viernes, 30 de octubre de 2026

Cicerón

 ‘Marco Tulio Cicerón’: talento, ambición y poder, en Babelia, suplemento cultural de El País, por Manel García Sánchez, 30 oct 2026:

Se publica una nueva edición de la biografía escrita por el historiador Francisco Pina Polo, que aleja al autor romano de sus representaciones antagónicas como héroe de la libertad republicana y político oportunista

“¿Qué dirá la historia de mí dentro de 600 años? Yo la considero a ella mucho más que los rumores de los actuales". La pregunta de Cicerón (Arpino, 106-Formias, 43 a.C.), dirigida a su estimado amigo Ático, revela una obsesión que lo torturó toda su vida: la posteridad. Dos mil años después sabemos que la vanidad quedó compensada con creces por su genialidad; y aunque sea verdad que la figura de Cicerón nos resulta poco simpática, y buena prueba de ello es que pocos personajes de la Antigüedad han sido tan denostados, no es menos cierto tampoco que la admiración que su prosa ha generado a lo largo de los siglos prueba que su talento estuvo muy por encima de su discutible integridad como político, como persona y como intelectual. El hallarnos frente a un animal político como Cicerón y ante una de las épocas más fascinantes de la historia universal, la de la crisis y final de la República romana, convierte en tentador y temerario a la par el poder contar una vida sobre la que poseemos tantos datos y tan profundamente parciales porque buena parte de lo que sabemos de Cicerón procede del egocéntrico cálamo del propio Cicerón. Francisco Pina Polo, insigne ciceroniano por vocación, que no por convicción, acepta el reto de enfrentarse a la escritura de otra biografía de Cicerón demostrando que la Fortuna siempre premia a los audaces.

Como señala Cristina Rosillo-López en el prólogo a esta nueva edición del Cicerón de Pina Polo, acercarse a Marco Tulio Cicerón supone enfrentarse a un personaje fascinante del que conocemos en profundidad sus fortalezas y sus flaquezas. Su extraordinario legado documental nos permite conocerlo como a ningún otro romano republicano, incluso podemos leer más allá de sus incontables y brillantes discursos sus cartas a Ático y a sus familiares. El que Cicerón convirtiera a su persona en el centro de la acción crea asimismo una falsa sensación de proximidad. El mérito de Pina Polo consiste precisamente en hacernos despertar de ese sueño dogmático e introducir la suficiente distancia crítica entre Cicerón y nosotros para desvanecer tal ilusión.

Pina Polo verbaliza con elocuencia ciceroniana que ni Cicerón fue el héroe de la libertad republicana, como pensó Pierre Grimal en su hagiografía sobre el Arpinate, ni tampoco el político vacilante, sin penetración y oportunista que Theodor Mommsen caricaturizó en una demoledora diatriba. Pina Polo no ha escrito ni un panegírico ni una filípica sobre Cicerón, sino que esboza los claroscuros de un auténtico animal político: inteligente y ambicioso, inseguro y audaz, vanidoso y narcisista, obsesionado siempre con la idea de que la historia lo absolvería. La política no fue para Cicerón una actividad más, sino el ámbito que dotaba de sentido su existencia, al servicio de la República y de sí mismo.

No podemos olvidar nunca su condición de homo novus y cometer el error de sentar a Cicerón en el diván del psicoanalista. Proceder de la provinciana Arpino no era a priori una desventaja en la Roma republicana. No contar con antepasados consulares e ilustres sí era en cambio un poco rentable capital político. Frente a aquellos que como César o Pompeyo podían exhibir nombres y glorias heredadas, él solo contaba con el talento y una cadena de méritos que catapultaron su ascenso a través de un pavoroso cursus honorum y una ambición desmesurada y elecciones oportunistas que precipitaron su caída.

El profesor Pina Polo ha dedicado toda una vida académica en la Universidad de Zaragoza y en el extranjero a demostrar cómo la política romana dependía de factores que desbordan —o quizás no— nuestras categorías políticas actuales: prestigio y honores, clientelismo y meritocracia, servicio y deber, dignitas y auctoritas, arte oratoria para persuadir y máscaras dramáticas para trepar y sobrevivir sin escrúpulos. El Senado y las magistraturas importaban, por supuesto, pero la República funcionaba también mediante conversaciones dentro y fuera de las instituciones y, sobre todo, por redes de amistad clientelar, a las que Francisco Pina Polo y Cristina Rosillo-López han dedicado especial atención desde su grupo de investigación y colección de valiosas monografías Libera Res Publica sobre la República romana.

En el contexto de la Roma republicana, Cicerón necesitaba hablar de Cicerón y que se hablase de Cicerón, como César necesitaba hablar de César y que se hablase de César. La búsqueda de la gloria no era siempre una patología narcisista, sino un bien y un capital político que debía conquistarse y conservarse. La posteridad comenzaba en cada presente y quien carecía de un pasado aristocrático heredado tenía que controlar el relato de sí mismo y recordar a cada instante que él se hallaba entre los salvadores de la patria. Ahí reside uno de los grandes méritos de esta apasionante biografía: comprender a Cicerón sin exigirle que sea uno de los nuestros, analizar la gestualidad cambiante de un individuo por histórico contradictorio.

El hombre que si bien conquistó todos los honores no pudo gobernar su presente, sí que ha conseguido durante siglos ayudarnos a reflexionar sobre quién tiene derecho o no a presentarse como salvador de la patria o sobre si todas aquellas cosas que son beneficiosas para el Estado son legítimas y justas. Esa incertidumbre y preocupación acompañó a Cicerón a lo largo de su vida y esta deslumbrante biografía sitúa a Cicerón y a nosotros mismos ante el espejo para recordar que ni somos ni podemos ser ajenos a esos perturbadores pensamientos, que la historia puede y debe, como creía Cicerón, ser maestra para la vida.

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