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miércoles, 21 de enero de 2026

El infanticidio y destrozo a las mujeres caídas de Irlanda

 El cruel drama de las "mujeres caídas": cómo Irlanda destrozó la vida de más de 60.000 madres, en El Mundo, Andrés Seoane, 6 mayo 2025:

Auspiciada por el Estado y dirigida por la Iglesia, entre 1922 y 1998 existió una red de hogares para madres y bebés que provocó la muerte de más de 9.000 niños. Caelainn Hogan narra su terrible historia en ‘La república de la vergüenza y reclama justicia. "Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes". Hay sábanas con los nombres de los casi 800 niños muertos colgadas en las puertas de la fosa común de 796 bebés hallada en el antiguo Hogar para madres y bebés de Tuam, Galway.

El libro es La república de la vergüenza, por Caelainn Hogan. Traducción de Elena Pérez San Miguel. Errata Naturae. 328 páginas.

En 2014, Irlanda se vio sacudida por una noticia impactante. Según las investigaciones de la historiadora local Catherine Corless los cadáveres de casi 800 bebés y niños yacían en los terrenos del Hogar para Madres y Bebés Bon Secours de su pueblo, Tuam, ubicado en el condado de Galway al oeste del país y regentado entre 1925 y 1961 por las Hermanas del Buen Socorro. Corless descubrió cientos de certificados de defunción -las causas de muerte más comunes apuntadas eran debilidades congénitas, enfermedades infecciosas y desnutrición- pero ningún registro de entierro.

Ante el revuelo del caso, se abrió una investigación y entre 2016 y 2017 las excavaciones realizadas en una fosa común sin marcar, ubicada en la antigua fosa séptica del edificio, revelaron los restos de 796 individuos de edades comprendidas entre las 35 semanas de gestación y los tres años. La gravedad del horrible hallazgo llevó a la creación de una Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés que se propuso explorar y documentar el legado persistente de las instituciones religiosas en Irlanda.

Fue en ese 2017, con la polémica candente, cunado la periodista experta en conflictos, migración y marginación Caelainn Hogan (Dublín, 1988), regresó a su Dublín natal tras varios años trabajando en países como Nigeria, Sudáfrica, Estados Unidos, Siria o España -donde escribió reportajes sobre el movimiento antidesahucios y las protestas de los indignados-. "Ese año ocurrieron en Irlanda muchas cosas que generaron un profundo debate social sobre el embarazo y los derechos reproductivos, las personas separadas de sus hijos y el trato que la Iglesia y el Estado habían dado a las mujeres embarazadas y sus bebés. Muchos supervivientes comenzaron a la voz y a contar sus terribles historias, y al empezar a hablar con ellas me di cuenta de que era un problema persistente, que no era algo del pasado o de la historia, sino que afectaba a miles de vidas hoy en día".

De todas esas conversaciones, reportajes e investigaciones nació el espeluznante y conmovedor ensayo La república de la vergüenza (Errata Naturae), que recoge muchos de estos testimonios y glosa el funcionamiento de esta red de instituciones, regentadas por la Iglesia pero apoyadas y sufragadas por el Estado, para ocultar, castigar y explotar a las llamadas "mujeres caídas o descarriadas". Narrado en primera persona, Hogan, hija de padres que nunca se casaron, comprobó con espanto que ella misma y su madre podían haber acabado en un lugar así.

"No hablé con nadie en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones. Nací en 1988, y sólo un año después de que el estado cambiara la ley de ilegitimidad (Legitimacy of Children Act) [hasta 1987 los hijos nacidos fuera del matrimonio tenían en Irlanda un estatus legal inferior], así que si hubiera nacido solo unos meses antes... Al hablar con supervivientes descubrí que muchas mujeres y niñas todavía eran enviadas a estos hogares para madres y bebés en mi época, y que el último, en Donegal, dirigido por laicos, pero con una fuerte influencia de la Iglesia, no cerró hasta 2006", explica. "También descubrí que era algo mucho más común de lo que parece, no hablé con ninguna persona en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones".

Las popularmente conocidas como lavanderías de la Magdalena nacieron en el siglo XVIII para ayudar a mujeres que habían caído en la prostitución, a las que buscaban trabajo como lavanderas o sirvientas, pero en el siglo XX sus prácticas habían cambiado mucho. Regentadas por órdenes de monjas como las Hermanas del Buen Socorro, de la Misericordia, del Sagrado Corazón o las Hijas de la Caridad, estas instituciones repartidas por todo el país se convirtieron en lugares donde niñas y mujeres, llamadas "penitentes" eran encarceladas y condenadas a la servidumbre. Y en los hogares maternales, las mujeres que habían quedado embarazadas fuera del matrimonio eran ocultadas, y en la mayoría de los casos sus bebés eran adoptados, muchas veces ilegalmente.

Miedo, culpa y vergüenza

"En los años 90, mucha gente comenzó a hablar sobre lo que les había sucedido en estas instituciones religiosas y eso erosionó la autoridad y el poder casi omnipotente que la Iglesia había tenido en el país. Se comenzaron a investigar cosas como y el abuso infantil sistémico en escuelas y reformatorios y también los casos de las lavanderías de la Magdalena y los hogares para madres y bebé, descubriendo poco a poco la trama de encarcelamientos, trabajos forzados, abusos sexuales, maltratos físicos, negligencias médicas", explica la autora. El libro relata muchas experiencias escalofriantes de estas "penitentes", algunas enviadas allí por sus propias familias, otras convencidas por monjas y sacerdotes, algunas embarazadas a raíz de violaciones dentro o fuera del hogar familiar...

"Se las obligaba a trabajar gratis y se les negaba cualquier contacto con sus hijos, incluso información. A veces, pasaban toda su vida en estas instituciones hasta su muerte, y muchas llegaron a tomar los votos para mejorar algo su vida. Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes", resume Hogan para quien lo peor de todo era el estigma, "la culpa, el miedo y la vergüenza" que las religiosas inculcaban en las mujeres. "Los embarazos eran tratados como delitos, así que ellas eran tratadas como delincuentes y se hablaba en términos penales de sus embarazos y sus hijos. Lejos de ser refugios u hogares, eran prisiones reales y morales que causaron un daño inconmensurable a generaciones enteras". "Muchas madres vivieron toda su vida en silencio. Lo peor es la sensación de vergüenza, miedo y culpa que se les inculcó"

Y, todo ello ocurrió, como destaca Hogan, con la connivencia del Estado. "Aunque estos centros ya existían, desde 1922 [año de la independencia de Irlanda] fue muy útil para el Estado poder recluir a mujeres y niños en estas instituciones y ceder ese poder a la Iglesia en lugar de tener que mantener a estas familias que consideraban inferiores e inmorales. Hasta los años 70 no existía ningún tipo de apoyo o ayuda social para las madres solteras porque el Estado no las consideraban familias ante la ley y no querían apoyarlas", denuncia Hogan.

"Por eso, estaban felices de enviarlas a instituciones, de pagar su internamiento a las monjas y hacer desaparecer lo que consideraban un problema, la prueba de la sexualidad extramatrimonial, algo que la Iglesia y el Estado afirmaban que no debía existir. Irlanda era una teocracia de facto y en este ideal de nación católica perfecta las mujeres y niñas embarazadas, eran un desafío literalmente físico. Y fueron tratadas como una amenaza y desaparecieron a través de estas instituciones".

El último hogar de este tipo cerró sus puertas en 1998, sin embargo, la sombra de estos lugares sigue muy viva en la memoria irlandesa, donde si bien sigue existiendo una enorme influencia de la Iglesia, la conservadora, restrictiva y patriarcal moral social que permitió la normalización y larga supervivencia de estas instituciones está en extinción, como apunta Hogan con un ejemplo.

"En 2018, el año de la visita del Papa, aprobamos un referéndum a favor del derecho al aborto y de la derogación de la prohibición constitucional del aborto", explica. "Durante la misa papal charlé con varias mujeres de fe para quienes ver al Papa significaba mucho. Pero también habían votado a favor de la derogación de la prohibición del aborto y eran proelección. Y no son casos aislados. La Iglesia debe lidiar con que mucha gente en sus filas cree en una mayor igualdad y libertad de la que ellos ofrecen actualmente".

En busca de justicia

En 2021 se publicó, tras varios retrasos, el informe de la Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés, y los datos fueron demoledores. Casi 60.000 madres solteras y unos 57.000 niños, de los cuales más de 9.000 murieron, pasaron por los hogares investigados por la comisión en esos más de 70 años, la mayoría entre las décadas del 60 y 70. Se sucedieron las disculpas públicas, del Taoiseach Micheál Martin al propio Papa Francisco, pero, como denuncia Hogan, los resultados han sido más bien escasos.

"El Estado está dilatando y restringiendo las indemnizaciones, pero si los afectados mueren sus familias seguirán reclamando justicia". "En cuanto a la Iglesia, las órdenes religiosas implicadas se han negado, en su mayoría, a ofrecer compensación económica a las víctimas e incluso a ofrecer información a muchos supervivientes sobre sus hijos o mares, lo que es terrible", lamenta. "En Bessborough, hogar ubicado en Cork, sabemos hoy que murieron más de 900 niños, pero aún desconocemos dónde están enterrados más de 800".

Sin embargo, la periodista considera todavía más mezquina la actitud del Gobierno irlandés. "Se aprobó un plan de reparaciones del que, de golpe, se excluyó a unos 20.000 supervivientes de forma arbitraria, con excusas tan peregrinas como que no habían pasado más de seis meses en estos hogares. Además, de los 800 millones de euros previstos, hasta ahora sólo se han gastado 55", denuncia.

También, abunda, se les niega a muchos su identidad real, prohibiéndoles acceder a sus historiales médicos y partidas de nacimientos, incluso amparándose en las leyes de protección de datos de la Unión Europea. "Todas las promesas comienzan a parecer pura palabrería. La mayoría de esta gente sólo quiere respuestas, saber donde está enterrado su bebé o su madre. El Estado está dilatando, negando y restringiendo las indemnizaciones, pero no entienden que si los afectados mueren sus familias continuarán reclamando justicia. El silencio se ha roto y la verdad, al final, triunfará", concluye.

martes, 25 de agosto de 2015

Un caso espeluznante que demuestra que no hay que contrariar la sexualidad innata


Brenda no supo que había nacido siendo un varón hasta que tuvo 15 años. Fue una tarde de 1980 cuando su padre, torturado por el sufrimiento que veía, le reveló el historia que habían estado manteniendo en secreto: había nacido en Canadá siendo Bruce, junto a su hermano gemelo Brian, pero una negligencia médica durante una circuncisión en 1965 había destruido sus genitales.

En un intento desesperado porque la vida de su hijo fuera satisfactoria, sus padres se pusieron en contacto con un psicólogo que aseguraba que la condición sexual no es innata, sino que es asignada mediante la educación en los primeros años de vida. Es decir, que si trataban a Bruce como Brenda, este se convertiría en una mujer plena, en vez de sufrir como un hombre sin pene. Se trataba de John Money, un psicólogo del hospital Johns Hopkins (Baltimore) famoso por sus teorías sobre el género. Además, era una oportunidad inigualable para Money de demostrar sus teorías, ya que tendría un sujeto de control: Brian, con la misma carga genética que su hermano, pero que tendría una orientación diferente.

El 3 de julio de 1967, los médicos sometieron a Bruce a una castración quirúrgica (quitándole los testículos) y le modelaron una vagina. Bruce se convirtió en Brenda a la vez que en un conejillo de indias. Mientras, las instrucciones para sus padres, Janet y Ron, fueron claras: no contarle jamás lo que había ocurrido.

Los niños fueron creciendo y la situación se fue complicando. Según contaría Janet ya en los años 90 al periodista de la revista «Rolling Stone» John Colapinto, la primera vez que trató de ponerle un vestido a Brenda intentó arrancárselo. «Recuerdo que pensé: “¡Dios mío, sabe que es un chico y no quiere que le vista como a una chica!”». Pero no solo fue aquello. Cuando su hermano jugaba a afeitarse con su padre, Brenda también quería. «Mi padre me dijo: “No, no. Tú vas con tu madre”. Me puse a llorar, “¿Por qué no puedo afeitarme también?”», contó él mismo. Desde pequeña incluso insistía en orinar de pie.

Por su parte, su gemelo identificaba a Brenda como a una hermana. «Pero ella nunca actuó como tal», reconoció al periodista de «Rolling Stone». «Si le regalaban una comba, para lo único que la usaba era para atar a la gente o para azotarla como si tuviera un látigo. Nunca la usó para su propósito real. Jugaba con mis juguetes mientras que los suyos, como una lavadora, solo los usaba para sentarse».

«Estudio John/Joan»

Sin embargo, para cuando cinco años después el doctor Money publicó el primer libro sobre el «estudio John/Joan» (como lo había bautizado) bajo el título «Man & Woman, Boy & Girl», las conclusiones que reflejaban eran las opuestas. Money aseguraba que tras haber enfatizado en el uso de la ropa femenina, Brenda ya tenía una clara preferencia por los vestidos. Que se sentía orgullosa de su pelo largo. Que por Navidades había pedido una casa de muñecas y un carrito de paseo. Que la orientación de género se había impuesto.

Para cuando Brenda llegó a la adolescencia sufría depresión y se había intentado suicidar al menos una vez. También tomaba estrógenos. Cuando el doctor Money le instó a que se sometiera a otra cirugía, se negó rotundamente. Fue entonces cuando sus padres decidieron contárselo. Fue entonces cuando Brenda pudo volver a ser un chico. Eligió de nombre «David» en honor al héroe bíblico que, desafiando todas las probabilidades, mató al gigante Goliat. Se sometió a una faloplastia y se quitó los pechos que le habían crecido gracias a las hormonas. Para cuando cumplió 23 años, se casó.

Los dos gemelos acabaron suicidándose en un lapso de dos años.

Sin embargo, su familia había quedado destrozada. Su madre Janet cayó en depresiones clínicas repetidas que requerían hospitalización. Su padre Ron se convirtió en un alcohólico. Su gemelo Brian abandonó los estudios y trató de suicidarse en varias ocasiones hasta que lo consiguió en 2002. Dos años después, con 38 años, David hacía lo mismo tras haberse divorciado años atrás de su mujer.
La historia de David Reimer saltó a la luz en 1997 gracias al doctor Milton Diamond de la Universidad de Hawai, quien convenció a David de que contar su caso ayudaría que no le ocurriera a nadie más. Meses después salía publicado también el artículo de John Colapinto que en el año 2000 se editaría en un libro titulado «Tal como la naturaleza lo hizo». La reflexión del doctor Milton Diamond fue: «Si todos estos esfuerzos médicos, quirúrgicos y sociales combinados no tuvieron éxito en hacer que este niño aceptara una identidad de género femenina entonces, tal vez, tengamos que pensar que hay algo importante en la constitución biológica del individuo».

sábado, 1 de octubre de 2011

Los sigilosos y rentabilísimos trapicheos económicos de la Iglesia


Carmen Morán, La escuela no era del obispo. La Iglesia vende propiedades que ha ido registrando como suyas. En un municipio navarro, eso incluyó edificios civiles que pertenecían al pueblo. CARMEN MORÁN - Ziritza - 16/07/2011

En torno a 1929 y 1934 el arzobispo de Zaragoza, Rigoberto Domenech, quiso inscribir a nombre de la diócesis la basílica del Pilar y la catedral de la Seo, pero tal pretensión le fue denegada. El artículo 5 del Reglamento Hipotecario ha dado lata a la Iglesia desde hace tiempo, como puede verse, porque le impedía registrar como suyos los templos de culto. Con la dictadura de Franco llegaron tiempos espléndidos para las sotanas. La Ley Hipotecaria de 1946, en la que el clero queda equiparado al funcionario público, les permite inmatricular (inscribir a su hombre) propiedades de todo tipo. Menos templos de culto. Eso lo solucionó el Gobierno de Aznar en 1998. Antes de esa fecha y después, la casuística es abundante y, a veces, disparatada: edificios a nombre de la Iglesia cuya propiedad tenía acreditada el Ayuntamiento, dobles inmatriculaciones, es decir, simultáneamente a nombre del pueblo y de la Iglesia, ayuntamientos que registran iglesias y se encuentran con una reclamación jurídica de los obispos, y al revés.


El caso de Ziritza, en Navarra, ilustra la maraña jurídica de las inmatriculaciones y aventura el final de esta película: Ayuntamientos que tienen que pagar con dinero público lo que un día fue suyo y ha cambiado de titularidad en virtud de una ley que aún concede privilegios propios del franquismo al clero.


Un imponente farallón vertical escolta al pequeño pueblo de Ziritza, de 118 habitantes. A la una de la tarde no se oye un alma, algún ladrido de perros o unos muchachos que, de pronto, aparecen por una esquina. El antiguo lavadero está quieto, la iglesia, cerrada. El que fue alcalde hasta hace unos meses, Rafael Gorostidi, abre con llave un pequeño local, el bar social, y despliega por la mesa la exhaustiva documentación recogida en cuatro años de mandato, donde queda acreditada con detalle la titularidad de los edificios religiosos y civiles del pueblo, así como el intercambio epistolar compulsado entre el Ayuntamiento y el obispado.


Un inventario de 1929 sobre las propiedades del consistorio recoge la casa de la maestra, la escuela, el lavadero antiguo (que ahora es el bar social), el cementerio... ¿Cómo es posible que ahora la casa de la maestra y la escuela (el actual ayuntamiento) estén a nombre de la Iglesia? "Les pregunté por eso, me sorprendía tanto, porque, además, eran edificios civiles. Lo habían inmatriculado en 1980".


Con la autoridad procedente de décadas atrás, la Iglesia parecía haberse hecho propietaria de aquellos dos edificios. Tan es así, que, sin serlo, había cedido la escuela para instalar allí el Ayuntamiento por dos veces, en 1974 y en 1994. También donaron temporalmente la casa de la maestra para vivienda. "Esos documentos de cesión parecen conceder la titularidad de los edificios a la Iglesia, que, en todo caso, los había registrado como suyos en 1980, sin que nadie se lo impidiera, a pesar de que la titularidad del Ayuntamiento era inequívoca", explica Gorostidi.


Así pues, durante un tiempo, la iglesia, la casa del cura, la de la maestra y la escuela, fue del obispado. Perdida la batalla, los abogados aconsejan a Gorostidi la compra de la casa de la maestra si quiere recuperarla para el pueblo. Y el alcalde llega a un acuerdo por 50.000 euros. "Aquí está el papel, con los términos de lo acordado". Pero el obispado navarro se lo salta "y la vende a un particular por 79.000 euros".


La diócesis sigue vendiendo. La casa parroquial es legítimamente suya, aunque la legitimidad la otorgue una ley de dudosa constitucionalidad, como aseguran los expertos jurídicos. Y la adquiere el consistorio por 123.000 euros. Está adosada a la iglesia y la negociación de la servidumbre de paso por el atrio que comparten es casi de los Hermanos Marx, arañando metro a metro.


Ya solo conservan la iglesia, porque la ermita que corona la montaña y el cementerio los inmatriculó el Ayuntamiento en 2008. Ahí llegaron a tiempo. "Porque se quemaron los archivos, si no, hubiera reclamado la iglesia también. En estos pueblos ya casi no tienen uso. Llegué a proponer al Gobierno de Navarra que, en casos así, concediera la titularidad a partes iguales entre la Iglesia y los Ayuntamientos. Cuando no la usen ellos, la usamos nosotros".


La diócesis quería seguir vendiendo. "Querían poner en venta, con la casa de la maestra, la planta baja de la escuela. Les dije que de eso nada, que tenía las escrituras. Y no entraban en razón. Así que hice un tabique y cerré el acceso".


La Iglesia está vendiendo propiedades. Vende, alquila y quizá hipoteca. Una ponencia de la profesora Lourdes Ruano, publicada en la revista Iustel en 2007, señala, entre los efectos beneficiosos de la inscripción de bienes por parte de la Iglesia, el interés que esto tiene "para poder acceder al crédito territorial, esto es, para poder obtener un crédito hipotecario". Lourdes Ruano es doctora en Derecho y experta en Derecho Eclesiástico del Estado. Vinculada a la diócesis de Salamanca, fue nombrada en 2009 miembro de la comisión de expertos para asesorar a la Conferencia Episcopal Española sobre la reforma de la Ley de Libertad Religiosa iniciada por el Ministerio de Justicia.


Así pues, venden, alquilan y quizá hipotecan. Pero muchos Ayuntamientos están ajenos a lo que ocurre con propiedades que creían suyas. IU ha solicitado información sobre este "expolio legal y abusivo" que, a su parecer, está cometiendo la Iglesia. Y piden al Gobierno datos nacionales. Una de sus preguntas registradas en el Congreso interpela sobre la posibilidad de que la Federación Española de Municipios y Provincias informe a los Ayuntamientos de la necesidad de inmatricular "los bienes que les pertenecen, para defender su patrimonio y no hacer dejación de sus derechos". Quizá es demasiado tarde. Este grupo también insiste en la necesidad de presentar un recurso de inconstitucionalidad del artículo 206 de la Ley Hipotecaria. Y ha presentado una proposición no de ley para debatir en el Congreso este asunto. También la Entesa Catalana de Progrés ha registrado una moción en el Senado que insta a la reforma de esa ley. Preguntado por todo esto, el PSOE prefiere guardar silencio sobre el asunto.

jueves, 10 de enero de 2008

Catolicismo e hipocresía

No lleva la tiara de triple corona, como el trofeo del rugby, que se ganó el Papete siendo inquisidor y martillo de herejes, sino una mitra, pero a mí no me importa la clase de pepino que quiera exhibir en su presuntamente ilustre cabeza; el caso es que el obispillete ahora cardenalote Rouco Varela, que debería aparecer en el Hola, condena el divorcio según el estado, pero no el divorcio de la princesa Letizia, cuya boda con el príncipe tuvo a bien celebrar ante millones de españoles y extranjeros. Hipócritas consumados ya sabíamos que eran los catolicos de altura, capaces de hacer teológico encaje de bolillos para permitir lo que les conviene; no es de extrañar; sólo son santos los de su religión, que no es religión, sino una madeja de ideología o política, esto es, poder y dineros o más bien su espectáculo. Si la ética o moral se reduce a dar ejemplo, no lo da el señor Rouco Varela ni ese otro cardenalito, el señor Barreda, (de aquí nadie se escapa). Que el divorcio express les haya bajado los ingresos del negocio de las separaciones les ha escocido. Su producto ya no es competitivo ante una fórmula que permite evitar males mayores como la violencia doméstica o que haya hijos que sufran las consecuencias de las familias desestructuradas. Si la iglesia es responsable de tantos embarazos indeseados y consecuentes abortos igualmente indeseados y de tantas muertes por sida a causa de su prohibición de usar preservativos, debe afrontar las consecuencias de todo el malestar social que provoca su gigantesca hipocresía y hacerse cargo de esos hijos indeseados y de esas mujeres matratadas y de esos enfermos terminales. Pero es machista y en vez de montar guarderías, hospicios y hospitales prefiere llenar autobuses y preparar la gloriosa venida de Su Santidad don Benito (XVI) gastándose los dineros del impuesto religioso en estampitas para promocionar al líder del reverso tenebroso de La Fuerza. ¡Qué gran ejemplo dan los cardenales, obispos y políticos españoles! ¡Qué jíbaros o reductores de cabezas!

lunes, 31 de diciembre de 2007

Iglesia católica

No quiero pasar por erasmiano, pero denostar a la Iglesia católica es más fácil que comprenderla. Aunque parezca tener una voz, con frecuencia entendida como la del Papa, la Iglesia católica tiene varias, bien a pesar de esa y presuntamente única que se oye más. La del Papa es sólo la voz burocrática y la que menos debe interesar: es la que pone límites al espíritu, porque de esos límites vive; el espíritu es libre, incluso de un señor con un peculiar sombrero; a mí sólo me interesa la voz de la gente humilde que sostiene su tinglado y soporta su gordo peso y sus bobadas de burócrata. El celibato hace con frecuencia decir cosas estúpidas y furiosas, con voz de pito, a obispos y curas a duras penas castos, que no castrados, a pesar del precepto bíblico, que se esfuerzan en ocultar, de creced y multiplicaos, y el sabio ejemplo de Orígenes. La Iglesia Católica, o más bien los cristianos que son su fundamento, no esos canonistas tan obsesionados con los homosexuales que podía decirse con seguridad que lo son, son la más importante de las organizaciones no gubernamentales y, al mismo tiempo, una tradición cultural y una ética humanitaria, si no humanista. Una fuerza. Y quien pretenda despreciarla es un ignorante y un estúpido. Hay que escuchar las numerosas voces de la iglesia y seguir solamente aquellas que esten en consonancia con nuestro propio ser. Los que siguen la senda del poder, atenderán a la voz de los obispos y la del Papa; mal que le pese, la iglesia no puede dominar los espíritus ni los corazones, porque la iglesia es también un poder, y el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Jesucristo no se dejó dominar por los obispillos canonistas que había en su tiempo. A la iglesia le hace falta menos poder, menos jerarquía, menos machismo, más verdad y menos silencio, o más bien menos de ese silencio sonoro llamado hipocresía. Tal vez así algún día logremos que el Papa se convierta al Cristianismo.