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jueves, 12 de febrero de 2026

Revisión de los pueblos manchegos por Lonely Planet

 Almagro, San Carlos del Valle, Almadén y otros pueblos con encanto en Ciudad Real, en El País, Lonely Planet, 15 ene 2026:

En la provincia asociada al Quijote hay mucho que ver: historias de caballeros y castillos templarios, minas milenarias, parques como el de Cabañeros, las Tablas de Daimiel o las Lagunas de Ruidera, teatros del Siglo de Oro o bodegas en volcanes.

Pueblos con encanto en Ciudad Real

Es una de las provincias que pasan más desapercibidas, siempre asociada al Quijote. Pero ese enorme territorio al sur de Madrid y al norte de Andalucía, hay mucho más que historias quijotescas y paisajes manchegos: historias de caballeros y castillos templarios impresionantes, minas milenarias que nos descubren las posibilidades del turismo industrial, espacios naturales de primer orden, como el Parque de Cabañeros, las Tablas de Daimiel o las lagunas de Ruidera, teatros del Siglo de Oro donde se siguen representando comedias o bodegas en volcanes. Con pocos turistas, es todo un descubrimiento. Estos son algunos pueblos con encanto de parada imprescindible.

1. Almagro, un viaje al Siglo de Oro

Sin duda, es el destino más llamativo e interesante de Ciudad Real, un conjunto armónico de mansiones, de iglesias y edificios civiles y religiosos interesantes, todo en torno a su espectacular plaza mayor y al teatro clásico. Con su singular arquitectura, y sus galerías pintadas de color verde, la plaza es la imagen más fotografiada de esta población, famosa sobre todo por su Corral de Comedias del Siglo de Oro. Este teatro es el único que se conserva intacto del siglo XVII y preside el centro de esta plaza rodeada por soportales bajo balconadas. En los alrededores hay muchísimas iglesias, como las de San Agustín o San Bartolomé, museos, como el del Encaje o el novedoso y casi recién estrenado Museo Nacional de Artes Escénicas instalado en los Palacios Maestrales edificados por la Orden de Calatrava. Aunque nada de esto hace sombra al Corral de Comedias, que cada mes de julio alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico junto con otros espacios repartidos por todo Almagro.

Callejeando, se descubre que Almagro es mucho más que su plaza y que hay muchos edificios interesantes que hablan de otros tiempos, cuando la ciudad fue centro cultural y económico del país. Por ejemplo, el almacén de Fúcares, otro edificio de lo más interesante es el almacén de Fúcares, del siglo XVI, que fue construido por la familia de banqueros alemanes Fugger, que ayudaron al emperador Carlos V y dirigían la explotación de las minas de Almadén desde Almagro. Fueron ellos quienes trajeron la banca moderna y el encaje de bolillos. Actualmente es un centro de formación universitario, pero se puede visitar. También encontramos un interesante Parador Nacional instalado en un antiguo convento del siglo XVII, y otros rincones como el convento de la Asunción o el interesantísimo palacio de los Condes de Valparaíso.

Y hay más: bares donde sirven las famosas berenjenas, tiendas de artesanía presididas por los famosos encajes y, sobre todo, teatro, mucho teatro, son las señas de identidad de un destino que merece un viaje de más de un día.

2. Bolaños, Calzada, Valenzuela… de Calatrava y otras fortalezas de caballeros medievales

Lo más impresionante de la comarca de Calatrava, en torno a Almagro, no son sus pueblos, sino sus castillos, y en concreto el Castillo de Calatrava la Nueva, un lugar impresionante en el que es imposible no soñar con tiempos de caballeros, guerreros y monjes templarios. Está en Aldea del Rey y, con sus más de 45.000 metros cuadrados, fue la gran fortaleza de los calatravos, erigida para ser la gran sede de su orden, sustituyendo en el siglo XIII a la ciudad de Calatrava la Vieja. Pero esta población también tiene su castillo y es una de las ciudades islámicas más antiguas de la península, antigua capital de la región. Hoy se puede ver el yacimiento. En el siglo XII, la ciudad pasó a manos cristianas, se fundó la Orden de Calatrava, integrada por monjes guerreros, y se comenzó a trasladar el poder al nuevo e impresionante castillo nuevo, que estaría en funcionamiento hasta 1804.

En esta comarca, todo son referencias a los famosos caballeros, (Bolaños, Calzada, Valenzuela… todos apellidados de Calatrava). Bolaños es famoso por el castillo de doña Berenguela, una fortaleza que se construyó para proteger la vía militar que unía Toledo y Córdoba. En Ballesteros hay un palacio, el de la Serna, que es una granja de estilo neoclásico hoy convertida en hotel-museo. Y en Calzada, encontramos el castillo de Salvatierra, en el cerro de la Atalaya frente al enorme castillo de Calatrava la Nueva, pero la referencia obligada es más actual: Pedro Almodóvar. Aquí nació y aquí podemos descubrir su particular universo creativo en el llamado Espacio Almodóvar. El pueblo está rodeado de volcanes, viñas, cereal y olivos, que dieron lugar en parte al universo estético y emocional del cineasta: casas encaladas, calles estrechas y vida tranquila, en contraste con sus originales universos urbanos. El universo almodovariano está presente en una “ruta” que pasa por un parque con su nombre y una escultura dedicada, por el citado Espacio Almodóvar, o por un antiguo silo cubierto por murales gigantes inspirados en su particular estética, pintado por el artista urbano Okuda San Miguel

3. San Carlos del Valle, el Vaticano manchego

A este pueblo por el que pocos pasan lo llaman el Vaticano del Valle y, en cuanto se llega a su plaza Mayor, se descubre por qué. La protagonista es la iglesia del Santísimo Cristo del Valle, un edificio del barroco tardío, ya casi neoclásico, con una impresionante cúpula y cuatro torres, cada una con un chapitel de estilo madrileño. El arquitecto proyectó a la vez de la iglesia una gran plaza, de forma que sirviera a modo de atrio, como un conjunto, igual que en San Pedro del Vaticano. La plaza resulta así un enorme rectángulo en el que se levanta también a un lado, el Ayuntamiento, y a otro la Casa Grande de la Hospedería, con un patio de carros y galerías de madera. La plaza impresiona por sus columnas toscanas, sus galerías corridas y sus arcos de entrada.

Pese a este inesperado conjunto, San Carlos es un pueblo discreto, en el centro del triángulo que forman Valdepeñas, La Solana y Villanueva de los Infantes, por el que no pasa mucha gente a pesar de su larga historia y su interesante entorno natural. Además de la plaza, merece la pena pasear por sus calles para descubrir un típico pueblo manchego, escaparse a lugares cercanos, como Villanueva y La Solana, o recorrer alguno de los senderos a los cerros de La Piedra del Agua, de Los Curas o de La Mojonera. No muy lejos, tenemos uno de los reclamos naturales más bellos de Ciudad Real: las Lagunas de Ruidera.

4. Campo de Criptana y los gigantes cervantinos

El territorio del Quijote tiene también sus hitos y sus pueblos con más o menos encanto. La primera parada imprescindible es Campo de Criptana, que fue exactamente donde Don Quijote se enfrentó a los gigantes que resultaron ser molinos de viento. El pueblo llegó a tener 34 y hoy todavía quedan diez, de los cuales tres son del siglo XVI, de tiempos del Quijote: el Infanto, el Burleta y el Sardinero. Entre los más modernos, hay uno dedicado a la pintura, otro a la labranza e incluso uno dedicado a la actriz autóctona, Sara Montiel.

Sus molinos siguen siendo de visita obligada y el reclamo para que recalen aquí hordas de turistas japoneses, pero también hay otros lugares con encanto en este tipiquísimo pueblo manchego de arquitectura tradicional de casas blancas y tejas árabes, calles estrechas y empinadas y paradas obligadas: la iglesia, el Pósito Real o La Tercia.

Además de las referencias histórico-literarias que obligan a pararse, resulta uno de los pueblos más bonitos de Ciudad Real. Bajo los moninos comienza un barrio que llaman el “Albaicín criptense”, con las típicas casas encaladas con zócalo azul añil, o la Casa cueva la despensa.

5. Villanueva de los Infantes, el pueblo de Cervantes

Otro pueblo con encanto en la ruta cervantina: Villanueva, capital del Campo de Montiel. Lope de Vega escribió sobre ella: “Llámese Villanueva de las Musas y no de los Infantes”. Pero no solo Cervantes estuvo por aquí: Quevedo murió en su convento de Santo Domingo, donde todavía se conserva la celda en la que escribió sus últimos poemas.

Muchos aseguran que ese “lugar de La Mancha” del cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes es concretamente Villanueva de los Infantes. Sea como sea, resulta una buena parada en cualquier recorrido por la provincia, con sus palacios, casas de nobles y sus muchísimos escudos por toda parte. Es un referente del Barroco y el Renacimiento manchegos, como puede comprobarse en la imponente plaza Mayor (siglo XVII), presidida por el ayuntamiento, como mandan los cánones.

Otra parada obligada es el Hospital de Santiago, fundado por la Orden de Santiago en el siglo XVII para atender a pobres, viudas, enfermos y transeúntes. O la Alhóndiga, que fue pósito y casa de contratación pero luego se transformó en cárcel. O las casas del Arco, de los Estudios, del Marqués de Entrambasaguas… edificios todos muy destacables. Solo hay que pasearse por la calle Cervantes, donde se instalaban las familias nobles, para darse cuenta de lo que fue Villanueva en otros tiempos, con sus preciosas portadas y blasones, con sus conventos, monasterios, santuarios, grandes iglesias...

6. Puerto Lápice, parada y fonda en la Ruta de Don Quijote

El Quijote es uno de los ejes para adentrarse por estas tierras. Y en sus páginas aparece Puerto Lápice, de quien Cervantes ya decía que era “lugar muy pasajero”. Hoy sigue siendo una localidad de paso porque la atraviesan la A-4, la autovía de los Viñedos CM-42 Toledo-Albacete y la N-420 Tarragona-Córdoba. Así que la parada es casi obligada. Allí nos espera el típico pueblo manchego de casas encaladas y calles laberínticas y sobre todo una original plaza mayor de dos plantas con soportales apoyados sobre zapatas y pies de madera, pintados en el característico color almagre de la zona. Callejeando aún hay más, como la iglesia del Buen Consejo, renacentista, o las ermitas de San José y de San Isidro.

Pero lo mejor de Puerto Lápice son sus ventas, esas posadas/tabernas centenarias que son el origen de esta población siempre de paso. En sus patios es fácil evocar muchos pasajes de la novela de Cervantes. La más famosa de todas es la Venta del Quijote, pensada como un museo homenaje a Don Quijote y su vida andariega, llena de referencias visuales quijotescas. Pero al margen de la puesta en escena, es una venta auténtica, con un patio central alrededor del cual se distribuyen distintas estancias, entre ellas un restaurante. La pega: siempre está lleno de turistas y los japoneses lo incluyen como referencia imprescindible en sus viajes tras los pasos del Quijote. Aún así, merece la pena.

7. Viso del Marqués: la Marina muy lejos del mar

Todo los que llegan hasta aquí se preguntan por qué la Marina Española decidió instalar su Archivo en un lugar tan de secano y tan alejado del mar como es Viso del Marqués. La respuesta es que aquí, en plena Sierra Morena, es donde nació Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz y almirante de la Marina Real en el siglo XVI. Aquí quiso fijar su residencia por ser un punto estratégico equidistante de la corte madrileña y de las bases navales de sus escuadras en Cádiz, Cartagena y Lisboa. Por eso llegaron hasta aquí numerosos artistas italianos para decorar su palacio, que hoy alberga el Archivo-Museo de la marina Don Álvaro de Bazán, que guarda 80.000 legajos con formación relativa a la historia de la Marina desde 1784 hasta la guerra civil. El edificio es una joya arquitectónica del renacimiento español con impresionantes fachadas, patios y jardines. Sigue siendo de los marqueses de Santa Cruz que se lo alquilan anualmente por un simbólico billete antiguo de una peseta al año.

El Archivo es lo más interesante pero este pueblo tiene también una iglesia gótico-renacentista famosa por el cocodrilo del Nilo que trajo el marqués de una de sus expediciones, y que ahora, disecado, decora una de sus paredes.

El entorno del pueblo invita a la tranquilidad y a descubrir rincones como la Hoya de Cervera o el Macizo de Calatrava, para hacer senderismo u observar aves. Y no muy lejos de aquí está el Parque Natural de Despeñaperros.

8. Almadén y el turismo de patrimonio industrial

Almadén significa en árabe “la mina” y esto lo dice todo. El Parque Minero de Almadén es el lugar que centra cualquier visita al pueblo: una inmersión en una de las minas más antiguas del mundo. Este pueblo y sus famosas minas de cinabrio (las más importantes del planeta) están un poco apartada de todo, casi camino de nada. La industria minera aportó mucha riqueza a estas tierras que hoy están casi escondidas, pero desde la época romana hasta hoy, Almadén ha sido uno de los centros más importantes de minería en el mundo, dedicado a la extracción de mercurio. Por eso, lo más interesante de visitar es su Museo de la Minería, donde se pueden contemplar antiguos objetos y herramientas usadas en la extracción del mercurio y aprender sobre la vida y el trabajo de los mineros de la zona.

En torno a la riqueza de las minas surgieron edificios importantes, como la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, gótico del siglo XV, o el castillo de Almadén, del siglo XVI, con unas estupendas vistas panorámicas del pueblo y sus alrededores, o las bodegas de vino locales.

Y hay más, todo siempre ligado a las minas: el Real Palacio de la Superintendencia del siglo XVIII, que era el edificio destinado a viviendas de los superintendentes y también albergaba las oficinas de contabilidad y pago. O los museos, como el Arqueológico Etnográfico o el Museo Taurino. O el Real Hospital de Mineros de San Rafael que además es museo y también sede del Archivo Histórico de las Minas de Almadén.

Especialmente curiosa resulta la plaza de toros, de forma hexagonal y con 24 viviendas de dos plantas adosadas en su exterior, formando un original conjunto urbano. En su día, los alquileres se añadían a la recaudación de las corridas y se destinaban a la construcción del hospital de Mineros de San Rafael.

9. Fuencaliente, un pueblo para relajarse y contemplar estrellas

Casi en la frontera con Córdoba, Fuencaliente fue siempre un lugar de paso obligado hacia el sur de la península. Hoy es uno de esos pueblos blancos, de callejuelas encaramadas entre peñas en las faldas de La Serrezuela, dentro del Parque Natural del Valle de Alcudia y Sierra Madrona. Un pueblo de esos en que lo único que hay que hacer para disfrutar es perderse paseando.

Fuencaliente, su nombre lo indica, debe su existencia a las numerosas fuentes de agua natural y a un balneario de aguas termales en el centro del pueblo. En los alrededores, hay paseos con miradores para contemplar el pueblo desde lejos, además de varios yacimientos de pinturas rupestres por todo el valle. Es también perfecto para contemplar las estrellas (es destino certificado Starlight).

10. Horcajo de Los Montes y el parque de Cabañeros

Hay que irse ya muy lejos, casi camino de Extremadura, para encontrarse con una de las joyas naturales de la provincia: el parque de Cabañeros. Allí hay pocos pueblos, pero uno de ellos, Horcajo de los Montes, resulta uno de los pueblos más bonitos de Ciudad Real. Parte de su territorio pertenece al Parque Nacional, reclamo más que suficiente, pero, además, podremos descubrir que es un típico pueblo manchego de calles pintorescas que se adaptan al terreno, con un ambiente tranquilo y buena gastronomía tradicional.

En su Museo Etnográfico se recogen las técnicas de construcción, las herramientas de labranza o sus principales artesanías, como el cuero o los juncos. No falta la iglesia, en este caso la parroquia de San Antonio Abad, muy sencilla, del siglo XIV, y sobre todo, un entorno excepcional: senderos, parajes y fauna. Muy cerca del pueblo está el salto de agua de La Chorrera, de unos 15 metros de altura.

martes, 6 de enero de 2026

Descubiertas treinta familias de quincalleros que hablan mozárabe antiguo entre ellos.

 [Transcrito electrónicamente de un vídeo de YouTube y corregido de errores después. Para oírlo haz click en el enlace directo]

[Segunda corrección: purga de las faltas de ortografía de la transcripción mecánica] 

 Bienvenidos al archivo oculto de Nuestra Sangre. En España existe un idioma que la policía no puede traducir. Los lingüistas de la Universidad Complutense llevan 30 años intentando descifrar su origen. No es español, no es calo-gitano, no es germanía medieval. Tiene 3000 palabras que no aparecen en ningún diccionario conocido, y solo lo hablan 500 familias que viven en las afueras de Madrid, Sevilla y Barcelona. Mira este documento. Grabación de la Guardia Civil, 1987. Dos hombres hablando en una lengua desconocida durante un interrogatorio. 

Los traductores oficiales dijeron: "No podemos identificar el idioma." 38 años después, en 2025, un estudio de la Universidad de Granada propuso una teoría que cambió todo. Esta lengua es mozárabe, el romance que hablaban los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval. Un idioma declarado extinto en el siglo XIII, pero sobrevivió en las bocas de los mercheros. En este vídeo descubrirás algo que el 95 % de españoles ignora, que en tu país existe un pueblo oculto con una lengua que nadie entiende, y que esa lengua es más antigua que el español moderno. Quédate hasta el final, porque a los 11 minutos vas a escuchar una grabación de 1974 donde una anciama merchera canta una canción, y un filólogo de Oxford confirmó que las palabras son del siglo XI: mozárabe puro. Te mostraré documentos que nunca se publicaron, testimonios que la televisión española rechazó y la historia de un hombre que descubrió que su familia guardaba el idioma perdido de Al Ándalus sin saberlo. Su nombre es Antonio Jiménez Vargas. Tiene 63 años. Nació en Villaverde Bajo, Madrid, en 1962. 

Durante toda su vida trabajó como chatarrero, como su padre, su abuelo, su bisabuelo. Los Jiménez son mercheros, una comunidad nómada que comercia con metales, que vive en caravanas, que habla un idioma secreto llamado quincalla o lengua de los fierros. Antonio siempre creyó que su lengua era jerga de ladrones, algo inventado para ocultar conversaciones de la policía. Eso le dijeron, eso repetía. Pero en febrero de 2025, un lingüista de la Universidad de Granada llamado Dr. Manuel Alvar Rodríguez contactó con Antonio después de escuchar una grabación suya en un documental de 2010. Le dijo, "Usted no habla jerga, usted habla mozábe del siglo XII. Su familia preservó un idioma que desapareció hace 800 años." Antonio no lo creyó. Pensó que era broma, pero el doctor Álvar mostró transcripciones, comparaciones con jarchasmos árabes, contextos de Toledo del año 1100. Las palabras coincidían, la fonética coincidía. Y entonces Antonio entendió: su abuela, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, hablaba la lengua de los cristianos de Al Ándalus, la lengua que los rayos católicos intentaron borrar, la lengua que sobrevivió en las bocas de los marginados, los excluidos, los que nadie escuchaba [...] 

Antonio Jiménez Vargas nació el 12 de abril de 1962 en una chabola de chapa y madera en Villaverde Bajo, sur de Madrid. Su padre, José Jiménez el Fierro, tenía 32 años. trabajaba comprando y vendiendo chatarra, cobre, hierro, aluminio. Su madre, Dolores Vargas, 30 años, limpiaba casas. Tenían cinco hijos. Antonio era el tercero. La familia vivía en un poblado de unas 40 caravanas y chabolas, todas de familias mercheras, los Vargas, los Jiménez, los Carmona, los Reyes. Entre ellos hablaban quincalla. Con los payos, así llamaban a los no mercheros, hablaban español. Pero había algo extraño que Antonio notó desde niño, aunque no tenía palabras para explicarlo. 

Cuando su abuela Encarnación hablaba quincalla, usaba palabras que nadie más usaba, palabras que ni su padre ni sus tíos entendían del todo. Ella decía albalat para pueblo, decía sharamat para río, decía calv para corazón. Y cuando Antonio preguntaba, ¿qué significa? Ella respondía, "Es lo que hablaban los viejos, no preguntes." En la escuela, Antonio fue 3 años, de 1968 a 1971.

Los maestros le decían que su lengua era jerga de delincuentes. Un día, en 1970, el profesor de lengua, don Emilio, escuchó a Antonio hablar con su primo en el patio. Los llevó al despacho del director, les dijo, "esa lengua es de ladrones. Aquí se habla español. Si os vuelvo a oír, expulsión". Antonio tenía 8 años. No entendió por qué su lengua era mala. En casa, su padre le explicó: "Los payos no nos quieren. Piensan que somos gitanos, pero no lo somos. Piensan que robamos, pero trabajamos. Y piensan que nuestra lengua es invento de criminales. No les hagas caso. Nuestra lengua es nuestra sangre." 

Pero nadie en la familia sabía de dónde venía esa lengua. Nadie sabía que cada palabra que pronunciaban era un fósil lingüístico de 800 años. Pero lo que Antonio no sabía entonces, lo que nadie en su familia sabía, era que esa lengua llevaba un secreto enterrado desde 1492, un secreto que cambiaría todo cuando un sobre blanco llegara a su casa en febrero de 2025. ¿Alguna vez escuchaste palabras en tu familia que nadie más usa? Palabras que tus abuelos decían, pero nadie sabe qué significan? Escribe en comentarios. Tal vez tú también hablas un idioma oculto. En 1985, Antonio tenía 23 años. Ya trabajaba con su padre en el negocio de chatarra. Se había casado con Amparo, una mujer merchera de Sevilla. Tenían dos hijos. Vivían en una caravana en San Blas (Madrid) y seguían hablando quincaya en casa. Pero Antonio empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué los mercheros hablaban diferente a los gitanos? Los gitanos hablaban caló, una mezcla de romaní y español. Pero el quincalla no sonaba igual. Las palabras eran distintas, la gramática era distinta. En 1987, la Guardia Civil detuvo a Antonio y a su primo por una denuncia falsa de robo de cobre. Los interrogaron durante 6 horas. Antonio y su primo hablaron en quincaya entre ellos mientras esperaban. No sabían que los estaban grabando. Un mes después, el caso se cerró por falta de pruebas, pero la grabación quedó archivada en el Ministerio del Interior. Y en 2010, un lingüista llamado doctor Manuel Alvar Rodríguez de la Universidad de Granada estaba investigando lenguas minoritarias de España para un proyecto europeo. Pidió acceso a grabaciones policiales de idiomas no identificados. Le dieron la cinta de Antonio. El doctor Alvar escuchó la grabación, quedó paralizado. No era caló, no era germanía, la jerga de los pícaros del Siglo de Oro. No era español arcaico, era otra cosa. Transcribió 40 minutos de  conversación, identificó 300 palabras únicas. Las comparó con diccionarios de caló, con germanía, con jergas de toda Europa.

Nada. Entonces hizo algo que ningún lingüista había hecho antes. Comparó las palabras con textos mozárabes del siglo XI al XIII, textos escritos por cristianos que vivían bajo dominio musulmán en Toledo, Sevilla, Córdoba, textos en un romance arcaico mezclado con árabe y encontró coincidencias, 20 palabras, 30, 50 palabras que no existían en español moderno, pero que aparecían en las jarchas, poemas mozárabes del siglo XI. Por ejemplo, albalat, pueblo, aparece en documentos mozárabes de Toledo, 1143; sharamat, río, del árabe sharima, usado por mozárabes de Sevilla. Calv, corazón, del árabe calv, pero pronunciado a la mozárabe. Forno, horno de latín furnus. Forma mozárabe, no española. En español es horno. Mater, madre. Del latín mater, no del español madre. El doctor Alvar publicó un artículo preliminar en 2012, posibles restos de mozárabe en hablas marginales de España. Nadie le hizo caso. La comunidad académica lo ignoró. Demasiado controvertido, demasiado increíble. Un idioma muerto sobreviviendo en bocas de chatarreros. Imposible. Pero el doctor Alvar no se rindió. Pasó 13 años buscando más grabaciones, más hablantes y en 2025 encontró un documental de 2010 sobre mercheros en YouTube. Ahí estaba Antonio Jiménez hablando quincalla con su padre. El doctor Alvar transcribió, analizó y confirmó. Antonio hablaba mozárabe, un mozárabe contaminado por español moderno, sí, pero mozárabe al fin.

Según el estudio del doctor Alvar, publicado en marzo de 2025 en la revista Estudios de Lingüística Hispánica, el quincaya merchero tiene 3047 palabras únicas, de las cuales 1200 no tienen origen conocido en español, caló, germanía o árabe moderno. Pero 820 palabras coinciden con textos mozárabes del siglo XI-XIII. Esto significa que los mercheros hablan el último dialecto vivo del mozárabe, una lengua que se creía extinta desde 1492. 

Y entonces, en febrero de 2025, el dr. Alvar envió un sobre a Antonio. Dentro había un estudio de 50 páginas y una pregunta que cambió la vida de Antonio para siempre. ¿Sabe usted que su familia habla la lengua de los cristianos de Al-Ándalus? [...] 

15 de febrero de 2025, 18:45 horas. Antonio Jiménez llegó a su casa en San Blas, Madrid. Después de un día de trabajo. Su esposa, Amparo, le dio un sobre blanco. Remitente: Universidad de Granada, Departamento de Lingüística Histórica. 

Antonio lo abrió; dentro una carta: "Estimado señor Jiménez, mi nombre es Manuel Alvar Rodríguez, doctor en filología románica. He estudiado grabaciones suyas desde 2010. Creo que usted y su familia hablan una lengua que se creía extinta. El mozárabe, el romance de los cristianos bajo dominio musulmán en la España medieval, siglos VIII-XV. Adjunto estudio completo. Me gustaría reunirme con usted para documentar esta lengua antes de que desaparezca. Es un tesoro histórico. Atentamente, Dr. Manuel Alvar Rodríguez."

Antonio leyó la carta tres veces, no entendió la mitad de las palabras. Filología románica, mozárabe, extinta. Llamó a su hijo mayor David, 35 años, que había estudiado en la universidad. Era el primero de la familia. David leyó el estudio adjunto: 50 páginas, tablas comparativas, transcripciones fonéticas. Conclusión, en la página 48: "El idiolecto de la familia Jiménez presenta 800 términos con correspondencia directa en textos mozárabes y Toledo, 1100-1200; Sevilla 1150-1250 y Córdoba, 1200-1300. La fonética conserva rasgos del latín vulgar hispánico preislámico. Hipótesis: los mercheros descienden de poblaciones mozárabes que, tras la reconquista (1492) fueron marginados por no ser cristianos viejos ni musulmanes. Preservaron su lengua en secreto durante 533 años." David miró a su padre. Antonio tenía lágrimas en los ojos. Esto es verdad, preguntó. Papá, dijo David. Esto dice que nosotros, que nuestra familia habla un idioma de hace 800 años, que somos los últimos, que si nosotros desaparecemos, el idioma muere. Antonio llamó a su hermana, a sus primos, a los Vargas, a los Carmona, les leyó la carta. Algunos se rieron. "Es broma. Somos chatarreros, no historiadores." Otros se enfadaron. "¿Para qué remueves el pasado? Déjalo estar." Pero su tía Remedios, 78 años, la hermana de su abuela Encarnación, dijo algo que lo cambió todo. "Tu abuela siempre decía: Nosotros éramos de los de antes, de los que vivían con los moros, pero rezaban a Cristo. Nos echaron de Toledo en 1492. Nos llamaron impuros. Nos quitaron todo y nos fuimos a los caminos. Yo no entendía qué quería decir. Ahora lo entiendo"

Antonio: "Tía, ¿la abuela dijo eso? ¿Cuándo?" 

Remedios: "En 1994, un año antes de morir. Yo tenía 47 años. Estábamos solas. Me agarró la mano y me dijo: -Remedios. Si algún día alguien pregunta de dónde venimos, dile de Toledo, de antes de los reyes, de cuando se podía ser cristiano y hablar como los moros." Yo pensé que deliraba, pero no. Ella sabía. Antonio: "¿Y por qué nunca lo dijo a nadie más?" 

Remedios: "Porque teníamos miedo. Siempre tuvimos miedo. La Guardia Civil nos vigilaba, los espiaban. Si decíamos venimos de Toledo nos preguntarían ¿sois judíos? ¿Sois moros?" Y nos echarían otra vez. Así que callamos. 500 años callando. 

Antonio decidió reunirse con Dr. Álvar, pero antes hizo algo que nunca había hecho. Buscó en archivos municipales de Madrid, en registros de empadronamiento, en documentos antiguos y encontró algo que lo dejó sin aliento. [...] El 8 de marzo de 2025. Antonio viajó en tren a Toledo con el doctor Alvar; fueron juntos al Archivo Histórico Provincial de Toledo, calle Trinidad 10. El doctor Alvar buscó legajos del siglo XV, registros de bautismos, censos de conversos, listas de expulsados. Pasaron 4 horas revisando documentos amarillentos que olían a humedad y siglos. Y entonces, en el legajo 1492/56, folio 34r, fechado el 12 de mayo de 1492, encontraron esto: un registro de familias mozárabes de la parroquia de San Nicolás, Toledo, expulsadas por orden de los Reyes Católicos. La razón: no son cristianos de sangre limpia, son cristianos de nombre, pero hablan lengua de moros. Se les prohíbe residir en Toledo. Se les confiscan bienes. Familias: Pedro Jiménez, herrero, 45 años, su esposa María, tres hijos. Juan Vargas, tejedor, 38 años. Su esposa Catalina, cinco hijos. Diego Carmona, alfarero, 52 años. Esposa Leonor, dos hijos. Alonso Reyes, comerciante, 41 años. Esposa Isabel, cuatro hijos.

Antonio leyó los apellidos. Jiménez, Vargas, Carmona, Reyes. Exactamente los apellidos de las familias mercheras de Madrid, Sevilla, Barcelona. No era coincidencia, era linaje. El doctor Alvar tomó fotos del documento, leyó en voz alta. Esto confirma la  hipótesis. Los mercheros descienden de mozárabes expulsados de Toledo en 1492. No eran judíos, no eran musulmanes, eran cristianos que hablaban romance con influencia árabe. Los Reyes Católicos los consideraban impuros porque no hablaban castellano puro, así que los echaron. Y durante 533 años, estas familias vivieron en los márgenes, nómadas, comerciantes, chatarreros, y preservaron su lengua sin escribirla, sin enseñarla en escuelas, solo de boca a boca, de abuela a nieto. Antonio apoyó la frente en la mesa del archivo. Sus manos temblaban. "Mi abuela tenía razón", susurró. "Nos echaron de Toledo y nunca volvimos." El doctor Alvar puso una mano en su hombro. "Ahora vuelves con este documento, con tu lengua, con tu memoria." Pero había más en el reverso del folio: una lista de objetos confiscados a la familia Jiménez en 1492.

Un yunque de hierro, tres martillos, un fuelle, 12 herraduras, 20 clavos, una cruz de madera, un rosario, un libro en latín, evangelios. Antonio reconoció algo. Herrero, su familia siempre había trabajado con metales, hierro, cobre, chatarra. No era casualidad, era tradición. 500 años de tradición. El doctor Alvar  tendría otra sorpresa. En el archivo de tradiciones orales de la Universidad de Madrid había una grabación de 1974. 

Una investigadora había grabado a una anciana merchera cantando una canción. La anciana se llamaba Encarnación Vargas. La abuela de Antonio. El doctor Alvar puso la grabación. Voz temblorosa, anciana cantando. Meu calp llora por ti, Meu albalat tan lejano. Mat mía, patre mío, ¿cuándo tornaré a vos?

 Doctor Alvar tradujo: "Mi corazón llora por ti, mi pueblo tan lejano. Madre mía, padre mío, ¿cuándo volveré a vosotros?" Las palabras eran mozárabes. Calv, corazón del árabe, albalat, pueblo mozárabe, mat, patre: madre, padre; latín mozárabe, no español. Antonio lloró. "Ella cantaba esto. Cuando yo era niño. Yo no entendía." Pensaba que era canción inventada, pero no. Era memoria. Memoria de Toledo, de 1492, de la expulsión. 

Pero lo más impactante no era el documento, no era la canción, era lo que un filólogo de la Universidad de Oxford confirmó cuando escuchó la grabación. Lo que dijo ese filólogo. "Has escuchado canciones de tus abuelos que nadie más conoce. Canciones sin título, sin origen. Tal vez son memorias de hace siglos", escribe en comentarios. El doctor Alvar envió la grabación de 1974 al profesor Richard Hitchcock, especialista en mozárabe de la Universidad de Oxford. El 15 de abril de 2025, el profesor Hitchcock respondió por email: "Doctor Alvar, he analizado la grabación. Es mozárabe del siglo XI, posiblemente de la región de Toledo. La fonética es consistente con jarchas mozárabes conocidas. La mezcla de latín vulgar, árabe y romance arcaico es auténtica. No es reconstrucción moderna. No es invento, es transmisión oral directa de hace 800, 900 años. Esto es extraordinario. Si esta mujer aprendió la canción de su abuela, y su abuela de la suya, estamos ante una cadena ininterrumpida de memoria lingüística desde la Edad Media. Es el equivalente oral de un manuscrito del siglo XI. Debe documentarse urgentemente. Profesor Richard Hitchcock, Oxford."

Antonio leyó el email en la pantalla del móvil del doctor Alvar. ¿Qué significa cadena ininterrumpida de memoria lingüística?, preguntó. El Dr. Álvar explicó: significa que tu abuela aprendió esa canción de su abuela, que la aprendió de la suya, Que la aprendió de la suya, sin interrupción desde 1492, 30 generaciones, 533 años, sin escribirla, solo cantándola. Y la lengua no murió porque vosotros la mantuvisteis.

Antonio entendió entonces lo que significaba ser merchero. No eran ladrones, no eran gitanos, no eran chatarreros marginales, eran los últimos mozárabes de España, los últimos hablantes de la lengua del Al Ándalus cristiano, los últimos que recordaban Toledo antes de la expulsión. Y durante 500 años, todos, Reyes Católicos, Inquisición, Guardia Civil, maestros, payos, intentaron borrarlos, pero no pudieron porque la lengua viajaba en la sangre. 

Según el censo de mercheros realizado por asociaciones de chatarreros en 2023, quedan aproximadamente 500-700 familias mercheras en España, Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia. De ellas, solo 120-150 familias aún hablan quincalla y de esas solo 30-40 familias usan palabras mozárabes antiguas. Antonio es una de ellas. Si su generación muere sin enseñar la lengua a los jóvenes, el mozárabe desaparecerá definitivamente, esta vez para siempre.

Y entonces Antonio tuvo que tomar una decisión, la decisión más difícil de su vida. Lo que decidió, si tú fueras Antonio, ¿qué harías? ¿Enseñarías la lengua al mundo aunque te llamen loco? ¿O la guardarías en secreto? ¿Cómo hicieron tus ancestros?

Mayo de 2025. Antonio tenía que elegir. 

Opción uno, colaborar con el doctor Alvar. Documentar la lengua, dar entrevistas. Aparecer en televisión. Explicar al mundo que los mercheros son los últimos mozárabes. Romper 500 años de silencio. 

Opción dos, rechazar todo. Quemar los documentos. Olvidar, seguir viviendo como siempre, proteger a la familia del escrutinio, del odio, de los que dirían: "Sois impostores, sois ladrones usando historia para lavaros la cara." Antonio habló con su familia. Su esposa Amparo dijo: "Si hablas, nos señalarán. Ya nos miran mal. Imagina si dicen que somos los últimos mozárabes: nos convertiremos en un circo. Su hijo David dijo: "Papá, si no hablas, la lengua muere. Y la abuela murió en silencio. ¿Quieres que sus palabras mueran también?" Su tía Remedios dijo: "Yo tengo 78 años. Toda mi vida callé, pero estoy cansada de callar. Diles quiénes somos." 

Antonio decidió. Sí, hablaría. El 12 de junio de 2025, el dr. Álvar publicó el estudio completo "El Mozárabe vivo. Quincalla merchera como último dialecto romance medieval en España". Revista académica. 50 páginas. Archivos adjuntos, grabaciones, documentos de Toledo, transcripciones.

En tres días el estudio fue compartido en redes sociales. Los periódicos llamaron a Antonio, El País, ABC, La Vanguardia, Televisión, la 2, Antena 3... Antonio dio su primera entrevista en la 2 el 20 de junio. El periodista preguntó, "¿Es verdad que usted habla un idioma de hace 800 años?"

Antonio respondió: "No es que yo hable un idioma antiguo, es que mi idioma nunca murió. Solo lo escondimos porque nos obligaron." Lo positivo: lingüistas de toda Europa pidieron colaborar. La Universidad de Salamanca ofreció crear un archivo digital de quincalla. La UNESCO expresó interés en declarar el quincalla patrimonio inmaterial de la humanidad. Lo negativo: en redes sociales, comentarios de odio. "Los mercheros son ladrones inventando historias. El mozárabe está muerto. Esto es fraude. Quieren victimizarse como los gitanos." En el barrio de San Blas, algunos vecinos dejaron de hablar con Antonio. En el bar donde tomaba café, el dueño le dijo, "No quiero problemas. Mejor no vengas más." Antonio pensó. Hice bien. Mi familia está dividida. Mi esposa llora. Mis primos me odian. Valió la pena. Pero entonces recibió una carta de una mujer de Sevilla, merchera, 65 años. Decía a Antonio: "Vi tu entrevista. Lloré. Mi abuela cantaba la misma canción que la tuya. Yo pensaba que estaba loca. Ahora sé que no. Gracias por hablar. Gracias por decirnos quiénes somos." Y Antonio supo que había hecho lo correcto.

Un año después, en enero de 2026, la vida de Antonio había cambiado, pero no como esperaba. Lo que pasó un año después, enero de 2026. Antonio Jiménez tiene 64 años, ya no trabaja como chatarrero. Ahora es informante lingüístico de la Universidad de Granada. Le pagan por enseñar quincalla a estudiantes de Filología. Ha grabado 200 horas de audio, conversaciones, canciones, cuentos. Su tía Remedios también participa. Entre los dos han documentado 2800 palabras, pero el precio fue alto. Su esposa Amparo se divorció en agosto de 2025. No soportó la atención pública. Su hermano José no le habla. Dice que Antonio vendió a la familia por fama. De las 30 familias mercheras que aún hablan Quincalla, solo 10 aceptaron colaborar con el doctor Alvar, las otras 20 lo rechazaron. "Nosotros no somos experimentos", dijeron. Pero también hubo victorias. En noviembre de 2025, la Junta de Castilla la Mancha aprobó una ayuda de 150.000 € para documentación y preservación del quincalla merchero como patrimonio lingüístico de Toledo. En diciembre, la Universidad de Oxford invitó a Antonio a dar una conferencia. Habló en inglés con traductor sobre la memoria oral de su familia. 500 personas en la sala.

Aplausos de pie. Sus nietos de 12 y 14 años ahora aprenden quincalla. Al principio se avergonzaban. Es idioma de abuelos. Pero después de ver a su abuelo en televisión cambiaron. Abuelo, enséñame a decir te quiero en quincalla. Antonio les enseñó: Ámote con meu calp. Los nietos lo repitieron. La lengua no moriría. Al menos no todavía. Antonio dice: "No sé si soy héroe o traidor. Mi familia está rota, pero mi abuela ya no es una loca que cantaba canciones sin sentido. Ahora es parte de la historia de España y eso eso vale algo."

La sangre no miente, pero tampoco habla sola. Necesita bocas, necesita gargantas, necesita nietos que escuchen a abuelas. Durante 533 años, las familias mercheras guardaron un secreto que ni ellas mismas entendían. Hablaban un idioma que el mundo declaró muerto, pero no estaba muerto, estaba escondido. Porque los muertos no cantan y las abuelas mercheras cantaban. Somos lo que dice nuestro ADN o somos lo que elegimos recordar. Antonio no tiene sangre diferente a otros españoles, pero tiene palabras diferentes, palabras de Toledo, de Al Ándalus, de los mozárabes que rezaban en latín pero hablaban con acento árabe, palabras que los Reyes Católicos quisieron borrar. Palabras que la Inquisición llamó impuras. Palabras que la Guardia Civil grabó en 1987, sin saber que eran fósiles lingüísticos de 800 años. El Mozábe no murió en 1492, murió en 2025 cuando las últimas abuelas mercheras dejaron de cantar. O no murió, porque ahora hay grabaciones, hay estudios, hay nietos que aprenden. Y hay un hombre de 64 años que decidió que 500 años de silencio eran suficientes.

Amigos, esta historia es real. Pasó en 2025. Los mercheros existen, el quincalla existe. Y en este momento, mientras ves este vídeo, hay 500 familias en España que hablan una lengua que tú nunca escuchaste. Una lengua más antigua que el español moderno, una lengua que sobrevivió porque nadie la escribió, porque la escribir habría sido delatarse. Así que la cantaron, la susurraron, la escondieron en conversaciones de chatarreros que la policía no entendía. Desde 2015, miles de españoles hicieron tests de ADN y descubrieron que son judíos, moros, gitanos. Pero ¿cuántos descubrieron que son mozárabes? Casi ninguno, porque los mozárabes no tienen ley de retorno, no tienen pasaporte, no tienen sinagoga ni mezquita, solo tienen palabras. Y las palabras en España no bastan para ser reconocido. ¿Harías un test lingüístico si existiera? Si pudieras grabar a tu abuela y un lingüista te dijera: "Ella habla un dialecto del siglo XV." ¿Qué es más valioso? ¿La paz familiar o la verdad histórica? ¿Has notado palabras extrañas en tu familia? Palabras que nadie usa, pero todos entienden? [...] Tal vez tu familia también guarda un secreto de 500 años. Tal vez tú también hablas un idioma que el mundo olvidó. ¿Por qué conté esta historia? Porque el silencio mata las lenguas y las lenguas muertas se llevan mundos enteros. Cada palabra que desaparece es una forma de ver, de pensar, de sentir que se pierde. Los mercheros no son criminales, no son gitanos, no son los otros, son nosotros, somos nosotros. Los españoles que quedaron atrapados entre cruces y medias lunas, los que hablaban dos lenguas y no  pertenecían a ninguna, los que fueron expulsados de Toledo y nunca volvieron. Hasta ahora la verdad duele, pero la mentira duele más. Y 500 años de mentira duelen tanto que matan idiomas. Antonio Jiménez rompió el silencio, pagó el precio, pero su abuela, Encarnación, que murió en 1995, sin saber leer ni escribir, ahora tiene nombre en los libros de Oxford. Y eso, eso es justicia. Gracias por ver hasta el final. [...]

jueves, 4 de diciembre de 2025

La Mancha para el viajero inglés Joseph Towsend en 1786

  A journey through Spain in the years 1786 and 1787... and remarks in passing through a part of France, by Joseph Townsend, in two volumes.1792, vol. II:

Como era demasiado pronto para pensar en apresurarnos, avanzamos cuatro leguas más, hasta La Guardia; y, aunque no es un lugar habitual, encontramos buen alojamiento. Desde Madrid el terreno es bastante llano; la tierra es fértil; la roca es de yeso; producen principalmente maíz, con algunas vides y olivos. Aquí, en la famosa región de La Mancha, naturalmente buscamos molinos de viento que, al no tener arroyos para moler el grano, encontramos, como esperábamos, en las cercanías de cada pueblo. No tienen bueyes; y solo mulas o caballos se utilizan para la ganadería. La Guardia fue antiguamente una plaza fuerte y estuvo custodiada durante mucho tiempo por los moros, pero ahora parece estar al borde de la decadencia. Se calcula que todavía hay unas mil familias, con un total, según los informes del gobierno, de tres mil trescientas cuarenta y cuatro personas; pero en realidad tienen más de tres mil que reciben subsidio y unos ochocientos niños menores de edad.

No tienen ninguna industria, excepto el salitre, y este no es considerable: de ahí su pobreza y miseria. Sus tierras están divididas en pequeñas parcelas, pero el propietario principal es don Diego de Plata. Las rentas se pagan en grano. La iglesia es un edificio muy elegante y bien proporcionado; los altares son casi nuevos y sencillos. En una capilla hay muchos buenos cuadros de Angelo Nardi. No tienen carne de res. El cordero cuesta doce cuartos, el pan cinco cuartos la libra, o dieciséis onzas. 

Después de cenar, caminamos dos leguas para dormir en Tembleque, un pueblo de unas dos mil familias, pero que se calcula que contiene solo cuatro mil cuatrocientas dieciocho familias, con una iglesia parroquial, una capilla y un convento. Lo más destacable aquí es una fábrica de salitre en la que trabajan cuarenta hombres en invierno y sesenta en verano, lo que produce seis mil arrobas al año. El administrador me pareció más inteligente de lo habitual. Me dijo que los gastos, pese a la economía más rígida, ascendían a doscientos mil reales, es decir, a unos cuatro reales o casi un penique por libra, de los cuales, según esta reducción, la mano de obra no genera más que un penique; de ​​modo que los otros ocho peniques y medio se destinan a la fundición, los hornos, la administración, el capital y otros gastos incidentales. Si llevamos este cálculo a Madrid, ¿cuánto más de lo que ya he calculado parecerá ser el dinero que se pierde en esas extensas obras, donde la fundición es tan escasa? Me informó que recogió toda la propiedad de terrenos en los que se habían depositado productos animales y vegetales en estado de putrefacción. 

El sábado 17 de febrero pasamos por Camuñas, un pueblo humilde con unas trescientas cabañas, hasta las Ventas de Puerto Lapiche, tras haber recorrido veintidós leguas en esos tres días. El terreno es llano y la vista hacia el Norte es extensa; pero, antes de llegar a Las Ventas, tuvimos una ligera visión de las montañas nevadas que separan las dos Castillas. En condiciones favorables de aire y altitud, creo que podrían verse a más de cien millas. El desnivel es un [...] La tierra es de cuarzo y la roca es de granito. Se ara con dos asnos o dos mulas, y dondequiera que se riega con norias, produce abundante maíz. El vino es excelente y en gran abundancia. El pueblo de Lapiche es miserable y la gente parece estar medio muerta de hambre, aunque sus cosechas nunca pueden verse defraudadas por la falta de lluvia, pues en el espacio de unas sesenta hectáreas conté más de treinta norias. La venta está en el antiguo estilo español. Tiene ciento cincuenta pies de largo e, independiente de una casa que comunica, no más de diez pies de ancho. En un extremo hay una chimenea, a modo de cocina, de diez pies cuadrados, con un hogar en el medio, rodeado en tres lados por un banco en el que los arrieros se sientan durante el día y se acuestan a dormir por la noche, pero de ninguna manera separado de la larga hilera de casas que, con primitiva sencillez, bajo un mismo techo

...Ignemque laremque / et pecus et dominos communi clauderet umbra, Juvenal, satura VI,  3-4. [Fuego y Lares y sombra el mismo techo a ganados y dueños ofrecía]

Hay, junto a esto, un patio, con un pozo en el centro y en un extremo un ático para carretas y diligencias. El dormitorio está arriba y, según cuentan, durante toda la noche oímos, o podríamos haber oído, el tintineo de las campanillas en las cabezas de nuestras mulas siempre que comían. Antes de ir a la granja, hicimos un trato con el cura para la cena. Nos ofreció dieciséis reales; pero, finalmente, al cerrar el trato, aceptó ocho. Si hubiera cumplido con su exigencia, habríamos accedido; porque acordar la cena en días festivos en un país católico es indispensable, y no nos habría convenido quedarnos tirados en el camino. Desde Las Ventas descendimos hacia una extensa llanura, rodeada por altas colinas en todos sus lados, que producían aceitunas, maíz y azafrán. 

Tras ocho leguas, llegamos a Manzanares. Todos los viajeros por este camino iban bien armados; y tres monumentales cruces demostraron que sus temores no eran infundados. Era domingo, pero muchos arados trabajaban. Sus cultivos se riegan con numerosas norias. Manzanares tiene mil ochocientas. Las familias pobres, con una fortuna considerable, cuentan con mil setecientos sesenta y ocho habitantes, proporción que en sí misma es un indicador suficiente de su pobreza. Las casas están construidas con barro y los pobres están casi desnudos. En la iglesia vimos cuatro buenos cuadros. El castillo, con una finca considerable, y los diezmos, pertenecen a los caballeros de Calatrava y están en manos del infante don Antonio, lo que le reporta unos ingresos de treinta mil ducados, o 3295 libras esterlinas anuales. Examinamos las instalaciones, vimos los extensos graneros y probamos la rica variedad de vinos. El mayordomo ofrecía un vino especial para la mesa del Infante, que me pareció, sin excepción, el mejor de España. Tenía el sabor del rico Borgoña, con la fuerza y ​​el cuerpo del generoso Oporto. Después de elogiar este vino y agradecer al mayordomo sus atenciones, continuamos nuestra caminata hasta el anochecer; y, a nuestro regreso a la posada, tuvimos la suerte de encontrar más de tres galones de este vino almacenados allí y ya depositados en nuestras botas o botellas de cuero para el viaje. Desafortunadamente, los dos cocheros se encontraron con un problema que cubrió su peculiar excelencia, y,  gracias a su ayuda, terminamos en un día lo que yo mismo me había convencido que alcanzaría para tres. La posada es más cómoda y de mayor tamaño que las comunes, con treinta y dos camas, todas en la planta baja. El edificio tiene unos ciento ochenta pies de largo por treinta y dos o cuarenta de ancho, con un largo pasillo en el medio para cochera, del cual la cocina está apenas separada por una pequeña ventana. Los dormitorios a la derecha y a la izquierda tienen unos dieciséis por catorce pies, cada uno al estilo español, amueblados con cuatro camas. 

El lunes 19 de febrero, salimos de Manzanares temprano por la mañana, atravesando una zona llana hasta Valdepeñas, a cuatro leguas de distancia, para cenar. El terreno está lleno de grava, lo que produce algunas aceitunas y mucho vino, pero sobre todo maíz. Las norias están bien construidas, con la gran rueda de hierro en lugar de madera. La roca es de piedras. En el camino vimos dos monumentales criptas. Valdepeñas es famosa por su buen vino, que se destina principalmente a Madrid; pero cuando se abra la navegación hacia Sevilla, como se propone, este, junto con muchos otros vinos curiosos producto de La Mancha, llegará a Inglaterra y será muy solicitado. En esta ciudad hay 700.000 vides. Desde allí, cruzamos Santa Cruz y comenzamos a ascender entre colinas ásperas y sin cultivar, hasta que nos alojamos en La Concepción de Almuradiel. Este pequeño pueblo, de 36 familias, es el más grande que encontramos en los Nuevos asentamientos de Sierra Morena. Fue construida en 1781. La posada rodea un patio de 90 por 50 pies, con una cochera contigua de 150 por 40 pies, y cuenta con terrenos cultivables en proporción. Las habitaciones están bien equipadas, cada una con chimenea y dos alcobas para camas. Por encima de estos se encuentran los aposentos del administrador, su delegado y sus sirvientes; con amplios graneros y un corredor que forma una comunicación a su alrededor. Todo aquí está a cargo del Rey y, por supuesto, se le presta poca atención.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Tomás Dávila, un clásico manchego que recuperar y editar.

 Copio el artículo que escribí para una enciclopedia en línea colaborativa, pero ampliado y corregido:

Tomás Dávila fue un escritor y monje agustino de fines del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Poco se sabe sobre él; en el prólogo a sus Deleytes del espíritu se dice que:

«Nació en la villa de Alcázar de San Juan, provincia de Ciudad Real, y sus padres fueron Sancho Dávila y Ana del Barco. Vistió el hábito de San Agustín en San Felipe el Real el 10 de noviembre de 1670. Puede colegirse su aprovechamiento y amor a las letras del Memorial que, siendo Regente de Teología en Doña María de Aragón de Madrid, presentó al Definitorio exponiendo los deseos de emplear su talento y noticias en servicio de la Provincia, por lo que le suplicaba le nombrasen su cronista. Lo cual le fue concedido; Y el P. Dávila acreditó su laboriosidad ya por el Magisterio que se le confirió el año 1701, ya también por el testimonio de las obras que compuso, cuyo catálogo damos». 

En estas obras figuran además algunos de los cargos que ostentó: lector de teología del convento de N. P. S. Agustín de Ciudad Rodrigo (Salamanca), maestro de estudiantes en el colegio de Doña María de Aragón de Madrid (1687) y lector jubilado (1699). Se ignora la fecha de su muerte.

Entre sus obras destaca el ya citado Deleytes del espíritu... (1803 y 1804), obra póstuma en dos volúmenes y en forma de diálogo entre Philidón y Eusebio (nombres que en griego significan "amador de deleites" y "piadoso") y en el cual el  segundo personaje, español emigrado en Francia por razones algo oscuras ("En España, patria de mis padres y mía que dejamos por la ocasión que sabes, aun no estuviéramos seguros en las cuevas de los montes, porque allí todos celan la verdad de la fe que les predicó Santiago y aprenden las peñas firmeza de los hombres"), pero que insinúa tocan en la Guerra de Sucesión, representa la actitud y valores del autor en defensa de los valores del alma frente a los del cuerpo, que defiende contra el muy hedonista, pirrónico y libertino francés Philidón, antiguo amigo suyo de la niñez, con esperanza de convertirlo. El diálogo transcurre en el jardín de un palacio en Orleáns, en una alameda y en el balcón de una sala del mismo palacio, heredado por Eusebio de su padre, hace dos años fallecido; y durante unas dos semanas se tratan los siguientes temas:

De un Dios y de una religión

Que es menester gustar de Dios para conocerle y que hay cosas sobrenaturales

De la inmortalidad del alma, y de los placeres del cuerpo y de los del espíritu

Los deleites de las artes

Los deleites de las ciencias humanas

Los deleites de la reputación y de la fama

Los deleites de la fortuna

Los deleites de la Filosofía, o de la sabiduría moral

De la creencia de un Dios en tres personas, y de Jesucristo

Que los mayores blasfemadores del nombre de Jesucristo creen que es Dios

De la conversión de Philidón

(continuación): La entrada de Philidón en la villa del verdadero deleite, y del interior

De las virtudes o hijas de la caridad. La humildad, la obediencia, la benignidad, la pureza, la paciencia, la oración, y la mortificación

De la caridad que comprende el amor de Dios, y del prójimo​

Su lenguaje es sereno, equilibrado, sin conceptismos ni cultismos gongorinos: es una prosa clásica y aticista que toma por referente los diálogos De los nombres de Cristo del también agustino fray Luis de León; además prescinde de citas y pedanterías, aunque late por dentro la instrucción que la alimenta. Sirva de ejemplo este fragmento:

El conocimiento de una cosa no es lo que más agrada, sino el amor de ella. Verdad es que, cuanto más conocimiento se tiene, se tiene más amor; y cuanto más amor se tiene, más la cosa agrada y se gusta de ella. Y como el conocimiento aumenta el amor, así el amor fortifica y eleva también el conocimiento; porque amando una cosa nos llevamos mucho más fácilmente a tener muy presto un entero conocimiento de ella y a gustarla bien. Así los que aman el estudio se hacen muy presto sabios, y los que no le aman quedan siempre ignorantes (Deleytes del espíritu, I: "Del deleite de las artes", pp. 192-193).

En el Epinicio sagrado, compuesto con ocasión de dedicar una capilla que los Marqueses de Cerralbo reedificaron en Ciudad Rodrigo a San Andrés por haber destruido un rayo la que antes había, se incluyen dos disertaciones sobre el origen de los templos y el origen de la poesía, llenas de erudición profana y sagrada. Lo restante no se reduce a otra cosa que a extender o hacer una relación de las funciones que se hicieron por la dedicación. En el mismo año imprimió en Salamanca un Sermón sobre la toma de Buda y en Madrid las Vidas de San Furseo y de las santas Eudocia y Rita en los años 1699 y 1705. Menos conocidas son las obras manuscritas a las que se alude en el prólogo de sus póstumos Deleytes del espíritu, que aún había en la Biblioteca Complutense Agustiniana: Apología por el Duque de Aquitania San Guillermo; doce Vidas de Santos del Orden de San Agustín y en especial una obra sobre las guerras de los cristianos en la que habla con erudición sólida así profana como sagrada del origen de ellas: solicitud y precauciones, que en las guerras deben tomarse para evitar los desórdenes a que por la avaricia de los soldados solían estar expuestas.

Obras:

Al Santísimo Sacramento. Oración Evangélica predicada el día de la octava del Corpus a la Orden de Santiago asistida de la Católica Magestad del Rey nuestro señor, recién casado, en el Real convento de San Felipe, Orden de Nuestro Padre San Agustin. Madrid: Impr. del Reino, 1690.

Deleytes del espíritu, del maestro fray Tomás Dávila, agustiniano. Obra pósthuma. Tomo Primero. Madrid: Fuentenebro y Compañía, 1803. XXIV, 328 p.

Deleytes del espíritu, del maestro fray Tomás Dávila, agustiniano. Obra pósthuma. Tomo segundo. Madrid: Fuentenebro y Compañía, 1803. 300 p.

Epinicio sagrado, certamen olímpico áureo en la solemne dedicación de la insigne capilla que al glorioso apóstol San Andrés, Patrón de su casa de Cerralvo, erigió el Eminentisimo Señor Don Francisco Pacheco, primer Arzobispo de Burgos, Protector de España, de la Inquisición general y Virrey de Nápoles. Salamanca: Lucas Pérez,1687. 502 p.

Historia y vida del admirable y estático San Furseo, príncipe heredero de Irlanda, apóstol de muchos reinos y naciones. Maestro sapientísimo de Reyes, y Ministro y monge antiquísimo del Orden de N. P. S. Agustin. Madrid: Lucas Antonio de Bedmar, 1699. 380 p.

Sermón sobre la toma de Buda, Salamanca, 1687.

Vida y milagros de la Gloriosa Santa Rita de Cassia, del Orden de los ermitaños de San Agustin, por el maesro fr. Tomás Dávila, difinidor de la provincia de Castilla, y chronista general de su religión. Sácala a la luz el padre predicador fray Joseph de Badarán, de la misma Orden. Y va al fin la Novena de la Santa. Madrid: Francisco Sanz, impressor del Reyno, y portero de cámara de su Magestad, 1705. 236 p.

Vida y pasión de la santa mártir Eudocia, samaritana, sacada de sus antiquísimas actas por el P. Fr... Madrid: Lucas Antonio de Bedmar,1699. 222 p.

Apología por el Duque de Aquitania San Guillermo, manuscrito inédito

Vidas de Santos del Orden de San Agustín, manuscrito inédito

[Sobre las guerras de los cristianos], manuscrito inédito.

jueves, 3 de julio de 2025

Todros Abulafia, el poeta judeomanchego de la época de Alfonso X el Saio

Traducción propia del artículo de la Wikipedia sobre Todros Abulafia

 

Todros ben Judah Halevi Abulafia (1247 - después de 1300) fue un poeta judío nacido en Toledo que escribió principalmente en hebreo y poesía en árabe.

Abulafia recopiló sus poemas en un diván, al que llamó Gan HaMeshalim veHaHidot (El Jardín de las Parábolas y los Acertijos). La colección de poemas fue escrita principalmente en hebreo e incluía también poemas de otros autores. Se incluyeron además 35 poemas que representaban un debate poético entre Todros Abulafia y el poeta Finehas Halevi. [ 1 ]

Ángel Sáenz-Badillos, catedrático del Departamento de Hebreo de la Universidad Complutense de Madrid, España, cree que Abulafia fue "probablemente el mejor y más prolífico autor de la España cristiana durante los reinados de Alfonso el Sabio y su hijo Sancho IV de Castilla". [ 1 ]

Vida

Pariente lejano de Meir Abulafia, Todros Abulafia nació en 1247 en Toledo. Dominaba el árabe y poseía una amplia formación en poesía y literatura árabe y cristiana. [ 2 ]

Al principio de su carrera, Abulafia se convirtió en cortesano de Alfonso X de Castilla. La corte de Alfonso, conocido como Alfonso el Sabio, atrajo a un poeta ambicioso por ser un centro cultural de Castilla en aquella época.

Además de poeta, Abulafia también fue diplomático y financiero. [ 3 ] En 1279, el rey le ordenó recaudar una enorme cantidad de impuestos de la comunidad judía de Castilla. El rey necesitaba el dinero para financiar su campaña militar. Pero el dinero recaudado nunca llegó al ejército porque uno de los hijos del rey lo recabó para sus propios fines. El rey, furioso, ordenó la ejecución de dos importantes recaudadores de impuestos, uno de los cuales era el mecenas de Abulafia. Tiempo después, el poeta y la mayoría de los demás judíos toledanos fueron sacados de una sinagoga y arrestados. Se impuso un rescate como condición para su liberación. Él continuó escribiendo poemas mientras estaba en prisión. Tras su liberación, de alguna manera consiguió volver a ser cortesano, pero en la corte del hijo de Alfonso, Sancho IV de Castilla. [ 2 ] Se sabe poco sobre la vida de Abulafia después de 1298. [ 2 ]

Poesía

La poesía de Todros ben Judah Halevi Abulafia estuvo influenciada por su vida en la España cristiana, donde todavía se hablaba árabe 150 años después de que los gobernantes cristianos recuperaran Iberia de los moros. [ 2 ]

En cierto modo, su poesía difiere de la de sus predecesores judíos andaluces, que se vieron obligados a huir del sur de España durante la invasión bereber-almohade de 1147-1148; al mismo tiempo, aún se pueden observar motivos comunes como el uso de la hipérbole. Un ejemplo es un poema que Abulafia dedicó a Ibn Shoshan, un judío recién llegado a Toledo desde Marruecos. En el poema, titulado "Debate de flores", "la tierra ajardinada del autor, rodeada por un enjoyado collar de flores, enmarca la rivalidad de un grupo de flores prominentes: la rosa roja, vere, la rosa pálida, shoshan , y el narciso, havasele ". [ 4 ] En el poema, cada flor debate sus características, pero ninguna pudo superar a la rosa pálida, shoshan, que también representa al homenajeado del poema, Ibn Shoshan, y su familia. En el poema la rosa pálida, shoshan, ganó el debate de las flores porque presentaba las mejores características: "justa, valiente, humilde, filantrópica y digna de loa". [ 4 ] Su preferencia por las mujeres árabes encuentra confirmación en algunos de sus poemas. [ 5 ]

Sí, hay que amar a una árabe / aunque no sea hermosa ni pura. / ¡Pero aléjate de una española / aunque sea radiante! [ 5 ]

Todros llevó una vida de aventuras y de "próspera sensualidad" [ 6 ] y este realismo sexual con cierto grado de lujuria se refleja en muchos de sus poemas. [ 7 ]

Es tan ignorante que no sabe nada de sexo. / Pero toda chica árabe posee un encanto y una belleza / que cautivan el corazón y alivian la frustración. / Luce tan hermosa como si estuviera vestida con bordados áureos, / pero está desnuda. Y en el momento oportuno complace; / lo sabe todo sobre la fornicación y es experta en la lujuria. [ 5 ]

Los poemas de Abulafia continúan la tradición de los trovadores que siempre fueron bien recibidos en la corte de Alfonso el Sabio, y este "fin'amor trovadoresco" no se encuentra en la tradición hebrea andalusí. [ 8 ]

... ¡En verdad, le basta al hombre que la ama / verla o escuchar sus palabras! / / Es doctrina de todo noble convertir su vida / en una piedra para que ella tropiece y pueda lamerse el polvo de sus pies. / ¡Sufrid enteramente por su amor, / pues en verdad Dios multiplicará su recompensa! / Pondré mi corazón a servir a mi amor por ella por siempre. / ¡Nunca le pediré que me libere / mientras el sol salga por el este, / o mientras canten los pájaros de ella!” [ 8 ]

Al hablar de la poesía de Abulafia, Peter Cole afirma: «La obra de Todros se distingue sobre todo por su frescura y franqueza: logró introducir una dimensión personal vívida (aunque no siempre directa) en sus versos que trascendió con creces cualquier cosa que la poesía hebrea medieval hubiera visto antes. Llenó de ironía las convenciones clásicas, las invirtió o las eliminó por completo, y creó un nuevo espacio poético para trabajar». [ 2 ]

Desafíos de la traducción

La traducción de los poemas de Abulafia, así como la de otros poemas medievales escritos en hebreo, presenta algunos desafíos, ya que algunas palabras pueden tener varios significados. Un buen ejemplo de este desafío es el poema "Higos". Al pedirle higos a un amigo, el poeta escribe: "Envíame un higo maduro, dame una porción por siete, incluso por ocho". El siguiente verso del poema se tradujo como "Y a cambio, aquí está mi flato". La palabra hebrea utilizada en el poema es zemorah, que significa "sarmiento". Howard Tzvi Adelman, de la Universidad de Queen's, afirma: "Zemorah significa 'pene' e 'higo' es una referencia a 'vagina'. Creo que se trata de una referencia sexual y no escatológica; sin embargo, ambas encajan si se trata de la categoría de lo grotesco. El siguiente verso —"De ahora en adelante no se lo daré a extraños"— podría encajar en ambos sentidos". [ 9 ]

Gan HaMeshalim veHaHidot

Se sabe poco sobre la vida del poeta después de 1298. Tras su muerte, su poesía cayó prácticamente en el olvido durante más de seiscientos años. Posteriormente, el diván fue descubierto y copiado en el Egipto del siglo XVII . Durante los siglos siguientes, este manuscrito copiado viajó entre Irak y la India , cambiando de manos entre coleccionistas de anticuarios de diferentes países. A finales del siglo XIX, el manuscrito pasó a ser propiedad de Sha'ul 'Abdullah Yosef, un erudito y empresario iraquí, quien lo obtuvo mientras trabajaba en Hong Kong. (No se sabe con certeza cómo llegó el manuscrito a Hong Kong). Yosef comprendió el valor del manuscrito porque era un gran experto en hebreo. Tras su muerte en 1906, el manuscrito pasó a manos de David Yellin, un destacado erudito en poesía hebrea medieval de la época. Yellin publicó el manuscrito entre 1934 y 1937 en tres volúmenes, añadiendo unos mil doscientos poemas al "canon hebreo medieval". [ 2 ]

Referencias

 Ángel Sáenz-Badillos (enero 1996). ""Hebrew Invective Poetry: The Debate between Todros Abulafia and Phinehas Halevi". Prooftexts. 16(1):49–73. JSTOR 20689439.

 Cole, Peter (2007). The Dream of the Poem: Hebrew poetry from Muslim and Christian Spain, 950–1492. Princeton, N.J.: Princeton University Press. pp. 256–257. ISBN 978-0-691-12195-6.

 David A. Wacks. "Toward a History of Hispano-Hebrew Literature in its Romance Context". University of Oregon. p. 15. Retrieved April 4, 2011.

 Stacy N. Beckwith (Nov 1, 1999). Charting memory: recalling medieval Spain. Routledge. pp. 95–96. ISBN 978-0-8153-3325-8. Retrieved April 4, 2011.

 Elena Lourie; Harvey J. Hames (January 2004). Jews, Muslims, and Christians in and Around the Crown of Aragon: Essays in Honour of Professor Elena Lourie (Medieval Mediterranean). Brill Academic Publishers. p. 131. ISBN 90-04-12951-0. Retrieved April 4, 2011.

 Joan Comay; Lavinia Cohn-Sherbok (November 7, 2001). Who's who in Jewish history: after the period of the Old Testament. Routledge. pp. 8–9. ISBN 978-0-415-26030-5. Retrieved April 4, 2011.

 David Biale (January 10, 2006). Cultures of the Jews, Volume 2: Diversities of Diaspora, Volume 2. Schocken. ISBN 978-0-8052-1201-3. Retrieved April 4, 2011.

 David A. Wacks (February 26, 2011). "Todros Abulafia, Hebrew Troubadour at the Court of Alfonso X". uoregon.edu. Retrieved April 4, 2011.

 Howard Tzvi Adelman. "Poetry and History in Jewish Culture". medievalhebrewpoetry.org. Retrieved April 4, 2011.

jueves, 12 de junio de 2025

Manuel Romero Sánchez-Herrera, el farmacéutico quintacolumnista, escritor y alcalde de Ciudad Real, de Pozuelo, que salvó muchas vidas..

Compré en uno de nuestras librerías de lance un curioso librito de 55 páginas por una sola cara, Historia de un perro de caza, publicado en Ciudad Real en 1972 en poquísimos ejemplares, como el resto de su obra; la edición está llena de erratas y otras fallas, pero se vendió por la carísima cifra entonces de cien pesetas. Lleva en primera página una ilustración monócroma de un perro de caza menor de tamaño medio, el "Seguro" al que se alude en el texto, y, encima, un escrito poco legible en letra inglesa de bolígrafo a un tal Dionisio: "Dedicatoria merecidísima por tu sincero cariño, por mí correspondido", firmada por un Alberto que, por tanto, no es el autor. Indago para descubrir quién fue Manuel Romero, y descubro que fue un personaje local célebre por no pocas prendas, sin duda el Romero que da nombre a la farmacia de la calle Toledo que tengo a cincuenta metros de mi casa. Al fin del libro hay una hoja con los títulos de las otras obras que escribió: Anecdotario de un pajaritero. [La caza de la perdiz con reclamo, 1950, 1.ª ed.; 2.ª ed. con el título de Anecdotario y memorias de un pajaritero, con fotos a blanco y negro, introd. y notas de Carmelo-Víctor García Romero, seguramente pariente del autor, Madrid: FEDENCA / Escuela Española de Caza, 2009), Ensayos poéticos, Una vida en poemas [Madrid: Gráficas Áncora, 1965] y Durandín, [estampas de la Guerra Civil, Madrid: tipografía Flórez, 1970)]. Empiea a ser reconocido hoy como lo que fue, un héroe. La mejor semblanza que se le hizo creo yo que fue la de Juan Carlos Buitrago en una entrevista que dio a La Tribuna con motivo de la edición de su De la A a la Z. Los protagonistas de una larga Guerra Civil. Ciudad Real 1936-1944 (Serendipia, 2023):

  Poco reconocido es Manuel Romero Sánchez-Herrera, farmacéutico. Su familia sigue regentando una farmacia en la calle Toledo. Era de centro izquierda, de Unión Republicana, pero hombre de convicciones cristianas profundas. Ayudó a muchísima gente de derechas durante todo el periodo republicano. De hecho, fue el miembro más representativo de la Quinta Columna en Ciudad Real, jugó un doble papel durante mucho tiempo. Nunca fue reconocido ni por los suyos ni por el franquismo, porque siempre fue alguien sospechoso por su filiación política previa

En sus obras atestiguo quejas por la soledad que sufrió en la posguerra; él, que a tantos salvó, escribe en ese homenaje que brinda a su perro lo siguiente:

No va para mucho tiempo que necesité pasar por la calle de la Lanza, en Ciudad Real; en una de sus casas vivió un doctor en medicina, D. Luis Cilleruelo, que lo considero como el mejor amigo que en toda vida larga tuve. Evitaba pasar por la referida vía pública por suponer, como así sucedió, que al cruzar frente a la casa donde el doctor Cilleruelo, vendrían a mi memoria recuerdos que invadirían mi ser de pena y dolor. El referido doctor fue injustamente muerto en la guerra civil con un tiro en la nuca; aquella injusticia exacerbó mi repulsa y ligó para siempre el dolor que me causó con remordimientos. El primero, debido al gran cariño que sentía por aquel ser bueno y sabio; el segundo por creer que no puse los medios precisos para evitar su asesinato.

Muy pocos hicieron tanto por salvar vidas como Manuel Romero; la protección que le brindó su hermano desde su puesto dirigente también lo salvó a menudo. Su mismo tormento por las limitaciones que tenía que sufrir para hacer su buena obra atestigua cuán gran persona fue. Resumo aquí lo demás que he encontrado, por caso R. Roldán-Guerrero, Diccionario biográfico y bibliográfico de autores farmacéuticos españoles. Madrid: Imp. del P. H. O. E., 1975. Vol 4. p. 364, de donde extraigo estos datos sumarios:

Nació el 18 de mayo de 1896 en Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real). Fue licenciado en Farmacia por la Universidad de Madrid (1 de junio de 1920). Ejerció en Ciudad Real y también  como jefe de la Farmacia de su Hospital provincial. Fue secretario tesorero y presidente del Colegio Provincial de Farmacéuticos de Ciudad Real y también vocal de la Unión Farmacéutica Nacional... Dirigió el Boletín del Colegio de Farmacéuticos de Ciudad Real, donde público diversos artículos; también en La Voz de la Farmacia, y redactó diversas composiciones literarias tanto en prosa como en verso desde 1916 a los años treinta. También de carácter técnico y político. Por ejemplo: «Farmacéuticos provinciales», en: La Voz de la Farmacia, V. 1934. p. 275 y «El frente único y las Cooperativas», ídem.

En El Español Digital, una revista electrónica de ultraderecha, aparece un retrato fotográfico cedido por un tal José J. García y muchos más datos, por caso, su año y lugar de fallecimiento: 1984, Ciudad Real, en un artículo de un tal "Toribio", un poco mal escrito (tres gerundios seguidos, puntuación y ortotipografía incorrecta,  etcétera), pero valioso por su información, del que no aparece más referencia: "Manuel Romero Sánchez-Herrera, un heroico farmacéutico ciudadrealeño contra el Frente Popular", 14-II-2024. En su bibliografía recoge la fuente usada, el ya citado Durandín. Estampas de la Guerra Civil de Manuel Romero; pero parece también haber usado el Diccionario y haber resumido a saco y mansalva el más completo, serio y documentado artículo del portal Memoria democrática de Castilla-La Mancha "Farmacia de Romero. La quinta columna", protegido por derechos de autor. Copio casi íntegro el resumen de Toribio, suprimiendo información ya conocida:

"Manuel Romero Sánchez-Herrera... Tenía un hermano, César, cuatro años menor que él, auxiliar de farmacia de profesión, afiliado al PSOE y a la UGT, detenido y encarcelado por los sucesos revolucionarios de Octubre de 1934, puesto en libertad en 1936, fue presidente de la Casa del Pueblo socialista de Ciudad Real, llegando durante la guerra a comisario político de la 39.ª división del ejército frentepopulista, marchando a Méjico al finalizar la contienda, muriendo allí en 1953.

Manuel Romero, hombre de relevante personalidad, era presidente del Comité Local de Unión Republicana de Ciudad Real cuando comenzó la contienda 1936-39, habiendo pertenecido a la breve Unión Patriótica fundada por el Gral. Miguel Primo de Rivera durante su mandato dictatorial, presenció unos hechos el mismo 18 de Julio de 1936, recién llegadas las primeras noticias del alzamiento en África, que le impactaron sobremanera, los cuales contaría posteriormente así:

De la calle (…) un griterío ensordecedor, voces airadas, que les obligópor curiosidad y alertados a salir rápidos a la puerta del establecimiento (su farmacia).

A una distancia no superior a diez metros, vieron el desarrollo de una escena inhumana, bochornosa. Diez hombres vestidos con ropa de sacerdote, más bien de fraile; colocados de dos en dos, marchaban en fila, atados los codos y sujetos con una soga al cuello. Un número crecido de mujeres, desarrapadas, calzadas con alpargatas, originaban el escándalo. Pedían la muerte, el castigo de los frailes; no sólo se limitaban a insultarlos, sino que a su rostro pálido y demacrado arrojaban baba, saliva a los indefensos detenidos.

Los guardianes, esbirros que los conducían, dejaban en libertad a la furia, llegando algunas de ellas a utilizar alfileres que clavaban en las carnes de los indefensos mártires.

A partir de ese instante, y dado que las autoridades, el gobernador civil y el alcalde, con los que habló sobre lo que ocurría, no sólo se lavaron las manos, sino que incluso ampararon e impulsaron actos vandálicos similares, así como el saqueo de propiedades de todo tipo, incluida la catedral de la ciudad, decidieron a Manuel Romero a tomar partido por los alzados, dentro de sus posibilidades, lo que hizo durante toda la guerra, pues Ciudad Real estuvo siempre, hasta el final, en posesión de los frentepopulistas.

Con gran decisión, demostrando heroico valor y no cabe duda que con una habilidad muestra de su inteligencia, así como amparándose en el ascendiente que su personalidad tenía, organizó y dirigió en la capital manchega una sólida red quintacolumnista, ayudando a los perseguidos por la furia frentepopulista.

En su domicilio de la calle de Toledo, en cuyos bajos se situaba la farmacia de su propiedad, Manuel Romero mantuvo escondidas durante toda la guerra a una veintena de personas de toda clase y condición, según él mismo contó después “desde una monja hasta varios desertores”, a quienes alimentó con los suministros que periódicamente le traía el «tío Engorda», pseudónimo de uno de sus más eficaces colaboradores de la red, persona de especial carisma residente en el caserío “Los Chorruscos” (en los aledaños de los Montes de Toledo), cercano al castillo de Prim, en término municipal de Porzuna, encargado de llevar mensajes al herrero de la finca “Los Cortijos”, quien a su vez los hacía llegar a Talavera, desde la cual, el farmacéutico Leopoldo Nieto los hacía llegar a la dirección del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) nacional, que dirigía el Col. José Ungría Jiménez, siendo su jefe en la zona central, de la que dependía Manuel Romero y su red, el Col. Francisco Bonel Huici, cuya sede se ubicaba en La Torre de Esteban Hambrán (Toledo), cerca de Torrijos. Asimismo, alimentó también a los familiares de algunos de los que, por desgracia, habían sido asesinados por los frentepopulistas, así como a las monjas de las Hermanitas de la Caridad expulsadas del Hospital Provincial del cual, como se ha dicho, él era jefe de su farmacia.

Manuel Romero, valiéndose de su cargo de presidente del Colegio de Farmacéuticos de la provincia, extendió su labor de amparo y ayuda a muchos de sus compañeros perseguidos en sus respectivos pueblos “Aprovechando el rumor muy extendido, que los fascistas cualquier día bombardearían con gases venenosos toda la provincia, nació la propuesta de crear una Compañía de anti-gas», excusa y hábil pantalla que se tragaron los dirigentes frentepopulistas con la que pudo concentrar en Ciudad Real a una veintena de farmacéuticos puestos en sus pueblos en el punto de mira de los respectivos comités revolucionarios frentepopulistas. Manuel Romero los solía reunir por las tardes en la sede del Colegio de Farmacéuticos para, según decía, hacer prácticas de cómo actuar en caso de necesidad, o sea, de ataque con gas de parte de los nacionales, aunque lo que hacían era escuchar las charlas radiofónicas del Gral. Queipo de Llano que trasmitía desde Sevilla.

Además de lo dicho, y gracias a su ascendencia, Manuel Romero consiguió aliviar en no poco la difícil situación de muchos, logrando para ellos un trato de favor en la Prisión Provincial, gracias a que el director era buen amigo suyo, así como consiguió que muchos jóvenes no fueran reclutados o, al menos, consiguieran destinos alejados del frente, tales como oficinas en la Comandancia Militar frentepopulista de Ciudad Real, Depósitos de Intendencia o Batallones de Retaguardia:

Mientras las unidades de combate de nuestro glorioso Ejército Popular –escribía– están llenos de hombres de edad avanzada que voluntariamente partieron para el frente y de hombres enfermos para los que el ejército de la guerra es extremadamente penoso, los cines, cafés y paseos de nuestra capital se ven siempre concurridos por la eterna colección de niños peras, fascistas o semifascistas, a los que por lo visto no hay forma de hacer que empuñen las armas. Ya no tienen miedo de ninguna clase. Un magnífico carnet o certificado acredita que prestan sus servicios en tal o cual sitio” (Diario frentepopulista Unión, Enero de 1938). Especialmente meritoria y arriesgada fue la que realizó Manuel Romero para lograr el pase a zona nacional de aquellos cuya permanencia en zona frentepopulista se tornaba especialmente peligrosa: “Existía una red de agentes campesinos, llamados el Monos, el Manco, etc., los cuales, mediante el estipendio correspondiente, fletaban con frecuencia y seguridad expediciones de elementos de derechas que querían pasar a la zona nacional. El traslado se llevaba a efecto por las sierras limítrofes de las provincias de Ciudad Real y Toledo, para terminar en la vanguardia fascista”.

Como es natural, tan importantes actividades no dejaron nunca de levantar las sospechas de los frentepopulistas, así como de alimentar su inquina contra él.

Ya a principios de 1937, el dirigente comunista, Daniel Sánchez Vizcaíno, publicaba el 8 de Enero un artículo en la prensa provincial en el que denunciaba las actividades de Manuel Romero incitando a colaborar en la eliminación de todos los que ayudaban a los «fascistas»: “No podían salirle mejores colaboradores a Franco. Tener agentes gratuitos que a la vez sabotean el reclutamiento antifascista, pasan por salvadores y líderes del pueblo. Pero que se anden con cuidado los tales individuos porque ya han sido descubiertos y pudieran pasarlo muy mal”. Y es que tenía razón el denunciante, pues Manuel Romero basaba su eficacia en buena medida en haber logrado situar a buena parte de su red en el interior de los propios partidos y organizaciones frentepopulistas de la provincia, logrando así neutralizar los golpes que, tras este primero, seguirían después.

En Mayo de ese mismo año de 1937, en un mitin del PCE, Domingo Cepeda, otro de sus dirigentes, acuciaba de la siguiente forma: “Es preciso limpiar la retaguardia de enemigos, no sólo de estos enemigos más o menos declarados, sino también de nuestras organizaciones, que si en el Partido Comunista hay que fusilar a alguien, seremos nosotros los primeros en fusilar, para que nadie tenga que venir a fusilarlos y que las demás organizaciones hagan lo mismo”.

Incluso, el 27 de Julio, también de 1937, la Federación de Trabajadores denunció al Gobierno Civil las actividades de Manuel Romero y los suyos: “Hace unos días que el camarada Lázaro Serrano Carreras, que ha estado tres días en esta Prisión Provincial vino a denunciarnos que en esta Prisión existían diferencias de trato entre los reclusos de izquierdas y de derechas, disfrutando de la libertad que dentro de la Prisión existe así como también del buen trato que merecen por parte de los empleados los elementos de derechas”. La investigación abierta por el gobernador civil dio la razón al sindicato socialista, pero no tuvo consecuencias prácticas ni para Manuel Romero ni para sus amparados.

No obstante, algunos de los componentes de la red de Manuel Romero acabarían siendo detenidos y fusilados, no sin antes sufrir los duros interrogatorios de los miembros del terrorífico Servicio de Información Militar (SIM) frentepopulista creado por el socialista Indalecio Prieto a instancias de los asesores soviéticos, interrogatorios en los que entre otras cosas, y como poco «…las víctimas eran golpeadas con porras y se les obligaba a beber una solución cáustica que les quemaba la boca” (Julius Ruiz, El terror rojo, Madrid, 1936 [Barcelona: Espasa, 2012]).

Conforme la guerra fue girando más y más de parte de los nacionales, la presión sobre la red de Manuel Romero, como sobre otras quintacolumnistas de la zona frentepopulista, fue aflojando en intensidad, toda vez que muchos dirigentes comenzaron a optar por favorecer a los perseguidos con la intención de hacerse perdonar sus crímenes, ayudando a «extender avales que llegan en aluvión a este Gobierno civil para recomendar a todo el que es detenido”.

Terminada la contienda, y si nadie aporta otros datos, Manuel Romero Sánchez-Herrera volvió a su quehaceres y vida habitual, sin dar importancia ni pedir recompensa alguna por su heroicidad, escribiendo sus memorias en 1970 que publicó en un librito de muy pequeña tirada y poca calidad de impresión, que pasó desapercibido, siendo hoy uno de esos escasos y difíciles de encontrar.

Hasta aquí el resumen de Toribio.