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miércoles, 1 de abril de 2026

Carmen de Burgos, Colombine

 Carmen de Burgos, la primera mujer periodista en España que tuvo un contrato, en El País, por Alberto G. Palomo, 1 abr 2026:

La periodista de guerra y escritora se adelantó a su tiempo pero después la dictadura la borró de los libros. Su memoria reverdece hoy de la mano de otra mujer

Dos años antes de que Lorca estrenara Bodas de sangre, una mujer ya había narrado aquella historia inspirada en el crimen de Níjar. Era Carmen de Burgos con Puñal de claveles, de 1931. Cada cual eligió su estilo y su desenlace, pero la materia prima era la misma. Hubo otra diferencia: cómo les trató la posteridad. El poeta granadino quedó inscrito en el canon. A ella le esperó el ostracismo.

Carmen de Burgos fue la primera mujer periodista en España con contrato en una redacción. Firmó reportajes sociales con su propio nombre o con seudónimos como Colombine. Viajó a Melilla en 1909 para informar sobre la guerra. Defendió la educación, la emancipación y la independencia de las mujeres en una sociedad que apenas les reconocía derechos. Incluso montó su tertulia con amigas en el salón de su casa mientras en los cafés eran los hombres quienes tejían greguerías.

Y, sin embargo, durante décadas apenas ocupó una línea en los manuales. Feminista, republicana y anticlerical, De Burgos encarnaba todo aquello que el régimen franquista se propuso extirpar del relato cultural español. Tras la Guerra Civil, aunque llevaba ya años muerta (falleció en 1932), fue incluida en la lista de autores prohibidos.

Entendía el periodismo como una herramienta de transformación social y la literatura como una “confesión a voces”. Sus experiencias alimentaban su obra. En La malcasada volcó la herida de un matrimonio fallido. A pesar de aquel tormento, mantuvo después una intensa relación con Ramón Gómez de la Serna, en una unión tan admirada como criticada. Fue protagonista de su tiempo, pero también rehén de los prejuicios de esa época: campañas de desprestigio, rumores, ataques personales.

Durante décadas, su rastro quedó reducido a una placa discreta en el portal de su última casa en la capital. España cabalgó por la Transición sin revisar a quién había dejado atrás. Hasta que una colega tropezó con sus artículos. Victoria Gallardo investigaba los oficios desaparecidos de las mujeres madrileñas cuando descubrió que, un siglo antes, De Burgos había dedicado una serie de reportajes en el Heraldo de Madrid al mismo asunto.

“Noté una especie de conexión”, explica. De aquel flechazo surgió Todos los nombres de Carmen, un volumen que no solo reconstruye una biografía, sino que interpela una desmemoria. Gallardo evita la hagiografía. No presenta a Carmen como una heroína, sino como alguien con grietas de vulnerabilidad. Capaz de soltar frases impagables —“No eres hija mía si lloras delante de los alemanes”, le dijo a su hija al ser acusada de espía en un tren durante la Primera Guerra Mundial— y de momentos de duda. La recuperación de su figura no es un gesto aislado. “Comienza a renacer gracias, por ejemplo, a la exposición que le dedicó el pasado año la Biblioteca Nacional de España y al empeño de biógrafos y documentalistas”, señala Gallardo, que no pretende ajustar cuentas, sino ensanchar el legado: “Carmen peleó por un Madrid más justo, conquistando espacios que les habían sido vetados y derechos que les habían sido negados. Ellas abrieron el camino por el que hoy nosotras transitamos”.

Recordar a Carmen de Burgos es “lo mínimo”, sostiene. Aunque no resulte un ejercicio de nostalgia, sino de lanzar interrogantes: ¿cuántas más quedaron fuera? ¿Quién decide qué permanece? La propia corresponsal anotó que “el olvido tiene la melancolía de las cosas que mueren”. Y tal vez el suyo no se debía a un deceso natural, sino a un coma inducido. Pero hay quien intenta corregir esta laguna histórica. Como Victoria Gallardo, que restituye, en parte, esa genealogía mutilada.

jueves, 12 de febrero de 2026

Memorias de Jung Chang, disidente china

 Jung Chang, escritora: “Si la gente pensara que China es tan maravillosa iría para allá”, en El País, Berna González Harbour, Madrid - 10 feb 2026 

La autora firma una biografía familiar trepidante, desde el concubinato de su abuela a su exilio desde su China natal.

Jung Chang saltó a la fama en 1991 al publicar su historia en Cisnes salvajes, una odisea a partir de la vida de su abuela, concubina de un general durante el imperio chino; la de su madre, líder comunista luego represaliada; y la suya propia, joven de la Guardia Roja china desencantada tras la devastadora represión de la Revolución Cultural. Aquella joven nacida hace 73 años en Yibin (Sichuán, China) logró salir a Londres, estudiar, escribir y triunfar y ahora vuelve con Vuelan los cisnes salvajes (Lumen), donde retoma una biografía familiar trepidante, imbricada en la historia china del último siglo.

Pregunta. Su libro rezuma miedo. ¿Sigue sintiéndolo?

Respuesta. Sí porque crecí bajo el mandato de Mao y el miedo estaba embebido en nuestros corazones. Hoy intento derrotarlo, no sentirlo y seguir con mi vida, pero está.

P. Retrata a su madre como una gran luchadora. ¿Cuál fue su principal lección?

R. Hoy tiene más de 90 años, está muy frágil y no podemos hablar mucho, pero nos podemos ver por videollamada. Ella me enseñó a ser fuerte, valiente, a hacer lo que creo correcto y a escribir, a contar la verdad.

P. ¿Reconoce la China de hoy, la de Xi Jinping?

R. Es muy distinta de la de Mao. Yo crecí en tiempos de violencia pública, de denuncias horribles cuando se paseaba a las víctimas por las calles, se les pegaba, incluso niños a sus padres. Y hoy es muy distinto. Hay miedo y represión, pero no se puede volver al maoísmo.

P. ¿Hoy China es más capitalista o comunista?

R. En esencia, sigue siendo comunista, en China aún no se permite la propiedad de la tierra sino solo comprar derechos de uso por 70 años. A la gente se le permiten ciertas libertades y tener dinero, pero si el partido lo decide, puedes perderlo todo. Hay libertad, pero siempre que no vayas más allá de los límites del partido.

P. ¿Su peor recuerdo?

R. Ver a mis profesores ser pegados en la escuela, ver a mis padres torturados, a mi abuela sufrir muchísimo dolor. Uno de los peores recuerdos fue ver a mi abuela desmayarse cuando mi madre sufría, cuando era exhibida por las calles humillada, atormentada. Mi abuela se desmayó ante mí y su cuerpo cayó rígido como una tabla, su cráneo chocó contra el suelo, perdió la conciencia y ese momento me aterrorizó.

P. La vida de su abuela quedó marcada por su concubinato cuando solo tenía 15 años.

R. Ella fue entregada a un general para ser su concubina en los años veinte y, cuando él murió y mi abuela quiso casarse, la familia de su novio se puso en contra por la deshonra que iba a suponer. Su hijo se pegó un tiro y murió. La vida se convirtió en imposible para mi abuela, a mi madre la acosaban muchísimo y eso conformó su personalidad. Por eso se unió al comunismo, que prometía acabar con el concubinato. Pero después quedó devastada porque la asociación de mujeres comunistas que debía liberarlas tampoco quería a mi abuela, ni sentarse con ella en la boda.

P. ¿Es posible superar esos traumas?

R. Cuando viajé a China y hablé con muchas personas para mis libros descubrí que, al abordar el pasado, esas personas cambiaban y se ponían a temblar, no encontraban las palabras, no hablaban de forma coherente. Me di cuenta de que el trauma no se había convertido en recuerdo y no podían pensar en el pasado sin perderse, no sabían qué hacer, qué decir, el dolor era demasiado profundo. Ojalá lo hubiesen podido tratar los psicólogos. El recuerdo fue borrado a propósito, metido debajo de la alfombra. A la gente se le pidió ignorar y olvidar.

P. Usted creció fascinada por Mao.

R. Crecí bajo el culto a su personalidad. Mao era nuestro Dios. Yo misma empecé a horrorizarme con la Revolución Cultural, tenía 14 años y no pensé en culpar a Mao, era una persona que venía dada, como comer, vestirse y obedecer. Poco a poco, con los años, cuando logré irme de China en 1978, a los 26, Mao estaba muy lejos de ser Dios en mi mente. El día que murió todo el mundo estaba llorando, pero yo tenía los ojos secos, no tenía lágrimas para él. Después le investigué para una biografía que firmé con mi marido [Mao, la historia desconocida, Taurus, con el historiador Jon Halliday], descubrimos verdades horribles y hoy le veo como una de las personas más malvadas del siglo XX en el mundo, al lado de Hitler y Stalin.

P. Desde hace unos años no puede volver a China. ¿Conocen allí sus libros y su fama?

R. Hoy hay menos personas que me conocen a mí y a mis libros que hace diez años. Cuando se publicó Cisnes salvajes y la biografía de Mao, aunque fueron prohibidos, había ediciones piratas. Pero ahora mismo el control es mucho más fuerte debido a las tecnologías. Mi nombre y el de mis libros están totalmente bloqueados. El software y aplicaciones que se usan te hacen la vida muy fácil, puedes pagar y hacer muchas cosas, pero facilitan el control. Por eso menos personas me conocen hoy.

P. ¿Cree que verá allí publicados sus libros?

R. No lo sé. Es poco probable. Están pasando muchas cosas como la nueva purga en el Ejército, personas que eran base de poder de Xi Jinping han caído y hay mucha determinación de tomar Taiwan por la fuerza. Ojalá sucediera, pero ya se verá, hay muchas variables que desconozco.

P. ¿Cree que Trump conseguirá hacer a China Más Grande de Nuevo, en lugar de a América, visto lo visto?

R. Lo que Trump ha hecho a sus aliados es lo que China quiere ver, pero eso no hace o no debería hacer de China un mejor amigo de Occidente. No creo que los europeos sean tan ingenuos como para unirse al otro lado al no estar contentos con el comandante de su bando. Y China no mira a los países democráticos como amigos, básicamente los quiere utilizar. Son dos cosas distintas.

P. Pero la reputación de China va aumentando mientras decrece la de EE UU.

R. No estoy muy segura. Hay muchas personas y países que quieren el dinero chino y por eso dicen cosas bonitas sobre China, pero nada más. Los refugiados arriesgan su vida y cruzan mares para ir a EE. UU. y Europa, pero nadie está corriendo hacia China. Si realmente pensaran que es tan maravillosa, irían para allá. En China había una broma política: “¿Qué tienen en común un chino y un ciudadano de una democracia? Que ambos pueden abusar del gobierno democrático”.

miércoles, 21 de enero de 2026

El infanticidio y destrozo a las mujeres caídas de Irlanda

 El cruel drama de las "mujeres caídas": cómo Irlanda destrozó la vida de más de 60.000 madres, en El Mundo, Andrés Seoane, 6 mayo 2025:

Auspiciada por el Estado y dirigida por la Iglesia, entre 1922 y 1998 existió una red de hogares para madres y bebés que provocó la muerte de más de 9.000 niños. Caelainn Hogan narra su terrible historia en ‘La república de la vergüenza y reclama justicia. "Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes". Hay sábanas con los nombres de los casi 800 niños muertos colgadas en las puertas de la fosa común de 796 bebés hallada en el antiguo Hogar para madres y bebés de Tuam, Galway.

El libro es La república de la vergüenza, por Caelainn Hogan. Traducción de Elena Pérez San Miguel. Errata Naturae. 328 páginas.

En 2014, Irlanda se vio sacudida por una noticia impactante. Según las investigaciones de la historiadora local Catherine Corless los cadáveres de casi 800 bebés y niños yacían en los terrenos del Hogar para Madres y Bebés Bon Secours de su pueblo, Tuam, ubicado en el condado de Galway al oeste del país y regentado entre 1925 y 1961 por las Hermanas del Buen Socorro. Corless descubrió cientos de certificados de defunción -las causas de muerte más comunes apuntadas eran debilidades congénitas, enfermedades infecciosas y desnutrición- pero ningún registro de entierro.

Ante el revuelo del caso, se abrió una investigación y entre 2016 y 2017 las excavaciones realizadas en una fosa común sin marcar, ubicada en la antigua fosa séptica del edificio, revelaron los restos de 796 individuos de edades comprendidas entre las 35 semanas de gestación y los tres años. La gravedad del horrible hallazgo llevó a la creación de una Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés que se propuso explorar y documentar el legado persistente de las instituciones religiosas en Irlanda.

Fue en ese 2017, con la polémica candente, cunado la periodista experta en conflictos, migración y marginación Caelainn Hogan (Dublín, 1988), regresó a su Dublín natal tras varios años trabajando en países como Nigeria, Sudáfrica, Estados Unidos, Siria o España -donde escribió reportajes sobre el movimiento antidesahucios y las protestas de los indignados-. "Ese año ocurrieron en Irlanda muchas cosas que generaron un profundo debate social sobre el embarazo y los derechos reproductivos, las personas separadas de sus hijos y el trato que la Iglesia y el Estado habían dado a las mujeres embarazadas y sus bebés. Muchos supervivientes comenzaron a la voz y a contar sus terribles historias, y al empezar a hablar con ellas me di cuenta de que era un problema persistente, que no era algo del pasado o de la historia, sino que afectaba a miles de vidas hoy en día".

De todas esas conversaciones, reportajes e investigaciones nació el espeluznante y conmovedor ensayo La república de la vergüenza (Errata Naturae), que recoge muchos de estos testimonios y glosa el funcionamiento de esta red de instituciones, regentadas por la Iglesia pero apoyadas y sufragadas por el Estado, para ocultar, castigar y explotar a las llamadas "mujeres caídas o descarriadas". Narrado en primera persona, Hogan, hija de padres que nunca se casaron, comprobó con espanto que ella misma y su madre podían haber acabado en un lugar así.

"No hablé con nadie en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones. Nací en 1988, y sólo un año después de que el estado cambiara la ley de ilegitimidad (Legitimacy of Children Act) [hasta 1987 los hijos nacidos fuera del matrimonio tenían en Irlanda un estatus legal inferior], así que si hubiera nacido solo unos meses antes... Al hablar con supervivientes descubrí que muchas mujeres y niñas todavía eran enviadas a estos hogares para madres y bebés en mi época, y que el último, en Donegal, dirigido por laicos, pero con una fuerte influencia de la Iglesia, no cerró hasta 2006", explica. "También descubrí que era algo mucho más común de lo que parece, no hablé con ninguna persona en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones".

Las popularmente conocidas como lavanderías de la Magdalena nacieron en el siglo XVIII para ayudar a mujeres que habían caído en la prostitución, a las que buscaban trabajo como lavanderas o sirvientas, pero en el siglo XX sus prácticas habían cambiado mucho. Regentadas por órdenes de monjas como las Hermanas del Buen Socorro, de la Misericordia, del Sagrado Corazón o las Hijas de la Caridad, estas instituciones repartidas por todo el país se convirtieron en lugares donde niñas y mujeres, llamadas "penitentes" eran encarceladas y condenadas a la servidumbre. Y en los hogares maternales, las mujeres que habían quedado embarazadas fuera del matrimonio eran ocultadas, y en la mayoría de los casos sus bebés eran adoptados, muchas veces ilegalmente.

Miedo, culpa y vergüenza

"En los años 90, mucha gente comenzó a hablar sobre lo que les había sucedido en estas instituciones religiosas y eso erosionó la autoridad y el poder casi omnipotente que la Iglesia había tenido en el país. Se comenzaron a investigar cosas como y el abuso infantil sistémico en escuelas y reformatorios y también los casos de las lavanderías de la Magdalena y los hogares para madres y bebé, descubriendo poco a poco la trama de encarcelamientos, trabajos forzados, abusos sexuales, maltratos físicos, negligencias médicas", explica la autora. El libro relata muchas experiencias escalofriantes de estas "penitentes", algunas enviadas allí por sus propias familias, otras convencidas por monjas y sacerdotes, algunas embarazadas a raíz de violaciones dentro o fuera del hogar familiar...

"Se las obligaba a trabajar gratis y se les negaba cualquier contacto con sus hijos, incluso información. A veces, pasaban toda su vida en estas instituciones hasta su muerte, y muchas llegaron a tomar los votos para mejorar algo su vida. Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes", resume Hogan para quien lo peor de todo era el estigma, "la culpa, el miedo y la vergüenza" que las religiosas inculcaban en las mujeres. "Los embarazos eran tratados como delitos, así que ellas eran tratadas como delincuentes y se hablaba en términos penales de sus embarazos y sus hijos. Lejos de ser refugios u hogares, eran prisiones reales y morales que causaron un daño inconmensurable a generaciones enteras". "Muchas madres vivieron toda su vida en silencio. Lo peor es la sensación de vergüenza, miedo y culpa que se les inculcó"

Y, todo ello ocurrió, como destaca Hogan, con la connivencia del Estado. "Aunque estos centros ya existían, desde 1922 [año de la independencia de Irlanda] fue muy útil para el Estado poder recluir a mujeres y niños en estas instituciones y ceder ese poder a la Iglesia en lugar de tener que mantener a estas familias que consideraban inferiores e inmorales. Hasta los años 70 no existía ningún tipo de apoyo o ayuda social para las madres solteras porque el Estado no las consideraban familias ante la ley y no querían apoyarlas", denuncia Hogan.

"Por eso, estaban felices de enviarlas a instituciones, de pagar su internamiento a las monjas y hacer desaparecer lo que consideraban un problema, la prueba de la sexualidad extramatrimonial, algo que la Iglesia y el Estado afirmaban que no debía existir. Irlanda era una teocracia de facto y en este ideal de nación católica perfecta las mujeres y niñas embarazadas, eran un desafío literalmente físico. Y fueron tratadas como una amenaza y desaparecieron a través de estas instituciones".

El último hogar de este tipo cerró sus puertas en 1998, sin embargo, la sombra de estos lugares sigue muy viva en la memoria irlandesa, donde si bien sigue existiendo una enorme influencia de la Iglesia, la conservadora, restrictiva y patriarcal moral social que permitió la normalización y larga supervivencia de estas instituciones está en extinción, como apunta Hogan con un ejemplo.

"En 2018, el año de la visita del Papa, aprobamos un referéndum a favor del derecho al aborto y de la derogación de la prohibición constitucional del aborto", explica. "Durante la misa papal charlé con varias mujeres de fe para quienes ver al Papa significaba mucho. Pero también habían votado a favor de la derogación de la prohibición del aborto y eran proelección. Y no son casos aislados. La Iglesia debe lidiar con que mucha gente en sus filas cree en una mayor igualdad y libertad de la que ellos ofrecen actualmente".

En busca de justicia

En 2021 se publicó, tras varios retrasos, el informe de la Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés, y los datos fueron demoledores. Casi 60.000 madres solteras y unos 57.000 niños, de los cuales más de 9.000 murieron, pasaron por los hogares investigados por la comisión en esos más de 70 años, la mayoría entre las décadas del 60 y 70. Se sucedieron las disculpas públicas, del Taoiseach Micheál Martin al propio Papa Francisco, pero, como denuncia Hogan, los resultados han sido más bien escasos.

"El Estado está dilatando y restringiendo las indemnizaciones, pero si los afectados mueren sus familias seguirán reclamando justicia". "En cuanto a la Iglesia, las órdenes religiosas implicadas se han negado, en su mayoría, a ofrecer compensación económica a las víctimas e incluso a ofrecer información a muchos supervivientes sobre sus hijos o mares, lo que es terrible", lamenta. "En Bessborough, hogar ubicado en Cork, sabemos hoy que murieron más de 900 niños, pero aún desconocemos dónde están enterrados más de 800".

Sin embargo, la periodista considera todavía más mezquina la actitud del Gobierno irlandés. "Se aprobó un plan de reparaciones del que, de golpe, se excluyó a unos 20.000 supervivientes de forma arbitraria, con excusas tan peregrinas como que no habían pasado más de seis meses en estos hogares. Además, de los 800 millones de euros previstos, hasta ahora sólo se han gastado 55", denuncia.

También, abunda, se les niega a muchos su identidad real, prohibiéndoles acceder a sus historiales médicos y partidas de nacimientos, incluso amparándose en las leyes de protección de datos de la Unión Europea. "Todas las promesas comienzan a parecer pura palabrería. La mayoría de esta gente sólo quiere respuestas, saber donde está enterrado su bebé o su madre. El Estado está dilatando, negando y restringiendo las indemnizaciones, pero no entienden que si los afectados mueren sus familias continuarán reclamando justicia. El silencio se ha roto y la verdad, al final, triunfará", concluye.

El franquista Patronato de Protección a la Mujer

 Celda, oración y castigo: la oscura máquina de represión sexual y moral de la mujer en el franquismo, en El Mundo, Irene Merayo Alba, 21 enero 2026: 

El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución clave del franquismo dedicada a vigilar, internar y corregir a quienes se apartaban del ideal femenino del nacionalcatolicismo, cuenta Carmen Guillén en el libro 'Redimir y adoctrinar'. Celda, oración y castigo: la oscura máquina de represión sexual y moral de la mujer en el franquismo

La historia es un relato de silencios: casi tanto importa lo contado como aquello que permanece en la sombra. El recién terminado 2025 marcó 40 años -que no son tantos- desde el cierre de una de las instituciones más oscuras y desconocidas del franquismo, tan arraigada que sobrevivió incluso al régimen: el Patronato de Protección a la Mujer. Sin embargo, el desaparecido organismo no está en el imaginario colectivo de la mayoría de los españoles.

El Patronato fue concebido como un organismo de control moral femenino, basado en un sistema carcelario, trabajos forzados, oración, disciplina y castigo, legitimado por el nacionalcatolicismo, con esa alianza entre Iglesia y Estado. A pesar de que la institución existía desde tiempos previos -durante la II República operaba con fines más laicos-, fue el régimen franquista el que le dio esta finalidad en 1941 y hasta 1985, cuando experimentó un final paulatino ya bien entrada la democracia, regulado por una legislación entonces obsoleta, de 1952.

La historiadora Carmen Guillén (Mazarrón, 1988) realiza un brillante trabajo en Redimir y adoctrinar (Crítica), un libro que nace a partir de su tesis doctoral y que, por primera vez, arroja luz a una institución durante décadas casi desconocida a diferencia de otras similares como la Sección Femenina (activa de 1934 a 1977) o Auxilio Social (1936 a 1976). Estas fueron disueltas al poco tiempo de llegar la democracia y no tuvieron un papel tan relevante como el Patronato en la represión sexual de la mujer de la época.

La institución, presidida de manera honorífica por Carmen Polo, esposa de Franco, se convirtió rápidamente en un elemento clave del sistema represivo del régimen. En un inicio, se concibió con el objetivo específico de "redimir" a la prostituta, por considerarse la antítesis de la "mujer ideal" que promovía el franquismo. Sin embargo, la moral imperante pronto decidió extender estos castigos, disfrazados de asistencia social, a toda aquella que no encajase en el paradigma establecido, pasando a marcar a todas ellas con la etiqueta de "mujeres caídas" y con el peligro adicional de que su principal objetivo eran las menores de edad, llegando a causar daños irreversibles en su desarrollo ya no solo como mujeres sino como personas.

Aunque, como se dice, el Patronato se justificó oficialmente como una respuesta a la prostitución, su radio de acción fue, en la práctica, mucho más amplio. Por la falta de documentación clara, se desconoce el número exacto de víctimas -Guillén estima que serían varias decenas de miles-, pero la autora subraya que el porcentaje de mujeres internadas por ejercer la prostitución fue mínimo.

La mera sospecha de que una mujer no se ajustase al modelo femenino dominante -ser joven, pobre, rebelde, soltera, miembro del colectivo LGTBI o simplemente vulnerable- podía bastar para activar los mecanismos de control. La institución funcionó así como una red de vigilancia moral desplegada sobre el conjunto de la población femenina por todo el territorio. El discurso oficial fue que el objetivo fundamental que se perseguía era redimir a la "mujer caída" y ayudar a la que está en peligro de caer, siempre bajo criterios arbitrarios.

El proceso de ingreso no requería una intervención judicial. Las denuncias procedían con frecuencia del entorno más cercano: familiares, vecinos... "La sociedad española se convirtió de alguna forma en el mejor aliado del Patronato", afirma Guillén. El régimen logró que todos interiorizasen de tal manera el discurso sobre los roles de género que el control dejó de ser exclusivamente institucional para convertirse en una práctica social compartida. La vergüenza, el miedo y el estigma actuaban como mecanismos disciplinarios tan eficaces como el resto de castigos formales.

Una vez dentro, la vida cotidiana en los centros del Patronato -a menudo propiedades de congregaciones religiosas, a modo de reformatorios encubiertos- estaba marcada por la disciplina, el trabajo forzado y el adoctrinamiento religioso. Lejos de cualquier finalidad asistencial, la institución funcionaba como un sistema de reeducación moral. "Fundamentalmente lo que se quería era adoctrinar a la población femenina, anestesiar su capacidad de pensamiento crítico", explica Guillén. La mujer era concebida como una pieza clave en la transmisión de los valores del régimen: responsable del hogar, de la familia y de la educación de los hijos, su desviación suponía una amenaza para el orden franquista y su adecuación al régimen era de un valor incalculable, puesto que crearía hijos igualmente adeptos.

En Redimir y adoctrinar, Carmen Guillén describe con detalle un sistema de castigos que no respondía a faltas concretas, sino a una lógica disciplinaria permanente. Las sanciones incluían el aislamiento en celdas, la retirada de correspondencia, la prohibición de visitas, la humillación pública o los traslados forzosos entre centros de provincias lejanas, una de las prácticas más temidas. El castigo no tenía tanto una función correctiva como ejemplarizante: generar miedo, obediencia y, sobre todo, sumisión.

El control se extendía también al cuerpo y a la maternidad. Aunque buena parte de estos episodios siguen siendo difíciles de documentar por el cierre de archivos, el libro recoge testimonios que apuntan a separaciones forzosas de madres e hijos, embarazos vividos bajo una vigilancia extrema y una gestión de la maternidad atravesada por la culpa y el castigo. En junio del año pasado tuvo lugar un acto simbólico por parte de la Iglesia para con las supervivientes -como prefieren ser llamadas-, en el que "no se les permitió hablar de bebés robados, de daños físicos o de suicidios", denuncia Guillén, subrayando que incluso hoy sigue existiendo resistencia a nombrar todas las violencias ejercidas dentro de estas instituciones.

El control se ejercía a través de una estructura jerárquica perfectamente organizada, con una junta central en Madrid, juntas provinciales y locales, y una amplia red de personal femenino. Las congregaciones religiosas asumieron un papel central en el funcionamiento diario de los centros. "Sin ellas el Patronato no sería nada", afirma la historiadora. Eran las encargadas del adoctrinamiento cotidiano -oración, los llamados ejercicios espirituales, asistencia a misa-, de la evaluación de las internas y de decidir cuándo podían abandonar la institución.

Durante décadas, el Patronato de Protección a la Mujer ha permanecido fuera del relato dominante sobre la represión franquista. A diferencia de otras formas de violencia más visibles -fusilamientos, cárcel, exilio o depuración administrativa-, la represión moral y sexual ejercida sobre las mujeres no encontró un lugar claro en la memoria colectiva ni en la historiografía: "Dentro de la narrativa creada no está esta represión, porque se ejerció principalmente hacia el colectivo femenino", explica la autora, pues además el franquismo jamás contó con ningún tipo de institución que controlase la moral de los hombres.

Esta invisibilidad no fue casual, sino que tuvo varias causas. Por un lado, estuvo condicionada por la naturaleza misma de la violencia ejercida: cotidiana, íntima, silenciosa, más lejos del espacio público. Por otro, por la enorme dificultad para acceder a las fuentes. Buena parte de la documentación del Patronato desapareció o quedó fragmentada. "Hace una década, cuando empecé a trabajar sobre el tema, me dijeron que se habían conservado 1.133 cajas de documentación, pero que tras una inundación en los años 90 solo quedaban 31", explica la historiadora. A ello se suma la dificultad de acceder a archivos por la legislación vigente: la Ley de Protección de Datos y los plazos de acceso establecidos por la Ley de Memoria Histórica impiden todavía consultar una parte sustancial del material, especialmente la correspondiente a los últimos años en que la institución estuvo en activo.

Las vías de salida del Patronato eran tan restrictivas como el propio sistema. Oficialmente, solo existían dos: el matrimonio o la vida religiosa. Algunas mujeres eran colocadas como trabajadoras domésticas en hogares considerados "adecuados", de familias "de bien". En la práctica, la fuga fue una de las formas más habituales de abandonar los centros, e incluso muchas internas llegaron a quitarse la vida ante la desesperación. Los criterios para decidir quién estaba preparada para salir eran, como reconoce Guillén, "tremendamente ambiguos", al depender de nuevo de juicios morales subjetivos.

Es evidente que el dolor no terminaba al cruzar la puerta. El paso por el Patronato dejaba una marca imborrable. "No es solo un daño puntual, sino que es transversal a toda una vida", explica la historiadora. Muchas supervivientes relatan haber sufrido durante décadas ansiedad, miedo, estrés postraumático y un profundo sentimiento de estigmatización. A ello se sumaba el silencio: durante años, muchas no contaron su experiencia ni siquiera a sus familias. La vergüenza y el tabú sellaron ese mutismo colectivo y una autocensura femenina que sobrevive, aunque diferente, décadas después.

La herencia incómoda

Uno de los aspectos más perturbadores que revela Redimir y adoctrinar es la continuidad del Patronato más allá de la muerte de Franco. Lejos de desaparecer con el fin del régimen, la institución siguió funcionando durante años en un contexto ya democrático, amparada por una legislación heredada y por la inercia administrativa. "No hubo una ruptura clara", explica Guillén, sino un desmantelamiento lento y silencioso que permitió que muchas de estas prácticas se prolongaran bien entrada la Transición, hasta 1985.

La ausencia de una depuración institucional y la falta de reconocimiento de las víctimas contribuyeron a reforzar el silencio. Durante décadas, el Patronato quedó fuera del debate público y de las políticas de memoria, lo que explica en parte por qué se prolongó tanto y por qué su historia sigue siendo hoy tan desconocida. No fue solo una cuestión de olvido, sino también de incomodidad: asumir lo ocurrido implica reconocer que la violencia moral contra las mujeres no terminó con la muerte del dictador.

En tiempos polarizados en que, frente a los avances en igualdad, algunas mujeres jóvenes llegan a romantizar modelos de feminidad conservadora como el de las tradwives, Guillén concibe su libro como una advertencia y una herramienta para pensar el presente y recordar hasta qué punto estos ideales de mujer "correcta", obediente y sacrificada no son naturales o biológicos, sino construcciones históricas que, cuando se institucionalizan, generan pequeñas violencias en el día a día actual.

El pasado año el Gobierno de España reconoció a la primera víctima del Patronato, Eva García de la Torre, y con ella muchas otras mujeres han comenzado a contar públicamente su experiencia en los últimos años. Tras más de una década de trabajo, la historiadora habla de un "momento dulce": un tiempo en el que, por primera vez, existe investigación y, sobre todo, una atención social creciente hacia una historia que permaneció enterrada.

Actualmente hay un movimiento colaborativo en el proceso de recuperación de la memoria del Patronato. "Ahora somos más de 30 o 40 investigadoras trabajando sobre la institución", señala Guillén. Todas ellas, mujeres.

Ese impulso no responde solo a una deuda con el pasado, sino a una necesidad contemporánea. "Conocer de dónde vienen estos discursos es el primer paso para poder eliminarlos y garantizar que no se repitan", afirma Guillén. Mirar de frente al Patronato es un ejercicio de memoria histórica, pero también una forma de entender cómo ciertas ideas sobre la culpa, la maternidad o el lugar de la mujer siguen pesando, todavía hoy, sobre los hombros de varias generaciones.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Justificaciones de la islamofobia

 De Quora:

Entre los grupos religiosos del mundo, los musulmanes son el grupo menos educado en términos de escolaridad. Además, los musulmanes presumen innecesariamente del tamaño de su población, aunque no tienen nada de qué estar orgullosos. Aunque el islam es la segunda religión más grande del mundo, sus seguidores no han contribuido en nada al bienestar de la humanidad.

De los miles de millones de musulmanes en todo el mundo, solo un puñado ha recibido el Premio Nobel. Los musulmanes no han tenido una contribución significativa en ninguno de los campos para los que se otorgan los Premios Nobel. Están rezagados en áreas como la educación, la medicina, la economía, el arte y la literatura.

Las razones de su atraso son:

Considerar la ciencia como antirreligiosa: La falta de práctica científica en los países de mayoría musulmana se debe a un bajo interés en los descubrimientos científicos. Los musulmanes consideran la ciencia como antirreligiosa, creyendo que es una conspiración llevada a cabo por no musulmanes. Los musulmanes rechazan abiertamente la Evolución, ya que la evolución se considera contraria a la doctrina de la creación dada en el islam y el Corán. No hay interés en la práctica científica en ninguno de los países de mayoría musulmana del mundo.

Énfasis excesivo en la educación religiosa: En los países musulmanes se da un valor excesivo a la educación en la madrasa (escuela religiosa). El sistema educativo de la madrasa es lo opuesto a la educación moderna, ya que las madrasas solo proporcionan instrucción religiosa. Las personas educadas en las madrasas no sirven a la sociedad o al país. Nadie puede convertirse en médico, investigador o filósofo asistiendo a una madrasa.

Desprecio por la importancia de las mujeres: En los países musulmanes, las mujeres son descuidadas. Se les impone una disciplina estricta y obligatoria. Tras la llegada al poder del gobierno talibán en Afganistán, la educación superior para las mujeres ha sido prohibida. Las mujeres allí son obligadas a llevar hiyab y burka.

Considerar el arte y la literatura como males: Los musulmanes consideran el arte y la literatura como antirreligiosos. Cantar, bailar y pintar están prohibidos en el islam, por lo que los musulmanes consideran estos temas como malos e inaceptables. Además, la literatura tiene muy poca importancia para los musulmanes porque la consideran anti-islámica

jueves, 11 de diciembre de 2025

Las filólogas hablan sobre la cuestión del género, por Álex Grijelmo

 ‘Som dones i diem prou’. 70 mujeres, casi todas profesionales de la lengua y feministas, escriben críticamente sobre el lenguaje inclusivo, en El País, por Álex Grijelmo, 19 SEPT 2022:

El debate sobre el sexismo en el lenguaje ha venido impulsado sobre todo por sociólogas, dirigentes políticas, juristas, filósofas, periodistas, profesoras… Y en él rara vez se ha prestado atención a lo que piensan las filólogas. Para cubrir ese vacío se publicó hace unos meses el libro Som dones, som lingüistes, som moltes i diem prou (“Somos mujeres, somos lingüistas, somos muchas y decimos basta”). Con la coordinación de Carme Junyent, barcelonesa de 67 años, feminista, profesora de Lingüística en la Universidad de Barcelona, en él escriben 70 mujeres, casi todas ellas muy relevantes profesionales de la lengua (principalmente en la docencia). La obra sólo está disponible en catalán y la ha editado Eumo, pero sus textos son aplicables al castellano. La mayoría de las autoras se declaran feministas; y en los demás casos se deduce de lo que explican. Aun a riesgo de descontextualización y de algún fallo al traducir, creo que vale la pena extraer de sus textos unas cuantas afirmaciones:

“Se puede ser feminista y utilizar el masculino genérico”. “Lo que debe cambiar son las ideas interiorizadas, no la lengua”.

“El lenguaje inclusivo es inviable en la literatura. Si lo usamos en un texto narrativo, la ideología pasa por delante del relato, y la novela se convierte en un panfleto”.

“El lenguaje políticamente correcto es muchas veces gramaticalmente incorrecto”. “El debate sobre el sexismo en la lengua ha obviado el rigor científico”.

“Algunas inconsistencias lingüísticas muestran que las instituciones ignoran el funcionamiento de la gramática”.

“Si yo he salido más o menos viva de este debate es porque soy una mujer”.

“¿Quién es la Generalitat de Cataluña para hacer propuestas de cómo debemos hablar o escribir?”.

“El cambio en el léxico es radicalmente diferente del cambio gramatical”.

“No conozco otro país donde, con el pretexto de visibilizar a las mujeres, se haya reprimido tanto un colectivo” (el de los trabajadores en servicios lingüísticos de organismos públicos catalanes).

“Los correctores que trabajan en la Administración deben someterse a unos políticos que, salvo excepciones, ni saben de lengua ni la respetan”.

“Desdoblar ‘hombres y mujeres’, ‘niños y niñas’ pero no ‘los empresarios’, ‘los banqueros’, ‘los inspectores de Hacienda’ indica que no hablamos de un fenómeno estrictamente gramatical”. “Si desdoblamos unos términos pero no otros, “¿no podemos estar enviando a los niños un mensaje envenenado?”. “Alternar desdoblamientos y no desdoblamientos (caso muy frecuente) puede provocar problemas de interpretación”.

“No es lo mismo ir a cenar con los vecinos que ir a cenar con el vecindario”.

“En algunas lenguas el género no marcado es el femenino, y no hay nada que muestre que las mujeres resulten socialmente más visibles”.

“Me molesta que se cuestione si soy lo suficientemente feminista porque uso el masculino genérico”.

“La lengua no es machista. (...). Hemos desprestigiado a los profesionales de la lengua, que se encuentran luchando solos contra una fe”.

“La lengua es un castillo de naipes. Y cuando se tira de una carta existe el peligro de que se derrumbe”. “Los desdoblamientos hacen ver que hay dos colectivos separados”.

“El desdoblamiento de género es un parche mal puesto”.

“Combatamos el machismo y la represión de las mujeres, pero dejando las lenguas en paz”.

Señoros de izquierdas, por Luz Sánchez-Mellado

 ‘Señoros’ de izquierdas, en El País, por Luz Sánchez-Mellado, 11 DIC 2025:

Nuestro hombre se camufla cual pulpo por arrecife hasta ganarse la obediencia de sus presas antes de entrarles a saco

El señoro de izquierdas es una subespecie pelín más evolucionada que el señoro a secas. El eslabón perdido entre el Homo erectus y el Babosus concienciatus. Merecería un capítulo, digo paper, propio en la revista Macho’s Nature, que procedo a patentar, no sea que se me adelante algún criptobro y la monetice. Nuestro hombre, Paco Jones en adelante por no levantar ampollas, puede ser octogenario, boomer, milenial o zeta. Aunque el grueso de los ejemplares españoles anda entre los 40 y los 60 años, como ciertos amigos del presidente del Gobierno, su seña de identidad no es su edad ni su fenotipo ni su hábitat, que puede ser desde un partido a un periódico, sino su capacidad de adaptación al medio.

A diferencia del señoro de derechas, que se gusta horrores y no tiene remilgos en pregonar su misoginia en cuanto coge confianza, nuestro espécimen es más taimado. Se camufla cual pulpo por arrecife adoptando los tips de feminismo que ha aprendido en el cursillo de diversidad del curro con el fin de trepar en la cadena trófica, mimetizarse con el entorno, protegerse de las chivatas depredadoras y acechar a sus presas hasta ganarse su obediencia y, entonces, entrarles a saco. Así, desdobla primorosamente el género entre señoras y señores, compañeras y compañeros, y amigas y amigos, y los más lanzados pueden hasta hablar en femenino y clamar que están hasta el coño de tanto machirulo, tía.

Da igual que sea hetero, homo o no binario; tampoco es la orientación ni la identidad sexual lo que lo define, sino el hecho de ver a las mujeres como iguales en teoría, pero creer a unos más iguales que otras en la práctica, y considerar, en el fondo de sus testículos, que las feministas son una panda de insatisfechas a las que les das la mano y se cogen el brazo. Simpático y rumboso como él solo, cuando por fin alguien se atreve a denunciarlo, ya se ha hecho con una camarilla de señores, y señoras, que le disculpan porque ya sabes cómo es Paco cuando se le calienta la bragueta, pero luego no es nadie y es buena gente: un señoro, sí, pero nuestro señoro. Nada nuevo bajo el agujero de la capa de ozono. La mala noticia es que aún pasa. La buena, que ya no cuela. A ver si, al final, van a ser los Pacojones y no las feministas de los ídem los que callen al perro.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Matrimonios hombre gay + mujer heterosexual

 Hombre gay y mujer heterosexual se casan y son felices: ¿empieza a ser posible y normal en 2025?, en Icon, suplemento de El País, por Marita Alonso, Barcelona - 7 NOV 2025:

El matrimonio entre personas de orientaciones diferentes no es un fenómeno nuevo, pero ha dejado de ser una tapadera y busca ahora crear vínculos y legitimidad en una sociedad que parece tenerte más en cuenta si estás en pareja

“Me casé con dos hombres gais”, dijo Diane von Furstenberg al medio Variety. Se refiere a su marido, Barry Diller, que se declara gay en sus memorias, Who Knew (Simon & Schuster, 2025), y al príncipe Egon von Fürstenberg. La relación entre Diller y la diseñadora ha sido tildada, pese a que llevan 24 años casados, de tapadera. “Llevo décadas leyendo sobre Diane y yo que éramos mejores amigos en lugar de amantes. No éramos solo amigos. No somos solo amigos. Simplemente, fue una explosión de pasión que se prolongó durante años. Y sí, también me gustaban los chicos, pero eso no entraba en conflicto con mi amor por Diane”, explicó el multimillonario en sus memorias.

A comienzos de octubre The Washington Post publicó un artículo titulado He’s gay. She’s straight. They’re happily married (Él es gay. Ella es heterosexual. Están felizmente casados) que versa acerca de “una pequeña pero creciente comunidad” de personas que en las redes sociales hablan de “sus permutaciones no tradicionales de pareja”. Al hacerlo, emplean adjetivos como “platónico”, “queerplatónico”, “arromántico” o “de orientación mixta”. Así es como definen Jacob Hoff y Samantha Greenstone su relación, por ejemplo, en el reportaje. “Jacob y yo somos almas gemelas. Tenemos una relación de orientación mixta, lo que significa que dos personas con diferentes preferencias sexuales se unen y descubren que el amor es amor, un amor que trasciende”, dice ella en sus redes sociales.

“Soy gay, y como persona gay, puedes mantener tu identidad como tal aunque tu relación no lo refleje. Tenemos una relación monógama. Va más allá de una conexión visual y lujuriosa. Es una conexión profunda”, dice por su parte Hoff a The New York Times, que el año pasado publicó un artículo sobre su boda con Greenstone. Su historia de amor no dista mucho de la que aparece en el octavo capítulo de la quinta temporada de Sexo en Nueva York, en el que Bobby Fine, una leyenda de los bares de piano, se casa con Bitsy von Muffling. “¿Será por dinero? ¿Por compañía?”, se preguntan las protagonistas con sorna, pues a lo largo del episodio bromean constantemente con que el novio es gay. Antes de la boda, y para sorpresa de todas, Bobby y Bitsy aseguran que tienen una vida sexual maravillosa. Juntos, por supuesto. Tiempo después, en un capítulo en el que el personaje de Charlotte habla con sus amigas de sus problemas de fertilidad, una embarazadísima Bitsy interrumpe la charla.

El por qué de las relaciones de orientación mixta

Andrea Proenza Zoroquiaia, autora de Cartografías del deseo amoroso (Ediciones en el Mar, 2025), comenta que las relaciones entre hombres gay y mujeres heterosexuales no son algo nuevo. “Históricamente ha funcionado como salvoconducto para acceder a los privilegios simbólicos de la pareja heterosexual. Porque, a pesar de los avances de las últimas décadas, lo cierto es que un hombre gay o una mujer soltera todavía no ocupan el mismo lugar simbólico que el binomio hombre-mujer”, asegura antes de aclarar que no piensa que que estas relaciones sean una respuesta al heteropesimismo contemporáneo (esa corriente que considera que el mercado del amor es cada vez más complicada para las mujeres heterosexuales), sino más bien, a la reacción conservadora que atraviesa lo social y lo romántico, y que intenta reafirmar las jerarquías afectivas.

“Si miramos al pasado, podemos ver que este tipo de vínculos pueden satisfacer al principio por el reconocimiento social o, incluso, la complicidad entre ambas partes; pero, a la larga generan frustración e infelicidad, porque no aportan aquello que esperamos de una pareja romántica. Así que no me parece que se esté buscando en ellos una alternativa al hartazgo por los hombres hetero, sino más bien, un intento por encajar en el puzzle de la heterosexualidad bajo las propias condiciones, sin ser consciente de que, desde el principio, estás intentando colocar las piezas en el juego equivocado”, explica a ICON.

Iván Gómez Beltrán, historiador y doctor en Género y Diversidad, achaca a varios factores el hecho de que cada vez haya más parejas de este tipo. “Puede estar vinculado a cierta crisis de los vínculos tradicionales y a comprobar cómo estos nos encorsetan a formas muy concretas y limitadas de afecto. Creo que estas maneras de relacionarse nos hablan del contexto social de desconexión y despersonalización a través de las necesidades individuales que generan”, explica. “Las condiciones socioculturales son diferentes a los matrimonios lavanda del siglo XIX, que se realizaban como un mecanismo de protección social frente a la exclusión mientras que estas relaciones actuales tienen que ver más con la necesidad de dar entidad a otras maneras de vincularnos, así como a encontrar espacios de intimidad emocional que no esté limitada por el código social relacional”, asegura.

Señala que en un momento de tanta incertidumbre y convulsión sociopolítica, los vínculos son los espacios de seguridad y confort. “Dicha incertidumbre coincide con procesos de dislocación de la pareja tradicional heteronormativa basada en la monogamia, en el amor romántico y en modos de relación y comunicación muy marcados por la socialización de género. Encontrar afecto e intimidad con la misma intensidad con la que antes se nos decía que solo era posible en la pareja implica enfrentarse a la jerarquización de los afectos”, asegura.

Gómez Beltrán también considera interesante que muchos de los hombres que construyen sean homosexuales, porque un hombre heterosexual no se plantea un matrimonio en el que no haya amor entendido de forma tradicional en pos de una unión, una estabilidad y una legitimidad frente al mundo. Tal vez porque, para la heterosexualidad, la legitimidad siempre estuvo ahí. “Este es un dato interesante a la hora de hablar de la construcción de la masculinidad heteronormativa y de lo imbricada que está con la demostración y expresión de afecto y con la posibilidad también de explorar otras maneras de relacionarse. Creo que hombres y mujeres no están explorando por igual el espacio de lo íntimo y de los afectos debido a la socialización diferencial de género”, puntualiza.

Juan Carlos R. de la Blanca, Psicólogo sanitario, sexólogo y terapeuta de parejas, señala que los hombres de estas relaciones podrían hallar en las mujeres el afecto que buscan, sin exponerse a algunas dinámicas problemáticas presentes en parte del ambiente gay, como la hipersexualización, la excesiva veneración del físico o ciertos comportamientos compartidos con los hombres heterosexuales debido a una socialización de género similar.

La gran pregunta

La pregunta que sobrevuela es obvia: ¿hay sexo en estas uniones, existe en ellas la pasión, o es una especie de amistad en pareja legitimada de forma legal? Jacob Hoff y Samantha Greenstone sí lo tienen y, de hecho, cuando anunciaron el embarazo de Greenstone tuvieron que aclarar, ante las dudas de sus seguidores, que sí, fue fruto de sus relaciones íntimas. “Tenemos relaciones. Puedo mantener mi identidad como hombre gay, aunque mi pareja sea una mujer, porque así me siento. Soy gay. Cuando salgo al mundo, no me atraen las mujeres. ¡Eso es lo que significa ser gay!”, dice él.

Y otra pregunta: ¿se permiten estas parejas una cana al aire o existe en ellas la fidelidad? Recurramos para responder a una novela de ficción que refleja muchas realidades de pareja. En Tesis sobre una domesticación (de Camila Sosa, publicada en 2019 y llevada al cine en 2024) la protagonista de la novela se casa con un exitoso hombre homosexual con quien mantiene una relación abierta y sexualmente activa. “Durante los últimos años el zeitgeist ha hecho piruetear la institución del matrimonio y la pareja monógama sin acabar de caer a pies juntos, y es curioso como el planteamiento de esta novela enseguida muestra la farsa detrás de la utopía: el poliamor no amenaza ni resuelve la domesticidad de su matrimonio burgués y aburrido, sino que la refuerza”, escribe al respecto Carlota Rubio en Babelia. También en otro pequeño fenómeno editorial, El accidente de Blanca Lacasa, su protagonista se encuentra viviendo una relación de amor platónico que a menudo derriba las fronteras de lo físico con un hombre gay emparejado. Está claro que la posibilidad empieza a formar parte de la conversación, tanto real como literaria.

La editora y guionista Tricia Cooke se identifica como queer y lleva más de 30 años casada con el director Ethan Coen. “Ella es queer y yo, hetero y estúpido”, asegura en una entrevista concedida a ABC News. Se casaron en 1993, tienen dos hijos y ambos tienen una pareja además de su relación matrimonial, que identifican como poliamorosa. De la Blanca explica a ICON que el hecho de que el sexo no lo sea todo ya lo demuestran desde hace tiempo parejas que se mueven en el espectro asexual y para ellos recurre a la teoría triangular del amor de Sternberg. “Establece tres componentes: intimidad, pasión y compromiso. En su interacción, podrían explicar todos los tipos de relaciones afectivas humanas. Todo ser humano necesita esos tres componentes en su vida, aunque haya diversas formas de necesitarlos o expresarlos. Lo importante es que no necesitamos que esos tres componentes nos los aporte una única relación, pudiendo obtenerlos de distintos tipos de vínculos. Esto podría explicar el éxito de este tipo de relaciones”, asegura. O sea, según esta teoría, sí: algunas de estas relaciones se mantendrían en el tiempo porque la parte sexual y pasional se satisface fuera de sus fronteras.

“Los acuerdos sexuales fuera del vínculo requieren que ambas partes se sienten a hablar sobre qué cosas desean y qué cosas no estarían dispuestas a permitir, estableciendo líneas rojas, ámbar y verdes; es lo que, en terapia de pareja, llamamos un contrato relacional”, añade De la Blanca. Resulta entonces complicado no hablar de celos, una emoción que, como aclara el psicólogo, todo el mundo siente, en mayor o menor medida. “Lo que sí está bajo nuestro control es decidir qué hacer con ellos, cómo gestionarlos para que no se transformen en reproches o actitudes pasivoagresivas”.

¿Amistad, artificio temporal o parejas de verdad?

Andrea Proenza Zoroquiaia afirma que reivindicar —que no romantizar— vínculos como la amistad es lo verdaderamente revolucionario en estos días. Y de hecho varios libros recientes lo hacen, poniendo la amistad a la misma altura que una relación de amor romántico (como La amiga que me dejó, de Nuria Labari, La amistad y sus derivas, de Sabina Urraca y Marina Folguera o Amiga mía, de Raquel Congosto). “A través de estos vínculos de amistad se descentraliza el amor romántico y se quita peso al sexo en una sociedad cada vez más sexualizada (en este sentido, las personas del espectro asexual tienen mucho que aportar). Además, la amistad tiene mucho más que ver con generar red en lugar de focalizar tu vida en una sola persona”, explica. Gómez Beltrán recalca que estas relaciones pueden poner en jaque la jerarquía de los afectos, pero para ello, tienen también que cuestionarla y no solo cambiarla de un vínculo a otro. “Habría que preguntarse sobre las expectativas de estos vínculos ya que, en muchas ocasiones, están marcados por la temporalidad concreta. Inconscientemente están supeditados a que se encuentre una pareja de verdad. Sería entonces una especie de tirita mientras aparece esa persona que cumpla los requisitos para poder establecer un vínculo real”, dice.

“Creo que seguimos articulando otras formas de vincularnos como un artificio temporal que nos permita no sentirnos tan solas hasta que ese amor Disney nos complete emocionalmente. Por mucha reflexión que se haya realizado en las últimas décadas, seguimos ansiando una completitud que parece que no encontramos en otros vínculos, más aún cuando el contexto social nos genera tanta angustia, aislamiento y sensación de soledad. La pregunta que quizá nos podríamos hacer es cómo se conecta la intimidad, el afecto, los cuidados y la responsabilidad con los vínculos que generamos”, remata Gómez Beltrán. Para eso tal vez baste con responder a una pregunta tan sencilla como abismal: ¿tú le quieres?

miércoles, 22 de octubre de 2025

Las bonobas impusieron el matriarcado para evitar el infanticidio de la sociedad chimpancé.

 Las cinco bonobas que mataron a un macho desafían el mito de la especie pacifista: “El ataque más violento jamás observado”, en El País, por Javier Salas, 22 de octubre de 2025:

Este linchamiento, grabado en vídeo en plena selva, matiza la realidad de los bonobos. Las hembras ejercen el poder sobre los machos, más grandes y fuertes, gracias a un matriarcado tejido con intensos lazos sociales. Cinco bonobas lincharon hasta la muerte a un macho por agredir a una cría.

Nadie ha vuelto a ver a Hugo desde el 18 de febrero de 2025. Aquel día, a las tres y media de la tarde, se escuchó un griterío en medio de la selva de Salonga, en la República Democrática del Congo. Dos minutos después, llegó el primer testigo humano, que puso a grabar su cámara. Cinco hembras, Polly, Tao, Ngola, Djulie y Bella, estaban vapuleando a este macho de casi veinte años, que yacía boca abajo en el suelo.

El ataque duró veinticinco minutos interminables para Hugo, que se cubría la cabeza como podía mientras todo el clan observaba la escena sin intervenir, incluidos algunos familiares. “Las hembras saltaron alternativamente sobre el cuerpo de Hugo, pisoteándole la espalda y mordiéndole la cabeza, las piernas, el cuello, los dedos de las manos y de los pies. Una de ellas le arrancó de un mordisco parte de la oreja; otras dos practicaron frotamientos genitales entre sí encima de él. Una de las agresoras le mordió el pie y masticó el tejido arrancado, para después morderle los testículos”, describen en detalle los científicos que han publicado ahora el caso.

Hugo tenía el rostro desfigurado, sangraba en los labios y las cejas, una amplia sección de piel arrancada del cuello, sus nudillos mordidos hasta el hueso, y graves heridas en los testículos y el pene. A duras penas logró huir del escenario dos horas después. “Sigue desaparecido y estamos bastante seguros de que no ha sobrevivido”, responde ahora Sonya Pashchevskaya, primatóloga y testigo directo de un ataque que sirve para matizar las complejidades de una especie idealizada como "jipis eróticofestivos": los bonobos.

Su realidad ayuda a leer el mosaico evolutivo que conformamos los grandes simios: humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos. Estas dos últimas especies, las más cercanas a nosotros, son algo así como un juego de espejos. Los chimpancés machos manejan con mano de hierro la jerarquía social y forman lazos duraderos entre ellos, mientras que son violentos con las hembras para asegurarse la descendencia. Los bonobos viven en un matriarcado: las hembras dominan al grupo mediante alianzas que, entre otros comportamientos, reafirman frotando mutuamente sus vulvas (buscando el placer con su clítoris).

Desde que Jane Goodall observara aterrorizada las crueles guerras entre chimpancés, siempre se ha idealizado a los bonobos como el reverso pacifista, sobre todo tras los populares libros de Frans de Waal. “Aunque es cierto que son mucho más pacíficos”, matiza Pashchevskaya, “la imagen hippie de la sociedad bonoba procede en gran parte de poblaciones en cautividad”. Los silvestres son menos idílicos, como explica esta investigadora del Instituto Max Planck (Alemania). “La pacífica sociedad bonoba, que se mantiene gracias a que las hembras asumen el dominio sobre los machos, puede verse interrumpida ocasionalmente por sucesos extremos como este, que sería la excepción que confirma la regla”.

Los machos son más grandes y fuertes; la violencia, como herramienta de control social, la ejercen ellas. Y quizá por eso ha pasado más desapercibida. “Refleja una visión muy centrada en los machos”, admite Martin Surbeck, que también ha trabajado con los bonobos de LuiKotale, en el parque nacional de Salonga, aunque no en este trabajo. Surberck, de la Universidad de Harvard, publicó en abril un estudio que repasa treinta años de observaciones para entender el poder de las bonobas. El 85 % de las coaliciones violentas las protagonizan hembras que tratan de mantener a raya a los machos, por lo que es una ferocidad claramente funcional: para evitar que se conviertan en chimpancés. En ciertas comunidades, el 100 % de los conflictos los ganan las hembras, mostrando que el dominio es estructural.

Poder social, no físico

“El poder de estas coaliciones de hembras es uno de los principales mecanismos que invierte las dinámicas de poder entre sexos dentro de los grupos de bonobos”, añade Surbeck por email. Cuando las bonobas arman alianzas agresivas para ejercer el control social sobre los machos, demuestran que el poder puede nacer no de la fuerza física, sino del apoyo social.

Ahí es donde empieza a cobrar sentido el ataque de las cinco hembras contra Hugo. Según los primatólogos que siguen a esa comunidad, este macho tuvo un par de días antes un gesto agresivo con la cría de la más joven de las atacantes, Bella (15 años). El infanticidio es una herramienta común de los machos de muchas especies para asegurarse el éxito reproductivo: yo tengo hijos cuando la hembra ya no cuida de los hijos que tuvo con otros. “Las hembras bonobo, sin embargo, han logrado revertir esa tendencia, que los chimpancés sí cumplen, gracias a una cooperación inusual entre ellas”, explica Pashchevskaya, “y llegan a atacar a los machos que se portan mal con los pequeños”. “La violencia extrema se explicaría mejor como respuesta a la amenaza extrema: el infanticidio”, resume la autora principal de este caso detallado en la revista Current Biology. Hace años se dio un caso similar, aunque peor documentado. La primatóloga reconoce que solo pueden especular, explica: “¿Por qué no se producen infanticidios dentro del grupo entre bonobos? Pues porque esto es lo que sucede si un macho lo intenta”. Si las hembras son capaces de ejecutar un acto de violencia de tal magnitud contra un macho adulto, continua la científica, quizá eso sea precisamente lo que mantiene a raya las agresiones masculinas como las de los chimpancés.

Nahoko Tokuyama, otra experta en bonobas, se muestra “muy sorprendida” por el episodio. “Aunque a veces se vuelvan violentas, yo creía que las hembras de bonobo no llegarían a herir a un oponente tan seriamente”, asegura. “Creo que Hugo provocó a las hembras de forma particularmente severa. La agresión contra una cría constituye una violación grave de las normas de la sociedad bonoba y casi siempre provoca represalias por parte de las hembras”, añade Tokuyama, de la Universidad Central de Tokio, autora de varios estudios sobre las coaliciones de bonobas salvajes. “Es seguro que este caso representa el ataque más violento jamás documentado en bonobos”, resume.

Penes heridos y vulvas amigas

En cuanto al simbolismo de los detalles más escabrosos, los expertos en esta especie son cautelosos. Las heridas en los genitales de Hugo, por ejemplo. Los chimpancés que agreden a machos de otros grupos suelen atacar ahí, en parte para eliminar competencia reproductiva. “Son una parte fácil de dañar cuando solo se usan dientes y manos, así que sería prudente no atribuirles un significado simbólico demasiado profundo”, advierte Pashchevskaya. Pero añade: “Quizá comunique algo como ‘no te pases de la raya”.

El frotamiento de genitales de las hembras sobre el cuerpo del agredido sería más normal. Las bonobas lo hacen mucho, para tejer esos lazos de sororidad que a escala social terminan por formar una red matriarcal. “También lo hacen cuando se reencuentran tras un tiempo, como una especie de ‘hola, me alegro de verte”, señala Pashchevskaya. Profundiza Liza Moscovice, autora de varios estudios sobre las bonobas y sus comportamientos sexuales: “Es común en situaciones tensas, como durante ataques en coalición. El frotamiento genital ayuda a las hembras a coordinar su comportamiento, confirmar el apoyo mutuo y posiblemente reducir el estrés en momentos de tensión”. Tokuyama indica que “probablemente intentaban tanto aliviar el estrés como reafirmar su vínculo cooperativo entre ellas”. “En resumen, en este caso”, zanja la autora principal del estudio sobre la muerte de Hugo, “el frotamiento genital facilita la cooperación: ‘Estoy contigo en esto”.

viernes, 4 de abril de 2025

Obra completa de Luis Martín-Santos

 Luis Martín-Santos: comprende qué cosa es la muerte, Andrea Toribio, en Babelia suplemento cultural de El País, 24 de febrero de 2025:

El centenario del escritor, neuropsiquiatra y militante antifranquista ha obtenido la recopilación de sus obras completas con material inédito o desconocido. Pulsos literarios como el suyo son los que facilitan que la modernidad literaria se instaure y una tradición avance.

En 1964 Carlos Castilla del Pino, neurólogo, psiquiatra y escritor español, redactó un prólogo —un prólogo, además, quirúrgico— para Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial, del también escritor, neuropsiquiatra y militante antifranquista Luis Martín-Santos. Lejos de arrancar este con algún preámbulo en plan anécdota de amigote o sirviéndose de una advertencia preliminar elevada, su texto empieza a decir: “La muerte de Luis Martín-Santos, acaecida en los primeros días del año 1964, suscita un sentimiento real de desesperanza. Es, en verdad, una frustración que a todos nos acontece”. Quien lee esto hoy, un texto que incorpora nuevamente Galaxia Gutenberg en la edición del II volumen de Obras completas de Martín-Santos y que acoge ese ensayo, comprende con tristeza que ese libro vio la luz de forma póstuma. Asimismo, se percibe bien la admiración intelectual que le profesó el autor de las memorias Pretérito imperfecto al escritor nacido en Larache, quien llega a confesar —aunque no expresamente— la pelusa que puede suscitar que alguien desee comprobar hasta el final la verdad que subyace bajo las ideas.

Perder la interlocución de Luis Martín-Santos desveló la naturaleza exacta de aquel ambiente disfuncional del franquismo tardío: una auténtica fábrica de irrealidades. Su falta, pese a su juventud —pues tan solo contaba con 39 años a su fallecimiento—, evidenció la desazón que se experimentó en el escenario intelectual del momento, pero también dejó grabada su imagen en la memoria de quien fue su contemporáneo y tuvo la suerte de haber compartido ese tiempo de destrucción con un autor total.

Esta sensación tan agridulce y única de estar ante un escritor fundacional se debe a tres aspectos concretos. En primer lugar, la certeza vital que tuvo la generosidad de compartir: lo que se hace figura para una persona nunca se hará para otra. En segundo lugar, la importancia de la mirada y la invitación a que todo nos interese, pero no a que todo nos guste. Y, en tercer lugar, la magnífica disposición que exhibió para dejarse impresionar. Esto de la literatura española no es una competición, pero bien comprenderán ustedes que a estas alturas no me prive de afirmar que Luis Martín-Santos es el escritor más notable de la segunda mitad del siglo XX en España.

Los temas predilectos de su producción son la belleza, la creación, el compromiso con la realidad y la historia, el rechazo al dogmatismo y la libertad. Ah, y la observación continuada de la muerte y de sus ritos de paso. No por nada para él era más eficiente hablar de hominización del sujeto que de su civilización. De ahí que exorcizar al macho ibérico o, como él mismo anota, al “varón español” en sus cuentos le divierte tanto tanto. Con todo, díganme, ¿hay algo más contemporáneo que esto? En fin, Galaxia compila y rescata en unas ediciones más que exquisitas y atentas con los lectores (para los filólogos es ya un asunto gourmet, pues están al cuidado de Domingo Ródenas Moya, Manuel Villegas Besora y Epítecto Díaz Navarro) sus narraciones breves en el primer volumen, así como dos novelas inéditas en el tercero. El escalado de publicación es el que sigue: marzo (I), mayo (II) y noviembre (III) del pasado 2024, haciendo coincidir estos ejemplares en el mercado editorial —ya no sé si en las mesas de novedades, que es más complicado— con su centenario.

Luis Martín-Santos nada tiene que envidiar, al contrario, a los textos de Dino Buzzati, Albert Camus e incluso a los cuentos de El Llano en llamas, del mexicano Juan Rulfo. Pulsos literarios como el suyo representan son los que facilitan que la modernidad literaria se instaure y una tradición avance, la vanguardia creativa y estilística de un país. Así las cosas —y teniendo en cuenta que estoy en modo atrevimiento total— diría que la página más notable de su producción es la primera de un cuento titulado Lulú y las niñas, y que quizás sea una de las más singulares de nuestra historia reciente. En ella, a través de una voz narrativa femenina sometida a una terrible violencia económica por parte de su marido, se descubre que el terror es algo que puede ser genéricamente humano y que las uniones sin amor producen individuos que nada tienen que ver entre sí, porque nada tienen que decirse. Vehicular esa distancia entre lo que uno vive, lo que cada cual es capaz de comunicar y lo que uno piensa en la piel de una mujer confirma el desasosiego abismal que le producía al autor la situación de la mujer española.

En sus textos breves —de muy distinta naturaleza, por cierto— es claro el tono lírico que no renuncia al sentimentalismo, algo que igualmente ocurre en sus novelas inéditas, El vientre hinchado y El saco. Habría sido un error no emplazar el afecto y su expresión en sus escritos para evitar según qué exhibicionismos o neurosis, más aún teniendo en cuenta que este demostró la escritura como algo en curso, libre de ataduras y sujeto a la modificación. Así, la palabra que más se repite a lo largo de su obra es “corazón”, y esta pivota constantemente sobre la idea de “recordar”, que no es otra cosa, como quizás ustedes ya sepan, que “volver a pasar por el corazón”, mostrando su preocupación por el aspecto temporal que poseen los sentimientos.

La pena de esta muerte repentina, la de Martín-Santos, nos sume en la idea enajenante de que siempre nos quedará la duda sobre cómo nos hubiera contado el mundo de hoy. Su humor de inteligencia sibilina y la confianza en el futuro, junto a la seguridad de tener entre manos un proyecto propio y libre en dictadura le permitió discrepar de la tristeza española en cada palabra que escribió. No miento si les digo que tengo los tres volúmenes completamente subrayados y repletos de comentarios (“ja, ja, ja”, “qué es esto” o también el escrito muchas veces “qué barbaridad” con corazones al lado). Aquí me planto y decidí no compartir algunos fragmentos, ya que no quisiera arrebatarles el placer de leerle por primera vez —si es que no leyeron ya su one hit Wonder, entre muchísimas comillas, Tiempo de silencio —. Esto sería por mi parte, y como diría el propio Luis Martín-Santos, una cuestión de mala fe.

(En fin, todo esto para decirles que no pienso prestar ni uno de los tres libros y que, en el caso de que alguno de ustedes y yo tengamos amistad, les conmino a que acudan a su librería de confianza oa la biblioteca más cercana).

Novelas inéditas. El vientre hinchado. El saco. Obras completas volumen III, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024

Libertad, temporalidad y transferencia en el psicoanálisis existencial. Obra completa volumen II, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024

Narrativa breve. Obra completa volumen I, Luis Martín-Santos, edición dirigida por Domingo Ródenas Moya, Galaxia Gutenberg, 2024,

miércoles, 12 de febrero de 2025

Si tu marido te pega, de Celia Cruz, y por Mimí Succar

 I 

Si tu marido te pega...

¡Colorá!

dale golpes tú también;

¡Colorá!

si no puedes  con la mano,

¡Colorá!

métele con la sartén.

¡Colorá!

[Este es el original.]


II


Y aquí la letra entera de Celia Cruz. He tenido que editarlo mucho, porque las transcripciones de la red no respetan una ortografía correcta ni entienden el sentido, y hasta rompen las palabras y el peculiar ritmo. Apercíbase que usa un léxico con denotados afronegrismos: la bemba es el conjunto de los dos labios del rostro, pero gruesos. El son, la guarachita y el dansón son géneros de danza y música. Bombé significa alabeado, curvo, arqueado, y también es una droga usada en el vudú y los ritos yorubas. Bembé y Labé son regiones de Guinea. Las estrellas de Fanny es el nombre de una orquesta de la época. Hay dobles sentidos sexuales incluso en palabras comunes y alusiones a la esclavitud y el machismo violento y cierta intertexualidad incluso con las famosas coplas españolas de La hija de Juan Simón.


¿No me le dan un aplauso a la orquesta?

Si son ustedes tan amables,

señoras y señores,

¡un aplauso a la orquesta!


… Pa' mí, tú no eres na'.

Tú tienes la bemba colorá.

Pa' mí, pa' mí, pa' mí, tú no eres na'

Es que tú tienes la Bemba colorá.

… Baila tu rumba,

canta tu son,

¡Tu guarachita y tu dansón, ay!

¡Pa' mí, tú no eres na'!

¡Ay, tú tienes la bemba colorá!

… ¡Pa' mí, tú no eres na',

tú tienes la bemba colorá!

Oye, tú tienes la bemba ¡ay! colorá.

Es que tú tienes la bemba grande,

grande y colorá'

… ¡Pa' mí, tú no eres na',

tú tienes la bemba colorá

¡Ay bambam-bambaramba,

barabambam-bambamram.

Bambamram-barababam

La bemba, bemba,

colorá, colorá.

¡Echa pa' allá!

… ¡Pa' mí, tú no eres na'!

Tú tienes la bemba colorá.

¡Ay, bembamremba la bemba!

La bemba-bemba, la bemba,

te creció la bemba colorá'

… ¡Pa' mí, tú no eres na'!

Tú tienes la bemba colorá,

colorá, colorá, colorá.

Belembelm-bombé.

Belembelm-bombé.

¡Ay belem la bemba!

Bemba colorá.

… ¡Pa' mí, tú no eres na'!

Tú tienes la bemba colorá

¡Ay la bemba, la bemba, la bemba!

¡Bembemba la bemba, la bemba,

la bemba, la bemba,

bemba la bemba, colorá!

… ¡Pa' mí, tú no eres na'!

Tú tienes la bemba colorá,

… bemba colorá.

Pero tú tiene' la bemba,

(colorá.)

Ay, pero tú tiene' la bemba

(bemba colorá.)

¡Ay, la bemba, la bemba

(bemba colorá)

… ¡Ehh la bebem la bemba,

(bemba colorá.)

Bemba, la bemba,

la bemba-bemba, la bemba,

(bemba colorá.)

¡Ay, me gusta mucho la bemba!

(Bemba colorá.)

¡Ay, [qué] buena es la bemba-bemba!

(Bemba colorá.)

… ¡Ay bembé, ay bembé, ay bembé!

(Bemba colorá.)

Bemba labé,

Bembé, bemba labé,

(bemba colorá)

¡Ay buena-buena es la bemba!

(Bemba colorá)

¡Ajá!

(… Ahora yo quiero que ustedes,

única y exclusivamente, digan

"colorá", sin la bemba, ¿ok?)

Le cortamos la bemba al negro...

Colorá, (dígalo, pero todo el mundo)

Colorá.

Eso, de nuevo.

Colorá.

Un pajarillo en su jaula...

Colorá.

vuela y vuela sin cesar,

Colorá.

… y siempre buscando en vano

Colorá.

sitio por donde escapar.

Colorá.

¡Pobrecito, ay, cómo sufre,

Colorá.

buscando su libertad!

Colorá.

¡Ay! Y yo, yo, como el pájaro, quiero

Colorá.

… yo, como el pájaro, quiero

Colorá.

mi libertad recobrar ¡ay! la verdad.

Colorá.

¡Ay! Yo te digo, yo te digo cuándo va,

Colorá.

… ¡Ay bemba, la bemba!

Colorá.

y ahora me voy para España ¡y olé!

Colorá.

Enterraron por la tarde

Colorá.

a la hija de Juan Simón.

Colorá.

Era Simón en el pueblo

el único enterrador. Colorá.

Colorá.

Él mismo, a su propia hija, colorá,

Colorá.

al cementerio la llevó;

Colorá.

él mismo cavó la fosa,

Colorá.

implorando una oración, ¡colorá!

Colorá.

en una mano la pala,

Colorá.

y en la otra el azadón.

Colorá.

Y todos le preguntaban:

Colorá.

¿De dónde viene Juan Simón? Y todos

Colorá.

Y todos le preguntaban:

Colorá.

¿De dónde viene Juan Simón? Y él dijo:

Colorá.

… "Yo soy enterradó', y vengo, ¡ay Dio'!

Colorá.

Yo soy enterradó' y vengo

Colorá.

Yo soy enterradó' y vengo ¡ayyy!

Colorá.

De enterrá' mi corazón."

¡Ay, de verdad!

… Colorá.

Bemba colorá.

Si tu marido te pega...

Colorá.

dale golpes tú también.

Colorá.

… Si tu marido te pega,

Colorá.

Dale golpes tú también.

Colorá.

Si no puedes con la mano,

Colorá.

éntrale con un sartén.

¡Ay la bemba colorá!

… La bemba, la bemba

Colorá.

Me gusta mucho la bemba.

Colorá.

I like, I like la bemba,

Colorá.

¡Zapato que yo me he puesto

Colorá.

… y lo boté al basurero!

Colorá.

¡Zapato que yo me he puesto

Colorá.

y lo boté al basurero!

Colorá.

Viene otra, y lo recoge...

Colorá.

¡Yo me lo puse primero! ¡Ay bemba,

Colorá.

… nunca deje de cantar.

Bemba colorá,

El que canta, y canta bien,

Colorá.

nunca deje de cantar.

Colorá.

El que canta, y canta bien,

Colorá.

… porque cantar es también

Colorá.

una forma de olvidar esta bemba

Colorá.

¡Ay la bemba, la bemba!

Bemba colorá.

Me gusta mucho la bemba.

Bemba colorá.

… ¡Qué buena-buena y suave es la bemba!

Bemba colorá.

Conmigo, sí, no hay cuento,

porque yo no tengo bemba.

Bemba colorá.

Yo no quiero cansarles más con mi bemba

Bemba colorá.

Ahora mismo yo me voy con la bemba.

Bemba colorá.

¡Muchas gracias!

… La negra de la bemba colorá

[Sigue el coro]

Colorá.

Colorá.

Bemba Colorá.

Bemba Colorá.

Bemba Colorá.

Bemba colorá.

Bemba colorá.

Bemba colorá.

… A mí me gusta mucho la bemba

Bemba Colorá.

¡Qué buena y suave es la bemba!

Bemba colorá.

I like it, i like it

I like laila

I like it, i like it

I like laila

… ¡Qué buena sabe la bemba!

Bemba colorá.

Caballero, ¡qué rica y buena es la bemba!

Bemba colorá.

Con Las estrellas de Fanny en la bemba...

Bemba colorá.

me gusta mucho la bemba.

Bemba colorá.

Ahora mismo yo me voy con la bemba.

Bemba colorá.

Me fui.


II

La hija de Juan Simón, por Antonio Molina:


Cuando acabé mí condena,

cuando acabé mí condena,

me vi muy solo y perdido.

Ella se murió de pena

y yo, que la causa he sido,

sé que murió siendo buena.

Ella se murió de pena,

y yo, que la causa he sido,

sé que murió siendo buena.

La enterraron por la tarde

a la hija de Juan Simón,

y era Simón en el pueblo

y era Simón en el pueblo, ¡ay, ay!

el único enterrador.

Él mismo, a su propia hija

al cementerio llevó

y él mismo cavó la fosa

y él mismo cavó la fosa

murmurando una oración.

Y como en una mano llevaba la pala

y en el hombro el azadón,

su' amigo' le preguntan.

Y todo' le preguntaban, ¡ay, ay!

¿De dónde viene Juan Simón?

Soy enterrador, y vengo

soy enterrador, y vengo

soy enterrador, y vengo

¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay!

de enterrar mi corazón.


III


Rap de La bella y la bestia, parecido:


Es solo una historia más

La Bella y la Bestia.

Ella era Bella,

frágil como una rosa

Él era una bestia,

esclavo de sus impulsos.

Único el día que les ataron esposas

ya no eran niños.

Crecieron, se hicieron adultos juntos,

todo marchaba bien

o eso parecía en su primera luna de miel.

Juró serle de por vida fiel

y ella a él.

Una historia como otra cualquiera (sí)

¡Quién les ve y quién les viera!

Pero el tiempo pasa

y las relaciones se agotan.

Se cansan.

Ella ni lo nota, porque está ciega,

ciega de amor;

pero él no aguanta la monotonía.

Ya no quería ser dueño de una sola tía

o eso le decía a sus colegas de copas:

"Suelo irme con otras, pero ella ni lo nota"

Bella estaba ciega,

pero no era tonta.

Ya dudaba:

¡Cuántas noches sola

hasta altas horas de la madrugada!

La primera vez fue la más dolorosa.

Te regaló una infidelidad por cada rosa;

y es que el perdón será tu debilidad.

Pero lo que pasa una vez

siempre sucede una vez más.

"Este cuento no es eterno;

debo salir, ponerle un fin,

ser más fuerte que esa bestia.

Debo salir, ¡quiero vivir,

quiero vivir!

Hay tantas cicatrices, ya no puedo más.

Me duelen las entrañas de tanto sangrar.

¡No existe un maquillaje que pueda tapar

este moratón que es mi corazón!

Ya no sé cuánto tiempo más podré aguantar;

ya no me quedan lágrimas para llorar.

El peso de estos años me doblan la edad.

En cada rincón, hubo un bofetón.

¡Dime que esto no ha pasado,

tú dime, que lo habré olvidado!

Mañana, todo habrá cambiado

y esto será solo un horrible recuerdo.

"Sé que me quieres, mi vida;

yo sé que no habrá más heridas:

mañana será un nuevo día

y, otra vez, seremos felices de nuevo"

Empiezan las discusiones...

parece que a él no le gustan.

Se vuelve insensible y agresivo

y a Bella le asusta.

Lágrimas caían tras un empujón

y el primer puñetazo.

Te conformas con un perdón

y un simple abrazo.

No quieres darle importancia

porque no quieres perderlo;

pero sientes impotencia

y, a la vez, pánico y miedo.

No puedes creerlo todavía,

después de tantos años.

Si alguien te pregunta, di que te has caído en el baño

El silencio no te ayuda;

sé que no sabes qué hacer,

sabes que fue la primera

y no será la última vez.

Créeme, sé que no quieres más problemas,

pero no te quedes en silencio

si tu marido te pega,

porque no le perteneces.

¡Te mereces mucho más,

sobre ti no tiene autoridad!

Se la das y él se crece,

no puedes detenerle,

no puedes defenderte,

no puedes hacer más que rezar por tener suerte.

Cada día más normal:

pasar del amor al odio

se convirtió en algo habitual:

otro mal episodio.

Bestia no te quiere,

pero quiere que seas suya

para siempre

"Si no eres mía, no serás de nadie, ¿entiendes?"

Bella no podía más:

él cada vez era más bestia.

Cuando ella quiso hablar,

ya era demasiado tarde.

Se dio cuenta que vivía junto al mal.

La Bella y la Bestia.

Prefiero no contaros el final;

este cuento no es eterno,

debo salir, ponerle un fin,

ser más fuerte que esa bestia.

¡Debo salir, quiero vivir,

quiero vivir!

Tu filo atravesó mi alma en solo un compás,

callaste mis lamentos con brutalidad.

Me has convertido en un triste número más.

Turbia frustración, fue tu perdición.

Es demasiado tarde para ir hacia atrás.

No volveré a tener otra oportunidad.

Seré solo un mal día en la prensa local.

Pero mi dolor será tu prisión.

y, si yo, ahora, pudiera cambiar en algo tus miserias,

daría todo por que entiendas

un solo segundo de mi sufrimiento.

Espero que, al menos, mi historia

no quede solo en la memoria

y trace una nueva trayectoria:

que no se repita, jamás, este cuento.

Este cuento no es eterno,

debes salir, ponerle un fin (Porta)

ser más fuerte (Norykko)

que esa bestia.

Debes salir, vuelve a vivir,

vuelve a vivir (la Bella y la Bestia)

Sé más fuerte,

camina hacia adelante,

no te rindas,

no te quedes en silencio.