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miércoles, 3 de junio de 2026

Una filósofa buena: Martha Nussbaum

 I

¿Qué es una sociedad justa? Martha Nussabaum, por Enric Gel en su Adictos a la Filosofía:

Capítulo 1: ¿Quién es Martha Nussbaum? Vida e influencias

Hola, ¿qué tal? Hoy hablamos de una de las filósofas contemporáneas más influyentes e interesantes, Martha Nussbaum. ¿Quién es Martha  Nussbaum? ¿Qué aporta a la filosofía política su  teoría de las capacidades? ¿Cómo ha influido en  la manera en la que entendemos la justicia social hoy? Soy Enric, bienvenido de vuelta a Adictos  a la Filosofía ¡empecemos! 

Martha Craven nace el 6 de mayo de 1947 en Nueva York, hija de una  familia protestante de clase alta. Estudia teatro y lenguas clásicas en la Universidad de Nueva York  y se doctora en Filosofía por la Universidad de Harvard en 1972. Se casa en 1969 con el lingüista  Alan Nussbaum, de quien toma su apellido,  del cual se divorciaría 18 años después. En lo  filosófico, probablemente su influencia principal es Aristóteles. De hecho, se inscribe en toda  una tradición neoaristotélica contemporánea en   la que encontramos grandes autores como Elizabeth Anscombe, Philippa Foot y Alasdair MacIntyre y cuyo objetivo es recuperar las categorías éticas  de la filosofía aristotélica para poder explicar mejor la experiencia y la acción humanas. 

Y es que, para Nussbaum, es crucial recuperar la utilidad práctica de la filosofía de la que los clásicos eran tan conscientes. Y para ello encuentra un aliado en Aristóteles y su concepto de la vida buena, que Nussbaum va a entender como una vida larga, saludable y creativa. Además de  Aristóteles, toma partido por el deontologismo  de Kant. Recordemos que llamamos deontológica a la  ética kantiana porque, frente al consecuencialismo que pone lo bueno en las consecuencias de una  acción, Kant defiende que, a la hora de actuar, nuestro único criterio para decidir qué hacer  tiene que ser el deber, lo que diga el deber,  al margen de las consecuencias que pueda tener lo que hacemos. A una persona, por ejemplo,   siempre y sin excepción, hay que tratarla como un fin en sí mismo y nunca meramente como un medio,  por mucho que tratarla como un puro medio o de  manera indigna pudiera llegar a producir como   consecuencia, pongamos, un mayor bienestar en la sociedad general. En la misma línea, Nussbaum va a ser una gran defensora de que no  hay que promover la felicidad colectiva o de la mayoría a costa de los derechos individuales  de las minorías. Podemos mencionar también cómo bebe del liberalismo de John Stuart Mill, al  poner en el centro de lo político la libertad   individual y el derecho a vivir la propia vida  sin interferencias del Estado. Al mismo tiempo,  amplía críticamente el liberalismo al darse  cuenta de que la no interferencia del Estado no es suficiente de por sí para tener una  sociedad justa, sino que el Estado tiene que ser capaz de garantizar una serie de mínimos, de condiciones mínimas materiales y sociales para   que los individuos puedan desarrollar con  libertad sus propias capacidades, concepto clave de la filosofía de Nussbaum que vamos a ver  enseguida. Para que se entienda bien este punto, el liberalismo de Mill suele insistir mucho en  la necesidad de libertad negativa, es decir,  de ser libres de coacción, de la interferencia  de poderes ajenos. El Estado solamente puede   prohibir aquellas acciones que representen un  daño contra los demás. Pero no prohibir una cierta acción como expresarse de manera crítica o votar de por sí solo se queda corto con respecto a promover una verdadera libertad. El Estado tiene  que poner también los medios necesarios por medio, por ejemplo, de una educación integral para  que el individuo llegue a ser capaz realmente  de expresar críticamente su propio pensamiento y  votar de manera efectiva y responsable. No basta, por tanto, con no poner trabas para que la gente  pueda vivir como quiera. 

Eso es lo mínimo, sí,  pero también hay que garantizar que la gente  efectivamente pueda hacerlo. Por último, Nussbaum bebe también mucho del pensamiento de  John Rawls. En 1971, Rawls publica su famoso libro "Una teoría de la justicia", donde plantea  el siguiente experimento mental. Supón que nos   encontráramos bajo un velo de la ignorancia, que no nos dejará saber en qué condiciones materiales o roles sociales vivimos. No sé si soy rico o  pobre, varón o mujer, blanco o negro del lugar o extranjero, ateo o religioso, etcétera. Según  Rawls, si en estas condiciones nos pusiéramos a discutir las reglas según las cuales se va a regir nuestra convivencia y el reparto de los recursos, terminaríamos con leyes mucho más justas que las que poseemos ahora. Como cada uno estaría mirando por su propio beneficio y yo no sé en qué lugar  voy a terminar, nos aseguraríamos de coincidir en una serie de normas que promovieran la justicia y  la igualdad social al máximo. Nussbaum adopta este foco, pero argumenta también que hay que ir más  allá, complementándolo con una idea más sustantiva de la dignidad personal y poniendo el foco, más que en los bienes primarios que nos podemos repartir, en las capacidades que forman parte de una vida humana buena. Y con esto llegamos, ahora sí, a su teoría de las capacidades. 

Capítulo 2: El enfoque de las capacidades de Martha Nussbaum

En los años 80, Nussbaum se pone a trabajar con el economista Amartya Sen, que luego, en 1998, ganará el Premio Nobel de Economía. Y juntos se ponen a desarrollar un marco teórico novedoso con el cual evaluar el nivel de bienestar real de un país. Lo común en ese momento  era mirar simplemente el PIB, el producto interior bruto, que es el valor monetario total de todos los bienes y servicios producidos por un país, por ejemplo, a lo largo de un año (ujn indicador  de la riqueza). El problema con este tipo de indicadores, razona Nussbaum, es que la riqueza de un país puede aumentar, pero que luego eso no   se traduzca en una mejora de la calidad de vida  para la población general, porque esa riqueza queda acumulada en manos de unos pocos y no se distribuye de manera justa e igualitaria. Y claro,   si uno no va más allá del PIB, se puede estar  poniendo un montón de medallas en plan "Mira cómo ha crecido la economía de mi país mientras  yo he estado en el gobierno." Y mientras tanto, el grueso de la gente vive en la miseria más  absoluta. El crecimiento del PIB, por tanto, no es un indicador de progreso real, porque lo  que importa no es la riqueza media en un país, sino su distribución real. Necesitamos, por tanto,  un cambio de paradigma, una contrateoría que nos permita abrir el foco y poner la atención en  todo aquello que el PIB camufla. Y para ello, Nussbaum pone sobre la mesa su teoría de las capacidades. La pregunta no tiene que ser cómo crece la riqueza en un país, sino qué son capaces de hacer sus habitantes. ¿Qué oportunidades reales tienen de desarrollar una vida plena? Ahora, una capacidad, para Nussbaum, es aquello que una persona puede hacer y surge de la mezcla entre las aptitudes innatas de una persona y su formación, por un lado (a la suma de estos dos factores, Nussbaum lo llama capacidades internas), y las posibilidades reales que ofrece su entorno, por el otro. Por ejemplo, supongamos una persona con un oído natural para la música que, además, en el colegio ha recibido clases y ha aprendido a tocar el piano: esta persona tiene la capacidad  interna de tocar el piano. Pero ahora, supongamos  que esta persona se va a vivir a un entorno en el que no tiene acceso a un instrumento, no puede pagarse clases adicionales, no tiene  un lugar donde practicar o incluso le prohíben tocar por sus opiniones políticas o el color de  su piel. Esta persona puede tener la capacidad   interna de tocar el piano, pero no dispone de  las condiciones materiales y sociales necesarias para ejercerla de modo efectivo y digno. Y, por  tanto, es como si no la tuviera, esa capacidad:   siendo interiormente capaz es, en sentido  estricto y pleno, incapaz. Y este va a ser un  

Capítulo 3: ¿Qué es una sociedad justa para Nussbaum?

punto importantísimo para Nussbaum: que no basta con poseer las capacidades internas, sino que necesitamos una sociedad justa que garantice unos  ciertos mínimos para que cada individuo las pueda ejercer y desarrollar de manera plena, si así  lo desea. Hemos visto el ejemplo de una persona que cuenta con las capacidades internas, pero que  está impedida o incapacitada por sus condiciones externas. Pero puede suceder también al revés. Puede haber países, por ejemplo, donde la legislación permita la libertad de expresión y de  voto, pero que carezcan de un sistema educativo lo suficientemente robusto como para solidificar en  cada persona las capacidades internas que le van a permitir luego expresarse y votar críticamente. O un país en el que la legislación permite a las mujeres acceder al mercado laboral y votar, pero donde en la mayoría de las casas sus maridos no les dejan hacer esas cosas y el Estado no hace nada para impedirlo. Por tanto, son necesarias las dos dimensiones, capacidades internas y condiciones externas, de modo que el Estado no puede limitarse simplemente a no interferir  en la vida de sus ciudadanos. Esto es necesario, pero de por sí solo insuficiente. El Estado tiene también que garantizar unos ciertos mínimos para que esas capacidades puedan florecer. Y esto lo hará, sobre todo, por medio de una educación pública de calidad, velando por la salud física  y mental de las personas y garantizándoles un mínimo de bienestar económico, con especial atención a los colectivos más vulnerables y desfavorecidos. Porque si todos han de tener las  mismas oportunidades para vivir una vida digna, habrá que ayudar más a aquellos que parten  de condiciones peores.

Pero, importante, Nussbaum mantiene un cierto espíritu liberal. El Estado no puede obligar a una persona a vivir de una cierta manera. Por ejemplo, no te puedes forzar a estudiar filosofía, comer de manera saludable, aprender música, etcétera. Esa es una decisión inalienable de cada individuo, que es la autoridad última acerca de cómo tiene que vivir su propia vida. Por tanto, si alguien no quiere poner a funcionar una cierta capacidad suya, es su prerrogativa. Lo único que tiene que hacer el Estado es simplemente empoderar al individuo garantizando que se cumplen los mínimos para que pueda desarrollar sus capacidades. Pero a partir  de ahí, solo el individuo es soberano: él decide si usa sus capacidades y cómo. Dicho de otro modo, el papel del Estado es garantizar que todos tengan las mismas oportunidades (o al menos unas  oportunidades mínimas), y luego es cada uno el que decide por qué camino tirar. Pero, ¿cuáles son las  capacidades más importantes? Nussbaum propone las  siguientes: 

Capítulo 4: Las 10 capacidades (Martha Nussbaum)

(1) la vida, tener una esperanza de vida normal y de calidad; 

(2) la salud, gozar de buena salud, una alimentación adecuada y vivienda digna;

(3) la integridad física, poder moverse con libertad y gozar de libertad  sexual y reproductiva sin temor a represalias violentas; 

(4) sentidos, imaginación y pensamiento  (aquí incluye Nussbaum la alfabetización y una formación matemática y científica básica, además de la libertad de pensamiento, de expresión y de religión);

(5) las emociones, es decir, la posibilidad de sentir y expresar libremente los afectos como el amor, la gratitud, la tristeza, etcétera; 

(6) la razón práctica, que es la oportunidad de formarse una noción propia y crítica del bien y poder desarrollar  cada uno su plan de vida; 

(7) la afiliación, la libertad de asociarse y reunirse con otros; 

(8) la relación con la naturaleza y otras especies, poder tener una relación sana con el mundo natural;

(9) el juego, poder disfrutar de ocio  de calidad y

(10) el control del propio entorno, tener la oportunidad de participar de modo activo y significativo en las decisiones políticas de la comunidad. 

Esta lista, dice Nussbaum, no pretende ser exhaustiva ni estar cerrada. Es, más bien, un punto de partida para el diálogo y el consenso. La idea es que, como mínimo, una sociedad justa tiene que ser capaz de garantizar que al menos  estas 10 capacidades todos los individuos puedan desarrollarlas hasta un punto aceptable. Y en el caso de que surja algún conflicto entre ellas, hay que priorizar la que sea más fértil, es  decir, la que con su sola presencia favorezca la aparición y el desarrollo de muchas otras. Por ejemplo, es mucho más fértil y por tanto más importante saber leer y escribir que poder ir de vacaciones a la playa. Y el último punto importante es que Nussbaum defiende que hay que poner la clave de la dignidad personal no tanto en la racionalidad como habían hecho otros autores, sino en la sensibilidad y la capacidad de acción. 

Así se hace mucho más sencillo, piensa Nussbaum, incluir en este marco a personas con severas discapacidades físicas y cognitivas y también se abre a la discusión contemporánea acerca de los derechos de los animales. En resumen, la propuesta de Martha Nussbaum consiste en una reformulación del liberalismo clásico, complementando su énfasis en la libertad personal con la necesidad de poner en su sitio las condiciones reales para que  la gente pueda desarrollar sus capacidades de modo pleno. Porque, en último término, y en el espíritu del bueno de Aristóteles, el objetivo de la comunidad política es que todos tengamos las mismas oportunidades para alcanzar la vida buena. Y ahora, si lo que quieres es  seguir aprendiendo acerca del pensamiento de los más grandes filósofos de toda la historia, sea por  gusto o para prepararte la selectividad, no puedes perderte esto que te dejo aquí mismo, porque están  todos los que hemos explicado en este canal. Así que venga, no seas tímido, dale un buen clic, ahí te veo y sobre todo... no dejes de pensar.

II [Wikipedia:]

Martha Craven Nussbaum (Nueva York, 6 de mayo de 1947) es una filósofa estadounidense. Sus intereses se centran, en particular, en la filosofía antigua, la filosofía política, la filosofía del derecho y la ética. Desde el denominado enfoque basado en las capacidades, Nussbaum destaca su aportación en las conocidas como diez "Capacidades centrales" o "Capacidades funcionales humanas centrales".

Biografía

Nació en Nueva York en el seno de una familia acomodada, hija de George Craven, abogado de Filadelfia, y Betty Warren, diseñadora de interiores. Estudió teatro y lenguas clásicas en la Universidad de Nueva York (NYU) (BA 1969), y gradualmente se fue acercando a la filosofía, para finalmente graduarse en Harvard en 1972. Durante esta época se casó con Alan Nussbaum (de quien se divorció en 1987), se convirtió al judaísmo, y nació su hija Rachel.

Enseñó filosofía y letras clásicas en Harvard en los años setenta y a principios de los ochenta, antes de trasladarse a la Universidad de Brown. Uno de sus libros más influyentes, La fragilidad del bien: fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega (The Fragility of Goodness), que tiene como tema la ética antigua, fue particularmente influyente y la convirtió en una figura reconocida en el ámbito de las ciencias sociales. Posteriormente, la valía de su trabajo la hizo merecedora de títulos honoríficos en más de 25 instituciones.

Durante la década de los ochenta, Nussbaum comenzó un trabajo en colaboración con el economista Amartya Sen (Premio Nobel de Economía) en temas relacionados con el desarrollo y la ética. En conjunto con Sen, promovió el concepto de "capacidades" ("libertades sustanciales" como la posibilidad de vivir una larga vida, de llevar a cabo transacciones económicas, o la participación plena en actividades políticas) como las partes constitutivas del desarrollo, y de la pobreza como una privación de dichas "capacidades". Esto contrasta sobremanera con los acercamientos teóricos que se habían hecho sobre el desarrollo hasta ese momento. Cabe resaltar que mucho de lo que Nussbaum dice en su trabajo se basa en una corrección aristotélica de las tesis de John Rawls.

Nussbaum ha participado con otros intelectuales en debates sobre temas morales, tanto desde revistas semipopulares y críticas de libros, como desde el estrado o testificando ante tribunales. Sus contrincantes han sido Allan Bloom, John Finnis y Robert P. George, Harvey Mansfield y Judith Butler, entre otros. Por otra parte, también han sido importantes sus obras y sus acciones en defensa de los derechos de la mujer.

En su obra El ocultamiento de lo humano: repugnancia, vergüenza y ley, hace un profundo estudio de las emociones, algo que ya había empezado a vislumbrarse en obras anteriores suyas. Allí trata temas como el miedo, la vergüenza, la gratitud y el rencor, intenta definir si son impulsos racionales o simplemente sentimientos vinculados con nuestra manera de ver el mundo; se pregunta si estas emociones son universales o si varían dependiendo de la cultura; si dichas emociones se aprenden y, en caso de que la respuesta sea afirmativa, si pueden "desaprenderse" las emociones equivocadas. Todo esto, en un constante transitar entre la filosofía, política y derecho.

Capacidades funcionales humanas centrales

Desde el denominado enfoque basado en las capacidades, Nussbaum destaca las siguientes diez "capacidades centrales" como claves para el desarrollo y criterios de justicia social, capacidades que deberían ser respaldadas por todas las democracias y países del mundo:

   Vida. Poder vivir hasta el final de una vida humana de longitud normal; no morir prematuramente, o antes de que la vida de uno sea tan limitada que no valga la pena vivirla.

   1. Salud. Poder gozar de buena salud, incluida la salud reproductiva; estar adecuadamente nutrido; tener un refugio adecuado.

   2. Integridad corporal. Poder moverse libremente de un lugar a otro; estar seguro contra asaltos violentos, incluida la agresión sexual y la violencia doméstica; tener oportunidades de satisfacción sexual y de elección en materia de reproducción.

   3. Sentidos, Imaginación y Pensamiento. Poder usar los sentidos, imaginar, pensar y razonar, y hacer estas cosas de una manera "verdaderamente humana", una forma informada y cultivada por una educación adecuada, que incluye, entre otras, alfabetización y conocimientos básicos. entrenamiento matemático y científico. Poder usar la imaginación y el pensamiento en conexión con experimentar y producir obras y eventos de su propia elección, religiosos, literarios, musicales, etc. Ser capaz de utilizar la mente de maneras protegidas por las garantías de la libertad de expresión con respecto al discurso político y artístico, y la libertad de ejercicio religioso. Poder tener experiencias placenteras y evitar el dolor no beneficioso.

   4. Emociones. Poder tener apegos a cosas y personas fuera de nosotros mismos; amar a quienes nos aman y nos cuidan, llorar su ausencia; en general, amar, sufrir, experimentar el anhelo, la gratitud y la ira justificada. No tener el desarrollo emocional arruinado por el miedo y la ansiedad. (Apoyar esta capacidad significa apoyar formas de asociación humana que pueden demostrarse como cruciales en su desarrollo).

  5. Afiliación. Ser capaz de vivir con otros y acercarse a ellos, reconocer y mostrar interés por otros seres humanos, participar en diversas formas de interacción social; para poder imaginar la situación de otro.

  6. Razón práctica. Ser capaz de formar una concepción del bien y participar en una reflexión crítica sobre la planificación de la vida. (Esto implica protección para la libertad de conciencia y la observancia religiosa).

  7. Afiliación. 7.1. Ser capaz de vivir con otros y acercarse a ellos, reconocer y mostrar interés por otros seres humanos, participar en diversas formas de interacción social; para poder imaginar la situación de otro. (Proteger esta capacidad significa proteger las instituciones que constituyen y alimentan esas formas de afiliación, y también proteger la libertad de reunión y el discurso político). 7.2. Tener las bases sociales del autorrespeto y no humillación; poder ser tratado como un ser digno cuyo valor es igual al de los demás. Esto implica disposiciones de no discriminación por motivos de raza, sexo, orientación sexual, etnia, casta, religión, origen nacional y especie.

  8. Otras especies. Ser capaz de vivir con preocupación por y en relación con los animales, las plantas y el mundo de la naturaleza.

  9. Jugar. Poder reír, jugar, disfrutar de actividades recreativas.

 10. Control sobre el entorno. 10.1. Político. Poder participar efectivamente en las elecciones políticas que gobiernan la vida de uno; tener el derecho de participación política, protección de la libertad de expresión y asociación. 10.2. Material. Poder tener propiedades (tanto de tierra como bienes muebles) y tener derechos de propiedad en igualdad de condiciones con los demás; tener derecho a buscar empleo en igualdad de condiciones con los demás; estar libre de una búsqueda o incautación injustificada. En el trabajo, poder trabajar como humano, ejercitar la razón práctica y entrar en relaciones significativas de reconocimiento mutuo con otros trabajadores.

Premios y reconocimientos

En 2012 fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.[4]

El 20 de noviembre de 2013 la Universidad Iberoamericana Ciudad de México le otorgó el grado de doctor honoris causa.

En diciembre de 2015 recibió por parte de la Universidad de Antioquia, Colombia el título honoris causa como doctora en filosofía.

El 25 de noviembre de 2022 fue galardonada con el Premio Balzan de filosofía moral.

El 18 de diciembre de 2023 fue investida doctora honoris causa por la Universidade de Santiago de Compostela.[5]

En diciembre de 2024 recibe el doctorado honoris causa de parte de la Universidad de los Andes en Colombia

Obras mayores:

La fragilidad del bien: la fortuna y la ética en la tragedia y la filosofía griega

La fragilidad confronta el dilema ético de que los individuos fuertemente comprometidos con la justicia son, no obstante, vulnerables a factores externos que pueden comprometer profundamente o incluso negar su florecimiento humano. Hablando de textos literarios y filosóficos, Nussbaum busca determinar hasta qué punto la razón puede permitir la autosuficiencia, y termina rechazando la noción platónica de que la bondad humana puede proteger completamente contra el peligro, alineándose con los dramaturgos trágicos y Aristóteles al tratar el reconocimiento de la vulnerabilidad como la clave para realizar el bien humano.

Su interpretación del Simposio de Platón en particular atrajo considerable atención. Bajo la conciencia de vulnerabilidad de Nussbaum, el reingreso de Alcibíades al final del diálogo socava el relato de Diotima de la escalera del amor en su ascenso al reino no físico de las formas. La presencia de Alcibíades desvía la atención hacia la belleza física, las pasiones sexuales y las limitaciones corporales, y por lo tanto destaca la fragilidad humana.

La Fragilidad hizo famosa a Nussbaum en las humanidades. Logró grandes elogios en las reseñas académicas, e incluso fue aclamada en los medios populares. Camille Paglia acreditó a Fragility con los "estándares académicos más altos" del siglo XX, y The Times Higher Education lo llamó "una obra supremamente académica". La fama de Nussbaum extendió su influencia más allá de lo impreso y en programas de televisión como el de Bill Moyers de la PBS.

Cultivando Humanidad

Cultivating Humanity recurre a los textos griegos clásicos como base para la defensa y la reforma de la formación humanística. Al notar la aspiración del filósofo cínico griego Diógenes de trascender los "orígenes locales y pertenencias grupales" a favor de convertirse en "ciudadano del mundo", Nussbaum traza el desarrollo de esta idea a través de los estoicos, Cicerón y, finalmente, el republicanismo moderno de Adam Smith e Immanuel Kant. Nussbaum defiende el multiculturalismo en el contexto del universalismo ético, defiende la investigación académica sobre la raza, el género y la sexualidad humana, y desarrolla aún más el papel de la literatura como imaginación narrativa en cuestiones éticas.

Al mismo tiempo, Nussbaum también censuró ciertas tendencias académicas. Criticó al deconstruccionista Jacques Derrida como "la verdad... simplemente no vale la pena de estudiar para alguien que ha estado estudiando a WVO Quine y Hilary Putnam y Donald Davidson" y también cita a Zhang Longxi, que califica el análisis de Derrida de la cultura china de "pernicioso" y sin "evidencia de estudio serio". En términos más generales, Nussbaum realizó algunas objeciones a Michel Foucault, pero sin embargo lo singularizó por proporcionar "la única obra verdaderamente importante en haber ingresado a la filosofía bajo el signo del posmodernismo". Nussbaum es aún más crítica con figuras como Allan Bloom, Roger Kimball y George Will por lo que ella considera su conocimiento "inestable" de las culturas no occidentales y las caricaturas inexactas de los departamentos de humanidades actuales.

The New York Times elogió a El cultivo de la Humanidad como "una defensa apasionada y argumentada del multiculturalismo" y lo aclamó como "una formidable, quizás definitiva defensa de la diversidad en los campus estadounidenses". Nussbaum fue la ganadora en 2002 del Premio Grawmeyer en Educación de la Universidad de Louisville.

Sexo y justicia social

Sex and Social Justice (Sexo y justicia social) se propone demostrar que el sexo y la sexualidad son distinciones moralmente irrelevantes que se han aplicado artificialmente como fuentes de jerarquía social; por lo tanto, el feminismo y la justicia social tienen preocupaciones comunes. Rechazando objeciones antiuniversalistas, Nussbaum propone libertades funcionales, o capacidades humanas centrales, como una rúbrica de justicia social.

Nussbaum analiza detenidamente las críticas feministas al liberalismo mismo, incluida la acusación formulada por Alison Jaggar de que el liberalismo exige un egoísmo ético. Nussbaum señala que el liberalismo enfatiza el respeto por los demás como individuos, y además argumenta que Jaggar ha eludido la distinción entre individualismo y autosuficiencia. Nussbaum acepta la crítica de Catharine MacKinnon al liberalismo abstracto.

Nussbaum condena la práctica de la mutilación genital femenina, citando la privación del funcionamiento humano normativo y sus riesgos para la salud, el impacto en el funcionamiento sexual, las violaciones de la dignidad y las condiciones de no autonomía. Haciendo hincapié en que la mutilación genital femenina se lleva a cabo mediante la fuerza bruta, su irreversibilidad, su naturaleza no consensual y sus vínculos con las costumbres de dominación masculina, Nussbaum insta a las feministas a enfrentar la mutilación genital femenina como un problema de injusticia.

Nussbaum también refina el concepto de "cosificación", como lo presentaron originalmente Catharine MacKinnon y Andrea Dworkin. Nussbaum define la idea de tratar como un objeto con siete cualidades: instrumentalidad, negación de la autonomía, inercia, fungibilidad, violabilidad, propiedad y negación de la subjetividad. Su caracterización de la pornografía como una herramienta de cosificación pone a Nussbaum en desacuerdo con el feminismo pro-sexo. Al mismo tiempo, Nussbaum argumenta a favor de la legalización de la prostitución, una posición que reiteró en un ensayo de 2008 tras el escándalo de Spitzer, escribiendo: "La idea de que debemos penalizar a las mujeres con pocas opciones eliminando una de las que pueden tener es grotesca".

Sexo y justicia social fue alabado por los críticos en la prensa. Salon declaró: "Ella muestra brillantemente cómo se usa el sexo para negar a algunas personas, es decir, mujeres y hombres homosexuales, la justicia social". El New York Times elogió el libro como "escrito con elegancia y discutido cuidadosamente". Kathryn Trevenen elogió el esfuerzo de Nussbaum por trasladar las preocupaciones feministas hacia los esfuerzos transnacionales interconectados, y por explicar un conjunto de pautas universales para estructurar una agenda de justicia social. Patrick Hopkins escogió para elogiar el capítulo "magistral" de Nussbaum sobre la cosificación sexual. La feminista radical Andrea Dworkin culpó a Nussbaum por "una constante sobreintelectualización de la emoción, que tiene la consecuencia inevitable de confundir el sufrimiento con la crueldad".

Esconderse de la Humanidad

Esconderse de la Humanidad amplía el trabajo de Nussbaum en psicología moral para sondear los argumentos para incluir dos emociones -vergüenza y repugnancia- como bases legítimas para los juicios legales. Nussbaum argumenta que los individuos tienden a repudiar su imperfección corporal o animalidad a través de la proyección de temores sobre la contaminación. Esta respuesta cognitiva es en sí misma irracional, porque no podemos trascender la animalidad de nuestros cuerpos. Al notar cómo la repugnancia proyectiva ha justificado erróneamente la subordinación grupal (principalmente de mujeres, judíos y homosexuales), Nussbaum termina descartando la repugnancia como una base confiable de juicio.

En cuanto a la vergüenza, Nussbaum argumenta que la vergüenza tiene un objetivo demasiado amplio, tratando de inculcar la humillación en un ámbito que es demasiado intrusivo y limita la libertad humana. Nussbaum se alía con John Stuart Mill para reducir la preocupación legal a los actos que causan un daño distintivo y asignable.

En una entrevista con la revista Reason, Nussbaum explicó: "La repugnancia y la vergüenza son intrínsecamente jerárquicos: establecen rangos y órdenes de seres humanos. También están intrínsecamente relacionados con restricciones a la libertad en áreas de conducta no perjudicial. Por estas dos razones, creo, cualquiera que valore los valores democráticos clave de igualdad y libertad debe desconfiar profundamente del atractivo de esas emociones en el contexto de la ley y las políticas públicas".

El trabajo de Nussbaum fue recibido con grandes elogios. El Boston Globe llamó a su argumento "característicamente lúcido" y la aclamó como "la filósofa de la vida pública más destacada de Estados Unidos". Sus reseñas en periódicos y revistas nacionales obtuvieron elogios unánimes. En círculos académicos, Stefanie A. Lindquist de la Universidad Vanderbilt elogió el análisis de Nussbaum como un "tratado de gran alcance y matizado sobre la interacción entre las emociones y la ley".

Una excepción destacada fue la reseña de Roger Kimball publicada en The New Criterion en la que acusó a Nussbaum de "fabricar" la renovada prevalencia de la vergüenza y la repugnancia en las discusiones públicas y dice que intenta "socavar la sabiduría moral heredada de milenios". La reprende por "despreciar las opiniones de la gente común" y finalmente acusa a Nussbaum de "esconderse de la humanidad".

Nussbaum recientemente ha corregido y extendido su trabajo sobre la repugnancia para producir un nuevo análisis de los problemas legales relacionados con la orientación sexual y la conducta del mismo sexo. Su libro From Disgust to Humanity: Sexual Orientation and the Constitution fue publicado por Oxford University Press en 2010, como parte de su serie "Inalienable Rights", editado por Geoffrey Stone.

De la repugnancia a la humanidad: orientación sexual y derecho constitucional

En este libro de 2010 Martha Nussbaum analiza el papel que desempeña la repugnancia en la ley y el debate público en los Estados Unidos. El libro analiza principalmente cuestiones legales constitucionales que enfrentan los gays y lesbianas estadounidenses, pero también analiza cuestiones como las leyes contra la mestización, la segregación, el antisemitismo y el sistema de castas en la India como parte de su tesis más amplia sobre el "principio de la repugnancia".

Nussbaum postula que las motivaciones fundamentales de quienes defienden las restricciones legales contra los gays y lesbianas estadounidenses se basan en el "principio de la repugnancia". Estas restricciones legales incluyen bloquear la orientación sexual protegida bajo leyes antidiscriminatorias (Ver: Romer v. Evans), leyes de sodomía contra adultos que consienten (Ver: Lawrence v. Texas), prohibiciones constitucionales contra el matrimonio entre personas del mismo sexo (Ver: Proposición 8 de California (2008)), una regulación demasiado estricta de las casas de baños gay y la prohibición del sexo en parques públicos y baños públicos. Nussbaum también argumenta que las prohibiciones legales sobre la poligamia y ciertas formas de matrimonio incestuoso (por ejemplo, hermano-hermana) se basan en el principio de la repugnancia y deben ser anuladas.

Identifica estrechamente el "principio de la repugnancia" con Lord Devlin y su famosa oposición al informe Wolfenden que recomendaba despenalizar los actos homosexuales consensuales privados sobre la base de que esas cosas "asquearían al hombre común". Para Devlin, el mero hecho de que algunas personas o actos pueden producir reacciones emocionales populares de repulsión proporciona una guía apropiada para legislar. También identifica la "sabiduría de la repugnancia" defendida por León Kass como otra escuela de pensamiento de "principio de la repugnancia", ya que afirma de la repulsión "en casos cruciales... la repugnancia es la expresión emocional de la sabiduría profunda, más allá del poder de articularlo de la razón".

Nussbaum continúa oponiéndose explícitamente al concepto de una moral basada en la repugnancia como una guía apropiada para legislar. Nussbaum señala que la repulsión popular se ha utilizado a lo largo de la historia como una justificación para la persecución. Basándose en su trabajo anterior sobre la relación entre la repugnancia y la vergüenza, Nussbaum señala que, en diversos momentos, el racismo, el antisemitismo y el sexismo han sido impulsados por la repulsión popular.

En lugar del "principio de la repugnancia", Nussbaum defiende "el principio del daño" de John Stuart Mill como la base adecuada para limitar las libertades individuales. Nussbaum argumenta que el principio del daño, que respalda las ideas legales del consentimiento, la mayoría de edad y la privacidad, protege a los ciudadanos, mientras que el "principio de la repugnancia" no es más que una reacción emocional poco confiable sin sabiduría inherente. Además, Nussbaum argumenta que este principio ha negado y continúa negando a los ciudadanos la humanidad y la igualdad ante la ley sin fundamentos racionales y causa daños sociales palpables a los grupos afectados.

Disgust to Humanity obtuvo aclamación en los Estados Unidos, y provocó entrevistas en el New York Times y otras revistas.Una revista conservadora, The American Spectator, ofreció una opinión disidente, escribiendo: "la crítica del 'principio de la repugnancia' carece de coherencia, y 'la política de la humanidad' se traiciona a sí misma al no tratar más compasivamente a los que se oponen al movimiento por los derechos ". El artículo también argumenta que el libro está empañado por errores de hechos e inconsistencias.

Obras

Aristotle's De Motu Animalium (1978)

The Fragility of Goodness: Luck and Ethics in Greek Tragedy and Philosophy (1986)

Love's Knowledge (1990)

Nussbaum, Martha, y Amartya Sen. The Quality o Life. (Oxford: Clarendon Press 1993)

The Therapy of Desire (1994)

Poetic Justice (1996)

For Love of Country (1996)

Cultivating Humanity: A Classical Defense of Reform in Liberal Education (1997)

Sex and Social Justice (1998)

Women and Human Development (2000)

Upheavals of Thought: The Intelligence of Emotions (2001)

Hiding From Humanity: Disgust, Shame, and the Law (2004)

Animal Rights: Current Debates and New Directions (editado con Cass Sunstein) (2004)

Frontiers of Justice: Disability, Nationality, Species Membership (2006)

The clash within democracy, religious violence, and India's future (2007)

Liberty of conscience: in defense of America's tradition of religious equality (2008)

From disgust to humanity: sexual orientation and constitutional law (2010)

Not for profit: why democracy needs the humanities (2010)

Creating capabilities: the human development approach (2011)

Philosophical interventions (2012)

The new religious intolerance: overcoming the politics of fear in an anxious age (2012)

Political emotions : why love matters for justice (2013)

The Monarchy of Fear: A philosopher looks at our political crisis (2018)

The Cosmopolitan Tradition: A Noble but Flawed Ideal (2019)

Citadels of Pride: Sexual Abuse, Accountability, and Reconciliation (2021)

Justice for Animals: Our Collective Responsibility (2023)

The Tenderness of Silent Minds: Benjamin Britten and his War Requiem (2024)

Traducidas al español

La fragilidad del bien: fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega [traducción de Antonio Ballesteros] Madrid: Visor, 1995.

Justicia poética: la imaginación literaria y la vida pública [traducción de Carlos Gardini]. Barcelona: Andrés Bello, D.L., 1997.

Los límites del patriotismo: identidad, pertenencia y "ciudadanía mundial", compilado por Joshua Cohen; [traducción de Carme Castells]. Barcelona: Paidós Ibérica, 1999.

Nussbaum M. y Cass R. Sunstein (eds.) Clones y clones: hechos y fantasías acerca de la clonación humana ; prólogo de Manuel Garrido; [traducción de María Cóndor Orduña]. Madrid: Cátedra, 2000.

El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal [traducción de Juana Pailaya] 1.ª ed. Barcelona: Andrés Bello, 2001.

Las mujeres y el desarrollo humano: el enfoque de las capacidades [traducción de Roberto Bernet]. Barcelona: Herder, 2002.

La terapia del deseo: teoría y práctica en la ética helenística [traducción de Miguel Candel]. Barcelona: Paidós, [2003]

El conocimiento del amor: ensayos sobre filosofía y literatura [traducción de Rocío Orsi Portalo y Juana María Inarejos Ortiz Boadilla del Monte]. Madrid: A. Machado Libros, 2005.

El cultivo de la humanidad: una defensa clásica de la reforma en la educación liberal [traducción de Juana Pailaya]. Barcelona: Paidós Ibérica, 2005.

El ocultamiento de lo humano: repugnacia, vergüenza y ley [Traducción de Gabriel Zadunaisky]. Buenos Aires/Madrid, Katz editores, 2006, ISBN 9788460983545

Las fronteras de la justicia: consideraciones sobre la exclusión [traducción de Ramón Vilà Vernis y Albino Santos Mosquera]. Barcelona: Paidós, 2007.

Paisajes del pensamiento: la inteligencia de las emociones Barcelona: Paidós Ibérica, 2008, ISBN 978-84-493-2099-6

Libertad de conciencia [traducción de Alberto Enrique Álvarez y Araceli Maira Benítez]. Barcelona: Tusquets, 2009.

India: democracia y violencia religiosa [traducción de Vanesa Casanova]. Barcelona: Paidós, 2009.

Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades [Traducción de María Victoria Rodil]. Buenos Aires/Madrid, Katz editores, 2010, ISBN 9788492946174

Libertad de conciencia: el ataque a la igualdad de respeto + "Vivir en democracia implica respetar el derecho de las personas a elegir estilos de vida con los que no estoy de acuerdo" (entrevista de Daniel Gamper Sachse) [Traducción de Patrícia Soley-Beltrán]. Buenos Aires/Madrid, Katz editores, 2011, ISBN 9788492946358 (En coedición con el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona).

Crear capacidades: propuesta para el desarrollo humano [traducción de Albino Santos Mosquera]. Barcelona, Paidós, 2012, ISBN 9788449309885

La monarquía del miedo: Una mirada filosófica a la crisis política actual [traducción de Albino Santos Mosquera]. Barcelona, Paidós, 2019, ISBN 9788449335853.

La tradición cosmopolita: Un noble e imperfecto ideal [traducción de Albino Santos Mosquera]. Barcelona, Paidós, 2020, ISBN 9788449336942.

Ciudadelas de la soberbia: Agresión sexual, resposabilización y reconciliación [traducción de Albino Santos Mosquera]. Barcelona, Paidós, 2022, ISBN 9788449339325.

Justicia para los animales: Una respuesta colectiva [traducción de Albino Santos Mosquera]. Barcelona, Paidós, 2023, ISBN 9788449341564.

lunes, 25 de mayo de 2026

Magnifica humanitas, encíclica tecnológica de León XIV

 El papa León XIV lanza con su primera encíclica una llamada de alarma contra el tecnofascismo: “Quien controla la IA impondrá su visión moral”, en El País, Íñigo Domínguez, Roma - 25 may 2026 

El Pontífice dedica ‘Magnifica humanitas’ a alertar de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”

El título de la primera encíclica de León XIV, Magnífica humanidad (Magnifica humanitas, las dos primeras palabras en latín del texto, como es tradición), ya constituye su programa ante los algoritmos, la inteligencia artificial y una nueva sociedad marcada por la tecnología: reivindica lo que nos hace humanos. Pero más allá de lo espiritual, es un documento potente de evidente carga política, que no oculta cuál es el nuevo adversario que señala la Iglesia: el tecnofascismo en ciernes teorizado por las teorías posthumanas y transhumanas de Silicon Valley y de buena parte de los ideólogos que rodean a Donald Trump. El subtítulo del texto, de 110 páginas, es “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.

Para el Pontífice se trata de un nuevo esquema mundial en el que “quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas”. “Pequeños grupos muy influyentes pueden orientar informaciones y consumos, condicionar procesos democráticos e incidir en las dinámicas económicas en beneficio propio, contradiciendo la justicia social y la solidaridad entre los pueblos”, alerta. Por eso llama a los estados a intervenir para establecer reglas, regular la tecnología y la propiedad de los datos.

De la misma manera, a nivel internacional, reivindica el multilateralismo y el papel de la ONU y las organizaciones internacionales. También disecciona los peligros de la IA para el impacto ambiental, en el mundo laboral y en la educación, y por supuesto en su uso en escenarios de guerra. Es más, en una de las muchas alusiones claras a la actual administración de la Casa Blanca, León XIV declara que “hoy más que nunca es importante reiterar la superación de la teoría de la ‘guerra justa’, invocada con demasiada frecuencia para justificar cualquier guerra, sin perjuicio del derecho a la legítima defensa, entendida en el sentido más estricto”.

Defensor a ultranza del diálogo y de los más débiles, opina que “se necesita una política más presente, capaz de ralentizar donde todo acelera y de proteger los espacios en los que las comunidades pueden seguir participando e interrogándose”.

León XIV, elegido hace un año, eligió su nombre pensando en León XIII, el papa que inició la doctrina social de la Iglesia con la encíclica Rerum novarum (De las cosas nuevas), en 1891, ante la deshumanización de la revolución industrial y el auge del comunismo. El referente es tan claro que ha firmado su primera encíclica el mismo día, el 15 de mayo, porque cree que el mundo se halla ante un cambio de época similar. Y desde luego, León XIV toma postura de forma contundente, siguiendo la línea de Francisco. Prueba de que es consciente del desafío en marcha y su voluntad de diálogo, Prevost ha asistido este lunes en persona a la presentación del documento, algo insólito, ante un auditorio con representantes académicos y diplomáticos. Es más, entre los ponentes estaba Christopher Olah, ateo y cofundador de Anthropic, una de las principales compañías de IA, pero con un rasgo distintivo: se enfrentó a Trump y se opuso al uso de su tecnología en el Pentágono.

El problema de olvidar la memoria histórica

Robert Prevost, que durante meses ha mantenido un perfil bajo y en los últimos meses ha emergido con personalidad propia al enfrentarse a Donald Trump, confirma con este documento que es una figura antagonista de primer orden contra las políticas de la Casa Blanca y el populismo de extrema derecha. Porque, advierte, sin una “reflexión ética y humanizadora, el creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos, mientras seguimos presentándonos como sociedades ‘avanzadas’ y ‘civilizadas’”.

El Papa considera que “vivimos en una época de notable ceguera espiritual y cultural”, en la que “un falso pragmatismo invita a cortar las raíces de la memoria (…), creyendo ilusoriamente que las atrocidades del siglo XX ya no pueden repetirse”. “En realidad, las mismas dinámicas resurgen bajo nuevas formas”, alerta. Contra esto, proclama una “civilización del amor” y no perder de vista nunca la humanidad: “Ningún sistema de cálculo, por sofisticado que sea, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien”.

León XIV diagnostica con nitidez el efecto venenoso de las redes sociales y los nuevos modos de comunicación, y no tiene ningún reparo en vislumbrar una deriva totalitaria: “La opinión pública se orienta y acostumbra progresivamente a narrativas mediáticas polarizadas, a menudo amplificadas por algoritmos que valoran el enfrentamiento y la oposición. También asistimos a una preocupante pérdida de la memoria histórica. La desaparición gradual de los testimonios directos del Holocausto y de las dos guerras mundiales facilita la reescritura selectiva o distorsionada del pasado, en un clima en el que las noticias falsas y las manipulaciones narrativas empañan las lecciones aprendidas”.

Contra “los extremismos religiosos y el fanatismo identitario”

Uno de los fenómenos en marcha que señala es una alianza de nihilismo y pragmatismo: “Los extremismos religiosos y los fanatismos identitarios se alían con un economicismo irracional, mientras que la política recurre con facilidad a la desinformación, a la ridiculización del adversario y a la construcción sistemática de miedos y resentimientos. Así, la diversidad del otro se vive cada vez más como una amenaza”.

Es el primer papa agustino, y en el texto es clara la impronta de San Agustín, la construcción de la ciudad de Dios. En un mundo en el que la cuestión central es la lucha entre el bien y el mal, llama a abrazar lo humano, con todos sus problemas e imperfecciones, y cree en un horizonte de esperanza porque cree que la humanidad también es capaz de hacer grandes cosas. Nunca lo ha hecho, recuerda, sin “resistencias, intereses mezquinos e inercias culturales”. Apunta que “la historia puede cambiar cuando al menos un solo hombre o una sola mujer se toma realmente en serio la dignidad de todos”, y el primer ejemplo que cita, con toda intención, es el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, y a Martin Luther King Jr. El Papa llama a todos a trabajar para “hacer que la técnica crezca sin que se repliegue el corazón”.

“Desarmar la IA”

En esta batalla ideológica, el Papa cree que la inteligencia artificial “no es moralmente neutra”, sino que es un arma. Por eso a “desarmar la IA (…) sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es solo militar, sino económica y cognitiva”. “Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable. (…) La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”.

El Pontífice también muestra su alarma por la “normalización de la guerra”: “Cuando se atenúa la memoria histórica y se debilitan los criterios éticos que protegen a los civiles y a los más frágiles, se vuelve más fácil presentar la violencia como necesaria, inevitable o incluso ‘limpia’”. En este sentido, señala que “reaparece la tentación de construir la identidad colectiva contra un enemigo, alimentando narrativas en las que cada uno se presenta como víctima legitimada para la revancha”. “La simplificación en esquemas —‘yo primero’, ‘amigo-enemigo’, ‘nosotros-ustedes’— facilita decisiones, a menudo irresponsables, que minan la confianza recíproca entre las naciones. La fuerza del derecho internacional es así sustituida por el supuesto ‘derecho del más fuerte’”.

El peligro del posthumanismo y las personas “de segunda clase”

En el centro de la encíclica, el Papa entra directamente a refutar las teorías de Elon Musk, Peter Thiel y los gurús visionarios de Silicon Valley, el transhumanismo y el posthumanismo. “Aun cuando estas hipótesis siguen siendo en gran parte especulativas, van adquiriendo relevancia, porque modifican el imaginario colectivo y, en consecuencia, orientan las decisiones sociales, económicas y políticas”, advierte. “Si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos. En nombre del progreso se puede llegar a pensar en ‘sacrificios necesarios’ y hacer pagar a los más vulnerables el precio de una presunta optimización de la especie”, asegura.

Prevost insiste en que algunas corrientes posthumanistas plantean incluso “la existencia de seres humanos ‘de segunda clase’, al servicio de los intereses de élites que se perciben a sí mismas como superiores: una perspectiva inquietante, más grave aún si se combina con instrumentos tecnológicos que amplían de forma exponencial el poder de control y de selección”.

Pero el Papa va más allá y amplía el análisis con respecto a la explotación mundial, no solo por el impacto ambiental que exigen las nuevas tecnologías, sino por “nuevas formas de esclavitud” y un neocolonialismo “de rostro inédito”. Surge, analiza, por “lógicas de endeudamiento estructural que mantienen a pueblos enteros en condiciones de dependencia”. “Una parte significativa del funcionamiento de la economía digital se sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de contenidos —a menudo pésimos— y entrenamiento de modelos. En muchos casos se trata de jóvenes, en su mayoría mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones mínimas. (...) No basta con invocar la eficiencia ni con alabar los beneficios de la innovación, si estos se basan en una cadena de explotación que se mantiene deliberadamente oculta”.

En estos pasajes emerge el papa estadounidense que ha vivido media vida en Perú y conoce el sur del mundo. Explica que “las injusticias no nacen solo de decisiones equivocadas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos, sistemas económicos y culturales que producen desigualdad casi automáticamente”. Por eso pide “recomponer los vínculos rotos y reintegrar al que ha sido excluido, teniendo en cuenta las heridas provocadas por las injusticias: guerras, colonialismo, discriminaciones raciales o de género, violencia contra pueblos enteros y explotación”.

León XIV acusa a un nuevo colonialismo que “no solo domina los cuerpos, sino que se apropia de los datos, transformando las vidas personales en información explotable”. “Territorios enteros, sobre todo aquellos con menos relevancia geopolítica y mayor fragilidad estructural, se ven, en el presente, atravesados por una nueva lógica de extracción: la de los flujos sanitarios, perfiles epidemiológicos, mapas genéticos y datos demográficos”.

El trato a los inmigrantes, el factor que define a una sociedad

El Papa vincula todos sus razonamientos a una especie de prueba del algodón que determina si una sociedad es justa o se ha extraviado: “Un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad”.

Aquí Prevost introduce un doble razonamiento, que ya ha ido señalando en el último año: reconocer el derecho a irse, pero también trabajar para que sea efectivo el derecho a quedarse. “La justicia social, en este campo, implica al menos dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quien está obligado a partir, garantizándole vías seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática”.

Viene a decir que en la cuestión migratoria hay dos fallos, en origen y destino, y que ambos deben ser resueltos si realmente se quiere una solución. Por eso, señala que “no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de algunos a expensas de costos y heridas en otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados, impidiéndoles expresar sus propias potencialidades”. E insiste: “No es verdadero progreso aquello que aumenta el bienestar de algunos degradando los ecosistemas, descargando costos sobre las comunidades más vulnerables o comprometiendo las condiciones de vida de quienes vendrán después de nosotros”.

Hay numerosas llamadas de alerta ante el capitalismo salvaje: “Es necesario recordar que la libertad económica no es absoluta y debe medirse siempre en función del bien común y de la dignidad de cada persona”. Reclama que el “empleo digno y de valor” es una parte esencial de la sociedad, y no “una variable dependiente únicamente del beneficio”. “Una sociedad justa requiere un Estado presente e instituciones civiles capaces de superar la mera lógica de la eficiencia, orientando explícitamente los recursos, la creatividad y las normas a favor de los más vulnerables”, concluye.

La encíclica hace propuestas incluso en cuanto a política fiscal, pues señala el preocupante aumento de las desigualdades en todo el mundo: “Se necesitan leyes justas e instrumentos de redistribución que corrijan los desequilibrios, incluso mediante sistemas fiscales que alivien la carga sobre los más débiles y exijan más a quienes disponen de mayores recursos”. Y añade: “La fiscalidad, las protecciones sociales y las políticas industriales deben corregir los desequilibrios creados por la concentración de riqueza y poder”.

“La verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos modos de construir: un progreso que sirve a la persona y a los pueblos, o un progreso que los doblega a lógicas de poder”, concluye el Papa. Es taxativo al denunciar que “quienes disponen de poderosos recursos técnicos y económicos (...) tienen una gran capacidad para provocar cambios culturales y, en última instancia, para convencer a un número significativo de personas acerca de cuál es la verdad sobre el ser humano, sobre el mundo, sobre el sentido de la existencia, sobre la familia e incluso sobre Dios”. Es una clara referencia a la deriva mesiánica en marcha en Estados Unidos, que intenta apropiarse del mensaje cristiano.

El texto da gran importancia a la degeneración de la información pública, que considera deliberada y con un interés político profundo: “Cuando la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés y se impone un pragmatismo que se conforma con lo que parece útil o eficaz, la vida democrática se debilita”. Pide una “ecología de la información” y la necesidad de un “periodismo serio”. En este punto, el Papa tiene un detalle sin precedentes en una encíclica, el más importante documento pontificio, al agradecer a la prensa su labor en la denuncia de la pederastia en la Iglesia: “Algunos periodistas comprometidos con la verdad han desempeñado un papel fundamental a la hora de sacar a la luz injusticias y abusos. A ellos quisiera reiterar las palabras del Papa Francisco al dirigirse a los vaticanistas: ‘Les agradezco también por lo que dan a conocer de lo que no funciona en la Iglesia, por lo que nos ayudan a no ocultar bajo la alfombra y por la voz que han dado a las víctimas de abusos’”.

Arendt, ‘El Señor de los anillos’ y el ‘Guernica

El Papa, en definitiva, acaba por unirse también a la legión de citaciones de Hannah Arendt, cada vez más actual, y alude a Los orígenes del totalitarismo: “El desinterés por la verdad conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo, para el cual, como escribió la filósofa Hannah Arendt, los súbditos ideales no son tanto aquellos ideológicamente convencidos, sino ‘las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)’”.

En otra de las citas, el Papa tiene su momento pop en una cita de El Señor de los anillos. En realidad, hila muy fino, pues esta novela es un referente de los movimientos de ultraderecha, empezando por la propia Giorgia Meloni, y Prevost subraya que uno de los personajes de Tolkien, “un escritor católico”, describió la responsabilidad de las personas de este modo: “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir”.

Hay otras alusiones llamativas, y muy significativas, como cuando señala que la cultura y el arte, “cuando son auténticos, custodian esta chispa, impidiendo la normalización del mal”. Entonces cita tres: “la Novena Sinfonía de Beethoven como deseo de unidad", evidente referencia a Europa; el Guernica "como denuncia de la deshumanización", y la película La lista de Schindler, “como una invitación a no entregar el pasado al olvido”.

Alerta ante el uso del móvil en los menores

Hay otros aspectos novedosos y sorprendentes para una encíclica: el Papa advierte del riesgo para los niños de “tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos”. Ve a las familias desbordadas, “les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo”, y por eso pide la intervención de las autoridades: “Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores”.

Prevost también llama a defender la educación pública. Señala como uno de los retos más importantes combatir las “fuertes desigualdades en el acceso a la educación básica y a los estudios superiores”. Para ello, dice que los estados deben invertir los recursos necesarios “para garantizar una educación de calidad para todos, ya sea apoyando adecuadamente el sistema escolar público o sosteniendo a las instituciones privadas”, pero advierte: “Cuando una parte importante de la educación, en varios niveles, se encomienda a instituciones privadas, puede ocurrir que, a falta de un apoyo público adecuado, el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades económicas de las familias”.

En todo caso, el Papa ofrece un horizonte de esperanza y de confianza en la humanidad. Como receta, propone cinco vías “de responsabilidad cotidiana y pública”, y enumera: “Desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo”.

sábado, 23 de mayo de 2026

Por qué la estupidez es más peligrosa que la maldad.

 I  [Transcripción de un texto de Rubén Caballero y Sara Perdiel, en PsicoStick, 2026:]

Capítulo 1: La frase que lo cambia todo.

Un teólogo alemán encerrado en una celda nazi escribió algo que hoy explica el mundo mejor que cualquier analista político. Dijo: "La  estupidez es un enemigo más peligroso que la maldad."

 Se llamaba Dietrich Bonhoeffer. Era pastor, teólogo y uno de los pocos líderes religiosos alemanes que se opuso abiertamente a Hitler desde el principio. Conspiró para asesinarlo. Fue arrestado, encerrado en un campo de concentración y ejecutado en abril de 1945, tres semanas antes de que terminara la guerra. 

Capítulo 2: Quién era Bonhoeffer.

Pero lo que escribió en esa celda sigue siendo lo más lúcido que se ha dicho sobre por qué el mundo funciona como funciona. Lo escribió en 1943 desde la prisión de Tegel, viendo algo que lo perturbaba más que la crueldad de los guardias.

Veía como Alemania entera, médicos, profesores, pastores, gente educada, gente religiosa, gente que había ido a la universidad y leído libros y criado hijos, había aplaudido a Hitler. 

Capítulo 3: La teoría: estupidez vs maldad.

Y la pregunta que lo obsesionaba no era cómo fue posible el mal, era cómo fue posible que gente buena lo aplaudiera.

Esa distinción lo cambia todo. Bonhoeffer dijo esto. Contra la maldad puedes luchar, puedes denunciarla, resistirla, encerrarla. La maldad tiene una lógica, quiere algo y porque quiere algo puedes anticiparla.

Pero contra la estupidez no tienes defensa, porque la persona estúpida, y aquí viene lo importante, no es alguien con poca inteligencia, es alguien que ha renunciado a usar su juicio propio, alguien que ha entregado su capacidad de pensar a un líder, a un grupo, a un eslogan, a una ideología. Y una vez que eso ocurre, no puedes convencerla con hechos. No puedes apelar a su razón porque ya no tiene razón propia, tiene la razón de otro.

Capítulo 4: Por qué no se cura con información.

Y aquí viene algo que casi nadie explica cuando habla de Bonhoeffer. Él no estaba hablando de personas ignorantes.

Decía explícitamente que la estupidez ocurre más en personas que acaban de adquirir poder social, o que pertenecen a grupos con mucho poder colectivo. Cuanto más poderoso es tu grupo, más fácil es que dejes de pensar por ti mismo, porque el grupo te da identidad, te da seguridad, te da respuestas. Y pensar por tu cuenta de repente tiene un coste que antes no tenía, el rechazo de los tuyos.

Capítulo 5: Mira a tu alrededor.

El malvado actúa solo, necesita esconderse, necesita mentir, tiene límites. Pero el estúpido es instrumento de otros y, lo peor, no sabe que lo es. Se siente convencido, se siente parte de algo grande. Se siente del lado correcto. No fueron los monstruos quienes destruyeron Alemania. Fueron millones de personas normales que entregaron su criterio a un movimiento y dejaron de hacerse preguntas. No eran malvados, eran algo peor. Eran obedientes sin pensamiento propio. Y ahora mira a tu alrededor: gente que repite sin saber de dónde vienen. Gente que comparte titulares sin leer el artículo. Gente que odia a personas que nunca ha conocido porque alguien les dijo que eran el enemigo. 

Capítulo 6: La única salida.

No son malas personas, son personas que han dejado de pensar por sí mismas y no lo saben. Ese es el problema. El estúpido nunca se reconoce, se siente informado, se siente despierto, se siente más listo que los demás y eso lo hace imposible de alcanzar.

Entonces, ¿qué se hace? Bonhoeffer tenía una respuesta y no era la que esperarías. Decía que la estupidez no se cura con educación, no se cura con información, no se cura con mejores argumentos.

Porque el problema no es que la persona no sepa, el problema es que ha decidido, consciente o inconscientemente, que la aprobación de su grupo vale más que su propio criterio. Y eso solo se rompe desde dentro, con un acto de coraje, no de inteligencia, con el momento en que alguien decide que prefiere pensar solo a pensar acompañado pero sin pensar.

Capítulo 7: La pregunta que te dejo

Bonhoeffer escribió todo esto sabiendo que iba a morir. No escribió para publicar un libro, escribió para que alguien, algún día, entendiera qué había pasado realmente. Y lo que pasó no fue que un monstruo tomó el poder, lo que pasó fue que millones de personas decidieron que pensar por sí mismas era demasiado incómodo. La pregunta que te dejo es simple. ¿Cuándo fue la última vez que cambiaste de opinión sobre algo importante? ¿Cuándo fue la última vez que dijiste algo dentro de tu grupo?

Sabías que no iban a aplaudir. Si no te acuerdas, quizás el problema no es que seas estúpido, es que dejaste de pensar y no te diste cuenta. La estupidez no se cura con información, se cura con coraje.

II [De Rubén Caballero y Sara Perdiel, en PsicoStick, 2026:]

Capítulo 1: El problema no es solo que te manipulen.

El problema no es que la gente te manipule, eso siempre ha existido. El problema es que, poco a poco, te acostumbren a vivir sin criterio propio.

Una noticia te indigna, pero la tertulia te enseña de quién reírte. Un grupo te empuja a opinar antes de pensar y crees que estás razonando cuando muchas veces solo estás respondiendo a estímulos colocados ahí precisamente para eso, para reaccionar y no pensar.

Por eso la primera defensa no es saber más, es detenerte y tomarte tu tiempo antes de entregar tu juicio.

Capítulo 2: Sócrates y la pregunta que libera.

Hay tres filósofos que entendieron esto antes que nadie y conviene escucharlos hoy más que nunca.

El primero, Sócrates, en Atenas del siglo V antes de Cristo, una ciudad polarizada como pocas, llena de oradores profesionales llamados sofistas que enseñaban a ganar discusiones sin importar la verdad.

Sócrates no escribió nada, solo paseaba por el ágora haciendo preguntas y eso era tan peligroso que terminaron condenándole a muerte por corromper a la juventud. Su crimen: enseñar a preguntar mejor en lugar de gritar más fuerte. Sus preguntas traducidas al día de hoy son increíblemente útiles.

Antes de aplaudir, compartir o indignarte, párate y pregúntate cuatro cosas.:

1. ¿Qué me están intentando hacer sentir?

2. ¿Qué parte de la historia no estoy escuchando?

3. ¿A quién convierten con esto en caricatura?

4. ¿Quién gana si yo reacciono así?

Capítulo 3: Viktor Frankl y el espacio entre estímulo y respuesta.

Una sola pregunta honesta puede romper una cadena invisible porque la manipulación necesita velocidad. Necesita que compartas antes de mirar.

La pregunta introduce una pausa y en esa pausa aparece algo que el manipulador odia, tu libertad.

El segundo, Víctor Frankl, psiquiatra, sobrevivió 3 años en Auschwitz, donde le quitaron familia, profesión, dignidad y, casi, la vida. Y en ese lugar, donde un ser humano no controla absolutamente nada, descubrió algo que cambió la psicología del siglo XX.

Escribió: "Entre lo que te ocurre y lo que respondes hay un espacio." Y en ese espacio, aunque sea minúsculo, todavía puedes elegir quién vas a ser. Lo entendió en el peor lugar del mundo y por eso vale oro. No siempre puedes elegir el ruido, la presión ni la época que te toca vivir... pero puedes elegir no convertirte en marioneta de cada estímulo que te coloquen delante.

Capítulo 4: Bonhoeffer y el peligro de entregar el juicio.

Puede parecer una libertad pequeña, pero es real, es tuya  y puede cambiar el devenir de tu vida.

El tercero, Dietrich Bonhoeffer, teólogo alemán encarcelado por los nazis, escribió lo siguiente: "El peligro real no es la maldad, es la estupidez moral, que no significa falta de inteligencia, significa entregar tu juicio al grupo y dejar de pensar por ti mismo." Bonhofer vio a doctores, abogados, profesores universitarios brillantes apoyando atrocidades.

Habían adoptado la narrativa colectiva sin examinarla y el antídoto no era creerse superior a la masa, decía. Eso es otra trampa. El antídoto era más humilde: no repetir lo que no has examinado, no aplaudir lo que te incomoda por dentro. No burlarte de alguien solo porque la mesa entera se burla. No llamar pensamiento propio a una emoción que te han colocado.

Capítulo 5: La pausa como revolución filosófica.

La revolución filosófica empieza ahí, no en cambiar el mundo entero, sino en recuperar ese pequeño territorio donde todavía decides tú: tu pausa, tu pregunta, tu conciencia.

Por eso, antes de compartir, antes de odiar, antes de reírte del enemigo señalado, haz algo simple.

Detente. Pregunta. Mastica antes de tragar. Pensar no siempre te hará ganar las discusiones, pero puede impedir que un día despiertes y descubras que todas tus opiniones tenían dueño. Si quieres profundizar un poco más en este tema, tienes disponible la guía Mastica antes de tragar en el perfil del canal. Y si crees que a alguien podría servirle este vídeo, compártelo.

Declaración de Cambridge sobre la consciencia animal

 I 

La Declaración de Cambridge sobre la Consciencia (7 de julio de 2012) afirmó públicamente que muchos animales no humanos poseen conciencia, incluyendo mamíferos, aves e incluso pulpos.

Fue proclamada el 7 de julio de 2012 en la Universidad de Cambridge durante la Francis Crick Memorial Conference, y firmada por un grupo de 26 destacados neurocientíficos en presencia de Stephen Hawking.

Contexto y Contenido de la Declaración y Principales Afirmaciones

Reconocimiento de la Conciencia en animales no humanos:

Muchos de los animales poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos necesarios para la conciencia, no se requiere neocórtex, pues la ausencia de neocórtex no implica ausencia de estados afectivos. Todos poseen las bases neurológicas de la conciencia. Ballenas, Pulpos y otros cefalópodos, también incluidos por sus complejas redes neuronales.

La gran Importancia Científica y un cambio de paradigma: Se reconoce que la conciencia no es exclusiva de los humanos. Esta la evidencia convergente, estudios muestran que circuitos cerebrales homólogos generan estados afectivos y conductas intencionales en animales.

Los ejemplos mas notables esta en perros y gatos. Casualmente los más cercanos al hombre por milenios, se les reconocen estados emocionales comparables a los humanos. Muchos otras especies de animales exhiben comportamientos y patrones de sueño similares a los mamíferos, demuestran razonar problemas complejos y toma de decisiones.

Sí, la Declaración de Cambridge fue un hito porque oficializó en el ámbito científico lo que muchos intuían: que los animales sienten y son conscientes de su entorno y de sí mismos. Aunque no todos los países han traducido esto en legislación, el documento ha servido como base para debates éticos sobre el trato hacia los animales en investigación, producción y convivencia.

II

La Declaración de Cambridge sobre la consciencia:

En el día de hoy, 7 de julio de 2012, un prestigioso grupo internacional de los ámbitos de la neurociencia cognitiva, la neurofarmacología, la neurofisiología y la neurociencia computacional, se reunieron en la Universidad de Cambridge para reevaluar los sustratos neurobiológicos de la experiencia consciente y los comportamientos relacionados con ésta, tanto en animales humanos como en no humanos. Aunque la investigación comparativa en este campo se vea obstaculizada por causas naturales debido a la incapacidad de los animales no humanos, y a menudo de los humanos, para comunicar sus estados internos de forma clara y sencilla, se pueden afirmar de manera inequívoca las siguientes consideraciones:

El campo de la investigación en la consciencia está evolucionando muy rápidamente. Se han desarrollado numerosas técnicas y estrategias nuevas para la investigación en animales no humanos y humanos. Por lo tanto, estamos obteniendo más datos, lo cual lleva a una reevaluación periódica de las concepciones previamente aceptadas en este campo. Los estudios acerca de animales no humanos han mostrado que hay circuitos cerebrales homólogos correlacionados con la experiencia y la percepción consciente que pueden ser activados o interrumpidos selectivamente con el fin de determinar si son necesarios o no para esas experiencias. Más aún, ya hay disponibles nuevas técnicas no invasivas para investigar el estudio de los correlatos de la consciencia en humanos.

Los sustratos neurológicos de las emociones no parecen limitarse a las estructuras corticales. De hecho, las redes neuronales subcorticales que se activan cuando tienen lugar estados afectivos en los humanos son también de crucial importancia en la generación de comportamientos emocionales en los animales. La excitación artificial de las mismas regiones del cerebro, generan una conducta y estados de ánimo correspondientes en humanos y en no humanos. En cualquier área del cerebro de los animales no humanos en la que se induzcan comportamientos emocionales no aprendidos en los animales no humanos, sucede que muchas de las conductas resultantes son consistentes con estados emocionales en forma de experiencias, incluidos los estados internos de recompensa y castigo. La estimulación cerebral profunda de estos sistemas en humanos también puede generar estados afectivos similares. Los sistemas asociados con el afecto se concentran en las regiones subcorticales, donde abundan las homologías neuronales. Los animales no humanos y los humanos jóvenes sin neocórtex conservan estas funciones cerebro-mente. Además, los circuitos neurológicos que hacen posibles los estados de comportamiento/electrofisiológicos de la atención, el sueño y la toma de decisiones parecen haber surgido en la evolución muy temprano, en cuanto tuvo lugar la radiación de los invertebrados, siendo evidente en insectos y molúscos cefalópodos (como, por ejemplo, los pulpos).

Las aves también parecen ofrecer, a través de su comportamiento, neurofisiología y neuroanatomía, un caso notable de evolución paralela de la consciencia. Se ha podido observar una rotunda evidencia de niveles casi humanos de consciencia en los loros grises de cola roja. Las redes emocionales y los microcircuitos cognitivos de los mamíferos y las aves parecen ser mucho más homólogos de lo que se pensaba previamente. Además, se ha comprobado que ciertas especies de aves muestran patrones neurales de sueño similares a los de los mamíferos, incluyendo el sueño REM, y, como se demostró en los pinzones cebra, patrones neurofisiológicos que anteriormente se creía que requerían un neocórtex como el de los mamíferos. Se ha demostrado que las urracas en particular presentan similitudes sorprendentes con los humanos, los grandes simios, los delfines y los elefantes en los estudios de autorreconocimiento en el espejo.

En los humanos, el efecto de ciertos alucinógenos parece estar asociado con la perturbación de los procesos de alimentación y retroalimentación cortical. Las intervenciones farmacológicas en animales no humanos con compuestos que se sabe que afectan al comportamiento consciente en humanos también pueden conducir a perturbaciones similares en animales no humanos. En los seres humanos existen claras evidencias que sugieren que la consciencia se correlaciona con la actividad de la corteza cerebral, lo que no excluye posibles contribuciones para ella del procesamiento subcortical o en la corteza primaria, por ejemplo en la experiencia visual. La evidencia de que el sentimiento de las emociones en seres humanos y en animales no humanos surgen de redes cerebrales subcorticales homólogas aporta evidencias fehacientes de la presencia de cualidades afectivas de las experiencias individuales (qualia) primarias compartidas a lo largo de la evolución común.

Declaramos lo siguiente:

"La ausencia de un neocórtex no parece impedir que un organismo pueda experimentar estados afectivos. Hay evidencias convergentes que indican que los animales no humanos poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados de consciencia, junto con la capacidad de mostrar comportamientos intencionales. En consecuencia, el peso de la evidencia indica que los humanos no somos los únicos en poseer la base neurológica que da lugar a la consciencia. Los animales no humanos, incluyendo a todos los mamíferos y aves, y otras muchas criaturas, entre las que se encuentran los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos”.

La Declaración de Cambridge sobre la consciencia  fue redactada por Philip Low y revisada por Jaak Panksepp, Diana Reiss, David Edelman, Bruno Van Swinderen, Philip Low y Christof Koch. La Declaración fue proclamada de forma pública en Cambridge, Reino Unido, el 7 de julio de 2012, en la Conferencia sobre la Consciencia en Humanos y Animales no Humanos en memoria de Francis Crick, celebrada en el Churchill College de la Universidad de Cambridge, por Low, Edelman and Koch. La Declaración fue firmada por los participantes de la conferencia esa misma tarde, en presencia de Stephen Hawking, en el Salón Balfour del Hotel du Vin en Cambridge, Reino Unido. La ceremonia de la firma fue grabada para su recuerdo por CBS 60 Minutes.

viernes, 1 de mayo de 2026

Josef Menčík, el Alonso Quijano del siglo XX

Este fue un Alonso Quijano real, que se construyó y fue creciendo poco a poco desde ser restaurador y anticuario, en su castillo de Dobrš (Bohemia del Sur), hasta transformarse en un caballero andante que luchó y murió contra el nazismo. 

Josef Menčík (1870–1945)

martes, 31 de marzo de 2026

El derecho consagra el principio de mal menor.

 [Transcrito de VulturVar, "El derecho no está diseñado para la justicia"]

 Capítulo 1: El Moloch del Derecho

Solo a expensas de ciertos valores puede, en determinados casos, existir el orden jurídico, cuya esencia consiste en supeditar todo bien a la seguridad, la santidad, la verdad, la belleza y hasta la propia justicia. Más, ¿cómo es esto posible? ¿Qué valor es este que, como un nuevo Moloch, exige el sacrificio de ofrendas tan preciosas? Extraño como pueda aparecer, el orden jurídico antepone la seguridad a todo otro valor como un medio para favorecer el imperio de todos los valores. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 362)

Jorge Millas fue uno de los filósofos chilenos más importantes del siglo XX. Utiliza para describir el derecho la imagen de Moloch, una figura que exigía lo más preciado para seguir funcionando. Millas toma esta imagen y la aplica al sistema jurídico. Y la pregunta que surge de inmediato es: ¿qué es exactamente lo que el derecho nos exige sacrificar? 

No nos exige sacrificar cosas menores. Nos pide sacrificar la verdad, inclusive la justicia. Todo aquello que, en teoría, el derecho protege. Y esto no ocurre por accidente, por corrupción o por mala fe, ocurre por diseño. El sistema funciona correctamente cuando lo hace, y necesitamos que lo haga. En este video vamos a explorar esta idea de Jorge Millas, esta paradoja que él llama una aberración axiológica: la idea de que el derecho solo puede proteger los valores que más nos importan... a condición de sacrificarlos cuando sea necesario.

Capítulo 2: Qué es el derecho y por qué obedecemos

Para entender la paradoja, primero hay que entender qué es el derecho. Millas descarta la experiencia cotidiana como punto de partida. Observar jueces, policías o tribunales no revela la esencia del sistema, solo su infraestructura. Millas hace un análisis más intuitivo. Se pregunta: ¿qué es lo común a todo ordenamiento jurídico que existe o que ha existido? Estas son las normas, una regulación coactiva del comportamiento social, normas que orientan conductas y tienen detrás la posibilidad de una sanción. Esas normas son objetos ideales, estructuras lógicas que existen independientemente de si alguien las cumple, como las matemáticas. 

Pero las ciencias jurídicas no estudian hechos o fenómenos, no se plantean preguntas acerca de sucesos o cambios del mundo factual. Su objeto propio son las normas jurídicas, que no constituyen casos reales pertenecientes a la trama de acciones y reacciones entre hechos, sino objetos ideales pertenecientes al mundo racional de las significaciones. Es decir, que la tarea del jurista es análoga a la del matemático o a la del lógico, los cuales tampoco estudian hechos, sino estructuras ideales. (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 116.)

Por eso el estudio del derecho no es descriptivo como la sociología, sino que es lógico. Aquí dialoga directamente con Hans Kelsen, el filósofo del derecho que intentó depurar el derecho de toda consideración moral o política. Para Kelsen, la norma está dirigida al Estado y al juez. Si hay un ilícito, este debe sancionarlo. El ciudadano aparece de una manera derivada. Millas corrige eso: toda norma es en realidad la conjunción de dos juicios coexistentes: la norma secundaria que exige una conducta al ciudadano y la norma primaria, que le ordena al Estado sancionar esa conducta si no se cumple.

Las dos son necesarias. Aquí Millas da el paso más importante en su argumento y es donde va más allá de Kelsen, porque una cosa es la norma individual y otra muy distinta es el derecho tomado en su totalidad. El derecho como conjunto no es neutral, es un bien moral instrumental, un sistema que existe para hacer posible la convivencia y que por esa razón merece obediencia.

El derecho in toto, como orden integral de convivencia regido por la autoridad pública, nos obliga, por consiguiente, en cuanto es él mismo un valor, en cuanto en su esencia reside un imperativo axiológico. Es decir, que debemos acatamiento al derecho porque el derecho es un bien. El derecho como totalidad tiene, entonces, un fundamento extrajurídico, ya que la obligatoriedad jurídica es, según sabemos, axiológicamente neutra, y solo implica imputabilidad de sanciones.  (Jorge Millas, Filosofía del Derecho, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2012, p. 322-323.)

Esto resuelve la pregunta que el formalismo puro de Kelsen no podía responder. ¿Por qué obedecemos el derecho? Porque, para Kelsen, una vez que el análisis llega a la norma fundamental, la obediencia es casi un presupuesto lógico del sistema. Para Millas, la razón es distinta, y más honesta: obedecemos porque el derecho mismo es un valor, porque preferimos un orden, aunque sea imperfecto, a la incertidumbre total. Y ahí surge una pregunta: si el derecho vale como instrumento para proteger valores, ¿cuáles son esos valores? ¿Cuál es el valor que lo hace funcionar, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal? La respuesta de Millas es precisa: la seguridad jurídica

Capítulo 3: La Seguridad Jurídica y el precio del orden

El derecho tiene una plasticidad notable y puede ponerse al servicio de la salud pública, la igualdad o la justicia. Pero hay un valor que no es opcional, sin el cual el derecho dejaría de ser reconocible como tal. Millas lo llama el a priori funcional, la condición que hace posible que el derecho perciba cualquier otro valor, que el derecho sea predecible, que cada persona sepa que atenerse. No es un detalle administrativo. Esta es la base sobre la que descansa todo lo demás. Sin esa previsibilidad, el derecho no puede orientar conductas, y, si no puede orientar conductas, no puede proteger ningún valor. Aquí aparece la paradoja que llama la aberración axiológica. Garantizar esa previsibilidad tiene un costo que no es ocasional ni accidental, está inscrito en la estructura misma del derecho. El orden jurídico antepone la certeza a la justicia cada vez que el sistema lo requiere para mantenerse de pie. No protege los valores a pesar de sacrificarlos, los protege mediante ese sacrificio.

Capítulo 4: El Sacrificio en Acción (prescripción y cosa juzgada)

Esto no es abstracción. Milla lo ilustra con instituciones concretas y dos de ellas lo muestran con una claridad que incomoda: la prescripción extintiva es el ejemplo más limpio. Si un acreedor deja pasar los años sin cobrar una deuda, su acción legal prescribe, y el deudor adquiere la certeza inamovible de que ya no podrá ser obligado a pagar. Es justo que una deuda se evapore por el paso del tiempo quizás no. Pero el sistema prefiere eliminar la inseguridad de un cobro eternamente posible antes que proteger a un acreedor negligente. Aún más extrema, es la prescripción adquisitiva. Millas no la aborda directamente en su libro, que son, en realidad, apuntes de sus clases, pero difícilmente podría encontrarse un ejemplo más ilustrativo.

El artículo 2510 del Código civil chileno establece que 10 años de posesión bastan para adquirir el dominio de un bien, sin importar si el poseedor actuó de buena o de mala fe. Cuando decimos mala fe, no estamos hablando de un descuido ni de una ambigüedad.

El artículo 2510 del Código civil: "El dominio de cosaas  omerciales que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede serlo por la extraordinaria [...] Artículo 2511: El lapso de tiempo necesario para adquirir por esta especie de prescripción es de diez años contra toda persona"

Alguien que robó una propiedad que la obtuvo mediante fraude, se convierte en dueño legítimo si el tiempo pasa y nadie actúa; el sistema lo sabe y aún así lo consagra. ¿Es justo esto? Casi con certeza, no, pero aquí está la clave que Millas nos entrega: el derecho no pretende que sea justo. Lo que hace es anteponer la certeza del presente a la verdad del pasado. Reabrir indefinidamente el origen de cada propiedad, perseguir cada injusticia originaria, significaría someter el sistema de derechos a una inestabilidad permanente, lo que los antiguos llaman probatio diabolica o "la prueba diabólica". El Moloch exige ese sacrificio preciso, que la verdad de cómo se obtuvo algo ceda ante la seguridad de saber quién lo tiene ahora. El tiempo aquí no es neutral, ni accidental. Es una herramienta deliberada del orden jurídico para cerrar el pasado y hacer habitable el presente. La cosa juzgada también es una manifestación de esto. Una vez que hay una sentencia firme, el sistema no admite que nadie reabra el asunto, ni siquiera si el fallo fue injusto. Ni siquiera si todos lo saben.

Millas rechaza la antigua idea de que la cosa juzgada es una ficción de verdad, como si el derecho fingiera que el juez siempre acierta. El derecho no finge nada: simplemente hace al fallo inmutable, lo que describe como una prohibición de derogación. La sentencia es una norma que el sistema blinda contra cualquier acto posterior que pudiera anularla. Un fallo debe cumplirse, no porque sea justo, sino porque fue dictado por quién tenía el poder de dictarlo. La autoridad de la jurisdicción precede la justicia del fallo. Eso es lo que hace al derecho honestamente cínico. No miente. No pretende que sus sentencias sean perfectas, solo las declara definitivas.

Capítulo 5: Conclusión.

Conclusión. Este es el corazón de la aberración axiológica. El derecho no falla ocasionalmente ni produce injusticias por descuido. Está estructuralmente diseñado para sacrificar la verdad y la justicia del caso particular cuando la seguridad del sistema lo exige. El Moloch no actúa por capricho, actúa por diseño. Y sin embargo, Millas no concluye que el derecho sea un mal que apenas toleramos. Concluye algo más complejo: que sin ese sacrificio, sin ese orden imperfecto que a veces consagra injusticias, no habría ningún marco estable dentro del cual perseguir la justicia o cualquier otro valor. El derecho protege los valores, sacrificándolos un poco cada vez, para que el sistema que los hace posible siga en pie.