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lunes, 19 de octubre de 2026

Exposición de Dalí en el Thyssen

  I

 Aún quedan cosas por descubrir de Dalí en el Thyssen, pero no se olvide de pedir cita con el psiquiatra a la salida, en El País, Ana Marcos, Madrid - 19 OCT 2026:

El museo expone más de 130 obras del artista surrealista que ahondan en la influencia que tuvo Freud sobre su obra antes y después de conocerle

El universo freudiano de Dalí es el título de la nueva exposición temporal del Museo Thyssen de Madrid que, a priori, puede sonar a antológica ya vista o a otra exposición que redunda sobre una influencia ya conocida en el argumento pictórico del gran artista del surrealismo. Pero que, sin embargo, tiene la habilidad del descubrimiento de nuevos aspectos de un creador del que a veces parece que ya se ha descifrado hasta la entraña todo su universo paranoico. Jaime Brihuega, comisario de la muestra y ojo experto en las vanguardias, define esta retrospectiva de más de 130 piezas como “una colección de obras maestras a las que te asomas como a una ventana, las abres y te absorben hasta tal punto que no encuentras el final”. Por eso, recomienda una cita con el psiquiatra a la salida. Aviso para visitantes.

El aperitivo que explica parte de las obsesiones y los complejos de Dalí es explícito y contundente desde la primera sala. El artista perdió a su madre y sintió la orfandad desde la adolescencia, aterrado por la figura autoritaria de su padre y marcado por la muerte de un hermano del que heredó su nombre. Con su hermana no solo practicó la fraternidad, sino que su relación se acercó más al incesto. “La imagen de mi hermana / el ano rojo / de sangrante mierda / la polla / seminflada / apoyada con elegancia / contra / una inmensa / lira / colonial / personal…”, escribe el creador en L’amour et la mémoire (1931), se lee en la cartela situada al lado de Retrato de Anna Maria, el nombre de su hermana. “Todo está explicado en estos textos, en las audioguías y en códigos QR”, dice el también profesor de historia del arte, consciente de la complejidad del universo daliniano, sobre todo en sus primeros años cuando ni el propio artista era capaz de dar salida a sus traumas.

Esa materia prima con la que fue moldeando su personalidad comenzó a encontrar algunas respuestas cuando llegó a Madrid en 1922, a la Residencia de Estudiantes, donde conoció a intelectuales como Federico García Lorca y Luis Buñuel, también muy presentes en la exposición, que se podrá ver hasta el 24 de enero. “Con ellos dará forma al primer surrealismo español y también completará su mundo ya complejo”, continúa el comisario. “Así consolidó su identidad visual, donde mostraba sus miedos, complejos, frustraciones y su obsesión por los elementos de carácter sexual”.

En las vanguardias también encontró los textos de Freud y comenzó la verdadera metamorfosis de su personalidad. “Esos complejos ya son escritura y pintura, su mundo interior sale sin complejos ni vergüenza al exterior”, relata el experto, “son vocablos figurativos que construyen su lenguaje”. Brihuega lleva años sumergido en estos sintagmas y cada vez, reconoce, le afectan más, tanto que se cuelan en sus sueños y desarrolla teorías con cada uno de los elementos que Dalí incorporó a sus obras a partir de mediados de los años veinte del siglo pasado. “Su dialéctica se debatió en diversos oxímoron: amor y muerte, atracción y repulsión, asco y apetito”, continúa el comisario en un breve repaso por las temáticas que recorren los cuadros de la muestra.

Ya inmerso en el surrealismo de París liderado por André Breton, Dalí hace varios intentos por conocer a Freud en distintos viajes a Viena y finalmente lo consigue en 1938 en Londres. “Iba enloquecido, al otro le daban igual esos locos surrealistas”, recuerda Brihuega, que ya en 2022, en el Museo Belvedere de la capital austriaca, había estudiado este encuentro para una exposición más pequeña, de gabinete, que ha sido el germen de la que se inaugura ahora en el Thyssen. “Se presenta ante él, le explica su método paranoico-crítico con el que se había vinculado al psicoanálisis freudiano [para Dalí la paranoia era un estado de gracia] y le lleva el cuadro La metamorfosis de Narciso”, dice el comisario, una de las pocas piezas que no están en la muestra. El experto se ha encargado de conseguir algunos bocetos de elementos de la pieza, y un amuleto romano de una mano que representa un huevo que le gustaba a Freud y que el artista colocó en el centro de su tela. Por eso, cree Brihuega, Freud no le ignora, como había hecho con sus colegas surrealistas, sino que llama su atención y sentencia: “Nunca vi ejemplar más completo de español. Que fanático”.

En otras ocasiones, los museos han dado por zanjada la relación de Freud y Dalí en este encuentro, pero Brihuega y el Thyssen ahondan una década después. El artista catalán se había entregado a Einstein, la materia subátomica, el universo, la ciencia, con un poco de aliño de religión, pero siempre con el sexo de fondo en un ejercicio que no solo fue una mezcla de estilos, sino de mayor indefinición en lo que respecta al sexo porque sus figuras son cada vez más hermafroditas o bisexuales. Aun así, con el paso de los años, Freud y el psiconálisis se mantuvieron como el sustrato que abonó la siguiente etapa de su legado. Por eso, a la salida, además de llamar al terapeuta, ese esbozo de lo freudiano impacta en un monumental telón colocado en el vestíbulo del Thyssen que se llama Tristán loco, otra señal para marcar el teléfono de ayuda.

II

Una exposición revela cómo Dalí transformó Estados Unidos y su cultura, en El País Maye Primera, Miami - 27 JUL 2026;

El Dalí Museum de San Petersburgo, Florida, reúne una colección que abarca cuatro décadas de vida y obra del artista en el país, en conmemoración de los 250 años de EE UU

Desde que atracó en Nueva York la primera vez, en 1934, Salvador Dalí fue más que un pintor en Estados Unidos. Aquí diseñó vidrieras, organizó la fiesta surrealista de la década, trabajó en Hollywood sin poder llegar a la pantalla, diseñó joyas, escribió memorias y fue una celebridad de los late night shows.

“Dalí transformó Estados Unidos solo con ser parte de la cultura”, asegura el curador Peter Tush, que reunió una colección de piezas que relatan cuatro décadas de vida y obra del artista catalán en Estados Unidos en la exposición Dalí América, que se exhibe en el Dalí Museum de San Petersburgo, Florida, hasta octubre.

“Aportó una combinación de ligereza y visión que Estados Unidos nunca había experimentado. Con el tiempo, ofreció un nuevo modelo de lo que podía ser un artista: entretenido, ingenioso, completamente excéntrico”, comenta Tush durante una entrevista virtual con EL PAÍS. Las pinturas, videos, fotografías y objetos reunidos en esta exposición cuentan la historia de los cuatro primeros viajes que hizo Dalí a Estados Unidos entre 1934 y 1939 y de los ocho años que vivió como refugiado en Pebble Beach, California. Habla también de su paso por el cine de los cuarenta, de sus trabajos con Walt Disney y Alfred Hitchcock que acabaron en frustraciones y de cómo Hollywood transformó su obra, pese a que nunca triunfó en el cine.

La pieza central es la pintura de la colección del museo titulada El descubrimiento de América, donde Dalí se sitúa a sí mismo como un fraile que acompaña a Cristóbal Colón, un explorador que descubre un nuevo mundo rodeado de referencias de su tierra: San Juan de la Cruz, San Narciso y el milagro de las moscas de Girona. “Es una pintura que también celebra la idea de la transformación de Dalí, pues la experiencia estadounidense lo convirtió en quien es. Con esa pintura encontró una manera de reunir estas tres partes de su identidad: español, catalán y también estadounidense”, apunta Tush. Luego, el recorrido muestra la fascinación mutua entre Salvador Dalí y la gran pantalla.

“Estoy en Hollywood, donde he entrado en contacto con los tres surrealistas estadounidenses: Harpo Marx, Walt Disney y Cecil B. DeMille. Creo que los he embriagado lo suficiente y espero que las posibilidades del surrealismo se hagan realidad”, escribió Dalí en una carta dirigida a André Breton, fundador y principal teórico francés del surrealismo. “A Dalí siempre le fascinó la idea de Hollywood. Siempre fue su objetivo no solo conectar con estas figuras, sino también crear algo grande con esa especie de máquina de sueños. Su gran tragedia es que no estaba preparado para la enorme dificultad burocrática que implicaba llevar una visión a la pantalla”, apunta el curador.

En esa época, las visiones del pintor para la gran pantalla acabaron en frustración. En 1945, Dalí fue contratado por Alfred Hitchcock para crear la secuencia de un sueño para la película Spellbound, un thriller protagonizado por Ingrid Bergman y Gregory Peck donde ocurre un asesinato y dos psicoanalistas utilizan el análisis freudiano de los sueños para resolver un crimen. Pero solo fueron utilizados dos minutos de una secuencia de veinte que había animado, con ojos colgantes y con relojes derretidos.

Lo mismo le pasó después con Walt Disney, que en 1946 lo invitó a trabajar en un cortometraje que sería una secuela de Fantasía y que contaba la trágica historia de amor de Cronos, el dios del tiempo, y una mujer mortal llamada Dahlia. Durante ocho meses, Dalí trabajó de ocho a cinco en los estudios de Burbank, pero el producto final no salió a la luz. Pese a estos fracasos, Tush cree que toda la forma de ser artista de Dalí se forjó allí: “La idea de la celebridad, la idea de usar la imaginación para crear algo, un espectáculo que iba más allá de lo que habíamos imaginado. Incluso la forma en que abordaba sus pinturas parecía construida en gran medida sobre un modelo que Hollywood le proporcionó”.

En 1941, cuando el artista vivía en el hotel Del Monte de Pebble Beach y apenas comenzaba a desarrollar sus ambiciones en el cine, él y Gala convencieron al dueño del hotel para organizar una fiesta para recaudar fondos para los artistas refugiados en Estados Unidos que huían de la guerra: “Una noche surrealista en el bosque encantado”, la llamaron y todo en ella fue desmesurado.

La lista de peticiones de Dalí incluía una jirafa bebé, tres cabras, casi cinco libras de papel periódico, un auto accidentado y 2.000 pinos. El zoológico de la ciudad de San Diego envió más de 20 especies de animales, desde monos que paseaban por el salón hasta leones. Asistieron unas 1.000 personas que hasta volaron desde Nueva York, figuras como Gloria Vanderbilt, Clark Gable, Bob Hope, una combinación de alta sociedad y élite del entretenimiento. Pero el evento terminó costando tanto dinero que no recaudó ni un centavo. “Todo era enorme, excesivo. Pero todos estaban dispuestos a hacerlo posible. Todo lo que Dalí quería, lo conseguía”, concluye Tush.

La muestra incluye videos de las intervenciones de Dalí en los talk shows estadounidenses: What’s My Line, en enero de 1957; The Ed Sullivan Show en enero de 1961 y The Dick Cavett Show en febrero de 1973. También se pasea brevemente a través de fotografías por la época en que Dalí y Gala fueron invitados por uno de sus mecenas a una plantación de Virginia, donde él escribió la autoficción La vida secreta de Salvador Dalí, y coincidió con los escritores Anaïs Nin y Henry Miller y uno de los joyeros de Coco Chanel. Más adelante, en Confesiones Inconfesables, el pintor escribió sobre su paso por Estados Unidos: “Solo América era lo bastante rica para satisfacer mi yo hipertrofiado y soportar mis caprichos”.

III

Exposición temporal. El universo freudiano de Dalí, Museo Thyssen, del 20 de octubre de 2026 al 24 de enero de 2027

La relación de la obra de Salvador Dalí con los escritos de Sigmund Freud constituye una de las claves fundamentales que articulan su poética visual. Las condiciones que rodearon la infancia y adolescencia del pintor de Figueras crearon el caldo de cultivo para esta relación, que acabó convirtiéndose en una auténtica obsesión y que desembocó en la entrevista entre ambos en 1938, cuando Freud estaba exiliado en Londres. 

Dalí tuvo acceso a traducciones de la obra de Freud desde principios de la década de 1920, cuando se alojaba en la Residencia de Estudiantes de Madrid. A partir de 1926, su obra se vincula progresivamente a la poética del surrealismo, inspirada a su vez por el médico vienés. A ella contribuyó de forma determinante con su "método paranoico-crítico", desarrollado a partir de los escritos de Freud. Con posterioridad a la entrevista londinense, elementos freudianos siguieron muy patentes en su periodo místico-nuclear. 

A través de esta exposición, comisariada por Jaime Brihuega, el museo busca arrojar nueva luz a la heterogénea y prolífica obra de Salvador Dalí. La fascinación del artista catalán por los escritos de Sigmund Freud y el célebre encuentro entre ambos en 1938 constituyen el hilo conductor de la muestra, que propone una relectura del conjunto de su carrera, desde el complejo universo familiar de los primeros años hasta sus creaciones tardías en Cataluña. La exposición se organiza en seis secciones, dispuestas cronológicamente y vinculadas a capítulos decisivos de su biografía. Cada una de ellas se centra en obras de Dalí relacionadas con el pensamiento freudiano y se completa con pinturas y dibujos de referencia de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Gino Severini, Jean Arp, Kurt Schwitters, Federico García Lorca e Yves Tanguy, así como de Santiago Ramón y Cajal y el propio Sigmund Freud.

IV

Dalí en la Real Academia de San Fernando. Un alumno díscolo e insolente expulsado a perpetuidad, en El País, Elisa Silió, Ruth Benito, Madrid - 10 MAY 2026

La Universidad Complutense atesora sin ninguna promoción documentos que reconstruyen el accidentado paso hace un siglo del pintor por el centro, reconvertido hoy en su facultad de Bellas Artes

El 14 de junio se cumple un siglo de una fecha que marcó la vida de Salvador Dalí (Figueres, Girona; 1904-1989): su segunda expulsión, a perpetuidad, de la Escuela Especial de Dibujo, Escultura y Grabado de la prestigiosa Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando de Madrid. En un ambiente tan reglamentado se sentía incómodo y, quizás por ello, esta formación académica ha quedado opacada en la literatura científica. Dominan sus correrías esos años en Madrid ―los más felices de su vida, según él mismo contó― junto a Federico García Lorca, Maruja Mallo o Luis Buñuel, sus compañeros en la Residencia de Estudiantes y fuente recíproca de inspiración artística.

Pero gracias a los archivos de la Universidad Complutense (UCM) ―en 1970 la escuela pasó a ser su facultad de Bellas Artes― EL PAÍS puede ahora reconstruir las andanzas de Dalí en las aulas mediante certificados de notas, cartas del padre o un expediente disciplinario casi inéditos. La difusión es escasa. Hay registro de consultas de estudiantes o de investigadores ―como el hispanista Ian Gibson―, de una petición del Museo Reina Sofía para una exposición y de unos cineastas coreanos que hacían una película sobre el genio.

El expediente (AGUCM 136/06-17, 40) y las actas de calificaciones (AGUCM 107/09-08) de Dalí se conservan en el Archivo Histórico de la UCM, mientras que los libros de matrícula, una de las cartas del padre y el dictamen de expulsión se pueden consultar en el Archivo Histórico de la Biblioteca de la facultad de Bellas Artes. Ambos espacios cuentan con el personal mínimo, por lo que nadie puede dedicar todo su tiempo a la digitalización y promoción del valiosísimo material. La consulta hecha por este diario sobre Dalí ha propiciado que se digitalice y que se vaya a exhibir en su página.

“Nosotros hacemos un servicio transversal. Tenemos función administrativa, pero también de fondo histórico. Aquí no viene mucha gente de consulta como si fuese un museo”, sostiene Ana Rocasolano, directora del Archivo General de la UCM, que está en Derecho. “Esta universidad tiene un gran patrimonio, abrumador, por la importancia que siempre ha tenido; pero su función estricta no es el patrimonio, sino la formación”

Dalí se instaló en la Residencia en septiembre de 1922. Desde allí tramitó su ingreso en la escuela. Se conserva la carta en la que solicita hacer la prueba, un dibujo de una escultura al claroscuro, y el resguardo de las costas. Hasta hace 30 años la facultad de Bellas Artes mantuvo un ejercicio idéntico. Desde 2008 no hay prueba específica, pero la nota de corte de la PAU es muy alta: 9,9 sobre 14 este curso.

Vistas las cualidades artísticas de Salvador Dalí, su padre accedió a que se formase como pintor en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, en Madrid, a 700 kilómetros de su casa en Figueres. El 11 de septiembre de 1922 pagó los costes del examen de ingreso y ya estaba hospedado en la Residencia de Estudiantes.

Dalí envió una carta con su candidatura al director “suplicando” poder hacer el examen con una caligrafía primorosa que alababan sus profesores del instituto. No está datada.

Adjuntó su partida de nacimiento y sus notas de Bachillerato para quedar exento de más pruebas de acceso que el ejercicio de dibujo de escultura al claro-oscuro, pues de esta forma demostraba tener una formación académica "suficiente”. Tenía 18 años y un año antes había muerto su madre.

También Dalí incluye una fe pública notarial firmada por su padre, Salvador Dalí i Cusí, que era notario en el pueblo y con el que mantuvo una relación tormentosa. Llegó a desheredarle.

Y sumó lo que se conocía como certificado académico personal. Este documento incluía sus notas, muy dispares, en el Instituto General y Técnico de Figueres durante seis cursos (de 1916 a 1922). Era un alumno mediocre en ciencias y sobresaliente en Dibujo, Religión, Caligrafía o Historia de la Literatura. Desde adolescente preconizó en su diario que un día sería una estrella del arte, como así ocurrió.

Dalí tenía entonces 18 años y uno antes había muerto su madre, Felipa Domènech. Por eso viaja a Madrid acompañado por su padre, el notario de Figueres Salvador Dalí i Cusí ―con un destacado papel en esta historia― y su hermana Anna Maria. Vistas sus habilidades artísticas, su progenitor, que aspiraba a que su hijo tuviese una profesión de provecho, cedió y le animó a que ingresase en la escuela para ser en un futuro profesor de Dibujo. Aprobó y se matriculó en las cinco asignaturas de primero.

Dos años antes de que Dalí llegase a la escuela, en 1920, las alumnas habían conseguido, tras firmar una carta de protesta, poder matricularse de todas las asignaturas. Hasta entonces no podían cursar dibujo al natural, por temor a los desnudos, ni pintar al aire libre porque no salían de casa sin la compañía de un familiar. Maruja Mallo estaba también matriculada.

Dalí pasó los primeros meses en Madrid yendo y viniendo en tranvía a la Academia de San Fernando ―en la calle Alcalá 13, donde continúa la institución ya sin la escuela― sin apenas hacer vida social. Sus compañeros de la residencia le recordarían luego como un joven extremadamente retraído, casi mudo, que se encerraba en su cuarto a buscar su propio estilo pictórico. Se movía entre el cubismo, el futurismo y la metafísica y realizaba, además de autoretratos, muchas naturalezas muertas, como las que presenta en la exposición de Artistas íbéricos de 1925.

No hay un documento que dé fe de que Dalí aprobase el examen de ingreso, pero tuvo que pasarlo porque se matriculó en la escuela. El 30 de septiembre de 1922 se inscribió en cinco asignaturas: Perspectiva, Modelado e Historia del arte en las edades Antigua y Media y Dibujo de Estatua.

En el curso 1923-1924 Dalí se inscribió en nuevas materias, lo que demuestra que aprobó el primer año: Colorido, Dibujo al natural en reposo, Grabado e Historia del Arte en las edades Moderna y Contemporánea. Esta última asignatura previsiblemente no la abonó, al haber logrado una matrícula de honor de las edades Antigua y Media. Por eso se reseña la calificación previa en la matrícula. Cada asignatura costaba entre 10 y 25 pesetas (equivalente a de seis a 15 céntimos de euro). Sigue viviendo en la Residencia de Estudiantes.

Tras la primera expulsión en 1923 motivada según su relato por un motín de los estudiantes para que el pintor Daniel Vázquez Díaz fuese su maestro, Dalí se matricula en el curso 1924-1925 de las mismas asignaturas que el curso anterior. Empieza de cero el segundo año de estudios. En los meses que estuvo fuera de la escuela de dibujo estudió con Francisco Bores, Moreno Villa y Benjamín Palencia en la Academia Libre, dirigida por Julio Moisés.

En una carta sin fechar, el padre de Dalí solicita a la escuela un certificado de estudios para que su hijo pueda atrasar el servicio militar.

Finalmente, el 11 de septiembre de 1925 Dalí padre escribe con el membrete de su notaría al secretario de la escuela para informarle que ese año académico su hijo estudiaría en Figueres y se presentaría por libre a los exámenes en Madrid: “A causa de tener que recibir la instrucción militar, no podrá cursar como alumno oficial el presente curso”. Y ya que se “atreve a molestar”, pregunta a Manuel Menénez por “las condiciones” de su hijo para el arte. “Lo que deseo es que se dedique a la enseñanza del dibujo y la pintura para ganar una cátedra (...)”.

Estaba muy influenciado por lo que leía en libros, catálogos y revistas, y su estudiado look impedía que pasase desapercibido. Extremadamente delgado, llevaba el pelo largo con patillas, zapatos enormes, gabardina, medias y polainas al estilo de los pintores victorianos. Después se cortaría el pelo y, tras descubrir en el Museo del Prado a Velázquez, el Greco y el Bosco, comenzó a dejarse crecer su característico bigote a las diez y diez.

A los pocos meses empezó a socializar con los colegiales y la escuela pasó a un segundo plano que nunca abandonó. “En la Residencia, Dalí y Maruja Mallo encontraron muchas cosas y mucha gente con la que hablaban que les hizo repensar”, razona la ensayista Estrella de Diego, académica de número desde hace una década.

El primer curso Dalí se matriculó de cinco asignaturas y aprobó todas salvo Modelado en la convocatoria de febrero. Junto a él suspendieron otros cinco compañeros, algo poco habitual.

Ello le forzó a volver a presentarse al examen de la asignatura de Modelado en junio de 1923, aunque el profesor no firmó el acta hasta septiembre.

Dalí obtuvo en primero una matrícula de honor en la asignatura de Historia del Arte en las Edades Antigua y Media. Durante el Bachillerato, cursado en Figueres, ya demostró sus grandes conocimientos en historia del arte.

Presumiblemente la matrícula en Historia del Arte de primero permitió a Dalí no abonar la matrícula de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo de segundo (1924-1925). Volvió a obtener la máxima nota.

En una carta al director de la escuela fechada el 11 de septiembre de 1925, Dalí quiere cerciorarse de que su hijo ganó “el premio de segundo curso de historia del arte y que dicho premio consiste en setecientas pesetas que ha de cobrar de la escuela” y desea saber cómo hacerlo.

Del curso 1923-1924 ni hay actas porque fue expulsado. Al curso siguiente tuvo que matricularse de nuevo de las cuatro materias. Obtuvo un “diploma de mérito” (sobresaliente) en Estudios Preparatorios de Colorido.

“En esa época hasta los pintores más tradicionales se quejaban de que la escuela era demasiado académica. La Residencia les daba unas complicidades que no les daba la Academia, que debía de ser aburrida”, subraya De Diego, catedrática de Arte Contemporáneo de la UCM. “Ahora bien, la escuela les daba unas herramientas para el dibujo muy importantes. A Picasso, Maruja o Dalí les enseñaron los rudimentos”. Raquel Monje, decana de Bellas Artes, coincide: “La escuela era un espacio muy conservador. ¡Ha costado muchos años que dejase de serlo! Nuestra gran riqueza es que ahora convivan la academia con lo que pasa fuera".

Dalí aprobó sin problema el primer curso (1922-1923), salvo Grabado, que lo hizo en la repesca. Incluso logró una matrícula en Historia del Arte de las Edades Antigua y Media. Lo que la documentación no testimonia es el atentado fallido a Alfonso XIII el 3 de marzo de 1923, día que el rey inauguró la biblioteca de la escuela; Gibson asegura en dos libros que pudo ocurrir una desgracia. Según escribe, Dalí ―hasta ese momento antimonárquico― planeó con su compañero Josep Rigol hacer una “bomba de protesta, no de matar”, según relató Rigol, rellenando de pólvora un bote de leche vacío. Colocaron el explosivo en un jarrón del pasamanos de la escalera, pero la mecha por suerte no prendió. Estrella de Diego no confirma el atentado fallido: “No hay pruebas”.

El Prado conserva la foto de una visita de la clase de Dalí y Mallo a la pinacoteca junto al rey. Si la bomba existió, nadie se enteró, de forma que ese marzo de 1923 Dalí no fue enviado ni a la cárcel ni a casa. Pero en septiembre, su progresión académica sí se frustró. Fue expulsado durante un año por encabezar un motín estudiantil contra la decisión de la escuela, muy conservadora, de no aceptar en una cátedra al pintor Daniel Vázquez Díaz, considerado demasiado vanguardista.

Se conserva una carta furibunda al director de la escuela por parte del padre del pintor: “Muy señor mío y de mayor consideración. Después de hablar con los alumnos, profesores y empleados de la escuela he confirmado mi opinión completamente favorable a mi hijo”, arranca su misiva. “No pudiendo acatar la decisión del Consejo de Disciplina, no me queda otro remedio que aceptar resignadamente el castigo”. Y profetiza: “Se observará una conducta escolar y académica tan intachable que llegarán a arrepentirse de haberlo castigado a tan grave pena”.

No se conserva en el expediente de Dalí documentos administrativos que demuestren su primera expulsión de la escuela en 1923, pero sí se citan en los de 1926, coincidiendo con el castigo a perpetuidad. Lo que sí se encuentra es una carta de su padre. Está fechada el 23 de noviembre de 1923, por lo que su hijo tuvo que ser expulsado a comienzos del año académico, por encabezar una protesta porque el pintor Daniel Vázquez Díaz no fue aceptado como profesor de la escuela.

El tono de su progenitor es colérico: “Observarán una conducta escolar y académica tan intachable que llegarán a arrepentirse de haberlo castigado a tan grave pena”.

Los tres profesores que debían de examinar a Dalí de Teoría de las Bellas Artes el 14 de junio de 1926 redactaron un acta que dio paso a su expulsión. Según su relato, a las doce y media de la mañana, al ser invitado a extraer tres bolas con preguntas del examen, el pintor de Figueres contestó textualmente: "No. Como los profesores todos de la Escuela de San Fernando son incompetentes para juzgarme, me retiro”.

Nueve días después del incidente, que provocó la expulsión de Dalí, se reunió la junta de profesores. En el acta se recuerda que no formó parte del tribunal examinador Rafael Domènech i Gallissà, pese a ser quien impartía Teoría de las Bellas Artes, para no ser acusado de imaparcialidad. Prefirió ausentarse después de un fuerte encontronazo con Dalí quien, según el Consejo de Disciplina, fue pregonando por Barcelona que logró matrícula en Historia del Arte de las Edades Moderna y Contemporánea y un premio pese a que en primera instancia Domènech i Gallissà le había suspendido.

Según el artista catalán, por la “injusticia cometida” se había constituido un nuevo tribunal. Según el consejo, Domènech i Gallissà no le había examinado (y por tanto suspendido) por encontrarse en París montando una exposición. Resaltan la “caballerosidad” del docente.

El comité de disciplina acuerda que se informe a Dalí de su expulsión perpetua y se cuelgue en el tablón de anuncios la “corrección” para que “sirva de ejemplaridad” a otros estudiantes.

El 22 de octubre de 1926 la Dirección General de las Bellas Artes ratifica la pena impuesta a Dalí por la escuela que ha obrado, a su parecer, con exquisita corrección. Se atiene al reglamento escolar que considera su conducta en el examen pues pude causar “perturbación en el orden o disciplina académica”.

Dalí cumplió su año de expulsión, pero en ese curso 1923-1924 no dejó de estudiar. Lo hizo en la Academia Libre, dirigida por Julio Moisés. Y en septiembre volvió a matricularse. Sus calificaciones fueron mejores que en primero. Logró un “diploma de mérito” (sobresaliente) en Colorido y por segunda vez una matrícula en Historia del Arte.

Esta asignatura tensó hasta el extremo la relación de Dalí con la escuela. Según el relato del Consejo de Disciplina, el pintor “propaló por los centros artísticos de Barcelona” que el profesor de la materia, Rafael Domènech i Gallisà, le había suspendido y que ante la “injusticia” se había constituido un nuevo tribunal que le aprobó y concedió un premio de 700 pesetas.

Pero según la comisión, Domènech i Gallisà no llegó a examinar a Dalí porque se encontraba en París organizando la Exposición de Artes Industriales de 1925. El infundio llegó a oídos del maestro, que se vio respaldado por la escuela. Pero la insolencia de Dalí no terminó así. El curso 1925-1926 lo estudió por libre mientras hacía el servicio militar en Girona y se matriculó en abril de cara a los exámenes.

Hay dos versiones, una previsiblemente adornada, de lo que ocurrió el 14 de junio de 1926. Según contó luego en sus escritos Dalí, tras sacar la bola del tema para su examen de Teoría de las Bellas Artes contestó al tribunal: “Yo sé más de Rafael que ustedes tres juntos. Me niego a contestar”. Y, según aseguraba su amigo Antonio Pitxot en Sobre Dalí, los examinadores le respondieron: “Bueno, pues entonces, vuelva usted otro año, porque este ya está suspendido y, además expulsado”. Y Pitxot escribió que, incluso, el de Figueres siempre remataba el relato de la anécdota con un “Imagínate, preguntarme a mí por Rafael...”. Una boutade propia del personaje.

Las actas del tribunal y de la comisión de disciplina y el dictamen de la Dirección General de Bellas Artes, sin embargo, describen un choque muy tenso que culminó con la expulsión perpetua, no por un tiempo. Dalí hizo un primer desplante al no presentarse a la primera convocatoria del examen ―solo había entonces dos oportunidades― y se le informó por teléfono de la siguiente fecha. Domènech i Gallisà, pese a ser el profesor de la materia, optó por no examinarle para no ser tachado de parcial tras su enfrentamiento previo. Así que otros tres docentes conformaron el tribunal. Según su acta, Dalí afirmó: “No. Como los profesores todos de la Escuela de San Fernando son incompetentes para juzgarme, me retiro”.

En Bellas Artes atesoran “cientos de miles de documentos” que los bibliotecarios Javier Pérez Iglesias y Laura Bomati querrían digitalizar, porque tienen muchas consultas; en especial de artistas locales desconocidos y, últimamente, sobre todo femeninos. Empezarían, si pudiesen, por los libros de registro. “Lo que se hace en esta facultad es porque la gente le pone ilusión”, relata la decana. “Por ejemplo, un profesor con un grupo de estudiantes se enreda en un pequeño proyecto. Pero, como siempre, necesitaríamos presupuesto para hacer más”.

Créditos

Diseño: Ruth Benito

Desarrollo: Fernando Anido

Edición gráfica: Inés Arcones

Coordinación: Brenda Valverde Rubio

Fotografía de apertura: Salvador Dalí y sus compañeros de estudio de la Escuela especial de pintura, escultura y grabado (Academia de San Fernando). 1922-1923. FUNDACIÓN GALA-SALVADOR DALÍ

V

La obsesión fanática de Dalí con Freud conquista Viena, en El País, David Granda, Viena - 03 FEB 2022:

La galería Belvedere reúne un centenar de piezas, entre lienzos, dibujos, filmes y cartas, para exponer la influencia del padre del psicoanálisis en el trabajo del artista catalán

El encuentro se produjo en Londres en el verano de 1938 gracias al escritor Stefan Zweig. Salvador Dalí tenía 34 años; Sigmund Freud, 82. El pintor catalán había viajado a Viena en tres ocasiones para conocerle, sin éxito....

domingo, 16 de agosto de 2026

Los desconocidos restos de Lorca

 Por qué no se han podido encontrar los restos de García Lorca 90 años después de su ejecución en la Guerra Civil española, en BBC Mundo, Alicia Hernández, 16 agosto 2026:

Da igual el lugar de España en el que te encuentres: tienes una fosa común a menos de 50 kilómetros. Hay alrededor de 6.000 en todo el territorio, según datos del gobierno español. Más de 11.000 personas permanecen enterradas en ellas, sin identificar, ajusticiadas durante la guerra civil (1936-1939) que asoló al país europeo o durante la represión posterior del régimen de Francisco Franco. Esas son las cifras del gobierno. Pero hay expertos que calculan que podrían ser entre 20.000 y 25.000 personas.

Entre todas esas fosas comunes, hay una en específico que se ha buscado durante décadas sin resultados. Es en la que yacen los restos del poeta y dramaturgo granadino Federico García Lorca, autor de obras como "Bodas de sangre", "La casa de Bernarda Alba" o "El Romancero Gitano".

Este 18 de agosto se cumplen 90 años de su asesinato. Se cree que fue fusilado en un paraje entre los pueblos de Víznar y Alfacar, en la provincia de Granada, en el sur de España.

El régimen de Franco (1939-1975) prohibió hablar de este asesinato, y la figura y obra de Lorca sufrieron una fuerte censura durante décadas, sorteada de modo clandestino dentro de España. En el exterior, los intelectuales exiliados, especialmente en México y Argentina, se encargaron de mantener vivo su recuerdo.

Traducida su obra a multitud de idiomas, interpretada, estudiada y celebrada en todo el mundo, España tiene una deuda pendiente con Lorca: lograr dar con sus huesos, con el lugar donde fue arrojado su cuerpo, posiblemente de madrugada, pocas semanas después de que empezara la guerra civil. Pero hay varios elementos que hacen que esta búsqueda sea complicada.

El contexto

Un mes antes del asesinato de García Lorca, el 17 y 18 de julio de 1936, se dio un intento de golpe de Estado por parte de fuerzas militares que se autodenominaron "nacionales". El objetivo era derrocar el gobierno del Frente Popular, una coalición de partidos de izquierda al frente de la Segunda República.

El sistema republicano se instauró en España después de que en las elecciones municipales de abril de 1931 se diera un apoyo mayoritario a los partidos republicanos y socialistas frente a los monárquicos.

"La República abre un montón de grietas en lo social, lo cultural y lo religioso. Quiso modernizar España y en ese contexto abrió heridas entre quienes no querían tanto avance y quienes creían que no se había avanzado lo suficiente", explica a BBC Mundo Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza.

Un monolito en memoria de las víctimas de la Guerra Civil, con la inscripción "Lorca eran todos" y la fecha 18-8-2002, se alza en un lugar donde se han hallado cinco fosas comunes y cerca del sitio donde, el 19 de noviembre de 2014, arqueólogos buscaban otra fosa en Alfacar, cerca de Granada. 

En un Madrid en el que se escuchaba el ruido de sables, el clima violento se recrudeció con los asesinatos del teniente republicano José del Castillo el 12 de julio y del monárquico José Calvo Sotelo al día siguiente.

Lorca estaba esos días en la capital española y el 14 de julio decidió irse a su Granada natal, donde estaba su familia. Puede que porque pensaba que allí estaría más seguro. Como relata Casanova, el golpe de Estado, aunque se dio con mucha violencia, no prosperó en toda España. "Fracasa donde hay una división de las fuerzas armadas y no es hasta mediados de agosto de 1936 que se sitúan los frentes y eso deriva en la guerra civil". Pero, en el caso de Granada, "triunfa el golpe y no hay ninguna posibilidad de resistencia porque la gente no está armada".

Todas las papeletas

Muerto cayó Federico

—sangre en la frente y plomo en las entrañas—

... Que fue en Granada el crimen

sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

"El crimen fue en Granada" - Antonio Machado

En una frase que se ha hecho famosa, Lorca llegó a decir, con sorna, que él era "católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico".

El poeta, que provenía de una familia burguesa acomodada, se dedicó a una profesión liberal y se rodeó de un mundo vanguardista y surreal con genios como Luis Buñuel o Salvador Dalí. Nunca se afilió a ningún partido político, pero llevó el teatro a la España rural -con el objetivo de acercar la cultura al pueblo- con el proyecto La Barraca, impulsado por el ministro de Instrucción Pública, el republicano Fernando de los Ríos.

Sin olvidar su condición de homosexual, algo por lo que fue víctima de ataques en varias publicaciones tradicionalistas tiempo antes de que lo mataran.

"Era un conocido comprometido con la cultura y la educación. Lorca tenía todos los números para que lo mataran. Si cayeron miles de obreros, ¿cómo no iban a hacerlo con gente como él?", remarca Casanova.

El historiador asegura que es un mito que hubiera una lista negra con su nombre o el de otros intelectuales. "Cuando las armas sustituyen a las palabras, la atmósfera inclemente se lleva por medio a todo el mundo", apunta.

Y aunque hay quienes aseguran que México o Colombia ofrecieron a Lorca asilo, Casanova dice que no hay documentos que lo prueben, por lo que, lo más inteligente en esas primeras semanas, era buscar "alguien que te proteja o que te salve". Después de que fueran a buscarlo varias veces a su finca de la Huerta de San Vicente, se refugió en casa de su amigo Luis Rosales. La familia Rosales era cercana a la Falange, la agrupación fascista que luego fue el partido único durante el franquismo. "Pensaba que al ser ellos falangistas, estaría más protegido", declaró Gerardo Rosales, sobrino de Luis, en una entrevista.

Allí duró una semana, hasta que Ramón Ruiz Alonso -ultraderechista y parte de las milicias que reprimieron a los republicanos en Granada-, obligó a Rosales a confesar y detuvo a Lorca. "No tuvo más remedio que admitirlo, se estaba jugando la vida él también", añadió su sobrino.

Pocos datos, muchas versiones

Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

 Poeta en Nueva York - Federico García Lorca

A partir de ahí, las voces y versiones, como el tiempo transcurrido, han aumentado, porque registros hay pocos, pero los relatos -más o menos fiables-, son muchos. Se sabe que lo mataron junto a dos banderilleros anarquistas, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, y un maestro republicano, Dióscoro Galindo. Se cree que posiblemente fue entre las 4 y las 5 de la madrugada del 17 al 18 de agosto y en un paraje en la sierra de Granada, entre las localidades de Víznar y Alfacar.

En 2007, bajo el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, se promulgó en España la Ley de Memoria Histórica con el objetivo de reconocer a las víctimas del franquismo, eliminar los símbolos de la dictadura y facilitar la búsqueda de fosas comunes.

En 2022, con Pedro Sánchez como presidente, llegó la Ley de Memoria Democrática, en la que se establece que la búsqueda de desaparecidos es competencia del Estado.

En 2008, el juez Baltasar Garzón ordenó abrir varias fosas, entre ellas algunas en las que se creía podían estar los restos de Lorca. Fue el primer intento de exhumación. Luego hubo otros dos más en 2013 y 2016.

El periodista y fotógrafo Santi Donaire estuvo durante 8 años asistiendo a las exhumaciones de la fosa de Paterna (Valencia), donde fueron fusiladas más de 2.200 personas tras la guerra civil.

De esa experiencia surgió su libro "Punto Ciego". Antes de eso, en 2015, estuvo en Granada durante los intentos de búsqueda de la fosa de Lorca y sus compañeros de infortunio.

Si en Paterna los trabajos fueron "sencillos", no fue así en Víznar y Alfacar. "A diferencia de Paterna, que es represión postbélica, se mata de modo sistemático, hay registros y se puede ver el recorrido de la persona hasta que es asesinada, cuando matan a Lorca es en el inicio del conflicto y no hay un sistema, no hay registros documentales", le cuenta a BBC Mundo.

Así, no hay documentos que certifiquen ni el lugar ni la hora precisos de la ejecución de Lorca. Solo están las versiones del boca a boca que con el paso del tiempo han quedado registradas, según distintos métodos, por los historiadores.

Una de las versiones es la que recoge periodista Agustín Penón en los años 60, que se basa en el testimonio del apodado como "Manolillo el comunista", que luego recogería el hispanista irlandés Ian Gibson. Otra es la del investigador granadino Federico Molina Fajardo.

En ambas, la fosa de García Lorca está dentro de la misma zona, entre Víznar y Alfacar, pero bien distantes. Se han hecho excavaciones en ambos puntos y no se han encontrado restos humanos.

Miguel Caballero, investigador del Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid, participó en el último intento de encontrar los restos de Lorca en 2015. Además, se ha centrado en el estudio de las últimas horas de vida del poeta siguiendo la estela de Molina Fajardo y haciendo uso de los pocos registros y documentos que hay disponibles. Uno de los problemas, según Caballero, es que "no hay constatación documental que nos pueda decir dónde estaba" y, a su juicio, la tesis que recoge Penón "es la versión que la policía franquista le da para despistarlo". Y la de Molina Fajardo, que, según él, "sí habló con las personas que habían participado en el asesinato", está incompleta.

En 2015 se hizo público un documento de dos folios mecanografiados con fecha de julio de 1965 -es decir, durante la dictadura de Franco-, que sitúa el fusilamiento del poeta en Víznar y su enterramiento a pocos kilómetros, en el paraje de Fuente Grande, añadiendo una nueva versión del lugar. En el mismo documento se tacha a Lorca de "socialista, vinculado a Fernando de los Ríos, masón y tildado de prácticas de homosexualismo".

Para Caballero, "el crimen fue prioritariamente de componente familiar, y circunstancias como sus amistades y su homosexualidad lo agravaron, pero fueron rencillas personales con el padre". Y argumenta que parte de la gente involucrada en la muerte de Lorca tenía relación familiar en algún grado con él.

Otra de las versiones que apareció en estos años es que, poco después de su asesinato, el padre de García Lorca pagó una suma enorme de dinero para recuperar el cadáver y poder enterrarlo en otro lugar. Según esta versión, el poeta fue enterrado en la finca de la Huerta de San Vicente propiedad de la familia García Lorca, cuyos miembros han negado rotundamente que esto sea cierto. "Hay muchas elucubraciones. Cada año surge una invención nueva", señala Caballero.

Geología, familia y política

"Quiero dormir el sueño de las manzanas

alejarme del tumulto de los cementerios."

Diván del Tamarit – Federico García Lorca

A todo esto se añade cómo es el lugar en el que se supone está enterrado Lorca: además de tener que explorar en miles de metros cuadrados, se trata de una zona montañosa con muchos cambios en la orografía y alteraciones a lo largo de las décadas.

"Ha habido alteraciones. Primero agrícolas, ya que se han plantado y quitado olivos. Además, en los años 80 hubo una gran alteración para hacer una pista de motocross, cosa que me parece muy significativa", explica Santi Donaire.

Por eso, encontrar el terreno original de hace 90 años no es sencillo. Donaire detalla que en las excavaciones en las que él estuvo presente, se tuvo que retirar el equivalente a una piscina olímpica de tierra hasta alcanzar el suelo de 1936.

Francisco Carrión, profesor de la Universidad de Granada y director de la cátedra de Memoria Democrática Salvador Vila, participó en 2013 en la búsqueda de la fosa. Pero matiza que "no por buscar a García Lorca, sino al maestro Dióscoro Galindo, cuya nieta, Nieves Galindo, ha solicitado durante muchísimos años la búsqueda de su familiar".

Nieves Galindo llegó incluso a recurrir a los tribunales para poder encontrar los restos de su abuelo.

Para Carrión, esta empresa "no es que sea difícil, es que nos falta información y hay silencios muy prolongados, entre otros, los de los propios familiares" de Lorca.

La familia del poeta ha mantenido a lo largo de los años que no había necesidad de encontrar sus restos y han expresado su deseo de que no se saquen del lugar donde se cree fueron enterrados. En una entrevista reciente con el medio español El Salto, Laura García-Lorca de los Ríos, quien es presidenta de la fundación que lleva el nombre del poeta, dijo que a la familia le parece que "simbólicamente es muchísimo más fuerte que los restos de Lorca estén mezclados con todas las demás víctimas (…) esa distinción entre los restos de víctimas no nos parece bien". Pero también defendió que "que todas las familias que quieren buscar a sus familiares tengan el derecho y la ayuda para hacerlo. Por eso no hemos querido impedir ninguna de las excavaciones".

Para todos los entrevistados hay una capa más que suma tierra sobre la fosa de Lorca: la política. Los temas relacionados con la dictadura, las propias leyes de memoria y la búsqueda de fosas reabren siempre un enconado debate en España entre las personas que dicen que "es mejor dejar las cosas como están" y aquellos que reivindican que buscar y reconocer a esas víctimas de la guerra civil y darles, como dice Carrión, "digna sepultura, es un acto de verdad, justicia y reparación".

"¿No me encontraron?

No. No me encontraron.

Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,

y que el mar recordó ¡de pronto!

los nombres de todos sus ahogados".

Poeta en Nueva York - Federico García Lorca

viernes, 24 de julio de 2026

Una nueva novela sobre la generación del 27

 I

‘Mister Ángel del Río’: el profesor de literatura que los conoció a todos y veraneó con García Lorca, en El País, por Domingo Ródenas de Moya, 24 jul 2026:

Enrique Andrés Ruiz novela la vida de una figura central del gran hispanismo norteamericano en relación a muchos otros protagonistas, de los hermanos García Lorca a Luis Quintanilla y de Antonio Machado a Gerardo Diego

Recuerdo muy vivamente la lectura de la Historia de la literatura española que Ángel del Río había publicado en 1948 en Nueva York, en cuya Universidad de Columbia profesaba y donde estaba exiliado. Se reeditó en 1982, como otro signo más aparente que real de la superación del ostracismo de la diáspora intelectual republicana. A este historiador que había sido alumno de Machado en Soria, estudió en Estrasburgo, vivió en México y Puerto Rico y se instaló en Nueva York para convertirse en una figura central del gran hispanismo norteamericano, le ha dedicado Enrique Andrés Ruiz, con primor estilístico y exquisita sensibilidad, esta novela diseñada como un archipiélago de momentos y gentes dignas de memoria.

Aunque el título sitúa a Ángel del Río en primer plano, muchos de los momentos pivotan sobre otros protagonistas, como Machado o Gerardo Diego cuando llegaron a Soria como profesores de instituto (en 1907 y en 1920); como su estudiante el poeta Bernabé Herrero (figura dramática que recorre todo el libro); como los aventureros revolucionarios que cuajan en el México de 1919 el Partido Comunista (con el que Del Río tendrá estrecha relación desde que llega al país azteca en 1924); como los jóvenes inquietos que pululan en el brillante Madrid coetáneo, por ejemplo Juan de Andrade, fundador del PCE; como los profesores de la escuela estival de Middlebury (la plana mayor de la generación del 27), o, por no seguir con una lista de decenas de nombres (la misma que se consigna con ironía en el capítulo 58), Federico García Lorca cuando veraneó en 1929 con los Del Río, Ángel y Amelia Agostini, en las Castkill Mountains (ahí se tomó la foto de la cubierta). Cada una de estas presencias reclama su propio rescate biográfico, casi diría su propia salvación narrativa, como parte de una oceanografía en nuestro pasado más valioso que sigue en marcha y dista de estar concluida.

La inmersión de Enrique Andrés Ruiz tiene un motivo aparente en su parentesco con Del Río y una razón de fondo en su voluntad de homenajear con admiración aquella irrepetible concentración de talento que hizo posible un clima único de moveable feast intelectual (y Hemingway es otro de los invitados a esta fiesta). Como lo único que nos va quedando de aquella fiesta cultural ambulante son papeles amarillentos (en bibliotecas, hemerotecas y archivos), el autor ha querido poner de manifiesto su tarea de lector y escrutador de esos documentos olvidados e inertes. Así, se representa a sí mismo concibiendo el libro, compartiendo sus dudas con su amigo Santi —que anticipa que los críticos calificarán de “coral” la novela…—, reflexionando sobre la actividad fascinante de insuflar vida al rimero de datos yertos que acumula la investigación: “Lo que he leído hubo quien lo vivió”. Y esa operación a caballo de la memoria y el deseo, en la que cobran vida Francisco García Lorca y Laura de los Ríos, Tomás Navarro Tomás y Eugenio Florit, Eugenio Granell, Julián Gorkin o Luis Quintanilla —¡qué novela tiene Quintanilla!— se lleva a cabo con pudor, con escrúpulo de profanador, y con una escritura de mucha altura literaria, elegante, sabia y sabrosa, que hace de cada página sea un placentero regalo para el lector. Lástima que su amigo Santi tenga razón: la literatura es un arte lento refractario a la multitud.

II

Mister Ángel del Río, Novela de los nombres, por Enrique Andrés Ruiz

Ángel del Río (1901-1962) fue un insigne profesor español de la Universidad de Columbia y figura clave en el desarro­llo del hispanismo. Del Río recibió y acompañó a Federico García Lorca en el viaje en el que éste alumbraría Poeta en Nueva York, algunos de cuyos poemas le están dedicados. Compañero y estudioso de la generación del 27, su destino se cruzó con el de pintores, escritores, exiliados, revolucio­narios, agentes de inteligencia…, entre cuyos nombres los hay tocados por la gloria –como los de Machado, Lorca, Salinas, Hemingway o Diego Rivera–, pero también los hay falsos, los hay dobles, los hay oscuros, los hay invi­sibles. Este trágico contraste entre las vidas comunes y los seres bañados por la luz de la inmortalidad impregna toda la novela y revela, también, la condición fabulosa de la his­toria literaria y de sus héroes.

Con una trama –de ritmo a veces trepidante y otras con­templativo– en la que lo metaliterario y la ficción se trenzan con la Historia, y mediante una prosa de aliento lírico, En­rique Andrés Ruiz pinta un vívido retrato de una parte del exilio español en Estados Unidos a raíz de la Guerra Civil. Lo que empieza siendo una febril búsqueda de la huella del profesor acaba por transmutarse en una hermosísima novela sobre la pulsión de escribir, sobre lo que sabemos y nombramos, y sobre lo que desconocemos e inventamos. Como un «alfarero», el narrador de esta obra moldea la materia, «yerta, muda», de los documentos y la entrevera con la imaginación «para dar voz y cuerpo a las palabras, para que los nombres recobren la carne perdida».

[...]

Leído en la prensa

«El subtítulo de Mister Ángel del Río, “Novela de los nombres”, nos indica que el autor no pretende hacer un trabajo académico ni limitarse a novelar la vida de un aplicado estudioso de la literatura española. La erudición y el trabajo académico caducan antes, bastante antes, que la creación literaria. Muchos otros nombres, unos todavía famosos incluso —hace un cameo Marylin Monroe—, otros que lo fueron y han dejado de serlo o que nunca lo han sido, acompañan al de Ángel del Río en este libro fascinante, bien documentado y escrito con “calidad de página”, como se decía en tiempos de Ortega.» José Luis García Martín, El Diario Montañés»

«Pero el autor no pierde nunca el hilo de que el libro es un homenaje biográfico al profesor Ángel del Río: quizá la parte más emotiva, más sentida, de esta narración, que se lee con una facilidad notable, lo que da idea de su capacidad literaria […]» Juan Ángel Juristo, ABC

domingo, 5 de julio de 2026

Más sobre Federico García Lorca

    I

 García Lorca en la inmensidad, en El País, por Enrique Vila-Matas, 26 may 2026:

La noticia del triunfo en Cannes de ‘La bola negra’, filme inspirado en la última e inacabada obra del poeta, me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que enviara desde Nueva York a sus padres

En el juego del escondite, ¿deseaste alguna vez no ser descubierto y así poder seguir felizmente oculto, perdidamente perdido en la noche, en silencio, sabiendo que existe la gloria nocturna de ser grande no siendo nada?

En esa gloria de ser y no ser pensé cuando la noticia del triunfo en Cannes de La bola negra —filme inspirado en la última e inacabada obra de Federico García Lorca— me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que el poeta enviara desde Nueva York a sus padres. Carta fechada el lunes 21 de octubre y escrita justo tres días antes del estallido del crack del 29. La encontraremos en el libro No te olvides de escribir (Akal, 2026), donde el especialista lorquiano Víctor Fernández ha reunido cronológicamente la arrebatadora correspondencia del poeta con su familia.

En esa carta, Federico contaba a los padres que por primera vez se había quedado perdidamente perdido en la gran ciudad de Nueva York y, a través de lo que narraba, podía intuirse la sombra del cambio radical de registro poético que se estaba dando en él, es decir, su paso de “poeta del pueblo” y de autor del Romancero gitano al de autor de Poeta en Nueva York.

Un documento que nunca imaginé que podría encontrar. Un documento donde en realidad narraba cómo fue que, al perderse por primera vez en aquella ciudad inmensa, acabó a la vez perdiéndose en lo más infinito del universo. Pero lo contaba de un modo más suave, con asombrosa sencillez, como si para explicar un cambio de estilo poético tan complejo fuera suficiente una prosa sintética: “Queridísimos padres (…) el otro día tuve al fin mi primera pérdida en la ciudad. Me equivoqué de ferrocarril elevado y, en lugar de coger el de la Sexta Avenida, tomé el de la Novena y fui a parar a un sitio opuesto a donde iba…”.

Así de sencillo. Hasta que no pasa algo así, decía Lorca, “no se entera uno de dónde está, de la inmensidad de calles y la agrupación de millones de gentes”. Y aquí creo que habría que añadir que tampoco se entera uno —en el momento en que eso ocurre— de que se está acercando a un tipo de literatura, que es una gran generadora de mundos, donde son muy valoradas las experiencias de lo desmesurado: “Nueva York me ha dado como un mazazo en la cabeza. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas…”

Sólo tres días después de aquella crucial carta a los padres, estallaba el trágico crack del 29. Y Federico, como si tuviera contacto directo con nuestro mundo de hoy, hablaba con infinita lástima de “toda esa gente expuesta a las terribles presiones y al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo”.

Federico y sus presentimientos. Había presagiado su propia desaparición en el ancho universo, como si en el fondo —“estoy abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad”— buscara el placer de no ser encontrado y la gloria nocturna de ser grande no siendo nada: “Me buscaron en los cafés, en los cementerios, en las iglesias / Ya no me encontraron, / ¿No me encontraron? / No. No me encontraron".

II

Los diarios secretos del último amor de Lorca: “Mi dolor fue mío, sin posibles consuelos dada la densa maraña de prejuicios que envenenaba la vida española”, en El País, Natalia Junquera, Madrid - 5 jul 2026:

EL PAÍS revela extractos de las memorias inéditas de Juan Ramírez de Lucas, con quien el poeta planeaba abandonar España antes de ser asesinado. La documentación podrá verse al completo en la nueva película de Manuel Menchón

“Con cerca de 70 años transcurridos”, escribe Juan Ramírez de Lucas, el último amor de Federico García Lorca, “si he decidido ahora comenzar este relato es porque considero que estos dolorosos recuerdos no deben quedar solo escondidos en lo más recóndito y secreto de mi vida, pues todo lo que perteneció —de una manera u otra— a la personalidad de uno de los más excelsos, decisivos, permanentes poetas españoles tiene un interés general histórico y no debe quedar recluido en el santuario íntimo de quien tuvo la inmensa fortuna de convivir con el POETA”.

El párrafo corresponde a la primera página de los diarios de Ramírez de Lucas, a la que ha tenido acceso EL PAÍS y que verá la luz en otoño, junto al resto de sus cuadernos, en la película La voz quebrada, dirigida por Manuel Menchón. El crítico de arte, último amor de Lorca, falleció en 2010 con el peso de aquel secreto, pero decidido a compartir su historia, consciente, como explica en ese “prefacio”, de que cualquier aspecto de la vida del poeta español más universal, “el POETA” con mayúsculas, como él mismo lo describe, merecía ser conocido por todos. “Muchas resistencias”, prosigue en ese diario, “he tenido que vencer para llegar a esta decisión presente, pues siempre mi dolor fue exclusivamente mío, sin posibles consuelos ajenos dadas las especiales circunstancias en las que todo se produjo y también la densa maraña de prejuicios y tabús que envenenaba la vida española de todos aquellos años y los muchos siguientes, que pesaban como losa inamovible sobre mí”. Estas líneas se publican por primera vez décadas después, en el último día de la fiesta del Orgullo.

En mayo de 2012, EL PAÍS reveló la última carta que Lorca había escrito a Ramírez de Lucas, fechada el 18 de julio de 1936, el día que estalla la Guerra Civil, así como dibujos y un poema inédito. En la misiva, el poeta le pedía a su novio que fuera fuerte y que tratara de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas: “No dejes que el río te lleve. Juan, es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas, por no decir terribles, y las he toreado con gracia”. Dos meses después de que este diario publicase aquella documentación, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados reconoció la relevancia histórica de ese archivo privado, conservado durante décadas por el último amor de Lorca, y aprobó una proposición no de ley para instar al Gobierno a promover convenios para que pudieran ser digitalizados y puestos a disposición de los investigadores. “El precio de ese legado”, explicó entonces la diputada firmante de la iniciativa, Ascensión de las Heras, de Izquierda Unida, “es incalculable”. Pero todo quedó en nada.

Menchón se estaba documentando para hacer una película sobre Lorca cuando quiso saber más de aquel hombre que era un misterio, Ramírez de Lucas. “Hablé con Ian Gibson [el hispanista que ha dedicado toda su vida a indagar sobre el poeta] y me explicó que había intentado entrevistarlo, pero que había sido imposible. Contacté con la familia, les expliqué el proyecto documental que quería hacer y fueron muy generosos. Además de los documentos que el Congreso había pedido digitalizar, nos han cedido mucho más material inédito, y en paralelo hemos hecho una investigación propia de cinco años, apoyados por varias universidades, hispanistas, historiadores... Sinceramente, creo que el resultado es algo histórico porque esclarece muchas cosas de los últimos meses de vida de Federico”.

En la portada de los diarios de Ramírez de Lucas, publicada por primera vez por EL PAÍS en 2012, el nombre “Federico” está rodeado de lágrimas de color rojo, el de la sangre. El verano de 1936 ambos planeaban abandonar España y empezar una nueva vida en algún lugar donde no tuvieran que llevar su relación en secreto, pero el poeta fue asesinado la madrugada del 18 de agosto. Casi 90 años después sigue formando parte de los desaparecidos del franquismo, ya que fracasaron todos los intentos por encontrar la fosa donde fue enterrado. Su último amor convivió en secreto toda su vida con el dolor de aquella pérdida. “Luis María Ansón, que fue su jefe en Abc”, recuerda Menchón, “me dijo que para él Ramírez de Lucas siempre había sido un enigma. Veía que tenía una gran herida, tenía la impresión de que se había quedado atascado en 1936, pero no entendía por qué. Juan no contó nada a nadie, ni siquiera a su pareja. Durante toda su vida reprimió su gran secreto, su gran historia. Ver su trazo y lo que cuenta es pura emoción y, por tanto, puro cine”.

En el proceso de documentación para la película, el equipo de Menchón consultó archivos españoles y extranjeros, públicos y privados, y dio con un hallazgo más: imágenes inéditas de Lorca en movimiento en 1932, cuatro años antes de su asesinato. El material se encontraba en una lata de betún en casa de la familia Gonzalo Menéndez Pidal, quien rodó en los años treinta un documental sobre la compañía de teatro La Barraca. Fue restaurado y permitió identificar al poeta, sonriente, en el interior de coche. El fotograma formará parte de la película que se estrenará en otoño.

La banda sonora del documental incluye la interpretación de Canción de invierno, una pieza musical compuesta por el propio Lorca cuando aún era un adolescente. El actor Álvaro Morte (La casa de papel, Anatomía de un instante) dará voz al poeta y a toda una generación obligada a ocultar su identidad sexual. Menchón estrenó en 2020 Palabras para un fin del mundo, que pone en duda el relato conocido de la muerte del escritor Miguel de Unamuno y recoge las últimas averiguaciones sobre su célebre enfrentamiento con Millán Astray el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el famoso y cuestionado “venceréis pero no convenceréis”.

viernes, 29 de mayo de 2026

El archivo de Vicente Aleixandre. Halladas 500 fotografías

I

El archivo de Vicente Aleixandre envejece en una casa en 55 contenedores de plástico, El País, Juan José Mateo, Madrid - 4 MAY 2025:

El legado del último poeta español premio Nobel, que incluye correspondencia con varias generaciones de escritores y manuscritos, se encuentra en una vivienda del noroeste de Madrid, sin digitalizar y sin acceso para los investigadores

“Olvidar es morir”, decía Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984), miembro destacado de la generación del 27 y último poeta español distinguido con el Premio Nobel de Literatura, en 1977. Los papeles, libros y algunos objetos personales de Aleixandre están desde hace casi cuatro décadas ocultos a la luz pública, en cajas de plástico en una vivienda de una localidad del noroeste de la Comunidad de Madrid, mientras el paso del tiempo amenaza con marchitarlos. Este legado, que el Gobierno regional declaró Bien de Interés Cultural (BIC), el 7 de diciembre de 2022 —el máximo nivel de protección— y del que ha manifestado su interés en adquirir, “no se encuentra en las adecuadas condiciones de conservación”, según el informe que habían firmado los técnicos de la CAM seis meses antes, en junio, y al que ha tenido acceso este periódico. Tampoco está digitalizado.

La Comunidad subrayó, cuando aprobó la declaración BIC, su “importancia cultural e histórica y el valor bibliográfico y archivístico”. Es un conjunto formado por unos 6.400 documentos y una biblioteca de 4.250 libros, “muchos, primeras ediciones”. Este archivo ha sido objeto de disputa en los tribunales, entre otras razones, porque Aleixandre no dejó ningún documento en el que estableciera el reparto de su legado cultural.

Tras el fallecimiento del poeta, que no tuvo hijos, este legado fue a las manos de su íntimo amigo y discípulo Carlos Bousoño, también poeta, premio Príncipe de Asturias de las Letras (1995), y a la esposa de este. Fallecido Bousoño, en octubre de 2015, desde entonces sus propietarios son su viuda, Ruth Bousoño, y sus dos hijos.

Aleixandre sí había hecho un testamento, al que ha tenido acceso este periódico, en 1940. En él dejaba a su hermana como “única heredera de todo su patrimonio en pleno dominio y de libre disposición”, señalaba el documento. El poeta dictó ese testamento con poco más de 40 años porque padecía una grave enfermedad renal —le habían tenido que extirpar un riñón—. “Esto indica que no hubo voluntad legal alguna de dejar el llamado archivo a Carlos Bousoño, al que conoció después, en 1942”, subraya Alejandro Sanz, presidente de la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre, entidad que desde hace 30 años alza la voz para que se preserven la casa y el legado del escritor sevillano.

Además, hay una familiar del poeta en desacuerdo con su actual destino. Se trata de Amaya Aleixandre, sobrina segunda del poeta y la heredera principal de Velintonia, la casa en la que vivió el Nobel, de la que posee el 60% y que acaba de ser adquirida por la Comunidad de Madrid por 3.193.225 euros, tras décadas de desencuentros entre los diferentes herederos de Aleixandre, por un lado, y la indiferencia de las administraciones, por otro.

La Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) señalaba en la declaración BIC que el estudio del archivo de Aleixandre permitiría “comprender la historia de la literatura española contemporánea” por sus “manuscritos en verso y prosa, poesías, algunas de las cuales figuran como inéditas; galeradas de obras del autor con notas manuscritas” y una “interesantísima correspondencia con autores como Pío Baroja, Gregorio Marañón, Luis Cernuda, Max Aub, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Luis Antonio de Villena, Juan Luis y Leopoldo Panero, Octavio Paz, [la agente literaria] Carmen Balcells, Camilo José Cela y José Manuel Caballero Bonald”. También hay cartas con Josefina Manresa, la viuda de Miguel Hernández, gran amigo de Aleixandre, encarcelado por el franquismo y muerto en prisión en 1942.

“A nadie que conozca la trayectoria de Aleixandre le extraña que nos donara su archivo a Carlos y a mí”, dice Ruth Bousoño por wasap a EL PAÍS. “Quien haya leído el libro de José Luis Cano [poeta y crítico] Los cuadernos de Velintonia, de conversaciones con Aleixandre, sabrá que Vicente no se cansó de decir que su familia no tenía el más mínimo interés en su condición de poeta, ni en su obra”.

Una fuente de la máxima confianza del consejero de Cultura de Madrid, Mariano de Paco Serrano, declara que van “a intentar comprar el archivo”. “Tanto la Comunidad como el Ayuntamiento, de la mano de Marta Rivera de la Cruz [exconsejera regional de Cultura], han establecido contactos con la propietaria. El archivo nos preocupa tanto como la ruina de Velintonia”, que necesita, por cierto, acometer con urgencia unas obras que pueden rondar los 100.000 euros. La CAM ha ofrecido al Ministerio de Cultura una compra conjunta del archivo Aleixandre, aunque, por el momento, el departamento que dirige Ernest Urtasun no se ha pronunciado.

El mismo interlocutor apuntaba que el precio de compra estaría en torno a los cinco millones de euros. “La predisposición de la propietaria es total, consciente del valor de lo que tiene, aunque es posible que haya desperfectos”, reconocía.

Mientras, el tiempo pasa y el archivo se conserva en el domicilio de Ruth Bousoño, “en 55 contenedores de plástico, totalmente inadecuados”, como dijeron los técnicos regionales. “Un archivo organizado sin criterio archivístico”, añadían, antes de advertir que en algunos documentos había presencia de humedad y suciedad. Con todo, “en líneas generales los materiales están en buen estado”.

Por otra parte, solicitaban “poder abrirlo a la investigación y a la consulta pública, algo que lleva mucho tiempo demandándose por investigadores de la obra de Aleixandre”. La propietaria asegura que “el archivo está cuidado con mimo”. EL PAÍS ha contactado con esta para poder comprobarlo, pero sin éxito.

El de la CAM no es el primer intento de compra de este archivo. En 2007, la Junta de Andalucía y la Diputación de Málaga ofrecieron cinco millones de euros a los Bousoño, en una operación que se abortó por una demanda que interpuso Amaya Aleixandre. La polvareda judicial y su repercusión en los medios de comunicación acabó echando para atrás al Gobierno andaluz.

“Fue entonces, en 2007, por la prensa, cuando yo me enteré de la existencia del supuesto archivo de mi tío. Él no había sido consciente de tener ninguno”, dice Amaya Aleixandre, quien coincide en esta consideración con Alejandro Sanz

“Es cierto que mi tío había manifestado a la familia que cuando falleciese, si podían, le diesen su biblioteca a Carlos Bousoño”, agrega la sobrina del poeta. Los Bousoño también recibieron un cuadro, un magnífico retrato de Aleixandre del artista cubano John Ulbricht, y un grabado de Joan Miró dedicado al Nobel. Ambas obras aparecen en el inventario de los Bousoño que revisaron los técnicos de la CAM. “Pero no había motivos para darles nada más”, insiste Amaya Aleixandre, en alusión a las cartas y papeles.

“Fui yo la portavoz de Vicente desde el mismísimo instante en que recibió el Nobel”, declara a este diario Ruth Bousoño. “Y él le dijo a Carlos que fuera yo quien se ocupara de sus manuscritos. Vicente vino a nuestra casa a traernos [parte del archivo]. Él, que no solía salir de su casa. Prueba de ello es la foto de este en nuestro salón con algunos objetos del archivo”.

Hay también objetos, como una máscara mortuoria que encargaron los Bousoño y que tanto la sobrina como el presidente de la asociación ven ilógico que se considere parte del archivo por ser posterior al fallecimiento. Además, la capa marrón con la que se paseaba Aleixandre por el jardín de su casa, el frac que llevó cuando ingresó en la Real Academia Española (RAE), en enero de 1950, y dos radiografías de un hombre que tuvo una delicada salud casi toda su vida. “Nada de eso debería estar ahí”, insiste su familiar.

Cuando se produjo el litigio por el legado, los Bousoño publicaron un artículo en La Nueva España, en octubre de 2007, en el que defendían que era suyo, “como conocían todos los poetas españoles de la posguerra, los críticos literarios y los profesores de Literatura y los periodistas culturales”. “Al morir Vicente, su hermana, Conchita [con la que él vivía], nos dijo que podíamos traernos los objetos que su hermano nos había regalado en vida […] Estaban incluidos todos los manuscritos que había conservado y todos sus documentos, sus libros y todos sus objetos personales”, escribieron entonces.

La pareja añadía que cuando, en diciembre de 1986, murió la hermana del poeta, una prima de este le dijo a Ruth Bousoño “que empezara a retirar esa misma tarde todo lo que quedaba de Vicente debido a que la casa se cerraría”. “Y así lo hice. La familia Aleixandre nunca ha cuestionado la donación del archivo ni su posesión por parte nuestra”, contaban los Bousoño.

A esto contesta Amaya Aleixandre: “Las llaves de Velintonia que se le dejaron circunstancialmente a la señora de Bousoño al morir la hermana de Vicente fue únicamente para que recogieran los libros de la biblioteca y el retrato de Ulbricht”. “En aquellos momentos, mi padre y sus hermanas desconocían por completo los documentos que podían estar almacenados en el sótano de la casa”. Sanz añade: “Vicente no bajaba nunca al sótano de su casa, donde su hermana o el servicio acumulaban los papeles”.

La pelea en los juzgados llegó al Tribunal Supremo, que en diciembre de 2013 falló a favor de los Bousoño gracias, entre otras razones, a que se pudieron acoger a la figura de la usucapión, recogida en el Código Civil. Este principio del derecho reconoce a alguien una propiedad, aunque no pueda justificarla documentalmente, por el hecho de tenerla consigo un tiempo determinado (en este caso se superaban los 20 años).

El fallo también recogía que la sentencia de primera instancia había negado “que los bienes objeto de la reivindicación hubieran sido donados en 1983, pues no consta que se hiciera de forma escrita, y la verbal requería la entrega simultánea de la cosa donada, lo que no consta que ocurriera”. Sin embargo, descartaba que los Bousoño se hubieran hecho con el legado “de mala fe o clandestinamente”.

“Quedó demostrado en las sentencias judiciales por las que tuvimos que pasar Carlos y yo que éramos los copropietarios”, subraya Ruth Bousoño. “La sobrina segunda de Vicente Aleixandre publicó un artículo —que nosotros aportamos como prueba contra ella—, en 2008, en el que dijo que no había visitado a su tío segundo desde que este recibió el Nobel, hasta su muerte en 1984”.

Dada la actual situación del archivo, la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre reclama que se aplique el artículo 46 de la Ley de Patrimonio Cultural de la CAM, que dice que “en aquellos casos en que la conservación de un bien mueble de interés cultural sea deficiente, la dirección general competente podrá acordar su depósito provisional en un lugar que cumpla las condiciones adecuadas de conservación”. Así que proponen “que se expropie un archivo que no puede seguir secuestrado a la espera de que alguien lo compre”, señala su presidente.

Han pasado más de 40 años desde el fallecimiento de Aleixandre, el poeta del exilio interior del franquismo, que escribía poemas de amor en la cama por su delicada salud. Desde entonces, las disputas por sus papeles, sus libros y su casa reflejan lo que dijo antes de entrar al quirófano de la clínica situada a unos metros de su casa en la que falleció: “La vida es un dolor”.

II

Halladas unas 500 fotografías de Vicente Aleixandre, “en su mayoría inéditas”, en una vieja maleta, en El País, Manuel Morales, Madrid - 27 MAY 2026:

Las imágenes, en papel, aunque también hay negativos y placas de vidrio, muestran al poeta y premio Nobel de Literatura con escritores de la generación del 27 y con su familia

El poeta y premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre (1898-1984) con Luis Cernuda, con Rafael Alberti, Dámaso Alonso... Aleixandre con sus familiares (abuelos, padres y hermanos), retratos suyos... y así hasta unas 500 fotografías han aparecido en una vieja maleta de piel, propiedad de una persona en Madrid, ha informado este miércoles la Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre (AAVA) en la red social X.

El presidente de la AAVA, Alejandro Sanz, ha dicho, en conversación telefónica, que “la mayoría de esas fotos, en torno al 70% o más, son inéditas”, tras verlas el martes con quien posee la maleta, cuyo nombre prefiere no desvelar. Entre estas fotos hay una que están estudiando en la AAVA para determinar si es inédita, en la que se ve en torno a una mesa a un grupo de personas entre las que están Federico García Lorca, a su lado Aleixandre y en frente de ambos Rafael Alberti.

Sanz asegura que llevaban tiempo detrás de la pista de la maleta, de la que había oído hablar, hasta que por fin han podido ver y tocar las fotos. “Ahora lo importante es catalogarlas, digitalizarlas con urgencia y, en su caso, restaurarlas”. El motivo de esta premura es que las fotos, en papel, aunque también hay negativos en placa de vidrio, muestran la huella del tiempo, “ya que las hay de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado”. En algunos casos, añade, va a ser muy difícil documentarlas, mientras que otras tienen en su reverso información de dónde y cuándo fueron tomadas. Algunas, apunta Sanz, están rotas, otras, lógicamente, están viradas con el característico tono sepia de las fotos antiguas. La inmensa mayoría son en blanco y negro.

Sanz ha podido, al menos, establecer una primera clasificación de las imágenes. “Hay fotografías familiares” del autor de obras como La destrucción o el amor (1935) con sus abuelos, padres y hermanos. Aleixandre tuvo solo una hermana, Conchita, porque sus otros dos hermanos murieron (una niña al nacer y un niño con solo dos años). Parte de esas fotos son en la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra, donde los Aleixandre tuvieron un chalet que se llamaba Vistalegre. Destaca Sanz, además, que entre esas tomas, las hay realizadas en estudios de grandes de la fotografía española de esa época, como Alfonso y Kaulak (seudónimo de Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo).

También hay fotos “de Aleixandre él solo, retratos”; luego están en las que posa con otros escritores, entre las que destacan los de la generación del 27, y por último, las de personas vinculadas al poeta, pero en las que no aparece él, añade. Asimismo, se han encontrado tiras de negativos en la maleta que aún no han sido estudiados.

Entre las curiosidades halladas hay también varias fotografías estereoscópicas, y en una de ellas está Aleixandre. Las fotografías estereoscópicas son un conjunto de dos imágenes ligeramente separadas que, a través de un visor, logran al mirarlas la ilusión óptica de convertirse en una y tridimensional.

“Cuando logremos digitalizarlas, la intención de la persona propietaria y de nuestra asociación es que todo esté disponible para el público, aunque eso no significa que las subamos a nuestra web”, apunta Sanz. “Nosotros nos quedaríamos con una copia en alta resolución y nos encargaríamos de su gestión, con lo que está de acuerdo la persona propietaria. Además, ya estamos pensando incluso en publicar un álbum el próximo año con estas fotos, que tendría por título Vicente Aleixandre, retratado".

Precisamente, en 2027 se cumplirá el centenario de la generación de poetas que conformó la Edad de Plata de la literatura española, tras la histórica reunión que se celebró en Sevilla, a la que pertenecieron Aleixandre, Lorca, Cernuda, Dámaso Alonso, Jorge Guillén, Rafael Alberti, entre otros. Además, se cumplirán 50 años de la concesión del Nobel de Literatura a Aleixandre, en 1977, el último poeta español que lo consiguió.

La AAVA se creó en 1995 (Aleixandre había fallecido en 1984) para proteger y reivindicar el legado del poeta, principalmente la casa de Madrid donde vivió con su familia desde antes de la Guerra Civil hasta su fallecimiento, llamada Velintonia. El inmueble fue adquirido por la Comunidad de Madrid en abril de 2025 en subasta pública por 3,1 millones, tras casi cuatro décadas de desacuerdos entre los herederos de Aleixandre y entre las Administraciones (Ministerio de Cultura y Comunidad de Madrid), para convertirla en 2027 en Casa de la Poesía.

lunes, 2 de marzo de 2026

Los enemigos literarios de Pablo Neruda

 "Neruda, Carpentier y Cortázar: Las ceremonias del aniversario (II). El interminable ajuste de cuentas", por José Ramón García Menéndez, en  La Insignia. Diciembre del 2007:

 El pleito Carpentier-Neruda (a veces pueril, con frecuencia agrio) cobró una especial virulencia con la publicación de Confieso que he vivido, libro de memorias de Neruda entre el fecundo balance vital y literario del poeta chileno y su irrefrenable gusto por el litigio contumaz con escritores latinoamericanos contemporáneos. De esta forma, mientras hace una caricatura cruel de la relación política y literaria con Pablo de Rokha, poeta y camarada que se suicidó en 1968, a quien denomina "Perico de Palothes"; Neruda califica a Vicente Huidobro como "egocéntrico impenitente" y desprecia la obra de Nicolás Guillén utilizando el equívoco con Jorge Guillén mediante la siguiente mención literal: "…Guillén (el español: el bueno)".

La práctica de la diatriba en Neruda tuvo un temprano entrenamiento en las animadas tabernas del entorno del Palacio de La Moneda. Desde estudiante y hasta su nombramiento como cónsul en Birmania, en 1927, Neruda recorría con su amigo el poeta Romeo Murga los bares de la calle Nueva York, San Pablo y Bandera, probando vino tinto de las históricas cepas chilenas de pinot con las afamadas empanadas chilenas. Con el tiempo, su displicencia con algunos colegas se atemperó, bien porque muy pronto se reconoció localmente su obra literaria (Crepusculario, Veinte poemas…), bien por su proyección cosmopolita en paralelo a sus quehaceres diplomáticos. No obstante, Neruda siempre recordó con especial nostalgia las tertulias de la calle Bandera y, en concreto, de dos amigos poetas fallecidos prematuramente por el delirio de la bohemia santiaguesa: Alberto Rojas y Alirio Oyarzún. Mientras el primer muere por una bronconeumonía fulminante en una noche de invierno por dejar su abrigo como pago en un bar; el segundo no llega a cumplir 30 años como un Rimbaud andino.

No obstante, la "guerra" entre Neruda y el poeta chileno Pablo de Rokha se convierte en un escaparate paradigmático. Excelente escritor de su tiempo, seguido por un grupo de lectores incondicionales, artesano que dominó un poderoso lenguaje poético, marxista de convicciones y militante durante años, como Neruda, en el Partido Comunista Chileno, tuvo una fijación fóbica y casi enfermiza con Neruda, hasta el punto que publicó Neruda y yo, singular colección de descalificaciones e insultos de un litigio personal y literario con un rango casi infantil. Esporádicamente Pablo Neruda brindaba también algún mensaje al bando contrario, con lo que la hoguera de las vanidades de ambos poetas se mantuvo encendida prácticamente hasta el fallecimiento de Rokha.

Para delicia de las tertulias literarias de Santiago, Valparaíso y Temuco, al interminable ajuste de cuentas entre Rokha y Neruda se sumaba Vicente Huidobro, enfrentado a su vez con los dos anteriores, y que compartía el juicio que a Juan Ramón Jiménez le merecía Neruda: "un gran mal poeta". Por su parte, Neruda ridiculizó a Huidobro por su afectación y ñoñería católica que consideraba a Zola, Anatole France o Blasco Ibáñez como escritores pornógrafos. Este peculiar triángulo (curiosamente, los tres militantes eran del PC chileno) produjo, durante décadas y en los aledaños de la Plaza de Armas, un mercado callejero, no menos peculiar, de panfletos incendiarios, dedicatorias apócrifas y carteles cuyos contenidos eran auténticos bofetones.

La escalada del contencioso Neruda-Rokha-Huidobro tuvo, sin duda, un punto álgido a propósito de los funerales del poeta Rubén Azócar. Neruda, viejo amigo de Azócar, lee en el cementerio un poema con efectuosa dedicatoria "Corona de Archipiélago para Rubén Azócar". En dicho poema, Neruda relata las vicisitudes de Azócar cuando es víctima de la inconfesable conducta de un ladrón de gallinas vestido de negro que abandona a Azócar en un hotel de provincias como rehén de una cuenta no pagada. El "ladrón de gallinas" era Pablo de Rokha y con esta anécdocta se refería Neruda a una gira literaria en el sur chileno de Rokha y Azócar. El resultado desastroso de la gira hizo huir en solitario a Rokha de Santiago sin pagar los gastos de hotel mientras que Azócar tuvo que quedarse y trabajar como friegaplatos y camarero en el establecimiento acreedor para zanjar las deudas de ambos. Días después de la difusión del poema de Neruda dedicado a la memoria de Azócar, Pablo de Rokha responde con una colección de "Sonetos Punitivos contra Casiano Basualto" dedicados con crueldad a la vida y obra del autor de las Odas elementales.

Tampoco fue menos cruel Neruda. Recordemos aquellos versos vengativos del Canto general cuando acusa a los colegas españoles que abandonaron a Miguel Hernández en los presidios del franquismo de postguerra: "Que sepan los malditos que hoy incluyen tu nombre/en sus libros, los Dámasos, los Gerardos, los hijos/de perra, silenciosos cómplices del verdugo,/que no será borrado tu martirio, y tu muerte/caerá sobre toda su luna de cobardes."

Años después, Neruda gozó de un revitalizado espíritu pugilístico , cercano a los setenta años de edad, que vuelca en sus memorias, hasta el punto de dedicarle media página a "un cierto ambiguo uruguayo de apellido gallego…(que) publica…panfletos en que me descuartiza…ese poetiso (sic) uruguayo con sus fantásticas incriminaciones". . Neruda se refería al crítico uruguayo Ricardo Paseyro, que sostenía una increíble historia conspirativa en torno al asesinato de Trotsky en México, acusando a David Alfaro Siqueiros y a Pablo Neruda como los autores intelectuales del meticuloso plan, instigado por Stalin, para asesinar al líder comunista. Neruda, en este sentido, responsabilizó a Paseyro como propagador de esa calumnia en Europa. Creía que había influido negativamente en la Academia sueca, que lo había postergado en la concesión del Premio Nobel de Literatura, a favor de Sastre y de Seferis, durante dos años en los que el poeta chileno era no sólo favorito sino que la Chascona fue preparada inútilmente para recibir a los medios informativos y autoridades locales en una insoportable lección de modestia para el renombrado vate de Temuco. Por su parte, Paseyro sentía una especial fobia literaria hacia Neruda, pues no podía asimilar algunas de las imágenes y metáforas del chileno. ¿Cómo entender, se cuestionaba el crítico uruguayo, el verso "jueves, yo soy tu novio" si no es más que un "nerudismo" diletante?

Sin embargo, en las memorias de Neruda no encontramos mención alguna a la constelación literaria de Uruguay formada por Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, y Angel Rama, entre otros. Como tampoco menciona a otro de los grandes escritores de América Latina, con una densa obra novelística y poética, como Lezama Lima. En este sentido, en la visión panorámica de grandes trazos y amplios directorios nominales que forman la memoria histórica de Neruda destacan la ausencia de escritores que, sin duda, son parte esencial de la historia literaria del continente en el siglo XX. A mi juicio, esta consideración es, en buena parte, producto de la asimetría entre las dos mitades de la obra, a favor de la primera parte.

Quizás, siguiendo la máxima de Rimbaud ("mi superioridad consiste en que no tengo corazón"), Neruda mostró una prepotencia "natural" consciente de la envergadura de su estatura literaria y física, y de la popularidad que alimentaba constantemente a través de frecuentes gestos de generosidad personal y literaria. Los pugilatos en el seno del gremio literario le permitieron, con acérrimos enemigos y apasionados defensores, estar en el primer plano de la actualidad. Por eso no sorprende que, con especial saña, Neruda también ninguneó a Carpentier y en menor grado a Cortázar, con los que coincide -destino azaroso- en el ritual de los aniversarios de 2004.

Con Carpentier, el pulso fue dilatado en el tiempo y especialmente sensible en términos políticos. Al final de la guerra civil española, Neruda se establece por unos meses en París en un apartamento compartido con Rafael Alberti y María Teresa León en el Quai de L´Horloge, muy cerca de la plaza Dauphine donde, en palabras de Neruda, "vivía el escritor francés (sic) Alejo Carpentier, uno de los hombres más neutrales que he conocido. No se atrevía a opinar sobre nada, ni siquiera sobre los nazis que ya se le echaban encima a Paris como lobos hambrientos". El juicio de Neruda -tan generoso con los colegas de la generación del 27- fue más que duro, sumamente injusto e injustificable. Sin embargo, y a pesar de las menciones ofensivas en Confieso que he vivido, Carpentier profesaba una sincera admiración por la poética apasionada del chileno y se refería a inolvidables veladas en el Madrid bullicioso de la II República en las que Federico García Lorca le hablaba de "oscuras fuerzas telúricas" y "Pablo Neruda me leía poemas cuyos versos me hacían asistir a la mineralización de un personaje".

Pero, además, Carpentier y Neruda compartieron asistencia y participación en el I Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura (Paris, 1935) y en el II Congreso de Escritores Antifascistas (Valencia, 1937). En este sentido, Neruda conocía directamente la apuesta de Carpentier no sólo por su respaldo crítico a valores emergentes en las artes plásticas (Picasso, Miró) o en la música (Satie) sino, también, por su compromiso de denuncia y movilización ante el avance del fascismo en España y, después, en toda Europa, así como el rechazo a las crueles tiranías americanas (Somoza, Trujillo, Batista) a las que, tiempo después y de forma genial, superpuso las herramientas cartesianas para alumbrar el "Recurso del método".

También es cierto que la actitud sobria y medida de Alejo Carpentier, tan afín a las vanguardias modernistas de la Europa de entreguerras y tan alejado, en apariencia, de los alardes sensuales del Caribe, contrastaba con la vitalidad del poeta que, desde su Temuco natal, siente la llamada cosmopolita con el apellido de Jan Neruda, poeta checo, y la insuperable inspiración exótica de la geografía del Índico. Sin duda, el triunfo de la Revolución en Cuba y sus responsabilidades políticas, especialmente en labores diplomáticas, influyó en Alejo Carpentier para que adoptara una posición más fría y distante hacia sus antiguos colegas de Madrid y París. La administración del poder, en términos de Canetti y en un evidente contexto de cerco de Cuba ante el acoso de EEUU, provocó pasividad de los gestores más conscientes y agresividad en los más desconfiados; y en todos ellos, una progresiva tendencia al escepticismo histórico o, en los términos de camaradas literarios desconcertados ante el final de la "primavera de Praga", al marxismo inteligente.