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jueves, 22 de enero de 2026

Palíndromos, por Carlo Frabetti

 Palíndromos. Por Carlo Frabetti, en El País, 14-XI-2025:

Desde la más remota antigüedad, los palíndromos han intrigado tanto a los estudiosos de lenguaje como a los ocultistas.

No se puede envolver un huevo con papel de aluminio sin que se formen arrugas, como vimos la semana pasada; pero, como señala Rafael Granero: “Matemáticamente (y físicamente), no es posible adaptar una superficie plana (inelástica o de elasticidad limitada) a una esférica sin deformarla: o se estira, o se arruga, o se rompe. Ni lo contrario, y por eso no podemos aplanar la piel entera de media naranja sin que se cuartee. Pero si hacemos jugar al calor... Existen envoltorios termo ajustables, como las fundas termorretráctiles: una lámina plástica que, al aplicarle calor, se contrae y se adapta perfectamente a la forma del objeto”.

En cuanto a los animales cuyo nombre contiene las cinco vocales una sola vez, Fernando Garro ha “cocinado” astutamente el acertijo, poniendo de manifiesto, una vez más, la importancia de la precisión en los enunciados: “Mi cuñado es un animal y se llama Aurelio”.

El juego del lenguaje

Debí precisar que me refería al nombre común de un animal no humano, y en ese caso hay algunas respuestas discutibles y/o jocosas, como “zarigüeyo” (no aceptado por la RAE pero sí coloquialmente). O “paquidermo”, que no es el nombre de un animal sino de un orden taxonómico (hoy en desuso, por cierto); pero es habitual llamar paquidermo a un elefante (aunque actualmente lo correcto es llamarlo proboscídeo), por lo que se puede dar por buena la respuesta de Javier Andueza. Y si aceptamos los diminutivos cariñosos, podrían valer “sabuesito” (bien, el corrector no lo subraya en rojo) y “hormigüela” (este sí).

En la misma línea jocosa, Bretos Bursó propone “futbolinera” (mujer aficionada al futbolín) como palabra que contiene las cinco vocales en orden inverso al alfabético. Y sin alejarnos del fútbol, también podría servir un partido entre Portugal y Chile: sería una competición lusochilena.

En cuanto al mayor número cuyo nombre contiene las cinco vocales sin repetirlas, Bursó propone “noventa y un mil”; pero Granero se pasa al catalán y ataca con “quatre trillons”, y Bursó contrataca con “cent quadrillons”. ¿Quién da más?

La respuesta de Jaime Zubieta al tercer acertijo de la semana pasada es “Esta frase no tiene treinta y cinco letras”. ¿Hay alguna otra solución?

Y la respuesta “oficial” al cuarto acertijo es “cinco”; pero ¿hay alguna más?

Simetría verbal

Al hablar de juegos y acertijos con las palabras, es inevitable mencionar los palíndromos.

Un palíndromo es una palabra o frase cuyas letras están dispuestas de tal manera que no cambia al leerla de derecha a izquierda. Hay muchas palabras palindrómicas, sobre todo entre las más cortas: asa, ama, ara, ata, efe, eme, ene, oro, oso, ojo… ¿Cuántas puedes encontrar de tres letras? Y, yendo al otro extremo, ¿cuál es la palabra palindrómica más larga?

En cuanto a las frases palindrómicas, recordemos un par muy logradas, una popular (en castellano) y otra culta (en latín): “Dábale arroz a la zorra el abad” e “In girum imus nocte et consumimur igni” (Damos vueltas en la noche y nos consume el fuego). El palíndromo latino podría ser una antigua adivinanza relativa a las mariposas nocturnas o a las antorchas; o a los demonios, según algunos, por lo que se lo conoce como el verso del diablo. Guy Debord, fundador de la Internacional Situacionista, adoptó el palíndromo In girum… como divisa y realizó en 1978 un cortometraje con este título. Y, siguiendo con el latín, es de obligada mención el misterioso multipalíndromo del Cuadrado Sator: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS (pero ese es otro artículo).

En castellano, el palíndromo de la zorra y el abad es difícilmente superable. ¿Se te ocurre alguno?

(Casualmente, o tal vez no, esta es la entrega nº 545 de El juego de la ciencia: un número palindrómico, también llamado capicúa).

sábado, 17 de enero de 2026

La tribuna de Pérez Reverte sobre el español de la RAE

 Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor, en El Mundo, por Arturo Pérez-Reverte, 11 enero 2026:

 Crece la impresión de que la Real Academia Española ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería.

La célebre divisa de la Real Academia Española -Limpia, fija y da esplendor- surgió con un nobilísimo propósito: la lengua española contaría con una institución encargada de cuidarla, ordenarla y ennoblecerla. Pero el tiempo no pasa en balde. Trescientos trece años después de su fundación, para un buen número de hablantes, lingüistas, escritores y lectores, esa promesa ya no se cumple. No porque el español esté en decadencia -al contrario, camina más vivo e imparable que nunca- sino porque crece la impresión de que la RAE ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería. Decir que la RAE ya no limpia, ni fija, ni da esplendor es, lamentablemente, una impresión generalizada.

Intentaremos explicarlo, aunque ni sea fácil ni sea cómodo, ni agradable. Limpiar, en el origen del lema, significaba depurar el idioma de usos incorrectos, confusos o innecesarios. No se trataba de imponer un castellano o español rígido, sino de establecer criterios claros que facilitaran la comprensión y la alta calidad expresiva. Sin embargo, la Academia se repliega ahora hacia posiciones más descriptivas que normativas, aunque rara vez sus miembros lo admitamos en público. Esto da ocasión a debates académicos internos, a veces muy tensos, que por prudencia institucional no suelen ir más allá de la sala de plenos. Debates que a menudo han opuesto y oponen dos formas distintas de entender la RAE, su función y sus obligaciones.

El argumento habitual de un sector académico, en el que se sitúan principalmente lingüistas -aunque no se trata de grupos compactos-, es que la Academia registra el uso. El problema, replica a eso otro sector donde abundan escritores o creadores, es que registrar no es limpiar. Si todo uso mayoritario, por vulgar o incorrecto que sea, resulta automáticamente válido, la noción misma de corrección pierde sentido. Y ahí reside uno de los problemas. La actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas, no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa. Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático, político o de redes sociales. El resultado es una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria, que deja al hablante sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas y, lo que es peor, a la proliferación de elementos con notable presencia pública pero con escasa formación cultural. Un tertuliano, youtuber o influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un premio Cervantes. Y no es una figura retórica exagerada. Es que realmente ocurre.

Como institución colectiva, y desde hace tiempo, la RAE ha estado esquivando la constante petición de algunos académicos -cada vez menos, pues los más combativos van falleciendo o se cansan de bregar- en los debates de los plenos de los jueves: una declaración pública anual sobre el estado de la lengua española, a modo de balance, y no para imponer normas policiales, sino para prevenir y advertir de errores y malos usos antes de que éstos sean irremediables. Pues, al no establecer límites claros, la RAE deja de proteger precisamente a quienes más necesitan normas o referencias claras: estudiantes, docentes y hablantes no nativos. Pero esa renuncia de la Academia a limpiar -advertir de las amenazas antes de que se asienten sin remedio- no responde sólo a la fría concepción científica de algunos académicos, sino también a un miedo general asentado en la RAE: miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible, en una España y una Hispanoamérica propensas a desconfiar de toda autoridad lingüística aunque esa autoridad sea noblemente compartida por todos los componentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Que -a diferencia de la notoria incompetencia panhispánica del ministro español de Asuntos Exteriores, señor Albares- sí mantienen excelentes relaciones entre ellas y participan juntas en un Diccionario, una Ortografía y una Gramática milagrosamente comunes.

Fijar no es congelar la lengua

En cuanto a la segunda palabra del lema, Fijar, no pretendía en su origen congelar la lengua, sino establecer consensos estables. Todo idioma necesita puntos de anclaje; sin ellos, se fragmenta y empobrece. Paradójicamente, hoy la RAE se muestra incómoda con la idea de fijación, y las sucesivas reformas ortográficas son un ejemplo elocuente. Cambios poco justificados, explicaciones confusas y decisiones cuestionables erosionan la autoridad académica. ¿Se escribe solo o sólo? ¿Guion o guión? ¿Mayúsculas opcionales?... La respuesta académica suele ser tibia: «depende», «es válido», «se recomienda, pero no es obligatorio». Una institución que no fija, duda; y una que duda, deja de ser referencia. Además, y esto es asombroso, la RAE institucional hace caso omiso del criterio de escritores consagrados -muchos de ellos fueron en vida o son hoy académicos- para quienes la lengua era y es una herramienta con la que trabajan a diario. Sucede lo contrario: la Academia externaliza hoy parte de su función fijadora dejándola en manos de medios de comunicación y redes sociales, que se convierten en árbitros del asunto. Y con esa claudicación, en vez de orientar hacia el buen uso, la RAE lo desprecia.

Pero quizá lo más grave sea el abandono del Esplendor. Porque dar esplendor no es sólo pulir la ortografía y la gramática y hacer un Diccionario digno y eficaz; es, también, defender la riqueza literaria, histórica y simbólica del idioma. Desde su creación en 1713, la RAE estuvo asociada a una idea de la lengua como patrimonio cultural. Hoy, lamentablemente, esa ambición parece diluida. El sector oficial de la Academia responsable de las manifestaciones y comunicaciones exteriores vive obsesionado con que nadie asigne a la RAE la palabra elitista. En consecuencia, maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales. A la altura intelectual de lo que hay.

Las redes sociales, desde luego, representan el grado extremo del problema. Son espacios donde priman la rapidez, la simplificación y la falta de contexto. Útiles como indicador sociolingüístico, resultan tóxicas como modelo normativo. Sin embargo, la RAE las menciona cada vez más como prueba de uso. El lenguaje de las redes, diseñado para impactar y no para pensar, es fragmentario, caótico, pobre en matices y proclive a la incorrección, la vulgaridad y el error. Cuando la Academia lo legitima, envía un mensaje peligroso: el cuidado, el rigor, no importan; basta con que algo circule lo suficiente. Esto tiene un efecto social devastador. Si todo vale porque se usa, ¿para qué esforzarse en escribir bien? ¿Por qué leer a buenos autores, estudiar o ampliar vocabulario? La lengua deja de ser una conquista cultural, una herramienta cuidada y noble, y se convierte en reflejo automático del confuso ruido social.

Y, bueno. Los resultados están a la vista. La sumisión de la RAE a las redes deteriora su imagen. El criterio académico se hace coloquial, el rigor es negociable. Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez. El antes buscado esplendor exigía distancia, profundidad, autoridad y exigencia sin complejos. Además, y como postre, la RAE ha mostrado una evidente falta de liderazgo cultural frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico. Aunque a veces los adapta, no siempre propone alternativas convincentes o realistas -todavía me sangran los ojos ante el amago de algún académico lingüista de proponer balé para sustituir a ballet-. Y cuando las alternativas razonables son asumidas, llegan tarde o no se aplican. El mensaje implícito es de resignación: la lengua cambia, y poco se puede hacer; sólo seguirle el paso, aunque sea cojeando.

La politización del lenguaje

Otro de los factores negativos para la autoridad de la RAE es su relación ambigua con el debate político, sobre todo respecto al llamado lenguaje inclusivo. La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad. No abrir la boca es la respuesta más frecuente, y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos -Javier Marías lo hizo siempre de forma destacada- que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público. En la grotesca injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la estupidez sectaria en materia lingüística, la Academia, en vez de sostener la posición firme y argumentada de su legítima autoridad, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie. Esa prudencia, o ambigüedad, es interpretada como debilidad e incluso como cobardía. Cada vez que la Real Academia Española parece más preocupada por no irritar al poder político que por su propia coherencia y obligaciones, pierde autoridad. Y no se trata de negar debates sociales, que son necesarios, sino de establecer con claridad qué pertenece al ámbito de la lengua y qué al de la ideología, y ser inflexible con quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses. Al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio.

Otro síntoma inquietante es la invisibilidad intelectual de muchos actuales académicos. Históricamente, la RAE estaba integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden, cuya autoridad provenía tanto de su obra como de su pensamiento. Hoy, aunque sigue habiendo elementos brillantes entre los lingüistas -Ignacio Bosque, Pedro Álvarez de Miranda- y también hay escritores de reconocido prestigio y notables académicos de otras especialidades, sus voces públicas suenan aisladas, cuando suenan, y la institución en su conjunto no proyecta una voz prestigiosa y sólida. Las discusiones importantes sobre la lengua se dan fuera de la Academia, en universidades, medios, redes sociales y espacios independientes. La RAE suele reaccionar tarde y mal, y rara vez lidera el debate. Ha pasado de ser un faro que guía a comentarista de lo que hay.

Pero lo más grave, en mi opinión, es que en el corazón de la Real Academia Española se registra un desplazamiento silencioso, lamentable, de su principal fuente de autoridad. Durante tres siglos, la RAE entendió que la lengua se establecía principalmente de abajo arriba, pero enriquecida, contrastada, analizada y devuelta desde arriba hacia abajo mediante la literatura, el pensamiento, la tradición escrita y el criterio de autores solventes cuya obra demostraba excelencia, precisión y capacidad de perdurar. Hoy, en cambio, entregados los aspectos técnicos de la RAE a lingüistas partidarios de asumir dócilmente cuanto ocurre y no prevenir lo que ocurra, la Academia invierte esa jerarquía: otorga más peso normativo a lo que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales, que a la autoridad intelectual de escritores, filólogos y creadores que trabajaron o trabajan la lengua con rigor. Se anteponen, más de lo necesario, los usos de un tuitero analfabeto o el texto de un folleto farmacéutico mal traducido a la obra de Soledad Puértolas, Carlos García Gual, Juan Mayorga, José María Merino, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, José Manuel Sánchez Ron, Clara Sánchez, Javier Cercas y tantos otros académicos vivos o muertos.

La inversión de la autoridad lingüística

Tradicionalmente, los buenos escritores no se limitaban a utilizar la lengua española: la afinaban. La literatura era un laboratorio de posibilidades expresivas, de creación e innovación, pero sobre todo un espacio de autoridad. Un uso reiterado en Cervantes, Galdós, Borges o Vargas Llosa tenía más peso que mil ocurrencias bastardas o efímeras. La Academia observaba todo eso registrando cuanto había, pero aconsejando utilizar lo mejor. Don Manuel Seco, al que mi querido don Gregorio Salvador definió como «el académico perfecto», abrió siempre su diccionario al lenguaje popular y su evolución natural, pero nunca perdió de vista la autoridad superior de los grandes escritores. Durante mucho tiempo -llevo 23 años en la RAE y he conocido otras épocas- los sucesivos directores de la RAE incluido Darío Villanueva, el penúltimo de ellos, mantuvieron un exquisito y útil equilibrio entre lingüistas y creadores. Hoy ocurre todo lo contrario. Los debates lingüísticos -aquellas tradicionales papeletas de toda la vida- han desaparecido de los plenos y se solventan en comisiones parciales o con decisiones casi personales, ajenas al criterio general. En 2009, cuando Ignacio Bosque iba a publicar su importantísima Gramática, todos los académicos leímos, comentamos y discutimos durante mucho tiempo el borrador. Hoy eso sería imposible: suele imponerse el hecho consumado.

Recuerdo con añoranza mi primera década en la Academia, en la que tardé años en abrir la boca si no me preguntaban. Hoy están lejos los tiempos en que los jueves suponían fascinantes discusiones de gran altura: lingüistas de categoría como García Yebra, Rodríguez Adrados, Manuel Seco, Gregorio Salvador, se medían y enfrentaban en debates inteligentes, respetables y amistosos con Camilo José Cela, José Luis Sampedro, Mario Vargas Llosa, Claudio Guillén, Carmen Iglesias, Francisco Ayala o Castilla del Pino. Ahora, lamentablemente, el núcleo de lingüistas al que la actual dirección confía las decisiones maneja con naturalidad y sin apenas control, como justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados. La repetición cuantitativa ha sustituido a la calidad cualitativa. Se confunde frecuencia con legitimidad, visibilidad con corrección. Y esta inversión es muy grave, porque los medios de comunicación actuales -con pocas y honrosas excepciones- ya no funcionan como filtros de calidad lingüística. La presión del clic, la velocidad de publicación y la precariedad laboral han erosionado el cuidado del idioma. Que la Academia tome ese material como referencia prioritaria equivale a aceptar como patrón lo que antes habría considerado síntoma de deterioro.

Una de las actitudes más discutibles, siempre en mi opinión, es que la RAE apenas advierte ya con claridad del mal uso. Tiene verdadero miedo de hacerlo. Antes, el diccionario y la gramática no sólo indicaban qué se decía, sino qué se debía o podía evitar. En el Diccionario o fuera de él constaban marcas claras: incorrecto, impropio, desaconsejado, vulgar... Hoy, esas advertencias se han atenuado o desaparecido, sustituidas por fórmulas ambiguas: se documenta, se usa, es frecuente en la lengua hablada. El problema no es admitir que un uso existe, pues la RAE está obligada a registrarlo, sino elevarlo a la categoría de aceptable o correcto sin un juicio crítico. Cuando se deja de señalar un error, el error ya no se percibe como tal: el hablante pierde herramientas para distinguir entre el descuido y el rigor, entre una solución pobre y una rica, entre una desviación ocasional y una norma consolidada. Y de ese modo la Academia ya no corrige la incorrección, sino que la acepta a toro pasado. Espera a que el mal uso se imponga por cansancio, repetición o presión mediática y entonces lo incorpora al Diccionario; no como excepción a señalar, sino como variante válida. Y así, la autoridad normativa se convierte en simple notaria del hecho consumado.

La marginación de los escritores solventes

Mientras tanto, como dije, la voz de los académicos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje, apenas cuenta hoy en la RAE. Muchos de ellos, vivos o recientemente fallecidos, han señalado errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, sólo para ver cómo el sector ahora dominante en la Academia -los talibanes del todo vale- los ignora o trata como opiniones respetables, pero irrelevantes. Durante el mandato del actual director -al que por otra parte se deben importantes logros, como la labor panhispánica en América y la salvación económica de una RAE asfixiada por el ex presidente Mariano Rajoy- se ha roto el vínculo histórico, el respeto mutuo, el equilibrio al que antes aludía entre creación literaria y técnica lingüística. Y esto es especialmente grave, porque los escritores no sólo conservan la lengua: la trabajan y proyectan hacia el futuro. Son quienes exploran sus límites sin romper su coherencia. Prescindir de su criterio equivale a amputar la dimensión estética e intelectual del idioma, reduciéndolo a un mero instrumento funcional. La lengua sin autoridad literaria se vuelve plana; y una academia que no escucha a quienes mejor la manejan renuncia a dar esplendor en el sentido más profundo del término.

El proceso es siniestro: en los medios se escribe peor, la Academia lo acepta, y al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al legitimar, los medios se esfuerzan todavía menos. El hablante asume que la corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres. Pero este empobrecimiento no es sólo estilístico, sino cognitivo: una lengua descuidada piensa peor. La precisión léxica, la complejidad sintáctica y la riqueza expresiva no son adornos superfluos, sino herramientas para comprender y describir la realidad. Cuando la norma se rebaja, también se reduce la capacidad de pensar con claridad.

Decir que la Real Academia Española ya no limpia, ni fija, ni da esplendor no es negar su utilidad, su hermosa y noble historia ni su necesario futuro, sino prevenir una crisis. La lengua española no necesita una policía autoritaria, pero sí una institución capaz de establecer criterios, defender la excelencia y asumir que toda norma implica incomodar a alguien. Sin limpieza no hay claridad; sin fijación no hay estabilidad; sin esplendor no hay belleza. Si la RAE no mantiene esa triple vocación, su lema será una reliquia retórica. La Real Academia Española no perderá autoridad porque la lengua evolucione y cambie; la perderá si continúa consagrando más el ruido que el pensamiento, más el error y la vulgaridad que la excelencia. Privilegiar a periódicos mal escritos y redes sociales sobre escritores solventes y tradiciones literarias sólo contribuirá a la pérdida de calidad del español. Mientras no practique la valentía de señalar el error en vez de certificarlo, y de sostener la autoridad superior de quienes a uno y otro lado del Atlántico mejor escribieron y escriben en nuestra lengua, la RAE será una institución útil pero traidora a sí misma: alguien que llega tarde, cuando el daño está hecho. Y una lengua que renuncia a la exigencia, el rigor y la belleza, acaba por renunciar a su grandeza.

La RAE destapa sus heridas tras “el ataque más grave desde que hay memoria”,

 La RAE destapa sus heridas tras “el ataque más grave desde que hay memoria”, en El País, por Jorge Morla, Madrid - 17 ENE 2026:

Una tribuna de Arturo Pérez-Reverte supone la última polémica en una institución que lleva meses acaparando titulares

La Real Academia Española (RAE), institución tricentenaria encargada de “limpiar, fijar y dar esplendor” al idioma, atraviesa uno de los momentos más convulsos de su historia reciente. Lo que comenzó como un desacuerdo soterrado sobre el rumbo de la política lingüística ha derivado en una crisis abierta, con reproches públicos, heridas internas y un debate de fondo sobre quién debe marcar el destino de la lengua común de más de 600 millones de hablantes. Esto se suma al cruce de acusaciones entre la institución y el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, que se produjo a finales del año pasado, un desencuentro que ha derivado en polémica sobre la designación de la sede que acogerá en 2028 el próximo Congreso de la Lengua.

La chispa que provocó el último incendio fue una tribuna de Arturo Pérez-Reverte (académico desde 2003 y uno de los escritores españoles más leídos) publicada en El Mundo el domingo 11, en la que lanzó un ataque frontal contra la RAE y su actual director, Santiago Muñoz Machado (al frente desde 2018). El escritor acusó a la institución de haberse rendido a las presiones mediáticas y políticas, de practicar una normativa “laxa y ambigua” y de haber roto el equilibrio histórico entre filólogos y creadores literarios.

En su texto, Pérez-Reverte cargaba contra lo que denomina los “talibanes del todo vale” y denunciaba que la Academia se limita a registrar usos impulsados por las redes sociales o la corrección política, en lugar de defenderla con firmeza y normas claras. Citaba como ejemplos la falta de contundencia en debates como el lenguaje inclusivo, la acentuación de solo o guion o el uso de mayúsculas. “Hoy todo vale”, escribió, “y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez”.

La publicación cayó como una bomba dentro de la institución. Varios académicos consultados expresan opiniones que se pueden resumir en una frase pronunciada por uno de ellos: “Es el ataque más grave desde que hay memoria”. Señalan que lo es no tanto por el contenido —opinable— como por la forma: una crítica pública, sin previo aviso, al margen de los cauces corporativos. El malestar se agravó por el contexto: la tribuna apareció la víspera de la entrega de los premios Zenda, impulsados por el propio Pérez-Reverte. Varios académicos habían confirmado su asistencia al acto y se encontraron de pronto en medio de un fuego cruzado. Muñoz Machado no acudió.

La respuesta de la RAE fue contenida, pero firme. La institución subrayó que se trata de “una opinión personal y respetable” y anunció que analizaría “con rigor” las críticas en los departamentos correspondientes, invitando al escritor a defender sus argumentos en el pleno. Pérez-Reverte, por su parte, dio el debate por cerrado: en el cóctel posterior a la entrega de los Premios Zenda habló con EL PAÍS, sostuvo una conversación sobre el revuelo causado, pero prefirió no incidir en sus quejas: “Todo lo que quería decir, lo he dicho en el artículo”.

Este jueves hubo pleno, como todos los jueves. Venía, evidentemente, precedido de la polémica acumulada estos últimos días. Varios académicos consultados por este medio sostenían no recordar un pleno que llegara precedido de tanta tensión. Arturo Pérez-Reverte asistió a la cita. Expuso, de forma sintética, las mismas denuncias que en su artículo. El desarrollo del pleno fue tranquilo, pero varios intervinientes, según ha podido saber EL PAÍS, mostraron su “rechazo” a que un académico se expresara como Pérez-Reverte lo hizo en un medio de comunicación. Alguno le reprochó el “desconocimiento” del trabajo diario de la Academia y varios valoraron de forma muy positiva la labor del actual director. El tiempo estranguló la sesión y no todos pudieron participar, por lo que el debate continuará la semana que viene.

A la defensiva

No todos, pero dentro de la RAE son muchos los que, tras la publicación del artículo, defendían estos días una visión distinta a la del novelista. Varios académicos (que prefieren no dar su nombre) rechazan de plano la idea de una Academia frívola o dominada por filólogos dogmáticos. Y recuerdan que la institución funciona como un “régimen confederal”, en coordinación con las Academias americanas (también Filipinas y Guinea Ecuatorial), y que ninguna palabra se aprueba a la ligera: primero se estudia en comisiones delegadas de seis o siete académicos, luego se consulta al ámbito panhispánico y solo en caso de conflicto se llega a discutir en un pleno delegado. “No existe ningún sesgo”, insisten varios académicos. La RAE —subrayan— se estructura desde hace décadas en tres tercios oficiosos: creadores literarios, filólogos y un grupo heterogéneo que incluye juristas, médicos o científicos. “Nada ha cambiado”, aseguran. La RAE consta de 46 académicos de número, elegidos por mayoría absoluta de los votantes del pleno. La última persona electa es Cristina Sánchez López (elegida el pasado marzo), y el último miembro en ingresar tras pronunciar su discurso, Javier Cercas. Síntoma de bloqueo en la institución o no, lo cierto es que el pasado mayo Luis Alberto de Cuenca y Luis Fernández-Galiano se disputaron la silla o, pero ninguno de los dos candidatos obtuvo los votos necesarios, así que la plaza quedó vacante (también está libre la silla L).

Algunas voces internas han sido estos días más duras con Pérez-Reverte. Un miembro de la Academia le acusa de provocador en su artículo y de ofrecer una visión “obsoleta” de la Academia y del cambio lingüístico. “Aquí no hay una guerra entre escritores y filólogos”, recalcan otros. “Lo que hay son filias y fobias personales”. Lo cierto es que habría que remontarse a 1968, cuando fue elegido Dámaso Alonso, para llegar a una RAE dirigida por un escritor. Los siguientes directores de la institución (Fernando Lázaro Carreter, 1991; Víctor García de la Concha, 1998; José Manuel Blecua, 2010; Darío Villanueva, 2014) fueron filólogos. Muñoz Machado, que llegó a la dirección en 2018 y que ayudó a una crucial financiación tras una reducción de fondos estatales que afectó gravemente a la institución (especialmente durante el Gobierno de Mariano Rajoy), es jurista.

Las turbulencias que vive la RAE no se limitan al choque con Pérez-Reverte. Desde hace meses, el organismo mantiene un pulso abierto con el Instituto Cervantes, encabezado por el catedrático y poeta Luis García Montero. En octubre de 2025, García Montero criticó públicamente que la Academia esté dirigida por un catedrático de Derecho Administrativo y no por un filólogo, insinuando una deriva tecnocrática y una desconexión con la esencia lingüística de la institución. La reacción de la RAE fue inmediata: el pleno aprobó una declaración de “absoluta repulsa” a las palabras del poeta. Muchos interpretaron sus declaraciones como un ataque político —García Montero fue candidato de Izquierda Unida en Madrid en 2018— más que como una crítica técnica. Precisamente, Pérez-reverte fue uno de ellos.

Más allá de lo personal, el conflicto se trasladó al plano internacional durante el X Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), celebrado en Arequipa del 14 al 17 de octubre, donde las fricciones entre ambas instituciones se hicieron visibles. Desde entonces, el Cervantes ha reprochado a la RAE la elección “unidireccional” de Panamá como sede (en 2028) del próximo congreso. El Instituto esgrime un documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, firmado por anteriores responsables de la RAE (entonces el director era José Manuel Blecua) y que regula un procedimiento conjunto para la elección de las sedes del CILE. En la Academia replican: “Lo primero de todo es que un país haga una propuesta para acoger el CILE. Y hasta ahora la única propuesta formal es la de Panamá”. Pese a todo, García Montero ha suavizado su discurso y ha asegurado que no ha roto “ningún puente” con la RAE.

 Es sencillo de explicar: la incompetencia de los sucesivos ministros de Exteriores, en especial del último, nos ha hecho perder la América hispana. El único vínculo de prestigio diplomático que aún se mantiene con ella, gracias a la RAE, es la lengua española. Exteriores, a… Arturo Pérez-Reverte (@perezreverte) October 15, 2025

En medio de la tormenta, Muñoz Machado ha recibido el respaldo de academias al otro lado del Atlántico y de instituciones como la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que ha calificado las críticas externas de “injustificadas y fuera de lugar”. Varios académicos niegan cualquier injerencia gubernamental, cosa que también se ha insinuado en los últimos meses: “Sabemos que el Gobierno no agrede a la Academia; al contrario, siempre hemos notado su apoyo”.

“Aunque no lo parezca, aquí normalmente reina la paz”, señalan varios miembros. Aun así, las heridas son evidentes. “Hay mucha gente dolida”, admiten otros, que lamentan el daño reputacional y la sensación de desgarro en una casa acostumbrada a resolver sus disputas de puertas hacia dentro. Todo esto llega, además, en un momento clave: en diciembre se elegirá al próximo director de la RAE. El propio Muñoz Machado podría postularse, pero para una segunda reelección se precisan dos tercios de los votos, algo muy complicado de conseguir. La institución que aspira a fijar el idioma se enfrenta hoy a una tarea más urgente y delicada: recomponer su propio relato y decidir qué equilibrio quiere mantener entre tradición, uso y autoridad en este siglo XXI. A día de hoy, todavía ningún candidato se ha presentado oficialmente para dirigir la Academia en su próxima etapa.

viernes, 16 de enero de 2026

Germanismos del español.

  En el año 476 nuevos reinos germánicos se hicieron con los territorios dejados por el dominio romano como en el caso de los ostrogodos que dominaron la Península itálica y parte del centro de Europa. Los Francos, que se establecieron en la mayor parte de lo que hoy es Francia y los visigodos que conquistaron casi la totalidad de la Península ibérica, aniquilando a los alanos, arrinconando a los  suevos y expulsando a los vándalos al norte de África, conformando así el gran reino visigodo. Por su parte los anglosajones se instalaron en las islas británicas y parte del norte de Europa.

En un principio el pueblo visigodo invasor se habría mantenido separado de los pueblos hispanos romanos de la Península debido principalmente a diferencias culturales y religiosas, ya que los visigodos practicaban el arrianismo, una herejía cristiana que rechazaba la naturaleza divina de Jesús argumentando que había sido creado por Dios padre, negando de esta manera el dogma de la Trinidad

Sin embargo, con el pasar de los años, poco a poco, los visigodos e hispanorromanos fueron mezclándose gradualmente. Aunque dominó siempre la cultura hispanorromana, tanto así que los visigodos terminaron asimilando las lenguas protorromances que se comenzaban a formar en toda la región. Finalmente, con la conversión del rey visigodo Recaredo al catolicismo en el año 587 y la posterior formalización en el tercer Concilio de Toledo en 589, se instaura la religión católica como religión oficial del reino visigodo, eliminando así todo tipo de obra escrita arriana establecida hasta la fecha, razón por la cual hoy en día es muy escasa la evidencia literaria visigoda en España. Más adelante, a lo largo del siglo vii, constantes enfrentamientos por el poder de los visigodos provocaron su propio debilitamiento hasta que finalmente sucumbieron ante la invasión árabe en la batalla de Guadalete del año 711 bajo el mandato del Rey Rodrigo.

Los cerca de 300 años de dominio visigodo prácticamente no repercutieron en la estructura morfológica y sintáctica de la lengua románica hablada en la Península debido a la relativa rápida romanización de los nuevos ocupantes, aunque sí contribuyó al enriquecimiento del léxico, es decir, la introducción de nuevo vocabulario. Curiosamente el mayor aporte de las lenguas germánicas al idioma español no corresponde al tiempo de asentamiento visigodo, sino a la introducción de manera indirecta de vocablos a través de otras lenguas romances como el francés y el italiano, las cuales fueron influenciadas de una manera mucho más fuerte y directa por pueblos germánicos que habían actuado como un verdadero superestrato lingüístico. También cabe resaltar que el latín hizo préstamos lexicales directos del germánico como es el caso de saipo, que pasó a convertirse en zapone y posteriormente jabón. Lo mismo ocurrió con la palabra tatsu, que se convirtió en taxo y luego tejón o la palabra burks que pasaría a latín como Burgos que significa "pequeña ciudad" y de este pasaría al castellano como burgo.

Algunas de las palabras aportadas de manera directa como consecuencia de la dominación visigoda son sacar, que proviene del gótico sacan, por su parte guardia derivó en guardia y guardián; spa, hija, se convirtió en espía; la palabra española casta viene de cast que significa grupo de animales y, hablando de animales, destacamos que ganso proviene de guns y que gavilán proviene de gavila; agasajar viene del gótico gasalli que significa compañía; la palabra gana viene de gano que significa avidez y rapar viene de japón que significa arrancar.

Como dijimos anteriormente la mayoría del léxico de raíz germánica es introducido en el latín vulgar durante la época de las invasiones, y en muchas ocasiones fue transmitido al español a través de otras lenguas romances. 

Es importante notar la cantidad de palabras del ámbito militar debido al control del poder que ejercieron los reinos germánicos. El latín bellum fue sustituido por la palabra del cual deriva el actual guerra. Del vocablo guardon que significa vigilar viene la palabra guardar; de la ubón viene robar, de warning viene guarnecer y Warner; de la palabra helm que significa casco viene la palabra yelmo; por otro lado dardo proviene del germánico dart y albergue viene de haribargo

En otros aspectos como el de la construcción podemos citar que del germánico sal proviene la palabra sala y de bastián provienen las palabras bastión, bastir y abastecer.

En el contexto de la diplomacia, la palabra harrywall se convirtió en heraldo; del germánico andy pasó a latín medieval como ambatia y derivó al castellano como embajada y la palabra trigua pasó a ser tregua.

También son legado germánico algunos adjetivos como ricks que significa poderoso y que pasó al castellano como rico, frisk el cual se convirtió en fresco; blanc que significa brillante es el origen de la palabra blanco.

También es interesante analizar la procedencia germánica de numerosos nombres comunes hispanos como es el caso de Álvaro que proviene de las palabras al, que significa todo, y wars, que significa prevenido.

Fernando viene de fredenaldus que a su vez proviene de las palabras freedo que significa paz o alianza e inant que significa atrevido;  Rodrigo viene de brodericus que a su vez proviene de las palabras roths que significa fama, e irix que significa poderoso. Argemiro se conforma de las palabras haris que significa ejército y marys que significa famoso. Y, por último, el nombre Alfonso proviene de las palabras al, que significa todo, y funes que significa preparado o valiente.

El aporte de vocabulario de las lenguas germánicas siguió presentándose tiempo después de la Edad Media a través de la Edad Moderna, e incluso en la Edad Contemporánea. Algunas de estas palabras de uso diario en la actualidad son: acordeón, brindis, cobalto, cuarzo, delicatessen, hamster, kindergarten, níquel, pistola y zinc entre muchas otras.

lunes, 12 de enero de 2026

El coco

 La palabra coco (coconut) proviene del latín, de "cocus", que significa cabeza, y el "monstruo" folclórico íbero origen de todo esto tenía una cabeza desaliñada, grande y con poco pelo, por eso se le nombraba en latín "cocus", que derivó en Coco. El Coco es de origen ibérico (el monstruo) por lo que cuando Vasco de Gama, portugués y con El Coco en su folclore, trajo a Europa por primera vez un coco se le relacionó con el monstruo, con el parecido de la cabeza, y se le bautizó como coco al fruto. El monstruo no deriva del fruto, es justamente al revés. Y coconut (nuez de coco si lo traducimos alegremente) proviene de la palabra española/portuguesa "coco", que a su vez proviene del monstruo de los íberos bautizado en latín "cocus". Un monstruo como el Coco tiene más de 2000 años, no nace de Hollywood y tradiciones de anteayer. Y hago ese último comentario porque reírse de una tradición que arraiga en los íberos cuando Halloween es un invento reciente de una tradición celta americanizada... pues como que no.

martes, 6 de enero de 2026

Descubiertas treinta familias de quincalleros que hablan mozárabe antiguo entre ellos.

 [Transcrito electrónicamente de un vídeo de YouTube y corregido de errores después. Para oírlo haz click en el enlace directo]

[Segunda corrección: purga de las faltas de ortografía de la transcripción mecánica] 

 Bienvenidos al archivo oculto de Nuestra Sangre. En España existe un idioma que la policía no puede traducir. Los lingüistas de la Universidad Complutense llevan 30 años intentando descifrar su origen. No es español, no es calo-gitano, no es germanía medieval. Tiene 3000 palabras que no aparecen en ningún diccionario conocido, y solo lo hablan 500 familias que viven en las afueras de Madrid, Sevilla y Barcelona. Mira este documento. Grabación de la Guardia Civil, 1987. Dos hombres hablando en una lengua desconocida durante un interrogatorio. 

Los traductores oficiales dijeron: "No podemos identificar el idioma." 38 años después, en 2025, un estudio de la Universidad de Granada propuso una teoría que cambió todo. Esta lengua es mozárabe, el romance que hablaban los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval. Un idioma declarado extinto en el siglo XIII, pero sobrevivió en las bocas de los mercheros. En este vídeo descubrirás algo que el 95 % de españoles ignora, que en tu país existe un pueblo oculto con una lengua que nadie entiende, y que esa lengua es más antigua que el español moderno. Quédate hasta el final, porque a los 11 minutos vas a escuchar una grabación de 1974 donde una anciama merchera canta una canción, y un filólogo de Oxford confirmó que las palabras son del siglo XI: mozárabe puro. Te mostraré documentos que nunca se publicaron, testimonios que la televisión española rechazó y la historia de un hombre que descubrió que su familia guardaba el idioma perdido de Al Ándalus sin saberlo. Su nombre es Antonio Jiménez Vargas. Tiene 63 años. Nació en Villaverde Bajo, Madrid, en 1962. 

Durante toda su vida trabajó como chatarrero, como su padre, su abuelo, su bisabuelo. Los Jiménez son mercheros, una comunidad nómada que comercia con metales, que vive en caravanas, que habla un idioma secreto llamado quincalla o lengua de los fierros. Antonio siempre creyó que su lengua era jerga de ladrones, algo inventado para ocultar conversaciones de la policía. Eso le dijeron, eso repetía. Pero en febrero de 2025, un lingüista de la Universidad de Granada llamado Dr. Manuel Alvar Rodríguez contactó con Antonio después de escuchar una grabación suya en un documental de 2010. Le dijo, "Usted no habla jerga, usted habla mozábe del siglo XII. Su familia preservó un idioma que desapareció hace 800 años." Antonio no lo creyó. Pensó que era broma, pero el doctor Álvar mostró transcripciones, comparaciones con jarchasmos árabes, contextos de Toledo del año 1100. Las palabras coincidían, la fonética coincidía. Y entonces Antonio entendió: su abuela, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, hablaba la lengua de los cristianos de Al Ándalus, la lengua que los rayos católicos intentaron borrar, la lengua que sobrevivió en las bocas de los marginados, los excluidos, los que nadie escuchaba [...] 

Antonio Jiménez Vargas nació el 12 de abril de 1962 en una chabola de chapa y madera en Villaverde Bajo, sur de Madrid. Su padre, José Jiménez el Fierro, tenía 32 años. trabajaba comprando y vendiendo chatarra, cobre, hierro, aluminio. Su madre, Dolores Vargas, 30 años, limpiaba casas. Tenían cinco hijos. Antonio era el tercero. La familia vivía en un poblado de unas 40 caravanas y chabolas, todas de familias mercheras, los Vargas, los Jiménez, los Carmona, los Reyes. Entre ellos hablaban quincalla. Con los payos, así llamaban a los no mercheros, hablaban español. Pero había algo extraño que Antonio notó desde niño, aunque no tenía palabras para explicarlo. 

Cuando su abuela Encarnación hablaba quincalla, usaba palabras que nadie más usaba, palabras que ni su padre ni sus tíos entendían del todo. Ella decía albalat para pueblo, decía sharamat para río, decía calv para corazón. Y cuando Antonio preguntaba, ¿qué significa? Ella respondía, "Es lo que hablaban los viejos, no preguntes." En la escuela, Antonio fue 3 años, de 1968 a 1971.

Los maestros le decían que su lengua era jerga de delincuentes. Un día, en 1970, el profesor de lengua, don Emilio, escuchó a Antonio hablar con su primo en el patio. Los llevó al despacho del director, les dijo, "esa lengua es de ladrones. Aquí se habla español. Si os vuelvo a oír, expulsión". Antonio tenía 8 años. No entendió por qué su lengua era mala. En casa, su padre le explicó: "Los payos no nos quieren. Piensan que somos gitanos, pero no lo somos. Piensan que robamos, pero trabajamos. Y piensan que nuestra lengua es invento de criminales. No les hagas caso. Nuestra lengua es nuestra sangre." 

Pero nadie en la familia sabía de dónde venía esa lengua. Nadie sabía que cada palabra que pronunciaban era un fósil lingüístico de 800 años. Pero lo que Antonio no sabía entonces, lo que nadie en su familia sabía, era que esa lengua llevaba un secreto enterrado desde 1492, un secreto que cambiaría todo cuando un sobre blanco llegara a su casa en febrero de 2025. ¿Alguna vez escuchaste palabras en tu familia que nadie más usa? Palabras que tus abuelos decían, pero nadie sabe qué significan? Escribe en comentarios. Tal vez tú también hablas un idioma oculto. En 1985, Antonio tenía 23 años. Ya trabajaba con su padre en el negocio de chatarra. Se había casado con Amparo, una mujer merchera de Sevilla. Tenían dos hijos. Vivían en una caravana en San Blas (Madrid) y seguían hablando quincaya en casa. Pero Antonio empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué los mercheros hablaban diferente a los gitanos? Los gitanos hablaban caló, una mezcla de romaní y español. Pero el quincalla no sonaba igual. Las palabras eran distintas, la gramática era distinta. En 1987, la Guardia Civil detuvo a Antonio y a su primo por una denuncia falsa de robo de cobre. Los interrogaron durante 6 horas. Antonio y su primo hablaron en quincaya entre ellos mientras esperaban. No sabían que los estaban grabando. Un mes después, el caso se cerró por falta de pruebas, pero la grabación quedó archivada en el Ministerio del Interior. Y en 2010, un lingüista llamado doctor Manuel Alvar Rodríguez de la Universidad de Granada estaba investigando lenguas minoritarias de España para un proyecto europeo. Pidió acceso a grabaciones policiales de idiomas no identificados. Le dieron la cinta de Antonio. El doctor Alvar escuchó la grabación, quedó paralizado. No era caló, no era germanía, la jerga de los pícaros del Siglo de Oro. No era español arcaico, era otra cosa. Transcribió 40 minutos de  conversación, identificó 300 palabras únicas. Las comparó con diccionarios de caló, con germanía, con jergas de toda Europa.

Nada. Entonces hizo algo que ningún lingüista había hecho antes. Comparó las palabras con textos mozárabes del siglo XI al XIII, textos escritos por cristianos que vivían bajo dominio musulmán en Toledo, Sevilla, Córdoba, textos en un romance arcaico mezclado con árabe y encontró coincidencias, 20 palabras, 30, 50 palabras que no existían en español moderno, pero que aparecían en las jarchas, poemas mozárabes del siglo XI. Por ejemplo, albalat, pueblo, aparece en documentos mozárabes de Toledo, 1143; sharamat, río, del árabe sharima, usado por mozárabes de Sevilla. Calv, corazón, del árabe calv, pero pronunciado a la mozárabe. Forno, horno de latín furnus. Forma mozárabe, no española. En español es horno. Mater, madre. Del latín mater, no del español madre. El doctor Alvar publicó un artículo preliminar en 2012, posibles restos de mozárabe en hablas marginales de España. Nadie le hizo caso. La comunidad académica lo ignoró. Demasiado controvertido, demasiado increíble. Un idioma muerto sobreviviendo en bocas de chatarreros. Imposible. Pero el doctor Alvar no se rindió. Pasó 13 años buscando más grabaciones, más hablantes y en 2025 encontró un documental de 2010 sobre mercheros en YouTube. Ahí estaba Antonio Jiménez hablando quincalla con su padre. El doctor Alvar transcribió, analizó y confirmó. Antonio hablaba mozárabe, un mozárabe contaminado por español moderno, sí, pero mozárabe al fin.

Según el estudio del doctor Alvar, publicado en marzo de 2025 en la revista Estudios de Lingüística Hispánica, el quincaya merchero tiene 3047 palabras únicas, de las cuales 1200 no tienen origen conocido en español, caló, germanía o árabe moderno. Pero 820 palabras coinciden con textos mozárabes del siglo XI-XIII. Esto significa que los mercheros hablan el último dialecto vivo del mozárabe, una lengua que se creía extinta desde 1492. 

Y entonces, en febrero de 2025, el dr. Alvar envió un sobre a Antonio. Dentro había un estudio de 50 páginas y una pregunta que cambió la vida de Antonio para siempre. ¿Sabe usted que su familia habla la lengua de los cristianos de Al-Ándalus? [...] 

15 de febrero de 2025, 18:45 horas. Antonio Jiménez llegó a su casa en San Blas, Madrid. Después de un día de trabajo. Su esposa, Amparo, le dio un sobre blanco. Remitente: Universidad de Granada, Departamento de Lingüística Histórica. 

Antonio lo abrió; dentro una carta: "Estimado señor Jiménez, mi nombre es Manuel Alvar Rodríguez, doctor en filología románica. He estudiado grabaciones suyas desde 2010. Creo que usted y su familia hablan una lengua que se creía extinta. El mozárabe, el romance de los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval, siglos VIII-XV. Adjunto estudio completo. Me gustaría reunirme con usted para documentar esta lengua antes de que desaparezca. Es un tesoro histórico. Atentamente, Dr. Manuel Alvar Rodríguez."

Antonio leyó la carta tres veces, no entendió la mitad de las palabras. Filología románica, mozárabe, extinta. Llamó a su hijo mayor David, 35 años, que había estudiado en la universidad. Era el primero de la familia. David leyó el estudio adjunto: 50 páginas, tablas comparativas, transcripciones fonéticas. Conclusión, en la página 48: "El idiolecto de la familia Jiménez presenta 800 términos con correspondencia directa en textos mozárabes y Toledo, 1100-1200; Sevilla 1150-1250 y Córdoba, 1200-1300. La fonética conserva rasgos del latín vulgar hispánico preislámico. Hipótesis: los mercheros descienden de poblaciones mozárabes que, tras la reconquista (1492) fueron marginados por no ser cristianos viejos ni musulmanes. Preservaron su lengua en secreto durante 533 años." David miró a su padre. Antonio tenía lágrimas en los ojos. Esto es verdad, preguntó. Papá, dijo David. Esto dice que nosotros, que nuestra familia habla un idioma de hace 800 años, que somos los últimos, que si nosotros desaparecemos, el idioma muere. Antonio llamó a su hermana, a sus primos, a los Vargas, a los Carmona, les leyó la carta. Algunos se rieron. "Es broma. Somos chatarreros, no historiadores." Otros se enfadaron. "¿Para qué remueves el pasado? Déjalo estar." Pero su tía Remedios, 78 años, la hermana de su abuela Encarnación, dijo algo que lo cambió todo. "Tu abuela siempre decía: Nosotros éramos de los de antes, de los que vivían con los moros, pero rezaban a Cristo. Nos echaron de Toledo en 1492. Nos llamaron impuros. Nos quitaron todo y nos fuimos a los caminos. Yo no entendía qué quería decir. Ahora lo entiendo"

Antonio: "Tía, ¿la abuela dijo eso? ¿Cuándo?" 

Remedios: "En 1994, un año antes de morir. Yo tenía 47 años. Estábamos solas. Me agarró la mano y me dijo: -Remedios. Si algún día alguien pregunta de dónde venimos, dile de Toledo, de antes de los reyes, de cuando se podía ser cristiano y hablar como los moros." Yo pensé que deliraba, pero no. Ella sabía. Antonio: "¿Y por qué nunca lo dijo a nadie más?" 

Remedios: "Porque teníamos miedo. Siempre tuvimos miedo. La Guardia Civil nos vigilaba, los espiaban. Si decíamos venimos de Toledo nos preguntarían ¿sois judíos? ¿Sois moros?" Y nos echarían otra vez. Así que callamos. 500 años callando. 

Antonio decidió reunirse con Dr. Álvar, pero antes hizo algo que nunca había hecho. Buscó en archivos municipales de Madrid, en registros de empadronamiento, en documentos antiguos y encontró algo que lo dejó sin aliento. [...] El 8 de marzo de 2025. Antonio viajó en tren a Toledo con el doctor Alvar; fueron juntos al Archivo Histórico Provincial de Toledo, calle Trinidad 10. El doctor Alvar buscó legajos del siglo XV, registros de bautismos, censos de conversos, listas de expulsados. Pasaron 4 horas revisando documentos amarillentos que olían a humedad y siglos. Y entonces, en el legajo 1492/56, folio 34r, fechado el 12 de mayo de 1492, encontraron esto: un registro de familias mozárabes de la parroquia de San Nicolás, Toledo, expulsadas por orden de los Reyes Católicos. La razón: no son cristianos de sangre limpia, son cristianos de nombre, pero hablan lengua de moros. Se les prohíbe residir en Toledo. Se les confiscan bienes. Familias: Pedro Jiménez, herrero, 45 años, su esposa María, tres hijos. Juan Vargas, tejedor, 38 años. Su esposa Catalina, cinco hijos. Diego Carmona, alfarero, 52 años. Esposa Leonor, dos hijos. Alonso Reyes, comerciante, 41 años. Esposa Isabel, cuatro hijos.

Antonio leyó los apellidos. Jiménez, Vargas, Carmona, Reyes. Exactamente los apellidos de las familias mercheras de Madrid, Sevilla, Barcelona. No era coincidencia, era linaje. El doctor Alvar tomó fotos del documento, leyó en voz alta. Esto confirma la  hipótesis. Los mercheros descienden de mozárabes expulsados de Toledo en 1492. No eran judíos, no eran musulmanes, eran cristianos que hablaban romance con influencia árabe. Los Reyes Católicos los consideraban impuros porque no hablaban castellano puro, así que los echaron. Y durante 533 años, estas familias vivieron en los márgenes, nómadas, comerciantes, chatarreros, y preservaron su lengua sin escribirla, sin enseñarla en escuelas, solo de boca a boca, de abuela a nieto. Antonio apoyó la frente en la mesa del archivo. Sus manos temblaban. "Mi abuela tenía razón", susurró. "Nos echaron de Toledo y nunca volvimos." El doctor Alvar puso una mano en su hombro. "Ahora vuelves con este documento, con tu lengua, con tu memoria." Pero había más en el reverso del folio: una lista de objetos confiscados a la familia Jiménez en 1492.

Un yunque de hierro, tres martillos, un fuelle, 12 herraduras, 20 clavos, una cruz de madera, un rosario, un libro en latín, evangelios. Antonio reconoció algo. Herrero, su familia siempre había trabajado con metales, hierro, cobre, chatarra. No era casualidad, era tradición. 500 años de tradición. El doctor Alvar  tendría otra sorpresa. En el archivo de tradiciones orales de la Universidad de Madrid había una grabación de 1974. 

Una investigadora había grabado a una anciana merchera cantando una canción. La anciana se llamaba Encarnación Vargas. La abuela de Antonio. El doctor Alvar puso la grabación. Voz temblorosa, anciana cantando. Meu calp llora por ti, Meu albalat tan lejano. Mat mía, patre mío, ¿cuándo tornaré a vos?

 Doctor Alvar tradujo: "Mi corazón llora por ti, mi pueblo tan lejano. Madre mía, padre mío, ¿cuándo volveré a vosotros?" Las palabras eran mozárabes. Calv, corazón del árabe, albalat, pueblo mozárabe, mat, patre: madre, padre; latín mozárabe, no español. Antonio lloró. "Ella cantaba esto. Cuando yo era niño. Yo no entendía." Pensaba que era canción inventada, pero no. Era memoria. Memoria de Toledo, de 1492, de la expulsión. 

Pero lo más impactante no era el documento, no era la canción, era lo que un filólogo de la Universidad de Oxford confirmó cuando escuchó la grabación. Lo que dijo ese filólogo. "Has escuchado canciones de tus abuelos que nadie más conoce. Canciones sin título, sin origen. Tal vez son memorias de hace siglos", escribe en comentarios. El doctor Alvar envió la grabación de 1974 al profesor Richard Hitchcock, especialista en mozárabe de la Universidad de Oxford. El 15 de abril de 2025, el profesor Hitchcock respondió por email: "Doctor Alvar, he analizado la grabación. Es mozárabe del siglo XI, posiblemente de la región de Toledo. La fonética es consistente con jarchas mozárabes conocidas. La mezcla de latín vulgar, árabe y romance arcaico es auténtica. No es reconstrucción moderna. No es invento, es transmisión oral directa de hace 800, 900 años. Esto es extraordinario. Si esta mujer aprendió la canción de su abuela, y su abuela de la suya, estamos ante una cadena ininterrumpida de memoria lingüística desde la Edad Media. Es el equivalente oral de un manuscrito del siglo XI. Debe documentarse urgentemente. Profesor Richard Hitchcock, Oxford."

Antonio leyó el email en la pantalla del móvil del doctor Alvar. ¿Qué significa cadena ininterrumpida de memoria lingüística?, preguntó. El Dr. Álvar explicó: significa que tu abuela aprendió esa canción de su abuela, que la aprendió de la suya, Que la aprendió de la suya, sin interrupción desde 1492, 30 generaciones, 533 años, sin escribirla, solo cantándola. Y la lengua no murió porque vosotros la mantuvisteis.

Antonio entendió entonces lo que significaba ser merchero. No eran ladrones, no eran gitanos, no eran chatarreros marginales, eran los últimos mozárabes de España, los últimos hablantes de la lengua del Al Ándalus cristiano, los últimos que recordaban Toledo antes de la expulsión. Y durante 500 años, todos, Reyes Católicos, Inquisición, Guardia Civil, maestros, payos, intentaron borrarlos, pero no pudieron porque la lengua viajaba en la sangre. 

Según el censo de mercheros realizado por asociaciones de chatarreros en 2023, quedan aproximadamente 500-700 familias mercheras en España, Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia. De ellas, solo 120-150 familias aún hablan quincalla y de esas solo 30-40 familias usan palabras mozárabes antiguas. Antonio es una de ellas. Si su generación muere sin enseñar la lengua a los jóvenes, el mozárabe desaparecerá definitivamente, esta vez para siempre.

Y entonces Antonio tuvo que tomar una decisión, la decisión más difícil de su vida. Lo que decidió, si tú fueras Antonio, ¿qué harías? ¿Enseñarías la lengua al mundo aunque te llamen loco? ¿O la guardarías en secreto? ¿Cómo hicieron tus ancestros?

Mayo de 2025. Antonio tenía que elegir. 

Opción uno, colaborar con el doctor Alvar. Documentar la lengua, dar entrevistas. Aparecer en televisión. Explicar al mundo que los mercheros son los últimos mozárabes. Romper 500 años de silencio. 

Opción dos, rechazar todo. Quemar los documentos. Olvidar, seguir viviendo como siempre, proteger a la familia del escrutinio, del odio, de los que dirían: "Sois impostores, sois ladrones usando historia para lavaros la cara." Antonio habló con su familia. Su esposa Amparo dijo: "Si hablas, nos señalarán. Ya nos miran mal. Imagina si dicen que somos los últimos mozárabes: nos convertiremos en un circo. Su hijo David dijo: "Papá, si no hablas, la lengua muere. Y la abuela murió en silencio. ¿Quieres que sus palabras mueran también?" Su tía Remedios dijo: "Yo tengo 78 años. Toda mi vida callé, pero estoy cansada de callar. Diles quiénes somos." 

Antonio decidió. Sí, hablaría. El 12 de junio de 2025, el dr. Álvar publicó el estudio completo "El Mozárabe vivo. Quincalla merchera como último dialecto romance medieval en España". Revista académica. 50 páginas. Archivos adjuntos, grabaciones, documentos de Toledo, transcripciones.

En tres días el estudio fue compartido en redes sociales. Los periódicos llamaron a Antonio, El País, ABC, La Vanguardia, Televisión, la 2, Antena 3... Antonio dio su primera entrevista en la 2 el 20 de junio. El periodista preguntó, "¿Es verdad que usted habla un idioma de hace 800 años?"

Antonio respondió: "No es que yo hable un idioma antiguo, es que mi idioma nunca murió. Solo lo escondimos porque nos obligaron." Lo positivo: lingüistas de toda Europa pidieron colaborar. La Universidad de Salamanca ofreció crear un archivo digital de quincalla. La UNESCO expresó interés en declarar el quincalla patrimonio inmaterial de la humanidad. Lo negativo: en redes sociales, comentarios de odio. "Los mercheros son ladrones inventando historias. El mozárabe está muerto. Esto es fraude. Quieren victimizarse como los gitanos." En el barrio de San Blas, algunos vecinos dejaron de hablar con Antonio. En el bar donde tomaba café, el dueño le dijo, "No quiero problemas. Mejor no vengas más." Antonio pensó. Hice bien. Mi familia está dividida. Mi esposa llora. Mis primos me odian. Valió la pena. Pero entonces recibió una carta de una mujer de Sevilla, merchera, 65 años. Decía a Antonio: "Vi tu entrevista. Lloré. Mi abuela cantaba la misma canción que la tuya. Yo pensaba que estaba loca. Ahora sé que no. Gracias por hablar. Gracias por decirnos quiénes somos." Y Antonio supo que había hecho lo correcto.

Un año después, en enero de 2026, la vida de Antonio había cambiado, pero no como esperaba. Lo que pasó un año después, enero de 2026. Antonio Jiménez tiene 64 años, ya no trabaja como chatarrero. Ahora es informante lingüístico de la Universidad de Granada. Le pagan por enseñar quincalla a estudiantes de Filología. Ha grabado 200 horas de audio, conversaciones, canciones, cuentos. Su tía Remedios también participa. Entre los dos han documentado 2800 palabras, pero el precio fue alto. Su esposa Amparo se divorció en agosto de 2025. No soportó la atención pública. Su hermano José no le habla. Dice que Antonio vendió a la familia por fama. De las 30 familias mercheras que aún hablan Quincalla, solo 10 aceptaron colaborar con el doctor Alvar, las otras 20 lo rechazaron. "Nosotros no somos experimentos", dijeron. Pero también hubo victorias. En noviembre de 2025, la Junta de Castilla la Mancha aprobó una ayuda de 150.000 € para documentación y preservación del quincalla merchero como patrimonio lingüístico de Toledo. En diciembre, la Universidad de Oxford invitó a Antonio a dar una conferencia. Habló en inglés con traductor sobre la memoria oral de su familia. 500 personas en la sala.

Aplausos de pie. Sus nietos de 12 y 14 años ahora aprenden quincalla. Al principio se avergonzaban. Es idioma de abuelos. Pero después de ver a su abuelo en televisión cambiaron. Abuelo, enséñame a decir te quiero en quincalla. Antonio les enseñó: Ámote con meu calp. Los nietos lo repitieron. La lengua no moriría. Al menos no todavía. Antonio dice: "No sé si soy héroe o traidor. Mi familia está rota, pero mi abuela ya no es una loca que cantaba canciones sin sentido. Ahora es parte de la historia de España y eso eso vale algo."

La sangre no miente, pero tampoco habla sola. Necesita bocas, necesita gargantas, necesita nietos que escuchen a abuelas. Durante 533 años, las familias mercheras guardaron un secreto que ni ellas mismas entendían. Hablaban un idioma que el mundo declaró muerto, pero no estaba muerto, estaba escondido. Porque los muertos no cantan y las abuelas mercheras cantaban. Somos lo que dice nuestro ADN o somos lo que elegimos recordar. Antonio no tiene sangre diferente a otros españoles, pero tiene palabras diferentes, palabras de Toledo, de Al Ándalus, de los mozárabes que rezaban en latín pero hablaban con acento árabe, palabras que los Reyes Católicos quisieron borrar. Palabras que la Inquisición llamó impuras. Palabras que la Guardia Civil grabó en 1987, sin saber que eran fósiles lingüísticos de 800 años. El Mozábe no murió en 1492, murió en 2025 cuando las últimas abuelas mercheras dejaron de cantar. O no murió, porque ahora hay grabaciones, hay estudios, hay nietos que aprenden. Y hay un hombre de 64 años que decidió que 500 años de silencio eran suficientes.

Amigos, esta historia es real. Pasó en 2025. Los mercheros existen, el quincalla existe. Y en este momento, mientras ves este vídeo, hay 500 familias en España que hablan una lengua que tú nunca escuchaste. Una lengua más antigua que el español moderno, una lengua que sobrevivió porque nadie la escribió, porque la escribir habría sido delatarse. Así que la cantaron, la susurraron, la escondieron en conversaciones de chatarreros que la policía no entendía. Desde 2015, miles de españoles hicieron tests de ADN y descubrieron que son judíos, moros, gitanos. Pero ¿cuántos descubrieron que son mozárabes? Casi ninguno, porque los mozárabes no tienen ley de retorno, no tienen pasaporte, no tienen sinagoga ni mezquita, solo tienen palabras. Y las palabras en España no bastan para ser reconocido. ¿Harías un test lingüístico si existiera? Si pudieras grabar a tu abuela y un lingüista te dijera: "Ella habla un dialecto del siglo XV." ¿Qué es más valioso? ¿La paz familiar o la verdad histórica? ¿Has notado palabras extrañas en tu familia? Palabras que nadie usa, pero todos entienden? [...] Tal vez tu familia también guarda un secreto de 500 años. Tal vez tú también hablas un idioma que el mundo olvidó. ¿Por qué conté esta historia? Porque el silencio mata las lenguas y las lenguas muertas se llevan mundos enteros. Cada palabra que desaparece es una forma de ver, de pensar, de sentir que se pierde. Los mercheros no son criminales, no son gitanos, no son los otros, son nosotros, somos nosotros. Los españoles que quedaron atrapados entre cruces y medias lunas, los que hablaban dos lenguas y no  pertenecían a ninguna, los que fueron expulsados de Toledo y nunca volvieron. Hasta ahora la verdad duele, pero la mentira duele más. Y 500 años de mentira duelen tanto que matan idiomas. Antonio Jiménez rompió el silencio, pagó el precio, pero su abuela, Encarnación, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, ahora tiene nombre en los libros de Oxford. Y eso, eso es justicia. Gracias por ver hasta el final. [...]

sábado, 3 de enero de 2026

Lexicografía del cuñadismo

 [Transcripción de YouTube]

 Hola a todos. Tengo una pregunta. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez en lo fascinante que sois? Y con fascinante me refiero las cosas que hacéis que a lo mejor ni os dais cuenta, pero si alguien de fuera os lo dice, de repente lo veis y decís, "Ostras, es que nunca lo había pensado, pero tienes toda la razón, es que sí que lo hacemos. Llevo más de 11 años en España. Si seguís este canal sabéis que soy de Kazajistán. Nací en la Unión Soviética. Pero después de tantos años en este país, todavía hay días en los que me paro a mirar vuestra forma de ser y me parece fascinante. Kazajistán es un país bastante diferente de España. Cuando crecí la seriedad fue prácticamente nuestro idioma oficial. De hecho, me habían dicho más de una vez que sonrío demasiado, pero también sabemos hacer bromas y el sentido del humor en Kazajistán también es bastante fuerte, pero aquí en España existen estas maneras de comportarse, cosinas que hacéis que me hacen mucha gracia y me llaman mucho la atención todavía. Ahora yo también las he empezado a hacer algunas de ellas y a lo mejor ya no me fijo tanto, pero hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de estas observaciones de las cosas graciosas o incluso diría yo en algunas situaciones fascinantes, sorprendentes, interesantes o incluso adorables que hacéis estos gestos pequeñitos que hacen que vuestra forma de ser sea especial y, como siempre, si os parece interesante lo que estoy contando, si os veis reflejados en algunas de estas observaciones, os agradecería un comentario y por favor considerad suscribiros a este canal. El canal todavía tiene muy poco tiempo, lo empecé hace unos meses solo y necesito vuestro apoyo para que crezca y para que más gente lo llegue a conocer.

La primera cosa de la que quiero hablar hoy son los coñadismos cuñadismos de bar, el arte de interactuar con los camareros en un bar

Como todos sabemos perfectamente, España no es un país, es un bar. Así que creo que tampoco tiene que ser algo tan raro que empiece con una observación, el comportamiento que normalmente tiene lugar o en un bar o en un restaurante. Para empezar es cómo os dirigís a los camareros. Les dais unos títulos de confianza, tipo jefe, maestro. Esto ya establece un tono, pero más allá todavía existe esta cosa que la verdad es que no la noté en ningún otro país, que son frases o bromas de cuñado.

Es muy raro salir de un bar sin haber escuchado un cuñadismo:

Oye, jefe, ponme otra, que esta venía con un agujero.

Jefe, tráeme otra que esta se me ha caído

Camarero, si este vaso está lleno de aire. 

Quiero un café solo. Que salgan todos. 

¿Y tenéis cerveza sin alcohol? -Sí. -¿Y por qué? 

O cuando llega la cuenta: 

Pero, ¿qué hemos roto? 

Oye, maestro, ¿cuántos son los daños? 

Tráeme la cuenta y un policía que corra poco.

Los cuñadismos en teoría tienen que dar vergüenza ajena. Pero es que en este idioma o no sé si me parece a mí solo, pero en español suenan natural y da igual las veces que los escucho me hacen gracia. Ya sé que ya a veces parezco tonta y estoy en el bar riéndome de una broma que había escuchado 50 veces, aunque seguramente los camareros no estarán de acuerdo conmigo, estarán hartos de coñadismos, pero bueno, seguramente saben que esto se hace con amor. Es que los cuñadismos creo que se hacen, sobre todo si estás de buen humor y si sueltas un cuñadismo, eso es que lo has pasado muy bien y estás feliz. Así que, sí, yo también he adoptado esta costumbre graciosa y a veces suelto estas frases yo también, sobre todo si ya he cogido confianza con el camarero o la camarera.

Fútbol y filas de nucas.

La segunda cosa graciosa que hacéis también suele pasar en bares; cómo aquí existe la costumbre de bajar a ver el fútbol en un bar y yo la verdad es que a mí me encanta el fútbol y lo hago bastante bajo a un bar a ver los partidos de la liga o sobre todo si juega la selección. Hay una cosa que he notado que sobre todo, bueno, con la selección menos, pero con la liga pasa así de veces. Entras en un bar y cuando hay un partido, si viene una familia, él, por ejemplo, si tiene niños, los niños también, sobre todo si son chicos, se sientan cara hacia la tele para ver el fútbol y ella da la nuca a la tele. Y esto no falla. entra la segunda familia y lo mismo, ella da la espalda a la tele, no le interesa a ella el partido.

Entonces acabamos en un setting, en una situación cuando todos los hombres están mirando la pantalla y todas las mujeres están mirando la pared del otro lado. Yo normalmente soy la única rara. Yo estoy con los hombres mirando la pantalla y pues no me puedo quejar tampoco porque por un lado veo el partido de fútbol y lo disfruto mucho y por otro lado disfruto de ver todas estas caras bonitas de mujeres que no están muy interesadas en el partido y el partido lo disfruto dos veces. 

El misterio del último trozo

Otra cosa muy graciosa que soléis hacer siempre, que por cierto también en bares o restaurantes, es dejar esa unidad de la vergüenza, sea una aceituna o un trocito de calamar o una patatina de estas de bravas, esto nunca falla. Siempre queda esta última unidad que nadie quiere terminar porque nadie quiere parecer aquel ansioso, goloso, con hambre, como si fuera un crimen acabar esta última aceituna. Podéis estar ahí 10 minutos. Oye, cógela, acábala. ¿Tú la quieres? No, no, no, no. Tú cómela tú. Y al final o viene el camarero, el jefe, el maestro, para llevársela, o me la acabo yo porque yo no tengo ninguna vergüenza y nosotros en Kazajistán no permitimos que se nos lleven la comida. Vamos, que lo he pagado. He pagado esta aceituna. Déjame terminarla. De hecho, es como casi un insulto si te lo llevan sin acabar. Pero aquí todos sabemos perfectamente de qué va. Entonces el camarero ya sabe que esto me lo puedo llevar. 

Otra: cuando “se rompió solo” cosa que he notado es más lingüística ya del idioma español, pero no sé si se hace también en otros países hispanohablantes.

Ese lenguaje este de no he sido yo, me parece muy mono, muy dulce, pero también a veces asume un poquito tu responsabilidad. También es la estructura esta gramatical de se me ha, se me ha caído, se me ha roto, se me ha roto el vaso, se me ha roto. Yo no lo he roto, se me ha roto. Él solo se levantó, se tiró y se me rompió. En otros idiomas decimos, "He roto el vaso." O sea, responsabilidad completa. Pero un español dirá siempre, "Se me ha roto. Se me ha caído. Se me ha acabado el plato". Se me ha acabado el plato, qué lástima. Y lo más guay de todos, creo: se me ha olvidado. En fin, eso también quita la presión porque decir, "Lo he olvidado o lo he roto" o lo he tirado en plan, he tirado un vaso.

Puede ser un poquito fuerte, aunque sea lo correcto, pero es como que este se me ha caído crea un poquito de mejor rollo o algo así, no sé. Entiendo perfectamente por qué lo decís así. A veces me falta en otros idiomas y la verdad es que no os voy a mentir, pero lo encuentro bastante creativo. 

Y como cafecín, cafetillo y cariñoúltima observación por hoy, aunque podría hacer 50 vídeos más, así creo yo, voy a incluir el uso no excesivo, pero el uso amplio de los diminutivos. Me gustan porque añaden un poco más de cariño en nuestras interacciones y esto en el mundo actual donde muchas veces nos falta este cariño es algo que yo creo que aporta valor. Por ejemplo, ¿no? Para pedir un café podéis pedir un cafetito, cafelito, cafecito y luego ya según donde estés hay diminutivos locales. Cafetín. Cafetuco, cafelillo. ¿Qué diminutivo usáis vosotros para un café en vuestra región?

Hay un montón de diminutivos que existen en el idioma español. Yo no uso todos, pero me gustaría conocerlos todos. Y al final no nos tomamos un café, sino un poco de cariño en una taza pequeña. Así que pues eso, han sido creo que cinco al final.

Cinco observaciones, ha sido bastante improvisado. Cinco observaciones graciosas de España, cosas graciosas, fascinantes, monas que hacéis aquí. ¿Os ha parecido que he acertado con alguna de ellas? Si es así, decídmelo en los comentarios y como siempre nos vemos en el próximo vídeo donde hablaremos más de España, Kazajistán, el idioma español, curiosidades y mi experiencia en este país maravilloso. Hasta la próxima. 

martes, 30 de diciembre de 2025

Léxico del habla de Molinicos, Albacete

   Léxico del sur de Albacete compilado y explicado por un tal Ernesto García Sánchez, natural de Molinicos.

 

A


ABANTO.- (Estar hecho un).- Persona torpe, de poca sangre, muy pasiva.


ABERRUNTO.- Decisión inesperada; a veces, hasta violenta..


ABLENTADO /A.- Situación de personas – también animales- de la que se deduce que se encuentran un poco inquietos, nerviosos.


ABLENTAR.- Variante de aventar: tirar al viento.  Tirar la paja al aire y quitarle el grano. Calidad de ablentado.


ABOCINARSE.- Organizarse, de modo espontáneo,  agrupamientos de personas a la expectativa de algo.


ABOLINDIO.- Se utiliza para expresar una situación en la que los signos externos suelen representar grandeza e importancia que no siempre coincide con la realidad.


ABORUJÁ/ O.  (ABORUJADA /O).- Dícese de la persona y, sobre todo del animal cuya salud  se encuentra en mal estado  y presenta un aspecto externo de cierta decadencia o aparente tristeza.


ABOTARGÁ/ O.- (ABOTARGADA /O).- Se utiliza para referirse a una persona que tiene aspecto de encontrarse inflamado, bien por enfermedad, o simplemente por obesidad.


ACABOSE.- (Ser el).- Situación límite; que no puede aguantarse más.


ACHANTAR.- (Achantarse). Acobardarse. Inhibirse de forma aparentemente maliciosa y con disimulo. Es una estrategia que se suele utilizar en determinados juegos de naipes, como el truque.


ACICONQUE.- Especie de ataque inesperado, violento y grave. Mareo. 


ACIPAMPANAO.- Se aplica a quien se encuentra en un estado de somnolencia y escaso dinamismo.


ACOQUINAO /Á.- Dícese de quien ha sido objeto de la acción de acoquinar.


ACOQUINAR.- Figuradamente, humillar a alguien con palabra u obras, de tal modo que se le hace perder sus  iniciativas y se le incapacita para la adopción de sus propias decisiones.


AGORA.-  Ahora. 


AGUACHICHE.-  Aguazupe; agua sucia.


AGUAZUPE.- Se trata de un agua que ha pasado por estadios en los que ha adquirido gran suciedad, lo que le confiere un aspecto  casi espeso.


AGÜECAR.- AHUECAR. Marcharse de un lugar. Suele utilizarse la expresión:  "Agüecar el ala".


AJOPRINGUE.- Plato típico del "mataero" elaborado con hígado del cerdo, pan rayado y otros ingredientes grasos.


AJUATAO.- Ajo atado. Alioli.


ALBOROQUE.- Festín, comida, "alboroto". Se celebra cuando se ha terminado una faena entre varias personas. Especialmente, para festejar la celebración de un trato u operación de compra venta.


ALCANCÍA.- Especie de vasija que se utiliza como hucha


ALCANCIL.- Alcachofa.


ALICUÁCANO/ A.- Despectivo que suele referirse a personas atolondradas y  con poca resolución.


ALMORCHÓN.- Personaje, generalmente obeso, con poca resolución y aspecto poco estético. 


ALMORZÁ  (Almorzada).-  Cantidad que cabe en el hueco de las dos manos juntas.


ALMIGUINA.- Fruto del almiguinar.


ALMIGUINAR.- Almez, árbol de la familia de las ulmáceas.


ALUEGO, ALUEGO.-  Enseguida, de un momento a otro.


AMAGUZ, AMAGUCES.- Es palabra derivada de  AMAGO, en el sentido de mostrar con algún movimiento o gesto la intención de hacer algo, sin consumarlo. Se aplica a situaciones en las alguien no se decide a adoptar una posición concreta produciendo movimientos no determinados. // Cuando Molinicos no estaba conectado todavía a la línea de alta tensión eléctrica y se suministraba con energía procedente de la Central de Los Torreones del Mundo (Los Alejos), el fluido producía altibajos frecuentes que se denominaban "amaguces". Existían aparatos cuya misión era estabilizar la energía para evitar averías en los electrodomésticos.


 


AMOQUINAR.-  Pagar cada cual su parte, generalmente en una deuda colectiva o  "a escote".


AMUERMAR.- Quedarse muermo o medio dormido.


ANDORRERO.- Que gusta mucho ir de acá para allá.


ANDURRIAL.- Dícese de aquel lugar en el que resulta difícil andar por las dificultades del terreno. Se usa también para dar a entender los fines inconfesables o sospechosos  de quien lo frecuenta. Suele usarse en plural: Los "andurriales".


AÑICOS.- Destruirse una pieza en múltiples fragmentos, tras un golpe. "Hacerse trizas".


APARPAR.- Es la acción de desearlo todo para sí y no dudar en conseguirlo, si se puede.


APECHUSQUE.- Utensilio, herramienta. Puede llegar a utilizarse como apelativo de alguien.


APEGULLONAR.- Hacer "pegullones", amontonar.


ARDIL.- Ardid. Empuje, maña, ganas de hacer algo.


ARGARIPE.- Se utiliza para referirse a uno o varios actos consistentes en halagar o agasajar de manera muy visible a alguien o a algo. Suele utilizarse también en plural.


ARMATOSTE.- Mueble o cosa grande que más bien está estorbando donde se encuentra. A veces,  llega a  aplicarse  a personas, en tono despectivo.


ARREANDO ESTOPA.- Salir corriendo a gran velocidad.


ARRECHUCHO.-  Especie de ataque.


ARREGOSTARSE.- Acostumbrarse a algo.


ARREGUILLADO /A.- Muy helado. Hecho reguillo.


ARREMETOSO.- Se aplica al toro que se comporta con mucho nervio y bravura.


ARRESTROJAO. (ARRESTROJADO /A).Dícese de la persona que ha permanecido en el campo largo tiempo sin descansar y se encuentra en condiciones poco aseadas.


ARRISCOLAO.- Dícese de un muchacho pulcro, bien peinado y roscado. Poco usado en femenino.


ARRUMBAO. ARRUMBADO /A.- Persona o cosa que es objeto de olvido y desuso.


ARRUMBAR.- Considerar algo como inútil. No hacer caso de algo o de alguien.


ARUÑAR.- Variante de  ARAÑAR: Herir superficialmente rasgando la piel. Aplicado principalmente  al arañazo de un animal, pero sobre todo, del gato animal de convivencia asidua con el hombre. 


ASALTACUNAS.- Se aplica al individuo adulto que intenta conquistar a otro mucho más joven.


ASCUARRIL.- Gran cantidad de ascuas en la lumbre.


ATARQUINAO.-  Atarquinado.- Con tarquín. Es un vocablo utilizado para referirse al aceite, el vino u otros fluidos que quedan al fondo del recipiente que los contiene y que ofrecen un aspecto pastoso, al mezclarse con los residuos sólidos.


ATASAJAO / Á. ATASAJADO /A.- Situación de tendido prono o supino en la que el sujeto deja caer todo su peso de un modo aparentemente descuidado y durante largo tiempo.


ATASAJAR.- Acción de atasajarse.


ATASCAERA.- Repretera de gente.


ATEZAO/ Á.- Que se parece exageradamente a los de su raza.


AZACANAO /Á.- Persona que acumula una enorme cantidad de trabajo por hacer, y lo desarrolla con cierta aparatosidad.


AZAONADO.- Dícese de la persona campera curtida bajo el sol, el frío y la lluvia en las faenas labriegas,  cuyo cuerpo y estilo se adapta al manejo y agarre ágil y alegre del azaón.


AZOGUE.- Se utiliza para referirse al modo de comportarse alguien con exagerada y manifiesta inquietud. 


 


 


 


B


 


BACÍN.- Recipiente generalmente de barro o porcelana muy utilizado para verter los orines cuando no existían los baños en los domicilios. Orinal. También se utiliza como despectivo para referirse a una persona de baja estopa moral.


BADILÁ.- (BADILADA).- Cantidad de ascuas que caben en un badil para echar al brasero.


BALADRE.- Término utilizado para calificar a alguien que es  "muy malo".


BALAMÍO.- Conjunto de muchos objetos agrupados con gran desorden. Trabajo muy importante e incómodo, cuya sola iniciación  produce pereza.


BANDARRA.- Personaje despreciable y de poco prestigio social,  por su conducta descuidada, informal y negativa.


BELITRE.- Se trata de un individuo que encarna todo tipo de vicios y se comporta en esa línea por donde anda.


BILIBIRLOQUE  (DE).- Se utiliza para referirse a algo que se ha conseguido sin esfuerzo aparente.


BIRUJI.- Especie de viento muy helado, propio de las tardes de invierno.


BLINCAR.-  Brincar.


BOCAZAS.- Se aplica a la persona que habla demasiado y con poca gracia.


BODOQUE.- Persona pequeña, baja y rechoncha.


BODRIO.- Masa de las morcillas.


BOLEA.- Juego de fuerza y agilidad consistente en el lanzamiento de bolas metálicas de diverso peso para conseguir una mayor longitud de trayecto sumando el conseguido por los compañeros de cada equipo.


BOLONDRO.- Bolo. Chichón. Persona gorda y rechoncha.


BOMBOROMBILLOS.- Llevar a horcajadas. Sobre los hombros de una persona. Se trataba de un modo de transportar a los niños por parte de los mayores. Diofiere de llevar  "a cuestas" que sería sobre la espalda.


BÓMBOROS.- Variante de BOMBOROMBILLOS.


BOÑIGÁ  (BOÑIGADA).- Una buena cantidad de boñigos, excrementos de las caballerías. Excelentes como abono  para las plantas.


BORUJÓN.- Especie de abolladura de gran relieve, tamaño  e importancia.


BORUÑO.-  Lío; asunto  no esclarecido; objeto  arrugado.


BOTIJUELA.- Especie de propina con que se premia alguna prestación.


BUBEAR.-  Ir de un lado a otro sin venir a cuento, sin hacer nada; sin grandes metas y perdiendo el tiempo.


BUCHACA.- Bolsillo.


BUFA.- (SALIR DE).- Emprender una huida inesperada y veloz. "Salir bufado".


BUFÁ.- Bufada: Llama grande inesperada. Desprecio violento que rompe una relación o una conversación.


BUFONAZO.- Especie de bufá o bufada. y fogonazo.


BUJERO.- Variante de agujero. Topónimo utilizado en Molinicos para designar el paraje que sobre Las Hermanas, posee una piedra con un gran orificio. Se divisan, desde allí  las sierras  de Peñarrubia y Letur.


BULLA.- Especie de joroba. Variante de abolladura.


BULLADO/ A.-  Que posee joroba. Dícese de la persona que presenta cierta deformidad anatómica, principalmente en la espalda.


BULLIR.- Deambular de un sitio hacia otro sin destino concreto.


BUREO.- Paseo largo y reiterado que, a veces,  supone el abandono de las obligaciones propias. 


 


 


 


 


C


 


CABETE.- Diminutivo de cabo: trozo pequeño de cuerda. Se aplica a los cordones de los zapatos. Úsase casi siempre en plural: (Atarse los cabetes).


CABRA.- Úsase para designar una especie de manchas enrojecidas que suelen producirse en las piernas como consecuencia del excesiva temperatura directa que produce el brasero de ascuas u otra especie de calor.


CACHAZA.- Paciencia exagerada. Gran despreocupación en el modo de actuar.


CACHAZUDO /A.- Persona que tiene mucha cachaza. Extremadamente paciente y falta de resolución.


CAGALERA.- Espanto, temor. Diarrea de grandes magnitudes.


CAGALETA.- Dícese de la persona muy asustadiza, que teme por todo.


CAGÓN.- Cagaleta, cagueta, cobarde.


CAGUETA.-  Diarrea. Se aplica para calificar a persona muy miedosa y cobarde.


CAGUETOSO.- Del color de la cagueta. Se aplica a asuntos cuya solución se dilata de modo desagradable.


CACHIVACHE.- Suele utilizarse en plural para referirse a utensilios de trabajo que han quedado arrinconados o arrumbados en algún lugar de la casa de los de poco acceso. Nombre elegido para un popular concurso literario moliniqueño.


CACHUMBÉRICA.- Apelativo utilizado para calificar un tipo de vida muelle, relajada, cómoda y acorde con ese tipo de conductas que se identifican como ... " a sus once mil vicios". Suele  usarse unida al vocablo CUÁCARA..


CACHUMBO.- Armatoste de grandes y desproporcionadas medidas.


CAGÁ (de lagarto).- Se aplica la expresión para referirse a quien trata de buscar el aprovechamiento de algo o de alguien.


CALAMOCANO /A.- Estado previo a la intoxicación etílica, en el que el afectado tiene parte de sus facultades mentales, e inclusive físicas,  en situación de evidente deterioro.


CALAPATRICIO.- Variante de raciocinio. "Perder el calapatricio" se entiende  como enloquecer temporalmente.


CALLACUEZO /A.-  Reservado; es de esos que las matan callando.


CANCAMUSA.- Repetición machacona de la misma frase o discurso.


CÁNDALO.- Un buen leño para la lumbre.


CANSINO/ A.- Persona muy pesada e impertinente.


CANTINELA.- Canción o verso que se repite. Figuradamente, machaque, pesadez.


CAPIROTAZO.- Especie de golpe seco que se propina generalmente en la cabeza.


CARAMBILLO.- Ilusión muy fuerte y no siempre fundada a la que una persona dedica mucha pasión.


CASCANTE.-  Persona que todo lo dice, sin venir a cuento ni ser necesario.


CASCAR.- Hablar demasiado.  


CASCARRABIAS.- Persona malhumorada y cargada de mal genio.


CASCARRIAS.- Roña, suciedad pegada en la piel.


CASQUERA.- Tertulia muy larga en el tiempo y, a veces, con poca sustancia.


CATACALDOS.- Que pretende hacer de todo y entrometerse en todo.


CATAGUISADOS.-  Persona que se entera de todo, que está en todos sitios.


CATALINA.- Defecación humana de tamaño considerable  y aspecto pastoso excretada en superficie lisa, generalmente a la intemperie. Suele utilizarse en expresiones como: "Una hermosa catalina".


CEOMO.- (Estar hecho un).- Variante de la expresión bíblica: ecce homo.-  Aspecto lamentable que presenta una persona.


CEPA.- (Hacer). Esperar de modo  excesivo con el proyecto de conseguir determinado objetivo.  Figuradamente,  perseguir y esperar algo de forma obstinada.


CHACALACA.- Deficiencia física que desmejora el estado de salud. Suele usarse en plural: tener chacalacas es estar afectado de dolencias variadas aunque no graves.


CHÁCHARA.- Conversación animada e intrascendente. Se aplica a la mujer disminuida de sus facultades.


CHAMBAO.- Espacio cubierto de poca entidad y escaso lujo.


CHAMUSCAR.- Quemar algo por su superficie. Figuradamente, enturbiar determinadas  relaciones humanas.


CHAMUSQUINA.- Acción y efecto de chamuscar. Dícese de la situación en la que aparecen indicios que desagradan a quien los percibe. Se atribuye al sentido del olfato: "Oler a chamusquina".


CHAPARRETE /A.-  Persona de baja estatura.


CHAPILETE.- Chapilote de poco aprecio.


CHAPILOTE.-  Trozo de tierra de labor escasa valía  y  pequeña extensión, con acceso generalmente difícil.


CHAPUCERO /A.- Que hace chapuzas. Dícese también de quien se muestra excesivamente cariñoso con alguien.


CHAPUZA.- Pequeña obra de reparación llevada a cabo con pocos medios y escasa perfección.


CHICHIPÁN.-  Persona delgada, de poco seso, poca cosa. Se asemeja, en su aspecto,  al pajarillo del mismo nombre.


CHICHÓN.- Especie de bulto que se suele producir en la cabeza tras un golpe que no produce herida ni sangra. También se le denomina gorrín o gorrinete, según su tamaño.


CHINCHAR.-  Fastidiar, hacer rabiar.


CHIPICHAPE.-  Agua en la calle o en el suelo que es pisada. Al mezclarse con el polvo del suelo, produce un barrillo característico.


CHIQUILICUATRE.-  Chimiliscuatre.


CHIMILISCUATRE.- Persona de muy poca entidad.


CHIRIBÍAS.- Aplícase a los seres vivos de menor tamaño que sus congéneres.


CHIRIMBOLO.- Suele utilizarse en plural para referirse a un conjunto de muebles en desuso y otros objetos que tienen a ser inservibles  o poco utilizados.


CHIRIPA.- Casualidad. Se usa para referirse a ciertos objetivos obtenidos por los pelos o de modo inesperado.


CHISPE.- Resto que queda tras la molturación y prensado de la aceituna una vez extraído el aceite.


CHISPERA.- Borrachera.


CHOCANTE.-  Que choca. En nuestro uso, tiene connotaciones de carácter gracioso.


CHOCAR.- En el uso moliniqueño, causar extrañeza.


CHORRADA.- Cosa de poca importancia. Chuminada. 


CHORRITO /A.- Persona que utiliza amabilidad extrema para lograr lo que se propone, ante los demás.


CHOSPE.- Aplícase al pelo enmarañado o mal peinado.


CHOSQUISNAR.- Manosear a modo de un mecánico, pero con poca herramienta y escaso dominio del cometido.


CHUCHO.-  SACAR EL:  Darse a conocer o dejarse ver notoria y  públicamente.  ESCONDER EL: Quitarse de en medio. Encerrarse. 


CHUCHURRÍO.- Esmirriado, ajado.


CHUMINADA.- Cosa de poca importancia. Chorrada.


CHURUBITA.- Es una moza muy arreglada y graciosa.


CHUSCARRAR.- Quemar  "a medias" una superficie. Dícese de  "estar chuscarrado" cuando alguien está muy enfadado por cualquier cosa.


CHUSCO.- Que es muy bonito y gracioso. Se aplica a un juego de juventud que consistía en lanzar una especie de chapas del tamaño de la mano aproximadamente, al objeto de derribar un cilindro de unos 10 centímetros de altura, colocado a una distancia prudencial (unos diez metros) y  sobre el  que estaban depositados los "trofeos" (dinero u otros objetos valiosos) que obtenía el jugador que lograba el derribo.


CHUSMARRAR.- Requemar algo con lumbre.


CHUSMARRO.- Se aplica a la comida elaborada a base de productos cárnicos, generalmente del cerdo y que se preparan a la brasa, principalmente en las celebraciones del  "mataero".


CHUZO.- Carámbano. Porción de hielo con forma de estilete que pende de los tejados u otros lugares donde existen  vertidos de agua, sobre todo en las noches de humedad e intenso frío. "Caer chuzos de punta".


CIBANTO.- Especie de vericueto,  precipicio desde el cual una caída resultaría muy peligrosa.


CIBERA.- Cebo. Combustible para la lumbre, simiente para el molino. Figuradamente, "meter cibera" consiste en exaltar o predisponer el ánimo de unas personas en contra de otras, enconando los asuntos.


CIPITORRIO.- Especie de ataque.


CIRIMBOMBO.- Especie de chirimbolo.


CIRIMINGUILLO /A.- Suele aplicarse a la persona que se deja manejar por otra.


CIRINGONZA.- Jerigonza. Postura extraña. Suele utilizarse en plural.


CITARA.- Pared gruesa que delimita el terreno y tiene una altura que sirve de asiento para ocupar el ocio. (En el Molinicos de los años cincuenta, una larga citara  protegía la ladera de la Calle  Mayor por su parte del arroyo. Con la edificación, actualmente sólo quedan pequeños restos).


CITOTE.- Persona que no agrada dentro del grupo y suele ser citada, en su ausencia, de modo despectivo. 


COCOROTA.- Nuca, cogote. Parte sobresaliente de una persona o cosa. En la persona, se asocia a la cabeza y en una montaña, a su cumbre. "Llegar a la cocorota" significa alcanzar la cima de la montaña.


COCOTAZO.- Vulgarismo. Cogotazo. 


COCOTE.- Vulgarismo. Cogote.


COGOTAZO.- Golpe dado en el cogote, generalmente con la mano abierta.


COGOTE.- Parte superior y posterior del cuello.


COLODRILLO.- Parte posterior de la cabeza humana. Cocote. Cogote. "Ser tieso de colodrillo". Se aplica a la persona a quien le resulta difícil ceder de lo que considera su razón o abdicar de sus argumentos.


COMBA.- Juego de muchachas consistente en saltar a través de una cuerda que gira de modo circular, impulsada desde sus dos extremos por sendas jugadoras.


CONCUTINAR.- Se usa para referirse a una supuesta coincidencia o coordinación de hechos o ideas, entre sí.


CORCOVO.- Especie de salto espectacular o con curvaturas anómalas. Suele utilizarse en plural: dar corcovos.


CORDEL.-  Especie de cuerda de esparto. (DAR CORDEL).- Hacer la puñeta, o sea, estorbar con reiteración


CORRUSCO.- Trozo de pan, más bien duro. Cuando se juntan muchos, hay que hacer migas de pan.


COSAS.-  "De horno".- "Delicados". Productos de confitería que suelen elaborarse artesanalmente  a domicilio.


COSCOLETAS.-  "Llevar a". Llevar en bomborombillos


COSCORRO.-  Pequeña siesta; dar una cabezada.


COSCORRÓN.- Especie de capón propinado en la cabeza que produce dolor y, a veces, llega a chichón.


COSCOVILLO.-  Cozcovillo.


COSQUE.- Especie de cachete o de capón.


COSTERO.-  Trozo de pan con mucha corteza y poca miga.


COSTALÁ.- Se utiliza para referirse a una caída inesperada y espectacular. Es como si cayere un costal desde cierta altura.


COSTALAZO.- Variante de  "COSTALÁ".


COZCOVILLO.- Se aplica a las personas que tienen una estatura  y proporciones físicas muy reducidas


CRILLA.- Patata.


CUÁCARA.- Nombre con el que familiarmente se designaba la botella de cerveza fresca. En la composición CUÁCARA-CACHUMBÉRICA designa un  tipo de vida relajada, derivado de la práctica habitual del ocio,  la comida, la bebida y el descanso. O sea, "pensar con la cabeza para no trabajar con las manos,  y gozar de los placeres de la vida".


CUÁCARA CON CUÁCARA..- Nombre familiar con que se cantaba el número   44 en el juego del bingo, antes conocido como la "lotería" y que solía  practicarse  en los domicilios,  en noches de invierno, entre vecinos.


CUARTOS.- Genérico que se utiliza para referirse al dinero a la riqueza en general: "tener cuartos".


CUCAMONA.- Especie de carantoña que hace una persona a otra para ganar su simpatía.


CUCHIFARRE.- Guchifarre: cuchillo grande.


CUCLILLAS. Vulgarismo: cunclillas. Estar en cunclillas.  Situación de agachado con el cuerpo doblado de modo que las nalgas se acercan al suelo y a los talones. Tiene relación con la posición que adopta la clueca.


CUCHITRIL.- Cochitril. Habitáculo pequeño y más bien sucio y oscuro.


CUESCO /A.- Dícese de la persona, principalmente del sexo femenino, que se caracteriza por su relativa obesidad, escasa resolución y poca gracia.


CUESCO.- Ventosidad sonora. Suele aplicarse cuando el volumen acústico es de cierta importancia.


CUICIA.- Afán por el desempeño de un trabajo o de cualquier actividad.


CUICIOSO/ A.- Dícese de la persona que desarrolla cualquier actividad  con un interés y dedicación muy considerables.


CULIPONERSE.- Vestirse con especial intención de quedar muy adornado.


CULIPUESTO.- Que se ha vestido con especial cuidado y abundantes adornos.


CUQUERO /A.- Que hace cucamonas.


CURRICALLES.- Juego infantil que consiste en saltar sucesivamente por encima de distintos jugadores que van encorvándose, alineados  tras su intervención.


CUTRICHIL.- Cuchitril.


 


 


D


 


DANZANTE.- Se aplica a los individuos que paran poco en casa o en su trabajo. 


DAR (DE MANO).-  Plegar: terminar la jornada laboral.


DELICADOS.- "Delicaos".- Productos artesanales de confitería elaborados en el domicilio. 


DESATURDIRSE.- Dar una salida inesperada a un asunto de cierta complejidad. Figuradamente se utiliza para referirse a la persona que suele levantarse tarde, que madruga muy poco.


DESCUAJARRINGAR.- Dejar sin fuerzas a las personas como consecuencia de un fenómeno que asusta o impresiona.


DESCUAJARRINGUE.- Situación extrema y próxima a descuaringar.


DESOLLEJAR.- Criticar, quitar la fama a alguién.


DESPIPORRE.- Espiporre.


DOLA.- Pídola. Juego de muchachos que consiste en saltar por encima de uno que se encuentra encorvado, con distintas variantes, además del salto.


DON TRIS TRAS.- Fórmula que hace referencia a una persona dando su nombre por supuesto.


DORMIVELA.- Situación de semivigilia en la que el afectado no está dormido profundamente.


DUCE.-  Dulce.


 


 


 


E


 


EDAD DE CRISTO (LA).- Modo de conocer el número  "treinta y tres"  en el juego familiar de la lotería.


EJAJAR.- Accidente que sufre la rama del árbol cuando por alguna fuerza externa, como el peso o el viento, se rompe del principal.


EJARRAJO.-  Roto descomunal, principalmente en los pantalones.


EJARRAMANTAS.- Se aplica a ese tipo de personas de poco fuste, con pocas ganas de trabajar y escasa aplicación.


 


EJARRAR.- Romper de mala manera cualquier tipo de tejido, pero sobre todo, la ropa de vestir.


EMBOLICAR.- EMBORILAR.- Liar de mala manera o de modo desordenado.


EMBOLLETÁ.- Persona muy acicalada y recargada en el vestir.


EMBORUJAO /Á  (Emborujado/ a).- Quien por enfermedad  u otra causa, se encuentra como entristecido.


EMBORUÑAR.- Hacer boruños. Dejar los trabajos inconclusos o mal terminados, con las prisas.


EMBROLLO.- Especie de enredo que tiene el objeto de confundir sin esclarecer el asunto.


EMPANCINAR.- Adquirir un estado de molestia física como consecuencia de comer o beber demasiado.


EMPERIFOLLADO/ A.- Persona que se ha colgado sus mejores galas para asistir a algún evento extraordinario.


EMPERIFOLLAR.- Acción de adornar el cuerpo de las personas con ropas, alhajas u otros complementos.


EMPORRETO /A.- Totalmente desnudo. Derivado de la expresión  "en porretas". 


ENCALOMAR /SE.- Sumergirse en un estado de ánimo de profundo afecto o dependencia de algo o alguien.


ENCALOMO.- Engrilloto. Estado de enajenación anímica como consecuencia de una pasión muy profunda.


ENCANAR /SE.- Abstraerse en una mirada o cualquier acción prolongada. Cuando se baila el zompo y parece que queda inmóvil unos instantes en su rotación, se dice que se  "ha encanado".


ENCANIJADO /A.- Desnutrido, desmejorado, con aspecto raquítico.


ENCASQUETAR.- Dar una información de modo imprevisto y casi violento. Endosar a alguien alguna faena para que se haga cargo de ella, sin su deseo. 


ENCETANÁ /ENCETANAO.- Se aplica a quienes se toman cualquier acción con un celo extremadamente visible. Úsase también  para describir escenas amorosas muy apasionadas. " Estar encetanao ".


ENCETANAMIENTO.- Situación de "estar encetanao" con carácter de cierta habitualidad. Especie de manía afectuosa que se adquiere ante cualquier objetivo.


ENCETANAR.- Producir encetanamiento.


ENCETANARSE.- Ser víctima del encetanamiento. Apasionarse ostensiblemente.


ENCLENCLE.-  Escuchirrimizado, esmirriado, desmirriado.  Persona débil, delgada,  como desnutrida.


ENDIRGAR.- Endilgar.


ENDILGAR.- Suele utilizarse para hacer referencia a una molestia que se endosa sin aceptar por el "beneficiario". Aplícase también para referirse a un embarazo no deseado. (Endilgar una panza). 


ENDURAR.- Úsase en forma negativa para expresar  falta de interés por la economía. "No endurar".


ENFOLLINARSE.-  Enfurruñarse,  enfadarse.


ENFURRUÑARSE.- Enfadarse.


ENGARABITAR.- Subir con agilidad a un árbol u otro lugar elevado sin medios externos.


ENGARROTAR.- Agarrotar. Entumecer los músculos.


ENGATUSAR.- Conseguir algo por medio de halagos.


ENGRILLOTO.- (ENGRILLOTE).  Ilusión desmedida, desmesurada y exagerada ante un suceso presente o futuro.


ENGRUDO.- Además de masa, lío morrocotudo, principalmente económico o administrativo que no se saca a la luz y tiene mal arreglo.


ENGURRUÑÍO/ A. Engurruñido,  arrugado, doblado, menguado.


ENROBINADO.- Enrobinao. Lleno de óxido.


ENROINAO.- Enruinado.


ENRUINAO.- En la ruina. Aplícase a los animales, sobre todo al cerdo, cuando, generalmente por falta de alimento,  adquiere un lamentable aspecto de desnutrición y encanijamiento.


ENTANGANILLAR.- Realizar un  "tanganillo", especie de estaribel de poco fuste y escasa consistencia.


ENTELERÍO.- Estado de los cuerpos con aspecto de frío. "Estar entelerío" es estar helado o con enfriamiento.


ENTORILAR.- Término que se utiliza para referirse al estado de una faena en la que se han superado las dificultades iniciales.


ENTREPUERTAS.- Especie de acoso a que se somete una persona cuando debe soportar algunos improperios sin posibilidades de defensa. Úsase también para referir algún tipo de acometida de que puede ser víctima un animal doméstico, como el gato, cuando es sorprendido en actos que incomodan al hombre.


ENTRIBUTO.- Especie de ataque.


ERRE QUE ERRE.- Constancia en la consecución de algún fin, tan excesiva que llega a resultar agobiante.


ERRIBAR.- Vulgarismo de derribar.


ESCABULLIR.- Escapar de alguna situación embarazosa.


ESCAGASNAR.-  Ayudar a crecer, criar; sacar de la ruinera.


ESCALDAR.- Escarmentar. "Salir escaldado" se aplica para referirse a una experiencia desagradable.


ESCARBAERA.-  "Escarbadera": Se aplica a las patas de las aves gallináceas haciendo referencia a su función de escarbar: rasguñar la tierra ahondando muy poco en ella.


ESCARCUÑAR.- Buscar con mucha insistencia. A veces, sinónimo de escrutar.


ESCARPÍN.- Especie de remordimiento. Quedarse "con el escarpín" es tener un sentimiento de deseo insatisfecho de algo.


ESCLAFARSE.- Sentarse en un sitio cómodo sin prisa ninguna. Parapetarse.


ESCOLISMAO/ ESCOLISMÁ.- Persona muy delicada y exigente en el trato. Extremadamente exagerada en la limpieza y en el aseo personal.


ESCORIZO /A.- Dícese de la persona generalmente poco amable, algo geniuda y  no muy simpática. 


ESCUAJARRINGAO/ Á.- ESCUAJARRINGADO/A- Que ha perdido la textura. Figuradamente se aplica a la persona que está extraordinariamente cansada como consecuencia de esfuerzos inusuales. 


ESCUCHIMIZADO /A.- Muy delgado y enclencle.


ESCURRINTÍN.- Último de los restos de determinados fluidos en el recipiente que los contiene. Los escurrintines del vino, del aceite o de otros líquidos son los residuos que  quedan en el fondo de la vasija.


ESCURRIZO.- Lugar de superficie suave, plana  y con la  pendiente adecuada para transcurrir resbalando de arriba hacia abajo a guisa de juego de juventud. Topónimo utilizado en su día para referirse a una losa situada en la falda de la Peña Perico y que constituía un atractivo para la chiquillería de la época. Fue prácticamente inutilizado como tal, con la construcción de la Carretera de Yeste.


ESFANDIR.- Enjuagar la ropa en el lavadero, echándole agua con la mano. 


ESFARFOLLAR.- Quitar las hojas a la mazorca del maíz.


ESFARFOLLO.- Fiesta que se organiza con motivo de las faenas de esfarfollar.


ESFARRAR.- Acción de resbalar o escurrirse en una superficie lisa o como consecuencia de haber pisado un cuerpo resbaladizo. En el juego de la "bolea", esfarrar es dar inicio al lanzamiento de las bolas: "el que remata esfarra". Salir "esfarrao" es iniciar una huida a toda velocidad.


ESJALICHAO/ Á.- Se aplica a personas con aspecto poco cuidado, especialmente en el vestir.


ESJALICHAR.- Producir en algo una acción de desorden.


ESLAPICIR.- "Eslapicirse". Ver la luz del día a altas horas de la mañana, como consecuencia de la pereza para madrugar.


ESMOCHAR.-  Podar, pero mucho;  pelar demasiado.


ESMOTE.- Quitar motas o cosas de en medio. "Hacer un esmote" consiste en una limpieza profunda de partículas u  objetos innecesarios.


ESOLLINAO.-  Como deteriorado, en mal estado.


ESOLLINAR.- Deteriorar algo. 


ESPARAVÁN.- Persona desagradable, cuya presencia se considera un estorbo.


ESPATARRARSE.- Abrirse de piernas. En sentido figurado se aplica para hacer referencia a una actitud de mucha energía y considerable resolución.


ESPEADO/A.- Dícese de quien por haber realizado esfuerzos extraordinarios, se encuentra con un cansancio muy evidente y visible.


ESPEAR.- Espearse. Se aplica, más bien en sentido negativo para quitar importancia a un trabajo del que alguien trata de evadirse. "No va a espearse..."


ESPELUZNO.- Especie de escalofrío producido por estar incubando una enfermedad, o bien como consecuencia de una impresión por algún acontecimiento desagradable e inesperado


ESPERTÍN.- Especie de desgana. Sentimiento de mucha pereza.


ESPERTUGÁ.- Espertugada,  reacción violenta ante un sobresalto.


ESPETAR.- Decir una cosa de modo improvisado.


ESPIZCAR.- Dividir un todo en partes pequeñas. El término "espizcarse" se aplica a un estado de especial alegría.


ESPIZCONAR.- (ESPISCONAR).- Quitar a un todo una parte. Habitualmente, su uso se refiere a la acción de quitar una esquina a un cuerpo plano, de mala forma, como de un golpe.


ESPORRETADO. Esporretao;  como los chorros del oro: muy limpio.


ESPINDARGA.- Persona muy alta y desproporcionada


ESPIPORRE.-  Situación muy graciosa, festiva, alegre.


ESTACACINA.- Especie de paliza que se propina a alguien, en la que los golpes se suceden con gran abundancia y violencia. Gran somanta de palos


ESTARIBEL.- Montaje de poca consistencia.


ESTEZAR.- Restregar la ropa con fuerza para conseguir que se quede limpia en el lavado a mano. También se aplica a las situaciones en las que una persona tiene que soportar ciertos incomodos producidos por el cuidado


de enfermos o mayores en largos y penosos períodos.


ESTEZÓN.- Especie de herida o lesión, generalmente abierta, pero superficial,  producida en contacto violento con un objeto duro y cortante.


ESTOSERSE.- Emitir sonidos similares a los de la  tos , pero de modo deliberado y no espontáneo con el objeto de  anunciar la irrupción  imprevista a un lugar habitado. Suelen  "estoserse"  los padres para evitar sorprender a las hijas en situación comprometida con sus parejas, cuando llegan inesperadamente.


ESTUFÍO.- Trato desconsiderado. Dar estufíos es manifestarse con desprecio ante cualquier persona.


ESTURREAR.- Extender sin mucho orden.


 


 


F


 


FACA.- Especie de cuchillo de gran calibre y con punta. 


FARFOLLA.- Hoja del maíz. Producto de escaso valor y aprecio.


FARRUCO /A.- Calidad de fanfarrón; algo altanero;  cabezón.


FARUTO.- Falso, fatuo, huero, vacío y sin contenido. Algo que carece del valor que le fuera propio.


FILAÍS.-  "Estar hecho un". Estar muy delgado. Se aplica a las personas que tienen aspecto raquítico y de extrema delgadez. La palabra debe tener relación con el escaso espesor del "hilo".


FOGONAZO.-  Bufonazo.


FREGANZA.- Piezas, generalmente de cocina, preparadas para ser fregadas.


FREGATEL.- Gran volumen de piezas de vajilla preparadas para fregar.


FUSTE.- Categoría, importancia. Suele utilizarse en forma negativa. (Tener poco fuste).


 


   


G


 


GACHAPAZO.- Caída más bien violenta.


GALGO.- En este lexicario, persona a quien le encanta comer cosas dulces. Por extensión persona exigente.


GALGUCIO.- Variante de galgo.


GALGUERÍA.- Alimentos de sabor dulce o muy dulce. Objetivos que no están al alcance de cualquiera.


GALILLO.-  Gollete,  garganta.


GAMBITEAR.- Zascandilear, andorrear sin rumbo preciso. 


GARABATA.- Nombre dado a una especie de garrota o cayado con el que algunas personas se ayudan para andar o para recoger determinados frutos que penden de árboles de cierta altura, como la higuera.


GARABITERO /A.- Se aplica a ese tipo de persona  cuya agilidad y condición física le permite subir con evidente facilidad, bien a los árboles o a cualquier otro lugar elevado.


GARIBOLO / A.- Especie de utensilio para agarrarse que, en uno de sus extremos,  termina en forma redondeada.


GASÓN.-  Terrón de tierra.


GAZNÁPIRO.- Se aplica a un tipo de individuo torpe y poco agraciado.


GOBANILLA.- Aplícase a la muñeca de la mano.


GOLISMERO.-  Personaje que curiosea y que quiere enterarse a toda costa, de lo que  apenas  le interesa.


GOLLETE.- (Estar hasta el).- Situación en la que ya no se puede aguantar más.


GORGOCIL.- Zurcacho.


GORRÍN /A.- Nombre familiar del cerdo, mamífero doméstico. Por extensión, persona poco aseada. 


GOSQUE.- Persona de muy reducido tamaño. Por extensión, se aplica también animales de la misma condición.


GOTETA.- (Gustar una goteta comiendo) Se utiliza para referirse a quienes, con el mayor disimulo, gustan  beber alcohol a cualquier hora y día.


GUA.- Juego de muchachos que consistía en aproximar, a un hoyo practicado en el suelo, las canicas del adversario a base de golpes asociados a las denominaciones: primera,  pie, tute, matute y gua. (En la fase "pie" se exigía que las bolas quedasen a una distancia no inferior a la medida del pie del jugador). 


GUARÍN.- Dícese del menor de un grupo o manada. Es el benjamín.


GUIJARRO.- Piedra pequeña y como tallada.


GUINCHONAZO.-  Golpe, generalmente otorgado con objeto punzante.


GUÍSCANO.- Nízcalo.


GUISCAR.-  Provocar;  hurgar en la herida; chinchar.


GUITA.- Especie de cuerda esparto.


 


 


 


 


H


 


HALDA.- Regazo. Parte que comprende desde la cintura a la rodilla en una persona sentada. Generalmente, las madres tenían a sus hijos pequeños  "en el halda".


HATO.- Ropa, merienda. (Hacer o liar el hato).-  Preparar lo necesario para salir de casa, generalmente al trabajo.


HEBREAR.- Hartar de palos. Dar una buena ración de golpes.


HILAR FINO.- Ser muy escrupuloso en cualquier actuación de la vida.


HONDURAR.- Endurar.


HUMERO.- Chimenea.


HURONERA.- Se aplica al domicilio para referirse a quienes se hacen ver  muy poco y permanecen como ocultos. 


 


 


I


 


INFELIZ.- Se usa para referirse a aquellas personas con poca gracia y menos picardía.


 


 


 


J


 


JAMARÚ.- Personaje un poco simple y sin gracia.


JAMELGO /A.- Persona que suele hacer lo que le place sin gran observación de exigencias sociales.


JESPE.- Especie vegetal acuática que suele criarte en el arroyo. "Estar como un jespe" se utiliza para referirse a algo pulcro y limpio como el oro. 


JUANLANAS.- Expresión con que suele hacerse referencia a hombres de escasa energía que soportan impasibles cualquier ofensa a su dignidad.


JUMERA.- Borrachera importante. 


 


 


 


K


 


 


 


L


 


LAMIZNERO /A.- Lamisnero.- Demasiado curioso y enterador;  ser pelota.


LAMPARÓN.- Mancha enorme en la ropa.


LAÑA.- En el habla moliniqueña, se refiere a quien administra sus bienes de modo muy tacaño o exagerado y, si llega el caso,  puede  rozar lo fraudulento.


LARGUIMENGO /A.- Dícese de la persona que, además de delgada,  es más alta que las de su especie.


LERDO /A.- Especie de despectivo que se utiliza para referirse a quien manifiesta torpeza para comprender o hacer algo. Úsase también en sentido negativo "no andar lerdo" para significar agilidad física o mental.


LIQUE.- Pequeña patadita que se propina en el trasero del jugador de la pídola  (dola obligatoria) en el instante de saltar sobre el jugador que se encuentra encorvado.


LOCÁTICO/ A.- Persona que se comporta con ciertas irregularidades que no coinciden con el patrón habitual de la convivencia social. 


 


M


 


MAJORRÁ.  Majorrada.- Montón de billetes muy considerable.


MALTRABAJA.- Persona poco cuidadosa en sus faenas. 


MAMOTRETO.- Suele aplicarse a personas que, con cierta impertinencia,  se incorporan a grupos en los que no hacen falta ni son deseadas por el resto de los miembros. Por extensión, montón de objetos innecesarios.


MANGANTE.- Despectivo referido a individuos hábiles en el engaño y generalmente amigos de lo ajeno.


MANGAR.- Se utiliza como sinónimo de robar, pero en pequeñas cantidades.


MARMULLAR.- Comer de forma poco aparatosa, como si faltasen piezas dentales.


MARREAR/ MARREARSE.- Despistarse. " Quedarse marreado"  es salirse de la línea marcada por el colectivo principal.


MARRO.- Antiguo juego de muchachos.  "Dar marro" equivale a dejar a alguien fuera del grupo.


MASNAR.- Dar fricciones en el vientre. Existía la creencia de que ciertas personas tenían poderes especiales como para aliviar los dolores abdominales a base de masajes.


MATA ( "que no ha echao").- Es una acción frustrada. Intento de lograr un objetivo que no se consigue.


MATACHOTOS.- Especie de calabobos en el que, en lugar de agua, cae hielo.


MATUTE.- Fase en el juego del GUA. Especie de engaño o de fraude. De incógnito. Se considera "producto de matute" al que se comercializa en pequeñas cantidades al margen de la Ley.


MAZA.- Persona gruesa y baja de estatura.


MAZAZO.- Golpe. Contratiempo que se sufre en la vida.


MEARRA.- Micción muy copiosa. Es propio de la edad infantil en la que, al orinarse en la cama por la noche, se pone todo “hasta los trenques”.


MEARRETA.- Ganas de mear continuamente.


MEQUETREFE.- Despectivo utilizado con alta intencionalidad ofensiva.


MESEFINGORE.-  Vulgarismo: Misifingore. Nombre propio con que se conocía una famosa orquesta musical moliniqueña de los años sesenta.


METIJACO  /A.- Que se mete en todo. Se aplica a ese tipo de persona que gusta de entrometerse en asuntos ajenos.


MIAJA.- Persona, animal o cosa de muy reducido tamaño. 


MIAJETA.- Sólo un poquitín de cualquier cosa.


MINFO.- Apelativo de desprecio que suele utilizarse contra personas con  poca gracia.


MOCHOLÁ.- Mocholada;  cabezada que se produce en situación de semisomnolencia  y que recibe su nombre de la semejanza entre el aspecto poco estético del "adormilado"  y  el del   ave rapaz nocturna.


MOJACANDIL.- Libélula.


MOJACULOS.- Mojacandil. Libélula.


MOLLIZNA.- Lluvia muy fina. Cuando es también escasa, se denomina "mollizneta".


MOLLIZNETA.- Llovizna de mínima entidad.


MONSERGA.- Regañina muy pesada y repetida. Suele utilizarse en plural.


MOQUERO.- Especie de pañuelo utilizado para limpiar los mocos.


MOREAR.- Tomar color, oscurecerse. "Morearse el arroz" es adquirir el color oscuro aportado por  los ingredientes.


MORISQUETA.- Especie de mueca o gesto gracioso.


MORONA.- Cada una de las migajas en que se divide el pan al partir o cortar.


MORRO.-  Cerro de no mucha altitud.  Tener morro.- Comportarse con cierto descaro, con la cara algo dura.


MORROCOTUDO /A.-  Muy grande, muy importante o  asunto muy difícil. 


MORUZO /A.- Persona cabezona, que se abre poco a los demás. 


MOSQUIL.- Gran cantidad de moscas en un recinto.


MOSTACHÓN.- Producto casero de confitería elaborado con masa, azúcar y nueces.


MOSTRENCO /A.- Gordo, fuerte, musculoso. A veces, desproporcionado.


MUERMO.- Atolondrado. Cansino. Pesado.


 


 


N


 


NI FU NI FA.- Expresión que se utiliza para manifestar indiferencia ante algo.


NI OSTE NI MOSTE.- Expresión que quiere significar la intrascendencia de algo.


NIÑA BONITA  (LA) .- Expresión utilizada para nombrar al número  "quince" en el juego familiar de la lotería, antecedente del bingo. 


NUÉGADOS.- Guiso que se elabora con pan rayado, almendras y miel.


 


 


 


Ñ


 


ÑACO /A.- Dícese del niño/a que suele  comportarse de un modo no deseado.


 


 


O


 


ÓRDIGA.- (Cana).- Exclamación utilizada para manifestar sorpresa o extrañeza.


ORILLAO.- Se aplica como adjetivo para hacer referencia a aquellas personas a quienes se les presta muy escasa o nula atención en una reunión.


ORILLO.- Parte exterior de un cuerpo. En las piezas de tela, los trozos más extremos.


OROSCO /A.- Dícese de la persona  altanera  o presumida.


OSCURANA.-  Con poca luz. Que se ve poco.


 


 


 


P


 


PACHUESCO /A.- Se trata de una persona tan pacífica que desborda el comportamiento normal y tiene difícil reaccionar ante los estímulos ordinarios.


PANTOMIMA.- Persona pasiva que se expresa muy escasamente con palabras. Su aspecto es serio y triste.


PANTUFLO /A.- Dícese de la persona parada, de poca gracia y poca resolución.


PAPIROLÁ.- Noticia o mensaje inesperado y desagradable. "Soltar una papirolá" es decir algo inconveniente en un momento inoportuno.


PARELLA.- Pedazo grande de tela utilizado antiguamente como servilleta colectiva por todos los comensales que constituían el corro.


PATACHULA.- Se emplea para referirse a quien, por accidente o defecto físico presenta alguna dificultad al andar y cojea.


PATATÚS.- Ataque imprevisto contra la salud. En ocasiones, provoca la muerte.


PATITOS (LOS DOS).- Denominación con que se conocía el número "veintidós" en el juego del bingo o lotería que se jugaba en los propios domicilios entre grupos de amigos o vecinos.


PATULEA.- Agrupación desordenada de personas o de animales que transcurren ruidosamente.


PEDIDOR.- Que es excesivamente pedigüeño. Se aplica a individuos que, con artes de dudosa conveniencia social y ética,  solicita favores  poco confesables.


PEGOTE.- Añadido innecesario. 


PEGULLÓN.- Trozo grande o montón de cualquier producto, generalmente de masa.


PEITERA.- Petera. Especie de cabezonería que se hace crónica en quien la sufre. Testera.


PEJIGUERA.- Dificultad, lata, fastidio.  Incomodo que no nos deja ni a sol ni a sombra;  Achaque.


PEJÍN.- Variedad de seta, hongo. No es la especie que se busca por nuestros montes. De esos hay a montones.


PENDI.- Vulgarismo que hace referencia a la apendicitis.


PERCOR.-  Pega, debilidad, defecto de fabricación.


PERETAS.- Juego infantil que en los años cincuenta y sesenta, practicaban las niñas utilizando cinco pequeñas piedras redondeadas. Cada una de las piedras o piezas que en otros lugares se llamaban  "tabas" (huesos).


PERIFOLLA.- Las hojas más externas de determinados frutos, como el maíz o la cebolla. Por extensión, despercicios. Figuradamente puede aplicarse a la calificación personas de poco fuste y también a las informaciones que son falsas o poco solventes.


PERIGALLO.- Suele utilizarse en plural para denominar las acciones consistentes en dar saltos un tanto desordenados en el espacio.


PERIGÜELA.-  Piringüela.


PERORATA.- Discurso o regañina cansada inconsistente y aburrida.


PERRENQUE.- Ataque de dolor, principalmente en las piernas.


PERREQUEQUE.- Ataque fulminante que suele llevar a la tumba.


PESAOMBRE.- PESADUMBRE.- Pesar por algún acontecimiento que enfada.


PESTOJE.- Apéndice humano en un colectivo. Persona que disuena del grupo. Figuradamente, familia política.


PETERA.- Obsesión. Manía por la consecución de algo.


PICHO.- Expresión utilizada para espantar a los perros.


PICIA.- Especie de fechoría. Acto inconveniente.


PICOSO/ A.- Dícese de la persona que es muy sutil y se siente herida por cualquier cosa. También se aplica a quien se manifiesta con simulada indiferencia, pero evidente intencionalidad  ante el sexo contrario. 


PIE (de pava).- Encontrarse en un espacio muy reducido.


PILLAOR.- Especie de artilugio de unos veinte centímetros de largo por diez de ancho compuesto por dos piezas de madera que quedan unidas por sendos extremos mediante una bisagra que facilita el juego de apertura y cierre del dispositivo. En su posición de cierre se utiliza para prensar las sardinas.


PINDINGUE.- Abandono del lugar en el que supuestamente debe estarse.


PINDINGUIS.- Variante de pindingue. Paseo.


PINGANILLA.- Voltereta. Se usa también para calificar a personas con poco relieve.


PINGO.-  Persona que se sale de la norma; pliegue o caída de la tela.


PIPIRIGALLO.- Saltos imprevistos y llenos de agilidad que suele ejecutar la gente joven.


PIPIRITAJE.- Ataque repentino que sitúa al paciente en situación de extrema gravedad.


PIRINGÜELA.- Voltereta.


PITRACA /O.- Pillastre. Caradura. Persona de muy malas costumbres.


PIZCAS-PAJAS.- Especie de semejanza. Se utiliza para comparar dos cosas casi iguales.


PIZOTE.- Protuberancia agresiva, puntiaguda.


PORTÁS.- (PORTADAS. PORTONES). Puertas de gran tamaño, generalmente colocadas en locales muy extensos.


POYATO.-  Banco de cocina; lugar para tomar asiento, generalmente en la vía pública.


 


 


Q


 


QUEMASANGRES.-  Persona que fastidia y hace rabiar,


 


 


 


R


 


RABISCO /A.- Con algo de rabo. Que contesta con genio. Se aplica, sobre todo, a niños/as  pequeños poco dóciles.


RABUDO /A.- Que se comporta de modo rabisco.


RAMALAZO.- Golpe dado con una cuerda o ramal. Aplicado a personas, hace referencia a determinadas características relacionadas con el modo de ser particular, a veces de origen genético. "Tener un ramalazo" se asocia a diversos aspectos muy característicos de un determinado grupo, familia, actividad, etc.


RANGÜERO /A.- Se aplica a aquella persona que, en un grupo o colectivo, aparece como descolocado o mal ubicado.  Dícese del que anda algo despistado por la vida.


RASGUÑAR.- Rascuñar.


RASCUÑAR.-  Arañar;  producir “rascuñazos”.


RASCUÑAZO.- Efecto del rasguño. Herida producida por el mismo.


RASPEAR.-  Tocar ligeramente.


RAYUELA.- Juego infantil que consiste en producir avances sucesivos,  superando diversas pruebas a través de cuadrículas rayadas en el suelo. Puede ser de pelota o de tejos.


REBOLIQUE.-  Jaleo, lío, desorden.


REFORNÍO/ A..- Aplícase a la persona fuerte, maciza, robusta. 


REFREGÓN.- Figuradamente, afrenta que se produce a alguien en momento inesperado.


REGOMELLO.-  Remordimiento que suele ser inconfesado y, a veces, inconfesable.


REGOSTO.- Lugar muy apetitoso para alguien, que lo visita con evidente reiteración. " Ir al regosto "


REGUILLO.- Hielo. Se usa para identificar superficies o  rincones que se encuentran helados.


REGULERO.-  Suele utilizarse para calificar situaciones que se aprecian como regulares, pero con clara tendencia hacia lo peor


REINAERO.- Situación que tiende a crónica, en la que no se cesa de sufrir por acontecimientos que disgustan. 


REINAR.- Pensar insistentemente en hechos o acontecimientos que desagradan.


RELAÑOS.- REDAÑOS. Fuerza, valentía, arrojo en las personas.


RELEJE.- Mancha, suciedad muy visible en el cuerpo o en la ropa, que sugiere un defectuoso aseo personal.


RENCHIR.- Volver a llenar;  rellenar.


RENGÜENEO.- Acto de rengüenearse. Estar en la cama despierto, dando vueltas, pero sin prisa por levantarse.


REPALANDORIA.- Especie de perorata o explicación  muy larga, pesada y con escaso contenido.


REPELÚS.- Escalofrío. Situación de desagrado ante personas, cosas o situaciones.


REPITAJO:- Restos de comida de otros días que constituyen el menú del día siguiente: "comer de repitajos". Por extensión, se aplica también a restos de materiales de cualquier tipo.


REPIZCO.- Variante de pellizco. Presión hecha sobre algo al apretar fuertemente con los dedos o con otras cosas.


REPRETERA.- Aglomeración de gente.


REPRIMENDA.- Especie de bronca fuerte.


REQUEMEQUE.- Especie de remordimiento que, al no ser exteriorizado, evoluciona en la intimidad de la persona con una evidente e incomoda ansiedad.


RESCOLDERA.- Estado de incomodidad muy desagradable originado por una especie de escozor en el estómago durante la digestión. Suele producirse como consecuencia de excesos en el comer y en el beber.


RESCOLDÍN.- Rescoldo.


RESCOLDO.-  Últimos calores de una hoguera antes de apagarse del todo.


RESOBAR.- Contactar  en demasía con manos o cuerpo. Se aplica a situaciones en las que se produce abundante palpación o manoseo.


RETESTINAO /Á.- Retestinado/ a.- Dícese del material o suciedad que, a base del paso de tiempo,  queda  incrustada y resulta difícil de quitar.


RETESTINAR.- Dejar que algo se haga viejo en suciedad. Figuradamente, dejar algo sin resolver sine die.


RETIJAR.- Imperfección o especie de pliegue de alguna parte de la ropa,  como consecuencia de una elaboración inadecuada a la forma del cuerpo.


RETINTÍN.-  (HABLAR CON).- Modo de hablar con insinuante y malicioso que pretende molestar el ánimo del receptor.


RETRANCA.- (Hacer).- Provocar una repretera, aglomeración de gente en un lugar angosto.


RESTREGÓN.- Refregón..


RIPIO.-  Piedra pequeña.


RISCAS, LAS.- Topónimo moliniqueño que hace referencia al lugar situado en la salida del pueblo,  desde El Puente y a la derecha en la actual Carretera de Albacete. Tiene que ver con zona de rocas.


RISCO.- Pedrusco de gran tamaño que suele utilizarse para lanzarlo a cualquier objetivo.


ROSCADO /A.- Es un caballero apuesto, galante y algo chulo.


ROSIGAR.- Dar vueltas con la mente a una idea o preocupación, de forma continuada. También se utiliza para hacer referencia al acto de comer la carne próxima al hueso.


RUINERA.- Estado de debilidad casi crónica en que incurrían personas o animales, seguramente, como consecuencia de una alimentación insuficiente.


 


 


 


S


 


SABANEAR.- Llevar a cabo alguna acción de modo especialmente intenso.


SABANEO.- Efecto producido al   "sabanear"  algo. Dar un  "buen sabaneo" es producir efectos muy visibles en el receptor del mismo. Cuando se aplica a la limpieza de algo, hace referencia a una labor en profundidad.


SAGATO.- Lumbre hermosa;  hoguera importante.


SALEGÓN.- Especie de arenilla especial para pulir. Se utilizaba para fregar utensilios, antes de la proliferación de los detergentes.


SALEGONAL.- Espacio de salegón. Topónimo utilizado para designar determinados yacimientos de este producto y, en concreto, el ubicado en el antiguo Camino de Las Hermanas a Molinicos.


SAMPAMÍ.- "De san - para - mí". Egoísta. Sólo piensa en sí mismo.


SAMUGO /A.-  Persona muy poco comunicativa. Resuelve sus problemas sin dar parte a nadie.  


SANDIO.- Sin gracia. Algo mustio y con aspecto que emana tristeza.


SÁNSARO /A.- Individuo muy soso, lento e inexpresivo.


SAPE.- Expresión utilizada para expulsar a los gatos.


SAPENCO.- Calificativo aplicado a una variedad de caracol que se  localiza en la huerta.


SARABUJO /A.- Niño-a espabilado y gracioso. Puede aplicarse también cuando no se es tan niño. 


SARASA.- Afeminado. Hombre descaramente amanerado.


SARIANA.- Chaqueta o camisa de tela.


SARITA.- Mujer o joven que habla envolviendo a los demás.


SEJO.- Sesgo. Decisión o camino a tomar. Usado en sentido negativo, "tomar mal sejo" se utiliza para anunciar que el asunto de referencia adquiere una trayectoria inconveniente.


SESTERO.-  Lugar de descanso,  como para echar la siesta las personas o los animales.


SIERRA.-  Sierreceta, sierrecilla.- En este contexto, se aplica a aquel tipo de reneguina crónica y agobiante con que suele castigar  alguna persona que suele ser más fuerte emocionalmente que otra, con el propósito de influir en la conducta de la segunda.


SIETE.- Roto de forma angular en la ropa,  conocido como  "el ejarrajo de la Abuela Casimira" en el juego de la lotería.


SIN TON NI SON.- Sin venir a cuento.


SOLAPUDO /A.- Excesivamente reservado. 


SOLAPUDONA.-  Peculiar aumentativo del femenino  solapuda.


SOLISPONES.- Cuando el sol se pone.


SOLIVIANTAO/ Á/.- SOLIVIANTADO /A.- Se aplica para referirse a la persona que se encuentra nerviosa o alterada. Por extensión, puede también referirse a los animales.


SOLIVIANTAR.- Producir nerviosismo a los demás.


SOMANTA.- Paliza importante.


SOMARMUJA.- (A la). Forma de comportamiento que implica un cierto ocultismo en la conducta y que se dilata en el tiempo. (A  la chita callando). Sin que lo perciban los demás.


SOÑISQUERA.- Estado de somnolencia aguda y persistente.


SOPAENSALÁ.- De sopa - ensalada. Algo inoportuno o fuera de lugar.


SOPIABAJO.- Hacia abajo.


SOPIARRIBA.-  Hacia arriba.


SOPITAINA.- Sopa de cualquier cosa o poca consistencia.


SORCHANTE.- Variedad amable de sorche.


SORCHE.- Individuo un poco descarado y con tendencia a desviarse de la norma social.


SULSO.- Con poca resolución. De escasa gracia.


SUNSUNEAR.- Hablar en voz baja y como en secreto. 


 


 


 


T


 


TABARDILLO.- (Coger un).- Se utiliza en la acepción de coger un constipado.


TAIRE.- Denominación de golpe o torniscón.


TAL PARA CUAL.- Expresión de tono despectivo que viene a significar que "uno merece a su pareja".


TAMPARANTÁN.- Especie de montaje hecho con tableros para divisorias que suelen ser poco consistentes.


TANGALLO /A.- Persona que suele alcanzar una talla muy superior a la del resto de sus iguales. Grandullón.


TÁNGANA.- En el juego del "chusco", se consideraba así a la situación en la que,  al derribar el cilindro, los "trofeos" quedaban más próximos al mismo que a la chapa lanzada por el jugador, de modo que éste no se convertía en su propietario todavía. La expresión "sacar de tángana" equivale a   "sacar a uno de sus casillas".


TANGANILLO.- Especie de armazón de escasa consistencia y poca importancia.


TANTARANTÁN.- Tamparantán.


TARDIÓN.- Espera muy prolongada a que se obliga a alguien. Dar un tardión es hacerse esperar demasiado.


TARIFAR.- Reñir o pelearse de forma violenta o inesperada.  "Salir tarifando" es finalizar una relación de modo violento.


TAROQUE.- Cierre de la puerta. "Echar el taroque".


TARQUÍN.- Especie de suciedad que suele posarse al fondo de los líquidos en reposo, con el paso del tiempo.


TARRAQUE.- Tablado, espacio elevado. También se aplica a establecimientos comerciales de no mucho volumen y enjundia.


TELENDO /A.- Indiferente. Dícese de quien, tras una situación complicada, aparenta quedar indemne. 


TEJEMANEJE.- Enredo interesado. Tipo de maniobra que se organiza para tapar asuntos no muy claros.


TEJO.- Trozo de teja.


TELENDO /A.- Indiferente. Dícese de quien, tras una situación complicada, aparenta quedar indemne. 


TEN CON TEN.- Expresión que viene a significar prudencia e imparcialidad.


TENER LUGAR.- Expresión que literalmente hace referencia a la posesión de espacio (lugar), pero que en el habla,  se utiliza para expresar la disponibilidad de tiempo horario.


TENGUERENGUE.- Situación de inestabilidad. Se aplica a la situación en que se encuentran los  estaribeles que amenazan con derrumbarse a la más mínima.


TÍTERE.- Enorme y apasionada ilusión focalizada en una persona o en un acontecimiento. El objetivo del "títere" oscurece cualesquiera otras acciones del intelecto.


TONTO DEL PIJO.- (Tonto'el pijo). Persona muy poco agradable para el que habla. Apelativo de desprecio.


TONTO HABANERO.- Que se cree todo. Persona muy ignorante.


TORA.- Mujer brava. Niña fuerte y traviesa.


TORNISCÓN.- Especie de golpe manual que se propina generalmente en el cogote o la cabeza del paciente.


TOROZÓN.- Ataque violento de las caballerías. Subida. Calorada. Patatús. Pipiritaje.


TOSCOROSCO.- Ese momento del día en que empieza a oscurecer y a verse poco con la luz del sol.


TRAJÍN.- Acción de trajinar. Mucho trabajo y en circunstancias de incomododidad.


TRAJINAR.- Deambular de un lugar a otro  con aparatosa diligencia, a modo de trabajo. Dícese también del conjunto de maniobras más o menos simuladas y discretas,  orquestadas para lograr un objetivo. Por ejemplo: "Trajinarse algo o a alguien".  


TRANCAZO.- Golpe con una tranca, estaca o palo. Se utiliza también para identificar un determinado ataque gripal.


TRAPAJADA.- Trapajá.- Caída todo lo largo que se es.


TRASLAPAR.- Montar la tela de una parte de la solapa en la otra.


TRATANTE.- Que se dedica a comprar y vender, especialmente animales (caballerías, ovejas, corderos, etc.)


TRENQUES  (estar hasta los).- Cuando el nene, durante la noche,  ha soltado una gran mearra, se dice por la mañana  que “está hasta los trenques”.


TRIPERO.- Que le gusta comer bien, en cantidad y calidad. A veces a costa de otros: "de gorra".


TROCHE Y MOCHE  (A).- Dícese de algo que se reproduce con excesiva reiteración y escaso control.


TRÓNGUILE.-  Truquillo. (Coger el trónguile). Descubrir alguna particularidad que favorece la ejecución de algo.


TRUÑO.- Algo gordo y macizo. " Ponerse como un truño " equivale a  engordar.


TUBA.- Voz utilizada para llamar al perro.


TUERAS.- (AMARGO COMO LAS).- Se aplica para referirse a algún alimento muy amargo.


TUSO /A.- Aspecto muy serio de una persona, rayano en la antipatía.


 


 


U


 


UNTAR.- Manchar o ensuciar, generalmente con productos aceitosos.


UNTO.- (Sacar el). Aprovecharse al máximo de algo o de alguien.  


 


 


V


 


VENCEJO.- Especie de cuerda.


VENTILARSE.- Se utiliza en una acepción relativa a terminar o concluir alguna actividad. "Se lo ha ventilado...".


VERICUETO.- Lugar alto, quebrado y  pendiente. Determinado y concreto topónimo que se refería a la ladera situada bajo el Cuartel de la Guardia Civil de Molinicos, usado en plural:  "Los Vericuetos".


VITANGO.- Paseo que suele darse en momentos inconvenientes.


VITANGUERO /A.- Persona a quien gusta mucho de la calle y que suele abandonar todo tipo de obligaciones para pasear a cualquier hora y lugar.


VOMITAR.- Pagar su parte en una deuda. Suele usarse también para hacer referencia a hecho de revelar algún secreto o noticia.


 


X


 


 


 


Y


 


YERBENSECO/ A.- Se aplica a personas cuyo comportamiento habitual es excesivamente inquieto y propenso al sufrimiento, generalizando su estado de ánimo entre los que le rodean.


 


 


 


Z


 


ZALEO.- (Dar).- Suele utilizarse en plural para referirse a la acción de mover de un lado para otro.


ZAMARRO /A.- Persona  muy malas costumbres y escasa competencia.


ZÁMBIGO /A.- Personaje que suele trabajar muy poco, pero gusta de la buena vida. Gamberro y mal educado. 


ZÁNGANO /A.- Dícese de la persona joven que suele andar a su aire. 


ZANGUANGO /A.- Persona liante o tramposa. También se aplica el vocablo para referirse a una determinada comida compuesta de bacalao, patatas y otros ingredientes.


ZANGUANGÓN / A.- Persona cachazuda, de paciencia exasperante y escasa resolución.


ZANZANEAR.- Zarzanear.


ZAPAPOSTE.- Especie de barrizal originado generalmente en las calles sin pavimento, al verter agua.


ZAPATIESTA.-  Lío, desorden, ruido escandaloso.


ZARZANEAR.- Ir de un sitio para otro sin venir demasiado a cuento.


ZASCANDIL.- Persona que es propensa a zascandilear.


ZASCANDILEAR.- Andar de acá para allá sin nada concreto por hacer. Enredar y engañar con astucias. Actuar de modo despreciable.


ZOMPEAR.- Desarrollar una actividad de forma muy insegura, dubitativa y con errores abundantes.


ZOMPEO. Acción y efecto de zompear.


ZOMPO.- Sinónimo de trompo (peonza). Se usa también para designar el zuro de la panocha. Por analogía, se utiliza para referirse a una persona de corta estatura y gruesa figura.


ZOCO.- Zurdo.


ZOCOTE.- Que no es muy inteligente.


ZOQUETE.- Es un zocote en expresión un poco más amable.


ZOROTE.- Excremento humano. Suele tener formas redondeadas y volumen particular.


ZORULLO.- Especie de zorote de mayor tamaño.


ZORROMOSTRO.-  Arruga, pliegue, orilla gruesa. Bulto o borde en la ropa.


ZUÑO.- Especie de rencor que permanece en el tiempo y se exterioriza con gran antipatía.


ZURCACHEAR.- Danzar por los zurcachos en búsquedas muy poco eficaces.


ZURCACHO.- Aposento pobre, pequeño y desarreglado. Espacio inmundo de pequeño tamaño.


ZURO.- Parte de la panocha ( o mazorca) de la que se han extraído los granos de maíz.


ZURREAR.- Lanzar un objeto con desdén y sin contemplaciones.


ZURRIBULLE.- ( Zurcibulle) Término utilizado para hacer referencia a un modo de comportamiento basado en la inquietud y la movilidad excesiva de un lado para otro.