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lunes, 21 de septiembre de 2026

El conocimiento de la ley

 "El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento, pero el conocimiento sí" (Coto Matamoros, a Jesús Quintero)

Principio jurídico aplicable a la justicia española, es decir, Audiencia Nacional, Tribunal Supremo y a la ley positiva con sus epiqueyas, consuetudinarismo, etc.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Comentarios sobre frases filosóficas

 [De por ahí]

 Hay hombres que nacen para obedecer. Aristóteles fue el maestro del más grande y legendario conquistador del mundo, Alejandro Magno, además de ser el hombre que ordenó buena parte del saber humano y lo sistematizó. Quizás es uno de los hombres más brillantes que han existido. Sin embargo, escribió directamente que ciertos seres humanos son esclavos o inferiores por naturaleza. La idea está en el primer libro de su obra La política, entre los capítulos 4 y 7 habla de esto sin ningún reparo. Su argumento es frío y coherente. Define a los esclavos como instrumentos animados con voz, unas herramientas que respiran y sostiene que hay personas que carecen de la parte deliberativa del alma, que no existe medida igual entre todos. Esta facultad es la que permite gobernarse a uno mismo. En otras palabras, algunos tienen mayor autodominio que otros. Por eso dice, careciendo de esta habilidad deben ser mandados e incluso es conveniente y justo que sea así, del mismo modo que al buey le conviene el yugo. Existen seres humanos, afirma Aristóteles, de categorías inferiores, que por naturaleza deberían obedecer a los más capaces y excelentes en la facultad de deliberar en su alma. Lo perturbador es que Aristóteles nunca fue un fanático o alguien irracional. Distinguía exactamente el tipo de esclavitud injusta y la de los prisioneros de guerra. Esta otra forma de esclavitud, según él, es de naturaleza. Escribe también que la belleza del alma no se ve tan fácil como la del cuerpo, descartando que esto sea una cuestión racial. La idea convierte una relación de dominación en un hecho filosóficamente correcto. Quizás Aristóteles no intuyó los horrores que se cometerían usando sus palabras como vergonzosa excusa. 

La única pregunta seria es si vale la pena vivir. El mito de Sísifo, de 1942, abre con una de las frases más contundentes que ha escrito un filósofo. Albert Camus afirma que solo hay un problema filosófico verdaderamente serio y que ese problema es el suicidio. Todo lo demás, si el mundo tiene dimensiones o cuántas categorías tiene la mente, viene después. Primero hay que resolver si la vida merece o no ser vivida. Lo que lleva a Camus a esa frase es lo que él llama lo absurdo. No es que el mundo sea absurdo en sí mismo, ni que lo seamos nosotros. Lo absurdo nace del choque entre dos cosas. Nuestra necesidad desesperada de sentido, de que las cosas signifiquen algo y el silencio del universo que no responde. Le hacemos al cosmos la pregunta más importante para que del otro lado no haya más que silencio. Ese desencuentro dice es la condición humana. Él rechaza el suicidio porque cree que suicidarse sería darle la razón al absurdo, sería rendirse.

Propone vivir de frente contra lo absurdo, con lucidez, sin esperanza, pero tampoco con resignación. Tal como Sísifo empujando su roca por toda la eternidad.  

La historia es un matadero. En su obra Lecciones sobre la filosofía de la historia, publicadas tras su muerte, escribió lo siguiente: "La historia es un matadero." Es una de las ideas por mucho más oscuras de la historia. Hegel tenía una visión grandiosa, quizás de las más majestuosas jamás planteadas. Creía que detrás del caos aparente de los siglos avanzaba una razón, un espíritu que se despliega hacia la libertad más plena. Suena sin duda muy bien. El problema es cómo describió el precio de ese progreso. En la introducción de la obra, Hegel se pregunta ante qué altar se han sacrificado la felicidad de los pueblos, la sabiduría de los estados y la virtud de cada individuo. Su respuesta es que todo eso, todo el sufrimiento humano acumulado, ha sido el combustible de un proceso indiferente, pero perfecto. Los periodos de felicidad humana, dice, son las páginas en blanco de la historia. La razón histórica no ensucia nunca sus manos. Usa las pasiones, las ambiciones y los intereses de los mismos hombres como instrumentos para lograr sus fines. Los grandes personajes de la historia como Alejandro, César o Napoleón creen perseguir un tipo de gloria, pero en realidad serían las herramientas del Espíritu, que quedan deshechas una vez cumplida su función, como cáscaras vacías para un propósito más grande y perfecto. Lo oscuro de esta idea es que promete un futuro incomprensiblemente glorioso a la sombra de todo tipo de horrores inenarrables. 

La fe verdadera genera terror. En 1843, Sören Kierkegaard publicó Temor y temblor, un libro entero dedicado a una escena bíblica sumamente aterradora, la de Abraham subiendo la montaña con su hijo Isaac y un cuchillo dispuesto a sacrificarlo. Kierkergaard se negó a suavizar su razonamiento. Formuló una expresión que todavía hoy puede resultar perturbadora. Dijo: "En estos casos se da la suspensión teleológica de lo ético." Su tesis es que la fe auténtica puede exigir poner entre paréntesis la moral universal humana aparente. Para el héroe trágico común, sacrificar algo por un bien es doloroso, pero comprensible. Abraham va mucho más lejos. No sacrificará a Isaac, su hijo amado, prometido por Dios, y asimismo objeto de una promesa para la humanidad, por la patria ni por nadie. Lo hará por una obediencia absoluta que ninguna razón ética podría justificar ni explicar. Por eso Abraham, que recibió el milagro de la misma mano de Dios, calla durante todo el camino. No puede comunicar lo que va a hacer. Solo siente, según Kierkegaard, temor y temblor. Su fe es pura y confía en que Dios le asistirá y no dejará de cumplir sus promesas, pero la experiencia le sobrepasa. Pero esto solo puede ocurrir tras la más determinada convicción al casi ya dejar caer su cuchillo. Ese es el horror de la fe absoluta. Lo que Kierkegaard señala es el abismo entre las dos descripciones del mismo acto. Visto desde la ética humana, Abraham iba a cometer un crimen; visto desde la más pura fe, iba a ofrecer un sacrificio puro sobre el objeto amado mismo de la promesa que Dios le había hecho. Es un acto total de confianza que trasciende toda posibilidad de razonamiento. Él afirmó entonces que esto es un auténtico acto de fe que culmina siendo recompensado con la descendencia de la que llegará la salvación del mundo. Sin fe o sin la aterradora experiencia del temor absoluta a lo divino, nadie puede realmente conocer el poder de Dios y su fidelidad. Kierkegaard llevó esta idea hasta sus más hondos abismos sin suavizarla, haciendo que sea imposible ser indiferente ante su obra. No por nada él es el padre del existencialismo filosófico.

 El hombre parece un tipo de error. Arthur Schopenhauer publicó su obra El mundo como voluntad y representación en 1818. En ella construyó el pesimismo más profundo de la historia de la filosofía.

Todo lo que hacemos, dice, nace de aparentes deseos y de deseos como carencia, es decir, dolor. El hombre parecería ser algún tipo de error. Mientras desea algo, no lo tiene y sufre. Cuando por fin lo consigue, el placer le dura poco porque enseguida aparece el vacío, un aburrimiento sordo que le empuja a desear otras cosas. Así la vida oscila como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento. Y esos dos, escribe, son en el fondo sus únicos materiales. El placer para Schopenhauer es siempre negativo, no es pleno, sino la cesación momentánea del sufrimiento.

Nunca ganamos de verdad. Según él, hay una voluntad ciega, un impulso sin meta que nos mueve como humanos, como si fuéramos marionetas. Para él, esa voluntad nos empuja a reproducirnos usando el señuelo del deseo. Y una vez cumplido su objetivo, el amor se rompe.

Es una idea oscura y densa, propia de un alma atormentada, como la del mismo Schopenhauer, que careció de todo tipo de amor, incluido el de su propia madre. 

El estado debe criar humanos. La República de Platón es uno de los libros más importantes de la historia, sin ninguna duda. También contiene en su libro quinto uno de los programas más escalofriantes jamás propuestos por un gran filósofo. Al diseñar su ciudad ideal, gobernada por reyes filósofos o guardianes sabios, Platón llega a la pregunta de cómo asegurar que esta élite virtuosa se mantenga siempre a la altura. Su respuesta es la cría selectiva. Con una analogía explícita con la crianza de perros de casa y caballos de raza, Platón sostiene que los mejores humanos deben unirse con las mejores mujeres tan a menudo como sea posible y que los inferiores con las inferiores deben unirse en cambio lo menos posible si se quiere mantener el rebaño humano en óptimas condiciones para los objetivos más elevados y nobles. Los hijos que nacen de las uniones correctas se criarán en común y la mayoría logrará ser excelente, sacando de ahí los futuros reyes filósofos para que terminen logrando lo que se espera de ellos. En todo esto hay un detalle que lo hace aún más inquietante. Platón sabía que los guardianes se revelarían si supieran que sus parejas están asignadas, así que propone un engaño para quienes están por encima: montar un sorteo, una lotería sagrada que los ciudadanos crean a que es azar, mientras que los gobernantes la han amañado en secreto para juntar a quienes ellos quieren. Cuando a alguien le toca una mala pareja, culpará la suerte. Jamás a los que moverían los hilos. Esto es exactamente lo que Platón propuso. La idea es oscura porque somete la reproducción humana a un plan estatal que decide quién nace y quién no, tratando a las personas como animales para criar. Es perfecta esta idea para Platón, pero es igualmente inescapable. Dos milenios después, en el siglo XX, se convirtió este sueño en programas reales de Eugenesia.

Platón no era racista. Su objetivo era la virtud y la plenitud de la capacidad humana de razonar. Es decir, que solo deberían gobernar los más dignos del poder, hombres justos, llenos de virtud, independientemente de su origen racial, todos los que puedan hacerle el más perfecto bien a su pueblo. Nada que ver con la pureza de sangre o de razas. Sin embargo, fue el primero en escribir con toda seriedad que un estado debería criar a sus ciudadanos y mentirles sobre cómo lo hace el hombre.  

El hombre es el lobo del hombre. Thomas Hobbes escribió su obra El Leviatán en 1651 en plena guerra civil inglesa. Desde ese escenario pensó, ¿qué sería de los seres humanos si desapareciera toda autoridad? Si no hubiera un estado, ni policía ni leyes. Sin un poder que nos mantenga a raya, dice Thomas Hobbes, caeríamos en lo que llama la guerra de todos contra todos. Esta no sería por maldad, sería por lógica, por naturaleza misma de la situación. Como somos entre los seres humanos más o menos iguales en fuerza, cualquiera podría matar a cualquiera. Como los recursos son escasos, terminaríamos todos compitiendo. Como no podemos confiar en nadie, atacaríamos primero siempre por miedo a ser atacados antes. Y esto sería un círculo vicioso.

Hobbes aclara que la guerra no consiste en pelear, sino más bien en disponerse permanentemente a hacerlo, siendo un estado interno del ser humano. La frase con que resume esta vida es ya célebre. El hombre es el lobo del hombre y su existencia es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta. 

No soportas quedarte solo en una habitación. Blaise Pascal fue un genio de las matemáticas y la física que dedicó sus últimos años a una obra entera sobre la miseria del ser humano sin Dios. Existen dos fragmentos que juntos componen un diagnóstico incómodo de por qué vivimos como vivimos. Dijo primero, "El yo es odioso." Pascal escribe esta frase pensando en el amor propio, un impulso que nos pone a nosotros mismos en el centro del universo y que quiere someter a todos los demás. Todo partiendo de la mente humana.  En La cortesía y las buenas formas, dice: "Solo maquillarían esta naturaleza, mas no la quitan." En el segundo afirma él que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa, de no saber quedarse quietos en reposo dentro de una habitación. Buscamos ruido, agitación, trabajo, entretenimiento y todo tipo de distracciones porque no soportamos estar solos con nosotros mismos y en silencio. Según él, este es el origen de todo el mal en el mundo. A ese mecanismo de huida lo llamó distracción. 

Lo que Pascal sugiere es que si te quedaras verdaderamente quieto, sin pantallas, sin tareas, sin otras personas, tarde o temprano aparecerá lo que la agitación tapa. Podrás ver tu vacío, tu aburrimiento y, en el fondo podrás contemplar tu muerte. Solo esto te obligará a pensar y a vivir de verdad. 

Te obligarán a ser libre. En la obra El contrato social de 1762,  Jean-Jacques Rousseau empieza con una frase: "El hombre nace libre y en todas partes está encadenado." Rousseau creía que la civilización, lejos de perfeccionarnos, nos había corrompido. En su estado natural. Según él, el ser humano era íntegro y bueno. Fue la sociedad, la comparación con los demás, lo que lo volvió vanidoso y esclavo. Hasta aquí parece una crítica típica del romanticismo de la época. El problema proviene de que Rousseau no propone volver a los bosques, sino construir una comunidad legítima mediante un pacto donde cada uno obedezca lo que él llama la voluntad general, la voluntad del cuerpo entero orientada al bien común. Entonces escribe una de las frases que ha hecho temblar a sus lectores durante dos siglos y medio. Afirmó lo siguiente: "Quien se niegue a obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo. Esto significa que le obligará a ser libre." Puedes leerlo una y otra vez. Él propone obligar a alguien a ser libre dentro de esta sociedad. Eso es lo que pasa hoy para él. Forzarlo a acatar la ley común es ofrecerle verdadera libertad. Esa idea de que se puede forzar a la gente por su propio bien y de que quien se resiste debe ser corregido para cito liberarlo, es exactamente el lenguaje con el que los régímenes más brutales y totalitarios justificaron aplastar a los individuos en nombre de supuestos ideales elevados. 

El color no existe. Demócrito vivió hace unos 24 siglos. Fue junto a su maestro Leucipo, el padre de una idea que parecía delirante en su tiempo, el atomismo. El mundo dijo, está hecho de partículas diminutas e indivisibles. Les llamó átomos. Estos se moverían en el vacío. Solo existirían entonces dos cosas,  átomos y vacío. De esta idea aparentemente física sacó una conclusión filosófica perturbadora. Por convención existe lo dulce, por convención lo amargo. Por convención existe lo caliente y el color. Pero en realidad solo hay átomos y vacío. Piénsalo un momento. El rojo de una manzana no está en la manzana. La manzana solo tiene átomos con cierta disposición que reflejan cierta luz. El rojo lo fabrica tu ojo y tu cerebro. Lo mismo con su dulzor, el calor del fuego, el sonido de una campana. Todo este mundo cálido y colorido y sabroso en el que crees vivir no está afuera. Es una interpretación que tu mente proyecta sobre la realidad que en sí misma es incolora, silenciosa y ciega. Puros átomos ordenados y desordenados dentro del vacío. Lo perturbador de Demócrito es que abre con esto una grieta entre el mundo tal como lo experimentamos y el mundo tal como es. Quizás no se propuso hacerlo, pero el universo real sería para él un lugar frío y mecánico, indiferente a nosotros.

Y toda su calidez es un espectáculo que ocurre solo dentro de la mente humana. A Demócrito se le llamó el filósofo que ríe. Y quizás hace falta reírse un poco cuando descubres que el mundo podría ser solamente una ilusión de tu mente. 

De Dios solo se puede decir lo que no es. Maimónides fue un gran filósofo de la Edad Media. Fue un médico jurista y sabio. Y en su obra Guía de perplejos, escrita hacia 1190 se enfrentó a un problema. ¿Qué podemos decir realmente sobre Dios? Su respuesta desarrollada en la primera parte de la obra es radical, tanto que muchos creyentes la encuentran perturbadora por encima del ateísmo.

Maimónides sostiene que no podemos atribuirle a Dios ningún atributo positivo. No podemos decir con verdad y precisión qué es, solo qué no es. Su razonamiento es riguroso. Si decimos que Dios es sabio o poderoso, sacamos esas palabras de lenguaje humano sacadas de nuestra experiencia, y, aplicando esto, lo rebajamos a nuestra medida, lo volvemos comprensible y por esa razón es indigno de Dios. Peor aún, atribuirle cualidades supondría que Dios está compuesto de partes y eso es imposible para un ser tan absoluto. Así que según él, la única teología honesta es negativa. Cuando afirmamos que Dios es sabio, lo correcto es entender que Dios no es ignorante. Cada frase sobre Dios debe convertirse en una negación, en el borrado de su limitación conceptual. Para Maimónides, Dios es un misterio tan absoluto que el lenguaje entero se rompe al intentar nombrarlo. La idea es oscura y para un creyente puedes llegar a ser abrumadora, pero, créeme, para un ateo podría volverse una pesadilla. Un ateo no podría hablar jamás de aquello en lo que dice no creer. La mayoría de ellos indignamente se retirará incapaz de argumentar más sobre este argumento de Maimónides. 

Casi todos los problemas filosóficos son falsos. Ludwig Wittgenstein es probablemente el filósofo más influyente del siglo X y dedicó buena parte de su vida a demostrar que la mayoría de los problemas de la filosofía no son problemas de verdad. En sus Investigaciones filosóficas, publicadas en 1953 tras su muerte,afirmó lo siguiente: "Los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje se enreda." Su idea es que nuestras palabras funcionan perfectamente en su terreno cotidiano, cuando pedimos pan o damos una dirección, pero se estropean cuando las arrancamos de allí y preguntamos en abstracto cosas como: ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es el bien?" O, "¿qué es la mente?" A ese gran ruido conceptual lo hemos llamado durante siglos grandes problemas de la filosofía. La filosofía, dice él, no sirve para construir grandes sistemas ni para descubrir grandes verdades ocultas del universo. Es más bien una especie de terapia. Su trabajo es curarnos de los enredos en que nos mete el lenguaje y su definición del objetivo de la filosofía es enseñarle, según él, a una mosca la salida de la botella donde quedó atrapada.

La idea es oscura, sobre todo para quienes creen en esa filosofía que tal vez puede solucionar muchas de las preguntas que creemos esenciales, pero que quizás sean solo frases mal armadas, confusas y oscuras sobre las cosas de las que nadie puede hablar. 

La madurez del hombre es recuperar la seriedad que tenía cuando era niño al jugar. En la obra de Nietzsche Más allá del bien y el mal, de 1886, entre sus aforismos, él dejó escrita una breve frase genial y brillante que resume buena parte de su filosofía. La madurez del hombre es haber recuperado la seriedad que se tenía de niño al jugar. Nos han enseñado que madurar es volvernos serios en el sentido solemne, abandonar los juegos, cargar con deberes y obligaciones y poner una cara seria ante la vida. Nietzsche curiosamente vislumbró lo contrario. Observa tú cómo juega un niño. Está entregado por completo, absorto. Para él juego es lo más importante del mundo y sin embargo, no lo hace por obligación, ni por premios, ni para impresionar a nadie. Juega por jugar, con una seriedad total y a la vez una libertad de todo peso. Esa combinación de entrega absoluta, sin utilidad ni deber es para Nietzsche la forma más alta de estar vivo y de filosofar. Y la mayoría de los adultos la ha perdido a cambio de una seriedad falsa, la que nos hace hacer cosas por miedo o por el simple que dirán de los demás. En su obra, Así habló Zaratustra completará la idea en tres etapas. El espíritu dice, primero es un camello que se arrodilla y carga con todos los deberes que le echan encima. Luego se parece a un león que se rebela y aprende a decir "yo quiero" frente a los "tú debes." Pero ni siquiera el león es la meta. Para Nietzsche, la etapa superior del espíritu es volverse un niño. Él describe esto como una mezcla de inocencia y olvido, un nuevo comienzo, una rueda que gira por sí misma, un sagrado siempre sí. Recuperó todo esto con una intuición antiquísima que viene de Heráclito, el filósofo oscuro, que ya había dicho que el tiempo es un niño que juega. La idea nos obliga a preguntarnos cuánto de nuestra seriedad adulta es de verdad importante y cuánto solo es miedo disfrazado de responsabilidad. Después de recorrer estas ideas sobre el sufrimiento, la muerte y el vacío, quizás sea justo cerrar con esta la respuesta más profunda a los misterios del universo. Quizás no sea la solemnidad intelectual, sino aprender a vivir y a jugar en serio, como cuando teníamos 5 años y el juego, la inocencia pura y la transparente intención lo eran todo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Pensamientos de Bertolt Brecht

 "Hay muchas formas de matar a una persona: apuñalarlo con una daga, quitarle el pan, no tratar su enfermedad, condenarlo a la miseria, hacerlo trabajar hasta desfallecer, impulsarlo al suicidio, enviarlo a la guerra, etcétera. Solo lo primero está prohibido por nuestro estado."

«Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles».

«El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos... El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política».

«¿Qué es el robo de un banco en comparación con fundar uno?»

«Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo».

«El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma».

«Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse tendrá que pasar al ataque».

«El que no conoce la verdad es simplemente un ignorante, pero el que la sabe y dice que es una mentira, ese es un criminal»

"El regalo más grande que le puedes dar a los demás es el ejemplo de tu propia vida."

"Muchos jueces son absolutamente incorruptibles; nadie puede inducirles a hacer justicia."

"Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general, y crece el silencio de los hombres."

"La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer."

"Esos que pretenden, para reformarnos, vencer nuestro instinto criminal, que nos den primero de comer. De moral hablaremos después. Esos que no se olvidan de cuidar nuestra formación, sin que por ello dejen de engordar, escuchen esto: por más que le den vueltas, primero es comer, y después de hartos ¡venga la moral!"

"La naturaleza tiene perfecciones para demostrar que es imagen de Dios e imperfecciones para probar que sólo es una imagen."

"Si la gente quiere ver sólo las cosas que pueden entender, no tendrían que ir al teatro: tendrían que ir al baño."

"Me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa."

"Ciertos países logran todavía conservar sus formas de propiedad gracias a medios menos violentos que otros. Sin embargo, los monopolios capitalistas originan por doquier condiciones bárbaras en las fábricas, en las minas y en los campos. Pero mientras que las democracias burguesas garantizan a los capitalistas, sin recurso a la violencia, la posesión de los medios de producción, la barbarie se reconoce en que los monopolios sólo pueden ser defendidos por la violencia declarada".

"Señores, no estén tan contentos con la derrota de Hitler. Porque aunque el mundo se haya puesto de pie y haya detenido al bastardo, la puta que lo parió está de nuevo en celo."

"En los tiempos sombríos, ¿se cantará también? También se cantará sobre los tiempos sombríos."

"¿Qué tiempos son estos en los que tenemos que defender lo obvio?"

"Las revoluciones se producen en los callejones sin salida."

"Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo."

"Desgraciado el país que necesita héroes."

"No le temas tanto a la muerte, sino más bien a la vida inadecuada."

"Quien no ha compartido la lucha, compartirá la derrota."

"Tal vez sea un error mezclar vinos distintos, pero el viejo saber y el nuevo bien se mezclan."

"Lo que no sabes por ti mismo, no lo sabes."

"No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado."

"A la buena gente se la conoce en que resulta mejor cuando se la conoce"

"Quiero ir con aquel a quien amo. No quiero calcular lo que cuesta. No quiero averiguar si es bueno. No quiero saber si me ama. Quiero ir con aquél a quien amo."

"La ciencia tiene un solo precepto: contribuir a la ciencia."

"¡Contra la injusticia y la impunidad! Ni perdón ni olvido."

"No acepten sin discusión las costumbres heredadas."

"Un hombre debe tener por lo menos dos vicios. Uno sólo es demasiado."

"Escapé de los tigres; alimenté a las chinches; comido vivo fui por las mediocridades" (epitafio)

"Al río que todo lo arranca lo llaman violento, pero nadie llama violento al lecho que lo oprime."

"No me harás aborrecer la guerra. Se dice que aniquilamos a los débiles, pero la paz hace lo mismo."

"¿A dónde fueron los albañiles la noche que terminaron la Muralla China?"

"Aquello que no es raro, encontradlo extraño. Lo que es habitual, halladlo inexplicable. Que lo común os asombre. Que la regla os parezca un abuso. Y allí donde deis con el abuso, ponedle remedio."

"Quizá volvamos a tropezar, pero allí donde me abandonaste no volverás a encontrarme."

Pensamientos de John Stuart Mill

 "El Estado que empequeñece a sus hombres, para que sean instrumentos más dóciles en sus manos incluso para fines beneficiosos, descubrirá que con hombres pequeños no se puede lograr realmente nada grande."

«Al estudiante que nunca se le pide que haga lo que no puede, nunca hace lo que puede / A pupil from whom nothing is ever demanded which he cannot do never does all he can».

«Debiera haber en toda constitución un centro de resistencia contra el poder dominante y, por consecuencia, en una constitución democrática, un medio de resistencia contra la propia democracia».

«El perpetuo obstáculo al progreso humano es la costumbre».

«El valor de una nación no es otra cosa que el valor de los individuos que la componen».

«En la historia, como en los viajes, los hombres no ven de ordinario sino lo que ya llevan en la imaginación, y en general desacierta en historia quien antes de estudiarla no era ya un sabio».

«Es mejor ser un humano insatisfecho que un cerdo satisfecho; mejor ser Sócrates insatisfecho que un tonto satisfecho. Y si el tonto, o el cerdo, son de diferente opinión, es porque solo conocen su lado de la cuestión. La otra parte en comparación conoce ambos lados / It is better to be a human being dissatisfied than a pig satisfied; better to be Socrates dissatisfied than a fool satisfied. And if the fool, or the pig, are of a different opinion, it is because they only know their own side of the question. The other party to the comparison knows both sides».

«La disciplina es más poderosa que los números; la disciplina, es decir, la perfecta cooperación, es un atributo de la civilización».

«La idea de que es un deber de todo hombre procurar que otro sea religioso fue el fundamento de cuantas persecuciones religiosas se han perpetrado y, si se admite, las justifica plenamente».

«La justicia de proteger por igual los derechos de todo el mundo es mantenida por aquellos que apoyan la más exacerbada desigualdad en los propios derechos».

«La libertad consiste, básicamente, en poder hacer lo que se desea».

«La originalidad es la única cosa cuya utilidad no pueden comprender los espíritus vulgares».

«Los conservadores no son necesariamente estúpidos, pero casi todos los estúpidos son conservadores».

«No existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación».

«Preguntaos si sois felices y dejaréis de serlo».

«Todas las cosas buenas que existen son fruto de la originalidad».

«Todo aquello que sofoca la individualidad, sea cual sea el nombre que se le dé, es despotismo».

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Creatividad de los genios

El genio tiene virtudes de catálisis: permite que se realicen en frío ciertas operaciones espirituales que exigen, de ordinario, las altas temperaturas de la pasión. Jean Rostand.

Un genio es alguien que descubre que la piedra que cae y la Luna que no cae representan un solo y mismo fenómeno. Ernesto Sábato.

El hueco que la obra genial ha producido a nuestro alrededor es un buen lugar para encender nuestra pequeña luz. De allí la inspiración que irradian los genios, la inspiración universal que no sólo nos impulsa a la imitación,  Franz Kafka.

El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio. Ralph Waldo Emerson.

Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocérsele por este signo: todos los necios se conjuran contra él. Jonathan Swift.

El genio en el arte consiste en saber hasta donde podemos caminar demasiado lejos. Jean Cocteau.

El genio es un rayo cuyo trueno se prolonga durante siglos, Knut Hamsun.

A Picasso, hasta los que le detestan, le soportan, porque nunca usa el talento. Sólo usa el genio. Sus obras nunca son pensamientos. Son actos. Jean Cocteau.

El genio hace lo que debe y el talento lo que puede. Edward George Bulwer Lytton.

El genio no es planta que brota únicamente en los centros académicos; es flor salvaje que nace en el bosque por sí sola, sin requerir ayuda ajena. Dale Carnegie.

En su propio país un genio es como el oro en la mina. Benjamin Franklin.

Ningún genio fue jamás empañado por el aliento de los críticos. Samuel Johnson.

La genialidad es la capacidad para ver diez cosas donde el hombre ordinario sólo ve una. Ezra Pound.

Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio. Henry Frédéric Amiel.

Lo que mueve a los genios, lo que los inspira no es una nueva idea, sino la obsesión con una idea que no fue trabajada lo suficiente. Eugène Delacroix.

El genio, en verdad, significa poco más que la facultad de percibir las cosas de una manera distinta. William James.

viernes, 24 de julio de 2026

Un mundo sin miedo

 De "War games", episodio de Space 1999 (1974):

[...] 

La humana: Las luces, los colores... tal vez formen parte de su lenguaje.

El humano: Nos hablaron. Hola. ¿Hay alguien aquí con quien podamos hablar?

Un alienígena (apareciéndose): Hable, terrícola. Exponga su caso.

El humano: ¿Por qué nos atacasteis? ¿Por qué? Hemos estado transmitiéndoles mensajes desde que entramos a su alcance. Queríamos aterrizar en este planeta. Se negaron a responder. Cuando lo hicisteis, fue con armas, maquinaria de guerra y bombas. 

La humana: Si existe alguna razón por la que no quieran que nos quedemos aquí, alguna incompatibilidad básica, podríamos entenderlo. Pero no estamos aquí por elección propia. No podemos controlar el rumbo de nuestra Luna. Estamos buscando un lugar para vivir. No usaremos la fuerza. Lo único que queremos es paz.

El humano: ¡Contesta, maldita sea! Me pedisteis que expusiera nuestro caso. Muy bien, aquí está. Vinimos en son de paz. Esperasteis hasta que estuvimos a vuestro alcance, y entonces lanzasteis un ataque sorpresa. Matasteis a la mitad de mi gente, destruisteis nuestra base y nos dejasteis sin los medios para vivir.

El alienígena: No podéis quedaros aquí.

El humano: ¡No podemos vivir en Alfa! (la Luna)

El alienígena: No tenéis lugar en el espacio.

El humano: Nos negáis nuestro futuro.

El alienígena: No tenéis futuro. Lleváis con vosotros las semillas de vuestra propia destrucción. Sois un organismo tóxico, un virus mortal, una plaga de miedo.

La alienígena (apareciéndose): Vuestra presencia en este planeta destruiría una civilización que ha sobrevivido durante miles de millones de años.

La humana (a la alienígena): Creéis que no somos más que un virus.

El humano (a la alienígena): Desde que fuimos expulsados de la Tierra, hemos estado luchando por sobrevivir. Hemos sobrevivido. Ahora bien, no sé cómo. No hay una explicación racional, pero lo que sí tengo es una fe absoluta en la fuerza del espíritu humano, y la creencia de que alguien o algo nos cuida. Dios, si queréis. ¡Y sobreviviremos!

El alienígena: La lucha a muerte de las especies inferiores es muy a menudo el momento más glorioso de su existencia. Pero el final, no obstante, es el final.

El humano: Me niego a creer que no tengamos futuro.

La alienígena (desapareciendo): La extinción puede llevar algún tiempo. Eso es todo. [...]

El alienígena: En nuestro mundo no puede haber miedo. [...]

La humana: Recuerdo un mundo sin miedo. Era hermoso.

miércoles, 8 de julio de 2026

Frases sapientes

Un hombre sabio llena su cabeza antes de vaciar su boca.

Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado.

El ojo nunca olvida lo que el corazón ha visto.

En el momento de crisis, los sabios construyen puentes, los necios construyen presas.

Si cierras los ojos a los hechos, aprenderás con el tiempo y por las malas.

Perderse es aprender el camino.

Si estás lleno de orgullo, no tendrás espacio para la sabiduría.

Si crees que la educación es cara, prueba la ignorancia.

Si los familiares se ayudan entre sí, ¿qué mal puede dañarlos?

Un lazo familiar es como un árbol. Puede doblarse, pero no puede romperse.

Una casa pequeña alberga a cien amigos.

Un hombre feliz se casa con la mujer que ama. Un hombre más feliz ama a la mujer con la que se casó.

El hacha olvida, pero el árbol recuerda.

El conocimiento es un jardín. Si no se cultiva, no puede cosecharse.

No existe medicina que pueda curar el odio.

Si curas la pierna de una persona, no te sorprendas si la usa para huir.

Quien se niega a obedecer no puede mandar.

Si no hay enemigo dentro de ti, el enemigo de fuera no puede hacerte daño.

Cuando un anciano muere, una biblioteca arde con él.

Por muy lejos que fluya un arroyo, no olvida su origen.

No pienses que no hay cocodrilos solo porque el agua esté tranquila.

La lluvia no cae sobre un solo tejado.

La verdad debe estar en el amor y el amor en la verdad. El amor no escucha rumores. Donde hay amor, no hay oscuridad.

Un pez y un pájaro pueden enamorarse, pero los dos no pueden construir un hogar juntos.

La sabiduría no es como el dinero para atarla y esconderla.

El verdadero amor significa lo que es mío es tuyo.

Una mujer puede dejar a un hombre al que ama, pero nunca dejará a un hombre que la respeta y la trata con dignidad.

Si el amor es una enfermedad, la paciencia es el remedio.

Un león que ruge no caza ninguna presa.

No zarpes guiándote por la estrella de otra persona.

Verlo con tus propios ojos es diferente a que te lo cuenten.

No todo lo que pierdes es pérdida; a veces es también liberación y aprendizaje.

domingo, 28 de junio de 2026

Frases de sabios

Para todos los que educan, que son todos: "El pensamiento condiciona la acción; la acción determina el comportamiento; el comportamiento repetido crea hábitos; los hábitos estructuran el carácter, la manera de pensar, ser y actuar; y el carácter marca el destino". Aristóteles.

Para los que procastinan: "Lo que no empieza hoy, nunca termina mañana", J. W. von Goethe.

Para los que heredan su riqueza: "Ningún legado es tan rico como la honestidad". William Shakespeare.

Para el bocachancla: "El sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice", Aristóteles.

Para los pródigos y derrochadores: "La mayor riqueza es vivir contento con poco", Platón.

Para los pesimistas:  "No podemos cambiar el viento, pero sí ajustar las velas", Aristóteles.

Para los perseguidos: "No hay camino a la libertad, la libertad es el camino", Mahatma Gandhi.

martes, 28 de abril de 2026

Oído por ahí

De una abogada criminalista:

"Tan anormal es el santo como el criminal"

Rabindranath Tagore: "Si cierras la puerta a la duda, la verdad se queda fuera."

domingo, 19 de abril de 2026

La enseñanza debe adaptarse al alumno, y no al contrario

 Einstein, científico, sobre la importancia de la educación: 

"Si juzgas a un pez por su habilidad de escalar un árbol, vivirá su vida entera creyendo que es inútil"

viernes, 27 de marzo de 2026

Oído en la última de Ryan Gosling

 -¿Crees en Dios?

-Es mejor.

Proyecto Salvación, 2026.


martes, 24 de marzo de 2026

Si fallor, sum

   San Agustín:

 Quid, si falleris? Si enim fallor, sum. Nam qui non est, utique nec falli potest; ac per hoc sum, si fallor. Quia ergo sum si fallor, quo modo esse me fallor, quando certum est me esse, si fallor?

 ¿Y qué, si te equivocas? Porque si me equivoco, existo. Porque el que no existe, ciertamente no puede equivocarse; y por lo tanto, existo, si me equivoco. Por lo tanto, porque existo si me equivoco, ¿cómo me equivoco de que existo, cuando es seguro que existo, si me equivoco?

Marco Tulio Medina:

Un aspecto crucial de la alocución agustiniana, representa que de nuestros errores aprendemos, enfatizando la necesidad de la búsqueda de la verdad. Tal como Sócrates reconocía «Yo solo sé que nada sé», resaltando con ello nuestra ignorancia existencial. En el proceso humano de errar concita la posibilidad de rectificar, y sobre todo aprender de nuestros fallos, y entender que no somos infalibles. Los fracasos económicos, emocionales o laborales nos brindan la oportunidad de alcanzar el ansiado éxito o la paz espiritual, y tal como lo plantea el cristianismo, el arrepentimiento de nuestros pecados o errores es la modificación de nuestro pensamiento (metanoia en griego) y la decisión de no volver a cometerlos. A nivel social, se resalta que las sociedades desconocedoras de su propia historia están condenadas a cometer los mismos errores. Nuestras sociedades son frecuentemente engañadas por políticos deshonestos que buscan sólo su bien personal y no el colectivo. Pero intrínsecamente las mismas sociedades fallan al aplaudir «al vivo» que logra sus objetivos sin los méritos necesarios, haciendo trampa, o corrupción, estos antivalores hunden a nuestras sociedades. En el método científico el paradigma del ensayo y error evalúa una hipótesis, que por definición no necesariamente es verdadera. Múltiples descubrimientos se han logrado usando este abordaje. La misma naturaleza, tal como lo descubrió Charles Darwin en su obra: El origen de las especies, utiliza un proceso similar, donde las modificaciones de los seres vivientes buscan adaptarse a su ambiente para sobrevivir mediante mutaciones genéticas. Un error en este proceso puede conllevar a la extinción de esa especie tal como ha sido confirmado por la arqueología.

jueves, 26 de febrero de 2026

Las citas filosóficas más inquietantes

 A lo largo de la historia de la filosofía han existido observaciones, aforismos, frases y pensamientos muy duros de entender que han perdurado debido a que precisamente revelaron verdades ocultas acerca del ser humano, la mente, la existencia y el sentido.

Sumérgete en este recorrido por algunas de las frases filosóficas más inquietantes de la historia. Empecemos.

Nivel uno. 

Quien con monstruos lucha debe cuidar de no convertirse el mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo mirará también dentro de ti. Friedrich Nietzsche

Nietzsche nos advierte aquí sobre el peligro moral de combatir el mal. Al enfrentarnos a monstruos que simbolizan la maldad o la crueldad, corremos el riesgo de volvernos nosotros mismos monstruos. Es una reflexión sombría sobre cómo la violencia o la maldad que intentamos destruir puede infiltrarse en nuestra alma si no tenemos cuidado. Luchar contra algo terrible puede requerir adoptar métodos o actitudes terribles y en ese proceso nuestra propia ética puede comprometerse. Esta frase es oscura porque revela cómo en la búsqueda por derrotar a lo monstruoso podemos perder nuestra humanidad. y cómo la contemplación prolongada de la oscuridad puede hacer que la oscuridad anide en nosotros.

El infierno son los otros. Jean Paul Sartre, A puerta cerrada.

Con esta frase breve y afilada, Jean Paul Sartre resume una de las ideas centrales de su existencialismo acerca de las relaciones humanas. En su obra A puerta cerrada, los personajes descubren que están  condenados a atormentarse, mutuamente, con sus personalidades y juicios. De ahí surge la frase el infierno son los otros. Sartre no dice que los demás sean intrínsecamente malvados, sino que la mirada y la presencia de otras personas pueden aprisionarnos en una imagen fija de nosotros mismos, convirtiéndose en una fuente de angustia. Es inquietante y oscuro porque sugiere que la convivencia humana está plagada de conflicto y dolor. Nuestra identidad y paz interior pueden ser destruidas por la mirada del otro. Nos hace cuestionar la posibilidad de auténtica armonía, comprensión mutua, presentando a la vida en sociedad casi como un castigo inevitable.

El sueño de la razón produce monstruos. Francisco de Goya en Los caprichos.

Esta famosa frase acompaña a un grabado de Francisco de Goya en el que un hombre dormido es rodeado por criaturas nocturnas, búhos, murciélagos y figuras ambiguas que emergen de la oscuridad. Se ha interpretado que cuando la razón se adormece surgen monstruos como la ignorancia y la superstición. Sin embargo, la lectura más inquietante acorde al resto de Los caprichos de Goya es que no es el sueño como ausencia de razón, sino que también el sueño mismo de la razón, es decir, la ilusión de que la razón por sí sola puede reorganizar el mundo, también genera monstruos.

Desde esta perspectiva, la frase no critica únicamente la irracionalidad, sino también el exceso de confianza en la racionalidad misma. La historia ofrece ejemplos perturbadores, proyectos políticos o sociales que, en nombre de la razón, terminaron justificando violencia extrema, tal como sucedió en la Revolución Francesa. 

El silencio eterno de esos espacios infinitos me aterra. Blaise Pascal en sus Pensamientos.

El filósofo y matemático Blaise Pascal expresó con estas palabras su sobrecogimiento ante la inmensidad del cosmos. Contemplando el cielo estrellado, Pascal sentía pavor al imaginar los espacios infinitos del universo y su silencio eterno. Esta frase refleja la experiencia existencial de sentirse diminuto e insignificante en comparación con la infinita extensión del universo. Es inquietante porque plantea una de las preguntas más profundas posibles. En un universo tan vasto, ¿cómo puede haber tanto silencio? ¿Y qué significado tendría entonces nuestra existencia?

El hombre es lobo para el hombre. Thomas Hobbes.

Thomas Hobbes popularizó esta expresión para describir la cruda naturaleza humana en ausencia del orden social. La idea es que sin leyes ni autoridad que nos contenga, los seres humanos nos trataríamos unos a otros con la ferocidad de los lobos. Desde la perspectiva de Hobbes, en el estado de naturaleza pura, cada individuo sería un enemigo potencial de los demás, guiado únicamente por el instinto y la desconfianza. Sugiere que la civilización y la moral son solo frágiles capas que ocultan una verdad salvaje e incontrolable. 

Nivel dos.

El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el sobrehombre, una cuerda sobre un abismo. Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra. 

En esta metáfora vertiginosa, Nietzsche describe al ser humano como una transición, como un puente entre lo que fuimos, un animal, y lo que podríamos llegar a ser, el sobrehombre. La cuerda sobre el abismo sugiere que esta transición es extremadamente arriesgada y difícil. Estamos suspendidos sobre el vacío existencial, tambaleándonos entre la bestialidad y los ideales superiores. La imagen del abismo indica peligro y posibilidad de caer en el vacío de la desesperación o la locura si no avanzamos con cuidado. Es inquietante imaginar a la humanidad caminando sobre este abismo. Significa que nuestro progreso espiritual o moral no está garantizado y que siempre bajo nosotros acecha la nada, o más bien la regresión a la barbarie. 

Juzgar si la vida vale o no vale la pena de ser vivida es responder a la pregunta fundamental de la filosofía. Albert Camus. El mito de Sísifo.

Albert Camus comienza su obra El mito de Sísifo con esta afirmación contundente. Plantea que la mayor interrogante posible que enfrenta el ser humano es si debe seguir viviendo o no. Es decir, si la vida tiene suficiente sentido o valor como para no elegir la autoeliminación. Para Camus, todos los demás problemas filosóficos como la verdad, el conocimiento o la moral vienen después de resolver esta cuestión básica sobre el sentido de la existencia. La oscuridad de esta frase radica en que nos obliga a enfrentar la posibilidad del sinsentido absoluto. 

No nos perturban las cosas, sino los juicios que tenemos sobre ellas. Epicteto.

Esta frase del filósofo estoico Epicteto encierra una verdad psicológica profunda y es que los eventos en sí mismos no nos causan realmente angustia, solamente la interpretación que hacemos de ellos. Desde la perspectiva estoica, el mundo exterior es como es. Lo que está bajo nuestro control es nuestra propia mente y nuestras opiniones. Un mismo acontecimiento puede ser tolerable o devastador dependiendo la actitud mental con la que lo afrontamos. Esta cita tiene un matiz inquietante cuando se reflexiona y es que implica que el origen mismo de nuestro sufrimiento está en nosotros mismos. Nos quita la cómoda idea de poder culpar al destino o a las circunstancias, recordándonos que nuestra mente puede ser nuestra peor enemiga.

La muerte no es un acontecimiento de la vida, no la vivimos. Ludwig Wittgenstein. 

Ludwig Wittgenstein al final de su obra Tractatus lógicus-philosophicus, afirma que la muerte no es una parte de la vida porque no es experimentada. Te explico, cuando la muerte llega, ya no estamos allí para vivirla. Esta idea, quizás influenciada por Epicuro, señala que la muerte marca el límite de nuestra existencia y de nuestro lenguaje. Nadie puede describir la experiencia de morir, ya que nadie vive para contarla. En cierto sentido, para el sujeto, la muerte no ocurre en el mundo, porque su conciencia, que representa el mundo mismo, deja de existir para él. Es, en otras palabras, su fin del mundo. 

No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Séneca. 

El filósofo romano Séneca, en sus Cartas a Lucilio, reflexiona sobre la brevedad de la vida. Aquí nos dice que la vida en realidad suele ser lo suficientemente larga, pero somos nosotros quienes malgastamos gran parte de ella en trivialidades. No es que el destino nos dé una existencia demasiado corta, sino que nosotros mismos no aprovechamos el tiempo que tenemos. En consecuencia, llegaremos al final sintiendo que no hubo suficiente tiempo cuando el problema fue cómo lo usamos.

Nivel tres.

Toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, no saber permanecer en reposo en una habitación, Blaise Pascal. 

Tenemos aquí otra aguda observación de Blaise Pascal. Aquí afirma que la raíz de muchos de nuestros problemas es la incapacidad de quedarnos quietos y a solas con nosotros mismos. Pascal sostenía que gran parte de la miseria humana, desde las discusiones, guerras, vicios, distracciones insanas y todo tipo de males, surge porque no nos es soportable estar en silencio, en reposo, solo con nuestros pensamientos.

Buscamos constantemente algo que nos entretenga, que nos distraiga y nos agite, cualquier cosa para huir de la confrontación con nuestro propio vacío y nuestras propias inquietudes. Esta idea es profundamente inquietante. Revela una profunda verdad psicológica y existencial. Huimos  constantemente de nosotros mismos. 

El miedo a la muerte envenena toda la vida. Lucrecio.

El poeta y filósofo romano Lucrecio, seguidor también de Epicuro, señaló que el temor a la muerte contamina la experiencia de vivir. Cuando vivimos con miedo constante a morir, ya sea de la aniquilación o el castigo o simplemente al fin de nuestros días, ese miedo actúa como un veneno sutil que le quita el sabor y la paz a nuestra vida. Nos preocupamos, sufrimos por anticipado y no logramos, por lo tanto, disfrutar el presente. Este veneno es lento y constante, una ansiedad de fondo que puede impedirnos alcanzar la paz. Irónicamente, el miedo a morir es el que más impide vivir plenamente. 

Una conciencia demasiado clarividente es, se lo aseguro, una enfermedad. Una enfermedad verdadera. Fiodor Dostoyevski. En su obra Memorias del subsuelo.

En esa obra, Fiodor Dostoyevski nos presenta a un narrador sumido en una hiperconciencia del sí mismo y del absurdo de la realidad. Cuando dice que una conciencia excesivamente lúcida es una enfermedad, señala lo doloroso que puede ser verlo todo con demasiada claridad y profundidad. Esta enfermedad es reflexionar sin cesar, analizar cada motivo y cada acción hasta quedar paralizado y no poder deliberadamente detener esa reflexión. El protagonista sufre precisamente por ser demasiado consciente de sus propias contradicciones e impotencia. En ella se sugiere que la ignorancia o la falta de reflexión puede dar cierta salud y funcionalidad. A veces entender demasiado, ser demasiado consciente de la condición humana puede hundirnos en la inacción y la amargura.

El hombre parecería ser en muchos sentidos una especie de error. Arthur Schopenhauer.

Arthur Schopenhauer, filósofo propio del pesimismo, veía la existencia humana bajo una luz muy negativa, sin embargo, reveladora, ya que en sus ensayos llegó a afirmar que quizás nuestra existencia parecería ser un error. Esta frase resume su visión. El ser humano es una criatura de deseos insaciables, que sufre más de lo que goza y que incluso cuando satisface sus necesidades cae en el aburrimiento y la desesperanza. Schopenhauer pensaba que si la vida estuviera bien hecha tendríamos esa sensación de vacío ni tanto dolor del sin sentido. Por eso él considera al hombre un experimento fallido o que no vive como debería vivir. La oscuridad de esta idea es evidente.

Nivel cuatro. 

El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Jacques Lacan.

Lacan, psicoanalista francés, formuló esta célebre idea que reinterpreta el legado de Freud. Decir que el inconsciente está estructurado como un lenguaje significa que nuestros pensamientos y deseos inconscientes no son un caos inentendible, sino que tienen organización y reglas similares y complejas como las de un lenguaje y que por eso es tan misterioso y variable como él mismo. La frase de Lacán fascina, pero también perturba porque nos hace sentir habitados por estructuras psíquicas que aún escapan a nuestra propia comprensión consciente. 

Decir algo es hacer algo. J. Austin.

 J. L. Austin, filósofo del lenguaje, revolucionó la lingüística filosófica para siempre con la idea de los actos del habla. Con esta frase enfatiza que al pronunciar ciertas palabras no solo estamos describiendo la realidad, sino actuando sobre ella. Por ejemplo, al decir lo juro en un tribunal uno no describe un juramento. Efectivamente está jurando. Al decir sí acepto en una boda, uno no relata una aceptación, sino que se casa en ese mismo acto. Hablar, entonces, es una forma de acción. Las palabras tienen poder real. Decir algo y hacer algo nos recuerda que no hay palabras inocuas. Con el lenguaje podemos herir, comprometer, bendecir o maldecir. Filosóficamente, derriba la supuesta separación entre palabras y acción, mostrando que las fronteras entre pensamiento, habla y realidad son auténticamente difusas.

El amor propio es el máximo adulador. François de La Rochefoucauld. 

El duque de La Rochefoucauld escribió Aforismos penetrantes sobre la naturaleza humana. En este nos dice que nuestro amor propio, es decir, nuestro ego y nuestra autoestima, nos engañan más y mejor que cualquier adulador externo. Somos propensos a creer lo que nos conviene creer sobre nosotros mismos. Nuestro ego nos susurra alabanzas y justificaciones junto a autoengaños constantemente, pintándonos en mejor luz de la real. Así nos convertimos en víctimas y cómplices de la más sutil de las lisonjas, la que nos hacemos a nosotros mismos. Esta cita desnuda un aspecto oscuro de la psicología humana. La autoindulgencia y la dificultad de vernos con objetividad es inquietante porque implica que incluso cuando intentamos ser humildes o sinceros, nuestro amor propio puede estar manipulándonos sin que lo notemos, haciéndonos creer que somos más justos, más inteligentes o más importantes de lo que realmente somos. 

Si los hombres fueran sinceros, la sociedad se disolvería en pocos días. George Christoph Lichtenberg.

Con su mordaz ingenio. Lichtenberg sugiere aquí que la cohesión social depende de una cierta dosis de falsedad o al menos de silencio sobre la verdad. Si todos dijéramos exactamente lo que pensamos y sentimos sin filtros, las fricciones y conflictos serían insoportables. Las convenciones sociales, la cortesía y las normas actuarían como una especie de aceite que suaviza las asperezas reales entre las personas. La sinceridad absoluta eliminaría esa lubricante exponiendo crudamente las diferencias y resentimientos que los humanos ocultan. Es inquietante porque revela que la sociedad está en buena parte fundada, sino en la hipocresía, en la ocultación. ¿Cuánta verdad puede soportar una sociedad antes de romperse? 

Nivel cinco. 

Todo pecado es impaciencia. Franz Kafka. Aforismos de Suro. 

Franz Kafka, en sus aforismos finales escritos en la ciudad de Suro, hace esta afirmación enigmática. Considera que la impaciencia es la raíz de todas nuestras faltas. Si lo pensamos bien, ser impaciente significa no saber esperar el curso natural de las cosas, querer el resultado ya y saltarse los pasos. En términos religiosos se interpreta con el mito bíblico mismo que Kafka trata. Adán y Eva pecaron por impaciencia al no respetar el límite impuesto por Dios buscando un conocimiento inmediato. Es una frase profunda y oscura porque redefine el mal en términos psicológicos. No es tanto la maldad deliberada, sino esa prisa interior, esa ansiedad que nos hace desviarnos. Kafka sugiere que el mal de la humanidad proviene de no saber esperar. 

El mal es todo aquello que distrae. Franz Kafka. 

Otro aforismo del mismo Kafka, que como muchos de los suyos tienen múltiples lecturas, apunta lo siguiente. El mal consiste en cualquier cosa que nos desvía de nuestro verdadero propósito o de la verdad esencial de la vida. Espiritualmente hablando, las distracciones mundanas pueden alejar al individuo de un camino correcto, de su búsqueda de sentido. Kafka parece sugerir que lo que realmente es pernicioso no siempre viene, digamos así, estridentemente, sino que son las pequeñas distracciones cotidianas, las tentaciones futiles, lo que nos saca de nuestro rumbo y nos entierra en la mediocridad o peor la falsedad. Es una visión inquietante del mal porque no lo coloca fuera en un demonio reconocible ni le echa la culpa a nadie. Es lo trivial de cada día en el perder el tiempo en tonterías, en dejarse anestesiar por entretenimientos vacíos y en olvidar nuestras metas por estímulos pasajeros. El verdadero mal entonces no nos hace cometer, digamos, de alguna manera, grandes obras, simplemente nos distrae.

Lo que es místico no es cómo es el mundo, sino qué sea. Ludwig Wittgenstein. 

Ludwig Wittgenstein, en sus Cuadernos personales, señala que el verdadero misterio no reside en los detalles de la realidad, sino en el hecho de que exista algo en lo absoluto. Solemos preguntarnos cómo funcionan las cosas, por qué son de tal o cual manera. Pero aquí Witgenstein nos hace mirar más allá. El asombro filosófico máximo es que haya un mundo, que haya ser en vez de nada. Esto es lo místico, lo inexplicable, lo inefable e indecible.

Esta frase es profundamente filosófica y provoca una mezcla de maravilla y desasosiego. Por un lado, despierta una sensación de asombro casi espiritual ante el mero hecho de la existencia, pero por otro lado es oscura en el sentido de que nos lleva al límite mismo de la razón. No podemos dar respuesta al porqué último de la existencia. Que el mundo sea es un enigma que escapa a cualquier intento de explicación científica o lógica, situándonos frente al total silencio místico. Widgenstein, en sus palabras, nos recuerda así nuestra posición humilde ante el misterio absoluto de la realidad. 

Los cerdos gozan más del lodo que del agua pura. Heráclito. 

Heráclito ofrece aquí una imagen provocadora para reflejar cómo diferentes naturalezas encuentran placer en cosas diferentes y cómo a menudo la naturaleza de ciertas personas prefiere lo inferior. Los cerdos, los animales que simbolizan la suciedad o la bajeza, disfrutan revolcándose en el lodo mientras que el agua limpia les es indiferente o menos atractiva. Este fragmento oscuro suele interpretarse como una crítica a aquellos que, teniendo la opción de algo bueno, puro o elevado, eligen lo sucio o vil, el placer y sus costumbres. La frase es inquietante porque sugiere una visión pesimista de cierta parte de la humanidad, quizás bastante amplia. Insinúa que hay quienes por su naturaleza o hábitos prefieren la ignorancia, prefieren el vicio y la bajeza, es decir, el lodo antes que la virtud o la verdad, el agua pura.

Heráclito conocido por su carácter misántropo, parece lamentar que muchos no aprecien lo bueno y lo limpio, deleitándose en cambio, en lo mezquino y bajo. 

Finalmente, con una de las implicaciones más profundas de la historia de la filosofía, a mi parecer, cito a Ludwig Wittgenstein con esta frase: "El mundo del feliz es otro que el del infeliz."

Esta críptica frase de Wittgenstein en su Tractatus sugiere que la realidad que habitamos depende en gran medida de nuestra actitud o estado de ánimo. No quiere decir que físicamente existan dos mundos, sino que una persona feliz percibe, entiende y vive el mundo de un modo completamente distinto al de una persona infeliz. Cuando estamos felices, el conjunto de hechos y objetos de la vida se organiza para nosotros de una forma luminosa. Cuando estamos infelices, esos mismos hechos componen un panorama sombrío. La idea filosófica de fondo es que nuestra subjetividad crea una especie de submundo propio. Es inquietante porque implica que la felicidad o la infelicidad no son meros estados pasajeros, sino lentes que colorean toda nuestra existencia y la manera en la que comprendemos el universo. Dos individuos, en las mismas circunstancias objetivas viven en universos lingüística y emocionalmente diferentes. Una paradoja difícil de comprender. 

Gracias por haber visto este video. Espero que te haya hecho reflexionar. ¿Qué otra frase hubieras incluido? 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Intus est

 Deus prope est, tecum est, intus est: "Dios está cerca de ti, está contigo, está dentro de ti". Séneca, Epístolas a Lucilio, XLI.

lunes, 16 de febrero de 2026

Cervantes y la libertad

Cervantes, en El trato de Argel:

Si las prisiones no doblas,  /  haz cuenta que me has perdido: / que, aunque me desmoches todo,  / y me pongas de otro modo / peor que este en que me veo, / tanto el ser libre deseo,  /  que a la fuga me acomodo / por la tierra o por el viento, / por el agua y por el fuego, / que, a la libertad atento, / a cualquier cosa me entrego / que me muestre este contento.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Umberto Eco, Sobre los libros

 Umberto Eco,  Sobre los libros:

Es una tontería pensar que tienes que leer todos los libros que compras, ya que es una tontería criticar a aquellos que compran más libros de los que nunca podrán leer; sería como decir que hay que usar todos los cubiertos, o gafas, o destornilladores, o puntas de taladro que hayas comprado antes de comprar nuevos. Hay cosas en la vida de las que necesitamos tener siempre un montón de suministros, incluso si solo usaremos una pequeña porción. Sí, por ejemplo, consideramos los libros como medicina, entendemos que es bueno tener muchos en casa en lugar de pocos cuando quieres sentirte mejor. Entonces vas al armario de medicinas y eliges un libro, no uno al azar, sino el libro correcto para ese momento; es por eso que siempre debes tener una elección de nutrición. Los que compran un solo libro, leen solo ese y luego se deshacen de él simplemente aplican la mentalidad de consumidor a los libros, es decir, los consideran un producto de consumo, un bien. Los que aman los libros saben que un libro es cualquier cosa menos una mercancía.

jueves, 27 de noviembre de 2025

Arnold, Epigrama sobre Francia

 Matthew Arnold:

Francia, famosa en todas las grandes artes, no es suprema en ninguna.


lunes, 10 de noviembre de 2025

Lo que dicen los tiranos...

 Es sentencia popular y muy admitida de los buenos oídos de estos tiempos:

"El niño dice lo que está haciendo, el viejo lo que hizo y el pendejo lo que va a hacer"

Donde dice "pendejo" léase "Trump".

domingo, 9 de noviembre de 2025

¡Qué sabios son estos georgianos!

 Toda su vida la oveja le temió al lobo, pero fue el pastor el que se la comió.

Proverbio georgiano

lunes, 13 de octubre de 2025

Cormac McCarthy en su Meridiano de sangre

 Se considera la novela histórica más importante de este curioso autor, y una de las mejores de Estados Unidos en el siglo XX para críticos tan capaces como Harold Bloom. Su título ya dibuja una metáfora de la cruel línea fronteriza al sur de los Estados Unidos. En ella se levanta un personaje shakespeariano y terrorífico que sí existió realmente, el siniestro, amoral y presuntamente inmortal juez Holden, albino, cultísimo y de 2, 12 metros de alto. Una especie de judío errante. Es el que pronuncia estos textos:

"Si Dios quisiera interferir en la degeneración de la humanidad ¿no lo habría hecho ya? Los lobos se regulan solos, hombre. ¿Qué otra criatura podría hacerlo? Y ¿acaso la raza humana no es aún más depredadora? La forma del mundo es florecer y morir; pero en los asuntos de los hombres no hay falta y el mediodía de su expresión señala el comienzo de su noche. Su espíritu se agota en la cima de su logro. Su mediodía es a la vez su crepúsculo, y la tarde de su día. Si le gustan los juegos, que juegue por algo. Esto que ves aquí, estas ruinas, admiradas por tribus de salvajes, ¿no crees que esto volverá a pasar? Sí. Y otra vez. Con otra gente, con otros hijos."

"Los hombres nacen para los juegos, nada más. Todo niño sabe que el juego es más noble que el trabajo. Y también que el valor o mérito de un juego no es propio del juego en sí, sino lo que se arriesga. Los de azar requieren una apuesta para tener algo de significado; los deportivos implican habilidad y fuerza en los oponentes; la humillación de la derrota y el orgullo de la victoria son, en sí mismas, apuestas suficientes, porque integran cuánto valen los participantes y los definen. Pero, sea azar o deporte, todos los juegos aspiran a la condición de la guerra, porque lo que se apuesta se traga al juego, al jugador y a todo."

"Al juez le daba igual lo que los hombres pensasen de la guerra.  La guerra perdura y es como preguntarle a la gente qué piensa de las piedras. La guerra siempre estuvo ahí, antes que el hombre; la guerra lo esperaba. El negocio definitivo que esperaba a su practicante definitivo. Así fue y así será. De esa manera, y no de otra". 

"Ese sol es como el ojo de Dios y cocinaremos imparcialmente sobre esta gran plancha silícea, te lo aseguro."

"La memoria de los hombres es incierta, y el pasado que fue, poco difiere del que no fue."

"No hay tanta alegría en la taberna como en el camino hacia ella"

"Baila como si nadie te estuviera viendo, canta como si nadie te estuviera escuchando"

El Chico / Hombre: "No eres nada." El Juez: "Hablas con más verdad de la que sabes."