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miércoles, 18 de febrero de 2026

La ética cristiana es lo único que nos falta

 [Cómo la Iglesia Católica salvó a la Civilización Occidental (Hechos que ocultan)

 Transcrito y corregido desde Legado de Chesterton, Youtube, datado hace un mes]

 Te enseñaron en la escuela que la Edad Media fue la Edad Oscura, ¿verdad? Que la Iglesia Católica mantuvo a Europa en ignorancia supersticiosa durante 1000 años. Que la ciencia finalmente triunfó cuando pensadores valientes se liberaron del dogma religioso, que el progreso comenzó cuando la humanidad dejó atrás el cristianismo medieval. Cada palabra de esa narrativa es una mentira y no una mentira accidental.

Es una distorsión sistemática de la historia que comenzó en la Ilustración y continúa hasta hoy en cada aula, cada documental, cada conversación sobre religión y progreso. Te contaron esta versión porque la verdad es demasiado incómoda para el proyecto secular moderno. La verdad es esta: sin la Iglesia  Católica, no existiría la civilización occidental.

No habría universidades, no habría método científico, no habría derechos humanos, no habría hospitales, caridad organizada o la idea misma de que cada persona tiene dignidad infinita.

La institución que te dijeron que oscureció el mundo literalmente lo iluminó. Los monjes que te pintaron copiando biblias supersticiosas estaban preservando toda la literatura clásica mientras imperios colapsaban.

Los inquisidores medievales estaban estableciendo el debido proceso legal que protege tus derechos hoy. Chesterton vio esta mentira hace un siglo y dedicó su vida a exponerla.

Hoy vamos a hacer exactamente eso, revelar cómo la Iglesia Católica salvó la civilización occidental con hechos históricos que deliberadamente te ocultaron.

Si eres católico y sientes que tu fe está constantemente bajo ataque, que te presentan como enemigo del progreso, sé exactamente cómo te sientes. Vivimos en una época donde defender la tradición católica te marca como reaccionario ignorante, pero aquí está lo que vas a descubrir. Tienes razones históricas sólidas para sentir orgullo profundo de tu herencia. No nostalgia romántica, no fe ciega.

Hechos históricos documentados que demuestran que la civilización que disfrutas existe porque la Iglesia la construyó.

Si quieres descubrir más verdades sobre el pensamiento católico que transforman perspectivas, suscríbete a este canal donde exploramos las ideas de grandes pensadores cristianos como Chesterton, C. S. Lewis y otros que desafiaron el secularismo moderno con argumentos devastadores.

Empecemos con el mito más grande, el que sostiene toda la narrativa anticatólica, la Edad Oscura. Según la versión estándar, cuando cayó el Imperio Romano en el año 476, Europa cayó en 1000 años de ignorancia religiosa.

La Iglesia prohibió el conocimiento, quemó libros, persiguió pensadores. Recién en el Renacimiento, cuando artistas y filósofos redescubrieron la sabiduría clásica pagana, Europa despertó.

¿Sabes lo que más me fascina de esta narrativa? Que es exactamente al revés de lo que  realmente ocurrió. Chesterton entendió algo crucial. Cuando Roma cayó ante invasiones bárbaras, toda la estructura que preservaba el conocimiento colapsó. Bibliotecas ardieron, escuelas cerraron. El comercio que permitía distribución de libros se desintegró.

Europa enfrentaba extinción cultural total. ¿Quién salvó el conocimiento antiguo? Los monjes católicos.

Imagina esta escena. Año 550. Tribus germánicas arrasan aldeas. Nadie lee latín excepto el clero. Los únicos edificios de piedra que sobreviven son monasterios. Y en esos monasterios, monjes benedictinos están haciendo algo extraordinario, copiando a mano cada texto clásico que encuentran. No solo Biblias: Virgilio, Cicerón, Aristóteles, Platón, obras de medicina romana, tratados de agricultura, poesía pagana. Los monjes preservaron todo porque la Iglesia Católica nunca tuvo miedo del conocimiento pagano; al contrario, lo consideraba preparación providencial para el cristianismo. El venerable Beda en Inglaterra, siglo séptimo, está estudiando astronomía y cronología mientras cultiva el campo. Alcuino de York, siglo VIII, establece escuelas palatinas que enseñan las siete artes liberales. Monasterios irlandeses, completamente aislados de Europa continental, mantienen viva la tradición literaria latina cuando el continente sangra. 

Déjame mostrarte algo asombroso. Sin esos monjes oscurantistas no tendrías a Platón. Los únicos manuscritos que sobrevivieron a la caída de Roma pasaron por scriptoria monásticos.

Copiar un solo libro tomaba meses. Era un trabajo agotador que arruinaba la vista, pero lo hicieron durante siglos. ¿Y sabes qué textos copiaban con mayor cuidado? Los clásicos paganos. Porque la Iglesia entendía que la verdad es una, venga de donde venga. Que Aristóteles y Platón habían tocado verdades sobre la naturaleza humana que el cristianismo completaba, no contradecía.

Fíjate en esta paradoja chestertoniana. La institución que supuestamente odiaba el conocimiento pagano fue la única que lo preservó cuando todo el mundo civilizado colapsaba.

Los oscurantistas eran los únicos con luz suficiente para leer, pero hay más. No solo preservaron textos, desarrollaron agricultura avanzada, innovaron en arquitectura, mejoraron técnicas de vinicultura.

Los monasterios eran centros de tecnología agrícola que alimentaron a Europa después del colapso  romano. Aquí viene lo realmente interesante cuando hablas de la Edad Oscura. ¿Oscura para quién?

Europa experimentó caos político, sí, pero intelectualmente la iglesia mantenía encendida cada lámpara disponible.

No había oscuridad de conocimiento, había protección deliberada de la sabiduría contra la barbarie.  Chesterton lo expresó brillantemente. "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo". Cuando todo el mundo civilizado se desintegraba, la Iglesia se negó a ser hija de ese tiempo oscuro. Se aferró al conocimiento antiguo y lo transmitió.

Entonces, primera mentira destruida. La Edad Oscura no fue causada por la Iglesia. La Iglesia fue la única luz en una época realmente oscura de invasiones y colapso. Sin ella, la civilización grecorromana habría desaparecido completamente y estarías viviendo en un mundo sin Platón, sin derecho romano, sin la herencia intelectual que hace posible la civilización occidental. 

Ahora vamos a la segunda mentira gigante, que la ciencia y educación superior nacieron contra la Iglesia. La verdad histórica es mucho más incómoda para secularistas. La Iglesia católica inventó la universidad moderna, literalmente.

Bolonia, 1088, París 1150, Oxford 1167, Cambridge 1209. Las primeras universidades del mundo no fueron instituciones seculares que se rebelaban contra el dogma religioso.

Fueron creaciones de la Iglesia Católica, financiadas por la Iglesia, administradas por clérigos,  establecidas con bendición papal. ¿Sabes lo que realmente significa la palabra universidad?

Universitas Magistrum Scholarium, comunidad de maestros y estudiantes. La Iglesia creó la idea misma de que el conocimiento debería estar organizado institucionalmente, disponible para quien pudiera aprender, protegido por autonomía corporativa.

Imagina que eres un joven en el año 1200. Si quieres estudiar, no hay alternativa secular. La única  educación avanzada en toda Europa está en instituciones católicas.

Teología, sí, pero también medicina, derecho, filosofía natural, ciencia, matemáticas, astronomía, lógica. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. La Universidad de París establece el método escolástico.

¿Qué es presentar todas las objeciones posibles a una idea, examinarlas rigurosamente, responder con argumentación lógica? Este método desarrollado por teólogos católicos se convierte en la base del pensamiento científico occidental.

Tomás de Aquino, siglo XIII, no está simplemente enseñando doctrina, está haciendo filosofía natural rigurosa, integrando Aristóteles con cristianismo, estableciendo que fe y razón son compatibles, que estudiar el mundo natural es estudiar la obra de Dios.

Déjame mostrarte algo asombroso. La idea de que el universo opera bajo leyes naturales consistentes que puedes estudiar mediante observación y razón es una idea cristiana. Las culturas paganas veían el cosmos como caprichoso, controlado por dioses temperamentales. El cristianismo declaró que un Dios racional creó un cosmos racional, que, por tanto, la razón humana podía comprender.

Sin esa cosmovisión, no hay ciencia moderna. Roger Bacon, monje franciscano del siglo XIII, está  haciendo experimentos ópticos, promoviendo el método empírico, enfatizando matemáticas en ciencia natural. Alberto Magno está clasificando plantas y animales con rigor aristotélico. Nicolás de Oresme está desarrollando conceptos que anticipan la física newtoniana. ¿Y sabes dónde están haciendo todo esto? En universidades católicas, con financiamiento de la Iglesia, enseñando a estudiantes en programas establecidos por obispos.

Aquí viene lo realmente interesante: cuando la reforma protestante fractura Europa en el siglo XVI, ¿dónde continúa la investigación científica? En países católicos. Los jesuitas se convierten en los científicos más importantes de Europa. Establecen observatorios astronómicos, desarrollan cartografía avanzada, contribuyen a matemáticas, física, astronomía. 35 cráteres lunares están nombrados en honor a científicos jesuitas. Déjame repetir eso. 35 cráteres, en la Luna, llevan nombres de sacerdotes católicos que hicieron astronomía de clase mundial. Chesterton vio esta paradoja claramente. "El loco no es el hombre que ha perdido la razón. El loco es el hombre que lo ha perdido todo, excepto la razón". La modernidad secularizada piensa que la razón funciona sola, sin fundamento metafísico. Pero fue el cristianismo quien dio a la razón su poder al declarar que Dios es Logos, la razón encarnada.

Entonces, segunda mentira destruida: la Iglesia no se opuso a la educación superior y la ciencia. La Iglesia las creó, inventó el modelo institucional, la universidad, desarrolló el método, el escolasticismo que lleva al método científico y financió siglos de investigación.

Cuando piensas en Oxford o Cambridge, estás pensando en instituciones que existen porque obispos  católicos decidieron que el conocimiento organizado glorificaba a Dios. Sin la Iglesia no hay modelo universitario, no hay tradición de investigación protegida institucionalmente, no hay camino claro hacia la revolución científica. [...]

Ahora llegamos a algo que la narrativa secular casi nunca menciona. La Iglesia  católica inventó el sistema hospitalario moderno. Esto no es exageración, es historia documentada que transformó radicalmente cómo las sociedades trataban a enfermos y pobres. En el mundo antiguo, si eras pobre y enfermabas, morías. Simple. El Imperio Romano tenía hospitales militares para soldados valiosos. Algunos templos paganos ofrecían sanación religiosa, pero la idea de que la sociedad tenía obligación de cuidar al enfermo pobre, al huérfano, al anciano abandonado, simplemente no existía.

¿Sabes qué cambió eso? La doctrina católica de que cada persona, sin importar condición, tiene dignidad infinita porque está hecha a imagen de Dios. Fíjate en cómo esto funciona en la realidad. Año 369, San Basilio de Cesárea establece el Basilias, el primer complejo hospitalario de la historia. No es solo para ricos, es específicamente para pobres, leprosos, viajeros sin recursos. Incluye viviendas, orfanato,  hospicio para ancianos. Esta idea se expande explosivamente. Para el año 400, cada ciudad importante del Imperio bizantino tiene hospitales católicos.

Occidente sigue el modelo. Siglo VI: los monasterios benedictinos establecen enfermerías no solo para monjes, sino para la comunidad circundante. Déjame mostrarte algo asombroso. Cuando hablas de hospital, la palabra misma viene de hospitalidad, concepto cristiano de recibir al extraño como si fuera Cristo. Hospes en latín significa tanto huésped como anfitrión.

La Iglesia creó instituciones basadas en la idea radical de que servir al enfermo es servir a Dios. Imagina que eres un leproso en el año 800. La sociedad te rechaza, tu familia te abandona, tienes una enfermedad incurable que te desfigura.

En cualquier cultura pagana estás condenado a morir en aislamiento absoluto. Pero hay un monasterio cerca. Monjes y monjas que han hecho voto de caridad te reciben, te dan cama, te alimentan, limpian tus heridas, te tratan con dignidad cuando el resto del mundo te considera desecho humano. ¿Por qué harían eso? Porque Jesús tocó leprosos. Porque la doctrina católica dice que el sufrimiento tiene significado redentor. Porque la caridad no es opcional para cristianos: es el mandamiento central.

Aquí viene lo realmente interesante. Esta práctica crea algo completamente nuevo en la historia humana. La idea de que la sociedad tiene responsabilidad sistemática de cuidar a sus miembros más vulnerables.

Siglo XII. Europa está cubierta de hospitales católicos. La orden de San Juan establece hospitales para peregrinos y enfermos en Tierra Santa y por todo el Mediterráneo. Algunas de estas instituciones  atienden a miles de pacientes simultáneamente con organización administrativa sofisticada.

Chesterton entendió que esta no era simplemente caridad individual: era revolución antropológica. El paganismo clásico admiraba la fuerza. El estoicismo predicaba indiferencia al sufrimiento. Solo el cristianismo declaró que el débil, el enfermo, el pobre tiene valor infinito.

"No necesitamos una religión verdadera tanto como necesitamos algo que haga verdadero todo lo demás", escribió Chesterton. La doctrina de dignidad humana universal hizo verdadero el concepto de derechos humanos.

Hizo verdadera la obligación social de proteger al vulnerable. Hizo verdadera la idea de que una  civilización se mide por cómo trata a sus miembros más débiles. Sin esta doctrina católica, no hay fundamento filosófico para derechos humanos modernos. ¿Por qué un ser humano tendría valor inherente? El darwinismo social dice que el débil debe perecer. El utilitarismo dice que vale quien produce utilidad.

Solo el cristianismo afirma que cada persona tiene valor infinito por razones metafísicas, no  circunstanciales. Los hospitales católicos no eran solo instituciones médicas, eran manifestaciones físicas de una verdad teológica: que Dios se hizo hombre y sufrió, dignificando así todo sufrimiento humano, que servir al más pequeño es servir a Cristo mismo. Entonces, tercera mentira destruida, la Iglesia no fue enemiga del bienestar humano. Fue la Iglesia quien estableció el sistema institucional de caridad que transformó sociedades y creó el fundamento filosófico de lo que hoy llamamos derechos humanos y estado de bienestar.

Ahora vamos al tema que hace temblar a muchos católicos, la Inquisición. Porque, admitámoslo, cuando alguien quiere atacar a la iglesia, grita "Inquisición" como si eso cerrara todo debate. Pero aquí está la verdad histórica que deliberadamente te ocultaron. La Inquisición medieval estableció principios de debido proceso legal que protegen tus derechos hoy. Sé que suena imposible. Respira hondo: vamos a revisar los hechos. La Europa del siglo XIII enfrenta herejías que amenazan el tejido social.

Los Cátaros en Francia meridional rechazan el mundo material como creación del Diablo. Predican el suicidio por inanición. Destruyen familias. Multitudes enfurecidas comienzan a linchar sospechosos de herejía, sin juicio alguno. ¿Qué hace la Iglesia? Establece la Inquisición en 1231.

Y aquí está lo crucial. Establece procedimientos legales que reemplazan violencia de turba con proceso judicial formal.

Déjame mostrarte algo asombroso. Antes de la Inquisición, si tu vecino te acusaba de herejía, podía formarse una turba y quemarte ese mismo día. No había investigación, no había defensa, no había presunción de inocencia, solo acusación y ejecución inmediata. La Inquisición estableció el acusado tiene derecho a conocer los cargos específicos, tiene derecho a presentar testigos en su defensa, tiene derecho a abogado. Los testigos de acusación deben testificar bajo juramento.

Se requiere evidencia física o testimonio de dos testigos creíbles. ¿Te suena familiar? Son los fundamentos del debido proceso legal occidental. Imagina que eres acusado de herejía en el año 1250.

Bajo justicia secular, la turba te ejecutaría. Bajo la Inquisición, enfrentas proceso formal. Inquisidores interrogan testigos, examinan evidencia. Puedes apelar a autoridades superiores. Si te condenan, tienes opciones de penitencia antes de pena capital. ¿Era el sistema perfecto? No. ¿Hubo abusos? Absolutamente; pero, comparado con la justicia secular de la época, la Inquisición era vastamente más justa. Aquí viene lo realmente interesante. Las cifras que te enseñaron sobre la Inquisición son fantasía protestante del siglo XVI y propaganda ilustrada del XVIII.º

Te dijeron que millones murieron. La investigación histórica moderna demuestra que en la Inquisición Española, la más severa, las ejecuciones totales durante tres siglos fueron entre 3.000 y 5.000 personas. Cada muerte injusta es tragedia. Pero contextualiza: en ese mismo periodo, guerras religiosas protestantes en Europa mataron millones.

La casa de brujas en territorios protestantes ejecutó a decenas de miles. La justicia secular ejecutaba por robar pan. La Inquisición tenía tasa de absolución del 90 % en muchas jurisdicciones. Rechazaba evidencia obtenida por tortura. Requería estándares de prueba más altos que tribunales seculares. Chesterton señaló esta paradoja: "Cuando un hombre deja de creer en Dios, no es que no crea en nada, sino que cree en cualquier cosa". La modernidad secularizada abandonó los estándares legales que la Inquisición desarrolló y cayó en terror jacobino, gulag soviéticos, campos de exterminio nazis.

Sistemas sin fundamento teológico de dignidad humana mataron a más personas en el siglo XX que todas las guerras religiosas combinadas de la historia anterior. Fíjate en esto: los principios legales que la Inquisición estableció —derecho a conocer cargos, presentar defensa, apelar, presunción de inocencia hasta prueba de culpabilidad— están en las constituciones modernas.

El proceso legal que desarrollaron inquisidores dominicos protege tus derechos hoy cuando enfrentas tribunal. ¿Es irónico? Profundamente, pero es historia factual.  Entonces, cuarta mentira destruida, la Inquisición no fue simplemente maquinaria de opresión. En su contexto histórico, introdujo reformas legales que reemplazaron el linchamiento de turba con el debido proceso, estableciendo precedentes que evolucionan en protecciones legales modernas.

La iglesia no inventó la crueldad legal. Estaba limitándola según estándares de su época mientras desarrollaba principios que eventualmente la trascenderían.

Ahora conectemos todo: ¿por qué importa esto más allá de trivia histórica? Porque la civilización occidental que permite que vivas con libertad, educación, derechos y dignidad reconocida fue construida sobre fundamentos católicos.

Si destruyes el fundamento, el edificio colapsa. Mira a tu alrededor: universidades, hospitales, sistema legal con debido proceso. La idea de que cada persona tiene derechos inalienables. El concepto de caridad organizada, la noción de que la razón puede comprender el universo. Cada uno de estos pilares de la civilización occidental tiene raíces profundamente católicas.

Chesterton vio venir lo que estamos viviendo hoy. Escribió en 1920 que "cuando la sociedad rechaza el cristianismo, no se vuelve neutral, se vuelve pagana de nuevo. Y el paganismo moderno es peor que el antiguo porque ya no tiene inocencia."

¿Sabes lo que más me fascina de todo esto? La modernidad secularizada vive de capital moral que heredó del cristianismo pero que ya no puede justificar filosóficamente. ¿Por qué crees en derechos humanos? Si eres materialista consecuente, si somos solo animales evolucionados, ¿de dónde vienen los derechos inalienables? Los derechos son un concepto metafísico. Solo tienen sentido si hay realidad trascendente que los fundamenta. El secularismo moderno quiere los frutos del cristianismo, compasión, igualdad, dignidad humana, justicia, sin la raíz teológica que los hace coherentes.

Imagina esta escena. Estás en debate con secularistas que denuncian la opresión religiosa de la Iglesia. Les preguntas: "¿Por qué creéis que todos los humanos tienen igual dignidad?" Responden: "Porque es obvio"; pero no es obvio en absoluto. No era obvio para romanos que esclavizaban. No era obvio para espartanos que mataban bebés débiles. No era obvio para culturas que practicaban sacrificio humano. La dignidad humana universal se volvió obvia solo después de que el cristianismo pasó 2000 años enseñándola, luchando por ella, construyendo instituciones alrededor de ella.

Déjame mostrarte algo asombroso: cuando la Declaración Universal de Derechos Humanos se redactó en 1948, representantes de países no cristianos cuestionaron el concepto mismo. ¿Por qué los humanos tendrían derechos inherentes? El comité no pudo dar respuesta secular satisfactoria. Simplemente declararon los derechos sin justificación filosófica. Los derechos humanos modernos son cristianismo secularizado. Funcionan solo mientras la memoria cultural cristiana permanece viva. Cuando esa memoria se borra completamente, como Chesterton predijo, regresa la barbarie.

Aquí viene lo realmente interesante para ti. Viviendo en el siglo XXI, estás viendo exactamente ese colapso en tiempo real.

Una cultura que rechaza fundamentos metafísicos cristianos pierde capacidad de defender la dignidad humana coherentemente. El aborto se vuelve derecho porque el humano no nacido pierde status de persona. La eutanasia se vuelve compasión porque la vida sin calidad medible pierde valor. La identidad se vuelve autodefinida porque no hay naturaleza humana objetiva.

Chesterton escribió: "La Iglesia católica es la única cosa que salva al hombre de la esclavitud degradante de ser hijo de su tiempo. Cada generación libre de tradición cristiana recrea errores que la Iglesia ya refutó siglos atrás. La civilización occidental está consumiendo su herencia católica sin reponerlaVive de capital moral acumulado mientras rechaza la fuente que lo generó." 

¿Significa esto que todo era perfecto en la cristiandad medieval? No, significa que el proyecto de construir civilización justa sin fundamento trascendente es imposible.

La historia lo demuestra repetidamente. Entonces, última verdad revelada, la civilización occidental liberal que celebramos con sus libertades, derechos, instituciones de caridad y justicia, es radicalmente dependiente de la cosmovisión cristiana.

No puedes tener cristianismo sin Cristo, ni civilización occidental sin el cristianismo que la formó. La Iglesia no salvó la civilización, a pesar de ser católica. La salvó precisamente porque era católica, porque tenía verdades trascendentes que motivaban sacrificio heroico y construcción institucional que trascendía generaciones. Entonces, aquí está la verdad completa.

La Iglesia Católica preservó el conocimiento antiguo cuando la civilización colapsaba. Creó el sistema universitario y el método que llevó a la ciencia moderna. Estableció hospitales y dignificó al vulnerable. Desarrolló debido proceso legal. Fundamentó filosóficamente la dignidad humana universal. No lo hizo perfectamente. Católicos pecaron, cometieron errores, abusaron del poder. Pero la Iglesia como institución, guiada por doctrinas verdaderas sobre la naturaleza humana y la realidad, construyó los pilares de la civilización que heredaste.

Aquí está tu acción inmediata. La próxima vez que alguien ataque a la iglesia como enemiga del progreso, pregúntale qué institución preservó el conocimiento clásico. ¿Quién inventó la universidad? ¿De dónde vienen tus derechos humanos? Obliga a confrontar la historia real, no el mito ilustrado. Chesterton lo dijo mejor. La verdad es sagrada y, si dices la verdad demasiado a menudo, nadie la creerá. Hemos repetido mentiras sobre la iglesia tanto que la verdad suena fantástica, pero la verdad permanece. Sin la Iglesia Católica vives en un mundo radicalmente diferente y vastamente peor. Esto no es fe, es historia. Si esta verdad transformó tu perspectiva tanto como transformó la mía cuando la descubrí, suscríbete para explorar más pensadores católicos que desafiaron el secularismo moderno con  argumentos devastadores. En el próximo episodio, descubriremos cómo Chesterton predijo el caos cultural que vivimos hoy con precisión profética.

Hasta entonces, recuerda: la ortodoxia no es prisión, es la única libertad que te salva de ser esclavo de tu época. 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Justificaciones de la islamofobia

 De Quora:

Entre los grupos religiosos del mundo, los musulmanes son el grupo menos educado en términos de escolaridad. Además, los musulmanes presumen innecesariamente del tamaño de su población, aunque no tienen nada de qué estar orgullosos. Aunque el islam es la segunda religión más grande del mundo, sus seguidores no han contribuido en nada al bienestar de la humanidad.

De los miles de millones de musulmanes en todo el mundo, solo un puñado ha recibido el Premio Nobel. Los musulmanes no han tenido una contribución significativa en ninguno de los campos para los que se otorgan los Premios Nobel. Están rezagados en áreas como la educación, la medicina, la economía, el arte y la literatura.

Las razones de su atraso son:

Considerar la ciencia como antirreligiosa: La falta de práctica científica en los países de mayoría musulmana se debe a un bajo interés en los descubrimientos científicos. Los musulmanes consideran la ciencia como antirreligiosa, creyendo que es una conspiración llevada a cabo por no musulmanes. Los musulmanes rechazan abiertamente la Evolución, ya que la evolución se considera contraria a la doctrina de la creación dada en el islam y el Corán. No hay interés en la práctica científica en ninguno de los países de mayoría musulmana del mundo.

Énfasis excesivo en la educación religiosa: En los países musulmanes se da un valor excesivo a la educación en la madrasa (escuela religiosa). El sistema educativo de la madrasa es lo opuesto a la educación moderna, ya que las madrasas solo proporcionan instrucción religiosa. Las personas educadas en las madrasas no sirven a la sociedad o al país. Nadie puede convertirse en médico, investigador o filósofo asistiendo a una madrasa.

Desprecio por la importancia de las mujeres: En los países musulmanes, las mujeres son descuidadas. Se les impone una disciplina estricta y obligatoria. Tras la llegada al poder del gobierno talibán en Afganistán, la educación superior para las mujeres ha sido prohibida. Las mujeres allí son obligadas a llevar hiyab y burka.

Considerar el arte y la literatura como males: Los musulmanes consideran el arte y la literatura como antirreligiosos. Cantar, bailar y pintar están prohibidos en el islam, por lo que los musulmanes consideran estos temas como malos e inaceptables. Además, la literatura tiene muy poca importancia para los musulmanes porque la consideran anti-islámica

martes, 4 de febrero de 2020

Entrevista con el recién fallecido George Steiner

George Steiner: “Estamos matando los sueños de nuestros niños”. A sus 88 años, el gran filósofo y ensayista denuncia en una lúcida entrevista que la mala educación amenaza el futuro de los jóvenes

BORJA HERMOSO, El País Semanal, 1 JUL 2016:

Primero fue un fax. Nadie respondió a la arqueológica intentona. Luego, una carta postal (sí, aquellas reliquias consistentes en un papel escrito y metido en un sobre). “No les contestará, está enfermo”, previno alguien que le conoce bien. A los pocos días llegó la respuesta. Carta por avión con el matasellos del Royal Mail y el perfil de la Reina de Inglaterra. En el encabezado ponía: Churchill College. Cambridge.

El breve texto decía así:

“Querido Señor,
El año 88 y una salud incierta. Pero su visita sería un honor. Con mis mejores deseos.
George Steiner”.

Dos meses después, el viejo profesor había dicho “sí”, poniendo provisional coto a su proverbial aversión a las entrevistas.

El catedrático de literatura comparada, el lector de latín y griego, la eminencia de Princeton, Stanford, Ginebra y Cambridge; el hijo de judíos vieneses que huyeron del nazismo primero a París y luego a Nueva York; el filósofo de las cosas del ayer, del hoy y del mañana; el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001, el polemista y mitólogo políglota y el autor de libros capitales del pensamiento moderno, la historia y la semiótica como Errata, Nostalgia del absoluto, La idea de Europa, Tolstoi o Dostoievski o La poesía del pensamiento abría a EL PAÍS las puertas de su preciosa casita de Barrow Road.

"Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria"

El pretexto: los dos libros que la editorial Siruela ha publicado recientemente en español. Por un lado Fragmentos, un minúsculo aunque denso compendio de algunas de las cuestiones que obsesionan al autor como la muerte y la eutanasia, la amistad y el amor, la religión y sus peligros, el poder del dinero o las difusas fronteras entre el bien y el mal. Por el otro, Un largo sábado, embriagador libro de conversaciones entre Steiner y la periodista y filóloga francesa Laure Adler.

El motivo real: hablar de lo que fuera surgiendo.

Es una mañana de lluvia en la campiña de Cambridge. Zara, la encantadora esposa de George Steiner (París, 1929), trae café y pastas. El profesor y sus 12.000 libros miran de frente al visitante.

PREGUNTA. Profesor Steiner, la primera pregunta es ¿cómo está su salud?

RESPUESTA. Oooh, muy mal, por desgracia. Tengo ya 88 años y la cosa no va bien, pero no pasa nada. He tenido y tengo mucha suerte en la vida y ahora la cosa va mal, aunque todavía paso algunos días buenos.

P. Cuando uno se siente mal… ¿es inevitable sentir nostalgia de los días felices? ¿Huye usted de la nostalgia o puede ser un refugio?

R. No, lo que uno tiene es la impresión de haber dejado de hacer muchas cosas importantes en la vida. Y de no haber comprendido del todo hasta qué punto la vejez es un problema, ese debilitamiento progresivo. Lo que me perturba más es el miedo a la demencia. A nuestro alrededor el Alzhéimer hace estragos. Así que yo, para luchar contra eso, hago todos los días unos ejercicios de memoria y de atención.

"Es un milagro que todavía exista Europa. Una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue"

P. ¿Y en qué consisten?

R. Lo que le voy a contar le va a divertir. Me levanto, voy a mi pequeño estudio de trabajo y elijo un libro, no importa cuál, al azar, y traduzco un pasaje a mis cuatro idiomas. Lo hago sobre todo para mantener la seguridad de que conservo mi carácter políglota, que es para mí lo más importante, lo que define mi trayectoria y mi trabajo. Trato de hacerlo todos los días… y desde luego parece que ayuda.

P. Inglés, francés, alemán e italiano…

R. Eso es.

P. ¿Sigue leyendo a Parménides cada mañana?

R. Parménides, claro… bueno, u otro filósofo. O un poeta. La poesía me ayuda a concentrarme, porque ayuda a aprender de memoria, y yo siempre, como profesor, he reivindicado el aprendizaje de memoria. Lo adoro. Llevo dentro de mí mucha poesía; es, cómo decirlo, las otras vidas de mi vida.

P. La poesía vive… o mejor dicho, en este mundo de hoy sobrevive. Algunos la consideran casi sospechosa.

R. Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.

P. ¿Es optimista con respecto al futuro de la poesía?

R. Enormemente optimista. Vivimos una gran época de poesía, sobre todo en los jóvenes. Y escuche una cosa: muy lentamente, los medios electrónicos están empezando a retroceder. El libro tradicional vuelve, la gente lo prefiere al kindle… prefiere coger un buen libro de poesía en papel, tocarlo, olerlo, leerlo. Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.

"El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. La dignidad humana consiste en tener secretos. La idea de pagar me asquea"

P. El ruido y la prisa… ¿No cree que vivimos demasiado deprisa? Como si la vida fuera una carrera de velocidad y no una prueba de fondo… ¿No estamos educando a nuestros hijos demasiado deprisa?

R. Déjeme ensanchar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió: fascismo, nazismo, comunismo… pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. Nos hemos equivocado en todo, en el fascismo y en el comunismo y, a mi juicio, también en el sionismo. Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.

P. Habla usted de la utopía y de su contrario, la dictadura de la certidumbre…

R. Muchos dicen que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.

P. No se sabe bien por qué el error tiene tan mala prensa, pero el caso es que en estas sociedades exacerbadamente utilitarias y competitivas la tiene.

R. El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos jamás podremos asumir los grandes retos, los riesgos. ¿Es que el error volverá? Es posible, es posible, hay algunos atisbos. Pero ser joven hoy no es fácil. ¿Qué les estamos dejando? Nada. Incluida Europa, que ya no tiene nada que proponerles. El dinero nunca ha gritado tan alto como ahora. El olor del dinero nos sofoca, y eso no tiene nada que ver con el capitalismo o el marxismo. Cuando yo estudiaba la gente quería ser miembro del Parlamento, funcionario público, profesor… hoy incluso el niño huele el dinero, y el único objetivo ya parece que es ser rico. Y a eso se suma el enorme desdén de los políticos hacia aquellos que no tienen dinero. Para ellos, solo somos unos pobres idiotas. Y eso Karl Marx lo vio con mucha anticipación. En cambio, ni Freud ni el psicoanálisis, con toda su capacidad de análisis de los caracteres patológicos, supieron comprender nada de todo esto.

                "No se puede negociar con el IslamB. H.

En uno de los capítulos de su libro Fragmentos, recientemente editado en España, George Steiner se hace preguntas sobre la religión, incluidas las relativas a algo tan inasible para el común de los mortales como “la demostración de Dios a través de procesos científicos como la lógica modal y la metamatemática”, o el efecto demoledor de la muerte del comunismo: “El colapso del comunismo”, escribe Steiner, “ha dado un bandazo hacia una religiosidad muchas veces fanática. El fundamentalismo avanza de manera muchas veces violenta, ya sea en el Islam o en el baptismo norteamericano”. Ese juicio no es incompatible con el hecho de que George Steiner –que se considera “no religioso y sí volteriano”, admita sentir cierta “envidia” de los fundamentalistas, para quienes las Sagradas Escrituras son irrebatibles por su condición de “puro dictado divino”.

Sobre las relaciones entre la civilización judeocristiana y el Islam y una hipotética aspiración a puntos de encuentro, el autor del Prefacio a la Biblia hebrea se muestra rotundo: “No se puede negociar con el Islam, por dos motivos. 

[1.] A partir del siglo XV, el Islam rechazó la ciencia. La verdad científica no es importante para ellos. Y ahí, imposible negociar.

[2.] Segundo problema: el trato a la mujer. Maltratar sistemáticamente a la mujer como hace el Islam es eliminar a la mitad de la Humanidad. 

Y de ahí vinieron las guerras de religión modernas que con tanta lucidez y anticipación predijo André Malraux, y creo que vienen otras, terribles”.

No obstante, Steiner se muestra extremadamente crítico con el papel jugado por las democracias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, en la creación de contextos de pobreza que han podido actuar como semillero suplementario de soldados de Dios: “El capitalismo, en cuanto industrialización de masas, la eliminación de las formas más primitivas de la comunidad local, la globalización sin freno… sí, tenemos una responsabilidad que asumir. A un lado de la barrera está el Paraíso, al otro, el desierto, la miseria. Triste. El mundo vive hoy una desigualdad terrible de posibilidades de vida. En el tercer mundo, los niños mueren y la gente come basura. Y no hay respuestas para este fracaso, que es el de todos nosotros”.

P. No le cae muy simpático el psicoanálisis, es lo menos que puede decirse.

R. El psicoanálisis es un lujo de la burguesía. Para mí, la dignidad humana consiste en tener secretos y la idea de pagar a alguien para que escuche tus secretos e intimidades me asquea. Es como la confesión pero con cheque por medio. Es el secreto lo que nos hace fuertes, de ahí todos mis trabajos sobre Antígona, que dice: “Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo”. De todas formas, el psicoanálisis está en plena crisis. Recuerde usted las magníficas palabras de Karl Kraus, el satirista vienés: “El psicoanálisis es la única cura que ha inventado su enfermedad”.

P. Y Sigmund Freud

R… Freud es uno de los más grandes mitólogos de la historia. Pero es ficción. Era un novelista extraordinario.

En ese momento, George Steiner se levanta, avanza lentamente hacia su inmensa biblioteca y de dentro de un viejo volumen extrae una tarjeta de visita amarillenta escrita a mano en alemán: es una felicitación de boda de Sigmund Freud a los padres de Steiner. “Mi padre lo conoció, paseaban juntos por la orilla del río”.

P. Volvamos a la cuestión del poder del dinero. ¿Tiene usted una explicación válida desde un punto de vista filosófico de por qué en su día los electores de Italia y hoy de España decidieron y deciden llevar al poder a partidos políticos enfangados en la corrupción?

R. Porque hay una enorme abdicación de la política. La política pierde terreno en todo el mundo, la gente ya no cree en ella y eso es muy muy peligroso. Aristóteles nos dice: “Si no quieres estar en política, en el ágora pública, y prefieres quedarte en tu vida privada, luego no te quejes si los bandidos te gobiernan”.

P. La vieja pero hoy tan vigente figura del idiotés aristotélico…

R. Exacto, una figura muy actual. Bien, pues yo siento vergüenza de haber gozado de este lujo privado de estudiar y escribir y de no haber querido entrar en el ágora. Me pregunto qué va a pasar con el fenómeno de las estructuras políticas en sí mismas. Triunfan por todos lados el regionalismo, el localismo, el nacionalismo… vuelve el villorrio. Cuando uno ve que alguien como Donald Trump es tomado en serio por la democracia más compleja del mundo, todo es posible.

P. ¿Cómo contempla una hipotética victoria de Trump?

R. No ocurrirá, Hillary ganará. Pero será una triste victoria, porque esta mujer está agotada, quemada interiormente. ¿Y qué me dice de Putin? La violencia de alguien como él parece tranquilizar a la gente que ya no cree en la política, les reconforta. Eso es porque el despotismo es lo contrario a la política.

“Si no crees en la política, no te quejes si los bandidos te gobiernan”

P. ¿Y la política y la cultura? ¿Cómo se llevan? Y otra cuestión: ¿comparte usted la sensación –muy personal y subjetiva, por otra parte- de que la cultura, entendida como ‘las artes’, está estancada, al contrario que los avances científicos, imparables?

R. A ver cómo hablamos de esto: es delicado. Estamos usted y yo en una pequeña ciudad inglesa como Cambridge en la que, desde el siglo XII, cada generación ha producido gigantes de la ciencia. Hay ahora mismo 11 premios Nobel aquí. De aquí salieron Newton, Darwin, Hawking… Para mí, el símbolo del avance imparable de las ciencias es Stephen Hawking. Apenas mueve la esquina de una de sus cejas, pero su mente nos ha llevado al extremo del universo. Ningún novelista, dramaturgo, poeta o artista, ni siquiera el mismísimo Shakespeare, habría osado inventar a Stephen Hawking. Bien. Si usted y yo fuéramos científicos, el tono de nuestra charla sería distinto, sería mucho más optimista, porque hoy, cada lunes la ciencia nos descubre algo nuevo que no sabíamos el lunes pasado. En cambio –y esto que le digo es totalmente irracional, y ojalá me equivoque-, el instinto me dice que no tendremos un nuevo Shakespeare ni un Mozart ni un Beethoven ni un Miguel Ángel ni un Dante ni un Cervantes el día de mañana. Pero sé que tendremos nuevos Newton, Einstein, Darwin… sin duda. Esto me asusta, porque una cultura sin grandes creaciones estéticas es una cultura empobrecida. Echamos mucho de menos a los titanes del pasado. ¡Ojalá me equivoque y el próximo Proust o el próximo Joyce estén naciendo en la casa de enfrente!

P. ¿Establece usted diferencias entre “alta” y “baja” cultura, como han hecho algunos intelectuales de renombre, visiblemente incómodos ante formas de cultura popular como los cómics, el arte urbano, el pop o el rock, a los que se llegó a poner la etiqueta de “civilización del espectáculo”?

R. Yo le digo una cosa: Shakespeare habría adorado la televisión. Habría escrito para la televisión. Y no, no hago esas distinciones. A mí lo que de verdad me entristece es que las pequeñas librerías, los teatros de barrio y las tiendas de discos cierren. Eso sí, los museos están cada día más llenos, la muchedumbre colapsa las grandes exposiciones, las salas de conciertos están llenas… así que atención, porque estos procesos son muy complejos y diversos como para establecer juicios globales. El señor Mohammed Ali era también un fenómeno estético. Era como un dios griego. Homero habría entendido a la perfección a Mohammed Ali.

P. ¿Cree que asistiremos a la muerte de la cultura como contenedor de formas clásicas ya manidas y su sustitución por otras nuevas?

R. Puede… puede que esté muriendo una cultura clásica de carácter patriarcal y esté surgiendo otra de formas nuevas e intermedias, una cultura hermafrodita, bisexual, transexual y en la que desde luego la mujer contribuirá de forma muy especial a recuperar los sueños y las utopías… Por cierto, una vez más, hablando de transexuales y bisexuales… ¡Freud ni los vio venir!

"Triunfan el regionalismo, el localismo, el nacionalismo, vuelve el villorio"

P. Usted ha dicho alguna vez que se arrepentía de no haberse arriesgado a lanzarse al mundo de la creación. ¿Es una espina clavada?

R. En efecto. Hice poesía, pero me di cuenta que lo que estaba haciendo eran versos, y el verso es el mayor enemigo de la poesía. Y he dicho también –y algunos no me lo han perdonado nunca- que el más grande de los críticos es minúsculo comparado con cualquier creador. Así que hablemos claro y no nos hagamos ilusiones. Yo soy tan solo un cartero, soy Il Postino. Y estoy muy orgulloso de eso, de haber llevado el correo bien a tantos y tantos alumnos. Pero no nos hagamos ilusiones.

P. ¿Quién no le perdonó? ¿Colegas suyos de universidad?

R. Así es. Es que en la universidad hay una vanidad descomunal. Y les sienta mal que les digas claramente que son parásitos. Parásitos en la melena del león.

P. El creciente desdén político por las humanidades es desolador. Al menos en España. La filosofía, la literatura o la historia son progresivamente ninguneadas en los planes educativos.

R. En Inglaterra también pasa, aunque quedan algunas excepciones en escuelas privadas para élites. Pero el sentido de la élite es ya inaceptable en la retórica de la democracia. ¡Si usted supiera cómo era la educación en las escuelas inglesas antes de 1914…! Pero es que entre agosto de 1914 y abril de 1945 unos 72 millones de hombres, mujeres y niños fueron masacrados en Europa y el oeste de Rusia. ¡Es un milagro que todavía exista Europa! Y le diré algo respecto a eso: una civilización que extermina a sus judíos no recuperará nunca lo que fue. Sé que cabrearé a unos cuantos antisemitas, pero la vida universitaria alemana nunca fue ya la misma sin esos judíos. Una civilización que mata a sus judíos está matando el futuro. Pero bueno, hoy hay 13 millones de judíos en el mundo, más que antes del Holocausto.

P. Resulta increíble, es cierto.

R. ¡Resulta escandaloso! Un magnífico escándalo.

P. Profesor Steiner, ¿qué es ser judío?

R. Un judío es un hombre que, cuando lee un libro, lo hace con un lápiz en la mano porque está seguro de que puede escribir otro mejor.

"El error es el punto de partida de la creación. Si tenemos miedo a equivocarnos, jamás podremos asumir los grandes retos"

P. ¿Cómo ve el futuro del ser humano? ¿Es optimista o pesimista?

R. El futuro… no sé. Toda profecía es simplemente memoria activa, no se puede prever nada, solo mirar en el retrovisor de la historia y contarnos historias sobre el futuro. Eso sí: habrá dos tres descubrimientos científicos en el campo de la genética que van a plantear problemas morales terriblemente complejos. Por ejemplo, ¿permitiremos que se manipulen las células del feto?

P. También será un problema moral poner freno al avance científico…

R. Exactamente. ¿Qué derecho tenemos? Yo soy, por ejemplo, firme partidario de la eutanasia. Los viejos destruimos a menudo la vida de los jóvenes que tienen que cargar con nosotros. ¡Me gustaría tanto tener el derecho de decir “Gracias, todo ha sido magnífico, ahora basta”. Eso llegará. En Holanda y en Escandinavia ya está pasando… No tenemos ya recursos para mantener en vida a tanta gente senil o demente, va contra la felicidad de mucha gente, no es justo.

P. ¿Qué momentos o hechos cree que forjaron más su forma de ser? Entiendo que tener que huir del nazismo junto a sus padres y saltar de París a Nueva York –magistralmente evocado en su libro Errata- es uno de los fundamentales teniendo en cuenta que…

R. Le diré algo que le impactará: ¡Yo le debo todo a Hitler! Mis escuelas, mis idiomas, mis lecturas, mis viajes… todo. En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria. “Nada humano me es ajeno”. ¿Por qué Heidegger es tan importante para mí? Porque nos enseña que somos los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados. Y, como judío, tener siempre la maleta preparada y, si hay que partir, partir. Y no quejarse.