jueves, 26 de febrero de 2026

Las citas filosóficas más inquietantes

 A lo largo de la historia de la filosofía han existido observaciones, aforismos, frases y pensamientos muy duros de entender que han perdurado debido a que precisamente revelaron verdades ocultas acerca del ser humano, la mente, la existencia y el sentido.

Sumérgete en este recorrido por algunas de las frases filosóficas más inquietantes de la historia. Empecemos.

Nivel uno. 

Quien con monstruos lucha debe cuidar de no convertirse el mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo mirará también dentro de ti. Friedrich Nietzsche

Nietzsche nos advierte aquí sobre el peligro moral de combatir el mal. Al enfrentarnos a monstruos que simbolizan la maldad o la crueldad, corremos el riesgo de volvernos nosotros mismos monstruos. Es una reflexión sombría sobre cómo la violencia o la maldad que intentamos destruir puede infiltrarse en nuestra alma si no tenemos cuidado. Luchar contra algo terrible puede requerir adoptar métodos o actitudes terribles y en ese proceso nuestra propia ética puede comprometerse. Esta frase es oscura porque revela cómo en la búsqueda por derrotar a lo monstruoso podemos perder nuestra humanidad. y cómo la contemplación prolongada de la oscuridad puede hacer que la oscuridad anide en nosotros.

El infierno son los otros. Jean Paul Sartre, A puerta cerrada.

Con esta frase breve y afilada, Jean Paul Sartre resume una de las ideas centrales de su existencialismo acerca de las relaciones humanas. En su obra A puerta cerrada, los personajes descubren que están  condenados a atormentarse, mutuamente, con sus personalidades y juicios. De ahí surge la frase el infierno son los otros. Sartre no dice que los demás sean intrínsecamente malvados, sino que la mirada y la presencia de otras personas pueden aprisionarnos en una imagen fija de nosotros mismos, convirtiéndose en una fuente de angustia. Es inquietante y oscuro porque sugiere que la convivencia humana está plagada de conflicto y dolor. Nuestra identidad y paz interior pueden ser destruidas por la mirada del otro. Nos hace cuestionar la posibilidad de auténtica armonía, comprensión mutua, presentando a la vida en sociedad casi como un castigo inevitable.

El sueño de la razón produce monstruos. Francisco de Goya en Los caprichos.

Esta famosa frase acompaña a un grabado de Francisco de Goya en el que un hombre dormido es rodeado por criaturas nocturnas, búhos, murciélagos y figuras ambiguas que emergen de la oscuridad. Se ha interpretado que cuando la razón se adormece surgen monstruos como la ignorancia y la superstición. Sin embargo, la lectura más inquietante acorde al resto de Los caprichos de Goya es que no es el sueño como ausencia de razón, sino que también el sueño mismo de la razón, es decir, la ilusión de que la razón por sí sola puede reorganizar el mundo, también genera monstruos.

Desde esta perspectiva, la frase no critica únicamente la irracionalidad, sino también el exceso de confianza en la racionalidad misma. La historia ofrece ejemplos perturbadores, proyectos políticos o sociales que, en nombre de la razón, terminaron justificando violencia extrema, tal como sucedió en la Revolución Francesa. 

El silencio eterno de esos espacios infinitos me aterra. Blaise Pascal en sus Pensamientos.

El filósofo y matemático Blaise Pascal expresó con estas palabras su sobrecogimiento ante la inmensidad del cosmos. Contemplando el cielo estrellado, Pascal sentía pavor al imaginar los espacios infinitos del universo y su silencio eterno. Esta frase refleja la experiencia existencial de sentirse diminuto e insignificante en comparación con la infinita extensión del universo. Es inquietante porque plantea una de las preguntas más profundas posibles. En un universo tan vasto, ¿cómo puede haber tanto silencio? ¿Y qué significado tendría entonces nuestra existencia?

El hombre es lobo para el hombre. Thomas Hobbes.

Thomas Hobbes popularizó esta expresión para describir la cruda naturaleza humana en ausencia del orden social. La idea es que sin leyes ni autoridad que nos contenga, los seres humanos nos trataríamos unos a otros con la ferocidad de los lobos. Desde la perspectiva de Hobbes, en el estado de naturaleza pura, cada individuo sería un enemigo potencial de los demás, guiado únicamente por el instinto y la desconfianza. Sugiere que la civilización y la moral son solo frágiles capas que ocultan una verdad salvaje e incontrolable. 

Nivel dos.

El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el sobrehombre, una cuerda sobre un abismo. Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra. 

En esta metáfora vertiginosa, Nietzsche describe al ser humano como una transición, como un puente entre lo que fuimos, un animal, y lo que podríamos llegar a ser, el sobrehombre. La cuerda sobre el abismo sugiere que esta transición es extremadamente arriesgada y difícil. Estamos suspendidos sobre el vacío existencial, tambaleándonos entre la bestialidad y los ideales superiores. La imagen del abismo indica peligro y posibilidad de caer en el vacío de la desesperación o la locura si no avanzamos con cuidado. Es inquietante imaginar a la humanidad caminando sobre este abismo. Significa que nuestro progreso espiritual o moral no está garantizado y que siempre bajo nosotros acecha la nada, o más bien la regresión a la barbarie. 

Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Albert Camus. El mito de Sísifo.

Albert Camus comienza su obra El mito de Sísifo con esta afirmación contundente. Plantea que la mayor interrogante posible que enfrenta el ser humano es si debe seguir viviendo o no. Es decir, si la vida tiene suficiente sentido o valor como para no elegir la autoeliminación. Para Camus, todos los demás problemas filosóficos como la verdad, el conocimiento o la moral vienen después de resolver esta cuestión básica sobre el sentido de la existencia. La oscuridad de esta frase radica en que nos obliga a enfrentar la posibilidad del sinsentido absoluto. 

No nos perturban las cosas, sino los juicios que tenemos sobre ellas. Epicteto.

Esta frase del filósofo estoico Epicteto encierra una verdad psicológica profunda y es que los eventos en sí mismos no nos causan realmente angustia, solamente la interpretación que hacemos de ellos. Desde la perspectiva estoica, el mundo exterior es como es. Lo que está bajo nuestro control es nuestra propia mente y nuestras opiniones. Un mismo acontecimiento puede ser tolerable o devastador dependiendo la actitud mental con la que lo afrontamos. Esta cita tiene un matiz inquietante cuando se reflexiona y es que implica que el origen mismo de nuestro sufrimiento está en nosotros mismos. Nos quita la cómoda idea de poder culpar al destino o a las circunstancias, recordándonos que nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga.

La muerte no es un acontecimiento de la vida, no la vivimos. Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein al final de su obra Tractatus lógicus-philosophicus, afirma que la muerte no es una parte de la vida porque no es experimentada. Te explico, cuando la muerte llega, ya no estamos allí para vivirla. Esta idea, quizás influenciada por Epicuro, señala que la muerte marca el límite de nuestra existencia y de nuestro lenguaje. Nadie puede describir la experiencia de morir, ya que nadie vive para contarla. En cierto sentido, para el sujeto, la muerte no ocurre en el mundo, porque su conciencia, que representa el mundo mismo, deja de existir para él. Es, en otras palabras, su fin del mundo. 

No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Séneca

El filósofo romano Séneca, en sus Cartas a Lucilio, reflexiona sobre la brevedad de la vida. Aquí nos dice que la vida en realidad suele ser lo suficientemente larga, pero somos nosotros quienes malgastamos gran parte de ella en trivialidades. No es que el destino nos dé una existencia demasiado corta, sino que nosotros mismos no aprovechamos el tiempo que tenemos. En consecuencia, llegaremos al final sintiendo que no hubo suficiente tiempo cuando el problema fue cómo lo usamos.

Nivel tres.

Toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, no saber permanecer en reposo en una habitación, Blaise Pascal. 

Tenemos aquí otra aguda observación de Blaise Pascal. Aquí afirma que la raíz de muchos de nuestros problemas es la incapacidad de quedarnos quietos y a solas con nosotros mismos. Pascal sostenía que gran parte de la miseria humana, desde las discusiones, guerras, vicios, distracciones insanas y todo tipo de males, surge porque no nos es soportable estar en silencio, en reposo, solo con nuestros pensamientos.

Buscamos constantemente algo que nos entretenga, que nos distraiga y nos agite, cualquier cosa para huir de la confrontación con nuestro propio vacío y nuestras propias inquietudes. Esta idea es profundamente inquietante. Revela una profunda verdad psicológica y existencial. Huimos  constantemente de nosotros mismos. 

El miedo a la muerte envenena toda la vida. Lucrecio.

El poeta y filósofo romano Lucrecio, seguidor también de Epicuro, señaló que el temor a la muerte contamina la experiencia de vivir. Cuando vivimos con miedo constante a morir, ya sea de la aniquilación o el castigo o simplemente al fin de nuestros días, ese miedo actúa como un veneno sutil que le quita el sabor y la paz a nuestra vida. Nos preocupamos, sufrimos por anticipado y no logramos, por lo tanto, disfrutar el presente. Este veneno es lento y constante, una ansiedad de fondo que puede impedirnos alcanzar la paz. Irónicamente, el miedo a morir es el que más impide vivir plenamente. 

Una conciencia demasiado clarividente es, se lo aseguro, una enfermedad. Una enfermedad verdadera. Fiodor Dostoyevski. En su obra Memorias del subsuelo.

En esa obra, Fiodor Dostoyevski nos presenta a un narrador sumido en una hiperconciencia del sí mismo y del absurdo de la realidad. Cuando dice que una conciencia excesivamente lúcida es una enfermedad, señala lo doloroso que puede ser verlo todo con demasiada claridad y profundidad. Esta enfermedad es reflexionar sin cesar, analizar cada motivo y cada acción hasta quedar paralizado y no poder deliberadamente detener esa reflexión. El protagonista sufre precisamente por ser demasiado consciente de sus propias contradicciones e impotencia. En ella se sugiere que la ignorancia o la falta de reflexión puede dar cierta salud y funcionalidad. A veces entender demasiado, ser demasiado consciente de la condición humana puede hundirnos en la inacción y la amargura.

El hombre parecería ser en muchos sentidos una especie de error. Arthur Schopenhauer.

Arthur Schopenhauer, filósofo propio del pesimismo, veía la existencia humana bajo una luz muy negativa, sin embargo, reveladora, ya que en sus ensayos llegó a afirmar que quizás nuestra existencia parecería ser un error. Esta frase resume su visión. El ser humano es una criatura de deseos insaciables, que sufre más de lo que goza y que incluso cuando satisface sus necesidades cae en el aburrimiento y la desesperanza. Schopenhauer pensaba que si la vida estuviera bien hecha tendríamos esa sensación de vacío ni tanto dolor del sin sentido. Por eso él considera al hombre un experimento fallido o que no vive como debería vivir. La oscuridad de esta idea es evidente.

Nivel cuatro. 

El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Jacques Lacan.

Lacan, psicoanalista francés, formuló esta célebre idea que reinterpreta el legado de Freud. Decir que el inconsciente está estructurado como un lenguaje significa que nuestros pensamientos y deseos inconscientes no son un caos inentendible, sino que tienen organización y reglas similares y complejas como las de un lenguaje y que por eso es tan misterioso y variable como él mismo. La frase de Lacán fascina, pero también perturba porque nos hace sentir habitados por estructuras psíquicas que aún escapan a nuestra propia comprensión consciente. 

Decir algo es hacer algo. J. Austin.

 J. L. Austin, filósofo del lenguaje, revolucionó la lingüística filosófica para siempre con la idea de los actos del habla. Con esta frase enfatiza que al pronunciar ciertas palabras no solo estamos describiendo la realidad, sino actuando sobre ella. Por ejemplo, al decir lo juro en un tribunal uno no describe un juramento. Efectivamente está jurando. Al decir sí acepto en una boda, uno no relata una aceptación, sino que se casa en ese mismo acto. Hablar, entonces, es una forma de acción. Las palabras tienen poder real. Decir algo y hacer algo nos recuerda que no hay palabras inocuas. Con el lenguaje podemos herir, comprometer, bendecir o maldecir. Filosóficamente, derriba la supuesta separación entre palabras y acción, mostrando que las fronteras entre pensamiento, habla y realidad son auténticamente difusas.

El amor propio es el máximo adulador. François de La Rochefoucauld. 

El duque de La Rochefoucauld escribió Aforismos penetrantes sobre la naturaleza humana. En este nos dice que nuestro amor propio, es decir, nuestro ego y nuestra autoestima, nos engañan más y mejor que cualquier adulador externo. Somos propensos a creer lo que nos conviene creer sobre nosotros mismos. Nuestro ego nos susurra alabanzas y justificaciones junto a autoengaños constantemente, pintándonos en mejor luz de la real. Así nos convertimos en víctimas y cómplices de la más sutil de las lisonjas, la que nos hacemos a nosotros mismos. Esta cita desnuda un aspecto oscuro de la psicología humana. La autoindulgencia y la dificultad de vernos con objetividad es inquietante porque implica que incluso cuando intentamos ser humildes o sinceros, nuestro amor propio puede estar manipulándonos sin que lo notemos, haciéndonos creer que somos más justos, más inteligentes o más importantes de lo que realmente somos. 

Si los hombres fueran sinceros, la sociedad se disolvería en pocos días. George Christoph Lichtenberg.

Con su mordaz ingenio. Lichtenberg sugiere aquí que la cohesión social depende de una cierta dosis de falsedad o al menos de silencio sobre la verdad. Si todos dijéramos exactamente lo que pensamos y sentimos sin filtros, las fricciones y conflictos serían insoportables. Las convenciones sociales, la cortesía y las normas actuarían como una especie de aceite que suaviza las asperezas reales entre las personas. La sinceridad absoluta eliminaría esa lubricante exponiendo crudamente las diferencias y resentimientos que los humanos ocultan. Es inquietante porque revela que la sociedad está en buena parte fundada, sino en la hipocresía, en la ocultación. ¿Cuánta verdad puede soportar una sociedad antes de romperse? 

Nivel cinco. 

Todo pecado es impaciencia. Franz Kafka. Aforismos de Suro

Franz Kafka, en sus aforismos finales escritos en la ciudad de Suro, hace esta afirmación enigmática. Considera que la impaciencia es la raíz de todas nuestras faltas. Si lo pensamos bien, ser impaciente significa no saber esperar el curso natural de las cosas, querer el resultado ya y saltarse los pasos. En términos religiosos se interpreta con el mito bíblico mismo que Kafka trata. Adán y Eva pecaron por impaciencia al no respetar el límite impuesto por Dios buscando un conocimiento inmediato. Es una frase profunda y oscura porque redefine el mal en términos psicológicos. No es tanto la maldad deliberada, sino esa prisa interior, esa ansiedad que nos hace desviarnos. Kafka sugiere que el mal de la humanidad proviene de no saber esperar. 

El mal es todo aquello que distrae. Franz Kafka. 

Otro aforismo del mismo Kafka, que como muchos de los suyos tienen múltiples lecturas, apunta lo siguiente. El mal consiste en cualquier cosa que nos desvía de nuestro verdadero propósito o de la verdad esencial de la vida. Espiritualmente hablando, las distracciones mundanas pueden alejar al individuo de un camino correcto, de su búsqueda de sentido. Kafka parece sugerir que lo que realmente es pernicioso no siempre viene, digamos así, estridentemente, sino que son las pequeñas distracciones cotidianas, las tentaciones futiles, lo que nos saca de nuestro rumbo y nos entierra en la mediocridad o peor la falsedad. Es una visión inquietante del mal porque no lo coloca fuera en un demonio reconocible ni le echa la culpa a nadie. Es lo trivial de cada día en el perder el tiempo en tonterías, en dejarse anestesiar por entretenimientos vacíos y en olvidar nuestras metas por estímulos pasajeros. El verdadero mal entonces no nos hace cometer, digamos, de alguna manera, grandes obras, simplemente nos distrae.

Lo que es místico no es cómo es el mundo, sino qué sea. Ludwig Wittgenstein. 

Ludwig Wittgenstein, en sus Cuadernos personales, señala que el verdadero misterio no reside en los detalles de la realidad, sino en el hecho de que exista algo en lo absoluto. Solemos preguntarnos cómo funcionan las cosas, por qué son de tal o cual manera. Pero aquí Witgenstein nos hace mirar más allá. El asombro filosófico máximo es que haya un mundo, que haya ser en vez de nada. Esto es lo místico, lo inexplicable, lo inefable e indecible.

Esta frase es profundamente filosófica y provoca una mezcla de maravilla y desasosiego. Por un lado, despierta una sensación de asombro casi espiritual ante el mero hecho de la existencia, pero por otro lado es oscura en el sentido de que nos lleva al límite mismo de la razón. No podemos dar respuesta al porqué último de la existencia. Que el mundo sea es un enigma que escapa a cualquier intento de explicación científica o lógica, situándonos frente al total silencio místico. Widgenstein, en sus palabras, nos recuerda así nuestra posición humilde ante el misterio absoluto de la realidad. 

Los cerdos gozan más del lodo que del agua pura. Heráclito

Heráclito ofrece aquí una imagen provocadora para reflejar cómo diferentes naturalezas encuentran placer en cosas diferentes y cómo a menudo la naturaleza de ciertas personas prefiere lo inferior. Los cerdos, los animales que simbolizan la suciedad o la bajeza, disfrutan revolcándose en el lodo mientras que el agua limpia les es indiferente o menos atractiva. Este fragmento oscuro suele interpretarse como una crítica a aquellos que, teniendo la opción de algo bueno, puro o elevado, eligen lo sucio o vil, el placer y sus costumbres. La frase es inquietante porque sugiere una visión pesimista de cierta parte de la humanidad, quizás bastante amplia. Insinúa que hay quienes por su naturaleza o hábitos prefieren la ignorancia, prefieren el vicio y la bajeza, es decir, el lodo antes que la virtud o la verdad, el agua pura.

Heráclito conocido por su carácter misántropo, parece lamentar que muchos no aprecien lo bueno y lo limpio, deleitándose en cambio, en lo mezquino y bajo. 

Finalmente, con una de las implicaciones más profundas de la historia de la filosofía, a mi parecer, cito a Ludwig Wittgenstein con esta frase: "El mundo del feliz es otro que el del infeliz."

Esta críptica frase de Wittgenstein en su Tractatus sugiere que la realidad que habitamos depende en gran medida de nuestra actitud o estado de ánimo. No quiere decir que físicamente existan dos mundos, sino que una persona feliz percibe, entiende y vive el mundo de un modo completamente distinto al de una persona infeliz. Cuando estamos felices, el conjunto de hechos y objetos de la vida se organiza para nosotros de una forma luminosa. Cuando estamos infelices, esos mismos hechos componen un panorama sombrío. La idea filosófica de fondo es que nuestra subjetividad crea una especie de submundo propio. Es inquietante porque implica que la felicidad o la infelicidad no son meros estados pasajeros, sino lentes que colorean toda nuestra existencia y la manera en la que comprendemos el universo. Dos individuos, en las mismas circunstancias objetivas viven en universos lingüística y emocionalmente diferentes. Una paradoja difícil de comprender. 

Gracias por haber visto este video. Espero que te haya hecho reflexionar. ¿Qué otra frase hubieras incluido? 

martes, 24 de febrero de 2026

Frases hechas con historia

 ¿Recuerdas el sonido de la voz de tus abuelos? Esas frases llenas de sabiduría que soltaban casi sin pensar y que parecían tener respuesta para todo.

Número 15. Ser más feo que Picio. Empezamos nuestro viaje con una comparación que seguro has oído alguna vez. Cuando alguien era, digamos, poco agraciado. La sentencia era clara. Es más feo que picio. Pero, ¿quién fue este pobre hombre para cargar con semejante fama? La historia es más bien una leyenda, pero es tan trágica como fascinante. El folklore nos lleva a la Granada del siglo XIX, donde vivía un zapatero. La leyenda cuenta que este hombre, Francisco Picio, fue condenado a muerte por un crimen que no cometió. Justo en el último momento, cuando ya esperaba el final en la capilla, llegó la noticia de su indulto. El shock de pasar de la muerte a la vida en un instante fue tan brutal que su cuerpo reaccionó de la forma más extraña y terrible. Se le cayó todo el pelo, incluidas cejas y pestañas, y su cara se llenó de tumores que lo deformaron. Su apariencia se volvió tan grotesca que la gente lo evitaba. Así, el pobre Picio, un hombre marcado por una desgracia y una reacción inexplicable, se convirtió en el estándar de la fealdad en el imaginario español.

Número 14. A buenas horas, mangas verdes. Esta es la frase perfecta para esa ayuda que llega tarde cuando ya has resuelto el problema tú solo. Ahora vienes a buenas horas mangas verdes. Pero, ¿quiénes  eran estos tipos de mangas verdes y por qué tenían fama de impuntuales? La Santa Hermandad estaba formada por milicias encargadas de patrullar los caminos, y vestían un uniforme muy característico con unas llamativas mangas de color verde. El problema es que con los medios de la época casi nunca llegaban a tiempo para pillar a los bandidos. Cuando por fin aparecían, la gente con una mezcla de resignación e ironía les soltaba: "A buenas horas, mangas verdes". Una frase que ha sobrevivido 500 años para recordarnos que hay ayudas que simplemente llegan tarde.

Número 13. Irse por los cerros de Úbeda.  Cuando alguien en una conversación empieza a divagar y a salirse del tema, decimos que se está yendo por los cerros de Úbeda. La expresión es muy gráfica, pero su origen es una leyenda de guerra con un pequeño problema de calendario. La historia nos sitúa en la reconquista durante el asedio a la ciudad de Úbeda por el rey Fernando III el Santo, en 1233. Momentos antes de la batalla, uno de sus capitanes desaparece. La batalla se libra, los cristianos ganan y después el capitán reaparece. El rey mosqueado le pregunta dónde diablos se había metido. La respuesta del capitán fue, "Señor, que me perdí por los cerros de Úbeda." Lo gracioso es que la leyenda le atribuye esta excusa a Álvar Fáñez, un famoso guerrero que en realidad vivió en el siglo XI y era compañero del Cid. No pudo estar en esa batalla. La excusa ya en su tiempo sonó a cuento chino y se convirtió en el hazmerreír de la corte, que asumió que se había escondido por miedo. Así que aunque la anécdota sea históricamente imposible, nos dejó para siempre esta genial expresión.

Número 12. No saber ni J. De física cuántica no sé ni J. Es la forma más castiza de declararse un completo ignorante en algo. Pero, ¿por qué la J? ¿Qué tiene de especial esta letra? Su origen no tiene nada que ver con bailes regionales, sino con la propia escritura. Proviene de la letra iota. Iota, la más pequeña del alfabeto griego. En la caligrafía antigua, el trazo de la J era uno de los más simples y pequeños. Por lo tanto, decir que alguien no sabe ni J era la forma de decir que no sabe hacer ni el trazo más básico que su desconocimiento es absoluto. Es como decir hoy no sabe hacer ni la O con un canuto. 

Número 11. Quien se fue a Sevilla perdió su silla, un clásico de los juegos infantiles. Te levantas un momento y al volver alguien te ha quitado el sitio. El usurpador te lo suelta con una sonrisilla, quien se fue a Sevilla perdió su silla. Lo que pocos saben es que la historia real es una traición familiar por un asiento mucho más importante. Un arzobispado. Estamos en el siglo XV. Alonso de  Fonseca el Viejo, era arzobispo de Sevilla. Su sobrino del mismo nombre, pero "el Mozo" acababa de ser nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, una zona por entonces muy conflictiva. El sobrino le pidió al tío intercambiar temporalmente sus puestos para que el veterano pacificara Galicia mientras él se quedaba en la tranquila Sevilla. El tío fue, puso orden, pero al volver, sorpresa, el sobrino se negó a devolverle el arzobispado. Se había hecho fuerte en la silla de Sevilla. El lío fue tan grande que tuvieron que intervenir el Papa y el Rey para echar al sobrino. Curiosamente, el dicho original era quien se fue de Sevilla perdió su silla refiriéndose al tío, pero el uso popular le dio la vuelta. 

Número 10. Tirar la casa por la ventana. Celebrar algo a lo grande sin reparar en gastos es tirar la casa por la ventana. Pero, ¿de dónde viene esta imagen tan bestia? ¿De verdad lanzaba sus muebles a la calle? Pues parece que sí. Una de las teorías más populares nos lleva al siglo XVIII, con la creación de la Lotería Nacional por Carlos III en 1763. Ganar un premio gordo en aquella época era un cambio de vida total. La leyenda cuenta que los afortunados en un arrebato de euforia se deshacían de sus viejos y humildes muebles de la forma más visual posible, arrojándolos por la ventana para hacer sitio a todo lo nuevo y lujoso que iban a comprar. Aquel gesto de ostentación quedó como el símbolo definitivo del derroche. 

Número nueve, montar un pollo. Cuando se arma un escándalo o una bronca monumental, decimos que alguien ha montado un pollo y no, no tiene que ver con un gallinero, o al menos no directamente. Existe una teoría muy popular que dice que todo es un error ortográfico. La expresión original sería montar un poyo con la Y griega o ye. Un poyo, del latín podium, era un pequeño banco de piedra o una tarima que se usaba en las plazas para dar discursos.

Como estos discursos a menudo eran políticos o religiosos y muy polémicos, subirse al poyo era sinónimo de empezar una perorata que acababa en un escándalo monumental. Sin embargo, muchos lingüistas no están convencidos y creen que el origen es más simple y que pollo se refiere al alboroto típico de un corral. Sea como sea, la idea de armar jaleo sigue intacta. Estamos a mitad de nuestro viaje y ya hemos visto de todo, leyendas, traiciones y hasta muebles volando. La sabiduría de nuestros abuelos estaba llena de estas pequeñas píldoras de historia. 

Venga, sigamos que aún quedan historias buenísimas.

Número ocho, estar en Babia. ¿Me escuchas? Parece que estás en Babia. Estar distraído con la mente en otro lugar es estar en Babia. Y no, Babia no es un lugar imaginario, sino una comarca muy real en León. Durante la Edad Media, esta zona montañosa era el lugar de descanso favorito de los Reyes de León. Cansados de las intrigas de la corte, se iban a Babia a cazar y a desconectar de todo. Cuando los súbditos iban a palacio a pedir audiencia y el rey no estaba, la respuesta era siempre la misma. El rey está en Babia. La frase se hizo tan popular que empezó a usarse para cualquiera que estuviera ausente mentalmente, como si su mente, igual que los reyes, se hubiera escapado a ese paraíso leonés.

Número siete, no hay tutía. Cuando algo no tiene remedio, cuando es imposible, decimos con resignación, "No hay tutía." Suena a que una tía podría ser la solución a nuestros problemas, pero el origen es mucho más curioso y tiene que ver con la farmacia medieval. La frase original era: "No hay atutía." La atutía o tutía era un ungüento hecho con óxido de zinc, que se consideraba una especie de panacea, sobre todo para las enfermedades de los ojos. Cuando una dolencia era tan grave que ni la valiosísima atutía podía curarla, se decía que para ese mal no había atutía, o sea, que no había remedio. Con el tiempo, la gente olvidó lo que era la tutía y por cómo sonaba, la expresión derivó en el familiar No hay tu tía.

Número seis, tomar las de Villadiego. Huir, poner pies en polvorosa, pirarse a toda prisa. Eso es tomar las de Villadiego. ¿Quién era ese Villadiego y por qué su nombre es sinónimo de fuga? La teoría más aceptada nos lleva a la Edad Media y a un tiempo de persecución religiosa. Villadiego no es una persona, sino un pueblo de Burgos. El rey Fernando III el Santo le concedió a este pueblo un privilegio que lo convertía en un refugio para los judíos perseguidos. La expresión completa era tomar las calzas de Villiego. Al parecer, los judíos que huían hacia allí se ponían unas calzas o prendas distintivas que funcionaban como un salvoconducto indicando que estaban bajo la protección real. Por tanto, cuando el peligro acechaba, tomaban las de Villadiego y emprendían una huida rápida hacia la seguridad de esa villa. 

Número cinco, la ocasión la pintan calva. Aprovecha que la ocasión la pintan calva. Nos anima a no dejar pasar una oportunidad. La imagen es rara. Una oportunidad calva. La respuesta está en la mitología clásica. Los griegos y romanos personificaban la oportunidad llamada Kairós para los griegos como una figura con una larga melena de pelo por delante, pero completamente calva por detrás. Se la  representaba, además, corriendo de puntillas sobre una rueda para simbolizar lo rápido que pasa. El significado era claro. A la oportunidad solo la puedes agarrar por los pelos cuando viene de frente. Si la dejas pasar y te da la espalda, ya no hay por dónde cogerla. Por eso la pintan calva. Para recordarnos que las oportunidades hay que pillarlas al vuelo. 

Número cuatro, estar a la cuarta pregunta. Hoy casi no se oye, pero nuestros abuelos, para decir que estaban sin un duro, decían que estaban a la cuarta pregunta. Y sí, el origen es un interrogatorio, viene de los antiguos procedimientos judiciales. Cuando detenían a alguien, le hacían una serie de preguntas de rigor conocidas como las generales de la ley. Las tres primeras eran sobre su nombre, origen, etcétera. La cuarta pregunta era siempre la misma. ¿Tiene usted bienes de fortuna? Como te puedes imaginar, la mayoría de los detenidos, ya fuera por pobreza real o para evitar embargos, respondían que no. La respuesta era tan previsible que en la calle estar a la cuarta pregunta se convirtió en sinónimo de no tener un céntimo. 

Número tres, ponerse las botas, comer hasta reventar, disfrutar de un festín o forrarse con un negocio. Todo eso es ponerse las botas. ¿Y qué tiene que ver el calzado con la abundancia? El origen es militar y social. Antiguamente, los soldados de a pie, la tropa, llevaban un calzado humilde como alpargatas. Las botas altas de cuero eran un lujo, un símbolo de status reservado para los caballeros y oficiales que  combatían a caballo. Eran ellos, por supuesto, los que mejor comían y los que se llevaban la mayor parte del botín. Así que llevar botas era sinónimo de ser de la clase privilegiada, la que comía bien y se enriquecía. De ahí que ponerse las botas pasar a significar darse un buen homenaje, ya sea en la mesa o en la cartera. 

Número dos, dormir a pierna suelta. Dormir profundamente, sin preocupaciones de un tirón. La  expresión evoca una relajación total, pero su origen es bastante oscuro y nos lleva a una cárcel. Antiguamente, a los presos se les inmovilizaba con grilletes en los tobillos. A los más conflictivos o a los que intentaban fugarse, a veces se les aplicaba un castigo peor, un grillete que sujetaba una sola pierna a la pared, obligándoles a mantenerla rígida. Era una tortura que impedía dormir y encontrar una postura cómoda. Por el contrario, cuando aún preso lo liberaban de ese cepo y podía por fin dormir con las dos piernas libres sin ataduras, se decía que podía dormir a pierna suelta. Era el máximo símbolo de alivio, un placer que solo se valora cuando se pierde. 

Número uno, se armó la Marimorena. Y llegamos al número uno. Cuando estalla una pelea monumental, un caos absoluto, exclamamos, Se armó la Mari Morena. Pero, ¿quién fue esta mujer para dar nombre a la madre de todas las broncas? La leyenda nos lleva al Madrid del siglo XV, a una taberna en la caba baja. La regentaba un matrimonio y la mujer María era conocida por su fuerte carácter y al parecer por su tez morena, de ahí el apodo "la Mari Morena". La historia que se sitúa sobre 1579 cuenta que unos soldados exigieron que les sirvieran del mejor vino, uno que los taberneros reservaban para su clientela fina. Ante la negativa, los soldados intentaron cogerlo por la fuerza. La reacción de Mari Morena fue legendaria. Se enfrentó a ellos armada con lo primero que pilló y organizó una pelea tan descomunal que se hizo famosa en todo Madrid. Su genio fue tal que su nombre quedó para siempre ligado a cualquier trifula que se precie.

Y así hemos rescatado del olvido 15 joyas de nuestro lenguaje. Hemos conocido a un zapatero  desgraciado, a unos guardias tardones y a una tabernera que no se andaba con chiquitas. Cada refrán es una ventana a la historia de la España que vivieron nuestros abuelos. Son mucho más que frases. Son el ADN de nuestra cultura, un legado de ingenio que se niega a desaparecer. Y recordarlos es en parte recordar quiénes somos. 

Diez leyes de teoría de juegos que controlan la ética y la vida

[Transcrito automáticamente de YouTube, y corregido y enlacionado por el bloguero

 [10 Leyes ocultas de la Teoría de Juegos que controlan tu vida]

 Estás atrapado en el tráfico, es un atasco total. Miras a tu izquierda y hay un carril que parece moverse un poco más rápido. Miras a tu derecha, lo mismo.

Deseas desesperadamente cambiar de carril. Pero aquí está el problema.

Todos los demás conductores están pensando exactamente lo mismo. Si tú te mueves, ralentizas ese carril. Si ellos se mueven, ralentizan el tuyo.

Eventualmente, todos se conforman con un carril y, aunque el tráfico es terrible y todos se sienten miserables, ninguna persona puede mejorar su tiempo de viaje cambiando de carril unilateralmente. Has entrado en un equilibrio de Nash, nombrado en honor al matemático John Nash, el tipo interpretado por Russell Crowe en Una mente maravillosa. Este concepto es la base de la estrategia moderna y, lamentablemente, explica por qué tantos aspectos de tu vida se sienten estancados. 

Un equilibrio de Nash describe un estado en un juego donde ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras los otros jugadores mantengan las suyas sin cambios. Es la definición matemática de un punto muerto. Piensa:  estás de pie en un concierto. Al principio, todos estáis sentados cómodamente. Entonces, un fanático entusiasta, en la primera fila, se levanta para tener una mejor vista. Ahora las personas detrás de él no pueden ver, así que se levantan. Este efecto dominó llega hasta la última fila del estadio. Y ahora, eventualmente, todos están de pie. La vista es exactamente la misma que cuando todos estaban sentados; pero ahora te duelen las piernas y no puedes sentarte porque no verías nada. Estás atrapado en un equilibrio de Nash. 

El resultado grupal óptimo, todos sentados, es inestable, porque el incentivo individual para levantarse es demasiado alto. Y esta ley gobierna todo, desde las carreras armamentísticas nucleares hasta por qué te sientes obligado a usar traje para una entrevista de trabajo, aunque todos estarían más cómodos en pijama.

Estamos encerrados en trampas subóptimas porque no podemos confiar en que los demás se coordinen con nosotros.

El juego del ultimátum, justicia versus lógica. Imagina que te ofrezco $100, pero hay una trampa. Tengo que dividir este dinero con un extraño en otra habitación. Puedo ofrecerle a ese extraño cualquier cantidad que yo quiera, desde un centavo hasta los $100 completos. Si el extraño acepta mi oferta, ambos nos quedamos con el dinero. Si el extraño rechaza mi oferta, ninguno de los dos recibe nada. Y el extraño sabe que el total son $100.

Ahora, la lógica pura, el tipo de lógica que los economistas solían creer que gobernaba el mundo, dicta que el extraño debería aceptar cualquier oferta mayor a cero. Incluso un centavo es mejor que nada, ¿verdad? Un agente puramente racional y maximizador de ganancias tomaría el centavo. 

Pero eso no es lo que sucede en experimentos de la vida real, realizados en todo el mundo. Si ofrezco algo menos de aproximadamente el 30%, digamos, y trato de quedarme con $70 y darles 30, la gran mayoría de la gente rechazará la oferta. Elegirán irse sin nada solo para asegurarse de que yo tampoco obtenga nada. Este es el juego del ultimátum, y revela un mecanismo oculto en nuestros cerebros que anula las matemáticas básicas. El instinto de castigo altruista. Estamos programados para castigar la injusticia, incluso a un costo personal. 

Esto no es solo mezquindad, es una salvaguarda evolutiva. En un entorno tribal, dejar que alguien se saliera con la suya acaparando recursos era una sentencia de muerte para el grupo. Así que desarrollamos un interruptor de justicia que efectivamente dice: "Prefiero quemar todo este trato hasta los cimientos antes de que te aproveches de mí."

Por eso te enojas irracionalmente cuando alguien se mete en la fila en la que estás, incluso si solo te retrasa 5 segundos. Es por lo que ocurren las revoluciones. No somos maximizadores de ganancias, somos ejecutores de la justicia. Y saber esto cambia cómo negocias todo: desde tu salario hasta quién lava los platos. No estás negociando números, estás negociando el respeto percibido.

¿Por qué el egoísmo es matemáticamente predecible? Miremos el escenario más famoso de la teoría de juegos. El dilema del prisionero. Dos ladrones de bancos son arrestados y puestos en salas de interrogatorio separadas. La policía no tiene suficiente evidencia para condenarlos por el crimen mayor, sino solo por uno menor. Le ofrecen a cada prisionero un trato: "Si traicionas a tu socio y testificas en su contra, tú sales libre, y él recibe 10 años. Y si ambos guardáis silencio, ambos recibiréis solo un año por el cargo menor. Pero, si ambos os traicionáis mutuamente, ambos recibiréis 5 años." 

Las matemáticas son crueles aquí, porque no importa lo que haga tu socio: tu mejor movimiento individual siempre es traicionarlo. Si él guarda silencio, lo traicionas y sales libre. Si él te traiciona, debes traicionarlo para evitar la sentencia de 10 años. La deserción es la estrategia dominante.

Esto explica la arquitectura deprimente del cinismo moderno. ¿Por qué los políticos lanzan anuncios de ataque? Porque si un lado toma el camino moral, guarda silencio y el otro ataca, deserta, el atacante gana. ¿Por qué los atletas toman drogas para mejorar el rendimiento? Si todos se mantienen limpios, gana el mejor atleta, pero, si tu oponente se dopa, y tú no, pierdes. La lógica del dilema del prisionero nos fuerza a una carrera hacia el fondo, donde los individuos racionales producen un resultado grupal distintivamente irracional. No cerramos nuestras puertas porque odiemos a nuestros vecinos, sino porque no podemos asegurar matemáticamente que no nos robarán. No acumulamos recursos porque seamos codiciosos, sino porque el costo de ser "el tonto que no acumuló" es demasiado alto. El egoísmo no siempre es una falla moral. A menudo son solo personas que son buenas en matemáticas, pero malas en confianza.

Estrategias de Toma y daca en la amistad. 

Entonces, ¿es el mundo simplemente un paisaje desolado de traición inevitable? Sorprendentemente, no.  En la década de 1980, el politólogo  Robert Axelrod organizó un torneo masivo por computadora. Invitó a expertos a enviar programas que jugarían el dilema del prisionero entre sí repetidamente, miles de veces (Dilema del prisionero iterado).

Quería encontrar la estrategia definitiva para la vida. El ganador no fue un algoritmo complejo y retorcido diseñado para explotar a los demás. Fue el código más simple del torneo, escrito en solo cuatro líneas de Basic. Se llamaba Tit for tat / Toma y daca. 

La estrategia era simple. En el primer movimiento, sé amable, coopera. En cada movimiento posterior, simplemente haz lo que tu oponente hizo la última vez. Si te golpean, golpeas de vuelta inmediatamente. Si se disculpan y cooperan, los perdonas inmediatamente, y vuelves a cooperar. 

Esta simple regla revela los cuatro pilares de las relaciones exitosas a largo plazo, ya sea en el matrimonio, la amistad o los negocios. 

*Primero, sé amable. Nunca seas el primero en traicionar. 

*Segundo, sé provocable. Si alguien cruza un límite, debes tomar represalias. No puedes ser un felpudo.

*Tercero, sé indulgente. Una vez que hayas tomado represalias, no guardes rencor. Vuelve a la cooperación al instante. 

*Cuarto, sé claro. Tu comportamiento debe ser predecible para que la gente sepa que no debe meterse contigo. 

Las personas que intentan ser demasiado amables generalmente son explotadas y luego explotan en ira, lo que confunde a todos. El toma y daca gana porque le enseña al otro jugador que la cooperación es en su mejor interés. Es la prueba matemática de la Regla de oro, pero con dientes.

Imagina un pastizal compartido o de propiedad comunal abierto para todos los pastores de un pueblo. Es un campo agradable y cubierto de hierba. La lógica dicta que cada pastor intentará mantener tantas vacas como sea posible en esos terrenos comunes. "Después de todo, agregando una vaca más obtengo el 100% de ganancia en leche y carne". 

Pero el daño, el sobrepastoreo, es compartido por todos en el pueblo. El coste para mí es una fracción frente a la ganancia, que es total. El problema es que cada pastor llega a esta misma conclusión racional. Todos agregan solo una vaca más. La hierba desaparece, el suelo se erosiona, el pastizal muere y, de repente, las vacas de todos se mueren de hambre. 

Esta es la tragedia de las propiedades comunales, y es la ley más aterradora de la teoría de juegos, porque gobierna la supervivencia de nuestro planeta. ¿Ves esto todos los días? ¿Es por lo que los baños públicos son asquerosos? ¿Es por lo que el océano está lleno de plástico?

Es por lo que tenemos embotellamientos. Las carreteras son un bien común que usamos en exceso, porque el coste de conducir es individual, pero el coste de la congestión es compartido. La tragedia es que la racionalidad individual conduce a la ruina colectiva. Estamos biológicamente programados para maximizar nuestra ganancia a corto plazo e ignorar los costes distribuidos a largo plazo. 

Resolver esto requiere cambiar el juego en sí mismo: introducir regulación, privatización o vergüenza social para hacer que el coste de esa vaca extra o esa botella de plástico extra sea inmediato y personal. Sin reglas externas, las matemáticas dicen que consumiremos nuestro mundo hasta que no quede nada.

Aquí hay un juego de festejo que arruinará tus amistades. Se llama la subasta del dólar. Sostengo un billete de 20 dólares y digo: "Voy a subastar esto al mejor postor." Las reglas son simples: el mejor postor se lleva los 20 dólares, pero el segundo mejor postor también debe pagarme su oferta, y no recibe nada a cambio. La puja comienza inocentemente. Es dinero gratis, pero eventualmente la puja llega a 19 contra 18. Si eres la persona en 18, estás a punto de perder 18 dólares y no obtener nada. Así que pujas 20 dólares, porque al menos sales en tablas, empatado. Pero ahora la persona en 19 está jodida. Está a punto de perder 19 dólares por nada, así que puja 21 dólares.

Espera, ¿por qué alguien pagaría 21 por un billete de 20? Porque pagar 21 y perder, o 21 dólares menos los 20 que ganas, es matemáticamente mejor que detenerse en 19 y perderlo todo. La trampa se cierra. La puja escala  a 30, 50, 100 dólares. Ambos jugadores ahora están pujando frenéticamente solo para minimizar sus pérdidas. Esta es la falacia del costo hundido convertida en arma. 

Explica por qué las naciones permanecen en guerras perdidas. "No podemos dejar que esos soldados hayan muerto en vano". Explica por qué te quedas en una relación tóxica. "Ya he invertido 3 años". Explica por qué terminas de ver una película terrible solo porque viste la primera mitad. 

La teoría de juegos nos enseña que el dinero o el tiempo ya gastado se han ido. Es irrelevante para la decisión que tomas ahora, pero nuestros cerebros no pueden manejar la pérdida. Tiraremos dinero bueno tras dinero malo, persiguiendo una victoria que hace mucho se convirtió en una pérdida, solo para evitar admitir la derrota.

¿Cómo las empresas usan la teoría de juegos en tu contra? 

¿Alguna vez te has preguntado por qué las farmacias CBS y Walgreens siempre están una al lado de la otra? ¿O por qué Burger King siempre está cruzando la calle del McDonald's?

Esta es la La ley de Hotelling, o principio de mínima diferenciación (1929) en acción.

Si en una playa de una milla de largo hay dos carritos de helados, para maximizar clientes no deberían espaciarse perfectamente. Ambos avanzarán hacia el centro para robar la cuota de mercado del otro hasta que estén espalda con espalda, en el medio exacto. Te incomodarán a ti, el cliente, para alcanzar un equilibrio de Nash de mediocridad; pero esto se pone más oscuro. Considera la igualación de precios. Suena genial para ti, ¿verdad? Una tienda dice: "Si encuentras un precio más bajo en otro lugar, lo igualaremos." Piensas: "¡Vaya, cuánta confianza tienen en sus precios bajos!" Pero la teoría de juegos dice lo contrario. La igualación de precios es, en realidad, una amenaza para los competidores. Le indica a las otras tiendas: "No se molesten en bajar sus precios para robar mis clientes. Lo igualaré automáticamente." 

Así que no ganarán ninguna cuota de mercado y ambos simplemente, perderán ganancias. El resultado es que ninguna tienda baja sus precios. Los precios se mantienen artificialmente altos. La garantía es un mecanismo para matar las guerras de precios antes de que comiencen. Fidelización. O mira los programas de lealtad de las aerolíneas. Debes dar una suma como penalización por cambiarte.

Al darte millas de recorrido que son valiosas y quedarte con ellos, hacen que sea matemáticamente irracional para ti cambiar a un vuelo más barato en una aerolínea diferente. No están recompensando tu lealtad, sino que están tomando como rehenes tus compras pasadas para dictar tus elecciones futuras. Estás jugando a un juego donde el crupier ha marcado las cartas, y crees que estás ganando porque te dieron de regalito una bolsa de maní gratis.

La Paradoja de Braess (o Braess's Paradox), creada por el matemático alemán Dietrich Braess en 1968. 

¿Por qué cerrar calles mejora el tráfico? A finales de la década de 1960, un matemático alemán llamado Dietrich Braess descubrió algo que parece imposible: si añades una nueva carretera a una red de tráfico congestionada, el tráfico a menudo empeora. Por el contrario, si bloqueas una carretera principal, el tráfico a menudo mejora. 

Esto rompe la lógica de nuestro cerebro. Más capacidad debería significar mejor flujo, ¿verdad? Pero el tráfico es un juego jugado por agentes egoístas. Cuando se abre un nuevo atajo, cada conductor intenta tomarlo para ahorrar tiempo. Esta deserción masiva abruma la nueva carretera, causando un cuello de botella que respalda todo el sistema, incluidas las carreteras antiguas. El deseo egoísta de encontrar la ruta individual óptima destruye la eficiencia de la red colectiva. Vemos esto en la demanda inducida. Amplías una autopista para arreglar la congestión y en un año el tráfico es igual de malo, si no peor. La paradoja de Braess prueba que, en sistemas complejos, la libertad de elección individual puede ser enemiga de la eficiencia. A veces, la única forma de ganar es limitar las opciones. 

Esto también se aplica a tu productividad. Si te das 10 horas para hacer una tarea, tomarás 10 horas. Ley de Parkinson. Si bloqueas el camino y restringes tu tiempo a 2 horas, a menudo haces el mismo trabajo más rápido. Las restricciones no limitan el rendimiento. A menudo lo optimizan al eliminar la deriva egoísta de tu atención.

Ganando juegos que no sabías que estabas jugando. ¿Por qué un pavo real tiene una cola masiva y colorida? ¿Lo hace lento? ¿Lo hace fácil de comer para los tigres? Es biológicamente costoso de generar.

Desde un punto de vista de supervivencia, es estúpido; pero desde un punto de vista de la teoría de juegos, es una obra maestra. Es una señal costosa. El pavo real le está diciendo a la pava: "Mírame, mis genes son tan fuertes que puedo permitirme arrastrar este cartel pesado e inútil, y, aún así, sobrevivir. "

Si la cola fuera barata o fácil de falsificar, no significaría nada. El hecho de que sea una desventaja es lo que la hace honesta. Tú también haces esto. ¿Por qué la gente compra relojes de lujo que dan la hora peor que un Casio de 10 dólares? ¿Por qué la gente va a universidades caras cuando toda la información está disponible en línea gratis? Estás participando en señalización. No estás comprando un producto, estás comprando una prueba de trabajo. Estás demostrando que tienes recursos para quemar. Este es el juego oculto de la interacción social. Estamos constantemente transmitiendo señales para distinguirnos de los tramposos o jugadores de baja calidad. La entrevista de trabajo no trata de tus habilidades: es un juego de apariencias, la señalización de la conformidad y de la competencia.

En una primera cita no se trata de la cena: es un juego de señalización de estabilidad y aptitud genética. Una vez que ves las señales, dejas de mirar las acciones superficiales y comienzas a ver los cálculos matemáticos debajo. 

La matemática de la cooperación humana.

Si la teoría de juegos está tan obsesionada con el egoísmo, ¿por qué ayudamos a alguien? ¿Por qué los soldados saltan sobre granadas? ¿Por qué le das propina a un camarero en una ciudad que nunca volverás a visitar? La teoría de juegos evolutiva nos da dos respuestas: selección por parentesco y altruismo reciproco. El genetista y matemático John Burdon Sanderson Haldane (JBS Haldane) bromeó una vez: "Daría mi vida por dos hermanos... u ocho primos". Estaba haciendo las matemáticas de la genética.

Si te sacrificas para salvar a dos hermanos, tus genes sobreviven matemáticamente intactos. Este es el código cableado del amor familiar. Pero, para los extraños, confiamos en la sombra del futuro, cooperamos porque durante la mayor parte de la historia humana vivimos en pequeñas tribus donde volverías a ver a ese camarero, volverías a ver a ese extraño. Nuestros cerebros evolucionaron en un entorno donde cada interacción era un juego repetido. 

La reputación era moneda. Si engañabas a alguien, toda la tribu lo sabía y morías solo. En el mundo moderno somos anónimos. Podemos hacer trampa y desaparecer. Pero nuestro hardware no se ha actualizado. Todavía recibimos un golpe de dopamina al cooperar. Todavía sentimos culpa cuando hacemos trampa.

Estamos biológicamente diseñados para jugar un juego de suma positiva, un juego donde, al trabajar juntos, el pastel total se hace más grande para todos. 

La lección definitiva de la teoría de juegos no es que las personas sean egoístas, es que somos lo suficientemente inteligentes como para construir sistemas, leyes, culturas, matrimonios que hacen que la cooperación sea el movimiento más egoístamente beneficioso. Vencemos a las matemáticas cambiando las reglas. Ganamos al darnos cuenta de que en el juego de la vida la única forma de terminar verdaderamente primero es asegurarte de que no estás jugando solo.

lunes, 23 de febrero de 2026

Algunas frases españolas de gramática parda

 Estas cinco frases españolas no significan lo que crees y si las entiendes mal pierdes el plan, el examen y la dignidad. Para Fernán Caballero, la gramática parda se limita a tres principios: "Ver venir, Dejarse ir y Tenerse allá".Vamos con ellas. 

Frase número uno. Ya vemos

Empezamos con la más peligrosa socialmente. Ya vemos. Suena abierta, flexible, moderna, democrática... Mentira. Significado real en la mayoría de los casos: No hay plan. No me quiero comprometer. No insistas. Y Probablemente, no. Mini escena:

-Oye, quedamos el viernes.

- Bueno, ya vemos.

-Perfecto. ¿A qué hora...?

Ya vemos es un no con traje y corbata.

Remate, si organizas tu agenda con Ya vemos, te quedas en casa, vamos a crecer juntos.

Frase número dos, está chupado. 

Ahora la frase que más hace reír a los estudiantes. Está chupado. Sí, suena raro y no, no significa lo que estás pensando, pero sí se usa, muchísimo. Significa: es muy fácil, facilísimo. Pan comido versión calle. Pero hay una ley universal. Cuando alguien dice está chupado, no está chupado. 

-Oye, tranquilo, el examen está chupado.

-Ah, vale, pues no estudio.

-Necesito repetir curso. 

Remate a está chupado: confianza peligrosa.

Frase número tres, no te rayes

Frase nacional multiuso, no te rayes. Sirve para estrés, drama, errores, caos, decisiones malas y  decisiones peores. Ejemplos rápidos:

-Oye, perdí las llaves.

-Ah, no te rayes. 

-Oye, di el mensaje a grupo equivocado

-Hombre, no te rayes, tío. 

-Creo que insulté a su abuela.

-Ah, no te rayes.

Es terapia exprés sin factura. 

Remate: funciona el 30% de las veces, pero se intenta. 

Frase número cuatro, luego te digo.

Esta frase parece responsable, luego te digo, pero no lo es. Posibles significados reales: No lo sé. No quiero decidir. Me da pereza pensar. Voy a desaparecer. Y es para que lo olvides. Mini escena:

-Oye, ¿comemos mañana?

-Sí, luego te digo.

-Vale, perfecto.

Luego te digo, es el "modo avión" conversacional.

Remate, si dependes de eso, ya no hay plan. 

Frase número cinco. Ya, si eso.

Nivel avanzado, cinturón negro social. Ya sí eso no tiene traducción exacta, es energía. Significa quizá, puede ser, no prometo nada, no cuentes conmigo o probablemente no, pero con cariño. 

-Oye, vamos al gym a las 7.

Ya, si eso. 

Pero todos sabemos que nadie va, hombre.

-Terminamos el proyecto hoy. 

-Ya, sí eso

Pero no se terminó. 

Remate: es el "Sí, pero no", pero educado.

Bloque extra. Frases rápidas: un bonus.

Minifrases que también rompen cerebros:

A ver, no siempre es mirar, puede significar: Explícate, dime, te escucho, sorpréndeme o no te creo todavía. Depende al cien por cien de la cara. 

Hombre, no habla de género. Es reacción emocional, sorpresa, duda, desacuerdo suave.

-Hombre, no sé yo. 

Eso ya es un no con música.

Tal cual. Significa exactamente, totalmente, cien por cien, es así. Tal cual es el confirmado español. 

Estas frases no salen en los cursos; pero salen todos los días en conversaciones reales. Puedes saber gramática perfecta, pero si no entiendes estas frases, estás en modo turista lingüístico. Escribe en comentarios qué frase te confundió más o cuál entendiste mal y pagaste el precio. Y, tranquilo, no te rayes.

¿Qué hemos aprendido exactamente sobre la justicia?

[Discurso de Kevin Spacey en la Oxford Union , el club de debate más famoso del mundo, con motivo del Academy Award Winner

Solía creer. ¿Me escuchan todos? Solía creer que la verdad prevalecería.

Pero si te mantenías tranquilo, callado y dejabas que el sistema funcionara, eventualmente los hechos hablarían más fuerte que el ruido. Pero me equivoqué. Estoy aquí para decirles con la autoridad que muy pocos otros tienen que una vez que se hacen acusaciones, los hechos no importan. [Aplausos]

No quieren la verdad. Quieren un villano. Y yo era perfecto para el papel. Yo era una estrella legendaria. Era excéntrico. Y no jugué según sus reglas. Los medios publicaron titulares que decían que yo había cometido agresión sexual. Y luego el martillo pilón.

Gente que de repente sale de la nada para decir que yo era un monstruo, que estaba borracho, que me reí mientras sucedía. Era grotesco, sensacional y completamente falso. Pero vendió periódicos. Le dio al público lo que quería. Tres juicios. La primera vez fue un juicio nulo, la segunda un juicio nulo también, y la tercera vez el jurado tardó solo unos minutos en emitir una absolución unánime.

Y luego emitieron una disculpa pública. El jurado lo hizo. Pensé que eso iba a ser el final, pero no lo fue.¿Sigo enfadado después de todos estos años? Bueno, la pregunta más importante podría ser, ¿por qué no lo estás? Quiero decir, crees en la justicia, ¿no? ¿No es así? ¿No es así? Empeora.

Durante mis juicios, sin que yo lo supiera, algunos de los principales jefes de estudio de Hollywood se unieron para contratar a un zar que demostrara a Wall Street y al público que se tomaban en serio sus preocupaciones sobre el comportamiento inmoral que se rumoreaba que estaba ocurriendo y que limpiarían Hollywood de una vez por todas.

Y así, una semana exacta después de que me absolvieron de todos los cargos, fui oficialmente incluido en la lista negra para no volver a trabajar en la industria y en la única profesión que había conocido.

No cuando me acusaron, no durante los juicios, sino solo después de que finalmente gané mi caso. Después de que el sistema hubiera hecho su trabajo. Ahí fue cuando me tiraron. No porque fuera culpable, sino porque era inconveniente. Y en este negocio, la verdad no te redime. Avergüenza a las personas que se equivocan sobre ti. Y así, te entierran aún más profundo.

Ahora bien, esa historia, esa historia que acabo de compartir con todos ustedes, sucedió hace más de 100 años. Oh, ¿pensaste que estaba hablando de mí? Oh, no, no, no. Les he estado contando la historia de Roscoe Fatty Arbuckle, una de las estrellas más queridas y taquilleras de la era del cine mudo. De hecho, en 1918, firmó el contrato más grande en Hollywood hasta ese momento. Paramount Pictures le pagó 3 millones de dólares, lo que lo convirtió en el actor mejor pagado en Hollywood en ese momento. Y luego, solo unos años después, fue acusado de un crimen que no cometió.

Tres juicios, absolución total, y luego en la lista negra. No por culpa, por una narrativa.

Quiero leerles lo que el jurado escribió en su carta de disculpa con sus propias palabras después de exonerarlo. Esto es directamente de un artículo del New York Times titulado "Arbuckle absuelto en un veredicto de un minuto". Un minuto con fecha del 13 de abril de 1922. Esto es una cita ahora. Un quiddle no es suficiente para Roscoe Arbuckle. Sentimos que se le ha hecho una gran injusticia. También sentimos que era nuestro simple deber darle esta exoneración, dada la evidencia, de la cual no se presentó la más mínima prueba para conectarlo de alguna manera con la comisión de un delito.

Fue varonil durante todo el caso. Literalmente, así es como escribieron esto. Fue varonil durante todo el caso y contó una historia directa en el estrado de los testigos, que todos creímos.

Lo sucedido en el hotel fue un asunto desafortunado por el cual Arbuckle, según demostraban las pruebas, no fue responsable en absoluto. Le deseamos éxito y esperamos que el pueblo estadounidense tome en cuenta el veredicto de 14 hombres y mujeres que han estado escuchando durante 31 días las pruebas de que Roscoe Arbuckle es completamente inocente y libre de toda culpa.

Eso fue en 1922.

Hace 103 años.

Entonces, ¿qué hemos aprendido exactamente?

[Aplausos] 

Abusos tolerados por el Islam

 De Quora:  

 Lo peor de lo peor es una tradición cultural en Afganistán que se llama “Bacha Bazi” y traduce algo así como “niño juguetón”.

Se trata de niños que son comprados o simplemente secuestrados por hombres poderosos que los utilizan como entretenimiento en sus fiestas. El entretenimiento consiste en vestir y maquillar a los niños de mujer, hacer que canten y bailen en medio de todos y luego abusar de ellos sexualmente.

Podría decirse que es algo aceptado por la sociedad afgana, considerando que quien tiene un bacha bazi no se esconde y en cambio es visto por los demás como una persona con gran poder, con un alto estatus social. Generalmente son jefes talibanes y por la misma razón ejercen miedo sobre quien juzgue sus actos; tanta es la intimidación que ejercen que inclusive el New York Times publicó en 2015 un artículo sobre cómo a los soldados estadounidenses se les pidió ignorar esta práctica para evitar crear tensiones en las relaciones con los líderes afganos.

Hay un libro muy bueno, es triste pero está muy bien escrito, llamado “Cometas en el cielo” (The Kite Runner). El autor es Khaled Hosseini, es afgano y hace un retrato muy completo de esta nefasta tradición.

Cabe mencionar que en la sociedad afgana hay una fuerte tendencia al machismo, lo cual hace que los niños víctimas de esta práctica, además de ser vulnerados física y psicológicamente, son deshonrados socialmente pues ellos mismos se sienten como “pecadores” ante su Dios.

Entrevista con Arturo Pérez-Reverte

 Arturo Pérez-Reverte, escritor: “La izquierda actual tiene una intolerancia maniquea, farisaica, oportunista, demagógica, extrema”, en El País, Pablo Guimón | Jordi Amat, 22 feb 2026: 

El creador del Capitán Alatriste, tras haber protagonizado otra vez diversas polémicas, abre las puertas de su casa para reflexionar sobre su obra literaria y la influencia de la guerra en su vida, la Real Academia Española o la situación moral de Europa: “Seremos los siervos de un mundo que no es el nuestro”

Sables por las esquinas, maquetas de barcos, telescopios, una estatua de Tintín tocada con un casco de la guerra de los Balcanes, un busto de Napoleón, un cuadrito de Richelieu, una foto de Conrad, una carta de Patrick O’Brian, una flor del campo de la batalla de Waterloo. Imagine la biblioteca de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) y ahora elévelo al cubo. La imagen se aproximará a lo que el visitante encuentra en el centro de operaciones del ex corresponsal de guerra, novelista, articulista y polemista. Tres plantas forradas con miles de libros con cuidadas encuadernaciones y salpicados de recuerdos de una vida vivida intensamente.

Pérez-Reverte accedió, tras solicitar pensárselo 24 horas, a una entrevista con EL PAÍS libre de los corsés de la promoción. Las novedades del escritor son la reedición de su novela sobre la guerra civil Línea de fuego, en un estuche con un breve volumen con comentarios sobre el libro, y en mayo recuperará sus crónicas de guerra, con el título de Enviado especial, acompañado de una exposición con las fotos que tomó en los conflictos. El escritor aceptó hablar de la vida y chapotear en los charcos en los que ha andado metido estas últimas semanas: su arremetida contra la supuesta “moral inquisitoria” de cierta izquierda que derivó en el aplazamiento del seminario sobre la guerra que debía haberse celebrado en Sevilla bajo el título de “La guerra que todos perdimos”; la pelea con David Uclés que desató la polémica con su decisión pública de rechazar la invitación; así como la aparatosa bomba que soltó en la Real Academia de la Lengua en forma de un artículo en El Mundo en el que dijo que hoy la institución “ni fija, ni limpia, ni da esplendor”.

El padre de Alatriste luce formidable a sus 74 años, con camisa de cuadros gruesos, pantalón de pana marrón y zapato inglés. Un aire como de Balmoral que contrasta armónicamente con las líneas modernas del imponente chalé, los muebles bauhaus, las lámparas decó. Al fondo, el escritorio con un ordenador cuyo teclado tiene teclas redondas como de vieja Olivetti que imitan el ruido de una máquina de escribir, el que escuchaba hace más de medio siglo en la redacción del diario Pueblo. En una archivadora abierta, apuntes de la que será su próxima novela. Le empieza a preocupar cuántos libros le quedan por escribir, le atormenta tener que priorizar los proyectos que acumula. Se pregunta cómo será el día en que lo que escriba deje de tener valor. Si se lo harán saber y quién será el encargado. Para tranquilidad de sus lectores, a juzgar por esta larga conversación, el temido momento se antoja aún lejano.

Pregunta. En mayo publica Enviado especial, con sus artículos como periodista en conflictos bélicos. ¿Qué lecciones aprendió de la guerra?

Respuesta. Nada que no esté en la paz, solo que en la guerra es todo más extremo. Yo tengo la ventaja de que cuando fui por primera vez a la guerra, con 20 años, ya había leído mucho. Eso me permitió abordarlo con serenidad. Si no, a esa edad, la guerra me habría trastornado, pero en mí tuvo un efecto nutritivo. Era horrible, por supuesto. Pero haber leído me permitió digerir la guerra con más naturalidad. Fue un aprendizaje excelente, una escuela de vida. Mi forma de mirar el mundo empezó a fraguarse en mis primeros años allí.

P. Ha estado en guerras entre países, pero también en guerras civiles.

R. Sí, en siete.

P. ¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?

R. El ser humano tiene rincones muy oscuros. Y la guerra civil es la que pone de manifiesto con más intensidad la parte oscura del ser humano.

P. En una entrevista reciente en un periódico italiano, dijo que España no ha superado la guerra civil. ¿Cómo se supera?

R. Se puede. Pero España no la supera por otras razones. Ya me estoy metiendo, cabrones [risas]. Yo tengo una opinión, que puede ser equivocada. Y como la tengo, pues la manifiesto porque me preguntan por ella. Una guerra civil puede superarse con sentido común. Y la nuestra, en sus aspectos más dramáticos, estaba superada. Más que superada, asimilada, digerida. Pero por razones políticas, se ha desenterrado. No como memoria, sino como herramienta; no como reflexión histórica, sino como arma política. A mí me la contaron mis padres. Mi padre, mi tío, mi abuelo lucharon con la República. Esas tres estanterías son libros sobre la Guerra Civil. Y he visto guerras civiles. Entonces, como sé lo que es, sé que estaba neutralizada. Pero a una generación que no tiene ni libros ni memoria directa, es muy fácil manipularla con lugares comunes: Franco malo, República buena total, el paraíso en la tierra fue roto por cuatro banqueros, cuatro militares y cuatro obispos con gomina en el pelo... La Guerra Civil se ha convertido en una herramienta política y eso nos ha devuelto a un territorio de hostilidad que había desaparecido. Yo pertenezco a una generación, y tengo una formación y una experiencia que me permite decir que la Guerra Civil la perdimos todos. Evidentemente, la ganó el bando nacional, Franco y su gente. Y la perdió la República. Pero aparte de ese planteamiento, indiscutible, hay una cosa evidente: los españoles perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos. Y eso me lleva a una cosa interesante…

Hay una cosa evidente: los españoles perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos.

Se levanta de pronto, como impulsado por las cintas de cuero de su silla Wassily, y se dirige a la biblioteca, de la que extrae dos libros que tenía colocados en horizontal, sobre el resto de volúmenes, en una estantería. Regresa a la mesa, abre el primer libro, El viaje de mi padre, de Julio Llamazares, lee de pie la página que tenía marcada. “A los que perdieron la guerra civil española de uno y otro bando”. Abre La península de las casas vacías, de David Uclés. Señala una cita: “¿Qué pone aquí?”.

P. “En las guerras no gana nadie. Pierden todos. Eso aprendí”. Miguel Delibes.

R. Como veis, no estoy solo. Incluso alguno ha variado su planteamiento en los últimos tiempos por oportunismo. España perdió. A todos nos arrancó cosas importantes, nos retrasó el reloj respecto a la historia del mundo. Y eso es lo que espero que hablemos en Sevilla en octubre. Lo que pasó es que ahí se dieron otros factores que no tienen que ver con las jornadas. Hubo un movimiento, que detallé en su momento así que no volveré sobre él, de presiones reconocidas.

P. En un texto que incorpora a la reedición de Línea de fuego, habla de superar el maniqueísmo de buenos y malos. ¿No entraña un riesgo en estos tiempos?

R. He visto matar prisioneros, he visto torturar prisioneros en guerras civiles. No lo he aprendido en la barra de la taberna Garibaldi. Ni en el salón del Ritz. ¿A mí me vas a contar qué es una guerra civil?

P. ¿Pero no es peligroso cuando, por ejemplo, uno de cada cinco jóvenes piensa que la dictadura franquista fue “buena” o “muy buena”?

R. Lo peligroso es el silencio. Callando dejas que los cánceres se extiendan. Lo que vamos a hacer en Sevilla es debatir, que hable todo el mundo, que expongan sus razones. Que junto al político oportunista esté el historiador serio que lo ponga en su sitio.

P. Había varios políticos en su congreso.

R. ¿Cómo no va a haber políticos en un debate sobre la guerra? ¿Cómo no van a ir si, justamente, ellos son los culpables? Van, hablan. Y entonces el historiador los corrige. Pero un sector político no quería que ocurriera. ¿Por qué? Porque un debate serio desmonta el argumento de buenos y malos del que están viviendo tantos chiringuitos en este momento.

P. En su artículo decía precisamente que le estremece el miedo al debate. ¿Cuáles son las fuerzas que impiden debatir?

R. Fíjese. Vox no quiso ir. Se negó desde el principio. Pero Uclés dijo que iba y después dijo que no. Nos dejó colgados. Y la presión hizo que [el coordinador general de IU Antonio] Maíllo, que iba, tampoco fuera. La historiadora Zira Box dijo que la habían presionado. No me lo inventé yo. Fueron cayendo. Bolaños aguantó muy bien. “Yo te he dado mi palabra”, dijo, “y voy”.

P. Se ha referido en ocasiones a una inquisición moral. ¿De dónde procede? ¿Cree que hay más intolerancia hoy en la izquierda que en la derecha?

R. En la izquierda hay de todo. Izquierda es un concepto injusto porque no es lo mismo Pablo Iglesias, Errejón o Echenique que Madina o Pedro Sánchez o Bolaños. La izquierda actual tiene una intolerancia maniquea, farisaica, oportunista, demagógica, extrema. Y ojo a cómo se ve el titular fuera de contexto, que yo he sido puta antes que monja [risas]. Dicho lo cual, esto es pendular. La derecha, la extrema, todavía no se hace oír lo bastante porque no tiene los cauces, ni los escenarios, ni los mecanismos adecuados. Pero cuando se instale, y se va a instalar por los pecados de todos nosotros, será tan intolerante o más que la extrema izquierda. No es que yo sea un profeta, es que es la historia. Son leyes pendulares.

P. ¿Le da más miedo ahora mismo Sánchez o Vox?

R. A mí no me da miedo nada. Yo soy republicano, y monárquico en defensa propia. Tengo la casa pagada, los libros leídos, el velero en el que paso mi otra vida amarrado en el puerto. Cuando se va todo al diablo, solamente hay un consuelo: saber por qué se va al diablo. Lo he visto mil veces. “¿Qué ha pasado? ¡Pero qué horror, qué espanto! ¡El tren ha chocado con otro, ha habido una guerra, una bomba, Putin!”. Pero si has leído, si tienes los mecanismos suficientes, eres capaz de interpretar. Y cuando interpretas ya no duele tanto. Porque son las reglas. La cultura es un analgésico. No impide el problema, pero te permite soportarlo sin volverte loco.

P. ¿La cultura como resistencia?

R. El problema está en que cada vez esto [señala a su biblioteca] es menos frecuente. No digo la dimensión, digo esto como ejemplo. La orfandad intelectual del receptor de todo esto lo vuelve loco. Falta cultura. Cultura de verdad, no lo de [menciona un cineasta español]. No pongan eso. Les ruego que me cuiden, coño. No me metan en más jardines de los necesarios, que ya tengo bastante.

P. Se mete usted solo…

R. Bueno, es lo que me sale. La cultura sirve para saber por qué se cae el avión. Una vez iba volando a Beirut y cae un rayo en el avión. Y todo el mundo: ¡Ahhhh! Y me dije, hostia, voy a morir rodeado de cantamañanas que no saben que los aviones se caen. La cultura sirve para no gritar cuando se cae el avión. Saberlo te da serenidad. Las reglas del cosmos incluyen el caos. De vez en cuando el caos dice “hola, aquí estoy” y te manda a tomar por culo. Saber todo eso te da un alivio horroroso. Si mañana mi mujer, mi hija, o yo mismo tengo un accidente y me quedo mutilado, por lo menos sabré que eso lleva ocurriendo millones de años y que tampoco es tan grave. No es tan grave. El ser humano, en los últimos siglos, se ha dado demasiada importancia. Es un tema para otra entrevista, cuando seamos mayores todos.

P. Cuando habla de esa excesiva importancia del individuo…

R. Fíjense. Cuando has viajado, te das cuenta de que estamos manejando un concepto muy occidental. La Biblia, el Evangelio, Jesucristo, la cultura judeocristiana, la catedral gótica. Pero si te vas fuera de Occidente, que ya es menos cálido que antes, te das cuenta de que tienen más certezas que nosotros. En Asia, que es el gigante del futuro, el individuo no vale nada. Son las hormigas rojas. Todo es sacrificable para que prime la colectividad. Nuestros maravillosos conceptos de humanismo cristiano, de solidaridad, de ilustración, de derechos humanos, se irán a tomar por saco cuando estemos en manos de aquellos para quienes todo eso no es importante. Europa fue referente mundial, desde Homero hasta hace cuatro días. Todo el mundo quería ser como nosotros. Esa fascinación ha desaparecido. Ahora nos desprecian. Europa ya no es nada. Vienen otros imperios. Y nos van a dar, pero bien. A mí no, que yo no voy a estar. A vosotros. Y a vuestros hijos. Ese mundo que viene va a triturar lo que va quedando de Europa. Y Europa es lo mejor que ha ocurrido en la historia. Con sus defectos, todo lo que quieras. Pero ahora Europa no es nada. Un parque temático para turistas. Vienen como el que visita las ruinas de Pompeya. Por eso siempre digo a los jóvenes que aprovechen, que disfruten. Todavía se puede leer y viajar a Roma y a Praga y a Sevilla. Bailar flamenco, comer pizza en el Vesubio, leer a Lampedusa y a Spinoza y a Balzac y a Dumas y a Cervantes. O a Pérez-Reverte, si les apetece. Dentro de un tiempo eso habrá desaparecido. Seremos los siervos de un mundo que no es el nuestro.

P. ¿La batalla está perdida?

R. Perdida. La única épica posible es no permitir que la batalla se libre sin pelear. Vamos a morir todos. Pero hay que combatir. Pelear por aquello en lo que crees. Pelear por razones lúcidas, no fanáticas. No porque te manipulan, sino porque crees que debes hacerlo. Que al malo, si lo hay, le sangre la nariz aunque gane la batalla. Hay que vender cara tu piel. Cuando eres joven, después de mayor ya es otra cosa. Yo sigo peleando batallas, la de Sevilla, mi novela, mis artículos. Pero un joven debe seguir peleando. Hay que perder. Es compatible la derrota con la pelea.

P. En ocasiones lo ha formulado con estas palabras: “Mis valores como persona y como escritor se basan en la guerra”.

R. Correcto.

P. Defiende un código moral asociado a palabras como lealtad, venganza, coraje. ¿No considera que son valores que durante mucho tiempo se han visto como reaccionarios?

R. ¿Lealtad? Por supuesto. ¿Venganza? Claro que sí. Ahora tiene mala prensa pero es absolutamente higiénica. Y deja el cuerpo estupendo. ¿Coraje? Claro. ¿Eso es reaccionario?

P. Digamos que los valores que aprende en la guerra, los que defiende en su comportamiento público, en el tipo de personajes y novelas que construye, no han sido durante mucho tiempo los valores éticos del discurso dominante.

R. Mis novelas no tienen código moral. Están hechas de truhanes, canallas, tramposos, traficantes, villanos.

P. “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”, así arranca la saga del Capitán Alatriste.

R. Ahí está. Hay escritores que creen que la literatura tiene un deber moral, que es hacer mejor el mundo. Saramago, que era muy amigo mío, era muy de esto. Y hay otros, como yo, que creemos que no tiene obligación moral alguna. Cuento historias que me hacen feliz. Me meto ahí [señala su escritorio] cada mañana y soy feliz. Y los que me leen también lo son. No quiero educar. Cuento el mundo tal y como lo he vivido. No hay valores. Hay personajes y situaciones.

P. ¿A usted le gusta pelear?

R. Claro. Sí. Sí. Me gusta pelear. Me mantiene vivo, despierto y lúcido.

P. La gente mata por ir al programa de Jordi Wild. Usted debe de ser el novelista que más veces ha estado con uno de los principales youtubers de España. ¿Por qué cree que le llama?

R. Ha sido buen lector mío de siempre. Y además le doy muchos seguidores. No es una chulería. Una entrevista conmigo le dispara la audiencia. Pasa lo mismo cuando voy a Pablo Motos. Cuando voy a El hormiguero, ¡bum!, se dispara. Y si fuera a La revuelta... Me está llamando todo el tiempo. Quiere verme para convencerme. Por alguna razón, que no sé cuál es, tengo una repercusión mediática fuerte.

P. ¿De verdad que no sabe por qué es?

R. ¿Por qué? ¿Porque, según vosotros, defiendo valores reaccionarios, hijos de puta? [risas]

P. ¿Podemos insultar también?

R. Sé dónde viven y tengo sables. [risas]

P. ¿Tal vez conecta porque no estamos acostumbrados a que alguien esté peleando permanentemente?

R. No. ¿Saben a lo que no están acostumbrados? A que se diga lo que se piensa e importen un carajo las consecuencias. A eso es a lo que no están acostumbrados. Yo me lo puedo permitir. He vivido, he viajado, he visto lugares maravillosos y lugares terribles. He vivido una vida de verdad. A mi edad, ¿qué pierdo yo?

P. ¿También pelea en Twitter?

R. Es raro que yo debata en Twitter. ¡Si es un puto tuit, lo puedes decir en la barra de un bar! Es una herramienta poderosa de la que procuro no abusar. Ahora tengo dos millones y medio de seguidores. Me permite el contacto con los lectores de una manera fresca, inmediata, familiar, directa, informal. También aprendes un montón porque la gente muestra más de lo que cree mostrar. Me divierte. Cuando meto una cita clásica, que sale de ahí [Señala los estantes de la biblioteca donde tiene ordenados, entre otros, los volúmenes de clásicos grecolatinos de la editorial Gredos], la meto porque menea. No digo “este es Sánchez”, esta mañana iba por Feijoo. Que pongas un tuit y al rato esté Pablo Iglesias o te llame uno de Vox, uno del PSOE, “oye, Arturo”. ¿Qué más me da? ¿Qué pueden hacerme? ¿Hacerme una crítica mala en EL PAÍS cuando sale el Alatriste? Voy a por una aspirina. ¿Os vais a quedar a comer, cabrones?

Regresa a los pocos minutos. Pasa junto al kalashnikov que tiene apoyado en una estantería y que se trajo desmontado en la maleta de su etapa cubriendo la Guerra de los Balcanes. La aspirina se disuelve en el vaso.

P. Vamos a pasar a la Academia. Sus críticas a la RAE fueron calificadas por algún académico como el ataque más grande que ha sufrido la institución desde que hay memoria. ¿Comprende que se interpretara así?

R. Sí, era un ataque. En la RAE ahora no hay debate casi. Cuando se plantea un tema, se habla en el pleno y después se olvida hasta el siguiente. Harto de que todo muera ahí, voy a contarlo en público a ver si meneo un poco. Y se dio lo que esperaba. La parte ofendida se manifestó y la parte que estaba conmigo se calló, como suele hacer, por otra parte. “Son cosas de Arturo…”. La tilde, el “sólo”. Muerto Vargas Llosa y muerto Marías, que eran los más militantes conmigo, me he quedado solo. Decidí contar de una vez lo que pasa. Estaba muy razonado, fue reproducido en muchos países de Hispanoamérica. Quise desvincularme de una manera de entender la RAE que no me gusta y negar la complicidad. Pero, como siempre, me quedé solo. No todo el mundo es capaz de asumir el precio. Yo lo asumo, primero, por mi manera de ser y, segundo, porque me lo puedo permitir.

P. ¿La discrepancia que planteó no era entre recoger usos y el estilo?

R. Necesitaríamos una entrevista entera sobre esta cuestión. La Academia ha mirado siempre el uso para incorporarlo, pero debería pasar un tiempo de vigencia para que fuese incorporado, no es suficiente que esté documentado en la red. Y antes, además de esta cuestión, la Academia ejercía la autoridad sobre si un uso era correcto o no, como hacía Lázaro Carreter con El dardo en la palabra. Esa labor de señalar los peligros, que hemos pedido mil veces en los plenos, no se cumple. Y esa dejación de autoridad a favor del uso está provocando que la Academia haya perdido impulso.

P. ¿Su ataque ha tenido algún efecto?

R. Todo sigue igual. Sabía que no iba a cambiar nada, pero mi posición queda clara. Yo no entré en esa RAE. En los primeros años estaba García Yebra, Gregorio Salvador, Rodríguez Adrados, Claudio Guillén, Ignacio Bosque. Yo hablaba cuando me preguntaban. Estuve callado aprendiendo durante años. Pero fueron muriendo, fueron dejando huecos y esos huecos se llenaron de una manera que no me convenció a mí ni a otros. Y por eso empecé a hablar. Y les revienta que menciones los viejos maestros muertos… Y creo que ya he dicho bastante.

P. ¿Echa mucho de menos a Javier Marías?

R. Mucho. Cada jueves después de la Academia íbamos a cenar. Hablábamos de cine, chicas, amigos, novela policiaca… Éramos como el empollón, él, y el gamberro, yo. Teníamos una complicidad como si fuéramos Zipi y Zape. Era mi hermano de juegos. Cuando vives mucho tiempo hay restaurantes que cierran, lugares que cambian y hay amigos que mueren, cada vez más. Javier es uno de los grandes huecos de mi vida, el escritor con el que he tenido una relación de mayor profundidad. Y realmente lo echo mucho de menos. Pero bueno, son las reglas.

P. ¿Ve diferencias entre la consideración de su obra fuera de España y en España? ¿En España está mediatizada por su imagen pública?

R. En cuanto a lectores, no. Pero en España hay campañas periódicas a favor y en contra. Como cuando Iglesias dijo en el Parlamento, “más Galdós y menos Pérez-Reverte”. O cuando Abascal se cabrea. Ahora hay parte de la derecha que dice que soy un vendepatrias porque Alatriste habla de la España oscura y no la gloriosa… Cuando parte de la derecha, a la que gustaba tanto Alatriste y los tercios, se ha puesto a leer despacio, ve que lo oscuro también asoma. Entonces me ataca. Ha coincidido con Vox. Nadie se preocupa por eso en Italia o en Francia. Gajes del oficio, va incluido en el sueldo.

P. ¿Tal vez lo atacan porque es la persona con mayor poder literario en España?

R. Os aseguro que no lo ejerzo. ¿Para qué? Hay gente que se dejaría cortar un brazo por estar en mi situación. No hago vida literaria. En Sevilla no he cobrado un puto duro, jamás. Me pagan el billete de AVE y el hotel. No cobro nunca conferencias. Y del Estado, jamás, como Marías. Hago lo que me apetece. No me considero algo fundamental. Si mañana desaparezco, se pierde un novelista. Nada más. Soy feliz con la vida que llevo, tíos.

P. Queríamos terminar citando un diálogo de El capitán Alatriste. Hacía el final de la novela el Conde Duque de Olivares le dice: “Tenéis cierta propensión a ser herido”. Alatriste contesta: “Y a herir, Excelencia”. ¿Se siente identificado?

R. Absolutamente. No soy Alatriste, pero Alatriste sin mí sería imposible. Su mirada y la manera de ver el mundo es la mía. Quizá por eso a algunos les quiero bien y a otros les quiero mal.