[Transcripción corregida por el bloguero de "Descubren un poder oculto en tu cerebro que la Ciencia no puede controlar", por Fon Ramos, en Atraviesa lo desconocido, YouTube, 26 de mayo de 2025]:
0. Introducción
1. La conexión desconocida del cerebro con el Universo
2. Aprendemos cosas del exterior cuando dormimos
3. Confirman que el cerebro funciona en 11 dimensiones
4. El cerebro hace algo desconcertante 3 semanas antes de fallecer
5. Lo que descubrieron avanzadas resonancias magnéticas en el cerebro
6. Se confirma que vemos toda nuestra vida pasar al fallecer
7. Hallazgos sobre la conciencia y el punto de no retorno
8. Nuevos estudios confirman similitudes cerebro-universo
0. Introducción
Científicos de todo el mundo están impresionados tras investigaciones que desafían lo que creíamos saber sobre el cerebro humano. Y lo cierto es que cuanto más se adentraron en los misterios de nuestra mente, más se sorprendieron. Extrañas similitudes entre el cerebro y el universo, como si estuvieran conectados de una forma imposible y capacidades que no creíamos que el cerebro pudiera tener son solo algunos de los nuevos descubrimientos que están dejando impactados a todos. Pero, ¿realmente podría la mente humana estar vinculada con el cosmos? ¿De dónde salen las extrañas capacidades que los científicos han descubierto en la mente humana?
1. La conexión desconocida del cerebro con el Universo
Hoy os traigo una información que nos dice que tenemos mucho que aprender. De hecho, tenemos mucho, muchísimo que aprender y seguimos aprendiendo de lo que hay aquí dentro, dentro de nuestra cabeza. Una de las cosas más increíbles de la creación que pesa menos de 2 kg. Una de las cosas que debemos saber es que el cerebro en realidad funciona como un todo que está siempre activo. Es, digamos, como una red de conexiones entre neuronas que transmiten información mediante actividad eléctrica. Esta actividad se puede activar más o menos, pero siempre, siempre está funcionando. Es algo similar a un océano. En el océano siempre hay olas, pues con el cerebro ocurre lo mismo, siempre está activo y vaya si lo está. Existen tantas conexiones en las neuronas de nuestro cerebro como estrellas hay en el universo. De hecho, nuestro cerebro es tan complejo que es consciente tanto de sí mismo como del universo que lo rodea.
Bien, llegados a este punto, se me ocurre que seguramente habrá niveles de conciencia, de manera que el ser vivo, pues más elemental, bueno, podríamos decir una hormiga, un insecto, tenga un nivel más básico y que, cuanto más complejo ¿no? sea un ser vivo, pues más conciencia tiene, hasta llegar, evidentemente, a nosotros. De manera que un ser, cuanta más capacidad tenga de interactuar con su entorno, más consciente es de sí mismo.
Pero volvamos al ser humano. ¿Pensáis que de alguna manera nuestro cerebro esté conectado con el universo a escala cuántica? Recordemos que la física cuántica estudia y trata de explicar el comportamiento de lo más pequeño cuando no podemos explicar lo más grande mediante la física normal, mediante la física clásica. Pero, claro, es que lo más pequeño se refleja en lo más grande, así que tiene que haber una conexión. Y es que cada átomo de nuestro cuerpo está formado de la misma materia que las estrellas y nuestro cerebro también. Incluso vemos reflejada la disposición de nuestro cerebro en el universo y, además, ahora sabemos que es con una exactitud extraordinaria. Tenemos un programa de eso, por cierto. Eh, visto esto, nos preguntamos si podría la física cuántica explicar la relación de nuestro cerebro con el vasto universo. Pues fijaos, científicos famosos como el profesor Roger Penrose explicaron ya hace bastantes años que jamás una computadora podrá imitar al cerebro humano y mucho menos recrear una experiencia consciente o un pensamiento, una sensación o cualquiera de las cosas que se producen en nuestro cuerpo gracias al cerebro. Esto debería de poder explicarse mediante otra cosa y quizás en la física cuántica esté la respuesta. Por eso este mismo científico, junto al Dr. Stuart Hammerov, propuso una controvertida teoría en la cual se afirmaba que los microtúbulos, es decir, tubos de proteínas que forman la estructura de soporte de las neuronas, explotan los efectos cuánticos para existir en superposiciones de dos formas diferentes a la vez. Los científicos Dirk Meer y Hans Gracing de la Universidad de Groningja en Holanda fueron aún más allá y afirmaban en un estudio que nuestro cerebro consciente tiene la capacidad de conectarse con el universo a través de un campo externo.
Ese campo recogería información externa y la entregaría al cerebro a gran velocidad. Los investigadores aventuran que este hecho podría explicar incluso la rapidez con la que el cerebro registra y procesa información del entorno al nivel consciente e inconsciente. Esto explicaría cómo los procesos físicos materiales dan lugar a la conciencia, que es inmaterial, y todo sería gracias a la conexión del cerebro con el universo a escala cuántica. Estos estudios son muy controvertidos; ya hemos hablado varias veces de ellos y además es que tienen algunos problemas porque, hasta donde sabemos, la mecánica cuántica funciona solamente si no se altera lo más mínimo y, además, hasta donde sabemos, también funciona a temperaturas muy frías, cosa que no pasa en el cerebro humano. Entonces, ¿cómo podríamos comprobar este tipo de teorías, como por ejemplo la de los microtúbulos de Penrose, en laboratorio? ¿Se podría comprobar de alguna manera? Pues eso es lo que se está haciendo ahora. Fijaos en un experimento reciente. Un equipo dirigido por Jack Tutinski de la Universidad de Alberta en Canadá descubrió que los medicamentos anestésicos realmente reducen el tiempo durante el que ciertas diminutas estructuras de las células cerebrales son capaces de soportar los supuestos efectos cuánticos. Es decir, existe un misterioso retraso de emisión de luz que se acorta si ponemos anestesia. Los científicos han explicado que esto podría indicar un origen cuántico que a su vez daría lugar a la conciencia. Pero hay más. Fijaos, otros científicos de la Universidad Yao de Shanghai hicieron otro experimento tratando de recrear en un laboratorio cómo partículas cuánticas podrían moverse en una estructura compleja como el cerebro.
Nuestros cerebros están compuestos de células llamadas neuronas y se cree que su actividad combinada genera conciencia. Cada neurona contiene microtúbulos que transportan sustancias a diferentes partes de las células. La teoría de Penrose-Hammerov de la conciencia cuántica sostiene que los microtúbulos están estructurados en un patrón fractal que permitiría que ocurrieran procesos cuánticos. Los fractales están en todo el universo, así que los científicos usaron experimentos de haces de luz para estudiar el movimiento cuántico que tiene lugar dentro de los fractales con un detalle sin precedentes. Observaron que la propagación de la luz a través de un fractal se rige por diferentes leyes en el caso cuántico en comparación con el caso clásico. Así que, al menos por ahora, parece que nuestra mente se conecta con el exterior de una forma cuántica, aunque hay que decir que aún queda mucho que demostrar en este campo, está claro.
2. Aprendemos cosas del exterior cuando dormimos.
Uno de los momentos más esperados por muchos tras una dura jornada de trabajo o tensión es cuando nos vamos a la cama a descansar y, por supuesto, dormir. Pero lo que pocos imaginan es que se ha descubierto recientemente que seguimos aprendiendo mientras soñamos. Este descubrimiento fue plasmado en un estudio de la revista Nature Communications, en donde se muestra que durante la fase R.E.M. o Rapid Eye Movement, es decir, en pleno sueño, nuestro cerebro aprende cosas nuevas.
Pero preguntaréis, ¿cómo puede ser esto posible? Pues veréis, Thomas Andreillon, que es un psicólogo investigador de la Universidad de Investigación Pésel en París, Francia, pues monitoreó el sueño de un grupo de 20 personas a quienes hizo escuchar una serie de patrones de sonido mezclados con ruido blanco cuando estaban despiertos y luego también cuando dormían. A la mañana siguiente, Andreillon y su equipo pidieron a esas personas que recordaran esos patrones de sonido. Fijaos, lo que recordaron mejor fueron los patrones de sonido que escucharon durante la fase de sueño REM, es decir, cuando estamos soñando profundamente. Es decir, los aprendieron durmiendo. Gracias a ese estudio, los científicos se han dado cuenta de que el sueño ayuda a consolidar la memoria, a la vez que se deshace de las conexiones neuronales más débiles, para permitir fijar las asociaciones más fuertes. Por de pronto, lo que se sabe es que gracias a eso se podrían incluso reprogramar algunos recuerdos e incluso se podrían borrar fobias o recuerdos traumáticos que permanecerían en lo más oculto de nuestra memoria. Queda por ver si esto nos lleva a nuevos caminos para entender nuestro cerebro, que desde luego es una de las máquinas más complejas de toda la existencia.
3. Confirman que el cerebro funciona en 11 dimensiones.
El hecho de que el cerebro pueda funcionar en tantas dimensiones es desconcertante. Pues estamos acostumbrados solamente a ver en tres dimensiones,¿no? Son tres dimensiones típicas, las tres dimensiones cotidianas. Es complicado para nosotros discernir algo que se salga de cuatro dimensiones. Es difícil comprender eso. Sin embargo, un estudio publicado en Frontiers in Computational Neuroscience, que fue realizado gracias al proyecto Blue Brain, que sería el Blue Brain Project, pues nos indica algo increíble. El Blue Brain Project, que es un proyecto que se dedica a comprender los secretos de nuestro cerebro, usó la topología algebraica que se usa en matemáticas para describir sistemas multidimensionales. Para que todos lo entendamos: la topología algebraica es como un microscopio y un telescopio, todo al mismo tiempo. Nos acercaría a algo encontrando esas estructuras ocultas.
Imaginaos un bosque espeso, lleno de árboles, y poder ver los espacios vacíos, los claros y los árboles, todo al mismo tiempo. Pues bien, gracias a eso, y mirando dentro de nuestro cerebro, han descubierto que cuando las neuronas se interconectan, crean un objeto geométrico. Claro, cuantas más neuronas se conectan, mayor es la dimensión que surge. Por eso nos cuesta tanto comprender el cerebro. Los investigadores explican que el cerebro podría funcionar construyendo objetos geométricos cada vez más complejos desde una dimensión en adelante. Pero, fijaos, porque una de las cosas más interesantes que se ha descubierto con esta intrigante investigación es que, en el medio de esos lugares, ¿no?, donde existen esas dimensiones extra en nuestro cerebro, existen una especie de cavidades de grandes dimensiones que destacan sobre las demás. Los autores del estudio sugieren que ahí se esconderían los recuerdos.
4. El cerebro hace algo desconcertante 3 semanas antes de fallecer.
Existe algo desconcertante que han analizado los especialistas del Centro Americano de Hospicio y Cuidados Paliativos en Búfalo, en Estados Unidos. Los investigadores dirigidos por este hombre, Christopher K, observaron a pacientes durante 10 años y se han dado cuenta de un extraño patrón. Y es que, más o menos 3 semanas antes de fallecer, los pacientes comienzan a tener los mismos sueños.
No hablamos de personas que han fallecido y que han tenido experiencias, como, por ejemplo, ver un túnel de luz. Hablamos de pacientes que no han fallecido, que simplemente están hospitalizados por alguna causa o motivo y no necesariamente han pasado por un accidente o acontecimiento traumático. Bien, esto lo comprobaron con 13.000 pacientes, como os digo, a lo largo de 10 años y se dieron cuenta de una cosa y es que el 88 % de los pacientes coincidían con determinados sueños muy reales. Según esos pacientes, en el 72 % de los casos, en un sueño se comunicaron con familiares y amigos fallecidos. Todo mientras experimentaban sentimientos cálidos. Y, ojo, porque casi el 60 % de esos pacientes hacían las maletas o compraban un billete para su último viaje. El estudio científico reveló que ese tipo de sueños comienzan alrededor de 10 u 11 semanas antes de morir. Y, en la semana tres de morir, la frecuencia aumenta muchísimo, y se hacen muy reales y muy vívidos. Es decir, por alguna razón desconocida para la ciencia, por ahora, el cerebro experimenta cambios que detectan que el organismo, de alguna manera, va a morir. El cerebro nos está avisando, semanas antes, de que vamos a fallecer. Yo me pregunto: ¿podría ser que antes de fallecer ocurren en nuestro cerebro cambios desconocidos que induzcan la aparición de tales sueños? La verdad es que Christopher Kare y su equipo no pueden explicar este fenómeno; pero lo que sí que es verdad es que coincide con muchos casos de sueños que avisan a las personas ¿no? cuando algo no va bien y cuando se revisan. Efectivamente, el sueño ha acertado. Es decir, de alguna manera, el cerebro nos avisa de que algo no va bien. Visto esto, queda clara también una cosa. Tenemos mucho que aprender sobre el funcionamiento del cerebro y su relación misteriosa con los sueños.
5. Lo que descubrieron avanzadas resonancias magnéticas en el cerebro.
Es bien sabido que a través de la técnica de resonancia magnética podemos detectar todo tipo de problemas en nuestro cerebro, por ejemplo, aneurismas, problemas oculares y un largo etcétera. Recordemos que esta técnica usa un campo magnético y ondas de radio para obtener imágenes detalladas de los órganos y las estructuras del cuerpo. En este caso, vamos a hablar del cerebro. Esto por un lado, pero resulta que hay una técnica relativamente moderna que se llama resonancia magnética nuclear funcional o RMNF, que se usa más, para medir los pequeños cambios en el flujo sanguíneo que ocurren en una parte activa del cerebro. A través de esa técnica se puede ver que está controlando funciones esenciales como, por ejemplo, el pensamiento, el habla, el movimiento y las sensaciones o los problemas que causa una determinada dolencia en el cerebro.
Bien, los científicos pensaron: Entonces, "¿no podríamos probar si existe la telepatía, o al menos algo que se le parezca?" Con esa idea en mente, realizaron un complejo estudio científico. El estudio es este y se llama Evidencia de correlaciones entre intencionalidad distante y función cerebral en receptores. Un análisis de imágenes de resonancia magnética funcional. ¿Cómo hicieron este estudio? Que, fijaos, es bastante curioso. Y eso que yo no creo mucho, la verdad, y los que me conocéis ya sabéis que no creo mucho en el tema de la telepatía y tal; pero los resultados de este estudio dan mucho que pensar. Fijaos, para comprobar estas ideas que tenían los científicos en mente, seleccionaron a 11 curanderos y a 11 personas que no eran curanderos, pero que conocían a esos curanderos. Tumbaron a las personas que no eran curanderos en máquinas de resonancia magnética, y pidieron a los curanderos que enviaran energía, oraciones, buenas intenciones en momentos determinados. Los curanderos estaban aislados en una sala de control blindada electromagnéticamente, y tanto física como ópticamente estaban aislados, es decir, no podían ver a las otras personas. Ni los receptores sabían que los curanderos hacían algo, ni los curanderos sabían nada de los receptores. Todo estaba aislado, ni siquiera unos sabían que los otros estaban allí.
Sin embargo, lo increíble sucedió, ya que se comprobó que, cuando los curanderos enviaban pensamientos positivos, en los receptores se activaban determinadas partes del cerebro y coincidía a la perfección. El estudio acabó concluyendo que se muestra una activación significativa de las regiones del cerebro coincidentes con los momentos en que el curandero enviaba los pensamientos. Y, evidentemente, los investigadores del estudio afirmaron que no pueden explicar por qué sucede eso, pero que puede interpretarse como coherente con la idea del entrelazamiento en la teoría cuántica. Yo me pregunto si esto podría ser, es decir, si se podría producir un entrelazamiento cuántico entre la materia al nivel más pequeño que se puede, eh, definitivamente observar y que se pueda medir. Recordemos que el entrelazamiento cuántico explica cómo un conjunto de partículas entrelazadas están unidas en su existencia, de manera que, aunque existan miles de años luz entre las mismas, el cambio de estado de una de ellas afecta al resto de forma inmediata, y, por lo tanto, más rápido que la luz. Visto esto, me pregunto si el cerebro puede tener una forma de conectarse con el exterior a escala cuántica que por ahora desconocemos. Fijaos que, curiosamente, hay otro estudio llamado Terapias de intención de curación a distancia, una descripción general de la evidencia científica en el que, si bien es verdad que no se observa una curación a distancia propiamente dicha, sí se observan interacciones significativas, es decir, leves conexiones que, por ahora, no podemos explicar.
6. Se confirma que vemos toda nuestra vida pasar al fallecer.
Fijaos, uno de los últimos hallazgos que nos han dejado, la verdad, a todos de piedra fue la resolución de la pregunta de si vemos toda nuestra vida pasar por delante de nosotros al momento de fallecer.
Esto fue plasmado en la literatura, nos lo han dicho muchas veces; lo hemos visto incluso en películas y estudios científicos recientes. Se han encargado de demostrar que esto es cierto. Esto lo estudiaron científicos de todo el mundo, registrando ondas cerebrales de pacientes que estaban falleciendo en ese momento. Al revisar los datos de los electroencefalogramas días después, se dieron cuenta de algo increíble. Y es que, durante los últimos momentos de sus vidas, los pacientes han tenido una actividad cerebral que se plasmó en el electroencefalograma. Esta actividad cerebral fue registrada y analizada, y coincide con la actividad cerebral que existe en la meditación, en los recuerdos, la recuperación de la memoria, el procesado de la información y la percepción consciente, al igual que las asociadas con los flashback de la memoria. Los científicos quedaron helados cuando comprobaron que esta actividad persistía aún después de que el corazón hubiera dejado de funcionar.
Y han concluido que esto solo significa una cosa, y es que, cuando fallecemos, pasamos por un proceso que involucra todos nuestros mejores recuerdos. Es decir, es cierto, vemos pasar por delante los mejores momentos de nuestra vida. Esto significa que es posible que cuando fallecemos el cerebro organice y ejecute una respuesta biológica que podría conservarse entre especies, según los investigadores.
7. Hallazgos sobre la conciencia y el punto de no retorno.
Uno de los avances recientes más espectaculares sobre el tema del fallecimiento humano es la identificación del comienzo de la secuencia de apagado del cerebro humano, ya que los investigadores se han dado cuenta que ocurre una determinada avalancha de sustancias químicas que recorren el cerebro, seguidas de una ola de actividad, y luego la nada. Severine Maon, neurocientífica del Instituto del Cerebro de París, en Francia, dijo: "Nuestro trabajo muestra que morir no es un evento, sino un proceso largo que puede revertirse hasta cierto punto." Conocer precisamente ese punto de no retorno es crucial para revertir a alguien. Y es que aquí hay un matiz, y es que el hecho de que exista ese cierto punto nos indica que probablemente exista algo más, porque precisamente nos dice que ya hemos atravesado un umbral, y, una vez atravesado ese umbral, ya puedes hacer lo que quieras, que no vas a recuperar a esa persona. Es decir, si hubiera diferentes momentos en los que se pudiera revertir cuando alguien fallece, pues, la verdad, sería diferente; pero es que no es el caso. Hay un punto de no retorno, y, si una persona pasa de ese punto, no se puede revertir.
Para descubrir esto se hicieron implantes en ratas midiendo la actividad eléctrica y química en el cerebro de las ratas mientras fallecían. Se descubrió que el fin de la vida es todo un proceso de apagado progresivo que se puede revertir, pero que hay un punto en donde la conciencia se apaga definitivamente y ya no se puede revertir. Es así. Es como si la conciencia se trasladara a otro lugar y ella no se pudiera revertir porque ya no está en ese cuerpo. Claro, llegados a este punto, un importante científico, reconocido como una autoridad de prestigio en el estudio de la relación mente-cerebro, ha revelado que el fenómeno de la visita de seres fallecidos al momento de fallecer es totalmente real, y no solo vienen conocidos, sino también desconocidos. El Dr. Fengwick, que es un neuropsiquiatra y neurofisiólogo, ha concluido, después de una larga vida estudiando fenómenos del final de la vida, que sus investigaciones en este campo pueden demostrar que la mente sigue ahí después del fallecimiento del cerebro. La pregunta es si sigue ahí hasta el punto de no retorno, o hay algún residuo que queda desde el más allá. Son preguntas complejas que está investigando otra persona, otra persona muy conocida en el estudio de estos temas, el doctor Sam Parnia. El Dr. Sam Parnia es un destacado experto en el estudio de lo que ocurre en el momento de fallecer y director de investigación de cuidados críticos y reanimación del centro médico Langone. Parnia ha estudiado cientos de pacientes y, al final, él y otros científicos han demostrado que la conciencia permanece en el cuerpo, incluso minutos después de que el resto del organismo haya dejado de mostrar signos de vida. Esto nos podría sugerir que la conciencia podría tener algún tipo de conexión con algo que exista más allá. Y esto, en cierto modo, lo hemos visto, ¿no? En más casos, porque hay gente que incluso se sabe que, después de fallecer en una habitación de un hospital y que después la hayan reanimado (hablamos después de fallecer con el corazón detenido), después esa persona se ha reanimado y ha contado cosas que es imposible totalmente (y esto lo hemos comentado muchas veces) es imposible totalmente que las haya visto; por ejemplo, comentar cómo es la habitación donde él está o cosas así. Claro, si entras en esa habitación en paro cardíaco, ¿cómo diablos lo sabes?
Esto confirmaría que la conciencia continúa minutos después del fallecimiento y que además podría tener alguna conexión con fenómenos desconocidos que permiten que se puedan ver los alrededores desde arriba. Y, aunque en este campo todavía tenemos mucho que hacer, y todavía es altamente especulativo, hay que decir que existen muchos investigadores que se están metiendo en este tema y están descubriendo, la verdad, casos muy intrigantes que no se pueden explicar.
Pero, volviendo a Sam Parnia, este hombre, en base a todos estos estudios, se ha dado cuenta de algo, y es que estamos avanzando enormemente en este campo. De hecho, Sam Parnia dijo estas palabras: Creo que dentro de 50 o 100 años habremos descubierto la entidad que es la conciencia. Se dará por sentado que no fue producida por el cerebro y que no muere cuando mueres." Por su parte, otro destacado doctor llamado Lance Becker dijo: "No creo que nunca haya habido un momento más apasionante para este campo. Estamos descubriendo nuevos medicamentos, estamos descubriendo nuevos dispositivos y estamos descubriendo cosas nuevas sobre el cerebro". Otra doctora llamada Jimo Borging, profesora de neurología de la Universidad de Michigan, dijo: "Lo que encontramos es solo la punta de un enorme iceberg, porque algo está sucediendo, allí, en el cerebro, y eso no tiene sentido".
8. Nuevos estudios confirman similitudes cerebro-universo.
Científicos han visto similitudes entre el cerebro y el universo. Sin embargo, son los últimos estudios recientes, realizados en los tres últimos años, y, sobre todo, este estudio reciente que estáis viendo, lo que definitivamente ha dejado helados a los científicos, ya que el parecido de nuestro cerebro con el universo no se queda en un simple parecido, en una comparativa de imágenes, como hemos visto muchas veces, sino que va mucho, muchísimo más allá. Pero, bueno, el caso es que para investigar eso no solamente necesitamos astrónomos, sino que necesitamos también expertos en el cerebro.
Así que, en el último y más revolucionario estudio, se reunieron el astrofísico Franco Baza de la Universidad de Bolonia y Alberto Feleti, un neurocirujano de la Universidad de Verona. La idea inicial, estudiar el inmenso parecido de nuestro cerebro con el universo; sobre todo investigar la red cósmica de galaxias y la red neuronal de nuestro cerebro. Los científicos, que ya se habían impresionado anteriormente con la similitud de la distribución de las galaxias en el universo y las neuronas de nuestro cerebro, comenzaron a estudiar otras similitudes. Ambos se quedaron absolutamente de piedra.
Fijaos, porque es absolutamente impresionante. Pues, fijaos, se sabe, por ejemplo, que el cerebro funciona gracias a su gran red neuronal, que tiene de 70 a 100.000 millones de neuronas. Cuando observamos el universo y calculamos más o menos las galaxias que podrían existir en él, el universo tiene de 70 a 100.000 millones de galaxias. Luego, otra similitud. Fijaos: en el cerebro, el 30 % de la masa son neuronas. En el universo, más o menos el 30 % de su masa son galaxias. ¿Qué pasa? Luego queda otro 70 %. En el otro 70 % en el universo, lo que falta es un elemento pasivo, la energía oscura. En nuestro cerebro, el 70 % restante también es otro elemento pasivo. En este caso sería el agua. Bien, teniendo esas similitudes, había que ir más allá. Así que decidieron estudiar la distribución espacial de galaxias en el universo y la distribución espacial de las neuronas en nuestro cerebro. Todo eso lo lograron con una técnica: una técnica que se llama densidad espectral y que se usa mucho en astronomía. Bien, de nuevo se quedaron completamente helados. La red neuronal estudiada en una parte del cerebro sigue la misma progresión que la distribución de materia en la red cósmica. Por supuesto, a una escala mayor. Bien, pero no se quedó ahí la cosa.
Luego miraron el número de conexiones de cada nodo y cómo se agrupaban esas conexiones. De nuevo, hallaron que la similitud era absolutamente exacta. También comprobaron la capacidad de información. Se estima, más o menos, que la memoria del cerebro humano del que estamos hablando supera más o menos los 2,5 petabytes. Sin embargo, fijaos, porque la capacidad de memoria necesaria para almacenar la complejidad del universo también supera los 2,5 petabytes. En este caso no es exactamente igual, pero es muy similar. Sería de 4,3 petab. ¿Qué demonios pasa aquí? Los investigadores, tras estudiar y ver los dos sistemas, afirmaron que la conectividad de las dos redes evoluciona siguiendo principios físicos similares, todo a pesar de la sorprendente y obvia diferencia entre los poderes físicos que regulan las galaxias y las neuronas. La investigación es que además también insinúa que las leyes que gobiernan el crecimiento de las estructuras de ambos entornos podrían ser las mismas. Además se puede decir que crecieron de forma similar también. El universo, al poco de comenzar, creció de repente; y nuestro cerebro, evolutivamente hablando, se hizo más grande y complejo de forma similar. Es decir, parece que hay una conexión entre nuestro cerebro y el universo que va mucho más allá de lo que todos nosotros nos podamos imaginar, ya que, cuanto más investigamos, más similitudes vemos. También es que sabemos que el cerebro está continuamente transformando materia y energía. Y en el universo, pues esto también ocurre. Cada estrella que vemos está continuamente realizando esa fusión de materia que le permite estar, como quien dice, viva, emitiendo luz y calor.
Este hombre, el filósofo Philip Goof, aporta su propia perspectiva sobre el universo y sobre todo este asunto. Goof se preguntó si el universo podía ser una mente consciente y, tras darle muchas vueltas, el filósofo cayó en la cuenta de que sí, pero que no es una consciencia como la humana, sino algo que está en sintonía con la conciencia de todo lo vivo, o sea, una red consciente o lo que podríamos decir un gran ser que se autocreó conscientemente. Una de las bases de esas afirmaciones es que el universo fue creado para terminar en la vida avanzada, es decir, en nosotros, ya que es extremadamente complicado que se den todas las variables exactas para que el universo acabe generando algo vivo como nosotros. Este hombre, el físico Lee Smalling, estimó que para que el universo acabe en la vida se han de dar 10 elevado a 229 combinaciones. Es decir, que no debería de ser por casualidad. De hecho, es más fácil que te toque una lotería de 100.000.000 de euros 10 veces seguidas que que se forme un universo que tenga vida desembocada en nosotros.
Bien, la verdad es que es obvio que el universo se parece al cerebro, ya no cabe la menor duda, está prácticamente confirmado. No hay más que ver la evidencia, pero, por desgracia, no tenemos todavía el conocimiento necesario para saber si el universo es una mente enorme, o qué demonios ocurre aquí. Fijaos, yo creo que el cerebro es una especie de espejo del universo, y que todo el cosmos puede ser algo consciente y reflejar todo en una mente enorme.
Pensad, nuestro complejo cerebro produce nuestra conciencia. Si el universo de hecho es otro complejo cerebro, sería otra conciencia gigantesca. Y bueno, el resto lo dejo para vosotros.
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