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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Creatividad de los genios

El genio tiene virtudes de catálisis: permite que se realicen en frío ciertas operaciones espirituales que exigen, de ordinario, las altas temperaturas de la pasión. Jean Rostand.

Un genio es alguien que descubre que la piedra que cae y la Luna que no cae representan un solo y mismo fenómeno. Ernesto Sábato.

El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación,  Franz Kafka.

El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio. Ralph Waldo Emerson.

Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él. Jonathan Swift.

El genio en el arte consiste en saber hasta donde podemos caminar demasiado lejos. Jean Cocteau.

El genio es un rayo cuyo trueno se prolonga durante siglos, Knut Hamsun.

A Picasso, hasta los que le detestan, le soportan, porque nunca usa el talento. Sólo usa el genio. Sus obras nunca son pensamientos. Son actos. Jean Cocteau.

El genio hace lo que debe y el talento lo que puede. Edward George Bulwer Lytton.

El genio no es planta que brota únicamente en los centros académicos; es flor salvaje que nace en el bosque por sí sola, sin requerir ayuda ajena. Dale Carnegie.

En su propio país un genio es como el oro en la mina. Benjamin Franklin.

Ningún genio fue jamás empañado por el aliento de los críticos. Samuel Johnson.

La genialidad es la capacidad para ver diez cosas donde el hombre ordinario sólo ve una. Ezra Pound.

Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio. Henry Frédéric Amiel.

Lo que mueve a los genios, lo que los inspira no es una nueva idea, sino la obsesión con una idea que no fue trabajada lo suficiente. Eugène Delacroix.

El genio, en verdad, significa poco más que la facultad de percibir las cosas de una manera distinta. William James.

martes, 25 de agosto de 2026

El artificio de la inteligencia, por Juan Gabriel Vásquez

 El artificio de la inteligencia, en El País, Juan Gabriel Vásquez, 29 mar 2026:

Todavía nos importa leer una obra con la conciencia de que la ha imaginado una persona parecida a nosotros

En medio de este mundo hecho pedazos por la codicia, la estupidez, la obcecación y la maldad de unos cuantos, en medio del sufrimiento sin cuento al que asistimos todos los días, que una editorial norteamericana tenga que retirar una novela del mercado y suspender su promoción es sin duda una noticia menor: un escándalo de andar por casa. Pero lo que ha sucedido en días pasados no es importante por lo que sucedió, sino por lo que augura, y yo tengo para mí que es la primera de muchas noticias similares que estarán en nuestras conversaciones en los años que vienen.

La historia es la siguiente. Una escritora más o menos principiante se autopublica una novela de terror; la novela autopublicada tiene éxito en el mundo de las redes y aledaños; una gran editorial se da cuenta de ese éxito, compra la novela y la publica por los canales de toda la vida. Pero entonces los lectores y los periodistas empiezan a notar algo molesto en la factura de la novela, una vaga cualidad (o defecto) de la escritura, y de repente circula en los vericuetos de internet la denuncia del escándalo: algunas partes del libro han sido escritas con inteligencia artificial. La acusación resulta cierta, la editorial retira el libro del mercado, la autora busca excusas: ella es inocente, dice, ella no usó inteligencia artificial, ella sólo contrató a un conocido para que editara su libro antes de la autopublicación y ese conocido, él sí, usó inteligencia artificial. A un periodista le dice que esta controversia le ha hecho daño, que su salud mental no está bien, que no puede hablar demasiado del asunto por imprecisas razones legales. Y en eso va la cosa.

Pero cualquiera verá que esta anécdota más o menos banal encierra cuestiones de importancia, por lo menos para esa curiosa subespecie de la humanidad que somos los lectores de literatura: los que dedicamos un tiempo sostenido al extraño oficio de imaginar a los otros, sean los otros inexistentes o reales, mediante un artificio hecho de palabras. Primera pregunta: ¿quién las escoge, esas palabras, y por qué habría de importarnos? Los modelos de lenguaje son ya capaces de imitar —me dicen— las estrategias verbales y los rasgos de estilo de un autor cualquiera, y hemos comenzado a escuchar las opiniones de los más integrados (o los más sumisos) que ya aceptan lo inevitable y se llenan de argumentos finos, falsamente desinteresados o hipócritamente altruistas: no importa si el ciego Homero existió en realidad, dicen, lo que importa es que exista la Odisea, lo que importa es que exista la Ilíada. Ustedes entenderán que me haya venido a la memoria aquella escena maravillosa de Shakespeare enamorado, la obra de teatro de Lee Hall (que hace unos años tuve el placer de traducir), donde William Shakespeare se presenta en un ensayo de Romeo y Julieta, alguien pregunta quién es y alguien más responde: “Nadie. El autor”.

Sea como sea, la acusación contra la novela de terror y su retiro del mercado pueden provocar el espejismo, justificado o no, de que la existencia de un ser humano detrás de la historia que leemos sigue importándoles a algunos, o a muchos. ¿Cambiaremos de opinión, por resignación o por derrota? ¿Cuánto tiempo tardaremos en hacerlo? Flaubert decía que el escritor debe arreglárselas para convencer a la posteridad de que no ha existido. No se puede decir que, en su caso, lo haya logrado: en mi vida de lector tiene tanta importancia Madame Bovary como las cartas que aquel falible creador le escribió a Louise Colet, su amante de muchos años. Al parecer todavía nos importa leer una obra de la imaginación literaria con la conciencia, guardada en alguna parte, de que la ha imaginado una persona parecida a nosotros, con la que tenemos rasgos en común (aunque sólo sean las comunes fragilidades de nuestra condición) y con la que además establecemos relaciones duraderas a lo largo de una vida: relaciones inexplicables y acaso incomprensibles para quien no lee ficciones. No, no es fácil explicar con precisión qué perseguimos —qué sosiegos, qué consuelos, qué ayudas o iluminaciones, qué refugios o intimidades— cuando vamos a Proust o a Chéjov, a Marguerite Yourcenar o a Alice Munro. Pero no perseguimos las mismas cosas.

Tenemos con esos libros una relación que depende de un atributo impreciso de la voz o de la inteligencia, una comunicación que sólo puedo llamar con ese adjetivo que ya comenzamos a mirar con otros ojos: humana. Yo me pregunto si la seguiremos teniendo cuando sepamos que esas palabras han sido escritas, y esas situaciones imaginadas, por la compleja operación de un modelo de lenguaje. Fatalmente anclado en mis prejuicios, yo sé por lo pronto que no conseguiría respetar a un autor que utilizara los recursos de la inteligencia artificial en sus obras de imaginación. Y no sólo por la conclusión inevitable de que ha tomado atajos para evitarse la tarea de aprender lo que no sabe, de dominar las técnicas que no domina en este oficio artesanal, sino también por ignorar o menospreciar el orgullo que le produce a todo creador genuino identificar sus limitaciones y encontrar las formas de subsanarlas. Ribeyro decía que escribir es inventar un autor a medida de nuestro gusto; yo añado que es también inventar un autor que remedie o atenúe nuestras carencias. En una entrevista le preguntaron a Hemingway si reescribía mucho; él contó que el final de Adiós a las armas, por ejemplo, lo había escrito 39 veces. ¿Cuál era el problema?, le preguntó el periodista. Hemingway contestó: “Poner bien las palabras”.

No me creo culpable de sentimentalismos anacrónicos, aunque me parece (de manera preocupante) que no me importaría serlo. No sé si la inteligencia artificial será un día capaz de escribir novelas que nos afecten o nos transformen como lo han hecho las que hemos leído hasta ahora, pero aventuro que nunca será capaz de descubrir nada nuevo, y en eso quizás esté toda la diferencia. Me explico: la inteligencia artificial aprende a pasos agigantados, cierto, pero aprende siempre sobre la base de lo que ya existe; a menos que mucho me equivoque, ignora el accidente y el azar, que son rasgos de lo humano. El Quijote es el libro enorme que es, inventor de un género y una forma de explorar lo que somos, por la suma de los dos tomos que Cervantes publicó con 10 años de intervalo; pero esa maravilla que es el segundo tomo no existiría tal y como lo conocemos si no fuera por un intruso, un tal Avellaneda, que robó el personaje ya existente en el primero para su propia versión ilegítima y obligó a Cervantes, el autor ofendido, a recuperarlo. Aunque sólo fuera para matarlo y que nadie más se lo robara.

Tres siglos después, un poeta inglés, W. H. Auden, mandó a su editor un poema que incluía este verso suficiente: The poets know the names of the seas, "Los poetas conocen los nombres de los mares". Por un error del cajista o el impresor, las pruebas del poema le llegaron después con una letra cambiada. The ports know the names of the seas, leyó Auden: “Los puertos conocen los nombres de los mares”. La versión equivocada le pareció mejor que la original, y lo dejó así. El error había descubierto un mejor verso. Llámenlo ustedes inteligencia natural. Llámenlo, si prefieren, artificio de la inteligencia.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Feynman habla sobre John von Neumann

 [Transcrito, traducido y corregido de YouTube: "Richard Feynman observed von Neumann's brain, and saw something not human", en Mathematically Proven.

 Vi al hombre más inteligente del mundo equivocarse en una respuesta. No es un error pequeño. Un completo fracaso. Pasó justo al lado de algo que pude ver claramente. Fue entonces cuando me di cuenta de que su cerebro funcionaba de manera diferente al mío.

No mejor. No peor. Diferente. Su nombre era John von Neumann. Y lo que aprendí al observarlo cambió mi forma de pensar sobre la inteligencia para siempre.

Déjame contarte lo que vi. Déjame llevarte de regreso a Los Álamos, 1944.

Estábamos construyendo la bomba atómica en medio del Desierto de Nuevo México. Yo tenía 26 años. Un don nadie. Acababa de terminar mi doctorado y de repente me vi rodeado por las mentes más grandes de la física. Oppenheimer dirigió toda la operación. Allí estaba Fermi, el hombre que construyó el primer reactor nuclear. Bethe dirigió la división teórica. Bohr voló desde Dinamarca.  Éstas no eran sólo personas inteligentes. Éstas fueron las personas que inventaron la física moderna.

Y luego estaba Johnny.

Von Neumann no era como los demás grandes hombres. Hablaba en serio. Intenso. Oppenheimer tenía esa mirada atormentada, como si llevara el peso del mundo. Fermi era tranquilo y metódico. Bohr era viejo y serio. Johnny era cálido. Divertido. Organizaba fiestas que duraban hasta la mañana. Contaba chistes sucios en cuatro idiomas. Conducía demasiado rápido. Vivió demasiado bien. Su casa en Princeton era legendaria. Los científicos volarían sólo para estar en sus fiestas. Y llevaba trajes de tres piezas en todas partes, incluso haciendo senderismo en los cañones del desierto. El resto de nosotros llevábamos camisetas, sudando por el calor. Johnny parecía que iba a una reunión de junta directiva. Me pareció muy gracioso.

Los domingos, un grupo de nosotros caminábamos por las rocas rojas. Caminábamos durante horas hablando de física, acerca de las matemáticas, sobre la bomba. Sobre lo que todo significó. Fue entonces cuando realmente pude observarlo. Para ver su mente trabajar de cerca.

Johnny lo resolvió en diez segundos.

Una tarde estábamos discutiendo un problema de cálculo. Algo que ver con el diseño de implosión. Las matemáticas eran confusas. Necesitábamos averiguar cómo se comportarían las ondas de choque en el interior del núcleo de plutonio. No recuerdo los detalles exactos. Lo que recuerdo es lo que pasó después. Todos estábamos pensando en voz alta, probando diferentes enfoques. Nos quedábamos atascados y empezábamos de nuevo.

Johnny se quedó en silencio durante unos diez segundos; luego nos dio la respuesta. La solución completa. Cada paso. Él simplemente lo dijo en voz alta, como si estuviera leyendo una página que sólo él podía ver. Había hecho todo el cálculo en su cabeza. Mientras todavía estábamos intentando resolver el problema, él tenía... ya la solución.

Me volví hacia Bethe. Bethe simplemente sacudió la cabeza y sonrió. Como si esto fuera normal. Como si esto pasara todos los días. Esto ocurrió todos los días. Esa fue la cosa. No podrías sorprender a Bethe con las habilidades de Johnny, ya no. Había visto demasiado. Ninguno de ellos tenía una mente como la suya. Tienes que entender cómo era la mente de Johnny. Porque esto no era inteligencia ordinaria. Esto fue algo más. 

Eugene Wigner ganó el Premio Nobel de Física. Él conocía a todo el mundo. Einstein. Heisenberg. Dirac. Planck. Los más grandes físicos del siglo XX fueron sus colegas y amigos. Años después, Wigner dijo algo que nunca olvidé. Dijo: "He conocido a muchas personas inteligentes en mi vida. Conocí a Max Planck. Conocí a Werner Heisenberg. Paul Dirac era mi cuñado. Leo Szilard y Edward Teller han estado entre mis amigos más cercanos. Y Albert Einstein también era un buen amigo". Luego dijo: "Pero ninguno de ellos tenía una mente tan rápida y aguda como John von Neumann". A menudo he observado esto en presencia de esos hombres, y nadie nunca me lo han discutido. Piénsalo.

Wigner dijo esto delante de Einstein. Delante de Heisenberg. Ninguno de ellos discutió. Sabían que era verdad. Hans Bethe, mi mentor, dijo una vez que el cerebro de Johnny podría ser un órgano emergente, de un orden de complejidad diferente al de los mortales comunes y corrientes.

Él no estaba bromeando. Bethe era un hombre serio. No exageró. Déjame contarte lo que Johnny podía hacer, lo que un Johnny de seis años podía hacer .

Cuando tenía seis años, podía dividir dos números de ocho dígitos en su cabeza, no en el papel. Podía bromear en griego antiguo con huéspedes en la cena de sus padres. A los ocho años ya dominaba el cálculo. A los doce años, había leído una historia mundial de cuarenta y seis volúmenes, y lo recordaba todo. Cada nombre. Cada cita. Cada batalla.

Su tutor de matemáticas, un hombre llamado Szegő, vino a casa de von Neumann para darle su primera lección particular cuando Johnny tenía quince años. Szegő era un matemático profesional, un profesor universitario.

Después de esa sesión, Szegő regresó a casa con su esposa y lloró. No porque le fue mal, sino porque nunca había visto algo parecido a la mente de este chico. 

Johnny podía memorizar guías telefónicas. Guías telefónicas completas. Años después, podrías interrogarlo sobre cualquier nombre, cualquier número. Él te daría la respuesta y te diría exactamente dónde estaba, dónde aparecía en la página.

En RAND, el centro de estudios militares de California, pagaron a Johnny un salario mensual completo, pero no por trabajar a tiempo completo. El contrato decía que estaban pagando por el tiempo que él pasaba divagando. Querían cualquier retazo de pensamiento que le viniera a su mente mientras él se afeitaba mirándose al espejo cada mañana. Así de valiosos eran sus momentos de ocio. RAND le pagó para que se afeitara.

Un día en RAND algunos investigadores se acercaron a Johnny con un problema. Un problema difícil. Necesitaban diseñar una computadora de última generación para resolverlo. Le dieron una presentación de dos horas. Gráficos. Tablas. Pizarra tras pizarra de ecuaciones. Nos explicaron cada detalle. Johnny se sentó allí todo el tiempo con la cabeza entre las manos. Silencioso aún.

Cuando terminaron, se quedó mirando fijamente y sin comprender durante un rato. Un colega dijo que parecía como si se le hubiera ido la pinza, tenía la cara desfigurada.

Entonces Johnny habló. "Señores", dijo, "no necesitan la computadora. Tengo la respuesta."

Había resuelto todo el asunto en su cabeza, mientras aún estaban explicando el problema. Esto es lo que me desconcertó. Yo pienso en imágenes. Johnny no. Yo no era tan rápido como Johnny, no había nadie que lo fuera. Mi cerebro no funcionaba como el suyo. No pude mantener un cálculo infinito en mi cabeza. No pude memorizar las guías telefónicas. Años después, no pude recitar libros enteros palabra por palabra, leyéndolos una sola vez.

Pero a veces pude ver cosas que él no veía. Pienso en imágenes. Siempre lo he hecho. Cuando miro ecuaciones, veo colores. La letra j es de color marrón claro. La letra n es ligeramente violeta-azulada. La letra x es de color marrón oscuro. No sé por qué. No es algo que yo elegí. No es algo que aprendí. Así es como funciona mi cerebro.

Cuando mi padre me enseñó sobre los dinosaurios cuando era niño, no sólo aprendí los nombres. Los vi. Me los imaginé moviéndose por el bosque, sus enormes pies sacudiendo el suelo. Así fue como los hice reales para mí.

Para mí la física funciona de la misma manera. Diré cómo pasa. Cuando pienso en un electrón encontrándose con un positrón, no veo los símbolos, veo las partículas. Las veo moverse en mi cabeza. Veo las pequeñas flechas apuntando hacia un lado y hacia el otro. Dibujo pequeñas imágenes, pequeños diagramas, y las imágenes me dicen cosas que las ecuaciones no dicen directamente. Por eso inventé esos diagramas. Los que ahora llaman diagramas de Feynman. No eran una herramienta de enseñanza. No eran una simplificación para los estudiantes. Eran como realmente pensaba. Simplemente dibujé lo que vi en mi cabeza. 

Johnny era lo opuesto. Pensaba en símbolos puros. Pura lógica. No hay fotos. Sin colores. Sólo una manipulación interminable de matemáticas abstractas, objetos puros, más rápido de lo que nadie podría seguirlos. Su mente era puro cálculo. 

Stan Ulam, quien trabajó estrechamente con Johnny durante años, dijo: "Su mente era como una máquina con engranajes mecanizados para engranar con precisión de una milésima de pulgada." Pero Ulam notó algo más. Algo que me sorprendió cuando lo escuché. A Johnny le pareció que le faltaba el don para lo aparentemente creativo, las intuiciones, las pruebas y teoremas irracionales o intuitivos.

La mente más rápida del mundo, la calculadora más poderosa que jamás haya existido, y  dudó de sí misma.

Él pensó que sería olvidado. Esto es lo que realmente me sorprendió. Johnny le dijo a la gente, en privado, que sería olvidado. Dijo que Kurt Gödel sería recordado junto a Pitágoras, pero él no. No Johnny von Neumann.

Piénsalo. Piensa en todo lo que hizo von Neumann. Inventó la teoría de juegos, todo el campo, las matemáticas de estrategia que ahora gobiernan la economía, la política y lo militar; planificación e inteligencia artificial. Construyó las bases matemáticas de la mecánica cuántica. Antes de él, la teoría cuántica era un caos de ideas brillantes e intuiciones, y él lo hizo riguroso.

Él diseñó la arquitectura que se ejecuta dentro de cada computadora. ¿Alguna vez has utilizado la arquitectura de von Neumann? Cada computadora portátil. Cada teléfono. Cada servidor. Todos ellos utilizan el diseño que él creó. Ésta no es una pequeña nota a pie de página en la historia. Son tres revoluciones separadas. Cualquiera de ellas haría de su carrera una leyenda.

Pero Johnny miró su propio trabajo y vio que faltaba algo. Vio que no había descubierto ciertas ideas que otros sí tenían y él era más capaz de descubrir. Podría haber demostrado los teoremas de incompletitud de Gödel. Él tenía todas las herramientas. Estaba trabajando en los mismos problemas, pero alguien más lo solucionó allí antes. Y eso lo perseguía.

Ulam dijo que Johnny no estaba convencido de la importancia de gran parte de su propio trabajo. Sólo disfrutaba de ello cuando encontraba algún truco técnico inteligente. Parecía ciego a la amplia trascendencia de lo que había hecho, él, el hombre que todos consideraban la mente más grande del mundo de su siglo. Pensó que no era lo suficientemente creativo.

Wigner dijo algo más sobre Johnny, algo que ayuda a explicar esto. Después de elogiar su velocidad, su rapidez, su precisión, Wigner añadió una salvedad: "Sin embargo, la comprensión de Einstein era aún más profunda que la de von Neumann. Su mente era más penetrante y más original”. Wigner continuó: "Einstein disfrutaba enormemente en la invención. Dos de sus mayores inventos fueron las Teorías de la relatividad especial y general. Y, a pesar de toda la brillantez de Jancsi, nunca produjo algo tan original."

Esto es lo que Johnny vio en sí mismo. Sabía que era rápido. Sabía que podía calcular cualquier cosa. Pero miró a Einstein, a Gödel, a la gente que había inventado formas de pensar completamente nuevas, y sentía que no pertenecía a su compañía. Estaba equivocado, por supuesto, pero él no lo vio así.

Johnny murió en 1957. Cáncer. Tenía sólo cincuenta y tres años. Los últimos meses de su vida fueron duros: el cáncer se extendió a su cerebro. Von Neumann, que podía calcular series infinitas en segundos, ya no podía recordar las matemáticas básicas. Al universo no le importa lo inteligente que seas. Cerca del final, su mente estaba fallando. Los sedantes y el dolor habían eliminado quién era él, casi todo lo que lo hacía sentir mal. Los militares colocaron guardias afuera de su habitación del hospital. Tenían miedo de que pudiera balbucear secretos clasificados sobre armas nucleares. Incluso muriendo, fue considerado un riesgo para la seguridad. Eso es lo mucho que sabía.

Pero Johnny ya no hablaba inglés. Él habló en húngaro. El idioma de su infancia. El lenguaje que su madre había usado cuando él era un niño pequeño en Budapest, antes de todo esto. Antes de Princeton. Antes de Los Álamos. Antes de las computadoras y las bombas. Sus últimas palabras fueron en húngaro. Y cuando su hermano se sentó a su lado, Johnny recitó el poema de Goethe, el Fausto, de memoria. Todo él, palabra por palabra.

Incluso al final, esa mente seguía funcionando. Esto es lo que aprendí al observar a John von Neumann. No existe una única manera de ser un genio. Algunas personas pasan directamente por los problemas. Son tan rápidos, tan poderosos, que no necesitan atajos. Pueden mantener sistemas enteros en sus cabezas mientras el resto... A muchos nos cuesta hacer una secuencia de las partes. Ese era Johnny, una computadora humana antes de que existieran las computadoras.

Otras personas ven problemas a su alrededor. Encuentran el truco, el camino elegante, la imagen que lo deja todo claro. Hacen preguntas que a nadie más se le ocurre hacer. Así es como trabajo. Ninguna de las dos opciones es mejor. Ambas son necesarias. La ciencia necesita ambas cosas. El mundo necesita ambas. Las personas que preguntan por qué funciona esto y las personas que preguntan ¿cómo hago que esto funcione? Johnny podía hacer cosas que yo no podía. Yo podía hacer cosas que él no podía. Y ambos nos miramos y nos preguntamos cómo lo hizo el otro.

Y aquí está la otra cosa. Lo que más importa. Incluso la mente más poderosa que he conocido pensó que no fue lo bastante buena. El hombre que todos consideraban sobrehumano se miró en el espejo y vio sus limitaciones. Vio los descubrimientos que no había hecho. Los conocimientos que habían llegado a otra persona. Las ideas que podría haber tenido, si hubiera pensado un poco diferentemente.

Si von Neumann podía sentirse así, tal vez el resto de nosotros podamos. Dejemos de ser tan duros con nosotros mismos. Quizás no exista ningún nivel de logro que no haga dudar. Quizás la duda sea solo parte del pensamiento. Parte de preocuparse por lo que haces. Parte de querer hacerlo mejor. Las personas que nunca dudan de sí mismas son las que tienen que dejar de intentarlo.

Johnny nunca dejó de intentarlo. Incluso cuando su cerebro podía superar al de todos los demás, él todavía trataba de alcanzar algo más. El cerebro de Johnny von Neumann no era humano. Todos los que lo conocieron estuvieron de acuerdo en eso. Pero sus inseguridades eran profunda y dolorosamente humanas, y quizás eso es lo más importante que aprendí de él.

domingo, 26 de enero de 2025

Cómo evitar el bloqueo del escritor

 De Álvaro García, en su Jardín mental, "Cómo Evito el Bloqueo Creativo y Dejo de Mirar la Página en Blanco. La única técnica que me ha funcionado" 15 de enero de 2025

Esa sensación de estar frente a la página en blanco y ser incapaz de escribir…

Es frustrante y, casi siempre se debe a la falta de dirección. Si con frecuencia te sientas a escribir y no sabes ni por donde empezar, tengo buenas noticias para ti: no necesitas enfrentarte a la página en blanco jamás.

Hay una forma eficiente y simple de comenzar: haz un esquema de escritura.

Al principio creía que empezar con la hoja en blanco cada mañana era la rutina de cualquier escritor, pero tras más de 150 artículos en Substack en menos de un año, diseñé un método con el que escribo más rápido y disfruto mucho más del proceso.

Comencemos.

1. Cómo hacer un esquema de escritura

Abre tu ordenador o toma una libreta. Piensa en un tema sobre el que quieras escribir. A continuación, comienza a listar todas las ideas que te vengan a la mente relacionadas con ese tema. Da igual el orden, solo escribe lo que pienses.

Una vez tengas esa lista, selecciona las ideas más interesantes.

Ahora, lo que vas a hacer es transformar cada una de esas ideas en un concepto central para un apartado de tu texto. Por ejemplo, supongamos que estás escribiendo sobre "Cómo mejorar tu productividad." Es probable que tus ideas iniciales hayan sido algo como esto: Productividad: Distracciones, tecnología, horarios, trabajo en equipo, ahorro de tiempo, agotamiento, tareas...

De esas ideas, seleccionaste las que realmente aportan valor y luego las desglosaste en acciones claras y aplicables.

Aquí te dejo un par de ejemplos de cómo hacerlo:

Cómo mejorar la productividad

“Las distracciones son un problema.”

¿Cuáles son las distracciones comunes?

¿Cómo eliminarlas?

Pasos para eliminarlas

Paso 1

A más específico, más práctico y aplicable será. Al final el esquema será algo así:

Introducción: ¿Por qué es importante la productividad?

Idea 1: Identifica tus distracciones y elimínalas.

Idea 2: Crea un horario y cíñete a él.

Idea 3: Delega tareas para trabajar en equipo.

Conclusión: Tu productividad depende de tu disciplina.

Una vez que tienes hecho tu esquema, el trabajo más difícil ya está hecho.

2. Título: Responder a un asunto o problema

Ponte en la piel de quienes te leen: ¿qué buscan en ti? ¿Qué necesitan resolver o saber? Un buen título te ayuda a aclarar el resto del texto. Evita títulos amplios y difusos, trata de acotar claramente de lo que vas a hablar.

El título delimita el asunto.

Cambia “Cómo Escribir Mejor” por “7 Técnicas Para Vencer El Bloqueo Creativo”.

Cambia “Cómo Ser Productivo” por “3 Hábitos Matutinos Que Cambiaron Mi Día”.

Cambia “Aprende a Programar” por “Guía Para Dominar Python Desde Cero”.

¿Notas la diferencia?

Un título amplio y genérico pierde fuerza porque no promete nada concreto. En cambio, un título específico responde a una pregunta o necesidad real.

Cuando alguien me dice “cómo escribir mejor”, mi primera reacción es: ¿Escribir mejor qué? ¿Libros? ¿Artículos científicos? ¿Emails? Y si es “mejor”, ¿a qué se refieren? ¿Más claridad? ¿Menos errores? Sin definición clara, quien escribe y lee terminan perdidos.

El título es la brújula, úsalo para indicar el rumbo que tu texto va a seguir.

3. Introducción: Poner en valor al texto

La introducción debe dejar claro por qué merece la pena seguir leyendo.

La realidad es que la mayoría de contenido en redes se consume rápidamente, saltando entre líneas y, con frecuencia, no tardarán ni 5 segundos en decidir si seguir viéndolo o irse. Por eso es crucial ser conciso y claro.

Presenta brevemente el asunto o problema (el bloqueo creativo, en este caso), y propón una solución aplicable (como hago aquí). Asegúrate de dejar claro por qué merece la pena tu contenido, qué valor aportas frente al millón que hay en la red.

Yo me hago estas preguntas en mi esquema de escritura.

¿Qué puedo enseñarte?

Ejemplo: “Si alguna vez te has enfrentado a la página en blanco sin saber por dónde empezar, te diré herramientas prácticas para superar ese momento.”

Ejemplo: “Voy a mostrarte cómo puedes escribir correos atractivos incluso si tienes timidez y 0 experiencia escribiendo.”

¿A quién voy a escribirle?

Ejemplo: “A una persona creativa que escribe o comunica y le interesa saber la mejor manera de hacer que sus palabras tengan un impacto.”

Ejemplo: “Personas inexpertas en el mundo de la programación informática no saben nada todavía.”

¿Por qué es valioso lo que te cuento?

Ejemplo: “Lo que digo no es teoría, son herramientas que he usado para escribir cientos de artículos y que me han ayudado en tiempo récord.”

Ejemplo: “No te voy a dar consejos genéricos, sé lo difícil que es la programación, así que hice el trabajo duro por ti y te diré solo lo importante”.

¿Por qué puedes confiar en mí?

Ejemplo: “Tras décadas escribiendo para periódicos y plataformas con audiencias enormes, he cometido todos los errores posibles antes de encontrar lo que funciona.”

Ejemplo: “Como programador autodidacta que comenzó sin saber nada, sé exactamente qué obstáculos te encontrarás y cómo evitarlos.”

Cuando tienes claras las respuestas a estas preguntas, la introducción se escribe sola. Y no te preocupes si crees que no tienes nada que aportar, la realidad es que todo el mundo tiene algo que contar, solo que no lo has puesto aún en valor.

Si la introducción es una invitación, estás dando razones para aceptar tu invitación.

4. Ideas principales: Dar valor

A estas alturas ya tenemos casi todo hecho, queda mi parte favorita.

Con tu esquema "preparado" ahora solo necesitas llenar los espacios. Comienza a escribir bajo cada idea principal como si estuvieras explicándoselo a un amigo. Habla de forma sencilla y no te preocupes por el estilo. Luego, cuando lo hayas escrito todo, podrás releerlo y ajustar la longitud, nivel de detalle y tono.

Solo asegúrate de responder de forma específica y aplicable a lo que prometiste.

5. Conclusión: Lo que no deben olvidar

Una cosa que aprendí con el tiempo es que no son siempre necesarias.

Como decía al inicio, en internet la mayoría lee a toda velocidad y no se detienen más que unos segundos antes de pasar a otro contenido. Si ya has cumplido con lo que prometiste en las ideas principales, cierra el texto. No hace falta que repitas puntos ya mencionados o hagas un resumen. Opta por la brevedad.

Si la escribes, puede ser una idea fundamental que deben recordar, una moraleja de lo que contaste o una idea para tomar la iniciativa y pasar a la acción.

Todo lo que te he contado puedes dejarlo hecho de antemano en un borrador de Substack. Luego, cada vez que vayas a escribir, haces una copia del borrador para usar tu esquema y nunca más volver a ver la horrible página en blanco.

Aquí puedes ver mi esquema para nunca bloquearme frente a la página en blanco.

3 trucos más que uso para superar el bloqueo creativo

1. Empieza por lo que sabes

Si te encuentras atascado, empieza por lo que ya tienes claro.

He escrito artículos comenzando directamente por la conclusión porque ya reflexioné sobre el tema y tenía la respuesta final, así que lo que hice fue ingeniería inversa: comencé por la conclusión y luego trabajé hacia atrás, desarrollando las ideas principales que me llevaron a esa conclusión.

Si no sabes por dónde empezar, agarra lo que sabes bien y construye desde ahí.

Un ejemplo de texto en el que me pasó eso: El brainstorming no funciona, haz esto en su lugar. Tenía claro que el brainstorming no era la forma óptima de generar ideas, esa fue mi conclusión basada en mi experiencia. La pregunta era, ¿qué hacer en su lugar?

El resto responde justo a eso.

A eso me refiero cuando digo que empieces por lo que ya sabes.

2. Muévete

Tu entorno afecta tu creatividad.

Si te atacas, cámbiate de lugar. Escribe en un parque, en una cafetería, o en una habitación distinta de tu casa. Un cambio de escenario puede hacer maravillas. Y si puedes, haz cualquier actividad que te permita desconectar un momento, como caminar. Está demostrado que pasear aumenta la creatividad.

Y lo puedo confirmar, las ideas fluyen cuando doy un paseo y dejo a mi mente volar.

3. Usa límites de tiempo

No terminamos las cosas porque no tenemos fecha para terminarlas.

Ponte un límite de tiempo realista, pero ajustado, que te empuje a terminar el borrador. Da igual si está perfecto o no, lo primero es tener algo en papel, y luego, más adelante, podrás pulirlo. Esto elimina el perfeccionismo de una vez por todas.

He usado este truco infinidad de veces.

Como ves, superar el bloqueo de la página en blanco no va de tener una chispa de inspiración, va de tener un sistema efectivo. Antes, rezaba y esperaba a que llegara la inspiración. Ahora, la inspiración llega todos los días a la misma hora.

Justo cuando me siento a escribir.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

Dossier sobre el principio valla de Chesterton

 Dossier sobre el principio valla de Chesterton, valioso en política y en la toma de decisiones de cualquier tipo en cualquier área (en la pedagogía, magisterio o educación española, por ejemplo, no se ha tenido en cuenta). Consta de cinco artículos seleccionados.

I

Alberto Losada Gamst, "La innovación ante la Valla de Chesterton", en AvantIdeas, Inteligencia & Acción:

Innovar es necesario para evolucionar. Pero cuidado con eso de innovar por innovar, o de empezar a cambiar las cosas porque nos parecen anticuadas o no terminamos de entender por qué alguien, en un momento dado, las hizo así.

Hay muchos ejecutivos recién nombrados que deciden hacer algo de impacto en sus primeros días o semanas. ¿Y qué mejor que empezar borrando proyectos e iniciativas del profesional al que sucede? Esto fuera, aquello fuera, el proyecto que estaba casi listo se congela, despedida o trasladada la gente más cercana al de antes, y así. Fuera fuera que aquí llego yo que soy más listo y estoy más al día que nadie.

LA PARADOJA DE LA VALLA DE CHESTERTON

En 1929, en su libro “The Thing: por qué soy católico” el escritor, filósofo y periodista británico G. K. Chesterton  publicó su famosa Paradoja de la Valla.

Y lo hace en estos términos:

"En lo que se refiere a la reforma de las cosas hay un principio que probablemente será calificado como una paradoja. Se da en casos como en las instituciones o en las leyes; imaginemos, por ejemplo y para simplificar, dos paseantes que se encuentran una valla o una puerta en medio de un camino.

De ambos, el  tipo más moderno de reformador se acerca alegre a la valla y dice: «No veo el uso que pueda tener esto; vamos a deshacernos de ella». El tipo más inteligente de reformador hará bien en responder diciendo: «Si no ves su uso, de ninguna manera te dejaré que lo deshagas. Vete de aquí y reflexiona. Luego, cuando vuelvas y me digas que ya has visto el uso que tiene, tal vez te permita que la destruyas».

Qué nos quiere decir esta parábola? Pues que el que tú no entiendas algo no significa que ese algo sea inútil. Lo único que realmente significa es eso: que eres tú quien no sabe, no que aquello que no entiendes carezca de utilidad. Quien tiene que hacer un esfuerzo previo de comprensión eres tú.

A lo mejor, efectivamente, lo que quieres quitar ya está obsoleto y la razón por la que se creó o instauró ya no tiene sentido. Por ejemplo, las reuniones en una empresa son todos los martes a las 11:30 desde hace 15 años. ¿Por qué es así? A lo mejor había un sistema de información totalmente manual y nada automatizado que exigía mucho trabajo humano para ordenar los datos y presentarlos de una forma útil. Hoy, con todos los recursos informáticos y ofimáticos a nuestro alcance, lo más probable es que la disponibilidad sea inmediata y a tiempo real.

LA VALLA DE CHESTERTON PARA EVITAR LAS CONSECUENCIAS INDESEADAS

Sé de una persona que vivía hace muchos años enfrente de un parque que quitaron para poner un aparcamiento subterráneo. Cuando lo terminaron de construir lo taparon con algo de tierra y, durante un fin de semana, lo estuvieron regando día y noche. Pensó que algún operario habría olvidado cerrar el grifo y que menuda tontería mojar una tierra estéril, así que se acercó y ella misma cerró el grifo para evitar que se siguiera malgastando agua.

Pues bien: más tarde supo que ese “riego” era para mejorar el fraguado del hormigón en la cubierta del nuevo aparcamiento y que su acción supuso una alteración en las fechas de apertura del nuevo aparcamiento.

¿Por qué este error? Porque alguien decidió cambiar una situación que no entendía bien… sin molestarse en averiguar por qué era así antes de hacer nada .

En España tenemos el ejemplo real de las consecuencias indeseadas con la llamada “Ley del Sólo Sí es Sí” (Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual). Puesta en marcha para prevenir y perseguir con más contundencia los acosos y delitos sexuales, de momento (septiembre 2023) ha conseguido que más de 1.200 agresores sexuales ya condenados hayan visto reducidas sus penas. El mismo Presidente del Gobierno Pedro Sánchez lo admitía sin rodeos: “ha tenido efectos indeseados. Y me quedo corto."

Moraleja: antes de cambiar algo, entérate de por qué está ahí y estudia bien las consecuencias del cambio que quieres hacer.

II

Binny Sosa D' Meza, "El pensamiento de segundo orden y la valla de G. K. Chesterton", en Acento, 7/06/2023:

Comprender la paradoja de la valla de Chesterton no debe convertirse en una justificación para el castigo, hostigamiento o aislamiento hacia las personas que intentan realizar mejoras continuas en cualquier ámbito del quehacer humano.

En estos tiempos de infantilismo nihilista-posmoderno, donde las convenciones intelectuales, políticas y cotidianas se empeñan en el absoluto de la deconstrucción social e histórica, la disonancia, el negacionismo, el inmediatismo, la sensorialidad y la relativización moral; vivimos en esta obsesión contemporánea, profundizada por los medios de comunicación y las redes sociales, cuyos riesgos y consecuencias para la sociedad actual pueden empeorar situaciones psicosociales, económicas e institucionales de las que G.K. Chesterton en su libro de ensayo The Thing, publicado a principios del siglo XX (1929) ya nos hacía referencia de tales temas en la paradoja de la valla: “En el asunto de reformar las cosas, a diferencia de deformarlas, hay un principio claro y simple; un principio que probablemente puede llamarse una paradoja. Existe en tal caso una cierta institución o ley; digamos en aras de la simplicidad, una valla o puerta erigida a través de un camino. El tipo más moderno de reformador se acerca alegremente a él y dice: "No veo el uso de esto; eliminémoslo". A lo que el tipo más inteligente de reformador hará bien en responder: "Si no ves el uso de eso, ciertamente no dejaré que lo elimines. Vete y piensa. Entonces, cuando puedas volver y decirme que tú ves el uso de esto, puedo permitirte destruirlo. Esta paradoja se basa en el sentido común más elemental. La puerta o cerca no creció allí. No fue montado por sonámbulos que lo construyeron en su sueño. Es muy improbable que se haya puesto allí por lunáticos fugados que por alguna razón andaban sueltos en la calle. Alguna persona tenía alguna razón para pensar que sería una buena cosa para alguien. Y hasta que sepamos cuál fue la razón, realmente no podemos juzgar si la razón era razonable".

Uno de los aspectos más importantes en la toma de decisiones no se circunscribe a gestionar el riesgo, criticar o anular lo que se considera el establishment o status quo; también es importante comprender la lógica de un comportamiento determinado y cuáles son las razones subyacentes en torno a las decisiones que previamente se han tomado, cuál es el origen de determinados acontecimientos y las consecuencias de las consecuencias de esas decisiones.

Comprender la paradoja de la valla de Chesterton no debe convertirse en una justificación para el castigo, hostigamiento o aislamiento hacia las personas que intentan realizar mejoras continuas en cualquier ámbito del quehacer humano; más bien es una alerta para que repensemos y gestionemos el pensamiento de segundo orden, antes de intervenir en cualquier sistema o proceso. Nos prepara para reconsiderar y evaluar las decisiones que otros tomaron antes que nosotros.

Cuando necesitamos intervenir las organizaciones, sistemas, procesos o políticas públicas debemos usar el pensamiento de segundo orden y evaluar las consecuencias a largo plazo de las decisiones que se llevarán a cabo. Aunque, más complejo y profundo el pensamiento de segundo orden nos permitirá analizar las hipotéticas consecuencias de las consecuencias de alguna situación personal u organizacional; permitiéndonos reflexionar y comprender mejor la realidad, resolver conflictos y problemas, tomar decisiones efectivas y generar nuevas ideas. A pesar de su utilidad, es un proceso cognitivo al parecer muy escaso en esta época.

Sin embargo, no podemos menospreciar lo actual y vigente de esta paradoja; muy útil en nuestros días, ya que nos explica la manera en que actúa el pensamiento de segundo orden, y cómo consciente o inconscientemente podemos destruir lo bueno en aras de eliminar lo malo, o de anteponer una razón simplista a través del pensamiento superfluo para solucionar un problema determinado. Veamos un ejemplo: considere un país que, queriendo promover un cambio hacia un régimen democrático en otro país, financia y proporciona armas a un grupo de “rebeldes moderados”, y resulta que esos rebeldes moderados se vuelven poderosos y luego instauran un gobierno de dictadura totalitaria e intentan desestabilizar durante décadas al país que financió al grupo de “rebeldes moderados”.

Para Chesterton, este tipo de perogrullada es propia de “un loco que debe regar cuidadosamente su jardín con una regadera, mientras sostiene un paraguas para protegerse de la lluvia”.

A lo largo de la historia de la humanidad, ha sido una acción repetitiva que políticos e intelectuales converjan en el hecho de no visualizar los efectos e impactos de sus tomas de decisiones, muchas veces con consecuencias negativas a corto, mediano y largo plazo; afectando los cimientos de instituciones históricas, educativas y científicas; incluyendo la desestabilización del tejido económico y social, normas éticas y morales, culturas y tradiciones; con la intención de modificar la sociedad en nombre del desatino, la anarquía universal, el fanatismo y la egolatría.

III

 Dr. Horacio Castellini, "Principio de la Valla de Chesterton" en Big Data and Data Science, 29 mayo 2023:

Los intelectuales contemporáneos están obsesionados con la "deconstrucción". Su mayor pasatiempo es criticar y abolir cualquier cosa que consideren "status quo". Pasan mucho menos tiempo haciendo lo que se supone que deben hacer los intelectuales; que es tratar de entender por qué las cosas son como son y qué consecuencias puede traer a la sociedad cualquier cambio repentino en el orden actual de las cosas.

Pero un componente central para la buena toma de decisiones es comprender la lógica detrás de las decisiones anteriores. Si no entendemos cómo llegamos "aquí", corremos el riesgo de empeorar las cosas. Cuando buscamos intervenir en cualquier sistema creado por alguien, no es suficiente ver sus decisiones y elecciones simplemente como las consecuencias del pensamiento de primer orden porque, sin darnos cuenta, podemos crear problemas graves. Antes de cambiar algo, deberíamos preguntarnos si estaban usando un pensamiento de segundo orden. Sus razones para tomar ciertas decisiones pueden ser más complejas de lo que parecen al principio. Es mejor asumir que sabían cosas que nosotros no sabemos o que tenían experiencias que no podemos entender, por lo que no buscamos soluciones rápidas y terminamos empeorando las cosas.

El pensamiento de segundo orden es la práctica de no solo considerar las consecuencias de nuestras decisiones, sino también las consecuencias de esas consecuencias. Todo el mundo puede gestionar el pensamiento de primer orden, que consiste simplemente en considerar el resultado inmediato previsto de una acción. Es simple y rápido, por lo general requiere poco esfuerzo. En comparación, el pensamiento de segundo orden es más complejo y requiere más tiempo. El hecho de que sea difícil e inusual es lo que hace que la capacidad de hacerlo sea una ventaja tan poderosa. Para entender exactamente por qué este es el caso, consideremos la Valla de Chesterton, descrita por G. K. Chesterton en su libro de 1929 "The Thing: por qué soy católico": Existe en tal caso cierta institución o ley; digamos, en aras de la sencillez, una valla o puerta erigida a través de un camino. El tipo más moderno de reformador se acerca alegremente y dice: “No veo el uso de esto". A lo que el tipo de reformador más inteligente hará bien en responder: “Si no ves el uso de esto, ciertamente no dejaré que lo elimines. Piensa. Entonces, cuando puedas volver y decirme que ves el uso de eso, puedo permitirte destruirlo".

Chesterton continuó explicando por qué este principio es cierto, escribiendo que las cercas no crecen del suelo, ni las personas las construyen mientras duermen o durante un ataque de locura. Explicó que las cercas las construyen personas que las planearon cuidadosamente y “tenían alguna razón para pensar que [la valla] sería algo bueno para alguien”. Hasta que establezcamos esa razón, no tenemos nada que hacer con un hacha. La razón puede no ser buena o relevante; solo tenemos que ser conscientes de cuál es la razón. De lo contrario, podemos terminar con consecuencias no deseadas: efectos de segundo y tercer orden que no queremos, extendiéndose como ondas en un estanque y causando daños durante años.

Chesterton también aludió a la creencia demasiado común de que las generaciones anteriores eran tontos torpes, tropezando, construyendo vallas donde les apetecía. Si no respetamos su juicio y no tratamos de entenderlo, corremos el riesgo de crear nuevos problemas inesperados. En general, la gente no hace las cosas sin motivo y pierden el tiempo y recursos en vallas inútiles. No entender algo no significa que deba ser inútil. La Valla de Chesterton no es una amonestación para cualquiera que intente hacer mejoras; es un llamado a tomar conciencia del pensamiento de segundo orden antes de intervenir. Nos recuerda que no siempre sabemos mejor que quienes tomaron decisiones antes que nosotros, y no podemos ver todos los matices de una situación hasta que nos familiarizamos con ella. A menos que sepamos por qué alguien tomó una decisión, no podemos cambiarla con seguridad ni concluir que se equivocó.

Pero a muchos intelectuales de hoy les importan poco los efectos de la destrucción de las instituciones sociales históricas, normas y tradiciones en su intento de remodelar la sociedad de acuerdo con sus ideales, en su intento de rehacer al hombre a su propia imagen. Si, el cambio es importante pero la estabilidad es crucial. Es primordial no echar a perder lo bueno en el intento de deshacernos de lo malo y para ello es importante seguir el principio de la Valla de Chesterton.

IV

"La cerca de Chesterton, el principio que te obliga a pensar dos veces antes de hacer cambios", en BBC News Mundo, 1 enero 2024:

¡No destruyas lo que no entiendes!

Eso es, en resumen, lo que aconseja una simple regla general llamada la cerca de Chesterton, que sugiere que nunca se debe destruir algo, cambiar una regla o alterar una tradición si no se comprende porqué se creó en primer lugar.

Es, de cierta manera, un llamado a la humildad al criticar y querer reformar desde políticas o instituciones, hasta costumbres familiares, protocolos laborales o líneas de código en programas informáticos.

Señala que sin comprender bien qué está pasando, las consecuencias de una acción apresurada podrían terminar siendo mucho peores que las de lo que se pretende reparar.

Aquello de la cerca quizás suene extraño, pero se llama así por la manera en la que ilustró la idea quien la hizo famosa: el escritor y filósofo inglés Gilbert Keith Chesterton (1874–1936).

Chesterton era un "obeso gigante", como lo describió Jorge Luis Borges en el prólogo de "El ojo de Apolo" de "La Biblioteca de Babel".

El escritor argentino afirmó que era "un hombre bondadoso y afable" que "pudo haber sido Kafka o Poe pero valerosamente optó por la felicidad o fingió haberla hallado".

Calificó de encantadores y penetrantes los escritos críticos de Chesterton, y contó que sus primeras novelas aunaban "lo místico a lo fantástico".

Pero las obras que más hicieron mella fueron unos 50 cuentos cortos sobre un detective que era un sacerdote aparentemente ingenuo pero psicológicamente agudo llamado Padre Brown.

"La literatura es una de las formas de la felicidad; quizá ningún escritor me haya deparado tantas horas felices como Chesterton", escribió Borges.

Cuando no estaba escribiendo o, más tarde, dando charlas por la BBC, le encantaba debatir, y a menudo participaba en disputas públicas amistosas con intelectuales como George Bernard Shaw, H. G. Wells o Bertrand Russell.

O bromeaba con ellos.

En una ocasión le dijo a Shaw: "Al verte, cualquiera pensaría que una hambruna asoló Inglaterra", a lo que Shaw respondió: "Al verte, cualquiera pensaría que tú causaste la hambruna".

Pero algo que se tomaba muy en serio era la religión.

"De la fe anglicana pasó a la católica, que, según él, está basada en el sentido común", contó Borges.

"Arguyó que la rareza de esa fe se ajusta a la rareza del universo, como la extraña forma de una llave se ajusta exactamente a la extraña forma de la cerradura".

Precisa y curiosamente fue de un libro titulado "El asunto: por qué soy católico" (1929) en el que habló de esa cerca que lleva su nombre.

Reformar sin deformar

Declaró que "en materia de reformar cosas, a diferencia de deformarlas, hay un principio claro y simple".

Sugirió imaginar "en aras de la simplicidad, una cerca o puerta erigida a través de un camino".

"El tipo más moderno de reformador se acerca alegremente y dice: 'No veo la utilidad de esto; tumbémosla'.

"A lo que el tipo más inteligente de reformador haría bien en responder: 'Si no le ves la utilidad, ciertamente no dejaré que lo elimines. Vete y piensa. Luego, cuando puedas regresar y decirme que ves su utilidad, puedo permitirte que lo destruyas'.

La idea es que sólo cuando sabes cuál era el propósito de algo, puedes decidir si aún es necesario, si se debe modificar o sencillamente omitir.

Según Chesterton, ese principio se basa en el sentido común más elemental.

"La cerca no creció allí. No fue creada por sonámbulos que la construyeron mientras dormían.

"Alguna persona tuvo alguna razón para pensar que sería algo bueno para alguien. Y hasta que sepamos cuál fue el motivo, realmente no podremos juzgar si fue razonable".

Y advirtió que, de no asegurarnos, "es muy probable que pasemos por alto algún aspecto completo de la cuestión".

La cerca, por ejemplo, así estuviera en mal estado y fuera pequeña, quizás separaba a las vacas de las ovejas, imaginó el filósofo Jonny Thomson en Big Think.

Las ovejas, al comer, arrancan el pasto casi de raíz, mientras que las vacas necesitan pasto alto para comer con sus lenguas prensiles. Poco después de retirar la cerca, las vacas estarían desnutridas y hambrientas.

De refrescos a gorriones

Ahora, a pesar de que Chesterton abogaba por examinar así las decisiones que implicaban cambio pues tendía a ser conservador, el principio sigue haciendo eco en varios campos, desde el personal al político.

Al intentar cambiar malos hábitos, por ejemplo, a menudo fracasamos al no tener en cuenta que no aparecen de la nada: generalmente evolucionan para saciar una necesidad insatisfecha.

Si no se tiene en cuenta ese aspecto, aunque se logre eliminar un hábito, quizás sea reemplazado por otro más nocivo.

A nivel empresarial, en un post considerado clásico, el emprendedor en serie Steve Blank dio un ejemplo que ha visto en las startups cuando crecen y contratan a directores financieros.

Estos, tratando de reducir costos -y de lucirse-, a menudo deciden acabar con detalles de la empresa para los empleados, como los refrescos y pasabocas gratis, pues les parece un gasto inútil.

Según la experiencia de Blank, el resultado es siempre el mismo: a los empleados que ayudaron a la empresa a crecer, aunque se puedan dar el lujo de pagar por sus refrescos, les parece una señal de cambio de cultura de la empresa.

Y eso puede llevar a las personas más talentosas a abandonarla porque, de repente, todo se siente muy coorporativo, ya no es como antes.

Como estos, muchos ejemplos, incluido uno tremendamente trágico: el exterminio de gorriones en China, parte de la Campaña de las cuatro plagas del proyecto Gran Salto Adelante (1958 a 1962) de Mao Zedong.

Se sospechaba que los gorriones robaban granos de los campos así que millones de chinos hicieron todo lo posible para eliminarlos, con éxito: la población de gorriones llegó al borde de la extinción.

La de langostas, en cambio, sin gorriones que la controlara, se disparó y se convirtió en uno de los detonantes de la Gran Hambruna China, uno de los mayores desastres provocados por el hombre en la historia.

Visto así, la cerca de Chesterton parece un mecanismo para evitar la ley de las consecuencias no deseadas. El principio invoca el excesivo entusiasmo de los reformadores y busca frenarlo. Pero puede aprovecharse para lo contrario.

Las reformas, grandes y pequeñas, de por sí siempre suelen tener una fuerza trabajando en su contra: la resistencia al cambio.

Una organización, por ejemplo, puede fácilmente convertirse en un aparato innecesariamente complejo que ya no es adecuado para su propósito. Pero cuanto más sobreviva, menos probable será que sea reformada o abolida.

En esos casos, conviene comportarse como ese "reformador inteligente", y así contar con argumentos firmes para demostrar exactamente por qué se ha vuelto inútil.

Pero a veces, por más que quieras, no te puedes dar el lujo de examinar cada decisión. Entonces, quizás vale más la pena invocar a Alejandro Magno que a Chesterton.

Según la leyenda, cuando Alejandro conquistó Frigia lo retaron a que desatara el nudo gordiano, tan complicado que un oráculo había declarado que quien pudiera deshacerlo estaba destinado a gobernar toda Asia.

Alejandro lo intentó un rato hasta que se hartó. Declaró que no importaba cómo se lograba, sacó su espada y lo cortó de un solo golpe. Lo importante es saber si estás ante una cerca o un nudo. Pero a veces sí, a veces no. Hay ciertas estrategias que pueden usarse como guías.

Quienes trabajan en informática, a lo Alejandro Magno, a veces usan lo que llaman la Prueba del Grito, que aplican a productos, servicios o capacidades que están activos pero nadie usa.

Es sencilla: retíralo y espera a ver si alguien grita. Si sucede, reinstalalo.

Es un caso que se podría encajar en las decisiones de tipo 2 descritas por el fundador de Amazon, Jeff Bezos, en una carta a los accionistas que muchos usan como referencia para discernir entre las opciones cerca o nudo. Sólo que él habló de puertas.

Una es de un sólo sentido: una vez la cruzas, se cierra a tus espaldas para no abrirse más. Otra es de dos sentidos: puedes entrar y salir por ella.

"Algunas decisiones tienen consecuencias y son irreversibles o casi irreversibles (puertas de un solo sentido) y estas decisiones deben tomarse de manera metódica, cuidadosa y lenta, con gran deliberación y consulta. "Si pasas por allí y no te gusta lo que ves al otro lado, no podrás volver a donde estabas antes. Podemos llamar a estas decisiones Tipo 1. "Pero la mayoría de las decisiones no son así: son cambiables, reversibles, son puertas de doble sentido. "Si has tomado una decisión subóptima, no tienes que vivir con las consecuencias por tanto tiempo. Puedes volver a abrir la puerta y volver a cruzar. "Las decisiones de tipo 2 pueden y deben ser tomadas rápidamente por individuos o grupos pequeños con buen juicio".

¿Es la reforma que vas a hacer o la solución que le vas a dar a un problema fácilmente reversible?

Entonces podrías hacer cambios rápidamente con información imperfecta y ver qué pasa.

Si es irreversible, conviene recopilar información, aunque el proceso se ralentice y conlleve un costo.

Chesterton habría estado de acuerdo.

V

 Marco Chavarría, "La valla con la que Chesterton te hará pensar dos veces antes de hacer un cambio", La Razón, 2 de enero de 2024:

El filósofo inglés defendió la necesidad de entender el propósito de una tradición o costumbre antes de adaptarla o abolirla

La regla de la valla del escritor y filósofo británico Gilbert Keith Chesterton plantea una premisa simple: nunca hay que alterar, destruir o modificar una tradición, regla o estructura sin entender el propósito original con el que apareció.

Se trata de una premisa que reivindica la necesidad de tener presente la humildad cuando se cuestiona o plantea la reforma de políticas hasta costumbres familiares, legislaciones o hábitos de la vida diaria del hombre.

Según esta regla, sin que uno comprenda plenamente todas las implicaciones de un acto tradicional, las consecuencias de su modificación o abolición precipitada podrían acabar siendo peores que el supuesto problema que se intenta resolver.

El propio concepto filosófico toma su nombre del intelectual inglés G. K. Chesterton (1874 -1936), quien popularizó esta idea como parte de su sistema filosófico. Se le llegó a llamar cariñosamente el "gigante obeso" y fue descrito por otros autores, como Jorge Luis Borges, como un hombre de carácter afable y bondadoso.

De hecho, el poeta argentino alabó la capacidad crítica que reflejaba Chesterton en sus escritos, particularmente en unas novelas que, consideró, combinaban lo místico y lo fantástico. De entre toda la biblioteca, destacó especialmente la cincuentena de cuentos que dejó escritos sobre un detective sacerdote llamado Padre Brown.

Chesterton era un ferviente creyente que transicionó de la fe anglicana a la católica, algo que siempre defendió como acto de sentido común y que, según él, encajaba perfectamente en la rareza que entraña el universo.

Chesterton defendía lo imprescindible de comprender el propósito detrás de cualquier proyecto de cambio y del elemento a cambiar, antes de llevarlo a cabo y siguiendo el raciocinio más elemental.

Una premisa conservadora, que influye en distintos ámbitos de la realidad, desde el más personal del individuo hasta el político del común de la sociedad. El intelectual, últimamente reivindicado por la derecha como nunca antes, señala que al intentar cambiar hábitos es crucial entender su origen, ya que a menudo evolucionan para satisfacer necesidades específicas.

El principio destaca la importancia de examinar detenidamente decisiones o cambios irreversibles, diferenciándolos de aquellos que no lo son y pueden ser tomados con mayor celeridad teniendo en cuenta una información limitada.

La regla de Chesterton sirve como una estrategia para evitar consecuencias no deseadas al realizar reformas, más en la propia vida, recordando la importancia de entender si una situación requiere un cambio definitivo o uno que puede ser reversible

lunes, 11 de enero de 2016

Cómo se generan los factoides, las leyendas urbanas y las teorías conspirativas según el filósofo Karl Hepfer

Patricio Pron, "No fue Lee Harvey Oswald. El filósofo alemán Karl Hepfer plantea un estudio crítico del auge y popularidad de las versiones que persiguen manipular la realidad", en El País,  10-I-2016:

Todo el mundo sabe que los atentados en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, fueron perpetrados por los servicios secretos estadounidenses, pero resulta difícil averiguar quién es ese “todo el mundo” y, más aún, a qué se denomina aquí “saber”. En un libro publicado recientemente, el filósofo alemán Karl Hepfer se pregunta ambas cosas en relación al auge de las teorías conspirativas en Europa, y responde que se trata de “modelos de interpretación de la realidad simplificados”, intentos de regresar a un estadio anterior de nuestra cultura en el que la realidad supuestamente era sencilla de comprender, y los actores, buenos o malos. Así, el presidente norteamericano John F. Kennedy (bueno) no habría sido asesinado por un paranoico llamado Lee Harvey Oswald, sino en realidad por la mafia, por el Gobierno cubano o por el vicepresidente Lyndon B. Johnson (malos), según las versiones.

Para el historiador alemán Dieter Groh las teorías conspirativas son una “constante antropológica” a lo largo de la Historia.

El libro de Hepfer, Teorías conspirativas: Una crítica filosófica de la sinrazón (Transcript), presenta, sin embargo, algunos problemas. Uno es que soslaya el hecho de que la nostalgia de un mundo más “simple” de comprender y el consiguiente auge de las teorías conspirativas, no son algo reciente. En el año 64, por ejemplo, un gran incendio en Roma fue atribuido a los cristianos para justificar su persecución. En 1312, el rey francés Felipe IV acusó de prácticas heréticas y sodomía a los templarios para eximirse del pago de una importante deuda económica que había contraído con ellos. Durante la Edad Media, se acusó a los judíos de beber la sangre de niños cristianos y de envenenar las fuentes para desatar la peste. Más adelante casi todo acontecimiento político de relevancia fue atribuido a una conspiración de alguna índole. Así, la disolución de la orden jesuitica habría sido la respuesta a un supuesto intento de asesinato de la reina de Inglaterra para reinstaurar el catolicismo y convertir a un Habsburgo en rey de Estados Unidos; detrás de la Revolución Francesa y el auge de los nacionalismos habrían estado masones e Illuminati; y la derrota alemana en la I Guerra Mundial habría sido producto una conspiración de socialdemócratas y judíos. También la Revolución Rusa, la propagación del VIH-Sida y la crisis de los refugiados tendrían una trama secreta. Para el historiador alemán Dieter Groh las teorías conspirativas serían, en ese sentido, una “constante antropológica” a lo largo de la Historia.

El otro problema del libro de Hepfer es que sostiene que las teorías conspirativas serían un modelo simplificado de interpretación de la realidad, un argumento que la complejidad de ciertas teorías parece desmentir. Piénsese, por ejemplo, en las del británico David Icke, quien afirma que el mundo estaría siendo controlado por una alianza de judíos e Illuminati, los cuales serían extraterrestres “reptiloides” dirigidos por la familia Rothschild. Esta teoría no sólo es absurda —una afirmación que se enfrenta a la popularidad de su autor y de los foros dedicados a su trabajo—, sino también extremadamente complicada. ¿No es más sencillo pensar que son la desigualdad económica y política y la concentración de poder los responsables de las catástrofes del presente?

Naturalmente, la respuesta es que no. Las teorías conspirativas proponen (a pesar de su complejidad) un modelo de interpretación más simple y más atractivo de la realidad para ciertas personas porque articulan procesos económicos, políticos y demográficos simultáneos y de gran complejidad en un relato coherente. Vivimos, sostiene Hepfner, en el mundo del “Logos destruido”. Y esto equivale a decir, como hace el británico John Higgs en su excelente Historia alternativa del siglo XX: Más extraño de lo que cabe imaginar (Taurus), que vivimos en una realidad desasosegante en la que —al menos desde la Teoría de la Relatividad— debemos aceptar que estamos imposibilitados para ofrecer una explicación racional, absoluta y libre de paradojas de cómo funciona el mundo.

En ese sentido, el auge de las teorías conspirativas no sólo se apoyaría en una intencionalidad deliberada —como la que llevó recientemente a que, en el marco de las elecciones españolas, regresasen las teorías conspirativas acerca de los hechos trágicos del 11 de marzo de 2004 en ciertas televisiones—, sino en la necesidad humana —la “constante antropológica” de Groh— de articular los hechos en series y estas series en relatos, como pondría también de manifiesto la popularidad de las ucronías literarias en las que se especula con la pregunta acerca de qué habría pasado si, por ejemplo, Alemania hubiese ganado la II Guerra Mundial.

Existe, por supuesto, una diferencia entre especular literariamente con la posibilidad de un triunfo nacionalsocialista en 1945 —lo hicieron Philip K. Dick y Philip Roth, entre muchos otros— y creer que ese triunfo tuvo lugar, efectivamente y de forma secreta, por ejemplo, a través de la influencia que las empresas alemanas ejercen en la economía mundial. Pero esa diferencia sólo existe en relación con lo que hacemos con ambos tipos de relatos. Los dos comparten, sin embargo, un fondo de miedo y de perplejidad. Si las teorías conspirativas funcionan, lo hacen debido a ese fondo común, como prueban la popularización tímida pero constante en la Red de versiones conspirativas de lo sucedido en París el 13 de noviembre de este año. Son la dificultad de comprender que alguien pueda desplazarse armado por una ciudad como París y el miedo a que todo ello se repita, en la capital francesa o en cualquier otra parte, los que impulsan la creación anónima de explicaciones que a muchos no les parecen más implausibles que las que ofrecen la prensa y el Gobierno.

 David Icke afirma que el mundo estaría siendo controlado por una alianza de judíos e Illuminati, los cuales serían extraterrestres “reptiloides” dirigidos por la familia Rothschild
Bajo la impresión de hechos conmovedores —el asesinato de un presidente, por ejemplo— es más fácil creer en una conspiración antes que en la acción individual. Lo que las teorías de este tipo evidencian es que lo primero que se pierde bajo esa impresión es la capacidad del individuo de formarse un juicio crítico: es bueno pensar que ese juicio podría ser estimulado con más y mejor educación. Pero esto también es discutible, como pone de manifiesto la proliferación de teorías conspirativas durante el siglo XX. A ese siglo, nos recuerda Higgs, le debemos dos neologismos que lo describen bien, “racismo” y “genocidio”, y es nuestra responsabilidad individual en relación con ambos lo que explica el auge de la teoría conspirativa, que permite que los “malos” sean, por una vez, los otros.

martes, 8 de diciembre de 2015

El creativo es un enfermo en una sociedad como la actual

La creatividad en una sociedad como esta es una patología. El contexto de una repetición constante provoca la emigración de sus neuronas hacia la locura. Así que, cuando se trata de reconocer a los creativos, más que de rasgos de creatividad hay que hablar de "síntomas" de creatividad, pues la gente considera locos de atar a los creativos y piensa que deben curarse a base de sopas de adocenamiento.

Los síntomas son a la vez cognitivos y emocionales.

*Soñar despiertos. Comportamientos nubosos y habituales paseos por los cerros de Úbeda; son incapaces de mear en el tiesto. Largoplacismo. Imaginación muy activa y calenturienta. Se aproximan a los asuntos en espiral, dándoles vueltas y más vueltas y cada vez más cerca, pero nunca directamente.
*Gran ancho de banda. Los creativos son capaces de encontrar formas de abordar problemas abstrusos dividiéndolos con el cuchillo de sus multiformes puntos de vista en problemas más pequeños. 
*Constante búsqueda de nuevas experiencias. No les gusta para nada la rutina; sufren por lo que algunos identifican como placentera comodidad o tranquilidad. Cualquiera que cambie su propia rutina verá incrementar su creatividad.
*Son incapaces de soltar un problema hasta que han encontrado la manera de solventarlo. Son alérgicos a la desmotivación y muy tenaces, incluso obsesivos, alérgicos al desánimo. No huyen de los problemas, los buscan: prefieren lo complejo a lo simple, no se ponen límites como hace la gente común. Consideran que la equivocación es un camino hacia el acierto por pura eliminación de los errores que han cometido. Así se acercan a la solución por puro descarte. La consecuencia: sus muchos errores los hacen parecer como pintorescos o negativos para los demás, volviéndose solitarios, raros o frikis no porque rehúyan, sino porque los rehúyen. 
*Aunque parecen vivir en otro mundo, en realidad ven las dimensiones de este mundo que no vemos. Son muy curiosos y observadores con lo que sucede alrededor porque en ese contexto que no observamos perciben el elemento que a todos se les ha escapado.
*Al tener todos los sentidos abiertos, sufren mucho. Sus energías y su tiempo se dispersan y terminan por darse cuenta de que el absurdo es el ingrediente que más abunda en el mundo, se angustian y mueren jóvenes, solos, entregándose a algún vicio o droga o enloqueciendo. Para evitarlo tienden a aislarse, ocultar su don y no darlo a conocer con facilidad.
*Soledad. Como la originalidad, según escribe Edgar Allan Poe, es cuestión no de creación, sino de negación (y a él bien que le funcionó esa máxima) su tendencia a criticarlo todo los va aislando sin que ellos se den cuenta y enajenándolos de toda cuestión que no sea la resolución del problema. Ese es uno de los motivos de su escasa sociabilidad.

Una posible solución para los creativos es juntarlos con otros creativos. Eso siempre da beneficios para la sociedad; pero la sociedad actual lo que hace es marginarlos, no reunirlos ni apoyarlos.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Empleo y casta

Ana Torres Menárquez, "Universitarios de segunda clase. El origen social de las familias influye en las posibilidades de acceso al mercado laboral de los jóvenes", en El País, 30-XI-2015:

Toda la vida estudiando para saber más que sus padres y al final, un trabajo de camarero. Esa venía a ser la conclusión del proyecto Nos quartiers ont des talents (en castellano, "Nuestros barrios tienen talento"), una iniciativa de la patronal francesa lanzada en 2005 para facilitar la inserción laboral y la igualdad de oportunidades de los licenciados menores de 30 años de los barrios más desfavorecidos.

Subir en el escalón social no sirve de mucho si los que contratan tienen en cuenta otras habilidades que no se aprenden en la Universidad. “Una vez que una gran parte de la población es titulada, los empleadores se vuelven más exigentes. Se valora a los que proceden de buena familia, como ocurría en la Edad Media”, denuncia Ildefonso Iglesias, profesor de Sociología de la Universidad de Sevilla y autor del estudio Origen social y sobreeducación en los universitarios españoles, elaborado a partir de los datos de la encuesta Reflex 2005 de la Comisión Europea.

En los procesos de selección de las empresas ya no solo cuenta tener una titulación universitaria. Ahora se valora hablar bien en público, tener actitudes de liderazgo y saber trabajar en equipo. Una serie de habilidades que no están incluidas en los programas académicos de las universidades españolas y, según algunos expertos, dejan en desventaja a los titulados que provienen de familias obreras, aquellas en las que los padres no tienen estudios superiores.

El estudio de Iglesias, en el que se tomó como muestra las respuestas de 3.916 universitarios españoles licenciados en el año 2000, destaca tres factores familiares que influyen a la hora de encontrar un buen empleo: el capital social, el cultural y el económico. “Las familias mejor posicionadas establecen vínculos con personas que ocupan cargos influyentes y conocen las necesidades del mercado. Acceden a información privilegiada no disponible por otras vías”, señala Iglesias.

“Los hijos de las familias burguesas cuentan con un capital cultural heredado. Las universidades no refuerzan la trayectoria de los estudiantes de las clases más bajas y cuando salen al mercado laboral, son los primeros candidatos al subempleo”, asegura Xavier Martínez Celorrio, profesor de Sociología de la Educación de la Universitat de Barcelona.


El grado en el que el origen social influye en los procesos de selección no ha sido estudiado en profundidad por los sociólogos en los países mediterráneos. En España, Julio Carabaña, ex catedrático de Sociología de la Universidad Complutense, concluyó en el año 2004 que hasta 1991 la Universidad había sido un vehículo que ofrecía a todos por igual la posibilidad de ascender, pero este estudio se basó en datos obtenidos durante las décadas de los ochenta y los noventa. Entre 1992 y 2009 el porcentaje de titulados universitarios pasó del 17,6% al 33,8%.

“Las nuevas líneas de investigación muestran que se dan inferencias de los empleadores a la hora de escoger a los candidatos. La movilidad social ya no existe para todos”, apunta Ildefonso Iglesias, que añade que las afinidades compartidas y los gustos por determinados productos o formas de vida también influyen.

Hace tres años, la Fundación Princesa de Girona puso en marcha el proyecto Apadrinando el talento, creado específicamente para los universitarios de primera generación, aquellos cuyos padres no tienen estudios superiores. “En una familia acomodada los chicos disfrutan desde pequeños de más viajes, que les permiten una apertura mayor de miras; de clases particulares de idiomas o estancias en el extranjero, o incluso de libros en casa. Todo esto es a la larga objeto de desigualdad”, considera Mónica Margarit, presidente de la fundación.

El programa, inspirado en la experiencia de los franceses, por el que ya han pasado 413 graduados y universitarios en el último año de la carrera, permite a los jóvenes contar durante seis meses con el asesoramiento de un directivo o un alto cargo de alguna de las 40 empresas implicadas en el proyecto (el 90% del IBEX 35). “En este país el 80% de los trabajos se consiguen a través de contactos. Pese a que acaben la carrera en las mismas condiciones, estos chicos no tienen esas redes”, añade Margarit, para quien uno de los retos es conseguir que las empresas se conciencien de la importancia de incluir en sus plantillas perfiles de diferentes entornos socio económicos.

“Existe una tendencia a trabajar con tus iguales y un equipo diverso es mucho más innovador”. Este programa no asegura un empleo, sino la igualdad de oportunidades en los procesos de selección.

Josep Lluis Santfeliu, cofundador del fondo de capital riesgo Ysios Capital, dedicado a invertir en startups biomédicas, ha sido mentor de dos jóvenes a través de este programa. “Necesitan que alguien les conecte con el mundo, tienen talento pero pocas relaciones. No saben por dónde empezar ni a quién acudir”. Sanfeliu aconsejó a dos graduados, uno en Derecho y otro en Económicas, sobre la forma de comportarse en una entrevista, sobre qué se podría esperar de ellos o qué prendas de vestir encajarían con cada empresa. “Esto no consiste en hacer cartas de recomendación, no es un programa para fomentar el enchufe. Lo que se busca es que aprendan y se desenvuelvan por sí solos”. Hoy, esos dos chicos están trabajando. Según datos de la Fundación, el 48% de los participantes ha conseguido un empleo o aumentar el número de entrevistas.

Además de los mentores, se organizan talleres en Cataluña, Galicia, Madrid, Andalucía y País Vasco -autonomías donde la fundación está desarrollando el proyecto- para perfeccionar algunas de sus habilidades. Verónica Thavonat, responsable de una de las unidades de recursos humanos de la consultora KMPG, ha impartido varios sobre entrevistas con el formato de dinámicas de grupo.

“Les enseño que no hay respuestas correctas, que se miran sus aptitudes y su capacidad de improvisar para predecir sus comportamientos en el futuro. Mi consejo es que se muestren auténticos y que no intenten destacar en exceso”. Tras su contacto con estos universitarios de primera generación, asegura que sí econtró algunas diferencias con respecto a los candidatos que suelen seleccionar para entrevistas en KMPG. La visión global, el conocimiento del mundo, las estancias en el extranjero y los idiomas son algunas de las carencias que ella ha observado. “Cuando vives experiencias en otros países, ganas confianza en ti mismo, ves que eres capaz. Tal vez la principal diferencia es que no han perdido esos miedos”, relata. En KMPG uno de los primeros requisitos para hacer la primera criba entre candidatos son los idiomas.

Hay excepciones, asegura Thavonat. “Tratamos de no discriminar. Si, por ejemplo, vemos que la persona ha tardado ocho años en graduarse y el motivo es que ha tenido que cuidar de un familiar o trabajar para hacer frente a los gastos, lo valoramos positivamente”, explica.

Francisca García, graduada en Publicidad de 28 años, es la primera de su familia con una titulación universitaria. Pasó por el programa y durante seis meses tuvo una mentora de Acciona. Gracias a su asesoramiento, ha conseguido un empleo. Sabe que las empresas valoran las estancias en el extranjero, pero ella renunció a la beca Erasmus porque con la cantidad que le ofrecía el Ministerio no le llegaba a final de mes. “Las universidades no están a la altura de lo que luego te pide el mercado, ni en idiomas ni en aprender a buscarte la vida”, denuncia. Su mentora le enseñó a redactar el currículum con precisión y a describir competencias específicas. Nada de venta de humo. “Me ha ayudado más en seis meses que la universidad en toda la carrera. Algo está fallando”.