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jueves, 12 de febrero de 2026

Lista comentada de los treinta mejores autores

  [Transcrito de YouTube y corregido por el bloguero, de Semillas de Papel]

 Antes de empezar, aviso importante. Esta no es una lista de estas que me he sacado yo porque me la encontré apuntada en la servilleta de un bar, ni el típico rollo de "mis autores favoritos", porque sí, para hacer esta lista aquí ha sido muy escrupuloso. Esta es una especie de lista libro por libro, rollo literario, donde he cruzado un montón de listas de críticos, de encuestas a escritores, de rankings editoriales, incluso de votaciones de lectores y hasta de cánones históricos.

Incluso me he encontrado por ahí todavía listas agregadas de estas que mezclan un montón de rankings mezclados ahí a lo loco. Entra el Time, The Guardian, Modern Library, Lemont, la famosa lista de escritores de Bluen, incluso rankings anglosajones europeos, académicos, yo qué sé, todo lo que me he encontrado en la red, lo he mezclado todo y he hecho como una especie de conclusión. El resultado, pues tenemos un cóctel muy peligroso, os lo digo, un ranking que para nada es perfecto, pero que no es solamente opinión, sino que también intentar responder una pregunta que prácticamente es imposible de de ser respondida. Es, si todos los escritores de los que vamos a hablar hoy pelearan en igualdad de condiciones, ¿quién sería el mejor libro por libro de la historia de la literatura? Pues es lo que vamos a tratar de desentrañar hoy, de este cruce, de este mejunge glorioso de datos que he hecho. Entra el prestigio, entra la influencia, entra la supervivencia y entra cómo han aguantado el paso del tiempo. Y me he quedado con 30 nombres, 30 que ahora sí vamos a desarrollar uno a uno.

Y te adelanto algo desde ya. Da igual a quien eches de menos. Alguien va a enfadarse porque no va a encontrar a quien quiere encontrar. Así que antes de que alguien se lleve las manos a la cabeza, vamos a ir un bastante rápido. Vamos a ser injustos y vamos a dedicar un poquito más de tiempo al top 10. Del 30 al 11 vamos a ir un poquito ligero, así que a Leo. 

Empezamos por Fernando Pessoa, 30 escritores por el precio de uno. Le ponemos aquí, pues, porque probablemente a muchos le parezca muy debajo, pero bueno, si alguien se tiene que quejar, que se queje Portugal. 

John Milton con su Paraíso perdido, monumental, gigante, importantísimo donde los haya, pero entre tú y yo me parece que se admira bastante más de lo que se lee y creo que eso cuenta.

Herman Melville con Moby Dick. Es una obra maestra, pero a ver quién tiene narices para releerla cada 5 años y tragarse todas las taxonomías que tiene. 

En el 27 tenemos a Tolkien y aquí empezamos con los cuchillos afilados. Esto no es literatura clásica ni mucho menos, pero su influencia cultural me parece que es obscena a todos los niveles. Así que aplaudo este puesto. 

En el 26 tenemos al genio italiano, Italo Calvino. Juguetón, brillante, elegante, un escritor que te hace creer en cada momento que escribir es la cosa más fácil del mundo. Te lo adelanto, no lo es. 

Anton Chéjov, el rey del nunca pasa nada, pero que mientras tanto te destrozo por dentro. Muy poquito espectáculo en su literatura. Mucha cirugía emocional, y me parece que está, creo, en el sitio que le corresponde. 

Gustave Flaubert. Si hubiera un obseso del estilo, es él. Madame Bovary sigue humillando a día de hoy a medio planeta literario, y quien quiera que lo imite es muy frío; pero madre mía, qué nivel de literatura. 

Simone de Beauvoir el 23. Y aquí se me va a cabrear gente; seguramente no solamente por el ensayo está aquí, sino también por esa narrativa que tuvo y esa influencia totalmente tangible a día de hoy. Yo creo que está perfectamente metida.

En el 22 está Thomas Mann, que es denso, y si no, meteros en La montaña mágica y veréis. Muy intelectual, no es para todos los públicos, pero si entras y te conquista, esto es primerísima división. 

Vladimir Nabokov, obsceno para todos los niveles, moralmente incómodo para prácticamente todo el mundo. No cae mejor porque él no quiere caerle bien a nadie, creo, ¿no? Y sinceramente, yo ese gesto se lo agradezco. Ahora empezamos a entrar en una zona peligrosa. 

Vamos a ir del puesto número 20 al puesto número 11 y empezamos con George Orwell, con esas dos novelas que escribió. Un montón de ensayos que siguen explicando cómo es el mundo en el que vivimos y cómo el poder, cómo explica ese poder incluso mejor que Twitter entero junto. Aquí está, me parece perfecto, ni más ni menos, ni arriba ni abajo. 

En el 19 tenemos la filosofía extrema de Albert Camus, que es para gente que no quiere sentirse idiota mientras está leyendo filosofía, porque te entra de manera elegante, te entra claro, limpio y al final te enteras. Está bien bien arriba.

En el 18 tenemos a Mark Twain, que sinceramente siempre me ha parecido ligero, pero es un error calificarlo así. Tiene el humor como arma de demolición cultural y es una especie de literatura eh muy seria, totalmente disfrazada de otra cosa. 

En el 17 tenemos a Ernest Hemingway y muchos se pensarán que está demasiado arriba en la lista, ¿no? Y no te digo yo que no. Eh, pero su influencia es más en el estilo que en la complejidad de sus obras, pero indiscutiblemente es una auténtica leyenda. 

Jane Austen está en el puesto número 16 y aquí alguien dirá que está demasiado arriba, que tendría que estar más hacia el top 10. Pues no, lo siento, es lo que hay. Irónica, quirúrgica, una estructura perfecta en su manera de escribir, cero paja, y eso es puro puro oro, crema, calidad pura. Bueno, ya estamos en la antesala del Olimpo. Vamos a ir de los puestos 15 al puesto 11. Y es que ya aquí todo lo que nos vamos a encontrar es altísima literatura, nivel prácticamente jefe final.

Y empezamos en el puesto 15 con Gabo, con Gabriel García Márquez, que creó un universo tan sumamente potente que arruinó a cientos de imitadores que trataron de superarlo y se quedaron por el camino. Solo por eso, solo por ese detalle, merece sin duda estar aquí. 

En el 14 tenemos a Molière con sus comedias, con su crítica social, con ese ritmo que sigue funcionando siglos después. Y eso no puede ser casualidad, eso se llama talento. 

En el 13 tenemos a Goethe con su Fausto, que fue un auténtico monstruo en todos los niveles. Si ese hombre existiera hoy, se hubiera escrito hoy, yo creo que estaría totalmente prohibido en todas partes por exceso de intensidad. 

En el 12 tenemos al genio, a Jorge Luis Borges. Y aquí yo sinceramente me indigno un poquito porque no está nada de acuerdo que Borges esté fuera del top 10, pero no es mi lista, me duele en todo el alma y su obra, que fue corta, me parece que tiene que estar teniendo en cuenta que esto es un ranking libra por libra, yo lo pondría en el top cinco. 

En el 11 tenemos a Charles Dickens, popular, profundo, inagotable, personajes totalmente inmortales y lectores a mansalva en todo el mundo. Gran cierre para este bloque justo antes de llegar a la auténtica pomada. Y ahora sí, a partir de aquí, cero bromas, vamos a entrar en el top 10, según este calidoscopio de listas que he podido recopilar, donde ya no estamos hablando de buenos escritores, ya estamos hablando de otra cosa. Estamos hablando de gente que cambió el juego y las reglas para siempre jamás. 

En el puesto número 10 tenemos a Marcel Proust. Bueno, es el Everest literario de medio mundo, ¿no? Todo el mundo dice haberse subido a Proust; pero yo creo que nadie ha pasado del campamento base, probablemente. Lento, obsesivo, interminable, angustioso en ocasiones, pero, si eres capaz de entrar en su obra, si te rindes a ese ritmo que tiene, te ocurre algo realmente serio. Es que empiezas a entender cómo funciona realmente la memoria, cómo el pasado no está detrás, sino dentro, en tu interior, y no cuenta una historia, te la reconfigura. A mí personalmente me enfada un poquito porque, eh, porque se posturea mucho con él, ¿no? Me enfada que cualquiera que coja el tiempo perdido lo abandone las 20 páginas, pero aplaudo y me rindo a los pies de la gente que considera que tiene que estar aquí porque sí que se ha terminado su obra. Él llevó la literatura al límite absoluto de lo que el ser humano es capaz de aguantar. 

El puesto número nueve se lo lleva Franz Kafka, que la verdad es que Kafka escribió muy poquito, publicó muy poco también, murió muy mal, eh, sin saber que iba a arruinarle la paz mental  probablemente a generaciones enteras que vinieron después, porque lo suyo no era contar historias, además odiaba sus historias, quería que las destruyeran. Eh, tú las lees y sientes que has hecho algo mal con tu vida, ¿no? Aunque no sepas qué. Y, ojo, curioso, cuando el apellido de alguien se convierte en adjetivo, se acabó el debate. O sea, hoy en día decir que algo es kafkiano no es marketing, no es prácticamente un meme cultural en toda su extensión. Y la verdad es que resulta un poco indignante la poca obra literaria que tiene y lo alto que está en todas las listas, ¿no? Eso yo creo que pasa por ser más una absoluta genialidad que cualquier otra cosa. 

El puesto número ocho es Virginia Wolf, que de Virginia Wolf hasta los andares. Aquí yo me cuadro, aplaudo y digo, pues, lo que siempre digo de Wolf, que ella no grita, ella no pontifica en su obra. Ella te atraviesa con sus palabras, innovó con su manera de narrar, le dio conciencia a todo cuando eso no aparecía en ningún manual ni en ninguna tendencia social de ningún tipo, ¿no? Y muchos la confunden porque creen que es algo frágil, pero es un error. Ella fue prácticamente una cirujana de las letras. Cada frase que tenía estaba donde tenía que estar. Y sinceramente me molesta un poquito que la gente a día de hoy primero la utilice como meme también, y, por otro lado, que la traten con cierta condescendencia. Yo creo que es probablemente la más alta literatura que existe sin que haya testosterona por medio, y eso, eso es muchísimo. 

En el siete está James JoyceJoyce, ese escritor capaz de escribir esas cosas que nadie se lee, pero bueno, aunque no las entiendes, pues dice mucho de él, ¿no? Dice mucho de él que esté aquí porque tú no entras a Joyce para disfrutarlo, entras a Joyce para ver su exhibición técnica del lenguaje. Él no escribe novelas, él escribe gimnasios para tu cerebro. Que es excesivo, sí, que es ególatra, muchísimo. Que es imprescindible para entender lo que la literatura puede llegar a hacer con el lenguaje. Cógete el Ulises, pégalo un vistazo, no es simpático, no va a ser amable contigo, pero esta historia es un ranking libra por libra de los mejores, no un concurso de popularidad. Y oye, pues si está aquí, no sé, júzgalo tú. 

El puesto número seis se va a muchos siglos de distancia nuestro. Tenemos a Homero, que siempre hay discusión, pero a mí me da igual. Es un autor real, es un autor colectivo, viene de la tradición oral y todo eso está muy bien para la facultad, pero el resultado es inapelable, ¿no? Ahí tenemos la Iliada, tenemos la Odisea, son el molde de prácticamente todo, todo lo que se ha escrito y todo lo que ha venido después. tienes los héroes, tienes los viajes, tienes el regreso, eh, la guerra, la identidad y que siga aquí arriba después de tantos miles de años, pues es yo creo que la mayor prueba de que la calidad existe y de que el campeón antiguo que tenemos aquí, sorpresa, sigue ganando combates a muchos advenedizos que siglos después han venido. 

Puesto número cinco para Fiodor Dostoievski. Nos vamos a la Rusia. Aquí ya entramos en el terreno probablemente más serio. Estamos en el top cinco y Dostoievski no escribía personajes, escribía abismos sin red de seguridad. Tenías culpa, tenías fe, tenías crimen, redención, la contradicción humana en vena, eh, yo qué sé, lees y te ves reflejado en cosas que no te gusta reconocer, pero que las sientes aunque te lo calles. Esto no es entretenimiento, esto es un deporte de riesgo prácticamente. Era desordenado, era excesivo, pero no sé tú, tiene una intensidad emocional que poquitos han vuelto a alcanzar después. Y eso es que sus motivaciones a la hora de escribir eran las que eran. Sin discusión, creo que merece estar aquí porque esto es una pelea cuerpo a cuerpo y un puesto número cinco es totalmente lícito. 

Compatriota tenemos en el cuatro a León Tolstoy. Yo los hubiera puesto al revés. Es el escritor que te mira y dice, "Ah, que quieres realismo. Pues toma tres tazas, todo el realismo del mundo". Ahí tienes Guerra y Paz, que es ligerita y es una obra que no debería funcionar, pero funciona. Mil millones de personajes, historia, pensamiento, vida cotidiana, guerra, amor, todo. Venga, mételo todo ahí que te cabe, porque en mil y pico páginas tú dirás. Y aquí no hay truco ni fuegos artificiales. Aquí hay una intensa comprensión brutal del ser humano. Y eso no es fácil. Me enfada lo bien que escribe, te lo digo de verdad. Pero bueno, oye, uno de los grandes campeones de nuestro ring. Madre mía, qué emoción, que entramos en el top tres.

En el top tres y tenemos en el tres a Dante Alighieri. Aquí estamos ya probablemente en otro nivel, ¿no? Dante no escribió un libro, construyó una especie de sistema moral, no sé, y un sistema moral que además yo creo que seguimos utilizando prácticamente todos eh siglos después, ¿no? el Infierno, el Purgatorio, el Paraíso y cada uno con sus niveles, con su arquitectura, con su política, con ajustes de cuentas, con movidas personales, no sé, una auténtica locura creativa de proporciones bíblicas muy difícil de leer; y me parece a veces, sinceramente, me parece insultante que se le trate como un clásico polvoriento, porque esto es de una imaginación salvaje con ambición total, pero tienes que entrar con él a él con mucha cautela porque te puede derrotar en muy pocas páginas y, si no, ¿cuáles son los dos que quedan? Pues lo vas a ver enseguida. 

Bueno, en el puesto número dos, Miguel de Cervantes, don Miguel de Cervantes Saavedra, el señor que inventó la novela moderna sin saber lo que estaba inventando, porque eso suele pasar bastante a menudo. Y para colmo se permitió el lujo de reírse de lo que él mismo estaba haciendo y de paso reírse de todo lo que había alrededor. El Quijote es humor, es tragedia, es metaliteratura, es ternura de verdad, es un libro que amo con locura y me tengo que poner un poquito serio en esto porque no es solamente un libro en español, es un manual universal de cómo se tiene que contar bien una historia y por qué se tiene que contar. Me parece imposible que  en cualquier tier list que se pueda hacer en el mundo mundial Cervantes no esté en el top tres; está en el dos. Perfecto. 

Bueno, y teniendo en cuenta que la mayoría de estas listas que he consultado son anglosajonas, pues en el número uno no podría estar otro que el señor William Shakespeare, que tanto comparte, ¿no?, en muchas cosas con Cervantes. Entonces, yo creo que es un es un puesto 1 y 2  que se tienen que compartir ambos y creo que no es ninguna sorpresa. Creo que Shakespeare es el número uno porque lo tiene todo. Lo tiene todo.Tiene personajes inolvidables, lenguaje afilado, profundidad psicológica, una obra muy grande, teatro que sigue funcionando a día de hoy, frases que usamos sin saber que son suyas constantemente. Su penetración cultural es elevadísima con sus amores, sus celos, su ambición, su traición. Es que es que está todo, todo lo tiene ahí, y todo está vivo, y todo es actual. Y esto no es devoción académica. Esto, te guste más o menos, es una evidencia empírica. Es así. Fíjate, es que se representa, se adapta, se cita constantemente y nunca se agota, siempre encuentras una nueva versión, siempre vuelve a salir algo nuevo de él y vuelve a ser bueno y vuelve a ser brillante. Creo que es justo merecedor del puesto número uno de esta lista o, como se dice ahora, ¿no? el Goat, ¿no? Es que yo toda la vida he pensado que esa palabra significa cabra, pero bueno. 

Bueno, vuelvo a sacudirme absolutamente toda la responsabilidad sobre esta lista porque ahora viene la parte más incómoda, ¿no? Da igual qué lista hagas, incluso aunque fuera mía, da igual cuántas fuentes pueda haber consultado yo, cuántas cosas cruce, lo mucho que intente ser justo con esto. Va a faltar alguien, seguro. Igual tu autor favorito no está. O estás demasiado abajo o es demasiado nuevo. ¿Cómo demonios has puesto a este y a este otro no? Bueno, pues yo te pido disculpas humildemente.

Entiendo esta indignación, y es justa prueba de que la literatura sigue viva, vivísima. Y si esto fuera un ranking cerrado, muerto definitivo, pues nadie discutiría, ¿no? Nadie diría: "Pues ya está, tema cerrado, hablemos de otra cosa para siempre." Aquí estamos para discutir con pasión, como solamente se discute ese tipo de cosas que importan de verdad a la gente. Y seamos honestos, ninguno de nosotros lo ha leído todo ni lo va a leer todo. En una larga vida de lector, ¿cuántos libros te puedes llegar a leer? 800, 1000, como mucho. Yo creo que nos queda, vamos, una auténtica locura de obras por descubrir por todos los lados. Así que esta lista nunca jamás va a ser un punto final. Es una invitación al desacuerdo más absoluto, a la relectura,  al descubrimiento de un libro y decir: "A ver si es que tanto mito que se habla de este autor merece la pena o no merece la pena." Porque yo creo que después de ver a Shakespeare, a Cervantes, a Dante, a Tolstoy, a Dostoievski, yo qué sé, la pregunta no es quién tiene que estar o cuál es el siguiente de esta lista. La pregunta es, ¿qué libro todavía te está esperando en la estantería, ahí, muerto de risa? Implorándote sin abrir para que te encuentres con la mejor noticia de todas y probablemente algo que te alegre la semana. Y es que lo mejor está por leer.

La moda Dostoievski

 Dolor, contradicción y exceso: tus hijos están leyendo a Fiódor M. Dostoievski, en El País, por Luna Miguel, 17 ene 2026: 

La vigencia literaria, política y espiritual del escritor ruso atrapa a nuevas generaciones de lectores, más allá del fenómeno de `Noches blancas’ en Tiktok o los centenares de memes en Instagram

“No sé cómo alguien es capaz de escribir después de haber leído esto”. En la presentación de su último libro en Barcelona, Angélica Liddell agarra el ejemplar viejo de Los hermanos Karamázov que traía bajo el brazo y lo alza para que todo el auditorio pueda verlo bien. Tal vez poseída por el espíritu de su autor, la dramaturga asegura que cada mañana se levanta muy pronto para estudiarlo, y que lo único que consigue hacer ante tal despliegue de genialidad, de crueldad y de sabiduría es arrodillarse, someterse a la escritura ajena, lamer el polvo del suelo por y para Fiódor M. Dostoievski.

Justo en el momento en el que Liddell alarga la lengua hacia afuera, dejándola a escasos milímetros de la cubierta ensangrentada de Cátedra, en la otra punta de la península un joven poeta es expulsado de la biblioteca pública de su pueblo porque ha perdido el ejemplar de El idiota que le tocaba devolver. “Tú sí que eres idiota”, dice la bibliotecaria cuando él, cabizbajo, intenta pedir perdón, asegurando que comprará otro ejemplar del libro, una edición mejor, en tapa dura si hace falta, y que lo repondrá con el sudor de la frente de su precaria existencia.

Al mismo tiempo, en un barrio gentrificado de Madrid, un grupo de lectoras brinda con vino blanco en los bajos de una librería independiente. Han quedado para leer juntas El doble, porque la reedición de Alba les pareció muy bonita, pero también porque una de ellas se enteró, gracias a un tuit de la traductora Gudrun Palomino, de que ese fue uno de los libros sobre los que Sylvia Plath escribió su tesis en 1955: El espejo mágico. Un estudio del doble en dos novelas de Dostoievski.

Lo que diga Plath, ya saben, va a misa.

Quizá por eso Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, de Luigi Pareyson, publicado por el sello católico Ediciones Encuentro, sea el ensayo que guarda en el bolsillo del abrigo ese catecúmeno de 33 años, que ahora fuma en la puerta de una céntrica iglesia de Burgos, antes de pasar a la formación. “¿A mí y a cuántos más?”, se pregunta a sí mismo, mientras contempla el humo que sube, “a mí y a cuántos más nos habrá convertido el ruso?”.

¿Es su vida excepcional lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas de quienes lo leen? O será porque leer a Dostoievski nos acribilla a preguntas sobre la fe, sobre el odio, sobre la resistencia, sobre la pobreza, sobre la fealdad de nuestras almas, sobre el absurdo del afecto, o sobre las esperanzas rotas, que en ese preciso instante en el que el cigarrillo consumido cae a la entrada del templo burgalés, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada dos estudiantes se comen la boca en mitad de un debate sobre si fue Nietzsche el que influyó a Dosto, o si acaso fue Dostoievski el que, con Memorias del subsuelo, metió el último tallo de paja en la cabeza al filósofo antes de volverse del todo majareta. “¡Que se lo he leído a Ricardo Piglia en Formas breves, socio! ¡Que, después de descubrir a Dostoievski en una librería francesa, Nietzsche se infectó de una especie de bovarismo extremo!”, grita la novia, con la boca húmeda.

Otra pareja, en otra ciudad, a la misma hora, está decidiendo por WhatsApp lo que verán en la tele después de cenar: “He encontrado una adaptación de Noches blancas en Filmin, creo que es de Visconti, ¿no era esa la novela que recomendó el youtuber estoico que tanto te gusta?”.

Sin salir de las redes sociales, una actriz de veintipocos años, con más de 200.000 seguidores entre sus distintos canales, acaba de publicar un vídeo en Tiktok que ha tardado una eternidad en grabar, porque resumir las 639 páginas de Crimen y castigo en un minuto no era tan fácil como creía: “¿Raskólnikov es bueno o es malo? Si te parece bueno, háztelo mirar”.

Además, la crítica literaria Mathilde Cotton ha subido un post a su cuenta de Instagram con una foto de las preciosísimas portadas nuevas de los libros breves de Dostoievski que Actes Sud acaba de lanzar en Francia: “¿Qué ha pasado para que lectores muy jóvenes vuelvan a conectar con el ruso?”, escribe Cotton, para sorpresa de nadie.

Porque ya nos va entrando en la cabeza que ese escritor está en todas partes, como por ejemplo en los titulares que la prensa cultural británica viene escupiendo desde 2024: “¿Cómo se ha convertido Dosto en la nueva sensación en redes?”; y que ahora mismo, en este plano secuencia infinito, se confirma: “¿Por qué Noches blancas vendió más de 100.000 ejemplares en Reino Unido el año pasado?”.

A raíz de estos titulares, de este revuelo, de esta aparente moda pasajera, Miqui Otero escribió una columna en la que auguró, mediante una cariñosa carta abierta al mismísimo Dosto, que “no muchos” de los que hablaban de Noches blancas en TikTok o Instagram se atreverían dentro de un mes con las 1.400 páginas de Los hermanos Karamázov.

Por suerte, Otero se equivocaba. Sí, se equivocaba. Aguanten la respiración: porque, mientras Liddell saca la lengua para embabar su libro de Cátedra, un joven poeta o un catecúmeno tardío, ya no me acuerdo, reza para sus adentros la reseña de Humillados y ofendidos que escribirá en Goodreads antes de acostarse. Y mientras una doctoranda en Letras por la Universidad de Salamanca subraya barbaridades misóginas de la biografía Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia, editado por Espinas, para meter con calzador su cachito de género ahora que le toca sustituir a un profesor macho; en otro club de lectura de Nuez de Ebro dos amigas se ríen por el análisis que una tercera acaba de hacer a propósito del gen proto-incélico del enamorado de Nastenka, basándose a su vez en algo que ella leyó hace años en Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard: “No existe en Dostoievski amor sin celos, amistad sin envidia, atracción sin repulsión”. Y mientras en un club deportivo de Sanlúcar, un joven cambia su foto de perfil de Tinder por otra en la que puede leerse con más claridad el mensaje à la Karamázov que luce en su camiseta: “No odiéis a los ateos, a los maestros del mal, a los materialistas; no odiéis ni a los peores de ellos, pues muchos son buenos, sobre todo en vuestra época”; en la cola de un supermercado de Plasencia, una activista pone like a un post en X, en el que los escritores Omar Hamad e Ibrahim Massri piden ayuda económica para abrir la primera biblioteca de Gaza tras el genocidio mediante una imagen de un Crimen y castigo hecho jirones, recuperado de los escombros tras los bombardeos. Y también mientras un comercial de Makro en periodo de pruebas vuelve a casa deprimido, escuchando a todo trapo en el coche el audiolibro de El mito de Sísifo, la oda que Albert Camus dedicó a Kirílov: “Todos los personajes de Dostoievski se interrogan sobre el sentido de la vida. Son modernos en eso: no temen al ridículo”; en el chat de Telegram de clase, una estudiante de psicología comparte Manual de supervivencia para la Russian Era de tu pareja, un artículo que Samantha Soria Chavarría publicó en Substack —“Dostoievski, Tolstói, Turguénev. Él los menciona como si fueran exnovias que le cambiaron la vida”— y al instante otra compañera le responde con una vídeo-reseña de la youtuber Essentia Libris, o quizá con un podcast de Punzadas, o quizá con un comentario de Goodreads de @etoilesinde, o quizá con un hilo de Marta Rebón, como dando a entender al resto de alumnas que leer al ruso no es necesariamente una red flag.

Banderas aparte, y aunque ya imaginamos que a muchos les gustaría saber el motivo exacto de la proliferación de lecturas dostoievskianas en nuestro país y más específicamente en nuestras pantallas —para comprobar si el fenómeno británico es, o no, extrapolable a estas tierras; o para ver cuánta tajada seguiremos sacando a costa de un condenado a muerte— podríamos alargar este relato, imaginando que a la misma hora en la que sucedía todo aquello, antes de cerrar la jornada desde una oficina barcelonesa, la editora júnior Vera Melitón introduce el nombre del ruso en GfK y echa cuentas: en 2025, alrededor de 20.000 ejemplares de Noches blancas se han despachado entre ediciones de bolsillo o ilustradas, publicadas en grandes grupos o sellos independientes. “Nada mal”, susurra Melitón, con los ojos como dólares. La pregunta que le asalta inmediatamente, sin embargo, no es “por qué ahora”. Ni siquiera “por qué su literatura vuelve hoy”. Lo que ella desea saber es qué tiene Fiódor M. Dostoievski para que nunca se haya ido.

Acribilla a preguntas sobre la fe y el odio, la resistencia, la pobreza, las esperanzas rotas… Con tal de averiguarlo, primero estudia su carta astral, y luego se pone seria. Melitón lee de una sentada El universo de Dostoievski, una amable biografía de Tamara Djermanovic, donde todas las curiosidades sobre la familia, los amoríos, las adicciones o la religiosidad del autor escorpiano se estructuran por capítulos titulados como cada una de sus grandes obras. Lo que aquí se aprende, certifica aquello que Emil Cioran había señalado en Ejercicios de admiración: “Que su destino precede a su vida”.

Entonces, se pregunta Melitón, ¿es su excepcional biografía lo que atrapa a viejos y nuevos lectores por todo el mundo, o es su excepcional obra lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas vulnerables de quienes lo leen?

A Stefan Zweig, por ejemplo, le resultaba “difícil y de mucha responsabilidad hablar dignamente” de Dostoievski, “y de su importancia para nuestro mundo interior”. En Tres maestros, Zweig reconoce que su mente siempre pierde la esperanza de “penetrar” el mundo que él despliega: “Su magia es demasiado extraña al primer encuentro; su pensamiento, demasiado velado por las tinieblas del infinito; su mensaje, demasiado enigmático para que el alma pueda mirar directamente este cielo como contempla el propio”.

Y luego remata: “Dostoievski no es nada si no lo vivimos desde dentro. Ante todo, en lo más profundo de nuestras almas”. Pero es que hay más.

Ya hace un siglo largo, durante la conferencia La revolución y la novela rusa, pronunciada en Madrid en 1887, Emilia Pardo Bazán se refirió a Dostoyevski —así lo pronunciaba ella entonces— como el Dante ruso. Dijo que era un entusiasta místico, un visionario poseído por la fiebre, la sinrazón y “la enfermiza intensidad psicológica de los cerebros cultivados de su tierra”. Y para una España que todavía estaba pendiente de leerlo, Pardo Bazán lanzó una brutal advertencia: “Que no lo lean las gentes de alma sensible, de blanda organización, enemigas de las escenas de horror, ni menos los enamorados del clasicismo en cuanto serenidad, armonía y luz. Con él entramos en una estética nueva, donde lo horrible es bello, lo desesperado consuela, lo innoble raya en sublime; donde las rameras enseñan el Evangelio, los hombres van a la regeneración por el camino del crimen, el presidio es escuela de compasión y elemento poético el grillete. Mal que nos cuadre, hemos de admirar a un novelista cuya lectura parece excitación sistemática al asesinato o pesadilla de noches de calentura”. Wow. “Contundente, nuestra Emilia”, piensa Melitón, todavía atada al escritorio del despacho. “Será que, en tiempos de búsqueda desesperada de la fe, lo que consuela no es tanto la luz como la narración exasperante de nuestras contradicciones”, se dice. Sin haber hallado una respuesta a su pregunta, la editora intuye que si la obra de Dostoievski gusta hoy y gusta siempre es porque habita ese tiempo detenido desde el que los relatos sostienen el dolor y las pasiones de los siglos; porque su asco interpela, sin cortes, todos los presentes. “Qué estúpido sería preguntarse por qué Cervantes hoy, por qué Safo ahora, por qué Kafka o por qué Woolf en este día”, sentencia.

Y al final, justo cuando Vera Melitón logra abandonar su puesto de trabajo en una oficina de Barcelona, en otro punto menos cálido y más ruidoso de la ciudad, es mi cuerpo el que se arrodilla y se arrastra por el suelo polvoriento de la incomprensión, es mi lengua la que se alarga buscando subrayar con saliva la página de ese ensayo en el que René Girard dijo que si a Dostoievski se le considera inigualable, no es porque sea genial, sino por la miseria incrementada de sus personajes. Como ocurre con todo lo que nos importa, con todo lo que volvemos heroico, con todo lo que consumimos excesivamente dentro y fuera de nuestras pantallas: “Se le glorifica por lo mismo que, todavía ayer, lo convertía en sospechoso”. No sé cómo alguien es capaz de venerar a otro escritor después de haber leído todo esto, pienso ahora, abatida, tan cansada de escribir este cuento.

“¿Pero se puede amar verdaderamente a Dostoievski?”, había preguntado mucho antes que yo la filósofa Julia Kristeva en uno de los mejores ensayos que he leído sobre el ruso. Creo que ya tengo la respuesta: ¡se debe!

Lecturas

Noches blancas, de F. M. Dostoievski. Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Nórdica, 2025. 120 páginas, 22,50 euros.

Los hermanos Karamázov, de F. M. Dostoievski. Traducción de Fernando Otero Macías. Alba, 2013. 1.008 páginas, 42 euros.

Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia. Traducción de Cecilia Manzoni. Espinas, 2021. 304 páginas, 16 euros.

El universo de Dostoievski, de Tamara Djermanovic. Acantilado, 2021. 272 páginas, 14 euros.

Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard. Traducción de Joaquín Jordá. Anagrama, 2023. 286 páginas, 13,90 euros.


domingo, 21 de diciembre de 2025

Diez de las mejores historias de misterio para la BBC

 Diez de las mejores historias de misterio de todos los tiempos, en las que no sabes hasta el final "quién lo hizo", por Adam Scovell, BBC , 12 diciembre 2025

Cuando se estrenó Knives Out de Rian Johnson en 2019, se reconoció ampliamente como la película que llevó el género literario conocido en inglés como "whodunnit" a una audiencia más amplia y nueva.

Whodunnit, que viene de la frase en inglés Who has done it? ("¿quién lo hizo?") es un subgénero de narrativa que se centra en descubrir la identidad del culpable de un crimen.

Con otro elenco estelar encabezado por el brillante Daniel Craig, esta última película hace referencias explícitas a algunos de los grandes escritores de literatura sobre crímenes, entre ellos John Dickson Carr y Agatha Christie. Con eso en mente —y por si buscas más casos en los que sumergirte después de verla— aquí tienes 10 de los misterios de asesinato más ingeniosos jamás plasmados en página o pantalla.

1. La aventura de la banda moteada (1892) – Arthur Conan Doyle

Ninguna lista de misterios de asesinato estaría completa sin una de las aventuras de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.

Cualquier relato o novela protagonizado por el detective de Baker Street merece una mención, pero "La aventura de la banda moteada" tiene un elemento particularmente retorcido (literalmente) en el corazón de su crimen.

Doyle enfrentó a Holmes con muy pocos "misterios de habitación cerrada" tradicionales —aquellos en los que ocurre un asesinato aparentemente "imposible" dentro de un espacio cerrado—, por lo que este caso resulta especialmente destacado.

Publicado originalmente en la revista Strand en 1892, este relato detalla un caso difícil para Holmes, luego de que se descubre el asesinato de una mujer que supone un peligro para su hermana, que aún sobrevive.

El relato algo surrealista pero profundamente efectivo de Conan Doyle es uno de sus más potentes de este género y posee una atmósfera malévola.

2. El hombre invisible (1911) – GK Chesterton

El escritor GK Chesterton se sentía igualmente cómodo escribiendo sobre política y filosofía como sobre misterios de asesinato.

Sin embargo, es más famoso por lo último, gracias a su enorme número de relatos centrados en el Padre Brown, un modesto sacerdote que también es detective.

La intuición moral de Brown y su perspicacia teológica hacen que las historias sean ingeniosas e intelectuales.

El hombre invisible presenta un problema homicida que es, sin duda, uno de los más intrigantes y desconcertantes de Chesterton. El joven inventor Conrad afirma ser víctima de acoso por parte de un agresor, conocido únicamente como "el hombre invisible".

Cuando finalmente lo encuentran asesinado en una casa que estaba fuertemente custodiada, parece que el atormentador de Conrad realmente era invisible, ya que nadie lo vio entrar ni salir de la escena del crimen.

Por suerte, el Padre Brown está presente para aportar claridad al suceso.

3. El asesinato en la rectoría (1930) – Agatha Christie

Considerando su vasta y monumental producción, la obra de Christie podría ocupar toda esta lista. Desde dar vida al detective ficticio más famoso del siglo pasado, Hércules Poirot, hasta sus evocadoras historias independientes, ella es la indiscutible maestra del whodunnit.

Su otra gran creación fue la brillante Miss Marple (la mejor versión en pantalla es sin duda la interpretación de Joan Hickson en los años 80), y "El asesinato en la rectoría" fue el debut de esta gran dama.

Trata sobre el asesinato del coronel Protheroe quien aparece muerto en el despacho del vicario local.

Esta enrevesada trama de Christie se complica no solo por la manipulación de pruebas, sino también por una interminable cadena de confesiones. El resultado es uno de los enigmas más satisfactorios de la autora, acompañado de una magistral serie de personajes.

4. El hombre hueco (1935) – John Dickson Carr

Cuando se trata específicamente de misterios de habitación cerrada, pocos son de tan alta calidad como "El hombre hueco".

La novela es mencionada explícitamente en Wake Up Dead Man por el detective Benoit Blanc, interpretado por Daniel Craig, y el creador de Knives Out, Rian Johnson, la ha elogiado como "un increíble y complejo rompecabezas de puerta cerrada".

Protagonizada por el detective habitual de Carr, Gideon Fell, lo vemos resolver el asesinato del profesor Charles Grimaud, hallado muerto a tiros en su estudio momentos después de recibir a un misterioso visitante que ha desaparecido sin dejar rastro.

Esta ingeniosa novela recibió elogios tanto de los aficionados al género policial como del público general, en gran parte por la lección que el propio personaje Fell ofreció al final del texto sobre la esencia de los misterios de habitación cerrada y sus posibles soluciones. Tal fue su impacto que este capítulo se ha publicado en numerosas ocasiones como ensayo independiente, a pesar de haber sido pronunciado por un detective ficticio.

5. Verde es el peligro (1946) – Sidney Gilliat

Basada en una novela de la poco conocida autora de la era dorada del crimen, Christianna Brand, la película fue adaptada por el director británico Sidney Gilliat, una elección excelente para intensificar un enigma ya de por sí desconcertante, gracias a su experiencia como coguionista del thriller de Alfred Hitchcock The Lady Vanishes (1938).

Sin embargo, "Verde es el peligro" demuestra que el talento de Gilliat como director se adapta perfectamente al género del misterio.

La historia de Brand sigue al inspector Cockrill (interpretado por el elegante y despreocupado Alastair Sim) mientras intenta resolver un doble asesinato: uno ejecutado con gran destreza en un quirófano durante una operación, y otro cometido para silenciar a un testigo del primero durante un apagón en plena Segunda Guerra Mundial.

Cockrill debe desenredar una red de relaciones y tensiones entre el reducido grupo de sospechosos del hospital, mientras lidia con el caos natural de una Inglaterra en tiempos de guerra.

6. Los vivos y los muertos (1954) – Boileau-Narcejac

La pareja francesa de escritores de relatos de crímenes Pierre Boileau y Thomas Narcejac monopolizó el mercado en la década de 1950 con una serie de complejos thrillers, incluyendo la brillante "La que no existía" (adaptada por el director Henri Georges Clouzot como el clásico cinematográfico "Las diabólicas").

Otra de sus novelas, "Los vivos y los muertos" (1954), es más famosa por la película que inspiró, "Vértigo" (1958) de Alfred Hitchcock, y muestra igualmente su habilidad para retratar el trauma emocional y ofrecer giros brutales.

Cuando el abogado parisino Roger recibe el encargo de su amigo Gevigne de investigar el extraño comportamiento de su esposa, Roger termina inevitablemente enamorándose de ella.

Lo que sigue es una mezcla inquietante de insinuaciones sobrenaturales y maquinaciones criminales despiadadas, ya que una simple investigación oculta inevitablemente un asesinato mucho más complejo.

7. El pájaro con las plumas de cristal (1970) – Dario Argento

El género cinematográfico italiano giallo es una parada obligada para cualquier amante de los misterios de asesinato que busque una dosis extra de gore.

Tomando su nombre de las llamativas portadas amarillas de las novelas de misterio que eran de bolsillo, el cine giallo se inspiró en las clásicas historias whodunnit y les añadió una generosa dosis de horror sangriento. Ninguna fue tan exitosa en este empeño como el brillante Dario Argento, y su ópera prima "El pájaro con las plumas de cristal" (1970) muestra su talento visual y su perspicacia psicológica.

Cuando el escritor estadounidense Sam (Tony Musante) presencia el intento de asesinato de Mónica (Eva Renzi) en una galería de arte romana a altas horas de la noche, se ve rápidamente sumergido en una historia tensa acechada por un asesino con sombrero negro y guantes de cuero.

Como en muchas películas giallo de Argento, los giros dramáticos se combinan con una violencia audaz que a menudo alcanza una especie de calidad operística, hasta la revelación final del asesino.

8. La torre negra (1975) – P. D. James

La escritora británica P. D. James (junto con otra genia, Ruth Rendell) heredó el manto de Agatha Christie como la reina de la novela tradicional sobre misteriosos asesinatos.

Sus libros que siguen al inspector Adam Dalgliesh son realmente su obra cumbre, y "La torre negra" (1975) es un gran ejemplo del carácter tan particular de la serie.

Con un tono más sombrío que otras novelas de Dalgliesh -ya que el protagonista se está recuperando de una leucemia-, "La torre negra" lo sigue mientras su convalecencia se ve interrumpida por una serie de muertes cada vez más sospechosas en una residencia de cuidados ubicada en un área rural.

Inicialmente considerada algo lenta por los críticos -con Newgate Callendar de The New York Times sugiriendo que el libro era "pesado" y que "pondría a prueba la paciencia de la mayoría de los lectores"-, con el tiempo "La torre negra" destaca perfectamente el enfoque distintivo de James como novelista de crimen, privilegiando el detalle meticuloso, la caracterización precisa y la atmósfera melancólica por encima de los fuegos artificiales y los sobresaltos llamativos.

9. La huella (1972) – Joseph L. Mankiewicz

Adaptada por Anthony Shaffer a partir de su propia obra teatral, "La huella" (1972), dirigida por Mankiewicz, es quizá la propuesta más autoconsciente de esta lista, pues sus personajes se mueven con soltura entre los clichés y recursos típicos del género de misterio.

La historia enfrenta al novelista de misterio Andrew (Laurence Olivier) con Milo (Michael Caine), el amante de su esposa, en un retorcido juego de poder donde ambos simulan crímenes para manipularse mutuamente.

La película superó incluso el éxito de la obra teatral, obteniendo cuatro nominaciones al Oscar, entre ellas una para Olivier y otra para Caine. Aunque se apoya en las potentes interpretaciones de sus protagonistas, "La huella" confirma a Shaffer en plena forma: sus ingeniosos giros y su desenlace implacable son absolutamente inolvidables.

10. Ten piedad (2001) – Fred Vargas

Vargas (cuyo nombre real es Frédérique Audoin-Rouzeau) es una de las grandes escritoras de novela negra contemporánea. Continúa la tradición francesa perfeccionada por Georges Simenon y Boileau-Narcejac en la que se combinan misterios de asesinato con una estética cercana al gótico.

Su serie protagonizada por el caótico comisario Adamsberg retrata a menudo un París inquietante, más próximo a El jorobado de Notre Dame de Victor Hugo o El fantasma de la ópera de Gaston Leroux que a la típica novela policial moderna.

En esta historia, un pregonero del distrito 14 es contratado por alguien misterioso para recitar mensajes crípticos sobre el regreso de la peste.

Cuando empiezan a aparecer símbolos de la plaga en las puertas y muertes que parecen causadas por picaduras de pulgas infectadas que ennegrecen la piel, Adamsberg se enfrenta a una investigación especialmente oscura en un relato sombrío pero absorbente.

Umberto Eco, Sobre los libros

 Umberto Eco,  Sobre los libros:

Es una tontería pensar que tienes que leer todos los libros que compras, ya que es una tontería criticar a aquellos que compran más libros de los que nunca podrán leer; sería como decir que hay que usar todos los cubiertos, o gafas, o destornilladores, o puntas de taladro que hayas comprado antes de comprar nuevos. Hay cosas en la vida de las que necesitamos tener siempre un montón de suministros, incluso si solo usaremos una pequeña porción. Sí, por ejemplo, consideramos los libros como medicina, entendemos que es bueno tener muchos en casa en lugar de pocos cuando quieres sentirte mejor. Entonces vas al armario de medicinas y eliges un libro, no uno al azar, sino el libro correcto para ese momento; es por eso que siempre debes tener una elección de nutrición. Los que compran un solo libro, leen solo ese y luego se deshacen de él simplemente aplican la mentalidad de consumidor a los libros, es decir, los consideran un producto de consumo, un bien. Los que aman los libros saben que un libro es cualquier cosa menos una mercancía.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Las cincuenta mejores obras de la literatura universal según un algoritmo.

 Como siempre, el algoritmo falla numéricamente en favor de la literatura anglosajona. Solo hay tres obras en español, y dos de ellas hispanoamericanas. Cuatro la literatura en francés. Incluso peor está el alemán, con dos, pero no como el italiano y el árabe, con una cada una. En cambio, cinco rusas hay. Y solo ocho mujeres. En griego antiguo los dos consabidos y en latín uno. A los portugueses, nórdicos, chinos, japoneses y eslavos no rusos que les den. Por otra parte, Dante tenía que estar antes que Fitzgerald, y Hemingway solo por sus cuentos. Virginia Woolf, Nabokov y George Eliot están muy sobrevalorados y no debían ni figurar. Y faltan o están muy escasamente representados algunos géneros como el ensayo, el teatro y la lírica. Y algunos autores (Dickens, Joyce, Tolstoy, Dostoievski, Woolf, Faulkner...) aparecen dos veces. Etcétera. Es mi parecer sobre este algoritmo.

1. Proust, Marcel – A la busca del tiempo perdido

2. Joyce, James - Ulises

3. Cervantes, Miguel de – Don Quijote

4. García Márquez, Gabriel – Cien años de soledad

5. Fitzgerald, F. Scott – El gran Gatsby

6. Melville, Herman – Moby Dick

7. Tolstoy, León – Guerra y paz

8. Shakespeare, William - Hamlet

9. Homero - La Odisea

10. Flaubert, Gustave – Madame Bovary

11. Alighieri, Dante – La Divina Comedia

12. Nabokov, Vladimir - Lolita

13. Dostoyevski, Fiódor – Los hermanos Karamazov

14. Dostoyevski, Fiódor – Crimen y castigo

15. Brontë, Emily – Cumbres borrascosas

16. Salinger, J. D. – El guardián entre el centeno

17. Austen, Jane – Orgullo y prejuicio

18. Twain, Mark – Las aventuras de Huckleberry Finn

19. Tolstoy, León – Ana Karenina

20. Carroll, Lewis – Alicia en el país de las maravillas

21. Homero – La Iliada

22. Woolf, Virginia – En el faro

23. Heller, Joseph – Trampa 22

24. Conrad, Joseph – El corazón de las tinieblas

25. Faulkner, William – El sonido y la furia

26. Orwell, George - 1984

27. Dickens, Charles – Grandes esperanzas

28. India/Irán/Iraq/Egipto – Las mil y una noches

29. Steinbeck, John – Los racimos de la ira

30. Faulkner, William – ¡Absalom, Absalom!

31. Ellison, Ralph – El hombre invisible

32. Lee, Harper – Matar a un ruiseñor

33. Kafka, Franz – El proceso

34. Stendhal – Rojo y negro

35. Eliot, George – Middlemarch

36. Swift, Jonathan – Los viajes de Gulliver

37. Morrison, Toni - Beloved / Encantada

38. Woolf, Virginia – La señora Dalloway

39. Chéjov, Anton – Cuentos

40. Camus, Albert - El extraño

41. Brontë, Charlotte – Jane Eyre

42. Virgilio – La Eneida

43. Borges, Jorge Luis – Cuentos completos

44. Hemingway, Ernest – Fiesta

45. Dickens, Charles – David Copperfield

46. Sterne, Laurence - Tristram Shandy

47. Whitman, Walt – Hojas de hierba

48. Mann, Thomas – La montaña mágica

49. Joyce, James – Retrato del artista adolescente

50. Rushdie, Salman – Hijos de medianoche

martes, 9 de septiembre de 2025

La lectura nos mejora

 Un experto explica las diferencias en el cerebro entre las personas que saben leer y las que no: "Las palabras son los ladrillos del pensamiento", en El País, Cadena SER 7/09/2025:

Héctor Ruiz, neurobiólogo y autor del libro 'Cómo aprendemos a leer' se pasa por los micrófonos de 'A Vivir' para explicar cuál es el efecto que tiene la lectura sobre nuestro cerebro.

¿Cómo afecta la lectura a nuestro cerebro?

Hace unos días, la influencer española María Pombo publicó en sus redes un vídeo en el que afirmaba que "hay que superar que hay gente a la que no le gusta leer". Además, la creadora de contenido se dirigió a los aficionados a la lectura para trasladarles que "no son mejores" porque les guste leer.

A partir del comentario de la influencer, se ha desatado un debate en redes acerca del efecto que puede tener el hábito de la lectura sobre el cerebro y sobre si, verdaderamente, se puede considerar que aquellas personas que leen asiduamente consiguen desarrollar más su capacidad intelectual y memorística.

En A Vivir ha estado Héctor Ruiz, neurobiólogo y experto en el ámbito de la memoria, para hablar sobre la lectura y sus efectos en nuestro cerebro. Lo primero que ha destacado el científico es que cuando se trata el tema de la lectura no hablamos de una idea en sí misma, sino que tenemos que analizar este concepto midiendo numerosos parámetros, como la velocidad de lectura o el nivel de comprensión lectora, entre otros.

¿Cómo afecta la lectura en nuestros cerebros?

Ruiz afirma que, ciertamente, "sí existen diferencias" entre el cerebro de una persona habituada a la lectura y el de una que no lo es. Esa diferencia se identifica en diferentes apartados de nuestro cerebro, que se adaptan para poder aprender a leer, estas, agrupadas, forman una sección cerebral conocida como "caja de letras". Dicha sección adapta partes del cerebro dedicadas a la identificación de objetos y las utiliza para aprender a conocer las letras y palabras que leemos.

Héctor Ruiz destaca que, obviamente, uno no puede identificar solo con la observación de un cerebro "si este es de una persona culta o no". El neurobiólogo indica que, para analizar esta faceta, "debemos desplazarnos al mundo de la psicología" y que "los conocimientos que obtengamos de la lectura dependerán de qué obras leamos". Aun así, Ruiz confirma que "la lectura es una de las formas más sencillas y poderosas de acercarse al conocimiento" y que el leer más o menos "va a marcar diferencias en tu cognición".

Amplitud de vocabulario

Y si hablamos del mundo de la lectura tenemos que adentrarnos de forma más específica en el conocimiento de las palabras. Héctor Ruiz señala la importancia de la lectura para ampliar nuestro vocabulario, un elemento esencial. El neurobiólogo dice que "las palabras son los ladrillos del pensamiento" y que la mejor forma de conocer nuevas palabras es fijarse en los textos escritos, donde se suele hacer una selección más variopinta de palabras que en la comunicación oral.

Alternativas a la lectura

Muchas personas que no tienen el hábito de la lectura, según Ruiz, no lo tienen porque les cuesta decodificar los textos. Para este tipo de personas, el audiolibro puede ser una buena alternativa, aunque el científico afirma que no debemos usarlo "sin estar concentrados en él".

lunes, 25 de agosto de 2025

Canon de la literatura alemana

 Es muy ignorada la caudalosa literatura en alemán, pero es muy rica y llena de tesoros. La antología más famosa la anunció el crítico Marcel Reich-Ranicki en 2001 bajo el título Canon de obras legibles en lengua alemana. Las cinco partes de la colección fueron publicadas anualmente desde 2002 por Insel Verlag: 1. Novelas (2002), 2. Relatos (2003), 3. Dramas (2004), 4. Poemas (2005) y 5. Ensayos (2006). Es una antología llena de sorpresas, pero contiene algunos errores insalvables: por ejemplo, la ausencia de Angelus Silesius, Patrick Süskind, Rüdiger Safranski, Karl Ove Knausgård etc., y es discutible la inclusión de algunos como el infumable Heinrich Böll, Günter Grass, Franz GrillParzer y otros.

 Descripción general

Hasta el siglo XVII

El Cantar de los Nibelungos

Walther von der Vogelweide: Poemas

Martín Lutero: Biblia (extractos)

Andreas Gryphius: Poemas

Christian Hofmann von Hofmannswaldau: Poemas

Siglo XVIII

Johann Christian Günther : Poemas

Gotthold Ephraim Lessing : Minna von Barnhelm ; Dramaturgia de Hamburgo (extractos); Natán el Sabio

Johann Wolfgang von Goethe : Las penas del joven Werther ; Afinidades electivas ; Fausto I ; De mi vida: poesía y verdad (extractos); Poemas

Friedrich Schiller : Intriga y amor o María Estuardo ; El teatro como institución moral (fragmentos); Don Carlos ; Sobre la poesía ingenua y sentimental (fragmentos); Wallenstein ; Baladas

Siglo XIX

Johann Peter Hebel : Cofre del tesoro de un amigo de la familia renana (por elección propia)

Friedrich Hölderlin : Hiperión o el ermitaño en Grecia (fragmentos); Poemas

Novalis : Poemas

Friedrich von Schlegel : Ensayística

ETA Hoffmann : Los hermanos Serapion (fragmentos)

Heinrich von Kleist : La marquesa de O….; Michael Kohlhaas ; Príncipe Federico de Homburg ; Cuentos (por elección del propio autor)

Clemens Brentano : Poemas

Adelbert von Chamisso : La milagrosa historia de Peter Schlemihl

Joseph Baron von Eichendorff : poemas

Ferdinand Raimund : El derrochador

August Graf von Platen : Poemas

Annette von Droste-Hülshoff : La haya judía ; Poemas

Heinrich Heine : Poemas; Prosa (de su propia elección)

Eduard Mörike : Poemas

Georg Büchner : La muerte de Danton ; Woyzeck ; Lenz

Theodor Storm : Historias (de tu propia elección)

Gottfried Keller : Historias (de su propia elección)

Theodor Fontane : Schach von Wuthenow ; Doña Jenny Treibel  o  Der Stechlin ; Effi Briest

Friedrich Nietzsche : Ensayística

Siglo XX

Arthur Schnitzler : Reigen ; teniente Güstl ; Profesor Bernhardi

Gerhart Hauptmann : Las ratas

Frank Wedekind : El despertar de la primavera

Stefan George : Poemas

Else Lasker-Schüler : Poemas

Heinrich Mann : Profesor Unrat

Christian Morgenstern : Poemas

Hugo von Hofmannsthal : El difícil

Karl Kraus : Ensayos

Thomas Mann : Los Buddenbrook ; Tonio Kröger ; Tristán ; Muerte en Venecia ; Mario y el mago ; Ensayos

Rainer Maria Rilke : Poemas

Hermann Hesse : Bajo la rueda

Carl Sternheim : El esnob

Robert Walser : Jakob von Gunten ; Historias

Alfred Döblin : El asesinato de un botón de oro ; Berlín Alexanderplatz

Robert Musil : Las confusiones del joven Törless ; Tonka

Franz Kafka : El proceso ; La metamorfosis ; Informe a una academia ; En la colonia penitenciaria ; Un artista del hambre

Gottfried Benn : Poemas

Georg Heym : Poemas

Georg Trakl : Poemas

Kurt Tucholsky : Feuilletons

Joseph Roth : La marcha Radetzky ; La leyenda del santo bebedor ; El jefe de estación Fallmerayer ; Historias

Bertolt Brecht : Madre Coraje y sus hijos ; Vida de Galileo ; Historias del calendario (de su propia elección); Poemas

Erich Kästner : Poemas

Anna Seghers : La séptima cruz ; La excursión de las chicas muertas

Ödön von Horváth : Casimir y Karoline

Peter Huchel : Poemas

Wolfgang Koeppen : Palomas en la hierba

Günter Eich : Poemas

Max Frisch : Diario (extractos); Homo faber ; Biedermann y los pirómanos ; Montauk

Arno Schmidt : Los Reubicados ; Paisaje Marino con Pocahontas

Peter Weiss : La persecución y el asesinato de Jean Paul Marat, representada por la compañía teatral del Hospicio de Charenton bajo la dirección del Sr. de Sade.

Heinrich Böll : El hombre de los cuchillos ; Caminante, ¿vienes a Spa… ?; El silencio recogido del doctor Murke

Paul Celan : Poemas

Friedrich Dürrenmatt : El colapso

Ernst Jandl : Poemas

Ingeborg Bachmann : Poemas

Günter Grass : El tambor de hojalata (fragmentos); El gato y el ratón

Peter Rühmkorf : Poemas

Hans Magnus Enzensberger : Poemas

Thomas Bernhard : La xilografía ; El sobrino de Wittgenstein: una amistad

Uwe Johnson : Especulaciones sobre Jacob (extractos)

Sarah Kirsch : Poemas

Wolf Biermann : Poemas

Jurek Becker : Jacob el mentiroso

Robert Gernhardt : Poemas


Novelas (2002)

Johann Wolfgang von Goethe, Las penas del joven Werther

Robert Musil, Las confusiones del alumno Törless

Johann Wolfgang von Goethe, Afinidades electivas

Franz Kafka, El proceso

ETA Hoffmann, Los elixires del diablo

Alfred Döblin, Berlin Alexanderplatz

Gottfried Keller, Henry el Verde

José Roth, Marcha Radetzky

Teodor Fontane, Sra. Jenny Treibel

Anna Seghers, La Séptima Cruz

Teodor Fontane, Effi Briest

Heimito von Doderer, La escalera del Strudlhof

Thomas Mann, Buddenbrooks

Wolfgang Köppen, Palomas en la hierba

Thomas Mann, La montaña mágica

Günter Grass, El tambor de hojalata

Heinrich Mann, Profesor Unrat

Max Frisch, Montauk

Hermann Hesse, Bajo la rueda

Thomas Bernhard, Explotación forestal.


Relatos y novelas cortas, 2003. 


Johann Wolfgang von Goethe

Adalbert Stifter

Martin Buber,

Bertolt Brecht

Siegfried Lenz

Friedrich Schiller

Georg Büchner

Robert Walser

Elisabeth Langgässer

Martin Walser

Johann Peter Hebel

Theodor Storm

Alfred Döblin

Anna Seghers

Günter Grass

Jean Paul Gottfried Keller

Robert Musil

Hans Erich Nossack

Günter Kunert

Ludwig Tieck

Theodor Fontane

Stefan Zweig

Marie Luise Kaschnitz

Christa Wolf

E. T. A. Hoffmann

Conrad Ferdinand Meyer

Ernst Weiß

Marieluise Fleißer

Thomas Bernhard

Heinrich von Kleist

Marie von Ebner-Eschenbach

Franz Kafka

Elias Canetti

Gabriele Wohmann

Clemens Brentano

Ferdinand von Saar

Lion Feuchtwanger

Wolfgang Koeppen

Adolf Muschg

Adelbert von Chamisso

Eduard von Keyserling

Egon Erwin Kisch

Max Frisch

Uwe Johnson

Jacob y Arthur Schnitzler

Ernst Bloch

Arno Schmidt

Ulrich Plenzdorf

Wilhelm Grimm

Gerhart Hauptmann

Gustav Sack

Peter Weiss

Peter Bichsel

Joseph von Eichendorff

Frank Wedekind

Gottfried Benn

Wolfgang Hildesheimer

Hans Joachim Schädlich

Franz Grillparzer

Heinrich Mann

Georg Heym

Heinrich Böll

Jurek Becker

Annette von Droste-Hülshoff

Jakob Wassermann

Kurt Tucholsky

Wolfdietrich Schnurre

Hermann Burger

Jeremias Gotthelf

Hugo von Hofmannsthal

Franz Werfel

Friedrich Dürrenmatt

Peter Handke

Heinrich Heine

Thomas Mann

Joseph Roth

Wolfgang Borchert

Christoph Hein

Wilhelm Hauff

Rainer Maria Rilke

Heimito von Doderer

Ilse Aichinger

Botho Strauß

Eduard Mörike

Hermann Hesse

Carl Zuckmayer

Franz Fühmann

Christoph Ransmayr


Teatro (2004)


Biedermann y los pirómanos ( Max Frisch )

La muerte de Danton ( Georg Büchner )

Käthchen von Heilbronn ( Heinrich von Kleist )

El rey alpino y el misántropo ( Ferdinand Raimund )

La misión ( Heiner Müller )

La visita de la anciana ( Friedrich Dürrenmatt )

El difícil ( Hugo von Hofmannsthal )

El snob ( Carl Sternheim )

El talismán ( Johann Nestroy )

El Loco y la Muerte ( Hugo von Hofmannsthal )

La jarra rota ( Heinrich von Kleist )

La ópera de los tres peniques ( Bertolt Brecht )

El poder del hábito ( Thomas Bernhard )

Las ratas ( Gerhart Hauptmann )

Los ladrones ( Friedrich Schiller )

La persecución y asesinato de Jean Paul Marat retratada por el grupo de actores del hospicio de Charenton bajo la dirección del Sr. de Sade ( Peter Weiss )

Don Carlos ( Friedrich Schiller )

Egmont ( Johann Wolfgang Goethe )

Una conversación en la casa Stein sobre el ausente Sr. von Goethe ( Peter Hacks )

Emilia Galotti ( Gotthold Ephraim Lessing )

Fausto I ( Johann Wolfgang Goethe )

El despertar de la primavera ( Frank Wedekind )

Historias de los bosques de Viena ( Ödön von Horváth )

Grandes y pequeños ( Botho Strauß )

Ifigenia en Tauris ( Johann Wolfgang Goethe )

Intriga y amor ( Friedrich Schiller )

Kasimir y Karoline ( Ödön von Horváth )

Vida de Galileo ( Bertolt Brecht )

Coqueteo ( Arthur Schnitzler )

María Magdalena ( Friedrich Hebbel )

María Estuardo ( Friedrich Schiller )

Madre Coraje y sus hijos ( Bertolt Brecht )

Natán el Sabio ( Gotthold Ephraim Lessing )

Príncipe Federico de Homburg ( Heinrich von Kleist )

Profesor Bernhardi ( Arthur Schnitzler )

Danza circular ( Arthur Schnitzler )

Broma, sátira, ironía y un significado más profundo ( Christian Dietrich Grabbe )

Torquato Tasso ( Johann Wolfgang Goethe )

Antes del atardecer ( Gerhart Hauptmann )

Wallenstein ( Friedrich Schiller )

Guillermo Tell ( Friedrich Schiller )

Woyzeck ( Georg Büchner )


viernes, 22 de agosto de 2025

Otro dossier sobre lectura y lecturas juveniles e infantiles

Dossier 

I

 ¿Qué hace que un niño quiera leer por sí mismo?, en El País por Jorge Marzo Arauzo, Madrid - 22 AGO 2025:

Inculcar el hábito de lectura en un hijo radica en forjar momentos para ello, elegir las temáticas que más le gusten, evitar presiones y castigos para que cojan un libro y ser modelo lector. Qué hace que un niño quiera leer por sí mismo. Los niños tienen que ver a sus padres leer y ser un ejemplo positivo.

Llega la hora de acostarse, y con ello una serie de rutinas familiares. Entre ellas, lavarse los dientes, recoger la habitación y, al final, sentarse en la cama para leerle al niño, como una situación de placer y para fortalecer la relación paternofilial a través de la lectura. “Es importante que la lectura esté presente de una manera divertida y placentera”, explica la psicóloga perinatal infantojuvenil María Fernández Gómez, que distingue entre leer en compañía, con apoyo y cariño por parte de la familia, y hacerlo por la presión o la obligatoriedad que pueda venir desde ese círculo o desde el entorno escolar. “Si es desde el primer caso, todo el hábito lector tiene múltiples beneficios, no solo cognitivos, sino también de concentración, memoria, atención y, sobre todo, creatividad e imaginación, que son tan importantes para el desarrollo intelectual”, sostiene Fernández.

El vínculo afectivo entre un niño y la lectura se puede formar desde que son bebés, según la psicóloga: “Hay editoriales que trabajan muy bien los cuentos infantiles, interactivos con música o diferentes pestañas. Mi recomendación siempre es que se empiece cuanto antes, pero que se empiece desde ahí”. Hay niños que incluso anteponen un libro a un muñeco o un juguete: “Es una herramienta educativa en general. Dependiendo de los libros, se pueden vincular de una manera más efectiva”, comenta por su parte Natalia García, psicóloga sanitaria y coordinadora del centro psicológico para niños y jóvenes Psikids.

Los niños comienzan a mostrar interés por libros con letras alrededor de los 2 o 3 años: “Empecé a leer a mi hijo cuando empezó a mirar los libritos con dibujos, con letras y pasó a Infantil”, explica José María López, padre de un niño de 6 años. A su hijo le gustan los libros de aventuras, como Geronimo Stilton, y los cómics, como Tintín o Astérix, y también libros de misterio con viñetas. “Cultivamos el interés por la lectura como un momento especial en la familia de conexión, y siempre centrados en los gustos que los niños puedan tener. Si a un niño le apasionan los animales desde muy pequeño, vamos a intentar que tenga muchos libros de animales, por ejemplo”, recomienda Fernández.

A la hora de inculcar un hábito por la lectura, los niños aprenden mucho a través de ver a sus padres disfrutar de los libros. “Necesitamos que los niños vean a sus padres leer y ser un ejemplo positivo, porque ellos aprenden mucho observando. Si ven que tú disfrutas leyendo, lo más probable es que ellos también quieran hacerlo. Y si además les compartes tu entusiasmo con lo que estás leyendo, con el autor que te apasiona, te lo llevas a una feria del libro, pues desde ahí toda esa pasión se va transmitiendo”, analiza Fernández. “Aunque no fui lectora cuando era niña, ahora sí leo por placer. Creo que en los hijos sí que influye el ejemplo de verte leer, ya que somos un espejo en el que se reflejan”, coincide Erika Barrera, una madre de 46 años cuya hija lee habitualmente libros de adolescente. “Yo leo delante de mis hijos y noto que, cuando me ven hacerlo, les gusta. Y a mí también que ellos vayan leyendo, no mucho, pero algo leen”, comenta otra madre, Carmen Esther Gómez.

Pero también puede suceder que los niños rechacen la lectura por no parecerles una situación agradable: “Las señales que indican que podemos estar presionando demasiado a la hora de inculcar el hábito de leer es que ese momento sea de tensión, y que veamos que el niño se distrae, se dispersa y nunca tenga la intención de coger ese libro. Lo más importante es que la lectura se produzca sin presiones ni castigos”, señala Fernández. “Cuando los niños son reticentes, hay muchas cosas que se pueden hacer. Una de ellas, aunque nos parezca que ya es mayor para leer libros con letras grandes o dibujos, es mejor que inicien por eso. Aunque evolutivamente deberían estar leyendo otro tipo de libros, lo importante es que se enganchen. Si tú pones a un niño que te haya rechazado la lectura, por mucho que tenga 9 o 10 años, un libro lleno de letras va a ser mucho más difícil que lea o que se motive para leer”, recomienda García.

Respecto al desarrollo del aprendizaje de la lectura se pueden distinguir con claridad a los niños de alrededor de 8 años que llevan leyendo toda su vida respecto a aquellos que no, apunta esta experta: “A nivel cognitivo, tienen una mejor expresión y comprensión, en general lingüística y de comunicación, cuando son niños lectores. En la segunda fase de Primaria, que es cuando deben adquirir un lenguaje más amplio, tienen que ser capaces también de empezar el tema de ortografía, y les ayuda mucho el tener un hábito de lectura. Y a nivel emocional, hay niños, aunque cada vez menos porque están más vinculados con las tecnologías en cuanto a ocio, a los que les sirve también un poco de evasión, en el sentido de que son capaces de abstraerse en la lectura”.

Con el niño en la cama, el progenitor se sienta al borde y le pregunta qué libro quiere: “El de siempre”, puede ser una respuesta habitual. ¿Por qué hay niños que piden leer una y otra vez la misma historia? “Hay una etapa evolutiva en la que los niños repiten en general siempre. Juegan a lo mismo, ven la misma película o quieren el mismo cuento. Es una etapa en la que se adhieren de una manera más rígida a algo que les gusta y no tienen alternativas para el cambio. Al aprender vocabulario, o libros con contenido emocional, este proceso no se da. Se puede estimular al niño para que elija otros cuentos similares, de la misma colección o tipo”, recomienda García. Por su parte, Fernández considera que este mecanismo les aporta seguridad: “Cuando ellos cogen el libro y ya saben lo que viene después y pueden entretenerse en descubrir otros detalles, y sobre todo pueden incluso memorizar o recordar las palabras que vienen luego, para ellos es un juego muy divertido y les devuelve mucha seguridad”.

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Lola PEREIRA 

No hace falta ver leer al padre y la madre. Lo que hace falta es que estos sepan la importancia de la lectura. Mi padre y mi madre eran trabajadores con los estudios mínimos, de familias muy, muy humildes y no leían más que el periódico y la revista Semana los fines de semana. No me leían cuentos, pero todas las semanas mi padre me traía algún tebeo. Todas. Y cuentos. Muchos cuentos. Yo sola seguí leyendo y la lectura se convirtió en mi mayor adicción, que continúa a día de hoy. Con mis hermanas no hubo la misma respuesta. Los tebeos no les interesaban y preferían el Semana y alguna fotonovela. En sus casas jamás hubo libros. Por eso no se puede responsabilizar a padres y madres de los hábitos de lectura de sus hijos e hijas. Habrá gente que lo único que quiera es que se termine el día para descansar y coger fuerza para el día siguiente. Sí es importante que sepan de su importancia y de la existencia de bibliotecas públicas donde se puede una leer el mundo.

Rafael Pareja 

Excelente comentario, Lola. Yo también soy un gran lector, no imagino la vida sin libros, y provengo de un hogar donde los libros eran, como mucho, objetos de adorno. Tengo una hija pequeña y, por ahora, no muestra mucho interés por la lectura, pese a que me ve leer a todas horas... o quizá por eso. En fin, que cada cuál encuentre sus propias vías a la felicidad, mientras sean sanas. Un saludo.

II

Ocho lectores de entre 8 y 17 años recomiendan sus libros favoritos para disfrutar leyendo este verano, en El País, por Adrián Cordellat, Madrid - 31 JUL 2025:

En esta selección no faltan referentes del mundo de la literatura infantil y juvenil como Ana Alcolea, fenómenos editoriales como ‘Invisible’ de Eloy Moreno; o el último título del superventas de Joël Dicker

Con esta selección, niños y adolescentes se quedarán enganchados en unas sagas que aseguran las horas de lectura y entretenimiento veraniego.

No hay mejores divulgadores de libros que quienes los leen y los disfrutan. Por eso desde Mamas & Papas hemos pedido a ocho niños, niñas y adolescentes de entre 8 y 17 años que recomienden a otros lectores de su edad libros para leer a lo largo de estas vacaciones de verano: aquellos que más les han emocionado, gustado, impactado y atrapado en los últimos meses. El resultado, 16 títulos. Pero teniendo en cuenta que muchos de ellos, como La Ciudad sin nombre, Los cazamisterios o Dune son sagas, las horas de lectura y entretenimiento veraniego están más que garantizadas.

En esta selección tampoco faltan autoras referentes del mundo de la literatura infantil y juvenil como Ana Alcolea, recomendada hasta en tres ocasiones, fenómenos editoriales como Invisible de Eloy Moreno; o el último título del superventas de la novela negra Joël Dicker, La muy catastrófica visita al zoo, una apuesta crossover destinada a lectores de entre 7 y 120 años de edad.

Espido Freire, escritora: “Hay un empeño claro de los adultos para que los niños lean y eso, poco a poco, da sus frutos”

Por Leo Cordellat Oliver. 8 años.

'La ciudad sin nombre', de Faith Erin Hicks. Astiberri.

Me leí los tres libros de la saga en tres días. Es una novela gráfica de dos niños muy distintos, de diferentes clases sociales, que aunque empiezan con mal pie, se acaban uniendo para evitar que haya una guerra por el control de la ciudad y acaban siendo grandes amigos. Me ha encantado porque hay muchas intrigas, los personajes viven muchas aventuras, y siempre estás deseando saber que va a pasar después.

'Los cazamisterios', de Patricia García-Rojo. Alfaguara.

Esta serie está protagonizada por tres hermanos y un perro que habla. Sus padres desaparecieron en una expedición y a los niños les van pasando aventuras de misterio en cada libro, que tienen que resolver mientras van en la búsqueda de sus padres. Hay ocho libros ya y uno interactivo con juegos. Me gustan mucho estos libros porque a mí me encanta resolver misterios. Además, los personajes son muy graciosos y me lo paso muy bien con ellos.

Por Luna Dorado Cámara. 8 años.

'Supersorda‘, de Cece Bell. Maeva Young. 

Esta es una novela gráfica de una niña (la protagonista en realidad es una coneja) que pierde el oído a causa de una meningitis. Recomiendo este libro porque la protagonista es muy curiosa y divertida y va sumando muchas amigas a su vida. Las ilustraciones de la coneja son muy simpáticas. Además, me parece un libro muy interesante para saber cómo viven las personas sordas.

'El club de las canguro'. Varias autoras. Maeva Young. 

Esta colección de libros —ya se han publicado 14 entregas— va de un grupo de niñas que hacen trabajos de canguro. Me gusta porque las chicas viven muchas aventuras y, aunque son amigas, a veces tienen conflictos que tienen que resolver. Mis dos personajes favoritos son Kristi y Claudia, que son la presidenta y la vicepresidenta del club. Creo que esta colección es una buena experiencia lectora.

Por Olivia Martos Ochoa. 9 años.

'Cuatro hermanas: Enid', de Malika Ferdjoukh. Blackie Books.

Recomiendo este libro porque me gusta cómo expresa las relaciones familiares y las diferencias entre hermanas. Enid, con su perfecta imaginación; Orthense, que se está convirtiendo en adolescente; Betina, a la que lo que más le importa en el mundo es estar guapa; Genevieve, que además de guapa es inteligente; y Charlie, con su paciencia.

'Una loba para un hechizo‘, de Karah Sutton. Errata Naturae.

Me ha gustado mucho este libro porque los personajes son diferentes, pero muy interesantes: una loba valiente, una niña rebelde y curiosa y una bruja gruñona, pero buena. También me gusta cómo se relacionan estos personajes y las aventuras que viven juntos.

Por Mara Cordellat Oliver. 11 años.

'Esmeralda’, de Ana Alcolea. Anaya.

Si te gustan las novelas de misterio, este es el libro indicado. Entre las calles del pequeño pueblo en el que está de vacaciones, Esmeralda irá descubriendo cosas de su pasado que no recordaba. Me encantó este libro porque está muy bien escrito, los personajes te enganchan mucho y no puedes parar de leer intentando descubrir qué es eso que todos parecen saber menos la protagonista.

'Silencio‘, de Fernando Llor y Nil López. Inuk.

'Silencio' mezcla novela gráfica con narración. Trata sobre el acoso escolar y cualquiera se puede sentir identificado con lo que cuentan. Me gusta de este libro que se puede leer por ambos lados. Un lado está contado por la niña que sufre acoso y el otro por la acosadora, lo que te permite entender el comportamiento y cómo experimenta cada una la situación que están viviendo.

Por Jorge Martos Ochoa. 11 años.

'La muy catastrófica visita al zoo‘, de Joël Dicker. Alfaguara.

Este maravilloso libro trata sobre una niña que va a un colegio para niños «especiales», es decir, con algún que otro problema, y que va contando a sus padres todo lo que le pasó, desde cuando inundaron su colegio hasta la visita al zoo. Me pareció un libro muy divertido, ya que quien narra la historia es la niña y siempre incluye cosas muy graciosas. Los personajes son todos muy simpáticos, así que me he divertido mucho leyéndolo. Además, enseña que no hay que meterse con las personas, por muy diferentes que sean.

'Percy Jackson y los dioses del Olimpo: El ladrón del Rayo‘, de Rick Riordan. Salamandra.

Este libro va sobre un niño (Percy Jackson), que no conoce a su padre y vive con su madre. Un día, en una excursión, es atacado por su profesora, que se había convertido en arpía y descubre que... ¡es un semidiós! Entonces se va a un campamento de verano para semidioses, donde a él y a sus dos amigos les encomiendan la peligrosa misión de recuperar el rayo robado de Zeus. Creo que este es un libro muy original por diversos motivos: por ejemplo, que los dioses griegos convivan con la gente de Nueva York, que haya un campamento de verano para semidioses, o que objetos cotidianos se conviertan en armas mágicas. Los personajes son tan divertidos como entrañables, ya que por muchos monstruos que maten, o por muy poderosos que sean, siguen siendo unos niños.

Por Aitana Madero Sanz. 13 años.

'Invisible‘, de Eloy Moreno. Nube de tinta.

Recomendaría este libro porque cuenta una historia —la de un joven y sus problemas con el acoso escolar— que, lamentablemente, muchos adolescentes viven hoy en día. Creo que muchas personas de mi edad se pueden sentir identificadas con las situaciones y los sentimientos que se describen en las páginas de esta novela.

'Heartstopper‘, de Alice Oseman. CrossBooks.

Quiero recomendar esta novela gráfica porque me parece que toca muchos temas importantes sobre la adolescencia: desde el descubrimiento de nuestra orientación sexual, hasta los problemas en una relación, pasando por los problemas con nuestros amigos o las inseguridades que nos causa nuestro físico. Además, si te engancha el primer tomo, hay cuatro entregas más de la misma saga y la serie también está disponible en Netflix.

Por Gael Migallón Petriliggieri. 13 años.

'Titanic 2020‘, de Colin Bateman. Siruela.

Titanic 2020 es interesante porque cuenta la vida de un adolescente de 13 años, Jimmy Armstrong, que se cuela en un crucero que apenas está iniciando su primera travesía mientras se desencadena una catástrofe mundial. Lo recomendaría porque la trama está muy bien hecha y también porque hay un montón aventuras que te enganchan mucho. Yo, de hecho, me he leído el libro varias veces.

'Dune‘, de Frank Herbert. DEBOLSILLO.

Esta novela cuenta la historia de un joven adulto, y de cómo su Casa consigue un planeta (Arrakis) que todos los reinos quieren por su riqueza en una especie llamada melange, que es lo más codiciado en el universo. A pesar de las difíciles condiciones del planeta, y de la presencia de los Fremen (pueblo originario de Dune), todas las grandes Casas desean tenerlo en su poder. Recomiendo este libro porque, aunque sea largo –casi 800 páginas el primer volumen–, es muy emocionante.

Por Natalia Hernández Martín. 17 años.

'La noche más oscura‘, de Ana Alcolea. Anaya. 

Recomiendo este libro porque trata temas importantes de una forma muy natural. Me gustó especialmente porque está narrado desde el punto de vista de una chica joven, con la que es fácil identificarse. Además, esta historia ocurre durante un viaje de vacaciones, lo que nos da muchas vibras veraniegas, haciéndola una lectura perfecta para este verano.

'Donde aprenden a volar las gaviotas‘, de Ana Alcolea. Anaya.

Este libro también trata de unas vacaciones de verano y me pareció muy especial porque mezcla sentimientos con recuerdos. Fue una lectura que me hizo pensar en lo importante que es conocer nuestras raíces. A pesar de no estar cargado de acción, la historia te toca y llega al corazón. Para mí los libros de Ana Alcolea siempre son un acierto.

martes, 22 de julio de 2025

Cómo leer a Proust

 El escritor Leslie Epstein, hijo de uno de los guionistas de Casablanca y catedrático de escritura creativa en Boston, indicó que leer a Marcel Proust «a su manera» era idear un plan quinquenal para que cada noche antes de acostarse se leyese dos páginas durante no más de cinco minutos, para así completar los siete volúmenes de «En busca del tiempo perdido». Su razonamiento: «No es mala idea tener una cita nocturna con una mente noble; esto tiene el poder de purificar incluso el día más desperdiciado».

jueves, 8 de mayo de 2025

Técnicas para desarrollar la lectura que sí funcionan

 Aprender siete palabras relativamente cultas a la semana y leer por parejas: así pueden llegar los alumnos a ser lectores competentes, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia -08 de mayo de 2025:

El psicólogo cognitivo Héctor Ruiz Martín explica qué técnicas funcionan y cuáles no, según la ciencia, para que niños y adolescentes entiendan bien lo que leen.

Los estudiantes que, pese a saber leer, no tienen una comprensión lectora mínimamente aceptable son más de lo que suele pensarse. Entre el 5% y el 10% del alumno sufre dificultades congénitas (dislexia del desarrollo) y requiere más apoyo. Pero muchos otros que no las sufren tampoco alcanzan un desempeño adecuado. Tanto a los 9 años como a los 15, el 25% de los chavales españoles no alcanzan el nivel mínimo de competencia lectora, según las evaluaciones internacionales PIRLS y PISA, lo que lastra su trayectoria académica y profesional. El neurociéntifico y psicólogo cognitivo Héctor Ruiz Martín acaba de publicar ¿Cómo aprendemos a leer? Y cómo enseñar a leer según la ciencia (Fundación Internacional para la Enseñanza de las Ciencias). Un libro que analiza cómo descodifica y comprende el cerebro humano los textos, y en el que ofrece a los chavales, a sus familias ya la escuela información sobre qué técnicas funcionan y cuáles no para que los estudiantes aprendan a leer bien y se enfrenten a puedanse, a medida que avanzan en las etapas educativas, a obras cada vez más complejas. El libro se basa en los hallazgos de más de 400 investigaciones que han abordado en profundidad la cuestión en las últimas décadas. Pese a ello, no es raro encontrar en las aulas ejemplos de técnicas que la ciencia no aconseja ―como la lectura por turnos en voz alta―, mientras que otras que dan mejor resultado ―como un método específico de lectura por parejas― resultan bastante desconocidas.

El lenguaje oral es, según definición del psicólogo evolutivo estadounidense David Geary, un conocimiento “biológicamente primario”. Su aprendizaje en la primera infancia se produce de forma aparentemente espontánea, simplemente por la inmersión de los niños en una comunidad de hablantes. Esto sucede porque el cerebro cuenta con unas estructuras especializadas (entramados neuronales) destinadas a incorporar esa habilidad. Se trata de una característica que acompaña al homo sapiens desde sus orígenes, hace unos 200.000 años, y es producto de un proceso evolutivo que comenzó seguramente con nuestros antepasados ​​homínidos y se fue perfeccionando por la ventaja adaptativa que proporciona. La lectura y la escritura son, en cambio, un invento cultural muy reciente, y forman parte de lo que Geary llama conocimientos “biológicamente secundarios”. El cerebro no cuenta, en cambio, con mecanismos especializados para aprender a leer, pero consigue hacerlo, con esfuerzo, gracias a su plasticidad. La diferencia es importante, dice Ruiz, porque algunas corrientes educativas abogan por exponer a los niños y niñas al lenguaje escrito, sin llevar a cabo una enseñanza expresa, en la creencia de que aprenderán a descifrarlo como hacen con la lengua oral, algo que carece de base científica. Una parte de los chavales logrará aprender así, pero en realidad, añade el psicólogo, lo hará más bien a pesar del método.

Las investigaciones muestran que el aprendizaje de la lectura empieza por el lenguaje oral, y lo que se ha dado en llamar conciencia fonológica. Los niños tienen que darse cuenta de que el flujo lingüístico continuo que escuchan está formado, en realidad, por unidades más pequeñas , la palabra, la sílaba y el fonema (los sonidos del habla son limitados; entre 20 y 40 en casi todas las lenguas). Y una vez que son capaces de descomponerlos (saber que 'sal' está formado por los sonidos 's', 'a', 'l') pueden aprender a representarlos con letras, escribirlos y leerlos.

Liberar la atención

El siguiente paso, que se logra por medio de la práctica, consiste en ir mejorando el proceso de descodificación hasta automatizarlo. Lograrlo, explica el psicólogo cognitivo, permite al nuevo lector liberar la llamada memoria de trabajo ―“el espacio mental en que sostenemos la información a la que estamos prestando atención en cada instante”― y poder centrarla en comprender los mensajes que está leyendo. La suma de fluidez en la descodificación y comprensión lingüística conducen, simplificando, a una buena comprensión lectora.

Ambos elementos resultan necesarios. "Si no hay automatización en la descodificación, es muy probable que al lector le resulte costoso cognitivamente leer, lo cual no le ayudará a disfrutar de la lectura. Y ello, sumado a las dificultades para comprender lo leído, repercutirá negativamente en su motivación para leer", afirma Ruiz. Alcanzar dicha fluidez no es, sin embargo, suficiente. Alguien puede no comprender un texto por no tener unos conocimientos mínimos sobre el tema ―muchos lectores españoles se perderían, por ejemplo, leyendo la crónica de un partido de béisbol―. Y hay que contar, además, con un vocabulario lo bastante amplio para no estar tropezando continuamente durante la lectura. Varias investigaciones ―como la publicada en 2011 por Norbert Schmitt, profesor emérito de lingüística aplicada en la Universidad de Nottingham, Reino Unido― sugieren que si se desconocen más del 2% o el 5% (según los autores) de las palabras de un texto, la comprensión lectora se ve notablemente mermada, y se tiende a perder la motivación para seguir leyendo.

La amplitud del vocabulario de los niños es muy desigual. La marca, de entrada, el nivel socioeconómico y educativo de sus padres (las diferencias ya se observan a los tres años). Ese desequilibrio léxico es uno de los factores que están detrás de lo que los investigadores han bautizado como crisis de cuarto de primaria. A los 9 o 10 años casi todos han aprendido a automatizar la descodificación. Pero los que conocen más palabras están motivados para leer y tienden a hacerlo más, lo que les lleva a volverse más expertos y seguir ampliando la brecha con sus compañeros menos aventajados, que, en paralelo, van sintiendo un creciente desapego hacia la lectura. La psicología del aprendizaje llama efecto Mateo a este proceso por la frase bíblica: “Al que más tiene, se le dará, y al que menos tiene incluso se le quitará”―. Un estudio clásico mostró que a los 10 años los lectores más voraces leen hasta 4 millones de palabras al año, mientras que los menos inclinados a hacerlo leían 60.000 (el artículo fue publicado en 1988 por el psicólogo de la educación Richard C. Anderson, y es probable que las cifras hayan variado por los cambios en los hábitos lectores, pero la diferencia entre lo que leen los chavales sigue siendo sin duda enorme).

Aprender palabras de forma específica

Para compensar la desigualdad por razones familiares, Ruiz plantea, según lo que han mostrado algunas investigaciones, que aparte de las palabras que los chavales aprenden de forma natural y practicando solos la lectura ―deduciéndolas del contexto o consultando su significado―, la escuela les enseña de forma explícita siete palabras nuevas de registro culto relativamente a la semana. Eso haría unas 350 al año y 3.500 a lo largo de la escolaridad obligatoria, lo que según dichas investigaciones tiene un impacto “relevante” en la comprensión lingüística. 

Las palabras ―según una clasificación popularizada por expertos como Isabel L. Beck, de la Universidad de Pittsburgh― pueden dividirse en tres grupos. 

El primero está formado por las de uso más común, que el hablante de una lengua normalmente conoce, como casa, rápido, o pensar

El grupo III lo integran palabras específicas de ciertas disciplinas, como célula o antonomasia, que los chavales aprenden en las asignaturas correspondientes. 

La propuesta de Ruiz se dirige por ello a las del grupo II, más sofisticadas que las del primer grupo, pero lo bastante habituales en la lengua escrita (en obras literarias, artículos de prensa o ensayos) como para condicionar la comprensión lectora, como exhausto, indulgente, buque o atribular. No vale la pena, añade, perder mucho tiempo en discutir si una palabra forma o no parte del grupo II, ya que se trata de una clasificación flexible. La idea no es que las aprendan memorizando su definición del diccionario, sino utilizándolas en diversas actividades.

El psicólogo recomienda varias estrategias para promover la lectura fuera del aula. Entre ellas: recomendarles lecturas y permitir también que los chavales las escojan, pero manteniendo un grado de asesoramiento para que su complejidad les suponga un reto y al mismo tiempo no los desmotive―; evitar darles algo a cambio de leer ―algunas investigaciones apuntan que puede ser contraproducente, por ejemplo, en caso de chicos que ya leían, si dicha recompensa se implanta y después se retira―; facilitar el acceso a los libros ―a través, por ejemplo, de una buena biblioteca escolar―; o seguir leyendo con ellos en casa en voz alta, aunque ya sepan hacerlo ―para darles un modelo de lectura fluida y tener la oportunidad de comentar con ellos lo leído, trabajando así la comprensión―.

Técnicas tradicionales poco efectivas

Algunas de las técnicas utilizadas en clase para enseñar a leer, resultan, según las investigaciones, poco recomendables. Es el caso de la lectura en voz alta por turnos ―los lectores competentes tienden a aburrirse, y los que tienen dificultades lo pasan muy mal, y lo habitual es que una parte de la clase desconecte cuando no le toca leer―. O que cada estudiante lee en silencio su propio libro sin ninguna actividad posterior ―los buenos lectores lo aprovechan, pero no es tan útil para quienes más necesitan mejorar, que en algunos casos pueden limitarse a simular que leen y sentirse frustrados por no poder hacer lo mismo que sus compañeros―.

La ciencia sí respalda, en cambio, señala Ruiz, varias técnicas (orientadas sobre todo a la primaria), como la lectura pareada. Se forma una pareja con un estudiante más competente que el otro (lo ideal es que el primero sea de un curso superior, para evitar avergonzar al que menos sabe). Ambos empiezan a leer en voz alta simultáneamente, de forma que el más avanzado sirve de apoyo al otro. Cuando este quiere continuar solo, toca la muñeca de su compañero, para que lo siga en silencio. Y el más competente solo vuelve a leer en voz alta cuando se le vuelve a hacer un gesto o vea que su compañero se ataca. Otra técnica efectiva es la lectura repetida, en la que los chavales leen un texto varias veces hasta hacerlo con soltura. Lo ideal, dice el psicólogo cognitivo, es darle un propósito, como exponer la lectura al final en público (o a otra persona), para lo cual pueden usarse poemas o textos teatrales. Y, también en este caso, los chavales pueden practicarlo por parejas o en grupos pequeños, potenciando así una vertiente social de la lectura que también facilita el aprendizaje.

Hay maneras de hacer más eficaz la lectura en silencio de toda la clase, prosigue Ruiz. Como ofrecer a los chavales un trueque: dicho rato de lectura, que puede ser media hora, se les ofrece como alternativa a tiempo de clase estándar, reforzando la idea de la lectura como una actividad vinculada al disfrute. Pero a cambio se les pide que al terminar demuestren que efectivamente han leído ―por ejemplo, rellenando un breve cuestionario, que según explica Ruiz diversas plataformas proporcionan para cientos de libros, organizados por capítulos, y apenas lleva dos o tres minutos completar―. Entre los métodos que según la ciencia dan buenos resultados figura también la llamada lectura coral. En ella se elige un texto de 200 o 300 palabras, el maestro adelanta el vocabulario que puede resultar más complicado, y tras hacer él una primera lectura, que los estudiantes siguen en silencio, se repite con toda la clase (incluido el maestro) leyéndolo en voz alta al unísono.