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martes, 6 de enero de 2026

Descubiertas treinta familias de quincalleros que hablan mozárabe antiguo entre ellos.

 [Transcrito electrónicamente de un vídeo de YouTube y corregido de errores después. Para oírlo haz click en el enlace directo]

[Segunda corrección: purga de las faltas de ortografía de la transcripción mecánica] 

 Bienvenidos al archivo oculto de Nuestra Sangre. En España existe un idioma que la policía no puede traducir. Los lingüistas de la Universidad Complutense llevan 30 años intentando descifrar su origen. No es español, no es calo-gitano, no es germanía medieval. Tiene 3000 palabras que no aparecen en ningún diccionario conocido, y solo lo hablan 500 familias que viven en las afueras de Madrid, Sevilla y Barcelona. Mira este documento. Grabación de la Guardia Civil, 1987. Dos hombres hablando en una lengua desconocida durante un interrogatorio. 

Los traductores oficiales dijeron: "No podemos identificar el idioma." 38 años después, en 2025, un estudio de la Universidad de Granada propuso una teoría que cambió todo. Esta lengua es mozárabe, el romance que hablaban los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval. Un idioma declarado extinto en el siglo XIII, pero sobrevivió en las bocas de los mercheros. En este vídeo descubrirás algo que el 95 % de españoles ignora, que en tu país existe un pueblo oculto con una lengua que nadie entiende, y que esa lengua es más antigua que el español moderno. Quédate hasta el final, porque a los 11 minutos vas a escuchar una grabación de 1974 donde una anciama merchera canta una canción, y un filólogo de Oxford confirmó que las palabras son del siglo XI: mozárabe puro. Te mostraré documentos que nunca se publicaron, testimonios que la televisión española rechazó y la historia de un hombre que descubrió que su familia guardaba el idioma perdido de Al Ándalus sin saberlo. Su nombre es Antonio Jiménez Vargas. Tiene 63 años. Nació en Villaverde Bajo, Madrid, en 1962. 

Durante toda su vida trabajó como chatarrero, como su padre, su abuelo, su bisabuelo. Los Jiménez son mercheros, una comunidad nómada que comercia con metales, que vive en caravanas, que habla un idioma secreto llamado quincalla o lengua de los fierros. Antonio siempre creyó que su lengua era jerga de ladrones, algo inventado para ocultar conversaciones de la policía. Eso le dijeron, eso repetía. Pero en febrero de 2025, un lingüista de la Universidad de Granada llamado Dr. Manuel Alvar Rodríguez contactó con Antonio después de escuchar una grabación suya en un documental de 2010. Le dijo, "Usted no habla jerga, usted habla mozábe del siglo XII. Su familia preservó un idioma que desapareció hace 800 años." Antonio no lo creyó. Pensó que era broma, pero el doctor Álvar mostró transcripciones, comparaciones con jarchasmos árabes, contextos de Toledo del año 1100. Las palabras coincidían, la fonética coincidía. Y entonces Antonio entendió: su abuela, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, hablaba la lengua de los cristianos de Al Ándalus, la lengua que los rayos católicos intentaron borrar, la lengua que sobrevivió en las bocas de los marginados, los excluidos, los que nadie escuchaba [...] 

Antonio Jiménez Vargas nació el 12 de abril de 1962 en una chabola de chapa y madera en Villaverde Bajo, sur de Madrid. Su padre, José Jiménez el Fierro, tenía 32 años. trabajaba comprando y vendiendo chatarra, cobre, hierro, aluminio. Su madre, Dolores Vargas, 30 años, limpiaba casas. Tenían cinco hijos. Antonio era el tercero. La familia vivía en un poblado de unas 40 caravanas y chabolas, todas de familias mercheras, los Vargas, los Jiménez, los Carmona, los Reyes. Entre ellos hablaban quincalla. Con los payos, así llamaban a los no mercheros, hablaban español. Pero había algo extraño que Antonio notó desde niño, aunque no tenía palabras para explicarlo. 

Cuando su abuela Encarnación hablaba quincalla, usaba palabras que nadie más usaba, palabras que ni su padre ni sus tíos entendían del todo. Ella decía albalat para pueblo, decía sharamat para río, decía calv para corazón. Y cuando Antonio preguntaba, ¿qué significa? Ella respondía, "Es lo que hablaban los viejos, no preguntes." En la escuela, Antonio fue 3 años, de 1968 a 1971.

Los maestros le decían que su lengua era jerga de delincuentes. Un día, en 1970, el profesor de lengua, don Emilio, escuchó a Antonio hablar con su primo en el patio. Los llevó al despacho del director, les dijo, "esa lengua es de ladrones. Aquí se habla español. Si os vuelvo a oír, expulsión". Antonio tenía 8 años. No entendió por qué su lengua era mala. En casa, su padre le explicó: "Los payos no nos quieren. Piensan que somos gitanos, pero no lo somos. Piensan que robamos, pero trabajamos. Y piensan que nuestra lengua es invento de criminales. No les hagas caso. Nuestra lengua es nuestra sangre." 

Pero nadie en la familia sabía de dónde venía esa lengua. Nadie sabía que cada palabra que pronunciaban era un fósil lingüístico de 800 años. Pero lo que Antonio no sabía entonces, lo que nadie en su familia sabía, era que esa lengua llevaba un secreto enterrado desde 1492, un secreto que cambiaría todo cuando un sobre blanco llegara a su casa en febrero de 2025. ¿Alguna vez escuchaste palabras en tu familia que nadie más usa? Palabras que tus abuelos decían, pero nadie sabe qué significan? Escribe en comentarios. Tal vez tú también hablas un idioma oculto. En 1985, Antonio tenía 23 años. Ya trabajaba con su padre en el negocio de chatarra. Se había casado con Amparo, una mujer merchera de Sevilla. Tenían dos hijos. Vivían en una caravana en San Blas (Madrid) y seguían hablando quincaya en casa. Pero Antonio empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué los mercheros hablaban diferente a los gitanos? Los gitanos hablaban caló, una mezcla de romaní y español. Pero el quincalla no sonaba igual. Las palabras eran distintas, la gramática era distinta. En 1987, la Guardia Civil detuvo a Antonio y a su primo por una denuncia falsa de robo de cobre. Los interrogaron durante 6 horas. Antonio y su primo hablaron en quincaya entre ellos mientras esperaban. No sabían que los estaban grabando. Un mes después, el caso se cerró por falta de pruebas, pero la grabación quedó archivada en el Ministerio del Interior. Y en 2010, un lingüista llamado doctor Manuel Alvar Rodríguez de la Universidad de Granada estaba investigando lenguas minoritarias de España para un proyecto europeo. Pidió acceso a grabaciones policiales de idiomas no identificados. Le dieron la cinta de Antonio. El doctor Alvar escuchó la grabación, quedó paralizado. No era caló, no era germanía, la jerga de los pícaros del Siglo de Oro. No era español arcaico, era otra cosa. Transcribió 40 minutos de  conversación, identificó 300 palabras únicas. Las comparó con diccionarios de caló, con germanía, con jergas de toda Europa.

Nada. Entonces hizo algo que ningún lingüista había hecho antes. Comparó las palabras con textos mozárabes del siglo XI al XIII, textos escritos por cristianos que vivían bajo dominio musulmán en Toledo, Sevilla, Córdoba, textos en un romance arcaico mezclado con árabe y encontró coincidencias, 20 palabras, 30, 50 palabras que no existían en español moderno, pero que aparecían en las jarchas, poemas mozárabes del siglo XI. Por ejemplo, albalat, pueblo, aparece en documentos mozárabes de Toledo, 1143; sharamat, río, del árabe sharima, usado por mozárabes de Sevilla. Calv, corazón, del árabe calv, pero pronunciado a la mozárabe. Forno, horno de latín furnus. Forma mozárabe, no española. En español es horno. Mater, madre. Del latín mater, no del español madre. El doctor Alvar publicó un artículo preliminar en 2012, posibles restos de mozárabe en hablas marginales de España. Nadie le hizo caso. La comunidad académica lo ignoró. Demasiado controvertido, demasiado increíble. Un idioma muerto sobreviviendo en bocas de chatarreros. Imposible. Pero el doctor Alvar no se rindió. Pasó 13 años buscando más grabaciones, más hablantes y en 2025 encontró un documental de 2010 sobre mercheros en YouTube. Ahí estaba Antonio Jiménez hablando quincalla con su padre. El doctor Alvar transcribió, analizó y confirmó. Antonio hablaba mozárabe, un mozárabe contaminado por español moderno, sí, pero mozárabe al fin.

Según el estudio del doctor Alvar, publicado en marzo de 2025 en la revista Estudios de Lingüística Hispánica, el quincaya merchero tiene 3047 palabras únicas, de las cuales 1200 no tienen origen conocido en español, caló, germanía o árabe moderno. Pero 820 palabras coinciden con textos mozárabes del siglo XI-XIII. Esto significa que los mercheros hablan el último dialecto vivo del mozárabe, una lengua que se creía extinta desde 1492. 

Y entonces, en febrero de 2025, el dr. Alvar envió un sobre a Antonio. Dentro había un estudio de 50 páginas y una pregunta que cambió la vida de Antonio para siempre. ¿Sabe usted que su familia habla la lengua de los cristianos de Al-Ándalus? [...] 

15 de febrero de 2025, 18:45 horas. Antonio Jiménez llegó a su casa en San Blas, Madrid. Después de un día de trabajo. Su esposa, Amparo, le dio un sobre blanco. Remitente: Universidad de Granada, Departamento de Lingüística Histórica. 

Antonio lo abrió; dentro una carta: "Estimado señor Jiménez, mi nombre es Manuel Alvar Rodríguez, doctor en filología románica. He estudiado grabaciones suyas desde 2010. Creo que usted y su familia hablan una lengua que se creía extinta. El mozárabe, el romance de los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval, siglos VIII-XV. Adjunto estudio completo. Me gustaría reunirme con usted para documentar esta lengua antes de que desaparezca. Es un tesoro histórico. Atentamente, Dr. Manuel Alvar Rodríguez."

Antonio leyó la carta tres veces, no entendió la mitad de las palabras. Filología románica, mozárabe, extinta. Llamó a su hijo mayor David, 35 años, que había estudiado en la universidad. Era el primero de la familia. David leyó el estudio adjunto: 50 páginas, tablas comparativas, transcripciones fonéticas. Conclusión, en la página 48: "El idiolecto de la familia Jiménez presenta 800 términos con correspondencia directa en textos mozárabes y Toledo, 1100-1200; Sevilla 1150-1250 y Córdoba, 1200-1300. La fonética conserva rasgos del latín vulgar hispánico preislámico. Hipótesis: los mercheros descienden de poblaciones mozárabes que, tras la reconquista (1492) fueron marginados por no ser cristianos viejos ni musulmanes. Preservaron su lengua en secreto durante 533 años." David miró a su padre. Antonio tenía lágrimas en los ojos. Esto es verdad, preguntó. Papá, dijo David. Esto dice que nosotros, que nuestra familia habla un idioma de hace 800 años, que somos los últimos, que si nosotros desaparecemos, el idioma muere. Antonio llamó a su hermana, a sus primos, a los Vargas, a los Carmona, les leyó la carta. Algunos se rieron. "Es broma. Somos chatarreros, no historiadores." Otros se enfadaron. "¿Para qué remueves el pasado? Déjalo estar." Pero su tía Remedios, 78 años, la hermana de su abuela Encarnación, dijo algo que lo cambió todo. "Tu abuela siempre decía: Nosotros éramos de los de antes, de los que vivían con los moros, pero rezaban a Cristo. Nos echaron de Toledo en 1492. Nos llamaron impuros. Nos quitaron todo y nos fuimos a los caminos. Yo no entendía qué quería decir. Ahora lo entiendo"

Antonio: "Tía, ¿la abuela dijo eso? ¿Cuándo?" 

Remedios: "En 1994, un año antes de morir. Yo tenía 47 años. Estábamos solas. Me agarró la mano y me dijo: -Remedios. Si algún día alguien pregunta de dónde venimos, dile de Toledo, de antes de los reyes, de cuando se podía ser cristiano y hablar como los moros." Yo pensé que deliraba, pero no. Ella sabía. Antonio: "¿Y por qué nunca lo dijo a nadie más?" 

Remedios: "Porque teníamos miedo. Siempre tuvimos miedo. La Guardia Civil nos vigilaba, los espiaban. Si decíamos venimos de Toledo nos preguntarían ¿sois judíos? ¿Sois moros?" Y nos echarían otra vez. Así que callamos. 500 años callando. 

Antonio decidió reunirse con Dr. Álvar, pero antes hizo algo que nunca había hecho. Buscó en archivos municipales de Madrid, en registros de empadronamiento, en documentos antiguos y encontró algo que lo dejó sin aliento. [...] El 8 de marzo de 2025. Antonio viajó en tren a Toledo con el doctor Alvar; fueron juntos al Archivo Histórico Provincial de Toledo, calle Trinidad 10. El doctor Alvar buscó legajos del siglo XV, registros de bautismos, censos de conversos, listas de expulsados. Pasaron 4 horas revisando documentos amarillentos que olían a humedad y siglos. Y entonces, en el legajo 1492/56, folio 34r, fechado el 12 de mayo de 1492, encontraron esto: un registro de familias mozárabes de la parroquia de San Nicolás, Toledo, expulsadas por orden de los Reyes Católicos. La razón: no son cristianos de sangre limpia, son cristianos de nombre, pero hablan lengua de moros. Se les prohíbe residir en Toledo. Se les confiscan bienes. Familias: Pedro Jiménez, herrero, 45 años, su esposa María, tres hijos. Juan Vargas, tejedor, 38 años. Su esposa Catalina, cinco hijos. Diego Carmona, alfarero, 52 años. Esposa Leonor, dos hijos. Alonso Reyes, comerciante, 41 años. Esposa Isabel, cuatro hijos.

Antonio leyó los apellidos. Jiménez, Vargas, Carmona, Reyes. Exactamente los apellidos de las familias mercheras de Madrid, Sevilla, Barcelona. No era coincidencia, era linaje. El doctor Alvar tomó fotos del documento, leyó en voz alta. Esto confirma la  hipótesis. Los mercheros descienden de mozárabes expulsados de Toledo en 1492. No eran judíos, no eran musulmanes, eran cristianos que hablaban romance con influencia árabe. Los Reyes Católicos los consideraban impuros porque no hablaban castellano puro, así que los echaron. Y durante 533 años, estas familias vivieron en los márgenes, nómadas, comerciantes, chatarreros, y preservaron su lengua sin escribirla, sin enseñarla en escuelas, solo de boca a boca, de abuela a nieto. Antonio apoyó la frente en la mesa del archivo. Sus manos temblaban. "Mi abuela tenía razón", susurró. "Nos echaron de Toledo y nunca volvimos." El doctor Alvar puso una mano en su hombro. "Ahora vuelves con este documento, con tu lengua, con tu memoria." Pero había más en el reverso del folio: una lista de objetos confiscados a la familia Jiménez en 1492.

Un yunque de hierro, tres martillos, un fuelle, 12 herraduras, 20 clavos, una cruz de madera, un rosario, un libro en latín, evangelios. Antonio reconoció algo. Herrero, su familia siempre había trabajado con metales, hierro, cobre, chatarra. No era casualidad, era tradición. 500 años de tradición. El doctor Alvar  tendría otra sorpresa. En el archivo de tradiciones orales de la Universidad de Madrid había una grabación de 1974. 

Una investigadora había grabado a una anciana merchera cantando una canción. La anciana se llamaba Encarnación Vargas. La abuela de Antonio. El doctor Alvar puso la grabación. Voz temblorosa, anciana cantando. Meu calp llora por ti, Meu albalat tan lejano. Mat mía, patre mío, ¿cuándo tornaré a vos?

 Doctor Alvar tradujo: "Mi corazón llora por ti, mi pueblo tan lejano. Madre mía, padre mío, ¿cuándo volveré a vosotros?" Las palabras eran mozárabes. Calv, corazón del árabe, albalat, pueblo mozárabe, mat, patre: madre, padre; latín mozárabe, no español. Antonio lloró. "Ella cantaba esto. Cuando yo era niño. Yo no entendía." Pensaba que era canción inventada, pero no. Era memoria. Memoria de Toledo, de 1492, de la expulsión. 

Pero lo más impactante no era el documento, no era la canción, era lo que un filólogo de la Universidad de Oxford confirmó cuando escuchó la grabación. Lo que dijo ese filólogo. "Has escuchado canciones de tus abuelos que nadie más conoce. Canciones sin título, sin origen. Tal vez son memorias de hace siglos", escribe en comentarios. El doctor Alvar envió la grabación de 1974 al profesor Richard Hitchcock, especialista en mozárabe de la Universidad de Oxford. El 15 de abril de 2025, el profesor Hitchcock respondió por email: "Doctor Alvar, he analizado la grabación. Es mozárabe del siglo XI, posiblemente de la región de Toledo. La fonética es consistente con jarchas mozárabes conocidas. La mezcla de latín vulgar, árabe y romance arcaico es auténtica. No es reconstrucción moderna. No es invento, es transmisión oral directa de hace 800, 900 años. Esto es extraordinario. Si esta mujer aprendió la canción de su abuela, y su abuela de la suya, estamos ante una cadena ininterrumpida de memoria lingüística desde la Edad Media. Es el equivalente oral de un manuscrito del siglo XI. Debe documentarse urgentemente. Profesor Richard Hitchcock, Oxford."

Antonio leyó el email en la pantalla del móvil del doctor Alvar. ¿Qué significa cadena ininterrumpida de memoria lingüística?, preguntó. El Dr. Álvar explicó: significa que tu abuela aprendió esa canción de su abuela, que la aprendió de la suya, Que la aprendió de la suya, sin interrupción desde 1492, 30 generaciones, 533 años, sin escribirla, solo cantándola. Y la lengua no murió porque vosotros la mantuvisteis.

Antonio entendió entonces lo que significaba ser merchero. No eran ladrones, no eran gitanos, no eran chatarreros marginales, eran los últimos mozárabes de España, los últimos hablantes de la lengua del Al Ándalus cristiano, los últimos que recordaban Toledo antes de la expulsión. Y durante 500 años, todos, Reyes Católicos, Inquisición, Guardia Civil, maestros, payos, intentaron borrarlos, pero no pudieron porque la lengua viajaba en la sangre. 

Según el censo de mercheros realizado por asociaciones de chatarreros en 2023, quedan aproximadamente 500-700 familias mercheras en España, Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia. De ellas, solo 120-150 familias aún hablan quincalla y de esas solo 30-40 familias usan palabras mozárabes antiguas. Antonio es una de ellas. Si su generación muere sin enseñar la lengua a los jóvenes, el mozárabe desaparecerá definitivamente, esta vez para siempre.

Y entonces Antonio tuvo que tomar una decisión, la decisión más difícil de su vida. Lo que decidió, si tú fueras Antonio, ¿qué harías? ¿Enseñarías la lengua al mundo aunque te llamen loco? ¿O la guardarías en secreto? ¿Cómo hicieron tus ancestros?

Mayo de 2025. Antonio tenía que elegir. 

Opción uno, colaborar con el doctor Alvar. Documentar la lengua, dar entrevistas. Aparecer en televisión. Explicar al mundo que los mercheros son los últimos mozárabes. Romper 500 años de silencio. 

Opción dos, rechazar todo. Quemar los documentos. Olvidar, seguir viviendo como siempre, proteger a la familia del escrutinio, del odio, de los que dirían: "Sois impostores, sois ladrones usando historia para lavaros la cara." Antonio habló con su familia. Su esposa Amparo dijo: "Si hablas, nos señalarán. Ya nos miran mal. Imagina si dicen que somos los últimos mozárabes: nos convertiremos en un circo. Su hijo David dijo: "Papá, si no hablas, la lengua muere. Y la abuela murió en silencio. ¿Quieres que sus palabras mueran también?" Su tía Remedios dijo: "Yo tengo 78 años. Toda mi vida callé, pero estoy cansada de callar. Diles quiénes somos." 

Antonio decidió. Sí, hablaría. El 12 de junio de 2025, el dr. Álvar publicó el estudio completo "El Mozárabe vivo. Quincalla merchera como último dialecto romance medieval en España". Revista académica. 50 páginas. Archivos adjuntos, grabaciones, documentos de Toledo, transcripciones.

En tres días el estudio fue compartido en redes sociales. Los periódicos llamaron a Antonio, El País, ABC, La Vanguardia, Televisión, la 2, Antena 3... Antonio dio su primera entrevista en la 2 el 20 de junio. El periodista preguntó, "¿Es verdad que usted habla un idioma de hace 800 años?"

Antonio respondió: "No es que yo hable un idioma antiguo, es que mi idioma nunca murió. Solo lo escondimos porque nos obligaron." Lo positivo: lingüistas de toda Europa pidieron colaborar. La Universidad de Salamanca ofreció crear un archivo digital de quincalla. La UNESCO expresó interés en declarar el quincalla patrimonio inmaterial de la humanidad. Lo negativo: en redes sociales, comentarios de odio. "Los mercheros son ladrones inventando historias. El mozárabe está muerto. Esto es fraude. Quieren victimizarse como los gitanos." En el barrio de San Blas, algunos vecinos dejaron de hablar con Antonio. En el bar donde tomaba café, el dueño le dijo, "No quiero problemas. Mejor no vengas más." Antonio pensó. Hice bien. Mi familia está dividida. Mi esposa llora. Mis primos me odian. Valió la pena. Pero entonces recibió una carta de una mujer de Sevilla, merchera, 65 años. Decía a Antonio: "Vi tu entrevista. Lloré. Mi abuela cantaba la misma canción que la tuya. Yo pensaba que estaba loca. Ahora sé que no. Gracias por hablar. Gracias por decirnos quiénes somos." Y Antonio supo que había hecho lo correcto.

Un año después, en enero de 2026, la vida de Antonio había cambiado, pero no como esperaba. Lo que pasó un año después, enero de 2026. Antonio Jiménez tiene 64 años, ya no trabaja como chatarrero. Ahora es informante lingüístico de la Universidad de Granada. Le pagan por enseñar quincalla a estudiantes de Filología. Ha grabado 200 horas de audio, conversaciones, canciones, cuentos. Su tía Remedios también participa. Entre los dos han documentado 2800 palabras, pero el precio fue alto. Su esposa Amparo se divorció en agosto de 2025. No soportó la atención pública. Su hermano José no le habla. Dice que Antonio vendió a la familia por fama. De las 30 familias mercheras que aún hablan Quincalla, solo 10 aceptaron colaborar con el doctor Alvar, las otras 20 lo rechazaron. "Nosotros no somos experimentos", dijeron. Pero también hubo victorias. En noviembre de 2025, la Junta de Castilla la Mancha aprobó una ayuda de 150.000 € para documentación y preservación del quincalla merchero como patrimonio lingüístico de Toledo. En diciembre, la Universidad de Oxford invitó a Antonio a dar una conferencia. Habló en inglés con traductor sobre la memoria oral de su familia. 500 personas en la sala.

Aplausos de pie. Sus nietos de 12 y 14 años ahora aprenden quincalla. Al principio se avergonzaban. Es idioma de abuelos. Pero después de ver a su abuelo en televisión cambiaron. Abuelo, enséñame a decir te quiero en quincalla. Antonio les enseñó: Ámote con meu calp. Los nietos lo repitieron. La lengua no moriría. Al menos no todavía. Antonio dice: "No sé si soy héroe o traidor. Mi familia está rota, pero mi abuela ya no es una loca que cantaba canciones sin sentido. Ahora es parte de la historia de España y eso eso vale algo."

La sangre no miente, pero tampoco habla sola. Necesita bocas, necesita gargantas, necesita nietos que escuchen a abuelas. Durante 533 años, las familias mercheras guardaron un secreto que ni ellas mismas entendían. Hablaban un idioma que el mundo declaró muerto, pero no estaba muerto, estaba escondido. Porque los muertos no cantan y las abuelas mercheras cantaban. Somos lo que dice nuestro ADN o somos lo que elegimos recordar. Antonio no tiene sangre diferente a otros españoles, pero tiene palabras diferentes, palabras de Toledo, de Al Ándalus, de los mozárabes que rezaban en latín pero hablaban con acento árabe, palabras que los Reyes Católicos quisieron borrar. Palabras que la Inquisición llamó impuras. Palabras que la Guardia Civil grabó en 1987, sin saber que eran fósiles lingüísticos de 800 años. El Mozábe no murió en 1492, murió en 2025 cuando las últimas abuelas mercheras dejaron de cantar. O no murió, porque ahora hay grabaciones, hay estudios, hay nietos que aprenden. Y hay un hombre de 64 años que decidió que 500 años de silencio eran suficientes.

Amigos, esta historia es real. Pasó en 2025. Los mercheros existen, el quincalla existe. Y en este momento, mientras ves este vídeo, hay 500 familias en España que hablan una lengua que tú nunca escuchaste. Una lengua más antigua que el español moderno, una lengua que sobrevivió porque nadie la escribió, porque la escribir habría sido delatarse. Así que la cantaron, la susurraron, la escondieron en conversaciones de chatarreros que la policía no entendía. Desde 2015, miles de españoles hicieron tests de ADN y descubrieron que son judíos, moros, gitanos. Pero ¿cuántos descubrieron que son mozárabes? Casi ninguno, porque los mozárabes no tienen ley de retorno, no tienen pasaporte, no tienen sinagoga ni mezquita, solo tienen palabras. Y las palabras en España no bastan para ser reconocido. ¿Harías un test lingüístico si existiera? Si pudieras grabar a tu abuela y un lingüista te dijera: "Ella habla un dialecto del siglo XV." ¿Qué es más valioso? ¿La paz familiar o la verdad histórica? ¿Has notado palabras extrañas en tu familia? Palabras que nadie usa, pero todos entienden? [...] Tal vez tu familia también guarda un secreto de 500 años. Tal vez tú también hablas un idioma que el mundo olvidó. ¿Por qué conté esta historia? Porque el silencio mata las lenguas y las lenguas muertas se llevan mundos enteros. Cada palabra que desaparece es una forma de ver, de pensar, de sentir que se pierde. Los mercheros no son criminales, no son gitanos, no son los otros, son nosotros, somos nosotros. Los españoles que quedaron atrapados entre cruces y medias lunas, los que hablaban dos lenguas y no  pertenecían a ninguna, los que fueron expulsados de Toledo y nunca volvieron. Hasta ahora la verdad duele, pero la mentira duele más. Y 500 años de mentira duelen tanto que matan idiomas. Antonio Jiménez rompió el silencio, pagó el precio, pero su abuela, Encarnación, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, ahora tiene nombre en los libros de Oxford. Y eso, eso es justicia. Gracias por ver hasta el final. [...]

viernes, 13 de junio de 2025

Destino del español en EE. UU.

 El destino manifiesto del español en Estados Unidos, en El País, por Eduardo Lago, 13 de junio de 2025:

EE. UU. será en un futuro no muy remoto el país con más hispanohablantes, una tendencia que sus actuales circunstancias políticas no interrumpirán.

Estados Unidos no se entiende sin el español. Se trata de un hecho incontestable. Históricamente, llegó a lo que es hoy territorio norteamericano antes que el inglés. El texto literario más temprano que da cuenta de una zona del futuro país, la Florida, es la Historia de la Nueva México, de Gaspar Pérez de Villagrá, publicado en 1610. El destino americano del español lo ilustra bien una coincidencia simbólica: en 1492, fecha en que los continentes separados por el Atlántico cobraron conciencia de su mutua existencia, completando así en su plenitud la imago mundi , vio la luz la Gramática de Elio Antonio de Nebrija, la primera de la lengua.

La trayectoria del español tras su llegada al continente americano se ajusta a una serie de tropismos de signo muy diversos. El primero fue la dispersión por un inmenso territorio, la América en español, que Bolívar soñó como una entidad política indivisible, pero que acabó desgajándose en una veintena de naciones unidas por una lengua común. El tropismo siguiente, particularmente acusado hoy, apunta en dirección norte, cuando en virtud del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en 1848, tras una conflagración con su vecino del norte, México cede a Estados Unidos una inmensa parte de su territorio nacional. Sus habitantes quedaron entonces atrapados en un nuevo enclave nacional y con ellos el idioma. La toponimia da testimonio de una pervivencia cuyo simbolismo no se puede ocultar: Nevada, Los Ángeles, Colorado, Santa Cruz, Santa Fe, San Francisco. California era el nombre de una isla habitada por mujeres de raza negra, súbditas de la reina Calafia, lugar descrito por Garci Rodríguez de Montalvo en Las Sergas de Esplandián , novela de caballerías publicada en 1510. La historia del español en América se construye como un palimpsesto hecho de silencios que subrayan la invisibilidad con que la lengua de Castilla encontró su destino americano. Otra clave de tropismo viene marcada por el momento en el que el centro de gravedad literaria de la lengua se desplaza de la península a la otra orilla del Atlántico, cuando Rubén Darío, adalid del modernismo hispánico, se convierte en el piloto del idioma. Un siglo después, otro gran poeta americano, el chileno Pablo Neruda, da cuenta de los sentimientos contradictorios que despertó la herencia recibida cuando escribe: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… (...) Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

El desplazamiento del español en dirección norte lo subraya un hecho de particular relevancia. Según datos de The Hispanic Council, corroborados por el Instituto Cervantes, en 2060 Estados Unidos será el segundo país con mayor número de hispanohablantes, después de México, y todo apunta a que en un futuro no muy posterior pasará a ser el primero, convirtiéndose en el nuevo centro de gravedad del idioma. Es importante señalar que las circunstancias políticas del momento no interrumpirán esta tendencia. Si acaso, supondrán un paréntesis temporal, ya que los fenómenos que rigen el uso de la lengua no se pueden legislar.

Hace casi dos décadas, siendo director del Instituto Cervantes de Nueva York, postulé seis tesis acerca del español de Estados Unidos que, dada la complejidad del fenómeno, conviene revisar. 

La primera sigue teniendo validez. En Estados Unidos, el español es a la vez una lengua materna, hablada por más de 45 millones de personas, y la lengua extranjera más estudiada por los norteamericanos, que necesitan de manera urgente comunicarse con una ingente masa laboral que no habla inglés. 

En segundo lugar, planteé la cuestión del bilingüismo, que ha perdido validez. La potencia del español como vehículo de comunicación de un mosaico de culturas de origen latinoamericano es innegable, pero no se puede afirmar, como hice entonces, que Estados Unidos es un país bilingüe y, como consecuencia de ello, bicultural. Las culturas hispánicas y la lengua en que se expresan juegan un papel secundario. 

En tercer lugar, es cierto que en Estados Unidos se ha consolidado una suerte de latinitas , identidad forjada en relación directa con el idioma. Las comunidades latinas de Estados Unidos son un conglomerado heterogéneo resultante del encuentro de los hispanos nacidos en el país con los emigrantes que han ido llegando sin cesar de las más diversas regiones del Caribe, América Central y Sudamérica. Las distintas culturas nacionales tienden a relacionarse entre sí de manera espontánea, y están creando una entidad híbrida de signo panhispánico, claramente diferenciada de las de los países originarios. Se trata de un fenómeno en pleno proceso, y tardará en cristalizar, pero hace tiempo que son palpables numerosos rasgos de la nueva identidad. El fenómeno ha cambiado de signo últimamente, pasando simbólicamente de la “eñe” a la “equis”. El termino latinx (pronunciado latinex) subraya el relegamiento del español: la lengua prioritaria de los latinx no es el español, sino el inglés. 

La cuarta tesis sigue siendo válida. Como se apuntó, el centro de gravedad del español continúa de manera inexorable su desplazamiento en dirección norte. Estados Unidos está destinado a ser el país con el mayor número de hispanohablantes de todo el mapa iberoamericano en un futuro no muy remoto. 

La quinta tesis es discutible. No está claro, aunque hay opiniones encontradas al respecto, que en Estados Unidos el español sea un vehículo de afirmación y resistencia. Cabe decir que ha perdido fuerza debido a que no es la lengua de las nuevas generaciones, los latinx

Por último, hay que tener en cuenta un fenómeno de gran interés. De modo discontinuo y un tanto abrupto, continúa avanzando espontáneamente el proceso de cristalización de una nueva variedad de nuestra lengua: el español de Estados Unidos. El fenómeno, en extremo volátil, resulta todavía imposible de fijar.

Como corolario de tan compleja situación, un asunto candente: la batalla por el prestigio cultural, algo que se puede calibrar bien en el ámbito de la literatura. La 84.ª Feria del Libro de Madrid tiene como protagonista a Nueva York. La importancia de la ciudad como punto de encuentro de todas las culturas hispánicas con las autóctonas, tanto latinas (o hispanohablantes) como latinx (o anglófonas), no se puede exagerar. Un tropismo reciente de particular importancia protagonizado por el español en Estados Unidos es su imparable expansión por todo el territorio nacional. No se trata solo del vigor que tiene nuestra lengua en lugares como Nuevo México, Miami o California, donde su presencia es ubicua, sino de su penetración en todas las zonas rurales del país. Volviendo a la literatura, el caso de Nueva York da buena medida de la situación, pero no es el único. Escritores de origen mexicano, caribeño, centroamericano o procedentes del Cono Sur se dan cita en múltiples lugares de Estados Unidos. 

Dos factores de relieve singular juegan un papel determinante: el auge de los programas de escritura creativa en español, como los de Iowa, Austin, Boston o la Universidad de Nueva York, y el papel de las editoriales independientes que publican en nuestro idioma, cada vez más numerosos. Su presencia en la Feria del Libro de Madrid como síntoma de lo que está ocurriendo en todo el país es algo a celebrar, aunque es preciso señalar, pese a que duela, lo irrelevante de su influencia en el mapa general de la cultura. El establishment literario estadounidense apenas es consciente ni se hace eco de la existencia de los programas y editoriales que acaba de mencionar. En este sentido, sí cabe hablar del español como territorio de afirmación y resistencia, aunque por ahora la única lengua literaria que de verdad cuenta es el inglés, idioma en que se expresan los escritores latinx , como Julia Álvarez, Sandra Cisneros , Junot Díaz o Francisco Goldman.

Eduardo Lago es escritor y traductor. Su último libro es La estela de Selkirk (Galaxia Gutenberg).