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domingo, 13 de septiembre de 2026

Los duelos en España

 Duelos de honor en la España contemporánea, en La Razón, Jorge Vilches, 30.08.2026 

El libro «A primera sangre», de la historiadora Raquel Sánchez, cuenta la longeva práctica en nuestro país, qué incitaba a estos desafíos y por qué se terminaron

En octubre de 2015, Manuel Fernández-Monzón, general retirado y ex portavoz del Ministerio de Defensa, retó públicamente al actor Willy Toledo a «un duelo a muerte» por unas declaraciones ofensivas hacia la Virgen del Pilar y la Fiesta Nacional. Por supuesto, el actor no aceptó el envite y siguió insultando. Hace 200 años, el asunto no se hubiera saldado así. Durante los siglos XIX y XX, ese mismo desafío habría movilizado a padrinos, médicos y periodistas hacia un descampado al amanecer para presenciar el duelo. En esas centurias, España vivió bajo una paradoja: mientras la burguesía se entregaba a una «justicia privada» que las leyes prohibían, la sociedad y los propios legisladores aplaudían el duelo porque era una cuestión de honor. Era un tiempo en el que la honorabilidad no era una abstracción o algo intrascendente, sino el pilar fundamental de la reputación personal que se defendía con la sangre en las tapias de los cementerios o en las dehesas.

Raquel Sánchez, catedrática de Historia en la Universidad Complutense, ha publicado un libro muy entretenido y documentado sobre esta cuestión, que desentraña una de las facetas más desconocidas del apasionante y largo siglo XIX: «A primera sangre. Duelos de honor en la España contemporánea» (La Esfera de los Libros). La autora señala que el duelo hunde sus raíces en las ordalías o juicios de Dios de la Edad Media, donde se creía que la divinidad intervendría para salvar al inocente en el combate. En España, esta tradición se codificó tempranamente en los fueros locales y en las Siete Partidas de Alfonso X, que regulaban el reto entre nobles, siempre bajo la mirada del rey.

La historia nos ha dejado nombres grabados en acero. En 1434, el caballero leonés Suero de Quiñones protagonizó el famoso «Paso Honroso» en el puente de Hospital de Órbigo. Por amor a una dama que no le correspondía, juró romper lanzas contra todo aquel que intentara cruzar el puente. Fue el cenit del ideal caballeresco que luego Cervantes satirizaría. En el Renacimiento, el duelo se suavizó gracias a la influencia italiana, adoptando reglas más complejas. Surgió entonces la figura de Diego García de Paredes, el «Sansón de Extremadura», un hombre de dos metros de altura que, bajo el mando del Gran Capitán, no dudaba en cortar la cabeza a quien osara llamarle traidor, como le ocurrió al capitán Cesare Romano. Fue en esta época cuando la palabra «duelo» (del italiano «duello») empezó a sustituir a los viejos términos de «lid» o «desafío». Incluso el emperador Carlos V llegó a retar al rey de Francia, Francisco I, tras la traición de este a los tratados de paz, aunque el combate nunca llegó a celebrarse.

Madrid, capital del desafío

El caballero burgués del siglo XIX se tomaba el duelo como una liturgia. Como bien subraya la historiadora Raquel Sánchez, el protocolo era lo que legitimaba la violencia. El proceso comenzaba con la ofensa, que los tratados como el del marqués de Cabriñana clasificaban con precisión: leves (impertinencias), graves (injurias y calumnias) y gravísimas (vías de hecho, como una bofetada o un bastonazo). Tras la ofensa, se activaba el mecanismo de los padrinos. Su misión primera era buscar una reconciliación. Si la diplomacia fracasaba, pactaban las condiciones: el arma, la distancia y la gravedad. Las armas blancas, especialmente el sable, eran las preferidas por los puristas porque requerían destreza física. La pistola, en cambio, era tildada a menudo como «el arma del cobarde» porque igualaba al experto con el novato, dejando el desenlace en manos del azar. Existían reglas para evitar que se ocultaran protecciones bajo la ropa, los duelistas debían, si el tiempo lo permitía, desnudarse de cintura para arriba. En caso de usar pistola, se preferían las de ánima lisa (cañón no rayado) para reducir la precisión y evitar que cada duelo terminara en entierro.

Madrid fue, sin duda, cuenta la autora, la capital española del desafío. Los duelistas buscaban lugares discretos para evitar a la policía, que solía hacer la vista gorda pero estaba obligada a intervenir si el escándalo era público. Las tapias del Retiro vieron lances como el del escritor Julio Nombela, quien a los 24 años se batió a pistola con Antonio Fabiani por unas burlas ante las actrices de su compañía. Nombela, que jamás había cogido un arma, disparó a ciegas entre el humo de la pólvora y salió ileso, siendo felicitado por su padre por haberse «portado como un hombre». Los duelistas también se citaban en la Dehesa de los Carabancheles. Aquí tuvo lugar el duelo más trascendental de la historia contemporánea española, el 12 de marzo de 1870. El duque de Montpensier se enfrentó a su primo, el infante Enrique de Borbón, quien le había llamado «pastelero francés» en un manifiesto. Enrique murió de un disparo en la cabeza, un suceso que arruinó las aspiraciones de Montpensier de ocupar el trono de España. Raquel Sánchez ha poblado el libro de anécdotas que oscilan entre lo heroico y lo ridículo. Por ejemplo, Vicente Blasco Ibáñez salvó la vida milagrosamente cuando la bala de su oponente, el oficial Juan Alastuey, chocó contra la hebilla de su cinturón. Blasco se indignó al oír silbidos de curiosos escondidos que estaban decepcionados porque no había sangre. Otra: en 1923, los capitanes Alberto Bayo y Eduardo González-Gallarza se retaron a muerte en Madrid. Bayo, que años después entrenaría a Fidel Castro en México, resultó gravemente herido de una estocada.

Para mujeres y niños

El duelo también fue algo femenino, nos cuenta Raquel Sánchez. En 1897, las prostitutas Lolita la de las Canas y Paz de Villavicencio se batieron bajo la estatua del Ángel Caído del Retiro, un suceso que incluso inspiró un sainete lírico. En el ámbito profesional, destacó Teresa Castellanos de Mesa, hija de maestros, que se convirtió en una reputada profesora de esgrima para mujeres y niños en el Madrid de Isabel II. Y es que había auténticos profesionales. En 1905, el maestro de esgrima Adelardo Sanz se batió con el italiano Guido Paleri por una disputa sobre el plagio de una patente de espada. Sanz hirió a Paleri, pero acabó sus días amargado, suicidándose después con su propia careta de esgrima impregnada en cloroformo.

Hubo quien también, como en las películas del oeste, buscaba el duelo para hacerse famoso. Esto fue corriente entre periodistas y políticos que pretendían defender su honor. Batirse era, para muchos redactores jóvenes como Alejandro Lerroux, la vía más rápida hacia la fama. Sánchez recuerda que presidentes del Gobierno como Mendizábal e Istúriz se batieron a pistola en 1836 tras un agrio debate parlamentario. O que en 1850, Ríos Rosas y Luis González Bravo, que lo fueron todo en la política del siglo XIX, saltaron de los escaños al campo del honor tras una sesión tempestuosa. Incluso el conde de Romanones se batió a pistola contra el alcalde de Madrid, Alberto Bosch, tras las protestas por los impuestos en el Mercado de la Cebada.

A principios del siglo XX, el viento empezó a cambiar, cuenta Raquel Sánchez. Surgieron las Ligas Antiduelistas, impulsadas por el infante Alfonso Carlos de Borbón y Mariano de Montoliu y de Rocabruna, Barón de Albi. Apelaban no solo a la religión –la Iglesia condenaba el duelo como un pecado mortal de suicidio y asesinato– sino a la modernidad. Su propuesta central fue la creación de Tribunales de Honor, donde jurados de hombres respetables pudieran dictar sentencias morales que repararan la reputación sin necesidad de derramar sangre. Sin embargo, el golpe definitivo al duelo no lo dieron las ligas ni las leyes, sino la brutalización de la política. Tras la Primera Guerra Mundial, el sacrificio individual por un «punto de honor» perdió sentido. La violencia política dejó de ser un «asunto de caballeros» para convertirse en pistolerismo callejero. El último destello anacrónico se vivió en la posguerra. En 1940, Miguel Primo de Rivera, hermano de José Antonio, retó por telegrama al intelectual José María Pemán por un discurso que consideró ofensivo hacia la memoria de su hermano. El duelo no se celebró porque Franco intervino directamente para sofocar el escándalo.

El duelo, como muestra Raquel Sánchez en «A primera sangre», fue mucho más que una violencia ritual: fue un sistema cultural que otorgaba sentido social a la defensa del honor. Su desaparición no responde solo a leyes o al sentido civilizatorio, sino a la deriva de una sociedad que a principios del siglo XX tomó la violencia y la muerte como partes de la política cotidiana. Hoy, el duelo es un vestigio literario. Sin embargo, su estudio nos recuerda una época en la que la justicia no siempre estuvo en manos de los jueces. Durante más de un siglo, los españoles más influyentes prefirieron confiar su vida al acero o al plomo antes que a un tribunal, convencidos de que el honor era «lo único que el hombre no podía externalizar». Como escribió Larra en 1835: «¡He aquí el mundo! ¡He aquí el honor! ¡He aquí el duelo!». Un drama que se escribía, literalmente, a primera sangre.

Un símbolo del absurdo

►El duelo no fue algo exclusivamente español. Joseph Conrad publicó «El duelo» en 1908, y Ridley Scott lo llevó al cine con el título «Los duelistas» en 1977. La historia narra la rivalidad entre dos oficiales durante las guerras napoleónicas. Todo comienza cuando el teniente Armand d’Hubert recibe la orden de poner bajo arresto domiciliario al teniente Gabriel Feraud, que había herido a un civil en un duelo. Feraud interpreta la detención como una humillación personal y reta a D’Hubert a un duelo, iniciando una cadena de enfrentamientos que se prolongará durante quince años. A lo largo de la historia, ambos ascienden en el ejército mientras continúan batiéndos. La obsesión de Feraud por vengarse contrasta con el carácter más reflexivo de D’Hubert, que preferiría dejar atrás el conflicto pero se ve obligado a responder para preservar su honor. Los duelos, cada vez más peligrosos, se convierten en una leyenda dentro de las tropas napoleónicas, símbolo del absurdo sentido del honor y de la terquedad humana.

lunes, 24 de marzo de 2025

Dossier Luigi Mangione

 Dossier Mangione

I

Luigi Mangione: fanáticos de colegio privado, por Sergio del Molino, en El País, 11 dic 2024 

También en los años del plomo fueron aplaudidos muchachos de la élite universitaria que se liaron a tiros.

Sería fácil echarles la culpa a las redes sociales de las celebraciones por el asesinato de Brian Thompson, consejero delegado de UnitedHealthcare, y la entronización de su asesino, Luigi Mangione, como héroe del pueblo. Nos hemos acostumbrado a ver las redes como la pócima que convierte al doctor Jekyll en el señor Hyde, pero la miseria humana siempre ha encontrado medios para expresarse. Ante crímenes como el de Nueva York, nunca han faltado los probos ciudadanos que saltan a la plaza diciendo que condenan la violencia, pero. Y en la cláusula que sigue al pero cabe toda la barbarie del mundo.

El guapo, millonario y muy culto Mangione me recordó de inmediato —y no solo por las resonancias italianas— a otro millonario, muy culto y no tan guapo, aunque sí bien plantado, llamado Giangiacomo Feltrinelli, fundador de la editorial y las librerías ubicuas de Italia. En 1972, su cadáver apareció al lado de una torre de alta tensión donde colocaba una bomba que le explotó en las manos. Feltrinelli era miembro del grupo terrorista Grupo de Acción Partisana y conocido compañero de viaje de las Brigadas Rojas. A su funeral asistieron diez mil personas y aún hoy sigue siendo un héroe para no pocos italianos.

También fueron aplaudidos otros muchachos de la élite universitaria que, tras el Mayo del 68, se liaron a tiros. Los terroristas de la alemana Fracción del Ejército Rojo o de la estadounidense Weather Underground eran pijos de universidades postineras, los más listos de la clase y los niños más mimados de sus casas, como Mangione, y todos recibieron la simpatía nada velada de progresistas y demócratas de toda la vida que envidiaban su vida aventurera y su farfolla romántica a lo Robin Hood. Al final del franquismo también abundaron en España fanáticos de colegio privado que acabaron llevándose por delante a funcionarios de segunda fila y señorones anodinos en unos pocos crímenes atroces ensordecidos por el ruido que hacía la dictadura al caer.

Eran años de plomo. Hoy son de silicio. Mangione no forma parte de una organización criminal ni parece la avanzadilla de una insurgencia violenta, pero aquellos grupos terroristas tampoco representaban la vanguardia de ningún movimiento social y casi nunca pasaban de una panda de amigos. Si Mangione tuviera un par de cómplices, su banda sería muy parecida a las que he señalado arriba. No hace falta mucho para desafiar las convicciones pacifistas de millones de personas que jamás empuñarían un arma, pero ven justicias poéticas en que disparen otros. Por esas grietas morales se cuelan corrientes heladas de las que una democracia casi nunca se recupera.

II

Muerte de un comerciante, en El País, por Marta Peirano, 9 dic 2024:

El asesinato del jefe de UnitedHealthcare parece un episodio de ‘Mr. Robot’ o ‘Black Mirror’: un antihéroe encapuchado cazando CEO en los últimos días del capitalismo.

Los casquillos de las balas que atravesaron a Brian Thompson, consejero delegado de UnitedHealthcare, llevaban grabadas tres palabras: Deny, Defend y Depose (negar, defender, y deponer). Riman con la famosa estrategia de las tres D de las compañías de seguros: Delay, Deny, Defend (retrasar, denegar, defender). Consiste en retrasar la gestión de las reclamaciones con deliberada ineficacia burocrática hasta que los beneficiarios se dan por vencidos; denegar la atención médica o las indemnizaciones usando tecnicismos, exclusiones en las pólizas o una interpretación tramposa de sus condiciones, y defenderse de las demandas de forma agresiva, intimidatoria y mafiosa, prolongando los conflictos de manera artificial para desgastar económicamente al cliente.

Hay más. Varios médicos han declarado que UnitedHealthcare los presionaba para atender a más pacientes y diagnosticar condiciones adicionales para aumentar la facturación. ProPublica demostró que usaban algoritmos de inteligencia artificial para justificar la expulsión de pacientes ancianos de residencias, incluyendo algunos que necesitaban atención especializada las 24 horas. Estas estrategias, en combinación con la inexistencia o la ineficacia de leyes de protección al paciente, han convertido a UnitedHealthcare en una de las mayores compañías de EE UU, con más de 49 millones de usuarios. El año pasado facturó 281.000 millones de dólares. Su CEO recibió un bonus de más de 10 millones. Su matriz, UnitedHealth Group, es una de las compañías de atención médica más grandes del mundo, con una cotización de 560.000 millones de dólares. El asesino enmascarado cambió la primera D por deponer: quitar a alguien de una posición de poder o autoridad o, en ámbito legal, declarar.

Parece un episodio de Mr. Robot o de Black Mirror. Una fan fiction de Anonymous, con un antihéroe encapuchado, cazando CEO en los últimos días del capitalismo. En el momento de escribir estas líneas, el asesino aún no ha sido localizado, pero Nueva York no le tiene miedo. De hecho, acaba de empezar el concurso de imitadores del CEO Shooter (el cazador de CEO) en Washington Square Park. Los memes celebrando el asesinato se amontonan en mi buzón. Las empresas de seguros retiran los nombres con foto de sus ejecutivos de internet.

Los influencers y personalidades que tratan de responsabilizar a la izquierda anticapitalista son amonestados por sus propios seguidores. “Tengo familiares republicanos haciendo bromas sobre la muerte de este tipo, y es porque han sido directamente perjudicados por sus compañías de seguros de salud”, corrige un usuario al presentador de The Ben Shapiro Show. “No es correcto separar izquierda y derecha —le dice otro—. Son los ricos contra la clase obrera”. Solo recuerdo un momento parecido en la historia reciente: el 28 de enero de 2021, cuando un grupo de inversores minoristas organizados a través de Reddit dieron un golpe a los fondos de riesgo coordinando compras masivas de acciones de GameStop.

El sentimiento es similar, y también la disonancia cognitiva. Mientras el pueblo celebra un asesinato, Bitcoin ha alcanzado un valor de 100.000 dólares y Elon Musk ha anunciado que quiere eliminar la Oficina de Protección Financiera al Consumidor, creada tras la crisis de 2008 para proteger a los ciudadanos de los abusos de los bancos. Los mismos americanos que acaban de elegir por segunda vez a Donald Trump como presidente salen a celebrar el asesinato de Brian Thompson como sans-culottes. Los CEO sanitarios son el antiguo régimen pero Trump es su Napoleón.

III

Luigi Mangione, un informático brillante miembro de una próspera familia: así es el sospechoso de matar al ejecutivo de UnitedHealthcare, María Antonia Sánchez-Vallejo, en El País, Nueva York - 10 dic 2024:

El detenido dejó de comunicarse con familiares y amigos hace seis meses tras sufrir dolores en la espalda

Entre la legión de admiradores —y la de haters, odiadores— que han recibido la incorporación a la vida pública de Luigi Mangione, acusado del asesinato del consejero delegado de UnitedHealthcare, Brian Thompson, no son pocos los que se preguntan cómo alguien con el cociente intelectual del detenido, el alumno más brillante de su instituto de Baltimore, cometió el error de huir con todo el material con el que perpetró el crimen. Pero otro desliz peor fue el tonteo que mantuvo con la empleada del hostal de Nueva York en el que pernoctó varios días antes del matar a Thompson: entre risas seductoras, Mangione se bajó la mascarilla que cubrió su rostro ofreciendo un blanco perfecto a las cámaras de videovigilancia.

Cuando los policías locales de Altoona (Pensilvania), a 375 kilómetros al noroeste de Nueva York, llegaron este lunes al MacDonald’s donde Mangione comía absorto en la pantalla de su ordenador, no tuvieron dudas: “Era él, el de las fotos”, dijo el más joven de los agentes, un novato en el cuerpo. Pero aparte de los temblores del joven al preguntarle si había estado recientemente en Nueva York, fue el contenido de su mochila la prueba definitiva que le llevó tras las rejas. Un memorial de pistas: la pistola y un silenciador, ambos impresos en 3D; un cargador Glock, balas de nueve milímetros como las que se hallaron en el lugar del crimen, abundante dinero en efectivo y un pasaporte… y una nota manuscrita que parecía no ya incriminatoria, sino una hoja de ruta para hacer lo que hizo: vengarse de las compañías que ofrecen seguros de salud.

El especialista en informática por la Universidad de Pensilvania, donde se graduó en 2020 con un máster, y cofundó un club para desarrollar videojuegos, según el periódico de la universidad, el Daily Pennsylvanian, llegó a Nueva York el 24 de noviembre en un autobús de línea regular que procedía de Atlanta, aunque bien pudo haber subido en alguna de las paradas del camino. Su llegada a la ciudad es tan errática como el resto de su biografía vital: natural de Maryland, donde nació en el seno de una influyente familia, su último domicilio conocido está en Honolulu (Hawái) y su familia no tenía noticias suyas desde hacía seis meses, cuando empezó a sufrir dolores en la espalda. La imagen de una radiografía de su supuesta columna, atravesada de clavos, aparecía en su perfil de X (antes Twitter), que de 60 seguidores en la mañana del lunes pasó a tener 100.000 a mediodía, antes de ser cerrada, es una prueba de carga de la animadversión que Mangione sentía hacía las aseguradoras. El mensaje manuscrito que se encontró en su mochila no podía ser más claro: “Pido disculpas, pero había que hacerlo, estos parásitos se lo merecían”.

Mangione dejó de comunicarse con amigos y familiares desde hace seis meses, según ha informado The New York Times. Varios amigos indicaron que Mangione sufría una dolorosa lesión en la espalda y luego desapareció. Los investigadores intentarán averiguar ahora qué hizo el sospechoso durante ese periodo en que nadie parecía conocer su paradero.

Su familia, enriquecida gracias a los negocios del fundador de la saga, un siciliano que llegó a EE UU con una mano delante y otra detrás, es propietaria de un club de campo en Maryland, y su primo es Nino Mangione, un legislador republicano que representa a un distrito de Baltimore en la Cámara de Delegados. El diario The New York Times señala que los abuelos del detenido, Nick y Mary C. Mangione, compraron el club de campo en la década de 1970 y desarrollaron la comunidad del campo de golf. En la década de 1980, la familia compró Hayfields Country Club en Hunt Valley, Maryland. También fundó la empresa de residencias de ancianos Lorien Health Services, de la que el padre del sospechoso, Louis Mangione, pasó a ser propietario. La familia también era dueña de la emisora de radio WCBM, que emite programas conservadores, y tiene otras propiedades inmobiliarias.

Aaron Cranston, un amigo del colegio citado por el diario, describe a Mangione como el más inteligente de la escuela. Y comenta que antes de la universidad, el ahora sospechoso de asesinato ya había creado una aplicación móvil donde los usuarios podían volar un avión de papel a través de obstáculos. Lo califica como una persona sociable, amistoso y no especialmente interesada en la política. “Creía firmemente en el poder de la tecnología para cambiar el mundo”, concluye Cranston.

El sospechoso tenía múltiples identificaciones fraudulentas, entre ellas un documento de identidad falso de Nueva Jersey que coincidía con el utilizado por el enmascarado para registrarse en un hostal de Manhattan días antes del tiroteo, según las autoridades. La policía también encontró un documento escrito a mano que habla “tanto de la motivación como de la mentalidad” de Mangione, según expresó el lunes la comisaria de policía de Nueva York, Jessica Tisch. Se trata de un manifiesto contra la industria sanitaria. El jefe de detectives de la policía de Nueva York, Joseph Kenny, informó de que, aunque en el documento no se mencionan objetivos concretos, Mangione albergaba “rencor hacia las empresas estadounidenses”.

El detenido tenía vínculos con San Francisco y su última dirección conocida es Honolulu (Hawái). Ahí vivió en un espacio de convivencia destinado a trabajadores remotos llamado Surfbreak. Quienes lo trataron en 2022 aseguran que Mangione no se quejaba mucho, pero sufría dolores de espalda a causa de una columna vertebral desviada y una vértebra que le pinchaba algún nervio. Esa dolencia condicionaba su vida. Finalmente, decidió operarse; y a partir de ese momento comenzaron a escasear los mensajes con sus conocidos.

Según un perfil de la red profesional LinkedIn, Mangione trabajó como ingeniero de datos en una empresa llamada TrueCar. “Aunque generalmente no hacemos comentarios sobre asuntos de personal, podemos confirmar que Luigi Mangione no ha sido empleado de nuestra compañía desde 2023″, dijo un portavoz de TrueCar a los medios.

Hay un hiato, profesional, sentimental, casi biográfico, en la vida de Mangione. Entre sus amigos, con los que no mantenía contacto desde hace tiempo, no había palabras para expresar la estupefacción de que alguien como Mangione, cortés, amable, exitoso —en los estudios y con las chicas, como las miles de admiradoras que le han salido en Internet incluso antes de ser detenido—, haya podido cometer este crimen. Lector voraz, era un habitual de la página Good Reads, donde los lectores valoran las obras y Mangione listó los casi 300 libros que había leído o quería leer, incluida una favorable reseña del manifiesto de Unambober, La sociedad industrial y su futuro, de Theodore Kaczynski —nombre real del terrorista que en 1996 sembró un reguero de bombas que mataron a tres personas—, Mangione le dio cuatro de las cinco posibles estrellas en la valoración y señaló que el autor era “un revolucionario político extremo”. Pero durante el verano, sus comentarios cesaron de repente, lo que provocó mensajes de preocupación en Internet de algunos de sus amigos.

“Nadie sabe nada de ti desde hace meses, y parece que tu familia te está buscando”, publicó un usuario en X en octubre, etiquetando una cuenta de Mangione. “No sé si estás bien”, publicó otro. Hasta que un gesto ingenuo, retirarse la mascarilla que cubría su cara para coquetear con la empleada del hostal en Nueva York, consagrara su imagen no ya de héroe popular, capaz de cobrarse justicia por los abusos corporativos, sino para su propia ficha policial.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Manifiesto de Luigi Mangione

Manifiesto de Luigi Mangione

12 de diciembre de 2024

Luigi Mangione 26 años, es el pistolero enmascarado que la semana pasada sacó tranquilamente una pistola equipada con un supresor en una calle del centro de Manhattan y asesinó a Brian Thompson, director ejecutivo de United Healthcare. El lunes fue detenido en Altoona, Pensilvania, después de que un empleado de un McDonald’s lo reconociera y llamara a la policía. Los agentes dijeron que lo encontraron con una identificación falsa, un arma similar a la que se veía en el video del asesinato y un manifiesto en el que denunciaba al sector de la atención médica. El texto de la noticia ha sido descuartizado y fragmentado, sesgado y harto manipulado. Acabo de volver de estar ingresado en un hospital de la sanidad pública por un peligroso abceso, así que estos temas me tocan muy directamente. Por eso he aquí mi traducción de dicho manifiesto:

«Para los federales esto lo haré breve, porque respeto lo que hacen por nuestro país. Para salvarlos de una larga investigación, diré llanamente que no trabajé con otros. Fue algo meramente trivial: un poco de ingeniería social básica, diseño de computación elemental y mucha paciencia. El cuaderno de canutillo, si está a mano, contiene algunas notas desordenadas y una lista de quehaceres que iluminará lo esencial del asunto. Mi técnica está bastante oculta porque trabajo como ingeniero, así que no hay mucha info al respecto probablemente. Pido disculpas por cualquier conflicto traumático, pero había que hacerlo.

Francamente, estos parásitos simplemente lo esperaban. Un recordatorio: los Estados Unidos tienen el primer lugar como el sistema de salud más caro del mundo y, pese a eso, estamos categorizados duramente en el puesto 42 en expectativas de vida. ‘United Healthcare’ es -de manera incomprensible- la compañía más grande en los Estados Unidos de América para el mercado capitalista, solamente por detrás de Apple, Google, Walmart. Ha crecido y crecido, pero... ¿Y nuestra expectativa de vida? No, la realidad es [ilegible] ellos simplemente se han vuelto demasiado poderosos y continúan abusando de nuestro país para su inmensa ganancia, porque el público americano les ha dejado hacerlo. Obviamente, el problema es más complejo; pero yo no tengo espacio y, con franqueza, no pretendo ser la persona más cualificada para ofrecer una argumentación completa. Pero muchos han desvelado la corrupción y la avaricia (ej.: Rosenthal, Moore) décadas atrás, y los problemas, simplemente, persisten. Ya no es este un problema de desconocimiento, y claramente lo que existe hoy es un pulso de poderes. Evidentemente, soy el primero en enfrentarme con brutal honestidad.»

[Solo tiempo después el manifiesto se mostró completo:]

La segunda enmienda significa que soy mi propio director ejecutivo y comandante en jefe de mi propio ejército. Yo autorizo mi propio acto de defensa personal en respuesta a una entidad hostil que haga guerra contra mí y mi familia. Nelson Mandela dice que ninguna forma de violencia puede justificarse; Martin Luther King dice que la violencia nunca trae paz permanente; Gandhi dice que la no violencia es el poder más grande disponible para la humanidad. Esos son los que te dicen que son héroes; esos son nuestros revolucionarios. Sin embargo, ¿no es eso acaso ser capitalista? La no violencia mantiene el sistema funcionando a toda velocidad. ¿Qué nos ha dado? Mírate en el espejo: cada uno de nosotros es nuestro propio director ejecutivo. Tú debes decidir qué toleras y qué no. No sé cuándo vendrán a por mí; lo resistiré a cualquier precio. Por eso sonrío a través del dolor.

Diagnosticaron a mi madre con una neuropatía severa cuando tenía 41 años. Dijo que comenzó hace 10 años, con una sensación de ardor en los pies y ocasionalmente punzadas agudas. Incluso ir del sofá a la cocina para prepararse su propio almuerzo se convirtió en un gran esfuerzo. El primer médico dijo que era psicosomático, que no había nada mal, que necesitaba relajarse, desestresarse y dormir más. El segundo médico dijo que era un nervio comprimido en la columna y necesitaba una cirugía que costaría $10,000. El tercer médico realizó un estudio de conducción nerviosa, resonancia magnética, análisis de sangre... Cada prueba costó entre 800 y $1.200 y alcanzó el deducible de 6.000 de su plan de United healthcare en octubre. Luego el médico se fue de vacaciones y mi madre no pudo retomar las pruebas hasta enero, cuando el deducible se reinició. Las pruebas mostraron neuropatía severa; la cirugía de 10,000 no había tenido ningún efecto. Mi madre me dijo un día que su dolor nervioso era como si sus piernas estuvieran sumergidas en agua helada. Mi madre gateaba con las piernas y las manos como un niño desde su cama hasta la sala. En ese entonces pensaba que no había nada que se pudiera hacer; los altos copagos hacían imposible un tratamiento consistente. Los nuevos tratamientos fueron denegados como no médicamente necesarios según United Healthcare. Los tratamientos antiguos no funcionaban .Y aún así nos costaban miles de dólares al año y Healthcare limitaba las consultas de especialistas a dos por año; luego se negaron a cubrir imágenes avanzadas que el especialista requería para una cita. Constantemente cambiaban sus procedimientos de presentación de reclamaciones; prometieron cobertura y rompieron su palabra a mi madre con cada retraso. Mi enojo crecía con cada denegación; quería lanzar al médico a través de la pared de cristal de la sala de espera del hospital, pero no eran ellos, no eran los médicos, recepcionistas, administradores,  farmacéuticos, técnicos de imagen ni nadie que haya conocido, era United Healthcare. La gente está muriendo. El mal se ha institucionalizado, las corporaciones hacen miles de millones de dólares sacando ganancia del dolor, del sufrimiento y de los gritos angustiados en la noche de millones de estadounidenses. Ellos creen que no hay nada que los detenga. Ahora mi propio dolor crónico en la espalda me despierta en la noche. Lo que importa es seguir la lógica y las enseñanzas de quienes vinieron antes para maximizar nuestro propio bienestar, lo que luego maximizará el bienestar de muchos seres queridos y también de nuestra comunidad. Ahí es donde United Healthcare falló: violaron su contrato con mi madre, conmigo y con millones de estadounidenses.  Mas esto amenaza mi salud, la salud de mi familia y la salud de las personas de nuestro país, y requiere que yo responda con un acto de guerra. 

Este manifiesto plasma perfectamente cómo se sienten millones de estadounidenses y ahora mismo la opinión general sobre Luigi Mangione es muy positiva; lo ven como el héroe que tanto necesitaban. Va a ser muy difícil encontrar un jurado popular imparcial para este juicio que no simpatice con él; ahora mismo, la mayor parte de los estadounidenses lo declararían inocente; es más, le levantaría un monumento conmemorativo. No es solamente por su juventud y su belleza que causan un efecto de hibristofilia al estilo Daniel Sancho. Mangione es uno de los hijos del Manifiesto del Unabomber, que además se sabe había leído y comentado. Quizá lo imiten muchos anónimos y empiece a verse en la realidad lo que Death Note mostró  en la ficción. También podría ocurrir alguna cosa rara, como, por ejemplo, que Mangione aparezca ahorcado en su celda precisamente cuando sus carceleros estén de vacaciones. Con todo, parece un efecto de mal karma el hecho de que quien quería lucrarse con la recompensa por la información que condujo a la detención del encausado no haya podido cobrar ese dinero por pejigueras legales del estilo de las que usa United Healthcare...