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domingo, 31 de mayo de 2026

10 consejos de profesores correctores sobre la selectividad

 Diez cosas que los correctores de la Selectividad aconsejan hacer (o evitar) en los exámenes de la PAU, en El País, por Ignacio Zafra, Valencia - 31 may 2026:

Ocho profesores que corrigen ejercicios de la prueba dan claves a los 300.000 alumnos que se examinan a partir de este lunes

Unos 300.000 estudiantes se examinan desde este lunes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). La primera comunidad autónoma será Madrid, a la que el martes se suman casi todas las demás. La inflación de calificaciones de los últimos años ha elevado la nota de corte de casi un tercio de las carreras por encima del 10 (sobre 14), mientras que con un aprobado raspado apenas se entra en una de cada cuatro. EL PAÍS ha preguntado a ocho profesores que son o han sido correctores de la Selectividad —la mayoría al menos media docena de veces—, consejos sobre qué hacer y qué evitar al sentarse delante del examen, y estas son sus respuestas.

Empezar por lo fácil

Mercedes Pascual, profesora de Inglés desde hace 30 años en Galicia, recomienda a los alumnos que comiencen por las preguntas que les parezcan más sencillas. “Y que una vez que cojan carrerilla, se lancen a por las otras, tomándose más tiempo en pensarlas y hacerlas”. Ismael Murria, profesor en un centro de Sagunt (Valencia), plantea algo parecido adaptado al examen de su materia, Lengua Castellana y Literatura, uno de los cuatro (cinco, en los territorios con lengua cooficial) que todo el alumnado debe hacer obligatoriamente. “Mi primer consejo es que al abrir el examen pasen olímpicamente del comentario de texto, pasen de las preguntas gramaticales y se vayan a contestar la parte de literatura. Viene a ser un miniexamen dentro del examen. Y, en un ejercicio no muy memorístico, es el apartado que más lo es. Una de las preguntas va a ser siempre del tipo: ‘Di las características y la evolución de la Generación del 27’. Es una manera de entrar tranquilos, ponerse a escribir relajadamente, y una vez que hayan volcado lo que tengan que volcar, pum, pasamos al texto”.

No dejarse abrumar por el enfoque competencial

Uno de los cambios que ha experimentado la PAU en los últimos años ha sido la introducción de preguntas más competenciales, que, en vez de pedir a los estudiantes resolver, por ejemplo, operaciones secas o problemas muy escuetos, los sitúan en entornos realistas, comenta Virginia Tomé, que lleva 23 años enseñando Física y Química en el País Vasco. “Les suele asustar ver enunciados tan largos, y yo les diría que intenten ver con qué tema está asociado el problema, y piensen que lo importante, al final, van a ser cuatro datos. Que intenten abstraerse de toda esa información adicional que les ubica en una empresa, en un planeta o donde sea, y se lo planteen como un ejercicio de clase más”.

Subrayar los verbos

Una manera de evitar errores no forzados, señala David Núñez, profesor de Matemáticas en el instituto público de Cantalejo, Segovia, es utilizar un rotulador: “Mi consejo es que subrayen en fosforito los verbos de los enunciados de los problemas, para que se den cuenta de qué se les está pidiendo exactamente. Y que subrayen las unidades en que se plantea el problema, para ver rápidamente si son metros o decímetros, 12.000 o 1.200. Son cosas obvias, pero que ese día pueden dejar de serlo”.

Saber manejar los tiempos

Uno de los secretos de la PAU es saber manejar los tiempos, apunta Mónica López, jefa del departamento de Inglés en el instituto público de Reinosa: “Los exámenes duran 90 minutos y deben aprovecharlos, que no tengan prisa por levantarse. En Inglés tienen que elegir entre dos textos, y algunos hacen el primero que ven o deciden en función del titular, y lo mejor es dedicar cinco o siete minutos a leer con calma ambos antes de decidir cuál les conviene hacer, porque tienen tiempo”. Por otra parte, Nuria Galicia, profesora de Filosofía en Valladolid, aconseja que si un estudiante ve que se está alargando demasiado en una respuesta y se le echa el tiempo encima, sea práctico: “Que la cierre con unas frases de resumen, aunque no haya dicho todo lo que quería. Una respuesta incompleta en la última pregunta penaliza más que otra algo esquemática en las anteriores”.

¿Es bueno dejar preguntas en blanco?

La mayoría de los correctores, como David Núñez, de Matemáticas, aconsejan “intentar no dejar nada en blanco para que el evaluador pueda puntuar en todas las preguntas, y si ven que no les da tiempo a calcularlo, que digan al menos cómo lo habrían hecho, indicando el procedimiento por escrito”. La excepción es Ismael Murria, de Lengua Castellana. “En nuestro ejercicio, los alumnos pueden perder hasta dos puntos por la ortografía. 0,1 por tilde y 0,2 por el resto. Y hay estudiantes que cometen muchos errores, por ejemplo, de acentuación, y durante el curso pierden sistemáticamente esos dos puntos en los exámenes. Así que tienen que ser conscientes de ello: si una pregunta no la tienen nada clara, es posible que les salga más rentable no contestarla que exponerse a hacerla y que les reste”.

Mejor con borrador o esquema

En los ejercicios que exigen crear textos es muy recomendable, coinciden varios de los profesores, apoyarse en algún tipo de borrador. “Puede ser un esquema mental o esbozado en el material que les den en la prueba, pero es importante pensar cómo vas a organizar tu exposición”, dice Juan Pedro Serrano, profesor de Historia en Zaragoza, que lleva dando clase desde 1990.

Ojo con los tachones

Juan Antonio Reyes, presidente de la Asociación Andaluza de Educación de Matemáticas, subraya la importancia de la forma. “Que cuiden la letra y no hagan demasiados tachones. Los profesores, en algunas ocasiones, corregimos más de 150 exámenes. Y cuando nos encontramos con uno muy desordenado, con una letra y unos números superpequeños, con líneas que a veces parecen un electrocardiograma… nos lo dificulta muchísimo, y eso, efectivamente, puede repercutir en la calificación”.

Usar el registro apropiado

Es importante, señala Juan Pedro Serrano, corrector de Historia de España, “que el alumnado utilice un lenguaje adecuado a la materia y a los momentos históricos de los que está hablando, y no sea, por tanto, demasiado actual”. “Deben usar”, añade Nuria Galicia (Filosofía), “un vocabulario que conozcan y sepan manejar, y evitar las fórmulas coloquiales y las abreviaturas; en la prueba también se valora la madurez expresiva y la competencia comunicativa”.

Palabras “especiales”

Relacionado con lo anterior, Mercedes Pascual da un consejo para la pregunta de redacción del examen de Inglés que puede servir para otras materias: “Que se aprendan algún vocabulario especial para brillar”. Es frecuente, añade su colega Mónica López, “que los alumnos repitan muchas veces los mismos adjetivos, y cuanta más amplitud tengan, mejor; el uso de verbos con preposición, phrasal verbs, le dan nivel a una prueba de inglés”.

Antes de acabar

Dedicar unos minutos a una revisión antes de entregar el examen puede evitar disgustos más frecuentes de lo que puede parecer. “Que los dediquen a comprobar que han respondido a todas las preguntas optativas y a corregir las faltas de ortografía”, dice Nuria Galicia, profesora de Filosofía, “y que se aseguren de no haber escrito su nombre en ninguna de las hojas del examen, porque los ejercicios tienen que corregirse de forma anónima”.

Los datos de la PAU

Cuándo. Los exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), a los que se presentarán más de 300.000 estudiantes, empiezan mañana en la Comunidad de Madrid con el ejercicio de Lengua Castellana y Literatura, y acabarán el 11 de junio por la tarde, en Cataluña, con materias optativas como Química e Historia del Arte. En 15 de las 17 comunidades autónomas, la PAU habrá concluido el viernes que viene, en Castilla-La Mancha será la semana siguiente, y en Cataluña, la otra.

Ejercicios. La PAU tiene cuatro exámenes obligatorios en toda España, Lengua Castellana y Literatura; Historia de España o Historia de la Filosofía (a elegir); Lengua extranjera (normalmente, Inglés); la materia de modalidad de cada tipo de Bachillerato (como Matemáticas o Latín), a los que se suma un quinto ejercicio de la lengua cooficial en las comunidades autónomas que la tienen. En la fase optativa, el alumnado puede hacer cuatro ejercicios más. Se tienen en cuenta los dos con más puntuación y nunca pueden perjudicar al alumno.

Cálculo de la nota. La calificación de la PAU, hasta un máximo de 10 puntos, se extrae combinando la nota media del expediente del Bachillerato (sin contar Religión), que pesa un 60%, y las puntuaciones de los exámenes obligatorios, que suponen el 40% restante. A ello se le pueden sumar hasta cuatro puntos con los exámenes optativos.

Resultados. Casi todas las autonomías tienen previsto publicar las puntuaciones entre el 10 y el 12 de junio. La Rioja lo hará el 16, y Cataluña, el 23.

viernes, 29 de mayo de 2026

Ortografía y selectividad

 I

 Errores ortográficos que condenan al más brillante, El País, Ana Camarero, 24 may 2026:

La calidad de lo que se dice por escrito es un indicador del conocimiento que se posee y una carta de presentación clave para lograr un empleo

La Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) presentó el pasado año un marco de referencia con el objetivo de armonizar la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), estableciendo una estructura común para los exámenes, el grado de optatitividad, el enforque competencial, los criterios de corrección y evaluación en las distintas asignaturas, y aplicar criterios de coherencia, cohesión, corrección gramatical, léxica, ortográfica y de presentación. Sobre este último punto, se establecieron las siguientes penalizaciones por cometer faltas de ortografía: un 10% en las materias que impliquen desarrollo escrito, como Historia de España o Filosofía; un 15% en los ejercicios de lengua extranjera y hasta un 20% en las de castellano y lengua cooficial (en regiones con dicha situación). Unos requisitos que cada comunidad autónoma aplica a su discreción.

La ortografía es el rasgo que evidencia la calidad de lo que decimos por escrito. También suele ser un indicador del conocimiento que se posee de los otros componentes de la lengua. “Si se consideran las distintas dimensiones que abarca, como la representación escrita de los fonemas y los acentos, el uso de los signos de puntuación, la distinción entre mayúsculas y minúsculas, etcétera, es probable que también se atiendan otras cuestiones esenciales, como la pertinencia, la precisión, la estructuración, la coherencia, la corrección gramatical o la adecuación”, declara Cecilia Criado de Diego, profesora permanente laboral del Departamento de Lengua Española y Lingüística General de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El uso adecuado de la ortografía se ha convertido en todo un reto para el sistema educativo, en la medida en que este debe prestar más atención a los aspectos de la lengua desglosados anteriormente. “Es necesario enseñar las normas ortográficas, pero también formar a los estudiantes para que expresen sus ideas de manera apropiada. Esto supone un mayor esfuerzo para profesores y alumnos: resulta más sencillo corregir un error ortográfico que ofrecer una retroalimentación formativa que explique por qué una secuencia no es informativa, clara, precisa, coherente o adecuada; del mismo modo, es más fácil memorizar una regla y aplicarla a palabras aisladas que elaborar un texto donde se exprese lo que uno quiere decir”, sostiene Criado de Diego.

Aseguran los docentes que la destreza ortográfica del alumnado de ESO y Bachillerato es, en términos generales, desigual, y en muchos casos insuficiente para esos niveles académicos. “Si bien existen estudiantes con un dominio adecuado, se observa una tendencia preocupante hacia la relajación de las normas ortográficas. Esta situación responde a múltiples factores: la influencia de la comunicación digital inmediata (mensajería y redes sociales), donde prima la rapidez sobre la corrección; la falta de hábitos de revisión de los propios textos, y de manera especialmente significativa, la escasa práctica de la lectura en esta etapa educativa”, señala Laura Llamas, profesora de Secundaria en el Colegio Trilema Zamora.

Fallos desde etapas básicas

En los alumnos de Bachillerato es frecuente que persistan errores propios de etapas educativas más básicas, como las confusiones de letras (b-v, g-j, incorrecta utilización de la h) en algunas palabras; “pero, sobre todo, hay una evidente falta de dominio de la acentuación y de los signos de puntuación, que en muchos casos se mantendrá también en la Universidad”, apunta Miguel Ángel Aijón Oliva, del Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca (USAL).

A menudo, los propios estudiantes no poseen conciencia sobre la importancia que estos aspectos poseen para la coherencia textual y la adecuada transmisión del mensaje, sobre todo en situaciones formales o públicas. “Ello refleja, en realidad, una visión bastante extendida en la sociedad: se considera grave confundir una b con una v, pero no tanto omitir las tildes ni colocar erróneamente las comas”, apunta. De este modo, se detectan problemas en la puntuación: ausencia de comas, uso inadecuado del punto o abuso de oraciones excesivamente largas sin estructura clara. “Otro fenómeno creciente es la interferencia del lenguaje digital, abreviaturas impropias o la simplificación extrema de palabras, que luego se traslada a contextos académicos formales”, añade Llamas.

El deficiente dominio de la ortografía repercute en todas las asignaturas del currículo, porque todas exigen producir textos claros y precisos. Cuando un alumno escribe con errores, sus textos pueden resultar ambiguos y difíciles de procesar, además de causar mala impresión, lo que casi inevitablemente condicionará sus posibilidades de éxito académico. “Parte del problema es la falta de coordinación entre profesores y áreas de conocimiento: quizá muchos docentes tiendan a pensar que la enseñanza de la ortografía “es cosa de la clase de Lengua”, por lo que no le dedican tiempo en sus asignaturas ni la tienen en cuenta a la hora de evaluar. Los centros educativos tampoco suelen contar con directrices y normas específicas sobre corrección ortográfica en trabajos, exámenes, etc., que podrían resultar muy útiles”, lamenta Aijón Oliva.

En opinión de Víctor Cerrudo Higelmo, tutor de Educación Infantil en el CEIP Virgen de Peña Sacra (Manzanares el Real, Madrid), en ocasiones, la subjetividad del evaluador se ve afectada por una serie de sesgos que interfieren en la percepción evaluadora. “El efecto Halo de Thorndike consiste en la creencia de que un aspecto negativo puede hacernos considerar que el resto es similar. Las faltas ortográficas pueden hacernos percibir que un trabajo presenta una calidad inferior”, apunta Cerrudo Higelmo. Este docente se refiere además al prejuicio de competencia o estatus académico, que establece que las faltas de ortografía pueden percibirse de distinta manera según el estatus o procedencia del alumnado. “Los centros elitistas pueden beneficiarse de más permisividad hacia las faltas, considerándolas como despistes. Por contra, alumnos de centros [ubicados] en poblaciones socioeconómicas medio-bajas pueden sufrir la consideración de que los errores dependen de las bajas capacidades del alumnado”, explica. Ya en el proceso evaluador, Cerrudo incluye la “sobrecarga cognitiva del evaluador” consecuencia del cansancio y la sobrecarga atencional que conlleva la corrección de textos con muchas faltas. “La frustración del evaluador puede generar una mayor severidad que se verá reflejada en una peor nota”, manifiesta.

¿Cómo revertir la mala escritura?

Un alumno que presenta un déficit ortográfico y gramatical en Bachillerato puede mejorar su capacidad. “El alumnado, sobre todo aquel que tiene dificultades para redactar y presenta problemas ortográficos, debe leer y escribir, cada día, y los profesores, desde su disciplina, tratar de guiar y corregir a los alumnos para que mejoren, persiguiendo objetivos factibles y concretos, y promoviendo y fomentando la buena lectura”, expone Gonzalo Coello, profesor de ESO y Bachillerato en el IES Miguel Delibes de Madrid.

Del mismo modo, incide Aijón Oliva, de la USAL, “debería existir una coordinación mucho mayor entre los docentes de las distintas asignaturas, y quizá con las propias familias y otros agentes implicados en la educación, para que la corrección en la escritura no se entienda como una mera exigencia o un capricho de los profesores de Lengua”.

Una tarea, mejorar la competencia ortográfica y gramatical del alumnado, para que requiere “de una ratio menor de alumnos para poder atenderlos mejor, de forma personalizada, que no individualizada, menor carga burocrática para centrarse en los aspectos académicos, sociales y humanos, de cada uno de ellos, y respaldo político y social”, afirma Coello.

II

La generación alfa no llama, no escribe ‘emails’ y juega con la ortografía: “La regla es la pereza”, en El País, Jordi Pérez Colomé, Madrid - 7 ABR 2026:

Una docena de adolescentes explican cómo han cambiado los códigos de comunicación y qué usos ya no tienen sentido para ellos

“Las tildes las pongo siempre y las comas también, pero los puntos no. Y las mayúsculas solo las que me salen en automático”, dice Valeria, de Oviedo, de 15 años. “Yo soy como un diccionario andante, a mí me puedes escribir con las letras mezcladas o como quieras, pero no puedes confundir ‘a ver’ con ‘haber’, esas cosas me ponen de los nervios”, dice Mariam, de 14 años y de Guadalajara.

Ambas ejemplifican que la ortografía en el mundo digital no ha muerto para la generación alfa (los nacidos entre 2010 y 2025), pero está muy tocada. La mayoría sabe cómo se escriben todas las palabras, o casi todas, pero les duelen poco los ojos al ver mensajes reales escritos así: “As hablado con tu padre ??”, “Le e dicho q si me d jan ir”, “I que te a dicho ??”. Mientras el contexto dé sentido, todo vale. Por ejemplo, la frase enigmática “No e abalo con mi padre” puede ser “no sé, háblalo con mi padre” o “No he hablado con mi padre”. Ninguna frase vive sola, necesita de su conversación. Todos son ejemplos reales de conversaciones de WhatsApp compartidas con EL PAÍS por adolescentes.

La generación alfa nació con la llegada del iPad en 2010. Ya no son la primera generación digital, sino la que vio pantallas desde que empezó a hablar. Una de las decisiones que parece que han tomado como generación es pasar de cortesías y ser más naturales, mucho más naturales: la ortografía debe bastar para entenderse y transmitir tanta personalidad y emoción como sea posible, los engorros del email y sus introducciones, despedidas y esperas son como el fax para la generación anterior. Tampoco les convence hablar por teléfono con gente si hay otras formas de comunicarse. Todo son decisiones para ahorrarse tiempo y molestias.

“La regla es la pereza”, dice Iker, de 16 años y de Madrid. “Que sea más corto y escribas menos”, añade Lucía, también de Madrid y de 13 años. ¿El objetivo es gastar menos microsegundos en cada mensaje? “Sí”, confirma esta adolescente. Cristian, de 14 años y de Murcia, explica la teoría básica: “Coges las letras clave de una palabra que se podrían decir para que se entienda”, dice. O sea, quitan letras para agilizar, pero luego las añaden por otro lado: “Yo pongo más vocales para que no quede así como muy seco“, explica Valeria. Un ejemplo sería este mensaje real de WhatsApp: “fuaaaaaa noseeeee”. Es una expresión de la duda cartesiana genuina traducida al 2026.

Una parte de las opiniones recogidas en este reportaje surgen de un encuentro online de EL PAÍS con 11 adolescentes de un grupo llamado Cibercorresponsales, que promueve la participación de jóvenes en debates actuales de la organización Plataforma de Infancia.

“Me sale solo. No me importa si lo escribo mal o bien, solo que se entienda”, dice Joan, de 16 años y de Tarragona. Aunque pone un reparo: “Cuando no conoces mucho a alguien, hablas normal. Pero si te vas haciendo amigo, ya hablas como te apetece”.

En esta evolución lingüística son clave los stickers, que son fotomemes a menudo con frases añadidas y un toque de jeroglífico: “Tengo un amigo que es experto en stickers. El tío literalmente me habla con stickers. En vez de decir: ’quedamos’, me manda un sticker random, yo qué sé, una foto de un famoso o algo así. Y si lo pillo, lo pillo. Y, si no, me aguanto. Es una cosa loca”, dice Iker.

Los stickers que usan los adultos son bastante repetitivos. En el mundo alfa hay más variedad: “En mi grupo de amigas sí tenemos nuestros stickers“, dice Carolina, de 17 años y de Cádiz. ”Pero con otra gente no los uso porque está feo”, añade. La variedad de usos es delicada: se crean fácilmente a partir de una foto. El porno es un uso común, pero también el insulto. “No tenemos stickers de personas famosas. He visto casos de stickers para un fin que no es el correcto”, dice María, de 17 años y de Valencia. “Sticker de profesores, de esos he visto muchos”, dice Iker.

La caída inexorable del ‘email’ y las llamadas

El email es un vestigio del pasado que sirve para abrir cuentas en redes, pero no para dar información si no es por obligación. “Lo uso si hay que iniciar sesión en algo y tienen que mandarte un código. Si no, nunca”, dice Valeria, de 15 años, de Madrid. “Yo para enviar los apuntes a imprimir”, dice María. “Yo me mando correos a mí misma para pasarme la foto del ordenador al móvil”, dice Carolina. Son todos usos ridículos y menores.

En algunos momentos puntuales sirven para una comunicación indispensable, como en el caso de adolescentes que aún no tienen móvil. “A mi amiga que está en el instituto y no tiene tablet ni móvil ni nada, le mando un correo y le digo dónde vamos a quedar”, añade Carolina. O para profesores de otras generaciones.

Un uso clásico de los móviles es el de teléfono. Lo emplean solo con conocidos y procuran avisar antes de llamar: “Normalmente escribo porque puedo esperar para recibir una respuesta. Una llamada suena hasta que lo apagas y me parece que puede ser molesto”, dice Amets, de 15 años y de Madrid. Todas las respuestas son variantes similares: “No suelo llamar a no ser que sea por algo urgente, prefiero hablar por mensajes. Y nunca llamo a desconocidos, ni le cojo el teléfono a números que no reconozco”, dice Verónica, de 15 años y de Guadalajara.

“Si es un familiar o un amigo, no me importa escribirles antes de llamarles o llamarles directamente, pero si es un desconocido no le llamo en absoluto”, dice Mariam, de 14 años.

martes, 3 de junio de 2025

Guía para preparar la PAU

 Guía para preparar la PAU, oposiciones y otros exámenes: los trucos de los expertos para estudiar, en El País, por Isabel Rubio, 31 MAY 2025:

Guía para preparar la PAU o selectividad

Llega junio, un mes clave para miles de estudiantes que se preparan para la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). Pero no solo ellos: muchas otras personas también se enfrentan al reto de estudiar, ya sea para oposiciones, certificaciones u otros exámenes.

EL PAÍS ha contactado con ocho expertos en neurociencia, memoria, psicología del aprendizaje y técnicas de estudio para conocer qué trucos sirven para estudiar mejor.

Planificar el estudio por escrito

José María Bea, memorizador de élite y fundador de la Escuela de la Memoria, aconseja hacer una planificación por escrito con descansos incluidos, “para obligarnos a cumplirla”. Lo ideal es adaptar el plan y horario de estudio a cada asignatura, ya que algunas requieren ejercicios prácticos y otras, resúmenes o esquemas, como señalan la psicóloga Tania M. Mondéjar Palomares y el psicopedagogo Ángel Luis González Olivares, ambos del servicio de orientación y asesoramiento psicológico y psicopedagógico de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM).

Distribuir el estudio en varias sesiones

Lauren E. Bates, profesora asistente en la Universidad de Pittsburgh y coautora de varias investigaciones sobre métodos para optimizar las habilidades de estudio, aconseja espaciar las sesiones de estudio. Según cuenta, el espaciado depende del tiempo disponible para estudiar: para exámenes a corto plazo (una o dos semanas), es mejor repasar cada dos o cuatro días; para períodos largos (dos o tres meses), una o dos semanas es lo ideal.

Cuántas horas estudiar al día

No es tanto cuestión del número de horas como de la calidad de la sesión y la constancia, según Bea. “Con cuatro o cinco horas de estudio se consiguen maravillas, si es un trabajo que se hace diariamente”, afirma. Incluso con dos o tres horas se pueden ver “resultados excelentes, sobre todo si durante el curso hemos sido constantes en el estudio y llevamos todo al día”.

Comenzar con el tema más fácil y ponerse metas

Para vencer la pereza inicial de ponerse a estudiar, Bea sugiere empezar por el tema más fácil y establecer un pequeño ritual —como poner música o preparar un café— que marque el inicio del estudio. Rodrigo Quian Quiroga, profesor de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) e investigador del grupo de Percepción y Memoria del Hospital del Mar Research Institute, sugiere ponerse metas. Por ejemplo, tener un deadline para hacer una actividad y dar un respiro a las horas de estudio. “Si sé que tengo un partido de fútbol en un par de horas, trataré de aprovecharlas al máximo”, comenta

No estudiar mucha información de golpe

“Imagina que tienes dos semillas: una la riegas a diario con la cantidad justa de agua, y la otra recibe 10 litros de golpe. ¿Cuál crecerá mejor?”, pregunta Bea. La mente “funciona igual”. Saturarla con demasiada información en poco tiempo “impide que procese adecuadamente los datos y, en lugar de mejorar, se bloquea”. Según el experto, la memoria inmediata es muy eficaz para razonar, pero solo puede manejar unos pocos datos a la vez: “Si le damos demasiados de golpe, la ‘ahogamos’ como a la semilla”.

No dejar todo para el último momento

“Dejarlo todo para el último momento puede ser eficaz en el corto plazo, pero sólo si el temario a estudiar es asequible en pocas horas”, afirma Héctor Ruiz Martín, director de la International Science Teaching Foundation, investigador en psicología cognitiva del aprendizaje y autor de los libros ¿Cómo aprendemos? y Conoce tu cerebro para aprender a aprender. En caso contrario, “el aprendizaje resulta superficial y desestructurado, lo que dificulta recuperarlo durante el examen”. Como explica Bates, alguien que estudia la noche antes del examen puede sentir que conoce bien el material, pero “esa sensación de familiaridad con el contenido es diferente de tener un verdadero conocimiento del mismo”. En psicología cognitiva, esto se llama una ilusión de fluidez. Esta concentración intensa y de última hora “parece efectiva, pero no lo es”.

Poner la información en contexto

A Quian le resulta útil poner los hechos en contexto: “Nunca olvidaré que la batalla de Chacabuco fue en 1817, no porque haya memorizado la fecha, sino porque sé que ocurrió un año después de la declaración de la independencia de Argentina”. Esto no solo facilita el recuerdo, sino que le permite comprender mejor las circunstancias de la batalla. Ferran Ballard, profesor y director de The Brain School, sugiere además la interrogación elaborativa: preguntarse ¿por qué es esto cierto? o ¿de qué manera se relaciona esto con lo que ya sé? para conectar el contenido nuevo con el conocimiento previo y crear una comprensión más profunda.

Esquemas, mapas conceptuales y tarjetas de memoria

El estudio debe ser activo y elaborativo, según Kepa Paz-Alonso, investigador Ikerbasque y líder del grupo de investigación sobre lenguaje y control de la memoria en el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL). Recomienda tomar notas, hacer esquemas y usar el “recuerdo repetido”: estudiar un tema, cerrar el material y tratar de recordar activamente lo aprendido.

El experto asegura que repetir este proceso ayuda a fijar mejor la información y puede duplicar lo que se recuerda a largo plazo. Por su parte, Mondéjar y González recomiendan usar mapas conceptuales, resúmenes y tarjetas de memoria, como aquellas que muestran una pregunta por un lado y la respuesta por el otro, y que se repasan en intervalos de tiempo para facilitar el recuerdo.

Tarjetas de estudio

Ruiz recomienda las apps que sirven para crear “flashcards” y autoevaluarse periódicamente. “Las flashcards contienen una pregunta y su respuesta, y nos permiten ponernos a prueba y comprobar la respuesta de inmediato”, explica. También se pueden hacer con cartulina, pero las apps “organizan automáticamente las preguntas según nuestro desempeño, facilitando que repasemos las que llevamos peor y organizando una práctica espaciada en el tiempo, lo cual es lo más efectivo para aprender”.

Transformar conceptos en imágenes

“Nuestro cerebro es visual, por lo que transformar conceptos en imágenes mentales, esquemas o pictogramas puede convertirse en algo realmente útil para memorizar”, afirma Ballard. Existen técnicas mnemotécnicas como el método de loci, que consiste en imaginar un recorrido por lugares conocidos donde se coloca mentalmente la información, o la técnica pegword, que funciona asociando cada número con una palabra visual muy concreta que luego se engancha mentalmente con el contenido que quieres recordar. Según Bates, estos métodos son especialmente eficaces para memorizar grandes cantidades de información.

Hacer pausas frecuentes

Al estudiar, los expertos consultados aconsejan realizar pausas tras cada entre 25 y 50 minutos. Esto se debe a que la concentración disminuye después de aproximadamente 30 o 40 minutos de estudio intenso, según Mondéjar y González. Alternar sesiones de estudio con breves descansos de cinco a 10 minutos “mejora la atención y la productividad”. Ambos expertos recomiendan además un descanso más largo cada 90 minutos. En los descansos cortos, Bea sugiere caminar, tomar un café, hacer estiramientos o escuchar música relajante. En cambio, aconseja evitar “actividades que puedan quedar a medias, como recoger la casa o leer un libro, porque podríamos seguir pensando en ellas al volver a estudiar, logrando el efecto contrario al deseado”.

Apagar el móvil y otros consejos para evitar distracciones

Paz-Alonso recomienda tener un espacio de estudio habitual, libre de distracciones y sin el móvil cerca —preferiblemente apagado y fuera de la habitación—. También sugiere apagar el ordenador. Quian propone además estudiar en una biblioteca o un café, donde no haya distracciones. El silencio es ideal, pero si no es posible, Ballard aconseja usar auriculares con cancelación de ruido o escuchar música neutra sin letra. En cuanto a las distracciones internas —como pensamientos o tareas pendientes—, el experto recomienda tener un papel cerca para anotarlas, ya que esto “permite al cerebro soltarlas sin riesgo de olvido”.

El truco de un memorizador de élite para mejorar la concentración

“La concentración es algo que todos deberíamos entrenar, porque vivimos en un mundo lleno de estímulos y distracciones, que han hecho que se reduzca notablemente nuestra capacidad”, explica Bea. El experto detalla uno de sus ejercicios favoritos. Consiste en sentarse frente a una pared y fijar la mirada en un punto, visualizando un “0” en ese lugar. En cuanto se sea consciente de que se está pensando en cualquier otra cosa, hay que sumarle uno, y visualizar un “1”, luego un “2”, un “3” y así sucesivamente. Bea explica que si se practica este ejercicio de forma regular, rápidamente se consigue reducir el número de distracciones, lo que indica que la capacidad de atención se está fortaleciendo.

Quitarse horas de sueño para estudiar y otros errores

Uno de los peores errores es acostarse tarde y quitarse horas de sueño para estudiar. Así lo indica Bea, que explica que se resiente mucho la memoria y no se asimilan bien los conocimientos. Para él, es fundamental identificar cuándo estamos “cansados y la cabeza no da más de sí”. “A veces compensa echarse una pequeña siesta para retomar el estudio con energía”, añade. También es un error forzarse a estudiar pensando que solo por pasar horas frente al libro se aprende. Como explica Quian, cuando el cerebro está cansado, es más eficaz despejarse con una caminata u otra actividad antes que seguir estudiando.

No subrayar todo ni memorizar sin entender

Entre los errores frecuentes, los expertos mencionan subrayar todo el texto, copiar literalmente las frases al hacer resúmenes y limitarse a memorizar sin comprender ni aplicar los conceptos. Para evitar leer y releer sin reflexionar, Bea sugiere preguntarse qué se ha leído al terminar un apartado e intentar explicarlo en voz alta con palabras propias. Bates aconseja también explicar lo aprendido a otra persona, ya que “si cuesta explicarlo, es señal de que hay que repasar”.

Dormir entre siete y ocho horas

“Un error garrafal es quedarse estudiando toda la noche antes de un examen”, afirma Quian, que explica que al hacerlo, la información no se consolida correctamente. Los expertos consultados recomiendan dormir entre siete y ocho horas y cuidar la calidad del sueño, evitando cafeína y pantallas por la tarde. Durante la fase de sueño profundo, o sueño REM, es cuando nuestro cerebro guarda lo que ha aprendido durante el día, según Bea: “Si no descansamos lo suficiente, tendremos peor memoria”.

Suplementos para la memoria

No hay evidencia sólida que respalde la efectividad de los suplementos para mejorar la memoria y, además, existen preocupaciones sobre su seguridad, según Bates. “Por desgracia, ningún suplemento alimentario ni ningún medicamento pueden mejorar nuestra memoria, a pesar de que haya quienes los vendan prometiendo tal cosa”, asegura Ruiz. Paz-Alonso añade que “en general, mantener una dieta sana y equilibrada asegura obtener las vitaminas y minerales necesarios para un buen funcionamiento”.

Evitar bebidas energéticas

Los expertos coinciden en los riesgos asociados a las bebidas energéticas. Mondéjar y González advierten que pueden aumentar la ansiedad, dificultar el sueño y afectar la salud cardiovascular. Bates aconseja priorizar un buen descanso y técnicas de estudio en lugar de depender de ellas. Paz-Alonso aclara: “No significa que tomar un café por la mañana o un refresco en algún momento sea negativo, pero el consumo excesivo no beneficia el estudio, solo genera una sensación momentánea de concentración con un coste posterior”.

La importancia de hidratarse

Para mantener la energía durante sesiones largas de estudio, los expertos aconsejan una buena alimentación y mantenerse hidratado con agua. “La deshidratación, aunque sea ligera, puede afectar mucho la concentración y la memoria”, afirma Bea. El memorizador recomienda tener siempre una botella de agua a mano y beber pequeñas cantidades con frecuencia durante el estudio.

Trucos para manejar los nervios y la ansiedad

Para manejar la ansiedad ante los exámenes, Quian recomienda entrenarse mentalmente en situaciones similares a las reales, como hacen los atletas profesionales al visualizar escenarios de alta presión para prepararse. Además de realizar pruebas con un cronómetro y sin apuntes, Ballard aconseja visualizar el éxito y cambiar el diálogo interno (“me estoy poniendo nervioso” por “me estoy activando para rendir bien”). Mientras que Mondéjar y González recomiendan no anticipar los resultados y realizar deporte o hobbies para desconectar, Bates aconseja hacer ejercicio aeróbico, practicar meditación y técnicas de relajación, contar con apoyo social y recurrir a la respiración profunda durante el examen.