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sábado, 3 de octubre de 2026

Los diarios de España de lady Holland

[No existe edición completa ni en inglés ni en español de los Cuadernos de lady Holland, sino solo extractos. Este es uno de tantos, tomado de Memorias hispánicas]

Mucho antes de que España se convirtiera en una superpotencia turística mundial que acoge a millones de turistas británicos cada año, unos pocos intrépidos ingleses se atrevían a explorar un país que veían exótico. Una de esas viajeras fue lady Holland, mujer con carácter, curiosa y metida en la política que viajó a España entre 1802 y 1804. 

Elizabeth Vassall nació en Londres en 1771, siendo hija única de un rico propietario de plantaciones de Jamaica. No recibió una educación formal, pero de forma autodidacta devoró libros por su deseo de aprender cosas nuevas, lo que la convirtió en una mujer culta. En 1794 conoció en Italia al que se convertiría en su segundo marido, Henry Richard Fox, III Lord Holland, un noble contrario a la esclavitud, a la discriminación de los católicos ingleses y próximo a los ideales democráticos de la Revolución francesa. Era sobrino del ministro de Exteriores de Gran Bretaña y miembro de los whigs, los liberales que gobernaban el país. Él hizo que dejase de sentirse sola, y su gusto por la lectura hizo que los dos poco a poco se enamoraran. Tras quedar embarazada de él fue a Inglaterra a divorciarse, cosa que no consiguió hasta que el Parlamento británico lo aprobó en 1796. Tuvo que  pagar un elevado coste social y patrimonial y la pérdida de la custodia de los hijos que tuvo con su primer marido, un miembro de la nobleza terrateniente que le sacaba más de veinte años. A diferencia de sus primeras bodas concertadas, tuvo un matrimonio muy feliz con Henry. Sin embargo, pocos años después su hijo Charles estuvo a punto de morir por el duro invierno inglés. Como era habitual en aquella época, un remedio recomendable era viajar a un país con un clima más cálido, así que España era perfecta para ello. Pero ese no fue el motivo decisivo para viajar a nuestro país, porque podrían haber gozado de un clima muy similar yendo al sur de Francia o Italia, algo que habría sido más sencillo porque conocían bien sus lenguas y eran países mucho más frecuentados por las clases altas británicas. Eligieron España por el interés de lord  Holland en la literatura del Siglo de Oro. Henry publicó el primer estudio en inglés sobre Lope de Vega en 1806, y ya en 1793 había hecho un viaje a España y había ganado una reputación entre los círculos ilustrados y liberales españoles. Ese es otro ángulo importante del viaje: los Holland tenían amplios contactos que les facilitaron el ir a eventos y el hospedaje en casas de nobles. La experiencia  habría sido muy distinta para un inglés don nadie. Los Holland pasaron de Inglaterra a la Francia de Napoleón y visitaron al emperador tras la firma de la Paz de Amiens. Pasaron unos meses Viajaban con sus dos hijos y su médico, además de algunos sirvientes anónimos y unos escoltas que en ocasiones alcanzaban la veintena. Estos fueron efectivos en disuadir a algunos ladrones y bandidos que se encontraron. La pareja entró en España por la Junquera, en la frontera catalana, el 7 de noviembre de  1802. No viajaban con un destino final en mente ni con prisas, sino que viajaban en carruaje y  pasaban largas temporadas en unas mismas zonas. En este primer viaje entre 1802 y 1804 principalmente  estuvieron por Cataluña, Valencia, Murcia, Andalucía y Madrid, antes de regresar a su país por mar a través de Portugal. Su larga estancia de dos años completos en España, más de la prevista inicialmente, afectó a la economía familiar y a la carrera política de Lord Holland, pero Henry era más erudito que político y la guerra entre Francia y Gran Bretaña hizo difícil el regreso. Extractos de su libro de viajes, en forma de diario:

29 de diciembre de 1802. Son tan pocos los que viajan sin que tengan negocios, que los forasteros no encuentran nada preparado para su recepción o alojamiento. Embajadores y comerciantes son los únicos extranjeros y cada uno va a su destino. Los nativos que se desplazan lo hacen generalmente por negocios o por deber, bien a sus fincas (esto por desgracia raramente) o a sus parientes, por lo tanto no sienten la necesidad de una casa donde alojarse o de un carruaje para llevarles, mientras que el viajero que llega a una ciudad para un par de meses debe gastar lo mismo que si fuera a quedarse diez años, amueblar y comprar los muebles de una casa desde un taburete hasta un asador. Conseguir un carruaje es casi imposible, a menos que se compre en su totalidad. 

5 de abril de 1803. Cenamos en la Venta del Rey,  edificio espacioso y principesco; en los establos  pueden ser acomodados seiscientos caballos, mulas,  etc. Las habitaciones son buenas, pero allí,  como en todos los establecimientos españoles,  cuando se pregunta qué tienen para comer, la  respuesta es "lo que ustedes hayan traído.

16 de febrero de 1803. Los informes de  las carreteras son mucho más favorables de lo que Swinburne y otros viajeros hacen a uno imaginar; que hay poco peligro que temer, aunque muchos pequeños inconvenientes que encontrar como infames posadas de gitanos, y ladrones en la forma de contrabandistas que roban obligándote a comprar a un precio exorbitante su rape y artículos de contrabando.

13 de mayo de 1803. Cenamos en Puebla de Osuna, la posada era limpia; en el patio había  montones de raíz de palmito para quemar. Vimos allí a un hombre que había sido robado por cuatro hombres a caballo en el bosque por el que íbamos a pasar a Arahal. Después de estar en guardia durante aproximadamente una legua, distinguimos bajo la sombra de un árbol grande, a un hombre bien armado y montado, sentado sobre su caballo como si estuviera atento  esperando a la presa en la carretera para avisar al resto de su tropa. Confieso que durante unos diez minutos estuve completamente aterrorizada, incluso lord Holland consideró enigmática  su aparición; sin embargo, pasamos sin ser molestados, aunque no desapercibidos.

5 de septiembre de 1803. Ha habido grandes fracasos por toda la Península en la cosecha de cereales, especialmente en Sevilla y Portugal. Ayer había solamente cuatro mil fanegas de trigo en Madrid, y de no haber sido por un  afortunado abastecimiento esta mañana, habría habido una conmoción en la ciudad. El pan está carísimo; muchas panaderías han sido atacadas. Estos últimos diez días las calles  están infestadas de ladrones que roban, insultan e incluso quitan la ropa a los que atacan.

Septiembre de 1804, Valladolid: La dieta de los campesinos consiste en sopa por la mañana, hecha de pan, aceite, ajo, sal y agua. Pan, cebolla y vino al mediodía; y su olla por la noche, en la que se añadía cerdo, res y cordero según la estación del año, garbanzos, calabazas y repollo. Su pan está hecho de harina excelente, aunque espeso y compacto. Su vino es fuerte y saludable. Cada familia fabrica telas para su propio consumo, y las modas son tan invariables y, sin embargo, la variedad de estas manufacturas domésticas es tan grande, que los habitantes de un  pueblo se distinguen fácilmente de los de otro por la tela con la que se visten. Los molinos y hornos  se incluyen entre los derechos señoriales aquí, como en otros lugares, pero al no ser  objeto de quejas, no constituyen agravios. 

8 de noviembre de 1802. Nada de interés en Mataró, pequeña y encantadora población, llena de vida, fábricas y energía. Di unas vueltas y experimenté lo que nunca hubiera creído de no haberlo hecho, la extremada mofa, burla y menosprecio con que se trata a una mujer que no viste según los dictámenes de la moda española.

13 de noviembre de 1802. Conseguí unas enaguas y mantos negros para parecer lo menos extranjera  posible y a falta de carruaje me eché a andar  por las calles para buscar casa, pero, encontrando imposible conseguir una, decidimos aceptar el muy amable ofrecimiento del Sr. Stembor de dejarnos su villa en Sarriá, aldea a unas 3 millas de distancia de Barcelona.

30 de mayo de 1803. Aniversario de la conquista de Sevilla por San Fernando. Recibimos  una invitación de la Maestranza para ir a su palco a ver la función en la plaza esta tarde. Declinamos ir a su palco, porque en honor al príncipe de Asturias, es necesario ir con traje de etiqueta; por consiguiente iremos con don Francisco. […] Siguiendo el consejo de don Francisco fui en traje de española en vez de ir a cuerpo; la consecuencia fue que cuando llegué a la plaza, en vez de ir como esperaba a un palco particular, me llevó al principal de la Maestranza  donde todas las mujeres se habían vestido con sumo gusto. A decir verdad, nunca me había sentido  tan apurada, porque yo era la única en mantilla. Sin embargo, no se podía hacer otra cosa, y Charles y yo entramos a condición de que nos dejaran sentarnos tan atrás como yo quisiera. La etiqueta española excluye a los hombres, por consiguiente estuve metida entre un  rebaño de féminas filisteas; sin embargo, eran extremadamente corteses y solícitas. Están tan poco acostumbradas a los extranjeros, que son desagradables en un aspecto, el de la  lengua; porque por cortesía hacia ellas, en vez de simplemente responderles en francés o italiano,  me esforcé en contestar en español; ante cualquier fallo de mi mal acento o pronunciación se echaban a reír bulliciosamente. No tenían intención de ofenderme; era sólo una falta de buenos modales como consecuencia de su descuidada educación. A ver, la verdad es que cuesta no reírse al oír a un británico hablar en español,   pero siempre desde el cariño y aprecio de que al menos se esfuercen en aprenderlo. Mucha más intolerancia he experimentado al revés

29 de diciembre de 1802. De la sociedad  sólo puedo darme una idea imperfecta, pero los españoles me dan la impresión de ser notablemente francos y afables. No tienen el cautivador refinamiento de los franceses, pero por otro lado parecen exentos de mala idea; excesivas habladurías. Las mujeres no tienen gracia sin su mantilla; dejan que su voz alcance tonos altos, pero parecen disfrutar de la conversación,  que animan frecuentemente con salidas de humor e incluso de ingenio. Diferentes de las italianas en muchos aspectos, se les parecen en lo que un crítico austero podría llamar la característica de todo su sexo, la de hacer el amor, única ocupación de sus vidas.

2 de diciembre de 1804. Muy impresionada, desde que entramos en Portugal, por la excesiva disimilitud entre los españoles y los portugueses. Estos últimos son, en general, torpes en su porte y toscos, por no decir francamente feos, en sus rasgos. En lugar de la reserva majestuosa del español y de su frialdad a veces repulsiva, cuya curiosidad nunca es impertinente ni su cortesía está teñida de mezquindad, nos vimos con frecuencia molestados por la curiosidad descarada del populacho portugués, tan intrusivo como los franceses, aunque sin poseer ni una pizca de su alegría ni buen humor. A menudo nos disgustaba la cantidad y servilismo de sus saludos, que no iban dirigidos a nosotros, sino a nuestro carruaje.

15 de noviembre de 1802. Odiosa como me parecía mientras vivíamos en el centro, debo admitir con tranquilidad que Barcelona es una ciudad muy hermosa, llena de magníficos edificios públicos y el paseo más elegante que jamás haya visto en ningún otro sitio. Las fortificaciones se conservan bien y así es posible ir en carruaje alrededor de toda la ciudad; las Ramblas, un largo paseo recto en la ciudad, es por costumbre el más frecuentado, aunque ésa es su única recomendación. La Muralla de Mar es la más agradable, pues mira al mar, domina el puerto y vistas de Barcelona y Montjuic, pero los dominicos y otra gente bien de esa índole han descubierto, con el gusto que les caracteriza en estos asuntos, los méritos de la situación y por consiguiente han construido su convento allí. La Academia es un magnífico  palacio; fue utilizado como tal por el príncipe de la Paz que se alojó en él con su amante y el Gran Inquisidor; ¡curioso trío!

19 de diciembre de 1802. En el puerto de Tarragona encontramos al Sr. Smith, que por su apellido es de origen inglés, pero es español de nacimiento. Es el ingeniero principal y nos mostró el muelle que ya es ahora una obra grandiosa y que será magnífica una vez terminada. Se adentra en el mar un tercio de milla inglesa y va a tener justo el doble de longitud. El trabajo lo hacen los condenados a galeras, verdadera cadena en otros tiempos, que siguen vistiendo de verde por ser el color más ofensivo a los moros que lo reverencian y reservan para sus soberanos y para los que se consideran primos del profeta.  

17 de mayo de 1803. Es algo muy alegre ver el movimiento y la animación de Cádiz; es la ciudad mejor pavimentada, iluminada, construida y más limpia que puede verse.

25 de mayo de 1803. Entramos en Sevilla por la puerta de Jerez. Las calles son extremadamente estrechas, por muchas partes nuestros carruajes apenas podían pasar, resto de las costumbres de los moros cuyas ciudades están construidas de ese modo a causa del calor que así es más eficazmente  evitado. […] Por la tarde fuimos a la catedral, un edificio magnífico, y a la Alameda, orillas del Guadalquivir, etc. El muelle ya no muestra a la ocupada muchedumbre que lo atestaba cuando toda la riqueza de América entraba a raudales, y Sevilla era el mejor emporio de Europa.

4 de junio de 1803. La iglesia de Córdoba está mal  conservada, el suelo es malo y está roto; casi me dio la impresión de que a pesar de las frecuentes demostraciones piadosas el prejuicio contra el motivo original por el que se erigió seguía existiendo, ya que la gente no tiene ningún respeto por lo sagrado del lugar. Los mendigos son numerosos, los perros están por allí, y un pequeño y sucio carro fue arrastrado a su través.

18  de noviembre de 1804. Las calles de Talavera de la Reina son estrechas,  pero no tan torcidas como en la mayoría de los pueblos antiguos, están aceptablemente pavimentadas y, para ser un pueblo de Castilla, no están excesivamente sucias. La mala gestión policial en los pueblos castellanos en cuanto a  la limpieza es curiosa; nunca vi nada comparable a su suciedad, sobre todo porque en casi todas  las demás provincias los pueblos destacan por su pulcritud y limpieza. Las casas, e incluso algunos  edificios públicos, son de ladrillo, lo que les da un aspecto muy descuidado; sin embargo, algunas  de las iglesias principales son de piedra. 

6 de enero de 1803. El chocolate es una bebida tan favorita que es tan regular a las ocho como lo es el té en un pueblo del campo en Inglaterra. Es el desayuno más corriente también; un español inveterado lo toma tres o cuatro veces al día.

19 de marzo de 1803.  La gente se divirtió con un pasatiempo singular, curioso por su antigüedad. José, patrón de los carpinteros, hizo juguetes y objetos  durante la infancia de Cristo para distraerle. Esta circunstancia la perpetúan los carpinteros  de Valencia haciendo grandes figuras según su gusto y capricho que se exhiben durante el día y se les pega fuego y queman por la noche. […] Es que no hay nada más difícil  en España que obtener una explicación de una vieja costumbre. O las personas a las que se  pregunta la ignoran, o en vez de contestar a la pregunta emplean el tiempo en preguntarse cómo puede interesarse uno en tales cosas.

2 de junio de 1803. En Carmona Pasamos por una plaza de madera pequeña y cuadrada para los toros; el tamaño, sin embargo, está mejor calculado para agradar a los que gozan viendo sangre, pues todos los espectadores pueden disfrutar de todos los retortijones de dolor de los animales sin perderse ningún gemido o jadeo. Puedo comprender con más facilidad el afán y entusiasmo inspirados por un auto-da-fe. Allí se excita la pasión contra el infiel reincidente o hereje obstinado que, o no quiere ver la verdad o se ha alejado de ella; se satisface la venganza mientras se infligen los tormentos. Pero el toro, el caballo, ¿qué han hecho?

8 de noviembre de 1802. Los pueblos tienen un aspecto de lo más alegre, ya que en honor de la visita del rey a Cataluña han retocado, encalado y limpiado sus casas. Hay abundancia de bellos arbustos. Justo antes de Gerona encontramos varios buenos carruajes y mulas rollizas, que, como todas las cosas buenas de España, pertenecían a la Iglesia; su carga eran unos gordos canónigos.

7 de diciembre de 1802. Fui con Madame Blondel, que llevaba ropa de hombre, el uniforme de un  general, a ver a las monjas de Santa Clara;  aparecieron en el locutorio, que tiene una reja doble. Su atuendo es espantoso, en lugar del tocado plisado blanco que tanto favorece a las monjas francesas e italianas, llevaban alrededor de la cara algo feo de estambre de punto amarillo; el hábito es de tela negra. Pobrecillas, fingían una resignación que no podían sentir. ¡Cinco de seis hermanas habían sido metidas a la fuerza en conventos por su padre!

Septiembre de 1804. Los conventos de Valladolid obtienen sus principales ingresos de los  diezmos, aunque también cuentan con casas, y algunos poseen tierras; estas tierras siempre se cultivan por cuenta propia y, en general, están mucho mejor cultivadas que cualquier otra tierra. Los conventos de monjas, aunque muchos de ellos contaban con una rica dotación en su origen o fundación, se encuentran actualmente en situación de pobreza debido a que sus fondos han sido malversados por los administradores.

10 de diciembre de 1802. El ascenso a Montserrat es muy difícil e incluso doloroso. Es escarpado y los escalones están cortados en la roca con tanta distancia entre sí, que lo hacen un trabajo de lo más fatigoso; a pesar de todo, a los cuarenta minutos llegamos a la primera ermita. El propietario actual es un asturiano que lleva residiendo allí 21 años; al preguntarle si le gustaba una situación tan alta, puso los ojos en blanco y dijo que vivía con la esperanza de ser elevado a otra más alta, queriendo decir  el cielo. Parecía un hipócrita ignorante; no me dejaba entrar en sus apartamentos. […] En la bajada, nos adelantó el padre Ruiz, una de las personas a quienes habíamos sido recomendados. Tenía los modales de un hombre de mundo y mostraba más inclinación a vivir en él que a seguir las reglas de san Benedicto. Al hablar de los ermitaños dijo que estaban muy bien porque tenían libertad al no tener ningún superior que les controlara; que se sentían independientes y nunca venían al convento donde deben someterse a reglas estrictas, excepto cuando estaban debilitados por la extremada vejez. Aunque era tan tarde y mucho después de la hora de mostrar el santuario, el padre Ruiz bajó y ordenó a los sacristanes que estuvieran listos con lámparas para mostrarnos el tesoro. […] Lo que más me divirtió de toda la colección fue la  figura de plata de un teniente general de unas 6 pulgadas de tamaño con una bala sujeta por una cadena. Esta ofrenda votiva es tan reciente como la última guerra (hace unos tres años) en que este tonto militar resultó herido (de muerte, creyó él) a no ser por la intercesión de la Virgen y al recuperarse hizo esta ofrenda a su altar. Todos sonreían, monjes y hermanos legos, mientras se narraba esta historia.

13 de abril de 1803. Mujeres notablemente guapas,  hombres sanos y robustos en Orihuela; muchos, o ciegos, o casi ciegos por la violenta inflamación de los párpados, enfermedad muy común por toda España y atribuida a la viruela. Casi se puede asegurar que de cada cien, diez están o totalmente ciegos o ciegos de un ojo, debido a los estragos de ese funesto mal. Me alegra mucho saber que la vacuna ha ganado terreno, incluso en el campo; los curas la aconsejan antes que incurrir en el riesgo de otro contagio.

12 de marzo de 1803. Se ha hecho pública  en este país la bula papal por medio de los periódicos franceses y está suscitando mucha emoción. Deposita en el príncipe de la Paz el poder de suprimir la proporción de instituciones monásticas que juzgue oportunas para que el país prescinda de ellas.

8 de abril de 1803. Además del mayorazgo y otras malas instituciones, una de las mayores rémoras contra el avance de España es la Mesta, código de leyes que concede privilegios casi ilimitados a una compañía que posee los rebaños de merino. […]  La Mesta la forman personas poderosas y cuerpos eclesiásticos. Impiden la compra de tierra para labranza; todas las tierras cultivadas sin licencia desde 1590 deben ser para pastos. Sus rebaños vagan sin control por todo el reino.

[La pareja de hispanófilos ingleses había leído la Historia general de España de Juan de Mariana, las Partidas de Alfonso X, o el Compendio cronológico de la Historia  de España de Juan Antonio Pellicer, al que conoció y elogió por arrojar dudas sobre Pelayo y la batalla de Covadonga. Pudo aprovechar su condición de turista noble con excelentes contactos para ver libros y manuscritos antiguos en bibliotecas  eclesiásticas y nobiliarias. Incluso pudo leer el inédito manuscrito de la expedición científica  de Alejandro Malaspina.] 

16 de febrero de 1803. Lord Holland está ocupado escribiendo la vida y un estudio de la literatura de Lope de Vega; yo leo un poco de español, pero lleno mi tiempo principalmente examinando con una aprensión melancólica el avance de la enfermedad  de mis ojos. […] Hasta ahora siempre pensé que no había nada más pedante que decir que Don Quijote no podía disfrutarse fuera del original. Nada es tan verdadero, y a esta afirmación debe añadirse que no puede ser así a menos que el lector conozca España, sus costumbres, maneras, aspecto de sus habitantes, sus tonos de voz, indumentaria, gestos, seriedad, modos de sentarse sobre sus burros, conducir sus carruajes; sus ventas, posadas, utensilios, recipientes para licores, pieles, etc. En inglés lo consideré un trabajo monótono y burlesco; ahora lo considero, sin excepción, la creación más divertida del ingenio humano. Es el único libro que ha excitado mi facultad de reír porque cuando lo leo no puedo evitar romper a fuertes carcajadas.

6 de enero de 1803, Valencia. Comimos con el Capitán General; está jubilado, como la mayoría en ese cargo. Su apellido es Caro, su mujer es guapa e interesante, y, comparada con él, joven. Ella es su sobrina; él es el hermano mayor de su padre, extraña alianza incestuosa, pero una a la que son aficionados en este país y que puede explicar la degeneración de los Grandes que se casan entre sí de generación en generación. Los psicólogos consideran necesario un cruce para mejorar la raza.  […] Se cuentan historias de una singular malformación de sus hijos; sus dos hijos mayores fueron bautizados primero como hembras y luego como varones, pero su sexo es todavía dudoso.

16 de febrero de 1803. La notoriedad de los amores de la reina es tal que es un tema de conversación bastante común entre los arrieros. Hasta ahora todas las clases sociales desaprueban el ascenso del príncipe de la Paz y atribuyen su subida al verdadero motivo.

14 de junio de 1803. La reina llamó a su  hijo favorito, el infante don Francisco, un niño guapo y vivo con un parecido de lo más escandaloso al príncipe de la Paz.

6 de noviembre de 1803. Los madrileños llaman al príncipe de la Paz El Bonducani, apodo del Califa ante el cual todos se doblan, obedecen y tiemblan. El día del besamanos, las damas estaban todas en la cámara de fuera y se acercaban al aposento de la reina, pero en el centro del cuarto estaba el príncipe de la Paz de pie jugando con el perrito de la reina; las damas no se atrevían a pasar. La reina, impaciente  y sorprendida con la demora, pidió al rey que mirara, y éste, viendo el impedimento, dijo  riéndose: ‘No pasarán delante del Bonducani’.

24 de noviembre de 1803. Es imposible saber de verdad cuáles son los vínculos entre él y la reina. No le hace caso, la ha insultado y se ha apoderado de la confianza del rey, independientemente de la influencia de ella. Y sin embargo, ante la más leve presión por impopularidad o por interferencia francesa ella lo apoya con eficacia.  

domingo, 13 de septiembre de 2026

Historia de la vida nocturna en España

 Golfos y señoritos: así se sale por la noche en España desde hace un siglo, en La Razón, Ulises Fuente, 30.09.2025:

Un libro profusamente documentado llena un vacío historiográfico: ¿cómo era el ocio nocturno y por qué en nuestro país se sale más que en ningún otro lugar del mundo?

Con nuestras costumbres y modos de vida tendemos a caer en el presentismo, como si fuera nuestra generación la que ha inventado el mundo. Pensamos que lo que vivimos es nuevo, único y que se desenvuelve ante nuestros ojos como una primavera. Pero casi ningún aspecto de nuestra cotidianeidad es así. No lo es en cuestiones políticas, históricas, gastronómicas y, por supuesto, tampoco en una de nuestras mayores aficiones colectivas como españoles: salir por la noche, una actividad plagada de controversias en la que somos campeones mundiales... desde hace mucho tiempo. Sobre este asunto la historiografía no ha prestado la debida atención, pero un libro del historiador Juan Carlos Usó viene a documentar el vacío de esas noches infinitas.

La historia puede escribirse desde muy atrás, pero el volumen comienza cuando el ocio nocturno se mercantiliza, es decir, cuando llega el alumbrado eléctrico. Esas luces de neón -bueno, entonces no lo eran- que nos siguen cegando. “Elegí ese momento porque la electricidad –antes las calles se alumbraban, pero con gas- permite la iluminación de los locales y que los tranvías -que antes eran de tracción animal-, pasen a estar electrificados. Eso favorece el desplazamiento a lugares alejados. Y así llega la mercantilización del ocio nocturno -también el diurno, claro-: el ocio se convierte en un producto de mercado y eso marca el punto de arranque de mi trabajo”, dice el historiador, autor de "Historia del ocio nocturno en España" (El Desvelo Ediciones). Desde finales del siglo XIX hasta la tercera década del XX, Madrid y Barcelona duplican su población más allá del millón de habitantes. Las capitales son, al fin, ciudades “modernas” pero también urbes de miseria, trabajo inestable y una esperanza de vida de 32 años. Analfabetismo, chabolismo, delincuencia, prostitución... y, al mismo tiempo, cabarets de esmoquin y “belle epoque”.

La vida nocturna era el refugio predilecto de todas las clases sociales. Tabernas, cafés, botillerías y teatros ofrecían una amplia gama de entretenimiento que para muchos resultaba irresistible. La revista “Vida Galante” hablaba de “noctámbulos que se levantaban a las cinco de la tarde para vestirse el frac”, con ilustres tertulianos como el conservador Francisco Romero Robledo o el mismísimo Alfonso XII, que pasó a la historia como un trasnochador. “Heraldo de Madrid” aseguraba a principios del siglo XX que “un 75 por ciento de los madrileños no conocían el sol, sino de oídas”. Esas horas oscuras eran también el caldo de cultivo de un catálogo de actividades y personajes poco edificantes para los guardianes de la moral, que veían imposible la redención de España por este camino. Pío Baroja lo describía así: “Muchos de ellos son esos tipos mixtos de chulo y de polizonte, que se ven a las altas horas de la noche en las tabernas, buñolerías, cafetines, chirlatas y garitos de toda clase”.

En el Madrid de 1900 había censadas 1.437 tabernas y tiendas de vinos en el casco urbano a las que se deben añadir todo el resto de tipologías, que no eran mancas. El famosos Café de Fornos no cerraba nunca. En Barcelona, la cifra llegaba a 2.016 sumando las distintas categorías. La Ciudad Condal era un paraíso: “Allí se inicia la construcción del Paralelo, que tiene el prurito del primer barrio pensado para el disfrute del ocio en general. Es popular desde el principio y allí se ubican los primeros music halls y cabarets. En 1894, incluso se abrió el Bar Automático, que contaba con un dispensador de bebidas con diez grifos de distintas bebidas que funcionaba con una moneda de diez céntimos. El lavado de las copas lo hacía el cliente presionándolas contra un pitón del que manaba agua presión.

El epítome de la nocturnidad eran los cafés cantantes, donde se practicaba la tertulia y se bebía. Se conspiraba, se discutía, se pontificaba y se leían artículos. Se escribían cartas, se escuchaba música, se citaba a las amantes. Se jugaba al dominó y al billar, se mezclaban ilustrados y los sinvergüenzas. En muchas ocasiones, los cafés cantantes explotaban “el sentimiento de orgullo racial que impregnó la conciencia de gran parte de la sociedad española tras la Guerra de la Independencia”, una corriente literaria, cultural e ideológica conocida como casticismo, “en oposición al pensamiento ilustrado, tildado de afrancesado”, que reivindicaba lo propio: el majo, el castizo, el flamenco, el bandolero. Así es como el flamenco arraiga en Madrid ya en 1820: en el Café del Gato, por ejemplo, actúan los más destacados cantaores.

Aunque en estos lugares el rey era el tinto o el morapio peleón, en los cafés cantantes a la vuelta del siglo XX era frecuente el consumo de drogas, ya que el opio, la morfina, el láudano, el éter, la cocaína, el hachís, y otros compuestos eran dispensados libremente en farmacias hasta 1918 como analgésicos, ya que o existían medicamentos alternativos: “Ten en cuenta que el ácido acetil salicílico, la aspirina, no se generaliza hasta los años 30. El único analgésico conocido es el opio y sus derivados. Si tienes un dolor duro, tienes que ir al opio, láudano o morfina. Y yo no conozco a nadie que no haya padecido algún dolor severo en su vida. Eran de uso generalizado. Y la cocaína era el anestésico local. La única manera de calmar un dolor de muelas o de encías era aplicando cocaína. No había otra cosa...”. Así que no era de extrañar que pronto surgieran los detractores de los cafés cantantes: la nocturnidad sacaba de quicio a gobernantes como Raimundo Fernández-Villaverde, gobernador civil de Madrid del Partido Conservador, que trató de imponer horarios de cierre de forma infructuosa. Como él, muchos otros políticos y autoridades trataron de reformar las costumbres, dado el enorme catálogo de altercados diarios. El flamenco pronto quedó asociado a esa bajeza moral y enfermedad contagiosa, tanto, que se acusó al Barrio Chino de Barcelona de corromper el catalanismo.

No fueron pocas las voces ni las autoridades que trataron de poner fin a este desfase, con Antonio Maura a la cabeza, que puso al Café de Fornos, que abría 24 horas, en su objetivo. Una noche desalojaron a la clientela –entre la que se encontraba Valle-Inclán y Jacinto Benavente, que fue detenido- y en las aceras entre las calles de Alcalá y Peligros, un inmenso gentío se rebelaban ante las autoridades con sorna chistes alusivos a la mentalidad puritana del dirigente. La polémica generó un encendido debate periodístico entre reformadores de costumbres y defensores del cosmopolitismo y la libertad de horarios que se saldó con la derrota de los primeros. “Heraldo de Madrid” publicó este alegato final: “No hay fuerza dictatorial capaz de variar en meses, ni siquiera en años, lo que la costumbre consagró de padres a hijos. En Madrid se come y se cena tarde, y claro es que en tales condiciones la gente se echa a la calle para llenar los teatros”. “La defensa de la nocturnidad tiene que ver con cuestiones no solo relacionadas con el ocio sino con el tipo de vida –dice Usó-. En esos años, había un montón de profesiones nocturnas: el sereno, periodistas (había algunos periódicos que sacaban 5 ediciones diarias), panaderos, conductores de tranvía, taxistas chóferes. Hoy, el mundo laboral está más restringido de noche. Correos no cerraba. Algunos bohemios iban allí a pasar la noche calentitos. Y otro tema perdido es la tertulia, que es una institución que no tenía hora. Había muchas que eran nocturnas. Literarias o políticas. Se hacía mucha vida en la calle porque los estándares de comodidad de los que gozamos en las viviendas hoy eran impensables. Era así, la vida era muy noctámbula. Imagina los calores de más de treinta grados de noche”. No eran, claro, costumbres equiparables a Europa. “No, hasta donde yo sé. En París y en Londres había una importante vida nocturna, pero quizá no fuera tan masiva como en España. Aquí era un hecho más popular y en esas ciudades era más de privilegiados”.

Uno de los períodos más fascinantes para la vida nocturna en España es durante la Primera Guerra Mundial, cuando la “crème de la crème” de la aristocracia europea se va San Sebastián. Su vida nocturna se vuelve increíble. A Barcelona, en cambio, llegan refugiados, espías, saboteadores, aventureros, desertores, prostitutas... una población muy fronteriza. Desde el puerto se comercia con los dos bandos, se hace dinero rápidamente. “Unos Navieros, los hermanos Tallá, compran un barco en Bilbao para desguazarlo unos días antes de empezar la guerra. Cuando llega a Barcelona, que ha dado la vuelta a la Península, ha subido de precio 200 veces. El dinero empezó a circular a toda velocidad y en el puerto y en la Barceloneta no cerraba nada por la noche. Había cabarets sofisticados como el Excélsior, también lugares de "tango y puñalada". Es el momento en que las prostitutas francesas ponen de moda la cocaína y se extiende su consumo. Durante esos años, otra cosa cambia: "Hasta ese momento, si veías a una mujer sola por la noche es que era una prostituta. Pero aparecen las mujeres liberadas, que salen solas o con amigas sin tener esa condición. Los tiempos empiezan a cambiar".

Las autoridades no pudieron contener las costumbres tampoco durante la República o incluso la Guerra Civil, cuando el miedo empuja a miles a vivirla. El franquismo impuso una mentalidad nacional católica, pero llena de resquicios en cualquier ciudad. En los 80, la explosión de la cultura juvenil no tuvo parangón en nuestra historia. Hoy, todavía, algunos intentan que nos vayamos a la cama temprano. No parecen estar consiguiéndolo.

Los duelos en España

 Duelos de honor en la España contemporánea, en La Razón, Jorge Vilches, 30.08.2026 

El libro «A primera sangre», de la historiadora Raquel Sánchez, cuenta la longeva práctica en nuestro país, qué incitaba a estos desafíos y por qué se terminaron

En octubre de 2015, Manuel Fernández-Monzón, general retirado y ex portavoz del Ministerio de Defensa, retó públicamente al actor Willy Toledo a «un duelo a muerte» por unas declaraciones ofensivas hacia la Virgen del Pilar y la Fiesta Nacional. Por supuesto, el actor no aceptó el envite y siguió insultando. Hace 200 años, el asunto no se hubiera saldado así. Durante los siglos XIX y XX, ese mismo desafío habría movilizado a padrinos, médicos y periodistas hacia un descampado al amanecer para presenciar el duelo. En esas centurias, España vivió bajo una paradoja: mientras la burguesía se entregaba a una «justicia privada» que las leyes prohibían, la sociedad y los propios legisladores aplaudían el duelo porque era una cuestión de honor. Era un tiempo en el que la honorabilidad no era una abstracción o algo intrascendente, sino el pilar fundamental de la reputación personal que se defendía con la sangre en las tapias de los cementerios o en las dehesas.

Raquel Sánchez, catedrática de Historia en la Universidad Complutense, ha publicado un libro muy entretenido y documentado sobre esta cuestión, que desentraña una de las facetas más desconocidas del apasionante y largo siglo XIX: «A primera sangre. Duelos de honor en la España contemporánea» (La Esfera de los Libros). La autora señala que el duelo hunde sus raíces en las ordalías o juicios de Dios de la Edad Media, donde se creía que la divinidad intervendría para salvar al inocente en el combate. En España, esta tradición se codificó tempranamente en los fueros locales y en las Siete Partidas de Alfonso X, que regulaban el reto entre nobles, siempre bajo la mirada del rey.

La historia nos ha dejado nombres grabados en acero. En 1434, el caballero leonés Suero de Quiñones protagonizó el famoso «Paso Honroso» en el puente de Hospital de Órbigo. Por amor a una dama que no le correspondía, juró romper lanzas contra todo aquel que intentara cruzar el puente. Fue el cenit del ideal caballeresco que luego Cervantes satirizaría. En el Renacimiento, el duelo se suavizó gracias a la influencia italiana, adoptando reglas más complejas. Surgió entonces la figura de Diego García de Paredes, el «Sansón de Extremadura», un hombre de dos metros de altura que, bajo el mando del Gran Capitán, no dudaba en cortar la cabeza a quien osara llamarle traidor, como le ocurrió al capitán Cesare Romano. Fue en esta época cuando la palabra «duelo» (del italiano «duello») empezó a sustituir a los viejos términos de «lid» o «desafío». Incluso el emperador Carlos V llegó a retar al rey de Francia, Francisco I, tras la traición de este a los tratados de paz, aunque el combate nunca llegó a celebrarse.

Madrid, capital del desafío

El caballero burgués del siglo XIX se tomaba el duelo como una liturgia. Como bien subraya la historiadora Raquel Sánchez, el protocolo era lo que legitimaba la violencia. El proceso comenzaba con la ofensa, que los tratados como el del marqués de Cabriñana clasificaban con precisión: leves (impertinencias), graves (injurias y calumnias) y gravísimas (vías de hecho, como una bofetada o un bastonazo). Tras la ofensa, se activaba el mecanismo de los padrinos. Su misión primera era buscar una reconciliación. Si la diplomacia fracasaba, pactaban las condiciones: el arma, la distancia y la gravedad. Las armas blancas, especialmente el sable, eran las preferidas por los puristas porque requerían destreza física. La pistola, en cambio, era tildada a menudo como «el arma del cobarde» porque igualaba al experto con el novato, dejando el desenlace en manos del azar. Existían reglas para evitar que se ocultaran protecciones bajo la ropa, los duelistas debían, si el tiempo lo permitía, desnudarse de cintura para arriba. En caso de usar pistola, se preferían las de ánima lisa (cañón no rayado) para reducir la precisión y evitar que cada duelo terminara en entierro.

Madrid fue, sin duda, cuenta la autora, la capital española del desafío. Los duelistas buscaban lugares discretos para evitar a la policía, que solía hacer la vista gorda pero estaba obligada a intervenir si el escándalo era público. Las tapias del Retiro vieron lances como el del escritor Julio Nombela, quien a los 24 años se batió a pistola con Antonio Fabiani por unas burlas ante las actrices de su compañía. Nombela, que jamás había cogido un arma, disparó a ciegas entre el humo de la pólvora y salió ileso, siendo felicitado por su padre por haberse «portado como un hombre». Los duelistas también se citaban en la Dehesa de los Carabancheles. Aquí tuvo lugar el duelo más trascendental de la historia contemporánea española, el 12 de marzo de 1870. El duque de Montpensier se enfrentó a su primo, el infante Enrique de Borbón, quien le había llamado «pastelero francés» en un manifiesto. Enrique murió de un disparo en la cabeza, un suceso que arruinó las aspiraciones de Montpensier de ocupar el trono de España. Raquel Sánchez ha poblado el libro de anécdotas que oscilan entre lo heroico y lo ridículo. Por ejemplo, Vicente Blasco Ibáñez salvó la vida milagrosamente cuando la bala de su oponente, el oficial Juan Alastuey, chocó contra la hebilla de su cinturón. Blasco se indignó al oír silbidos de curiosos escondidos que estaban decepcionados porque no había sangre. Otra: en 1923, los capitanes Alberto Bayo y Eduardo González-Gallarza se retaron a muerte en Madrid. Bayo, que años después entrenaría a Fidel Castro en México, resultó gravemente herido de una estocada.

Para mujeres y niños

El duelo también fue algo femenino, nos cuenta Raquel Sánchez. En 1897, las prostitutas Lolita la de las Canas y Paz de Villavicencio se batieron bajo la estatua del Ángel Caído del Retiro, un suceso que incluso inspiró un sainete lírico. En el ámbito profesional, destacó Teresa Castellanos de Mesa, hija de maestros, que se convirtió en una reputada profesora de esgrima para mujeres y niños en el Madrid de Isabel II. Y es que había auténticos profesionales. En 1905, el maestro de esgrima Adelardo Sanz se batió con el italiano Guido Paleri por una disputa sobre el plagio de una patente de espada. Sanz hirió a Paleri, pero acabó sus días amargado, suicidándose después con su propia careta de esgrima impregnada en cloroformo.

Hubo quien también, como en las películas del oeste, buscaba el duelo para hacerse famoso. Esto fue corriente entre periodistas y políticos que pretendían defender su honor. Batirse era, para muchos redactores jóvenes como Alejandro Lerroux, la vía más rápida hacia la fama. Sánchez recuerda que presidentes del Gobierno como Mendizábal e Istúriz se batieron a pistola en 1836 tras un agrio debate parlamentario. O que en 1850, Ríos Rosas y Luis González Bravo, que lo fueron todo en la política del siglo XIX, saltaron de los escaños al campo del honor tras una sesión tempestuosa. Incluso el conde de Romanones se batió a pistola contra el alcalde de Madrid, Alberto Bosch, tras las protestas por los impuestos en el Mercado de la Cebada.

A principios del siglo XX, el viento empezó a cambiar, cuenta Raquel Sánchez. Surgieron las Ligas Antiduelistas, impulsadas por el infante Alfonso Carlos de Borbón y Mariano de Montoliu y de Rocabruna, Barón de Albi. Apelaban no solo a la religión –la Iglesia condenaba el duelo como un pecado mortal de suicidio y asesinato– sino a la modernidad. Su propuesta central fue la creación de Tribunales de Honor, donde jurados de hombres respetables pudieran dictar sentencias morales que repararan la reputación sin necesidad de derramar sangre. Sin embargo, el golpe definitivo al duelo no lo dieron las ligas ni las leyes, sino la brutalización de la política. Tras la Primera Guerra Mundial, el sacrificio individual por un «punto de honor» perdió sentido. La violencia política dejó de ser un «asunto de caballeros» para convertirse en pistolerismo callejero. El último destello anacrónico se vivió en la posguerra. En 1940, Miguel Primo de Rivera, hermano de José Antonio, retó por telegrama al intelectual José María Pemán por un discurso que consideró ofensivo hacia la memoria de su hermano. El duelo no se celebró porque Franco intervino directamente para sofocar el escándalo.

El duelo, como muestra Raquel Sánchez en «A primera sangre», fue mucho más que una violencia ritual: fue un sistema cultural que otorgaba sentido social a la defensa del honor. Su desaparición no responde solo a leyes o al sentido civilizatorio, sino a la deriva de una sociedad que a principios del siglo XX tomó la violencia y la muerte como partes de la política cotidiana. Hoy, el duelo es un vestigio literario. Sin embargo, su estudio nos recuerda una época en la que la justicia no siempre estuvo en manos de los jueces. Durante más de un siglo, los españoles más influyentes prefirieron confiar su vida al acero o al plomo antes que a un tribunal, convencidos de que el honor era «lo único que el hombre no podía externalizar». Como escribió Larra en 1835: «¡He aquí el mundo! ¡He aquí el honor! ¡He aquí el duelo!». Un drama que se escribía, literalmente, a primera sangre.

Un símbolo del absurdo

►El duelo no fue algo exclusivamente español. Joseph Conrad publicó «El duelo» en 1908, y Ridley Scott lo llevó al cine con el título «Los duelistas» en 1977. La historia narra la rivalidad entre dos oficiales durante las guerras napoleónicas. Todo comienza cuando el teniente Armand d’Hubert recibe la orden de poner bajo arresto domiciliario al teniente Gabriel Feraud, que había herido a un civil en un duelo. Feraud interpreta la detención como una humillación personal y reta a D’Hubert a un duelo, iniciando una cadena de enfrentamientos que se prolongará durante quince años. A lo largo de la historia, ambos ascienden en el ejército mientras continúan batiéndos. La obsesión de Feraud por vengarse contrasta con el carácter más reflexivo de D’Hubert, que preferiría dejar atrás el conflicto pero se ve obligado a responder para preservar su honor. Los duelos, cada vez más peligrosos, se convierten en una leyenda dentro de las tropas napoleónicas, símbolo del absurdo sentido del honor y de la terquedad humana.

viernes, 21 de agosto de 2026

Ed. modernizada de la Historia verdadera de Bernal Díaz del Castillo

 ‘Historia verdadera de la conquista de la Nueva España’: chanchullos, aventuras y rapiñas explicadas por un soldado escritor, en "Babelia", suplemento cultural de El País, por Leonardo Padura, 21 ago 2026:

Bernal Díaz del Castillo, que tomó Tenochtitlán con Hernán Cortes, escribió una crónica clásica en la que dio su versión de la conquista. Ahora se publica adaptada y en español moderno

Alejo Carpentier, profundo conocedor de los orígenes, esencias y comportamientos de la identidad del Nuevo Mundo, autor del concepto identitario que llamó “lo real maravilloso americano” —que además estilizó en su novelística—, afirmó que el “descubrimiento” de América, que se materializa en 1492, era el acontecimiento más trascendente de la historia, pues a partir de este encuentro al fin el hombre tuvo cabal conocimiento del mundo en que vivía. Y es que lo que ocurre a partir de ese instante lo cambió todo. Para todos.

Muchos fueron los revulsivos acontecimientos y fenómenos que se sucedieron desde entonces. Como se sabe, tras el descubrimiento colombino el empeño conquistador transformó drástica y ferozmente la vida de los pobladores originales del continente americano, donde no solo se implantó otra visión del mundo, sino que para hacerlo se emplearon violencias y, como daño colateral, se introdujeron enfermedades, procesos que llegaron a niveles de genocidio, como el que sufrieron las poblaciones aborígenes cubanas, y otras. Pero, por supuesto, la aventura americana también alteró la fisonomía de las sociedades europeas, desde aquellas relacionadas directamente con la acción conquistadora hasta las de las poblaciones que pudieron empezar a saciar sus hambrunas con los diversos beneficios llegados desde la otra ribera atlántica. Recuerden la salvadora patata.

Sin duda, dos de los procesos de conquista más dramáticos que se ejecutaron, atendiendo a la enorme cantidad de transformaciones sociohistóricas que generaron, fueron los ocurridos en tierras de Mesoamérica, habitados por las culturas englobadas bajo los apelativos de mayas y aztecas, y el ocurrido en la parte sur del continente, en el gigantesco imperio inca, el Tahuantinsuyo.

La irrupción provocó un tsunami histórico que alteró el devenir de las culturas originarias, transformadas a sangre y fuego, pues junto con la cruz evangelizadora llegaron los buscadores de riquezas

En todos los casos la irrupción de una civilización que se encontraba en un grado de desarrollo material y cultural tecnológicamente superior, sin duda, y teológicamente en el estadio religioso monoteísta, provocó un tsunami histórico que alteró el devenir de las culturas originarias, transformadas a sangre y fuego, pues junto con la cruz evangelizadora llegó con las hordas invasoras la violencia material de la búsqueda de unas riquezas generosamente halladas por todo el territorio de lo que pronto se llamaría Las Américas.

Tales campañas de conquista y las revulsivas convulsiones que generaron revelarían su importancia histórica —teñida con el asombro de lo apenas concebible, pero muchas veces sustentados por la justificación ideológica de la evangelización que, como una y otra vez se repetía, propiciaría la salvación de tantos infieles ajenos a la religión verdadera—, provocó la escritura de una variada y abundante literatura. En este corpus literario, conocido como las crónicas de la conquista, hubo de todo: desde cartas y documentos más o menos oficiosos —inaugurados con las cartas de Colón a los Reyes Católicos y coronadas con las de Hernán Cortés sobre la conquista de lo que sería el virreinato de la Nueva España— hasta documentos tan indispensables para entender las dimensiones de lo ocurrido como los dos volúmenes de los Comentarios reales, del muy dotado escritor Inca Garcilaso de la Vega, sobre el imperio andino y los acontecimientos relacionados con su caída, seguido (como casi siempre ocurría) por las disputas entre los recién llegados, y la obra del tan memorioso soldado Bernal Díaz del Castillo, enfáticamente titulada Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, que ve la luz en 1632, casi 50 años después de la muerte del autor.

Cuando en los últimos tiempos varios de aquellos sucesos y procesos, ocurridos medio milenio atrás —en otro mundo, en otro sistema de ideas y conceptos epocales—, han vuelto a convertirse en controversia política con ajustes de cuentas incluidos, la editorial Libros del Asteroide ha puesto en circulación la enjundiosa obra de Bernal Díaz del Castillo. Antecedida por un bien documentado prólogo firmado por Jordi Gracia y coronada con un esclarecedor epílogo, escrito por Andrea Martínez Baracs, esta edición fechada en 2026 de la Historia verdadera… se presenta con una arriesgada adecuación. Se trata de una edición a la que, de la mano del especialista en literatura hispánica medieval y renacentista Lorenzo Martín de Burgo, se le ha modernizado el léxico del siglo XVI (“puesta en español actual”) y se le han eliminado o sintetizados capítulos que se consideraban repetitivos o farragosos. El propósito expreso de los gestores ha sido, pues, hacer una pieza clásica más asequible a los lectores contemporáneos.

La atrevida apuesta de modernizar el léxico del siglo XVI podrá acercar a lectores que difícilmente conseguirían verse atraídos por la magnética pero a la vez escabrosa inmersión en este documento

Debatible, por supuesto, puede resultar el ejercicio de los editores y especialistas. Y aunque muchas veces el fin no justifica los medios, yo, particularmente (lectura mediante, con el texto original en mi memoria afectiva), saludo tan atrevida apuesta que, con seguridad, podrá acercar a lectores que difícilmente conseguirían verse atraídos por la magnética pero a la vez escabrosa inmersión en este documento indispensable dentro del panorama histórico de las letras hispánicas y de la historia de una germinal relación de los europeos con el mundo completado con la expedición colombina.

Desde su título mismo esta obra expresa unas intenciones: narrar la que el autor considera la verdad de una historia que ya ha comenzado a ser manipulada por determinados intereses, bien por la falta de información o, en ocasiones, por cuestiones incluso más turbias, como ciertas relaciones de poder y beneficio material e histórico. No es fortuita, entonces, la andanada de dardos lanzados a la Historia general de las Indias, de Francisco López de Gómara, publicada en 1552, unos años antes de que Bernal Díaz comenzara la redacción de su crónica.

Semejante intención resulta adecuada para intentar una sintética valoración de las cualidades de toda escritura histórica. Y es que, si bien esta disciplina se considera una “ciencia social”, lo cierto es que su cientificidad muchas veces queda en entredicho. Porque, para empezar, sobre ella pesa un muy real estigma: la historia la escriben los vencedores (y este es el caso), condición a la que, necesariamente, se le debe añadir su carácter de escritura clasista, sobre la cual inciden los juicios y prejuicios económicos, epocales y, sobre todo, ideológicos de los cuales nunca puede desprenderse el historiador, ni siquiera si proclama que revela la verdad y hasta la documenta.

En este caso es preciso fijar que Díaz del Castillo trabaja con la ventaja de la cercanía física que tuvo de los sucesos narrados pues fue el único de los europeos que participó en las tres expediciones que concretaron el descubrimiento y la posterior conquista del territorio, ya capitaneados por Hernán Cortés, y que terminaría concretando la caída del poder de los mexicas de Tenochtitlán. No obstante, también es necesario advertir la desventaja de su parcialidad, por haber sido, precisamente, actor en los hechos, y aunque escribe su relato con el propósito de establecer una verdad, esta siempre vendrá contaminada con el pecado original de su condición histórica y cultural (su ideología) que le impregnan una visión del mundo, adornada con rasgos intelectuales tan viscerales como la religión.

Uno de los valores literarios más destacables de la obra de Díaz del Castillo radica en su capacidad narrativa para crear tensión dramática a pesar de tratarse de una historia conocida. Y, en el plano conceptual, su mediatizada aunque perceptible comprensión de lo que significó aquella campaña conquistadora. Recordemos que la capital de los mexicas, la ciudad lacustre de México-Tenoch­titlán, albergaba unos 300.000 habitantes cuando París alcanzaba los 200.000. Que era una sociedad muy estratificada, con férreos controles de sus habitantes y despótica con sus vecinos avasallados, pero próspera económicamente y avanzada en muy disímiles actividades humanas. Y de ahí la admiración del cronista ante tanta belleza, opulencia, organización social que recorre toda la obra, y que le permiten afirmar que se pudieron “ver cosas nunca oídas, ni vista, ni siquiera soñadas, como veíamos”, pues “parecían cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadis”, pero sin dejar de justificar, una y otra vez, el carácter civilizador de un proceso que asume como una gran necesidad histórica y espiritual.

Al mismo tiempo, el soldado escritor no esconde la rapiña que animó la tan mentada acción civilizadora. Valdría la pena contar las veces que en su crónica aparecen palabras como oro, plata, riquezas y anotar las quejas por los injustos repartos que de ellas se hacían. Tampoco esconde muchas fechorías de los europeos, estropicios como, entre muchos, la esclavización de los indígenas, marcados a hierro ardiente como bestias, y mucho menos las disputas internas entre los invasores… y, por supuesto, la suerte de expedicionarios como él, cargados con las infinitas cicatrices que sacó de las batallas en las que intervino y que, al final, apenas recibe las sobras de los grandes botines obtenidos.

No es casual que en el tramo final de la crónica, tomada la capital de los mexicanos, ya hace tiempo muerto Moctezuma, incluso asesinado su sucesor, Cuauhtémoc, mientras Bernal Díaz sigue anotando los muchos “beneficios” que ha traído la llegada de los españoles a tierras de idólatras, también relata cómo comienza entre los europeos el vergonzoso festín de chanchullos en que derivó la campaña conquistadora. Y así lo anota Bernal Díaz cuando reflexiona: “Aquí verán cuánta distancia hay de los conquistadores viejos a los recientemente llegados de Castilla, que no saben qué cosa es la guerra de los indios y sus astucias. En esto acabó aquella conquista”.

Pues parece que sí: como siempre, en la historia unos ganan más que otros y algunos se enriquecen. Pero los grandes perdedores no fueron los que no lograron obtener más riquezas ni más indios encomendados. Fueron unas civilizaciones que, por ambiciones y fanatismos propios de una época, sufrieron una catástrofe histórica. Y repito: como siempre, pues ambiciones y fanatismos en marcha tampoco faltan en nuestro siglo XXI, mientras para los lectores de hoy se reedita, modernizada, una historia que se anuncia como verdadera.

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, por Bernal Díaz del Castillo. Antologada y puesta en español actual por Lorenzo Martín del Burgo. Introducción de Jordi Gracia, epílogo de Andrea Martínez Baracs. Libros del Asteroide, 2026. 552 páginas. 24,95 euros

sábado, 8 de agosto de 2026

Juan Manuel de Prada publica el ensayo Una enmienda a la totalidad. Entrevista.

 [Juan Manuel de Prada sin filtros. La verdad que nadie quiere escuchar, 28 de febrero de 2022. En El aullido del lobo, portal o canal de Gonzalo Rodríguez García en YouTube. Entrevista transcrita y corregida por el bloguero]

Capítulo 1: Introducción: Pensamiento tradicional vs. Ideologías modernas.

Venga, esto es El aullido del lobo, un canal para gente que a pesar de todo está decidida ser fuerte, libre e indómita. Si tú no eres una de esas personas, este canal no es para ti. Y hoy para nosotros es un honor tener en El aullido del lobo a Juan Manuel de Prada, un autor cuyas ideas conectan profundamente con las ideas del Aullido del lobo. Pues en todo lo que escribe se trasluce siempre una profunda cosmovisión espiritual.

Nosotros consideramos que sin dicha cosmovisión espiritual el mundo está abocado al nihilismo y la autodestrucción. Recientemente ha publicado este libro que es una maravilla, se llama Una enmienda a la totalidad, pero que además tiene un subtítulo especialmente gráfico. Dice: "El pensamiento tradicional contra las ideologías modernas." No podemos sino adherirnos a esa frase, el pensamiento tradicional contra las ideologías modernas. Bien, pues para empezar, Juan Manuel, un honor tenerte aquí. Muchísimas gracias por atendernos. 

Lo primero sería, ¿cuáles serían los principios fundamentales de ese pensamiento tradicional, de esa doctrina tradicional?

Bueno, un placer estar aquí con con vosotros en este en este lugar también para mí tan querido como es el café Varela, un café con una gran tradición literaria y en tan grata compañía. Gonzalo, bueno, yo creo que más que hablar de principios deberíamos sentar cuál es la base del pensamiento tradicional. 

Capítulo 2: Realismo vs. Idealismo: La base del pensamiento tradicional.

La base del pensamiento tradicional es reconocer la naturaleza humana, y reconocer la realidad de las cosas. Se podría decir que el pensamiento tradicional fundamentalmente es realismo frente al idealismo que creo que caracteriza las ideologías modernas. En el ámbito político sería reconocer un orden del ser frente eh a las ideologías que lo que creen es que el orden del ser puede ser cambiado, manipulado, alterado, transformado mediante ese poder creativo, ese poder creativo que bueno nos está conduciendo hacia barrancos francamente temibles, ¿no? 

Entonces, yo te diría que que el pensamiento tradicional es algo muy modesto, es la observación de la naturaleza propia del pensamiento aristotélico que descubre cuál es la auténtica naturaleza humana. En primer lugar, naturaleza en donde hay un elemento espiritual, un elemento de reconocimiento de lo sobrenatural, pero al mismo tiempo una naturaleza muy con los pies en la tierra. Muy, muy con los pies en la tierra, ¿no? Y yo creo que este es el concepto básico a partir del cual luego ya el pensamiento tradicional se ramifica frente a la visión que tienen las ideologías del hombre prometeico, es decir, de ese hombre que tiene que alcanzar el fuego de los dioses, que tiene que robarlo, y que una vez que tiene ese fuego puede hacer con su naturaleza lo que le da la gana.

El pensamiento tradicional lo que pretende es que el hombre reconozca lo que es, ¿no?, en todos los ámbitos, en el ámbito, por supuesto, antropológico, pero luego también en el ámbito político, en el ámbito cultural, en el ámbito social, etcétera, etcétera. Yo te diría que esta es la base fundamental, ¿no?

Capítulo 3: El hombre prometeico: la rebelión contra la naturaleza humana.

Bueno, pues no puedo estar más de acuerdo. que me ha encantado cómo lo has planteado, porque se acerca a ideas que que yo mismo recojo a veces cuando escribo y digo, "Oye, es que la doctrina tradicional básicamente se basa en ser más realista posible, sin duda, en atenernos a la realidad de las cosas." Y además has dicho una idea muy interesante. Has contrapuesto ese realismo frente a un idealismo que pretende que el ser humano puede a su libre albur modificar el mundo. Entonces, claro, esto me recuerda a la doctrina evangélica, ¿no? "La verdad os hará libres". La verdad de las cosas, el orden del ser, te hará libre. Hay que recordar que en España tuvimos a ZP diciendo: "La libertad os hará verdaderos." Bueno, pero en realidad en realidad esa frase de Zapatero no dejaba de ser eh podríamos decir el lema de la modernidad, ¿no? Que es una rebelión, es una rebelión titánica, como prometeica,¿no? Y que efectivamente le vende la golosina a los seres humanos de que buscando pues una especie de libre desarrollo de la personalidad, es decir, construyendo su biografía, siendo dueños de su destino, van a ser dueños del mundo. 

En realidad es un concepto hegeliano, ¿no? El espíritu del mundo que transforma la historia, ¿no? Esta es una idea, bueno, primero repito, irreal, es decir, el ser humano, la naturaleza humana es la misma desde, no sabemos desde cuándo, pero desde luego los hombres que pintaron las cosas de Altamira eran los mismos que nosotros y lo va a seguir siendo hasta que la raza humana desaparezca de la faz de la tierra, al menos en su en su andadura mortal. Y este concepto, este concepto que tanta rabia le produce a las ideologías modernas, creo que ha conducido a los seres humanos a, bueno, a callejones sin salida o mucho peor, hacia barrancos ¿no?

Capítulo 4: Salud Mental y Vacío: ¿Por qué somos la generación más débil?

Estamos ahora cuando tú te rebelas contra lo que eres, eso tarde o temprano te conduce a la melancolía y autodestrucción.

Y sí, yo lo veo así, es decir, o sea, vamos a ver la cantidad de suicidios que tenemos: autodestruyen los titanes, en los mitos se autodestruyen. Efectivamente la multiplicación que tenemos por ejemplo de los casos de de trastornos psíquicos total es una cosa apabullante. 

Yo tengo amigos psicólogos ya de cierta veteranía, ¿no? que que te dicen sobrecogidos que a lo mejor hace 30, 40 años pues tenían una clientela que casi no les daba para comer y que hoy en día sin sin haberse convertido en psicólogos o psiquiatras de éxito, pero esa clientela la han multiplicado por cinco, por seis, hasta por 10. No se habla de eso suficiente y cómo la salud mental está arrasada en los tiempos que corren. Yo digo que es la época de los seres humanos mentalmente más débiles que ha habido nunca. 

Mira, por ejemplo, una cosa que esto ya puede parecer casi como una como una provocación decirlo, ¿no? Pero, por ejemplo, ese mensaje que se le lanza siempre a los jóvenes de que tienen que hacer aquello que les guste, aquello que les hace felices... La realidad es que en el 95% de los casos a donde les conduce es a la infelicidad y a la frustración. ¿Por qué? ¿Por qué? Porque la capacidad imaginativa humana es incalculable. Y es que yo mañana me puedo levantar pensando que yo podría ser un magnífico astronauta, por ejemplo, ¿no? Porque he visto, no sé, media docena de películas de astronautas y me he sentido muy identificado con los protagonistas, ¿no?

Y entonces voy a volcar mi vida en una cosa para la que primero no tengo aptitudes físicas, no tengo conocimientos eh científicos, acordes de aeronáutica, etcétera, etcétera. Ya, además vivo en un país que no tiene capacidad para financiar mi sueño, ¿no? Eh, entonces, claro, me voy a convertir en un fracasado, en un fracasado. Pero es que además, si sigues prolongando esta estupidez, es que además voy a querer ¿cómo voy yo a querer? ser astronauta, pues me digo, ¿a dónde tengo que ir? Pues tengo que ir a Rusia o tengo que ir a Estados Unidos, ¿no? para ser astronauta, ¿no? Entonces, me voy a desarraigar, voy a romper lazos con con toda mi familia, con todo mi mundo, con todo. Y, al final, bueno, pues evidentemente cuando llegue a la NASA y golpea la puerta de la NASA, me van a pegar una patada en el culo, como es natural. Entonces, yo creo que esto es algo que la gente no entiende y claro, dice, "Ay, ¿qué vida aquella en donde tú nacías hijo de un carpintero y tenías que ser carpintero? Qué asco, tal, no sé qué."

Capítulo 5: La Trampa del Éxito: El fracaso del modelo de felicidad moderna.

 Vamos a ver. El 95% de los hijos de carpinteros que se hicieron carpinteros fueron personas felicísimas. Yo con esto no estoy abogando a que el hijo del carpintero tenga que ser carpintero, el hijo del albañil tenga que ser albañil, no: lo que estoy abogando es para que se tengan que crear unas condiciones de vida, unas condiciones de vida en donde tú asumas lo que eres, es decir, que tú has nacido en este pueblo: pues, hombre, tienes que buscarte novia en este pueblo, tienes que buscarte un oficio que tenga salida en tu pueblo, etcétera, etcétera, ¿no? Que ese mundo ha desaparecido, no ha quedado. Bueno, ese mundo ha sido destruido por aquellos que querían incorporar nuevas formas de vida para su conveniencia. Porque, claro, precisamente cuando vamos hacia un capitalismo global, a ti no te interesa que un señor quiera heredar los suicidios de su padre porque lo va a dignificar. No, no, a ti te interesa que sea un paria, le enseñas un poco de informática, un poco de inglés y lo mandas a Bangladesh a trabajar, ¿me entiendes? Pero claro, esto nos ha acercado a una idea que tenía anotada para conversar contigo y es que, sea, una vez que nos asentamos en esa cosmovisión espiritual de ese pensamiento tradicional, nos damos cuenta de que el mundo moderno es la antítesis de eso, que hemos generado una civilización antitética al pensamiento tradicional. Totalmente: porque no reconoce la naturaleza humana, porque ha creado un concepto falso de libertad que ya no está ligado a la capacidad de discernimiento que el ser humano tiene sobre el bien y el mal y a la capacidad de observación de la naturaleza para descubrir la verdad de las cosas, sino que está ligado exactamente a lo contrario, es decir, a revolverse contra la verdad de las cosas, eh, y a convertirte en un ser en perpetuo estado de insatisfacción y persiguiendo aquellas quimeras que el poderoso de turno te quiere vender, ¿no?

Se podía decir que una sociedad que engorda todo lo que serían los anhelos y afectos del ego. "Me apetece, me apetece, me gusta, no me gusta, quiero, no quiero"... No hay ningún yo esa monstruosidad que hay en la en la Constitución americana, el derecho a la búsqueda de la felicidad, date cuenta,

Capítulo 6: El Derecho a la Felicidad: Una expresión auténticamente "hijoputesca".

que es  una expresión auténticamente hijoputesca, porque no es que te reconozcan el derecho a la felicidad, que esto, por supuesto, sería grotesco, no es como reconocerte el derecho, no sé, a ligar, no es algo idiota, ¿no? O sea, tú "no tienes derecho a la felicidad, puedes alcanzar modestamente la felicidad o algo parecido a la felicidad", pero no, dicen: El derecho a buscar la felicidad. Es decir, te convierten en un zascandil que durante toda tu vida vas a tener que ir buscando la felicidad, buscando la felicidad. Y como no la vas a encontrar nunca, vas a ser un chiquilín emberrinchado que constantemente va a estar pidiendo derechos con que vas a decir, "Joder, yo sería feliz si pudiera pegarle una patada en el culo a mi mujer", ¿no? Y entonces te dan el el divorcio, ¿no? "Yo sería feliz, si pudiera matar a mis hijos", te dan el aborto. Yo podría ser feliz así hasta la locura. Hasta que, al final, como no alcanzas la felicidad, pues dice: "Yo quiero el derecho a que me maten. Quiero el derecho a que me maten porque no he alcanzado la felicidad." Porque ahora soy viejo decrépito, estoy amargado, no soporto el dolor, no tengo quien me acompañe, estoy hecho una piltrafa, no tengo amigos, entonces, sí, quiero que me eutanasien.

Claro. La sociedad neurótica y enfermiza que tenemos.

Yo digo que es una sociedad patógena, completamente disfuncional, donde toda esta perspectiva moderna de la libertad os hará verdaderos, lo que géneros individuos, como estás detallando, que están hechos pulpa. 

Capítulo 7: Sociedad Luciferina: "Seréis como dioses" y la antigua serpiente.

Yo diría, esto es un, yo lo digo así, una sociedad demoníaca o luciferina, es decir, porque de la verdad os hará libres a la libertad os hará verdaderos, hay una subversión y una perversión, ¿verdad? Yo digo demoníaca. Sí, hombre, porque el fondo de esa y el fondo de esa subversión es la vieja promesa, la vieja promesa de la antigua serpiente. No seréis como dioses.

Exacto.

Es decir, si tú te liberas de todo aquello que te coarta, es decir, si le pegas el una patada en el culo a tu mujer, si matas a tus hijos, si cambias de sexo, si te vas de tu pueblo, si reniegas del oficio de tu familia, si rompes los lazos con el mundo, eh, serás Dios, serás autosuficiente, harás lo que te dé la gana. Claro, ese sueño individualista, eh, patético, a pesar de que quería ser grandioso, de Ayn Rand, ¿no? la novelista, ¿no?

Eh, que es eso, el superhombre, el sueño del superhombre. Pues no, no, nadie es un superhombre ni una supermujer. La verdad es que somos seres dependientes que nos fortalecemos a través de los vínculos y del reconocimiento de lo que somos. Vale, pues a partir de aquí, yo también, planteamos a El aullido del lobo y en el libro que últimamente publiqué que consideramos que en la historia de España, en la tradición española, esta cosmovisión espiritual ha estado especialmente presente en lo que yo llamo la fe y realismo, fe y realismo del Siglo de Oro español, de Cervantes, de Lope, de Calderón.  

Capítulo 8: Fe y Realismo en España: El legado del Siglo de Oro.

Entonces, yo no sé si, a mi humilde entender, la cosmovisión del pensamiento tradicional ha sido fundamental en la construcción del proceso histórico de España hasta hace unos escasos 200 o 300 años. España puede mirarse más en el espejo de la doctrina tradicional que en el espejo de la modernidad contemporánea.

Bueno, de hecho, la España que tú has mencionado está seguramente en el momento de su máximo esplendor, ¿no? Pero yo te diría que sí, que España se constituye en torno a este concepto de realismo tradicional, se hace fuerte en torno a este concepto, ensancha sus fronteras en torno a este concepto, que naturalmente tiene también un sustrato religioso muy fuerte, naturalmente, y mantiene una lucha, mantiene una lucha contra todos sus enemigos, que es una lucha además en donde pese a las dificultades y a que esos enemigos cada vez sean más numerosos y más fuertes, España efectivamente podríamos decir que al menos hasta comienzos del siglo XIX mantuvo esa fortaleza y esa identidad, ¿no? A partir de ahí lo empiezan a torcer fundamentalmente porque España se envenena con el liberalismo, que es lo que la destruye. Hay dos naciones, hay dos naciones, una a cada extremo de Europa que combatieron el liberalismo.

Capítulo 9: España y el Liberalismo: Cómo perdimos nuestra identidad.

Una se rindió, aun con momentos de reacción, pero en general se rindió, digámoslo así, o se fue rindiendo. La otra resistió con momentos de gran convulsión, que es Rusia, ¿no? Y esta es la realidad, y sí, yo creo que España, cuando logró ser auténticamente verdadera, es cuando no estaba infiltrada por estas ideologías modernas. Y ahí es donde dio sus mejores frutos en todos los ámbitos. En el religioso, en el literario, en el artístico, en todos: político, civilizatorio.

Eso es, por eso, por supuesto. 

Y luego España, pues a la vez que se le infiltran los venenos, se le infiltran también los complejos, ¿sabes? Esto lo denunciaba Unamuno. Unamuno decía que no, España no tenía por qué competir con Europa en ciencia o en tecnología o en técnica, ¿no? España tenía un carisma, tenía unos carismas, unas vocaciones que eran más de tipo creativo, religioso, espiritual, artístico, etcétera, etcétera. Yo creo que sí, que bueno, no sé, no hace falta más que ver lo que lo que hoy en día es España.

Total, que no nos engañemos, pues es un es un país lacayo, es una colonia, es un cero a la izquierda que además chapotea en su total en su decadencia, y se niega a mirarse en ese espejo, se niega a mirarse en Cervantes, se niega a mirarse en Calderón, se niega a mirarse en el Siglo de Oro, se niega, lo desprecia, lo olvida, lo aparta. Es un espectáculo lamentable ver hasta qué punto en España se da la espalda a lo mejor de su propia historia y tradición o se mira esa historia y tradición con recelo. Entonces, claro, el resultado es un país.

Pero, es que sabes, lo que pasa es que España está hundida también porque ha habido una serie de de puntales fundamentales en su constitución, en su ser verdadero, que se han derrumbado. 

Capítulo 10: La Monarquía Tradicional: El fin de la autoridad verdadera.

Claro. Por ejemplo, en el ámbito político, la monarquía, la monarquía tradicional dejó de existir. Dejó de existir hace mucho tiempo. Lo que tenemos hoy ya pues es una especie de parodia que, bueno, tal vez engañe a algunos ilusos, ¿no? Pero ya nada tiene que ver con la monarquía. Los reyes, su misión primordial, era defender al pueblo de los poderosos de tal manera que más allá de que los poderosos pudieran hacer sus injusticias, al final el rey era tan poderoso sobre ellos que los podía borrar de un plumazo. Ahí tenemos Fuenteovejuna o  El alcalde de Zalamea, que básicamente es este concepto, ¿no? Cuando el rey o la monarquía se convierte en sierva de los poderosos, pues al final para lo que está es para promover en la gente la Agenda 2030, ¿no?

En esas estamos. Entonces, claro, es cuando cuando tú subviertes el concepto de autoridad, por ejemplo, pues es que estás matando a la sociedad. Pero, ¿cuándo? Cuando desnaturalizas todas las instituciones que han hecho fértil a la sociedad, empezando por el matrimonio, por ejemplo, por hablar del orden civil o del orden social, pues es que ya no hay nada que hacer. Cuando tú te cargas el régimen político que rigió las relaciones entre los pueblos españoles y lo sustituyes por entelequias que nada tienen que ver con nuestra tradición y que lo único que están haciendo es generando odios entre los españoles, enfrentándose, etcétera, etcétera. Es que es muy difícil levantar todo eso, ¿no? Es muy difícil. Entonces, claro, al final los españoles, pues sí, los españoles son rehenes pues de todas las todas las ocurrencias ideológicas que caen sobre nosotros. Y además es que es que lo más triste es que las aceptamos mansamente, ¿no? Porque esto también es algo preocupante como estamos aceptando determinadas eh cosas de las que no te voy a decir hace un siglo te hace 10 o 20 años eh a la gente le parecería que estás que estás enloquecido, ¿no?

Capítulo 11: Cartografía de Situación: ¿Estamos en el Kali Yuga?

Claro. Entonces, mira, al hilo de lo que planteas, yo tenía aquí anotado, si claro, con estas ideas te invito, si puedes hacer claro, una mínima cartografía general, un mapa general de la situación que tenemos porque en España entra democracia liberal conservadora, socialdemocracia progresista, nacionalismo separatista antiespañol, izquierda postmoderna podemita y al mismo tiempo en el marco geopolítico actual, es decir, la cartografía de situación que tenemos.

Vaya, es es un sindiós, es el Kaki Yuga, ¿no? Del dharma. Es el el reino del Anticristo sobrevenido.

Pues, hombre, vamos a ver, aparte de las soluciones sobrenaturales en las que nunca hay que dejar de confiar y por las que hay que implorar siempre, todos los días hay que decir Maran athá, ¿no? Pero aparte de esto, no nos engañemos, la historia cambia de formas prodigiosas, seguramente por intervención sobrenatural e inesperadas e inesperadas. No debemos olvidar, por ejemplo, que apenas 10 años o o 15 años antes de la conversión de Constantino, hubo la la persecución más furiosa contra los cristianos, que fue la de Diocleciano.

Hm. Es decir, el giro copernicano que pegó la historia en muy poco tiempo es algo absolutamente insospechado, ¿no? 

Te pongo este caso porque es es muy espectacular, ¿no? Pero bueno, es significativo y muy, muy interesante, ¿no? Es muy interesante, pero, bueno, podríamos también trasladarlo a lo que fue la España, el giro copernicano que pega la historia cuando España, que estaba compuesta por dos reinos, ¿no? ¿Qué digo por dos reinos? Por tres reinos. Bueno, si no contamos a al reino Nazarí. Pues, en unos años, no solamente pasó a ser un único reino integrando a Aragón, a Castilla, a Navarra y al reino Nazarí, sino que se abrió a América, la incorporó, dio la vuelta al mundo después, poco después, quiero decir, y no solo a América, incorporó el sur de Italia, que era ya aragonés. 

Quiero decir, eh, hay que confiar, se podía decir. Bueno, la esperanza es fundamental. O sea, a mí siempre me dice la gente: "Es que es que tú eres muy pesimista, ¿no?" Yo digo: "Mira, yo soy un pesimista esperanzado". Frente a la época que que me ha tocado sufrir, que es una época optimista, desesperada, yo soy un pesimista de desesperanza, es decir, mi diagnóstico de la realidad, por realista, por realista, es sombrío. Creo que para hacer un diagnóstico de la realidad luminoso hay que ser papanatas, faltará a la verdad o será un malvado.

Capítulo 12: Esperanza en la Derrota: Por qué la historia puede cambiar drásticamente.

Pero al mismo tiempo, como creo en la naturaleza humana y como creo que la naturaleza humana no puede ser cambiada, creo que cuanto más fuerza humana, más reacción generarán. 

Exacto. 

Por supuesto va a haber un porcentaje de la población sometida, servil, que se va a entregar, pero va a haber mucha gente que no se entregue, que incluso puede fingir que se entrega, pero que en su fuero íntimo no se entrega. Y algún día eso estallará. Algún día eso estallará. ¿Cómo estallará? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos, lo estamos viendo hoy mismo. Es que la historia puede cambiar drásticamente y también estamos viendo otra cosa, la debilidad de Occidente, la verdad de Occidente, es decir: Occidente hoy es una papilla humana. Es una papilla humana, y del mismo modo que puede caer sobre él una tiranía feroz, también puede caer una liberación que hoy en día ni siquiera concebimos. 

Claro, eso eso me lleva un punto que para mí es interesante y que se destila de de tu libro y es la idea de que bueno, pues estamos en una guerra espiritual, cultural. 

Sí, esto es indudable.

Capítulo 13: Guerra Espiritual: Convertir el vacío en una oportunidad de conversión.

Una guerra, casi me atreví a decir el fin de los tiempos. Es decir, esto es una guerra de verdad, eh, por el ser o no ser casi, ¿no? Por evitar que te roben el orden del ser, ¿no? Yo me da la impresión en en muchas veces en cuando escribes, cuando hablas, que tú asumes esa guerra y dices, "Yo me inmolo." 

Bueno, yo creo que esa guerra la tenemos que dar todos, la tenemos que dar sin estridencias y sin y sin locuras. Tendremos que tratar de persuadir a nuestros contemporáneos. tenemos que intentar eh devolver la cordura a nuestro mundo, ¿no? Cada uno desde donde estamos, cada uno desde donde estamos, desde el trabajo que desempeñamos, ¿no? Pues tú en este caso a través de estas entrevistas, eh yo en mi caso, pues a través de lo que escribo, creo que esa lucha hay que mantenerla, ¿no? Y hay que confiar. Yo creo que hay que confiar porque sí que es verdad que el enemigo es mucho más poderoso, pero repito, no cuenta con los elementos primordiales, ¿no? Que son, bueno, lo la materia de la que estamos hechos, ¿no? Y y el alma de la que estamos hechos. Entonces, como no cuenta con la carne y con el alma, pues creo que a la larga lleva las de perder. Lleva las de perder. 

Ahora bien, en este sentido, no hay que ser seráficos. Eh, yo creo que esa victoria no será una victoria pacífica y mucho menos creo que va a ser, vaya a ser, una victoria inocua. Creo que será una victoria dolorosa, probablemente cruel en algunos momentos y a lo mejor traumática incluso, ¿no? Esto no debemos olvidarlo.

Pero no debemos perder la esperanza. no debemos perder la esperanza ni tampoco caer en el desafuero, ¿no? Es decir, porque eh muchas veces, bueno, esto ha ocurrido a lo largo de toda la historia, ¿no? La tentación que siempre tenemos, que también es una tentación prometeica, ¿no? De querer transformar el mundo, pues no sé, poniendo una bomba, ¿no? Eh, esta es la cuestión, ¿no? Si no hay una si no hay una conversión de las almas. De todas maneras, mira, yo creo que nos ha tocado vivir en una época tan vacía que ese vacío está engendrando eh a su vez eh un vacío profundo en muchas personas, ¿no? 

Y muchos indudablemente ese vacío lo van a llenar con sustancias bastante oscuras, ¿no?

Con necedades, sí. Bueno, necedades o cosas peores incluso, ¿me entiendes? O sea, yo pienso que que, por ejemplo, el riesgo que corre Occidente de ser colonizado por otras religiones, claro, que significarían un retroceso humano enorme, ¿no? Respecto a lo que ha sido la la cultura cristiana, pues está ahí, por ejemplo, y es natural.

Capítulo 14: El Colapso de Occidente: El fin del soborno del estado de bienestar.

Lo dice Will Durant, ¿no? Que ningún pueblo es es conquistado por por otro pueblo si antes no se ha destruido desde dentro a sí mismo, ¿no? Esto está claro, es decir, ese riesgo existe. Pero también pienso que mucha gente en medio de ese vacío va a decir, "Venga, hasta aquí hemos llegado." No, esto no es vida. Esto no es vida. Y no olvidemos una cosa. No olvidemos una cosa. Este vacío, que al final el vacío es una amputación siempre, ¿no? Es porque te te sacan algo de dentro, ¿no? Este vacío solamente han podido mitigar el dolor a través del manguerazo de pasta, a través de eso que llaman el estado de bienestar, a través del soborno. Hm. Veremos qué ocurre cuando ese soborno empiece a faltar. Y ese soborno está empezando a faltar. y mucho me temo que en los próximos años va a faltar mucho más. Hm.

Lo que sí que es cierto, lo que sí que es cierto es que eso va a traer eh muchas dificultades económicas a unos pueblos que, repito, se han hecho fuertes. Bueno, no los pueblos no sus gobiernos, sus gobernantes y no sus gobernantes políticos solamente, sino los que manejan el cotarro se han hecho fuertes nutriendo de sobornos a la gente. Eh, veremos cuando falten esos sobornos lo que pasa. Entonces, yo creo que hay que estar ahí, ¿no? O sea, yo creo que esa lucha hay que seguirla dando con tranquilidad, eh, pero con ímpetu al mismo tiempo. Eh, estamos totalmente de acuerdo. O sea, me encanta porque es exactamente las ideas que nosotros, bueno, los que me siguen saben que yo traslado en los libros, en todo esas. Luego es muy importante, yo te diría también, eh, o sea, que tenemos que tener una capacidad de acogida, es decir, primero va a haber mucha gente, esto va a ser como un hospital de campaña, va a venir mucha gente herida, mucha gente desengañada, ¿sabes? mucha gente escarmentada y esa gente bien escarmentada, entre otras cosas, de todas estas ideologías, ¿no? 

Capítulo 15: El Hospital de Campaña: Una llamada a la hospitalidad espiritual.

Y va a haber rojos, azules, liberales, eh eh socialistas, no sé qué, ¿no? Y a esa gente se le va a ir cayendo la máscara, la los anteojeras. E y en ese sentido hay que ser hospitalarios, o sea, no se puede pretender que todas esas personas de repente piensen exactamente igual y que todos entiendo lo que quieres decir, es que todos crean en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que todos, es decir, hay que tener eh capacidad de acogida. O sea, en realidad aquí, repito, estamos hablando de un hospital de campaña en donde van a venir va a venir mucha gente herida. Eh, y en este sentido creo que hay que lanzar un mensaje hospitalario, ¿no? Eh, mucha gente, por ejemplo, para ridiculizar mi pensamiento, dice, "No, es que Prada lo que pretende es que aquí los curas manden, estemos obligados a no sé qué." No, hombre, no. Yo no pretendo eso. Yo lo que pretendo es cohesionar la sociedad, a los pueblos, en torno a una visión del mundo común. A una visión del mundo común. Y el cristianismo, aparte de unas de una fe religiosa, ha legado al mundo un acervo cultural, un acervo moral en el cual creo que es posible reconocerse.

En el cual creo que es posible reconocerse. O sea, que es que no necesitamos creer en la resurrección de la carne o en la Inmaculada Concepción de María e para decidir que a nuestros hijos no hay que matarlos o para decidir que al trabajador hay que darle un jornal justo. Exacto. ¿Me entiendes lo que te quiero decir? Y seguramente si conseguimos que cada vez más gente se una en torno a una cosmovisión común, al final vamos también a conseguir que haya más gente que crea en la resurrección de la carne, ¿entiendes? o en la Inmaculada Concepción de María, porque va a surgir un clima espiritual que va a potenciar eso. Pero hm lo que sí es evidente es que en estos momentos precisamente porque tenemos un enemigo que está unido, porque todas las divisiones del enemigo son son superficiales, superficiales, y para engañar a los tontos, te puedes divertir mucho. Yo me he divertido mucho con toda esta descomposición pepera y demás, ¿no? Pero pero no nos engañemos, ellos forman una aleación eh muy unida, muy unida.

Capítulo 16: La Liga de los Corazones: Más allá de los intereses políticos.

 Lo que pasa que su unión es la unión de hormiguero, es una unión falsa porque no es una unión de los corazones, es gente que seguía por los intereses, ¿no? Y esto Unamuno lo explicaba muy bien, ¿no? Decía que que la liga de los pueblos cuando no se logra a través del fundente de una fe común es liga aparente de los intereses. Y esos intereses, como son cambiantes, tarde o temprano provocan rupturas en el seno de toda esa aleación, ¿no? Entonces, en este sentido, la unión de los que nos enfrentamos a esa aleación tiene que ser una unión espiritual y para eso tenemos que ser bastante comprensivos con, bueno, pues con hospital de campaña.

 Me encanta esa idea, muy correcta. Bueno, esto es así, ¿no? Esto yo creo que es una idea que es muy importante porque yo muchas veces también detecto entre personas que a quienes mueve un encomiástico impulso de rebelión enseguida tienden a la capillita, ¿no? ¿Sabes la capillita, no? 

Es que yo soy, no sé, de Falange Española de las JONS, ¿no? Yo es que soy auténtico, ¿no? Yo es que soy de los de Y esto es una cosa ridícula, ¿no? O sea, que al final te encuentras con mucha gente que podría compartir muchas cosas que, al final, en lo que está es en su rollo, en su rollo narcisista. Secta narcisista. Efectivamente.

Sí, sectas. Son sectas. Efectivamente, son sectas, ¿no? Y entonces yo creo que hay que hay que fundar todo esto en este reconocimiento de que aquí estamos juntándonos mucha gente muy distinta, ¿no?

Bueno, pues para terminar yo eh no me resisto a leer un fragmento de su libro, es el epílogo. 

Capítulo 17: Lección del Quijote: No renegar de la verdad en la derrota.

Entonces, he de decir que el epílogo es sobre el Quijote. Sí, sí. Y es de todo lo que he leído de Juan Manuel de Prada lo que más me ha conmovido. Y podría decir casi que en estas escasas dos páginas para mí se sintetiza todo lo que yo podría decir. 

Oye, pero son tres. ¿Las vas a leer las tres?

No, no, no, no. Pero es que de verdad eh es el fragmento en el cual comentas como Don Quijote es derrotado por el bachiller Sansón Carrasco en la en la playa de Barcelona disfrazado del caballero de la Blanca Luna y le dice que tiene que abandonar la caballería durante un año y renunciar a declarar a Dulcinea, renegar a Dulcinea del Toboso, declarar que no es la mujer más bella del orbe. Entonces él se niega, él es derrotado y accede a retornar a su aldea, pero dice que no, que no piensa renegar de Dulcinea, que la flaqueza de su brazo, es decir, el que él sea débil, nada tiene que ver con que Dulcinea sea la más hermosa mujer. Y esta es una lección: aunque caigamos derrotados, no podemos renegar de aquello en lo que creemos.

Esto es muy importante. Esto es muy importante, eh, porque aquello en lo que creemos sigue siendo verdadero. No deja de ser verdadero porque nosotros estemos derrotados. Es decir, las cosas que defendemos si son acordes a lo que decíamos, ¿no? Del él al orden del ser, a lo que la naturaleza nos dice, a la verdad de las cosas, la verdad de las cosas nos enseña eso, por mucho que el mundo haya renegado de ello y por mucho que esas visiones grotescas o disparatadas de la verdad se hayan impuesto, eso no quiere decir que sean verdad.

Entonces, creo que es muy importante que en la derrota mantengamos la fe en la verdad, ¿no?

Esta esta es la lección del Quijote. Dice aquí, es que es una maravilla. Dice, eh, como si hablara dentro de una tumba con voz debilitada y enferma, don Quijote se niega a renegar de su amada. 

Lo pones entre comillas, es un fragmento del Quijote y dice, "Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra. Y no es bien que mi flaqueza defraude esa verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra". Don Quijote se ha entregado a Dulcinea sin condiciones, sin pedir nada a cambio, sin hacer depender su lealtad de que Dulcinea le corresponda. ¿Por qué habría de depender, pues, la grandeza de Dulcinea de la flaqueza de su brazo? Y aquí dices, "¿No es la fortaleza de Don Quijote la que ha encumbrado a Dulcinea como la más hermosa dama del orbe?

Capítulo 18: Dulcinea y la Verdad Eterna: El triunfo sobre el yo caduco.

No es la opinión cambiante de los hombres lo que cambia la sustancia, la verdad." Así es. Así es. Es una maravilla. Y luego dices, "No importa si peleando en defensa de la verdad nos derrotan y humillan. No importa que nuestro yo caduco sea vencido, porque la verdad donde vive nuestro yo eterno no puede ser vencida y se da la paradoja de que a través de nuestra derrota esa verdad puede resplandecer con mayor intensidad.

Sin duda, sin duda. Eh, bueno, está el ejemplo de los mártires, ¿no? Los mártires, esto que siempre se dijo, ¿no? Y que además es verdad que los mártires siempre fueron semilla de nuevos cristianos. ¿Por qué? Bueno, porque en esa aparente derrota había una victoria muchísimo más profunda, ¿no? Muchísimo más profunda. Yo casi diría que se puede sintetizar.

Capítulo 19: Conclusión: Luchar contra el espíritu de nuestra época.

Fíjate que el libro Una enmienda de la totalidad y tiene ese subtítulo, dice, "El pensamiento tradicional contra las ideologías modernas." Me atrevería a sintetizarlo en esta frase que tienes aquí, que a mí me encanta, que dice, "La filosofía quijotesca se resume en luchar contra el espíritu de nuestra época, sin duda, aún sin esperanza de victoria." Sin duda, eso es lo que hace Don Quijote, ¿no? 

Eh, pero date cuenta que Don Quijote cambia el mundo en el que vive. Don Quijote en la primera parte es un hombre del que todo el mundo se burla, nadie le entiende. Dice: "Pero, ¿qué dice este este botarate?" ¿No? En cambio, la segunda parte todo el mundo le hace caso. Todo el mundo le hace caso, aunque sea para burlarse de él, pero tiene que entrar en su juego. Eh, ¿por qué? porque él ha logrado imponerse sobre esa época que desdeña la caballería andante, que no quiere saber nada, ¿no? Mira, yo creo que si los españoles eh se leyeran el Quijote otro cantaría mal que entiendo que que no es una labor fácil, sobre todo para una persona que no esté acostumbrada a leer a nuestros clásicos del Siglo de Oro, pero seguramente es él, es nuestro clásico de más fácil lectura.

Yo creo que si la gente leyera el Quijote habría una transformación profunda.

Probablemente esta decadencia de España tenga mucho que ver con que cada vez hay menos gente que ha leído el Quijote. Nuestra salvación está en reencontrarnos con Miguel de Cervantes y el Quijote. Bueno, es una manera buena manera de empezar.

Bueno, pues muchas gracias, Juan Manuel de Prada. Un honor y un placer conversar contigo.

Muchísimas gracias a vosotros. Ha sido un gusto. Muchas gracias.