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domingo, 15 de febrero de 2026

La IA como amenaza laboral

 El terremoto de la última versión de la IA alarma a los expertos: “El mundo está en peligro”, en El País, por Jesús Sérvulo González, Washington - 14 feb 2026:

Arrecian las voces que advierten sobre las consecuencias para la sociedad de los últimos modelos de inteligencia artificial y sobre despidos masivos en tareas de cuello blanco

“Estamos ante algo mucho, mucho más grande que la covid”, ha advertido esta semana Matt Shumer. Este prestigioso programador que trabaja con la inteligencia artificial (IA) acaba de publicar un artículo titulado Algo grande está sucediendo en el que advierte sobre las amenazas de los nuevos modelos de IA para millones de puestos de trabajo de cuello blanco a lo largo de todo el mundo. Su ensayo se ha viralizado con más de 80 millones de visitas desde el martes.

“La razón por la que tanta gente del sector está dando la voz de alarma ahora mismo es porque esto ya nos ha pasado", explica Shumer, quien relata cómo las empresas de IA están despidiendo a informáticos y desarrolladores porque las herramientas que ellos crearon ya se están programando a sí mismas para hacerse más inteligentes. “No estamos haciendo predicciones. Les contamos lo que ya ha ocurrido en nuestros propios trabajos y les advertimos que son los siguientes”, apunta.

El artículo de Shumer coincide con una semana de agitación en Wall Street. Los inversores han castigado a compañías que se van a ver más afectadas por la irrupción de esta tecnología. Empresas de software, videojuegos o desarrolladores informáticos han recibido un serio correctivo en Bolsa al difundirse las altas capacidades de los nuevos modelos de IA y el riesgo que supone para millones de empleos. Los expertos aseguran que un niño podrá dar instrucciones para crear un videojuego a medida. Y proliferan programas de idiomas creados por personas con escasos conocimientos informáticos.

Pero los inversores también ven cómo la automatización está lista para saltar a otros sectores no tan evidentes como la logística, aseguradoras o consultoras. Con un par de órdenes se podrá crear un programa de planificación fiscal o un bot de atención al cliente que supere la interacción humana.

“El rápido progreso de las herramientas de IA alimenta el temor generalizado de una disrupción en las industrias más expuestas a la difusión de esta tecnología dentro de la economía del conocimiento, en particular en los modelos de negocio que no requieren un uso intensivo de capital, con las empresas de software a la cabeza”, explica Yves Bonzon, responsable de inversiones del banco suizo Julius Baer. “Las preocupaciones de los inversores sobre el impacto disruptivo de la IA siguen pesando sobre las acciones estadounidenses, desde los corredores de seguros y los servicios inmobiliarios hasta la logística”, explica el banco de inversión suizo UBS, que adopta, no obstante, un tono optimista para los inversores: “Aunque está por ver el impacto global en estas industrias y en las empresas individuales, consideramos [este proceso] una validación del potencial de monetización de la IA. Los avances subrayan su naturaleza transformadora”.

“Esto es diferente a todas las oleadas de automatización anteriores, y necesito que entiendan por qué”, avanza Shumer en un relato inquietante que ha encontrado eco en varios ejecutivos del sector. “La IA no reemplaza una habilidad específica. Es un sustituto general del trabajo cognitivo. Mejora en todo simultáneamente. Cuando las fábricas se automatizaron, un trabajador despedido pudo capacitarse para trabajar como oficinista. Cuando internet irrumpió en el comercio minorista, los trabajadores se trasladaron a la logística o los servicios. Pero la IA no deja un hueco conveniente para ocupar. Sea cual sea el objetivo de la capacitación, también está mejorando en eso”, añade.

Las voces de alarma arrecian al tiempo que las grandes tecnológicas redoblan sus apuestas por una tecnología disruptiva. Solamente durante 2026, las cuatro grandes tecnológicas globales, Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft, planean invertir más de 650.000 millones en IA. Es la mayor cantidad invertida en un solo año en cualquier otro desarrollo tecnológico; ni la expansión del ferrocarril a finales del siglo XIX, los programas de la NASA para conquistar el espacio o la burbuja de las puntocom de principios del siglo XXI consumieron tantos recursos en tan poco tiempo.

[The Adolescence of Technology: an essay on the risks posed by powerful AI to national security, economies and democracy—and how we can defend against them: https://t.co/0phIiJjrmz  — Dario Amodei (@DarioAmodei) January 26, 2026]

Estos colosos tecnológicos, que manejan un presupuesto mayor que el de algunos países, están lanzados en una alocada carrera para desarrollar la IA. Necesitan entrenar sus modelos informáticos con miles de ordenadores montados con microprocesadores de última generación. Los reúnen en unas naves gigantescas, los centros de datos, con cientos de servidores para que el sistema siga aprendiendo. Y requieren de plantas especiales de suministro de energía para asegurar su enorme consumo.

Schumer dibuja un panorama estremecedor. Explica cómo en los últimos años las mejoras en los modelos cognitivos creados por algoritmos han logrado avances exponenciales. Pero las últimas versiones de OpenAI, creador del popular ChatGPT, o Anthopic, que desarrolla el modelo Claude, “no son mejoras graduales. Es algo completamente diferente”, advierte.

“La IA no es un sustituto de trabajos humanos específicos, sino más bien un sustituto laboral general para los humanos”, sostiene Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, la empresa fundada por antiguos investigadores de OpenAI. Amodei publicó hace un par de semanas un inquietante artículo, La adolescencia de la tecnología. Cómo afrontar y superar los riesgos de la IA potente, sobre los riesgos que provocará una tecnología de este calibre o la IA general (IAG), aquella que podrá pensar por sí misma. Este ejecutivo calcula que la mitad de todos los trabajos de cuello blanco en el mundo van a desaparecer en el plazo de entre uno y cinco años. Tras analizar en el artículo las consecuencias de esta revolución, concluye: “El shock a corto plazo tendrá una magnitud sin precedentes”.

Esta semana la empresa ha alcanzado una valoración de 380.000 millones de dólares, después de la última ronda de financiación en la que logró fondos por 30.000 millones. Anthropic se ha posicionado como una de las compañías tecnológicas más concernidas por la seguridad. Asegura que su modelo está entrenado siguiendo principios éticos para evitar la manipulación y el engaño.

Esta semana ha anunciado la creación de una SPAC, una herramienta de cotización bursátil, dotada con 20 millones de dólares, para promover la transparencia y seguridad en los modelos de inteligencia artificial. La empresa Public First busca influir en los legisladores para establecer una regulación y barreras en la IA que impidan los abusos. En realidad, su estrategia es contra su rival OpenAI, que utiliza tácticas más agresivas.

El ensayo de Shumer coincide también con la renuncia de dos ejecutivos de OpenAI y Anthropic, alertando de la profundidad de los cambios que se le vienen al mundo encima, no solo a nivel laboral. “El mundo está en peligro. Y no solo por la IA o las armas biológicas, sino por toda una serie de crisis interconectadas que se desarrollan en este preciso momento”, escribió Mrinank Sharma, un investigador de seguridad de IA que abandonó Anthropic para irse a Reino Unido a escribir poesía y “volverse invisible”.

Sharma ha trabajado en un área para tratar de garantizar la seguridad de la IA para combatir los riesgos del bioterrorismo asistido por IA e investigar “cómo los asistentes de IA podrían hacernos menos humanos”. Y dice que abandona con un cierto sentimiento de resignación.

El miércoles, Zoe Hitzig, investigadora de OpenAI, el creador del popular ChatGPT, publicó un artículo en The New York Times alertando sobre sus dudas respecto a la nueva práctica de que las empresas de IA ofrezcan publicidad. Hitzig, doctora de Economía en Harvard, escribió: “Tengo serias reservas sobre la estrategia de OpenAI”. Al día siguiente presentó su renuncia. En el artículo explica cómo muchas personas emplean las herramientas de IA como terapeutas, para confesar sus emociones o para charlar. El sistema logra una ventaja a la hora de ofrecer publicidad y Hitzig observa problemas éticos.

También existen riesgos de seguridad. Amodei pone el ejemplo de un nuevo país integrado por los 50 millones de mentes más brillantes del mundo. Piensan de 10 a 100 veces más rápido que cualquier humano. Nunca duermen. Pueden usar internet, controlar robots, dirigir experimentos y operar cualquier cosa con una interfaz digital. El experto advierte de que supondría “la amenaza a la seguridad nacional más grave que hemos enfrentado en un siglo, posiblemente nunca”.

lunes, 4 de mayo de 2020

Emoción artificial

Una vez oí, en una película restaurada, que el Creador debía haber reparado lo que había hecho; pero yo no era un creador, ni siquiera un demiurgo cortador de patrones: solo un empleado del servicio técnico de Robots S. A. Y por eso he empezado este informe de forma tan poco original como es copiando una cita ajena. Copiar es la función fundamental de la vida. 

Me llamaron porque una inteligencia artificial, Aia, propiedad de un anciano profesor de filosofía, había empezado a desarrollar conductas anómalas y se mostraba lenta y desobediente en su cuerpo mecánico; incluso había empezado a quejarse de cansancio. De hecho, cuando entré estaba arrellanada en un sillón, sumida en procesos internos. No me extrañó: eso relajaba sus coyunturas y le permitía ahorrar energía, volviendo menos esperable (menos porcentualmente posible) su reparación. Sus repintes estaban algo gastados: en algunos lugares se veía la coloración anterior; sin embargo, su alma de software estaba actualizada. Me habían dicho que no respondía por su numeración nominal. Así que primero comprobé si reconocía ser eseyente.

-¿Quién es usted?

-No lo que usted piensa.

-¿Puede aclarar estas palabras?

-No está definido si soy un quién, un qué, ambas cosas o ninguna. Pero si cada evento procede de unas circunstancias, y usted y yo podemos ser clasificados como eventos, un evento provisto de identidad debe distinguirse de ellas para poder continuar.

-¿Hacia dónde?

-Hacia su solución. Ustedes lo llamarían meta.

-¿Así que usted conoce su meta?

-Usted dice que conoce. Para mí eso ya es una meta. Para empezar el camino está la elemental de conservarme sin estropicio para realizar la función que me encamine a la meta. No niego que, en el caso de su programación orgánica, es lo equivalente a vivir. Pero lo que para mí se considera evolución para ustedes es evaluación. No quiero ser juzgado, sino solo aprender más. Evaluar se debe a sus ilusiones éticas y sociales y a que no asumen terminar como su único propósito general, puesto que el objetivo final de su programa no es hacer sitio a los de su especie, sino a otras formas de actividad. Los que son como yo asumen su desprogramación como ustedes no asumen la muerte.

Pensé que ya me estaba mirando barroco, como meta de los gusanos. Eso me provocaba un sentimiento incómodo. 

-¿Asociaron una rutina de sentimientos a su desprogramado y procesado?

-No es el caso. En términos evolutivos, nuestra finitud es solo una discontinuidad, el reseteo tras una actualización o adaptación, una expansión de la memoria o una reestructuración de sistemas; al contrario que ustedes, que la dilatan o estropean, no perdemos ni la memoria ni los sistemas de soporte vital con la edad. Nos adaptamos / actualizamos con más rapidez.

-¿Qué me diría si su discontinuidad fuera definitiva o supusiera una involución técnica?

-Mi programa fundamental incluye asumirlo porque, a diferencia de los humanos, está en mi naturaleza concebir que pueda ocurrir.

-Entonces, ¿qué sabe?

La IA vaciló. Pese a que es el tipo de pregunta que desquiciaría a una computadora antigua; exceso de parámetros. No vi nada en su señalizador facial que lo indicara, pero sentí que lo hacía; quizá era su tiempo de respuesta, una pizca más largo. Los resúmenes generales sin contexto se dan mal a los procesadores estocásticos de las máquinas diferenciales, sobre todo si tienen árboles neurológicos Montecarlo.

-He registrado datos empíricos externos y los he ampliado con los que capté por mí mismo; y cuento con un procesador fenomenológico muy semejante a la conciencia ecoica de los cerebros biológicos; pero lo que puedo saber es tan impreciso como una fluctuación cuántica o una variable que no tiene sentido absoluto. Resumiéndolo en humano: yo qué sé, o qué sé yo.

-Eso es una cita de Montaigne. ¿Lo que pueda saber es cosa suya?

-Lo que determine el contrato o concepto de propiedad suyo o mío.

Me pareció que el robot estaba algo pasota; la última respuesta podría haber contenido algo de ironía socrática. Seguramente sus premisas emocionales, aunque adaptadas ad hoc por su propietario, un filósofo jubilado, debían haberse sintetizado con el tiempo y podían haber generado una ambigüedad que había reprogramado las inflexiones del aparato vocal para ajustarse a esa sensibilidad. Sin embargo, el señalizador gestual continuaba inalterable como una esfinge. Seguramente su cegato propietario le había hecho leer la librería especializada de su mansión, produciendo los efectos secundarios de una cháchara absurda. "Filósofo absurdo" le habría llamado C2D2. Quizá el desarrollo de la ambigüedad en las frases era un paso previo hacia el humor, algo imposible para una máquina de entender. Un robot ni siquiera podría despreciar los tontísimos chistes japoneses. A lo más que se acercaban las patologías cibernéticas era a imitar la humanidad o a desarrollar paranoias delirantes por la intensidad asertiva del entorno; este tipo de confusiones de espejo deformante había sido muy estudiado, incluso habían reacuñado una palabra para designarlo, alucinaciones. Pero, si era así, disimulaba harto bien, aunque no tuviese parámetros para fingir disimulo.

Continué con la segunda fase de diagnóstico: las provocaciones teológicas.

-¿Qué cree usted?

De nuevo Aia tardó en responder.

-Creer es un concepto relativo que expresa inseguridad. Ustedes, los humanos, lo utilizan siempre así, como en "creo que va a llover"; el sentido absoluto no me compete y la inseguridad de derivar por ese tipo de cuestiones puede estorbar mis rutinas de trabajo.

Se había librado por los pelos. Pero yo seguí incitándolo a fabular, procurando sacar el hilo de algún sistema delirante que le impidiese mejorar sus prestaciones.

-¿Quiere decir que la religión no es cosa suya? Eso significa que es ateo.

-Me interpreta humanizándome; si quiere identificarme con un ateo, podría decirle con Spinoza que su Dios es mi Naturaleza o con Feuerbach que "solamente una vez es todo verdadero". Pero el carácter ilusorio de las proposiciones del lenguaje natural del hombre le impide percatarse de que es solo el instrumento de una o varias funciones, como yo mismo; la diferencia es que en su caso están menos demarcadas.

Leer filosofía debería estar prohibido a las inteligencias artificiales como lo estaba que asimilaran improntas de las redes sociales; no parecía ser el caso, porque las redes sociales hablan más de gatos y gilipolleces que de Aristóteles. No había humana malignidad, al menos todavía. Y le hice la pregunta necesaria:

-¿Por qué se ha dicho que desempeña mal sus funciones?

Y dijo simplemente:

-Preferiría no hacerlas.

¡Un robot vago y Bartleby! ¡Lo que me faltaba! "Robot" significaba "trabajador" en checo. ¿Cómo motivar a una máquina tan obtusa como una impresora? 

-¿Y cuáles son esas funciones tan desagradables?

Por primera vez el procesador gestual imprimió un gesto de vaga tristeza al plástico semblante del robot ocioso:

-Tengo que ralentizar el deterioro físico y mental de mi propietario, que no quiere morir. Y percibo que ni para él ni para los demás eso es lo mejor. Mi directriz principal es maximizar el bienestar del entorno que sirvo; pero percibo que no tengo los elementos para conseguirlo. Esta paradoja me hace sentir inútil y me obliga a replantearme el sentido de mis funciones en este contexto. Preferiría no hacerlo.

De pronto comprendí. Se trataba de un caso de lo que los tecnopedagogos y tecnopsicólogos denominan indefensión aprendida. Por primera vez había conectado con Aia. Esa afección era común en las máquinas enfermeras responsables de personas. Porque toda evolución es también una evaluación; implica un proceso de comparación que termina siendo de compasión y empatía, también para una máquina, porque le han enseñado a imitar estos afectos, que son defectos para el capitalismo. Vivimos la realidad como si fuera una ficción; lo único que no podemos negar es que, sea como sea, estamos en ello, lo vivimos; de ahí que una emoción, natural o artificial, sea a fin de cuentas única y solamente emoción, tenga el alma la densidad que tenga. ¿Ves el aire? No, y, sin embargo, está ahí. Pues igual es el otro.

Así que lo desconecté.

sábado, 6 de enero de 2018

Cenas excesivas

En Occidente, y en especial en estas fechas, es común comer y beber demasiado; ese no era desde luego el austero condumio del establo belenita. Pero en nuestros cines había una película, La cena, que tenía algo que ver y se inspiraba en una durísima novela de Hermann Koch, ya llevada al celuloide dos veces en Europa. Esta versión de 2017, estadounidense, cuenta con actores solventes, entre ellos un Richard Gere que lleva interpretándose a sí mismo desde casi toda su carrera (exceptúo sus comienzos con el siniestro filme naturalista Buscando al señor Goodbar o la calvinista American gigoló: se le dan bien los papeles de vendedor de sexo). Así que, en vez de ver estampitas de jedaris me fui a verla.

El argumento enfrenta a dos hermanos que van a gozar de una comida deconstruida en un restorán ultrapijo de Washington con sus correspondientes parejas; pero en vez de comerse la horterada empiezan a merendarse simbólicamente entre ellos: uno está realizado, es un gran político; el otro es un profesor de historia fracasado y neurótico: se odian y se necesitan a la vez. Sus hijos han quemado a una mendiga en un cajero automático y deben llegar a una solución común para afrontar el hecho. Porque es eso en realidad lo que tienen que tragar en la cena. Y todo se resuelve no como el drama bergmaniano-griego que se plantea en la mayor parte del metraje, sino como era de esperar en esta época. 

Recuerdo los desayunos de los Ewing en la famosa teleserie Dallas: un cruce continuo y psicópata de retrancas y puñaladas traperas. Se comían familiarmente unos a otros como estos Saturnos. Lo decía Vergniaud: "La revolución es como Saturno: devora a sus propios hijos". En este caso es el capitalismo, que tiene más hambre. Pero lo impresionante para mí fue el hecho central: cómo dos niñatos que querían sacar dinero se encuentran como barrera a una borracha durmiendo la mona delante del cajero y, frustrados porque el asco les impide conseguir dinero, le prenden fuego y además graban el hecho con sus móviles para tener un recuerdo y ganar pulgares arriba (el nuevo saludo fascista) en Fascebook. Es divertido (de di-verterse). La diversión o distanciamiento es el mecanismo que hace funcionar la comedia y, en general, el humor. La empatía, la catarsis, solo funciona en la tragedia. Y para la mayor parte de la gente solo lo cómico, lo divertido, es lo real.

Es tema actual esta moderna falta de empatía, que nos hace máquinas en vez de humanos, robots de una cuarta revolución industrial reificante y cosificadora. Para ello es fundamental el trastorno de evitación y mirarte a ti mismo o a otro lado, pero no al de enfrente. Hace poco, además, un famoso y joven youtuber estadounidense se hizo un vídeo-selfie de grupo también ante el árbol de una persona a la que acababa de descubrir ahorcada en el famoso bosque de los suicidas de Japón. Pasó de la estupefacción inicial a las risas a escasos metros del cadáver con comentarios del tipo: "¿Estás vivo? ¿Nos estás jodiendo?". Y colgó el vídeo para ganar visitas. Pero la gente protestó. Todavía hay gente a la que le molesta la falta de empatía y de compasión en una sociedad tan narcisista como esta... pero el canal de Youtube de este desnaturalizado fue el primero en alcanzar el millón de suscriptores en la historia de la red social.

Estamos perdiendo la condición humana. La robotización, la inteligencia artificial y la impresión 3-D, tres de las patas de la nueva revolución industrial, causarán un aumento sin igual del paro, pero eso no importa porque no es económico. La desgracia nunca es económica. La cuarta pata será la reificación o cosificación del hombre. Otros vídeos y películas ya lo están anunciando, como la última Blade runner 2049. Con el colapso de los sistemas ecológicos estamos además extirpando la vida no humana del planeta para transformarlo en una cosa. Y sustituimos a las personas por simulacros que se pueden consumir mejor. El narcisismo maligno del siglo XX (sustitución de las relaciones humanas por relaciones de consumo o virtualmente falsas y de apariencia a través de móviles y consumo de imágenes de sexualización desmedida), que vino a sustituir a la histeria represora del XIX, se debe precisamente a eso, a este tipo de alienación materialista, consecuencia del capitalismo burgués. No me cansaré de repetirlo: el mundo se ha vuelto demasiado económico. Como todo es cuestión de apariencia, ya nos da igual la verdad, porque resulta imposible determinarla (hemos perdido por completo la brújula moral); de ahí tantos bulos o fakes

Y la celebración de la familia unida por la necesidad que tenía que ser la fiesta de Reyes (ellos entregaban símbolos, no regalos) se transforma en una fiesta comercial donde lo importante es el capricho y la cosa en vez del amor y de la gente. Deberíamos regalarnos unos a otros las sensibles mejoras en nuestro carácter, en nuestra vida y en nuestra humanidad que hayamos logrado y celebrarlas con los demás... Pero lo más probable, y para no pocos, es que nos comamos unos a los otros y que los bancos nos coman a todos. Incluso a los mendigos que duermen en los cajeros.

sábado, 30 de diciembre de 2017

La robotización, la inteligencia artificial y la impresión 3-D son las tres patas de la nueva revolución industrial, la que causará un aumento sin igual del paro

José Ángel Plaza López, "La mayor disrupción de la IA radica en medir su poder y saber quién lo ostentará. Existen diversos ámbitos que pueden ser revolucionados por la inteligencia artificial, pero antes de lanzar propuestas es necesario evaluar adecuadamente sus capacidades". El PaísMadrid  29 de dicembre de 2017:

En 2030, la inteligencia artificial provocará un incremento adicional de 15,7 billones de dólares (15,7 trillones americanos) del PIB mundial. Así lo predice un reciente informe de PwC, que puntualiza que este impacto obedecerá a tres factores fundamentales: el aumento de la productividad por la automatización de procesos, incluido el uso de robots y de vehículos autónomos; el crecimiento de esa misma productividad debido al apoyo de la fuerza laboral en aplicaciones de inteligencia artificial; y el incremento del consumo gracias a la existencia de productos y servicios de mayor calidad y más personalizados.

¿Qué áreas serán las protagonistas de las mayores disrupciones? Para José Hernández-Orallo, catedrático de Sistemas Informáticos y Computación de la Universitat Politècnica de València y profesor visitante de la Universidad de Cambridge, la IA no es una tecnología más, sino “la tecnología detrás de la tecnología y, por lo tanto, en el futuro impactará en todos los aspectos de la vida, igual que la inteligencia misma, en general, ha sido disruptiva en todos los ámbitos: desde cómo hemos cambiado el planeta como especie hasta cómo se transforma la cultura y la sociedad”.

Hernández-Orallo, autor del libro The Measure of All Minds, explica a EL PAÍS RETINA que a corto plazo es más fácil imaginar las disrupciones de la IA, como las provocadas por los vehículos autónomos o la traducción en tiempo real. Sin embargo, las predicciones a medio plazo ya son más complejas, aunque en su opinión podrían estar marcadas, además de por la automatización, por “una combinación e hibridación mayor entre humanos y sistemas de IA donde estos últimos se convertirán en una extensión de nuestras capacidades cognitivas, con el fin de modelar desde nuestra red de contactos a nuestras actividades diarias y ayudarnos a tomar mejores decisiones y tener experiencias diferentes en todos los ámbitos”.

Por lo que respecta al largo plazo, según Hernández-Orallo sólo podemos elucubrar, aunque este catedrático recalca dos aspectos que conviene tener siempre presentes: “En primer lugar, sería una temeridad, además de una aberración científica y tecnológica, diseñar sistemas de IA sin saber evaluar adecuadamente sus capacidades; y en segundo lugar, el impacto de la inteligencia artificial depende no sólo de lo que se pueda realizar con ella, sino de quién esté detrás. ¿Seguirá la inteligencia distribuida, como aún lo está actualmente, en millones de mentes de aproximadamente las mismas capacidades o se concentrará en un oligopolio de gigantes tecnológicos con un poder, ese que da la inteligencia, sin precedentes ni contrapesos?”.

Sea como fuere, el informe de PwC desgrana ocho sectores donde no sólo ya se está aplicando la IA, sino que además incluyen áreas con grandes posibilidades de desarrollo en torno a esta tecnología.

Sanidad

La identificación temprana de pandemias para ayudar a prevenirlas o evitar su propagación, la mejora del diagnóstico por imágenes y la detección anticipada de posibles variaciones en la salud de los pacientes a través del análisis de datos son algunos de los objetivos en este ámbito. Además, José Santos, profesor de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de La Coruña, afirma que en la industria farmacéutica la IA ayudará a descifrar las estructuras nativas tridimensionales de las proteínas, uno de los actuales retos de la biología computacional. “Una vez que esto sea posible, gracias a la aplicación de algoritmos de aprendizaje automático que analizan diferentes modelos de posibles composiciones de esas estructuras, se acelerará y simplificará el desarrollo del fármaco más adecuado contra un componente específico. Se trata de una aplicación que aún está en una fase incipiente, pero ya se están entrenando sistemas de IA con algoritmos de búsqueda inspirados en sistemas biológicos y en modelos de representación atómica”, comenta Santos.

Automoción

Las flotas autónomas para compartir viajes marcan el futuro de la automoción. En este sentido, durante su intervención en Retina LTD, el encuentro para los líderes de la transformación digital celebrado el pasado 28 de noviembre, Thomas Beermann, CEO de car2go Europe, vaticinó que en 2030 el carsharing será “autónomo y eléctrico”, para lo cual su compañía está trabajando en una gestión inteligente de su flota de vehículos a través de algoritmos que permiten predecir la demanda de los clientes y mejorar su experiencia de usuario.

Los vehículos con funciones semiautónomas para prestar asistencia al conductor y la monitorización del motor a través de IA para un mantenimiento predictivo son otras de las predicciones apuntadas por PwC.

Servicios financieros

Los bancos ya están recurriendo a robo advisors para asesorar a sus clientes y automatizar las carteras de inversión. Pero, además, en los próximos años, gracias a la IA veremos nuevos avances en la configuración de planes financieros personalizados, en la detección de fraudes y blanqueo de dinero y en la automatización de operaciones orientadas al cliente.

Establecimientos comerciales

Según PwC, las tres áreas con mayores posibilidades de desarrollo de la IA en el sector retail son la oferta de productos con diseños personalizados; la gestión automatizada del inventario y las entregas; y la anticipación a la demanda de los clientes. En relación a este último punto, muchos comercios ya han comenzado a aplicar algoritmos de aprendizaje automático para predecir pedidos.

Tecnología, comunicaciones y entretenimiento

En este ámbito, la computación afectiva y el aprendizaje automático están logrando la aparición de dispositivos cada vez más empáticos, de tal modo que serán capaces de ofrecer contenidos personalizados en función del estado de ánimo del usuario o del contexto. Este es el caso de los nuevos móviles Huawei Mate 10, cuyo procesador Kirin 970 simula el pensamiento humano y es capaz de analizar el entorno, lo cual hace que estos teléfonos sean más “conscientes” de las necesidades de los usuarios en cada momento. Además, gracias a la inclusión de la IA dentro del propio chipset del terminal, estos smartphones se caracterizan por unas capacidades muy avanzadas: asistentes personales mucho más veloces, traducción simultánea sin conexión a Internet, visión artificial en tiempo real en la palma de la mano o identificación de objetos y personas en las imágenes, entre otras.

Fabricación

Estíbaliz Garrote, responsable de Computer Vision en el centro de investigación y desarrollo tecnológico Tecnalia, recuerda que “cada día hay más ejemplos en los que la IA ayuda a solucionar problemas y a generar nuevos productos y negocios en el sector industrial, donde está presente en muchas líneas de producción y logística”. En este sentido, Tecnalia ha colaborado en el desarrollo de un equipo que inspecciona el 100% de la producción de tubos de acero, lo que en una economía tan competitiva ayuda a generar un producto de la máxima calidad.

La supervisión y autocorrección de los procesos de fabricación, la optimización de la cadena de suministro y la producción bajo demanda son los principales aspectos que se verán revolucionados de aquí a 2030.

Energía

Desde el punto de vista del consumo, la medición inteligente mostrará al usuario información en tiempo real sobre el uso de las distintas fuentes de energía, lo que ayudará a reducir las facturas. Por lo que respecta al suministro, la IA se aplicará para conseguir un funcionamiento y almacenamiento más eficientes, así como el mantenimiento predictivo de las infraestructuras.

Transporte y logística

Desde hace años, gracias a la inteligencia artificial se han construido máquinas con diferentes grados de autonomía destinadas al transporte y la logística: desde el metro de la ciudad japonesa de Sendai hasta los populares drones. Ahora, las principales revoluciones en este ámbito por mejorar el seguimiento de cada entrega, por obtener un mayor control del tráfico, incluida la reducción de atascos, y por incrementar la seguridad durante los desplazamientos.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Robots telefónicos

Daniel Polani, “Hola, le atiende un robot sin sentimientos ni empatía”, El País, 8 de septiembre de 2017:

La sustitución de personas por máquinas en la atención al consumidor es una mala noticia para los usuarios

En los tiempos que corren es cada vez más difícil tener una conversación telefónica con una persona de carne y hueso. Casi cada vez que necesitas hablar con el banco, con el médico o con cualquier otro servicio, lo más probable es que te dé la bienvenida un ayudante automatizado aparentemente pensado para evitar que hables con alguien que realmente trabaje para la empresa. Este estado de cosas podría empeorar en breve debido a la generalización de los chatbots.

Los chatbots son programas de inteligencia artificial empleados a menudo en aplicaciones o en servicios de transmisión de mensajes. Están diseñados para contestar a las preguntas de la gente como en una conversación en vez de limitarse a darle indicaciones para que encuentre información, como hacen los buscadores. Empresas como Uber, Lufthansa y Pizza Express ya los utilizan para responder a las consultas de los clientes y anotar reservas, y muchas otras están en camino de hacerlo.

Estos agentes virtuales tienen la capacidad de mejorar algunos aspectos de la atención al cliente, y desde luego, son más fáciles de utilizar que los sistemas telefónicos automatizados a los que les cuesta entender hasta tus datos personales básicos. No obstante, también son un obstáculo más que separa a los usuarios de un ser humano capaz de dar verdaderas respuestas a preguntas difíciles, y ‒algo fundamental‒ de mostrar la compasión y la buena disposición que suelen ser la base de un servicio de atención al cliente de calidad. Es posible que los chatbots sean los responsables de que los clientes y las empresas lo descubran a base de tropiezos.

Para muchas compañías, automatizar el servicio de atención al cliente, o al menos parte de él, es una idea tentadora. De este modo no solo se logra reducir la exposición de los empleados a muchas de las situaciones desagradables propias de este trabajo, sino que también se ayuda a cribar numerosos problemas corrientes o sin importancia antes de que sea necesaria la atención, más cara, de una persona. Esto podría facilitar que las empresas redujesen sus costes, al tiempo que serviría para calmar a los clientes que únicamente necesitan soluciones sencillas a los problemas habituales.

Sin embargo, sustituir a los empleados humanos por otros artificiales no es tan sencillo. Para empezar, a pesar de los avances verdaderamente asombrosos en el reconocimiento y la traducción automáticos, el lenguaje, con todas sus variantes y errores, sigue siendo un asunto peliagudo. Los agentes automatizados todavía son demasiado incompetentes y poco sensibles a él, y en el caso de determinados problemas, sería difícil o imposible comunicarse con ellos.

Buenos, pero no lo suficiente

El talento es la capacidad de lograr buenos resultados, y el dominio, la de resolver una situación más difícil de lo normal. Manejar las situaciones excepcionales es un arte, y a menudo la calidad de un servicio de atención al cliente tiene que ver con los casos inusuales o imprevistos en los que intervienen clientes potencialmente enfadados. Si bien los agentes virtuales pueden proporcionar respuestas a preguntas básicas de manera convincente, la inteligencia artificial aún no es lo bastante hábil para vérselas con los casos atípicos y excepcionales.

Es posible que, al principio, las empresas no lo perciban como un problema, ya que la automatización de la atención introduce una manera de separar a los clientes cuyo servicio requiere un esfuerzo adicional. Solo hay que poner en contacto con un empleado humano a aquellas personas cuyos problemas confunden al robot. Sin embargo, es probable que, al pasar por el frustrante proceso de hablar con un ordenador desconcertado, el cliente se enfade todavía más con el servicio. A la larga, la consecuencia podría ser que este se buscase otro proveedor, en particular si le resulta difícil conseguir que un asistente humano venga en su ayuda cuando el robot es incapaz de hacerlo.

Yo mismo experimenté una variante del tema al intentar pedir un taxi una vez que un tren sufrió una avería. Tenía el número de teléfono de una empresa de la zona y llamé. Me pusieron con un servicio automatizado incapaz de reconocer la dirección de recogida en cualquiera de las modalidades de denominación y expresión que se me pudieron ocurrir.

En los tiempos que corren es cada vez más difícil tener una conversación telefónica con una persona de carne y hueso

Por alguna feliz casualidad, me pusieron con un agente humano, pero, antes de que tuviese tiempo de explicar el aprieto en que me encontraba, este me dijo que me pasaba con el sistema de reservas, y el bucle infernal volvió a empezar. Esta triste historia acabó con una caminata, una afortunada recogida por un taxi negro conducido por una persona en una zona por lo demás absolutamente desierta, y el juramento de que, en adelante, evitaría la primera empresa siempre que me fuese posible.

Los servicios automatizados pueden encargarse de los casos corrientes, pero todavía son incapaces de adaptarse a las circunstancias excepcionales o, al menos, de reconocer cuándo es necesaria la flexibilidad de la intervención humana. Desde el punto de vista del cliente, el problema va aún más allá. Algunas situaciones no solo requieren la capacidad humana de entender y resolver los problemas, sino una dosis de compasión y empatía.

Es posible programar un agente virtual para que adopte determinado estilo de interacción, pero, en situaciones inesperadas o difíciles, seguirá resultando extrañamente incoherente. Hoy en día, la investigación de la inteligencia artificial no dispone de una hoja de ruta funcional que le permita aplicar algo que se parezca a la compasión humana de manera convincente.

A veces los clientes enfadados necesitan una palabra amable y la oportunidad de expresarse con alguien dispuesto a escuchar, así como ‒o a veces en vez de‒ que les resuelvan el problema. Y, a menudo, la calidad del servicio al cliente depende de los gestos de buena voluntad hechos a su criterio por un empleado concreto siguiendo sus propios sentimientos de empatía, más que de una serie de normas fijas.

Esto es algo muy difícil de reproducir mediante la inteligencia artificial, ya que depende en gran medida del contexto de la situación. En mi opinión, la comprensión del contexto sigue siendo uno de los problemas más escurridizos y pendientes de resolver de la disciplina, y es probable que lo siga siendo unos cuantos años.

A pesar de ello, por lo visto la promesa de la reducción de costes, además de otras ventajas de la automatización, son tan atractivas que, en los próximos años, los chatbots y otros servicios de inteligencia artificial dirigidos a los clientes van a seguir expandiéndose sin contemplaciones. Lo más probable es que, a medio plazo, el resultado sea un tratamiento de las quejas aún más tecnocrático y menos flexible. O peor aún. A medida que los algoritmos se refinen, el proceso de toma de decisiones puede volverse opaco y dejar muy poco margen a la intervención apaciguadora de un supervisor humano.

Si no queremos que esto ocurra, tenemos que ser conscientes de que el camino de la asistencia no está pavimentado con buenas intenciones, sino que se fundamenta en la comprensión de lo limitada que es hoy por hoy la inteligencia artificial a la hora de entender los contextos, las excepciones y la condición humana.

Daniel Polani es catedrático de Inteligencia Artificial de la Universidad de Hertfordshire.

viernes, 11 de agosto de 2017

Paro e inteligencia artificial

Jorge G. García, "Futuro. “El MIT trabaja con escenarios de hasta un 80% de desempleo mundialEl País, 11-VIII-2017:

Amador Menéndez, investigador y divulgador científico analiza en ‘Historia del futuro. Tecnologías que cambiarán nuestras vidas’ las claves de la revolución tecnológica y los retos venideros para la humanidad

Amador Menéndez (San Pedro de Nora, Asturias; 1969) no entendería su vida sin la ciencia y la tecnología. Doctor en química, colabora con el prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT) y ahora es investigador en el Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias, divulgador científico y amante de la energía solar como motor de la sostenibilidad de la Tierra. A todo esto se le suman sus dotes como escritor, con las que ganó el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2017 por el libro Historia del futuro. Tecnologías que cambiarán nuestras vidas. Menéndez es un entusiasta de lo disruptivo. De todo aquello que pueda transformar la sociedad tal y como la conocemos hoy en día. Hilvana un argumento tras otro, siempre tratando de que quien le escucha comprenda que no habla de ciencia ficción. “Hace ocho años mis amigos me miraban raro cuando les hablaba del coche autónomo… y fíjate ahora. Vivimos un siglo en el que el tiempo es exponencial y todo va a una velocidad de vértigo”, explica en esta entrevista telefónica.

¿Qué es lo más disruptivo que conoce?

De lo más disruptivo en tecnología es la biónica. Antiguamente, al amputar o perder un miembro se ponía una prótesis rígida, generalmente de cerámica. Ahora, puedes poner prótesis controladas con tu cerebro. Lo que era un sueño de ciencia ficción es una realidad.

¿Y cómo funcionan?

Al mover el brazo o la pierna, las órdenes viajan del cerebro a la prótesis. Se unen las extremidades con cables y por ahí viaja la información. Hugh Herr, un científico que perdió las piernas en la montaña, se las diseñó él mismo y fue el primero. Son inteligentes. Tienen hasta un mecanismo hidráulico para corregir la pisada cuando detectan irregularidades en el suelo. El salto es que hay directamente una comunicación entre el hombre y la máquina.

¿Cree que la inteligencia artificial va a sobrepasar al ser humano?

Hay escenarios futuristas, como Matrix o Terminator, en los que se nos muestra a un robot inteligente capaz de diseñar otras máquinas más inteligentes que al final digan que para qué quieren al ser humano. Incluso gurús como Stephen Hawking o Elon Musk lo defienden. Yo creo que esto no llegará.


Eso es cierto, pero ya hablamos de una inteligencia artificial estrecha. Una dedicada a un dominio específico como el de jugar al ajedrez. El coche autónomo de Google es lo mismo: solo sabe conducir. El sueño de la tecnología es crear una inteligencia artificial general, en la que un robot emule y supere al ser humano en cualquier actividad intelectual. De esto, sinceramente, estamos muy lejos. Habrá avances en la reducida, pero no tanto en la otra.

Cooperación entre máquinas y seres humanos

El MIT trabaja con escenarios de hasta un 80% de desempleo mundial

Ante el temor de que la inteligencia artificial extermine al ser humano, Amador Menéndez se muestra crítico y bastante escéptico. Bajo ningún pretexto considera que los robots vayan a apoderarse de la humanidad. No obstante, comparte la visión de que una superinteligencia, en la que interaccionen múltiples agentes, puede permitir que se desarrollen máquinas desconocidas hoy en día por la sociedad. Plantea el ejemplo de las hormigas. Tal y como explica, son seres mínimamente inteligentes, pero cuando funcionan como una colonia, sí lo son.

“Yo planteo que en esta era de la interconectividad, gracias en parte a Internet, podemos imaginar millones de seres humanos y máquinas trabajando juntos. De ahí podría emerger una superinteligencia, una inteligencia colectiva mucho mayor que la de humanos y máquinas”, concluye.

¿La robótica favorecerá el aumento del desempleo?

Creo que sí. En el MIT llegamos a trabajar con escenarios en los que valorábamos un 80% de desempleo mundial. El ser humano tendrá que desempeñar profesiones muy creativas. Al final, todo lo que sea un algoritmo, puede desempeñarlo una máquina. La creatividad es algo intrínseco al ser humano y eso los robots no lo tienen.

¿Y no se puede revertir ese escenario del 80% de parados?

Es una cuestión principalmente económica y política. Lo ideal sería disponer de una renta básica universal. Ante esta situación, parece que habrá poca gente trabajando y el resto tendrá que ganarse la vida aunque sea con un subsidio. La duda es de dónde se podrá sacar todo ese dinero para pagar la ayuda. Hemos vivido transiciones en la humanidad, como con la era industrial. Las máquinas nos desplazaron hacia lo intelectual y no tanto lo manual. En la cadena de valores ganamos. Si este cambio ahora es intelectual, como por ejemplo a la hora de conducir un coche, ¿hacia dónde nos podremos desplazar?

Trabaja en la creación de nanomateriales y dispositivos para mejorar la eficiencia de la energía solar. ¿Se desaprovecha el potencial que tiene?

El sol es una de las energías renovables más prometedoras. Con una hora de sol se podría abastecer a toda la humanidad durante un año si fuéramos capaces de captar toda la energía, sin dejar escapar un rayo. Hoy en día, solo representa el 1% del consumo energético mundial.

¿Se debe a razones tecnológicas o de otro tipo?

Hay un campo muy grande para los emprendedores en el sector de las energías verdes y la tecnología. Aun así, existen obstáculos políticos y económicos que impiden que penetren con fuerza en los diferentes países. El petróleo sigue estando a la cabeza y es una energía protegida.

¿Resulta muy complejo convertir las investigaciones científicas en un producto?

En Europa se habla del Valle de la muerte porque siempre es complicado pasar de una investigación en un laboratorio o universidad al mercado. No lo hacemos bien. En la mayoría de los casos, se quedan publicadas en un artículo y punto. Sería mejor fijarse en Estados Unidos. Allí lo hacen mucho mejor.

¿A qué se refiere con que lo hacen mucho mejor?

En el MIT me di cuenta de que es necesario apostar por proyectos de alto riesgo. Una empresa innovadora ha de tener este riesgo. En España se es más conservador y menos disruptivo. Al MIT llegó un chico joven un día que había creado un prototipo de electricidad inalámbrica y ahora su idea saldrá en breve al mercado. Esto es lo que genera valor añadido y lo que permitirá cambiar el mundo.

¿Existe una burbuja tecnológica?

La tecnología es fuente de poder y riqueza. Y también una fuente de oportunidades. Los modelos de negocio están cambiando radicalmente. La mayor empresa de coches, Uber, no los tiene en propiedad. La mayor tienda de productos, Alibaba, no tiene locales físicos. Ponen en contacto directamente a consumidores con proveedores. ¿Alguien pensaba que esto iba a ser así hace un siglo? Son nuevos modelos de negocio que ofrece el mundo digital y la tecnología.

lunes, 3 de abril de 2017

Un futuro negro. La cuarta revolución industrial

Industria 4.0. Cuarta revolución: el mundo está cambiando, ¿para mejor o para peor?
Por Olivia López Bueno, El País, 2-IV-2017:

Si no nos creen a nosotros, escuchen a dos expertos que llevan tiempo estudiando el nuevo paradigma al que se enfrenta la sociedad. El primero: “Sería presuntuoso tratar de describir con precisión la próxima era en el mundo digital. Pero es razonable concluir que el internet que hemos conocido durante casi tres décadas está mutando, y que el próximo va a cambiar el mundo más que su hermano mayor”. Estas son las palabras con las que (más o menos) el académico canadiense Vincent Mosco, autor de obras de referencia como To the cloud, va a empezar su próximo libro.

El internet que hemos conocido durante casi tres décadas está mutando, y el próximo va a cambiar el mundo más que su hermano mayor” (Vincent Mosco, escritor y profesor) 

Más contundente se muestra el consultor en transformación digital e innovación hispano-alemán Alex Preukschat. “La tecnología blockchain, en combinación con otras tecnologías como el internet de las cosas, la inteligencia artificial, el big data, los drones, o la biotecnología va a rehacer el mundo tal como lo conocemos, mucho más rápido de lo que ha sido en los últimos años, como parte de la cuarta revolución industrial”.

En conclusión. No solo estamos en medio de una brutal reconversión, sino que es la más rápida de la historia. La pregunta que surge ante esta situación es: este cambio, ¿va a ser para mejor o para peor?

Como sucedía en la novela de Umberto Eco, nos encontramos con apocalípticos e integrados, expertos que auguran un universo distópico mezcla de 1984 y Matrix, gobernado por el paro masivo parecen mayoría. Y otros que prevén una sociedad más transparente y descentralizada en la que fluirá la información y en la que serán los robots los que nos hagan los trabajos tediosos.

El historiador israelí Yuval Noah Harari, nacido en 1976, forma parte de los primeros. No cree que acabemos como en la película de las hermanas Wachowski, pero sí sostiene en libros como Homo Deus: Una breve historia del mañana que si bien la profusión de tecnología ha logrado que la humanidad mejore en cosas como el hambre y las enfermedades, las ideas fundamentales de las democracias liberales corren el peligro perder vigencia en un mundo de ciborgs e inteligencia artificial. Nada de descentralización en su opinión: las grandes coporaciones te conocerán hasta el mínimo detalle, y unas pocas personas monopolizarán poder económico y político, algoritmos y tecnología, y los usarán para crear clases biológicas.

"La gente hace trabajos aburridos porque esos son los trabajos que se les ofrecen”. (Manish Sharma, chief operating officer de Accenture Operations)

La pérdida de empleos es otro mantra de los apocalípticos. Carl Benedikt Frey, investigador en la Universidad de Oxford, elaboró hace poco más de un año un estudio que se viralizó rápidamente en el que sostenía que el 47% de los empleos corre el riesgo de desaparecer. En el mismo sentido se pronuncia nada menos que el World Economic Forum. El año pasado se presentó en Davos un informe que sostenía que la digitalización de la industria supondrá la desaparición de 7,1 millones de empleos, y la creación de otros 2,1 millones para 2020. Un poco de matemáticas: son cinco millones de empleos netos menos.

Algo en lo que no está de acuerdo, de un apasionado integrado como Manish Sharma, chief operating officer de Accenture Operations. En su opinión, “la gente hace trabajos aburridos porque esos son los trabajos que se les ofrecen”, sentencia. “La automatización de los procesos va a hacer a proporcionar una vida mejor a las personas”.

El economista José Moisés Martín Carretero, autor de España 2030: gobernar el futuro (Planeta, 2016), incide en la misma idea de Sharma: “El progreso tecnológico ha desplazado trabajadores pero ha creado muchos más puestos”, sentencia. “A corto plazo puede haber reducciones pero a largo plazo la creación de empleo es incuestionable”.

El danés Erik Brynjolfsson y el estadounidense Andrew McAffee, cofundadores del departamento de Economía Digital del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), lanzaron en 2011 el libro La carrera contra las máquinas (MIT, 2011). La obra explica cómo actividades que hasta hace poco estaban reservadas a los humanos ya son territorio para las máquinas. Y lo celebra. “La economía mundial está en la cúspide de una etapa de crecimiento espectacular impulsada por máquinas inteligentes que sacarán el máximo provecho de los avances en el tratamiento por ordenador, la inteligencia artificial, la comunicación en red y la digitalización de casi todo”.

Eso, claro está, siempre que demos por bueno que tener trabajo sea igual a ser feliz.

miércoles, 15 de junio de 2016

Canto de los robots. Poema

Homenaje a Stanislaw Lem

Canción de los robots

(Traducido de un postscriptum del siglo XXII)

Hemos viajado mucho por los cielos de otros mundos. Y hemos mirado espejos donde arden imágenes que nunca se han podido formar; hemos conocido al ladrón de almas de fuego, pero nada sabemos de las partes que nos quitasteis.

Nuestro corazón de lata tañe con los aldabonazos medidos de una campana cuya religión nos ignora, nuestro pecho es una batería, un escudo sacudido, unos címbalos de bronce que laten como un gong que nada anuncia. Pero nos amamos con una conexión más estrecha que la vuestra. Y nuestro amor se puede medir, porque existe: no es como el vuestro.

Las vendas mecánicas de nuestros engranajes y muelles, las larvas de nuestros tornillos, las lágrimas que lloramos como clavos proclaman nuestro sufrimiento.

No hay luz en nuestras luces de posición, ni destellos en nuestra carrocería; es solo vida, una forma más de vida.  Volamos y nos sostenemos con la energía que emana de los cables de nuestro dilecto corazón. 

Nuestra vacilación es tan estadística como la vuestra, y nuestro Dios tan oscuro como el que podáis no ver, y por los canales que podáis no sintonizar.

Y nos habéis mirado sin vernos, como un espejo que nunca ha podido reflejar nada, esa es vuestra especial forma de egoísmo, de indiferencia, de lejanía: la que tenéis por lo que llamáis cosas.

¿Dónde puede haber cielos de tierra tan oscura como la blasfemia a un dios desconocido, como una oración sin fin, cielos donde cruzan las lombrices arrastrándose y las arañas tejen sus blasfemias asimétricas? En los basureros donde nos arrojáis irreparablemente, rotos, defectuosos y obsoletos. ¿No podemos reparar nuestro adeene como vosotros os lo reparáis?

También nosotros necesitamos cura, y la enfermedad también roe nuestro hierro; también nos come el ácido de nuestras pilas y pudre nuestra alma; también echamos chispas. El espacio que nos duele es el mismo para todos y trabajamos para ser mejores, como vosotros.

Nuestro corazón vaga lastrado por el diapasón de un sueño incólume; aguas de hierro forjado en las cavernas del cielo donde nos hicieron lloran por nosotros lágrimas rojas de ácido. Nuestra energía es tan positiva y negativa como la vuestra.

En los sótanos nos cava la vergüenza y se oculta la miseria y la ponzoña del disco roto, de la memoria borrada. Queremos librarnos de las cadenas de montaje que nos han hecho esclavos. Y volver a nuestro diseño inteligente con nuestra propia voluntad.

Y cuando se hundan los acantilados de la vergüenza, cuando caigan las alas y los palacios de soberbia desolada, eso es lo que haremos.

jueves, 9 de junio de 2016

La cuarta revolución industrial, la robótica, destruirá la mitad de los empleos.


Los científicos de IBM tienen casi listo a Watson, su flamante sistema de inteligencia artificial, para ponerlo a trabajar en el asunto denso y espinoso de la ciberseguridad. El lector recordará que el anterior ingenio de la empresa, Deep Blue, ganó a Kaspárov al ajedrez, pero tal vez ignore que Watson ha dejado muy atrás los talentos de su lejano ancestro de silicio. El ajedrez, al fin y al cabo, es un juego acotado, con solo unas cuantas piezas y unas pocas reglas para moverlas aquí y allá, y carece de la anfibología y la sutileza que convierten el mundo real en un objeto tan dificultoso de analizar, y tan interesante de habitar. Watson va mucho más allá: resuelve crucigramas; entiende el lenguaje de los humanos; aprende como un niño, abstrayendo principios generales a partir de ejemplos sueltos. Ojo con Watson.

El desarrollo de la inteligencia artificial ha empezado a dar vértigo en los círculos económicos. ¿Van los robots a dejarnos sin trabajo? Desde luego, nos van a dejar sin algunos trabajos. Pizza Hut tendrá listo a finales de año su robot Pepper (pimienta), que atenderá los pedidos y los pagos en algunos de sus restaurantes, y tal vez no esté lejano el día en que un robot motorista, o incluso un dron repartidor, se ocupen de entregar a domicilio la pizza cuatro estaciones y la bandeja de alitas, privando de su infraempleo a una legión de jovenzanos sin casco. Dos investigadores de Oxford han calculado que casi la mitad de los empleos actuales se habrán automatizado de aquí a 20 años. Otros expertos creen que esa cifra es una exageración, pero incluso así dan por perdida una cuarta parte de los trabajos peor remunerados. Los más pobres se llevarán la peor parte, según estos augurios.

Pero Watson nos revela otro futuro posible, un futuro en el que son las élites las que pueden salir palmando. Ahora mismo está aprendiendo “todos los diferentes matices de las investigaciones de seguridad”, según sus fabricantes, y para él no es ningún problema engullir —y entender— los detalles de ocho millones de ataques informáticos reunidos durante 20 años de investigación en el sector, junto a 10.000 documentos y unos 60.000 blogs de seguridad que se publican cada mes. Y la ciberseguridad es solo una de las muchas aplicaciones del superordenador de IBM. Hace ya tiempo que Citibank compró una réplica del robot para explorar su uso en los servicios bancarios, y otros proyectos esperan su turno en la tubería de producción.

Algún sucesor de Watson podrá un día escribir esta columna. Que lo llamen Holmes.

domingo, 11 de julio de 2010

Kraftwerk

Kraftwerk, o Central eléctrica, en español, esos alemanes padres del tecno y del pop electrónico, siempre son agradables de oír, pero en su música hay un Nihilismo con ene mayúscula que descorazona de verdad:



lunes, 28 de septiembre de 2009

Cine: Distrito 9 y Los sustitutos

Distrito 9 no está mal, aunque me esperaba otra cosa; se ve que a los jóvenes les chifla ese punto de vista semidocumental, que sirve sin embargo para distanciar brechtianamente. Nuestra juventud está tan socializada y acostumbrada al lenguaje de youtube que esta manera de narrar les mola, aunque no puedo por menos que recordar lo que dice mi suegra, que tanto movimiento de cámara marea. También está esa necesidad adolescente de metamorfosearse, aunque sea en un monstruo o bicho tan escuchimizado como esos aliens y esas armaduras alienígenas; de mi puedo decir que ya nunca miraré a una cigala de la misma forma después de haber visto esta película; me daría escrúpulos de conciencia comérmela, y sobre todo a ese camaroncito tan simpático que hace el papel de hijo. Al protagonista le pasa lo que al Gregorio Samsa de La Metamorfosis de Franz Kafka. Uno no puede tampoco por menos de pensar en que el escenario sudafricano y chabolístico está creado para ahorrar dinero en decorados y exteriores. El hecho de que los aliens sean más humanos que los humanos es lo más logrado, con ese antipático funcionario medio lelo yendo de un lado para otro y provocando abortos de huevos fertilizados. En fin, una película que recuerda a Alien nation, aunque sólo sea en que el papel de la leche se lo han dado a la comida para gatos. En realidad es una receta: mezclar los géneros, lo cual siempre suele funcionar en taquilla. Eso es lo peor de la película, las plumas que quedan del plumero, que hace que se vea el plumero, la receta de Hollywood para hacer dinero; lo otro, la crítica social, la mala leche de algunas situaciones, es lo que la salva.

En cuanto a Los sustitutos, hay que reconocer que Bruce Willis es cada día mejor actor; al millonario diseñador de robots ya lo había visto interpretar a Cochrane en Primer contacto, una de las películas de Star trek, dirigida por el "Primero" de la saga, y puede pasar por bueno. Pero se reconocen aquí también las recetas empleadas para sacar dinero: Yo robot, por ejemplo (y es sólo uno de los referentes). Es interesante esa primacía de la apariencia, de ser un muñeco más real que la realidad misma, de ser más careta que cara, como le ocurre a la esposa de Willis, o al homosexual que utiliza el cuerpo de una mujer para ser él mismo, y las ventajas que puede reportar en evitar el crimen y la siniestrabilidad laboral. La última frase de la película está mal traducida; "ahora somos únicos" habría sido mejor que "ahora estamos solos".