciencia tiene más que ver con estar vivo que con ser inteligente y subraya el papel central del cuerpo en la emergencia del yo. ¿Una inteligencia artificial sin cuerpo estaría condenada a ser un zombi?

R. Esa es realmente la pregunta más urgente ahora, en parte debido al auge de la IA y su prevalencia extraordinaria. Pero en realidad se trata de dos preguntas. 

Una es si la IA podría ser realmente consciente (o si está condenada a ser un zombi). 

La otra pregunta es qué sucede cuando la gente siente que estos sistemas son conscientes, incluso si no lo son. 

Es un hecho que mucha gente piensa que la IA es consciente; especialmente cuando conversan con modelos de lenguaje, creen que están hablando con una entidad consciente. Incluso algunos de los principales expertos en el campo también piensan de esta manera. Eso ya está sucediendo y plantea muchas preocupaciones. Nos volvemos psicológicamente vulnerables si sentimos que interactuamos con algo que tiene experiencias conscientes; es más probable que nos abramos, que aceptemos consejos (que podrían ser explotadores o dañinos). Ha habido casos de personas que se han suicidado. Y existe el problema más sutil: si decidimos tratar a estos sistemas como si fueran conscientes, eso requiere muchos recursos morales, y tenemos recursos morales limitados. Por otro lado, si los tratamos mal, pero sentimos que son conscientes, eso es psicológicamente insalubre para nosotros. Ahora, la pregunta más profunda, la más existencial, es si estas cosas son realmente conscientes.

P. ¿Lo son?

R. Soy muy escéptico. Al menos para el tipo de modelos que tenemos ahora. Y esto se debe, como mencionaste, a que en mi propio pensamiento sobre la conciencia, el cuerpo sigue apareciendo como algo realmente importante. Toda la idea de las «alucinaciones controladas» para mí desciende directamente a cómo el cerebro regula nuestra fisiología interna. Podría decirse que cada experiencia consciente está impregnada de un sentimiento muy básico de «estar vivo». Hay razones positivas para asociar la conciencia con las criaturas vivas, con las propiedades particulares de los sistemas vivos. Este mecanismo de hacer y actualizar predicciones llega hasta el nivel de las células individuales. Hay una línea directa desde lo que nos mantiene vivos hasta los mecanismos que subyacen a la conciencia. Al mismo tiempo, cuanto más miras dentro de los cerebros, más te das cuenta de cuán diferentes son de los ordenadores. Para que la IA sea consciente, para que esta sea siquiera una opción sobre la mesa, tienes que asumir que la conciencia es básicamente una cuestión de computación; que si consigues el algoritmo correcto, obtienes conciencia. A esta visión filosófica se la llama «funcionalismo computacional». Tienes que asumir que es una cuestión de algoritmos. Y eso es lo que creo que es realmente inseguro. La razón por la que la gente piensa que la conciencia es una cuestión de computación es porque, dicho de forma simple, hemos olvidado que lo de que el cerebro es un ordenador no es más que una metáfora, y hemos confundido el mapa con el territorio.

P. Si el cerebro no es un ordenador, ¿es el proyecto transhumanista de 'subir la mente' a la nube un error de categoría fundamental.

R. Es altamente problemático. Es problemático por muchas razones. Cuando se trata de «subir la mente», partimos de la misma suposición: asumimos que lo que significa ser tú, tu conciencia, puede abstraerse de la materialidad de tu cerebro e implementarse en una nube de silicio en algún lugar, para que puedas existir para siempre en algún espacio abstracto de algoritmos prístinos. Esto es increíblemente improbable. Hay una ironía ahí: este sueño de escanear tu cerebro con todo detalle y luego subirlo a un modelo de simulación cerebral enormemente poderoso... Si piensas que necesitas escanear tu cerebro con un detalle molécula a molécula para preservar tu conciencia, lo que también estás diciendo es: «Bueno, el cerebro realmente no es un ordenador». Porque necesito conocer todos los detalles. Y si el cerebro no es un ordenador, entonces es aún menos probable que sigas existiendo y, en lugar de algún paraíso posthumano, simplemente obtendrás el olvido del silicio. No habrá nadie allí.

"Pero prefiero pensar que, a medida que entendemos la conciencia como un fenómeno natural, ensancharemos nuestro sentido de belleza y asombro por ser parte de la naturaleza y del universo"

PREGUNTA. Copérnico nos sacó del centro del universo, Darwin nos bajó de la cima de la creación, y Freud cuestionó nuestra racionalidad. Su trabajo parece dar el golpe final: la conciencia no es un don divino ni una cúspide evolutiva, sino un truco de regulación fisiológica compartido con pulpos y vacas. ¿Es así?

RESPUESTA. No puedo verlo así. No creo que sea un «golpe». Sé que Freud a menudo lo describía de esa manera. Es un golpe al excepcionalismo humano. Pero no es una disminución de lo que significa ser humano; en realidad, creo que es una expansión. Lo vemos en los ejemplos: el descubrimiento de que la Tierra no es el centro del universo fue un golpe a nuestra arrogancia humana, pero el universo se volvió mucho más maravilloso e inspirador de lo que era antes. Lo mismo con Darwin: fue un golpe a nuestra arrogancia humana, pero nuestra conexión con el resto de la vida, a través de una inmensa extensión de tiempo, es nuevamente algo que añade a nuestro asombro y belleza de ser humanos. Y creo que lo mismo es cierto con la conciencia. Es lo que todavía nos hace sentir que tal vez hay algo separado que sucede respecto al resto del universo, que quizás es dado por Dios. Pero prefiero pensar que, a medida que entendemos la conciencia como un fenómeno natural, ensancharemos nuestro sentido de belleza y asombro por ser parte de la naturaleza y del universo.

Películas que curan

 Francesc Miralles, experto en crecimiento personal: "Estas tres películas me han ayudado a vivir. Una buena película puede impulsarte a realizar el cambio que necesitas", en Cuerpo y Mente, 1 de enero de 2026,  por Francesc Miralles:

Podemos utilizar la fascinación que nos produce la gran pantalla para aprender importantes lecciones vitales a través de las historias que nos cuentan grandes directores, guionistas y actores. Las películas nos permiten explorar temas difíciles y encontrar soluciones.

Sea en la acogedora oscuridad de una sala o en un cinefórum casero, hay filmes que tienen la capacidad de sacudirnos el polvo de las experiencias negativas, además de darnos otra mirada sobre los desafíos que nos trae la vida.

Hace algo más de una década, una editorial me pidió que escribiera un libro sobre el cine como botiquín para el alma. Sin ser un experto en el séptimo arte, recogí en un manual llamado "Cineterapia las 35 películas que más me habían ayudado a vivir".   

En estas páginas veremos tres de ellas, pero antes reflexionemos un poco sobre el impacto que tienen las grandes historias audiovisuales en nuestro estado de ánimo y en la forma en la que miramos el mundo. Esto es así porque los genios de la gran pantalla han plasmado argumentos tan inspiradores como la mejor de las fábulas y que nos impulsan a realizar los cambios que necesitamos para vivir mejor.

El método Solomon

"Visione usted esta película y llámeme mañana", decía a sus pacientes Gary Solomon, uno de los primeros psicoterapeutas en utilizar el poder curativo del cine. Dependiendo del problema que le era expuesto en la consulta, ofrecía una "receta cinematográfica" para que la persona reflexionara y hallara la respuesta por sí misma.

El método de Solomon había sido probado con éxito a finales de la década de 1970 por Norman Cousins, que en su icónico Anatomía de una enfermedad cuenta cómo superó un cáncer con ayuda de las comedias de los hermanos Marx que vio durante su convalecencia.

Al parecer, la mejoría fue tan rápida y notoria que fue dado de alta en el hospital, entre otras cosas, porque con sus carcajadas no dejaba descansar a los enfermos. Además de las películas de los Marx –cuando se habla de cineterapia, siempre se menciona ¡Qué bello es vivir!, el clásico de Frank Capra que las televisiones emiten todas las Navidades–, he elegido otras tres películas de alto poder terapéutico para este artículo.

1. El mago de Oz

Estrenada en 1939, la adaptación de Victor Fleming del cuento de L. F. Baum cuenta la historia de Dorothy, una joven que siempre ha soñado con viajar a otro mundo.

Su deseo se ve cumplido cuando es arrastrada junto con su perrito Toto por un tornado, que la traslada al asombroso mundo de Oz. El personaje interpretado por Judy Garland vivirá mil aventuras tras el consejo de la Bruja Buena del Norte de seguir el camino de baldosas amarillas que lleva a la Ciudad Esmeralda.

Allí deberá encontrarse con el Mago de Oz, el único que puede ayudarle a regresar a su hogar en Kansas. Por el camino conocerá a tres singulares personajes que la acompañarán en su viaje: el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde. El camino de baldosas amarillas tiene un mensaje claro: por desesperada que sea nuestra situación, siempre hay una salida. Eso sí, debes procurarte los compañeros de viaje adecuados.

Los que encuentra Dorothy en su senda simbolizan las tres cualidades que necesitamos desarrollar para vencer una gran dificultad: cerebro, corazón y coraje. Esto es justamente de lo que carecen respectivamente el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde, y esperan que el Mago de Oz pueda darles a cada cual lo que les falta.

En el camino, sin embargo, acabarán desarrollando por ellos mismos estos valores. Al final de la película, la Bruja Buena da este mensaje: "Si no puedes encontrar el deseo de tu corazón en tu propio patio, entonces nunca lo perdiste realmente". Es decir, toda búsqueda empieza dentro de uno mismo. Tal vez por eso, al final Dorothy abraza a su perrito y dice: "No hay lugar como el hogar".

2. My Fair Lady 

Estrenada en 1964 bajo la dirección de George Cukor, es la expresión cinematográfica del famoso efecto Pigmalión, además de ser una adaptación de la obra del mismo título de George B. Shaw.

Relata la apuesta entre el arrogante lingüista Henry Higgins y su colega de hacer pasar a una joven y humilde florista por una dama de la alta sociedad en tan solo seis meses. Para ello, Liza deberá aprender a pronunciar correctamente el inglés, además de vestirse y adoptar los modales de las grandes señoras, lo cual nos recuerda el lema: "Hagamos como si fuéramos y acabaremos siendo".

Sin embargo, James Clear, el autor de Hábitos atómicos, añadiría que no basta con imitar lo que quieres ser. Debes vivirlo desde dentro, como proponía Stanislavsky para encarnar un personaje. Decide quién quieres ser y obra en consecuencia.

3. Atrapado en el tiempo

Saltamos al 1993, cuando Harold Ramis sorprendió al mundo con la comedia existencial "Atrapado en el tiempo" (Groundog day, "El día de la marmota" en su versión original), con una interpretación inolvidable de Bill Murray.

El egocéntrico periodista Phil Connors es enviado a Punxsutawney para cubrir el festival del Día de la Marmota. A su regreso, les sorprende una tormenta de nieve que les obliga a volver de nuevo a la pequeña ciudad. Cuando Phil se despierta al día siguiente, revive paso por paso lo que le sucedió el día anterior. "¿Qué haríais vosotros si estuvierais atrapados en un sitio y cada día fuera el mismo y nada importara"», lanza Connors, amargado, y añade: "Ese es el resumen de mi vida".

Y así se repite día tras día, hasta que el protagonista aprende a mejorar sus carencias afectivas para disfrutar del momento con todas sus consecuencias. Esta película no solo nos recuerda que el único tiempo que podemos vivir es el presente, sino que cualquier mejora sobre uno mismo hay que hacerla aquí y ahora.

No es hasta el momento en que el protagonista se da cuenta de que con su agria forma de ser no va a ninguna parte cuando empieza a aprender qué es verdaderamente importante para alcanzar la felicidad. Cuando el protagonista se atreve a vivir el día con intensidad, como si no hubiera mañana –tal vez no lo haya–, es cuando queda liberado.

Cantaba el gran Luis Eduardo Aute: "Más cine, por favor, que todo en la vida es cine y los sueños cine son". Al final, lo que vemos en la gran pantalla no solo nos sirve para pasar una buena tarde de domingo.

Aunque sean otros personajes y escenarios, las grandes historias son reflejos de nuestra propia vida. En las luchas y contradicciones de sus protagonistas vemos las nuestras propias. Cada filme es, por lo tanto, una invitación a ser los héroes de nuestra película vital. 

Reencontrarse con uno mismo

El apartamento 

La genial comedia de Billy Wilder nos recuerda que el trabajo no lo es todo, así como el precio a pagar por no ser asertivos respecto a nuestras verdaderas responsabilidades. Al personaje interpretado por Jack Lemon le hace despertar el amor: "Ya sabes, vivo como Robinson Crusoe, náufrago entre 8 millones de personas. Entonces, un día vi una huella en la arena, y allí estabas".

Dersu uzala 

La única película que filmó Kurosawa fuera de Japón, tras una larga depresión que casi le llevó al suicidio, es una sanadora oda a la amistad y a la sabiduría de la naturaleza, bajo la figura de un viejo nómada mongol. En 1975 ganó el Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

Una historia verdadera

Junto a su conmovedora "El hombre elefante", encontramos al David Lynch más humanista en esta maravilla de 1999. Un anciano trata de recorrer, montado en un cortacésped, los 500 kilómetros que le separan de un hermano con quien no se habla desde hace diez años. Una película conmovedora sobre el perdón y la fraternidad.

Amélie 

En el 2001 enamoraba a millones de espectadores esta fábula de Jean-Pierre Jeaunet sobre la magia y la felicidad de ayudar a los demás. Una de las frases más recordadas de este filme feel good es: "Al menos usted nunca será una hortaliza, porque hasta las alcachofas tienen corazón".

Entrevista al neurocientífico Antonio Damasio, premio Princesa de Asturias de investigación

 Neurociencia. Antonio Damasio, neurocientífico: "La IA atrofia el desarrollo de los jóvenes y los aleja de la consciencia", por Pilar Pérez, 26 diciembre 2025.

El premio Princesa de Asturias disecciona en su nueva obra, 'Inteligencia natural y la lógica de la consciencia', la brecha entre procesar datos y sentir la vida. Para él, la homeostasis supone el muro biológico infranqueable que impide a las máquinas alcanzar la consciencia humana

La consciencia es fruto del trabajo conjunto de nuestro cerebro, nuestra mente y nuestro cuerpo. Antonio Damasio (Lisboa, 1944) apunta que el desarrollo de esta capacidad atribuida a los seres vivos «es la que nos permite sentir y vivir en sociedad». En su última obra, Inteligencia natural y la lógica de la consciencia (Destino) aborda este concepto en plena expansión de la IA en todas las esferas de nuestra vida, menos una: «la consciencia».

El neurólogo que recibió, hace ya 20 años, el Príncipe de Asturias de Investigación, no demoniza la IA, sino que nos anima a integrarla sin que nos genere una dependencia que nos anule las capacidades que nos han permitido desarrollarla, como la creatividad y el pensamiento crítico.

PREGUNTA. La cuestión inevitable: ¿tendrá la inteligencia artificial consciencia?

RESPUESTA. La realidad es que los dispositivos artificiales no tienen vida. Y es poco probable que la desarrollen. No tienen una sociedad; podremos fabricarles una, pero la verdad es que ellos no viven en ella. Y estos dos aspectos son fundamentales.

P. ¿Por qué?

R. Porque la consciencia, tal y como la tenemos, está relacionada con la vida; con proteger nuestra vida de las enfermedades y la muerte. Esta es la hipótesis más importante del nuevo libro. La consciencia a través de sentimientos como el hambre, la sed o el dolor, nos da una señal de que algo no va bien en nuestro organismo y debemos corregirlo.

P. ¿Cómo actúa?

R. Por ejemplo, si tienes dolor, eso es una señal de alerta que te indica que necesitas averiguar por qué para poder hacer algo al respecto. Al contrario, cuando tienes bienestar, recibes también una señal importante que te permite salir al mundo a explorar a tu favor y lograr la continuidad de tu vida. Los dispositivos artificiales no tienen nada de eso, no tienen vida. No tiene sentido que tengan consciencia.

P. Pero, seguro que hay quien quiera crear una conciencia artificial de la misma forma que se ha desarrollado la inteligencia artificial...

R. Puede que la busquen imitando los mecanismos que nos permiten ser conscientes. Pero eso es otra cosa. Podemos decir que los dispositivos artificiales podrían desarrollar conciencia, pero no la consciencia humana.

P. ¿Sería artificial?

R. Sí, nunca humana. Hay que recalcar que la consciencia como tal solo es propia y tal de los organismos vivos. Todos los animales que nos rodean tienen un sistema nervioso que da lugar a la percepción de la realidad que les rodea. Nuestra consciencia nos permite tener una mente muy profunda, gran capacidad creativa y un lenguaje. Porque, otra cosa que resalto en el libro, es que una cosa es tener mente y otra ser consciente. La consciencia es lo que permite que la mente sea conocida por nosotros, la que desarrolla los sentimientos. Y estos son los que permiten saber que nuestra mente pertenece a nuestro cuerpo.

"Una cosa es la mente y otra la consciencia. La segunda nos permite conocer los sentimientos"

PREGUNTA. Un sistema tan complejo, ¿sería reproducible?

RESPUESTA. Creo que tenemos que ver a la IA como una herramienta útil para avanzar en el conocimiento. Es útil en la creación de modelos. La investigación de la consciencia requiere que indaguemos más sobre nuestra biología, en los mecanismos que nos permiten ser conscientes.

P. Aquí, es donde aparece el concepto de homeostasis.

R. Hay que partir del hecho de que la consciencia esté tan ligada a la homeostasis y a los sentimientos homeostáticos, y que sean estos los que nos dan la consciencia. En el libro describo cuáles son las partes del organismo, las del cerebro, que son esenciales para crear consciencia.

P. Insisto en esta cuestión: ¿se puede crear una consciencia artificial asociada a una IA, desenmarañando este sistema?

R. Lo siento, repito, la consciencia artificial no existe. La nuestra existe porque el hecho de que tú y yo estemos aquí hablando ahora es lo que le da significado a la consciencia de ambos. Recordemos que la inteligencia artificial no es más que una creación de nuestra inteligencia natural. Y lo hemos hecho a través de dos maneras: nuestra riqueza mental ha podido desarrollar dispositivos artificiales, o sea, son un producto nuestro, humano; y, en cierto modo, la naturaleza ha inventado la IA porque algunos de nuestros sistemas operativos, como por ejemplo nuestra corteza cerebral, se les parecen bastante.

P. La sociedad actual se encuentra en un momento de riesgo ante la invasión de la IA en sus vidas: se subarriendan tareas cerebrales y se le confía el diseño de hojas de rutas vitales. ¿Qué nos jugamos?

R. Desde un punto de vista de nuestra cultura, nos debe preocupar que, sobre todo, los más jóvenes dependan demasiado de los dispositivos con IA. Hay que subrayar dos problemas clave: primero, literalmente atrofian la posibilidad de sus propios desarrollos; y segundo, si se centran en las máquinas no se están centrando en otros humanos. Y los necesitamos en nuestra sociedad, que estén atentos a otros seres y a sus problemas.

"Deberíamos resolver los asuntos mediante la interacción con las personas y no las con máquinas"

PREGUNTA. La dependencia de que una máquina nos resuelva los problemas, ¿nos aleja de los rasgos de la humanidad, como la consciencia?

RESPUESTA. Deberíamos intentar resolver los asuntos mediante la interacción con personas, centrarnos en ellas y en la sociedad en lugar de hacerlo con máquinas que no tienen vida y que, si te dan una solución, son soluciones artificiales. Se pierde la capacidad de la consciencia, de ser más críticos y del pensamiento introspectivo.

P. Esa consciencia es la que nos permite sobrevivir aprendiendo del pasado, estando en el presente y mirar al futuro, ¿cierto?

R. Nos permite ser ahora y ver que el tiempo pasa. Nos ayuda a tener un sentido del pasado y del futuro. Es fundamental para navegar en el mundo y enfrentar los problemas y desafíos que plantea a diario.

Una proteína puede revertir el envejecimiento

 Cómo una proteína perdida con la edad puede reactivar el sistema inmunitario y hacerlo más fuerte, por  Víctor Ingrassia, 20 Dic. 2025:

Científicos lograron que células madre sanguíneas viejas se comporten como jóvenes al restaurar una proteína clave asociada al envejecimiento

Un estudio identificó al factor plaquetario 4 como señal clave del envejecimiento de las células madre que sostienen el sistema inmunológico humano (BLUEBAY2014/ ITOK)

El envejecimiento deja huellas visibles en el cuerpo humano, como la pérdida de fuerza muscular o el encanecimiento del cabello, pero también provoca transformaciones profundas y silenciosas en sistemas esenciales para la salud. Entre ellos, el sistema inmunológico y el sistema sanguíneo sufren un deterioro progresivo que aumenta la vulnerabilidad a infecciones, reduce la eficacia de los trasplantes y eleva el riesgo de cánceres hematológicos.

Un estudio reciente identificó un mecanismo molecular capaz de revertir parte de ese proceso y devolvió a células madre envejecidas características propias de la juventud.

La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Illinois en Chicago y publicada en la revista Blood, describió el papel central de una proteína llamada factor plaquetario 4 en el envejecimiento de las células madre hematopoyéticas. Estas células, ubicadas en la médula ósea, producen todas las células de la sangre y del sistema inmunitario. Cuando su equilibrio se altera con la edad, el organismo pierde capacidad de defensa y aumenta la probabilidad de enfermedades graves.

La disminución del factor plaquetario 4 con la edad altera el equilibrio celular y aumenta el riesgo de infecciones cánceres sanguíneos y fallas inmunes (Freepik)

Los investigadores demostraron que la disminución del factor plaquetario 4 actúa como una señal clave que impulsa el envejecimiento de estas células madre. Al restaurar esa señal, tanto en modelos animales como en células humanas, el equipo logró revertir rasgos típicos del deterioro asociado a la edad. El hallazgo no prometió detener el envejecimiento de todo el organismo, pero sí abrió una vía concreta para mejorar la función inmunológica en etapas avanzadas de la vida.

Las células madre hematopoyéticas cumplen un rol central en el mantenimiento del equilibrio inmunológico.

En personas jóvenes, estas células producen dos grandes linajes celulares de manera balanceada. Por un lado, las células mieloides, que incluyen glóbulos rojos y ciertos componentes del sistema inmune innato. Por otro, las células linfoides, entre las que se encuentran los linfocitos T y B, fundamentales para la respuesta inmunitaria adaptativa.

Con el paso del tiempo, este equilibrio se rompe. Las células madre envejecidas tienden a generar más células mieloides y menos linfoides, lo que debilita la respuesta frente a infecciones y reduce la eficacia del sistema inmunológico. Además, estas células acumulan mutaciones genéticas que aumentan el riesgo de inflamación crónica, enfermedades cardiovasculares y cánceres de la sangre.

Las células madre hematopoyéticas envejecidas producen menos linfocitos y más células mieloides lo que debilita la respuesta defensiva del organismo (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Nuestras células madre hematopoyéticas son muy poco comunes. “Las consideramos el Santo Grial del sistema inmunitario”, afirmó Sandra Pinho, profesora asociada de farmacología y medicina regenerativa de la Facultad de Medicina de la UIC. Esa rareza y su enorme impacto explican por qué su envejecimiento representa un problema central en la biología del envejecimiento humano.

Uno de los efectos prácticos de este deterioro aparece en los trasplantes de médula ósea. Las personas mayores suelen quedar excluidas como donantes porque sus células madre ya no presentan la misma capacidad regenerativa que las de individuos jóvenes.

Esa es una de las razones por las que, normalmente, no se recurre a las personas mayores como donantes para trasplantes de médula ósea, porque sus células madre no son tan potentes”, explicó Pinho.

El factor plaquetario 4 como señal de juventud celular

La administración de factor plaquetario 4 recombinante restauró funciones juveniles en células madre envejecidas de ratones mayores (Christin Klose/dpa)

El trabajo científico identificó al factor plaquetario 4 como un regulador central de este proceso. En organismos jóvenes, esta proteína funciona como una señal que limita la proliferación excesiva de las células madre hematopoyéticas, en especial de aquellas que generan linajes mieloides. Actúa como un freno molecular que mantiene el equilibrio entre renovación celular y estabilidad genética.

Con la edad, las células inmunitarias producen menos factor plaquetario 4. Esa disminución libera el freno y permite que las células madre se dividan con mayor frecuencia. “Cuando las células madre comienzan a dividirse con más frecuencia de la debida, y si su proliferación no se regula, pueden acumular mutaciones con el tiempo”, afirmó Pinho. En humanos, este proceso se asocia con inflamación persistente, mayor riesgo de neoplasias hematológicas y otros trastornos vinculados al envejecimiento.

Para comprobar el impacto directo de esta proteína, los investigadores trabajaron con ratones y con muestras de médula ósea humana. En los modelos animales, observaron que la falta de factor plaquetario 4 desencadenó signos claros de envejecimiento acelerado de las células madre hematopoyéticas. Los ratones deficientes en esta proteína desarrollaron linfopenia, un aumento de la producción de células mieloides y daño en el ADN celular, un conjunto de rasgos que imitó el envejecimiento fisiológico natural.

En modelos animales la falta de factor plaquetario 4 provocó daño del ADN linfopenia y rasgos similares al envejecimiento acelerado celular (MARILYN CHUNG LAB / BERKELEY)

“En este estudio, demostramos que las alteraciones relacionadas con la edad del nicho megacariocítico y la consiguiente disminución del factor plaquetario 4 son mecanismos fundamentales que impulsan el envejecimiento de las CMH”, explicaron los científicos. Ese nicho, formado por células de la médula ósea que regulan a las células madre, perdió con la edad su capacidad de sostener una señalización juvenil adecuada.

La sorpresa llegó cuando el equipo decidió invertir el proceso. Al administrar factor plaquetario 4 recombinante a ratones de edad avanzada durante más de un mes, las células madre hematopoyéticas comenzaron a mostrar características funcionales propias de la juventud. Recuperaron una mejor polaridad celular, presentaron menor daño del ADN, aumentaron su capacidad de reconstituir el sistema sanguíneo y produjeron nuevamente un equilibrio entre linajes mieloides y linfoides.

“Sorprendentemente, la administración de PF4 recombinante restauró las CMH antiguas a fenotipos funcionales juveniles”, detallaron los investigadores. El efecto no se limitó a los modelos animales. En experimentos de laboratorio, las células madre humanas de distintas edades también respondieron a la señalización juvenil del factor plaquetario 4.

Experimentos de laboratorio mostraron que células madre humanas también responden a la señal juvenil del factor plaquetario 4 (Pexel)

“Rejuveneció el sistema sanguíneo envejecido”, afirmó Pinho al describir el impacto observado en las muestras humanas. Este resultado reforzó la idea de que el mecanismo identificado no depende de una particularidad exclusiva de los ratones, sino que conserva relevancia biológica en el sistema hematopoyético humano.

Los científicos también analizaron ratones con doble inactivación genética, que mostraron un envejecimiento aún más pronunciado de las células madre hematopoyéticas. Estos animales presentaron fenotipos similares a los ratones deficientes en factor plaquetario 4, lo que confirmó el rol central de esta proteína en la regulación del envejecimiento celular.

Aunque los resultados fueron contundentes, los propios investigadores subrayaron los límites del hallazgo. El factor plaquetario 4 no representa una solución universal para revertir el envejecimiento de todos los tejidos ni una herramienta para prolongar indefinidamente la vida humana. Su potencial reside en un campo más específico pero igualmente relevante: la posibilidad de intervenir de manera dirigida sobre el deterioro del sistema sanguíneo e inmunológico.

El rejuvenecimiento celular incluyó mejor polaridad menor daño genético y una producción equilibrada de células sanguíneas e inmunes (Sanford Burnham Prebys)

Según el equipo, estos hallazgos abren el camino a terapias orientadas a revertir el deterioro de las células madre hematopoyéticas asociado a la edad. Esto podría traducirse en estrategias preventivas o tratamientos capaces de mejorar la evolución de enfermedades hematológicas, reducir complicaciones inmunitarias en personas mayores y optimizar resultados de trasplantes.

“Es una evidencia clara de que es posible revertir, intrínsecamente, ciertos trastornos asociados a la edad”, remarcó Pinho. En esa afirmación se condensa la principal novedad del descubrimiento: el envejecimiento celular no solo responde a un desgaste irreversible, sino también a señales moleculares que pueden restaurarse.