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domingo, 19 de abril de 2026

Los ultrarricos deben pagar más impuestos. Entrevista a Stiglitz

 I

 Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía: “La ideología de los millonarios tiene actualmente un grado de egoísmo alucinante”, en El País, Francisco de Zárate, Madrid - 19 abr 2026:

El economista y profesor estadounidense denuncia que nunca ha habido un ataque a la democracia como el que se produce ahora bajo el mandato de Donald Trump y el grupo de oligarcas que lo sostienen

La desigualdad actual es peor que la que Estados Unidos vivió durante la Gilded Age de finales del siglo XIX, dice Joseph Stiglitz. “La persona más rica de aquella época era John Rockefeller, pero su fortuna no era comparable a la de Elon Musk, Larry Ellison o Jeff Bezos”, explica por teléfono el economista, laureado en 2001 con el Nobel de Economía. “Su influencia política bajo el mandato de Donald Trump tampoco tiene precedentes, con Musk como el ejemplo más claro”.

Para Stiglitz (83 años, Gary, Indiana, EE UU), el sentido de la responsabilidad social que se aprecia en muchos de los magnates de la Gilded Age, que contribuían al bien público apoyando la creación de bibliotecas, universidades y centros de investigación, también representa un contraste radical con la ideología libertaria que exhiben hoy tantas personas de Silicon Valley, “una versión radical del ‘esto lo hice yo solo, déjame en paz’, una ideología con un grado de egoísmo alucinante porque lo cierto es que no han hecho nada por su cuenta, ha sido la investigación del Gobierno la que trajo internet y gran parte de las innovaciones con las que ellos ahora ganan dinero”.

Pregunta. Mucha gente esperaba que las instituciones modernas resistieran mejor que las del siglo XIX a la presión de las personas con poder económico, ¿no ha sido así?

Respuesta. Es cierto que el Congreso de finales del siglo XIX era bastante corrupto, pero nunca ha habido un ataque a la democracia como el que está ocurriendo bajo el mandato de Donald Trump y los oligarcas que lo sostienen. Hay aspectos muy preocupantes, como la supresión de la libertad de prensa tras la adquisición de la CBS por parte de Larry Ellison y el intento de retirar de la parrilla programas críticos con Trump, pero rentables, como el de Stephen Colbert. Esto es algo que nunca vimos en la Gilded Age. No sabría decir si nuestras instituciones son más fuertes o más débiles, lo que sí sé es que no están siendo lo suficientemente fuertes.

P. Usted está contribuyendo a la creación de un Panel Internacional sobre la Desigualdad para mejorar la información sobre la concentración de la riqueza, ¿falta información?

R. Igual que la información fiable del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático sienta las bases para políticas más urgentes, mejor orientadas y diseñadas. Aspiramos a conseguir lo mismo con el Panel Internacional sobre la Desigualdad. Una cifra en nuestro informe que nos ha llamado la atención es la magnitud de la concentración de riqueza: el 50% de la población mundial solo ha recibido un 1% de toda la riqueza creada en los últimos 25 años, una estadística impactante que ayuda a comprender hasta qué punto se han agravado las cosas. Otra cifra tremenda es la de los billones de dólares que se transferirán de una generación a otra en los próximos 10 años. En Estados Unidos nos gusta pensar que los ricos son personas hechas a sí mismas, pero nadie se hace a sí mismo cuando la mayoría de las innovaciones parten de investigaciones financiadas con fondos públicos. Y ahora, con estos billones de dólares siendo transferidos de una generación a otra, no solo tendremos una oligarquía, sino una plutocracia hereditaria.

P. En cuanto se comienzan a debatir impuestos a corporaciones y millonarios, aparecen excepciones y exenciones con potencial de neutralizar su poder redistributivo y recaudatorio, ¿cómo protegerse ante eso?

R. Eso es completamente cierto. En primer lugar, tenemos que dejar claro el principio que persiguen los impuestos. Y en segundo, ser conscientes de que los ricos van a intentar introducir lagunas y excepciones para volverlos ineficaces. Lo sabemos y tenemos que protegernos contra eso. Estamos defendiendo un impuesto mínimo global del 2% sobre el patrimonio, que es un impuesto muy moderado y tiene la virtud de no ser complejo. Si tienes 100 millones de dólares, lo más probable es que como mínimo estés obteniendo una rentabilidad del 6%. Así que si ya has pagado un 33% por las ganancias de ese capital, no tendrás que pagar este impuesto, porque esa cantidad equivaldrá al 2% que proponemos como gravamen mínimo. Y un 33% sobre los rendimientos del capital sigue siendo menos de lo que muchas personas pagan sobre sus salarios.

P. Sabe que se resistirán a cualquier impuesto de este tipo.

R. Cuando estuve en Francia, me escandalizó escuchar a tantos millonarios admitiendo implícitamente que eran evasores fiscales, porque no querían pagar ni siquiera ese impuesto mínimo del 2%. Cuando se debatió en la Asamblea Nacional, introdujeron todo tipo de exenciones para que el impuesto no fuera aplicable a una gran parte de los millonarios. Así que es cierto, es una batalla constante, pero ya conocemos los trucos. Tras lo ocurrido en Francia, ya sabemos las formas en que la gente va a intentar evadirlo aprovechando las lagunas legales. Necesitamos asegurar un buen debate para cerrar esas lagunas.

P. Eso puede cumplir un fin redistributivo, pero no va a terminar con la influencia de los millonarios en la política…

R. Cierto. Para lograr eso tenemos que sacar el dinero de la política, y especialmente en Estados Unidos, donde las inversiones disfrazadas de contribuciones a las campañas reportan un alto rendimiento a los supermillonarios. En segundo lugar, no podemos permitir que solo los ricos controlen los medios de comunicación. Tiene que haber buenos sistemas de radiodifusión pública y apoyo para el periodismo de investigación. En tercer lugar, tanto las redes sociales como las inteligencias artificiales tienen que pagar por las noticias y por la información que roban a los medios tradicionales. Eso mejoraría los ingresos de los medios tradicionales y permitiría una prensa más diversificada. Y por último, Europa necesita crear su propio ecosistema mediático, no puede depender de X o de Facebook. Tiene que contar con sus propias plataformas independientes y parcialmente públicas para que la gente pague sus impuestos y reciba todas las comunicaciones.

II

El economista francés Gabriel Zucman defiende una tasa para las grandes fortunas en todos los países, en El País, Raquel Villaécija, París - 5 feb 2026:

El experto en desigualdad presenta en París el Observatorio Internacional de la Fiscalidad, que busca impulsar medidas para luchar contra la evasión fiscal, entre ellas el impuesto a los ricos

El economista francés Gabriel Zucman ha puesto en el punto de mira a las grandes fortunas y corporaciones, no solo por sus estudios sobre evasión fiscal, sino por su propuesta de tasar con un 2% a los grandes patrimonios, algo que cree que debería aplicarse a nivel global, según ha defendido este jueves en la presentación del observatorio internacional de la fiscalidad (ITO, por sus siglas en inglés).

Zucman ya era director del Observatorio Fiscal Europeo, creado en 2021, que ha decidido ampliar el foco al considerar que la evasión fiscal y la baja imposición que tienen las multinacionales “trascienden las fronteras de la Unión Europea”. “No se trata solo de un cambio de nombre, sino de intensificar la lucha contra el fraude y elaborar propuestas para una fiscalidad más justa”, ha destacado durante el acto en París.

Esto pasa, según ha insistido, por crear una tasa para los patrimonios más elevados, no solo en Francia, donde su propuesta es apoyada por la izquierda, pero es rechazada por el resto de los partidos, sino en todos los países. “Hay una verdadera industria de evasión fiscal y esta es una de las razones por las que necesitamos mecanismos para corregirlo”, ha señalado en la presentación del observatorio, en el que participan una treintena de economistas y que tiene sede en la Paris School of Economics, en la capital francesa, donde también trabaja el equipo de Thomas Piketty, al mando del Observatorio Mundial de las Desigualdades y defensor también de una fiscalidad más equitativa.

El último informe del Observatorio Europeo de la Fiscalidad cifraba en más de un billón de dólares el dinero que las grandes corporaciones desvían a paraísos fiscales. Igual ocurre con los grandes patrimonios. “Cuando se es extremadamente rico, es mucho más fácil no pagar impuestos, pero si tenemos una tasa razonable, [las grandes fortunas] estarán obligadas a pagar un mínimo”, defiende el economista.

La mayor parte de la población se deja entre el 25% y el 50% de sus ingresos en impuestos, unos porcentajes a los que escapa el 0,001% de la población mundial más adinerada que controla tres veces más de riqueza que la mitad de la humanidad, según las últimas cifras del Observatorio sobre las Desigualdades de Piketty. Según Gabriel Zucman, estos megarricos pagan en impuestos un 2% de sus ingresos, que en realidad es “una tasa casi próxima a cero”, gracias a los instrumentos de optimización fiscal.

La tasa del 2% propuesta sobre los patrimonios superiores a los 100 millones permitiría recaudar 67.000 millones y asegurar que pagan “proporcionalmente con sus ingresos tantos impuestos como otras categorías”. Durante la presentación del Observatorio, Pierre Bachas, director del área de evasión fiscal, incidió en que con esta recaudación “se podría financiar la educación en muchos países” o las políticas de medio ambiente.

El economista francés cree que es cuestión de tiempo que esta tasa sobre las fortunas que él defiende se apruebe: “Estamos en el inicio de una reflexión sobre cuáles deberían ser las nuevas reglas de intercambio económico y de regulación. Nadie tiene todavía una respuesta clara, pero es precisamente eso lo que queremos aportar, propuestas en materia fiscal. El enfoque es muy distinto a como se han hecho las cosas hasta ahora. Las reglas del futuro deberán ser diferentes a las del pasado, aunque su implementación llevará tiempo”, ha dicho.

En Francia, la bautizada como tasa Zucman ha ocupado parte del debate presupuestario, pero la propuesta no se adoptó porque cuenta con la oposición de los partidos de centro y derecha, que son mayoría en la Asamblea. El economista galo se reúne este viernes con el ministro de Derechos Sociales de España, Pablo Bustinduy, para abordar la posibilidad de crear este impuesto en España. En declaraciones a la agencia Efe, Zucman defendió que “España debe adoptarlo”, al igual que el resto de países.

“La cuestión es cuál es el escenario actual, qué tipo de comercio y de estructuras fiscales tenemos hoy y qué nos dicen las señales actuales sobre la fiscalidad. Existe la idea de que se puede permitir que las empresas crezcan sin obligaciones claras. Pero esa etapa parece haber llegado a su fin”, explicó.

III

Objetivo: que los ultrarricos paguen más impuestos, en El País, Pablo Sempere, Madrid - 26 oct 2025:

La ‘tasa Zucman’ para gravar el 2% de la riqueza de los millonarios divide a Francia e intensifica los debates globales sobre la imposición patrimonial

La crisis de inestabilidad política que atraviesa Francia ha privado al mundo de una imagen tan simbólica como excepcional: la patronal protestando en la calle. Los empresarios estaban dispuestos a manifestarse en protesta por la conocida como tasa Zucman, un nuevo impuesto que se ha colado en el debate presupuestario y ya ha provocado las primeras fricciones entre la izquierda y la derecha. Se trata de un gravamen sobre los grandes patrimonios ―más de 100 millones de euros―, cuyo diseño se ha inspirado en la propuesta que lanzó en 2024 el reputado economista francés Gabriel Zucman.

La movilización de los patronos se canceló al coincidir con los días en que el país se asomó al abismo de un vacío de gobierno, pero el asunto ha seguido discutiéndose en la Asamblea Nacional, donde los socialistas reclaman que se grave la riqueza de los ricos como condición para mantener el Gobierno a flote. El episodio refleja un debate que se intensifica en Europa y que persigue que los ultrarricos contribuyan más en unos sistemas fiscales que, con mil agujeros y lagunas, parecen diseñados a su medida.

“Europa no puede construir un sistema fiscal sostenible si sus ciudadanos más ricos contribuyen menos, en términos relativos, que los trabajadores comunes”, sostiene Giulia Varaschin, asesora política en el Observatorio Fiscal de la UE, que dirige el propio Zucman. La tasa, añade, engordaría los ingresos en unos 20.000 millones de euros anuales solo en Francia y “realinearía el sistema fiscal con los fundamentos constitucionales y morales de que todos contribuyen según sus medios”.

La réplica viene de Cristina Enache, economista en la Tax Foundation Europe, quien asegura que estas figuras reducen salarios e inversión y destruyen empleos, además de tener un impacto redistributivo “muy limitado” y generar fuga de capitales hacia jurisdicciones más laxas en términos fiscales.

Número de milmillonarios en el mundo [Estadillo en fuente original. Real Instituto Elcano (datos del Observatorio Fiscal de la UE)]

Algo falla en el sistema tributario. Hay una profunda brecha entre el músculo económico y financiero de los multimillonarios y el peso real de sus impuestos en las arcas públicas. Un estudio de la Universidad de California en Berkeley, publicado recientemente por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos (NBER, por sus siglas en inglés), ha analizado con datos administrativos cómo tributan los 400 estadounidenses más ricos. En ese trabajo académico aparece de nuevo una firma conocida, la del propio Zucman. Y muestra datos tan reveladores como incómodos: el tipo efectivo medio de estas grandes fortunas es del 23,8%, muy por debajo del 30% que soporta la población media, y del 45% que recae sobre los trabajadores más cualificados.

El documento señala que lo que ocurre en EE UU no es una excepción, sino parte de una tendencia extensible a regiones como Europa. En Francia, Países Bajos, Suecia o Noruega, los ultrarricos ―en el análisis se fijaron en los que superan los 1.000 millones de euros― soportan tasas efectivas a veces inferiores al 20%.

El informe no ofrece cifras para España, que no destaca por ser una de las jurisdicciones con más milmillonarios ―algo más de 30, sobre un universo de casi 2.800 en todo el mundo―. Sin embargo, los datos disponibles a nivel nacional reflejan un dibujo similar. Varios estudios académicos de instituciones como Fedea o el Instituto de Estudios Fiscales muestran que el 1% más acaudalado del país ―que incluye a las grandísimas fortunas y a ricos de menor magnitud― soporta un tipo medio efectivo sobre el total de impuestos menor al de las franjas más pobres de la población.

Por ello, el grupo de economistas encabezado por Zucman reclama la puesta en marcha de una tasa para un grupo que no deja de crecer en número y en riqueza acumulada, y que ya amontona el 13,5% del PIB mundial, según los datos del Observatorio Fiscal de la UE. Si la tasa a los ricos prosperase y pagasen cada año al menos un 2% de su patrimonio ―que en conjunto roza los 14 billones de dólares―, los países tendrían unos 250.000 millones de dólares (unos 215.000 millones de euros) en ingresos adicionales.

¿Cuánta riqueza acumula el 0,0001% más acaudalado? [Estadillo en fuente original. Real Instituto Elcano (datos del Observatorio Fiscal de la UE)]

Aunque con un gravamen efectivo muy inferior al 2%, España ya cuenta con el impuesto de patrimonio ―en las comunidades que lo tienen bonificado opera el de grandes fortunas―. En las elecciones de Noruega, celebradas en septiembre, la discusión de la imposición patrimonial estuvo presente. El Reino Unido también mantiene sus debates y otros países, aprovechando las recientes discusiones en el seno del G-20, han puesto sobre la mesa el asunto. En Francia han ido algo más allá y los Ecologistas y la coalición de izquierdas han aterrizado una propuesta que afectaría a casi 2.000 altos contribuyentes. Bernard Arnault, presidente del grupo de lujo LVMH, ha declarado que estas ideas son propias de “militantes de extrema izquierda” deseosos de “destruir la economía liberal”. Para Varaschin, sin estas correcciones “se vuelve difícil pedir al resto de la sociedad que asuma cargas más pesadas mediante mayores impuestos y recortes de bienestar”.

Recetas opuestas

El fenómeno de la baja tributación de los más pudientes no responde tanto a prácticas de evasión o fraude como a la estructura que rige en todos estos países. El denominador común es que los impuestos están diseñados en torno al trabajo y a unas formas tradicionales de obtención de renta, por lo que se muestran menos eficaces a la hora de gravar la riqueza proveniente de vehículos empresariales, financieros e inversores (acciones, dividendos, intereses, plusvalías...), que son los que engordan a las grandes fortunas. Cómo meter mano a esta situación ―y la idoneidad de hacerlo― es lo que divide a los expertos.

Unos creen que es difícil concretar los activos sujetos al impuesto y que estos gravámenes provocarían la deslocalización masiva, penalizando la inversión y, por ello, el empleo. Otros defienden que una respuesta coordinada entre varios países, junto a un diseño blindado y bien estructurado, puede capturar esa riqueza y ayudar a los gobiernos a reducir las desigualdades y sanear sus cuentas públicas.

Los esquemas por los que se rigen los sistemas fiscales, opina José María Durán, profesor en la Universidad de Barcelona e investigador del Instituto de Economía de Barcelona, son los que dificultan aplicar de manera efectiva impuestos de este tipo. “El problema no es tanto la idea de gravar a los más ricos, sino cómo hacerlo sin crear distorsiones ni duplicidades”, señala. Durán se muestra prudente ante el entusiasmo que ha despertado la tasa Zucman en ciertos sectores políticos. “En los impuestos los detalles son fundamentales”, recuerda. “Sabemos lo que es la imposición al patrimonio, pero hay que concretar qué se grava y qué no, además de las exenciones contempladas, como las de las empresas familiares. Todo eso condiciona el efecto final del impuesto”.

Durán insiste en aspectos como la valoración de los bienes. “No es lo mismo una acción cotizada que una que no lo está, ni un inmueble nuevo frente a otro antiguo, ni utilizar el precio de mercado u otro indicador”. El investigador señala, además, que el patrimonio, a diferencia de la renta, “se grava con independencia de si un año hay beneficios o pérdidas”, lo que puede ser “muy distorsionador”. También plantea qué hacer con las empresas familiares y con los patrimonios repartidos en varios países. “Sin cooperación entre administraciones tributarias, todo se escapará. Quien más tiene también tiene más capacidad para deslocalizarse”, advierte.

El investigador saca a la palestra al pequeño grupo de millonarios ―sobre todo estadounidenses y europeos― que se ha mostrado públicamente a favor del gravamen, pero cree que “son muy pocos” y que la mayor parte de ellos moverían ficha para no pagar.

Distribución de milmillonarios por zonas geográficas [estadillo en la fuente original]

Hay quien se muestra más tajante. Gregorio Ordóñez, director del Instituto de Estudios Económicos —el centro de estudios de la patronal española— asegura que la imposición patrimonial “es la figura que más distorsión genera en términos de actividad económica y deslocalización”. Recuerda que muchos países europeos la han ido eliminando a lo largo de los años “precisamente por ese motivo”. Por un lado, afirma, reduce el ahorro y la inversión al aumentar el coste del capital. Por el otro, “los sistemas económicos modernos son interdependientes: si penalizas a unos, terminas afectando a todos”.

En su opinión, es injusto incluir en este debate el patrimonio productivo (las empresas), ya que el capital ya está gravado “de forma directa e indirecta, a través del IRPF, del impuesto de sociedades o de tributos locales”. Y añade que, si solo unos pocos países aplican la tasa, los demás se convertirían en polos de atracción para las grandes fortunas. “La experiencia demuestra que gravar a estos perfiles no tiene efectos positivos. Se deslocalizan, y los incentivos para seguir creando riqueza se reducen”, concluye Ordóñez.

También lo cree así Enache: “Un impuesto a la riqueza reduce los salarios, destruye empleos y disminuye el stock de capital. Todos los grupos de ingresos resultan perjudicados debido a la menor actividad económica”. Además, agrega, un acuerdo global o europeo “es altamente improbable”, ya que un número crítico de países tendría que firmarlo, incluyendo Suiza, “lo que hace que esta propuesta sea inviable.”

Excluir los activos profesionales, sin embargo, neutralizaría los efectos de la reforma, sostiene Varaschin. Estos representan alrededor del 90% de la riqueza de los multimillonarios, por lo que su exclusión abriría una “enorme laguna, fomentando la reclasificación de activos y reduciendo los ingresos potenciales en hasta 40 veces”. La analista tampoco cree en los desincentivos derivados para la actividad empresarial. De hecho, “un sistema fiscal justo, junto con servicios públicos fuertes e inversión en investigación, da una mejor base para la innovación que un entorno de bajos impuestos marcado por la inestabilidad”, concluye.