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sábado, 13 de junio de 2026

Cambios y manipulaciones en la SER

 I 

 Nuevo terremoto en la Cadena Ser: destituye a Guillermo Rodríguez, director de Informativos, 24 horas después de la salida de Àngels Barceló, en El Mundo, Esther Mucientes, Viernes, 12 junio 2026:

Guillermo Rodríguez, director de Informativos de la Cadena Ser hasta hace unas horas, ha sido cesado por la dirección de la emisora tras cinco años en el puesto

Nuevo terremoto en la Cadena Ser. Si hace tres semanas saltaban las alarmas tras anunciarse la renuncia de Àngels Barceló, la cual se despidió este jueves por sorpresa de los oyentes y del que ha sido su programa durante 7 años, Hoy por Hoy, esta mañana estallaba una nueva bomba en la emisora del Grupo Prisa: Guillermo Rodríguez, director de Informativos de la Cadena Ser, ha sido destituido en las últimas horas.

Según ha adelantado eldiario.es y ha confirmado EL MUNDO, Guillermo Rodríguez ha sido destituido esta mañana. Fran Llorente, director de Contenidos de la Cadena Ser, ha sido el que se lo ha anunciado a Rodríguez y después a la redacción de la emisora. Un nuevo golpe para una emisora que desde hace tres semanas lleva sumida en un tsunami de movimientos que comenzaron con la salida de Barceló y que ha provocado que a partir de la temporada que viene Aimar Bretos asuma la dirección de Hoy por Hoy, y que el subdirector de Hoy por Hoy, José Luis Sastre, se ponga al frente de Hora 25.

La destitución de Rodríguez no se entiende sin el penúltimo cisma: la salida de Àngels Barceló de Hoy por Hoy. La decisión de la cúpula de la emisora no es un hecho aislado; es el síntoma de una guerra que se lleva batallando de puertas hacia dentro desde hace varios meses. En la Cadena Ser nunca se juega solo a la radio. Se juega a la política, al poder y a la influencia.

Y aquí es donde se entra en el territorio de la guerra de guerrillas. Fuentes de la casa ya confirmaron a este periódico lo que era un secreto a voces: la tensión interna es insoportable.

De hecho, la despedida de este jueves de Barceló no solo sorprendió por ser tan precipitada cuando aún no ha terminado la temporada radiofónica sino por el mensaje que se escondía en sus palabras y que responde a este enfretamiento que se vive entre la cúpula de la Ser y sus redacciones.

"He acordado con la casa y con su complicidad", afirmó Barceló, "que lo dejo aquí porque la casa tiene que trabajar en lo que viene". Pasa página, porque, y ha sido tan clara como podía serlo, "yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha". Una frase que deja claro todo lo que fuentes de la cadena han ido relatando estas semanas.

La fachada del liderazgo del Hoy por Hoy en el EGM (aunque con importante pérdida de oyentes en el último Estudio General de Medios) tapaba a duras penas una realidad mucho más incómoda: un pulso soterrado entre Barceló y la planta noble de Prisa Media. Una guerra de guerrillas donde se medía cada palabra, cada invitado de la tertulia y, sobre todo, cada silencio.

El origen del cisma, según fuentes de la emisora, tiene nombres propios y una obsesión corporativa: la "transversalidad". Desde la cúpula de Prisa, pilotada por el fondo Amber Capital de Joseph Oughourlian, se venía madurando la idea de rebajar la intensidad ideológica de la emisora, muy en la línea con el argumentario de Moncloa. La consigna era clara: había que "abrir el abanico", moderar el tono y atraer a perfiles de analistas que hasta ahora veían la Ser como territorio hostil. Un intento de centrar el tiro para arañar oyentes a la competencia y, de paso, desatascar ciertos puentes institucionales y publicitarios con administraciones de otro color político, ante la posibilidad de un cambio de Gobierno de cara a las próximas elecciones de 2027. La destitución de Rodríguez visibiliza precisamente esto.

Guillermo Rodríguez empezó a sonar con fuerza en los mentideros del sector durante su etapa en Público.es, donde ejerció como redactor jefe. Sin embargo, su verdadero salto al centro del tablero de Prisa se produjo en 2012, cuando se incorporó como subdirector al desembarco español de El HuffPost, bajo la batuta de Montserrat Domínguez.

Allí se convirtió en su mano derecha y, cuando Domínguez ascendió en el organigrama del grupo en 2018, él asumió la dirección del medio. En El HuffPost, Rodríguez logró consolidar una cabecera que mezclaba el pulso político con el clic rápido y el lenguaje de las redes sociales, posicionándola entre los digitales más leídos del país.

Su gran reválida llegó en mayo de 2021. En plena tormenta de renovación directiva en Prisa Media, fue nombrado director de Informativos y de contenidos digitales de la Cadena Ser. El objetivo con su nombramiento era pilotar la tan cacareada "transformación digital" de la radio tradicional, un transatlántico acostumbrado a mirar el medidor del EGM y poco dado a cambiar las inercias del estudio por el algoritmo. A la vez que convencía a una redacción de "viejos rockeros" de la radio de que los contenidos informativos debían convivir -y competir- en el universo del on demand y las redes.

Quienes han trabajado con él destacan su carácter dialogante, su perfil técnico y su experiencia docente (ha impartido clases en la Escuela de Periodismo UAM-El País y en la Universidad Europea). Ha sido un hombre de Prisa y un gestor que siempre intentó mantener el equilibrio en una cuerda floja especialmente tensa.

Hoy, tras la marcha de Àngels Barceló y la última purga en los despachos de Gran Vía, ese equilibrio se ha roto. A Guillermo Rodríguez lo apartan. En la Ser han abierto la caja de los truenos. Se ha ido Barceló, ha caído Guillermo Rodríguez y la tensión sigue presente, a la espera de saber hacia dónde navergará el barco.

II

La 'guerra' en la Cadena Ser que ha provocado la precipitada "renuncia" de Àngels Barceló, en El Mundo, Esther Mucientes, sábado, 23 mayo 2026:

La salida de Ángels Barceló deja un panorama complejo en la cadena. Sustituir a la mujer que ha mantenido el liderazgo frente al empuje de Carlos Herrera (Cope) y el crecimiento de las mañanas de Onda Cero con Carlos Alsina no va a ser una tarea de despacho de un viernes por la tarde

A los 30 minutos de que saltase la noticia del día en los medios, la salida de Àngels Barceló de la Cadena Ser tras presentar su renuncia, la consejera delegada de Prisa Media, Pilar Gil afirmaba lo siguiente: "Como ya anunciamos en la presentación del plan estratégico, el Grupo tiene en marcha un gran proyecto de transformación y llegada a nuevas audiencias, que será aún más visible en la nueva temporada 2026-27, con el compromiso de seguir informando y acompañando a sus oyentes con la calidad y la calidez que siempre han caracterizado a la cadena". Solo hace falta leer entre líneas para entender que la marcha de Barceló no ha sido fácil ni tranquila. Detrás del anuncio de su marcha está la intrahistoria de una 'guerra' que llevaba librándose desde hace meses dentro de la radio de Prisa.

El anuncio de la marcha de Àngels Barceló no ha sido la consecuencia natural de un pacífico fin de ciclo, ni el cansancio lógico de quien lleva madrugando a horas intempestivas desde hace siete años. Su "renuncia", palabra que utilizó la Cadena Ser en su nota de prensa anunciando la marcha de la periodista, ha sido una demolición controlada que ha terminado estallando en Gran Vía, 32, aunque sin demasiada sorpresa, pues de puertas hacia dentro casi todos sabían que esto no iba a acabar bien.

El ambiente venía caldeado desde hacía meses. La fachada del liderazgo del Hoy por Hoy en el EGM (aunque con importante pérdida de oyentes en el último Estudio General de Medios) tapaba a duras penas una realidad mucho más incómoda: un pulso soterrado entre Barceló y la planta noble de Prisa Media. Una guerra de guerrillas donde se medía cada palabra, cada invitado de la tertulia y, sobre todo, cada silencio.

El origen del cisma tiene nombres propios y una obsesión corporativa: la "transversalidad". Desde la cúpula de Prisa, pilotada por el fondo Amber Capital de Joseph Oughourlian, se venía madurando la idea de rebajar la intensidad ideológica de la emisora, muy en la línea con el argumentario de Moncloa. La consigna era clara: había que "abrir el abanico", moderar el tono y atraer a perfiles de analistas que hasta ahora veían la Ser como territorio hostil. Un intento de centrar el tiro para arañar oyentes a la competencia y, de paso, desatascar ciertos puentes institucionales y publicitarios con administraciones de otro color político, ante la posibilidad de un cambio de Gobierno de cara a las próximas elecciones de 2027.

Pero en ese diseño de laboratorio se toparon con un elemento incontrolable: la propia Àngels Barceló.

Barceló, que se ha ganado a pulso el estatus de intocable, siempre ha entendido su programa como un estado soberano. Para ella, la línea editorial y la elección de su mesa de debate eran líneas rojas no negociables. Cuando Fran Llorente, director de contenidos de la emisora, le avisó de que había que abrir el espacio a "nuevos nombres" y "enfoques más abiertos" para la tertulia de las nueve, la respuesta de la periodista fue un portazo dialéctico que resonó hasta en la Castellana.

A este choque editorial se le sumó la eterna sospecha externa de las presiones políticas. En un panorama mediático hiperpolarizado, mantener el equilibrio en el buque insignia de la izquierda radiofónica es un deporte de riesgo. Las malas lenguas de la redacción apuntan a que las fricciones terminaron por agotar la paciencia de la catalana, que abrió un pulso con la dirección que desde hacía unas semanas había llegado a un punto de no retorno. La cúpula mantenía que había que hacer más plural la Ser y Barceló se mantenía firme en que a ella no le iban a imponer una nueva línea editorial. Las fricciones se hicieron insostenibles.

"Àngels no acepta sugerencias, acepta decisiones si son suyas. Intentar moldear su escaleta es como intentar moldear el hormigón armado", aseguraba este viernes por la tarde una fuente interna de la emisora que prefería mantenerse en el anonimato ante la tensión que hay en los pasillos de la Ser.

Las reuniones para la renovación de su contrato, que debían ser un trámite de firmas y cifras, se convirtieron en un tenso campo de batalla. Barceló no pedía más dinero; pedía libertad editorial. Quería la garantía absoluta de que nadie metería las manos en sus contenidos. Al ver que los directivos no cedían y que el control editorial empezaba a cotizar a la baja, la reina de las mañanas radiofónicas aplicó la máxima de la dignidad periodística: antes de que le impongan la escaleta y se produzca el sorpasso de la Cope en las mañanas, recoge los papeles y apaga la luz roja.

Ahora, el incendio se traslada a los despachos. La dirección de la Ser se encuentra con el dilema de ver quién ocupa el agujero que deja la periodista. La marcha de Barceló es un torpedo a la línea de flotación de la marca, y el equipo directivo se enfrenta al pánico escénico de buscar un relevo que no solo mantenga los números, sino que acepte las condiciones de "moderación" que Àngels Barceló rechazó.

El nombre que más suena es el de Aimar Bretos, un hombre Ser, conductor de Hora 25, con un perfil muy valorado por sus compañeros y también por la dirección y la cúpula de Prisa. Aimar Bretos es el heredero natural de la casa. El actual timonel de las tardes/noches de la Ser, con programa propio en laSexta, maneja el tono institucional de la emisora a la perfección, tiene el colmillo afilado para la entrevista política y repetiría el histórico viaje que ya hizo la propia Àngels Barceló desde la noche hacia la luz del día.

Pero antes que Aimar Bretos, Prisa salió a pescar en mares ajenos. En los despachos de la Ser siempre se ha fantaseado con dar el gran golpe de efecto tentando a la estrella de Onda Cero, Carlos Alsina, aprovechando el baile de incertidumbres sobre su propio futuro. Una carambola de billar que dinamitaría el tablero radiofónico, aunque todo quedó en un intento, pues Carlos Alsina no solo se queda en su Más de uno y su Onda Cero sino que la temporada que viene junto a él estará Rafa Latorre, pues la emisora ha hecho una jugada maestra creando un dragón de dos cabezas para conducir las mañanas radiofónicas.

La tormenta no ha hecho más que empezar. Se han cargado a la reina, sí, pero el trono que dejan vacío quema tanto que pocos van a querer sentarse sin un buen traje ignífugo. Y una pregunta, ¿qué pasará con José Luis Sastre, el fiel compañero y contramaestre de Barceló? No parece que vaya a ocupar el hueco de la periodista y muchos se preguntan si con su salida, Sastre podría replantearse su continuidad y centrarse en nuevos horizontes como la televisión -tiene programa en La 2- y la escritura.

III

 Así ha sido la despedida de Àngels Barceló en su último 'Hoy por Hoy' en la SER, Redacción, Cadena SER 11/06/2026:

La periodista pone fin a 21 años en los que también dirigió 'A vivir que son dos días' y 'Hora 25'

Àngels Barceló se ha despedido este jueves por sorpresa de los oyentes de Hoy por Hoy. La directora del programa más escuchado de la radio española ha dicho adiós a quienes le han acompañado al otro lado de las ondas desde que se puso al frente del programa, en 2019.

"Este es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó. Lo dejo aquí porque la casa tiene que empezar a trabajar en lo que viene. Yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la página de la derecha", ha dicho Àngels, rodeada por todo su equipo y por la redacción de la SER, que llenaba el control y los pasillos que rodean al estudio principal de la emisora.

Este ha sido su discurso de despedida completo:

Es mi último Hoy por Hoy después de siete años. Lo dejamos, Sastre, en lo mejor de la audiencia (que vengan a perseguirnos con los datos históricos) y con la complicidad de los oyentes ,que nos han traído de la mano hasta aquí. Porque sin ellos no hubiéramos podido hacer lo que hemos hecho. Nos han dado la fuerza para levantarnos, para decidir qué poníamos, donde íbamos, donde conectábamos... Porque hemos tenido siempre un compromiso con ustedes: el de contarles la verdad, el de ser rigurosos pero también el compromiso de pasar buenos ratos, de hacerles sonreír, de haerles reír, de ser sus cómplices.

Hoy termina una etapa y comienza otra. Yo no hubiera llegado hasta aquí sin este equipo y ellos los saben. Hace falta quererse mucho, para llegar tan pronto, de buen humor y ponerse a trabajar. Esto solo se consigue si la gente se quiere, si la gente se respeta y si la gente empatiza los unos con los otros.

Y con el segundo equipo, qué les voy a decir. Talento puro. Nos hemos reído todo. He vuelto a pasar otra etapa de mi vida con Sergio Castro. Volvimos a Camelot y hoy Camelot se cierra, pero Camelot es un estado de ánimo.

Sed muy felices con lo que os toque. Yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca, que de momento es poner los pies en remojo, beber mucha pomada y pasármelo muy bien, también, sin perderos de vista a vosotros, que os vaya muy bien.

Y a los oyentes, que también les vaya muy bien. Estos días he recibido tantas muestras de cariño por parte de la gente que me decía "no será igual", "nada será lo mismo"... Cuando uno se recupera de una ruptura, o de un amor que no ha funcionado al final del todo, se pasa un tiempo de duelo pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. O sea que enamórense.

Yo no me desenamoraré de la radio, de eso pueden estar seguros".

Nueva etapa en Hoy por Hoy

La salida de Barceló de la SER se anunció el pasado 22 de mayo, después de que la periodista comunicase que no renovaría su contrato. "Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores", dijo entonces.

Desde que se anunciase su salida, las muestras de cariño hacia la periodista por parte de sus compañeros, colaboradores y oyentes no han dejado de salpicar el programa.

José Luis Sastre, subdirector del programa, fue el primero y sorprendió a su "jefa" dedicándole un mensaje de agradecimiento y orgullo: "Estamos orgullosos de esto que hemos hecho y que hemos seguido haciendo contigo. Estamos muy orgullosos de nuestra gente, que es la gente de la SER; de ti, que nos has dado margen y confianza para que fuéramos creciendo cada uno y encontráramos nuestro hueco".

Barceló ha conducido las mañanas de la SER desde 2019, manteniendo el liderazgo de un programa con más de 40 años de historia por el que han pasado Iñaki Gabilondo, Carles Francino y Pepa Bueno. "Su capacidad para conectar con la audiencia deja una marca en la historia del programa y de la emisora", decía el comunicado de la SER en el que se anunciaba su salida.

Unos días después, se hizo público que Aimar Bretos, hasta ahora director de Hora 25, será quien diriga Hoy por Hoy a partir del 31 de agosto.

IV

La letra pequeña de la despedida de Àngels Barceló: intrahistoria de la derechización de Cadena SER, en El Plural, Andrea Cabanillas, 12/06/2026:

José Luis Sastre releva a Aimar Bretos y se pondrá al frente de 'Hora 25'

"Es el último que hago. He acordado con la casa y su complicidad que lo dejo aquí porque la casa tiene que empezar a trabajar en lo que viene. Pasamos página, yo ya soy la página de la izquierda y ahora toca completar la de la derecha". Así arrancaba, por sorpresa, Àngels Barceló la última despedida de su Hoy por Hoy. Casualidad o no, la locutora se refería a la página derecha de la emisora, esa que está provocando multitud de terremotos en la casa para poder empezar a completarse. Entre ellos, el más evidente, la caída de Barceló.

En el seno de la cadena existe un sentir común de que, tras la llegada de Joseph Oughourlian al control absoluto de PRISA, poco queda ya de la SER que durante décadas convirtió la independencia periodística en una de sus principales señas de identidad. Con una reconfiguración total del poder editorial y empresarial del grupo, el magnate está resignificando la emisora con un volantazo a la derecha.

La secuencia de movimientos internos en PRISA y en la Cadena SER ha ido dejando una serie de episodios que en la redacción se citan como hitos de una misma deriva. No se trata únicamente de cambios estructurales, sino de decisiones muy concretas que han ido marcando el rumbo editorial de la emisora.

Uno de los puntos de inflexión, probablemente el germen de lo que vendría después, fue la reordenación de la cúpula directiva tras la consolidación del poder de Joseph Oughourlian en el grupo. La llegada de Pilar Gil como consejera delegada de PRISA Media, la de Fran Llorente a la dirección de Contenidos o la de Jaume Serra como director general de la SER supuso, según distintas fuentes internas, un cambio en la forma de gestionar la agenda informativa y las prioridades del grupo. Estos movimientos no fueron interpretados como simples relevos, sino como una reconfiguración profunda del centro de decisión de la cadena.

A partir de ahí comenzaron a producirse episodios que alimentaron el malestar en parte de la plantilla. Uno de los más repetidos es el relativo a la cobertura del caso de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. Como publicó este medio, desde la nueva dirección se pidió a varias figuras de la SER "hacer menos seguidismo del Gobierno" y dejar de hablar "tanto del novio de Ayuso". Una instrucción que muchos periodistas interpretaron como un intento explícito de modular la agenda política de la emisora.

Otro episodio que generó especial ruido interno fue la entrevista al portavoz del PP, Borja Sémper, en Hora 25. La visita, que en principio respondía a la normalidad de la agenda política, acabó adquiriendo una dimensión distinta por el despliegue de la cúpula directiva de la SER durante el encuentro. La presencia coordinada de responsables como el director de Informativos, el director de Contenidos o la propia dirección del grupo fue percibida por parte de la redacción como algo inusual en una entrevista de esas características. No obstante, lo más llamativo fue que Llorente, según apuntan fuentes internas a este medio, se dirigiera al político en un tono casi imperativo para que "presentaran de una vez" la moción de censura contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

A estos hechos se suma otro elemento que ha circulado de forma recurrente en la redacción: el cambio de tono en determinadas tertulias y en la selección de voces. En algunos espacios se ha percibido una mayor presencia de perfiles conservadores o más cercanos a posiciones de "centralidad", término que la dirección utiliza de forma habitual para definir el nuevo enfoque del grupo. Para una parte de los trabajadores, sin embargo, ese concepto está funcionando como un eufemismo de una reorientación progresiva de la línea editorial.

En ese contexto llega la salida de Àngels Barceló. Su despedida de Hoy por Hoy no se interpreta únicamente como el cierre de una etapa profesional de enorme peso en la historia de la SER, sino como el último movimiento visible dentro de una cadena de decisiones que llevan meses generando tensión interna. Por ello, su frase de despedida, en la que hablaba de ser "la página de la izquierda" mientras ahora tocaba completar "la de la derecha", puede leerse dentro de la emisora como una síntesis involuntaria de ese cambio de ciclo que muchos llevan tiempo comentando en voz baja.

Con todo ello, la sensación en parte de la casa es que la marcha de Barceló no es un hecho aislado, sino el reflejo más visible de una transformación más amplia que ha ido avanzando a través de reuniones, relevos, indicaciones editoriales y decisiones estratégicas que han ido redefiniendo el equilibrio interno de la Cadena SER.

V

Àngels Barceló se despide por sorpresa de ‘Hoy por Hoy’: “Pasamos página; yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, en La Vanguardia, Cristina Sierra, 11/06/2026:

La periodista, que hace solo tres semanas comunicó a la Cadena SER que no renovaría su contrato, ha realizado este jueves su último programa

Àngels Barceló ha conducido, este jueves 11 de junio, su último Hoy por Hoy, un espacio que ha dirigido en los últimos siete años. “Últimos minutos del programa y hoy soy yo la que hablo. Algo os estáis oliendo porque está el control lleno, es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó”, ha dicho la periodista catalana tras el boletín de las 12. De esta manera, ha puesto punto final a una etapa de 21 años en la Cadena SER.

Como ha explicado la periodista catalana, esta decisión que ha sorprendido a sus fieles oyentes estaba más que meditada. “Lo he acordado con la casa y con su complicidad, porque la casa tiene que empezar a pensar en lo que viene. Pasamos página, lo dejo aquí. Yo soy la página de la izquierda, toca completar la de la derecha”, ha dicho.

En su último discurso como trabajadora de la cadena, Barceló ha reivindicado su trabajo al frente del programa. “Hemos tenido siempre el compromiso de contaros la verdad, de ser rigurosos y de hacerles pasar un buen rato con la radio. Hoy termina una etapa, comienza otra. Yo tampoco hubiera llegada hasta aquí sin mi equipo”, ha afirmado la catalana, que ha añadido que ahora le toca “poner los pies en remojo, sin perder de vista la información y sin perderos de vista a vosotros”.

La periodista también ha dejado claro que se va satisfecha de la cadena. “Sed muy felices con lo que os toque, yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca”, ha asegurado Barceló, que se ha mostrado muy agradecida por las muestras de cariño recibidas en estas últimas tres semanas, cuando informó a la Cadena SER que no renovaría su contrato.

Sed muy felices con lo que os toque, yo os aseguro que seré muy feliz con lo que me toca”, Àngels Barceló

“Cuando uno se recupera de una ruptura o de un amor que no ha funcionado al final de todo, se pasa un tiempo de duelo, pero luego la gente es capaz de volverse a enamorar. O sea que enamórense de nuevo, yo no me desenamoraré de la radio”, ha manifestado la catalana, que ha querido finalizar su intervención con una petición a sus oyentes: “Cuídenlos mucho a todos y cuiden mucho a José Luis Sastre”.

Fue el pasado 22 de mayo cuando la emisora confirmó oficialmente la salida de Barceló tras más de dos décadas en el grupo radiofónico. “No es el mejor día en la historia de la Cadena SER. No pasa nada. No, no se hunde el mundo. Pero es un día complicado, raruno y no precisamente alegre”, dijo su compañero Carles Francino tras conocerse la noticia. Desde entonces, las muestras de cariño a Barceló han sido constantes.

Mientras, desde la cadena se ha informado que Aimar Bretos será el nuevo director de Hoy por Hoy a partir del 31 de agosto, cuando se estrenará la nueva temporada.

VI

Un icono de la información en españa. Los planes de futuro de Angels Barceló tras abandonar la Cadena Ser: "No me desenamoraré de la radio", Por El Confidencial, 12/06/2026:

La comunicadora catalana afronta una nueva rutina alejada de los micrófonos diarios

La voz que ha acompañado a millones de oyentes cada mañana en la Cadena SER ya ha cerrado una de las etapas más importantes de su carrera. Àngels Barceló se despidió este jueves de Hoy por Hoy tras siete años al frente del programa líder de la radio española y, aunque deja atrás los madrugones y la presión de la actualidad diaria, ya ha avanzado cuáles son sus planes más inmediatos. Rodeada por su equipo y numerosos compañeros de la cadena, Barceló confirmó que había alcanzado un acuerdo con la SER para abandonar el espacio y facilitar así el relevo que tomará Aimar Bretos a partir de la próxima temporada. “Es el último Hoy por Hoy que hago. Se acabó”, afirmó durante una despedida que estuvo marcada por los recuerdos y el reconocimiento a quienes la han acompañado durante estos años. Tras más de dos décadas vinculada a la Cadena SER y siete años liderando las mañanas radiofónicas, Barceló aseguró que afronta esta nueva etapa con tranquilidad. “Seré muy feliz con lo que me toca”, explicó a los oyentes, dejando claro que, al menos durante los próximos meses, no tiene previsto embarcarse en nuevos proyectos profesionales de gran envergadura. La propia periodista reveló cuál será su principal prioridad después de abandonar el programa. Tras años comenzando su jornada antes del amanecer para estar al frente de la emisión desde las seis de la mañana, ahora quiere disfrutar de un descanso prolongado.

Durante su despedida, Barceló explicó que sus planes pasan por “poner los pies en remojo”, disfrutar del verano y pasar tiempo alejada de las exigencias diarias de la radio. También hizo referencia a la tradicional pomada menorquina, una bebida muy popular en la isla donde suele pasar largas temporadas estivales, una pista sobre cuál podría ser uno de sus destinos favoritos para esta nueva etapa. Pese a su retirada de las ondas, dejó claro que seguirá pendiente de la actualidad y de la evolución de la radio, un medio con el que mantiene un vínculo emocional difícil de romper. “Yo no me desenamoraré de la radio”, aseguró durante su intervención.

Más tiempo para la familia y proyectos personales

La salida de Hoy por Hoy también permitirá a Barceló recuperar tiempo para su vida personal. Durante décadas, su carrera ha estado marcada por una intensa dedicación profesional que ahora podrá compaginar con una agenda más flexible. Entre las posibilidades que se abren para la periodista figura dedicar más tiempo a su entorno familiar, especialmente a su hija Clara, nacida en 1994. Además, quienes siguen su trayectoria recuerdan que siempre ha mostrado una gran afición por la lectura, por lo que no se descarta que pueda explorar proyectos editoriales o colaboraciones alejadas de la rutina radiofónica diaria.

Otro de los ámbitos que podría ocupar parte de su tiempo es el empresarial. Barceló figura al frente de Lunic Audiovisuals, una productora creada en 2005 vinculada al desarrollo de contenidos audiovisuales. Aunque la sociedad no mantiene actualmente una actividad destacada, su nueva situación profesional podría permitirle retomar iniciativas relacionadas con la producción o la creación de nuevos formatos, aprovechando la amplia experiencia acumulada durante décadas en radio y televisión. Por ahora, la periodista no ha anunciado ningún proyecto concreto ni ha hablado de jubilación. Lo único seguro es que, tras cerrar una etapa histórica en la Cadena SER, afronta los próximos meses con la intención de descansar, disfrutar de más tiempo para sí misma y decidir con calma cuáles serán sus siguientes pasos profesionales.

VII

Àngels Barceló abandona la Cadena SER tras 21 años en la emisora, elDiario.es, 22 de mayo de 2026:

Barceló, que dirige el programa líder de la radio en España, deja la SER en medio de las tensiones de profesionales de la cadena con el director de contenidos; antes de hacerse cargo de 'Hoy por hoy' en 2019, dirigió 'A vivir que son dos días' y 'Hora 25'

La periodista Àngels Barceló deja la Cadena SER tras 21 años trabajando en la emisora. Según informa la SER, el 31 de agosto será el estreno de la nueva temporada 26-27 sin Barceló, que hoy ha comunicado a la emisora que no renovará su contrato. “Agradezco infinito la lealtad y la confianza de los oyentes, de mis equipos y de mis colaboradores”, ha señalado la presentadora tras su renuncia.

Fuentes de la redacción de la SER señalan a elDiario.es que la dirección de Prisa exigía a Barceló “más pluralidad” en la tertulia del programa sin aclarar si su concepto de pluralidad se refería a una mayor presencia de tertulianos conservadores.

La salida de Barceló se produce en medio de un enfrentamiento de diferentes profesionales de la SER con el director de contenidos, Fran Llorente, agudizado en este caso por la mayor autonomía de la periodista como directora del programa estrella de la cadena.

Una premiada trayectoria

Barceló (Barcelona, 1963), que desde 2019 hasta hoy ha presentado cada mañana el programa Hoy por Hoy (programa líder de las mañanas en audiencias) tiene una larga trayectoria a las espaldas. Empezó a trabajar con 20 años en Catalunya Radio, tras lo que dio el salto a la televisión para presentar el informativo de TV3. Años más tarde, en 1997, se estrenó en la televisión nacional como editora de los informativos de Telecinco los fines de semana.

Fue en 2005 cuando fichó por la Cadena SER para dirigir y presentar el programa A vivir que son dos días, que se emite los fines de semana. En 2007 fue elegida para ponerse al frente de Hora 25, el programa informativo diario de las tardes, labor que comenzó a principios de 2008.

Desde el 2 de septiembre de 2019, dirige y presenta Hoy por hoy, desde las 6.00 horas hasta las 12.20, de lunes a viernes. Entre medias, también ha sido conductora de programas deportivos en Cuatro, como previas de los partidos de la Selección o programas durante la Eurocopa de 2008.

Durante su carrera profesional Barceló ha recibido varios premios por su trabajo, entre ellos dos premios Ondas –en 2017 a mejor presentadora de radio y en 2024 por su trayectoria profesional–, el premio Iris a mejor comunicadora de programas informativos en 2005, el premio Antena de Oro a mejor presentadora de informativos en 1999 o el premio Micrófono de Oro en 2010. En 2024 también recibió la Creu de Sant Jordi por sus cuatro décadas de trabajo periodístico.

IX

Los entresijos de la salida de Àngels Barceló: "O decido la línea y los tertulianos, o me voy", Libertad Digital, Luis F. Quintero, 23/5/2026:

Barceló ha mantenido un pulso con la propiedad en plena renovación del contrato. Ella se empeñaba en marcar la línea editorial. Ahora sale de Prisa.

Àngels Barceló ya no es la voz de las mañanas de la cadena SER. Renovaba los contratos una vez al año y ahora tocaba. Desde la propiedad de la empresa, Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, quería completar la moderación editorial a imagen y semejanza de lo sucedido en El País cuando enseñó la puerta de salida a Pepa Bueno. Fuentes internas insisten: se trata de ganar algo de pluralidad, no de girar ni mucho menos a la derecha. Básicamente ser un medio progresista, no sanchista.

En la cabecera de papel, tras la salida de Pepa Bueno, las aguas parecen bajar tranquilas, pero no ocurre lo mismo en la SER. Hasta ahora Àngels Barceló presumía de ser quien hacía y deshacía a placer en la línea editorial, pero esto se ha terminado. Tocaba renegociar el contrato y Joseph Oughourlian le ha plantado cara. "O decido la línea editorial, o me voy", habría amenazado Àngels Barceló, a lo que Oughourlian contestó: "La línea editorial la marca la propiedad". "La cosa estaba clara, evidentemente ella no es la dueña de la radio", confiesa una fuente conocedora de las negociaciones.

Otras fuentes cercanas a Prisa indican a Libre Mercado que las posiciones estaban muy lejos de acercarse, ya que Barceló quería controlar, además de la línea editorial, también a los contertulios que participaban en su programa y en otros de la cadena. Según estas fuentes, en eso consistió el ultimátum que Barceló dejó encima de la mesa esta misma semana en su reunión con la consejera delegada Pilar Gil.

Sin embargo, desde Prisa se le ha indicado que la línea editorial la marcan los propietarios y que la decisión, igual que en El País, es buscar más pluralismo a la línea editorial, a los informativos y, por supuesto, a las tertulias donde se busca "que no sea unicolor y unipresidencial", según nos dicen textualmente las fuentes. Así las cosas, este mismo viernes Àngels Barceló presentó su dimisión ante la dirección general de la SER, y no ante la consejera delegada.

Ahora hay que buscar un sustituto, para el cual lo que parece más claro es que la opción preferida de Oughourlian sea promocionar a algún talento interno, más que ir a buscar en otras ondas —ha sonado mucho Alsina en los mentideros periodísticos como nuevo puntal de la SER—.

Así las cosas, la SER va a tener una línea editorial parecida a la de El País. Va a haber entrada de periodistas e intelectuales que no sean de izquierdas en las tertulias y los informativos serán más equilibrados.

Tal es la situación que algunos compañeros de la SER ya se han postulado para coger el programa estrella de la casa, Hoy por Hoy, a partir de la próxima temporada. Según las fuentes consultadas, es Aimar Bretos quien se postula con más posibilidades de lograr el puesto. Otro de los candidatos sería el segundo de Àngels Barceló, José Luis Sastre.

¿Qué pasará ahora con Àngels Barceló? Pepa Bueno, la que fuera directora de El País antes de que Oughourlian le enseñara la puerta, se colocó en Televisión Española, ese proyecto para mayor gloria de Pedro Sánchez. No sé si Àngels encontraría acomodo en la parrilla pública. Lo que parece seguro es que editorialmente estaría más en sintonía.

El País para Trapiello

 Hermano, yo sí te creo, en El Mundo, Andrés Trapiello, sábado, 13 junio 2026:

Cuando alguien asegura que 'El País' es hoy el periódico gubernamental o Rtve un órgano oficial, por ser los medios de los que se valen el Gobierno y el PSOE para dar a conocer su doctrina o su consigna, no deberían afrentarse ni ofenderse

Durante años las élites españolas no daban un paso sin antes asomarse a la Gaceta de Madrid y, años después, al Boe, el Boletín Oficial del Estado. Pla ironizó sobre el asunto. Sucedió cuando, ya en el franquismo, el periódico Abc sustituyó como oráculo al Boe y los funcionarios madrileños, valiéndose de que ambas publicaciones tenían el mismo formato, leían en su oficina el Abc solapándolo con el Boe. ¿Que se acercaba el jefe de negociado? El funcionario ocultaba discretamente el Abc bajo el Boe, y fingía estudiar en este una de sus disposiciones. Al Abc, en ese papel influyente, le sucedió el periódico El País.

Luis María Ansón, además de ser el director del Abc en los años en que Ferlosio pillaba en él su dosis de abeceína, fue también, tengo entendido, el primero a quien se le ocurrió llamar a El País «diario gubernamental». Era, claro, una ironía (en la mancheta de El País se leyó durante años «diario independiente de la mañana»), pero también una gran verdad: el periódico servía como tablón de anuncios de los gobiernos socialistas, cuando no marcaba su línea de actuación política.

Digamos antes de proseguir que las palabras «independiente» e «independencia» pueden tomarse, según el contexto, de diferente manera. Una persona enamorada, por ejemplo, no es ni siquiera libre de amar a otra distinta de quien ya está prendada. Es el dependiente por antonomasia, y una gran parte de los seres humanos querrían vivir bajo esa dependencia, sobre todo si es correspondida. Y así sucede también con la crítica. No hay crítico que no exhiba su independencia como la primera condición para prestigiar e imponer su criterio, y de ahí que se desautorice muchas veces la crítica o reseña que procede de una persona «sospechosa» o cercana (absurdamente: en literatura, las mejores críticas se deben a los amigos: la de Balzac a la Cartuja de Parma, las de Clarín a Galdós o las de Azorín a Baroja, por ejemplo. Dicho de otro modo, tampoco es infrecuente que el crítico que alardea de su independencia sea también un gran inepto).

De modo que cuando alguien asegura que El País es hoy el periódico gubernamental o RTVE un órgano oficial, por ser los medios de los que se valen el Gobierno y el PSOE para dar a conocer su doctrina o su consigna, no deberían afrentarse ni ofenderse. Y no tanto por ser algo que corrobora a diario su praxis, como por ser consecuentes. Si de verdad creen que están en el lado correcto de la Historia, si de veras defienden la excelencia de sus postulados «progresistas», debieran presentar sin complejos su dependencia del Gobierno y del PSOE y su superioridad moral. Como lo está uno de escribir de los libros de sus amigos (de quienes es amigo, entre otras razones, porque escriben como escriben), o de defender radicalmente la independencia de las instituciones, frente a quienes las someten a diario a la voluntad del Gobierno y del PSOE, en una sintonía con sus medios serviles como para dejar de chuparse el dedo, que diría Óscar López.

Claro que a estos y otros medios afines el Gobierno y el PSOE no se lo están poniendo nada fácil los puteros, ladrones, fontaneras, zapateros y comisionistas, por muy entrenados que estén a estas alturas en avalar amnistías y pactos con terroristas, delincuentes y ultranacionalistas. Por eso, son más de admirar sus encajes retóricos. A su lado los famosos encajes de bolillos parecen un remiendo mal hecho.

Así que, sin quitarles mérito ahora, desde luego, por aquello de que cada día trae su afán, ha de valorarse el esfuerzo que han empezado a hacer esos medios por deslindar de puteros, ladrones, fontaneras y peristas a aquellas otras personas, no demasiadas, que de veras les importan.

Los tribunales han querido que la primera de ellas haya sido David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno. La semana que viene será su mentor, su musa, Zapatero.

El País, siguiendo al Gobierno y al PSOE, ya ha condenado sin juicio a Leire Díez la fontanera (hay que minimizar daños cuanto antes) y ha salido en defensa del hermano en un editorial que hubiera podido titular: «Hermano, yo sí te creo». Se parecía, como una gota de agua a otra, al que en su día dedicó al fiscal general, y al que dedicará, en su momento, a la mujer del presidente, y con razones similares: el editorialista cree (y creerá) no que sea inocente, sino que no se ha probado que sea culpable. Al fiscal general lo condenó el Supremo, y aunque a DSánchez le absuelvan, lleva razón su compinche, también juzgado, el señor Gallardo, cuando dijo en su alegato final: «Ya han ganado. Nos han condenado socialmente». Cierto: será difícil olvidar que DSánchez había estado cobrando un sueldo sin saber dónde estaba su oficina y que él, Gallardo, creía tanto en la justicia, que se aforó para evitarla.

Las imágenes del juicio han resultado, en medio de todo, tristes. Uno, grande y torpe como un boxeador sonado; el otro, su segundo, portátil+, nervioso y advertido. Uno, con las áreas del lenguaje seriamente perjudicadas; el otro, como decía Pasionaria de Alberti, «un piquito de oro». En una caseta de feria, se les habría tomado por una pareja de cómicos, si no fuera por la tragedia nacional que han representado. ¿Cómo que «ya han ganado»? Este es el drama: esos dos no saben lo que han hecho perder moralmente a este país y a quienes trabajaban honradamente para pagar sus sueldos.

JotDown

 El asunto 'Jot Down', culebrón del periodismo español, en El Mundo, Antonio Lucas, sábado, 13 junio 2026:

Su fundadora, fallecida en 2022, logró impulsar un buen producto aunque tirando de una técnica de cebo: enredar al personal masculino con fotos 'robadas' a una amiga peluquera para alcanzar su propósito. Malas artes

Cómo no leer La bola, libro donde Daniel Verdú, compañero de El País, da cuenta de las peripecias delirantes (y diletantes) de la revista Jot Down. La publicación encontró el sitio en el periodismo español por un rato, casi convence a algunos de que venía a refundar el km 0 del oficio y algo después desapareció de la primera línea de playa de los quioscos. Aún sobrevive en versión digital, como nació. Cómo olvidar los días en que empezó a sonar la marca y multiplicamos la expectación en mil conversaciones por la extraña manera de irrumpir. Nadie vio llegar el artefacto y fugazmente hizo dudar al respetable de si el periodismo sería ahora otro o no sería nunca más como estaba siendo entonces. Jot Down ensanchó su capacidad de generar asombro dejando correr en todas direcciones la leyenda de su fundadora, María Jesús Marhuenda Irastorza, vecina de Santa Pola (Alicante), habitual de las primeras comunidades foreras del internet ibérico.

En aquel tiempo no queríamos saber, pero ahora hemos sabido que María Jesús Marhuenda encontró el botón nuclear de una parte del periodismo español, el que activa nuestra incalculable vanidad. Le bastó desarrollar una técnica de cebo sonrojante en la misma onda que OnlyFans, hechizar al personal masculino enviando fotos robadas a una amiga peluquera de su pueblo fingiendo ser ella, jugar al escondite para incrementar la expectación sobre la identidad que ocultaba su pseudónimo (Mar de Marchis), inventar una vida suntuosa de aviones y aeropuertos y Londres y restaurantes y futbolistas representados, y entender que esto va, fue e irá de tensar el deseo de algunos sujetos llamando su atención vía escroto.

Jot Down fue un producto certero, incluso sugerente, pero incubado con algunas malas artes. Descubierto el pastel de que Marhuenda no era quien prometía, la gracia quedó en una performance disparatada y pronto acabó la algarabía. Jot Down acumuló excelentes colaboradores a quienes no pagaba (al parecer, eso excitaba también a algunas víctimas). O les bonificaba con una chuminada. A los VIP, en el mejor de los casos, les echaba una caja de puros, fumes o no. Todo cutrísimo. Esto que algunos narraban como una excentricidad genialoide de la fundadora era otro síntoma del dislate y deja al aire la indigencia que acumula esta profesión. Si esa desatención total de pagos la tuviese de igual manera este periódico o cualquier otro, los damnificados infestarían (como debe ser) las redes sociales de querellas. Jot Down, donde disfruté como lector (no escribí), hizo del enredo una manera de distinguirse y le salió bien. Este fenómeno dice más del estado de nuestra profesión que de la revista y sus fantasías. Fue el mejor mérito de Marhuenda (María Jesús, Chus de Santa Pola): desnudar el alma pueril de una parte chiquita pero ruidosa del periodismo español. Aseguran quienes jugaron a conocerla que fue generosa y atenta y de buen corazón. Rápida, espontánea, fresca. Hizo de la invisibilidad, como del impago, parte de su industria.

En su escalada delirante -todo el mérito para ella, sin duda- burló a los directivos de El País después de intentar camelar a los de otras cabeceras, sin ir más lejos la que nos convoca. Juan Luis Cebrián le hizo sitio en Prisa y todos a una perdieron la toma de tierra. Fue cuando sonó con más insistencia eso del New Yorker español. El humor es el humor. Aquel acuerdo entre el periódico y la revista fue empresarialmente malo. Cuenta Verdú en su excelente crónica que Marhuenda acumuló influencia y ejercía el poder. Ahí te da un pasmo. Llamaba a todo dios del staff, opinaba sobre las cosas del periódico, sugería la contratación de periodistas y apuntalaba en la sombra una leyenda muy Mr. Ripley, sin crimen pero con trampa.

Las consideraciones sobre la empresa de Marhuenda son ricas en chismes y aminoácidos y pasan de la astucia al trile. El asunto acumula un poco de todo: unas gotas de osadía descará y otro tanto de cubilete fullero. Aprovechó la inercia testosterónica de un par de generaciones con voz de clavel varonil dispuestas a excitarse con unas fotos dispersadas en sus móviles donde una mujer asoma medio muslo y escribe "Hola: soy Mar". Un Eyes Wide Shut mediopensionista, de Nokia a Nokia. Mundo macho en el que se apoyó la confección de 'Jot Down'. Más que leyenda, gominola.

miércoles, 10 de junio de 2026

Interviú (1976-2018)

 Interviu. “Hoy las amantes de Ábalos serían portada de ‘Interviú”: auge y caída de la revista más polémica de España. Por Jaime Lorite Chinchón, El País, 9 jun 2026:

Tres libros conmemoran el aniversario de una publicación que hasta su desaparición en 2018 (y a golpe de escándalos, desnudos y exclusivas) jugó un papel crucial en el desarrollo de la Transición  

Solo habían transcurrido seis meses de la muerte de Franco cuando llegó a los kioscos el primer Interviú, con una modelo enfundada en un vestido empapado, del que traslucían sus pezones. Era el 22 de mayo de 1976, menos de tres semanas después del lanzamiento de EL PAÍS. La revista ofrecía un cóctel, hasta entonces, inaudito en la prensa española: desnudos explícitos a modo de reclamo, con investigaciones e informaciones políticas sensibles en el interior. “Todavía no había Constitución, ni una libertad de expresión bien definida. Hubo secuestros de la revista, el primero en Navidad de ese año, con una portada donde aparecía una chica vestida en plan Marilyn con Papá Noel y el titular El dinero de los Franco”, recuerda Alberto Gayo, periodista de Interviú entre 1998 y 2018, el año de cierre.

Gayo acaba de publicar Interviú es el demonio. Auge y caída de la revista que escandalizó y cambió España (La Felguera), libro que ha escrito, afirma, como “acto de justicia para la revista”, frecuentemente reducida a sus escándalos más sonados, como el desnudo de Marta Sánchez o las fotos robadas de Mar Flores. “La podemos ver ahora como rancia y machista, pero la mirada de 2026 no es la de 1976. Fue un puntal periodístico en el proceso de transición a la democracia y consolidación, donde era muy difícil hacer periodismo valiente”. El de Gayo no es el único trabajo que ha llegado a las librerías con motivo de la efeméride. También se han publicado Los desnudos y los muertos. Una crónica sentimental de Interviú (Península), de Jerónimo Andreu, y De Lola Flores a los papeles de ETA: Los secretos mejor guardados de la revista Interviú (Maluma), de Luis Miguel Montero.

Andreu, a diferencia de sus colegas, no formó parte de Interviú. El título de su libro referencia una columna de Manuel Vázquez Montalbán que señalaba cómo en Interviú se encontraba, “junto a los desnudos, la brutalidad de la muerte más brutal, las carnicerías de la catástrofe, como si la revista tratara de oponer la doble utilización de la carne humana”. “Me llamaban la atención los dilemas morales y claroscuros que encerraba”, explica el autor, que ha entrevistado a más de 50 personas relacionadas con la cabecera. “No me interesaba escribir un libro cantando las alabanzas de la revista, pero tampoco demonizarla, porque ya estaba muy demonizada”. Su primer recuerdo de Interviú lo ubica en torno a sus 7 años, por el póster de la cantante italiana Sabrina que regalaron con el semanario del Grupo Zeta. “Estaba en todos lados, en cualquier bar, cualquier taller. Era un país distinto, Interviú tenía una presencia continua. Siempre estaba la broma del que decía que la compraba por los reportajes, pero es verdad que hacían un periodismo de investigación buenísimo”.

Interviú, como el poema de Walt Whitman, contenía multitudes. No solo tenía una doble vertiente a lo Playboy, donde el componente sexual sostenía una parte literaria de calidad (además del mencionado Montalbán, Francisco Umbral, Camilo José Cela, Juan José Millás o Elvira Lindo escribieron en sus páginas), sino que contaba con un mejunje ideológico en el que se citaban periodistas de izquierda revolucionaria y firmas próximas a la dictadura. Igual ocurría en el ámbito social. El desnudo de Pepa Flores, publicado en septiembre de 1976, que vendió más de un millón de ejemplares, supuso un antes y un después por cómo subvertía la imagen franquista de Marisol. La vieja moral saltaba por los aires y España entraba en la modernidad. Interviú reeditó la simbólica portada, en blanco y negro, para su despedida en 2018. Pero, al mismo tiempo, fueron fotos publicadas sin el consentimiento de la actriz y cantante, producto de una sesión privada. “Interviú se jactaba de mostrar todo, todo lo que ocultaba el franquismo, pero también lo que ocultaba tal señora debajo de su blusa”, dice Andreu. “Hubo casos de chantaje abierto a chicas para que se desnudaran. Y si no querían, las insultaban”.

No obstante, el movimiento feminista tuvo un espacio histórico en Interviú. “Hay una portada muy famosa donde arriba, a la derecha, se lee ¡Vosotros, machistas, sois los terroristas!, por un reportaje sobre las agresiones y violaciones en la España de los setenta”, señala Alberto Gayo, que cita otro texto de 1993 escrito por Carme Chaparro con el titular Los maridos españoles matan más que ETA, una comparación entre el número de víctimas de la violencia machista y del terrorismo. “Había que atreverse a titular así para generar un debate. Otro reportaje decía Hijos de puta: hablan sus madres. Ves eso en una portada y alucinas, pero te cuenta el problema de prostitutas que tenían hijos fruto de relaciones con puteros, por descuidos, violaciones o lo que fuese. Es un reportaje de denuncia impresionante. Cuando se dice que era en busca del morbo, pues hombre, es que necesitabas un impacto para que la revista se leyese”.

Periodismo popular

Más allá de su compromiso con expandir y asentar por terapia de choque en los kioscos la nueva libertad adquirida, ¿pasa Interviú el test del tiempo? Depende del número que se consulte. “Coges un ejemplar de Interviú hoy día y es chocante. No son solo las portadas, su lenguaje es tan provocador, a veces injurioso y calumnioso, que llama mucho la atención”, advierte Jerónimo Andreu. “Los enfoques son increíbles. En un momento dado, hicieron un reportaje sacando a un hombre negro por la calle maniatado como un esclavo, para ver cómo reaccionaba la gente. Son cosas que cuesta imaginar. Y también fueron los primeros en sacar un montón de historias, como los papeles de Sokoa”, en referencia a una operación en 1986 de enorme relevancia para comprender la estructura de ETA.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda” (Aitor Marín, redactor jefe de 'Interviú' entre 2007 y 2009)

Entre los reportajes controvertidos, brillan con luz propia los de Luis Cantero. Maestro, a su manera, del periodismo gonzo nacional, suyos son textos como Mariquita por un día, de 1978, donde recorría Ávila besándose con un activista gay para contar cómo se trataba a los homosexuales en la España contemporánea. En Cómo evadimos un millón, relataba paso a paso la facilidad con la que podían extraerse grandes cantidades de dinero del país. Su serie más famosa fue La vuelta al mundo en 80 camas, un viaje teniendo sexo con mujeres de todo el mundo para, supuestamente, contar las diferencias culturales respecto al placer carnal. El rey Juan Carlos dijo que Cantero era “el tío que mejor vive de toda España”. La curiosidad respecto a cuánto de invención había en estos artículos la despeja Luis Miguel Montero, extrabajador de Interviú: “No había ningún componente de ficción. Cantero se iba de putas, les pedía un recibo y lo pasaba como gasto”.

El autor de De Lola Flores a los papeles de ETA, que pasó 26 años en Interviú, explica que la revista se asentó sobre “cuatro patas”: “mujeres desnudas, reportajes de escándalos políticos, sucesos terribles y denuncia social”. En resumen, lo que Antonio Asensio, fundador de Zeta, definía como “periodismo popular”. Sobre qué ofrecería Interviú en 2026, responde rápido: “No me cabe duda de que hubiéramos dado a las amantes de Ábalos en portada, a Jessica, Claudia, su mujer, la mujer de Koldo… Además, son mujeres ligadas a la actualidad pública, más allá de una cuestión erótica o de morbo, que han estado en las tomas de decisiones del poder. Creo que la gente compraría la revista”. De las razones por las que hoy no existe Interviú, el diagnóstico es similar por parte de todas las voces, un cruce entre un cambio social y la irrupción de internet.

“No nos supimos adaptar. Sacabas un reportaje que te había llevado dos meses hacer y a los 15 minutos te lo encontrabas en Twitter”, lamenta Montero, que en Interviú desmontó las conspiraciones sobre el caso Alcàsser, siguió el secuestro y asesinato de Publio Cordón y narró la caída de Suharto en Indonesia. “Pasaba lo mismo con las chicas de las portadas, las fotos estaban escaneadas al momento”. Otra compleja transformación que Interviú no logró afrontar fue, precisamente, la de sus desnudos, con un margen de maniobra limitado: la revista podía dar un giro, pero, por el camino, perder a un núcleo de lectores poco receptivo a cambios.

“Las portadas daban a la revista independencia económica para publicar las investigaciones. Pero a los jóvenes no les interesaba, tenían otras mil formas de ver sexo y gente desnuda”, cree Aitor Marín, redactor jefe de Interviú entre 2007 y 2009. “La mentalidad estaba cambiando, la sociedad ya no era tan machista. Hubo osadía, audacia y reivindicación, se sacó a una mujer trans en portada, pero los lectores clásicos mandaban cartas ofendidos. Era muy difícil de reflotar. Y eliminar la mujer de portada era convertirla en otra revista que ya existía, Tiempo, también del Grupo Zeta y que vendía menos”. En sus primeros años, la revista pudo comprobar cuán abonada estaba a los desnudos, al dar en portada al sindicalista Marcelino Camacho (sin pose erótica) y ver las ventas caer a la mitad.

“Tenían una apuesta ética y estética que les lastraba”, analiza Jerónimo Andreu. “En la última etapa, me han contado muchos redactores que no querían irse con la revista en el metro a casa. Estaban orgullosos de su información, te la defendían, pero no se querían presentar en público con Interviú”. Alberto Gayo insiste en defender una memoria equilibrada, que contextualice en su tiempo aquello que chirría, pero también aquello que estaba a la vanguardia. Sin ir más lejos, la revista hizo ver en plena Transición la barbarie franquista, descubriendo a los lectores en 1977 la fosa común ubicada en la sima de Jinámar, en Gran Canaria, o los campos de concentración. “Iba denunciando cada semana lo que habían hecho los ganadores de la guerra y lo que intentaban hacer para mandar también en la democracia”, subraya.

Grupos ultraderechistas quemaron kioscos donde se vendía Interviú por las informaciones que difundían. El propio Gayo, que escribía, entre otros temas, sobre el auge neonazi, encontró en una ocasión su nombre escrito en una diana, al lado de la redacción en la calle de O’Donnell, en Madrid. Entre sus hazañas periodísticas, estuvo el descubrimiento en 1999 del prófugo Carlos García Juliá, uno de los autores de la matanza de los abogados de Atocha, en una cárcel de Bolivia. Junto al fotógrafo Fernando Abizanda, se infiltraron y lograron una imagen del asesino, encerrado por narcotráfico. “Antes, también se consiguió publicar la primera foto de Billy el Niño, el torturador, cuyo rostro no era conocido. O localizar a Emilio Hellín, el asesino de Yolanda González [en 1980], una joven izquierdista. Se logró su extradición y la madre de Yolanda dijo que Interviú había hecho más que la policía porque estuviese en la cárcel”.

Gayo revela en el libro que se estudió una colaboración con el medio norteamericano Vice cuando desembarcó en España. Ambos compartían idiosincrasia, la búsqueda sana de la polémica y una narrativa sobre temas sociales, como las drogas, desde el servicio público y no el paternalismo. La propuesta no salió adelante y el cierre de Interviú se consideró más útil para paliar la deuda de Zeta, a fin de facilitar la venta del grupo a Prensa Ibérica, interesada en El Periódico de Catalunya. Aunque los mejores reportajes de Interviú sigan siendo un referente, el escritor rechaza que la nostalgia lleve a conclusiones equivocadas. “Se dice que el buen periodismo se hace con ganas y valentía, pero, sobre todo, se necesita dinero y tiempo. Interviú pagaba bien y permitía hacer seguimientos largos. Cada vez que la revista llegaba al kiosko, sorprendía al lector. ¿Cuánta gente puede ahora dedicar tiempo y dinero a reportajes?”.

viernes, 29 de mayo de 2026

Ortografía y selectividad

 I

 Errores ortográficos que condenan al más brillante, El País, Ana Camarero, 24 may 2026:

La calidad de lo que se dice por escrito es un indicador del conocimiento que se posee y una carta de presentación clave para lograr un empleo

La Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE) presentó el pasado año un marco de referencia con el objetivo de armonizar la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), estableciendo una estructura común para los exámenes, el grado de optatitividad, el enforque competencial, los criterios de corrección y evaluación en las distintas asignaturas, y aplicar criterios de coherencia, cohesión, corrección gramatical, léxica, ortográfica y de presentación. Sobre este último punto, se establecieron las siguientes penalizaciones por cometer faltas de ortografía: un 10% en las materias que impliquen desarrollo escrito, como Historia de España o Filosofía; un 15% en los ejercicios de lengua extranjera y hasta un 20% en las de castellano y lengua cooficial (en regiones con dicha situación). Unos requisitos que cada comunidad autónoma aplica a su discreción.

La ortografía es el rasgo que evidencia la calidad de lo que decimos por escrito. También suele ser un indicador del conocimiento que se posee de los otros componentes de la lengua. “Si se consideran las distintas dimensiones que abarca, como la representación escrita de los fonemas y los acentos, el uso de los signos de puntuación, la distinción entre mayúsculas y minúsculas, etcétera, es probable que también se atiendan otras cuestiones esenciales, como la pertinencia, la precisión, la estructuración, la coherencia, la corrección gramatical o la adecuación”, declara Cecilia Criado de Diego, profesora permanente laboral del Departamento de Lengua Española y Lingüística General de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

El uso adecuado de la ortografía se ha convertido en todo un reto para el sistema educativo, en la medida en que este debe prestar más atención a los aspectos de la lengua desglosados anteriormente. “Es necesario enseñar las normas ortográficas, pero también formar a los estudiantes para que expresen sus ideas de manera apropiada. Esto supone un mayor esfuerzo para profesores y alumnos: resulta más sencillo corregir un error ortográfico que ofrecer una retroalimentación formativa que explique por qué una secuencia no es informativa, clara, precisa, coherente o adecuada; del mismo modo, es más fácil memorizar una regla y aplicarla a palabras aisladas que elaborar un texto donde se exprese lo que uno quiere decir”, sostiene Criado de Diego.

Aseguran los docentes que la destreza ortográfica del alumnado de ESO y Bachillerato es, en términos generales, desigual, y en muchos casos insuficiente para esos niveles académicos. “Si bien existen estudiantes con un dominio adecuado, se observa una tendencia preocupante hacia la relajación de las normas ortográficas. Esta situación responde a múltiples factores: la influencia de la comunicación digital inmediata (mensajería y redes sociales), donde prima la rapidez sobre la corrección; la falta de hábitos de revisión de los propios textos, y de manera especialmente significativa, la escasa práctica de la lectura en esta etapa educativa”, señala Laura Llamas, profesora de Secundaria en el Colegio Trilema Zamora.

Fallos desde etapas básicas

En los alumnos de Bachillerato es frecuente que persistan errores propios de etapas educativas más básicas, como las confusiones de letras (b-v, g-j, incorrecta utilización de la h) en algunas palabras; “pero, sobre todo, hay una evidente falta de dominio de la acentuación y de los signos de puntuación, que en muchos casos se mantendrá también en la Universidad”, apunta Miguel Ángel Aijón Oliva, del Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca (USAL).

A menudo, los propios estudiantes no poseen conciencia sobre la importancia que estos aspectos poseen para la coherencia textual y la adecuada transmisión del mensaje, sobre todo en situaciones formales o públicas. “Ello refleja, en realidad, una visión bastante extendida en la sociedad: se considera grave confundir una b con una v, pero no tanto omitir las tildes ni colocar erróneamente las comas”, apunta. De este modo, se detectan problemas en la puntuación: ausencia de comas, uso inadecuado del punto o abuso de oraciones excesivamente largas sin estructura clara. “Otro fenómeno creciente es la interferencia del lenguaje digital, abreviaturas impropias o la simplificación extrema de palabras, que luego se traslada a contextos académicos formales”, añade Llamas.

El deficiente dominio de la ortografía repercute en todas las asignaturas del currículo, porque todas exigen producir textos claros y precisos. Cuando un alumno escribe con errores, sus textos pueden resultar ambiguos y difíciles de procesar, además de causar mala impresión, lo que casi inevitablemente condicionará sus posibilidades de éxito académico. “Parte del problema es la falta de coordinación entre profesores y áreas de conocimiento: quizá muchos docentes tiendan a pensar que la enseñanza de la ortografía “es cosa de la clase de Lengua”, por lo que no le dedican tiempo en sus asignaturas ni la tienen en cuenta a la hora de evaluar. Los centros educativos tampoco suelen contar con directrices y normas específicas sobre corrección ortográfica en trabajos, exámenes, etc., que podrían resultar muy útiles”, lamenta Aijón Oliva.

En opinión de Víctor Cerrudo Higelmo, tutor de Educación Infantil en el CEIP Virgen de Peña Sacra (Manzanares el Real, Madrid), en ocasiones, la subjetividad del evaluador se ve afectada por una serie de sesgos que interfieren en la percepción evaluadora. “El efecto Halo de Thorndike consiste en la creencia de que un aspecto negativo puede hacernos considerar que el resto es similar. Las faltas ortográficas pueden hacernos percibir que un trabajo presenta una calidad inferior”, apunta Cerrudo Higelmo. Este docente se refiere además al prejuicio de competencia o estatus académico, que establece que las faltas de ortografía pueden percibirse de distinta manera según el estatus o procedencia del alumnado. “Los centros elitistas pueden beneficiarse de más permisividad hacia las faltas, considerándolas como despistes. Por contra, alumnos de centros [ubicados] en poblaciones socioeconómicas medio-bajas pueden sufrir la consideración de que los errores dependen de las bajas capacidades del alumnado”, explica. Ya en el proceso evaluador, Cerrudo incluye la “sobrecarga cognitiva del evaluador” consecuencia del cansancio y la sobrecarga atencional que conlleva la corrección de textos con muchas faltas. “La frustración del evaluador puede generar una mayor severidad que se verá reflejada en una peor nota”, manifiesta.

¿Cómo revertir la mala escritura?

Un alumno que presenta un déficit ortográfico y gramatical en Bachillerato puede mejorar su capacidad. “El alumnado, sobre todo aquel que tiene dificultades para redactar y presenta problemas ortográficos, debe leer y escribir, cada día, y los profesores, desde su disciplina, tratar de guiar y corregir a los alumnos para que mejoren, persiguiendo objetivos factibles y concretos, y promoviendo y fomentando la buena lectura”, expone Gonzalo Coello, profesor de ESO y Bachillerato en el IES Miguel Delibes de Madrid.

Del mismo modo, incide Aijón Oliva, de la USAL, “debería existir una coordinación mucho mayor entre los docentes de las distintas asignaturas, y quizá con las propias familias y otros agentes implicados en la educación, para que la corrección en la escritura no se entienda como una mera exigencia o un capricho de los profesores de Lengua”.

Una tarea, mejorar la competencia ortográfica y gramatical del alumnado, para que requiere “de una ratio menor de alumnos para poder atenderlos mejor, de forma personalizada, que no individualizada, menor carga burocrática para centrarse en los aspectos académicos, sociales y humanos, de cada uno de ellos, y respaldo político y social”, afirma Coello.

II

La generación alfa no llama, no escribe ‘emails’ y juega con la ortografía: “La regla es la pereza”, en El País, Jordi Pérez Colomé, Madrid - 7 ABR 2026:

Una docena de adolescentes explican cómo han cambiado los códigos de comunicación y qué usos ya no tienen sentido para ellos

“Las tildes las pongo siempre y las comas también, pero los puntos no. Y las mayúsculas solo las que me salen en automático”, dice Valeria, de Oviedo, de 15 años. “Yo soy como un diccionario andante, a mí me puedes escribir con las letras mezcladas o como quieras, pero no puedes confundir ‘a ver’ con ‘haber’, esas cosas me ponen de los nervios”, dice Mariam, de 14 años y de Guadalajara.

Ambas ejemplifican que la ortografía en el mundo digital no ha muerto para la generación alfa (los nacidos entre 2010 y 2025), pero está muy tocada. La mayoría sabe cómo se escriben todas las palabras, o casi todas, pero les duelen poco los ojos al ver mensajes reales escritos así: “As hablado con tu padre ??”, “Le e dicho q si me d jan ir”, “I que te a dicho ??”. Mientras el contexto dé sentido, todo vale. Por ejemplo, la frase enigmática “No e abalo con mi padre” puede ser “no sé, háblalo con mi padre” o “No he hablado con mi padre”. Ninguna frase vive sola, necesita de su conversación. Todos son ejemplos reales de conversaciones de WhatsApp compartidas con EL PAÍS por adolescentes.

La generación alfa nació con la llegada del iPad en 2010. Ya no son la primera generación digital, sino la que vio pantallas desde que empezó a hablar. Una de las decisiones que parece que han tomado como generación es pasar de cortesías y ser más naturales, mucho más naturales: la ortografía debe bastar para entenderse y transmitir tanta personalidad y emoción como sea posible, los engorros del email y sus introducciones, despedidas y esperas son como el fax para la generación anterior. Tampoco les convence hablar por teléfono con gente si hay otras formas de comunicarse. Todo son decisiones para ahorrarse tiempo y molestias.

“La regla es la pereza”, dice Iker, de 16 años y de Madrid. “Que sea más corto y escribas menos”, añade Lucía, también de Madrid y de 13 años. ¿El objetivo es gastar menos microsegundos en cada mensaje? “Sí”, confirma esta adolescente. Cristian, de 14 años y de Murcia, explica la teoría básica: “Coges las letras clave de una palabra que se podrían decir para que se entienda”, dice. O sea, quitan letras para agilizar, pero luego las añaden por otro lado: “Yo pongo más vocales para que no quede así como muy seco“, explica Valeria. Un ejemplo sería este mensaje real de WhatsApp: “fuaaaaaa noseeeee”. Es una expresión de la duda cartesiana genuina traducida al 2026.

Una parte de las opiniones recogidas en este reportaje surgen de un encuentro online de EL PAÍS con 11 adolescentes de un grupo llamado Cibercorresponsales, que promueve la participación de jóvenes en debates actuales de la organización Plataforma de Infancia.

“Me sale solo. No me importa si lo escribo mal o bien, solo que se entienda”, dice Joan, de 16 años y de Tarragona. Aunque pone un reparo: “Cuando no conoces mucho a alguien, hablas normal. Pero si te vas haciendo amigo, ya hablas como te apetece”.

En esta evolución lingüística son clave los stickers, que son fotomemes a menudo con frases añadidas y un toque de jeroglífico: “Tengo un amigo que es experto en stickers. El tío literalmente me habla con stickers. En vez de decir: ’quedamos’, me manda un sticker random, yo qué sé, una foto de un famoso o algo así. Y si lo pillo, lo pillo. Y, si no, me aguanto. Es una cosa loca”, dice Iker.

Los stickers que usan los adultos son bastante repetitivos. En el mundo alfa hay más variedad: “En mi grupo de amigas sí tenemos nuestros stickers“, dice Carolina, de 17 años y de Cádiz. ”Pero con otra gente no los uso porque está feo”, añade. La variedad de usos es delicada: se crean fácilmente a partir de una foto. El porno es un uso común, pero también el insulto. “No tenemos stickers de personas famosas. He visto casos de stickers para un fin que no es el correcto”, dice María, de 17 años y de Valencia. “Sticker de profesores, de esos he visto muchos”, dice Iker.

La caída inexorable del ‘email’ y las llamadas

El email es un vestigio del pasado que sirve para abrir cuentas en redes, pero no para dar información si no es por obligación. “Lo uso si hay que iniciar sesión en algo y tienen que mandarte un código. Si no, nunca”, dice Valeria, de 15 años, de Madrid. “Yo para enviar los apuntes a imprimir”, dice María. “Yo me mando correos a mí misma para pasarme la foto del ordenador al móvil”, dice Carolina. Son todos usos ridículos y menores.

En algunos momentos puntuales sirven para una comunicación indispensable, como en el caso de adolescentes que aún no tienen móvil. “A mi amiga que está en el instituto y no tiene tablet ni móvil ni nada, le mando un correo y le digo dónde vamos a quedar”, añade Carolina. O para profesores de otras generaciones.

Un uso clásico de los móviles es el de teléfono. Lo emplean solo con conocidos y procuran avisar antes de llamar: “Normalmente escribo porque puedo esperar para recibir una respuesta. Una llamada suena hasta que lo apagas y me parece que puede ser molesto”, dice Amets, de 15 años y de Madrid. Todas las respuestas son variantes similares: “No suelo llamar a no ser que sea por algo urgente, prefiero hablar por mensajes. Y nunca llamo a desconocidos, ni le cojo el teléfono a números que no reconozco”, dice Verónica, de 15 años y de Guadalajara.

“Si es un familiar o un amigo, no me importa escribirles antes de llamarles o llamarles directamente, pero si es un desconocido no le llamo en absoluto”, dice Mariam, de 14 años.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Las cinco preguntas insidiosas

 Cinco preguntas cargadas con apelación a la emocion y otras falacias:

1. ¿Estás nervioso?

2. ¿No confías?

3. ¿Qué ocultas?

4. ¿Te crees mejor que los demás?

5. ¿No te ofenderás?

Desvío de la atención, falso dilema, proposición no falsable, falacia de la mayoría, mote castrante.

¿Sabías que en el antiguo Talmud se dice, "El sabio se diferencia del necio?" No porque conozca todas las respuestas, sino porque sabe a qué preguntas no debe responder.

Hoy hablaremos de cinco preguntas trampa que los manipuladores y mentirosos han utilizado durante miles de años para controlar a las personas. 

Estas preguntas suenan inofensivas, incluso amistosas, pero detrás de ellas se esconde una estrategia astuta para obtener poder sobre ti. La sabiduría judía nos enseña a reconocer estas trampas psicológicas. Y hoy te revelaré las cinco preguntas peligrosas a las que una persona sabia nunca responde directamente. La última es la más insidiosa, la que logra quebrar incluso a los más prudentes.

Pregunta número uno. ¿Por qué estás tan nervioso? 

La primera pregunta trampa suena así. ¿Por qué estás tan nervioso? o alguna de sus variantes: ¿Por qué estás tan tenso? ¿Por qué estás tan preocupado?

Parece que la persona muestra interés o preocupación, ¿verdad? Pero en realidad se trata de una manipulación clásica, lo que en psicología se llama inducción emocional

¿Dónde está la trampa? Cuando comienzas a responder, aceptas automáticamente la premisa de que realmente estás nervioso, aunque no sea cierto: empiezas a justificarte: "No, no estoy nervioso, solo que..." Y ya has caído en la trampa. Has cambiado el foco de la conversación para defender tu estado emocional.

En el Talmud hay una historia sobre el rabino Akiba, quien dijo a su discípulo: "Cuando te acusen de algo que no hiciste, el silencio es tu escudo. "Las explicaciones son una espada dirigida a tu propio pecho. ¿Qué hacer en lugar de responder? Simplemente di con calma: "Estoy bien. Y devuelve la conversación al tema original o usa la técnica del espejo: "¿Lo estoy? ¡Qué curioso! ¿Por qué piensas que estoy nervioso? Volvamos a lo que estábamos hablando". El manipulador intenta sacarte de tu equilibrio para obtener ventaja. No le des ese poder. 

Pregunta número dos. ¿No confías en mí?

La segunda pregunta peligrosa. ¿No confías en mí? Esta es una de las armas favoritas de los manipuladores emocionales. La hacen cuando estableces límites sanos o cuando pides una verificación de lo que alguien dice. 

¿Dónde está la trampa? La pregunta crea un falso dilema. O confías de manera absoluta y ciega o eres una mala persona que no confía. Pero en realidad la confianza y la prudencia no son opuestos. Un proverbio judío dice, "Confía en Dios, pero ata tu camello." Esto significa tener fe está bien, pero no hay que ser ingenuo. Cuando respondes con justificaciones como: "No, sí confío en ti", pero ya has perdido. Empiezas a sentirte culpable por atreverte a ser razonable y cuidadoso. ¿Qué hacer en lugar de responder?

Di con calma: "La confianza y la verificación no se contradicen. No se trata de desconfianza, sino de sentido común." O simplemente: "Mi confianza no tiene nada que ver con esto."

Hablemos de los hechos. Recuerda, una persona que realmente merece tu confianza nunca te presionará con esa pregunta. Comprenderá tu prudencia.

Pregunta número tres. ¿Qué me estás ocultando?

La tercera pregunta insidiosa es, ¿qué me estás ocultando? Esta pregunta parte de una presunción de culpabilidad. Da por hecho que estás escondiendo algo y ahora debes demostrar lo contrario.

¿Dónde está la trampa? Cualquier respuesta que des sonará como una justificación: "No estoy ocultando nada" suena exactamente igual a lo que diría alguien que sí lo hace. Te coloca en una posición defensiva, aunque no hayas hecho nada malo.

En el libro de Misley Proverbios de Salomón, está escrito, "El justo no necesita justificarse ante el necio, porque el necio no entenderá la verdad. Y el sabio no necesita explicaciones." El manipulador usa esta pregunta para romper tus límites personales, obtener información que no le corresponde, hacerte sentir culpable sin motivo.

¿Qué hacer en lugar de responder? Establece un límite claro. Toda persona tiene derecho a su privacidad, y eso no es lo mismo que ocultar algo. O responde con una pregunta espejo: "¿Por qué piensas que estoy ocultando algo?" Las relaciones saludables se construyen sobre el respeto mutuo, no sobre el control total ni la desconfianza. Si alguien te hace esta pregunta con frecuencia, es una señal de alerta: tal vez el problema no sea tu falta de confianza, sino que esa persona es la que tiene algo que ocultar.

Pregunta número cuatro. ¿Crees que eres mejor que los demás? O ¿acaso te crees el más inteligente? 

Esta pregunta suele aparecer cuando tú te niegas a hacer algo incorrecto, te mantienes fiel a tus principios, eliges tu propio camino en lugar de seguir a la multitud. 

¿Dónde está la trampa? La pregunta intenta avergonzarte por tener estándares y valores. Apela al miedo a ser rechazado por el grupo para que renuncies a tus principios. Cuando empiezas a justificarte diciendo: "No, no creo que sea mejor, solo que yo..." Ya has caído en la manipulación: estás pidiendo perdón por tener tu propia opinión y por defender tus límites. El rabino Gilel, uno de los más grandes sabios del Talmud, decía, "Si no soy yo por mí mismo, ¿quién lo será por mí? Pero si solo soy para mí, ¿qué soy yo?"

Esto significa que tienes derecho a defender tus intereses y valores, pero también a mantener la humildad y el respeto hacia los demás. ¿Qué hacer en lugar de responder? Responde con calma: "No me considero mejor. Simplemente tomo la decisión que es correcta para mí." Oh, cada persona tiene su propio camino. Respeto el tuyo, respeta el mío.

No permitas que nadie te haga sentir vergüenza por vivir de acuerdo con tus principios. Quienes intentan desviarte de tu camino, a menudo lo hacen porque tu ejemplo les recuerda su propia debilidad.

Y por último, la quinta y más insidiosa pregunta. "¿No te vas a ofender si te digo la verdad, verdad? ¿O no te molestas y yo?"

Esta es la más sofisticada de todas las trampas, porque se disfraza de una petición educada de permiso.

¿Dónde está la trampa? Esta pregunta crea una situación imposible. Si respondes: "No, no me ofenderé." Le estás dando permiso a la otra persona para decir algo ofensivo y luego no podrás defenderte. Si respondes: "Sí, me ofenderé", parecerás una persona cerrada o demasiado sensible. En cualquier caso, pierdes.

En la tradición judía existe el concepto de Lashón Hará (לשון הרע, literalmente "lengua mala" o "lengua del mal"): se refiere al acto de hablar despectivamente de otra persona, chismorrear o difundir información dañina. En la ética judía, es considerado una falta muy grave con consecuencias espirituales y sociales, incluso si es verdad, si lo que se diga sobre alguien es objetivamente cierto. Y no solo hablar mal: también está prohibido escuchar esta información o creer en ella, pues tiene consecuencias sociales: destruye la reputación, daña la confianza, crea divisiones y equivale moralmente a asesinar la honra de una persona.

Los sabios enseñan si alguien empieza sus palabras diciendo, "No quiero hablar mal, pero..." puedes estar seguro de que lo que viene después será precisamente algo malo. Un verdadero amigo y una persona honesta no necesitan pedir permiso para ofenderte. O bien dirán lo que piensan con respeto y tacto, sin un aviso previo, o simplemente guardarán silencio.

¿Qué hacer en lugar de responder? Di: "Depende de lo que vayas a decir. Habla claro." O: "Si temes que me ofenda, quizá deberías pensar si realmente vale la pena decirlo." Esto invierte la manipulación y devuelve la responsabilidad a quien hizo la pregunta. Queridos amigos, el rabino Nahmán de Breslav decía: "El Mundo es un puente muy estrecho, y lo más importante es no tener miedo al atravesarlo". No tengas miedo de establecer límites. No tengas miedo de guardar silencio cuando una pregunta está hecha para atraparte. La sabiduría no es solo conocimiento, también es la habilidad de protegerte de quienes quieren usar tus palabras contra ti. "El silencio del sabio vale más que las palabras del necio."

Las siete cosas de las que mejor es callar, según el Talmud

 

 1 - Grandes planes y sueños .

2 - La cantidad de dinero que uno tiene .

3 - Los detalles íntimos de la vida matrimonial .

4 - Los secretos ajenos que nos fue confiado .

5 - Tus verdaderas ambiciones y deseo de éxito .

6 - Tus experiencias espirituales .

7 - Tus pecados pasados .

Existen siete temas de los que no se debe hablar con nadie, ni siquiera con los más cercanos, ni con la madre, ni con el esposo o la esposa.

Nunca, recuerden, nunca hablen de estos temas. Aunque piensen "pero es mi madre o mi esposa, puedo contarle todo, no hay cosa que deben permanecer en absoluto secreto". El Talmud advierte: "la muerte y la vida están en poder de la lengua." Algunas palabras pronunciadas en voz alta atraen la desgracia. Algunos temas, incluso discutidos con los más íntimos, abren la puerta a la desgracia.

Los sabios judíos vieron como un solo tema tratado con imprudencia podía destruir vidas. Hoy les hablaré de siete temas de silencio absoluto, de siete cosas que deben permanecer solo con ustedes mismos.

Tema uno, tus grandes planes y sueños.

El primer tema del silencio absoluto son tus grandes planes y tus sueños más profundos.

El Talmud advierte: "no hables de tus planes hasta que se cumplan, ni siquiera con tus seres queridos,

especialmente con ellos." ¿Por qué? por tres razones: 

1. Pérdida de energía. Cuando hablas de un plan, tu cerebro recibe una satisfacción falsa. Ya has obtenido reconocimiento. ¿Para qué esforzarte más? Los sabios dicen: "Las palabras se llevan la fuerza de la acción."

2. Sabotaje. Incluso los padres amorosos pueden sabotear tus planes sin querer, por miedo. Y si no funciona, sus dudas se convierten en las tuyas. Mal de ojo, envidia. La historia de José es una advertencia directa: contó a sus hermanos sus sueños. Resultado: lo vendieron como esclavo sus propios hermanos. Rabí de Breslov enseñaba: "Guarda tus sueños en secreto, como el jardinero guarda la semilla bajo la tierra. Cuando el brote salga a la luz, entonces muéstralo al mundo."

Tema dos, tus ingresos y ahorros exactos.

El segundo  tema de absoluto secreto son las cantidades exactas de tu dinero.

El Talmud advierte: "la bendición solo desciende sobre aquello que está oculto a los ojos." Y cuando hablas de tu dinero, lo abres al mal de ojo. Los cabalistas explican: el dinero es energía, y cuando dices "tengo un millón" creas un canal energético. Y si en la mente de quien te escucha hay, aunque sea una gota de envidia, preocupación o miedo, esa energía empieza a filtrarse. Incluso si tus familiares se alegran sinceramente por ti, saber las cifras exactas genera expectativas de ayuda concreta, comparaciones con su propia situación, consejos sobre cómo gastar tu dinero.

Rabí Akiba decía: "La pobreza comienza cuando todos saben cuánto dinero tienes." Puedes decir: "Todo va bien conmigo", pero las cifras exactas nunca.

Tema tres, los detalles íntimos de la vida matrimonial.

El tercer tema prohibido son los detalles íntimos de tu matrimonio.

El Talmud enseña: "El esposo y la esposa son una sola carne. Tu matrimonio es el santo de los santos. Ni siquiera los padres pueden entrar allí. Cuando le cuentas a tu madre o a cualquier otra persona los detalles íntimos de tu vida conyugal, tú traicionas a tu cónyuge, expones lo más sagrado al público, invitas a un tercero a tu matrimonio. Ya no son dos, sino tres. Y la madre siempre estará de tu lado, incluso cuando no tengas razón. Creas una imagen. Tú perdonarás la ofensa en un día, pero tu madre la recordará para siempre. Rashi comenta: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre."

Es la creación de una nueva unidad independiente con sus propios límites, incluso frente a los padres. Hay cosas que solo deben conocer el esposo, la esposa y el Altísimo. Los cabalistas enseñan la santidad del matrimonio solo se preserva mediante el secreto. Cuando ese secreto e revela, la santidad se desvanece.

Tema cuatro, los secretos ajenos.

El cuarto tema del silencio absoluto son los secretos que te han confiado. "Pero a mi madre puedo contárselo. Ella no dirá nada." Así piensan todos y todos se equivocan. Y Fetheim escribió:  "Lo que te fue confiado en secreto debe morir contigo." ¿Por qué? Porque la confianza es sagrada. Cuando alguien te entrega un secreto, te entrega una parte de su alma. Traicionar eso significa traicionar la esencia misma de las relaciones humanas.

Las palabras tienen alas. Le cuentas algo en secreto a tu madre. Tu madre se lo dice a tu padre; tu padre al hermano, y pronto todo el pueblo lo sabe. Es una prueba  del alma. Los rabinos dicen: "Por la capacidad de guardar secretos se conoce al ser humano." Si te confiaron un secreto, llévalo contigo a la tumba.Y si necesitas consejo, pide orientación sin mencionar nombres ni detalles.

Tema 5: tus verdaderas ambiciones y deseo de éxito.

El quinto tema prohibido son tus auténticas ambiciones, la magnitud de tus metas y tu sed de grandeza.

Pero, ¿por qué no puedo contar que quiero ser millonario o que sueño con cambiar el mundo? ¿Acaso mis seres queridos no deberían saber mis aspiraciones? Y he aquí porque el Talmud enseña: "Los grandes sueños requieren un gran silencio. Cuando hablas de tus metas grandiosas, corres que nazcan.

La primera razón, el mal de ojo, crece en proporción al tamaño del sueño. Los cabalistas explican, cuanto mayor es la ambición, más fuerte es el mal de ojo que atrae. Y si dices: "Quiero abrir una tiendecita" es una cosa, pero si dices: "Quiero construir un imperio, el allin hará mal de ojo. Se multiplica mil veces. Incluso una madre amorosa en lo más profundo de su alma puede sentir miedo. ¿Y si no lo logra? ¿Y si cae desde tan alto? Y ese miedo ya es mal de ojo. El pensamiento se materializa.

Segunda razón, los seres queridos te bajan a tierra por amor. Tus familiares te aman, pero precisamente por eso temen verte caer cuando dices: "Quiero ser el hombre más rico de la ciudad." O "quiero cambiar el mundo". Ellos, movidos por amor responden: "No apuntes tan alto. Sé realista. Es peligroso. Piensa en la familia."

Y si no funciona, mejor es una meta más pequeña.

Tu padre también soñó, pero la vida puso todo en su sitio y cada una de esas frases es un clavo en el ataúd de tu sueño no por maldad, sino por amor y miedo a que sufras.

Rabin Hajahmán advertía: "Las mayores metas no las matan los enemigos, las matan los parientes amorosos que intentan protegerte de las desilusiones. 

Tercera razón: las ambiciones despiertan envidia secreta. Incluso si tus padres se sienten orgullosos de ti, cuando hablas de tus grandes ambiciones, en lo más profundo de su alma puede surgir un pensamiento: "Él quiere más de lo que yo logré" y eso hiere su ego, aunque sea de forma inconsciente. El Talmud dice, "No existe persona libre de envidia. Ni siquiera los padres hacia sus hijos, especialmente cuando los hijos aspiran a aquello que los padres no alcanzaron."

Cuarta razón, pierdes la fuerza mística del deseo. Los cabalistas enseñan que la ambición es una energía espiritual. Cuando la mantienes dentro, arde como un horno y te impulsa a actuar, pero cuando la sueltas con palabras se disipa como el vapor. Recibes la aprobación de tus seres queridos. "¡Qué bien, bravo!", y tu mente piensa: "Ya soy exitoso, ya me han elogiado." La energía de la acción se evapora.

Los sabios dicen, "Las palabras sobre la ambición son el enemigo de los logros." Una historia del Talmud: Había un joven que quería convertirse en un gran rabino, superar a todos los maestros de su tiempo. Se lo contó a su padre. El padre, un hombre sencillo, se asustó de semejante orgullo y empezó a disuadirlo. El joven obedeció, sofocó sus ambiciones, se volvió más modesto y terminó siendo un maestro común, pero pudo haber sido grande.

Años después fue a ver a un sabio arrepentido y el sabio le dijo, "Tu error no fue tener grandes ambiciones, tu error fue revelarlas a la persona equivocada." Los grandes sueños deben guardarse entre tú y el Altísimo.

Los hombres, incluso los que te aman, son demasiado pequeños para contener tu grandeza.

¿Qué hacer? 10 grandes ambiciones.

Sueña con lo imposible. 

Si deseas ser grande, desea serlo.

El Altísimo ama a los soñadores audaces, pero guarda esas ambiciones en secreto.

Habla con tus seres queridos solo de los pasos concretos: "Estoy abriendo un negocio. Estoy aprendiendo algo nuevo..." pero no del tamaño del objetivo final.

Trabaja en silencio, alcanza en silencio.

Y, cuando tu ambición se cumpla, entonces todos lo verán sin palabras.

Rabí Aquiba enseñaba: "El río silencioso abre los cañones más profundos." Que tus ambiciones sean ese río silencioso, poderoso, imparable, pero sin ruido.

Tema seis, tus experiencias espirituales.

El sexto tema del secreto absoluto son tus profundas vivencias y revelaciones espirituales.

El apóstol Pablo escribió sobre un hombre que fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no le es dado expresar. Fíjate: no le es dado expresar. ¿Por qué? Porque lo sagrado no es para todos.

Jesús dijo: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos. Lo santo puede ser malinterpretado, ridiculizado. Incluso una madre amorosa podría decirte, "Te lo imaginaste." Y tus perlas serían pisoteadas.

El peligro del orgullo.

Al hablar de experiencias espirituales, corres peligro: "Miren qué espiritual soy". Rabí Nahmán enseñaba: "La verdadera cercanía con Dios está en secreto. La espiritualidad exhibida es teatro. Pérdida de fuerza." Los cabalistas enseñan: "La energía espiritual  se disipa cuando se habla de ella." Tu experiencia guardada en silencio alimentará tu alma durante años; contada, desaparecerá como la niebla de la mañana.

Tema siete, tus pecados pasados.

El séptimo tema del silencio absoluto son tus pecados pasados, aquellos de los que ya te has apartado.

El Talmud enseña, si una persona ha pecado y se ha arrepentido, no se le recuerde su pecado y tampoco te lo recuerdes tú mismo contándoselo a los demás. Cuando Dios perdona el pecado, él lo olvida.

Tan lejos como está el Oriente del Occidente, así alejó Él de nosotros nuestras iniquidades. Pero cuando hablas de tu pecado pasado, tú le devuelves la vida al pecado: estaba muerto, enterrado, olvidado por Dios. Y lo resucitas con tus palabras, creas una imagen de ti mismo. Tu madre recordará:  "Mi hijo hizo eso." Aunque te haya perdonado, la memoria queda.

Das un arma en un momento de ira. Incluso una madre amorosa puede decir: "Tú siempre has sido así." Puedes tentar a otros al contar tu pecado: despiertas curiosidad: "¿Y si yo también lo pruebo...?"

En resumen, el largo silencio es la protección del alma sobre tus planes hasta que se cumplan, sobre el dinero, siempre, sobre el matrimonio para toda la vida, sobre los secretos ajenos hasta la muerte, sobre tus miedos mientras vivas, sobre lo espiritual, hasta la eternidad sobre los pecados pasados después del arrepentimiento.

Los sabios dicen: "Las palabras son de plata, el silencio es de oro, pero el silencio sobre lo sagrado es un diamante."

Guarda estos siete secretos, no por desconfianza hacia los tuyos, sino por sabiduría y protección. Hay cosas tan valiosas que al ser dichas en voz alta pierden su fuerza. Que tu corazón sea cálido con tus seres queridos, pero sabio en el silencio.

jueves, 7 de mayo de 2026

Jacob Mchangama, Libertad de expresión. Una historia global desde Sócrates hasta las redes sociales

 [Está a la venta este interesante y necesario ensayo de más de quinientas páginas, obra del erudito danés Jacob Mchangama. Copio de la editorial el comienzo del mismo]:

 Jacob Mchangama, Libertad de expresión. Una historia global desde Sócrates hasta las redes sociales

 El comandante en jefe estaba harto de la prensa. Dedicaba todo su tiempo, como dirigente supremo del país, a velar por el bienestar de su pueblo, pero lo único a lo que se dedicaba la prensa era a atacarlo y a poner en peligro la nación. Allí estaba él, haciendo otra vez grande al país, ¿y sobre qué escribían? Sobre sus matrimonios, sus divorcios, sus hijos, ¡incluso sobre su peso! Ya era hora de que los propagadores de noticias falsas pagaran un precio por sus calumnias, sus continuas conspiraciones y sus traiciones. El hombre más poderoso del país decidió que había llegado el momento de contraatacar y lanzó una andanada de 138 caracteres en la que prohibía «escritos y libros, tanto impresos como de otro tipo, que contengan tales escritos y libros muchos errores y calumnias claros y manifiestos». 

 La historia del imprevisible Enrique VIII de Inglaterra (porque de él se trata) suena contemporánea porque lo es. La «libertad de expresión» nunca se conquista ni se pierde del todo. Si se pregunta a un estudiante universitario cuándo comenzó la lucha por conseguirla, se verá que hay muchas respuestas posibles. Algunos estadounidenses dirán que empezó con la ratificación de la Primera Enmienda en 1791. Un europeo podría señalar la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 en Francia. Un británico, la Areopagítica de John Milton, publicada en 1644. Pero, más allá de las discrepancias, la mayoría afirmará que la libertad de expresión es un concepto exclusivamente occidental nacido alrededor de la Ilustración. La realidad es mucho más compleja. De hecho, las raíces de la libertad de expresión son antiguas y profundas, y se encuentran dispersas. En el año 431 a. C., el estadista ateniense Pericles elogió los valores democráticos del debate abierto y de la tolerancia hacia la disidencia. En el siglo IX, el irreverente Ibn al-Rawandi aprovechó el propicio clima intelectual del califato árabe para cuestionar las profecías y los libros sagrados. En 1582, el holandés Dirck Coornhert insistió en que era «propio de tiranos […] prohibir los buenos libros con el fin de silenciar la verdad». 

La primera ley que protegía la libertad de prensa se promulgó en Suecia en 1766, y Dinamarca se convirtió en el primer Estado del mundo en abolir cualquier tipo de censura en 1770. Sin embargo, reconocer el derecho a la libertad de expresión pone casi siempre en marcha un proceso de entropía, de tendencia hacia el caos. Los líderes de cualquier sistema político, por muy ilustrado que sea, acaban siempre creyendo que, ahora, la libertad de expresión ha ido demasiado lejos. Los oligarcas autocráticos, reacios a compartir el poder con el pueblo, derribaron por dos veces la antigua democracia ateniense, deshaciéndose de paso de sus defensores y de los disidentes. El endurecimiento de las leyes contra la apostasía y la blasfemia puso coto al librepensamiento más atrevido del islam medieval. En la República Holandesa del siglo XVI, Dirck Coornhert fue desterrado y sus escritos se prohibieron en varias ocasiones. Los experimentos de Suecia y Dinamarca con la libertad de prensa no duraron mucho, ya que los gobernantes absolutistas se hicieron de nuevo con el control de las imprentas. 

Este fenómeno de entropía al que está sujeta la libertad de expresión está tan presente hoy como hace 2.500 años, y, si se mira más de cerca, las justificaciones que se dan en el siglo XXI para limitar dicha libertad tienen más en común con las esgrimidas muchos siglos atrás de lo que, seguramente, nos gustaría admitir. El club mundial de las democracias libres está perdiendo miembros con rapidez. Al igual que ocurría en la antigua Atenas, aquellos que tienen aspiraciones autocráticas —desde Viktor Orbán en Hungría hasta Narendra Modi en la India— consideran que la libertad de expresión es el primer y más importante obstáculo que deben apartar para consolidarse en el poder. En algunas partes del mundo islámico, la blasfemia y la apostasía se siguen castigando con la pena de muerte, ya sea por parte del Estado o de yihadistas que se toman la justicia por su mano. El retroceso mundial de la libertad de expresión se da incluso en las democracias liberales, que temen —de manera parecida a como lo hacía Enrique VIII— las consecuencias de una desinformación y una propaganda hostil que se transmiten masivamente y de manera incontrolada a través de las nuevas tecnologías. La entropía inherente a la libertad de expresión no se debe sólo a causas políticas; tiene también una profunda relación con la psicología humana. El afán de agradar a los demás, el miedo a la marginación, el deseo de evitar conflictos y las normas de cortesía a las que estamos habituados nos empujan a querer silenciar a los oradores incómodos, ya sea en las plataformas digitales, los campus universitarios o las instituciones culturales. Al igual que un enorme agujero negro atrae toda la materia que tiene cerca, la censura nos atrae a todos. Por ello, es de vital importancia fomentar y mantener activamente una cultura de respeto a la libertad de expresión para garantizar que esta última perdure. 

Las leyes no bastan por sí solas. En las democracias modernas, uno de los argumentos más comunes e intuitivamente más atractivos para defender que se limite la tolerancia a la intolerancia —parafraseando al filósofo austriaco Karl Popper— es la «falacia de Weimar». Consiste en la creencia de que si la República de Weimar hubiera hecho mayores esfuerzos para prohibir la propaganda totalitaria, la Alemania nazi —y consecuentemente el Holocausto— se habrían podido evitar. Por tanto, las democracias modernas no pueden permitirse cometer el mismo error. Como veremos, se trata de una conclusión cuestionable por diversas razones. La primera de todas, porque sí hubo continuos intentos de silenciar tanto a Hitler como al Partido Nacionalsocialista. Pero esos intentos a menudo contribuían a aumentar el interés y la simpatía por los nazis, pues no hacían sino convertir a los monstruos en mártires. Quizá lo más escalofriante sea que los nazis utilizaron los decretos de emergencia previstos en la Constitución de la República de Weimar para estrangular la misma democracia que se suponía que esos decretos debían proteger.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el deber de prohibir la propaganda nazi fue explotado con gran cinismo por otro régimen totalitario. La Unión Soviética de Stalin se ayudó de la falacia de Weimar para conseguir que se introdujeran en la legislación internacional sobre derechos humanos restricciones a la libertad de expresión en concepto de discurso de odio. Algo que no sólo contribuyó a legitimar la represión de la disidencia en el bloque soviético, sino que, una vez derrotado el comunismo, también proporcionó una cobertura legal a los Estados de mayoría musulmana, deseosos de lograr que se prohibiera mundialmente la blasfemia. La escuela de pensamiento que insiste en que para defender la dignidad de todas las personas por igual es necesario prohibir el discurso de odio, para así proteger a las minorías y a los grupos vulnerables de la discriminación y la opresión, está estrechamente relacionada con la falacia de Weimar. La era digital ha demostrado que la preocupación por el discurso de odio que las redes sociales ayudan a difundir no debe subestimarse, y que las palabras hirientes pueden causar daños psicológicos y físicos. Son las minorías a las que van dirigidos esos ataques las que sufren sus efectos, debiendo muchas veces soportar una carga desproporcionadamente pesada. Sin embargo, de ello no se desprende que la censura sea un remedio adecuado o eficaz en las sociedades comprometidas con la libertad y la igualdad. Proteger a las personas vulnerables de la discriminación y la opresión y, al mismo tiempo, tratar de preservar la libertad y la igualdad deben y pueden ser objetivos que se refuercen entre ellos, en vez de excluirse mutuamente. Una mirada global sobre la libertad de expresión invita a pensar que es, de hecho, un arma indispensable en la lucha contra la opresión. El supremacismo blanco, sea en forma de esclavitud y segregación estadounidenses, colonialismo británico o apartheid sudafricano, se basó fundamentalmente en la censura y la represión. 

En contraposición, defensores de la igualdad como Frederick Douglass, Ida B. Wells, Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr. o Nelson Mandela defendieron y practicaron la libertad de expresión, provocando un gran impacto y pagando un enorme coste personal. Desgraciadamente, varios países, entre ellos la India, se siguen sirviendo de leyes contra el discurso de odio de la época del colonialismo británico para acallar a los disidentes y a las minorías que esas mismas leyes pretendían proteger. El troleo, los mensajes insultantes y la propaganda hostil propios de la era digital ponen de manifiesto que la conversación pública puede volverse desagradable, y que los muchos beneficios de un debate igualitario y desinhibido tienen como contrapartida inevitable el abuso, la desinformación y la exageración. Sin embargo, los intentos de tomar medidas drásticas contra los exaltados, la información falsa, la propaganda o las llamadas a la rebelión —desde la Reforma hasta la Ilustración, pasando por los Estados Unidos del siglo xx— demuestran que las ideas y los epítetos que, según las normas morales del momento, han ido demasiado lejos, no pueden eliminarse de manera eficaz sin poner en peligro el derecho a la libertad de expresión del conjunto. Incluso los intentos mejor intencionados de garantizar una conversación pública segura y cuidadosamente regulada acabarán sucumbiendo al mismo fenómeno que ha afectado a los antiguos defensores de la libertad de expresión: el de excluir a grupos o puntos de vista determinados, debido a una intolerancia, ideología o conveniencia política que no son capaces de ver. Cuanto más alto se asciende en política, mayor es la tentación de vulnerar el derecho a la libertad y de imponer la censura con el pretexto del interés público. 

Veremos que son muchos los que han pretendido limitar la libertad de expresión, desde John Milton hasta Voltaire, y desde Robespierre hasta el segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, y su Administración federalista, responsables de la Ley de Sedición de 1798. 

Por qué las élites temen las nuevas tecnologías 

Las nuevas tecnologías de la comunicación son inevitablemente disruptivas y cada nuevo avance —desde la imprenta hasta internet— se ha encontrado con la oposición de aquellos cuya autoridad institucional es susceptible de verse socavada por un cambio repentino. En 1525, el gran erudito humanista Erasmo de Rotterdam —él mismo un escritor prodigioso— se quejaba de que las imprentas «llenan el mundo de panfletos y libros [que son] estúpidos, ignorantes, malignos, difamatorios, locos, impíos y subversivos». 

En la década de 1780, tras haberse opuesto a la censura durante decenios, el pensador ilustrado holandés Elie Luzac tildó de «plaga para la sociedad» a los «escritores de periódicos» populistas y prodemocracia que publicaban «todo lo que brota de sus cerebros enfurecidos y enfermos». En 1858, el New York Times se lamentaba de que el telégrafo trasatlántico era «superficial, repentino, indiscriminado, demasiado rápido para la verdad». 

En 1948, incluso el filósofo y defensor de la libertad de expresión Alexander Meiklejohn adujo que «la radio, tal y como funciona actualmente entre nosotros, no es libre. Tampoco tiene derecho a la protección de la Primera Enmienda», ya que «corrompe tanto nuestra moral como nuestra inteligencia». Y en noviembre de 2020, el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, declaró que la forma en la que está estructurada y organizada la información en internet constituía «la mayor amenaza para nuestra democracia». Estas manifestaciones del «pánico de las élites» pueden reflejar preocupaciones y dilemas reales, pero es llamativo que tiendan a producirse siempre que se amplía la conversación pública y se da voz a grupos que hasta entonces habían estado marginados. Ante la aparición de nuevas tecnologías que dan la oportunidad de ser escuchados a quienes previamente no lo eran, los intermediarios tradicionalmente encargados de filtrar la información temen que los recién llegados manipulen a las masas ayudándose de ideas y propaganda peligrosas, amenazando así el orden social y político establecido. Esto es especialmente cierto cuando la conversación pública a la que se han sumado nuevos interlocutores amenaza con debilitar la autoridad institucional sin ofrecer una alternativa viable al aparente caos y anarquía que ha desatado la disrupción. Este enfrentamiento entre una concepción igualitaria y otra elitista de la libertad de expresión se remonta a la Antigüedad. Tiene su origen en las diferencias existentes entre la democracia ateniense, en la que los ciudadanos ordinarios (varones adultos y libres) tenían voz y voto en la toma de decisiones políticas y podían hablar abiertamente en público, y el republicanismo romano, que restringía la libertad de expresión a una pequeña élite y además distinguía entre «libertad» y «libertinaje». 

Sin embargo, aunque siempre ha habido quienes pensaban que la libertad de expresión era un lujo del que sólo debía disfrutar una élite educada, también ha habido quienes han estado dispuestos a librar una larga y a menudo sangrienta batalla para extender el derecho a la libertad de expresión a los pobres y los desposeídos, a los extranjeros, las mujeres y las minorías religiosas, raciales, étnicas, nacionales y sexuales. A todos estos grupos marginados se les ha considerado tradicionalmente demasiado crédulos, veleidosos, inmorales, ignorantes o peligrosos como para poder opinar en los asuntos públicos. De modo que, al tiempo que la historia de la libertad de expresión está llena de mártires, villanos y relatos aleccionadores, también cuenta con un buen número de héroes. Puede que conozcas a algunos de ellos, como el gran filósofo liberal John Stuart Mill, el avanzado filósofo holandés Baruch Spinoza, el artífice de la Primera Enmienda James Madison o el enemigo del totalitarismo George Orwell. A otros, quizá no, como el antiguo orador ateniense Demóstenes, el polímata persa del siglo IX Al-Razi, el librepensador holandés Dirck Coornhert, el irrefrenable «nivelador» John Lilburne, el whig escocés Thomas Gordon, el filósofo francés del siglo XVIII Nicolas de Condorcet o su compatriota y contemporánea, la valiente feminista Olympe de Gouges

Y hay otros de los que seguramente habrás oído hablar, aunque no por sus contribuciones a la libertad de expresión, como el abolicionista Frederick Douglass, la activista en contra de los linchamientos Ida B. Wells, el defensor de la independencia de la India Mahatma Gandhi, la madrina de los derechos humanos internacionales Eleanor Roosevelt y el preso de conciencia y estadista sudafricano Nelson Mandela.

El futuro de la libertad de expresión

En la actualidad, numerosas voces se preguntan si debemos seguir considerando la libertad de expresión como «la primera libertad». En las democracias, muchos han acabado viéndola como una herramienta que permite a los poderosos marginar a las minorías y a los indefensos. Las élites de las instituciones políticas y mediáticas señalan la desinformación no supervisada y el discurso de odio en las redes sociales como prueba de que la libertad de expresión se está «utilizando como arma» contra la propia democracia. En los países no democráticos, la libertad de expresión está siendo desplazada por una combinación de populismo autoritario, fundamentalismo religioso y vigilancia automatizada de los contenidos que se publican en internet. Además, la aparición de gigantes tecnológicos globales ha hecho que surja el fantasma de una moderación en cuyos criterios no se participa, mediante la cual estas enormes corporaciones privadas —a menudo apoyándose en opacos algoritmos de filtrado de contenidos— deciden, con escasa transparencia y prácticamente sin tener que rendir cuentas, los límites del debate tanto mundial como nacional. 

Es cierto que la libertad de expresión puede utilizarse para aumentar la polarización, sembrar la desconfianza e infligir graves daños. Pero la creencia de que los profundos desafíos a los que se enfrentan la dignidad, la confianza, la democracia y las instituciones de nuestra dividida época pueden superarse a sus expensas apenas se sostiene desde un punto de vista histórico. Las leyes que protegen la libertad de expresión y las normas culturales constituyen «el gran baluarte de la libertad», como apuntaba una frase de principios del siglo XVIII que se hizo viral y tuvo gran influencia entre los pensadores ilustrados británicos, norteamericanos, franceses y rusos. Con el paso del tiempo, si no lo mantenemos, el baluarte se vendrá abajo; y, si la historia sirve de referencia, todo parece indicar que cuando eso ocurra nuestro futuro será menos libre, democrático e igualitario y más ignorante, autocrático y opresivo. 

Este libro está lleno de ejemplos de países, líderes y culturas que pensaron que podían supeditar la libertad de expresión a otros valores y a la vez preservar una sociedad libre y justa, y fracasaron. También habla de otros que se dieron cuenta de que la libertad de expresión era todo lo que se interponía entre ellos y sus ensoñaciones absolutistas. Sus ejemplos nos muestran que la imposición de la censura señala el final de una sociedad libre, no su principio. Imponer el silencio y llamarlo tolerancia no lo convierte en tal. La verdadera tolerancia exige comprensión. La comprensión surge de la escucha. Escuchar presupone conversar. Relacionando las controversias del pasado con las más apremiantes del presente, espero demostrar lo mucho que la humanidad ha ganado con la difusión gradual del derecho a la libertad de expresión, y lo mucho que podemos perder si permitimos que continúe erosionándose durante esta nueva fase digital del viejo conflicto que mantiene con la autoridad. 

CAPÍTULO 1 Los inicios en la Antigüedad 

Aunque la libertad de expresión tiene raíces profundas y antiguas, durante gran parte de la historia documentada hablar con franqueza a los que detentaban el poder era desaconsejable y, a menudo, peligroso. A juzgar por los códigos legales y los escritos que han llegado hasta nuestros días, las grandes civilizaciones antiguas protegían el poder y la autoridad de sus gobernantes de las palabras de sus súbditos, y no al revés. Las leyes hititas, establecidas en lo que ahora es Turquía entre 1650 y 1500 a. C., estipulaban que «si alguien no acata una sentencia del rey, su casa se reducirá a un montón de ruinas». Según la Biblia hebrea, el castigo por maldecir «a Dios o al rey» era la lapidación. Estas leyes reflejaban la estricta jerarquización que existía en las grandes civilizaciones antiguas, muchas de las cuales estaban encabezadas por gobernantes que, según se creía, lo eran por derecho divino o incluso, como en Egipto, por ser dioses ellos mismos. Las «Instrucciones de Ptahhotep», una recopilación egipcia de máximas o proverbios morales de alrededor del año 2350 a. C., recomendaba no dirigirse a «un hombre más importante que tú […]. Habla cuando se dirija a ti y que tus palabras sean agradables». El antiguo filósofo chino Confucio (551-479 a. C.) también destacaba la importancia de obedecer a superiores y gobernantes, afirmando que «quien no esté inclinado a desafiar a la autoridad difícilmente fomentará una rebelión». Se podría pensar que las palabras de Confucio serían música para los oídos del primer emperador de China, Qin Shi Huang, cuando ascendió al trono unos tres siglos después. Sin embargo, en el año 213 a. C. ordenó que se quemasen y prohibiesen los libros de Confucio y los documentos históricos.

Los inicios en la antigüedad anteriores a su reinado.

En palabras del propio emperador, tal y como las cita el historiador Sima Qian (ca. 145-90 a. C.): «Reuní los escritos de todos los que moran bajo el Cielo y me deshice de aquellos que eran inútiles». Su primer ministro declaró que estudiar los textos y las crónicas del pasado sumía a la gente «en la confusión» y la llevaba a «rechazar las leyes y las enseñanzas […]. Consideran honorable el desacuerdo, y animan al vulgo a inventar calumnias». Según Sima Qian, más de 460 eruditos fueron «enterrados» por violar la prohibición. (Si fueron enterrados vivos o muertos es algo que aún está en discusión). Esta puede ser la primera quema organizada de libros de la que se tenga noticia. No sería la última. Para los esclavos y las mujeres, expresarse libremente estaba especialmente restringido. El código sumerio de Ur-Nammu, de alrededor del año 2050 a. C. —el código legal más antiguo que se conserva— determinaba que «si una esclava injuria a alguien revestido de la autoridad de su señora, se le restregará la boca con una sila [cerca de un kilo] de sal». El código babilónico de Hammurabi, datado entre los años 1792 y 1750 a. C., permitía a los dueños de un esclavo cortarle la oreja si pronunciaba las palabras «tú no eres mi dueño». Las mujeres nacidas libres también eran castigadas por extralimitarse. Las leyes del Imperio medio asirio, de alrededor del año 1076 a. C., denunciaban a aquella mujer desvergonzada que «dice insolencia o blasfema». Otras leyes sobre lo que se podía o no decir estaban dirigidas a proteger el honor de las mujeres respetables. Según el Código de Hammurabi, la pena por difamar a una mujer casada con un hombre libre o a una sacerdotisa era el afeitado de la frente. Sin embargo, entre los severos preceptos del mundo antiguo, podemos detectar pequeñas muestras de tolerancia religiosa. Tras fundar el Imperio persa aqueménida en el siglo VI a. C., Ciro el Grande hizo público un cilindro de arcilla en el que establecía la libertad de culto para los distintos súbditos de su extenso territorio. Según la Biblia hebrea, también liberó a los judíos de su cautiverio en Babilonia y ordenó la edificación de un templo consagrado a Jehová en Jerusalén.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) considera que el Cilindro de Ciro es «una antigua declaración de derechos humanos». Pero aunque Ciro y sus sucesores promovieran la tolerancia religiosa, también castigaban la desobediencia quemando templos, cortando narices y orejas, y enterrando a los infractores en el desierto, de modo que sólo asomara su cabeza, para después dejarlos morir bajo el sol implacable. Hasta ahí llegaban los derechos humanos. 

Unos tres siglos después, el emperador maurya Aśoka ordenó que se inscribieran, en rocas y pilares repartidos por todo el subcontinente indio, una serie de edictos en los que defendía la tolerancia religiosa. Aśoka deseaba «que todas las religiones moren por doquier». Pero ni siquiera esto debe interpretarse como una aprobación de cualquier manifestación religiosa. La letra pequeña alentaba «la moderación en el habla, es decir, no exaltar los credos personales, ni condenar los ajenos». También encontramos pequeñas pero valiosas muestras de lo que se ha llamado —quizá con demasiada generosidad— «democracia primitiva». Los asirios, babilonios, hititas y fenicios contaban con asambleas, consejos y tribunales que permitían diversos grados de representatividad y debate político. Según Aristóteles, en la ciudad-Estado fenicia de Cartago había una asamblea popular, a la que se consultaba cuando el Consejo de Ancianos no podía llegar a un acuerdo, y en la que «cualquiera que lo desee puede oponerse a la propuesta [presentada], lo cual no se permite ni en Esparta ni en Creta». Sin embargo, se hallaban aún muy alejados de la concepción y de la práctica de la libertad de expresión que caracterizaba a la ciudad-Estado griega en la que Aristóteles pensó y escribió gran parte de su obra. 

¿Quién quiere tomar la palabra? La libertad de expresión en la antigua Atenas 

Hubo que esperar al siglo V a. C. para que la niebla de la historia antigua se disipase y revelara una ciudad-Estado en la que los valores de la democracia y la libertad de expresión se formalizaban y articulaban como fuente de orgullo y virtud. Entre el 507 y el 322 a. C., hubo en Atenas una especie de democracia, con varios paréntesis sangrientos, pero en las distintas etapas que atravesó esta antigua ciudad-Estado, el gobierno democrático y la libertad de expresión estaban inseparablemente unidos. Atenas era una democracia directa, en la que sus ciudadanos proponían, debatían y votaban las leyes que los regían. En su célebre «Discurso fúnebre» en honor de los caídos en la Guerra del Peloponeso contra Esparta, el eminente estadista ateniense Pericles dio una definición del sistema político de su ciudad que aún hoy sirve de piedra angular para los gobiernos democráticos: «Nuestra constitución se llama democracia porque el poder no está en manos de una minoría, sino en las de todo el pueblo. Cuando se trata de resolver disputas privadas, todos son iguales ante la ley». 

Sin embargo, según los estándares modernos, la forma en la que los atenienses entendían la igualdad adolecía de graves deficiencias. Las mujeres, los extranjeros y los esclavos, que constituían la mayor parte de la población de la ciudad, estaban expresamente excluidos del proceso democrático. Aun así, la naturaleza igualitaria de la democracia ateniense era muy avanzada para su época. Para los atenienses, el Estado no existía como una entidad separada del pueblo. La libertad de expresión era, por tanto, una parte inherente al sistema político y a la cultura cívica y no un derecho que protegiera al individuo frente al Estado, como solemos entenderlo en las democracias liberales modernas. No manejaban el concepto de «derechos» individuales, sino más bien el de deberes, privilegios y prerrogativas como ciudadanos. Con el tiempo, Atenas se convirtió en la ciudad-Estado griega dominante y en la más poderosa de las fuerzas helenas que repelieron las invasiones del Imperio persa entre 490 y 479 a. C. El historiador Heródoto sostenía que, mientras habían vivido bajo un tirano, los atenienses no habían aventajado a ninguno de sus vecinos. Sólo llegaron a ser claramente superiores cuando se les concedió la igualdad de derechos.

Pericles subrayaba en su discurso que el derecho popular de expresarse libremente era una fuente fundamental de la fortaleza ateniense: «Nosotros, los atenienses […] tomamos nuestras decisiones sobre la cosa pública o las sometemos a deliberación: pues […] lo peor es pasar a la acción antes de que sus consecuencias hayan sido adecuadamente debatidas». Al menos ése era el ideal. Pero, como veremos más adelante, la realidad es capaz de burlarse de los ideales. Los atenienses tenían dos conceptos distintos pero superpuestos de libertad de expresión. «Isēgoria» era el derecho, igual para todos, de expresar ideas y opiniones libremente en el ámbito público y cívico, mientras que «parrhēsia» puede traducirse como «hablar con franqueza» o «de forma desinhibida». La isēgoria se ejercía en la Asamblea ateniense, la ekklēsia, donde cada sesión se abría con la pregunta «¿Quién quiere tomar la palabra?». La parrhēsia permitía a los ciudadanos ser atrevidos y honestos a la hora de expresar sus puntos de vista, incluso fuera de la Asamblea, y se extendía a muchos ámbitos de la vida ateniense, como la filosofía y el teatro. Tanto la isēgoria como la parrhēsia se basaban en lo que la estudiosa Arlene Saxonhouse llama «los fundamentos igualitarios y los principios participativos del régimen democrático de los atenienses».

El historiador inglés del siglo xix y diputado radical George Grote, que reivindicó con energía que la democracia ateniense debía servir como modelo para los movimientos reformistas liberales, destacó «la libertad de pensamiento y de acción en Atenas, no sólo frente a las excesivas restricciones legales, sino también frente a la intolerancia entre las personas y frente a la tiranía de la mayoría sobre aquellos individuos cuyos gustos y actividades eran diferentes a los del resto». La libertad de expresión no sólo era un principio político, sino que se extendía a la esfera cultural en el sentido más amplio. Uno de los más destacados paladines de la parrhēsia fue Demóstenes; es el orador que más utiliza ese término: en los discursos que de él se conservan, aparece veintiséis veces. Empezó a destacar a mediados del siglo IV a. C. y es considerado el último defensor de la democracia y la libertad atenienses frente a las ambiciones imperiales de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno. El principio del debate abierto desempeñaba un papel fundamental en el ideal de democracia y libertad que defendía Demóstenes. Proclamaba que la libertad de expresión era lo que distinguía a la democrática Atenas de su peor enemiga, la oligárquica Esparta. En su discurso «Contra Leptino», Demóstenes hizo notar con orgullo que, mientras los atenienses podían criticar su constitución y alabar la espartana, los espartanos sólo podían elogiar la propia. 

La posibilidad de criticar libremente el propio sistema político sigue siendo una de las pruebas de fuego de las democracias, tanto del pasado como del presente. Demóstenes valoraba la libertad de expresión y el debate político porque creía que conducían a la verdad. Las democracias eran superiores a las oligarquías que «producen miedo», ya que las primeras «tienen, entre otras muchas nobles y justas cualidades, a las que el hombre de recta intención debe consagrarse, libertad de palabra, a la que no debe impedírsele mostrar la verdad». Sin embargo, para Demóstenes los beneficios de la libertad de expresión dependían tanto de un marco constitucional como del compromiso cívico. Desdeñaba a los atenienses que no eran capaces de estar a la altura de los ideales democráticos, como por ejemplo escuchar las argumentaciones de ambas partes durante los debates en la Asamblea: «Opino, varones atenienses, que es menester que vosotros, al deliberar sobre asuntos tan serios, deis libertad de palabra a todos y cada uno de vuestros consejeros». La tenaz defensa de Demóstenes tanto de la libertad como del patriotismo ha seguido siendo un modelo durante mucho tiempo. Inspiró a Cicerón en su lucha por la moribunda República romana y a Churchill en sus esfuerzos por advertir de la amenaza que suponía Hitler. La insistencia de Demóstenes en que la libertad de expresión es esencial para favorecer la verdad y su énfasis en la obligación moral de escuchar a todas las partes interesadas en una disputa sentarían las bases del futuro.

== Notas ==

Meiklejohn sostenía que la radio no es libre porque está subordinada a intereses comerciales y publicitarios. (Todas las notas a pie de página son de la traductora).  

Término acuñado por Caron Chess y Lee Clarke, investigadores de la Universidad de Rutgers, para describir el temor exagerado de los miembros de los grupos privilegiados ante situaciones que están fuera de su control y perciben como amenazas.  

Los whigs (palabra proveniente del término gaélico escocés «whiggamore», «arriero») fueron una facción política británica opuesta a los Estuardo que, entre finales del siglo xvii y mediados del xix, defendió la monarquía constitucional, el parlamentarismo y las libertades civiles frente a sus rivales, los tories (del gaélico irlandés «tóraí», «bandoleros»).

 «Moderation without representation» («moderación sin representación»), adaptación del famoso lema revolucionario «taxation without representation».