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sábado, 17 de enero de 2026

Injusticia española.

 Carlos Castresana: “La justicia española es incapaz de reconocer sus errores y corregirlos”. El fiscal recoge en un libro fallos judiciales históricos que siguen siendo muy actuales, en El País, por Pablo Ordaz,  Madrid - 15 ene 2026:

Acaba de publicar un libro, su primer libro, pero el fiscal Carlos Castresana (Madrid, 67 años) lleva muchos años escribiendo en papel timbrado capítulos sueltos de la historia. Ya había una voluntad de estilo en los primeros párrafos de sus escritos de acusación contra los dictadores Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, y también antes, mucho antes, cuando era un joven fiscal que perseguía la corrupción política en España. Ahora, con Bajo las togas. Errores judiciales y otras infamias (Tusquets), Castresana —quien también fue comisionado de la ONU contra la impunidad en Guatemala— rescata para el lector español la tradición, fundamentalmente anglosajona, de convertir en literatura los fallos judiciales de especial relevancia.

Pregunta. ¿Por qué no hay en España esa costumbre de recrear sentencias célebres, casos rodeados de polémica, condenas injustas?

Respuesta. Tal vez porque en otros países –por supuesto en Francia, en Gran Bretaña, en Estados Unidos...—son menos escrupulosos que nosotros para reconocer los errores. Ellos, cuando se equivocan, lo reconocen y lo rectifican. Pero una de las características del sistema penal español es su rigidez, su incapacidad de reconocer que se equivoca y de rectificar apropiadamente.

P. ¿Por qué sucede eso?

R. Pues por una tradición histórica. La justicia que teníamos —que no se podía llamar poder judicial porque era un aparato de la dictadura— se transforma en un poder judicial independiente sin siquiera una reforma, pasando de puntillas por la Transición. De ahí que sigamos teniendo un poder judicial independiente porque lo dice la ley y porque hay un Consejo General del Poder Judicial, pero que es completamente refractario a la crítica e incluso a la autocrítica. Por ejemplo, cuesta enormemente que la Sala Segunda del Tribunal Supremo rectifique, y más todavía que te den una indemnización decente cuando has estado en la cárcel por un delito que no cometiste. Creo que hay una gran desconexión de la justicia con la sociedad.

P. ¿Ese vacío puede repercutir en el hecho de que, aunque las noticias estén repletas de casos judiciales, nuestra educación jurídica no vaya más allá de lo que hemos visto en las películas o de lo que vamos mal aprendiendo de oídas?

R. El lector español lo ignora casi todo porque nadie se ha parado a explicarle qué es la presunción de inocencia, o la duda razonable, o la prueba de cargo… Por eso decidí que este tenía que ser un libro para profanos, para todos los públicos, y que tenía que mostrar todo eso sin que se convirtiera en un tratado de Derecho, sino más bien contando historias, como parábolas del Evangelio. Le digo al lector: mire, esto funciona así. La prueba indiciaria bien tratada se hace de esta manera, y aquí le pongo un ejemplo de donde se ha hecho mal y conduce a condenar a inocentes.

P. Hay algunos momentos en la lectura del libro que el lector se siente casi responsable de la suerte del acusado, como si fuese un miembro más del jurado…

R. Ese era precisamente el juego que buscaba. Yo expongo el caso y las circunstancias que lo rodean; todas las piezas del puzle necesarias para resolverlo. Y luego digo: esto es lo que decidió el tribunal o el jurado, esto es lo que opino yo –sin proclamar ninguna verdad incontrovertible—y ahora le invito a que usted se lo lea, pare, reflexione y emita su propio veredicto, que puede ser el del jurado o puede ser el contrario…

P. O incluso tenga las mismas dudas para condenar o absolver…

R. Claro. Hay casos, como el descuartizamiento de Boston, que es un caso límite, donde tú dices: yo creo que el señor era culpable, pero no estoy seguro de que se demostrase suficientemente que lo era. Y otros casos que plantean dudas morales que son del siglo XVI, pero que se plantearían idénticas en el XXI. El caso de Beatrice Cenci, una joven romana que mata a su padre porque la había convertido en su esclava sexual. Nos preguntamos: ¿Tiene que seguir aguantando las sevicias de su padre hasta el final de los tiempos? ¿Le podemos aplicar algún atenuante? ¿La condenamos? ¿La absolvemos? Eso mismo se plantearía si hoy se comete el mismo parricidio…

P. Otro de los casos asombrosamente actuales es que se titula en el libro La palabra de Sarah. La denuncia por violación de una mujer joven, soltera y pobre víctima de un miembro de la aristocracia inglesa requería mucho valor… Usted dice: “Ella demostró tenerlo. Fueron otros quienes no supieron estar a la altura de su palabra”.

R. El juicio se celebra en Londres a finales del siglo XVIII, pero la cuestión del consentimiento en las relaciones sexuales y la apreciación que se hace en los tribunales del testimonio de las mujeres está plenamente vigente. Y aquí no solamente había una discriminación de clase –una sombrerera contra un lord-, sino por ser una mujer soltera. Hay una prueba pericial forense que indica que fue sometida a una violencia sexual extrema, pero se pasa por alto, y además se le achaca que tardó tres días en denunciar, sin valorar que antes hubiera estado secuestrada… Esas cosas siguen pasando.

P. Hay en el libro –su primer libro—una voluntad innegable de estilo…

R. Un fiscal antiguo decía que el 50% de la tarea del fiscal es literatura, lenguaje. Nosotros pedimos lo que corresponde en los tribunales expresándolo por escrito, y es fundamental expresarlo bien para que resulte eficaz y obtener lo que pretendemos. Yo he escrito mucho, durante muchos años, claro que eran escritos profesionales, pero no deja de ser una escuela…

P. Aun así, hay sentencias muy difíciles de entender, no ya por el fondo, sino por la forma. Hace unos días, Álex Grijelmo escribía una columna sobre lo mal que escribe el juez Juan Carlos Peinado, y añadía que “frases tan enrevesadas oscurecen las argumentaciones”.

R. Antiguamente había una comisión de estilo en el Tribunal Supremo. Los magistrados escribían, bien o mal, pero después de dictar la sentencia, unos correctores gramaticales y de alguna manera literarios lo pasaban a un lenguaje que podía guardarse como precedente. No sé cuándo desapareció, pero desde luego ahora hay algunas que son incomprensibles, porque además padecen mucho el corta y pega.

P. Su libro se acaba de publicar y ya se está preparando la tercera edición. ¿A qué atribuye esa atracción por la revisión de casos judiciales?

R. Hay una causa sobre la que, digamos, bascula la literatura judicial, y es que a todo el mundo le conmueven las injusticias, sobre todo si son injusticias sangrantes. Hay algunos capítulos que tú los lees y se te pone hasta mal cuerpo, y dices: pero cómo han podido ser capaces de esta barbaridad… Ese pobre muchacho que entra en el juzgado acompañando a un amigo que tiene que recoger unos papeles y acaba condenado a muerte… Todos los que estamos implicados en administrar justicia deberíamos reflexionar sobre una frase que yo escuché muchas veces en las Comisiones de la Verdad en Centroamérica durante los años noventa: “Ahora que os he contado la verdad, ¿qué vais a hacer con ella?“.

Nuevo ensayo sobre el tiempo de Sergio C. Fanjul, Cronofobia

 Sergio C. Fanjul no va de farol: un ensayo sobre el tiempo, en Babelia, por Manel García Sánchez, 12 ENE 2026:

Cronofobia’ nos lanza a través de la flecha del tiempo y sobre el eterno retorno hacia una reflexión inconmensurable por su erudición e insondable por la profundidad del problema planteado

Vaya por delante que Sergio C. Fanjul es licenciado en Astrofísica. La precisión es importante de inicio para aquellos que, como Nietzsche, desconfían de los periodistas como opinadores universales. Fanjul tiene un máster en Periodismo y eso, por prudencia o desconfianza de filósofo, activaría la cartesiana duda hiperbólica sin la aclaración previa de que estudió la carrera de Ciencias Físicas. Mi profesión de historiador no mitiga mi escepticismo y se me arquea irónicamente la ceja cuando leo que Cronofobia trata sobre el miedo al paso del tiempo, sobre la vertiginosa aceleración de nuestra pluralidad de mundos y nuestras vidas aceleradas, líquidas y digitales, sobre la nostalgia, la disforia de edad, la juvenofilia o la heideggeriana finitud que revela nuestro miedo a la muerte. No dudo en que pronto resurgirá negro sobre blanco la manida y brillante reflexión de las Confesiones de San Agustín sobre lo fácil que es saber qué es el tiempo si nadie nos lo pregunta, pero lo difícil que es definirlo si alguien nos lo pregunta. Apuesto ganador a que tampoco faltará Einstein paseando en bicicleta por Berna y gestando el milagro de la teoría de la relatividad o una cita de Carlo Rovelli de El orden del tiempo de que el tiempo podría ser una ilusión. ¡Periodistas!

Hojeo de principio a fin el libro para cargarme de razón y confirmar mi desconfianza inicial cuando de pronto emerge de entre sus páginas el nombre de John Ellis McTaggart, evidencia racional, clara y distinta, de que Fanjul no va de farol, sino que Cronofobia, como el Fausto de Goethe que desea detener el instante, merece que se pare por un momento el tiempo porque hay tema y rema, y eso son palabras mayores. Fanjul sabe de lo que habla cuando no pretende dar respuesta a preguntas que no la tienen, sino plantear preguntas inevitables sobre la memoria nostálgica de un pasado idealizado que nunca existió ni nunca fue mejor, la ansiedad anticipatoria por el futuro y la kunderiana levedad de nuestro ser presente de urgencias, rendimiento y eficacia denunciado por Byung-Chul Han. Cronofobia desmonta aprioris y prejuicios de legos y profanos —ese debe ser el cometido de un buen ensayo— y nos lanza a través de la flecha del tiempo y sobre el eterno retorno hacia una reflexión inconmensurable por su erudición e insondable por la profundidad del problema planteado.

El astrofísico convertido en periodista freelance o a tiempo completo, el filósofo, nos apabulla como científico cuando reflexiona con Aristóteles y su definición del tiempo como medida del movimiento, con el Newton del tiempo absoluto o con los millones de zeptosegundos en el suspiro de un segundo de Max Planck; nos genera no poco flow cuando Fanjul, como Montaigne, se convierte en el contenido de su libro, con su existencia cotidiana y su humilde búsqueda del tiempo perdido y recuperado, del tiempo fracturado de un padre alcohólico que activó su cronofobia al fallecer cuando el autor tenía 14 años, del desgaste emocional producido por su mística madre intentando detener el cáncer a tiempo o el de la tía Vicen, diagnosticada de Alzheimer, a la que se le aniñó la memoria y a la que se le disolvió la identidad y la dignidad, del tiempo recuperado junto al tío César, que sabía que el ahora ya pasó y que ya no es ahora, el de las idas y venidas entre Oviedo y Madrid, el de la matutina alondra y el vespertino búho, el del Bill Murray del Día de la marmota en Atrapado en el tiempo o el solipsismo de El show de Truman, el de la vendedora de flores de Lavapiés que tanto le gustan a Liliana y con las que se rebelan contra el tiempo junto a Candela al hacer que merezca la pena recorrer el surco del tiempo...

La lectura de Cronofobia es una excelente manera de pasar el tiempo, pero no el del aburrimiento en el que, como dijo William James, no dirigimos nuestra atención al contenido del tiempo, sino a su propio pasar. Fanjul nos atrapa en el tiempo a través de un itinerante recorrido sobre las foucaultianas heterotopías temporales que encapsulan el tiempo fuera del fluir cotidiano, como en el Museo del Prado donde el cronófobo Saturno de Goya devora a sus hijos, sobre la ansiedad producida por la fugacidad el tempus fugit virgiliano, sobre geografías del tiempo y el tempo de la vida, la de supermercados 24 horas o de rígidos y flexibles horarios de teletrabajo, sobre el éxtasis de un carpe diem a través del consumo de drogas recreativas o sobre si el correr del tiempo aumenta según la entropía, sobre el tiempo de la Historia y la historia del tiempo, sobre por qué el lugar en el que más tiempo pasamos es el futuro y por qué se les ha arrebatado a los jóvenes del posfuturo... Quizás no sabremos, de nuevo con MacTaggart, si solo existe el presente, si por el contrario los pliegues del pasado, del presente y del futuro coexisten o si son, con Bergson, una ilusión persistente de nuestra memoria emocional. Ni desde el tiempo mecánico del reloj al que según Cortázar vendimos nuestro tiempo ni desde el tiempo vivido de la subjetividad de Proust, de lo que no cabe duda alguna es que la lectura de Cronofobia de Fanjul no es una pérdida de tiempo.

Cronofobia. El miedo al paso del tiempo, la aceleración, la nostalgia, la edad o la muerte. Sergio C. Fanjul, Arpa, 2025, 304 páginas, 19,90 euros

Una nueva traducción de La cicatriz de Ulises, de Erich Auerbach

 Lección vital de literatura universal: ‘La cicatriz de Ulises’, de Erich Auerbach, por Nadal Suau, 13 ENE 2026:

Este ensayo nos permite volver al pensamiento filológico y literario de uno de los grandes intelectuales judíos del siglo XX, representante de una generación que se vio lanzada al exilio (cuando no a la muerte) por culpa del nazismo

Siempre es un buen momento para regresar a los clásicos, que no deberían requerir de excusas de actualidad para justificar su regreso a librerías. Sin embargo, a veces resulta que las páginas de un clásico se empeñan en aludir al estricto presente, no ya de una forma lateral o como efecto de los valores universales que se le presuponen, sino de un modo tan exacto que el lector se revuelve en la silla, sorprendido. Yo no me acerqué La cicatriz de Ulises con esa intención, pero así ha ocurrido; trataré de transmitirlo sin caer en simplificaciones.

Erich Auerbach es una figura imprescindible de la cultura del siglo XX europeo, y todo aquel que se pregunte en qué consiste leer bien disfrutará con su obra maestra, Mímesis, un estudio que abarca siglos de literatura en busca de respuestas a una duda de resolución imposible: ¿qué relación hay entre la realidad y la obra artística? Pero, además, la trayectoria vital de este berlinés nacido en 1892 nos lleva al corazón de una historia tremenda, la de la intelectualidad alemana de origen judío que, a partir de los años treinta, se vio empujada al exilio, cuando no a la muerte. Auerbach tuvo la fortuna de poder instalarse en Estambul durante toda la Segunda Guerra Mundial antes de finalizar su carrera académica en Yale.

Desde esta perspectiva histórico-biográfica, la segunda parte de La cicatriz de Ulises, horizontes de la Literatura universal (Acantilado, 2025) es apasionante, porque recoge correspondencia del autor con figuras como Karl Vossler, Siegfried Kracauer, Victor Klemperer, Thomas Mann, Walter Benjamin, Erwin Panofsky… Nombres de una época perdida en la que un solo individuo podía atesorar una sabiduría hoy impensable. A menudo, esas cartas tienen una apariencia coyuntural, saludos en busca de favores, pequeñas gestiones prácticas, etcétera. No es verdad: bajo ellas late una fenomenal tragedia histórica, el final de un mundo, de una civilización. Y la amenaza de la muerte.

Esta amenaza de homogeneidad, de entronque directo, con el fascismo, sigue aquí, en un siglo XXI que no sabe resolver el dilema entre delinear un destino común sin sofocar la diferencia.

Lo biográfico encuentra eco también en la primera mitad del volumen, compuesta por seis ensayos de origen especializado y filológico, aunque su atractivo sobrepasa de largo esos marcos: la inteligencia analítica se combina con una resonancia emocional tan sutil como indiscutible, un recordatorio de que, para estar presente en un texto, el autor no necesita hablar de sí mismo. Los temas son: Montaigne, Vico, Dante, Proust, Ulises, y el concepto de “filología universal”, que hunde sus raíces en Goethe.

El texto dedicado a la Odisea es una obra maestra en sí mismo, aunque tiene su truco: con el tiempo, se convertiría en el primer capítulo de Mímesis. La comparación entre el estilo de Homero y el veterotestamentario (entre olvidar la realidad o dominarla, entre explicarlo todo o dejar que todo constituya trasfondo, entre lo legendario de Ulises y lo paradójicamente histórico de los textos sagrados) resume todo lo que hay que saber sobre la condición literaria de una palabra escrita que aspire a esa categoría. En cuanto al Montaigne que dibuja, es un modelo de conducta que haremos bien en recuperar, con su libertad y su soledad. Por cierto, Auerbach escribe sus apuntes críticos en un tiempo en que el trabajo académico humanístico tenía una capacidad para ligar cultura y urgencia social con una tensión que se ha perdido tal vez para no volver.

Ahora bien, es al principio de 'Filología de la literatura universal’ cuando estalla el contemporaneómetro. “Nuestra tierra”, escribe Auerbach, “está volviéndose más pequeña y pierde diversidad”: “La vida se uniformiza en todo el planeta”. Auerbach explica cómo lo universal goethiano tiene como requisito que el mundo sea complejo, variado, rico en culturas y literaturas a partir de las cuales se pueda forjar un pensamiento que las aúne. Esta amenaza de homogeneidad, de entronque directo con el fascismo, sigue aquí, en un siglo XXI que no sabe resolver el dilema entre delinear un destino común sin sofocar la diferencia. Así, de pronto, La cicatriz de Ulises vale (también, pero, desde luego, no solo) como comentario a un 2026 amenazador.

domingo, 21 de diciembre de 2025

El novelista de género negro Eugenio Fuentes

 Ricardo Cupido: el héroe que ha convertido a Eugenio Fuentes en un referente de la novela negra en español, Juan Carlos Galindo, 11 DIC 2025:

Con la llegada de ‘Wendy’, décima entrega de la serie protagonizada por el detective, repasamos la historia y la evolución de una de las sagas más sólidas y mejor escritas del género

Resulta imprecisa, por no decir injusta, esa división entre novela de género, en este caso ficción criminal, y novela literaria. Como si la primera, por sistema, no llegara a ciertos criterios de calidad. Al final, parafraseando a Javier Cercas, esto es cuestión de buenas y malas novelas. No hay más. Eugenio Fuentes lleva desde 1993 demostrando con su serie protagonizada por Ricardo Cupido que existe lugar para una apuesta de largo alcance.

Ricardo Cupido es un hombre peculiar, un personaje inimitable, un tipo con un código y un detective con mirada. Alguien que, a veces, no tiene las respuestas. Esto supone mucho, más en un género que se dedica demasiadas veces a fotocopiarse. Lo encontramos en Wendy, décima entrega de la serie (recientemente publicada por Tusquets, como todas las anteriores) viviendo con Senda, la mujer que le ha dado cierta paz y que lo conecta directamente con la trama de una entrega anterior, Mistralia. También hay un guiño a Las manos del pianista (2003), como si al llegar a la decena Fuentes estuviera recapitulando, marcando a fuego las estaciones importantes del periplo de su héroe.

Ricardo y Senda acaban de ser padres de dos gemelos y el detective, quizás por primera vez, tiene demasiado que temer. Pero, claro, él no sabe hacer otra cosa. “No sabría ganarme la vida de otra manera”, reconoce en un momento dado. Es un tipo, Cupido, dado a cierta introspección, muy conocedor de sus debilidades y fortalezas. Asegura sobre su condición profesional y personal: “No tenía duda de que era un buen detective, porque no podía evitar serlo, del mismo modo que no podía evitar ser alto, o tener los ojos negros, pero no sabía si también sería buen padre”. De su físico sabemos también que es atractivo de una manera un tanto indefinida, que sus manos son grandes, poco más. No hace falta.

Wendy es un buen ejemplo de las virtudes de la obra de Fuentes. El autor extremeño se lo toma con calma. Las primeras 30 páginas tratan un caso sencillo, uno de calentamiento, sin una relación significativa con la trama central, pero que sirve para conocer el ambiente, algún personaje secundario, preparar al lector. Sigue a ese ritmo del que confía en lo que está contando para no andar con miradas al fondo del precipicio ni trucos de feria. Lo que cuenta Fuentes —aquí como en Piedras negras o Perros mirando al cielo, por citar dos notables ejemplos de su literatura criminal— construye un mundo en el que el lector se sumerge. Enseguida sabemos qué va a investigar el héroe: un caso de chantaje sexual que implica a un famoso futbolista y a Wendy, una chica que creció en Breda antes de ir a buscar fortuna a Madrid. Por cierto, esta novela se puede leer suelta sin mayor problema, pero el consejo es retroceder al menos hasta la ya citada Mistralia, séptima entrega de la serie, y ver la evolución del personaje. Leer la primera, alguna hacia la mitad y esta última no es mala opción.

Un aviso a los recién llegados: no traten de situar Breda. Se trata de un territorio ficticio muy real. Está en algún punto de Extremadura, en un mundo en el que hay cambio climático, inestabilidad política, corrupción, etc. Allí, entre esas 20.000 personas, el mal trabaja, como en todas partes. Fuentes trata el escenario y a sus pobladores como si fuera real, y poco a poco hemos ido cogiendo cariño a algunos.

Destaca entre todos ellos el Alkalino. Un minero retirado, que mantiene sus demonios a raya con una vida casi monacal: su huerto, sus paseos, su trabajo para el detective. Suya es la visión del hombre cotidiano, llena de sabiduría y sencillez. Y ayuda a Cupido en muchos sentidos. Estamos ante uno de los grandes secundarios de los últimos tiempos.

Preguntábamos en este diario a Fuentes en 2003 por el futuro del género, en aquel momento en plena efervescencia nórdica. Decía: “Se consolidará si se escribe muy bien y no se reduce a trampas o acertijos. Si hablan de conflictos verdaderos. Si retratan a personajes vivos. Si al acabar las novelas recordamos tanto a las víctimas como a los verdugos. La trama y su tiempo”. Podría parecer un programa de trabajo para sus siguientes 20 años.

Una prueba de la solvencia con la que Fuentes ha acometido esta serie es que en Wendy Cupido pasa “la peor semana de su vida” y todo ocurre de manera orgánica, sin recurso a exageraciones, sin que el personaje haya llegado con tal desgaste que ese giro no sea sino un salto adelante que sigue a otros. Y no estamos ante una escritura morosa, no: aquí pasan muchas cosas, la trama se desenvuelve con soltura hasta un final siempre sólido, aunque no siempre reparador. No son novelas escabrosas o viscerales y la violencia suele estar contenida y, sobre todo, expresada con sobriedad.

Los miedos que desata la paternidad, la impotencia, pero también esa inconmensurable felicidad están muy bien expresados. La vida de Cupido ha cambiado para siempre y eso desata la curiosidad entre los lectores que lo siguen desde hace años, pero seguro que suma adeptos a la serie también. ¿Quién no querrá saber qué le depara el destino a un hombre íntegro, pero falible, a un personaje tan humano y tan querido?

Wendy, Eugenio Fuentes. Tusquets, 2025. 504 páginas. 22,90 euros

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Se reedita el diario descatalogado de la guerra civil de Concha Espina

 I

 Concha Espina: testimonio de guerra desde el bando franquista, en El País, por Andrea Aguilar, 17 DIC 2025:

La reedición de ‘Diario de una prisionera’ y una exposición dedicada a la escritora en Cantabria abordan su posicionamiento político.

Triunfó como escritora cuando muy pocas mujeres lograban abrirse camino en un mundo dominado por hombres. Se divorció ayudada por la letrada Clara Campoamor y celebró la llegada de la República en 1931. También relató las vicisitudes en las minas y el maltrato a la clase obrera, en su libro El metal de los muertos. Pero Concha Espina (Santander, 15 de abril de 1869-Madrid, 19 de mayo de 1955), la autora más internacional de las letras españoles a principios del siglo XX y tres veces candidata al premio Nobel de Literatura, saludó con un “¡Arriba España!" la noticia el 17 de julio de 1936 de la sublevación del Ejército rebelde en África.

Así lo relató en su diario de la Guerra Civil, publicado originalmente en 1938 bajo el título Esclavitud y libertad, que permanecía descatalogado. “Mi abuela no quería que se reeditase porque salía gente con nombre propio”, explicaba este martes su nieta Concha de la Serna, que guarda un grato recuerdo de la escritora y celebra que su legado vuelva a recibir atención. El texto de aquel tiempo de guerra recoge el día a día de Concha Espina en la pequeña localidad cántabra de Mazcuerras (Luzmela es el otro nombre del lugar y el que siempre empleó la escritora) desde el verano de 1936 hasta agosto de 1937, y no fue incluido en sus obras completas. Ahora, ha sido rescatado bajo el título Diario de una prisionera por Ediciones 98, sello que también planea reeditar las cuatro obras de ficción que la autora redactó y publicó durante la guerra y en el tiempo inmediatamente después: Retaguardia, publicada en 1937; Princesas del martirio; los relatos de Luna roja, que se remontan a la revolución de Asturias de 1934; y la ucronía Alas invencibles.

El editor Jesús Blázquez se refiere a estas obras como una “pentalogía de la Guerra Civil” y reivindica la independencia de Concha Espina y el valor de su testimonio en el que queda plasmado “que pensaba como le daba la gana”. Su condición de “mujer independiente, su españolismo y su religiosidad” marcan profundamente a la autora, según Blázquez, y fue su experiencia en la revolución de Asturias en 1934 lo que la distanció de la República, cuya proclamación había celebrado. “Concha Espina fue defensora del voto femenino y estuvo a favor de la democracia”, señala el editor sobre la autora, quien durante el franquismo se afilió a la Sección Femenina del régimen.

La escritora tenía 67 años cuando estalla la guerra, y su exmarido era alcalde socialista en la vecina localidad de Cabezón de la Sal. En su diario escribe sobre los “paseos” y registros, las visitas de milicianos que piden dinero, bombardeos, y las escasas noticias que recibe del desarrollo de la guerra en la cornisa norte. Se intercalan sus comentarios contrarios a Azaña, su desprecio por el bando republicano y su odio al “marxismo-leninismo”. “El pueblo comunista solo quiere vencer para medrar, destruir todos los principios básicos religiosos y culturales”, escribe el 24 de octubre de 1936.

Las caminatas por el campo y la descripción del paisaje van cediendo al miedo y a la incertidumbre, hasta que la escritora acaba encerrada en su casa, con las mujeres de la familia que la acompañan. Sus contactos con la Embajada francesa la protegen. Los textos de su diario fueron escondidos en un tubo y enterrados en el jardín. “Los publicó por insistencia del editor José Ruiz Castillo, como ella explica en el prólogo. La transcripción de las notas fue complicada, y la ayudaron su hija Josefina y Matilde Marquina”, apunta Blázquez, que defiende que más allá de las firmes opiniones políticas favorables al bando franquista que Concha Espina expresa en el texto, se trata del testimonio de una mujer que describe el mundo rural durante la guerra. “La han politizado, pero creo que mi abuela es por encima de todo una gran creadora humanista”, defiende su nieta, descendiente del hijo menor de la escritora, el médico Luis de la Serna, que entró en Luzmela con su hermano Víctor y las tropas nacionales. “Siempre hay un adjetivo negativo que la acompaña, pero ella fue fuerte e independiente”, subraya Concha de la Serna. Hace unos años donó los papeles de su abuela a la Biblioteca Nacional, aunque parte de su legado, el que se conservaba en su piso de Madrid durante la guerra, se perdió.

La Universidad de Cantabria y el Parlamento de esa región han conmemorado también este otoño el 70 aniversario del fallecimiento de la autora con la muestra Concha Espina: querer, saber, poder que permanecerá abierta hasta el 31 de enero, y que ha estado acompañada por un ciclo de conferencias.

II

Concha Espina, la autora que acarició el Nobel de Literatura, en El País, por Tereixa Constenla, 21 SEPT 2017:

Una exposición en el Museo Nacional de Ciencias Naturales aborda la obra y la vida de las mujeres distinguidas por la Academia sueca

Concha Espina (Santander, 1869-Madrid, 1955) es más que una estación de metro. O es una estación de metro porque fue mucho más: poeta, dramaturga, periodista y novelista compulsiva. Fue también —y ya se borró del recuerdo colectivo— la escritora española que estuvo más cerca del Nobel. En 1926 perdió frente a la italiana Grazia Deledda.

Una exposición dedicada a las mujeres que han ganado el premio a lo largo de la historia (48, una de ellas, Marie Curie, en dos ocasiones) recupera también la historia de la autora que pudo ser y no fue. Espina llegó a estar propuesta en nueve ocasiones y, en tres de ellas (1926, 1929 y 1931), fue candidata. "Fue propuesta al Nobel por 25 nominadores de numerosos países, entre ellos los españoles Jacinto Benavente, Gerardo Diego o Santiago Ramón y Cajal", señala Belén Yuste, una de las comisarias de la muestra, que se puede visitar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) hasta el próximo 20 de marzo. En la exposición, Espina comparte un espacio, A punto de Nobel, junto a la polaca Irena Sendler, que salvó a 2.500 niños judíos del gueto de Varsovia.

Tampoco accedería a la Real Academia de la Lengua (RAE), si bien fue distinguida con su premio por la obra Tierra de Aquilón en 1924. Concha Espina fue una autora popular —el tirón de su primera novela, La niña de Luzmela, hizo que el pueblo donde se inspiró adoptase este topónimo— y reconocida por las instituciones, también internacionales. Fue vicepresidenta de la Hispanic Society (pese a ello ha estado ausente de la muestra del Museo del Prado) y miembro de honor de la Academia de las Letras y las Artes de Nueva York.

Mujeres Nobel se centra especialmente en las biografías de 12 de las 48 ganadoras del galardón, entre ellas Marie Curie (Física y Química), Selma Lagerlöf (Literatura), Nelly Sachs (Literatura), Rita Levi-Montalcini (Medicina), Wangari Maathai (Paz) o May Britt-Moser (Medicina). Además de paneles explicativos sobre ellas, se exponen objetos como un cuarzo piezoeléctrico diseñado por Pierre Curie para medir la radiactividad, destacado por Soraya Peña, coordinadora de la exposición, como "uno de los cinco prototipos que se conservan en todo el mundo", los botines que utilizaba la sueca Selma Lagerlöf debido a su lesión de cadera, la tesis firmada por la última Nobel de Medicina, May Britt-Moser, o una vajilla del banquete que sigue a la entrega del premio. 

"El objetivo es difundir la vida y la obra de las científicas a un público general", señaló Yuste, que ha destacado la implicación de las embajadas de los distintos países con mujeres premiadas, así como la colaboración del Museo del Nobel en Estocolmo y el Instituto de Oslo. En paralelo a la muestra, organizada por el MNCN, el Consejo Superior de Investigaciones (CSIC) y Rocaviva eventos, se han programado talleres y conferencias como la de Pierre Joliot-Curie, hijo y nieto de cuatro premios Nobel, que hablará sobre la lucha de las mujeres científicas el jueves 26 de septiembre.

martes, 9 de diciembre de 2025

El babilonio Ludlul Bel nemequi. El primer Job de la historia

 Un justo sufriente babilonio: Ludlul Bel nemeqi. Constituye el poema de carácter sapiencial más largo de la novela babilónica. Federico Lara Peinado, en Nueva Revista, 27 de febrero de 2004. El texto del poema está en este enlace.

Con la excepción de algunas epopeyas y varios mitos mesopotámicos, la narración titulada Ludlul Bel nemeqi («Quiero alabar al Señor de la sabiduría») constituye, hoy por hoy, el poema de carácter sapiencial más largo en lengua babilónica. En su origen, constaba teóricamente de 480 versos, de los cuales han llegado hasta nosotros tan sólo una tercera parte, repartida en cuatro tablillas. Lo conservado proviene de una treintena de «manuscritos» —tablillas de arcilla— localizados en distintos lugares de la antigua Mesopotamia (Assur, Babilonia, Sippar, Nínive, Sultantepé). Este hecho nos habla de la importancia y difusión que alcanzó este poema.

FINALIDAD

El Ludlul Bel nemeqi hubo de traducir, sin duda, la visión política de los monarcas absolutos de tiempos babilónicos (los reyes eran amos y señores de sus súbditos), así como las nuevas concepciones jurídicas, para las que la justicia debía entenderse no como un favor sino como un derecho. Ambas realidades obedecían al sutil intento de averiguar la razón del mal que se hallaba presente en la sociedad, y que era entendido más como «mal de sufrimiento» que como «mal moral». Aunque parezca extraño, esto ya preocupaba a los hombres en la temprana fecha de principios del tercer milenio antes de Cristo.

Al mismo tiempo, el Ludlul Bel nemeqi intentaba transmitir a los espíritus cultivados la idea de que la felicidad y la desgracia que experimentan los individuos tienen su origen en los planes divinos, unos planes que la pobreza intelectual de los humanos es incapaz de comprender. De ahí que a las desgracias físicas, morales y materiales se les sumase este tormento suplementario: saber que los planes divinos se hallaban tan lejos de los hombres como lo estaba el fondo de los cielos.

EL PROBLEMA DEL MAL

Una de las grandes cuestiones consistía en intentar explicar cuál era la causa del sufrimiento de los hombres, cuando éste, sin justificación aparente y sin un agente que lo causara, se abatía sobre ellos. En tiempos súmenos, en ningún momento sus pensadores implicaron a los dioses, pues entendían que a los mismos no les preocupaban lo más mínimo las miserias de unas criaturas que ellos mismos habían creado para que les sirvieran en todo. Sí, en cambio, pensaron en la existencia de otros entes, también divinos, pero de menor rango (especie de «demonios», espíritus y fantasmas), capaces de causar desgracias. A todos ellos, que podían ofender arbitrariamente, impulsados por su carácter hostil, les atribuyeron los numerosos males que afectaban a los seres humanos.

Pronto, sin embargo, los sumerios idearían una adecuada «terapéutica mitológica», con fundamentos religiosos, que cristalizaría en lo que hoy entendemos como magia y exorcismo.

Con la llegada de nuevos pueblos —acadios, asirios y babilonios— la problemática del mal sufrió un profundo y significativo cambio. Los agentes del mal continuaron, siendo los mismos, pero se entendían ahora como instrumentos de los dioses cuando éstos se hallaban irritados por las ofensas de los hombres. En consecuencia, la infracción de alguna norma divina, por insignificante que fuera, era siempre causa de un castigo. O dicho en otros términos, el castigo existía porque previamente se había producido un «pecado» (arnu), una falta (khititu) o un simple acto hostil (gillatu), cometido por el hombre en contra de los dioses. En un poema sumerio titulado El hombre y su dios, leemos: «Jamás una madre trajo al mundo a un hijo destinado a permanecer sin pecado».

A fin de hacer frente a los constantes males y desgracias, traídos por los demonios y las fuerzas maléficas por orden de los dioses, se establecieron, frente a la vieja «terapéutica mitológica» sumeria, algunas ceremonias y liturgias, algunas de ellas muy complejas, en torno a las grandes divinidades (Enki, Shamash y Marduk). A partir de ahí, los ritos fueron especializándose contra todo tipo de calamidades, que sobrevenían, según era creencia, por violar algunos de los miles de preceptos y prohibiciones atribuidos a los dioses.

La obsesión por averiguar cuál era la causa de que la enfermedad o la miseria —entre otros males— se hubiesen cebado en el hombre, acabaría por plasmarse en significativas obras literarias de carácter sapiencial. Junto a ellas, proliferaron también amplias compilaciones de exorcismos para hacer frente a la infinita variedad de «pecados» que anidaban en los humanos.

PRINCIPALES TEXTOS SAPIENCIALES

Además del Ludul Bel nemeqi, han sobrevivido unas pocas obras centradas en la problemática del doliente sin causa, del hombre que sufre y se queja a su dios y que al final es escuchado. Entre ellas podemos recordar las conocidas como El hombre y su dios, redactada en sumerio, de apenas ciento cuarenta versos; y la denominada Versión antigua del Justo sufriente, en acadio y de unos cien versos. Ambas obras, anónimas, se remontan a finales del tercer milenio precristiano.

Un texto más tardío, de época cassita, conocido técnicamente como PBS I, 135 y a fechar entre los siglos XVIII y XII a.C., pero con muy claros antecedentes sumerios, recoge un monólogo en el que un «justo sufriente» habla de la humillación y del desprecio que experimenta, si bien no los achaca a los dioses.

Mucho más importante que estos últimos es el denominado Poema acróstico (conocido también como Teodicea babilónica o Diálogo de un sufriente con su amigo), texto de casi trescientos versos, que habría que fechar hacia el 1000 a. C., y en el cual conversan en tono filosófico un hombre afligido y su amigo sobre el problema del mal. Curiosamente, el hombre afligido acabará aceptando su situación y el amigo atribuirá las injusticias a los dioses.

Todos estos textos y algún que otro menor (RS. 25.460 de Ugarit, por ejemplo), que tratan directa o tangencialmente el problema del mal, constituyeron un trasfondo cultural muy rico que cristalizaría en el genial y extraordinario Libro de Job, drama, como se ha dicho, «con muy poca acción y mucha pasión»; y en donde se cuestionan de modo directo la imagen de Dios y la esperanza del justo, atenazado por una calamidad no merecida.

BREVE ANÁLISIS DEL LUDLUL BEL NEMEQUI

El poema babilonio presenta una sencilla estructura, que comprende varios bloques temáticos, en los que se van acumulando diferentes circunstancias que sobrevienen a un personaje, en principio de conducta intachable. La serie de detalles que se van enumerando contribuyen por su realismo a hacer más verídica, mucho más creíble para el lector el relato, y por lo tanto más cercano a él.

LOS PROTAGONISTAS

Sin entrar en el análisis del dios Marduk, objeto primero y último del poema, el protagonista principal es un tal Shubshi-meshre-Shakkan, quien, tras pronunciar un himno introductorio y a lo largo de un monólogo, va narrando las desgracias que le sucedieron de modo incomprensible.

Aunque todo hace sospechar que tal personaje es únicamente de cuño literario, debe señalarse que con tal nombre se conoció a un gobernador que vivió en tiempos del rey cassita Nazi-Maruttash (1307-1282 a.C.). A partir del significado semántico de su nombre («¡Shakkán, hazme rico!») es probable que, si se acepta su historicidad, el citado Shubshi-meshre-Shakkan hubiese sido un alto funcionario, al mismo tiempo terrateniente y rico ganadero, que en un momento concreto de su vida padeció una grave enfermedad que le puso al borde de la muerte.

Junto a él se citan, por sus nombres propios, a dos de sus amigos, llamados Laluralimma y Urnindinlugga. Ambos aparecen en el momento de crisis aguda del protagonista y además en circunstancias oníricas.

Casi nada se sabe de ellos. El primero era originario de Nippur, y hubo de ser un importante sacerdote purificador. El segundo, natural de Babilonia, era exorcista.

LO QUE NOS CUENTA EL POEMA

Las cuatro tablillas contienen un monólogo a través del cual el protagonista hace un repaso de su vida, recordando que se ha convertido en víctima de los dioses.

Ya en la primera de ellas Shubshi-meshre-Shakkan se queja de sus desgracias y explica con sumo realismo lo que le ha ocurrido. Ha sido abandonado por su dios personal y por sus otros protectores divinos (diosa y espíritus tutelares). A continuación, ha perdido también la confianza de su rey, la de los otros cortesanos e incluso la de su propia familia y la de sus amigos. Queda, pues, en la más absoluta soledad. Su vida ha quedado reducida a dolor y llanto.

En la segunda tablilla vuelve a recordar sus desdichas. Y a pesar de acogerse a los adivinos, intérpretes de sueños y exorcistas en busca de una respuesta, nadie puede explicarle el origen de sus males. A partir de ahí, y presa de un total abatimiento, comienza a cuestionarse si las prácticas religiosas, la fidelidad a los dioses o la honradez sirven para algo.

En su desesperación llega a decir que lo que parece bueno a uno mismo, quizá sea un ofensa para su dios. Nadie entiende la voluntad de los dioses. Después de reconocer la infinita distancia que existe entre los dioses y los simples humanos, centra su discurso en las enfermedades que le afectan desde la cabeza hasta los pies (cefaleas, convulsiones, dolores de estómago, infecciones, parálisis). Se halla a las puertas de la tumba, sin que nadie pueda descubrir la naturaleza de sus males físicos.

Sin embargo, en la tablilla tercera, la suerte de Shubshi-meshre-Shakkan cambia súbitamente. Gracias a tres sueños —en el segundo sería objeto de un exorcismo mediante el Agua de la Vida—, sus desgracias desaparecen. Y en sentido inverso a como había sido castigado, irá siendo liberado de sus males (todos sus órganos, enumerados minuciosamente, recuperan sus funciones). A continuación también quedan resueltos todos sus problemas de tipo social.

Su sentida gratitud le hará entonar, en la cuarta y última tablilla, un himno de glorificación a Marduk, su liberador, invitando, como persona agradecida que es, a todas las gentes a alabar a dicho dios y a difundir su gloria por la totalidad del cosmos. La acción de gracias se completa con una peregrinación al Esagil, el gran templo babilonio. Y ante cada una de sus puertas, como en un verdadero rito de paso, el sufriente reencontrará las gracias perdidas.

LA LECTURA ÚLTIMA

El anónimo autor de este poema (¿o tal vez fue Shubshi-meshre-Shakkan?) intentó remarcar cómo las desgracias —que implícitamente incumbían a los dioses— eran, sin embargo, debidas a las faltas que podía cometer una persona y que por ello se hacía merecedora del abandono de las divinidades. Aunque la rectitud y la honestidad adornaran a un babilonio, los dioses podían castigarle con las más terribles penas, sin que el sufriente conociera el motivo. Esta incongruencia reflejaba la incompatibilidad de la voluntad divina con la ética humana. Y este era el problema, por supuesto: por qué había de sufrir una persona justa. Obviamente, además, los babilonios entendieron que, a pesar de la pequeñez humana, los dioses mostraban misericordia con los humanos y que, cuando lo creían conveniente, podían suspender tales castigos y sustituirlos por la prosperidad y la felicidad. Nunca los dioses —y esa era la gran esperanza— abandonarían a sus criaturas, los «cabezas negras». Bastaba con esperar con paciencia el retorno de la benevolencia divina. También esa es la lectura última del Ludlul Bel nemeqi bajo tres presupuestos: fatalismo, resignación y paciencia.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Canon literario del XXI según Abc

 El canon literario del siglo XXI: la era del yo en el reino de las letras. Memoria cultural del siglo XXI, en Abc de Madrid, por Bruno Pardo Porto,  4/12/2025:

En estos últimos 25 años, la autoficción y todas sus variantes han marcado el mundo de la literatura, que se mueve entre la intimidad y lo documental. ¿Y qué hay más allá? El hibridismo de las formas, las narrativas de lo extraño, las voces del trauma

Cuando empezó el siglo uno podía cogerse un avión sin parecer un criminal, y fumar dentro de los bares, también con total impunidad: qué rápido ha cambiado todo. Las cosas había que ir a buscarlas a los sitios, y se podían tocar, o tenías que esperarlas con paciencia o resignación: el tiempo pasaba más lento, o así lo recordamos ahora, empapados por la nostalgia de un momento en el que no trabajábamos, o no tanto, y tampoco decidíamos lo que veíamos en la televisión y confiábamos en las revistas como método de conocimiento o de curiosidad. El móvil era entonces un teléfono, y no un todo, y al final de la jornada podías irte a casa sin saber si el mundo se estaba terminando o no: si te ibas, te ibas, no había más. La atención se perdía de otras formas, como las ventanas o la nada o las novelas, que aún estaban hechas para la mentira, y no la verdad. Luego cayeron las Torres Gemelas y todo empezó a desordenarse, hasta llegar a este texto, que intenta recoger qué es lo que ha pasado en la literatura de este cuarto de siglo en el que el libro iba a morir y al final no tuvo ni que resucitar, y en el que después de todo la gente ha seguido juntando palabras con la ambición de volver a inventar el fuego.

Hemos consultado a veinticinco personas relacionadas con el mundo del libro –autores, editores, críticos, agentes literarios, buenos lectores– qué es lo más importante que ha sucedido en estos veinticinco años en la literatura: tenían que destacar un escritor, un libro y una tendencia o fenómeno o corriente que hubiera marcado este tiempo, en España o el mundo. No se trataba de elegir lo mejor, sino lo que más huella ha dejado. Tampoco se trataba de hacer con los resultados una lista, sino esbozar un fresco del siglo XXI, un fresco provisional, una tentativa de orden.

La primera conclusión es que en un momento en el apenas hablamos de generaciones o de movimientos, donde todo parece un caos regido por la ley mercantil y la inercia, la mayoría de los encuestados coinciden en que este tiempo lo ha marcado la narrativa de no ficción, con sus diversos nombres y matices: autoficción, autofiguración, escritura del yo, literatura de la memoria, novela sin ficción, literatura documental, crónica novelada, no ficción literaria, etcétera. Puede que hoy, como dice el escritor Eric Vuillard, la imaginación ya no baste. O puede que ahora se busque en la lectura no tanto la evasión (hay formas mucho más eficientes de matar el tiempo) como el acercamiento a la realidad o el conocimiento. Que esto ocurra en los tiempos de la posverdad y las realidades alternativas y los bulos es una feliz paradoja.

Radiografía de la literatura del siglo XXI

El siglo del yo: la autoficción y las narrativas de no ficción han marcado la literatura de los últimos veinticinco años. El terror y las narrativas de lo extraño también proliferan en un momento marcado por la amenaza y la inseguridad ante el futuro. De Lazslo Krasznahorkai a Olga Tokarczuk, los autores del Este de Europa han marcado la literatura de los últimos años. En España, el autor más celebrado por los encuestados es Javier Marías.

¿Nombres? En Francia tenemos a Emmanuel Carrère (los encuestados no destacan solo 'El adversario', sino también 'Limónov') y a Annie Ernaux, que recibió el Nobel de Literatura en 2022 y consagró este género íntimo. «Ha convertido la escritura del yo en una herramienta política, social y estética. Su radical claridad y su manera de inscribir lo íntimo en el espacio público han redefinido la autobiografía y han influido en la literatura europea de forma profunda», dice Silvia Sesé, editora de Anagrama. «Este auge de las escrituras del yo ha reconfigurado el pacto de lectura del siglo XXI. Modifica la relación entre verdad y relato, cuestiona los límites de género literario y se expande por todas las literaturas y por otros modos de representación artística, además de modificar los modos de promoción y las expectativas de los lectores», añade. «Esta forma híbrida entre crónica, ensayo y literatura permite observar la realidad con profundidad sin renunciar a la construcción literaria. Más que un género, es un espacio de investigación donde la escritura se convierte en una herramienta para comprender el presente», apostilla la autora italiana Andrea Marcolongo.

En el mundo anglosajón, el tótem es Joan Didion, como indica el crítico y escritor Rodrigo Fresán, que opina que 'El año del pensamiento mágico' y 'Noches azules' son sus dos títulos fundamentales en ese terreno del yo. «Más para mal que para bien, estos tan magistrales como un tanto impúdicos disparadores a quemarropa son culpables-inocentes de abrirle la puerta a la falsa novedad de tanta mala auto-ficción y pésima literatura-del-yo», suelta. Luis Solano, editor de Libros del Asteroide, se queda también con 'El año del pensamiento mágico' como lo más destacado del siglo, y además apunta que esta obra explica la irrupción de lo femenino, tanto en número de autoras como en la atención crítica a la mirada femenina sobre la realidad.

Por Eric Vuillard, La imaginación ya no basta

Annie Ernaux ha inaugurado un género literario crudo y conmovedor, sin florituras, en el que el relato de su vida, su infancia, el retrato de sus padres y la historia de su aborto clandestino se tratan sin las complacencias habituales. Y si sus libros están surcados por «las arrugas del corazón», la escritora nunca olvida relacionarlas con las necesidades externas, el trabajo, los prejuicios retrógrados, las jerarquías inflexibles. En ellos describe sus sueños, los de sus seres queridos, sus esperanzas, pero siempre se desarrollan entre las coordenadas implacables de la realidad, lejos de las ficciones sedantes, lejos de los mitos. Su ternura prescinde de la ilusión. En el fondo, poco importa el término «no ficción», esa categoría discutible de las universidades estadounidenses. Lo que me llama la atención, a través de la no ficción, la autoficción, la literatura documental, a través de esta profusión de rupturas con la novela, es un estallido de realidad. La imaginación ya no basta. En un mundo en el que el poder se concentra, las desigualdades se agravan y las relaciones humanas se desmoronan, la máscara se quiebra. La libertad solo existe a costa de una profunda pesquisa. La literatura escribe la gran novela policíaca de la especie humana.

Un nombre propio más, también femenino: Svetlana Alexiévich, que conquistó el Nobel de Literatura desde el periodismo y estiró los márgenes de la literatura documental y lo dotó de unas herramientas narrativas que no se han dejado de usar. Otro referente del género, en este caso señalado por Juan Gabriel Vásquez (que también ha cultivado esta literatura con éxito), es 'Austerlitz', de WG Sebald: «Su mezcla extraña de relato documental, crónica personal e investigación sobre las vidas ajenas representó un descubrimiento para los novelistas del siglo XXI, y abrió caminos por los que han pasado muchas de las grandes novelas de los últimos años».

No todo son aplausos. Para Rosa Montero hay una sobredosis del yo. «La sobrevaloración crítica que se hace de la autoficción y el abuso de ella me parecen un síntoma gravísimo de una preocupante falta de músculo creativo en la narrativa mundial. Una decadencia de ambición y de expresión que está poniendo la literatura a la altura de los programas televisivos de pseudorrealidad, de los 'Gran Hermano' y los 'true crime'», asevera. Alberto Olmos también percibe los vicios del ego, pero señala sus buenos frutos en España: «La llamada autoficción ha provocado un aluvión de egotismo e ignorancia sobre las herramientas y servidumbres de escribir una novela digna de tal nombre, pero ha abierto el espacio simbólico de la literatura española a testimonios inspirados que lo enriquecen y animan. Pienso en 'Pipas', de Esther L. Calderón, 'Feria', de Ana Iris Simón, 'Dietario Voluble', de Enrique Vila-Matas, o 'Lo que a nadie le importa', de Sergio del Molino».

El crítico José María Pozuelo Yvancos amplía el foco y habla de la literatura de la memoria como el fenómeno del siglo en España. «Son diferentes las formas en que la memoria ha constituido la gran apuesta de este siglo. A la memoria de mundos perdidos (el reino de Celama de Luis Mateo Diez) se suman las memorias de la guerra Civil y la Transición (Javier Cercas, Almudena Grandes), la memoria personal autobiográfica (Landero, Muñoz Molina, Menchu Gutiérrez, Paloma Díaz-Mas) y la confesional (los 'Diarios' de Chirbes). El memorialismo se ha convertido en el verdadero acento del siglo».

Por Rosa Montero, Demasiada autoficción

Seguramente mucha gente escogerá como movimiento del siglo XXI la autoficción, que para mí es una herramienta más que, por cierto, también he usado. Pero la sobrevaloración crítica que se hace de la autoficción y el abuso de ella me parecen un síntoma gravísimo de una preocupante falta de músculo creativo en la narrativa mundial. Una decadencia de ambición y de expresión que está poniendo la literatura a la altura de los programas de televisión de pseudorrealidad, de los Gran Hermano y los true crime. Así que, como movimiento, voy a escoger el mestizaje, el hibridismo, la ruptura de las convenciones y la mezcla de los géneros, que me parece un fenómeno lleno de vida y potencia expresiva. Y como muestra de ello nombraré a la gran Olga Tokarczuk y, por ejemplo, su deliciosa y fascinante novela Sobre los huesos de los muertos, que mezcla de manera prodigiosa recursos de novela negra con novela psicológica, novela filosófica, relato de la naturaleza y mil registros más.

Javier Cercas, por cierto, señala 'Mater dolorosa', de José Álvarez Junco, como su libro del siglo XXI en España. «Siguiendo la estela de los estudios de Benedict Anderson y Eric Hobsbawm, cambia nuestra visión de la historia moderna de España», dice. Eric Vuillard también celebra otro ensayo: 'El capital en el siglo XXI', de Thomas Piketty. «La gran historia real que nos cuenta Piketty es, en muchos aspectos, notable. Yo destacaría lo siguiente: que la tasa de crecimiento del capital es, a largo plazo, superior a la de los ingresos del trabajo. (...) La recompensa no es para el trabajo, sino para la herencia. Y las cifras recopiladas por el equipo de Piketty documentan finalmente una historia que la novela del siglo XIX ya había contado ampliamente».

Más allá del ombligo

¿Y qué hay más allá de la realidad y el yo? Elvira Navarro señala la 'weird fiction', las narrativas de lo extraño: «El terror y la extrañeza sirven para contar esta creciente sensación de amenaza, aislamiento y pérdida de la realidad tal y como la conocíamos». En ese género se menciona el nombre de Mariana Enríquez, que ha revuelto y enriquecido el gótico (y triunfado en todo el mundo). Rodrigo Fresán señala la literatura 'young adult' como fenómeno inesquivable de este siglo: «La abundancia epidémica de tanta (de)formadora literatura 'young adult' –luego de Harry Potter y de tanto romance crepuscular y de tanta distopía con dultos malos malísimos– acorrala a los jóvenes lectores en una suerte de ghetto-loop del que les cuesta salir para así poder entrar en lo no tan 'young adult' o –mejor dicho– en lo atemporal y sin edad y clásico». Y Rosa Montero apuesta por «el mestizaje, el hibridismo, la ruptura de las convenciones y la mezcla de los géneros, que me parece un fenómeno lleno de vida y potencia expresiva». Ahí encumbra a Olga Tokarczuk, que es la autora más citada por los encuestados como la que más ha marcado estos últimos veinticinco años.

«En sus obras muestra cómo el realismo se ha tornado insuficiente para narrar nuestro mundo. Es capaz de jugar y renovar los géneros, de recordarnos que toda historia aspira a ser un mito, de mezclar las formas occidentales y orientales de la narración y de dibujar la esencia líquida, nómada y desarraigada de nuestros tiempos poniendo de manifiesto de su riqueza», apunta Elvira Navarro. «La obra de Tocarczuk se inscribe en cuatro grandes tendencias de la narrativa contemporánea: la novela histórica revisionista, donde dialoga con autores como Javier Marías al reescribir el pasado desde zonas de sombra; la narrativa fragmentaria o constelacional, que mezcla voces, tiempos y géneros; el humanismo cosmopolita, que desafía los límites nacionales; y la ecoespiritualidad, que cuestiona el antropocentrismo», explica la editora y crítica Valerie Miles. Algunos títulos: 'Los errantes', 'Sobre los huesos de los muertos', 'Un lugar llamado antaño', 'Los libros de Jacob'.

Por Elvira Navarro. La literatura del espanto

El ambiente apocalíptico debido al cambio de paradigma que ha supuesto Internet, el declive de la hegemonía estadounidense y de la democracia liberal, las guerras, el cambio climático, la creciente desigualdad, la globalización (que en la práctica solo es la colonización de todo por parte del capitalismo internacional) han encontrado una expresión idónea en el terror, que vehicula bien el espanto que nos produce nuestro mundo, que además ya no es sólido, sino mayormente virtual, fantasmagórico. De ahí que no solo el terror, sino también la extrañeza sirva para contar esta creciente sensación de amenaza, aislamiento y pérdida de la realidad tal y como la conocíamos.

«Creo que el gran fenómeno de los últimos veinticinco años es la irrupción brutal de la literatura de los países del Este de Europa. Desde László Krasznahorkai a Olga Tokarczuk pasando por Mircea Cartarescu, Georgi Gospodinov, Péter Nádas, Dubravka Ugresic, Andrey Kurkov, Ana Blandiana o Ludmila Ulítskaya. En este listado hay tres premios Formentor, dos premios Nobel (y una ristra de candidatos a ganarlo cada año) y un Booker Internacional. Es una literatura nacida del trauma, con un altísimo grado de innovación formal, que da muchísima importancia también a la voz de las mujeres, y que creo que representa la mayor renovación de la literatura europea en décadas», asevera Enrique Redel, editor de Impedimenta. Su autor más destacado del siglo es Mircea Cartarescu. También Andrés Ibáñez y Mercedes Monmany lo destacan como el autor del siglo. «Es el triunfo absoluto de la imaginación y el intento de romper todas las barreras de la mente para crear una nueva forma de percibir el mundo», dice él. Y ella lo coloca en lo mejor de nuestro tiempo junto a Gueorgui Gospodinov y László Krasznahorkai.

Otros autores mencionados han sido J. M Coetzee, Leila Slimani, Giuliano da Empoli, Dubravka Ugrešić (por 'Zorro'), Don Winslow (por 'El poder del perro')… Y está la muerte, claro. «De algún modo, autora del RIP y tachadora de muchos irreemplazables titanes caídos a lo largo de este primer cuarto de siglo/milenio: Didion otra vez, Bellow, Mailer, Salinger, Updike, Fitzgerald (Penelope), Bradbury, Roth (Philip), Dixon, Maxwell, Vonnegut, Amis (Martin), Stone, Gass, White, Wallace (David Foster), Straub, Salter, Hannah (Barry), LeCarré, Gallant, Doctorow, Friedman, Heller, Dunne (John Gregory), Denis Johnson, Sontag, Matthiessen, McCarthy... y siguen las firmas y epitafios», dice Rodrigo Fresán.

El siglo XXI en español

En la literatura en español, el nombre más repetido es el de Javier Marías. «En este siglo escribió prácticamente la mitad de sus novelas, entre ellas su proyecto narrativo más importante y ambicioso. Para mí, el gran libro de nuestra lengua en los últimos veinticinco años es 'Tu rostro mañana' (escrito entre 2002 y 2007 y publicado originalmente en tres entregas). Es una meditación extraordinaria sobre la responsabilidad, incluso y sobre todo, sobre aquello que hacemos por descuido o negligencia. Este narrador, cuenta, observa y reflexiona. Y sus digresiones formidables nos iluminan este presente como si J Deza estuviese, efectivamente, leyendo el rostro del futuro», defiende Pilar Reyes, directora editorial de Penguin Random House.

El otro rey es Vargas Llosa. «Lo tenemos demasiado cerca todavía, y el ruido molesto de su vida privada se suma a las distorsiones de sus opiniones políticas, pero un día veremos con claridad la dimensión de su figura de novelista y la influencia que tuvo su obra en estos 25 años», asegura Juan Gabriel Vásquez. «Es el único Nobel que la lengua española consiguió en lo que va del siglo: su obra literaria y su compromiso político iluminaron la escena hispanoamericana», añade Jorge Fernández Díaz.

Otro de los nombres destacados por los encuestados es el de Arturo Pérez-Reverte. «En lo que llevamos de siglo posiblemente no se encuentre novelista que haya desplegado tanta cantidad de estilos literarios, confrontando muchas veces de modo magistral cada novela suya con la estirpe de los mejores de sus modelos (Homero, Dumas, Galdós, Conrad, Stevenson, Conan Doyle). Un friso de novelas donde caben la aventura, conflictos bélicos, héroes cansados, y una decidida apuesta por la narración, en la que es verdadero maestro», desgrana Pozuelo Yvancos. ¿Una novela? 'Línea de fuego'.

Juan Gómez-Jurado destaca a Valeria Luiselli, que «se ha consolidado como una de las voces más innovadoras del panorama hispanoamericano reciente. Su escritura, a la vez precisa y política, coloca a los desplazados y a la infancia migrante en el centro del debate literario». Y Andrea Marcolongo acude a Bolaño: «'2666' es, a mi juicio, uno de los libros que mejor expresa la ambición literaria del siglo XXI. Bolaño logra unir lo íntimo y lo histórico, lo misterioso y lo real, para mostrarnos un mundo fragmentado pero profundamente humano. Es una novela que no se agota, que sigue planteando preguntas cada vez que se abre».

La poesía, ausente

A pesar de que de los últimos ocho premios Cervantes más de la mitad son poetas, estos son los ausentes en esta reflexión. Solo Javier Cercas apuesta por uno: Pere Gimferrer. «Es, desde hace muchos años, un escritor fundamental, tanto en catalán como en castellano. No entiendo por qué no le han concedido ya el premio Cervantes». Andreu Jaume, por su parte, opta por destacar a Ben Clark: «Hay en él algo de poeta inglés de las trincheras, pero también es nieto de la generación del 50 y descendiente de los líricos griegos arcaicos».

Andrés Ibáñez rescata una obra joven: 'Los escorpiones', de Sara Barquinero. Para Luis Mateo Díez, el libro del siglo es 'Romanticismo', de Manuel Longares. «Es la gran novela de la Transición», dice. Y su autor es José María Merino, «el más importante reinvindicador actual del género fantástico». Al él también lo destaca Manuel Vilas, que escoge entre su obra 'El río del Edén'. Y por cierto: Alberto Olmos señala 'Ordesa', de Manuel Vilas, como el gran libro en español de los últimos veinticinco años. «Elijo esta novela de Manuel Vilas porque, a su adscripción a una reconocible tradición literaria española, suma elementos que delatan su escritura en el siglo XXI. Es moderna, emocionante, y encarna de forma destacada la corriente que ha dominado estas dos décadas y media: la autoficción». Su autor es Andrés Trapiello: «A la incansable publicación de sus excelentes diarios, Trapiello ha incorporado en los últimos años grandes libros a su vez autobiográficos, como 'El Rastro' o 'Madrid' o 'La fuente del encanto'. Son miles de páginas de una gozosa potencia literaria, llamadas a perdurar»

sábado, 15 de noviembre de 2025

Los 50 mejores libros españoles del último medio siglo, según El País.

 Los 50 mejores libros españoles del último medio siglo, en Babelia, suplemento cultural de El País, 15 - XI -2025:

Un jurado de 116 especialistas selecciona los títulos más relevantes desde la muerte del dictador en 1975

Este año, cuando se cumplen 50 años de la muerte de Franco, desde Babelia hemos planteado una reflexión colectiva sobre la cultura española desde 1975 hasta el presente. A principios de este 2025 ideamos el proyecto y diseñamos un primer jurado de expertos para que eligiesen los 50 mejores discos del último medio siglo: ganaron La leyenda del tiempo de Camarón de la Isla y El mal querer de Rosalía. En primavera fue el turno de las películas, con Arrebato de Iván Zulueta y La escopeta nacional de Luis García Berlanga a la cabeza. Y ahora, los libros. Cambian referentes a la vez que se modifican los gustos, hay libros que conservan el prestigio y autores que ganan centralidad. La sensibilidad actual es la clave para comprender la relación de la sociedad española con las letras de la democracia. Para los expertos, hoy los grandes nombres son Javier Marías, Carmen Martín Gaite, Rafael Chirbes y Javier Cercas:

1. Corazón tan blanco

Javier Marías

Anagrama, 1992. Reedición: Alfaguara, 2022. 352 páginas. 18,91 euros

Corazón tan blanco es probablemente la mejor novela de Javier Marías. Escrita, como dijo Rosa Montero al poco de publicarse, “en estado de gracia”, cuenta con una de esas tramas que escasean en la historia de la literatura, por lo redonda y rotunda, y porque se aborda desde una armonía entre contenido y continente, con una prosa hipnótica y rítmica que atrapa al lector desde su primera frase, que ya es legendaria: “No he querido saber, pero he sabido”. El relato se teje minuciosamente sin olvidar el lado negativo de la vida: cuál es el peso de lo que no se dice, cómo nos definen los secretos que nos rodean. A través de una reflexión sobre el conocimiento y la fragilidad humana, Marías construye un texto inquietante que, como ocurre con los verdaderos clásicos, plantea dilemas eternos. Marta Pérez-Carbonell

PDF: El poder ambiguo de las palabras. Crítica de Ignacio Echevarría (15/02/1992)

2. Crematorio

Rafael Chirbes

Anagrama, 2007. 424 páginas. 20,90 euros

Cuando Rafael Chirbes publicó Crematorio en 2007, España llevaba años celebrando como virtudes muchos de los vicios que él retrata en ese libro: la fiebre del ladrillo, el enriquecimiento exprés y la renuncia de la izquierda a la justicia social por la acción de un disolvente más corrosivo que cualquier idea: el dinero. Por entonces Chirbes vendía más en Alemania que en su propio país, donde era un aguafiestas al que, con todo, nadie podía negarle una penetración psicológica y una altura literaria poco comunes. La cima la alcanzó en Crematorio, novela total por la que desfilan con toda crudeza las tensiones familiares y la corrupción política, el sexo y la mafia rusa. Un año después de su salida, estalló la burbuja económica. Hoy se lee como el relato coral de una fiesta cuyo final conocemos bien, o sea, como una novela de terror. Javier Rodríguez Marcos

Retrato de los impostores. Crítica de J. Ernesto Ayala-Dip (27-10-2007)

3. El cuarto de atrás

Carmen Martín Gaite

Destino, 1978. Reedición: Siruela, 2025. 256 páginas. 14,90 euros

La novelística de Carmen Martín Gaite tiene que ver con el deseo de representar el devenir de la mujer española en la sociedad del siglo XX. El cuarto de atrás, Premio Nacional de Narrativa 1978, supone una bisagra que permite que la mirada cambie. De su mano, así como de una voz de la que tan solo conocemos la inicial, atravesamos la vastedad de la memoria de una mujer desde la guerra, la posguerra y la dictadura hasta la transición hacia la democracia. Todo ello tamizado por una imaginería pop en la que se alternan personajes de cine, Carmencita Franco, la isla de Bergai, la retransmisión de la muerte del dictador por televisión, así como un sinfín de fármacos ―en teoría para mantener y cuidar la línea― que las mujeres consumieron para sobrellevar todo aquello. Andrea Toribio

PDF: El escondite inglés. Crítica de Pedro Altares (16/07/1978)

4. Las personas del verbo

Jaime Gil de Biedma

Seix Barral, 1975. Reedición. Lumen, 2025. 240 páginas. 18,91 euros

La primera edición de este libro de libros, escritos y publicados en las dos décadas previas, marcó el final de una época —personal, política— y el inicio de otra. Ya desde el título se nos aparta de la confesión, se subraya la voluntad de situarnos ante una voz —la de un personaje, la de muchos— que actúa como testimonio de parte de un momento. Es una de las lecturas posibles de Las personas del verbo, indisociable de su ambición histórica, formal, íntima... Poeta de lo moral —o no: véanse los Diarios—, del deseo, del tiempo en varios tiempos, Gil de Biedma eligió la modernidad de los románticos ingleses, con su arquitectura —ideas, elementos— del monólogo dramático. Anduvo con Rilke, permaneció con Eliot y Auden. Entre los nuestros escogió a Machado y Cernuda. No dejó herederos. Elena Medel

5. Anatomía de un instante

Javier Cercas

Mondadori, 2009. Reedición: Random House, 2025. 280 páginas. 19,85 euros

El auténtico sortilegio de esta obra maestra consiste en exigirse íntimamente una dependencia estricta a los hechos averiguados de la trama del golpe del 23-F y aplicar a esa dependencia el talento de la manipulación literaria y estilística, musical en la reiteración calculada y en la especulación reflexiva. Casi nadie nos atrevimos en 2010 a llamar al libro novela, precisamente porque era una novela furiosamente experimental hasta el extremo de transmitir la conmoción de la mejor ficción a través de la subordinación a la materialidad factual de la historia. Ese había de ser un experimento imposible, o condenado al fracaso, pero resultó todo lo contrario. La genialidad está en haber dotado de la verdad más honda de la novela a un libro que se sometía deliberadamente a la exclusión de la ficción. Las mejores armas de un libro saturado de historia iban a ser estrictamente literarias, y ahí reside su verdad: la novela la da la forma. Jordi Gracia

Tres héroes de un instante. Crítica de Jordi Gracia (11-04-2009)

Heroicidad y resistencia. Reportaje de Alberto Manguel (26-12-2009)

6. Soldados de Salamina

Javier Cercas

Tusquets, 2001. Reedición: Random House, 2023. 208 páginas. 17,95 euros

Esta es una de esas insólitas novelas que conectan, sin proponérselo, con la frecuencia de onda a la que las sociedades emiten sus inquietudes más persistentes. El descontento de quienes creían que la transición a la democracia se había hecho a costa de quienes más lucharon por traerla, la convicción de muchos de que el exilio republicano no había sido reconocido ni desagraviado como requería, el dolor contenido de muchas familias que sabían o ignoraban en qué fosa yacían los huesos de sus padres y abuelos, todo ese gravoso volumen de olvido se hizo palpable con esta novela sobre un soldado republicano que prefirió no disparar a un fascista inerme cuando la derrota estaba consumada. Un héroe moral que siguió peleando contra el fascismo y cuya existencia va a descubrir, junto a la ética de la memoria histórica, el ficticio narrador posmoderno llamado, como el autor, Javier Cercas. Domingo Ródenas de Moya

PDF: Un relato real. Crítica de J. Ernesto Ayala-Dip (07/04/2001)

El sueño de los héroes. Artículo de Mario Vargas Llosa (03/09/2021)

7. El jinete polaco

Antonio Muñoz Molina

Seix Barral, 1991. Reedición: Seix Barral, 2016. 624 páginas. 22 euros

Contó Antonio Muñoz Molina que El jinete polaco aconteció como resultado de tres novelas distintas que fracasaron en sus bocetos. Influido por Faulkner y García Márquez, supo unir las tres ideas en un mismo universo poderoso, donde la imaginación y la memoria se mezclan con elegancia narrativa y precisión documental para ir descubriendo un riquísimo mosaico de personajes y ambientes por más de un siglo de la historia de España bajo el latido del paisaje de Mágina, una evocación ficticia de raíz andaluza. Premio Planeta en 1991 y Premio Nacional de Literatura en 1992, esta novela monumental es una cumbre del lenguaje español, gracias al discurso interno de una voz protagonista que embruja por su estilo bellamente sosegado, reflexivo, detallista y profundo, tan propio de un autor que ya se haría imprescindible. Fernando Navarro

PDF: En el baúl de los recuerdos. Crítica de Ignacio Echevarría (16/11/1991)

8. La verdad sobre el caso Savolta

Eduardo Mendoza

Seix Barral, 1975. Reedición: Seix Barral, 2025. 488 páginas. 22 euros

Este monumental collage narrativo sobre la Barcelona de principios del siglo XX hoy mantiene intacto su poder de atracción. Con él debutó Eduardo Mendoza, presagiando un nuevo tiempo para las letras españolas, una modernidad que se alejaba de la gris dictadura, pero entroncaba con la mejor tradición narrativa. La mezcla de materiales, textos y puntos de vista, o su incorporación de herramientas narrativas y estructurales cinematográficas, dan cuenta de su innovación radical. En sus páginas hay intriga, un muerto y un caso policial, hay humor, ternura, documentos, retrato de un caos, injusticias, violencia, parodia, sátira, folletín, pastiche, artículos de periódico y declaraciones a la policía. Es un prodigioso artefacto literario sobre la desaparición del dueño de una fábrica de armas que saca rédito de la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial. Y sí, ahí cabe todo. Andrea Aguilar

Una opinión sobre el caso Mendoza. Artículo de Juan García Hortelano (05/05/1976)

9. Claros del bosque

María Zambrano

Seix Barral, 1977. Reedición: Alianza, 2019. 192 páginas. 13,95 euros

Claros del bosque es una de las obras capitales de María Zambrano, donde su razón poética alcanza su expresión más radical. El libro explora el conocimiento que acontece fuera de los sistemas filosóficos, en esos “claros” —espacios de luz entre la espesura— donde el pensamiento se revela sin violencia conceptual. Zambrano construye una meditación fragmentaria que va del despertar a la palabra, pasando por el vacío, el centro, la belleza y la angustia. Pero no se trata de una regresión nostálgica hacia un origen perdido, sino de un alumbramiento mayéutico: dar a luz lo que ya habitaba en lo velado y no había llegado a la palabra. El claro no es refugio ni paraíso recuperado, sino un umbral donde habita de otra manera el pensamiento. La obra se despliega entre operaciones fenomenológicas (la visión, la llama, el abismo) y reflexiones sobre el lenguaje: la palabra perdida, la que se guarda, lo no dicho. El de Zambrano fue siempre un pensamiento que respetó la penumbra, tal vez porque sabía que hay cosas que solo se pueden ver de reojo, como el juego de luces de un bosque. Máriam Martínez-Bascuñán

10. Lectura fácil

Cristina Morales

Anagrama, 2018. 424 euros. 22,90 euros

Un piso tutelado de la Barceloneta convertido en laboratorio político. Nati, Patri, Marga y Àngels, etiquetadas como “discapacitadas intelectuales”, encarnan la trampa de los supuestos cuidados del Estado: la libertad se concede solo a cambio de obedecer. Desde esa prisión simbólica, la novela radiografía la diversidad funcional como absurda categoría administrativa, el control del cuerpo y la gestión biopolítica de las vidas ajenas (a través de una terrible historia de esterilización “por su bien”), la moral sexual que sigue castigando el deseo y la rebeldía como práctica política al alcance de cualquiera. Lo demuestran personajes de una lucidez radical, que resisten, okupan, se niegan a declarar y escriben sus vidas con sus propias reglas. En este medio siglo, ninguna novela ha explorado tan bien la hipocresía biempensante de la sociedad española. Por su audacia e insumisión, tanto en el fondo como en la forma, Morales representa una disidencia imprescindible en cualquier canon que se precie. Queremos más. Álex Vicente

Vida de las mujeres infames. Crítica de Carlos Pardo (07/01/2019)

11. El infinito en un junco

Irene Vallejo

Siruela, 2019. 472 páginas. 24,95 euros

El infinito en un junco rompe todos los esquemas de lo que se espera de un best seller: es un ensayo, sin personajes de culebrón y sin intriga de crímenes, amores y desamores que te atrape de principio a fin. El libro de Irene Vallejo, que aborda la historia universal de las letras, es la victoria de David contra Golliat, el triunfo imprevisible de la belleza literaria frente al perfil comercial. Pura justicia poética. Berna González Harbour

El libro, un invento asombroso. Crítica de Alberto Manguel (18/12/2019)

La cara oculta de ‘El infinito en un junco’. Artículo en EPS de Borja Hermoso (27/12/2020)

12. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

Rafael Sánchez Ferlosio

Destino, 1993

La noche antes de morir, Ferlosio habló con su amigo Tomás Pollán y recitó a Leopardi: “Y naufragar me es dulce en este mar”. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos fue, según el propio Ferlosio, un libro de pecios. Un pecio es un fragmento de un barco que ha naufragado. Ferlosio escribió como murió: naufragando dulcemente. Pau Luque

Sánchez Ferlosio publica un libro de aforismos con sentimiento. Artículo de Xavier Moret (09/11/1993)

13. Tu rostro mañana

Javier Marías

Alfaguara, 2002 / 2004 / 2007. Reedición: Alfaguara, 768 páginas. 35,06 euros

Esta trilogía monumental de Javier Marías es probablemente su obra más ambiciosa y compleja. Hay algo hipnótico y casi agotador en su ritmo. La novela reflexiona obsesivamente sobre la traición, la lealtad, la violencia, la memoria, y sobre ese “rostro mañana” que nunca podemos anticipar del todo: quién seremos, qué haremos cuando llegue el momento moral crítico. Máriam Martínez-Bascuñán

La maldición de la palabra. Crítica de Rafael Conte (26/10/2002)

14. Los santos inocentes

Miguel Delibes

Planeta, 1981. Redición: Prólogo de Manuel Vilas. Destino, 2019. 168 páginas. 19,90 euros

Cristalización del universo seco e implacable de Delibes y también registro fósil de una España que ya no se olvidará gracias a obras como esta, Los santos inocentes radiografía un paisaje físico y moral de forma sublime. Y lo hace con el suficiente empaque literario para meter a sus Pacos, a sus señoritos, a sus Azarías y, evidentemente, a sus milanas bonitas, en el canon de lo mejor de la literatura española del siglo XX. Jorge Morla

15. Patria

Fernando Aramburu

Tusquets, 2016. 648 páginas. 22,90 euros

Quien lee esta novela jamás olvida que todo lo que se llama conflicto político es en realidad un drama personal (cuya baja más importante es el amor fraternal) y que el miedo huele a palometa frita. Fernando Aramburu tuvo la valentía de hacer con los bandos de la guerra vasca lo que nadie se ha atrevido con la civil española. Raquel Peláez

Patria voraz. Crítica de José-Carlos Mainer (02/09/2016)

16. Olvidado rey Gudú

Ana María Matute

Espasa, 1996. Reedición: Destino, 2018. 768 páginas. 24,90 euros

Este relato de fantasía medieval, que narra la historia del Reino de Olar, fue una gran sorpresa, a la que se subieron en masa los lectores pese a que Ana María Matute se había movido entre un realismo y la literatura infantil. Este novela río se convirtió en un éxito enorme y le dio una segunda vida literaria a la escritora. Recientemente reeditada, se mantiene tan viva como la primera vez que llegó a las librerías. Guillermo Altares

17. La ciudad de los prodigios

Eduardo Mendoza

Seix Barral, 1986. Reedición: Austral, 2022. 560 páginas. 13,95 euros

“El año en que Onofre Bouvila llegó a Barcelona la ciudad estaba en plena fiebre de renovación”. La primera frase de La ciudad de los prodigios resuena como uno de los grandes arranques de la literatura española, como la promesa, que se cumple, de que luego seguirá una novela fascinante y divertida, que mezcla la historia personal de un buscavidas con la odisea de una ciudad que iba cambiar con el mundo. Guillermo Altares

18. Mortal y rosa

Francisco Umbral

Destino, 1975. Reedición: Austral, 2025. 256 páginas. 10,95 euros

Por supuesto, este es un libro sobre un hijo que se muere, pero también es un cuerpo que desea y envejece, que se vuelca en la página obsesionado por estar vivo, entender la vida, dar vida. Demasiadas veces, Umbral pudo ser palabrería, pero otras muchas fue palabra (castellana) de verdad, sobre todo, aquí. Nadal Suau

19. El día del Watusi

Francisco Casavella

Mondadori (tres volúmenes), 2002 / 2002 / 2003. Reedición: Anagrama, 2016. 888 páginas. 29,90 euros

He aquí un clásico instantáneo de una novísima y aún poco reconocida era de la literatura española. Francisco Casavella, a la vez nuestro David Foster Wallace y nuestro Roberto Bolaño, corona ambiciosa y barrocamente en esta novela en tres partes una cima del posmodernismo mundial y radiografía el carácter apenas mutante de la inevitable picaresca (también y sobre todo política) de este país. Laura Fernández

Francisco Casavella: “El franquismo sigue”. Entrevista, por Javier Rodríguez Marcos (21/10/2002)

Un recorrido por España. Crítica de Ana María Moix (21/09/2002)

20. Nubosidad variable

Carmen Martín Gaite

Anagrama, 1992. Reedición: Anagrama, 2012 416 páginas. 21,90 euros

Dos amigas de infancia y juventud, Sofía y Mariana, y su reencuentro en la madurez es el hilo que teje esta novela epistolar sobre mujeres que crecieron en un mundo y saltaron a otro, sobre amores y convenciones, sobre éxito y expectativas. Esta novela, anterior al fenómeno de Elena Ferrante, fue igualmente un inmenso éxito y marcó un hito para su autora y sucesivas generaciones de lectores. Andrea Aguilar

21. En la orilla

Rafael Chirbes

Anagrama, 2013. 440 páginas. 19,90 euros

Se acabó la fiesta. Hay un pantano y la resaca de la corrupción. Está el dinero y su putrefacta destrucción. Está la muerte de las ilusiones y el alma roída de quienes las mataron. Está Shakespeare tras los PAI y un espejo de la España que descarrió. Es Galdós más Pindarello con el drama en gente de Pessoa. Qué falta nos hace Chirbes hoy. Paco Cerdà

La gran novela de la crisis en España. Entrista, por Javier Rodríguez Marcos (02/03/2013)

La podredumbre según Chirbes. Crítica de Fernando Valls (02/03/2013)

22. Los girasoles ciegos

Alberto Méndez

Anagrama, 2004. Reedición: Anagrama, 2024. 160 páginas. 18,90

Cuatro relatos de la posguerra española cargados de desolación y poesía, hijos de la derrota, humanidad frente al olvido. Un escritor agazapado que muere meses después de alumbrar su única obra, obra maestra, gloria post mortem. Un libro de palabra cálida, prosa serena y tempo lento; historias de trinchera, braña, checa y armario. Joseba Elola

23. La mala costumbre

Alana S. Portero

Seix Barral, 2023. 256 páginas. 19 euros

Cargada de belleza y rabia poderosa, la novela debut de la escritora y dramaturga no solo es un relato sobre esa España de los ochenta herida por la heroína, pero hipnotizada por la efervescencia de la clandestinidad y el ansia de libertad. Esa ficción haría historia al convertir, al fin, lo bastardo en canon literario. Noelia Ramírez

La mala costumbre’: las hermosas vencidas como referente. Crítica de Carlos Pardo (10/06/2023)

24. El otoño de las rosas

Francisco Brines

Renacimiento, 1986. 118 páginas

Collige, virgo, rosas. Epígono de la Generación del 27 y heredero de Cernuda, Brines es la luz del Mediterráneo en su conexión con los clásicos grecolatinos, es el deseo de los cuerpos jóvenes que se aman ante la fugacidad de la vida, es metafísica hecha poesía. La ética de un epicúreo y la estética de un formalista. Purificació Mascarell

25. Juegos de la edad tardía

Luis Landero

Tusquets, 1989. Reedición: Cátedra, 2018. 776 páginas. 22,50 euros

En 1989, Luis Landero sorprendió a todo el mundo con una novela extraordinariamente original, opera prima de su autor, titulada Los juegos de la edad tardía, Premio Nacional de Narrativa al año siguiente. El protagonista, Gregorio Olías, un hombre gris y aparentemente sin recursos alumbrará una fantasía tras otra, espoleado por Dacio Gil, al que solo conoce por teléfono. Todo empieza un 4 de octubre, nuestro Bloomsday. Anna Caballé

26. Romanticismo

Manuel Longares

Alfaguara, 2000. Galaxia Gutenberg, 2016. 552 páginas. 23,90 euros

Con suave ironía, con profundidad histórica y con gran precisión estilística, Manuel Longares recreó magistralmente la realidad del barrio de Salamanca en las postrimerías del franquismo. Aquellos personajes de buena familia que vivían como marqueses en el cogollito, con su mezquindad y su falsa alegría, aquellas profesoras de piano, aquellas hijas de la burguesía improductiva que sabían de memoria el camino a los comercios más selectos, absorben a través de las fragilidades de sus privilegios la atención del lector de manera irresistible. Use Lahoz

27. Mater Dolorosa

José Álvarez Junco

Taurus, 2001. 688 páginas. 24,61 euros

En Mater Dolorosa, José Álvarez Junco explora la construcción de las ideas y del universo simbólico destinados a sostener el proyecto de esa nación nueva que surgía tras romper en la Guerra de la Independencia con la monarquía católica, y revela los conflictos que se produjeron sobre qué era España aun contexto de continua inestabilidad. José Andrés Rojo

28. Bartleby y compañía

Enrique Vila-Matas

Anagrama, 2000. Reedición: Seix Barral, 2015. 200 páginas. 17 euros

“Preferiría no hacerlo”, decía el Bartleby de Melville. En Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, se habla de esos escritores que un día dejan de escribir, como Juan Rulfo, Arthur Rimbaud o J.D. Salinger. Una muestra pura del gusto del autor por el juego y la obsesión metaliteraria. Sergio C. Fanjul

29. Un amor

Sara Mesa

Anagrama 2020. 192 páginas. 18,90 euros

Fenómeno de 2020, adaptada al cine por Isabel Coixet con guion de Laura Ferrero, Un amor es la novela del heterofatalismo del primer cuarto del siglo XXI. O cómo el desapego femenino hacia los hombres, vistos como la raíz del problema en la teoría, no impide que se sigan deseando con obsesión enfermiza, y sin esperanza, en la práctica. Noelia Ramírez

Sara Mesa: “Si no te sientes deseada, como mujer estás perdida”. Entrevista, por Laura Fernández

30. El temps de les cireres

Montserrat Roig

Edicions 62, 1977 (en catalán). Argos Vergara, 1979 (en castellano). Reedición: Traducción de Gemma Deza Guil. Consonni, 2024. 258 páginas. 22,50 euros

“La ciudad la llevamos dentro”, afirma Natàlia Miralpeix, la protagonista de El temps de les cireres. Tras doce años de exilio voluntario, regresa a casa dos días después de la ejecución de Puig Antich. A partir de ese retorno y del reencuentro de tres generaciones barcelonesas, Montserrat Roig traza una de las mejores radiografías de las hipocresías que corroen la ciudad en transformación de la posguerra. Carlota Rubio

31. Todas las almas

Javier Marías

Anagrama, 1989. Reedición: Alfaguara, 2021. 264 páginas. 17,95 euros

Una estancia en Oxford; la naturaleza de la observación, de la ambigüedad y los secretos; el lenguaje como herramienta de conocimiento, pero también de confusión y traición. Melancólica y desternillante, Todas las almas es una de las novelas emblemáticas de Marías y una pieza clave de su mundo literario, que se prolongaría en Negra espalda del tiempo y en la trilogía Tu rostro mañana.

32. Historias de las dos Españas

Santos Julià

Taurus, 2004. Reedición: Taurus, 2015. 624 páginas. 23, 65 euros

Santos Juliá dibuja en Historias de las dos Españas el mapa de los relatos que los intelectuales de un territorio diverso armaron desde principios del siglo XIX hasta mediados del XX sobre una nueva nación que fue padeciendo quiebras y conflictos y derrotas que provocaron enconadas y desgarradoras disputas sobre cuál era su verdadera identidad. José Andrés Rojo

33. Galíndez

Manuel Vázquez Montalbán

Anagrama, 1990. Reedición: Anagrama, 2018. 436 páginas. 22,90 euros

Un híbrido de estilos y géneros que arrastra al lector por una historia fascinante de vida y muerte. Una investigación de una biografía y de los límites de la novela. Un uso de la segunda persona como nunca se ha visto en español. Una joya de la literatura que permanecerá en el tiempo. Juan Carlos Galindo

34. El cuento de nunca acabar

Carmen Martín Gaite

Trieste, 1983. Reedición: Siruela, 2014. 336 páginas. 22,90 euros

Aunque la fecha de publicación diga 1983, debería decir en realidad 1963-1983 porque cuajó en este libro formidable la vida reflexiva e íntima de Martín Gaite sobre contarse y contarnos, fragmentario, confesional, valiente y errabundo. El libro nació del descubrimiento de atreverse a extraviarse y sumergirse así definitivamente en el ensayo de plena madurez. Jordi Gracia

35. Obabakoak

Bernardo Atxaga

Erein, 1988 (en euskera). Xórdica, 1989 (en castellano). Reedición: Traducción de Chusep Raúl Usón. Xórdica, 2022. 456 páginas. 24 euros

Bernardo Atxaga creó su mundo literario en Obaba, un mundo escrito en euskera, donde se encontraron, a través de los 26 relatos, independientes pero interconectados, como en una novela coral, lo cotidiano y la fantasía, la memoria y el símbolo, lo rural y lo onírico (cuando lo rural no vivía un revival), en una especie de realismo mágico norteño. Sergio C. Fanjul

36. La Edad de Plata

José-Carlos Mainer

Los Libros de la Frontera, 1975. Reedición: Taurus, 2025. 544 páginas. 23,65 euros

La ciudad democrática se fundamentó sobre libros como este clásico. Llegó a las librerías en marzo de 1975 y no solo tuvo la virtud de proponer una etiqueta para describir un período aún no conceptualizado (de 1902 a 1939), sino que hizo una interpretación pionera y completa del ciclo de modernización cultural más valioso de la España moderna. Jordi Amat

37. La lluvia amarilla

Julio Llamazares

Seix Barral, 1989. Reedición: Seix Barral, 2024. 208 páginas. 19,50 euros

La identidad de un país puede alojarse en un paisaje ceremonial. Lluvia amarilla, novela de Julio Llamazares de 1988, ejemplifica la crueldad y la desolación silenciada tras ceder desde lo individual ante el olvido colectivo. Andrea Toribio

38. Usos amorosos de la postguerra española

Carmen Martín Gaite

Anagrama, 1987. Reedición: Anagrama, 2023. 240 páginas. 12,90 euros

Relacionado de forma directa con otras dos maravillas, Usos amorosos del dieciocho en España y El cuarto de atrás, este ensayo es sobre todo un retrato de la autarquía franquista y sus consecuencias sobre los cuerpos y las psiques de las mujeres (y en última instancia, los hombres) que la padecieron. Salen monjas, y decepcionan. Nadal Suau.

39. Habitaciones separadas

Luis García Montero

Visor, 1994. Reedición: Visor, 2019. 84 páginas. 12 euros

Hay poetas en los que sobrenada una rara mansedumbre lírica, y eso sucede con Luis García Montero: el arpegio no es nunca exaltado ni exultante sino tímido, tibio y veraz, como si el dedo fuese siguiendo el perfil de las cosas amadas y desamadas sin perder tensión, sin incurrir en el melodrama vicioso y dejando en el aire el aleteo de la emoción, incluso física. Jordi Gracia

40. Las Armas y las Letras

Andrés Trapiello

Destino, 1994. Reedición: Destino, 2019. 664 páginas. 35 euros

La combinación de velocidad de escritura, estilo, instinto literario y valentía puso sobre la mesa la evidencia de que habíamos despreciado colectivamente la literatura fascista por fascista y no por ser mala literatura. Error. Las sucesivas ediciones han ido corrigiendo parte de la gracia originaria del libro, pero aquel primer acto de historiografía felizmente revisionista estará en la biografía más valiosa de Andrés Trapiello, y en el lado político, precisamente. Jordi Gracia

41. Camí de sirga

Jesús Moncada

Camí de sirga. Magrana, 1988 (en catalán). Anagrama, 1989 (en castellano). Reedición: Club Editor, 2025. 352 páginas. 21 euros (en catalán). Anagrama, 2025. 328 páginas. 20,90 euros (en castellano)

Camino de sirga cuenta la historia de Mequinenza, un pueblo de la Franja de Aragón, desde la Primera Guerra Mundial hasta su desaparición bajo las aguas de dos embalses en los años setenta. Es un poderoso fresco social que retrata el siglo XX con una prosa rica, precisa e irónica, juegos temporales heredados de la novela modernista y un puñado de personajes inolvidables. Daniel Gascón

42. Arrugas

Paco Roca

Astiberri, 2007. 104 páginas. 15 euros

Este tebeo —junto con María y yo, en el que Miguel Ángel Gallardo relata su relación con su hija con autismo—, supuso una revolución en el cómic nacional, algo parecido a lo que representó Maus en Estados Unidos. Paco Roca relata la historia del Alzheimer de su padre y cómo su memoria —y su mundo— se van volatilizando. Arrugas y María y yo abrieron caminos que el tebeo no ha dejado de transitar desde entonces. Guillermo Altares

43. Un día volveré

Juan Marsé

Plaza & Janés, 1982. Reedición: Lumen. 2009. 448 páginas. 19,95 euros

Con su aureola de western, esta novela retrata a un hombre que regresa a su barrio desde la cárcel para afrontar la disyuntiva entre venganza y paz. Aquí está todo Marsé, Barcelona, el cine, el lenguaje sintético, la derrota. Pero, además, en 1982 fue un libro bien sincronizado con el momento que atravesaba el país. Nadal Suau.

44. El corazón helado

Almudena Grandes

Tusquets, 2007 936 páginas. 25 euros

En 2007 se aprobó la Ley de Memoria Histórica, y llegó esta novela, la primera en la que Almudena Grandes fijó su mirada en la Guerra Civil. De este libro surgieron los Episodios de una Guerra Interminable: aquí están la autora que fue y la que sería, y así, la narradora arrebatadora y pasional de Malena es un nombre de tango se cruza con la que firmará El lector de Julio Verne. Andrea Aguilar

Novela de la restitución. Crítica de Jordi Gracia (17/02/2007)

45. Rabos de lagartija

Juan Marsé

Plaza y Janés, 2000. Reedición: Lumen 2024. 392 páginas. 19,85 euros

Recuerdo el asombro que produjo la perfecta adecuación entre el uso de un inverosímil narrador intrauterino (un guiño al Tristram Shandy) y el mundo de tristísima realidad de la posguerra que presentaba: Víctor cuenta la historia trenzada de su hermano David, del joven homosexual Paulino y del inspector Galván enamorado de la madre embarazada. Una masterclass de técnica narrativa y sensibilidad. Domingo Ródenas de Moya

46. Antagonía

Luis Goytisolo

Seix Barral, 1973 / 1976 / 1979 / 1981. Reedición: Anagrama, 2023. 1.120 páginas. 29,90 euros

Novela panóptica y arborescente sobre la casta intelectual (catalana) durante el franquismo que se publicó en cuatro entregas (la primera en México): Recuento (1973), Los verdes de mayo hasta el mar (1976), La cólera de Aquiles (1978) y Teoría del conocimiento (1981). Los veinte años de elaboración que le costó a Luis Goytisolo se tradujeron en una novela de arquitectura especular que es encierra un laboratorio de técnicas y estilo. Domingo Ródenas de Moya

47. La escala de los mapas

Belén Gopegui

Anagrama, 1993. Reedición: Random House, 2023. 208 páginas. 15,10 euros

La primera novela de Gopegui nos acerca al geógrafo Sergio Prim y a sus conflictos emocionales con su idolatrada Brezo Varela y su amor inesperado: una historia de amor topográfico en la que el espacio físico se equipara al emocional, y donde, con declarado lirismo, se miden las distancias y los huecos entre las personas, los refugios y los mapas interiores, el miedo a ser amado. Sergio C. Fanjul

48. El entusiasmo

Remedios Zafra

Anagrama, 2017. 264 páginas. 20,90 euros

La mirada subterránea a inquietudes latentes pero no aún patentes es parte del mejor mérito del ensayo de reflexión e intervención, y El entusiasmo hizo eso: escuchar primero a la intimidad de la autora y meterse después con una vibrante mezcla de narración, autobiografía y especulación en el corazón de la autoexplotación alegre, cautiva y disparatada. Jordi Gracia

Un ensayo sobre la precariedad de los creadores en la Red, premio Anagrama. Artículo de Carles Geli (27/09/2017)

49. Herrumbrosas lanzas

Juan Benet

Alfaguara, 1983 / 1985 / 1986. Reedición: DeBolsillo, 2009. 720 páginas. 17,05 euros

El objeto de este suntuoso ciclo novelístico (tres entregas, 1983, 1985 y 1986, divididas en diez libros, más dos esbozados e inconclusos) es la Guerra Civil en el espacio mítico Región. La prosa portentosa de Benet al servicio del placer de contar maniobras militares y una densa trama de vidas sombrías. Con el aliento de los historiadores de la antigüedad, Benet salió en busca de nuevos lectores. Domingo Ródenas de Moya

50. Fragmentos de un libro futuro

José Ángel Valente

Círculo de Lectores / Galaxia Gutenberg, 2000. Reedición: Galaxia Gutenberg, 2019. 128 páginas. 12 euros

Elegíaco e hímnico, con la palabra al límite del decir, José Ángel Valente gesta en Fragmentos de un libro futuro el poemario que mejor le define como hombre y como poeta, en el que apresa, y expresa, toda la vida y toda la muerte: “El tiempo es como el mar. Nos va gastando hasta que somos transparentes”. Noemí Montetes-Mairal