miércoles, 25 de marzo de 2026

El hispanista Unabomber

 [Dossier]

 I

 Fernando Muñoz, Viaje por la biblioteca hispánica del Unabomber, 2 de noviembre de 2023.

 [Fernando Muñoz, doctor en Filosofía y Sociología, reseña Unabomber en la España eterna. Viaje por la biblioteca hispánica de Theodore Kaczynski, por Jorge Casesmeiro Roger, Unión Editorial, 2023]

Theodore John Kaczynski nacido en Chicago, Illinois en 1942, ha fallecido el pasado 10 de junio de 2023 en el hospital presidio de Butner, Carolina del Norte, tras pasar 25 años en la prisión de máxima seguridad de Florence, Colorado. Kaczynski cometió una larga serie de atentados con paquete bomba entre 1978 y 1995 con el resultado de tres muertos y más de veinte heridos graves.

Fue conocido como Unabomber (University and Airline Bomber) a raíz del acrónimo – UNABOMB – puesto a su caso por el FBI. Su identificación y captura, todavía hoy, es el caso más largo y costoso de la historia del FBI.

Sobre esta figura han corrido ríos de tinta, se han hecho series y películas, de manera que el libro que aquí se señala podría pasar desapercibido como uno más en una amplia multitud de referencias y comentarios. Se nos ocultaría un libro singular por varias razones: en primer lugar, porque este libro explora y documenta por primera vez la densa y extensa conexión del Unabomber con la cultura hispánica. Kaczynski leía y escribía en español perfectamente, una lengua que admiraba y de la que disfrutaba, al menos desde los años 80.

Entre los 257 libros de la biblioteca de su cabaña de Montana había 40 títulos hispánicos (españoles e hispanoamericanos) de primera importancia: lengua, historia, literatura, filosofía, ciencia. Jorge Casesmeiro hace inventario de esta colección hispánica y revela la complejidad del vínculo de Unabomber con el pensamiento en lengua española a través de los diarios, correspondencia y ensayos publicados por Kaczynski. El vínculo complejo con la cultura hispánica siguió acompañando al Unabomber más allá de su cabaña de Montana, a través de las lecturas, cartas y escritos que pergeñó desde la cárcel de Colorado.

Estamos ante un libro asombroso, cuyas posibilidades podrían tomar nuestra atención toda una vida. Su fertilidad inagotable procede, por una parte, del valor que supone tomar de frente el tema de nuestro tiempo: la condición del ser humano en el sistema industrial, en la megamáquina de esta sociedad tecnológica y hacerlo no sólo de mano de una figura trágica, sino de sus profundos vínculos con nuestra lengua, tradición y cultura. Jorge Casesmeiro confiesa en su libro que, a la hora de escribir, se retira al zulo y en esa huida se manifiesta el nervio de escritor clandestino que recorre su prosa. Sorprende que desde esa intimidad haya levantado una escritura tan luminosa y vital.

La reducción del hombre a la forma que el orden tecnoeconómico impone – la lucha de la libertad con el progreso – es un tema constante, un fondo obsesivo y recurrente en el pensamiento contemporáneo, con raíces que calan la historia de Occidente al menos hasta su sedimento nominalista. Casesmeiro ha sabido poner ante nuestros ojos la condición trágica de nuestro tiempo, señalando el efecto profundo de la era del progreso tecnoeconómico sobre la vida cotidiana, pero también la capacidad de resistencia que las cosas pequeñas oponen al demoledor avance de la megamáquina. Tras las cosas pequeñas se quiere resistir al inexorable progreso, poniendo en cuestión su automatismo ciego, su pretendida autonomía, el carácter dicen que incontenible de su avance.

Hay en el estilo de Jorge Casesmeiro un ritmo y un matiz popular que nos aproxima personalmente al autor y declara indirectamente la singular perspectiva que él ha roturado por vez primera. Sucede con su texto algo que Kaczynski supo percibir oscuramente, tal como refiere en una carta dirigida a su hermano en 1985:

Me he dado cuenta de un fenómeno interesante. Cuando leo literatura inglesa y americana, encuentro que a menudo no me gusta la personalidad del autor (en la medida en que la personalidad se manifiesta en la escritura), incluso aunque pueda apreciar su trabajo. Por el contrario, encuentro que en general me gustan las personalidades de los autores hispanoamericanos…

Esta mínima observación intuye un contraste significativo: el contraste entre la modernidad del progreso tecno-económico y otra posible modernidad, parsimoniosa y humilde, de signo clásico y tradicional. Otra forma del recurrente contraste entre la razón y la cordura, entre el carácter que produce el globalismo triunfante y la actitud generosa de una personalidad que todavía traslucía en la literatura hispanoamericana del siglo pasado y que se conserva viva entre las páginas de este libro.

II

Unabomber, literato; con Jorge Casesmeiro. Bienvenidos a la Terra Ignota. Emitido por YouTube el 2 de febrero de 2025: https://youtube.com/live/2Bq73xI8Ex4

Hoy conversamos con Jorge Casesmeiro (Madrid, 1974), escritor y periodista, sobre su libro Unabomber en la España eterna (2023). El libro se puede adquirir en

https://www.unioneditorial.net/libro/unabomber-viaje-por-la-biblioteca-hispanica-de-ted-kaczynski/

Exploramos la peculiar conexión entre Theodore Kaczynski, activista, literato, pensador, matemático y terrorista que vivió aislado en una cabaña de Montana. Profundizaremos en su insólita afición por los clásicos de la literatura española. ¿Cómo encajan Cervantes, Unamuno o Ortega y Gasset en la visión del mundo de Unabomber? ¿Qué nos dice su lectura de estos autores sobre su pensamiento y su radical rechazo a la sociedad industrial? 

Jorge Casesmeiro es escritor y periodista, autor de varios ensayos y novelas en los que explora temas de historia, literatura y filosofía. También ha publicado El túnel de Hitler (2021), Razón en vena (2020) y Jugando entre cultura (2014), abordando desde la memoria histórica hasta la relación entre pensamiento y creatividad. Ha participado en la edición de los Cuadernos Literarios de la Facultad de Filosofía y Letras (2021), en la antología Los valores humanos en la España poscovid (2021). 

Kaczynski transitó una vía que no escapa del vacío de partida. Unabomber lleva de la nada a la nada. El asesinato selectivo, la ira y el odio que esconde el acto terrorista, son absolutamente estériles. De una inteligencia soberbia, el interés de su análisis de la sociedad industrial ha quedado oscurecido por su existencia esquinada que, si ha logrado atraer una atención efímera por su figura de hombre desolado y atroz, también ha limitado el estudio sereno de su trabajo.

Acaso nada podamos oponer al curso – que se quiere irrefrenable – de las ciencias y tecnologías que mueven la megamáquina industrial, unas tecnologías que han caído sobre la vida humana como una plaga sombría. Esos “arcángeles del progreso” tienen las alas negras, pero al análisis de Kaczynski le falta caridad y sus actos son índice de una razón inmisericorde.

Es la misma razón analítica y estéril que está a años luz de la cordura. No quiero decir que Kaczynski haya estado loco en el sentido habitual, pero estuvo loco de remate si es verdad que el loco no ha perdido la razón, sino que ha perdido todo salvo la razón. Me parece que Kaczynski lo intuyó en español, desde la oscuridad de su celda negra y tras su hábito oscuro.

Jorge Casesmeiro Roger, Unabomber en la España eterna. Viaje por la biblioteca hispánica de Ted Kaczynski, Madrid: Unión Editorial (2023). ISBN: 9788472099128

Resumen

Theodore J. Kaczynski (1942–2023), alias «Unabomber», fue un genio que en 1969 abandonó su carrera de matemático para sobrevivir como trampero en Montana. Entre 1978 y 1996 perpetró una campaña terrorista que convirtió su caza en la operación más larga del FBI. Autor del manifiesto más divulgado del último siglo, La sociedad industrial y su futuro (1995), su vida y escritos anti tecnológicos han dado pie a numerosos libros, películas, series y estudios. Pero ninguno de ellos aborda lo que aquí se narra: la densa conexión de Kaczynski con la cultura española. Su pasión por la lengua castellana y su lectura de grandes autores hispanos. Este ensayo documenta la crónica personal de una serie de hallazgos que su autor ha ido haciendo a partir de fotos, cartas, libros y archivos digitales. Es un viaje por las mejores páginas de España a través del Unabomber. Y también a las obsesiones del Unabomber a través de sus lecturas hispánicas: Cervantes, Valera, Sarmiento, Galdós, Quiroga, Menéndez Pidal, Bolívar, Ortega y tantos otros. Un viaje a los demonios de la libertad.

III

Gonzalo Pernas, Unabomber, las bombas y los libros (16 jun 2023):

Ochentón ya, parece que por su propia mano, Ted Kaczynski ha muerto en su última celda. Los investigadores policiales le pusieron el alias abreviando University and Airport Bomber, en alusión a los lugares donde empezaron a explotar sus artefactos postales, poniendo en marcha una larguísima campaña de terrorismo doméstico que llegó a convertirse en un problema existencial de casi dos décadas para el FBI, como en alguna reseña periodística se puede leer. Precisamente, las implementaciones tecnocientíficas contra las que se rebeló en su manifiesto no habrían hecho posible su cruzada hoy, y el agente que le dijo que tenía que hablar con él no habría tardado tantísimo en adentrarse, bien acompañado, en el wilderness de Montana. El amplio y mediático dispositivo no habría necesitado tantísimo tiempo para localizar su cabaña; sin duda, la versión oscura de la de Thoreau, como si uno y otro representaran las caras de una misma moneda. Cediendo insólitamente a las demandas del Unabomber, el Washington Post y el New York Times publicaron La sociedad industrial y su futuro en 1995, por lo que Kaczynski conseguía su objetivo, aunque precipitando su detención: su hermano Ted reconoció algunas expresiones familiares en el texto y acabó por delatarle. Un mito oscuro nacía.

"La sociedad industrial, que suele conceptuarse como un texto neoludita, antecede el despliegue de las tesis revolucionarias de Kaczynski con un ataque furibundo al izquierdismo posmoderno"

Dado que la cronología y pormenores de su carrera criminal son fácilmente consultables, nos centraremos en los aspectos menos conocidos y más literarios de su vida y legado. La génesis del terrorista se podría esbozar aludiendo a sus shutdowns infantiles, de los que su propia madre, Wanda, dio cuenta en su momento. También cabe mencionar su célebre 167 de coeficiente intelectual, pero sobre todo su participación en los tétricos experimentos de Henry Murray en Harvard: un sádico que debió de freír su cerebro superdotado, si se permite expresarlo informalmente. Sin embargo, nada de esto empaña la brillantez de La sociedad industrial, que un servidor compró en un piso-librería con aires de clandestinidad en alguna calle de Entrevías. Básicamente se trataba de un libreto encuadernado a mano, con cubiertas de cartulina verde, “editado” por Último Reducto en México, en 2002. Si rápidamente se veía que aquello tenía chicha, hoy tiene un interés exponencialmente incrementado, teniendo en cuenta que la tecnociencia ya nos ha puesto en el umbral de toda una crisis de civilización.

La sociedad industrial, que suele conceptuarse como un texto neoludita, antecede el despliegue de las tesis revolucionarias de Kaczynski con un ataque furibundo al izquierdismo posmoderno, que —dando bastante en el clavo— considera inútil y sobresocializado. En resumen, al convicto más famoso de ADX Florence, Colorado, nunca le gustó lo que en Estados Unidos se conoce como Leftism: ese colectivismo posthippie no tenía nada que ver con sus planteamientos. A él le preocupaba la pérdida de autonomía del individuo y las familias, así como toda una serie de cuestiones que consideró más urgentes y universales que los derechos de las minorías, los animales y cosas por el estilo. Despeja toda duda cuando afirma que “no tenemos ilusiones acerca de crear una nueva forma de sociedad ideal”, añadiendo que su “finalidad es solo destruir la forma preexistente”. No es un utopista, y mucho menos un romántico, como se ha llegado a insinuar en algún sitio, sino el artífice de 16 atentados con sus tres muertos y unos cuantos heridos, algunos graves, así como el lúcido analista de una sociedad que, en su hibris técnica, en su fausticismo, pronto empezará a devorar a sus hijos, como en el cuadro de Goya.

"De un modo más general, Piglia resumió la cuestión del Unabomber con un lacónico: percibe muy bien la situación"

El Unabomber, que firmaba sus bombas con el acrónimo FC, de Freedom Club, ha inspirado en alguna medida al Benjamin Sachs del Leviatán de Paul Auster. También es el Thomas Munk de El camino de Ida, que es la novela en la que Ricardo Piglia volcó su semblanza ficticia del recién fallecido. Si el Sachs de Auster no encaja demasiado con nuestro protagonista, sí que introduce a cierto Dimaggio que avisa de cómo los servicios de inteligencia adulteran los acontecimientos hasta niveles que muy pocas personas formadas estarían dispuestas a admitir. De ahí la nebulosa que siempre envolverá al matemático sangriento, aunque no tanto a una obra que siempre se puede interpretar y discutir. Le pese a quien le pese, ofrece valiosos materiales para el debate crítico sobre el rumbo y la propia naturaleza del progreso. De todas formas, el libro de libros a mencionar es El agente secreto de Conrad: se sabe que Ted leyó esta novela decenas de veces, identificándose con el protagonista y su fatalismo de manera excepcional, y pudiéndose comprobar el grado de similitud en cuanto uno remonta sus páginas y acaba por conocer a “el profesor”.

Lo cierto es que el manifiesto —La sociedad industrial y su futuro— ha quedado algo eclipsado por el emblema pop en el que el terrorista se ha convertido. Y también otros aspectos interesantes de su propuesta intelectual, como una crítica del anarcoprimitivismo en la que discute a Marshall Shalins y Bob Black, entre otros, o su correspondencia con John Zerzan: quizá el representante más conocido de la militancia antitecnológica de corte, digamos, izquierdista. De un modo más general, Piglia resumió la cuestión del Unabomber con un lacónico “percibe muy bien la situación”: el modo en que las sociedades avanzadas diluyen los impulsos autónomos y disidentes en esa sobresocialización nunca inocua, la consecuente frustración de un individuo que cada vez controla menos su devenir y —en síntesis— el modo en el que el desenfreno tecnocientífico está acabando globalmente con la vida y sus cadencias humanas. Es mucho más lo que se podría decir a la luz de las recientes revoluciones tecnológicas y sus renovados impactos, aunque para ello habrá que acudir a las exégesis.

IV

Theodore Kaczynski, Desde un bosque lejano. Tecnología, colapso y revolución. Errata Naturae, 2025, EAN: 9791387597207, ISBN: 979-13-87597-20-7

Resumen

Theodore Kaczynski fue un brillante filósofo y matemático que, tras licenciarse con honores en Harvard, obtuvo su plaza como profesor de la Universidad de Berkeley con apenas veinticinco años. Sin embargo, tan sólo impartió un par de cursos antes de recluirse en una cabaña sin agua ni electricidad en los bosques de Montana. Desde allí, y a lo largo de casi dos décadas, tuvo en jaque al FBI y a la CIA con los envíos de diversos paquetes-bomba que causaron la muerte de tres personas e hirieron a una veintena. Con sus ataques pretendía encender la chispa de una revolución global contra el complejo tecno-industrial (y su último exponente: la inteligencia artificial), causante del cambio climático y la alienación última y catastrófica de la humanidad.

Kaczynski fue por tanto un terrorista, pero también, por incómodo que nos resulte, uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo, como demuestran los ensayos recogidos en este volumen. Tal como explicamos de forma detallada en su prólogo, como editores creemos que es posible (y necesario) valorar sus escritos sin avalar sus acciones, al igual que admiramos el catálogo de la editorial Feltrinelli, aunque su editor y fundador muriera colocando, él también, una bomba; o como leemos con pasión al escritor William S. Burroughs aunque asesinara a su esposa; o seguimos aprendiendo de Platón sin defender, como él, la esclavitud.

En este sentido, el análisis teórico que propone Kaczynski clava su dardo en el problema fundamental de nuestra época: la progresiva extinción de la libertad individual y la creciente catástrofe ecológica causadas por nuestra absoluta dependencia de la tecnología contemporánea, que se ha convertido en un sistema autónomo que no sirve al ser humano, sino que lo utiliza. Y su razonamiento, impecable desde un punto de vista teórico y difícilmente rebatible, le llevó a concluir, por un lado, que el problema último no es el capitalismo, sino el sistema tecnológico que lo gobierna; y por otro, que dicho sistema no es susceptible de reforma, y que, por tanto, debe destruirse para evitar la devastación final del planeta y de la inmensa mayoría de sus habitantes.

La sociedad industrial y su futuro, y el curioso hispanismo de Ted Kaczynski

Ted Kaczynski fue un niño brillante nacido en Evergreen Park, Illinois. Desde joven mostró afinidad por las matemáticas y a los 16 años ya asistía a Harvard; terminó la licenciatura en 1962 y entró en la Universidad de Michigan, donde se doctoró en solo 5 años. Tras sus estudios fue profesor asistente en la Universidad de California en Berkeley. Ted no fue una persona muy sociable; participó en un cruel experimento sobre la alienación que produce la autoridad que pudo afectar su psique, y mientras estuvo en Berkeley adquirió un gran desdén por la tecnología y las comodidades de la vida moderna; tras dejar su puesto en la universidad en 1969,  vagó de ciudad en ciudad antes de establecerse en Lincoln, Montana, en una cabaña de un bosque cerca de donde su hermano David había comprado un terreno. Permaneció en esta zona haciendo el Henry David Thoreau durante los siguientes 24 años, leyó a Miguel Unamuno y a numerosos autores clásicos españoles afines al tradicionalismo, como refleja el contenido de la librería que tenía en su cabaña, y desarrolló aún más su desprecio por la tecnología; en 1978 este odio lo llevó a iniciar una carrera terrorista enviando bombas durante años a personas que asociaba con la técnica industrial. En 1995 pidió a cambio de no enviar más bombas que publicaran un manifiesto de 35.000 palabras sobre sus ideas contra la tecnología.

Este escrito refleja que Ted siempre estuvo adelantado a su tiempo. Expuso perspectivas incomprendidas por la sociedad de su época, significativamente menos avanzada tecnológicamente que hoy; entonces pocos podían discernir esos peligros. En La sociedad industrial y su futuro, Ted sostiene:

*Que la tecnología amenaza la libertad humana.

*Que demasiada tecnología puede causar sufrimiento psicológico severo.

*Que este avance necesario no solo afecta a la vida humana, sino que también tiene gran impacto en el medio ambiente y degrada la naturaleza.

*Que las personas tienen la necesidad ingénita de perseguir metas, pero la industrialización rompe eso: perjudica su autonomía y cubre todas sus necesidades automáticamente atrofiando ese instinto natural.

Así pues, pensaba que había que proteger a la naturaleza salvaje y a nosotros mismos de la invasión del imparable desarrollo tecnológico. La sociedad industrial refleja desigualdad y caos. 

Estas ideas fueron en su momento incomprensibles e hicieron que Ted fuera condenado, pero tal vez se descartaron y consideraron extremistas por su actitud terrorista y demasiado contundente. Y 31 años después del manifiesto, hay que reevaluarlo y no pudo haber estado más acertado sobre los efectos globales de la tecnología.

La conveniencia, la facilidad de acceso a la información y la facilidad para dispersar datos han causado dependencia sin que las personas puedan obtener algo realmente valioso en la experiencia humana. En vez de trabajar con la tecnología y mantenerse realizados en los demás, los humanos han tratado de adaptarse y subordinarse a este avance para aislarse. La tecnología, como afirmó Ted, tiene ahora un poder absoluto sobre la humanidad y nada es inmune a ella, ni siquiera la naturaleza. Por ejemplo, Chat GPT utiliza 10 veces más energía que la búsqueda de Google, emite 8.44 toneladas de dióxido de carbono al año y consume 700.000 litros de agua potable en su entrenamiento en centros de datos, lo mismo que producir 320 automóviles Tesla.

De 20 a 50 preguntas a Chat GPT consumen el equivalente a 500 ml de agua embotellada, y hay miles de millones de personas usándolo. Y eso es solo una parte microscópica de la red que es la tecnología hoy en día y nos ata.  

martes, 24 de marzo de 2026

Si fallor, sum

   San Agustín:

 Quid, si falleris? Si enim fallor, sum. Nam qui non est, utique nec falli potest; ac per hoc sum, si fallor. Quia ergo sum si fallor, quo modo esse me fallor, quando certum est me esse, si fallor?

 ¿Y qué, si te equivocas? Porque si me equivoco, existo. Porque el que no existe, ciertamente no puede equivocarse; y por lo tanto, existo, si me equivoco. Por lo tanto, porque existo si me equivoco, ¿cómo me equivoco de que existo, cuando es seguro que existo, si me equivoco?

Marco Tulio Medina:

Un aspecto crucial de la alocución agustiniana, representa que de nuestros errores aprendemos, enfatizando la necesidad de la búsqueda de la verdad. Tal como Sócrates reconocía «Yo solo sé que nada sé», resaltando con ello nuestra ignorancia existencial. En el proceso humano de errar concita la posibilidad de rectificar, y sobre todo aprender de nuestros fallos, y entender que no somos infalibles. Los fracasos económicos, emocionales o laborales nos brindan la oportunidad de alcanzar el ansiado éxito o la paz espiritual, y tal como lo plantea el cristianismo, el arrepentimiento de nuestros pecados o errores es la modificación de nuestro pensamiento (metanoia en griego) y la decisión de no volver a cometerlos. A nivel social, se resalta que las sociedades desconocedoras de su propia historia están condenadas a cometer los mismos errores. Nuestras sociedades son frecuentemente engañadas por políticos deshonestos que buscan sólo su bien personal y no el colectivo. Pero intrínsecamente las mismas sociedades fallan al aplaudir «al vivo» que logra sus objetivos sin los méritos necesarios, haciendo trampa, o corrupción, estos antivalores hunden a nuestras sociedades. En el método científico el paradigma del ensayo y error evalúa una hipótesis, que por definición no necesariamente es verdadera. Múltiples descubrimientos se han logrado usando este abordaje. La misma naturaleza, tal como lo descubrió Charles Darwin en su obra: El origen de las especies, utiliza un proceso similar, donde las modificaciones de los seres vivientes buscan adaptarse a su ambiente para sobrevivir mediante mutaciones genéticas. Un error en este proceso puede conllevar a la extinción de esa especie tal como ha sido confirmado por la arqueología.

Reimpresa la biografía de San Agustín de Peter Brown

 Agustín de Hipona’, vida de uno de los artífices de la Antigüedad tardía, El País, Manel García Sánchez, 13 feb 2026:

Se reedita el monumental trabajo de Peter Brown sobre el santo de los siglos IV y V, padre de la Iglesia y filósofo mayúsculo que fundó el sistema que explica la cosmovisión cristiana.

Agustín de Hipona (Tagaste, 354-Hipona, 430) es uno de los primeros autores de autobiografías. Cualquier amante del género no debería perderse la lectura de sus Confesiones, una de las obras más emotivas y sinceras de aquella época de angustia que fue la del conflicto entre paganos y cristianos, una autobiografía, decía Agustín, cuyo asunto no era otro que la evolución de su propio corazón, de un yo en busca de Él. Si el lector es amante de las biografías, sabe que los historiadores anglosajones nos llevan años luz de ventaja en ello, como si en Oxford o Cambridge fuese imperativo divulgar desde la excelencia. Peter Brown (Dublín, 1935) no es precisamente un advenedizo, sino que su fantástica biografía, la de aquel filósofo educado pagano convertido en un cristiano mejor gracias a la tenacidad de su madre, la psicoanalizable Mónica, y santificado tras su muerte, data de 1967. Traducida en 1970 por aquella insigne empresa cultural cosmopolita que fue Revista de Occidente, reeditada por Acento en 2001 con el epílogo de Brown de 1999, ahora Taurus nos regala la reedición de un modelo del género y un clásico mayúsculo sobre los estudios agustinianos.

Brown es profesor emérito de Historia en Princeton y no puede resultar más evocador que José Enrique Ruiz-Domènec mencione a Thomas Mann en el prólogo, sabedor de que el ilustre historiador vive muy cerca de la casa que habitaron los Mann en aquel templo del saber tras su exilio en Estados Unidos. Uno se lo imagina en la fastuosa Wright Library del Princeton Theological Seminary investigando con pasión en la estela de su celebrado El mundo de la Antigüedad tardía (Taurus), título de otra obra maestra que nos muestra por qué Brown es considerado uno de los descubridores de ese periodo histórico que, entre Diocleciano y Mahoma, desde la crisis del siglo III del Imperio Romano hasta la conquista árabe, tuvo una voz propia muy alejada de aquella decadencia del cristiano Imperio Romano predicada con fanatismo ilustrado por Gibbon o Montesquieu. La vida y obra de Agustín se nos explica deliberadamente a contracorriente. El Bajo Imperio Romano fue algo muy diferente a lo que se nos había dicho: angustia y conflicto sí, decadencia y oscuridad para nada.

¿Por qué leer hoy una biografía de Agustín de Hipona? Sencillamente porque este padre de la Iglesia, filósofo mayúsculo y creador de una teología de la historia en La ciudad de Dios, no solo fue uno de los artífices de ese periodo que conocemos como Antigüedad tardía, sino que sus reflexiones sobre el tiempo, la teoría de las dos espadas sobre el poder del emperador o del papa como vicario de Dios, su filosofía con la Providencia como motor de la historia o su precartesiano si fallor sum  ["si me engaño, existo"] dotaron al cristianismo de las armas intelectuales necesarias para combatir en pie de igualdad contra el conglomerado heredado de la filosofía pagana. Agustín es el fundador del sistema filosófico que explica la cosmovisión cristiana, el filósofo substantivo de la historia que reflexiona sobre la profunda crisis producida por las vándalas invasiones bárbaras, sobre los conflictos entre paganos y cristianos, sobre cómo siempre de una crisis emerge una nueva era de prodigios culturales que anuncia la cercana Edad Media.

Debería complementarse la lectura de esta magnífica biografía con otros libros de Brown: el innovador El cuerpo y la sociedad. Los cristianos y la renuncia sexual (Muchnik), el iluminador El culto a los santos en la Antigüedad tardía (Ediciones Sígueme) o, más reciente, el erudito Por el ojo de una aguja. La riqueza, la caída de Roma y la construcción del cristianismo en Occidente (350-550 d. C.) (Acantilado). Si la lectura de Agustín nos enseña cómo el filósofo o el teólogo hicieron siempre gala de un espíritu crítico, azote de herejías y cristianizador del platonismo, la lectura del Agustín de Hipona nos enseña cómo el pensamiento no ha de ser nunca concebido como un repertorio de dogmas, sino como un ejercicio de crítica, no como la adopción de un conjunto de opiniones heredadas, sino como una construcción propia que desmantela simplificaciones maniqueas. Una biografía monumental que nos invita a pensar y sentir mejor, a volver una y otra vez sobre uno de los personajes más grandes y fascinantes de la Antigüedad tardía y de todos los tiempos.

La eutanasia de Noelia

 Noelia, la joven parapléjica de Barcelona, anuncia que recibirá la eutanasia este jueves: “Quiero dejar de sufrir”, en El País Jesús García Bueno, 24 mar 2026:

La mujer, que lleva más de un año y medio esperando, relata cómo ha vivido el rechazo de su familia en una entrevista en Antena 3

Noelia Castillo, la joven parapléjica de 25 años que lleva más de año y medio esperando la eutanasia, ha anunciado en televisión que la recibirá este jueves. La Generalitat le reconoció la prestación de ayuda a morir en julio de 2024, pero la férrea oposición de su padre, que llevó el caso a los tribunales de la mano de Abogados Cristianos, ha demorado el proceso. “Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto”, afirma la joven en una entrevista concedida al programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3, de la que ha avanzado este martes unos pocos fragmentos.

La revelación de Noelia se produce el mismo día en que se ha conocido que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH), con sede en Estrasburgo, ha rechazado el último recurso presentado en representación del padre de la joven, por la asociación ultracatólica Abogados Cristianos. La Comisión de Garantía y Evaluación de Cataluña, el órgano que vela por la aplicación de la ley de eutanasia en la comunidad, ya había reactivado el proceso de Noelia después de conocer, en enero, que el Tribunal Supremo había avalado la medida. La negativa a imponer medidas cautelares tanto por parte del Tribunal Constitucional como, ahora, del TEDH, ha despejado más el camino.

El pleno de la Comisión aprobó en julio de 2024, por unanimidad, la prestación de ayuda a morir para Noelia porque cumplía con todos los requisitos de la ley. La joven presentaba una situación clínica “no recuperable” que le producía “una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”. El padre de la chica, Gerónimo Castillo, trató de impedir la muerte de su hija y contrató para ello los servicios de Abogados Cristianos, que ha hecho de la lucha contra la eutanasia una de sus banderas. La asociación logró que un juzgado paralizase la aplicación de la eutanasia e inició así un periplo que, entre juicios, sentencias y recursos, se ha alargado un año y ocho meses.

Las diferentes instancias judiciales han avalado la legalidad de la eutanasia concedida a Noelia y han rechazado todos los argumentos esgrimidos por Abogados Cristianos; en particular, sobre la falta de capacidad de la joven para decidir. El Tribunal Supremo puso fin al recorrido en la justicia ordinaria en enero, al rechazar el recurso de casación presentado por el padre.

Noelia ha permanecido ingresada durante la mayor parte de este tiempo en una residencia sociosanitaria de Sant Pere de Ribes (Barcelona). La entrevista ante las cámaras, sin embargo, se ha grabado en casa de su abuela materna. Noelia explica que “el 26″ [de marzo, o sea este jueves] recibirá la eutanasia y reitera, como ya dijo en el juicio en el que fue obligada a declarar, que nunca ha tenido dudas. “Lo tenía muy claro desde el principio”.

“Ninguno de mi familia está a favor”

La oposición del padre a la eutanasia, ha relatado, era común a todos los miembros de su familia. “Ninguno de mi familia está a favor de la eutanasia. Obviamente, porque soy otro pilar de la familia. Yo me voy, vosotros os quedáis aquí con todo el dolor. Pero yo pienso: ¿Y yo, todo el dolor que he sufrido durante todos los años? Quiero irme ya en paz y dejar de sufrir y punto”. “La felicidad de un padre, una madre o una hermana”, dice en alusión a los miembros de su familia, “no puede estar por encima de la vida de una hija”.

Ése es precisamente uno de los grandes debates que se han planteado a propósito del caso de Noelia y de otras personas que han topado con la oposición de sus familiares a la eutanasia. Como Francesc Augé, cuyo caso se encuentra pendiente de resolución en el Tribunal Constitucional, que deberá decidir sobre le legitimación de terceros a la hora de impugnar un acto administrativo como es la concesión de una eutanasia.

En sus intervenciones, Noelia describe el dolor físico y el malestar psicológico que padece. “Siempre me he sentido sola, antes incluso de pedir la eutanasia yo ya veía mi mundo muy oscuro (...) No tengo ganas de nada, ni de salir, ni de comer, ni de hacer nada, y dormir se me hace muy difícil, aparte que tengo dolor de espalda y piernas”.

En los fragmentos emitidos este martes aparece también, junto a Noelia, su madre. “Han sido tres años de altibajos, he estado rezando, pensando si ella en el último momento dice: me arrepiento. Si ella no quiere vivir, yo ya no puedo más”. La madre expresa su disconformidad con la eutanasia, pero asegura que va a estar a su lado “hasta el último momento”.

Límites genéticos de la clonación

 ¿Se puede clonar un ratón eternamente? Una investigación pone a prueba los límites de la ciencia, en El País, Almudena Barragán, Madrid - 24 mar 2026:

El estudio que acaba de darse a conocer creó 1.200 roedores a partir de un único donante durante 20 años

Durante 20 años un grupo de investigadores del Centro Avanzado de Biotecnología de la Universidad de Yamanashi en Japón ha llevado a cabo un experimento pionero y sin precedentes que pone a prueba los límites conocidos de la clonación en mamíferos. El equipo, liderado por Teruhiko Wakayama, un referente en la clonación desde hace décadas, ha conseguido crear 1.200 ratones en serie durante 58 generaciones consecutivas a partir de un único ratón donante. Los resultados, calificados por la comunidad científica como “impresionantes” e “irrepetibles”, ayudan a comprender si es posible mantener una especie mediante la clonación y la importancia que tiene la reproducción sexual en la supervivencia a largo plazo de los mamíferos, incluidos los que se encuentran en peligro de extinción.

La investigación, que ha sido publicada este martes en la revista Nature Communications, comenzó en 2005 a partir del estudio del material genético de un ratón hembra que fue clonado mediante una técnica conocida como transferencia nuclear de células somáticas, un proceso de reproducción asexual similar al de la oveja Dolly, en 1997.

El experimento consiste en extraer el núcleo de un óvulo e implantar en él el núcleo de una célula corporal del individuo a clonar. En este caso, el material genético se extrajo de células del cúmulo que rodean al ovocito en el folículo ovárico. De acuerdo con los resultados obtenidos, las primeras generaciones de clones presentaron una tasa de éxito que aumentó gradualmente para sorpresa de los investigadores hasta la generación 25.

Los nuevos ratones nacían con algunas alteraciones genéticas mínimas que eran compensadas por sus organismos y les permitían vivir de manera normal. A partir de ahí, las mutaciones empezaron a acumularse a un ritmo acelerado y de manera dañina. Wakayama considera, sin embargo, que estos límites todavía podrían ser ampliados un poco más. “Creo que podríamos haber ampliado aún más los límites del reclonaje si hubiéramos seleccionado mejores donantes con altas tasas de éxito en la clonación”, responde a este diario por correo electrónico.

El equipo realizó un análisis de secuenciación del genoma de las diferentes generaciones y observó que a medida que se acumulaban las mutaciones, las tasas de éxito de la clonación fueron cayendo hasta ser incompatibles con la vida. “El método actual de transferencia nuclear —que genera tres veces más mutaciones que el apareamiento natural— tiene un defecto fatal que no puede resolverse sin desarrollar un método de transferencia nuclear completamente nuevo", agrega.

Para la generación 58, todos los ratones clonados murieron al día siguiente de nacer. Los investigadores apuntan a que las mutaciones acumuladas en las últimas generaciones superaron la capacidad de su sistema para compensarlas: en cada generación nacían menos ratones, los embriones se desarrollaban peor y los ovocitos tenían más daños, entre otros hallazgos.

El descubrimiento del equipo científico marca por primera vez los límites en la clonación en mamíferos y confirma la teoría del trinquete de Muller sobre el colapso genético en la reproducción asexual. “Estos hallazgos destacan la importancia de la reproducción sexual en los mamíferos. Al mezclar material genético de dos individuos, la reproducción sexual ayuda a reparar mutaciones dañinas y asegura la supervivencia de la especie, lo que explica por qué la evolución ha favorecido este mecanismo durante cientos de millones de años”, comenta en declaraciones a SMC España Sagrario Ortega, jefa de la Unidad de Edición Genómica en Ratón del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y ajena al estudio.

La importancia de la reproducción sexual

Pese a los límites de la clonación, los ratones de las primeras generaciones mostraron una salud normal y una esperanza de vida de unos dos años. Otro de los hallazgos más interesantes fue que aunque los ratones clonados acumulaban mutaciones, seguían siendo fértiles y cuando se reproducían sexualmente sus crías mostraban mejoras genéticas: placentas más sanas, camadas más grandes y menos anomalías, lo que apunta a que la reproducción sexual puede corregir alteraciones genéticas producto de la clonación. “Quizá la reproducción sexual no sea tanto robusta como simplemente más adecuada para la supervivencia de la especie en comparación con la reproducción clonal”, explica Wakayama.

“En nuestra propia investigación, incluso después de más de 50 generaciones de clonación repetida —con ratones que nunca habían experimentado reproducción sexual— no encontramos mutaciones en los genes relacionados con el embarazo o el parto. Es posible que la reproducción sexual sea efectivamente más robusta que la asexual", señala.

La clonación, desde el nacimiento de Dolly, ha sido vista como una herramienta prometedora con aplicaciones importantes como la conservación de las especies, la investigación biomédica y la producción industrial y ganadera. Actualmente, Wakayama y su equipo trabajan en nuevas técnicas para clonar animales en peligro de extinción sin dañarlos. “Hemos logrado crear clones a partir de células somáticas presentes en la orina y nuestro desafío actual es crear clones a partir de células somáticas presentes en las heces”, comenta el embriólogo japonés.

Como investigador especializado en ganadería, Wakayama explica que su interés en la clonación no es teórico, sino profundamente práctico y busca crear animales altamente productivos, como por ejemplo, vacas que den más leche o reses con mejor calidad cárnica para abaratar el coste final de los alimentos. “A través de la clonación, quiero permitir que los consumidores compren leche y carne a precios más bajos”, señala.

Sin embargo, reconoce que la idea inicial de que un clon es una copia perfecta del original ha quedado atrás. Los nuevos datos muestran que los animales clonados acumulan mutaciones con el tiempo, lo que podría generar problemas en su uso agrícola. Por eso, advierte, el siguiente paso es demostrar científicamente que esas mutaciones no comprometen la salud ni la productividad del ganado antes de aplicar estas técnicas a gran escala. El método que desarrolló en 1998 para clonar ratones por primera vez en el mundo sigue utilizándose hoy en día.

"Así entrené a la IA que me quitó el trabajo"

 Así entrené durante meses a la IA que me quitó el puesto de trabajo, en El País, Raúl Novoa, 24 mar 2026:

En esta crónica en primera persona un periodista explica cómo un medio pidió a sus trabajadores que supervisaran y corrigieran las torpes noticias que una inteligencia artificial generativa creaba a partir de teletipos. El final le sorprenderá (o no)

“Partidos de fútbol que nunca existieron, frases sin sentido, las cabezas de presidentes de Estados con caras diferentes… ¿soy el único que cree que esto es distópico?”, preguntan en un chat para trabajadores de un grupo de medios de comunicación europeo donde trabajé durante poco más de dos años. “Llevo tiempo pensando lo mismo”, responde otro empleado. El medio en cuestión es una de esas plataformas que bombardean nuestros teléfonos con notificaciones y alertas de última hora donde, hasta mediados de 2025, todo funcionaba de una manera normal: un grupo de periodistas con sus agendas informativas editaban artículos sacados de teletipos. Pero el grupo empresarial dejó de tener interés en el medio, unos jóvenes alemanes se hicieron cargo y decidieron intentar que la Inteligencia Artificial generativa creara artículos por su cuenta a partir de agencias de noticias y resúmenes de periódicos.

A partir de ese momento, los humanos de la redacción tuvimos los días contados, y nuestro trabajo se convirtió en corregir y entrenar a la IA para sustituirnos. Pasábamos la jornada laboral, en turnos de cuatro horas, evaluando la calidad de los textos, las imágenes escogidas y verificando datos de las informaciones que elaboraba el robot. En definitiva, lo ayudábamos a parecer menos robot. Si había errores, los apuntábamos en un excel colaborativo especificando su grado de gravedad: bajo, medio, grave o muy grave. El tipo de fallo que debíamos detectar eran faltas de ortografía, imágenes inconexas con el titular o titulares demasiado largos, y se había previsto que acabáramos el trabajo en dos meses, julio y agosto. Tres en caso de que el entrenamiento se complicase. Después, nos sustituirían definitivamente por máquinas.

El funcionamiento de esta nueva IA nos sorprendió a todos, por decirlo de alguna manera. Parecía titular después de haberse comido un bocadillo de telegramas: Díaz reclama garantizar seguridad flotilla Gaza; Abinader urge: Consejo Seguridad vote plan EEUU-Panamá Haití; Sánchez ve necesario: Países árabes reconozcan Israel... Lo peor no era solo que el robot publicase automáticamente en la web tales despropósitos, sino que enviaba notificaciones de última hora con esos titulares. ¡Y más de una vez! Como si pagara a alguien para pulsar compulsivamente el botón. Y su criterio para enviar alertas era, como mínimo, arbitrario: notificaba varias veces el resultado de los cuartos de final de un torneo de tenis antes que las cifras récord de calor o los disturbios racistas en Torre Pacheco. Pero la fe en el cacharro de nuestros jefes no decaía, y tampoco nos dejaban crear artículos nuevos si estos no salían de una noticia generada por el editor web de la IA.

¿Qué debíamos hacer entonces? “Corregid el titular y lo volvéis a notificar”, fue la primera orden del manager. Enviábamos hasta tres veces la misma notificación a cada usuario. Hasta que nuestro superior se dio cuenta de que podía causar molestias a los lectores y cambió el rumbo: “Lo editáis, lo arregláis y lo dejáis estar”. Un plan sin fisuras.

Lo más preocupante es que, como era previsible, aquellos enloquecidos titulares podían inducir a fake news o a errores de interpretación. Congreso: 751.421 euros pagados a Ábalos. Gobierno aprueba: Violencia vicaria delito penal. Delegada comparece: Congreso investiga fallos pulseras. Los titulares sobre crímenes eran demasiado escabrosos como recuperarlos aquí. En general, si al lector le quedaban fuerzas para llegar al cuerpo del texto, veía párrafos de 13 líneas mezclados con otros de cuatro sin ningún punto seguido. Eso sí, al final de cada artículo un faldón de texto advertía educadamente que el artículo se había hecho con IA. Un aviso por si a alguien le quedaba alguna duda de que allí no había ningún cerebro humano al volante.

La IA generaba imágenes de partidos del FC Barcelona contra el Real Madrid con jugadores que no existían —pero se parecían— a Modric, Lamine Yamal o Mbappé.

El lenguaje minimalista del robot no convencía a los editores. Lo que ocurría en la edición de España pasaba en la de Italia, Polonia o Francia. Y se sumaron nuevos problemas. Al alertar de que las noticias que el servidor notificaba a los usuarios eran poco relevantes, la IA decidió dejar de crear tantas para evitar errores. Sin éxito. “Dos noticias creadas en cuatro horas”, lamentaba una editora italiana. “Los titulares no tienen sentido y son demasiado cortos”, se quejaba el francés.

“¡Hola, Raúl! La IA nos dice que en general la calidad de los artículos en España es muy buena. ¿Es así?”, me preguntó mi jefe. No, Luis (nombre falso), le contesté. A un titular con seis palabras, sin preposiciones y con un subtítulo de diez líneas no lo considero un buen resumen periodístico. “No despubliquéis las noticias sin interés. Probemos a ver qué tal funciona tener muchas”, me respondió cuando le planteé la posibilidad de eliminar los artículos más flojos. Periodismo de volumen y acumulación pero sin periodismo.

A pesar de que algunos lectores empezaron a quejarse por la pésima calidad de los artículos, los editores pisaron el acelerador. En agosto, decidieron que la IA generara automáticamente las imágenes de los artículos para, sospecho, dejar de pagar a las agencias de noticias por las fotos originales. “Veréis que hay ciertos errores, como caras de presidentes o de famosos. Quitadlas y dejad imágenes genéricas”, avisó Luis. Así que nos dedicamos a buscar todas las caras reconocibles del servidor y generar una nueva imagen pidiéndoselo a la IA. En España corregimos 6.000 fotos. Con desigual resultado.

La IA generaba imágenes de partidos del FC Barcelona contra el Real Madrid con jugadores que no existían —pero se parecían— a Modric, Lamine Yamal o Mbappé. También le gustaba practicar vexilografía: una vez vi una bandera con los colores de Andalucía, pero con el escudo heráldico de la española. Asustados, los dueños decidieron extender su entrenamiento hasta septiembre. Porque las imágenes eran aún más desconcertantes a medida que se subrayaba la importancia de la temática o se pedía verosimilitud: un soldado con pose firme mirando con actitud serena y estoica para una noticia de la guerra de Ucrania, o un accidente de coche con bomberos y policías —con logos y palabras ilegibles— en medio de una avenida. Así que nos seguimos quejando. La implantación de aquellos dispositivos no solo amenazaban nuestros empleos sino también nuestros valores más básicos. Para colmo era un trabajo repetitivo, insatisfactorio y muy controlado. Pura degradación, a lo que se sumaba que los managers cuestionaban nuestras correcciones aunque no supiesen decir cinco palabras seguidas en español. Pero querían que continuáramos. Daba igual que las fotos no fueran verosímiles. Daban igual los titulares sin sentido. Daban igual las quejas de los lectores. Había que seguir entrenando.

El lenguaje minimalista del robot no convencía a los editores. Lo que ocurría en la edición de España pasaba en la de Italia, Polonia o Francia.

En medio de esta experiencia, una editora me confesó que llovía sobre mojado: en Italia ya habían intentado sustituir a los redactores por máquinas. “En diciembre de 2023 despidieron al equipo para reemplazarlo con IA, pero tres meses después se vieron forzados a contratar trabajadores freelance porque la tecnología aún no era capaz de reemplazar periodistas”, contó. Con el fin de septiembre llegó el fin del trabajo. La plataforma no estaba preparada para generar noticias, clasificarlas, editarlas y priorizarlas. En la última reunión editorial avisaron de que la IA iba a empezar a generar newsletters y vídeos automáticamente. “Vienen cosas curiosas y grandes retos”, fueron las últimas palabras de Luis.

Por ahora la IA no parece capaz de sustituir a los periodistas. No tiene curiosidad, no distingue y no contrasta. A día de hoy, ese pseudomedio donde trabajé sigue siendo una cobaya dificilísima de leer. Por ahora el periodismo real está relativamente a salvo. Por cuánto tiempo, ni idea.

sábado, 21 de marzo de 2026

Vicent sobre Cesare Pavese

 I

 Despertarse sin una mujer al lado, por Manuel Vicent, en El País, 21 mar 2026:

El poeta italiano Pavese era “terco y solitario, amante imposible, siempre enamorado escribiendo en los cafés llenos de humo”

Ante el despecho de no sentirse amado, el poeta Cesare Pavese había escrito en su diario: “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”. Pocos días antes de suicidarse le confesó a su amiga Pierina que nunca se había despertado con una mujer al lado, que nunca había experimentado la mirada que dirige a su amante una mujer enamorada. Ni siquiera había obtenido de su madre el amor maternal que todo niño merece. Tampoco le ayudaba para conquistar a una mujer su carácter introvertido, agrio, pesimista y su rostro ceniciento. El último amor frustrado lo tuvo Pavese con la actriz norteamericana Constance Dowling, famosa por sus ojos color avellana, durante el rodaje de una película en Roma. El poeta enamorado le ofreció matrimonio, pero ella se casó con otro. A este desamparo debemos uno de sus versos más desesperados: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”.

Imagino a Cesare Pavese aquel sábado 26 de agosto de 1950 en Turín con un maletín en la mano en el que llevaba su libro Diálogos con Leucó y ninguna ropa, cruzando la plaza Carlo Felice, frente a la estación de ferrocarril Porta Nova, un lugar céntrico de la ciudad, en dirección al albergo Roma, situado bajo los soportales. Allí pidió una habitación. Se tendió en la cama vestido con el traje oscuro y la camisa blanca; se aflojó el nudo de la corbata; los pies desnudos, lívidos, ligeros como dos alas dispuestas a volar. Acababa de obtener un último desaire amoroso, había realizado tres llamadas de teléfono sin respuesta.

Era una tarde caliginosa de verano, la ciudad desierta a esa hora estaba impregnada por el sopor que subía desde el río Po. Hasta esa habitación de la segunda planta con el balcón abierto y los visillos flotando llegaba a veces el sonido de alguna motocicleta que cruzaba la plaza. Puede que llevara en el transportín una chica feliz, enamorada, que regresaba con su novio de un día en el campo. Tal vez el poeta imaginó aquello que había escrito. Después de darse un revolcón en la hierba, “la muchacha, sentada, se acicala el peinado / y no mira a su compañero, tendido, con los ojos abiertos”.

Hay cosas que uno no se perdona. No me perdonaré no haber visitado aquella habitación del albergo Roma cuando en uno de mis viajes pasé por Turín. Supe cómo era por la forma con que la describió la escritora Natalia Ginzburg cuando la visitó siete años después de que Cesare Pavese se hubiera suicidado. Habían sido muy amigos, trabajaban en la editorial Einaudi, ambos fueron represaliados y desterrados por el fascismo. Al entrar en el albergo, Natalia detrás del mostrador encontró a la hija de la familia. Todo seguía igual en el recibidor. Los dos radiadores, la moqueta roja, los dos sillones raídos, el espejo velado. La recepcionista le dijo: “Sé lo que busca. Es la habitación 346 de la segunda planta”. Subieron y ella abrió con la llave que llevaba en el bolsillo del delantal.

En la habitación el tiempo se había detenido con el aire estancado tal como la había dejado la muerte. La misma cama estrecha con cabecera de hierro, el perchero, la silla, la mesa de madera, la lámpara de plástico sobre la mesilla de noche donde el poeta, antes de tomarse los siete tubos de barbitúricos, dejó escrito en el vano de una página de su libro Diálogos con Leucó: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado”. Nadie había tocado aquellos enseres. Frente a la cama, Natalia pensó que su amigo nunca tuvo esposa, ni hijos, ni casa propia. Conocía todos sus fracasos amorosos, primero con ella misma, después con Battistina Pizzardo, activista del Partido Comunista, luego con Bianca Garufi, otra escritora. Lo recordaba terco y solitario, amante imposible, siempre enamorado, escribiendo en los cafés llenos de humo. La escritora comenzó a llorar.

Abro su libro de poemas de Pavese este día en que el sol de una radiante primavera invita a todo, excepto a suicidarse. Leo: “¡Oh, cuánto tiempo ha pasado desde que jugaba a piratas malayos!“. Otros días, otros juegos, otros arrebatos de la sangre ante rivales más escurridizos: los pensamientos y los sueños”.

Aquel atardecer de un sábado de 1950, mientras en la habitación del hotel Roma permanecía el cadáver de Cesare Pavese, no muy lejos de la plaza bajo la luna de agosto se había establecido una verbena con farolillos; sonaba la orquestina de saxos, trompetas y acordeones con la voz de un vocalista que cantaba dulces boleros de amor, y muchachas de faldas floreadas y chicos con mucha brillantina en el pelo bailaban con los cuerpos muy pegados, ajenos a que el máximo poeta de Italia permanecía muerto por todos los amores imposibles tras los visillos de aquel balcón abierto. La música cesó casi de madrugada. Por la mañana del domingo, el camarero del hotel, al no haber obtenido respuestas a sus llamadas, entró en la habitación y descubrió el cadáver. En ese momento tal vez las campanas de la catedral de San Juan Bautista repicaban alegremente llamando a misa mayor.

II

Pavese: la muerte tiene ojos color avellana, en El País, por Manuel Vicent, 26 mar 2011:

La escritora Natalia Ginzburg regresó a Turín siete años después de que su amigo Cesare Pavese se hubiera suicidado. Turín era la ciudad donde se habían conocido de jóvenes, habían trabajado juntos en la editorial Einaudi, tal vez se habían enamorado en secreto. Viejos tiempos, otros días, otros juegos. Después de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, que se había cebado con su familia, Natalia volvía desde Londres con su segundo marido y apenas cruzó el vestíbulo de la estación de Porta Nuova se dirigió a la plaza porticada de Carlo Felice. Llena de melancolía percibió que la ciudad seguía oliendo a hollín, que los comercios y los cines mantenían los mismos nombres, allí estaba también el puesto de helados rosas y blancos, que le recordaban los días felices de su niñez, pero ahora había trolebuses y algún paso subterráneo nuevo.

Natalia conocía todos sus avatares amorosos. Lo recordó terco y solitario, amante imposible, siempre enamorado

La escritora se detuvo ante la puerta del albergo Roma, situado bajo las arcadas de la plaza y decidió entrar. Detrás del mostrador encontró a la mujer de siempre, una hija de la familia que había regentado este humilde hotel desde hacía más de cien años. En el angosto recibidor todo seguía igual. Los dos radiadores, la moqueta roja, los dos pequeños sillones raídos, el espejo velado. La mujer de la recepción conocía el pasado de Natalia Ginzburg y supo enseguida el motivo de la visita: "La habitación que busca es la 346, está en la segunda planta" -le dijo-. Subió agarrada a la barandilla metálica de la escalera y una criada le abrió la puerta con una llave que se sacó del bolsillo del delantal. En aquella habitación el tiempo también se había detenido. Estaba intacta, tal como la dejó la muerte, con el aire estancado. La misma cama estrecha con cabecera de hierro, el perchero, la silla, la mesa de madera, el teléfono negro colgado en la pared, la lámpara de plástico en la mesilla de noche, la cortina de la ventana. Nadie había tocado ninguno de estos enseres desde entonces, hacía siete años. La escritora comenzó a llorar.

Un sábado, 26 de agosto de 1950, Cesare Pavese dejó la casa de su hermana María con la que vivía y se dirigió al albergo Roma con un maletín en el que no llevaba ninguna prenda de ropa sino un solo libro, Diálogos con Leucó. La humedad que liberaba el río Po envolvía en un calor pegajoso de final de verano la ciudad desierta. El poeta acababa de sufrir el último desaire amoroso, pidió habitación y una vez instalado en ella realizó tres llamadas de teléfono mientras la oscuridad de la tarde se instalaba en la ventana. Se oían escapes de motocicletas que cruzaban la plaza. El poeta tal vez imaginó que cada una de aquellas máquinas llevaría en el trasportín a una muchacha feliz de regreso del campo después de darse con su novio un revolcón sobre la hierba, como había descrito en unos de sus poemas. "La muchacha, sentada, se acicala el peinado / y no mira al compañero, tendido, con los ojos abiertos".

No obtuvo ninguna respuesta a sus tres llamadas, el último hilo que le unía a la vida. El poeta se descalzó, se tendió en la cama con la camisa blanca y el traje oscuro, se aflojó el nudo de la corbata y los pies pálidos, desnudos formaron dos alas dispuestas a volar. Pocos días antes había confesado en una carta a su amiga Pierina que nunca se había despertado con una mujer al lado, que nunca había experimentado la mirada que dirige a un hombre una mujer enamorada. Ni siquiera había tenido el amor maternal, que cualquier niño merece. Su madre Consolina había tratado siempre con un rigor absorbente a su hijo Cesare, el menor de cinco hermanos, tres de ellos ya muertos, y le había transferido los traumas que ella había sufrido con su marido, quien en el lecho de muerte pidió ver por última vez a una vecina, que había sido su amante, y ella se negó a dejarla pasar. Esta escena cargó la neurosis del adolescente hasta convertirlo en un ser introvertido, solitario, negado para la amistad y a la hora de conquistar a una mujer tampoco le ayudaba su rostro ceniciento, su carácter agrio y pesimista y al mismo tiempo excesivamente enamoradizo.

Natalia Ginzburg admiraba su obra, había sido su confidente y tal vez uno de sus amores frustrados. Nacida en Palermo en 1916, hija del judío Giuseppe Levi, profesor de medicina, perseguido por sus ideas antifascistas, su familia se trasladó a Turín donde Natalia se casó con el historiador Leone Ginzburg, de origen ruso, cofundador de la editorial Einaudi, también encarcelado por su ideología, confinado en un pueblo de los Abruzzos y finalmente torturado hasta la muerte en la cárcel de Regina Coeli en 1944 por los nazis. Pavese y Natalia habían sido compañeros, camaradas, amigos antes de la guerra. Se veían todos los días en la editorial donde él trabajaba de lector y traductor. Natalia conocía todos sus avatares amorosos. Primero fue su pasión por Battistina Pizzardo, activista del Partido Comunista. Ella se sirvió de su amor para usarlo de correo en la clandestinidad y gracias a este favor el enamorado fue a la cárcel y luego desterrado a Brancaleone Calabro. Allí escribió el libro de poemas Trabajar cansa, pero al volver a Turín se encontró a Battistina, la mujer de la voz ronca, casada con un antiguo novio.

Pavese había conseguido librarse de ir a la guerra por ser asmático y terminada la contienda, afiliado al PCI, siguió trabajando en la editorial Einaudi, escribiendo novelas y enamorándose equivocadamente. Esta vez el fracaso lo obtuvo de Bianca Garuffi, otra escritora, empleada en las mismas oficinas y con la que publicó un libro creado a medias. La relación fue tormentosa. Frente a la cama que la muerte dejó hecha en la habitación 346 del albergo Roma, Natalia Ginzburg pensó que su amigo nunca tuvo esposa, ni hijos, ni casa propia. Lo recordó terco y solitario, amante imposible, siempre enamorado, escribiendo en los cafés llenos de humo alguno de aquellos versos: "Los dos, tendidos sobre la hierba, vestidos, se miran a la cara, entre los tallos delgados la mujer le muerde los cabellos y después muerde la hierba". El último amor que lo arrebató de la vida fue el que mantuvo con la actriz norteamericana Constance Dowling, ex amante de Elia Kazan, de la que quedó colgado durante un rodaje en Roma. Le ofreció matrimonio, pero la rubia que fue famosa por sus ojos de avellana se casó con otro. ¿Ojos color de avellana? Fue a esta mujer a la que el poeta dedicó el verso más famoso que han ido repitiendo desde entonces todos los amantes desesperados: "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos".

El despecho le obligó a escribir en su diario: "Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más". De hecho no cumplió su palabra porque en el albergo Roma, un momento antes de tomar varios tubos de barbitúricos, de aflojarse el nudo de la corbata y de tumbarse en la cama con el traje oscuro y los pies desnudos había escrito en una página en blanco del libro Diálogos con Leucó: "Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado".

Natalia Ginzburg pensó que su amigo había elegido morir esa tarde de agosto tórrido como un forastero, cuando ninguno de sus amigos estaba en la ciudad. No fue necesario abandonar la cama, solo el alba como su última amante entró en el cuarto vacío. Al día siguiente era domingo y las campanas de Santa María tocaron a misa sobre el cadáver del poeta y los fieles acicalados al salir a la plaza compraban helados rosas y blancos a sus niños. Siete años después de aquello, allí frente a la cama vacía Natalia Ginzburg, su amor secreto, se secaba las lágrimas.

viernes, 20 de marzo de 2026

Chuck Norris

 Chuck Norris no ha muerto, solo aceptó una invitación de Bruce Lee para irse a pelear con él.

lunes, 16 de marzo de 2026

Respuestas cómodas a argumentos tontos

Las discusiones no deben ser malas, pues, cuando los argumentos son buenos, ambas partes ganan; sin embargo, a veces nos encontramos con gente que tiene un nivel cultural bajísimo. Hay quien, por supuesto, no se esfuerza en disimular, y sus comentarios se convierten en un ataque claro; en el fondo sabemos que no vale la pena siquiera prestarles atención, y menos cuando el ataque es personal; no sería lo más sensato ignorarlo; pero a veces estos señores crean un chiringuito, e incomodan a la gente que valoras; entonces es cuando se vuelve necesario hacerles el vacío y dejarlos hablando solos. Bien, para esa gente molesta está dedicado cariñosamente este texto.

Quiero que quede bien claro: estas no son respuestas que debes utilizar en una discusión elevada donde se intercambian ideas contrarias; realmente, no es de personas serias intentar ganar una discusión sin tener la razón, más aún cuando uno se esfuerza por darte argumentos buenos y lo que se viene son respuestas sarcásticas que puedes utilizar únicamente para dejar plantado al típico que solamente te quiere fastidiar; pero estas respuestas tienen una peculiaridad: le hacen ver a tu interlocutor, o a quienes lo escuchan o leen, lo tontos que son estos argumentos, sin recurrir a insultos o a la falacia ad hominem o contra el hombre; así pues, estas son diez respuestas inteligentes a diez argumentos tontos.

Número 1: "Siento pena por ti"

La gente a veces cree que se anota un golazo al decir esto, y que uno se queda pensando: "¡Oye que no soy un mal tipo!" O bien creen que te vas a enfadar mucho y que vas a atacar con lo primero que vea así; pues bueno, para esto es mejor demostrar que las palabras no te han afectado, pues, como decía mi amiga Ágata: "quien te enoja te domina"; ensaya más bien esta respuesta a sientes pena por mí: "Pues yo no siento nada por ti: sufre la indiferencia".

Número 2: "No sé qué te ha pasado, viejo, antes eras chévere"

Es la famosa frase que Bart Simpson le dice a Homer cuando viejo y que luego se ha hecho todo un meme por Internet; pero hay mucha gente que cree que ha descubierto la pólvora y la repite con sus variantes cada vez peor: "Ya aburres con lo mismo", etcétera.

Así pues, si eres capaz de mantener la calma, advertirás una grave inconsistencia en este argumento. Puede resultar que tu interlocutor ha puesto en evidencia que te está siguiendo desde hace mucho tiempo a pesar de que supuestamente ya no eres tan virtuoso como cuando entró. "Verás: antes estaba contra ti por tal cosa y, sin embargo, regresas a verme". 

Número 3. "Debería darte vergüenza decir o hacer esto o aquello."

Aquí hace uso de una falacia para hacerte creer que estás en un error porque los efectos son aparentemente indeseados para tu interlocutor; en otras palabras, el que te quiere hacer sentir mal por lo que sea hayas dicho o hecho; no caigas en este juego, responde más bien: "La expresión propia no debe ser motivo de vergüenza, es importante"; y es también una buena técnica en estos casos no responder en primera persona o en segunda: mejor hacerlo en tercera o en modo impersonal, para evitar alusiones directas; ahora bien, por otro lado, si se quiere ser más punzante quizá esta frase la podrías complementar con "vergüenza es quedarse callado y atacar a quien ejerce su derecho a expresarse", aunque esto último puede resultar un poco ponzoñoso; para mí basta con el primer término y luego un rotundo silencio.

Número 4. "No seas tonto".

Es como lo anterior, pero aquí el insulto ya es patente. No te desgastes antes de responder con otro ataque mejor; haz uso del efecto rebote: "Tienes razón, a veces cometo tonterías, por ejemplo escuchar ciertos comentarios; te prometo que no volverá a ocurrir", y luego te marchas.

Lo que me gusta de esta respuesta es que aquí el abandono acredita totalmente lo dicho; el hecho de no responder nada con el tiempo era asentir al atacante, que la discusión siempre fue una tontería, claro, si realiza el comentario he visto respuestas de éstas abandonadas así por años y la verdad que leerlas después de ese tiempo es muy gracioso.

5. "Eres un mentiroso"

Y de esa manera cualquier cosa que digas por extensión se convertirá en una mentira para tu interlocutor, mente cerrada y falaz, y esto me recuerda que el viejo pleito filosófico entre Sartre y Camus fue una discusión que se llegó a degradar tanto que Camus se retiró diciendo: "En esta discusión cualquier defensa se convierte en la apología de uno mismo", ya que se había dado cuenta de que no estaba debatiendo argumentos sino defendiéndose de ataques personales; por eso es mejor escapar de estas triquiñuelas con una respuesta paradójica que dejara al proponente: "En verdad, todo lo que digo es una mentira."

6. "Puntos suspensivos: infórmate"

Antes de hablar, te quieren desacreditar; y aparentemente es peor cuando uno se dedica precisamente a compartir conocimientos, sea como periodista, maestro, analista, opinólogo, lo que sea: es un ataque al corazón; pero, si tenemos la cabeza fría, y recordamos lo dicho en el primer punto, sabremos que lo mejor es demostrar insensibilidad. Tú puedes responder: "Todos los días se aprende de alguien". Estoe considera que, previo el ataque, tu interlocutor te ha dicho algo útil; pero, si no te ha dicho nada productivo, que es lo usual, entonces agrega incluso: "Eso es juzgar sin argumentos."

7. "Tú no puedes opinar, porque no estás en sus zapatos"

Por decirlo de modo elegante, generalmente ese comentario se manifiesta en algo así como que "tú no puedes opinar del futuro porque no eres futbolista, no puedes hablar de ciencia porque no eres científico" que es ser algo en este mundo. Si no es una etiqueta, los títulos funcionan en un plano institucional; pero, en la realidad, todos sabemos un poco de todo; ni qué decir tiene que yo he conocido taxistas que saben más de política que el presidente; así que la respuesta más cortés y tajante para mí sería "no hay que estar gallina para hablar de huevos".

8. "Si no vives aquí no puedes hablar de nuestra realidad, qué te has creído"

Esto es una variante de la anterior. La respuesta la pueden hacer con cierta ironía: "Tienes razón; ahora le comunico a la NASA que deben dejar de hablar de Marte, porque no son marcianos"

9. "Le voy a poner un dislike, hombre"

Mucha gente me dice esto; yo siempre les he dado muy poca importancia; si sí es verdad que en alguna ocasión yo he contestado a alguno de estos comentarios, pero no lo hago porque me afecten, sino porque quiero que se entienda la inutilidad de los mismos. Así que: "Déjame dislike o algo, pues lo haces y listo; no sé cuál es tu drama existencial"

Así pues, mi respuesta en estos casos es: hágalo, pero después no se sienta solo.

10. Este punto no es ningún comentario, sino más bien la forma de manifestarlo.

Es el típico comentarista que escribe con faltas de ortografía, que, por lo general, usa argumentos tan pobres como: "Oye: qué te has creído tú, te equivocas", como si dieras vergüenza ajena. A estos niveles puede responder de esta manera: "Me encantaría discutir contigo, pero la ortografía / ortología me impide entender tu idioma." 

Beno amigos como les repito estas son respuestas que podrían utilizar solamente en casos extremos porque ciertamente para mí a veces la mejor respuesta es la no respuesta.

Rangos de IA según Gustavo Entrala

[Gustavo Entrala ha hecho un ranking por cada una de las categorías en demanda de información a la IA:]

¿Cuáles han sido los premiados?

El que menos cosas se inventa es Perplexity, que además incorpora las citas en las que se basa para decir algo.

El más riguroso en los resúmenes de información que se aportan al modelo es Gemini.

El que más dice que no sabe algo cuando no lo sabe es Claude Opus 4.6.

Y la IA que más datos inventa es chat GPT 5.2 cuando activas el razonamiento.

Y el menos fiable de todas las categorías es, ya lo siento, amigos, fanes de este modelo, DeepSeek.

Pero hay otro eje que me parece más útil para nosotros. Como usuarios y es en qué temas alucinan más las IAs.

El siguiente es un cuadro donde se resume el grado de fiabilidad que tienen las IAS en función de las disciplinas temáticas, de las que menos alucinan a las que más alucinan.

Cuando hacemos preguntas de tipo general, de conocimiento general, a los modelos de élite, o sea, los cuatro o cinco modelos fundamentales, las alucinaciones son sólo del 0,8%.

Cuando preguntamos por datos financieros son del 2,1%.

Cuando preguntamos por investigación científica, aquí vemos que las alucinaciones empiezan a subir. Un 3,7%.

En información médica, información grave por tanto, un 4,3%.

Y en documentación legal, un 6,4%.

¿Por qué ocurre esto? Vamos a ver, información de conocimiento general está muy distribuida en internet y hay muchísimas fuentes, con lo cual es fácil para los modelos no equivocarse con frecuencia. En el caso de los datos financieros, la información suele estar en Internet también y bastante bien estructurada, de tal manera que los fallos no son muchos. Pero cuando hablamos de investigación científica, de información médica o de documentación legal, ¿cuál es el problema?

El problema es que, en estos casos, para dar una respuesta veraz, el modelo tiene que acceder a una fuente de información totalmente íntegra, totalmente fiable, pura. Y eso no pasa todavía.

Y por eso, en estos casos, investigación científica, información de la salud o documentación legal, pues la IA sigue teniendo todavía muchos fallos que cuando suben a una gran escala son un problema real.

¿Tiene solución? (La respuesta honesta) ¿Se pueden eliminar las alucinaciones del todo? La respuesta que dan los investigadores en 2025 y 2026 es incómoda: No, no completamente. Además, hay un riesgo adicional que los investigadores llaman el colapso del modelo.

¿En qué consiste esto? En que a medida que Internet se llena de contenido generado por IA y de contenido sintético, por tanto. Los modelos se entrenan con sus propios errores pasados. El resultado es que los modelos pierden los hechos poco comunes, o sea, los que están en la long tail del conocimiento y los reemplazan con generalidades fluidas, con contenidos sintéticos. Y un modelo puede sonar igual de bien mientras sabe menos que antes.

Yann LeCun, uno de los investigadores más reconocidos en el mundo, cree que la arquitectura actual de los modelos de lenguaje hace imposible resolver las alucinaciones. Y apunta a la raíz. Esto es lo más importante de este vídeo: que la IA no es capaz de distinguir lo verdadero de lo falso.

Esa dimensión de la realidad escapa completamente a sus capacidades. Él puede calcular cosas, pero no saber si algo es verdad. Y Yan LeCun cree que la solución pasa por algo completamente distinto. Construir lo que él llama modelos del mundo, a los que hemos dedicado un vídeo que dejo también en la descripción.

Serían sistemas capaces de entender cómo funciona la realidad, no solamente el lenguaje. Y en lugar de limitarse a completar frases. Estas inteligencias aprenderían observando imágenes, vídeos y acciones y desarrollarían una representación interna en su cabeza del mundo. Y solo entonces, dice Le Kuhn, una inteligencia artificial podrá razonar de verdad y dejar de inventarse cosas.

Pero claro, nosotros a día de hoy no podemos esperar a que los modelos sean perfectos. Necesitamos protegernos ahora de sus errores. ¿Cómo?

Lo vemos en lo que yo llamo el kit del usuario escéptico. Cómo nos protegemos: el kit del usuario escéptico. Aquí tienes el kit del usuario escéptico.

5 hábitos que reducen tu exposición a alucinaciones.

Hábito 1.

Pídele que digan no lo sé. Cuando hagas una pregunta importante, añade, si no estás seguro, dímelo. Los modelos responden a esta petición, reducen su tendencia a inventar cuando se les da cobertura para expresar una cierta inseguridad. No siempre funciona, pero funciona más de lo que crees.

Hábito 2.

Pide citas, no síntesis. En vez de un resumen, pide que extraiga citas literales del texto que le das. Cita textualmente los pasajes del documento cuando se hable de tal asunto. Cuando el modelo cita directamente, tú puedes verificar. Cuando sintetiza, no puedes verificar.

Hábito 3. 

Usa Perplexity y también yo recomiendo Grok para datos recientes. Cualquier dato que necesite ser actual, noticias, estadísticas recientes, hechos verificables. Perplexity es la mejor opción, no porque sea infalible, sino porque te muestra las fuentes y puedes verificarlas. Un modelo que muestra de dónde saca las cosas es más fiable que uno que no lo hace. Y Grok lo recomiendo también para asuntos que estén pasando en este momento, porque claro, tiene como fuente la antigua Twitter X y por tanto computa cosas que están ocurriendo en tiempo real.

Hábito 4.

Pide la verificación, o sea, utiliza como fact checker a un modelo alternativo. Lo hemos visto antes con el caso de Ortega y Gasset. Por ejemplo, puedes preguntarle algo a ChatGPT y después le pides a Gemini que verifique los detalles que te ha dado la respuesta de ChatGPT.

Hábito 5.

La pregunta de control. Si una respuesta te parece muy buena o muy específica pregunta, ¿cómo podrías estar equivocándote en esto, querido amigo? ¿Qué fuente original debería verificar para comprobar que lo que dices es verdad? 

Este es mi kit del usuario escéptico, pero estoy seguro de que vosotros podéis aportar algún elemento más a los comentarios.

¿Qué conclusión sacas de lo que hemos visto hasta ahora? Meditación: el arte de dudar bien

Te cuento la mía. Durante siglos los humanos aprendimos a desconfiar de las fuentes de información, del panfleto que vendía remedios milagrosos, del periódico que servía a un interés político. O de ese amigo que recordaba siempre las cosas a su manera. Desarrollamos instintos críticos, herramientas para cuestionar. La IA nos está pidiendo algo nuevo.

Nos pide desconfiar de algo que habla con una fluidez perfecta, que nunca duda de su tono, que siempre tiene la respuesta. Esto es contraintuitivo, nuestro cerebro asocia fluidez con competencia, que se lo digan a los políticos. Pero la IA ha desacoplado esas dos cosas. Puede ser perfectamente fluida y perfectamente falsa.

Mi propuesta es sencilla.

Usa estos modelos, son muy útiles, son en muchos contextos extraordinarios, pero úsalos con una dosis permanente de escepticismo. No de desconfianza ciega, sino de duda activa, la misma que aplicarías a cualquier fuente de información que tenga tanto poder. La IA nunca te va a decir que está equivocada o casi nunca. Pero el que tiene al final la responsabilidad de no equivocarse es uno mismo, una misma, ¿no? Esa es nuestra responsabilidad.


domingo, 15 de marzo de 2026

Historia de un soldado

I

 Plácido García-Planas, Noticia del soldado Josep Dardichon, en La Vanguardia, 14/03/2026:

Es interesante recibir hoy una postal de la Primera Guerra Mundial con sensaciones escritas a pluma que nos servirán para la Tercera Guerra Mundial: el futuro será más negro si lo imaginamos de color blanco

La encontré perdida en un rastro y nunca imaginé que me llevaría tan lejos. Era la libreta sentimental y militar de un recluta del ejército francés, Josep Dardichon Fàbregas. Nacido en Barcelona el 12 de junio de 1886, era hijo del francés Émile Dardichon, del textil, y de la catalana Miquela Fàbregas.

Catalán y catalanista, tenía nacionalidad francesa y en Francia debía cumplir el servicio militar. Escribió y garabateó la libreta, en catalán prefabriano y francés, entre 1906 y 1907. “Joseph Dardichon Fabregas. Soldat al Regiment n. 12 Compañia n. 11 a la Ciutadela de Perpiña. (Pirineus Orientals). Fransa”, anotó en la primera página.

Era, siete años antes de 1914, una premonición del suicidio de Europa. En la libreta, el recluta mezcla prácticas de tiro con relatos de amor. Sangrientos cantos de guerra con cuplés picantes. Dibujos del Cu-cut con el número de soldados que Alemania podía sumar en tiempos de guerra. Todo en un mismo cóctel: en un relato de amor apasionado, escribe que ella “se desnuda y se mete en la cama” y la frase roza el dibujo de la trinchera que le enseñan a cavar.

Lo más revelador de esta libreta es el roce entre la pulsión sensual (y sexual) que le sale del cuerpo y la rigurosidad militar que el ejército francés intenta meterle en el mismo cuerpo. Él sólo concibe una forma de morir: por amor a otro cuerpo humano. Y el ejército francés le subraya que la forma más sublime de morir es por amor al cuerpo del Estado: en el campo de batalla.

La libreta contenía una inesperada bala final. Una carta doblada y colocada en la última página, fechada diez años después en Barcelona, el 17 de agosto de 1917. Está firmada por el cónsul de Francia en Catalunya y dirigida a “madame Dardichon”, en Mollet.

“Tengo el honor de hacerle llegar, en pliego separado, un diploma referente al sargento Josep Dardichon del 238 regimiento de Infantería, muerto al servicio y en la defensa de Francia. Le agradecería que devolviera, debidamente firmado, el recibo que le adjuntamos. Reciba, señora, mis saludos más distinguidos”. Así es la guerra: un diploma a cambio de una vida. Pavana [burocrática] para un recluta difunto.

Estiré de su hilo vital en los archivos franceses y averigüé que lo mataron los alemanes –¿o lo mató Europa?– en un coletazo de la ofensiva del Somme.

Narré lo que pude rescatar de su historia en estas páginas, el mismo día en que, cien años atrás, había estallado la Primera Guerra Mundial.

Y ahí quedó la cosa.

Ahora, de repente, doce años después recibo una postal del soldado Dardichon. Está escrita desde la Primera Guerra Mundial y podía estar escrita hoy desde el Donbass o el Pérsico.

La pone en mis manos, amablemente, una descendiente indirecta del soldado, Maria José Surribas, que conserva cuatro fotografías y once postales enviadas desde la Francia en guerra.

En una de ellas –escrita a su cuñado el 15 de abril 1915– me llaman la atención dos párrafos, quince líneas cargadas de optimismo. La postal está ilustrada con cañones franceses de 75 mm, la pieza de artillería más revolucionaria de la Primera Guerra Mundial.

“El otro día los alemanes probaron de atacar nuestras trincheras –explica el soldado Dardichon–, pero nuestros cañones 75 tiraron dentro de las filas enemigas causando una verdadera carnicería, en un campo de 500 metros de ancho había más de 150 muertos!”.

“Los estamos golpeando más fuerte de lo que nadie ha golpeado desde la Segunda Guerra Mundial”, acaba de afirmar Trump de los iraníes.

“¡Tengo la impresión –seguía escribiendo el soldado en la postal de 1915– de que la guerra acabará pronto, dentro de un par de meses! Austria y Hungría pagarán los platos rotos”.

“Esto es una excursión, una excursión corta”, dijo Trump el jueves al definir la Tercera Guerra del Golfo.

Lo más corto en este tipo de excursiones suele ser la vida. Cuando escribió la postal, al soldado Dardichon sólo le quedaban 544 días de existencia. Salió de las trincheras de Vermandovillers con la bayoneta calada el 10 de octubre de 1916. Tenían órdenes de avanzar cinco kilómetros. Y los avanzaron: arrebataron a los alemanes los bosques carbonizados de Chaulnes y Ablaincourt. Pero él, ya con el grado de sargento, cayó avanzando, como cayeron cincuenta de sus soldados.

Cada cien metros hacia ese objetivo le costó a Francia una vida. ¿Cuántas vidas por barril de petróleo nos costará esta guerra?

II

HISTÒRIA DEL SOLDAT JOSEP DARDICHON FÀBREGAS

Plàcid Garcia-Planas

 Tenia unes ganes boges de lligar. Acabava de fer vint anys i el van uniformar com a soldat de la República Francesa. S'acabava de comprar una llibreta al Grand Bazar et Nouvelles Galeries de Perpinyà. I, a la ciutadella de la capital del Rosselló, va començar a escriurehi. El que sentia –en direm amor– i el que li ensenyaven a la mili –guerra–. Deu anys després, el 10 d'octubre del 1916, el noi que escrivia va sortir amb la baioneta calada d’una trinxera de Vermandovillers, al front del Somme. No es pot  saber quants petons va arribar a fer en aquells deu anys. Només sabem quants quilòmetres havia d’arrabassar als alemanys: cinc. Nascut a Barcelona el 12 de juny del  1886,  Josep Dardichon Fàbregas era fill del francès Émile Dardichon tintorer tèxtil, ram de l’aigua– i de la catalana Miquela Fàbregas. Català de cultura i de sentiment, tenia nacionalitat francesa i a França havia de fer el servei militar. Va escriure a la llibreta –en català sense normes i en francès– des del 27 de setembre del 1906 fins a la primavera del 1907. 

“Joseph Dardichon Fabregas. Soldat al Regiment n. 12. Compañía n. 11 a la Ciutadela de Perpiña (Pirineus Orientals). Fransa”, va anotar a la primera pàgina.  És el quadern d’un ésser tremendament enamoradís. “T’estimo, y tinc por que un altre vingui y te me prengui, y si per desgracia aixó fos, em moriré de pena pues si tu ja no m’estimas, que m’importa la vida”, diu al començament. La resta de la llibreta és una bogeria de poemes apassionats, couplets picants i desbocades narracions d’amor, tot ben barrejat amb les instruccions que l’exèrcit francès li marca i que van acabar amb una carta de gel: la que algú, deu anys després, va col·locar al final de la llibreta. 

L’exèrcit li diu, i ell apunta a la llibreta, tot el que el bon soldat francès ha de dur al damunt. Al cos, entre moltes altres coses, la xapa d’identitat, uns calçotets, corbata, mocador, cantimplora, tres cartutxeres, un fusell i un ganivet de baioneta. Al damunt de la motxilla, unes sandàlies de descans, una mica de llenya, una cassola i una llauna de carn en conserva. Dins de la motxilla, també entre un munt de coses, calçotets de recanvi, raspall per a la roba, un altre per a les dents, paquets d’arròs i llenties,  una cullera, una llauna de sardines, cinquanta grams de galetes i cinc paquets amb vuit cartutxos de tres bales cadascun. Total, 120 bales. 

Carregant  bales i galetes, al costat d’altres reclutes de la Catalunya francesa –Soler, Batlle, Marty, Bonnet... – l’exèrcit el fa caminar 208 quilòmetres de Perpinyà a Larzac passant per Narbona i Besiers. Ja al camp de Larzac, l’ensenyen a llegir el cel. I ell dibuixa l’estrella polar, “que ens mostra constantment la dirección del Nord”. En El nord. El Somme. La trinxera per la qual un dia sortiria amb la baioneta calada. L’estrella polar... “Em sentia com un home dret en un planeta sobtadament arrencat de la seva òrbita", va escriure David Lloyd George dels dies en què va esclatar la Primera Guerra Mundial. “Diuen que l’amor es cec –escriu el recluta a la llibreta–, pero jo crech que no, pues estic ben convensut que l’amor es una de las cosas que fa mes obrir l’ull. L’amor no nomes no es cec, sino que tambe es molt xerraire.” L’exèrcit francès li explica que el món és gran, i el el dibuixa entre dos oceans glacials. I que Europa té imperis: e l en  traça les fronteres. L’exèrcit l’ensenya  a  cavar trinxeres davant l’enemic, i el va dibuixant la trinxera entre els paràgrafs d’una delirant narració, Martir d'amor!...

“L’escena te lloch en lo poble de X... situat als peus de la bella montanya camaril de la Patrona de la Patria estimada”, comença la història... “se despulla i se fica al llit”, diu la frase que a la llibreta passa just per sota de la trinxera. L’exèrcit francès li fa dibuixar una trinxera i per una trinxera, deu anys després, sortirà amb la baioneta calada per enfonsar-la en la carn dels alemanys. L’exèrcit també li explica com són els enemics. “Els alemanys estan àvids d’prendre”, apunta a la llibreta. I li fan escriure la lletra de La Marsellesa i li ensenyen com cantar-la: “A les armes, Que la ciutadans, formeu els batallons. Marxeu! Marxeu! sang impura amari els nostres solcs.” L’exèrcit francès li indica el nombre de soldats que l’enemic és capaç de mobilitzar: Alemanya, 2.500.000 en temps de guerra. El mateix nombre que França. De sobte, a la llibreta, entre el nombre de soldats que és capaç de llançar contra tu l'enemic, el recluta Dardichon escriu la lletra de L’emigrant, poema de la pàtria (sense exèrcit) que e l sent meu cor, cuan de tu més dins: “Dolça Catalunya, patria del s’allunya d’anyorança se mort”. 

Legalment francès i resident a Espanya, l’embolic de pàtries era considerable al seu cor: el 1905, un any abans de fer el servei militar, va ajudar a pagar una multa governativa de Tralla. 125 pessetes al setmanari catalanista La L'exèrcit francès també li ensenya, i e l cal·ligrafia aplicadament a la llibreta, cants de guerra que aplanarien el camí cap a les trinxeres del Somme. Com la Cançó de la partida: “Del nord al migdia, la trompeta de guerra. Ha sonat l’hora del combat. Terribles enemics de França, reis ebris de sang i orgull, el poble sobirà s’avança. Tirans!, baixeu al taüt. La República ens crida, sapiguem vèncer o sapiguem morir. La República ens crida. Un francès ha de viure per ella, per ella un francès ha de morir”. Dels manuals d'entrenament militar previs a la Primera Guerra Mundial –com ha estudiat Pompeu Casanovas– els més violents no eren els alemanys, obsessionats per l’ordre del conjunt. Eren els francesos, que intentaven imposar una jerarquia interna fèrria i una disciplina individual que  no s’aturava amb el càstig físic. El màxim enemic de l’oficial francès no és l’adversari exterior, sinó el de sota, el soldat de tropa, que pot posar en perill les operacions perquè es rebel·la i no encaixa en el disseny de campanya (durant la Guerra Mundial, França va  afusellar  gairebé mil propis soldats). Entre enceses proclames per Primera dels seus tancar l'enemic en taüts, el recluta Dardichon dibuixa el pagès amb barretina, lligaire i morrut, de la revista Cu-cut, assaltada un any abans pels militars (espanyols). I dibuixa el seu enemic: Lerroux. 

També apunta les qualificacions que els oficials li posen al tot, en final de la instrucció militar. Queda el primer en servei en campanya, en aptitud de comandament i en tir. Entre tret i tret, més couplets a la llibreta: “Coneixia totes les famílies, tots els (il·legible), totes les xafarderies. El nom de les dones infidels i el nombre dels seus amants. Coneixia les pitjors relacions, els marits contents i cornuts. Coneixia les noies decents i les que ja no ho eren”. I, cal·ligrafiats amb amor, més cants per esbudellar-se: “Amb la veu dels canons d’alarma, França crida als seus fills. Defensem-la, soldats, com es defensa una mare. Morir per la Pàtria. Morir per la Pàtria. És la sort més bonica, la més digna d'enveja.” Una enveja tremenda, efectivament. Una dècada després, algú va col·locar, dins de la llibreta, una carta datada a Barcelona el 17 d’agost del 1917. És una carta escrita pel cònsol general de França a Catalunya i dirigida a “madame Dardichon” –la seva dona? la seva mare?– amb domicili al número 11 del carrer Balmes de Mollet del Vallès. “Tinc l'honor de fer-li arribar, en plec separat, un diploma referent al sergent Josep Dardichon del 238 regiment d’Infanteria, mort en servei i en la defensa de França . Li agrairia que tornés, degudament firmat, el rebut que li més adjuntem. Rebi, senyora, les meves salutacions distingides”. 

Així és la guerra a Europa: un diploma a canvi d’una vida. Pavana per a un recluta difunt. El van matar els alemanys o el va matar Europa?– el 10 d'octubre del 1916, en una cuada de l’ofensiva del Somme. Va sortir de les trinxeres de Vermandovillers amb la baioneta calada. Tenien ordres d’avançar cinc quilòmetres. I els van avançar: van arrabassar als alemanys els boscos de Chaulnes i Ablaincourt (o el que en quedava). Però Josep Dardichon Fàbregas, ja amb el grau de sergent, va caure avançant  amb  cinquanta  dels seus soldats:  cada cent metres li va costar a França una vida. ¿Quants dels soldats alemanys en què havia d’enfonsar la baioneta tenien, com ell, més sensualitat que pàtria al cos? “Senyors, atacarem demà. En mataran tots els de la primera onada. També els de la segona. I els de la tercera. Uns quants homes de la quarta aconseguiran el seu objectiu. La cinquena onada guanyarà la posició. Gràcies, senyors”, va declarar el general de l’Estat Major Charles Mangin al front de Verdun. És com una cançó de bressol fúnebre. Com la cançó de bressol que el recluta Dardichon, entre couplets gairebé pornos, havia escrit a la seva llibreta d’instrucció: “Angel de la Son desplega las alas, torna al cel que el meu fill ja calla. Torna al cel, Angel de la Guarda, que el fill del meu cor ja el guarda un altre angel”.