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sábado, 6 de diciembre de 2025

Más corruptos, por si no hubiera ya bastantes.

 González Amador, Ábalos y Koldo: breviario de podredumbre, en El País, Carlos Boyero, 29 NOV 2025:

Qué grima me dan los poderosos cuando les llega la ruina. Qué putada si pueden perder ese lugar en el sol del que han disfrutado tan mediocremente

“Hemos firmado un contrato de mutua tristeza y una implacable oscuridad nos rodea”, escribe en su alcohólico diario Piper Laurie, la coja, la muy solita, la enamorada del autodestructivo genio del billar. Ocurre en El buscavidas. Me la suda utilizar el spoiler si afirmo que esa mujer tan inteligente como desolada acaba suicidándose en un hotel de Kentucky. Qué aterrador lo de irse porque ya no puedes más, lo de la gente desgraciada que renuncia definitivamente a cualquier esperanza.

A mí se me han largado algunas y algunos. Y de alguna forma siempre te invade un sentido de culpa. Fue insólito lo de un familiar mío que se duchó, se masajeó, se perfumó, estrenó un pijama, se metió las pastillas y se largó en su cama. Muy estético, muy elegante. Terrible para aquellas personas que le querían. Pero lo que más me sobresalta y me aterra es el suicidio de los niños. Por bullying, por infelicidad, por acorralamiento. ¿Qué más da?

Disponiendo de tanto miedo y compasión hacia los que toman esa decisión irrevocable, siento náuseas cuando escucho a un fulano de voz endeble, más vistoso con barba que sin ella, declarar: “O me voy de España o me suicido”. Se apellida González Amador. Es el novio de la gran jefa, señora torrencial, destinada a odios y amores, que se apellida Ayuso. Y que parece sentirse muy feliz en el eternamente cenagoso universo de la política. Y vale, el novio ni se ha suicidado ni se ha expatriado. Que sean felices y coman perdices. Pero también veo al gran felón, a ese chulazo profesional llamado Ábalos, expresar con gesto y actitud llorosa: “Deseo acabar de cualquier modo”. Qué grima me dan los poderosos cuando les llega la ruina.

¿Y cómo acabará el eterno breviario de podredumbre? ¿Y las mentiras como eterno acto de fe? Sólo me inspira patética gracia el detestable Koldo, tan esperpéntico, tan excesivo, tan alto, tan macarra, cuando asegura: “Hay que estar siempre preparado por lo que pueda venir”. Qué alboroto sienten los múltiples lacayos en nombre de ¿Qué hay de lo mío? Qué putada si pueden perder ese lugar en el sol del que han disfrutado tan mediocremente. A Leo Ferré le condenaron porque en la portada de uno de sus discos aparecía un lema del 68 afirmando: “Vota, gilipollas”. Hay algunos de ese género que siempre lo hacemos en blanco. Pobres tarados, carentes de conciencia social.

Reseñas de las Memorias de Juan Carlos I, el Impune.

 [Según la IA, "las reseñas de Reconciliación, las memorias de Juan Carlos I, son diversas: algunas lo ven como un intento sincero de controlar su narrativa y buscar el perdón, admitiendo errores (como el de Botsuana o el dinero saudí) y expresando soledad, mientras que otras critican la falta de autocrítica profunda, los detalles vagos sobre sus "errores financieros" y su defensa implícita del franquismo, generando controversia al coincidir con aniversarios monárquicos y buscando una reconciliación con España que algunos ven improbable o perjudicial para la imagen de la monarquía actual." En fin, ya lo dijo Talleyrand: "Es natural en los reyes robar, pero los Borbones exageran". Extraigo y publico algunas:]

 I

 Los “berrinches” del rey emérito: su opinión sobre el 11-M y las críticas a las leyes de memoria y al juez del ‘caso Nóos’, en El País, por Natalia Junquera, Madrid - 6 DIC 2025:

Juan Carlos I admite en sus memorias discusiones “acaloradas” con el Gobierno, minimiza el bulo del PP tras los atentados de 2004 y asegura que pidió “disculpas por Zapatero”

Reconciliación está repleto de reproches. Las memorias de Juan Carlos I, que salieron a la venta en España esta semana, contienen múltiples críticas, no solo a su hijo, sino al Gobierno actual y a dirigentes políticos de distintas épocas, incluyendo presidentes que lo fueron bajo su reinado, lo que choca, incluso después de la abdicación, con las funciones de representación, arbitraje y moderación que la Constitución atribuye a la Corona. “Un rey no debe tener una ideología política”, admite el propio Juan Carlos de Borbón en el libro, donde ha vertido, sin embargo, numerosas opiniones estrictamente políticas e incluso sobre asuntos judiciales que le afectaban a él y a su familia. No es la única contradicción a lo largo de 507 páginas que comienzan recordando, precisamente, una recomendación desoída: “Mi padre siempre me aconsejó que no escribiera mis memorias”. El resultado es un largo ejercicio de autorreivindicación salpicado por algunas anécdotas que pretenden recordar el carácter campechano que alimentó durante años el llamado juancarlismo, como que en Abu Dabi tiene un loro (“que luce los colores de la bandera de España en la cresta”); que compartía con Clint Eastwood el mismo tono de llamada de móvil (la banda sonora de El bueno, el feo y el malo) o que en una ocasión tuvo que tragar “como una aspirina” los “ojos de merluza” que Hassan II le ofreció como un manjar.

Los “berrinches” con el Gobierno

“Nunca di rodeos con ningún presidente del Gobierno, e incluso a veces he sido muy directo y he mantenido con ellos intercambios acalorados. Reconozco que he tenido berrinches ante lo que consideraba errores peligrosos para nuestro país”, escribe el rey emérito. El exjefe del Estado acusa al Gobierno de “alegrarse” de los “ataques” que recibe. “En lugar de proteger al Estado, de trabajar protegiendo sus instituciones por la prosperidad y el desarrollo del país”, añade, “ellos lo debilitan”. Pese a que en la carta que hizo pública al abandonar España en 2020 afirmaba que el traslado obedecía a su deseo de no seguir dañando la imagen de la Monarquía con “la repercusión pública” de “ciertos acontecimientos” de su “vida privada”, en sus memorias aborda su residencia en Abu Dabi como una imposición del Ejecutivo con el beneplácito del actual Monarca. También atribuye a presiones de La Moncloa la decisión de su hijo de retirarle, tras los escándalos, la asignación de dinero público que recibía: “Supongo que también él se enfrentaba a presiones del Gobierno”. “En esa caza al hombre he demostrado ser una presa fácil”, se lamenta el emérito, quien llega a decir: “El Gobierno convirtió estas investigaciones judiciales [contra él] en una caza de brujas, en un juicio moral que afectaba a todo mi reinado y a mi acción política”. “¿Cambiarán las cosas con un Gobierno diferente? ¿Se me facilitaría el acceso a La Zarzuela?“, se pregunta.

También critica don Juan Carlos las normas de transparencia y los códigos éticos relacionados con los regalos a cargos e instituciones públicas. Tras presentar la donación de 100 millones de dólares (65 millones de euros) que le hizo el rey Abdalá de Arabia Saudí como “un acto de prodigalidad de una monarquía a otra” y compararlo con “el beduino que en medio del desierto recibe a un forastero y comparte su pan con el visitante”, el emérito lamenta que Patrimonio Nacional se opusiera en 2011 a que él y su hijo aceptaran los dos ferraris que les regaló el jeque Mohamed bin Zayed, de Emiratos Árabes, y decidiera ponerlos a la venta: “El príncipe heredero emiratí vivió esa operación como una afrenta”. Juan Carlos I admite: “100 millones de dólares es una suma considerable. Es un regalo que no podía rechazar. Un grave error”, pero luego añade: “Hoy en día se nos exige total transparencia y que nuestras cuentas sean auditadas. Hace 30 años, eso no importaba a nadie. Hoy tenemos que justificarlo todo. Este no es el mundo en el que yo crecí”. Con todo, el emérito deja entrever que no le agrada que el presidente del Gobierno use la residencia de La Mareta, en Lanzarote, que el rey Hussein de Jordania le regaló en 1989: “Tuve que cederla a Patrimonio Nacional. Hacienda me pedía una cantidad de dinero para conservar la propiedad de la que yo no disponía. Quienes pasan hoy allí las vacaciones son los presidentes del Gobierno, algunos de los cuales no dejan de criticarme y de debilitar a la Corona”.

Las leyes de memoria, Franco y la Guerra Civil

El libro contiene constantes loas y piropos a Franco, al que se refiere como “general”, nunca como dictador, y que es el personaje más citado de los que aparecen en el índice onomástico (87 menciones): “prudente”, “astuto”: “austero”; “lo respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político”; “el país se beneficiaba [habla de 1976] de las aportaciones importantes del franquismo”; “Tuve la suerte de que Franco, gracias a las reformas económicas emprendidas en los años sesenta, me dejara una nutrida clase media (...) Quizá incluso podríamos considerar que nuestro proceso de Transición comenzó, subrepticiamente, con la llegada de los tecnócratas al poder a partir de 1962 [en 1974 fue ejecutado con una herramienta medieval, el garrote vil, Salvador Puig Antich, y en septiembre de 1975, otros cinco condenados a muerte]”.

Don Juan Carlos plantea una postura equidistante entre los sublevados y los fieles al gobierno legítimo durante la Guerra Civil y critica las leyes de memoria aprobadas por distintos Parlamentos democráticos desde 2007 para reparar a las víctimas que, al contrario que las del bando vencedor, nunca habían sido reparadas y buscar a los que aún yacen en fosas y cunetas. “Hoy se recuerdan más las muertes de un bando que las del otro. Los vencidos exigen reparación —olvidando a veces que también hubo un encarnizamiento dentro de su propio bando—, pero los vencedores tampoco quedaron a salvo. Desde luego no podemos ignorar la dura represión a los vencidos después de la guerra. Nadie sale indemne de un combate armado. (...) Compruebo con pesar, y a mi costa, que ese pasado sigue persiguiéndonos, como lo demuestra el actual ambiente político extremadamente polarizado, los recurrentes y perniciosos ataques a la Corona y las ‘leyes de memoria’ que se suceden, reavivando viejas heridas y el espíritu de venganza”.

El 11-M

El rey emérito asegura en sus memorias que el resultado electoral de las elecciones de 2004 habría sido otro de no haber sido por los atentados del 11-M, pero no porque el Gobierno del PP decidiese mentir sobre la autoría. “Estábamos en plena campaña electoral y Mariano Rajoy se presentaba como sucesor de José María Aznar, que contaba con un excelente historial económico. (...) En un momento en que el terror embargaba a todos, Aznar consideró a ETA responsable de esas atrocidades, antes de que las reivindicara Al Qaeda [es falso, el PP mantuvo hasta el final que la hipótesis principal era el terrorismo etarra cuando ya todos los indicios señalaban al yihadismo]. La izquierda acusó a la derecha de utilizar la tragedia con fines electorales. (...) Las elecciones dieron por resultado algo impensable la semana anterior: la derrota del PP y la victoria del PSOE, con el voto a favor durante la investidura de los ecologistas, la extrema izquierda y los nacionalistas catalanes. Sin aquel atentado, el resultado habría sido muy distinto”.

“Pido disculpas por Zapatero”

Don Juan Carlos también se refiere en sus memorias a la decisión del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero de retirar, tal y como había prometido en campaña electoral, las tropas españolas de Irak. “Las relaciones entre Washington y Madrid estaban en su peor momento, algo a lo que no ayudó que Zapatero, el año anterior, cuando era jefe de la oposición, no se levantara al paso de la bandera estadounidense durante el desfile militar del 12 de octubre. Me pareció una forma desproporcionada de mostrar públicamente su antiamericanismo (...) Aproveché un viaje a Seattle para llamar a George W. Bush y decirle que quería hablar con él en privado (...) Advertí antes a Zapatero, poniéndole ante un hecho consumado. El presidente Bush me dio la bienvenida con un ‘Espero que te guste el pavo, porque es Acción de Gracias’ (...) Para eliminar cualquier ambigüedad, me apresuré a puntualizar: ‘Pido disculpas por la actitud de Zapatero”.

`Caso Nóos’: “El juez buscaba notoriedad”

El rey se refiere como “acoso legal” a las investigaciones contra él, archivadas, en la mayor parte de los casos, por su inviolabilidad como jefe del Estado, pero también alude al caso Nóos, que terminó enviando a su entonces yerno, Iñaki Urdangarin, a prisión, y sentando a una de sus hijas, Cristina de Borbón, en el banquillo. “Yo estaba encantado de que Iñaki hubiera emprendido con éxito una nueva carrera. (...) Por ingenuidad, y seguramente por irreflexión, Iñaki confiaba en él [Diego Torres, su socio] y firmaba sin pestañear todos los papeles (...) En 2013, la infanta [Cristina] fue también imputada por el juez de Palma de Mallorca, que buscaba deliberadamente notoriedad y se empeñó en convertir el caso en ejemplarizante (...) Iñaki no recibió ningún trato especial. Incluso sospecho que, por ser yerno del Rey, tuvo que pagar por su error un precio más alto que otros”. Fue condenado a seis años de cárcel por prevaricación, malversación, fraude, tráfico de influencia y dos delitos fiscales.

II

Juan Carlos I publica sus memorias: la compleja defensa de un legado, en Abc de Madrid, por Juan Pedro Quiñonero, 5/11/2025:

En su libro de memorias publicado en Francia, el padre de Felipe VI recuerda que «la Monarquía es frágil» y que «la democracia no cayó del cielo»

«Tras cuarenta años de dictadura, yo di a los españoles una democracia que sigue viva y es mi herencia. Es la obra de mi vida»

«Es más fácil destruir la democracia que construirla», dice Juan Carlos I en 'Reconciliación' -el volumen de sus memorias publicado en Francia-, para recordar a los españoles y a su hijo, Don Felipe, y a su nieta, Doña Leonor, sobre todo, su tarea esencial de «garantes de la Constitución y las libertades de todos los ciudadanos, de todas las tendencias, de la extrema derecha a la extrema izquierda».

Desde su «exilio voluntario» en Abu Dabi, Don Juan Carlos, protagonista excepcional de la instauración de la democracia, sigue la actualidad española con una avidez de hombre enamorado e inquieto: «¡La democracia no cayó del cielo! Vacilé ante la idea de escribir este libro. Los Reyes no escriben libros. Pero decidí escribirlo por una razón: advierto que, poco a poco, los hijos y los nietos de mis amigos no tienen la menor idea sobre Franco y la Transición democrática».

La incertidumbre política de gran calado que hoy se cierne sobre España influyó también a la hora de redactar sus memorias, con la ayuda de la francesa Laurence Debray, su biógrafa y admiradora. «Cuando el Gobierno actual desacredita mi persona, debilita nuestra Constitución, y pone en juego los logros de la Transición democrática y de nuestra reconciliación», advierte. «Para no dejarles la última palabra de su revisionismo histórico, he deseado dar mi visión de la historia, la que he vivido y forjado. Lo que hoy más me importa es devolver su brillo a España y al espíritu de la Transición que nos unió a todos para el bien del país, donde me gustaría volver a encontrar mi puesto. El de un hombre que lo dio todo por su patria, donde desea ser enterrado. España decidirá, la historia nos juzgará», añade. Así se explica el doble sentido del título del libro: la reconciliación de los españoles con España y consigo mismos; y la reconciliación de un hombre como él con su familia.

«Haré todo lo que esté en mi mano para que mi hijo resista al frente de la institución; y que la Princesa Leonor, extremadamente bien preparada, lo suceda»

Juan Carlos I

Hijo de Don Juan de Borbón, Juan Carlos I estima que la institución monárquica fue y es la matriz que permitió construir y debe asegurar, hoy y mañana, la «casa común» de todos los españoles de todas las sensibilidades, subrayando que incumbe a sus herederos tan magna misión. En este sentido, avisa que «España no es automáticamente monárquica»: «Corresponde al Rey la tarea de dar forma a la Monarquía, cada día. Nuestra Monarquía no reposa sobre siglos de tradiciones y usos que la justifiquen. Nuestra Monarquía no tiene la misma profundidad, la misma continuidad histórica, el núcleo afectivo o la solidaridad simbólica comparable a la Monarquía inglesa u otras monarquías europeas. Nuestra Monarquía es más reciente y más frágil, pero igualmente preciosa, ante los ataques frontales de ciertos partidos políticos».

Apoyo a Felipe VI

«Haré todo lo que esté en mi mano para que mi hijo, el Rey Felipe, resista al frente de la institución; y que su hija, la Princesa Leonor, extremadamente bien preparada, lo suceda, en su tiempo y hora. Lo repito: la democracia es un bien muy frágil, que debe preservarse y defenderse», insiste Don Juan Carlos. Se trata de una conclusión íntima, política y personal, fruto de su experiencia excepcional, educado, de entrada, lejos de España, para instalarse en Madrid cuando su padre y el general Franco tenían relaciones complicadas y conflictivas que terminaron «puliendo», dejando que Don Juan Carlos aprendiese por sí mismo lecciones íntimas y políticas, institucionales, de la más alta envergadura.

De Don Juan escuchó y aprendió la «lección» esencial: «Debes hablar y escuchar a todos aquellos que no están de acuerdo contigo: eso es lo esencial que mi padre me repitió». No le hizo caso, sin embargo, cuando le aconsejó que no escribiera sus memorias porque «los Reyes no se confiesan, mucho menos públicamente».

Golpe de Estado 23-F

Recuerda que la instrucción de Don Felipe «como futuro Rey comenzó ese día»: «Me parecía fundamental que viviera esos momentos de tensión a mi lado»

De Franco, desvela diálogos privados sobre su temprana ambición, la «apertura y construcción» de un régimen democrático: «Tras la comida, con frecuencia, Franco me hacía llegar hasta su despacho, donde sosteníamos auténticas discusiones. Por mi parte, me atrevía a sostener, con él, una franqueza impensable para otros. Y le hacía preguntas de este tipo: '¿Por qué no concede usted la libertad de crear partidos políticos?'. 'Yo no puedo hacerlo, pero usted lo hará', me respondió en una ocasión. Para qué mentir, si fue la persona que me hizo Rey. Y, en realidad, me hizo Rey para que yo crease un régimen más abierto».

Iniciada la gran Transición que comenzaba con la muerte del Caudillo, Don Juan Carlos recuerda con precisión clínica la primera gran amenaza armada, militar, golpista: «Dos meses antes de aquel famoso 23 de febrero, mi padre cenó con el general Milán del Bosch en casa de su fiel amigo Luis de Ussía, conde de los Gaitanes, que era su secretario particular. Un encuentro amistoso, sin nada que ocultar. Con aplomo, el general le dijo a mi padre: '¡Antes de jubilarme sacaré los tanques a la calle..!'. Cuando mi padre me contó la historia pensé que era una broma [...] Pero yo sabía que el descontento estaba creciendo en los cuarteles. Y los militares trataban de traidores a los miembros del gobierno».

El 23F recuerda a la Reina Sofía «tranquila y reconfortante, incluso en medio de la tormenta»: «Le pedí que trajera a mi hijo, Felipe. Su instrucción como futuro Rey comenzó ese día. Me parecía fundamental que viviera esos momentos de tensión a mi lado y no solo que se los contara años más tarde».

Sobre Corinna Larsen

«Fue una relación que lamento amargamente. tuvo un impacto deletéreo sobre mi reinado y mi vida familiar»

Ante esa encrucijada con final feliz, gracias a su determinación personal, imponiendo la paz en los cuarteles para «sofocar» el «triple» golpe de Estado -el golpe de Tejero, el golpe de los franquistas que quedaban, el golpe de Alfonso Armada, que había pasado diecisiete años a su lado-, ante ese abanico de amenazas, el padre de Felipe VI tiene palabras emocionadas para Adolfo Suárez, quien estuvo a su lado en los momentos críticos, acompañado del general Gutiérrez Mellado.

«Él encarnaba por sí solo la reforma sin ruptura que yo deseaba realizar. Era un puro producto del franquismo. Debía su ascensión profesional a la fuerza de su trabajo [...] Tuvo la osadía de declarar que don Juan Carlos, yo, era el futuro de una España democrática y justa. Tomó posición a favor de la legalización de los partidos políticos, cuando él dirigía el único partido autorizado. Compartíamos el mismo deseo de construir una nueva España sin romper con el pasado y sin traumatismo radical», afirma Don Juan Carlos sobre Suárez. Esa complicidad, con matices antagónicos y distinta fortuna, Don Juan Carlos deseó prolongarla con sus sucesores: Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

«Felipe González y Alfonso Guerra tenían un carácter muy simpático y enérgico. González, mucha finura de espíritu. Guerra, un rigor y una cultura increíbles…», cuenta. Sobre Zapatero, recuerda que «anunció la retirada de las tropas españolas en Irak, bajo el mandato de la OTAN» y que «un año antes no se levantó durante el paso de la bandera de los EE.UU. durante el desfile militar [...]». «Me entrevisté con el presidente Bush. Le pedí disculpas pidiéndole que nuestra relación entre Estados no se viese afectada», explica.

Antes de partir

«Mi hijo, cuando supo de mi partida repentina, me llamó. Yo ya estaba en el avión: '¿Adónde vas, jefe? ¿A Londres?' 'No, a Abu Dabi'. 'Cuídate'»

Esa tarea de mediador entre españoles de diversa sensibilidad, entre gobiernos aliados o adversarios, quizá sea esencial en la obra y la herencia de Don Juan Carlos, como recuerda su «distancia» contra la «soberbia» de Valéry Giscard d'Estaing y su «insensibilidad» para los grandes problemas españoles, de terrorismo de ETA a la destrucción de camiones españoles en las carreteras francesas.

Tarea esencial, para España, cuando la vida íntima de Don Juan Carlos terminó tomando otros rumbos y fue víctima de crisis de diversa naturaleza, comenzando por aventuras amorosas --«algunos deslices», según él- con mujeres como Corinna Larsen. «Fue una relación que lamento amargamente», reconoce el padre de Felipe VI. Y añade: «Muchos hombres y mujeres se han visto cegados hasta el punto de no ver la evidencia. En mi caso, tuvo un impacto deletéreo sobre mi reinado y mi vida familiar. Rompió la armonía y la estabilidad en esos dos aspectos esenciales de mi existencia, para obligarme a tomar la difícil decisión de abandonar España».

«Ante la presión de los medios y del Gobierno, tras la revelación de la existencia de una cuenta en Suiza y de la acusación totalmente infundada de comisiones, decidí partir para no complicar el buen funcionamiento de la Corona y complicar la tarea de mi hijo en sus funciones de Soberano [...] Verme forzado a tal desarraigo y soledad no es fácil para mi vida. Estoy resignado, herido por un sentimiento de abandono», cuenta Don Juan Carlos, a propósito también del regalo de 65 millones de euros del Rey de Arabia Saudí.

No reprocha nada al Rey en sus memorias, pero sí a Don Felipe, de quien echó de menos una última conversación antes de su «exilio voluntario»: «Mi hijo, cuando supo de mi partida repentina, me llamó. Yo ya estaba en el avión: '¿Adónde vas, jefe? ¿A Londres?'. Me llaman 'jefe' o 'patrón'. No creo tener un carácter autoritario, pero es cierto que refleja la organización piramidal de la casa y de las familias reales. Como muestra de respeto, mi hijo me llama así, aunque en la intimidad sigo siendo 'papá'.

-No, a Abu Dabi.

-Cuídate.

Esa fue nuestra última conversación de viva voz antes de muchos meses de silencio y distancia».

Los reyes Juan Carlos y Sofía bromean durante la recepción ofrecida hoy por la Familia Real en el Palacio de la Zarzuela a las altas autoridades del Estado, con motivo de la celebración de la onomástica de Don Juan Carlos

Los reyes Juan Carlos y Sofía bromean durante la recepción ofrecida hoy por la Familia Real en el Palacio de la Zarzuela a las altas autoridades del Estado, con motivo de la celebración de la onomástica de Don Juan Carlos EFE

Don Juan Carlos recuerda con cariño el inicio de su historia de amor con Doña Sofía. Habla de la «complicidad excepcional» que tiene con ella. «No tiene igual en mi vida y así seguirá siendo, aunque nuestros caminos se hayan separado desde mi partida de España. Ella es la madre de mis hijos, una Reina extraordinaria y un vínculo afectivo fundamental e insustituible. Sofi es una mujer excepcional, de rectitud, bondad, rigor, entrega y bondad», dice sobre la esposa.

Sus hijas, Elena y Cristina, tienen mucho de compañeras y amigas. Con ellas Don Juan Carlos es capaz de discutir «a tumba abierta», con cariño profundo: «No he interferido nunca en la vida de mis hijas. Las he apoyado siempre, como corresponde a un padre, en sus decisiones y en sus problemas».

Doña Letizia «no ayudó»

Por el contrario, su relación con la Reina Letizia terminó convirtiéndose muy pronto en un problema familiar que él evoca con melancólica precisión: «Mi hijo estaba seguro en la elección de su esposa. Tenía 34 años y sabía lo que quería. Como mis hijas, que se casaron con los hombres que amaban. No intenté entrometerme. Hubiera sido inútil. La entrada de Letizia en nuestra familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones familiares. Le repetí: 'La puerta de mi despacho está siempre abierta. Ven cuando quieras'. Pero ella no vino nunca». Explica que la «incomprensión personal» que había entre ellos «no podía reflejarse» en sus actividades institucionales. «Hice todo lo posible para pasar por alto nuestras diferencias. El éxito de la pareja principesca era, para mí, un seguro para el futuro de la Corona», añade.

Él se muestra como un hombre solo, que sufre al vivir privado de la presencia de sus seres más queridos. Dice que se siente «resignado, herido por un sentimiento de abandono» y dice que echa de menos España y que quiere «regresar a casa». «Con la serenidad de la edad, estoy inmensamente reconocido al destino por haberme dado la oportunidad de hacer muchas cosas por España y los españoles. Fue mi razón de ser, un gran honor y un gran desafío de cada día, que puedo afrontar gracias a la generosidad de una mayoría de españoles», apostilla. Y concluye: «Mi más grande orgullo es haber podido ayudar a la sociedad española a ir más allá de sus enfrentamientos históricos para iluminar su mejor rostro. Sigo siendo un Rey demócrata, moderno y unificador. España es un país extraordinario, como lo prueban su energía, su coraje, su optimismo, su hedonismo, su sentido del esfuerzo. Hemos hecho grandes cosas juntos. No lo olvidemos demasiado pronto»

III

Reconciliación', de Juan Carlos I, amargas memorias, en ABC de Madrid,  por Jordi Canal, 6/12/2025:

'Reconciliación', Juan Carlos I. Con la colaboración de Laurence Debray Traducción Elisabeth Burgos y Karin Taylhardat Editorial Planeta Año 2025 Páginas 507 Precio 24,9 euros

Aunque siempre interesantes y amenas, no encontrará el lector ni novedades ni opiniones desconocidas en el libro

Su querida prima Lilibeth, la reina Isabel II de Inglaterra, fallecida en 2022, le decía que los reyes nunca abdican. Se mueren con las botas puestas, le aseguraba también su padre, el conde de Barcelona. Juan Carlos I, Rey de España desde 1975, no les hizo caso y, en junio de 2014, abdicó el trono en su hijo Felipe VI. Su progenitor siempre le aconsejó, asimismo, no escribir unas memorias; los reyes, sostenía don Juan, no se confiesan públicamente.

Tampoco en este caso ha seguido las recomendaciones. Acaban de ver la luz unas memorias suyas, escritas en francés, su primera lengua -con la estrecha colaboración de Laurence Debray, que aparece junto a don Juan Carlos en la penúltima imagen de unos muy cuidados cuadernillos fotográficos- y traducidas al castellano. En otro gesto algo inaudito, el Rey emérito –una denominación que no le satisface en absoluto- ha grabado un mensaje publicitario antes de la salida del libro a la calle.

Tiene toda la razón Don Juan Carlos cuando deplora los injustos ataques recibidos de cierta prensa en los últimos años, la insuficiente valoración pública de su reinado y de su decisiva contribución a la democratización y modernización de España, el descarado revisionismo sobre la Transición o la irresponsable inquina hacia su persona y su legado del actual Gobierno y de sus socios políticos. Lamenta también el obligado alejamiento de la actual familia real y de una España que añora, al tiempo que insiste en su intención de no perjudicar a la Corona y a su hijo.

Reconoce algo tímidamente algunos errores en la vida privada y en sus frecuentaciones. No parece una buena idea, sin embargo, redactar unas memorias en lugar de esperar el llamado juicio de la historia –al que se apela al final del texto-, que, sin duda alguna, va a ser claramente positivo para la mayor parte de su reinado. La impaciencia, indignación y amargura de sus páginas humanizan al exmonarca, pero nos hurtan la grandeza simbólica de su figura.

El libro, construido formalmente en siete partes, un preámbulo y un corolario presenta, en puridad, una estructura tripartita, cronológicamente desordenada, pero adecuada a las motivaciones que lo fundamentan. Las partes segunda a la quinta exponen la existencia de don Juan Carlos entre el nacimiento en el exilio romano familiar, en 1938, y la primera década de la actual centuria, mientras que la sexta está dedicada a los últimos años del reinado y el preámbulo, la séptima parte y el corolario al periodo inacabado que se inicia en 2014 y prosigue con la estancia, desde 2020, en los Emiratos Árabes Unidos. Más de la mitad del libro se centra en sus recuerdos novecentistas. Aunque siempre interesantes y amenas, no encontrará el lector ni novedades ni opiniones desconocidas. Con 87 años cumplidos y esperando poder ser enterrado en su país con honores, don Juan Carlos asevera sin ambages que dio la libertad a los españoles instaurando la democracia.

Las páginas más sentidas del libro están dedicadas al último lustro, alejado de España e instalado en Abu Dabi

Sobre los hechos que abocaron a la abdicación de 2014, las memorias contienen desafortunadamente más olvidos que recuerdos, más crítica que autocrítica. El Rey padre admite deslices extra-conyugales, desmintiendo algunos romances atribuidos y arrepintiéndose del mantenido con la innominable Corinna, pero eludiendo otros bien conocidos y bárbaramente escandalosos.

Lleva a cabo un panegírico de doña Sofía, su amada Sofi. Exculpa totalmente a la infanta Cristina en el caso Nóos, califica la caza controlada de elefantes como actividad ancestral y justifica las donaciones entre casas reales. Insiste mucho en los problemas de salud y en que, a pesar de irse de vacaciones a Botsuana en plena crisis, nunca dejó de ocuparse de sus tareas como jefe de Estado. Denuncia encarnizamiento judicial y político. Las páginas más sentidas del libro están dedicadas al último lustro, alejado de España e instalado en Abu Dabi. Reitera su pasión por el mar, agradece la generosidad emiratí, añora la Zarzuela, acusa a su hijo Felipe VI de insensibilidad y a doña Letizia de haber dificultado la cohesión familiar e, igualmente, deplora la ausencia de contacto con sus nietas Leonor y Sofía.

Don Juan

De su padre, al margen de los conocidos desencuentros vinculados con la nominación como sucesor de Franco a título de rey en 1969, hace grandes elogios: «mi mejor guía, mi mejor consejero, mi mejor amigo». Don Juan no escribió unas memorias -y recomendó no hacerlo a su descendiente- a pesar de un largo exilio, los ataques del régimen dictatorial, la malquerencia de Franco, de no lograr sentarse en el trono y de acabar reemplazado, precisamente, por su propio hijo.

Su digno gesto de 1977 valió mucho más que unas memorias. Entiendo algunas de las razones personales de don Juan Carlos a la hora de ofrecernos estos recuerdos, pero quizá haya cometido otro error. Pese a ello, nunca podremos olvidar que bajo su reinado, al final del siglo XX, nuestra España vivió algunos de los más venturosos momentos de su historia.

IV

Las memorias del Rey: mucho pudor y muy poca vergüenza.  En El País, por Sergio del Molino, 10 DIC 2025:

Los pocos apoyos que le quedaban a Juan Carlos I correrán a esconderse tras un libro cuyo único valor es humorístico. Para escribir buena literatura autobiográfica no hay que tener pudor, pero sí mucha vergüenza. A Juan Carlos I le sobra el pudor y desconoce la vergüenza. Se dirá que el Rey no tiene ambiciones literarias y que el valor de Reconciliación es el testimonio, pero la relevancia de lo testimonial depende de la actitud del testimoniante. El primer dilema al que se enfrenta quien narra su vida es puramente literario: por qué, desde dónde y hasta dónde cuenta. A los escritores se nos presenta mucha gente que presume de tener una vida de novela, y Juan Carlos de Borbón tiene varias vidas de novela, pero ni siquiera la mano dócil y experta de Laurence Debray las ha salvado del desastre literario, que equivale a un desastre histórico y político.

Quien escribe unas memorias se confiesa, y la confesión exige humildad. La buena autobiografía no es vanidosa, sino un examen doloroso, algo parecido a un psicoanálisis. Requiere crueldad hacia uno mismo, pues sus mejores obras se escriben desde la vergüenza y el fracaso. Tenía Juan Carlos una oportunidad de engrandecer su figura bajo los olivos milenarios de Abu Dabi, dejándonos un relato de desencanto a lo Gatopardo. Podría haberse despedido como el príncipe de Salina en la novela de Lampedusa, comprendiendo que su reino ya no era de este mundo, pero ha preferido legarnos unos pliegos llenos de rencor, soberbia, mezquindad y autobombo en los que acusa a los españoles de no quererle, de ser implacables con sus debilidades de hombre bueno y sencillo.

¿Por qué escribe esto? Su aportación documental a la historia de España es anecdótica, y su poder persuasivo, contraproducente. Los pocos apoyos que le quedaban correrán a esconderse tras este libro cuyo único valor es humorístico. Se divierte mucho uno leyéndolo, pero a pesar del narrador, que incurre en chistes involuntarios. Al principio, intenta retratarse como exiliado y desarraigado, con unos párrafos que parecen de Amicis o de Dickens. Acto seguido escribe: “Nuestro padre nos metió a todos en su hermoso Bentley negro”. En otro pasaje derrocha más compasión por un leopardo que le regaló Haile Selassie y que murió de “una indigestión de pájaros” que por su hermano muerto, episodio resuelto en tres párrafos con asepsia de gestor de pompas fúnebres. Aunque el chiste más brutal es el que abre y cierra el libro: el rey que presume de haber otorgado la democracia a los españoles solo encuentra la paz en una dictadura árabe que lo protege con métodos totalitarios. Un buen escritor habría empezado por esa paradoja, pero Juan Carlos no la ve, y Laurence Debray prefiere no verla.

V

Reconciliación. Por qué no se pueden entender las Memorias de Juan Carlos I sin leer la biografía original. En Acalanda Magacín, por Web, 10/11/2025:

El escándalo es ensordecedor. Las memorias del Rey Juan Carlos I, tituladas “Reconciliación”, han detonado en el panorama mediático. A sus 87 años, desde su exilio en Abu Dabi, el rey emérito presenta “su versión de la historia”, sintiendo que le han “robado” su propia narrativa. Las revelaciones son explosivas y han reabierto todas las heridas:

Sobre Franco: Admite una “cierta ternura” por el dictador y declara: “Nunca dejé que nadie lo criticara delante de mí”.

Sobre Felipe VI: Recuerda a su hijo que aunque puede excluirlo “sobre el plano personal y financiero”, no puede “rechazar la herencia institucional sobre la que reposas”.

Sobre la Reina Letizia: Afirma que tiene un “desacuerdo personal” con ella y que “no contribuyó a la cohesión” familiar.

Sobre Corinna: Califica la relación como un “error” propio de la “debilidad” humana, donde se convirtió en “presa fácil”, sin siquiera mencionarla por su nombre.

Sobre su hermano Alfonso: Ofrece, por primera vez, su versión mecánica de la tragedia: “la bala rebotó”.

Reconciliación es una confesión. Es el testamento subjetivo, emocional y calculado de un hombre al final de su vida. Pero plantea una pregunta fundamental que el propio libro no responde: ¿POR QUÉ?

¿Por qué siente “ternura” por el dictador que mantuvo a su padre en el exilio? ¿Por qué la “herencia institucional” es el arma que usa contra su propio hijo? ¿Por qué sus “errores” se convirtieron en un patrón de comportamiento?

La respuesta a todas estas preguntas no se encuentra en las memorias de 2025. Se encuentra en la obra maestra de investigación que la misma autora, Laurence Debray, escribió en 2013: “Juan Carlos de España”. Si Reconciliación es la confesión, Juan Carlos de España es la piedra Rosetta para descifrarla. Es la investigación psicológica que explica cómo se forjó el carácter que ahora vemos justificarse en sus memorias. No se puede entender un libro sin el otro.

El Libro Clave (2013): “Juan Carlos de España” Para entender por qué el Rey eligió a Laurence Debray para sus memorias, primero hay que leer su biografía original.

Debray no es una cronista real. Como revela en el prólogo, es hija del célebre revolucionario marxista francés Régis Debray. Su fascinación por Juan Carlos fue un acto de rebelión; mientras su padre le colgaba un retrato de Mitterrand, ella veía en el Rey al hombre que “había rechazado los plenos poderes heredados de Franco para devolvérselos al pueblo” y que vivía con “mucha más sencillez” que los socialistas en el poder.

Su libro de 2013 es una profunda disección psicológica. Es aquí donde Debray establece la tesis central que lo explica todo: el “destino shakespeariano” de Juan Carlos. La tesis es que su éxito político —restaurar la monarquía y reconciliar a los españoles— solo fue posible a un “coste humano inconmensurable”. Los “dramas personales terribles” —ser “entregado de niño al enemigo” (Franco), ser “marioneta de Franco”, “reinar en lugar de su padre” y ser “indirectamente responsable de la muerte accidental de su hermano”— forjaron un carácter único.

Este libro es la investigación que demuestra cómo la duplicidad, el secreto y el sacrificio se convirtieron en sus herramientas de supervivencia y, finalmente, en la raíz de su “decadencia”. 

Las Memorias (2025): “Reconciliación

Este es el libro del ahora. Es la tormenta mediática. Reconciliación es la versión del rey, en primera persona, de los mismos hechos que Debray analizó objetivamente en 2013.

Aquí, Juan Carlos no es analizado; él habla. Intenta “limpiar su imagen” y justificar sus acciones, desde su relación con Franco hasta sus “errores graves”. Es una obra personal, un intento de controlar la narrativa antes de que la historia dicte su sentencia final.

Por Qué Debe Leer Ambos: La Confesión vs. La Investigación. La verdadera genialidad está en leerlos juntos. Un libro es el qué (la confesión de 2025) y el otro es el porqué (la investigación de 2013).

SOBRE FRANCO: La Confesión (2025): Admite “ternura” y respeto por Franco, diciendo: “Si pude ser rey, fue gracias a él”. La Investigación (2013): Explica por qué. El Capítulo 2, “Una juventud sacrificada” detalla cómo fue un “rehén” y un “peón” entregado a su “enemigo” a los 10 años. Franco se convirtió en la figura paterna sustituta que su padre ausente, Don Juan, no podía ser. La “ternura” es la compleja psicología del rehén, no una simple afinidad política.

SOBRE LA TRAICIÓN DINÁSTICA (PADRE E HIJO):

La Confesión (2025): Ataca a Felipe VI con la frase: “no puedes rechazar la herencia institucional sobre la que reposas”. La Investigación (2013): Demuestra que esta es la historia repitiéndose. “¡Por fin llega a sucesor!” narra la agonía de Juan Carlos en 1969 cuando él mismo traicionó a su padre, Don Juan, aceptando ser sucesor de Franco. Justificó ese acto con la misma lógica: un “sacrificio” por la “institución”. Lo que ahora exige a su hijo es lo mismo que él le hizo a su padre.

SOBRE LA MUERTE DE ALFONSO: La Confesión (2025): Da una explicación mecánica: “la bala rebotó”. La Investigación (2013): El Capítulo 2 va más allá del disparo. Explica el impacto psicológico del “silencio más absoluto”, el hecho de que su padre tiró el arma al mar sin investigación y, lo más cruel, cómo Don Juan le ordenó volver a la academia militar inmediatamente después del funeral. Fue un “exilio del duelo” que forjó su “sentido del deber” casi como una “penitencia”.

SOBRE LOS ESCÁNDALOS (CORINNA Y BOTSUANA): La Confesión (2025): Lo reduce a un “error” de “debilidad”.

La Investigación (2013): En “Honores y decadencia” ya analizaba esta fractura. El libro explica la “prisión dorada” y la humillante precariedad de su juventud (“miserable” asignación de 70.000 pesetas) donde le fiscalizaban “¡Hasta las Coca-Colas…!”. Esta biografía proporciona el contexto de una vida de carencias que desembocó en una relación compleja con el dinero y el lujo, mucho antes de Botsuana.

La Lectura Definitiva

Reconciliación es el testamento final de un rey que busca controlar su legado. Pero Juan Carlos de España es la investigación que revela al hombre que se vio forzado a construir ese legado. Para entender el escándalo más grande de la monarquía española moderna, no basta con leer la confesión. Hay que leer el manual que la descifra.

VI

Mi rey caído,  de Laurence Debray, 2022 (el título original Juan Carlos de España, 2013)

El fascinante y verdadero relato de la vida de Juan Carlos I, Rey de España.

«Con Mi rey caído, Debray pasará a la historia como la gran biógrafa del Emérito». Ana S. Juárez, La Razón

«Había una vez un príncipe, que era encantador, pero estaba maldito. Su nombre era Juan Carlos, o Juanito para los más cercanos. No era exactamente un príncipe, sino el nieto de un rey. Pero de un rey sin reino, obligado a vivir en el exilio. Su verdadero país, el que sus antepasados borbones gobernaron durante tres siglos, es España.

Tras 40 años de poder dictatorial, Franco designó, en 1969, a Juan Carlos, ese dócil playboy de treinta años y diligente militar, como su sucesor. Contra todo pronóstico, nuestro príncipe se convirtió en un animal político, transformó la imagen de España, la salvó de un golpe de Estado en 1981 y garantizó la estabilidad democrática. Mediante traiciones y complicidades, lágrimas y satisfacciones. Porque tras la hazaña política y el carisma se esconden tragedias personales. Entregado de niño al enemigo Franco, arrojado entre dos figuras paternas despiadadas, indirectamente responsables de la muerte accidental de su hermano menor, usurpador de su padre… El precio a pagar era alto, cuidadosamente oculto. Shakespeare no podría haberlo narrado mejor. El destierro final es incluso su apoteosis.»

¿Qué puede unir a una «hija de revolucionarios» y a un rey? Tras pasar su adolescencia en España, Laurence Debray se interesó, como historiadora, por la figura de Juan Carlos I. Escribió su biografía y después lo entrevistó en las vísperas de su abdicación, en 2014, para un documental de televisión.

Desde entonces, no ha dejado de hablar con él y de seguir los giros de guion de su destino. Hasta visitarlo, en 2021, en Abu Dhabi, donde se refugió, convirtiéndose en una figura rechazada por los españoles a raíz de sus aventuras extramatrimoniales y en un padre demasiado engorroso para el rey Felipe VI.

El relato de esta atópica relación que nos brinda Laurence Debray fascina por su virtuosismo, inteligencia, y lucidez cuando pasado y presente chocan. Estamos ante la verdadera novela de la vida de Juan Carlos, Rey de España.

VII

La autobiografía de Juan Carlos I: ¿Reconciliación o ruptura? En Diario Red, por Rebeca Quintáns, 6/11/25:

Juan Carlos nos da la razón a los que decíamos que la monarquía es una maquinación del franquismo para darle continuidad, que es una monarquía franquista. Juan Carlos no lo oculta: “Gracias a él fui rey”

De todos los biógrafos de Juan Carlos, el propio Juan Carlos es el menos de fiar. Conociendo su trayectoria, la honradez no es precisamente su fuerte. Y todo hace suponer que una vez más va a dar muestra de su compromiso con la mentira hasta la muerte y más allá. Es probable que muchas de esas mentiras se las crea desde siempre. Para eso fue educado y conformado. De otras es plenamente consciente, y conscientemente pretende perpetuarlas para la historia.

Como todo lo que rodea el 23F, en lo que parece que no quiere ceder ni un ápice ni reconocer nada, pese a las cintas de Bárbara Rey en las que se confiesa sin querer (la última pero no la única prueba que conocemos de su papel como cabecilla del golpe). Con estas memorias volvemos al punto de partida, a que Armada no le fue fiel hasta el final como le dijo a Bárbara, sino que le engañó y traicionó y le dolió muchísimo. Nada de admitir ni siquiera que estaba informado, que a lo peor le engañaron y lo manipularon un poquito…como propuso Javier Cercas para justificarlo de alguna forma en su Anatomía de un instante, que actualizaba dentro de la ortodoxia del Régimen, sin pasarse, los excesos de la versión oficial más inmediata a los hechos e insostenible en estos momentos por su total inverosimilitud. Juan Carlos no da ni un paso atrás.

De la autora o redactora del libro tampoco hay mucho que esperar. Laurence Debray ya se había explayado antes en otros libros para los que el rey se dejó entrevistar con mucho gusto. Y, aunque alguna vez te encuentras con perlas incluso en estas obras tan cortesanas, ya sea por error o dejándolas caer de propio intento, no es este el caso hasta ahora de las de Debray. En su Juan Carlos de España de hace unos años, por ejemplo, a pesar de sus más de 500 páginas, yo no llegué a subrayar ni una línea. No encontré absolutamente nada de interés, nada relevante.

Por eso las expectativas sobre Reconciliación, la autobiografía del rey que se publicará próximamente en España, no deberían ser altas. Ya deja claras sus intenciones en el título y la dedicatoria a su familia y a «todos los que le acompañaron en la transición democrática».

Mientras el único preso por los latrocinios del rey es Pablo Hassel, rapero condenado por cantar que “los Borbones son unos ladrones”, Juan Carlos declara en sus memorias sin pudor: "Siento que me roban mi historia"

Con “familia” se refiere, por ejemplo, a la Reina Sofía, a la que en el libro nombra cariñosamente “Sofi”, siempre con ternura, algo de una hipocresía escandalosa para todos los que tuvieron ocasión de escucharle hablar de ella en la intimidad no tan íntima de sus círculos sociales, de sus saraos.

A los que le acompañaron y fueron sus cómplices en dar continuidad a los principios y estructuras del franquismo con un disfraz democrático en la llamada Transición, es a los que se dirige fundamentalmente el libro. Pero pese al título, no va a pedirles disculpas por hacerles insostenible apoyar la monarquía con él en el trono. Abdicó “por el bien del país” pero se fue “con la conciencia tranquila”. “No tenía motivos para avergonzarme”, defiende Juan Carlos I, según los adelantos que nos van mostrando la prensa francesa y la española. Para la “reconciliación” reclama el respeto perdido con un victimismo insultante, repartiendo culpas a diestro y siniestro a los demás. Fueron malas influencias, se aprovecharon de él… Lo de la “reconciliación” más bien parece una “imposición”, siguiendo la línea de la política de palacio para rehabilitar lo que se pueda de la figura de Juan Carlos y cerrar con un buen funeral de Estado su etapa política. Si no por las buenas, por las malas. No olvidemos que al mismo tiempo está en marcha la iniciativa por la vía judicial para callarle la boca a Revilla, un compañero de viaje de la monarquía en las últimas décadas del Régimen del 78 que parece que no se quiere “reconciliar”, veremos en que acaba todo eso.

Mientras el único preso por los latrocinios del rey es Pablo Hassel, rapero condenado por cantar que “los Borbones son unos ladrones”, Juan Carlos declara en sus memorias sin pudor: "Siento que me roban mi historia". Realmente, su mayor o única virtud es la falta total de escrúpulos.

Con todo, y aun siendo un libro para lelos muy crédulos, intuyo que dará juego y mucho que hablar, y hasta los “analistas” de las tertulias de la Sexta serán capaces de sacarle punta. Creo que más a través del análisis del discurso que en lo informativo. Porque no contará una verdad, pero pese al vasallaje rendido de Debray y de las cabezas pensantes que han pulido el texto coordinados desde Zarzuela, se les escaparán cosas interesantes. Seguro.

Reconciliación es una capa más en el traje que nos están haciendo para seguir vendiéndonos el mito de la Transición. Se combina con los adornos de supuesta democratización de Felipe VI, de modernización inviable de una institución medieval

Por ejemplo, Juan Carlos se pierde en las metáforas y acaban diciendo cosas que no quería decir. “A los trece años [Felipe] me preguntó: ‘Papá, ¿qué pasa?’ – cuenta Juan Carlos al respecto del 23F-. Lancé una pelota al aire. La Corona está en el aire. ¡No sé hacia dónde caerá!”, desvela Juan Carlos que le contestó, reconociendo su protagonismo y responsabilidad insensata en aquella aventura, como si todo hubiera sido un juego. Solo que lo que lanzó al aire no fue únicamente la corona, al dar respaldo a un golpe que ponía en el disparadero -y en las calles con tanques de combate- a las hordas fascistas militares y civiles deseosas de actuar para que el Régimen fuera más fascista todavía, más explícitamente fascista. Sí, el plan era pararlos luego, con un gobierno de conciliación presidido por un militar, supuestamente defensor del orden, la democracia y la Constitución, el general Armada. Un planazo. Pero igual que había una lista de los políticos buenos que iban a colaborar, porque ya lo habían pactado, participando incluso en ese gobierno presidido por un militar, los fachas tenían ya preparados otros listados, de periodistas entre otros, que iban a ser eliminados en primer lugar. El miedo que generó en la sociedad tuvo las consecuencias de desmovilización esperadas. Pero podría haber sido peor.

Por cierto, que Felipe podía y debería ir saliendo de las sombras y expresarse, contar lo que sabe, posicionarse con respecto a la política a seguir con la monarquía, hacer algún gesto por democratizar la institución. Lo que “fuentes próximas a Zarzuela” transmiten -porque no hay declaraciones oficiales- es que a Felipe VI no le gusta, no está de acuerdo con determinadas cosas que hace o dice su padre. Y ya.

Pero no es creíble que la autobiografía y otras iniciativas recientes del emérito no tengan el apoyo de Casa Real, su consentimiento cuando menos, teniendo en cuenta cómo funciona, el poder de control y manipulación que siempre ha tenido el rey (Juan Carlos I y Felipe después) de todo lo que sucede políticamente relevante en el Estado español, en estrechísima colaboración con los servicios de inteligencia (CESID antes, ahora CNI) y las cloacas del Estado. El poder real que ha demostrado la monarquía tras su instauración como sucesora del franquismo es perfectamente capaz de frenar las tonterías de Juan Carlos sin melodramas. Otra cosa es que quiera hacerlo. A lo que apuntan los intentos del emérito por reivindicarse sin arrepentimiento alguno (y mucho menos disposición de reparación) es a una campaña larga y difícil para salvar la monarquía, su imagen institucional al menos, incluyendo el podrido legado de su reinado. Ardua tarea para los servicios de inteligencia, pero no imposible.

Reconciliación es una capa más en el traje que nos están haciendo para seguir vendiéndonos el mito de la Transición. Se combina con los adornos de supuesta democratización de Felipe VI, de modernización inviable de una institución medieval. Tan falsas una capa como la otra, parece una quimera que semejante plan de rescate pueda llegar a funcionar política e históricamente, pero el caso es que el traje nuevo de una monarquía, que creíamos definitivamente al descubierto en su desnudez, está funcionando sorprendentemente bien. Es cuestión de tiempo, si no se hace nada para ponerle freno. Ojo a la valoración de Felipe VI en las encuestas y a la acelerada normalización en los regresos esporádicos de Juan Carlos.

El apoyo explícito al franquismo que hace Juan Carlos en nombre de la institución que representa podría ser constitutivo de un delito de odio y afrenta a las víctimas de la dictadura, contra la Ley de Memoria Histórica. Hay que ilegalizar la monarquía, como la Fundación Franco

Pero sobre todas las cosas, la autobiografía de Juan Carlos tiene la relevancia de ser prácticamente una declaración institucional del que todavía es rey (emérito). Y en este sentido da un poco igual si el rey se cree lo que dice o miente descaradamente. El acto de declararse autor lo comprometen a él y a la institución con sus palabras. Ahí no importa tanto la verdad de los hechos históricos como el posicionamiento ideológico que se adopta implícita o explícitamente.

Por ejemplo, con el franquismo, quizá lo más polémico de lo que se ha publicado como adelanto en la prensa del libro por el momento, el emérito es bastante explícito. Juan Carlos afirma su admiración y respeto por Franco sin tapujos, algo que ya sabíamos pero que la clase política hasta ahora se ha negado a reconocer y afrontar. Sí, Juan Carlos nos da la razón a los que decíamos que la monarquía es una maquinación del franquismo para darle continuidad, que es una monarquía franquista. Juan Carlos no lo oculta: “Gracias a él fui rey”. Se echa de menos algo sobre esto de Felipe, al pueblo seguro que le gustaría saber qué defiende, pero nunca ha hecho ninguna declaración sobre el franquismo, se esconde de la opinión pública. Su papel ahora es ser la cara más democrática, solo de boquilla, de la institución. Y les consentimos todo, eso es lo peor.

Porque si no aceptamos los términos de la “reconciliación” que propone el emérito, sólo cabe la ruptura, por fin, con la dictadura de Franco. Algo que no se logró hace 50 años y que parece todavía lejano. Seamos contundentes esta vez: El apoyo explícito al franquismo que hace Juan Carlos en nombre de la institución que representa podría ser constitutivo de un delito de odio y afrenta a las víctimas de la dictadura, contra la Ley de Memoria Histórica. Hay que ilegalizar la monarquía, como la Fundación Franco.

jueves, 4 de diciembre de 2025

Una justicia que acumula sus errores sobre el débil. Justicia fallida, Estado fallido.

 Ni violador ni ladrón: el Supremo anula también la condena por robo contra el inocente que pasó 15 años en prisión, en El País, Braulio García Jaén, Pamplona - 4 DIC 2025:

El Alto Tribunal, que ya había revocado tres penas por violación contra Ahmed Tommouhi, le exonera de una cuarta por un delito que tampoco cometió

Ahmed Tommouhi (Nador, 1951) es inocente de todos los delitos por los que fue condenado: tres por violación y una cuarta condena, anulada ahora por el Tribunal Supremo, por robo. En todos los casos, la única prueba de cargo fue el señalamiento por parte de algunas víctimas y testigos de una serie de asaltos cometidos en Cataluña en el otoño de 1991. Unos señalamientos minuciosamente construidos a base de irregularidades policiales y judiciales que dejaron por el camino análisis de semen, coartadas y otras pruebas de descargo que ninguno de los tribunales tuvo en cuenta antes de condenarlo. En la condena anulada ahora, dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona por hechos ocurridos en Terrassa, el tribunal que lo condenó ni siquiera acertó con el día en que Tommouhi había sido detenido.

El Tribunal Supremo, atendiendo al recurso de la actual abogada de Tommouhi, Celia Carbonell, anula la condena a partir de los hechos nuevos conocidos desde que se dictó en 1993. Tres años después, un análisis de ADN demostró que Tommouhi no era el violador de Olesa, sino que lo eran Antonio García Carbonell —muy parecido físicamente a Tommouhi— y un cómplice que nunca ha sido detenido; treinta años después, en 2023, el Supremo anuló también la condena por las dos violaciones de Cornellá basándose en otro análisis de semen que exculpaba a Tommouhi, pero que un tribunal presidido por la actual ministra de Defensa, Margarita Robles, no supo que existía porque se negó a citar a los autores del informe científico; y en mayo pasado, anuló también las condenas por las tres violaciones cometidas en Tarragona con el mismo coche que las de Cornellà. Un coche que tampoco conducía Tommouhi: a sus 74 años, nunca ha conducido.

A lo largo de estos 34 años, el albañil Tommouhi, que emigró a Europa para ganarse la vida y terminar una casa que él mismo había empezado a levantar en Nador, ha luchado con la oposición de la Fiscalía, que siempre se ha negado a investigar —más allá de las evidencias que la Guardia Civil le puso en bandeja— cualquier aspecto que pudiera aclarar la verdad y que esta vez se ha vuelto a oponer al recurso de revisión. Con la misma suerte que las dos últimas veces: ha prevalecido la justicia material sobre la formal, “la auténtica verdad”, como ha repetido el Supremo en sucesivos autos y sentencias desde 2023.

Si en 1995, cuando fue detenido uno de los verdaderos violadores, Tommouhi pudo contar con la Guardia Civil, y muy en particular, con el agente Reyes Benítez y el entonces teniente, Pedro Antonio Pizarro, que investigaron hasta demostrar su inocencia; desde hace cuatro años, ha contado con una abogada, Celia Carbonell, y un profesor de Derecho Procesal, Tomás Vicente Ballesteros, que han hecho de la lucha por la justicia, la razón de ser de su oficio. Carbonell, presentando uno a uno los tres recursos, técnicamente incontestables, que han demostrado la inocencia del marroquí. Vicente Ballesteros, desde la discreción y el rigor del estudioso, asesorando con su experiencia en la materia a la que dedicó su tesis doctoral: El recurso extraordinario de revisión.

En estos 30 años, Tommouhi siempre dijo que le habían robado la mitad de la vida y, cuando hace un par de años le amputaron una pierna, dijo que ahora era como si le hubieran robado medio cuerpo. Pero ni en 1999 aceptó el indulto con el que el entonces fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, quiso pasar de largo sobre los errores clamorosos acumulados durante la década —“el indulto es para los culpables y yo soy inocente”, dijo siempre Tommouhi—, ni desde que salió de la cárcel en 2006 dejó nunca de luchar porque se reconociera la verdad.

“Quiero quedar limpio como este mantel”, dijo agarrándose a la mesa de un restaurante en Martorell hace un par de años, cuando el Supremo empezó a reconocer lo evidente: que era inocente de todas las causas por las que había sido condenado.

Aún ahora, el mismo Tribunal Supremo, pero una sala distinta, la de lo contencioso-administrativo, está estudiando la última vuelta de tuerca que la injusticia se ha permitido con él: la Audiencia Nacional le negó cualquier indemnización porque, dijo, el error de Cornellà —condenarlo sin atender a un análisis de semen que constaba en el sumario, pero a cuyos autores el tribunal declinó llamar a declarar—, no era “un error evidente”. Si el Supremo fija una nueva doctrina en favor de Tommouhi, todos los falsos culpables que vengan detrás y que vean reconocido su derecho a una indemnización, tendrán motivos para agradecérselo a él, que tantas veces, y a tanta gente, repite siempre lo mismo: “Gracias”.

lunes, 17 de noviembre de 2025

25 millones robados del CNIO y la lucha contra el cáncer

 Un alto cargo del CNIO denuncia el robo de 25 millones de la lucha contra el cáncer en contratos públicos durante 18 años, en El Mundo, por Quico Alsedo Madrid, domingo, 16 noviembre 2025

Dos empresas de ex cargos de la entidad se habrían lucrado con contratos que se fraccionaban, inflaban o en los que ni había prestación real con la protección del gerente, Juan Arroyo, según los directores de Operaciones y 'Compliance'

En diciembre de 2007 R. M., jefe de Personal del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), la institución pública española líder en la lucha contra el cáncer, contrata con la empresa Gedosol SL la digitalización de un simple expediente y le paga 3.000 euros. Nada noticioso, excepto por un detalle: Gedosol casualmente había sido fundada dos meses antes por su propia pareja, J.C.. La directora de Administración se lo afea y R. M., "protegido" por el gerente, Juan Arroyo, contesta "a gritos".

En los dos años siguientes, por orden de R. M., el CNIO contratará a Gedosol 43 veces, por valor de 250.017 euros. En ocasiones para cosas aparentemente absurdas, como esos 6.000 euros por "apoyo recepción seminarios". Él, R. M., controla los pagos.

A finales de 2009 la cosa ya es insostenible: R. M. abandona el CNIO y se incorpora a Gedosol, que sigue contratando a tope con el centro. Dos años después, empleados del CNIO descubren que él es el "Jose" con el que comunican por email para gestionar los contratos con Gedosol: R. M. se oculta, pero sigue facturándole a la casa.

Gedosol cobrará en los años siguientes 15,1 millones de euros públicos a la institución, que es además su único cliente. Si R. M. antes era jefe de Personal en el CNIO, desde la empresa de su pareja comienza a gestionar una suerte de caja B de empleados fijos del centro, con los que genera, además, un sobrecoste millonario a la entidad. Gedosol acaba detrayendo fondos de la institución de forma, a veces, burda: el CNIO le paga centenares de miles de euros por desarrollos SAP... Que en realidad no hace personal de Gedosol, sino del propio CNIO y otros proveedores.

En 2009 abandona la entidad otra figura importante en el escalafón: M. R., director técnico desde 1998, se va y funda Zeus SL. También "amigo íntimo" del gerente Arroyo, M. R. había implantado el soporte SAP desde su cargo en el centro. En cuanto se va y monta Zeus, sorpresa: su empresa comienza a llevar "todos los contratos de gestión SAP" del CNIO.

Pero todos, todos: hasta hoy, gana todos los contratos: 15 de 15. Factura 5,2 millones de euros, "a pesar de su escasa solvencia económica y técnica", y de no tener ninguna experiencia más: hasta hoy, su único cliente, al 98%, es el propio centro público.

Lo anterior es sólo el impactante arranque de la denuncia presentada el pasado 27 de junio en la Fiscalía Anticorrupción por quien fuera nada menos que director de Compras (2022-2025) y también de Operaciones (2024-2025) del CNIO, a la que ha tenido acceso EL MUNDO.

Tras casi 20 años con diversos cargos en la casa, a excepción de seis (2012-2018) como asesor del ministro de Economía Luis de Guindos, el alto cargo ahora denunciante es nombrado primero director de Compras (2022), y luego director de Operaciones (2024). Es ahí, al implantar una nueva normativa de control de gasto, cuando halla "cosas sospechosas".

Junto con la jefa de Cumplimiento Normativo, también alarmada por años de presuntos dispendios, y cuatro técnicos de confianza, se lía la manta a la cabeza y audita la ejecución real de las compras de la institución durante la década previa. Investiga contratos, comprueba albaranes, halla inesperados vacíos y toma declaración a varios trabajadores, alguna de las cuales queda registrada en audio.

Así descubre, tal y como se describe en las 120 páginas de la denuncia, ya en manos de la Fiscalía de Madrid, un presunto torrente de microcorrupción que desemboca, según sus cálculos, en todo un océano: entre 20 y 25 millones de euros robados a la lucha contra el cáncer en la institución oncológica puntera de España, que desde 2011 recibe anualmente unos 21 millones públicos de presupuesto.

Una gigantesca operativa de contratos -sobre todo administrativos, logísticos e informáticos- que de pronto se descubren amañados, fraccionados, inflados (a veces al 400%) o directamente sin contraprestación, o con una de "nulo valor añadido". Todo girando en torno, según la denuncia, al actual vicedirector de Asuntos Económicos de la entidad, y gerente hasta enero pasado, Juan Arroyo.

Arroyo fue destituido como gerente a principio de 2025, tras la polémica salida de María Blasco, la directora científica (2011-2025) que cesó acusada de malversación, y a la que el entonces gerente se había enfrentado. Ella se fue, pero él, presunto epicentro de la trama ahora denunciada, no: hoy, incluso con la nueva dirección impulsada por el Ministerio de Ciencia de Diana Morant tras la Crisis Blasco, Arroyo continúa ostentando una responsabilidad clave en los gastos del centro, y potencialmente en el presunto entramado descubierto por los directores de Operaciones y Cumplimiento. Quienes, dos meses después de denunciar en Anticorrupción -con 500 ficheros de análisis, contratos y correos como prueba-, fueron despedidos el 31 de agosto pasado, un día antes del nombramiento de la nueva dirección.

Sería el precio de descubrir que Gedosol, ganando en 18 años 48 de 52 licitaciones de personal y 37 de 37 de informática, se habría llevado 3,3 millones públicos de más y habría generado 4,5 de sobrecoste laboral, siempre según la denuncia. A través de Zeus se habrían detraído 1,4 millones, en esas 15 licitaciones ganadas de 15 presentadas en personal SAP. Alaos se habría llevado 1,3 millones de más y el 100% de concursos de almacenamiento.

Todo con impunidad total -el sindicato CSIF presentó hace años una denuncia que quedó en nada por falta de pruebas- garantizada por el control del gerente Arroyo, a quien se acusa incluso de llevar "personalmente" todo lo relativo a los contratos informáticos hasta 2012. El CNIO, preguntado por este periódico, se ha limitado a manifestar su "respeto" y "disposición" a los "procedimientos judiciales".

La denuncia arranca con algunos de los cobros inflados en favor de Gedosol, la mercantil de su ex jefe de Personal, en 2010: 16.900 euros por la mera "digitalización" de un documento, 17.750 por la simple impresión de otro, 16.100 por el "escaneado" del expediente de un concurso público...

En 2011, por ejemplo, el CNIO le concede a Gedosol numerosos contratos justo por debajo de 50.000 euros para eludir la obligación del concurso, y sin apenas explicación de detalle. Se contrata a un trabajador, ocultando su nombre, al que en vez de remunerarle con los 30.000 euros de valor de mercado se le pagan 142.000. Se abonan 134.500 euros a Gedosol por una trabajo que ya hace Zeus. Y otros 82.600 por desarrollos realizados, en realidad, por trabajadores del CNIO.

Se le encarga a Gedosol una "migración" de datos que en realidad se hace "automáticamente": 44.400 € públicos al zurrón. Kafkiano: siempre según la denuncia, se le pagan a Gedosol 78.000 € para desarrollar una herramienta que termina haciendo el CNIO... Para uso de la propia Gedosol.

Trabajos que llevan un mes se cuantifican en seis para engordar la factura. En total, por labores que en realidad hacían los desarrolladores del CNIO y otros proveedores, Gedosol cobra, según la denuncia, 840.000 €.

Un goteo imparable. Le pagan a Gedosol 18.500 € por localizar telefónicamente o por mail a varios ex empleados del CNIO. O 17.200 por realizar una "tabla con incidencias informáticas que se puede hacer en 30 minutos y sin contenido alguno", reza la denuncia. Gedosol, además, ni tenía objeto social como para realizar muchos de esos trabajos.

El comité de empresa pone el grito en el cielo: hasta 34 trabajadores de Gedosol llegan a realizar tareas "estructurales" en el centro como "trabajadores de segunda". La empresa gana esos concursos de personal con «presiones expresas del gerente» y, sigue la denuncia, asumiendo exigencias durísimas que echan a los demás concursantes... Y que luego a Gedosol, una vez elegida, no se le exigen.

En cuanto la empresa gana el concurso del personal de recepción, la contraprestación que se le pagaba a la anterior contratista se infla, de golpe, en un 38%. En cuanto gana el de personal de informática se le dejan de exigir horas. Siempre que se necesita personal de administración Arroyo pide que sea haga "a través de Gedosol". Para almibarar el presunto enjuague, blindándose como "agencia amable de colocación", reza la denuncia, llegan al CNIO a través de Gedosol hermanos, hijos, esposas y hasta "vecinos" de funcionarios del centro. Para justificar todos esos gastos administrativos, a veces realizados por triplicado, se multiplican tareas fraccionando mensualmente pedidos, facturas y pagos como "no se hace en ningún otro centro de Europa", explican fuentes del sector al director de Operaciones. Se llega a pagar por servicios que se ofertan gratis online.

Cuando Gedosol realiza las traducciones, se demanda tanto que se le llegan a pagar 30.000 euros anuales -sobre todo las pide el propio Juan Arroyo, en ocasiones de folletos publicitarios sin interés alguno-. Cuando pierde la adjudicación ante una firma especializada por insistencia del ahora denunciante (en una de sus escasas derrotas administrativas), las tareas pasan de requerir 20.000 euros al año a sólo 800. El reguero parece, por momentos, ridículo: Gedosol cobra 90.000 € por pasar a PDF la lista de presencia de los trabajadores del CNIO durante 10 años -labor que desde 2018 hace una máquina-. Según la denuncia, se multiplica artificialmente la actividad administrativa "por 4 o por 5" sólo para que Gedosol pueda cobrar.

Tras la suspensión de pagos de Arturo Cantoblanco, se abre concurso para la cafetería y lo gana una firma, Maruvimo, con igual domicilio social que Gedosol, y cuya oferta llega presentada "en mano" por el entonces presidente del comité de empresa... Que es la persona que termina adjudicándole el contrato: nadie más de la mesa lo quiere firmar. Además, Maruvimo "exige" mínimos: facturar al menos 250 menús diarios, cuando lo que se venían facturando eran 170. Perjuicio para el centro: 16.000 euros.

Sobre Zeus, que se lleva el 100% de contratos informáticos, pende una sombra aún mayor: su sede social está en la misma dirección que otras firmas de un hermano del gerente Arroyo. Los auditores hallan "trato de favor" hacia Zeus al ganar los concursos SAP. Registran cómo al responsable del CNIO se le presiona en ocasiones para que valore otras ofertas a la baja.

El CNIO contrata a un empleado SAP de Zeus pero Zeus sigue facturando por su actividad. Se nombra para otra a un empleado de Zeus que apenas posee un curso SAP y experiencia como «mozo de almacén y crupier de casino», cuando se requerían 10 años de trayectoria. Se contrata a presuntos gestores SAP que en realidad son administrativos (medio millón público de perjuicio). Muchos de las adjudicaciones a Zeus, reza la denuncia, se gestionan en "un buzón atendido en exclusiva por el gerente Arroyo". A veces las ofertas son de una sola línea, tan genéricas que sólo Zeus se presentaba: ninguna otra empresa podía comprender de qué iban.

También habría, con Zeus, sobrecoste en contrataciones, esta vez de personal SAP: hasta 2,5 millones. Los gastos de la dirección técnica también resulta ser tal pozo de dinero que una presidenta del comité de empresa denuncia al gerente, sin consecuencias. Entre 2010 y 2018 se fraccionan tantos contratos a 49.900 euros -por debajo del límite de 50.000- que la directora de Administración se queja... Sin consecuencias -entre 2018 y 2024 se contabilizan 1.102.000 euros en fraccionamientos-.

Y llega la denuncia a Alaos ITL SL, propiedad de un ex compañero de dos altos cargos del CNIO en una firma anterior. En 2007 el centro decide que necesita un almacén fuera del complejo, hace una licitación con unas medidas extremadamente rigurosas... Y curiosamente Alaos gana el concurso con una nave en San Agustín de Guadalix de las exactas dimensiones pedidas. Algo parecido sucede con el servicio de "lavado y esterilización", que gana Alaos, en la misma fábrica. Presunto perjuicio público por sobrecostes: 1,3 millones.

La Fiscalía de Madrid deberá ahora valorar la denuncia. Las tres empresas mencionadas no han querido hacer comentarios a este diario.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Jueza Colombo aclara por fin dónde estuvo Mazón, con muchísimas pruebas, vídeos y testimonios.

 ["Preservativo usado como prueba. Mazón y Vilaplana delatados ante la jueza", transcrito y corregido desde un vídeo del portal "Zona política" en YouTube:] 

[En una tertulia de televisión no, desde luego] Es la sala dos del juzgado de instrucción de Valencia con taquírafos, micrófonos y una tensión que corta el aire como cuchillo en mantequilla. Maribel llega con su melena perfectamente peinada. Traje chaqueta negro, el luto por la credibilidad, dirían algunos, y una carpeta bajo el brazo que parece más escudo que documentación. Pero la jueza no está para postureo. 

Señora Vilaplana, cuéntenos exactamente qué ocurrió el 29 de octubre entre las 7:15 y las 8:15.

Silencio. Un silencio que pesa toneladas. Y ahí, amigos, es cuando el testimonio se desmorona como castillo de naipes en tormenta. Maribel empieza con la versión oficial. 

Me quedé en el coche trabajando, enviando correos, preparando la crónica para el día siguiente.

¿Correos? La jueza pide los metadatos. Lows de conexión. Nada. Capturas de pantalla. Silencio. Otra vez. El portátil, ese que supuestamente usó en el parking nunca aparece. Se lo llevó la corriente, dirá después su abogado con cara de póker. Pero en Valencia nadie se traga esa, porque el parking, ese testigo de hormigón, tiene cámaras. Cámaras que la generalidad o casualidad dice que no funcionan ese día. No funcionan. Justo el día en que el presidente y su periodista favorita desaparecen una hora. Vamos, que hasta un niño de primaria levanta la ceja. Pero la jueza no se queda en el parking. Pide el ticket del restaurante, ese papelito inocente que ahora es dinamita. Y ahí está. Mazón paga a las 7:1. 2 minutos después, según el GPS del coche oficial, que sí funciona porque la tecnología es caprichosa, el vehículo se mueve, pero no hacia el CECOPI. Se mueve 400 m. 400 m. que en Google Maps te llevan directo a la calle Colón, al portal 27, al ático que alquila una sociedad pantalla llamada Inversiones Mediterráneo 2020 SL. Casualidad. El propietario, un empresario amigo de la infancia de Mazón, dice que no recuerda quién alquiló el piso ese día. 

Pero el portero, ese hombre que ve pasar la vida desde su garita, sí que recuerda: un señor con traje y una señora rubia subieron en el ascensor sobre las 7:20 y bajaron a las 8:05. Él salió primero, ella 5 minutos después. Testimonio firmado, grabado y ahora en el sumario. Y aquí viene el sarcasmo que nos merecemos. "Trabajo" en un ático con vistas al Turia, sofás de diseño y una botella de albariño que, según el portero, la señora pidió que subieran del súper. Porque sí, hay ticket de supermercado, 7:45: una botella de Martín Codax, dos copas de cristal y, atención, ¡un paquete de preservativos! Preservativos en una "reunión de trabajo". Claro, porque nada indica tanto análisis político como un dúrex en la mesita. La jueza, con esa cara de "esto es oro puro", incluye el ticket en la causa. Y Mazón, desde su despacho en el Palacio, tuitea sobre fake news y acoso político, pero el tweet ese que borra las pocas horas ya está capturado, porque Internet no perdona, y menos cuando huele a hipocresía. 

El PSPV, liderado por ese lobo viejo llamado José Muñoz, no pierde el tiempo. Presentan una querella ampliada, no solo negligencia, sino prevaricación, omisión del deber de socorro y, agárrense, malversación de caudales públicos. ¿Por qué malversación? Porque el coche oficial, ese Audi A8 blindado que pagamos todos, no estaba en el CECOPI, estaba en la puerta del ático. El chófer, un mozo de escuadra reciclado, declara bajo presión. "Eso sí que el presidente me pidió que esperara en doble fila, que era una reunión rápida, rápida." Una hora, una hora en la que, según el registro del CECOPI, Mazón no aparece hasta las 8:17 y llega, repito, cambiado de ropa, camisa azul nueva, americana gris y, detalle que duele, sin la corbata que llevaba en la comida. ¿Dónde está la corbata? En el ático, colgada en el perchero, según el portero. Foto incluida, porque el hombre, listo él, sacó el móvil antes de que llegara la policía. Y Maribel, ay, Maribel, su testimonio, ese que iba a ser su salvación, se convierte en su tumba. Porque cuando la jueza le pregunta:

¿Entró usted en el inmueble de la calle Colón 27?

Ella balbucea:

No recuerdo.

No recuerda. Con la precisión quirúrgica con la que escribe sus columnas, ¿no recuerda si subió a un ático con el President? La jueza, con esa paciencia de santa, le enseña la foto del portero. Maribel palidece. Su abogado pide un receso, pero el daño está hecho. El testimonio no solo delata a Mazón, la delata a ella, porque ahora, cada vez que aparezca en televisión, alguien sacará el pantallazo, "la periodista que mintió bajo juramento". Su credibilidad, esa que construyó durante años en tertulias y columnas, se hunde más rápido que Paiporta bajo el agua. Pero no nos quedemos en el drama personal, que esto es política de la grande, porque el PP nacional, ese que dirige Feijóo desde Génova, está en pánico.

Mazón era su joya en el Levante, el que iba a ser el ariete contra el sanchismo en la Comunidad Valenciana. Y ahora, ¿qué? llamadas a medianoche, reuniones de crisis y un comunicado que dice, "Confíamos en la justicia", pero suena sálvese quien pueda, porque si Mazón cae arrastra a medio partido, a los concejales que callaron, a los diputados que miraron para otro lado, a los empresarios que pagaron las campañas con sobres bajo la mesa y el PSOE oliendo la sangre prepara la moción de censura. No hoy, no mañana, pero en otoño, cuando el juicio esté en marcha y las encuestas huelan a derrota. Y nosotros, los de a pie, los que pagamos los platos rotos, nos quedamos con la pregunta del millón. ¿Cuánto vale una hora de placer cuando hay vidas en juego? Porque esa hora, esa hora entre las 7:15 y las 8:15, no es solo una minutada. Es el símbolo de una clase política desconectada que vive en burbujas de cristal mientras el pueblo se ahoga. Sarcástico, ¿verdad? como si la Dana hubiera sido el castigo divino por tanto cinismo. Pero no, amigos, no es Dios, es la justicia humana, lenta pero implacable, la que está llamando a la puerta. 

Y, ahora sí, entramos en el juicio propiamente dicho. Ese circo con togas donde la verdad se disfraza de tecnicismos y los abogados bailan sobre la cuerda floja de la credibilidad. Es 12 de junio de 2025. Valencia amanece con un calor pegajoso que parece presagio de tormenta judicial. El Palacio de Justicia, edificio gris que huele a café barato y papeles viejos, está tomado por periodistas curiosos y un puñado de vecinos de Paiporta con camisetas negras que rezan justicia para los 218. Sí, 218, porque la cifra oficial ya subió y nadie cree que se quede ahí.

Mazón llega en su coche oficial, todavía lo tiene. Privilegios de cargo, escoltado por dos mozos que miran al suelo como si el asfalto les debiera dinero. Lleva traje azul marino, corbata roja, la misma que perdió en el ático, pero nueva, claro. Y esa sonrisa tensa que los políticos ensayan frente al espejo cuando saben que la foto va a doler. La sala está llena hasta la bandera. La jueza Tobarra preside con esa calma de quien ha visto de todo, desde narcos hasta alcaldes corruptos. A su derecha, el fiscal Javier Blasco, un valenciano de pura cepa que habla despacio, pero corta como navaja. A la izquierda, el abogado de Mazón, Cayetano García, el mismo que declaró como testigo y ahora defiende al jefe. Conflicto de intereses. Gritan desde la acusación popular, pero la jueza lo permite por ahora. Y en el banquillo de los acusados, no solo Mazón, también su jefe de gabinete, Miguel Barrachina, y la propia Maribel Vilaplana, citada como testigo, pero con el olor a imputada flotando en el aire. El fiscal abre fuego. 

Señor Mazón, ¿puede explicar por qué su coche oficial estuvo estacionado frente al portal 27 de la calle Colón entre las 7:23 y las 8:07 del 29 de octubre? 

Silencio. Mazón carraspea, mira a su abogado, que asiente como muñeco de feria. 

Era una reunión de trabajo con la señora Vilaplana para coordinar la comunicación de crisis.

"Comunicación de crisis". En un ático alquilado por horas. El fiscal saca la bomba. ¿Una grabación? Sí, grabación. El portero, ese héroe anónimo llamado José María Sanchiz, instaló una cámara oculta en el descansillo del ático después de que un vecino se quejara de ruidos extraños. 

Y ahí está, en blanco y negro, pero nítido como una puñalada. Mazón y Vilaplana, entrando a las 7:24, él con la mano en la cintura de ella, ella riendo con esa risa que no sale en las tertulias. Cierran la puerta. Hay cámara en el interior del ascensor. Sí, también la pidieron. Los muestra besándose. Besándose. No un beso en la mejilla de despedida. Un beso de los que duran, de los que dejan huellas de carmín en la camisa. La sala estalla. Periodistas corren al pasillo, móviles en alto, whatsappendo. Mazón palidece. Su abogado pide suspensión por falta de garantías. Denegada. La jueza, con esa voz que no admite réplica:

Señor García, si su cliente mintió en su primera declaración, eso es falso testimonio. Continuemos.

Y continúa. El fiscal proyecta el ticket del supermercado, botella de albariño, preservativos, jamón ibérico.

¿Parte del kit de comunicación de crisis? 

Pregunta, con esa ironía que duele. Mazón balbucea:

La señora Vilaplana compró eso para su casa. Yo no lo vi.

Pero el portero declara: 

El presidente pagó en efectivo 68,40 céntimos y se guardó el ticket en el bolsillo.

Ticket que, oh sorpresa, aparece en el registro del Palau en una caja fuerte que la Guardia Civil abrió con orden judicial. Huellas dactilares de Mazón en el ticket. ADN de Vilaplana en la copa encontrada en el fregadero del ático. ADN en la copa y en la sábana que el portero guardó por si acaso. Y aquí, amigos, es cuando el sarcasmo se vuelve trágico, porque mientras ellos brindaban con albariño en Paiporta, una madre llamaba al 112 once veces: once. La última a las 7:47. No hubo respuesta. El CECOPI estaba vacío. Mazón llegó a las 8:17 con el pelo húmedo, ducha en el ático y olor a colonia cara. El fiscal lee el atestado.

A las 7:55, el caudal del barranco de Chiva ya había roto el puente de la CB36. A las 8:1, el agua entraba en las casas de la calle mayor de Paiporta. A las 8:05, Mazón y Vilaplana salían del ático. 

El timíng es cruel, cruel como la realidad. Vilaplana declara a continuación. Entra con gafas oscuras en sala cerrada, detalle de diva en apuros y un pañuelo en la mano. Llora, "lágrimas de cocodrilo", dicen algunos. La jueza:

Señora Vilaplana, ¿mantuvo relaciones sexuales con el señor Mazón el 29 de octubre. 

Silencio. Su abogado objeta:

Irrelevante.

La jueza:

Relevante para determinar si hubo ocultación de pruebas y falso testimonio.

Vilaplana, entre hipos:

Fue un momento de debilidad...

La sala vuelve a estallar. El fiscal:

¿Un momento que duró 41 minutos exactos según el reloj del ascensor?

Ella asiente. Asiente, y con ese gesto se lleva por delante no solo su carrera, sino la última esperanza de Mazón de salir indemne, porque ahora viene la parte técnica, la que duele en el bolsillo. El fiscal presenta un informe pericial:

El coche oficial recorrió 1,2 km de más ese día. 1,2 km que en gasolina y chófer cuestan 42 € públicos. Pero no es eso, es el tiempo. El tiempo que Mazón no estuvo donde debía. 

El modelo matemático. Sí, hay matemáticas en esto. Calcula que si hubiera estado en el CECOPI a las 7:15, la alerta roja se habría activado 22 minutos antes. 22 minutos que, según los bomberos, habrían salvado 27 vidas. 27. El fiscal lo dice despacio:

27 personas podrían estar vivas si el presidente hubiera estado en su puesto en vez de en un ático. 

Mazón se hunde en el asiento. Su mujer en la primera fila se levanta y se va sin mirar atrás. Y el PP, ay, el PP de Feijoo tuitea confianza plena en la justicia, pero en Génova ya preparan el relevo. Isabel Bonig, la eterna aspirante, afila cuchillos. Vox, con ese cinismo que les caracteriza, pide dimisión por decencia. hasta Ciudadanos, que ya es un recuerdo, saca comunicado. Y en la calle las manifestaciones, no solo en Valencia, en Madrid frente a Génepistas se ríen. Al menos nuestros escándalos son en catalán. Sarcasmo global, pero la joya de la corona llega al final de la sesión. El chófer, ese mozo que esperaba en doble fila declara por videoconferencia desde un lugar secreto, testigo protegido, nada menos:

El presidente me dijo: "Espérame aquí, es una reunión rápida." Subí al ático a las 7:45 porque necesitaba el baño. Los oí, los oí dentro. Ella gemía. Él decía: "Rápido, que tengo que ir al CECOPI." 

La sala se congela. El chófer sigue:

Bajé corriendo. A las 8:05, el President salió con la camisa desabrochada. Me dijo: "Ni una palabra, o te vas a la calle".

Silencio. Un silencio que pesa más que todas las mentiras. La jueza levanta la sesión. Mazón sale custodiado, pero esta vez los mozos miran al frente. En la puerta una anciana de Paiporta le escupe. Literalmente. Las cámaras lo graban. Viral en minutos y nosotros desde zona política te lo contamos sin filtros. Esto no es solo un hacer, es la prueba de que el poder corrompe y cuando corrompe en el peor momento mata. Y ahora entramos en la recta final del juicio, la fase de pruebas, las defensas que se desmoronan como azulejos viejos y el momento en que la jueza Tobarra deja de ser una magistrada y se convierte en la conciencia de una región entera. Es 25 de junio de 2025. El calor valenciano es asfixiante y la sala huele a sudor nervioso, café frío y papel impreso. 

El fiscal Blasco ha traído un camión de pruebas, 47 folios de atestado, 18 vídeos, 112 fotografías, nueve informes periciales y la guinda, un pendrive con la reconstrucción 3D del ático hecha por la unidad central operativa de la Guardia Civil. Sí, amigos, la U.O., esos que desmantelan tramas de corrupción, como quien pela una naranja, han recreado el escenario del delito con láser y drones. El modelo se proyecta en la pantalla gigante de la sala, el sofá, la mesa, la botella de albariño a medio terminar, la sábana arrugada en el suelo del dormitorio y en el centro dos siluetas humanas generadas por IA, una de 1,78 m., Mazón, y otra de 1,65, Vilaplana. La silueta masculina aparece sin corbata, la femenina con el pelo suelto. La sala contiene la respiración. El abogado de Mazón, Cayetano García, intenta el último cartucho:

Señoría, esto es un montaje. La reconstrucción viola la intimidad.

La jueza, con esa calma que precede a la tormenta:

La intimidad no ampara la negligencia criminal. Letrado. Siguiente prueba. 

Y la siguiente es demoledora. El informe telefónico. El móvil personal de Amazon que la Generalitad juró que no existía aparece en el sumario gracias a un requerimiento a Telefónica. Geolocalización precisa. A las 7:26 está en el ático. A las 7:31 recibe una llamada del delegado del gobierno que dura 11 segundos. Mazón cuelga. A las 7:33. Otra llamada. Esta vez del jefe de bomberos. 8 segundos. Cuelga. A las 7:35. Mensaje de WhatsApp de su mujer:

¿Dónde estás? El agua sube. 

Respuesta de Mazón:

En reunión. Llego tarde. 

Emoji de beso. Emoji de beso. Mientras Paiporta se ahoga. El fiscal lee el mensaje en voz alta y la sala estalla murmullos. Una madre de las víctimas se levanta.

¡Asesino!

La jueza pide orden, pero sus ojos brillan. Hasta ella está al borde, y entonces llega el turno de los peritos. El hidrólogo forense, un catedrático de la Politécnica que parece sacado de un documental de La Dos, presenta un modelo matemático que hace palidecer a los abogados:

Si la alerta roja se hubiera activado a las 7:15, hora en que el señor Mazón salió del restaurante, habríamos ganado 38 minutos de margen. Con 38 minutos se activan los protocolos de evacuación preventiva en Paiporta, Alda y Venetuser. Con evacuación se salvan 41 vidas según simulación Montecarlo con 10.000 iteraciones. 

41. El número queda flotando. El perito sigue:

Cada minuto de retraso incrementó la mortalidad en un 1,7%.

Mazón se agarra la cabeza. Su jefe de gabinete, Barrachina, que está a su lado, empieza a sudar como si estuviera en una sauna. Porque el modelo también culpa a la cadena de mando. El CECOPI estaba descoordinado porque el presidente no estaba. El jefe de gabinete recibió la alerta a las 6:57 y no la escaló. Barrachina balbucea esperaba instrucciones del President. Instrucciones que llegaron a las 8:17 cuando ya era tarde. Pero la joya llega con el informe psicológico. Sí, psicológico. La acusación popular liderada por la Asociación de Víctimas de la Dana contrata a una psiquiatra forense que analiza el patrón de conducta de Mazón. Conclusión: 

Trastorno narcisista de la personalidad con rasgos de grandiosidad y falta de empatía. Prioriza la gratificación inmediata sexual, en este caso sobre la responsabilidad colectiva.

El informe cita el DSM5 y compara el caso con líderes históricos que colapsaron bajo presión. El abogado de Mazón objeta:

Esto es un linchamiento. 

La jueza:

Es prueba pericial admitida. Continúe.

Y continúa. La psiquiatra proyecta un gráfico. 

En los 41 minutos del ático, Mazón recibió 27 llamadas institucionales. Ninguna contestada. En cambio, envió tres mensajes a Vilaplana: "Estás preciosa", "rápido, que tengo que irme" y "mañana repetimos".

Mañana. Mientras el barro se tragaba a niños enteros. Y entonces el golpe de gracia, la declaración de la limpiadora del ático. Una mujer paraguaya, madre de tres hijos, que limpia pisos por horas. Entra con la cabeza alta, sin miedo:

Yo llegué a las 8:30. El señor y la señora ya se habían ido. Encontré la sábana en el suelo manchada, la botella vacía y en el baño, el preservativo usado en la papelera. Lo tiré, pero guardé la bolsa por si acaso. La tengo en casa. 

La bolsa, la bolsa de basura con el preservativo. ADN confirmado, Mazón y Vilaplana. La sala se viene abajo. Periodistas corren. El hashtag "almohadillapreservativogate" es tendencia mundial en 11 minutos. Feijóo en Madrid cancela una rueda de prensa. Ayuso tuitea: "Confiemos en la justicia", y borra el tweet. A los 4 minutos el PP entra en shock. Vilaplana, que declara por última vez, se derrumba:

Sí, tuvimos relaciones. Sí, sabía que era el peor momento. Pero él insistió. Dijo que solo serían veinte minutos, que después iría al CECOPI. Yo, yo le creí. 

Lágrimas, esta vez reales. El fiscal:

¿Sabía usted que mientras estaba en ese ático 41 personas murieron por falta de alerta? 

Vilaplana asiente:

Ahora lo sé.

La jueza anota: "El silencio es ensordecedor". Y afuera la calle hierve. Miles de personas frente al palacio de justicia. Pancartas: 41 minutos, 41 vidas. Mazón dimisión. Vilaplana cómplice. La policía forma un cordón, pero no hay violencia: solo dolor. Dolor organizado. Las madres de Paiporta llevan fotos de sus hijos...