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lunes, 6 de julio de 2026

Anocracia. El síntoma que precede a una guerra civil. Ejemplos. Por Raquel de la Morena.

 [Transcripción corregida por el bloguero de "El síntoma invisible que predice una guerra civil. Anocracia", por Raquel de la Morena, en Youtube]

CONTENIDO

1. El síntoma invisible que predice una guerra civil

2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones

3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso

4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio

5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización

6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17

7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho

8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos

9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada

10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital

11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos

12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad

13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático

14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr

15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano

16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF

17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos

18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder

19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798

20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles

21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings"

22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente

23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?

24. Las señales de advertencia antes del abismo final

1. El síntoma invisible que predice una guerra civil

¡Bienvenidas, mentes curiosas! ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué algunas naciones,  aparentemente estables y modernas, se desmoronan repentinamente en una espiral de violencia  fratricida? ¿Sabíais que existe un término que los expertos utilizan para predecir cuándo un país está en riesgo de caer en el abismo de  la guerra civil? Ese término es anocracia

¿Qué tienen en común el Madrid de 1936, las calles incendiadas de Bogotá en 1948 o la Sarajevo sitiada en los años 90 con lo que está pasando actualmente en los Estados Unidos? Como decía una famosa frase atribuida a Mark Twain, “la historia no se repite, pero a menudo rima”. 

2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones

La profesora Barbara F. Walter, de la Universidad  de California en San Diego, ha pasado décadas  analizando por qué estallan las guerras civiles a  lo largo de la historia y en todo tipo de culturas  y sociedades. Y ha llegado a la conclusión de que las democracias plenas rara vez entran en guerra civil. Las autocracias feroces, esas dictaduras donde el disidente desaparece en mitad de la noche, tampoco suelen sufrirlas, porque el Estado tiene el monopolio absoluto de la fuerza. El peligro se encuentra en el medio. Una herramienta que emplean los politólogos para Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones medir el grado de democracia de un país es la escala Polity IV. Os hablaremos de ella con más detalle dentro de unos minutos, pero, de momento, imaginad una regla que va del -10 al +10. En el extremo izquierdo, el -10, tenemos la autocracia absoluta y hereditaria: pensad en la Corea del Norte de los Kim o en la Arabia Saudí monárquica. En el extremo derecho, el +10, está la democracia plena: países como Dinamarca, Suiza, España o Canadá, donde las instituciones son sólidas y el poder de los gobernantes está limitado. En Hispanoamérica, Uruguay y Chile tienen una puntuación de +10 también; Perú y Argentina,  de +9; México, de +8; y Colombia, de +7. 

Pero ¿qué hay en el medio? Entre el  -5 y el +5 se encuentra la anocracia.  

3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso

Es un régimen híbrido, incoherente. Un lugar donde se celebran elecciones, sí, pero donde quien gana tiene el poder de inclinar el tablero a su favor para no perder nunca más e incluso de romper los límites de mandatos preestablecidos antes de su llegada al gobierno para así perpetuarse como líder del país. La anocracia es un sistema donde la democracia existe sobre el papel, pero las instituciones están vaciadas de contenido real. Su nombre proviene del término griego 'kratos', que significa 'poder' o 'fuerza', acompañado del  prefijo de negación 'an-', que significa 'sin'. Es decir, que literalmente 'anocracia' se traduciría  como “falta de poder” o “falta de fuerza”.  

No es que no haya gobierno (como en la anarquía), sino que el poder está tan diluido, disputado o es tan ineficaz que no existe una autoridad central fuerte y coherente. 

Pues bien, la anocracia es una zona gris entre la democracia y la autarquía que supone un factor clave para que el riesgo de una guerra civil se dispare. 

4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio

Walter y el Grupo de Trabajo sobre Inestabilidad  Política de la CIA –ya sabéis, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos–  descubrieron que los países que transitan hacia la anocracia —ya sea una democracia que se erosiona  o una dictadura que intenta abrirse— son los más vulnerables. Y el segundo factor clave es el  faccionalismo: cuando los partidos políticos dejan de diferenciarse por ideologías –es decir, por  temas como si hay que subir o bajar impuestos, o a qué partidas del presupuesto dedicar más recursos–  para diferenciarse por identidad, es decir, por temas como la religión o la etnia. Cuando la  política se convierte en una cuestión de “nosotros contra ellos”, de supervivencia identitaria,  la mesa está servida para el desastre. 

5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización

Remontémonos casi un siglo en el tiempo  para viajar a la España de los años 30. Muchos historiadores plantean la Guerra Civil española como una consecuencia inevitable de los odios atávicos y las tensiones políticas, sociales y económicas que dividieron el país en dos bandos irreconciliables. Pero si miramos a través de  la lente de la anocracia, podemos observar algo más preciso: el colapso de las instituciones  democráticas ante la polarización extrema.  

La Segunda República española, proclamada  en 1931 tras el exilio del rey Alfonso XIII, arrancó con grandes esperanzas democráticas. Las dictaduras de los militares Miguel Primo de Rivera y Dámaso Berenguer, quienes habían gobernado durante ocho años con permiso del monarca, habían mantenido al país anclado en el pasado, y los políticos de izquierdas creían poder modernizarlo. Sin embargo, para 1936, España  había entrado de lleno en la zona de anocracia.  

El Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas, había ganado las elecciones en febrero de aquel año. Por tanto, tenía la legitimidad de las urnas; pero, en la práctica... carecía del control efectivo del orden público. El historiador británico Paul Preston cuenta cómo la sociedad española se había dividido en dos  bloques que no se reconocían legitimidad mutua.  

Por un lado, una izquierda que veía en la derecha a fuerzas fascistas dispuestas a esclavizar al obrero; por otro, una derecha que veía en la izquierda a una horda bolchevique destructora de la fe y la patria. No había adversarios políticos, sino enemigos mortales. 

Los sectores conservadores, terratenientes y católicos llegaron a la conclusión de que dentro del sistema republicano su existencia estaba amenazada. Y cuando un grupo humano pierde la esperanza de que el sistema proteja sus intereses, la violencia se puede convertir para ellos en una opción a considerar; incluso lógica y legítima.

6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17.

Para entender cómo se rompe un país, hay que bajar al detalle, a los actos sangrientos  individuales que precipitan el alud.  

En julio de 1936, la tensión política en Madrid  era enorme. Y la cascada de acontecimientos se inició con un asesinato. El teniente de la Guardia  de Asalto José del Castillo Sáenz de Tejada, de ideología socialista e instructor de las milicias de las Juventudes Socialistas, había recibido amenazas de muerte de la extrema  derecha. Se cuenta que su esposa recibió una carta anónima días antes que decía: “Tienes  un marido muy valiente, pero viuda serás muy pronto”. Se habían casado dos meses atrás, y  algunas fuentes señalan que estaba embarazada. 

En la noche del 12 de julio, el teniente Castillo, de 35 años de edad, salió de su casa en la calle de Augusto Figueroa para incorporarse a su  puesto. No llegó lejos. En la esquina con la calle Fuencarral, cuatro pistoleros de extrema derecha –presuntamente carlistas o falangistas– lo esperaban. Le dispararon sin mediar palabra. Castillo, herido de muerte, pidió que lo llevaran junto a su mujer, pero falleció enseguida. La noticia corrió como la pólvora por los cuarteles de la Guardia de Asalto y las  sedes de los sindicatos. La indignación era absoluta. 

Pero lo grave, lo que define el estado de anocracia, es lo que sucedió después: las fuerzas de seguridad del Estado decidieron tomarse la justicia por su mano. No confiaban en los jueces; ellos mismos serían jueces y verdugos. En la madrugada del 13 de julio, un grupo de guardias de asalto y civiles armados, liderados por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, subieron a la camioneta número 17 de la  Dirección General de Seguridad. Iban buscando venganza. Su objetivo inicial era José María Gil-Robles, el líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas, pero no lo encontraron  en su domicilio; estaba veraneando en Biarritz. 

Frustrados, decidieron ir a por el siguiente en su lista: José Calvo Sotelo, el líder del bloque monárquico y la voz más  potente de la oposición en el parlamento. Vivía en la calle Velázquez, número 89. Imaginad la escena: es de noche, llaman a la puerta. Calvo Sotelo se asoma al  balcón. Ve a guardias de uniforme. Le exigen que los acompañe a la Dirección General de Seguridad para un trámite urgente. Él duda, se resiste, pero al ver las credenciales del capitán Condés, accede. Se despide de su familia, prometiendo llamar en cuanto llegue. Se cuenta que, antes de salir, dijo a sus hijos: “Estad tranquilos, volveré pronto”. 

Nunca lo hizo. Subió a la camioneta de la Dirección General de Seguridad. Se sentó en un banco de madera. A su lado y tras él iban los guardias y  milicianos. La camioneta arrancó. Apenas  habían recorrido unos cientos de metros, cuando le dispararon dos tiros en la nuca. A sangre fría. Dentro de un vehículo policial. 

7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho

El cuerpo de Calvo Sotelo fue arrojado a las puertas del cementerio del Este. Cuando se descubrió el cadáver a la mañana siguiente, España se paralizó. No era un asesinato más; era el líder de la oposición ejecutado por miembros de las fuerzas del orden del Estado. Este crimen causó gran conmoción entre  los sectores conservadores y muchos de los militares que hasta entonces habían permanecido indecisos ante la posibilidad de tomar el control del país por la fuerza cambiaron de opinión tras conocer las circunstancias del asesinato de Calvo Sotelo. La República, a sus ojos, ya  no era un Estado de derecho, sino una anarquía revolucionaria. Apenas cuatro días después, el 17 de julio, dio inicio el golpe de Estado militar.

A través de la violencia de facciones extremistas y del crimen parapolicial, se había quebrado totalmente la confianza en las instituciones y la anocracia había degenerado en una guerra civil. 

8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos

Si cruzamos el Atlántico y avanzamos una década, encontramos otro ejemplo desgarrador de cómo la debilidad institucional y el odio partidista pueden destruir una nación. Colombia, en 1948, era formalmente una democracia, pero en la práctica funcionaba como una anocracia oligárquica.  

El poder se repartía —o más bien se  disputaba a tiros— entre dos partidos: el Liberal y el Conservador. No eran simples opciones electorales; eran identidades heredadas, casi genéticas. Se nacía liberal o se nacía conservador, y eso definía quiénes eran tus amigos y quiénes tus enemigos. El gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, en el poder desde 1946, utilizaba la policía y el ejército para reprimir a los liberales. La violencia era endémica. 

9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada

Pero había surgido un hombre que prometía cambiarlo todo: Jorge Eliécer Gaitán, un líder populista,  carismático, con una oratoria que hipnotizaba a las masas. Denunciaba a la oligarquía de ambos partidos y prometía justicia para los desposeídos.  

Su frase más famosa, “Yo no soy un hombre, soy  un pueblo”, resumía su conexión con la gente. En febrero de 1948, Gaitán organizó la  Marcha del Silencio. Cien mil personas. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada llenaron la plaza de Bolívar de Bogotá. No gritaban consignas; solo callaban, portando banderas negras en señal de luto  por los liberales asesinados en los pueblos.  

Gaitán, ante esa multitud muda, pronunció su famosa 'Oración por la Paz', rogando al presidente Ospina que detuviera la matanza: “Señor presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades... Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida  humana, que es lo que puede pedir un pueblo”. 

Pero la anocracia colombiana no escuchaba oraciones. Dos meses después, el 9 de abril de 1948, Bogotá estaba engalanada porque se celebraba la IX Conferencia Panamericana, precursora de la Organización de los Estados Americanos. Entre los asistentes estaba el Secretario de Estado de EE. UU., George Marshall. Curiosamente, también se encontraba en la ciudad un joven estudiante cubano llamado Fidel Castro, que  había acudido a un congreso estudiantil paralelo. 

10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital

A la una de la tarde, Gaitán salió de su despacho en el edificio Agustín Nieto, en la carrera Séptima, para ir a almorzar. Iba acompañado de amigos. Al salir a la calle, un hombre de aspecto humilde, desaliñado, que llevaba días merodeando la zona, se le acercó. Se llamaba Juan Roa Sierra. 

Aquel hombre sacó un revólver y disparó tres veces. Gaitán cayó al suelo, herido de muerte, con impactos en la cabeza y el pulmón. Fue llevado a la Clínica Central, donde falleció poco después. La reacción de la multitud fue instantánea. La  gente que estaba en la calle identificó a Roa Sierra. Un policía intentó protegerlo metiéndolo en una droguería cercana, pero la turba, furiosa, rompió la reja, sacó al asesino y lo mató a golpes, patadas y ladrillazos allí mismo. No hubo juicio, no hubo preguntas. Solo ira. A continuación, ataron el cadáver desnudo y destrozado de Roa Sierra con corbatas y lo  arrastraron por toda la Carrera Séptima hasta dejarlo tirado frente a las escalinatas del  Palacio Presidencial, como un mensaje macabro dirigido al gobierno conservador. Décadas después, sigue siendo un gran enigma en Colombia la verdadera motivación de Roa Sierra y sus posibles vínculos con conspiraciones externas –por ejemplo, con la CIA, que no veía con buenos ojos a  Gaitán– o internas –con el Gobierno de Ospina–. 

La violencia se desató en Bogotá, dando lugar  a un trágico escenario que pasó a la historia como 'El Bogotazo'. La policía, compuesta  mayoritariamente por liberales de base, se sublevó y comenzó a repartir armas a la multitud. Se asaltaron ferreterías para coger machetes y escopetas. Se incendiaron edificios públicos, iglesias, tranvías. La ciudad ardió por los cuatro costados. Hubo francotiradores  en los tejados, linchamientos, saqueos. Lo que Gaitán había intentado evitar con  su 'Oración por la Paz' se convirtió en una realidad de pesadilla. El asesinato del líder que encarnaba la esperanza de cambio rompió el último dique de contención. La anocracia colombiana colapsó. El conflicto se extendió al campo y dio inicio a un periodo  conocido simplemente como 'La Violencia', con mayúsculas. Una guerra civil no declarada que duró  una década y dejó entre 200.000 y 300.000 muertos. 

De las cenizas de aquel periodo surgieron  guerrillas modernas como las FARC o el ELN. La sombra de aquel 9 de abril de 1948 se proyectó  sobre Colombia durante más de medio siglo. 

11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos

 Avanzamos ahora en el tiempo hasta finales del siglo XX. Europa pensaba que había dejado atrás la barbarie de la guerra, pero los Balcanes nos recordaron que la civilización es una capa muy fina. La guerra en la antigua Yugoslavia fue un ejemplo de manual de cómo la transición de una autocracia a una anocracia puede ser letal. Tras la muerte del mariscal y presidente vitalicio de Yugoslavia Josip Broz Tito en 1980,  el pegamento que mantenía unida a la federación yugoslava se disolvió. A finales de los 80, con  la caída del Muro de Berlín, Yugoslavia intentó transitar hacia la democracia. Pero en lugar de demócratas, lo que surgieron fueron lo que Barbara Walter llama "emprendedores étnicos". Líderes como el serbio Slobodan Milošević o el croata Franjo Tuđman se dieron cuenta de que la  forma más rápida de ganar poder en aquel nuevo desorden no era con programas económicos, sino con el miedo. "Ellos" –los croatas, los serbios, los bosnios musulmanes– vienen  a por "nosotros". Manipularon la historia, reavivaron viejos agravios de la Segunda  Guerra Mundial [Como el genocidio de serbios ortodoxos por parte de los croatas fascistas católicos de la Ustacha, dirigidos por el dictador títere nazi Ante Pavelic, refugiado luego en España] y convencieron a sus pueblos de que la convivencia era imposible. Un  ejemplo concreto que resume la tragedia de la anocracia yugoslava fue la historia de los  conocidos como 'Romeo y Julieta de Sarajevo'. 

12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad

Admira Ismić era una joven bosnia musulmana. Boško Brkić era un joven serbio ortodoxo. Tenían 25 años. Eran novios desde el instituto, mucho antes de que a nadie le importara quién rezaba a qué dios o quién iba a qué iglesia. Cuando estalló la guerra en 1992 y Sarajevo fue sitiada por las fuerzas serbias, ellos se negaron a separarse. Boško podría haber huido al lado serbio y estar seguro, pero eligió quedarse en el infierno de  la ciudad sitiada. No quería separarse de Admira. 

La vida en Sarajevo se volvió imposible.  Sin agua, sin luz, bajo el fuego constante de los francotiradores y los morteros. En mayo de  1993, decidieron huir. Querían un futuro juntos, lejos de aquella locura. A través de amigos  comunes en ambos bandos, consiguieron acordar un alto el fuego temporal para cruzar la línea del  frente. El lugar elegido fue el puente de Vrbanja, sobre el río Miljacka, una tierra de nadie  controlada por francotiradores de ambos lados. 

El 19 de mayo de 1993, a las cinco de la tarde, Admira y Boško salieron de sus escondites. Iban cargados con bolsas ligeras, con lo poco que podían llevar. Caminaban de la mano, confiando en que no dispararían contra una pareja inofensiva. Pero cuando estaban cruzando el puente, sonó un disparo. El francotirador alcanzó a Boško primero. Murió al instante. Admira gritó. Segundos después, otro disparo la alcanzó a ella. Quedó herida de muerte. Pero no huyó. Con sus últimas fuerzas, se arrastró por el asfalto del puente hasta llegar al cuerpo de su amado Boško. Lo abrazó, le pasó el brazo por encima para protegerlo  o para estar con él en el final. Y allí, abrazada al hombre que amaba, murió. Sus cuerpos quedaron tirados en medio del puente, bajo el sol y la lluvia, durante ocho días. Nadie se atrevía a ir a recogerlos. Las fuerzas de la ONU decían que era demasiado peligroso. Los serbios y los bosnios se culpaban mutuamente de haber roto el alto el fuego y de haber disparado. Aquella imagen de los dos jóvenes abrazados en la muerte, pudriéndose en la tierra de nadie de una ciudad que había sido un modelo de convivencia, se convirtió en el símbolo de la estupidez y la crueldad de la guerra civil. Finalmente, prisioneros musulmanes fueron obligados por los serbios a  recuperar los cuerpos al amparo de la noche. Hoy descansan juntos en el cementerio del León de Sarajevo. 

Su historia nos recuerda que cuando la política se convierte en odio identitario, lo primero que muere es la humanidad. 

13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático

Y ahora, llegamos al presente. A enero de 2026, cuando estamos grabando este vídeo. Decir esto hace unos años habría sonado a ciencia ficción, pero Estados Unidos, la gran superpotencia mundial de las últimas décadas, un país que siempre había proclamado ser un faro de la democracia, ha entrado en una zona oscura. ¿Qué está pasando realmente en ese país? ¿Por qué sus propios termómetros democráticos han dejado  de funcionar y cómo la teoría política se ha convertido en una cruda realidad de disturbios,  militarización y miedo en las calles de ciudades como Mineápolis o Los Ángeles? Empecemos por lo más básico: ¿cómo sabemos si un país es una democracia? No basta con que haya urnas y papeletas; las hay en Rusia y Vladimir Putin lleva ya 26 años controlando el país, como un dictador de facto, de igual modo que se han celebrado elecciones en muchas de las dictaduras más férreas bajo la apariencia de plebiscitos. Para hablar de democracia real, necesitamos medir la calidad de las instituciones, los límites del poder y  la libertad real de la competencia política.  

Y aquí es donde entra en juego la herramienta que mencionamos al principio del vídeo, el índice Polity IV, y su sucesor, el Polity V.  Durante casi medio siglo, este proyecto ha sido la Biblia para los analistas internacionales, una base de datos enorme que ha codificado las características de los regímenes políticos de todo  el planeta desde el año 1800 hasta nuestros días.  

Pero ¿quiénes son los arquitectos de esta escala y por qué su trabajo se ha vuelto tan incómodo para el poder en Washington? 

14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr

El padre intelectual de todo esto fue el politólogo estadounidense Ted Robert Gurr, a quien obsesionaba una pregunta que, tal vez, vosotros también os hayáis hecho alguna vez: ¿por qué se rebela la gente? ¿Cuál es el punto en que un grupo humano decide empuñar las armas para derrocar al poder establecido?  En su obra cumbre, "Why Men Rebel" ("Por qué se rebelan los hombres"), publicada en 1970, [Existe una obra de igual intención, escrita por el antaño miembro de la Resistance Albert Camus en 1951: L'homme revolté / El hombre revuelto o rebelde] Gurr no se conformaba con explicaciones simplistas; él buscaba patrones, datos, una ciencia del conflicto. Entendió que la  violencia no surge de la nada, sino de la "privación relativa", esa brecha dolorosa entre lo que creemos merecer y lo que el sistema nos da. Fue Gurr quien inició el proyecto Polity a finales de los años 60, sentando las bases de una metodología que no juzgaba a los  países por sus declaraciones de intenciones, sino por sus estructuras de autoridad reales. Pero quien desarrolló este proyecto y lo convirtió en el estándar internacional que conocemos hoy fue su discípulo, el sociólogo Monty G. Marshall, actual director del Centro para la Paz Sistémica.  

Marshall perfeccionó el índice Polity IV, creando una escala que va del -10 al +10. Como ya  dijimos, en el extremo negativo, el -10, tenemos las autocracias puras, las tiranías absolutas donde la palabra del líder es ley divina. En el extremo positivo, el +10, están las  democracias consolidadas, plenas, donde el  poder está controlado por la ley y la competencia  es justa. Y en medio, en esa zona gris y peligrosa que va del -5 al +5, habitan las anocracias,  regímenes híbridos que mezclan elecciones con represión, parlamentos con caudillos. Las notas se  establecen midiendo una larga serie de variables, como, por ejemplo, las 'Restricciones  al Ejecutivo' –es decir, si el Gobierno   tiene limitado su poder de manera efectiva– o la  'Competencia Política' –o sea, si las elecciones  son transparentes y la política un juego limpio–. Durante años, el trabajo de Marshall y su equipo en el Centro para la Paz Sistémica contó con  el respaldo del propio gobierno de los Estados Unidos. A través del Grupo de Trabajo sobre  Inestabilidad Política (o PITF, por sus siglas en inglés), la administración estadounidense financiaba esos estudios. 

Y aquí viene el dato que quizá os sorprenda: el PITF estaba financiado, en última instancia, por la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. Sí, habéis oído bien. Durante décadas, la inteligencia estadounidense pagó para que académicos independientes evaluaran la salud democrática del mundo, incluida la suya propia. Era una muestra de confianza, de fortaleza institucional; Estados Unidos no temía mirarse al espejo porque sabía que el reflejo le devolvería un +10, la máxima puntuación. 

15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano 

Sin embargo, en 2016, las cosas empezaron a torcerse. Aquel año, Donald Trump logró su primera victoria electoral por la presidencia del país, pero múltiples investigaciones oficiales, de organismos tan relevantes como el Comité de Inteligencia del Senado o el Departamento de Justicia, concluyeron que Rusia había interferido en el desarrollo electoral a través de tres métodos principales. Por un lado,  agentes de la inteligencia militar rusa, el GRU, hackearon los servidores del Comité Nacional Demócrata y las cuentas de correo personales de miembros de la campaña de Hillary Clinton, como John Podesta. Estos documentos robados fueron difundidos estratégicamente a través de plataformas como WikiLeaks y cuentas ficticias como DCLeaks para generar cobertura mediática  negativa contra Clinton en momentos clave de la campaña.

Por otra parte, la organización rusa Internet Research Agency, vinculada al Kremlin, llevó a cabo una guerra de desinformación  masiva. Utilizaron identidades falsas y "granjas de trolls" para difundir contenido divisivo en plataformas como Facebook y Twitter, con el fin de polarizar a los votantes y promover la candidatura de Trump. Además, se detectaron intentos de intrusión por parte de actores rusos en los sistemas de registro de votantes de los 50 estados del país norteamericano. Si bien lograron  acceder a datos de votantes en algunos casos,  todas las investigaciones concluyeron que no hay evidencia de que se alteraran los recuentos de votos o se manipularan las máquinas de votación. 

Aunque la investigación llevada a cabo para el Departamento de Justicia por el fiscal especial Robert Mueller no encontró pruebas suficientes para establecer una conspiración criminal o coordinación directa entre la campaña de Trump y el Gobierno ruso, sí documentó numerosos contactos entre ambos. Las conclusiones del informe de Mueller fueron respaldadas tanto por la CIA, el FBI y la NSA como por un comité del Senado liderado por republicanos.

A consecuencia de las interferencias rusas en el proceso electoral, los observadores internacionales consideraron que las elecciones de 2016 fueron libres, pero no del todo justas, y la puntuación de Estados Unidos en el índice Polity se redujo  un punto por primera vez: pasó de +10 a +9. 

En 2019 bajó dos puntos más, hasta el +7, después  de que la Casa Blanca se negase a cumplir con una solicitud del Congreso de proporcionar información y responder a citaciones. 

La polarización extrema y la retórica incendiaria afectó de manera severa a la calificación de la variable 'Competencia Política' de Estados Unidos. Ya no era una competencia abierta y limpia;  se estaba volviendo "faccional". El faccionalismo, ya sabéis, se da cuando los partidos políticos dejan de verse como rivales legítimos con los que se puede pactar y empiezan a verse como enemigos existenciales a los que hay que destruir. Cuando la política se convierte en guerra, la democracia empieza a morir.

16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF

Pero el verdadero golpe, el que hizo saltar todas las alarmas, llegó a finales de 2020, cuando Donald Trump, tras su derrota frente a Joe Biden en las elecciones presidenciales más tensas de la historia reciente de Estados Unidos, no aceptó el resultado de las mismas y, siendo aún el presidente en funciones, intentó activamente anular los resultados, lo que culminaría poco después en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. El índice Polity volvió a degradar a Estados Unidos por la conducta antidemocrática de Trump.  

La puntuación cayó por debajo del umbral  de democracia (+6) y cerró el año 2020 con un +5. Técnica y académicamente, Estados Unidos se había convertido en una anocracia. 

Quizá os estéis preguntando cómo es posible que la administración Trump permitiese que el Centro para la Paz Sistémica siguiera recibiendo financiación pública a través del PITF cuando no paraban de rebajar la nota democrática del país desde que habían llegado al poder. La respuesta es... que no lo permitieron. Aquel mismo año de 2020, la financiación del PITF al proyecto Polity se cortó de raíz. La razón oficial fue una disputa metodológica. Un consultor del gobierno, Michael D. Ward, había desarrollado un  algoritmo de Inteligencia Artificial para codificar las puntuaciones de los países de forma automática. La administración argumentó que la IA era más rápida y barata que el minucioso análisis humano que realizaban Marshall y sus expertos. Pero Marshall se negó a aceptar que una máquina pudiera captar las sutilezas de la degradación democrática. ¿Puede un algoritmo entender la diferencia entre una ley que se aplica y una que se ignora sistemáticamente? ¿Puede una IA detectar el momento exacto en que un presidente rompe una norma no escrita de contención? El resultado fue que el Centro para la Paz Sistémica se quedó sin recursos. Las actualizaciones de los datos se volvieron esporádicas, embargadas, difíciles de encontrar. Justo cuando más necesitábamos saber qué pasaba, se produjo un apagón informativo. 

A pesar de la falta de fondos, Marshall y su equipo no se rindieron. Siguieron monitoreando la situación, y lo que han observado en los  últimos años, especialmente entre 2024 y este inicio de 2026, es un colapso vertical. Si hasta 2024 hubo una tímida recuperación de la puntuación bajo la administración Biden, llegando a un +8, el regreso de Donald Trump al poder y, sobre todo, las decisiones judiciales que allanaron su camino, han precipitado el desastre.  

Según las notas más recientes del proyecto Polity, emitidas casi como partes de guerra   desde la resistencia académica, Estados Unidos  ha sufrido un "cambio de régimen adverso". 

17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos

Para entender la gravedad de este cambio, tenemos  que hablar de una fecha concreta: el 1 de julio de 2024. Ese día, la Corte Suprema de los Estados  Unidos, con una mayoría conservadora consolidada,  emitió un fallo en el caso Trump v. United States,  es decir, “Trump contra los Estados Unidos”.  

La sentencia, redactada por el presidente del tribunal John Roberts, otorgó a los expresidentes una "inmunidad absoluta" frente a procesos penales por acciones que cayeran dentro de su autoridad constitucional, y una "presunción de inmunidad" para todos sus actos oficiales. Traducido al lenguaje de la calle: el  presidente está por encima de la ley penal siempre que actúe con el sombrero de presidente puesto. Esta decisión socavó la variable más importante del índice Polity, la de las 'Restricciones al  Ejecutivo'. La esencia de la democracia es que el líder no puede hacer lo que quiera; tiene límites, frenos, contrapesos. Si el presidente puede ordenar al Departamento de Justicia que persiga a sus enemigos o ignorar las leyes sin miedo a la cárcel, ya no hay restricciones. Marshall y su equipo reaccionaron con horror académico. Tras la toma de posesión de Trump el 20 de enero de 2025, actualizaron la ficha de Estados Unidos con una nota que pasó desapercibida para el gran público y que, sin embargo, era una importante señal de alarma... Cero. Ni democracia  (+10), ni autocracia (-10). El cero absoluto. El limbo. Un régimen donde hay elecciones, sí, pero donde el poder ejecutivo no tiene frenos y la oposición juega con las manos atadas. 

18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder

Los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard, publicaron en 2018 el libro 'Cómo mueren  as democracias', en el que argumentaban la tesis de que las democracias ya no caen con un golpe de estado militar. Hoy en día, las democracias perecen lentamente, desde dentro, asesinadas por líderes que han sido elegidos en las urnas y que utilizan las propias herramientas de la democracia —las leyes, los jueces, la  burocracia— para desmantelarla pieza a pieza. 

Ellos identificaron dos normas no escritas  que sostenían el sistema estadounidense: la "tolerancia mutua" y la "contención  institucional". La tolerancia mutua significa aceptar que tu rival político es un  patriota igual que tú, con ideas diferentes, pero legítimo. La contención significa que, aunque la ley te permita hacer algo –como indultar a todos tus amigos o llenar el Tribunal Supremo de jueces afines–, no lo haces porque sabes que eso rompería el juego. Trump y el Partido Republicano radicalizado, argumentan Levitsky y Ziblatt, han triturado estas normas. En un artículo publicado en diciembre de 2025 en la prestigiosa revista 'Foreign Affairs', titulado "El precio del autoritarismo estadounidense", Levitsky, Ziblatt y su colega Lucan Way, de la Universidad de Toronto, sentenciaron: “En 2025, Estados Unidos dejó de ser una democracia plena al estilo de Canadá o Alemania”. 

19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798

Al inicio de su segundo mandato, la administración Trump declaró que los cárteles de la droga y las bandas criminales constituyen una "invasión" del país, y ha utilizado esta retórica para activar una antigua ley de guerra, la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, contra los inmigrantes actuales que viven en suelo estadounidense. Bajo el amparo de esa ley arcaica, que permite deportar a las personas de manera sumaria –sin  supervisión judicial, simplemente afirmando que son amenazas a la seguridad nacional o súbditos  de una nación hostil–, el Gobierno lanzó la 'Operación Aurora'. Su nombre proviene de la ciudad de Aurora, Colorado, que Trump describió en campaña como una "zona de guerra" tomada por inmigrantes venezolanos del Tren de Aragua. 

En realidad, aunque existe constancia documentada  de un grupo de 137 ciudadanos venezolanos que fueron sacados de EE. UU. y enviados a una  cárcel de máxima seguridad en El Salvador sin pasar por ningún juez estadounidense, se cree que los expulsados de manera sumaria han sido relativamente escasos. La idea principal era generar miedo entre la población de inmigrantes para que ellos mismos decidieran abandonar el país. En esa línea, el vicepresidente, J. D. Vance, declaró el 7 de enero de 2026  que los agentes del ICE, reforzados por miles de efectivos y contratistas privados, irían "puerta por puerta" para sacar a la gente. 

Imaginad la atmósfera que genera todo esto. Barrios en pánico. Personas que no se atreven a ir al trabajo o a la escuela pese a llevar décadas viviendo en Estados Unidos. Familias escondidas en sótanos. La Guardia Nacional de estados demócratas como California o Nueva York amenazando con no cooperar o incluso bloquear a las fuerzas federales. Es el escenario clásico de una anocracia al borde del colapso: dos legitimidades enfrentadas, fuerzas armadas con órdenes contradictorias y una población civil en el medio. Quizás algunos estéis pensando: "Bueno, pero si tienen los papeles en regla no tienen nada que temer, solo van a por los ilegales". La trampa de la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 reside en su letra pequeña. Esta ley no distingue necesariamente entre inmigrantes indocumentados y residentes legales; la distinción clave es entre ciudadanos naturalizados y "súbditos extranjeros". El texto legal permite detener a "todos los nativos, ciudadanos, habitantes o súbditos de la nación hostil" que no estén naturalizados.  

Esto significa que un residente legal, con su Green Card, que lleve veinte años trabajando honestamente en el país, podría ser detenido y deportado sumariamente si el presidente declara a su grupo nacional como "hostil", sin derecho a un abogado ni a un juez. Es la eliminación absoluta del debido proceso, tal como ocurrió con los estadounidenses de origen japonés en los años 40. Y a esto se suma una tragedia silenciosa. Muchos os preguntaréis: "¿Y por qué no se hicieron ciudadanos antes? ¿Por qué no se pusieron a la  cola?". La realidad es que el sistema migratorio de EE. UU. es un laberinto de cristal diseñado para que te pierdas. Para la inmensa mayoría de los trabajadores inmigrantes, no existe una "fila" en la que ponerse. Leyes como la de 1996 impusieron los terribles "castigos de 3 y 10  años": si has vivido indocumentado más de un año, la ley te obliga a salir del país para arreglar tus papeles, pero al salir, automáticamente te prohíben entrar durante una década. Es un callejón sin salida, una trampa burocrática perfecta. 

Y para los que intentan hacerlo por la  vía laboral, los atascos son de pesadilla: en 2025, la espera para algunos visados  de trabajo supera los tres años de media, y para ciertas nacionalidades como la india o  la mexicana, ¡las esperas pueden ser de décadas debido a los límites por país! 

20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles

No es desidia  por parte de los inmigrantes, es un sistema colapsado donde la "legalidad" es un privilegio  inalcanzable para millones de trabajadores honrados que llevan media vida levantando el país. En diciembre de 2025, la administración Trump lanzó la llamada 'Operation Metro Surge'. Bajo  el mando de la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y Todd Lyons, director interino del  Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, más conocido como ICE, por sus siglas en  inglés, miles de agentes federales fueron desplegados en las ciudades de Mineápolis y Saint-Paul, geográficamente unidas entre sí.  

La excusa oficial era perseguir el fraude en ayudas sociales y detener a criminales peligrosos, pero la realidad que denuncian las autoridades locales y las organizaciones de derechos humanos es la de una ocupación militarizada destinada a castigar a una ciudad gobernada por demócratas y con una gran población de  inmigrantes somalíes e hispanoamericanos. 

Rápidamente, el ambiente se volvió represivo:  negocios cerrados por miedo, escuelas en confinamiento, redadas indiscriminadas...  Mineápolis se convirtió en el epicentro de la resistencia contra las nuevas políticas  de deportación, y las actuaciones de las agencias federales –como el ICE y la Patrulla  Fronteriza– han dejado hasta el momento en que estamos grabando este vídeo, a finales de enero  de 2026, dos ciudadanos estadounidenses muertos.  

La primera víctima mortal fue Renée Nicole Good, de 37 años, poeta y madre de tres hijos.  

Fue abatida en su vehículo por un agente del ICE.  La versión del Departamento de Seguridad Nacional fue que se trataba de una “terrorista doméstica”  que había intentado atropellar a los agentes. En las grabaciones del suceso, en cambio, se ve que Renée intentaba alejarse del lugar y no embestir a los oficiales cuando estos abrieron fuego. Poco después, el 24 de enero, el enfermero de cuidados intensivos Alex Jeffrey Pretti fue ejecutado en plena calle cuando trató de proteger a una mujer a la que los agentes habían rociado gas pimienta. Lo abatieron con más de diez disparos mientras estaba inmovilizado en el suelo. Estas muertes, unidas a otros muchos actos de abuso de fuerza de los agentes federales no solo contra inmigrantes, sino también contra manifestantes pacíficos y observadores, han  generado una crisis constitucional de facto.  

El gobernador de Minesota, Tim Walz y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, han exigido la salida inmediata de los agentes federales, y han calificado las acciones del ICE como una violación de los derechos civiles de los ciudadanos. También han intentado bloquear el acceso de los federales a ciertas zonas e iniciar investigaciones independientes de los homicidios, las cuales han sido obstruidas por el Departamento de Seguridad Nacional. Kristi Noem y la administración Trump han defendido a los agentes y han culpado de la violencia a la retórica demócrata. En lugar de intentar apaciguar la situación, han amenazado con desplegar aún más efectivos si las protestas continúan. Pero los incidentes de Mineápolis no son casos aislados. Meses antes, en junio de 2025,  

21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings

Los Ángeles también había sido escenario de un drama parecido. Todo comenzó el 6 de junio con  redadas masivas del ICE en lugares de trabajo y barrios hispanoamericanos. La comunidad,  harta de vivir con miedo, salió a la calle.  

Lo que empezó como manifestaciones pacíficas  derivó en enfrentamientos cuando la policía y los agentes federales intentaron dispersar a las multitudes. En Paramount y en el centro de Los Ángeles, se levantaron barricadas. La respuesta del presidente Trump fue saltarse la autoridad del gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom. Invocando poderes federales, Trump desplegó a la Guardia Nacional en las calles de la segunda ciudad más grande del país. La alcaldesa Karen Bass tuvo que imponer toques de queda mientras grupos de manifestantes, bajo el lema "No Kings" ("Sin Reyes"), se  enfrentaban a gases lacrimógenos y balas de goma en Grand Park. El gobierno federal culpó a  las "ciudades santuario" de fomentar la anarquía; los activistas denunciaron que el gobierno estaba  declarando la guerra a su propia población. 

Según datos del propio Departamento de Seguridad Nacional —que debemos tomar con cautela, pues son parte interesada en la narrativa—, las agresiones a agentes del ICE aumentaron un 1.300% en el último año. Sea cierta o exagerada esta cifra, lo que indica es que el contrato social se ha roto. No hay autoridad legítima, solo fuerza bruta y resistencia. 

¿Y qué dice el mundo de todo esto? La comunidad internacional observa con una mezcla de horror e incredulidad. 

22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente

El Instituto  V-Dem (Varieties of Democracy) de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, que junto con Polity es  el referente mundial en medición de la democracia, no se ha andado con rodeos. En su 'Informe  sobre la Democracia 2025', V-Dem alerta de que Estados Unidos está sufriendo el “episodio  de autocratización más rápido de su historia moderna”. Destacan el ataque sistemático a la libertad de expresión, la intimidación a periodistas y la politización de la justicia  como síntomas claros de una enfermedad terminal.  

Freedom House, otra organización clave, mantiene a EE. UU. como "Libre" con una puntuación de 84/100 para 2025, pero advierte severamente sobre la erosión institucional y la presión partidista en los procesos electorales, señalando que la victoria de Trump en 2024 provocó la desestimación de sus causas penales federales, una prueba más de la impunidad de la que hablábamos antes. ¿Se encuentra Estados Unidos al borde de una  guerra civil?

23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?

Es difícil saberlo. Según el índice Polity actualmente está en el punto más peligroso de la escala, en plena anocracia, que es un tobogán hacia el caos. No obstante, si el autoritarismo de Trump progresara hasta el punto de descender por debajo del -5 en la escala, la zona de peligro de guerra civil habría quedado superada: Estados Unidos se habría convertido en una dictadura. 

En cualquier caso, Barbara Walter advirtió que una guerra civil moderna en EE. UU. no sería como la de 1861, con ejércitos de fuerzas semejantes vestidos de azul y gris en campos de batalla.  

No. Sería una guerra de insurgencia, de terrorismo doméstico: bombas en edificios federales, asesinatos selectivos de jueces o políticos, milicias armadas controlando carreteras rurales, y la "limpieza" de barrios por motivos étnicos o políticos. 

En España, el asesinato de un líder de la oposición –Calvo Sotelo– fue la chispa definitiva; no porque justificara un golpe de Estado, sino porque lo usaron para declarar que la convivencia era imposible y que no se podía confiar en las instituciones. En Colombia, el magnicidio de la esperanza –Gaitán– desató la violencia porque las instituciones no podían canalizar el dolor del pueblo. Y en Yugoslavia, la manipulación del miedo étnico por líderes oportunistas como Milošević convirtió a vecinos en verdugos. Hoy, en 2026, Estados Unidos camina por el filo de esa misma navaja. 

24. Las señales de advertencia antes del abismo final 

Si millones de personas sienten que el sistema legal ya no les protege, que el Estado es su enemigo, la tentación de la violencia se dispara, las instituciones se tambalean y el "otro" se convierte en enemigo.  La pregunta que nos queda es: ¿somos capaces de aprender? ¿Podemos ver las señales de advertencia antes de que sea demasiado tarde? ¿Y vosotros? ¿Qué opináis de la situación en Estados Unidos? ¿Creéis que la democracia en ese país es lo suficientemente fuerte para resistir  esta prueba de estrés o se encuentra a las puertas de un declive definitivo? 

miércoles, 10 de junio de 2026

Interviú (1976-2018)

 Interviu. “Hoy las amantes de Ábalos serían portada de ‘Interviú”: auge y caída de la revista más polémica de España. Por Jaime Lorite Chinchón, El País, 9 jun 2026:

Tres libros conmemoran el aniversario de una publicación que hasta su desaparición en 2018 (y a golpe de escándalos, desnudos y exclusivas) jugó un papel crucial en el desarrollo de la Transición

Solo habían transcurrido seis meses de la muerte de Franco cuando llegó a los kioscos el primer Interviú, con una modelo enfundada en un vestido empapado, del que traslucían sus pezones. Era el 22 de mayo de 1976, menos de tres semanas después del lanzamiento de EL PAÍS. La revista ofrecía un cóctel, hasta entonces, inaudito en la prensa española: desnudos explícitos a modo de reclamo, con investigaciones e informaciones políticas sensibles en el interior. “Todavía no había Constitución, ni una libertad de expresión bien definida. Hubo secuestros de la revista, el primero en Navidad de ese año, con una portada donde aparecía una chica vestida en plan Marilyn con Papá Noel y el titular El dinero de los Franco”, recuerda Alberto Gayo, periodista de Interviú entre 1998 y 2018, el año de cierre.

Gayo acaba de publicar Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera), libro que ha escrito, afirma, como “acto de justicia para la revista”, frecuentemente reducida a sus escándalos más sonados, como el desnudo de Marta Sánchez o las fotos robadas de Mar Flores. “La podemos ver ahora como rancia y machista, pero la mirada de 2026 no es la de 1976. Fue un puntal periodístico en el proceso de transición a la democracia y consolidación, donde era muy difícil hacer periodismo valiente”. El de Gayo no es el único trabajo que ha llegado a las librerías con motivo de la efeméride. También se han publicado Los desnudos y los muertos. Una crónica sentimental de Interviú (Península), de Jerónimo Andreu, y De Lola Flores a los papeles de ETA: Los secretos mejor guardados de la revista Interviú (Maluma), de Luis Miguel Montero.

Andreu, a diferencia de sus colegas, no formó parte de Interviú. El título de su libro referencia una columna de Manuel Vázquez Montalbán que señalaba cómo en Interviú se encontraba, “junto a los desnudos, la brutalidad de la muerte más brutal, las carnicerías de la catástrofe, como si la revista tratara de oponer la doble utilización de la carne humana”. “Me llamaban la atención los dilemas morales y claroscuros que encerraba”, explica el autor, que ha entrevistado a más de 50 personas relacionadas con la cabecera. “No me interesaba escribir un libro cantando las alabanzas de la revista, pero tampoco demonizarla, porque ya estaba muy demonizada”. Su primer recuerdo de Interviú lo ubica en torno a sus 7 años, por el póster de la cantante italiana Sabrina que regalaron con el semanario del Grupo Zeta. “Estaba en todos lados, en cualquier bar, cualquier taller. Era un país distinto, Interviú tenía una presencia continua. Siempre estaba la broma del que decía que la compraba por los reportajes, pero es verdad que hacían un periodismo de investigación buenísimo”.

Interviú, como el poema de Walt Whitman, contenía multitudes. No solo tenía una doble vertiente a lo Playboy, donde el componente sexual sostenía una parte literaria de calidad (además del mencionado Montalbán, Francisco Umbral, Camilo José Cela, Juan José Millás o Elvira Lindo escribieron en sus páginas), sino que contaba con un mejunje ideológico en el que se citaban periodistas de izquierda revolucionaria y firmas próximas a la dictadura. Igual ocurría en el ámbito social. El desnudo de Pepa Flores, publicado en septiembre de 1976, que vendió más de un millón de ejemplares, supuso un antes y un después por cómo subvertía la imagen franquista de Marisol. La vieja moral saltaba por los aires y España entraba en la modernidad. Interviú reeditó la simbólica portada, en blanco y negro, para su despedida en 2018. Pero, al mismo tiempo, fueron fotos publicadas sin el consentimiento de la actriz y cantante, producto de una sesión privada. “Interviú se jactaba de mostrar todo, todo lo que ocultaba el franquismo, pero también lo que ocultaba tal señora debajo de su blusa”, dice Andreu. “Hubo casos de chantaje abierto a chicas para que se desnudaran. Y si no querían, las insultaban”.

No obstante, el movimiento feminista tuvo un espacio histórico en Interviú. “Hay una portada muy famosa donde arriba, a la derecha, se lee ¡Vosotros, machistas, sois los terroristas!, por un reportaje sobre las agresiones y violaciones en la España de los setenta”, señala Alberto Gayo, que cita otro texto de 1993 escrito por Carme Chaparro con el titular Los maridos españoles matan más que ETA, una comparación entre el número de víctimas de la violencia machista y del terrorismo. “Había que atreverse a titular así para generar un debate. Otro reportaje decía Hijos de puta: hablan sus madres. Ves eso en una portada y alucinas, pero te cuenta el problema de prostitutas que tenían hijos fruto de relaciones con puteros, por descuidos, violaciones o lo que fuese. Es un reportaje de denuncia impresionante. Cuando se dice que era en busca del morbo, pues hombre, es que necesitabas un impacto para que la revista se leyese”.

Periodismo popular

Más allá de su compromiso con expandir y asentar por terapia de choque en los kioscos la nueva libertad adquirida, ¿pasa Interviú el test del tiempo? Depende del número que se consulte. “Coges un ejemplar de Interviú hoy día y es chocante. No son solo las portadas, su lenguaje es tan provocador, a veces injurioso y calumnioso, que llama mucho la atención”, advierte Jerónimo Andreu. “Los enfoques son increíbles. En un momento dado, hicieron un reportaje sacando a un hombre negro por la calle maniatado como un esclavo, para ver cómo reaccionaba la gente. Son cosas que cuesta imaginar. Y también fueron los primeros en sacar un montón de historias, como los papeles de Sokoa”, en referencia a una operación en 1986 de enorme relevancia para comprender la estructura de ETA.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda” (Aitor Marín, redactor jefe de 'Interviú' entre 2007 y 2009)

Entre los reportajes controvertidos, brillan con luz propia los de Luis Cantero. Maestro, a su manera, del periodismo gonzo nacional, suyos son textos como Mariquita por un día, de 1978, donde recorría Ávila besándose con un activista gay para contar cómo se trataba a los homosexuales en la España contemporánea. En Cómo evadimos un millón, relataba paso a paso la facilidad con la que podían extraerse grandes cantidades de dinero del país. Su serie más famosa fue La vuelta al mundo en 80 camas, un viaje teniendo sexo con mujeres de todo el mundo para, supuestamente, contar las diferencias culturales respecto al placer carnal. El rey Juan Carlos dijo que Cantero era “el tío que mejor vive de toda España”. La curiosidad respecto a cuánto de invención había en estos artículos la despeja Luis Miguel Montero, extrabajador de Interviú: “No había ningún componente de ficción. Cantero se iba de putas, les pedía un recibo y lo pasaba como gasto”.

El autor de De Lola Flores a los papeles de ETA, que pasó 26 años en Interviú, explica que la revista se asentó sobre “cuatro patas”: “mujeres desnudas, reportajes de escándalos políticos, sucesos terribles y denuncia social”. En resumen, lo que Antonio Asensio, fundador de Zeta, definía como “periodismo popular”. Sobre qué ofrecería Interviú en 2026, responde rápido: “No me cabe duda de que hubiéramos dado a las amantes de Ábalos en portada, a Jessica, Claudia, su mujer, la mujer de Koldo… Además, son mujeres ligadas a la actualidad pública, más allá de una cuestión erótica o de morbo, que han estado en las tomas de decisiones del poder. Creo que la gente compraría la revista”. De las razones por las que hoy no existe Interviú, el diagnóstico es similar por parte de todas las voces, un cruce entre un cambio social y la irrupción de internet.

“No nos supimos adaptar. Sacabas un reportaje que te había llevado dos meses hacer y a los 15 minutos te lo encontrabas en Twitter”, lamenta Montero, que en Interviú desmontó las conspiraciones sobre el caso Alcàsser, siguió el secuestro y asesinato de Publio Cordón y narró la caída de Suharto en Indonesia. “Pasaba lo mismo con las chicas de las portadas, las fotos estaban escaneadas al momento”. Otra compleja transformación que Interviú no logró afrontar fue, precisamente, la de sus desnudos, con un margen de maniobra limitado: la revista podía dar un giro, pero, por el camino, perder a un núcleo de lectores poco receptivo a cambios.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda”, cree Aitor Marín, redactor jefe de Interviú entre 2007 y 2009. “La mentalidad estaba cambiando, la sociedad ya no era tan machista. Hubo osadía, audacia y reivindicación, se sacó a una mujer trans en portada, pero los lectores clásicos mandaban cartas ofendidos. Era muy difícil de reflotar. Y eliminar la mujer de portada era convertirla en otra revista que ya existía, Tiempo, también del Grupo Zeta y que vendía menos”. En sus primeros años, la revista pudo comprobar cuán abonada estaba a los desnudos, al dar en portada al sindicalista Marcelino Camacho (sin pose erótica) y ver las ventas caer a la mitad.

“Tenían una apuesta ética y estética que les lastraba”, analiza Jerónimo Andreu. “En la última etapa, me han contado muchos redactores que no querían irse con la revista en el metro a casa. Estaban orgullosos de su información, te la defendían, pero no se querían presentar en público con Interviú”. Alberto Gayo insiste en defender una memoria equilibrada, que contextualice en su tiempo aquello que chirría, pero también aquello que estaba a la vanguardia. Sin ir más lejos, la revista hizo ver en plena Transición la barbarie franquista, descubriendo a los lectores en 1977 la fosa común ubicada en la sima de Jinámar, en Gran Canaria, o los campos de concentración. “Iba denunciando cada semana lo que habían hecho los ganadores de la guerra y lo que intentaban hacer para mandar también en la democracia”, subraya.

Grupos ultraderechistas quemaron kioscos donde se vendía Interviú por las informaciones que difundían. El propio Gayo, que escribía, entre otros temas, sobre el auge neonazi, encontró en una ocasión su nombre escrito en una diana, al lado de la redacción en la calle de O’Donnell, en Madrid. Entre sus hazañas periodísticas, estuvo el descubrimiento en 1999 del prófugo Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de los abogados de Atocha, en una cárcel de Bolivia. Junto al fotógrafo Fernando Abizanda, se infiltraron y lograron una imagen del asesino, encerrado por narcotráfico. “Antes, también se consiguió publicar la primera foto de Billy el Niño, el torturador, cuyo rostro no era conocido. O localizar a Emilio Hellín, el asesino de Yolanda González [en 1980], una joven izquierdista. Se logró su extradición y la madre de Yolanda dijo que Interviú había hecho más que la policía porque estuviese en la cárcel”.

Gayo revela en el libro que se estudió una colaboración con el medio norteamericano Vice cuando desembarcó en España. Ambos compartían idiosincrasia, la búsqueda sana de la polémica y una narrativa sobre temas sociales, como las drogas, desde el servicio público y no el paternalismo. La propuesta no salió adelante y el cierre de Interviú se consideró más útil para paliar la deuda de Zeta, a fin de facilitar la venta del grupo a Prensa Ibérica, interesada en El Periódico de Catalunya. Aunque los mejores reportajes de Interviú sigan siendo un referente, el escritor rechaza que la nostalgia lleve a conclusiones equivocadas. “Se dice que el buen periodismo se hace con ganas y valentía, pero, sobre todo, se necesita dinero y tiempo. Interviú pagaba bien y permitía hacer seguimientos largos. Cada vez que la revista llegaba al kiosko, sorprendía al lector. ¿Cuánta gente puede ahora dedicar tiempo y dinero a reportajes?”.

jueves, 9 de abril de 2026

La transición conservadora

 Ser conservador después de Franco, en El País, por Ignacio Peyró, 20 nov 2025:

La Transición debe mucho al reformismo moderado, pero la derecha solo empezó a seducir a la mayoría electoral en los años noventa, con su conversión liberal

En apenas unos años, España iba a convertirse en una democracia avanzada, en miembro de la OTAN y de las Comunidades Europeas, pero el 20 de noviembre de 1975 no era un día para ser determinista. “Cuando hablamos de Salamina”, escribe Huizinga, “hay que hacerlo como si los persas aún pudieran ganar”. Y hace hoy 50 años, nadie podía saber quién iba a ganar el futuro en España. Al recordar aquel tiempo, el hispanista Trevor Dadson incidía en una paradoja: si el mundo celebró la Transición española, fue precisamente porque nadie en el mundo tenía demasiada confianza en que la Transición saliese bien. No era una cautela inútil, como se vio, años después, en las transiciones del espacio pos-soviético. Y en la España de 1975 también podían ganar los persas. A Franco le sucedía, según lo estipulado, una Monarquía tradicional, de amplios poderes y alineada con los principios del Movimiento. Y desde su kilómetro cero, la Transición se iba a ver acompañada, sobre un fondo de crisis económica, del ruido de sables y de los bombazos de una ETA que, por ejemplo, saludó el año auroral de 1978 con 65 muertos. Por supuesto que hubo presiones externas y, ante todo, una mayoría interna que quiso poner al país en hora con las democracias occidentales. A la vez, no había certezas como para justificar las esperanzas. Y una España que llevaba siglo y medio surtiendo a Europa de pintoresquismo y anomalías bien podía seguir siendo different un tiempo más.

Escribe Diogo Noivo que la Transición portuguesa la hizo la izquierda y la consolidó la derecha, en tanto que la Transición española fue un movimiento de la derecha que la izquierda haría irrevocable. Son generalidades, claro, que hay que tomar cum grano salis. En lo que afecta a España, en todo caso, permiten reintegrar el mérito conservador en nuestra Transición. Conservadores fueron muchos de sus artífices. Conservador fue el cambio “de la ley a la ley”. Conservador fue el paradigma de la reforma frente a la ruptura o la continuidad, como iba a ser ejemplarmente conservador mostrar —tanto a las filas ajenas como al búnker propio— que la moderación política puede llevarse adelante con una voluntad política ardorosa. En la Transición hubo, por tanto, rasgos de una operación conservadora como no se veían desde tiempos de Cánovas. Con dos créditos especiales. En primer lugar, la confirmación de que en la Historia hay grandes procesos y condicionantes materiales, pero los hombres y sus pasiones —el Rey y Suárez, Torcuato, Tarancón— siguen siendo determinantes. Y, en segundo lugar, el entendimiento del conservadurismo como ligado por fuerza al reformismo, según lo quiso esa guía de conservadores que fue Edmund Burke. Sí, finalmente hay una conclusión de escepticismo conservador: se podía haber hecho mejor, pero es arrogante pensar que se podía haber hecho perfecto.

Reivindicar la huella conservadora en la Transición quiere menos provocar que reclamar un patrimonio compartido. Al fin y al cabo, del 75 en adelante todo el mundo iba a hacer cosas inesperadas que terminaríamos incluso incorporando a una cierta mitología común. Los procuradores franquistas votan su suicidio ritual. Un ex secretario general del Movimiento legaliza el PCE. Los comunistas despliegan en su Comité Central “la bandera con los colores del Estado”. Los socialistas españoles abandonan el colectivismo (15 años antes que los laboristas británicos) y acometerán una revolución industrial. Cuando el giro político se completa y el centroderecha vuelve a gobernar, hará a su vez otras cosas inesperadas como abrazar la descentralización política o sentenciar la mili. A los 25 años de la muerte de Franco, en el momento en que el centroderecha gana por mayoría absoluta, Aznar afirma: “Hoy se acabó la Guerra Civil como argumento político”.

Era una ocasión para la grandilocuencia histórica, pero con estas palabras Aznar también buscaba confirmar algo más práctico: que los españoles quedaban manumitidos de la necesidad de ser progresistas. Si en tiempos de Franco esa militancia progresista podía sentirse como una obligada resistencia íntima, una democracia consolidada ya solo necesitaba demócratas. En la práctica, sin embargo, pasados 50 años, bien podemos pensar que no ha logrado ser así. Prueba de ello es que seguimos escribiendo sobre la posibilidad de ser conservador después de la muerte de Franco, cuando nadie en Polonia dudaría si es posible ser socialdemócrata después de Jaruzelski. En la democracia española, los progresistas se han comportado menos como actores de la obra que como dueños del teatro. El dóberman en el 96, el Tinell en 2003 o el Muro de 2023 son muestras de la inferioridad moral adjudicada a una derecha para cuya exclusión, por cierto, nunca se ha necesitado de la compañía de ninguna derecha extrema. Sea en la Academia o en la cultura popular, el liberal-conservadurismo solo aparece en España como cuota o como nicho, y la mirada foránea a nuestro país se articula en exclusiva a través de su canon progresista. Con todo, alguna culpa tendrá la derecha cuando sus líderes morales aún son intelectuales conversos de la izquierda. Feijóo, que en su juventud votó al PSOE, acaba de confesar su amor por la canción de autor de izquierdas: un espacio compartido, en el mejor de los casos; también, en el peor, un síntoma de la ancilaridad de la derecha en el sistema cultural español. En definitiva, la izquierda ha proyectado sobre la derecha la mala conciencia de que el dictador se les muriese de viejo. Algo llamativo, pues a la pregunta “¿dónde estabas tú en 1972?”, no hay tantos que puedan responder con plena felicidad ni en nuestra izquierda ni en nuestros nacionalismos.

La primacía de la izquierda en la democracia española cuaja en unos años ochenta en que la derecha está desorientada y dividida. Solo en los noventa, con su conversión liberal, la derecha empieza a seducir a mayorías. La democracia española por fin tiene su segundo violín. Aquel PP sitúa ya como “referente político inmediato” a la UCD y no a su presidente de honor, Manuel Fraga. Y frente al “complejo de derecha” de la década anterior, Aznar afirmará que no padece “mala conciencia democrática”. Lo demás es una historia que aún vemos y sentimos: al envite del modelo neoconservador, le sigue, con Rajoy, un repliegue tecnocrático. El PP, en todo caso, se va caracterizando como un partido de síntesis y concertación liberal-conservadora, de base amplia, institucional y europeísta, intelectualmente inhibido por su voluntad de ensamblar sensibilidades y, en todo caso, amigo de las vías medias que abre el encuentro entre dos ideales no siempre fáciles de objetivar como son el liberalismo y el humanismo cristiano. En todo caso, su propia solidez e implantación como partido le han sido de ayuda ante amenazas existenciales: el asedio de Ciudadanos, el deterioro causado por la corrupción, el desgaste de la gestión de la crisis o el afloramiento de cainismos en los años de Casado.

La novedad de estos años para el conservadurismo español es que el PP no solo se ve hostilizado por el PSOE. Vox va a nacer como una corrección en materia de valores: un PP auténtico, antes de su reposicionamiento en la internacional de la derecha identitaria, por donde sopla el aire de los tiempos. Así, mientras una rara discusión llevaba a FAES a acusar a Vox de “corromper el conservadurismo”, la prensa ha tenido que corregir el tiro aceleradamente para subrayar que la derecha dura ya no es el nuevo punk sino nada menos que el nuevo pop. Como a la izquierda radical, a la derecha dura la Transición tampoco le sirve para nada: véase su ausencia en los fastos monárquicos de estos días. El 20 de noviembre de 2000, Josep Ramoneda se quejaba de un aniversario “rodeado de indiferencia ciudadana”. Veinticinco años después, no diremos que es un homenaje oblicuo, pero Franco ha regresado con fuerza a la conversación del presente. Durante mucho tiempo, cuando la extrema derecha miraba al pasado, citaba a Franco y se encomendaba a la retórica de Blas Piñar, no ganó un solo voto. Ahora utiliza TikTok para hablar del futuro y la derecha tradicional todavía no ha encontrado el modo de pararla.

sábado, 4 de abril de 2026

Por qué México debería pedir perdón... a los indígenas

 [Transcripción corregida por el bloguero de Isaac Moreno Gallo, Por qué México debería pedir perdón, en TouTube, 25 mar 2026. Enlazar para poder ver los diagramas visuales:]

Bueno, amigos, pues hoy me apetece hablaros de México después de España. Y sí, porque aquello fue España antes de ser un país llamado México. 

Esto, por desgracia, se desconoce mucho en la propia España. Porque uno entendería que se desconociera en otros países: no es su historia, no es su problema; pero se desconoce en España: en mi generación no nos enseñaron prácticamente nada de esto, pero que nada: ni del alcance geográfico que tuvo aquella España en América, ni de otras cosas semejantes. 

Pero, como ya he hecho capítulos de ese México antes de España, de la conquista de México, porque tenéis uno que tenéis que ver obligatoriamente allí al principio en la lista de reproducción de La romanización de América, que la llamé así, uno titulado Bernal Díal del Castillo es uno de los prohombres que escribió la historia de aquella conquista, es muy interesante. Otro sobre Bernardino de Sahagún y, ya si queréis saber más cosas, hay otro sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otro sobre Orellana, La aventura de Orellana

Pero los que más afectan a este que hoy vamos a tratar son los dos primeros, Bernal Díaz del Castillo y Bernardino de Sahagún, porque ambos dan una descripción preciosa y precisa de cómo fue aquella conquista y la formación de aquellos territorios para la corona española en aquel momento, en el siglo XV. Lo cierto es que, aprovechando la invasión francesa, los momentos políticos convulsos que vivía la España peninsular con Fernando VII, pues los criollos que formaban la élite de aquellas sociedades hispanoamericanas, influidos por las nuevas ideas revolucionarias de la Ilustración, de lo que había ocurrido en Estados Unidos, de lo que había ocurrido también en Francia, decidieron que había llegado su momento y, ayudados por potencias extranjeras, y también por ideologías secretas extranjeras, la Masonería sobre todo, que influyó muchísimo en todos ellos, decidieron emprender unas batallas de emancipación que se convirtieron verdaderamente en guerras civiles, allí, en aquellos territorios americanos. 

Bueno, los acontecimientos, finalmente, pues, llevaron a que aquellos territorios se independizasen y sobre todo se fragmentasen y, como vamos a ir viendo, se empobreciesen  extremadamente. Eso es lo más triste. Pues lo cierto es que, de los virreinatos que se habían formado en América, el de la Nueva España era probablemente el más potente, y hoy hubiese sido uno de los territorios más ricos del planeta si se hubiese conservado en la extensión y en la forma en la que estaba. 

Porque la Nueva España fue realmente la joya de la corona española y tuvo una potencia económica global, que se puede decir así, entre los siglos XVI y XIX, tanto en agricultura como en minería como en el comercio. Ojo al galeón de Manila, una red comercial que se estableció con Oriente, con Filipinas, con China, donde una moneda global aceptada por todos los países, que era el real de ocho, un real de plata, que era el dólar realmente, convirtió efectivamente a aquel imperio español en una globalización económica de la que se han hecho incluso películas últimamente al efecto y que muchos españoles están descubriendo porque es que realmente lo desconocían, que no nos lo enseñaron en la escuela (es una cosa verdaderamente misteriosa). Es decir, que económicamente y financieramente el Imperio Español conectaba Asia, América y Europa. El único que hacía eso. A través del puerto de Acapulco, desde Asia, se traían especias, se traía seda, se traía porcelana, se traía muchísimo tipo de mercancías y se llevaba plata porque había que pagarlo. Se llevaba el real de a ocho. En la Nueva España, las haciendas se convirtieron en grandes centros de producción agrícola, maíz, trigo, caña de azúcar, etcétera. Ganado bovino, ganado ovino, ganado equino que se había llevado desde Europa, desde España. Y todo eso abastecía a todas las minas reales que había en ese momento, donde se estaba explotando la plata fundamentalmente y a las ciudades que crecieron de una manera impresionante.

Precisamente la ciudad de México, México D. F. hoy en día, fue uno de los centros urbanos más ricos e influyentes de toda la época virreinal. Alexander von Humboldt describió México a principios del siglo XIX como una tierra de inmensa riqueza natural y contrastes sociales. Acuñando el término de Ciudad de los Palacios, quedó deslumbrado por México, resaltando su belleza y su modernidad científica. un hombre que era alemán, explorador, venía de Berlín, conocía París, conocía Londres, conocía toda Europa. Y México le pareció lo mejor del mundo, la ciudad de México. Escribió mucho sobre su visita a México entre 1803 y 1804 y afirmaba: "Ninguna ciudad de América, sin exceptuar los Estados Unidos, puede exhibir instituciones científicas tan grandes y sólidas como Ciudad de México." Humboldt también afirmó que los mineros mexicanos eran los mejor pagados del mundo, recibiendo entre seis y siete veces más salario por su labor que un minero alemán. ¡Ojo al dato! Esto revienta el mito de la esclavitud, de la explotación etcétera porque ningún indígena, ningún nativo de las etnias americanas era esclavo. Estaba prohibido por ley y así era. Allí no trabajaban esclavos, trabajaba gente asalariada. Y lo dice el propio Humboldt, que lo vio con sus propios ojos. 

Aún dijo más. El agricultor indio era pobre, pero su situación era mucho mejor que los campesinos del norte de Europa, destacando la ausencia de esclavitud en comparación con otras colonias que él conocía, porque conocía colonias inglesas, colonias francesas, incluso los Estados Unidos ya emancipados y la esclavitud era atroz en todos esos sitios. Y aquí habla de ausencia de esclavitud. Según sus palabras, había una gran felicidad de vida y una notable abundancia en los recursos, señalando que, a pesar de la desigualdad, la situación de la población de Nueva España era superior a la de muchas partes de Europa. Evidentemente, en México había desigualdad, porque había mucha riqueza. Por lo tanto, había una gran parte de la población rica, una clase media relativamente escasa y habría muchos pobres, claro. ¿Y en qué ciudad de Europa, en qué capital del mundo en ese momento ataban los perros con longanizas? En ninguna. Absolutamente en ninguna. Llegó a considerar incluso que la Nueva España, lo que hoy conocemos por México, y mucho más territorio que ya desapareció, estaba en ciertos aspectos más avanzada y mejor desarrollada que otras provincias españolas, encontrando en ella además una riqueza cultural notable, señal de que había dinero. Porque el dinero llama a la cultura, nunca ha sido de otra forma. 

Quedó impresionado por la riqueza artística de la capilla del Rosario en Puebla. ¡Ojo, que como estas iglesias había muchísimas en Ciudad de México y en otras ciudades, porque se fundaron hospitales, lo sabéis, se fundaron universidades por todo lo que fue la Nueva España y otros virreinatos que dependían de España! Las catedrales, las iglesias tenían una riqueza que no tenían las iglesias ni catedrales españolas, porque el oro y la plata que se extraía de allí, quedaba fundamentalmente allí, y con eso se pagaba todo esto. De hecho, la denominó a esta capilla de Puebla, a esta capilla de la Virgen del Rosario, como la octava maravilla del mundo, debido a la espectacular decoración cubierta de lámina de oro, reflejando el esplendor y la habilidad artística de aquella época, porque se quedó deslumbrado ante esa capilla. Ahí está "el oro que nos robaron los españoles", como dicen entre comillas, que "se llevaron el oro". Pues todo eso que acabo de mencionar no fue gratis, evidentemente. ¿Cómo será la cosa, que hoy México es la séptima potencia mundial en producción de oro?

Saca unas 140 toneladas de oro al año. Pues bien, España, en 300 años, trajo en calidad de impuestos el quinto real, 185 toneladas en monedas, que venía ya en monedas, de toda América, no de México, de toda América, de todas sus posesiones en América, como os digo, como los pagos de los impuestos. Un dato que figura en el Archivo de Indias, es decir, que México produce en un año el mismo oro que se trajo los españoles en 300, en 300 años. El resto está allí, por supuesto, el resto que se extrajo en aquella época, que era muy poco. Y, hoy, para la cantidad de oro que producen y que sacan, y la riqueza que sigue teniendo el país, a pesar de las enormes pérdidas que tuvo después de la Independencia, "pues podría lucirles más el pelo", como dicen en mi pueblo. En fin, que como los criollos evidentemente ambicionaban todo esto, que no los indígenas, que no fueron los artífices de la Independencia, absolutamente no, para nada. Aunque, sí, de la conquista. Ojo, porque la conquista no la hicieron los españoles. Ya lo digo en los capítulos que he tratado de esto y que os he mencionado. Los artífices de la conquista de todo México y prácticamente de toda la España americana fueron los indígenas. En el caso de Mesoamérica, los tlaxcaltecas sobre otras etnias y otras tribus, porque fueron los más numerosos, los que llevaron la voz cantante, y los que luego gozaron de privilegios gracias a ello. Orgullosos además de esto durante toda la vida. Ahí está el Lienzo de Tlaxcala, donde ellos narran todas las vicisitudes de la conquista, cómo participaron ellos, cómo ellos fueron los que conquistaron Tenochtitlán, porque así es, o sea, el número de tlascaltecas y de otras tribus como cholultecas y otros aliados, pero sobre todo de tlaxcaltecas respecto a los españoles, era entre 100 y 200 a uno. Los españoles pudieron poner la estrategia, la inteligencia de algunos puntos de la batalla, porque sí, los bergantines que se echaron a la laguna, pues fue idea de Cortés, y otras cosas, pero los que allí se batieron el cobre, los que conquistaron Tenochtitlán fueron los que más ganas tenían de hacerlo desde hacía décadas, los tlaxcaltecas. Y, como decía Díaz del Castillo, "a pesar de los esfuerzos que nosotros poníamos, no conseguíamos que dejasen de matar a la gente cuando cayó Tenochtitlán", porque les parecía una salvajada lo que estaban haciendo los tlaxcaltecas con la gente ya rendida y medio muerta de hambre que estaba saliendo de Tenochtitlán, los estaban masacrando, pero no podían evitarlo, porque es que eran 2000 en ese momento los españoles, incluidas todas las tropas de Pánfilo de Narváez que se habían sumado a ellos. Y hablamos de 100.000 o 200.000 tlaxcaltecas, y otros indígenas aliados que deseaban desde hacía mucho tiempo borrar del mapa a los mexicas. Ya sabéis, era el imperio dominante en ese momento, la triple alianza del lago Texcoco, que bueno, pues apenas unas décadas antes, se habían merendado a decenas de miles de enemigos, sobre todo los tlaxcaltecas, habían tenido una guerra recientemente con ellos, y las consecuencias de esas guerras eran escuchar los gritos de los suyos, cómo les sacaban el corazón en vivo para ofrecérselo a su dios, tirarlos por las escaleras abajo y luego comerse los despojos de lo que quedaba allí. Sí, de la forma ritual que quieran ustedes. Sí, todo eso era un rito y efectivamente eran costumbres que a los españoles le parecieron feas y se las quitaron. Sí, hay que reconocer eso. Verdaderamente sí que le quitaron a los indígenas esas costumbres, pero lo que es el oro muy poquito. 

El caso es que allá en las primeras décadas del siglo XIX empiezan los movimientos revolucionarios y bueno, en principio los protagonistas son Miguel Hidalgo y José María Morelos. Estos nombres, que en México evidentemente se los sabrán de carrerilla, porque en el relato histórico que le enseñan en sus escuelas pues son los libertadores o algo así, habrán puesto un calificativo parecido a esto. En España no los conoce nadie, absolutamente nadie. Por eso lo quiero decir, por lo menos, ya que estos capítulos van a todo el mundo que habla español, pues por lo menos que sepan que han existido también. Desde luego, según varios historiadores, todo apunta a que ambos eran masones, es decir, estaban de nuevo influidos por esa ideología muy asociada también en aquellos momentos a la Ilustración y a los movimientos revolucionarios que estaban agitando el mundo. De hecho, en la propia Ciudad de México apareció una logia que se llamó Arquitectura moral, a la que parece que estos dos pertenecieron, estos y otros tantos participantes en estos movimientos. Evidentemente no ha quedado documentación de que esto sea así, porque eran sectas secretas, como siguen siendo.

O sea, los masones no van por ahí con un sello en la frente diciendo: "Yo soy masón." Y, en aquella época, la Inquisición los tenía vigilados, además allí, en México, porque sabían que eran muy anticatólicos y que podían conspirar en cualquier momento contra la Iglesia. De hecho, todos los movimientos que salieron de allí y los gobiernos fueron muy anticlericales después, probablemente pues en venganza, ¿no? Esa especie de venganza ideológica, de decir estos estaban con el rey, estaban con la Península, por lo tanto, pues, son nuestros enemigos. A pesar de la creencia tan arraigada en la población y el catolicismo, me refiero. Más adelante vinieron otros gobernantes, como por ejemplo Benito Juárez ya en 1840, un hombre acérrimamente anticlerical, que echaba pestes contra el clero, a excepción de Miguel Hidalgo, que lo tenía puesto en un altar, porque Miguel Hidalgo era cura, era un sacerdote, pero para él Miguel Hidalgo era el único cura que se salvaba en el mundo. Los demás tenían que pasar pues por la horca o algo parecido. Bueno, Benito Juárez fue el primer presidente indígena que tuvo México y, curioso, porque además de ser muy anticlerical, tenía unas fobias importantes dentro del mundo indígena.

Él creo que era de un pueblo zacateca. Los zacatecas también habían colaborado, la mayoría de ellos, con los españoles en los momentos de la conquista. A pesar de lo cual, él odiaba a los trascaltecas sin paliativos. Los odiaba. En un discurso que hizo allá en 1840 en la ciudad de Oaxaca, dice literalmente, y como es cortito os lo voy a leer en la literalidad, en un párrafo:

Roma, que en los bellos días de su República se había hecho la señora del universo y modelo del valor y de las demás virtudes sociales (pues mira, prácticamente lo que había pasado con España y toda la Nueva España y toda América, pero en este caso habla de Roma) se vio después humillada a los pies de sus emperadores y al fin destrozada por las armas de la barbarie. (Vaya, parece que está hablando de ellos mismos, ¿verdad?) Porque entonces cada cual de sus hijos procuraba sus propias comodidades y cada cual se abandonaba a la más vergonzosa apatía. (Efectivamente, el egoísmo de cada región de América exactamente se tradujo en esto. Está hablando de Roma, pero es como si hablase de ellos mismos, literalmente. Pero a continuación dice): México, poblada de 1000 naciones guerreras y por la misma naturaleza defendida, recibió la ley de un puñado de aventureros. (Habla de españoles, porque los viles tlaxcaltecas prefirieron una rastrera venganza al honor nacional. ¡Vaya, pobres tlaxcaltecas! Dice "México poblada de 1000 naciones guerreras", eso es lo que era, 1000 grupúsculos de etnias guerreras. Omite evidentemente en estos discursos que se sacaban el corazón en vivo y se comían los unos a los otros. Eso es lo que eran las 1000 naciones guerreras.

Porque, en el relato histórico que crearon los independentistas, mitificaron todas estas culturas. Todavía hoy los indigenistas las mitifican y engañan a la gente con cosas que no han sido, evidentemente. Y a estas tribus que estaban en la edad de piedra y tenían unas costumbres atroces, las ponen como si hubieran estado a punto de llegar a la Luna, si no es porque llegaron los españoles. Y también dice: "Y prefirieron una rastrera venganza al honor nacional." Pero, ¿de qué nación? ¿De qué honor nacional habla si acaba de decir en la frase anterior que estaba poblada de 1000 naciones guerreras? Desde luego, si era el honor nacional de Tlaxcala, evidentemente pelearon por él.

Por eso se aliaron a los españoles. No había ningún otro tipo de nación antes de los españoles. En fin, que después de calificar de esta forma a los tlaxcaltecas, dice, prestaron su funesta alianza al invasor de Castilla, que también los subyugó en premio de su perfidia y egoísmo criminal. Pues no, no les subyugó. No solamente no les subyugó, sino que participaron con ellos en la conquista de muchísimos territorios de toda América y hasta de Filipinas. Y hasta lucharon contra los piratas japoneses en Filipinas porque estaban en todos los lados, los trascaltecas, y hasta en la conquista del Perú hubo tlaxcaltecas y se les dio premio y se les dio privilegios de nobleza y podían portar armas de fuego y podían montar a caballo, cosa que a no todas las etnias se les concedió porque, a los que habían sido derrotados por la guerra, eso nunca lo tuvieron. Y hasta territorios y pueblos en el norte, en lo que hoy es Estados Unidos, poblaron los tlaxcaltecas. Así que miente, miente totalmente en estos párrafos. Pero es un discurso patriótico en el que está creando un relato y, normalmente, en esas épocas de 1840, todos los que lo escuchaban sabían menos que él, así que se tragaban lo que oían. Lo cierto es que, si el mundo indígena sufría cierta desigualdad y había un clasismo importante dentro de lo que era la Nueva España y en el resto del mundo, es porque eso se omite cuando se habla de esta forma. Ojo, después de la Independencia de México en 1821, durante todo el siglo XIX, la mayoría de los historiadores consideran que es el periodo más devastador para las comunidades indígenas, las comunidades originarias. Porque tras la salida de España de allí como Reino, los criollos en el poder consolidaron un Estado nacional que buscó precisamente homogeneizar a la población a costa de la identidad y de las tierras indígenas, lo que supuso prácticamente la destrucción de aquellas etnias. Se les despojó de las tierras comunales, y a continuación de la independencia; no antes, a continuación

Se forzó a muchos indígenas a convertirse en mano de obra barata, o cuasi esclavos, en las haciendas, cosa que no había ocurrido antes porque tenían sus tierras y las trabajaban y sacaban de ellas lo que podían. En el momento que se las quitaron, pues tuvieron que emplearse a muy bajo precio, prácticamente esclavos de los criollos, y de las haciendas grandes que estaban en posesión ¡como no! de los criollos. Hubo auténticas guerras de exterminio, que llamaron de pacificación. Así, entre comillas, se llevaron a cabo auténticas campañas militares violentas para someter a los pueblos que se sublevaban ante esa situación, especialmente en el norte del país, como fueron las famosas Guerras apaches en 1849, poquito después del discurso del señor Benito Juárez. Y esto se hizo bajo un lema que existió como tal, que no quede ni un apache, una auténtica campaña de exterminio. Hablé de las guerras apaches en estos episodios que os he citado al principio. Ahí podéis profundizar más. Y lo mismo ocurrió con algunos levantamientos en el sur, que fueron aplastados sin piedad. Y, todo esto, en un amplísimo territorio que hasta ese momento había estado pacificado y con una estabilidad envidiable, como decían los viajeros europeos. El propio von Humboldt, por si no creen a los historiadores, pues ahí tienen un señor imparcial que visitó aquello y que era alemán, no era español.

Lo cierto es que el racismo estructural se impuso precisamente a partir de entonces, porque si las leyes españolas protegían a los indígenas y promocionaban el mestizaje desde los tiempos de Isabel Católica, cuando se descubrió aquello, a partir de entonces todo cambió radicalmente y las leyes, por supuesto, se abolieron, aparecieron una nueva Constitución y unas nuevas leyes. Se impuso una visión criolla que consideraba a la cultura indígena como un obstáculo para el progreso y la modernidad. Exactamente eso. Y esto pues resultó en la supresión sistemática de las lenguas y de las costumbres nativas.

En la educación se dejó de impartir la lengua indígena, la lengua náhuatl, que era la mayoritaria allí. Vamos, que los pueblos indígenas fueron marginados del proyecto de nación que estaban creando estos señores después de la independencia. y sus derechos territoriales y culturales pues desaparecieron.

Precisamente el periodo que se conoció como el Porfiriato en honor a uno de los gobernantes, Porfirio Díaz, continuaron esa política de despojo y asimilación, convirtiendo el siglo posterior a la independencia en una etapa infernal de presión sobre las comunidades originarias. Tanto es así que aunque la lengua náhuatl era la lengua franca y más hablada en el altiplano central a inicios del siglo XIX, sufrió una drástica disminución en sus hablantes en comparación con aquel periodo virreinal del que habían salido. De hecho, hasta los indígenas han disminuido el número.

Precisamente el nuevo estado mexicano adoptó el español como la lengua oficial y de prestigio, asociando modernidad y ciudadanía con su uso. Entonces los propios indígenas se automarginaban, veían que se convertían en parias si seguían hablando náhuatl. Nada de esto había ocurrido en el virreinato. De hecho, a mediados del siglo XIX, según leo en algunos estudios, pues la necesidad de conocer las normativas y leyes impuestas por el Estado, que estaban todas en español, por supuesto, llevó a los propios hablantes de náhuatl a aprender español para interactuar con la administración. Es decir, si ya no hablabas español, no eras nadie, cosa que no había ocurrido en ese momento, donde el clero, los administradores y todos en la Nueva España hablaba el náhuatl porque tenían que entenderse con la mayoría, la gran mayoría que seguía hablando náhuatl. Mientras que en 1821 el 70% del total de la población hablaba lenguas indígenas, en la actualidad esa cifra ha bajado aproximadamente al 6,6% de la población total. Pues esa es la diferencia del trato indígena en todos los sentidos y del respeto a su cultura, etcétera, etcétera. Ahora sí, el malo es España, no los que gobernaron después de España, no, España.

Es la estupidez que este tipo de relatos que se han impuesto allí y hasta aquí en España, pues hay gente que se lo cree. Pero, bueno, es la debilidad de un país en constantes guerras civiles, que es lo que ocurrió después de su Independencia: continuamente hubo guerras civiles de todo tipo, y ocasionó que el primer enfrentamiento serio que tuvieron con los Estados Unidos les costara pues más de la mitad de su territorio, nada menos, porque en la guerra de 1846 a 1848, en apenas dos años, tuvo que ceder 2,4 millones de km cuadrados a Estados Unidos, porque los EE. UU., en una serie de batallas y de conflictos, vencieron a México directamente. Llegaron a entrar en la capital de México, y fue una de las condiciones que pusieron para acabar la guerra (y para marcharse de la capital de México, que, si hubieran querido se habían quedado con México entero). Pasa que ya les debió de dar hasta vergüenza. Dijeron, "Bueno, vamos a hacer un tratado, el famoso tratado de Guadalupe Hidalgo", que se llama así. No solo eso, después de este tratado de Guadalupe Hidalgo, y en 1853, tuvieron que hacer una venta adicional de más de 100.000 km² en el sur de Arizona y Nuevo México, el famoso tratado de Mesilla. Esto tuvo un impacto económico y social desastroso para México. La infraestructura minera y agrícola fue realmente destruida en estas guerras. El país se sumió en una inestabilidad política interna severa. Lo que os digo: guerras civiles continuas.

La famosa moneda virreinal, el real de a ocho, pues por supuesto ya desapareció. Dejó de ser la moneda de cambio internacional, al contrario, pasó a ser el dólar. Se reemplazó por el dólar de plata, porque para eso Estados Unidos había ganado la guerra y la hegemonía en todo el territorio. Y de esta manera, pues México perdió inmensas riquezas, mineras, petroleras, agrícolas, California, Texas, etcétera, y además, poco antes de que comenzase el famoso auge del oro, el oro de California, que también fue  tras de las riquezas que Estados Unidos se lanzó a por ella. Entretanto, ya habían tenido una guerra también con Francia, la Guerra de los pasteles que llaman (1838-1839) con unas reclamaciones económicas que hubo un bloqueo de los puertos, etcétera. México se vio forzado a pagar una indemnización de 600,000 de aquel entonces, que fue una pesada carga para aquella nación tan joven como era aquel México. Pero la segunda intervención francesa fue devastadora, 1862-1867. Benito Juárez, del que ya hemos hablado, decidió suspender la deuda externa en 1861 porque no la podían pagar. Estaban endeudados desde el momento de la independencia. Les había ayudado mucha gente y les habían endeudado hasta arriba, como ocurrió con todos los países hispanoamericanos. Eh, algunos todavía deben de estar debiendo dinero. Hablamos ya del siglo XXI. Y entonces Francia lo que se le ocurrió es, si no me pagan, pues invado México. Lo invadió e impuso un emperador, Napoleón III y allí estableció un imperio, pues aliado de Francia con un emperador que pusieron ellos. Unos 30.000 soldados franceses ocuparon todo el país para que esto se llevase a cabo. Por supuesto, se destruyeron las vías férreas, se atacaron multitud de infraestructuras e instalaciones, una guerra de 5 años que tuvo un impacto económico atroz, verdaderamente atroz. Bueno, pues entre una cosa y otra, México salió de una guerra para entrar en otra hasta llegar a la famosa Revolución mexicana de la que todo el mundo habrá oído hablar, aunque solo sea como el que oye llover, aunque no conozca más detalles precisos, porque en España no se conoce, ya os digo, nada sobre este asunto. Se inició el 20 de noviembre de 1910 y duró hasta el año 17. Esto empezó bajo una dictadura conocida como el Porfiriato, que antes he mencionado, en el que Porfirio Díaz Mori ejerció el poder en el país de la manera más dictatorial que se le ocurrió desde 1876 hasta 1911, 35 años. No le fue mal con esta dictadura, porque México por lo menos se estabilizó y prosperó bastante, pero cuando estalló la revolución todo se echó a perder, una guerra civil de las peores que ha tenido pues en casi todos los países del mundo.

Se estima que entre 1910 y 1920 causó entre 1 y 2 millones de muertos directamente, además de unos 3,4 millones que también murieron pues por hambrunas, emigración, la pandemia de gripe de 1918 que les pilló el medio de todo esto y la disminución de la natalidad porque el país pues echó a perder, como quien dice. En fin, que finalmente el país se fue estabilizando y cuando acabó la guerra civil, pues bueno, no se sabe muy bien si en el año 17 cuando se proclamó una Constitución o en el año 24 ya con la presidencia de Plutarco Elías Calles, o en 1928, que es cuando se asesinó al reelecto presidente Álvaro Obregón. Pero bueno, llegó el momento que la guerra se acabó, no por mucho tiempo, porque como todos los gobiernos habían sido muy anticlericales y la propia Constitución era anticlerical, al contrario que el pueblo que seguía teniendo una profunda raíz católica, pues esto volvió a provocar nuevos conflictos, como fue, por ejemplo, la Guerra Cristera. La guerra cristera, os lo resumo entre el año 192 y 1929, pues fue precisamente a raíz de una ley, la ley de calles de este presidente anterior que he dicho que buscaba limitar el culto y el número de sacerdotes. Y esto pues generó un profundo descontento entre los católicos, quienes vieron esto como una persecución religiosa. Y el caso es que se formaron milicias y empezó una nueva guerra civil. Pues bueno, un levantamiento armado de la población católica, pues al grito de ¡viva Cristo Rey!, que os sonará de otras cosas, pero esto empezó allí en la famosa guerra cristera de México. En ese momento el adoctrinamiento gubernamental era lo que se podría llamar comunista, es decir, además de anticlerical. Y eso, pues a los pocos que todavía tenían eh propiedades rurales, aunque ya las tierras comunales se habían perdido en gobiernos anteriores, como os he dicho, pues siguió siendo un motivo de conflicto importante y sumó muchos adeptos al movimiento cristero que igual no eran tan católicos, pero eran propietarios y es que el gobierno les quería rasar por todos los lados. En fin, que aquello acabó con una especie de mal acuerdo entre la Iglesia y el Estado y acordaron la reanudación del culto, pero sin cambiar la Constitución de 1917 ni la Ley de Calles, que realmente eran las leyes que estaban prohibiéndolo o limitándolo. Y de esa manera, pues los cristeros, lo que eran las milicias, fueron desarmadas y dejaron de recibir el apoyo de sus obispos, que de alguna manera eran los directores espirituales de aquel conflicto. Esto se tradujo en que cientos de líderes y excombatientes cristeros fueron asesinados por el gobierno tras entregar las armas. Esto es lo que se llamó la Traición cristera. Claro, los cristeros en ese momento consideraban que tenían ventaja militar sobre el ejército federal y esto fue una decepción terrible para ellos. De hecho, hubo una nueva rebelión allá en el año 31 al 41, todavía ya muy reciente, ¿verdad? Justo ya casi acabó con esto con la Segunda Guerra Mundial, ya sin muchas consecuencias porque les había diezmado a todos los primeros que se revelaron por este asunto. En fin, que estamos dando un repaso muy rápido a los 200 años más o menos que llevan después de la independencia de España. Contra aquellos 300 años de esplendor, de desarrollo y de riqueza, que eso está comprobado además de los testimonios, ¿verdad?, de viajeros y de otro tipo.

Pues bueno, a partir de aquello, ya resumiendo mucho, apareció el Partido Revolucionario Institucional, el PRI que ha gobernado pues durante 70 años y que después pues ha sido sucedido con algún impaz por otros partidos como está ahora el MORENA, etcétera, ¿no? Partidos que para el pobre México pues se han identificado mucho con el desvío de recursos, crimen organizado, enriquecimiento ilícito de funcionarios. Ha habido muchos gobernadores del PRI señalados por abusos de poder y desfalcos, por ejemplo ¿no? Como Javier Duarte, Tomás Yarrington, César Duarte, cada uno en un estado, Chihuahua este último, etcétera, Roberto Borge. La historia del PRI es bastante oscura.

Luego aparecieron los cárteles de la droga, también muy ligados a este partido, amparados por él, según decían allí, según dicen los historiadores. Bueno, pues ya estamos a finales del siglo XX. El caso es que el PRI en algún momento perdió las elecciones, cosa que también debían de manipular. También hubo quejas sobre este asunto y con algún impase en el poder, porque perdieron el poder, pero volvieron en 2012, en el 2018 de nuevo volvió a haber otro escándalo en el que perdieron toda la credibilidad y de alguna manera, pues el heredero de aquel partido institucional, porque es lo que era, vamos, que se ancló en el poder durante décadas, casi un siglo, pues puede ser este famoso movimiento de regeneración nacional que se llama MORENA, que ya sabéis que ha tenido los dos últimos presidentes, el famoso López Obrador y Claudia Sheinbaum, uno de ellos de procedencia española y la otra con todos sus abuelos de origen judío y procedencia centreuropea. Vamos, que tiene la misma sangre indígena que tengo yo, o sea, ninguna. De nuevo, con las mismas sombras, con las mismas acusaciones de corrupción, de connivencia e incluso amparo de los cárteles de la droga, el de Sinaloa, etcétera. Incluso establecieron una política de abrazos y no balazos. Bueno, pues sí, a besos van a acabar con los cárteles de la droga, casi seguro.

Faltaría más. En fin, que hay una serie de escenas intensas que hoy solamente se pueden ver en ese querido país que es México, que certifican claramente que estamos ante un estado terriblemente disfuncional, porque es probablemente el único sitio en la actualidad en todo el mundo en el que algunas madres tienen que recuperar a sus hijos de la forma más lamentable posible. Y eso se debe precisamente a los gobiernos mexicanos, a los últimos de las últimas décadas, desde que estas costumbres criminales aparecieron hasta la actualidad. En fin, que la historia de México después de la independencia no es precisamente brillante. Podía haber sido mucho mejor. No sabemos que podría haber sido si todavía fuera España, pero lo cierto es que entre los fisreinatos compartían recursos y en algún momento dado también hubieran compartido defensa. Y a pesar de muchos momentos y traspiés que tuvo aquella historia que posibilitaron en gran medida la independencia de México, pues como por ejemplo la traición de Rafael del Riego, el militar español que cuando había concentrado tropas el rey para luchar contra los independentistas allí en México y en Sudamérica en general, pues decidió que lo mejor que podía hacer era ir contra el rey, contra el propio Fernando VII, un rey que parece que no ha sido muy querido y que no se sabe si podría haber hecho algo más para evitar esto. Pero en todo caso es que le crecieron los enanos porque esto fue un palo muy duro. Destituyeron al rey incluso. Pero claro, había una alianza en Europa para evitar nuevas revoluciones como la de Napoleón y los famosos Cien mil hijos de San Luis, que fueron los que entraron en España, pues acabaron con Riego y con todo su movimiento y volvieron a poner al rey.

Eso sí, en el entretanto habíamos perdido todos los territorios americanos como consecuencia de también este masón, porque todos estos militares tenían prácticamente órdenes de las logías masónicas que evidentemente estaban luchando contra España en ese momento, porque casi todas eran inglesas y francesas, es decir, respondían a intereses extranjeros. Y así es como un territorio hoy que perdió más de la mitad del territorio del norte, un territorio que olía a petróleo ya en ese momento de una manera brutal. Los Estados Unidos se lo están aprovechando porque es su yacimiento petrolífero. Pues no sé si alguien debería pedirle perdón a él o es él ese Estado mexicano el que tendría que pedir perdón. Ya no digo a España, pero por lo menos a los mexicanos, porque menuda ruina que les llevó con la riqueza que heredaron. Se encontraron un país inmenso y riquísimo, a huevo, y lo echaron a perder. Y la culpa vienen a decir en su relato que es del que estaba antes. Aguántales. Y qué decir del propio nombre del país, México. Pero si la etnia mexica quedó muy diezmada después de la conquista de Tenochtitlán. Fue minoritaria. Si acaso la que se expandió y la que procreó y la que ocupó prácticamente todo el país fueron los tlaxcaltecas. ¿Cómo es que México no se llama Tlaxcala o La Gran Tlaxcala y no México? 

Hasta en eso es un auténtico disparate. Pero hay que leer los relatos de los políticos y de los historiadores de aquel momento, principios del siglo XIX, cómo desvirtúan todo esto para montar una historia y convencer a los que en ese momento les podían leer, incluso los posteriores, de que los hechos habían sido completamente diferentes o incluso lo contrario a lo que realmente había ocurrido. Ya sabéis, la historia es un relato, pero los hechos son otra cosa, pero en este caso es que es de lo más sangrante. Bueno, amigos, pues esto es todo lo que os quería contar del México después de España y de por qué creo que México debería pedir perdón por lo menos a los mexicanos que se lo merecen, que hagan un comunicado oficial el Estado mexicano pidiendo perdón a los mexicanos por haberles arruinado el futuro más brillante que en ese momento tenían aquella región de España. Hasta otra vez, amigos.