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viernes, 29 de mayo de 2026

Ortografía y selectividad

 I

 Errores ortográficos que condenan al más brillante, El País, Ana Camarero, 24 may 2026:

La calidad de lo que se dice por escrito es un indicador del conocimiento que se posee y una carta de presentación clave para lograr un empleo

La Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) presentó el pasado año un marco de referencia con el objetivo de armonizar la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), estableciendo una estructura común para los exámenes, el grado de optatitividad, el enforque competencial, los criterios de corrección y evaluación en las distintas asignaturas, y aplicar criterios de coherencia, cohesión, corrección gramatical, léxica, ortográfica y de presentación. Sobre este último punto, se establecieron las siguientes penalizaciones por cometer faltas de ortografía: un 10% en las materias que impliquen desarrollo escrito, como Historia de España o Filosofía; un 15% en los ejercicios de lengua extranjera y hasta un 20% en las de castellano y lengua cooficial (en regiones con dicha situación). Unos requisitos que cada comunidad autónoma aplica a su discreción.

La ortografía es el rasgo que evidencia la calidad de lo que decimos por escrito. También suele ser un indicador del conocimiento que se posee de los otros componentes de la lengua. “Si se consideran las distintas dimensiones que abarca, como la representación escrita de los fonemas y los acentos, el uso de los signos de puntuación, la distinción entre mayúsculas y minúsculas, etcétera, es probable que también se atiendan otras cuestiones esenciales, como la pertinencia, la precisión, la estructuración, la coherencia, la corrección gramatical o la adecuación”, declara Cecilia Criado de Diego, profesora permanente laboral del Departamento de Lengua Española y Lingüística General de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El uso adecuado de la ortografía se ha convertido en todo un reto para el sistema educativo, en la medida en que este debe prestar más atención a los aspectos de la lengua desglosados anteriormente. “Es necesario enseñar las normas ortográficas, pero también formar a los estudiantes para que expresen sus ideas de manera apropiada. Esto supone un mayor esfuerzo para profesores y alumnos: resulta más sencillo corregir un error ortográfico que ofrecer una retroalimentación formativa que explique por qué una secuencia no es informativa, clara, precisa, coherente o adecuada; del mismo modo, es más fácil memorizar una regla y aplicarla a palabras aisladas que elaborar un texto donde se exprese lo que uno quiere decir”, sostiene Criado de Diego.

Aseguran los docentes que la destreza ortográfica del alumnado de ESO y Bachillerato es, en términos generales, desigual, y en muchos casos insuficiente para esos niveles académicos. “Si bien existen estudiantes con un dominio adecuado, se observa una tendencia preocupante hacia la relajación de las normas ortográficas. Esta situación responde a múltiples factores: la influencia de la comunicación digital inmediata (mensajería y redes sociales), donde prima la rapidez sobre la corrección; la falta de hábitos de revisión de los propios textos, y de manera especialmente significativa, la escasa práctica de la lectura en esta etapa educativa”, señala Laura Llamas, profesora de Secundaria en el Colegio Trilema Zamora.

Fallos desde etapas básicas

En los alumnos de Bachillerato es frecuente que persistan errores propios de etapas educativas más básicas, como las confusiones de letras (b-v, g-j, incorrecta utilización de la h) en algunas palabras; “pero, sobre todo, hay una evidente falta de dominio de la acentuación y de los signos de puntuación, que en muchos casos se mantendrá también en la Universidad”, apunta Miguel Ángel Aijón Oliva, del Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca (USAL).

A menudo, los propios estudiantes no poseen conciencia sobre la importancia que estos aspectos poseen para la coherencia textual y la adecuada transmisión del mensaje, sobre todo en situaciones formales o públicas. “Ello refleja, en realidad, una visión bastante extendida en la sociedad: se considera grave confundir una b con una v, pero no tanto omitir las tildes ni colocar erróneamente las comas”, apunta. De este modo, se detectan problemas en la puntuación: ausencia de comas, uso inadecuado del punto o abuso de oraciones excesivamente largas sin estructura clara. “Otro fenómeno creciente es la interferencia del lenguaje digital, abreviaturas impropias o la simplificación extrema de palabras, que luego se traslada a contextos académicos formales”, añade Llamas.

El deficiente dominio de la ortografía repercute en todas las asignaturas del currículo, porque todas exigen producir textos claros y precisos. Cuando un alumno escribe con errores, sus textos pueden resultar ambiguos y difíciles de procesar, además de causar mala impresión, lo que casi inevitablemente condicionará sus posibilidades de éxito académico. “Parte del problema es la falta de coordinación entre profesores y áreas de conocimiento: quizá muchos docentes tiendan a pensar que la enseñanza de la ortografía “es cosa de la clase de Lengua”, por lo que no le dedican tiempo en sus asignaturas ni la tienen en cuenta a la hora de evaluar. Los centros educativos tampoco suelen contar con directrices y normas específicas sobre corrección ortográfica en trabajos, exámenes, etc., que podrían resultar muy útiles”, lamenta Aijón Oliva.

En opinión de Víctor Cerrudo Higelmo, tutor de Educación Infantil en el CEIP Virgen de Peña Sacra (Manzanares el Real, Madrid), en ocasiones, la subjetividad del evaluador se ve afectada por una serie de sesgos que interfieren en la percepción evaluadora. “El efecto Halo de Thorndike consiste en la creencia de que un aspecto negativo puede hacernos considerar que el resto es similar. Las faltas ortográficas pueden hacernos percibir que un trabajo presenta una calidad inferior”, apunta Cerrudo Higelmo. Este docente se refiere además al prejuicio de competencia o estatus académico, que establece que las faltas de ortografía pueden percibirse de distinta manera según el estatus o procedencia del alumnado. “Los centros elitistas pueden beneficiarse de más permisividad hacia las faltas, considerándolas como despistes. Por contra, alumnos de centros [ubicados] en poblaciones socioeconómicas medio-bajas pueden sufrir la consideración de que los errores dependen de las bajas capacidades del alumnado”, explica. Ya en el proceso evaluador, Cerrudo incluye la “sobrecarga cognitiva del evaluador” consecuencia del cansancio y la sobrecarga atencional que conlleva la corrección de textos con muchas faltas. “La frustración del evaluador puede generar una mayor severidad que se verá reflejada en una peor nota”, manifiesta.

¿Cómo revertir la mala escritura?

Un alumno que presenta un déficit ortográfico y gramatical en Bachillerato puede mejorar su capacidad. “El alumnado, sobre todo aquel que tiene dificultades para redactar y presenta problemas ortográficos, debe leer y escribir, cada día, y los profesores, desde su disciplina, tratar de guiar y corregir a los alumnos para que mejoren, persiguiendo objetivos factibles y concretos, y promoviendo y fomentando la buena lectura”, expone Gonzalo Coello, profesor de ESO y Bachillerato en el IES Miguel Delibes de Madrid.

Del mismo modo, incide Aijón Oliva, de la USAL, “debería existir una coordinación mucho mayor entre los docentes de las distintas asignaturas, y quizá con las propias familias y otros agentes implicados en la educación, para que la corrección en la escritura no se entienda como una mera exigencia o un capricho de los profesores de Lengua”.

Una tarea, mejorar la competencia ortográfica y gramatical del alumnado, para que requiere “de una ratio menor de alumnos para poder atenderlos mejor, de forma personalizada, que no individualizada, menor carga burocrática para centrarse en los aspectos académicos, sociales y humanos, de cada uno de ellos, y respaldo político y social”, afirma Coello.

II

La generación alfa no llama, no escribe ‘emails’ y juega con la ortografía: “La regla es la pereza”, en El País, Jordi Pérez Colomé, Madrid - 7 ABR 2026:

Una docena de adolescentes explican cómo han cambiado los códigos de comunicación y qué usos ya no tienen sentido para ellos

“Las tildes las pongo siempre y las comas también, pero los puntos no. Y las mayúsculas solo las que me salen en automático”, dice Valeria, de Oviedo, de 15 años. “Yo soy como un diccionario andante, a mí me puedes escribir con las letras mezcladas o como quieras, pero no puedes confundir ‘a ver’ con ‘haber’, esas cosas me ponen de los nervios”, dice Mariam, de 14 años y de Guadalajara.

Ambas ejemplifican que la ortografía en el mundo digital no ha muerto para la generación alfa (los nacidos entre 2010 y 2025), pero está muy tocada. La mayoría sabe cómo se escriben todas las palabras, o casi todas, pero les duelen poco los ojos al ver mensajes reales escritos así: “As hablado con tu padre ??”, “Le e dicho q si me d jan ir”, “I que te a dicho ??”. Mientras el contexto dé sentido, todo vale. Por ejemplo, la frase enigmática “No e abalo con mi padre” puede ser “no sé, háblalo con mi padre” o “No he hablado con mi padre”. Ninguna frase vive sola, necesita de su conversación. Todos son ejemplos reales de conversaciones de WhatsApp compartidas con EL PAÍS por adolescentes.

La generación alfa nació con la llegada del iPad en 2010. Ya no son la primera generación digital, sino la que vio pantallas desde que empezó a hablar. Una de las decisiones que parece que han tomado como generación es pasar de cortesías y ser más naturales, mucho más naturales: la ortografía debe bastar para entenderse y transmitir tanta personalidad y emoción como sea posible, los engorros del email y sus introducciones, despedidas y esperas son como el fax para la generación anterior. Tampoco les convence hablar por teléfono con gente si hay otras formas de comunicarse. Todo son decisiones para ahorrarse tiempo y molestias.

“La regla es la pereza”, dice Iker, de 16 años y de Madrid. “Que sea más corto y escribas menos”, añade Lucía, también de Madrid y de 13 años. ¿El objetivo es gastar menos microsegundos en cada mensaje? “Sí”, confirma esta adolescente. Cristian, de 14 años y de Murcia, explica la teoría básica: “Coges las letras clave de una palabra que se podrían decir para que se entienda”, dice. O sea, quitan letras para agilizar, pero luego las añaden por otro lado: “Yo pongo más vocales para que no quede así como muy seco“, explica Valeria. Un ejemplo sería este mensaje real de WhatsApp: “fuaaaaaa noseeeee”. Es una expresión de la duda cartesiana genuina traducida al 2026.

Una parte de las opiniones recogidas en este reportaje surgen de un encuentro online de EL PAÍS con 11 adolescentes de un grupo llamado Cibercorresponsales, que promueve la participación de jóvenes en debates actuales de la organización Plataforma de Infancia.

“Me sale solo. No me importa si lo escribo mal o bien, solo que se entienda”, dice Joan, de 16 años y de Tarragona. Aunque pone un reparo: “Cuando no conoces mucho a alguien, hablas normal. Pero si te vas haciendo amigo, ya hablas como te apetece”.

En esta evolución lingüística son clave los stickers, que son fotomemes a menudo con frases añadidas y un toque de jeroglífico: “Tengo un amigo que es experto en stickers. El tío literalmente me habla con stickers. En vez de decir: ’quedamos’, me manda un sticker random, yo qué sé, una foto de un famoso o algo así. Y si lo pillo, lo pillo. Y, si no, me aguanto. Es una cosa loca”, dice Iker.

Los stickers que usan los adultos son bastante repetitivos. En el mundo alfa hay más variedad: “En mi grupo de amigas sí tenemos nuestros stickers“, dice Carolina, de 17 años y de Cádiz. ”Pero con otra gente no los uso porque está feo”, añade. La variedad de usos es delicada: se crean fácilmente a partir de una foto. El porno es un uso común, pero también el insulto. “No tenemos stickers de personas famosas. He visto casos de stickers para un fin que no es el correcto”, dice María, de 17 años y de Valencia. “Sticker de profesores, de esos he visto muchos”, dice Iker.

La caída inexorable del ‘email’ y las llamadas

El email es un vestigio del pasado que sirve para abrir cuentas en redes, pero no para dar información si no es por obligación. “Lo uso si hay que iniciar sesión en algo y tienen que mandarte un código. Si no, nunca”, dice Valeria, de 15 años, de Madrid. “Yo para enviar los apuntes a imprimir”, dice María. “Yo me mando correos a mí misma para pasarme la foto del ordenador al móvil”, dice Carolina. Son todos usos ridículos y menores.

En algunos momentos puntuales sirven para una comunicación indispensable, como en el caso de adolescentes que aún no tienen móvil. “A mi amiga que está en el instituto y no tiene tablet ni móvil ni nada, le mando un correo y le digo dónde vamos a quedar”, añade Carolina. O para profesores de otras generaciones.

Un uso clásico de los móviles es el de teléfono. Lo emplean solo con conocidos y procuran avisar antes de llamar: “Normalmente escribo porque puedo esperar para recibir una respuesta. Una llamada suena hasta que lo apagas y me parece que puede ser molesto”, dice Amets, de 15 años y de Madrid. Todas las respuestas son variantes similares: “No suelo llamar a no ser que sea por algo urgente, prefiero hablar por mensajes. Y nunca llamo a desconocidos, ni le cojo el teléfono a números que no reconozco”, dice Verónica, de 15 años y de Guadalajara.

“Si es un familiar o un amigo, no me importa escribirles antes de llamarles o llamarles directamente, pero si es un desconocido no le llamo en absoluto”, dice Mariam, de 14 años.

martes, 5 de mayo de 2026

Sin fe de erratas ni gana de corregirlas

 La errata: un mal convertido en plaga en el siglo XXI, El País, Javier Martín-Arroyo, Sevilla - 20 mar 2022:

La urgencia, la reducción de correctores, la traducción automática y la tolerancia en internet y las redes sociales multiplican los errores en los libros, la prensa y otros textos escritos

“La perfecta conversación de los alimentos”, se leía en la portada de un catálogo de frigoríficos. Es una de las muchas erratas que ha recopilado a lo largo de los años Álvaro Martín, presidente de la Unión de Correctores (UniCo). Más ejemplos de errores cazados en prensa y televisión: “El bombardeo infringió graves daños al edificio”; “Se puso hecho un obelisco”; “Estaba en la espada contra la pared”; “Dejó a sus amigos en la estocada”; “Hay que practicar con el ejemplo”; “Su versión fue puesta en tela de duda”. También tiene una buena colección José Antonio Moreno, director del único posgrado en corrección y asesoramiento lingüístico en español, impartido en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona: “Unió advierte de que Cataluña perdería con la Carta Manga”; “Hemos venido a escuchar, pero también ha hablar”...

La errata vive un momento de esplendor, inunda los textos escritos. Nada se le resiste, y contamina libros galardonados con premios, placas de escritores, reputados diccionarios, titulares de periódicos y comunicaciones oficiales. Siempre estuvo ahí, pero si hace milenios los escribas ya tropezaban con ella y luego la imprenta multiplicó su alcance, ahora dispone de una alfombra roja propiciada por varios factores. Por un lado, la cultura de la urgencia: todos los encargos son para ayer. Los correctores y editores menguan. La Red y las publicaciones digitales han banalizado su gravedad porque puede corregirse al instante. Y además goza de cierta disculpa social ante su profusión.

Santiago Rodríguez-Rubio, coeditor junto a Nuria Fernández del ensayo Detección y tratamiento de errores y erratas: un diagnóstico para el siglo XXI, publicado recientemente por la editorial Dykinson, alerta: “Es un secreto a voces, un tema del que apenas se habla más allá de la psicolingüística y del procesamiento del lenguaje natural, pese a que desde siempre ha acompañado a los textos”. En esa obra, una decena de autores radiografían el alcance de los gazapos y explican por qué se cuelan cada vez más entre los dedos de los profesionales de la palabra (escritores, periodistas, correctores, lexicógrafos, traductores).

Los correctores trabajan para evitar estos fallos, pero también para pulir los escritos de todo tipo y extensión y lograr que brillen. Eliminan errores ortográficos, de léxico, de sintaxis ―incluidas las comas asesinas―, de puntuación, o mayúsculas mal usadas; introducen cambios de estilo para ganar claridad y comprensión. Y son los primeros en sufrir las carencias que han brotado en los últimos años con la digitalización del sector, la crisis y el ritmo frenético con que se trabaja. “Es evidente”, reflexiona Álvaro Martín, “que los textos están cada vez peor escritos. Hay una reducción de los recursos de edición y corrección; es decir, de las personas que comprueban que las piezas funcionen y hacen que el producto mejore. La cultura de la inmediatez se nota en la redacción. La educación escolar no exige tanto, y ahora permite pasar de curso con abundantes faltas de ortografía. Y, además, la errata ya no es tan importante”.

Para ilustrar este último factor, Martín cuenta que hace unos años UniCo contactó con blogueros relevantes (algunos tenían hasta 300.000 lectores) para saber qué importancia daban a la edición de sus textos, y oyeron respuestas como esta: “A mis seguidores les importa lo que digo, no cómo lo digo”. Este desprecio por la forma del lenguaje, que corroe el mensaje y a su autor, es una tendencia masiva en ciertos círculos. “La indiferencia es mala, pero peor es la ignorancia voluntaria cuando tienes los medios educativos a tu alcance”, advierte este corrector.

Las erratas crecen en los medios de comunicación y las redes sociales porque los textos deben publicarse cada vez con mayor rapidez y ser revisados (o no) a la misma velocidad. Esto produce errores que implican un coste de comprensión para los lectores, que a su vez pierden confianza. La prensa sufrió como pocos sectores la crisis de 2008 y los periódicos redujeron sus plantillas de correctores y editores. El presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez, destaca para explicar los yerros factores como el mal uso general del idioma, los recortes y el abandono de la cultura de la verificación debido a las prisas. “La decisión de los periódicos y digitales de sumarse a la batalla de la inmediatez, que antes era exclusiva de las agencias, fue decisiva. La única solución es reforzar los editores (…) Ante los errores, la clave está en la rectificación inmediata y explícita”.

El buscador urgente de dudas Fundéu, de la Real Academia Española y la agencia Efe, confirma esa propensión al descuido. “Parece que ha aumentado el número de erratas, sobre todo en medios digitales”, señala un portavoz de la fundación. “No solo encontramos erratas, sino también errores de estilo y de redacción, probablemente por la influencia de otras lenguas. Esto podría deberse a que se escribe muy deprisa, el autor no relee el texto y muchos medios han prescindido de la figura del corrector”.

A pesar de contar con tiempos más laxos que los medios, las instituciones y las empresas también publican muchos escritos con errores por culpa de la dejadez y la traducción automática, en la que a veces se confía de manera ciega y que genera bochornosos deslices, como cuando la web oficial de turismo del Ayuntamiento de Santander tradujo en 2018 el nombre del Centro Botín al inglés como Loot Center, lo que literalmente significa “centro del saqueo”.

Nuria Fernández, coeditora del libro sobre las erratas, apunta: “No se ahorra en costes cuando la expresión induce a un error de comprensión o cuando la falta de revisión manual de los textos traducidos automáticamente genera múltiples consultas por parte de los usuarios. El grado de tolerancia respecto a la calidad del texto va desde lo impecable a lo inaceptable. Los profesionales de la lengua, como hablantes privilegiados, tenemos que aspirar a producir textos impecables, que no perfectos. En la era digital se ha generado una mayor tolerancia a las erratas, puesto que la inmediatez a la que están sujetos los textos escritos los acerca cada vez más a la imprecisión y a la espontaneidad de los textos orales”.

El triunfo de la cultura mercantil

Ernesto Pérez Zúñiga, escritor y subdirector de Cultura del Instituto Cervantes, reflexiona: “El espíritu de excelencia y la cultura humanista han decaído durante la última década en todos los ámbitos, incluido el editorial. La cultura audiovisual arrasa y hace mella en el lenguaje, que se descuida”. El autor, que dirige tres colecciones de libros, sugiere que la degradación de los textos es consecuencia directa del triunfo de la cultura mercantil, y reivindica “luchar con el cuchillo entre los dientes” para lograr el tiempo reflexivo y el disfrute de las cosas lentas, en una sociedad “cada vez más volcada en lo práctico”.

La presión por publicar más y más títulos (15.277 en los primeros seis meses de 2021) ha provocado que las editoriales lleven varios años a toda mecha y, por tanto, los tiempos de entrega se acortan. Cada vez cuesta más mantener un rigor exquisito. Diego Moreno, editor de Nórdica Libros, atestigua: “El sector debería reflexionar sobre el tiempo y la remuneración apropiada para los correctores. Es un hecho incuestionable la saturación de novedades, y publicamos tanto que forzamos la máquina de todo el equipo, es un estrés que no baja. Siempre discutimos sobre cuánto hay que publicar y no nos ponemos de acuerdo. Es un problema sistémico del sector y no se puede solucionar de manera individual”.

Esa peligrosa tendencia al ritmo vertiginoso la confirman también los traductores como víctimas directas. Marta Sánchez-Nieves, traductora y secretaria general de la asociación ACE Traductores, ilustra: “Todo es cada vez más apresurado y esto hace que no puedas ser tan cuidadoso. Antes las prisas eran para la saga de Harry Potter por la presión de sus seguidores, pero ahora también te piden [los editores] un clásico del XIX para ya”.

Una encuesta entre 325 correctores, traductores y docentes reveló en 2020 que los especialistas del idioma han cambiado en la última década las obras tradicionales en papel por las de formato digital como fuentes preferentes de consulta, ante la premura impuesta y la facilidad para acceder a ellas (el 94% de los encuestados acude en primer lugar a la Red). Sin embargo, la actualización de estas últimas a menudo se retrasa, por lo que quedan pronto obsoletas. Es el caso del Diccionario Panhispánico de Dudas de RAE-ASALE, cuya versión en línea, a pesar de figurar entre las obras más utilizadas por los profesionales, reproduce la edición de 2005 y, por tanto, no incorpora las novedades introducidas por la Gramática (2009-2011), la Ortografía (2010) y el Diccionario (2021) académicos.

José Antonio Moreno, el director del posgrado sobre corrección, explica: “Es necesario desarrollar una herramienta lexicográfica que, concebida con formato verdaderamente electrónico, permita dar respuesta a esas dudas, ofrezca un acceso rápido al usuario y atienda al conjunto del español. Actualmente, no hay ningún diccionario en la Red que compita con el de RAE-ASALE” (las academias de la lengua).

A pesar de que la mayoría de los profesionales huye del mensaje apocalíptico, hay cierto consenso sobre la necesidad de un giro de timón para atajar la plaga. Eso sí, es una empresa titánica y necesitada de la suma de todos los actores para extender los controles de calidad y elevar el prestigio de las palabras escritas.

4.000 erratas en 13.000 páginas de diccionarios

Las erratas se cuelan en las mejores obras y a mansalva. Rodríguez-Rubio, coeditor del libro sobre corrección, peinó durante cuatro años una serie de 18 diccionarios español-inglés e inglés-español, entre ellos la prestigiosa colección editada por Ariel conocida como Los diccionarios de Alicante, con 14 tomos, y halló más de 4.000 erratas. Eso da una frecuencia de un error —de mayor o menor gravedad— cada 2,93 páginas, según refleja su tesis sobre estos diccionarios especializados, con 13.000 páginas en total. En la serie de Alicante se ha descrito lo que el autor denomina un “sistema de erratas”, que se traduce en la repetición de numerosos defectos formales en una o varias obras. Muchas de esas erratas ―si no todas― quedarán fijadas en el tiempo, ya que no se prevé la revisión de los títulos.

El investigador, autor de varios artículos científicos sobre el tema, contactó con el equipo de la Universidad de Alicante que coordina la colección lexicográfica por si querían subsanar los errores, pero respondieron que no estaban interesados. José Mateo, uno de los autores de los diccionarios y catedrático de filología inglesa en la Universidad de Alicante, alega: “Las erratas no invalidan las obras, y la mayoría no son nuestras sino del que montaba los textos para trasladarlos al papel”. Hace ocho años Ariel estudió un proyecto para informatizar estos diccionarios, pero nunca llegó a cuajar. Mateo se lamenta: “Parece que no era muy rentable”.

lunes, 7 de agosto de 2023

¿Cuál es el origen de la epidemia de mala ortografía actual?

¿Cuál es el origen de la epidemia de mala ortografía actual?

La cultura de la imagen y, con frecuencia, los irresponsables estados y autonomías por sus políticas. En España, por ejemplo, por las siete vacilantes reformas educativas con que cada gobierno castiga sucesivamente, creyéndose que puede mejorar algo que solo empeora un poco más y que no tiene ni idea de como atajar. Por ejemplo, una institución que pagamos todos, la RAE, debía ofrecer copias gratuitas de su ortografía tantas veces "re-reformada" y ya no radicalmente prescriptiva en la red o impresas, pero solo lo permite en la primera por párrafos sueltos, y el monstruoso mazacote que ha publicado con sus manías y "sugerencias" que dice consensuadas es ya para los simples entre los que me incluyo un auténtico horror. Le gusta el negocio, y prefiere hacer dinero a generar buenos y correctos escritores.

Ya no se practican la lectura en voz alta, la redacción, los dictados y la caligrafía. También se ha expulsado la literatura en los currículos, donde no para de encogerse el lugar que ocupaban las humanidades. Los profesores de latín, griego, historia y filosofía solo cuentan con una presencia testimonial. Y los de ciencias no suelen superar un nivel mínimo de ortografía en no pocas ocasiones.

Asimismo, pretender bilingüismo por un lado, mientras por el otro se ejerce una violenta inmersión en una sola de esas lenguas, provoca diglosias. Como los alumnos confunden en una dos ortografías y dos gramáticas, terminan sufriendo diglosias en una y otra lengua, y hablando y escribiendo mal las dos.

Es también nefasta la costumbre de dictar apuntes apresuradamente que se escriben de cualquier manera a causa de la premura y de que solo nosotros los vamos a leer. Deberían existir libros de texto baratos, para que eso no fuera necesario y pudiesen estudiar textos correctamente escritos; pero en esos libros de texto o manuales he visto con frecuencia tipografías horribles, párrafos ambiguos, mal escritos e insuficientes y escaso uso del párrafo largo, de sintaxis compleja y de largo alcance. Incluso mal puntuados. Tampoco sabían equilibrar las frases ni sostener un ritmo de expresión.

También tiene que ver la costumbre de escribir con indolencia y descuido en redvistas, bitácoras y redes sociales como esta. Y emplear correctores de ortografía automáticos de esos que, cuando se escribe Garcilaso, te corrigen a Gracilazo (así de mal están hechos) o con taquigrafías o estenografías telegráficas en chats, "guasaps" y mensajes chorras desde que se es niño o niñato, demasiado pronto echado a pastar en un teclado, cuando todavía no se sabe ni siquiera escribir en papel con lápiz, y aún menos con caligráfica letra inglesa. Quora mismo es testigo de todos esos errores por correcciones automatizadas simplificantes o conducta relajada y anónima.

Existe también el horrendo hábito de usar formularios para todo y tests o pruebas de preguntas cortas en vez de preguntas de ensayo, que exigen algo más que escoger entre sí y no o V y F.

Porque es general la actitud relajada y el descuido del lenguaje, no ya en la ortografía, sino al hablar, cometiendo faltas de ortología de las que se imitan casi siempre las de la ortografía.

Antiguamente los muchachos aprendían a leer correctamente por medio de historietas, de enciclopedias y de libros que había en todas las casas. Pero en las casas modernas ya no hay nada de eso, ni se siente la necesidad de proveerse de esos productos, porque su lugar lo ha tomado el ordenador y el iPod, instrumento este último que solo usa lenguaje oral, no el escrito, los llamados audiolibros. Con eso no se aprende ortografía.

El consumo de historietas ha pasado a ser sustituido por el de anime sin apenas lenguaje escrito. La crisis que experimenta la lectura se refleja en la ausente venta de tebeos o libros de historietas baratas, un instrumento que siempre se mostró muy eficaz para introducir a la lectura y la ortografía, como asimismo las novelillas de a duro de vaqueros o amoríos. Las revistillas de adolescentes están llenas de fotos y narcisismo, y los textos son escasos, cortos y pobres de léxico y sintaxis, muy surtidos de anglicismos innecesarios y horteras. Ahora se prefieren las carísimas novelas gráficas, los también onerosos álbumes en tapa dura y los videojuegos. Y el Estado no sufraga ni subvenciona, como hacía antes, colecciones populares de clásicos.

Otro motivo de esta especie de conspiración técnica, económica y social contra la lectura se debe también al hecho de que no existan planes de lectura en muchas escuelas e institutos.Tampoco hay bibliotecas de uso efectivo en las instalaciones educativas, o que abran por la tarde y en festivos, como tampoco, en los muertos pueblos de la España vacía, por la incuria de los ayuntamientos (que prefieren construir estadios y piscinas) y por la efervescencia de las presuntas sociedades "culturales" dónde esa cultura se restringe a fomentar el deporte y el fútbol local y llenar la panza con convites de gastronomía local. Por no hablar de los grupos de coros y danzas regionales para alegrar la memoria de las abuelas, etc. etc. etc.

Por último, en los periódicos en red se prefieren ahora las entrevistas en vídeo y habladas en vez de los artículos de fondo bien escritos. Si quieres leerlos te hacen pagar. De exagerarse esto en el futuro, solo aprenderán a escribir bien los pudientes.

En los comentarios escritos a cada noticia electrónica se ha permitido y permite publicar textos escritos poco menos que por analfabetos y no se desprecia la incultura y la insuficiencia formal porque se iguala siempre por lo bajo. El remedio: actuar desde arriba, no permitir grosería ni vulgaridad en forma alguna y fomentar la cultura de la corrección.

Aprender ortografía es necesario por una cuestión muy simple: no en vano los test o pruebas psicotécnicas incluyen una sección de preguntas ortográficas que sirve para barrer al 80 % de los que buscan un empleo. A los empresarios no les interesan empleados ágrafos y analfabetos funcionales que no prestan atención a puntos y comas y a la forma correcta y propiedad precisa de las palabras: por extensión, no prestarán atención alguna a otros detalles buenos para el negocio. Estos afásicos no leen habitualmente o no entienden lo que leen por su pereza en leer; no están habituados a usar un léxico rico, preciso y abstracto y son por esa falta de curiosidad incultos y descuidados, incapaces de redactar y comprender una carta, un impreso, un formulario o un manual técnico.

Así que, si queremos que nuestros alumnos encuentren trabajo, debemos exigirles la ortografía, en especial la de las siempre omitidas y resignadas tildes, y hacerles paladear las palabras por medio de dictados y la lectura en voz alta de textos literarios. Asimismo, la ortología, el léxico y la caligrafía han de ser asiduas.

lunes, 11 de mayo de 2020

La doble -CC-

Es una de las faltas de ortografía que más quebraderos de cabeza da a la gente. Pero existe una regla que funciona en la mayoría de los casos: ver si otros derivados de la misma raíz tiene -cc- o -ct-; si algún derivado de la dicha palabra posee -ct-, es que contiene dos cés. Por ejemplo, es sujeción porque tenemos sujetar y no sujectar, pero es calefacción porque tenemos calefactor.

Ejemplos:  Abstracción, adicción, aflicción; coacción; conducción; construcción; contracción; convicción; corrección; deducción; destrucción; dirección; elección; fracción; inducción; infracción; insurrección; inyección; (im) perfección; reacción; reducción; restricción; satisfacción. 

Porque existen las palabras: abstracto; adicto; aflictivo; coactivo; conductor; constructor; contractura; convicto; correcto; deductivo; destructor; director; electo; fractura; inductivo; infractor; inspector; instructor; insurrecto; inyectar; perfecto; reactor; reductivo; restrictivo; satisfactorio

Mal: inflacción; bien inflación
Mal: sujección, bien sujeción

Como está dicho, esa regla sirve en la mayoría de los casos. Sin embargo, hay algunas palabras que se escriben con -cc- pero no tienen derivados que contienen -ct-, porque la lengua no los posee. Aquí haré una lista con estas molestas palabras que son excepciones a la regla:

Cocción, decocción.
Distracción.
Fricción, friccionar.
Succión, succionar.
Transacción.
Refacción.
Deyección.
Astricción
Educción
Confección, confeccionar
Aducción
Aflicción
Rarefacción
Licuefacción
Micción
Jurisdicción
Reelección
Sustracción
Vivisección.
Resurrección
Resección.

Hay palabras con dos versiones, pero la RAE aconseja la primera:

Flácido y fláccido
Flacidez y flaccidez

martes, 16 de mayo de 2017

Deterioro de la ortografía, un signo de los tiempos

I

Adrien de Tricornot "Progresser en orthographe, c’est devenir meilleur dans toutes les matières", en Le Monde, 11-V-2017:

Une étude du CNRS menée auprès d’étudiants en économie et gestion montre que ceux qui améliorent leur « littératie » (maîtrise de la langue) progressent dans l’ensemble des disciplines, y compris scientifiques.

C’est désormais démontré : progresser dans la maîtrise de la langue française influe positivement sur les résultats universitaires des étudiants « dans les disciplines aussi bien littéraires que scientifiques ». Tel est en effet l’enseignement d’une étude menée sur les performances des étudiants en première année d’économie et gestion des universités Paris-Est-Marne-la-Vallée et Lille 1 entre 2011 et 2014, publiée en ce mois de mai 2017 dans sa version finalisée.

« Une bonne syntaxe, une bonne grammaire ou une bonne orthographe aident à bien comprendre l’énoncé d’un problème de mathématiques, comme elles aident à le résoudre », résume Yannick L’Horty, professeur des universités et coauteur de cette étude du CNRS intitulée : « Faut-il encourager les étudiants à améliorer leur orthographe ? ». « Le résultat est clair : l’amélioration de la maîtrise de la langue peut produire des effets sensibles sur les résultats et peut être un vecteur de lutte contre l’échec », explique-t-il.

Un échantillon de quelque 849 étudiants a participé à cette « expérience contrôlée », en étant d’abord informés en début d’année universitaire de la possibilité d’utiliser la plate-forme en ligne du Projet Voltaire pour améliorer leurs compétences orthographiques, et en les incitant à le faire. Ensuite, les étudiants ont été divisés en deux groupes tirés au sort : seulement la moitié d’entre eux a été fortement encouragée à utiliser le logiciel de perfectionnement en orthographe, grammaire et syntaxe, par des rappels réguliers de leurs enseignants sur l’importance d’une bonne maîtrise de la langue et en mettant en exergue que les notes obtenues sur la plate-forme seraient prises en compte pour l’évaluation finale.

Les étudiants les plus sensibilisés ont effectivement passé plus de temps que les autres sur la plate-forme, améliorant davantage leurs notes en « littératie » mais aussi dans les autres matières : leur moyenne générale est supérieure d’un demi-point à un point à celle des étudiants de l’autre groupe. « Le plus grand bénéfice est obtenu par ceux dont le niveau de départ était le plus faible », détaille Yannick L’Horty.

C’est la première fois que le lien entre la « littératie » et la réussite est étudié dans l’enseignement supérieur, le sujet ayant jusqu’alors été limité à l’école primaire et secondaire. Pour M. L’Horty, « cette étude montre qu’avec peu de moyens, on peut réutiliser des données pour produire des résultats intéressants sur d’autres questions liées à l’échec, comme par exemple l’orientation ».

II

Adrien de Tricornot, "Trop d’étudiants fâchés avec l’orthographe", en Le Monde, 23-IX-2015:

Face à la multiplication des fautes dans les copies de leurs élèves, universités et grandes écoles mettent en place des stages et des ateliers.

Les étudiants font de plus en plus de fautes dans leurs copies. Loïc Drouallière l’a démontré. Cet enseignant-chercheur à l’université de Toulon en expression-communication s’est en effet penché sur les copies d’examen d’étudiants en fin de première année de licence en sciences économiques dans une université parisienne. Le constat est sans appel : en presque vingt ans, la moyenne des fautes sur cent mots est passée de 2,73 % à 5,92 % en 2012.

Dans le livre qu’il vient de publier – Orthographe en chute, orthographe en chiffres. Deux expériences édifiantes (L’Harmattan, 274 pages, 20,99 euros), il raconte qu’il a envoyé 200 CV présentant les mêmes caractéristiques, l’un sans fautes, l’autre avec. Résultat : « Les prises de contact ont été de 60 % supérieures pour les CV sans fautes », indique-t-il. Loïc Drouallière a pris le taureau par les cornes : depuis 2006, il donne des cours d’orthographe et de grammaire à ses étudiants.
Orthographe, syntaxe, vocabulaire, grammaire… Universités et grandes écoles s’y sont mises. Face aux lacunes de ses étudiants, l’université de Bourgogne a créé, en 2013, un centre de pratique de l’écrit et de l’oral, et engagé un professeur agrégé de linguistique pour s’en occuper. « Comme toutes les universités et les grandes écoles, nous constatons depuis plusieurs années un manque de maîtrise de l’écrit et de l’oral et un besoin d’accompagnement pour les étudiants », explique Stéphanie Grayot-Dirx, professeure de droit privé et vice-présidente chargée de la réussite en licence.
Des permanences sans rendez-vous, des stages et des ateliers sont proposés sur inscription et sur la base du volontariat. « Obliger un jeune à suivre un cours est contre-productif », assure la vice-présidente. Néanmoins, ceux qui ont beaucoup de difficultés sont encouragés à y aller. Et ça marche. « Les ateliers et les stages sont pleins », se félicite Stéphanie Grayot-Dirx. L’université réfléchit même à valoriser le travail des étudiants en leur accordant des ECTS (ex-unité de valeur comptabilisée pour obtenir son diplôme).

Un module de langue française

Cette décision, Paris-Ouest-Nanterre l’a prise à la rentrée 2014. En s’appuyant sur les compétences linguistiques, l’université s’est dotée d’un module de langue française destiné à tous les étudiants de première année de licence (environ 7 000 étudiants). « L’objectif n’est pas seulement l’orthographe, mais aussi la grammaire, le choix du mot juste et la production d’écrits », souligne Christophe Bréchet, vice-président de la commission de la formation et de la vie universitaire.
Proposé au premier semestre, ce cours d’une heure trente sur douze semaines donne droit à 1,5 ECTS pour peu que l’étudiant réussisse l’examen final – un QCM pendant la session d’examen. Aux partiels de 2015, sur 4 526 présents à l’examen, 79 % ont eu une note supérieure ou égale à 10, alors que l’université attendait un taux de 58 %. La moyenne a atteint 11,5, les notes oscillaient entre 2 et 18.

Mauvais niveau ou simple laisser-aller ? Certes, de nombreux grammairiens estiment que la place consacrée à l’orthographe dans le primaire et le secondaire est insuffisante. Mais cela n’expliquerait pas tout. Anne Banny, professeure de lettres et doyenne de la faculté de lettres à l’Institut catholique de Paris, observe depuis des années un certain relâchement de la part des étudiants : « Ils maîtrisent les règles, mais estiment que l’essentiel est ailleurs. Ils ont un rapport différent à l’orthographe de celui de leurs parents. Sans compter que l’on a délégué le contrôle de la qualité de la langue à des outils automatiques. »

Le problème, souligne Anne Banny, c’est que relâcher la qualité d’écriture conduit à un relâchement lexical. Pour que les étudiants réagissent, elle enlève un point toutes les cinq fautes. Les étudiants sont prévenus. La pression fonctionne. « En début d’année, mes étudiants m’ont rendu un devoir fait à la maison, le plus mauvais a perdu sept points. Trois semaines plus tard, ils ont eu un devoir sur table, le plus mauvais n’a perdu qu’un point… »

Néanmoins, son établissement a développé en 2012 un module de perfectionnement en expression française, qui est suivi par une quinzaine d’étudiants volontaires de la faculté de lettres. « Nous réfléchissons à le rendre obligatoire pour ceux qui en ont vraiment besoin », dit-elle. Tous les autres passent, depuis la rentrée 2014, le test orthographique du Projet Voltaire – un service en ligne d’entraînement à l’orthographe qui peut conduire à une certification. Histoire de leur faire prendre conscience de leur niveau.

Apprentissage en ligne

Universités et écoles ont recours à ce type de plate-forme privée d’apprentissage en ligne. Le Projet Voltaire revendique l’utilisation de son service par une cinquantaine d’universités et un millier d’établissements du supérieur. Depuis sa création, en janvier 2010, la certification Voltaire a été obtenue par 40 000 étudiants, dont environ la moitié pour la seule année 2015. « Dans beaucoup de cas, c’est une note prise en compte pour la moyenne. Mais de plus en plus d’écoles d’ingénieurs exigent un score minimum pour l’obtention du diplôme », indique Pascal Hostachy, président fondateur de l’entreprise Woonoz et du Projet Voltaire. De fait, à l’Ecole catholique des arts et métiers de Lyon, obtenir un score de 500 points au moins sur 1 000, soit le niveau considéré comme professionnel, est une condition pour être diplômé de la filière généraliste.

A Montpellier Business School, avoir 500 sur 1 000 permet d’obtenir deux crédits sur les 60 nécessaires pour valider une année de master et quatre sur les trois premières années de scolarité. Outre les cours en ligne, des sessions d’orthographe et de grammaire sont organisées dans l’école pendant l’année. « L’adhésion des étudiants est très forte, et ils attendent que l’on s’occupe de cette question qui est très importante », témoigne Charlotte Reboud, responsable du module de préparation à la certification Voltaire.

Quelque 60 000 étudiants ont aussi déjà passé le test initial de la plate-forme Orthodidacte depuis 2010. « Un étudiant sur deux souffre de problèmes d’orthographe. 30 % de ceux que nous avons testés sont en grande difficulté et commettent des fautes très grossières », constate Michael Hiroux, cofondateur et président. L’importance redonnée à l’écrit dans les nouveaux programmes scolaires devrait faire remonter le niveau. En attendant, universités et grandes écoles se mobilisent.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Suspenden a más de la mitad de los aspirantes a bombero de Burgos por faltas de ortografía

"Suspenden a más de la mitad de los aspirantes a bombero de Burgos por faltas de ortografía", en Abc de Madrid, 30/01/2017 :

El jefe del Parque, presidente del tribunal de la oposición, ve «lamentables» los resultados de las pruebas, ya que «lo que se pedía es un nivel de ESO»

«El exclavo murió de axfisia alcoholizado sin fuerza de voluntad para estirpar de su vida tan esagerado vicio» («El esclavo murió de asfixia alcoholizado sin fuerza de voluntad para extirpar de su vida tan exagerado vicio»). Este es uno de los ejemplos del examen de ortografía que ha suspendido a 38 de los 62 aspirantes a ser bomberos del Ayuntamiento de Burgos. Según recoge el Diario de Burgos, se trataba de la primera prueba a la que se enfrentaban los candidatos a ocupar una de las ocho plazas ofertadas y en ella se valoraba el conocimiento de la ciudad, el callejero y la ortografía.

En concreto, el ejercicio de cinco horas estaba compuesto por cuatro pruebas principales, todas excluyentes: cultura general; correcto uso de la ortografía; problemas matemáticos relacionados con actuaciones habituales de los bomberos y prueba sobre el conocimiento de la ciudad y el callejero.

Según recoge el diario burgalés, todos los aspirantes superaron el test de la cultura general. Por contra, la prueba de ortografía fue donde más cayeron, hasta un total de 38. El jefe de Bomberos de Burgos, presidente del tribunal de la oposición, ha considerado «lamentable» este resultado, ya que «lo que se ha pedido es de un nivel de ESO». «Los problemas, el dictado y la cultura general no son específicos de bomberos, pero eso no quiere decir que no se pida un mínimo de cultura general o conocimientos» ha señalado.

Otros ejemplos del examen de ortografía

- «Saúl se hayaba en la cocina rellenando los ojaldres recién horneados, cuya receta había hechado en el olvido» («Saúl se hallaba en la cocina rellenando los hojaldres recién horneados, cuya receta había echado en el olvido»).

- «Participó en la rellerta y el mozo cayó al suelo hecho un obillo, esangüe, con las manos en el vientre, inerte» («Participó en la reyerta y el mozo cayó en el suelo hecho un ovillo exangüe, con las manos en el vientre, inerte»)

- «As de observar que la masa a absorvido la mayor parte de los ingredientes» («Has de observar que la masa ha absorbido la mayor parte de los ingredientes»)

lunes, 24 de octubre de 2016

Modelo de trabajo de ortografía

TRABAJO SOBRE ORTOGRAFÍA

Consiste en copiar las reglas de ortografía con al menos tres ejemplos de cada una de las reglas y sus apartados desde un libro apropiado (por ejemplo, Ortografía básica de la lengua española. Madrid: Real Academia Española, 2012).  También se puede descargar directamente de Internet. Por ejemplo en http://bibliotecas.cio.mx/ebooks/e0200.pdf  y en otros lugares.

Debe contener las siguientes secciones:

1. Reglas de acentuación.

-Reglas generales.

-Acentuación de diptongos y triptongos.

-Acentuación de palabras compuestas y de los adverbios en -mente.

-Acentuación de los monosílabos y excepciones: el / él, de / dé, te / té, se / sé, tu / tú,  mi / mí, si / sí , mas / más, que / qué, quien / quién, cual / cuál.

2. Reglas de uso y ejemplos de las letras B, V, H, G, J, C, Z, X, S, Ll, Y, R-RR. 

3.  Reglas de uso y ejemplos de las mayúsculas y las minúsculas.

4. Reglas de uso y ejemplos (bastará con uno) de los signos de puntuación coma, punto, punto y coma, dos puntos, puntos suspensivos.

5. Significado y usos de las palabras homónimas a / ha, ablando / hablando, abría / habría, acerbo / acervo, actitud / aptitud, agito / ajito, aprehender / aprender, as / has, ato / hato, atajo / hatajo, a ver / haber, bah / va, bacante / vacante, balido / valido / válido, balón / valón, bacía / vacía, baqueta / vaqueta, baca / vaca, bario / vario, basca / vasca, bascular / vascular, baya / vaya / valla, beta / veta, biga / viga, cava / caba, cabila / cavila, cayo / callo, cayado / callado, cansas / Kansas, grave / grabe, alado / halado, aré / haré, arte / harte, arroyo / arrollo, as / has, ay / hay /ahí, asta / hasta, avía / había, ayes / halles, bacilo / vacilo, balido / válido, barón / varón, base / vase, baso / vaso, basto / vasto, bate / vate, be / ve, bello / vello,  bestia / vestía, bienes / vienes, bobina / bovina, bota / vota, botar / votar, bote / vote, cabo / cavo, cabe / cave, calló / cayó, combino / convino, contexto / contesto, desecho / deshecho, ¡eh! / he / e, encima / enzima, echo-a / hecho-a, enebro / enhebro, errado / herrado, errar / herrar, ética / hética, espiar / expiar, esotérico / exotérico, espirar / expirar, estático / extático, estirpe / extirpe, orca / horca, gallo / gayo, gira / jira, gravar / grabar, a ver / haber, habito / hábito, hala / ala, haya / halla / aya, haría / aria, hice / ice,  hierba / hierva, hierro / yerro, hinca / inca, honda / onda, hoya / olla, huya / hulla, huno / uno, iba / iva, ingerir / injerir, izo / hizo,  laso / laxo, malla / maya, novel / Nobel, o / oh, ojear / hojear, ola / hola, ora / hora, poyo / pollo, kilo / quilo, puya / pulla,  rallar / rayar, rebelar / revelar, revólver / revolver, ribera / rivera, sabia / savia, saque / sake, sexo / seso, silba / silva, tubo / tuvo, uso / huso, vaya / valla. 

6. (Solo para hispanoamericanos y andaluces): abrazar / abrasar, as / has / haz, asar / azar / azahar, Asia / hacia, asesinar / acecinar, bazo / vaso, bazar / bazar, beses / veces, bracero / brasero, brasa / braza, cause / cauce, casa / caza, cazar / casar, cebo / sebo, cede / sede, ceda / seda, cesión / sesión, cegar / segar, cena / Sena, cenador / senador, cerrar / serrar, cesión / sesión, cien / sien, ciervo / siervo, cilicio / silicio, cima / sima, cita / sita, cocer / coser, concejo / consejo, corso / corzo, encima / enzima, encausar / encauzar, losa / loza, masa / maza, meza / mesa, poso /pozo, rasa / raza, rebosar / rebozar, sacarías / Zacarías, sueco / zueco, sumo / zumo / tasa / taza, vos / voz.

7. Diferencias entre porqué, porque, por qué y por que, y entre conque / con que / con qué.