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jueves, 22 de enero de 2026

Experimentos para desarrollar ratones colorados (es un decir)

 [Transcripción automática corregida por el bloguero del portal de divulgación científica de Youtube "Atraviesa lo desconocido", de Fon Ramos, con el título ¡Es aterrador! Un extraño experimento logra lo impensable, 21 de enero de 2026. El enlace directo aquí]

 Uno de los experimentos recientes más increíbles fue cuando científicos insertaron genes del lenguaje humano en ratones. Los resultados dejaron de piedra a todo el mundo y lo que vimos en ratones dejó a los científicos maravillados y con ganas de saber más.

Hoy hablaremos de este experimento que rompió las barreras de la ciencia y de otros que fueron en la misma dirección con otros animales. Todos los resultados fueron tan increíbles que los científicos no daban crédito a lo que estaba pasando. Os habla Fon Ramos en un nuevo programa de Atraviesa lo desconocido, esperando, por supuesto, que todos estéis lo mejor posible.

Comenzamos. ¿Por qué los animales no hablan como nosotros? El gen NOVA1 

Mira, en el último año se han hecho algunos experimentos curiosos, pero hay uno de ellos que sobresale sobre todo los demás y parte de una pregunta muy intrigante. ¿Cómo es posible que diferencias genéticas mínimas entre humanos y otros mamíferos produzcan capacidades tan extraordinarias como por ejemplo el lenguaje complejo? Es decir, ¿por qué si animales comparten la mayoría de genes con nosotros, puesm, por ejemplo no hablan? Para explorar esta cuestión, científicos de la Universidad Rockefeller se centraron en un solo gen llamado Nova 1. Este gen no construye directamente una parte del cuerpo como un brazo o una pierna. En realidad funciona más bien como un director de orquesta dentro del cerebro. Su trabajo consiste en ayudar a organizar cómo se usan las instrucciones genéticas dentro de las neuronas. 

Para entenderlo de forma sencilla, podemos imaginar que los genes son como recetas de cocina.  Normalmente cada receta sirve para hacer un solo plato, pero Nova 1 lo que hace es reordenar parte de esas recetas, de manera que con una sola receta se puedan crear muchos platos distintos. Esto se hace mediante un proceso llamado splicing alternativo, que básicamente es una forma de editar los mensajes genéticos antes de convertirlos en proteínas. Gracias a este sistema, el cerebro puede fabricar una enorme variedad de proteínas diferentes, lo que lo hace mucho más complejo, flexible y adaptable. Por eso,  muchos científicos consideran a NOVA 1 un regulador maestro, ya que influye directa o indirectamente  en una gran parte de los genes que se usan en el cerebro. Algunos estudios incluso sugieren que puede afectar hasta el 90% de ellos. De hecho, el gen Nova 1 en los seres humanos es un gen muy importante  porque, si no funciona bien, aparecen alteraciones bastante graves. Lo más sorprendente de este gen es que la versión humana es única, tiene un cambio minúsculo en su estructura, solo un aminoácido diferente respecto al de otros animales. Puede parecer algo insignificante, pero en biología estos pequeños cambios pueden tener efectos enormes. Lo realmente interesante aquí es que ni siquiera  nuestros parientes más cercanos, es decir, los neandertales y los denisovanos, que son parientes humanos extintos, ni siquiera ellos tenían esta versión que tenemos nosotros. Es decir, esta versión solo apareció en el homo sapiens y además apareció relativamente tarde en nuestra historia evolutiva. De hecho, antes de este descubrimiento, el gen más famoso relacionado con el lenguaje era FoxP2 y en 2009 también se  probó en ratones y vieron que sus sonidos se habían vuelto más complejos. Sin embargo, también se descubrió que los neandertales ya tenían una versión muy parecida a la nuestra de FoxP2, lo que significa que es importante, pero no explica por sí solo el lenguaje moderno. Y aquí es donde entra el gen Nova 1, es decir, la versión humana parece ser exclusiva de nuestra especie, lo que lo convierte en un candidato muy interesante para explicar algunas de nuestras capacidades mentales únicas. 

El experimento: ratones con un gen del habla humano

El tema es que aquí  cambió todo, ¿no? Cambió todo cuando hace meses usando técnicas modernas de edición genética, pues implantaron genes Nova 1 humanos en ratones. 

Estos ratones nacieron normales, pudieron reproducirse y vivieron con normalidad. La idea no era crear ratones humanos, sino ver qué cambiaba exactamente con ese pequeño ajuste genético. Los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en la forma en la que los ratones se comunicaban. Cuando eran crías, los ratones modificados emitían chillidos diferentes a los normales, más agudos y con otra estructura. 

Sus madres era como si no reconocieran esos chilidos como llamadas de auxilio. Como consecuencia, pues muchas madres ignoraron eso. Es decir, no hubo diferencias entre cómo los trataban, pero las crías era como si trataran de comunicar algo de esa forma. Más intrigante aún fue después, porque cuando los ratones crecieron, comenzaron a emitir esos sonidos entre ellos y cada vez eran más complejos y largos, sobre todo en el cortejo. Incluso se vio que en el cortejo esos sonidos parecían cantos muy variados y lo curioso es que pareciera que los ratones se comunicaban en su propio idioma desconocido. Los científicos hicieron más pruebas para observar sus cerebros y confirmaron que sí modificó sus cerebros en la parte relacionada con el habla. Aquí lo curioso que es pues que dada la anatomía de un ratón pues efectivamente no puede hablar como un humano, no que intenten hablar como nosotros efectivamente, pero hablar su propio idioma y tratar de comunicarse en base a la anatomía que tiene un ratón. Los científicos creen que la versión humana de Nova 1 pudo ayudar a que nuestro cerebro se volviera más flexible, más potente y más capaz de aprender durante toda la vida. El lenguaje en este sentido sería solo una parte de un cambio mucho más grande y el hecho de que los neandertales no tuvieran esta versión resulta interesante. Puede que esta diferencia pequeña genética ayudara al homo sapiens a comunicarse mejor, cooperar más y organizar sociedades más complejas, lo que al final pudo marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Yo lo que me pregunto es, ¿qué diablos estaban tratando de decirse esos ratones? Si realmente era diferente de su comunicación habitual, qué se estaban tratando de decir y si los ratones normales respecto a estos ratones decían, "What, ¿qué me estás contando?" 

Ratones con genes de Neandertales y Denisovanos. ¿Qué pasó en este caso?

Y mirad, porque este experimento también recuerda a otro en años anteriores, en el cual científicos usaron la técnica de edición genética, la famosa CRISPR cas9, para introducir genes en ratones procedentes de neandertales y denisovanos. Los resultados, publicados en varios estudios, fueron tan sorprendentes como reveladores. Uno de los genes más interesantes fue GLI3, una variante genética distinta a la de los humanos modernos, pero presente en ambos homínidos extintos. Cuando se probó una versión artificialmente alterada de este gen, los ratones desarrollaron malformaciones. Sin embargo, al introducir la versión auténtica de neandertales y denisovanos, los cambios fueron distintos, y más sutiles. Los ratones mostraron menos vértebras, y una mayor torsión en las costillas y una cabeza más grande, rasgos que recuerdan a las diferencias físicas entre humanos modernos y neandertales. Los científicos concluyeron que este gen en concreto pudo influir en la forma del cuerpo y del cráneo de estos homínidos, y que en su contexto evolutivo probablemente fue más beneficioso que perjudicial.

Pretenden crear en 2026 ratones humanizados

Claro, pero es que en 2026 hay avances también sobre esto. Mirad, porque en 2026 científicos se encontraron con el problema de que insertar genes humanos completos, es decir, eh, muy largos y complejos, resultaba casi imposible con las técnicas que se estaban usando anteriormente. Así que crearon una nueva técnica llamada Tecno, que es un método nuevo en dos pasos que usa la herramienta de edición genética CRISPR. Lo que hace esta técnica es eliminar el gen equivalente del ratón y colocan unas especie de anclas para insertar el gen humano entero con todas sus partes reguladoras. Esto, según el estudio científico, genera ratones humanizados muy fieles a la biología humana. Revelan que esto es necesario para investigar enfermedades genéticas, probar medicamentos de forma mucho más precisa y en el futuro entender mejor diferencias evolutivas únicas de los humanos como el desarrollo del lenguaje o el cerebro. Pero claro, plantea dilemas éticos, ratones humanizados. 

Monos con genes de nuestro cerebro ¿Qué pasó en este caso?

Ahora bien, si os sorprendieron los ratones humanizados, que es algo que se está, ya os digo,  investigando en 2026, fijaos lo que ha pasado anteriormente con monos, porque claro, mucha gente se pregunta, "Vale, esto en ratones, pero ¿y en parientes que sí de verdad son más parecidos a nosotros?" Como por ejemplo los monos. Pues hubo otro experimento anterior y esta vez sí que fue en monos. Y es que los científicos se preguntaban cómo es que el ser humano llegó a ser más inteligente que un mono si los dos parten del mismo ancestro común, como quien dice. 

Para llegar al fondo de esta cuestión, científicos crearon monos transgénicos de la especie Rhesus, una de las más inteligentes y comunes del sur de China, introduciéndoles copias adicionales de un gen del cerebro humano que se cree que pudo desempeñar un papel importante en nuestra evolución cognitiva. El objetivo era observar si este cambio genético podría alterar o mejorar ciertas capacidades mentales de los animales. Entonces, ¿qué ha ocurrido aquí? ¿Qué han hecho los científicos? Pues os lo explico a continuación. 

Pues veréis, los científicos del Instituto de Zoología de Kunming y de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) editaron unos genes específicos llamados MCPH1. Estos genes son los responsables de algunas cosas importantes en los seres humanos, como por ejemplo el tamaño del cerebro o su crecimiento. A partir de eso, lo que hicieron pues fue exponer simplemente pues embriones de monos Rhesus a un virus. Ese virus llevaba evidentemente ese gen. Pues, de los 11 monos con los que probaron ese gen, según como vemos en esta tabla, pues cinco sobrevivieron. Esos cinco llevaban la copia del gen humano dentro de ellos. 

Los  resultados dejaron a todos con la boca abierta. Los científicos chinos no se esperaban lo que sucedió. Veréis, primero, hubo que esperar efectivamente a que los monos pues crecieran, ¿no? Después lo que les hicieron fueron resonancias magnéticas de sus cerebros, pues para ver, eh, principalmente pues cómo habían crecido. Lo que comprobaron y lo que se demostró en este estudio es que había un patrón de crecimiento cerebral idéntico al humano. Crecían más lentamente los cerebros. Esto, bueno, a priori pues parece que no augura nada bueno. Sin embargo, cuando les hicieron pruebas de memoria a los monos, se hizo patente que habían mejorado considerablemente la memoria y además es que estaban superando las pruebas con mucha mayor celeridad que los monos normales. Es decir, volvieron a los monos más inteligentes. Lo más increíble de todo es que volvieron a los monos más inteligentes sin que creciera su cerebro, es decir, con el mismo tamaño cerebral, lo cual es aún más increíble si cabe. Claro, este estudio no gustó nada, obviamente, a la comunidad científica y tampoco me gustó a mí. De hecho, hubo científicos que han protestado, incluso uno de ellos, uno de ellos que colaboró en la investigación llamado Martin Steiner, que es profesor de ciencias de computación de la Universidad de Carolina del Norte, dijo estas palabras: "No creo que sea una buena dirección. Ahora hemos creado este animal que es diferente de lo que se supone que es. Cuando hacemos experimentos, tenemos que tener un buen entendimiento de lo que estamos tratando de aprender, de ayudar a la sociedad y ese no es el caso aquí. Claro, las leyes en China son más suaves para este tipo de experimentos, en concreto con monos, hasta el punto que sobrepasan incluso los límites de la ética. Además es que son pruebas que faltan al respeto al mundo animal, pudiendo provocar trastornos graves a monos. Es decir, estaríamos probando cosas en monos sin saber que podría desencadenar en algo mucho peor para ese animal o esa especie 

Conclusiones, debate y consecuencias en el futuro.

Ciertamente, el mundo está dividido con estos experimentos. Están los que creen que esto podría ayudar en avances a la humanidad y, por otro lado, están los que creen que no debemos de tratar así a los animales. 

Yo creo que se pueden fusionar las dos cosas sin sobrepasar las barreras de la ética. Es decir, podríamos tratar de avanzar en ese sentido sin poner en riesgo la vida o la salud de los animales, cosa que en la mayoría de estudios que hemos visto hoy, pues no se ha cumplido. Sea como sea, estos estudios demuestran el enorme poder de la edición genética para explorar la evolución humana, aunque los propios científicos recuerdan que ningún gen explica por sí solo lo que somos.

¿Qué se espera en 2026? Pues ya lo iremos viendo, pero se ha hablado que científicos chinos planean investigar el gen SRGAP2C, que algunos llaman el interruptor de la humanidad. Este gen habría aparecido hace unos 2 millones de años, cuando el australopitecus evolucionó hacia homo hábilis. Yo me pregunto hasta dónde quieren llegar estos investigadores, si es bueno para conocer el origen, si merece la pena todo esto. ¿Tú qué opinas de todas estas investigaciones? Déjame tu impresión abajo en comentarios y continuamos por ahí. Sed buenos. Hasta la próxima.

domingo, 18 de enero de 2026

El mosquito del metro. Un caso de evolución dirigida o artificial

 ‘Culex molestus’: lo que la especie de mosquito del metro de Londres dice sobre nosotros, en El País, por J. M. Mulet, 15 ene 2026:

Los humanos influyen en la evolución de plantas y animales. Algunas veces de manera activa, otras indirectamente. El caso del mosquito ‘Culex pipiens molestus’ es un buen ejemplo

El hombre es, sin lugar a dudas, la especie viva que más impacto ha tenido en la biodiversidad. La actividad humana está detrás de la extinción de muchas especies. A la vez, la especie humana ha contribuido a alterar el proceso natural de evolución de muchas especies. Desde la invención de la agricultura y la ganadería, la especie humana inició un proceso de selección artificial que ha dado lugar a muchas especies nuevas que no existían en la naturaleza.

Un ejemplo es la selección artificial. Las espigas de gramínea que no se desgranaban al madurar eran más fáciles de cosechar y así creamos el trigo y la cebada. Las cabras más dóciles eran menos propensas a escaparse y se convirtieron en cabras domésticas. Las semillas más grandes daban frutos más abundantes. Y así, generación tras generación, fuimos modelando los organismos que nos dan de comer. El maíz, por ejemplo, no existiría sin nosotros. Su antepasado silvestre, el teosinte, tiene tan poco que ver con una mazorca moderna que no podríamos ni reconocerla. Otro ejemplo sería el perro. A partir de un lobo salvaje hemos creado todas las razas de perro actuales. Ese proceso, muy apartado de la selección natural, ha hecho que se seleccionen algunos rasgos perjudiciales. Los perros de patas cortas son portadores de acondroplasia, una anomalía genética. Y los perros sin hocico, como los bulldog, desarrollan problemas respiratorios.

A veces el hombre influye en la evolución de forma indirecta. A medida que la actividad humana crea ambientes nuevos, algunos organismos pueden encontrar nuevos nichos ecológicos más favorables que su propio ecosistema. Las cucarachas son un insecto tropical que, gracias a las calefacciones de nuestros hogares, han podido colonizar climas fríos. Las ratas han encontrado un ecosistema ideal en nuestras alcantarillas, por no hablar de las gaviotas, que hace tiempo que dejaron de ser un ave pescadora para especializarse en los vertederos.

A veces esto puede ser mucho más sutil. Un ejemplo es el mosquito Culex pipiens, común en muchas zonas templadas del planeta. Una población de ellos se había adaptado a la vida en el metro, donde los abundantes charcos les permitían la reproducción. En superficie, estos mosquitos prefieren alimentarse del néctar de plantas; en cambio, los del metro tenían una dieta hematófaga, nutriéndose de los incautos pasajeros. Gracias al ambiente cerrado y la temperatura estable durante todo el año, la especie del metro había perdido la estacionalidad de sus parientes que habitaban el exterior.

Faltaba comprobar si estas variaciones de comportamiento o aspecto que habían estudiado realmente suponían una nueva especie. Cuando se trató de hibridar la especie del metro con la de la superficie, encontraron una fuerte barrera reproductiva. Los híbridos eran muy escasos y los pocos que nacían eran inviables. El aislamiento reproductivo entre las dos poblaciones había ocasionado un proceso de especiación y ya podía considerarse que eran dos especies diferentes. Solemos tener la imagen de que la evolución biológica es un proceso muy lento que precisa miles de generaciones, pero no siempre es el caso. Aquí hay un ejemplo: en los poco más de 160 años que tiene el metro de Londres, había dado lugar a la formación de una nueva especie de mosquito hematófago, especializada en picar a los usuarios de transporte público. No en broma, esta nueva especie fue bautizada como Culex pipiens molestus. Un proceso similar se ha observado en el metro de Nueva York y en el de Moscú.

Lo más sorprendente fue que cuando siguieron estudiando a la nueva especie, descubrieron que no era homogénea, sino que se dividía en subespecies. Los mosquitos suelen vivir en el túnel y las condiciones microambientales varían (temperatura, humedad, densidad humana); los mosquitos de cada línea de metro evolucionaron por separado, favoreciendo una diversificación genética aún mayor. De esta forma, el mapa del metro de Londres se ha convertido en un experimento evolutivo a gran escala, donde cada línea de metro ha definido a una subespecie diferente a partir de una especie pionera que sigue habitando en el exterior. Lo más probable es que algunas de estas subespecies acaben convertidas en una especie independiente. Sería divertido ver cómo se bautizan. Yo propongo poner el nombre de la parada donde se identifique el primer ejemplar.

El lado más oscuro de esta historia

— La evolución involuntariamente dirigida tiene también consecuencias menos amables. El uso masivo de antibióticos ha dado lugar a bacterias multirresistentes. El uso de plaguicidas ha seleccionado insectos y hierbas resistentes. Y el cambio climático está obligando a muchas especies a cambiar su comportamiento y su hábitat, lo que ocasiona cambios en su genética.

— En Japón, por ejemplo, algunas mariposas han empezado a adelantar su ciclo reproductivo para adaptarse a primaveras más cálidas. En los Alpes, ciertos tipos de flores modifican su tamaño y su color conforme ascienden por la montaña en busca de temperaturas más frescas, y las que no pueden adaptarse están condenadas a extinguirse.

J. M. Mulet es catedrático de Biotecnología.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

14 dolencias mentales comparten el mismo origen genético. Dossier.

  Dossier

I

 Enfermedades mentales. El ‘parentesco molecular’ de las enfermedades mentales: 14 trastornos comparten variantes genéticas de riesgo, en El País, por Jessica Mouzo, 10 DIC 2025:

Un estudio basado en datos de ADN de un millón de personas alumbra una clave biológica para ayudar a comprender estas dolencias y mejorar el diagnóstico.

Existen unos lazos genéticos muy estrechos entre algunos trastornos psiquiátricos. Se ve en la clínica, cuando a los médicos les cuesta etiquetar una dolencia concreta o se encuentran con que un paciente con depresión desarrolla también ansiedad, por ejemplo. Las fronteras entre unas afecciones mentales y otras son, en ocasiones, confusas a pie de consulta y eso tiene una explicación a nivel molecular: hay una especie de parentesco genético, variantes de riesgo comunes entre dolencias. Un nuevo estudio, publicado este miércoles en la revista Nature y basado en el análisis de ADN de más de un millón de personas, ha ahondado en este campo y ha alumbrado ese hilo molecular que conecta una quincena de trastornos mentales.

En concreto, esta investigación internacional ha descubierto que 14 dolencias comparten, en mayor o menor medida, variantes genéticas de riesgo. Esto es, señales moleculares que predisponen a desarrollar estas afecciones mentales. Los autores identificaron, específicamente, cinco grupos de enfermedades que tienen una alta correlación genética: sucede, por ejemplo, entre esquizofrenia y trastorno bipolar; o entre ansiedad, depresión y estrés postraumático; o entre autismo y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Los hallazgos sugieren que las marcas genéticas compartidas están muy vinculadas a las primeras etapas del desarrollo cerebral y estudiarlas en profundidad podría ayudar a comprender mejor los trastornos de la mente, mejorar el diagnóstico y alentar nuevos tratamientos. Esta investigación sigue la estela de otros estudios que ya han ido alumbrando en los últimos años retazos de esos lazos genéticos entre las enfermedades del cerebro. “Se trata de ir desentrañando todas las piezas del puzle genético para hacer una medicina de precisión y predicción”, explica Antoni Ramos Quiroga, jefe de Psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona e investigador del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM). El médico, que ha participado en esta y otras investigaciones del mismo campo, asegura que estudios como estos “ayudarán a redefinir los trastornos mentales, no solo en función de síntomas, sino también según variables genéticas”.

En este caso, los autores identificaron cinco categorías que conectan grupos de enfermedades mentales con un alto grado de riesgo genético compartido. Así, el “factor compulsivo” engloba la anorexia nerviosa, el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y el síndrome de Tourette en el mismo grupo; el llamado “factor internalizante” aglutina depresión, ansiedad y estrés postraumático; otra categoría es la del tándem esquizofrenia y trastorno bipolar; el “factor del neurodesarrollo” contempla autismo y TDAH; y la última categoría con fuertes vínculos genéticos en común es el de las sustancias de abuso, donde se agrupan las adicciones al tabaco, el alcohol, el cannabis y los opioides. La correlación más fuerte se ve dentro de cada grupo, pero también existen señales genéticas compartidas entre dolencias ubicadas en distintas categorías.

“Por ejemplo, entre TDAH y depresión hay un porcentaje [de variantes genéticas compartidas] elevado”, ejemplifica Ramos Quiroga. Los hallazgos, insiste, coincide con “la realidad clínica” que observan en la consulta.

Estas señales genéticas compartidas, aclara Ramos Quiroga, son “factores de predisposición”. Es decir, que aumentan el riesgo. Pero recuerda que tener una de estas variables no significa que una persona vaya a desarrollar alguna de esas enfermedades.

En la construcción de trastornos mentales intervienen muchos genes, pero también el ambiente. Hay “una interacción entre factores”, recuerda el psiquiatra de Vall d’Hebron: “Hay factores desde el origen que nos predisponen, pero también hay que poner el foco en el ambiente y luchar contra las agresiones sexuales o el abuso de tóxicos, por ejemplo, [estas circunstancias elevan el riesgo de peor salud mental]”.

Primeras etapas del desarrollo cerebral

Los autores del artículo publicado en Nature deslizan que las variantes de riesgo identificadas desempeñan un papel en las primeras etapas del desarrollo cerebral. “Esto nos indica que esos factores genéticos están marcando cómo se va a desarrollar la conexión neuronal en el cerebro y puede que haya una alteración desde el inicio”, reflexiona Ramos Quiroga.

En un comentario adjunto, Abdel Abdellaoui, investigador del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Amsterdam, hace hincapié en esto también: “En todos los factores, los genes asociados muestran una expresión máxima durante el desarrollo fetal, lo que destaca la importancia de los procesos de desarrollo temprano en el riesgo psiquiátrico”.

Con todo, Ramos Quiroga pide no perder de vista la complejidad de estos trastornos y recuerda que son multifactoriales: “Si tienes una susceptibilidad y le pones otros factores que aumentan esa susceptibilidad, es peor: hay factores genéticos que te confieren más riesgo y tienen que ver con cómo se desarrolla el cerebro, pero también hay otras variables relacionadas con factores inmunológicos; y, además, el entorno también influye porque, por ejemplo, si te genera estrés, eso afecta a nivel inmunológico”, subraya.

Abdellaoui coincide y apunta a que estos trastornos psiquiátricos parecen surgir cuando “ciertas combinaciones de genes y experiencias vitales se combinan de forma desfavorable”. “Esto debería replantear las enfermedades mentales no como una biología defectuosa, sino como la desafortunada intersección de la variación natural y el estrés ambiental”, defiende.

Redefinir el diagnóstico

Abdellaoui sostiene, por otra parte, que esas variantes genéticas están agrupadas en cinco categorías “que trascienden los límites diagnósticos actuales” y plantea si estos patrones genéticos compartidos entre 14 trastornos psiquiátricos pueden hacer repensar el marco diagnóstico de las enfermedades mentales. “Pocas variantes genéticas son exclusivas de un solo diagnóstico, lo que sugiere que las categorías del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM; la herramienta convencional para el diagnóstico de trastornos psiquiátricos) podrían ser útiles clínicamente, pero son aparentemente arbitrarias a nivel biológico”, conviene.

Francina Fonseca, jefa de Psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona, defiende que las clasificaciones actuales siguen sirviendo porque ayudan a los profesionales a entenderse, a hablar el mismo lenguaje. Pero asume que hay que “hacer autocrítica, ser humildes y rigurosos” e intentar afinar cada vez más los diagnósticos.

La psiquiatra matiza que esta investigación, en la que no ha participado, no tendrá una repercusión inmediata en la práctica clínica, pero sí ayudará a clasificar mejor estas enfermedades: “En salud mental no tenemos pruebas de laboratorio o de neuroimagen que nos permita hacer un diagnóstico de lo que pasa en el cerebro. Nos centramos en síntomas, que pueden estar basados en la subjetividad de quien los sufre o los interpreta. Pero para alcanzar un buen abordaje diagnóstico y terapéutico, necesitamos encontrar la alteración fisiológica, qué circuitos cerebrales están alterados”.

Ramos Quiroga concuerda con que toda esta línea de investigación “ayudará a tener una clasificación de los trastornos mentales más vinculada a factores biológicos” y añade que también abre una puerta para identificar dianas moleculares sobre las que desarrollar nuevos fármacos.

II

Salud mental. Una revisión de estudios concluye que los hijos de personas con trastornos mentales tienen mayor riesgo de sufrirlos, en El País, por Daniel Mediavilla, 15 DIC 2023:

Los autores plantean que se haga un diagnóstico precoz a los parientes de personas con dolencias psiquiátricas para aplicar medidas preventivas.

Trastornos mentales

Los factores sociales y genéticos se combinan para hacer que los trastornos mentales sean más frecuentes en algunas familias. Los hijos de personas con enfermedades mentales tienen un mayor riesgo de sufrir sus mismos trastornos y otros diferentes. Esto se debe a una combinación de factores genéticos y del entorno que favorecen la aparición de esas dolencias y que son más frecuentes en unas familias que en otras. Ahora, una revisión de 211 estudios publicada en la revista científica World Psychiatry, ha tratado de estimar este incremento de riesgo tomando datos que incluyen a tres millones de hijos con al menos un progenitor afectado y 20 millones de personas más sin diagnósticos en la familia como control.

De media, los autores calculan que alrededor de uno de cada dos hijos de personas con ansiedad, trastorno bipolar o depresión sufrirá la dolencia de sus padres u otra. Más de un tercio de los hijos de padres con alguna adicción y uno de cada seis con psicosis también tendrán algún trastorno mental. En lo que respecta al incremento de riesgo de sufrir el mismo trastorno que su padre, que el progenitor tenga déficit de atención multiplica por ocho las probabilidades de que lo padezca su vástago. En el caso del trastorno bipolar multiplica las probabilidades por cinco, y en el de las adicciones, la depresión o la ansiedad por dos. Cuando se miran los riesgos combinados, los hijos de padres con psicosis multiplican por 5,8 el riesgo de padecer esa enfermedad y por 2,6 el de sufrir alguna otra. Las dos cifras son similares para el trastorno bipolar. Los resultados presentados en esta revisión de estudios van en la línea de estudios previos realizados con gemelos. Estos individuos idénticos genéticamente comparten hasta en un 77% la psicosis, en un 76% el trastorno bipolar, en un 40% la ansiedad y en un 34% la depresión.

En una conferencia de prensa organizada por el SMC España, Joaquim Raduà, psiquiatra del Hospital Clinic-IDIBAPS y coautor del estudio, ha señalado el valor de este trabajo para “identificar un subgrupo de la población en parientes de personas con mayor riesgo para aplicar tratamientos preventivos específicos”. En el estudio se advierte que esta búsqueda de síntomas entre los hijos de afectados por estas dolencias no se aplica de forma rutinaria y es algo que debería cambiar. “Esta prevención debería ser transdiagnóstica”, ha añadido Raduà, teniendo en cuenta que tanto los factores genéticos como los ambientales parecen favorecer la aparición de trastornos diversos.

Aunque no se puede saber si unas medidas de prevención concreta han evitado el desarrollo de un trastorno en una persona determinada, los estudios de población indican que son efectivos, pero es necesario que estén individualizados. Se ha observado que las intervenciones aplicadas en la escuela, de forma general, para prevenir síntomas depresivos o de ansiedad, no son eficaces y que pueden, incluso, causar daño a algunas personas. Por este motivo, es importante, según indican los autores, identificar las personas con mayor riesgo para iniciar las intervenciones de forma precoz.

Entre las medidas que se plantean, muchas de ellas tienen que ver con evitar factores que incrementan el riesgo de que una enfermedad se desencadene, como el consumo de cannabis o de otras sustancias, la mala salud metabólica y la obesidad, que se pueden prevenir haciendo ejercicio y teniendo una alimentación adecuada. Algunos factores como la exposición a sucesos traumáticos o a la pobreza extrema o el aislamiento social también favorecen la aparición de trastornos.

Alberto Ortiz Lobo, psiquiatra del Hospital Universitario La Paz, en declaraciones a SMC España, ha sido crítico con las conclusiones del estudio. “Los resultados revelan que un 55 % de la descendencia de padres diagnosticados de cualquier trastorno mental va a desarrollar algún tipo de trastorno mental a lo largo de su vida, con un intervalo de confianza de nada menos que entre el 7 % y el 95 %”, apunta. En su opinión, estas cifras imprecisas no permiten “plantearse ningún consejo genético, como parecen sugerir los autores, puesto que no se ha demostrado la asociación entre diagnósticos de trastornos mentales y herencia biológica”. Para Ortiz Lobo, es más relevante actuar sobre los determinantes sociales como el maltrato infantil, los bajos niveles educativos o la pobreza.

III

Liliana Galindo, psiquiatra: “Hay un pico de psicosis en mujeres, alrededor de la menopausia, del que no se habla mucho por el estigma”, en El País, por Daniel Mediavilla, 14 OCT 2025:

La especialista en fármacos psicodélicos, de la Universidad de Cambridge, habla del potencial de estos medicamentos para tratar enfermedades mentales

Liliana Galindo (Bogotá, Colombia, 40 años) compara las terapias con sustancias psicodélicas para tratar la salud mental con una cirugía. “Es un cambio de paradigma. Antes dábamos medicación diaria, enfocada a tratar síntomas que en ocasiones causa efectos secundarios y con expectativa de tomarse por años. Este tipo de terapias requiere una inversión inicial importante, porque, además del fármaco, es necesario un terapeuta, un psiquiatra, una enfermera, que trabajen todos juntos, pero en un periodo corto, quizá de unos tres meses, para dar un tratamiento intensivo que busca ir a la causa de la enfermedad”. La experiencia de Galindo dice que el esfuerzo merece la pena. “En muchos casos hay una mejoría total”, afirma. Y cierra la analogía: “En una cirugía, se usa una anestesia para tolerar el dolor físico, el cirujano interviene y limpia la herida y después el cuerpo se cura. Aquí usamos una sustancia para abrir y tolerar el dolor emocional, ver la herida, procesarla y después la persona continúa con la mejoría, como en un postoperatorio”.

Las drogas psicodélicas están de moda en medicina, tras décadas arrinconadas por la mala fama y la ilegalidad a la que condujo su uso recreativo y su asociación a la contracultura. En 2019, se aprobó el uso de la esketamina, un análogo a la ketamina, para tratar la depresión grave, y en los últimos años han proliferado los estudios que muestran las posibilidades del MDMA, el éxtasis, frente al estrés postraumático, o la psilocibina, el principio activo de los hongos alucinógenos, para la depresión.

Galindo, que es profesora asistente en psiquiatría en la Universidad de Cambridge, psiquiatra en Cambridgeshire and Peterborough NHS Foundation Trust y fundadora del Cambridge Psychedelic Research Group, visitó hace unos días Madrid para participar en Psymposium, un foro organizado por la Fundacion Inawe, que promueve el avance científico y ético en salud mental, neurociencia e investigación psicodélica. La investigadora, que empezó su carrera en España junto a Magí Farré y Víctor Pérez-Sola, en el Hospital del Mar de Barcelona, habla de unas sustancias que suponen un cambio de paradigma en el tratamiento farmacológico de la salud mental, y en la comprensión misma de la mente, pero que también requerirán otra forma de plantear los estudios que midan su eficacia real.

Pregunta. El hecho de que muchas de estas sustancias se hayan utilizado para divertirse, ¿condiciona las expectativas que se tiene sobre ellas o las posibilidades de utilizarlas?

Respuesta. El ser humano ha utilizado sustancias como herramientas para tener diferentes estados de conciencia por miles de años. En América, muchas comunidades indígenas han utilizado sustancias psicodélicas, como la ayahuasca. Hay personas que las utilizan por motivos espirituales y otras por motivos recreativos, pero el modelo médico tiene diferencias fundamentales. Se hace de manera supervisada, con una sustancia que conoces con precisión y en una cantidad justa, porque ya sabemos que la dosis hace el veneno o, en este caso, el remedio.

P. ¿Cómo funciona?

R. En general, la persona tiene que tener tres tipos de sesiones. Unas sesiones de preparación en las cuales se conoce con un terapeuta, establecen una serie de objetivos, se conoce el pasado de esa persona, para entender el contexto y poder decidir.

También hay que dar información para saber qué hacer si el paciente siente ansiedad o si le vienen memorias que le causan mucha angustia. En estas sesiones de preparación se pueden practicar ejercicios para tranquilizarse en ese momento.

Después de estas sesiones de preparación, viene el momento en que se consume la sustancia, que tiene que ser en compañía de un terapeuta, que no puede ser uno cualquiera, sino alguien entrenado en estas intervenciones, que son bastante distintas de las de psicoterapia habitual. Aquí el terapeuta no interviene tanto como en otras sesiones convencionales, es más como un copiloto que apoya a la persona, que es quien decide por qué camino va a transitar.

En el caso, por ejemplo, del trastorno por estrés postraumático, se facilita que el paciente conecte con esas memorias traumáticas para revisitarlas y procesarlas, y eso es algo que hace la persona sola.

Y después de esa sesión vienen las sesiones de integración, que habitualmente se hacen el día después. Esas sesiones son claves, porque en los psicodélicos se ha visto que una de las razones por las que actúan es la neuroplasticidad. Pueden crear cambios a nivel inflamatorio y a nivel neuronal, e incluso de las conexiones dendríticas, y estos cambios parecen ser claves en la reconsolidación de memorias. Es importante aprovechar esa ventana de mayor neuroplasticidad después de tomar la sustancia para que la persona procese qué pasó durante las cuatro, seis o más horas, según la sustancia, que pudo durar la experiencia, para darle un sentido propio a lo que ha sucedido. En este caso, también con un terapeuta de apoyo.

P. ¿Qué es lo que hace en el cerebro estas sustancias para que tengan esos potenciales efectos beneficiosos?

R. En el caso de los empatógenos, como el MDMA, tienen estructuras que a veces son bastante similares a la de la serotonina o de la dopamina. Estos, por un lado, aumentan la serotonina, la dopamina o la noradrenalina, y producen sensaciones de bienestar, de sentir conexión. Pero también parece que producen un aumento de la oxitocina. Y esta oxitocina, que es la molécula del apego, viene a tener una acción muy importante en el reprocesamiento de las experiencias traumáticas.

Si piensas en la oxitocina, uno de los momentos en que se secreta bastante es alrededor del parto y durante la lactancia, cuando se hace todo el proceso del apego. Pero también ayuda a superar muchas de las memorias y traumas que hay en torno al parto y el nacimiento. Pueden ser traumáticas en ocasiones, pero aun así lo hacemos más de una, dos y tres veces. Hay un punto de esa reconciliación de memorias donde la oxitocina tiene un rol importante.

P. ¿Y los psicodélicos clásicos, como la psilocibina?

R. La acción específica es en uno de los receptores de serotonina, que son los 5HT2A. Esta acción serotoninérgica cambia nuestras conexiones cerebrales, se hace una especie de reset a patrones cognitivos previos.

Hay muchas enfermedades mentales en las que hay patrones cognitivos rígidos: las rumiaciones, cuando tenemos ansiedad y damos vueltas sobre lo mismo; en la depresión tenemos una idea o convicción de que algo está mal, pensamientos circulares difíciles de evitar; lo vemos también en el trastorno obsesivo compulsivo o en los trastornos de alimentación, con creencias sobre el cuerpo que son muy circulares.

Estas sustancias parecen hacer un reset en esas ideas y los cambios se ven bastante rápido, como después de sesiones con psilocibina, donde se ha visto mayor rango terapéutico. Ha mostrado mejoras muy grandes en depresiones resistentes al tratamiento, y se está viendo que incluso en TOC o en trastornos de alimentación hay evidencia preliminar que sugiere que pueden mejorar.

P. Si los psicodélicos facilitan plasticidad en el cerebro, igual que ayudan a deshacer nudos que provocan la depresión, ¿también pueden generar problemas nuevos?

R. Claro que sí, esto hay que investigarlo. Se han visto síntomas secundarios, sobre todo cuando las dosis no son supervisadas o el marco no es el adecuado. En contextos cuidados, parece seguro. Pero necesitamos entender mejor en qué dosis, para quién y cómo.

P. Ahora que los psicodélicos se empiezan a aceptar e, incluso, están de moda, a veces se ve una percepción de que son inocuos. ¿Qué riesgos hay que controlar con estas sustancias?

R. No son inocuos, pero ni los psicodélicos, ni cualquier tratamiento. Todo depende de la dosis, de quién la toma y de cómo la toma. El mayor peligro y lo que ha dado mala reputación a muchas de estas sustancias es que han existido en un mercado ilegal, donde la gente cree que toma cosas que no son. Por eso en el ámbito clínico lo primero que se monitoriza son las dosis. No hay opción de aumentar porque “se siente bien”.

Y, por supuesto, el hecho de que no todos los psicodélicos son buenos para todo y para todos, aunque tengan un potencial terapéutico muy grande.

Gran parte del enfoque de la investigación ahora es tratar de entender, de todas las sustancias que parecen tener un potencial terapéutico, qué tipo de personas se van a beneficiar y cuáles no. Hay que entender las contraindicaciones y qué personas se pueden beneficiar, por ejemplo, de una terapia con MDMA, con psilocibina o ayahuasca. Son totalmente diferentes.

Parte de la investigación es tratar de entender cómo cambia el efecto de las sustancias la historia personal, cuál es la enfermedad que estamos tratando, incluso cuál es la historia familiar, si hay otros miembros que hayan tenido enfermedades mentales o hayan tenido anteriormente reacciones adversas a sustancias de este tipo.

P. También trabaja en psicosis, en detectar con antelación las personas con riesgo de sufrirlas para evitarlas o paliar sus efectos.

R. La psicosis se refiere cuando alguien tiene cambios en su percepción de la realidad. Una persona comienza a tener una idea que se vuelve tan fuerte que, de cierta manera, nuestro cerebro trata de procesar toda la información que le llega como confirmación de esa idea, o trata de asociarla a esa idea y relacionar cosas que no están relacionadas. Y de repente es como si esa idea se robara toda la energía, toda la atención en la vida. Esa creencia comienza a ser lo más importante. Habitualmente está asociada a un miedo muy grande, lo que llamamos paranoia.

Hay diferentes contenidos: la persona puede creer que le están persiguiendo, o que tiene un poder, un superpoder, o que tiene una misión, pero de repente comienza a ver que todo está relacionado con esa idea. Ya sea: “me están persiguiendo”, “mi vecino es un alien”, la idea que sea.

Eso es lo que llamamos delirios. Aparte, otras personas pueden presentar lo que llamamos alucinaciones. Lo más frecuente es escuchar voces o cosas que no están ahí. Algunas personas también pueden ver cosas, pero es menos habitual. Además de estos cambios en la percepción y en el procesarmiento de información viene acompañada de un miedo enorme.

P. ¿Qué más se sabe?

R. En la mayoría de los casos comienza antes de los 20 y es más frecuente en los hombres. También sabemos que hay un segundo pico de psicosis de presentación que suele pasar en mujeres alrededor de cambios hormonales en la menopausia. De esto no se habla mucho y todavía hay mucho estigma, pero existe.

Lo que sabemos es que cuando las personas están presentando estos cambios, lo más importante es poder detectarlos a tiempo. Porque en ese momento hay un proceso de inflamación que está creando cambios a nivel cerebral que pueden producir, a largo plazo, cambios cognitivos o de memoria.

P. ¿Se puede intervenir?

R. A nivel mundial, el primer modelo de intervención temprana se desarrolló en Australia. La persona, durante al menos 3 años, va a ser vista muy frecuentemente, casi cada semana, por médicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales; se trabaja con la familia, con la escuela, con el trabajo. Todo se enfoca en ayudar a que la persona vuelva a su vida como estaba antes de enfermar.

Lo que se ha visto es que, si se logra hacer este cambio en los primeros 3 años, y sobre todo, lo más importante, si la persona logra reconocer ese episodio como algo anormal, entender por qué es mejor seguir el tratamiento, detectar los síntomas tempranos de recaída (cada persona tiene los suyos), y vuelve a su funcionamiento previo, se puede prevenir a mediano o largo plazo que la enfermedad se deteriore.

Antes creíamos que no había forma de detener el progreso de las psicosis, o que necesariamente todo el mundo acabaría con mucho deterioro en un hospital mental. Ya sabemos que no es así. Pero hay que actuar temprano y trabajar mucho en tratamiento y en la educación de la persona y de la familia.

martes, 9 de diciembre de 2025

Los 10 científicos más relevantes del año para Nature

 El primer bebé tratado con terapia génica personalizada protagoniza las historias de ciencia más relevantes de 2025.  En El País, por Patricia Fernández de Lis, 8 DIC 2025:

La revista ‘Nature’ elige a los 10 personajes que han marcado la investigación este año, desde el primer tratado global contra pandemias hasta la científica que se resistió a Trump.

K.J. Muldoon tenía seis meses de vida cuando se convirtió en el primer bebé en recibir una terapia de edición génica CRISPR diseñada exclusivamente para él. Nacido en agosto de 2024 con una deficiencia ultra-rara que impedía a su cuerpo procesar proteínas, el bebé acumulaba amoníaco tóxico en la sangre que amenazaba con dañar su cerebro de forma irreversible. Alrededor de la mitad de los bebés con esta condición muere. Pero un equipo del Hospital Infantil de Filadelfia logró algo sin precedentes: en solo seis meses, crearon una terapia que corregía una única letra defectuosa en su genoma. K.J. volvió a casa en junio. Su historia abre el especial que publica este lunes la revista Nature, que cada año selecciona a las 10 personas que han dado forma a la ciencia. En 2025, la lista incluye desde una directora de salud pública despedida por defender la integridad científica hasta un físico de 85 años que acaba de inaugurar el telescopio que soñó hace tres décadas.

Susan Monarez: la científica que duró un mes con Trump

Microbióloga e inmunóloga con casi 20 años de experiencia como científica en cargos públicos, Susan Monarez fue nombrada directora de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) en julio. Un mes después fue cesada. “Me despidieron por mantener la línea sobre integridad científica”, testificó ante el Congreso en septiembre. Según su versión, se negó a obedecer órdenes del polémico secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr, que le ordenó despedir a científicos de la agencia y aprobar recomendaciones sobre vacunas sin considerar primero la evidencia científica.

Achal Agrawal: el detective de la mala ciencia

Cuando un estudiante universitario le propuso un proyecto de investigación usando software para “parafrasear” trabajos científicos publicados, Achal Agrawal se quedó atónito. El estudiante insistía en que no era plagio porque pasaba los controles de la universidad. Esa interacción llevó al matemático, ahora científico de datos freelance en Raipur, a dejar su puesto universitario un mes después y dedicarse a crear India Research Watch (IRW), una plataforma con más de 77.000 seguidores en LinkedIn que denuncia violaciones de integridad científica. El coste personal ha sido alto: Agrawal está sin empleo, se enfrenta a una demanda de una universidad privada.

Mengran Du: ecosistemas increíbles a nueve kilómetros de profundidad

Desde el sumergible Fendouzhe, observando a más de nueve kilómetros bajo la superficie del océano, la geocientífica china Mengran Du supo que estaba viendo algo totalmente nuevo para la ciencia. Las luces de la nave iluminaron un ecosistema próspero en la capa más baja del océano, donde se halló el ecosistema más profundo conocido con animales en el planeta, al noreste de Japón. Du completó 24 inmersiones en el sumergible de titanio, en un área de apenas 1,8 metros.

Tony Tyson: el visionario del telescopio de 810 millones

A sus 85 años, Tony Tyson acaba de ver las primeras imágenes del Observatorio Vera Rubin en Chile, un proyecto que concibió hace más de 30 años. “Cuando lo vi, dije ‘guau’”, recuerda el físico. Su diseño compacto y sin precedentes, con un coste de 810 millones de dólares, ha hecho del Rubin una de las mayores apuestas de la astrofísica del año. “Mucha gente no creía que fuera posible”, dice Tyson. Ahora espera que su telescopio descubra “algo que nos vuele la cabeza”.

Precious Matsoso: la negociadora del primer tratado pandémico global

El 16 de abril de 2025, a las 2 de la madrugada en Ginebra, las casi 190 naciones de la Organización Mundial de la Salud alcanzaron consenso sobre el borrador del primer tratado pandémico global. “Estoy abrumada, llena de alegría”, dijo esa mañana Precious Matsoso, copresidenta del grupo de la OMS que dirigió la negociación tras más de tres años de conversaciones agotadoras. Matsoso cuenta ahora a Nature que su estrategia como negociadora fue usar la firmeza (“no quiero oír las palabras ‘línea roja’”) y el sentido del humor (cantó All you need is love de los Beatles a los delegados). El tratado, adoptado formalmente en mayo, requiere que las compañías proporcionen al menos el 20% de vacunas y medicamentos pandémicos a la OMS.

Sarah Tabrizi: prevenir el Huntington

En septiembre, la neuróloga del University College de Londres Sarah Tabrizi vio por primera vez datos que llevaba décadas persiguiendo: la evidencia de que una terapia génica puede ralentizar la progresión del Huntington, un trastorno neurodegenerativo hereditario devastador. “Estaba empezando a preocuparme de que, quizás, cuando las personas desarrollan síntomas, ya era demasiado tarde para tratar la enfermedad”, admite. Tabrizi lidera actualmente una investigación para evaluar cinco terapias adicionales y comprobar si se puede “prevenir que el Huntington ocurra”, explica.

Luciano Moreira: millones de mosquitos contra el dengue

En una fábrica en el distrito industrial de Curitiba (Brasil) millones de mosquitos Aedes aegypti se reproducen en una sala. Cada semana, la instalación produce más de 80 millones de huevos de mosquito. En el corazón de este proyecto está Luciano Moreira, ingeniero agrónomo y entomólogo que abrió esta fábrica en julio como parte de un esfuerzo para combatir enfermedades transmitidas por mosquitos en su país. En la instalación de Curitiba, los mosquitos son infectados con una bacteria llamada Wolbachia, que frena la transmisión de patógenos humanos. La descendencia de esos insectos está siendo liberada en ciudades brasileñas para ayudar a controlar el dengue. La nueva fábrica se ha convertido en un hito de la salud pública brasileña después de que el gobierno federal lo reconociera como medida oficial de salud pública.

Liang Wenfeng: el disruptor detrás de DeepSeek

En enero, un anuncio desde China sacudió el mundo de la inteligencia artificial. La firma DeepSeek lanzó su poderoso modelo, demostrando instantáneamente que Estados Unidos no estaba tan adelantado en la IA como muchos pensaban. Detrás de este anuncio está Liang Wenfeng, un ex analista financiero de 40 años que, según han publicado diferentes medios, ganó millones de dólares aplicando algoritmos de IA al mercado de valores antes de usar el dinero en 2023 para establecer DeepSeek. Wenfeng es extremadamente reservado y se sabe poco de él. En septiembre, el modelo se convirtió en el primer gran LLM (Large Language Model, o Modelo de Lenguaje Grande, como ChatGPT) en someterse al escrutinio de revisión por pares.

Yifat Merbl: el sistema inmune oculto en la basura celular

Cuando Yifat Merbl, bióloga de sistemas del Instituto Weizmann en Rehovot (Israel) y su equipo investigaron los centros de reciclaje celular conocidos como proteasomas descubrieron una parte completamente nueva del sistema inmune. “Hasta ahora, no podíamos detectarlo”, dice Merbl, “porque no mirábamos en los cubos de basura de las células”. Ella y su equipo usaron modelos computacionales y encontraron más de 270.000 antimicrobianos posibles. Los resultados de su investigación se publicaron en marzo y han entusiasmado a muchos expertos en este campo.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

El biotecnólogo David Liu halla un mismo método para desactivar un tercio de todas las enfermedades genéticas

 Dossier

I

 Nace PERT, una medicina experimental multiusos que promete arreglar la causa de cientos de enfermedades genéticas, en El País, por Manuel Ansede, 19 NOV 2025: 

Uno de los mejores científicos del mundo, David Liu, propone una estrategia revolucionaria para revertir con un tratamiento similar el 30% de las patologías raras

Las curaciones milagrosas de enfermedades genéticas, logradas gracias a la modificación minuciosa del ADN de cada paciente y celebradas con razón a bombo y platillo, son solo excepciones en una tragedia. Hay más de 7.000 enfermedades raras identificadas, pero apenas existen tratamientos para el 5%, pese a que afectan a más de 300 millones de personas. Uno de los mejores científicos vivos, el químico estadounidense David Liu, anuncia este miércoles una idea revolucionaria: una medicina experimental multiusos que promete arreglar la causa de decenas, o incluso cientos, de enfermedades genéticas diferentes. Un único tratamiento, multitud de problemas distintos resueltos en miles de pacientes, esa es la estrategia. Su nombre es PERT.

Actualmente se necesitan años y millones de euros para desarrollar un solo tratamiento de edición genética para una mutación específica de una o pocas personas. Liu, del Instituto Broad (Cambridge, EE UU), argumenta que, a menudo, el cuello de botella no son los avances científicos, que ya existen, sino las exigencias de las autoridades, los precios de fabricación y el reto de comercializar fármacos que solo sirven para un puñado de pacientes. Las empresas de edición genética, alerta, “tienen que tomar la desgarradora decisión de qué objetivos perseguir, que es lo mismo que decidir qué pacientes se van a quedar atrás”. Tras años de devanarse los sesos, Liu propone una solución: “La edición genética agnóstica respecto a la enfermedad”.

El ADN es como un libro de recetas para producir proteínas, las máquinas moleculares que se ocupan de las principales tareas dentro de un ser vivo. Cada célula lee esas instrucciones genéticas para saber qué ingredientes tiene que añadir, hasta que llega a un mensaje final que indica que la receta ha terminado y la proteína está completa. Las erratas en el ADN, sin embargo, pueden arruinar el proceso. Un tercio de las enfermedades genéticas están provocadas por las denominadas mutaciones sin sentido, que detienen la fabricación antes de tiempo y provocan proteínas truncadas y nocivas.

El equipo de David Liu no propone corregir estas mutaciones una por una, como hasta ahora, sino hacer sofisticadas modificaciones genéticas para que cada célula produzca una molécula que consigue que la receta se lea correctamente hasta el final, independientemente de la proteína implicada. Los investigadores han hecho un primer intento con éxito en cuatro enfermedades congénitas aparentemente muy diferentes: la de Tay-Sachs, un trastorno neurodegenerativo que hace que los niños mueran antes de cumplir cuatro años; la de Batten, también letal y asociada a un deterioro progresivo de las capacidades; la de Niemann-Pick, causante de la acumulación de grasas en el cerebro; y el síndrome de Hurler, que provoca una cascada de complicaciones respiratorias y cardíacas antes de que llegue la adolescencia.

Gracias a un mismo tratamiento PERT, Liu y sus colegas han conseguido revertir estas enfermedades en células humanas en el laboratorio y, en el caso del síndrome de Hurler, también en ratones. Es solo una prueba de concepto, pero revolucionaria. “Queda mucho trabajo por delante para hacer realidad el potencial a largo plazo de PERT para beneficiar a los pacientes”, explica Liu a EL PAÍS. Sus resultados se publican este miércoles en la revista Nature, referente de la mejor ciencia mundial.

La palabra pert en inglés significa atrevido, descarado, un adjetivo que encajaría con la audacia del proyecto, pero Liu aclara que, en su caso, PERT es solo el acrónimo de “prime editing-mediated readthrough of premature termination codons”. El nombre se podría traducir como lectura continua mediada por editores de calidad de codones de terminación prematuros, siendo los codones de terminación esas secuencias del ADN que marcan el final de la producción de una proteína.

David Liu, californiano de 52 años, recibió en abril el Premio Breakthrough de Ciencias de la Vida, dotado con tres millones de dólares y considerado una antesala del Nobel. Hay pocas dudas de que acabará ganando el galardón sueco. En 2012, la bioquímica francesa Emmanuelle Charpentier y la química estadounidense Jennifer Doudna se percataron de que unas tijeras microbianas se podían emplear para modificar el ADN humano y acabaron ganando el Nobel de Química. Aquella técnica ―bautizada CRISPR por el microbiólogo español que descubrió el fenómeno en las bacterias, Francis Mojica― era muy útil para dar un tijeretazo dirigido e inactivar un gen, pero quedó obsoleta rápidamente. En 2016, el equipo de David Liu inventó los editores de bases, derivados de los CRISPR iniciales, pero más precisos, comparables con un lápiz con goma de borrar, capaz de eliminar una sola letra del ADN y sustituirla por otra. En 2019, Liu anunció una nueva herramienta: la edición de calidad. “Es como un procesador de texto: puedes buscar una secuencia específica [en el ADN] y sustituirla entera por otra secuencia que tú quieras”, en sus propias palabras.

El biotecnólogo Lluís Montoliu no escatima elogios. “Esto va más allá de anunciar una nueva terapia génica. Sobre el papel, supuestamente, entre un 20% y un 30% de todas las mutaciones ahora podrían ser tratables, lo cual es para hacerle la ola a David Liu. Este señor es infinito en la cantidad de avances que es capaz de generar junto a su equipo en tan poco tiempo”, aplaude Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología, en Madrid. El 24% de las 200.000 mutaciones causantes de enfermedades son precisamente mutaciones sin sentido, como las ahora tratadas con éxito con PERT en el laboratorio.

Las instrucciones escritas en el ADN se transcriben en otro lenguaje genético, el ARN mensajero, que a su vez se traduce en proteínas gracias a otra pequeña molécula: el ARN de transferencia. El equipo de Liu ha utilizado su técnica de edición de calidad para diseñar un nuevo ARN de transferencia e instalarlo permanentemente en el genoma de las células. “De alguna manera estamos cambiando la gramática de la traducción de proteínas, para que cuando lleguen esos stops prematuros no sean el punto final de la frase, sino que siga la producción”, celebra Montoliu, vicepresidente de la Asociación para la Investigación Responsable e Innovación en Edición Genética.

“Es una idea brillantísima”, recalca el biotecnólogo español, que destaca el cambio de estrategia. “El problema de la terapia génica actual es que es una terapia de lujo, para muy pocas personas, extraordinariamente personalizada”, expone. “A pesar de que se nos llena la boca y aplaudimos cada vez que ocurre una nueva terapia génica, lo cierto es que si sumas todos los pacientes que han podido ser tratados son unas pocas decenas, estamos muy lejos de llegar a todos los pacientes de enfermedades raras. Se necesitan ideas distintas. Se necesitan estrategias innovadoras. Y esto es lo que nos presenta David Liu”, proclama Montoliu.

El biólogo Xurde Menéndez Caravia utiliza el editor de bases de David Liu para corregir mutaciones puntuales en el gen LMNA, asociadas a enfermedades del corazón. El investigador coincide en el adjetivo al describir la “brillantísima” nueva estrategia. “Es un estudio titánico, con una cantidad de trabajo cósmica. No es una técnica dirigida a corregir una mutación, ni siquiera a corregir una enfermedad concreta, sino potencialmente todas las enfermedades, o al menos varias, que estén causadas por los codones de parada”, reflexiona Menéndez Caravia, del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria, en Santander.

“Habrá que ver los efectos que tiene a largo plazo, pero, en líneas generales, abre una dimensión nueva en el campo de la edición génica, porque trata las enfermedades de manera agnóstica. Da igual la enfermedad que sea, lo que queremos es traspasar ese codón de parada prematuro, y este artículo lo hace brillantemente”, zanja Menéndez Caravia.

II

David Liu, químico: “Podemos corregir la inmensa mayoría de los errores en el ADN que causan las enfermedades genéticas”, en El País, por Manuel Ansede, 28 MAR 2023:

El científico ha inventado una revolucionaria herramienta para modificar el genoma que ya ha salvado la vida de una niña con un cáncer muy agresivo

La revista de la Universidad de Harvard publicó hace casi un par de décadas que a uno de sus profesores, el químico David Liu, le habían prohibido la entrada en unos casinos de Las Vegas cuando tenía 29 años, tras ganar demasiado dinero jugando al blackjack. Preguntado sobre si es una leyenda urbana, Liu sonríe. “Es parcialmente cierto. En realidad tenía 21 años y no fue solamente una noche”, responde entre carcajadas. El químico fue un joven prodigio. Con 26 años era profesor en Harvard. Con 31 ya era catedrático. Como diversión, utilizaba las matemáticas mentalmente para tener ventaja en el blackjack, un juego de naipes en el que gana quien suma 21 puntos. Con 43 años, en 2016, su equipo inventó los editores de bases, una herramienta para modificar el ADN con precisión que está revolucionando la medicina. Hace tres meses, un hospital de Londres anunció que había utilizado los editores de bases para salvar la vida de Alyssa, una niña de 13 años con una leucemia muy agresiva.

“Su cáncer está en remisión completa”, celebra Liu. El manual de funcionamiento de un ser humano, presente en cada célula, es un texto con más de 3.000 millones de letras químicas. Los errores en este ADN provocan el cáncer y multitud de enfermedades. Liu quiere reescribir este libro humano para eliminar las erratas. El químico californiano, nacido en Riverside hace 49 años, compara sus editores de bases con un lápiz con una goma de borrar, capaz de eliminar una sola letra y sustituirla por otra.

El equipo médico de Alyssa, del University College de Londres, empleó los editores de bases para modificar glóbulos blancos de un donante y ayudar a que atacasen a las células del cáncer de la niña. Las asombrosas técnicas de David Liu han dejado desfasadas las herramientas de edición genética anteriores, incluso las conocidas como CRISPR, inventadas en 2012 y ganadoras del Nobel de Química de 2020. El investigador compara las CRISPR originales con unas tijeras, útiles para inactivar genes de manera tosca, pero no para reescribir con precisión. Su propio lápiz con goma ya está siendo superado. En 2019, Liu anunció una nueva herramienta: la edición de calidad. “Es como un procesador de texto: puedes buscar una secuencia específica y sustituirla entera por otra secuencia que tú quieras”, explica por videoconferencia. Sus editores de calidad, todavía en fase experimental, pueden teóricamente corregir el 89% de las 75.000 variantes genéticas asociadas a enfermedades.

Pregunta. Hay 20 millones de nuevos casos de cáncer cada año en el mundo. ¿Cuántos de estos pacientes podrían beneficiarse de los editores de bases o de los editores de calidad?

Respuesta. El cáncer no es una enfermedad, son cientos de enfermedades. Y cada una de ellas presenta diferentes cambios moleculares que lo provocan. Creo que la estrategia utilizada con Alyssa es muy prometedora para pacientes con leucemia de las células T y posiblemente para otros tumores de la sangre, pero es muy pronto para saber qué papel pueden desempeñar estas herramientas en otros tipos de cáncer.

P. Esto parecía ciencia ficción en 2016, incluso para usted.

R. Estos editores de bases y editores de calidad no existen en la naturaleza. Son máquinas moleculares diseñadas. Me parece increíble que los seres humanos estemos tomando tan rápido el control de nuestros genomas y de las faltas de ortografía que provocan las enfermedades genéticas.

P. Hay 400 millones de personas afectadas por alguna de las 7.000 enfermedades causadas por mutaciones en un solo gen. Su colega Fyodor Urnov, de la Universidad de California en Berkeley, se preguntaba hace tres meses: “¿Por qué no las estamos curando ya?”. Él sostiene que los principales obstáculos no son técnicos, sino legales, financieros y de organización.

R. Estoy de acuerdo. Todavía hay desafíos técnicos y científicos importantes, como aprender a modificar el ADN de maneras que serían terapéuticas, pero que no sabemos hacer. Y, por supuesto, todavía no sabemos cómo llegar a determinados tejidos del cuerpo. Pero estoy de acuerdo con Fyodor en que existen barreras de fabricación, regulatorias y otras no científicas, que habrá que abordar si queremos maximizar el beneficio de estas tecnologías para la sociedad.

P. ¿Va a morir mucha gente por obstáculos que no son científicos?

R. Si alguien muere por una enfermedad, la culpa es de la enfermedad, no de los organismos reguladores. Los reguladores no matan a nadie. El objetivo es garantizar que estos tratamientos sean lo más eficaces que sea posible, pero también que sean seguros. La historia de la medicina está plagada de ejemplos en los que médicos y científicos bienintencionados no comprendieron suficientemente bien los efectos secundarios de sus terapias experimentales y acabaron perjudicando a los pacientes. El objetivo es evitar que esto ocurra.

P. ¿Usted cuántas cartas recibe de padres con niños con enfermedades genéticas?

R. Unas cinco o diez cartas cada semana. Intentamos responder a todas. En los inicios de los editores de bases, la tecnología podía arreglar pocas de las mutaciones de una sola letra que nos contaban, pero ahora casi siempre existe una tecnología para corregir el error, ya sea con editores de bases o con editores de calidad. En algunos casos, sin embargo, no se ha demostrado que corregir el error pueda realmente curar al paciente. En algunas enfermedades genéticas es tarde, porque el daño aparece muy pronto. En muchos casos, por desgracia, tengo que explicar a las personas que nos envían las cartas que hace falta una ciencia muy sólida para vincular una mutación genética a una enfermedad. Y también necesitas buenos modelos animales que imiten esa enfermedad. Para la mayoría de estas enfermedades no hay, por lo que es difícil probar si la edición genética puede funcionar. Y, por supuesto, aunque haya modelos animales, necesitas años de trabajo para demostrar que corregir una mutación puede corregir la enfermedad. Comprendo que pueda ser frustrante para la familia de un paciente saber que conocemos una tecnología que puede corregir un error en el ADN que podría ser la causa de la enfermedad genética que afecta a su hijo o a su hija. Sin embargo, la tecnología de edición genética no es suficiente por sí sola. Así que la buena noticia es que ya tenemos tecnologías que pueden corregir la inmensa mayoría de los errores en el ADN que causan las enfermedades genéticas conocidas. Pero, aunque este es un paso importante, necesitamos el resto de pasos para desarrollar estrategias terapéuticas.

P. Fyodor Urnov, en el mismo artículo publicado en The New York Times, calculaba que se necesitan cuatro años y unos 10 millones de dólares para obtener un fármaco de edición genética.

R. Diez millones suena correcto, incluso es una cifra baja. Yo diría que puede costar entre un millón y 100 millones de dólares. Y cuatro años me parece muy rápido. Me parece un plazo ambicioso para comenzar un ensayo clínico, pero no para obtener la autorización de un fármaco. Es un punto de vista importante, para que la gente se dé cuenta de que, cuando leen una noticia de que un tratamiento funciona en un animal, todavía faltan años de trabajo para que ese tratamiento esté disponible para los pacientes.

P. ¿Quién puede invertir 10 millones de dólares para desarrollar un fármaco que solo se puede utilizar en una persona con una mutación específica?

R. Esa es una de las principales cuestiones a las que se enfrenta nuestro campo. Ya estamos trabajando en algunas estrategias para intentar resolver este problema. Creo que hay algunas maneras de utilizar un agente de edición genética para tratar muchas mutaciones diferentes e incluso muchas enfermedades genéticas diferentes. Espero que podamos informar pronto de algunas novedades al respecto.

P. Después de la remisión del cáncer de Alyssa, ¿qué será lo próximo?

R. Hay cuatro ensayos clínicos en marcha con editores de bases. 

Uno de ellos es el de Alyssa, del University College de Londres. 

El primer ensayo que va a administrar editores de bases directamente en los pacientes [no en sus células en el laboratorio] es una colaboración entre las empresas Verve y Beam, para reducir niveles altísimos de colesterol malo relacionados con el gen PCSK9

El ensayo Beam-101, contra la enfermedad de células falciformes y la beta talasemia, ya está reclutando pacientes. 

Y también hay en marcha otro ensayo clínico en China para tratar la beta talasemia. Espero que Alyssa sea el preludio de muchos más resultados positivos.

P. ¿Cuándo se probarán los editores de calidad en un ensayo clínico en humanos?

R. Habría que preguntar a Prime Medicine, la empresa que está desarrollando tratamientos con editores de calidad. Esperan tener un fármaco en fase de investigación en 2024, así que espero que los ensayos clínicos empiecen pronto, en pocos años [David Liu es cofundador de las empresas Beam Therapeutics y de Prime Medicine].

P. ¿Cómo se imagina usted la medicina dentro de 10 años?

R. Me sentiría decepcionado si, dentro de 10 años, no tuviéramos bastantes ensayos clínicos, tanto con los editores de bases como con los editores de calidad. Y espero que tengamos los primeros fármacos aprobados que sean máquinas moleculares capaces de ir a la célula de un paciente y cambiar específicamente un error que cause una enfermedad genética. O, como están haciendo las empresas Verve y Beam, introducir un cambio preciso que disminuya tu riesgo de padecer una enfermedad grave. Si hacemos otra entrevista en 2033 espero que estén aprobados los primeros fármacos que nos permitan tomar el control de nuestros genomas, sin depender tanto de errores en nuestro ADN que determinan el destino genético de tantos millones de personas.

Espero que en 10 años estén aprobados los primeros fármacos que nos permitan tomar el control de nuestros genomas

P. Usted tuiteó el otro día que las personas somos accidentes felices.

R. Me refería al azar en la evolución. Los organismos evolucionan y sus mutaciones son parcialmente al azar. Que un gen evolucione de una manera o de otra se puede considerar un accidente feliz. La evolución depende de sucesos fortuitos que hacen que los resultados sean estocásticos, difíciles de predecir. En ese sentido, el hecho de que los humanos hayan evolucionado como lo han hecho es un poco una cuestión de suerte, o de mala suerte, según la perspectiva de cada uno. Como dijo [el biólogo estadounidense] Stephen Jay Gould, si rebobinas la película de la vida y vuelves a empezar desde el primer organismo en la sopa primigenia, volviendo a ver la evolución durante miles de millones de años, me sorprendería que todo acabe con nosotros hablando en esta entrevista. Hay abrumadoras probabilidades de que acabase con resultados muy diferentes.

P. Entonces, ¿usted no ve la mano de un Dios en ninguna parte en el ADN?

R. Es una pregunta difícil de responder. Sin comentarios [risas].

P. Usted apoyó una moratoria sobre la edición de la línea germinal [modificaciones heredables que se llevan a cabo en los óvulos, en los espermatozoides o en los propios embriones cuando son solo una célula], para impedir la creación de bebés modificados genéticamente. Fue en 2019. ¿Todavía apoya la moratoria?

R. No es una cuestión sencilla de blancos y negros, como en la mayoría de los asuntos importantes, pero creo que actualmente hay muy pocas razones para editar la línea germinal. Sí preveo que, en el futuro, habrá más casos, especialmente cuando ya se haya probado más la edición de células somáticas [células que no son ni óvulos ni espermatozoides] e incluso haya fármacos aprobados. Ese podría ser un mejor momento para analizar las ventajas y los inconvenientes de la edición genética de la línea germinal. Por ahora, creo que los riesgos éticos y científicos son demasiado altos como para justificar el escaso número de casos hipotéticos en los que se podría considerar necesaria la edición de la línea germinal.

P. ¿Qué tipo de casos se imagina en el futuro?

R. Bueno, en el futuro puede haber mayor voluntad de editar la línea germinal. Una vez que la edición genética de células somáticas esté lo suficientemente madura como para que haya un alto grado de confianza en su seguridad y eficacia, creo que la gente, con naturalidad, volverá a plantearse la edición de la línea germinal. Actualmente, no creo que deba ser una prioridad.

jueves, 16 de octubre de 2025

Avances contra el cáncer

 Publicado también en Jama. El número de personas con genes asociados al cáncer es mayor de lo esperado: estos son los más afectados. En El Confidencial, por F. S. B., 16/10/2025:

Un nuevo estudio ha analizado la información genética de más de 400.000 personas y ha concluido que la proporción de quienes presentan variantes conocidas de riesgo es algo mayor del 5%

Aunque la mayor parte de los casos de cáncer se consideran esporádicos, una parte se definen como hereditarios, ya que algunas personas llevan en su ADN variantes que aumentan el riesgo. Ahora, un equipo de investigadores ha analizado la información genética de más de 400.000 personas y ha concluido que la proporción de quienes presentan variantes conocidas de riesgo es algo mayor del 5%, una cifra es superior a la esperada: cerca del doble en variantes de los genes BRCA1 o BRCA2 y entre 10 y 20 veces superior en variantes relacionadas con cáncer de tiroides. Se trata del primer gran estudio de este tipo hasta fecha y ha sido publicado este jueves en la revista JAMA. En él, los investigadores han detectado que uno de cada 20 adultos porta mutaciones genéticas patogénicas que incrementan su riesgo de desarrollar algún tipo de cáncer. El hallazgo, basado en datos del programa estadounidense All of Us, sugiere que las actuales recomendaciones médicas podrían estar dejando fuera a millones de personas en riesgo. En concreto, analizaron los genomas de más de 414.000 participantes sin enfermedad diagnosticada, identificando variantes patogénicas o probablemente patogénicas (P/LPVs) en 72 genes de susceptibilidad al cáncer. En total, 20.968 individuos (el 5,05 %) portaban alguna de estas alteraciones, y 469 tenían mutaciones en más de un gen. “Este porcentaje es más alto de lo que se pensaba. Indica que la predisposición genética al cáncer es más común y diversa de lo que reflejan las actuales guías de cribado”, señalan los autores del estudio.

Los genes más afectados

El gen MUTYH, relacionado con el cáncer colorrectal hereditario, fue el más alterado (1,33 % de los participantes), seguido de BRCA2 (0,42 %) y MITF (0,37 %). Los síndromes hereditarios más frecuentes fueron:

Cáncer de mama y ovario hereditario (BRCA1/2): 2.636 casos.

Síndrome de Lynch, asociado al cáncer colorrectal y endometrial: 1.247 casos.

Paraganglioma-feocromocitoma hereditario: 801 casos.

El estudio encontró variaciones significativas entre grupos raciales, aunque no por sexo. Los participantes blancos presentaron la mayor prevalencia de mutaciones (5,72 %), mientras que los asiáticos mostraron la más baja. En 12 genes hubo diferencias relevantes entre individuos hispanos y no hispanos. En cualquier caso, los autores advierten, sin embargo, que la raza o la etnia no deben usarse como criterios clínicos, ya que no reflejan la verdadera ascendencia genética.

Para la experta Conxi Lázaro, que no ha participado en este trabajo, el estudio "pone de relieve que el número de variantes patogénicas en genes relacionados con la predisposición al cáncer hereditario es, probablemente, mayor a lo que se pensaba hace años y que los criterios personales/familiares para la realización de un estudio genético pueden dejar en algunos casos fuera de estudio a pacientes que podrían ser portadores. Aunque en el caso de alteraciones en genes de baja/moderada penetrancia también podría llevar a un sobrediagnóstico innecesario, si hay una ausencia total personal o familiar de historia relacionada con la predisposición en cuestión". Eso sí, Lázaro, que es jefa del grupo de investigación en Cáncer Hereditario del Instituto Catalán de Oncología-IDIBELL, aclara en declaraciones a la agencia SMC que "no constituye ningún motivo de alarma, solo resalta la importancia de la adecuada concienciación de los profesionales implicados y del adecuado asesoramiento genético en cuanto a los posibles hallazgos incidentales o secundarios cuando se realiza un estudio genético".

Diagnóstico más temprano

Los portadores de variantes patogénicas fueron más propensos a haber sido diagnosticados de cáncer (26,4 % frente al 19,7 %) y, en algunos genes, la enfermedad apareció a edades más tempranas. Por ejemplo, los portadores del gen STK11 tuvieron una edad media de diagnóstico de 31 años, y los de DICER1, de 35 años. En cuanto a las tasas halladas para BRCA1 (0,22%) y BRCA2 (0,42%), superan las estimaciones previas en ciertas poblaciones. Los autores sostienen que limitar las pruebas genéticas solo a pacientes con antecedentes familiares o diagnósticos específicos deja fuera a un gran número de portadores.

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Aun así, los investigadores piden prudencia: no se ha demostrado todavía que ampliar el cribado genético a toda la población sea rentable o clínicamente beneficioso. Estudios previos, sin embargo, han mostrado que la gestión estructurada de pacientes con mutaciones de alto riesgo puede ser coste-efectiva y salvar vidas. “Necesitamos evaluar la utilidad clínica y la viabilidad de extender las pruebas genéticas, pero los datos apuntan a que podríamos estar infradiagnosticando a una parte considerable de la población”, concluyen los autores.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

Hallado algoritmo epigenético para predecir el desarrollo del cáncer.

 El hallazgo de la ‘caja negra’ del cáncer abre la puerta a predecir la evolución de cada tumor, en El País, por Jessica Mouzo, 10 sept 2025:

Un estudio desarrolla un algoritmo que permite reconstruir cómo ha progresado cada enfermedad desde su origen y anticipar su progresión en el futuro.

El cáncer no es una enfermedad estática. Desde esa primera célula que se corrompe y empieza a reproducirse descontroladamente, el tumor crece, evoluciona y se diversifica. A veces, lo hace rápido; otras, más lento. Pero toda esa trayectoria vital queda grabada en algún lugar de las células tumorales y da pistas clave para entender cómo se comportará cada cáncer y predecir su evolución. Una nueva investigación científica, publicada este miércoles en la revista Nature, ha encontrado dónde se guarda toda esa información crucial de las células malignas y ha desarrollado un método epigenético para poder leerla e interpretarla. Según los autores, su programa bioinformático es capaz de descodificar la huella que deja el tumor desde su origen, reconstruir su historia evolutiva y anticipar, incluso, la progresión de la enfermedad.

Se trata de un algoritmo matemático que lee unas marcas, como un código de barras identitario, que deja la célula que dio lugar al tumor. Esas señales, que cambian a medida que el tumor crece y se diferencia, son como una especie de “caja negra” del tumor, explican los autores. Igual que en los aviones la caja negra registra todos los datos técnicos y conversaciones de cabina de la aeronave, en el cáncer, estas marcas epigenéticas —se llaman patrones de metilación fluctuante— revelan la identidad de las células malignas, permiten reconstruir cómo han evolucionado y también predecir cómo se comportará el tumor en el futuro. La investigación, liderada por científicos del Clínic-Idibaps de Barcelona y el Instituto de Investigación del Cáncer de Londres, se ha realizado a partir del estudio de unas 2.000 muestras de leucemias y linfomas, pero los autores creen que su metodología podría funcionar en todos los tipos de cáncer.

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Cuenta Iñaki Martín-Subero, investigador ICREA, jefe del grupo de Epigenómica Biomédica del Idibaps y coordinador de esta investigación, que una de las grandes trabas en el conocimiento del cáncer es, precisamente, “descifrar su pasado”. “Cuando llega un paciente con cáncer y se diagnostica, se obtiene una biopsia del tumor, pero lo que vemos de ahí es solo el momento presente [de la enfermedad]”, explica. Lo que ocurrió antes, desde que esa primera célula degenera hasta que el cáncer da la cara, sigue siendo una incógnita que puede lastrar, incluso, el abordaje terapéutico del paciente.

Esta investigación internacional, sin embargo, da un paso adelante para alumbrar la trayectoria evolutiva del cáncer desde su origen con una herramienta que no es, además, muy cara, por lo que facilita su viabilidad en la práctica clínica, apuntan los investigadores. Martín-Subero recurre al símil de la aviación para explicar sus hallazgos: “Igual que la caja negra registra los detalles del vuelo, hemos encontrado dónde se registran los datos del tumor: esta historia secreta del cáncer queda registrada en el epigenoma”.

El epigenoma es un entramado de compuestos químicos y proteínas que se pegan a los genes y, aunque no modifican su secuencia, sí provocan variaciones químicas que afectan a sus funciones. La metilación, por ejemplo, es uno de esos procesos epigenéticos que funciona como una especie de interruptor, apagando o encendiendo la actividad de los genes. Pero los investigadores han descubierto que ese mecanismo epigenético tiene una función adicional, pues “también actúa como un sistema que registra información sobre la identidad del tumor, cuándo empezó, a qué velocidad ha ido creciendo y si ha ido cambiando con el tiempo”, expone el científico.

La información necesaria para reconstruir la trayectoria evolutiva del tumor está ahí, en la metilación del ADN, pero descifrarla no es sencillo. A simple vista, en una representación sobre el papel, el patrón de metilación parece como la imagen de una televisión estropeada, con miles de puntos aleatorios distribuidos en una cuadrícula sin sentido alguno. De hecho, durante mucho tiempo, los investigadores pensaron que la información cobijada en esos patrones era “ruido de fondo” que estorbaba para el estudio de lo importante, admite Martín-Subero.

Su investigación, no obstante, ha revelado que esos patrones se pueden descodificar con modelos matemáticos y que ese presunto “ruido” contiene, en realidad, información valiosísima para el estudio del cáncer. “Lo que antes descartábamos, ahora hemos encontrado que es una mina de oro, nos da una información que estaba oculta a los ojos de todo el mundo”, reflexiona.

Los investigadores aplicaron una metodología basada en una tecnología que se ayuda de inteligencia artificial para interpretar esos patrones de metilación y descifraron esa “historia secreta”, en palabras de Martín-Subero: “Hemos podido saber, para cada uno de los tumores [en las 2.000 muestras analizadas], cuándo empezó a crecer, a qué velocidad ha crecido y cuál es su grado de diversidad celular”.

Anticipar la evolución del tumor

El científico asegura que esta descodificación puede tener implicaciones en la práctica clínica. “Hemos desarrollado una herramienta que nos permite entender cómo se ha desarrollado el cáncer y anticipar cómo va a evolucionar en el futuro”, sentencia. Y abunda: “Esta información del pasado nos permite saber si un cáncer será más agresivo en el futuro, si cambiará con el tiempo o incluso, en tumores como la leucemia linfática crónica, que no requiere tratamiento inmediato, podemos estimar cuándo será necesario tratar al paciente”.

Manel Esteller, profesor de Investigación ICREA en el Instituto contra la Leucemia Josep Carreras, se muestra cauteloso con los resultados. El investigador, que no ha participado en este estudio, ha apuntado, en declaraciones al portal Science Media Center España, que este trabajo es “teórico y necesitaría de una mayor validación experimental”, por lo que no se puede implementar en la práctica clínica ahora mismo. La herramienta computacional empleada es, a su juicio, “prometedora”, pero recuerda que ya existen “técnicas de análisis de metilación del ADN en célula única que combinan ya una rigurosa comprobación biológica de los resultados con novedosos algoritmos matemáticos y de inteligencia artificial que permiten obtener resultados similares a los presentados en este estudio para esta leucemia en concreto”.

Por su parte, Alejo Rodríguez Fraticelli, investigador ICREA del Institut de Recerca Biomèdica de Barcelona (IRB), asegura que es una investigación “muy interesante” y pone el foco en el bajo coste de la técnica desarrollada. “La verdadera innovación está en poder utilizar esta información en el epigenoma como códigos de barras moleculares para poder seguir la progresión de la enfermedad, pero a muy bajo coste”, apunta. Y augura que, en unos años, puede convertirse en una herramienta más en el arsenal de los oncólogos para diagnosticar la enfermedad y su progresión.

Martín-Subero admite que su metodología todavía no está disponible para ser utilizada en la práctica clínica convencional: “Hace falta que una empresa pueda llevar esto al mundo real”. Pero hace hincapié en que es “coste-efectiva para la información que aporta”. El investigador defiende, además, que esta investigación “abre un camino” para comprender mejor la biología del cáncer. “Si conocemos el pasado del cáncer, podemos adelantarnos a su futuro y hacer una mejor gestión de los recursos clínicos para un mejor tratamiento y una mejor estimación del pronóstico del paciente”.