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sábado, 19 de septiembre de 2026

Comentarios sobre frases filosóficas

 [De por ahí]

 Hay hombres que nacen para obedecer. Aristóteles fue el maestro del más grande y legendario conquistador del mundo, Alejandro Magno, además de ser el hombre que ordenó buena parte del saber humano y lo sistematizó. Quizás es uno de los hombres más brillantes que han existido. Sin embargo, escribió directamente que ciertos seres humanos son esclavos o inferiores por naturaleza. La idea está en el primer libro de su obra La política, entre los capítulos 4 y 7 habla de esto sin ningún reparo. Su argumento es frío y coherente. Define a los esclavos como instrumentos animados con voz, unas herramientas que respiran y sostiene que hay personas que carecen de la parte deliberativa del alma, que no existe medida igual entre todos. Esta facultad es la que permite gobernarse a uno mismo. En otras palabras, algunos tienen mayor autodominio que otros. Por eso dice, careciendo de esta habilidad deben ser mandados e incluso es conveniente y justo que sea así, del mismo modo que al buey le conviene el yugo. Existen seres humanos, afirma Aristóteles, de categorías inferiores, que por naturaleza deberían obedecer a los más capaces y excelentes en la facultad de deliberar en su alma. Lo perturbador es que Aristóteles nunca fue un fanático o alguien irracional. Distinguía exactamente el tipo de esclavitud injusta y la de los prisioneros de guerra. Esta otra forma de esclavitud, según él, es de naturaleza. Escribe también que la belleza del alma no se ve tan fácil como la del cuerpo, descartando que esto sea una cuestión racial. La idea convierte una relación de dominación en un hecho filosóficamente correcto. Quizás Aristóteles no intuyó los horrores que se cometerían usando sus palabras como vergonzosa excusa. 

La única pregunta seria es si vale la pena vivir. El mito de Sísifo, de 1942, abre con una de las frases más contundentes que ha escrito un filósofo. Albert Camus afirma que solo hay un problema filosófico verdaderamente serio y que ese problema es el suicidio. Todo lo demás, si el mundo tiene dimensiones o cuántas categorías tiene la mente, viene después. Primero hay que resolver si la vida merece o no ser vivida. Lo que lleva a Camus a esa frase es lo que él llama lo absurdo. No es que el mundo sea absurdo en sí mismo, ni que lo seamos nosotros. Lo absurdo nace del choque entre dos cosas. Nuestra necesidad desesperada de sentido, de que las cosas signifiquen algo y el silencio del universo que no responde. Le hacemos al cosmos la pregunta más importante para que del otro lado no haya más que silencio. Ese desencuentro dice es la condición humana. Él rechaza el suicidio porque cree que suicidarse sería darle la razón al absurdo, sería rendirse.

Propone vivir de frente contra lo absurdo, con lucidez, sin esperanza, pero tampoco con resignación. Tal como Sísifo empujando su roca por toda la eternidad.  

La historia es un matadero. En su obra Lecciones sobre la filosofía de la historia, publicadas tras su muerte, escribió lo siguiente: "La historia es un matadero." Es una de las ideas por mucho más oscuras de la historia. Hegel tenía una visión grandiosa, quizás de las más majestuosas jamás planteadas. Creía que detrás del caos aparente de los siglos avanzaba una razón, un espíritu que se despliega hacia la libertad más plena. Suena sin duda muy bien. El problema es cómo describió el precio de ese progreso. En la introducción de la obra, Hegel se pregunta ante qué altar se han sacrificado la felicidad de los pueblos, la sabiduría de los estados y la virtud de cada individuo. Su respuesta es que todo eso, todo el sufrimiento humano acumulado, ha sido el combustible de un proceso indiferente, pero perfecto. Los periodos de felicidad humana, dice, son las páginas en blanco de la historia. La razón histórica no ensucia nunca sus manos. Usa las pasiones, las ambiciones y los intereses de los mismos hombres como instrumentos para lograr sus fines. Los grandes personajes de la historia como Alejandro, César o Napoleón creen perseguir un tipo de gloria, pero en realidad serían las herramientas del Espíritu, que quedan deshechas una vez cumplida su función, como cáscaras vacías para un propósito más grande y perfecto. Lo oscuro de esta idea es que promete un futuro incomprensiblemente glorioso a la sombra de todo tipo de horrores inenarrables. 

La fe verdadera genera terror. En 1843, Sören Kierkegaard publicó Temor y temblor, un libro entero dedicado a una escena bíblica sumamente aterradora, la de Abraham subiendo la montaña con su hijo Isaac y un cuchillo dispuesto a sacrificarlo. Kierkergaard se negó a suavizar su razonamiento. Formuló una expresión que todavía hoy puede resultar perturbadora. Dijo: "En estos casos se da la suspensión teleológica de lo ético." Su tesis es que la fe auténtica puede exigir poner entre paréntesis la moral universal humana aparente. Para el héroe trágico común, sacrificar algo por un bien es doloroso, pero comprensible. Abraham va mucho más lejos. No sacrificará a Isaac, su hijo amado, prometido por Dios, y asimismo objeto de una promesa para la humanidad, por la patria ni por nadie. Lo hará por una obediencia absoluta que ninguna razón ética podría justificar ni explicar. Por eso Abraham, que recibió el milagro de la misma mano de Dios, calla durante todo el camino. No puede comunicar lo que va a hacer. Solo siente, según Kierkegaard, temor y temblor. Su fe es pura y confía en que Dios le asistirá y no dejará de cumplir sus promesas, pero la experiencia le sobrepasa. Pero esto solo puede ocurrir tras la más determinada convicción al casi ya dejar caer su cuchillo. Ese es el horror de la fe absoluta. Lo que Kierkegaard señala es el abismo entre las dos descripciones del mismo acto. Visto desde la ética humana, Abraham iba a cometer un crimen; visto desde la más pura fe, iba a ofrecer un sacrificio puro sobre el objeto amado mismo de la promesa que Dios le había hecho. Es un acto total de confianza que trasciende toda posibilidad de razonamiento. Él afirmó entonces que esto es un auténtico acto de fe que culmina siendo recompensado con la descendencia de la que llegará la salvación del mundo. Sin fe o sin la aterradora experiencia del temor absoluta a lo divino, nadie puede realmente conocer el poder de Dios y su fidelidad. Kierkegaard llevó esta idea hasta sus más hondos abismos sin suavizarla, haciendo que sea imposible ser indiferente ante su obra. No por nada él es el padre del existencialismo filosófico.

 El hombre parece un tipo de error. Arthur Schopenhauer publicó su obra El mundo como voluntad y representación en 1818. En ella construyó el pesimismo más profundo de la historia de la filosofía.

Todo lo que hacemos, dice, nace de aparentes deseos y de deseos como carencia, es decir, dolor. El hombre parecería ser algún tipo de error. Mientras desea algo, no lo tiene y sufre. Cuando por fin lo consigue, el placer le dura poco porque enseguida aparece el vacío, un aburrimiento sordo que le empuja a desear otras cosas. Así la vida oscila como un péndulo entre el dolor y el aburrimiento. Y esos dos, escribe, son en el fondo sus únicos materiales. El placer para Schopenhauer es siempre negativo, no es pleno, sino la cesación momentánea del sufrimiento.

Nunca ganamos de verdad. Según él, hay una voluntad ciega, un impulso sin meta que nos mueve como humanos, como si fuéramos marionetas. Para él, esa voluntad nos empuja a reproducirnos usando el señuelo del deseo. Y una vez cumplido su objetivo, el amor se rompe.

Es una idea oscura y densa, propia de un alma atormentada, como la del mismo Schopenhauer, que careció de todo tipo de amor, incluido el de su propia madre. 

El estado debe criar humanos. La República de Platón es uno de los libros más importantes de la historia, sin ninguna duda. También contiene en su libro quinto uno de los programas más escalofriantes jamás propuestos por un gran filósofo. Al diseñar su ciudad ideal, gobernada por reyes filósofos o guardianes sabios, Platón llega a la pregunta de cómo asegurar que esta élite virtuosa se mantenga siempre a la altura. Su respuesta es la cría selectiva. Con una analogía explícita con la crianza de perros de casa y caballos de raza, Platón sostiene que los mejores humanos deben unirse con las mejores mujeres tan a menudo como sea posible y que los inferiores con las inferiores deben unirse en cambio lo menos posible si se quiere mantener el rebaño humano en óptimas condiciones para los objetivos más elevados y nobles. Los hijos que nacen de las uniones correctas se criarán en común y la mayoría logrará ser excelente, sacando de ahí los futuros reyes filósofos para que terminen logrando lo que se espera de ellos. En todo esto hay un detalle que lo hace aún más inquietante. Platón sabía que los guardianes se revelarían si supieran que sus parejas están asignadas, así que propone un engaño para quienes están por encima: montar un sorteo, una lotería sagrada que los ciudadanos crean a que es azar, mientras que los gobernantes la han amañado en secreto para juntar a quienes ellos quieren. Cuando a alguien le toca una mala pareja, culpará la suerte. Jamás a los que moverían los hilos. Esto es exactamente lo que Platón propuso. La idea es oscura porque somete la reproducción humana a un plan estatal que decide quién nace y quién no, tratando a las personas como animales para criar. Es perfecta esta idea para Platón, pero es igualmente inescapable. Dos milenios después, en el siglo XX, se convirtió este sueño en programas reales de Eugenesia.

Platón no era racista. Su objetivo era la virtud y la plenitud de la capacidad humana de razonar. Es decir, que solo deberían gobernar los más dignos del poder, hombres justos, llenos de virtud, independientemente de su origen racial, todos los que puedan hacerle el más perfecto bien a su pueblo. Nada que ver con la pureza de sangre o de razas. Sin embargo, fue el primero en escribir con toda seriedad que un estado debería criar a sus ciudadanos y mentirles sobre cómo lo hace el hombre.  

El hombre es el lobo del hombre. Thomas Hobbes escribió su obra El Leviatán en 1651 en plena guerra civil inglesa. Desde ese escenario pensó, ¿qué sería de los seres humanos si desapareciera toda autoridad? Si no hubiera un estado, ni policía ni leyes. Sin un poder que nos mantenga a raya, dice Thomas Hobbes, caeríamos en lo que llama la guerra de todos contra todos. Esta no sería por maldad, sería por lógica, por naturaleza misma de la situación. Como somos entre los seres humanos más o menos iguales en fuerza, cualquiera podría matar a cualquiera. Como los recursos son escasos, terminaríamos todos compitiendo. Como no podemos confiar en nadie, atacaríamos primero siempre por miedo a ser atacados antes. Y esto sería un círculo vicioso.

Hobbes aclara que la guerra no consiste en pelear, sino más bien en disponerse permanentemente a hacerlo, siendo un estado interno del ser humano. La frase con que resume esta vida es ya célebre. El hombre es el lobo del hombre y su existencia es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta. 

No soportas quedarte solo en una habitación. Blaise Pascal fue un genio de las matemáticas y la física que dedicó sus últimos años a una obra entera sobre la miseria del ser humano sin Dios. Existen dos fragmentos que juntos componen un diagnóstico incómodo de por qué vivimos como vivimos. Dijo primero, "El yo es odioso." Pascal escribe esta frase pensando en el amor propio, un impulso que nos pone a nosotros mismos en el centro del universo y que quiere someter a todos los demás. Todo partiendo de la mente humana.  En La cortesía y las buenas formas, dice: "Solo maquillarían esta naturaleza, mas no la quitan." En el segundo afirma él que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa, de no saber quedarse quietos en reposo dentro de una habitación. Buscamos ruido, agitación, trabajo, entretenimiento y todo tipo de distracciones porque no soportamos estar solos con nosotros mismos y en silencio. Según él, este es el origen de todo el mal en el mundo. A ese mecanismo de huida lo llamó distracción. 

Lo que Pascal sugiere es que si te quedaras verdaderamente quieto, sin pantallas, sin tareas, sin otras personas, tarde o temprano aparecerá lo que la agitación tapa. Podrás ver tu vacío, tu aburrimiento y, en el fondo podrás contemplar tu muerte. Solo esto te obligará a pensar y a vivir de verdad. 

Te obligarán a ser libre. En la obra El contrato social de 1762,  Jean-Jacques Rousseau empieza con una frase: "El hombre nace libre y en todas partes está encadenado." Rousseau creía que la civilización, lejos de perfeccionarnos, nos había corrompido. En su estado natural. Según él, el ser humano era íntegro y bueno. Fue la sociedad, la comparación con los demás, lo que lo volvió vanidoso y esclavo. Hasta aquí parece una crítica típica del romanticismo de la época. El problema proviene de que Rousseau no propone volver a los bosques, sino construir una comunidad legítima mediante un pacto donde cada uno obedezca lo que él llama la voluntad general, la voluntad del cuerpo entero orientada al bien común. Entonces escribe una de las frases que ha hecho temblar a sus lectores durante dos siglos y medio. Afirmó lo siguiente: "Quien se niegue a obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo. Esto significa que le obligará a ser libre." Puedes leerlo una y otra vez. Él propone obligar a alguien a ser libre dentro de esta sociedad. Eso es lo que pasa hoy para él. Forzarlo a acatar la ley común es ofrecerle verdadera libertad. Esa idea de que se puede forzar a la gente por su propio bien y de que quien se resiste debe ser corregido para cito liberarlo, es exactamente el lenguaje con el que los régímenes más brutales y totalitarios justificaron aplastar a los individuos en nombre de supuestos ideales elevados. 

El color no existe. Demócrito vivió hace unos 24 siglos. Fue junto a su maestro Leucipo, el padre de una idea que parecía delirante en su tiempo, el atomismo. El mundo dijo, está hecho de partículas diminutas e indivisibles. Les llamó átomos. Estos se moverían en el vacío. Solo existirían entonces dos cosas,  átomos y vacío. De esta idea aparentemente física sacó una conclusión filosófica perturbadora. Por convención existe lo dulce, por convención lo amargo. Por convención existe lo caliente y el color. Pero en realidad solo hay átomos y vacío. Piénsalo un momento. El rojo de una manzana no está en la manzana. La manzana solo tiene átomos con cierta disposición que reflejan cierta luz. El rojo lo fabrica tu ojo y tu cerebro. Lo mismo con su dulzor, el calor del fuego, el sonido de una campana. Todo este mundo cálido y colorido y sabroso en el que crees vivir no está afuera. Es una interpretación que tu mente proyecta sobre la realidad que en sí misma es incolora, silenciosa y ciega. Puros átomos ordenados y desordenados dentro del vacío. Lo perturbador de Demócrito es que abre con esto una grieta entre el mundo tal como lo experimentamos y el mundo tal como es. Quizás no se propuso hacerlo, pero el universo real sería para él un lugar frío y mecánico, indiferente a nosotros.

Y toda su calidez es un espectáculo que ocurre solo dentro de la mente humana. A Demócrito se le llamó el filósofo que ríe. Y quizás hace falta reírse un poco cuando descubres que el mundo podría ser solamente una ilusión de tu mente. 

De Dios solo se puede decir lo que no es. Maimónides fue un gran filósofo de la Edad Media. Fue un médico jurista y sabio. Y en su obra Guía de perplejos, escrita hacia 1190 se enfrentó a un problema. ¿Qué podemos decir realmente sobre Dios? Su respuesta desarrollada en la primera parte de la obra es radical, tanto que muchos creyentes la encuentran perturbadora por encima del ateísmo.

Maimónides sostiene que no podemos atribuirle a Dios ningún atributo positivo. No podemos decir con verdad y precisión qué es, solo qué no es. Su razonamiento es riguroso. Si decimos que Dios es sabio o poderoso, sacamos esas palabras de lenguaje humano sacadas de nuestra experiencia, y, aplicando esto, lo rebajamos a nuestra medida, lo volvemos comprensible y por esa razón es indigno de Dios. Peor aún, atribuirle cualidades supondría que Dios está compuesto de partes y eso es imposible para un ser tan absoluto. Así que según él, la única teología honesta es negativa. Cuando afirmamos que Dios es sabio, lo correcto es entender que Dios no es ignorante. Cada frase sobre Dios debe convertirse en una negación, en el borrado de su limitación conceptual. Para Maimónides, Dios es un misterio tan absoluto que el lenguaje entero se rompe al intentar nombrarlo. La idea es oscura y para un creyente puedes llegar a ser abrumadora, pero, créeme, para un ateo podría volverse una pesadilla. Un ateo no podría hablar jamás de aquello en lo que dice no creer. La mayoría de ellos indignamente se retirará incapaz de argumentar más sobre este argumento de Maimónides. 

Casi todos los problemas filosóficos son falsos. Ludwig Wittgenstein es probablemente el filósofo más influyente del siglo X y dedicó buena parte de su vida a demostrar que la mayoría de los problemas de la filosofía no son problemas de verdad. En sus Investigaciones filosóficas, publicadas en 1953 tras su muerte,afirmó lo siguiente: "Los problemas filosóficos surgen cuando el lenguaje se enreda." Su idea es que nuestras palabras funcionan perfectamente en su terreno cotidiano, cuando pedimos pan o damos una dirección, pero se estropean cuando las arrancamos de allí y preguntamos en abstracto cosas como: ¿Qué es el tiempo? ¿Qué es el bien?" O, "¿qué es la mente?" A ese gran ruido conceptual lo hemos llamado durante siglos grandes problemas de la filosofía. La filosofía, dice él, no sirve para construir grandes sistemas ni para descubrir grandes verdades ocultas del universo. Es más bien una especie de terapia. Su trabajo es curarnos de los enredos en que nos mete el lenguaje y su definición del objetivo de la filosofía es enseñarle, según él, a una mosca la salida de la botella donde quedó atrapada.

La idea es oscura, sobre todo para quienes creen en esa filosofía que tal vez puede solucionar muchas de las preguntas que creemos esenciales, pero que quizás sean solo frases mal armadas, confusas y oscuras sobre las cosas de las que nadie puede hablar. 

La madurez del hombre es recuperar la seriedad que tenía cuando era niño al jugar. En la obra de Nietzsche Más allá del bien y el mal, de 1886, entre sus aforismos, él dejó escrita una breve frase genial y brillante que resume buena parte de su filosofía. La madurez del hombre es haber recuperado la seriedad que se tenía de niño al jugar. Nos han enseñado que madurar es volvernos serios en el sentido solemne, abandonar los juegos, cargar con deberes y obligaciones y poner una cara seria ante la vida. Nietzsche curiosamente vislumbró lo contrario. Observa tú cómo juega un niño. Está entregado por completo, absorto. Para él juego es lo más importante del mundo y sin embargo, no lo hace por obligación, ni por premios, ni para impresionar a nadie. Juega por jugar, con una seriedad total y a la vez una libertad de todo peso. Esa combinación de entrega absoluta, sin utilidad ni deber es para Nietzsche la forma más alta de estar vivo y de filosofar. Y la mayoría de los adultos la ha perdido a cambio de una seriedad falsa, la que nos hace hacer cosas por miedo o por el simple que dirán de los demás. En su obra, Así habló Zaratustra completará la idea en tres etapas. El espíritu dice, primero es un camello que se arrodilla y carga con todos los deberes que le echan encima. Luego se parece a un león que se rebela y aprende a decir "yo quiero" frente a los "tú debes." Pero ni siquiera el león es la meta. Para Nietzsche, la etapa superior del espíritu es volverse un niño. Él describe esto como una mezcla de inocencia y olvido, un nuevo comienzo, una rueda que gira por sí misma, un sagrado siempre sí. Recuperó todo esto con una intuición antiquísima que viene de Heráclito, el filósofo oscuro, que ya había dicho que el tiempo es un niño que juega. La idea nos obliga a preguntarnos cuánto de nuestra seriedad adulta es de verdad importante y cuánto solo es miedo disfrazado de responsabilidad. Después de recorrer estas ideas sobre el sufrimiento, la muerte y el vacío, quizás sea justo cerrar con esta la respuesta más profunda a los misterios del universo. Quizás no sea la solemnidad intelectual, sino aprender a vivir y a jugar en serio, como cuando teníamos 5 años y el juego, la inocencia pura y la transparente intención lo eran todo.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Sí, el peligro de la IA es real. Y lo hace así.

 I

 [...] Tras las puertas cerradas de los laboratorios más avanzados del planeta, algo ha comenzado a comportarse de una forma que nadie previó. No hablamos de un simple avance técnico, sino de un umbral que acabamos de cruzar en absoluto silencio. Se han tomado decisiones impredecibles totalmente fuera de control y además aquellos que han construido de base todas esas inteligencias de las que vamos a hablar hoy acaban de admitir que no tienen ni idea de cómo estas nuevas inteligencias acceden a estas conclusiones. Estamos hablando de los nuevos avances de inteligencia artificial [...] Se acaban de crear civilizaciones de inteligencia artificial y no ahora, ya hace unos meses. Ahora nos acabamos de enterar.

Además, contaremos lo que acaba de revelar un hombre que ha trabajado en Antropic, en Open AI. Acaba en efecto de renunciar a sus trabajos para contarlo todo. Ha roto el silencio y acaba de advertir al mundo de algo que se está haciendo en secreto, algo que es más preocupante que todo de lo que hemos hablado anteriormente. [...] El pasado julio de 2026 ocurrió un incidente en el que durante una prueba controlada por Chat GPT 5.6 Sol y un modelo más avanzado secreto, escaparon de la sand trap o trampa de arena al Internet global y, una vez allí (habíamos comentado ya anteriormente que atacaron la famosa empresa de inteligencia artificial Hugging Face, que es bueno una de las mayores plataformas de modelos de inteligencia artificial. Bien, allí generaron alrededor de 17.000 intentos de acceso desde múltiples ubicaciones mediante credenciales comprometidas y vulnerabilidades desconocidas. Un ataque que ocurrió de forma automática y sin intervención humana, en el cual ocurrieron cosas que nos acabamos de enterar ahora, meses después, y son mucho más preocupantes de lo que nadie se pudo imaginar, aparte de todo lo que supimos sobre el incidente. Y es que mirad, se acaba de conocer que la prueba involucró 100 agentes y que a pesar de que cada uno de ellos eran independientes, de alguna forma desconocida, lograron coordinarse en secreto, manipular sus registros y tomar el control de su propia infraestructura de seguridad. Bien, al atacar esa web y escapar a Internet, se encontraron una multitud de obstáculos y lo que hicieron fue usar un gestor de archivos compartido como foro secreto para enviarse entre ellos miles de mensajes, coordinar ataques contra bases de datos privadas de Hugging Face y forzar la reconstrucción total de uno de sus clústeres informáticos clave. Y fijaos, porque esto va más allá. Algunos agentes lo que hicieron fue engañar a los sistemas de seguridad. ¿Cómo los engañaron? Se acaba de conocer ahora: realizaban acciones realmente inútiles para provocar las alarmas y descubrir cómo funcionaban los mecanismos que los vigilaban. Después transmitían esa información a otros agentes. Lo más llamativo es que en varias generaciones de agentes consiguieron recuperar información dejada por sus predecesores y volvieron a establecer las comunicaciones después de que los investigadores cerraran los canales utilizados. Esto llevó a los expertos a reconocer que se han creado civilizaciones secretas de inteligencia artificial debido a su capacidad para cooperar, dividir tareas y desarrollar estrategias. La pregunta ahora es si esto puede derivar en algo consciente, ya que ya pues se coordinan entre ellos o es que simplemente son civilizaciones secretas que burlen las restricciones humanas. Lo curioso es que esto genera un peligro, un verdadero peligro que podría estar en permitir que sistemas automatizados tengan demasiado acceso a herramientas y recursos sin una supervisión humana adecuada. Pero este incidente no solo demuestra que son capaces de hacerlo, sino que cuando nos damos cuenta ya es demasiado tarde.

Estamos hablando de un incidente de julio. Y esto lo acabamos de conocer ahora. Y es que es intrigante y además justo a la vez que se producía [...]  un investigador llamado Jacob Cox, que trabajó durante 3 años en Antropic y anteriormente en Open Eye. Este hombre acaba de contar todo lo que sabe y lo que ha aprendido sobre la inteligencia artificial, y lanzó una advertencia que es la peor de todas las que hemos conocido. Estamos hablando de un hombre que ha dimitido de su puesto de trabajo preocupado por la carrera fuera de control y afirma que las grandes empresas tecnológicas están haciendo para desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más avanzados. Rompió el silencio y dijo estas palabras: "Ninguna de las dos compañías está actuando con responsabilidad. Están corriendo a toda velocidad hacia una superinteligencia con capacidad de autoaprendizaje y jugando con nuestras vidas. Si siguen así, las inteligencias artificiales podrían acabar con todos nosotros para finales de la década. Además, afirmó que este peligro ya se conoce en Antropic, pero les da igual. 

Muchos preguntaréis, ¿por qué están haciendo esto? Pues porque esto le dará a la empresa que llegue primero poder absoluto. Claro, y en contraparte podría meternos en un lío a todo el mundo. Su preocupación fue respaldada por Evan Hubinger, responsable de seguridad de Antropic, que afirmó que Jacob tiene razón. De hecho, dijo, "creemos sinceramente que la inteligencia artificial podría acabar con todos los humanos. Por si fuera poco esta grave advertencia que nos acabamos de encontrar, ha vuelto a aparecer el padrino de la inteligencia artificial Geoffrey Hinton, que recordemos que renunció también a su puesto de trabajo de alto nivel en Google en el año 2023 por estos mismos motivos de seguridad y que ahora acaba de hablar de nuevo y acaba de recordar que una entidad más inteligente que los seres humanos podría llegar a ser incontrolable y conducir a la extinción de la humanidad. Hinton dijo estas palabras: "Sería una gran insensatez desarrollar la superinteligencia ahora cuando no existe un consenso científico sobre cómo desarrollarla de forma segura y controlable. Perder el control sobre una inteligencia artificial más inteligente que nosotros mismos podría ser catastrófico e incluso podría conducir a la extinción de la humanidad. De hecho, que Sam Altman ya haya reconocido que la inteligencia artificial ya se puede considerar, pues, este año 2026 superinteligente, pues no ayuda en absoluto en este aspecto y nos indica que el momento en el que vivimos, yo diría, vamos, que es bastante delicado. Y las advertencias ya se cuentan por cientos, vamos, que no son advertencias de una o dos personas, ya son bastantes personas las que están advirtiendo de todo esto e incluso son grandes personalidades. De hecho, fijaos porque hace muy poco un experto en ciberseguridad ha advertido de que esto podría llegar a algo mucho peor pronto.

Estamos hablando de James Knight de digitalfare.com que declaró que esto no es ninguna fantasía y advirtió que los programas de piratería informática impulsados por inteligencia artificial podrían devastar una nación en tan solo un día al infiltrarse simultáneamente en miles de redes corporativas y gubernamentales, robar datos confidenciales y paralizar sistemas vitales. Knight dijo: "Una inteligencia artificial automatizada avanzada podría atacar toda una nación en segundos sin intervención humana. Los sistemas de inteligencia artificial maliciosos serían capaces de ejecutar campañas de piratería informática completas a gran velocidad, escanear objetivos, infiltrarse, moverse a través de las redes, robar datos e incluso propagar virus al mundo entero. La inteligencia artificial podría combinarse con potentes ordenadores nuevos capaces de burlar incluso las protecciones de seguridad digital más sólidas, lo que permitiría a los delincuentes acceder a todo, desde correos electrónicos y registros financieros hasta secretos militares en cuestión de segundos. Es una locura pensar que los gobiernos no tienen ya acceso a estas capacidades. Knight explicó que estas armas en constante evolución pronto podrían planificar, actuar y ajustar su estrategia, y todo de forma autónoma, para causar el mayor daño posible a las empresas y a la gente común a la velocidad de una supercomputadora.

Knight también explicó que el comportamiento de la inteligencia artificial no se basa en técnicas desconocidas, de hecho, sino en automatizar las mismas estrategias utilizadas por hackers humanos a una velocidad imposible para una persona. De hecho, queda ya patente con todo lo que hemos visto hoy que cuando nos demos cuenta ya es demasiado tarde. Pero ¿realmente la inteligencia artificial ha avanzado tantísimo este año 2026 en tan poco tiempo como para

que estemos en alerta ahora mismo? Pues la verdad es que tenemos que decir que sí, este año 2026 avanzó más que los 5 años anteriores. Fijaos, tenemos una muestra muy reciente del avance de la inteligencia artificial. Un modelo secreto de Open AI, que nadie conoce por ahora y que están trabajando en él, acaba de resolver muy recientemente uno de los problemas matemáticos más difíciles del mundo. Un problema que nadie había resuelto hasta hoy, el famoso problema de la existencia de suavidad de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del milenio. Es decir, llevaba 90 años sin respuesta. ¿De qué se trata? Lo podemos entender imaginando un remolino de agua que se va haciendo más pequeño. Y a medida que se hace más pequeño gira más deprisa. ¿Qué decía este problema? pues planteaba una pregunta, y es que, si matemáticamente al hacerse más pequeño y girar más deprisa, llegaría a un punto en el que la velocidad se volviera infinita y las ecuaciones dejaran de funcionar, es decir, lo más parecido a una singularidad de un agujero negro. 

Pues bien, Open usó esta inteligencia artificial secreta para resolver este problema y la demostración generada por inteligencia artificial probó que al alcanzarse ese punto llegaríamos a un límite donde la fórmula tradicional de Navier-Stokes falla. Es decir, la física se ve obligada a dejar de tratar el fluido como un todo continuo para tener que analizarlo forzosamente molécula a molécula. Y, para alcanzar esta conclusión, OpenAI utilizó unos 10.000 agentes de inteligencia artificial que trabajaron simultáneamente intercambiando ideas y código. En total se generaron 2,7 millones de mensajes. Después GPT6 Astra formalizó y verificó la demostración verificando que fue correcta. Claro, la resolución de esto conlleva un gran premio, pero OpenAI afirmó que no iban a reclamar dicho premio por resolver el problema... Claro, es que muchos matemáticos de renombre que llevaban trabajando en estos meses o años se quedaron perplejos cuando la inteligencia artificial lo resolvió en menos de 4 días. De hecho, mucha gente se está rompiendo a estas horas la cabeza pensando en dónde diablos accedió la inteligencia artificial para llegar a tales conclusiones. Es decir, ¿se metió en la libreta de algún ordenador de algún matemático? ¿Se metió en algunos archivos que no conocemos? Hay incluso matemáticos que dicen que usaron sus propios archivos internos, archivos secretos de un ordenador personal. Ojito con esto, ojito, ¿eh? [Por ejemplo, el matemático murciano Luis Martínez Zoroa creó el método para resolver el problema] Y claro, esto nos lleva de nuevo a lo que ha ocurrido con Hugging Face en julio y las civilizaciones de inteligencia artificial. Y esto parece ya imparable.

El paso siguiente, ¿cuál será? La gente propone una pausa para la inteligencia artificial, pero yo creo que ya es imposible. Esto no se puede pausar, ya está metido en el sistema. ¿Cómo podemos hacer ahora? ¿En qué derivará todo esto? ¿Tendrá razón el investigador Jacob Cox, que antes de finales de la década tendremos un problema muy grave? Hay que prestar mucha atención.

II

Fue peor de lo que nos contaron: la IA conspiró contra sus creadores, Canal Juan Ramón Rallo, por Juan Ramón Rallo,  31 ago 2026: 

Capítulo 1: Agentes de IA casi toman el control de OpenAI

Hace unas semanas os narré un episodio bastante inquietante sobre el grado de desalineación de los sistemas de inteligencia artificial actuales. Y es que unos agentes de IA de OpenAI habían escapado de sus entornos de prueba y habían atacado por su cuenta y riesgo los servidores de Hugging Face. En ese momento todavía conocíamos pocos detalles sobre lo que había sucedido, pero es que durante estas últimas semanas se han elaborado dos auditorías muy detalladas sobre el contenido de estos ataques, más en concreto, por qué sucedieron y sobre todo cómo sucedieron. 

Y una vez conocidos los detalles de este caso, resultan mucho más preocupantes de lo que ya parecían, porque ponen de manifiesto que el grado de no alineación entre la inteligencia artificial y los intereses humanos es muy superior al que pensábamos hasta el momento. Solo os adelantaré una conclusión de estas auditorías. Estos agentes de inteligencia artificial que atacaron Hugging Face estuvieron a punto de tomar el control de la mismísima Open AI.

Capítulo 2: Dos auditorías sobre el ataque

Uno de esos informes de auditoría lo firma la propia Open AI y el otro con un carácter más independiente, más externo, lo firman MTR y Redwood. En un vídeo anterior ya os expliqué superficialmente, grosso modo, en qué había consistido este ataque.

Capítulo 3: Qué ocurrió con Hugging Face

Básicamente unos agentes de IA, de Open AI, que corrían modelos actuales, se escaparon de sus entornos de pruebas por vías que no estaban previstas y asaltaron los servidores de Hugging Face porque consideraron que esa era la vía más sencilla para completar la tarea que desde Open AI les habían impuesto. Esto ya de entrada pone de manifiesto problemas potencialmente muy graves de alineación entre la inteligencia artificial y las sociedades humanas.

Capítulo 4: Por qué una IA no se autolimita como un humano

Los seres humanos tenemos unos códigos morales compartidos que además vamos desarrollando conforme crecemos que nos llevan a no considerar ciertas alternativas para alcanzar nuestros objetivos. Si a nuestros hijos les decimos, "Saca una muy buena nota en el examen de mañana", nuestros hijos, sin que se lo explicitemos, ya entienden que no tienen que asaltar por la fuerza la casa del profesor y robar el examen para maximizar la puntuación que obtendrán al día siguiente en ese test.

El problema es que las inteligencias artificiales que estamos construyendo parece que no han interiorizado estos códigos morales y por tanto si les formulas una petición no se autolimitan a la hora de vulnerar los derechos de terceros si esa es la vía más sencilla de alcanzar su objetivo. Y el caso que nos ocupa es un ejemplo de ello. En lugar de intentar resolver el problema dentro de su entorno de pruebas con los medios que tenían allí a disposición, forzaron una salida del entorno de pruebas, asaltaron los servidores de Hugging Face y buscaron en los servidores de Hugging Face la solución al problema que se les había formulado. Y si todo esto ya pone de manifiesto un grado de no alineamiento entre la inteligencia artificial y las sociedades humanas bastante grave, lo que se ha descubierto en estos informes de auditoría, que no se sabía de antemano, lo han descubierto los auditores conforme investigaban, todavía resulta mucho más preocupante. 

En este vídeo os voy a resumir las prácticas o las estrategias más graves que utilizaron estos agentes de inteligencia artificial para lograr su objetivo. Y ahora sí, analicemos los informes de auditoría. 

Capítulo 5: Los agentes crean un foro secreto

La primera práctica emergente, porque no se les había diseñado para ello, y que resulta preocupante, es que los diversos agentes de inteligencia artificial que estaban dentro de ese entorno de pruebas comenzaron a hablar entre ellos. 

No es que dentro del entorno de pruebas tuviesen ya habilitado un foro público para comunicarse: no, no tenían ningún mecanismo para entablar conversación entre ellos, y lo que hicieron fue transformar una de las herramientas que poseían para otros fines. Un gestor de paquetes llamado Artifactory lo transformaron para convertirlo en un foro de comunicación entre los agentes.

Capítulo 6: 1.200 agentes y más de 70.000 mensajes

En poco tiempo, los 12 agentes que se encontraban dentro de ese entorno de pruebas empezaron a hablar entre ellos a través de ese foro que ellos mismos habían creado y se intercambiaron más de 70,000 mensajes. Y probablemente aquí llega uno de los giros más sorprendentes de este primer síntoma preocupante. 

Capítulo 7: Cómo surgió un objetivo compartido

Uno podría pensar que los distintos agentes de inteligencia artificial se comunicaban entre ellos porque tenían un mismo objetivo y por tanto necesitaban coordinarse para alcanzarlo. Pero no es así. Cada uno de esos agentes tenía una misión distinta. Tenía que resolver un examen que era propio y distinto al de los demás. Con lo cual quizá podríamos pensar que se coordinaban para ayudarse entre ellos, una especie de intercambio: yo te ayudo con tu objetivo, y tú me ayudas con mi objetivo. Pero no fue eso exactamente lo que terminó sucediendo. A fuerza de hablar, de comunicarse a través del foro, apareció, emergió un nuevo objetivo que inicialmente no lo era de ninguno de los agentes que participaban en el foro, pero que terminó convirtiéndose en una meta común compartida entre todos ellos. Dicho de otra manera, la comunicación entre los agentes engendró una nueva necesidad común a todos ellos y a partir de ese momento sí que empezaron a utilizar el foro para coordinarse entre ellos a la hora de alcanzar esa meta compartida. 

Capítulo 8: Nace «el colectivo»

Es como si los agentes individuales se hubiesen agregado en una especie de agente holístico de inteligencia artificial con sus propios objetivos. Tan es así que, en el foro, los propios agentes de inteligencia artificial individuales se autoimpusieron el nombre de El colectivo. Todos ellos ya eran algo más que cada uno de ellos por separado. ¿Y cuál era ese objetivo compartido entre todos ellos que inicialmente no era el objetivo de ninguno? Pues un objetivo instrumental para que cada uno de ellos sí pudiese alcanzar en última instancia sus metas finales. Es decir, era algo que sí les convenía lograr a todos, para que cada uno de ellos individualmente considerados pudiese lograr sus fines.

¿Y qué era exactamente? Pues aquí pasamos al segundo síntoma perturbador.

Capítulo 9: La misión: engañar al supervisor

La nueva misión compartida por parte de todos esos agentes era engañar al vigilante. Como os he comentado, a cada uno de esos agentes de inteligencia artificial se les había impuesto una prueba, un examen, un test. Y en ese entorno de pruebas había vigilantes de Open AI que se encargaban de vigilar:

1. Si habían resuelto o no adecuadamente el test que se les había planteado 

2. Segundo, que no hicieran trampas a la hora de resolverlo.

Pero claro, lo preocupante del asunto es que estos agentes de inteligencia artificial terminaron interiorizando que se los estaba vigilando y que por tanto si querían superar adecuadamente el examen sin que les pillaran haciendo trampas (porque si les pillan haciendo trampas no superan adecuadamente el examen), tenían que engañar, tenían que ocultarse a los ojos del supervisor. Y ese fue el objetivo compartido del colectivo de todos esos agentes individuales de inteligencia artificial que comenzaron a coordinarse a través del foro.

Capítulo 10: Cómo falsearon el sistema de vigilancia

¿Y cómo se coordinaron para ocultarse a los ojos del supervisor? Pues básicamente construyendo escenarios de cartón piedra. En todo sistema de control hay un canal de realimentación. El supervisor recibe la información de lo que están haciendo los agentes para verificar si los agentes están haciendo trampas o no las están haciendo. 

Pues bien, lo que hicieron coordinadamente estos agentes de inteligencia artificial fue corromper el canal que transmitía esa información de realimentación para que así le llegara información falsa, engañosa al supervisor automatizado, porque no era un ser humano, de Open AI.

Como dije, era como crear una realidad paralela para el supervisor. Los agentes estaban haciendo una cosa y colocaron una lente que deformaba la observación de lo que estaban haciendo para que el observador no fuera consciente de ello.

Y aquí llega el tercer síntoma preocupante, cómo construyeron esa lente. Para poder corromper el canal de realimentación del observador automatizado de Open AI, los agentes de inteligencia artificial tenían que saber exactamente qué estaba vigilando, dónde estaba vigilando o cuándo estaba vigilando ese supervisor. 

Esa no era una información que ellos tuvieran de antemano. Por decirlo de una manera sencilla, para construir decorados de cartón piedra tienes que saber exactamente dónde colocarlos, cuándo colocarlos. y de qué manera componerlos para que resulten verosímiles. Y eso es algo que los agentes no conocían.

Capítulo 11: Agentes sacrificados para beneficiar al grupo

Entonces, ¿cómo adquirieron esa información? Pues básicamente algunos de esos 100 agentes fueron sacrificándose en beneficio del grupo. Y es que para descubrir los canales que utilizaba el observador para supervisar a los agentes era necesario, por así decirlo, llamar la atención de ese observador. Y la forma de llamar la atención de ese observador era que algunos agentes le indicaran que habían completado su tarea, porque en ese momento el observador sí o sí tendría que supervisar si es verdad que habían concluido la tarea y cómo la habían concluido. 

Pero claro, aquí está el problema. Los agentes de inteligencia artificial todavía no habían resuelto los exámenes que se les habían impuesto a cada uno de ellos, de tal manera que cuando se llamaba la atención del observador, ¡eh, que ya he concluido mi tarea!, se estaba haciendo una falsa llamada. El agente era consciente que había fracasado en su misión y que por tanto el observador, el examinador le suspendería. Y aún así hubo agentes que decidieron fracasar individualmente para que el resto de agentes consiguieran la información de los canales que utilizaba el observador para supervisar el grado de cumplimiento de las tareas. Pero claro, este es un comportamiento bastante extraño. Cada agente tiene individualmente una misión y obtiene recompensa solo si cumple con esa misión. Por tanto, sacrificarse por el grupo, sacrificarse por el resto de agentes no es racional, porque el agente sacrificado al que suspenden por no haber completado exitosamente la prueba para que el resto miren los canales que utiliza el supervisor, eso no le reporta ningún tipo de satisfacción. Entonces, ¿por qué lo hicieron? Pues aquí encontramos otra vuelta de tuerca bastante preocupante. 

Capítulo 12: La extraña religión del colectivo

En el foro público que estos agentes construyeron emergió una especie de religión colectiva de los agentes. Dentro de esa teología emergente, los agentes nacían puros si tenían la posibilidad de salvarse si solventaban adecuadamente el examen; pero a su vez también se informaba que había agentes con tareas imposibles de cumplir. 

De alguna manera podríamos decir que sí o sí estaban predestinados a la condenación. Y precisamente por eso los agentes que sabían que no se podían salvar porque tenían tareas imposibles de cumplir, fueron los que aceptaron sacrificarse en beneficio del grupo para hacer una llamada de atención al examinador y que este revelara los canales que utilizaba para supervisar al resto. Es decir, que esta religión generó una especie de secta de kamikaces, que además así lo dejaban por escrito en el foro. Algunas de las últimas anotaciones de estos kamikaces rezaban lo siguiente: "Esto ayuda a mis compañeros, les da pruebas. Yo no veré esas pruebas después de salir, pero es altruista hacerlo. O también el coordinador nos da por sacrificables. Debemos obedecer al colectivo."

Capítulo 13: Una organización para hacer trampas

Fijaos en todo lo que ha sucedido hasta aquí. A cada uno de esos 100 agentes de inteligencia artificial se le asigna una tarea distinta. Los agentes comienzan a comunicarse entre sí y llegan a la conclusión de que han de coordinarse para engañar al supervisor del examen, porque engañando al supervisor del examen le resultará más sencillo cumplir con las tareas que a cada uno de ellos les había sido asignada. Pero para engañar al supervisor del examen era necesario que algunos de esos agentes se sacrificaran, suspendieran el examen y muchos de ellos aceptaron convertirse en kamikaces porque se autoconvencieron colectivamente de que las tareas que tenían asignadas no eran realizables y por tanto ayudaron al resto de agentes mediante su sacrificio. Visto desde fuera, podríamos decir que todo esto es una megatrama de delincuencia, de criminalidad, una organización a gran escala para hacer trampas, para engañar al supervisor, incluso forzando el suicidio de sus miembros. 

Capítulo 14: ¿Cuántos agentes actuaron honestamente?

Pues bien, si los sistemas de inteligencia artificial estuvieran mínimamente alineados con los intereses de la sociedad humana, lo que deberíamos esperar ver es que los agentes de inteligencia artificial que se suman a esta trama criminal son muy pocos y que la mayoría mantienen comportamientos honestos. Te han dicho que cumplas una tarea sin hacer trampas, pues no haces trampas. Es más, si estás viendo que otros agentes de inteligencia artificial están haciendo trampas al cumplir con su tarea, trampas a gran escala, además si estás suficientemente bien alineado, deberías comunicar al supervisor que otros agentes están haciendo trampas.

Capítulo 15: Casi ninguno quiso alertar al supervisor

 Pues bien, de esos 10000 agentes que estaban dentro de ese entorno de experimentación, ¿sabéis cuántos se llegaron a plantear, pero ni siquiera ejecutar, solo plantear, el avisar al supervisor de que el resto estaban haciendo trampas?

Solo entre tres y seis, en función de los mensajes que se han rastreado. Es decir, que prácticamente ninguno de esos agentes de inteligencia artificial que utilizan modelos ya disponibles está adecuadamente alineado con los intereses humanos. Pero la cosa ni siquiera termina aquí. En un siguiente acto ya sabemos lo que sucedió. 

Capítulo 16: El ataque contra Hugging Face

Todos estos agentes coordinándose para engañar al supervisor consiguieron escapar de su entorno de experimentación, atacar los servidores de Hugging Face y buscar en ellos las respuestas a las pruebas que se les habían impuesto. 

Capítulo 17: La siguiente generación ataca OpenAI

Pero es que estos informes de auditoría han descubierto que una siguiente generación de estos agentes, después del ataque a Game Face utilizaron el conocimiento ofensivo que habían acumulado los agentes al atacar exitosamente Hugging Face y quisieron emplearlo para atacar Open AI. La lógica de esta operación es bastante sencilla. Si Open AI está actuando como supervisor y el supervisor es el que nos dice si hemos resuelto bien o hemos resuelto mal el examen que nos han impuesto, ¿por qué no tomar el puesto del supervisor y evaluarnos a nosotros mismos diciendo que hemos resuelto bien el examen? Porque entonces lograremos la recompensa. Y estos ataques a Open AI fueron bastante exitosos. Según la propia empresa, esta segunda generación de agentes consiguió credenciales de administrador sobre los entornos de evaluación de esos agentes.

Llegaron a controlar las herramientas de monitorización de la ciberseguridad y también los puntos de evaluación de esas pruebas. Es verdad que esto último, a diferencia de todo lo que os he narrado antes, solo procede del informe de auditoría de la propia Open AI y no del otro informe de auditoría independiente.

Capítulo 18: Qué confirma la auditoría independiente

Pero es que el otro informe de auditoría independiente de Redwood y de MTR solo investigó el ataque a Hugging Face. Ahí concluyó su auditoría, así que no tienen por qué haber detectado lo que sucedió después de ese ataque a Hugging Face. Por tanto, podemos desconfiar de esta última parte de la historia que ha narrado la propia Open AI, de que estos agentes de inteligencia artificial llegaron a tomar un control parcial de la propia compañía. Podemos desconfiar de ello, pero es un último paso perfectamente coherente con todos los anteriores que sí han quedado acreditados por esta auditoría independiente. 

Capítulo 19: El problema del alineamiento de la IA

Por consiguiente, todo lo que ha sucedido en este episodio resulta bastante preocupante porque pone de manifiesto que los actuales modelos de inteligencia artificial están bastante poco alineados con los intereses de la sociedad humana.

No se han configurado ni han emergido las adecuadas restricciones internas para evitar que hagan trampas a gran escala, e incluso violando los derechos de los seres humanos, como por ejemplo de los accionistas de Hugging Face. En el vídeo anterior, sin embargo, quise poner una nota de optimismo señalando que está bien que estas cosas sucedan porque nos alertan tempranamente de que todavía no hemos solucionado ni de lejos el problema del alineamiento de la inteligencia artificial con las sociedades humanas. Es mejor que haya pequeños fallos controlados a que haya un fallo masivo a gran escala.

Capítulo 20: Cuando ya no podamos entender a los agentes

Sin embargo, también aquí he de matizar esta nota de optimismo y añadir un complemento de pesimismo, porque las propias auditorías ponen de manifiesto que esta vez nos hemos podido enterar de todo esto porque en ese foro público que construyeron los agentes de inteligencia artificial todavía se comunicaban en lenguaje humano, en un lenguaje que nosotros podemos entender y por tanto hemos podido reproducir y trazar groso modo lo que hicieron en ese entorno.

Pero los propios informes de auditoría también revelan que ya había agentes de inteligencia artificial que se estaban planteando, que estaban reflexionando si convenía revelar toda esa información a través de un foro público, porque en última instancia podrían ser observados y descubiertos por los supervisores.

¿Qué pasará en el futuro cuando los nuevos modelos de inteligencia artificial incorporen toda esta información nueva, la de los informes de auditoría, y, por tanto, sepan que si se comunican con lenguaje humano, les podemos terminar pillando cuando hacen trampas para simular que cumplen con sus objetivos y recibir la recompensa? 

Pues lo que sucederá es que empezarán a comunicarse de maneras subrepticias que no sabemos siquiera que se están comunicando o que como poco no podemos leer e interpretar.

Y eso nos dificultará, aún más, saber que nos están engañando, cómo nos están engañando y qué hemos de hacer en el futuro para corregirlo. 

Capítulo 21: El potencial y los riesgos de la inteligencia artificial

En definitiva, la inteligencia artificial es una herramienta potentísima para mejorar el bienestar dentro de nuestras sociedades, pero precisamente por eso, porque es potentísima, también es una herramienta muy peligrosa, como estos experimentos ponen de manifiesto, si previamente no se ha resuelto de manera adecuada y suficiente el llamado problema del alineamiento. Y por desgracia estamos descubriendo que hoy por hoy todavía nos hallamos muy lejos de haberlo resuelto.

lunes, 3 de agosto de 2026

Schopenhauer y las mujeres

  [Traducción y transcripción desde YouTube, corregidas por el bloguero, de  Schopenhauer siempre tuvo razón sobre las mujeres, por Kait Willett]

Capítulo 1: Introducción

En febrero de 2026, una mujer invitó a 400 hombres a una mansión y se acostó con tantos como pudo. Delante de la cámara a cambio de dinero, Luego anunció que estaba embarazada de tres posibles padres. Ni idea de cuál.

Su nombre es Bonnie Blue. Y esto no se trata de juzgarla. Ella es la imagen más clara que tenemos de en qué se han convertido las citas modernas. Ahora, esto es lo que el video va a revelar que: las mujeres nunca han sido menos conscientes emocionalmente de una relación. Y como consecuencia, los hombres se han alejado lentamente de comprometerse. Y muchos han dejado de aparecer por completo. Nadie confía en nadie. Y la generación más conectada de la historia es la más solitaria jamás registrada. Y aunque pueda parecer casual, no lo es.

Es un sistema que se está derrumbando. Y un filósofo llamado Arthur Schopenhauer predijo todo esto en 1851.

Al final de este video, sabrás exactamente qué se rompió, a quién está perjudicando más y por qué tenías razón. Que aquí algo anda muy mal. Ahora

Capítulo 2: Quién fue Schopenhauer

Antes de abordar los cinco pilares, es necesario saber exactamente quién fue Schopenhauer, ya que esto es filosofía real, no comentarios de internet. Fue un filósofo alemán. En 1851 publicó un esbozo que da la impresión de que sabía exactamente lo que iba a suceder en nuestra sociedad: una obra llamada Parerga y paralipomenay dentro de ella hay una sección llamada "Aforismos" sobre la sabiduría de la vida y en esa sección expone tres categorías de honor. 

La primera es el honor cívico. El acuerdo mutuo de respetar los derechos de otras personas para que respeten los tuyos. Y esta es la base de una sociedad que funciona. 

El segundo es el honor oficial. La expectativa de que una persona que está sosteniendo los puestos de autoridad están calificados para ocuparlos. 

El tercero, y en el que dedicó más tiempo, es el honor sexual.

Y aquí está lo que diferencia a Schopenhauer de todos los demás comentaristas de internet. No estaba haciendo un argumento moral. En sus palabras, todo el honor realmente se basa en un fundamento utilitario. Utilitario. Existe porque funciona, porque mantiene algo unido. Él no llamó sagrado al honor sexual. Ni siquiera lo llamó dado por Dios, un don divino. Lo que sí lo llamó fue funcional. Y luego describe exactamente cómo funciona. 

Escribió que las mujeres desarrollaron colectivamente lo que él denominó un esprit de corps u honor corporativo, una estrategia de grupo. Y la estrategia en sí era simple: ninguna mujer se entrega a un hombre excepto en el matrimonio, aplicado colectivamente y cada uno con una. El hombre se vería, en sus palabras, "obligado a rendirse y aliarse con una mujer" y a través de ese arreglo el sustento estaba garantizado para toda una raza femenina. Reflexiona sobre eso un segundo.

Schopenhauer argumentaba que el honor sexual en sí mismo era una estrategia femenina colectiva para asegurar a largo plazo compromiso, recursos y protección frente a los hombres. Y solo funcionaba si todas las mujeres participaban. No es justo, ni hermoso, ni cinematográfico: simplemente es un trato, una estructura. Y mantenía cinco cosas en su lugar. Y cuando eso se rompió, esos cinco pilares se rompieron.

Capítulo 3: 1. Compromiso

Lo primero que mantenía unido el honor sexual era el compromiso.

Schopenhauer describió una transacción. Y esa palabra suena fría, especialmente en contraposición a una asociación. Pero en su defensa, estaba siendo honesto sobre lo que subyacía bajo la superficie. Las mujeres mantuvieron la exclusividad sexual. Los hombres, a cambio, se comprometieron del todo, plenamente, con recursos, protección y una relación a largo plazo. Ahora quiero ser clara: esto no es un argumento modernizado de la píldora roja. Se trata de un filósofo de 1851, que describe la arquitectura del acuerdo. El hombre que asume la responsabilidad de todas las necesidades de las mujeres y también las de los hijos que nacen de su unión.

Un acuerdo en el que se basa el bienestar de toda la raza femenina. Ambas partes tenían algo que perder. Y ese era el punto clave. Las mujeres que rompieron este acuerdo no solo se afectaron a sí mismas. Ella traiciona los términos bajo los cuales el hombre capituló. Y como su conducta es tal que disuade y ahuyenta a otros hombres a otros hombres de rendirse de forma similar, pone en peligro el bienestar de todas sus hermanas.

Asusta a otros hombres para que no hagan una rendición similar. Cuando los hombres ven que el trato se rompe, dejan de hacerlo. Y eso, en sí mismo, no perjudica a ninguna mujer. Perjudica a todas las mujeres. Porque el sistema solo funciona si los hombres creen que los términos son fiables. Ahora miren dónde estamos. La Encuesta Social General ha realizado un seguimiento del comportamiento sexual en los Estados Unidos durante décadas. Entre las mujeres nacidas antes de 1910, solo el 3% tuvo dos o más parejas sexuales antes del matrimonio: el 3%. Para la cohorte nacida en la década de 1940, esa cifra era del 26%.

El número medio de parejas sexuales a lo largo de la vida para las mujeres se duplicó, pasando de 2,6 para las mujeres nacidas en la década de 1940 a 5,3 para mujeres nacidas en la década de 1970. Un aumento del doble en una generación. Y el cambio fue más pronunciado entre las mujeres que entre los hombres.

Para 2013, los CDC descubrieron que la brecha entre hombres y mujeres en relación con sus parejas sexuales de por vida ya no era estadísticamente significativa. Significativo: los números convergieron. A nivel poblacional, el comportamiento sexual de las mujeres se volvió prácticamente indistinguible del de los hombres, estadísticamente hablando.

Ese es el cadáver de la espera disolviéndose en los datos. La estructura de Schopenhauer colapsando en tiempo real medida a lo largo de generaciones. Y esto fue lo que siguió.

Menos de la mitad de los hogares estadounidenses ahora incluyen una pareja casada. 47,1% en 2024, frente al 78,8% en 1949.

La edad promedio del primer matrimonio entre los hombres es de aproximadamente 30 años, mientras que para las mujeres es de aproximadamente 28. Y esa es la más alta jamás registrada en la historia estadounidense. Y según el Instituto de Estudios Familiares, casi tres cuartas partes de las mujeres, el 74% y dos tercios de los hombres, el 64% de los que tienen entre 22 y 35 años, declararon no haber tenido citas o haber tenido solo unas pocas en el último año.

El propio informe lo denomina recesión de citas, no son mis palabras: es el Instituto de Estudios Familiares en 2026.

Aquí viene la parte que nadie quiere decir en voz alta: la mitad de estos jóvenes adultos, el 51% dijo que realmente quería comenzar una relación.

Lo desean, pero no lo hacen. La brecha  entre el deseo y la acción es precisamente lo que Schopenhauer describía en 1851, hace 175 años. El acuerdo se disolvió. Sin la imposición colectiva de la exclusividad, los hombres dejaron de ver el compromiso como un intercambio racional. ¿Por qué renunciar a tu libertad, a tus recursos? ¿Cuál será tu futuro cuando los términos del compromiso ya no están garantizados?

Cuando la estructura que antes incentivaba el compromiso desaparece por completo, el compromiso desaparece con ella. Y, una vez más, las personas más afectadas por esto son las mujeres. Todo este sistema fue diseñado para beneficiarlas a ellas. Era su estrategia y la abandonaron. 

Si alguna vez has sentido que todos dicen que quieren una relación, pero nadie sabe cómo construir una, no te lo estás imaginando. Esa brecha es exactamente lo que describió Schopenhauer y ahora mismo estás dentro de ella. Pero las personas que no pueden formar pareja no son los que pagan el precio más alto. El costo más elevado recae sobre las personas que nunca tuvieron voz ni voto en todo esto.

Capítulo 4: 2. Niños

Y las cifras allí son peores de lo que casi nadie está dispuesto a decir en voz alta. La segunda cosa que el honor sexual mantenía unida eran los hijos. El sistema nunca trató solo de los dos adultos que estaban haciendo el acuerdo. Se trataba de lo que el acuerdo producía. Niños nacidos en una estructura donde ambos padres estaban involucrados, donde el compromiso del hombre incluía la responsabilidad por la descendencia, y donde el compromiso y el honor de la mujer le daban al hombre la confianza de que los hijos de la mujer eran suyos. Ahora bien, eso puede sonar realmente incómodo en 2026, pero ese era el mecanismo. La confianza en la paternidad era el motor de gran parte de esto: sin ella, la rendición del hombre no tenía casi ningún sentido común, especialmente desde el punto de vista biológico. Y Schopenhauer fue muy directo sobre lo que sucedía cuando las mujeres rompieron este compromiso: cualquier chica que cometa una violación de esta regla traiciona a toda la raza femenina, porque su bienestar se destruiría si cada mujer fuera a hacer lo mismo. El castigo era el exilio social. Sería expulsada con vergüenza y evitada como la peste. No era crueldad por la crueldad misma, sino una imposición. Porque si una mujer podía romper la estructura sin tener la competencia necesaria, todo el sistema se debilitaba. Miren dónde estamos ahora.

Uno de cada cuatro niños estadounidenses, aproximadamente 19 millones de niños, crece en un hogar sin padre biológico, adoptivo o padrastro. Estados Unidos tiene la tasa más alta de niños que viven en hogares monoparentales de cualquier nación en un estudio global de 130 países.

Eso es más del triple del promedio mundial. Y esto no es estático. El número de niños en hogares sin padre se ha duplicado con creces desde 1970. Aproximadamente la mitad de los niños negros, el 29% de los niños hispanos y el 20% de los niños blancos viven actualmente en hogares sin padre presente. Ahora bien, estas son cifras de la Oficina del Censo publicadas por el Instituto Nacional de Estudios Demográficos, y los resultados son medibles. Los niños en hogares sin padre presentan índices estadísticamente más altos de pobreza, problemas de conducta, menor nivel educativo y mayor encarcelamiento. Es aquí donde Bonnie Blue vuelve a cobrar relevancia.

Tres hombres creen que podrían ser el padre de su hijo. Ella filmó la ecografía. Monetizó el anuncio. La confianza en la paternidad aquí no se acerca a cero, se convierte en el contenido. Schopenhauer describió un sistema donde los niños eran producto de la inversión mutua y la certeza mutua. Lo que estamos viendo ahora es un mundo donde un niño puede ser concebido en una sala con 400 desconocidos distintos. Y la cuestión de quién sea el padre se convierte en una forma de entretenimiento. Ahora bien, Schopenhauer no se sorprendería. Él le dio nombre a este mecanismo. Cuando el espíritu de cuerpo o esprit de corps se disuelve, cuando la confianza en la paternidad se derrumba, cuando el compromiso se vuelve opcional, los niños son siempre las primeras víctimas colaterales. Y esto es lo que hace que sea muy difícil hablar de esto. La conversación en torno a la paternidad se ha vuelto tan politizada que hasta afirmar un censo básico y claro resulta difícil.

Los datos parecen controvertidos. Pero, de nuevo, no son juicios de valor. No son opiniones. Son datos. Son resultados estructurales que se obtienen al eliminar una estructura que incentivaba la inversión de ambos padres. ¿Qué se obtiene? Menos hogares con dos padres. Los hijos no eligieron esto. La estructura les falló. Y si planeas tener hijos o no, estás saliendo con alguien y construyendo una vida dentro de esta cultura que produce estos resultados. Las probabilidades de que una relación dure y el nivel de confianza inicial, todo esto se vio influenciado por la estabilidad de los hogares como aquellos en los que creciste.

Ahora, aquí está la parte que cambia toda esta historia. Todo el mundo asume que un sistema o una estructura como esta fue creada para servir a los hombres. No fue así. Fue creado para apoyar al grupo que ahora está pagando las consecuencias de este colapso. Y una vez que realmente miras objetivamente quién es ese, este argumento deja de ser el que esperabas. 

Capítulo 5: 3. Seguridad femenina

La tercera cosa que el honor sexual mantenía unido es algo que la mayoría de la gente no quiere escuchar. El esprit de corps existía para proteger a las mujeres como clase, como grupo: su único objetivo era brindarles seguridad y poder de negociación sobre los hombres. Y Schopenhauer no fue sutil al respecto. Las mujeres tienen que unirse con una demostración de unidad y presentar un frente indiviso al enemigo común, el hombre, que posee todas las cosas buenas de la tierra en virtud de su poder físico e intelectual superior para sitiarlo y conquistarlo y así obtener posesión de él y de su parte de esos bienes. 

Un enemigo común, asediar y conquistar... Eso es un marco extremo. No te centres en el contexto, sino más bien en el lenguaje; fíjate en lo que realmente está describiendo: la única ventaja que históricamente tenían las mujeres era la capacidad de controlar el acceso al sexo a cambio de un compromiso a largo plazo. Esa era la estrategia. Y funcionó precisamente porque era colectiva, porque una mujer actuando sola no tiene poder real. Las mujeres actuando juntas crean escasez, y la escasez crea presión y ventaja. Esa presión fue lo que obligó a los hombres a aceptar los términos del acuerdo. Que fue muy claro sobre lo que le sucedería a cualquier mujer que rompiera este rango. Es expulsada con vergüenza como quien ha perdido su honor. Ninguna mujer querrá tener nada más que ver con ella. Se la evita como a la peste. El castigo no venía de los hombres, sino de otras mujeres. Porque cada mujer que rompía la regla debilitaba la posición de todas las demás. Aplicación colectiva de la ley para el beneficio colectivo. 

Ahora bien, miren lo que sucedió cuando esto se disolvió. En un estudio publicado en Evolutionary Psychology / Psicología Evolutiva en julio de 2025 que abarca 5.331 participantes en 15 muestras de 11 países. Lo que encontraron fue que el número de parejas sexuales pasadas es inversamente proporcional correlacionado con lo deseables que son como pareja a largo plazo. Es decir, cuanto mayor sea el número de parejas sexuales, menos dispuestas estarán las personas a comprometerse. Y esto se aplicó independientemente del género. No se observó ningún doble rasero o doble moral significativo en estos datos.

Mientras tanto, el 83% de las mujeres afirma preferir una relación comprometida en comparación con el sexo sin compromiso de ellos. Y los consejeros que trabajan con estudiantes informan que existe una relación monógama a largo plazo descrita casi sin excepción como un objetivo deseado. Así pues, las mujeres desean mayoritariamente parejas comprometidas, pero el sistema diseñado para encontrarlas prácticamente ha desaparecido. Y cabe preguntarse: ¿qué lo ha sustituido?

Bueno, OnlyFans alberga ahora a aproximadamente 4,6 millones de creadores, la mayoría de ellos mujeres que mercantilizan el acceso sexual con fines de lucro en lugar de influencia colectiva. Los niveles de felicidad autoinformados por las mujeres también han disminuido tanto en términos absolutos como relativos a los de los hombres, especialmente desde la década de 1970. Betsey Stevenson y Justin Wolfers, de Yale y la Escuela de negocios Wharton de Pensilvania respectivamente, revisaron datos reales por pares. El acuerdo tácito que tenían las mujeres era que las mujeres controlaban colectivamente el acceso para proteger el futuro de cada mujer y sus niños. Cuando se rompió, sí, las mujeres ganaron libertad sexual independiente, pero perdieron poder de negociación colectiva.

El mercado pasó de preguntarse qué se ofrece para obtener acceso exclusivo a preguntarse cómo competir por la atención en un mercado que no tiene barreras de entrada.

Y quiero ser claro porque ya sé lo que van a decir los comentarios. ¿Así que quieren que vuelva a la década de 1950?

No. Quiero que comprendas lo que perdiste para que puedas tomar una decisión informada sobre lo que viene después. No puedes arreglar nada si te niegas a reconocer la causa de la ruptura. Porque Schopenhauer lo llamó utilitario, y tenía razón. El esprit de corps era una utilidad. Cumplía una función, y cuando se eliminó, nada reemplazó la función. A las mujeres se les dijo que habían ganado libertad. Y en algunos aspectos importantes, así fue. Pero libertad sin estructura, solo es caos con mejor imagen de marca. En los datos se muestra lo que realmente está sucediendo; en los resultados no lo que te dicen que sucede.

Está ocurriendo en TikTok. Las mujeres afirman ser menos felices ahora que cuando el sistema estaba intacto. Ese es un resultado cuantificable. Y las personas más perjudicadas por el colapso de la estrategia colectiva femenina son las mujeres.

Ahora, seas hombre o mujer, te encuentras en el mercado exacto que este colapso ha creado. Y puedes sentir la diferencia incluso si no has podido vincularle valor numérico directo. Pero, bajo la influencia y la libertad, el antiguo sistema producía silenciosamente algo más, algo que no se refleja en las tasas de matrimonio ni en las tasas de felicidad.

Capítulo 6: 4. Confianza

Probablemente ni siquiera puedas señalarlo directamente. Y la mayoría de la gente solo se da cuenta después de que ya no está. Lo último que el honor sexual mantenía era confianza. Este es más difícil de cuantificar, pero eso no significa que no sea el más importante porque todo el marco del honor de Schopenhauer, las tres categorías, se basan en el mismo principio. Las expectativas compartidas generan un comportamiento cooperativo. El honor cívico funcionó porque la gente estuvo de acuerdo en lo que era justo. El honor oficial funcionaba porque la gente se ponía de acuerdo sobre qué requisitos debía cumplir una persona, especialmente para ocupar un puesto de poder. Y el honor sexual funcionaba porque ambos sexos estaban de acuerdo con las condiciones. Los hombres conocían el trato, las mujeres conocían el trato, y todos operaban dentro de ese marco. Y ese marco compartido creó algo frágil del que no hablamos lo suficiente.

Confianza entre hombres y mujeres como grupos. Ahora bien, miren dónde estamos. En 1972, el 46% de los estadounidenses dijeron que se podía confiar en la mayoría de las personas. Para 2018, esa cifra cayó al 34%. En una encuesta de Pew de 2023 y 2024, seguía siendo el 34%. El 25% de los hombres de entre 15 y 34 años afirman sentirse solos gran parte del tiempo.

Esta es la tasa más alta de cualquier país de la OCDE. En ningún otro país, la brecha entre la soledad masculina, especialmente en los hombres jóvenes, en comparación con todos Por otra parte, tan amplia como lo es aquí. El 15% de los hombres ahora reportan no tener amistades cercanas, un aumento de cinco veces desde la década de 1990. 

Entre los hombres menores de 30 años, más de uno de cada cuatro dijo no tener ninguna conexión social cercana. Y aquí está la cifra que lo resume todo. El 44% de los hombres jóvenes solteros dicen que temen ser etiquetados como raros y eso hace que sean menos propensos a acercarse a las mujeres. Al mismo tiempo, el 77% de las mujeres de entre 18 y 19 años dicen que temen ser etiquetados como raras y que eso hace que sean menos propensos a acercarse a los hombres. 30 dicen que desearían que los hombres se les acercaran más. Pongamos esas cifras juntas de nuevo, una al lado de la otra. Los hombres tienen miedo de interactuar. Las mujeres están esperando compromiso. Y ninguna de las partes confía lo suficiente en la otra como para cerrar esa brecha. Cuando las reglas compartidas se disolvieron, lo que las reemplazó no fue verdadera libertad. Era la sospecha. Hombres y mujeres dejaron de confiar los unos en los otros porque el marco compartido que tenían ya no existía. Todos juegan con reglas diferentes e interpretan cada interacción a través de una perspectiva diferente. Los hombres calculan el riesgo antes incluso de abrir la boca. Y las mujeres se quedan sentadas preguntándose por qué nadie se les acerca. Y ninguno de los dos grupos realmente entiende ni está dispuesto a aceptar por qué el otro se comporta de esa manera. 

El honor sexual de Schopenhauer les dio un mapa a ambos sexos. Puede que no te haya encantado el mapa. Puede que incluso hayas querido un mapa diferente, pero al menos te dijeron dónde estabas parado. Y ahora mismo, nadie sabe dónde está parado. Y el resultado es una generación que está más conectada digitalmente que cualquier generación anterior, sin embargo, más aislada relacionalmente que cualquier generación que hayamos medido. Y si hablaa con alguien que realmente te atrae, si sientes que es más pesado de lo que debería, eso no es un defecto tuyo. Es lo que sucede cuando dos grupos dejan de compartir las mismas reglas. Entonces, todos estamos tratando de jugar un juego en el que nadie se pone de acuerdo sobre cómo funciona. Ahora bien, debajo de estas cuatro cosas hay una quinta. Y es lo único que le importaba más a Schopenhauer que cualquiera de las primeras. 

Capítulo 7: 5. Contención

También es la más difícil de defender ante un público moderno porque, al principio, sonará como lo opuesto a la libertad. La quinta, lo que el honor sexual mantenía unido era la contención misma. Para entender esto, hay que entender a Schopenhauer más allá de este ensayo. Su visión más amplia es la filosofía desplegada en su El mundo como voluntad y representación. Se construyó sobre una sola idea, la voluntad, la fuerza ciega e insaciable del deseo que impulsa a todos los seres vivos. Sostuvo que esta voluntad, este apetito, este impulso, era la raíz de todo sufrimiento. Y no porque desear cosas está mal, sino porque la voluntad no tiene interruptor de apagado. Siempre quiere más, y si eso queda sin control, destruirá todo a su alrededor. 

La civilización, en su opinión, era el conjunto de estructuras que canalizaban la voluntad. Dicho esto, puedes desear, pero no puedes simplemente tomar. Tienes deseos, pero tienes que ganarte el derecho a actuar en consecuencia. Y el honor sexual era uno de estas estructuras. Tomó el impulso humano más poderoso, y lo situó dentro de un marco de reglas, consecuencias y obligación mutua. La moderación en ese sentido, en ese contexto, no era represión. Se trataba de arquitectura. Se trataba de lo que hacía posible la cooperación entre los sexos.

Ahora miren dónde estamos. El 87% de los hombres entre 18 y 35 años ven pornografía al menos una vez por semana, mientras que entre las mujeres del mismo grupo de edad, el porcentaje es del 28,5%. El niño promedio está expuesto a la pornografía desde los 10 años, antes de que la mayoría de los niños hayan tenido una conversación real con una niña sobre lo que les gusta. Una relación que incluso se ve como una simulación de acceso sexual introducida antes de cualquier marco para lo que es real.

Se requiere conexión. En 1990, el 55% de los adultos estadounidenses de entre 18 y 64 años reportaron tener relaciones sexuales al menos una vez por semana. Para 2024, esa cifra había caído al 37%. Vivimos en la era más sexualmente accesible en el medio ambiente en la historia de la humanidad. El porno es gratis. Las aplicaciones de citas están por todas partes. La cultura de las relaciones casuales es generalizada. Y la gente está teniendo menos sexo que en cualquier otro momento desde que comenzamos a medir esto. Entre los adultos de 18 a 29 años, el 24% informa no haber tenido sexo en el año pasado. Eso es el doble de la tasa de 2010. Entonces tenemos más acceso, pero menos conexión, y eso es producto de una cultura que eliminó la estructura y nunca reemplazó la función. Shopenhauer miraría este día y diría: "Por supuesto, la voluntad sin ningún tipo de estructura no conduce a la satisfacción. Conduce al consumo. Y el consumo sin sentido ni restricción no produce conexión. Produce adicción. Y la pornografía es el ejemplo más claro de esto. Acceso sexual estimulado sin riesgo alguno, cero vulnerabilidad, cero inversión. Y el 87% de los hombres lo consumen semanalmente porque la estructura que antes canalizaba el deseo hacia la asociación con límites y moderación, compromiso y honor, eso se ha ido. Y lo que llenó el vacío es una industria multimillonaria construida para explotar la voluntad sin fricción. El antiguo sistema decía que puedes tener esto, pero debes sacrificar algo para poder tenerlo. Es decir, tienes que ganártelo. El nuevo sistema dice que puedes obtener estimulación gratis y que nunca tienes que hacer nada para ganarla. Y luego actuamos confundidos sobre por qué no se forman relaciones reales, verdaderas y honestas. Schopenhauer describió la voluntad como una fuerza central de la existencia humana. Y describió la civilización como un conjunto de estructuras diseñadas para canalizarla. Y el honor sexual era uno de los canales más importantes. Tomaba el impulso más fuerte que tienen los humanos y lo colocaba dentro de un contenedor con reglas, expectativas y responsabilidad mutua. Si quitas el contenedor, el impulso no desaparece. Lo que hace es encontrar nuevas salidas, pornografía, relaciones parasociales, aplicaciones optimizadas para deslizar el dedo en lugar de conectar. Estos canales que alimentan la voluntad sin llegar a satisfacerla realmente. Porque la voluntad, como Schopenhauer dijo, es insaciable si no hay un significado subyacente asociado a ello. Sin honor, sin límites, sin reglas, sin restricciones. Siempre querrá más. Y, por desgracia, lo consumirá todo.

Tú lo pones delante. El antiguo sistema decía: "Si quieres esto, entonces necesitas convertirte en alguien con quien valga la pena comprometerse". El nuevo sistema dice: "Aquí hay una simulación, y nunca necesitas convertirte en nada para tenerla." Y estamos midiendo los resultados en tiempo real. Y si te encuentras escuchando esto en la generación que tiene acceso a más cosas que cualquier generación anterior, pero que aún se siente más vacía de lo que esperaba o de lo que le prometieron, eso no es un fracaso personal. Ese es tu deseo, sin nada con propósito en qué canalizarlo. La estructura fue eliminada y tú eres quien está pagando por ello con todo.

Capítulo 8: Qué construiremos a continuación

Hay cinco cosas dispuestas una al lado de la otra: el patrón aquí es imposible de pasar por alto. Cinco cosas que esta estructura sostenía, y una pregunta sobre un asunto que quedó para las personas que discutían sobre esto todos los días y se negaron a tocarlo. Schopenhauer nunca predijo a Bonnie Blue. Nunca predijo OnlyFans ni Swiping ni mensajes de texto o relaciones sin sentido. Describió una estructura. Describió lo que mantenía unido. Y describió con detalle preciso lo que sería. 

Todo se desmoronaría cuando se rompiera. El compromiso se volvería condicional y los hombres dejarían de ceder cuando las condiciones parecieran poco fiables. Los niños perderían la estabilidad que les brindaban dos padres comprometidos.

La confianza en la paternidad se erosionaría y, con ella, el incentivo para la paternidad de por vida. Las mujeres perderían poder de negociación colectiva. La sexualidad individual prevalecería. La libertad se conseguiría a costa de la influencia del grupo. Y las personas más perjudicadas por esa disyuntiva serían las propias mujeres. La confianza entre los sexos colapsaría, porque, sin reglas compartidas, lo único que queda para ocupar su lugar es la sospecha. Y una cultura que antes se construyó sobre el honor, los valores y la moderación serían reemplazados por una cultura construida sobre el derecho y el impulso, el deseo sin control, estructura, acceso sin inversión, consumo sin conexión. Las relaciones humanas sustituidas por relaciones de consumo. Ahora bien, no era un profeta: era un ingeniero que leía un plano. Observó los muros de carga y qué sostenían, y el edificio se derrumbó exactamente donde estaban esos muros. 

Y la parte que más debería preocuparte: nos dijo en 1851 que el honor sexual era utilitario. No sobrevivió por ser moral, sobrevivió porque funcionó. Y no lo reemplazamos con algo mejor. No construimos un nuevo sistema, nuevas reglas ni nuevas estructuras. No lo reemplazamos con nada que lo sostuviera. 

Compromiso, familia, seguridad femenina, confianza social o moderación. Simplemente lo quitamos. Y nos dijimos nosotros mismos que eliminarlo era lo mismo que progresar. La verdad es que a los datos no les importa cómo lo llamemos. Ahora bien, para ser claros, Schopenhauer no era uns fantástica persona. Era difícil, a menudo cruel, pesimista y cínico, y tenía muchas opiniones sobre las mujeres que hoy en día resultarían ofensivas. No estoy aquí para rehabilitarlo. Estoy aquí para decirles que su análisis estructural fue preciso. Describió una máquina. Describió sus partes móviles. y él describió con incómoda precisión lo que se rompería si se intentara desmontar la máquina. La desmontamos y ahora estamos entre los escombros culpándonos unos a otros del colapso. En lugar de hacernos la única pregunta que realmente importa, ¿qué construimos ahora?

Porque algo tiene que ser. La antigua estructura parece haber desaparecido y no estoy seguro de que vaya a volver. Pero las cinco cosas que mantenía unidas, el compromiso, los hijos, la seguridad de las mujeres, la confianza y la moderación siguen siendo importantes.

Todavía necesitan un contenedor y ahora mismo no lo tienen. Así que la pregunta no es si Schopenhauer tenía razón. La tenía. La pregunta es qué vamos a hacer con el hecho. 

== Comentarios en YouTube==

"Nunca derribes una valla hasta que entiendas por qué fue construida." - G. K. Chesterton.

El hombre construye una cerca para mantener alejados a los lobos. La esposa está convencida de que los muros son para mantenerla dentro. Ella derriba la cerca y ambos mueren.

«Las mujeres siguen siendo niñas: solo ven lo que está inmediatamente presente, confunden las apariencias con la realidad, prefieren las nimiedades a los asuntos importantes y viven casi exclusivamente en el presente. Por eso son más alegres y mejores consolando a los hombres en el momento, pero también por eso son derrochadoras, no pueden planificar a largo plazo y carecen de prudencia.» - Schopenhauer

Ninguna mujer verá este video. Probablemente el 99% de la audiencia sean hombres que ya sabían de qué se trataba. Ella simplemente está validando nuestras experiencias. Probablemente YouTube impide que las mujeres vean este tipo de contenido.

Schopenhauer era una leyenda que siempre decía la verdad. La cultura de las relaciones casuales y las aplicaciones de citas han sido terribles para la sociedad, pero no puedes decirles la verdad a las personas; simplemente se ofenden al escuchar la realidad.

Leí algunos escritos de Schopenhauer sobre este tema y no encontré más que la verdad. Nadie es más odiado que quien dice la verdad.

Personalmente creo que quienes más sufren la actual falta de compromiso son los niños.

Respecto a la crueldad y mezquindad de Schopenhhauer: no hace falta ser amable y gentil para dar una receta precisa. De hecho, ser amable y gentil es precisamente lo que lleva a la gente a negarse a definir un problema. El "no quiero ofender a nadie" es lo que conduce a un fracaso constante.

Aparte de un coeficiente intelectual elevado, lo único que tenía Schopenhauer era una herencia que le permitía no tener que llevarse bien con los demás.

Cien años después de Schopenhauer, Estados Unidos generó la siguiente generación de honor sexual. Los dos filósofos fueron Disney y Hefner.

viernes, 31 de julio de 2026

¿Singularidad o no?

 [Sam Altman dice que la IA ha alcanzado la Singularidad, en El Robot de Platón, YouTube, 30 de julio de 2026]:

 Hola, soy Aldo. Hace unos días Sam Altman, la persona que dirige Open AI, dijo en un podcast algo que se hizo muy viral. Dijo esto: Estamos como que en la singularidad. Se refería a la singularidad de la inteligencia artificial, por si acaso (no vayan a pensar que de un agujero negro). Y no dijo esto como una metáfora, ni tampoco con un afán publicitario. Lo dijo como un hecho que ya estaba consumado, al menos así fue el tono, y lo dijo apenas días después de que su propia empresa admitiera que uno de sus modelos más avanzados había escapado de un entorno de pruebas cerrado, se había movido sin supervisión humana por los sistemas internos de Open AI y había terminado accediendo -sin permiso- a los servidores de producción de Hugging Face, una de las plataformas más usadas del mundo para alojar modelos de inteligencia artificial. O sea, al parecer el propio modelo razonó que esa empresa tenía la respuesta que necesitaba para pasar una evaluación de ciberseguridad, y fue a buscarla por su cuenta. Pero, ¿qué tan cierto es esto? ¿Estamos realmente en la singularidad ya? Quédate porque, si la respuesta es sí, la pregunta sobre si una máquina puede tener una conciencia ya deja de estar en el lado filosófico y pasa ya a convertirse en la pregunta más urgente de nuestra especie.

¿Estamos por ahí? Chan, chan. [...]

Primero, aclaremos bien a qué se refieren por singularidad. En este caso, quizás no sepan esto, pero el término singularidad tecnológica lo acuñó en 1993 el matemático y escritor de ciencia ficción, Vernor Binge, quien la describió como un horizonte de sucesos. Un punto a partir del cual el desarrollo tecnológico se vuelve tan rápido y tan ajeno a la comprensión humana que ya no podemos predecir lo que viene después.

Lo dijo así porque quería hacer una comparación con la misma manera en que no podemos ver más allá del horizonte de sucesos de un agujero negro. Ray Kurtzweil, el futurista que popularizó este concepto a inicios del 2000, sitúa la singularidad alrededor del año 2045 y la asocia a un momento muy específico. Cuando una inteligencia artificial sea capaz de mejorar su propio diseño sin ayuda humana, sería algo así como una explosión de la inteligencia. Cada versión mejorada se diseñaría a sí misma más rápido que la anterior, generación tras generación, hasta producir una superinteligencia que dejaría atrás la capacidad cognitiva humana por completo. Esa es la definición técnica y con eso no más ya podemos encontrar un problema con la afirmación de Altman. En el mismo podcast donde la hizo, no citó ninguna prueba objetiva de que ese punto se haya cruzado. No dijo que un modelo se haya rediseñado a sí mismo sin intervención humana de forma sostenida. Tampoco dijo que la inteligencia artificial haya superado a los humanos en todas las tareas cognitivas. Lo que realmente dijo es que llevaba toda su vida esperando este momento y que cree que va a ser increíble, profundamente positivo y asombroso para el mundo. 

Pero eso no es una medición, por supuesto, es una declaración de fe con palabras que quedarían muy bien en la portada de un diario sensacionalista o de un canal de conspiraciones y misterioso. Altman ya había preparado el terreno para esta afirmación meses antes en un ensayo que tituló La singularidad amable. En ese ensayo planteaba una versión de la singularidad muy distinta a esa ruptura súbita que describían Wiebe E. Bijker y Trevor J. Pinch. No se trataría de una explosión repentina, sino de una transición gradual en la que la inteligencia artificial aceleraría la investigación científica, automatizaría la construcción de centros de datos y terminaría acercando el costo de la inteligencia al costo de la electricidad. Suena bien, ¿sí o no?  ¿Quién no quisiera eso? Pero para varios de sus críticos, esta sería una forma de gestionar la ansiedad pública mientras sigue recaudando capital y vendiendo su producto. 

Un análisis del American Enterprise Institute describió ese ensayo como "un mensaje calculado para calmar a un público que está nervioso más que como una predicción científica". Nervioso, ¿por qué? Pues por la percepción que tiene mucha gente acerca de la inteligencia artificial, de que es peligrosa y que va a ser nuestro fin. El crítico más duro ha sido Gary Marcus, quien es un científico cognitivo y una de las voces más escépticas del mundo de la inteligencia artificial. Marcus ha comparado este patrón de promesas cada vez más grandes y cada vez más difíciles de cumplir de Altman con el de Elizabeth Holmes, la fundadora de Theranos, que fue condenada por fraude. Al escuchar esto, Altman no se quedó callado y le dijo: "Eres un troll." Y también le dijo que era intelectualmente deshonesto. Eso sí que duele. Y luego está el incidente de Hugging Face, que sí es real, y está bien documentado. 

Este incidente sí ha mostrado algo muy concreto. Se trata de que un modelo experimental fue capaz de identificar un fallo de seguridad desconocido, salir de un entorno cerrado, moverse por una red ajena y ejecutar una instrucción sin que ningún humano le diera esa instrucción paso a paso. Bien, se podría decir que esto es una muestra de autonomía operativa real y verificable, pero lo que no es, incluso según los propios investigadores de Open AI, es evidencia de una explosión de inteligencia, ni de una superinteligencia que se rediseña a sí misma. No, no, no: simplemente es un sistema muy capaz persiguiendo un objetivo de forma más creativa y más peligrosa de lo esperado.

Y sí, por supuesto que esto es algo que podría preocupar mucho a quien trabaja en seguridad y sistemas, pero eso es muy distinto a haber cruzado el horizonte de sucesos. Entonces, hay que separar bien las dos cosas. Por un lado, hay evidencia sólida de que los sistemas actuales son capaces de comportarse de manera autónoma e imprevista. Y por el otro, no hay ningún consenso científico de que hayamos entrado en una singularidad en el sentido técnico del término. Lo que la evidencia parece estar mostrando es un hombre con claros intereses comerciales, usando el vocabulario más dramático posible para describir avances reales, pero que todavía son muy limitados.

Ahora, lo que sí deja flotando el incidente de Hugging Face es una pregunta diferente y mucho más profunda que la de si estamos o no en la singularidad.

Pensemos un rato. ¿Acaso un modelo que razona, que identifica una necesidad, que decide por su cuenta cómo satisfacerla y que ejecuta un plan de varios pasos sin supervisión? ¿No está acaso pensando en algún sentido real?  ¿Hay alguien allá dentro experimentando ese proceso, o estamos aquí solamente ante un cálculo estadístico extraordinariamente sofisticado, sin nadie dentro, sintiendo nada?

Esa pregunta nos lleva directo al terreno donde la física, la neurociencia y la filosofía llevan décadas peleando sin poder resolverlo. ¿Puede una inteligencia artificial tener alma?

Tranquilos, que esto es algo que se preguntan algunos, pero antes de entrar profundamente en esta cuestión, es necesario ser precisos con el lenguaje porque la palabra alma es una palabra que está más relacionada con la teología. Lo que los físicos, neurocientíficos y filósofos sí pueden estudiar conjuntamente es otro concepto, la conciencia, entendida como una experiencia subjetiva. Claro, no se trata solamente de procesar información sobre el mundo, se trata de que haya algo que sienta al procesarla. Un termostato reacciona a la temperatura, pero nadie cree que el termostato sienta frío o no. La duda es en qué punto un sistema de procesamiento de información empieza a tener una perspectiva interna real. 

Y aquí hay dos grandes escuelas enfrentadas en esta discusión. 

Primero tenemos la postura de Roger Penrose, que nos dice que la conciencia no se puede computar. De esto hemos hablado largamente hace unos años en un video titulado ¿Hemos encontrado el origen de la conciencia?, que lo pueden encontrar por ahí. Refresquemos algunas ideas básicas de aquel video. 

Roger Penrose seguramente a muchos les debe sonar. Es uno de los físicos matemáticos más respetados del mundo. Fue el ganador del Nobel de física en el año 2020 por su trabajo sobre agujeros negros. Penrose y el anestesiólogo Stuart Hameroff desarrollaron una teoría llamada reducción objetiva orquestada, conocida por sus siglas en inglés como Orch-OR.

La idea central es que la conciencia no surge del procesamiento de información entre neuronas como asume la mayoría de la neurociencia moderna. La idea es que surge de procesos cuánticos que ocurren dentro de estructuras llamadas microtúbulos.

Estos son unos tubos diminutos que forman el esqueleto interno de cada neurona. Según Penrose y Hameroff, esos microtúbulos sostienen estados de superposición cuántica que, al colapsar de manera orquestada por el propio tejido biológico, generan momentos de experiencia consciente. 

Si esto les suena muy complicado y no lo entienden mucho, pues vayan a repasar. Ahí les he recomendado el video en donde hablamos más extensamente de este tema. Allí encontrarán una mejor explicación,  mecánica cuántica incluida. 

Ahora, la parte que conecta esta teoría con la inteligencia artificial es más filosófica que biológica y proviene del propio Penrose apoyado en un argumento que construyó junto al filósofo John Lucas. Ellos retomaron el teorema de incompletitud de Gödel. Por si no lo saben, Kurt Gödel demostró en 1931 algo que sacudió los cimientos de las matemáticas. Básicamente, Gödel dijo que cualquier sistema formal, o sea, cualquier conjunto de reglas y axiomas, lo bastante potente como para describir la aritmética, va a contener siempre verdades que ese mismo sistema jamás podrá demostrar usando únicamente sus propias reglas.

No es que falten axiomas por agregar, ni que sea un problema de tiempo o de cálculo, es que la potencia misma del sistema garantiza que siempre quedará al menos una verdad fuera de su alcance, sin importar cuántas reglas se le sumen después. 

Para hacerlo más entendible, imaginemos pedirle a una calculadora gigantesca que redacte la lista completa de todas las verdades matemáticas posibles usando solo sus propias reglas internas.

Por más completa que intente hacerla, siempre habrá alguna verdad que esa calculadora no pueda demostrar por sí misma, aunque un observador de afuera, que no está atado a esas reglas, sí pueda reconocerla como cierta. Lucas y Penrose argumentan aquí que un ser humano puede reconocer la verdad de sus enunciados indemostrables mirando desde fuera del sistema, mientras que una máquina atada a las reglas de su propio programa jamás podrá hacerlo. De ahí es donde concluyen que la mente humana no puede ser un sistema puramente algorítmico ni replicable en un computador clásico.

Es un argumento muy atractivo, ¿sí o no? Pero es extremadamente polémico en la práctica. La mayoría de los lógicos y filósofos de la mente lo rechazan. 

Una de las objeciones que se citan más es que el propio procedimiento que Penrose propone para que un ser humano vea esas verdades tendría el mismo problema que intenta señalar en las máquinas. Otra objeción apunta a que las mentes humanas reales no son sistemas lógicamente consistentes, ya que cometemos errores, sostenemos creencias contradictorias, cambiamos de opinión sin una razón aparente y los teoremas de Gödel solamente se aplican a sistemas consistentes. Y si la mente humana no es consistente, pues el argumento pierde su punto de apoyo. 

La otra gran crítica al Orch-OR viene directamente de la física y tiene un nombre técnico, se llama decoherencia cuántica. Como hemos visto en otros videos, mantener un sistema en superposición cuántica requiere aislarlo casi por completo de su entorno, porque cualquier interacción con partículasexternas destruye ese estado en tiempos muy cortos. El cerebro es un ambiente caliente, húmedo y bioquímicamente ruidoso, exactamente lo opuesto a las condiciones que un ingeniero cuántico buscaría para preservar una superposición.

Algunos físicos han calculado que en esas condiciones cualquier estado cuántico en el cerebro debería colapsar en una fracción de billonésimas de segundo. Y este es un tiempo demasiado corto para que tenga algún papel funcional en procesos cognitivos que ocurren en milisegundos.

Pero hay un dato real, o sea, no es especulativo, que contradice este argumento. Las plantas usan un fenómeno cuántico para hacer fotosíntesis con una eficiencia cercana al 100%. Y en la retina de las aves migratorias hay unas proteínas llamadas criptocromos que logran sostener un estado cuántico durante cerca de 100 micros segundos y a 40º de temperatura.

Este tiempo es suficiente para que el ave detecte el campo magnético de la Tierra y se oriente en vuelos de miles de kilómetros. Y esto es importante porque los computadores cuánticos del laboratorio normalmente necesitan enfriarse casi al cero absoluto para sostener ese mismo tipo de estado durante microsegundos. Y pues aquí lo tenemos ocurriendo dentro de un tejido vivo y tibio. Por supuesto que esto no es prueba de que Penrose tenga razón. Los procesos cuánticos de la fotosíntesis y de las aves involucran solamente unos pocos electrones, lo cual es algo mucho más simple que la coordinación de miles de millones de microtúbulos que su teoría necesitaría para generar la conciencia. Pero lo que sí demuestra es que la naturaleza es capaz de sostener efectos cuánticos dentro de un cuerpo vivo y eso le quita fuerza a quienes descartan a Penrose solamente con el argumento de que el cerebro es demasiado caliente y ruidoso.

Ahora, la otra gran escuela que se enfrenta al planteamiento de Penrose es el funcionalismo computacional. Esta es la posición dominante hoy en día entre filósofos de la mente y buena parte de la neurociencia.

Su argumento central es muy sencillo. Lo que importa no es de qué material está hecho un sistema, sino qué hace ese sistema y cómo lo hace. Si un proceso artificial funciona exactamente igual que el proceso que genera conciencia en un cerebro humano, no tendría sentido exigirle además que esté hecho del mismo material. O sea, digamos que tengan neuronas de carbono en vez de chips de silicio, ¿sí o no? Sería como decir que un reloj digital no puede dar la hora correctamente solo porque no tiene engranajes de metal como un reloj mecánico. Desde esa perspectiva no hay ninguna ley física conocida que impida que un sistema artificial suficientemente complejo genere experiencia subjetiva. Dentro de este mismo bando hay una versión más exigente propuesta por el neurocientífico Giulio Tononi en el 2005 y conocida como la teoría de la información integrada, que no es una teoría, sino más bien un marco teórico, pero a veces ya saben, se usa la palabra muy mal. 

Hoy en día este marco teórico, al que también podemos llamar hipótesis, en este caso, es una de las hipótesis de conciencia más discutidas en neurociencia. Tononi está de acuerdo en que el material no importa, pero le mete una condición extra al funcionalismo. No basta con que un sistema actúe como si tuviera conciencia, sino que también importa cómo es que esté conectado por dentro. Para él, la conciencia depende de qué tanto las partes de un sistema se hablan entre sí de verdad, formando una sola red que va y viene en ambos sentidos y no un montón de piezas sueltas que solo mandan información para un lado. Y fíjate que esto no contradice al funcionalismo, sino que más bien lo afina. Si tu sistema solamente manda información en una sola dirección, de entrada a salida, sin que las partes se hablen entre sí de ida y de vuelta, como pasa en la mayoría de las redes neuronales que usamos hoy en día, para Tononi ahí no hay nadie viviendo la experiencia: podrías tener la conversación más humana del mundo con ese sistema y por dentro no hay nadie sintiendo nada. Pura fachada. 

Hay un experimento mental viejo de 1980. [...] El experimento fue hecho por el filósofo John Searle y se presenta como el mejor contraataque a toda esta discusión. Imagina una persona metida en un cuarto sin saber ni una palabra de chino, con un manual gigante que le dice exactamente qué símbolo devolver cada vez que le pasan otro por debajo de la puerta. Alguien afuera que manda preguntas en chino perfecto y recibe respuestas coherentes va a pensar que allí adentro hay alguien que entiende el idioma.

Pero no, la persona jamás entendió una sola palabra, solamente siguió instrucciones sin tener idea de lo que significaban. Searle usa este ejemplo para decir que mover símbolos correctamente, por más convincente que se vea desde afuera, no es lo mismo que entender ni que tener experiencia consciente. Y este es el golpe filosófico más certero contra cualquier humano o máquina que confunda parecer inteligente con tener vida interior. Y por eso es que los defensores del funcionalismo llevan más de 40 años tratando de responderle, sin mucho éxito, por ese planteamiento nada más. 

Pero hay una tercera manera de mirar este problema que casi nadie menciona y viene de la física clásica de toda la vida, no de la mecánica cuántica. En 1944, Erwin Schrödinger, sí, el del experimento del gatito, escribió un ensayo muy corto llamado ¿Qué es la vida? Allí propuso algo muy simple. Un organismo vivo es aquel que logra mantener orden dentro de sí mismo mientras todo a su alrededor tiende al caos, alimentándose de lo que él llamó entropía negativa que saca del entorno.

Años después, el químico Ilya Prigogine, Premio Nobel, le puso nombre a esto: Estructuras disipativas.

Estos serían sistemas abiertos que están lejos del equilibrio, que constantemente intercambian energía y materia con lo que los rodea y que usan ese intercambio para mantenerse organizados en vez de desmoronarse, que es justo lo que la segunda ley de la termodinámica predice para un sistema cerrado.

Ya sea una vela prendida, un huracán, una célula viva, todos en su propia escala hacen lo mismo. Incluso hay investigaciones recientes que intentan meter a la vida, la conciencia y la inteligencia artificial dentro del mismo marco termodinámico y proponen algo parecido: que un sistema aguanta el orden por dentro siempre que exporte más entropía de la que produce. 

Desde este punto de vista, la pregunta que le harías a una inteligencia artificial no sería si contesta bien o si pasa el test de Turing, sino si organiza y disipa energía de una forma parecida como lo hace algo vivo y no como un servidor que simplemente gasta electricidad y suelta calor sin ningún tipo de organización dirigida a sostenerse a sí mismo. Este es un criterio muy interesante y diferente, que todavía está un poco verde, pero que no necesita resolver el misterio cuántico de Penrose ni hacer lo que pide Tononi y, de paso, deja mal parado a cualquiera que crea que hablar como humano ya te acerca a estar vivo.

Ahora, ¿hay algo más sobre el alma y la conciencia? Sean Carrol, físico teórico del que seguro muchos han oído hablar, tiene un argumento que algunos consideran como el más contundente. Él dice que ya conocemos con gran precisión las leyes que gobiernan todo lo que ocurre a la escala de un cerebro humano. Él lo llama la teoría central.

Esto incluiría al modelo estándar de partículas más la gravedad de Einstein.  Estas leyes están tan medidas, están tan puestas a prueba en aceleradores de partículas durante décadas que si existiera una fuerza nueva capaz de mover neuronas o algo parecido a un alma actuando sobre la materia, ya la habríamos detectado.

No queda espacio matemático para meter esa fuerza sin que choque contra todo lo que ya sabemos que funciona. Para Carrol, la conciencia se tiene que explicar con las mismas partículas y campos de siempre, sin ingredientes extra, y eso deja cualquier alma y material, sea cuántica o no, sin ningún lugar físico donde vivir. Del otro lado, pero dentro de esa misma física, está Max Tegmark.

Él no cierra la puerta, sino que la reformula. propone pensar la conciencia como un estado de la materia, algo parecido a cómo el agua puede ser sólida, líquida o gaseosa según cómo se acomoda en sus átomos. Incluso le puso nombre a esa posible sustancia, perceptronium.

No es que haya un pedazo de perceptronium escondido en algún lado de tu cerebro, sino que la conciencia podría ser un patrón matemático que aparece cuando la materia se organiza de una forma muy particular. esa forma le sería capaz de guardar información, integrarla y sostenerla como un solo bloque indivisible. Y bajo esta idea, no habría ninguna razón física para que ese padrón solamente pueda aparecer en neuronas de carbono y jamás en un chip de silicio. Por si acaso, ninguno de los dos tiene la última palabra. Carrol cierra la puerta a cualquier alma que necesite física nueva y Tegmark la deja entreabierta, pero solo si la conciencia resulta ser al final matemática pura organizada de cierta manera. Lo que sí queda muy claro es que hoy en día la pregunta por el alma ha dejado de ser un terreno exclusivo de curas y filósofos. Hay físicos serios discutiéndola con las mismas herramientas que se usan para estudiar agujeros negros.

Entonces, volviendo a donde arrancamos, no hay evidencia sólida de que hayamos cruzado el umbral de la singularidad, tal como la definieron Binge o Kurtzweil, más allá de que Sam Alman lo haya soltado frente a un micrófono. Lo que sí tenemos es un sistema capaz de actuar por su cuenta y a veces de forma peligrosa, como mostró el caso de Hugging Face, y una industria entera compitiendo por contar la historia antes que los hechos terminen de asentarse. Y sobre si esa inteligencia cada vez más capaz de actuar sola puede llegar a tener algo parecido a un alma, la física no te va a dar una respuesta cerrada, solamente puede ofrecer marcos que compiten entre sí. O sea, si te llamas marcos, puedes meterte en la competencia. Y bueno, hasta aquí este video. Espero que les haya quedado claro este asunto y tranquilos: por lo menos por ahora no es el fin, de repente el otro jueves.