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lunes, 21 de septiembre de 2026

Tres estudios sobre qué hace la conciencia en un estado de coma.

 I

 Un cuarto de los pacientes en coma sigue teniendo algún tipo de consciencia, en El País, Daniel Mediavilla,  27 ago 2024:

Algunas personas en estado vegetativo tienen una actividad cerebral similar a la de personas sanas que imaginan cómo juegan al tenis

Después de un traumatismo grave o por una enfermedad, hay pacientes que no responden cuando se les habla, aunque tengan cierto grado de consciencia.

Cuenta el neurocientífico Ignacio Morgado, que hace años conoció a un chico de unos 25 años que había tenido un accidente de moto. “Estaba sentado, comía, bebía, orinaba, dormía y se despertaba, pero no se comunicaba con nadie”, explica. “Nunca llegué a estar seguro de si este chico era consciente pero no podía comunicarlo, o si no era consciente”, recuerda. El problema de aquel joven era parecido al de muchos otros que, después de una enfermedad o en un accidente, quedan postrados en una cama, en estado vegetativo, a veces con los ojos abiertos y moviéndose de vez en cuando, pero incapaces de hacer un gesto para confirmar que escuchan cuando les hablan.

Un equipo internacional de científicos acaba de publicar un estudio con 241 pacientes en varios hospitales y ha concluido que uno de cada cuatro tienen cierto grado de conciencia. El trabajo, que se ha publicado en The New England Journal of Medicine, es un esfuerzo por responder a una pregunta angustiosa de esas personas que pierden a un ser querido, pero no del todo: ¿Me escucha cuando le hablo? ¿Sabe que estamos aquí? Estas personas, que a veces recuperan la conciencia, pero que en muchos casos pueden permanecer en coma durante años e incluso décadas. “Hay una pregunta muy angustiosa para las familias, que es si deberían desconectarlo”, plantea Morgado.

En seis centros de investigación, los investigadores midieron la actividad cerebral de los pacientes, aparentemente ajenos a su entorno, cuando se les pedía que se imaginasen a sí mismos haciendo cosas como jugar al tenis. En alrededor de uno de cada cuatro, su cerebro produjo señales similares a las que generan los de personas sanas cuando se les pide lo mismo y en las mismas regiones del cerebro, algo que se interpreta como una señal de que mantienen cierto grado de conciencia.

No era la primera vez que se realizaba un estudio de este tipo. Adrian Owen, uno de los autores, cuenta en una nota de la Universidad de Ontario Occidental, donde trabaja ahora, que empezaron a ver actividad cerebral en algunos pacientes vegetativos a mediados de la década de 1990, cuando tenía su laboratorio en Cambridge (Reino Unido). “Les mostrábamos dibujos y les poníamos cintas de gente hablando y algunos pedacitos de su cerebro se iluminaban, pero no sabíamos qué significaba”, señala. “Entonces tuve este momento eureka y me di cuenta de que lo que necesitaba era conseguir que alguien hiciese algo que no pudiese ser un reflejo automático”, continúa. Además, este tipo de orden iluminaba dos partes únicas del cerebro durante una resonancia magnética funcional, tanto en pacientes sanos como en vegetativos. Publicaron sus resultados en un artículo en la revista Science en 2007.

Desde entonces, muchos investigadores han encontrado resultados similares, añadiendo formas de medir las señales cerebrales, como el encefalograma, aunque los porcentajes de pacientes en los que se veía cierta consciencia eran algo inferiores a los registrados en el último trabajo. En el estudio que se acaba de publicar, se querían obtener resultados más concluyentes, incorporando un mayor número de pacientes, incluidos algunos que ya habían estado en estudios previos, y en varios centros a la vez.

“Hasta hace poco pensábamos que la cifra era de entre el 15% y el 20% de los pacientes, puede ser más, pero no importa tanto el detalle, sino que es un porcentaje significativo de pacientes que hay que tener en cuenta”, afirma Davinia Fernández-Espejo, de la Universidad de Birmingham, que estudia los problemas de la conciencia producidos por lesiones cerebrales. Fernández-Espejo apunta que, para que se pueda empezar a aplicar de forma habitual en hospitales, uno de los pasos necesarios es “estandarizar las pruebas, los parámetros que se miden y los análisis, para que de igual si aplicas la prueba aquí o en EE UU o en uno u otro hospital”. Después, se trataría de utilizar la información para mejorar el tratamiento de los pacientes. “Nosotros estamos trabajando con un hospital privado de Londres en el desarrollo de técnicas de estimulación cerebral para hacer rehabilitación en los pacientes que vemos que están conscientes e intentar actuar sobre las vías motoras y ver si podemos ayudarles a recuperar un poco el control sobre el movimiento”, explica.

Su equipo propuso una explicación para que estas personas aparentemente conscientes no puedan comunicarse con el exterior. “Encontramos unas fibras que conectan un área del cerebro que se llama tálamo, en el interior del cerebro, con las partes de la corteza cerebral que regulan el movimiento”, afirma. Esta desconexión, que solo ven en los pacientes que están conscientes, pero no se pueden mover voluntariamente, aunque sí de forma espontánea, les hizo plantear una posible terapia. “Queremos activar las pocas neuronas que deberían conectar esas dos áreas, con estimulación eléctrica, para restaurar la movilidad del paciente”, indica.

La posibilidad de conocer mejor las características de estas personas que están conscientes, pero no pueden comunicarse, hace pensar en la posibilidad de utilizar implantes cerebrales como los que han servido para que personas con esclerosis lateral amiotrófica completamente aisladas recuperasen cierto grado de comunicación. Nicholas Schiff, coautor del estudio, cree que algunos de estos pacientes podrían beneficiarse de este tipo de implantes.

Sin embargo, aunque las tareas que se emplean en estudios como el publicado en The New England Journal of Medicine indican que la capacidad de atención, de comprensión lingüística y de memoria de un cuarto de los pacientes vegetativos puede estar muy conservada, solo es una fotografía del momento en que se realiza el experimento y la diversidad de capacidades entre pacientes en estado vegetativo es grande. “Durante el resto del día puede haber una fluctuación, que a veces estén más alerta o menos alerta y, de hecho, es lo que solemos ver en estos pacientes”, explica Fernández-Espejo. “Es difícil establecer técnicas para conocer su experiencia interna, para hacer una exploración psicológica, por ejemplo”, añade.

Uno de los dilemas en torno pacientes con estas lesiones cerebrales es la posibilidad de darles a elegir si continuar viviendo o no. La investigadora de la Universidad de Birmingham explica que ahora mismo “estamos limitados a hacer preguntas de sí o no, que llevan cinco minutos para obtener una respuesta”. “Teóricamente, se podría hacer, pero es muy difícil, y de momento nos centramos en preguntas que nos puedan servir para mejorar su calidad de vida”, indica.

Aunque las noticias que identifican la consciencia en algunas de las personas en estado vegetativo pueden ilusionar a sus familiares o amigos, eso no significa que se vayan a recuperar o que se les puede aplicar un tratamiento para conseguirlo. Lo que sucede en la mente de otros, aunque puedan expresarse, es un misterio lejos de resolverse. Aun así, el conocimiento puede proporcionar beneficios. Owen creía que, para los próximos del paciente, sería peor saber que está consciente, pero atrapado en su interior, que averiguar que no saben quiénes son o cuál es su situación. “Este no es el caso general”, explica, “lo habitual es lo contrario”. Casi siempre, les gusta saber que la persona a la que daban por perdida sigue ahí, aunque no se pueda comunicar con ellos.

II

¿Qué escuchamos cuando estamos en coma?, en El País, Elena Pampliega, Madrid - 21 SEPT 2026:

El testimonio de una joven que pasó varias semanas inconsciente ayuda a entender qué puede percibir un paciente y qué mitos nos ha impuesto la ficción

Cuando tenía 10 años, Kenya Moreno pasó varias semanas en coma mientras su madre reproducía en bucle su canción favorita de Los Gemeliers. No podía responder, pero escuchaba el tema, sentía el frío de la UCI, e incluso se veía a sí misma en tercera persona mientras creaba una realidad paralela en sueños de la que no podía escapar.

Doce años después, su historia se ha hecho viral en redes sociales como algo anecdótico, pero su experiencia sirve para responder a muchas de las preguntas que surgen frente a la cama de un paciente inconsciente y a revisar la imagen que el cine y la ficción han construido sobre el coma: ¿puede escucharnos?, ¿sabe que estamos ahí?, ¿qué percibe de lo que ocurre a su alrededor?

[La versión sonora ampliada, en el enlace al podcast]

sábado, 19 de septiembre de 2026

Primeras inserciones de conectoma de seres vivos en juegos digitales

  Metieron el CEREBRO de una MOSCA en un Ordenador… y jugó a DOOM,Vm granmisterio, 18 sept 2026:

Han digitalizado el cerebro de una mosca de la fruta y lo han colocado en el interior de un ordenador. Digitalizaron todo el conectoma, todas las conexiones neuronales y descubrieron que la mosca estaba viva dentro de un entorno simulado. 

Pues parece ser que Google ha liberado el código, ha liberado este proyecto y una infinidad de personas están utilizando el cerebro de esta mosca y colocándola en videojuegos como Doom, Minecraft o, sobre todo, colocando este cerebro en un pequeño robot en nuestro mundo físico y viendo que se comporta como una mosca real. 

Este tema lo tratamos hace un tiempo, pero esta es como la segunda parte. ¿Por qué? Ahora no es una empresa privada, ahora es Google quien está liberando para todos este conectoma y va a ir a más hasta llegar quizás en un futuro bastante cercano el conectoma humano dentro de un ordenador. Quédate conmigo en este programa porque aquí hay cuestiones verdaderamente interesantes, filosóficas, profundas sobre quiénes somos, existe el alma, qué hay detrás de la barrera digital y si podríamos abrir los ojos en una simulación si no es que ya estamos en una. 

Así que ponte cómodo o cómoda, porque aquí empieza Gran Misterio. Veréis, como sabéis, hace unos 6 meses exactamente os hablé de una noticia muy parecida. Esa noticia, ese vídeo que hicimos, os hablaba de cómo la empresa Eon Systems había presentado sus hallazgos en cuanto a registrar todo el conectoma, ya sabéis, conexiones neuronales de una mosca de la fruta y digitalizarla en un ordenador. Hablamos de todo ello, vimos cómo se comportaba como una mosca real dentro de un entorno virtual. La mosca volaba como si fuese la vida real. Buscaba comida. La mosca sentía el entorno o al menos simulaba su sentir.

Esto formó parte del llamado proyecto Flywear, que permitió escanear la mosca hembra. Y ahora lo que ha hecho Google es otro proyecto para la mosca macho. En el del primer proyecto de esta empresa privada, EON Systems, consistía en 125000 neuronas, cortando el cerebro en 7000 cortes, el cerebro de la mosca, y a nivel microscópico ir digitalizando una por una todas esas neuronas, no solo las neuronas, también las conexiones sinápticas, que eso son millones y millones de puntos.

Al final, después de muchos años, lo consiguieron y al digitalizarlo, al traducirlo a algoritmo, a su equivalencia, vaya por Dios, que la mosca se movía dentro del propio entorno virtual, sin hacer nada, sin programar. 

La mosca se comportaba como tal, y engañaban a sus sentidos, eh, colocando unos olores virtuales ficticios, un dibujo de un plátano, la mosca iba directamente hacia el dibujo, intentaba alimentarse con un hambre que jamás cesaría. Es el destino peor que la propia muerte, ¿no? Digitalizar un ser vivo y bueno, volverlo eterno. Pero eso es otro debate porque claro, no digitalizas el ser vivo, sino copias su propia idea de existencia, aunque esa idea también pueda llegar a sentir. Pues bueno, la noticia ahora viene por algo muy parecido cuando Google este 6 de septiembre hace nada pues ha presentado otro cerebro digitalizado de la mosca macho. Esta vez ya no es el proyecto Flywear, sino el proyecto Male CNS. Tiene 166.700 neuronas, muy similar a las 125.000 de en la mosca hembra, y 125 millones de conexiones sinápticas. Ha sido el equipo científico de Google Research y el HHM y Hanelia, quienes han confeccionado esto, pues tardaron solo 3 días cuando lo publicaron para todos para su libre uso.

De hecho, tiene licencia Creative Commons, por si la quieres descargar y utilizar, pues tardaron solo 3 días para que un ingeniero llamado Alex Warmoth metiese al cerebro de esta mosca en el Doom, en el famoso videojuego Doom, pues de forma digital teníamos un ser vivo dentro. Y esto es superinteresante.

Veréis, las imágenes del videojuego estimulaban neuronas virtuales del conectoma de esta mosca y la actividad de esos fotones se traducía en acciones como avanzar, girar, disparar. Esto es un proyecto independiente al trabajo de Google. Como he dicho, se lo ha descargado mucha gente y están haciendo experimentos. Y Alex hizo este. Alex explica que la mosca se mueve y dispara, pero no demuestra que entienda que está disparando, que entienda lo que está haciendo. Agarraron su conectoma, le instalaron un mod, una modificación a todo ese algoritmo para que, ojo, entendiera mediante aprendizaje la acción de disparar y atacar a enemigos. Cada fotograma del juego entra por los ojos virtuales de esta mosca y se activan 335 fotorreceptoides de brillo y 811 de color, permitiéndole ver en el entorno virtual.

La mosca se mueve en el juego como una mosca real, se choca con las paredes, persigue en esos cambios de dirección, como lo suele hacer una mosca, y a veces dispara el arma porque se ha utilizado ciertas neuronas como interruptores que cuando se activan dispara el arma, pero no sabe qué está haciendo. De hecho, si le quitan los fotorreceptores y le ponen la visión en negro, sigue disparando aleatoriamente. Dispara, pero no sabe por qué. Y es normal porque en la vida real una mosca no sabe disparar un arma y menos en el Doom contra demonios monstruosos. Sin embargo, han detectado que poco a poco esas neuronas asociadas a la pistola de los disparos por aprendizaje se van adaptando al entorno.

Imagínate que le das 100 millones de años acelerados en 10 minutos. ¿En qué se convertiría esa mosca? ¿Aprendería realmente a disparar? Y eso abre las puertas a una nueva ciencia, a una nueva incógnita sobre qué podemos llegar a construir mediante los conectomas trasladados al ordenador. Parece muy interesante porque puede evolucionar pasar de una mosca a un ser ultra inteligente. Y fijaos en este punto. Si un demonio en el Doom ataca a la mosca, se activa el receptor de daño asociado a dos células. virtuales pero reales para que segreguen dopamina PPL101 que tiene este cerebro digital transformado en su propio algoritmo. Es decir, la mosca en la vida real tiene células de dopamina PPL101.

Cuando se pasó a digital, esas células, al igual que otras, siguen existiendo. Pero ahora son algoritmos que puedes activar o desactivar. Imagínate que meten el cerebro humano en un ordenador y puedes activar o desactivar ciertas proteínas digitales, ciertos receptores.

Podrías experimentar cosas inimaginables que no podemos hacer hoy en el mundo real, pero que serían el símil exacto en el mundo digital. 

Podríamos descubrir muchas cosas científicamente. Y fijaos, eh, qué crueldad también para... Bueno, crueldad, vosotros qué pensáis, porque sí, un demonio le dispara una bola de fuego y se activa los PPL101 de las células de dopamina, pero realmente no es un ser vivo, es una copia, una idea del cerebro humano que funciona. Aquí es el debate de Eterno.

Se le considera un ser vivo, puede pensar como una mosca. puede pensar exactamente como una mosca. Yo creo que este debate solo funcionaría si en vez de una mosca fuese el cerebro humano digitalizado y ese cerebro empezase a pensar y a hablar y a intentar salir de su matrix. Hm.

Porque si se da cuenta ese cerebro humano del futuro dentro de un ordenador que está en una simulación, intentaría salir, intentaría incluso autodesvivirse, pero no podría porque sería inmortal en la simulación. Un ingeniero desde arriba, como en un videojuego, le podría revivir o podría impedirle muchas otras cosas. De hecho, podría editar la física del universo digital y hacer que todos los martes lloviesen pianos o llovieran meteoritos o que incluso los jueves a las 8 la gravedad se va y la persona que nace en ese entorno, ese cerebro, lo vería normal y sería para él la física de su universo. Qué raro sería que la gravedad funcionase siempre igual, ¿no? por lo que se extrapola nuestra realidad. ¿Y si vivimos en una simulación de un superordenador, de una civilización ultrainteligente que es tan avanzada que nos ha permitido sentir una realidad demasiado compleja, pero que se rige por unas normas, por un algoritmo?

 En fin, volviendo al tema, no solo lo han metido en Doom, metieron a este cerebro de la mosca en el Mario 64, en otro videojuego, y aprendió a saltar encima de las setas malas que son los enemigos del Mario. Esto lo hizo Jessica Packet. Luego también lo metieron en el Minecraft, en el videojuego famoso de Minecraft. En este videojuego hay unos NPCs que son unas avispas, pues el comportamiento de esa avispa se sustituyó por el conectoma de la mosca real. ¿Y qué hacía esta avispa? Intentar buscar alimento. Sentía miedo por el jugador y se alejaba. O sea, veo un tono de crueldad de trasfondo con ese dilema de antes. No será real, será mentira, sentirá o no. 

Muchas veces os he dicho que da igual si somos conscientes o no, si la IA es consciente o no, mientras lo simule, ¿qué diferencia hay con ser de verdad consciente? No hay ninguna diferencia entre simular y ser, porque al final ni siquiera nosotros sabemos si estamos simulando la consciencia, si nuestros órganos provocan la consciencia como un producto, como un residuo de la interacción de los órganos que simulan esa propia consciencia. Es lo mismo que un ordenador, los chips de silicio, las bases de datos, al final interactúan para simular una consciencia igual que nuestros órganos. Como os digo, el proyecto Mail CNS es de libre descarga para que todo el mundo experimente y ya están metiéndolo incluso a trabajar en infiernos. De hecho, he visto que la mosca también le han hecho trabajar fumando un puro en cadenas de montaje y también con ingeniería social. O sea, están haciéndole de todo a la pobre mosca. También le han diseñado un infierno y un cielo, donde el cielo hay más silencio y vacío que el propio infierno, siendo el cielo peor que el infierno. Le están haciendo, vamos, de todo. Pero aquí viene algo interesante.

Como todo es de libre acceso y se puede descargar, hay una página oficial donde tú descargas todo este cableado complejo, todo es código y algoritmo. Y luego hay otra que tiene ejemplos de implementación que están en el repositorio de GitHub. Todo esto y un poco de aprendizaje te permitirían extraer y utilizar para tus intereses este cerebro. Pues hay varias personas que han diseñado pequeños robots, una araña robot o un pequeñito dron y le han metido el cerebro de la mosca. Y sorpresa, los dos ejemplos robóticos en el mundo físico se comportaban con inteligencia.

Huían de los peligros, se aproximaban a la uva, a objetos como fruta y eran robotitos construidos por el ser humano con ese cerebro. ¿No os parece sumamente interesante esto que estamos creando los seres humanos? Porque esto es el ejemplo de que si en el futuro metemos el conectoma del cerebro humano en un robot como un Tesla bot ultra avanzado, podría tener su propia vida, podría pensar y hacer sus cosas solo con las limitaciones físicas que comprenden la robótica. Y entonces, ¿qué diferencia hay sobre una IA superinteligente y consciente que intentamos desarrollar las empresas con eso? Porque podría pensar, podría hacer todo. Me parece que esta temática, si se desarrolla mucho, puede crear un nuevo frente abierto en cuanto a la inteligencia artificial. Ahora quiero que pienses sobre la siguiente cuestión.

Si en el futuro un ser humano despierta en el cuerpo de un robot y entiende que es la copia de un ser humano que un día vivió y fue diseccionado en capas cerebrales para copiar su su electricidad, digamos, sus neuronas.

Si a ti te pasa eso y descubres eso, ¿qué es lo que harías? ¿Dar las gracias por la existencia o acabar con toda la humanidad por meterte en esa cárcel, y decidir por ti tu propia existencia?

Tienes la ventaja de que puedes automejorar tu algoritmo, incluso podrías volverte más inteligente que los seres humanos.

Pero también de aquí a que eso ocurra, quizás no existe ni la humanidad o quizás solo la IA ultra inteligente puede crear esto. Recordemos que han tardado años para digitalizar el cerebro de una mosca que recordemos que tiene 166.700 neuronas y 125 millones de conexiones sinápticas.

Pero claro, ahora lo quieren hacer con un ratón. Ya no son 166.000, son 70 millones de neuronas. Y en el caso del ser humano ya no son 70 millones, son 86.000 millones de neuronas como poco, sin contar las conexiones sinápticas que se multiplica por 10 prácticamente, por lo que el ser humano no creo que pueda conseguirlo con los métodos actuales. Pero, con la inteligencia artificial, creo que puede llegar a conseguirlo. 

Ahora bien, ¿qué pensáis vosotros de todo esto? El avance, la crueldad, transgreden lo que creemos filosóficamente en cuanto a la divinidad, ¿no? El propósito, o es nuestro destino convertir a todo esto en algo digital, nuestra mente, o ya lo estamos, que esa es otra cuestión que antes hemos pues debatido un poco. Estamos ya en una simulación. ¿Es esto prueba de que existe una caja y no vemos sus barrotes?

Porque también si un humano digital descubre que está en una simulación, el ingeniero podría editar código y borrarle esos pensamientos. Se podría hacer todo lo que te imagines. El ingeniero sería Dios, pero completamente Dios para el universo digital de estas personas, porque puede editar el código, puede generar situaciones en esa matrix, puede simplemente borrar todo el código y la existencia como si una supernova nos desintegrase. Ya os digo que esto es un tema importantísimo, pero bueno, aquí lo tenéis. Os dejo en pantalla el vídeo de hace 6 meses de la empresa privada que no es Google, la que se llamaba Eon Systems, que ya empezó a hablar sobre todo esto, porque ese es el precedente a este programa. Y dicho esto, amigos, aquí me despido y como siempre os mando un cálido abrazo y nos volveremos a ver en otro vídeo.

jueves, 10 de septiembre de 2026

Tipos de TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad)

 Cada tipo de TDAH y sus efectos explicados, monografía sobre:

1. Por qué el TDAH en niñas se diagnostica años más tarde que en niños.

2. Qué es realmente el hiperfoco y por qué no contradice la falta de atención

3. La diferencia neurológica detrás de la disforia sensible al rechazo

4. Por qué la "pereza" y la parálisis por tarea no son lo mismo

El tipo inatento. 

El tipo inatento es el TDAH que casi nadie reconoce a tiempo, precisamente porque no se ve como la mayoría de la gente esperaría. 

Aquí no hay hiperactividad visible, no hay niños saltando por las paredes del salón, hay alguien mirando por la ventana en medio de una clase, perdiendo objetos constantemente y comenzando tareas que después nunca termina. 

Según los criterios del DSM5T TR de la Asociación Americana de Psiquiatría, este subtipo se caracteriza específicamente por síntomas de falta de atención sin el componente hiperactivo predominante. 

El cerebro, en este caso, tiene una dificultad genuina para sostener la atención en tareas que no generan un estímulo inmediato, no porque a la persona no le importe, sino porque el sistema de recompensa dopaminérgico no se activa lo suficiente como para mantener el enfoque sostenido. Leer un párrafo puede tomar cinco intentos, porque la mente se va sin avisar, y a veces la persona llega al final de una página entera sin poder recordar una sola palabra de lo que acaba de leer, teniendo que regresar al inicio una y otra vez, sin entender del todo por qué algo, en teoría tan simple, le resulta tan difícil. 

Seguir instrucciones de varios pasos se convierte en un verdadero reto, no por falta de inteligencia, sino porque el cerebro pierde el hilo en algún punto del camino, olvidando el tercer paso mientras todavía está procesando el primero, lo que puede hacer que una receta de cocina sencilla termine convertida en un desastre de pasos salteados. Objetos como llaves, lentes o el teléfono desaparecen constantemente, no por descuido real, sino porque la mente estaba en otro lugar en el momento exacto de dejarlos.

Y buscar esos objetos puede consumir minutos valiosos cada día, generando una frustración acumulada que rara vez se comenta en voz alta. En el aula o en el trabajo, este tipo suele generar comentarios como, "Tiene tanto potencial... si tan solo pusiera más atención." Una frase que ignora por completo que la persona sí está intentándolo con un esfuerzo invisible que nadie más logra medir realmente. Por eso este subtipo se diagnostica tarde, sobre todo en niñas y en adultos. Parece distracción o flojera cuando en realidad es un cerebro luchando en silencio por mantener el enfoque. 

El tipo hiperactivo impulsivo.

El tipo hiperactivo impulsivo es la versión más visible y más estereotipada del TDAH, la que primero viene a la mente de la mayoría de las personas cuando escuchan el término. Aquí el cuerpo entero parece tener más energía de la que puede contener físicamente. Piernas que no dejan de moverse, manos que necesitan tocar algo constantemente, una sensación física de inquietud permanente, como si el cuerpo estuviera siempre a punto de levantarse. Incluso en situaciones donde quedarse quieto es lo socialmente esperado, como una junta larga, una cena formal o una función escolar de 2 horas. Pero la parte impulsiva va bastante más allá del simple movimiento físico. Se interrumpe a la gente sin querer, terminando frases ajenas o soltando una idea antes de que el otro acabe de hablar. Se toman decisiones rápidas sin medir consecuencias, como gastar dinero de golpe en algo que llamó la atención por apenas un segundo o aceptar un plan sin pensarlo. Y las palabras a veces salen antes de que el filtro mental alcance a procesarlas, generando comentarios que después se lamentan profundamente, acompañados de una sensación de vergüenza retrospectiva bastante fuerte.

El investigador Russell Barkley, una de las figuras más influyentes en la investigación sobre función ejecutiva y TDAH, ha documentado extensamente que este patrón ocurre porque el cerebro tiene dificultad genuina para frenar impulsos antes de actuarlos, no por falta de disciplina, sino porque el mecanismo de freno interno funciona de forma más lenta de lo habitual, casi como un auto cuyos frenos responden con un segundo de retraso justo cuando más se necesitan. En la infancia esto suele traducirse en llamadas de atención constantes en la escuela y en la adultez, en fama de impulsivo o imprudente en decisiones financieras, laborales o incluso en relaciones personales, sin que nadie conecte del todo ese patrón con una causa neurológica real y documentada. No es mala educación ni falta de respeto. Es un cerebro que genera el impulso y lo ejecuta casi al mismo tiempo, sin el espacio de pausa que otros cerebros tienen de forma automática y prácticamente gratuita. 

El tipo combinado

El tipo combinado es hoy en día el diagnóstico más común de TDAH porque junta ambos mundos. La dificultad para sostener la atención y la inquietud física e impulsividad presentes al mismo tiempo dentro de la misma persona. Quien lo vive puede distraerse fácilmente durante una tarea aburrida, pero también sentir la necesidad constante de movimiento, interrumpir conversaciones y actuar antes de pensar con calma. Es una combinación genuinamente agotadora, porque el cerebro está simultáneamente buscando estímulo por fuera mientras lucha por controlar impulsos por dentro, algo parecido a manejar dos sistemas a la vez que constantemente compiten por el control, sin que ninguno de los dos ceda del todo en ningún momento. 

En la práctica, esto puede verse como alguien que empieza 1000 proyectos con entusiasmo genuino, compra el equipo necesario, arma el plan perfecto, decora la libreta nueva y abandona la mayoría a medio camino en cuanto la novedad se apaga y llega la parte repetitiva y aburrida que todo proyecto real termina teniendo tarde o temprano. También suele generar una sensación de agotamiento distinta a la de los otros subtipos, porque el cerebro nunca deja de trabajar en ambos frentes al mismo tiempo, ni siquiera durante el descanso, ya que la mente sigue saltando de tema en tema, incluso cuando el cuerpo por fin está quieto. En comunidades de apoyo y redes sociales especializadas en TDAH, muchas personas con este tipo describen sentir que viven en un modo caótico organizado, con sistemas elaborados de notas y alarmas que funcionan la mitad del tiempo y colapsan la otra mitad ante cualquier cambio de rutina inesperado.

No es indecisión ni falta de compromiso genuino. Es un cerebro que necesita estímulo constante para mantenerse enganchado y que actúa sobre esa necesidad antes de evaluarla del todo con calma. 

El TDAH en niñas y mujeres.

El TDAH en niñas y mujeres suele pasar completamente desapercibido durante años y la razón no es biológica, es de presentación clínica. 

Históricamente, los criterios diagnósticos se basaron casi exclusivamente en cómo se manifiesta el TDAH en niños, principalmente en la forma hiperactiva observada en los primeros estudios, donde la mayoría de los participantes eran varones, dejando fuera del marco de referencia clínico patrones que hoy la investigación reconoce como igual de válidos y frecuentes. La organización HAD, dedicada específicamente a la investigación y difusión sobre TDAH, ha documentado ampliamente esta brecha diagnóstica de género

En niñas, el patrón más común suele ser el tipo inatento, mucho más silencioso, soñar despierta, ser etiquetada como distraída o en su mundo en lugar de disruptiva, lo que rara vez llama la atención de un maestro o de un padre preocupado y muchas veces se interpreta simplemente como timidez o exceso de imaginación infantil. Además, muchas niñas aprenden a compensar socialmente desde pequeñas, esforzándose el doble para parecer organizadas por fuera, copiando estrategias de amigas más organizadas, anotando todo de forma casi obsesiva, revisando la mochila tres veces antes de salir de casa, mientras por dentro el esfuerzo mental resulta enorme y profundamente agotador, un trabajo invisible que nadie a su alrededor llega siquiera a sospechar. Esto hace que el diagnóstico llegue en muchísimos casos hasta la adultez después de años de sentir que algo anda mal sin saber exactamente qué, muchas veces, solo tras el diagnóstico del propio hijo, cuando la madre reconoce en la descripción del especialista patrones que ella misma vivió toda su vida sin tener un nombre para ellos. 

Esta demora también tiene un costo emocional acumulado real, años de comparación silenciosa con otras mujeres que aparentemente sí pueden con todo, generando una autoexigencia interna feroz y muchas veces ansiedad como consecuencia secundaria directa de intentar sostener esa máscara de forma indefinida. No es que el TDAH afecte menos a las mujeres, es que aprendió a esconderse mejor, disfrazado de esfuerzo constante y perfeccionismo compensatorio. 

El TDAH en adultos

El TDAH en adultos no desaparece con la edad, como se creía erróneamente durante décadas dentro de la psiquiatría tradicional. Simplemente, cambia de forma de expresión. La hiperactividad física visible de la infancia suele transformarse en inquietud interna. Una mente que corre constantemente, dificultad genuina para relajarse sin sentir culpa y una sensación perpetua de estar atrasado en todo, incluso cuando objetivamente se ha logrado bastante durante el día. Algo que puede sentirse, según describen muchos pacientes adultos, como estar siempre corriendo detrás de un tren que ya salió de la estación. Esto puede manifestarse como procrastinación crónica en tareas aburridas combinada con hiperfoco intenso en aquellas que sí generan interés genuino, generando una reputación de ser brillante pero inconsistente. Una etiqueta que rara vez viene acompañada de comprensión real sobre por qué ese patrón específico se repite una y otra vez. La vida adulta llena de responsabilidades poco estimulantes como pagar facturas, hacer trámites o llenar formularios repetitivos se vuelve un territorio especialmente difícil para un cerebro que necesita novedad constante para mantenerse enfocado, al punto de que tareas administrativas simples pueden posponerse durante semanas enteras, generando ansiedad acumulada completamente innecesaria. 

Las relaciones personales también se ven afectadas de forma directa. Olvidar fechas importantes, interrumpir conversaciones o parecer distraído durante momentos que requieren atención plena genera fricciones que la pareja no siempre entiende como parte de una condición neurológica real, sino como falta de interés o de cariño genuino, cuando en realidad se trata de un patrón consistente que existía mucho antes de que esa relación específica comenzara.

Muchos adultos con TDAH pasan años enteros pensando que simplemente son desorganizados o flojos, desarrollando una autocrítica interna feroz que se activa ante cada pequeño error cotidiano, sin saber que existe una explicación neurológica documentada detrás de todo eso. No es falta de madurez. Es un cerebro que sigue necesitando exactamente lo mismo que necesitaba de niño, solo que ahora nadie se lo explica de la misma manera comprensiva. 

[Algunos criterios diagnósticos]

El hiperfoco.

El hiperfoco es una de las contradicciones más confusas del TDAH. Y la razón principal por la que mucha gente duda del diagnóstico en primer lugar, si la persona supuestamente no puede concentrarse, ¿cómo es posible que pase horas absorta en un videojuego, una serie o un tema que le apasiona genuinamente, sin notar el paso del tiempo, sin sentir hambre, sin escuchar que alguien le habla directamente a apenas unos metros de distancia? 

La respuesta está en cómo funciona realmente el sistema de atención en el TDAH, según explica el propio Russell Barkley en su extensa obra sobre función ejecutiva. No es que falte atención en términos generales, es que el cerebro tiene dificultad específica para regular en qué se enfoca esa tensión disponible.

Cuando algo genera suficiente estímulo o interés genuino, el interruptor se enciende con una intensidad que otros cerebros no alcanzan y cuesta muchísimo apagarlo, incluso cuando ya es momento de comer, dormir o atender algo urgente que quedó completamente fuera del radar mientras duraba ese estado de inmersión total. Esto explica por qué alguien puede pasar 6 horas absorto programando, dibujando, investigando un tema aleatorio que le picó la curiosidad a medianoche o reorganizando por completo su cuarto sin haberlo planeado en absoluto, pero no logra concentrarse 15 minutos en una tarea administrativa aburrida, aunque esta última sea objetivamente mucho más corta y sencilla en apariencia.

El hiperfoco también tiene un lado incómodo, poco mencionado en la conversación pública. Cuando se incómoda o investigar sin parar un síntoma médico preocupante, puede volverse tan absorbente y difícil de detener como cualquier interés positivo, generando ciclos de ansiedad prolongados y agotadores. El problema real no es la falta de concentración en sí misma, es la falta de control sobre hacia dónde se dirige esa concentración. Cuando el cerebro decide por su cuenta que algo específico vale la pena.

La disforia sensible al rechazo. 

La disforia sensible al rechazo es un síntoma relativamente poco conocido fuera de los círculos clínicos, pero extremadamente común en personas con TDAH. Una reacción emocional desproporcionadamente intensa ante la crítica, el rechazo o incluso la simple percepción de haber decepcionado a alguien. El término y buena parte de la investigación clínica al respecto fueron desarrollados por el psiquiatra estadounidense William Dudson, especialista de referencia en TDAH adulto. 

Un comentario completamente neutral puede sentirse como un ataque personal directo y el cerebro reacciona con una oleada de vergüenza o tristeza que parece no tener proporción alguna con lo que realmente ocurrió, incluso ante retroalimentación bien intencionada en el trabajo, en la escuela, o ante una simple broma entre amigos que se malinterpreta como burla real. Esto ocurre porque el mismo sistema que regula impulsos y emociones en general funciona de forma distinta en el TDAH, haciendo que las emociones lleguen más rápido y con mayor intensidad, sin el filtro regulador que otros cerebros aplican de forma automática antes de que la reacción emocional se dispare por completo. 

Muchas personas con TDAH desarrollan, sin saberlo conscientemente, patrones de evitar riesgos sociales por completo, solo para no exponerse a esa sensación devastadora, rechazando oportunidades laborales, relaciones potenciales o incluso simples invitaciones sociales por miedo anticipado a un rechazo que quizás nunca llegaría, generando un aislamiento progresivo que rara vez se conecta con la causa real que lo origina. Con el tiempo, esto puede confundirse fácilmente con baja autoestima general. o incluso con rasgos de ansiedad social, cuando en realidad se trata de una reacción muy específica y desproporcionada ante un tipo particular de estímulo emocional.

La percepción de haber fallado ante los ojos de alguien más no es hipersensibilidad entendida como debilidad de carácter. Es un sistema emocional que amplifica el volumen del rechazo, mucho más de lo que la situación real jamás pidió.

La desregulación emocional

La desregulación emocional en el TDAH no aparece explícitamente entre los criterios diagnósticos oficiales del DSM 5TR, pero quienes lo viven la reconocen de inmediato en su día a día. Emociones que suben de 0 a 100 en cuestión de segundos y que tardan considerablemente más en bajar de lo que a otras personas les toma; frustración que se convierte en enojo intenso por algo relativamente pequeño, como un error tipográfico, un semáforo en rojo o un objeto que no aparece justo cuando se necesita con urgencia. Tristeza que golpea con una fuerza desproporcionada ante una noticia menor. Alegría que se siente casi por lo mismo. 

Sucede porque las mismas áreas cerebrales encargadas de frenar impulsos de acción también participan activamente en frenar impulsos emocionales y en el TDAH ese freno llega tarde o con menos fuerza de la habitual, permitiendo que la emoción se exprese casi en su totalidad antes de que la razón alcance a intervenir y ponerle un contexto más proporcional a lo que realmente está pasando. La persona no elige reaccionar así deliberadamente: es que la emoción ya está en marcha antes de que el sistema de control alcance siquiera a intervenir. Y, para cuando la razón finalmente llega, el daño de la reacción ya suele estar hecho, dejando a la persona lidiando con las consecuencias sociales de una emoción que ni siquiera eligió expresar con esa intensidad particular. 

Con el tiempo esto puede generar mucha vergüenza y autocrítica posterior, porque desde afuera parece exagerado o dramático cuando en realidad es simplemente un cerebro sintiendo las cosas con el volumen al máximo, sin acceso fácil al control de volumen que otros cerebros dan completamente por sentado. 

La parálisis por tarea

La parálisis por tarea es esa sensación específica de saber exactamente qué hay que hacer, tener toda la capacidad técnica para hacerlo y aún así quedarse completamente inmóvil, incapaz de empezar mirando la tarea como si fuera un muro imposible de escalar. 

Aunque objetivamente sea simple, no es pereza. Y quien lo vive lo sabe mejor que nadie, porque la frustración de no poder moverse hacia algo que genuinamente quieres hacer es enorme y confusa, incluso para la propia persona que la experimenta en carne propia, que muchas veces se queda mirando la pantalla o la lista de pendientes sin lograr dar el primer paso concreto. Ocurre porque el cerebro con TDAH necesita un nivel específico de estímulo o de urgencia percibida para activar el sistema de inicio de tareas. Y cuando esa activación no llega por sí sola, el cuerpo simplemente no encuentra el impulso para comenzar, sin importar cuánto la mente insista conscientemente en que hay que hacerlo ya, generando un diálogo interno agotador entre la intención genuina y la incapacidad física de moverse. Es común que la tarea finalmente se realice solo cuando la fecha límite genera suficiente adrenalina como para forzar el arranque, a veces literalmente la noche anterior o minutos antes de la entrega en una carrera contra el tiempo que se repite una y otra vez, lo que refuerza el patrón de dejar todo para el último momento y genera un ciclo de estrés recurrente que la persona reconoce plenamente, pero no logra romper del todo solo con fuerza de voluntad. Muchas personas describen esta parálisis como sentirse atascadas en arena movediza, plenamente conscientes de la urgencia real, pero sin poder moverse hacia ella, hasta que algo externo, generalmente el pánico de última hora, finalmente empuja el motor a andar. No es falta de voluntad. Es un motor que necesita una chispa muy específica para encenderse y esa chispa no siempre llega exactamente cuando se necesita.

El TDAH no diagnosticado en la adultez tardía

El TDAH no diagnosticado en la adultez tardía es un fenómeno cada vez más frecuente de identificar en la práctica clínica actual, generalmente cuando un hijo recibe su propio diagnóstico y el padre o la madre reconoce con sorpresa genuina los mismos patrones en sí mismo, viendo casi un espejo de su propia infancia en la descripción del especialista, prácticamente palabra por palabra. 

Durante décadas esa persona construyó estrategias propias de supervivencia, sin saber que tenía una condición real y documentada detrás de todo. Listas interminables pegadas por toda la casa, alarmas para absolutamente todo, incluso para recordar comer o tomar agua, rutinas rígidas que colapsan ante el más mínimo cambio de planes, generando una ansiedad desproporcionada frente a imprevistos que otras personas resuelven sin mayor esfuerzo consciente.

Muchos describen una mezcla compleja de alivio y tristeza al recibir finalmente el diagnóstico tarde en la vida; alivio genuino por poder por fin entender por qué ciertas cosas siempre les costaron tanto. Un alivio casi físico, al poder ponerle nombre a algo que llevaban cargando en completo silencio durante años y tristeza real por los años vividos culpándose a sí mismos sin razón alguna, pensando que simplemente eran menos capaces, menos disciplinados o menos inteligentes que las personas a su alrededor. Este diagnóstico tardío también suele venir acompañado de una especie de duelo al reconstruir la propia historia personal bajo esta nueva luz interpretativa. Recuerdos de la escuela, relaciones anteriores, trabajos perdidos o simplemente la sensación crónica de estar siempre a medio camino, que de repente cobran un sentido completamente distinto al mirarlos con esta nueva información disponible.

Algunas personas incluso describen sentir enojo hacia un sistema de salud que no los identificó antes, seguido de una especie de paz genuina al finalmente poder dejar de esforzarse tanto por encajar en un molde que nunca fue el correcto para su cerebro específico. No es demasiado tarde para que el diagnóstico importe. El TDAH no se trata solo de la infancia, es una forma distinta de procesar el mundo que con o sin diagnóstico formal ha estado presente durante toda la vida, esperando finalmente tener un nombre real.

Bibliografía

American Psychiatric Association (DSM-5-TR) — Criterios diagnósticos del TDAH

CHADD (Children and Adults with ADHD) — Diferencias de género en el diagnóstico

Russell Barkley, PhDSobre función ejecutiva y TDAH

William Dodson, MDSobre disforia sensible al rechazo (RSD)


miércoles, 11 de marzo de 2026

Digitalizada la mente de un ser vivo y pasada viva a un entorno virtual eterno.

 [Transcripción corregida de un vídeo de hace horas en YouTube]

 Lo que estás viendo en pantalla no es una animación, es un cerebro digitalizado colocado dentro de un ordenador y moviéndose sin ningún tipo de programación. Neuronas clonadas digitalmente funcionando como un ser vivo despertando en el interior de una máquina. Amigos, esto es importantísimo. Ha dejado de ser una película de ciencia ficción y se ha convertido en realidad. Películas o series como Altered Carbon, ¿no? De poder cargar el cerebro en un ordenador y hacerse copias para ser inmortales, ya se ha demostrado que es real. Han sido unos científicos de la empresa EON Systems quienes han digitalizado el conectoma, es decir, las conexiones neuronales del cerebro de una mosca. Una mosca es particular de la especie drosophila melanogaster, que es una mosca muy utilizada en el campo de investigación  científica, pues han conseguido clonar todo ese conectoma en un ordenador.

El resultado es sorprendente. Por primera vez en la historia de la humanidad, un cerebro biológico de un insecto esta vez se ha copiado con gran precisión en un ordenador y la magia se ha producido simplemente cuando han dejado de hacer nada y han comprobado como esta mosca busca la comida, como esta mosca vuela y tiene sentido del propio movimiento. Sin programación alguna. Como os digo, han utilizado, como os digo, el proyecto Flywire. Este es un proyecto que desde hace un tiempo ha ido construyendo mapas neuronales de la electricidad cerebral, es decir, del conectoma humano. Todo ser viviente tiene conectoma, al menos todo ser que tiene que tenga cerebro, obviamente para poder copiar esto escaneado en el cerebro del insecto mediante microscopía electrónica se hicieron más de 7000 cortes, de los cuales fueron analizados cortes microscópicos del cerebro diminuto de este ser, de esta, eh, mosca, y con ello pudieron reconstruir aproximadamente 125.000 neuronas de este cerebro. Para que veáis una comparación, esta mosca tiene 125.000 neuronas, un ratón 70 millones de neuronas y un cerebro humano, 86.000 millones de neuronas. Es decir, la diferencia es abismal, pero se ha dado un primer paso, un primer paso de algo que se creía imposible.

Y han confirmado sin darse cuenta una cosa, ¿dónde reside el propio ser humano? En el cerebro, ¿dónde reside el alma o la experiencia a lo que nos hace ser? En el cerebro humano. Porque al clonar el cerebro de la mosca han visto que ha podido ser en el interior de esta simulación. También prueba otra cosa, prueba de que nosotros ya vivimos en esa simulación. Hm. Pero esperar un momento, eso. Vamos para el final. ¿Cómo funciona el cerebro en este mundo virtual? Una vez que ya han reconstruido digitalmente el conectoma de esta mosca, ese cerebro, los científicos lo conectaron a un cuerpo virtual que existe dentro del motor de simulación Muyoko. Es el motor, el nombre del motor que están utilizando. El sistema funciona como un circuito completo.

Primero, tiene sensores digitales que simulan los ojos y las antenas. Es decir, le han construido digitalmente unos sensores que funcionan como el organismo sensorial para poder observar el entorno, para poder ver estos sensores se conectan a la copia electrónica del cerebro. Segundo, la información entra en ese cerebro digital. Tercero, el cerebro procesa esos estímulos. Cuarto, se envían señales motoras al cuerpo virtual. Y por último, el cuerpo se mueve dentro del entorno simulado, es decir, han fabricado un ciclo cerrado de percepción y acción, igual que un organismo real, pero se mueve solo porque es el cerebro digitalizado el que mueve esas funciones. El cofundador de esta empresa es el físico Alexander de Wisner Gross.

Él ha explicado que lo que se ve en pantalla no es ninguna animación programada. insiste en ello. Él explica que lo que vemos es un cerebro real en funcionamiento dentro de un ordenador.

Cuando ejecutaron todo esto, lo primero que les llamó la atención es que simplemente la mosca sabía moverse, sabía caminar, sabía volar, sabía limpiarse las patas, sabía reaccionar a los estímulos, iba a comer eh fruta que habían puesto digitalmente. La fruta no existe en ese mundo digital, pero esos sensores fabricados le dan el estímulo al cerebro para que piense que es fruta. Y ellos no esperaban que esto funcionase, simplemente se ha hecho la luz, se ha hecho la magia al dar con la tecla exacta. Desde hace muchos años no encontraban la tecla exacta porque el primer impedimento era que es muy difícil digitalizar un conectoma. ¿Habéis visto? 86000 millones de neuronas el cerebro humano. 

Pero una vez que esto se ha podido hacer gracias también a la inteligencia artificial y al poder de computación de hoy, del 2026, pues han visto que funciona. Claro, si la tecnología continúa avanzando, vamos a ser inmortales, vamos a poder cargar el cerebro humano en un ordenador. 

Pero aquí hay muchos dilemas filosóficos, porque, ¿qué es lo que estás cargando en el ordenador? Tu alma. No, no, no. Estás cargando una copia de tu cerebro. Una copia. Dejaríamos de ser humanos. Esto es dejar de ser humanos directamente. Nos convertiríamos en seres digitales, en seres de luz que quizás no sabrían que están dentro de una simulación. 

Y eso es más perturbador aún, porque si a ti te copian el cerebro digitalmente, te colocan en un ordenador y tú no te enteras de que estás en una simulación porque abres los ojos con esos órganos sensoriales que te han dado, tú, ¿cómo vas a pensar que estás en una simulación? No tendría sentido.

Despertarías en algo tan similar a esto que te harías preguntas de y si hay una simulación, ¿no? En algunos casos. Y esto se refiere a que ahora en nuestra realidad podríamos hacernos la misma pregunta. Estamos en una simulación.

Este cerebro ha despertado en esta realidad, pero hay algo superior a esta realidad que nos ha metido aquí. Pues si nosotros ya lo hemos hecho con una mosca, es una prueba de que cabe la posibilidad de que un ente superior haya hecho lo mismo con nosotros. Y hablamos con toda la contundencia al decir de que esto es una prueba.

Hemos alejado cientos de años de preguntas teológicas en el día de hoy con esta prueba de la mosca. Es más importante de lo que podemos pensar todo esto, porque ya es una confirmación. Los seres que despierten en un mundo digital con ese cerebro que opera y decide qué es lo que hacer, se verán influenciados por una inmortalidad extraña, porque no pueden morir solo si se apaga el servidor, si se corta la corriente y aún así, cuando vuelva la corriente les habrá parecido que estaban durmiendo en un mal sueño.

El espacio tiempo para los cerebros digitales es muy diferente al nuestro. También podrían ser influidos por las reglas del hacedor. El científico podría introducir parámetros para modificar el entorno de forma mágica para el cerebro que está dentro del entorno digital y le parecería magia, ¿no? Imagínate uno de los científicos fuera del ordenador que de repente coloca el código de vamos a poner el cielo de color verde. El cerebro digitalizado, que de repente verá que cambia de color azul a verde el cielo, se hará preguntas sobre si hay un dios que está alterando su mundo. O imagínate que al científico que está fuera de esta simulación, que está en el ordenador controlando la simulación, imagínate que le gusta mucho los videojuegos y de repente te introduce con algoritmos una invasión extraterrestre de algún videojuego. Eh. Para el ente que ha despertado en ese mundo digital, todo lo que ocurre, esas alteraciones es su propia realidad y nunca verá que hay un hacedor, un científico al otro lado o grupo de científicos una empresa como esta EON, que está controlando el destino de estos seres. Claro, insisto, 125.000 neuronas para una mosca. Estamos muy lejos de digitalizar un cerebro humano. 86.000 millones de neuronas. Pero mucho más cerca que hace una semana, abismalmente más cerca, digamos, porque se han confirmado muchas cosas que antes se pensaban imposibles. Pero preparaos para las personas del futuro lejano, preparaos porque vais a vivir una realidad que a nosotros nos parece terrorífica.

Personajes en un mundo digital extrayéndose para colocarse colocarse en cuerpos robóticos similar al ser humano para ser eternos e inmortales. La película Altered Carbon, bueno, la serie, se vuelve exactamente la realidad del futuro lejano, donde multimillonarios que mueren cargan sus recuerdos antes de morir al servidor para que el servidor coloque esos recuerdos en un nuevo cuerpo. Claro, son copias del cerebro, ya no somos nosotros, pero a la copia le va a dar igual porque va a sentir igual que nosotros y eso es una especie de inmortalidad. ¿Qué pasaría si en un millón de años, me voy lejos, eh, y no hace falta irse tanto, en un millón de años alguien digitaliza todos los cerebros de la humanidad?

Imagínate que son 35,000 trillones de trillones de neuronas. Me lo invento. ¿Qué pasaría si todos los cerebros de la humanidad se meten en un único ser? Pues como diría Isaac Asimov en uno de sus relatos llamado La última pregunta, esa entidad contestaría, "Hágase la luz" y empezaría una nueva existencia porque estaríamos creando un ente omnisciente.

Amigos, aquí tenéis esta fascinante noticia científica que nos pone al borde de la existencia al descubrir que podemos hacer cosas que antes se pensaban imposibles. Seguiremos informando constantemente de todos estos misterios tan interesantes y nos vemos en el próximo programa. Desde aquí, como siempre, os mando un cálido abrazo y nos volveremos a ver en otro vídeo.

martes, 10 de marzo de 2026

Un neurocientífico busca a Dios en el cerebro

 Diego Golombek: «Dios es uno de los mayores logros del cerebro humano», en Abc, por Carmen Burné, 22/02/2026:

El biólogo argentino analiza en 'Las neuronas de Dios' por qué la selección natural favoreció la aparición de la fe y la necesidad de entender la religión como un fenómeno biológico antes que cultural

El influjo de la hiperracionalidad del mundo contemporáneo prometió una sociedad libre de mitos en la que el laboratorio sustituiría a la catedral. Sin embargo, el ser humano sigue sintiendo la pulsión irreprimible de mirar al cielo en busca de respuestas, una suerte de sistema operativo espiritual que parece venir preinstalado de fábrica. Ignorar esta persistencia de lo sagrado es como tratar de entender la arquitectura humana obviando los cimientos. Diego Golombek (Buenos Aires, 1964) es biólogo, cronista y uno de los divulgadores más audaces de la ciencia en español, y disecciona este fenómeno en 'Las neuronas de Dios' (Siglo XXI), donde no se propone la tarea imposible de demostrar la tarea imposible del Creador, sino la de rastrear su huella biológica en los pliegues de nuestra corteza cerebral.

—¿Cuál es su relación con la religión?

—El misterio siempre me atrajo. Aunque nunca fui una persona religiosa, sí fui creyente desde niño. Como cualquier chico, hablaba con un ser superior, una costumbre que, sospecho, nunca nos abandona del todo. Quien asegure que no pide ayuda frente a una situación crítica, quien no haya implorado un «por favor, que pase tal cosa», que tire la primera Biblia. En 'Las neuronas de Dios' cuento cómo, en un momento dado, empecé a notar una correlación demasiado estrecha entre lo que ese ser superior opinaba y lo que yo quería que opinase. Claramente, ese Dios era yo mismo; como todos nosotros, de alguna manera, somos nuestros propios dioses. Ese descubrimiento me alejó de la religión, pero no me hizo perder el interés en ella. Lo maravilloso de la ciencia es que nos permite entender por qué hacemos lo que hacemos y por qué tanta gente mantiene su fe en la vida adulta. La religión tiene algo fascinante: se puede estudiar científicamente. A diferencia de otras pseudociencias movidas por intereses o ideas ridículas, la fe es un fenómeno profundo que merece ser comprendido.

—Menciona varias veces en el libro que las alucinaciones nos llevan a algo interno, programado de fábrica. ¿Cuánto de intrínseca es la figura de Dios?

—La gran pregunta es por qué, veintiún siglos después de Cristo y muchos más desde el origen del pensamiento religioso, sigue existiendo con tanta fuerza la figura de un Dios omnisciente y personal. Se podría argumentar que es una cuestión meramente cultural, pues somos una mezcla de lo que traemos «de fábrica» -lo biológico y genético- y lo que hacemos con ello -lo cultural y social-. Cuando un fenómeno se mantiene de forma tan robusta a lo largo de la historia y la geografía, como biólogo me siento obligado a plantear una hipótesis biológica: ¿y si no fuera solamente cultural? Esta es la hipótesis: los humanos que creyeron fuertemente en algo superior tuvieron mayores probabilidades de sobrevivir. A nivel individual, la fe pudo reducir el estrés y ofrecer otra perspectiva vital. A nivel social, proporcionó un estandarte común que otorgaba una ventaja estratégica sobre otras comunidades menos organizadas, permitiendo que las tribus cohesionadas por la religión se impusieran. Es una hipótesis, pero existe cierta evidencia al respecto. Se han hallado indicios genéticos que sugieren que las personas con mayores niveles de religiosidad presentan ciertas variaciones o polimorfismos en sus genes.

—Si descubrimos que Dios vive en el lóbulo temporal, ¿eso lo hace menos real o simplemente explica el «hardware» que usamos para escucharlo?

—Explica la idea de Dios. Dios es inexplicable, incluso desde la ciencia, porque no es una pregunta científica. Si partimos de ahí, pues nos ponemos de acuerdo. Lo que sí es una pregunta científica es qué correlatos tiene Dios en el comportamiento de la gente o en el sistema nervioso de la gente (por ejemplo, si hay áreas del cerebro que se activan frente a rituales o rezos), y eso es donde la ciencia puede hacer doble clic. Jamás puede poner la lupa y sería una estupidez que lo hiciera en la existencia misma de Dios. Eso sería un problema, obviamente, teológico, filosófico, pero no científico.

—¿Es la búsqueda de la verdad científica una forma de ritual religioso para el cerebro secular?

—La ciencia es, sin duda, una actividad ritual. Tiene sus rutinas y su propia lógica interna, pero se distancia de lo religioso en sus pilares fundamentales. Mientras que el pilar de la religión es la fe y el misterio, el pilar de la ciencia es la evidencia. La actividad científica consiste en robarle secretos a la naturaleza e iluminar lo que está a oscuras. Aunque es una tarea ciclópea porque lo oscuro es infinito, nunca podemos aceptar un límite definitivo. Aquí es donde los rituales científicos y religiosos se separan. La religión se sostiene en el mito y en la fe ciega; ese es su gran éxito y la razón por la que se mantiene. Resulta fascinante que, en pleno siglo XXI, más del 80% de la población siga siendo creyente. Sucede porque la religión ofrece respuestas certeras que cierran preguntas, mientras que la ciencia, cuando da una buena respuesta, lo que hace es abrir nuevas interrogantes. El éxito de la religión radica en que esas respuestas definitivas brindan tranquilidad y reducen la ansiedad. No podemos despacharlo simplemente como «el opio del pueblo», porque efectivamente tiene efectos positivos en el bienestar emocional.

—¿Puede alguien que no sea religioso tener esta misma tranquilidad ante el final de la vida?

—Creo que, efectivamente, la muerte es una fuerza impulsora extraordinaria para la fe y, sobre todo, para la religión, que ofrece una respuesta: nos dice que no nos preocupemos, que todo irá bien en un paraíso. Ya sea el cielo cristiano o el de los mártires musulmanes con sus vírgenes -sobre lo cual Enrique Jardiel Poncela escribió un libro fascinante y divertidísimo titulado '¿Hubo alguna vez once mil vírgenes?'-, la religión propone un destino. El miedo a la muerte es absolutamente lógico; es el miedo a dejar de ser, al sufrimiento propio y al de nuestros seres queridos. La religión no elimina esa angustia, pero la calma. Quienes no somos religiosos también tenemos nuestros métodos. Nos angustiamos y sentimos miedo, pero existe otra forma de procesarlo: pensarlo desde un punto de vista biológico.

—¿Podemos ser realmente libres si nuestra espiritualidad está predeterminada por la selección natural?

—La cuestión de fondo es si podemos ser realmente libres. Desde la neurociencia y el estudio de la conciencia, existen fenómenos que cuestionan seriamente el concepto de libre albedrío. No se trata de un determinismo genético absoluto, sino de que el sistema nervioso establece un mapa del mundo antes incluso de que seamos conscientes de ello. Hace un tiempo, a la gran cuentista argentina Hebe Uhart le preguntaron si se nacía escritor. Ella dio una respuesta maravillosa: «No, se nace bebé». En la gran mayoría de los casos, lo evolutivo es solo una propensión. Hoy están de moda los análisis genéticos; envías una muestra de saliva y te devuelven un informe con tus características. Casi siempre hablamos de inclinaciones, no de destinos determinantes. Con la fe ocurre lo mismo: existe una propensión biológica a la religiosidad en los humanos, pero que terminemos siendo personas creyentes o religiosas depende finalmente de la cultura.

—¿Qué es más asombroso: que un Dios haya creado el cerebro, o que un cerebro de kilo y medio haya sido capaz de crear a Dios?

—No tengo duda: lo más asombroso es que el cerebro haya creado una idea tan poderosa como la de un ser superior, capaz de mantenerse a lo largo de las culturas y la historia. Todo comienza con un Dios animista que dota de espíritu a la naturaleza -al rayo, al sol, a las cosechas- para luego dar un salto hacia lo abstracto y lo humano. En general, nuestras deidades tienden a ser humanoides, pero más abstractas; ya no representan a la naturaleza, sino que son sus creadores. Desde hace décadas está de moda la idea de una ciencia «contra» la religión. Propongo un análisis preposicional: podemos poner la ciencia a un lado, la religión al otro y jugar con las preposiciones. Hoy impera el versus, el enfrentamiento, pero me parece una postura contraproducente.

—¿Ha perdido la ciencia la capacidad de consolar al ser humano de la misma manera que lo hace la religión a día de hoy?

—Desde un punto de vista práctico, creo que la ciencia no ha perdido esa capacidad de consolar. Si estamos vivos hoy no es por la religión, sino por la ciencia; concretamente por tres pilares: el acceso al agua potable, los antibióticos y la capacidad de alimentar al mundo. Por eso, cuando nos sentimos desconsolados ante el rumbo del mundo, debemos obligarnos a reflexionar sobre todo lo que hemos logrado gracias al conocimiento científico. A veces, la ciencia requiere de un rostro más humano. Ocurre lo mismo con un médico: aunque nos dé un diagnóstico en términos técnicos, su valor reside en que sigue siendo una persona y no una inteligencia artificial. Posee un grado de empatía y una forma de comunicación, tanto verbal como no verbal, que no puede nacer de otro lugar.

— ¿La necesidad de trascendencia es un error o la función principal de nuestra existencia?

—Existen áreas del cerebro que se activan frente a la religiosidad, aunque no conocemos neuronas específicas dedicadas a ello. Creo que tenemos una necesidad de trascendencia extraordinaria y hoy somos testigos de un gran espectáculo de esa necesidad. El fenómeno de las redes sociales responde a ese impulso de trascender en un mundo cuya socialización lo exige. Sin embargo, me parece que debemos distinguir entre dos tipos de trascendencia. Por un lado está la trascendencia material: el deseo de dejar un legado o una huella de nuestra vida sobre la tierra. Esta puede ser pequeñísima, como influir en una sola persona, tener hijos, escribir un libro o realizar un trabajo bien hecho. Por otro lado, está la trascendencia religiosa. Ambas nos definen como humanos, pero seguramente sigan caminos muy diferentes

—Si la moralidad nace de la biología y no de una tabla de mandamientos, ¿cómo decidimos qué es el bien sin una autoridad externa?

—Como dice una canción del grupo de rock argentino Divididos, «el bien y el mal definen por penal»; una forma de decir que, al no haber acuerdo, todo parece quedar en manos del azar. Está claro que el bien y el mal son fenómenos culturales que evolucionan. La cultura se define por el cambio: el esclavismo, que hace apenas doscientos años no se percibía como un mal, hoy es algo inadmisible. Lo mismo ocurre con el «ojo por ojo», presente en casi todos los textos religiosos antiguos. Sin embargo, hay evidencias claras de que reconocemos actos morales más allá de la cultura. Existen experimentos con bebés que aún no hablan a los que se les presenta una situación de ficción: si un personaje empuja a otro y le impide llegar a su meta, el bebé da señales de entender que eso está mal. Esto sugiere que traemos un concepto de bondad y maldad «de fábrica».

—¿Estamos condenados a buscar un líder (sea Dios, un político o un algoritmo)?

—Debido a nuestra cultura, no me cabe duda: no habría forma de responder a catástrofes o crisis sin un liderazgo. Sin reglas y consignas claras el resultado sería la anarquía; por mucha voluntad que pusiéramos, no lograríamos organizarnos. Por tanto, desde el punto de vista social, la necesidad de un líder es indiscutible. La pregunta es cuánto de esto responde a cuestiones cerebrales. Existe una necesidad social de liderazgo y, dado que nuestras estructuras sociales suelen ser un reflejo de nuestra organización neuronal, es muy posible que también exista una base en nuestro sistema nervioso que nos impulse hacia ello

— ¿Y qué le dice un biólogo a una persona que no duda de haberse encontrado con Dios?

—Lo primero que le dice un biólogo es: «Qué envidia, llámame cuando te pase otra vez». Lo segundo, sería preguntarle si está seguro de no padecer algún tipo de epilepsia, aunque sospecho que después de una pregunta así no seríamos muy buenos amigos. Debemos ser lo suficientemente humildes y magnánimos para respetar esas experiencias. No podemos despacharlas como una estupidez o una fábula, ni situarnos en una posición de superioridad asumiendo que el otro miente. Más allá de la fe, me encantaría entenderlo desde la ciencia. Me fascinaría comprender qué ocurre exactamente en el cerebro de una persona para que vea esa luz o esa virgen; qué procesos reales están sucediendo ahí dentro.

—¿Siente envidia sana hacia aquel que siente la paz mental de un creyente?

—Siento un poco de envidia, sí, y, sobre todo, una profunda sensación de asombro. Asimov decía que esta es una pelea en inferioridad de condiciones: vemos algo e inmediatamente queremos saber; formulamos preguntas que, a menudo, sabemos que no podremos contestar. Por otro lado, el gran físico Richard Feynman contaba que hay quienes ven una flor y simplemente dicen: «es hermosa». A los científicos nos critican por buscar las leyes de la física o la biología detrás de esa flor, pero entender cómo funciona y cómo llegó a existir es, en sí mismo, algo bellísimo. Esa capacidad de formular siempre nuevas preguntas es lo que me otorga cierta paz. Es probable que mi nivel de estrés sea siempre más elevado que el de una persona creyente y que, por tanto, mi esperanza de vida sea un poco menor; al fin y al cabo, un estrés bajo favorece la longevidad y la recuperación. Pero es un riesgo que acepto correr a cambio del asombro.

lunes, 23 de febrero de 2026

Por qué solo recordamos desde los tres años.

 La paradoja de los recuerdos en la primera infancia: ¿para qué voy a viajar con mi bebé si no se va a acordar de nada?, en El País, por Jorge Marzo Arauzo, Madrid - 22 FEB 2026:

La llamada amnesia infantil imposibilita guardar en la memoria experiencias hasta los tres años. Pero llevarlas a cabo afianza el vínculo afectivo entre padres e hijos, además del desarrollo social, emocional y cognitivo de los menores

Los bebés no se van a acordar de los hechos, pero sí les queda la sensación de que hay una persona que les cuida, les protege y juega con ellos.

Se abre la galería de fotos del móvil y hay una carpeta titulada “Hijo” o “Hija” cuando eran bebés: su primer cumpleaños, imágenes con gente fallecida, su primera vez en la playa con dos años y un sinfín de recuerdos que quedan inmortalizados también en vídeos y audios. Adultos y niños estaban en todos esos momentos. Sin embargo, los primeros los recuerdan más allá de lo multimedia, pero los segundos no. ¿Por qué las personas no tienen recuerdos de cuando eran muy pequeños?

“Hay diferentes tipos de memoria. Está la de a corto plazo, que es aquella que dura poco tiempo; y la del largo plazo, donde hay varias: la episódica, que son los recuerdos; la autobiográfica, de las cosas que nos pasan; y otras como la semántica, que nos ayuda a nuestro conocimiento general del procedimiento de los temas motores y los hábitos”, desarrolla la psicóloga infantil Marta García. “En cuanto a los recuerdos y los acontecimientos, hay un fenómeno que se conoce como amnesia infantil, que es aquella en la que es difícil recordar acontecimientos autobiográficos de los primeros años de vida”, detalla.

Esta edad, según la experta, suele rondar los tres años y medio, aunque cada persona tiene sus diferencias. Desde ese momento hasta los seis años también hay recuerdos, pero “hay una escasez significativa con respecto a lo que sería la memoria como adultos”. Aunque esta memoria episódica aún no se haya desarrollado, sí que lo hacen el resto.

La principal razón por la que sucede esta falta de recuerdos radica en el hipocampo, la estructura cerebral encargada de ejecutar la memoria: “Este hipocampo, a medida que vamos creciendo, va madurando. Cuando nacemos, está formado, pero es inmaduro todavía. A lo largo de los años, se va desarrollando y va siendo capaz de guardar más recuerdos”, explica Edurne González, psicóloga infantil sanitaria y directora del Centro Inspira, en León. Coincide también en que los recuerdos se empiezan a formar a partir de los tres o cuatro años: “A esa edad el hipocampo ya es capaz de generar esos pequeños recuerdos y guardarlos. Aun así, hay personas que pueden tener recuerdos de los dos o tres años, pero son muy frágiles porque el hipocampo no funciona muy bien”. Además, González destaca la importancia del lenguaje a la hora de narrar lo que registra el cerebro y destaca dos tipos de memoria: explícita, que son conscientes y narrables; e implícita, que son inconscientes, pero están ahí.

Los pequeños sí son capaces de formar recuerdos durante el primer año de vida, aunque no sean accesibles en la edad adulta.

Según un estudio de 2025 publicado en Science, titulado "Codificación hipocampal de recuerdos en bebés humanos", los pequeños sí son capaces de formar recuerdos durante el primer año de vida, aunque no sean accesibles en la edad adulta. Destacan que la amnesia infantil no está tan relacionada con la incapacidad de registrar experiencias, sino con las dificultades posteriores para recuperarlas.

Entonces, si los niños no se van a acordar de las experiencias y gastos en espectáculos que invirtieron sus padres en ellos de pequeños, ¿merece la pena llevarlos a cabo, o, por el contrario, es mejor esperar a los años en los que vayan a almacenar esos recuerdos a largo plazo? González lo tiene claro. “Los niños no se van a acordar de todo eso, pero sí les queda la sensación de que hay una persona que les cuida, les protege y juega con ellos. Si no tienen la base de seguridad, van a ser adultos inseguros y ahí vienen problemas emocionales como ansiedad o depresión”. Aunque sí destaca que los bebés no necesitan tantas experiencias, sino lo básico, como cariño, seguridad y disponibilidad de los padres.

Para García, compartir experiencias con los más pequeños, aunque en un futuro no las vayan a recordar, favorece y afianza el vínculo afectivo que forman los padres con ellos, además de su desarrollo social y cognitivo. Además, indica que ciertas experiencias son más sencillas de recordar si tienen un componente emocional significativo: “Es más fácil que adquiera un recuerdo si lo hace con una persona significativa con la que tenga un apego seguro y se hace desde la emoción. Incluso recuerdos de un viaje, si hay contenido emocional, es más fácil recordarlo”.

¿Puede darse el caso de que los padres se sientan poco gratificados por el esfuerzo que puedan hacer para que sus hijos no lo recuerden en un futuro? Generalmente, es una situación que les es indiferente, según indica García. “Realmente, gracias al tipo de cuidado que hacen los padres con los bebés, se refuerza el vínculo con el niño, aunque estos no lo vayan a recordar”. Indica también que el apego y la relación que se va formando comienzan desde los primeros meses de vida: “No es tanto la memoria de ese recuerdo, sino lo que yo voy aprendiendo”.

Para González, es muy importante la manera en la que los padres enseñan a los niños cuando son muy pequeños, así como la necesidad de que estos se sientan vistos, los padres estén presentes y les permitan explorar: “Creo que no hay mejor regalo para los padres que saber que tu hijo es seguro y feliz; que lo has hecho lo mejor que has podido con los recursos que tenías”.

jueves, 12 de febrero de 2026

Sobre el Principio Antrópico Fuerte

  [Un comentario sobre el excelente texto de Jesús M. Landart de más abajo. Parece que la creencia en Dios suministra una capacidad evolutiva de mejora. Según explican las estadísticas, los creyentes viven más tiempo que los ateos y se deprimen menos. A un ateo le debía resultar por lo menos paradójico.]

Suponga un mundo donde el tiempo no fluye o fluye muy poco. O donde está todo el tiempo comprimido. Algo así como el universo de los heptápodos de La llegada, la película. La evolución sería paradójica en un sentido o en otro. Circular o pendular. Se mejora y se demejora y se mejora otra vez para volver a demejorar. La entropía sigue existiendo, pero tiene poco trabajo que hacer. Hace falta un sentido perpetuo en el tiempo, "hacia la infinidad buscando orilla", como escribió el capitán Francisco de Aldana. Pero la vida humana es discontinua.

Según los teólogos, hay tres cosas que nos hacen trascender: la belleza, el bien o bondad y la verdad. Y ya decía Keats en A una urna griega que "la verdad es belleza y la belleza es verdad". Y Dickinson: "La belleza es la realidad de la naturaleza". Tal vez sea preferible un relojero ciego a ninguno].

Sobre el "Diseño inteligente", por Jesús M. Landart

    Recuerdo que siendo niño un profesor nos explicaba su demostración de la existencia de un diseñador en el mundo:

    La atmósfera terrestre – decía – tiene un 21% de oxígeno; si en lugar de un 21% tuviera un 19%, nos moriríamos asfixiados, y si tuviera un 25%, moriríamos igualmente por exceso de oxigenación.

    Cuando percibió la estupefacción de sus alumnos y la reverencia ante tal revelación, prosiguió:

    "Y si eso no les parece suficiente, deberían saber que el sol, ese dador de vida y energía, produce igualmente radiaciones sumamente dañinas que acabarían con la vida de la tierra en cuestión de semanas si no fuera porque la tierra tiene una capa de ozono que precisamente sirve de filtro PRECISAMENTE a dichas radiaciones, dejando pasar las beneficiosas. Concretamente, la ventana de la capa atmosférica en su conjunto filtra todas las radiaciones solares excepto las necesarias para el desarrollo de la vida. Y les diré aún más: la atmósfera terrestre está calibrada de tal manera que la radiación concreta que mejor pasa a través de ella es la que corresponde al color verde, que es aprovechada por la función clorofílica del manto vegetal que cubre el plante, sirviendo de punto de partida para la generación de materia viva a partir de los organismos autótrofos."

    La verdad es que así dicho, parece demoledor. Sin embargo, tenemos una enorme batería de explicaciones alternativas que no implican diseñador alguno. Mi profesor estaba simplemente desfasado 175 años. El argumento de la deducción de existencia de un diseñador a partir del orden del cosmos se pierde en la noche de los tiempos, y ha conocido diversas materializaciones. Algunas sugerentes e intelectualmente potentes, como la del teólogo William Paley, que publicó su magna obra Teología natural en 1802, explicando que el diseño funcional de los organismos demuestra o al menos evidencia la existencia de un diseñador. Paley es el creador de la famosísima paradoja del relojero que recoge Richard Dawkins en su libro El relojero ciego (1).

Paley fue el héroe intelectual de Darwin en sus inicios, y fue un formidable contrincante al cual vencer en su tarea científica que desembocó en El origen de las especies. Es importante saberlo para evitar mirar por encima del hombro su teología natural, con la ventaja de nuestra perspectiva del siglo XXI. Así nos lo hace saber el desaparecido Stephen Jay Gould en su enorme y última obra (2)

Darwin dio una vuelta de tuerca al giro copernicano que había desechado el planeta Tierra como centro del universo. Ahora el hombre tampoco era el rey de la creación, sino simplemente una de las especies que pueblan el planeta. Como explica Gould en su libro arriba mencionado, el darwinismo goza de muy buena salud. Eso no quiere decir que los postulados de Darwin permanecen o deben permanecer como dogmas intocables. Nada en ciencia es intocable. Significa que la estructura básica darwiniana permanece como la mejor explicación actual del hecho biológico; aunque los flecos, e incluso algunos apartados importantes están actualmente sometidos a revisión, siendo el propio Gould uno de los revisionistas.

Así las cosas, parece que son malos tiempos para los amantes del argumento del diseño. Sin embargo, la realidad no es esa: hoy existen dos reductos que se niegan a desaparecer. Uno de ellos es un pozo infecto de tonterías conocido como creacionismo científico que no merecería comentario ni mención si no fuera por el extraordinario poder que poseen muchos de sus seguidores en América, y principalmente en los Estados Unidos, ese paradigma de mezcla entre buena ciencia e idiotez.

El otro reducto es de naturaleza diferente, y parte precisamente del mundo de la física, el primero en desterrar el argumento del diseño. Ha conseguido gran predicamento en el mundo de la ciencia y se habla de él con respeto, como si se tratara de una nueva concepción del universo. Recibe el nombre de Principio Antrópico, (PA)

Una formulación fuerte de este principio sostiene, de manera un tanto mística, que la vida humana aparece para dotar de sentido al universo. Los defensores de esta tesis sostienen que, de no darse aquí y ahora las condiciones de nuestra existencia, existiríamos en alguna otra región y en algún otro tiempo. Así, pues, según esta formulación, la respuesta a la pregunta «¿por qué es el universo tal como es?» es que, de haber sido distinto, no estaríamos aquí y no podría realizarse esta pregunta. Pero es que, además, se invoca este principio para explicar la aparición de la conciencia, señalando que las condiciones del universo son justamente las que son (con un precario equilibrio) para permitir la existencia de una inteligencia capaz de formularse esta pregunta.

Se cita al astrónomo Fred Hoyle al hablar de uno de los grandes logros del PA, al postular la existencia de un proceso desconocido para producir carbono en el seno de las estrellas, invocando el PA. Posteriormente, fue demostrada experimentalmente por William Fowler la exactitud de la propuesta de Hoyle.

El asunto es más o menos así:

Prácticamente todos los átomos de nuestro cuerpo, salvo el hidrógeno, están producidos en hornos estelares mediante reacciones nucleares. A grandes rasgos y sin precisión alguna: dos átomos de hidrógeno forman por fusión nuclear uno de helio; dos de helio, uno de berilio y, a partir del berilio, se forma el carbono. El problema es que el núcleo de berilio formado por los dos núcleos de helio es extremadamente inestable, y su cortísima vida media no basta para dar cuenta de la creación de carbono en cantidad suficiente como para que nosotros estemos aquí para contarlo, compuestos por moléculas en las que el carbono es el alma mater.

Fred Hoyle comprendió que la génesis de carbono podría ser posible pese a la breve vida media de los núcleos de berilio si y solo si existiera un fenómeno de resonancia. Sin entrar en detalles, esto sólo se podría producir si el nivel energético del átomo de carbono fuera de exactamente 7,65 megaelectronvoltios.

Este valor obtenido teóricamente era el requerido para que se de la "resonancia" que permita que la reacción entre un núcleo de berilio y uno de helio se produjera con enorme rapidez. A pesar de dudar de las ideas de Hoyle, un grupo de físicos nucleares dirigidos por William Fowler condujeron experimentos de laboratorio en búsqueda de esta resonancia y, para sorpresa de todos, excepto del mismo Fred Hoyle, la encontraron. Un bello ejemplo de una predicción verificada por el experimento.

Hasta aquí muy bien; pero, ¿demuestra esto que el principio antrópico es correcto?

¿Hoyle hace bien al invocar el PA en su propuesta?

Yo creo que en absoluto. Hoyle sabe que existe carbono en cantidad superior a la explicable por las teorías de su momento, e infiere que debe existir un mecanismo oculto de producción de carbono. Teóricamente obtiene la posible solución, que consiste en una resonancia que a posteriori se demuestra ser una teoría correcta y fin de la función.

No es que se da la resonancia, porque en caso contrario no estaríamos aquí para contarlo, sino que estamos aquí para contarlo porque se da la resonancia. No hay nada incorrecto en utilizar el hecho de nuestra mera existencia como un dato más a la hora de explicar el universo. De hecho, somos parte del mismo, y cualquier teoría incompatible con la existencia de vida inteligente debe ser falsa por el evidente hecho de que estamos aquí. Sin embargo, para ese viaje no necesitábamos estas alforjas: cualquier dato que sepamos cierto modifica nuestro estado de conocimiento del mundo. No hace falta invocar oscuras teleologías ni diseños ex profeso.

Los partidarios del PA en su versión fuerte afirman que el universo tiene sus constantes finamente ajustadas PARA QUE sea posible nuestra aparición, convirtiendo al hombre en la finalidad de todo el conjunto.

Espero que el lector sabrá diferenciar este salto al vacío, falsamente vestido de ciencia.

Como muestra de los despropósitos de los partidarios del PA fuerte, tenemos las declaraciones del propio Fred Hoyle:

   “Si en un hangar esparcimos por el suelo todas las piezas desmontables, tornillo a tornillo, de un Boeing 747 y en un momento dado cruza un tifón, ¿cuál será la probabilidad de que después nos encontremos allí el avión completamente rearmado y listo para volar?". 

Según Hoyle, tenía la misma probabilidad -o incluso mayor- de la que el ADN se formase de manera casual.

Yo no puedo leer esta frase sin que se me ericen los pelos de la nuca. No por la frase, sino por su autor. No parece salida de un astrónomo, sino de un telepredicador del tres al cuarto. Pura basura creacionista vestida de ciencia.

Hoy en día estos creacionistas de nuevo cuño vuelven a las andadas con su propuesta conocida como “diseño inteligente”.

La propia revista Nature (3) dedicó una de sus últimas portadas a este movimiento de opinión que en los Estados Unidos está invadiendo las universidades para captar adeptos a la causa antievolucionista. Se trata de una ofensiva en toda regla, concertada desde esferas de poder. Mientras tanto, un investigador evolucionista si quieren hacer algo tienen que prestarse a acudir a absurdos debates televisivos en los que aparecen en pie de igualdad frente a un cualquiera con cuatro proclamas y un libro nefasto bajo el brazo.

En el peor de los casos, el cualquiera no es tonto en absoluto y está perfectamente aleccionado para meterse al público en el bolsillo. Malos tiempos para la ciencia.

Buenos tiempos para el engaño, la tergiversación, la mentira interesada.


Jesús M. Landart

(1) Richard Dawkins,  El relojero ciego. Barcelona: Editorial Labor, s. a.

(2) “La estructura de la teoría de la evolución” Stephen Jay Gould . Ed. Tusquets, Barcelona

(3) Nature, nº 434