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jueves, 22 de enero de 2026

Experimentos para desarrollar ratones colorados (es un decir)

 [Transcripción automática corregida por el bloguero del portal de divulgación científica de Youtube "Atraviesa lo desconocido", de Fon Ramos, con el título ¡Es aterrador! Un extraño experimento logra lo impensable, 21 de enero de 2026. El enlace directo aquí]

 Uno de los experimentos recientes más increíbles fue cuando científicos insertaron genes del lenguaje humano en ratones. Los resultados dejaron de piedra a todo el mundo y lo que vimos en ratones dejó a los científicos maravillados y con ganas de saber más.

Hoy hablaremos de este experimento que rompió las barreras de la ciencia y de otros que fueron en la misma dirección con otros animales. Todos los resultados fueron tan increíbles que los científicos no daban crédito a lo que estaba pasando. Os habla Fon Ramos en un nuevo programa de Atraviesa lo desconocido, esperando, por supuesto, que todos estéis lo mejor posible.

Comenzamos. ¿Por qué los animales no hablan como nosotros? El gen NOVA1 

Mira, en el último año se han hecho algunos experimentos curiosos, pero hay uno de ellos que sobresale sobre todo los demás y parte de una pregunta muy intrigante. ¿Cómo es posible que diferencias genéticas mínimas entre humanos y otros mamíferos produzcan capacidades tan extraordinarias como por ejemplo el lenguaje complejo? Es decir, ¿por qué si animales comparten la mayoría de genes con nosotros, puesm, por ejemplo no hablan? Para explorar esta cuestión, científicos de la Universidad Rockefeller se centraron en un solo gen llamado Nova 1. Este gen no construye directamente una parte del cuerpo como un brazo o una pierna. En realidad funciona más bien como un director de orquesta dentro del cerebro. Su trabajo consiste en ayudar a organizar cómo se usan las instrucciones genéticas dentro de las neuronas. 

Para entenderlo de forma sencilla, podemos imaginar que los genes son como recetas de cocina.  Normalmente cada receta sirve para hacer un solo plato, pero Nova 1 lo que hace es reordenar parte de esas recetas, de manera que con una sola receta se puedan crear muchos platos distintos. Esto se hace mediante un proceso llamado splicing alternativo, que básicamente es una forma de editar los mensajes genéticos antes de convertirlos en proteínas. Gracias a este sistema, el cerebro puede fabricar una enorme variedad de proteínas diferentes, lo que lo hace mucho más complejo, flexible y adaptable. Por eso,  muchos científicos consideran a NOVA 1 un regulador maestro, ya que influye directa o indirectamente  en una gran parte de los genes que se usan en el cerebro. Algunos estudios incluso sugieren que puede afectar hasta el 90% de ellos. De hecho, el gen Nova 1 en los seres humanos es un gen muy importante  porque, si no funciona bien, aparecen alteraciones bastante graves. Lo más sorprendente de este gen es que la versión humana es única, tiene un cambio minúsculo en su estructura, solo un aminoácido diferente respecto al de otros animales. Puede parecer algo insignificante, pero en biología estos pequeños cambios pueden tener efectos enormes. Lo realmente interesante aquí es que ni siquiera  nuestros parientes más cercanos, es decir, los neandertales y los denisovanos, que son parientes humanos extintos, ni siquiera ellos tenían esta versión que tenemos nosotros. Es decir, esta versión solo apareció en el homo sapiens y además apareció relativamente tarde en nuestra historia evolutiva. De hecho, antes de este descubrimiento, el gen más famoso relacionado con el lenguaje era FoxP2 y en 2009 también se  probó en ratones y vieron que sus sonidos se habían vuelto más complejos. Sin embargo, también se descubrió que los neandertales ya tenían una versión muy parecida a la nuestra de FoxP2, lo que significa que es importante, pero no explica por sí solo el lenguaje moderno. Y aquí es donde entra el gen Nova 1, es decir, la versión humana parece ser exclusiva de nuestra especie, lo que lo convierte en un candidato muy interesante para explicar algunas de nuestras capacidades mentales únicas. 

El experimento: ratones con un gen del habla humano

El tema es que aquí  cambió todo, ¿no? Cambió todo cuando hace meses usando técnicas modernas de edición genética, pues implantaron genes Nova 1 humanos en ratones. 

Estos ratones nacieron normales, pudieron reproducirse y vivieron con normalidad. La idea no era crear ratones humanos, sino ver qué cambiaba exactamente con ese pequeño ajuste genético. Los resultados fueron sorprendentes, sobre todo en la forma en la que los ratones se comunicaban. Cuando eran crías, los ratones modificados emitían chillidos diferentes a los normales, más agudos y con otra estructura. 

Sus madres era como si no reconocieran esos chilidos como llamadas de auxilio. Como consecuencia, pues muchas madres ignoraron eso. Es decir, no hubo diferencias entre cómo los trataban, pero las crías era como si trataran de comunicar algo de esa forma. Más intrigante aún fue después, porque cuando los ratones crecieron, comenzaron a emitir esos sonidos entre ellos y cada vez eran más complejos y largos, sobre todo en el cortejo. Incluso se vio que en el cortejo esos sonidos parecían cantos muy variados y lo curioso es que pareciera que los ratones se comunicaban en su propio idioma desconocido. Los científicos hicieron más pruebas para observar sus cerebros y confirmaron que sí modificó sus cerebros en la parte relacionada con el habla. Aquí lo curioso que es pues que dada la anatomía de un ratón pues efectivamente no puede hablar como un humano, no que intenten hablar como nosotros efectivamente, pero hablar su propio idioma y tratar de comunicarse en base a la anatomía que tiene un ratón. Los científicos creen que la versión humana de Nova 1 pudo ayudar a que nuestro cerebro se volviera más flexible, más potente y más capaz de aprender durante toda la vida. El lenguaje en este sentido sería solo una parte de un cambio mucho más grande y el hecho de que los neandertales no tuvieran esta versión resulta interesante. Puede que esta diferencia pequeña genética ayudara al homo sapiens a comunicarse mejor, cooperar más y organizar sociedades más complejas, lo que al final pudo marcar la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Yo lo que me pregunto es, ¿qué diablos estaban tratando de decirse esos ratones? Si realmente era diferente de su comunicación habitual, qué se estaban tratando de decir y si los ratones normales respecto a estos ratones decían, "What, ¿qué me estás contando?" 

Ratones con genes de Neandertales y Denisovanos. ¿Qué pasó en este caso?

Y mirad, porque este experimento también recuerda a otro en años anteriores, en el cual científicos usaron la técnica de edición genética, la famosa CRISPR cas9, para introducir genes en ratones procedentes de neandertales y denisovanos. Los resultados, publicados en varios estudios, fueron tan sorprendentes como reveladores. Uno de los genes más interesantes fue GLI3, una variante genética distinta a la de los humanos modernos, pero presente en ambos homínidos extintos. Cuando se probó una versión artificialmente alterada de este gen, los ratones desarrollaron malformaciones. Sin embargo, al introducir la versión auténtica de neandertales y denisovanos, los cambios fueron distintos, y más sutiles. Los ratones mostraron menos vértebras, y una mayor torsión en las costillas y una cabeza más grande, rasgos que recuerdan a las diferencias físicas entre humanos modernos y neandertales. Los científicos concluyeron que este gen en concreto pudo influir en la forma del cuerpo y del cráneo de estos homínidos, y que en su contexto evolutivo probablemente fue más beneficioso que perjudicial.

Pretenden crear en 2026 ratones humanizados

Claro, pero es que en 2026 hay avances también sobre esto. Mirad, porque en 2026 científicos se encontraron con el problema de que insertar genes humanos completos, es decir, eh, muy largos y complejos, resultaba casi imposible con las técnicas que se estaban usando anteriormente. Así que crearon una nueva técnica llamada Tecno, que es un método nuevo en dos pasos que usa la herramienta de edición genética CRISPR. Lo que hace esta técnica es eliminar el gen equivalente del ratón y colocan unas especie de anclas para insertar el gen humano entero con todas sus partes reguladoras. Esto, según el estudio científico, genera ratones humanizados muy fieles a la biología humana. Revelan que esto es necesario para investigar enfermedades genéticas, probar medicamentos de forma mucho más precisa y en el futuro entender mejor diferencias evolutivas únicas de los humanos como el desarrollo del lenguaje o el cerebro. Pero claro, plantea dilemas éticos, ratones humanizados. 

Monos con genes de nuestro cerebro ¿Qué pasó en este caso?

Ahora bien, si os sorprendieron los ratones humanizados, que es algo que se está, ya os digo,  investigando en 2026, fijaos lo que ha pasado anteriormente con monos, porque claro, mucha gente se pregunta, "Vale, esto en ratones, pero ¿y en parientes que sí de verdad son más parecidos a nosotros?" Como por ejemplo los monos. Pues hubo otro experimento anterior y esta vez sí que fue en monos. Y es que los científicos se preguntaban cómo es que el ser humano llegó a ser más inteligente que un mono si los dos parten del mismo ancestro común, como quien dice. 

Para llegar al fondo de esta cuestión, científicos crearon monos transgénicos de la especie Rhesus, una de las más inteligentes y comunes del sur de China, introduciéndoles copias adicionales de un gen del cerebro humano que se cree que pudo desempeñar un papel importante en nuestra evolución cognitiva. El objetivo era observar si este cambio genético podría alterar o mejorar ciertas capacidades mentales de los animales. Entonces, ¿qué ha ocurrido aquí? ¿Qué han hecho los científicos? Pues os lo explico a continuación. 

Pues veréis, los científicos del Instituto de Zoología de Kunming y de la Universidad de Carolina del Norte (Chapel Hill) editaron unos genes específicos llamados MCPH1. Estos genes son los responsables de algunas cosas importantes en los seres humanos, como por ejemplo el tamaño del cerebro o su crecimiento. A partir de eso, lo que hicieron pues fue exponer simplemente pues embriones de monos Rhesus a un virus. Ese virus llevaba evidentemente ese gen. Pues, de los 11 monos con los que probaron ese gen, según como vemos en esta tabla, pues cinco sobrevivieron. Esos cinco llevaban la copia del gen humano dentro de ellos. 

Los  resultados dejaron a todos con la boca abierta. Los científicos chinos no se esperaban lo que sucedió. Veréis, primero, hubo que esperar efectivamente a que los monos pues crecieran, ¿no? Después lo que les hicieron fueron resonancias magnéticas de sus cerebros, pues para ver, eh, principalmente pues cómo habían crecido. Lo que comprobaron y lo que se demostró en este estudio es que había un patrón de crecimiento cerebral idéntico al humano. Crecían más lentamente los cerebros. Esto, bueno, a priori pues parece que no augura nada bueno. Sin embargo, cuando les hicieron pruebas de memoria a los monos, se hizo patente que habían mejorado considerablemente la memoria y además es que estaban superando las pruebas con mucha mayor celeridad que los monos normales. Es decir, volvieron a los monos más inteligentes. Lo más increíble de todo es que volvieron a los monos más inteligentes sin que creciera su cerebro, es decir, con el mismo tamaño cerebral, lo cual es aún más increíble si cabe. Claro, este estudio no gustó nada, obviamente, a la comunidad científica y tampoco me gustó a mí. De hecho, hubo científicos que han protestado, incluso uno de ellos, uno de ellos que colaboró en la investigación llamado Martin Steiner, que es profesor de ciencias de computación de la Universidad de Carolina del Norte, dijo estas palabras: "No creo que sea una buena dirección. Ahora hemos creado este animal que es diferente de lo que se supone que es. Cuando hacemos experimentos, tenemos que tener un buen entendimiento de lo que estamos tratando de aprender, de ayudar a la sociedad y ese no es el caso aquí. Claro, las leyes en China son más suaves para este tipo de experimentos, en concreto con monos, hasta el punto que sobrepasan incluso los límites de la ética. Además es que son pruebas que faltan al respeto al mundo animal, pudiendo provocar trastornos graves a monos. Es decir, estaríamos probando cosas en monos sin saber que podría desencadenar en algo mucho peor para ese animal o esa especie 

Conclusiones, debate y consecuencias en el futuro.

Ciertamente, el mundo está dividido con estos experimentos. Están los que creen que esto podría ayudar en avances a la humanidad y, por otro lado, están los que creen que no debemos de tratar así a los animales. 

Yo creo que se pueden fusionar las dos cosas sin sobrepasar las barreras de la ética. Es decir, podríamos tratar de avanzar en ese sentido sin poner en riesgo la vida o la salud de los animales, cosa que en la mayoría de estudios que hemos visto hoy, pues no se ha cumplido. Sea como sea, estos estudios demuestran el enorme poder de la edición genética para explorar la evolución humana, aunque los propios científicos recuerdan que ningún gen explica por sí solo lo que somos.

¿Qué se espera en 2026? Pues ya lo iremos viendo, pero se ha hablado que científicos chinos planean investigar el gen SRGAP2C, que algunos llaman el interruptor de la humanidad. Este gen habría aparecido hace unos 2 millones de años, cuando el australopitecus evolucionó hacia homo hábilis. Yo me pregunto hasta dónde quieren llegar estos investigadores, si es bueno para conocer el origen, si merece la pena todo esto. ¿Tú qué opinas de todas estas investigaciones? Déjame tu impresión abajo en comentarios y continuamos por ahí. Sed buenos. Hasta la próxima.

domingo, 18 de enero de 2026

El mosquito del metro. Un caso de evolución dirigida o artificial

 ‘Culex molestus’: lo que la especie de mosquito del metro de Londres dice sobre nosotros, en El País, por J. M. Mulet, 15 ene 2026:

Los humanos influyen en la evolución de plantas y animales. Algunas veces de manera activa, otras indirectamente. El caso del mosquito ‘Culex pipiens molestus’ es un buen ejemplo

El hombre es, sin lugar a dudas, la especie viva que más impacto ha tenido en la biodiversidad. La actividad humana está detrás de la extinción de muchas especies. A la vez, la especie humana ha contribuido a alterar el proceso natural de evolución de muchas especies. Desde la invención de la agricultura y la ganadería, la especie humana inició un proceso de selección artificial que ha dado lugar a muchas especies nuevas que no existían en la naturaleza.

Un ejemplo es la selección artificial. Las espigas de gramínea que no se desgranaban al madurar eran más fáciles de cosechar y así creamos el trigo y la cebada. Las cabras más dóciles eran menos propensas a escaparse y se convirtieron en cabras domésticas. Las semillas más grandes daban frutos más abundantes. Y así, generación tras generación, fuimos modelando los organismos que nos dan de comer. El maíz, por ejemplo, no existiría sin nosotros. Su antepasado silvestre, el teosinte, tiene tan poco que ver con una mazorca moderna que no podríamos ni reconocerla. Otro ejemplo sería el perro. A partir de un lobo salvaje hemos creado todas las razas de perro actuales. Ese proceso, muy apartado de la selección natural, ha hecho que se seleccionen algunos rasgos perjudiciales. Los perros de patas cortas son portadores de acondroplasia, una anomalía genética. Y los perros sin hocico, como los bulldog, desarrollan problemas respiratorios.

A veces el hombre influye en la evolución de forma indirecta. A medida que la actividad humana crea ambientes nuevos, algunos organismos pueden encontrar nuevos nichos ecológicos más favorables que su propio ecosistema. Las cucarachas son un insecto tropical que, gracias a las calefacciones de nuestros hogares, han podido colonizar climas fríos. Las ratas han encontrado un ecosistema ideal en nuestras alcantarillas, por no hablar de las gaviotas, que hace tiempo que dejaron de ser un ave pescadora para especializarse en los vertederos.

A veces esto puede ser mucho más sutil. Un ejemplo es el mosquito Culex pipiens, común en muchas zonas templadas del planeta. Una población de ellos se había adaptado a la vida en el metro, donde los abundantes charcos les permitían la reproducción. En superficie, estos mosquitos prefieren alimentarse del néctar de plantas; en cambio, los del metro tenían una dieta hematófaga, nutriéndose de los incautos pasajeros. Gracias al ambiente cerrado y la temperatura estable durante todo el año, la especie del metro había perdido la estacionalidad de sus parientes que habitaban el exterior.

Faltaba comprobar si estas variaciones de comportamiento o aspecto que habían estudiado realmente suponían una nueva especie. Cuando se trató de hibridar la especie del metro con la de la superficie, encontraron una fuerte barrera reproductiva. Los híbridos eran muy escasos y los pocos que nacían eran inviables. El aislamiento reproductivo entre las dos poblaciones había ocasionado un proceso de especiación y ya podía considerarse que eran dos especies diferentes. Solemos tener la imagen de que la evolución biológica es un proceso muy lento que precisa miles de generaciones, pero no siempre es el caso. Aquí hay un ejemplo: en los poco más de 160 años que tiene el metro de Londres, había dado lugar a la formación de una nueva especie de mosquito hematófago, especializada en picar a los usuarios de transporte público. No en broma, esta nueva especie fue bautizada como Culex pipiens molestus. Un proceso similar se ha observado en el metro de Nueva York y en el de Moscú.

Lo más sorprendente fue que cuando siguieron estudiando a la nueva especie, descubrieron que no era homogénea, sino que se dividía en subespecies. Los mosquitos suelen vivir en el túnel y las condiciones microambientales varían (temperatura, humedad, densidad humana); los mosquitos de cada línea de metro evolucionaron por separado, favoreciendo una diversificación genética aún mayor. De esta forma, el mapa del metro de Londres se ha convertido en un experimento evolutivo a gran escala, donde cada línea de metro ha definido a una subespecie diferente a partir de una especie pionera que sigue habitando en el exterior. Lo más probable es que algunas de estas subespecies acaben convertidas en una especie independiente. Sería divertido ver cómo se bautizan. Yo propongo poner el nombre de la parada donde se identifique el primer ejemplar.

El lado más oscuro de esta historia

— La evolución involuntariamente dirigida tiene también consecuencias menos amables. El uso masivo de antibióticos ha dado lugar a bacterias multirresistentes. El uso de plaguicidas ha seleccionado insectos y hierbas resistentes. Y el cambio climático está obligando a muchas especies a cambiar su comportamiento y su hábitat, lo que ocasiona cambios en su genética.

— En Japón, por ejemplo, algunas mariposas han empezado a adelantar su ciclo reproductivo para adaptarse a primaveras más cálidas. En los Alpes, ciertos tipos de flores modifican su tamaño y su color conforme ascienden por la montaña en busca de temperaturas más frescas, y las que no pueden adaptarse están condenadas a extinguirse.

J. M. Mulet es catedrático de Biotecnología.

martes, 13 de enero de 2026

Marc Vidal, qué ocurre, qué hacer y cómo

 [Transcripción de YouTube en este enlace:]

 Marc Vidal, hoy: "Esto es mucho más grande de lo que parece aunque no te lo cuenten", en YouTube.

Índice:

00:00 – El mundo dividido y la ruptura del contrato social

02:50 – Una generación que ya no puede ser calmada

03:51 – Protestas globales: no son casos aislados

05:33 – El contrato social en entredicho

06:23 – El coste de la vida y la asfixia económica

07:10 – La generación estafada: jóvenes sin futuro

09:21 – Desigualdad extrema y el detonante universal

10:49 – Choque generacional y brecha digital

12:09 – Movimientos sin líderes: la nueva forma de protesta

15:04 – Gobiernos desbordados y pérdida de legitimidad

18:41 – El punto de no retorno: un sistema ingobernable

20:15 – ¿Reparar el sistema o construir uno nuevo?


 El mundo dividido y la ruptura del contrato social

Si te preguntas por qué el mundo parece tan dividido últimamente, por qué estallan protestas en casi todos los rincones del planeta, presta atención, no se trata solo de política ni de los inconformistas de siempre. Algunos ya lo llaman una guerra generacional librándose en las calles. Estamos ante un choque fundamentalmente de valores y de realidades que están reconfigurando nuestro futuro y sacudiendo la base misma de la sociedad. Es mucho más grave de lo que te cuentan. ¿Acaso el contrato social, ese acuerdo tácito de confianza entre ciudadanos e instituciones se ha resquebrajado globalmente? ¿Se ha roto definitivamente la relación entre quienes lo contaban y los que escuchábamos? Tras el contenido que hice sobre Irán hace ya un poco más de una semana, cuando empezaban los disturbios, cuando los medios aún no habían hecho ni una sola nota al margen, muchos de vosotros, gente que ha participado en diferentes movilizaciones durante el pasado año, me escribisteis. Os voy a destacar alguno de esos mensajes que me habéis escrito vosotros mismos. Los tengo por aquí. Desde Alemania, un seguidor llamado Alfred decía, "In Berlin, so riots of energy and rent jet headlines only scream extremure analyst puts spotlight wearing", esto, más o menos quiere decir que "En Berlín hubo disturbios por la energía y el alquiler, pero los titulares solo hablaron de radicales. Tu análisis pone el foco donde duele". Desde Perú, Isaías 98, que lo conozco personalmente. Tumbamos un presidente en días y aún así los medios siguen diciendo que hubo solo inestabilidad. No entienden nada. Gracias por llamar esto por su nombre. Desde el Nepal, un joven que conozco también personalmente desde hace ya unos meses, en este caso solo por escrito llamado Ramesh, me decía más o menos, lo traduzco directamente, cuando cayó el gobierno en Nepal, casi nadie miró, pero fue la calle la que decidió gracias por no ignorar a los países incómodos. Desde Sofía, otro de vosotros, llamado Crirypton, ese es su apodo, me decía que en Bulgaria protestamos contra élites corruptas y presupuestos absurdos. Desde fuera parecía solo ruido. Gracias a tu canal explicaste por qué no lo fue.

Desde Marruecos, Ibrahim, un amigo que conozco de mis viajes al desierto de Taraclat, me escribía por WhatsApp ayer mismo que allí los jóvenes en Marruecos salieron sabiendo que habría represión, que los medios callaban por todas partes, pero que el silencio de los medios europeos también es violencia.

Desde Cuba, Yanina también me confesaba que en Cuba no hay riots, manifestaciones masivas, pero hay algo real. Se rompió el miedo. Necesitamos que tus seguidores, vosotros y los de todos los que hacemos contenidos similares, expliquen a Europa o donde sea lo que está pasando allí. Hay muchos más. Estos son los que llegaron directamente, no por comentarios, sino porque o son de personas que conozco o bien tienen mi correo personal, el que el que yo leo directamente. Todo

 Una generación que ya no puede ser calmada desembocan lo mismo. Son gente muy joven. Son  generaciones que consideran que las generaciones anteriores se las calmaba con promesas de prosperidad futura, pero que a esta generación, la más joven, ya no puedes calmarla con algo que nunca tuvo. Por eso el mundo está explotando. Quédate porque voy a profundizar mucho más que en vídeos anteriores, en contenidos anteriores, en cómo una crisis económica asfixiante, una revolución digital que amplifica cada indignación y una brecha generacional sin precedentes están convergiendo para poner en jaque la estabilidad planetaria y el contrato social que nos ha mantenido cohesionados hasta ahora probablemente ya no funciona. Y por cierto, si quieres acceder al informe escrito y detallado a lo largo de más de 60 páginas que van a complementar este trabajo en los próximos días que estamos preparando para que te lo puedas leer en detalle, para que puedas participar, hazte miembro del canal que mi equipo te lo va a agradecer y yo también. Lo dicho, no te vayas que lo de hoy también te interesa.

Protestas globales: no son casos aislados 

Mira a tu alrededor. Las calles arden en protestas multitudinarias. A primera vista, cada estallido parece tener causas locales, una subida del precio del transporte aquí, una reforma política allá, pero todos comparten un trasfondo común. Millones de personas, sobre todo muy jóvenes, expresan una frustración profunda con el sistema actual. Ya no estamos ante caos aislados, es un fenómeno global sincronizado. Un análisis del propio Bloomberg Economics contabilizaba 53 protestas masivas con más de 10,000 participantes, que es como se les considera en 33 países durante el año pasado, la cifra anual más alta desde que se tienen registros. Estas movilizaciones llegaron a derrocar gobiernos en lugares tan distintos como Nepal, Madagascar, Bulgaria y sacuden incluso democracias avanzadas. Los entrevistados alrededor del mundo sobre estos temas, desde jóvenes en Ciudad de México hasta activistas en Yakarta, revelaban avances compartidos, ira por la creciente desigualdad, precariedad laboral, corrupción y, sobre todo, una duda amarga de que vayan a alcanzar el nivel de vida que tuvieron sus padres.

La desconfianza hacia las instituciones es generalizada y más intensa de lo que creemos los que somos más mayores entre las nuevas generaciones. En encuestas globales, más de la mitad de la población dice que su país está más polarizado que antes y casi todos culpan a un liderazgo fallido, a desigualdades y a una tibia desinformación que genera esa fractura. Y cuando digo desinformación es en todos los sentidos.

El contrato social en entredicho

En otras palabras, el viejo contrato social, ese acuerdo implícito por el cual los ciudadanos aceptamos obedecer las leyes y autoridades a cambio de bienestar, seguridad y oportunidades, están entredicho en todas partes. Cuando tanta gente siente que los gobiernos ya no cumplen su parte, la consecuencia es este rugido global de indignación. No te lo van a explicar en los medios de forma global y comparada, no te van a dejar pequeños detalles, pero está pasando. Para entender esa tormenta perfecta de descontento, hay que mirar qué está fallando. La economía cotidiana de la gente, la confianza en un futuro mejor y la manera en que la tecnología conecta y enciende estos ánimos. Es decir, ver como lo invisible, las frustraciones económicas, lo digital, las redes y la información y lo generacional se entrelazan en esta crisis de alcance planetario. 

El coste de la vida y la asfixia económica

Una gran parte de esta historia está escrita en las hojas de cálculo de la economía doméstica. Hablemos claro, el costo de la vida se ha disparado en los últimos años a niveles que no veíamos desde hacía bastantes décadas. Los más mayores nos acordamos de niños de aquellas inflaciones galopantes que teníamos eh por aquel entonces. La inflación ahora golpeó de nuevo con dos dígitos en muchos países tras la pandemia, con precios de energía y alimentos por las nubes, mientras los salarios se estancaban, por no hablar del truco a la hora de medir el IPC en algunos países, la inflación en otros, cuando no es real. Cuando para la mayoría llegar a fin de mes se vuelve en una hazaña, la promesa básica del contrato social trabajar duro y prosperarás suena a una burla. No es casualidad que tantas protestas hayan estallado bajo la consigna de no podemos pagar más, pero hay un matiz crucial. 

La generación estafada: jóvenes sin futuro

El impacto generacional de esta crisis económica es clave. Las generaciones más jóvenes, los millennials, los que tienen unos 30 y algo y la generación Z, los Zumers, los veinteañeros, sienten que se les ha tocado un futuro muy precario, mucho más que el de sus padres. Y es una percepción válida. Vamos a ver los datos. En muchos países occidentales, la generación boom, los boomers, acumulan la mayor parte de la riqueza privada. En Estados Unidos, donde tenemos algunos datos, los baby boomers concentran más del 50% de la riqueza del país, mientras los millennials apenas poseen un 5%. A la edad en que sus padres ya compraban casa y coche, muchos jóvenes de hoy encadenan alquileres imposibles si es que han podido irse de casa para pagar algo y que además tienen empleos temporales sin estabilidad. La tasa de desempleo juvenil en promedio mundial triplica al de los adultos y tener trabajo ya no elimina la ansiedad. Dos tercios de los jóvenes en el mundo sienten ansiedad por su situación laboral. Incluso muchos de los que están empleados están en la economía informal o en puestos de que está muy por debajo de su formación. Y todo esto ha creado una sensación generacional de estafa. Es la generación estafada.

Los jóvenes ven a sus mayores disfrutar pensiones, empleos, disfrutar. Ya me entendéis, empleos estables, vivienda propia, mientras que a ellos les tocan contratos basura, deudas estudiantiles en los países en los que eso se rige, alquileres estratosféricos, por ejemplo, en Europa. Se habla del primer grupo de jóvenes en mucho tiempo que podría vivir peor que sus padres. Eso ya no es una frase hecha, eso es una realidad. Esa ansiedad económica generacional es pólvora, pólvora pura. En redes sociales se ha vuelto viral un eslogan, el okay boomeres una expresión sarcástica de los jóvenes hacia las actitudes de la generación boomer, los de los años nacidos en los 50 y pico, 60 y pico, encapsulando el hartazgo con frases del tipo "Si te esfuerzas lo conseguirás", que ya suenan vacías. Memes y hashtags sobre la generación de la precariedad, es decir, la generation rent antiwork, unen a jóvenes desde Los Ángeles hasta Lagos en una queja común. El sistema está roto y no me ofrecéis un futuro digno. 

Desigualdad extrema y el detonante universal 

Y atención, porque la desigualdad económica general actúa aquí como detonante universal. Aunque las situaciones varíen por país, en casi todos lados la brecha entre ricos y pobres se ha ido ensanchando en los últimos años. La pandemia amplificó esa brecha de forma, yo diría que escandalosa. El 1% más rico acaparó 2 tercios de la nueva riqueza global generada desde 2020, unos 26 billones dólares hasta 2021. Mientras tanto, por primera vez en 25 años creció la pobreza extrema a nivel mundial. Dicho de otro modo, los multimillonarios, los muy muy multimillonarios vieron duplicar sus fortunas en plena crisis a razón de 2,700 millones más cada día, incluso después de leves caídas de los mercados en el 22, mientras cientos de millones de personas comunes luchaban por mantener un plato en la mesa. Es difícil exagerar el resentimiento que generan cifras así, ¿verdad? Cuando la gente ve que el sistema premia al 1% a costa del 99%, la credibilidad de esas instituciones y la promesa de movilidad social se vienen abajo. No importa si el reclamo concreto de una protesta es el precio del metro en Chile o la condonación de deudas estudiantiles, por ejemplo, en Estados Unidos. Subyace la sensación compartida de injusticia económica y esa indignación encuentra un eco y una amplificación inmediata en internet, que es lo que ha cambiado, y eso alimenta a las protestas en cadena. 

Choque generacional y brecha digital

El choque generacional no es solo económico, es también un desencuentro de valores y visiones del mundo y se amplifica por una brecha digital. Las generaciones difieren en lo que esperan de la sociedad y en cómo se informan y organizan. Y estaría bien escuchar los más los que somos más mayores. A mí me encanta escuchar sus inquietudes. A veces no las comparto, pero intento entenderlas. Porque aquí la tecnología juega en papel de doble filo. Une a los afines, pero separa las generaciones en burbujas informativas. Los jóvenes de la generación Z se han criado en la era de las redes sociales con un océano infinito de información al alcance del móvil. Consumen noticias por feits de Instagram, TikTok, Twitter, en vídeos en YouTube donde la inmediatez y lo visual dominan. Entrre tanto, muchos mayores aún  confían en la televisión tradicional o la prensa escrita para informarse. El resultado, dos realidades paralelas. Un mismo suceso puede ser interpretado radicalmente distinto dependiendo de en qué plataforma te has estado informando. Los que estáis viendo este vídeo, obviamente, no entráis en el patrón de esos que están enfrentados con los que se informan en un ámbito digital. Las cámaras de ecoalimentadas por algoritmos significan que cada grupo recibe confirmación constante de sus propias creencias y enfados. Me dedico a eso. Sé que la tecnología ha sido una arma al servicio de la movilización positiva. 

Movimientos sin líderes: la nueva forma de protesta

Las mismas herramientas digitales que pueden separar están ahora dando poder organizativo sin  precedentes a los ciudadanos, especialmente a los jóvenes. Plataformas como Telegram, WhatsApp o Discord permiten coordinar protestas de forma descentralizada y casi instantánea. Es lo que ha pasado en estos últimos días en Irán. Un ejemplo impresionante fueron las protestas en Hong Kong en 2019, donde manifestantes, muchos eran muy jóvenes, usaban chats cifrados y foros en línea para planificar  movimientos casi a tiempo real, escapando de la censura en aquel momento China y sin necesidad de líderes visibles. Y esa táctica sin cabeza dificultó enormemente la respuesta gubernamental. Eso es lo que no han entendido algunos todavía. Lo vimos también en la llamada primavera árabe ya en el 2011 y en movilizaciones más recientes en Tailandia, en Bielorrusia, compartiendo consejos tácticos tomado todo ello de movimientos en otros continentes, adaptándolos a su realidad local. Hoy un solo tweet, un vídeo viral, puede cruzar fronteras y encender chispas solidarias al otro lado del globo. Por ejemplo, las protestas juveniles en Nepal, que os decía hace un momento, que me escribieron desde ahí, que tumbaron a su gobierno hace unos meses, inspiraron a jóvenes en Perú que al ver esas noticias en redes las tomaron como modelo a seguir. Del mismo modo, manifestantes de América, Hispanoamérica, replican lemas del Black Life Matters, por ejemplo, de Estados Unidos y activistas europeos han aprendido de la resistencia creativa de los estudiantes en Hong Kong. Se está forjando una red mundial de solidaridad juvenil y algunos no lo ven. Hashtags compartidos, desafíos virales con causa, donaciones colectivas para movimientos en otros países. Todo eso crea una conciencia de lucha global inédita. Nunca había sido así y algunos lo están obviando. Un joven desempleado en Túnez puede sentir que tiene más en común con un milenial endeudado en Estados Unidos que con sus propios gobernantes locales. Por supuesto que esa hiperconexión también tiene su lado oscuro en las protestas. La información se convierte en arma. Las mismas redes propagan indignación legítima y campañas de manipulación. Gobiernos autoritarios y actores malintencionados han utilizado bots y utilizan noticias falsas para dividir a esos movimientos o para justificar la represión. Hay un ejemplo muy claro. Fueron las oleadas de desinformación detectadas en torno a las protestas en Chile en 2019, cuando desde cuentas falsas difundían caos exagerado, atribuían falsamente la violencia a los manifestantes, buscaban restarles apoyo.

La opinión pública hoy es muy volátil y es muy reactiva, mucho más que antes. Un trending topic incendiario puede provocar que en cuestión de días un gobierno enfrente manifestaciones multitudinarias. pidiendo dimisiones de todos ellos. No lo vieron venir. 

Gobiernos desbordados y pérdida de legitimidad 

Todas esas fuerzas económicas, tecnológicas, generacionales están están reblandeciendo los cimientos del poder tradicional. Los gobiernos, tanto democráticos como autoritarios, se encuentran en terreno movedizo, lidiando con desafíos que no saben cómo controlar. Las estructuras clásicas de autoridad están siendo cuestionadas abierta y simultáneamente en muchas partes del mundo. En el mundo vemos un declive notable de la confianza en partidos políticos, parlamentos y medios convencionales. Eso en países democráticos. La polarización política se ha disparado. Amplios sectores de la ciudadanía, por ejemplo, a menudo alineados por generación, sienten que el sistema ya no les representa y por eso surgen candidaturas antisistema y de todo tipo que capitalizan ese desencanto y prometen derribar el estatus quo o en el caso de los más jóvenes, movimientos que rehuyen de los canales formales y prefieren la acción directa en la calle.

Algunos se preguntan, ¿por qué crecen unos y ya no crecen otros? Deberían de revisar estos motivos. Si la mayoría piensa que el mañana será peor, incluso antes de llegar, ¿cómo no van a proliferar las protestas de los Ya basta? Muchos líderes democráticos lucen ahora mismo paralizados. Cualquier decisión difícil es recibida con ira por algún segmento ciudadano movilizado en redes.

Se gobierna a golpe de crisis viral, apagando fuegos constantes, lo que obviamente erosiona la capacidad de trazar reformas a largo plazo, que seguramente es lo que se necesita. Son muy cobardes. La  legitimidad de las instituciones, que son muy cobardes, pende un hilo, sujeta al trending topic del día. En los regímenes autoritarios, la cosa tampoco pinta muy fácil. Antes los dictadores y autócratas confiaban en el control férreo de la información para sofocar el disenso. Pero en la era de internet, incluso con censura, las grietas informativas existen en Irán. han hecho un blackout de internet informativo, pero tienen Starlink para conectarse. Ejemplo, también en China en 2022, las protestas inusuales allí contra su política de cero COVID, que es el que lo que se planteó después de que vídeos de un incendio mortal atribuido al confinamiento circular por redes, pese la censura, fue un chispazo de indignación popular que el Estado no supo anticipar. Lo pararon, sí, pero se las vieron. Y en Irán de nuevo lo que está pasando ahora mismo, las protestas de estos días. Allí están lideradas en gran parte por jóvenes y mujeres desafiando décadas de miedo. Y aunque el régimen reaccionó con dureza, está reaccionando con muchísima dureza, está matando a su gente, ha quedado evidente que hay una generación que ya no se calla a pesar del riesgo. Manifestarse allí es jugarse la vida. Incluso en lugares como Rusia, el estado se enfrenta a fugas de narrativa. Jóvenes bloggers con millones de seguidores cuestionan la versión oficial sobre la guerra en Ucrania y obligan al Krelmin a jugar a la represión. Y eso muestra que el monopolio de la verdad se ha roto.

Esta es la clave. Ningún gobierno puede controlar totalmente el relato cuando cada ciudadano con su teléfono móvil es potencialmente un medio de comunicación.

Y ahora me dirán de todo, pero se convierten en eso, por lo menos de emisión a tiempo real. Otro factor es la ausencia de líderes claros en muchas de esas protestas y eso confunde a las élites. Movimientos como Occupy Wall Street en 2011 o los chalecos amarillos en Francia en el 2018 fueron intencionalmente horizontales, sin cabezas visibles con quienes negociar. Esa tendencia continúa. Muchas de las protestas actuales son espontáneas o coordinadas en red sin un comité central. Para los gobiernos esto es una pesadilla. 

El punto de no retorno: un sistema ingobernable

¿Cómo desactivar un movimiento que no tiene un líder a quien convencer, a quién encarcelar, a quién comprar? La respuesta típica ha sido la represión, la criminalización y por eso a menudo echa más leña al fuego, sobre todo cuando las imágenes de abusos policiales circulan libremente, indignando más a ese grupo descentralizado. La imprevisibilidad es la nueva norma. Un suceso menor puede escalar a crisis nacional en días. Ya te lo decía. En Túnez 2010, un gesto desesperado de un joven vendedor ambulante prendiéndose fuego detonó en la primavera árabe entera. Y hoy cualquier injusticia filmada, desde una agresión policial hasta un comentario racista viralizado, puede ser catalizador de protestas multitudinarias antes de que las autoridades puedan reaccionar. Y en medio de todo eso, los algoritmos, los algoritmos de redes sociales que actúan como aceleradores impredecibles, amplifican contenidos emocionales, a veces polarizantes, dan voz a quienes antes no la tenían, pero también elevan la temperatura del debate público al punto de bullición. Los gobiernos se ven desbordados, intentan contrarrestar narrativas con comunicados oficiales que que ya nadie lee o contratando ejércitos de community managers. para peleas que no pueden ganar en la opinión pública digital porque la conversación es demasiado descentralizada y demasiado caótica. Su sistema, su modelo, no funciona y se están dando cuenta. 

¿Reparar el sistema o construir uno nuevo?

Nos encontramos en un momento bisagra de la historia, un punto en el que debemos preguntarnos algo. ¿Es posible enmendar un contrato social hecho trizas o tendremos que forjar uno completamente nuevo desde cero? La respuesta va a depender de si somos capaces de tender puentes entre esas brechas que os he descrito hoy, en lugar de cabarlas aún más profundas. 

También es posible que estemos entrando en una era de fragmentación mayor donde ese viejo contrato social se reemplaza por mosaicos más pequeños de lealtad. Yo creo más esto. Hay quien especula incluso que podríamos ver una desagregación del Estado nación tal y como lo conocemos. personas que ya no confían en gobiernos centrales y en su lugar se unen a comunidades más ágiles, incluso aunque sean virtuales. Pensemos en grupos que forman micronaciones digitales, en comunidades, por ejemplo, cripto, que operan con sus propias reglas financieras al margen de bancos centrales o en las DAO, que son organizaciones autónomas descentralizadas, donde decisiones son tomadas por miles de usuarios globales mediante blockchain sin jefes permanentes. Suena a ciencia ficción, pero ya existen proyectos piloto de ciudades autónomas, economías basadas en criptomonedas y colectivos online con más cohesión interna que muchas sociedades físicas. Si las instituciones tradicionales no logran adaptarse a esto, muchos ciudadanos, especialmente los más jóvenes, los más cosmopolitas, podrían optar por salirse del sistema, al menos mentalmente, e invertir todas sus energías en estos nuevos espacios paralelos. Si eso plantearía un escenario totalmente nuevo de inestabilidad para los estados, pero quizá al final forzaría a repensar desde cero cómo definimos el concepto de ciudadanía, de gobierno y de comunidad en el siglo XXI. Por eso, llegados a este punto, sería interesante preguntarse si estamos ante una simple época turbulenta más o se trata de algo más definitivo. Recordemos La Primavera de los Pueblos, cuando oleadas revolucionarias sacudieron a Europa. Era 1848 y tuvo lugar una ola revolucionaria donde los pueblos de distintos países, sin internet ni redes sociales, se levantaron casi a la vez pidiendo libertades y mejores condiciones de vida. Aquello también fue un síntoma de contratos sociales obsoletos. Hoy hay ciertas similitudes que saltan a la vista, pero el claro es más global, más complejo. Estamos en esa zona gris intentando navegar entre el mundo que se desvanece y el que empuja por nacer. Me encanta ser testigo del nacimiento de un nuevo mundo. Sin embargo, la Historia nos enseña que de las grandes crisis nacen grandes transformaciones. Dejadme pensar así. Podemos imaginar un futuro donde tras este periodo de convulsión la sociedad haya reajustado su contrato sobre nuevos fundamentos. Quizá una relación renovada entre gobernantes y gobernados basada en más participación directa y transparencia radical, quizá economías más solidarias que no dejen a generaciones enteras atrás. Quizá una cultura digital donde prevalezca la colaboración global sobre la confrontación tribal.

Sé que suena utópico. ¿Qué pasa? Las utopías de ayer a veces son la realidad del mañana. La pregunta no es solo si el contrato social está roto, sino qué vamos a construir en su lugar. Estamos metafóricamente como una colmena que ha perdido a su reina. Las abejas zumban caóticas por un tiempo, pero luego tienen que unirse todas ellas para crear una nueva líder o la colmena perecerá. Del mismo modo, nuestras sociedades deberán encontrar un nuevo eje de consenso y un nuevo propósito compartido. Puede que tengamos que reinventar nuestras instituciones desde las cenizas. ¿Qué pasa? Igual sí. No sería fácil, pero la capacidad humana para adaptarse y crear es poderosa. A los que nos gusta la historia lo sabemos. La clave estará en nuestra participación activa, en entender que todos somos parte del problema y también de la solución. Si algo nos demuestra esta oleada global de protestas, incluida las de Irán, es que la gente sí quiere ser escuchada y sí quiere formar parte del cambio. Aprovechemos esa energía no solo para protestar, sino para proponer, porque el futuro va a depender de nuestra habilidad para imaginar nuevas formas de convivencia y que las podamos hacer realidad. Cada uno de nosotros, joven o viejo, tiene en sus manos un pedacito de esa reconstrucción.

El contrato social era el pegamento invisible que mantenía unida la porcelana de nuestra sociedad. Y ahora ese jarrón se ha hecho añicos, te lo expliquen o no en la tele. Podemos dejar que los pedazos se dispersen y cortarnos con ellos o armarnos de valor para recomponerlo, pero dándole una nueva forma mucho más resistente. 

Está en nuestras manos, amigos, decidir si de esta fractura global emerge un mosaico caótico o un nuevo pacto más justo y fuerte. Porque pase lo que pase en las calles de Teherán nos afecta.

Podemos señalar a los que callan, a los que no. Lo que pasa en las calles de cualquier otra parte del  mundo nos afecta. Es curioso el silencio de algunos, algunas, por los que callan y por los que no. Ver todo esto como un campo de debate ideológico desde una perspectiva antigua de derecha, izquierda, arriba o abajo, adelante o atrás es un error. Esto no es ideológico. Por lo menos no solo. Estamos hablando de una falta de legitimidad creciente de quienes nos gobiernan en cualquier lugar del mundo.

Da igual el lugar, da igual si son dictaduras, teocracias o sistemas diversos, da igual. La cuestión es que algo se ha roto y volverlo a recomponer como estaba antes ya es imposible. Y el tiempo dirá, ¿hasta qué punto estamos creando un nuevo mundo o simplemente vamos a retocar estéticamente el que se hizo añicos? No podemos participar físicamente en las batallas que se libran en tantos lugares del mundo.

Obviamente no podemos ir, pero sí podemos analizarlas correctamente.

No son un titular, no son un resumen, no es un fragmento de un informativo. Son procesos complejos que están definiendo el mundo de nuestros hijos. Es momento de explicarlo, de contarlo y de denunciarlo. Es momento de participar en la medida de lo posible. Es momento de apagar la televisión porque solo te va a contar lo que pasa cuando interese contar lo que pasa. No antes y no después. La historia no está escrita. La pluma la sostenemos nosotros con nuestras acciones colectivas.

Plataformas como esta, conocimiento, con empatía y con determinación podemos transformar la crisis, la que vive el mundo en oportunidad y forjar ese futuro compartido que hoy parece tan incierto. Seguimos.

lunes, 12 de enero de 2026

Entrevista al filósofo de 102 años Edgar Morin

 Las reflexiones del filósofo Edgar Morin a sus 104 años: "La sociedad es cada vez más sumisa, debemos pasar a la resistencia", en El Mundo, por Gonzalo Suárez, 8 enero 2026:

El icónico pensador francés hace balance de su más de un siglo de vida en 'Lecciones de la historia', donde condensa en 16 breves lecciones todo aquello que podemos, y debemos, aprender de nuestro pasado. "El día a día domina la vida cotidiana. Olvidamos que vivimos dentro de una historia"

El 8 de julio de 1921, la Comisión de Reparaciones Aliadas decretó que Alemania había incumplido los pagos acordados en el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial. A 8.000 kilómetros de allí, Mongolia declaró su independencia de China con la ayuda de tropas soviéticas. Y algo más cerca de casa, el general Manuel Fernández Silvestre extendió tanto las tropas en el Rif que acabó provocando el Desastre de Annual, que costó 11.500 muertos al Ejército español.

Ese mismo día, que suena casi a prehistoria, un bebé llamado Edgar Nahoum llegaba al mundo en París, en el seno de una familia de judíos sefardíes emigrados de Tesalónica. Pero no fue hasta dos décadas después, al alistarse en la Resistencia antinazi y participar en la Liberación de París, cuando el joven Edgar adoptaría el seudónimo con el que pasaría a la historia como uno de los grandes pensadores de su tiempo. "Mi militancia en la Segunda Guerra Mundial fue uno de los tres hechos que marcaron mi pensamiento, junto con la Guerra Civil española y la desestalinización emprendida por Jruschov", asegura Edgar Morin en una entrevista por correo electrónico, pues una indisposición le forzó a anular la cita acordada.

No es exagerado decir que el pope del 'pensamiento complejo' es el último gran intelectual del siglo XX. Sólo él vivió en primera persona la barbarie nazi que lo arrasó todo. Más tarde se convertiría en un comunista convencido, aunque fuera purgado en 1951 por su afán librepensador. También fue una figura clave en el Mayo del 68, que le pilló como profesor en la Universidad de Nanterre, desde donde narró en directo las revueltas en clarividentes textos en Le Monde.

Hoy, a sus 104 años, Edgar Morin sigue siendo un titán de las ideas que no deja de reflexionar, divulgar y editar libros. El último es Lecciones de la historia. ¿Podemos aprender de nuestro pasado? (Taurus). En este ensayo condensa lo aprendido en su vida en 16 breves lecciones de apenas dos o tres páginas. Dice que su esperanza es animar a las generaciones actuales, cegadas por el fulgor de lo inmediato, a que adopten una mirada más amplia: "El día a día domina la política y la vida cotidiana. Vivimos desarraigados del pasado y privados del futuro. Olvidamos que vivimos dentro de una historia".

"Las condiciones históricas son distintas hoy a las de los años 30, pero los peligros y las cegueras de ambos períodos son de la misma naturaleza"

PREGUNTA. ¿Es esa la principal lección de su libro? Porque el momento actual, con su aluvión de acontecimientos históricos, no invita a mirar las cosas con perspectiva...

RESPUESTA. Las perspectivas de futuro son muy inquietantes, sí, pero la experiencia me ha mostrado algo importante: que lo improbable puede llegar a suceder.

P. ¿Le recuerda la situación actual a su infancia y adolescencia en los años 20 y 30?

R. Las condiciones históricas son distintas, pero los peligros y las cegueras de ambos períodos son de la misma naturaleza. Hubo un tiempo no tan lejano en que todavía se podía imaginar un cambio de rumbo, pero parece que ahora ya es demasiado tarde. Ciertamente, lo improbable y, sobre todo, lo imprevisto pueden suceder. No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, con o sin desesperanza, pasar a la Resistencia.

Esta alusión a la Resistencia no parece casual. De ahí que rebobinemos a la infancia parisina que tanto marcó a nuestro protagonista. El pequeño Edgar se crió en los felices años 20, pero la tragedia pronto sacudió su vida. Su madre, Luna Beressi, enferma del corazón, falleció cuando él sólo tenía 10 años y se refugió en el cine, la lectura, el ciclismo y la aviación para sobrellevar la pérdida. En concreto, se enfrascó en Dostoievski, cuya lectura no sólo le sirvió de bálsamo, sino que le instruyó sobre el alma humana y marcó su pensamiento. "La muerte de mi madre ha sido el hecho principal de mi vida", declaró a Le Monde.

Cinco años después, Morin ya dio muestras de su compromiso político. Apenas alcanzada la mayoría de edad, le conmocionó la Guerra Civil y se afilió a organizaciones de apoyo al bando republicano. Al mismo tiempo se las arregló para ingresar en la Sorbona parisina y, tras el éxodo por la invasión nazi, se licenció en Derecho, Historia y Geografía en la Universidad de Toulouse sin dejar de colaborar con la Resistencia. Tan brillante era su currículum que ni siquiera necesitó un doctorado para obtener un puesto en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), la institución de investigación científica más prestigiosa de Francia, casa de 12 Premios Nobel y 10 Medallas Fields de Matemáticas.

Tras casarse con Violette Chapellaubeau, la primera de sus cuatro esposas, Morin emprendió un estudio multidisciplinar de un pueblo de la Bretaña, uno de los primeros ensayos etnológicos de la sociedad francesa contemporánea. También se interesó por prácticas culturales que desdeñaban los intelectuales de su época, lo que le llevó a recorrer América Latina. Defender los derechos de la población indígena se convirtió en otra de las pasiones de su vida.

De todas estas experiencias, Morin extrajo una de sus grandes aportaciones al pensamiento del siglo XX: la idea de policrisis, que acuñó en 1993, décadas antes de que miles de analistas como Adam Tooze se la apropiaran sin citarle. Según él, una policrisis no es sólo una acumulación de crisis sociales, políticas, económicas o ambientales: la clave es cómo interactúan entre ellas. De hecho, resolver un problema de forma aislada puede empeorar el resto de formas impredecibles. Por ello, Morin siempre propone un enfoque global que incorpore la complejidad de las interacciones antes de actuar.

"Conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya anciano, intento nutrirme de la experiencia"

PREGUNTA. ¿Cómo interpreta la ‘policrisis’ actual: el cambio climático, la aceleración tecnológica, la fragmentación geopolítica, el cansancio democrático...? ¿Se trata de una ‘policrisis’ que abrirá una nueva era histórica? ¿O sólo es la repetición de viejos patrones que consideramos únicos por nuestro egocentrismo histórico?

RESPUESTA. Es una crisis de la humanidad globalizada, con innumerables entrelazamientos, y cuyo desenlace es incierto.

Su otra gran idea es el "pensamiento complejo", un método que busca comprender los fenómenos en su totalidad y al que dedicó la gran obra de su vida: El método, un oceánico tratado de seis volúmenes publicados entre 1977 y 2004. Su idea clave es que la realidad es un tejido de relaciones y, para comprenderla, hay que mirar al conjunto y las partes a la vez, además de todas sus interrelaciones. Por ejemplo, el pensamiento dialógico defiende que existan dos ideas opuestas a la vez -que en el mundo pueden convivir orden y caos a la vez- sin que se excluyan mutuamente: la vida necesita reglas para funcionar, sí, pero también errores, crisis y cambios para evolucionar.

Con semejante currículum, cuajado de premios internacionales y doctorados honoris causa, hace tiempo que Morin se tendría ganada una jubilación más que honrosa. Sin embargo, su producción se ha acelerado con la vejez, sobre todo desde que fue uno de los inspiradores, junto a Stéphane Hessel, de las revueltas juveniles que recorrieron el mundo en 2011. "Es la primera vez que mis libros se convierten en best sellers", dijo, socarrón, en aquella época.

PREGUNTA. ¿Qué alimenta su curiosidad en esta etapa de su vida?

RESPUESTA.Todo: la vida, el ser humano, el cosmos, el amor, la amistad…

P. En una entrevista reciente en el ‘Corriere della Sera’, dijo que cada fase de la vida le ha dejado su huella…

R. Sí, conservo la curiosidad de la infancia, las aspiraciones de la adolescencia, la responsabilidad del adulto y ahora, ya anciano, intento nutrirme de la experiencia de todas las edades que he atravesado

P. Me remito, entonces, a su infancia. Estudios recientes dicen que los jóvenes de los países occidentales cada vez conceden menos valor a la democracia: estarían dispuestos a cambiar sus libertades si se les garantiza más seguridad y estabilidad económica. ¿Qué les diría?

R. Intentaría demostrarles que nunca se debe sacrificar la libertad. Entiendo que la falta de una esperanza previsible es un factor que irrita a la juventud. Estamos dominados por formidables poderes políticos y económicos, a la vez que nos amenaza la instauración de una sociedad de sumisión. La primera y más fundamental resistencia es la del espíritu. Esa resistencia prepararía a las generaciones jóvenes para pensar y actuar en favor de las fuerzas de unión, fraternidad, vida y amor –que podemos concebir bajo el nombre de Eros– contra las fuerzas de dislocación, desintegración, conflicto y muerte, que podemos concebir bajo los nombres de Pólemos y Tánatos.

P. Pero sí es cierto que muchos ciudadanos se sienten desorientados por la velocidad del cambio. ¿Qué recursos filosóficos pueden ayudarnos a dar sentido al presente, en lugar de sucumbir al miedo o a la nostalgia?

R. La conciencia de la Historia, con sus azares imprevistos y sus incertidumbres.

P. En sus obras recientes ha hablado de una crisis todavía más profunda que las demás: la crisis del pensamiento, marcada por la simplificación excesiva en detrimento de la complejidad, los sueños y la poesía. ¿Es esa, según usted, la raíz de las demás crisis?

R. Me temo que sí. Hay que resistir a la intimidación de toda mentira proclamada como verdad y a la contagiosa embriaguez colectiva. Es necesario no ceder nunca al delirio de la responsabilidad colectiva de un pueblo o de una etnia. Esto exige resistir al odio y al desprecio. Implica esforzarse por comprender la complejidad de los problemas y fenómenos, en lugar de sucumbir a una visión parcial o unilateral. Requiere investigación, verificación de la información y aceptación de las incertidumbres.

"No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, pasar a la resistencia"

PREGUNTA. También ha criticado la creciente fragmentación del saber: parece que privilegiamos la cantidad de información en detrimento de su calidad. Es decir, disponemos de cada vez más datos, pero nos falta capacidad para establecer conexiones y dar sentido a la realidad.

RESPUESTA. Esa es precisamente la crisis del pensamiento. La experiencia de la gran crisis planetaria y multidimensional que surgió con la pandemia prueba de forma evidente la necesidad de un pensamiento complejo y de una acción consciente de las complejidades de la aventura humana.

P. Usted afirma que el ‘Homo sapiens también puede ser ‘Homo demens’. Es decir: la razón y el delirio coexisten en nosotros. Ahora que parece que el ‘Homo demens’ gana la batalla, ¿cómo puede contraatacar el ser humano?

R. Mediante una toma de conciencia todavía invisible. Es la unión, dentro de nosotros mismos, de las fuerzas de Eros y las del espíritu despierto y responsable la que alimentará nuestra resistencia frente a los sometimientos, las ignominias y las mentiras. Los túneles no son interminables, lo probable no es lo cierto, lo inesperado siempre es posible.

P. Como último gran pensador europeo, ¿qué papel puede desempeñar hoy nuestro continente en un mundo cada vez más polarizado entre China y EE.UU.? ¿Qué renovación cultural o filosófica necesita Europa, que parece paralizada, para recuperar su voz en el mundo?

R. Necesita lo que he formulado como un humanismo regenerado. Ser humanista, hoy, no es solo comprender que los peligros, las incertidumbres y las distintas crisis –la de la democracia, la del pensamiento político, la del desbordamiento del beneficio, la de la biosfera y, por último, la multidimensional de la pandemia– nos han unido en una comunidad de destino. Ser humanista es también sentir, en lo más profundo de uno mismo, que cada uno de nosotros es un momento efímero de una aventura extraordinaria: la aventura de la vida, que dio origen a la aventura humana, la cual, entre creaciones, tormentos y desastres, ha llegado a una crisis gigantesca en la que se juega el destino de la especie. El humanismo regenerado no es solo el sentimiento de comunidad y solidaridad humanas, sino también la conciencia de formar parte de esa aventura desconocida e increíble, y el deseo de que continúe hacia una metamorfosis de la que surja un nuevo devenir.

P. Usted sostiene que "la vida es un combate entre la prosa y la poesía". ¿Cómo lograr que, en un mundo tan desafiante, la prosa no lo invada todo y que preservemos un espacio para la poesía?

R. Cada uno debe intentar vivir poéticamente. Todos los momentos de felicidad contienen una dimensión poética. 

La aspiración a realizarse estando integrado en una comunidad debería ser la primera aspiración humana; la segunda, la de una vida poética. 

No confundo la prosa con la desgracia: en la prosa hay ausencia de alegría; en la desgracia hay presencia de sufrimiento. Aquellos que padecen la desgracia –los encarcelados, los excluidos, los miserables– también están condenados a la prosa, aunque a veces conozcan instantes fugaces de poesía.

lunes, 5 de enero de 2026

Catalán, en el equipo de seis que consigue la molécula anticáncer Petosemtamab

 El pastelero que patentó una molécula contra el cáncer que se ha vendido por 7.000 millones de euros, en El País, por Manuel Ansede, Barcelona - 4 ENE 2026:

El biólogo Eduard Batlle, criado en la pastelería de sus padres, es uno de los seis inventores del petosemtamab, un revolucionario tratamiento experimental contra los tumores

Eduard Batlle pasó todas las Navidades de su juventud en la pastelería de sus padres, ayudando a elaborar miles de roscones de reyes. Eran los años 80 y el horno familiar estaba en un barrio obrero entre Barcelona y Hospitalet de Llobregat. “Había muchísima droga, algunos de mis amigos acabaron mal con la heroína. Los sábados, acompañaba a mi madre en la pastelería para que no estuviese sola, porque nos atracaban continuamente a punta de cuchillo. Fue una época bastante jodida”, rememora Batlle. Su vida ha cambiado un poco desde entonces. Estudió Biología, inspirado por la serie de televisión ochentera Cosmos, y hace una década inventó con cinco colegas una molécula, el petosemtamab, que en sus primeras pruebas ha logrado la aparente curación de algunos casos de cáncer. La empresa danesa Genmab acaba de pagar unos 7.000 millones de euros para hacerse con este fármaco experimental diseñado por el antiguo pastelero.

“Este es Peto”, proclama Batlle con una sonrisa mientras coge un frasquito de vidrio vacío y lo levanta en el aire, en su minúsculo despacho del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona. Con ese botecito se trató en mayo de 2018 a la primera persona que probaba el fármaco. Los primeros resultados fueron prometedores, pero la sorpresa llegó hace seis meses. El petosemtamab, combinado con la inmunoterapia estándar, logró la remisión completa de los tumores de seis personas con cáncer de cabeza y cuello, una enfermedad que invade la boca y la garganta, asociada al tabaco y al alcohol. De los 43 participantes en ese ensayo, el 63% tuvo una respuesta parcial o total al tratamiento.

Batlle, nacido en Barcelona hace 55 años, muestra la dramática fotografía de una mujer con un cáncer enorme en su boca. Los médicos la consideraban desahuciada, porque ni la quimioterapia ni la inmunoterapia habían funcionado con ella. Se le administró petosemtamab en vena. “El tumor desapareció”, resume Batlle. “Es bestial. Todos los que nos dedicamos a la investigación básica soñamos con curar a la gente. Para nosotros esto es un sueño, muy inesperado”, celebra.

El petosemtamab existe porque dos niños se hicieron amigos hace más de medio siglo en un colegio holandés. Uno era Hans Clevers, hoy un genetista candidato al Nobel por haber concebido los organoides: versiones en miniatura de órganos humanos que se cultivan en el laboratorio a partir de células madre. El otro era Ton Logtenberg, hoy un emprendedor en serie de empresas biotecnológicas. Logtenberg fundó en 2003 una compañía en Utrecht, bautizada Merus, para intentar crear anticuerpos contra el cáncer: proteínas artificiales que se unen a las células tumorales en un punto característico y provocan su destrucción. La novedad de Merus es que dispone de una tecnología para producir anticuerpos capaces de actuar en dos lugares de la misma célula a la vez, para garantizar su aniquilación.

En 2012, el empresario preguntó a su amigo científico por algún experto mundial en cáncer de colon, con el objetivo de intentar curar este tumor, que mata a casi un millón de personas al año. Clevers le propuso un nombre: Eduard Batlle, un biólogo español que había trabajado entre 2000 y 2004 como investigador posdoctoral en su laboratorio, en el Instituto Hubrecht, en Utrecht. Los tres se pusieron manos a la obra.

Batlle ya era por entonces un referente internacional en el cáncer de colon. Cuando todavía era un treintañero, en Utrecht, había iluminado la relación entre las células madre que regeneran el intestino y las que desencadenan el cáncer de colon. En 2005 lo ficharon para ayudar a fundar el Instituto de Investigación Biomédica, un centro de la Universidad de Barcelona y la Generalitat de Cataluña.

Así que la empresa holandesa Merus sabía producir anticuerpos con doble acción. Hans Clevers dominaba los organoides, esas bolitas de células vivas derivadas de pacientes en las que probar estos fármacos en el laboratorio. Y Batlle conocía los entresijos del cáncer de colon. El equipo se puso a buscar puntos débiles de las células tumorales y a elaborar anticuerpos diversos. Probaron más de medio millar durante meses, hasta que encontraron uno con “resultados espectaculares”: lo denominaron primero MCLA-158 y después petosemtamab. Ahora todos lo llaman Peto, como si fuera otro colega. Su mecanismo de acción es revolucionario. Es el primer candidato a fármaco dirigido a células madre cancerosas de tumores sólidos.

El gigante danés Genmab anunció hace tres meses que compraba la holandesa Merus por casi 7.000 millones de euros, con el objetivo declarado de adquirir el petosemtamab y llevarlo a los hospitales en 2027. La empresa nórdica, especializada en anticuerpos contra el cáncer, habla públicamente de “un potencial de ventas anuales de al menos 1.000 millones de dólares en 2029 e ingresos de varios miles de millones de dólares cada año posteriormente”.

En su diminuto despacho, con vistas al estadio de fútbol del Barça, el biólogo español responde en tercera persona a la pregunta de qué porcentaje de este negocio milmillonario es para él. “Eduard Batlle no se lleva nada”, afirma. En la patente del petosemtamab figuran seis inventores: los dos amigos de la infancia (Hans Clevers y Ton Logtenberg), el propio Batlle, el entonces director científico de Merus, Mark Throsby; el director ejecutivo de la empresa holandesa HUB Organoids, Robert Vries; y el biólogo Bram Herpers, implicado en el ensayo de los cientos de anticuerpos con otra compañía neerlandesa, OcellO BV.

El secretismo es absoluto en este tipo de operaciones milmillonarias de empresas cotizadas en Bolsa, con multitud de cláusulas de confidencialidad. Esta entrevista con EL PAÍS es la primera vez que Batlle habla tras la venta de la molécula y ni siquiera puede revelar qué porcentaje se lleva su centro. “Ni yo ni el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona podemos dar información sobre posibles acuerdos con Merus”, recalca.

Peto es excepcional en la historia de la biotecnología en España. Cinco entidades solicitaron la patente: las empresas holandesas Merus y OcellO BV, la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos ―a la que pertenece el Instituto Hubrecht de Hans Clevers― y las dos de Batlle: el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, donde trabaja desde hace 20 años, y la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados, que es la fundación pública de la Generalitat de Cataluña que le paga el sueldo.

La imagen tridimensional de la molécula es sencilla. Es una especie de i griega mayúscula, Y, con dos brazos para unirse a los dos puntos de la célula tumoral. Batlle y sus colegas la diseñaron para tratar el cáncer de colon, pero en las primeras pruebas funcionó mejor en el de cabeza y cuello, el séptimo más común en el mundo, con casi medio millón de muertes al año. Los dos ensayos clínicos en marcha todavía no han terminado, pero Estados Unidos ya ha concedido dos designaciones de terapia innovadora al petosemtamab para esta indicación de la boca y la garganta, un paso burocrático que permite acelerar el desarrollo de un tratamiento experimental si hay evidencias claras de que funciona.

Batlle lamenta “un problema general” en la creación de medicamentos contra el cáncer. Los fármacos experimentales se prueban a la desesperada en enfermos ya desahuciados, en los que diferentes rondas previas de quimioterapia han transformado la biología del tumor. El petosemtamab no funciona en estos casos de cáncer colorrectal ya tratados en exceso, pero un reciente ensayo con medio centenar de pacientes sugiere que sí es eficaz si se usa como primera o segunda opción junto a la quimioterapia. “Una parte del precio que ha pagado Genmab es porque ven esperanzas de que el anticuerpo también tenga actividad en otros tipos de cáncer, como el de colon”, destaca Batlle. Esa indicación sería disruptiva. El de colon es el tercer tumor más frecuente y el segundo más letal en el mundo.

El biólogo cuenta la historia del petosemtamab mientras rememora la suya propia: su abuela extremeña analfabeta que montó la pastelería junto a su abuelo, un catalán superviviente de un campo de concentración de la Guerra Civil; las noches sin dormir elaborando miles de roscones de reyes y monas de Pascua, las jeringuillas con heroína en su barrio de Santa Eulalia. Sus padres no incitaron a Batlle a proseguir el negocio de la pastelería familiar, solo le dieron un consejo: “Haz lo que quieras, pero estudia”.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Diez pensadores fundamentales para la izquierda

 Los diez pensadores que más influyen en la izquierda, en El País, por Sergio C. Fanjul 25 JUN 2023 

La izquierda vive momentos complicados. Hay quien dice que le cuesta encontrar un lugar en el mundo que se avecina, atomizado y posfordista, un relato con el que cautivar a las masas en un futuro cada vez más individualista y conspiranoico, escéptico ante las utopías y muy integrado en el dogma económico dominante. Para su supervivencia necesita imaginación e ideas. Con el fin de sondear el caldo de cultivo intelectual en el que vive la izquierda actual y del que tendrá que surgir la futura, hemos pedido a 37 personas expertas de diferentes ámbitos (la política, la edición, el periodismo o la academia) que voten por los que creen que son los pensadores, vivos o muertos, que más influyen hoy en día.

Imaginación e ideas: ¿a dónde va la izquierda?

La encuesta realizada por Ideas ha arrojado los que podrían ser sus referentes más importantes. Por este orden, los 10 más votados fueron: Karl Marx, Judith Butler, Antonio Gramsci, Thomas Piketty, Michel Foucault, Hannah Arendt, Simone de Beauvoir, Jürgen Habermas, Karl Polanyi y Walter Benjamin. Podría ser otra lista, pero es esta la que ha surgido y da una idea del ambiente intelectual de la izquierda en la tercera década del siglo XXI. A las puertas se quedan nombres que bien podrían estar dentro: Noam Chomsky, Nancy Fraser, John Maynard Keynes, Chantal Mouffe, Ernesto Laclau, Mariana Mazzucato, Simone Weil, Silvia Federici, David Harvey, Donna Haraway, o Slavoj Zizek, entre otras decenas que fueron mencionados por el jurado.

Karl Marx, 1.

Tréveris, Alemania, 1818-Londres, 1883. Su vasta obra influye en diversos campos del saber, en ella está el fundamento teórico de las corrientes socialistas y comunistas. Obras fundamentales: El manifiesto comunista (1848, con Engels) y El capital (1867).

Por Clara Ramas San Miguel, Profesora de Filosofía en la Universidad Complutense y responsable de la edición crítica de ‘El 18 Brumario de Luis Bonaparte (Akal)’ de Karl Marx

“Un fantasma recorre Europa...” Las icónicas líneas iniciales de El manifiesto comunista describen la propia presencia de Marx, que no cesa de retornar incluso después de muerto: del marxismo al posmarxismo, del siglo XIX al XXI. El joven Marx había descubierto que los ideales de libertad, igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa quedarían incompletos si se limitaban a democratizar al poder político. Como ya había intuido Kant, las libertades políticas sin autonomía material y económica son vacías. La gran apuesta de Marx será pensar las condiciones de una autonomía efectiva: democratizar la economía. El proyecto al que dedica su vida, El capital, es una crítica de la economía política o capitalismo. Descubre que en paralelo a conquistas políticas y formales subsiste una dependencia económica para la mayor parte de la población; que el capitalismo, por su propia dinámica, produce niveles crecientes de desigualdad. Descubre que la ley del mercado se impone como una ley de hierro al margen de la soberanía de pueblos y parlamentos, produciendo sociedades atomizadas que buscan reagruparse con fórmulas en ocasiones autoritarias. Descubre, en fin, que, lejos de satisfacer necesidades humanas, el capitalismo solo obedece a imperativos de valorización y acumulación creciente: como si, por así decirlo, el capital tomara vida propia y las personas y la naturaleza fueran solo su herramienta.

Marx es un pionero. Los avances y retrocesos del movimiento obrero inspirado por él han dado la medida para el Estado de bienestar y sus debates sobre redistribución, justicia social y políticas públicas. Vislumbra la actual crisis ecológica y plantea la cuestión del trabajo de cuidados que ocupará al feminismo. Insta a buscar formas de reproducción social no dependientes del trabajo asalariado, como la actual renta básica. Así, abre el campo no solo de las ciencias humanas, la sociología y la economía crítica, sino también de los debates sociales, ecologistas, feministas y poscoloniales contemporáneos.

Nuestra historia es para Marx la historia de la necesidad. El fantasma mencionado por Marx es una pregunta que nos sigue asediando en 2023: cómo alcanzar el reino de la libertad.

Judith Butler, 2

Cleveland, EE UU, 1956. Con su cuestionamiento de las nociones tradicionales de género, ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer. Obra fundamental: El género en disputa (1990).

Por Paul B. Preciado, filósofo. Su último libro es ‘Dysphoria mundi’ (Anagrama).

Sería posible afirmar que Butler es no sólo el feminista más influyente del siglo XX, sino y, frente aquellos que consideran el feminismo como un pensamiento menor, el filósofo de izquierda más relevante de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI, aquel que opera, junto con Angela Davis, como pensador bisagra, prefigurando las formas de activismo y de subjetividad política por venir. Descendiente de una familia judía diezmada en el Holocausto, Butler va a prestar atención a cómo los procesos de naturalización de la identidad (racial, de género, sexual…) esconden violentos proyectos políticos de normalización y purificación social. Simone de Beauvoir afirmó que “no se nace mujer”, Gayle Rubin y Joan Scott analizaron el género como el efecto de una construcción social, pero será Butler quien proponga una explicación de cómo se lleva a cabo esa construcción. Para Butler la identidad de género se construye “performativamente”: no es una esencia o una naturaleza, sino una práctica, algo que “hacemos” y no algo que “somos”. La relación entre anatomía y performance de género depende de la repetición de actos lingüísticos y corporales cuya función es preservar la estabilidad del régimen heterosexual y binario.

Encarnando su propio pensamiento, Butler ha conseguido recientemente un cambio de identidad legal como persona de género no binario en el Estado de California. Habitamos en un mundo butleriano: la proliferación de políticas queer que buscan destituir las normas en lugar de integrarse en la sociedad heterosexual dominante; la reapropiación performativa de las injurias “marica”, “bollera” o del estigma de la violación en los movimientos NiUnaMenos y MeToo; la demanda de reconocimiento de aquellos cuerpos que “importan” menos que otros en nuestras sociedades poscoloniales, central en los movimientos Black Lives Matter y Trans Lives Matter; las políticas drag queen y drag king —que en su versión más pop han llegado hasta drag race— y que utilizan la performance para desplazar los códigos normativos de género… El pensamiento vivo de Butler constituye el proyecto más ambicioso para la izquierda contemporánea: un feminismo antipatriarcal, antirracista, ecologista y no binario expandido que permita una reescritura ética total del contrato democrático. [En este artículo no se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe].

Antonio Gramsci, 3.

Cerdeña, Italia, 1891-Roma, 1937. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, encarcelado por el fascismo; su concepto de hegemonía cultural es central en la política actual, y no solo para la izquierda. Obra fundamental: Cuadernos de la cárcel.

Por Íñigo Errejón, político, doctor en Ciencia Política y líder de Más País.

Antonio Gramsci es un pensador político que se pone periódicamente de moda. Los analistas lo citan para parecer sofisticados, los vendedores de marketing político aderezan sus platos con él, las derechas lo nombran como en una excursión traviesa en el campo intelectual del adversario para demostrar sus pérfidas intenciones y las izquierdas lo usan para parecer contemporáneas o sofisticadas, para un roto y un descosido, a menudo citándolo más que leyéndolo. Gramsci es el pensador fundamental para entender por qué mandan los que mandan y por qué obedecen los que obedecen. Para el sardo, en las sociedades modernas el poder de los grupos rectores descansa en última instancia en la coerción, la capacidad de obligar, pero se ejerce principal y cotidianamente por medio del consentimiento, la capacidad de persuadir de que su mando es lo normal y al mismo tiempo de desalentar, neutralizar o dispersar las alternativas. Este dominio no es un engaño que haya que desenmascarar —por ejemplo intentando que la gente “abra los ojos” y entienda que “vota contra sus propios intereses”—, sino una forma de poder, la hegemonía, que debe ser comprendida como históricamente cierta. En primer lugar por aquellos que quieren desafiarla, para construir explicaciones e identificaciones alternativas que partan del terreno y el sentido común dado.

La hegemonía es así esa construcción política por la cual un grupo, clase o sector es capaz de ejercer la “dirección intelectual y moral” determinando las metas, los valores y las palabras que gobiernan la percepción del mundo de su época. Al hacer eso, sus intereses particulares aparecen como los intereses generales del conjunto social, la mayoría del cual encuentra mejores expectativas y razones para el consentimiento que para la contestación. Esta forma de poder político se extiende y blinda principalmente por los canales aparentemente “no políticos” —el ocio, la cultura, la comunicación, el consumo— que reproducen y naturalizan una manera de ver el mundo y su consiguiente reparto de roles.

Cuando afirma que una idea es “históricamente verdadera” en la medida en que “se convierta concretamente, es decir, histórica y socialmente, en universal”, nos está señalando, contra todo esencialismo pero también contra toda melancolía, que los alineamientos políticos no están predeterminados, sino que dependen de una disputa estética, moral e intelectual que está siempre abierta, lo cual es garantía de libertad. Y de esperanza.

Thomas Piketty, 4

Clichy, Francia, 1971. El economista puso en primer término del debate el problema de la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Obra fundamental: El capital en el siglo XXI (2013).

Por Joaquín Estefanía, periodista y autor de ‘Revoluciones’ (Galaxia Gutenberg).

El todopoderoso exrector de la Universidad de Harvard y exsecretario del Tesoro de EE UU Larry Summers pidió públicamente el Premio Nobel de Economía para el joven científico social francés Thomas Piketty, cuando en el año 2013 apareció su libro El capital en el siglo XXI. No tenía precedentes: a un francés y a un joven. Piketty había conseguido, con su novedoso aparato estadístico de carácter histórico, lo que no habían logrado sus colegas de primera fila (entre ellos, varios premios Nobel) al estudiar el fenómeno de la desigualdad creciente en el mundo. Lo que está en peligro, sentenció Piketty, es la democracia. Vendió centenares de miles de ejemplares de un libro tan denso.

Desde ese año Piketty profundizó mucho más en el fenómeno. Sus investigaciones se pueden resumir en los siguientes puntos: 

1) rendimientos superiores del capital al crecimiento económico aumentan la desigualdad;

2) con la excepción del periodo de hegemonía de la revolución keynesiana (nacimiento del Estado de bienestar y políticas contra la Gran Depresión), la desigualdad es una tendencia a largo plazo desde el siglo XIX, con los distintos tipos de capitalismo que se han desarrollado (comercial, financiero, tecnológico…); 

3) no hay otro método para combatirla que las políticas distributivas a través del gasto público y ello requiere de grandes impuestos (incluso confiscatorios) a los más ricos, 

y 4) la cohesión social, los valores de la meritocracia y de la justicia social están en peligro con concentraciones extremas de la riqueza como las que existen.

Un economista templado ideológicamente, más bien socialdemócrata, sin veleidades revolucionarias callejeras en su primera juventud, alejado de las principales teorías de Marx y Engels sobre la lucha de clases, sin embargo ha acabado escribiendo un libro que compendia sus principales artículos, al que ha titulado ¡Viva el socialismo! porque entiende que sigue vigente en la historia la batalla por las ideas.

Michel Foucault, 5

Poitiers, Francia, 1926-París, 1984. Sus contribuciones investigan la naturaleza del poder y cómo interacciona con la sexualidad, la salud mental o las minorías a través de la historia. Obras fundamentales: Historia de la locura (1961), Vigilar y castigar (1975).

Por Elizabeth Duval, filósofa y escritora, su último libro es ‘Melancolía’ (Temas de Hoy).

Preguntado por Foucault, Deleuze resaltaba el vínculo insoslayable del pensador con su presente: las formaciones históricas interesaban a Foucault porque señalaban el lugar de donde se salía, donde se había estado confinado; no le interesaban los griegos, sino la relación de su tiempo con la locura, con los castigos, con el poder, con la sexualidad. Si me preguntaran a mí, abstrayéndome de las necesidades de la clarificación, creo que de lo primero de lo que hablaría sería de la belleza. Intentaría que nos desvinculáramos de la jerga (la biopolítica, la arqueología, el poder disciplinario, lo discursivo) y pudiéramos leer con ojos nuevos las páginas de Las palabras y las cosas sobre Las meninas, de Velázquez. Querría que la consecuencia se pareciera a sentir con otra mirada la relación que se despliega en el cuadro. Y propondría un Foucault menos caricaturizable que el que nos ofrecen sus amigos y sus enemigos.

Foucault no es tanto un enciclopedista de la sexualidad como un arqueólogo de relaciones y estructuras. Sus textos no nos encierran entre insoportables cadenas de poder y dominación, en las cuales incluso la rebeldía estaría ya codificada, sino que nos ofrecen todas las posibilidades de la crítica y el análisis. Si nadie como él expuso tan claramente la relación entre el saber y el poder, también pocos ofrecieron tantas herramientas para darnos cuenta de su presencia, para reflexionar. Hay críticos injustos que han buscado en un Foucault tardío una teoría que traiciona la liberación para someterse al neoliberalismo del porvenir: confunden la defensa de las instituciones con la legitimación de sus injusticias. Debemos recordar la lección que él extraía de El Anti Edipo (Deleuze y Guattari): no hay que enamorarse del poder o de la tristeza militante. En ningún pasado hay tanta potencia como en el desenterrado por el francés.

Hannah Arendt, 6

Linden-Limmer, Alemania, 1906-Nueva York, 1975. Pensó sobre el totalitarismo, la violencia, la revolución, la acción política y acuñó el término “banalidad del mal”. Obras fundamentales: Los orígenes del totalitarismo (1951) y Eichmann en Jerusalén (1963).

Por Fernando Vallespín, catedrático de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Es coautor de ‘Populismos’ (Alianza).

Arendt no es de izquierdas. Ni de derechas, claro. Su gran atractivo reside precisamente en eso, en ser inclasificable. De hecho, le hubiera horrorizado verse en esta lista. O en cualquier otra. ¿Qué pinta aquí entonces? ¿Qué pudo motivar que tan amplio grupo de personas la hayan votado? Lo más probable es por su entusiasmo por todo lo que oliera a revueltas populares, por su espíritu rebelde, o por sus elogios a Rosa Luxemburgo o Walter Benjamin, o sus críticas al colonialismo y totalitarismo. Pero no nos engañemos, su único compromiso es con la libertad, que ella encuentra siempre realizada en esos momentos extraordinarios en los que un determinado orden social queda puesto en entredicho y se da entrada a la libre discusión ciudadana. Su ideal es el aristotélico, la polis como lugar de encuentro donde intercambiar opiniones, debatir las diferencias y buscar una solución conjunta a los problemas que nos afectan a todos. Por eso alabó la revolución americana, hasta que la nueva república se acabó sustentando sobre una sociedad crecientemente privatizada y sujeta a los imperativos de los grandes intereses económicos y el valor del consumo. Y criticó la francesa y la bolchevique porque, al poner la “cuestión social” en el centro, se dejaron llevar por la “pasión por la compasión” e instauraron estados más atentos a una ingeniería social guiada por la mera funcionalidad inherente a los dictados de la economía y su gestión. No es ya la comunicación abierta y la libre deliberación lo que decide cómo hemos de vivir, sino las necesidades de reproducción del sistema. Su contrafáctico podrá sonar extravagante, pero a través suyo fluye una crítica de una riqueza sin igual, el propio de alguien que no se casa ni con unos ni con otros. La democracia bien entendida no es de derechas ni de izquierdas. Arendt tampoco.

Simone de Beauvoir, 7

París, 1908-1986. Es una de las principales teóricas del feminismo en el siglo XX, también enmarcada en el movimiento existencialista y en la creación literaria. Obra fundamental: El segundo sexo (1949)

Por Luna Miguel, poeta, escritora y editora. Su último ensayo es ‘Caliente ‘(Lumen).

Simone de Beauvoir está a una tote bag de ser traicionada. O no. En realidad, la figura de la filósofa lleva siendo influyente y polémica desde su juventud. Lo explica Wolfram Eilenberger en El fuego de la libertad, un ensayo en el que cruza su vida con las de otras pensadoras del siglo XX. El retrato que hace de ella es el más desesperante: la describe altiva, un tanto pija, adicta a la atención. La mismísima Simone Weil se burló de esa supuesta frivolidad en toda su cara, cuando ambas estudiaban en la Sorbona y debatían sobre la guerra. De Beauvoir no tuvo reparos en narrar tal desencuentro ideológico en unas memorias: “Mirándome de arriba abajo, me dijo: ‘Ya se ve que nunca has tenido hambre”.

Más allá de lo que unes y otres puedan opinar sobre esa fama, lo cierto es que la obra de De Beauvoir demuestra que su mainstrificación no riñe con la contundencia de sus ideas. Por eso mismo —y precisamente porque hoy su libro más célebre es esa bárbara enciclopedia sobre la feminidad, tantas veces mentada, pero tan poco leída y reducida al eslogan— se ha vuelto urgente equilibrar la balanza y prestar atención a la amplitud de sus investigaciones, a través de obras más ocultas e irónicamente peor editadas en nuestro país.

Un ejemplo: ¿Hay que quemar a Sade?, una finísima lectura de la crueldad, y una defensa de la reparación frente a eso que hoy llamaríamos cancelación. Otro ejemplo: El pensamiento político de la derecha, que fue publicado en su origen como artícu­lo para un número especial de Les Temps Modernes, donde distintos intelectuales reflexionaron bajo la premisa de que la izquierda francesa se desmembraba. En vez de lloriquear, De Beauvoir prefirió centrarse en el análisis del resentimiento de la burguesía. Para ella era más útil entender a sus contrarios que disparar a sus afines.

Es esta lucha por el entendimiento de las contradicciones del mundo lo que mantiene vigente a Simone de Beauvoir; lo que nos hace necesitar el estudio de su filosofía, al tiempo que celebramos la multiplicación de su rostro en bolsas de tela violeta.

Parafraseando a la pensadora: profesarle una simpatía demasiado fácil sería traicionarla. En este artículo se han mantenido los géneros gramaticales empleados por quien lo escribe.

Jürgen Habermas, 8

Düsseldorf, Alemania, 1929. Miembro de la Escuela de Frankfurt y exponente de la teoría crítica, ha trabajado sobre los mecanismos de la comunicación y de la democracia. Obra fundamental: Teoría de la acción comunicativa (1981).

Por Cristina Lafont, filósofa, catedrática de Filosofía de la Northwestern University de Chicago, autora de ‘Democracia sin atajos’ (Trotta).

Habermas es indudablemente un pensador de izquierdas si por ello entendemos alguien comprometido con la lucha política por la justicia social, la igualdad y la emancipación. También lo es por proceder de la tradición marxista occidental tal y como fue apropiada y transformada por la primera generación de la Escuela de Fráncfort. Sin embargo, su manera de entender la lucha política es quizás lo que más distancia su pensamiento del marxismo ortodoxo y lo que explica su compromiso inquebrantable con la democracia radical. Para Habermas, ni la teoría social es capaz de discernir la dirección histórica en la que se han de desarrollar las luchas políticas por la emancipación ni el teórico social tiene el derecho a imponer sus preferencias políticas a los afectados escudándose en una autoproclamada autoridad epistémica. Su obra ejemplifica un “giro democrático” en la medida en que la teoría crítica ya no busca defender un proyecto político particular, sino crear las condiciones sociales en las que diversos proyectos políticos pueden ser debatidos, aceptados o rechazados por los ciudadanos mismos en el ejercicio democrático de autodeterminación política. La legitimidad de las luchas políticas depende por ello de la posibilidad de un debate público inclusivo en el que los afectados puedan denunciar las injusticias y amenazas existentes de modo efectivo para persuadir al resto de la ciudadanía a que se una a su causa política. Proteger y posibilitar una esfera pública política inclusiva es la condición necesaria para toda batalla política emancipatoria, sea nacional, supranacional o global. En este momento histórico en que la democracia está gravemente amenazada en todas partes, la obra de Habermas así como sus intervenciones como intelectual público en debates políticos claves de las últimas cinco décadas ofrecen una fuente de inspiración permanente, así como herramientas teóricas indispensables para los movimientos democráticos de izquierdas contemporáneos.

Karl Polanyi, 9

Viena, Austria, 1886-Pickering, Canadá, 1964. Criticó con dureza los efectos negativos del dominio de la economía independizada sobre la sociedad. Obra fundamental: La gran transformación (1944).

Por César Rendueles, sociólogo y ensayista, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, su último libro es ‘Contra la igualdad de oportunidades’ (Seix Barral).

Karl Polanyi publicó su único ensayo, La gran transformación, a punto de cumplir los 60. Generacionalmente es cercano a Gramsci o Lukács, del que fue amigo íntimo, pero su obra no empezó a recibir la atención masiva de los críticos del neoliberalismo hasta finales del siglo XX. Polanyi pensaba que la sociedad de mercado es una anomalía antropológica que ha tenido consecuencias catastróficas. Los mercados en las sociedades precapitalistas estaban sometidos a regulaciones dirigidas a contener los efectos destructivos de una competición social generalizada. La mercantilización de recursos materiales necesarios para la subsistencia humana —como la tierra, los alimentos o el agua— es históricamente insólita. De hecho, Polanyi pensaba que el proyecto del mercado libre autorregulado era una más de las utopías decimonónicas, como los falansterios. Era una utopía en el sentido de que era irrealizable, pues colisionaba con características duraderas de cualquier sociedad humana. La materialización de ese proyecto utópico requirió de monstruosas ortopedias políticas que forzaron a la gente a someterse al mercado. Por eso, Polanyi creía que no existía ninguna oposición entre mercado libre y Estado represivo: al revés, el crecimiento del Estado en el siglo XIX fue la respuesta a las necesidades del laissez-faire. Y el estallido de las tensiones acumuladas por ese proyecto quimérico habría sido la causa de la gran crisis de principios del siglo XX: guerras mundiales, autoritarismo, la Gran Depresión… Polanyi defendió que los proyectos de mercantilización producían “contramovimientos”: reacciones sociales dirigidas a recuperar la soberanía política arrebatada por el mercado y cuyo sentido político podía ser democratizador o autoritario y elitista, como en el caso del fascismo. Por todo ello, Polanyi se ha convertido en un referente a la hora de analizar tanto la restauración neoliberal de los últimos 40 años —a menudo acompañada de agresivas intervenciones estatales— como el modo en que la descomposición del neoliberalismo está degenerando en movimientos políticos neoautoritarios.

Walter Benjamin, 10

Berlín, 1892-Portbou, España, 1940. Reflexionó sobre la historia, la crítica literaria o el arte. Obra fundamental: Tesis sobre la filosofía de la historia (1940).

Por Máriam Martínez-Bascuñán, politóloga. Es coautora de ‘Populismos’ (Alianza editorial).

Se suele mostrar a Walter Benjamin con un mosaico de ocupaciones: crítico literario, ensayista, traductor, filósofo. Hannah Arendt lo describió como ese flâneur o caminante que “sin ser poeta, pensaba poéticamente”. La dialéctica de la historia de este escritor fabuloso, marxista heterodoxo, lo hace imposible de encerrar en una sola categoría. La tensión entre lo material y el mundo de las ideas, entre el espíritu y su proyección tangible habita su obra y su pensamiento, conectados entre sí por la misma tensión poética del joven Baudelaire en su célebre poema Correspondencias: “Por allí pasa el hombre entre bosques de símbolos / que lo observan atentos con familiar mirada”. El pensador, como el rapsoda parisiense, se envuelve en la realidad fragmentada —los restos arqueológicos, la memoria de piedra de un pasado lejano— para otorgarle significados. En Benjamin, la búsqueda de sentido adquirirá, como en Arendt, un brillo metafórico inusual, aquel que le permite “en forma poética, manifestar el carácter único del mundo”.

Fue este modo de interpretar la historia, su afán por irrigar el materialismo con nociones tomadas de la teología o la mística judía, lo que lo alejó de la ortodoxia marxista. Benjamin huyó del frío cientifismo que lo reducía todo a inducir racionalmente de la infraestructura material una superestructura perfectamente objetivada en la ideología. En su lugar, propuso mirar las obras de arte con ojos sensibles, entenderlas como asideros para continuar, como niños que juegan, metiendo los pies en la arena, incluso como campos de batalla donde, a pesar de su fulgor inconsistente, también podemos leer la historia. Lejos de ser meros subproductos de las relaciones de producción, el poema, la sonata, el cuadro o la escultura aparecen tan reales como la historia misma, afirmando su naturaleza transformadora como instrumentos de emancipación de los “vencidos por la historia”. Fue el intento del que tal vez haya sido el último de los alquimistas del arte, su esfuerzo por escapar del proceso de desencantamiento del mundo al que nos abocaba el frío cientifismo marxista, un vuelo poético y del pensamiento lanzado a las masas y al mundo para fascinar de nuevo a la izquierda en tiempos de oscuridad.

El método y el jurado

La encuesta de IDEAS se realizó pidiendo a 37 expertos de diferentes ámbitos (academia, política, edición, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores (de cualquier época) más influyentes en la izquierda hoy en día. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Miguel Aguilar, Jordi Amat, Meritxell Batet, Fernando Broncano, Ramón del Castillo, Caterina Da Lisca, Yolanda Díaz, Jesús Espino, Joaquín Estefanía, Soledad Gallego-Díaz, Lina Gálvez, Beatriz García, Jordi Gracia, Pablo Iglesias, Jorge Lago, Margarita León, José Moisés Martín, Laura Llevadot, Rita Maestre, Eduardo Madina, José María Maravall, Máriam Martínez-Bascuñán, Pilar Mera, Daniel Moreno, Cristina Narbona, Lluis Orriols, Joaquín Palau, Azahara Palomeque, Jaime Pastor, Clara Ramas, César Rendueles, Emmanuel Rodríguez, Clara Serra, Amelia Valcárcel, Fernando Vallespín y Remedios Zafra.

Créditos

Coordinación: Brenda Valverde y Guiomar del Ser

Diseño: Ana Fernández

Dirección de arte: Fernando Hernández

Desarrollo: Alejandro Gallardo