Un café con leche en vaso de cristal, caliente, pero no demasiado, con espuma, pero poca, leche de soja, de soja orgánica, cultivada por hobbits de la Tierra Media, bajo Luna llena y bendecida por tres monjes baristas, a 37,5 grados exactos... Demasiada espuma, hazme otro.
domingo, 1 de marzo de 2026
viernes, 20 de febrero de 2026
Humoristas literarios
jueves, 12 de febrero de 2026
La moda Dostoievski
Dolor, contradicción y exceso: tus hijos están leyendo a Fiódor M. Dostoievski, en El País, por Luna Miguel, 17 ene 2026:
La vigencia literaria, política y espiritual del escritor ruso atrapa a nuevas generaciones de lectores, más allá del fenómeno de `Noches blancas’ en Tiktok o los centenares de memes en Instagram
“No sé cómo alguien es capaz de escribir después de haber leído esto”. En la presentación de su último libro en Barcelona, Angélica Liddell agarra el ejemplar viejo de Los hermanos Karamázov que traía bajo el brazo y lo alza para que todo el auditorio pueda verlo bien. Tal vez poseída por el espíritu de su autor, la dramaturga asegura que cada mañana se levanta muy pronto para estudiarlo, y que lo único que consigue hacer ante tal despliegue de genialidad, de crueldad y de sabiduría es arrodillarse, someterse a la escritura ajena, lamer el polvo del suelo por y para Fiódor M. Dostoievski.
Justo en el momento en el que Liddell alarga la lengua hacia afuera, dejándola a escasos milímetros de la cubierta ensangrentada de Cátedra, en la otra punta de la península un joven poeta es expulsado de la biblioteca pública de su pueblo porque ha perdido el ejemplar de El idiota que le tocaba devolver. “Tú sí que eres idiota”, dice la bibliotecaria cuando él, cabizbajo, intenta pedir perdón, asegurando que comprará otro ejemplar del libro, una edición mejor, en tapa dura si hace falta, y que lo repondrá con el sudor de la frente de su precaria existencia.
Al mismo tiempo, en un barrio gentrificado de Madrid, un grupo de lectoras brinda con vino blanco en los bajos de una librería independiente. Han quedado para leer juntas El doble, porque la reedición de Alba les pareció muy bonita, pero también porque una de ellas se enteró, gracias a un tuit de la traductora Gudrun Palomino, de que ese fue uno de los libros sobre los que Sylvia Plath escribió su tesis en 1955: El espejo mágico. Un estudio del doble en dos novelas de Dostoievski.
Lo que diga Plath, ya saben, va a misa.
Quizá por eso Dostoievski: Filosofía, novela y experiencia religiosa, de Luigi Pareyson, publicado por el sello católico Ediciones Encuentro, sea el ensayo que guarda en el bolsillo del abrigo ese catecúmeno de 33 años, que ahora fuma en la puerta de una céntrica iglesia de Burgos, antes de pasar a la formación. “¿A mí y a cuántos más?”, se pregunta a sí mismo, mientras contempla el humo que sube, “a mí y a cuántos más nos habrá convertido el ruso?”.
¿Es su vida excepcional lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas de quienes lo leen? O será porque leer a Dostoievski nos acribilla a preguntas sobre la fe, sobre el odio, sobre la resistencia, sobre la pobreza, sobre la fealdad de nuestras almas, sobre el absurdo del afecto, o sobre las esperanzas rotas, que en ese preciso instante en el que el cigarrillo consumido cae a la entrada del templo burgalés, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada dos estudiantes se comen la boca en mitad de un debate sobre si fue Nietzsche el que influyó a Dosto, o si acaso fue Dostoievski el que, con Memorias del subsuelo, metió el último tallo de paja en la cabeza al filósofo antes de volverse del todo majareta. “¡Que se lo he leído a Ricardo Piglia en Formas breves, socio! ¡Que, después de descubrir a Dostoievski en una librería francesa, Nietzsche se infectó de una especie de bovarismo extremo!”, grita la novia, con la boca húmeda.
Otra pareja, en otra ciudad, a la misma hora, está decidiendo por WhatsApp lo que verán en la tele después de cenar: “He encontrado una adaptación de Noches blancas en Filmin, creo que es de Visconti, ¿no era esa la novela que recomendó el youtuber estoico que tanto te gusta?”.
Sin salir de las redes sociales, una actriz de veintipocos años, con más de 200.000 seguidores entre sus distintos canales, acaba de publicar un vídeo en Tiktok que ha tardado una eternidad en grabar, porque resumir las 639 páginas de Crimen y castigo en un minuto no era tan fácil como creía: “¿Raskólnikov es bueno o es malo? Si te parece bueno, háztelo mirar”.
Además, la crítica literaria Mathilde Cotton ha subido un post a su cuenta de Instagram con una foto de las preciosísimas portadas nuevas de los libros breves de Dostoievski que Actes Sud acaba de lanzar en Francia: “¿Qué ha pasado para que lectores muy jóvenes vuelvan a conectar con el ruso?”, escribe Cotton, para sorpresa de nadie.
Porque ya nos va entrando en la cabeza que ese escritor está en todas partes, como por ejemplo en los titulares que la prensa cultural británica viene escupiendo desde 2024: “¿Cómo se ha convertido Dosto en la nueva sensación en redes?”; y que ahora mismo, en este plano secuencia infinito, se confirma: “¿Por qué Noches blancas vendió más de 100.000 ejemplares en Reino Unido el año pasado?”.
A raíz de estos titulares, de este revuelo, de esta aparente moda pasajera, Miqui Otero escribió una columna en la que auguró, mediante una cariñosa carta abierta al mismísimo Dosto, que “no muchos” de los que hablaban de Noches blancas en TikTok o Instagram se atreverían dentro de un mes con las 1.400 páginas de Los hermanos Karamázov.
Por suerte, Otero se equivocaba. Sí, se equivocaba. Aguanten la respiración: porque, mientras Liddell saca la lengua para embabar su libro de Cátedra, un joven poeta o un catecúmeno tardío, ya no me acuerdo, reza para sus adentros la reseña de Humillados y ofendidos que escribirá en Goodreads antes de acostarse. Y mientras una doctoranda en Letras por la Universidad de Salamanca subraya barbaridades misóginas de la biografía Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia, editado por Espinas, para meter con calzador su cachito de género ahora que le toca sustituir a un profesor macho; en otro club de lectura de Nuez de Ebro dos amigas se ríen por el análisis que una tercera acaba de hacer a propósito del gen proto-incélico del enamorado de Nastenka, basándose a su vez en algo que ella leyó hace años en Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard: “No existe en Dostoievski amor sin celos, amistad sin envidia, atracción sin repulsión”. Y mientras en un club deportivo de Sanlúcar, un joven cambia su foto de perfil de Tinder por otra en la que puede leerse con más claridad el mensaje à la Karamázov que luce en su camiseta: “No odiéis a los ateos, a los maestros del mal, a los materialistas; no odiéis ni a los peores de ellos, pues muchos son buenos, sobre todo en vuestra época”; en la cola de un supermercado de Plasencia, una activista pone like a un post en X, en el que los escritores Omar Hamad e Ibrahim Massri piden ayuda económica para abrir la primera biblioteca de Gaza tras el genocidio mediante una imagen de un Crimen y castigo hecho jirones, recuperado de los escombros tras los bombardeos. Y también mientras un comercial de Makro en periodo de pruebas vuelve a casa deprimido, escuchando a todo trapo en el coche el audiolibro de El mito de Sísifo, la oda que Albert Camus dedicó a Kirílov: “Todos los personajes de Dostoievski se interrogan sobre el sentido de la vida. Son modernos en eso: no temen al ridículo”; en el chat de Telegram de clase, una estudiante de psicología comparte Manual de supervivencia para la Russian Era de tu pareja, un artículo que Samantha Soria Chavarría publicó en Substack —“Dostoievski, Tolstói, Turguénev. Él los menciona como si fueran exnovias que le cambiaron la vida”— y al instante otra compañera le responde con una vídeo-reseña de la youtuber Essentia Libris, o quizá con un podcast de Punzadas, o quizá con un comentario de Goodreads de @etoilesinde, o quizá con un hilo de Marta Rebón, como dando a entender al resto de alumnas que leer al ruso no es necesariamente una red flag.
Banderas aparte, y aunque ya imaginamos que a muchos les gustaría saber el motivo exacto de la proliferación de lecturas dostoievskianas en nuestro país y más específicamente en nuestras pantallas —para comprobar si el fenómeno británico es, o no, extrapolable a estas tierras; o para ver cuánta tajada seguiremos sacando a costa de un condenado a muerte— podríamos alargar este relato, imaginando que a la misma hora en la que sucedía todo aquello, antes de cerrar la jornada desde una oficina barcelonesa, la editora júnior Vera Melitón introduce el nombre del ruso en GfK y echa cuentas: en 2025, alrededor de 20.000 ejemplares de Noches blancas se han despachado entre ediciones de bolsillo o ilustradas, publicadas en grandes grupos o sellos independientes. “Nada mal”, susurra Melitón, con los ojos como dólares. La pregunta que le asalta inmediatamente, sin embargo, no es “por qué ahora”. Ni siquiera “por qué su literatura vuelve hoy”. Lo que ella desea saber es qué tiene Fiódor M. Dostoievski para que nunca se haya ido.
Acribilla a preguntas sobre la fe y el odio, la resistencia, la pobreza, las esperanzas rotas… Con tal de averiguarlo, primero estudia su carta astral, y luego se pone seria. Melitón lee de una sentada El universo de Dostoievski, una amable biografía de Tamara Djermanovic, donde todas las curiosidades sobre la familia, los amoríos, las adicciones o la religiosidad del autor escorpiano se estructuran por capítulos titulados como cada una de sus grandes obras. Lo que aquí se aprende, certifica aquello que Emil Cioran había señalado en Ejercicios de admiración: “Que su destino precede a su vida”.
Entonces, se pregunta Melitón, ¿es su excepcional biografía lo que atrapa a viejos y nuevos lectores por todo el mundo, o es su excepcional obra lo que se cuela, casi sin permiso, en las entrañas vulnerables de quienes lo leen?
A Stefan Zweig, por ejemplo, le resultaba “difícil y de mucha responsabilidad hablar dignamente” de Dostoievski, “y de su importancia para nuestro mundo interior”. En Tres maestros, Zweig reconoce que su mente siempre pierde la esperanza de “penetrar” el mundo que él despliega: “Su magia es demasiado extraña al primer encuentro; su pensamiento, demasiado velado por las tinieblas del infinito; su mensaje, demasiado enigmático para que el alma pueda mirar directamente este cielo como contempla el propio”.
Y luego remata: “Dostoievski no es nada si no lo vivimos desde dentro. Ante todo, en lo más profundo de nuestras almas”. Pero es que hay más.
Ya hace un siglo largo, durante la conferencia La revolución y la novela rusa, pronunciada en Madrid en 1887, Emilia Pardo Bazán se refirió a Dostoyevski —así lo pronunciaba ella entonces— como el Dante ruso. Dijo que era un entusiasta místico, un visionario poseído por la fiebre, la sinrazón y “la enfermiza intensidad psicológica de los cerebros cultivados de su tierra”. Y para una España que todavía estaba pendiente de leerlo, Pardo Bazán lanzó una brutal advertencia: “Que no lo lean las gentes de alma sensible, de blanda organización, enemigas de las escenas de horror, ni menos los enamorados del clasicismo en cuanto serenidad, armonía y luz. Con él entramos en una estética nueva, donde lo horrible es bello, lo desesperado consuela, lo innoble raya en sublime; donde las rameras enseñan el Evangelio, los hombres van a la regeneración por el camino del crimen, el presidio es escuela de compasión y elemento poético el grillete. Mal que nos cuadre, hemos de admirar a un novelista cuya lectura parece excitación sistemática al asesinato o pesadilla de noches de calentura”. Wow. “Contundente, nuestra Emilia”, piensa Melitón, todavía atada al escritorio del despacho. “Será que, en tiempos de búsqueda desesperada de la fe, lo que consuela no es tanto la luz como la narración exasperante de nuestras contradicciones”, se dice. Sin haber hallado una respuesta a su pregunta, la editora intuye que si la obra de Dostoievski gusta hoy y gusta siempre es porque habita ese tiempo detenido desde el que los relatos sostienen el dolor y las pasiones de los siglos; porque su asco interpela, sin cortes, todos los presentes. “Qué estúpido sería preguntarse por qué Cervantes hoy, por qué Safo ahora, por qué Kafka o por qué Woolf en este día”, sentencia.
Y al final, justo cuando Vera Melitón logra abandonar su puesto de trabajo en una oficina de Barcelona, en otro punto menos cálido y más ruidoso de la ciudad, es mi cuerpo el que se arrodilla y se arrastra por el suelo polvoriento de la incomprensión, es mi lengua la que se alarga buscando subrayar con saliva la página de ese ensayo en el que René Girard dijo que si a Dostoievski se le considera inigualable, no es porque sea genial, sino por la miseria incrementada de sus personajes. Como ocurre con todo lo que nos importa, con todo lo que volvemos heroico, con todo lo que consumimos excesivamente dentro y fuera de nuestras pantallas: “Se le glorifica por lo mismo que, todavía ayer, lo convertía en sospechoso”. No sé cómo alguien es capaz de venerar a otro escritor después de haber leído todo esto, pienso ahora, abatida, tan cansada de escribir este cuento.
“¿Pero se puede amar verdaderamente a Dostoievski?”, había preguntado mucho antes que yo la filósofa Julia Kristeva en uno de los mejores ensayos que he leído sobre el ruso. Creo que ya tengo la respuesta: ¡se debe!
Lecturas
Noches blancas, de F. M. Dostoievski. Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Nórdica, 2025. 120 páginas, 22,50 euros.
Los hermanos Karamázov, de F. M. Dostoievski. Traducción de Fernando Otero Macías. Alba, 2013. 1.008 páginas, 42 euros.
Dostoievski, mi marido, de Ana G. Dostoievskaia. Traducción de Cecilia Manzoni. Espinas, 2021. 304 páginas, 16 euros.
El universo de Dostoievski, de Tamara Djermanovic. Acantilado, 2021. 272 páginas, 14 euros.
Mentira romántica y verdad novelesca, de René Girard. Traducción de Joaquín Jordá. Anagrama, 2023. 286 páginas, 13,90 euros.
lunes, 2 de febrero de 2026
Espagueti indigesto
Mensaje en clave
Un hombre rico tuvo una aventura con una mujer italiana durante unos años. Una noche, durante uno de sus encuentros, ella le confió que estaba embarazada.
No queriendo arruinar su reputación o su matrimonio, le pagó una gran suma de dinero para que fuera a Italia y tuviera al niño. Prometió proporcionar manutención hasta que la niña cumpliera 18 años, siempre y cuando ella permaneciera en Italia. Ella estuvo de acuerdo, pero le preguntó cómo sabría cuándo nacería el bebé.
Para mantener la discreción, le dijo que le enviara una postal y que simplemente escribiera "Spaghetti" en el reverso. Luego se encargaría de la manutención de los hijos.
Unos nueve meses después, regresó a casa con su confundida esposa.
—Cariño —dijo ella—, hoy has recibido una postal muy extraña.
"Oh, solo dámelo y te lo explicaré más tarde", dijo.
Su esposa le entregó la tarjeta, y al leerla, el hombre se desmayó. La postal decía:
"Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti, Spaghetti... Dos con albóndigas y dos sin ellas."
viernes, 16 de enero de 2026
Chistes políticos
1.
El Presidente Aznar va a visitar una clase de cuarto curso de una escuela primaria. Su llegada, sin previo aviso, se produjo durante una discusión acerca de los vocablos y sus significados. La maestra le saludó e interrumpió la lección. Aznar le animó a continuar la clase con el debate gramatical. Ella, por cortesía, pidió al Presidente que participara en la discusión sobre el significado de la palabra "tragedia".
Entonces, el Presidente tomó la palabra y pidió a la clase un ejemplo de frase que incluyera el vocablo "tragedia".
- Si un amigo mío está jugando en la calle y lo atropella un automóvil, eso es una tragedia -dijo un niño, tras ponerse educadamente de pie.
- No -respondió Aznar-. Eso sería un accidente.
- Si un autobús de transporte escolar cae por un barranco y mueren todos sus ocupantes, eso sería una tragedia -dijo una niña, tras levantar la mano pidiendo la palabra.
- Me temo que no -sostuvo el Presidente- A eso podríamos llamarlo una gran pérdida.
El silencio reinó en el aula. Ningún alumno se animó a dar un ejemplo de frase. Aznar los incitó a continuar dando ejemplos:
- ¿Es que no hay nadie que pueda darme un ejemplo de lo que es una tragedia?
Finalmente, en el fondo de la clase, un niño pequeño levantó su mano y con voz muy tenue, se animó a decir:
- Si el avión presidencial en el que viajan el Sr. Presidente de España y todo el Gabinete Ministerial es destruido en vuelo por un misil, haciéndolo añicos, eso sería una tragedia.
- ¡Fantástico! -dijo Aznar-. ¡Eso está muy bien! ¿Y podrías decirme por qué eso sería una tragedia?
- Sí, claro -explicó el pequeño-: Porque, en primer lugar, no sería un accidente, y en segundo lugar, tampoco sería una gran pérdida.
2.
Un senador estadounidense estaba de visita en Sudamérica cuando recibió una llamada urgente de Trump para reunirse en la Casa Blanca por una cuestión importante. Pero perdió el vuelo de ida, así que tuvo que viajar en la avioneta de un piloto bisoño a la siguiente gran ciudad. Aparte del piloto, había dos pasajeros más en la avioneta: un sacerdote y un soldado licenciado que regresaba a casa. Al volar a 3.000 metros de altura, el motor del avión se paró. El piloto dijo: "Lo puse en modo de planeo y tenemos 5 minutos para el impacto". El piloto tenía puesto su paracaídas, y solo había dos más en el compartimento trasero. El senador dijo: "Tengo una reunión urgente con Trump" y, sin decir más, se puso un paracaídas y saltó tras el piloto. Entonces el sacerdote le dijo al soldado: "Hijo, soy un hombre de Dios: toma el paracaídas". El soldado respondió: "No se preocupe, padre: el senador ha saltado con mi mochila"
3.
Un chiste típico serbio: un alemán, un italiano y un serbio esperan frente a la puerta de San Pedro en la fila de los fallecidos por accidentes de tráfico.
El alemán empieza a contar cómo murió: «Las carreteras alemanas son perfectas y los Mercedes son coches perfectos: todo habría sido perfecto si un turco borracho no me hubiera atropellado en dirección contraria. ¡Así perdí la vida!».
El italiano empieza a hablar: «Sabes que Lamborghini no solo es un coche perfecto, sino pura poesía; pero, tengo que admitirlo, no todas nuestras carreteras están hechas para un coche así, por tanto, mientras conducía, me salí de la carretera y caí en un barranco».
El serbio dijo: «Yo también fallecí en un accidente de coche». Y los dos anteriores lo presionaron para que contara más detalles. El serbio continúa: «Compré un Yugo. A crédito. Después de dos meses, ¡morí de hambre!».
4
Un pastor o ministro evangélico y un político llegaron juntos a las puertas del Cielo. San Pedro, tras realizar todos los trámites necesarios, los acompañó para mostrarles dónde estarían sus aposentos. Los condujo a una pequeña habitación individual con una cama, una silla y una mesa, y les dijo que era para el clérigo.
El político estaba un poco preocupado por lo que le podría deparar. No podía creerlo cuando San Pedro se detuvo frente a una hermosa mansión con hermosos jardines y muchos sirvientes, y le dijo que esas serían sus habitaciones.
Preguntó: ‘Pero espere, ¿cómo...? Algo anda mal. ¿Cómo es que consigo esta mansión mientras que ese otro hombre, tan bueno y tan santo, solo tiene una habitación?’
San Pedro respondió: ‘Tienes que entender cómo son las cosas aquí arriba. Tenemos miles y miles de clérigos. Eres el primer político que ha llegado a la cima’.
sábado, 3 de enero de 2026
Lexicografía del cuñadismo
[Transcripción de YouTube]
Hola a todos. Tengo una pregunta. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez en lo fascinante que sois? Y con fascinante me refiero las cosas que hacéis que a lo mejor ni os dais cuenta, pero si alguien de fuera os lo dice, de repente lo veis y decís, "Ostras, es que nunca lo había pensado, pero tienes toda la razón, es que sí que lo hacemos. Llevo más de 11 años en España. Si seguís este canal sabéis que soy de Kazajistán. Nací en la Unión Soviética. Pero después de tantos años en este país, todavía hay días en los que me paro a mirar vuestra forma de ser y me parece fascinante. Kazajistán es un país bastante diferente de España. Cuando crecí la seriedad fue prácticamente nuestro idioma oficial. De hecho, me habían dicho más de una vez que sonrío demasiado, pero también sabemos hacer bromas y el sentido del humor en Kazajistán también es bastante fuerte, pero aquí en España existen estas maneras de comportarse, cosinas que hacéis que me hacen mucha gracia y me llaman mucho la atención todavía. Ahora yo también las he empezado a hacer algunas de ellas y a lo mejor ya no me fijo tanto, pero hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de estas observaciones de las cosas graciosas o incluso diría yo en algunas situaciones fascinantes, sorprendentes, interesantes o incluso adorables que hacéis estos gestos pequeñitos que hacen que vuestra forma de ser sea especial y, como siempre, si os parece interesante lo que estoy contando, si os veis reflejados en algunas de estas observaciones, os agradecería un comentario y por favor considerad suscribiros a este canal. El canal todavía tiene muy poco tiempo, lo empecé hace unos meses solo y necesito vuestro apoyo para que crezca y para que más gente lo llegue a conocer.
La primera cosa de la que quiero hablar hoy son los coñadismos o cuñadismos de bar, el arte de interactuar con los camareros en un bar.
Como todos sabemos perfectamente, España no es un país, es un bar. Así que creo que tampoco tiene que ser algo tan raro que empiece con una observación, el comportamiento que normalmente tiene lugar o en un bar o en un restaurante. Para empezar es cómo os dirigís a los camareros. Les dais unos títulos de confianza, tipo jefe, maestro. Esto ya establece un tono, pero más allá todavía existe esta cosa que la verdad es que no la noté en ningún otro país, que son frases o bromas de cuñado.
Es muy raro salir de un bar sin haber escuchado un cuñadismo:
Oye, jefe, ponme otra, que esta venía con un agujero.
Jefe, tráeme otra que esta se me ha caído.
Camarero, si este vaso está lleno de aire.
Quiero un café solo. Que salgan todos.
¿Y tenéis cerveza sin alcohol? -Sí. -¿Y por qué?
O cuando llega la cuenta:
Pero, ¿qué hemos roto?
Oye, maestro, ¿cuántos son los daños?
Tráeme la cuenta y un policía que corra poco.
Los cuñadismos en teoría tienen que dar vergüenza ajena. Pero es que en este idioma o no sé si me parece a mí solo, pero en español suenan natural y da igual las veces que los escucho me hacen gracia. Ya sé que ya a veces parezco tonta y estoy en el bar riéndome de una broma que había escuchado 50 veces, aunque seguramente los camareros no estarán de acuerdo conmigo, estarán hartos de coñadismos, pero bueno, seguramente saben que esto se hace con amor. Es que los cuñadismos creo que se hacen, sobre todo si estás de buen humor y si sueltas un cuñadismo, eso es que lo has pasado muy bien y estás feliz. Así que, sí, yo también he adoptado esta costumbre graciosa y a veces suelto estas frases yo también, sobre todo si ya he cogido confianza con el camarero o la camarera.
Fútbol y filas de nucas.
La segunda cosa graciosa que hacéis también suele pasar en bares; cómo aquí existe la costumbre de bajar a ver el fútbol en un bar y yo la verdad es que a mí me encanta el fútbol y lo hago bastante bajo a un bar a ver los partidos de la liga o sobre todo si juega la selección. Hay una cosa que he notado que sobre todo, bueno, con la selección menos, pero con la liga pasa así de veces. Entras en un bar y cuando hay un partido, si viene una familia, él, por ejemplo, si tiene niños, los niños también, sobre todo si son chicos, se sientan cara hacia la tele para ver el fútbol y ella da la nuca a la tele. Y esto no falla. entra la segunda familia y lo mismo, ella da la espalda a la tele, no le interesa a ella el partido.
Entonces acabamos en un setting, en una situación cuando todos los hombres están mirando la pantalla y todas las mujeres están mirando la pared del otro lado. Yo normalmente soy la única rara. Yo estoy con los hombres mirando la pantalla y pues no me puedo quejar tampoco porque por un lado veo el partido de fútbol y lo disfruto mucho y por otro lado disfruto de ver todas estas caras bonitas de mujeres que no están muy interesadas en el partido y el partido lo disfruto dos veces.
El misterio del último trozo
Otra cosa muy graciosa que soléis hacer siempre, que por cierto también en bares o restaurantes, es dejar esa unidad de la vergüenza, sea una aceituna o un trocito de calamar o una patatina de estas de bravas, esto nunca falla. Siempre queda esta última unidad que nadie quiere terminar porque nadie quiere parecer aquel ansioso, goloso, con hambre, como si fuera un crimen acabar esta última aceituna. Podéis estar ahí 10 minutos. Oye, cógela, acábala. ¿Tú la quieres? No, no, no, no. Tú cómela tú. Y al final o viene el camarero, el jefe, el maestro, para llevársela, o me la acabo yo porque yo no tengo ninguna vergüenza y nosotros en Kazajistán no permitimos que se nos lleven la comida. Vamos, que lo he pagado. He pagado esta aceituna. Déjame terminarla. De hecho, es como casi un insulto si te lo llevan sin acabar. Pero aquí todos sabemos perfectamente de qué va. Entonces el camarero ya sabe que esto me lo puedo llevar.
Otra: cuando “se rompió solo” cosa que he notado es más lingüística ya del idioma español, pero no sé si se hace también en otros países hispanohablantes.
Ese lenguaje este de no he sido yo, me parece muy mono, muy dulce, pero también a veces asume un poquito tu responsabilidad. También es la estructura esta gramatical de se me ha, se me ha caído, se me ha roto, se me ha roto el vaso, se me ha roto. Yo no lo he roto, se me ha roto. Él solo se levantó, se tiró y se me rompió. En otros idiomas decimos, "He roto el vaso." O sea, responsabilidad completa. Pero un español dirá siempre, "Se me ha roto. Se me ha caído. Se me ha acabado el plato". Se me ha acabado el plato, qué lástima. Y lo más guay de todos, creo: se me ha olvidado. En fin, eso también quita la presión porque decir, "Lo he olvidado o lo he roto" o lo he tirado en plan, he tirado un vaso.
Puede ser un poquito fuerte, aunque sea lo correcto, pero es como que este se me ha caído crea un poquito de mejor rollo o algo así, no sé. Entiendo perfectamente por qué lo decís así. A veces me falta en otros idiomas y la verdad es que no os voy a mentir, pero lo encuentro bastante creativo.
Y como cafecín, cafetillo y cariño, última observación por hoy, aunque podría hacer 50 vídeos más, así creo yo, voy a incluir el uso no excesivo, pero el uso amplio de los diminutivos. Me gustan porque añaden un poco más de cariño en nuestras interacciones y esto en el mundo actual donde muchas veces nos falta este cariño es algo que yo creo que aporta valor. Por ejemplo, ¿no? Para pedir un café podéis pedir un cafetito, cafelito, cafecito y luego ya según donde estés hay diminutivos locales. Cafetín. Cafetuco, cafelillo. ¿Qué diminutivo usáis vosotros para un café en vuestra región?
Hay un montón de diminutivos que existen en el idioma español. Yo no uso todos, pero me gustaría conocerlos todos. Y al final no nos tomamos un café, sino un poco de cariño en una taza pequeña. Así que pues eso, han sido creo que cinco al final.
Cinco observaciones, ha sido bastante improvisado. Cinco observaciones graciosas de España, cosas graciosas, fascinantes, monas que hacéis aquí. ¿Os ha parecido que he acertado con alguna de ellas? Si es así, decídmelo en los comentarios y como siempre nos vemos en el próximo vídeo donde hablaremos más de España, Kazajistán, el idioma español, curiosidades y mi experiencia en este país maravilloso. Hasta la próxima.
jueves, 4 de septiembre de 2025
Empresas y marcas de productos extranjeros con nombre ridículo en español
Kagata Corporation. Japón.
Asco foods. Empresa británica de importación agroalimentaria desde Asia.
Follador, empresa vinícola de una familia italiana con ese apellido.
Hijoputa, orujos, aguardientes y licores en España.
Megapussi, patatas fritas finlandesas.
Puto, pasteles de arroz secos de Filipinas.
Semen, pasta de especias de Turquía.
Ascaso, marca barcelonesa de máquinas de café.
Ramera, marca española de cámaras fotográficas.
Maricón, ferretería rumana.
Pitchula, marca brasileña de refrescos.
Alpedo, marca turca de helados.
Urinal, té dietético eslovaco.
Sidroga, marca alemana de té de hierbas medicinales.
Pedos de monja, pastelitos de repostería de España, también llamados suspiros de monja.
Chochitos ricos, galletas de manteca con frutas del bosque en España.
Ano, rosquillas de manteca indonesias.
Verga hermanos, empresa de mudanzas argentina.
martes, 29 de julio de 2025
Perífrasis y sinónimos para decir "tonto" en español
Estas primeras expresiones son selección de la adorable Spain Sprinkles. No se limitan solamente a significar, sino que cuentan toda una película y, muy importante, ayudan a disimular con ingenio y humor la referencia a que alguien es tonto:
“Tienes menos luces que un barco pirata”, "una patera", "un socavón", "una narcolancha", "un carro de Eroski" o "el dormitorio de un topo"
"No es el lápiz más afilado del estuche"
"Tiene la bombilla fundida"
"Le falta una patata para el kilo"
"Eres la razón por la que el champú trae instrucciones"
"Le falta riego" o "no le llega la sangre al cerebro"
"Le falta un verano"
"La inteligencia lo persigue, pero él va más rápido", de los Luthiers.
"No era de los que levantaban la mano en clase"
"Tiene pinta de aplaudir cuando aterriza el avión"
"A este lo mandas a espiar y toca el timbre"
"El ascensor no llega al ático"
"Hay luces encendidas, pero no hay nadie dentro"
"No le gira bien el plato del microondas"
"Sus padres son hermanos", muy bruta
"Desconectado, con el wifi emocional un poco débil"
"Navega sin brújula", "GPS" o "con la batería al 2% "
"El mundo todavía no está listo para tus ideas"
Una IA suministra otras: "No llega a fin de mes", "Tiene menos idea que una piedra".
Sinónimos: tonto, bobo, idiota, estúpido, insensato, necio, memo, simple, zopenco, ceporro, lelo, mentecato, majadero, imbécil, zote, lerdo, cretino, fatuo, atolondrado, atontolinado, tontaina, babieca, bobalicón, empanado, mastuerzo, soplagaitas, bobalias, botarate, boquiabierto, atontado, gil, gili, gilipuertas, gilipollas, panoli, panarra, obtuso, palurdo, sandio, estólido, capullo, piernas, cabezón, bodoque, mendrugo, cazurro, pasmado, patán, pazguato, pardillo, pelele, pedorro, pandero, pavisoso, papanatas, papamoscas, petardo, pasmarote, adoquín, orate, deficiente, subnormal, aturdido, inepto, inútil, ignorante, rudo, tocho, limitado, chiquilicuatre, corto, torpe, bruto, tontucio, descerebrado, lobotómico, bausán, vaina, pánfilo, marmolillo, zafio, tarado, turulato, vacaburra, tocino, mamón, mamerto, mameluco, mamacallos, mongólico, zonzo, cenutrio, meliloto, estulto, beocio, efesio, gaznápiro, porro, lipendi, celestial, mamarracho, chirimbaina, zascandil, soso, desaborido / esaborío, e incluso expresiones más informales como "cabeza hueca", "caído de la cama, de la esfera, de la hamaca, de la mata, del catre, del níspero, del palto, del zarzo", o "no dar más de sí". En Aragón: morrofiemo, carnuz, samarugo, pansinsal, desustanciao; en La Mancha: licenciao, censo, bacín.
Con animales o plantas: merluzo / merluza, besugo, percebe, cernícalo, burro, borrico, asno, acémila, cabestro, chorlito, ganso. Melón, alcornoque, berzas o berzotas, membrillo, tontolhaba. Frases hechas: tonto de capirote (es decir, graduado o doctor), ser un licenciado, un tonto del bote, cabeza de chorlito. Metafóricos y creativos: un tontaco o peinabombillas, apocado o cagalindes, un inútil o habahelá, uno que siempre se equivoca o pataliebre, un pelmazo o cansalmas.
Del boxeo: sonado. De la carpintería: tarugo.
De Hispanoamérica: pendejo, lentejo, gafo, abismado, dundo, dundeco, adundado, guachinango, opa, cocoliso, abombado, zanguango, paparulo, asnúpido, boludo, pelotudo, huevón, bachilín, agilado, soroco, tolongo, cabeceburro, papafrita, otario, tarúpido, tarado, guanaco, meso, cojudo, desorejado, noneco, maje, zurumbo, turro, tolete, zapallo, pinacate, turuleco, topado, zopilote.
Selección del clásico José María Iribarren: no saber ni jota, no saber cuántas son cinco. No saber de la misa la media / mitad, sacar lo que el negro del sermón (por un cuentecillo proverbial que venía a decir que un negro entró en una iglesia y salió después de escuchar el sermón con los pies fríos y la cabeza caliente, lo primero porque iba descalzo, lo segundo por esforzarse en balde para entender lo que decía el predicador).
-Cuando el burro toma la linde, la linde se acaba, pero el burro sigue.
-Te sobra un cromosoma.
-Le faltó oxígeno al nacer.
-No tiene dos dedos de frente.
-No ser el cuchillo más afilado del cesto.
-No tener todos los patitos en fila, o se le salieron patitos de la fila.
-Le faltan 10 segundos de microondas.
-¿Eres tonto o te entrenas?
-Le falta un golpe.
-Es la vieja de la cuenta.
-Tener las neuronas justas para respirar o para no cagarse encima.
-Ser más corto que la picha de un virus, que las muletas de un cocodrilo o que las mangas de un sujetador.
-Está en la higuera.
-Donde no hay mata, no hay patata.
-Donde no hay, no roban.
-Ser más tonto que Abundio / Pichote, que fue a la vendimia y de postre se llevó uvas, o vendió el coche para comprar gasolina, o paseaba las vacas en brazos.
-Tuviste un golpe pediátrico.
-Le falta un hervor.
-Un poco más tonto, y no nace.
-Le derrapan las neuronas.
-Ser más basto que un polo de chorizo.
-Ser más lento que un desfile de cojos.
-Más tonto que (ni) de encargo.
-Donde no hay luz no hay contador.
-No se pueden pedir peras al olmo.
-Es más corto que el rabo de una boina o que las mangas de un chaleco.
-Hay días tontos, y tontos todos los días.
-Le queda un centrifugado.
-Aunque llegue pronto se le nota el retraso.
-Está más espeso que las natillas de alquitrán.
-Es más tonto que un perro chiquito.
-Le falta un par de caramelos en el frasco.
-No le llega agua al tanque.
-Más bruto que un caballo de palo.
-Lo único que tiene en la cabeza es pelo.
-Es más cerrado que una caja fuerte.
-Está en la higuera, o en el limbo.
-No ve más allá de sus narices, no tiene inquietudes
-Se cae de un guindo
-No eres más tonto porque no entrenas
-Es más tonto que un pollo sin cabeza.
-Eres más tonto y naces sin cabeza.
-Eres más tonto que mis pelotas / cojones, que llevan veinte años juntas y no se hablan.
-Tu árbol genealógico tiene forma de circunferencia.
-No está acabado o está sin terminar.
-Te has quedado como las vacas mirando al tren.
-Un poco más y nace botijo. Es más simple que el funcionamiento de un botijo.
-Tiene una gotera en la azotea.
-A este lo segaron verde.
-Se sacó el DNI a la segunda.
-Juega con uno menos.
-Si vas por coca a Colombia te traes pepsi.
-Este da pa una subvención.
-No es la farola que más alumbra.
-En un concurso de tontos, lo descalifican por jugar con ventaja.
-Aún espera su premio Nobel.
-De pequeño bajaba de la cuna de cabeza.
-Hace tiempo que no paga la factura de la luz.
-Se perdió varios capítulos de Barrio Sésamo.
-Usa la cabeza solo para peinarse.
-Ser como el sastre del Campillo / que cosía de balde y ponía el hilo.
domingo, 6 de julio de 2025
Chistes rusos
El doblepensamiento es típico de la mentalidad utópica y comunista. Eso se manifiesta también en el humor.
El comediante Zelenski, después de tres años de invasión rusa, ha logrado demostrar que es el presidente de Ucrania, y el presidente Putin, después de tres años de operación militar especial, ha logrado convertirse en el comediante de Rusia.
Otros chistes de tipo soviético:
1
Un hombre visita el infierno y ve los diferentes tipos de castigos que se imponen a Stalin y Hitler. Le pregunta a un demonio: '¿Por qué Hitler está hundido hasta el cuello de mierda, mientras que a Stalin solamente le llega hasta la cintura?'. El demonio contesta: 'Porque Stalin está subido a los hombros de Lenin'
2
Churchill, Roosevelt y Stalin se encuentran en Yalta. El primero toma un cigarro de una cigarrera de cuero y la deja abierta sobre la mesa. Los otros dos caballeros advierten la inscripción: 'Al Primer Ministro Churchill, Salvador del Imperio'. Más tarde, Roosevelt enciende un cigarrillo y deja su cigarrera de plata sobre la mesa, y puede leerse la inscripción: 'A nuestro presidente Roosevelt, que nos sacó de la Gran Depresión'. Finalmente, Stalin saca una cigarrera de oro, la deja abierta sobre la mesa y puede leerse: 'Al Conde Esterházy, del Jockey Club de Viena' (por lo que robaron los soviéticos)
3
Un hombre fue arrestado por gritar en la Plaza Roja: '¡Kruschev es un idiota!'. Fue juzgado y sentenciado a seis meses de prisión por alteración del orden público ¡y a veinte años por revelar secretos de Estado!
4
Tras recibir a una delegación georgiana en Moscú, Iosef Stalin se puso a buscar su pipa. Como no la encontraba, y aprovechando que la delegación se encontraba aún en los pasillos del Kremlin, envió a Lavrenti Beria (el jefe de la policía secreta) con este encargo:
– Beria, ¡corra tras la delegación y averigüe cuál de ellos se ha llevado mi pipa!
Beria, obediente, sale corriendo, pero, al rato, Stalin la encuentra bajo unos papeles. Llama a Beria y le dice:
– Laurenti, no se preocupe, que ya encontré la pipa; la tenía aquí mismo, entre mis papeles.
– Demasiado tarde, camarada -responde Beria- la mitad de la delegación reconoció haberse llevado tu pipa, y la otra mitad murió durante el interrogatorio.
5
Tres presos en un Gulag se ponen a charlar entre ellos de los delitos que les llevaron allí:
– Yo estoy aquí porque siempre llegaba al trabajo cinco minutos tarde, y me acusaron de sabotaje.
– Pues yo, porque llegaba al trabajo cinco minutos antes y me acusaron de espionaje.
– Pues yo llegaba todos los días puntual, dice el tercero, y me acusaron de tener un reloj occidental.
6
Las seis paradojas del Estado Socialista
1. Nadie trabaja, pero el plan quinquenal siempre se cumple.
2. El plan quinquenal siempre se cumple, pero los estantes de las tiendas están vacíos.
3. Los estantes están vacíos, pero nadie pasa hambre.
4. Nadie pasa hambre, pero todos son infelices.
5. Todos son infelices, pero nadie se queja.
6. Nadie se queja, pero las cárceles están llenas.
7
Una oveja decide abandonar la URSS pero, al llegar al paso fronterizo, un guardia la detiene y le pregunta:
– ¿Por qué quieres abandonar Rusia?
– Por la policía secreta, replica la oveja. Stalin ha ordenado arrestar a todos los elefantes.
– Pero tú no eres elefante, responde el guardia.
– Ya. Intenta explicárselo tú a la policía secreta.
8
Dos amigos judíos se encuentran paseando por Leningrado y uno le dice al otro:
– Hola, gospodin Isaac, ¿cómo está su hermano Iósif?
– Está viviendo en Praga, construyendo el socialismo.
– ¿No tenías una hermana… Judith, ¿qué es de ella?
– También se encuentra bien; vive en Budapest y ayuda a crear el futuro comunista.
– ¿Y Abraham, tu hermano mayor?
– Emigró a Israel
– ¿Y está construyendo el socialismo allí también?
– ¿Qué dices? ¿Estás loco? ¿Crees que haría algo semejante en su propio país?
9
El guardia de un campo de concentración en el Gulag pregunta a un preso político:
– ¿A cuántos años estás condenado?
– A diez, responde el preso.
– ¿Por qué delito?, replica el guardia
– Por ninguno, contesta el preso, agachando la cabeza.
– ¡No mientas!, dice el guardia, ¡por ninguno solo caen cinco años!
10
¿Cuál es la diferencia entre los pintores del naturalismo, del impresionismo y del realismo socialista? Los naturalistas pintan lo que ven, los impresionistas lo que sienten y los socialistas lo que les dicen.
11
El representante de un koljós (granja colectivizada) es llevado a Moscú para dar cuentas a Brezhnev sobre el cumplimiento del plan quinquenal.
– Camarada Brezhnev, gracias a la labor del Partido hemos cosechado tantas patatas que, puestas una encima de otra, llegarían hasta Dios mismo.
– Pero, camarada agricultor, seamos sinceros: Dios no existe.
– Cierto, camarada secretario general, seamos sinceros: las patatas tampoco.
12
Un ciudadano soviético acude a la KGB a informar a cambio de que coloquen a su hija en la administración del Partido. Una vez delante del comisario jefe:
– Dígame, tovarish, ¿de qué tiene que informarnos?
– Creo que mis vecinos tienen contactos personales con Occidente.
– ¿Y cómo lo sabe?
– Les oigo comer cada noche.
13
Un alemán, un italiano y un ruso se encuentran en el Museo del Prado frente al cuadro “Adán y Eva” de Alberto Durero.
– Miren qué calma, qué equilibrio, qué dulzura, -dice el alemán- seguro que eran alemanes.
– Ni hablar -interrumpe el italiano- la escena derrocha sensualidad y romanticismo, eran italianos.
– No lo creo, caballeros -tercia el ruso después de un incómodo silencio-, mírenlos bien, están desnudos, sin casa ni cobijo, solo tienen una manzana para comer y les han dicho que eso es el Paraíso. Sin duda eran rusos.
14
Vladimir Ilich Ulianov, más conocido como Lenin, se encuentra en su lecho de muerte con Stalin a su lado, le agarra de la mano y le dice con la voz muy debilitada.
– La única duda que tengo, querido Iosif, es si la gente te seguirá. ¿Crees que lo hará?
– Lo hará, Vladimir, lo hará, estoy completamente seguro.
– Eso creo, pero, ¿qué pasa si no te siguen?
– Descuida, que en ese caso te seguirán a ti.
15
– ¿Qué es algo muy largo, que hace mucho ruido, que produce mucho humo, que consume veinte litros de gasolina a la hora y que es capaz de cortar una manzana en tres trozos?
– Es la máquina soviética diseñada para cortar una manzana en cuatro trozos.
16
En una clase de primaria un profesor entra, se sube a la tarima y pregunta a un niño:
– Yevgueni Ivanovich, ¿quién es tu padre?
– ¡El camarada secretario general del Partido!
– ¿Y tu madre?
– ¡La patria socialista soviética!
– Y tú, Yevgueni, ¿qué es lo que querrías ser?
– Huérfano, camarada profesor.
17
Dos presos intercambian experiencias en una cárcel. Uno pregunta: -¿Por qué te arrestaron, delito común o político? -Delito político, por supuesto. Me llamaron del Comité local del partido para que arreglase la cañería del desagüe. La revisé y les dije: “Lo que hay no sirve, hay que cambiar todo el sistema”. Y me cayeron siete años.
18
En la Unión Soviética solo tenemos dos canales de televisión. En el uno solo hay propaganda del Partido. En el dos hay un agente de la KGB diciéndote que vuelvas al uno o te atengas a las consecuencias.
19
Stalin se quejaba ante un colega en el Kremlin de que su oficina estaba infestada de ratones, había probado el veneno y las trampas, y no había podido librarse de ellos.
- No problemo. Declare que su oficina es una granja colectiva koljós. La mitad de los ratones se irá y la otra morirá de hambre.
20
En 1937, dos jueces soviéticos se encuentran justo fuera de la sala del tribunal. Uno se está riendo a carcajadas.
-Hola camarada, ¿de qué ríes?
-Acabo de oír el chiste más gracioso de la historia.
-¡Dime!
-No puedo, acabo de condenar a un hombre a diez años al gulag por contarlo...
21
Si tuviera tocino, te prepararía una tortilla con tocino... Pero no tengo ningún huevo.
22
-¡Hola, camaradas! ¿Por qué están demoliendo la fábrica de ladrillos...? Más tarde se necesitarán más ladrillos.
-Sí, por eso.
23
Dos hombres están de pie en la cola del pan en la URSS. Después de 2 horas esperando una corteza de pan, uno dijo: "¡Ya está! ¡No puedo más! ¡Voy a dispararle a Stalin!"
"Buena suerte!", responde su amigo, mientras el hombre se va.
Unas horas más tarde, el segundo hombre todavía está esperando su ración de comida, cuando el primero regresa con aspecto abatido.
"¿Qué pasó? ¿Mataste a Stalin?"
Él responde:
"Si crees que esta cola es larga..."
24
En Alemania oriental un hombre entra en un concesionario Trabant con un fajo de marcos del Este, echa el dinero sobre el escritorio y dice "¡Quiero comprar un coche, por favor!"
Así que hace todo el papeleo y el vendedor dice "bien, puedes recogerlo dentro de dieciocho años".
"Espera", dice el hombre. "¿Dieciocho años?"
Y duda por un momento.
"¿Por la mañana o por la tarde?"
"¿Qué diferencia hay?", pregunta el vendedor.
"Bueno, es que el fontanero me viene por la mañana."
25.
Un hombre entra en una tienda y pregunta al dependiente: "¿No tienen carne?"
El dependiente dice: "No, aquí no tenemos pescado. La tienda que no tiene carne está al otro lado de la calle."
26.
San Pedro pregunta: ¿Dónde naciste?
El tipo piensa un rato y dice: "En Lemberg, Imperio Austrohúngaro."
-¿Y dónde estudiaste?
-En Lwow, Polonia.
-¿Dónde te casaste?
-En Lviv, República Socialista de Ucrania.
Sorprendido, San Pedro pregunta: '¿Dónde nació tu primer hijo?'
-En Leópolis, Reich Alemán.
-¿Y dónde moriste?
-En mi casa en Lvov, en la Unión Soviética.
Asombrado, San Pedro grita: ¡Caramba, te moviste mucho!
-¿De qué me hablas? ¡Nunca me fui de Lwihorod!
27
Brezhnev da un discurso que se suponía iba a durar unos veinte minutos. Pasan treinta, cuarenta minutos, y el dirigente continúa. “Es culpa mía”, dice uno de sus ayudantes. “Le di tres copias del discurso”.
28
Brezhnev quería que se pintase un cuando titulado Lenin en Polonia. Los pintores soviéticos, en la estricta escuela del Realismo Socialista, no podían pintar algo que nunca había ocurrido. “Camarada Brezhnev, quisiéramos hacerlo, pero no podemos, va en contra de nuestra educación”, contesta uno de los artistas.
Desesperado, Brezhnev recurre al viejo pintor judío Levy. “Por supuesto, preferiría retratar un suceso real, pero haré el cuadro para usted, camarada. Será un gran honor”.
Y Levy comienza a trabajar en la pintura. Finalmente, llega el día de la presentación. Todo el mundo observaba la tela que se corría para ver el cuadro, que mostraba a un hombre en la cama con una mujer muy parecida a la esposa de Lenin.
Brehnev, horrorizado, pregunta: -¿Quién es ese hombre? - Es Trotsky. - ¿Y quién es esa mujer? - Nadezhda Krupskaia, esposa de Lenin, caramada Brezhnev. - Pero...¿dónde está Lenin? - En Polonia.
29.
Mandan a Rabinovich al extranjero por temas laborales. Al llegar a Polonia, envía un telegrama: "¡Viva Varsovia libre! Rabinovich”. Cuando llega a Checoslovaquia envía otro telegrama: “¡Viva Praga libre! Rabinovich”. Finalmente llegó a París, y telegrafió: “¡Viva París! Rabinovich libre”.
30. Contado por Putin:
Un espía va a un edificio del KGB y dice: soy espía, quiero entregarme. ¿De dónde es?, le preguntan. De Estados Unidos, responde. Bueno, entonces vaya a la ventanilla número 5. Va a ese módulo y dice, buenos días, soy espía de EE.UU., quiero entregarme. ¿Tiene un arma?, le preguntan. Sí, responde. Entonces vaya a la ventanilla número 7. Y así pasa por otras tres ventanillas hasta que llega a la 20 y dice: buenos días, soy espía de EE.UU, tengo un arma y un dispositivo de comunicación, ¡quiero entregarme!, y le preguntan si tiene alguna misión. Sí, responde. ¡Bueno, vaya a hacerla y no moleste a quienes están trabajando!
31. Atribuido al ministro soviético de exteriores Andrei Gromyko (en la película Traffic, 2000), de un funcionario a otro con motivo de ser sustituido por este último:
Un presidente saliente escribió una carta con un consejo para su sucesor. En el sobre decía: "Ábrela cuando te enfrentes a tu primera crisis".
Dentro, había una nota que decía: "Echa la culpa de todo a mí". Pero había otro sobre dentro del primer sobre con algo escrito también: "Abre esta carta cuando te enfrentes a tu segunda crisis".
Cuando llegó la segunda crisis, abrió el segundo sobre. Solo tenía una nota que decía: "Siéntate y escribe dos cartas…"
32.
Vladimir Putin visita un colegio público para comprobar el nivel de la instrucción en el sistema educativo, y entra en un aula elegida al azar, siempre acompañado por sus guardaespaldas.
Entonces empieza un discurso sobre la amada madre Rusia y el orgullo de ser ruso, etc., etc. etc. Al final, pregunta: ¿Quién tiene dudas? Y, al fondo de la sala, un chico se levanta:
-¡Yo, señor! Hola, mi nombre es Sergei y me gustaría hacerle tres preguntas.
1.ª ¿Tuvo algo que ver con el envenenamiento del ex espía en Londres?
2.ª ¿Hemos enviado tropas a Ucrania para ayudar a los separatistas?
3.ª ¿Es cierto que envía a prisión a quien critica a su gobierno?
¡TTTTTTTTTTRRRRRRRIIIIIIIIIIMMMMMMMMM! toca el timbre del recreo y todos salen.
Cuando vuelven del recreo, Vladimir Putin continúa:
-Bueno, ¿por dónde íbamos? ¿Quién tiene más dudas?
-¡Yo! -dice otro chico al fondo de la sala y se levanta. ¡Hola, soy Dimitri, y me gustaría hacerle cinco preguntas:
1.ª ¿Tuvo algo que ver con el envenenamiento del ex espía en Londres?
2.ª ¿Hemos enviado tropas a Ucrania para ayudar a los separatistas?
3.ª ¿Es cierto que envía a prisión a quien critica a su gobierno?
4.º ¿Por qué sonó 20 minutos antes el timbre del recreo?
5.º ¿Dónde está Sergéi?
33.
Un chiste que Reagan le contó a Gorbachov: «Un empresario estadounidense estaba de visita en Rusia para comprender cómo funcionan las fábricas. Se quedó atónito al ver que nadie trabajaba y que todos fingían trabajar. Le dijo al jefe del Partido Comunista Ruso a cargo de la fábrica: «Todos fingen trabajar y nadie trabaja realmente». El jefe del partido respondió: «No te preocupes, nosotros también fingimos pagarles».
Muestras de la idiosincrasia rusa:
Mañana hoy será ayer.
¡Dios mío, cuánto queda por no hacer!
Es más fácil encontrar justicia en el diccionario, en la letra jota.
¡Aún no está todo perdido! ¡Aún queda mucho por perder...!
Proletarios de todos los países... ¡Perdonadnos!
viernes, 13 de junio de 2025
Frases de George Carlin
En Estados Unidos, cualquiera puede ser presidente. Ese es el problema.
Luchar por la paz es como follar por la virginidad.
Siempre me siento aliviado cuando alguien pronuncia un elogio fúnebre y me doy cuenta de que lo estoy escuchando.
La oruga hace todo el trabajo, pero la mariposa obtiene toda la publicidad.
La razón principal por la que Papá Noel está tan alegre es porque sabe dónde viven todas las chicas malas
La religión es como un par de zapatos... Encuentra uno que te quede bien, pero no me hagas usar tus zapatos.
Si no puedes vencerlos, arregla algo para que los venzan.
Se llama el sueño americano porque hay que estar dormido para creerlo.
Nadie jamás se ha arruinado subestimando la inteligencia del público estadounidense.
jueves, 5 de junio de 2025
Palabras que despistan, Álex Grijelmo
Palabras con pistas falsas, en El País, Álex Grijelmo 2 abr 2025:
'No pienses en un elefante' y “no veas ahí la palabra mano” surten el mismo efecto. No hay manera de escapar de esos conceptos una vez que el cerebro los ha procesado
Desentrañamos, el significado de muchas palabras porque sabemos mirar dentro de ellas. La primera vez que alguien se haya topado con el término “cantautor” habrá entendido que menciona a quien interpreta sus propias creaciones. Si oímos “flotel”, imaginamos un hotel flotante, quizás anclado en la bahía; y en “amigovio” deduciremos que alguien se mueve con agrado en esa difusa frontera.
Pero a veces las palabras compuestas nos dan pistas falsas. Sucede en “metaverso” , pues ahí entendemos de forma intuitiva “más allá del verso” y no, frente a lo que se pretendía, “más allá del universo”. Y aunque conozcamos esta voluntad, seguimos viendo versos en ese término cada vez que sale a nuestro encuentro, queremos o no.
Otro tanto sucede con VioGén, acrónimo del observatorio español que coordina la lucha y la protección frente a la violencia machista. Por mucho que se pretende relacionar “vio” con violencia, y “gen” con género, el proceso cognitivo que produce ese término nos lleva al vocabulario médico, por el influjo del segundo elemento, como pasa por ejemplo en “oncogén”: genes cuya activación puede desatar un proceso canceroso. Además, VioGén suena al oído hispano igual que Biogen, empresa multinacional dedicada a la biotecnología.
Todo eso pasa también con otros dos vocabularios que están asaltando los medios: “manosfera” y “robotaxi”.
En el primero no queda más remedio que ver la palabra “mano”; y en el segundo, la voz “robo”. Son significados que se activan sin voluntad en la mente de cualquier hablante del español, y que contaminan desde ese momento la percepción psicológica y tal vez el juicio al que induce el vocablo. Del mismo modo, el sintagma “un marmolista lento” se activa por debajo del umbral de percepción la palabra “talento” ( Gerry TM Altmann, La ascensión de Babel. Una incursión en el lenguaje, la mente y el entendimiento. Ariel, 1999; pág. 83). Y esto nos ofrece una percepción positiva del marmolista.
El “robotaxi” pretende ser un robot taxi, un vehículo que lleva pasajeros sin que nadie lo conduzca. Pero el elemento “robo” salta de inmediato y activa la percepción negativa, sobre todo si el receptor del mensaje ha sufrido antes alguna tropelía en un taxi conducido por un ser humano.
A su vez, la voz “manosfera” (compuesta como “blogosfera” y “fachosfera”) designa a las cibercomunidades de tendencias misóginas y antifeministas. Se forma a partir de la voz inglesa man (hombre), y en aquella lengua sí se favorece la intuición del significado: manosphere: el mundo de los hombres (llamado así en 2009, cuando aún no había pasado de la masculinidad al machismo). Sin embargo, al llegar ese término al español despunta el elemento “mano”, que no podemos dejar de percibir. No pienses en un elefante (George Lakoff, 2006) y “no veas ahí la palabra mano” surten el mismo efecto. ¿Cómo no pensar en un elefante o en una mano si no hay manera de escapar de esos conceptos una vez que el cerebro los ha procesado?
Alternativas como “metauniverso” (para “metaverso”), “ProteFem” (y no “VioGén), “taxibot” (en lugar de “robotaxi”) y “machosfera” o “cafreesfera” (en vez de “manosfera”) ayudarían a procesar mejor lo que se intenta transmitir. Porque “metaverso” da un falso toque poético a lo que representa; “VioGén” vuelve frío lo que debería ser acogedor; “robotaxi” hace desconfiar del precio que cobrarán y “manosfera” quita gravedad al término sin condenar el condenable fenómeno que nombra.
Malentendidos lingüísticos, Álex Grijelmo
Malentendidos por un contexto equivocado, en El País, Álex Grijelmo, 4 jun 2025:
Los errores ocurren cuando alguien vuelca sobre un mensaje la interpretación más próxima a él, y no la del emisor.
Muchos malentendidos de las relaciones personales se deben a que las mentes lingüísticas de los hablantes viven en diferentes contextos, aunque se encuentran a un metro el uno del otro.
Si nos invitan a una cena y nos dicen que vendrán otras dos parejas y al llegar encontramos a dos hombres ya dos mujeres conversando entre sí, pensaremos que los cuatro forman dos parejas mixtas. Solo con una adecuada información contextual descubriremos que no; tal vez después de haber metido la pata tres o cuatro veces.
Esto último no se deberá a un sesgo heteropatriarcal, sino a un proceso cognitivo llamado juicio de probabilidad, que aplicamos cuando, al faltarnos el contexto real, imponemos el nuestro. Ese mecanismo falla a veces, pero al cerebro humano le sale a cuenta el pequeño margen de error: examine con detalle todas las posibilidades en cada situación, y cada rato resultaría angustioso y lento.
Si llegamos a una isla desierta y vemos tres cigüeñas rojas de una en una, creeremos que todas las cigüeñas de esa isla son rojas, aunque se trate de las únicas tres cigüeñas rojas de la isla. Ahora, una vez que somos conscientes de haber aplicado la interpretación falsa, en la siguiente ocasión similar no activaremos ese prejuicio porque lo habremos suprimido del cajón de las experiencias pertinentes.
La frase “mi hermana salió de la cafetería y se dirigió al banco” admite dos interpretaciones de “banco”. Si quien la oye o lee no dispone de más contexto, activará en su mente la experiencia más próxima o más intensa. Supongamos que ha estado hace poco en una entidad financiera. Sin remedio, imaginará que la mujer salió de la cafetería para ir a una sucursal; y solo deseará esa idea si le cambia el contexto: "Mi hermana salió de la cafetería y se dirigió al banco. Después se sentó en él y se comió unas rosquillas".
Por el contrario, si el interlocutor sabe que la hermana suele sentarse en un banco del parque, recreará esa imagen y solo la anulará en el caso de que la frase continúe de otro modo: "Mi hermana salió de la cafetería y se dirigió al banco. Allí sacó dinero, pero no pudo comer las rosquillas".
El papa Francisco incluyó en su primer mensaje en Instagram este ruego: “Rezad por mí”. Eso admitía dos sentidos: 1. “Rezad en mi favor”. 2. “Rezad en mi lugar”. La opción 1 es la más probable según nuestra experiencia, y la que aplicaremos sin dudar. Ahora, si luego nos presentan como más adecuado para el caso la opción 2, se producirán la sorpresa y el efecto chistoso, como sucedió entonces: "Ha dicho que recemos por él. Lleva dos días en Italia y ya quiere que le hagan otros el trabajo".
Con ese mecanismo de acierto o error juegan los humoristas. Pero a veces se llega a malentendidos que producen dolor, a causa de que el hablante no se expresa con claridad y el oyente confunde el mensaje en función de su memoria, sus prejuicios, sus deseos o sus miedos. Es decir, su contexto.
Por ejemplo, cuando alguien recibe un wasap que dice “No quiero perder el tiempo contigo” y lo interpreta como “No me interesas nada” y no con el sentido que le había dado el emisor de “avancemos deprisa en la relación porque lo tengo muy claro”. De ese modo, el pesimismo del receptor activa su falso presagio de rechazo.
En situaciones así, acerca de las cuales quedan ustedes advertidos con esta columna, un mismo mensaje admite dos interpretaciones opuestas pero verosímiles. Y por eso es crucial no terminar ahí la conversación, sino explicar el emisor lo ocurrido y comprender el receptor lo explicado. Y ya de paso, reírse ambos por el error. A ser posible, tras hablar de ello con calma en un banco.
viernes, 9 de mayo de 2025
Breve antología del insulto
Breve antología del insulto, por Marcos Pereda
Lo sientes nacer en un espacio indeterminado de tu estómago. Lentamente. Al principio es poco menos que un borborigmo amorfo, el equivalente en sonido de las criaturas fungosas de Lovecraft. Poco a poco se va componiendo, de manera lánguida, deliciosa, puliendo las aristas. Dibuja el alcance, paladea el impacto. Asciende desde tus más profundas entrañas, toma aire en los pulmones, saca fuerzas de tu corazón, se encamina hacia tu boca. Subglotis, glotis, epiglotis, cuerdas vocales que cimbrean alegres el adecuado tono. Y llega hasta tus labios. Pam. Seco, sonoro, contundente. Miradas aterradas, pequeños gritos que se ahogan, gestos de incredulidad, a lo mejor cierta sonrisa condescendiente. Notas como si te hubieses quitado un peso de encima. Qué bien sienta.
No manejo el dato, pero tengo pocas dudas de que las primeras palabras expresadas con claridad por la boca de algo que podemos denominar homo sapiens serían un insulto. Posiblemente llamando feo a su interlocutor, o por el estilo. Y es que si de aguzar el ingenio y forzar las meninges se trata lo de la falta de respeto es campo insuperable…
Lo podemos constatar desde la antigüedad. La Epopeya de Gilgamesh, la narración épica más ancestral conocida, está trufada de insultos. Insultitos, podríamos decir, cosas como «hediondo» apareciendo aquí y allá para solaz de G. R. R. Martin, imagino (o de Cristina Macía, su traductora, vaya). Brota también, de forma paralela, la mímica para acompañar a estas palabras. Ya desde los textos homéricos se coloca la mano abierta con los dedos muy extendidos y separados entre sí, la palma dirigida directamente a quien se está injuriando. Esto se utiliza aún en Grecia, así que cuidado si están de vacaciones y pretenden pedir cinco copas en un pub, porque pueden salir a hostias…
Como les digo, imprecaciones sin mayor maldad, más allá de desear que te pudras en los infiernos y toda tu parentela perezca. Pero sin calidad rítmica, sin magia. Para eso debemos esperar a los romanos, que eran unos tipos mucho más pragmáticos, y con un estilo decadente casi desde el principio que vuelve loco al amante de lo corrompido. Una civilización que deja plasmado, en los famosos restos de Pompeya, el relieve de un pene rodeado por la leyenda HIC HABITAT FELICITAS («aquí se encuentra la felicidad»). Ya ven, los poetas de los urinarios públicos tienen sus propios clásicos. Pues bien, estos romanos sí que nos legaron ciertas creaciones interesantes en el muy noble arte del insulto. Cosas como planissimus (el que se pasa de plano, de llano… el tonto, vamos), verbero (quien merece azotes como castigo, no como placer) o el muy sonoro furcifer, que designa al ladrón (prueben a repetirlo…. furcifer… furcifer… se le llena a uno la boca). Además serán los romanos quienes entreguen al mundo un insulto aun hoy muy utilizado, aunque desprovisto de su contexto: pathicus. O cabrón, vaya.
¿Echan de menos los muy eufónicos insultos ibéricos? Pues no deberían porque los hay, y conocidísimos. Tenemos idiotas censados desde el siglo XIII (el insulto, no las personas, que aparecen ya en el principio de los tiempos), tenemos imbéciles desde 1524, zoquetes desde 1655 (aunque dado su origen árabe es probable que el término u otro similar se usase durante toda la Edad Media), tarugos desde 1386, y pendejos desde la época de los Trastámara. Por cierto que con este último ha ocurrido algo desafortunadamente habitual cuando del noble arte del insulto hablamos: se ha perdido su significado original. Porque un pendejo es un pelo que brota del pubis. No me negarán que es una bella forma de faltar al respeto.
Pero hay más, algunos con su explicación y todo. El primer gilipollas de la historia de España, por ejemplo, dicen que fue un ministro de Hacienda, inaugurando a juicio de algunos glosadores una larga relación entre el cargo y la consideración. Esto, quede claro, no lo afirma el autor del texto, ¿eh?, no se me vengan arriba.
Resulta que don Baltasar Gil Imón de la Mota tenía un cierto complejo por sus orígenes humildes. Extraño, quizá, porque pese a eso nuestro Gil había logrado ganarse, entre el siglo XVI y el XVII, la confianza de dos reyes (Felipe III y Felipe IV) y otros tantos validos (el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares), ascendiendo en la alta sociedad madrileña hasta puestos tan importantes como los de contador mayor de cuentas o gobernador del Consejo de Hacienda. Pero, ay, no tenía un titulazo de esos de poner en la tarjeta de visita y dejar a todo el mundo boquiabierto. Así que, hombre emprendedor, decidió que iba a emparentar con las altas dignidades vía prole. Dos hijas nada menos, Fabiana y Feliciana (otras fuentes dicen que tres), a quienes buscaba casar con alguien de buen copete, por lo que no perdía oportunidad, fiesta o sarao para exhibirlas como si de preciado trofeo se tratasen. Sucede que, al parecer, las muchachas no eran demasiado agraciadas pero, sobre todo, resultaban algo estólidas, por lo que la insistencia de don Baltasar resultaba ya comidilla y chanza entre los pisaverdes (los pijitos…otro insulto a recuperar) de la Corte. Hasta tal punto que cuando se veía aparecer a padre y herederas por la puerta de los bailes todos cuchicheaban. Por ahí vienen don Gil y sus pollas (una forma despectiva de referirse a las muchachas jóvenes en la época), decían. O, abreviando, por ahí llegan los Gil-y-pollas. Ya ven. De ahí al infinito, que se non è vero è ben trovatto.
Ni siquiera los eclesiásticos se libran de ese gustirrinín que deja en el cuerpo un insulto bien lanzado. Lo que no es de extrañar, ojo, que ya la Biblia recoge todo un reguero de imprecaciones dichas con acierto, y hasta el mismo Jesús, nos cuentan los evangelistas, tenía a veces en los labios un «hipócrita», «serpiente» o «malvado» presto a brotar…
Mi intercambio dialéctico preferido en este campo data del siglo VIII, y tiene como protagonistas a Elipando, un arzobispo de Toledo, y a Beato de Liébana, el monje autor de los «Comentarios al Apocalipsis» que luego serán profusamente copiados, e iluminados, durante toda la Edad Media (de hecho esos tomos serán conocidos como Beatos). Todo muy El nombre de la rosa, para entendernos. Pues bien, estos dos tipos tenían una polémica bastante gorda en torno al año 785 (invierno arriba o abajo) sobre una herejía que se llama adopcionismo y que, básicamente, permitía a Elipando vivir cojonudamente en el Toledo musulmán mientras otros cristianos, entre ellos Beato, chupaban frío y humedad en las tierras del norte. Se hacen una idea. El caso es que el amable intercambio epistolar que se dedicaron los sujetos contiene algunas de las mejores muestras de hostias dialécticas que jamás fueran creadas. Elipando dice de Beato que era un milenarista (al parecer esto era cierto, y Beato convenció a la alta sociedad lebaniega para que esperasen el fin del mundo en un monte durante una especie de fiesta rave que acabó con todos satisfaciendo sus apetitos) y Beato le contesta, cuidado, que Elipando es el cojón del Anticristo. Ojo, el Cojón del Anticristo. Detengámonos en el término y analicémoslo. Luego pensemos dónde se sitúa el tal cojón y las cosas que podrá ver durante toda la eternidad. Escalofriante. Elipando, ni corto ni perezoso, dice de Beato que tiene la boca hedionda y es fetidísimo (lo que en la Edad Media parece poca ofensa, la verdad) y después le llama antifrasto, que es un insulto muy elegante y distinguido, demostrando gran inteligencia y una puntería aguda al dirigirlo a quien lleva por nombre Beato (la antífrasis consiste en afirmar lo contrario de lo que se quiere decir, con lo que nuestro Elipando viene a señalar la ironía de que alguien llamado Beato sea un pecador de la pradera). Todo un arsenal, como ven los lectores, de dialéctica postpatrística y mala leche.
Escribiendo faltas de respeto
Si lo del insulto es género literario de por sí, y a estas alturas nos va quedando bien claro, es menester pensar que quienes mejor lo manejen sean los propios escritores, ¿verdad? Y de entre todos podemos destacar a los gigantes del Siglo de Oro español, no en vano reúnen dos grandes facultades que los hacen gigantescos creadores de ofensas: su maravilloso dominio del lenguaje y su gran condición de hijos de puta resentidos, envidiosos y crueles.
Seguramente el más conocido en estos menesteres sea Quevedo, en quien convivían admirablemente todas las características antes señaladas. A Góngora le llamaba desde bujarrón hasta marrano (por tener sangre sucia, no por cerdo… aunque ya entrados en materia al bueno de don Francisco no creo que le importase el equívoco), además de lo de la nariz (también por lo hebraico) y otras pequeñas minucias más mundanas, como comprar la casa donde vivía para luego desahuciarlo, cual si de un banco cualquiera se tratase. Pero no era el único. El mismo cordobés no dudaba en responderle, tachándolo de ignorante, borracho o cojo (acertaba dos de tres). También solicitó, en una ocasión, las traducciones que hacía Quevedo del griego para leerlas con su ojo ciego (el que es poeta es poeta)… es decir, para limpiarse el culo con ellas (con perdón del copista, aclaramos). También reparte a Lope, de quien dice que es un necio, un zote, un tagarote (el escribano de un notario… coincidirán conmigo en que llamar notario a un poeta es el insulto más grave de todos los recogidos aquí). El Fénix trufa sus comedias con perlitas de todo tipo, desde babieca hasta sandio, pasando por zamacuco, tuturuto, sansirolé, mamacallos (razonen el significado específico de este), tolondro, cipote (ejem) o estólido, que es uno de los que más utilizo en mi vida diaria. Ah, también se mete con alguien llamándole zurdo, para que vean cómo cambia la historia. Y de Cervantes qué decir… leer El Quijote es encontrarse con toda una retahíla de desprecios y repulsas. Claro que, como dice Sancho Panza, «no es deshonra llamar hijo de puta a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle». Un poco lo que hacen hoy algunos, que pasan del «usted» al «qué tal, cabronazo» con (insultante) facilidad.
Emilia y Benito
Luego los grandes escritores tienen ese je ne sais quoi que les hace responder raudos con un insulto certero en momentos de máxima tensión. Porque esa, y no otra, es la mayor muestra de genialidad que se puede exponer. Como aquella vez que Emilia Pardo Bazán se cruzó con Benito Pérez Galdós en una escalera (ambos traían detrás toda una historia que acabó mal, porque menudos dos torrentes, amigos) y le espetó, muy digna, «viejo chocho», a lo que don Benito respondió, con toda su tranquilidad y su cara de billete de mil pesetas, lo mismo pero cambiando el orden de los términos.
Claro que el campeón invicto de los insultos fue un belga catolicote y aburrido que firmaba como Hergé. Vale, en las páginas de los veintitrés álbumes protagonizados por el sosainas de Tintín no hay sexo, no hay muerte (y cuando la hay aparece representada con diablillos naíf), no hay demasiada sangre. Pero insultos…vaya, en eso Hergé mostró tener una enorme inventiva, y una mala uva que se agradece un montón. Ambrosía para los paladares más exigentes, sí, cuando Archibaldo Haddock saca a relucir su muy extenso lenguaje, seguramente aprendido en tabernas (igual hasta en burdeles) de barrios portuarios por medio mundo. Un total de doscientos sesenta y cinco insultos hay censados en las quince aventuras donde aparece Haddock, lo que nos da una maravillosa media de casi dieciocho por libro. Extensa lista que destaca, además, por su originalidad: desde anacoluto hasta grotesco polichinela, pasando por Atila de guardarropía, logaritmo, mujik, Mussolini de carnaval, coloquíntido, zapoteca de truenos y rayos o, mi preferido, bachi-buzuk de los Cárpatos. Ojo, muchos de ellos definen realidades poco o nada ofensivas (un bachi-buzuk, por ejemplo, es un mercenario otomano) con lo que podemos inferir otra de las características principales del insulto: su intención. No importa qué llames al otro, sino hacerlo con el tono correcto.
El Hergé español, al menos en cuanto a los insultos, es sin duda (en pie todos, por favor, y aplaudan con fuerza) Francisco Ibáñez. Sus creaciones están salpicadas de ofensas bien dichas, destacando las descacharrantes últimas viñetas que (casi) siempre muestran a sus personajes persiguiéndose en una orgía de violencia física y verbal que hoy sería sin duda censurada por traumática para los niños. Berzotas, merluzo, alcornoque, botarate, mentecato… a uno se le llena la boca de miel solo con decir esas palabras. Lo mejor, háganme caso, es repasar la obra de este artista genial para disfrutar con la luminosidad de sus insultos.
Delicias endémicas
Si hay algo que une a toda la humanidad, por encima de credos, procedencia o ideologías, es su tendencia natural por insultar a sus semejantes. Lo cual no quita, evidentemente, para que cada cultura tenga sus propias formas de cagarse en los muertos ajenos, muchas veces en base a criterios de carácter geográfico, evolutivo o, simplemente, en atención al capricho del momento.
Existen una serie de bases que pueden resultar intercambiables en todo el mundo. Las palabras, por ejemplo, que se refieren al pene (cazzo), a la vagina (figa) o a la vida pública de la progenitora (figlio di puttana), todos en italiano. También, claro, las maldiciones familiares (el serbio «me cago en todos los de la primera fila de tu funeral» me parece especialmente acertado) o las que te invitan amablemente a irte a ciertos lugares o realizar ciertas actividades (en francés te dicen va te faire mettre y claro, como suena tan bien, te cuesta hasta ofenderte).
Pero después hay toda una caterva de particularidades idiomáticas e incluso regionales que merece la pena destacar. Algunas, de tan repetidas, hasta parecen haber perdido su significado original, como las inglesas asshole o motherfucker, con cuya traducción literal quizá deberíamos solazarnos cada vez que las escuchamos en una serie. Los daneses, ese país con unicornios y contratos únicos, tienen una expresión bastante gráfica que es kors i røven, y que significa literalmente «(que te metan) una cruz por el culo». Ya ven, tanto Kierkegaard para esto. En el educadísimo idioma japonés nos pueden decir kuttabare y nos tenemos que joder, o llamarnos manuke y a lo mejor no lo entendemos, por tontos. Y los habitualmente chiflados rusos también extienden esa extravagante visión del universo a sus imprecaciones, con cosas tan llamativas como yob tvoyu mat (que puede significar, dependiendo del contexto, desde el literal «he besado a tu madre» hasta «vete fuera de mi vista»…ya me dirán la relación) o júy (que lo mismo sirve para hablar del pene que para designar a un imbécil).
Con el otro lado del Atlántico compartimos el uso del castellano y la mala baba para insultar. Ya hablamos, oh sí, de los pendejos, pero también están los boludos, los perros, los huevones, la chingada, el verraco o el chimpapo. Incluso tenemos gozosas expresiones compuestas, hallazgos felicísimos de nuestro maravilloso idioma que, una vez más, usamos sin tener en cuenta su significado literal. Así, que te manden a la «concha de tu madre» o a comer un «pingo» resulta toda una experiencia. Hay que aplaudir desde aquí el esfuerzo que la conocida serie Narcos ha hecho para dar a conocer por todo el mundo alguna delicatessen verbal como «hijueputa» (hay que decirlo más), «gonorrea» o «sapo». Gracias, mil veces gracias, han enriquecido ustedes profundamente mis cenas de amigos.
También tenemos, por último, diferentes formas de entender las faltas de respeto dependiendo de los lugares de estas dos Españas, una te helará el corazón, donde te estén mandando a esparragar. Así, por ejemplo, si aquí en Cantabria le dicen que es usted un palajustrán sepa que lo llaman liante, que sí, que tiene mala idea, algo parecido a un talingón, o a un venigoso; y si lo tildan de mondregote le están haciendo saber que se lo tiene usted muy creído, pedazo de imbécil. Ah, las mujeres tienen sus insultos propios, claro, por lo de la paridad, y así las rámilas son hembras de mucho genio, las lumias son aquellas (sobre todo niñas) algo sabihondillas y repelentes, y bardaliega será la que gusta de pasar mucho tiempo detrás de los bardales o las zarzas, preferentemente en posición horizontal y acompañada…
En Galicia llamarán parvo al poco espabilado, y será babayu cuando pase a Asturias, babarrión en Cantabria o kaiku al llegar a Euskadi. Al mismo tipo le llamarán ababol en Aragón, faba en Catalunya, borinot en Valencia o penco en Andalucía. Si logra arribar, quién sabe cómo, hasta los pueblos de la montaña palentina se referirán a él como aberado, Por el camino le habrán escupido un bolo en Toledo, un fato en Valladolid y un zurumbático si se cruzó con Pérez-Reverte a la salida de la Real Academia de la Lengua. Al final toda una vuelta a España de lo más entretenida y didáctica. Aunque igual ni se ha dado cuenta, el muy estafermo.
Ya ven, mis queridos gaznápiros, que esta es materia extensa y de mucho solaz, por lo que nos apena especialmente tener que dejarla aquí, recién expuestos los grandes principios de nuestras tesis y apenas avanzada la investigación sobre el terreno. Eso sí, la certeza de haber contribuido a un enriquecimiento de su vocabulario más irrespetuoso es recompensa suficiente para nuestro esfuerzo.
Sean originales en sus reuniones familiares y de amigos. Insulten con creatividad.