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lunes, 21 de septiembre de 2026

Fallece el escritor y crítico teatral Marcos Ordóñez

 I

 Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años, en El País, Juan Barbosa, Madrid - 21 sept 2026:

El periodista y docente, que trabajó en EL PAÍS, fue durante décadas una de las voces de referencia de la crítica teatral española

Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957), uno de los nombres más reconocibles de la crítica teatral española de las últimas décadas, ha muerto este lunes en Barcelona a los 69 años. Crítico teatral en EL PAÍS desde el año 2000, escritor y profesor, durante años estuvo vinculado a la Universitat Pompeu Fabra, donde impartió guion cinematográfico y dirección de actores. Su escritura combinó la crítica de espectáculos con una mirada literaria sobre la escena y quienes la habitan. En este diario, publicó una crítica semana en el suplemento Babelia hasta diciembre de 2021, cuando se retiró por problemas de salud, que se fueron agravando en los últimos años.

Entre su obra novelística cabe destacar Una vuelta por el Rialto (1994), Rancho aparte (1997), Puerto Ángel (1999), Tarzán en Acapulco (2001), Comedia con fantasmas (2002; Libros del Asteroide, 2015), Detrás del hielo (2006), Turismo interior (2010), Un jardín abandonado por los pájaros (2013) y Juegos reunidos (2016). También ha publicado obras relacionadas con el teatro y el cine, como Beberse la vida: Ava Gardner en España (2004), Telón de fondo (2011) o Big Time: la gran vida de Perico Vidal (2014). También publicó biografías de Núria Espert y Alfredo Landa.

Su mirada crítica estuvo muy vinculada a la memoria del teatro y de los cómicos, y a la relación entre teatro, cine, música y cultura popular. A menudo, Ordóñez explicaba una de sus ideas esenciales sobre la crítica: escribir desde el entusiasmo y seguir la intuición a la hora de acercarse a los espectáculos y a los autores que consideraba interesantes. También defendía que el teatro se comprende plenamente cuando se ve encarnado por los actores, y no únicamente cuando se lee. Esa mirada, atenta a la representación y al trabajo de quienes la hacen posible, atravesó buena parte de su trayectoria.

El funeral se celebrará el miércoles en el tanatorio Ronda de Dalt de Barcelona, a las 18 horas.

II

“A partir de una edad, caminas entre el presente y el pasado”, en El País, Jacinto Antón, Barcelona - 09 mar 2019:

Marcos Ordóñez recoge una sabrosa miscelánea de asuntos y emociones en su dietario ‘Una cierta edad’

“No sé quién me dijo que las últimas palabras de Paul Claudel habían sido estas: ‘Doctor... ¿usted cree que habrá sido el salchichón?’”. “Cuando yo era pequeño, detestaba el circo”. “Me acuerdo de Ángel Pavlovsky, un rey de la comedia, una noche de otoño, a la salida del Capitol: ‘El otro día un espectador se fue a media función pero volvió a entrar porque lo de afuera era peor’”. “La última frase, tan proustiana de John Hurt antes de caer abatido por una bala en Las puertas del cielo, de Michael Cimino: ‘Qué curioso, el año pasado, por estas fechas, yo estaba en París”. Recorre uno las entradas y las páginas de Una cierta edad (Anagrama), el dietario que acaba de publicar Marcos Ordóñez, en un feliz deambular entre variadísimos asuntos, personas (de Stendhal a Butch Cassidy pasando por Juan Cruz) y estados de ánimo.

Cada entrada es un descubrimiento, una causa de regocijo, de sonrisa, de meditación o de amable melancolía. Hay reflexiones, recuerdos, pasajes costumbristas –“los equipajes de las motos, también llamados cofres, parece que se hubieran inventado para apoyar la libreta y tomar notas por la calle”-, apuntes dignos del Woody Allen de Cómo acabar de una vez con la cultura o Sin plumas (“Adolfo Marsillach sale de su casa. Dos señoras comentan: ‘Ese es el padre de la hija de Adolfo Marsillach”), historias más largas (la desternillante de Julia Gutiérrez Caba sobre uno de los momentos más difíciles de su carrera representando una obra de Agatha Christie), efusiones (“¡Dios bendiga a James Salter!”) y anotaciones de cariz muy personal: “Sueño que viajo en el tiempo hasta el año 68 para follar con Emma Cohen (...) Un sueño estupendo, de los que no abundan”.

Ordóñez (Barcelona, 1957) está esperando en la puerta del bar para hablar de su libro. Luce una gorra de béisbol de los Yankees que desentona con el resto de su sobria indumentaria y le proporciona un aire a lo Harry Dean Stanton en París, Texas. Se apunta a pedir un oporto y cuando los traen, entrechoca su copa lanzando su lema favorito (aparte del “dilo con firmeza pero finamente”, de Quintiliano), el brindis irlandés de John Huston: “Por el impulso”.

“En un libro como Una cierta edad cabe todo, casi”, señala. “Actualidad hay poca, porque se disuelve rápido. No es un dietario teatral, aunque el teatro forma parte importante de mi vida y sale, claro”. El autor describe así lo que hay en su libro, confeccionado con “platos muy variados”: “Recuerdos, crónicas breves, apuntes al sesgo, microrrelatos, pequeños poemas, humoradas luminosas o bromas oscuras de la existencia”. Hay más: “El paso de la edad, el tiempo, cosas que te obsesionan”. Son todos textos escritos entre 2011 y 2016. Dice Ordóñez que en ellos acaso se encuentre “mi esencia sin argumento, mi voz hecha de muchas”.

Sobre la clave del género, reflexiona: "Lo bonito es la libertad que te proporciona, puedes correr en cualquier dirección, con la condición de no ponerte estupendo. Lo que atrapas es muchas veces que te cae, has de estar, por tanto, muy atento”. Un ejemplo, el cartel del loro perdido que “atiende por Kostia”, necesita “dieta especial” y es indispensable “en terapia depresiva de un familiar”. Otro: “Este no es barrio de guisantes”. Otro más, una gitana en la Seguridad Social: “La niña, que tiene escocío el regocijo”. Dice que le abrieron los ojos al interés actual del dietario dos escritores que lo frecuentan, Ignacio Vidal-Folch e Iñaki Uriarte. "Ambos tienen ese talento para coger algo”. ¿Cioran? “Te parte el alma, pero en cambio me gustan mucho Jules Renard –al que descubrimos por Pla- y Charles Simic con sus píldoras sanadoras” (i. e. “la belleza de un momento fugaz es eterna”). Aborrece Ordóñez “esos dietarios en que la mitad es ajuste de cuentas”. Para él es fundamental entretener, ofrecer algo de humor “y pillar un poco de belleza”. Aunque algún texto tenga la extensión y la fuerza de un aforismo, el escritor marca distancias: “El aforismo quizá es escucharse un poco demasiado a uno mismo”, lo que no está mal como, precisamente, aforismo. En Una cierta edad abundan los amigos del autor (Lady Espert, la Sardà, Mario Gas, Shakespeare, la gata Rosalía) muchos desaparecidos (Anna Maria Moix, Rosa Novell, Anita Lizaran). “Alguien dijo que a partir de cierta edad caminas en dos lugares, el presente y el pasado, continuamente te va la memoria hacia atrás y ahí están ellos, los que se han ido”.

Marcos Ordóñez se marcha dejando tras él un reguero de historias y de frases en las que resuena su voz cavernosa a lo Constantino Romero. A recordar desde la primera del libro (de su querido Ennio Flaviano), “la situación es grave pero no seria”, hasta la penúltima (suya), “tres señales indicativas de que el día, pese a todo, ha sido bueno: si he atrapado un momento de belleza, si he reído con alegría al menos una vez y si he podido decir: ‘Bueno, creo que tengo un borrador, mañana lo paso a limpio”. La última es: “Buenas noches. Feliz año nuevo”.

III

Marcos Ordóñez: “El crítico tiene alma de comadrona”, en Núvol, Oriol Puig Taulé 7/07/2017:

"El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio".

Hemos citado a Marcos Ordóñez, crítico de teatro y escritor, en nuestra redacción a las cuatro de la tarde. Nuestra intención era hacer esta entrevista en el patio naranja de Vilaweb, tono que se está convirtiendo, casi sin quererlo, en el color corporativo de Núvol, pero el sol y el calor nos hacen buscar una alternativa. Pasamos al plató, con paredes de color negro y aire acondicionado, y empezamos a hablar sobre los influencers. Ordóñez confiesa que no sabe qué son ni qué hacen, cuando le cuento que una joven estudiante de bachillerato escénico me ha contactado porque quiere convertirse en una “influencer teatral”.

Marcos, ¿eres consciente que tú mismo eres un influencer? Sólo hace falta ver tus publicaciones en Facebook, cuando recomiendas una película, un libro o una serie, ya no digamos un espectáculo, y mucha gente te lo agradece y, literalmente, se “apunta” tus recomendaciones.

Nada me gustaría más. Esta es un poco la idea. Yo estoy muy a favor de estar a favor, y eso ya es una declaración de principios. Hay muy poco espacio y muy poco tiempo para todo, y se tiene que intentar colocar la cuña donde se pueda. “¡Vayan a por esto!”. Entre todo el marasmo de cosas que suceden a nuestro alrededor, me gusta señalar lo que yo creo que vale la pena. Esto lo he intentado hacer siempre, pero creo que últimamente más: porque hay más oferta y tenemos menos tiempo. Y porque hay más crisis, y todos nos lo pensamos más antes de ver algo.

He leído en más de una ocasión en tus artículos que no crees que valga la pena hablar de un espectáculo fallido o que no te haya gustado. Eres de la opinión que en estos casos el crítico se limita a hacer un alarde de su inventiva y talento literario, cuando los espectáculos malos ya caen por sí solos.

De entrada yo escribo en El País, y esto tiene una determinada importancia: un palo en este periódico no es lo mismo que en otro medio, sobre todo si está dirigido a gente que está empezando o se está abriendo camino. Escribir que un espectáculo no te ha convencido resuena más en El País que en otros sitios. Procuro hablar de lo que me gusta por diferentes motivos: en primer lugar porque yo escribo mejor desde el entusiasmo. Otro factor muy importante es que yo elijo lo que veo, y también sobre qué voy a escribir. Durante muchos años hice una crítica diaria, o casi diaria, y ahora al tener un espacio semanal tengo el privilegio de poder elegir mucho más. Ahora bien, esto no quiere decir que si Lluís Pasqual o Miguel del Arco o el director que sea hace un espectáculo que no me ha convencido, yo esté obligado a comentarlo. Hay mucho para elegir. Y un palo a Pasqual no le va a fastidiar ni a afectar mucho.

En mi caso me encuentro que tengo demasiados amigos en la profesión teatral: dramaturgos, directores, actores… Esto hace difícil el ejercicio de una crítica digamos que objetiva (cosa imposible, por otro lado), y en algunas ocasiones se me han enfadado cuando he escrito críticas negativas sobre sus montajes. ¿Cómo llevas el hecho de escribir sobre personas con quien tienes una relación personal o de amistad?

Nunca gusta. Sobre todo al que recibe [ríe]. Lo que pasa es que ya llevo muchos años en este oficio. El pasado marzo cumplí sesenta años. Y llevo muchos escribiendo sobre teatro y otras cosas. Creo que la gente de teatro se da cuenta cuando no eres un recién llegado, un crítico que quiere hacerse notar pegando un palo, o que le tiene una manía especial a alguien determinado. Somos todos compañeros de viaje. Siento que formo parte del mundo del teatro, me considero una persona de teatro. Evidentemente, yo hago otro tipo de trabajo, pero estamos en un camino paralelo. Y esto creo que la gente lo nota: puede que no te guste un espectáculo, pero el siguiente ya te gustará más. No sé si con esto te contesto a tu pregunta… Si quieres saber si se me han enfadado alguna vez, te diré que sí, que esto pasa. Yo incluso me pongo mal físicamente. Lo que sucede es que conoces a muchísima gente, y durante varios años sigues su trabajo. Si tienes una relación de amistad y ves que un espectáculo no ha salido o no ha acabado de cuajar, no diré que sea doloroso pero un poco sí que lo es. Lo que quieres es que funcione. El crítico tiene alma de comadrona: quiere que el niño salga bien, y estar cerca de la madre apoyando el parto y el puerperio.

Hace años que te dedicas casi exclusivamente a la crítica teatral, aparte de tu faceta como escritor de novelas, pero también tienes mucha experiencia en la crítica musical y de cine, cosa que se nota sobremanera leyendo tus artículos. ¿De qué manera un conocimiento del mayor número posible de disciplinas artísticas lleva a una crítica mejor, en el caso del teatro?

Es que está todo relacionado, y para mí lo ha estado siempre. No se trata de compartimentos separados. Estás viendo una función y aparecen muchos referentes, que creo que es una palabra un poco fría. Mejor llamarlos vínculos, o herencias que te remeten a otras cosas. El teatro está hecho de herencias y el crítico lleva la antorcha de las generaciones pasadas, de la gente que ya no está, porque de todas las artes el teatro es el más efímero. Estás viendo una función y te das cuenta que tal actor o tal actriz está toreando como tal o cual. Creo firmemente que debemos seguir hablando de los mayores. El teatro tiene mucho de artesanía y de herencia. Mario Gas habla mucho de “familias”, y lo entiendo muy bien. Luego está la música, y cada vez se mezclan más todas las disciplinas artísticas. El otro día vi Bodas de sangre en la Biblioteca de Catalunya y me maravillaron los ecos que han conseguido el director Oriol Broggi y el músico Joan Garriga y su banda: estás viendo una obra andaluza pero tiene aires de western, de México, de las bandas sonoras de Ennio Morricone… Como decía el poeta: “son voces de muchas aguas”. Las referencias no las buscas, simplemente van saliendo. Recuerdo una crítica que escribí hace años sobre ¿Estás ahí?, una obra de Javier Daulte que había visto varias veces: hice comparaciones con marcas históricas de chicles. Comparaba ese montaje con el Bazooka, que era un chicle muy duradero. Y otro espectáculo, que no recuerdo, lo comparaba con el Dunkin, que era un chicle rosáceo, en nuestra época para niñas, que comprabas sólo cuando no había Bazooka. Era como comprar el Lily cuando en el quiosco no tenían el Tío Vivo.

Tus inicios como crítico fueron en el campo de la música y el cine, pero el teatro siempre estaba ahí. ¿De qué forma el teatro acabó convirtiéndose en el centro de tu actividad crítica?

De pequeño anotaba muchas cosas para contármelas a mí mismo. Era casi como un coleccionista de cromos, y esto me pasaba mucho con las películas (“Ya tengo tres de Éric Rohmer”). Esas crónicas eran una manera de contarme a mí mismo lo que había visto, para ver cómo funcionaba el juguete. Con el teatro era distinto, no sé muy bien el porqué: había algo teatral en el hecho de escribir la crítica, como si fuera para un periódico, como si tuviera que salir publicada al día siguiente. Como en Ciudadano Kane, que justo después de la función Orson Welles está esperando con ansia lo que escribirá Joseph Cotten en su crítica. Nadie esperaba mis escritos, pero ya había en aquello una voluntad periodística. Siempre me he movido entre lo periodístico y lo intímo, y la crítica teatral es como recomendar una cosa a un amigo. Creo que lo primero que publiqué como crítico de teatro fue en la segunda temporada del Teatre Lliure, en el año 1978, y hablaba de Les tres germanes o Hedda Gabler, para Ajoblanco (que ahora ha vuelto a editarse), revista que entonces se vendía una barbaridad. Hubo una época en El Correo Catalán que iba a por todas, cuando preguntaban quién quería cubrir algo yo siempre era el primero en levantar la mano. En esto me siento muy identificado con Juan Cruz, que venía de Tenerife y tenía unas ganas locas de verlo todo. Es una maravilla cuando entras en una redacción y lo quieres hacer todo: escribir crónicas, hacer entrevistas, proponer reportajes… En aquellos tiempos escribía más de música, pero seguía con el teatro. Entré en el ABC cuando abrieron la delegación de Cataluña y ahí tenía mucho espacio para escribir, una página entera, e incluso había hecho alguna doble página sobre espectáculos que me habían gustado mucho. Más tarde estuve en un diario de corta vida, que se llamaba El Observador, que en esa época lo dirigía Vicent Sanchis, y me dio una página entera. En aquellos años era un poco más cabestro, escribiendo. Quizás por lo que decías, porque no conocía a mucha gente de la profesión. Con el paso del tiempo conoces a todo el mundo y vas modulando la forma, pero creo que se puede decir todo. Quintiliano decía “Suaviter in modo, fortiter in re”. Opino que es importante el suaviter in modo, y que no hace falta el tan fortiter in re [ríe].

Y ahí sigues, con tu crítica semanal de teatro en El País, aparte de tus crónicas de los jueves donde hablas de teatro pero no exclusivamente.

Hay una cosa que me sorprende bastante de mis amigos de juventud, y es que algunos han dejado las drogas: algunos no escuchan música, porque no tienen tiempo, otros ya no leen libros (o sólo en verano) y vas a su casa y rejuveneces de golpe, porque ves libros de hace veinte o treinta años. Yo mismo, por ejemplo, ahora voy a poquísimos conciertos, porque me canso como una perra de estar ahí de pie. Pero el teatro dura, ahí sigo. Soy como el conejito de Duracell.

Mirando atrás y viendo tus comienzos a finales de los años setenta y principios de los ochenta, ¿cómo ves el periodismo cultural y la crítica teatral hoy en día, comparados con aquellos años?

Los medios digitales los controlo poco, porque hay muchos. Yo soy de una generación donde había muchísimas publicaciones en papel, y me duele ver como van desapareciendo muchísimos espacios, como árboles caídos (árboles que se talaban para hacer papel, por cierto). La gente ahora lee menos, y las previsiones son muy apocalípticas: llega el final de una era. Pero he oído tantas profecías apocalípticas en mi vida: que el libro digital iba a eliminar el papel, por ejemplo. Todo va tan rápido que se convierte en cliché. A mí me gusta el papel. Cuando me habéis regalado el ejemplar de Núvol en papel lo primero que he hecho ha sido olerlo. Lo digital está muy bien, sí, pero… Sí, pero. Y desconozco muchas de las cosas que salen, y de tanto en tanto alguien me recomienda un blog o un medio digital que se me había escapado.

Eres profesor del Máster de Periodismo Cultural de la Universitat Pompeu Fabra y de la Barcelona School of Management. ¿En qué consiste tu actividad pedagógica y cómo ves a los jóvenes que quieren dedicarse a la comunicación y al periodismo cultural?

Hago bastantes cosas, la verdad. En el primer trimestre de Comunicación doy una asignatura que habría que cambiarle el título, porque es halagador pero muy pomposo, “Dirección de actores”. Ahí me siento como un coach o entrenador deportivo, hago de Padre Flanagan (el fundador de la Ciudad de los Muchachos). En la Pompeu Fabra los alumnos son eternamente jóvenes, porque siempre tengo los de tercero. Trato de detectar el talento y lanzarles a la piscina, de conseguir que se pongan a actuar y a dirigir, aunque sea con el papel en la mano. Cuando ves que alguien le lanza rápido a la piscina, algo que se ve enseguida, es un placer enorme. El otro día hablaba de Elena Martín, que acaba de debutar con su primera película Júlia ist, y que en mi clase ya le vi ese brillo en los ojos. Es todo un poco complicado, la verdad, porque estás con cuarenta alumnos, y al mismo tiempo intentando que apaguen el móvil.

En el Máster de Periodismo Cultural de la UPF los grupos son mucho más reducidos, entre quince y veinte alumnos, cosa que permite clases más interesantes. He comprobado que el interés de los estudiantes por el teatro varia según los años, va por promociones. El máster es como un pack donde hay cursos de cine, teatro, artes plásticas y literatura. Yo acabo hablando de teatro más que de crítica teatral, y ves que hay alumnos que les interesa más que a otros. Hay muchos estudiantes de Latinoamérica, a los que los nombres catalanes o españoles no les dicen nada en particular. Con Clàudia Brufau, que creo que trabaja con vosotros, también fue un amor a primera a vista: a la que empezó a hablar vi que era una persona de teatro, y sobre todo de danza. Lo ves enseguida, son gente que va a tirar por ahí. Cuando encuentras a alguien que es familia, es como jugar al póquer y ganar. En el máster doy los cursos de “Crítica teatral” y “Principales corrientes teatrales contemporáneas”, sobre periodismo cultural y teatro. Ahí les pongo a escribir e intento pasarles mi experiencia sobre cómo se hace esto. “Que parezca un accidente”, como se dice en la mafia, como si lo acabaras de escribir… Que parezca fácil, en definitiva.

En tus críticas sueles terminar con consejos y avisos a los espectadores y a los posibles programadores que lean tus artículos: “No se la pierdan”, “Tiene que girar”, “Esto se tiene que ver en Madrid” (en el caso de producciones catalanas), “Tiene que hacer gira por toda España”… ¿Eres consciente de ello, y del poder (o no) que pueden tener tus palabras?

Hay una entrevista histórica en Cahiers du Cinéma entre Martin Scorsese y Paul Schrader, y ahí cuentan que de pequeños les pasaba lo mismo: en la escuela veían que los niños caminaban muy tranquilos, y pensaban “¿Cómo es posible que esta gente no corra a ver Balas vengadoras, de Sam Fuller?”. Tenían ganas de gritar “¡Paren todo lo que estén haciendo y vayan a ver Balas vengadoras!”. A mí me gusta hacer esto. Y hay que decirlo, porque antes las cosas duraban más, y ahora todos tenemos menos tiempo. Antes la cara B de un disco duraba más minutos: ahora dura lo mismo pero mientras suena hemos contestado los mensajes del móvil, hemos mirado el correo, etc…

Libros del Asteroide acaba de reeditar una de tus novelas, Detrás del hielo, que salió publicada en 2006. Háblanos un poco de este libro y de cómo afrontas la escritura de una novela. 

A Detrás del hielo le tengo un cariño especial, porque fue un parto difícil. Si me preguntan “Resúmela en una frase”, diré que es una novela de amor y revuelta. Una historia de creyentes, de una generación que cree en los libros, la música y el cine. Es una historia de un trío, como Jules et Jim, y la voz narradora es de una mujer que se llama Klara Liboch. Yo quería que pasara en un país de gran eferverscencia y que luego hubiera una dictadura (como España durante la Segunda República, Chile, Argentina, o la primavera de Praga), pero estaba atado por la contingencia. Al final decidí inventarme un país centroeuropeo, la República de Moira, y fue como jugar al Monopoly. Hice un mapa enorme, me inventé la historia del país, puse los arbolitos… Esto también lo ha hecho a lo grande Martín Caparrós en un libro de más de mil páginas que se llama La Historia (Anagrama, 2017): ha creado un país entero, como en aquel cuento de Jorge Luis Borges titulado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Para mí escribir una novela es como rodar una película, de alguna manera. Como la produzco yo, puedo poner hasta helicópteros si hace falta. ¡Será por dinero! [ríe]. Luis Solano, el magnánimo editor de Libros del Asteroide –a quien Jehová y una cohorte de diosas le conserven muchos años– ya había reeditado mi libro Comedia con fantasmas, donde yo había montado una compañía. Para Detrás del hielo hice el “Director’s cut” del libro, sin añadir nada (al contrario que Francis Ford Coppola en Apocalypse now), donde básicamente quité cosas, remonté pasajes, con el miedo de ver si la cosa seguía aguantando.

¿Tienes en mente escribir otra biografía de algún actor o actriz, como hiciste con las memorias de Núria Espert (De aire y fuego, Aguilar, 2002) o Ava Gardner (Beberse la vida, Aguilar, 2004)?

Hay un género que me gusta mucho y son los dietarios. Los he ido escribiendo por épocas, dependiendo si estaba o no en otras cosas, y ahora sacaré un primer volumen, que va desde el 2011 hasta el 2016. Primero lo tiene que leer mi mujer, Pepita forever, que es quien hace la criba, y me dice qué es lo que vale la pena.

Soy un gran lector de diarios porque es una materia muy flexible y porosa: pueden ser casi jaculatorias, mini-cuentos, reflexiones, recuerdos… Muchas de estas cosas salían publicadas en El País, en el blog o en el artículo de los jueves que antes era más largo. Los diarios se llamarán Una cierta edad, una frase que últimamente me dicen mucho: “Tú ya tienes una cierta edad”. Tendrán el tono de mis críticas, unos diarios donde no hay ajustes de cuentas y donde intento encontrar lo bello de las cosas, lo que da alegría y vida.

Seguimos charlando con Marcos Ordóñez, con la cámara apagada y nuestra fotógrafa Ester Roig ya fuera del plató. Y ahí hace su aparición mi “momento fan” y le pido si me puede firmar mi ejemplar de Molta comèdia. Cròniques de teatre 1987-1995 (Edicions La Campana, 1996). Ya en la redacción, Marcos ojea (y huele) el ejemplar de Ajoblanco que nos ha llegado hace poco, y me sigue hablando de Bodas de sangre mientras le acompaño a la puerta.

Nos vemos en los teatros, Marcos.

IV

Fallece Marcos Ordóñez: “Siempre tuyo, Frankie Broadway”. Obituario, en La Vanguardia de Barcelona, Juan Carlos Olivares, 21/09/2026:

A Marcos lo recuerdo como el rey absoluto de la ínsula de Barataria de la sección de Cultura y Espectáculos de la delegación de Catalunya del ABC. Una redacción embutida en un entresuelo de la calle Rosselló en la que convivían el Macintosh Classic con las máquinas de escribir en una Barcelona justo antes y después de la vorágine olímpica. Una sección que, como él mismo, fomentaba una idea generosa y ecléctica de la cultura. Excepcionalidad más soportada que querida que, como Camelot, fue intensa, brillante y fugaz. Los mediocres le pusieron, en cuanto pudieron, un puente de plata que él cruzo para nunca más depender de nadie.

A Marcos lo recuerdo en su casita del barrio del Farró, en una soirée improvisada. En la mesa baja de salón un despliegue apetitoso, entre ceniceros y vasos a medio consumir, de discos y libros. Risas, frases ingeniosas, conversaciones cruzadas y la capacidad inagotable del anfitrión de saltar del fragmento de una novela a la escena de una película, del diálogo de una obra de teatro a una canción que, como un prestigiador, sonaba de repente en el tocadiscos siempre a mano. Y la banda sonora saltaba de Gato Pérez a Sarah Vaughan y luego rugía sin previo aviso Van Morrison. Y así hasta el infinito y más allá de estilos y géneros. No había conocido nunca a nadie que tuviera ese ingente conocimiento humanista sobre música, cine, teatro y literatura y que lo compartiera sin freno como quien reparte y comparte una bolsa de chuches. Para el novato en ese círculo –Frankie Broadway, me llamaba– era casi un estado de borrachera estendhaliana. Era apabullante. Marcos infundía respeto y secretamente disfrutaba del equívoco. El físico y la voz de un gigante refugiado tras sus gafas, barba y gorras o sombreros. También por ese conocimiento renacentista contemporáneo que manaba sin parar y convertían sus ensayos, biografías, novelas y críticas de teatro en espléndidos retablos de referentes.

Pero tras esa apariencia a veces inexpugnable, existía un hombre que reservaba siempre una página de cortesía a la misma dedicatoria: “Pepita Forever”. Pepita, su compañera hasta las últimas brumas compartidas. Esa serena presencia de larga melena siempre a su lado. Ese otro Marcos más vulnerable que afloraba en sus páginas autobiográficas cargadas de una emotiva nostalgia, de un cariño complejo por su círculo más íntimo. Es leer Un jardín abandonado por los pájaros (un relato sobre su familia) y ver en cinemascope una Barcelona pretérita tan bien retratada como cualquier aventi de Juan Marsé. Tenía un respeto inmenso, muy al estilo argentino, por los artistas que alimentaron desde niño su pasión por las artes. Era casi natural que fuera precisamente él el que redactara las memorias de Alfredo Landa (Alfredo el Grande) o centrara su atención en el Madrid de las maravillas de los años cincuenta de Perico Vidal (Big Time: la gran vida de Perico Vidal) o Ava Gardner (Beberse la vida: Ava Gardner en España). Los artífices para que se cumplieran sus sueños semana tras semana en los cines de reestreno de la Barcelona del desarrollismo.

A Marcos lo recuerdo en los largos viajes de ida y vuelta en coche que el festival Temporada Alta ponía a disposición de la crítica. Nunca pasaron ángeles del silencio por ese apretado cubículo sobre ruedas. Escuchándole entendía por qué siempre lo tuve como el principal referente de los últimos grandes críticos de esta ciudad. Un mentor discreto que me ofreció mi primera oportunidad en el ABC y nunca se apartó del todo en esta azarosa trayectoria de la crítica teatral. Con el tiempo se volvió más indulgente, incluso llegó a expresar públicamente que se arrepentía de la dureza de algunas de sus críticas. Quizá era la enfermedad la que empezaba a resquebrajar esa coraza que solo desmontaba en la más estricta intimidad. Su amor por el teatro y sus artistas siempre estuvo ahí, pero sus opiniones eran severas, a veces cáusticas, ingeniosas, sin excusa justas. Pero esa parte más implacable fue remitiendo con el tiempo y empezó a prevalecer solo aquello que sustentaba todo lo bueno que le podía ofrecer un escenario. Desde su tribuna en Babelia se permitió la libertad de renunciar a las malas críticas. Se volvió positivamente selectivo. Así entendía ahora la crítica, como un mecenas de papel. Cuidaba los amigos, apadrinaba el talento emergente, subrayaba la excelencia, el riesgo, el oficio. Una subjetividad en positivo. Marcos nunca fue un crítico ponderado en sus querencias. Vivía la representación con intensidad, por su fascinación eterna por la ficción. Una conexión que a veces le traspasaba dolorosamente, como aquella noche que le dejó herido el Purgatorio de Romeo Castellucci (Teatre Lliure, Grec’09)

A Marcos lo recuerdo en las llamadas para repasar la cartelera (“Frankie Hollywood, ¿qué hay de bueno?”) cuando su salud se hizo más frágil y su presencia en los teatros más puntual. Recuerdo el cariño que se expandía y que amigos y conocidos nos percatábamos de que algo había cambiado. Recuerdo una última visita hace tres años en su casita del Farró. Todo seguía casi igual. Quizá ya no había tantos libros sobre la mesa baja. Los discos guardados en sus fundas. Quizá su atención iba y venía, pero me saludó con un familiar “Frankie Broadway” después de un largo tiempo sin vernos. Ya no tengo más recuerdos de quien considero mi maestro y referente. Hoy mismo volveré abrir Molta comèdia, sus crónicas teatrales entre 1987 y 1995) para entender por qué es tan importante esto de la crítica teatral y que es un dolor que hayamos perdido una voz con tanta dignidad mucho antes de que se marchara en paz.

V

[De Wikipedia]

Marcos Ordóñez (Barcelona, 25 de marzo de 1957-Barcelona, 21 de septiembre de 2026)[1] fue un crítico teatral, escritor y profesor español.[2]

Biografía

En 1988 publicó su primera novela, titulada El signo de los tiempos (Plaza & Janés).[3]

Escribió la obra La noche de Eldorado, que fue llevada al escenario en 1991.

Desde 1994 fue profesor asociado de Guion cinematográfico y Dirección de actores del Departamento de Audiovisuales de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

En 1997 su novela Rancho aparte recibió una mención especial del jurado del Premio Nadal (que ese año ganó Carlos Cañeque, con Lorenzo Silva como finalista). Rancho aparte está ambientada en la Barcelona de la década de 1950 y fue publicada por la editorial Destino.[4]

Desde 2001 hasta diciembre de 2021 fue crítico teatral del diario El País y colaborador del suplemento cultural Babelia.[5][1]

Parte de su obra tiene un fuerte componente autobiográfico. Así, en A cualquiera puede sucederle relata el mundo de sus abuelos; Una vuelta por el Rialto es, en sus palabras, autobiografía literaria. Otras tres piezas, Turismo interior, Gaseosa en la cabeza y Un jardín abandonado por los pájaros, también tienen elementos personales de Ordóñez.[6]

Obra

Gato Pérez, la rumba como ética (biografía), Ediciones Júcar, 1987.[7]

El signo de los tiempos (novela), Plaza & Janés, 1988.[3]

A cualquiera puede sucederle (novela), Plaza & Janés, 1990.

La esencia del guaguancó (relatos), Ediciones Versal, 1991.

Una vuelta por el Rialto (memorias), Anagrama, 1994.

Molta comèdia. Croniques de teatre 1987−1995 (críticas), Edicions La Campana, 1996.

Rancho aparte (novela), Ediciones Destino, 1997.

La bestia anda suelta: ¡Alex de la Iglesia lo cuenta todo! (biografía), Glenat Ediciones, 1997.

Puerto Ángel (novela), Ediciones Destino, 2000.

Tarzán en Acapulco (novela), Ediciones Destino, 2001.

Comedia con fantasmas (novela), Plaza & Janés, 2002.

con Nuria Espert: De aire y fuego (biografía), Aguilar, 2002.

A pie de obra: Escritos sobre teatro (críticas), Alba Editorial, 2003.

Beberse la vida: Ava Gardner en España (biografía), Aguilar, 2004.[8]

Detrás del hielo (novela), Bruguera, 2006.[3]

Ronda del Gijón: una época de la historia de España (biografía), Aguilar, 2007.

Alfredo el Grande. Vida de un cómico: Landa lo cuenta todo (biografía), Aguilar, 2008.

Turismo interior (relatos), Lumen, 2010.

Telón de fondo: Algunas cosas que aprendí en el teatro (memorias), El Aleph Editores, 2011.

Un jardín abandonado por los pájaros (memorias), El Aleph Editores, 2013.[9]

Big Time: la gran vida de Perico Vidal (biografía), Libros del Asteroide, 2014.[10]

Juegos reunidos (memorias), Libros del Asteroide, 2016.[11]

Una cierta edad (dietarios 2011−2016), Anagrama, 2019.

Una joven pareja (novela), Pepitas de Calabaza, 2021.[12]

Notas

1.  «Muere el crítico teatral y escritor Marcos Ordóñez a los 69 años». El País. 21 de septiembre de 2026. Consultado el 21 de septiembre de 2026.

2. Perfil de Marcos Ordóñez, en la web Dialnet, consultada el 22 de mayo de 2022.

3. Ángel Basanta (29 de junio de 2006). «Detrás del hielo». El Cultural. Consultado el 8 de julio de 2016.

4. Xavier Moret (7 de enero de 1997). «Carlos Cañeque gana el Premio Nadal con un juego metaliterario a la sombra de Borges». El País. Consultado el 18 de diciembre de 2016.

5. PAÍS, Ediciones EL. «Artículos escritos por Marcos Ordóñez». El País. Consultado el 6 de marzo de 2022.

6. Iglesia (2013).

7. Álvaro Corazón Rural (mayo de 2015). «Gato Pérez, músico único que solo pudo darse en una Barcelona que ya no existe». Jot Down. Consultado el 25 de junio de 2016.

8. Moix, Ana María (20 de noviembre de 2004). Ha llegado una estrella. El País. Consultado el 3 de marzo de 2017.

9. «Marcos Ordóñez novela su autobiografía y la de la Barcelona de los 60». Eldiario.es. 1 de marzo de 2013. Consultado el 23 de octubre de 2016.

10. Mercedes Cebrián (26 de diciembre de 2014). «Cuando Rusia estaba en Soria». El País. Consultado el 24 de junio de 2016.

11. Toni Iturbe: «Las noches eternas de Marcos Ordóñez», Mercurio, panorama de libros, n.º 178, febrero de 2016, pág. 27.

12. «Una joven pareja | Pepitas de calabaza». www.pepitas.net. Consultado el 5 de septiembre de 2021.

VI

 Muere a los 69 años Marcos Ordóñez, escritor y crítico teatral que supo combinar la erudición y el entusiasmo, en elPeriódico, Rafael Tapounet, Barcelona, 21 SEPT 2026:

Cronista cultural de referencia por su mezcla de rigor, memoria y pasión, fue también autor de una amplia obra narrativa de carácter autobiográfico

Cuando en 2013 el escritor, crítico teatral y profesor Marcos Ordóñez participó en la segunda edición del festival Primera Persona, sacó para cerrar su intervención una botella de chinchón y, haciendo suyo el brindis irlandés favorito de John Huston, invitó a todos los presentes a beber "por el impulso". Nacido en Barcelona en 1957, a Ordóñez, autor de una veintena de libros y crítico de absoluta referencia para varias generaciones de aficionados al teatro, a la música y al cine, nunca le faltó el impulso. Su desmesurado afán por descubrir, por conocer y por compartir, siempre desde el entusiasmo, se tradujo en una obra de gigantesca erudición, a menudo con un fondo autobiográfico, que abarca diversos géneros y que refleja múltiples intereses. Una producción rica y generosa que la enfermedad interrumpió a finales de 2021 y que ha quedado ahora definitivamente truncada con la muerte de Ordóñez a los 69 años.

Que el primer libro publicado por Marcos Ordóñez fuera una semblanza literaria (y una lúcida reivindicación) del rumbero Gato Pérez ('Gato Pérez, la rumba como ética', 1987) ya da una pista sobre su determinación a la hora de derribar las barreras entre cultura académica y cultura popular. En su bibliografía se mezclan sin orden jerárquico las novelas, los libros de relatos, los volúmenes de memorias, los escritos sobre teatro, las crónicas de época, las biografías de personajes como Ava Gardner, Núria Espert, Alfredo Landa y Perico Vidal y hasta un libro entrevista con Álex de la Iglesia.

Una vocación precoz

Dueño de una precoz vocación escritora que adquirió consistencia al leer con 12 años las novelas de Somerset Maugham, Ordóñez dejó constancia en los dietarios reunidos en 'Una cierta edad' (2019) de los nombres de algunos de sus autores "más queridos": Bernard Frank, Patrick Modiano, Truman Capote, James Salter, Gabriel Ferrater, Raymond Chandler, Peter Handke, W. H. Auden… También Juan Marsé y Francisco Casavella, con quienes mantuvo una relación de amistad, y, por supuesto, Anton Chejov, a quien dedicó algunas de sus más brillantes páginas de crítica teatral.

Ordóñez tenía apenas 21 años cuando se estrenó como crítico teatral en las páginas de la revista 'Ajoblanco'. Después de pasear su firma por cabeceras como 'El Correo Catalán', 'ABC', 'El Observador', 'Avui' y 'Fotogramas', en el año 2000 empezó a escribir sobre teatro en el diario 'El País' y siguió haciéndolo durante más de dos décadas, imponiendo una personalísima mirada sobre las artes escénicas que combinaba el rigor, la memoria y la pasión.

VII

Reseñas de sus libros en Lecturalia.

sábado, 25 de julio de 2026

La muerte de Francisco Javier Lumbreras Herrero

     A los dos días de haber abandonado ya este mundo, sin duda alguna una de las sucursales menos concurridas de la realidad, me enteré del fallecimiento de mi amigo Francisco Javier Lumbreras Herrero, profesor de filosofía en enseñanzas medias, culto, inteligente, viajero; ostendido y colado entre los muchos vericuetos del no-yo, plurilingüe, vividor primum antes que filósofo deinde ya sin ganas, no porque no quisiera, sino porque no podía ni le llegaba el cuerpo; escritor torrencial inédito, con quid divinum y a veces maleficum. Tuvo muchas parejas y muchos conocidos, incluso personajes curiosos y de nota, principalmente poetas, muchos de ellos de Málaga, por ejemplo el satírico José Aguilar Jurado, quien se ocultaba bajo el pseudónimo de fray Josepho de la Tarima, quien le dedicó un poema. 

    Se hallaba ya en las últimas: tres sesiones de diálisis por semana, aviejado por las distintas secuelas de sus no pocas batallas con y contra las sustancias enteógenas, jubilado por emergencia, cojo, medio ciego, desmolarizado y derrengado por la fatiga de su ya descompasado corazón y los derrames cerebrales, ocasionados creo yo por su afición a los chinos; él, tan senderista y deportivo como era de joven antes de que se amustiara en Ciudad Real. Cuando hablaba con el Lumbreras de sus últimos años admitiría que se hallaba instalado en alguna antecámara fúnebre, en el andén de la Muerte, apenumbrado y sin nada que decir tras que muriera su última pareja y consuelo, una periodista fenecida por sorpresa de lo mismo que él ya veía venir. Como tantos grandes duques de La Poblachuela, había dicho ya casi de todo, en su obra inédita o a sus raros amigos; lo que omitió creo yo que era incluso más valioso; pero se perdió para nunca. Algo puede sospecharse aún, en las prosas y poesías de su blog, cuyo enlace incluyo aquí. También entre los papeles que me regaló. Nunca corregía, y, si se arrepentía, estrujaba y tiraba el papel. Quizá, si se reencarna tras haber bebido las aguas del Leteo y Eunoé,  aún podrá reescribirlo o incluso añadir algo para que se pierda otra vez en el ciclo del samsara, como esos mandalas de arena en colores que, una vez hechos, los propios monjes borran. 

    Pero yo le deseo paz y sé que la tendrá. Hizo el bien muchas veces, siguiendo los arrebatos de una conducta honorable que algunos decían estaba demasiado comprometida con todo lo que se creaba, pensaba y vivía en los setenta. Eso no le hizo a la postre mucho bien, y se perdió tanto a veces dentro de su propio mandala que incluso se encontró una vez como el protagonista involuntario de la película Ladrón de bicicletas, aunque lo que buscaba era algo indefinible, una postergación sin fin que siempre decaía y lo desilusionaba transformándolo en el bicho de Kafka. 

    Le sobreviven su madre y su hermano y una incierta legión de amigos, incluso algunos enemigos, por los andurriales de Europa, África y Asia, y por los de Daimiel, Málaga, Granada y Ciudad Real. Era hijo de un famoso psiquiatra de esta última ciudad, a la que nunca logró acomodarse salvo para cuidar de su madre en su  periodo final, pues no admitía a casi nadie que cuidara de él; vivió una inolvidable infancia en Libia durante la dictadura de Gadafi y adquirió una incurable curiosidad de saber que le llevó a acumular una gran librería, y la añadió a la colección de máscaras africanas de su padre y su hermano, el diestro abogado. Sus cenizas se encuentran en el panteón de su familia, en Consuegra. Sit tibi terra levis, o, en la lengua de Aristóteles, κούφα σοι χθὼν ἐπάνωθε πέσοι.

lunes, 1 de junio de 2026

Fallece José Manuel Blecua Perdices. Dossier.

 [Dossier y obituarios sobre José Manuel Blecua]

 I

 José Manuel Blecua, mucho más que un amigo, por José A. Pascual, 29/05/2026, en Abc: 

Era una persona seductora por su profunda y natural cordialidad, por su falta de dogmatismo, por ser uno de los seres más bien pensados que he conocido

Al filo de la noticia del fallecimiento de José Manuel Blecua, debería refugiarme en el silencio. Un silencio que se cerraría precisamente con una forma de despedida suya por medio de un «tenemos que hablar». Y no porque nos quedaran en el tintero muchas cosas por decir, sino por tantas como nos hemos dicho, aun sin palabras.

Es algo normal cuando las nuestras han sido en gran medida vidas paralelas, yendo él siempre por delante: la coincidencia en el penenazgo; en la cátedra de instituto; en la de universidad, donde ambos purgamos un tiempo como esos segundones a los que se los designaba como vicerrectores. Recuerdo de un modo particular la convivencia durante esos cinco años en que participamos en el programa 'Hablando Claro': experiencia inolvidable para los dos, tan llevadera que en aquellos programas en directo nos permitíamos hacernos bromas cruzadas, como la que le lancé yo diciéndole a los oyentes que en adecua no debía acentuarse la 'u'; (hoy ya sí se puede acentuar), y que para no olvidarlo pensaran que esa forma verbal rimaba con 'Blecua'. Hemos compartido silla en la Academia (cada uno la suya, pero menos alta la mía).

De esta vida paralela con quien fue más que un amigo no solo recuerdo los buenos momentos. Me vienen a las mientes otros bastante complicados: algunos con final feliz, como fue el caso de la organización del Congreso de la Lengua Española en Sevilla, en 1992, algunos azarosos tribunales de oposiciones; ciertos problemas en los que su capacidad diplomática fue decisiva para dar con una solución, como es el caso de la transición del Instituto Cervantes entre dos gobiernos o aquel momento en que, gracias a José Manuel, pudimos mediar en un problema departamental que tenía una universidad. Lo de complicado se queda superlativamente corto para describir aquella época que sufrió la dirección de la Real Academia Española, en los que no fue lo más duro torear con el grave problema de la congelación presupuestaria que se presentó durante su mandato.

Si soy testigo de una parte importante de su vida profesional, lo soy también de su condición humana: se trataba de una persona seductora por su profunda y natural cordialidad, por su falta de dogmatismo, por ser uno de los seres más bien pensados que he conocido, por haber creado uno de los Departamentos de filología más importantes de España, por haber formado a un nutrido grupo de discípulos. Es la suya una excepción a una idea que un buen amigo atribuye a muchos que somos incapaces de leer a los demás, por complacernos con leernos a nosotros mismos. José Manuel siempre iba por delante en el conocimiento de la bibliografía, lo que explica que su amor a nuestra lengua se cimentara en el profundo conocimiento que tenía de ella.

Vuelvo a hablar contigo, querido amigo, con el silencio.

II

Muere José Manuel Blecua, académico y ex director de la RAE, a los 86 años, en El Mundo,  Efe,  29 mayo 2026:

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española', de 2011 y 2025

José Manuel Blecua, Creu de Sant Jordi de la Generalitat, director de la Real Academia de la Lengua entre los años 2011 y 2014, y académico de esta institución -ocupaba el sillón con la letra h- ha fallecido este viernes en Madrid a los 86 años, ha informado la página de la RAE.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, fue elegido académico de número el 19 de junio de 2003 y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado 'Principios del Diccionario de Autoridades'.

Elegido director de la RAE en diciembre de 2010, ocupó el cargo entre 2011 y 2014. Además, fue secretario de la corporación de 2007 a 2009.

Era hijo de José Manuel Blecua Teijeiro (1913-2003), catedrático de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y académico de honor de la Real Academia Española, y hermano del también filólogo Alberto Blecua (1941-2020).

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, José Manuel Blecua fue el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española', de 2011 y 2025.

Actividad académica en Barcelona

Fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona (UAB), de la que fue vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática.

En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB, en un acto en el que se presentó el libro 'Al otro lado del espejo', publicado en homenaje a sus años de docencia.

José Manuel Blecua también fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca (Huesca) y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz.

Blecua fue también director académico del Instituto Cervantes (1994-1995).

Coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés 'La Vanguardia' (1986), participó en programas de divulgación lingüística, como 'Hablando claro' (TVE 1987-1992).

Distinguido con numerosos galardones, José Manuel Blecua recibió por ejemplo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

También fue distinguido con el doctorado 'honoris causa' por la Universidad Carlos III de Madrid y presidente del jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza.

En 2015 recibió el Premio EFE Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia.

 III

Fallece el académico José Manuel Blecua, portal de la RAE, 29 de Mayo de 2026:

El académico José Manuel Blecua ha fallecido este viernes 29 de mayo en Madrid a los 86 años.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, fue elegido académico de número el 19 de junio de 2003 para ocupar la silla h y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado Principios del «Diccionario de Autoridades». Elegido director de la RAE en diciembre de 2010, ocupó el cargo entre 2011 y 2014. Además, fue secretario de la corporación de 2007 a 2009.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, José Manuel Blecua fue el responsable del volumen Fonética y fonología de las dos ediciones de la Nueva gramática de la lengua española de 2011 y 2025. 

Durante su mandato como director de la RAE, José Manuel Blecua fue también presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) y del patronato de la Fundación del Español Urgente. En este periodo, bajo su dirección, se celebró el III Centenario de la Real Academia Española, en cuya sesión conmemorativa, presidida por los reyes, se presentó oficialmente la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española.

Fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona, de la que fue vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática. En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB, en un acto en el que se presentó el libro Al otro lado del espejo, publicado en homenaje a sus años de docencia.

José Manuel Blecua también fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz.

Fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española (Sevilla, 1992) y responsable de la Sección de Lengua y Tecnología, así como secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas, 1997), cuyo lema fue «La lengua española y los medios de comunicación». Blecua fue también director académico del Instituto Cervantes (1994-1995).

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra Gramática española (1975) y dirigió el Diccionario VOX de sinónimos y antónimos, el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999) y el Diccionario escolar de sinónimos y antónimos (1999).

Miembro del Consejo de Asesoramiento Científico de la colección Historiografía de la Lingüística Española y director de la colección Enseñanza Crítica (ed. Crítica), formó parte del Consejo de Redacción de la Nueva Revista de Filología Hispánica, de la Revista de Lexicografía, del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y del Consejo de Dirección de Cuadernos de Filología.

Coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés La Vanguardia (1986), participó en programas de divulgación lingüística, como Hablando claro (TVE, 1987-1992).

José Manuel Blecua recibió, entre otros galardones, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

Fue distinguido con el doctorado honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid y presidente del jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza. En 2015 recibió el Premio EFE Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia, y el Consejo de Ministros del 9 de octubre acordó concederle la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, recibida el 21 de enero de 2016.

Su labor también fue reconocida por varias academias de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE). En 2014 las academias Venezolana y Guatemalteca de la Lengua le distinguieron con el título de miembro honorario de ambas corporaciones; fue recibido como miembro ilustre de la Academia Chilena, y nombrado miembro correspondiente de la Academia Paraguaya.

    IV

Muere el filólogo José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, a los 86 años, en El País, por Manuel Morales, 29 de mayo de 2026:

La etapa en la que estuvo al frente de la Academia se caracterizó por las dificultades económicas debido a los sucesivos recortes en la aportación del Estado a la institución

El filólogo José Manuel Blecua Perdices, exdirector de la Real Academia Española (RAE), ha fallecido este viernes a los 86 años en Madrid, han confirmado en la institución a este periódico. Nacido en Zaragoza, el 21 de junio de 1939, fue elegido director de la RAE en diciembre de 2010, cargo que ocupó entre enero de 2011 y finales de 2014. Fue la suya una época marcada por las dificultades económicas de la Academia debido a los sucesivos recortes en la aportación estatal.

Blecua, que ocupaba la silla h, fue elegido académico el 19 de junio de 2003 y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado Principios del ‘Diccionario de Autoridades' (este fue el primero del español que publicó la RAE, en seis tomos entre 1726 y 1739). Antes de ser director, había sido secretario entre 2007 y 2009. Hombre entrañable, destacaban los que lo conocieron, fue un sabio de la lengua española. En su labor en la Academia destaca como responsable del volumen Fonética y fonología de las dos ediciones de la Nueva gramática de la lengua española, publicadas en 2011 y 2025, informa la RAE en su nota.

José Manuel Blecua era hijo del también filólogo y gramático José Manuel Blecua Teijeiro y hermano mayor del filólogo Alberto Blecua, fallecido en 2020. Conformaban una estirpe de la filología española. Precisamente, con su hermano se aficionó desde niño a la lectura a través de tebeos como El Coyote y a la literatura popular gracias a autores como Kipling. Él decía que su infancia había sido feliz, a pesar de las restricciones de la posguerra civil. En una entrevista en este periódico cuando entró en la RAE, destacaba lo importante que había sido para él tener profesores como Francisco Ynduráin, Rafael Lapesa, Martín de Riquer o su propio padre. “Los maestros marcan mucho el destino de una persona”, decía, quien también era un gran aficionado al fútbol.

Sobre los diccionarios y la incorporación de vocablos, señalaba que tenía “que ser constante, porque lo que innova la lengua es la vida, y la vida innova cada día”. “Si algo no está [en el Diccionario] pero lo utilizan García Márquez y Vargas Llosa, úsenlo sin miedo". Cuando tomó posesión de su silla en la RAE, subrayó que “América era lo más atractivo del español por sus características de tipo social” y reconocía que, en lo referido a la gramática, España había vivido “un poco de espaldas” a los americanos.

En cualquier caso, Blecua era optimista respecto al futuro de la lengua española “por su gran dimensión literaria”. En su mandato, la RAE celebró su tricentenario, pero vivió la cara amarga del descenso de la subvención del Estado a la casa, que pasó de 3,8 millones cuando se hizo cargo de la institución en 2011, a 1,6 millones en su último año, el 2014, una situación que él mismo calificaba de “dramática”. Hay que tener en cuenta que en aquella época el presupuesto de la RAE dependía al 50% del Estado.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue profesor de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma de Barcelona, de la que fue vicerrector y director del Servicio de Publicaciones. Asimismo, fue colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Fuera de España, ejerció como profesor, entre otros centros, en la Ohio State University (1971).

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra Gramática española (1975) y dirigió el Diccionario VOX de sinónimos y antónimos, el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999) y el Diccionario escolar de sinónimos y antónimos (1999). Precisamente, el pasado 20 de mayo la RAE publicó su primer Diccionario de sinónimos y antónimos en sus tres siglos de historia. Además, fue coautor del primer libro de estilo del periódico La Vanguardia (1986) y participó en programas de divulgación lingüística, como Hablando claro, de TVE, entre 1987 y 1992. Fue designado presidente del Comité Ejecutivo de la Comisión del IV centenario del Quijote por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Doctor honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid en 2014, fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española, que se celebró en Sevilla, en 1992, y secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), en Zacatecas (México), en 1997.

Entre sus reconocimientos, destacan la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente, otorgada por la Generalitat de Cataluña (2005), y el Premio de las Letras Aragonesas de 2012. Además, fue galardonado con la Creu de Sant Jordi y con la Medalla de la Universidad de Zaragoza. En 2015 recibió el Premio Efe Cultura, que otorgaba por primera vez la agencia de noticias.

Su labor también fue reconocida por otras academias de la lengua española. En 2014, las academias venezolana y guatemalteca le distinguieron con el título de miembro honorario. Igualmente, fue miembro ilustre de la Academia Chilena y miembro correspondiente de la Paraguaya.

 V

 Blecua. Su cordialidad era inseparable de su amor por las palabras, Luis García Montero, El País, 1 jun 2026:

Los topónimos no son fríos. Era siempre una emoción hablar con José Manuel Blecua de todo lo que cabe en las palabras, seres vivos que se escapan de los diccionarios para respirar entre las personas. Hace ahora dos años, cuando dejó un legado en la Caja de las Letras, recordó su trabajo como director académico del Instituto Cervantes entre 1994 y 1995. Poner en marcha la institución junto a Nicolás Sánchez-Albornoz le hizo comprender que los topónimos no son fríos. Cada vez que escuchaba noticias sobre algún suceso en El Cairo o en Beirut, una sequía, una guerra, los topónimos se llenaban de gente, personas que salían todas las mañanas a la calle, caminaban entre las dificultades de la existencia y decidían, por ejemplo, estudiar o enseñar un idioma. La cordialidad de Blecua era inseparable de su amor por las palabras. A través de ella había aprendido, como lector y filólogo, a respetar el menester y la conversación de los hablantes.

Los apellidos tampoco son fríos. Hablar con Blecua era también estudiar a Lope de Vega con su padre, don José Manuel, o a Garcilaso con su hermano Alberto. El apellido Blecua es un sinónimo de la palabra filología, salta de los libros a la admiración para juntarse con Lázaro Carreter, Ynduráin o Alvar, y luego con Góngora o Juan de Mena, pasando más tarde a la gramática española, la lingüística y la significación de todo tipo de antónimos. Porque si tienen valor los sinónimos, tampoco carecen de importancia los antónimos. Su respeto a la vida de las palabras le llevó a entender la importancia de la diversidad de nuestro idioma y la riqueza del español en América. Desde el Instituto Cervantes abrió el camino que desembocaría poco después en el primer Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas. Allí se comprobó que los topónimos no son fríos y que el amor a la literatura y las palabras es inseparable del respeto a la dignidad los seres humanos.

VI

Fallece el académico zaragozano José Manuel Blecua, exdirector de la RAE, en Aragón Digital, Redacción, 29/may/26:

Durante su etapa al frente de la RAE presidió igualmente la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y el patronato de la Fundación del Español Urgente (Fundéu)

La cultura y la lengua española despiden este viernes a una de sus figuras más reconocidas. El exdirector de la Real Academia Española (RAE) y académico José Manuel Blecua ha fallecido en Madrid a los 86 años, según ha informado la propia institución a través de un comunicado.

Nacido en Zaragoza el 21 de junio de 1939, Blecua desarrolló una larga trayectoria vinculada al estudio y la divulgación de la lengua española. Fue elegido académico de número de la RAE el 19 de junio de 2003 para ocupar la silla H y tomó posesión el 25 de junio de 2006 con el discurso titulado 'Principios del Diccionario de Autoridades'. Además, fue director de la institución entre 2011 y 2014, tras ser elegido para el cargo en diciembre de 2010, y ejerció como secretario de la corporación entre 2007 y 2009.

Doctor en Filología Románica y catedrático de Lengua Española, fue también el responsable del volumen 'Fonética y fonología' de las dos ediciones de la 'Nueva gramática de la lengua española' de 2011 y 2025. Durante su etapa al frente de la RAE presidió igualmente la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) y el patronato de la Fundación del Español Urgente (Fundéu).

TRAYECTORIA ACADÉMICA Y DOCENTE

Blecua impartió clases en la Universidad de Barcelona y en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde desempeñó distintos cargos, entre ellos los de vicerrector, director del Servicio de Publicaciones y fundador y director del primer Seminario de Filología e Informática. En 2011 recibió el reconocimiento de la Associació d'Amics de la UAB en un acto en el que se presentó el libro 'Al otro lado del espejo', publicado en homenaje a sus años de docencia.

También fue profesor en Ohio State University (1971), en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987), en los cursos de verano para extranjeros de la Universidad de Zaragoza en Jaca y colaborador docente, desde 1976, de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Asimismo, fue miembro de la Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona y correspondiente de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras de Cádiz, según ha informado la RAE.

Fue secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española celebrado en Sevilla en 1992 y responsable de la Sección de Lengua y Tecnología. También ejerció como secretario del Comité Académico del I Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en Zacatecas en 1997 bajo el lema 'La lengua española y los medios de comunicación'. Además, fue director académico del Instituto Cervantes entre 1994 y 1995.

Especialista en lexicografía e historiografía lingüística, colaboró con Juan Alcina en la obra 'Gramática española' (1975) y dirigió el 'Diccionario VOX de sinónimos y antónimos', el 'Diccionario general de sinónimos y antónimos' (1999) y el 'Diccionario escolar de sinónimos y antónimos' (1999).

Miembro del Consejo de Asesoramiento Científico de la colección Historiografía de la Lingüística Española y director de la colección Enseñanza Crítica (ed. Crítica), formó parte del Consejo de Redacción de la 'Nueva Revista de Filología Hispánica', de la 'Revista de Lexicografía', del Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo y del Consejo de Dirección de Cuadernos de Filología.

Fue además coautor del primer libro de estilo del periódico barcelonés 'La Vanguardia' (1986) y participó en programas de divulgación lingüística como 'Hablando claro' (TVE, 1987-1992).

RECONOCIMIENTOS Y DISTINCIONES

José Manuel Blecua recibió, entre otros galardones, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio (2015), el Premio Aragón de Investigación (2005) por su labor en los campos de la gramática y la lexicografía, la distinción Jaume Vicens Vives al mérito docente otorgada por el Gobierno de la Generalitat (2005), el Premio Atlántida (2011), la Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza (2011), el Premio de las Letras Aragonesas 2012 y el Premio Heraldo a los Valores Humanos y el Conocimiento (2014).

También fue distinguido con el doctorado honoris causa por la Universidad Carlos III de Madrid y presidió el jurado del primer premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Además, recibió la Creu de Sant Jordi y la Medalla de la Universidad de Zaragoza.

Su trayectoria fue reconocida igualmente por varias academias de la Asale. En 2014, las academias Venezolana y Guatemalteca de la Lengua le concedieron el título de miembro honorario de ambas corporaciones; fue recibido como miembro ilustre de la Academia Chilena y nombrado miembro correspondiente de la Academia Paraguaya.

VII

De Biblioteca Virtual de la Filología Española:

José Manuel Blecua Perdices es un filólogo español, nacido en Zaragoza en 1939 e hijo del también filólogo José Manuel Blecua Teijeiro (1913-2003) y hermano de Alberto Blecua (1941-). Desde muy joven se aficionó a la lectura y tuvo como profesores a humanistas importantes como Francisco Ynduráin (1910-1994) o Idelfonso Manuel Gil (1912-2003). Tras ser profesor de enseñanzas medias, se doctoró en Filología Románica en 1970 con una tesis sobre la Silva de poesía del doctor Eugenio Salazar. Consiguió la agregación –entonces paso obligatorio acceder a una cátedra– de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Barcelona en 1975. En esta Universidad, fue vicerrector y dirigió el Seminario de Filología e Informática. Ha sido profesor invitado de la Ohio State University (1970) y en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México (1986-1987). Ha dirigido el Diccionario general de sinónimos y antónimos, actualización del repertorio de Samuel Gili Gaya (1892-1976), y ha llevado a cabo numerosos trabajos lexicográficos e historiográficos. Asimismo, junto con Juan Alcina Franch (1917-1998), escribió la conocida Gramática española. En 2003 fue elegido miembro de la Real Academia Española y en 2006 tomó posesión con el discurso Principios del Diccionario de Autoridades. Entre el 16 de diciembre de 2010 y el 11 de diciembre de 2014 fue director de la Institución. Fue, además, responsable del volumen Fonética y Fonología de la Nueva gramática de la lengua española (2011).

Obra

Atlas de la literatura española, Jover, Barcelona, 1975.

Lingüística y significación, Salvat, Barcelona, 1973.

Principios del Diccionario de Autoridades. Discurso leído el día 25 de junio de 2006 en su recepción pública por el excelentísimo señor D. José Manuel Blecua y contestación del excelentísimo señor D. José Antonio Pascual, Real Academia Española, Madrid, 2006.

José Manuel Blecua (dir.), Diccionari avançat de sinònims i antònims de la llengua catalana, 7ª ed., Biblograf, Barcelona, 1997.

José Manuel Blecua (dir.), Diccionario general de sinónimos y antónimos, Biblograf, Barcelona, 1999.

José Manuel Blecua, Juan Gutiérrez y Lidia Sala (eds.), Estudios de grafemática en el dominio hispánico, Universidad de Salamanca-Instituto Caro y Cuervo, Salamanca, 1998.

Juan Alcina y José Manuel Blecua, Gramática española, Ariel, Barcelona, 1975.

VIII

Tomás Fernández y Elena Tamaro. «Biografia de José Manuel Blecua» [Internet]. Barcelona, España: Editorial Biografías y Vidas, 2004. Disponible en https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/blecua_jose_manuel.htm [página consultada el 1 de junio de 2026].

(José Manuel Blecua Perdices; Zaragoza, 1939) Filólogo español. Desde su juventud estuvo vinculado al mundo universitario barcelonés; la primera causa de ello fue el hecho de que su padre, el también prestigioso filólogo José Manuel Blecua Teijeiro, ganara las oposiciones en Barcelona, ciudad en la que Blecua, al igual que su hermano Alberto, finalizó sus estudios de filología, que había empezado en Zaragoza y continuado en Madrid.

Al terminar su formación universitaria inició su labor docente, primero en la Universidad de Barcelona y posteriormente, desde septiembre de 1968, como profesor de lengua española en la Universidad Autónoma, donde dirigió el Seminario de Filología e Informática. Fue profesor invitado en la Ohio State University (1971) y en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios del Colegio de México (1986-1987); secretario ejecutivo de la Comisión Científica del Congreso de la Lengua Española (Sevilla, 1992) y director académico del Instituto Cervantes.

Muchos libros y trabajos jalonaron su carrera. Algunos son obras colectivas, diccionarios y estudios de gramática y de otros ámbitos de la filología (trabajos de lexicografía, de historia de las ideas lingüísticas en España, de aplicación de las nuevas tecnologías al estudio de la lengua española y de la situación del español como lengua extranjera), aunque no faltan manuales de uso didáctico y estudios sobre literatura, especialmente sobre literatura medieval. Colaboró con Juan Alcina en la Gramática española (1975), publicó el libro de estilo del periódico barcelonés La Vanguardia (1982), un trabajo pionero en este campo, y dirigió el Diccionario general de sinónimos y antónimos (1999).

El 25 de junio de 2006 ingresó en la Real Academia Española de la Lengua, donde ocuparía el sillón “h”, vacante tras el fallecimiento del también filólogo Emilio Lorenzo. En el curso del solemne acto, Blecua leyó su discurso de ingreso centrado en “arrojar un poco de luz” sobre algunos aspectos teóricos y prácticos de las páginas iniciales del primer diccionario de la institución, el Diccionario de autoridades (1726).

En su discurso, Blecua recordó que la primera vez que entró en el Salón principal de la institución fue el 21 de marzo de 1954, día en que escuchó otro discurso de ingreso, el de quien poco después sería su maestro, Rafael Lapesa. “Desde entonces, los momentos y las horas han ido cavando en mi vivir, a jornal de mi pena y mi cuidado, […] Es verdad que no sólo no he perdido la ilusión juvenil que tenía entonces, sino que además he ganado en el inmenso asombro que me produce encontrarme en este lugar”, dijo emocionado.

Blecua ha manifestado en diversas ocasiones lo importante que es cuidar el uso del idioma, algo que queda bien claro en el epígrafe, tomado de unas palabras del poeta Pedro Salinas, utilizado en uno de sus libros: “Cabe la esperanza de que cuando los hombre hablen mejor, mejor se sentirán en compañía, se entenderán más delicadamente”.

Una visión de la lengua íntimamente relacionada con las intenciones fundamentales del Diccionario de autoridades, acerca del cual Blecua disertó en su discurso de ingreso en la RAE, que son “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que en sus vocablos, en sus modos de hablar, o en su construcción ha introducido la ignorancia, la vana afectación, el descuido, y la demasiada libertad de innovar: será su empleo distinguir los vocablos, frases, o construcciones extranjeras de las propias, las anticuadas de las usadas, las bajas y rústicas de las cortesanas y levantadas, las burlescas de las serias, y finalmente las propias de las figuradas”. Todo un programa.

Tras pronunciar su discurso, introducido por los también académicos de la institución el poeta Francisco Brines y el arquitecto Antonio Fernández Alba, fue respondido por el lexicógrafo y también académico José Antonio Pascual, quien destacó del nuevo académico su perfección y “enorme cuidado” en todas sus tareas.

Pascual subrayó como características fundamentales de la personalidad de Blecua el haberse entregado desde muy joven “en cuerpo y alma” a un trabajo que le apasiona, y cuya especialización no ha sido en absoluto incompatible con la divulgación. Incluso, cabría añadir, tampoco ha sido incompatible con la incorporación, tanto al trabajo de investigación como al docente, de las nuevas tecnologías, y así le fue reconocido por la Generalitat de Catalunya, que en 2005 le concedió el premio Jaume Vicens Vives a la calidad docente universitaria, en reconocimiento a su larga trayectoria profesional, “especialmente como promotor de la renovación en el campo de la filología, teniendo en cuenta la incorporación de las nuevas tecnologías a los estudios de lengua y literatura”.

Blecua, que en 2005 fue presidente de la Comisión Nacional del IV Centenario de El Quijote, con ocasión del cuarto centenario de la publicación de la obra más reconocida de Miguel de Cervantes, reconocería que Don Quijote de la Mancha “puede ser el camino de acceso a los clásicos, uno de los grandes problemas de la enseñanza”. De hecho, la enseñanza y la divulgación, junto a la investigación, han ocupado y ocupan al nuevo académico y guían su actividad como filólogo. “La entrada en la Academia -tal como él mismo declaró- es un honor, es la culminación de una carrera.”

Pero no empezaba en 2006 su relación con la institución. Ya en el año 2002, antes de su nombramiento, inició un trabajo de gran trascendencia para la Real Academia Española. Ignacio Bosque dirigía la elaboración de una gramática descriptiva y moderna, y a Blecua le correspondería dirigir el equipo que preparaba los materiales de fonética y fonología.

Esta nueva gramática permitiría a Blecua cultivar una de sus pasiones: el español que se habla en América. Sobre esta cuestión manifestó al escritor Ignacio Vidal-Folch, en junio de 2006, que “es formidable contemplar de cerca la enorme capacidad que tiene América para mantener, por una parte, una fuerte tradición de elementos que se han perdido en la Península, construcciones gramaticales que piensas que por la extensión que tienen han de ser del siglo XVI, y, por otra parte, su capacidad de innovación: por ejemplo, en la formación de palabras. Esa doble fuerza de América le da un sello especial a la lengua”.

Blecua reconocía que todavía hoy podía maravillarse yendo “a un pueblecito pequeño de Uruguay y encontrar a una persona que tiene unas características fonéticas que nunca habías imaginado”, de lo cual concluía que “hay una riqueza tan grande […] que América quizá sea lo más atractivo que tiene la lengua española”. Y todo esto iba a quedar de manifiesto en la nueva gramática, pues según el filólogo, “este aspecto de incorporar los elementos americanos de una manera sistemática va a hacer que ésta sea realmente revolucionaria”.

 IX

José Manuel Blecua, mucho más que un profesor, por Carme Riera, en La Vanguardia, 29/05/2026 20:49

Ha fallecido en Madrid José Manuel Blecua Perdices. Había superado un ictus y se encontraba mucho mejor y eso nos hacía suponer que pronto volvería a incorporarse a los trabajos de la RAE, a la Comisión de Neologismos, en la que coincidíamos, y al Pleno posterior, en que me sentaba a su lado. Me va a ser muy difícil acostumbrarme a su ausencia. José Manuel Blecua (Zaragoza 1939) filólogo, no era solo un profesor. Era un maestro y un amigo. 

Tal vez porque, al igual que su hermano Alberto, seguía el modelo de su padre, José Manuel Blecua Teijeiro, tan cercano al espíritu de la Institución Libre de Enseñanza y a su manera de transmitir los saberes y educar en valores. En consecuencia, la pedagogía de los Blecua iba mucho más allá de lo que nos enseñaban en clase. Los Blecua nos transmitían una forma de ver el mundo y de estar en él, basada en el respeto, la tolerancia, la amabilidad y la empatía. Una forma humanística y civilizada, que hoy escasea.

Con José Manuel desaparece también, desde mi punto de vista, una manera de acercarse a los textos, de leer los textos explorando todas sus posibilidades, sin prisa y y sin los atropellos que hoy parecen condicionar cualquier lectura. Blecua impartió durante veinticinco años, en la Universitat Autònoma de Barcelona, una asignatura titulada Comentario lingüístico de textos literarios , cuya importancia fue tan grande que sus discípulas, Dolors Poch y Glòria Clavería, le ofrecieron el homenaje de un libro, Al otro lado del espejo , en el que a través de diez miradas distintas se complementaban aspectos tratados en sus cursos.

Los Blecua, aragoneses, aunque afincados en Barcelona durante mucho tiempo, tanto el padre, al que llamábamos Blecua padre e incluso algunos el padre Blecua, como los hijos, fueron primero catedráticos de instituto, antes de hacer oposiciones a cátedras de universidad. José Manuel enseñó en el instituto Menéndez y Pelayo de Barcelona. Sus alumnos eran tan solo unos pocos años menores que él y muchos le recuerdan con afecto. 

Con muchísimo afecto también le recuerdan sus alumnos de la Autònoma de Barcelona, donde ocupó cargos, decano, vicedecano, secretario, vicerrector director de publicaciones y fundador del Laboratorio de Fonética. Ligado al Seminario de Filología e Informática que se convirtió en un centro pionero. En 2003, año en que entra en la Real Academia Española, fue nombrado responsable de la Fonética y Fonología de la Nueva Gramática de la Lengua Española de la Real Academia. En la RAE ocupó los cargos de secretario y de director.

José Manuel deja un vacío enorme no solo en su mujer María Luisa, en sus hijas, Irene y Pete, o en sus nietos sino también en sus amigos. Será duro constatar que no está.

X

José Manuel Blecua Perdices, el español ya te echa de menos, en El Periódico de Aragón, Daniel Monserrat, Zaragoza, 29 MAY 2026:

El filólogo y lingüista defendía desde su optimismo que "las modas afectan a la lengua, pero en muchos aspectos es impermeable y siempre se enriquece"

Si alguien se acercó a la lengua con mimo, cuidado y con la modestia de aprender de ella para tratar de comprender el mundo que habitábamos ese fue José Manuel Blecua Perdices. Un estudioso de la lengua que desde su discreción y su tranquilidad nunca dudó en defender su sincero amor por la lengua... y por su tierra. Lean si no la siguiente definición: "Es una lengua exacta y precisa que cumple su función de comunicación, y que como el español de otras zonas dialectales tiene algunas característica que, en nuestro caso son el acento, el alargamiento de la cantidad vocal al final de las palabras, el horror al esdrújulo (como platano y medico), y un léxico especial como decir luna a un patio; pero sin que ello interfiera en su comprensión por el interlocutor". Así definió el español que hablamos en Aragón cuando en 2012, el Gobierno de Aragón decidió otorgarle el Premio de las letras aragonesas.

Entonces, Blecua Perdices reivindicó a los profesores de Lengua que tuvo en el Instituto Goya que, según explicó, le enseñaron a amar "la belleza de la lengua" y a entender, como él defendía siempre que le invitaban a pronunciar una conferencia, "que el español es un idioma muy vivo" y de esa forma había que acercarse a él. "El dinamismo en la lengua es propio de su función", decía en una entrevista a este diario en 2012, pero alertaba que hay que tener cuidado con las agresiones "que se producen con la simplificación, al eliminar lo imprescindible (en algunos sectores de jóvenes). Quizá algunos descuidos en la enseñanza repercuten en la pobreza estilística y de vocabulario", señalaba. Aun así, Blecua Perdices siempre hacía gala de su optimismo: "Las modas afectan a la lengua, pero en muchos aspectos es impermeable y siempre se enriquece".

Heredero de una pasión

Ese era Blecua, heredero de una tradición familiar de filólogos y consciente de que su verdadera pasión era convivir con la lengua y, sobre todo, enseñarla, de hecho, fue profesor de instituto y de universidad y oírle hablar siempre era como asistir a una de sus clases magistrales. Hace dos años, el Instituto Cervantes decidió abrir uno de los habitáculos de su Caja de las letras a la familia Blecua (su hermano Alberto, fallecido antes que él, también fue un destacado lingüista).

José Manuel Blecua legó en la caja de seguridad toda una declaración de intenciones, un ejemplar de la 'Gramática Española' (1975), un tomo de la 'Nueva gramática de la lengua española' (NGLE), 'Fonética y Fonología' y su discurso de ingreso en la RAE.

"Estoy muy contento, pero creo que es inmerecido", decía el catedrático con gran modestia en uno de sus reconocimiento, ya que al recordarle su trayectoria hacía extensivos sus méritos a los grandes lingüistas que ha dado esta tierra "que además ha creado una gran tradición de directores de la RAE, que comenzó con Miguel Asín y siguió con Pedro Laín, Manuel Alvar y Lázaro Carreter", recordaba. Todos han marcado el camino de Aragón que ahora se queda si uno de sus más ilustres amantes de la lengua, que será la primera que le eche de menos.

jueves, 12 de febrero de 2026

Recuerdo de Tierno Galván

 Cuarenta años sin Tierno Galván, la “cercanía ilustrada”, en El País, Ángeles Caballero, Madrid - 19 ene 2026:

El alcalde más carismático y culto de Madrid falleció el 19 de enero de 1986 convertido en una figura de consenso a izquierda y derecha.

Al día siguiente de la muerte de Enrique Tierno Galván a los 67 años, el lunes 20 de enero de 1986, el diario ABC le dedicaba íntegras la foto- del que fue alcalde de Madrid y el dibujante y escritor Antonio Mingote- y el titular de portada: “Un socialista honrado”. Dentro, además de una galería de fotos, una doble página titulada: “Enrique Tierno, una vida en favor de la libertad”. Se despedía entonces a una figura de consenso, como consenso parece haber cuarenta años después a la hora de homenajearlo. “El alcalde Martínez Almeida se ha portado de maravilla. Me dijo que lo que necesitáramos, y he conseguido que vengan todos”, cuenta satisfecho Juan Barranco, que fue también regidor de Madrid, primer teniente de alcalde con Tierno y una de las tres personas que acompañaron al viejo profesor en la habitación 517 de la Clínica Ruber que lo vio morir.

Las crónicas contaron entonces que más de un millón de personas salieron a la calle para despedirle y que más de 100.000 personas visitaron la capilla ardiente instalada en la Casa de la Villa. La comisión que preparó el entierro tuvo que cambiar de estrategia porque se triplicó el tiempo que habían calculado que duraría el traslado del féretro por el centro de la ciudad. El funeral, celebrado en San Francisco El Grande, fue retransmitido por TVE y su realización corrió a cargo de Pilar Miró, que hizo traer desde un museo de Barcelona una carroza de la que tiraban seis caballos de color negro. Transcurrió de manera pacífica y sin altercados.

“Es la mayor manifestación de duelo que ha vivido Madrid”, cuenta Barranco. “Cuando subí al escenario a decir unas palabras, que pronuncié a duras penas, pude ver a unas monjas y al lado un punki con la cresta morada. Porque no solo ganaba elecciones, también se ganaba a la gente”, añade. Lo define con dos palabras: “Cercanía ilustrada”.

Pilar Fernández trabajaba como abogada y a los 34 años dejó de ejercer para incorporarse “en las listas de Don Enrique” para aspirar al Ayuntamiento de la capital. Porque siempre lo llamó de usted y viceversa. Otros tiempos, otras maneras, otro Madrid. A Fernández le encargaron crear la concejalía de servicios sociales, porque lo que había habido hasta entonces “era beneficencia”. Habla de objetivos como un Madrid más justo, más participativo, “de ciudadanos, no de súbditos”, al que ayudó la Movida, porque fue “lo que acabó de implicar a los ciudadanos”. Y dibuja a un hombre repleto de carisma, de memoria prodigiosa. “Recuerdo que me decía: ‘Me gustaría que esto se resolviera’ o ‘Es interesante que hagamos esto’. Era su manera educada de darnos órdenes. Porque más vale que lo hiciéramos, ya se encargaba de recordárnoslo”, bromea.

“Tierno era tanto de villa como de corte. Tenía el pedigrí del catedrático y al mismo tiempo era muy cercano a la gente. Mezclaba esos modales ecuménicos y los bandos municipales de prosa barroca con las palabras que pronunció delante de tanta gente joven en el concierto del Palacio de los Deportes. Fue el alcalde por antonomasia que ha tenido esta ciudad”, narra Agapito Pageo, miembro de la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid. “Alguien capaz de traducir el ‘Tractatus’ de Wittgenstein y apoyar la Movida madrileña solo puede tener una cabeza de lo más solvente”, afirma el editor literario Joaquín Palau. Al papa Juan Pablo II, durante su visita a España en 1982, lo recibió y lo despidió en latín.

“Nos encontramos con un Madrid asfixiado por la dictadura y la burocracia. Muy desigual, muy por hacer, lleno de chabolas”, explica Barranco. Y se encontraron también con una juventud con una gran vitalidad cultural. “El Ayuntamiento le hizo cómplice de aquello y a eso la gente le llamó La Movida. Sin más”. Parte de las infraestructuras de la ciudad que hoy ven vecinos y vecinas se construyó entonces y se mantiene décadas después. Ifema, el Planetario, Mercamadrid y hasta los patos del Manzanares.

Quedarse solo con el Tierno de aquellas palabras animando a colocarse del concierto del Palacio de los Deportes y la imagen que captó Marisa Flórez del alcalde entregándole un premio a Susana Estrada es reduccionista, aunque salgan en cualquier conversación que hable de él. “El alcalde tenía más miga que las frases mediáticas y el don de la oportunidad para recibir un flashazo en el momento más oportuno”, escribe el periodista Arturo Lezcano en su libro ‘Madrid, 1983’, editado por Libros del KO.

Algunos de los que lo conocieron coinciden al recordar la adoración que le profesaban las monjas. Esas que un día que lo vieron le dijeron: “Don Enrique, sepa que rezamos por usted”. Frase a la que él, agnóstico perdido, respondió con un “hacen bien, que todo cuenta”. Otros recuerdan detalles a lo mejor no tan conocidos, como lo que ocurrió durante la visita de Ronald Reagan en 1985. “No quiso venir al Ayuntamiento a recibir las llaves de oro de la ciudad, como entregábamos a todos los mandatarios, porque decía que Tierno era un marxista. Nos sugirieron que se la lleváramos a la embajada de Estados Unidos, pero Tierno no quiso. “No creo que a los madrileños les produzca congoja”, dijo”, narra Juan Barranco. Tan ácido como barroco.