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lunes, 25 de mayo de 2026

Los alumnos de familia rica sacan cuatro cursos a los de pobre

 Los alumnos ricos sacan cuatro cursos de ventaja a los pobres: la escuela fracasa al compensar la desigualdad de cuna, El País Educación, Ignacio Zafra, Valencia - 25 MAY 2026 

El aumento de los estudiantes vulnerables en la enseñanza pública, sin más medios para atenderlos, enciende las protestas del profesorado

Empar Penadés lleva 37 años dando clase y está a punto de jubilarse. Es maestra del segundo ciclo de Infantil en un colegio público de Valencia. Sus alumnos tienen entre tres y seis años, una etapa clave para el aprendizaje de habilidades que les servirán a lo largo de su trayectoria educativa. Penadés ha visto muchas veces lo mismo. Chavales que por el entorno en el que viven podría casi asegurar ya a esa edad que harán la Selectividad e irán a la universidad. Y otros que por la misma razón es probable que abandonen los estudios, aunque durante los años que pasan en sus manos ―y en algunos casos, durante bastante tiempo después― haga lo posible por evitarlo. “Son niños y niñas que, si no reciben el apoyo de alguien que esté detrás, de dentro o de fuera de la escuela, lo tienen muy difícil. Y la distancia entre unos alumnos y otros se ha acentuado en los últimos años con los alumnos que vienen de fuera”, afirma Penadés, cuya impresión respaldan los datos.

Los 120.000 adolescentes de 15 años que viven en los hogares españoles más acomodados (según un índice socioeconómico y cultural elaborado por la OCDE) llevan el equivalente a cuatro cursos de ventaja en matemáticas a los 120.000 chavales de la misma edad de las familias más desfavorecidas, según el último Informe PISA, la mayor evaluación internacional. A diferencia de lo que sucede con el resto de franjas de edad, entre 2018 y 2025, el porcentaje de menores en riesgo de pobreza o exclusión social no solo no se ha reducido en España, sino que ha aumentado cuatro puntos y alcanza al 34% del total. Y la tasa de abandono escolar temprano de los extranjeros, que hace 10 años doblaba la de los autóctonos, ahora la triplica.

Rendimiento en matemáticas, según el nivel ISEC

En puntos. Se considera que una diferencia de 20 puntos equivale a un curso escolar. Entre los alumnos de 15 años del cuartil más desfavorecido y los del más favorecido hay 89 puntos.

[Para visualizar el estadillo,  acceder al artículo original aquí] Fuente: CED / INES EL PAÍS

Hace una década, en clase de Penadés había una chica extranjera. Ahora, en cambio, la maestra tiene varios chavales llegados de Georgia, Rusia, Brasil, Venezuela o Argentina. Hace 10 años, como siempre ha ocurrido, tenía alumnos pobres en clase, pero eran muy infrecuentes, y ahora han dejado de serlo, los críos que se veían obligados a vivir con toda su familia, cuatro o cinco personas, en la habitación alquilada en un piso compartido. El aumento de la pobreza infantil y del alumnado foráneo (parte del cual llega con desconocimiento del idioma o con desfase curricular) asiste, sobre todo, a la escuela pública (representan el 18% de su matrícula en primaria, ocho puntos más que en la concertada). Y ese incremento de la complejidad de las aulas, que no ha ido acompañado de más recursos, late tras las huelgas y protestas del profesorado en la Comunidad Valenciana, Cataluña, Aragón y Madrid, cuatro autonomías que destacan por la concentración de chavales extranjeros en la red escolar pública. En todos esos lugares puede escucharse lo mismo: los docentes no quieren quitarse de encima a los nuevos chavales vulnerables, pero necesitan más medios para atenderlos.

Alumnos extranjeros en Primaria en centros públicos. 

[Estadillo]

El hecho de que el nivel socioeconómico y cultural de los padres sea lo que más influye en las probabilidades de éxito educativo de los estudiantes está muy comprobado. “Pero sobre lo que tenemos mucha menos información es de cuáles son los procesos que generan esa desigualdad”, señala Sheila González, investigadora de la Universidad de Barcelona especializada en desigualdad social y educativa. Lo que sigue intenta responder a esa pregunta. Un problema que no afecta solo a España, sino al conjunto del mundo desarrollado, y que pone de manifiesto los límites del sistema educativo para compensar las diferencias de partida.

Rendimiento de los estudiantes inmigrantes

Alumnado inmigrante (primera y segunda generación) / Puntos de diferencia respecto a los autóctonos en el Informe PISA:

Lectura −32

Matemáticas −33

Ciencias −36

Fuente: OCDE, Informe PISA 2022 EL PAÍS

Una escuela para una clase social

Uno de los factores que mencionan los expertos es de origen. “Tenemos una escuela que se pensó para que la gente de clase media, que tenía profesiones cognitivas, mandase a sus hijos a aprender a tener profesiones de tipo cognitivo. Y cuando el sistema se universalizó y entraron las clases populares, que tenían más trabajos manuales, no terminó de ajustarse”, afirma el sociólogo de la Universidad de La Laguna José Saturnino Martínez. “La consecuencia de ello es que la escuela privilegia saberes de tipo muy intelectual. Nadie cuestiona que enseñe a leer, escribir, o matemáticas. Pero hay saberes obligatorios que de adultos casi nadie usamos, como el análisis sintáctico-gramatical, más propio de la carrera de Filología. En cambio, conocimientos que pueden venir muy bien tener en la vida, como tener un poco de idea de fontanería, carpintería, etcétera, propios de los oficios de las clases populares, la escuela los deja en segundo lugar. Muchos contenidos escolares no interpelan a una parte de los chavales, que los ven como algo ajeno a su vida cotidiana, sus experiencias culturales y sus intereses”.

Las clases populares, añade Manuel Fernández Navas, profesor de Educación en la Universidad de Málaga, “suelen valorar más la utilidad inmediata de las cosas: esto me vale para esto, aquí y ahora”. Mientras que en la escuela el conocimiento tiene, en buena medida, un “valor de cambio”; se asume que sirve para ser cambiado por una nota. “¿Y quiénes se adaptan mejor a estar seis horas en clase haciendo algo que no tiene utilidad para su vida diaria? Los chavales de clases sociales más altas, que han interiorizado en sus casas la expectativa de que tener un título les servirá en el futuro para tener una carrera y una mejor posición social”.

La lengua del colegio

La clase social también acerca o aleja a los niños y adolescentes del tipo de lenguaje que se utiliza en las aulas. “En los materiales, en la manera como los profesores se comunican con los alumnos, en cómo justifican las actividades que desarrollan y las evalúan, el código lingüístico de la escuela es mucho más parecido al que se utiliza en las familias con más estudios”, dice Miquel Àngel Alegre, jefe de proyectos de Equitat.org (la antigua Fundació Bofill). La diferencia, indica el sociólogo, se nota en cómo hablan desde pequeños los hijos de dichos hogares. “Con estructuras gramaticales más complejas, frases subordinadas, uso de la voz pasiva, y un repertorio más conceptual”. Y al contrario, los chavales que provienen de familias que usan un código más restringido, “se sienten más desorientados y tienen más dificultades para llegar a lo mínimo que de entrada se espera que cumplan en la escuela”.

Esa brecha, que existe desde que se universalizó la enseñanza, se ha visto ensanchada con la incorporación de chavales de otros países. “Con parte de ellos, y con sus familias, los docentes no se pueden comunicar al principio prácticamente nada, porque hablan idiomas muy alejados, como el urdu o el tagalo, y no conocen ninguna lengua románica”, dice Sheila González. Una de las reivindicaciones del profesorado en las protestas de estas últimas semanas es aumentar las aulas de acogida que proporcionen a los alumnos una base para poder desenvolverse en clase.

Menos tiempos de aprendizaje

El grado de riqueza también condiciona el tiempo de aprendizaje al que están expuestos los alumnos, señala José Saturnino Martínez. La población más vulnerable es la que menos asiste a la escuela infantil, lo que retrasa su contacto con el aprendizaje formal. Sus familias los llevan a menos actividades extraescolares, tienen menos posibilidades de recurrir a clases particulares para mantener el ritmo del currículo escolar, y menos capacidad de asumir los costes de la enseñanza postobligatoria. También pueden ayudarles menos a estudiar y a hacer las tareas personalmente, sobre todo a medida que su complejidad aumenta en secundaria. Carla, de 18 años, estudiante en un instituto de Albacete, es un ejemplo de dicha desventaja. Desde los 11, cuando la condición de toxicómanos de sus padres se volvió evidente, dejó de poder contar con ellos, no solo para que le ayudaran con los deberes, sino para tener garantizada la cena. “A partir de un momento, ni siquiera me preguntaban por las notas. Y yo me acostumbré a encerrarme en mi habitación y enfocarme en los estudios”, cuenta. Carla es lo que el Informe PISA describe como estudiante resiliente, y en junio se examinará de la Selectividad. Su hermano, en cambio, no lo llevó igual, ha repetido dos veces y parece a punto de abandonar los estudios.

Cosas que se dan por descontadas

El caso de Carla y su hermano pone de manifiesto otro factor de desigualdad educativa: “El sistema educativo da por supuesto que todo el alumnado llega a clase habiendo desayunado, con la ropa necesaria para no pasar frío, o habiendo dormido toda la noche en una cama cómoda, porque el aprendizaje requiere unas condiciones mínimas. Pero sabemos que eso no siempre pasa”. El sistema educativo español está poco desarrollado para paliar este tipo de problemas. Sí cuenta, por ejemplo, con las becas comedor, pero limitadas normalmente a las etapas de Infantil y Primaria. E incluso ese tipo de ayuda no siempre está disponible, porque las becas se quedan cortas o porque el centro carece de comedor (un problema que afecta uno de cada seis colegios públicos y a más del 80% de los institutos, según la ONG Educo).

La nueva pobreza

Tradicionalmente, las personas pobres solían estar desempleadas, señala González. Sus situaciones eran muy complicadas, “pero estaban en casa y podían hacer, al menos, una crianza presente. Ahora, en cambio, hay mucha gente que es pobre pese a tener unas jornadas laborales superextensas. Y eso hace que tengamos niños que no solo son pobres, sino cuyos padres están ausentes todo el día, lo que les impide acompañarlos y hace difícil el establecimiento de normas y límites”. Una consecuencia de dicha desatención, sigue la especialista en desigualdad educativa, “es que las escuelas están detectando la llegada de niños sin hábitos; críos que todavía van con pañal o que no tienen hábito de comunicación porque nadie habla con ellos”. La precariedad laboral, el estrés económico, las condiciones de infravivienda y el miedo a los desahucios derivan, a veces, añade la politóloga catalana, en problemas de salud mental. “Lo que, sumado a otras cosas, como los duelos migratorios, forman un cóctel que acaba en la escuela y esta tampoco está sabiendo gestionar”.

Acceso al silencio

María, su marido y sus tres hijos, llegados de Venezuela en 2024, viven en una habitación del barrio valenciano de Orriols que mide “10 pasos de largo por seis de ancho”, en un piso en el que hay otros tres cuartos alquilados. El mobiliario de su habitación se limita a un par de cómodas, un espejo, una cama de matrimonio, y tres colchones que durante el día reposan de pie sobre la pared. El espacio se va volviendo más pequeño a medida que los niños crecen, dice María, y menos adecuado para estudiar y vivir. Para poder concentrarse, señalan los expertos, es necesario contar con espacios de silencio y tranquilidad que son poco habituales en los hogares de los chavales más vulnerables.

Las consecuencias del gueto

La segregación escolar, esto es, el reparto muy desigual del alumnado con dificultades entre escuelas y redes escolares también tiene un impacto en el aprendizaje de los estudiantes, señala Alegre. Cuando un docente no tiene uno o dos alumnos con necesidades educativas a los que dirigir la atención de forma más intensa, sino un aula donde la mayoría del alumnado las presenta, no puede cumplir bien su función. En ese tipo de escuelas, la investigación muestra que se produce algo así como lo contrario al efecto Pigmalión, apunta González: los profesores rebajan las expectativas hacia su alumnado. Y esa ausencia de fe hace que algunos chavales que, pese a las dificultades, podrían tener rendimientos excelentes, lo intenten menos.

Saber cómo exigir los derechos

El conocimiento de las familias sobre cómo funciona el sistema educativo también está ligado al capital cultural, señala el sociólogo Miquel Àngel Alegre. Ello se traduce, por ejemplo, en una mayor propensión a contactar con los tutores de los hijos en caso de observar problemas de rendimiento académico. Y en una mayor tendencia a exigir los recursos necesarios para que sean bien atendidos en caso de detectar dificultades de aprendizaje, como la dislexia. También disponen de mayor capacidad de orientar a sus hijos por las diferentes opciones educativas (algo que el sistema público español apenas ofrece), o de contactar con personas que puedan brindarles dicha información. Un conocimiento que es especialmente importante en el caso de la Formación Profesional, que, después de haber sido vista durante décadas como enseñanzas de segunda clase, empiezan a parecer más atractivas para las clases medias.

A diferencia del Bachillerato, que solo tiene cinco ramas, existen más de 180 ciclos formativos, que no están en todos los centros, ni municipios, y tienen muchas veces notas de corte. Elegir bien suele requerir, por tanto, apoyos para diseñar una estrategia. Y es otro terreno en el que los chavales de familias menos acomodada parten con desventaja.

martes, 28 de abril de 2026

Oído por ahí

De una abogada criminalista:

"Tan anormal es el santo como el criminal"

Rabindranath Tagore: "Si cierras la puerta a la duda, la verdad se queda fuera."

martes, 31 de marzo de 2026

El derecho consagra el principio de mal menor.

 [Transcrito de VulturVar, "El derecho no está diseñado para la justicia"]

 Capítulo 1: El Moloch del Derecho

Solo a expensas de ciertos valores puede, en determinados casos, existir el orden jurídico, cuya esencia consiste en supeditar todo bien a la seguridad, la santidad, la verdad, la belleza y hasta la propia justicia. Más, ¿cómo es esto posible? ¿Qué valor es este que, como un nuevo Moloch, exige el sacrificio de ofrendas tan preciosas? Extraño como pueda aparecer, el orden jurídico antepone la seguridad a todo otro valor como un medio para favorecer el imperio de todos los valores. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 362)

Jorge Millas fue uno de los filósofos chilenos más importantes del siglo XX. Utiliza para describir el derecho la imagen de Moloch, una figura que exigía lo más preciado para seguir funcionando. Millas toma esta imagen y la aplica al sistema jurídico. Y la pregunta que surge de inmediato es: ¿qué es exactamente lo que el derecho nos exige sacrificar? 

No nos exige sacrificar cosas menores. Nos pide sacrificar la verdad, inclusive la justicia. Todo aquello que, en teoría, el derecho protege. Y esto no ocurre por accidente, por corrupción o por mala fe, ocurre por diseño. El sistema funciona correctamente cuando lo hace, y necesitamos que lo haga. En este video vamos a explorar esta idea de Jorge Millas, esta paradoja que él llama una aberración axiológica: la idea de que el derecho solo puede proteger los valores que más nos importan... a condición de sacrificarlos cuando sea necesario.

Capítulo 2: Qué es el derecho y por qué obedecemos

Para entender la paradoja, primero hay que entender qué es el derecho. Millas descarta la experiencia cotidiana como punto de partida. Observar jueces, policías o tribunales no revela la esencia del sistema, solo su infraestructura. Millas hace un análisis más intuitivo. Se pregunta: ¿qué es lo común a todo ordenamiento jurídico que existe o que ha existido? Estas son las normas, una regulación coactiva del comportamiento social, normas que orientan conductas y tienen detrás la posibilidad de una sanción. Esas normas son objetos ideales, estructuras lógicas que existen independientemente de si alguien las cumple, como las matemáticas. 

Pero las ciencias jurídicas no estudian hechos o fenómenos, no se plantean preguntas acerca de sucesos o cambios del mundo factual. Su objeto propio son las normas jurídicas, que no constituyen casos reales pertenecientes a la trama de acciones y reacciones entre hechos, sino objetos ideales pertenecientes al mundo racional de las significaciones. Es decir, que la tarea del jurista es análoga a la del matemático o a la del lógico, los cuales tampoco estudian hechos, sino estructuras ideales. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 116.)

Por eso el estudio del derecho no es descriptivo como la sociología, sino que es lógico. Aquí dialoga directamente con Hans Kelsen, el filósofo del derecho que intentó depurar el derecho de toda consideración moral o política. Para Kelsen, la norma está dirigida al Estado y al juez. Si hay un ilícito, este debe sancionarlo. El ciudadano aparece de una manera derivada. Millas corrige eso: toda norma es en realidad la conjunción de dos juicios coexistentes: la norma secundaria que exige una conducta al ciudadano y la norma primaria, que le ordena al Estado sancionar esa conducta si no se cumple.

Las dos son necesarias. Aquí Millas da el paso más importante en su argumento y es donde va más allá de Kelsen, porque una cosa es la norma individual y otra muy distinta es el derecho tomado en su totalidad. El derecho como conjunto no es neutral, es un bien moral instrumental, un sistema que existe para hacer posible la convivencia y que por esa razón merece obediencia.

El derecho in toto, como orden integral de convivencia regido por la autoridad pública, nos obliga, por consiguiente, en cuanto es él mismo un valor, en cuanto en su esencia reside un imperativo axiológico. Es decir, que debemos acatamiento al derecho porque el derecho es un bien. El derecho como totalidad tiene, entonces, un fundamento extrajurídico, ya que la obligatoriedad jurídica es, según sabemos, axiológicamente neutra, y solo implica imputabilidad de sanciones.  (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 322-323.)

Esto resuelve la pregunta que el formalismo puro de Kelsen no podía responder. ¿Por qué obedecemos el derecho? Porque, para Kelsen, una vez que el análisis llega a la norma fundamental, la obediencia es casi un presupuesto lógico del sistema. Para Millas, la razón es distinta, y más honesta: obedecemos porque el derecho mismo es un valor, porque preferimos un orden, aunque sea imperfecto, a la incertidumbre total. Y ahí surge una pregunta: si el derecho vale como instrumento para proteger valores, ¿cuáles son esos valores? ¿Cuál es el valor que lo hace funcionar, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal? La respuesta de Millas es precisa: la seguridad jurídica

Capítulo 3: La Seguridad Jurídica y el precio del orden

El derecho tiene una plasticidad notable y puede ponerse al servicio de la salud pública, la igualdad o la justicia. Pero hay un valor que no es opcional, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal. Millas lo llama el a priori funcional, la condición que hace posible que el derecho perciba cualquier otro valor, que el derecho sea predecible, que cada persona sepa que atenerse. No es un detalle administrativo. Esta es la base sobre la que descansa todo lo demás. Sin esa previsibilidad, el derecho no puede orientar conductas, y, si no puede orientar conductas, no puede proteger ningún valor. Aquí aparece la paradoja que llama la aberración axiológica. Garantizar esa previsibilidad tiene un costo que no es ocasional ni accidental, está inscrito en la estructura misma del derecho. El orden jurídico antepone la certeza a la justicia cada vez que el sistema lo requiere para mantenerse de pie. No protege los valores a pesar de sacrificarlos, los protege mediante ese sacrificio.

Capítulo 4: El Sacrificio en Acción (prescripción y cosa juzgada)

Esto no es abstracción. Milla lo ilustra con instituciones concretas y dos de ellas lo muestran con una claridad que incomoda: la prescripción extintiva es el ejemplo más limpio. Si un acreedor deja pasar los años sin cobrar una deuda, su acción legal prescribe, y el deudor adquiere la certeza inamovible de que ya no podrá ser obligado a pagar. Es justo que una deuda se evapore por el paso del tiempo quizás no. Pero el sistema prefiere eliminar la inseguridad de un cobro eternamente posible antes que proteger a un acreedor negligente. Aún más extrema, es la prescripción adquisitiva. Millas no la aborda directamente en su libro, que son, en realidad, apuntes de sus clases, pero difícilmente podría encontrarse un ejemplo más ilustrativo.

El artículo 2510 del Código civil chileno establece que 10 años de posesión bastan para adquirir el dominio de un bien, sin importar si el poseedor actuó de buena o de mala fe. Cuando decimos mala fe, no estamos hablando de un descuido ni de una ambigüedad.

El artículo 2510 del Código civil: "El dominio de cosaas  omerciales que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede serlo por la extraordinaria [...] Artículo 2511: El lapso de tiempo necesario para adquirir por esta especie de prescripción es de diez años contra toda persona"

Alguien que robó una propiedad que la obtuvo mediante fraude, se convierte en dueño legítimo si el tiempo pasa y nadie actúa; el sistema lo sabe y aún así lo consagra. ¿Es justo esto? Casi con certeza, no, pero aquí está la clave que Millas nos entrega: el derecho no pretende que sea justo. Lo que hace es anteponer la certeza del presente a la verdad del pasado. Reabrir indefinidamente el origen de cada propiedad, perseguir cada injusticia originaria, significaría someter el sistema de derechos a una inestabilidad permanente, lo que los antiguos llaman probatio diabolica o "la prueba diabólica". El Moloch exige ese sacrificio preciso, que la verdad de cómo se obtuvo algo ceda ante la seguridad de saber quién lo tiene ahora. El tiempo aquí no es neutral, ni accidental. Es una herramienta deliberada del orden jurídico para cerrar el pasado y hacer habitable el presente. La cosa juzgada también es una manifestación de esto. Una vez que hay una sentencia firme, el sistema no admite que nadie reabra el asunto, ni siquiera si el fallo fue injusto. Ni siquiera si todos lo saben.

Millas rechaza la antigua idea de que la cosa juzgada es una ficción de verdad, como si el derecho fingiera que el juez siempre acierta. El derecho no finge nada: simplemente hace al fallo inmutable, lo que describe como una prohibición de derogación. La sentencia es una norma que el sistema blinda contra cualquier acto posterior que pudiera anularla. Un fallo debe cumplirse, no porque sea justo, sino porque fue dictado por quién tenía el poder de dictarlo. La autoridad de la jurisdicción precede la justicia del fallo. Eso es lo que hace al derecho honestamente cínico. No miente. No pretende que sus sentencias sean perfectas, solo las declara definitivas.

Capítulo 5: Conclusión.

Conclusión. Este es el corazón de la aberración axiológica. El derecho no falla ocasionalmente ni produce injusticias por descuido. Está estructuralmente diseñado para sacrificar la verdad y la justicia del caso particular cuando la seguridad del sistema lo exige. El Moloch no actúa por capricho, actúa por diseño. Y sin embargo, Millas no concluye que el derecho sea un mal que apenas toleramos. Concluye algo más complejo: que sin ese sacrificio, sin ese orden imperfecto que a veces consagra injusticias, no habría ningún marco estable dentro del cual perseguir la justicia o cualquier otro valor. El derecho protege los valores, sacrificándolos un poco cada vez, para que el sistema que los hace posible siga en pie.

jueves, 26 de marzo de 2026

Primeras sentencias contra redes sociales por adicción de menores

 Meta y YouTube pierden el juicio sobre la adicción de los menores a redes sociales y son declaradas “negligentes”, en El PaísMaría Porcel, Los Ángeles - 25 MAR 2026:

En una sentencia pionera, un jurado afirma que la plataforma de vídeo y la matriz de Facebook e Instagram dañaron a los niños con su diseño adictivo. La millonaria multa de Meta por no proteger menores.

Meta y YouTube han sido declaradas culpables de generar adicción entre los menores y de engancharles en sus plataformas. Así lo afirma la decisión del jurado en el caso, pionero en Estados Unidos, que arrancó a finales de enero en Los Ángeles, California, en el que se ha tratado de poner de relieve la implicación de las empresas tecnológicas en la adicción de los niños y adolescentes a las redes sociales. Tras complejas deliberaciones por parte del jurado, que se han extendido durante más días de lo esperado, finalmente han dictaminado que tanto Meta, matriz de Facebook, WhatsApp e Instagram, como la plataforma YouTube son “negligentes” y que usaron su diseño para causar dependencia en los menores.

Ambas plataformas deberán pagar tres millones de dólares a la mujer que les denunció, llamada K. G. M., en concepto de indemnización por daños morales y otros perjuicios económicos. No obstante, en el juicio de California se abre una segunda fase del proceso en la que se analizará si hubo otros delitos, por lo que pueden aumentar las multas y las tecnológicas implicadas.

Esta decisión llega acompañada de la de otro juicio de carácter similar, aunque menos mediático, que ha tenido lugar en el estado de Nuevo México, en el sudoeste del país. En la tarde del martes, el jurado de ese caso falló que Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) había priorizado la obtención de beneficios frente a la seguridad y eso había impactado en la salud mental de los menores y les había puesto en peligro. Por ello, la condenó a pagar 375 millones de dólares en daños.

El juicio de Los Ángeles —unido al de Nuevo México— ha sido pionero en su campo y ha sentado en el banquillo de los acusados a todopoderosos gigantes de la tecnología como Mark Zuckerberg, en la que ha sido su primera vez declarando en un juicio. Además, estos dos pleitos serán los primeros de muchos, especialmente en California, donde se esperan centenares de reclamaciones a las tecnológicas de familias, asociaciones y distritos escolares, para los que esta cuestión se ha convertido en un problema público.

La demandante, una mujer llamada Kaley G. M., que ahora tiene 20 años pero que en el comienzo del litigio era menor de edad, y su familia han salido victoriosas. El caso de Kaley, californiana, ha sido muy impactante, en parte, por la identificación y los paralelismos que muchos padres han podido hacer con sus propios hijos. Kaley empezó a entrar en internet con seis años, viendo vídeos en YouTube. Con nueve, ya con su primer iPhone propio, usaba Instagram; con 10, TikTok (llamado entonces Musical.ly), y con 11, Snapchat. Llegaba a pasar hasta 16 horas al día en dichas aplicaciones. No sabía estar sin teléfono: si sus padres le restringían el uso, tenía ataques de pánico.

“Creo que las redes, su adicción a las redes, han cambiado el modo en que funciona su cerebro”, dijo la madre de Kaley en el juicio. “No tiene memoria a largo plazo. No sabe vivir sin un teléfono. Es capaz de emprender una batalla solo con que toques su móvil”. El abogado de la familia comparó la adicción con “un golpe químico”, que afectaba al cerebro. Kaley pasó por depresión, ansiedad y sufrió problemas de dismorfia corporal. Meta tendrá que pagarle un 70% y YouTube, un 30%. Meta ha afirmado en un comunicado que respeta el veredicto pero no está “de acuerdo con él”. “Estamos estudiando nuestras opciones legales”, ha señalado.

El caso es uno de los muchos que se juzgarán este año, tanto en California como en el resto de Estados Unidos. Ya en 2023 hasta 41 Estados del país demandaron a Meta por “atrapar” a los menores con su diseño, por lo que muchos de estos litigios —como el de Nuevo México, que comenzó el fiscal general de dicho Estado, Raúl Torrez— están ahora en pleno desarrollo, explosionando todos a la vez. Y, aunque se están dando distintos resultados, por lo general están saliendo mal paradas las tecnológicas, al ser consideradas responsables. Mientras que la sentencia de Nuevo México ha destacado por la enorme multa, la de California es más una cuestión de ejemplaridad, de hacer notar que efectivamente las tecnológicas pueden causar daños personales y de sentar jurisprudencia.

De hecho, ahí tuvo que personarse Mark Zuckerberg, en la que fue su primera declaración en un juzgado en la historia de su compañía. En ella, el pasado 18 de febrero, el creador de Facebook insistió en que los menores de 13 años tienen prohibido acceder a Instagram y les achacó cierta responsabilidad: “Creo que hay un grupo de personas, potencialmente un número significativo, que mienten sobre su edad para usar nuestros servicios”. Afirmó que su objetivo no era enriquecerse, puesto que donaba “casi todo a obras benéficas”, y su intención era “dar miles de millones a la investigación científica”. “Cuanto mejor le vaya a Meta, más capaces seremos de investigar”.

Esta serie de procesos se ha comparado con los que afrontaron los fabricantes de tabaco a finales de los años noventa. En Nuevo México, en mayo, un juez decidirá cómo deberá actuar Meta a partir de ahora y si debe ofrecer y financiar programas públicos para reparar los daños causados. En California, un jurado formado por siete mujeres y cinco hombres tendrá que deliberar sobre el siguiente paso: si estas empresas tecnológicas, y algunas otras, han cometido delitos como fraude o malicia. Eso las obligaría a asumir daños punitivos y a pagar unas cantidades, probablemente, mucho más altas de los tres millones con los que deben indemnizar a Kaley G. M.

martes, 24 de febrero de 2026

Diez leyes de teoría de juegos que controlan la ética y la vida

[Transcrito automáticamente de YouTube, y corregido y enlacionado por el bloguero

 [10 Leyes ocultas de la Teoría de Juegos que controlan tu vida]

 Estás atrapado en el tráfico, es un atasco total. Miras a tu izquierda y hay un carril que parece moverse un poco más rápido. Miras a tu derecha, lo mismo.

Deseas desesperadamente cambiar de carril. Pero aquí está el problema.

Todos los demás conductores están pensando exactamente lo mismo. Si tú te mueves, ralentizas ese carril. Si ellos se mueven, ralentizan el tuyo.

Eventualmente, todos se conforman con un carril y, aunque el tráfico es terrible y todos se sienten miserables, ninguna persona puede mejorar su tiempo de viaje cambiando de carril unilateralmente. Has entrado en un equilibrio de Nash, nombrado en honor al matemático John Nash, el tipo interpretado por Russell Crowe en Una mente maravillosa. Este concepto es la base de la estrategia moderna y, lamentablemente, explica por qué tantos aspectos de tu vida se sienten estancados. 

Un equilibrio de Nash describe un estado en un juego donde ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras los otros jugadores mantengan las suyas sin cambios. Es la definición matemática de un punto muerto. Piensa:  estás de pie en un concierto. Al principio, todos estáis sentados cómodamente. Entonces, un fanático entusiasta, en la primera fila, se levanta para tener una mejor vista. Ahora las personas detrás de él no pueden ver, así que se levantan. Este efecto dominó llega hasta la última fila del estadio. Y ahora, eventualmente, todos están de pie. La vista es exactamente la misma que cuando todos estaban sentados; pero ahora te duelen las piernas y no puedes sentarte porque no verías nada. Estás atrapado en un equilibrio de Nash. 

El resultado grupal óptimo, todos sentados, es inestable, porque el incentivo individual para levantarse es demasiado alto. Y esta ley gobierna todo, desde las carreras armamentísticas nucleares hasta por qué te sientes obligado a usar traje para una entrevista de trabajo, aunque todos estarían más cómodos en pijama.

Estamos encerrados en trampas subóptimas porque no podemos confiar en que los demás se coordinen con nosotros.

El juego del ultimátum, justicia versus lógica. Imagina que te ofrezco $100, pero hay una trampa. Tengo que dividir este dinero con un extraño en otra habitación. Puedo ofrecerle a ese extraño cualquier cantidad que yo quiera, desde un centavo hasta los $100 completos. Si el extraño acepta mi oferta, ambos nos quedamos con el dinero. Si el extraño rechaza mi oferta, ninguno de los dos recibe nada. Y el extraño sabe que el total son $100.

Ahora, la lógica pura, el tipo de lógica que los economistas solían creer que gobernaba el mundo, dicta que el extraño debería aceptar cualquier oferta mayor a cero. Incluso un centavo es mejor que nada, ¿verdad? Un agente puramente racional y maximizador de ganancias tomaría el centavo. 

Pero eso no es lo que sucede en experimentos de la vida real, realizados en todo el mundo. Si ofrezco algo menos de aproximadamente el 30%, digamos, y trato de quedarme con $70 y darles 30, la gran mayoría de la gente rechazará la oferta. Elegirán irse sin nada solo para asegurarse de que yo tampoco obtenga nada. Este es el juego del ultimátum, y revela un mecanismo oculto en nuestros cerebros que anula las matemáticas básicas. El instinto de castigo altruista. Estamos programados para castigar la injusticia, incluso a un costo personal. 

Esto no es solo mezquindad, es una salvaguarda evolutiva. En un entorno tribal, dejar que alguien se saliera con la suya acaparando recursos era una sentencia de muerte para el grupo. Así que desarrollamos un interruptor de justicia que efectivamente dice: "Prefiero quemar todo este trato hasta los cimientos antes de que te aproveches de mí."

Por eso te enojas irracionalmente cuando alguien se mete en la fila en la que estás, incluso si solo te retrasa 5 segundos. Es por lo que ocurren las revoluciones. No somos maximizadores de ganancias, somos ejecutores de la justicia. Y saber esto cambia cómo negocias todo: desde tu salario hasta quién lava los platos. No estás negociando números, estás negociando el respeto percibido.

¿Por qué el egoísmo es matemáticamente predecible? Miremos el escenario más famoso de la teoría de juegos. El dilema del prisionero. Dos ladrones de bancos son arrestados y puestos en salas de interrogatorio separadas. La policía no tiene suficiente evidencia para condenarlos por el crimen mayor, sino solo por uno menor. Le ofrecen a cada prisionero un trato: "Si traicionas a tu socio y testificas en su contra, tú sales libre, y él recibe 10 años. Y si ambos guardáis silencio, ambos recibiréis solo un año por el cargo menor. Pero, si ambos os traicionáis mutuamente, ambos recibiréis 5 años." 

Las matemáticas son crueles aquí, porque no importa lo que haga tu socio: tu mejor movimiento individual siempre es traicionarlo. Si él guarda silencio, lo traicionas y sales libre. Si él te traiciona, debes traicionarlo para evitar la sentencia de 10 años. La deserción es la estrategia dominante.

Esto explica la arquitectura deprimente del cinismo moderno. ¿Por qué los políticos lanzan anuncios de ataque? Porque si un lado toma el camino moral, guarda silencio y el otro ataca, deserta, el atacante gana. ¿Por qué los atletas toman drogas para mejorar el rendimiento? Si todos se mantienen limpios, gana el mejor atleta, pero, si tu oponente se dopa, y tú no, pierdes. La lógica del dilema del prisionero nos fuerza a una carrera hacia el fondo, donde los individuos racionales producen un resultado grupal distintivamente irracional. No cerramos nuestras puertas porque odiemos a nuestros vecinos, sino porque no podemos asegurar matemáticamente que no nos robarán. No acumulamos recursos porque seamos codiciosos, sino porque el costo de ser "el tonto que no acumuló" es demasiado alto. El egoísmo no siempre es una falla moral. A menudo son solo personas que son buenas en matemáticas, pero malas en confianza.

Estrategias de Toma y daca en la amistad. 

Entonces, ¿es el mundo simplemente un paisaje desolado de traición inevitable? Sorprendentemente, no.  En la década de 1980, el politólogo  Robert Axelrod organizó un torneo masivo por computadora. Invitó a expertos a enviar programas que jugarían el dilema del prisionero entre sí repetidamente, miles de veces (Dilema del prisionero iterado).

Quería encontrar la estrategia definitiva para la vida. El ganador no fue un algoritmo complejo y retorcido diseñado para explotar a los demás. Fue el código más simple del torneo, escrito en solo cuatro líneas de Basic. Se llamaba Tit for tat / Toma y daca. 

La estrategia era simple. En el primer movimiento, sé amable, coopera. En cada movimiento posterior, simplemente haz lo que tu oponente hizo la última vez. Si te golpean, golpeas de vuelta inmediatamente. Si se disculpan y cooperan, los perdonas inmediatamente, y vuelves a cooperar. 

Esta simple regla revela los cuatro pilares de las relaciones exitosas a largo plazo, ya sea en el matrimonio, la amistad o los negocios. 

*Primero, sé amable. Nunca seas el primero en traicionar. 

*Segundo, sé provocable. Si alguien cruza un límite, debes tomar represalias. No puedes ser un felpudo.

*Tercero, sé indulgente. Una vez que hayas tomado represalias, no guardes rencor. Vuelve a la cooperación al instante. 

*Cuarto, sé claro. Tu comportamiento debe ser predecible para que la gente sepa que no debe meterse contigo. 

Las personas que intentan ser demasiado amables generalmente son explotadas y luego explotan en ira, lo que confunde a todos. El toma y daca gana porque le enseña al otro jugador que la cooperación es en su mejor interés. Es la prueba matemática de la Regla de oro, pero con dientes.

Imagina un pastizal compartido o de propiedad comunal abierto para todos los pastores de un pueblo. Es un campo agradable y cubierto de hierba. La lógica dicta que cada pastor intentará mantener tantas vacas como sea posible en esos terrenos comunes. "Después de todo, agregando una vaca más obtengo el 100% de ganancia en leche y carne". 

Pero el daño, el sobrepastoreo, es compartido por todos en el pueblo. El coste para mí es una fracción frente a la ganancia, que es total. El problema es que cada pastor llega a esta misma conclusión racional. Todos agregan solo una vaca más. La hierba desaparece, el suelo se erosiona, el pastizal muere y, de repente, las vacas de todos se mueren de hambre. 

Esta es la tragedia de las propiedades comunales, y es la ley más aterradora de la teoría de juegos, porque gobierna la supervivencia de nuestro planeta. ¿Ves esto todos los días? ¿Es por lo que los baños públicos son asquerosos? ¿Es por lo que el océano está lleno de plástico?

Es por lo que tenemos embotellamientos. Las carreteras son un bien común que usamos en exceso, porque el coste de conducir es individual, pero el coste de la congestión es compartido. La tragedia es que la racionalidad individual conduce a la ruina colectiva. Estamos biológicamente programados para maximizar nuestra ganancia a corto plazo e ignorar los costes distribuidos a largo plazo. 

Resolver esto requiere cambiar el juego en sí mismo: introducir regulación, privatización o vergüenza social para hacer que el coste de esa vaca extra o esa botella de plástico extra sea inmediato y personal. Sin reglas externas, las matemáticas dicen que consumiremos nuestro mundo hasta que no quede nada.

Aquí hay un juego de festejo que arruinará tus amistades. Se llama la subasta del dólar. Sostengo un billete de 20 dólares y digo: "Voy a subastar esto al mejor postor." Las reglas son simples: el mejor postor se lleva los 20 dólares, pero el segundo mejor postor también debe pagarme su oferta, y no recibe nada a cambio. La puja comienza inocentemente. Es dinero gratis, pero eventualmente la puja llega a 19 contra 18. Si eres la persona en 18, estás a punto de perder 18 dólares y no obtener nada. Así que pujas 20 dólares, porque al menos sales en tablas, empatado. Pero ahora la persona en 19 está jodida. Está a punto de perder 19 dólares por nada, así que puja 21 dólares.

Espera, ¿por qué alguien pagaría 21 por un billete de 20? Porque pagar 21 y perder, o 21 dólares menos los 20 que ganas, es matemáticamente mejor que detenerse en 19 y perderlo todo. La trampa se cierra. La puja escala  a 30, 50, 100 dólares. Ambos jugadores ahora están pujando frenéticamente solo para minimizar sus pérdidas. Esta es la falacia del costo hundido convertida en arma. 

Explica por qué las naciones permanecen en guerras perdidas. "No podemos dejar que esos soldados hayan muerto en vano". Explica por qué te quedas en una relación tóxica. "Ya he invertido 3 años". Explica por qué terminas de ver una película terrible solo porque viste la primera mitad. 

La teoría de juegos nos enseña que el dinero o el tiempo ya gastado se han ido. Es irrelevante para la decisión que tomas ahora, pero nuestros cerebros no pueden manejar la pérdida. Tiraremos dinero bueno tras dinero malo, persiguiendo una victoria que hace mucho se convirtió en una pérdida, solo para evitar admitir la derrota.

¿Cómo las empresas usan la teoría de juegos en tu contra? 

¿Alguna vez te has preguntado por qué las farmacias CBS y Walgreens siempre están una al lado de la otra? ¿O por qué Burger King siempre está cruzando la calle del McDonald's?

Esta es la La ley de Hotelling, o principio de mínima diferenciación (1929) en acción.

Si en una playa de una milla de largo hay dos carritos de helados, para maximizar clientes no deberían espaciarse perfectamente. Ambos avanzarán hacia el centro para robar la cuota de mercado del otro hasta que estén espalda con espalda, en el medio exacto. Te incomodarán a ti, el cliente, para alcanzar un equilibrio de Nash de mediocridad; pero esto se pone más oscuro. Considera la igualación de precios. Suena genial para ti, ¿verdad? Una tienda dice: "Si encuentras un precio más bajo en otro lugar, lo igualaremos." Piensas: "¡Vaya, cuánta confianza tienen en sus precios bajos!" Pero la teoría de juegos dice lo contrario. La igualación de precios es, en realidad, una amenaza para los competidores. Le indica a las otras tiendas: "No se molesten en bajar sus precios para robar mis clientes. Lo igualaré automáticamente." 

Así que no ganarán ninguna cuota de mercado y ambos simplemente, perderán ganancias. El resultado es que ninguna tienda baja sus precios. Los precios se mantienen artificialmente altos. La garantía es un mecanismo para matar las guerras de precios antes de que comiencen. Fidelización. O mira los programas de lealtad de las aerolíneas. Debes dar una suma como penalización por cambiarte.

Al darte millas de recorrido que son valiosas y quedarte con ellos, hacen que sea matemáticamente irracional para ti cambiar a un vuelo más barato en una aerolínea diferente. No están recompensando tu lealtad, sino que están tomando como rehenes tus compras pasadas para dictar tus elecciones futuras. Estás jugando a un juego donde el crupier ha marcado las cartas, y crees que estás ganando porque te dieron de regalito una bolsa de maní gratis.

La Paradoja de Braess (o Braess's Paradox), creada por el matemático alemán Dietrich Braess en 1968. 

¿Por qué cerrar calles mejora el tráfico? A finales de la década de 1960, un matemático alemán llamado Dietrich Braess descubrió algo que parece imposible: si añades una nueva carretera a una red de tráfico congestionada, el tráfico a menudo empeora. Por el contrario, si bloqueas una carretera principal, el tráfico a menudo mejora. 

Esto rompe la lógica de nuestro cerebro. Más capacidad debería significar mejor flujo, ¿verdad? Pero el tráfico es un juego jugado por agentes egoístas. Cuando se abre un nuevo atajo, cada conductor intenta tomarlo para ahorrar tiempo. Esta deserción masiva abruma la nueva carretera, causando un cuello de botella que respalda todo el sistema, incluidas las carreteras antiguas. El deseo egoísta de encontrar la ruta individual óptima destruye la eficiencia de la red colectiva. Vemos esto en la demanda inducida. Amplías una autopista para arreglar la congestión y en un año el tráfico es igual de malo, si no peor. La paradoja de Braess prueba que, en sistemas complejos, la libertad de elección individual puede ser enemiga de la eficiencia. A veces, la única forma de ganar es limitar las opciones. 

Esto también se aplica a tu productividad. Si te das 10 horas para hacer una tarea, tomarás 10 horas. Ley de Parkinson. Si bloqueas el camino y restringes tu tiempo a 2 horas, a menudo haces el mismo trabajo más rápido. Las restricciones no limitan el rendimiento. A menudo lo optimizan al eliminar la deriva egoísta de tu atención.

Ganando juegos que no sabías que estabas jugando. ¿Por qué un pavo real tiene una cola masiva y colorida? ¿Lo hace lento? ¿Lo hace fácil de comer para los tigres? Es biológicamente costoso de generar.

Desde un punto de vista de supervivencia, es estúpido; pero desde un punto de vista de la teoría de juegos, es una obra maestra. Es una señal costosa. El pavo real le está diciendo a la pava: "Mírame, mis genes son tan fuertes que puedo permitirme arrastrar este cartel pesado e inútil, y, aún así, sobrevivir. "

Si la cola fuera barata o fácil de falsificar, no significaría nada. El hecho de que sea una desventaja es lo que la hace honesta. Tú también haces esto. ¿Por qué la gente compra relojes de lujo que dan la hora peor que un Casio de 10 dólares? ¿Por qué la gente va a universidades caras cuando toda la información está disponible en línea gratis? Estás participando en señalización. No estás comprando un producto, estás comprando una prueba de trabajo. Estás demostrando que tienes recursos para quemar. Este es el juego oculto de la interacción social. Estamos constantemente transmitiendo señales para distinguirnos de los tramposos o jugadores de baja calidad. La entrevista de trabajo no trata de tus habilidades: es un juego de apariencias, la señalización de la conformidad y de la competencia.

En una primera cita no se trata de la cena: es un juego de señalización de estabilidad y aptitud genética. Una vez que ves las señales, dejas de mirar las acciones superficiales y comienzas a ver los cálculos matemáticos debajo. 

La matemática de la cooperación humana.

Si la teoría de juegos está tan obsesionada con el egoísmo, ¿por qué ayudamos a alguien? ¿Por qué los soldados saltan sobre granadas? ¿Por qué le das propina a un camarero en una ciudad que nunca volverás a visitar? La teoría de juegos evolutiva nos da dos respuestas: selección por parentesco y altruismo reciproco. El genetista y matemático John Burdon Sanderson Haldane (JBS Haldane) bromeó una vez: "Daría mi vida por dos hermanos... u ocho primos". Estaba haciendo las matemáticas de la genética.

Si te sacrificas para salvar a dos hermanos, tus genes sobreviven matemáticamente intactos. Este es el código cableado del amor familiar. Pero, para los extraños, confiamos en la sombra del futuro, cooperamos porque durante la mayor parte de la historia humana vivimos en pequeñas tribus donde volverías a ver a ese camarero, volverías a ver a ese extraño. Nuestros cerebros evolucionaron en un entorno donde cada interacción era un juego repetido. 

La reputación era moneda. Si engañabas a alguien, toda la tribu lo sabía y morías solo. En el mundo moderno somos anónimos. Podemos hacer trampa y desaparecer. Pero nuestro hardware no se ha actualizado. Todavía recibimos un golpe de dopamina al cooperar. Todavía sentimos culpa cuando hacemos trampa.

Estamos biológicamente diseñados para jugar un juego de suma positiva, un juego donde, al trabajar juntos, el pastel total se hace más grande para todos. 

La lección definitiva de la teoría de juegos no es que las personas sean egoístas, es que somos lo suficientemente inteligentes como para construir sistemas, leyes, culturas, matrimonios que hacen que la cooperación sea el movimiento más egoístamente beneficioso. Vencemos a las matemáticas cambiando las reglas. Ganamos al darnos cuenta de que en el juego de la vida la única forma de terminar verdaderamente primero es asegurarte de que no estás jugando solo.

lunes, 23 de febrero de 2026

¿Qué hemos aprendido exactamente sobre la justicia?

[Discurso de Kevin Spacey en la Oxford Union , el club de debate más famoso del mundo, con motivo del Academy Award Winner

Solía creer. ¿Me escuchan todos? Solía creer que la verdad prevalecería.

Pero si te mantenías tranquilo, callado y dejabas que el sistema funcionara, eventualmente los hechos hablarían más fuerte que el ruido. Pero me equivoqué. Estoy aquí para decirles con la autoridad que muy pocos otros tienen que una vez que se hacen acusaciones, los hechos no importan. [Aplausos]

No quieren la verdad. Quieren un villano. Y yo era perfecto para el papel. Yo era una estrella legendaria. Era excéntrico. Y no jugué según sus reglas. Los medios publicaron titulares que decían que yo había cometido agresión sexual. Y luego el martillo pilón.

Gente que de repente sale de la nada para decir que yo era un monstruo, que estaba borracho, que me reí mientras sucedía. Era grotesco, sensacional y completamente falso. Pero vendió periódicos. Le dio al público lo que quería. Tres juicios. La primera vez fue un juicio nulo, la segunda un juicio nulo también, y la tercera vez el jurado tardó solo unos minutos en emitir una absolución unánime.

Y luego emitieron una disculpa pública. El jurado lo hizo. Pensé que eso iba a ser el final, pero no lo fue.¿Sigo enfadado después de todos estos años? Bueno, la pregunta más importante podría ser, ¿por qué no lo estás? Quiero decir, crees en la justicia, ¿no? ¿No es así? ¿No es así? Empeora.

Durante mis juicios, sin que yo lo supiera, algunos de los principales jefes de estudio de Hollywood se unieron para contratar a un zar que demostrara a Wall Street y al público que se tomaban en serio sus preocupaciones sobre el comportamiento inmoral que se rumoreaba que estaba ocurriendo y que limpiarían Hollywood de una vez por todas.

Y así, una semana exacta después de que me absolvieron de todos los cargos, fui oficialmente incluido en la lista negra para no volver a trabajar en la industria y en la única profesión que había conocido.

No cuando me acusaron, no durante los juicios, sino solo después de que finalmente gané mi caso. Después de que el sistema hubiera hecho su trabajo. Ahí fue cuando me tiraron. No porque fuera culpable, sino porque era inconveniente. Y en este negocio, la verdad no te redime. Avergüenza a las personas que se equivocan sobre ti. Y así, te entierran aún más profundo.

Ahora bien, esa historia, esa historia que acabo de compartir con todos ustedes, sucedió hace más de 100 años. Oh, ¿pensaste que estaba hablando de mí? Oh, no, no, no. Les he estado contando la historia de Roscoe Fatty Arbuckle, una de las estrellas más queridas y taquilleras de la era del cine mudo. De hecho, en 1918, firmó el contrato más grande en Hollywood hasta ese momento. Paramount Pictures le pagó 3 millones de dólares, lo que lo convirtió en el actor mejor pagado en Hollywood en ese momento. Y luego, solo unos años después, fue acusado de un crimen que no cometió.

Tres juicios, absolución total, y luego en la lista negra. No por culpa, por una narrativa.

Quiero leerles lo que el jurado escribió en su carta de disculpa con sus propias palabras después de exonerarlo. Esto es directamente de un artículo del New York Times titulado "Arbuckle absuelto en un veredicto de un minuto". Un minuto con fecha del 13 de abril de 1922. Esto es una cita ahora. Un quiddle no es suficiente para Roscoe Arbuckle. Sentimos que se le ha hecho una gran injusticia. También sentimos que era nuestro simple deber darle esta exoneración, dada la evidencia, de la cual no se presentó la más mínima prueba para conectarlo de alguna manera con la comisión de un delito.

Fue varonil durante todo el caso. Literalmente, así es como escribieron esto. Fue varonil durante todo el caso y contó una historia directa en el estrado de los testigos, que todos creímos.

Lo sucedido en el hotel fue un asunto desafortunado por el cual Arbuckle, según demostraban las pruebas, no fue responsable en absoluto. Le deseamos éxito y esperamos que el pueblo estadounidense tome en cuenta el veredicto de 14 hombres y mujeres que han estado escuchando durante 31 días las pruebas de que Roscoe Arbuckle es completamente inocente y libre de toda culpa.

Eso fue en 1922.

Hace 103 años.

Entonces, ¿qué hemos aprendido exactamente?

[Aplausos] 

domingo, 15 de febrero de 2026

Los investigadores españoles no reciben derechos por sus descubrimientos

 Una de las científicas que más dinero genera en España no recibe ni un euro por sus descubrimientos. En El País, por Manuel Ansede y Laura Navarro, Madrid - 12 abr 2024:

Las arcas públicas ingresan un millón de euros al año gracias al trabajo de Giovanna Roncador con moléculas para estudiar el cáncer, pero un embrollo burocrático kafkiano impide que se lleve un porcentaje de los beneficios.

La bióloga Giovanna Roncador está viviendo una situación “surrealista”. Es una de las científicas que más dinero genera en España gracias a sus invenciones, pero no recibe ni un euro. Roncador, nacida en la ciudad italiana de Trento hace 57 años, trabaja en una de las mejores instituciones especializadas en cáncer del mundo, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid. Ella dirige la Unidad de Anticuerpos Monoclonales, unas moléculas que se diseñan en el laboratorio para unirse de manera específica a determinadas células y poder, por ejemplo, diagnosticar linfomas. La venta de estos anticuerpos a empresas internacionales genera aproximadamente un millón de euros al año en derechos de explotación para el CNIO, pero la institución no reparte los beneficios con los inventores desde 2020 por un embrollo burocrático kafkiano.

“Ya no sé qué hacer, es una situación muy frustrante. Estoy verdaderamente cansada y desmotivada, por eso he dejado de contactar con empresas para licenciar los anticuerpos. ¿Por qué no se premia a los que trabajan bien? Da igual que lo hagas bien o mal”, lamenta la bióloga. Roncador trabajaba diseñando anticuerpos en la Universidad de Oxford (Reino Unido) cuando la ficharon en 2000 para ayudar a fundar el nuevo centro de referencia contra el cáncer en España. Cuenta que nadie se lo exigió, pero ella, tras cada nuevo anticuerpo desarrollado para las investigaciones del CNIO, se preocupó por contactar con las empresas líderes para presentarles los avances. Si estaban interesadas, la propia Roncador negociaba los acuerdos, logrando ingresos millonarios para su centro, una fundación pública adscrita al Ministerio de Ciencia.

La investigadora italiana cuenta que su padre era camionero, pero dejó el volante para montar su propia empresa de compraventa de vehículos en su pueblo, Mezzolombardo. “Mi padre es muy emprendedor y muy bueno negociando, de ahí me viene”, explica. El mayor éxito de Roncador fue desarrollar un anticuerpo que se dirige específicamente a un subtipo de glóbulos blancos, lo que ha permitido revelar nuevos mecanismos de la respuesta inmunitaria. Su equipo lo diseñó junto a su colega Alison Banham, de la Universidad de Oxford. La británica cobra sus beneficios de explotación desde 2004, pero Roncador solo los recibió entre 2014, cuando el patronato del CNIO por fin aprobó una normativa de reparto, y 2019, justo antes de que el Ministerio de Hacienda paralizara los pagos.

La bióloga pone un ejemplo. Si una empresa gana 100.000 euros al año vendiendo uno de sus anticuerpos, el CNIO recibe unos 15.000. Tras descontar gastos y el porcentaje para la institución española, menos de 6.000 euros llegarían a los inventores. En el caso de su anticuerpo más exitoso, casi la mitad iría a Oxford y, de los aproximadamente 3.000 euros restantes, Giovanna Roncador recibiría el 65% (unos 1.900 euros anuales); su mano derecha, la bióloga Lorena Maestre, el 28% (unos 800 euros); y el jefe de la Unidad de Producción de Proteínas, Jorge Martínez Torrecuadrada, el 7% (unos 200 euros). Roncador y Maestre, las más afectadas porque son las que más dinero generan, demandaron al CNIO ante un juzgado de lo social de Madrid, el 19 de septiembre de 2022, para evitar la caducidad de sus derechos, según la documentación a la que ha tenido acceso EL PAÍS.

¿Cuánto gana un inventor? Se ha pactado con la empresa, mediante una licencia, que el CNIO debe recibir el 15% de la venta neta (los derechos de explotación suelen oscilar entre el 10% y el 25%) 

La investigadora calcula que la venta de 65 de sus anticuerpos ha producido más de 8,5 millones de euros de ingresos netos en las arcas públicas del CNIO desde 2004. La institución empezó a repartir beneficios con sus inventores en 2014, pero dejó de hacerlo con el dinero de 2020 y los años posteriores. Un informe de la Intervención General de la Administración del Estado —el órgano de control interno del sector público estatal— recomendó entonces “la suspensión inmediata” del sistema de reparto. “Es un concepto normativo el de regalías que no existe en nuestra legislación y carece de desarrollo reglamentario”, defendieron los auditores, adscritos al Ministerio de Hacienda. El informe, además, sugirió recalcular a la baja los beneficios, descontando más gastos del centro.

Roncador suspira, sentada en su pequeño despacho, decorado con fotografías del cantante David Bowie. “Un sistema tan hiperburocratizado desalienta el espíritu emprendedor”, sostiene. “Estoy agotada de invertir mi tiempo y energía en batallas que otros países de nuestro entorno tienen completamente superadas”, subraya. La bióloga es la fundadora y actual presidenta de la Red Europea de Anticuerpos Monoclonales, con laboratorios de 13 países.

Medio centenar de investigadores del CNIO escribieron el 12 de diciembre de 2022 al Ministerio de Ciencia para comunicar que consideraban “inaceptable” tener que recurrir a los tribunales para poder cobrar un porcentaje por sus invenciones. “No se trata solo de unos derechos económicos, sino la manera también de valorar y premiar un trabajo excepcionalmente hecho y fomentar la transferencia de conocimiento, generando así retornos beneficiosos para la investigación y las instituciones”, argumentaron los firmantes, entre los que se encontraban la propia directora del CNIO, María Blasco, y su predecesor, Mariano Barbacid.

El Ministerio de Ciencia respondió dos semanas después, subrayando que la nueva Ley de la Ciencia, reformada en junio de 2022, ya establece que los investigadores del sector público estatal se llevarán “al menos un tercio” de los beneficios generados por la explotación de sus inventos. “Estoy dando el impulso necesario para agilizar al máximo estos últimos trámites”, aseguró la entonces secretaria general de Investigación, Raquel Yotti, en su respuesta, enviada el 27 de diciembre de 2022.

El proceso kafkiano continuó el año siguiente. La dirección del CNIO explica que sus especialistas estudiaron “múltiples” alternativas y enviaron su propuesta oficial de un nuevo sistema de reparto el pasado 20 de noviembre, a la Intervención General de la Administración del Estado. Un portavoz del Ministerio de Hacienda confirma que la recibieron, pero “por algún problema” no llegó al departamento adecuado hasta hace unos 20 días.

Estoy agotada de invertir mi tiempo y energía en batallas que otros países de nuestro entorno tienen completamente superadas

Roncador y sus colegas están “indignados”. Teniendo en cuenta solo la venta de anticuerpos, hay 23 científicos del CNIO afectados por el impago, más otros 27 que ahora trabajan en otras instituciones. “Es intolerable que la falta de interés y la burocracia impidan resolver un problema que el centro y los propios investigadores están de acuerdo en resolver, de conformidad con la Ley, acercándonos ya a los tres años sin solución”, expone la bióloga italiana. Las licencias de invenciones de científicos del CNIO generaron 1,6 millones de euros en 2023, un 23% más que el año anterior.

La situación es tan insólita que la propia dirección del CNIO apoya las reivindicaciones de las investigadoras que han demandado a la institución por impago de los derechos de explotación. “En los demás centros de investigación españoles sí tiene lugar este reparto, previsto en la legislación vigente. Se trata de una anomalía que discrimina a los investigadores e investigadoras del CNIO y perjudica de forma importante a la actividad innovadora del centro”, explica la dirección a EL PAÍS. “El CNIO, una institución de excelencia científica y de innovación en España, no puede estar en un estado de excepción en relación al reparto de beneficios de explotación”, sentencia.

La bioquímica Eva Ortega Paíno, nueva secretaria general de Investigación del Ministerio de Ciencia, conoce muy bien el problema. Era la directora científica del Biobanco del CNIO hasta que la ministra, Diana Morant, la fichó hace tres meses. “En el Ministerio somos conscientes de esta situación y estamos llevando a cabo un seguimiento para estar pendientes de su resolución. Confiamos en que sea evaluado lo antes posible”, afirma Ortega. Todo el mundo espera la respuesta de Hacienda.

En el vestíbulo del CNIO hay una pancarta gigante en inglés y en español: “Decent salaries NOW at CNIO! ¡Salarios justos YA en el CNIO!”. El comité de empresa la colocó porque los trabajadores más antiguos ganan poco más que cuando se fundó el centro hace un cuarto de siglo. El sueldo de Giovanna Roncador es de 2.681 euros, con 14 pagas al año. El de su número dos, Lorena Maestre, es de 1.794 euros. Son dos de las científicas que más dinero generan en España, en uno de los mejores centros de investigación del cáncer del mundo.

La gerencia del CNIO asegura que “hasta ahora no ha sido posible hacer promociones por restricciones marcadas por los Presupuestos Generales del Estado”. La científica Carmen Guerra, presidenta del comité de empresa, explica que esto ha creado una situación paradójica: los nuevos fichajes entran cobrando el máximo de las viejas tablas salariales, así que ganan más que los veteranos, con el sueldo congelado de facto desde hace un cuarto de siglo. Hay una auditoría en curso para “subsanar las desigualdades salariales”, según la gerencia. También hay una quincena de denuncias de trabajadores del CNIO en marcha, según la presidenta del comité.

Guerra dejó el Laboratorio Jackson, en Estados Unidos, para incorporarse al CNIO en 1998, con una oferta ilusionante. Un cuarto de siglo después, cuenta que gana prácticamente lo mismo que entonces, 2.533 euros mensuales (si se divide en las 14 pagas típicas), pese a tener más responsabilidades. Guerra, madrileña de 57 años, es la coinventora de una línea celular de ratón con modificaciones genéticas muy interesantes para estudiar los mecanismos de un gen implicado en millones de tumores. El CNIO le debe decenas de miles de euros en derechos de explotación impagados.

La bióloga Lorena Maestre, nacida en Madrid hace 48 años, es contundente. “Lo que reclamamos son cantidades minúsculas si las comparas con lo que ganan en algunas empresas, los banqueros, los economistas… Es ridículo. Parece que nos tiene que dar vergüenza recibir unos miles de euros”, deplora. Roncador, a su lado, asiente: “Este sistema es una desventaja competitiva con el resto de Europa, hace que nuestro país sea muy poco atractivo para los científicos punteros. Generamos unos ingresos para el CNIO de un millón de euros al año y parece que estamos pidiendo limosna”.

sábado, 17 de enero de 2026

Injusticia española.

 Carlos Castresana: “La justicia española es incapaz de reconocer sus errores y corregirlos”. El fiscal recoge en un libro fallos judiciales históricos que siguen siendo muy actuales, en El País, por Pablo Ordaz,  Madrid - 15 ene 2026:

Acaba de publicar un libro, su primer libro, pero el fiscal Carlos Castresana (Madrid, 67 años) lleva muchos años escribiendo en papel timbrado capítulos sueltos de la historia. Ya había una voluntad de estilo en los primeros párrafos de sus escritos de acusación contra los dictadores Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, y también antes, mucho antes, cuando era un joven fiscal que perseguía la corrupción política en España. Ahora, con Bajo las togas. Errores judiciales y otras infamias (Tusquets), Castresana —quien también fue comisionado de la ONU contra la impunidad en Guatemala— rescata para el lector español la tradición, fundamentalmente anglosajona, de convertir en literatura los fallos judiciales de especial relevancia.

Pregunta. ¿Por qué no hay en España esa costumbre de recrear sentencias célebres, casos rodeados de polémica, condenas injustas?

Respuesta. Tal vez porque en otros países –por supuesto en Francia, en Gran Bretaña, en Estados Unidos...—son menos escrupulosos que nosotros para reconocer los errores. Ellos, cuando se equivocan, lo reconocen y lo rectifican. Pero una de las características del sistema penal español es su rigidez, su incapacidad de reconocer que se equivoca y de rectificar apropiadamente.

P. ¿Por qué sucede eso?

R. Pues por una tradición histórica. La justicia que teníamos —que no se podía llamar poder judicial porque era un aparato de la dictadura— se transforma en un poder judicial independiente sin siquiera una reforma, pasando de puntillas por la Transición. De ahí que sigamos teniendo un poder judicial independiente porque lo dice la ley y porque hay un Consejo General del Poder Judicial, pero que es completamente refractario a la crítica e incluso a la autocrítica. Por ejemplo, cuesta enormemente que la Sala Segunda del Tribunal Supremo rectifique, y más todavía que te den una indemnización decente cuando has estado en la cárcel por un delito que no cometiste. Creo que hay una gran desconexión de la justicia con la sociedad.

P. ¿Ese vacío puede repercutir en el hecho de que, aunque las noticias estén repletas de casos judiciales, nuestra educación jurídica no vaya más allá de lo que hemos visto en las películas o de lo que vamos mal aprendiendo de oídas?

R. El lector español lo ignora casi todo porque nadie se ha parado a explicarle qué es la presunción de inocencia, o la duda razonable, o la prueba de cargo… Por eso decidí que este tenía que ser un libro para profanos, para todos los públicos, y que tenía que mostrar todo eso sin que se convirtiera en un tratado de Derecho, sino más bien contando historias, como parábolas del Evangelio. Le digo al lector: mire, esto funciona así. La prueba indiciaria bien tratada se hace de esta manera, y aquí le pongo un ejemplo de donde se ha hecho mal y conduce a condenar a inocentes.

P. Hay algunos momentos en la lectura del libro que el lector se siente casi responsable de la suerte del acusado, como si fuese un miembro más del jurado…

R. Ese era precisamente el juego que buscaba. Yo expongo el caso y las circunstancias que lo rodean; todas las piezas del puzle necesarias para resolverlo. Y luego digo: esto es lo que decidió el tribunal o el jurado, esto es lo que opino yo –sin proclamar ninguna verdad incontrovertible—y ahora le invito a que usted se lo lea, pare, reflexione y emita su propio veredicto, que puede ser el del jurado o puede ser el contrario…

P. O incluso tenga las mismas dudas para condenar o absolver…

R. Claro. Hay casos, como el descuartizamiento de Boston, que es un caso límite, donde tú dices: yo creo que el señor era culpable, pero no estoy seguro de que se demostrase suficientemente que lo era. Y otros casos que plantean dudas morales que son del siglo XVI, pero que se plantearían idénticas en el XXI. El caso de Beatrice Cenci, una joven romana que mata a su padre porque la había convertido en su esclava sexual. Nos preguntamos: ¿Tiene que seguir aguantando las sevicias de su padre hasta el final de los tiempos? ¿Le podemos aplicar algún atenuante? ¿La condenamos? ¿La absolvemos? Eso mismo se plantearía si hoy se comete el mismo parricidio…

P. Otro de los casos asombrosamente actuales es que se titula en el libro La palabra de Sarah. La denuncia por violación de una mujer joven, soltera y pobre víctima de un miembro de la aristocracia inglesa requería mucho valor… Usted dice: “Ella demostró tenerlo. Fueron otros quienes no supieron estar a la altura de su palabra”.

R. El juicio se celebra en Londres a finales del siglo XVIII, pero la cuestión del consentimiento en las relaciones sexuales y la apreciación que se hace en los tribunales del testimonio de las mujeres está plenamente vigente. Y aquí no solamente había una discriminación de clase –una sombrerera contra un lord-, sino por ser una mujer soltera. Hay una prueba pericial forense que indica que fue sometida a una violencia sexual extrema, pero se pasa por alto, y además se le achaca que tardó tres días en denunciar, sin valorar que antes hubiera estado secuestrada… Esas cosas siguen pasando.

P. Hay en el libro –su primer libro—una voluntad innegable de estilo…

R. Un fiscal antiguo decía que el 50% de la tarea del fiscal es literatura, lenguaje. Nosotros pedimos lo que corresponde en los tribunales expresándolo por escrito, y es fundamental expresarlo bien para que resulte eficaz y obtener lo que pretendemos. Yo he escrito mucho, durante muchos años, claro que eran escritos profesionales, pero no deja de ser una escuela…

P. Aun así, hay sentencias muy difíciles de entender, no ya por el fondo, sino por la forma. Hace unos días, Álex Grijelmo escribía una columna sobre lo mal que escribe el juez Juan Carlos Peinado, y añadía que “frases tan enrevesadas oscurecen las argumentaciones”.

R. Antiguamente había una comisión de estilo en el Tribunal Supremo. Los magistrados escribían, bien o mal, pero después de dictar la sentencia, unos correctores gramaticales y de alguna manera literarios lo pasaban a un lenguaje que podía guardarse como precedente. No sé cuándo desapareció, pero desde luego ahora hay algunas que son incomprensibles, porque además padecen mucho el corta y pega.

P. Su libro se acaba de publicar y ya se está preparando la tercera edición. ¿A qué atribuye esa atracción por la revisión de casos judiciales?

R. Hay una causa sobre la que, digamos, bascula la literatura judicial, y es que a todo el mundo le conmueven las injusticias, sobre todo si son injusticias sangrantes. Hay algunos capítulos que tú los lees y se te pone hasta mal cuerpo, y dices: pero cómo han podido ser capaces de esta barbaridad… Ese pobre muchacho que entra en el juzgado acompañando a un amigo que tiene que recoger unos papeles y acaba condenado a muerte… Todos los que estamos implicados en administrar justicia deberíamos reflexionar sobre una frase que yo escuché muchas veces en las Comisiones de la Verdad en Centroamérica durante los años noventa: “Ahora que os he contado la verdad, ¿qué vais a hacer con ella?“.

jueves, 11 de diciembre de 2025

La posibilidad imposible en el lenguaje jurídico tendencioso, por Álex Grijelmo

  Los condicionales y las inferencias, en El País, por Álex Grijelmo, Madrid - 11 DIC 2025:

El uso de determinados verbos en la sentencia contra el fiscal general lleva a percibir una cierta falta de rigor expositivo

La sentencia del Tribunal Supremo contra el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, muestra en su lenguaje una cierta confusión entre los planos de la realidad y de la conjetura. Aparecen verbos de posibilidad o potencialidad aplicados a hechos probados, y se hacen afirmaciones determinantes que corresponden a deducciones dudosas.

Sus 180 folios (excluido el voto particular de dos magistradas) dan para una tesis doctoral al respecto, pero también para un comentario periodístico, obviamente menos exhaustivo y técnico.

El uso de los verbos potenciales ―a veces en el potencial simple o pospretérito, pero sobre todo en el potencial compuesto o antepospretérito― lleva a percibir una cierta falta de rigor expositivo.

La sentencia señala por ejemplo que “la referida nota (…) fue publicada por el diario EL PAÍS que la habría obtenido proporcionada con autorización del Fiscal General del Estado” (sobran esas mayúsculas). Fernando Lázaro Carreter, que fue director de la Real Academia Española, cuestionaba ese uso tan habitual en los periódicos (El dardo en la palabra, 1997, páginas 95 y 386) al entender que se trata de “formas relativas” (necesitan relación con otro verbo). Por tanto, en estos usos se confunde una posibilidad abierta con una posibilidad imposible. En este pasaje de la sentencia, se está expresando en realidad que EL PAÍS habría obtenido la nota con autorización si la hubiera obtenido con autorización, y que por tanto no la obtuvo con autorización. La Nueva Gramática de las academias (2009, página 1.794) aceptó ese uso del “condicional de conjetura” (así lo denomina), quizás a partir de su frecuente presencia en los medios informativos de lenguaje descuidado (y apenas en el habla común), pero asumía que los libros de estilo lo rechazan “porque el rumor no debe ser presentado como noticia”. Pues bien, resulta que esa manera de expresar suposición o conjetura (“habría obtenido”) la encontramos en el capítulo de “hechos probados” de la sentencia; y aplicada en ese caso a un asunto capital: que la información se habría obtenido en este periódico con autorización del fiscal general. Sin embargo, del testimonio de José Manuel Romero, entonces subdirector de EL PAÍS, no se puede extraer esa conclusión. Y de ahí, quizás, la conjetura.

Del mismo modo, el fiscal general no se refirió en su testimonio al bulo “que estaría difundiendo D. Miguel Ángel Rodríguez, consistente en que la Fiscalía habría ofrecido al Sr. González Amador un pacto, que luego se habría retirado ‘por órdenes de arriba”. No. El fiscal se refirió al bulo que difundió por escrito Rodríguez en el que, lejos de dudar sobre esos hechos, afirmó con rotundidad: “La fiscalía ofrece un pacto a la pareja de Ayuso que retira por órdenes de arriba”. Mintió con todas las de la ley (valga la paradoja).

De igual modo, el fiscal general no sostuvo, frente a lo que se le atribuye en la sentencia, que “los mensajes de las fechas críticas se habrían eliminado [de su móvil] antes [de conocer su encausamiento]”. Tampoco. No sostuvo que los habría eliminado antes. Sostuvo que los eliminó antes. Las dudas al respecto corresponden al tribunal, no al acusado. De hecho, los peritos de la defensa alegaron (y lo hace suyo uno de los votos particulares) que no se puede determinar la fecha de borrado de los datos. Un nuevo punto importante en el que aparece el potencial de conjetura.

Otra fórmula de suposición que plasma la sentencia es la compuesta por el verbo “tener” y la conjunción “que”. La utilizamos al decir, por ejemplo, “tiene que estar al llegar” o “el suelo está mojado, tiene que haber llovido”. En tales casos ni vemos a lo lejos a quien llega ni hemos presenciado cómo llovía. Es decir, reflejamos deducciones. Así sucede también con esta frase: “En conclusión, el correo filtrado tuvo que salir de la Fiscalía General del Estado”. Eso significa que no hemos visto cómo salió de la Fiscalía, sino que lo deducimos. El suelo puede estar mojado porque llovió… o tal vez porque pasó el camión del riego. Un redactor de la sentencia que se hubiera sentido más seguro de lo que escribía habría señalado (pero no señaló): “En conclusión, el correo filtrado salió de la Fiscalía General del Estado”.

El verbo “inferir” aparece asimismo en algunos párrafos. Un verbo conflictivo si se trata de asegurar algo. Puede que a veces las inferencias resulten incontrovertibles, pero en otras ocasiones plantean dudas. “Es lógico inferir” escriben los jueces, “que ese borrado no se hace en cumplimiento de un mandato legal, sino como una genuina estrategia de defensa”. Cuando un amigo nos dice que Cien años de soledad es una magnífica novela, inferimos que la ha leído. “Es lógico” inferirlo. Pero a lo mejor se ha formado ese criterio a partir de opiniones ajenas, de críticas literarias en la prensa o viendo los datos de sus ventas. Son hechos compatibles igualmente con la realidad. Las inferencias no siempre aciertan.

Por lo demás, la sentencia está escrita con aceptable claridad (no era tan difícil incluso usando lenguaje jurídico), si exceptuamos un uso exagerado y a veces incorrecto de los gerundios, la profusión de palabras con mayúscula inicial y algunas comas de sobra.

Hemos reunido aquí distintos ejemplos de la confusión que refleja el texto del Supremo entre hechos ciertos y hechos conjeturados. Pero hemos acudido a indicios también, y de ellos no se debería partir para sentenciar que los magistrados desconocen la diferencia entre ambos planos. Harían falta para eso datos adicionales, alguna prueba concluyente. Lo mismo que debe ocurrir con los indicios que llevan a una condena judicial.