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viernes, 31 de julio de 2026

Entrevista con el psicólogo danés Svend Brinkmann, que publica en español un nuevo libro.

 Svend Brinkmann, psicólogo: “Si pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido”, en El País, Daniel Mediavilla, Madrid - 31 JUL 2026:

 El psicólogo reivindica valores y pensadores clásicos frente a la instrumentalización de la cultura de la búsqueda de tu mejor versión

 Svend Brinkmann (Herning, Dinamarca, 50 años) reconoce que tiene tendencia a la nostalgia. Este psicólogo y filósofo, que da clases en la Universidad de Aalborg, ha dedicado años a combatir uno de los fetiches de la cultura contemporánea: la búsqueda permanente de la mejor versión de uno mismo. Según él, vivimos en una sociedad que valora todo —el trabajo, la educación e incluso las relaciones personales y el ocio— en la medida en que nos acerca al éxito personal y lo instrumentaliza todo.

Como alternativa, propone recuperar como faros de nuestras vidas principios con valor intrínseco. En un libro que se acaba de publicar en español, Puntos de apoyo: Diez ideas atemporales para sostener una vida con sentido, Brinkmann se apoya en pensadores como Aristóteles, Kant, Hannah Arendt o Albert Camus para reivindicar bienes eternos como la dignidad, la libertad, el perdón o el amor.

El libro nos prohíbe preguntarnos continuamente “¿qué gano yo con esto?" y anima a comprometerse con los demás a través de vínculos valiosos que muchas veces no tienen utilidad inmediata. Brinkmann es consciente de la ironía de que su libro se venda en las secciones de autoayuda de las librerías y a él se le entreviste en la sección de Bienestar de un periódico.

Pregunta. Usted empezó a hablar de estos temas hace más de 10 años. Desde entonces, el negocio del desarrollo personal ha crecido exponencialmente en redes sociales. ¿De dónde viene y por qué tiene tanto éxito?

Respuesta. Veo varias fuerzas convergiendo culturalmente. Una es la individualización, incluso la atomización. Hemos renunciado a mejorar la sociedad colectivamente y, en su lugar, intentamos mejorarnos individualmente. Eso es una gran pérdida para una especie social. No estamos hechos para vivir como átomos, uno junto a otro, sino para cooperar y desarrollar buenas vidas juntos. Cuando escribí Stand Firm hace más de 10 años, criticaba un ethos estereotípicamente femenino: conectar con las emociones, el autocuidado. Pero ese tipo de autosuperación ha sido en gran parte desplazado por un ethos más masculino —fuerte, independiente, el “looksmaxing”—, sobre todo tras la segunda victoria electoral de Trump. Escribiría el libro de otra manera si lo hiciera hoy, porque el espíritu de la época está cambiando muy rápido. Pero en el fondo los veo como dos caras del mismo fenómeno: ambos le dicen al individuo que no necesita pensar en los demás, en las relaciones, solo en sí mismo. Es la misma atomización con dos reacciones distintas.

P. En su libro habla de filósofos y valores clásicos que estos influencers masculinos también invocan —la dignidad, cumplir las promesas—, pero con un tono de “sálvese quien pueda” individualista.

R. El estoicismo en particular se ha vuelto muy popular en estos círculos, y esta versión contemporánea no tiene mucho que ver con las ideas griegas y romanas originales. Hoy la dignidad y la responsabilidad se instrumentalizan. Su valor se hace relativo a para qué te sirven, y eso es justo lo contrario de lo que digo en mi libro. Critico la tendencia a instrumentalizar el amor, el perdón, la dignidad, la libertad. Estos fenómenos no son valiosos porque te ayuden; la pregunta no debería ser “¿qué gano yo con esto?”. No existen para hacerte tener éxito, existen como rasgos importantes por derecho propio. Cometemos un gran error al convertirlos en herramientas de desarrollo personal, y eso es lo que veo en estos influencers que están surgiendo por todas partes.

P. ¿Por qué recuperar estas ideas ahora, si en principio todo el mundo está de acuerdo con esos principios?

R. Vivimos obsesionados con lo nuevo, con la innovación y la disrupción. Yo intento contrarrestar eso diciendo: tenemos ideas viejas y no son malas por serlo; pueden ser muy buenas precisamente porque han sobrevivido milenios, son temas casi eternos de la existencia humana. Podemos entrar en conversación con quienes nos precedieron. Y creo que esas ideas nos unen. Seas ateo, cristiano o musulmán, vivas hoy o hace 200 años, son temas humanos básicos. Sé que suena ingenuo dados los tiempos que corren, pero necesitamos algún tipo de unificación como humanos, porque hay mucha división. Si no identificamos temas comunes, no sé cómo podemos seguir viviendo juntos.

P. Usted cita a Hannah Arendt: si no compartimos una idea de lo verdadero y lo falso, no podemos convivir. Hoy, quizá más que nunca, un político que respeta la verdad del otro pierde competitividad frente a quien no lo hace. ¿Cómo se puede pedir respeto a la verdad en esas condiciones?

R. Lo que usted describe es lo que el filósofo Harry Frankfurt llamó bullshit. Ni siquiera es mentir, es ignorar por completo la diferencia entre verdadero y falso. Sería una pesadilla para alguien como Arendt presenciar esto: gente que no se preocupa por la verdad y dice lo que le conviene, una instrumentalización de la verdad que ayuda a ganar elecciones. Pero lo que encuentro inspirador en ella es la idea de que, aunque no haya verdad, podemos ser veraces; aunque no haya certeza fiable, podemos ser fiables. Es exigente, y puede que ni siquiera te recompensen, porque quien intenta ser veraz puede perder frente a quien no le importa la verdad. Pero eso no importa, porque ser veraz tiene un valor inherente. Es un imperativo moral incondicional, necesario para contrarrestar esta instrumentalización. El objetivo no es ganar algo haciéndolo, es hacerlo porque es correcto en sí mismo.

P. Pero entonces, ¿de verdad se vive mejor siguiendo estos principios, o se acaba siendo una especie de mártir?

R. Se lleva una vida mucho mejor, aunque no en el sentido simple de sentirse bien todo el tiempo, el bienestar subjetivo que medimos en psicología. Una buena vida es hacer algo con sentido: amar, perdonar. Hablando del perdón, por ejemplo, la pregunta típica es “¿qué gano yo perdonando?”. En el momento en que te haces esa pregunta ya no puedes perdonar, porque lo conviertes en un trato. El perdón es incondicional. Como decía Derrida, el perdón solo perdona lo imperdonable. Si algo es perdonable, no hay razón para perdonarlo, así que solo es posible cuando es imposible. Es una paradoja profunda que implica que en el momento en que pones condiciones al perdón, al amor o a la libertad, ya los has destruido. Sé que todo el mundo preguntará “¿pero qué gano yo?”, y el solo hecho de preguntarlo es prueba de que ya no entendemos estos fenómenos. No señalo a los individuos, sino a esta cultura que ha perdido el sentido de que algo puede tener valor inherente. Deberíamos decir la verdad porque es intrínsecamente correcto, no porque nos haga ricos o felices.

P. Cuando dice que algo es bueno inherentemente, ¿de dónde viene eso? ¿Dios, la evolución?

R. Yo no pienso que venga de un dios, aunque respeto a quien lo interprete así. Lo veo como parte de la naturaleza de la realidad, igual que 2 más 2 es 4. No viene de nada, simplemente es. No necesitas un dios para explicarlo. Del mismo modo, algunas acciones humanas se legitiman a sí mismas. Si ayudas a alguien caído en la calle, la razón para ayudar es que ayudas a la otra persona, no que a ti te haga feliz. Son fenómenos que no exigen explicación. Sí, tienen trasfondo evolutivo, porque hemos evolucionado para poder amar y ayudar, pero la evolución no explica por qué son valiosos, igual que no explica por qué 2 más 2 es 4. Es parte del tejido del mundo, ontológicamente cierto.

P. ¿No se le puede acusar de nostalgia? Aristóteles defendía la esclavitud y el pasado está lleno de atrocidades.

R. Tengo tendencia a la nostalgia, lo admito. Pero la nostalgia también es útil: nos recuerda que las cosas pueden ser distintas, porque una vez lo fueron, para bien y para mal. No hay que tomar a Aristóteles al pie de la letra, sino quedarnos con lo esencial de su pensamiento. Para él lo esencial es que los humanos pueden ser seres racionales. Hoy sabemos que las mujeres son tan humanas como los hombres y que esclavizar es intrínsecamente incorrecto. Eso otro son rasgos accidentales de su filosofía que debemos dejar atrás.

P. Uno de los capítulos del libro menciona que el amor real requiere aceptar al otro tal cual es. Ahora vemos a gente, como la cantante Rosalía, que se refugian en lo religioso, porque los hombres decepcionan y Dios nunca lo hace. ¿Qué piensa de eso?

R. Lo entiendo. Si miro mi algoritmo es fácil concluir que los humanos no valen nada. Pero nos engañamos contándonos que somos terribles. Hacemos cosas terribles de vez en cuando, pero son excepciones, y por eso se habla de ellas. En las crisis, la gente tiende a comportarse muy bien, se ayuda sin motivo egoísta, incluso sacrifica su vida por otros. Me asusta el cinismo que dice “los demás son egoístas, así que yo también lo seré”. Se convierte en profecía autocumplida. Somos una especie básicamente altruista. Como decía Hemingway, solo hay una manera de saber si puedes confiar en alguien: confiando en esa persona. Nos decepcionamos a veces, pero este retraimiento de la humanidad —y del sexo opuesto— es triste y corre el riesgo de retroalimentarse.

P. Vivir según estos valores es duro y no se puede hacer solo. Hace falta apoyo social, pero venimos de un bucle de más individualismo y desconfianza. ¿Cómo se rompe?

R. Solo podemos romper estos círculos viciosos con apoyo social, aunque las comunidades muy unidas también pueden ser opresivas y no dejar espacio a la individualidad. Como decía antes, solo se rompe rompiéndolo. Si pasas la vida preparándote para perdonar, amar o vivir con dignidad, puedes acabar no haciéndolo nunca. Y si la comunidad que te rodea no es buena en sí misma, podemos pertenecer a varias comunidades en vez de solo una. Hoy, gracias a la tecnología, no estamos atrapados en una sola burbuja. Como psicólogo, vengo de una disciplina que dice que la solución a casi todo son los otros humanos, aunque los humanos seamos a menudo muy molestos. Por eso creo que la clave no es solo estar con otros, sino hacer algo junto a otros: comprometerse en la política local, en alguna causa común. Eso nos hace felices, en el sentido más simple también, porque estamos hechos así. Pero ojo con la paradoja. Si buscamos hacer algo junto a otros para ser felices, deja de funcionar, porque instrumentalizamos lo importante. No nos hacemos felices buscando la felicidad, sino haciendo algo con sentido junto a otros.

domingo, 28 de junio de 2026

Frases de sabios

Para todos los que educan, que son todos: "El pensamiento condiciona la acción; la acción determina el comportamiento; el comportamiento repetido crea hábitos; los hábitos estructuran el carácter, la manera de pensar, ser y actuar; y el carácter marca el destino". Aristóteles.

Para los que procastinan: "Lo que no empieza hoy, nunca termina mañana", J. W. von Goethe.

Para los que heredan su riqueza: "Ningún legado es tan rico como la honestidad". William Shakespeare.

Para el bocachancla: "El sabio no dice todo lo que piensa, pero piensa todo lo que dice", Aristóteles.

Para los pródigos y derrochadores: "La mayor riqueza es vivir contento con poco", Platón.

Para los pesimistas:  "No podemos cambiar el viento, pero sí ajustar las velas", Aristóteles.

Para los perseguidos: "No hay camino a la libertad, la libertad es el camino", Mahatma Gandhi.

jueves, 25 de junio de 2026

Experiencias de ayahuasca

 [Debo advertir que ni los diabéticos, ni los enfermos digestivos, ni los que sufran trastornos neurológicos o psicológicos y tomen fármacos antidepresivos deben experimentar con ayahuasca, porque sufrirán psicosis o el mortal síndrome serotoninérgico]

 ¿La ayahuasca te ayudó a afrontar algunas cosas que no querías afrontar o para las que no estabas preparado? El radiólogo y empresario de bienes raíces estadounidense Karl Pierre, hace seis años, documentó su experiencia con esta sustancia psicoactiva en un retiro rigurosamente controlado en Cuzco, y lo recogió en tres vídeos. Los puedes encontrar en este enlace: My ayahuasca journey.

Escribió: "Me hizo enfrentar todos los pensamientos subconscientes que ignoro. Por ejemplo, malas relaciones, problemas laborales que se barren bajo la alfombra. Pero un ejemplo claro fue mi constante frustración con el equilibrio entre la vida laboral y personal, y el resultado final fue que estaba sobrecargado de trabajo y de mal humor todo el tiempo. Sentía que no tenía tiempo para mí y que seguía trabajando para el beneficio de los demás, ya fuera mi familia, el público o mis empleados, para darme cuenta de que ninguno de ellos se preocupaba por mí. Nadie piensa en cómo va a pagar Karl sus cuentas, nadie piensa en cómo puedo ayudar a Karl a ganar más dinero. Entonces tuve que aceptar que las personas son egocéntricas por naturaleza y que yo también tengo que serlo. La solución es eliminar todos los proyectos de bajo nivel, las cosas que dan poco rendimiento, no preocuparme por cómo las personas se mantienen a sí mismas según mis prácticas comerciales. Enfocarme en los proyectos de alto nivel que merecen mi tiempo, ya que seré el principal beneficiario del esfuerzo. Hacerme tiempo ahora, no más de 8 tareas al día, no más trabajo después de las 5 p. m. Los fines de semana son mi tiempo, las tardes igual. Y entonces vuelves comprendiendo perfectamente lo que tienes que hacer para liberarte de ese patrón de pensamiento negativo. Es como decir: "Ves la tontería... ¿entiendes por qué ocurre?... ahora puedes cortar con eso y liberarte de esa carga o seguir sintiendo esa horrible sensación... tú eliges". Si eres una persona generosa, puede resultar agotador cuando estás rodeado de personas que solo reciben. Hay un dicho que escuché: "Quienes dan deben poner límites, porque quienes solo reciben nunca lo hacen". Me siento de maravilla. No me embarqué en esta aventura porque buscara algo conscientemente; un amigo quería probarla porque era algo que quería hacer antes de morir. Acepté su invitación, la añadí a la mía y el resto es historia. En general, me siento más feliz, veo la vida desde otra perspectiva, soy más consciente de mis pensamientos y acciones autodestructivas, y he logrado mejorar mi motivación y disminuir algunos malos hábitos.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Las siete cosas de las que mejor es callar, según el Talmud

  1 - Grandes planes y sueños.

2 - La cantidad de dinero que uno tiene.

3 - Los detalles íntimos de la vida matrimonial.

4 - Los secretos ajenos que nos fueron confiados.

5 - Tus verdaderas ambiciones y deseo de éxito.

6 - Tus experiencias espirituales.

7 - Tus pecados pasados.

Existen siete temas de los que no se debe hablar con nadie, ni siquiera con los más cercanos, ni con la madre, ni con el esposo o la esposa.

Nunca, recuerden, nunca hablen de estos temas. Aunque piensen "pero es mi madre o mi esposa, puedo contarle todo, no hay cosa que deben permanecer en absoluto secreto". El Talmud advierte: "la muerte y la vida están en poder de la lengua." Algunas palabras pronunciadas en voz alta atraen la desgracia. Algunos temas, incluso discutidos con los más íntimos, abren la puerta a la desgracia.

Los sabios judíos vieron como un solo tema tratado con imprudencia podía destruir vidas. Hoy les hablaré de siete temas de silencio absoluto, de siete cosas que deben permanecer solo con ustedes mismos.

Tema uno, tus grandes planes y sueños.

El primer tema del silencio absoluto son tus grandes planes y tus sueños más profundos.

El Talmud advierte: "no hables de tus planes hasta que se cumplan, ni siquiera con tus seres queridos,

especialmente con ellos." ¿Por qué? por tres razones: 

1. Pérdida de energía. Cuando hablas de un plan, tu cerebro recibe una satisfacción falsa. Ya has obtenido reconocimiento. ¿Para qué esforzarte más? Los sabios dicen: "Las palabras se llevan la fuerza de la acción."

2. Sabotaje. Incluso los padres amorosos pueden sabotear tus planes sin querer, por miedo. Y si no funciona, sus dudas se convierten en las tuyas. Mal de ojo, envidia. La historia de José es una advertencia directa: contó a sus hermanos sus sueños. Resultado: lo vendieron como esclavo sus propios hermanos. Rabí de Breslov enseñaba: "Guarda tus sueños en secreto, como el jardinero guarda la semilla bajo la tierra. Cuando el brote salga a la luz, entonces muéstralo al mundo."

Tema dos, tus ingresos y ahorros exactos.

El segundo  tema de absoluto secreto son las cantidades exactas de tu dinero.

El Talmud advierte: "la bendición solo desciende sobre aquello que está oculto a los ojos." Y cuando hablas de tu dinero, lo abres al mal de ojo. Los cabalistas explican: el dinero es energía, y cuando dices "tengo un millón" creas un canal energético. Y si en la mente de quien te escucha hay, aunque sea una gota de envidia, preocupación o miedo, esa energía empieza a filtrarse. Incluso si tus familiares se alegran sinceramente por ti, saber las cifras exactas genera expectativas de ayuda concreta, comparaciones con su propia situación, consejos sobre cómo gastar tu dinero.

Rabí Akiba decía: "La pobreza comienza cuando todos saben cuánto dinero tienes." Puedes decir: "Todo va bien conmigo", pero las cifras exactas nunca.

Tema tres, los detalles íntimos de la vida matrimonial.

El tercer tema prohibido son los detalles íntimos de tu matrimonio.

El Talmud enseña: "El esposo y la esposa son una sola carne. Tu matrimonio es el santo de los santos. Ni siquiera los padres pueden entrar allí. Cuando le cuentas a tu madre o a cualquier otra persona los detalles íntimos de tu vida conyugal, tú traicionas a tu cónyuge, expones lo más sagrado al público, invitas a un tercero a tu matrimonio. Ya no son dos, sino tres. Y la madre siempre estará de tu lado, incluso cuando no tengas razón. Creas una imagen. Tú perdonarás la ofensa en un día, pero tu madre la recordará para siempre. Rashi comenta: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre."

Es la creación de una nueva unidad independiente con sus propios límites, incluso frente a los padres. Hay cosas que solo deben conocer el esposo, la esposa y el Altísimo. Los cabalistas enseñan la santidad del matrimonio solo se preserva mediante el secreto. Cuando ese secreto e revela, la santidad se desvanece.

Tema cuatro, los secretos ajenos.

El cuarto tema del silencio absoluto son los secretos que te han confiado. "Pero a mi madre puedo contárselo. Ella no dirá nada." Así piensan todos y todos se equivocan. Y Fetheim escribió:  "Lo que te fue confiado en secreto debe morir contigo." ¿Por qué? Porque la confianza es sagrada. Cuando alguien te entrega un secreto, te entrega una parte de su alma. Traicionar eso significa traicionar la esencia misma de las relaciones humanas.

Las palabras tienen alas. Le cuentas algo en secreto a tu madre. Tu madre se lo dice a tu padre; tu padre al hermano, y pronto todo el pueblo lo sabe. Es una prueba  del alma. Los rabinos dicen: "Por la capacidad de guardar secretos se conoce al ser humano." Si te confiaron un secreto, llévalo contigo a la tumba.Y si necesitas consejo, pide orientación sin mencionar nombres ni detalles.

Tema 5: tus verdaderas ambiciones y deseo de éxito.

El quinto tema prohibido son tus auténticas ambiciones, la magnitud de tus metas y tu sed de grandeza.

Pero, ¿por qué no puedo contar que quiero ser millonario o que sueño con cambiar el mundo? ¿Acaso mis seres queridos no deberían saber mis aspiraciones? Y he aquí porque el Talmud enseña: "Los grandes sueños requieren un gran silencio. Cuando hablas de tus metas grandiosas, corres que nazcan.

La primera razón, el mal de ojo, crece en proporción al tamaño del sueño. Los cabalistas explican, cuanto mayor es la ambición, más fuerte es el mal de ojo que atrae. Y si dices: "Quiero abrir una tiendecita" es una cosa, pero si dices: "Quiero construir un imperio, el allin hará mal de ojo. Se multiplica mil veces. Incluso una madre amorosa en lo más profundo de su alma puede sentir miedo. ¿Y si no lo logra? ¿Y si cae desde tan alto? Y ese miedo ya es mal de ojo. El pensamiento se materializa.

Segunda razón, los seres queridos te bajan a tierra por amor. Tus familiares te aman, pero precisamente por eso temen verte caer cuando dices: "Quiero ser el hombre más rico de la ciudad." O "quiero cambiar el mundo". Ellos, movidos por amor responden: "No apuntes tan alto. Sé realista. Es peligroso. Piensa en la familia."

Y si no funciona, mejor es una meta más pequeña.

Tu padre también soñó, pero la vida puso todo en su sitio y cada una de esas frases es un clavo en el ataúd de tu sueño no por maldad, sino por amor y miedo a que sufras.

Rabin Hajahmán advertía: "Las mayores metas no las matan los enemigos, las matan los parientes amorosos que intentan protegerte de las desilusiones. 

Tercera razón: las ambiciones despiertan envidia secreta. Incluso si tus padres se sienten orgullosos de ti, cuando hablas de tus grandes ambiciones, en lo más profundo de su alma puede surgir un pensamiento: "Él quiere más de lo que yo logré" y eso hiere su ego, aunque sea de forma inconsciente. El Talmud dice, "No existe persona libre de envidia. Ni siquiera los padres hacia sus hijos, especialmente cuando los hijos aspiran a aquello que los padres no alcanzaron."

Cuarta razón, pierdes la fuerza mística del deseo. Los cabalistas enseñan que la ambición es una energía espiritual. Cuando la mantienes dentro, arde como un horno y te impulsa a actuar, pero cuando la sueltas con palabras se disipa como el vapor. Recibes la aprobación de tus seres queridos. "¡Qué bien, bravo!", y tu mente piensa: "Ya soy exitoso, ya me han elogiado." La energía de la acción se evapora.

Los sabios dicen, "Las palabras sobre la ambición son el enemigo de los logros." Una historia del Talmud: Había un joven que quería convertirse en un gran rabino, superar a todos los maestros de su tiempo. Se lo contó a su padre. El padre, un hombre sencillo, se asustó de semejante orgullo y empezó a disuadirlo. El joven obedeció, sofocó sus ambiciones, se volvió más modesto y terminó siendo un maestro común, pero pudo haber sido grande.

Años después fue a ver a un sabio arrepentido y el sabio le dijo, "Tu error no fue tener grandes ambiciones, tu error fue revelarlas a la persona equivocada." Los grandes sueños deben guardarse entre tú y el Altísimo.

Los hombres, incluso los que te aman, son demasiado pequeños para contener tu grandeza.

¿Qué hacer? 10 grandes ambiciones.

Sueña con lo imposible. 

Si deseas ser grande, desea serlo.

El Altísimo ama a los soñadores audaces, pero guarda esas ambiciones en secreto.

Habla con tus seres queridos solo de los pasos concretos: "Estoy abriendo un negocio. Estoy aprendiendo algo nuevo..." pero no del tamaño del objetivo final.

Trabaja en silencio, alcanza en silencio.

Y, cuando tu ambición se cumpla, entonces todos lo verán sin palabras.

Rabí Aquiba enseñaba: "El río silencioso abre los cañones más profundos." Que tus ambiciones sean ese río silencioso, poderoso, imparable, pero sin ruido.

Tema seis, tus experiencias espirituales.

El sexto tema del secreto absoluto son tus profundas vivencias y revelaciones espirituales.

El apóstol Pablo escribió sobre un hombre que fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no le es dado expresar. Fíjate: no le es dado expresar. ¿Por qué? Porque lo sagrado no es para todos.

Jesús dijo: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos". Lo santo puede ser malinterpretado, ridiculizado. Incluso una madre amorosa podría decirte "te lo imaginaste." Y tus perlas serían pisoteadas.

El peligro del orgullo.

Al hablar de experiencias espirituales, corres peligro: "Miren qué espiritual soy". Rabí Nahmán enseñaba: "La verdadera cercanía con Dios está en secreto. La espiritualidad exhibida es teatro. Pérdida de fuerza." Los cabalistas enseñan: "La energía espiritual  se disipa cuando se habla de ella." Tu experiencia guardada en silencio alimentará tu alma durante años; contada, desaparecerá como la niebla de la mañana.

Tema siete, tus pecados pasados.

El séptimo tema del silencio absoluto son tus pecados pasados, aquellos de los que ya te has apartado.

El Talmud enseña, si una persona ha pecado y se ha arrepentido, no se le recuerde su pecado y tampoco te lo recuerdes tú mismo contándoselo a los demás. Cuando Dios perdona el pecado, él lo olvida.

Tan lejos como está el Oriente del Occidente, así alejó Él de nosotros nuestras iniquidades. Pero cuando hablas de tu pecado pasado, tú le devuelves la vida al pecado: estaba muerto, enterrado, olvidado por Dios. Y lo resucitas con tus palabras, creas una imagen de ti mismo. Tu madre recordará:  "Mi hijo hizo eso." Aunque te haya perdonado, la memoria queda.

Das un arma en un momento de ira. Incluso una madre amorosa puede decir: "Tú siempre has sido así." Puedes tentar a otros al contar tu pecado: despiertas curiosidad: "¿Y si yo también lo pruebo...?"

En resumen, el largo silencio es la protección del alma sobre tus planes hasta que se cumplan, sobre el dinero, siempre, sobre el matrimonio para toda la vida, sobre los secretos ajenos hasta la muerte, sobre tus miedos mientras vivas, sobre lo espiritual, hasta la eternidad sobre los pecados pasados después del arrepentimiento.

Los sabios dicen: "Las palabras son de plata, el silencio es de oro, pero el silencio sobre lo sagrado es un diamante."

Guarda estos siete secretos, no por desconfianza hacia los tuyos, sino por sabiduría y protección. Hay cosas tan valiosas que al ser dichas en voz alta pierden su fuerza. Que tu corazón sea cálido con tus seres queridos, pero sabio en el silencio.

jueves, 1 de enero de 2026

Tres preguntas que hacerse antes de una decisión que nos atasca

 Tres preguntas que ayudan a tomar una decisión si estamos paralizados, en El País, por Patricia Fernández Martín, 1 ENE 2026:

La paradoja de la elección: tener más opciones no nos hace más libres sino más insatisfechos. Tener claros nuestros valores y prioridades ayuda a evitar el inmovilismo y la ansiedad ante las alternativas infinitas

En una época en la que parece que podemos elegirlo todo, nunca nos habíamos sentido tan inseguros como ahora. La promesa de libertad ilimitada se ha transformado en una fuente constante de ansiedad. Tener más opciones no siempre significa más bienestar, a veces implica tener más dudas, más culpa y más vacío. Este fenómeno se ha llamado parálisis por elección y ocurre cuando el exceso de posibilidades nos impide decidir. El cerebro se bloquea, dudamos, comparamos, postergamos… Al final, elegimos con la sensación de haber fracasado en algo. Esa indecisión cotidiana es el reflejo de un malestar contemporáneo: la dificultad de tolerar la renuncia que implica cualquier decisión.

El psicólogo Barry Schwartz ha definido este conflicto como la paradoja de la elección: más opciones no nos hacen más libres, sino más insatisfechos. En una cultura que premia la perfección, el error se vive como un fracaso personal y activa el sistema de amenaza del cerebro. Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía, demostró que nuestra mente no está preparada para procesar tanta información ni para sostener tanta ambigüedad. Dudamos porque nos invade el miedo a elegir mal. Aparecen el FOMO (miedo a perder algo) y el FOBO (miedo a elegir mal). Ambos bloquean el movimiento. El resultado es un tipo de ansiedad que muchas personas describen como agotamiento mental, procrastinación o insatisfacción amplificada por las redes sociales. Nos asomamos a vidas ideales y aparentemente perfectas. Elegimos desde la comparación y no desde el deseo genuino. Así, la identidad se vuelve un proyecto en permanente revisión. Y cuanto más nos comparamos, más nos alejamos de lo que somos. El filósofo Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, señala que la sobreabundancia de estímulos destruye el deseo. Demasiadas posibilidades saturan el sistema dopaminérgico. Mientras dudamos, cabe preguntarse quién gana en este sistema. Las plataformas digitales se benefician de nuestra atención dividida: cuanto más tiempo pasamos comparando o postergando, más rentables somos. El capitalismo emocional se alimenta de nuestra inseguridad y de la promesa de una opción mejor. Una sociedad indecisa, saturada y cansada es también más manipulable.

Las investigaciones en neurociencia muestran que más del 90% de nuestras decisiones se toman de forma automática, guiadas por emociones y experiencias previas. De hecho, como señala Gerald Zaltman, profesor de Harvard, “el 95% de nuestras decisiones se toman subconscientemente”, lo que refuerza la idea de que decidimos mucho más desde la emoción que desde el análisis racional. Por lo tanto, la indecisión no siempre tiene que ver con la falta de información o con que necesitemos más opciones, sino con la dificultad de una verdadera conexión emocional. Dudar de manera prolongada, en muchos casos, también es un mecanismo de defensa. Nos protege del malestar que imaginamos tras un posible error: la culpa, la decepción o la mirada ajena. Por ejemplo, una persona que rechaza un nuevo trabajo “porque no está segura” quizá no esté dudando del empleo ni necesite más información, sino que su conflicto viene de su incapacidad para tolerar el cambio o decepcionar a su entorno.

La psicología señala varios antídotos ante el vértigo de la elección: conexión con los valores y el sentido, pausa y reconceptualizar lo que significa la libertad. La terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), por ejemplo, propone un cambio de enfoque: elegir desde los valores, que no son metas concretas como tener éxito o ser feliz, sino direcciones vitales. Por ejemplo, si uno de mis valores es cuidar, puedo expresar ese valor siendo médico o maestro: lo esencial no es el rol, sino la coherencia con uno mismo. Esto está relacionado con el propósito como brújula interior que orienta las decisiones: para qué hago las cosas. La construcción de este sentido implica revisar vínculos y prioridades. Es importante parar para escuchar emociones y detener la voz autocrítica.

Existen algunas preguntas que pueden ayudar antes de decidir:

—¿Qué haría si no tuviera miedo a equivocarme?

—¿Esta decisión me da paz o ansiedad?

—¿De quién es el deseo que me mueve?

La parálisis por elección no es un defecto personal, sino un síntoma de una sociedad saturada de estímulos. Mucha de la insatisfacción del individuo actual emerge de ello y de nuestro entorno. Aprender a elegir no consiste solo en tener más opciones o analizarlas de forma obsesiva y neurótica, sino en conectar con lo esencial. Para ello es importante aceptar la pérdida que implica cada elección, sostener la duda sin huir de ella y decidir desde la coherencia interna más que desde el miedo. Quizás elegir hoy en día consista en eso: detenerse, aprender a escucharse y avanzar con sentido. No se trata de acertar, sino de vivir en paz con lo que se elija.

Patricia Fernández Martín es psicóloga clínica

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Formas neurológicas de desarrollar la voluntad.

  [Excerpta tomada de Quora]:

 I

¿Cuándo algo te gusta necesitas motivación?

Todo lo contrario, podemos pecar de ser incapaces de "dejar de hacer".

Por tanto:

Disfruta de la acción en sí misma, porque es la prueba de tu existencia.

Disfruta de tu paseo como disfrutaría el inválido de volver a andar.

Disfruta de comer como el hambriento disfrutaría, o el sediento de beber.

Disfruta de respirar, como aquel que estuvo a punto de ahogarse.

Disfruta de hablar como aquel que se recuperó de un ictus.

Disfruta del contacto social, como aquel que estuvo décadas en una cárcel.

Disfruta de poder expresarte, como aquel que se liberó de una represión.

Disfruta de conocer, como aquel que empezó una vocación tardía.

Disfruta de poder elegir como aquel que por fin pudo.

No hay excusas.

Se puede disfrutar de cualquier cosa.

Incluso, disfrutar de poder hacer lo que estés "obligado-a-hacer".

Disfruta de tu responsabilidad.

Disfruta de tener palabra.

Disfruta de ser ordenado-a, disciplinado-a, y constante.

Disfruta de elegir y cumplir.

Disfruta de ser fiel a ti mismo.

Disfruta de tus errores como el niño o la niña que se ilusiona por aprender y se levanta casi antes de tocar el suelo.

Y finalmente, pero no por ello menos importante, disfruta de no hacer nada.

II

Tener fuerza de voluntad supone trabajo diario y tiene mucho que ver con un discurso interno muy, pero que muy positivo; para esto deberás conocerte primero y aceptarte como eres; ya entendido esto, te daré los pasos que seguir.

Buscar los aspectos positivos de sea lo que sea que te detiene para hacer algo, por ejemplo, no quiero terminar mi carrera por X razón; lo que siguiente pensarás "bueno ¿por qué yo la escogí? ¿Cuáles son los verdaderos beneficios de terminarla? ¿Si no la concluyo que consecuencias tendré? ¿Serán reparables? ¿Qué es lo mejor de esta en estos momentos que la estoy viviendo? Etc.

Evitar pensamientos catastróficos como, por ejemplo, no quiero conducir porque me van a multar o voy a chocar o no quiero salir con esta chica porque solo me va a usar o no me va a aceptar etc.

Ser abierto y flexible en la forma en la que vez o interpretas el mundo, recuerda, no es malo ni tampoco bueno, es solo simple y natural, cualquier cosa puede pasar.

No autoexigirte en las cosas que vas o quieres hacer, ni generar el pensamiento "todo o nada", ya que eso te desmotivará siempre y evitará que intentes algo o, que si lo intentas y falla, no lo quieras repetir y caigas en frustración.

Conversa contigo mismo de manera compasiva y clara, háblate indulgentemente, cada que tengas un error no caigas en autorreprenderte ni en el victimismo; no uses contigo frases ofensivas ni mucho menos te castigues por lo que sucedió, ya que esto merma tus ganas de hacer las cosas bien.

Tener clara una meta, y saber todo lo que te lleve a realizarla para alcanzarla, y tener bien en cuenta  por qué la quieres.

Son los 6 pasos para tener un discurso interno positivo que te impulsara a tener voluntad en tu día a día.

III

Formas de desarrollar la voluntad contra los hábitos malos, poco beneficiosos o que quitan tiempo a lo valioso

Por qué la Atención Plena puede ser el antídoto contra la adicción. Los seres humanos toman decenas de miles de elecciones todos los días. Y casi la mitad de estas acciones diarias son habituales : se realizan en "piloto automático" sin mucho pensamiento consciente. Y cuando intentamos cambiar nuestro comportamiento, a menudo pensamos que se reduce a la fuerza de voluntad: tener el autocontrol para rechazar una segunda copa de vino, ir al gimnasio después del trabajo o saltear un cigarrillo.

Pero según el psiquiatra y experto en adicciones Judson Brewer , la fuerza de voluntad es un mito generalizado pero engañoso. Está impregnado en nuestra psique colectiva, pero tiene poca base neurocientífica. Si bien el autocontrol ciertamente existe, es una de las peores formas de cambiar el comportamiento. "Desde la perspectiva de la neurociencia, no existe la fuerza de voluntad", dice Brewer. "No es así cómo funcionan nuestros cerebros", agrega Brewer. Brewer es investigador y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Brown y director médico ejecutivo de salud conductual en la empresa de salud digital Sharecare. "En resumen, es una historia muy bonita, pero no es una historia real", dice Brewer. En lugar de depender de la fuerza de voluntad, el cerebro toma decisiones y forma un comportamiento basado en un sistema integrado, primitivo y basado en recompensas llamado aprendizaje por refuerzo. Siempre que el cerebro tiene una opción, gravita hacia la opción más gratificante.

Al traer conciencia y curiosidad intencionalmente a cualquier acción, usted cambia el valor de recompensa de un hábito y, a su vez, cambia su respuesta a él.

Cuando profundiza en las sensaciones de un momento a otro de una acción, ya sea que sea fumador, coma en exceso o se preocupe ansioso, a menudo se dará cuenta de que no es tan gratificante. A su vez, se "desencanta" de la acción y, con el tiempo y la repetición, pierde el interés por completo.

Las técnicas de atención plena pueden aprovechar los sistemas cerebrales para romper hábitos , frenar los antojos y superar la adicción. "La curiosidad es contagiosa", dice Brewer. "Cuanto más lo practicamos, más queremos practicarlo debido a sus cualidades intrínsecamente gratificantes, porque se siente bien".

PATRONES PRIMITIVOS, PROBLEMAS MODERNOS: el sistema de aprendizaje basado en recompensas del cerebro es su mecanismo de supervivencia más antiguo. Nos ayuda a encontrar comida y evitar peligros, pero puede hacernos tropezar en la vida moderna. Esto se debe a que las actividades inicialmente gratificantes se integran rápidamente en el cerebro.

A medida que la actividad se repite, se afianza cada vez más como una respuesta automática a un cierto desencadenante, incluso cuando el proceso ya no es gratificante. "Resulta que aquí es donde entra la atención plena", explica Brewer." Si desea cambiar el comportamiento, debe actualizar el valor de la recompensa. Y la única forma de actualizar un valor de la recompensa es generar conciencia y ver muy, muy claramente lo que realmente obtiene del comportamiento". A menudo, cuando las personas se vuelven hacia adentro y se involucran con la experiencia presente, se decepcionan, un fenómeno psicológico llamado error de predicción negativa. Esperan que sea gratificante, pero la realidad trae un resultado diferente.

Brewer sugiere hacerse estas preguntas:

¿Puede estar consciente de sus comportamientos?

¿Puede ser consciente de sus pensamientos, emociones y sensaciones?

¿Puedes aportarles una actitud de curiosidad?

En lugar de prejuzgar lo que está sucediendo, como decir: "Oh, ¿esto es bueno o esto es malo?" ¿Puedes simplemente tener curiosidad y observar lo que está sucediendo en este momento? "Eso es realmente la atención plena: ser consciente y estar verdaderamente abierto a lo que realmente está sucediendo y quitarnos todos nuestros lentes de sesgo subjetivo", dice Brewer.

LO QUE DICEN LOS DATOS:

Brewer ha visto a cientos de personas "desencantadas" con algunos de sus hábitos más antiguos, desde consumir chocolate hasta cocaína. 

Una paciente, fumadora desde hace mucho tiempo, tuvo una sensación visceral de disgusto cuando prestó atención a la experiencia segundo a segundo de fumar un cigarrillo. Fumar huele a "queso apestoso y sabe a productos químicos. Qué asco", recuerda Brewer que le dijo.

"Solo se necesitan 10 o 15 veces de que alguien realmente preste atención, ya sea un ejercicio de alimentación consciente o un ejercicio de fumar consciente, para que el valor de la recompensa caiga incluso por debajo de cero", dice Brewer. Brewer ha introducido esta técnica en programas de atención plena basados ​​en aplicaciones y ha probado su eficacia con fumadores, médicos que luchan contra la ansiedad y el agotamiento, y personas que comen en exceso. Brewer descubrió que la atención plena puede ser el "truco cerebral" que subvierte las conductas adictivas, a veces mejor que el tratamiento estándar. En un estudio de 2011, Brewer observó que cuatro meses después del tratamiento, se descubrió que la atención plena es cinco veces mejor para ayudar a las personas a dejar de fumar que los programas de tratamiento estándar.

En otro estudio de 2020 sobre médicos sometidos a un estrés tremendo, la atención plena también ayudó. Un mes después de usar la meditación de Atención Plena de Brewer , la ansiedad y el agotamiento de los médicos se redujeron en un 50 por ciento. A los tres meses, la ansiedad se redujo en un 57 por ciento con respecto a los niveles iniciales. En 2018, su equipo descubrió que un programa de alimentación consciente redujo la alimentación relacionada con los antojos en un 40 por ciento en personas con sobrepeso y obesidad.

También redujo la alimentación en respuesta a emociones negativas en un 36 por ciento. En conjunto, la evidencia sugiere que la atención plena, es decir, traer conciencia y curiosidad a una acción, es potencialmente tan buena o mejor que la medicación. En lugar de frenar temporalmente los síntomas, puede "llegar a la raíz del problema", dice Brewer.  "Hay esperanza, y podemos respaldar esa esperanza con datos", dice el investigador.

CÓMO PONER EN PRÁCTICA LA ATENCIÓN PLENA: aun así, aunque esta técnica parece simple, incluso intuitiva, practicar la ATENCIÓN y la curiosidad no siempre es fácil. Especialmente en momentos de estrés, volverse hacia adentro puede ser excepcionalmente difícil.

"Los viejos hábitos son familiares y, por lo tanto, cómodos", dice Brewer. "Así que cada vez que salimos de nuestra zona de confort, normalmente, nos movemos hacia una zona de pánico". Pero es posible pasar a una "zona de crecimiento" si nos dedicamos a la conciencia y la curiosidad. "Esto es lo único que nos va a ayudar, y cuanto antes aprendamos a volvernos hacia [nuestros hábitos], más fácil será, porque esos hábitos serán menos solidificados", dice Brewer.

3 PASOS PARA CAMBIAR DE HÁBITO:

Conciencia: el primer paso es ser capaz de reconocer un ciclo de hábitos y trazar un mapa de los componentes, dice Brewer. Esto significa identificar qué desencadena un comportamiento, cómo se siente el comportamiento y cuáles son los resultados del comportamiento. Esto puede ayudarlo a evaluar mejor la verdadera recompensa o riesgo de un hábito.

Curiosidad: tener curiosidad, no juzgar, acerca de sus antojos cambia la valencia de lo desagradable de un deseo a lo agradable de la curiosidad. El ejercicio se vuelve intrínsecamente gratificante y luego puede identificar alternativas que sean más atractivas.

Busque comportamientos que en realidad sean más gratificantes que el hábito que está tratando de romper. Tal vez sea ejercicio, atención plena o simplemente la curiosidad misma. Cada vez que aparezca un antojo, repita estos pasos.

IV

Uso del condicionamiento operante

¡Dios mio! Lo primero que debemos hacer es preguntarnos qué cosa es la fuerza de voluntad. De donde sacamos ese concepto?

Normalmente llamamos fuerza de voluntad a una virtud que tienen otros de hacer algo que no queremos o que nos desagrada o nos cansa. Uno ve a unos tíos entrenando para correr y se puede preguntar ¿cómo lo hacen? Y alguien viene y dice, “es que tienen fuerza de voluntad”.

Esa es una falsa explicación. Muy común por otra parte, pues tengo ya 79 años y la vengo oyendo desde que era un niño. El niño puede hacer muchas cosas variadas que no requieren ningún esfuerzo ni persistencia como jugar. Pero otras actividades le resultan cansinas y pronto las dejan, o trabajan en ellas lentamente, generando muchas pausas para pensar en otra cosa.

Hace ya muchos años tenía deseos de saber como puede uno controlar a un niño para que sea muy estudioso y no tenga problemas para hacer tareas escolares. Pensé que eso me lo aclararía un libro de psicología y me compré uno. Pues no me sirvió de nada, y compré otro, y luego otro, y otro y otro, hasta llegar a unos veinte o veinticinco. Ahora mismo no recuerdo la cifra exacta de libros de psicología que resultaron una decepción. Llegué a perder la esperanza de que la psicología pudiera enseñarme algo de lo que yo quería. Ya tenía formada la idea de que esos libros eran un fraude y me sentía muy frustrado. ¡Carajo! ¡No pretendo hacer una bomba atómica! Pero un día vi en los almacenes a donde de compras iba un libro nuevo. Lo cogí en la mano y le eché un vistazo.

Cuando abrí el libro vi unos dibujos de una rata en una jaula haciendo algo. Y un poco más allá vi un dibujo de una paloma. Y vi unas gráficas de conducta acumulativa, y eso me pareció una buena señal. Por fin me encontraba un libro de psicología que se tomaba las cosas en serio. Mi satisfacción se basaba en que si eres capaz de enseñarle a una paloma o a una rata a hacer alguna cosa, será mucho más sencillo enseñar algo a un niño. Estudiando el arte de como hacemos que un animal haga alguna cosa, eso se puede aplicar a los niños y ya tenemos la solución para este problema que me preocupaba. Y ocurría que al animal lo controlabas con comida, lo tenías unas horas o todo un día sin comer, y luego cuando el animal hacia algo que deseabas le premiabas con una bolita de comida. Obviamente, no puedes esperar que una rata o una paloma haga algo muy complicado para darle una bolita de comida. Lo matarías de hambre. Una conducta complicada se la tienes que enseñar poco a poco, para que pueda memorizarla. Primeramente le enseñas un paso concreto del principio de la conducta, y cuando lo sabe bien te demoras un poco para que haga algo más, y si hace lo que esperas como segundo paso, le premias con comida, etc. Poco a poco el animal va a prendiendo una secuencia de actos que dan lugar a un conducta de cierta complejidad.

La ventaja que tiene el niño sobre una rata o una paloma es que su cerebro tiene mucha más capacidad. No creo que sea necesario extendernos demasiado para probar esto.

Bueno, pues existe un principio de la conducta que dice “la frecuencia de una conducta está controlada por sus consecuencias”. Lo que traducido a lenguaje vernáculo significa: si una conducta produce placer seguimos con ella. Un ejemplo claro sería comerse un helado de crema. Asumiendo que el helado de crema es dulce y tiene algo de nata, parece lógico comerlo. Y al niño le encanta el helado de crema, o si falla eso le puede gustar otra cosa.

Pero que ocurre con aquellas cosas que no son dulces ni se comen? Escribir en un cuaderno unos ejercicios escolares para párvulos, puede parecer que no es dulce y tampoco se come. ¿Qué hacemos entonces? Por fortuna el niño es muy sensible a los halagos. Y cuando le damos instrucciones para que escriba en un cuaderno de párvulos le halagamos según se sienta frente al cuaderno, por coger el lápiz correctamente, como hace los primeros palotes, etc. Pero si dejamos al niño delante del cuaderno con el lápiz y nos vamos a hacer otra cosa, el niño no hará nada, o casi nada. ¿Por qué? Porque te has ido y en cierto modo tú eres el helado de chocolate, por decirlo con una metáfora. Solo si estás a su lado, el niño pensará que es estupendo escribir, puesto que estás allí para halagarle y decirle cosas bonitas, por estar escribiendo. En lenguaje técnico se dice que estás reforzando la conducta del niño. Estás haciendo lo que el psicólogo hace con la rata o la paloma, pero estás usando palabras halagadoras y no una bolita de comida. A este proceso se le llama “condicionamiento operante

¿Qué propiedades tiene el condicionamiento operante?

El condicionamiento operante convierte una conducta indiferente o aburrida en una ejercicio placentero. Cuanto mejor condicionada esté una conducta tendrá una mayor frecuencia, y la persona que ha adquirido esa conducta se siente muy satisfecha cuando la ejecuta. Por a ponerte un ejemplo inverosímil.

Un niño de cuatro años está tocando al piano la Sonatina bastante bien, creo yo. ¿Te imaginas que tiene un músculo de la voluntad en alguna parte? ¿O será más bien que fue condicionado adecuadamente para estar contento con lo que hace? Eso no se puede enseñar al patadón, sino con mucho amor y muchos halagos. No puedes usar malos modales para enseñar una cosa así. Y debes ignorar cualquier error que el niño cometa al tocar. Pues mencionar los errores es como aplicar halagos negativos sobre la conducta.

Bueno, pues esa es la cuestión. Nos han cargado de responsabilidades como estudiantes, pero se olvidaron la fórmula mágica de hacer que el estudio fuera placentero. Cualquier otra cosa, como comer helados, ver la tele, jugar a la pelota, resulta placentero, pero nadie se ocupó de hacer que tus horas de estudio fueran placenteras. No es que no estudies, sino que no estudias bastante y has ido acumulando retrasos. Pero, igual existe algo que te hace perezoso. Aunque seas joven, puedes tener algo alto el colesterol, puede que no hagas bastante ejercicio físico y estás bajo el control de la insulina y no bajo el control de la adrenalina.

La solución pasaría por reducir drásticamente todas las comidas ricas en azúcar pues el azúcar hace que se te dispare la insulina y al cabo de cincuenta o setenta minutos tendrás bajos los niveles de glucosa en la sangre y te sentirás de nuevo fatigado y un poco abúlico (falto de energía para hacer algo).

La solución para este problema te puede parecer rara. De una parte, debes hacer un esfuerzo de no comer nada durante dos o tres días. Nadie se muere por eso, ya que un kilo de grasa corporal contiene 7,200 kilocalorías. Y eso es lo que gastas en tres o cuatro días, haciendo una vida normal. Luego al hacer varios días de ayuno estás despertando a las glándulas suprarrenales (hay una glándula de esas encima de cada riñón y tienen el tamaño de una almendra)

A continuación de esos días de ayuno, o sin acabarlos, debes irte a caminar, con paso firme, no con el estilo de un anciano, y no menos de 60 minutos cada día. Cuando estés más fuerte puedes caminar hora y media. Eso hará que en tu sangre tenga niveles altos (digamos normales) de adrenalina. Y eso te dará energía para ponerte a estudiar durante una hora o más. Si al cabo de una hora encuentras que te sientes cansado, es posible pues al estar sentado igual acabas con la glucosa baja. Te levantas y haces un poco de ejercicio intenso, como simulando que corres levantando las piernas alto y haciendo ejercicio durante unos diez minutos, sin moverte del sitio. Eso estimula las adrenales y te sube la adrenalina y la glucosa un poco. Los niveles altos de adrenalina te hacen aceptar cualquier tarea con relativa facilidad. Y da lo mismo que sea una tarea física o intelectual.

Si lo que estudias es demasiado complejo, y no puedes realmente con ello, creo que debes dejarlo y empezar más atrás con algo que sea asequible a tu inteligencia. La inteligencia es un proceso acumulativo. Cuanto más trabajas en un asunto más inteligencia adquieres sobre ello. Un asunto de estudios no se puede adquirir si supera bastante nuestra capacidad de comprensión. Es algo que se debe hacer poco a poco, empezando desde lo fácil y pasando lentamente a cuestiones de más complejidad en un proceso lento.

V

El uso del refuerzo

En términos psicológicos estrictos, la “fuerza de voluntad” no existe. La prueba es que, si realmente el que yo superara conductas dañinas dependiera únicamente de mi “deseo”, de la “fuerza con que quiero” eso, debería resultar extremadamente fácil conseguirlo, porque está claro que nadie puede desear dejar de sufrir sus consecuencias más que yo… Y sin embargo, muchas veces no consigo hacer (o dejar de hacer) aquello que tanto deseo, porque querer NO es poder; poder, mas bien, es “saber cómo”.

En lugar de “fuerza de voluntad”, lo que existe es la “fuerza del refuerzo”. Me explico. En todos los seres vivos, las conductas se mantienen en función de las consecuencias que obtienen. Aquellas que obtienen una consecuencia positiva (algun tipo de recompensa) de forma inmediata resultan reforzadas, es decir, aumenta la probabilidad de que se repitan y afiancen. Aquellas cuyas consecuencias inmediatas son desagradables, resultan castigadas, es decir, disminuye la probabilidad de que se repitan.

El problema aquí esta en la necesidad de que el refuerzo y el castigo sean inmediatos. Muchas de las conductas dañinas son difíciles de modificar porque a corto plazo son reforzadas, aunque a largo plazo sean perjudiciales. Muchas veces en que nos sentimos con poca “fuerza de voluntad”, lo que esta sucediendo en realidad es esto: que estamos siendo impulsivos, o corto-placistas - nos estamos dejando llevar por el refuerzo inmediato sin tener en cuenta consecuencias demoradas.

La mejor manera de mejorar tu “fuerza de voluntad”, es decir, de conseguir afianzar las conductas que deseas, es por tanto manejando las contingencias (las consecuencias) de tus conductas: reforzando aquellas que deseas mantener (premiándolas) y eliminando los refuerzos (o castigando) las indeseables.

Lo que hace que los refuerzos sean potentes es que el acceso a ellos no sea libre, sino que este condicionado a la ejecución de las conductas. Es decir, que te procures esos “premios” si y solamente si realizas la conducta que deseas.

VI

Los límites de la voluntad

¿Por qué no siempre basta con tener tanta fuerza de voluntad y una determinación tan obstinada para alcanzar el objetivo? Porque así es.

Primero porque para ello tendríamos que escoger adecuadamente (de forma realista) los objetivos. Nuestros objetivos podrían ser absurdos, fantasiosos, demasiado elevados. Podemos agotarnos intentando y no ocurrirá lo que buscamos.

Por otra parte, incluso cuando fueran objetivos teóricamente alcanzables, las cosas no siempre dependen enteramente de nosotros. Nuestra voluntad y empeño son muy importantes pero en la parte donde alcanzar lo que buscamos depende de otros factores que no controlamos, simplemente no podemos hacer más. (Sí, sí, ciertamente a veces hay más que podemos hacer y no lo intentamos, pero casi nunca depende por completo de una persona. Puedo conceder sin problemas que los casos que resten si dependen de tí y si los quieres debes ponerle empeño para lograrlos, pero son los que menos).

Es importante conocer esto, porque, a merced de tantos libros de autoayuda que nos repiten que de una forma u otra TODO ESTÁ EN NOSOTROS o todo DEPENDE de nosotros, la gente puede llegar a frustrarse de forma tremenda (pues la implicación es que si no lograste tu objetivo es que NO lo querías o no lo querías lo suficiente o que no hiciste todo lo que podías, etc.). Bueno, hay libros que de plano se pasan al otro extremo y dicen que dependiendo de la intensidad de nuestros anhelos y deseos "el universo" completo "conspirará" para que logremos lo que queremos… ¿Así o más autocomplaciente, egocentrista y fuera de la realidad?

Hace poco oí que alguien que da pláticas decía (¡bendito sentido común tan poco común!) que por este tipo de fantasías había tanta gente frustrada. Citaba de gente que no se sobreponía y se quejaba apasionadamente (¿al universo?) "¡Es que yo quiero ser cantante con toda la fuerza de mi alma!" (nótese el tono adolescente de este plañido). Pues no se duda de la pasión (que suena bastante a berrinche), pero si no tienes con qué, no tienes con qué. Enfréntalo. Acéptalo.

Y todavía, algunos gurues de autoayuda intervienen aquí y hacen que hasta la gente se moleste contigo por tu "despiadado" realismo y tu “miopia” desanimadora: "Hay testimonios de gente que TODO MUNDO le decía que no podía y no podía, y mira lo que logra la fuerza de voluntad: ¡Al final SÍ PUDO!" — Te dicen para "ponerte en tu lugar".

Aquí hay dos cosas.

1) No todo mundo te dice que "no puedes" por ser malvado, sino para que no acabes allí tus fuerzas, porque emplees mejor tu tiempo, porque quizá tienes que ver que hay otras cosas y ver que tu "pasión" no es intransferible sino que no habías buscado lo suficiente. Porque ya pasaron por allí o vieron otros casos y no quieren que sufras así. Quizá te lo dicen porque te aman. Acusar a la gente realista de "matasueños" es idiota y malagradecido. ¿O sea que lo bueno sería darte por tu lado por más absurdo que sea tu objetivo?

2) Hay historias sorprendentes de autosuperación, sí. Mis respetos. Quizá fue la terquedad, la voluntad y todo lo que quieras decirme. Pero la estadística al respecto es mentirosa: MUY POCA gente que fue contra todo lo logró (aunque eso, curiosamente, también lo usan como argumento a su favor porque “si las cosas que valen la pena se hicieran fácilmente, cualquiera las haría”). La gran mayoría que desperdiciaron recursos, tiempo y frustración no lo lograron. No digo que no por ello debieras dejar de intentarlo pero al menos considera más factores y no te comas todo lo que te metan en la boca los gurues de autoayuda. Puedes ser un intento de cantante o actor o modelo frustrado, malogrado y suicida o quizá descubras que ser chef resulta ser mucho mejor de lo que imaginabas y se te da de forma casi natural. Date una oportunidad. Además, ¿De dónde surgen esas "pasiones" y sueños? Surgen muchas veces de tener pocas opciones, de conocer pocas cosas, de encapricharte con algo que a otra persona le funciona y tú quieres que te funcione también.

¿Te tirarías sin paracaídas desde mil metros porque alguien que sobrevivió escribió un libro sobre lo bonito que es sobrevivir a una caída sin paracaídas? ¡Quizá ni siquiera tuvieron que ver sus méritos sino la casualidad, la “suerte de principiante”!. Quizá de mil personas que se tiraron una sobrevivió, esa escribió el libro (las 999 no porque los muertos no escriben libros) y te quiere convencer con su experiencia que es difícil pero que es "posible" sobrevivir, así que "si de verdad lo quieres, tírate sin paracaídas".

No. La realidad puede ser dura pero es lo que hay. Si cierras los ojos y luego los abres seguirá allí. Hay mucho de madurez en esto, pero sobre todo de “no frustración”. Tomar nota.

VII

De qué depende

De la motivación, la pasión por algo. El pensar en un objetivo y que es posible alcanzarlo. El positivismo y el placer de hacer cosas. La depresión es todo lo contrario, es lo que te quita las ganas de hacer las cosas.

Si crees que el secreto de una mayor fuerza de voluntad es ser más duro contigo mismo, no eres el único. Pero te equivocas. Un estudio tras otro revela que la autocrítica va siempre ligada a menos motivación y autocontrol. También es el mayor indicador de la depresión que destruye la fuerza del «lo haré» y la del «quiero». En cambio, la autocompasión —apoyarte y ser bueno contigo mismo, sobre todo ante el estrés y el fracaso—, se asocia con una mayor motivación y autocontrol.

Considera, por ejemplo, un estudio de la Universidad Carleton en Ottawa, Canadá, que siguió durante un semestre el hábito de postergar los deberes de los estudiantes. Muchos se preparaban el primer examen en el último momento, pero no todos adquirían esta costumbre. Los que más duros eran consigo mismos por haber estudiado en el último momento, tendían más a seguir haciéndolo en otro examen que los estudiantes que se perdonaban a sí mismos. ¡Cuanto más duros eran consigo mismos por haber estudiado en el último momento, más tardaban en prepararse para el siguiente examen! El perdón —y no la culpabilidad— era lo que les ayudaba a ponerse al día en los estudios.

Estos hallazgos van en contra de nuestros instintos. ¿Cómo puede ser, si muchos de nosotros intuimos que la autocensura es el pilar del autocontrol, y que la autocompasión te lleva directo a la autoindulgencia? ¿Qué motivaría a esos estudiantes si no se sintieran mal por haberse preparado el examen en el último momento? ¿Y cómo nos controlaríamos si no nos sintiéramos culpables por haber cedido a la tentación? Sorprendentemente, es el perdón, y no la culpabilidad, lo que nos hace ser más responsables.

Los investigadores han descubierto que si eres compasivo contigo mismo al cometer un error, tiendes más a responsabilizarte de él que cuando te censuras. También estás más dispuesto a escuchar la opinión y los consejos de los demás y a aprender de la experiencia.

Cuando nos perdonamos, nos es más fácil corregir nuestros errores, entre otras razones porque disipa la vergüenza y el dolor que sentimos al pensar en lo ocurrido. El efecto ¡qué más da! es un intento de huir de lo mal que nos sentimos al reincidir. Pero cuando el sentimiento de culpa y la autocensura no están presentes, no hay nada de lo que huir. Significa que es más fácil reflexionar en cómo cometimos el fallo y nos resulta menos tentador repetirlo.

Pero si vemos nuestras reincidencias como la prueba de que somos unos perdedores redomados que lo hemos echado todo a perder, pensar en nuestro fracaso es un deprimente ejercicio de odiarnos a nosotros mismos. Nuestra meta más urgente será apaciguar esos sentimientos en lugar de aprender de la experiencia.

Por eso la autocensura no es buena como estrategia para controlarnos.

Todos nos equivocamos. Todo el mundo se topa con algo que le cuesta y pierde a veces el control. Forma parte de nuestra condición humana, y tus fallos no significan que tengas algún problema. Considera la verdad de estas afirmaciones.

Cómo creemos que se logran las metas: Inicio, paso 1, 2, 3, 4, 5, 6, fin.

Cómo es en realidad: Inicio, voy bien, ¿qué ha pasado? Huau. Estoy harto. ¿Qué hago? Me rindo. Idea nueva. Cambios. ¡Me encanta! Qué difícil, fin.

jueves, 13 de noviembre de 2025

La policía española, pionera en la prevención de la autólisis

 Rastreo en internet. Las 377 muertes evitadas por Virginia, Óscar y su pionero equipo antisuicidios de la Policía Nacional, en El Mundo, por Javier Barbancho, 12 noviembre 2025:

La Policía Nacional cuenta con un grupo único en el mundo que rastrea mensajes en internet de usuarios con voluntad de autolesionarse. Sólo en dos casos no han llegado a tiempo. En uno de ellos la persona que se quitó la vida lo anunció en una publicación programada en una red social. Admiten que "hay casos extremadamente difíciles"

Los inspectores de la Policía Nacional Virginia Pérez y Óscar Amor lideran los dos grupos de la brigada que lucha contra los suicidios en internet en España. En 2018, el cuerpo para el que trabajan los puso al frente de la denominada 'Operación Fin'.

Los inspectores de la Policía Nacional Virginia Pérez y Óscar Amor lideran los dos grupos de la brigada que lucha contra los suicidios en internet en España. En 2018, el cuerpo para el que trabajan los puso al frente de la denominada 'Operación Fin'. 

Durante 2024, en España se registraron 3.846 suicidios. Son datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ellos, el 73,9% fueron hombres (3.044). Esa brecha de género se ha ido ampliando desde 1980. La cifra fue un 6,6% menor que la de un año antes (2023), cuando 4.116 personas se quitaron la vida de manera voluntaria en el país.

En total, el año pasado se dieron diez casos (10,53) de autolisis al día, uno cada poco más de dos horas. Cada caso, cada nombre perdido, cada cuerpo apagado, podrían haberse evitado o, al menos, intentado. A ninguna de esas personas la mató una enfermedad incurable o un trágico accidente de tráfico. Cada uno decidió acabar consigo mismo. Las razones que llevan al ser humano a ello aún no han sido descifradas completamente, aunque se conocen varios factores.

Pida ayuda ante la conducta suicida

La mayoría de muertes por suicidio son prevenibles y evitables. No responden nunca a una única causa. Detrás de ese sufrimiento y desesperanza de la conducta suicida se entrelazan factores de tipo psicológico, familiar, social, económicos y/o culturales

Si usted o alguna persona cerca necesita ayuda emocional por ideación suicida llame al 024, si se trata de una emergencia no dude en llamar al 112.

Para combatir ese goteo silencioso de casos de autolisis en España, la Policía Nacional creó en 2018 una brigada que vigila en internet la aparición de mensajes donde los usuarios hablan abiertamente de su voluntad de acabar con su vida, o de la voluntad de terceros de llevarlo a cabo.

La alerta puede llegar de un directo en Tik Tok o en Instagram; de un foro de videojuegos; de un grupo de Whatsapp o de Telegram donde alguien ha sido testigo de un caso y lo quiere remediar, por lo que llama a la Policía...

En ese preciso instante, la velocidad de reacción de los dos grupos que conforman dicha brigada antisuicidios es determinante: hay que rastrear IPs de ordenador y de teléfono, buscar números de móvil, domicilios...

«Cualquier vía de contacto es atendida. Todos los anuncios los atendemos como reales, porque el precio a pagar es muy alto... La vida de una persona está por encima de cualquier otra cosa», explica la inspectora Virginia García, jefa de uno de los dos grupos que forman la brigada. El otro lo capitanea el inspector Óscar Amor.

En total, son 16 agentes trabajando en la denominada Operación Fin, la cual, paradójicamente, nunca concluye. Desde su creación, se han atendido 377 casos. 377 vidas que, sin la actuación policial, podrían haberse acabado.

«Insistimos en que la gente sea cauta a la hora de bromear con esto porque puede que nos movilicemos y lleguemos tarde a otro caso real por una broma, como nos ha sucedido en la última semana», subraya Virginia García.

Ambos policías mencionados encabezan la sección de redes de la Brigada Central de Investigación Tecnológica de la Unidad de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional. «Nosotros investigamos todo tipo de delitos en internet. La rama de los suicidios es un apéndice más. Se creó en 2018 por la experiencia acumulada durante años y por una necesidad evidente. Nos dimos cuenta de que, cuando detectábamos un posible caso de una persona que estaba anunciando que iba a quitarse la vida, nuestra reacción no era la más ágil ni la más adecuada. Decidimos crear un protocolo de actuación con el que poder dar respuesta a esa situación», cuenta ahora Óscar Amor.

«Hasta ese momento se estaba trabajando de forma desestructurada y aislada. Nos dimos cuenta de que era necesario agilizar el proceso de atención, tener una serie de pautas a seguir...».

El rastro de las pastillas.

Más de la mitad de las personas que se quitaron la vida en 2023 tenía restos de ansiolíticos en la sangre. Los forenses encontraron ese tipo de sustancias en los cuerpos de los fallecidos durante las autopsias de los cadáveres. Este dato no quiere decir que se suicidaran por medio de la ingesta de pastillas que ayudan a combatir la ansiedad o la depresión, pero sí que las estaban tomando y que tenían acceso a ellas.

Es por ello que el Ministerio de Sanidad trabaja en la implementación del plan de acción para la prevención del suicidio y en otro de desprescripción de benzodiacepinas, de las que España es uno de los mayores consumidores del mundo. En Alemania, por ejemplo, se venden 18 veces menos de estos fármacos por habitante, según los datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes.

Dependiendo de la letalidad del método tienen "un margen temporal mayor o menor para dar con ella y actuar", explica Óscar Amor. "En otras ocasiones no sucede así, sino que movilizamos a una patrulla y a la asistencia sanitaria, pero también hemos contactado con un familiar, y cuando se llega a donde está la persona ya se ha conseguido sacarla de ese momento oscuro», comenta. «Nuestra experiencia nos dice que el único elemento en común en todos los casos que tratamos es la desesperanza», añade el agente.

El 8 de abril de 1962, cuando rozaba los 70 años, el torero sevillano Juan Belmonte se quitó la vida. Cuenta el poeta Felipe Benítez Reyes en el prólogo a una biografía del torero, Juan Belmonte, matador de toros, que España se puso de luto y todo el mundo empezó a hacer conjeturas: «¿Hastío del vivir? -se pregunta Benítez Reyes- ¿La frustración ante un enamoramiento tardío? Quién sabe. Tal vez ni él mismo lo supiera. Tal vez nadie busque la muerte por una razón o por una sinrazón en concreto, sino que la muerte acaba imponiéndole la suya: la urgencia ante la nada, el alivio de la nada», afirma el escritor, quien concluye dejando en enigma lo sucedido con aquel torero que había bebido la gloria y se había hecho rico en las plazas", pero que acabó quitándose la vida. «Porque quién sabe lo que pasa por dentro de nadie cuando decide ser nadie».

Cuando la IA alienta al suicidio

El suicidio es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un problema de salud pública que no depende de una sola causa, sino que en él influyen múltiples factores: sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. La persona que se suicida no quiere acabar con su vida, sino con el sufrimiento que padece, coinciden los expertos.

«Mi hija habló con ChatGPT antes de quitarse la vida» / Los padres del adolescente que se quitó la vida en EE UU demandan a ChatGPT por ayudarle a "explorar métodos de suicidio" / Un hombre se suicida después de que una IA le invitara a hacerlo

Todas las frases anteriores en cursiva son titulares de noticias reales en las que se acusa a la inteligencia artificial de motivar conductas suicidas, casos en los que las personas se quitaron la vida tras una conversación con chatbots programados con IA.

Una de ellas fue Adam Raine, estadounidense de 16 años. El adolescente se sentía solo y buscó compañía y respuestas en internet. Durante meses, mantuvo extensas conversaciones personales con ChatGPT. Lo usaba como terapeuta para sus problemas. En abril de 2025, se quitó la vida. En agosto, sus padres denunciaron a la empresa OpenAI por no haber detectado a tiempo las señales de alarma.

«El chatbot ayudó activamente a Adam a explorar métodos de suicidio y este no puso en marcha ningún protocolo de emergencia, ni siquiera cuando el adolescente verbalizó sus intenciones», señaló la familia del joven en la demanda presentada ante el Tribunal Supremo del Estado de California.

En un reportaje de The New York Times posterior al suicidio del chico, se reprodujo la conversación que Adam mantuvo con la IA. Los mensajes intercambiados demostraban que no se había reaccionado a tiempo.

Al plantear este tipo de casos a los policías españoles al frente de la brigada antisuicidios, estos explican que a ellos les llegan alertas de intentos de suicidios de todo el mundo al detectar palabras mediante el uso de determinados algoritmos. Sin embargo, sólo se atienden a las que responden a IPs españolas. Casos como el del estadounidense Adam Raine podrían haberse intentado evitar en España. En ningún otro país del mundo existe una unidad policial dedicada a localizar y auxiliar a personas que manifiestan la voluntad del suicidio a través de redes sociales, de páginas webs o de conversaciones en grupos de apps como Telegram.

Las alertas llegan por distintas vías. Puede ser un usuario que se topa con una publicación alarmante y da el aviso, o directamente las plataformas, que tienen sistemas automatizados para detectar contenidos de riesgo. También a través de la colaboración con organismos internacionales, como Interpol o Europol, cuando los indicios cruzan fronteras.

Hace cinco años, en la Navidad de 2020, una joven belga residente en España compartió en TikTok contenido en el que indicaba su intención de quitarse la vida. La División de Criminalidad Informática de la Policía griega detectó estas publicaciones y activó el protocolo de emergencia. Luego envió la alerta a través de Interpol a la Policía Nacional española. Una vez localizado el domicilio, se alertó a la Policía Local, que acudió en coordinación con servicios sanitarios. La menor fue trasladada al hospital.

«Cuando se trata de extranjeros que están en España de vacaciones o que residen aquí, actuamos de la misma manera. A veces están alojados en pisos turísticos, en zonas de costa... Cada caso es único, por eso era necesario actuar con criterios uniformes que nos fueran conduciendo a la potencial víctima», coinciden los dos agentes que se entrevistan con Crónica.

En dos casos no se pudo hacer nada

En estos siete años de vida, la brigada antisuicidios de la Policía Nacional no llegó a tiempo en dos ocasiones. Sólo dos. Aunque en una era imposible hacerlo: un hombre se suicidó en Valencia, pero lo anunció mediante una publicación programada en una red social, por lo que cuando se activó el protocolo, esa persona ya estaba muerta.

El otro caso fue en Vigo. Ocurrió en 2021. La persona que se mató llevaba una vida errante: en ocasiones vivía en una furgoneta, aunque a veces pasaba por pensiones. Se movilizó a agentes de la comisaría de la ciudad para hablar con taxistas, para mirar registros de tarjetas bancarias... Los agentes llegaron a una pensión vecina a otra donde, finalmente, encontraron el cadáver de ese varón que había despertado las alarmas de la Policía.

«Era un caso extremadamente difícil por el contexto», admite Óscar Amor. «También asumimos que es imposible llegar a todo. Hay personas que ya lo han intentado antes y que hacen todo lo posible para que nadie las encuentre en el momento de quitarse la vida».

Formar en atención personalizada.

En el año 2000, en Hungría se suicidaron 2.463 hombres (52,6 por cada 100.000 habitantes frente a los 12,6 de España) y 806 mujeres (15,9 por cada 100.000). 2O años después, en 2021, la cifra se había reducido a la mitad: la de hombres hasta 1.203, y la de mujeres hasta 358.

¿Qué se había hecho? Durante la primera década del siglo, el número de psiquiatras en Hungría había pasado de 550 a 850, las unidades de psiquiatría en el sistema de salud del país pasaron de 95 a 139, y las líneas telefónicas donde llamar si se tienen pensamientos suicidas aumentaron de 5 a 28. De manera paralela, también se formó al personal sanitario para poder identificar y gestionar estas conductas.

«Nosotros actuamos las 24 horas de los 365 días del año, hemos reducido la burocracia al mínimo para poder ofrecer auxilio urgente a personas en riesgo, pero no somos terapeutas, no tratamos de quitarle la intención suicida a nadie. Nuestra función es identificar, contactar y enviar el servicio de auxilio que requiere la persona», insiste la agente Virginia Pérez.

«Nunca vamos a realizar la función de un psiquiatra, por ejemplo. Ni estamos capacitados ni es nuestra labor. Lo nuestro es detectar un caso de intento de suicidio y luchar contra el reloj para evitarlo», apostilla Óscar Amor.

En España , el suicidio mata a casi tres veces más personas que los accidentes de tráfico, las dos causas más comunes de muerte por causas no naturales. Sin embargo, las campañas para favorecer una conducción responsable al volante son frecuentes. No tanto, en cambio, las de prevención del suicidio. Ahora se trata de corregir esta situación. Sanidad aprobó el 14 de febrero un Plan de Acción para la Prevención del Suicidio. Más allá de la rama sanitaria del proyecto, uno de los pilares en los que se sustentará será en la cooperación entre instituciones públicas, así como policía, bomberos y servicios de emergencias. En este punto, al menos, la Policía Nacional ya va por delante.

viernes, 19 de septiembre de 2025

Bibliografía sobre el desarrollo de la voluntad

 Leer por este orden. El mejor es el último.

 Daniel J. Martín, El poder de la disciplina. 7 pasos para alcanzar tus objetivos sin depender de tu fuerza de voluntad. 2022.

 Ryan Holiday, La disciplina marcará tu destino. El poder del autocontrol / Discipline is Destiny: The Power of Self-Control. 2022.

 David Goggins, No me puedes lastimar. Domina tu mente y desafía las probabilidades. / Can't Hurt Me: Master Your Mind and Defy the Odds. 2018.


jueves, 14 de agosto de 2025

La escasa estrategia de las autojustificaciones según Maquiavelo

 El problema: ¿por qué nos justificamos y por qué eso nos destruye? ¿Te ha pasado?

¿Alguien te acusa de algo injusto o distorsiona tus intenciones? ¿Cuál es tu instinto inmediato? Dar explicaciones, justificar cada detalle, aclarar malentendidos, rogarles que entiendan tu versión de los hechos. 

Parece racional, parece justo, parece humano; pero es precisamente ahí cuando cedes tu poder.

¿Por qué? Porque, al justificarte automáticamente, aceptas dos cosas peligrosas:

Primero, que la otra persona tiene la autoridad para juzgarte.

Segundo, que necesitas su aprobación para sentirte limpio.

 Entras en un juego emocional que ya había comenzado contigo en desventaja. Maquiavelo lo comprendió hace siglos. La percepción del poder no depende de la verdad, depende de la narrativa. Y, ya que quien domina la narrativa domina la percepción, quien domina la percepción domina el resultado. Cuando te apresuras a justificarte, el mensaje es claro: "Estoy nervioso. Intento demostrar algo. Necesito que me creas." Eso es un alegato autojustificativo.

Para tu atacante esto es como el olor a sangre para un depredador. Ahora, detente y piensa. ¿Cuántas veces has visto a personas inocentes intentando desesperadamente explicarse, pero aún así consideradas culpables? Esto sucede porque en la mente de la gente quienes se defienden demasiado parecen débiles o esconden algo. Es injusto, pero es cierto. Este es el error fundamental.

Creer que la explicación limpia tu imagen. No es así. Simplemente confirma que has aceptado el juicio de la otra persona como válido. Has puesto tu destino en manos de quien te acusó. Y peor aún, has demostrado que te importa demasiado su opinión. Esto es munición emocional. De ahora en adelante verás que hay un camino diferente, un camino frío, estratégico y psicológico. Un camino que no busca ser comprendido, sino respetado, que no implora aprobación, sino que crea una presencia tan inquebrantable que cualquier acusación se desvanece. Este es el truco maquiavélico: nunca te justifiques.

Cuando dejes de reaccionar, como la mayoría de la gente, sentirás algo extraño, un peso que se levanta. Es como salir de una prisión invisible que tú mismo construiste. Por eso es justificarse un clamor por la aceptación de quién eres. Pero el verdadero poder no exige aceptación, exige respeto silencioso. El principio maquiavélico: silencio y reversión del ataque.

Maquiavelo escribió que es mejor ser temido que amado si no es posible ser ambas cosas. Esto aplica directamente a lo que estamos discutiendo. Puedes ser amado por explicarlo todo e intentar ser comprendido, pero nunca serás temido. Y en los juegos de poder, quienes no son temidos son manipulados. Cuando decides no justificarte nunca, envías un mensaje contundente. No reconozco tu cancha. No juego en tu terreno. Esto genera incomodidad inmediata en quienes te atacan, pues esperaban una pelea emocional, una oportunidad para desestabilizarte. En cambio, ofreces silencio o peor aún, indiferencia.

Imagina, alguien dice, "Eres arrogante."La respuesta normal sería, "No soy arrogante. Me malinterpretaste solo."

Pero el operador maquiavélico sonríe, mira con calma y responde: "Interesante punto de vista." Y lo deja ahí, sin defensa, sin súplica de comprensión. No hay prisa por limpiar su nombre. Este silencio es desconcertante porque rompe el guion emocional. El acusador esperaba resistencia. Sin ella se siente solo en el escenario hablando con eco. Esto le hace preguntarse, ¿reaccioné de forma exagerada? ¿Todos me ven como el inestable? Así es como se invierte la narrativa. Y cuando respondes con una sutil inversión, el impacto es aún mayor. ¿Te acusan de ser manipulador?

Respondes: "Es curioso cómo la gente llama manipulación a lo que no puede controlar". Te llaman frío; Respondes: "Es extraño cómo la calma da tanto miedo". Esto convierte la acusación en un reflejo del propio acusador. Este es el principio. No te defiendas. Mantén una presencia inquebrantable. Si es necesario, devuelve el ataque como un espejo. Resultado, te vuelves impredecible, difícil de alcanzar emocionalmente. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de atacarte, no porque te expliques bien, sino porque pareces peligroso. Esta estrategia crea un efecto dominó. Quienes te acusan parecen desesperados y quienes observan se sienten respetados. No ganaste por demostrar tu inocencia, ganaste porque nunca entraste en la contienda. 

Ejemplos de la vida real, cómo aplicarlos en diferentes áreas de la vida. 

Uno, en el trabajo. Estás en una reunión y alguien rechaza tu propuesta. No creo que tu estrategia esté bien pensada. La mayoría de la gente intentaría justificarse: "No, mira, pensé en cada punto..." Y perdería el control de la situación. El operador maquiavélico responde: "Gran observación. ¿Cómo lo harías diferente?" Ahora el acusador está bajo presión. La narrativa cambia. Ahora necesita demostrar que tiene algo mejor mientras tú mantienes la calma.

Dos, en las relaciones con tu pareja. Ella dice: "No te importo". Es instinto natural: "¿Qué quieres decir?". "Lo hago todo por ti. ¿Recuerdas cuando yo...?" Pero esto solo valida las emociones de la otra persona.

El enfoque maquiavélico; una mirada tranquila, un tono suave. Así es como te sientes; ahora, el peso del drama recae en quien hace la acusación. A menudo, esta persona se siente exagerada porque no alimentaste la lucha emocional. 

Tres, en redes sociales. Alguien comenta: "Eres falso, solo quieres que te vean". Lo habitual es un largo mensaje explicándote, pero publicas algo público y enigmático. "Es curioso como la verdad molesta más que las mentiras". De repente dejas de estar a la defensiva, tienes el control de la narrativa.

Otros ejemplos incluyen lidiar con jefes hostiles, familiares controladores o amigos competitivos. En todos los casos la lógica es la misma. No reacciones emocionalmente. Quien controla la emoción controla el resultado. Esta técnica no se trata solo de callar, se trata de controlar la energía emocional del momento. Quienes hablan primero e intentan justificarse pierden de vista la situación. Quienes guardan silencio o responden con calma e invertidamente se ganan el respeto. Con la práctica notas un poderoso efecto secundario. La gente empieza a pensarlo dos veces antes de acusarte o provocarte, porque ahora saben que no eres un blanco fácil, eres un espejo peligroso.

La transformación final: no más modo defensivo. Cuando eliminas la necesidad de justificarte, cambias por completo la percepción que el mundo tiene de ti. Dejas de ser reactivo y te vuelves estratégico. Desde ahora en adelante, tu comportamiento debe seguir tres principios: 

Uno, silencio calculado. No todo ataque merece una respuesta. El silencio es más desconcertante que cualquier argumento.

Dos, respuesta breve y neutral. Al hablar, usa frases que cierren la conversación, no que la prolonguen: Interesante punto de vista. Así lo ves. Es interesante pensar así. 

Tres, reversión elegante. Si decides responder, hazlo de forma que exponga la debilidad de la otra persona sin parecer vengativo. 

Es extraño como la confianza molesta a tanta gente. No se trata de ser frío ni insensible, se trata de ponerte por encima de la necesidad de validación. No intentas caerle bien a todo el mundo. Estás construyendo una imagen de estabilidad emocional y una presencia poderosa. Las personas que necesitan besarse constantemente son vistas como inseguras. Quienes mantienen una postura y rara vez se justifican son vistos como personas con autoridad. El mundo respeta a quienes parecen tener control absoluto sobre sí mismos porque eso es poco común. 

Cuando dominas esta práctica sucede algo interesante. Tus enemigos se sienten incómodos porque no pueden tocarte. Tus amigos te respetan más porque sienten que eres sólido. El público, los colegas, los socios empiezan a defenderte sin que se lo pidas. Esta es la llamada victoria sin guerra. No luchas, no te agotas, no te justificas, simplemente existes con tanta confianza que cualquier ataque en tu contra parece pequeño, frágil y desesperado. 

Aplícalo hoy. La próxima vez que alguien intente acusarte o provocarte, respira hondo, calla y recuerda: "No te debo explicaciones. Yo controlo la narrativa." Porque el poder no está en convencer a los demás, el poder está en no tener que hacerlo nunca. Esta es la libertad que pocos tienen y ahora puede ser tuya.

Más recientemente esto es lo que se llama comunicación asertiva. Hay varias técnicas de argumentar o contraargumentar a aquella persona emocionalmente descontrolada, no para ridiculizarla, sino para ayudarla a que se dé cuenta de su mal proceder y evitar que escale el conflicto. Una frase "comodín" para desarticular es que "las opiniones se pesan, no se cuentan". 

Un dato muy interesante es que, justamente, nadie puede estar totalmente justificado. Y es un gran problema epistemológico, ya que no importa cuánto sepas y cuál sea tu campo de conocimiento, porque la pregunta escéptica siempre puede dar lugar a la incertidumbre. Así que, si nos justificamos más, podemos caer en el famoso regreso o círculo vicioso haciendo que las explicaciones se vuelvan fallidas e ineficaces. Psicológicamente, el impacto es peor, porque no estamos hablando de un campo puramente lógico, donde la disputa terminaría por acordar cómo sería ese sistema o estructura, sino que es una disputa contra otra persona. Cuanta menos explicación, quien entre en duda es el contrincante.