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jueves, 26 de marzo de 2026

Tendencias del Refranero

 Rafael Núñez Florencio, "Del mal, el menos (I)", en Revista de Libros, 13 de noviembre de 2018: 

Los españoles mantenemos con el refranero una relación curiosa, que no sería muy exagerado llamar de atracción-rechazo, es decir, de amor-odio. Por un lado, el refrán genera un cierto fastidio: ¡vaya, hombre, las frases hechas, los tópicos! Por otro lado, ¿quién no ha acudido en algún momento en una discusión o incluso en una conferencia a echar mano de un refrán como puntualización socorrida y contundente? Es verdad que este recurso al refranero está descendiendo a una velocidad desconcertante, como tantas otras cosas. Ya para los de mi generación el refranero había perdido gran parte de su virtualidad. Sobre todo para quienes, aun siendo de pueblo, nos hemos educado en una cultura urbana y luego hemos vivido en grandes ciudades. Para nosotros, el inabarcable mundo de los refranes había quedado acotado a no más de unas decenas –seguro que no llegaban al centenar? de sentencias, las más afortunadas, las que habían sobrevivido por las razones que fuesen, más o menos explicables, a la transformación social y cultural de las últimas décadas (en el caso de España, desde mediados del siglo XX). De las nuevas generaciones, los actuales sistemas pedagógicos y las nuevas pautas culturales, ya ni hablo: en todas ellas los refranes desempeñan un papel casi marginal, descontando unas cuantas frases hechas que probablemente puedan contarse con los dedos de las manos. A lo mejor exagero un poco o, por lo menos, eso me gustaría a veces creer. Pero observo que, en el mundo de la comunicación digital, otros recursos, como el apócope, la onomatopeya o los emoticonos, no encuentran rivales en los refranes, esas perlas de sabiduría popular de una sociedad completamente distinta a la actual.

En algún momento del párrafo anterior he empleado el concepto de sentencia. El refrán es sentencioso. Si no somos nosotros quienes lo traemos a colación, nos pone en un brete: o asientes completamente o te crea una manifiesta incomodidad. El refrán no admite términos medios ni, mucho menos, una argumentación contraria en toda regla. A un refrán debe combatírsele con otro refrán, cosa que, por otro lado, tampoco es tan difícil, porque no hay refrán que no tenga su opuesto o su antídoto. La ventaja de ese carácter sentencioso es que, como todos sabemos por experiencia, si está en la onda de lo que opinamos, nos exime de seguir acumulando pruebas. Lo habitual es que, después de expresarlo, ya no sea necesario hablar más sobre el particular, pues somos conscientes de que todo lo que podamos decir no va a servir lo más mínimo para mejorarlo. La concisión del refrán actúa como un golpe seco, un puñetazo o un disparo, todo ello entendido (naturalmente) como metáforas en el estricto ámbito dialéctico. Además, el refrán opera de un modo que recuerda al chiste por, al menos, tres motivos de diferente índole: en primer lugar, es anónimo, pero en ese anonimato radica en gran medida su fuerza (no lo he inventado yo, procede del pueblo, del común); segundo, tanto el chiste como el refrán establecen una cierta complicidad entre los interlocutores, normalmente sobre supuestos culturales compartidos; y en tercer lugar, formulado el refrán o contado el chiste, lo habitual es una cierta relajación, bien en la forma contenida de sonrisa, bien como franca explosión risueña.

Pero, como habrán supuesto con toda razón, no me he puesto al ordenador para hablar de refranes en general, sino para un asunto mucho más concreto que, por otra parte, ya viene determinado por la sección en que aparece este artículo: por decirlo sin muchos circunloquios, pretendo tratar de la vertiente cómica (voluntaria o involuntaria: esto ya lo explicaré luego) del refranero español. Les adelanto también desde ahora mismo que no he indagado en las distintas compilaciones de refranes que cualquier interesado tiene a su alcance en bibliotecas o librerías. La mayor parte de ellas, sobre todo las aparecidas en los últimos años, tienen un designio divulgativo, pero la verdad es que tampoco escasean las de carácter erudito. Unas y otras están consignadas en la acertada selección bibliográfica que incluye Amando de Miguel en la obra que sí me va a servir de marco y fuente para las cuestiones que quiero desarrollar aquí. Se trata del ensayo que, bajo el título de El espíritu de Sancho Panza y el más concreto subtítulo de El carácter español a través de los refranes, publicó hace ya un puñado de años (2000) en la editorial Espasa.

No quiero decir con ello que me disponga a comentar el libro en cuestión (mi reseña ya apareció publicada en su día en Revista de Libros), sino que me voy a servir libremente del ensayo de Amando de Miguel para un propósito muy diferente al suyo y que, por supuesto, no se desarrolla en sus páginas más que como leves apuntes: me refiero, como antes adelantaba, a la comicidad del refranero y, en especial, a la vertiente más oscura de esa mirada sarcástica a la condición humana. En la mayor parte de los casos que voy a considerar en estos párrafos, la susodicha comicidad no es un efecto pretendido o buscado, sino la consecuencia no querida de una contemplación descarnada de nuestros semejantes y de la vida en general. En otro orden de cosas, el humor deriva también del contraste entre nuestra perspectiva actual y los prejuicios o creencias del pasado.

En todo lo dicho hasta ahora opera un sobreentendido que, si no directamente falso, induce cuando menos a un error de apreciación y análisis que, en la medida de lo posible, me gustaría sortear. Es usual, y hasta cierto punto inevitable, hablar del refranero en singular, pero no hay nada de esto. El refranero no es una obra homogénea ni coherente, ni siquiera un corpus con diversas vertientes, dispares pero complementarias. Ya sé que en muchas obras –incluso en la de Amando de Miguel que me sirve aquí de referencia–, pese a la inevitable admisión previa de la heterogeneidad, se incurre luego en una interpretación que termina por proporcionar coherencia y sentido al variopinto mundo de los refranes. Dicho de otra manera, el propósito enunciado en el subtítulo de esta obra –El carácter español a través de los refranes– es un imposible por dos sencillos motivos. El primero, porque no tiene sentido hablar de carácter español de manera intemporal: aun suponiendo, que ya es suponer, que hubiera tal cosa, un (¿uno solo?) carácter español, ¿sería el mismo en tiempos de Cervantes, que se vale de él como apoyo recurrente, que en los tiempos actuales? ¿Serviría lo mismo para una sociedad rural, hambrienta y atrasada, que para una sociedad urbana, consumista y tecnificada? El segundo motivo, más importante aún para el propósito de esta reflexión, es que, si diéramos por buena la búsqueda del temperamento español en los refranes, nos saldría, si no hiciéramos trampas, una cosa y su contraria pues, como ya dije antes, hay refranes para todos los gustos. Depende del color del cristal con que miremos.

No pretendo aquí, por tanto, utilizar el refranero con fines trascendentes, entendiendo por tales los propósitos de trazar los rasgos esenciales de una colectividad que supuestamente se mantuviera estable a lo largo de los siglos y hubiera hallado en los refranes (la sabiduría popular) una de sus formas más características de manifestarse. Por supuesto que el análisis o la mera exposición de los refranes nos muestran la mentalidad subyacente, pero esto no significa que debamos elevarlos a la categoría de expresiones acreditadas de cómo eran y pensaban los españoles en su conjunto. Cada refrán es, en cierta manera, un mundo, con su carácter autosuficiente, y refleja una disposición que es compartida por muchas personas, pero no por toda la sociedad. Estas limitaciones no significan que debamos renunciar a la búsqueda de un significado profundo, sobre todo cuando consideramos un racimo de refranes en un mismo sentido, sino que debemos ser cautos con sus implicaciones. Es indispensable que tengamos en cuenta el contexto: los refranes nacen en el seno de una sociedad pobre, áspera, inculta y supersticiosa. Una sociedad de desigualdades e injusticias casi inconcebibles desde la mentalidad actual. En términos materiales y cotidianos, la gente vive acosada por las inclemencias del clima, la dureza de la tierra, el azote de la guerra y la embestida de las enfermedades. Los refranes, como no podía ser menos, reflejan esa durísima realidad. Son, casi podría decirse, más que pautas de vida, consejos para sobrevivir.

De ahí precisamente que podamos detectar como uno de los rasgos más comunes de los refranes una actitud defensiva ante la vida. Por decirlo literalmente en dos palabras: «Mundo, inmundo». No puede decirse más con menos. Hoy, en unas circunstancias muy diferentes, nos hace gracia lo que antaño era experiencia vital. Estamos en una posición muy parecida a la del espectador de una película que contempla con regocijo –mientras se zampa un cubilete de palomitas– las cuitas del personaje de la pantalla. Las creencias y temores de nuestros antepasados no son, afortunadamente, los nuestros. Pero hay un refrán que dice, con gran penetración psicológica, que «quien con la sopa se quema, con la fruta sopla». Significa lo contrario de «tropezar dos veces con la misma piedra»: el hombre que ha vivido una mala experiencia mantiene una actitud recelosa ante todo, incluso aquello que parece menos peligroso. Ese recelo viene a ser la coraza del desvalido: «Quien fio y confió, pronto se arrepintió». O también: «Bien lo dijo Jeremías: maldito el hombre que del hombre se fía». La desconfianza se convierte así en un modo de encarar la vida y el mundo en su totalidad: «Aun de aquello que veas, ni la mitad creas». La gente es mala y mucha gente, peor, como sostiene esta genial muestra de humor negro: «La mucha gente sólo es buena para un entierro».

Esa conducta, aplicada a las relaciones personales, da como resultado una susceptibilidad de ribetes cómicos: «Trata con tus amigos en la plaza y no los lleves a tu casa». Y también: «¿Amigo? ¿Amigo? O viene por tu mujer o viene por tu trigo». Es decir, «no puedes fiarte ni de tu padre». Si de los demás esperas traición o, como mínimo, infidelidad, es normal que, si puedes, te adelantes a ellos: «A mi amigo soy leal hasta salir del umbral». En la vida normal y corriente se diluyen las grandes palabras (o los valores excelsos): «Amigo, de lejos te traje un higo; pero así que te vi, me lo comí». De modo que, en líneas generales, «de los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo». Siempre precavidos, no debemos sincerarnos ni en la intimidad: «Cuando estuvieres con tu mujer vientre con vientre, no le digas cuanto se te venga a la mente». Con estos mimbres ya puede suponerse cómo se aconseja encarar las relaciones familiares: «A los parientes, enseñarles los dientes». Y en algunos casos se sugieren métodos expeditivos: «Cuñados y rejas de arado sólo son buenos enterrados». Casi idéntico es el que dice que «el estiércol y los suegros bajo tierra son buenos».

Obsérvese que, como decía antes, el humor negro es aquí una consecuencia casi involuntaria. No se pretende un efecto cómico, sino casi diría todo lo contrario. Lo que estamos viendo son consejos, a modo de amparo o resguardo ante las adversidades del mundo, las inclemencias de la vida y las asechanzas de nuestros semejantes: «Cuanto más veo, más mal veo, dijo curado el ciego». Todo lo que nos rodea es malo, todo conspira en nuestra contra para hacernos daño. Por tanto, es natural que intentemos protegernos. Como consecuencia de todo ello se destila, en último término, una filosofía de la vida que rebasa el simple pesimismo («A dos días buenos, ciento de duelos») y entra de lleno en un determinismo fatalista: «Lo que ha de ser, tiene por fuerza que suceder». La vida es una condena para todos, pero aun así hay algunos especialmente desgraciados: «Al desdichado le nacen gusanos en el salero». En último extremo, nadie burla a la Parca: «A quien no fuma ni bebe vino, el diablo se lo lleva por otro camino». Sólo queda el sometimiento y la resignación: «Cosa cumplida, sólo en la otra vida».

En estas coordenadas, las recomendaciones de carácter epidérmico dejan paso a veces a auténticas joyas que condensan en su brevedad y contundencia una profunda filosofía de la vida, como estas dos tomadas del Quijote: «No hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma». Entre el dolor y la muerte, el ser humano es como es: «Cada uno es como Dios le hizo y aún peor muchas veces». Esta mirada profunda, esta disección implacable de la miseria humana no puede engañarse y hallar consuelo en los bienes mundanos, empezando por la riqueza material. Como bien hubiera suscrito Schopenhauer, el deseo ya de por sí nos hace infelices: «Por más rico que sea, pobre es quien algo desea». Aunque «poderoso caballero es don Dinero», al fin el hombre comprende que «no hay cosa más barata que la que se compra». Bien es verdad que existe una diferencia notable entre unos hombres y otros: unos pueden comprar y otros tienen que venderse. El refrán reza así: «Este mundo es un mercado, donde unos compran y otros son comprados».

Me quedan aún varias vertientes que tratar: el matrimonio, la familia, la consideración de la mujer, la intolerancia, la crueldad, la muerte y la vena anticlerical, entre otras cosas. Como creo que ya ha sido suficiente por hoy, lo dejo para el próximo día.

 Rafael Núñez Florencio, "Del mal, el menos (y II)", en Revista de Libros, 26 de noviembre de 2018

Camilo José Cela popularizó una frase que operaba también en su caso como consigna de vida: «El que resiste, gana». Ya dije en la entrada anterior de este blog que encontrar un denominador común al refranero era tarea ímproba, por no decir inútil, dada la heterogeneidad de los refranes y la contraposición entre unos y otros. No obstante, si nos empeñásemos en encontrar algunas notas distintivas, es decir, algunos rasgos que pudieran aplicarse sin mucho retorcimiento a todos o la inmensa mayoría de los refranes, este de la resistencia sería sin duda, al menos en mi opinión, uno de los más importantes. La mayor parte de los refranes acusan o traslucen esa voluntad de resistir a toda costa frente a las contingencias de la vida. Por eso, sobre todo desde la perspectiva actual, nos sorprende su dureza o, mejor incluso, su rudeza, rayana en la crueldad. Cuando de sobrevivir se trata, no tienen sentido los miramientos: «Cada uno quiere el agua / en su molino, / y dejar en seco / al del vecino». Y si estás en el lado de la vida menos agraciado, es decir, si eres pobre o débil, no esperes clemencia de nadie: «Tienen los que pobres son / la ventura del cabrito, / o morir cuando chiquito / o llegar a ser cabrón».

La resistencia tiene una contrapartida, que es más bien un complemento. Estar a la defensiva es bueno, pero tiene sus claras limitaciones. En el momento en que sea posible, conviene trocar la defensa por un buen ataque. Si hemos aguantado carros y carretas, ahora puede ser nuestro momento: se van a enterar. Hay un refrán que, como siempre, con una asombrosa precisión, resume todo esto: «Cuando yunque, con paciencia y cuando martillo, sin clemencia». ¿Se puede decir mejor? Y a partir de ahí, a tumba abierta: «A quien te hizo una, hazle dos, aunque no lo mande Dios». Como veremos luego con más detenimiento, Dios puede mandar lo que quiera, pero es evidente que al estar allí arriba no entiende muy bien de los asuntos humanos. No hay más que ver cómo le fue cuando bajó a la tierra: «A uno que se metió a redentor lo crucificaron». Sí, está muy bien hablar de bondad, generosidad o inocencia, pero, ¿a qué conducen las virtudes? La respuesta es de nuevo brutal: «A los inocentes los mató Herodes».

En un mundo en el que «El hombre es un lobo para el hombre», «La caridad bien entendida empieza por uno mismo» y «Quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro». Lo importante soy yo y lo mío: «Antes son mis dientes que mis parientes». Lo cual me lleva a despreocuparme de los demás e, inevitablemente, también del mal ajeno: «Tenga yo mi pata sana y púdrasele a mi hermana». El individualismo descarnado no lleva tan solo, como es obvio, a una agria insolidaridad, sino, lo que es peor, dando un paso más, a una actitud agresiva con todos, amigos y enemigos: «A quien quieras mal, cómele el pan; y a quien bien, también». Como los consejos a veces parecen atemperados por una cierta retórica, hay refranes que se encargan de situarlos a ras de tierra, aunque mejor sería decir en el puro barrizal: «Al conejo y al villano, despedazarle a mano». Mencioné antes la crueldad y no lo hice al albur. Ahora puede entenderse mejor: «Al enemigo que huye, golpe de gracia». Es decir, matarlo. ¡Y qué satisfacción! No hace falta siquiera que sea enemigo. Basta que sea otro. Y que así, pueda decir con cinismo: «No le quiero bien ni mal, mas holgáreme de verle en la horca pernear».

Como ya se habrá advertido, otra de las constantes en el refranero es el tono descarado, incluso directamente cínico que no se para en barras, no admite cortapisas ni respeta a nada ni a nadie. Esta actitud libérrima resulta especialmente llamativa en el aspecto religioso, tratándose como se trataba de una sociedad en la que la Iglesia católica tenía un protagonismo absoluto y, más aún, una presencia cotidiana abrumadora. Esta en concreto –la Iglesia– y, sobre todo, sus ministros no salen bien parados del juicio popular. Abundan los refranes que de un modo u otro censuran los vicios y, muy especialmente, la hipocresía del clero: «Gente de iglesia, más lo han por la miel que por la cera», es decir, más por sus ventajas materiales que por devoción. De un modo más directo, «El abad que no tiene hijos es que le faltan los argamandijos», esto es, sus atributos. Desde mi punto de vista, lo más revelador no es tanto la crítica a los eclesiásticos y sus faltas concretas cuanto la crítica a la Iglesia como institución. Cuanto más lejos de esta, mejor. Así parece desprenderse de este consejo: «Con una misa y un marrano hay para un año». La comparación es ciertamente demoledora. Por esto mismo, la gente que se acerca mucho a la iglesia (santurrones, beatos, meapilas y compañía) reciben también su ración: «Púsose a santiguar y se sacó un ojo».

Tirando de ese hilo van dándose pasos cada vez más atrevidos que ponen en cuestión, no ya sólo a la Iglesia y a sus representantes, sino la propia doctrina cristiana. Podemos empezar por esta andanada a la familia que utiliza sin miramientos la burla hacia uno de los símbolos más genuinos del cristianismo, la Sagrada Familia: «Familia, la Sagrada; y esa, en la pared colgada». El siguiente paso es mucho más atrevido, pues advierte que «también la gracia de Dios hace daño». El tercero se resguarda en una cierta ambigüedad, pero, según como se interprete, roza la blasfemia: «Tras la cruz está el diablo». No es de extrañar así que, en el Quijote, hasta Sancho se atreva a enmendar la plana a Dios: «Tengo para mí que, aun en el mesmo infierno, debe de haber buena gente». Puede tomarse todo por el lado festivo, claro está. El peso del catolicismo en la sociedad hispana y en la cultura popular ha generado tal familiaridad del español con Dios que a nadie le extraña oír esta exclamación cuando se tiene hambre: «¡Me comería a Dios por un pie!»

Quizá lo más importante es que los refranes recomiendan actitudes y conductas que, si bien sería exagerado calificar en su conjunto de antievangélicas, se diferencian claramente del mensaje de Jesucristo: «A Cristo prendieron en el huerto porque se estuvo allí quieto». A buen entendedor… No quiero decir con esto que todo el refranero sea así, ni mucho menos, pero sí que una parte sustantiva de los refranes promueven un evangelio terreno que poco tiene que ver con el canónico (y, en algunos casos, lo contradice abiertamente). La formulación más chusca es, como casi todo el mundo sabe, la del «Evangelio del pobre: antes reventar que sobre». No es de extrañar, por lo visto hasta ahora. Pero sí desconcierta esta advertencia: «No hagas mal, que es pecado mortal; ni hagas bien, que es pecado también». ¿Entonces? Lo que parece indudable es que los mensajes de paz, amor, caridad y fraternidad chocan con una realidad hosca e inclemente: «Si doy, de lo mío me voy; si fío, pongo en riesgo lo que es mío; si presto, al cobrar me ponen mal gesto. De tal manera me han puesto, que ni doy, ni fío, ni presto». Hay, pues, que espabilarse: «Con arte y engaño se vive medio año; y con engaño y arte, se vive la otra parte».

Ya ha quedado suficientemente explícito cuál es el medio social que engendra los refranes. El individualismo, la desconfianza, la picardía y el cinismo suelen ser los ingredientes fundamentales. Todos ellos se sintetizan aquí: «Amigos, enemigos; parientes, serpientes; cuñados, mal bocado; y aun los mismos hermanos, líbrete Dios de sus manos». La familia, amplia o reducida, da igual, como fuente de conflictos: «Enemistad entre parientes, dura largamente», dice con sabiduría el refranero. Y al fondo, como siempre, el vil metal: «¿Parientes y han reñido? ¿Por cuánto ha sido?» La diatriba contra la familia alcanza a veces una dimensión insospechada, de índole teológica: «Dios no quiso hermano». Más claro no se puede decir. Y, así, no puede extrañar que hasta el mismo matrimonio se convierta en un suplicio: «El matrimonio sólo tiene dos días buenos: el primero y el postrero». Peor aún era para la mujer en la sociedad tradicional: «Madre, ¿qué cosa es casar? Hija, hilar, parir y llorar». Tremendo.

No abundan, como bien puede colegirse de lo dicho, los refranes de esa índole, es decir, los que adoptan la perspectiva femenina o simplemente se hacen cargo de la situación de la mujer. Sí, reconózcamelo sin ambages, el refranero es profundamente machista («Mujeres sin pulgas, pocas o ninguna»), salvo algunas excepciones que no hacen más que resaltar la abrumadora predominancia del enfoque masculino. Vamos a empezar en esta ocasión por la referencia teológica, nuevamente tan expresiva como insolente: «Si la mujer fuera buena, también Dios tendría una». Hay otro refrán más rebuscado, pero también más provocador, en la línea tradicional de demonizar la figura femenina: «Antes que Dios se hiciese hombre, el diablo se había hecho mujer». Aunque hoy nos resulte tan estrafalario como repugnante, la comparación de la mujer con la mula es el recurso más usual en una sociedad campesina, ¡y no eran pocos los hombres que cuidaban y valoraban más a la segunda que a la primera! Pero, yendo a la cuestión de las comparaciones, lo más suave que podía decirse es que «La mula y la mujer por halago hacen menester». Es decir, esto a las buenas. A las malas, como mínimo recelo: «No te fíes de mujer, ni de mula de alquiler». La amenaza viene «Del mulo, por detrás; del toro, por delante; y de la mujer, por todas partes».

Puestas así las cosas, ya se barrunta lo que viene ahora: «Ahí te entrego esa mujer, trátala como mula de alquiler». ¿Y cómo se trata a una mula de alquiler? «Espuela quiere el buen y mal caballo; y la mujer, buena o mala, palo». Obsérvese el matiz, de nada le vale a la mujer ser buena. Lo confirma otro refrán, ligera variante del anterior: «La burra y la mujer, apaleadas quieren ser». Podrá parecer una barbaridad, pero esto no es nada para lo que viene ahora: «A la mujer ventanera, tuércele el cuello si la quieres buena». Si por tan solo asomarse a la ventana se recomienda que se le tuerza el cuello, ¿qué pasará ante otras conductas reputadas con razón o sin ella más sospechosas? Pues remedios expeditivos, como los que de vez en cuando aplicaba el populacho al clero: «No hay mejor cuchillada que a la mujer y al fraile dada». Y así llegamos a algo parecido al regusto sádico: «Bien haya la higuera que tal fruto lleva. Y era su mujer que pendía ahorcada de ella».

Hago un pequeño inciso para recordar lo que dije antes en alguna ocasión. El refranero sirve para un roto y para un descosido, esto es, no hay refrán que no tenga su antítesis. En el caso que nos ocupa, habría que matizar que también hay refranes que se hacen eco del punto de vista femenino, aunque no siempre en el sentido feminista que hoy consideramos políticamente correcto: «A los hombres, querellos; pero que no lo sepan ellos». Así también, por ejemplo, este que señala que «marido rico y necio no tiene precio». Hay otro curioso, por inusual, desconcertante y brutal: «No es nada el ruido, sino que matan a mi marido». Se supone que la que así respira aliviada es la mujer (o ya viuda) de un ajusticiado. El refranero no es muy receptivo que digamos hacia la sensibilidad femenina, pero de vez en cuando esconde alguna perla, como por ejemplo esta: «A la hija muda, su madre la entiende».

Voy a ir poniendo punto final a este pequeño muestrario del humor en el refranero considerando la vertiente más negra y sarcástica del mismo. Aquí también hay para dar y tomar. A veces, como sucede con el humor negro, encierra una profunda filosofía de la vida: «Para sacar de su casa a un muerto, son menester cuatro hombres». Las más de las veces, la muerte sirve para constatar que la vida tiene que seguir. Hay diversas variantes del conocido «El muerto al hoyo y el vivo al bollo», como, por ejemplo, «Váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza». Una de las variantes de esta misma filosofía que a mí me parece particularmente cruel es la que reacciona ante la muerte de un niño con un «Angelitos al cielo, y bizcochitos a la barriga». Pero la vida da para muchas situaciones, como cuando el moribundo no termina de morirse: «¡Aviados estamos! Ni se muere padre ni cenamos». La familiaridad de aquella sociedad ignara y supersticiosa con la muerte, así como las altas tasas de mortalidad infantil, explican desahogos como este, tan impresionante como incomprensible desde la mentalidad actual: «Bendita sea la puerta por do sale la hija muerta». Entendemos que expresa la satisfacción por tener una boca menos que alimentar. Con todo, nos es imposible reconocernos en esa insensibilidad de nuestros antepasados, que bromeaban con la muerte y las desgracias en general con una naturalidad que hoy no sabemos o no nos podemos permitir: «No es nada lo del ojo; y lo llevaba en la mano».

En conclusión, ¿es sabio el refranero, como muchas veces se dice? Ni sabio ni todo lo contrario. Cualquier valoración de conjunto carece de sentido. Hay multitud de sentencias que tan solo expresan los prejuicios, las supersticiones y el oscurantismo de un pasado en el que nos cuesta trabajo reconocernos. Una sociedad caracterizada por el culto a las apariencias («Aunque seas señor, si no lo pareces, es como si no lo fueses»), la mentira («Andaos a decir verdades y moriréis en hospitales»), la simulación («Quien no sabe fingir no sabe vivir»), la agresividad («¡Con razón o sin ella, leña!»), la intransigencia («A quien sustenta un dislate, a palos se le combate») y la ignorancia (ese brutal «Al maestro, cuchillada»). Son, como ya hemos dicho, las reacciones y temores que provoca este valle de lágrimas, un mundo despiadado, una vida de penurias: «El que a larga vida llega, mucho mal vio y más espera». Son muchos los refranes que sostienen lo mismo con leves variantes, recomendando una actitud senequista ante la existencia: «Al sabio su suerte le agrada, aunque sea mala». O «Procura lo mejor, espera lo peor y toma lo que viniere». Por eso he elegido como epígrafe representativo de este comentario esa máxima genial que expresa lo mismo con menos palabras: «Del mal, el menos».

Pero el refranero está lleno también de frescura y desvergüenza: «A los sordos, pedos gordos». La expresión grosera añade una dimensión jocosa a una recomendación que encierra múltiples sentidos. Algo que también pasa con esta reflexión: «Más vale ser puta sin parecerlo que aparentar y no serlo». ¿Cinismo o simple experiencia? En todo caso, una sabia filosofía de la vida, como este otro consejo: «Cuando pases por la tierra de los tuertos, cierra un ojo». ¡Ay, la envidia! Sobre ella previenen muchos refranes: «La gallina de mi vecina más huevos pone que la mía». ¿O es, simplemente, la condición humana?: «Ajeno es todo lo que se desea». En fin, todo es relativo y, si no lo es, mejor verlo así, pues «No hay poco que no alcance, ni mucho que no se acabe». Y así llegamos al final, tan igual para todos: «Ninguno muere tan pobre que la ropa no le sobre».

miércoles, 11 de febrero de 2026

Grokipedia y Wikipedia

 La guerra de las enciclopedias: Elon Musk contra Wikipedia, en El País, por Fernando Maldonado.

Wikipedia cumplió 25 años el 15 de enero. La batalla más importante de su historia acaba de empezar. ¿Podrá sobrevivir?
 
La mayor base de conocimiento jamás creada. Uno de los mayores experimentos de colaboración humana. Así es Wikipedia: un acervo vivo que pertenece a todos. La dirige una fundación sin ánimo de lucro. Sin publicidad. Sin recogida de datos personales. Vive de las donaciones de particulares.

Su mayor logro en estos 25 años ha sido generar consensos sobre temas espinosos. Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge destaca que con el tiempo se ha vuelto más fiable. Siempre persiguiendo esa quimera que es la neutralidad. Algo inalcanzable en la práctica. El historiador Edward H. Carr ya lo advirtió: al seleccionar qué hechos son relevantes y cuáles no, se introduce inevitablemente una interpretación, una visión del mundo. Una idea extensible tanto al periodismo, al decidir qué es noticiable, como a las entradas de una enciclopedia online.

Por eso los conflictos de Oriente Medio también saltan a sus páginas. Allí, un ejército de voluntarios anónimos actualiza contenidos y debate qué eventos añadir y cómo contextualizarlos hasta lograr consenso. Varias versiones de un mismo hecho se generan en la trastienda, pero solo una es visible. Por debajo, cuando el tema es sensible, estallan guerras de edición. Ya sea sobre Gaza o sobre figuras políticas controvertidas como Charlie Kirk.

Cualquiera puede publicar siguiendo el principio de que todo hecho requiere una fuente fiable, verificable, con estándares reconocidos. Por detrás, los editores revisan. En casos extremos se limita quién puede trabajar en ciertas entradas. A 14 editores, por ejemplo, se les prohibió editar páginas relacionadas con Israel y Palestina. En otros casos solo pueden participar quienes han contribuido numerosas veces. Son excepciones. Pero existen mecanismos de control: una jerarquía dentro de la edición e incluso un comité de arbitraje para los casos más polémicos.

Hasta ahora ha sido posible llegar a acuerdos. Pero el proyecto fue concebido en otra era. Una era anterior a las redes sociales, cuando el ritmo de la información permitía mayor deliberación. Un debate más sosegado. Hoy irrumpen dos fuerzas poderosas que lo impiden. Por un lado, los algoritmos prometen respuestas instantáneas. Por otro, la polarización política convierte cada dato en campo de batalla ideológico. Resulta muy tentador controlar esta inmensa base de conocimiento.

El 20 de enero de 2025, un editor decidió incluir una nota sobre Elon Musk. Mencionaba que durante un mitin político había realizado el saludo nazi desde el escenario. A los pocos minutos se debatía ya una entrada. El primer punto conflictivo: decidir si ese gesto era suficientemente relevante. Después vendría cómo debía recogerse. Hoy la polémica tiene su propia página.

El episodio no se quedó ahí. No sentó bien al propietario de X, antes Twitter, que ya había tenido un enfrentamiento personal con Jimmy Wales, uno de los fundadores de la enciclopedia. Llovía sobre mojado. Desde entonces, Musk intensificó sus críticas por lo que considera un sesgo woke. Llegó a afirmar que era una extensión de la propaganda de los medios tradicionales. Y denunció la ausencia de medios conservadores como fuentes autorizadas.

Canalizó su furia creando un competidor. A finales de octubre de 2025 lanzó Grokipedia. La presentó como una enciclopedia mejorada y sin sesgos, con contenidos más precisos gracias a la inteligencia artificial. Ya no es una red de personas y sus deliberaciones la que crea y valida el contenido. Ahora son las máquinas. El día del lanzamiento, Musk compartió en X: «El objetivo aquí es crear una colección completa y de libre acceso a todo el conocimiento«.

Por supuesto, este lanzamiento quedó recogido en Wikipedia:

Aunque aún se desconocen los detalles de su funcionamiento, los visitantes pueden sugerir ediciones mediante un formulario emergente para reportar información errónea. Pero, a diferencia de Wikipedia y otras enciclopedias basadas en wikis, no pueden editar directamente los artículos.

Grokipedia tiene su propia entrada, donde se define así:

Grokipedia es una enciclopedia online basada en IA. Fue anunciada por Elon Musk el 30 de septiembre de 2025, en respuesta a las críticas de David O. Sacks sobre el sesgo de Wikipedia, y lanzada el 27 de octubre de 2025 por xAI, una empresa estadounidense de inteligencia artificial fundada por Musk.

La definición esconde un detalle revelador: menciona como promotor intelectual del proyecto al principal asesor de la Casa Blanca en materia de IA. Vínculo directo entre esta iniciativa y la necesidad del poder político de controlar bases de conocimiento que no considera afines.

Pero la amenaza de la IA para Wikipedia no solo se materializa en el proyecto de Musk. También actúa desde dentro. Hoy muchos accesos no son de personas que buscan información. Son algoritmos que usan su contenido para entrenarse. Los grandes modelos de lenguaje se nutren de ella. Pero si la gente obtiene respuestas directamente de ChatGPT, Gemini o Perplexity, deja de visitarla. Y eso ya se nota: aunque se mantiene en el top 10 de páginas más visitadas del mundo, el número de usuarios ha descendido.

A esto se suma otro problema. Parte del contenido empieza a ser generado por IA. Los voluntarios que revisan no pueden controlarlo todo. La velocidad a la que se genera información es demasiado alta. Arrastra errores y alucinaciones más rápido de lo que ningún ejército humano puede detectar.

Wikipedia es, con todas sus imperfecciones, un faro en la era de la posverdad. Un proyecto que ha madurado. Fiable no por alcanzar una neutralidad imposible, sino porque son personas reales las que debaten, negocian y construyen cada entrada. Personas que muestran las fuentes, los desacuerdos, el proceso. La paradoja: ese modelo humano y colaborativo se convierte en debilidad cuando el mundo abraza la inmediatez de las máquinas y la polarización del debate. Veinticinco años después de su nacimiento está amenazada. La batalla por controlar el conocimiento acaba de comenzar.

martes, 9 de diciembre de 2025

El babilonio Ludlul Bel nemequi. El primer Job de la historia

 Un justo sufriente babilonio: Ludlul Bel nemeqi. Constituye el poema de carácter sapiencial más largo de la novela babilónica. Federico Lara Peinado, en Nueva Revista, 27 de febrero de 2004. El texto del poema está en este enlace.

Con la excepción de algunas epopeyas y varios mitos mesopotámicos, la narración titulada Ludlul Bel nemeqi («Quiero alabar al Señor de la sabiduría») constituye, hoy por hoy, el poema de carácter sapiencial más largo en lengua babilónica. En su origen, constaba teóricamente de 480 versos, de los cuales han llegado hasta nosotros tan sólo una tercera parte, repartida en cuatro tablillas. Lo conservado proviene de una treintena de «manuscritos» —tablillas de arcilla— localizados en distintos lugares de la antigua Mesopotamia (Assur, Babilonia, Sippar, Nínive, Sultantepé). Este hecho nos habla de la importancia y difusión que alcanzó este poema.

FINALIDAD

El Ludlul Bel nemeqi hubo de traducir, sin duda, la visión política de los monarcas absolutos de tiempos babilónicos (los reyes eran amos y señores de sus súbditos), así como las nuevas concepciones jurídicas, para las que la justicia debía entenderse no como un favor sino como un derecho. Ambas realidades obedecían al sutil intento de averiguar la razón del mal que se hallaba presente en la sociedad, y que era entendido más como «mal de sufrimiento» que como «mal moral». Aunque parezca extraño, esto ya preocupaba a los hombres en la temprana fecha de principios del tercer milenio antes de Cristo.

Al mismo tiempo, el Ludlul Bel nemeqi intentaba transmitir a los espíritus cultivados la idea de que la felicidad y la desgracia que experimentan los individuos tienen su origen en los planes divinos, unos planes que la pobreza intelectual de los humanos es incapaz de comprender. De ahí que a las desgracias físicas, morales y materiales se les sumase este tormento suplementario: saber que los planes divinos se hallaban tan lejos de los hombres como lo estaba el fondo de los cielos.

EL PROBLEMA DEL MAL

Una de las grandes cuestiones consistía en intentar explicar cuál era la causa del sufrimiento de los hombres, cuando éste, sin justificación aparente y sin un agente que lo causara, se abatía sobre ellos. En tiempos súmenos, en ningún momento sus pensadores implicaron a los dioses, pues entendían que a los mismos no les preocupaban lo más mínimo las miserias de unas criaturas que ellos mismos habían creado para que les sirvieran en todo. Sí, en cambio, pensaron en la existencia de otros entes, también divinos, pero de menor rango (especie de «demonios», espíritus y fantasmas), capaces de causar desgracias. A todos ellos, que podían ofender arbitrariamente, impulsados por su carácter hostil, les atribuyeron los numerosos males que afectaban a los seres humanos.

Pronto, sin embargo, los sumerios idearían una adecuada «terapéutica mitológica», con fundamentos religiosos, que cristalizaría en lo que hoy entendemos como magia y exorcismo.

Con la llegada de nuevos pueblos —acadios, asirios y babilonios— la problemática del mal sufrió un profundo y significativo cambio. Los agentes del mal continuaron, siendo los mismos, pero se entendían ahora como instrumentos de los dioses cuando éstos se hallaban irritados por las ofensas de los hombres. En consecuencia, la infracción de alguna norma divina, por insignificante que fuera, era siempre causa de un castigo. O dicho en otros términos, el castigo existía porque previamente se había producido un «pecado» (arnu), una falta (khititu) o un simple acto hostil (gillatu), cometido por el hombre en contra de los dioses. En un poema sumerio titulado El hombre y su dios, leemos: «Jamás una madre trajo al mundo a un hijo destinado a permanecer sin pecado».

A fin de hacer frente a los constantes males y desgracias, traídos por los demonios y las fuerzas maléficas por orden de los dioses, se establecieron, frente a la vieja «terapéutica mitológica» sumeria, algunas ceremonias y liturgias, algunas de ellas muy complejas, en torno a las grandes divinidades (Enki, Shamash y Marduk). A partir de ahí, los ritos fueron especializándose contra todo tipo de calamidades, que sobrevenían, según era creencia, por violar algunos de los miles de preceptos y prohibiciones atribuidos a los dioses.

La obsesión por averiguar cuál era la causa de que la enfermedad o la miseria —entre otros males— se hubiesen cebado en el hombre, acabaría por plasmarse en significativas obras literarias de carácter sapiencial. Junto a ellas, proliferaron también amplias compilaciones de exorcismos para hacer frente a la infinita variedad de «pecados» que anidaban en los humanos.

PRINCIPALES TEXTOS SAPIENCIALES

Además del Ludul Bel nemeqi, han sobrevivido unas pocas obras centradas en la problemática del doliente sin causa, del hombre que sufre y se queja a su dios y que al final es escuchado. Entre ellas podemos recordar las conocidas como El hombre y su dios, redactada en sumerio, de apenas ciento cuarenta versos; y la denominada Versión antigua del Justo sufriente, en acadio y de unos cien versos. Ambas obras, anónimas, se remontan a finales del tercer milenio precristiano.

Un texto más tardío, de época cassita, conocido técnicamente como PBS I, 135 y a fechar entre los siglos XVIII y XII a.C., pero con muy claros antecedentes sumerios, recoge un monólogo en el que un «justo sufriente» habla de la humillación y del desprecio que experimenta, si bien no los achaca a los dioses.

Mucho más importante que estos últimos es el denominado Poema acróstico (conocido también como Teodicea babilónica o Diálogo de un sufriente con su amigo), texto de casi trescientos versos, que habría que fechar hacia el 1000 a. C., y en el cual conversan en tono filosófico un hombre afligido y su amigo sobre el problema del mal. Curiosamente, el hombre afligido acabará aceptando su situación y el amigo atribuirá las injusticias a los dioses.

Todos estos textos y algún que otro menor (RS. 25.460 de Ugarit, por ejemplo), que tratan directa o tangencialmente el problema del mal, constituyeron un trasfondo cultural muy rico que cristalizaría en el genial y extraordinario Libro de Job, drama, como se ha dicho, «con muy poca acción y mucha pasión»; y en donde se cuestionan de modo directo la imagen de Dios y la esperanza del justo, atenazado por una calamidad no merecida.

BREVE ANÁLISIS DEL LUDLUL BEL NEMEQUI

El poema babilonio presenta una sencilla estructura, que comprende varios bloques temáticos, en los que se van acumulando diferentes circunstancias que sobrevienen a un personaje, en principio de conducta intachable. La serie de detalles que se van enumerando contribuyen por su realismo a hacer más verídica, mucho más creíble para el lector el relato, y por lo tanto más cercano a él.

LOS PROTAGONISTAS

Sin entrar en el análisis del dios Marduk, objeto primero y último del poema, el protagonista principal es un tal Shubshi-meshre-Shakkan, quien, tras pronunciar un himno introductorio y a lo largo de un monólogo, va narrando las desgracias que le sucedieron de modo incomprensible.

Aunque todo hace sospechar que tal personaje es únicamente de cuño literario, debe señalarse que con tal nombre se conoció a un gobernador que vivió en tiempos del rey cassita Nazi-Maruttash (1307-1282 a.C.). A partir del significado semántico de su nombre («¡Shakkán, hazme rico!») es probable que, si se acepta su historicidad, el citado Shubshi-meshre-Shakkan hubiese sido un alto funcionario, al mismo tiempo terrateniente y rico ganadero, que en un momento concreto de su vida padeció una grave enfermedad que le puso al borde de la muerte.

Junto a él se citan, por sus nombres propios, a dos de sus amigos, llamados Laluralimma y Urnindinlugga. Ambos aparecen en el momento de crisis aguda del protagonista y además en circunstancias oníricas.

Casi nada se sabe de ellos. El primero era originario de Nippur, y hubo de ser un importante sacerdote purificador. El segundo, natural de Babilonia, era exorcista.

LO QUE NOS CUENTA EL POEMA

Las cuatro tablillas contienen un monólogo a través del cual el protagonista hace un repaso de su vida, recordando que se ha convertido en víctima de los dioses.

Ya en la primera de ellas Shubshi-meshre-Shakkan se queja de sus desgracias y explica con sumo realismo lo que le ha ocurrido. Ha sido abandonado por su dios personal y por sus otros protectores divinos (diosa y espíritus tutelares). A continuación, ha perdido también la confianza de su rey, la de los otros cortesanos e incluso la de su propia familia y la de sus amigos. Queda, pues, en la más absoluta soledad. Su vida ha quedado reducida a dolor y llanto.

En la segunda tablilla vuelve a recordar sus desdichas. Y a pesar de acogerse a los adivinos, intérpretes de sueños y exorcistas en busca de una respuesta, nadie puede explicarle el origen de sus males. A partir de ahí, y presa de un total abatimiento, comienza a cuestionarse si las prácticas religiosas, la fidelidad a los dioses o la honradez sirven para algo.

En su desesperación llega a decir que lo que parece bueno a uno mismo, quizá sea un ofensa para su dios. Nadie entiende la voluntad de los dioses. Después de reconocer la infinita distancia que existe entre los dioses y los simples humanos, centra su discurso en las enfermedades que le afectan desde la cabeza hasta los pies (cefaleas, convulsiones, dolores de estómago, infecciones, parálisis). Se halla a las puertas de la tumba, sin que nadie pueda descubrir la naturaleza de sus males físicos.

Sin embargo, en la tablilla tercera, la suerte de Shubshi-meshre-Shakkan cambia súbitamente. Gracias a tres sueños —en el segundo sería objeto de un exorcismo mediante el Agua de la Vida—, sus desgracias desaparecen. Y en sentido inverso a como había sido castigado, irá siendo liberado de sus males (todos sus órganos, enumerados minuciosamente, recuperan sus funciones). A continuación también quedan resueltos todos sus problemas de tipo social.

Su sentida gratitud le hará entonar, en la cuarta y última tablilla, un himno de glorificación a Marduk, su liberador, invitando, como persona agradecida que es, a todas las gentes a alabar a dicho dios y a difundir su gloria por la totalidad del cosmos. La acción de gracias se completa con una peregrinación al Esagil, el gran templo babilonio. Y ante cada una de sus puertas, como en un verdadero rito de paso, el sufriente reencontrará las gracias perdidas.

LA LECTURA ÚLTIMA

El anónimo autor de este poema (¿o tal vez fue Shubshi-meshre-Shakkan?) intentó remarcar cómo las desgracias —que implícitamente incumbían a los dioses— eran, sin embargo, debidas a las faltas que podía cometer una persona y que por ello se hacía merecedora del abandono de las divinidades. Aunque la rectitud y la honestidad adornaran a un babilonio, los dioses podían castigarle con las más terribles penas, sin que el sufriente conociera el motivo. Esta incongruencia reflejaba la incompatibilidad de la voluntad divina con la ética humana. Y este era el problema, por supuesto: por qué había de sufrir una persona justa. Obviamente, además, los babilonios entendieron que, a pesar de la pequeñez humana, los dioses mostraban misericordia con los humanos y que, cuando lo creían conveniente, podían suspender tales castigos y sustituirlos por la prosperidad y la felicidad. Nunca los dioses —y esa era la gran esperanza— abandonarían a sus criaturas, los «cabezas negras». Bastaba con esperar con paciencia el retorno de la benevolencia divina. También esa es la lectura última del Ludlul Bel nemeqi bajo tres presupuestos: fatalismo, resignación y paciencia.

domingo, 4 de julio de 2021

Diálogo de un desesperado con su alma

 Dos traducciones directas de la misma obra desde el egipcio antiguo. La primera de Juan de la Torre Suárez (I), la segunda, más reciente, de Francisco Pérez Vázquez (II). También un poético resumen de José Muelas (III) y una última versión (IV)

I

Este es El diálogo de un desesperado con su ánima (Ba; el ánima, esto es, el alma tras la muerte, no antes; los egipcios distinguían varios componentes en el espíritu: Ib (el corazón), Ka (la fuerza vital), Ba (el ánima tras la muerte), Aj (la fuerza espiritual), Ren (el nombre / la identidad) y Sheut (la sombra).

He tomado la traducción de un texto bilingüe obra de Juan de la Torre Suárez, aquí. Yo me he limitado a adaptar el texto a una forma más legible y literaria, respetando su significado.A mí me parece algo así como un auto sacramental calderoniano dentro del paganismo cruzado con los monólogos de Job.

Abrí la boca para mi ánima y respondí a lo que dijo: "Hoy me es demasiado duro que no quiera mi ánima hablarme. Es, incluso, peor que una exageración y como ignorarme. 

Que por ello no se vaya mi alma, y me atienda... No estará en su mano [1] que huya el día de las angustias. Mirad, mi ánima me extravía, [pero] no la escucho arrastrándome a la muerte antes de que yo vaya a ella, arrojándome al fuego para consumirme [...]

Que me juzgue Thot, el pacificador de los dioses. Que me defienda [2] Jonsuel escriba de la justicia. Que Ra escuche mis palabras, el comandante de la barca sagrada.

[...] Es agradable que rechacen los dioses los secretos de mi cuerpo."

Lo que me respondió mi ánima:

"No eres un hombre de verdad, ni eres de verdad un viviente. ¿Qué te beneficia? ¿Que estés preocupado por la vida, como un poseedor de riquezas?". 

Respondí: "No me iré mientras esa está en la tierra."

[...] "Pero tus posesiones están muertas, por más que tu identidad (nombre) esté viva. Ella es un lugar de reposo que atrae al corazón. Y una morada es el Occidente [...]"

"Si mi alma me escucha [...] y su pensamiento concuerda conmigo, entonces será afortunada. Haré [5] que alcance el Occidente, como aquel que en su pirámide atendió [6] a un superviviente a su entierro [...]"

"Si me empujas a la muerte de esta forma, no encontrarás lugar en que puedas posarte [7] en el Occidente. Sé paciente, mi ánima, mi hermana, [espera] hasta que exista [8] mi heredero, quien hará ofrendas y [las] colocará sobre la tumba el día del entierro y él preparará el féretro de la necrópolis."

Me abrió mi ánima su boca y respondió a lo que dije: "Si piensas en el entierro, es una tristeza; eso atrae el llanto y vuelve miserable a un hombre; es lo que, al ser arrojado, aparta a un hombre de su casa sobre la colina [primigenia]. No ascenderás a las alturas para que puedas ver [9] a Ra".

¡Oh, quienes edifican con piedras de granito, quienes construyen las pirámides hermosas mediante trabajos hermosos, cuando se convierten los constructores en dioses, su ofrenda de piedras es destruida del mismo modo que los débiles que mueren en la orilla por carecer de sucesor! 

La inundación capturó sus restos y del mismo modo el Sol, y les hablan los peces de las dos márgenes del agua. Escúchame, mira: es bueno escuchar para la gente. Sigue feliz el día y olvida la preocupación  [...] 

Abrí mi boca a mi ánima, y respondí a lo que dijo: "Mira, apesta mi nombre, mira, más que el olor de los buitres calvos en un día de la estación de ‘shemu’, cuando el cielo está caliente" [...]

"Mira: apesta mi nombre, mira, más que el de una mujer esclava calumniada [10] por un hombre."

"Mira: mi nombre apesta, mira, más que el del niño robusto al que se infama achacándole que es propiedad de su enemigo [...]"

"¿A quién hablar hoy? Los hermanos son malvados; los amigos de hoy, no aman.

¿A quién hablar hoy? Son avaros los corazones. Cualquiera toma posesión de los bienes de su prójimo [...]

¿A quién hablar hoy? Se encuentra satisfacción [11] en el mal, y lo bueno se entierra [12] en cualquier lugar.

¿A quién hablar hoy? Quien hacía encolerizar a un hombre por sus malas acciones, hoy hace reír a todos, aun siendo perniciosa su maldad. [...]

¿A quién hablar hoy? El malhechor es un íntimo y el hermano que con él se ayuntaba [13] se ha convertido en un enemigo.

¿A quién hablar hoy? Nadie quiere recordar el pasado y nadie quiere ayudar a quien obra en este tiempo [...]

¿A quién hablar hoy? Los rostros se ocultaron y todos están con la cabeza más gacha [14] que su vecino.

¿A quién hablar hoy? Los corazones son codiciosos y no hay uno de hombre en que se pueda confiar [15] .

¿A quién hablar hoy? No hay hombres justos y la tierra se abandonó a quienes hicieron el mal  [...]

¿A quién hablar hoy? Me agobia cargar penurias por carecer de un amigo íntimo. 

¿A quién hablar hoy? La maldad vaga [16] por la tierra y no tiene fin. 

La muerte está en mi cara en el día de hoy, como en el enfermo al que cura [17], como salir al exterior tras la reclusión.

La muerte está en mi cara hoy como del olor la mirra, como sentarse bajo un toldo un día de viento.

La muerte está en mi cara hoy como la fragancia en los lotos, como sentarse en los bancos de arena de la tierra embriagada.

La muerte está en mi cara hoy como un camino accidentado (?), como el regreso de un hombre desde una expedición a su [18] casa.

La muerte está en mi cara hoy como la claridad el cielo, como el hombre que descubre estar en el umbral que ignoró.

La muerte está en mi cara hoy, como un hombre que ansía ver su casa tras pasar años sin número capturado en reclusión.

Será, en verdad, quien allí está como un dios vivo castigando el crimen del malhechor [19].

Será, en verdad, quien allí está colocado en la barca sagrada repartiendo sus alimentos a los templos.

Será, en verdad, quien allí está como un sabio y no es rechazado en la apelación de Ra cuando hable."

Lo que me dijo mi alma: "Coloca los lamentos en un gancho, ¡oh camarada, hermano mío! Debes hacer ofrenda sobre el incensario y romper con la vida; del mismo modo, debes decir: “Deséame aquí”, después de haber rechazado el Occidente.

Pero, cuando se desee que alcances el Occidente, que alcancen tus miembros la tierra: me posaré después que te hayas cansado y entonces haremos morada juntos".

Esto es que acabó desde su principio a su final: como lo que fue encontrado en el libro.


NOTAS

[1] ’No será capaz de’ hacer algo.

[2] Observad como el complemento directo pronominal se realiza en este verbo a través de la preposición Hr.

[3] En la transcripción de Faulkner, R.O. leemos nDm xsf nTrw StAw

[4] Tomado de Faulkner, R.O.

[5] Enfática (‘Como aquel que está en su pirámide ...’).

[6] Forma relativa perfectiva con pronombre resumptivo.

[7] Forma relativa prospectiva con pronombre resumptivo.

[8] Forma sDmt.f tras preposición.

[9] Forma verbal subjuntiva.

[10] Participio pasivo con pronombre resumptivo.

[11] Hemos considerado una forma sDm.f pasiva impersonal, pero no hay nada que nos descarte el uso de un sustantivo (‘La satisfacción está en el mal’).

[12] ’Colocar a tierra’ es ‘abandonar’.

[13] Participio imperfectivo pasivo con pronombre resumptivo.

[14] ’Están más abatidos que ...’.

[15] Forma relativa prospectiva con pronombre resumptivo.

[16] Observad que el complemento directo es aparente, porque el verbo es intransitivo (‘vagar por’).

[17] Parece dar mejor sentido que ‘como la curación de un enfermo’ que es la traducción literal.

[18] Observad el sufijo en plural. Es posible que aquí ‘hombre’ sea una generalización ‘hombres’.

[19] Lit.: ‘de quien lo hace’.

II

Traducción de Francisco Pérez Vázquez

[ ...] Vuestro... para decir... sus lenguas no serán parciales... recompensa, sus lenguas no serán parciales.

Yo abrí mi boca hacia mi ba contestando a lo que él había dicho: 

"Esto es muy grande para mí hoy pues mi ba no ha discutido conmigo (antes)."

"Es más grande que una (mera) exageración, es como si se me ignorara con ello."

"Que mi ba no se marche para que él me atienda acerca de esto […] en mi cuerpo con una red de cuerda para que no ocurra con él que se escape el día de la desgracia."

Mirad, mi ba me está extraviando, pero no le obedezco,  me está arrastrando a la muerte antes de que yo haya llegado a ella y me está arrojando al fuego para quemarme […] que él esté cerca de mi el día de la desgracia y que se quede en ese lugar como hace un recitador (diciendo): «Es uno que sale porque él se trajo a sí mismo» 

¡Oh ba mío! El que es incapaz de aliviar el dolor durante la vida, el que me conduce a la muerte antes de que yo haya llegado a ella; endulza el Oeste para mi. 

¿Es un problema? La vida es un estado transitorio, y (hasta) los árboles caen. Pisotea sobre el mal mientras perdure mi miseria. 

Que me juzgue Thot, el que pacifica a los dioses.

Que me defienda Jonsu el que escribe la verdad. 

Que escuche mi discurso Ra, el que para la barca solar. 

Que me defienda Isdes en la Cámara Sagrada. 

Porque el desgraciado está cargado con […] que él ha portado para mí será agradable que los dioses expulsen los secretos de mi cuerpo. 

Lo que mi ba me dijo: "¿No eres un hombre y estás vivo? ¿Cuál es tu beneficio si te preocupas por la vida como un poseedor de riquezas?"

Diciendo yo: "No me he marchado y éstas están en el suelo."

"Ciertamente te escapas, pero tú no atarás a ningún prisionero diciendo: «te voy a coger»,  tú estás muerto, pero tu nombre está vivo. El más allá es un lugar de descanso, el destino del corazón. El Oeste es una morada, un viaje […] cara."

"Si mi ba, el inocente, me escucha […] estando su corazón de acuerdo conmigo, él será afortunado. Yo haré que alcance el Oeste como uno que está en su pirámide cuyo entierro ha atendido un superviviente."

"Voy a hacer una protección sobre tu cadáver, haciendo tú envidioso a cualquier ba en debilidad. 

oy a hacer una protección, ella no será fría haciendo tú envidioso a cualquier ba que esté acalorado (diciendo) «beberé en el remolino», y levantaré […] 

haciendo tu envidioso a cualquier ba que esté hambriento 

Si tú me conduces hacia la muerte de esta manera, no encontrarás (un lugar) en el que descanses en el Oeste.  

Sé paciente, ba mío, hermano mío, hasta que aparezca mi heredero, que presentará ofrendas y que estará en la tumba el día del entierro preparando el lecho de la necrópolis." 

Mi ba abrió su boca hacia mí contestando a lo que yo había dicho:

"Si piensas en el entierro, es una tristeza. 

Es traer las lágrimas entristeciendo a uno. 

Es sacar a un hombre de su casa siendo tirado sobre una colina.

No saldrás hacia arriba ni verás el  sol, 

porque los que construyeron en granito,

los que edificaron cámaras en bellas pirámides, con una bella construcción, 

cuando los constructores se transforman en dioses y sus estelas son destruidas,

son como los desgraciados que murieron sobre la orilla por falta de un descendiente

(o) después que la corriente hubiese tomado su peaje,

igual que el sol, hablándole los peces de la ribera. 

Escúchame. Mira, escuchar es bueno para la gente.

Sigue el día feliz y olvida la preocupación. 

Un hombre había arado su tierra y había cargado su cosecha en un barco, 

remolcando la carga pues se acercaba el día de fiesta. 

Después de que hubiera visto aparecer la oscuridad de la tormenta del norte, 

estando vigilante en el barco mientras el sol se puso y salió (de nuevo)

y su mujer y sus hijos, habiendo desaparecido por la noche en una ciénaga infestada de cocodrilos,

terminó sentado mientras rompía a hablar diciendo:

"No voy a llorar por esa madre,

pues no hay para ella salida desde el Oeste, más que por otra sobre la tierra;

es por sus hijos rotos en el huevo, que han visto la cara del cocodrilo antes de haber vivido, por los que me voy a preocupar.

Un hombre pedía la comida y su mujer le decía: es para la cena. Entonces él sale al exterior para quejarse hasta el momento que vuelve a su casa. 

Él es como otra persona, mientras su mujer conversa con él y él no escucha, después de que él se ha quejado quedando desprotegido del deseo de los mensajeros. 

Yo abrí mi boca hacia mi ba, contestando a lo que él había dicho: Mira, mi nombre apesta. 

Mira, más que el olor de los buitres un día de verano cuando el cielo está ardiendo. Mira, mi nombre apesta. 

Mira, (más que el olor) de una captura de pescado un día de pesca cuando el cielo está ardiendo. Mira, mi nombre apesta. 

Mira, más que el olor de los patos más que un soto de juncos lleno de aves acuáticas. Mira, mi nombre apesta. 

Mira, más que el olor de los pescadores más que las ensenadas de los pantanos donde han pescado. 

Mira, mi nombre apesta. Mira, más que el olor de los cocodrilos más que sentarse a la orilla llena de cocodrilos. 

Mira, mi nombre apesta. Mira, más que una esposa De la que se dice una mentira al marido.  

Mira, mi nombre apesta. Mira, más que un niño robusto Acerca del cual se dice: «Él pertenece a su rival». 

Mira, mi nombre apesta. Mira, más que una ciudad del soberano que murmura rebelión cuando se ve la espalda de él.

¿A quién puedo hablar hoy? Si los hermanos se han vuelto malvados y los amigos de hoy no aman.

¿A quién puedo hablar hoy? Si los corazones son codiciosos y todo el mundo roba la propiedad de su compañero.

[¿A quién puedo hablar hoy?] Si la gentileza ha desaparecido y la violencia desciende sobre todo el mundo. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si se está contento con el mal y la bondad ha sido abandonada en todos los lugares. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si el que hacía encolerizarse a un hombre por sus malos hechos hace que todo el mundo se ría por su mal comportamiento.

¿A quién puedo hablar hoy? Si se saquea y todo el mundo roba a su compañero. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si el criminal es un amigo íntimo y el hermano con el que se colaboraba se ha transformado en enemigo.

¿A quién puedo hablar hoy? Si el pasado no es recordado y en este momento no se ayuda al que ayudó. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si los hermanos se han vuelto malos y se recurre a los extraños por afecto. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si las miradas han sido apartadas y todo el mundo está con la mirada hacia abajo con relación a sus hermanos. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si los corazones se han vuelto codiciosos y no hay el corazón de nadie en el que se pueda confiar. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si no hay justos y la tierra ha sido dejada a los que hicieron el mal. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si hay falta de un amigo íntimo y se recurre a un desconocido para quejarse a él.

¿A quién puedo hablar hoy? Si no hay uno contento y aquel con el que se caminaba no existe.

¿A quién puedo hablar hoy? Si estoy cargado de desgracias por falta de un amigo íntimo. 

¿A quién puedo hablar hoy? Si la maldad que vaga por la tierra no tiene final. 

La muerte está ante mi hoy como la curación de un enfermo, como la salida al exterior tras la reclusión. 

La muerte está ante mi hoy como el olor de la mirra, como sentarse bajo las velas un día de viento. 

La muerte está ante mi hoy como el olor de los lotos, como sentarse a la orilla del País de la Embriaguez. 

La muerte está ante mi hoy como un camino mojado, como la vuelta de un hombre a casa tras una expedición. 

La muerte está ante mí hoy como un claro del cielo, como un hombre que aprende lo que él desconocía. 

La muerte está ante mí hoy como el deseo de un hombre de ver su casa después de que él ha pasado muchos años en cautividad. 

Realmente, el que está allí es un dios vivo, castigando el crimen del que lo hace. 

Realmente, el que está allí es uno que está en La Barca Solar, haciendo que sean dadas las mejores cosas  de ella a los templos. 

Realmente, el que está allí es un sabio que no es castigado por dirigirse a Ra cuando habla. 

Lo que mi ba me dijo: Coloca la lamentación sobre la pila de leña, compañero, hermano mío. Ya ofrendes en el brasero o te adhieras a la vida como dices, ámame aquí después de que hayas olvidado el Oeste y desea que tú alcances el Oeste cuando tu cuerpo sea enterrado. Yo me posaré cuando estés cansado, entonces haremos una morada juntos. 

Esto es como él vino de principio a fin, y como fue encontrado por escrito. 

III

«La muerte delante de mí hoy está

Como la salud para el inválido

Como superar la enfermedad.


La muerte delante de mí hoy está

Como el perfume de la mirra

Como sentarse bajo la tienda en día ventoso.


La muerte delante de mí hoy está

Como el final de la lluvia

Como el retorno de un hombre a casa tras una campaña de ultramar.


La muerte delante de mí hoy está

Como el aroma del loto

Como sentarse en los lindes de la embriaguez.


La muerte delante de mí hoy está

Como cuando el cielo se despeja

Como un buscador llevado a lo que ignoraba.


La muerte delante de mí hoy está

Como el afán de un hombre de ver su casa de nuevo


Tras innumerables años de cautividad».


IV

Papiro de Berlín 3.024, que ha sido fechado en la dinastía XII. El documento es acéfalo, esto es, ha desaparecido el principio. Lo que ha subsistido está escrito en 155 columnas verticales. La versión es la misma que la primera, pero sin adaptación mía.

El diálogo de un desesperado con su alma

. . . . . para decir . . . . . sus lenguas no pueden preguntar . .

. . . sus pagos, sus lenguas no pueden preguntar.

Abrí mi boca a mi alma y respondí a lo que dijo:

‘Esto es demasiado duro para mí hoy.

Mi alma no quiera hablarme.

Es, incluso, mayor que una exageración.

Es como ignorarme.

Que mi alma no se vaya

y me preste atención con respecto a ello.

. . . . . esto . . . . .

. . . . . en mi cuerpo como una red de cuerdas.

No será capaz de huir el día de los problemas.

Mirad, mi alma me extravía , - no la escucho -,

arrastrándome a la muerte antes de que yo vaya a ella

y arrojándome al fuego para consumirme. . . . . .

debe estar cerca de mí el día de los problemas

y situarse a ese lado como hace alguien que es suplicado.

Quien escapa es ella

después que él la ha atraído.

Oh mi alma ignorante, para aliviar la miseria en la vida

empújame a la muerte antes de que tenga que ir a ella

y hazme agradable el occidente.

¿Es esto es un problema?.

La vida es un estado transitorio; los árboles caen.

Pisotea sobre el mal; sofoca mi miseria.

Que me juzgue Dyehuty [Thot], el pacificador de los dioses.

Que me defienda Jonsu, el escriba de la justicia.

Que escuche mis palabras Ra, el comandante de la barca sagrada.

Que me defienda Isdes en la cámara sagrada,

puesto que el necesitado está cargado de . . . . .

Ella me ha agobiado

y es agradable que los dioses rechacen los secretos de mi cuerpo.

Lo que me respondió mi alma:

‘Que tú no eres un hombre, eres, en verdad, un viviente.

¿Cuál es tu provecho: que estés preocupado por la vida como un rico?.

Digo que no me voy a marchar mientras ésta permanezca en la tierra. Seguramente si escapas no se temerá por ti.

Cualquier criminal dice: Voy a capturarte, pero tú estás muerto aunque tu nombre está vivo. Ella es un lugar atractivo de reposo del corazón . El occidente es una morada de remar  . . . . . cara’.

Si mi alma, que no es maliciosa, me escucha y su pensamiento está de acuerdo conmigo, será afortunada. Haré que alcance el occidente como aquel que está en su pirámide y a cuyo entierro atendió un superviviente.

Voy a hacer un cobijo sobre tus restos para que otra alma te envidie el estado inerte. Voy a hacer un cobijo, entonces no tendrás frío y causarás envidia a otra alma lo que está caliente. Beberé agua en los remolinos de la orilla y haré mi sombra, así que hagas

envidiar a cualquier otra alma que esté hambrienta.

Si me empujas a la muerte en esta forma no encontrarás sobre lo que posarte en el occidente. Se paciente alma mía, mi hermano, hasta que exista mi heredero quien hará ofrendas y las colocará en la tumba el día del entierro y él preparará el féretro de la necrópolis.

Me abrió mi alma su boca y respondió a lo que había dicho:

‘Si piensas en el entierro, es una tristeza, es lo que trae el llanto haciendo miserable a un hombre, es lo que aparta a un hombre de su casa siendo arrojado sobre la colina. No ascenderás a las alturas ni podrás ver a Ra. ¡Oh aquellos que edifican en piedra de granito y construyen capillas en las bellas pirámides mediante hermosos trabajos, cuando los

constructores se convierten en dioses, sus piedras de ofrendas son destruidas del mismo modo que los débiles que mueren en la orilla por carecer de sucesor; la inundación capturó sus restos al igual que el sol y sólo los peces de los márgenes del agua les hablan. Escúchame, mira, es bueno escuchar para la gente. Sigue el día felizmente, olvida la preocupación’.

[El alma cuenta una primera historia]

Mira, un ciudadano labra su parcela, carga su recolección hacia el interior del barco y arrastra el remolque; habiéndose aproximado su día de fiesta, ha visto salir la oscuridad del viento del norte despierto en el barco cuando el sol se pone, habiendo escapado con su mujer y sus hijos zozobrando en el lago infestado por la noche con cocodrilos.

Al final terminó sentado e irrumpió en el silencio diciendo:

No he llorado por esta mujer para quien no es más difícil escapar del horizonte que para otra que está sobre la tierra. Es por sus hijos que fueron destrozados  de el huevo y quienes vieron la cara del dios cocodrilo antes de que vivieran, que estoy preocupado.

[El alma cuenta una segunda historia]

Un ciudadano pide la comida de la noche temprano y su mujer le dice. ‘Es para la cena’. Sale [82] al exterior [. . . . .] un momento, cuando vuelve a su casa es como otra persona.

Su mujer conversa con él, pero no le escucha [. . . . .] ha descuidado el deseo de los mensajeros.

Abrí mi boca a mi alma y respondí a lo que había dicho:

[Primer poema]

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el olor de los buitres calvos

en los días de la estación de ‘shemu’ cuando el cielo está caliente.

Mira, mi nombre apesta,

mira, [más que el olor] de quien recoge peces

un día de pesca cuando el cielo está caliente.

Mira, mi nombre apesta,

más que el olor de los patos,

más que un refugio de cañas que contiene aves acuáticas.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el olor de los pescadores,

más que las ensenadas de los pantanos después que han pescado.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el olor de los cocodrilos,

más que sentarse bajo los márgenes de un cultivo que tiene

cocodrilos.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el de una mujer esclava

contra quien se dicen mentiras al marido.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que el del niño robusto contra quien se dice

que pertenece al rival.

Mira, mi nombre apesta,

mira, más que una ciudad del soberano

que desencadena una rebelión cuando se ha marchado.

[Segundo poema]

¿A quién hablaré hoy?

Los hermanos se han vuelto malvados

y los amigos de hoy no aman.

¿A quién hablaré hoy?

Los corazones son avaros

y cualquiera toma posesión de los bienes de su prójimo.

¿[A quién hablaré hoy]?

la clemencia desapareció

y la violencia se transmite a todos.

¿ A quién hablaré hoy?

Se encuentra satisfacción en el mal

y se abandona lo bueno en cualquier lugar.

¿A quién hablaré hoy?

Quien hacía encolerizar a un hombre por sus malas acciones,

ahora hace reír a todos cuando su maldad es perniciosa.

¿A quien hablaré hoy?

Se desvalija

y cualquiera toma posesión de lo de su prójimo.

¿A quién hablaré hoy?

El malhechor es un íntimo

y el hermano con quien se actuaba se ha convertido en un

enemigo.

¿A quien hablaré hoy?

Nadie quiere recordar el pasado

y nadie quiere ayudar a quien actúa ahora.

¿A quien hablaré hoy?

Los hermanos se han vuelto malvados

y se recurre a los extranjeros para el afecto.

¿A quién hablaré hoy?

Los rostros se ocultaron

y todos están más abatidos que su prójimo.

¿A quién hablaré hoy?

Los corazones se han vuelto avariciosos

y no existe corazón humano en el se pueda confiar.

¿A quién hablaré hoy?

No hay hombres justos

y la tierra quedó abandonada a los que hicieron el mal.

¿A quién hablaré hoy?

Se carece de amigo íntimo

y se recurre a quien se desconoce para lamentarse.

¿A quién hablaré hoy?

No hay quien esté satisfecho

y ese con quien se iba, no existe.

¿A quién hablaré hoy?

Estoy agobiado cargando penurias

por carecer de un íntimo amigo.

¿A quién hablaré hoy?

La maldad vagó por la tierra

y no tiene fin.

[Tercer poema]

La muerte está ante mí hoy

igual que de la curación, un enfermo,

del mismo modo que salir al exterior después de una reclusión.

La muerte está ante mí hoy

como del aroma, la mirra,

del mismo modo que sentarse bajo un toldo un día de

viento.

La muerte está ante mí hoy como de la fragancia, los lotos,

del mismo modo que sentarse en los bancos de arena de la

tierra de la embriaguez.

La muerte está ante mí hoy

como un camino trillado [?],

del mismo modo que la vuelta de un hombre desde una expedición a su casa.

La muerte está ante mí hoy

como de la claridad, el cielo,

del mismo modo que un descubridor  quien está a la entrada

de lo que había ignorado.

Esta la muerte ante mí hoy

 del mismo modo que un hombre desea ver su casa

después que pasó numerosos años capturado en reclusión.

[Cuarto poema]

Será, ciertamente, quien está allí un dios vivo

castigando el crimen del malhechor.

Será, ciertamente, quien está allí colocado en la barca sagrada

permitiendo que se den alimentos escogidos de allí a los templos.

Será, ciertamente, quien esté allí un sabio y no es rechazado en la apelación a Ra cuando hable.

Lo que me respondió mi alma:

‘Coloca las lamentaciones en un colgador, oh mi camarada,

 mi hermano. Debes ofrecer sobre el incensario,  así

que rompas con la vida y del mismo modo digas -Deséame aquí- después de haber rechazado el occidente. Cuando

se desee, en verdad, que alcances el occidente, que tus

miembros alcancen la tierra, me posaré después que te

hayas cansado y entonces haremos una morada juntos.


Esto es que llegó [el final]. Desde su comienzo hasta su final es como fue encontrado en el libro.