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domingo, 5 de octubre de 2025

La crisis de los veinte. Angustia en la generación Z.

 I

 La crisis de los 20: por qué hay jóvenes tan infelices, en El País, por Daniel Soufi, 5 OCT 2025:

La crisis vital se apodera de los jóvenes en una etapa que debería ser de entusiasmo. Son más conscientes de su salud mental, las redes sociales generan depresión y ansiedad, y tienen unas perspectivas de futuro peores que las de sus padres, con una situación económica que hace cada vez más difícil consolidar un proyecto de vida. ¿Qué podemos hacer para cambiar de rumbo?

Los jóvenes están mal, se sienten muy tristes, de bajón absoluto. Lo peor no es la ansiedad, ni estar enganchado al móvil, ni sentirse solo, ni estar sin trabajo, ni siquiera saber que es imposible comprarse una casa; lo peor es que, hasta hace unos pocos años, ninguno de ellos esperaba encontrarse con nada de esto.

En agosto, un artículo publicado en la revista científica estadounidense PLOS One señaló que hoy no hay ningún grupo de edad más insatisfecho que la juventud. Hasta hace poco, la curva de la felicidad seguía un patrón claro: empezaba alta en la infancia y la juventud, se hundía en la mediana edad y repuntaba en la vejez. Los jóvenes, que solían ser el segundo grupo más feliz, son los únicos que han caído. Los más afectados son los adolescentes y los adultos jóvenes, desde los 12 hasta los 24 años. El estudio se basa en encuestas a millones de personas, recogidas en más de 40 países. Y aunque siempre conviene ser prudentes con las conclusiones de las encuestas, la tendencia es difícil de cuestionar.

¿Son los jóvenes demasiado sensibles? La mal llamada generación de cristal recurre más al psicólogo que sus padres o sus abuelos, y maneja con soltura términos como TOC, TDAH, burnout o síndrome del impostor. ¿Ha influido esa mayor conciencia sobre la salud mental en su estado de ánimo? “No necesariamente, pero es evidente que el concepto de felicidad no es el mismo para alguien de 20 años que para su abuela”, responde Alejandro Cencerrado, físico, analista del Instituto de la Felicidad de Copenhague y autor de En defensa de la infelicidad (Ediciones Destino, 2022). “Si a alguien nacido a principios del siglo XX, en algún momento de su vida, le hubieran preguntado si tenía depresión, ni siquiera habría sabido qué contestar. Y eso que vivían situaciones muy duras”.

El mundo cambia y cualidades que hace 20 años se consideraban esenciales para ser inteligente, como tener una memoria enciclopédica, no son las mismas que hoy permiten desenvolverse y superar obstáculos. Del mismo modo, los factores que hace 50 años definían la felicidad, como tener una familia con un formato tradicional o tener una buena relación con Dios, difieren de los que influyen en nuestro bienestar actual. “Es realmente difícil comparar las respuestas de un chaval que pasa el día en TikTok con las de dos personas que vivieron una guerra. Cada uno valora las cosas de manera distinta”.

La felicidad solo empezó a medirse de forma sistemática en los años setenta. En 1972, Bután introdujo el concepto de Felicidad Nacional Bruta y, poco después, encuestas como la World Values Survey incluyeron preguntas sobre satisfacción vital. El gran salto llegó en las dos últimas décadas, con encuestas internacionales de gran escala, lo que refleja que nunca antes habíamos estado tan empeñados en cuantificar nuestro bienestar. “La paradoja es que, cuanto más nos obsesiona medir la felicidad, más sensibles nos volvemos a problemas de salud mental como la depresión”, afirma Cencerrado.

Sin embargo, existen indicadores más objetivos que los cuestionarios sobre felicidad en los que se basan estos estudios. En Estados Unidos, la tasa de suicidio en adolescentes de 12 a 17 años creció un 70% entre 2008 y 2020. En la Unión Europea también se observa un aumento, con España pasando de 1,99 a 2,94 por cada 100.000 jóvenes de 15 a 19 años entre 2011 y 2022. También se han incrementado los ingresos hospitalarios por trastornos mentales en menores y el consumo de psicofármacos. En el Reino Unido, por ejemplo, las prescripciones de antidepresivos en adolescentes de 12 a 17 años se duplicaron entre 2005 y 2017, en un contexto en el que hay médicos que alertan del exceso de medicación, y no solo en jóvenes.

Según el informe de PLOS One, la infelicidad juvenil empieza a crecer claramente desde 2012. ¿Qué ocurrió en ese momento cuyo impacto tuvo un efecto global que no se ha detenido hasta el día de hoy?

La primera hipótesis vincula esta crisis de los 20 con la llegada de las redes sociales y los smartphones. El sociólogo Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa (Deusto, 2024), explica por videollamada que existen demasiados estudios, de muy distintos tipos, como para negar una relación causal entre estas tecnologías y el deterioro de la salud mental de los jóvenes. “Las redes sociales son una causa sustancial —no solo una pequeña correlación— de la depresión y la ansiedad, y por tanto de conductas asociadas a estas enfermedades, incluida la autolesión y el suicidio”.

Lo que plantea Haidt es que el problema no es solo la ansiedad o el aislamiento que puedan causar Instagram o TikTok, sino que lo verdaderamente grave es que estas plataformas han reconfigurado por completo la forma en que los jóvenes socializan. Por eso, advierte, si un adolescente decidiera abandonar las redes para protegerse, su salud mental podría quedar todavía más debilitada al quedar excluido de la vida social de su grupo. Haidt lo define como un efecto de cohorte y de red: toda una generación atrapada en un sistema en el que todos estarían mejor si se desconectaran, pero en el que quien lo hace en solitario acaba aislado.

Algo tan esencial para el bienestar como el descanso también se ha visto trastocado por la llegada de los smartphones. En España, un 83% de los jóvenes de entre 18 y 34 años presenta alguno de los síntomas del trastorno de insomnio, y alrededor de un 13% cumple los criterios para que sea crónico, mientras que solo uno de cada cuatro admite dormir bien y lo suficiente, según el estudio Hábitos y prevalencia de trastornos del sueño en España de 2024. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño se han agravado en las dos últimas décadas: hace 20 años, la proporción de personas con insomnio crónico era la mitad. Y son los menores de 35 años quienes más han sufrido este deterioro.

El doctor Javier Albares, experto en sueño y autor de Generación Zombi (Península, 2025), advierte que el abuso de móviles y tabletas está moldeando una “generación atrapada en una espiral de hiperestimulación, adicción y privación crónica del sueño”. Según explica, las pantallas no solo roban horas de descanso, sino que también lo fragmentan: “Aumentan el número de despertares que suceden a lo largo de la noche, y, en consecuencia, disminuyen tanto la calidad como la cantidad del descanso”. Asegura que la mitad de los adolescentes responde mensajes durante la madrugada y un porcentaje similar consulta el teléfono al menos una vez en plena noche. “Esta falta de sueño se traduce en fatiga, menor rendimiento académico, irritabilidad y más riesgo de ansiedad o depresión”.

Haidt reconoce que una tendencia tan global responde a una acumulación de factores. Según el experto, otra de las causas del aumento del malestar juvenil es la “sobreprotección de los niños en el mundo real”. En las últimas décadas, señala, los menores han perdido la posibilidad de jugar libremente en la calle, sin supervisión adulta, en grupos mixtos y con cierto grado de riesgo, algo que antes era habitual y que resultaba crucial para desarrollar resiliencia, autonomía y capacidad de afrontar la incertidumbre. Haidt lo resume con una fórmula clara: hoy existe sobreprotección en el mundo real y desprotección en el mundo virtual. “Se limita cada vez más la libertad de los niños fuera de casa, mientras que se les deja expuestos sin control en internet y en las redes sociales”, advierte.

Los datos de los estudios sobre la felicidad no sorprenden al filósofo y profesor de Literatura Jesús G. Maestro, cuyo canal de YouTube goza de enorme popularidad entre los jóvenes. Maestro se da cuenta de ello cada vez que entra en un aula. Pero rechaza la idea de que los mileniales sean una generación hiperprotegida: “Es falso, es la generación más desprotegida de las últimas décadas”, asegura por teléfono. “No puede estar muy protegida una generación a la que se le ha privado de conocimientos esenciales para enfrentarse a la vida y se la ha expuesto a las redes sociales e internet sin ningún tipo de resguardo, donde la presión psicológica es fortísima y muchos no lo resisten”.

Para el autor de Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI (HarperCollins, 2025), el malestar de los jóvenes tiene una causa muy concreta: el idealismo de sus padres. “Es una generación a la que se le prometió todo y se ha encontrado con nada”. Según Maestro, los boomers educaron a sus hijos para enfrentarse a un mundo que no existe. “La educación debe orientarse a hacer compatible al ser humano con la realidad. Y la realidad es la de un mundo depredador regido por la lógica de mercado”. Maestro critica la dureza con la que a menudo se juzga a esta generación: “De los mileniales se habla muy mal sin saber lo que se dice. Se les presenta como vagos, tontos o inútiles. Se ha vertido contra ellos lo peor. Y no se puede ayudar a una persona malinterpretándola”.

Como dice Maestro, muchos jóvenes crecieron con la promesa de que al hacerse mayores se encontrarían con un mundo mejor que el de sus padres, con oportunidades para realizarse y ser felices. Sin embargo, la realidad que aguarda a quien sale hoy del instituto o de la universidad es desoladora. La situación económica de los jóvenes es mucho peor que la de la generación anterior. Según el INE, en 2004, las personas en edad de jubilarse eran el grupo con mayor riesgo de pobreza (30%); el año pasado esa cifra se redujo a la mitad (16,8%), mientras que golpea con más fuerza a los jóvenes (21%) y a los niños (29%). En paralelo, el patrimonio medio de una familia joven se ha reducido a la mitad entre 2002 y 2022. La tasa de paro juvenil, aunque en mínimos desde 2008, sigue en torno al 25%.

“Hay sensación de desánimo”, dice por teléfono la socióloga Patricia Castro, autora de Tu precariedad y cada día la de más gente (Apostroph, 2023). “La generación de nuestros padres, aunque viniera de un entorno de pobreza, tenía la percepción de un progreso vital, de que si estudiabas tu vida podría mejorar y lograrías un trabajo mejor. En gran medida, esa esperanza se ha perdido”. España es, de hecho, uno de los países donde el ascensor social funciona peor: más de un 35% de la desigualdad de ingresos está determinada por factores de origen —sobre todo, el nivel socioeconómico de los padres—, una de las cifras más altas de la OCDE. De este caldo de cultivo nace el reciente debate entre boomers y jóvenes que constatan vivir peor que sus padres.

Castro afirma que las nuevas generaciones padecen un “nihilismo light”, han perdido la fe en que sea posible luchar por un mundo con mejores condiciones. “Además, la sociedad les hace sentir que la responsabilidad de su precariedad recae sobre ellos mismos. Es una autodestrucción hacia dentro: te culpas a ti mismo de tu situación”. Añade que los jóvenes viven en un mundo cada vez más atomizado, donde se ha perdido el sentido de comunidad. “No sienten que juntos puedan lograr nada”, señala. Coincide con Maestro en que la generación anterior ha juzgado con excesiva dureza a los jóvenes: su adicción a las nuevas tecnologías, su incapacidad para ganarse la vida, incluso el reciente auge conservador. “Se ha culpabilizado a gente que ni siquiera ha tenido la oportunidad de cagarla”.

Las soluciones que proponen los expertos para revertir la infelicidad juvenil y para que la adolescencia vuelva a ser una de las etapas más plenas de la vida son diversas. Una de las más reiteradas es garantizar el acceso de los jóvenes a tratamientos de salud mental. Según el Libro Blanco de la Psiquiatría en España, elaborado por la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), la ratio es de apenas 10 profesionales por cada 100.000 menores de 14 años, una cifra significativamente por debajo de las tasas observadas en otros países.

Jonathan Haidt sugiere retrasar el acceso a las redes sociales hasta los 14 años y advierte de que la irrupción de la inteligencia artificial podría resultar aún más dañina para los jóvenes que las propias redes. Y, aunque sea obvio, seguro que ayuda la mejora de condiciones económicas, en especial, en trabajo y vivienda. Para Patricia Castro, la clave está en reforzar los vínculos: “No todos vamos a tener el trabajo de nuestros sueños ni a vivir en el centro de la ciudad, pero lo que no falta es gente en el mundo”. Jesús G. Maestro, fiel a su oficio de profesor de Literatura, propone una receta muy concreta: “Leer El Quijote. Si algo enseña es que el idealismo conduce al fracaso”. Y advierte: “Si no cuidas a la gente joven, estropeas el futuro de la sociedad”.

II

La crisis de los 20 es la nueva crisis de los 40: los problemas de los jóvenes pulverizan la curva de la infelicidad. En El País, por Enrique Alpañés, Madrid - 27 AGO 2025:

Un estudio señala un cambio de paradigma por la crisis de salud mental de las nuevas generaciones. El malestar, hoy en día, disminuye con los años

La curva de infelicidad está desapareciendo, pero esta no es una buena noticia. Hasta ahora, la satisfacción vital tenía forma de sonrisa. Empezaba alta en la juventud, se hundía en la mediana edad, en lo que en España se ha venido a llamar la crisis de los 40, y después repuntaba. La infelicidad, por el contrario, tenía forma de joroba o sonrisa invertida :-( . Pero un amplio estudio que se publica este miércoles en la revista científica PLOS One muestra cómo se ha erosionado esta curva hasta casi desaparecer. No es que la crisis de los 40 haya remitido, es que se ha empezado a ver algo que podríamos definir como la crisis de los 20. La infelicidad empieza ahora en alto, a edades muy tempranas, y tiende a disminuir a lo largo de la vida.

El estudio ha sido realizado con las respuestas de más de 10 millones de adultos de Estados Unidos (hechas entre 1993 y 2024), con un análisis longitudinal en el que participan 40.000 hogares del Reino Unido, y con dos millones de cuestionarios de la encuesta Global Minds, realizada en 44 países (entre ellos España). Muchos datos, muchos países, pero una conclusión unívoca. “La verdad es que nos sorprendió que los resultados fueran tan globales”, reconoce David G. Blanchflower, economista de la Universidad de Londres y autor principal del estudio.

Los autores no han preguntado por los motivos, pero apuntan a las consecuencias de la pandemia, a la crisis de la vivienda y, sobre todo, al uso masivo de teléfonos inteligentes. Esto explicaría la uniformidad de datos en contextos que son muy diversos. “Lo que tienen en común, por ejemplo, un chico de Alemania y otro de Nueva York es el acceso a internet y a los teléfonos inteligentes”, explica Blanchflower. “En los países en desarrollo, sin embargo, vimos que quienes no tenían acceso a internet no mostraban una salud mental tan deficiente”.

El autor no cree que esto se deba tanto al efecto de los móviles en sí, sino a la forma en la que depredan el tiempo libre, rebañándolo hasta hacerlo desaparecer. “Los móviles han desplazado las actividades beneficiosas. Los niños ya no juegan, no hablan… pasar mucho tiempo en internet aleja a las personas de actividades útiles”.

(En azul, la antigua curva de la infelicidad, con una joroba en la mediana edad. En rojo discontinuo, la nueva gráfica, una línea descendente. Véase el enlace inicial).

Esto podría explicar otro de los datos destacados del estudio. Las mujeres jóvenes presentan niveles de malestar significativamente más altos que los hombres jóvenes en todos los países analizados. Esta es una constante en todos los estudios que analizan el impacto de internet y las redes sociales en el bienestar percibido. El ejemplo más reciente lo ofrecía el estudio HBSC (por sus siglas en inglés Health Behaviour in School-ages Children), publicado por el Ministerio de Sanidad español. Señalaba que esta problemática afecta el doble a las chicas (con una prevalencia del 51,2%) que a los chicos (del 25,2%).

El presente estudio es importante por la gran cantidad de datos en los que se basa. Y porque pone el malestar de las nuevas generaciones en un contexto más amplio, comparando con la satisfacción autopercibida de sus mayores. Sus conclusiones son demoledoras, pero no sorprendentes. Algo se empezó a torcer a partir de 2010 y hay mucha literatura científica que ha dado buena cuenta de ello. Las tasas de depresión y ansiedad entre adolescentes se dispararon un 50%. Las de suicidio lo hicieron en un 32%. Los miembros de la generación Z —nacidos a partir de 1996— empezaron a padecer ansiedad, depresión y otros trastornos mentales, alcanzando niveles más altos que cualquier otra generación en la historia.

La crisis de los 20 ha pulverizado la curva de la infelicidad. Pero hay que tener en cuenta que esta es una foto fija que se tendrá que ir actualizando. Los jóvenes de la generación Z, con más problemas de salud mental que sus mayores, llegarán a los 40 y 50 años. Y nada garantiza que no se enfrenten entonces a los mismos estragos vitales que han afectado a las generaciones anteriores. Mientras tanto, nuevas generaciones se irán añadiendo a la curva, y nada apunta a que tengan menos dependencia del móvil. Dicho de otra forma, la curva de la felicidad ha desaparecido solo de momento. Es esperable que se vuelva a producir en unos años, solo que más extrema. Tocar fondo implicará ir aún más abajo.

“No sé cómo evolucionará la situación”, reconoce Blanchflower. “Cada año se suma una nueva cohorte de 12 años y el resto envejece un año, pero nada cambia, el grupo nacido desde el año 2000 parece tener mala salud mental. Espero que podamos detener esto”. No parece fácil, explica el autor. Las hospitalizaciones entre jóvenes por depresión siguen en aumento, los suicidios, el consumo de antidepresivos… Porque este estudio se basa en la salud mental autopercibida, pero está subrayado por todos estos datos, que han repuntado en los últimos años entre las generaciones más jóvenes. Según el Informe Nacional sobre la Calidad y las Disparidades en la Atención Sanitaria de 2022, en Estados Unidos, entre 2016 y 2019, las tasas de visitas a urgencias con un diagnóstico principal relacionado con la salud mental aumentaron en el grupo de edad de 0 a 17 años, pasando de 784,1 por cada 100.000 habitantes a 869,3 por cada 100.000 habitantes.

La crisis de la mediana edad se empezó a describir en 2008. Desde entonces, se ha constatado en más de 600 estudios en diferentes países. El aumento de la preocupación, el estrés y la depresión con la edad ha sido ampliamente documentado en la sociología en los últimos 20 años. El propio Blanchflower estudió el fenómeno en estudios precedentes. “En toda una serie de artículos defendí que la forma de U era un dato importante, ¡hasta que dejó de serlo! Esos datos eran correctos, pero algo ha cambiado, no parece que estuviera escrito en los genes”, señala.

Maite Garaigordobil Landazabal, catedrática de Evaluación y Diagnóstico Psicológicos de la Universidad del País Vasco, destaca positivamente el actual estudio por la gran base de datos en la que se basa. En declaraciones al portal científico SMC señala que “resulta relevante porque cuestiona un hallazgo empírico muy consolidado: la existencia de la curva en U del bienestar y de la joroba del malestar a lo largo de la vida”. Garaigordobil considera que los resultados son “muy novedosos” y que “rompen con una de las regularidades más citadas en ciencias sociales”. En el mismo portal, Eduard Vieta, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, abunda en la calidad de los datos y se muestra de acuerdo con el diagnóstico. Pero añade una posible causa más. “Creo que falta mencionar el contraste entre las expectativas y la realidad. Las generaciones jóvenes de la mayor parte de países incluidos en el trabajo han recibido una educación muy sobreprotectora y han desarrollado una baja tolerancia a la frustración. Creo que este aspecto es también relevante para explicar su malestar emocional”, añade.

El artículo concluye que esta tendencia global exige atención urgente de gobiernos, investigadores y sociedad civil para revertir el declive en el bienestar juvenil. Cuando se le pregunta a Blanchflower por alguna idea o medida concreta, sugiere restringir el acceso al teléfono como una posibilidad. Pero sobre todo ofrecer alternativas. Volver a migrar la vida social, pero en sentido inverso, de la pantalla a la calle. Fomentar el juego, los encuentros sociales y el tiempo al aire libre. “Animar a los niños a que se comporten como niños”, añade.

martes, 11 de marzo de 2025

Aristóteles. Cómo llegar a la felicidad.

 El profesor de Harvard Arthur C. Brooks ha descubierto una verdad: la felicidad te encuentra, no hay que buscarla desesperadamente. Y lo descubrió gracias a Aristóteles, como señala en su El arte y la ciencia de la felicidad, donde cuenta que enseñaba que “en lugar de verla como algo que se puede encontrar, era algo que atraemos al vivir bien”. Pero… ¿Qué es exactamente “vivir bien”? Para conseguir “vivir bien” se debe practicar un cierto modo de vida; virtudes específicas que debemos convertir en hábitos. En concreto, diez prácticas que te prepararán para vivir una vida plena, provocando que crees “un entorno en el que la felicidad llegue de forma natural en lugar de perseguirla” desesperadamente.

1. Identifica tus miedos y afróntalos.

2. Identifica tus “apetitos” (aquello que produce un placer de tipo físico, como pueden ser ciertas conductas o sustancias) y trata de manejarlos.

3 Controla tu temperamento.

4 No mientas jamás.

5 Perdona a la gente, incluyéndote a ti mismo

6 Encuentra el equilibrio en cómo manejas tu tiempo y tu dinero.

7 Evita luchar por lo que crees “injusto”.

8 Contribuye generosamente, sobre todo con las personas y causas que te importan. Recuerda que solo recibes lo que das.

9 Concéntrate en las cosas que merecen la pena

10 Crea tus reglas de moralidad y cúmplelas siempre.

Cumpliendo estos diez mandatos, presuntamente, creamos el escenario ideal para que la felicidad nos encuentre. Ahora bien, como señala el experto, esto no implica que no experimentemos días malos.  Eso sí, no debemos considerarlo un cambio de rumbo, mucho menos un defecto. “Sin infelicidad, no sobreviviríamos, no aprenderíamos ni tendríamos buenas ideas”, señala Brooks. “Aunque pudieras librarte de tu infelicidad, hacerlo sería un gran error. El secreto para vivir una vida plena es aceptar tus momentos de infelicidad (para poder aprender y madurar) y aprender a gestionar los sentimientos que despierte”. “Se trata de crear un entorno en el que la felicidad llegue de forma natural en lugar de perseguirla frenéticamente”, escribe Brooks.

Para el experto, la clave está en realizar esos pequeños actos llenos de amor en nuestra vida cotidiana. Frente al optimismo, la esperanza realista. “Realiza pequeños actos tangibles” para mejorar la situación y, con el tiempo, se convertirán en buenos hábitos que te conducirán a una vida más feliz y más sana.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Felicidad

 
Copiado de por ahí:

QUIENES HAN OPINADO SOBRE LA  FELICIDAD
                                                   
En los Vedas –libros sagrados de la India (1500-1000 años a. C.), Brahma , es quien es, se revela en la alegría y la felicidad.
    
Para Tales de Mileto (¿640-547 a. C.?), “la felicidad del cuerpo se funda en la salud, la del entendimiento en el saber”
    
Para Laotsé (hacia 600 a. C.), la felicidad acompaña muy de cerca a la desgracia. La desgracia se esconde en la felicidad.

Para Heráclito (576-480 a. C.), “Si la felicidad estuviera en el cuerpo, llamaríamos felices a los bueyes cuando encuentran legumbres”. La felicidad parte del dinamismo y cuando esto ocurre se llega a la felicidad a través de la virtud. La felicidad sólo es posible si se comparte.

Para los  budistas  (Buda: ¿566-486 a. C.?) : somos lo que pensamos y una mente (dominada) conduce a la felicidad. Ya que vivir es sufrir y el sufrimiento resulta de la pasión; la renuncia de sí mismo, es la única forma de liberarse del sufrimiento. El ideal es llegar a la aniquilación suprema o nirvana.

Para Confucio (552-479 a. C.), una de las claves fundamentales de la felicidad, es servir a nuestros semejantes de una forma desinteresada, ayudando siempre que podamos sin olvidarnos de nosotros mismos.

Para Parménides (504-450 a. C.): La verdadera felicidad se halla en la contemplación del Uno (algo parecido al ser) Es la contemplación de la realidad.

Para Demócrito (Siglo V –a. C.), el fin último de la vida es la felicidad.

En la Torá  (Pentateuco): Se enseña que no se debe buscar la felicidad mediante factores externos, sino que debe depender de nosotros mismos.

En el Antiguo Testamento: Feliz es quien ama a Dios, quien le busca y espera en Él (Salmos: 2, 12;  34, 9; 40, 5; 84,13; 112, 1) - Proverbios: 16, 20; 28, 14;  Ecl.: 34,15; Isaías: 30, 18; Tob. 13, 14). La felicidad en último término, reside en la comunión con Dios y en Dios como persona (Sal. 73, 25)

Para Sócrates (470-399 a. C.): No existe felicidad sin virtud, ella conduce a su logro.

Para Platón (428-347 a. C.): La felicidad contempla la esencia de las cosas, es decir las ideas de Dios, la identificación con el mismo practicando la virtud y para ser feliz hay que parecerse a la Divinidad lo más posible.

Para Zenón de Citio (fines del siglo IV a. C.) y su escuela: el objetivo de la conducta humana es la felicidad, estado que se alcanza con la fidelidad a la naturaleza y a la razón.
    
Para Aristóteles (384-322 a. C.) : la felicidad consiste en algún tipo de actividad, con la exclusión del placer por el placer, que no es una actividad sino una sensación. A esa actividad conduce la razón, en cuanto la misma se busque y consiga por sí misma, basándose en la prudencia para alcanzarla. "La verdadera felicidad consiste en hacer el bien” “La  verdadera felicidad está en el libre ejercicio de la mente”

Para Epicuro (341-270 a. C.), “la felicidad se reduce  al placer y a la ausencia de dolor”

En el Bhagavad Gita (texto clave del hinduísmo- Siglos IV a II a. C.), se dice que la felicidad perfecta y eterna, deriva de la unión con Brahma.

Jesucristo (n. año 747 de la fundación de Roma (año cero de la era cristiana) y + 33 a. después- ) dijo:  Son felices: “quienes escuchan la palabra de Dios, y le obedecen” (Lc. 11, 28); “quienes creen sin haber visto (Jn. 20, 29); “quienes practican la caridad con los necesitados” (Lc. 14, 14); “los humildes y serviciales con sus hermanos (Jn. 13, 17). En el Sermón de la Montaña (Mt. 5, 3 a 12): “-Dichosos los que reconocen su necesidad espiritual, pues el reino de Dios les pertenece / -Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo / -Dichosos los de corazón humilde, pues recibirán la tierra que Dios les ha prometido / -Dichosos los que tienen hambre y sed de hacer lo que Dios exige, pues Él hará que se cumplan sus deseos / -Dichosos los que tienen compasión de otros, pues Dios , tendrá compasión de ellos. / -Dichosos los de corazón limpio, pues ellos verán a Dios / -Dichosos los que procuran la paz, pues Dios los llamará hijos suyos / -Dichosos los que sufren persecución por hacer lo que Dios exige / pues el reino de Dios les pertenece / -Dichosos ustedes, cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes”

El Talmud: “Estaremos felices y alegres contigo (Dios), con tu Torá

Para Séneca (47-65 d. C.), “si quieres vivir feliz, no te importe que te crean tonto”

Para San Agustín (354-430  d. C.), la felicidad verdadera y el objetivo último del comportamiento humano es la sabiduría que se halla en el interior de uno mismo, que nos muestra a Dios y nos revela la conciencia.

Para Mahoma (h. 570-632 d. C.), al lado de la dificultad está la felicidad. Él acostumbraba a decir, que Dios había puesto su felicidad en tres cosas: la oración, las mujeres y la fragancia.

El Corán (h. 610-631 d. C.), “la verdadera felicidad y la paz, se pueden encontrar mediante el cumplimiento de los mandamientos, del Señor de los mundos”

Para Maimónides (1135-1204), “todo enfermo tiene el corazón agobiado y todo sano rebosa de felicidad”. "Hacer justicia (tzedaká) , es una ley (mitzvá) a través de la cual se adquiere mérito, felicidad y paz espiritual.”

Para Descartes (1596-1650), “la felicidad es el fin de la vida humana”. La verdadera riqueza y felicidad es saber que: “sólo nuestros pensamientos nos pertenecen”

Para Pascal (1623-1662): “La felicidad es un artículo maravilloso, cuanto más se da, más le queda a uno”. “Estando siempre dispuestos a ser felices, es inevitable no serlo alguna vez”. “La felicidad total del hombre consiste en disfrutar de la estimación de los demás”

Para Spinoza (1632-1677), “El amor por una cosa eterna e infinita, alimenta el alma de pura alegría y la libra de toda  tristeza”, lo que es muy de desear y digno de ser buscado con todas nuestras fuerzas.

Para Locke (l632-1704), “los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”

Para Leibniz (l646-17l6), “La felicidad es la adecuación de la voluntad humana a la realidad.. La perfección es ser feliz y esa felicidad radica muy fundamentalmente en el amor”

Para Hume (1711-1776), “el fin último del acto humano es la felicidad”

Para Kant ( 1724-1804), “es el estado de un ser racional , al cual en su vida todo le va bien, según su deseo y voluntad”. “La felicidad no brota de la razón, sino de la imaginación”

Para Hegel (1770-1831), la felicidad, el gozo o la satisfacción, no son el principal objetivo del hombre, y ella no se encuentra en los grandes acontecimientos. Los momentos felices de la historia fueron páginas en blanco.

Para Schopenhauer (1788-1890), la felicidad es una ilusión, dado que lo único que digamos existe, es la ausencia de dolor. La felicidad es una meta inalcanzable para el ser humano.

Para A. Comte (1798-1857), “vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad”

Para John Stuart Mill (1806-1873), "La felicidad es la satisfacción entre otros, de los placeres superiores." "Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”

Para Kierkegaard (1813-1855), “la puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla, si uno la empuja, la cierra cada vez más”

Para Nieztsche (1844-1900), “el destino del hombre está hecho de  momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de  épocas felices” “La felicidad consiste en el placer asociado a la fuerza vital que hay en uno y se experimenta cuando lucha”

Para Freud (1856-1939), “la felicidad consiste fundamentalmente en evitar el dolor y el sufrimiento; es imposible de lograr, pero no debe dejar de buscarse, porque si no la vida carecería de sentido” “Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra, serlo”

Para Bertrand Russell (1872-1970), “carecer de algunas cosas que uno desea, es condición indispensable de la felicidad”

Para  C. S. Jung  (1875-1961), “aún una vida feliz, no es factible sin una cuota de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido, si no estuviera  balanceada con la tristeza” “Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad.

Para Karl Jaspers (1883- 1969): “La felicidad es el sentimiento de poder que se ha hecho dominante, cada uno de nosotros quisiera, si fuese posible, dominar en todos los hombres, preferentemente a Dios”

Para Heidegger (1889-1976), “la felicidad es una mera ilusión, y apenas la dejamos, estamos abocados a la muerte”

Para Sartre (1905-1980), “la felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace”

                 Pensadores, escritores y prohombres

Para Cervantes (1547-1616), “cada uno es artífice de su ventura”

Para Shakespeare (1564-1616), “sería muy poco feliz, si pudiera decir hasta que punto lo soy”

Para Franklin  (1706-1790), “la felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces; sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”

Para Goethe (1749-1832), “la felicidad nace de la moderación”

Para Artigas  (1764-1850), “no tengo más enemigos que los que se oponen a la felicidad” “Que los más infelices sean los más privilegiados”

Para Thomas Chalmers (1780-1847); “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar”

Para Bolívar (1783-1930)): “El fundamento verdadero de la felicidad: la educación”

Para Víctor Hugo (1802-1885), “la suprema felicidad de la vida, es saber que eres amado por tí mismo, o más exactamente, a pesar de ti mismo”.

Para Lincoln (1809-1865): “Las personas no son felices a menos que estén dispuestas a serlo

Para Flaubert (1821-1880), “ser estúpido, egoísta y estar bien de salud, he aquí las tres condiciones que se requieren para ser feliz. Pero si os falta la primera, estáis perdidos”

Para Tolstoi (1828-1910), “el secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace” “No hay más que una manera de ser feliz: vivir para los demás”

Para G. B. Shaw (1856-1950): “No tenemos derecho a gozar de  felicidad, si no la creamos en torno nuestro”

Para Gandhi (1869-1948); “La felicidad huye de quien  la busca. Ella viene sólo del interior.

Para André Gide (1869-1951): “El secreto de mi felicidad está en no esforzarse por encontrar placer, sino en encontrar el placer en el esfuerzo”

Para Herman Hesse (1877-1962): “La felicidad es amor, no otra cosa. El que sabe amar es feliz”

Para André Maurois (1885-1967): “¿Qué hace falta para ser feliz? Un poco de cielo azul encima de nuestras cabezas, un vientecillo tibio, la paz del espíritu”

Para Mauriac (1885-1970): “¡Qué feliz yo moriría después de hacer feliz a un ser humano!”

Para Jean Cocteau (1889-1963): “Es muy difícil hacer bella la felicidad. Una felicidad que sólo es ausencia de desdicha, es cosa fea”

Para Pearl S. Buck (1892-1973), “muchas personas se pierden las pequeñas alegrías, mientras aguardan la gran felicidad”

Para Thornton Wilder (l897-1975): “Los mejores momentos de la vida, vienen por sí solos, no tiene sentido esperarlos”

Para A. de Saint-Exupery (1900-1944), “si quieres comprender la felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin”

Para Simone de Beauvoir (1908-1986), “las personas felices no tienen historia”

Para Jean Anouilh (l910-1987): “No hay que creer exageradamente en la felicidad, sobre todo cuando se es de buena raza. No se consiguen más que decepciones”

Para Albert Camus (1913-1960): “No es vergonzoso preferir la felicidad”. “Quien encuentra la paz en su hogar, ya sea rey o campesino, es el más feliz de los humanos”. “Debería darnos vergüenza ser felices nosotros solos””.

Para Ana Frank (1929-1945): "Mientras puedas mirar al cielo sin temor, sabrás que eres puro por dentro y que pase lo que pase, volverás a ser feliz"
    
Para Vargas Llosa (n. 1936): “Sólo un idiota puede ser totalmente feliz”