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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Sobre la intensidad de la memoria incompleta

 El efecto Zeigarnik es un fenómeno psicológico que describe cómo las personas recuerdan mejor las tareas incompletas o interrumpidas que aquellas que ya han sido finalizadas. ¿Cómo funciona? Con tensión psicológica: una tarea sin terminar crea una pequeña tensión en la mente. El cerebro mantiene esa información activa y presente en la memoria para que no se olvide. Lo descubrió su epónima, la psicóloga Bluma Zeigarnik, al notar que los camareros recordaban con facilidad los pedidos pendientes, pero los olvidaban por completo una vez pagados y servidos

domingo, 16 de agosto de 2026

Los desconocidos restos de Lorca

 Por qué no se han podido encontrar los restos de García Lorca 90 años después de su ejecución en la Guerra Civil española, en BBC Mundo, Alicia Hernández, 16 agosto 2026:

Da igual el lugar de España en el que te encuentres: tienes una fosa común a menos de 50 kilómetros. Hay alrededor de 6.000 en todo el territorio, según datos del gobierno español. Más de 11.000 personas permanecen enterradas en ellas, sin identificar, ajusticiadas durante la guerra civil (1936-1939) que asoló al país europeo o durante la represión posterior del régimen de Francisco Franco. Esas son las cifras del gobierno. Pero hay expertos que calculan que podrían ser entre 20.000 y 25.000 personas.

Entre todas esas fosas comunes, hay una en específico que se ha buscado durante décadas sin resultados. Es en la que yacen los restos del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca, autor de obras como "Bodas de sangre", "La casa de Bernarda Alba" o "El Romancero Gitano".

Este 18 de agosto se cumplen 90 años de su asesinato. Se cree que fue fusilado en un paraje entre los pueblos de Víznar y Alfacar, en la provincia de Granada, en el sur de España.

El régimen de Franco (1939-1975) prohibió hablar de este asesinato, y la figura y obra de Lorca sufrieron una fuerte censura durante décadas, sorteada de modo clandestino dentro de España. En el exterior, los intelectuales exiliados, especialmente en México y Argentina, se encargaron de mantener vivo su recuerdo.

Traducida su obra a multitud de idiomas, interpretada, estudiada y celebrada en todo el mundo, España tiene una deuda pendiente con Lorca: lograr dar con sus huesos, con el lugar donde fue arrojado su cuerpo, posiblemente de madrugada, pocas semanas después de que empezara la guerra civil. Pero hay varios elementos que hacen que esta búsqueda sea complicada.

El contexto

Un mes antes del asesinato de García Lorca, el 17 y 18 de julio de 1936, se dio un intento de golpe de Estado por parte de fuerzas militares que se autodenominaron "nacionales". El objetivo era derrocar el gobierno del Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda al frente de la Segunda República.

El sistema republicano se instauró en España después de que en las elecciones municipales de abril de 1931 se diera un apoyo mayoritario a los partidos republicanos y socialistas frente a los monárquicos.

"La República abre un montón de grietas en lo social, lo cultural y lo religioso. Quiso modernizar España y en ese contexto abrió heridas entre quienes no querían tanto avance y quienes creían que no se había avanzado lo suficiente", explica a BBC Mundo Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

Un monolito en memoria de las víctimas de la Guerra Civil, con la inscripción "Lorca eran todos" y la fecha 18-8-2002, se alza en un lugar donde se han hallado cinco fosas comunes y cerca del sitio donde, el 19 de noviembre de 2014, arqueólogos buscaban otra fosa en Alfacar, cerca de Granada. 

En un Madrid en el que se escuchaba el ruido de sables, el clima violento se recrudeció con los asesinatos del teniente republicano José del Castillo el 12 de julio y del monárquico José Calvo Sotelo al día siguiente.

Lorca estaba esos días en la capital española y el 14 de julio decidió irse a su Granada natal, donde estaba su familia. Puede que porque pensaba que allí estaría más seguro. Como relata Casanova, el golpe de Estado, aunque se dio con mucha violencia, no prosperó en toda España. "Fracasa donde hay una división de las fuerzas armadas y no es hasta mediados de agosto de 1936 que se sitúan los frentes y eso deriva en la guerra civil". Pero, en el caso de Granada, "triunfa el golpe y no hay ninguna posibilidad de resistencia porque la gente no está armada".

Todas las papeletas

Muerto cayó Federico

—sangre en la frente y plomo en las entrañas—

... Que fue en Granada el crimen

sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

"El crimen fue en Granada" - Antonio Machado

En una frase que se ha hecho famosa, Lorca llegó a decir, con sorna, que él era "católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico".

El poeta, que provenía de una familia burguesa acomodada, se dedicó a una profesión liberal y se rodeó de un mundo vanguardista y surreal con genios como Luis Buñuel o Salvador Dalí. Nunca se afilió a ningún partido político, pero llevó el teatro a la España rural -con el objetivo de acercar la cultura al pueblo- con el proyecto La Barraca, impulsado por el ministro de Instrucción Pública, el republicano Fernando de los Ríos.

Sin olvidar su condición de homosexual, algo por lo que fue víctima de ataques en varias publicaciones tradicionalistas tiempo antes de que lo mataran.

"Era un conocido comprometido con la cultura y la educación. Lorca tenía todos los números para que lo mataran. Si cayeron miles de obreros, ¿cómo no iban a hacerlo con gente como él?", remarca Casanova.

El historiador asegura que es un mito que hubiera una lista negra con su nombre o el de otros intelectuales. "Cuando las armas sustituyen a las palabras, la atmósfera inclemente se lleva por medio a todo el mundo", apunta.

Y aunque hay quienes aseguran que México o Colombia ofrecieron a Lorca asilo, Casanova dice que no hay documentos que lo prueben, por lo que, lo más inteligente en esas primeras semanas, era buscar "alguien que te proteja o que te salve". Después de que fueran a buscarlo varias veces a su finca de la Huerta de San Vicente, se refugió en casa de su amigo Luis Rosales. La familia Rosales era cercana a la Falange, la agrupación fascista que luego fue el partido único durante el franquismo. "Pensaba que al ser ellos falangistas, estaría más protegido", declaró Gerardo Rosales, sobrino de Luis, en una entrevista.

Allí duró una semana, hasta que Ramón Ruiz Alonso -ultraderechista y parte de las milicias que reprimieron a los republicanos en Granada-, obligó a Rosales a confesar y detuvo a Lorca. "No tuvo más remedio que admitirlo, se estaba jugando la vida él también", añadió su sobrino.

Pocos datos, muchas versiones

Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

 Poeta en Nueva York - Federico García Lorca

A partir de ahí, las voces y versiones, como el tiempo transcurrido, han aumentado, porque registros hay pocos, pero los relatos -más o menos fiables-, son muchos. Se sabe que lo mataron junto a dos banderilleros anarquistas, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, y un maestro republicano, Dióscoro Galindo. Se cree que posiblemente fue entre las 4 y las 5 de la madrugada del 17 al 18 de agosto y en un paraje en la sierra de Granada, entre las localidades de Víznar y Alfacar.

En 2007, bajo el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, se promulgó en España la Ley de Memoria Histórica con el objetivo de reconocer a las víctimas del franquismo, eliminar los símbolos de la dictadura y facilitar la búsqueda de fosas comunes.

En 2022, con Pedro Sánchez como presidente, llegó la Ley de Memoria Democrática, en la que se establece que la búsqueda de desaparecidos es competencia del Estado.

En 2008, el juez Baltasar Garzón ordenó abrir varias fosas, entre ellas algunas en las que se creía podían estar los restos de Lorca. Fue el primer intento de exhumación. Luego hubo otros dos más en 2013 y 2016.

El periodista y fotógrafo Santi Donaire estuvo durante 8 años asistiendo a las exhumaciones de la fosa de Paterna (Valencia), donde fueron fusiladas más de 2.200 personas tras la guerra civil.

De esa experiencia surgió su libro "Punto Ciego". Antes de eso, en 2015, estuvo en Granada durante los intentos de búsqueda de la fosa de Lorca y sus compañeros de infortunio.

Si en Paterna los trabajos fueron "sencillos", no fue así en Víznar y Alfacar. "A diferencia de Paterna, que es represión postbélica, se mata de modo sistemático, hay registros y se puede ver el recorrido de la persona hasta que es asesinada, cuando matan a Lorca es en el inicio del conflicto y no hay un sistema, no hay registros documentales", le cuenta a BBC Mundo.

Así, no hay documentos que certifiquen ni el lugar ni la hora precisos de la ejecución de Lorca. Solo están las versiones del boca a boca que con el paso del tiempo han quedado registradas, según distintos métodos, por los historiadores.

Una de las versiones es la que recoge periodista Agustín Penón en los años 60, que se basa en el testimonio del apodado como "Manolillo el comunista", que luego recogería el hispanista irlandés Ian Gibson. Otra es la del investigador granadino Federico Molina Fajardo.

En ambas, la fosa de García Lorca está dentro de la misma zona, entre Víznar y Alfacar, pero bien distantes. Se han hecho excavaciones en ambos puntos y no se han encontrado restos humanos.

Miguel Caballero, investigador del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid, participó en el último intento de encontrar los restos de Lorca en 2015. Además, se ha centrado en el estudio de las últimas horas de vida del poeta siguiendo la estela de Molina Fajardo y haciendo uso de los pocos registros y documentos que hay disponibles. Uno de los problemas, según Caballero, es que "no hay constatación documental que nos pueda decir dónde estaba" y, a su juicio, la tesis que recoge Penón "es la versión que la policía franquista le da para despistarlo". Y la de Molina Fajardo, que, según él, "sí habló con las personas que habían participado en el asesinato", está incompleta.

En 2015 se hizo público un documento de dos folios mecanografiados con fecha de julio de 1965 -es decir, durante la dictadura de Franco-, que sitúa el fusilamiento del poeta en Víznar y su enterramiento a pocos kilómetros, en el paraje de Fuente Grande, añadiendo una nueva versión del lugar. En el mismo documento se tacha a Lorca de "socialista, vinculado a Fernando de los Ríos, masón y tildado de prácticas de homosexualismo".

Para Caballero, "el crimen fue prioritariamente de componente familiar, y circunstancias como sus amistades y su homosexualidad lo agravaron, pero fueron rencillas personales con el padre". Y argumenta que parte de la gente involucrada en la muerte de Lorca tenía relación familiar en algún grado con él.

Otra de las versiones que apareció en estos años es que, poco después de su asesinato, el padre de García Lorca pagó una suma enorme de dinero para recuperar el cadáver y poder enterrarlo en otro lugar. Según esta versión, el poeta fue enterrado en la finca de la Huerta de San Vicente propiedad de la familia García Lorca, cuyos miembros han negado rotundamente que esto sea cierto. "Hay muchas elucubraciones. Cada año surge una invención nueva", señala Caballero.

Geología, familia y política

"Quiero dormir el sueño de las manzanas

alejarme del tumulto de los cementerios."

Diván del Tamarit – Federico García Lorca

A todo esto se añade cómo es el lugar en el que se supone está enterrado Lorca: además de tener que explorar en miles de metros cuadrados, se trata de una zona montañosa con muchos cambios en la orografía y alteraciones a lo largo de las décadas.

"Ha habido alteraciones. Primero agrícolas, ya que se han plantado y quitado olivos. Además, en los años 80 hubo una gran alteración para hacer una pista de motocross, cosa que me parece muy significativa", explica Santi Donaire.

Por eso, encontrar el terreno original de hace 90 años no es sencillo. Donaire detalla que en las excavaciones en las que él estuvo presente, se tuvo que retirar el equivalente a una piscina olímpica de tierra hasta alcanzar el suelo de 1936.

Francisco Carrión, profesor de la Universidad de Granada y director de la cátedra de Memoria Democrática Salvador Vila, participó en 2013 en la búsqueda de la fosa. Pero matiza que "no por buscar a García Lorca, sino al maestro Dióscoro Galindo, cuya nieta, Nieves Galindo, ha solicitado durante muchísimos años la búsqueda de su familiar".

Nieves Galindo llegó incluso a recurrir a los tribunales para poder encontrar los restos de su abuelo.

Para Carrión, esta empresa "no es que sea difícil, es que nos falta información y hay silencios muy prolongados, entre otros, los de los propios familiares" de Lorca.

La familia del poeta ha mantenido a lo largo de los años que no había necesidad de encontrar sus restos y han expresado su deseo de que no se saquen del lugar donde se cree fueron enterrados. En una entrevista reciente con el medio español El Salto, Laura García-Lorca de los Ríos, quien es presidenta de la fundación que lleva el nombre del poeta, dijo que a la familia le parece que "simbólicamente es muchísimo más fuerte que los restos de Lorca estén mezclados con todas las demás víctimas (…) esa distinción entre los restos de víctimas no nos parece bien". Pero también defendió que "que todas las familias que quieren buscar a sus familiares tengan el derecho y la ayuda para hacerlo. Por eso no hemos querido impedir ninguna de las excavaciones".

Para todos los entrevistados hay una capa más que suma tierra sobre la fosa de Lorca: la política. Los temas relacionados con la dictadura, las propias leyes de memoria y la búsqueda de fosas reabren siempre un enconado debate en España entre las personas que dicen que "es mejor dejar las cosas como están" y aquellos que reivindican que buscar y reconocer a esas víctimas de la guerra civil y darles, como dice Carrión, "digna sepultura, es un acto de verdad, justicia y reparación".

"¿No me encontraron?

No. No me encontraron.

Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,

y que el mar recordó ¡de pronto!

los nombres de todos sus ahogados".

Poeta en Nueva York - Federico García Lorca

jueves, 30 de julio de 2026

El hispanista John Healey publica sus menorias

 John Healey, escritor hispanista: “Cuando murió Franco a los jóvenes nos entusiasmaba la democracia. Ahora es más difícil hablar libremente”, en El País, por Raquel Peláez, 30 jul 2026:

En 1969 vino a pasar una temporada en la finca del hijo díscolo y bohemio de un millonario importador de vinos estadounidense. España ya nunca salió de él: su autobiografía es una historia ‘sui generis’ de la España progresista

John Healey (Nueva York, 76 años) cuenta que en sus años de vacas flacas ha hecho todo tipo de trabajos insólitos: “Por ejemplo, ayudé a construir una casa sin clavos para la hija de Willem de Kooning”. No es, ni de lejos, la única cosa extraordinaria que le ha pasado a lo largo de una vida bohemia que le llevó a aterrizar en Málaga con 19 años. Vino a pasar una temporada en la finca de Freddy Wildman, el hijo díscolo de un millonario importador de vinos estadounidense, quien le ofreció dar rienda suelta a su sueño de ser escritor. Después salió de España varias veces, pero España ya nunca salió de él. Conoció a Gerald Brenan, quien le hizo leer el Ulises de Joyce, entabló amistad con Víctor Erice, quien le ofreció trabajar junto a él en El sur —y le llevó a dedicarse al cine toda su vida—. En Recuerdos del sur (Renacimiento), la deliciosa autobiografía de un hombre con talento para vivir, lo cuenta todo.

Pregunta. Alguien que coja el libro y no sepa nada de su vida se hará mil preguntas sobre usted. Por ejemplo, ¿por qué su padre conocía a Hemingway?

Respuesta. Mi padre era un congresista demócrata y además un vividor. Mi madre falleció cuando yo tenía seis años y, cuando no tenía babysitter, me llevaba con él a un bar famosísimo que solía frecuentar, llamado Toot’s Shores. Allí se encontraba con él y con Gary Cooper, a quien conocimos en nuestros veraneos.

P. ¿Dónde veraneaban?

R. En Southampton, Long Island. Los Hamptons, pero en su versión maravillosa. Ahora no quiero ni volver. Entonces mi padre fue a saludar a Cooper y ahí estaba con Hemingway, un par de años antes de suicidarse. Por lo visto me preguntó qué quería ser de mayor y me dijo que tenía que viajar y conocer España.

P. ¿Cree que él fue decisivo para que después efectivamente acabara en España?

R. A lo mejor plantó una semilla, pero una muy pequeña porque el verdadero culpable fue Freddy Wildman. Yo había dejado mis estudios de humanidades en la universidad y él seguramente se dio cuenta de que había cometido un error terrible pero que por orgullo no lo iba a reconocer. Entonces él estaba a punto de volver a España y me dijo: “Pues si quieres te invito a mi casa, ahí tengo libros, máquinas de escribir... y a ver”. Y eso fue el principio.

P. ¿Y cómo conoció a Wildman?

R. Una tarde en la Factory de Warhol. Luego fuimos a cenar con una mujer rarísima que se llamaba Vali Myers, una artista australiana, que criaba a cuarenta lobos en Italia y cuando pasaba por Nueva York vivía en el Hotel Chelsea. También estaba Pennebaker, el documentalista de Bob Dylan.

P. Usted cuenta que cuando llegó de Estados Unidos le sorprendió que en España nadie le preguntaba a qué se dedicaba. Yo le tengo que preguntar de dónde sacaba el dinero…

R. Pues algo tenía, claro, pero no hacía falta tener mucho entonces. El dólar era muy fuerte y la peseta no tanto. Creo que era por eso que Freddy vivía como un rey en Churriana.

P. Y durante esos años en los que pasaba temporadas en Andalucía y luego volvía a Nueva York, ¿qué tal se llevaba con su padre?

R. Tuvimos siempre muy buena relación. Aunque no se preocupaba demasiado por mí, se había vuelto a casar y me dejaba coger mi propio camino. A pesar de que era irlandés y católico, no era nada puritano. También mi abuelo materno, que era juez del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York y mi tía, que se habían ocupado mucho de mí tras la muerte de mi madre, toleraban mis idas y venidas y me apoyaban.

P. ¿Cree que fue tan libre por no haber tenido una madre?

R. Su muerte fue un trauma total que me ha marcado para toda la vida. Me descolocó para siempre. Imposible saberlo, pero creo que si hubiese vivido más tiempo me habría obligado a estudiar Derecho y dedicarme a la política.

P. Dice que en el momento en el que usted vino España no era precisamente un destino deseable

R. En los años sesenta seguía siendo un país algo gris, aunque algún tipo de turismo ya estaba en auge. Yo tuve la gran suerte de llegar a una burbuja: el entorno de la finca de Freddy, Buenavista, donde todo el mundo era bohemio.

P. ¿Y había que competir en ese entorno por llamar la atención?

R. Era la época hippie y todos eran bienvenidos. Yo era y sigo siendo tímido. En aquellos años mi interés era leer y dejar que la cultura me entrase.

P. Ni siquiera cuando aparecía Gerald Brenan…

R. Brenan no era conocido en Estados Unidos, entonces conocerle no me impactó por su fama. Además yo tenía 19 años y él 80, era una figura abuelesca. Lo que sí recuerdo es que que contaba muchos chistes verdes. Y era un señor algo ciclotímico. Cuando estaba de buenas era genial. Pero de malas… podía ser muy iracundo.

P. ¿Qué cree que tenía España que dio refugio a tanta gente a la deriva a pesar de ser una dictadura?

R. Hay muchos tópicos sobre lo andaluz, pero creo que hay una parte de verdad en ellos: es una cultura relajada, el clima es maravilloso, especialmente en invierno, y en esas épocas no era nada caro si venías con dólares. La política no afectaba a los expatriados que venían a vivir aquí.

P. El clima era maravilloso en Málaga, porque cuando se mudó a las Alpujarras le recibió una buena nevada…

R. Era tan romántico que ni frío pasaba [risas]. Y yo tenía una buena chimenea. Freddy vivía al lado, luego vinieron Víctor [Erice] y Adelaida [García Morales]. Pero después de unos años me harté de esa vida.

P. ¿Por qué?

R. Porque me di cuenta de que ganarme la vida como escritor iba a ser casi imposible. Entonces me decidí a estudiar Medicina, que siempre me había interesado. La facultad en Granada fue y sigue siendo bastante buena.

P. Pero lo dejó justo cuando se puso a hacer prácticas en Nueva York. ¿Qué pasó?

R. Porque yo tenía una fantasía —tenía muchas fantasías por lo visto— pero una de ellas era ser médico en plan Chéjov, en plan William Carlos Williams, esos médicos de principios del siglo XX que eran a la vez literatos. Pero en los años 70 en Nueva York ser médico era como ser piloto. Te tiene que gustar hacer lo mismo de la misma manera todos los días y eso no encajaba con mi personalidad.

P. Habla con mucho respeto de Víctor Erice y describe con mucha precisión su estilo de vida tan austero. ¿Cree que la gente les tenía tirria porque destilaban cierta superioridad moral?

R. A lo mejor algunos lo tomaban así, pero Víctor no proyectaba nada parecido a una superioridad moral. Es una persona muy especial, un artista hasta la médula. No era nada soberbio y, además, en el plató se manejaba fenomenal con la gente. Yo vi en directo cómo seducía a los actores y al equipo sin cambiar en lo más mínimo como persona.

P. Hace una afirmación complicada: que Querejeta le tenía envidia a Erice.

R. Hay que verlo en el contexto del rodaje de la película. Hacer El sur con Elías era un plan algo cargado porque ya habían tenido problemas. Pero reconozco que Querejeta ha sido una persona muy importante en la historia del cine español.

P. ¿Cree que si él estuviese vivo se hubiese atrevido a ser tan sincero?

R. Quién sabe. En el libro cuento mis impresiones. Víctor era mi amigo, y naturalmente todo lo que pasó en el rodaje lo veía con gran simpatía por él.

P. ¿Por qué conectó tanto con Erice?

R. Pues no lo sé. Nos conocimos en Buenavista, y allí hablamos de cine, de libros y tal. Pero fue en las Alpujarras donde nos hicimos tan amigos. Pasamos muchos momentos muy especiales. Recuerdo con mucho cariño una vez que llegó a Capileira un amigo suyo con un proyector y muchos cables y pusimos en una terraza que daba al Mulhacén una de sus películas favoritas, Johnny Guitar. Por él descubrí a Nicholas Ray, del que tengo que reconocer que no sabía nada hasta entonces. Aprendí mucho más sobre el cine norteamericano con Víctor que en mi propio país.

P. ¿Tenían noción del tiempo en aquel pueblo?

R. Digamos que al paso de las estaciones, la noche, el día, marcaban la vida. Y era muy joven. Todo cambió cuando empecé a estudiar Medicina que me obligó a una disciplina total.

P. ¿Quizá Erice, al meterle en la producción de El sur, le dio un propósito y una excusa para organizar más su vida?

R. Él pensaba que el cine me iba a gustar porque tenía su lado artístico, pero vivías en el mundo, tenías que interactuar con gente en lugar de estar encerrado escribiendo. Y tenía razón, me gustó y dio lugar a trabajar en muchas películas como ayudante de producción y de dirección, que es un trabajo que conlleva una responsabilidad enorme.

P. Dice que Franco, de cuya muerte se enteró en las Alpujarras, fue una persona vil que ganó una guerra vil. ¿Nota que ahora le resulta más polémico decir esto en público?

R. Lo noto, sí. En la época en que murió, a los jóvenes, no solo extranjeros, sino a muchos españoles nos parecía así y había un entusiasmo enorme por la democracia. Ahora, que estamos viendo un retroceso polarizante, es más difícil hablar libremente.

P. ¿Cree que ha sido usted, como su padre, un vividor?

R. Curiosamente, ahora que lo pienso, cuando yo era pequeño mi padre viajó a España desde Washington con otros diputados para reunirse con Franco. Hasta teníamos una foto de mi padre con Franco en el Pardo. Y en casa había un plato de esos de peltre que ponía: “Salud, pesetas y amor y tiempo para disfrutarlos”. Así que más que Hemingway, quizás mi gran influencia fue mi padre, y seguí sus pasos hasta España.

lunes, 6 de julio de 2026

Anocracia. El síntoma que precede a una guerra civil. Ejemplos. Por Raquel de la Morena.

 [Transcripción corregida por el bloguero de "El síntoma invisible que predice una guerra civil. Anocracia", por Raquel de la Morena, en Youtube]

CONTENIDO

1. El síntoma invisible que predice una guerra civil

2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones

3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso

4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio

5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización

6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17

7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho

8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos

9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada

10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital

11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos

12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad

13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático

14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr

15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano

16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF

17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos

18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder

19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798

20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles

21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings"

22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente

23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?

24. Las señales de advertencia antes del abismo final

1. El síntoma invisible que predice una guerra civil

¡Bienvenidas, mentes curiosas! ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué algunas naciones,  aparentemente estables y modernas, se desmoronan repentinamente en una espiral de violencia  fratricida? ¿Sabíais que existe un término que los expertos utilizan para predecir cuándo un país está en riesgo de caer en el abismo de  la guerra civil? Ese término es anocracia. 

¿Qué tienen en común el Madrid de 1936, las calles incendiadas de Bogotá en 1948 o la Sarajevo sitiada en los años 90 con lo que está pasando actualmente en los Estados Unidos? Como decía una famosa frase atribuida a Mark Twain, “la historia no se repite, pero a menudo rima”. 

2. Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones

La profesora Barbara F. Walter, de la Universidad  de California en San Diego, ha pasado décadas  analizando por qué estallan las guerras civiles a  lo largo de la historia y en todo tipo de culturas  y sociedades. Y ha llegado a la conclusión de que las democracias plenas rara vez entran en guerra civil. Las autocracias feroces, esas dictaduras donde el disidente desaparece en mitad de la noche, tampoco suelen sufrirlas, porque el Estado tiene el monopolio absoluto de la fuerza. El peligro se encuentra en el medio. Una herramienta que emplean los politólogos para Escala Polity IV: Midiendo la salud de las naciones medir el grado de democracia de un país es la escala Polity IV. Os hablaremos de ella con más detalle dentro de unos minutos, pero, de momento, imaginad una regla que va del -10 al +10. En el extremo izquierdo, el -10, tenemos la autocracia absoluta y hereditaria: pensad en la Corea del Norte de los Kim o en la Arabia Saudí monárquica. En el extremo derecho, el +10, está la democracia plena: países como Dinamarca, Suiza, España o Canadá, donde las instituciones son sólidas y el poder de los gobernantes está limitado. En Hispanoamérica, Uruguay y Chile tienen una puntuación de +10 también; Perú y Argentina,  de +9; México, de +8; y Colombia, de +7. 

Pero ¿qué hay en el medio? Entre el  -5 y el +5 se encuentra la anocracia.  

3. Qué es la anocracia y por qué es el régimen más peligroso

Es un régimen híbrido, incoherente. Un lugar donde se celebran elecciones, sí, pero donde quien gana tiene el poder de inclinar el tablero a su favor para no perder nunca más e incluso de romper los límites de mandatos preestablecidos antes de su llegada al gobierno para así perpetuarse como líder del país. La anocracia es un sistema donde la democracia existe sobre el papel, pero las instituciones están vaciadas de contenido real. Su nombre proviene del término griego 'kratos', que significa 'poder' o 'fuerza', acompañado del  prefijo de negación 'an-', que significa 'sin'. Es decir, que literalmente 'anocracia' se traduciría  como “falta de poder” o “falta de fuerza”.  

No es que no haya gobierno (como en la anarquía), sino que el poder está tan diluido, disputado o es tan ineficaz que no existe una autoridad central fuerte y coherente. 

Pues bien, la anocracia es una zona gris entre la democracia y la autarquía que supone un factor clave para que el riesgo de una guerra civil se dispare. 

4. Faccionalismo: Cuando la política se vuelve identidad y odio

Walter y el Grupo de Trabajo sobre Inestabilidad  Política de la CIA –ya sabéis, la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos–  descubrieron que los países que transitan hacia la anocracia —ya sea una democracia que se erosiona  o una dictadura que intenta abrirse— son los más vulnerables. Y el segundo factor clave es el  faccionalismo: cuando los partidos políticos dejan de diferenciarse por ideologías –es decir, por  temas como si hay que subir o bajar impuestos, o a qué partidas del presupuesto dedicar más recursos–  para diferenciarse por identidad, es decir, por temas como la religión o la etnia. Cuando la  política se convierte en una cuestión de “nosotros contra ellos”, de supervivencia identitaria,  la mesa está servida para el desastre. 

5. España 1936: El colapso institucional ante la polarización

Remontémonos casi un siglo en el tiempo  para viajar a la España de los años 30. Muchos historiadores plantean la Guerra Civil española como una consecuencia inevitable de los odios atávicos y las tensiones políticas, sociales y económicas que dividieron el país en dos bandos irreconciliables. Pero si miramos a través de  la lente de la anocracia, podemos observar algo más preciso: el colapso de las instituciones  democráticas ante la polarización extrema.  

La Segunda República española, proclamada  en 1931 tras el exilio del rey Alfonso XIII, arrancó con grandes esperanzas democráticas. Las dictaduras de los militares Miguel Primo de Rivera y Dámaso Berenguer, quienes habían gobernado durante ocho años con permiso del monarca, habían mantenido al país anclado en el pasado, y los políticos de izquierdas creían poder modernizarlo. Sin embargo, para 1936, España  había entrado de lleno en la zona de anocracia.  

El Frente Popular, una coalición de partidos de izquierdas, había ganado las elecciones en febrero de aquel año. Por tanto, tenía la legitimidad de las urnas; pero, en la práctica... carecía del control efectivo del orden público. El historiador británico Paul Preston cuenta cómo la sociedad española se había dividido en dos  bloques que no se reconocían legitimidad mutua.  

Por un lado, una izquierda que veía en la derecha a fuerzas fascistas dispuestas a esclavizar al obrero; por otro, una derecha que veía en la izquierda a una horda bolchevique destructora de la fe y la patria. No había adversarios políticos, sino enemigos mortales. 

Los sectores conservadores, terratenientes y católicos llegaron a la conclusión de que dentro del sistema republicano su existencia estaba amenazada. Y cuando un grupo humano pierde la esperanza de que el sistema proteja sus intereses, la violencia se puede convertir para ellos en una opción a considerar; incluso lógica y legítima.

6. El asesinato de Castillo y la venganza de la camioneta 17.

Para entender cómo se rompe un país, hay que bajar al detalle, a los actos sangrientos  individuales que precipitan el alud.  

En julio de 1936, la tensión política en Madrid  era enorme. Y la cascada de acontecimientos se inició con un asesinato. El teniente de la Guardia  de Asalto José del Castillo Sáenz de Tejada, de ideología socialista e instructor de las milicias de las Juventudes Socialistas, había recibido amenazas de muerte de la extrema  derecha. Se cuenta que su esposa recibió una carta anónima días antes que decía: “Tienes  un marido muy valiente, pero viuda serás muy pronto”. Se habían casado dos meses atrás, y  algunas fuentes señalan que estaba embarazada. 

En la noche del 12 de julio, el teniente Castillo, de 35 años de edad, salió de su casa en la calle de Augusto Figueroa para incorporarse a su  puesto. No llegó lejos. En la esquina con la calle Fuencarral, cuatro pistoleros de extrema derecha –presuntamente carlistas o falangistas– lo esperaban. Le dispararon sin mediar palabra. Castillo, herido de muerte, pidió que lo llevaran junto a su mujer, pero falleció enseguida. La noticia corrió como la pólvora por los cuarteles de la Guardia de Asalto y las  sedes de los sindicatos. La indignación era absoluta. 

Pero lo grave, lo que define el estado de anocracia, es lo que sucedió después: las fuerzas de seguridad del Estado decidieron tomarse la justicia por su mano. No confiaban en los jueces; ellos mismos serían jueces y verdugos. En la madrugada del 13 de julio, un grupo de guardias de asalto y civiles armados, liderados por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condés, subieron a la camioneta número 17 de la  Dirección General de Seguridad. Iban buscando venganza. Su objetivo inicial era José María Gil-Robles, el líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas, pero no lo encontraron  en su domicilio; estaba veraneando en Biarritz. 

Frustrados, decidieron ir a por el siguiente en su lista: José Calvo Sotelo, el líder del bloque monárquico y la voz más  potente de la oposición en el parlamento. Vivía en la calle Velázquez, número 89. Imaginad la escena: es de noche, llaman a la puerta. Calvo Sotelo se asoma al  balcón. Ve a guardias de uniforme. Le exigen que los acompañe a la Dirección General de Seguridad para un trámite urgente. Él duda, se resiste, pero al ver las credenciales del capitán Condés, accede. Se despide de su familia, prometiendo llamar en cuanto llegue. Se cuenta que, antes de salir, dijo a sus hijos: “Estad tranquilos, volveré pronto”. 

Nunca lo hizo. Subió a la camioneta de la Dirección General de Seguridad. Se sentó en un banco de madera. A su lado y tras él iban los guardias y  milicianos. La camioneta arrancó. Apenas  habían recorrido unos cientos de metros, cuando le dispararon dos tiros en la nuca. A sangre fría. Dentro de un vehículo policial. 

7. Calvo Sotelo: El crimen que rompió el estado de derecho

El cuerpo de Calvo Sotelo fue arrojado a las puertas del cementerio del Este. Cuando se descubrió el cadáver a la mañana siguiente, España se paralizó. No era un asesinato más; era el líder de la oposición ejecutado por miembros de las fuerzas del orden del Estado. Este crimen causó gran conmoción entre  los sectores conservadores y muchos de los militares que hasta entonces habían permanecido indecisos ante la posibilidad de tomar el control del país por la fuerza cambiaron de opinión tras conocer las circunstancias del asesinato de Calvo Sotelo. La República, a sus ojos, ya  no era un Estado de derecho, sino una anarquía revolucionaria. Apenas cuatro días después, el 17 de julio, dio inicio el golpe de Estado militar.

A través de la violencia de facciones extremistas y del crimen parapolicial, se había quebrado totalmente la confianza en las instituciones y la anocracia había degenerado en una guerra civil. 

8. Colombia 1948: La anocracia oligárquica de dos bandos

Si cruzamos el Atlántico y avanzamos una década, encontramos otro ejemplo desgarrador de cómo la debilidad institucional y el odio partidista pueden destruir una nación. Colombia, en 1948, era formalmente una democracia, pero en la práctica funcionaba como una anocracia oligárquica.  

El poder se repartía —o más bien se  disputaba a tiros— entre dos partidos: el Liberal y el Conservador. No eran simples opciones electorales; eran identidades heredadas, casi genéticas. Se nacía liberal o se nacía conservador, y eso definía quiénes eran tus amigos y quiénes tus enemigos. El gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez, en el poder desde 1946, utilizaba la policía y el ejército para reprimir a los liberales. La violencia era endémica. 

9. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada

Pero había surgido un hombre que prometía cambiarlo todo: Jorge Eliécer Gaitán, un líder populista,  carismático, con una oratoria que hipnotizaba a las masas. Denunciaba a la oligarquía de ambos partidos y prometía justicia para los desposeídos.  

Su frase más famosa, “Yo no soy un hombre, soy  un pueblo”, resumía su conexión con la gente. En febrero de 1948, Gaitán organizó la  Marcha del Silencio. Cien mil personas. Jorge Eliécer Gaitán y la oración por la paz silenciada llenaron la plaza de Bolívar de Bogotá. No gritaban consignas; solo callaban, portando banderas negras en señal de luto  por los liberales asesinados en los pueblos.  

Gaitán, ante esa multitud muda, pronunció su famosa 'Oración por la Paz', rogando al presidente Ospina que detuviera la matanza: “Señor presidente: os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades... Impedid, señor, la violencia. Queremos la defensa de la vida  humana, que es lo que puede pedir un pueblo”. 

Pero la anocracia colombiana no escuchaba oraciones. Dos meses después, el 9 de abril de 1948, Bogotá estaba engalanada porque se celebraba la IX Conferencia Panamericana, precursora de la Organización de los Estados Americanos. Entre los asistentes estaba el Secretario de Estado de EE. UU., George Marshall. Curiosamente, también se encontraba en la ciudad un joven estudiante cubano llamado Fidel Castro, que  había acudido a un congreso estudiantil paralelo. 

10. El Bogotazo: Tres disparos que incendiaron una capital

A la una de la tarde, Gaitán salió de su despacho en el edificio Agustín Nieto, en la carrera Séptima, para ir a almorzar. Iba acompañado de amigos. Al salir a la calle, un hombre de aspecto humilde, desaliñado, que llevaba días merodeando la zona, se le acercó. Se llamaba Juan Roa Sierra. 

Aquel hombre sacó un revólver y disparó tres veces. Gaitán cayó al suelo, herido de muerte, con impactos en la cabeza y el pulmón. Fue llevado a la Clínica Central, donde falleció poco después. La reacción de la multitud fue instantánea. La  gente que estaba en la calle identificó a Roa Sierra. Un policía intentó protegerlo metiéndolo en una droguería cercana, pero la turba, furiosa, rompió la reja, sacó al asesino y lo mató a golpes, patadas y ladrillazos allí mismo. No hubo juicio, no hubo preguntas. Solo ira. A continuación, ataron el cadáver desnudo y destrozado de Roa Sierra con corbatas y lo  arrastraron por toda la Carrera Séptima hasta dejarlo tirado frente a las escalinatas del  Palacio Presidencial, como un mensaje macabro dirigido al gobierno conservador. Décadas después, sigue siendo un gran enigma en Colombia la verdadera motivación de Roa Sierra y sus posibles vínculos con conspiraciones externas –por ejemplo, con la CIA, que no veía con buenos ojos a  Gaitán– o internas –con el Gobierno de Ospina–. 

La violencia se desató en Bogotá, dando lugar  a un trágico escenario que pasó a la historia como 'El Bogotazo'. La policía, compuesta  mayoritariamente por liberales de base, se sublevó y comenzó a repartir armas a la multitud. Se asaltaron ferreterías para coger machetes y escopetas. Se incendiaron edificios públicos, iglesias, tranvías. La ciudad ardió por los cuatro costados. Hubo francotiradores  en los tejados, linchamientos, saqueos. Lo que Gaitán había intentado evitar con  su 'Oración por la Paz' se convirtió en una realidad de pesadilla. El asesinato del líder que encarnaba la esperanza de cambio rompió el último dique de contención. La anocracia colombiana colapsó. El conflicto se extendió al campo y dio inicio a un periodo  conocido simplemente como 'La Violencia', con mayúsculas. Una guerra civil no declarada que duró  una década y dejó entre 200.000 y 300.000 muertos. 

De las cenizas de aquel periodo surgieron  guerrillas modernas como las FARC o el ELN. La sombra de aquel 9 de abril de 1948 se proyectó  sobre Colombia durante más de medio siglo. 

11. Yugoslavia: El letal tránsito de la autocracia al caos

 Avanzamos ahora en el tiempo hasta finales del siglo XX. Europa pensaba que había dejado atrás la barbarie de la guerra, pero los Balcanes nos recordaron que la civilización es una capa muy fina. La guerra en la antigua Yugoslavia fue un ejemplo de manual de cómo la transición de una autocracia a una anocracia puede ser letal. Tras la muerte del mariscal y presidente vitalicio de Yugoslavia Josip Broz Tito en 1980,  el pegamento que mantenía unida a la federación yugoslava se disolvió. A finales de los 80, con  la caída del Muro de Berlín, Yugoslavia intentó transitar hacia la democracia. Pero en lugar de demócratas, lo que surgieron fueron lo que Barbara Walter llama "emprendedores étnicos". Líderes como el serbio Slobodan Milošević o el croata Franjo Tuđman se dieron cuenta de que la  forma más rápida de ganar poder en aquel nuevo desorden no era con programas económicos, sino con el miedo. "Ellos" –los croatas, los serbios, los bosnios musulmanes– vienen  a por "nosotros". Manipularon la historia, reavivaron viejos agravios de la Segunda  Guerra Mundial [Como el genocidio de serbios ortodoxos por parte de los croatas fascistas católicos de la Ustacha, dirigidos por el dictador títere nazi Ante Pavelic, refugiado luego en España] y convencieron a sus pueblos de que la convivencia era imposible. Un  ejemplo concreto que resume la tragedia de la anocracia yugoslava fue la historia de los  conocidos como 'Romeo y Julieta de Sarajevo'. 

12. Romeo y Julieta de Sarajevo: El fin de la humanidad

Admira Ismić era una joven bosnia musulmana. Boško Brkić era un joven serbio ortodoxo. Tenían 25 años. Eran novios desde el instituto, mucho antes de que a nadie le importara quién rezaba a qué dios o quién iba a qué iglesia. Cuando estalló la guerra en 1992 y Sarajevo fue sitiada por las fuerzas serbias, ellos se negaron a separarse. Boško podría haber huido al lado serbio y estar seguro, pero eligió quedarse en el infierno de  la ciudad sitiada. No quería separarse de Admira. 

La vida en Sarajevo se volvió imposible.  Sin agua, sin luz, bajo el fuego constante de los francotiradores y los morteros. En mayo de  1993, decidieron huir. Querían un futuro juntos, lejos de aquella locura. A través de amigos  comunes en ambos bandos, consiguieron acordar un alto el fuego temporal para cruzar la línea del  frente. El lugar elegido fue el puente de Vrbanja, sobre el río Miljacka, una tierra de nadie  controlada por francotiradores de ambos lados. 

El 19 de mayo de 1993, a las cinco de la tarde, Admira y Boško salieron de sus escondites. Iban cargados con bolsas ligeras, con lo poco que podían llevar. Caminaban de la mano, confiando en que no dispararían contra una pareja inofensiva. Pero cuando estaban cruzando el puente, sonó un disparo. El francotirador alcanzó a Boško primero. Murió al instante. Admira gritó. Segundos después, otro disparo la alcanzó a ella. Quedó herida de muerte. Pero no huyó. Con sus últimas fuerzas, se arrastró por el asfalto del puente hasta llegar al cuerpo de su amado Boško. Lo abrazó, le pasó el brazo por encima para protegerlo  o para estar con él en el final. Y allí, abrazada al hombre que amaba, murió. Sus cuerpos quedaron tirados en medio del puente, bajo el sol y la lluvia, durante ocho días. Nadie se atrevía a ir a recogerlos. Las fuerzas de la ONU decían que era demasiado peligroso. Los serbios y los bosnios se culpaban mutuamente de haber roto el alto el fuego y de haber disparado. Aquella imagen de los dos jóvenes abrazados en la muerte, pudriéndose en la tierra de nadie de una ciudad que había sido un modelo de convivencia, se convirtió en el símbolo de la estupidez y la crueldad de la guerra civil. Finalmente, prisioneros musulmanes fueron obligados por los serbios a  recuperar los cuerpos al amparo de la noche. Hoy descansan juntos en el cementerio del León de Sarajevo. 

Su historia nos recuerda que cuando la política se convierte en odio identitario, lo primero que muere es la humanidad. 

13. Estados Unidos 2026: La caída de un faro democrático

Y ahora, llegamos al presente. A enero de 2026, cuando estamos grabando este vídeo. Decir esto hace unos años habría sonado a ciencia ficción, pero Estados Unidos, la gran superpotencia mundial de las últimas décadas, un país que siempre había proclamado ser un faro de la democracia, ha entrado en una zona oscura. ¿Qué está pasando realmente en ese país? ¿Por qué sus propios termómetros democráticos han dejado  de funcionar y cómo la teoría política se ha convertido en una cruda realidad de disturbios,  militarización y miedo en las calles de ciudades como Mineápolis o Los Ángeles? Empecemos por lo más básico: ¿cómo sabemos si un país es una democracia? No basta con que haya urnas y papeletas; las hay en Rusia y Vladimir Putin lleva ya 26 años controlando el país, como un dictador de facto, de igual modo que se han celebrado elecciones en muchas de las dictaduras más férreas bajo la apariencia de plebiscitos. Para hablar de democracia real, necesitamos medir la calidad de las instituciones, los límites del poder y  la libertad real de la competencia política.  

Y aquí es donde entra en juego la herramienta que mencionamos al principio del vídeo, el índice Polity IV, y su sucesor, el Polity V.  Durante casi medio siglo, este proyecto ha sido la Biblia para los analistas internacionales, una base de datos enorme que ha codificado las características de los regímenes políticos de todo  el planeta desde el año 1800 hasta nuestros días.  

Pero ¿quiénes son los arquitectos de esta escala y por qué su trabajo se ha vuelto tan incómodo para el poder en Washington? 

14. ¿Por qué se rebelan los hombres? La tesis de Ted Robert Gurr

El padre intelectual de todo esto fue el politólogo estadounidense Ted Robert Gurr, a quien obsesionaba una pregunta que, tal vez, vosotros también os hayáis hecho alguna vez: ¿por qué se rebela la gente? ¿Cuál es el punto en que un grupo humano decide empuñar las armas para derrocar al poder establecido?  En su obra cumbre, "Why Men Rebel" ("Por qué se rebelan los hombres"), publicada en 1970, [Existe una obra de igual intención, escrita por el antaño miembro de la Resistance Albert Camus en 1951: L'homme revolté / El hombre revuelto o rebelde] Gurr no se conformaba con explicaciones simplistas; él buscaba patrones, datos, una ciencia del conflicto. Entendió que la  violencia no surge de la nada, sino de la "privación relativa", esa brecha dolorosa entre lo que creemos merecer y lo que el sistema nos da. Fue Gurr quien inició el proyecto Polity a finales de los años 60, sentando las bases de una metodología que no juzgaba a los  países por sus declaraciones de intenciones, sino por sus estructuras de autoridad reales. Pero quien desarrolló este proyecto y lo convirtió en el estándar internacional que conocemos hoy fue su discípulo, el sociólogo Monty G. Marshall, actual director del Centro para la Paz Sistémica.  

Marshall perfeccionó el índice Polity IV, creando una escala que va del -10 al +10. Como ya  dijimos, en el extremo negativo, el -10, tenemos las autocracias puras, las tiranías absolutas donde la palabra del líder es ley divina. En el extremo positivo, el +10, están las  democracias consolidadas, plenas, donde el  poder está controlado por la ley y la competencia  es justa. Y en medio, en esa zona gris y peligrosa que va del -5 al +5, habitan las anocracias,  regímenes híbridos que mezclan elecciones con represión, parlamentos con caudillos. Las notas se  establecen midiendo una larga serie de variables, como, por ejemplo, las 'Restricciones  al Ejecutivo' –es decir, si el Gobierno   tiene limitado su poder de manera efectiva– o la  'Competencia Política' –o sea, si las elecciones  son transparentes y la política un juego limpio–. Durante años, el trabajo de Marshall y su equipo en el Centro para la Paz Sistémica contó con  el respaldo del propio gobierno de los Estados Unidos. A través del Grupo de Trabajo sobre  Inestabilidad Política (o PITF, por sus siglas en inglés), la administración estadounidense financiaba esos estudios. 

Y aquí viene el dato que quizá os sorprenda: el PITF estaba financiado, en última instancia, por la Agencia Central de Inteligencia, la CIA. Sí, habéis oído bien. Durante décadas, la inteligencia estadounidense pagó para que académicos independientes evaluaran la salud democrática del mundo, incluida la suya propia. Era una muestra de confianza, de fortaleza institucional; Estados Unidos no temía mirarse al espejo porque sabía que el reflejo le devolvería un +10, la máxima puntuación. 

15. Interferencia rusa y la primera grieta del sistema americano 

Sin embargo, en 2016, las cosas empezaron a torcerse. Aquel año, Donald Trump logró su primera victoria electoral por la presidencia del país, pero múltiples investigaciones oficiales, de organismos tan relevantes como el Comité de Inteligencia del Senado o el Departamento de Justicia, concluyeron que Rusia había interferido en el desarrollo electoral a través de tres métodos principales. Por un lado,  agentes de la inteligencia militar rusa, el GRU, hackearon los servidores del Comité Nacional Demócrata y las cuentas de correo personales de miembros de la campaña de Hillary Clinton, como John Podesta. Estos documentos robados fueron difundidos estratégicamente a través de plataformas como WikiLeaks y cuentas ficticias como DCLeaks para generar cobertura mediática  negativa contra Clinton en momentos clave de la campaña.

Por otra parte, la organización rusa Internet Research Agency, vinculada al Kremlin, llevó a cabo una guerra de desinformación  masiva. Utilizaron identidades falsas y "granjas de trolls" para difundir contenido divisivo en plataformas como Facebook y Twitter, con el fin de polarizar a los votantes y promover la candidatura de Trump. Además, se detectaron intentos de intrusión por parte de actores rusos en los sistemas de registro de votantes de los 50 estados del país norteamericano. Si bien lograron  acceder a datos de votantes en algunos casos,  todas las investigaciones concluyeron que no hay evidencia de que se alteraran los recuentos de votos o se manipularan las máquinas de votación. 

Aunque la investigación llevada a cabo para el Departamento de Justicia por el fiscal especial Robert Mueller no encontró pruebas suficientes para establecer una conspiración criminal o coordinación directa entre la campaña de Trump y el Gobierno ruso, sí documentó numerosos contactos entre ambos. Las conclusiones del informe de Mueller fueron respaldadas tanto por la CIA, el FBI y la NSA como por un comité del Senado liderado por republicanos.

A consecuencia de las interferencias rusas en el proceso electoral, los observadores internacionales consideraron que las elecciones de 2016 fueron libres, pero no del todo justas, y la puntuación de Estados Unidos en el índice Polity se redujo  un punto por primera vez: pasó de +10 a +9. 

En 2019 bajó dos puntos más, hasta el +7, después  de que la Casa Blanca se negase a cumplir con una solicitud del Congreso de proporcionar información y responder a citaciones. 

La polarización extrema y la retórica incendiaria afectó de manera severa a la calificación de la variable 'Competencia Política' de Estados Unidos. Ya no era una competencia abierta y limpia;  se estaba volviendo "faccional". El faccionalismo, ya sabéis, se da cuando los partidos políticos dejan de verse como rivales legítimos con los que se puede pactar y empiezan a verse como enemigos existenciales a los que hay que destruir. Cuando la política se convierte en guerra, la democracia empieza a morir.

16. El apagón informativo: El fin de la financiación del PITF

Pero el verdadero golpe, el que hizo saltar todas las alarmas, llegó a finales de 2020, cuando Donald Trump, tras su derrota frente a Joe Biden en las elecciones presidenciales más tensas de la historia reciente de Estados Unidos, no aceptó el resultado de las mismas y, siendo aún el presidente en funciones, intentó activamente anular los resultados, lo que culminaría poco después en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. El índice Polity volvió a degradar a Estados Unidos por la conducta antidemocrática de Trump.  

La puntuación cayó por debajo del umbral  de democracia (+6) y cerró el año 2020 con un +5. Técnica y académicamente, Estados Unidos se había convertido en una anocracia. 

Quizá os estéis preguntando cómo es posible que la administración Trump permitiese que el Centro para la Paz Sistémica siguiera recibiendo financiación pública a través del PITF cuando no paraban de rebajar la nota democrática del país desde que habían llegado al poder. La respuesta es... que no lo permitieron. Aquel mismo año de 2020, la financiación del PITF al proyecto Polity se cortó de raíz. La razón oficial fue una disputa metodológica. Un consultor del gobierno, Michael D. Ward, había desarrollado un  algoritmo de Inteligencia Artificial para codificar las puntuaciones de los países de forma automática. La administración argumentó que la IA era más rápida y barata que el minucioso análisis humano que realizaban Marshall y sus expertos. Pero Marshall se negó a aceptar que una máquina pudiera captar las sutilezas de la degradación democrática. ¿Puede un algoritmo entender la diferencia entre una ley que se aplica y una que se ignora sistemáticamente? ¿Puede una IA detectar el momento exacto en que un presidente rompe una norma no escrita de contención? El resultado fue que el Centro para la Paz Sistémica se quedó sin recursos. Las actualizaciones de los datos se volvieron esporádicas, embargadas, difíciles de encontrar. Justo cuando más necesitábamos saber qué pasaba, se produjo un apagón informativo. 

A pesar de la falta de fondos, Marshall y su equipo no se rindieron. Siguieron monitoreando la situación, y lo que han observado en los  últimos años, especialmente entre 2024 y este inicio de 2026, es un colapso vertical. Si hasta 2024 hubo una tímida recuperación de la puntuación bajo la administración Biden, llegando a un +8, el regreso de Donald Trump al poder y, sobre todo, las decisiones judiciales que allanaron su camino, han precipitado el desastre.  

Según las notas más recientes del proyecto Polity, emitidas casi como partes de guerra   desde la resistencia académica, Estados Unidos  ha sufrido un "cambio de régimen adverso". 

17. Inmunidad presidencial: El fallo que eliminó los contrapesos

Para entender la gravedad de este cambio, tenemos  que hablar de una fecha concreta: el 1 de julio de 2024. Ese día, la Corte Suprema de los Estados  Unidos, con una mayoría conservadora consolidada,  emitió un fallo en el caso Trump v. United States,  es decir, “Trump contra los Estados Unidos”.  

La sentencia, redactada por el presidente del tribunal John Roberts, otorgó a los expresidentes una "inmunidad absoluta" frente a procesos penales por acciones que cayeran dentro de su autoridad constitucional, y una "presunción de inmunidad" para todos sus actos oficiales. Traducido al lenguaje de la calle: el  presidente está por encima de la ley penal siempre que actúe con el sombrero de presidente puesto. Esta decisión socavó la variable más importante del índice Polity, la de las 'Restricciones al  Ejecutivo'. La esencia de la democracia es que el líder no puede hacer lo que quiera; tiene límites, frenos, contrapesos. Si el presidente puede ordenar al Departamento de Justicia que persiga a sus enemigos o ignorar las leyes sin miedo a la cárcel, ya no hay restricciones. Marshall y su equipo reaccionaron con horror académico. Tras la toma de posesión de Trump el 20 de enero de 2025, actualizaron la ficha de Estados Unidos con una nota que pasó desapercibida para el gran público y que, sin embargo, era una importante señal de alarma... Cero. Ni democracia  (+10), ni autocracia (-10). El cero absoluto. El limbo. Un régimen donde hay elecciones, sí, pero donde el poder ejecutivo no tiene frenos y la oposición juega con las manos atadas. 

18. Cómo mueren las democracias desde dentro del poder

Los politólogos Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard, publicaron en 2018 el libro 'Cómo mueren  as democracias', en el que argumentaban la tesis de que las democracias ya no caen con un golpe de estado militar. Hoy en día, las democracias perecen lentamente, desde dentro, asesinadas por líderes que han sido elegidos en las urnas y que utilizan las propias herramientas de la democracia —las leyes, los jueces, la  burocracia— para desmantelarla pieza a pieza. 

Ellos identificaron dos normas no escritas  que sostenían el sistema estadounidense: la "tolerancia mutua" y la "contención  institucional". La tolerancia mutua significa aceptar que tu rival político es un  patriota igual que tú, con ideas diferentes, pero legítimo. La contención significa que, aunque la ley te permita hacer algo –como indultar a todos tus amigos o llenar el Tribunal Supremo de jueces afines–, no lo haces porque sabes que eso rompería el juego. Trump y el Partido Republicano radicalizado, argumentan Levitsky y Ziblatt, han triturado estas normas. En un artículo publicado en diciembre de 2025 en la prestigiosa revista 'Foreign Affairs', titulado "El precio del autoritarismo estadounidense", Levitsky, Ziblatt y su colega Lucan Way, de la Universidad de Toronto, sentenciaron: “En 2025, Estados Unidos dejó de ser una democracia plena al estilo de Canadá o Alemania”. 

19. Operación Aurora y la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798

Al inicio de su segundo mandato, la administración Trump declaró que los cárteles de la droga y las bandas criminales constituyen una "invasión" del país, y ha utilizado esta retórica para activar una antigua ley de guerra, la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798, contra los inmigrantes actuales que viven en suelo estadounidense. Bajo el amparo de esa ley arcaica, que permite deportar a las personas de manera sumaria –sin  supervisión judicial, simplemente afirmando que son amenazas a la seguridad nacional o súbditos  de una nación hostil–, el Gobierno lanzó la 'Operación Aurora'. Su nombre proviene de la ciudad de Aurora, Colorado, que Trump describió en campaña como una "zona de guerra" tomada por inmigrantes venezolanos del Tren de Aragua. 

En realidad, aunque existe constancia documentada  de un grupo de 137 ciudadanos venezolanos que fueron sacados de EE. UU. y enviados a una  cárcel de máxima seguridad en El Salvador sin pasar por ningún juez estadounidense, se cree que los expulsados de manera sumaria han sido relativamente escasos. La idea principal era generar miedo entre la población de inmigrantes para que ellos mismos decidieran abandonar el país. En esa línea, el vicepresidente, J. D. Vance, declaró el 7 de enero de 2026  que los agentes del ICE, reforzados por miles de efectivos y contratistas privados, irían "puerta por puerta" para sacar a la gente. 

Imaginad la atmósfera que genera todo esto. Barrios en pánico. Personas que no se atreven a ir al trabajo o a la escuela pese a llevar décadas viviendo en Estados Unidos. Familias escondidas en sótanos. La Guardia Nacional de estados demócratas como California o Nueva York amenazando con no cooperar o incluso bloquear a las fuerzas federales. Es el escenario clásico de una anocracia al borde del colapso: dos legitimidades enfrentadas, fuerzas armadas con órdenes contradictorias y una población civil en el medio. Quizás algunos estéis pensando: "Bueno, pero si tienen los papeles en regla no tienen nada que temer, solo van a por los ilegales". La trampa de la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 reside en su letra pequeña. Esta ley no distingue necesariamente entre inmigrantes indocumentados y residentes legales; la distinción clave es entre ciudadanos naturalizados y "súbditos extranjeros". El texto legal permite detener a "todos los nativos, ciudadanos, habitantes o súbditos de la nación hostil" que no estén naturalizados.  

Esto significa que un residente legal, con su Green Card, que lleve veinte años trabajando honestamente en el país, podría ser detenido y deportado sumariamente si el presidente declara a su grupo nacional como "hostil", sin derecho a un abogado ni a un juez. Es la eliminación absoluta del debido proceso, tal como ocurrió con los estadounidenses de origen japonés en los años 40. Y a esto se suma una tragedia silenciosa. Muchos os preguntaréis: "¿Y por qué no se hicieron ciudadanos antes? ¿Por qué no se pusieron a la  cola?". La realidad es que el sistema migratorio de EE. UU. es un laberinto de cristal diseñado para que te pierdas. Para la inmensa mayoría de los trabajadores inmigrantes, no existe una "fila" en la que ponerse. Leyes como la de 1996 impusieron los terribles "castigos de 3 y 10  años": si has vivido indocumentado más de un año, la ley te obliga a salir del país para arreglar tus papeles, pero al salir, automáticamente te prohíben entrar durante una década. Es un callejón sin salida, una trampa burocrática perfecta. 

Y para los que intentan hacerlo por la  vía laboral, los atascos son de pesadilla: en 2025, la espera para algunos visados  de trabajo supera los tres años de media, y para ciertas nacionalidades como la india o  la mexicana, ¡las esperas pueden ser de décadas debido a los límites por país! 

20. Crisis en Minneapolis: Redadas, disturbios y muertes civiles

No es desidia  por parte de los inmigrantes, es un sistema colapsado donde la "legalidad" es un privilegio  inalcanzable para millones de trabajadores honrados que llevan media vida levantando el país. En diciembre de 2025, la administración Trump lanzó la llamada 'Operation Metro Surge'. Bajo  el mando de la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, y Todd Lyons, director interino del  Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, más conocido como ICE, por sus siglas en  inglés, miles de agentes federales fueron desplegados en las ciudades de Mineápolis y Saint-Paul, geográficamente unidas entre sí.  

La excusa oficial era perseguir el fraude en ayudas sociales y detener a criminales peligrosos, pero la realidad que denuncian las autoridades locales y las organizaciones de derechos humanos es la de una ocupación militarizada destinada a castigar a una ciudad gobernada por demócratas y con una gran población de  inmigrantes somalíes e hispanoamericanos. 

Rápidamente, el ambiente se volvió represivo:  negocios cerrados por miedo, escuelas en confinamiento, redadas indiscriminadas...  Mineápolis se convirtió en el epicentro de la resistencia contra las nuevas políticas  de deportación, y las actuaciones de las agencias federales –como el ICE y la Patrulla  Fronteriza– han dejado hasta el momento en que estamos grabando este vídeo, a finales de enero  de 2026, dos ciudadanos estadounidenses muertos.  

La primera víctima mortal fue Renée Nicole Good, de 37 años, poeta y madre de tres hijos.  

Fue abatida en su vehículo por un agente del ICE.  La versión del Departamento de Seguridad Nacional fue que se trataba de una “terrorista doméstica”  que había intentado atropellar a los agentes. En las grabaciones del suceso, en cambio, se ve que Renée intentaba alejarse del lugar y no embestir a los oficiales cuando estos abrieron fuego. Poco después, el 24 de enero, el enfermero de cuidados intensivos Alex Jeffrey Pretti fue ejecutado en plena calle cuando trató de proteger a una mujer a la que los agentes habían rociado gas pimienta. Lo abatieron con más de diez disparos mientras estaba inmovilizado en el suelo. Estas muertes, unidas a otros muchos actos de abuso de fuerza de los agentes federales no solo contra inmigrantes, sino también contra manifestantes pacíficos y observadores, han  generado una crisis constitucional de facto.  

El gobernador de Minesota, Tim Walz y el alcalde de Mineápolis, Jacob Frey, han exigido la salida inmediata de los agentes federales, y han calificado las acciones del ICE como una violación de los derechos civiles de los ciudadanos. También han intentado bloquear el acceso de los federales a ciertas zonas e iniciar investigaciones independientes de los homicidios, las cuales han sido obstruidas por el Departamento de Seguridad Nacional. Kristi Noem y la administración Trump han defendido a los agentes y han culpado de la violencia a la retórica demócrata. En lugar de intentar apaciguar la situación, han amenazado con desplegar aún más efectivos si las protestas continúan. Pero los incidentes de Mineápolis no son casos aislados. Meses antes, en junio de 2025,  

21. Los Ángeles bajo el toque de queda: El lema "No Kings" 

Los Ángeles también había sido escenario de un drama parecido. Todo comenzó el 6 de junio con  redadas masivas del ICE en lugares de trabajo y barrios hispanoamericanos. La comunidad,  harta de vivir con miedo, salió a la calle.  

Lo que empezó como manifestaciones pacíficas  derivó en enfrentamientos cuando la policía y los agentes federales intentaron dispersar a las multitudes. En Paramount y en el centro de Los Ángeles, se levantaron barricadas. La respuesta del presidente Trump fue saltarse la autoridad del gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom. Invocando poderes federales, Trump desplegó a la Guardia Nacional en las calles de la segunda ciudad más grande del país. La alcaldesa Karen Bass tuvo que imponer toques de queda mientras grupos de manifestantes, bajo el lema "No Kings" ("Sin Reyes"), se  enfrentaban a gases lacrimógenos y balas de goma en Grand Park. El gobierno federal culpó a  las "ciudades santuario" de fomentar la anarquía; los activistas denunciaron que el gobierno estaba  declarando la guerra a su propia población. 

Según datos del propio Departamento de Seguridad Nacional —que debemos tomar con cautela, pues son parte interesada en la narrativa—, las agresiones a agentes del ICE aumentaron un 1.300% en el último año. Sea cierta o exagerada esta cifra, lo que indica es que el contrato social se ha roto. No hay autoridad legítima, solo fuerza bruta y resistencia. 

¿Y qué dice el mundo de todo esto? La comunidad internacional observa con una mezcla de horror e incredulidad. 

22. El veredicto del mundo: Autocratización rápida en Occidente

El Instituto  V-Dem (Varieties of Democracy) de la Universidad de Gotemburgo en Suecia, que junto con Polity es  el referente mundial en medición de la democracia, no se ha andado con rodeos. En su 'Informe  sobre la Democracia 2025', V-Dem alerta de que Estados Unidos está sufriendo el “episodio  de autocratización más rápido de su historia moderna”. Destacan el ataque sistemático a la libertad de expresión, la intimidación a periodistas y la politización de la justicia  como síntomas claros de una enfermedad terminal.  

Freedom House, otra organización clave, mantiene a EE. UU. como "Libre" con una puntuación de 84/100 para 2025, pero advierte severamente sobre la erosión institucional y la presión partidista en los procesos electorales, señalando que la victoria de Trump en 2024 provocó la desestimación de sus causas penales federales, una prueba más de la impunidad de la que hablábamos antes. ¿Se encuentra Estados Unidos al borde de una  guerra civil?

23. ¿Es inevitable una insurgencia moderna en suelo estadounidense?

Es difícil saberlo. Según el índice Polity actualmente está en el punto más peligroso de la escala, en plena anocracia, que es un tobogán hacia el caos. No obstante, si el autoritarismo de Trump progresara hasta el punto de descender por debajo del -5 en la escala, la zona de peligro de guerra civil habría quedado superada: Estados Unidos se habría convertido en una dictadura. 

En cualquier caso, Barbara Walter advirtió que una guerra civil moderna en EE. UU. no sería como la de 1861, con ejércitos de fuerzas semejantes vestidos de azul y gris en campos de batalla.  

No. Sería una guerra de insurgencia, de terrorismo doméstico: bombas en edificios federales, asesinatos selectivos de jueces o políticos, milicias armadas controlando carreteras rurales, y la "limpieza" de barrios por motivos étnicos o políticos. 

En España, el asesinato de un líder de la oposición –Calvo Sotelo– fue la chispa definitiva; no porque justificara un golpe de Estado, sino porque lo usaron para declarar que la convivencia era imposible y que no se podía confiar en las instituciones. En Colombia, el magnicidio de la esperanza –Gaitán– desató la violencia porque las instituciones no podían canalizar el dolor del pueblo. Y en Yugoslavia, la manipulación del miedo étnico por líderes oportunistas como Milošević convirtió a vecinos en verdugos. Hoy, en 2026, Estados Unidos camina por el filo de esa misma navaja. 

24. Las señales de advertencia antes del abismo final 

Si millones de personas sienten que el sistema legal ya no les protege, que el Estado es su enemigo, la tentación de la violencia se dispara, las instituciones se tambalean y el "otro" se convierte en enemigo.  La pregunta que nos queda es: ¿somos capaces de aprender? ¿Podemos ver las señales de advertencia antes de que sea demasiado tarde? ¿Y vosotros? ¿Qué opináis de la situación en Estados Unidos? ¿Creéis que la democracia en ese país es lo suficientemente fuerte para resistir  esta prueba de estrés o se encuentra a las puertas de un declive definitivo? 

domingo, 5 de julio de 2026

Más sobre Federico García Lorca

    I

 García Lorca en la inmensidad, en El País, por Enrique Vila-Matas, 26 may 2026:

La noticia del triunfo en Cannes de ‘La bola negra’, filme inspirado en la última e inacabada obra del poeta, me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que enviara desde Nueva York a sus padres

En el juego del escondite, ¿deseaste alguna vez no ser descubierto y así poder seguir felizmente oculto, perdidamente perdido en la noche, en silencio, sabiendo que existe la gloria nocturna de ser grande no siendo nada?

En esa gloria de ser y no ser pensé cuando la noticia del triunfo en Cannes de La bola negra —filme inspirado en la última e inacabada obra de Federico García Lorca— me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que el poeta enviara desde Nueva York a sus padres. Carta fechada el lunes 21 de octubre y escrita justo tres días antes del estallido del crack del 29. La encontraremos en el libro No te olvides de escribir (Akal, 2026), donde el especialista lorquiano Víctor Fernández ha reunido cronológicamente la arrebatadora correspondencia del poeta con su familia.

En esa carta, Federico contaba a los padres que por primera vez se había quedado perdidamente perdido en la gran ciudad de Nueva York y, a través de lo que narraba, podía intuirse la sombra del cambio radical de registro poético que se estaba dando en él, es decir, su paso de “poeta del pueblo” y de autor del Romancero gitano al de autor de Poeta en Nueva York.

Un documento que nunca imaginé que podría encontrar. Un documento donde en realidad narraba cómo fue que, al perderse por primera vez en aquella ciudad inmensa, acabó a la vez perdiéndose en lo más infinito del universo. Pero lo contaba de un modo más suave, con asombrosa sencillez, como si para explicar un cambio de estilo poético tan complejo fuera suficiente una prosa sintética: “Queridísimos padres (…) el otro día tuve al fin mi primera pérdida en la ciudad. Me equivoqué de ferrocarril elevado y, en lugar de coger el de la Sexta Avenida, tomé el de la Novena y fui a parar a un sitio opuesto a donde iba…”.

Así de sencillo. Hasta que no pasa algo así, decía Lorca, “no se entera uno de dónde está, de la inmensidad de calles y la agrupación de millones de gentes”. Y aquí creo que habría que añadir que tampoco se entera uno —en el momento en que eso ocurre— de que se está acercando a un tipo de literatura, que es una gran generadora de mundos, donde son muy valoradas las experiencias de lo desmesurado: “Nueva York me ha dado como un mazazo en la cabeza. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas…”

Sólo tres días después de aquella crucial carta a los padres, estallaba el trágico crack del 29. Y Federico, como si tuviera contacto directo con nuestro mundo de hoy, hablaba con infinita lástima de “toda esa gente expuesta a las terribles presiones y al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo”.

Federico y sus presentimientos. Había presagiado su propia desaparición en el ancho universo, como si en el fondo —“estoy abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad”— buscara el placer de no ser encontrado y la gloria nocturna de ser grande no siendo nada: “Me buscaron en los cafés, en los cementerios, en las iglesias / Ya no me encontraron, / ¿No me encontraron? / No. No me encontraron".

II

Los diarios secretos del último amor de Lorca: “Mi dolor fue mío, sin posibles consuelos dada la densa maraña de prejuicios que envenenaba la vida española”, en El País, Natalia Junquera, Madrid - 5 jul 2026:

EL PAÍS revela extractos de las memorias inéditas de Juan Ramírez de Lucas, con quien el poeta planeaba abandonar España antes de ser asesinado. La documentación podrá verse al completo en la nueva película de Manuel Menchón

“Con cerca de 70 años transcurridos”, escribe Juan Ramírez de Lucas, el último amor de Federico García Lorca, “si he decidido ahora comenzar este relato es porque considero que estos dolorosos recuerdos no deben quedar solo escondidos en lo más recóndito y secreto de mi vida, pues todo lo que perteneció —de una manera u otra— a la personalidad de uno de los más excelsos, decisivos, permanentes poetas españoles tiene un interés general histórico y no debe quedar recluido en el santuario íntimo de quien tuvo la inmensa fortuna de convivir con el POETA”.

El párrafo corresponde a la primera página de los diarios de Ramírez de Lucas, a la que ha tenido acceso EL PAÍS y que verá la luz en otoño, junto al resto de sus cuadernos, en la película La voz quebrada, dirigida por Manuel Menchón. El crítico de arte, último amor de Lorca, falleció en 2010 con el peso de aquel secreto, pero decidido a compartir su historia, consciente, como explica en ese “prefacio”, de que cualquier aspecto de la vida del poeta español más universal, “el POETA” con mayúsculas, como él mismo lo describe, merecía ser conocido por todos. “Muchas resistencias”, prosigue en ese diario, “he tenido que vencer para llegar a esta decisión presente, pues siempre mi dolor fue exclusivamente mío, sin posibles consuelos ajenos dadas las especiales circunstancias en las que todo se produjo y también la densa maraña de prejuicios y tabús que envenenaba la vida española de todos aquellos años y los muchos siguientes, que pesaban como losa inamovible sobre mí”. Estas líneas se publican por primera vez décadas después, en el último día de la fiesta del Orgullo.

En mayo de 2012, EL PAÍS reveló la última carta que Lorca había escrito a Ramírez de Lucas, fechada el 18 de julio de 1936, el día que estalla la Guerra Civil, así como dibujos y un poema inédito. En la misiva, el poeta le pedía a su novio que fuera fuerte y que tratara de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas: “No dejes que el río te lleve. Juan, es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas, por no decir terribles, y las he toreado con gracia”. Dos meses después de que este diario publicase aquella documentación, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados reconoció la relevancia histórica de ese archivo privado, conservado durante décadas por el último amor de Lorca, y aprobó una proposición no de ley para instar al Gobierno a promover convenios para que pudieran ser digitalizados y puestos a disposición de los investigadores. “El precio de ese legado”, explicó entonces la diputada firmante de la iniciativa, Ascensión de las Heras, de Izquierda Unida, “es incalculable”. Pero todo quedó en nada.

Menchón se estaba documentando para hacer una película sobre Lorca cuando quiso saber más de aquel hombre que era un misterio, Ramírez de Lucas. “Hablé con Ian Gibson [el hispanista que ha dedicado toda su vida a indagar sobre el poeta] y me explicó que había intentado entrevistarlo, pero que había sido imposible. Contacté con la familia, les expliqué el proyecto documental que quería hacer y fueron muy generosos. Además de los documentos que el Congreso había pedido digitalizar, nos han cedido mucho más material inédito, y en paralelo hemos hecho una investigación propia de cinco años, apoyados por varias universidades, hispanistas, historiadores... Sinceramente, creo que el resultado es algo histórico porque esclarece muchas cosas de los últimos meses de vida de Federico”.

En la portada de los diarios de Ramírez de Lucas, publicada por primera vez por EL PAÍS en 2012, el nombre “Federico” está rodeado de lágrimas de color rojo, el de la sangre. El verano de 1936 ambos planeaban abandonar España y empezar una nueva vida en algún lugar donde no tuvieran que llevar su relación en secreto, pero el poeta fue asesinado la madrugada del 18 de agosto. Casi 90 años después sigue formando parte de los desaparecidos del franquismo, ya que fracasaron todos los intentos por encontrar la fosa donde fue enterrado. Su último amor convivió en secreto toda su vida con el dolor de aquella pérdida. “Luis María Ansón, que fue su jefe en Abc”, recuerda Menchón, “me dijo que para él Ramírez de Lucas siempre había sido un enigma. Veía que tenía una gran herida, tenía la impresión de que se había quedado atascado en 1936, pero no entendía por qué. Juan no contó nada a nadie, ni siquiera a su pareja. Durante toda su vida reprimió su gran secreto, su gran historia. Ver su trazo y lo que cuenta es pura emoción y, por tanto, puro cine”.

En el proceso de documentación para la película, el equipo de Menchón consultó archivos españoles y extranjeros, públicos y privados, y dio con un hallazgo más: imágenes inéditas de Lorca en movimiento en 1932, cuatro años antes de su asesinato. El material se encontraba en una lata de betún en casa de la familia Gonzalo Menéndez Pidal, quien rodó en los años treinta un documental sobre la compañía de teatro La Barraca. Fue restaurado y permitió identificar al poeta, sonriente, en el interior de coche. El fotograma formará parte de la película que se estrenará en otoño.

La banda sonora del documental incluye la interpretación de Canción de invierno, una pieza musical compuesta por el propio Lorca cuando aún era un adolescente. El actor Álvaro Morte (La casa de papel, Anatomía de un instante) dará voz al poeta y a toda una generación obligada a ocultar su identidad sexual. Menchón estrenó en 2020 Palabras para un fin del mundo, que pone en duda el relato conocido de la muerte del escritor Miguel de Unamuno y recoge las últimas averiguaciones sobre su célebre enfrentamiento con Millán Astray el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el famoso y cuestionado “venceréis pero no convenceréis”.

miércoles, 10 de junio de 2026

Interviú (1976-2018)

 Interviu. “Hoy las amantes de Ábalos serían portada de ‘Interviú”: auge y caída de la revista más polémica de España. Por Jaime Lorite Chinchón, El País, 9 jun 2026:

Tres libros conmemoran el aniversario de una publicación que hasta su desaparición en 2018 (y a golpe de escándalos, desnudos y exclusivas) jugó un papel crucial en el desarrollo de la Transición  

Solo habían transcurrido seis meses de la muerte de Franco cuando llegó a los kioscos el primer Interviú, con una modelo enfundada en un vestido empapado, del que traslucían sus pezones. Era el 22 de mayo de 1976, menos de tres semanas después del lanzamiento de EL PAÍS. La revista ofrecía un cóctel, hasta entonces, inaudito en la prensa española: desnudos explícitos a modo de reclamo, con investigaciones e informaciones políticas sensibles en el interior. “Todavía no había Constitución, ni una libertad de expresión bien definida. Hubo secuestros de la revista, el primero en Navidad de ese año, con una portada donde aparecía una chica vestida en plan Marilyn con Papá Noel y el titular El dinero de los Franco”, recuerda Alberto Gayo, periodista de Interviú entre 1998 y 2018, el año de cierre.

Gayo acaba de publicar Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera), libro que ha escrito, afirma, como “acto de justicia para la revista”, frecuentemente reducida a sus escándalos más sonados, como el desnudo de Marta Sánchez o las fotos robadas de Mar Flores. “La podemos ver ahora como rancia y machista, pero la mirada de 2026 no es la de 1976. Fue un puntal periodístico en el proceso de transición a la democracia y consolidación, donde era muy difícil hacer periodismo valiente”. El de Gayo no es el único trabajo que ha llegado a las librerías con motivo de la efeméride. También se han publicado Los desnudos y los muertos. Una crónica sentimental de Interviú (Península), de Jerónimo Andreu, y De Lola Flores a los papeles de ETA: Los secretos mejor guardados de la revista Interviú (Maluma), de Luis Miguel Montero.

Andreu, a diferencia de sus colegas, no formó parte de Interviú. El título de su libro referencia una columna de Manuel Vázquez Montalbán que señalaba cómo en Interviú se encontraba, “junto a los desnudos, la brutalidad de la muerte más brutal, las carnicerías de la catástrofe, como si la revista tratara de oponer la doble utilización de la carne humana”. “Me llamaban la atención los dilemas morales y claroscuros que encerraba”, explica el autor, que ha entrevistado a más de 50 personas relacionadas con la cabecera. “No me interesaba escribir un libro cantando las alabanzas de la revista, pero tampoco demonizarla, porque ya estaba muy demonizada”. Su primer recuerdo de Interviú lo ubica en torno a sus 7 años, por el póster de la cantante italiana Sabrina que regalaron con el semanario del Grupo Zeta. “Estaba en todos lados, en cualquier bar, cualquier taller. Era un país distinto, Interviú tenía una presencia continua. Siempre estaba la broma del que decía que la compraba por los reportajes, pero es verdad que hacían un periodismo de investigación buenísimo”.

Interviú, como el poema de Walt Whitman, contenía multitudes. No solo tenía una doble vertiente a lo Playboy, donde el componente sexual sostenía una parte literaria de calidad (además del mencionado Montalbán, Francisco Umbral, Camilo José Cela, Juan José Millás o Elvira Lindo escribieron en sus páginas), sino que contaba con un mejunje ideológico en el que se citaban periodistas de izquierda revolucionaria y firmas próximas a la dictadura. Igual ocurría en el ámbito social. El desnudo de Pepa Flores, publicado en septiembre de 1976, que vendió más de un millón de ejemplares, supuso un antes y un después por cómo subvertía la imagen franquista de Marisol. La vieja moral saltaba por los aires y España entraba en la modernidad. Interviú reeditó la simbólica portada, en blanco y negro, para su despedida en 2018. Pero, al mismo tiempo, fueron fotos publicadas sin el consentimiento de la actriz y cantante, producto de una sesión privada. “Interviú se jactaba de mostrar todo, todo lo que ocultaba el franquismo, pero también lo que ocultaba tal señora debajo de su blusa”, dice Andreu. “Hubo casos de chantaje abierto a chicas para que se desnudaran. Y si no querían, las insultaban”.

No obstante, el movimiento feminista tuvo un espacio histórico en Interviú. “Hay una portada muy famosa donde arriba, a la derecha, se lee ¡Vosotros, machistas, sois los terroristas!, por un reportaje sobre las agresiones y violaciones en la España de los setenta”, señala Alberto Gayo, que cita otro texto de 1993 escrito por Carme Chaparro con el titular Los maridos españoles matan más que ETA, una comparación entre el número de víctimas de la violencia machista y del terrorismo. “Había que atreverse a titular así para generar un debate. Otro reportaje decía Hijos de puta: hablan sus madres. Ves eso en una portada y alucinas, pero te cuenta el problema de prostitutas que tenían hijos fruto de relaciones con puteros, por descuidos, violaciones o lo que fuese. Es un reportaje de denuncia impresionante. Cuando se dice que era en busca del morbo, pues hombre, es que necesitabas un impacto para que la revista se leyese”.

Periodismo popular

Más allá de su compromiso con expandir y asentar por terapia de choque en los kioscos la nueva libertad adquirida, ¿pasa Interviú el test del tiempo? Depende del número que se consulte. “Coges un ejemplar de Interviú hoy día y es chocante. No son solo las portadas, su lenguaje es tan provocador, a veces injurioso y calumnioso, que llama mucho la atención”, advierte Jerónimo Andreu. “Los enfoques son increíbles. En un momento dado, hicieron un reportaje sacando a un hombre negro por la calle maniatado como un esclavo, para ver cómo reaccionaba la gente. Son cosas que cuesta imaginar. Y también fueron los primeros en sacar un montón de historias, como los papeles de Sokoa”, en referencia a una operación en 1986 de enorme relevancia para comprender la estructura de ETA.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda” (Aitor Marín, redactor jefe de 'Interviú' entre 2007 y 2009)

Entre los reportajes controvertidos, brillan con luz propia los de Luis Cantero. Maestro, a su manera, del periodismo gonzo nacional, suyos son textos como Mariquita por un día, de 1978, donde recorría Ávila besándose con un activista gay para contar cómo se trataba a los homosexuales en la España contemporánea. En Cómo evadimos un millón, relataba paso a paso la facilidad con la que podían extraerse grandes cantidades de dinero del país. Su serie más famosa fue La vuelta al mundo en 80 camas, un viaje teniendo sexo con mujeres de todo el mundo para, supuestamente, contar las diferencias culturales respecto al placer carnal. El rey Juan Carlos dijo que Cantero era “el tío que mejor vive de toda España”. La curiosidad respecto a cuánto de invención había en estos artículos la despeja Luis Miguel Montero, extrabajador de Interviú: “No había ningún componente de ficción. Cantero se iba de putas, les pedía un recibo y lo pasaba como gasto”.

El autor de De Lola Flores a los papeles de ETA, que pasó 26 años en Interviú, explica que la revista se asentó sobre “cuatro patas”: “mujeres desnudas, reportajes de escándalos políticos, sucesos terribles y denuncia social”. En resumen, lo que Antonio Asensio, fundador de Zeta, definía como “periodismo popular”. Sobre qué ofrecería Interviú en 2026, responde rápido: “No me cabe duda de que hubiéramos dado a las amantes de Ábalos en portada, a Jessica, Claudia, su mujer, la mujer de Koldo… Además, son mujeres ligadas a la actualidad pública, más allá de una cuestión erótica o de morbo, que han estado en las tomas de decisiones del poder. Creo que la gente compraría la revista”. De las razones por las que hoy no existe Interviú, el diagnóstico es similar por parte de todas las voces, un cruce entre un cambio social y la irrupción de internet.

“No nos supimos adaptar. Sacabas un reportaje que te había llevado dos meses hacer y a los 15 minutos te lo encontrabas en Twitter”, lamenta Montero, que en Interviú desmontó las conspiraciones sobre el caso Alcàsser, siguió el secuestro y asesinato de Publio Cordón y narró la caída de Suharto en Indonesia. “Pasaba lo mismo con las chicas de las portadas, las fotos estaban escaneadas al momento”. Otra compleja transformación que Interviú no logró afrontar fue, precisamente, la de sus desnudos, con un margen de maniobra limitado: la revista podía dar un giro, pero, por el camino, perder a un núcleo de lectores poco receptivo a cambios.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda”, cree Aitor Marín, redactor jefe de Interviú entre 2007 y 2009. “La mentalidad estaba cambiando, la sociedad ya no era tan machista. Hubo osadía, audacia y reivindicación, se sacó a una mujer trans en portada, pero los lectores clásicos mandaban cartas ofendidos. Era muy difícil de reflotar. Y eliminar la mujer de portada era convertirla en otra revista que ya existía, Tiempo, también del Grupo Zeta y que vendía menos”. En sus primeros años, la revista pudo comprobar cuán abonada estaba a los desnudos, al dar en portada al sindicalista Marcelino Camacho (sin pose erótica) y ver las ventas caer a la mitad.

“Tenían una apuesta ética y estética que les lastraba”, analiza Jerónimo Andreu. “En la última etapa, me han contado muchos redactores que no querían irse con la revista en el metro a casa. Estaban orgullosos de su información, te la defendían, pero no se querían presentar en público con Interviú”. Alberto Gayo insiste en defender una memoria equilibrada, que contextualice en su tiempo aquello que chirría, pero también aquello que estaba a la vanguardia. Sin ir más lejos, la revista hizo ver en plena Transición la barbarie franquista, descubriendo a los lectores en 1977 la fosa común ubicada en la sima de Jinámar, en Gran Canaria, o los campos de concentración. “Iba denunciando cada semana lo que habían hecho los ganadores de la guerra y lo que intentaban hacer para mandar también en la democracia”, subraya.

Grupos ultraderechistas quemaron kioscos donde se vendía Interviú por las informaciones que difundían. El propio Gayo, que escribía, entre otros temas, sobre el auge neonazi, encontró en una ocasión su nombre escrito en una diana, al lado de la redacción en la calle de O’Donnell, en Madrid. Entre sus hazañas periodísticas, estuvo el descubrimiento en 1999 del prófugo Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de los abogados de Atocha, en una cárcel de Bolivia. Junto al fotógrafo Fernando Abizanda, se infiltraron y lograron una imagen del asesino, encerrado por narcotráfico. “Antes, también se consiguió publicar la primera foto de Billy el Niño, el torturador, cuyo rostro no era conocido. O localizar a Emilio Hellín, el asesino de Yolanda González [en 1980], una joven izquierdista. Se logró su extradición y la madre de Yolanda dijo que Interviú había hecho más que la policía porque estuviese en la cárcel”.

Gayo revela en el libro que se estudió una colaboración con el medio norteamericano Vice cuando desembarcó en España. Ambos compartían idiosincrasia, la búsqueda sana de la polémica y una narrativa sobre temas sociales, como las drogas, desde el servicio público y no el paternalismo. La propuesta no salió adelante y el cierre de Interviú se consideró más útil para paliar la deuda de Zeta, a fin de facilitar la venta del grupo a Prensa Ibérica, interesada en El Periódico de Catalunya. Aunque los mejores reportajes de Interviú sigan siendo un referente, el escritor rechaza que la nostalgia lleve a conclusiones equivocadas. “Se dice que el buen periodismo se hace con ganas y valentía, pero, sobre todo, se necesita dinero y tiempo. Interviú pagaba bien y permitía hacer seguimientos largos. Cada vez que la revista llegaba al kiosko, sorprendía al lector. ¿Cuánta gente puede ahora dedicar tiempo y dinero a reportajes?”.