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viernes, 23 de diciembre de 2016

Datos objetivos para desacreditar la justicia en España

Isidro Sánchez Sánchez "En Europa no todo vale", Miciudadreal,  23 diciembre, 2016

Se han producido tres noticias durante esta semana que confirman algo frecuente en nuestro país: algunas veces los poderosos pierden en Europa lo que ganan en España. Por la primera, que tiene como protagonista a la Iglesia católica, nos enteramos que España es condenada al pago de una indemnización de 600.000 euros en un litigio, la más alta que le ha impuesto el Tribunal de Estrasburgo, por no proteger el derecho a la propiedad de una empresa sobre unos terrenos que la Iglesia inscribió a su nombre en un pueblo de Palencia (EFE, 20.12.2016). Otro medio digital presenta así la noticia: “Estrasburgo condena a España por permitir que la Iglesia inmatriculara unos terrenos propiedad de una empresa en Palencia” (Laicismo.org, 21.12.2016).

La segunda tiene que ver con ayudas a multinacionales españolas. La cuestión es que el Tribunal de Justicia de la UE declara ilegales dos sentencias que avalaron las millonarias deducciones concedidas a empresas como Telefónica, Iberdrola o Santander. Coincide con el criterio de la Comisión Europea, que en 2014 reclamó a España que exigiera la devolución de esas ayudas por considerarlas ilegales (eldiario.es, 21-12-2016).

La tercera, con los bancos como implicados, informa que la justicia europea da la razón a los consumidores y la banca tendrá que devolver todo el dinero de las cláusulas suelo (Infolibre, 21.12.2016).

Parece claro que el desprestigio de la Justicia española es grande, como prueban diversos estudios, pero la cosa ha llegado a extremos intolerables. Según un estudio publicado en 2015 es poco eficiente, de escasa calidad y una de las menos independientes de Europa. España ocupa el puesto 25, de 28 países, en la percepción ciudadana de la independencia judicial (The 2015 EU Justice. Scoreboard). Sólo Croacia, Bulgaria y Eslovaquia están por detrás de España.

Tanto que a principios de 2014 la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial presentó ante la Organización de las Naciones Unidas una denuncia relativa a su indudable politización, puesta de manifiesto con frecuencia. Se puede recordar un sólo párrafo: “El respeto a los derechos humanos en cualquier sociedad democrática exige la existencia de una Justicia independiente del poder político. En España, sin embargo, los recientes ataques a la separación de poderes están poniendo en peligro el Estado de Derecho y, con él los mismos derechos de los ciudadanos. Tan grave es la situación que se hace urgente poner los hechos en conocimiento de Naciones Unidas, a fin de que se adopten las medidas necesarias para restablecer las mínimas garantías en materia jurisdiccional”.

En España los asuntos judiciales, debido a factores diversos, suelen ser favorables a las instancias gubernamentales o a los poderes financieros pero luego llega Europa con la rebaja y la fiesta de los caciques de siempre, políticos, eclesiásticos o económicos, resulta pasada por agua. Se puede recordar sólo como ejemplo el libro España ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Materiales jurisprudenciales (2010), coordinado por los profesores de la Universidad del País Vasco Juan Velázquez, Iñaki Valiente y Juan Ignacio Ugartemendía.

3-2010Se recopilan en la obra las setenta sentencias en contra que España acumula en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos entre 1988 y 2009. No hay país europeo que haya sufrido tantas condenas por vulneración de derechos humanos y es que las élites españolas parecen tener aversión a las leyes y aún más a su cumplimiento, arropadas casi siempre por unos grandes medios de comunicación a su servicio, convertidos más en medios de propaganda y disuasión que en informativos.

Y esos sectores buscan enemigos exteriores para tapar sus tropelías en España. Es un clásico contra los problemas en el interior buscar un enemigo fuera, de manera que esos sectores ven la paja en el ojo ajeno pero no ven la viga en el propio, con frase bíblica de san Mateo, que nuestro Cervantes, todavía estamos en año cervantino, recogía así: “El que vee [sic] la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo” (El Quijote, II, 43). Aunque del exterior también les llegan algunos disgustos pues los tribunales europeos trabajan con más independencia que los españoles y muestran que no todo vale

viernes, 15 de abril de 2016

Isidro Sánchez, Legalidad y realidad

Isidro Sánchez Sánchez "Legalidad y realidad", en Miciudadreal, 15 abril, 2016

Durante los años 1976 y 1977, el presidente que procedía del Movimiento afirmó en variadas ocasiones que era preciso “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”. Quería indicar Adolfo Suárez que los partidos políticos debían entrar en la legalidad pues eran una realidad imparable en España. A pesar de la oposición del búnker franquista, o sea, los grupos de extrema derecha que se oponían a cualquier intento de reforma del Régimen, con el diario El Alcázar en vanguardia.

En períodos absolutistas o dictatoriales de nuestra historia las ideas no han encajado en la legalidad, que era restrictiva, encorsetada y represora. Pero en períodos democráticos muchas veces ha sido al revés, una legalidad amplia y democrática sencillamente se bordea, incumple, desobedece u omite. La Ley está para saltársela, es el pensamiento muy extendido. Es decir, aunque no es exclusivo de España, hay tradicionalmente en nuestro país un trecho importante entre legalidad y realidad, hay entre una y otra contrastes significativos, hecho frecuente en nuestra Historia contemporánea. El último caso es el “Pa na má”, sólo para ellos, para los patriotas. Ayer mismo, en su viñeta, El Roto ponía en boca de un magnate, que puede ser del Ibex-35, esa idea: “¡España es lo importante! ¡Pero sin impuestos, claro!” (El País, 14.4.2016).

Hay diferencias entre lo que se dice y lo que se hace, entre la teoría y la práctica, entre lo que indica el mundo del Derecho y su aplicación. Formalmente es un sistema en el imperio de la ley, pero con grandes espacios dedicados a favores, arbitrariedad, clientelismo y corrupción. Ese desfase lo vemos en carreteras, calles, montes, ríos, política, educación, sistema financiero…

Es cierto que los que suelen saltarse la legalidad son fundamentalistas de la legalidad. Pero la legalidad es una cosa y la justicia otra muy diferente, como sabemos. También conocemos que la legalidad puede cambiar, perfectamente, y acogerse a ella de forma persistente suele querer decir que no hay que cambiar para seguir controlando una situación. Está claro que la ley debería ser igual para todos, aunque no es igual.

La justicia debería ser igual para todas las personas pero sabemos que, generalmente, no es así. Se pueden ver, como ejemplo, los planteamiento de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial, constituida en Madrid el 14 de mayo de 2011. Recientemente pedía, entre otras cuestiones, la garantía de separación de poderes mediante la reducción o supresión de los aforamientos e indultos gubernativos.

En política, por ejemplo, ha sido una constante que los partidos del bipartidismo han visto su imagen mejorada por los medios de comunicación amigos y que los empresarios de esos medios han recibido en correspondencia los favores de los políticos. Con sometimiento a la realidad, sin sometimiento a ella o cambiándola cuando ha sido necesario.

Esa es otra. Cuando la realidad supera a la legalidad esta se cambia y se adapta a la realidad. En Andalucía hay, según Ecologistas en Acción, unas 300.000 viviendas ilegales. Se trata de un urbanismo ilegal que ha invadido millones de metros cuadrados de suelo no urbanizable y en muchos casos protegidos. Muchas de las urbanizaciones y viviendas ilegales han tenido el apoyo de los ayuntamiento, que han hecho caminos, los han asfaltado, han realizado tendidos eléctricos, han llevado agua, etcétera. Como en tantas ocasiones, la decisión supone un premio al infractor. Mientras tanto, el que cumple la legalidad se queda con cara de tonto.

No hay problema, la legalidad se adapta a la realidad. El Gobierno socialista andaluz, con el apoyo de Ciudadanos, prepara una amnistía mediante la modificación de tres artículos de la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA) para permitir la regularización de edificaciones residenciales aisladas en suelo no urbanizable (Diagonal, 3 a 16-3-2016). Es sólo un ejemplo de cómo en España la demolición de edificaciones ilegales es cosa casi imposible. En el caso de una sentencia desfavorable se cambia la ley y todo arreglado. Faltaría más, la legalidad no puede estropear la realidad.

Lo último es el tema de las gasolineras. Isabel Rodríguez Teruel, presidenta de la Asociación Provincial de Empresarios de Estaciones de Servicio, ha recordado que las gasolineras desatendidas no están permitidas por la Ley autonómica de Castilla-La Mancha, que requiere personal las 24 horas del día, “aunque, de momento están toleradas, y lo que es más grave, con autorización municipal de la localidad donde se instalan”. Legalidad y realidad transitan por caminos separados.

Pero así es España e “hijos de gatos, gatitos”. A fines del XIX, en 1898, Rafael Salillas publicó la obra El delincuente español. Hampa (Antropología picaresca). Estudiaba la delincuencia y presentaba los rasgos de la sociedad española. Existía para él una gran dificultad para implantar el constitucionalismo y afirmaba que la Constitución no formaba parte de la envoltura orgánica del pueblo español, ni siquiera era su piel, pues era una cosa no encarnada. En realidad, escribía, se trataba de una vestimenta acomodaticia.

La nueva vestimenta constitucional entraba en contradicción con el poder y creaba un dualismo, según Salillas, una diferencia entre legalidad y realidad: “En España existe el sufragio universal = En España no existe la libertad electoral. En España existe una organización judicial aparentemente bien establecida = En España no existe la independencia del poder judicial. España es una Monarquía constitucional (y lo mismo fuera decir una República, cuando existió) = España es una federación oligárquica” ¿Es posible establecer similitudes con la situación actual, casi 120 años después? Dejo la pregunta en el aire para que el lector busque la respuesta.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Las únicas organizaciones terroristas son las que venden armamento

Isidro Sánchez Sánchez, "Organizaciones terroristas", en Mi Ciudad Real, 20 noviembre, 2015 (los diagramas solo pueden verse en el artículo original, aquí:

Guerra no, paz si. Maldita guerra, bendita paz. No a la guerra, si a la concordia. Guerra nunca, paz siempre. Guerra jamás, siempre conciliación. Perversa guerra, armoniosa paz. Desenmascarar a los señores de la guerra y a su impunidad. Descubrir que las empresas de armamento con más éxito y más negocio son las que más asesinan. Desear que esas empresas se declaren en quiebra.

isidroSanchezDecía Lao Tsé (Siglo VI a. C.) que “Toda acción provoca reacciones. La violencia siempre regresa. Sólo zarpas y espinos nacen en el lugar donde acampan los ejércitos. La guerra llama al hambre. Quien se deleita en la conquista, se deleita en el dolor humano. Los que matan en la guerra deberían celebrar cada conquista con un funeral”. Desde entonces las guerras giran en torno al dinero, a los beneficios, por los que los poderosos están, dispuestos a sacrificar a las personas.

Escribía en su bitácora Una antropóloga en la luna   que Durante la I Guerra Mundial, sólo el 10 por ciento de todas las bajas eran civiles; durante la II Guerra Mundial, el número de muertes de civiles se elevó al 50 por ciento; durante la Guerra de Vietnam, el 70 por ciento de todas las bajas fueron civiles; y en la Guerra en Iraq, los civiles representan más del 90 por ciento de todas las muertes. Y es que la guerra ya no es lo que era pues en la búsqueda de la riqueza sus víctimas son principalmente civiles.

Afirmaba el periodista y escritor Eduardo Galeano en su libro Patas arriba. La escuela del mundo al revés (2008) que en el mundo actual “los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras”. Efectivamente, es el negocio criminal de las armas que tan bien estudia y describe el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI).

Declaraba Milos Zeman, presidente de de la República Checa, que la actual ola de migración es consecuencia de la loca idea de intervenir en Irak, donde presuntamente había armas de destrucción masiva pero al final no se encontró nada. A continuación, recordaba, se decidió “restaurar el orden en Libia y después en Siria”. Esas decisiones, agregaba el jefe del Estado, tuvieron como consecuencia el surgimiento de regímenes terroristas, que provocaron un flujo incontrolable de inmigrantes ilegales. E indicaba asimismo que “la culpa no sólo es de EE UU, pues algunos países de la U E también coordinaban sus acciones contra Libia”. Hasta Tony Blair ha reconocido el tremendo error. Mientras tanto, José María Aznar López, el comparsa del “trío de las Azores”, sigue encantado de conocerse.

Es preciso no olvidar que EE UU financió y pertrechó a los talibanes para derrocar al único presidente de toda la historia de Afganistán que intentó sacar a su país de la edad Media; que la OTAN destruyó Iraq, el país árabe más desarrollado hasta entonces; que la OTAN arrasó Libia, el país con el Índice de Desarrollo Humano más elevado de toda África; que EE UU y Europa dieron alas a la guerra en Siria, hasta llegar a la situación actual; que el llamado Estado Islámico está apoyado entre bambalinas por diversos estados de la zona y occidentales que, entre otras cosas, compran su petróleo a precio de ganga; que los drones asesinos, con nombres tan significativos como Predator (Depredador) o Reaper (Segadora) y cuartel general en en la base militar de Ramstein (Alemania), han matado ya a más de 2.000 personas y bombardean, incluso, hospitales.


Y como punta de lanza de las acciones bélicas aparece la organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), nacida en 1949 como medio de presión hacia al Unión Soviética. Cuando cayó el Bloque del Este, ya en un mundo unipolar, la Organización militar siguió en activo y no se disolvió pues el negocio es el negocio. Hoy sus partidarios la consideran un elemento importante para combatir a las organizaciones terroristas internacionales. Pero sus detractores juegan con las siglas y la llaman Organización Terrorista del Atlántico Norte.

Como colofón, un recuerdo emocionado para las numerosas víctimas de organizaciones terroristas: para las de Nigeria (18-11-2015), para las de París (13-11-2015), para las de Líbano (12-11-2015), para las del avión ruso derribado por una explosión en Egipto (31-10-2015)… Pero también para las de los conflictos armados activos, según el Atlas de Historia crítica y comparada de Le Monde diplomatique, a fecha 1 de julio de 2014: Afganistán, Argelia, Birmania, Colombia, Etiopía, Filipinas, India, Malasia, Malí, Mozambique, Nigeria, Pakistán, Palestina, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Rusia, Siria, Somalia, Sudán, Ucrania, Uganda, Tailandia, Turquía y Yemen.

viernes, 28 de agosto de 2015

Isidro Sánchez, Oligopolio eléctrico

De Isidro Sánchez Sánchez, "Oligopolio eléctrico", en Mi Ciudad Real, 28 agosto, 2015:

Padecí la impotencia ante el abuso. Tardé dos años en recuperar unos 500 euros cobrados indebidamente por la compañía eléctrica en una serie de facturas. Pero tras reclamaciones a la empresa, para la que todo estaba bien, a Consumo, que reconocía el error, y a la Consejería de Industria de la Junta de Comunidades, que logró el “milagro”. isidroSanchezRecibí las facturas modificadas y diversos ingresos en mi cuenta corriente. Ni una carta de disculpa, ni una explicación, nada. Todo prepotencia. Pero lo tremendo es que las facturas siguientes llegaron con el mismo error, beneficioso para ellos, claro.

Cambié de empresa. Todo parecía ir bien hasta que detecté un error, perjudicial para mí, claro. Realicé la correspondiente reclamación por escrito y todavía espero respuesta. Volví a cambiar de compañía, de la mano de la OCU y su compra colectiva de energía, a una pequeña empresa que ofrece energía verde cien por cien, certificada y sin pagar más. De momento no ha habido problemas.

No hace falta dar nombres de las empresas, ni verdaderos ni los imaginativos puestos por los usuarios, pues son muy pocas y con similares planteamientos. Forman un verdadero oligopolio, hacen lo que les viene en gana, controlan con mano de hierro el sistema eléctrico y explotan una necesidad básica de los consumidores, de todos los ciudadanos, para obtener cuantiosos beneficios de cualquier forma.

Los privilegios del oligopolio derivan de la estrecha relación con el poder político y la imposición de consignas neoliberales. Obtienen regulaciones favorables, sin que cuenten los intereses de los consumidores en muchas ocasiones; sus consejos de administración están trufados de políticos que ostentaron cargos importantes en un pasado reciente; se benefician de cierta laxitud en los tribunales; compran muchas veces el silencio de los grandes medios de comunicación, gracias a su control o a sustanciosas cantidades invertidas en publicidad; y contravienen directivas europeas del sector energético y objetivos de sostenibilidad ambiental.

Ahora el gobierno del PP quiere aprobar un decreto de autoconsumo eléctrico para imponer más tasas a la autoproducción energética. El borrador contempla el llamado “impuesto al sol” y pretende gravar las instalaciones renovables, tanto nuevas como existentes. Por el influjo de grandes empresas, que ven amenazado su negocio, el gobierno está tratando de evitar lo inevitable, el autoconsumo y el consumo colaborativo, despreciando de manera alevosa la energía solar. Y es que el partido neofranquista, una vez olvidada la característica de servicio público para la electricidad por parte del bipartidismo, no puede entender el derecho ciudadano a elegir el tipo de energía a producir y a consumir.

Eso, si, el ministro Soria es capaz de declarar, con desparpajo, que es “totalmente partidario del autoconsumo energético”. Y lo dice quien lleva cuatro años dificultando el autoconsumo en España, quien ha condenado las energías renovables al ostracismo. No obstante, la buena noticia es que una serie de organizaciones –políticas, sindicales, empresariales, ecologistas, sociales y de consumidores– han firmado un manifiesto en defensa del derecho reconocido por la Comisión Europea a la democratización de la energía. Además, un buen número de partidos han rubricado su compromiso con el desarrollo del autoconsumo y han acordado, si llega a aprobarse, la derogación del Decreto de Autoconsumo.

Así estamos en España por culpa de un gobierno que defiende intereses de grupos económicos y no de los ciudadanos. Mientras tanto, a mediados de agosto, Google presentó su proyecto Techo Solar (Project Sunroof), una nueva forma para ayudar a las personas amantes de la energía renovable, con imágenes de Google Earth, a colocar paneles solares sobre el techo de su vivienda de forma adecuada para aprovechar mejor la energía solar.

La fotografía que acompaña a este artículo, tomada por mí desde la sierra de Herencia, muestra la Plataforma Solar Castilla-La Mancha. Construida por Abengoa desde 2011, compuesta por dos plantas con 100 MW de potencia y un campo solar de 230 hectáreas, está situada en los términos municipales de Arenas de San Juan, Villarta de San Juan y Puerto Lápice. Es un ejemplo de las posibilidades de la energía solar.

Contra las políticas energéticas del PP está la Fundación Energías Renovables. Ha divulgado un documento que define al citado Decreto contrario a las mejores prácticas de la UE y solicita a la Comisión Europea un marco comunitario para evitar iniciativas como la del Gobierno español que, según se indica, contradice la democratización de la energía y la cobertura como bien básico.

También organizaciones como Ecooo, cuyos miembros se muestran partidarios de la revolución solar. Mantienen la idea de que el futuro de nuestro planeta depende de lo que hagamos hoy y que es necesario un cambio en materia económica, energética y social. Promueven campañas de sensibilización sobre la transición hacia un modelo energético basado en el ahorro, la eficiencia y las energías renovables.

viernes, 19 de abril de 2013

Don Isidro

Fui al homenaje a Isidro Sánchez. Me cuesta mucho salir de entre mis libros y mis manías, pero el mérito es de ese nombre propio, "Isidro", como bien ha sabido definir nuestro culto comentador José Rivero. Hace unos días me invitó Raúl Morodo a su discurso de entrada en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en Madrid, donde hay que ir con atavío de persona seria y responsable, y se me olvidó, conque vean si es difícil que acuda a algún sitio; pero el homenajeo a Isidro no se me pasó por alto. Eso sí, me dejé las gafas de lejos en casa, por lo cual solo pude ver bien a las personas que se acercaron a saludarme. Fueron tres: el propio Isidro: "Siempre tan discreto, Ángel"; el decano de Letras, Matías Barchino, sepultado por unos bigotazos a lo Pancho Villa y que dejó su fama de remoto e inaccesible para venirse a mi vera y preguntar por mi salud, y el gran editor Juan Pablo Calero, a quien tanto debemos los escritores rarillos de La Mancha (¡Calero, saca mi libro sobre Juan Calderón de una vez, leñe!). A todos los demás los veía como manchones desleídos de una acuarela. Por ejemplo, en una semiesfera esplendente cuyo brillo parecía augurar una nueva era, reconocí de inmediato la calva de Felipe Pedraza, siempre identificable en cualquier aglomeración por esta característica, mejor incluso que por sus modelitos de figurín. A su derecha, sentado en la mesa donde ministraban su oratoria los egregios, vi una patata que al parecer era el exrector Luis Arroyo. Todos los cercanos a él, sentados en las primeras filas, le rieron los chistes. Los del fondo, ninguno. Por ahí oía diversos comentarios denigrantes: "Huele fatal. Huele a corrupción", por ejemplo; pues lo que yo olía era un perfume magnífico a rosas que alguien preocupado por el ambiente había podido insuflar con un espray. Me gustaron los tres primeros discursos y el de Isidro. Yo he sido alumno de Isidro; solo tengo que agradecerle cosas buenas; es un hombre generoso; y dejaré aquí para la historia una anécdota. Si él no hubiese hablado como quien no quiere la cosa en una clase de El Zurriago, probablemente yo no me habría interesado por Félix Mejía, su editor, y no habría emprendido la dificilísica investigación que más me ha tenido ocupado a lo largo de mi vida. Así que eso también hay que agradecerle, entre tantas cosas más como no se pueden evaluar y que no cabe señalar, por ejemplo, en muchas otras personas que andaban por allí. Mi homenaje, pues, a Isidro, un hombre de antaño y que iba al trabajo en bicicleta, como ese mismo ilustre personaje ciudarrealeño a quien tanto se parece, José Castillejo.