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sábado, 5 de septiembre de 2026

Huxley acertó donde Orwell se equivocó

 Capítulo 1: La carta

En octubre de 1949, George Orwell recibió una carta. Venía de California de un antiguo profesor Eric Arthur Blair, más conocido por su seudónimo George Orwell, fue un novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en India, autor entre otras obras de las novelas distópicas Rebelión en la granja y 1984, un hombre alto, medio ciego, que le había dado clase de francés 20 años antes y que ahora era uno de los escritores más famosos del mundo. Se llamaba Aldous Huxley. Orwell acababa de publicar 1984.

Aldous Leonard Huxley fue un escritor y filósofo británico. Miembro de una reconocida familia de intelectuales, es conocido por sus novelas y ensayos, pero publicó también relatos cortos, poesías, libros de viajes y guiones. A través de sus novelas y ensayos, ejerció como crítico de los roles, convenciones, normas e ideales sociales. Se interesó, asimismo, por los temas espirituales, como la parapsicología y el misticismo, acerca de las cuales escribió varios libros. Es considerado uno de los más importantes representantes del pensamiento moderno.

Estaba muy enfermo, le quedaban tres meses de vida y su novela ya se estaba convirtiendo en lo que sigue siendo hoy. El libro al que todo el mundo recurre para hablar de vigilancia, de propaganda y de gobiernos que te controlan.

La carta de Huxley empieza con elogios impecables, muy ingleses, y luego con toda la educación del mundo le dice que se equivoca, que el futuro no va a ser así. 75 años después, uno de los dos tenía razón y no era el que tú crees. Para entender la discusión, hay que tener claro qué decía cada uno. 

Capítulo 2: El mundo de Orwell: la bota en la cara

El mundo de Orwell funciona con miedo. Hay un estado que te vigila a todas horas, que reescribe el pasado, que castiga hasta lo que piensas. La información está prohibida, los libros se destruyen y quien se sale del guion desaparece. El control se ejerce quitándote cosas. Libertad. Intimidad. Palabras. Es un sistema que se sostiene sobre el dolor. Orwell lo resumió en una imagen que no se olvida. Si quieres una idea del futuro, imagina una bota pisando un rostro humano para siempre. Y lo importante para lo que viene después es esto. En ese mundo tú sabes que estás oprimido, lo odias, obedeces porque tienes miedo, pero por dentro sigues sabiendo que aquello está mal.

Capítulo 3: La apuesta de Huxley: amarás tu servidumbre

Huxley pensaba que eso era ineficiente y caro. En su carta, Huxley le dice a Orwell que la política de la bota en la cara acabará dejando paso a otra cosa, que gobernar por el miedo es agotador, que hace falta mucha policía y mucha violencia y que ningún sistema aguanta eso indefinidamente.

Su apuesta era otra, que los que mandan acabarían descubriendo algo mucho más barato, que a la gente se la controla mejor dándole cosas que quitándoselas. 17 años antes había escrito una novela con ese mundo dentro. En ella nadie está preso, nadie tiene miedo, todos son razonablemente felices. Hay entretenimiento infinito, sexo sin complicaciones y una pastilla que quita el malestar en cuanto asoma. Los libros están prohibidos, es que nadie quiere leerlos. La verdad no está censurada, es que se ahoga en un océano de cosas más divertidas. Nadie te obliga a nada porque nadie necesita obligarte.

Capítulo 4: Los dos miedos, según Neil Postman

Huxley lo dejó dicho con una frase que da escalofríos. La gente acabará amando su servidumbre. En 1985, un profesor llamado Neil Postman puso la comparación por escrito de la forma más clara que se ha hecho nunca. Orwell temía a los que prohibirían libros. Huxley temía que no hiciera falta prohibirlos porque ya no quedaría nadie con ganas de leer uno. Orwell temía a quien nos privara de información. Huxley temía que nos dieran tanta, que acabáramos reducidos a la pasividad y el egoísmo.

Orwell temía que nos ocultaran la verdad. Huxley temía que la verdad quedara ahogada en un mar de irrelevancia.

Orwell temía que nos convirtiéramos en una cultura cautiva. Huxley temía que nos convirtiéramos en una cultura trivial. Y remataba en 1984 a la gente se la controla infligiéndole dolor. En Un mundo feliz se la controla proporcionándole placer.

Capítulo 5: Hoy: la pantalla la compraste tú

Orwell temía que lo que odiamos nos destruyera. Huxley temía que nos destruyera lo que amamos. Mira ahora a tu alrededor y decide tú quién acertó.

Nadie te ha prohibido informarte. Tienes acceso instantáneo a más conocimiento que ninguna generación anterior. Bibliotecas enteras, archivos, hemerotecas, científicos explicando su trabajo gratis. Nunca ha estado tan disponible la verdad y a la vez nunca ha sido tan fácil no encontrarla. No porque alguien la esconda, sino porque compite con un flujo infinito de cosas más entretenidas, diseñadas por gente muy bien pagada para que no puedas soltarlas.

Nadie te vigila a la fuerza. Le cuentas tú dónde estás, qué compras, con quién hablas y qué te preocupa voluntariamente, a cambio de servicios que te gustan. Orwell imaginó una pantalla en tu casa que te vigilaba y que no podías apagar. Se quedó corto en un detalle. La pantalla has comprado tú, la llevas encima y te enfadas si te la quitan. Y la pastilla que quitaba el malestar tampoco hizo falta inventarla. Cada vez que estás incómodo, aburrido o triste, tienes en el bolsillo algo que te lo quita en 3 segundos.

Capítulo 6: Donde Orwell sí acertó

Huxley describió eso en 1932 y se lo explicó a Orwell por carta en el 49. Pero decir que Orwell se equivocó del todo sería otra manera de contarlo mal y él merece algo mejor. Orwell acertó en sitios donde Huxley ni miró.

En países enteros donde hoy mismo hay censura estatal, vigilancia obligatoria y gente en la cárcel por lo que escribe. Su libro no es una metáfora, es un manual de instrucciones que alguien está siguiendo. Acertó también en algo más fino, que es lo de manipular el lenguaje para que ciertas ideas no se puedan ni formular. Esa parte no ha envejecido, ha mejorado. Lo honesto es decir que no compitieron. Describieron dos formas distintas de perder la libertad y el mundo se ha repartido entre las dos. En unos sitios manda la bota, en otros manda el entretenimiento.

Lo que hace a Huxley más incómodo para nosotros es que su versión no tiene un enemigo al que señalar. Contra una bota se puede uno rebelar. Contra algo que te encanta y que has elegido tú, no hay barricada posible.

Orwell murió tres meses después de recibir aquella carta sin tiempo de contestarla en condiciones. Huxley vivió 14 años más y no dejó de insistir en lo mismo, que el peligro no vendría de un tirano con botas, sino de nuestro propio apetito de distracción.

Los dos escribieron sobre el futuro. Uno pintó un sitio al que nadie querría ir. El otro pintó un sitio bastante agradable y por eso da más miedo. La pregunta que deja Huxley no es si alguien te está oprimiendo. Es más difícil de contestar. ¿Cuánto de lo que haces cada día lo eliges tú?

¿Y cuánto lo ha elegido alguien por ti sabiendo exactamente qué te gusta? Si te gusta descubrir a las mentes que vieron nuestro presente antes de que llegara, suscríbete al canal porque seguimos rescatando a quienes se atrevieron a imaginar lo que nadie más se atrevía.

domingo, 5 de marzo de 2017

Orwell y el estilo

Jaime Rubio Hancock "Los seis consejos de George Orwell para escribir mejor" en El País, 5-III-2017:

El lenguaje político está lleno de tópicos y vaguedades

A menudo se dice que no hay reglas para escribir bien. Pero no es cierto. Por ejemplo, ayuda tener a mano las seis normas que propuso George Orwell. Las recordaba su hijo, Richard Blair, en una entrevista que le hizo Bernardo Marín y que publicaba EL PAÍS hace unos días.

1. Nunca uses una metáfora, símil u otra frase hecha que estés acostumbrado a ver por escrito.

2. Nunca uses una palabra larga si puedes usar una corta que signifique lo mismo.

3. Si es posible eliminar una palabra, hazlo siempre.

4. Nunca uses la voz pasiva cuando puedas usar la activa.

5. Nunca uses una expresión extranjera, una palabra científica o un término de jerga si puedes pensar en una palabra equivalente en tu idioma que sea de uso común.

6. Incumple cualquiera de estas reglas antes de escribir nada que suene estúpido.

Orwell las incluyó en un ensayo titulado Politics and the English Language (La política y el idioma inglés), publicado en 1946 en la revista Horizon. El artículo criticaba sobre todo el lenguaje político, pero sus consejos se pueden aplicar a cualquier texto. Por ejemplo, The Guardian lo citaba hace unos años para criticar cómo escribimos en internet. Y también puede servir para cualquier idioma, a pesar de que el punto 4, el que se refiere a la voz pasiva, se puede aplicar con más frecuencia al inglés.

Para el autor británico, esta preocupación por el lenguaje no es ni "frívola" ni "exclusiva de los escritores profesionales". Cuando uno se libra de los malos hábitos al escribir, “puede pensar con más claridad y pensar con claridad es el primer paso hacia la regeneración de la política”.

Tópicos imprecisos

En opinión del autor británico, los problemas principales de muchos textos son dos: las imágenes trilladas y la falta de precisión. Cuando escribimos, hay que dejar que “el significado escoja a la palabra y no al revés”, afirma. Hay que hacer un esfuerzo y pensar antes de comenzar a juntar letras, para evitar así “las imágenes desgastadas o confusas, todas las frases prefabricadas, las repeticiones innecesarias, y las trampas y vaguedades”.

En los textos que critica se acumulan “metáforas moribundas”, de las que ya se ha abusado tanto que han perdido su significado. Pensemos, por ejemplo, en “arden las redes”. Otro vicio habitual, según Orwell, es el de usar términos pretenciosos con la intención “de dar un aire de imparcialidad científica a juicios sesgados”, además de “palabras que carecen casi de significado”.

Por ejemplo, términos como democracia, socialismo, libertad, que a menudo se usan con “significados diferentes que no se pueden reconciliar entre sí”. No es lo mismo leer información sobre noticias falsas en un texto del New York Times que en unas declaraciones de Donald Trump, que se ha apropiado de esta expresión, fake news, para calificar todos los titulares que no le gustan.

Paradójicamente, otra palabra que no significa lo mismo según quien la utilice es orwelliano, usada por "críticos de todos los bandos", tal y como publicaba el New York Times en un artículo que mencionaba que este texto es, junto con 1984 y Rebelión en la granja, uno de los más influyentes de Orwell.

Defender lo indefendible

Como ya hemos apuntado, a Orwell le preocupa especialmente lo mal escritos que estaban los textos políticos, algo que no podemos decir que haya cambiado mucho. Orwell pone ejemplos que suenan muy actuales, como hablar de “pacificación" cuando “se bombardean poblados indefensos desde el aire” o de “traslado de población” cuando “se despoja a millones de campesinos de sus tierras”.

“Un orador que usa esa clase de fraseología ha tomado distancia de sí mismo y se ha convertido en una máquina” que intenta “defender lo indefendible”, escribía Orwell. Lo que consigue es que “las mentiras parezcan verdaderas y el asesinato respetable”. Como recordaba Steven Pinker en The Sense of Style, esta abstracción tan vaga acaba deshumanizando.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Orwell

1) “En nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política. Todos los asuntos son asuntos políticos y la política, en sí misma, es una masa formada de mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia”

2) “Toda la propaganda de guerra, todos los gritos, las mentiras y el odio, provienen, invariablemente, de gente que no está luchando”

3) “La guerra contra un país extranjero sólo ocurre cuando las clases adineradas piensan que van a beneficiarse de ella”

4) “El propio concepto de verdad objetiva está desapareciendo de nuestro mundo. Las mentiras pasarán a la historia”

5) “En una época de engaño, decir la verdad es un acto revolucionario”

6) “El periodismo consiste en decir cosas que alguien no quiere que digas: todo lo demás son relaciones públicas”

7) “En la vida real es siempre el yunque el que rompe al martillo…”

8) “El nacionalista no sólo no desaprueba las atrocidades cometidas por su propio bando, sino que además tiene una notable capacidad para ni siquiera oír hablar de ellas”

9) “Las amenazas a la libertad de expresión, de escritura y de acción, aunque a menudo parecen triviales cuando las vemos aisladamente, son acumulativas en su efecto y siempre conducen a una falta de respeto generalizado hacia los derechos del ciudadano”

10) “Si quieres ver una imagen del futuro, imagina una bota aplastando un rostro humano para siempre”

sábado, 15 de noviembre de 2008

El reino de los cerdos


No de los cielos. Así es como llama el periodista John Carlin, inspirado por Rebelión en la granja, de George Orwell, a la Nicaragua de Daniel Ortega, pero yo creo que es cualquier sistema político utópico donde el periodístico bombeo de mierda no existe y el cinismo del "todos somos iguales, pero unos más iguales que otros" impera. Tras la revolución, los cerdos se vuelven semejantes a los humanos y los demás animales no los saben distinguir ya.