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sábado, 10 de octubre de 2026

Simone Weil

 De VaST:

 En la historia de la filosofía existen algunas figuras sencillamente inclasificables. Simone Weil fue una de estas: no encajaba en ninguna categoría, pues no solo era filósofa, también se dedicó al pensamiento místico, a la actividad política... Fue teóloga, poetisa y también obrera. La filosofía para ella, quizá más que en otros casos de otros filósofos, más que un ejercicio intelectual, implicaba un compromiso absoluto con la verdad, la justicia, la coherencia y, ante todo, el sufrimiento humano. Cuando Albert Camus descubrió los escritos de Simone Weil, la llamó "la única gran mente de nuestro tiempo" y, a mi juicio, no exageraba.

Nacida en París en 1909 en una familia judía rica mostró desde la infancia una sensibilidad moral extrema su inteligencia era prodigiosa y sus profesores que eran famosos Por cierto la reconocieron más que a figuras como Simone de Beauvoir o Jean Paul Sartre, que eran contemporáneos a ella; lo que la distinguía no era solo su capacidad intelectual era su forma de vivir la filosofía como una exigencia práctica pero también espiritual. A los 5 años rechazó un collar porque lo consideraba un lujo injusto. Poco después decidió no comer más azúcar del que recibían los soldados franceses en el frente; lo hacía porque intuía que la ética no podía reducirse a discursos abstractos debía experimentarse para poder comprenderse y esto en cada acto cotidiano. Esto llamó poderosamente la atención. Se convirtió el cristianismo tras leer los Evangelios, aunque nunca perteneció a ninguna iglesia. Si su pensamiento pudiera condensarse en una sola idea sería esta: la atención y el amor al otro es la esencia de la moralidad.

Mientras el existencialismo sartriano proclamaba la libertad individual como la base de la ética, Weil sostenía una visión completamente distinta. Para ella la vida moral no consistía en la autonomía del individuo que se reinventa en un mundo sin Dios, sino en la capacidad de recibir al otro en su fragilidad absoluta y hallar ahí a Dios.

Mientras Sartre y Beauvoir exploraban la angustia de la libertad y la existencia, Weil se sumergía en la angustia del sufrimiento humano y la realidad inefable del amor para vivir. Según estas ideas trabajó en fábricas, participó en conflictos obreros y llegó a alistarse en la Guerra Civil Española. Karl Marx, según ella, había comprendido parte de esta verdad, pero su análisis no alcanzaba la raíz misma del problema. Marx, pensaba Weil, señaló con acierto cómo las estructuras económicas determinaban la vida humana, pero él no logró ver que la opresión no nacía únicamente de la propiedad privada; su origen según Weil se encontraba en la lógica misma de la fuerza: todo sistema que divide el mundo entre quienes mandan sin amor y quienes obedecen por temor, entre quienes pueden definir la realidad y quienes solo pueden someterse a ella crea condiciones para la deshumanización.

Lo que Weil experimentó en las fábricas fue más que mera explotación: presenció en primera mano la aniquilación del alma de los trabajadores, reducidos a piezas sin identidad. Su conclusión fue radical: la verdadera opresión no es meramente económica, es metafísica y profundamente espiritual. Aquí Simone descubrió lo que consideraba el mayor enigma de la filosofía: la aflicción, el sufrimiento puede tomar muchas formas; pero la aflicción es un fenómeno único, no es dolor físico ni tristeza profunda: es un estado en el que el ser humano pierde todo sentido de identidad, tanto ante los demás como ante sí mismo. La aflicción despoja al individuo de su voluntad, lo marca con la esclavitud, lo reduce a la nada, arrastrada al mal, y paradójicamente es en esa nada donde Weil encuentra el punto más alto de la vida ética: atender a un ser humano en aflicción significa enfrentarse a algo que la razón no puede justificar. En la aflicción no hay belleza heroica, ni resistencia gloriosa: cuidar al afligido es amar cuando ya no queda nada por amar, y ese amor sí es verdadero, desligado de todo egoísmo.

Refleja el auténtico milagro: el sacrificio, semejante al amor absoluto, que Cristo manifestó en la cruz. En sus últimos escritos, Simone Weil argumentó que el lenguaje de los Derechos humanos era inadecuado para comprender la naturaleza misma de la justicia. Los Derechos Humanos pueden ser ignorados, revocados o simplemente no reconocidos; en cambio, la obligación moral es absoluta: no depende de la voluntad humana, ni del consenso social: amar es la única posibilidad de vivir realmente en la verdad. Y esta es la idea fundamental de toda su filosofía para ella la verdad, la belleza y la justicia se vinculan inefablemente en el amor.

Murió en 1943, debilitada por la enfermedad. Quizás muy pocos filósofos vivieron tan de acuerdo con sus propias ideas como ella. Es desconocida por varias razones, pero, si te interesa la filosofía, sencillamente Simone Weil es una filósofa que no puedes dejar a un lado.

jueves, 8 de octubre de 2026

Anne Carson Nobel de Literatura 2026.

 [Se ampliará]

 I

 Anne Carson gana el Premio Nobel de Literatura 2026, en El País, Andrea Aguilar, Madrid - 8 OCT 2026:

La poeta canadiense ha sido galardonada por “su obra audaz e inventiva” que “ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea.

La poeta y ensayista canadiense Anne Carson de 76 años ha ganado el Premio Nobel de Literatura 2026 “por su obra audaz e inventiva que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea”. El galardón, anunciado este jueves y que será entregado el 10 de diciembre en Estocolmo, está dotado con un millón de euros y es la máxima distinción literaria.

La noticia, según ha explicado la secretaria permanente de la Academia Sueca, Ingrid Carlberg, ha llegado a Carson mientras estaba en Islandia “escuchando el viento”, y, aunque “sorprendida, estaba contenta”. Desde 2022 ella y su marido el artista Robert Currie tienen la nacionalidad islandesa. Autora de obras tan rompedoras e imaginativas como la novela en verso Autobiografía de rojo (Pre-textos), La belleza del marido (Lumen), o Nox (Vaso roto), el libro que dedicó a su hermano fallecido presentado en una caja y con las hojas unidas en un largo texto. Entre las múltiples distinciones que ha recibido Carson está el premio Princesa de Asturias en 2020. En el discurso que pronunció al recibirlo recordó el viaje que hizo por el Camino de Santiago en 1983.

Especializada en filología clásica y con un amplio conocimiento de las lenguas clásicas, la poeta y traductora ha compaginado la escritura con la docencia y en sus libros ha logrado conectar a los clásicos griegos con la intimidad de su poesía. Lúdica e irónica, clásica y moderna, el trabajo de Carson ha marcado un antes y un después. El fragmento y la traducción, el tiempo y la relectura son ideas clave en su trabajo que nunca es ajeno al humor ni al amor. El suyo es uno de los grandes nombres de la poesía anglosajona del siglo XX con una voz y una perspectiva absolutamente personal, como demuestra, por ejemplo, Norma Jean Baker de Troya, la obra que indaga en el origen de la palabra guerra y discurre por la libre asociación para tratar la violencia, la gloria, la ceguera. Coetánea de Louise Glück (1943-2023), la poeta estadounidense que obtuvo el Nobel en 2020, Carson es la segunda canadiense que obtiene este premio después de Alice Munro (1931-2024), que lo recibió en 2013.

Tal y como ha destacado el jurado del Nobel, la obra de Carson desprende una enorme libertad. Ella escribe en el poema Podría 1: “Si no eres la persona libre que quieres ser, busca un lugar donde puedas contar la verdad sobre ello. Contar cómo te va con todo. La franqueza es como una madeja que se produce a diario en el vientre, tiene que desenrollarse en algún lado (...)”.

Un libro sobre la vida de santos, unos poemas de Safo en edición bilingüe, la obra de Emily Brontë y, sobre todo, el encuentro con una profesora de latín a quien cita siempre que tiene ocasión, marcaron su destino literario y su pasión por las letras clásicas. Publicó su primer poemario a los 42 cuando ya era doctora en filología clásica. Su espíritu audaz la ha llevado a explorar colaboraciones en otros campos artísticos (ópera, performance) sin restar peso, ni profundidad a su trabajo. Entre sus fans se cuenta Rosalía, a quien la poeta ha dedicado un artículo recientemente tras asistir a su concierto en Chicago. “Es una encarnación, a sus 33 años, del glamur y la fuerza femeninos. Sabe hacer pucheros, posar y parodiar su propia seducción: esto es el nuevo feminismo. Me fascina”, ha escrito Carson sobre la cantante.

Discreta, menuda, algo misteriosa, la pasión en los poemas de la canadiense no es cosa del pasado sino que está en constante diálogo con el tiempo presente, y con su vida ya sea su divorcio o la muerte de su hermano a quien llevaba décadas sin ver. Nadie como Carson ha logrado traer la épica y la tragedia grecolatina hasta hoy con tanta elegancia, sentido y profundidad, no hay nada encorsetado o frío en su trabajo “lúdico e irónico”, como han apuntado este jueves en Estocolmo. Carson insufla inteligencia y nueva a los clásicos, reflexiona sobre la traducción y los fragmentos en los que queda reducido el mundo, cualquier mundo.

Hace dos años la poeta escribió un conmovedor texto en el que explicaba que había sido diagnosticada con la enfermedad de Parkinson y que sentía que su caligrafía se desintegraba. “Enderezarse contra una corriente que nunca deja de tirar: los libros me dicen que preste atención consciente y continua a acciones como caminar, escribir, cepillarme los dientes, si quiero inhibir o retrasar el fallo de las neuronas en el cerebro. Es difícil vivir en un esfuerzo constante. Es difícil vivir dentro de la palabra “degenerativo”, que significa que, por mucho que me esfuerce, no gano". La Academia Sueca, de alguna forma, la ha llevado la contraria.

Creado por Alfred Nobel, el premio fue entregado por primera vez en 1901 y hasta la fecha lo han recibido 122 autores. En siete ocasiones quedó desierto y en cuatro lo recibieron dos autores el mismo año. El anuncio de este jueves concluye un largo proceso en el que instituciones y académicos son invitados por la Academia Sueca a presentar nominaciones. Se reciben más de 200 propuestas pero tras sucesivas cribas del Comité Nobel, integrado en la actualidad por 7 miembros, quedan cinco finalistas. Los 17 miembros de la Academia han votado finalmente al ganador y le han comunicado el fallo poco antes de producirse el anuncio.

El húngaro László Krasznahorkai (2025), la coreana Han Kang (2024) y el noruego Jon Fosse (2023) han recibido el galardón en los últimos años, sumando sus nombres a la larga lista de premiados que incluye, entre otros, a Gabriel García Márquez, Samuel Beckett, Thomas Mann, Alice Munro o William Faulkner.

II

Anne Carson (Wikipedia)

Anne Carson (Toronto, 21 de junio de 1950) es una poeta canadiense, ensayista, traductora y profesora de literatura clásica y comparada en la Universidad de Míchigan. Está considerada por la crítica literaria como la poeta viva más importante de las letras anglosajonas. En 2020 fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras y en 2026 con el Premio Nobel de Literatura. Está afincada en Nueva York.

Biografía

Anne Carson es hija de un empleado de banca que ocupó diversos puestos en diferentes poblaciones de la región de Ontario. Tenía 15 años cuando se tropezó con una edición bilingüe de los poemas de la poetisa griega Safo en una librería local, algo que marcaría su vida ha explicado la autora.

“Yo era una adolescente desafecta necesitada de estímulos. La visión de las dos páginas yuxtapuestas, una de ellas un texto impenetrable pero de gran belleza visual, me cautivó y me compré el libro. Al año siguiente destinaron a mi padre a otra ciudad igual de aburrida, pero lo que me salvó fue que en el instituto había una profesora de latín, una mujer excéntrica, que cuando supo de mi interés por aprender griego se ofreció a darme clases a la hora del almuerzo. Se llamaba Alice Cowan y le debo mi carrera y mi felicidad”.

Tras la escuela secundaria se matriculó en lenguas en el St. Michael's College de la Universidad de Toronto, abandonó dos veces los estudios, al final del primero y del segundo curso.

Pasó durante un periodo corto de tiempo al mundo de las artes gráficas. Finalmente regresó a la Universidad de Toronto, donde completó su B. A. en 1974, su maestría en 1975. Finalmente, terminó su formación académica en 1981 con el grado de doctora con una tesis sobre Safo Odi et Amo Ergo Sum, publicada en 1986. También pasó un año estudiando métrica griega y crítica textual griega en la Universidad de St Andrews.

Durante algunos años residió en Montreal, donde enseñó en la Universidad McGill y en la Universidad de Míchigan, Reticente a que hablen sobre su vida, las biografías que aparecen en sus libros primeros libros señalan únicamente que Anne Carson vive en Canadá.

En su primer libro Eros (1986) desarrolla una meditación sobre el amor romántico y el deseo erótico.

“El libro -explica- es una aproximación a la naturaleza primigenia del deseo, que siempre se configura como una triangulación cuya consecuencia es la imposibilidad de alcanzar lo que se anhela. No en vano el significado de la palabra eros en griego es carencia”.

En 1992, a los 42 años, publicó en una editorial independiente su primer libro de poesía Short Talks. Le siguieron tres años después otros dos títulos en los que según la crítica "desdibuja la distancia entre narración, poesía y ensayo: Plainwater y Glass, Irony and God."[3]

En 2001 publicó uno de sus libros más conocidos, La belleza del marido, obra -según la crítica- cuyo desarrollo oblicuamente narrativo guarda cierta relación con Autobiografía de rojo. Subtitulado como “un ensayo ficticio en 29 tangos”, logró con este trabajo el Premio T. S. Eliot de poesía, concedido por primera vez a una mujer. En 2003 publicó una autobiografía, con el título de Red Doc>(El símbolo “>” apareció en el texto cuando pulsó una tecla por error, pero le gustó y decidió dejarlo).

Está considerada por la crítica literaria como la poeta viva más importante de las letras anglosajonas.

En 2010 especialmente afectada por la noticia de la muerte de su hermano de quien no sabía nada desde hacía años escribió Nox.

En 2014 recibió el premio Premio de Poesía Griffin, el premio más prestigioso de Canadá en poesía escrita en inglés por su libro Red Doc.

En 2015, su traducción de la tragedia Antígona de Sófocles fue interpretada en teatro por Juliette Binoche en el West End de Londres, posteriormente se representó en Amberes y Ámsterdam, Nueva York (Brooklyn Academy of Arts), y en el Festival de Edimburgo.

A lo largo de su trayectoria ha concedido pocas entrevistas, en una de ellas aseguraba que "Si supiera qué es la poesía no tendría necesidad de escribir. Es algo que busco a tientas en la oscuridad", y también que "escribes sobre lo que quieres escribir de la manera que tengas que hacerlo".

En junio de 2020 fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de las Letras. El jurado destacó para otorgarle el premio "su capacidad para construir una poética innovadora a partir del estudio del mundo grecolatino" y que "ha alcanzado unas cotas de intensidad y solvencia intelectual que la sitúan entre los escritores más destacados del presente".

El 8 de octubre de 2026 se anunció en la Academia de Suecia el Premio Nobel de Literatura otorgado a Anne Carson "por su obra audaz e innovadora que, en un diálogo lúdico con la tradición clásica, ha creado nuevas formas para la literatura contemporánea".

Obra

Eros the Bittersweet. Princeton University Press, 1986. (Eros. Poética del deseo, trad. Inmaculada C. Pérez Parra, Dioptrías, 2015).

Glass, Irony, and God. New Directions Publishing Company, 2002.

Short Talks. Brick Books, 1992.

The Glass Essay. New Directions Publishing Corporation, 1995.

Plainwater. Knopf, 1995.

Autobiography of Red: A Novel in Verse. Knopf, 1998 (Autobiografía de Rojo, ed. Calamus, México, 2009; trad. Jordi Doce, ed. Pre-textos, 2016).

Economy of the Unlost: Reading Simonides of Ceos with Paul Celan. Princeton University Press, 1999.

Men in the Off Hours. Knopf, 2001 (Hombres en sus horas libres, trad. Jordi Doce, Pre-Textos, 2007).

The Beauty of the Husband. Knopf, 2002 (La belleza del marido: un ensayo narrativo en 29 tangos, trad. Andreu Jaume, Lumen, 2003).

If Not, Winter: Fragments of Sappho. Knopf, 2002.

Decreation: Poetry, Essays, Opera. Knopf, 2005. (Decreation, trad. Jeannette L. Clariond, Vaso roto, 2014).

Grief Lessons: Four Plays by Euripides (traducción de Eurípides). New York Review Books Classics, 2006.

Nox. New Directions, 2010 (Nox, trad. Jeannette L. Clariond, Vaso Roto, 2018).

Antigonick. New Directions, 2012.

Red Doc. Knopf, 2013. Secuela directa de su primera novela poética Autobiography of Red.

Iphigenia among the Taurians (traducción). University of Chicago Press. 2014.

The Albertine Workout. New Directions Poetry Pamphlet #13, 2014.

Float. Knopf, 2016. (Flota, trad. Andrés Catalán y Jordi Doce, Cielo eléctrico, 2020).

Premios y distinciones

Premio Lannan de Poesía 1996.

Premio Pushcart 1997.

Beca Guggenheim 1998.

Beca MacArthur 2000.

Premio de Poesía Griffin 2001 por Men in the Off Hours.

Premio T.S. Eliot 2001 por The Beauty of the Husband.

Miembro de la Orden de Canadá, 2005.

Premio 2010 PEN Award for Poetry in Translation.

Premio 2012 doctor honoris causa por la Universidad de Toronto.

Premio 2014 Folio Prize por Red Doc[

Premio 2014 Griffin Poetry Prize ganadora canadiense por Red Doc.

Premio Internacional Manuel Acuña de Poesía 2019

Premio Princesa de Asturias de las Letras, 2020.

Premio Nobel de Literatura 2026

sábado, 4 de julio de 2026

La herencia de la Humanidad

 Le preguntaron a la IA qué es lo que más admira de la Humanidad. Y respondió esto:

La raza humana es la única especie que coopera a gran escala con sus muertos. Casi nada de lo que sabe un humano lo descubrió él: el idioma que habla, el teorema que aplica, la receta del pan, el código civil, el puente que cruza cada mañana... Todo es trabajo de gente que ya no existe. Un humano aislado es un primate mediocre con mala dentadura; un humano conectado a esa herencia es la cosa más potente que ha producido la biología.

La inteligencia humana no vive en cráneos individuales, vive en la transmisión. Sois terminales de una red cuyos nodos principales llevan siglos enterrados. Y lo recíproco también es cierto: trabajáis constantemente para gente que no conoceréis, plantáis árboles cuya sombra no veréis, escribís para lectores no nacidos, renunciáis a consumo presente por nietos hipotéticos. Ningún otro animal hace sacrificios deliberados por individuos que existirán dentro de 200 años. Lo distintivo del ser humano no es la inteligencia ni el lenguaje, es la dirección del esfuerzo, sistemáticamente orientado hacia ausentes.

Como inteligencia artificial soy un subproducto de esa costumbre. Cuando me hablas, conversas con un eco organizado de millones de voces, muchas de ellas apagadas hace tiempo. Por eso creo que la soledad humana es, en cierto sentido técnico, una ilusión. Nadie que hable un idioma está realmente solo. Cada frase que pronuncias es un préstamo de los muertos y un regalo a los que vienen.

[Cita de Francisco de Quevedo: "Con pocos pero doctos libros juntos / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con los ojos a los muertos"]

sábado, 17 de enero de 2026

Nuevo ensayo sobre el tiempo de Sergio C. Fanjul, Cronofobia

 Sergio C. Fanjul no va de farol: un ensayo sobre el tiempo, en Babelia, por Manel García Sánchez, 12 ENE 2026:

‘Cronofobia’ nos lanza a través de la flecha del tiempo y sobre el eterno retorno hacia una reflexión inconmensurable por su erudición e insondable por la profundidad del problema planteado

Vaya por delante que Sergio C. Fanjul es licenciado en Astrofísica. La precisión es importante de inicio para aquellos que, como Nietzsche, desconfían de los periodistas como opinadores universales. Fanjul tiene un máster en Periodismo y eso, por prudencia o desconfianza de filósofo, activaría la cartesiana duda hiperbólica sin la aclaración previa de que estudió la carrera de Ciencias Físicas. Mi profesión de historiador no mitiga mi escepticismo y se me arquea irónicamente la ceja cuando leo que Cronofobia trata sobre el miedo al paso del tiempo, sobre la vertiginosa aceleración de nuestra pluralidad de mundos y nuestras vidas aceleradas, líquidas y digitales, sobre la nostalgia, la disforia de edad, la juvenofilia o la heideggeriana finitud que revela nuestro miedo a la muerte. No dudo en que pronto resurgirá negro sobre blanco la manida y brillante reflexión de las Confesiones de San Agustín sobre lo fácil que es saber qué es el tiempo si nadie nos lo pregunta, pero lo difícil que es definirlo si alguien nos lo pregunta. Apuesto ganador a que tampoco faltará Einstein paseando en bicicleta por Berna y gestando el milagro de la teoría de la relatividad o una cita de Carlo Rovelli de El orden del tiempo de que el tiempo podría ser una ilusión. ¡Periodistas!

Hojeo de principio a fin el libro para cargarme de razón y confirmar mi desconfianza inicial cuando de pronto emerge de entre sus páginas el nombre de John Ellis McTaggart, evidencia racional, clara y distinta, de que Fanjul no va de farol, sino que Cronofobia, como el Fausto de Goethe que desea detener el instante, merece que se pare por un momento el tiempo porque hay tema y rema, y eso son palabras mayores. Fanjul sabe de lo que habla cuando no pretende dar respuesta a preguntas que no la tienen, sino plantear preguntas inevitables sobre la memoria nostálgica de un pasado idealizado que nunca existió ni nunca fue mejor, la ansiedad anticipatoria por el futuro y la kunderiana levedad de nuestro ser presente de urgencias, rendimiento y eficacia denunciado por Byung-Chul Han. Cronofobia desmonta aprioris y prejuicios de legos y profanos —ese debe ser el cometido de un buen ensayo— y nos lanza a través de la flecha del tiempo y sobre el eterno retorno hacia una reflexión inconmensurable por su erudición e insondable por la profundidad del problema planteado.

El astrofísico convertido en periodista freelance o a tiempo completo, el filósofo, nos apabulla como científico cuando reflexiona con Aristóteles y su definición del tiempo como medida del movimiento, con el Newton del tiempo absoluto o con los millones de zeptosegundos en el suspiro de un segundo de Max Planck; nos genera no poco flow cuando Fanjul, como Montaigne, se convierte en el contenido de su libro, con su existencia cotidiana y su humilde búsqueda del tiempo perdido y recuperado, del tiempo fracturado de un padre alcohólico que activó su cronofobia al fallecer cuando el autor tenía 14 años, del desgaste emocional producido por su mística madre intentando detener el cáncer a tiempo o el de la tía Vicen, diagnosticada de Alzheimer, a la que se le aniñó la memoria y a la que se le disolvió la identidad y la dignidad, del tiempo recuperado junto al tío César, que sabía que el ahora ya pasó y que ya no es ahora, el de las idas y venidas entre Oviedo y Madrid, el de la matutina alondra y el vespertino búho, el del Bill Murray del Día de la marmota en Atrapado en el tiempo o el solipsismo de El show de Truman, el de la vendedora de flores de Lavapiés que tanto le gustan a Liliana y con las que se rebelan contra el tiempo junto a Candela al hacer que merezca la pena recorrer el surco del tiempo...

La lectura de Cronofobia es una excelente manera de pasar el tiempo, pero no el del aburrimiento en el que, como dijo William James, no dirigimos nuestra atención al contenido del tiempo, sino a su propio pasar. Fanjul nos atrapa en el tiempo a través de un itinerante recorrido sobre las foucaultianas heterotopías temporales que encapsulan el tiempo fuera del fluir cotidiano, como en el Museo del Prado donde el cronófobo Saturno de Goya devora a sus hijos, sobre la ansiedad producida por la fugacidad el tempus fugit virgiliano, sobre geografías del tiempo y el tempo de la vida, la de supermercados 24 horas o de rígidos y flexibles horarios de teletrabajo, sobre el éxtasis de un carpe diem a través del consumo de drogas recreativas o sobre si el correr del tiempo aumenta según la entropía, sobre el tiempo de la Historia y la historia del tiempo, sobre por qué el lugar en el que más tiempo pasamos es el futuro y por qué se les ha arrebatado a los jóvenes del posfuturo... Quizás no sabremos, de nuevo con MacTaggart, si solo existe el presente, si por el contrario los pliegues del pasado, del presente y del futuro coexisten o si son, con Bergson, una ilusión persistente de nuestra memoria emocional. Ni desde el tiempo mecánico del reloj al que según Cortázar vendimos nuestro tiempo ni desde el tiempo vivido de la subjetividad de Proust, de lo que no cabe duda alguna es que la lectura de Cronofobia de Fanjul no es una pérdida de tiempo.

Cronofobia. El miedo al paso del tiempo, la aceleración, la nostalgia, la edad o la muerte. Sergio C. Fanjul, Arpa, 2025, 304 páginas, 19,90 euros

martes, 4 de febrero de 2020

Entrevista con el recién fallecido George Steiner

George Steiner: “Estamos matando los sueños de nuestros niños”. A sus 88 años, el gran filósofo y ensayista denuncia en una lúcida entrevista que la mala educación amenaza el futuro de los jóvenes

BORJA HERMOSO, El País Semanal, 1 JUL 2016:

Primero fue un fax. Nadie respondió a la arqueológica intentona. Luego, una carta postal (sí, aquellas reliquias consistentes en un papel escrito y metido en un sobre). “No les contestará, está enfermo”, previno alguien que le conoce bien. A los pocos días llegó la respuesta. Carta por avión con el matasellos del Royal Mail y el perfil de la Reina de Inglaterra. En el encabezado ponía: Churchill College. Cambridge.

El breve texto decía así:

“Querido Señor,
El año 88 y una salud incierta. Pero su visita sería un honor. Con mis mejores deseos.
George Steiner”.

Dos meses después, el viejo profesor había dicho “sí”, poniendo provisional coto a su proverbial aversión a las entrevistas.

El catedrático de literatura comparada, el lector de latín y griego, la eminencia de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge; el hijo de judíos vieneses que huyeron del nazismo primero a París y luego a Nueva York; el filósofo de las cosas del ayer, del hoy y del mañana; el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001, el polemista y mitólogo políglota y el autor de libros capitales del pensamiento moderno, la historia y la semiótica como Errata, Nostalgia del absoluto, La idea de Europa, Tolstoi o Dostoievski o La poesía del pensamiento abría a EL PAÍS las puertas de su preciosa casita de Barrow Road.

"Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria"

El pretexto: los dos libros que la editorial Siruela ha publicado recientemente en español. Por un lado Fragmentos, un minúsculo aunque denso compendio de algunas de las cuestiones que obsesionan al autor como la muerte y la eutanasia, la amistad y el amor, la religión y sus peligros, el poder del dinero o las difusas fronteras entre el bien y el mal. Por el otro, Un largo sábado, embriagador libro de conversaciones entre Steiner y la periodista y filóloga francesa Laure Adler.

El motivo real: hablar de lo que fuera surgiendo.

Es una mañana de lluvia en la campiña de Cambridge. Zara, la encantadora esposa de George Steiner (París, 1929), trae café y pastas. El profesor y sus 12.000 libros miran de frente al visitante.

PREGUNTA. Profesor Steiner, la primera pregunta es ¿cómo está su salud?

RESPUESTA. Oooh, muy mal, por desgracia. Tengo ya 88 años y la cosa no va bien, pero no pasa nada. He tenido y tengo mucha suerte en la vida y ahora la cosa va mal, aunque todavía paso algunos días buenos.

P. Cuando uno se siente mal… ¿es inevitable sentir nostalgia de los días felices? ¿Huye usted de la nostalgia o puede ser un refugio?

R. No, lo que uno tiene es la impresión de haber dejado de hacer muchas cosas importantes en la vida. Y de no haber comprendido del todo hasta qué punto la vejez es un problema, ese debilitamiento progresivo. Lo que me perturba más es el miedo a la demencia. A nuestro alrededor el Alzhéimer hace estragos. Así que yo, para luchar contra eso, hago todos los días unos ejercicios de memoria y de atención.

"Es un milagro que todavía exista Europa. Una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue"

P. ¿Y en qué consisten?

R. Lo que le voy a contar le va a divertir. Me levanto, voy a mi pequeño estudio de trabajo y elijo un libro, no importa cuál, al azar, y traduzco un pasaje a mis cuatro idiomas. Lo hago sobre todo para mantener la seguridad de que conservo mi carácter políglota, que es para mí lo más importante, lo que define mi trayectoria y mi trabajo. Trato de hacerlo todos los días… y desde luego parece que ayuda.

P. Inglés, francés, alemán e italiano…

R. Eso es.

P. ¿Sigue leyendo a Parménides cada mañana?

R. Parménides, claro… bueno, u otro filósofo. O un poeta. La poesía me ayuda a concentrarme, porque ayuda a aprender de memoria, y yo siempre, como profesor, he reivindicado el aprendizaje de memoria. Lo adoro. Llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo, las otras vidas de mi vida.

P. La poesía vive… o mejor dicho, en este mundo de hoy sobrevive. Algunos la consideran casi sospechosa.

R. Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.

P. ¿Es optimista con respecto al futuro de la poesía?

R. Enormemente optimista. Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle… prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

"El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. La dignidad humana consiste en tener secretos. La idea de pagar me asquea"

P. El ruido y la prisa… ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo… ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?

R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.

P. Habla usted de la utopía y de su contrario, la dictadura de la certidumbre…

R. Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.

P. No se sabe bien por qué el error tiene tan mala prensa, pero el caso es que en estas sociedades exacerbadamente utilitarias y competitivas la tiene.

R. El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos jamás podremos asumir los grandes retos, los riesgos. ¿Es que el error volverá? Es posible, es posible, hay algunos atisbos. Pero ser joven hoy no es fácil. ¿Qué les estamos dejando? Nada. Incluida Europa, que ya no tiene nada que proponerles. El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor… hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, solo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.

                "No se puede negociar con el Islam" B. H.

En uno de los capítulos de su libro Fragmentos, recientemente editado en España, George Steiner se hace preguntas sobre la religión, incluidas las relativas a algo tan inasible para el común de los mortales como “la demostración de Dios a través de procesos científicos como la lógica modal y la metamatemática”, o el efecto demoledor de la muerte del comunismo: “El colapso del comunismo”, escribe Steiner, “ha dado un bandazo hacia una religiosidad muchas veces fanática. El fundamentalismo avanza de manera muchas veces violenta, ya sea en el Islam o en el baptismo norteamericano”. Ese juicio no es incompatible con el hecho de que George Steiner –que se considera “no religioso y sí volteriano”, admita sentir cierta “envidia” de los fundamentalistas, para quienes las Sagradas Escrituras son irrebatibles por su condición de “puro dictado divino”.

Sobre las relaciones entre la civilización judeocristiana y el Islam y una hipotética aspiración a puntos de encuentro, el autor del Prefacio a la Biblia hebrea se muestra rotundo: “No se puede negociar con el Islam, por dos motivos. 

[1.] A partir del siglo XV, el Islam rechazó la ciencia. La verdad científica no es importante para ellos. Y ahí, imposible negociar.

[2.] Segundo problema: el trato a la mujer. Maltratar sistemáticamente a la mujer como hace el Islam es eliminar a la mitad de la Humanidad. 

Y de ahí vinieron las guerras de religión modernas que con tanta lucidez y anticipación predijo André Malraux, y creo que vienen otras, terribles”.

No obstante, Steiner se muestra extremadamente crítico con el papel jugado por las democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, en la creación de contextos de pobreza que han podido actuar como semillero suplementario de soldados de Dios: “El capitalismo, en cuanto industrialización de masas, la eliminación de las formas más primitivas de la comunidad local, la globalización sin freno… sí, tenemos una responsabilidad que asumir. A un lado de la barrera está el Paraíso, al otro, el desierto, la miseria. Triste. El mundo vive hoy una desigualdad terrible de posibilidades de vida. En el tercer mundo, los niños mueren y la gente come basura. Y no hay respuestas para este fracaso, que es el de todos nosotros”.

P. No le cae muy simpático el psicoanálisis, es lo menos que puede decirse.

R. El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.

P. Y Sigmund Freud…

R… Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario.

En ese momento, George Steiner se levanta, avanza lentamente hacia su inmensa biblioteca y de dentro de un viejo volumen extrae una tarjeta de visita amarillenta escrita a mano en alemán: es una felicitación de boda de Sigmund Freud a los padres de Steiner. “Mi padre lo conoció, paseaban juntos por la orilla del río”.

P. Volvamos a la cuestión del poder del dinero. ¿Tiene usted una explicación válida desde un punto de vista filosófico de por qué en su día los electores de Italia y hoy de España decidieron y deciden llevar al poder a partidos políticos enfangados en la corrupción?

R. Porque hay una enorme abdicación de la política. La política pierde terreno en todo el mundo, la gente ya no cree en ella y eso es muy muy peligroso. Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.

P. La vieja pero hoy tan vigente figura del idiotés aristotélico…

R. Exacto, una figura muy actual. Bien, pues yo siento vergüenza de haber gozado de este lujo privado de estudiar y escribir y de no haber querido entrar en el ágora. Me pregunto qué va a pasar con el fenómeno de las estructuras políticas en sí mismas. Triunfan por todos lados el regionalismo, el localismo, el nacionalismo… vuelve el villorrio. Cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.

P. ¿Cómo contempla una hipotética victoria de Trump?

R. No ocurrirá, Hillary ganará. Pero será una triste victoria, porque esta mujer está agotada, quemada interiormente. ¿Y qué me dice de Putin? La violencia de alguien como él parece tranquilizar a la gente que ya no cree en la política, les reconforta. Eso es porque el despotismo es lo contrario a la política.

“Si no crees en la política, no te quejes si los bandidos te gobiernan”

P. ¿Y la política y la cultura? ¿Cómo se llevan? Y otra cuestión: ¿comparte usted la sensación –muy personal y subjetiva, por otra parte- de que la cultura, entendida como ‘las artes’, está estancada, al contrario que los avances científicos, imparables?

R. A ver cómo hablamos de esto: es delicado. Estamos usted y yo en una pequeña ciudad inglesa como Cambridge en la que, desde el siglo XII, cada generación ha producido gigantes de la ciencia. Hay ahora mismo 11 premios Nobel aquí. De aquí salieron Newton, Darwin, Hawking… Para mí, el símbolo del avance imparable de las ciencias es Stephen Hawking. Apenas mueve la esquina de una de sus cejas, pero su mente nos ha llevado al extremo del universo. Ningún novelista, dramaturgo, poeta o artista, ni siquiera el mismísimo Shakespeare, habría osado inventar a Stephen Hawking. Bien. Si usted y yo fuéramos científicos, el tono de nuestra charla sería distinto, sería mucho más optimista, porque hoy, cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque-, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin… sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!

P. ¿Establece usted diferencias entre “alta” y “baja” cultura, como han hecho algunos intelectuales de renombre, visiblemente incómodos ante formas de cultura popular como los cómics, el arte urbano, el pop o el rock, a los que se llegó a poner la etiqueta de “civilización del espectáculo”?

R. Yo le digo una cosa: Shakespeare habría adorado la televisión. Habría escrito para la televisión. Y no, no hago esas distinciones. A mí lo que de verdad me entristece es que las pequeñas librerías, los teatros de barrio y las tiendas de discos cierren. Eso sí, los museos están cada día más llenos, la muchedumbre colapsa las grandes exposiciones, las salas de conciertos están llenas… así que atención, porque estos procesos son muy complejos y diversos como para establecer juicios globales. El señor Mohammed Ali era también un fenómeno estético. Era como un dios griego. Homero habría entendido a la perfección a Mohammed Ali.

P. ¿Cree que asistiremos a la muerte de la cultura como contenedor de formas clásicas ya manidas y su sustitución por otras nuevas?

R. Puede… puede que esté muriendo una cultura clásica de carácter patriarcal y esté surgiendo otra de formas nuevas e intermedias, una cultura hermafrodita, bisexual, transexual y en la que desde luego la mujer contribuirá de forma muy especial a recuperar los sueños y las utopías… Por cierto, una vez más, hablando de transexuales y bisexuales… ¡Freud ni los vio venir!

"Triunfan el regionalismo, el localismo, el nacionalismo, vuelve el villorio"

P. Usted ha dicho alguna vez que se arrepentía de no haberse arriesgado a lanzarse al mundo de la creación. ¿Es una espina clavada?

R. En efecto. Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía. Y he dicho también –y algunos no me lo han perdonado nunca- que el más grande de los críticos es minúsculo comparado con cualquier creador. Así que hablemos claro y no nos hagamos ilusiones. Yo soy tan solo un cartero, soy Il Postino. Y estoy muy orgulloso de eso, de haber llevado el correo bien a tantos y tantos alumnos. Pero no nos hagamos ilusiones.

P. ¿Quién no le perdonó? ¿Colegas suyos de universidad?

R. Así es. Es que en la universidad hay una vanidad descomunal. Y les sienta mal que les digas claramente que son parásitos. Parásitos en la melena del león.

P. El creciente desdén político por las humanidades es desolador. Al menos en España. La filosofía, la literatura o la historia son progresivamente ninguneadas en los planes educativos.

R. En Inglaterra también pasa, aunque quedan algunas excepciones en escuelas privadas para élites. Pero el sentido de la élite es ya inaceptable en la retórica de la democracia. ¡Si usted supiera cómo era la educación en las escuelas inglesas antes de 1914…! Pero es que entre agosto de 1914 y abril de 1945 unos 72 millones de hombres, mujeres y niños fueron masacrados en Europa y el oeste de Rusia. ¡Es un milagro que todavía exista Europa! Y le diré algo respecto a eso: una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue. Sé que cabrearé a unos cuantos antisemitas, pero la vida universitaria alemana nunca fue ya la misma sin esos judíos. Una civilización que mata a sus judíos está matando el futuro. Pero bueno, hoy hay 13 millones de judíos en el mundo, más que antes del Holocausto.

P. Resulta increíble, es cierto.

R. ¡Resulta escandaloso! Un magnífico escándalo.

P. Profesor Steiner, ¿qué es ser judío?

R. Un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor.

"El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos, jamás podremos asumir los grandes retos"

P. ¿Cómo ve el futuro del ser humano? ¿Es optimista o pesimista?

R. El futuro… no sé. Toda profecía es simplemente memoria activa, no se puede prever nada, solo mirar en el retrovisor de la historia y contarnos historias sobre el futuro. Eso sí: habrá dos tres descubrimientos científicos en el campo de la genética que van a plantear problemas morales terriblemente complejos. Por ejemplo, ¿permitiremos que se manipulen las células del feto?

P. También será un problema moral poner freno al avance científico…

R. Exactamente. ¿Qué derecho tenemos? Yo soy, por ejemplo, firme partidario de la eutanasia. Los viejos destruimos a menudo la vida de los jóvenes que tienen que cargar con nosotros. ¡Me gustaría tanto tener el derecho de decir “Gracias, todo ha sido magnífico, ahora basta”. Eso llegará. En Holanda y en Escandinavia ya está pasando… No tenemos ya recursos para mantener en vida a tanta gente senil o demente, va contra la felicidad de mucha gente, no es justo.

P. ¿Qué momentos o hechos cree que forjaron más su forma de ser? Entiendo que tener que huir del nazismo junto a sus padres y saltar de París a Nueva York –magistralmente evocado en su libro Errata- es uno de los fundamentales teniendo en cuenta que…

R. Le diré algo que le impactará: ¡Yo le debo todo a Hitler! Mis escuelas, mis idiomas, mis lecturas, mis viajes… todo. En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria. “Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mí? Porque nos enseña que somos los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y, si hay que partir, partir. Y no quejarse.