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miércoles, 10 de junio de 2026

Interviú (1976-2018)

 Interviu. “Hoy las amantes de Ábalos serían portada de ‘Interviú”: auge y caída de la revista más polémica de España. Por Jaime Lorite Chinchón, El País, 9 jun 2026:

Tres libros conmemoran el aniversario de una publicación que hasta su desaparición en 2018 (y a golpe de escándalos, desnudos y exclusivas) jugó un papel crucial en el desarrollo de la Transición  

Solo habían transcurrido seis meses de la muerte de Franco cuando llegó a los kioscos el primer Interviú, con una modelo enfundada en un vestido empapado, del que traslucían sus pezones. Era el 22 de mayo de 1976, menos de tres semanas después del lanzamiento de EL PAÍS. La revista ofrecía un cóctel, hasta entonces, inaudito en la prensa española: desnudos explícitos a modo de reclamo, con investigaciones e informaciones políticas sensibles en el interior. “Todavía no había Constitución, ni una libertad de expresión bien definida. Hubo secuestros de la revista, el primero en Navidad de ese año, con una portada donde aparecía una chica vestida en plan Marilyn con Papá Noel y el titular El dinero de los Franco”, recuerda Alberto Gayo, periodista de Interviú entre 1998 y 2018, el año de cierre.

Gayo acaba de publicar Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera), libro que ha escrito, afirma, como “acto de justicia para la revista”, frecuentemente reducida a sus escándalos más sonados, como el desnudo de Marta Sánchez o las fotos robadas de Mar Flores. “La podemos ver ahora como rancia y machista, pero la mirada de 2026 no es la de 1976. Fue un puntal periodístico en el proceso de transición a la democracia y consolidación, donde era muy difícil hacer periodismo valiente”. El de Gayo no es el único trabajo que ha llegado a las librerías con motivo de la efeméride. También se han publicado Los desnudos y los muertos. Una crónica sentimental de Interviú (Península), de Jerónimo Andreu, y De Lola Flores a los papeles de ETA: Los secretos mejor guardados de la revista Interviú (Maluma), de Luis Miguel Montero.

Andreu, a diferencia de sus colegas, no formó parte de Interviú. El título de su libro referencia una columna de Manuel Vázquez Montalbán que señalaba cómo en Interviú se encontraba, “junto a los desnudos, la brutalidad de la muerte más brutal, las carnicerías de la catástrofe, como si la revista tratara de oponer la doble utilización de la carne humana”. “Me llamaban la atención los dilemas morales y claroscuros que encerraba”, explica el autor, que ha entrevistado a más de 50 personas relacionadas con la cabecera. “No me interesaba escribir un libro cantando las alabanzas de la revista, pero tampoco demonizarla, porque ya estaba muy demonizada”. Su primer recuerdo de Interviú lo ubica en torno a sus 7 años, por el póster de la cantante italiana Sabrina que regalaron con el semanario del Grupo Zeta. “Estaba en todos lados, en cualquier bar, cualquier taller. Era un país distinto, Interviú tenía una presencia continua. Siempre estaba la broma del que decía que la compraba por los reportajes, pero es verdad que hacían un periodismo de investigación buenísimo”.

Interviú, como el poema de Walt Whitman, contenía multitudes. No solo tenía una doble vertiente a lo Playboy, donde el componente sexual sostenía una parte literaria de calidad (además del mencionado Montalbán, Francisco Umbral, Camilo José Cela, Juan José Millás o Elvira Lindo escribieron en sus páginas), sino que contaba con un mejunje ideológico en el que se citaban periodistas de izquierda revolucionaria y firmas próximas a la dictadura. Igual ocurría en el ámbito social. El desnudo de Pepa Flores, publicado en septiembre de 1976, que vendió más de un millón de ejemplares, supuso un antes y un después por cómo subvertía la imagen franquista de Marisol. La vieja moral saltaba por los aires y España entraba en la modernidad. Interviú reeditó la simbólica portada, en blanco y negro, para su despedida en 2018. Pero, al mismo tiempo, fueron fotos publicadas sin el consentimiento de la actriz y cantante, producto de una sesión privada. “Interviú se jactaba de mostrar todo, todo lo que ocultaba el franquismo, pero también lo que ocultaba tal señora debajo de su blusa”, dice Andreu. “Hubo casos de chantaje abierto a chicas para que se desnudaran. Y si no querían, las insultaban”.

No obstante, el movimiento feminista tuvo un espacio histórico en Interviú. “Hay una portada muy famosa donde arriba, a la derecha, se lee ¡Vosotros, machistas, sois los terroristas!, por un reportaje sobre las agresiones y violaciones en la España de los setenta”, señala Alberto Gayo, que cita otro texto de 1993 escrito por Carme Chaparro con el titular Los maridos españoles matan más que ETA, una comparación entre el número de víctimas de la violencia machista y del terrorismo. “Había que atreverse a titular así para generar un debate. Otro reportaje decía Hijos de puta: hablan sus madres. Ves eso en una portada y alucinas, pero te cuenta el problema de prostitutas que tenían hijos fruto de relaciones con puteros, por descuidos, violaciones o lo que fuese. Es un reportaje de denuncia impresionante. Cuando se dice que era en busca del morbo, pues hombre, es que necesitabas un impacto para que la revista se leyese”.

Periodismo popular

Más allá de su compromiso con expandir y asentar por terapia de choque en los kioscos la nueva libertad adquirida, ¿pasa Interviú el test del tiempo? Depende del número que se consulte. “Coges un ejemplar de Interviú hoy día y es chocante. No son solo las portadas, su lenguaje es tan provocador, a veces injurioso y calumnioso, que llama mucho la atención”, advierte Jerónimo Andreu. “Los enfoques son increíbles. En un momento dado, hicieron un reportaje sacando a un hombre negro por la calle maniatado como un esclavo, para ver cómo reaccionaba la gente. Son cosas que cuesta imaginar. Y también fueron los primeros en sacar un montón de historias, como los papeles de Sokoa”, en referencia a una operación en 1986 de enorme relevancia para comprender la estructura de ETA.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda” (Aitor Marín, redactor jefe de 'Interviú' entre 2007 y 2009)

Entre los reportajes controvertidos, brillan con luz propia los de Luis Cantero. Maestro, a su manera, del periodismo gonzo nacional, suyos son textos como Mariquita por un día, de 1978, donde recorría Ávila besándose con un activista gay para contar cómo se trataba a los homosexuales en la España contemporánea. En Cómo evadimos un millón, relataba paso a paso la facilidad con la que podían extraerse grandes cantidades de dinero del país. Su serie más famosa fue La vuelta al mundo en 80 camas, un viaje teniendo sexo con mujeres de todo el mundo para, supuestamente, contar las diferencias culturales respecto al placer carnal. El rey Juan Carlos dijo que Cantero era “el tío que mejor vive de toda España”. La curiosidad respecto a cuánto de invención había en estos artículos la despeja Luis Miguel Montero, extrabajador de Interviú: “No había ningún componente de ficción. Cantero se iba de putas, les pedía un recibo y lo pasaba como gasto”.

El autor de De Lola Flores a los papeles de ETA, que pasó 26 años en Interviú, explica que la revista se asentó sobre “cuatro patas”: “mujeres desnudas, reportajes de escándalos políticos, sucesos terribles y denuncia social”. En resumen, lo que Antonio Asensio, fundador de Zeta, definía como “periodismo popular”. Sobre qué ofrecería Interviú en 2026, responde rápido: “No me cabe duda de que hubiéramos dado a las amantes de Ábalos en portada, a Jessica, Claudia, su mujer, la mujer de Koldo… Además, son mujeres ligadas a la actualidad pública, más allá de una cuestión erótica o de morbo, que han estado en las tomas de decisiones del poder. Creo que la gente compraría la revista”. De las razones por las que hoy no existe Interviú, el diagnóstico es similar por parte de todas las voces, un cruce entre un cambio social y la irrupción de internet.

“No nos supimos adaptar. Sacabas un reportaje que te había llevado dos meses hacer y a los 15 minutos te lo encontrabas en Twitter”, lamenta Montero, que en Interviú desmontó las conspiraciones sobre el caso Alcàsser, siguió el secuestro y asesinato de Publio Cordón y narró la caída de Suharto en Indonesia. “Pasaba lo mismo con las chicas de las portadas, las fotos estaban escaneadas al momento”. Otra compleja transformación que Interviú no logró afrontar fue, precisamente, la de sus desnudos, con un margen de maniobra limitado: la revista podía dar un giro, pero, por el camino, perder a un núcleo de lectores poco receptivo a cambios.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda”, cree Aitor Marín, redactor jefe de Interviú entre 2007 y 2009. “La mentalidad estaba cambiando, la sociedad ya no era tan machista. Hubo osadía, audacia y reivindicación, se sacó a una mujer trans en portada, pero los lectores clásicos mandaban cartas ofendidos. Era muy difícil de reflotar. Y eliminar la mujer de portada era convertirla en otra revista que ya existía, Tiempo, también del Grupo Zeta y que vendía menos”. En sus primeros años, la revista pudo comprobar cuán abonada estaba a los desnudos, al dar en portada al sindicalista Marcelino Camacho (sin pose erótica) y ver las ventas caer a la mitad.

“Tenían una apuesta ética y estética que les lastraba”, analiza Jerónimo Andreu. “En la última etapa, me han contado muchos redactores que no querían irse con la revista en el metro a casa. Estaban orgullosos de su información, te la defendían, pero no se querían presentar en público con Interviú”. Alberto Gayo insiste en defender una memoria equilibrada, que contextualice en su tiempo aquello que chirría, pero también aquello que estaba a la vanguardia. Sin ir más lejos, la revista hizo ver en plena Transición la barbarie franquista, descubriendo a los lectores en 1977 la fosa común ubicada en la sima de Jinámar, en Gran Canaria, o los campos de concentración. “Iba denunciando cada semana lo que habían hecho los ganadores de la guerra y lo que intentaban hacer para mandar también en la democracia”, subraya.

Grupos ultraderechistas quemaron kioscos donde se vendía Interviú por las informaciones que difundían. El propio Gayo, que escribía, entre otros temas, sobre el auge neonazi, encontró en una ocasión su nombre escrito en una diana, al lado de la redacción en la calle de O’Donnell, en Madrid. Entre sus hazañas periodísticas, estuvo el descubrimiento en 1999 del prófugo Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de los abogados de Atocha, en una cárcel de Bolivia. Junto al fotógrafo Fernando Abizanda, se infiltraron y lograron una imagen del asesino, encerrado por narcotráfico. “Antes, también se consiguió publicar la primera foto de Billy el Niño, el torturador, cuyo rostro no era conocido. O localizar a Emilio Hellín, el asesino de Yolanda González [en 1980], una joven izquierdista. Se logró su extradición y la madre de Yolanda dijo que Interviú había hecho más que la policía porque estuviese en la cárcel”.

Gayo revela en el libro que se estudió una colaboración con el medio norteamericano Vice cuando desembarcó en España. Ambos compartían idiosincrasia, la búsqueda sana de la polémica y una narrativa sobre temas sociales, como las drogas, desde el servicio público y no el paternalismo. La propuesta no salió adelante y el cierre de Interviú se consideró más útil para paliar la deuda de Zeta, a fin de facilitar la venta del grupo a Prensa Ibérica, interesada en El Periódico de Catalunya. Aunque los mejores reportajes de Interviú sigan siendo un referente, el escritor rechaza que la nostalgia lleve a conclusiones equivocadas. “Se dice que el buen periodismo se hace con ganas y valentía, pero, sobre todo, se necesita dinero y tiempo. Interviú pagaba bien y permitía hacer seguimientos largos. Cada vez que la revista llegaba al kiosko, sorprendía al lector. ¿Cuánta gente puede ahora dedicar tiempo y dinero a reportajes?”.

lunes, 23 de febrero de 2026

Entrevista con Arturo Pérez-Reverte

 Arturo Pérez-Reverte, escritor: “La izquierda actual tiene una intolerancia maniquea, farisaica, oportunista, demagógica, extrema”, en El País, Pablo Guimón | Jordi Amat, 22 feb 2026: 

El creador del Capitán Alatriste, tras haber protagonizado otra vez diversas polémicas, abre las puertas de su casa para reflexionar sobre su obra literaria y la influencia de la guerra en su vida, la Real Academia Española o la situación moral de Europa: “Seremos los siervos de un mundo que no es el nuestro”

Sables por las esquinas, maquetas de barcos, telescopios, una estatua de Tintín tocada con un casco de la guerra de los Balcanes, un busto de Napoleón, un cuadrito de Richelieu, una foto de Conrad, una carta de Patrick O’Brian, una flor del campo de la batalla de Waterloo. Imagine la biblioteca de Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) y ahora elévelo al cubo. La imagen se aproximará a lo que el visitante encuentra en el centro de operaciones del ex corresponsal de guerra, novelista, articulista y polemista. Tres plantas forradas con miles de libros con cuidadas encuadernaciones y salpicados de recuerdos de una vida vivida intensamente.

Pérez-Reverte accedió, tras solicitar pensárselo 24 horas, a una entrevista con EL PAÍS libre de los corsés de la promoción. Las novedades del escritor son la reedición de su novela sobre la guerra civil Línea de fuego, en un estuche con un breve volumen con comentarios sobre el libro, y en mayo recuperará sus crónicas de guerra, con el título de Enviado especial, acompañado de una exposición con las fotos que tomó en los conflictos. El escritor aceptó hablar de la vida y chapotear en los charcos en los que ha andado metido estas últimas semanas: su arremetida contra la supuesta “moral inquisitoria” de cierta izquierda que derivó en el aplazamiento del seminario sobre la guerra que debía haberse celebrado en Sevilla bajo el título de “La guerra que todos perdimos”; la pelea con David Uclés que desató la polémica con su decisión pública de rechazar la invitación; así como la aparatosa bomba que soltó en la Real Academia de la Lengua en forma de un artículo en El Mundo en el que dijo que hoy la institución “ni fija, ni limpia, ni da esplendor”.

El padre de Alatriste luce formidable a sus 74 años, con camisa de cuadros gruesos, pantalón de pana marrón y zapato inglés. Un aire como de Balmoral que contrasta armónicamente con las líneas modernas del imponente chalé, los muebles bauhaus, las lámparas decó. Al fondo, el escritorio con un ordenador cuyo teclado tiene teclas redondas como de vieja Olivetti que imitan el ruido de una máquina de escribir, el que escuchaba hace más de medio siglo en la redacción del diario Pueblo. En una archivadora abierta, apuntes de la que será su próxima novela. Le empieza a preocupar cuántos libros le quedan por escribir, le atormenta tener que priorizar los proyectos que acumula. Se pregunta cómo será el día en que lo que escriba deje de tener valor. Si se lo harán saber y quién será el encargado. Para tranquilidad de sus lectores, a juzgar por esta larga conversación, el temido momento se antoja aún lejano.

Pregunta. En mayo publica Enviado especial, con sus artículos como periodista en conflictos bélicos. ¿Qué lecciones aprendió de la guerra?

Respuesta. Nada que no esté en la paz, solo que en la guerra es todo más extremo. Yo tengo la ventaja de que cuando fui por primera vez a la guerra, con 20 años, ya había leído mucho. Eso me permitió abordarlo con serenidad. Si no, a esa edad, la guerra me habría trastornado, pero en mí tuvo un efecto nutritivo. Era horrible, por supuesto. Pero haber leído me permitió digerir la guerra con más naturalidad. Fue un aprendizaje excelente, una escuela de vida. Mi forma de mirar el mundo empezó a fraguarse en mis primeros años allí.

P. Ha estado en guerras entre países, pero también en guerras civiles.

R. Sí, en siete.

P. ¿Cuál es la diferencia entre unas y otras?

R. El ser humano tiene rincones muy oscuros. Y la guerra civil es la que pone de manifiesto con más intensidad la parte oscura del ser humano.

P. En una entrevista reciente en un periódico italiano, dijo que España no ha superado la guerra civil. ¿Cómo se supera?

R. Se puede. Pero España no la supera por otras razones. Ya me estoy metiendo, cabrones [risas]. Yo tengo una opinión, que puede ser equivocada. Y como la tengo, pues la manifiesto porque me preguntan por ella. Una guerra civil puede superarse con sentido común. Y la nuestra, en sus aspectos más dramáticos, estaba superada. Más que superada, asimilada, digerida. Pero por razones políticas, se ha desenterrado. No como memoria, sino como herramienta; no como reflexión histórica, sino como arma política. A mí me la contaron mis padres. Mi padre, mi tío, mi abuelo lucharon con la República. Esas tres estanterías son libros sobre la Guerra Civil. Y he visto guerras civiles. Entonces, como sé lo que es, sé que estaba neutralizada. Pero a una generación que no tiene ni libros ni memoria directa, es muy fácil manipularla con lugares comunes: Franco malo, República buena total, el paraíso en la tierra fue roto por cuatro banqueros, cuatro militares y cuatro obispos con gomina en el pelo... La Guerra Civil se ha convertido en una herramienta política y eso nos ha devuelto a un territorio de hostilidad que había desaparecido. Yo pertenezco a una generación, y tengo una formación y una experiencia que me permite decir que la Guerra Civil la perdimos todos. Evidentemente, la ganó el bando nacional, Franco y su gente. Y la perdió la República. Pero aparte de ese planteamiento, indiscutible, hay una cosa evidente: los españoles perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos. Y eso me lleva a una cosa interesante…

Hay una cosa evidente: los españoles perdimos. Perdimos progreso, una república, libertades. La mujer retrocedió 50 años en la historia. Perdimos mucho todos.

Se levanta de pronto, como impulsado por las cintas de cuero de su silla Wassily, y se dirige a la biblioteca, de la que extrae dos libros que tenía colocados en horizontal, sobre el resto de volúmenes, en una estantería. Regresa a la mesa, abre el primer libro, El viaje de mi padre, de Julio Llamazares, lee de pie la página que tenía marcada. “A los que perdieron la guerra civil española de uno y otro bando”. Abre La península de las casas vacías, de David Uclés. Señala una cita: “¿Qué pone aquí?”.

P. “En las guerras no gana nadie. Pierden todos. Eso aprendí”. Miguel Delibes.

R. Como veis, no estoy solo. Incluso alguno ha variado su planteamiento en los últimos tiempos por oportunismo. España perdió. A todos nos arrancó cosas importantes, nos retrasó el reloj respecto a la historia del mundo. Y eso es lo que espero que hablemos en Sevilla en octubre. Lo que pasó es que ahí se dieron otros factores que no tienen que ver con las jornadas. Hubo un movimiento, que detallé en su momento así que no volveré sobre él, de presiones reconocidas.

P. En un texto que incorpora a la reedición de Línea de fuego, habla de superar el maniqueísmo de buenos y malos. ¿No entraña un riesgo en estos tiempos?

R. He visto matar prisioneros, he visto torturar prisioneros en guerras civiles. No lo he aprendido en la barra de la taberna Garibaldi. Ni en el salón del Ritz. ¿A mí me vas a contar qué es una guerra civil?

P. ¿Pero no es peligroso cuando, por ejemplo, uno de cada cinco jóvenes piensa que la dictadura franquista fue “buena” o “muy buena”?

R. Lo peligroso es el silencio. Callando dejas que los cánceres se extiendan. Lo que vamos a hacer en Sevilla es debatir, que hable todo el mundo, que expongan sus razones. Que junto al político oportunista esté el historiador serio que lo ponga en su sitio.

P. Había varios políticos en su congreso.

R. ¿Cómo no va a haber políticos en un debate sobre la guerra? ¿Cómo no van a ir si, justamente, ellos son los culpables? Van, hablan. Y entonces el historiador los corrige. Pero un sector político no quería que ocurriera. ¿Por qué? Porque un debate serio desmonta el argumento de buenos y malos del que están viviendo tantos chiringuitos en este momento.

P. En su artículo decía precisamente que le estremece el miedo al debate. ¿Cuáles son las fuerzas que impiden debatir?

R. Fíjese. Vox no quiso ir. Se negó desde el principio. Pero Uclés dijo que iba y después dijo que no. Nos dejó colgados. Y la presión hizo que [el coordinador general de IU Antonio] Maíllo, que iba, tampoco fuera. La historiadora Zira Box dijo que la habían presionado. No me lo inventé yo. Fueron cayendo. Bolaños aguantó muy bien. “Yo te he dado mi palabra”, dijo, “y voy”.

P. Se ha referido en ocasiones a una inquisición moral. ¿De dónde procede? ¿Cree que hay más intolerancia hoy en la izquierda que en la derecha?

R. En la izquierda hay de todo. Izquierda es un concepto injusto porque no es lo mismo Pablo Iglesias, Errejón o Echenique que Madina o Pedro Sánchez o Bolaños. La izquierda actual tiene una intolerancia maniquea, farisaica, oportunista, demagógica, extrema. Y ojo a cómo se ve el titular fuera de contexto, que yo he sido puta antes que monja [risas]. Dicho lo cual, esto es pendular. La derecha, la extrema, todavía no se hace oír lo bastante porque no tiene los cauces, ni los escenarios, ni los mecanismos adecuados. Pero cuando se instale, y se va a instalar por los pecados de todos nosotros, será tan intolerante o más que la extrema izquierda. No es que yo sea un profeta, es que es la historia. Son leyes pendulares.

P. ¿Le da más miedo ahora mismo Sánchez o Vox?

R. A mí no me da miedo nada. Yo soy republicano, y monárquico en defensa propia. Tengo la casa pagada, los libros leídos, el velero en el que paso mi otra vida amarrado en el puerto. Cuando se va todo al diablo, solamente hay un consuelo: saber por qué se va al diablo. Lo he visto mil veces. “¿Qué ha pasado? ¡Pero qué horror, qué espanto! ¡El tren ha chocado con otro, ha habido una guerra, una bomba, Putin!”. Pero si has leído, si tienes los mecanismos suficientes, eres capaz de interpretar. Y cuando interpretas ya no duele tanto. Porque son las reglas. La cultura es un analgésico. No impide el problema, pero te permite soportarlo sin volverte loco.

P. ¿La cultura como resistencia?

R. El problema está en que cada vez esto [señala a su biblioteca] es menos frecuente. No digo la dimensión, digo esto como ejemplo. La orfandad intelectual del receptor de todo esto lo vuelve loco. Falta cultura. Cultura de verdad, no lo de [menciona un cineasta español]. No pongan eso. Les ruego que me cuiden, coño. No me metan en más jardines de los necesarios, que ya tengo bastante.

P. Se mete usted solo…

R. Bueno, es lo que me sale. La cultura sirve para saber por qué se cae el avión. Una vez iba volando a Beirut y cae un rayo en el avión. Y todo el mundo: ¡Ahhhh! Y me dije, hostia, voy a morir rodeado de cantamañanas que no saben que los aviones se caen. La cultura sirve para no gritar cuando se cae el avión. Saberlo te da serenidad. Las reglas del cosmos incluyen el caos. De vez en cuando el caos dice “hola, aquí estoy” y te manda a tomar por culo. Saber todo eso te da un alivio horroroso. Si mañana mi mujer, mi hija, o yo mismo tengo un accidente y me quedo mutilado, por lo menos sabré que eso lleva ocurriendo millones de años y que tampoco es tan grave. No es tan grave. El ser humano, en los últimos siglos, se ha dado demasiada importancia. Es un tema para otra entrevista, cuando seamos mayores todos.

P. Cuando habla de esa excesiva importancia del individuo…

R. Fíjense. Cuando has viajado, te das cuenta de que estamos manejando un concepto muy occidental. La Biblia, el Evangelio, Jesucristo, la cultura judeocristiana, la catedral gótica. Pero si te vas fuera de Occidente, que ya es menos cálido que antes, te das cuenta de que tienen más certezas que nosotros. En Asia, que es el gigante del futuro, el individuo no vale nada. Son las hormigas rojas. Todo es sacrificable para que prime la colectividad. Nuestros maravillosos conceptos de humanismo cristiano, de solidaridad, de ilustración, de derechos humanos, se irán a tomar por saco cuando estemos en manos de aquellos para quienes todo eso no es importante. Europa fue referente mundial, desde Homero hasta hace cuatro días. Todo el mundo quería ser como nosotros. Esa fascinación ha desaparecido. Ahora nos desprecian. Europa ya no es nada. Vienen otros imperios. Y nos van a dar, pero bien. A mí no, que yo no voy a estar. A vosotros. Y a vuestros hijos. Ese mundo que viene va a triturar lo que va quedando de Europa. Y Europa es lo mejor que ha ocurrido en la historia. Con sus defectos, todo lo que quieras. Pero ahora Europa no es nada. Un parque temático para turistas. Vienen como el que visita las ruinas de Pompeya. Por eso siempre digo a los jóvenes que aprovechen, que disfruten. Todavía se puede leer y viajar a Roma y a Praga y a Sevilla. Bailar flamenco, comer pizza en el Vesubio, leer a Lampedusa y a Spinoza y a Balzac y a Dumas y a Cervantes. O a Pérez-Reverte, si les apetece. Dentro de un tiempo eso habrá desaparecido. Seremos los siervos de un mundo que no es el nuestro.

P. ¿La batalla está perdida?

R. Perdida. La única épica posible es no permitir que la batalla se libre sin pelear. Vamos a morir todos. Pero hay que combatir. Pelear por aquello en lo que crees. Pelear por razones lúcidas, no fanáticas. No porque te manipulan, sino porque crees que debes hacerlo. Que al malo, si lo hay, le sangre la nariz aunque gane la batalla. Hay que vender cara tu piel. Cuando eres joven, después de mayor ya es otra cosa. Yo sigo peleando batallas, la de Sevilla, mi novela, mis artículos. Pero un joven debe seguir peleando. Hay que perder. Es compatible la derrota con la pelea.

P. En ocasiones lo ha formulado con estas palabras: “Mis valores como persona y como escritor se basan en la guerra”.

R. Correcto.

P. Defiende un código moral asociado a palabras como lealtad, venganza, coraje. ¿No considera que son valores que durante mucho tiempo se han visto como reaccionarios?

R. ¿Lealtad? Por supuesto. ¿Venganza? Claro que sí. Ahora tiene mala prensa pero es absolutamente higiénica. Y deja el cuerpo estupendo. ¿Coraje? Claro. ¿Eso es reaccionario?

P. Digamos que los valores que aprende en la guerra, los que defiende en su comportamiento público, en el tipo de personajes y novelas que construye, no han sido durante mucho tiempo los valores éticos del discurso dominante.

R. Mis novelas no tienen código moral. Están hechas de truhanes, canallas, tramposos, traficantes, villanos.

P. “No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente”, así arranca la saga del Capitán Alatriste.

R. Ahí está. Hay escritores que creen que la literatura tiene un deber moral, que es hacer mejor el mundo. Saramago, que era muy amigo mío, era muy de esto. Y hay otros, como yo, que creemos que no tiene obligación moral alguna. Cuento historias que me hacen feliz. Me meto ahí [señala su escritorio] cada mañana y soy feliz. Y los que me leen también lo son. No quiero educar. Cuento el mundo tal y como lo he vivido. No hay valores. Hay personajes y situaciones.

P. ¿A usted le gusta pelear?

R. Claro. Sí. Sí. Me gusta pelear. Me mantiene vivo, despierto y lúcido.

P. La gente mata por ir al programa de Jordi Wild. Usted debe de ser el novelista que más veces ha estado con uno de los principales youtubers de España. ¿Por qué cree que le llama?

R. Ha sido buen lector mío de siempre. Y además le doy muchos seguidores. No es una chulería. Una entrevista conmigo le dispara la audiencia. Pasa lo mismo cuando voy a Pablo Motos. Cuando voy a El hormiguero, ¡bum!, se dispara. Y si fuera a La revuelta... Me está llamando todo el tiempo. Quiere verme para convencerme. Por alguna razón, que no sé cuál es, tengo una repercusión mediática fuerte.

P. ¿De verdad que no sabe por qué es?

R. ¿Por qué? ¿Porque, según vosotros, defiendo valores reaccionarios, hijos de puta? [risas]

P. ¿Podemos insultar también?

R. Sé dónde viven y tengo sables. [risas]

P. ¿Tal vez conecta porque no estamos acostumbrados a que alguien esté peleando permanentemente?

R. No. ¿Saben a lo que no están acostumbrados? A que se diga lo que se piensa e importen un carajo las consecuencias. A eso es a lo que no están acostumbrados. Yo me lo puedo permitir. He vivido, he viajado, he visto lugares maravillosos y lugares terribles. He vivido una vida de verdad. A mi edad, ¿qué pierdo yo?

P. ¿También pelea en Twitter?

R. Es raro que yo debata en Twitter. ¡Si es un puto tuit, lo puedes decir en la barra de un bar! Es una herramienta poderosa de la que procuro no abusar. Ahora tengo dos millones y medio de seguidores. Me permite el contacto con los lectores de una manera fresca, inmediata, familiar, directa, informal. También aprendes un montón porque la gente muestra más de lo que cree mostrar. Me divierte. Cuando meto una cita clásica, que sale de ahí [Señala los estantes de la biblioteca donde tiene ordenados, entre otros, los volúmenes de clásicos grecolatinos de la editorial Gredos], la meto porque menea. No digo “este es Sánchez”, esta mañana iba por Feijoo. Que pongas un tuit y al rato esté Pablo Iglesias o te llame uno de Vox, uno del PSOE, “oye, Arturo”. ¿Qué más me da? ¿Qué pueden hacerme? ¿Hacerme una crítica mala en EL PAÍS cuando sale el Alatriste? Voy a por una aspirina. ¿Os vais a quedar a comer, cabrones?

Regresa a los pocos minutos. Pasa junto al kalashnikov que tiene apoyado en una estantería y que se trajo desmontado en la maleta de su etapa cubriendo la Guerra de los Balcanes. La aspirina se disuelve en el vaso.

P. Vamos a pasar a la Academia. Sus críticas a la RAE fueron calificadas por algún académico como el ataque más grande que ha sufrido la institución desde que hay memoria. ¿Comprende que se interpretara así?

R. Sí, era un ataque. En la RAE ahora no hay debate casi. Cuando se plantea un tema, se habla en el pleno y después se olvida hasta el siguiente. Harto de que todo muera ahí, voy a contarlo en público a ver si meneo un poco. Y se dio lo que esperaba. La parte ofendida se manifestó y la parte que estaba conmigo se calló, como suele hacer, por otra parte. “Son cosas de Arturo…”. La tilde, el “sólo”. Muerto Vargas Llosa y muerto Marías, que eran los más militantes conmigo, me he quedado solo. Decidí contar de una vez lo que pasa. Estaba muy razonado, fue reproducido en muchos países de Hispanoamérica. Quise desvincularme de una manera de entender la RAE que no me gusta y negar la complicidad. Pero, como siempre, me quedé solo. No todo el mundo es capaz de asumir el precio. Yo lo asumo, primero, por mi manera de ser y, segundo, porque me lo puedo permitir.

P. ¿La discrepancia que planteó no era entre recoger usos y el estilo?

R. Necesitaríamos una entrevista entera sobre esta cuestión. La Academia ha mirado siempre el uso para incorporarlo, pero debería pasar un tiempo de vigencia para que fuese incorporado, no es suficiente que esté documentado en la red. Y antes, además de esta cuestión, la Academia ejercía la autoridad sobre si un uso era correcto o no, como hacía Lázaro Carreter con El dardo en la palabra. Esa labor de señalar los peligros, que hemos pedido mil veces en los plenos, no se cumple. Y esa dejación de autoridad a favor del uso está provocando que la Academia haya perdido impulso.

P. ¿Su ataque ha tenido algún efecto?

R. Todo sigue igual. Sabía que no iba a cambiar nada, pero mi posición queda clara. Yo no entré en esa RAE. En los primeros años estaba García Yebra, Gregorio Salvador, Rodríguez Adrados, Claudio Guillén, Ignacio Bosque. Yo hablaba cuando me preguntaban. Estuve callado aprendiendo durante años. Pero fueron muriendo, fueron dejando huecos y esos huecos se llenaron de una manera que no me convenció a mí ni a otros. Y por eso empecé a hablar. Y les revienta que menciones los viejos maestros muertos… Y creo que ya he dicho bastante.

P. ¿Echa mucho de menos a Javier Marías?

R. Mucho. Cada jueves después de la Academia íbamos a cenar. Hablábamos de cine, chicas, amigos, novela policiaca… Éramos como el empollón, él, y el gamberro, yo. Teníamos una complicidad como si fuéramos Zipi y Zape. Era mi hermano de juegos. Cuando vives mucho tiempo hay restaurantes que cierran, lugares que cambian y hay amigos que mueren, cada vez más. Javier es uno de los grandes huecos de mi vida, el escritor con el que he tenido una relación de mayor profundidad. Y realmente lo echo mucho de menos. Pero bueno, son las reglas.

P. ¿Ve diferencias entre la consideración de su obra fuera de España y en España? ¿En España está mediatizada por su imagen pública?

R. En cuanto a lectores, no. Pero en España hay campañas periódicas a favor y en contra. Como cuando Iglesias dijo en el Parlamento, “más Galdós y menos Pérez-Reverte”. O cuando Abascal se cabrea. Ahora hay parte de la derecha que dice que soy un vendepatrias porque Alatriste habla de la España oscura y no la gloriosa… Cuando parte de la derecha, a la que gustaba tanto Alatriste y los tercios, se ha puesto a leer despacio, ve que lo oscuro también asoma. Entonces me ataca. Ha coincidido con Vox. Nadie se preocupa por eso en Italia o en Francia. Gajes del oficio, va incluido en el sueldo.

P. ¿Tal vez lo atacan porque es la persona con mayor poder literario en España?

R. Os aseguro que no lo ejerzo. ¿Para qué? Hay gente que se dejaría cortar un brazo por estar en mi situación. No hago vida literaria. En Sevilla no he cobrado un puto duro, jamás. Me pagan el billete de AVE y el hotel. No cobro nunca conferencias. Y del Estado, jamás, como Marías. Hago lo que me apetece. No me considero algo fundamental. Si mañana desaparezco, se pierde un novelista. Nada más. Soy feliz con la vida que llevo, tíos.

P. Queríamos terminar citando un diálogo de El capitán Alatriste. Hacía el final de la novela el Conde Duque de Olivares le dice: “Tenéis cierta propensión a ser herido”. Alatriste contesta: “Y a herir, Excelencia”. ¿Se siente identificado?

R. Absolutamente. No soy Alatriste, pero Alatriste sin mí sería imposible. Su mirada y la manera de ver el mundo es la mía. Quizá por eso a algunos les quiero bien y a otros les quiero mal.


miércoles, 18 de febrero de 2026

La ética cristiana es lo único que nos falta

 [Cómo la Iglesia Católica salvó a la Civilización Occidental (Hechos que ocultan)

 Transcrito y corregido desde Legado de Chesterton, Youtube, datado hace un mes]

 Te enseñaron en la escuela que la Edad Media fue la Edad Oscura, ¿verdad? Que la Iglesia Católica mantuvo a Europa en ignorancia supersticiosa durante 1000 años. Que la ciencia finalmente triunfó cuando pensadores valientes se liberaron del dogma religioso, que el progreso comenzó cuando la humanidad dejó atrás el cristianismo medieval. Cada palabra de esa narrativa es una mentira y no una mentira accidental.

Es una distorsión sistemática de la historia que comenzó en la Ilustración y continúa hasta hoy en cada aula, cada documental, cada conversación sobre religión y progreso. Te contaron esta versión porque la verdad es demasiado incómoda para el proyecto secular moderno. La verdad es esta: sin la Iglesia  Católica, no existiría la civilización occidental.

No habría universidades, no habría método científico, no habría derechos humanos, no habría hospitales, caridad organizada o la idea misma de que cada persona tiene dignidad infinita.

La institución que te dijeron que oscureció el mundo literalmente lo iluminó. Los monjes que te pintaron copiando biblias supersticiosas estaban preservando toda la literatura clásica mientras imperios colapsaban.

Los inquisidores medievales estaban estableciendo el debido proceso legal que protege tus derechos hoy. Chesterton vio esta mentira hace un siglo y dedicó su vida a exponerla.

Hoy vamos a hacer exactamente eso, revelar cómo la Iglesia Católica salvó la civilización occidental con hechos históricos que deliberadamente te ocultaron.

Si eres católico y sientes que tu fe está constantemente bajo ataque, que te presentan como enemigo del progreso, sé exactamente cómo te sientes. Vivimos en una época donde defender la tradición católica te marca como reaccionario ignorante, pero aquí está lo que vas a descubrir. Tienes razones históricas sólidas para sentir orgullo profundo de tu herencia. No nostalgia romántica, no fe ciega.

Hechos históricos documentados que demuestran que la civilización que disfrutas existe porque la Iglesia la construyó.

Si quieres descubrir más verdades sobre el pensamiento católico que transforman perspectivas, suscríbete a este canal donde exploramos las ideas de grandes pensadores cristianos como Chesterton, C. S. Lewis y otros que desafiaron el secularismo moderno con argumentos devastadores.

Empecemos con el mito más grande, el que sostiene toda la narrativa anticatólica, la Edad Oscura. Según la versión estándar, cuando cayó el Imperio Romano en el año 476, Europa cayó en 1000 años de ignorancia religiosa.

La Iglesia prohibió el conocimiento, quemó libros, persiguió pensadores. Recién en el Renacimiento, cuando artistas y filósofos redescubrieron la sabiduría clásica pagana, Europa despertó.

¿Sabes lo que más me fascina de esta narrativa? Que es exactamente al revés de lo que  realmente ocurrió. Chesterton entendió algo crucial. Cuando Roma cayó ante invasiones bárbaras, toda la estructura que preservaba el conocimiento colapsó. Bibliotecas ardieron, escuelas cerraron. El comercio que permitía distribución de libros se desintegró.

Europa enfrentaba extinción cultural total. ¿Quién salvó el conocimiento antiguo? Los monjes católicos.

Imagina esta escena. Año 550. Tribus germánicas arrasan aldeas. Nadie lee latín excepto el clero. Los únicos edificios de piedra que sobreviven son monasterios. Y en esos monasterios, monjes benedictinos están haciendo algo extraordinario, copiando a mano cada texto clásico que encuentran. No solo Biblias: Virgilio, Cicerón, Aristóteles, Platón, obras de medicina romana, tratados de agricultura, poesía pagana. Los monjes preservaron todo porque la Iglesia Católica nunca tuvo miedo del conocimiento pagano; al contrario, lo consideraba preparación providencial para el cristianismo. El venerable Beda en Inglaterra, siglo séptimo, está estudiando astronomía y cronología mientras cultiva el campo. Alcuino de York, siglo VIII, establece escuelas palatinas que enseñan las siete artes liberales. Monasterios irlandeses, completamente aislados de Europa continental, mantienen viva la tradición literaria latina cuando el continente sangra. 

Déjame mostrarte algo asombroso. Sin esos monjes oscurantistas no tendrías a Platón. Los únicos manuscritos que sobrevivieron a la caída de Roma pasaron por scriptoria monásticos.

Copiar un solo libro tomaba meses. Era un trabajo agotador que arruinaba la vista, pero lo hicieron durante siglos. ¿Y sabes qué textos copiaban con mayor cuidado? Los clásicos paganos. Porque la Iglesia entendía que la verdad es una, venga de donde venga. Que Aristóteles y Platón habían tocado verdades sobre la naturaleza humana que el cristianismo completaba, no contradecía.

Fíjate en esta paradoja chestertoniana. La institución que supuestamente odiaba el conocimiento pagano fue la única que lo preservó cuando todo el mundo civilizado colapsaba.

Los oscurantistas eran los únicos con luz suficiente para leer, pero hay más. No solo preservaron textos, desarrollaron agricultura avanzada, innovaron en arquitectura, mejoraron técnicas de vinicultura.

Los monasterios eran centros de tecnología agrícola que alimentaron a Europa después del colapso  romano. Aquí viene lo realmente interesante cuando hablas de la Edad Oscura. ¿Oscura para quién?

Europa experimentó caos político, sí, pero intelectualmente la iglesia mantenía encendida cada lámpara disponible.

No había oscuridad de conocimiento, había protección deliberada de la sabiduría contra la barbarie.  Chesterton lo expresó brillantemente. "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo". Cuando todo el mundo civilizado se desintegraba, la Iglesia se negó a ser hija de ese tiempo oscuro. Se aferró al conocimiento antiguo y lo transmitió.

Entonces, primera mentira destruida. La Edad Oscura no fue causada por la Iglesia. La Iglesia fue la única luz en una época realmente oscura de invasiones y colapso. Sin ella, la civilización grecorromana habría desaparecido completamente y estarías viviendo en un mundo sin Platón, sin derecho romano, sin la herencia intelectual que hace posible la civilización occidental. 

Ahora vamos a la segunda mentira gigante, que la ciencia y educación superior nacieron contra la Iglesia. La verdad histórica es mucho más incómoda para secularistas. La Iglesia católica inventó la universidad moderna, literalmente.

Bolonia, 1088, París 1150, Oxford 1167, Cambridge 1209. Las primeras universidades del mundo no fueron instituciones seculares que se rebelaban contra el dogma religioso.

Fueron creaciones de la Iglesia Católica, financiadas por la Iglesia, administradas por clérigos,  establecidas con bendición papal. ¿Sabes lo que realmente significa la palabra universidad?

Universitas Magistrum Scholarium, comunidad de maestros y estudiantes. La Iglesia creó la idea misma de que el conocimiento debería estar organizado institucionalmente, disponible para quien pudiera aprender, protegido por autonomía corporativa.

Imagina que eres un joven en el año 1200. Si quieres estudiar, no hay alternativa secular. La única  educación avanzada en toda Europa está en instituciones católicas.

Teología, sí, pero también medicina, derecho, filosofía natural, ciencia, matemáticas, astronomía, lógica. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. La Universidad de París establece el método escolástico.

¿Qué es presentar todas las objeciones posibles a una idea, examinarlas rigurosamente, responder con argumentación lógica? Este método desarrollado por teólogos católicos se convierte en la base del pensamiento científico occidental.

Tomás de Aquino, siglo XIII, no está simplemente enseñando doctrina, está haciendo filosofía natural rigurosa, integrando Aristóteles con cristianismo, estableciendo que fe y razón son compatibles, que estudiar el mundo natural es estudiar la obra de Dios.

Déjame mostrarte algo asombroso. La idea de que el universo opera bajo leyes naturales consistentes que puedes estudiar mediante observación y razón es una idea cristiana. Las culturas paganas veían el cosmos como caprichoso, controlado por dioses temperamentales. El cristianismo declaró que un Dios racional creó un cosmos racional, que, por tanto, la razón humana podía comprender.

Sin esa cosmovisión, no hay ciencia moderna. Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII, está  haciendo experimentos ópticos, promoviendo el método empírico, enfatizando matemáticas en ciencia natural. Alberto Magno está clasificando plantas y animales con rigor aristotélico. Nicolás de Oresme está desarrollando conceptos que anticipan la física newtoniana. ¿Y sabes dónde están haciendo todo esto? En universidades católicas, con financiamiento de la Iglesia, enseñando a estudiantes en programas establecidos por obispos.

Aquí viene lo realmente interesante: cuando la reforma protestante fractura Europa en el siglo XVI, ¿dónde continúa la investigación científica? En países católicos. Los jesuitas se convierten en los científicos más importantes de Europa. Establecen observatorios astronómicos, desarrollan cartografía avanzada, contribuyen a matemáticas, física, astronomía. 35 cráteres lunares están nombrados en honor a científicos jesuitas. Déjame repetir eso. 35 cráteres, en la Luna, llevan nombres de sacerdotes católicos que hicieron astronomía de clase mundial. Chesterton vio esta paradoja claramente. "El loco no es el hombre que ha perdido la razón. El loco es el hombre que lo ha perdido todo, excepto la razón". La modernidad secularizada piensa que la razón funciona sola, sin fundamento metafísico. Pero fue el cristianismo quien dio a la razón su poder al declarar que Dios es Logos, la razón encarnada.

Entonces, segunda mentira destruida: la Iglesia no se opuso a la educación superior y la ciencia. La Iglesia las creó, inventó el modelo institucional, la universidad, desarrolló el método, el escolasticismo que lleva al método científico y financió siglos de investigación.

Cuando piensas en Oxford o Cambridge, estás pensando en instituciones que existen porque obispos  católicos decidieron que el conocimiento organizado glorificaba a Dios. Sin la Iglesia no hay modelo universitario, no hay tradición de investigación protegida institucionalmente, no hay camino claro hacia la revolución científica. [...]

Ahora llegamos a algo que la narrativa secular casi nunca menciona. La Iglesia  católica inventó el sistema hospitalario moderno. Esto no es exageración, es historia documentada que transformó radicalmente cómo las sociedades trataban a enfermos y pobres. En el mundo antiguo, si eras pobre y enfermabas, morías. Simple. El Imperio Romano tenía hospitales militares para soldados valiosos. Algunos templos paganos ofrecían sanación religiosa, pero la idea de que la sociedad tenía obligación de cuidar al enfermo pobre, al huérfano, al anciano abandonado, simplemente no existía.

¿Sabes qué cambió eso? La doctrina católica de que cada persona, sin importar condición, tiene dignidad infinita porque está hecha a imagen de Dios. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. Año 369, San Basilio de Cesárea establece el Basilias, el primer complejo hospitalario de la historia. No es solo para ricos, es específicamente para pobres, leprosos, viajeros sin recursos. Incluye viviendas, orfanato,  hospicio para ancianos. Esta idea se expande explosivamente. Para el año 400, cada ciudad importante del Imperio bizantino tiene hospitales católicos.

Occidente sigue el modelo. Siglo VI: los monasterios benedictinos establecen enfermerías no solo para monjes, sino para la comunidad circundante. Déjame mostrarte algo asombroso. Cuando hablas de hospital, la palabra misma viene de hospitalidad, concepto cristiano de recibir al extraño como si fuera Cristo. Hospes en latín significa tanto huésped como anfitrión.

La Iglesia creó instituciones basadas en la idea radical de que servir al enfermo es servir a Dios. Imagina que eres un leproso en el año 800. La sociedad te rechaza, tu familia te abandona, tienes una enfermedad incurable que te desfigura.

En cualquier cultura pagana estás condenado a morir en aislamiento absoluto. Pero hay un monasterio cerca. Monjes y monjas que han hecho voto de caridad te reciben, te dan cama, te alimentan, limpian tus heridas, te tratan con dignidad cuando el resto del mundo te considera desecho humano. ¿Por qué harían eso? Porque Jesús tocó leprosos. Porque la doctrina católica dice que el sufrimiento tiene significado redentor. Porque la caridad no es opcional para cristianos: es el mandamiento central.

Aquí viene lo realmente interesante. Esta práctica crea algo completamente nuevo en la historia humana. La idea de que la sociedad tiene responsabilidad sistemática de cuidar a sus miembros más vulnerables.

Siglo XII. Europa está cubierta de hospitales católicos. La orden de San Juan establece hospitales para peregrinos y enfermos en Tierra Santa y por todo el Mediterráneo. Algunas de estas instituciones  atienden a miles de pacientes simultáneamente con organización administrativa sofisticada.

Chesterton entendió que esta no era simplemente caridad individual: era revolución antropológica. El paganismo clásico admiraba la fuerza. El estoicismo predicaba indiferencia al sufrimiento. Solo el cristianismo declaró que el débil, el enfermo, el pobre tiene valor infinito.

"No necesitamos una religión verdadera tanto como necesitamos algo que haga verdadero todo lo demás", escribió Chesterton. La doctrina de dignidad humana universal hizo verdadero el concepto de derechos humanos.

Hizo verdadera la obligación social de proteger al vulnerable. Hizo verdadera la idea de que una  civilización se mide por cómo trata a sus miembros más débiles. Sin esta doctrina católica, no hay fundamento filosófico para derechos humanos modernos. ¿Por qué un ser humano tendría valor inherente? El darwinismo social dice que el débil debe perecer. El utilitarismo dice que vale quien produce utilidad.

Solo el cristianismo afirma que cada persona tiene valor infinito por razones metafísicas, no  circunstanciales. Los hospitales católicos no eran solo instituciones médicas, eran manifestaciones físicas de una verdad teológica: que Dios se hizo hombre y sufrió, dignificando así todo sufrimiento humano, que servir al más pequeño es servir a Cristo mismo. Entonces, tercera mentira destruida, la Iglesia no fue enemiga del bienestar humano. Fue la Iglesia quien estableció el sistema institucional de caridad que transformó sociedades y creó el fundamento filosófico de lo que hoy llamamos derechos humanos y estado de bienestar.

Ahora vamos al tema que hace temblar a muchos católicos, la Inquisición. Porque, admitámoslo, cuando alguien quiere atacar a la iglesia, grita "Inquisición" como si eso cerrara todo debate. Pero aquí está la verdad histórica que deliberadamente te ocultaron. La Inquisición medieval estableció principios de debido proceso legal que protegen tus derechos hoy. Sé que suena imposible. Respira hondo: vamos a revisar los hechos. La Europa del siglo XIII enfrenta herejías que amenazan el tejido social.

Los Cátaros en Francia meridional rechazan el mundo material como creación del Diablo. Predican el suicidio por inanición. Destruyen familias. Multitudes enfurecidas comienzan a linchar sospechosos de herejía, sin juicio alguno. ¿Qué hace la Iglesia? Establece la Inquisición en 1231.

Y aquí está lo crucial. Establece procedimientos legales que reemplazan violencia de turba con proceso judicial formal.

Déjame mostrarte algo asombroso. Antes de la Inquisición, si tu vecino te acusaba de herejía, podía formarse una turba y quemarte ese mismo día. No había investigación, no había defensa, no había presunción de inocencia, solo acusación y ejecución inmediata. La Inquisición estableció el acusado tiene derecho a conocer los cargos específicos, tiene derecho a presentar testigos en su defensa, tiene derecho a abogado. Los testigos de acusación deben testificar bajo juramento.

Se requiere evidencia física o testimonio de dos testigos creíbles. ¿Te suena familiar? Son los fundamentos del debido proceso legal occidental. Imagina que eres acusado de herejía en el año 1250.

Bajo justicia secular, la turba te ejecutaría. Bajo la Inquisición, enfrentas proceso formal. Inquisidores interrogan testigos, examinan evidencia. Puedes apelar a autoridades superiores. Si te condenan, tienes opciones de penitencia antes de pena capital. ¿Era el sistema perfecto? No. ¿Hubo abusos? Absolutamente; pero, comparado con la justicia secular de la época, la Inquisición era vastamente más justa. Aquí viene lo realmente interesante. Las cifras que te enseñaron sobre la Inquisición son fantasía protestante del siglo XVI y propaganda ilustrada del XVIII.º

Te dijeron que millones murieron. La investigación histórica moderna demuestra que en la Inquisición Española, la más severa, las ejecuciones totales durante tres siglos fueron entre 3.000 y 5.000 personas. Cada muerte injusta es tragedia. Pero contextualiza: en ese mismo periodo, guerras religiosas protestantes en Europa mataron millones.

La casa de brujas en territorios protestantes ejecutó a decenas de miles. La justicia secular ejecutaba por robar pan. La Inquisición tenía tasa de absolución del 90 % en muchas jurisdicciones. Rechazaba evidencia obtenida por tortura. Requería estándares de prueba más altos que tribunales seculares. Chesterton señaló esta paradoja: "Cuando un hombre deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, sino que cree en cualquier cosa". La modernidad secularizada abandonó los estándares legales que la Inquisición desarrolló y cayó en terror jacobino, gulag soviéticos, campos de exterminio nazis.

Sistemas sin fundamento teológico de dignidad humana mataron a más personas en el siglo XX que todas las guerras religiosas combinadas de la historia anterior. Fíjate en esto: los principios legales que la Inquisición estableció —derecho a conocer cargos, presentar defensa, apelar, presunción de inocencia hasta prueba de culpabilidad— están en las constituciones modernas.

El proceso legal que desarrollaron inquisidores dominicos protege tus derechos hoy cuando enfrentas tribunal. ¿Es irónico? Profundamente, pero es historia factual.  Entonces, cuarta mentira destruida, la Inquisición no fue simplemente maquinaria de opresión. En su contexto histórico, introdujo reformas legales que reemplazaron el linchamiento de turba con el debido proceso, estableciendo precedentes que evolucionan en protecciones legales modernas.

La iglesia no inventó la crueldad legal. Estaba limitándola según estándares de su época mientras desarrollaba principios que eventualmente la trascenderían.

Ahora conectemos todo: ¿por qué importa esto más allá de trivia histórica? Porque la civilización occidental que permite que vivas con libertad, educación, derechos y dignidad reconocida fue construida sobre fundamentos católicos.

Si destruyes el fundamento, el edificio colapsa. Mira a tu alrededor: universidades, hospitales, sistema legal con debido proceso. La idea de que cada persona tiene derechos inalienables. El concepto de caridad organizada, la noción de que la razón puede comprender el universo. Cada uno de estos pilares de la civilización occidental tiene raíces profundamente católicas.

Chesterton vio venir lo que estamos viviendo hoy. Escribió en 1920 que "cuando la sociedad rechaza el cristianismo, no se vuelve neutral, se vuelve pagana de nuevo. Y el paganismo moderno es peor que el antiguo porque ya no tiene inocencia."

¿Sabes lo que más me fascina de todo esto? La modernidad secularizada vive de capital moral que heredó del cristianismo pero que ya no puede justificar filosóficamente. ¿Por qué crees en derechos humanos? Si eres materialista consecuente, si somos solo animales evolucionados, ¿de dónde vienen los derechos inalienables? Los derechos son un concepto metafísico. Solo tienen sentido si hay realidad trascendente que los fundamenta. El secularismo moderno quiere los frutos del cristianismo, compasión, igualdad, dignidad humana, justicia, sin la raíz teológica que los hace coherentes.

Imagina esta escena. Estás en debate con secularistas que denuncian la opresión religiosa de la Iglesia. Les preguntas: "¿Por qué creéis que todos los humanos tienen igual dignidad?" Responden: "Porque es obvio"; pero no es obvio en absoluto. No era obvio para romanos que esclavizaban. No era obvio para espartanos que mataban bebés débiles. No era obvio para culturas que practicaban sacrificio humano. La dignidad humana universal se volvió obvia solo después de que el cristianismo pasó 2000 años enseñándola, luchando por ella, construyendo instituciones alrededor de ella.

Déjame mostrarte algo asombroso: cuando la Declaración Universal de Derechos Humanos se redactó en 1948, representantes de países no cristianos cuestionaron el concepto mismo. ¿Por qué los humanos tendrían derechos inherentes? El comité no pudo dar respuesta secular satisfactoria. Simplemente declararon los derechos sin justificación filosófica. Los derechos humanos modernos son cristianismo secularizado. Funcionan solo mientras la memoria cultural cristiana permanece viva. Cuando esa memoria se borra completamente, como Chesterton predijo, regresa la barbarie.

Aquí viene lo realmente interesante para ti. Viviendo en el siglo XXI, estás viendo exactamente ese colapso en tiempo real.

Una cultura que rechaza fundamentos metafísicos cristianos pierde capacidad de defender la dignidad humana coherentemente. El aborto se vuelve derecho porque el humano no nacido pierde status de persona. La eutanasia se vuelve compasión porque la vida sin calidad medible pierde valor. La identidad se vuelve autodefinida porque no hay naturaleza humana objetiva.

Chesterton escribió: "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo. Cada generación libre de tradición cristiana recrea errores que la Iglesia ya refutó siglos atrás. La civilización occidental está consumiendo su herencia católica sin reponerlaVive de capital moral acumulado mientras rechaza la fuente que lo generó." 

¿Significa esto que todo era perfecto en la cristiandad medieval? No, significa que el proyecto de construir civilización justa sin fundamento trascendente es imposible.

La historia lo demuestra repetidamente. Entonces, última verdad revelada, la civilización occidental liberal que celebramos con sus libertades, derechos, instituciones de caridad y justicia, es radicalmente dependiente de la cosmovisión cristiana.

No puedes tener cristianismo sin Cristo, ni civilización occidental sin el cristianismo que la formó. La Iglesia no salvó la civilización, a pesar de ser católica. La salvó precisamente porque era católica, porque tenía verdades trascendentes que motivaban sacrificio heroico y construcción institucional que trascendía generaciones. Entonces, aquí está la verdad completa.

La Iglesia Católica preservó el conocimiento antiguo cuando la civilización colapsaba. Creó el sistema universitario y el método que llevó a la ciencia moderna. Estableció hospitales y dignificó al vulnerable. Desarrolló debido proceso legal. Fundamentó filosóficamente la dignidad humana universal. No lo hizo perfectamente. Católicos pecaron, cometieron errores, abusaron del poder. Pero la Iglesia como institución, guiada por doctrinas verdaderas sobre la naturaleza humana y la realidad, construyó los pilares de la civilización que heredaste.

Aquí está tu acción inmediata. La próxima vez que alguien ataque a la iglesia como enemiga del progreso, pregúntale qué institución preservó el conocimiento clásico. ¿Quién inventó la universidad? ¿De dónde vienen tus derechos humanos? Obliga a confrontar la historia real, no el mito ilustrado. Chesterton lo dijo mejor. La verdad es sagrada y, si dices la verdad demasiado a menudo, nadie la creerá. Hemos repetido mentiras sobre la iglesia tanto que la verdad suena fantástica, pero la verdad permanece. Sin la Iglesia Católica vives en un mundo radicalmente diferente y vastamente peor. Esto no es fe, es historia. Si esta verdad transformó tu perspectiva tanto como transformó la mía cuando la descubrí, suscríbete para explorar más pensadores católicos que desafiaron el secularismo moderno con  argumentos devastadores. En el próximo episodio, descubriremos cómo Chesterton predijo el caos cultural que vivimos hoy con precisión profética.

Hasta entonces, recuerda: la ortodoxia no es prisión, es la única libertad que te salva de ser esclavo de tu época. 

jueves, 12 de febrero de 2026

Memorias de Jung Chang, disidente china

 Jung Chang, escritora: “Si la gente pensara que China es tan maravillosa iría para allá”, en El País, Berna González Harbour, Madrid - 10 feb 2026 

La autora firma una biografía familiar trepidante, desde el concubinato de su abuela a su exilio desde su China natal.

Jung Chang saltó a la fama en 1991 al publicar su historia en Cisnes salvajes, una odisea a partir de la vida de su abuela, concubina de un general durante el imperio chino; la de su madre, líder comunista luego represaliada; y la suya propia, joven de la Guardia Roja china desencantada tras la devastadora represión de la Revolución Cultural. Aquella joven nacida hace 73 años en Yibin (Sichuán, China) logró salir a Londres, estudiar, escribir y triunfar y ahora vuelve con Vuelan los cisnes salvajes (Lumen), donde retoma una biografía familiar trepidante, imbricada en la historia china del último siglo.

Pregunta. Su libro rezuma miedo. ¿Sigue sintiéndolo?

Respuesta. Sí porque crecí bajo el mandato de Mao y el miedo estaba embebido en nuestros corazones. Hoy intento derrotarlo, no sentirlo y seguir con mi vida, pero está.

P. Retrata a su madre como una gran luchadora. ¿Cuál fue su principal lección?

R. Hoy tiene más de 90 años, está muy frágil y no podemos hablar mucho, pero nos podemos ver por videollamada. Ella me enseñó a ser fuerte, valiente, a hacer lo que creo correcto y a escribir, a contar la verdad.

P. ¿Reconoce la China de hoy, la de Xi Jinping?

R. Es muy distinta de la de Mao. Yo crecí en tiempos de violencia pública, de denuncias horribles cuando se paseaba a las víctimas por las calles, se les pegaba, incluso niños a sus padres. Y hoy es muy distinto. Hay miedo y represión, pero no se puede volver al maoísmo.

P. ¿Hoy China es más capitalista o comunista?

R. En esencia, sigue siendo comunista, en China aún no se permite la propiedad de la tierra sino solo comprar derechos de uso por 70 años. A la gente se le permiten ciertas libertades y tener dinero, pero si el partido lo decide, puedes perderlo todo. Hay libertad, pero siempre que no vayas más allá de los límites del partido.

P. ¿Su peor recuerdo?

R. Ver a mis profesores ser pegados en la escuela, ver a mis padres torturados, a mi abuela sufrir muchísimo dolor. Uno de los peores recuerdos fue ver a mi abuela desmayarse cuando mi madre sufría, cuando era exhibida por las calles humillada, atormentada. Mi abuela se desmayó ante mí y su cuerpo cayó rígido como una tabla, su cráneo chocó contra el suelo, perdió la conciencia y ese momento me aterrorizó.

P. La vida de su abuela quedó marcada por su concubinato cuando solo tenía 15 años.

R. Ella fue entregada a un general para ser su concubina en los años veinte y, cuando él murió y mi abuela quiso casarse, la familia de su novio se puso en contra por la deshonra que iba a suponer. Su hijo se pegó un tiro y murió. La vida se convirtió en imposible para mi abuela, a mi madre la acosaban muchísimo y eso conformó su personalidad. Por eso se unió al comunismo, que prometía acabar con el concubinato. Pero después quedó devastada porque la asociación de mujeres comunistas que debía liberarlas tampoco quería a mi abuela, ni sentarse con ella en la boda.

P. ¿Es posible superar esos traumas?

R. Cuando viajé a China y hablé con muchas personas para mis libros descubrí que, al abordar el pasado, esas personas cambiaban y se ponían a temblar, no encontraban las palabras, no hablaban de forma coherente. Me di cuenta de que el trauma no se había convertido en recuerdo y no podían pensar en el pasado sin perderse, no sabían qué hacer, qué decir, el dolor era demasiado profundo. Ojalá lo hubiesen podido tratar los psicólogos. El recuerdo fue borrado a propósito, metido debajo de la alfombra. A la gente se le pidió ignorar y olvidar.

P. Usted creció fascinada por Mao.

R. Crecí bajo el culto a su personalidad. Mao era nuestro Dios. Yo misma empecé a horrorizarme con la Revolución Cultural, tenía 14 años y no pensé en culpar a Mao, era una persona que venía dada, como comer, vestirse y obedecer. Poco a poco, con los años, cuando logré irme de China en 1978, a los 26, Mao estaba muy lejos de ser Dios en mi mente. El día que murió todo el mundo estaba llorando, pero yo tenía los ojos secos, no tenía lágrimas para él. Después le investigué para una biografía que firmé con mi marido [Mao, la historia desconocida, Taurus, con el historiador Jon Halliday], descubrimos verdades horribles y hoy le veo como una de las personas más malvadas del siglo XX en el mundo, al lado de Hitler y Stalin.

P. Desde hace unos años no puede volver a China. ¿Conocen allí sus libros y su fama?

R. Hoy hay menos personas que me conocen a mí y a mis libros que hace diez años. Cuando se publicó Cisnes salvajes y la biografía de Mao, aunque fueron prohibidos, había ediciones piratas. Pero ahora mismo el control es mucho más fuerte debido a las tecnologías. Mi nombre y el de mis libros están totalmente bloqueados. El software y aplicaciones que se usan te hacen la vida muy fácil, puedes pagar y hacer muchas cosas, pero facilitan el control. Por eso menos personas me conocen hoy.

P. ¿Cree que verá allí publicados sus libros?

R. No lo sé. Es poco probable. Están pasando muchas cosas como la nueva purga en el Ejército, personas que eran base de poder de Xi Jinping han caído y hay mucha determinación de tomar Taiwan por la fuerza. Ojalá sucediera, pero ya se verá, hay muchas variables que desconozco.

P. ¿Cree que Trump conseguirá hacer a China Más Grande de Nuevo, en lugar de a América, visto lo visto?

R. Lo que Trump ha hecho a sus aliados es lo que China quiere ver, pero eso no hace o no debería hacer de China un mejor amigo de Occidente. No creo que los europeos sean tan ingenuos como para unirse al otro lado al no estar contentos con el comandante de su bando. Y China no mira a los países democráticos como amigos, básicamente los quiere utilizar. Son dos cosas distintas.

P. Pero la reputación de China va aumentando mientras decrece la de EE UU.

R. No estoy muy segura. Hay muchas personas y países que quieren el dinero chino y por eso dicen cosas bonitas sobre China, pero nada más. Los refugiados arriesgan su vida y cruzan mares para ir a EE. UU. y Europa, pero nadie está corriendo hacia China. Si realmente pensaran que es tan maravillosa, irían para allá. En China había una broma política: “¿Qué tienen en común un chino y un ciudadano de una democracia? Que ambos pueden abusar del gobierno democrático”.

miércoles, 21 de enero de 2026

El infanticidio y destrozo a las mujeres caídas de Irlanda

 El cruel drama de las "mujeres caídas": cómo Irlanda destrozó la vida de más de 60.000 madres, en El Mundo, Andrés Seoane, 6 mayo 2025:

Auspiciada por el Estado y dirigida por la Iglesia, entre 1922 y 1998 existió una red de hogares para madres y bebés que provocó la muerte de más de 9.000 niños. Caelainn Hogan narra su terrible historia en ‘La república de la vergüenza y reclama justicia. "Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes". Hay sábanas con los nombres de los casi 800 niños muertos colgadas en las puertas de la fosa común de 796 bebés hallada en el antiguo Hogar para madres y bebés de Tuam, Galway.

El libro es La república de la vergüenza, por Caelainn Hogan. Traducción de Elena Pérez San Miguel. Errata Naturae. 328 páginas.

En 2014, Irlanda se vio sacudida por una noticia impactante. Según las investigaciones de la historiadora local Catherine Corless los cadáveres de casi 800 bebés y niños yacían en los terrenos del Hogar para Madres y Bebés Bon Secours de su pueblo, Tuam, ubicado en el condado de Galway al oeste del país y regentado entre 1925 y 1961 por las Hermanas del Buen Socorro. Corless descubrió cientos de certificados de defunción -las causas de muerte más comunes apuntadas eran debilidades congénitas, enfermedades infecciosas y desnutrición- pero ningún registro de entierro.

Ante el revuelo del caso, se abrió una investigación y entre 2016 y 2017 las excavaciones realizadas en una fosa común sin marcar, ubicada en la antigua fosa séptica del edificio, revelaron los restos de 796 individuos de edades comprendidas entre las 35 semanas de gestación y los tres años. La gravedad del horrible hallazgo llevó a la creación de una Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés que se propuso explorar y documentar el legado persistente de las instituciones religiosas en Irlanda.

Fue en ese 2017, con la polémica candente, cunado la periodista experta en conflictos, migración y marginación Caelainn Hogan (Dublín, 1988), regresó a su Dublín natal tras varios años trabajando en países como Nigeria, Sudáfrica, Estados Unidos, Siria o España -donde escribió reportajes sobre el movimiento antidesahucios y las protestas de los indignados-. "Ese año ocurrieron en Irlanda muchas cosas que generaron un profundo debate social sobre el embarazo y los derechos reproductivos, las personas separadas de sus hijos y el trato que la Iglesia y el Estado habían dado a las mujeres embarazadas y sus bebés. Muchos supervivientes comenzaron a la voz y a contar sus terribles historias, y al empezar a hablar con ellas me di cuenta de que era un problema persistente, que no era algo del pasado o de la historia, sino que afectaba a miles de vidas hoy en día".

De todas esas conversaciones, reportajes e investigaciones nació el espeluznante y conmovedor ensayo La república de la vergüenza (Errata Naturae), que recoge muchos de estos testimonios y glosa el funcionamiento de esta red de instituciones, regentadas por la Iglesia pero apoyadas y sufragadas por el Estado, para ocultar, castigar y explotar a las llamadas "mujeres caídas o descarriadas". Narrado en primera persona, Hogan, hija de padres que nunca se casaron, comprobó con espanto que ella misma y su madre podían haber acabado en un lugar así.

"No hablé con nadie en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones. Nací en 1988, y sólo un año después de que el estado cambiara la ley de ilegitimidad (Legitimacy of Children Act) [hasta 1987 los hijos nacidos fuera del matrimonio tenían en Irlanda un estatus legal inferior], así que si hubiera nacido solo unos meses antes... Al hablar con supervivientes descubrí que muchas mujeres y niñas todavía eran enviadas a estos hogares para madres y bebés en mi época, y que el último, en Donegal, dirigido por laicos, pero con una fuerte influencia de la Iglesia, no cerró hasta 2006", explica. "También descubrí que era algo mucho más común de lo que parece, no hablé con ninguna persona en Irlanda que no tuviera alguna historia personal o que no conociera a alguien afectado por estas instituciones".

Las popularmente conocidas como lavanderías de la Magdalena nacieron en el siglo XVIII para ayudar a mujeres que habían caído en la prostitución, a las que buscaban trabajo como lavanderas o sirvientas, pero en el siglo XX sus prácticas habían cambiado mucho. Regentadas por órdenes de monjas como las Hermanas del Buen Socorro, de la Misericordia, del Sagrado Corazón o las Hijas de la Caridad, estas instituciones repartidas por todo el país se convirtieron en lugares donde niñas y mujeres, llamadas "penitentes" eran encarceladas y condenadas a la servidumbre. Y en los hogares maternales, las mujeres que habían quedado embarazadas fuera del matrimonio eran ocultadas, y en la mayoría de los casos sus bebés eran adoptados, muchas veces ilegalmente.

Miedo, culpa y vergüenza

"En los años 90, mucha gente comenzó a hablar sobre lo que les había sucedido en estas instituciones religiosas y eso erosionó la autoridad y el poder casi omnipotente que la Iglesia había tenido en el país. Se comenzaron a investigar cosas como y el abuso infantil sistémico en escuelas y reformatorios y también los casos de las lavanderías de la Magdalena y los hogares para madres y bebé, descubriendo poco a poco la trama de encarcelamientos, trabajos forzados, abusos sexuales, maltratos físicos, negligencias médicas", explica la autora. El libro relata muchas experiencias escalofriantes de estas "penitentes", algunas enviadas allí por sus propias familias, otras convencidas por monjas y sacerdotes, algunas embarazadas a raíz de violaciones dentro o fuera del hogar familiar...

"Se las obligaba a trabajar gratis y se les negaba cualquier contacto con sus hijos, incluso información. A veces, pasaban toda su vida en estas instituciones hasta su muerte, y muchas llegaron a tomar los votos para mejorar algo su vida. Era un sistema carcelario donde madres e hijos eran tratados como delincuentes", resume Hogan para quien lo peor de todo era el estigma, "la culpa, el miedo y la vergüenza" que las religiosas inculcaban en las mujeres. "Los embarazos eran tratados como delitos, así que ellas eran tratadas como delincuentes y se hablaba en términos penales de sus embarazos y sus hijos. Lejos de ser refugios u hogares, eran prisiones reales y morales que causaron un daño inconmensurable a generaciones enteras". "Muchas madres vivieron toda su vida en silencio. Lo peor es la sensación de vergüenza, miedo y culpa que se les inculcó"

Y, todo ello ocurrió, como destaca Hogan, con la connivencia del Estado. "Aunque estos centros ya existían, desde 1922 [año de la independencia de Irlanda] fue muy útil para el Estado poder recluir a mujeres y niños en estas instituciones y ceder ese poder a la Iglesia en lugar de tener que mantener a estas familias que consideraban inferiores e inmorales. Hasta los años 70 no existía ningún tipo de apoyo o ayuda social para las madres solteras porque el Estado no las consideraban familias ante la ley y no querían apoyarlas", denuncia Hogan.

"Por eso, estaban felices de enviarlas a instituciones, de pagar su internamiento a las monjas y hacer desaparecer lo que consideraban un problema, la prueba de la sexualidad extramatrimonial, algo que la Iglesia y el Estado afirmaban que no debía existir. Irlanda era una teocracia de facto y en este ideal de nación católica perfecta las mujeres y niñas embarazadas, eran un desafío literalmente físico. Y fueron tratadas como una amenaza y desaparecieron a través de estas instituciones".

El último hogar de este tipo cerró sus puertas en 1998, sin embargo, la sombra de estos lugares sigue muy viva en la memoria irlandesa, donde si bien sigue existiendo una enorme influencia de la Iglesia, la conservadora, restrictiva y patriarcal moral social que permitió la normalización y larga supervivencia de estas instituciones está en extinción, como apunta Hogan con un ejemplo.

"En 2018, el año de la visita del Papa, aprobamos un referéndum a favor del derecho al aborto y de la derogación de la prohibición constitucional del aborto", explica. "Durante la misa papal charlé con varias mujeres de fe para quienes ver al Papa significaba mucho. Pero también habían votado a favor de la derogación de la prohibición del aborto y eran proelección. Y no son casos aislados. La Iglesia debe lidiar con que mucha gente en sus filas cree en una mayor igualdad y libertad de la que ellos ofrecen actualmente".

En busca de justicia

En 2021 se publicó, tras varios retrasos, el informe de la Comisión de Investigación de Hogares para Madres y Bebés, y los datos fueron demoledores. Casi 60.000 madres solteras y unos 57.000 niños, de los cuales más de 9.000 murieron, pasaron por los hogares investigados por la comisión en esos más de 70 años, la mayoría entre las décadas del 60 y 70. Se sucedieron las disculpas públicas, del Taoiseach Micheál Martin al propio Papa Francisco, pero, como denuncia Hogan, los resultados han sido más bien escasos.

"El Estado está dilatando y restringiendo las indemnizaciones, pero si los afectados mueren sus familias seguirán reclamando justicia". "En cuanto a la Iglesia, las órdenes religiosas implicadas se han negado, en su mayoría, a ofrecer compensación económica a las víctimas e incluso a ofrecer información a muchos supervivientes sobre sus hijos o mares, lo que es terrible", lamenta. "En Bessborough, hogar ubicado en Cork, sabemos hoy que murieron más de 900 niños, pero aún desconocemos dónde están enterrados más de 800".

Sin embargo, la periodista considera todavía más mezquina la actitud del Gobierno irlandés. "Se aprobó un plan de reparaciones del que, de golpe, se excluyó a unos 20.000 supervivientes de forma arbitraria, con excusas tan peregrinas como que no habían pasado más de seis meses en estos hogares. Además, de los 800 millones de euros previstos, hasta ahora sólo se han gastado 55", denuncia.

También, abunda, se les niega a muchos su identidad real, prohibiéndoles acceder a sus historiales médicos y partidas de nacimientos, incluso amparándose en las leyes de protección de datos de la Unión Europea. "Todas las promesas comienzan a parecer pura palabrería. La mayoría de esta gente sólo quiere respuestas, saber donde está enterrado su bebé o su madre. El Estado está dilatando, negando y restringiendo las indemnizaciones, pero no entienden que si los afectados mueren sus familias continuarán reclamando justicia. El silencio se ha roto y la verdad, al final, triunfará", concluye.