Mostrando entradas con la etiqueta Crítica literaria ajena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crítica literaria ajena. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2026

Fallece el escritor y crítico teatral Marcos Ordóñez

 I

 Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años, en El País, Juan Barbosa, Madrid - 21 sept 2026:

El periodista y docente, que trabajó en EL PAÍS, fue durante décadas una de las voces de referencia de la crítica teatral española

Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957), uno de los nombres más reconocibles de la crítica teatral española de las últimas décadas, ha muerto este lunes en Barcelona a los 69 años. Crítico teatral en EL PAÍS desde el año 2000, escritor y profesor, durante años estuvo vinculado a la Universitat Pompeu Fabra, donde impartió guion cinematográfico y dirección de actores. Su escritura combinó la crítica de espectáculos con una mirada literaria sobre la escena y quienes la habitan. En este diario, publicó una crítica semana en el suplemento Babelia hasta diciembre de 2021, cuando se retiró por problemas de salud, que se fueron agravando en los últimos años.

Entre su obra novelística cabe destacar Una vuelta por el Rialto (1994), Rancho aparte (1997), Puerto Ángel (1999), Tarzán en Acapulco (2001), Comedia con fantasmas (2002; Libros del Asteroide, 2015), Detrás del hielo (2006), Turismo interior (2010), Un jardín abandonado por los pájaros (2013) y Juegos reunidos (2016). También ha publicado obras relacionadas con el teatro y el cine, como Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), Telón de fondo (2011) o Big Time: la gran vida de Perico Vidal (2014). También publicó biografías de Núria Espert y Alfredo Landa.

Su mirada crítica estuvo muy vinculada a la memoria del teatro y de los cómicos, y a la relación entre teatro, cine, música y cultura popular. A menudo, Ordóñez explicaba una de sus ideas esenciales sobre la crítica: escribir desde el entusiasmo y seguir la intuición a la hora de acercarse a los espectáculos y a los autores que consideraba interesantes. También defendía que el teatro se comprende plenamente cuando se ve encarnado por los actores, y no únicamente cuando se lee. Esa mirada, atenta a la representación y al trabajo de quienes la hacen posible, atravesó buena parte de su trayectoria.

El funeral se celebrará el miércoles en el tanatorio Ronda de Dalt de Barcelona, a las 18 horas.

II

“A partir de una edad, caminas entre el presente y el pasado”, en El País, Jacinto Antón, Barcelona - 09 mar 2019:

Marcos Ordóñez recoge una sabrosa miscelánea de asuntos y emociones en su dietario ‘Una cierta edad’

“No sé quién me dijo que las últimas palabras de Paul Claudel habían sido estas: ‘Doctor... ¿usted cree que habrá sido el salchichón?’”. “Cuando yo era pequeño, detestaba el circo”. “Me acuerdo de Ángel Pavlovsky, un rey de la comedia, una noche de otoño, a la salida del Capitol: ‘El otro día un espectador se fue a media función pero volvió a entrar porque lo de afuera era peor’”. “La última frase, tan proustiana de John Hurt antes de caer abatido por una bala en Las puertas del cielo, de Michael Cimino: ‘Qué curioso, el año pasado, por estas fechas, yo estaba en París”. Recorre uno las entradas y las páginas de Una cierta edad (Anagrama), el dietario que acaba de publicar Marcos Ordóñez, en un feliz deambular entre variadísimos asuntos, personas (de Stendhal a Butch Cassidy pasando por Juan Cruz) y estados de ánimo.

Cada entrada es un descubrimiento, una causa de regocijo, de sonrisa, de meditación o de amable melancolía. Hay reflexiones, recuerdos, pasajes costumbristas –“los equipajes de las motos, también llamados cofres, parece que se hubieran inventado para apoyar la libreta y tomar notas por la calle”-, apuntes dignos del Woody Allen de Cómo acabar de una vez con la cultura o Sin plumas (“Adolfo Marsillach sale de su casa. Dos señoras comentan: ‘Ese es el padre de la hija de Adolfo Marsillach”), historias más largas (la desternillante de Julia Gutiérrez Caba sobre uno de los momentos más difíciles de su carrera representando una obra de Agatha Christie), efusiones (“¡Dios bendiga a James Salter!”) y anotaciones de cariz muy personal: “Sueño que viajo en el tiempo hasta el año 68 para follar con Emma Cohen (...) Un sueño estupendo, de los que no abundan”.

Ordóñez (Barcelona, 1957) está esperando en la puerta del bar para hablar de su libro. Luce una gorra de béisbol de los Yankees que desentona con el resto de su sobria indumentaria y le proporciona un aire a lo Harry Dean Stanton en París, Texas. Se apunta a pedir un oporto y cuando los traen, entrechoca su copa lanzando su lema favorito (aparte del “dilo con firmeza pero finamente”, de Quintiliano), el brindis irlandés de John Huston: “Por el impulso”.

“En un libro como Una cierta edad cabe todo, casi”, señala. “Actualidad hay poca, porque se disuelve rápido. No es un dietario teatral, aunque el teatro forma parte importante de mi vida y sale, claro”. El autor describe así lo que hay en su libro, confeccionado con “platos muy variados”: “Recuerdos, crónicas breves, apuntes al sesgo, microrrelatos, pequeños poemas, humoradas luminosas o bromas oscuras de la existencia”. Hay más: “El paso de la edad, el tiempo, cosas que te obsesionan”. Son todos textos escritos entre 2011 y 2016. Dice Ordóñez que en ellos acaso se encuentre “mi esencia sin argumento, mi voz hecha de muchas”.

Sobre la clave del género, reflexiona: "Lo bonito es la libertad que te proporciona, puedes correr en cualquier dirección, con la condición de no ponerte estupendo. Lo que atrapas es muchas veces que te cae, has de estar, por tanto, muy atento”. Un ejemplo, el cartel del loro perdido que “atiende por Kostia”, necesita “dieta especial” y es indispensable “en terapia depresiva de un familiar”. Otro: “Este no es barrio de guisantes”. Otro más, una gitana en la Seguridad Social: “La niña, que tiene escocío el regocijo”. Dice que le abrieron los ojos al interés actual del dietario dos escritores que lo frecuentan, Ignacio Vidal-Folch e Iñaki Uriarte. "Ambos tienen ese talento para coger algo”. ¿Cioran? “Te parte el alma, pero en cambio me gustan mucho Jules Renard –al que descubrimos por Pla- y Charles Simic con sus píldoras sanadoras” (i. e. “la belleza de un momento fugaz es eterna”). Aborrece Ordóñez “esos dietarios en que la mitad es ajuste de cuentas”. Para él es fundamental entretener, ofrecer algo de humor “y pillar un poco de belleza”. Aunque algún texto tenga la extensión y la fuerza de un aforismo, el escritor marca distancias: “El aforismo quizá es escucharse un poco demasiado a uno mismo”, lo que no está mal como, precisamente, aforismo. En Una cierta edad abundan los amigos del autor (Lady Espert, la Sardà, Mario Gas, Shakespeare, la gata Rosalía) muchos desaparecidos (Anna Maria Moix, Rosa Novell, Anita Lizaran). “Alguien dijo que a partir de cierta edad caminas en dos lugares, el presente y el pasado, continuamente te va la memoria hacia atrás y ahí están ellos, los que se han ido”.

Marcos Ordóñez se marcha dejando tras él un reguero de historias y de frases en las que resuena su voz cavernosa a lo Constantino Romero. A recordar desde la primera del libro (de su querido Ennio Flaviano), “la situación es grave pero no seria”, hasta la penúltima (suya), “tres señales indicativas de que el día, pese a todo, ha sido bueno: si he atrapado un momento de belleza, si he reído con alegría al menos una vez y si he podido decir: ‘Bueno, creo que tengo un borrador, mañana lo paso a limpio”. La última es: “Buenas noches. Feliz año nuevo”.

III

Marcos Ordóñez: “El crítico tiene alma de comadrona”, en Núvol, Oriol Puig Taulé 7/07/2017:

"El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio".

Hemos citado a Marcos Ordóñez, crítico de teatro y escritor, en nuestra redacción a las cuatro de la tarde. Nuestra intención era hacer esta entrevista en el patio naranja de Vilaweb, tono que se está convirtiendo, casi sin quererlo, en el color corporativo de Núvol, pero el sol y el calor nos hacen buscar una alternativa. Pasamos al plató, con paredes de color negro y aire acondicionado, y empezamos a hablar sobre los influencers. Ordóñez confiesa que no sabe qué son ni qué hacen, cuando le cuento que una joven estudiante de bachillerato escénico me ha contactado porque quiere convertirse en una “influencer teatral”.

Marcos, ¿eres consciente que tú mismo eres un influencer? Sólo hace falta ver tus publicaciones en Facebook, cuando recomiendas una película, un libro o una serie, ya no digamos un espectáculo, y mucha gente te lo agradece y, literalmente, se “apunta” tus recomendaciones.

Nada me gustaría más. Esta es un poco la idea. Yo estoy muy a favor de estar a favor, y eso ya es una declaración de principios. Hay muy poco espacio y muy poco tiempo para todo, y se tiene que intentar colocar la cuña donde se pueda. “¡Vayan a por esto!”. Entre todo el marasmo de cosas que suceden a nuestro alrededor, me gusta señalar lo que yo creo que vale la pena. Esto lo he intentado hacer siempre, pero creo que últimamente más: porque hay más oferta y tenemos menos tiempo. Y porque hay más crisis, y todos nos lo pensamos más antes de ver algo.

He leído en más de una ocasión en tus artículos que no crees que valga la pena hablar de un espectáculo fallido o que no te haya gustado. Eres de la opinión que en estos casos el crítico se limita a hacer un alarde de su inventiva y talento literario, cuando los espectáculos malos ya caen por sí solos.

De entrada yo escribo en El País, y esto tiene una determinada importancia: un palo en este periódico no es lo mismo que en otro medio, sobre todo si está dirigido a gente que está empezando o se está abriendo camino. Escribir que un espectáculo no te ha convencido resuena más en El País que en otros sitios. Procuro hablar de lo que me gusta por diferentes motivos: en primer lugar porque yo escribo mejor desde el entusiasmo. Otro factor muy importante es que yo elijo lo que veo, y también sobre qué voy a escribir. Durante muchos años hice una crítica diaria, o casi diaria, y ahora al tener un espacio semanal tengo el privilegio de poder elegir mucho más. Ahora bien, esto no quiere decir que si Lluís Pasqual o Miguel del Arco o el director que sea hace un espectáculo que no me ha convencido, yo esté obligado a comentarlo. Hay mucho para elegir. Y un palo a Pasqual no le va a fastidiar ni a afectar mucho.

En mi caso me encuentro que tengo demasiados amigos en la profesión teatral: dramaturgos, directores, actores… Esto hace difícil el ejercicio de una crítica digamos que objetiva (cosa imposible, por otro lado), y en algunas ocasiones se me han enfadado cuando he escrito críticas negativas sobre sus montajes. ¿Cómo llevas el hecho de escribir sobre personas con quien tienes una relación personal o de amistad?

Nunca gusta. Sobre todo al que recibe [ríe]. Lo que pasa es que ya llevo muchos años en este oficio. El pasado marzo cumplí sesenta años. Y llevo muchos escribiendo sobre teatro y otras cosas. Creo que la gente de teatro se da cuenta cuando no eres un recién llegado, un crítico que quiere hacerse notar pegando un palo, o que le tiene una manía especial a alguien determinado. Somos todos compañeros de viaje. Siento que formo parte del mundo del teatro, me considero una persona de teatro. Evidentemente, yo hago otro tipo de trabajo, pero estamos en un camino paralelo. Y esto creo que la gente lo nota: puede que no te guste un espectáculo, pero el siguiente ya te gustará más. No sé si con esto te contesto a tu pregunta… Si quieres saber si se me han enfadado alguna vez, te diré que sí, que esto pasa. Yo incluso me pongo mal físicamente. Lo que sucede es que conoces a muchísima gente, y durante varios años sigues su trabajo. Si tienes una relación de amistad y ves que un espectáculo no ha salido o no ha acabado de cuajar, no diré que sea doloroso pero un poco sí que lo es. Lo que quieres es que funcione. El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio.

Hace años que te dedicas casi exclusivamente a la crítica teatral, aparte de tu faceta como escritor de novelas, pero también tienes mucha experiencia en la crítica musical y de cine, cosa que se nota sobremanera leyendo tus artículos. ¿De qué manera un conocimiento del mayor número posible de disciplinas artísticas lleva a una crítica mejor, en el caso del teatro?

Es que está todo relacionado, y para mí lo ha estado siempre. No se trata de compartimentos separados. Estás viendo una función y aparecen muchos referentes, que creo que es una palabra un poco fría. Mejor llamarlos vínculos, o herencias que te remeten a otras cosas. El teatro está hecho de herencias y el crítico lleva la antorcha de las generaciones pasadas, de la gente que ya no está, porque de todas las artes el teatro es el más efímero. Estás viendo una función y te das cuenta que tal actor o tal actriz está toreando como tal o cual. Creo firmemente que debemos seguir hablando de los mayores. El teatro tiene mucho de artesanía y de herencia. Mario Gas habla mucho de “familias”, y lo entiendo muy bien. Luego está la música, y cada vez se mezclan más todas las disciplinas artísticas. El otro día vi Bodas de sangre en la Biblioteca de Catalunya y me maravillaron los ecos que han conseguido el director Oriol Broggi y el músico Joan Garriga y su banda: estás viendo una obra andaluza pero tiene aires de western, de México, de las bandas sonoras de Ennio Morricone… Como decía el poeta: “son voces de muchas aguas”. Las referencias no las buscas, simplemente van saliendo. Recuerdo una crítica que escribí hace años sobre ¿Estás ahí?, una obra de Javier Daulte que había visto varias veces: hice comparaciones con marcas históricas de chicles. Comparaba ese montaje con el Bazooka, que era un chicle muy duradero. Y otro espectáculo, que no recuerdo, lo comparaba con el Dunkin, que era un chicle rosáceo, en nuestra época para niñas, que comprabas sólo cuando no había Bazooka. Era como comprar el Lily cuando en el quiosco no tenían el Tío Vivo.

Tus inicios como crítico fueron en el campo de la música y el cine, pero el teatro siempre estaba ahí. ¿De qué forma el teatro acabó convirtiéndose en el centro de tu actividad crítica?

De pequeño anotaba muchas cosas para contármelas a mí mismo. Era casi como un coleccionista de cromos, y esto me pasaba mucho con las películas (“Ya tengo tres de Éric Rohmer”). Esas crónicas eran una manera de contarme a mí mismo lo que había visto, para ver cómo funcionaba el juguete. Con el teatro era distinto, no sé muy bien el porqué: había algo teatral en el hecho de escribir la crítica, como si fuera para un periódico, como si tuviera que salir publicada al día siguiente. Como en Ciudadano Kane, que justo después de la función Orson Welles está esperando con ansia lo que escribirá Joseph Cotten en su crítica. Nadie esperaba mis escritos, pero ya había en aquello una voluntad periodística. Siempre me he movido entre lo periodístico y lo intímo, y la crítica teatral es como recomendar una cosa a un amigo. Creo que lo primero que publiqué como crítico de teatro fue en la segunda temporada del Teatre Lliure, en el año 1978, y hablaba de Les tres germanes o Hedda Gabler, para Ajoblanco (que ahora ha vuelto a editarse), revista que entonces se vendía una barbaridad. Hubo una época en El Correo Catalán que iba a por todas, cuando preguntaban quién quería cubrir algo yo siempre era el primero en levantar la mano. En esto me siento muy identificado con Juan Cruz, que venía de Tenerife y tenía unas ganas locas de verlo todo. Es una maravilla cuando entras en una redacción y lo quieres hacer todo: escribir crónicas, hacer entrevistas, proponer reportajes… En aquellos tiempos escribía más de música, pero seguía con el teatro. Entré en el ABC cuando abrieron la delegación de Cataluña y ahí tenía mucho espacio para escribir, una página entera, e incluso había hecho alguna doble página sobre espectáculos que me habían gustado mucho. Más tarde estuve en un diario de corta vida, que se llamaba El Observador, que en esa época lo dirigía Vicent Sanchis, y me dio una página entera. En aquellos años era un poco más cabestro, escribiendo. Quizás por lo que decías, porque no conocía a mucha gente de la profesión. Con el paso del tiempo conoces a todo el mundo y vas modulando la forma, pero creo que se puede decir todo. Quintiliano decía “Suaviter in modo, fortiter in re”. Opino que es importante el suaviter in modo, y que no hace falta el tan fortiter in re [ríe].

Y ahí sigues, con tu crítica semanal de teatro en El País, aparte de tus crónicas de los jueves donde hablas de teatro pero no exclusivamente.

Hay una cosa que me sorprende bastante de mis amigos de juventud, y es que algunos han dejado las drogas: algunos no escuchan música, porque no tienen tiempo, otros ya no leen libros (o sólo en verano) y vas a su casa y rejuveneces de golpe, porque ves libros de hace veinte o treinta años. Yo mismo, por ejemplo, ahora voy a poquísimos conciertos, porque me canso como una perra de estar ahí de pie. Pero el teatro dura, ahí sigo. Soy como el conejito de Duracell.

Mirando atrás y viendo tus comienzos a finales de los años setenta y principios de los ochenta, ¿cómo ves el periodismo cultural y la crítica teatral hoy en día, comparados con aquellos años?

Los medios digitales los controlo poco, porque hay muchos. Yo soy de una generación donde había muchísimas publicaciones en papel, y me duele ver como van desapareciendo muchísimos espacios, como árboles caídos (árboles que se talaban para hacer papel, por cierto). La gente ahora lee menos, y las previsiones son muy apocalípticas: llega el final de una era. Pero he oído tantas profecías apocalípticas en mi vida: que el libro digital iba a eliminar el papel, por ejemplo. Todo va tan rápido que se convierte en cliché. A mí me gusta el papel. Cuando me habéis regalado el ejemplar de Núvol en papel lo primero que he hecho ha sido olerlo. Lo digital está muy bien, sí, pero… Sí, pero. Y desconozco muchas de las cosas que salen, y de tanto en tanto alguien me recomienda un blog o un medio digital que se me había escapado.

Eres profesor del Máster de Periodismo Cultural de la Universitat Pompeu Fabra y de la Barcelona School of Management. ¿En qué consiste tu actividad pedagógica y cómo ves a los jóvenes que quieren dedicarse a la comunicación y al periodismo cultural?

Hago bastantes cosas, la verdad. En el primer trimestre de Comunicación doy una asignatura que habría que cambiarle el título, porque es halagador pero muy pomposo, “Dirección de actores”. Ahí me siento como un coach o entrenador deportivo, hago de Padre Flanagan (el fundador de la Ciudad de los Muchachos). En la Pompeu Fabra los alumnos son eternamente jóvenes, porque siempre tengo los de tercero. Trato de detectar el talento y lanzarles a la piscina, de conseguir que se pongan a actuar y a dirigir, aunque sea con el papel en la mano. Cuando ves que alguien le lanza rápido a la piscina, algo que se ve enseguida, es un placer enorme. El otro día hablaba de Elena Martín, que acaba de debutar con su primera película Júlia ist, y que en mi clase ya le vi ese brillo en los ojos. Es todo un poco complicado, la verdad, porque estás con cuarenta alumnos, y al mismo tiempo intentando que apaguen el móvil.

En el Máster de Periodismo Cultural de la UPF los grupos son mucho más reducidos, entre quince y veinte alumnos, cosa que permite clases más interesantes. He comprobado que el interés de los estudiantes por el teatro varia según los años, va por promociones. El máster es como un pack donde hay cursos de cine, teatro, artes plásticas y literatura. Yo acabo hablando de teatro más que de crítica teatral, y ves que hay alumnos que les interesa más que a otros. Hay muchos estudiantes de Latinoamérica, a los que los nombres catalanes o españoles no les dicen nada en particular. Con Clàudia Brufau, que creo que trabaja con vosotros, también fue un amor a primera a vista: a la que empezó a hablar vi que era una persona de teatro, y sobre todo de danza. Lo ves enseguida, son gente que va a tirar por ahí. Cuando encuentras a alguien que es familia, es como jugar al póquer y ganar. En el máster doy los cursos de “Crítica teatral” y “Principales corrientes teatrales contemporáneas”, sobre periodismo cultural y teatro. Ahí les pongo a escribir e intento pasarles mi experiencia sobre cómo se hace esto. “Que parezca un accidente”, como se dice en la mafia, como si lo acabaras de escribir… Que parezca fácil, en definitiva.

En tus críticas sueles terminar con consejos y avisos a los espectadores y a los posibles programadores que lean tus artículos: “No se la pierdan”, “Tiene que girar”, “Esto se tiene que ver en Madrid” (en el caso de producciones catalanas), “Tiene que hacer gira por toda España”… ¿Eres consciente de ello, y del poder (o no) que pueden tener tus palabras?

Hay una entrevista histórica en Cahiers du Cinéma entre Martin Scorsese y Paul Schrader, y ahí cuentan que de pequeños les pasaba lo mismo: en la escuela veían que los niños caminaban muy tranquilos, y pensaban “¿Cómo es posible que esta gente no corra a ver Balas vengadoras, de Sam Fuller?”. Tenían ganas de gritar “¡Paren todo lo que estén haciendo y vayan a ver Balas vengadoras!”. A mí me gusta hacer esto. Y hay que decirlo, porque antes las cosas duraban más, y ahora todos tenemos menos tiempo. Antes la cara B de un disco duraba más minutos: ahora dura lo mismo pero mientras suena hemos contestado los mensajes del móvil, hemos mirado el correo, etc…

Libros del Asteroide acaba de reeditar una de tus novelas, Detrás del hielo, que salió publicada en 2006. Háblanos un poco de este libro y de cómo afrontas la escritura de una novela. 

A Detrás del hielo le tengo un cariño especial, porque fue un parto difícil. Si me preguntan “Resúmela en una frase”, diré que es una novela de amor y revuelta. Una historia de creyentes, de una generación que cree en los libros, la música y el cine. Es una historia de un trío, como Jules et Jim, y la voz narradora es de una mujer que se llama Klara Liboch. Yo quería que pasara en un país de gran eferverscencia y que luego hubiera una dictadura (como España durante la Segunda República, Chile, Argentina, o la primavera de Praga), pero estaba atado por la contingencia. Al final decidí inventarme un país centroeuropeo, la República de Moira, y fue como jugar al Monopoly. Hice un mapa enorme, me inventé la historia del país, puse los arbolitos… Esto también lo ha hecho a lo grande Martín Caparrós en un libro de más de mil páginas que se llama La Historia (Anagrama, 2017): ha creado un país entero, como en aquel cuento de Jorge Luis Borges titulado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Para mí escribir una novela es como rodar una película, de alguna manera. Como la produzco yo, puedo poner hasta helicópteros si hace falta. ¡Será por dinero! [ríe]. Luis Solano, el magnánimo editor de Libros del Asteroide –a quien Jehová y una cohorte de diosas le conserven muchos años– ya había reeditado mi libro Comedia con fantasmas, donde yo había montado una compañía. Para Detrás del hielo hice el “Director’s cut” del libro, sin añadir nada (al contrario que Francis Ford Coppola en Apocalypse now), donde básicamente quité cosas, remonté pasajes, con el miedo de ver si la cosa seguía aguantando.

¿Tienes en mente escribir otra biografía de algún actor o actriz, como hiciste con las memorias de Núria Espert (De aire y fuego, Aguilar, 2002) o Ava Gardner (Beberse la vida, Aguilar, 2004)?

Hay un género que me gusta mucho y son los dietarios. Los he ido escribiendo por épocas, dependiendo si estaba o no en otras cosas, y ahora sacaré un primer volumen, que va desde el 2011 hasta el 2016. Primero lo tiene que leer mi mujer, Pepita forever, que es quien hace la criba, y me dice qué es lo que vale la pena.

Soy un gran lector de diarios porque es una materia muy flexible y porosa: pueden ser casi jaculatorias, mini-cuentos, reflexiones, recuerdos… Muchas de estas cosas salían publicadas en El País, en el blog o en el artículo de los jueves que antes era más largo. Los diarios se llamarán Una cierta edad, una frase que últimamente me dicen mucho: “Tú ya tienes una cierta edad”. Tendrán el tono de mis críticas, unos diarios donde no hay ajustes de cuentas y donde intento encontrar lo bello de las cosas, lo que da alegría y vida.

Seguimos charlando con Marcos Ordóñez, con la cámara apagada y nuestra fotógrafa Ester Roig ya fuera del plató. Y ahí hace su aparición mi “momento fan” y le pido si me puede firmar mi ejemplar de Molta comèdia. Cròniques de teatre 1987-1995 (Edicions La Campana, 1996). Ya en la redacción, Marcos ojea (y huele) el ejemplar de Ajoblanco que nos ha llegado hace poco, y me sigue hablando de Bodas de sangre mientras le acompaño a la puerta.

Nos vemos en los teatros, Marcos.

IV

Fallece Marcos Ordóñez: “Siempre tuyo, Frankie Broadway”. Obituario, en La Vanguardia de Barcelona, Juan Carlos Olivares, 21/09/2026:

A Marcos lo recuerdo como el rey absoluto de la ínsula de Barataria de la sección de Cultura y Espectáculos de la delegación de Catalunya del ABC. Una redacción embutida en un entresuelo de la calle Rosselló en la que convivían el Macintosh Classic con las máquinas de escribir en una Barcelona justo antes y después de la vorágine olímpica. Una sección que, como él mismo, fomentaba una idea generosa y ecléctica de la cultura. Excepcionalidad más soportada que querida que, como Camelot, fue intensa, brillante y fugaz. Los mediocres le pusieron, en cuanto pudieron, un puente de plata que él cruzo para nunca más depender de nadie.

A Marcos lo recuerdo en su casita del barrio del Farró, en una soirée improvisada. En la mesa baja de salón un despliegue apetitoso, entre ceniceros y vasos a medio consumir, de discos y libros. Risas, frases ingeniosas, conversaciones cruzadas y la capacidad inagotable del anfitrión de saltar del fragmento de una novela a la escena de una película, del diálogo de una obra de teatro a una canción que, como un prestigiador, sonaba de repente en el tocadiscos siempre a mano. Y la banda sonora saltaba de Gato Pérez a Sarah Vaughan y luego rugía sin previo aviso Van Morrison. Y así hasta el infinito y más allá de estilos y géneros. No había conocido nunca a nadie que tuviera ese ingente conocimiento humanista sobre música, cine, teatro y literatura y que lo compartiera sin freno como quien reparte y comparte una bolsa de chuches. Para el novato en ese círculo –Frankie Broadway, me llamaba– era casi un estado de borrachera estendhaliana. Era apabullante. Marcos infundía respeto y secretamente disfrutaba del equívoco. El físico y la voz de un gigante refugiado tras sus gafas, barba y gorras o sombreros. También por ese conocimiento renacentista contemporáneo que manaba sin parar y convertían sus ensayos, biografías, novelas y críticas de teatro en espléndidos retablos de referentes.

Pero tras esa apariencia a veces inexpugnable, existía un hombre que reservaba siempre una página de cortesía a la misma dedicatoria: “Pepita Forever”. Pepita, su compañera hasta las últimas brumas compartidas. Esa serena presencia de larga melena siempre a su lado. Ese otro Marcos más vulnerable que afloraba en sus páginas autobiográficas cargadas de una emotiva nostalgia, de un cariño complejo por su círculo más íntimo. Es leer Un jardín abandonado por los pájaros (un relato sobre su familia) y ver en cinemascope una Barcelona pretérita tan bien retratada como cualquier aventi de Juan Marsé. Tenía un respeto inmenso, muy al estilo argentino, por los artistas que alimentaron desde niño su pasión por las artes. Era casi natural que fuera precisamente él el que redactara las memorias de Alfredo Landa (Alfredo el Grande) o centrara su atención en el Madrid de las maravillas de los años cincuenta de Perico Vidal (Big Time: la gran vida de Perico Vidal) o Ava Gardner (Beberse la vida: Ava Gardner en España). Los artífices para que se cumplieran sus sueños semana tras semana en los cines de reestreno de la Barcelona del desarrollismo.

A Marcos lo recuerdo en los largos viajes de ida y vuelta en coche que el festival Temporada Alta ponía a disposición de la crítica. Nunca pasaron ángeles del silencio por ese apretado cubículo sobre ruedas. Escuchándole entendía por qué siempre lo tuve como el principal referente de los últimos grandes críticos de esta ciudad. Un mentor discreto que me ofreció mi primera oportunidad en el ABC y nunca se apartó del todo en esta azarosa trayectoria de la crítica teatral. Con el tiempo se volvió más indulgente, incluso llegó a expresar públicamente que se arrepentía de la dureza de algunas de sus críticas. Quizá era la enfermedad la que empezaba a resquebrajar esa coraza que solo desmontaba en la más estricta intimidad. Su amor por el teatro y sus artistas siempre estuvo ahí, pero sus opiniones eran severas, a veces cáusticas, ingeniosas, sin excusa justas. Pero esa parte más implacable fue remitiendo con el tiempo y empezó a prevalecer solo aquello que sustentaba todo lo bueno que le podía ofrecer un escenario. Desde su tribuna en Babelia se permitió la libertad de renunciar a las malas críticas. Se volvió positivamente selectivo. Así entendía ahora la crítica, como un mecenas de papel. Cuidaba los amigos, apadrinaba el talento emergente, subrayaba la excelencia, el riesgo, el oficio. Una subjetividad en positivo. Marcos nunca fue un crítico ponderado en sus querencias. Vivía la representación con intensidad, por su fascinación eterna por la ficción. Una conexión que a veces le traspasaba dolorosamente, como aquella noche que le dejó herido el Purgatorio de Romeo Castellucci (Teatre Lliure, Grec’09)

A Marcos lo recuerdo en las llamadas para repasar la cartelera (“Frankie Hollywood, ¿qué hay de bueno?”) cuando su salud se hizo más frágil y su presencia en los teatros más puntual. Recuerdo el cariño que se expandía y que amigos y conocidos nos percatábamos de que algo había cambiado. Recuerdo una última visita hace tres años en su casita del Farró. Todo seguía casi igual. Quizá ya no había tantos libros sobre la mesa baja. Los discos guardados en sus fundas. Quizá su atención iba y venía, pero me saludó con un familiar “Frankie Broadway” después de un largo tiempo sin vernos. Ya no tengo más recuerdos de quien considero mi maestro y referente. Hoy mismo volveré abrir Molta comèdia, sus crónicas teatrales entre 1987 y 1995) para entender por qué es tan importante esto de la crítica teatral y que es un dolor que hayamos perdido una voz con tanta dignidad mucho antes de que se marchara en paz.

V

[De Wikipedia]

Marcos Ordóñez (Barcelona, 25 de marzo de 1957-Barcelona, 21 de septiembre de 2026)[1] fue un crítico teatral, escritor y profesor español.[2]

Biografía

En 1988 publicó su primera novela, titulada El signo de los tiempos (Plaza & Janés).[3]

Escribió la obra La noche de Eldorado, que fue llevada al escenario en 1991.

Desde 1994 fue profesor asociado de Guion cinematográfico y Dirección de actores del Departamento de Audiovisuales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

En 1997 su novela Rancho aparte recibió una mención especial del jurado del Premio Nadal (que ese año ganó Carlos Cañeque, con Lorenzo Silva como finalista). Rancho aparte está ambientada en la Barcelona de la década de 1950 y fue publicada por la editorial Destino.[4]

Desde 2001 hasta diciembre de 2021 fue crítico teatral del diario El País y colaborador del suplemento cultural Babelia.[5][1]

Parte de su obra tiene un fuerte componente autobiográfico. Así, en A cualquiera puede sucederle relata el mundo de sus abuelos; Una vuelta por el Rialto es, en sus palabras, autobiografía literaria. Otras tres piezas, Turismo interior, Gaseosa en la cabeza y Un jardín abandonado por los pájaros, también tienen elementos personales de Ordóñez.[6]

Obra

Gato Pérez, la rumba como ética (biografía), Ediciones Júcar, 1987.[7]

El signo de los tiempos (novela), Plaza & Janés, 1988.[3]

A cualquiera puede sucederle (novela), Plaza & Janés, 1990.

La esencia del guaguancó (relatos), Ediciones Versal, 1991.

Una vuelta por el Rialto (memorias), Anagrama, 1994.

Molta comèdia. Croniques de teatre 1987−1995 (críticas), Edicions La Campana, 1996.

Rancho aparte (novela), Ediciones Destino, 1997.

La bestia anda suelta: ¡Alex de la Iglesia lo cuenta todo! (biografía), Glenat Ediciones, 1997.

Puerto Ángel (novela), Ediciones Destino, 2000.

Tarzán en Acapulco (novela), Ediciones Destino, 2001.

Comedia con fantasmas (novela), Plaza & Janés, 2002.

con Nuria Espert: De aire y fuego (biografía), Aguilar, 2002.

A pie de obra: Escritos sobre teatro (críticas), Alba Editorial, 2003.

Beberse la vida: Ava Gardner en España (biografía), Aguilar, 2004.[8]

Detrás del hielo (novela), Bruguera, 2006.[3]

Ronda del Gijón: una época de la historia de España (biografía), Aguilar, 2007.

Alfredo el Grande. Vida de un cómico: Landa lo cuenta todo (biografía), Aguilar, 2008.

Turismo interior (relatos), Lumen, 2010.

Telón de fondo: Algunas cosas que aprendí en el teatro (memorias), El Aleph Editores, 2011.

Un jardín abandonado por los pájaros (memorias), El Aleph Editores, 2013.[9]

Big Time: la gran vida de Perico Vidal (biografía), Libros del Asteroide, 2014.[10]

Juegos reunidos (memorias), Libros del Asteroide, 2016.[11]

Una cierta edad (dietarios 2011−2016), Anagrama, 2019.

Una joven pareja (novela), Pepitas de Calabaza, 2021.[12]

Notas

1.  «Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años». El País. 21 de septiembre de 2026. Consultado el 21 de septiembre de 2026.

2. Perfil de Marcos Ordóñez, en la web Dialnet, consultada el 22 de mayo de 2022.

3. Ángel Basanta (29 de junio de 2006). «Detrás del hielo». El Cultural. Consultado el 8 de julio de 2016.

4. Xavier Moret (7 de enero de 1997). «Carlos Cañeque gana el Premio Nadal con un juego metaliterario a la sombra de Borges». El País. Consultado el 18 de diciembre de 2016.

5. PAÍS, Ediciones EL. «Artículos escritos por Marcos Ordóñez». El País. Consultado el 6 de marzo de 2022.

6. Iglesia (2013).

7. Álvaro Corazón Rural (mayo de 2015). «Gato Pérez, músico único que solo pudo darse en una Barcelona que ya no existe». Jot Down. Consultado el 25 de junio de 2016.

8. Moix, Ana María (20 de noviembre de 2004). Ha llegado una estrella. El País. Consultado el 3 de marzo de 2017.

9. «Marcos Ordóñez novela su autobiografía y la de la Barcelona de los 60». Eldiario.es. 1 de marzo de 2013. Consultado el 23 de octubre de 2016.

10. Mercedes Cebrián (26 de diciembre de 2014). «Cuando Rusia estaba en Soria». El País. Consultado el 24 de junio de 2016.

11. Toni Iturbe: «Las noches eternas de Marcos Ordóñez», Mercurio, panorama de libros, n.º 178, febrero de 2016, pág. 27.

12. «Una joven pareja | Pepitas de calabaza». www.pepitas.net. Consultado el 5 de septiembre de 2021.

VI

 Muere a los 69 años Marcos Ordóñez, escritor y crítico teatral que supo combinar la erudición y el entusiasmo, en elPeriódico, Rafael Tapounet, Barcelona, 21 SEPT 2026:

Cronista cultural de referencia por su mezcla de rigor, memoria y pasión, fue también autor de una amplia obra narrativa de carácter autobiográfico

Cuando en 2013 el escritor, crítico teatral y profesor Marcos Ordóñez participó en la segunda edición del festival Primera Persona, sacó para cerrar su intervención una botella de chinchón y, haciendo suyo el brindis irlandés favorito de John Huston, invitó a todos los presentes a beber "por el impulso". Nacido en Barcelona en 1957, a Ordóñez, autor de una veintena de libros y crítico de absoluta referencia para varias generaciones de aficionados al teatro, a la música y al cine, nunca le faltó el impulso. Su desmesurado afán por descubrir, por conocer y por compartir, siempre desde el entusiasmo, se tradujo en una obra de gigantesca erudición, a menudo con un fondo autobiográfico, que abarca diversos géneros y que refleja múltiples intereses. Una producción rica y generosa que la enfermedad interrumpió a finales de 2021 y que ha quedado ahora definitivamente truncada con la muerte de Ordóñez a los 69 años.

Que el primer libro publicado por Marcos Ordóñez fuera una semblanza literaria (y una lúcida reivindicación) del rumbero Gato Pérez ('Gato Pérez, la rumba como ética', 1987) ya da una pista sobre su determinación a la hora de derribar las barreras entre cultura académica y cultura popular. En su bibliografía se mezclan sin orden jerárquico las novelas, los libros de relatos, los volúmenes de memorias, los escritos sobre teatro, las crónicas de época, las biografías de personajes como Ava Gardner, Núria Espert, Alfredo Landa y Perico Vidal y hasta un libro entrevista con Álex de la Iglesia.

Una vocación precoz

Dueño de una precoz vocación escritora que adquirió consistencia al leer con 12 años las novelas de Somerset Maugham, Ordóñez dejó constancia en los dietarios reunidos en 'Una cierta edad' (2019) de los nombres de algunos de sus autores "más queridos": Bernard Frank, Patrick Modiano, Truman Capote, James Salter, Gabriel Ferrater, Raymond Chandler, Peter Handke, W. H. Auden… También Juan Marsé y Francisco Casavella, con quienes mantuvo una relación de amistad, y, por supuesto, Anton Chejov, a quien dedicó algunas de sus más brillantes páginas de crítica teatral.

Ordóñez tenía apenas 21 años cuando se estrenó como crítico teatral en las páginas de la revista 'Ajoblanco'. Después de pasear su firma por cabeceras como 'El Correo Catalán', 'ABC', 'El Observador', 'Avui' y 'Fotogramas', en el año 2000 empezó a escribir sobre teatro en el diario 'El País' y siguió haciéndolo durante más de dos décadas, imponiendo una personalísima mirada sobre las artes escénicas que combinaba el rigor, la memoria y la pasión.

VII

Reseñas de sus libros en Lecturalia.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Máscaras literarias, dossier. Life of M, Plegarias atendidas y Retorno a Brideshead

I

 Escándalo en las letras inglesas: Rachel Cusk destruye sin nombrarla a la actriz Natalie Portman en su última novela, en El País, Rafa de Miguel, Londres - 26 ago 2026:

Ninguna de ellas ha confirmado que la intérprete sea la protagonista de Life of M (La Vida de M)

La ficción literaria se monta con retazos de realidad. La construcción psicológica de los personajes toma siempre algo o mucho prestado de las personas de carne y hueso. El escándalo surge cuando la copia es evidente. Evelyn Waugh imaginó en Retorno a Brideshead al arribista Rex Mottram, esposo de Lady Julia Flyte, a partir de Brendan Bracken, el ministro de Churchill cuya pomposidad y vanidad detestaba el escritor. Truman Capote fue condenado al ostracismo social y a la depresión cuando reveló los secretos de “los cisnes”, las socialités neoyorquinas cuya amistad cultivó, en Plegarias Atendidas.

La escritora Rachel Cusk ha protagonizado la “traición literaria” del verano con su novela Life of M (La Vida de M), publicada este martes en inglés, la historia mal disimulada de una actriz a la que los críticos identificaron de inmediato con Natalie Portman. M, según el libro, comenzó su carrera cinematográfica con un papel muy de “Lolita” del que su madre exigió que desaparecieran las escenas sexuales. Portman nunca estuvo a gusto con su interpretación de Mathilda y su sexualizada relación con un asesino en el filme El Profesional (Léon), de Luc Besson, cuando ella tenía aún 11 años.

M hizo de bailarina en uno de sus papeles más relevantes y exitosos. Como Portman, que con El cisne negro obtuvo una catarata de premios y reconocimientos, incluido el Oscar. M trabaja para una conocida firma de cosméticos; Portman es embajadora de Dior. M vive en una capital europea. Portman, en París.

La actriz, de nacionalidad israelí y estadounidense (Jerusalén, 45 años), que es además directora, productora, psicóloga y lectora voraz, mantuvo una relación pública con Cusk, de cuya obra se declaró admiradora. Incorporó algunas de sus novelas al club del libro que dirige y mantuvo al menos un debate público sobre su Desfile, uno de sus trabajos, en 2024.

El entorno de Portman ha transmitido su irritación y malestar por la aparición del libro, que ha llegado a las librerías del Reino Unido este 25 de agosto, pero no ha habido una reacción oficial y expresa de la actriz, que intenta pasar cuanto antes página de este episodio y no darle más publicidad de la debida.

M aparece en el libro como un personaje incapaz de construir una emoción humana, convencido de que “se puede hacer ingeniería con la realidad”, tenso, corto de miras, alienado. Lo paradójico, han señalado las críticas, es que Cusk ha vuelto a exprimir cruelmente a alguien real con el único propósito que ha perseguido siempre: escribir sobre sí misma.

El “fin” del personaje

Rachel Cusk (Saskatoon, Canadá, 59 años) se trasladó al Reino Unido a los ocho años y vivió allí hasta que se instaló en París en 2021. Tiene una legión de seguidores y gran acumulación de premios por una obra llevada cada vez más al extremo, una deconstrucción de la literatura en la que han ido desapareciendo elementos clásicos de la ficción realista como la trama o los personajes, para centrarse en la pura experiencia humana a través de distintas conversaciones de un narrador anónimo con los caracteres que van saliendo a su encuentro. “No creo que el personaje exista ya [en la literatura]”, dijo en 2018 al The New Yorker en una entrevista.

Con Un trabajo para toda la vida, su brutal y despectiva descripción de la maternidad, levantó ampollas en los círculos literarios y no literarios, y casi fue acusada de infanticida. No tardó en ir más lejos. Con Aftermath y Despojos, Cusk plantea un naufragio moral y personal al describir su divorcio del fotógrafo Adrian Clarke, que algunos críticos calificaron de “obra maestra de disección moral”, como Julie Burchill en The Guardian, y otros de inenarrable ejercicio de narcisismo por parte de la autora.

Tampoco Cusk ha querido hacer comentario alguno sobre su choque con Portman, o incluso sobre la posibilidad de que la actriz sea realmente la inspiración de M, aunque no existan dudas al respecto en todas las piezas periodísticas que se han escrito sobre el tórrido asunto en los medios británicos y estadounidenses.

Al principio de la novela, el narrador anónimo anuncia a M su intención de escribir su biografía. “¿Y qué harás? ¿Inventártela?”, responde la interpelada. Al final del libro, M se queja al autor de que ha realizado un retrato “doloroso” de ella, en el que se la muestra como alguien “incapaz de amar”. Imposible saber si el planteamiento y el desenlace obedecen a un intercambio real entre Portman y Cusk.

Amistad rota

Los medios presentan el libro como el detonante de la ruptura de una amistad, pero el entorno de la actriz ha insistido en señalar de modo anónimo que la relación entra ambas fue escasa, y nunca salió del ámbito profesional.

Se non è vero, en cualquier caso, è ben trovato. Si no es verdad, debería serlo. Porque el episodio se ajusta como anillo al dedo a los personajes que lo han protagonizado. Cusk no ha dudado nunca en explotar a todos los que, a su alrededor, han sido fuente de material literario. La editorial tuvo que retirar y destruir la primera edición de The Last Supper: A Summer in Italy (La última cena: un verano en Italia, nunca publicada en español), porque las descripciones de los personajes del libro se acercaban tan peligrosamente a las personas con las que la escritora viajó a Italia que surgió la amenaza de una denuncia por difamación ante los tribunales.

Y Portman había tenido ya un episodio turbulento anterior con otro escritor. Su intercambio de correos con el estadounidense Jonathan Safran-Foer, publicado en 2016 por The New York Times Style Magazine, acabó siendo objeto de mofa en las redes y carne de memes, por la aparente pretenciosidad y satisfacción con su propia persona de ambos, al discutir temas como el veganismo, la literatura o el judaísmo.

Aquel episodio, que pudo haber sido un gran golpe publicitario para la siguiente novela de Safran-Foer, Aquí estoy, acabó sepultado con el cotilleo romántico el trabajo literario del escritor. En el caso de Cusk, el autocontrol de ella, y de quien supone la materia prima de su último trabajo, Portman, puede derivar en un mayor interés por el libro en sí mismo, cuando el culebrón pierda fuelle.

II

Capote, ¿un canalla que no debió contar las intimidades de sus ‘cisnes’?, en El País, Mariola Cubells, 18 mar 2024:

La serie ‘Feud: Capote vs.The Swans’ cuenta con maestría y con una mirada punzante la relación entre los cisnes, como llamaba Capote a sus amigas americanas, y el escritor. Entra en detalles, la desmenuza y nos coloca en una gran disyuntiva

¿Se merecían los cisnes de Truman Capote, ese grupo de sofisticadas damas de la jet set americana de los 60, que el escritor las traicionara? ¿Fue justo que Capote publicara, a modo de relato, La Côte Basque 1965, primero en la revista Esquire y luego en la célebre novela Plegarias atendidas todas las confidencias e intimidades que aquellas mujeres de la alta sociedad le habían confiado, abriéndole el corazón? ¿O se comportó como un perfecto canalla? ¿Mereció la pena, para toda la humanidad, por la narración que nos ha quedado? ¿Le mereció la pena al escritor, por la infidelidad que le produjo el abandono de sus ‘amigas’? ¿Fueron ellas injustas o demasiado estrictas al no perdonarle nunca, al condenarlo para siempre al infierno de la soledad, al ostracismo, al apartarlo del único mundo que le importaba, al que le había dedicado tantas horas, tanto esfuerzo, tantos desvelos?

Si te interesan estas preguntas y el universo que contienen (personajes reales y reconocibles, traiciones, angustias, estragos de la creación literaria, extravagancias, bajadas a los infiernos, glamour, sarcasmo y un elenco paradigmático), tu serie se llama Feud: Capote vs.The Swans, consta de ocho capítulos y la puedes encontrar en HBO Max. Tras verla, nunca volverás a leer esa novela póstuma de la misma manera y posiblemente veas a Truman Capote, de cuya muerte se cumplen 40 años, interpretado por el actor británico Tom Hollander, con menos complacencia.

Pero la pregunta más relevante, llegado este momento, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento y 40 de su muerte (Nueva Orleans, 30 de septiembre de 1924- Los Ángeles, 25 de agosto de 1984) y su figura se estudia de nuevo, con una nueva mirada: ¿era Capote, en el fondo, un misógino de tomo y lomo, uno de esos gays que en el fondo también, en realidad odian a las mujeres?. El pasado 24 de febrero, en uno de los episodios del late show estadounidense Saturday Night Live, de la NBC, se emitió una parodia muy punzante del escritor, interpretada por el actor Bowen Yang. El presentador le agradece que acuda al programa precisamente en este momento, en el que se celebra el ‘mes histórico las mujeres’

-Estoy sorprendido de que quieras hablar en este mes, le dice el presentador

-¿Por qué?, Si yo aaamo a las mujeres, le dice el personaje de Capote, exagerando su ya de por sí irritante tono

-Bueno, estoy viendo la nueva temporada de Feud, donde se ve cómo las traicionas a todas, le responde

-No las he traicionado, solo he publicado lo que ellas me contaron en privado…

La conversación sarcástica continua, el guión insiste para que él ridiculice y vilipendie a diferentes mujeres, como Betsy Ross, la estadounidense a quien se le atribuye el diseño de la bandera de EE.UU., con trece estrellas, que representan a las famosas trece colonias británicas . De ella dice el ínclito Capote inventado:

-Hay trece estrellas, porque es hasta donde ella podía contar. La entrevista sigue con pullas a otras mujeres, por lo que el conductor le replica:

-Pero Truman, has dicho que te gustan las mujeres

-Claro, no hay nada más bonito que una mujer, excepto el culo de un hombre, responde el actor

Pero lo mejor llega al final donde el trasunto de Capote suelta lo que vendría a ser una buena definición de la misógina gay:

“Nadie ama tanto a las mujeres como un hombre gay que las odia”

Hay más lugares donde encontrar respuestas a esas preguntas en general y a la gran pregunta en particular. En la biografía novelada ‘El canto del cisne’ (Lumen), la escritora estadounidense Kelleigh Greenberg-Jephcott intenta explicar qué llevó a Capote a esa traición mayúscula, que lo hundió para siempre conduciéndolo al infierno social. Les da voz a los cisnes, (llamadas así por el larguísimo cuello que tenia una de ellas, Marella Agnelli), y hablan de los celos, del afán de venganza, de una vanidad incontrolada… Según la autora, que se pasó años investigando sobre el escritor para componer esta biografía, tras el éxito de A sangre fría la relación entre ellas y él cambió de tercio, “estaban ya al mismo nivel y ya las empezó a mirar de igual a igual. Descubrió, entre otras cosas, que lo solían llamar porque se aburrían”. Ese relato, (que aunque muy meticuloso y muy exhaustivo, no deja de ser ficción), y lo que se extrae de todas las intervenciones públicas de Capote a lo largo de sus últimos años en televisión y prensa, es junto a las conversaciones privadas de un escritor incontinente verbal, todo lo que tenemos para hallar las respuestas.

Y ahora está, como decía, la serie, que cuenta con maestría y con una mirada punzante la relación entre los cisnes y el escritor. Entra en detalles, la desmenuza y nos coloca a los que nos gusta su literatura en una disyuntiva: la de entender que el material narrativo que aquellas larguísimas y suculentas jornadas con ellas dieron de sí, no podía quedarse sin escribir, o la de pensar que fue una auténtica canallada lo que Capote hizo con los cisnes al contar sus miserias y traicionar así la confianza total de ellas.

El caso es que cuando él decidió que publicaría el relato, donde lo contaba todo sin citar sus nombres reales, no pensó que sus cisnes iban a reconocerse, es más, no pensó ni siquiera que fueran a leerlo. Pero lo hicieron, se vieron claramente en esa sátira, (ellas y todo el Nueva York que les importaba) y se encabritaron. Se ha contado a menudo esa ira, esa estupefacción de las damas, y ese castigo ejemplar sin vuelta atrás que llevaron a cabo. No invitaciones, no almuerzos en sus mesas privilegiadas, no cariño. Cuando se le recriminó su escrito se defendió: “No sé qué esperaban. Soy escritor. Ellos son mi material”. En aquel momento todo el circulo de aquel grupo selecto de Manhattan era el poderoso, y Capote su sirviente en realidad, al que de inmediato convirtieron en enemigo. Aunque el que finalmente haya pasado a la historia sea el escritor, que se definió a sí mismo con esta sentencia: “Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”.

Los cisnes y sus voces

Vayamos con los cisnes y la relación que tuvieron con el escritor. ¿Eran buenas chicas? No, eran viperinas, superficiales, racistas, clasistas, mentirosas y crueles llegado el caso, con buena parte de su entorno y por supuesto entre ellas. ¿Lo fueron con Capote? Bueno, Capote era su entretenimiento, su divertimento, su mayor extravagancia, el bufón intelectual y refinado que les daba el punto justo de locura en sus vidas supuestamente perfectas. No era “una de ellas”, ni estaba por arriba, ni por debajo, así que tampoco era alguien a abatir. Era algo distinto, más complejo, más grandilocuente, más estrafalario, más mundano también. Un amigo fiel e incondicional, para algunas de ellas, como Babe Paley, que llegó a sentir un amor fou por él.

Babe Paley, a quien en la serie interpreta Naomi Watts, fue un icono de estilo, una mujer ‘perfecta’ tal y como la definía Capote, editora de revistas de moda y casada con un marido recurrentemente infiel. A Capote le lloraba, le contaba secretos, dolencias del alma, y todo eso el escritor se lo devolvió a modo de fábula en el relato. Por eso para ella especialmente el articulo La Côte Basque, 1965 publicado primero en la revista Esquire, y después en Plegarias atendidas, fue un golpe al corazón, una traición. Más allá de la vergüenza que le hizo sentir, al ver escritos sus detalles íntimos y sórdidos, aunque no los citara con su nombre real.

Capote, ese niño necesitado de cariño, vio en los cisnes a aquellas damas que rechazaron a su madre (que se suicidó y cuyo espectro interpreta en la serie Jessica Lange, fiel actriz en la trayectoria de Ryan Murphy, productor ejecutivo de la serie) que siempre aspiró a formar parte de aquella élite social femenina. No lo logró, así que Capote puso todo su empeño, casi sin ser consciente, en vengarse de alguna manera de aquel desplante. Durante años fue confidente, asesor, entretenedor, paño de lágrimas, amante sin sexo, compañero de juegos y de maledicencia. “Hago que se sientan vistas y seguras”, declaró a un periodista con el que rodó un documental con todas ellas, cuando este le preguntó cómo había conseguido que comieran en su mano.

Como si de un estilete se tratara, en el quinto capítulo de la serie resume así de cruelmente lo que cree de ellas de verdad, una vez ha sido apartado para siempre de su lado: “Solo son blancas, americanas y protestantes (y racistas y clasistas). No tienen empatía ni compasión, y solo les interesa que parezca que sí la tienen. Todos mis cisnes son madres horribles. Todo lo que hacen es superficial, sus vidas sí son interesantes, pero ellas no. Y para ellas los negros están para servir y los gays para el entretenimiento”. Por si faltara algo en este relato letal, añade, “están obsesionadas con no envejecer, así que se someten a todo tipo de intervenciones, no comen, viven del aire y del agua y de diminutas porciones de carne muy rara”.

Y ahí aparecen la actriz Diane Lane como Nancy ‘Slim’ Keith, otra dama de la alta sociedad, una íntima amiga de Babe, que sin embargo no tiene repartos en acostarse con su marido. O la distinguida C.Z. Guest, que además era diseñadora, y a quien da vida la actriz Chloë Sevigny (Boys Don’t Cry, American Horror Story). Hay un cisne de lo más especial, el de Joanne Carson, (la esposa del célebre showman de la tele estadounidense, Johnny Carson) porque le da vida Molly Ringwald (La chica de rosa, El club de los cinco, Monster: La historia de Jeffrey Dahmer), en lo que supone su vuelta a la ficción. En la serie es amiga, confidente de Capote y por supuesto una más de ese grupo de damas que se reúnen en esa mesa privada de La Côte Basque, a la entrada, para mirar y ser vistas, y que solo quieren que el mundo las adore. Hay una leyenda que cuenta que un día antes de su muerte el escritor le dio a Joanne Carson, en cuya casa se instaló cuando enfermó, al final, una llave. Era, cuentan, de una caja de seguridad de California y allí estaba el manuscrito de la novela completa, Plegarias atendidas. No le especificó más, ni el banco, ni ningún otro dato. “Se encontrará cuando quiera ser encontrada”, le dijo.

Por supuesto Capote bebía con ellas, por supuesto era maledicente con ellas, por supuesto era mordaz, por supuesto era brillante, y todo el tiempo se columpió entre el amor hacia ellas y la certeza de que aquellas horas en yates, casas, fiestas, restaurantes, solo tenían una intención final: contar una historia que nunca había sido contada.

Hay un cuarto cisne, el que interpreta la actriz Calista Flockhart, (la querida Ally McBeal) y que es nada menos que Lee Radziwill, la famosa hermana menor de Jackie Kennedy. Fue lo que ahora llamaríamos una socialité, y fue la que mantuvo con Capote una relación menos áspera al final, cuando todas las demás le negaron el pan y la sal.

Junto a estas cuatro actrices aparece Demi Moore, que da vida a Anne Woodward, que había trabajado en la radio, que venía de clase baja, y a quien Capote hundió socialmente y condujo al suicido real al difundir que quizá la muerte de su marido no fue un accidente y que fue ella quien lo mató (pese a que fue juzgada y declarada inocente). Ese suceso le costó el rechazo de todos, agravado por el empecinamiento de Capote de ponerla siempre a tiro. Algo más a celebrar, por cierto, en esta serie: todas estas actrices, salvo Chloe Sevigny, que este año cumple 50, están camino de los 60, lo que no ha impedido que sean elegidas para este reparto glorioso.

En el quinto capitulo, Capote acude a una cita, que nunca tuvo lugar, con el escritor negro James Baldwin, (cuyo ensayo La próxima vez el fuego aprovecho para recomendar vivamente ), propuesta por este. Para entonces Capote ya había renunciado a la literatura y a sí mismo, era un alcohólico confeso, solitario y ruinoso. La llamada de Baldwin, cuyos textos el propio Capote había criticado con ganas, lo sacó literalmente de una monumental resaca, tirado una mañana más en la cama, ajado y sin desvestir. Se encuentran para comer en el famoso restaurante, hablan de los cisnes, Capote las retrata con sus dos incisivos, con los colmillos y con toda la acidez de su pluma, pero se lamenta con dolor del castigo recibido. La pretensión de Baldwin con esta cita es sacar de su ensimismamiento al escritor y hacerle ver lo que vale, la fuerza que tiene, su brillantez. Por eso, tiene lugar esta conversación formidable, que no tuvo lugar, pero que ojalá:

-La gente cree que quería hacerles daño, le dice Capote

-Admítelo y sigue adelante, responde Baldwin

- Me han herido toda mi vida una y otra vez. La vida con ellas, la vida sin ellas, ambas son insoportables… se lamenta Capote

Y después, en casa ya, tras besarlo con cariño y negarle el alcohol, el gran Baldwin le dice:

“Tú eres el mariquita más fuerte. Los almuerzos, excursiones, suflés, yates…Y la náusea de esos privilegios dementes, de esas patéticas criaturas se acabaron. Su mundo lo has capturado para siempre. Y todos saben que lo que has escrito es un diccionario del asco, el tesauro de la náusea estadounidense y te prometo que algún día será visto. Tu libro es tu revuelta de los esclavos, es el pelotón de fusilamiento de los Romanov, es tu consagración de la primavera que dará paso a un mundo nuevo”.

Al día siguiente Capote se levanta sin resaca por primera vez en meses y se pone a trabajar, a escribir. Varias escenas después lo encontramos cenando un cisne fileteado, llegado del lago de Central Park, que Capote le ha pedido que capture y cocine a un joven chef, a cambio de una suculenta suma de dinero.

Pasarían aún unos años más hasta la muerte del escritor (cuyas causas siempre han sido confusas) y durante todo ese tiempo, sus ex cisnes anduvieron por un lado, sin olvidar sin perdonar, y Capote por otro. ¿Fue excesivo el castigo que la alta sociedad neoyorquina le impuso al frívolo y despiadado escritor por revelar sus miserias? La serie sirve para plantearte esa y otras tantas preguntas y para llegar a algunas conclusiones: ellas no midieron del todo la capacidad del escritor para ser malvado, se sintieron por encima en todo momento y, acostumbradas como estaban a ser las reinas de todas las fiestas, no pudieron ni plantearse que la traición podría tener lugar. Y él quizá nunca manifestó por ellas un afecto sincero, sin artificios, sin imposturas, y las vendió a la mínima por un pedazo de gloria, cuando se dio cuenta de que, después de escribir A sangre fría, ningún relato podía hacerle sombra. No sabremos nunca hasta qué punto se arrepintió de aquel La Côte Basque.

III

Retorno a Brideshead, donde todo empezó, en El País, por Guillermo Altares, 2 abr 2011:

Mucho antes de la cadena HBO, incluso antes de Twin Peaks, Laura Palmer, las tartas del agente Cooper y de la extraña señora del tronco, se estrenaron dos series con las que todo empezó, dos productos televisivos extraordinarios que ya demostraron el poder y el valor que podían tener las películas por entregas. En aquellos tiempos, cuando alguien pensaba en series, venían a la cabeza títulos como La casa de la pradera o Con ocho basta, tal vez Arriba y Abajo. No es que fuesen malas... eran... bueno ... otra cosa. Sin embargo, entre finales de los años setenta y principios de los ochenta, llegaron a las pequeñas pantallas adaptaciones de clásicos recientes de la literatura británica que convirtieron las series en lo que son ahora: un producto cultural y cinematográfico de primera categoría. Se trataba de Yo, Claudio, basada en la novela de Robert Graves, Calderero, sastre, soldado y espía, La gente de Smiley, adaptaciones de la saga del Circus de John Le Carré, o Retorno a Brideshead, versión de la novela más conocida de Evelyn Waugh.

Todas estas series tienen puntos en común: el extraordinario material literario en el que se basan --no resulta nada fácil estar a la altura y lo están--, la impecable dirección y adaptación y, sobre todo, sus actores: Jeremy Irons, John Hurt, Derek Jacobi, John Gielguld, Alec Guiness, Laurence Olivier... lo mejor de la escuela británica. Retorno a Brideshead, sobre la que incluso llegó a filmarse un documental, tal vez sea la más redonda y es, sin duda, uno de los mejores trabajos que se han realizado nunca para televisión. Eso sí, a diferencia de otras series, no puede prolongarse más allá de sus diez capítulos, es un historia que empieza y termina sin posibilidad de segundas temporadas.

La novela de Evelyn Waugh (1903-1966) en la que se basa la serie es una de las grandes obras literarias británicas del siglo XX. El relato arranca cuando Charles Ryder, oficial británico durante la II Guerra Mundial, se instala con sus tropas cerca de una maravillosa mansión que le trae todo tipo de recuerdos. "Tan familiar me era aquel nombre, tan mágico me resultaba su poder ancestral que, al conjuro de su mero sonido, los fantasmas de aquellos últimos años hechizados empezaron a desvanecerse", escribe Waugh sobre aquel encuentro. En la serie, con una voz en off muy literaria que, sin embargo, consigue pegarse a las imágenes gracias a la voz magnética de Jeremy Irons, escuchamos, con la banda sonora de fondo: "Sí, había estado allí, lo conocía todo muy bien. Había estado allí la primera vez con Sebastian en una mañana de junio en la que vine sin conocer entonces mi destino".

Así empieza el largo flashback que narra la serie: la historia de la relación de Charles Ryder, el personaje interpretado por Irons en su primer papel importante, con los Flyte, la familia que posee Brideshead, católicos en la protestante Gran Bretaña, como el propio autor del libro. Todo funciona perfectamente, desde la impecable dirección de Charles Sturridge (autor de otra gran adaptación de Waugh, Un puñado de polvo) hasta la música, la fotografía, la adaptación, la ambientación y las interpretaciones. Las breves apariciones de Laurence Olivier y de John Gielgud son impresionantes, pero todo el reparto está a la altura.

Retorno a Brideshead nos sumerge en un mundo perdido, en una historia donde se mezclan la ambición, el tiempo, el amor. Conforme avanza la narración van surgiendo nuestros propios recuerdos, nuestras propias evocaciones. He visto la serie varias veces a lo largo de mi vida (son diez capítulos, como una película larga con el metraje que suelen tener los filmes en estos tiempos), pero nunca olvidaré la impresión que me causó la primera vez que la vi. Fue uno de mis primeros viajes al corazón de la nostalgia. Un consejo: traten de verla en versión original con subtítulos: el inglés que se habla merece la pena ser escuchado. Segundo consejo: traten de leer el libro si les ha gustado la serie. Es una combinación de cine y literatura que se logra pocas veces.

Comentarios

Yo me he leido el libro y es sencillamente delicioso. Me apunto la serie para verla porque tiene muy buena pinta.

04/02/2011 09:03:52 AM

Rcuerdo que cuando pasaron "Yo, Claudio" nuestro prefesor de latín, ya estábamos en COU, nos recomendó, casi nos obligó, so pena de bajarnos la nota, a verla, la pasaban los domingos por la noche y los lunes, como antaño las monjas con el sermón de la misa de los domingos, nos preguntaba de qué había tratado el capítulo. Desde entonces me he leído todo lo que he encontrado de su autor. Con la serie que encabeza este artículo la experiencia fue muy similar, conocer la serie me dio a conocer al autor y su obra, y como bien dice el articulista y pocas veces se disfruta tanto leyendo una novela como viendo su versión en la pantalla. La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? Muchas gracias por este ejercicio de nostalgia

04/02/2011 09:41:24 AM

La serie es muy buena pero, como casi siempre, el libro es mucho mejor; es uno de los que más emociones me ha hecho sentir. Al contrario de lo habitual, es mejor leerlo despues de ver la serie en tv.

04/02/2011 09:45:21 AM

Gracias por la recomendación del libro, no lo conozco. Pero la serie me maravilló a mis quince años, aún la recurdo perfectamente.

04/02/2011 09:47:37 AM

La música de Brideshead revisited es simplemente mágica. Soy una fan total. Libro de Evelyn Vaugh y los videos de todos los capítulos en mi estantería. Más que un clásico, es el origen de las buenas series de TV, algo así com un eterno retorno. Genial.

04/02/2011 09:55:30 AM

La música de Brideshead revisited es simplemente mágica. Soy una fan total. Libro de Evelyn Vaugh y los videos de todos los capítulos en mi estantería. Más que un clásico, es el origen de las buenas series de TV, algo así com un eterno retorno. Genial.

04/02/2011 09:55:30 AM

Por supuesto tanto la novela como la serie son obras maestras, las he disfrutado en idioma original, que es soberbio. Pero, poner Arriba y Abajo (Upstairs Downstairs) al mismo nivel de La casa de la pradera es irreal. Arriba y abajo es otra serie genial.

04/02/2011 10:04:40 AM

Un YouTube este es el comienzo y siguientes "Brideshead Revisited" sin subtitulos por supuesto. Una maravilla:http://www.youtube.com/watch?v=sD0nrC-vfaY&feature=relatedGracias por los recuerdos.

04/02/2011 10:05:14 AM

Brideshead fué el aglutinante estético que me convocó, junto a mis otros dos inseparables camaradas, en aquellos ya lejanos tiempos de la adolescencia tardía. Nos tradujo a imágenes (bellísmas) una novela compartida y celebrada. Una dulcísima huella imborrable y venerada

04/02/2011 10:07:43 AM

Coincido con Fernando. Decir que "Arriba y abajo" es una serie inferior es simplemente infamante. Es una gran serie, con unas interpretaciones absolutamente deliciosas y que, al igual que en "Yo, Claudio" tienen solo los decorados necesarios. No necesitan un gran despliegue.

04/02/2011 10:18:00 AM

En el año 2008 se hizo una nueva adaptación de la novela de Evelyn Waugh al cine, dirigida por Julian Jarrold e interpretada por Michael Gambon, Emma Thompson, Greta Scacchi, etc. ¿Alguno de vosotros la ha visto?, ¿merece la pena?

04/02/2011 10:44:49 AM

Cuando estrenaron Retorno a Brideshead en TV, el doblaje fue excelente, con Ricardo Solans al frente.Luego ese doblaje se perdió por temas comerciales, y el re-doblaje para sucesivas exposiciones y venta en VHS y DVD se fue al traste. Una pena.Ya me gustaría conseguir esa versión primigenia pero me ha sido imposible.

04/02/2011 10:53:11 AM

Yo también soy un enamorado de las series inglesas. Por muchas razones. También estoy en desacuerdo con que Arriba y Abajo sea una obra menor. Tiene todos los ingredientes que podríamos denominar típicamente británicos. Y recuerdo con verdadera nostalgia aquellos años en los que vimos series tan desconocidas como inencontrables hoy en día: "El Magistrado Inglés", "La Mansión Flambards", "Sombras en la Oscuridad"...... Luego llegó el tiempo de los "culebrones" y las insulsas series americanas alargadas hasta el infinito sin motivo...

04/02/2011 10:55:45 AM

En aquel año yo entraba en la universidad. Era un apasionado del cine. Ver esta serie fue para mí una especie de 'shock'. Era increíble que todo fuera tan bueno: la música, los actores, la ambientación, la historia, los diálogos, los monólogos ... Me sentía muy impresionado al ver cada episodio, de una manera que yo creía que era personal, sólo mía. Poco a poco vi que no era el único, algunos amigos y amigas en la facultad empezamos a hablar de ello, al principio brevemente, después fueron conversaciones que duraban horas. Son algunos de mis mejores recuerdos de aquellos años.

04/02/2011 10:57:51 AM

Para Pere , en mi humilde opinión , no se te ocurra ver la película , sin más comentarios....

04/02/2011 11:00:34 AM

Arriba y Abajo es una de las mejores series que se han visto en Televisón. Decir lo contrario es no tener criterio.

04/02/2011 11:16:12 AM

"Retorno a Brideshead" ... emociona.

04/02/2011 11:23:19 AM

[ 'In Arcadia ego', 9:41:24] "La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? ". Las dos series evocadas en el post, tanto en el caso de "Retorno a Brideshead", compilada en un pack de 11 DVDs, como "Yo, Claudio", en un pack de 6 DVDs, pueden localizarse a la venta en páginas del tipo de e-bay, sin mayor problema.. No es el caso, para mi gran frustración personal de aficionado mitómano, de otra serie contemporánea (1983) a las citadas. "The winds of war", a partir del relato homónimo de Herman Wouk, todo un verdadero mosaico narrativo de la encrucijada apocalíptica que el siglo XX encaró en el período que la historia ha tipificado como "Segunda Guerra Mundial". Con unos espléndidos Robert Mitchum y Ali MacGraw al frente de un reparto coral que compone, probablemente, uno de los frescos históricos de la segunda guerra mundial más televisivamente valioso y al mismo tiempo, por una extraña paradoja comercial, más difícilmente accesible a los aficionados de habla no inglesa. Al punto de que en la versión DVD, de culto internacional, no existe siquiera la versión de subtitulado en castellano..

04/02/2011 11:23:24 AM

Inolvidable serie. Marcó época y sigue siendo bajo mi punto de vista la mejor. La he vuelto a ver hace poco en dvd y he experimentado la misma sensación de estar ante un hito en la historia de las series. TODO es inmejorable. -Por cierto, la peli no está mal- pero ni punto de comparación con el original y el libro de Waugh. ¡Maravilloso! Imprescindible verlo en V.O.

04/02/2011 11:25:00 AM

"[...] tal vez Arriba y abajo"... Arriba y abajo sigue siendo una de las mejores series de televisión jamás producidas

04/02/2011 11:28:28 AM

Comparto plenamente la opinión de Guillermo Altares. Esta serie ha dejado en mí una huella inolvidable. Después de verla leí el libro en español un par de veces. Tanto me gustó, que incluso se lo reglaba a las que por entonces éramos novias. Más tarde, mi hermana me regaló el libro en inglés y es así como empecé a descubrir al auténtico Evelyn Vaugh. También leí "A handful of dust", que me gustó mucho, aunque algo menos que Brideshead Revisited. La serie de TV la tengo en DVD y la he visto en versión origianl. Tanto Charles Ridle como la voz en off son evocadoras, te inundan de nostalgia y sosiego. Por último, la cita que más me gusta de este libro es la siguiente: "The languor of Youth -how unique and quintessential it is! How quickly, how irrecoverably, lost! The zest, the generous affections, the illusions, the despair, all the traditional attributes of youth -all save this- come and go with us through life. These things are part of life itself; but the languor -the relaxation of yet unwearied sinews, the mind sequestered and self-regarding- that belongs to youth alone and dies with it."

04/02/2011 11:32:06 AM

Es un libro y una serie maravillosos. Los he visto varias veces, pero , por favor, ¿conoce "La saga de los Forsyte"?, la realizó la BBC a finales de los 60 y la emitieron en TVE. Fue una maravilla. No consigo encontrarla. Muchas gracias.

04/02/2011 11:36:48 AM

La peli de Brideshead no es mas que un trailer muy largo e innecesaria. Mejor ver la serie.

04/02/2011 11:38:27 AM

Yo tengo esta serie en V. O. subtitulada... pero descargada de Internet (que la vamos hacer, soy un pobre mileurista)... Otra serie extraordinaria fue La joya de la corona, que se basaba en las novelas de Paul Scott sobre los ultimos años de la dominación britanica de La India... Esta también me la descargué... pero, desgraciadamente, no es en version original.

04/02/2011 11:49:01 AM

El que Guillermo Altares compare La casa de la pradera con Upstairs & downstairs hace que me pregunte si realmente ha visto bien la serie británica, porque no tienen realmente nada que ver. Es algo así como equiparar The West wing a Aida.

04/02/2011 11:59:46 AM

Retorno a Brideshead es una bazofia como esta otra:http://www.ingenioconsaboralaca.com/2011/04/guia-practica-para-conversar-con-un.html

04/02/2011 12:03:52 PM

De nuevo de acuerdo con Guillermo Altares. La serie es de una fidelidad absoluta al libro de Evelyn Waugh, al que sigue e interpreta en cada uno de sus matices. Si se añade la belleza de la imágenes en todos sus planos, la interpretación (Jeremy Irons, Anthony Andrews, fantásticos los padres de Sebastian, su hermana Cordelia, el padre de Charles, Anthony Blanche, Mr. Samgrass), y la música de Geoffrey Burgon, el resultado es una serie inolvidable; que también he visto completa 3 o 4 veces. Mejor, desde luego, en inglés. Como único reparo a la historia; tanto a la literaria como a la serie, es que decae algo al perder presencia el personaje de Sebastian.

04/02/2011 12:09:26 PM

La fidelidad al libro no lo es tal. La culpa desaparece. Creo que el centro del libro es la culpa. Por ser gay, por no serlo, por la redención. Por todo. en fin, el catolicismo.

04/02/2011 12:13:18 PM

Para el de ingenio con sabor a laca:¿Te has preguntado alguna vez por qué los de El Pais no censuran / moderan tus comentarios? Y otra cosa: ¿De verdad, de verdad, pero de verdad piensas que tienes ingenio?

04/02/2011 12:22:13 PM

[ 'In Arcadia ego', 9:41:24] "La cuestión ahora es, ¿dónde poder verlas de nuevo? ". http://www.seriesyonkis.com/serie/retorno-a-brideshead/ De nada

04/02/2011 12:48:23 PM

Estoy de acuerdo:http://juegodelmundo.wordpress.com/2011/03/15/retorno-a-brideshead/

04/02/2011 12:53:55 PM

Recuerdo que Brideshead Revisited fue una producción muy cara, tal vez sigue siendo la más cara de la BBC, y eso se nota.También recuerdo una superproducción alemana, Los Buddenbrook, de Franz Peter Wirth sobre la primera novela de Thomas Mann, de diez episodios en 1979, también era muy buena.Pero la mejor serie de todos los tiempos, difícilmente superable es, ha sido y será Heimat, de Edgar Reitz.

04/02/2011 01:18:34 PM

Marcelo, no sé qué nota de la BBC, era un producción de la ITV. Una serie muy buena y muy querida en su día. Era una o la mejor serie de mi juventud.

04/02/2011 01:47:34 PM

Retorno a Brideshead: Maravillosa serie que marcó mis primeros años, recuerdo la espera de los viernes junto a mis padres para verla. Maravillosa banda sonora,la he buscado pero es imposible encontrarla en España o en USA.  ¿Alguien podría darme una pista la respecto? Arriba y Abajo fue otra serie que marcó época en la TVE, ¡¡fantástica!!

04/02/2011 02:05:01 PM

Tiene razón Borja. Una de dos, o la gente no se ha leído el libro o no ha visto la serie. El asunto central del libro, como de la serie, es la culpa y el pecado vistos por un elitista. Y donde hay pecado surge el tiempo y su corrosión. Pero para comprender a Waugh y a su novela hay que ir a Londres, a South Kensington; allí está buena parte de la más rancia sociedad británica desplegada por calles, plazas y avenidas, y el London Oratory. Sin acudir a una misa en el London Oratory no comprenderán nunca a Waugh. Ahora que es primavera y todo es sutil y sensual por las calles de South Kensington es una buena ocasión para entrar en las penumbras del Oratorio donde Waugh encontró el material para su novela. Se puede comprender la novela sin ser británico, quizás, pero sin haber meditado sobre el pecado no, en absoluto. La serie no mejora el libro pero fue un producto estupendo. La ITV tenía que renovar su licencia televisiva y quiso mostrar que era una cadena de calidad; no escatimó nada para la producción de una obra que en principio tenía muy poco para conquistar al público. Pero lo bueno y selecto puede fascinar incluso a los cerdos. Don Silvio no tiene por qué preocuparse. Buenas tardes, y tengan cuidado con las sombras de la culpa ...

04/02/2011 02:16:04 PM

Es cierto, perdón, fue un lapsus, de todas formas tiene el record de la serie más cara.

04/02/2011 02:29:14 PM

No se preocupe. Equivocarse no es pecar. Lo de ser tan cara fue un gesto de un compañía privada, la ITV, que quería renovar su concesión televisiva y quería presentar la serie como pasaporte. Entonces el panel que examinaba a las concesionarias de televisión era de un rigor espartano y la ITV no quería perder el suculento negocio televisivo así que dio por bien empleados sus gastos en Brideshead Revisited. ¿Quién se atrevería a decir que la ITV no apostaba por la calidad después de ver la extraordinaria producción sobre una novela de Waugh acerca del pecado y la redención?

04/02/2011 02:41:16 PM

A mí me gustó mucho y sigue haciéndolo la versión televisiva de Brideshead. Sin embargo creo que sus objetivos eran distintos de la novela. Como se ha dicho, la novela insiste permanentemente en el trinomio pecado – culpa – redención. Sin embargo, la serie tenía un propósito fundamentalmente estético y evocador, dejando en segundo plano y a veces mal resuelto lo significativo. En este sentido, la relación de los dos protagonistas no aparece suficientemente explicada. La serie presenta a Charles fascinado por Sebastian, por contraposición a su aburrido ambiente aburguesado previo, mientras que presenta a Sebastian como un tarado excéntrico y alcoholizado que, a su vez, su interés por Charles se sustenta solo en su deseo de tener sumisamente disponible a alguien que le ría las gracias. La relación entre ambos a lo largo de la primera parte de la serie es una simple sucesión de anécdotas. Lo sustantivo son las conversaciones de Charles con las personas del entorno familiar de Sebastian. En la segunda parte este último ya ha desaparecido devorado por sus propias flaquezas y Charles abandona a una esposa con la que se detesta sin explicarse cómo es que pudiesen estar juntos, y se lanza a una relación amorosa con Julia presentada falsamente como la recuperación de un amor que fue imposible anteriormente. Estética y formalmente, es una serie soberbia, de tal manera que sus debilidades conceptuales quedan de alguna manera disimuladas.

04/02/2011 03:18:35 PM

Deliciosa y el libro imprescindible.

04/02/2011 03:43:28 PM

Ya muchísimo antes de esas dos, hace ahora ya 50 años, la BBC había producido una de las mejores series de la historia: "An Age of Kings", adaptación de la serie de obras de Shakespeare sobre los reyes británicos de las dinastías Lancaster y York. Por su antigüedad se considera la primera gran miniserie, que dignificó y dio prestigio al naciente mundo de la televisión. Realmente la pionera de todo lo que hoy podemos disfrutar. Que sea tan poco conocida y difícil de conseguir es muy injusto y una tremenda pena.

04/02/2011 04:16:03 PM

Mis miniseries favoritas " La plaza del diamante", "Los años dorados". Me encantaron.

04/02/2011 04:49:25 PM

Paolo acierta de pleno en su comentario: el núcleo de Brideshead es, efectivamente, el pecado y sus consecuencias sobre el alma visto por un elitista, efectivamente, pero, y creo que esto es fundamental, católico converso. Los Flyte, ante un Charles estupefacto, se muestran muy conscientes del pecado, de la culpa que conlleva y de la inevitable expiación, simbolizada por la pérdida de la intensidad de las pasiones juveniles. Por cierto, que un personaje del que hasta ahora nedie ha comentado nada, me viene a la cabeza cada vez que veo a alguno de los políticos (y no solo españoles) ayunos del más mínimo fundamento que padecemos: se trata de Rex Mottram, que, por si mismo daría para una novela satírica.

04/02/2011 05:10:20 PM

Los anglófilos de casi 40 años lo somos, en parte, por series como ésta. Es algo que hemos mamado, vamos. Igual que la música, desde los Beatles hasta Kid A pasando por el glam, el punk, los new romantics, el shoegaze y el brit pop. Pues lo mismo, pero en series.

04/02/2011 05:11:49 PM

PD. ¿¿¿Os acordáis de Dentro del Laberinto???

04/02/2011 05:12:49 PM

Alguien sabe dónde se puede descargar esta serie, pero en V. O., porque ver una serie inglesa con doblaje español es más feo que pegarle a una madre.

04/02/2011 05:18:56 PM

La serie se consigue en Amazon íntegra (por supuesto en V.O.). Yo la tengo y la veo al menos una vez cada dos años. Una obra maestra.

04/02/2011 05:26:04 PM

La serie se consigue en Amazon íntegra (por supuesto en VO). Yo la tengo y la veo al menos una vez cada dos años. Una obra maestra.

04/02/2011 05:26:05 PM

Coincido con muchos en que meter en el mismo saco a "Con 8 basta", "La casa de la pradera" y "Arriba y abajo" es un grave insulto a la última. También me he convertido en un anglófilo militante, como otra de las comentaristas, seguramente por las series inglesas que ponían en los tiempos en que la TV no estaba inundada de basura. Por último, me alegro mucho de que A3 haya apostado por poner en un buen horario una serie británica también de calidad (Downton Abbey) y lamento todos estos años en que nos han inundado de series españolas y americanas de bajísima calidad (no todas). Espero que sea un camino que sea respaldado suficientemente por el público.

04/02/2011 06:34:48 PM

Me encantaron tanto el libro como la serie. Me quedé tan sumamente intoxicada que estuve una temporada larga leyendo a Evelyn Waugh y sobre Evelyn Waugh.

04/02/2011 06:51:14 PM

Magnifico libro sobre la melancolia del declive de un estilo de vida, no he visto la serie aunque he visto una adaptación aceptable en el cine que hicieron recientemente. Para los que hayan leido el libro comentar la anecdota de que la familia a la que se hace referencia, los Flyte, estaria basada en una familia real de la epoca del autor y donde los problemas con el alcohol que se cuentan en la novela, serian en la familia veridica problemas de homosexualidad, por no poder admitirla por los prejuicios de la época y la religiosidad católica tan estricta de esta familia en concreto.

04/02/2011 07:13:55 PM

Hola: aquí el autor de estas líneas. Muchísimas gracias por vuestros comentarios, incluso por los comentarios negativos o, mejor dicho, sobre todo por los comentarios negativos, porque se aprende más de las críticas. Sólo quisiera aclarar una cosa: cuando digo que Con ocho basta o Arriba y abajo no son malas, no lo digo en un sentido irónico, lo pienso de verdad: no lo son. En mi caso, Con ocho basta ocupa un lugar importante en los recuerdos de mi infancia. Lo que quiero decir cuando asegura que "son otra cosa" es que son muy diferentes en cuanto a ambición y medios. Las cosas se hacían de una forma para el cine y de otra para la televisión y, de repente, con Retorno, se demostró que se podía hacer televisión con medios de cine. Gracias de nuevo por los comentarios

04/02/2011 07:25:30 PM

Ah, se me olvidó: la serie está disponible en España en DVD

04/02/2011 07:26:13 PM

La banda sonora la encuentras en la mula.Yo tengo el CD original, asi es que creo que alguien lo tendrátambién.bobelmalo@gmail.com

04/02/2011 09:09:03 PM

Retorno a Brideshead es LA SERIE de TV, es la perfección hecha TV. Yo también la visto muchas veces y siempre me cautiva. Y el libro es fantástico. Pero estoy de acuerdo con Arcadio: Arriba y Abajo no es comparable a esas otras series americanas que quizás te traen buenos reuerdos de la infancia pero ahora no pordías aguantar más de 10 minutos. Arriba y abajo es del estilo de Yo Claudio en el sentido de "poco dinero, muchísimo talento". La he visto también varias veces, y de hecho la estoy volviendo a ver en estos días. Si en España hubiéramos logrado algo así alguna vez nos lo tendríamos muy creído. Es realmente fantástica. El fulgor de Brideshead no nos debe cegar, pero la melancolía de la infancia tampoco. Y bienvenido seas, blog.

04/02/2011 10:25:06 PM

¿Y que os parece Downton Abbey? ¿No es ligeramente folletinesca?... ¿Intenta seguir la estela de Retorno y Arriba y abajo?.... Creo que el problema es la base literaria, la novela de Waugh es PERFECTA.

04/02/2011 10:47:34 PM

Soy enemigo radical de los pirateos, en mi videoteca - pagada - figuran en los lugares de honor dos series de TV, de ellas podría estar hablando durante horas, lo he hecho y lo seguiré haciendo, ahora solo diré que ocupan un huequecito en mi alma, su producción está separada por veinte años, sus títulos: Retorno a Brideshead y The Wire, la primera para soñar, la segunda para que la realidad te abra surcos en la piel. Para personas como yo, el arte colocado en el centro de nuestras inquietudes y emociones más sagradas.

04/02/2011 10:54:52 PM

Una barbaridad , incluir "ARRIBA Y ABAJO" en el mismo saco de "La casa de la pradera". También quiero mencionar aquí que en la segunda mitad de los 70 tuvimos la suerte de ver muchas adaptaciones de clásicos literarios de factura anglosajona. Y no olvidemos las series sobre la dinastía Tudor de aquella época -nada que ver con el horror de una producción reciente con el mismo tema.

04/02/2011 11:21:29 PM

¡Qué abismo hay entre "Yo Claudio" y las series de tema romano de la HBO! La comparación es una bofetada a la inteligencia

04/02/2011 11:23:31 PM

El fervor que se siente por esas viejas series citadas, especialmente Arriba y abajo, Yo Claudio, o Will Shakespeare (una serie también británica que me marcó), y de manera muy especial Retorno a Brideshead, se debe a descubrir que el medio televisivo podía trascendir de la mediocridad y la banalidad que dominaban el panorama. ¿Alguien recuerda los Estudio1 en blanco y negro de los setenta? Pocos medios sensacionales actores y grandiosas recreaciones de piezas teatrales.

04/02/2011 11:32:51 PM

Tenía once años cuando la vi por primera vez. Pocas cosas han influido tanto en mi percepción de lo estético como esta serie.

04/02/2011 11:45:45 PM

El comentario de Lukács (time 15.18.35) me da pie a sugerir que pertenece al tipo de análisis que esteriliza el arte. Irrepochable enfoque si estuviéramos hablando de ingeniería, física de partículas o una campaña militar e inapropiado para evaluar una creación artística, que no admite tal desmenuzamiento "operacional". Me ha recordado los comentarios de algunos profesionales, que ¡pobrecillos! confiesan su incapacidad de disfrutar de las obras de sus pares por estar obsesivamente pendientes de descubrir la tramoya técnica que sostiene lo visible.

04/03/2011 12:06:53 AM

Arriba y abajo no se puede comparar con las series americanas de la época. Fue y sigue siendo una obra maestra que se puede ver una y otra vez y descubrir cosas nuevas. Para ensalzar una serie buena no hay que menospreciar a otra obra genial.

04/03/2011 12:37:22 AM

Definitivamente Guillermo Altares no ha visto Arriba y abajo. No es buena porque le trae recuerdos de su juventud sino porque es una obra maestra. Si no la vio, o no la apreció, le invito a que la vea, sobre todo la temporada de la Primera Guerra Mundial. Para que no se canse viéndola entera, aunque yo la he visto enterita, como millones de personas, muchas veces.

04/03/2011 12:50:08 AM

¿Aguien recuerda Los mejores años de Miss Brody (The prime of Miss Brody)? Era de una profesora en un colegio de niñas. La pusieron a finales de los setenta. ¿Y La fuga de Golditz? Que casualidad, todas eran inglesas.

04/03/2011 12:53:23 AM

Waugh era un converso. Casi todos los católicos en el Oratorio lo son, para empezar el Cardenal Newman que ya es beato. Religión, Arte y vacío, de eso está llena la novela de Waugh y la serie. Religión y Arte tan presentes en la realidad; si ustedes salen de confesarse en el Oratorio lo primero que se encuentran a mano derecha el Victoria & Albert Museum.La novela tiene otras muchas cosas, es una novela. Ya que estamos en ello podríamos apuntar aquellas secuencias o episodios que más nos hayan impresionado. Yo seleccionó el final del capítulo X de la serie, Cordelia ha relatado a Charles la situación de Sebastián en Túnez y apostilla a la pregunta de Charles que sí, que Sebastián sufre, y que sin sufrimiento no hay santidad, momentos antes le había recordado que sólo ella y él habían amado a Sebastian. Waugh incrusta dos motivos eucarísticos en la acción, el amor y el sufrimiento.

04/03/2011 02:34:28 AM

Retorno a... es una gran serie. Sin embargo, también tiene algunos fallos, que aquí no se han comentado, comparada con el libro. Por ejemplo, en el libro Charles y Sebastian comienzan siendo muy jóvenes (en la serie los actores tienen aspecto de tener 30 años mínimo) y, lo más interesante, Sebastian y Julia se parecen muchísimo en el libro, lo que incluye todavía más connotaciones homosexuales en la historia. Es dfícil hacerlo en la serie, ya lo sé, pero estas son todavía más razones para leer el libro.

04/03/2011 09:37:32 AM

Yo tambien soy un apasiondo de Retorno a Brideshead. Me parece una serie de una calidad impresionante. Tambien tengo el libro en que está basada. Me gustaria volver a verla con el primer doblaje que hizo TVE, que era de un nivel muy superior al segundo.¿Habrá alguien que la tenga grabada con el primer doblaje? Pagaría lo que fuera por verla con esas maravillosas primeras voces del doblaje.

04/03/2011 12:33:37 PM

Brideshead es "revisitado" en dos ocasiones. Está el Brideshead de Sebastián en los años veinte, luego la vuelta a Brideshead con Julia al final de los treinta. Y la visita final de Charles a Brideshead para arrodillarse en la Capilla. Waugh no estaba interesado en hablar de la homosexualidad, ni a favor ni en contra, si aparece la homosexualidad es porque existe, yo creo que Waugh refleja todo aquello que existía en la sociedad. Todo está ordenado en una exploración hacia la salvación en un mundo atormentado que se tambalea. El asunto de la homosexualidad es como una difusa nube... ¿Acaso el cardenal Newman no pidió ser enterrado junto a su amigo de juventud...? Y juntos descansaron hasta hace poco.Hay dos grandes obras de literatura basadas en el espíritu del Oratorio de Londres. Una es la de Waugh y otra la de Tolkien. Yo prefiero a Waugh, un pintor del alma.