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lunes, 25 de mayo de 2026

Los alumnos de familia rica sacan cuatro cursos a los de pobre

 Los alumnos ricos sacan cuatro cursos de ventaja a los pobres: la escuela fracasa al compensar la desigualdad de cuna, El País Educación, Ignacio Zafra, Valencia - 25 MAY 2026 

El aumento de los estudiantes vulnerables en la enseñanza pública, sin más medios para atenderlos, enciende las protestas del profesorado

Empar Penadés lleva 37 años dando clase y está a punto de jubilarse. Es maestra del segundo ciclo de Infantil en un colegio público de Valencia. Sus alumnos tienen entre tres y seis años, una etapa clave para el aprendizaje de habilidades que les servirán a lo largo de su trayectoria educativa. Penadés ha visto muchas veces lo mismo. Chavales que por el entorno en el que viven podría casi asegurar ya a esa edad que harán la Selectividad e irán a la universidad. Y otros que por la misma razón es probable que abandonen los estudios, aunque durante los años que pasan en sus manos ―y en algunos casos, durante bastante tiempo después― haga lo posible por evitarlo. “Son niños y niñas que, si no reciben el apoyo de alguien que esté detrás, de dentro o de fuera de la escuela, lo tienen muy difícil. Y la distancia entre unos alumnos y otros se ha acentuado en los últimos años con los alumnos que vienen de fuera”, afirma Penadés, cuya impresión respaldan los datos.

Los 120.000 adolescentes de 15 años que viven en los hogares españoles más acomodados (según un índice socioeconómico y cultural elaborado por la OCDE) llevan el equivalente a cuatro cursos de ventaja en matemáticas a los 120.000 chavales de la misma edad de las familias más desfavorecidas, según el último Informe PISA, la mayor evaluación internacional. A diferencia de lo que sucede con el resto de franjas de edad, entre 2018 y 2025, el porcentaje de menores en riesgo de pobreza o exclusión social no solo no se ha reducido en España, sino que ha aumentado cuatro puntos y alcanza al 34% del total. Y la tasa de abandono escolar temprano de los extranjeros, que hace 10 años doblaba la de los autóctonos, ahora la triplica.

Rendimiento en matemáticas, según el nivel ISEC

En puntos. Se considera que una diferencia de 20 puntos equivale a un curso escolar. Entre los alumnos de 15 años del cuartil más desfavorecido y los del más favorecido hay 89 puntos.

[Para visualizar el estadillo,  acceder al artículo original aquí] Fuente: CED / INES EL PAÍS

Hace una década, en clase de Penadés había una chica extranjera. Ahora, en cambio, la maestra tiene varios chavales llegados de Georgia, Rusia, Brasil, Venezuela o Argentina. Hace 10 años, como siempre ha ocurrido, tenía alumnos pobres en clase, pero eran muy infrecuentes, y ahora han dejado de serlo, los críos que se veían obligados a vivir con toda su familia, cuatro o cinco personas, en la habitación alquilada en un piso compartido. El aumento de la pobreza infantil y del alumnado foráneo (parte del cual llega con desconocimiento del idioma o con desfase curricular) asiste, sobre todo, a la escuela pública (representan el 18% de su matrícula en primaria, ocho puntos más que en la concertada). Y ese incremento de la complejidad de las aulas, que no ha ido acompañado de más recursos, late tras las huelgas y protestas del profesorado en la Comunidad Valenciana, Cataluña, Aragón y Madrid, cuatro autonomías que destacan por la concentración de chavales extranjeros en la red escolar pública. En todos esos lugares puede escucharse lo mismo: los docentes no quieren quitarse de encima a los nuevos chavales vulnerables, pero necesitan más medios para atenderlos.

Alumnos extranjeros en Primaria en centros públicos. 

[Estadillo]

El hecho de que el nivel socioeconómico y cultural de los padres sea lo que más influye en las probabilidades de éxito educativo de los estudiantes está muy comprobado. “Pero sobre lo que tenemos mucha menos información es de cuáles son los procesos que generan esa desigualdad”, señala Sheila González, investigadora de la Universidad de Barcelona especializada en desigualdad social y educativa. Lo que sigue intenta responder a esa pregunta. Un problema que no afecta solo a España, sino al conjunto del mundo desarrollado, y que pone de manifiesto los límites del sistema educativo para compensar las diferencias de partida.

Rendimiento de los estudiantes inmigrantes

Alumnado inmigrante (primera y segunda generación) / Puntos de diferencia respecto a los autóctonos en el Informe PISA:

Lectura −32

Matemáticas −33

Ciencias −36

Fuente: OCDE, Informe PISA 2022 EL PAÍS

Una escuela para una clase social

Uno de los factores que mencionan los expertos es de origen. “Tenemos una escuela que se pensó para que la gente de clase media, que tenía profesiones cognitivas, mandase a sus hijos a aprender a tener profesiones de tipo cognitivo. Y cuando el sistema se universalizó y entraron las clases populares, que tenían más trabajos manuales, no terminó de ajustarse”, afirma el sociólogo de la Universidad de La Laguna José Saturnino Martínez. “La consecuencia de ello es que la escuela privilegia saberes de tipo muy intelectual. Nadie cuestiona que enseñe a leer, escribir, o matemáticas. Pero hay saberes obligatorios que de adultos casi nadie usamos, como el análisis sintáctico-gramatical, más propio de la carrera de Filología. En cambio, conocimientos que pueden venir muy bien tener en la vida, como tener un poco de idea de fontanería, carpintería, etcétera, propios de los oficios de las clases populares, la escuela los deja en segundo lugar. Muchos contenidos escolares no interpelan a una parte de los chavales, que los ven como algo ajeno a su vida cotidiana, sus experiencias culturales y sus intereses”.

Las clases populares, añade Manuel Fernández Navas, profesor de Educación en la Universidad de Málaga, “suelen valorar más la utilidad inmediata de las cosas: esto me vale para esto, aquí y ahora”. Mientras que en la escuela el conocimiento tiene, en buena medida, un “valor de cambio”; se asume que sirve para ser cambiado por una nota. “¿Y quiénes se adaptan mejor a estar seis horas en clase haciendo algo que no tiene utilidad para su vida diaria? Los chavales de clases sociales más altas, que han interiorizado en sus casas la expectativa de que tener un título les servirá en el futuro para tener una carrera y una mejor posición social”.

La lengua del colegio

La clase social también acerca o aleja a los niños y adolescentes del tipo de lenguaje que se utiliza en las aulas. “En los materiales, en la manera como los profesores se comunican con los alumnos, en cómo justifican las actividades que desarrollan y las evalúan, el código lingüístico de la escuela es mucho más parecido al que se utiliza en las familias con más estudios”, dice Miquel Àngel Alegre, jefe de proyectos de Equitat.org (la antigua Fundació Bofill). La diferencia, indica el sociólogo, se nota en cómo hablan desde pequeños los hijos de dichos hogares. “Con estructuras gramaticales más complejas, frases subordinadas, uso de la voz pasiva, y un repertorio más conceptual”. Y al contrario, los chavales que provienen de familias que usan un código más restringido, “se sienten más desorientados y tienen más dificultades para llegar a lo mínimo que de entrada se espera que cumplan en la escuela”.

Esa brecha, que existe desde que se universalizó la enseñanza, se ha visto ensanchada con la incorporación de chavales de otros países. “Con parte de ellos, y con sus familias, los docentes no se pueden comunicar al principio prácticamente nada, porque hablan idiomas muy alejados, como el urdu o el tagalo, y no conocen ninguna lengua románica”, dice Sheila González. Una de las reivindicaciones del profesorado en las protestas de estas últimas semanas es aumentar las aulas de acogida que proporcionen a los alumnos una base para poder desenvolverse en clase.

Menos tiempos de aprendizaje

El grado de riqueza también condiciona el tiempo de aprendizaje al que están expuestos los alumnos, señala José Saturnino Martínez. La población más vulnerable es la que menos asiste a la escuela infantil, lo que retrasa su contacto con el aprendizaje formal. Sus familias los llevan a menos actividades extraescolares, tienen menos posibilidades de recurrir a clases particulares para mantener el ritmo del currículo escolar, y menos capacidad de asumir los costes de la enseñanza postobligatoria. También pueden ayudarles menos a estudiar y a hacer las tareas personalmente, sobre todo a medida que su complejidad aumenta en secundaria. Carla, de 18 años, estudiante en un instituto de Albacete, es un ejemplo de dicha desventaja. Desde los 11, cuando la condición de toxicómanos de sus padres se volvió evidente, dejó de poder contar con ellos, no solo para que le ayudaran con los deberes, sino para tener garantizada la cena. “A partir de un momento, ni siquiera me preguntaban por las notas. Y yo me acostumbré a encerrarme en mi habitación y enfocarme en los estudios”, cuenta. Carla es lo que el Informe PISA describe como estudiante resiliente, y en junio se examinará de la Selectividad. Su hermano, en cambio, no lo llevó igual, ha repetido dos veces y parece a punto de abandonar los estudios.

Cosas que se dan por descontadas

El caso de Carla y su hermano pone de manifiesto otro factor de desigualdad educativa: “El sistema educativo da por supuesto que todo el alumnado llega a clase habiendo desayunado, con la ropa necesaria para no pasar frío, o habiendo dormido toda la noche en una cama cómoda, porque el aprendizaje requiere unas condiciones mínimas. Pero sabemos que eso no siempre pasa”. El sistema educativo español está poco desarrollado para paliar este tipo de problemas. Sí cuenta, por ejemplo, con las becas comedor, pero limitadas normalmente a las etapas de Infantil y Primaria. E incluso ese tipo de ayuda no siempre está disponible, porque las becas se quedan cortas o porque el centro carece de comedor (un problema que afecta uno de cada seis colegios públicos y a más del 80% de los institutos, según la ONG Educo).

La nueva pobreza

Tradicionalmente, las personas pobres solían estar desempleadas, señala González. Sus situaciones eran muy complicadas, “pero estaban en casa y podían hacer, al menos, una crianza presente. Ahora, en cambio, hay mucha gente que es pobre pese a tener unas jornadas laborales superextensas. Y eso hace que tengamos niños que no solo son pobres, sino cuyos padres están ausentes todo el día, lo que les impide acompañarlos y hace difícil el establecimiento de normas y límites”. Una consecuencia de dicha desatención, sigue la especialista en desigualdad educativa, “es que las escuelas están detectando la llegada de niños sin hábitos; críos que todavía van con pañal o que no tienen hábito de comunicación porque nadie habla con ellos”. La precariedad laboral, el estrés económico, las condiciones de infravivienda y el miedo a los desahucios derivan, a veces, añade la politóloga catalana, en problemas de salud mental. “Lo que, sumado a otras cosas, como los duelos migratorios, forman un cóctel que acaba en la escuela y esta tampoco está sabiendo gestionar”.

Acceso al silencio

María, su marido y sus tres hijos, llegados de Venezuela en 2024, viven en una habitación del barrio valenciano de Orriols que mide “10 pasos de largo por seis de ancho”, en un piso en el que hay otros tres cuartos alquilados. El mobiliario de su habitación se limita a un par de cómodas, un espejo, una cama de matrimonio, y tres colchones que durante el día reposan de pie sobre la pared. El espacio se va volviendo más pequeño a medida que los niños crecen, dice María, y menos adecuado para estudiar y vivir. Para poder concentrarse, señalan los expertos, es necesario contar con espacios de silencio y tranquilidad que son poco habituales en los hogares de los chavales más vulnerables.

Las consecuencias del gueto

La segregación escolar, esto es, el reparto muy desigual del alumnado con dificultades entre escuelas y redes escolares también tiene un impacto en el aprendizaje de los estudiantes, señala Alegre. Cuando un docente no tiene uno o dos alumnos con necesidades educativas a los que dirigir la atención de forma más intensa, sino un aula donde la mayoría del alumnado las presenta, no puede cumplir bien su función. En ese tipo de escuelas, la investigación muestra que se produce algo así como lo contrario al efecto Pigmalión, apunta González: los profesores rebajan las expectativas hacia su alumnado. Y esa ausencia de fe hace que algunos chavales que, pese a las dificultades, podrían tener rendimientos excelentes, lo intenten menos.

Saber cómo exigir los derechos

El conocimiento de las familias sobre cómo funciona el sistema educativo también está ligado al capital cultural, señala el sociólogo Miquel Àngel Alegre. Ello se traduce, por ejemplo, en una mayor propensión a contactar con los tutores de los hijos en caso de observar problemas de rendimiento académico. Y en una mayor tendencia a exigir los recursos necesarios para que sean bien atendidos en caso de detectar dificultades de aprendizaje, como la dislexia. También disponen de mayor capacidad de orientar a sus hijos por las diferentes opciones educativas (algo que el sistema público español apenas ofrece), o de contactar con personas que puedan brindarles dicha información. Un conocimiento que es especialmente importante en el caso de la Formación Profesional, que, después de haber sido vista durante décadas como enseñanzas de segunda clase, empiezan a parecer más atractivas para las clases medias.

A diferencia del Bachillerato, que solo tiene cinco ramas, existen más de 180 ciclos formativos, que no están en todos los centros, ni municipios, y tienen muchas veces notas de corte. Elegir bien suele requerir, por tanto, apoyos para diseñar una estrategia. Y es otro terreno en el que los chavales de familias menos acomodada parten con desventaja.

jueves, 12 de febrero de 2026

Polémica Sanidad pública / privada en el mundo.

 Las locuras que dicen los estadounidenses en mi sección de comentarios, Evan Edinger

Si no fuera por todos los tiroteos en las escuelas, sería difícil convencerme de que Estados Unidos tiene escuelas. En Estados Unidos, estar convencido de que se tiene más libertad es más importante que tener realmente libertad. Dato curioso: el Partido Demócrata ni siquiera sería considerado de izquierda en Europa. El socialismo nunca echó raíces en Estados Unidos porque los pobres se ven a sí mismos no como un proletariado explotado, sino como millonarios temporalmente avergonzados. Es una cita ampliamente atribuida a John Steinbeck, autor de Las uvas de la ira. No se me ocurre otra razón para que la gente vote constantemente en contra de sus propios intereses. 

Esto también ocurre en Europa, pero ni de lejos en la misma medida. También hubo un esfuerzo concertado tremendo por parte de la clase dominante para impedir que se arraigara cualquier semilla de solidaridad entre las clases trabajadoras. Se reprimió la actividad sindical, se reprimieron las huelgas sin piedad, se les dieron mejores condiciones a los blancos, de modo que la barrera racial siempre se mantuvo. Un capítulo fascinante de la historia. Los dueños de empresas han hecho un trabajo fantástico al crear la clase patronal al convencer a los gerentes intermedios de que están a minutos de convertirse en uno de ellos si simplemente se mantienen firmes contra los derechos de los trabajadores, olvidando que siempre estarán mucho más cerca de los trabajadores contra los que luchan que los dueños que sostienen sus riendas. Los estadounidenses lo llaman "socialismo". Básicamente, cada centavo que va a cualquier lugar que no sea el bolsillo de un multimillonario es "socialismo". Es porque a todos les han lavado el cerebro para pensar que, si trabajan duro, serán multimillonarios, y también que trabajar hasta morir es, de alguna manera, honorable.

El jefe final es el odio mismo. A veces las cartas se reparten, como el ejemplo soviético, la Revolución Francesa, tal vez la Guerra de Independencia de Estados Unidos; pero, en realidad, no está cambiando mucho: los libertarios y los "liberales" que creen en el derecho a explotar, dañar y mantener sistemas así no ayudan mucho. La libertad real, con una presunción y una cultura de conciencia comunitaria autoorganizada, consciencia y responsabilidad, es otra cosa.  

Desde la Segunda Guerra Mundial, los mayores receptores de la generosidad del gobierno siempre han sido la clase media. ¡Europa no es un país de mierda! Hay muchos países, cada uno con gobiernos muy diferentes. No se olvide que los EE. UU. purgaron a los líderes socialistas en momentos en que representaban una amenaza, como justo después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Incluso encarcelaron al líder de un partido socialista que obtuvo aproximadamente un 6% de los votos en las elecciones presidenciales de 2018. 

De todas formas, no hay ningún país en Europa que sea socialista. Sigue siendo prácticamente un mundo capitalista. Y con los partidos de derecha dominando por todas partes, eso no va a cambiar pronto. Era bastante fácil para los países no ofrecer atención médica gratuita a sus ciudadanos. El Partido Laborista de 1945 fue demonizado en vísperas de las elecciones generales precisamente por lo que proponía, y los conservadores y los medios de comunicación hicieron el habitual esfuerzo concentrado para impedirlo. Nada diferente a lo que ocurre hoy, cuando los que mandan están a punto de deshacerse finalmente del NHS. Si se investigara quién recibe los enormes subsidios del gobierno, se vería que no es la clase media.

De hecho, es algo comprobado y fehaciente que, durante la crisis bancaria, muchos altos ejecutivos en este sector escaparon a las críticas. Y, después, cuando se investigó la razón, que fue porque quienes más sufrieron durante este evento fueron los que estaban en la base, resultó... que esperaban o creían que algún día llegarían a la cima. Entonces, ¿por qué iban a criticar sus propios sueños y esperanzas?

Un estadounidense puede confirmar que cualquier cosa que se parezca remotamente al socialismo o a la asistencia gubernamental es demonizada por la derecha política estadounidense como comunismo malvado, sin mencionar el hecho de que la atención médica, por su naturaleza, no funciona como un mercado libre porque los consumidores están cautivos del hecho de que necesitan sus medicamentos para vivir en algunos casos.

Mucha gente olvida que Estados Unidos también fue uno de los primeros lugares en impulsar los derechos de los trabajadores. De hecho, su competitividad industrial probablemente no habría tenido éxito si no lo hubieran hecho; es literalmente más productivo para los trabajadores tener tiempo libre y derechos sólidos. Es prácticamente imposible que hubieran liderado la revolución tecnológica sin eso.

Quizás sorprenda saber que, durante gran parte del siglo XX, Estados Unidos contó con un fuerte movimiento socialista, que fue prácticamente proscrito tras la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, durante la guerra, la propaganda estatal estadounidense fue extremadamente positiva hacia la Rusia comunista (después de todo, eran aliados, y la URSS se enfrentaba a todo el poderío de los ejércitos alemanes). Esto dio un giro de 180 grados a medida que la guerra se acercaba a su fin y, con la muerte de Roosevelt, la URSS quedó clara como el próximo adversario geoestratégico de Estados Unidos.

Yo lo expresaría más como darwinismo-capitalismo... La supervivencia del más apto / más despiadado. Este es un componente, pero también se corre el riesgo de caer en un reduccionismo de clase, ya que el racismo es un factor clave en la política estadounidense. Los cleptócratas han mantenido el poder aquí. Sin desmantelar el racismo, Estados Unidos jamás será capaz de ser solidario. En Europa tienen un estilo de vida igual de bueno, o incluso mejor: tienen menos ingresos disponibles, pero mejor red de seguridad social, mejores carreteras, mejor transporte público, comida y bebida más baratas, más días libres y vacaciones, los camareros no dependen de las propinas; reciben un salario digno y pueden dedicarse profesionalmente a ello, etc. Además, como bloque, la UE se encuentra en una situación económica y de productividad comparable a la de EE. UU. Se diría que tiene más que ver con que el FBI mate a todos los líderes sociales importantes, pero la ideología ayuda de hecho a controlar a la gente.  El único país que quizá tenga socialismo en Europa es Bielorrusia, con su dictador y la KGB. Los demás son todos socialdemocracias. (Hungría es iliberal, y Rusia no cuenta). El 40% de los estadounidenses cree que algún día será multimillonario en un capitalismo rapaz. Los europeos dicen "socialismo" para referirse a la "socialdemocracia", no al comunismo. Algo parecido pasa con las palabras liberal y demócrata.

Décadas de propaganda anticomunista, 99% pura mentira, hicieron temer cualquier cambio en el statu quo, a pesar de que sus propios padres fundadores les advirtieron específicamente que no confiaran en sus altos mandos y los destituyeran a la primera señal de traición. La Segunda Enmienda se implementó específicamente para eso, pero hoy ha dejado de ser útil, ya que un puñado de gente armada no es suficiente para detener la tiranía del gobierno organizado. En otras palabras, es demasiado tarde, pero los estadounidenses todavía disfrutan de este juego de simulación, y se engañan a sí mismos creyendo que tienen cierto control sobre el país. Cuán triste y molesta es esta situación.

Respecto a "No se me ocurre ninguna otra razón para que la gente vote sistemáticamente en contra de sus propios intereses" ¿Se conoce el libro Qué pasa con Kansas? Aborda esta cuestión y ofrece una respuesta muy diferente. La mayoría de la gente vota por los republicanos porque son "conservadores" sociales y religiosos, cuyos valores "provida y profamilia" coinciden con los del Partido Republicano. Una de las mayores diferencias entre Estados Unidos y la mayoría de los países del primer mundo es que los estadounidenses tienden a ser mucho más religiosos, y no solo religiosos, sino religiosos "conservadores" y calvinistas: tienen un destino manifiesto y marcado. Les han lavado el cerebro, a menudo de niños. A todos nos lavan el cerebro de alguna manera, pero hay una diferencia entre que te enseñen algo desde una edad temprana y una mentalidad de secta directa cuando no te permiten contradecir la opinión pública de ninguna manera o te cancelan. Excepto cuando se trata de los militares: tienen seguro médico, educación e incluso vivienda asequibles (o incluso gratuitas). Pero nadie llamaría a eso socialismo.

Sorprende la magnitud y el alcance de los sistemas de transporte público en Europa. A menudo me decepciono al volver a casa, al darme cuenta de la falta de visión de nuestros políticos. Los estadounidenses hablan y viajan aprisa.

Hay buenas respuestas en el libro de Howard Zinn Historia Popular de los Estados Unidos y en los cómics Economix. Básicamente, los ricos aplastaron la idea misma del socialismo. Existía el macartismo y la caza de comunistas en los siglos 40 y 50 (la mayoría no eran realmente comunistas al estilo ruso, sino socialistas), y los ricos vendieron una nueva narrativa, construida por pensadores como Ayn ​​Rand (autora de La Rebelión de Atlas, un libro cuyas ideas fueron adaptadas en una utopía liberal fallida en los juegos de Bioshock), con el personaje del "intermediario" que trabaja duro y finalmente es recompensado y también puede hacerse rico. Esta falsa narrativa se llama "Sueño Americano". Por eso la idea socialista tiene dificultades en Estados Unidos. A los estadounidenses se les ha lavado el cerebro durante décadas. Y actualmente el sueño americano de muchos es salir de EE. UU. Y la ironía es que la gente que dice "¡Bueno, si no te gusta, puedes irte!" se enoja contigo por hacer precisamente eso.

Una de las cosas locas de Estados Unidos es que sus leyes antimonopolio fueron diseñadas originalmente para destruir sindicatos. Otro punto sobre "todavía hay sanidad privada en el Reino Unido" es que la sanidad privada también es generalmente más barata que en Estados Unidos, porque tienen que competir con la gratuita.

Se puede acceder a atención médica privada a través del NHS (National Health Service / Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña). Pero no recibir el servicio siempre es gratis. La privada debería declararse ilegal a menos de que fuera totalmente independiente del NHS. Con demasiada frecuencia, la sanidad privada se limita a seleccionar lo mejor, el trabajo fácil y las mayores ganancias. Además, cobra de más al NHS, porque como no tienen el monopolio, no pueden cobrar precios excesivos a sus clientes.

Basta con observar los costos base de los medicamentos y los diferentes tratamientos médicos privados en Escocia y compararlos con sus costos equivalentes en EE. UU.: la diferencia es asombrosa. Los tratamientos médicos privados son MUCHO más baratos en el Reino Unido que en EE. UU. ¿Por qué? Porque los proveedores de atención médica privada del Reino Unido tienen un competidor financiado con impuestos que puede superarlos en precio (es decir, £0). Así que tienen que fijar precios competitivos para sus servicios. EE. UU. no tiene una alternativa barata, así que operan como cárteles y cobran el precio desorbitado que les plazca. Un amigo mío pagó una operación de rodilla aquí en el Reino Unido a través de un proveedor privado. La factura total fue de unos dos mil. Parece un precio razonable para evitar posibles retrasos. Sin embargo, si esa factura fue de unos veinte mil (precios en EE. UU.), no hay... De la misma manera que él lo habría pagado, habría esperado a que el NHS lo hiciera. Voy a operarme. La médica del NHS dijo que no creía que fuera posible. Obviamente, el médico privado lo intentará; si no tiene éxito, le pagarán, así que probablemente tengas razón. Un trabajador americano en Australia tiene atención médica privada y dice que le cuesta menos del 10% de su cobertura en los EE.UU. Y tiene una cobertura similar.

Hay un elemento que también está subvencionado por el NHS. El NHS básicamente se encarga de toda la formación, y luego el sector privado contrata personal experimentado del NHS. La mayoría de los médicos privados habrán trabajado primero en el NHS, o incluso seguirán trabajando en él mientras trabajan en el sector privado. Muchos consultores trabajan para ambos. La atención médica privada es perfectamente legal en Canadá, pero los médicos no pueden ejercer en el sector privado y al mismo tiempo trabajar en el sistema nacional de salud. Se considera un conflicto de intereses.

La diferencia de precio no es lo que se cree y no se debe a la competencia. Se debe a las regulaciones del Reino Unido sobre seguros y transparencia. En el Reino Unido, una cirugía de rodilla cuesta 2000 libras porque eso es lo que cuesta. En EE. UU., una cirugía de rodilla le cuesta al hospital 2000 dólares, te cobran 25 000 dólares, el seguro te pide que pagues tu deducible (digamos 3000 dólares) y luego le dice al hospital que no pagarán 25 000 dólares, que lo máximo que pueden hacer es 1000 dólares, el hospital contraataca y, a los pocos días, tras acumular más costos con la discusión, llegan a un acuerdo con 3000 dólares, que es tu deducible. La compañía de seguros se lleva el crédito por 22 000 dólares, el hospital la culpa de los costos y, de alguna manera, tú estás pagando todo además del seguro. Los costos médicos en EE. UU. están inflados artificialmente porque las compañías de seguros no tienen ninguna obligación con el paciente y tienen todos los incentivos para pagar lo menos posible para maximizar las ganancias. En el Reino Unido, si las compañías de seguros obtienen más del 10% de beneficio, tienen que emitir reembolsos para llegar a menos del 10% de beneficio, lo que incentiva a que la mayor cantidad de personas posible se atiendan, incluso cuando alguien puede costarles dinero (porque gastan más, por lo que su beneficio máximo permitido es mayor). En los EE. UU., la ley de atención médica asequible quería limitar los beneficios al 20% y las compañías de atención médica estadounidenses afirmaron que sería el fin de cualquier persona que recibiera atención médica. No es que no haya competencia, es que los incentivos están completamente sesgados con los seguros y hospitales estadounidenses que quieren mentirte sobre los costos mientras te quitan el dinero en cada oportunidad. En el Reino Unido, tu compañía de seguros de salud por ley tiene que decirte los gastos que pagaron (no cuál fue la factura inicial), lo que elimina por completo todo el asunto de mentir (sin mencionar que cobrarte de más no les da nada si tienen que reembolsarlo).

En el Reino Unido, la sanidad privada no es mejor que el NHS en cuanto a la oferta ni a la calidad de la atención; simplemente, a veces se accede más rápido y, por lo general, se consigue una habitación privada. Debido a la falta de recursos en el sector privado, los pacientes privados son derivados al NHS para, por ejemplo, afecciones costosas, complejas y crónicas o procedimientos novedosos. A nadie con seguro médico privado se le niega la atención del NHS. Hablando de la mítica sanidad "gratuita" del NHS, no es gratuita; la pagamos con nuestras cotizaciones a la seguridad social, que se descuentan del salario, de la misma manera que se deduce el impuesto sobre la renta. Y pagamos una cotización por medicamentos, atención dental, oftalmológica y otros servicios. Nadie que necesite atención sanitaria es rechazado por no haber cotizado. Incluso quienes tienen planes de salud privados pagan la seguridad social. El NHS es una institución muy querida. Por suerte, no he tenido que usarlo en más de 12 años, pero me alegra que otros se beneficien de mis contribuciones.

El mayor proveedor de salud privado en el Reino Unido es BUPA, una empresa sin fines de lucro.

Para ser justos, por experiencia propia, el coste no es comparable con el de la competencia. La sanidad privada aquí ofrece principalmente atención médica no urgente, ahora, a diferencia del NHS, donde las necesidades no urgentes tienen largas listas de espera. ¿No es un poco engañoso? No tienes que pagar de tu bolsillo por un servicio más rápido. Pero algunos proveedores privados siguen prestando atención; simplemente les pagas con fondos públicos. El hecho de que exista un sistema de salud socializado también significa que el seguro médico realmente debe valer la pena. Si fuera tan terrible e inútil como la mayoría de los seguros médicos estadounidenses, nadie lo contrataría. 

Solo una observación sobre los hospitales privados aquí en el Reino Unido. Estos hospitales privados NO tienen equipo de urgencias. Si ocurre algo drástico durante una operación, tienen que llamar a los paramédicos. Si lo hubiera sabido cuando me operaron la hernia, ¡habría esperado a que me ofrecieran el NHS! En mi país, la atención médica ha empeorado mucho después de aproximadamente una década de legalización de las opciones privadas. El gobierno lo usa como excusa para financiar cada vez menos el sistema público, que tiene listas de espera mucho más largas, etc. 

Según un profesional sanitario jubilado, cuando trabajaba en el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido, el contrato estándar para consultores médicos y quirúrgicos era de 8 sesiones semanales, de 4 horas cada una. En otras palabras, su semana laboral era de 4 días completos. Tenían libertad para ejercer en privado el quinto día y el fin de semana. Algunos de sus compañeros evitaron la práctica privada y trabajaron las 10 sesiones de una semana de 5 días en el NHS, cobrando 3 sesiones por las 2 adicionales. Por supuesto, trabajaban por turnos, de modo que cubrían los 7 días, y su "fin de semana" podía ser viernes y sábado o domingo y lunes, y también existía un sistema de guardias de emergencia fuera de horario desde casa. No sé si hoy en día se aplican las mismas normas contractuales.

En Rusia se tenía atención médica universal y si querías ir a un médico privado pagabas entre 10 y 300 dólares por visita. 300 dólares eran para los especialistas más solicitados, que trabajaban en las clínicas privadas más elegantes de Moscú. Los médicos privados que veíamos solían costar unos 50 dólares. Y eso si los gratuitos no te ayudaban. Así que estoy totalmente de acuerdo. Aquí en Estados Unidos te cobran el seguro (1200 dólares para una familia de 4 personas con la Ley de Cuidado de Salud Asequible), un copago de entre 15 y 100 dólares por visita y 150 dólares por medirte y pesarte. Y, para ser sincero, aunque me encanta Estados Unidos, la calidad del servicio médico suele ser pésima. ¿Alguna vez te has dado cuenta de que los estadounidenses que dicen que Estados Unidos es mucho mejor que Europa nunca han vivido en Europa?

Si bien la premisa de que el esfuerzo y la iniciativa deben ser recompensados es loable, es un desafío encontrar una buena manera de implementar eso a gran escala. De hecho, hay una laguna legal que compensa eso en cierta medida. Las enfermeras practicantes están exentas y brindan cierta atención médica privada, como para diagnósticos de salud mental. Muchas veces, el sistema privado será igual que el NHS, sólo que sin un año de espera. Pero parte de eso se debe directamente al nivel de financiación, sobre todo en lugares donde la situación está empeorando ("escasez de médicos", ¡menuda ironía!). No me importaría tanto tener sistemas duales si a quienes controlan el gasto se les prohibiera usar la vía de escape privada. Pero la sanidad privada es mucho más barata que en Estados Unidos, ya que solo la necesitamos si queremos una cirugía electiva. Todo lo demás está cubierto.

Las cotizaciones de un trabajador a la Seguridad Social pagaron al NHS para que le hicieran un triple bypass en 2009. Dinero bien gastado, tanto para él como para ellos, ya que siguió trabajando y pagando la Seguridad Social y el impuesto sobre la renta de su salario hasta 2021. También tenía la opción privada, pero habría influido muy poco en el tratamiento o en el resultado.

Yo lo prohibiría para los políticos y sus familias. Lo mismo con las escuelas privadas. Vean cómo mejorarán las escuelas públicas y el NHS.

En Noruega, puedes considerar la sanidad privada como empleada doméstica o asistente. Puedes decirle a tu médico que quieres ir allí y él te enviará (algunos médicos podrían haber olvidado que tienes derecho a elegir hospital). Sin embargo, la sanidad privada en Noruega también se usa para reducir la presión en algunos casos, pero lo curioso es que esos grandes hospitales públicos a menudo quieren retenerte de todos modos... quizás haya dinero para ellos.

En los Países Bajos, la atención médica no tiene fines de lucro, pero el seguro médico sí. Esto lleva a las aseguradoras a esforzarse por reducir costos y competir en precios, ya que la cobertura está estandarizada por ley.

Otro punto que a menudo se pasa por alto es que Estados Unidos ya gasta más dinero de los contribuyentes, per cápita, en sanidad pública que cualquier otro país. Por mucho. Pero el resultado es tan malo porque lo que lo frena no es la financiación, sino la regulación. Por ejemplo, el gobierno estadounidense aprobó una ley que prohíbe negociar precios con las farmacéuticas. Así que, en Estados Unidos, se gasta más dinero de los contribuyentes dando menos medicamentos a menos personas. Y lo mismo ocurre con los hospitales, etc. Básicamente, hay una toma de ganancias en todos los niveles por parte de quienes gastan este dinero en cabildeo. Así que todos los argumentos de "tus impuestos lo pagan, no es gratis" o "pero pagas más impuestos" son simplemente erróneos.

Canadá tiene literalmente el sistema de salud público más "aterrador" del mundo, pero está muy cerca y da un mal ejemplo a Estados Unidos. 

La medicina de clase simplemente no golpea lo suficientemente fuerte cuando la brecha no es lo suficientemente grande. Necesitan poder oler la muerte. Además, intenta constantemente desmantelar el NHS. Mi hermano se acaba de romper el dedo gordo del pie. Fue bastante grave, se desgarró la articulación por completo y el hueso atravesó la piel. De camino a casa, estaba hablando de la cuenta mientras yo conducía. Por una noche de hospitalización y cirugía, la cuenta es de unos $15,000 (¡por un dedo!).

Desde el Reino Unido: si contratas atención médica privada en el Reino Unido, lo que estás contratando es una forma de evitar las colas para recibir tratamiento para tu dolencia menor. Alguien con una uña encarnada no será atendido ni tratado antes que alguien con un infarto, una fractura de cráneo o una pierna rota, etc. Donde la medicina social en el Reino Unido falla es que el 99,99 % de los médicos de familia tratan los síntomas y no la causa subyacente del problema. Por ejemplo, ahora tengo 75 años y, por desgracia, siempre he tenido un umbral de dolor extremadamente alto. Durante casi 30 años, hasta que cumplí 50, me recetaban mensualmente un espray para aliviar las molestias en el hombro derecho, que me bajaba por el brazo derecho y llegaba hasta la mano. El diagnóstico original fue que me había dañado los nervios del hombro jugando al rugby y no se podía hacer nada. Eso fue hasta que, por pura casualidad, un día fui a ver a un médico suplente para que me recetara otra vez. Me preguntó sobre esta molestia y me envió al hospital para una radiografía del lado izquierdo del cuello. Resultó que me había fracturado un hueso del cuello décadas atrás, que al sanar había formado un espolón óseo que mis nervios estaban atrapando, causando la molestia. Me dio una serie de ejercicios para el cuello muy sencillos y fáciles de hacer, que no me llevaban más de tres minutos. Me sugirió que los hiciera por la mañana al despertarme y por la noche antes de acostarme. Durante los últimos veintidós años he hecho estos ejercicios y no he tenido molestias en el hombro, el brazo ni la mano. Además, me he ahorrado unas 2500 libras en recetas. Todo porque un médico quería saber cuál era la causa de mi problema.

Tampoco tienen nuestro extraño sistema de cobrar a las personas sin seguro mucho más de lo que cobran a las compañías de seguros por los mismos servicios.

La sanidad privada en el Reino Unido también se beneficia de precios de medicamentos mucho más bajos. El gran poder adquisitivo del NHS implica que el precio de referencia es mucho más bajo para los compradores privados. Por eso Farage y sus aliados farmacéuticos quieren dividir el NHS.

Sí, pero pase lo que pase, todavía tienes que pasar por el NHS en caso de emergencia y enfrentar su burocracia antes de poder involucrar a tu seguro.

Además, todavía te beneficias de la negociación colectiva, es decir, los medicamentos y otras cosas cuestan tanto como el seguro obligatorio del gobierno, pero en el privado es posible que tengas que pagar más (pero los obtienes a petición propia, etc.). Al menos aquí en Alemania, la diferencia entre el seguro privado y el obligatorio del gobierno es principalmente que el obligatorio del gobierno cubre principalmente las cosas necesarias, mientras que el privado es más caro pero cubre también los procedimientos innecesarios.

No hay atención médica gratuita, si tienes un trabajo estás pagando por la atención médica gratuita.

También podemos ver la televisión sin ser bombardeados con anuncios farmacéuticos.

En el Reino Unido, es probable que sea de propiedad extranjera y no ofrezca atención de emergencia de ningún tipo, así que, en cuanto tu operación programada salga mal, te trasladan rápidamente a un hospital del NHS. Spire Healthcare es propiedad de la australiana Ramsay Healthcare. Al igual que los veterinarios, dentistas, residencias, guarderías, etc., donde generalmente pagas precios inflados por un fondo de pensiones canadiense.

No estoy seguro de otros servicios porque no los he necesitado, pero en Columbia Británica, las imágenes diagnósticas (resonancia magnética, etc.) se pueden cubrir con una espera o pagar de forma privada. Incluso para ir a un centro privado, se necesita la recomendación de un médico.

La atención médica privada en el Reino Unido no suele ser mejor. Suelen ser los mismos consultores, especialistas, etc., quienes brindan la atención. Donde sí difiere es en los tiempos de espera para tratamientos no esenciales. Y si no te mata hoy, como en este mismo momento, a menudo se considera no esencial. Además, la administración, las salas, el estado de los edificios, etc., son inferiores. Pero eso se debe a que un grupo de imbéciles ideológicos pensó que si privaban de fondos al NHS, la población diría: "Oye, el NHS está roto, ¿por qué no adoptamos el sistema estadounidense?". Y la atención médica privada en el Reino Unido es propiedad de amigos de ese partido político, muchas de las empresas tienen sede en Estados Unidos y ven una mina de oro si pueden destruir los sistemas de salud pública. Por cierto, no soy británico. Solo vivo aquí. He tenido algunos problemas de salud recientemente y, aunque los retrasos y los sistemas enrevesados ​​han sido frustrantes como el infierno, los tratamientos reales que me han dado son de nivel mundial. No soy un fanático del NHS, a diferencia de la mayoría de los británicos. Veo sus defectos y las consecuencias de la escasez de fondos de las últimas dos décadas. Pero, en esencia, es un sistema asombroso y una de las pocas cosas que aún unen al Reino Unido como sociedad. Las redes sociales y las noticias falsas han fragmentado nuestras sociedades en Occidente, pero que el Reino Unido tenga el NHS es como un baluarte contra las fuerzas que nos desgarran. Lo mismo ocurre con la BBC, por mucho que me haya decepcionado últimamente. Quiero cambios, no quiero que desaparezca. Pero la BBC es otro tema.

Iba a mencionar eso. Mi madre se operó en un centro privado y tuvo que hacerse todos los controles y la medicación de seguimiento cuando salió mal en el NHS. Un hospital privado la operó y luego se desentendieron de ella.

El gobierno intenta ayudar con eso. Por ejemplo, soy estudiante a tiempo completo. En el Reino Unido, la odontología no está cubierta por el NHS, pero el gobierno paga mis citas con el dentista. Lo mismo ocurre con mis medicamentos recetados. Así que estas industrias también saben que intentar cobrar de más a un gobierno con décadas de austeridad es una forma segura de recortar esos ingresos con el tiempo.

Espere hasta que la Reforma venda el NHS a las compañías de seguros estadounidenses y solo los ricos puedan darse el lujo de estar enfermos.

A una amiga le estaban extrayendo un cálculo biliar en un hospital privado local y algo salió mal, tuvieron que llevarla de urgencia al hospital.

Un punto que he mencionado varias veces. Hace unos años, por curiosidad, pedí un presupuesto para mí y mi hija: 56 libras al mes. No los cientos que se supone que pagan los estadounidenses. El único problema es la escasez de hospitales privados. Estoy en Anglesey y el más cercano es Shrewsbury. Pero cuando vivíamos en Cardiff, el más cercano estaba literalmente a diez minutos a pie.

Comentarios

Escuché en la radio (en Nueva Zelanda) que el 20% del PIB de los EE. UU. corresponde al sector médico y de seguros médicos del país... ¡Qué ganga!

Tengo atención dental y fisioterapia privadas. El resto lo hago a través del NHS.

 Sin embargo, eso debería detenerse porque al NHS le cuesta mucho más hacerlo de esta manera.

 No es gratis, solo se paga con impuestos. Es importante recordarlo y pedirle al gobierno que garantice una atención médica adecuada .

Aquí en París. 30 € al mes por un seguro adicional que puede ayudar a pagar la atención médica privada. En mi experiencia con la atención médica privada, te dan una habitación individual (no compartida) con almohadas más mullidas y un televisor nuevo. No vale la pena el coste adicional. En mi opinión, nunca he visto realmente la diferencia entre la atención médica privada y la pública. Me parece que todo es igual. Por ejemplo, no tengo acceso rápido al hospital y todos los médicos parecen ser los mismos.

  Están intentando hacer lo mismo en Francia. Como estadounidense, lo veo como un problema a la distancia. Otros franceses simplemente creen que es una decisión inteligente de gasto.

 Tenía atención médica privada a través del lugar de trabajo de mi esposo y cada vez que se lo mencioné al médico del NHS nunca lo necesité porque conseguí una cita rápidamente y los mismos médicos.

 Lo curioso es que en EE. UU. prácticamente solo hay sanidad privada, pero en países como el Reino Unido, por ejemplo, puedes elegir entre atención gratuita a través del NHS o usar la sanidad privada y gastar un poco de dinero. Por ejemplo, una operación de fractura de pie puede costar unas 2000 libras esterlinas... me pregunto cuánto será eso en dólares estadounidenses.

  También está el hecho de que la mayoría de los países actuales y ex miembros de la UE establecen un límite estricto a cuánto pueden cobrar los médicos privados.

 Puede confirmarlo, me hice una resonancia magnética y una operación de rodilla (menisco roto) de forma privada a través de Bupa, el costo total fue de aproximadamente £1.500, ni siquiera puedo imaginar cuánto sería en los EE. UU.

  El sector privado en el Reino Unido se aprovecha del NHS; por ejemplo, no hay servicios de urgencias privados. Todo esto se traduce en que la atención médica es muchísimo más barata aquí, lo que también se refleja en el gasto del PIB.

 Qué curioso. Tenemos muchos estudiantes canadienses que estudian en Australia, reciben formación en el sistema de salud pública y probablemente volverán a casa para ejercer en el sector privado. En Australia, nuestros profesionales sanitarios suelen trabajar en el sector público y privado. Un colega tiene una cadena de consultorios y emplea a docenas de nuestro personal público.

 BUPA se fundó como una póliza de seguro de salud asequible para las familias de clase trabajadora en la era anterior a la Segunda Guerra Mundial.

 Un tercio de los costos de "atención médica" en EE.UU. son costos administrativos.

 Para que quede claro, la atención médica en el Reino Unido no es gratuita. La pagamos con los impuestos.

 El problema con la atención sanitaria en el Reino Unido es que los profesionales ganan mejores salarios en Australia y Nueva Zelanda y son muy móviles, por lo que la fuga de cerebros es muy real, tanto en el NHS como en los proveedores privados.

 No es gratis. Lo pagamos con nuestro salario. Subvencionado, sí, pero no gratis.

 Sería interesante ver una comparación. He oído que una bolsa de suero fisiológico en EE. UU. cuesta 500 dólares (podría ser un error). Supongo que buena parte del dinero que se gasta en EE. UU. en atención médica va a parar a las aseguradoras y a los abogados. Lamentablemente, esto también ocurre en el Reino Unido en un ámbito específico: el parto. Parece que en el Reino Unido existe la costumbre de culpar al Servicio Nacional de Salud cuando un niño nace con malformaciones ("negligencia materna"). El NHS desembolsó 2.800 millones de libras el año pasado, aproximadamente el 1 % del presupuesto total del NHS y más del 10 % del presupuesto de maternidad.

 Ganaron 970 millones el año pasado. ¿Cómo es posible que no tengan fines de lucro?

 Eso no es cierto. Mi plan dental privado en el Reino Unido es mucho más barato que el que teníamos en Estados Unidos.

 Soy australiano. Tuve un cálculo renal hace un tiempo (tan grave que pensamos que era apendicitis). Me hicieron una revisión en una clínica privada local, otra de urgencias y en un hospital de verdad, además de varias tomografías y antibióticos. Solo pagué $100 por la medicina local y los antibióticos.

 Me sorprendió que mi médico contratara a profesionales externos. La última operación que consideraron urgente. Parece que el cáncer es hereditario en mi familia. Mi abuela murió de cáncer de colon. Mi madre también tuvo cáncer de colon, pero lo detectaron a tiempo. También tuvo cáncer de mama. Mi padre tuvo cáncer de vejiga y cáncer de piel. Mi hermano gemelo tiene un tipo de cáncer de pulmón, pero nunca fumó. Esta próxima operación no la considero urgente; solo fui a pedir consejo; es una hernia y me dijo que podría empeorar.

 Sigue viendo a los mismos médicos, solo pagando por los privilegios. Es parte de la destrucción del NHS. Si dificultas conseguir algo, por ejemplo, una cita, la gente gritará para pagarla. Oferta y demanda, es muy simple.

 Es incluso más barato en Jersey. Quizás en parte por razones similares (Francia y el Reino Unido no están lejos). Pero también porque la cultura de las expectativas es diferente. ¡Creo que una cita con el médico de cabecera cuesta unas 6 libras!

 También existe un nivel inferior de atención médica privada que solo se activa si te ponen en lista de espera durante más de cinco meses. Lo estaba considerando para mi padre, pero me pareció una tontería y luego lo pusieron en lista de espera de siete meses para una cirugía de próstata. No es urgente. Solo significa que tiene un catéter hasta que se solucione.

 Mis controles de cáncer semestrales los realiza el NHS.

 Pero solo consigues seis de ellos

 El coste para el NHS de una cama o atención especializada es mayor que el de contratar un centro privado para tratar ciertas afecciones. Esto se debe a que el NHS ofrece atención de emergencia gratuita y necesita las camas. El pago a la clínica privada suele ser menor que el coste total y el impacto (tanto monetario como operativo) para el NHS.

 Es cierto para muchos países, trabajé en un hospital en Polonia y pocas veces tuvimos personas que llegaron a urgencias sin seguro (en su mayoría extranjeros de vacaciones) y cada vez que recibían la factura de la atención médica me sorprendía lo razonable que era.

 Una vez llevé a una amiga de Estados Unidos a un hospital del NHS. Su madre la llamó y le dijo que quería que recibiera tratamiento privado. Mi amiga dijo que confiaba en el NHS. Pero su madre insistió. Así que la trasladaron de una sala de seis camas a una habitación para ella sola. El médico era el mismo y el tratamiento era el mismo. La única diferencia era la habitación privada. Incluso la comida era la misma. Claro, podría haber ido a una clínica privada, pero el tratamiento ya había comenzado, y habría sido una tontería parar, mudarse y empezar de nuevo.

 A los estadounidenses realmente les cuesta asimilar la idea de que una opción pública es solo eso, una opción, no la abolición de la atención médica privada. jajaja

 La atención médica privada en el Reino Unido está en riesgo. ¿Sabes qué hacen estos hospitales privados cuando algo sale mal? Llaman al 999... Dicen que todo lo que necesitas es...

También es de mejor calidad general, porque nuestro sistema educativo es más sólido. No es perfecto, no está al nivel que debería, pero es más sólido.

 Además, según todas las métricas que encuentro (tasa de mortalidad infantil, mortalidad por enfermedades cardíacas, mortalidad por enfermedades prevenibles, tiempo de espera para ver a un especialista o recibir tratamiento en un hospital), el sistema sanitario estadounidense es simplemente peor que el de los países de la UE. Hay más mortalidad (que aumenta anualmente en EE. UU., mientras que se ha reducido en el resto del "primer mundo"). Hay un tiempo de espera mucho mayor, siendo EE. UU. el segundo país con mayor tiempo de espera del mundo, después de Canadá, a pesar de que los estadounidenses siguen diciendo que no ofrecen atención médica gratuita porque no quieren esperar demasiado tiempo cuando la necesitan. Además, muchos estadounidenses detestan la idea de la atención médica universal porque sería demasiado cara. ¿Y qué hay de malo en eso? EE. UU. es, literalmente, el país que más gasta en atención médica (per cápita, por supuesto) del mundo, y ni de lejos. Gastan un 50 % más en atención médica (tanto pública como privada) que Suiza, el segundo mayor inversor. Estados Unidos gasta literalmente más (per cápita, aún) en un sistema de salud que es, OBJETIVAMENTE, el peor en TODOS LOS MÉTRICOS. Es un sistema más restrictivo, un sistema que literalmente impide que las personas accedan a la atención médica si son demasiado pobres, un sistema que desalienta a las personas a buscar atención médica preventiva, lo que conduce a enfermedades prevenibles más graves, un sistema con una tasa de mortalidad más alta que cualquiera de los sistemas de "atención médica socializada" del mundo, y un sistema per cápita más caro que la atención médica gratuita y universal. Y, sin embargo, aunque su sistema es simplemente peor en todos los aspectos mensurables, lo defenderán porque Estados Unidos...

  Eso nunca debería haber sido una opción.

 Siempre que les cuento a mis amigos estadounidenses cuánto pagué en los dos médicos privados que consulto una vez al año, se sorprenden. Y aún así, mi seguro me devuelve algo de dinero.

  La sanidad privada también es poco común porque, a menudo, simplemente no es rentable. No tiene sentido económico gestionar un servicio de urgencias para beneficio propio.

 Es cierto, y los precios médicos en Estados Unidos son desorbitados. Una vez leí que una histerectomía puede costar 100 mil en Estados Unidos, ¡y mientras tanto, puedes hacerte la misma operación en un hospital privado finlandés por *menos de 10 mil*! ¡Realmente sería más barato viajar a Finlandia, operarte, alojarte en un hotel durante un mes para recuperarte y luego volar de vuelta a casa!

 Hace 10 años, mi neurólogo del NHS me envió a un hospital privado para una resonancia magnética y confirmar que mi EM había pasado de "posible EM" a "EM clínicamente definida". Fue más rápido que esperar a que me la hicieran en el NHS. No tuve que pagarla, ya que la pagaba el NHS.

 La mayoría de los consultores del NHS también tienen una práctica privada, siempre lo han hecho.

 Si pasas por el NHS en una emergencia no necesitas tu seguro

 PD: En cuanto a las operaciones de cataratas en la clínica donde me operaron, los pacientes privados tenían más opciones de lentes que los pacientes del NHS. Yo podía elegir entre lentes para ver de lejos o de cerca, pero los pacientes privados podían elegir opciones más sofisticadas. Estoy perfectamente satisfecho con mis lentes para ver de lejos y uso gafas para leer. Conozco a un paciente del NHS que eligió una lente para ver de lejos en un ojo y una para ver de cerca en el otro.

domingo, 5 de octubre de 2025

La crisis de los veinte. Angustia en la generación Z.

 I

 La crisis de los 20: por qué hay jóvenes tan infelices, en El País, por Daniel Soufi, 5 OCT 2025:

La crisis vital se apodera de los jóvenes en una etapa que debería ser de entusiasmo. Son más conscientes de su salud mental, las redes sociales generan depresión y ansiedad, y tienen unas perspectivas de futuro peores que las de sus padres, con una situación económica que hace cada vez más difícil consolidar un proyecto de vida. ¿Qué podemos hacer para cambiar de rumbo?

Los jóvenes están mal, se sienten muy tristes, de bajón absoluto. Lo peor no es la ansiedad, ni estar enganchado al móvil, ni sentirse solo, ni estar sin trabajo, ni siquiera saber que es imposible comprarse una casa; lo peor es que, hasta hace unos pocos años, ninguno de ellos esperaba encontrarse con nada de esto.

En agosto, un artículo publicado en la revista científica estadounidense PLOS One señaló que hoy no hay ningún grupo de edad más insatisfecho que la juventud. Hasta hace poco, la curva de la felicidad seguía un patrón claro: empezaba alta en la infancia y la juventud, se hundía en la mediana edad y repuntaba en la vejez. Los jóvenes, que solían ser el segundo grupo más feliz, son los únicos que han caído. Los más afectados son los adolescentes y los adultos jóvenes, desde los 12 hasta los 24 años. El estudio se basa en encuestas a millones de personas, recogidas en más de 40 países. Y aunque siempre conviene ser prudentes con las conclusiones de las encuestas, la tendencia es difícil de cuestionar.

¿Son los jóvenes demasiado sensibles? La mal llamada generación de cristal recurre más al psicólogo que sus padres o sus abuelos, y maneja con soltura términos como TOC, TDAH, burnout o síndrome del impostor. ¿Ha influido esa mayor conciencia sobre la salud mental en su estado de ánimo? “No necesariamente, pero es evidente que el concepto de felicidad no es el mismo para alguien de 20 años que para su abuela”, responde Alejandro Cencerrado, físico, analista del Instituto de la Felicidad de Copenhague y autor de En defensa de la infelicidad (Ediciones Destino, 2022). “Si a alguien nacido a principios del siglo XX, en algún momento de su vida, le hubieran preguntado si tenía depresión, ni siquiera habría sabido qué contestar. Y eso que vivían situaciones muy duras”.

El mundo cambia y cualidades que hace 20 años se consideraban esenciales para ser inteligente, como tener una memoria enciclopédica, no son las mismas que hoy permiten desenvolverse y superar obstáculos. Del mismo modo, los factores que hace 50 años definían la felicidad, como tener una familia con un formato tradicional o tener una buena relación con Dios, difieren de los que influyen en nuestro bienestar actual. “Es realmente difícil comparar las respuestas de un chaval que pasa el día en TikTok con las de dos personas que vivieron una guerra. Cada uno valora las cosas de manera distinta”.

La felicidad solo empezó a medirse de forma sistemática en los años setenta. En 1972, Bután introdujo el concepto de Felicidad Nacional Bruta y, poco después, encuestas como la World Values Survey incluyeron preguntas sobre satisfacción vital. El gran salto llegó en las dos últimas décadas, con encuestas internacionales de gran escala, lo que refleja que nunca antes habíamos estado tan empeñados en cuantificar nuestro bienestar. “La paradoja es que, cuanto más nos obsesiona medir la felicidad, más sensibles nos volvemos a problemas de salud mental como la depresión”, afirma Cencerrado.

Sin embargo, existen indicadores más objetivos que los cuestionarios sobre felicidad en los que se basan estos estudios. En Estados Unidos, la tasa de suicidio en adolescentes de 12 a 17 años creció un 70% entre 2008 y 2020. En la Unión Europea también se observa un aumento, con España pasando de 1,99 a 2,94 por cada 100.000 jóvenes de 15 a 19 años entre 2011 y 2022. También se han incrementado los ingresos hospitalarios por trastornos mentales en menores y el consumo de psicofármacos. En el Reino Unido, por ejemplo, las prescripciones de antidepresivos en adolescentes de 12 a 17 años se duplicaron entre 2005 y 2017, en un contexto en el que hay médicos que alertan del exceso de medicación, y no solo en jóvenes.

Según el informe de PLOS One, la infelicidad juvenil empieza a crecer claramente desde 2012. ¿Qué ocurrió en ese momento cuyo impacto tuvo un efecto global que no se ha detenido hasta el día de hoy?

La primera hipótesis vincula esta crisis de los 20 con la llegada de las redes sociales y los smartphones. El sociólogo Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa (Deusto, 2024), explica por videollamada que existen demasiados estudios, de muy distintos tipos, como para negar una relación causal entre estas tecnologías y el deterioro de la salud mental de los jóvenes. “Las redes sociales son una causa sustancial —no solo una pequeña correlación— de la depresión y la ansiedad, y por tanto de conductas asociadas a estas enfermedades, incluida la autolesión y el suicidio”.

Lo que plantea Haidt es que el problema no es solo la ansiedad o el aislamiento que puedan causar Instagram o TikTok, sino que lo verdaderamente grave es que estas plataformas han reconfigurado por completo la forma en que los jóvenes socializan. Por eso, advierte, si un adolescente decidiera abandonar las redes para protegerse, su salud mental podría quedar todavía más debilitada al quedar excluido de la vida social de su grupo. Haidt lo define como un efecto de cohorte y de red: toda una generación atrapada en un sistema en el que todos estarían mejor si se desconectaran, pero en el que quien lo hace en solitario acaba aislado.

Algo tan esencial para el bienestar como el descanso también se ha visto trastocado por la llegada de los smartphones. En España, un 83% de los jóvenes de entre 18 y 34 años presenta alguno de los síntomas del trastorno de insomnio, y alrededor de un 13% cumple los criterios para que sea crónico, mientras que solo uno de cada cuatro admite dormir bien y lo suficiente, según el estudio Hábitos y prevalencia de trastornos del sueño en España de 2024. Las dificultades para conciliar y mantener el sueño se han agravado en las dos últimas décadas: hace 20 años, la proporción de personas con insomnio crónico era la mitad. Y son los menores de 35 años quienes más han sufrido este deterioro.

El doctor Javier Albares, experto en sueño y autor de Generación Zombi (Península, 2025), advierte que el abuso de móviles y tabletas está moldeando una “generación atrapada en una espiral de hiperestimulación, adicción y privación crónica del sueño”. Según explica, las pantallas no solo roban horas de descanso, sino que también lo fragmentan: “Aumentan el número de despertares que suceden a lo largo de la noche, y, en consecuencia, disminuyen tanto la calidad como la cantidad del descanso”. Asegura que la mitad de los adolescentes responde mensajes durante la madrugada y un porcentaje similar consulta el teléfono al menos una vez en plena noche. “Esta falta de sueño se traduce en fatiga, menor rendimiento académico, irritabilidad y más riesgo de ansiedad o depresión”.

Haidt reconoce que una tendencia tan global responde a una acumulación de factores. Según el experto, otra de las causas del aumento del malestar juvenil es la “sobreprotección de los niños en el mundo real”. En las últimas décadas, señala, los menores han perdido la posibilidad de jugar libremente en la calle, sin supervisión adulta, en grupos mixtos y con cierto grado de riesgo, algo que antes era habitual y que resultaba crucial para desarrollar resiliencia, autonomía y capacidad de afrontar la incertidumbre. Haidt lo resume con una fórmula clara: hoy existe sobreprotección en el mundo real y desprotección en el mundo virtual. “Se limita cada vez más la libertad de los niños fuera de casa, mientras que se les deja expuestos sin control en internet y en las redes sociales”, advierte.

Los datos de los estudios sobre la felicidad no sorprenden al filósofo y profesor de Literatura Jesús G. Maestro, cuyo canal de YouTube goza de enorme popularidad entre los jóvenes. Maestro se da cuenta de ello cada vez que entra en un aula. Pero rechaza la idea de que los mileniales sean una generación hiperprotegida: “Es falso, es la generación más desprotegida de las últimas décadas”, asegura por teléfono. “No puede estar muy protegida una generación a la que se le ha privado de conocimientos esenciales para enfrentarse a la vida y se la ha expuesto a las redes sociales e internet sin ningún tipo de resguardo, donde la presión psicológica es fortísima y muchos no lo resisten”.

Para el autor de Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI (HarperCollins, 2025), el malestar de los jóvenes tiene una causa muy concreta: el idealismo de sus padres. “Es una generación a la que se le prometió todo y se ha encontrado con nada”. Según Maestro, los boomers educaron a sus hijos para enfrentarse a un mundo que no existe. “La educación debe orientarse a hacer compatible al ser humano con la realidad. Y la realidad es la de un mundo depredador regido por la lógica de mercado”. Maestro critica la dureza con la que a menudo se juzga a esta generación: “De los mileniales se habla muy mal sin saber lo que se dice. Se les presenta como vagos, tontos o inútiles. Se ha vertido contra ellos lo peor. Y no se puede ayudar a una persona malinterpretándola”.

Como dice Maestro, muchos jóvenes crecieron con la promesa de que al hacerse mayores se encontrarían con un mundo mejor que el de sus padres, con oportunidades para realizarse y ser felices. Sin embargo, la realidad que aguarda a quien sale hoy del instituto o de la universidad es desoladora. La situación económica de los jóvenes es mucho peor que la de la generación anterior. Según el INE, en 2004, las personas en edad de jubilarse eran el grupo con mayor riesgo de pobreza (30%); el año pasado esa cifra se redujo a la mitad (16,8%), mientras que golpea con más fuerza a los jóvenes (21%) y a los niños (29%). En paralelo, el patrimonio medio de una familia joven se ha reducido a la mitad entre 2002 y 2022. La tasa de paro juvenil, aunque en mínimos desde 2008, sigue en torno al 25%.

“Hay sensación de desánimo”, dice por teléfono la socióloga Patricia Castro, autora de Tu precariedad y cada día la de más gente (Apostroph, 2023). “La generación de nuestros padres, aunque viniera de un entorno de pobreza, tenía la percepción de un progreso vital, de que si estudiabas tu vida podría mejorar y lograrías un trabajo mejor. En gran medida, esa esperanza se ha perdido”. España es, de hecho, uno de los países donde el ascensor social funciona peor: más de un 35% de la desigualdad de ingresos está determinada por factores de origen —sobre todo, el nivel socioeconómico de los padres—, una de las cifras más altas de la OCDE. De este caldo de cultivo nace el reciente debate entre boomers y jóvenes que constatan vivir peor que sus padres.

Castro afirma que las nuevas generaciones padecen un “nihilismo light”, han perdido la fe en que sea posible luchar por un mundo con mejores condiciones. “Además, la sociedad les hace sentir que la responsabilidad de su precariedad recae sobre ellos mismos. Es una autodestrucción hacia dentro: te culpas a ti mismo de tu situación”. Añade que los jóvenes viven en un mundo cada vez más atomizado, donde se ha perdido el sentido de comunidad. “No sienten que juntos puedan lograr nada”, señala. Coincide con Maestro en que la generación anterior ha juzgado con excesiva dureza a los jóvenes: su adicción a las nuevas tecnologías, su incapacidad para ganarse la vida, incluso el reciente auge conservador. “Se ha culpabilizado a gente que ni siquiera ha tenido la oportunidad de cagarla”.

Las soluciones que proponen los expertos para revertir la infelicidad juvenil y para que la adolescencia vuelva a ser una de las etapas más plenas de la vida son diversas. Una de las más reiteradas es garantizar el acceso de los jóvenes a tratamientos de salud mental. Según el Libro Blanco de la Psiquiatría en España, elaborado por la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), la ratio es de apenas 10 profesionales por cada 100.000 menores de 14 años, una cifra significativamente por debajo de las tasas observadas en otros países.

Jonathan Haidt sugiere retrasar el acceso a las redes sociales hasta los 14 años y advierte de que la irrupción de la inteligencia artificial podría resultar aún más dañina para los jóvenes que las propias redes. Y, aunque sea obvio, seguro que ayuda la mejora de condiciones económicas, en especial, en trabajo y vivienda. Para Patricia Castro, la clave está en reforzar los vínculos: “No todos vamos a tener el trabajo de nuestros sueños ni a vivir en el centro de la ciudad, pero lo que no falta es gente en el mundo”. Jesús G. Maestro, fiel a su oficio de profesor de Literatura, propone una receta muy concreta: “Leer El Quijote. Si algo enseña es que el idealismo conduce al fracaso”. Y advierte: “Si no cuidas a la gente joven, estropeas el futuro de la sociedad”.

II

La crisis de los 20 es la nueva crisis de los 40: los problemas de los jóvenes pulverizan la curva de la infelicidad. En El País, por Enrique Alpañés, Madrid - 27 AGO 2025:

Un estudio señala un cambio de paradigma por la crisis de salud mental de las nuevas generaciones. El malestar, hoy en día, disminuye con los años

La curva de infelicidad está desapareciendo, pero esta no es una buena noticia. Hasta ahora, la satisfacción vital tenía forma de sonrisa. Empezaba alta en la juventud, se hundía en la mediana edad, en lo que en España se ha venido a llamar la crisis de los 40, y después repuntaba. La infelicidad, por el contrario, tenía forma de joroba o sonrisa invertida :-( . Pero un amplio estudio que se publica este miércoles en la revista científica PLOS One muestra cómo se ha erosionado esta curva hasta casi desaparecer. No es que la crisis de los 40 haya remitido, es que se ha empezado a ver algo que podríamos definir como la crisis de los 20. La infelicidad empieza ahora en alto, a edades muy tempranas, y tiende a disminuir a lo largo de la vida.

El estudio ha sido realizado con las respuestas de más de 10 millones de adultos de Estados Unidos (hechas entre 1993 y 2024), con un análisis longitudinal en el que participan 40.000 hogares del Reino Unido, y con dos millones de cuestionarios de la encuesta Global Minds, realizada en 44 países (entre ellos España). Muchos datos, muchos países, pero una conclusión unívoca. “La verdad es que nos sorprendió que los resultados fueran tan globales”, reconoce David G. Blanchflower, economista de la Universidad de Londres y autor principal del estudio.

Los autores no han preguntado por los motivos, pero apuntan a las consecuencias de la pandemia, a la crisis de la vivienda y, sobre todo, al uso masivo de teléfonos inteligentes. Esto explicaría la uniformidad de datos en contextos que son muy diversos. “Lo que tienen en común, por ejemplo, un chico de Alemania y otro de Nueva York es el acceso a internet y a los teléfonos inteligentes”, explica Blanchflower. “En los países en desarrollo, sin embargo, vimos que quienes no tenían acceso a internet no mostraban una salud mental tan deficiente”.

El autor no cree que esto se deba tanto al efecto de los móviles en sí, sino a la forma en la que depredan el tiempo libre, rebañándolo hasta hacerlo desaparecer. “Los móviles han desplazado las actividades beneficiosas. Los niños ya no juegan, no hablan… pasar mucho tiempo en internet aleja a las personas de actividades útiles”.

(En azul, la antigua curva de la infelicidad, con una joroba en la mediana edad. En rojo discontinuo, la nueva gráfica, una línea descendente. Véase el enlace inicial).

Esto podría explicar otro de los datos destacados del estudio. Las mujeres jóvenes presentan niveles de malestar significativamente más altos que los hombres jóvenes en todos los países analizados. Esta es una constante en todos los estudios que analizan el impacto de internet y las redes sociales en el bienestar percibido. El ejemplo más reciente lo ofrecía el estudio HBSC (por sus siglas en inglés Health Behaviour in School-ages Children), publicado por el Ministerio de Sanidad español. Señalaba que esta problemática afecta el doble a las chicas (con una prevalencia del 51,2%) que a los chicos (del 25,2%).

El presente estudio es importante por la gran cantidad de datos en los que se basa. Y porque pone el malestar de las nuevas generaciones en un contexto más amplio, comparando con la satisfacción autopercibida de sus mayores. Sus conclusiones son demoledoras, pero no sorprendentes. Algo se empezó a torcer a partir de 2010 y hay mucha literatura científica que ha dado buena cuenta de ello. Las tasas de depresión y ansiedad entre adolescentes se dispararon un 50%. Las de suicidio lo hicieron en un 32%. Los miembros de la generación Z —nacidos a partir de 1996— empezaron a padecer ansiedad, depresión y otros trastornos mentales, alcanzando niveles más altos que cualquier otra generación en la historia.

La crisis de los 20 ha pulverizado la curva de la infelicidad. Pero hay que tener en cuenta que esta es una foto fija que se tendrá que ir actualizando. Los jóvenes de la generación Z, con más problemas de salud mental que sus mayores, llegarán a los 40 y 50 años. Y nada garantiza que no se enfrenten entonces a los mismos estragos vitales que han afectado a las generaciones anteriores. Mientras tanto, nuevas generaciones se irán añadiendo a la curva, y nada apunta a que tengan menos dependencia del móvil. Dicho de otra forma, la curva de la felicidad ha desaparecido solo de momento. Es esperable que se vuelva a producir en unos años, solo que más extrema. Tocar fondo implicará ir aún más abajo.

“No sé cómo evolucionará la situación”, reconoce Blanchflower. “Cada año se suma una nueva cohorte de 12 años y el resto envejece un año, pero nada cambia, el grupo nacido desde el año 2000 parece tener mala salud mental. Espero que podamos detener esto”. No parece fácil, explica el autor. Las hospitalizaciones entre jóvenes por depresión siguen en aumento, los suicidios, el consumo de antidepresivos… Porque este estudio se basa en la salud mental autopercibida, pero está subrayado por todos estos datos, que han repuntado en los últimos años entre las generaciones más jóvenes. Según el Informe Nacional sobre la Calidad y las Disparidades en la Atención Sanitaria de 2022, en Estados Unidos, entre 2016 y 2019, las tasas de visitas a urgencias con un diagnóstico principal relacionado con la salud mental aumentaron en el grupo de edad de 0 a 17 años, pasando de 784,1 por cada 100.000 habitantes a 869,3 por cada 100.000 habitantes.

La crisis de la mediana edad se empezó a describir en 2008. Desde entonces, se ha constatado en más de 600 estudios en diferentes países. El aumento de la preocupación, el estrés y la depresión con la edad ha sido ampliamente documentado en la sociología en los últimos 20 años. El propio Blanchflower estudió el fenómeno en estudios precedentes. “En toda una serie de artículos defendí que la forma de U era un dato importante, ¡hasta que dejó de serlo! Esos datos eran correctos, pero algo ha cambiado, no parece que estuviera escrito en los genes”, señala.

Maite Garaigordobil Landazabal, catedrática de Evaluación y Diagnóstico Psicológicos de la Universidad del País Vasco, destaca positivamente el actual estudio por la gran base de datos en la que se basa. En declaraciones al portal científico SMC señala que “resulta relevante porque cuestiona un hallazgo empírico muy consolidado: la existencia de la curva en U del bienestar y de la joroba del malestar a lo largo de la vida”. Garaigordobil considera que los resultados son “muy novedosos” y que “rompen con una de las regularidades más citadas en ciencias sociales”. En el mismo portal, Eduard Vieta, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona, abunda en la calidad de los datos y se muestra de acuerdo con el diagnóstico. Pero añade una posible causa más. “Creo que falta mencionar el contraste entre las expectativas y la realidad. Las generaciones jóvenes de la mayor parte de países incluidos en el trabajo han recibido una educación muy sobreprotectora y han desarrollado una baja tolerancia a la frustración. Creo que este aspecto es también relevante para explicar su malestar emocional”, añade.

El artículo concluye que esta tendencia global exige atención urgente de gobiernos, investigadores y sociedad civil para revertir el declive en el bienestar juvenil. Cuando se le pregunta a Blanchflower por alguna idea o medida concreta, sugiere restringir el acceso al teléfono como una posibilidad. Pero sobre todo ofrecer alternativas. Volver a migrar la vida social, pero en sentido inverso, de la pantalla a la calle. Fomentar el juego, los encuentros sociales y el tiempo al aire libre. “Animar a los niños a que se comporten como niños”, añade.

jueves, 8 de mayo de 2025

Entrevista a Sandel sobre Piketty, sobre la igualdad y la desigualdad en las sociedades occidentales

 Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco", en El Mundo, por Rebeca Yanke, Madrid, 8 de mayo de 2025:

El profesor de Harvard publica 'Igualdad', una charla con el economista Thomas Piketty sobre una de sus obsesiones. "Las sociedades más igualitarias son las que permiten mayor movilidad ascendente", afirma

Michael J. Sandel, el filósofo de la igualdad: "En Dinamarca hacen falta dos generaciones para pasar de pobre a clase media; en España son cuatro y en EEUU, cinco"

Michael J. Sandel (Mineápolis, 1953) es uno de esos hombres cuya actitud y maneras resultan coherentes con los postulados que predica. En la distancia corta, tiene una voz pausada, es extremadamente educada y, de vez en cuando, hasta se le escapa cierta timidez. Pero, cuando uno le escucha en alguno de los numerosos vídeos disponibles en internet en los que da clase o ejerce de moderador en un debate, a menudo sobre cuestiones morales, este estadounidense se crece, su voz es más potente y su nervio y energía también. Se nota que disfruta muchísimo cuando juega su papel de filósofo en el escenario más importante: entre personas.

Este profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard, donde empezó a trabajar en 1980 -dice que se sentía «muy reflejado en sus estudiantes, dada su juventud- puso a sus lecciones un título sonoro y lleno de expectativas pues lo llamó sencillamente Justicia y, a partir de ahí, comenzó un viaje que le ha convertido en uno de los intelectuales más conocidos del mundo, llegando a hablar ante millas de personas y utilizando la tecnología para llegar a muchos más. Su curso fue el primero que Harvard colocó online para el disfrute de toda la humanidad. Y la BCC creó para él la serie El filósofo global.

Premio Príncipe de Asturias 2018, Sandel es un hombre prolífico en la escritura - ¿Hacemos lo que debemos? (2011), La tiranía del mérito, (2020), Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética (2022) y El descontento democrático (2023), todos en Debate- pero, ahora, se publica en nuestro país un libro corto que, en realidad, es una conversación entre Sandel y el economista francés Thomas Picketty, que tuvo lugar en mayo de 2024 en la Escuela de Economía de París . Igualdad, qué es y por qué importa (Debate) habla también de una de las mayores preocupaciones de este filósofo en la actualidad y desde siempre: las consecuencias de la desigualdad en el mundo, las dificultades para superarla y su relación con la movilidad social; la capacidad de escalar.

¿A mayor riqueza, mayor desigualdad?

La de Estados Unidos es una sociedad profundamente desigual. Los niveles de desigualdad de ingresos y de riqueza son enormes. Políticamente, la cuestión de reducir las desigualdades es difícil de defender porque muchos piensan que no deberíamos preocuparnos tanto por la redistribución porque creen que lo importante es centrado en la movilidad, en la oportunidad de ascender.

¿Por qué?

Creen que alguien que haya nacido pobre o en una familia de bajos ingresos podrá ser igualmente rico, como Elon Musk. La capacidad de pasar de la pobreza a la riqueza, el sueño americano de movilidad ascendente, sigue muy presente en la sociedad estadounidense. Sí, la escalera del éxito puede ser muy empinada, pero tal vez pueda llegar a la cima, piensan. Dicen incluso que en Europa deberíais preocuparos más por la desigualdad porque vuestra posibilidad de movilidad es menor. Así que el mito de que no necesitamos preocuparnos tanto por las desigualdades se perpetúa. Un mito falso porque la movilidad no es una alternativa adecuada a una mayor igualdad. Al contrario, muchas de las sociedades con mayor movilidad ascendente también son sociedades que tienen mayor igualdad de ingresos y riqueza.

¿Tienes algún ejemplo?

Daré un dato: según una comparación reciente de la OCDE en cuanto a movilidad social, al ritmo actual de movilidad intergeneracional, ¿cuántas generaciones crees que se necesitan para que alguien nacido en una familia pobre mejore? Y no le estoy hablando de llegar a la cima, sólo a la renta media. En los países del norte de Europa las tasas de movilidad son bastante altas: en Dinamarca sólo hacen falta dos generaciones, mientras que en EEUU son cinco. Esto demuestra que Dinamarca tiene más igualdad que nosotros y que también tiene una movilidad ascendente más eficaz. Es decir, que la movilidad no es una alternativa a la igualdad, o a un cierto grado de igualdad. Es una condición para el ascenso. Porque si todos, independientemente de la familia en que nacemos, tenemos acceso a una educación ya una buena atención sanitaria, bibliotecas públicas, universidades, si todos, ricos y pobres, tuviéramos acceso a esos elementos básicos sería más fácil ascender que si se vive en una sociedad en la que se comienza desde marcadas desigualdades. ¿Cuántas generaciones cree que cuesta esta evolución en España?

Estaba pensando en tres o cuatro.

Justo: son cuatro en España, dos en Dinamarca y cinco en Estados Unidos y Reino Unido.

Si me lo permite, querría recordarle una respuesta que dio en una entrevista con este periódico hace unos años. Preguntado por un hipotético (entonces) segundo mandato de Trump, usted dijo: "En su primera vez, no sabía mucho de política y nombró a ciertas personas en la administración que ejercían cierta moderación sobre él. En un segundo mandato estará más enojado, rodeado de personas afines a él y, además, sabrá más sobre los mecanismos del ejecutivo".

Lamentablemente mi predicción se hizo realidad, ¿no?

Absolutamente. 

La pregunta ahora es si los tribunales conseguirán frenarlo, y en qué medida.

¿Cree que es posible conseguir ese freno?

Creo que hay tres posibles fuentes de restricción. Una son los tribunales y, de hecho, muchas de las medidas que ha tomado Trump que exceden su autoridad ya están siendo impugnadas. Por ejemplo, los casos de ciudadanos deportados que residen legalmente en los Estados Unidos y que no han cometido ningún delito, pero que han hablado de formas que a Trump no le gustan. Queda por ver también si limitarán sus intentos de extralimitarse en la política arancelaria, absolutamente caótica, que está sujeta a impugnación constitucional y realmente depende del Congreso. Es verdad que, en 1970, el propio Congreso promulgó una ley que otorga al presidente la facultad de fijar tarifas durante una emergencia, pero no para ejercer una política arancelaria como la que Trump ha promulgado. O el uso de la fuerza hacia los jóvenes que intentan recaudar fondos de las universidades, cosa que no le gusta, o el uso del castigo hacia bufetes de abogados que han representado a acusados ​​que tampoco le agradan. Todo esto es una extralimitación del ejecutivo, una extralimitación de su autoridad constitucional.

¿Cuál sería la responsabilidad de la sociedad civil?

Esta sería la segunda posibilidad, si la sociedad civil lo frenará. En particular, cómo responderán las instituciones que Trump ha intentado amedrentar, intimidar y castigar, universidades, bufetes, medios de comunicación... La sociedad civil puede ser una segunda fuente de moderación. Y la tercera fuente de moderación dependerá de la capacidad del Partido Demócrata para formar una oposición fuerte. Eso puede ser eficaz políticamente, pero también está por verlo. Los próximos dos años nos darán una idea de cuán efectivas pueden ser.

Hace unas horas estuve viendo uno de sus encuentros con jóvenes de distintas partes del mundo. Y pensé en preguntarle sobre el sentido de la justicia.

¿Recuerdas dónde viste el vídeo exactamente?

Era 'El filósofo global', la serie que hizo con la BBC, en él se debate sobre la importancia de las fronteras.

¿Qué contribuye a una sociedad justa? Ésta es una pregunta que sólo nosotros podemos hacernos. Y la respuesta es el diálogo entre conciudadanos. En el caso de la discusión global que menciona, un diálogo con ciudadanos de todo el mundo. Empecé a enseñar Justicia cuando comencé en Harvard, hace algunas décadas, casi 50 años, en 1980. Una forma de hacerlo más sencilla hubiera sido asignar a los estudiantes la lectura de libros de filósofos célebres y hablarles de lo que diferentes autores dicen sobre la justicia. Pero cuando iba a mis primeras clases de filosofía política no encontré nada de esto muy inspirador o interesante sino demasiado abstracto, remoto, alejado de las preguntas que me importaban. Más tarde, en la escuela de posgrado, realmente me enamoré de la filosofía al ver las conexiones con el mundo en el que vivimos y los dilemas a los que nos enfrentamos cada día. Así que cuando comencé a enseñar, me pregunté: ¿cómo puedo hacerlo de forma que se pueda captar el interés de los estudiantes?

¿Y qué terminaste?

Yo era muy joven cuando comencé a enseñar, y realmente me identificaba con mis estudiantes. Recordaba la sensación de estar en clase de filosofía política y no entender sobre qué escribían esos filósofos, así que utilicé el diálogo y fomenté la discusión, les invitamos a participar, a levantar la mano, ponerse de pie y ofrecer sus puntos de vista sobre asuntos como la libertad de expresión, la admisión a la universidad, la distribución justa del ingreso o la riqueza y qué obligaciones tenemos para con nuestros conciudadanos. O bien: ¿cuál es la relevancia moral de las fronteras nacionales? En el encuentro que ha mencionado les animé a expresar sus desacuerdos y pensar juntos sobre cómo responder a los demás y comprometerse con ellos. Y los estudiantes comenzaron a darse cuenta de que la filosofía no reside en los cielos sino que está entre nosotros, cada vez que tenemos una división o un dilema o un debate político. O en la vida cotidiana.

¿Cómo se convierte una asignatura de Harvard en un producto intelectual accesible a casi todo el mundo?

Decidimos poner esas lecciones online, sencillamente Más tarde, pensé que sería interesante ampliar los debates sobre la justicia empleando las nuevas tecnologías a nivel global, como lo que vio de la BBC. Con personas de países de todo el mundo, razonando unos con otros, escuchándose unos a otros, discutiendo entre ellos. Y fue impresionante observar cómo estaban realmente dispuestos a escuchar las opiniones y convicciones de los demás, incluso entre quienes tenían parecer diferentes. Pero volviendo a su pregunta... Pensar en la justicia requiere sopesar todos los dilemas y opciones concretas que enfrentamos cada día. ¿Cómo resolverlos? Es importante crear oportunidades para que se den este tipo de encuentros, ya sea entre ciudadanos de un país, de una comunidad local o mediante el uso de tecnologías.

¿Imaginó en algún momento que su forma personal de dar clase se convertiría en uno de los filósofos más conocidos del mundo contemporáneo?

Jamás. Cuando decidimos filmar el curso de Justicia de Harvard, ni en mis expectativas más descabelladas cabía la posibilidad de que tantas personas disfrutaran del acceso a debates filosóficos. Creo que una de las razones de que se haya vuelto tan popular, más allá de mis expectativas más descabelladas, es que hay hambre, deseo, anhelo de participar en los debates actuales, sobre las grandes cuestiones que importan verdaderamente a las personas. Y esto se debe a que, incluso en sociedades democráticas como las nuestras, hay una especie de vacío en el discurso público, que consiste sólo en argumentos tecnocráticos que no inspiran a nadie. O bien, cuando entra en juego la pasión, peleas a gritos, partidismo, con el resultado de que las personas realmente no se escuchan unas a otras.

¿Qué nos pasa?

Parece que hemos perdido el arte cívico, democrático, de escuchar, y no me refiero sólo a las palabras sino también a su trasfondo: atender los principios morales que se esconden tras las opiniones de aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Por eso creo que una de las razones de que la democracia, en este momento, tenga problemas es que nuestra vida cívica ya no funciona. Hemos perdido la capacidad para razonar sobre las grandes cuestiones -en el bar, en la plaza pública, donde sea- y hemos olvidado que escuchar es el primer paso para ser un ciudadano. Hemos olvidado que hay que interactuar entre conciudadanos sobre las grandes cuestiones que nos interesan y en las que no podemos estar de acuerdo. Hay hambre de vida pública en un sentido amplio, hambre de que las personas puedan razonar juntas, dirigirse unas a otras, incluso en medio de desacuerdos, con civismo y respeto mutuo.

Mientras veía el debate sobre la importancia de las fronteras pensé que si la pregunta debía ser si deberían existir. Me refiero a darles una nueva estructura. Luego me sentí un poco radical.

Lo que menciona es una de las cuestiones fundamentales de la filosofía política, y de gran importancia política en la actualidad porque, si nos fijamos, hay un gran resentimiento y sensación de humillación entre la ciudadanía global, algo que Trump ha sabido explotar. Y gran parte de ese resentimiento tiene que ver con concepciones sobre las fronteras nacionales. El ejemplo más obvio es la inmigración, que se ha convertido en un asunto nuclear en todas las democracias del mundo, pero el significado moral de las fronteras y el que pueda tener un ciudadano son distintos. Otro ejemplo, el debate actual sobre los aranceles. La inmigración es un debate sobre las condiciones en las que las personas cruzan las fronteras y la política arancelaria gira en torno al movimiento de bienes y el comercio a través de esas mismas fronteras.

¿Cómo ha evolucionado el debate?

Si miramos atrás, a las últimas cinco décadas, vemos que llevamos todo este tiempo redefiniendo el papel de las fronteras nacionales en relación con la economía y la política: los tratados de libre comercio de 1990, la admisión de China en la OMC en 2001... Todo aquello también fue una nueva política de fronteras. Lo mismo con el flujo de financiación a través de las fronteras, la transformación del sistema financiero mundial durante este período, la desregulación... Así que hemos tenido debates sobre el flujo de capital a través de las fronteras, el flujo del comercio y bienes a través de las fronteras y el flujo de personas a través de las fronteras. Prácticamente podría decirse que este debate es el gran asunto de nuestro tiempo. La respuesta de la era de la globalización neoliberal, que resta importancia a las fronteras nacionales, produjo una reacción violenta, ansiedad y resentimientos que han sido explotados por Trump en Estados Unidos y por los partidos antiinmigrantes que han surgido en Europa. Por eso reuní a todas aquellas personas a debatir la cuestión.

Se les veía verdaderamente dispuestos a compartir, a comprender al otro y también sus diferencias con uno.

Y eso es importante porque, por las razones que hemos estado discutiendo, la democracia hoy está en peligro y la gente está perdiendo la confianza en los partidos políticos y en las instituciones políticas establecidas. La gente está frustrada con los términos vacíos del discurso político. Sienten que su voz no importa. Hay también sensación de falta de poder, Y aún así, mantengo la esperanza porque en todos los viajes que hago para hablar ante personas, especialmente jóvenes, noto el anhelo de participar en un tipo de debate mejor que el que encontramos en la política hoy en día. Por ejemplo, el debate sobre los valores. Y quieren hacerlo con civismo y respeto. Hace poco he estado en China, donde no iba desde la pandemia, y tenía curiosidad por ver si ese espíritu se había mantenido y así es, y en India encontré lo mismo y, cuando vaya a Europa, volverá a pasar.