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lunes, 21 de septiembre de 2026

Fallece el escritor y crítico teatral Marcos Ordóñez

 I

 Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años, en El País, Juan Barbosa, Madrid - 21 sept 2026:

El periodista y docente, que trabajó en EL PAÍS, fue durante décadas una de las voces de referencia de la crítica teatral española

Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957), uno de los nombres más reconocibles de la crítica teatral española de las últimas décadas, ha muerto este lunes en Barcelona a los 69 años. Crítico teatral en EL PAÍS desde el año 2000, escritor y profesor, durante años estuvo vinculado a la Universitat Pompeu Fabra, donde impartió guion cinematográfico y dirección de actores. Su escritura combinó la crítica de espectáculos con una mirada literaria sobre la escena y quienes la habitan. En este diario, publicó una crítica semana en el suplemento Babelia hasta diciembre de 2021, cuando se retiró por problemas de salud, que se fueron agravando en los últimos años.

Entre su obra novelística cabe destacar Una vuelta por el Rialto (1994), Rancho aparte (1997), Puerto Ángel (1999), Tarzán en Acapulco (2001), Comedia con fantasmas (2002; Libros del Asteroide, 2015), Detrás del hielo (2006), Turismo interior (2010), Un jardín abandonado por los pájaros (2013) y Juegos reunidos (2016). También ha publicado obras relacionadas con el teatro y el cine, como Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), Telón de fondo (2011) o Big Time: la gran vida de Perico Vidal (2014). También publicó biografías de Núria Espert y Alfredo Landa.

Su mirada crítica estuvo muy vinculada a la memoria del teatro y de los cómicos, y a la relación entre teatro, cine, música y cultura popular. A menudo, Ordóñez explicaba una de sus ideas esenciales sobre la crítica: escribir desde el entusiasmo y seguir la intuición a la hora de acercarse a los espectáculos y a los autores que consideraba interesantes. También defendía que el teatro se comprende plenamente cuando se ve encarnado por los actores, y no únicamente cuando se lee. Esa mirada, atenta a la representación y al trabajo de quienes la hacen posible, atravesó buena parte de su trayectoria.

El funeral se celebrará el miércoles en el tanatorio Ronda de Dalt de Barcelona, a las 18 horas.

II

“A partir de una edad, caminas entre el presente y el pasado”, en El País, Jacinto Antón, Barcelona - 09 mar 2019:

Marcos Ordóñez recoge una sabrosa miscelánea de asuntos y emociones en su dietario ‘Una cierta edad’

“No sé quién me dijo que las últimas palabras de Paul Claudel habían sido estas: ‘Doctor... ¿usted cree que habrá sido el salchichón?’”. “Cuando yo era pequeño, detestaba el circo”. “Me acuerdo de Ángel Pavlovsky, un rey de la comedia, una noche de otoño, a la salida del Capitol: ‘El otro día un espectador se fue a media función pero volvió a entrar porque lo de afuera era peor’”. “La última frase, tan proustiana de John Hurt antes de caer abatido por una bala en Las puertas del cielo, de Michael Cimino: ‘Qué curioso, el año pasado, por estas fechas, yo estaba en París”. Recorre uno las entradas y las páginas de Una cierta edad (Anagrama), el dietario que acaba de publicar Marcos Ordóñez, en un feliz deambular entre variadísimos asuntos, personas (de Stendhal a Butch Cassidy pasando por Juan Cruz) y estados de ánimo.

Cada entrada es un descubrimiento, una causa de regocijo, de sonrisa, de meditación o de amable melancolía. Hay reflexiones, recuerdos, pasajes costumbristas –“los equipajes de las motos, también llamados cofres, parece que se hubieran inventado para apoyar la libreta y tomar notas por la calle”-, apuntes dignos del Woody Allen de Cómo acabar de una vez con la cultura o Sin plumas (“Adolfo Marsillach sale de su casa. Dos señoras comentan: ‘Ese es el padre de la hija de Adolfo Marsillach”), historias más largas (la desternillante de Julia Gutiérrez Caba sobre uno de los momentos más difíciles de su carrera representando una obra de Agatha Christie), efusiones (“¡Dios bendiga a James Salter!”) y anotaciones de cariz muy personal: “Sueño que viajo en el tiempo hasta el año 68 para follar con Emma Cohen (...) Un sueño estupendo, de los que no abundan”.

Ordóñez (Barcelona, 1957) está esperando en la puerta del bar para hablar de su libro. Luce una gorra de béisbol de los Yankees que desentona con el resto de su sobria indumentaria y le proporciona un aire a lo Harry Dean Stanton en París, Texas. Se apunta a pedir un oporto y cuando los traen, entrechoca su copa lanzando su lema favorito (aparte del “dilo con firmeza pero finamente”, de Quintiliano), el brindis irlandés de John Huston: “Por el impulso”.

“En un libro como Una cierta edad cabe todo, casi”, señala. “Actualidad hay poca, porque se disuelve rápido. No es un dietario teatral, aunque el teatro forma parte importante de mi vida y sale, claro”. El autor describe así lo que hay en su libro, confeccionado con “platos muy variados”: “Recuerdos, crónicas breves, apuntes al sesgo, microrrelatos, pequeños poemas, humoradas luminosas o bromas oscuras de la existencia”. Hay más: “El paso de la edad, el tiempo, cosas que te obsesionan”. Son todos textos escritos entre 2011 y 2016. Dice Ordóñez que en ellos acaso se encuentre “mi esencia sin argumento, mi voz hecha de muchas”.

Sobre la clave del género, reflexiona: "Lo bonito es la libertad que te proporciona, puedes correr en cualquier dirección, con la condición de no ponerte estupendo. Lo que atrapas es muchas veces que te cae, has de estar, por tanto, muy atento”. Un ejemplo, el cartel del loro perdido que “atiende por Kostia”, necesita “dieta especial” y es indispensable “en terapia depresiva de un familiar”. Otro: “Este no es barrio de guisantes”. Otro más, una gitana en la Seguridad Social: “La niña, que tiene escocío el regocijo”. Dice que le abrieron los ojos al interés actual del dietario dos escritores que lo frecuentan, Ignacio Vidal-Folch e Iñaki Uriarte. "Ambos tienen ese talento para coger algo”. ¿Cioran? “Te parte el alma, pero en cambio me gustan mucho Jules Renard –al que descubrimos por Pla- y Charles Simic con sus píldoras sanadoras” (i. e. “la belleza de un momento fugaz es eterna”). Aborrece Ordóñez “esos dietarios en que la mitad es ajuste de cuentas”. Para él es fundamental entretener, ofrecer algo de humor “y pillar un poco de belleza”. Aunque algún texto tenga la extensión y la fuerza de un aforismo, el escritor marca distancias: “El aforismo quizá es escucharse un poco demasiado a uno mismo”, lo que no está mal como, precisamente, aforismo. En Una cierta edad abundan los amigos del autor (Lady Espert, la Sardà, Mario Gas, Shakespeare, la gata Rosalía) muchos desaparecidos (Anna Maria Moix, Rosa Novell, Anita Lizaran). “Alguien dijo que a partir de cierta edad caminas en dos lugares, el presente y el pasado, continuamente te va la memoria hacia atrás y ahí están ellos, los que se han ido”.

Marcos Ordóñez se marcha dejando tras él un reguero de historias y de frases en las que resuena su voz cavernosa a lo Constantino Romero. A recordar desde la primera del libro (de su querido Ennio Flaviano), “la situación es grave pero no seria”, hasta la penúltima (suya), “tres señales indicativas de que el día, pese a todo, ha sido bueno: si he atrapado un momento de belleza, si he reído con alegría al menos una vez y si he podido decir: ‘Bueno, creo que tengo un borrador, mañana lo paso a limpio”. La última es: “Buenas noches. Feliz año nuevo”.

III

Marcos Ordóñez: “El crítico tiene alma de comadrona”, en Núvol, Oriol Puig Taulé 7/07/2017:

"El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio".

Hemos citado a Marcos Ordóñez, crítico de teatro y escritor, en nuestra redacción a las cuatro de la tarde. Nuestra intención era hacer esta entrevista en el patio naranja de Vilaweb, tono que se está convirtiendo, casi sin quererlo, en el color corporativo de Núvol, pero el sol y el calor nos hacen buscar una alternativa. Pasamos al plató, con paredes de color negro y aire acondicionado, y empezamos a hablar sobre los influencers. Ordóñez confiesa que no sabe qué son ni qué hacen, cuando le cuento que una joven estudiante de bachillerato escénico me ha contactado porque quiere convertirse en una “influencer teatral”.

Marcos, ¿eres consciente que tú mismo eres un influencer? Sólo hace falta ver tus publicaciones en Facebook, cuando recomiendas una película, un libro o una serie, ya no digamos un espectáculo, y mucha gente te lo agradece y, literalmente, se “apunta” tus recomendaciones.

Nada me gustaría más. Esta es un poco la idea. Yo estoy muy a favor de estar a favor, y eso ya es una declaración de principios. Hay muy poco espacio y muy poco tiempo para todo, y se tiene que intentar colocar la cuña donde se pueda. “¡Vayan a por esto!”. Entre todo el marasmo de cosas que suceden a nuestro alrededor, me gusta señalar lo que yo creo que vale la pena. Esto lo he intentado hacer siempre, pero creo que últimamente más: porque hay más oferta y tenemos menos tiempo. Y porque hay más crisis, y todos nos lo pensamos más antes de ver algo.

He leído en más de una ocasión en tus artículos que no crees que valga la pena hablar de un espectáculo fallido o que no te haya gustado. Eres de la opinión que en estos casos el crítico se limita a hacer un alarde de su inventiva y talento literario, cuando los espectáculos malos ya caen por sí solos.

De entrada yo escribo en El País, y esto tiene una determinada importancia: un palo en este periódico no es lo mismo que en otro medio, sobre todo si está dirigido a gente que está empezando o se está abriendo camino. Escribir que un espectáculo no te ha convencido resuena más en El País que en otros sitios. Procuro hablar de lo que me gusta por diferentes motivos: en primer lugar porque yo escribo mejor desde el entusiasmo. Otro factor muy importante es que yo elijo lo que veo, y también sobre qué voy a escribir. Durante muchos años hice una crítica diaria, o casi diaria, y ahora al tener un espacio semanal tengo el privilegio de poder elegir mucho más. Ahora bien, esto no quiere decir que si Lluís Pasqual o Miguel del Arco o el director que sea hace un espectáculo que no me ha convencido, yo esté obligado a comentarlo. Hay mucho para elegir. Y un palo a Pasqual no le va a fastidiar ni a afectar mucho.

En mi caso me encuentro que tengo demasiados amigos en la profesión teatral: dramaturgos, directores, actores… Esto hace difícil el ejercicio de una crítica digamos que objetiva (cosa imposible, por otro lado), y en algunas ocasiones se me han enfadado cuando he escrito críticas negativas sobre sus montajes. ¿Cómo llevas el hecho de escribir sobre personas con quien tienes una relación personal o de amistad?

Nunca gusta. Sobre todo al que recibe [ríe]. Lo que pasa es que ya llevo muchos años en este oficio. El pasado marzo cumplí sesenta años. Y llevo muchos escribiendo sobre teatro y otras cosas. Creo que la gente de teatro se da cuenta cuando no eres un recién llegado, un crítico que quiere hacerse notar pegando un palo, o que le tiene una manía especial a alguien determinado. Somos todos compañeros de viaje. Siento que formo parte del mundo del teatro, me considero una persona de teatro. Evidentemente, yo hago otro tipo de trabajo, pero estamos en un camino paralelo. Y esto creo que la gente lo nota: puede que no te guste un espectáculo, pero el siguiente ya te gustará más. No sé si con esto te contesto a tu pregunta… Si quieres saber si se me han enfadado alguna vez, te diré que sí, que esto pasa. Yo incluso me pongo mal físicamente. Lo que sucede es que conoces a muchísima gente, y durante varios años sigues su trabajo. Si tienes una relación de amistad y ves que un espectáculo no ha salido o no ha acabado de cuajar, no diré que sea doloroso pero un poco sí que lo es. Lo que quieres es que funcione. El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio.

Hace años que te dedicas casi exclusivamente a la crítica teatral, aparte de tu faceta como escritor de novelas, pero también tienes mucha experiencia en la crítica musical y de cine, cosa que se nota sobremanera leyendo tus artículos. ¿De qué manera un conocimiento del mayor número posible de disciplinas artísticas lleva a una crítica mejor, en el caso del teatro?

Es que está todo relacionado, y para mí lo ha estado siempre. No se trata de compartimentos separados. Estás viendo una función y aparecen muchos referentes, que creo que es una palabra un poco fría. Mejor llamarlos vínculos, o herencias que te remeten a otras cosas. El teatro está hecho de herencias y el crítico lleva la antorcha de las generaciones pasadas, de la gente que ya no está, porque de todas las artes el teatro es el más efímero. Estás viendo una función y te das cuenta que tal actor o tal actriz está toreando como tal o cual. Creo firmemente que debemos seguir hablando de los mayores. El teatro tiene mucho de artesanía y de herencia. Mario Gas habla mucho de “familias”, y lo entiendo muy bien. Luego está la música, y cada vez se mezclan más todas las disciplinas artísticas. El otro día vi Bodas de sangre en la Biblioteca de Catalunya y me maravillaron los ecos que han conseguido el director Oriol Broggi y el músico Joan Garriga y su banda: estás viendo una obra andaluza pero tiene aires de western, de México, de las bandas sonoras de Ennio Morricone… Como decía el poeta: “son voces de muchas aguas”. Las referencias no las buscas, simplemente van saliendo. Recuerdo una crítica que escribí hace años sobre ¿Estás ahí?, una obra de Javier Daulte que había visto varias veces: hice comparaciones con marcas históricas de chicles. Comparaba ese montaje con el Bazooka, que era un chicle muy duradero. Y otro espectáculo, que no recuerdo, lo comparaba con el Dunkin, que era un chicle rosáceo, en nuestra época para niñas, que comprabas sólo cuando no había Bazooka. Era como comprar el Lily cuando en el quiosco no tenían el Tío Vivo.

Tus inicios como crítico fueron en el campo de la música y el cine, pero el teatro siempre estaba ahí. ¿De qué forma el teatro acabó convirtiéndose en el centro de tu actividad crítica?

De pequeño anotaba muchas cosas para contármelas a mí mismo. Era casi como un coleccionista de cromos, y esto me pasaba mucho con las películas (“Ya tengo tres de Éric Rohmer”). Esas crónicas eran una manera de contarme a mí mismo lo que había visto, para ver cómo funcionaba el juguete. Con el teatro era distinto, no sé muy bien el porqué: había algo teatral en el hecho de escribir la crítica, como si fuera para un periódico, como si tuviera que salir publicada al día siguiente. Como en Ciudadano Kane, que justo después de la función Orson Welles está esperando con ansia lo que escribirá Joseph Cotten en su crítica. Nadie esperaba mis escritos, pero ya había en aquello una voluntad periodística. Siempre me he movido entre lo periodístico y lo intímo, y la crítica teatral es como recomendar una cosa a un amigo. Creo que lo primero que publiqué como crítico de teatro fue en la segunda temporada del Teatre Lliure, en el año 1978, y hablaba de Les tres germanes o Hedda Gabler, para Ajoblanco (que ahora ha vuelto a editarse), revista que entonces se vendía una barbaridad. Hubo una época en El Correo Catalán que iba a por todas, cuando preguntaban quién quería cubrir algo yo siempre era el primero en levantar la mano. En esto me siento muy identificado con Juan Cruz, que venía de Tenerife y tenía unas ganas locas de verlo todo. Es una maravilla cuando entras en una redacción y lo quieres hacer todo: escribir crónicas, hacer entrevistas, proponer reportajes… En aquellos tiempos escribía más de música, pero seguía con el teatro. Entré en el ABC cuando abrieron la delegación de Cataluña y ahí tenía mucho espacio para escribir, una página entera, e incluso había hecho alguna doble página sobre espectáculos que me habían gustado mucho. Más tarde estuve en un diario de corta vida, que se llamaba El Observador, que en esa época lo dirigía Vicent Sanchis, y me dio una página entera. En aquellos años era un poco más cabestro, escribiendo. Quizás por lo que decías, porque no conocía a mucha gente de la profesión. Con el paso del tiempo conoces a todo el mundo y vas modulando la forma, pero creo que se puede decir todo. Quintiliano decía “Suaviter in modo, fortiter in re”. Opino que es importante el suaviter in modo, y que no hace falta el tan fortiter in re [ríe].

Y ahí sigues, con tu crítica semanal de teatro en El País, aparte de tus crónicas de los jueves donde hablas de teatro pero no exclusivamente.

Hay una cosa que me sorprende bastante de mis amigos de juventud, y es que algunos han dejado las drogas: algunos no escuchan música, porque no tienen tiempo, otros ya no leen libros (o sólo en verano) y vas a su casa y rejuveneces de golpe, porque ves libros de hace veinte o treinta años. Yo mismo, por ejemplo, ahora voy a poquísimos conciertos, porque me canso como una perra de estar ahí de pie. Pero el teatro dura, ahí sigo. Soy como el conejito de Duracell.

Mirando atrás y viendo tus comienzos a finales de los años setenta y principios de los ochenta, ¿cómo ves el periodismo cultural y la crítica teatral hoy en día, comparados con aquellos años?

Los medios digitales los controlo poco, porque hay muchos. Yo soy de una generación donde había muchísimas publicaciones en papel, y me duele ver como van desapareciendo muchísimos espacios, como árboles caídos (árboles que se talaban para hacer papel, por cierto). La gente ahora lee menos, y las previsiones son muy apocalípticas: llega el final de una era. Pero he oído tantas profecías apocalípticas en mi vida: que el libro digital iba a eliminar el papel, por ejemplo. Todo va tan rápido que se convierte en cliché. A mí me gusta el papel. Cuando me habéis regalado el ejemplar de Núvol en papel lo primero que he hecho ha sido olerlo. Lo digital está muy bien, sí, pero… Sí, pero. Y desconozco muchas de las cosas que salen, y de tanto en tanto alguien me recomienda un blog o un medio digital que se me había escapado.

Eres profesor del Máster de Periodismo Cultural de la Universitat Pompeu Fabra y de la Barcelona School of Management. ¿En qué consiste tu actividad pedagógica y cómo ves a los jóvenes que quieren dedicarse a la comunicación y al periodismo cultural?

Hago bastantes cosas, la verdad. En el primer trimestre de Comunicación doy una asignatura que habría que cambiarle el título, porque es halagador pero muy pomposo, “Dirección de actores”. Ahí me siento como un coach o entrenador deportivo, hago de Padre Flanagan (el fundador de la Ciudad de los Muchachos). En la Pompeu Fabra los alumnos son eternamente jóvenes, porque siempre tengo los de tercero. Trato de detectar el talento y lanzarles a la piscina, de conseguir que se pongan a actuar y a dirigir, aunque sea con el papel en la mano. Cuando ves que alguien le lanza rápido a la piscina, algo que se ve enseguida, es un placer enorme. El otro día hablaba de Elena Martín, que acaba de debutar con su primera película Júlia ist, y que en mi clase ya le vi ese brillo en los ojos. Es todo un poco complicado, la verdad, porque estás con cuarenta alumnos, y al mismo tiempo intentando que apaguen el móvil.

En el Máster de Periodismo Cultural de la UPF los grupos son mucho más reducidos, entre quince y veinte alumnos, cosa que permite clases más interesantes. He comprobado que el interés de los estudiantes por el teatro varia según los años, va por promociones. El máster es como un pack donde hay cursos de cine, teatro, artes plásticas y literatura. Yo acabo hablando de teatro más que de crítica teatral, y ves que hay alumnos que les interesa más que a otros. Hay muchos estudiantes de Latinoamérica, a los que los nombres catalanes o españoles no les dicen nada en particular. Con Clàudia Brufau, que creo que trabaja con vosotros, también fue un amor a primera a vista: a la que empezó a hablar vi que era una persona de teatro, y sobre todo de danza. Lo ves enseguida, son gente que va a tirar por ahí. Cuando encuentras a alguien que es familia, es como jugar al póquer y ganar. En el máster doy los cursos de “Crítica teatral” y “Principales corrientes teatrales contemporáneas”, sobre periodismo cultural y teatro. Ahí les pongo a escribir e intento pasarles mi experiencia sobre cómo se hace esto. “Que parezca un accidente”, como se dice en la mafia, como si lo acabaras de escribir… Que parezca fácil, en definitiva.

En tus críticas sueles terminar con consejos y avisos a los espectadores y a los posibles programadores que lean tus artículos: “No se la pierdan”, “Tiene que girar”, “Esto se tiene que ver en Madrid” (en el caso de producciones catalanas), “Tiene que hacer gira por toda España”… ¿Eres consciente de ello, y del poder (o no) que pueden tener tus palabras?

Hay una entrevista histórica en Cahiers du Cinéma entre Martin Scorsese y Paul Schrader, y ahí cuentan que de pequeños les pasaba lo mismo: en la escuela veían que los niños caminaban muy tranquilos, y pensaban “¿Cómo es posible que esta gente no corra a ver Balas vengadoras, de Sam Fuller?”. Tenían ganas de gritar “¡Paren todo lo que estén haciendo y vayan a ver Balas vengadoras!”. A mí me gusta hacer esto. Y hay que decirlo, porque antes las cosas duraban más, y ahora todos tenemos menos tiempo. Antes la cara B de un disco duraba más minutos: ahora dura lo mismo pero mientras suena hemos contestado los mensajes del móvil, hemos mirado el correo, etc…

Libros del Asteroide acaba de reeditar una de tus novelas, Detrás del hielo, que salió publicada en 2006. Háblanos un poco de este libro y de cómo afrontas la escritura de una novela. 

A Detrás del hielo le tengo un cariño especial, porque fue un parto difícil. Si me preguntan “Resúmela en una frase”, diré que es una novela de amor y revuelta. Una historia de creyentes, de una generación que cree en los libros, la música y el cine. Es una historia de un trío, como Jules et Jim, y la voz narradora es de una mujer que se llama Klara Liboch. Yo quería que pasara en un país de gran eferverscencia y que luego hubiera una dictadura (como España durante la Segunda República, Chile, Argentina, o la primavera de Praga), pero estaba atado por la contingencia. Al final decidí inventarme un país centroeuropeo, la República de Moira, y fue como jugar al Monopoly. Hice un mapa enorme, me inventé la historia del país, puse los arbolitos… Esto también lo ha hecho a lo grande Martín Caparrós en un libro de más de mil páginas que se llama La Historia (Anagrama, 2017): ha creado un país entero, como en aquel cuento de Jorge Luis Borges titulado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Para mí escribir una novela es como rodar una película, de alguna manera. Como la produzco yo, puedo poner hasta helicópteros si hace falta. ¡Será por dinero! [ríe]. Luis Solano, el magnánimo editor de Libros del Asteroide –a quien Jehová y una cohorte de diosas le conserven muchos años– ya había reeditado mi libro Comedia con fantasmas, donde yo había montado una compañía. Para Detrás del hielo hice el “Director’s cut” del libro, sin añadir nada (al contrario que Francis Ford Coppola en Apocalypse now), donde básicamente quité cosas, remonté pasajes, con el miedo de ver si la cosa seguía aguantando.

¿Tienes en mente escribir otra biografía de algún actor o actriz, como hiciste con las memorias de Núria Espert (De aire y fuego, Aguilar, 2002) o Ava Gardner (Beberse la vida, Aguilar, 2004)?

Hay un género que me gusta mucho y son los dietarios. Los he ido escribiendo por épocas, dependiendo si estaba o no en otras cosas, y ahora sacaré un primer volumen, que va desde el 2011 hasta el 2016. Primero lo tiene que leer mi mujer, Pepita forever, que es quien hace la criba, y me dice qué es lo que vale la pena.

Soy un gran lector de diarios porque es una materia muy flexible y porosa: pueden ser casi jaculatorias, mini-cuentos, reflexiones, recuerdos… Muchas de estas cosas salían publicadas en El País, en el blog o en el artículo de los jueves que antes era más largo. Los diarios se llamarán Una cierta edad, una frase que últimamente me dicen mucho: “Tú ya tienes una cierta edad”. Tendrán el tono de mis críticas, unos diarios donde no hay ajustes de cuentas y donde intento encontrar lo bello de las cosas, lo que da alegría y vida.

Seguimos charlando con Marcos Ordóñez, con la cámara apagada y nuestra fotógrafa Ester Roig ya fuera del plató. Y ahí hace su aparición mi “momento fan” y le pido si me puede firmar mi ejemplar de Molta comèdia. Cròniques de teatre 1987-1995 (Edicions La Campana, 1996). Ya en la redacción, Marcos ojea (y huele) el ejemplar de Ajoblanco que nos ha llegado hace poco, y me sigue hablando de Bodas de sangre mientras le acompaño a la puerta.

Nos vemos en los teatros, Marcos.

IV

Fallece Marcos Ordóñez: “Siempre tuyo, Frankie Broadway”. Obituario, en La Vanguardia de Barcelona, Juan Carlos Olivares, 21/09/2026:

A Marcos lo recuerdo como el rey absoluto de la ínsula de Barataria de la sección de Cultura y Espectáculos de la delegación de Catalunya del ABC. Una redacción embutida en un entresuelo de la calle Rosselló en la que convivían el Macintosh Classic con las máquinas de escribir en una Barcelona justo antes y después de la vorágine olímpica. Una sección que, como él mismo, fomentaba una idea generosa y ecléctica de la cultura. Excepcionalidad más soportada que querida que, como Camelot, fue intensa, brillante y fugaz. Los mediocres le pusieron, en cuanto pudieron, un puente de plata que él cruzo para nunca más depender de nadie.

A Marcos lo recuerdo en su casita del barrio del Farró, en una soirée improvisada. En la mesa baja de salón un despliegue apetitoso, entre ceniceros y vasos a medio consumir, de discos y libros. Risas, frases ingeniosas, conversaciones cruzadas y la capacidad inagotable del anfitrión de saltar del fragmento de una novela a la escena de una película, del diálogo de una obra de teatro a una canción que, como un prestigiador, sonaba de repente en el tocadiscos siempre a mano. Y la banda sonora saltaba de Gato Pérez a Sarah Vaughan y luego rugía sin previo aviso Van Morrison. Y así hasta el infinito y más allá de estilos y géneros. No había conocido nunca a nadie que tuviera ese ingente conocimiento humanista sobre música, cine, teatro y literatura y que lo compartiera sin freno como quien reparte y comparte una bolsa de chuches. Para el novato en ese círculo –Frankie Broadway, me llamaba– era casi un estado de borrachera estendhaliana. Era apabullante. Marcos infundía respeto y secretamente disfrutaba del equívoco. El físico y la voz de un gigante refugiado tras sus gafas, barba y gorras o sombreros. También por ese conocimiento renacentista contemporáneo que manaba sin parar y convertían sus ensayos, biografías, novelas y críticas de teatro en espléndidos retablos de referentes.

Pero tras esa apariencia a veces inexpugnable, existía un hombre que reservaba siempre una página de cortesía a la misma dedicatoria: “Pepita Forever”. Pepita, su compañera hasta las últimas brumas compartidas. Esa serena presencia de larga melena siempre a su lado. Ese otro Marcos más vulnerable que afloraba en sus páginas autobiográficas cargadas de una emotiva nostalgia, de un cariño complejo por su círculo más íntimo. Es leer Un jardín abandonado por los pájaros (un relato sobre su familia) y ver en cinemascope una Barcelona pretérita tan bien retratada como cualquier aventi de Juan Marsé. Tenía un respeto inmenso, muy al estilo argentino, por los artistas que alimentaron desde niño su pasión por las artes. Era casi natural que fuera precisamente él el que redactara las memorias de Alfredo Landa (Alfredo el Grande) o centrara su atención en el Madrid de las maravillas de los años cincuenta de Perico Vidal (Big Time: la gran vida de Perico Vidal) o Ava Gardner (Beberse la vida: Ava Gardner en España). Los artífices para que se cumplieran sus sueños semana tras semana en los cines de reestreno de la Barcelona del desarrollismo.

A Marcos lo recuerdo en los largos viajes de ida y vuelta en coche que el festival Temporada Alta ponía a disposición de la crítica. Nunca pasaron ángeles del silencio por ese apretado cubículo sobre ruedas. Escuchándole entendía por qué siempre lo tuve como el principal referente de los últimos grandes críticos de esta ciudad. Un mentor discreto que me ofreció mi primera oportunidad en el ABC y nunca se apartó del todo en esta azarosa trayectoria de la crítica teatral. Con el tiempo se volvió más indulgente, incluso llegó a expresar públicamente que se arrepentía de la dureza de algunas de sus críticas. Quizá era la enfermedad la que empezaba a resquebrajar esa coraza que solo desmontaba en la más estricta intimidad. Su amor por el teatro y sus artistas siempre estuvo ahí, pero sus opiniones eran severas, a veces cáusticas, ingeniosas, sin excusa justas. Pero esa parte más implacable fue remitiendo con el tiempo y empezó a prevalecer solo aquello que sustentaba todo lo bueno que le podía ofrecer un escenario. Desde su tribuna en Babelia se permitió la libertad de renunciar a las malas críticas. Se volvió positivamente selectivo. Así entendía ahora la crítica, como un mecenas de papel. Cuidaba los amigos, apadrinaba el talento emergente, subrayaba la excelencia, el riesgo, el oficio. Una subjetividad en positivo. Marcos nunca fue un crítico ponderado en sus querencias. Vivía la representación con intensidad, por su fascinación eterna por la ficción. Una conexión que a veces le traspasaba dolorosamente, como aquella noche que le dejó herido el Purgatorio de Romeo Castellucci (Teatre Lliure, Grec’09)

A Marcos lo recuerdo en las llamadas para repasar la cartelera (“Frankie Hollywood, ¿qué hay de bueno?”) cuando su salud se hizo más frágil y su presencia en los teatros más puntual. Recuerdo el cariño que se expandía y que amigos y conocidos nos percatábamos de que algo había cambiado. Recuerdo una última visita hace tres años en su casita del Farró. Todo seguía casi igual. Quizá ya no había tantos libros sobre la mesa baja. Los discos guardados en sus fundas. Quizá su atención iba y venía, pero me saludó con un familiar “Frankie Broadway” después de un largo tiempo sin vernos. Ya no tengo más recuerdos de quien considero mi maestro y referente. Hoy mismo volveré abrir Molta comèdia, sus crónicas teatrales entre 1987 y 1995) para entender por qué es tan importante esto de la crítica teatral y que es un dolor que hayamos perdido una voz con tanta dignidad mucho antes de que se marchara en paz.

V

[De Wikipedia]

Marcos Ordóñez (Barcelona, 25 de marzo de 1957-Barcelona, 21 de septiembre de 2026)[1] fue un crítico teatral, escritor y profesor español.[2]

Biografía

En 1988 publicó su primera novela, titulada El signo de los tiempos (Plaza & Janés).[3]

Escribió la obra La noche de Eldorado, que fue llevada al escenario en 1991.

Desde 1994 fue profesor asociado de Guion cinematográfico y Dirección de actores del Departamento de Audiovisuales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

En 1997 su novela Rancho aparte recibió una mención especial del jurado del Premio Nadal (que ese año ganó Carlos Cañeque, con Lorenzo Silva como finalista). Rancho aparte está ambientada en la Barcelona de la década de 1950 y fue publicada por la editorial Destino.[4]

Desde 2001 hasta diciembre de 2021 fue crítico teatral del diario El País y colaborador del suplemento cultural Babelia.[5][1]

Parte de su obra tiene un fuerte componente autobiográfico. Así, en A cualquiera puede sucederle relata el mundo de sus abuelos; Una vuelta por el Rialto es, en sus palabras, autobiografía literaria. Otras tres piezas, Turismo interior, Gaseosa en la cabeza y Un jardín abandonado por los pájaros, también tienen elementos personales de Ordóñez.[6]

Obra

Gato Pérez, la rumba como ética (biografía), Ediciones Júcar, 1987.[7]

El signo de los tiempos (novela), Plaza & Janés, 1988.[3]

A cualquiera puede sucederle (novela), Plaza & Janés, 1990.

La esencia del guaguancó (relatos), Ediciones Versal, 1991.

Una vuelta por el Rialto (memorias), Anagrama, 1994.

Molta comèdia. Croniques de teatre 1987−1995 (críticas), Edicions La Campana, 1996.

Rancho aparte (novela), Ediciones Destino, 1997.

La bestia anda suelta: ¡Alex de la Iglesia lo cuenta todo! (biografía), Glenat Ediciones, 1997.

Puerto Ángel (novela), Ediciones Destino, 2000.

Tarzán en Acapulco (novela), Ediciones Destino, 2001.

Comedia con fantasmas (novela), Plaza & Janés, 2002.

con Nuria Espert: De aire y fuego (biografía), Aguilar, 2002.

A pie de obra: Escritos sobre teatro (críticas), Alba Editorial, 2003.

Beberse la vida: Ava Gardner en España (biografía), Aguilar, 2004.[8]

Detrás del hielo (novela), Bruguera, 2006.[3]

Ronda del Gijón: una época de la historia de España (biografía), Aguilar, 2007.

Alfredo el Grande. Vida de un cómico: Landa lo cuenta todo (biografía), Aguilar, 2008.

Turismo interior (relatos), Lumen, 2010.

Telón de fondo: Algunas cosas que aprendí en el teatro (memorias), El Aleph Editores, 2011.

Un jardín abandonado por los pájaros (memorias), El Aleph Editores, 2013.[9]

Big Time: la gran vida de Perico Vidal (biografía), Libros del Asteroide, 2014.[10]

Juegos reunidos (memorias), Libros del Asteroide, 2016.[11]

Una cierta edad (dietarios 2011−2016), Anagrama, 2019.

Una joven pareja (novela), Pepitas de Calabaza, 2021.[12]

Notas

1.  «Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años». El País. 21 de septiembre de 2026. Consultado el 21 de septiembre de 2026.

2. Perfil de Marcos Ordóñez, en la web Dialnet, consultada el 22 de mayo de 2022.

3. Ángel Basanta (29 de junio de 2006). «Detrás del hielo». El Cultural. Consultado el 8 de julio de 2016.

4. Xavier Moret (7 de enero de 1997). «Carlos Cañeque gana el Premio Nadal con un juego metaliterario a la sombra de Borges». El País. Consultado el 18 de diciembre de 2016.

5. PAÍS, Ediciones EL. «Artículos escritos por Marcos Ordóñez». El País. Consultado el 6 de marzo de 2022.

6. Iglesia (2013).

7. Álvaro Corazón Rural (mayo de 2015). «Gato Pérez, músico único que solo pudo darse en una Barcelona que ya no existe». Jot Down. Consultado el 25 de junio de 2016.

8. Moix, Ana María (20 de noviembre de 2004). Ha llegado una estrella. El País. Consultado el 3 de marzo de 2017.

9. «Marcos Ordóñez novela su autobiografía y la de la Barcelona de los 60». Eldiario.es. 1 de marzo de 2013. Consultado el 23 de octubre de 2016.

10. Mercedes Cebrián (26 de diciembre de 2014). «Cuando Rusia estaba en Soria». El País. Consultado el 24 de junio de 2016.

11. Toni Iturbe: «Las noches eternas de Marcos Ordóñez», Mercurio, panorama de libros, n.º 178, febrero de 2016, pág. 27.

12. «Una joven pareja | Pepitas de calabaza». www.pepitas.net. Consultado el 5 de septiembre de 2021.

VI

 Muere a los 69 años Marcos Ordóñez, escritor y crítico teatral que supo combinar la erudición y el entusiasmo, en elPeriódico, Rafael Tapounet, Barcelona, 21 SEPT 2026:

Cronista cultural de referencia por su mezcla de rigor, memoria y pasión, fue también autor de una amplia obra narrativa de carácter autobiográfico

Cuando en 2013 el escritor, crítico teatral y profesor Marcos Ordóñez participó en la segunda edición del festival Primera Persona, sacó para cerrar su intervención una botella de chinchón y, haciendo suyo el brindis irlandés favorito de John Huston, invitó a todos los presentes a beber "por el impulso". Nacido en Barcelona en 1957, a Ordóñez, autor de una veintena de libros y crítico de absoluta referencia para varias generaciones de aficionados al teatro, a la música y al cine, nunca le faltó el impulso. Su desmesurado afán por descubrir, por conocer y por compartir, siempre desde el entusiasmo, se tradujo en una obra de gigantesca erudición, a menudo con un fondo autobiográfico, que abarca diversos géneros y que refleja múltiples intereses. Una producción rica y generosa que la enfermedad interrumpió a finales de 2021 y que ha quedado ahora definitivamente truncada con la muerte de Ordóñez a los 69 años.

Que el primer libro publicado por Marcos Ordóñez fuera una semblanza literaria (y una lúcida reivindicación) del rumbero Gato Pérez ('Gato Pérez, la rumba como ética', 1987) ya da una pista sobre su determinación a la hora de derribar las barreras entre cultura académica y cultura popular. En su bibliografía se mezclan sin orden jerárquico las novelas, los libros de relatos, los volúmenes de memorias, los escritos sobre teatro, las crónicas de época, las biografías de personajes como Ava Gardner, Núria Espert, Alfredo Landa y Perico Vidal y hasta un libro entrevista con Álex de la Iglesia.

Una vocación precoz

Dueño de una precoz vocación escritora que adquirió consistencia al leer con 12 años las novelas de Somerset Maugham, Ordóñez dejó constancia en los dietarios reunidos en 'Una cierta edad' (2019) de los nombres de algunos de sus autores "más queridos": Bernard Frank, Patrick Modiano, Truman Capote, James Salter, Gabriel Ferrater, Raymond Chandler, Peter Handke, W. H. Auden… También Juan Marsé y Francisco Casavella, con quienes mantuvo una relación de amistad, y, por supuesto, Anton Chejov, a quien dedicó algunas de sus más brillantes páginas de crítica teatral.

Ordóñez tenía apenas 21 años cuando se estrenó como crítico teatral en las páginas de la revista 'Ajoblanco'. Después de pasear su firma por cabeceras como 'El Correo Catalán', 'ABC', 'El Observador', 'Avui' y 'Fotogramas', en el año 2000 empezó a escribir sobre teatro en el diario 'El País' y siguió haciéndolo durante más de dos décadas, imponiendo una personalísima mirada sobre las artes escénicas que combinaba el rigor, la memoria y la pasión.

VII

Reseñas de sus libros en Lecturalia.

jueves, 10 de septiembre de 2026

El matemático Luis Martínez-Zoroa crea el método para resolver uno de los seis Problemas del milenio

 I

 Un genio murciano de 32 años en el centro de la pelea entre OpenAI y los matemáticos por la solución a un problema legendario: "Sin nosotros no lo habrían resuelto", en El Mundo, Gonzalo Suárez, 10 septiembre 2026:

Luis Martínez Zoroa ha sido clave para solucionar el enigma de Navier-Stokes, pero la empresa de Sam Altman no quiso reconocer su mérito. Sus colegas ya le colocan como candidato a la Medalla Fields, nunca ganada por un español. "No soy un matemático prototípico", dice el murciano, que aún calcula con papel y lápiz.

Un genio murciano de 32 años en el centro de la pelea entre OpenAI y los matemáticos por la solución a un problema legendario: "Sin nosotros no lo habrían resuelto"

Luis Martínez Zoroa suena abrumado al otro lado del teléfono. A principios de esta semana, en los cálculos de este investigador murciano no entraba que su trabajo sirviera de base para resolver uno de los enigmas matemáticos más legendarios de la historia. Mucho menos que las ecuaciones -que aún formula a mano «el 95% de las veces», armado con folios y un lápiz bien afilado- se convertirían en el epicentro de una colosal disputa entre OpenAI, el gigante de la inteligencia artificial, y buena parte de la comunidad matemática. «Espera, espera, que no puedo ni respirar», dice Martínez Zoroa, de 32 años, tras perder el aliento durante unos segundos al subir un tramo de escaleras.

Antes de ubicar al profesor de la CUNEF Universidad de Madrid en este embrollo conviene rebobinar en el tiempo hasta las 19:20 de este martes. A esa hora, OpenAI lanza al mundo una noticia colosal: que uno de sus modelos ha encontrado una solución a las míticas ecuaciones de Navier-Stokes. Para los no iniciados, se trata de uno de los Seis problemas del Milenio, un desafío a la comunidad científica lanzado hace un cuarto de siglo por el Instituto Clay, que ofrece un millón de dólares a quien sea capaz de resolver cada uno. De confirmarse la validez de esta solución presentada por la compañía de Sam Altman, obtenida en tan sólo 88 horas por un escuadrón de 10.000 agentes autónomos, nos encontraríamos ante un punto de inflexión para el futuro de las Matemáticas: de lejos, el hallazgo más avanzado que ha logrado hasta la fecha un modelo de IA.

Sin embargo, el estruendoso anuncio se ve opacado por la carta abierta que un prestigioso profesor de la Universidad de Nueva York (NYU), Tristan Buckmaster, ha publicado apenas 12 horas antes. Su texto afirma, básicamente, que OpenAI le ha pisado la exclusiva. Según su versión, la empresa tecnológica habría precipitado su anuncio en cuanto se enteró de que él estaba a punto de lanzar una solución al mismo problema en colaboración con Levent Alpöge, investigador de Anthropic, la principal empresa de la competencia.

Matemáticas, egos y negocios se funden entonces en un magnético culebrón que fascina a toda la comunidad científica.

Lejos de quedarse ahí, Buckmaster lanza otras tres graves acusaciones contra OpenAI: que la empresa sólo se había volcado en la investigación tras tener conocimiento de sus avances con la ecuación; que le habían ofrecido una recompensa si dejaba tirado a su compañero de pesquisas; y, de forma implícita, que los agentes autónomos pudieron aprovecharse de forma opaca del material de trabajo que el dúo había subido a los servidores de distintos agentes de IA. «¿Por qué quieres hundir tu carrera?», cuenta que le amenazaron desde la empresa cuando se mostró poco colaborativo con sus propuestas.

Aquí es donde entra en juego nuestro matemático. En su colosal yo acuso contra Open AI, Buckmaster subraya que todo su trabajo con el problema de Navier-Stokes se había basado en las ideas adelantadas por dos investigadores españoles: el propio Martínez Zoroa y su director de tesis, Diego Córdoba, del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT). Ambos habían desarrollado una estrategia para abordar el problema radicalmente distinta de los métodos habituales de sus compañeros de disciplina. «Quiero dejar claro lo que ya he dicho en privado a mis colegas: Luis Martínez-Zoroa merece una Medalla Fields», dijo en referencia al máximo honor del mundo de las Matemáticas, considerado el equivalente a un Premio Nobel y que ningún español ha ganado jamás.

Casi es posible notar el rubor del matemático murciano, famoso entre sus colegas por su artesana metodología de investigación, cuando le planteamos la posibilidad de que reciba un reconocimiento de ese calibre. «Hay muchísimos matemáticos muy brillantes en el mundo», afirma. «Si me dieran la Medalla Fields estaría contentísimo, por supuesto. Pero ni siquiera lo considero una posibilidad real».

Su mentor, Diego Córdoba, no se anda con tantos remilgos, quizá porque al ser mayor de 40 años (nació en 1971 en Madrid) no cumple los requisitos para ganar la Fields. «Luis es un genio», sentencia. «Ya está situado entre los grandes favoritos para la edición de 2030, cuando se entregan las cuatro próximas medallas. Buckmaster sabía muy bien lo que hacía cuando le señaló en su carta como merecedor del galardón. Ahora, toda la comunidad científica española debe volcarse en hacer lobby para que sea nuestro primer compatriota que lleve la medalla».

Ocurra lo que ocurra dentro de cuatro años, lo cierto es que Luis Martínez Zoroa lleva un lustro abriendo su propio camino con un rompedor abordaje para resolver el problema de Navier-Stokes. La lanzadera fue su tesis doctoral, dirigida por el profesor Córdoba, su principal compinche en estas investigaciones. «No voy a repartir porcentajes de mérito en este hallazgo», asegura. «Sólo te diré que, sin Luis, nada de esto habría sido posible».

Las ecuaciones de Navier-Stokes se formularon a mediados del siglo XIX para describir cómo se comportan los fluidos, desde las corrientes marítimas a los chorros de aire. Sus aplicaciones son infinitas: el diseño de aviones, la predicción del tiempo, los gráficos de los videojuegos, la circulación de la sangre por el cuerpo...

Sin embargo, jamás se había aclarado una cuestión básica sobre su funcionamiento: si las ecuaciones siempre muestran un comportamiento estable o, por el contrario, existe lo que los científicos llaman «singularidad». Es decir, cuando el flujo suave de un líquido o un gas rompe sus propias reglas: de un día tranquilo surge de golpe un tornado.

«Ese es, a grandes rasgos, mi campo de estudio: cuando los modelos se rompen y muestran comportamientos no esperados», explica el investigador español. OpenAI asegura que, gracias a sus modelos, ha logrado definir los momentos exactos en que se alcanza esta «singularidad».

Hasta hace unos años, la estrategia unánime era estudiar los fluidos como si no tuvieran ninguna fuerza externa que los afectara. El gran hallazgo de Martínez Zoroa, ya esbozado en su tesis doctoral, fue plantearse qué ocurriría si añadían a los cálculos una fuerza, como la gravedad o el magnetismo, que afectara al comportamiento del fluido aunque fuera de forma tangencial. Su instinto les decía que, probablemente, facilitaría las ecuaciones.

Durante unos años, esta forma de atacar el problema era propiedad exclusiva de Martínez Zoroa, Diego Córdoba y otros cinco o seis especialistas de un equipo conjunto del ICMAT y la CUNEF, todos españoles salvo un matemático chino. Hasta esta semana, eran los únicos con papers publicados por la vía tradicional, en revistas con revisión por pares o en congresos internacionales. «Que yo supiera, no había otros resultados demostrados con estas herramientas, salvo los nuestros», subraya Martínez Zoroa.

Un momento crucial ocurrió en abril del año pasado, cuando el matemático murciano visitó la Universidad de Nueva York para presentar estas técnicas. Allí coincidió con el citado Tristan Buckmaster, quien mostró un intenso interés por su trabajo desde el primer momento. Siete meses más tarde, en noviembre, ambos coincidieron en un congreso y volvieron a intercambiar ideas. Así siguieron las cosas hasta esta misma semana cuando, para su sorpresa, el trabajo experimental del equipo español acapara titulares en la prensa científica de todo el planeta.

¿Sabía que Tristan Buckmaster estaba aplicando modelos de IA a sus ideas?

No lo sabía, cada uno siguió trabajando por su cuenta. Pero no me siento atacado: simplemente han seguido una línea de investigación que les parecía prometedora. Así funciona la Ciencia.

P. ¿No siente que le han robado su idea?

En absoluto. Buckmaster y Alpöge podrían haber publicado sus conclusiones por su cuenta sin darnos ningún tipo de crédito y nos habríamos quedado con una mano delante y otra mano detrás. Que alguien aplicara la IA a nuestras ideas para demostrar su validez era la segunda mejor opción imaginable, después de haberlo haberlo hecho nosotros mismos.

Cuentan los matemáticos que los hallazgos de OpenAI y del tándem Buckmaster-Alpöge, independientemente de quién tenga razón en su disputa, suponen un antes y un después para su campo. Como poco, supondrán una aceleración insólita en la labor de los investigadores, que a partir de ahora podrán completar el trabajo de años en cuestión de días. «Es un momento Deep Blue-Kasparov», afirma Buckmaster, en referencia al mítico duelo del maestro del ajedrez contra una supercomputadora, que le derrotó en 1997.

El profesor Córdoba, en cambio, es más escéptico. «Sin nuestro trabajo previo, la IA no habría descubierto nada», se reivindica. «Nosotros encontramos una teoría novedosa y la demostramos varias veces con cálculos a mano, que son mucho más laboriosos. El potencial de cálculo sí que es mérito de la IA, pero las matemáticas nuevas son nuestras».

OpenAI, sin embargo, no citaba en ningún momento el trabajo pionero de Martínez Zoroa junto a su mentor. Esta omisión indignó a parte de la comunidad matemática, pero los propios autores prefieren no pronunciarse con rotundidad hasta que lean el paper' completo. «Son 165 páginas, no me ha dado la vida», se excusa el matemático murciano.

[Este jueves se ha sabido que OpenAI modificó sin avisar el paper original para reconocer la aportación de los científicos que trabajaron durante años para alcanzar la solución que la IA encontró sólo 88 horas, incluidos Córdoba y Martínez-Zoroa. La empresa niega que el cambio tenga que ver con las múltiples críticas recibidas por omitirlos en su versión inicial].

La duda pendiente es por qué el equipo español, tras porfiar durante años con su modelo matemático, no recurrió a una IA para tratar de probar sus ideas y, de paso, llevarse la gloria completa. «Porque esa tecnología no encaja bien con mi forma de trabajar», admite Martínez Zoroa. «Yo soy más de papel y lápiz, de dar un paseo o unas vueltas por casa y a ver qué se me ocurre. No soy el matemático más prototípico, la verdad. Aunque está claro que, a partir de ahora, la IA tendrá que encajar conmigo sí o sí»

II

Un año de trabajo de dos matemáticos españoles frente a 88 horas y 15 millones de OpenAI: “Sin nuestra idea, la IA no lo habría resuelto”, en El País, Patricia Fernández de Lis, Madrid, 10 sept 2026:

Las investigaciones de Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa son la base del anuncio de que la inteligencia artificial ha resuelto uno de los mayores enigmas de la historia. Ambos creen que el logro cambiará radicalmente la disciplina

El matemático Diego Córdoba lleva dos días sin dormir cuando contesta a la llamada de EL PAÍS, el miércoles por la mañana: “Estoy aún en shock, la verdad”, dice, y reconoce que no sabe cómo está cuando se le pregunta. El sábado por la noche recibió una llamada de un número de Estados Unidos que no cogió. A las ocho de la mañana del domingo, le llegaron una decena de correos con el mismo asunto: “Diego, tienes que hablar con fulanito. Diego, estate atento”. Alguien tenía que llamarle antes de que se despertara y viera “todo esto”, cuenta este investigador del ICMAT.

“Todo esto” era el anuncio de OpenAI de que uno de sus modelos ha resuelto el problema de Navier-Stokes, uno de los llamados Problemas del Milenio, siete desafíos matemáticos complejos seleccionados por el Instituto Clay de Matemáticas, con una recompensa de un millón de dólares por la resolución de cada uno. Y también era “todo esto” la polémica surgida porque el método que la máquina había usado para lograrlo era el que Córdoba había desarrollado junto al investigador de CUNEF Luis Martínez-Zoroa. Ambos han sido reconocidos por la comunidad científica como los que dieron con una idea innovadora que allanó el camino para que después lo resolviera la “fuerza bruta”, como la llama Córdoba, de la IA.

Martínez-Zoroa, que se enteró de todo la mañana del lunes, aún no ha podido leer con detenimiento las 166 páginas del estudio de OpenAI. “Le he echado un vistazo por encima. Hay cosas leyéndolo que sí me recuerdan a las estrategias que nosotros hemos desarrollado, pero es una notación con la que no estoy familiarizado. Hasta que no nos pongamos a digerirlo bien es difícil saber si de verdad se ha apoyado muy fuertemente en nuestra estrategia”, explica.

Todo el lío comenzó cuando Tristan Buckmaster, matemático de la Universidad de Nueva York y también experto en Navier-Stokes publicó una carta en su web en la que explicaba que OpenAI había contactado con él. La empresa se había enterado de su investigación “privada e inédita” en la última semana y le decían que ya tenían “una prueba de la resolución” antes de contactar con él y le ofrecieron elegir entre una publicación conjunta o escribir él mismo el resultado atribuyéndoselo a un modelo de OpenAI. La empresa pedía también dejar fuera a su colaborador Levent Alpöge, de la empresa rival Anthropic.

A Córdoba nadie le avisó. Ni OpenAI ni Buckmaster, con quien coincide “muchas veces” en congresos (lo invitó a Madrid hace un año, explica). Para entender lo ocurrido, hay que remontarse a la investigación que Córdoba y Martínez-Zoroa desarrollan desde 2023. Su método se basa en construir una cascada de vorticidad (o sea, la medida de cuánto gira o rota un fluido en un punto concreto, en un momento dado) formada por una sucesión de estructuras situadas en escalas cada vez más pequeñas. Cada una de estas capas genera un campo de velocidad que amplifica la vorticidad de la capa siguiente, y eso produce un mecanismo acumulativo que termina provocando una singularidad en tiempo finito. La fuerza externa permite mantener y coordinar esta cascada sin introducir por sí misma la singularidad. El gran reto consiste en ajustar con precisión la geometría, las escalas y la interacción entre las distintas capas.

Lo que hicieron Buckmaster y Alpöge fue coger ese mismo método y automatizar la parte de la búsqueda, en vez de tunear el escenario ellos mismos. OpenAI, después, ha ido un paso más allá, con un despliegue de recursos que abruma. Córdoba lo resume con un dato: los tokens (unidad mínima de información para un modelo de lenguaje) que consumió la empresa para su demostración equivalen, calcula, a invertir unos 15 millones de euros. Lo hizo, según OpenAI, con 10.000 agentes en 88 horas. “Es lo que Luis y yo hemos hecho en un año con lo que nos paga el ministerio, y encantados”, dice, riendo. Martínez-Zoroa reconoce que no sabe cuánto habrían tardado en resolver la conjetura sin la irrupción de la IA, o si lo hubieran podido hacer: “Podría haber sido que no hubiéramos llegado nunca. Llevamos varios años trabajando en este problema, y el progreso ha ido llegando por cuentagotas. De vez en cuando venía alguna epifanía. Podría haber sido en un año, en dos... o podría no haber llegado jamás. Tal y como está la cosa, parece que ya no lo vamos a saber”, reflexiona.

¿Medalla Fields?

Buckmaster reconoce explícitamente que su equipo “no ha contribuido matemáticamente a nada”: se limitaron a coger el método de Córdoba y Martínez-Zoroa, implementarlo en la IA y dejar que el sistema encontrara el escenario. Y llega a pedir, públicamente, que el reconocimiento (“el premio más importante en matemáticas”) vaya para Martínez-Zoroa. Para Córdoba llega tarde: la medalla Fields solo se concede a menores de 40 años. “Yo ya estoy pasado”, dice. Martínez-Zoroa, que hoy suena como el primer candidato español real a esa medalla, se toma la idea con cautela: “Sinceramente, lo veo muy difícil. Hay muchísimos investigadores jóvenes de gran talento. Yo sigo haciendo lo mejor que puedo en mis proyectos. Si en unos años me la dan, sería una muy grata sorpresa, pero no cuento con ello en absoluto.”

Córdoba lleva años repitiendo en broma una frase: “No uso IA: tengo a Luis”. Es, dice, “un fenómeno”. Lo que ha hecho la IA, insiste una y otra vez a lo largo de la conversación, es “ganar tiempo, no tener ideas nuevas”. Martínez-Zoroa comparte la lectura de fondo. Y añade una advertencia: si la IA puede tomar cualquier idea de cualquier científico para, en pocas horas, resolver un problema de este calibre, ¿qué incentivos tienen los investigadores en publicar los resultados de sus trabajos? “Este es claramente un peligro en la investigación matemática hoy. Conozco casos de gente que ha explicado un problema en el que estaba trabajando a otro miembro de la comunidad, y ese otro investigador ha terminado el proyecto con ayuda de la IA sin dar ningún tipo de reconocimiento. Hay que repensar cómo damos crédito a partir de ahora, y la verdad es que no tengo ni idea de cómo se hace eso”, dice.

Córdoba es más optimista: en casi 90 años de intentos, nadie había dado con una idea que funcionara para demostrar que las ecuaciones de Euler o Navier-Stokes podían romperse. Ese vacío no lo ha llenado una máquina. Lo llenó, en 2023, un método nuevo (el suyo, con Martínez-Zoroa): “Si nuestro trabajo no hubiera existido, la IA no habría resuelto el problema”.

Córdoba no minimiza lo que ha pasado, ni mucho menos: habla de “revolución” cuando se le pregunta por lo que cambia esta noticia. Reconoce que, a partir de ahora, “hay que trabajar con IA”. La razón que da es casi táctica: si tardas cinco años en resolver un problema, mientras tanto un competidor puede resolver, con ayuda de una máquina, problemas parecidos en un mes. La IA no cambia las ideas que hacen falta para avanzar la disciplina, cree, pero sí modifica radicalmente los plazos, y con los plazos, la competencia, fundamental en ciencia, por publicar primero.

Sobre si esto significa el fin de las demostraciones hechas a mano, es tajante: no. La demostración, dice, seguirá siendo a mano. Lo que la IA aporta son dos cosas muy concretas: acceso rápido a información (el trabajo de biblioteca que a él le llevaba semanas, ahora se resuelve en segundos) y la velocidad de ejecución cuando ya existe un método que aplicar. Lo que la IA no ha hecho, ni él cree que vaya a hacer pronto, es encontrar la idea que no existe. Preguntado si algún día una IA podrá tener ese tipo de idea original, no se atreve a responder, y tampoco Martínez-Zoroa, que agradece a Buckmaster el trabajo de visibilización que ha realizado sobre el suyo. “No tenía por qué habernos defendido públicamente para dejar claro que las ideas venían de nuestro grupo. Eso le honra mucho”. Córdoba, por su parte, asegura estar “contento”: “Los matemáticos están reconociendo mi trabajo y el de Luis. Es para estar felices”.

sábado, 8 de agosto de 2026

Juan Manuel de Prada publica el ensayo Una enmienda a la totalidad. Entrevista.

 [Juan Manuel de Prada sin filtros. La verdad que nadie quiere escuchar, 28 de febrero de 2022. En El aullido del lobo, portal o canal de Gonzalo Rodríguez García en YouTube. Entrevista transcrita y corregida por el bloguero]

Capítulo 1: Introducción: Pensamiento tradicional vs. Ideologías modernas.

Venga, esto es El aullido del lobo, un canal para gente que a pesar de todo está decidida ser fuerte, libre e indómita. Si tú no eres una de esas personas, este canal no es para ti. Y hoy para nosotros es un honor tener en El aullido del lobo a Juan Manuel de Prada, un autor cuyas ideas conectan profundamente con las ideas del Aullido del lobo. Pues en todo lo que escribe se trasluce siempre una profunda cosmovisión espiritual.

Nosotros consideramos que sin dicha cosmovisión espiritual el mundo está abocado al nihilismo y la autodestrucción. Recientemente ha publicado este libro que es una maravilla, se llama Una enmienda a la totalidad, pero que además tiene un subtítulo especialmente gráfico. Dice: "El pensamiento tradicional contra las ideologías modernas." No podemos sino adherirnos a esa frase, el pensamiento tradicional contra las ideologías modernas. Bien, pues para empezar, Juan Manuel, un honor tenerte aquí. Muchísimas gracias por atendernos. 

Lo primero sería, ¿cuáles serían los principios fundamentales de ese pensamiento tradicional, de esa doctrina tradicional?

Bueno, un placer estar aquí con con vosotros en este en este lugar también para mí tan querido como es el café Varela, un café con una gran tradición literaria y en tan grata compañía. Gonzalo, bueno, yo creo que más que hablar de principios deberíamos sentar cuál es la base del pensamiento tradicional. 

Capítulo 2: Realismo vs. Idealismo: La base del pensamiento tradicional.

La base del pensamiento tradicional es reconocer la naturaleza humana, y reconocer la realidad de las cosas. Se podría decir que el pensamiento tradicional fundamentalmente es realismo frente al idealismo que creo que caracteriza las ideologías modernas. En el ámbito político sería reconocer un orden del ser frente eh a las ideologías que lo que creen es que el orden del ser puede ser cambiado, manipulado, alterado, transformado mediante ese poder creativo, ese poder creativo que bueno nos está conduciendo hacia barrancos francamente temibles, ¿no? 

Entonces, yo te diría que que el pensamiento tradicional es algo muy modesto, es la observación de la naturaleza propia del pensamiento aristotélico que descubre cuál es la auténtica naturaleza humana. En primer lugar, naturaleza en donde hay un elemento espiritual, un elemento de reconocimiento de lo sobrenatural, pero al mismo tiempo una naturaleza muy con los pies en la tierra. Muy, muy con los pies en la tierra, ¿no? Y yo creo que este es el concepto básico a partir del cual luego ya el pensamiento tradicional se ramifica frente a la visión que tienen las ideologías del hombre prometeico, es decir, de ese hombre que tiene que alcanzar el fuego de los dioses, que tiene que robarlo, y que una vez que tiene ese fuego puede hacer con su naturaleza lo que le da la gana.

El pensamiento tradicional lo que pretende es que el hombre reconozca lo que es, ¿no?, en todos los ámbitos, en el ámbito, por supuesto, antropológico, pero luego también en el ámbito político, en el ámbito cultural, en el ámbito social, etcétera, etcétera. Yo te diría que esta es la base fundamental, ¿no?

Capítulo 3: El hombre prometeico: la rebelión contra la naturaleza humana.

Bueno, pues no puedo estar más de acuerdo. que me ha encantado cómo lo has planteado, porque se acerca a ideas que que yo mismo recojo a veces cuando escribo y digo, "Oye, es que la doctrina tradicional básicamente se basa en ser más realista posible, sin duda, en atenernos a la realidad de las cosas." Y además has dicho una idea muy interesante. Has contrapuesto ese realismo frente a un idealismo que pretende que el ser humano puede a su libre albur modificar el mundo. Entonces, claro, esto me recuerda a la doctrina evangélica, ¿no? "La verdad os hará libres". La verdad de las cosas, el orden del ser, te hará libre. Hay que recordar que en España tuvimos a ZP diciendo: "La libertad os hará verdaderos." Bueno, pero en realidad en realidad esa frase de Zapatero no dejaba de ser eh podríamos decir el lema de la modernidad, ¿no? Que es una rebelión, es una rebelión titánica, como prometeica,¿no? Y que efectivamente le vende la golosina a los seres humanos de que buscando pues una especie de libre desarrollo de la personalidad, es decir, construyendo su biografía, siendo dueños de su destino, van a ser dueños del mundo. 

En realidad es un concepto hegeliano, ¿no? El espíritu del mundo que transforma la historia, ¿no? Esta es una idea, bueno, primero repito, irreal, es decir, el ser humano, la naturaleza humana es la misma desde, no sabemos desde cuándo, pero desde luego los hombres que pintaron las cosas de Altamira eran los mismos que nosotros y lo va a seguir siendo hasta que la raza humana desaparezca de la faz de la tierra, al menos en su en su andadura mortal. Y este concepto, este concepto que tanta rabia le produce a las ideologías modernas, creo que ha conducido a los seres humanos a, bueno, a callejones sin salida o mucho peor, hacia barrancos ¿no?

Capítulo 4: Salud Mental y Vacío: ¿Por qué somos la generación más débil?

Estamos ahora cuando tú te rebelas contra lo que eres, eso tarde o temprano te conduce a la melancolía y autodestrucción.

Y sí, yo lo veo así, es decir, o sea, vamos a ver la cantidad de suicidios que tenemos: autodestruyen los titanes, en los mitos se autodestruyen. Efectivamente la multiplicación que tenemos por ejemplo de los casos de de trastornos psíquicos total es una cosa apabullante. 

Yo tengo amigos psicólogos ya de cierta veteranía, ¿no? que que te dicen sobrecogidos que a lo mejor hace 30, 40 años pues tenían una clientela que casi no les daba para comer y que hoy en día sin sin haberse convertido en psicólogos o psiquiatras de éxito, pero esa clientela la han multiplicado por cinco, por seis, hasta por 10. No se habla de eso suficiente y cómo la salud mental está arrasada en los tiempos que corren. Yo digo que es la época de los seres humanos mentalmente más débiles que ha habido nunca. 

Mira, por ejemplo, una cosa que esto ya puede parecer casi como una como una provocación decirlo, ¿no? Pero, por ejemplo, ese mensaje que se le lanza siempre a los jóvenes de que tienen que hacer aquello que les guste, aquello que les hace felices... La realidad es que en el 95% de los casos a donde les conduce es a la infelicidad y a la frustración. ¿Por qué? ¿Por qué? Porque la capacidad imaginativa humana es incalculable. Y es que yo mañana me puedo levantar pensando que yo podría ser un magnífico astronauta, por ejemplo, ¿no? Porque he visto, no sé, media docena de películas de astronautas y me he sentido muy identificado con los protagonistas, ¿no?

Y entonces voy a volcar mi vida en una cosa para la que primero no tengo aptitudes físicas, no tengo conocimientos eh científicos, acordes de aeronáutica, etcétera, etcétera. Ya, además vivo en un país que no tiene capacidad para financiar mi sueño, ¿no? Eh, entonces, claro, me voy a convertir en un fracasado, en un fracasado. Pero es que además, si sigues prolongando esta estupidez, es que además voy a querer ¿cómo voy yo a querer? ser astronauta, pues me digo, ¿a dónde tengo que ir? Pues tengo que ir a Rusia o tengo que ir a Estados Unidos, ¿no? para ser astronauta, ¿no? Entonces, me voy a desarraigar, voy a romper lazos con con toda mi familia, con todo mi mundo, con todo. Y, al final, bueno, pues evidentemente cuando llegue a la NASA y golpea la puerta de la NASA, me van a pegar una patada en el culo, como es natural. Entonces, yo creo que esto es algo que la gente no entiende y claro, dice, "Ay, ¿qué vida aquella en donde tú nacías hijo de un carpintero y tenías que ser carpintero? Qué asco, tal, no sé qué."

Capítulo 5: La Trampa del Éxito: El fracaso del modelo de felicidad moderna.

 Vamos a ver. El 95% de los hijos de carpinteros que se hicieron carpinteros fueron personas felicísimas. Yo con esto no estoy abogando a que el hijo del carpintero tenga que ser carpintero, el hijo del albañil tenga que ser albañil, no: lo que estoy abogando es para que se tengan que crear unas condiciones de vida, unas condiciones de vida en donde tú asumas lo que eres, es decir, que tú has nacido en este pueblo: pues, hombre, tienes que buscarte novia en este pueblo, tienes que buscarte un oficio que tenga salida en tu pueblo, etcétera, etcétera, ¿no? Que ese mundo ha desaparecido, no ha quedado. Bueno, ese mundo ha sido destruido por aquellos que querían incorporar nuevas formas de vida para su conveniencia. Porque, claro, precisamente cuando vamos hacia un capitalismo global, a ti no te interesa que un señor quiera heredar los suicidios de su padre porque lo va a dignificar. No, no, a ti te interesa que sea un paria, le enseñas un poco de informática, un poco de inglés y lo mandas a Bangladesh a trabajar, ¿me entiendes? Pero claro, esto nos ha acercado a una idea que tenía anotada para conversar contigo y es que, sea, una vez que nos asentamos en esa cosmovisión espiritual de ese pensamiento tradicional, nos damos cuenta de que el mundo moderno es la antítesis de eso, que hemos generado una civilización antitética al pensamiento tradicional. Totalmente: porque no reconoce la naturaleza humana, porque ha creado un concepto falso de libertad que ya no está ligado a la capacidad de discernimiento que el ser humano tiene sobre el bien y el mal y a la capacidad de observación de la naturaleza para descubrir la verdad de las cosas, sino que está ligado exactamente a lo contrario, es decir, a revolverse contra la verdad de las cosas, eh, y a convertirte en un ser en perpetuo estado de insatisfacción y persiguiendo aquellas quimeras que el poderoso de turno te quiere vender, ¿no?

Se podía decir que una sociedad que engorda todo lo que serían los anhelos y afectos del ego. "Me apetece, me apetece, me gusta, no me gusta, quiero, no quiero"... No hay ningún yo esa monstruosidad que hay en la en la Constitución americana, el derecho a la búsqueda de la felicidad, date cuenta,

Capítulo 6: El Derecho a la Felicidad: Una expresión auténticamente "hijoputesca".

que es  una expresión auténticamente hijoputesca, porque no es que te reconozcan el derecho a la felicidad, que esto, por supuesto, sería grotesco, no es como reconocerte el derecho, no sé, a ligar, no es algo idiota, ¿no? O sea, tú "no tienes derecho a la felicidad, puedes alcanzar modestamente la felicidad o algo parecido a la felicidad", pero no, dicen: El derecho a buscar la felicidad. Es decir, te convierten en un zascandil que durante toda tu vida vas a tener que ir buscando la felicidad, buscando la felicidad. Y como no la vas a encontrar nunca, vas a ser un chiquilín emberrinchado que constantemente va a estar pidiendo derechos con que vas a decir, "Joder, yo sería feliz si pudiera pegarle una patada en el culo a mi mujer", ¿no? Y entonces te dan el el divorcio, ¿no? "Yo sería feliz, si pudiera matar a mis hijos", te dan el aborto. Yo podría ser feliz así hasta la locura. Hasta que, al final, como no alcanzas la felicidad, pues dice: "Yo quiero el derecho a que me maten. Quiero el derecho a que me maten porque no he alcanzado la felicidad." Porque ahora soy viejo decrépito, estoy amargado, no soporto el dolor, no tengo quien me acompañe, estoy hecho una piltrafa, no tengo amigos, entonces, sí, quiero que me eutanasien.

Claro. La sociedad neurótica y enfermiza que tenemos.

Yo digo que es una sociedad patógena, completamente disfuncional, donde toda esta perspectiva moderna de la libertad os hará verdaderos, lo que géneros individuos, como estás detallando, que están hechos pulpa. 

Capítulo 7: Sociedad Luciferina: "Seréis como dioses" y la antigua serpiente.

Yo diría, esto es un, yo lo digo así, una sociedad demoníaca o luciferina, es decir, porque de la verdad os hará libres a la libertad os hará verdaderos, hay una subversión y una perversión, ¿verdad? Yo digo demoníaca. Sí, hombre, porque el fondo de esa y el fondo de esa subversión es la vieja promesa, la vieja promesa de la antigua serpiente. No seréis como dioses.

Exacto.

Es decir, si tú te liberas de todo aquello que te coarta, es decir, si le pegas el una patada en el culo a tu mujer, si matas a tus hijos, si cambias de sexo, si te vas de tu pueblo, si reniegas del oficio de tu familia, si rompes los lazos con el mundo, eh, serás Dios, serás autosuficiente, harás lo que te dé la gana. Claro, ese sueño individualista, eh, patético, a pesar de que quería ser grandioso, de Ayn Rand, ¿no? la novelista, ¿no?

Eh, que es eso, el superhombre, el sueño del superhombre. Pues no, no, nadie es un superhombre ni una supermujer. La verdad es que somos seres dependientes que nos fortalecemos a través de los vínculos y del reconocimiento de lo que somos. Vale, pues a partir de aquí, yo también, planteamos a El aullido del lobo y en el libro que últimamente publiqué que consideramos que en la historia de España, en la tradición española, esta cosmovisión espiritual ha estado especialmente presente en lo que yo llamo la fe y realismo, fe y realismo del Siglo de Oro español, de Cervantes, de Lope, de Calderón.  

Capítulo 8: Fe y Realismo en España: El legado del Siglo de Oro.

Entonces, yo no sé si, a mi humilde entender, la cosmovisión del pensamiento tradicional ha sido fundamental en la construcción del proceso histórico de España hasta hace unos escasos 200 o 300 años. España puede mirarse más en el espejo de la doctrina tradicional que en el espejo de la modernidad contemporánea.

Bueno, de hecho, la España que tú has mencionado está seguramente en el momento de su máximo esplendor, ¿no? Pero yo te diría que sí, que España se constituye en torno a este concepto de realismo tradicional, se hace fuerte en torno a este concepto, ensancha sus fronteras en torno a este concepto, que naturalmente tiene también un sustrato religioso muy fuerte, naturalmente, y mantiene una lucha, mantiene una lucha contra todos sus enemigos, que es una lucha además en donde pese a las dificultades y a que esos enemigos cada vez sean más numerosos y más fuertes, España efectivamente podríamos decir que al menos hasta comienzos del siglo XIX mantuvo esa fortaleza y esa identidad, ¿no? A partir de ahí lo empiezan a torcer fundamentalmente porque España se envenena con el liberalismo, que es lo que la destruye. Hay dos naciones, hay dos naciones, una a cada extremo de Europa que combatieron el liberalismo.

Capítulo 9: España y el Liberalismo: Cómo perdimos nuestra identidad.

Una se rindió, aun con momentos de reacción, pero en general se rindió, digámoslo así, o se fue rindiendo. La otra resistió con momentos de gran convulsión, que es Rusia, ¿no? Y esta es la realidad, y sí, yo creo que España, cuando logró ser auténticamente verdadera, es cuando no estaba infiltrada por estas ideologías modernas. Y ahí es donde dio sus mejores frutos en todos los ámbitos. En el religioso, en el literario, en el artístico, en todos: político, civilizatorio.

Eso es, por eso, por supuesto. 

Y luego España, pues a la vez que se le infiltran los venenos, se le infiltran también los complejos, ¿sabes? Esto lo denunciaba Unamuno. Unamuno decía que no, España no tenía por qué competir con Europa en ciencia o en tecnología o en técnica, ¿no? España tenía un carisma, tenía unos carismas, unas vocaciones que eran más de tipo creativo, religioso, espiritual, artístico, etcétera, etcétera. Yo creo que sí, que bueno, no sé, no hace falta más que ver lo que lo que hoy en día es España.

Total, que no nos engañemos, pues es un es un país lacayo, es una colonia, es un cero a la izquierda que además chapotea en su total en su decadencia, y se niega a mirarse en ese espejo, se niega a mirarse en Cervantes, se niega a mirarse en Calderón, se niega a mirarse en el Siglo de Oro, se niega, lo desprecia, lo olvida, lo aparta. Es un espectáculo lamentable ver hasta qué punto en España se da la espalda a lo mejor de su propia historia y tradición o se mira esa historia y tradición con recelo. Entonces, claro, el resultado es un país.

Pero, es que sabes, lo que pasa es que España está hundida también porque ha habido una serie de de puntales fundamentales en su constitución, en su ser verdadero, que se han derrumbado. 

Capítulo 10: La Monarquía Tradicional: El fin de la autoridad verdadera.

Claro. Por ejemplo, en el ámbito político, la monarquía, la monarquía tradicional dejó de existir. Dejó de existir hace mucho tiempo. Lo que tenemos hoy ya pues es una especie de parodia que, bueno, tal vez engañe a algunos ilusos, ¿no? Pero ya nada tiene que ver con la monarquía. Los reyes, su misión primordial, era defender al pueblo de los poderosos de tal manera que más allá de que los poderosos pudieran hacer sus injusticias, al final el rey era tan poderoso sobre ellos que los podía borrar de un plumazo. Ahí tenemos Fuenteovejuna o  El alcalde de Zalamea, que básicamente es este concepto, ¿no? Cuando el rey o la monarquía se convierte en sierva de los poderosos, pues al final para lo que está es para promover en la gente la Agenda 2030, ¿no?

En esas estamos. Entonces, claro, es cuando cuando tú subviertes el concepto de autoridad, por ejemplo, pues es que estás matando a la sociedad. Pero, ¿cuándo? Cuando desnaturalizas todas las instituciones que han hecho fértil a la sociedad, empezando por el matrimonio, por ejemplo, por hablar del orden civil o del orden social, pues es que ya no hay nada que hacer. Cuando tú te cargas el régimen político que rigió las relaciones entre los pueblos españoles y lo sustituyes por entelequias que nada tienen que ver con nuestra tradición y que lo único que están haciendo es generando odios entre los españoles, enfrentándose, etcétera, etcétera. Es que es muy difícil levantar todo eso, ¿no? Es muy difícil. Entonces, claro, al final los españoles, pues sí, los españoles son rehenes pues de todas las todas las ocurrencias ideológicas que caen sobre nosotros. Y además es que es que lo más triste es que las aceptamos mansamente, ¿no? Porque esto también es algo preocupante como estamos aceptando determinadas eh cosas de las que no te voy a decir hace un siglo te hace 10 o 20 años eh a la gente le parecería que estás que estás enloquecido, ¿no?

Capítulo 11: Cartografía de Situación: ¿Estamos en el Kali Yuga?

Claro. Entonces, mira, al hilo de lo que planteas, yo tenía aquí anotado, si claro, con estas ideas te invito, si puedes hacer claro, una mínima cartografía general, un mapa general de la situación que tenemos porque en España entra democracia liberal conservadora, socialdemocracia progresista, nacionalismo separatista antiespañol, izquierda postmoderna podemita y al mismo tiempo en el marco geopolítico actual, es decir, la cartografía de situación que tenemos.

Vaya, es es un sindiós, es el Kaki Yuga, ¿no? Del dharma. Es el el reino del Anticristo sobrevenido.

Pues, hombre, vamos a ver, aparte de las soluciones sobrenaturales en las que nunca hay que dejar de confiar y por las que hay que implorar siempre, todos los días hay que decir Maran athá, ¿no? Pero aparte de esto, no nos engañemos, la historia cambia de formas prodigiosas, seguramente por intervención sobrenatural e inesperadas e inesperadas. No debemos olvidar, por ejemplo, que apenas 10 años o o 15 años antes de la conversión de Constantino, hubo la la persecución más furiosa contra los cristianos, que fue la de Diocleciano.

Hm. Es decir, el giro copernicano que pegó la historia en muy poco tiempo es algo absolutamente insospechado, ¿no? 

Te pongo este caso porque es es muy espectacular, ¿no? Pero bueno, es significativo y muy, muy interesante, ¿no? Es muy interesante, pero, bueno, podríamos también trasladarlo a lo que fue la España, el giro copernicano que pega la historia cuando España, que estaba compuesta por dos reinos, ¿no? ¿Qué digo por dos reinos? Por tres reinos. Bueno, si no contamos a al reino Nazarí. Pues, en unos años, no solamente pasó a ser un único reino integrando a Aragón, a Castilla, a Navarra y al reino Nazarí, sino que se abrió a América, la incorporó, dio la vuelta al mundo después, poco después, quiero decir, y no solo a América, incorporó el sur de Italia, que era ya aragonés. 

Quiero decir, eh, hay que confiar, se podía decir. Bueno, la esperanza es fundamental. O sea, a mí siempre me dice la gente: "Es que es que tú eres muy pesimista, ¿no?" Yo digo: "Mira, yo soy un pesimista esperanzado". Frente a la época que que me ha tocado sufrir, que es una época optimista, desesperada, yo soy un pesimista de desesperanza, es decir, mi diagnóstico de la realidad, por realista, por realista, es sombrío. Creo que para hacer un diagnóstico de la realidad luminoso hay que ser papanatas, faltará a la verdad o será un malvado.

Capítulo 12: Esperanza en la Derrota: Por qué la historia puede cambiar drásticamente.

Pero al mismo tiempo, como creo en la naturaleza humana y como creo que la naturaleza humana no puede ser cambiada, creo que cuanto más fuerza humana, más reacción generarán. 

Exacto. 

Por supuesto va a haber un porcentaje de la población sometida, servil, que se va a entregar, pero va a haber mucha gente que no se entregue, que incluso puede fingir que se entrega, pero que en su fuero íntimo no se entrega. Y algún día eso estallará. Algún día eso estallará. ¿Cómo estallará? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos, lo estamos viendo hoy mismo. Es que la historia puede cambiar drásticamente y también estamos viendo otra cosa, la debilidad de Occidente, la verdad de Occidente, es decir: Occidente hoy es una papilla humana. Es una papilla humana, y del mismo modo que puede caer sobre él una tiranía feroz, también puede caer una liberación que hoy en día ni siquiera concebimos. 

Claro, eso eso me lleva un punto que para mí es interesante y que se destila de de tu libro y es la idea de que bueno, pues estamos en una guerra espiritual, cultural. 

Sí, esto es indudable.

Capítulo 13: Guerra Espiritual: Convertir el vacío en una oportunidad de conversión.

Una guerra, casi me atreví a decir el fin de los tiempos. Es decir, esto es una guerra de verdad, eh, por el ser o no ser casi, ¿no? Por evitar que te roben el orden del ser, ¿no? Yo me da la impresión en en muchas veces en cuando escribes, cuando hablas, que tú asumes esa guerra y dices, "Yo me inmolo." 

Bueno, yo creo que esa guerra la tenemos que dar todos, la tenemos que dar sin estridencias y sin y sin locuras. Tendremos que tratar de persuadir a nuestros contemporáneos. tenemos que intentar eh devolver la cordura a nuestro mundo, ¿no? Cada uno desde donde estamos, cada uno desde donde estamos, desde el trabajo que desempeñamos, ¿no? Pues tú en este caso a través de estas entrevistas, eh yo en mi caso, pues a través de lo que escribo, creo que esa lucha hay que mantenerla, ¿no? Y hay que confiar. Yo creo que hay que confiar porque sí que es verdad que el enemigo es mucho más poderoso, pero repito, no cuenta con los elementos primordiales, ¿no? Que son, bueno, lo la materia de la que estamos hechos, ¿no? Y y el alma de la que estamos hechos. Entonces, como no cuenta con la carne y con el alma, pues creo que a la larga lleva las de perder. Lleva las de perder. 

Ahora bien, en este sentido, no hay que ser seráficos. Eh, yo creo que esa victoria no será una victoria pacífica y mucho menos creo que va a ser, vaya a ser, una victoria inocua. Creo que será una victoria dolorosa, probablemente cruel en algunos momentos y a lo mejor traumática incluso, ¿no? Esto no debemos olvidarlo.

Pero no debemos perder la esperanza. no debemos perder la esperanza ni tampoco caer en el desafuero, ¿no? Es decir, porque eh muchas veces, bueno, esto ha ocurrido a lo largo de toda la historia, ¿no? La tentación que siempre tenemos, que también es una tentación prometeica, ¿no? De querer transformar el mundo, pues no sé, poniendo una bomba, ¿no? Eh, esta es la cuestión, ¿no? Si no hay una si no hay una conversión de las almas. De todas maneras, mira, yo creo que nos ha tocado vivir en una época tan vacía que ese vacío está engendrando eh a su vez eh un vacío profundo en muchas personas, ¿no? 

Y muchos indudablemente ese vacío lo van a llenar con sustancias bastante oscuras, ¿no?

Con necedades, sí. Bueno, necedades o cosas peores incluso, ¿me entiendes? O sea, yo pienso que que, por ejemplo, el riesgo que corre Occidente de ser colonizado por otras religiones, claro, que significarían un retroceso humano enorme, ¿no? Respecto a lo que ha sido la la cultura cristiana, pues está ahí, por ejemplo, y es natural.

Capítulo 14: El Colapso de Occidente: El fin del soborno del estado de bienestar.

Lo dice Will Durant, ¿no? Que ningún pueblo es es conquistado por por otro pueblo si antes no se ha destruido desde dentro a sí mismo, ¿no? Esto está claro, es decir, ese riesgo existe. Pero también pienso que mucha gente en medio de ese vacío va a decir, "Venga, hasta aquí hemos llegado." No, esto no es vida. Esto no es vida. Y no olvidemos una cosa. No olvidemos una cosa. Este vacío, que al final el vacío es una amputación siempre, ¿no? Es porque te te sacan algo de dentro, ¿no? Este vacío solamente han podido mitigar el dolor a través del manguerazo de pasta, a través de eso que llaman el estado de bienestar, a través del soborno. Hm. Veremos qué ocurre cuando ese soborno empiece a faltar. Y ese soborno está empezando a faltar. y mucho me temo que en los próximos años va a faltar mucho más. Hm.

Lo que sí que es cierto, lo que sí que es cierto es que eso va a traer eh muchas dificultades económicas a unos pueblos que, repito, se han hecho fuertes. Bueno, no los pueblos no sus gobiernos, sus gobernantes y no sus gobernantes políticos solamente, sino los que manejan el cotarro se han hecho fuertes nutriendo de sobornos a la gente. Eh, veremos cuando falten esos sobornos lo que pasa. Entonces, yo creo que hay que estar ahí, ¿no? O sea, yo creo que esa lucha hay que seguirla dando con tranquilidad, eh, pero con ímpetu al mismo tiempo. Eh, estamos totalmente de acuerdo. O sea, me encanta porque es exactamente las ideas que nosotros, bueno, los que me siguen saben que yo traslado en los libros, en todo esas. Luego es muy importante, yo te diría también, eh, o sea, que tenemos que tener una capacidad de acogida, es decir, primero va a haber mucha gente, esto va a ser como un hospital de campaña, va a venir mucha gente herida, mucha gente desengañada, ¿sabes? mucha gente escarmentada y esa gente bien escarmentada, entre otras cosas, de todas estas ideologías, ¿no? 

Capítulo 15: El Hospital de Campaña: Una llamada a la hospitalidad espiritual.

Y va a haber rojos, azules, liberales, eh eh socialistas, no sé qué, ¿no? Y a esa gente se le va a ir cayendo la máscara, la los anteojeras. E y en ese sentido hay que ser hospitalarios, o sea, no se puede pretender que todas esas personas de repente piensen exactamente igual y que todos entiendo lo que quieres decir, es que todos crean en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que todos, es decir, hay que tener eh capacidad de acogida. O sea, en realidad aquí, repito, estamos hablando de un hospital de campaña en donde van a venir va a venir mucha gente herida. Eh, y en este sentido creo que hay que lanzar un mensaje hospitalario, ¿no? Eh, mucha gente, por ejemplo, para ridiculizar mi pensamiento, dice, "No, es que Prada lo que pretende es que aquí los curas manden, estemos obligados a no sé qué." No, hombre, no. Yo no pretendo eso. Yo lo que pretendo es cohesionar la sociedad, a los pueblos, en torno a una visión del mundo común. A una visión del mundo común. Y el cristianismo, aparte de unas de una fe religiosa, ha legado al mundo un acervo cultural, un acervo moral en el cual creo que es posible reconocerse.

En el cual creo que es posible reconocerse. O sea, que es que no necesitamos creer en la resurrección de la carne o en la Inmaculada Concepción de María e para decidir que a nuestros hijos no hay que matarlos o para decidir que al trabajador hay que darle un jornal justo. Exacto. ¿Me entiendes lo que te quiero decir? Y seguramente si conseguimos que cada vez más gente se una en torno a una cosmovisión común, al final vamos también a conseguir que haya más gente que crea en la resurrección de la carne, ¿entiendes? o en la Inmaculada Concepción de María, porque va a surgir un clima espiritual que va a potenciar eso. Pero hm lo que sí es evidente es que en estos momentos precisamente porque tenemos un enemigo que está unido, porque todas las divisiones del enemigo son son superficiales, superficiales, y para engañar a los tontos, te puedes divertir mucho. Yo me he divertido mucho con toda esta descomposición pepera y demás, ¿no? Pero pero no nos engañemos, ellos forman una aleación eh muy unida, muy unida.

Capítulo 16: La Liga de los Corazones: Más allá de los intereses políticos.

 Lo que pasa que su unión es la unión de hormiguero, es una unión falsa porque no es una unión de los corazones, es gente que seguía por los intereses, ¿no? Y esto Unamuno lo explicaba muy bien, ¿no? Decía que que la liga de los pueblos cuando no se logra a través del fundente de una fe común es liga aparente de los intereses. Y esos intereses, como son cambiantes, tarde o temprano provocan rupturas en el seno de toda esa aleación, ¿no? Entonces, en este sentido, la unión de los que nos enfrentamos a esa aleación tiene que ser una unión espiritual y para eso tenemos que ser bastante comprensivos con, bueno, pues con hospital de campaña.

 Me encanta esa idea, muy correcta. Bueno, esto es así, ¿no? Esto yo creo que es una idea que es muy importante porque yo muchas veces también detecto entre personas que a quienes mueve un encomiástico impulso de rebelión enseguida tienden a la capillita, ¿no? ¿Sabes la capillita, no? 

Es que yo soy, no sé, de Falange Española de las JONS, ¿no? Yo es que soy auténtico, ¿no? Yo es que soy de los de Y esto es una cosa ridícula, ¿no? O sea, que al final te encuentras con mucha gente que podría compartir muchas cosas que, al final, en lo que está es en su rollo, en su rollo narcisista. Secta narcisista. Efectivamente.

Sí, sectas. Son sectas. Efectivamente, son sectas, ¿no? Y entonces yo creo que hay que hay que fundar todo esto en este reconocimiento de que aquí estamos juntándonos mucha gente muy distinta, ¿no?

Bueno, pues para terminar yo eh no me resisto a leer un fragmento de su libro, es el epílogo. 

Capítulo 17: Lección del Quijote: No renegar de la verdad en la derrota.

Entonces, he de decir que el epílogo es sobre el Quijote. Sí, sí. Y es de todo lo que he leído de Juan Manuel de Prada lo que más me ha conmovido. Y podría decir casi que en estas escasas dos páginas para mí se sintetiza todo lo que yo podría decir. 

Oye, pero son tres. ¿Las vas a leer las tres?

No, no, no, no. Pero es que de verdad eh es el fragmento en el cual comentas como Don Quijote es derrotado por el bachiller Sansón Carrasco en la en la playa de Barcelona disfrazado del caballero de la Blanca Luna y le dice que tiene que abandonar la caballería durante un año y renunciar a declarar a Dulcinea, renegar a Dulcinea del Toboso, declarar que no es la mujer más bella del orbe. Entonces él se niega, él es derrotado y accede a retornar a su aldea, pero dice que no, que no piensa renegar de Dulcinea, que la flaqueza de su brazo, es decir, el que él sea débil, nada tiene que ver con que Dulcinea sea la más hermosa mujer. Y esta es una lección: aunque caigamos derrotados, no podemos renegar de aquello en lo que creemos.

Esto es muy importante. Esto es muy importante, eh, porque aquello en lo que creemos sigue siendo verdadero. No deja de ser verdadero porque nosotros estemos derrotados. Es decir, las cosas que defendemos si son acordes a lo que decíamos, ¿no? Del él al orden del ser, a lo que la naturaleza nos dice, a la verdad de las cosas, la verdad de las cosas nos enseña eso, por mucho que el mundo haya renegado de ello y por mucho que esas visiones grotescas o disparatadas de la verdad se hayan impuesto, eso no quiere decir que sean verdad.

Entonces, creo que es muy importante que en la derrota mantengamos la fe en la verdad, ¿no?

Esta esta es la lección del Quijote. Dice aquí, es que es una maravilla. Dice, eh, como si hablara dentro de una tumba con voz debilitada y enferma, don Quijote se niega a renegar de su amada. 

Lo pones entre comillas, es un fragmento del Quijote y dice, "Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo el más desdichado caballero de la tierra. Y no es bien que mi flaqueza defraude esa verdad. Aprieta, caballero, la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra". Don Quijote se ha entregado a Dulcinea sin condiciones, sin pedir nada a cambio, sin hacer depender su lealtad de que Dulcinea le corresponda. ¿Por qué habría de depender, pues, la grandeza de Dulcinea de la flaqueza de su brazo? Y aquí dices, "¿No es la fortaleza de Don Quijote la que ha encumbrado a Dulcinea como la más hermosa dama del orbe?

Capítulo 18: Dulcinea y la Verdad Eterna: El triunfo sobre el yo caduco.

No es la opinión cambiante de los hombres lo que cambia la sustancia, la verdad." Así es. Así es. Es una maravilla. Y luego dices, "No importa si peleando en defensa de la verdad nos derrotan y humillan. No importa que nuestro yo caduco sea vencido, porque la verdad donde vive nuestro yo eterno no puede ser vencida y se da la paradoja de que a través de nuestra derrota esa verdad puede resplandecer con mayor intensidad.

Sin duda, sin duda. Eh, bueno, está el ejemplo de los mártires, ¿no? Los mártires, esto que siempre se dijo, ¿no? Y que además es verdad que los mártires siempre fueron semilla de nuevos cristianos. ¿Por qué? Bueno, porque en esa aparente derrota había una victoria muchísimo más profunda, ¿no? Muchísimo más profunda. Yo casi diría que se puede sintetizar.

Capítulo 19: Conclusión: Luchar contra el espíritu de nuestra época.

Fíjate que el libro Una enmienda de la totalidad y tiene ese subtítulo, dice, "El pensamiento tradicional contra las ideologías modernas." Me atrevería a sintetizarlo en esta frase que tienes aquí, que a mí me encanta, que dice, "La filosofía quijotesca se resume en luchar contra el espíritu de nuestra época, sin duda, aún sin esperanza de victoria." Sin duda, eso es lo que hace Don Quijote, ¿no? 

Eh, pero date cuenta que Don Quijote cambia el mundo en el que vive. Don Quijote en la primera parte es un hombre del que todo el mundo se burla, nadie le entiende. Dice: "Pero, ¿qué dice este este botarate?" ¿No? En cambio, la segunda parte todo el mundo le hace caso. Todo el mundo le hace caso, aunque sea para burlarse de él, pero tiene que entrar en su juego. Eh, ¿por qué? porque él ha logrado imponerse sobre esa época que desdeña la caballería andante, que no quiere saber nada, ¿no? Mira, yo creo que si los españoles eh se leyeran el Quijote otro cantaría mal que entiendo que que no es una labor fácil, sobre todo para una persona que no esté acostumbrada a leer a nuestros clásicos del Siglo de Oro, pero seguramente es él, es nuestro clásico de más fácil lectura.

Yo creo que si la gente leyera el Quijote habría una transformación profunda.

Probablemente esta decadencia de España tenga mucho que ver con que cada vez hay menos gente que ha leído el Quijote. Nuestra salvación está en reencontrarnos con Miguel de Cervantes y el Quijote. Bueno, es una manera buena manera de empezar.

Bueno, pues muchas gracias, Juan Manuel de Prada. Un honor y un placer conversar contigo.

Muchísimas gracias a vosotros. Ha sido un gusto. Muchas gracias.