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miércoles, 11 de marzo de 2026

Entrevista con Pedro Almodóvar

 Pedro Almodóvar: “Mi pudor se ha resquebrajado. Ahora me siento más desnudo”, en El País, por Álex Vicente, 8 mar 2026:

La nueva película del director, ‘Amarga Navidad’, es su obra más íntima: un relato sobre el duelo y la depresión que se pregunta hasta qué punto un cineasta puede inspirarse en las vidas ajenas. En ella, todos los espejos reflejan su propia imagen

2026

A Pedro Almodóvar lo vemos primero de lejos, desde la calle: en el segundo piso del edificio, una mata de pelo blanco y una silueta vestida de colores vivos se distinguen tras el cristal. Está inclinado sobre la mesa, trabajando con la concentración obstinada de quien sigue corrigiendo una frase que otros ya habrían dado por buena. La oficina de su productora, El Deseo, ocupa una travesía discreta junto a Las Ventas, más próxima a la M-30 que al lujo añejo de la Castellana, en ese Madrid lateral que aún conserva algo de barrio antiguo. Al subir, aparece sentado en un despacho que tiene algo de museo doméstico. A un lado, sobre una pared azul con matices de turquesa, un mosaico inmenso de fotos enmarcadas —retratos con sus actrices, instantáneas de grupo, recuerdos de sus rodajes— funciona como reflejo de toda una vida consagrada al cine. Al otro, una estantería reúne libros de arte, fotografía y moda, junto a varios trofeos —vemos un Bafta, un César, un Goya, pero no sus dos Oscar— y dos carteles de películas: los de Ocho y medio y Eva al desnudo, faros de una trayectoria dedicada a fabricar imágenes.

Almodóvar ha dormido mal y reconoce que está algo disperso. “No sé qué versión de mí mismo va a aparecer en esta entrevista”, dice el director, consciente de contener multitudes. Está contento y, tal vez, algo preocupado. Se dice satisfecho con su última película, Amarga Navidad, que llegará a los cines españoles el 20 de marzo. En los primeros pases, asegura, la respuesta ha sido unánimemente buena. “Las primeras reacciones siempre te dan una idea de cómo va a ser el futuro de una película. Esta pinta bastante bien”. A la vez, sabe que, en esta historia, un relato poliédrico y en clave autobiográfica, se ha expuesto como nunca. “Soy una persona pudorosa, pero he ido perdiendo el pudor en mis últimas películas. No he querido que se supiera absolutamente nada de nadie que haya formado parte de mi vida, ni de los hombres ni de las mujeres. He mantenido siempre esas puertas cerradas. En los últimos años, eso ha cambiado un poco”, reconoce.

Amarga Navidad, titulada como el famoso bolero, alterna dos tiempos y dos relatos que terminan reflejándose el uno en el otro. El primero transcurre en diciembre de 2004, durante el largo puente de la Constitución. Gira en torno a Elsa (Bárbara Lennie), realizadora de publicidad y cineasta “de culto” con la única película que dirigió tiempo atrás, marcada por el duelo por su madre y rodeada por dos amigas, Patricia y Natalia (Victoria Luengo y Milena Smit), que también arrastran sus propias pérdidas. La segunda sucede en el verano de 2026 y tiene como protagonista a Raúl Rossetti (Leonardo Sbaraglia), guionista y director de éxito que, al borde de los 60, atraviesa una larga sequía creativa. Vive recluido en un universo cada vez más reducido: su compañero Santi (Quim Gutiérrez) y su asistente Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), su mano derecha, que acaba de abandonarlo para ocuparse de un asunto personal. Muy pronto se revela que la historia de Elsa no es sino el guion que Raúl escribe en busca de una salida a su crisis de escritura: un relato alimentado por su memoria, por su intimidad y por las vidas de quienes lo rodean, utilizadas sin su consentimiento. Elsa es un alter ego de Raúl, y este, a su vez, ejerce de doble del propio cineasta, quien también se refleja en Elsa, una versión remota de sí mismo. En Amarga Navidad, todos los espejos devuelven una y otra vez la imagen de su autor.

En el cine de Almodóvar, lo escrito, lo filmado y lo vivido siempre han funcionado como vasos comunicantes. Amarga Navidad lleva al primer plano esa porosidad entre realidad y ficción, entre memoria e invención, y también el dilema moral que se abre cuando un creador decide utilizar las vidas ajenas en sus películas. Con permiso de Dolor y gloria, a la que él mismo califica como “una película hermana”, nunca ha rodado nada tan próximo a la autoficción. “Es una película que claramente me refleja”, admite. “Hay mucha ficción, pero ningún invento. Estoy absolutamente presente y totalmente ficcionado. En realidad, si hiciera una película hablando de mí, sería muy aburrida. La ficción es necesaria siempre”.

Aun así, no todo coincide. A diferencia de Raúl Rossetti, hundido en una crisis creativa severa, Almodóvar insiste en que él atraviesa un momento muy fértil, aunque reconoce en ese personaje algunos rasgos propios: la soledad y la desorientación de la madurez, la convicción de que su única pasión verdadera, lo único que da sentido a su vida, sigue siendo hacer cine. “Raúl Rossetti solo vive para contar historias que le arrebaten. Hasta que las encuentra, todo es vacío e insatisfacción”, relata. De nuevo, aparece un reflejo familiar: su fama de obsesivo y estajanovista le precede.

—Cuesta no leer en esas palabras una identificación con el personaje.

—Sí, esa parte es muy autobiográfica, aunque en mi vida no sea tan dramática. Pero es así, para bien y para mal. Yo escribo todos los días. No quiero imaginarme a mí mismo en el momento en que no tenga nada que contar. Ya tengo más de 70 años [en septiembre cumplirá 76] y eso hace que ahora trabaje mucho más que en la década pasada. Es una buena práctica para que el futuro me encuentre ocupado.

—El futuro, por no decir la muerte. ¿Esa adicción al trabajo encubre un miedo al vacío?

—Absolutamente. Al dedicarme tanto a esto del cine, he descuidado otras partes de mi vida. Y ya no sé si son recuperables. Incluso en los ochenta, que me pasé mucho, solo me pasé lo justo para no dejar de trabajar. Echo mucho de menos aquella época: el delirio, las noches en blanco, los pasotes. Pero llega un momento en que tienes que elegir entre vivir y morir.

2003

El origen de Amarga Navidad se encuentra en un cuento escrito en 2003 e incluido después en El último sueño, la antología de relatos breves que Almodóvar publicó hace un par de años. Aquel texto nació cuando su cuerpo lo obligó, por primera vez, a detenerse: su primer ataque de pánico. “Hoy todo el mundo sabe lo que es, porque hasta a Isabel Pantoja le dio uno en Supervivientes”, bromea. “Pero yo entonces no sabía qué me pasaba. Fue una mezcla de migraña, una vieja conocida, y de algo completamente distinto, como un alien que se te agita por dentro. Sentí de manera brutal que iba a colapsar, que me moría”.

Vista a distancia, esa crisis coincidió con una puesta en duda: el momento en que, por primera vez, empezó a mirar hacia atrás de manera frontal para escribir sus guiones. Cuando sucedió, estaba ensayando La mala educación, que recuerda como “un rodaje muy complicado”. También fue la primera película en la que convirtió su infancia en inspiración. Lo primero que encontró en esa excavación arqueológica fue la parte más oscura: las heridas de una educación religiosa marcada por la culpa, la represión y el abuso.

—¿Cree que ese ataque tuvo que ver con esos recuerdos?

—No lo había pensado, pero ahora que lo dices… Es verdad que fue la primera vez que miré hacia atrás de verdad. Y de esa mirada retrospectiva hacia mi infancia, lo primero que salió fue una película sobre lo peor que me pudo ocurrir cuando era niño: que me maleducaran los salesianos.

Abierta esa puerta, Almodóvar ya nunca la cerró. Dos años después, encontró la otra mitad de la historia: no el encierro traumático, sino la alegría de los patios manchegos. No la violencia, sino el universo de mujeres en el que creció. No solo la herida, sino también la alegría. De ese movimiento nacería Volver. “Me sorprendí al descubrir algo muy positivo: mi primera infancia en La Mancha, los patios, las vecinas, mi madre, el universo femenino en el que crecí. Esa fue mi auténtica educación. Mi madre me llevaba con ella o me dejaba con la vecina de enfrente, y yo las oía hablar, cantar, hacer bolillos, criticar. Para mí era un espectáculo”.

En realidad, parte de su vida ya estaba en su cine antes de que la autoficción se convirtiera en algo explícito. ¿No han sido sus grandes heroínas, de un modo u otro, proyecciones de sí mismo? “Depende de cuál…”, esquiva el director. Le hacemos una lista. ¿Pepa, en Mujeres al borde de un ataque de nervios? “Sí, totalmente”. ¿Leo, en La flor de mi secreto? “De las que más”. ¿Marina, en Átame? “Un poco menos, porque toma caballo y hace porno. Lo que me representa en la película es el romanticismo exacerbado de esa pareja”. ¿Y Manuela, en Todo sobre mi madre? “También, aunque con matices. En los grandes autores homosexuales, como Lorca o Tennessee Williams, existe una identificación constante con una voz femenina. La diferencia es que mis personajes parten de mí, pero luego se convierten en mujeres de verdad. Nunca son hombres disfrazados”.

El año 2003 no fue solo el de su primera gran crisis, sino también el momento en que renació como cineasta. Coincidió también con el inicio de su relación con su pareja durante dos décadas, que aparece fugazmente en Amarga Navidad, en un gesto de rara exhibición por parte de alguien tan celoso de su intimidad. “Sí, sale. Pero de eso no hablo”.

“Si hiciera una película hablando de mí, sería muy aburrida. La ficción es necesaria siempre”, explica Almodóvar.

1999

Es una paradoja bastante clásica. En el mismo momento en que el mundo aclamaba a Almodóvar como un genio del cine, él estaba destrozado por dentro. En 1999, Todo sobre mi madre triunfó en Cannes, aceleró la conquista de Estados Unidos y preparó el camino hacia el Oscar, que llegaría pocos meses después. Desde fuera, parecía una culminación: el director pasaba del escándalo de antaño al reconocimiento internacional y entraba por fin en el canon. La procesión, sin embargo, iba por dentro: ese mismo año moría su madre. Tras su fallecimiento, Almodóvar siguió trabajando casi sin interrupción, como el personaje de Bárbara Lennie en su nueva película, como si eso pudiera aplacar el golpe. Hasta que, años después, llegó un duelo diferido.

—¿La muerte de su madre abre otra etapa en su cine?

—Sí, hay una inflexión clarísima. Coincide también con que acabo de cumplir 50 años. Las tres películas que vienen después, Hable con ella, La mala educación y Volver, son claves de mi filmografía. Ahí entro en otro tono. Me convierto en un director adulto.

Desde entonces, su cine está expuesto a la memoria y a la muerte. La mala educación abre la caja negra de la infancia. Volver devuelve a la madre desde el reino de los muertos, como si tratara de resucitarla. Después vendrán Julieta, Dolor y gloria, Madres paralelas o La habitación de al lado, todas atravesadas, de un modo u otro, por la finitud. Ese cambio de eje no ha alterado el placer de hacer cine. “No hay nada comparable al hecho de rodar”, dice. “Me quita todos los males. Cuando me operaron, en la década pasada, creí que no podría volver a rodar. Hasta que descubrí que, en el rodaje, el dolor desaparecía”. Y que regresaba en cuanto gritaba “corten”.

En el obituario que escribió para este diario, Almodóvar recordó la última frase que pronunció su madre. En el hospital, le preguntó si había tormenta. Era un día soleado y la luz entraba por la ventana. Pocas horas más tarde, murió. Después de 27 años, la duda todavía le persigue: “¿A qué tormenta se refería en su último sueño?”. Y se acuerda de sí mismo, en la cumbre de su reconocimiento, llorando bajo las gafas de sol, entre el dolor y la gloria.

“Todos los grandes autores homosexuales se identifican con la voz femenina”, apunta el cineasta.

1959

Antes que cineasta, antes que guionista, Almodóvar se define como narrador. Tal vez porque la palabra remite a un origen anterior a cualquier vocación: la oralidad de los patios manchegos y extremeños, la voz de su madre como primera fabuladora. “La capacidad de narración me la dio ella”, admite. Cuando leía cartas a las vecinas analfabetas, no se limitaba a descifrarlas: las completaba, suavizaba o añadía detalles. “Si en la carta no se mencionaba a una abuela enferma, ella preguntaba por la abuela”. El niño se escandalizaba ante esas mentiras piadosas. “Mucho después entendí que me estaba dando la gran lección de mi vida: que la realidad necesita de la ficción para que sea más vivible”. En Madrigalejo, el pueblo de Cáceres donde pasó parte de su infancia, Almodóvar le tomó el testigo cuando tenía unos 10 años. Él iba al cine en la plaza del pueblo los fines de semana. Al volver, sus hermanas le pedían siempre lo mismo: “Pedro, cuéntanos la película”. Él se la volvía a inventar. “Era tal el delirio narrativo que acababa convirtiéndola en una película distinta, por el fuego interno que me iba caldeando mientras la contaba”. Ahí está, en miniatura, todo su cine.

A esa educación sentimental se sumó otra: la de sentirse señalado como distinto. En el pueblo, y luego en el colegio, notó muy temprano una mirada de rechazo. “No sabía aún cómo nombrarlo, ni sabía qué era la homosexualidad, pero percibía perfectamente que mi diferencia no resultaba aceptable”, recuerda. Los niños, dice, son crueles. También lo fueron los curas. Pero nunca perdió la capacidad de defenderse. “No me callaba. Si había que pelearse, me peleaba”. Habla del recreo y de su actitud beligerante cuando llegó el ocaso del franquismo. “Vivir el final de la dictadura a los 20 años es algo que marca tu vida. Salir a la calle y darte cuenta de que ya no le tienes miedo a un gris es una experiencia muy rotunda. Y ya nunca la olvidas”. La vocación hizo el resto. Cuando llegó a Madrid y descubrió que el régimen había cerrado la Escuela de Cine, buscó trabajo, se compró una cámara de super-8 y empezó a filmar. Antes que nada, quería contar historias. “Yo creo que narrar me ha salvado”.

Para el director de 'Todo sobre mi madre', Amarga Navidad es su película más bergmaniana: la enfermedad, la muerte, el silencio.

2024

Después de la aventura en inglés con La habitación de al lado, Almodóvar regresa a España con la sensación de volver no solo a su lengua, sino a su forma natural de hacer cine. La película, protagonizada por Tilda Swinton y Julianne Moore, le permitió cumplir una vieja curiosidad: rodar en otro idioma y con estrellas de Hollywood, probarse en otro sistema, medir su cine en otro contexto. No reniega de la experiencia. Al contrario, insiste en que sus tres incursiones en inglés —ese largo y dos cortos, La voz humana y Extraña forma de vida— han sido satisfactorias. Pero también le han confirmado lo que ya intuía: que su lugar sigue estando aquí.

—¿Qué es lo que no le convence de Hollywood?

—Estoy más cómodo con mi modo de producir, que es más artesanal. A veces, los estadounidenses se complican demasiado la vida. Tienes un equipo descomunal que no necesitas, pero los sindicatos te lo imponen y tienes que aceptarlo. Si se me ocurre otro guion en inglés, tendrá que ser uno con pocas localizaciones, pocos personajes y que sea contemporáneo. Por eso dejé la adaptación de Manual para mujeres de la limpieza con Cate Blanchett: me pareció demasiado complejo asumir esa escala de rodaje y una película de época. Estoy mayor para ponerme a cambiar de cultura. Sospecho que el resto de mi trayectoria seguirá transcurriendo en España.

Muchas de sus películas nacen de una imagen primera, de una referencia tutelar. El final de Dublineses, de John Huston, inspiró La habitación de al lado, igual que Opening Night originó Todo sobre mi madre o Georges Franju estaba en la raíz de La piel que habito. En Amarga Navidad no hay un referente tan explícito, pero sí una imagen que concentra el tono de la película: la playa negra del Charco de los Clicos, en Lanzarote, volcánica y casi posapocalíptica, un paisaje desnudo donde los personajes parecen estar a la intemperie. Viéndola, es difícil no pensar en Bergman, en otra playa como la de El séptimo sello, con el silencio del cielo ante el sufrimiento humano. “Dentro de mis posibilidades, y pasada por mi propio filtro, Amarga Navidad es mi película más bergmaniana”, asiente Almodóvar. “Bergman era mucho más oscuro, claro, pero comparte algunos de sus elementos: ese silencio, la enfermedad, la conciencia de la muerte”.

Almodóvar duda que vuelva a rodar en EE UU: “Si se me ocurre otro guion en inglés, tendrá que ser con pocas localizaciones y personajes”.

1967

Almodóvar llegó a Madrid con 17 años, en plena época hippy, sin conocer a nadie y después del que recuerda como el único gran enfrentamiento con sus padres. Había terminado el bachillerato y en casa ya le habían encontrado un trabajo en un banco. Él se negó a aceptar ese destino: “Les dije que me iba a Madrid”. Su padre, acostumbrado a decidir por todos, lo amenazó con la Guardia Civil: aún era menor de edad. “Ya puedes ir hablando con ella, porque me voy”, le contestó. “Me vio tan decidido que no se opuso”.

Los últimos sesenta y los setenta apenas aparecen en su relato personal, como si entre la infancia manchega y la explosión de los ochenta solo hubiera una elipsis. Pero ahí se encuentra, en realidad, otro momento decisivo. “Es verdad que es una década poco narrada en mi vida. Tenía un proyecto sobre los setenta que nunca llegué a hacer”. El primer Madrid que encuentra no es todavía el de la leyenda de la Movida, sino una ciudad a medio despertar. “Lo moderno estaba en la plaza de Santa Ana”, recuerda. Almodóvar se dejó crecer el pelo, se hizo pulseras con abalorios y entró en el cine como extra, reclutado entre los melenudos de esa plaza del centro de Madrid para llenar números musicales en las películas de la época. En una de ellas, Con ella llegó el amor, protagonizada por el rumbero Chacho, asegura que se le ve bien la cara, “bailando como un loco y con melenón”.

Sin dinero y sin la posibilidad de estudiar cine, decidió presentarse a las oposiciones de Telefónica. No solo las aprobó: quedó en el número uno. “Ocho meses después tuve que incorporarme”. No trabajó en la centralita, como reza la leyenda, sino en el departamento que asignaba números de teléfono. Ese empleo le dio un sueldo fijo, tranquilizó a sus padres y, sobre todo, le permitió financiar sus primeros cortos. Entre 1973 y 1979 filmó múltiples cortos con amigos, atravesados ya por los temas que después poblarían su obra: el sexo y el deseo, la mezcla de melodrama y comedia, la transexualidad y la provocación.

En esa época, madrugaba para ir a Telefónica, salía a las tres de la tarde, empalmaba noches de fiesta con mañanas de oficina y se entregaba al teatro independiente. En 1972 entró en contacto con Los Goliardos, compañía con la que representó una versión gamberra de La boda de los pequeños burgueses. “No entiendo cómo no nos llevaron a la cárcel”. Fue en ese circuito donde se cruzó con la figura decisiva: Carmen Maura. La conoció en 1978, durante una función de Las manos sucias, de Sartre. “Ella ya era una actriz reconocida; yo, poco más que un meritorio. Pero era el único de la compañía que le interesaba. Fue ella quien de verdad me descubrió”. También fue ella, una década antes de su célebre desencuentro, quien lo ayudó a reunir, junto a Félix Rotaeta, las “trescientas y pico mil pesetas” necesarias para comprar el negativo con el que rodó su debut, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, en 1980. El rodaje fue pura guerrilla: sin permisos, sin apenas dinero, alargado durante año y medio. “Ninguno consciente de que yo aquello lo iba a estrenar. Yo era el único que sabía que, fuera como fuera, iba a llegar a poner la palabra fin”.

“Me apetecía meterme conmigo mismo. Llevo 24 películas hechas: cualquier idea que me sorprenda, aunque sea a mi costa, la aprovecho”, dice Pedro Almodóvar.

1988

Mucho antes de que la autoficción se volviera una etiqueta prestigiosa, Almodóvar ya se enfrentaba a la pregunta que recorre Amarga Navidad. ¿Qué derecho tiene un creador a convertir la vida ajena en ficción? Asegura que inspirarse en los demás no le ha supuesto conflictos, con una sola excepción. Sucedió con Mujeres al borde de un ataque de nervios, estrenada en 1988. La historia de Candela, el personaje de María Barranco, partía de un episodio protagonizado por una amiga íntima, personaje conocido de la Movida, con la que había convivido varios años. En la película, Candela irrumpe en casa de Pepa hecha un manojo de nervios: se ha enamorado sin saberlo de un hombre ligado a una célula terrorista, lo ha ayudado a esconderse y teme que la policía la tome por cómplice. “Solo que sus protagonistas de verdad no eran chiitas, sino etarras”, recuerda. Almodóvar transformó la anécdota en comedia. Cuando su amiga vio la película, montó en cólera. “Pero… ¿cómo te has atrevido a poner eso?”. Almodóvar se escudó en el argumento clásico: nadie iba a reconocerla, la ficción lo había transformado todo. Su respuesta fue fulminante: “Él sí se reconocerá”. La frase, que recupera para un diálogo de Amarga Navidad, le dejó una lección duradera: por mucho que se cambien los nombres y se disfracen los hechos, siempre hay alguien que se dará por aludido.

—¿Existe culpa cuando uno se inspira en los demás?

—A veces bordeas ese sentimiento. No mientras escribes, porque ahí manda la pasión por la historia. Pero, cuando terminas, la pregunta aparece: si has ido demasiado lejos, si tenías derecho a contar eso. Claro que te lo planteas, porque si no serías un psicópata. Yo creo que cada uno sabe dónde está el límite.

—¿Y cuál es el suyo?

—No tengo una regla. Cuando escribo, me siento totalmente libre. Pero también creo que hay una sensibilidad moral que te hace saber hasta dónde puedes llegar. Se trata de no hacer daño a nadie. No puedes escribir tu guion caiga quien caiga.

Amarga Navidad, que se inspira parcialmente en las vidas de personas que viven y trabajan con el director, convierte ese conflicto en una parte central de la cinta. “Es una película que se vuelve contra sí misma”, dice. Hacia el final, en una grandiosa secuencia de confrontación rodada en un remedo del Retiro madrileño, Mónica, la asistente de Rossetti, le reprocha que haya usado las vidas de los demás. Pero también que se repita desde hace años. Que haya perdido la gracia. Que explote dramatúrgicamente, una película tras otra, el duelo por su madre. Son ataques que ha recibido estos últimos años el propio Almodóvar. De nuevo se confunde el personaje y su creador.

—Nunca lo habíamos visto siendo tan autocrítico.

—Tienes razón, nunca lo he sido. Pero la idea me divertía, me apetecía meterme conmigo mismo. Llevo 24 películas hechas: cualquier idea que me sorprenda, aunque sea a mi costa, la aprovecho. Si una idea vale la pena, entra en la película, incluso si va contra mí.

2019

Dolor y gloria es otro giro decisivo en el cine de Almodóvar. A partir de entonces, su reflejo en los personajes masculinos se ha vuelto bastante más nítido. Lo reconoce sin rodeos: “Es un movimiento deliberado. Mi pudor, en las últimas películas, se ha ido resquebrajando también en ese sentido”. De ahí nacen figuras como Salvador Mallo, el cineasta interpretado por Antonio Banderas en Dolor y gloria, y, ahora, Raúl Rossetti.

En sus últimos proyectos, la imagen de la masculinidad también ha cambiado. En Amarga Navidad, los hombres ya no son solo emblemas de deseo y brutalidad como en otros momentos de su carrera. También son personajes que apoyan y cuidan. Sucede tanto con Santi como con Bonifacio (Patrick Criado, tal vez la gran sorpresa de esta película), bombero y bailarín de striptease. El primero vive al lado de Rossetti, entregado a una lealtad silenciosa y sacrificada. En el cuento del que nace la película, Almodóvar ya lo había escrito con claridad: “En momentos como este lo importante es estar, acompañar, como hacen los animales”.

—¿Ha cambiado su imagen de los hombres?

—Sí, aunque ya había precedentes, como los personajes que interpretaba Darío Grandinetti en Hable con ella y en Julieta. La masculinidad ya ha cambiado tanto que no me parece una novedad. Curro Jiménez es un modelo de otro siglo, aunque es cierto que es una estirpe difícil de exterminar.

—La cuestión de los cuidados ocupa cada vez más espacio en su cine. ¿Por qué han adquirido esa importancia?

—Primeramente, porque el mundo envejece. España, desde luego, se hace mayor y se precariza, y más que nunca la gente necesita ayuda. El hecho de cuidar a la persona de al lado se ha convertido en una de las tareas morales del presente.

Al hablar de los cuidados, regresa a La Mancha y a las vecinas de su madre, que cada día golpeaban la ventana hasta oír una respuesta. “Si no contestaba, es que se había muerto”. En el último Almodóvar, cuidar es una forma de amor, de responsabilidad social y, en una época tan áspera, también de resistencia.

2027

Almodóvar ya está escribiendo la siguiente. Termina el guion de una nueva película que, si nada se tuerce, debería rodar el año que viene. Amarga Navidad prolonga la línea de sus últimos trabajos: un cine cada vez más despojado y menos protegido por el artificio. “Sí, soy cada vez más directo y más crudo. Me siento más desnudo en el cine que hago”. La película nace, además, en sintonía con el tiempo que la rodea. En ella hay duelo, accidentes y pérdida, aunque también humor, deseo, color y una vitalidad que se resiste a quedar sepultada en las sombras, como una bellísima escena iluminada por la voz de Amaia Romero. “Es una película oscura y hecha en un momento oscuro”, confirma el director. “Pero yo me propongo ser optimista, diariamente, de un modo casi delirante, porque no hay ninguna razón objetiva para serlo. Pienso en Almudena Grandes, que decía que el optimismo es una forma buenísima de resistencia”.

Desde la pandemia, cada vez le cuesta más soportar lo que ve al encender la televisión: guerras, brutalidad, ultraderechas en ascenso, una violencia política que creía desterrada del horizonte europeo. “Me resulta insoportable ponerme el telediario. Quitando la parte de la dictadura que me tocó vivir, porque era tan niño que no la experimenté de forma consciente, este es el peor momento en el que haya vivido. No pensábamos, cuando luchábamos por nuestras libertades, que en 2026 íbamos a estar hablando de guerras. Ahora se puede volver a ser nazi, asumirlo y comportarse como tal, y no pasa nada. Estoy muy preocupado y me pregunto qué puedo hacer para cambiarlo”. Habla de la política española, del miedo a una brutalidad que creía superada, de unas elecciones generales que se celebrarán, como tarde, en 2027. Le inquieta “esa alianza entre extremismo y neoliberalismo sin freno” que asoma en el horizonte como amenaza global y el efecto rebote de lo que sucede en Estados Unidos, que “alimenta y legitima a las ultraderechas europeas”. Y, sin embargo, se obliga a resistir al fatalismo.

En Amarga Navidad hay una anécdota sobre su amada Chavela Vargas que también parece describir el momento actual de su cine. Cuando cantaba La llorona, a cierta altura de su carrera, Chavela empezó “a decir cada vez más la canción y a cantarla menos”. Si le interesa la Chavela tardía no es por su supuesta decadencia, sino por su forma superior de inteligencia artística. “Cuando perdió la voz, no intentó fingir que seguía siendo la misma: economizó y reservó la explosión para el final”, recuerda Almodóvar. Tampoco él es ya el mismo que en otro tiempo. Su cine ha entrado en una etapa similar: es menos cantado y más dicho. Quizá por eso también suena más hondo.

viernes, 6 de marzo de 2026

Un poema de Laurence Binyon en homenaje a un biznieto de Juan Calderón, el eslavista George Leslie Calderón

 [Este poema fue escrito por Laurence Binyon a uno de los descendientes del escritor manchego Juan Calderón Espadero, emigrado a Inglaterra, el eslavista George Leslie Calderón, que murió en la batalla de Gallipoli, de quien ya hablé en la introducción de la segunda edición de la Autobiografía de J. Calderón.]  

En memoria de George [Leslie] Calderón, por Laurence Binyon


    Prudencia, Fortaleza, Temple,

Justicia: los nombres elevados

de la búsqueda y premio a la virtud,

¿qué es cada uno sino un espectro frío

hasta que viva en un hombre

y mire a través de sus ojos?

     Mientras reflexiono, sobre el caballo

un espíritu tan alto y claro

no se puede ensuciar con nada

ni se topa con torpeza indebida;

gira dondequiera que arda

la llama de un pensamiento valiente

y dondequiera que el gemido

de los indefensos y traicionados esté,

y a sus llamadas, cerca o lejos,

responde como a su propia

necesidad, se arma y va

directo a su segura estrella polar;

y ningún caballero legendario,

renombrado por una antigua causa,

calienta mi pensamiento,

sino que llega a la vista de mi mente

alguien a quien conocí, y cuya mano

agarré mía: George Calderón.

     A él ahora lo veo como antes,

llevando la cabeza con aire

cortés y viril,

con el encanto de una naturaleza libre,

atrevida, ingeniosa, rápida,

y su sonrisa franca e ingeniosa.

     Junto a las torres y arroyos de Oxford,

¿quién brilló entre todos nosotros,

en cuerpo y alma tan atrevidos?

¿Quien moldeó tan firmemente sus temas

en el duro cristal del debate?

¿Y quién escondió un corazón menos frío?

     Amante de las lenguas extrañas,

ya sea en la nevada Rusia

o en las glorietas de las islas tropicales,

escuchando las canciones

de los isleños de ojos suaves,

coronado con flores de Tahití,

se fue haciendo amigos.

Pero, ¿quién lo conoció por entero

o sus actos de caballerosidad secreta?

¿Fue todo ese logro,

ingenio, alerta, gracia,

con todo, una especie de disfraz alegre?

     Inquieto en curiosos pensamientos

y de mente sutil y exploradora,

él mezcló su vena moderna

con una tensión traída de forma remota,

desde una sangre más antigua que la nuestra,

orgullosa lealtad de España.

     ¿Era el alma de una espada?

Porque una espada brillante saltó de la vaina

en ese día de agosto,

cuando la guerra se acumuló con todo su estruendo

sobre Europa; de repente se estrelló,

y cada hombre tenía que tomar una decisión.

    Otros habían abandonado su juventud

en años de domesticación; y algunos

dudaron; algunos se quejaron.

No fue eso para Calderón,

sino afrontar el peligro de la verdad

con nada más que un alegre coraje.

    Vino herido de Francia;

su espíritu no se detuvo:

en esa larga batalla a lo lejos,

infructuoso en todo excepto en la fama,

Athos e Ida lo vieron.

¿Dónde se hundió su galante estrella?

    ¡Oh, bien podría poner mi estado de ánimo

en una triste escala descendente

para un amigo querido y muerto!

¡Y bien podría el recuerdo anidar

cantando el deleite de la juventud!

Pero tal perdida aventura huyó,

que ese amigo tan intrépido,

con su sonrisa victoriosa,

mi estado de luto ha rebajado.

Llegó hasta el final;

no calculó el costo:

lo que creyó él, lo hizo.

lunes, 2 de marzo de 2026

A vueltas con Francisco García Pavón

 "En un lugar de la Mancha", por Antonio Rivas, 24 de junio de 2008, en La Insignia, pero publicado antes en Bibliópolis:

Con el cuento "De como el Quaque mató al hermano Folión y del curioso ardid que tuvo el guardia Plinio para atraparle" comenzó, en 1953, la que se puede considerar como la versión española y castiza del género policiaco. Diecinueve relatos, cuatro novelas cortas y ocho novelas protagonizadas por Manuel González, alias Plinio, el jefe de la guardia municipal de Tomelloso (Ciudad Real). Su creador, Francisco García Pavón (Tomelloso, 1919 - Madrid, 1989) desarrolló en estas historias un estilo de serie negra autóctono y original, alejado de los estereotipos clásicos anglosajones tanto en el carácter de los personajes como en el entorno en que se desarrollan.

De hecho, y desde cierto punto de vista, se podría decir que las andanzas de Plinio son novelas costumbristas más que policiacas. El misterio de turno ("los casos bobos, sencillos, que es la realidad de un pueblo donde no pasa nada", en palabras de García Pavón) es en muchos casos un simple hilo conductor sobre el que el autor construye multitud de pequeñas historias y situaciones, descripciones pintorescas y crítica social (expresada con la sutileza a la que obligaba la época de la publicación de la mayoría de los relatos, durante el franquismo), estudio de caracteres y representación de la realidad de la época. Pero, al fin y al cabo, ésas son también características de la novela negra, y no desmerece el resultado el hecho de que, en lugar de las grandes urbes norteamericanas donde se mueven los personajes de Hammett y Chandler, o el Londres donde actúa Sherlock Holmes, el escenario sea un tranquilo pueblo de Ciudad Real y las labores investigadoras corran a cargo de un discreto policía municipal, en compañía de su Watson particular, el veterinario jubilado don Lotario (que, a diferencia del mencionado Watson, es mucho más que un comparsa cuyo papel es relatar las aventuras del héroe y asombrarse convenientemente de sus habilidades), con el que recorre las carreteras en un SEAT 600.

Plinio no es un héroe con cualidades asombrosas; es un tipo normal, con sentido común, tranquilo y que conoce a los vecinos, sus familias, sus hábitos y sus quehaceres diarios. No aplica un método científico a la resolución de los casos; se guía por corazonadas, intuición y atención a lo que dice la gente, los cotilleos, los rumores... (y más en un sitio pequeño, donde es poco probable que no haya alguien que se haya enterado de algo). No se enfrenta a peligros (de hecho, jamás tuvo que disparar su arma reglamentaria) ni tiene una inteligencia excepcional o un pasado oscuro. Le intrigan los misterios, pero si el problema es el robo de once jamones, pues eso es lo que ha de resolver. Cuando se aburre por la falta de acción (y en esto tiene otro punto en común con Holmes: lleva mal la inactividad) no mitiga las molestias que ello le causa con escapismos exóticos; se va a la tasca del pueblo para pasar un rato de tertulia y tomarse unos chatos. Es un tipo normal, con las preocupaciones de cualquiera: el trabajo cotidiano, la boda de la hija, etc. Lo que no resta interés en absoluto a las historias de Plinio como serie negra per se. Simplemente, es otro estilo. Y el talento de narrador de García Pavón, considerado uno de los mejores cuentistas españoles del siglo XX, hace el resto.

Con el tiempo, y pese a la originalidad de sus planteamientos, su gran calidad literaria y el hecho de que es un claro precursor de la novela policiaca española, la obra de García Pavón ha sido injustamente olvidada incluso, o quizá especialmente, entre los aficionados al género, y la apreciación por parte de los autores españoles es más que relativa (el propio Vázquez Montalbán la despachaba como un "estudio de costumbres en un pueblo de La Mancha" y le negaba validez como propuesta de novela policiaca). Personalmente, considero que es un error pasar por alto esta serie, y la reciente reedición de las Obras completas de García Pavón pone a disposición de los aficionados la oportunidad de comprobarlo.

jueves, 4 de diciembre de 2025

La Mancha para el viajero inglés Joseph Towsend en 1786

  A journey through Spain in the years 1786 and 1787... and remarks in passing through a part of France, by Joseph Townsend, in two volumes.1792, vol. II:

Como era demasiado pronto para pensar en apresurarnos, avanzamos cuatro leguas más, hasta La Guardia; y, aunque no es un lugar habitual, encontramos buen alojamiento. Desde Madrid el terreno es bastante llano; la tierra es fértil; la roca es de yeso; producen principalmente maíz, con algunas vides y olivos. Aquí, en la famosa región de La Mancha, naturalmente buscamos molinos de viento que, al no tener arroyos para moler el grano, encontramos, como esperábamos, en las cercanías de cada pueblo. No tienen bueyes; y solo mulas o caballos se utilizan para la ganadería. La Guardia fue antiguamente una plaza fuerte y estuvo custodiada durante mucho tiempo por los moros, pero ahora parece estar al borde de la decadencia. Se calcula que todavía hay unas mil familias, con un total, según los informes del gobierno, de tres mil trescientas cuarenta y cuatro personas; pero en realidad tienen más de tres mil que reciben subsidio y unos ochocientos niños menores de edad.

No tienen ninguna industria, excepto el salitre, y este no es considerable: de ahí su pobreza y miseria. Sus tierras están divididas en pequeñas parcelas, pero el propietario principal es don Diego de Plata. Las rentas se pagan en grano. La iglesia es un edificio muy elegante y bien proporcionado; los altares son casi nuevos y sencillos. En una capilla hay muchos buenos cuadros de Angelo Nardi. No tienen carne de res. El cordero cuesta doce cuartos, el pan cinco cuartos la libra, o dieciséis onzas. 

Después de cenar, caminamos dos leguas para dormir en Tembleque, un pueblo de unas dos mil familias, pero que se calcula que contiene solo cuatro mil cuatrocientas dieciocho familias, con una iglesia parroquial, una capilla y un convento. Lo más destacable aquí es una fábrica de salitre en la que trabajan cuarenta hombres en invierno y sesenta en verano, lo que produce seis mil arrobas al año. El administrador me pareció más inteligente de lo habitual. Me dijo que los gastos, pese a la economía más rígida, ascendían a doscientos mil reales, es decir, a unos cuatro reales o casi un penique por libra, de los cuales, según esta reducción, la mano de obra no genera más que un penique; de ​​modo que los otros ocho peniques y medio se destinan a la fundición, los hornos, la administración, el capital y otros gastos incidentales. Si llevamos este cálculo a Madrid, ¿cuánto más de lo que ya he calculado parecerá ser el dinero que se pierde en esas extensas obras, donde la fundición es tan escasa? Me informó que recogió toda la propiedad de terrenos en los que se habían depositado productos animales y vegetales en estado de putrefacción. 

El sábado 17 de febrero pasamos por Camuñas, un pueblo humilde con unas trescientas cabañas, hasta las Ventas de Puerto Lapiche, tras haber recorrido veintidós leguas en esos tres días. El terreno es llano y la vista hacia el Norte es extensa; pero, antes de llegar a Las Ventas, tuvimos una ligera visión de las montañas nevadas que separan las dos Castillas. En condiciones favorables de aire y altitud, creo que podrían verse a más de cien millas. El desnivel es un [...] La tierra es de cuarzo y la roca es de granito. Se ara con dos asnos o dos mulas, y dondequiera que se riega con norias, produce abundante maíz. El vino es excelente y en gran abundancia. El pueblo de Lapiche es miserable y la gente parece estar medio muerta de hambre, aunque sus cosechas nunca pueden verse defraudadas por la falta de lluvia, pues en el espacio de unas sesenta hectáreas conté más de treinta norias. La venta está en el antiguo estilo español. Tiene ciento cincuenta pies de largo e, independiente de una casa que comunica, no más de diez pies de ancho. En un extremo hay una chimenea, a modo de cocina, de diez pies cuadrados, con un hogar en el medio, rodeado en tres lados por un banco en el que los arrieros se sientan durante el día y se acuestan a dormir por la noche, pero de ninguna manera separado de la larga hilera de casas que, con primitiva sencillez, bajo un mismo techo

...Ignemque laremque / et pecus et dominos communi clauderet umbra, Juvenal, satura VI,  3-4. [Fuego y Lares y sombra el mismo techo a ganados y dueños ofrecía]

Hay, junto a esto, un patio, con un pozo en el centro y en un extremo un ático para carretas y diligencias. El dormitorio está arriba y, según cuentan, durante toda la noche oímos, o podríamos haber oído, el tintineo de las campanillas en las cabezas de nuestras mulas siempre que comían. Antes de ir a la granja, hicimos un trato con el cura para la cena. Nos ofreció dieciséis reales; pero, finalmente, al cerrar el trato, aceptó ocho. Si hubiera cumplido con su exigencia, habríamos accedido; porque acordar la cena en días festivos en un país católico es indispensable, y no nos habría convenido quedarnos tirados en el camino. Desde Las Ventas descendimos hacia una extensa llanura, rodeada por altas colinas en todos sus lados, que producían aceitunas, maíz y azafrán. 

Tras ocho leguas, llegamos a Manzanares. Todos los viajeros por este camino iban bien armados; y tres monumentales cruces demostraron que sus temores no eran infundados. Era domingo, pero muchos arados trabajaban. Sus cultivos se riegan con numerosas norias. Manzanares tiene mil ochocientas. Las familias pobres, con una fortuna considerable, cuentan con mil setecientos sesenta y ocho habitantes, proporción que en sí misma es un indicador suficiente de su pobreza. Las casas están construidas con barro y los pobres están casi desnudos. En la iglesia vimos cuatro buenos cuadros. El castillo, con una finca considerable, y los diezmos, pertenecen a los caballeros de Calatrava y están en manos del infante don Antonio, lo que le reporta unos ingresos de treinta mil ducados, o 3295 libras esterlinas anuales. Examinamos las instalaciones, vimos los extensos graneros y probamos la rica variedad de vinos. El mayordomo ofrecía un vino especial para la mesa del Infante, que me pareció, sin excepción, el mejor de España. Tenía el sabor del rico Borgoña, con la fuerza y ​​el cuerpo del generoso Oporto. Después de elogiar este vino y agradecer al mayordomo sus atenciones, continuamos nuestra caminata hasta el anochecer; y, a nuestro regreso a la posada, tuvimos la suerte de encontrar más de tres galones de este vino almacenados allí y ya depositados en nuestras botas o botellas de cuero para el viaje. Desafortunadamente, los dos cocheros se encontraron con un problema que cubrió su peculiar excelencia, y,  gracias a su ayuda, terminamos en un día lo que yo mismo me había convencido que alcanzaría para tres. La posada es más cómoda y de mayor tamaño que las comunes, con treinta y dos camas, todas en la planta baja. El edificio tiene unos ciento ochenta pies de largo por treinta y dos o cuarenta de ancho, con un largo pasillo en el medio para cochera, del cual la cocina está apenas separada por una pequeña ventana. Los dormitorios a la derecha y a la izquierda tienen unos dieciséis por catorce pies, cada uno al estilo español, amueblados con cuatro camas. 

El lunes 19 de febrero, salimos de Manzanares temprano por la mañana, atravesando una zona llana hasta Valdepeñas, a cuatro leguas de distancia, para cenar. El terreno está lleno de grava, lo que produce algunas aceitunas y mucho vino, pero sobre todo maíz. Las norias están bien construidas, con la gran rueda de hierro en lugar de madera. La roca es de piedras. En el camino vimos dos monumentales criptas. Valdepeñas es famosa por su buen vino, que se destina principalmente a Madrid; pero cuando se abra la navegación hacia Sevilla, como se propone, este, junto con muchos otros vinos curiosos producto de La Mancha, llegará a Inglaterra y será muy solicitado. En esta ciudad hay 700.000 vides. Desde allí, cruzamos Santa Cruz y comenzamos a ascender entre colinas ásperas y sin cultivar, hasta que nos alojamos en La Concepción de Almuradiel. Este pequeño pueblo, de 36 familias, es el más grande que encontramos en los Nuevos asentamientos de Sierra Morena. Fue construida en 1781. La posada rodea un patio de 90 por 50 pies, con una cochera contigua de 150 por 40 pies, y cuenta con terrenos cultivables en proporción. Las habitaciones están bien equipadas, cada una con chimenea y dos alcobas para camas. Por encima de estos se encuentran los aposentos del administrador, su delegado y sus sirvientes; con amplios graneros y un corredor que forma una comunicación a su alrededor. Todo aquí está a cargo del Rey y, por supuesto, se le presta poca atención.

domingo, 9 de noviembre de 2025

Tomás Dávila, un clásico manchego que recuperar y editar.

 Copio el artículo que escribí para una enciclopedia en línea colaborativa, pero ampliado y corregido:

Tomás Dávila fue un escritor y monje agustino de fines del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII. Poco se sabe sobre él; en el prólogo a sus Deleytes del espíritu se dice que:

«Nació en la villa de Alcázar de San Juan, provincia de Ciudad Real, y sus padres fueron Sancho Dávila y Ana del Barco. Vistió el hábito de San Agustín en San Felipe el Real el 10 de noviembre de 1670. Puede colegirse su aprovechamiento y amor a las letras del Memorial que, siendo Regente de Teología en Doña María de Aragón de Madrid, presentó al Definitorio exponiendo los deseos de emplear su talento y noticias en servicio de la Provincia, por lo que le suplicaba le nombrasen su cronista. Lo cual le fue concedido; Y el P. Dávila acreditó su laboriosidad ya por el Magisterio que se le confirió el año 1701, ya también por el testimonio de las obras que compuso, cuyo catálogo damos». 

En estas obras figuran además algunos de los cargos que ostentó: lector de teología del convento de N. P. S. Agustín de Ciudad Rodrigo (Salamanca), maestro de estudiantes en el colegio de Doña María de Aragón de Madrid (1687) y lector jubilado (1699). Se ignora la fecha de su muerte.

Entre sus obras destaca el ya citado Deleytes del espíritu... (1803 y 1804), obra póstuma en dos volúmenes y en forma de diálogo entre Philidón y Eusebio (nombres que en griego significan "amador de deleites" y "piadoso") y en el cual el  segundo personaje, español emigrado en Francia por razones algo oscuras ("En España, patria de mis padres y mía que dejamos por la ocasión que sabes, aun no estuviéramos seguros en las cuevas de los montes, porque allí todos celan la verdad de la fe que les predicó Santiago y aprenden las peñas firmeza de los hombres"), pero que insinúa tocan en la Guerra de Sucesión, representa la actitud y valores del autor en defensa de los valores del alma frente a los del cuerpo, que defiende contra el muy hedonista, pirrónico y libertino francés Philidón, antiguo amigo suyo de la niñez, con esperanza de convertirlo. El diálogo transcurre en el jardín de un palacio en Orleáns, en una alameda y en el balcón de una sala del mismo palacio, heredado por Eusebio de su padre, hace dos años fallecido; y durante unas dos semanas se tratan los siguientes temas:

De un Dios y de una religión

Que es menester gustar de Dios para conocerle y que hay cosas sobrenaturales

De la inmortalidad del alma, y de los placeres del cuerpo y de los del espíritu

Los deleites de las artes

Los deleites de las ciencias humanas

Los deleites de la reputación y de la fama

Los deleites de la fortuna

Los deleites de la Filosofía, o de la sabiduría moral

De la creencia de un Dios en tres personas, y de Jesucristo

Que los mayores blasfemadores del nombre de Jesucristo creen que es Dios

De la conversión de Philidón

(continuación): La entrada de Philidón en la villa del verdadero deleite, y del interior

De las virtudes o hijas de la caridad. La humildad, la obediencia, la benignidad, la pureza, la paciencia, la oración, y la mortificación

De la caridad que comprende el amor de Dios, y del prójimo​

Su lenguaje es sereno, equilibrado, sin conceptismos ni cultismos gongorinos: es una prosa clásica y aticista que toma por referente los diálogos De los nombres de Cristo del también agustino fray Luis de León; además prescinde de citas y pedanterías, aunque late por dentro la instrucción que la alimenta. Sirva de ejemplo este fragmento:

El conocimiento de una cosa no es lo que más agrada, sino el amor de ella. Verdad es que, cuanto más conocimiento se tiene, se tiene más amor; y cuanto más amor se tiene, más la cosa agrada y se gusta de ella. Y como el conocimiento aumenta el amor, así el amor fortifica y eleva también el conocimiento; porque amando una cosa nos llevamos mucho más fácilmente a tener muy presto un entero conocimiento de ella y a gustarla bien. Así los que aman el estudio se hacen muy presto sabios, y los que no le aman quedan siempre ignorantes (Deleytes del espíritu, I: "Del deleite de las artes", pp. 192-193).

En el Epinicio sagrado, compuesto con ocasión de dedicar una capilla que los Marqueses de Cerralbo reedificaron en Ciudad Rodrigo a San Andrés por haber destruido un rayo la que antes había, se incluyen dos disertaciones sobre el origen de los templos y el origen de la poesía, llenas de erudición profana y sagrada. Lo restante no se reduce a otra cosa que a extender o hacer una relación de las funciones que se hicieron por la dedicación. En el mismo año imprimió en Salamanca un Sermón sobre la toma de Buda y en Madrid las Vidas de San Furseo y de las santas Eudocia y Rita en los años 1699 y 1705. Menos conocidas son las obras manuscritas a las que se alude en el prólogo de sus póstumos Deleytes del espíritu, que aún había en la Biblioteca Complutense Agustiniana: Apología por el Duque de Aquitania San Guillermo; doce Vidas de Santos del Orden de San Agustín y en especial una obra sobre las guerras de los cristianos en la que habla con erudición sólida así profana como sagrada del origen de ellas: solicitud y precauciones, que en las guerras deben tomarse para evitar los desórdenes a que por la avaricia de los soldados solían estar expuestas.

Obras:

Al Santísimo Sacramento. Oración Evangélica predicada el día de la octava del Corpus a la Orden de Santiago asistida de la Católica Magestad del Rey nuestro señor, recién casado, en el Real convento de San Felipe, Orden de Nuestro Padre San Agustin. Madrid: Impr. del Reino, 1690.

Deleytes del espíritu, del maestro fray Tomás Dávila, agustiniano. Obra pósthuma. Tomo Primero. Madrid: Fuentenebro y Compañía, 1803. XXIV, 328 p.

Deleytes del espíritu, del maestro fray Tomás Dávila, agustiniano. Obra pósthuma. Tomo segundo. Madrid: Fuentenebro y Compañía, 1803. 300 p.

Epinicio sagrado, certamen olímpico áureo en la solemne dedicación de la insigne capilla que al glorioso apóstol San Andrés, Patrón de su casa de Cerralvo, erigió el Eminentisimo Señor Don Francisco Pacheco, primer Arzobispo de Burgos, Protector de España, de la Inquisición general y Virrey de Nápoles. Salamanca: Lucas Pérez,1687. 502 p.

Historia y vida del admirable y estático San Furseo, príncipe heredero de Irlanda, apóstol de muchos reinos y naciones. Maestro sapientísimo de Reyes, y Ministro y monge antiquísimo del Orden de N. P. S. Agustin. Madrid: Lucas Antonio de Bedmar, 1699. 380 p.

Sermón sobre la toma de Buda, Salamanca, 1687.

Vida y milagros de la Gloriosa Santa Rita de Cassia, del Orden de los ermitaños de San Agustin, por el maesro fr. Tomás Dávila, difinidor de la provincia de Castilla, y chronista general de su religión. Sácala a la luz el padre predicador fray Joseph de Badarán, de la misma Orden. Y va al fin la Novena de la Santa. Madrid: Francisco Sanz, impressor del Reyno, y portero de cámara de su Magestad, 1705. 236 p.

Vida y pasión de la santa mártir Eudocia, samaritana, sacada de sus antiquísimas actas por el P. Fr... Madrid: Lucas Antonio de Bedmar,1699. 222 p.

Apología por el Duque de Aquitania San Guillermo, manuscrito inédito

Vidas de Santos del Orden de San Agustín, manuscrito inédito

[Sobre las guerras de los cristianos], manuscrito inédito.

domingo, 5 de octubre de 2025

Se estrenará una reconstrucción estilométrica del Cardenio de Shakespeare / Fletcher / Cervantes

 La obra perdida de Shakespeare sobre un personaje del Quijote se representa por primera vez en español, en El País, por Rafa Burgos, Alicante - 19 SEPT 2025:

‘La historia de Cardenio’, que el autor inglés firmó junto a John Fletcher y ha sido recientemente restaurada, demuestra que leyó a Cervantes.

La primera traducción de El Quijote de Cervantes llegó a Londres en 1612. Y el ya veterano dramaturgo William Shakespeare no tardó en tener una copia en sus manos. Un año después, en 1613, subió a las tablas una obra con la que, a través de uno de los personajes con los que se cruza el hidalgo manchego, homenajeaba al autor español. Se titulaba La historia de Cardenio, la firmó Shakespeare junto a John Fletcher y hay pruebas documentales de que existió, pero el texto original no se conservó. Cuatro siglos después, la penúltima tragedia del bardo de Stratford ha sido restaurada, pero solo se ha representado tres veces más, entre 2009 y 2017, siempre en inglés. Un proyecto del Máster en Arte Dramático Aplicado de la Universidad de Alicante (UA) recupera ahora esta obra perdida y la representará, por primera vez, en España y en castellano. Si se cumplen los planes previstos, será en Madrid a lo largo de 2026.

La pieza shakespeariana cuenta la historia de Cardenio, uno de los múltiples personajes que pueblan las andanzas de don Quijote y con el que se cruza en Sierra Morena, que también es el escenario de la tragicomedia firmada por el autor de Macbeth. Un noble amigo suyo lo traiciona al pretender casarse con su prometida, con lo que el protagonista cae en una locura similar a la de Alonso Quijano. Cardenio, junto a don Quijote y Sancho, con quienes entabla amistad, tratará de resolver todos los obstáculos que le surgen en el camino. “Llama la atención que nunca se haya representado en España” este texto, “con el que se puede sospechar que las primeras galeradas de la traducción al inglés de El Quijote” acabaron sobre la mesa de Shakespeare, opina John Sanderson, director académico del máster de la UA, impulsor del proyecto, editor del texto, que originalmente dura dos horas y media, y traductor de la pieza al español. Se ha basado en la última versión realizada por el catedrático Gary Taylor, de la Florida State University, “que lleva trabajando en la restauración de esta obra desde 1989”.

Según recuerda Sanderson, conoció a Taylor tras traducir y poner en escena El trueque, una tragedia escrita por Thomas Middleton en el siglo XVII y ambientada en Alicante. El profesor norteamericano le explicó que “había restaurado el texto” de Shakespeare y Fletcher a partir de Double falsehood (Doble falsedad), una obra “irrepresentable”, afirma Sanderson, firmada por Thomas Theobald en 1727 y “que aseguraba que estaba inspirada en el texto original” de las andanzas de Cardenio. “Taylor aplicó programas informáticos para distinguir los lenguajes de Shakespeare, Fletcher y Theobald”. Los separó, depuró al usurpador, “rellenó las lagunas con escenas” propias de los autores fidedignos y de la novela de Cervantes “y publicó una primera versión en 2013”. Ya antes había enviado el libreto a compañías de Nueva Zelanda y Estados Unidos, que lo representaron en 2009 y 2012, respectivamente. Todavía pisaría las tablas una vez más, en 2017, en el Reino Unido. Taylor sigue puliendo su trabajo. “La versión que vamos a utilizar en el máster es de 2024”, dice Sanderson.

La dirección del montaje teatral, en cuyo elenco intervendrán alumnos que pasaron por el máster en ediciones anteriores, como Iván Gisbert o Paco Peraile, profesores y estudiantes de este año, correrá a cargo de Amanda Harris, profesora de Interpretación Teatral en la UA y miembro honorario de la Royal Shakespeare Company, con la que ha colaborado desde 1986. Para ella, Cardenio es “emocionante, divertida y tiene una importante carga de fuego emocional”. “Desprende mucho calor, metafóricamente hablando”, continúa Harris, “es muy dramática para ser una tragicomedia, quizá hasta en exceso, pero lo equilibra con su romanticismo”. También destaca que se trata de “una tragicomedia muy romántica” y “se puede comprobar que es una obra tardía de Shakespeare porque abunda más en la psicología de los personajes, como pasa a partir de Hamlet”, escrita en torno a 1600.

La directora teatral subraya que lo más interesante de la pieza es “cómo influyen los libros en quienes los leen”. “Algunos se vuelven locos”, como el Quijote o Cardenio, “y a otros les resultan determinantes para su vida”. Algo vigente en la sociedad actual, en su opinión: “La obra refleja la influencia de los libros en la personalidad, como las redes sociales, que arrastran a las nuevas generaciones y moldean su realidad”. En este caso, además, la vertiente satírica del autor de Mucho ruido y pocas nueces consigue que sean “don Quijote y Sancho quienes tratan de rescatar a Cardenio para que regrese al mundo real”. Quienes devuelven a los gigantes su apariencia de molinos.

La puesta en escena contará también con Pollux Hernúñez, profesor de Voz en el máster de la UA, que interpretará al hidalgo cervantino. Hernúñez señala que en el teatro isabelino “los teatros quemaban rápidamente las obras en cartel, por lo que era habitual que los autores trabajaran a cuatro manos”, como en el caso de Shakespeare y Fletcher. Y con la música de Manuel Ramos, responsable del área de Canto, quien prepara composiciones para instrumentos antiguos que remiten a la música española del XVI, como la de Juan del Encina. Y, siguiendo las indicaciones de Sanderson, “preflamencas”, porque “en las versiones representadas por anglófonos incorporaron el clisé del flamenco y el cante jondo, lo cual es anacrónico, porque esta corriente comenzó en España en el siglo XVIII”, indica el director del máster.

Una vez concluya el proyecto de la UA, para el que se pueden reservar plazas hasta finales de este mes, la primera representación en Alicante tendrá lugar el 30 de enero de 2027 en el teatro Principal. Sin embargo, el estreno absoluto se producirá “en 2026 y en Madrid”, adelanta Sanderson. “Ya hay instituciones que se han mostrado interesadas” en dar a conocer el homenaje de Shakespeare a Cervantes.

jueves, 3 de julio de 2025

Todros Abulafia, el poeta judeomanchego de la época de Alfonso X el Saio

Traducción propia del artículo de la Wikipedia sobre Todros Abulafia

 

Todros ben Judah Halevi Abulafia (1247 - después de 1300) fue un poeta judío nacido en Toledo que escribió principalmente en hebreo y poesía en árabe.

Abulafia recopiló sus poemas en un diván, al que llamó Gan HaMeshalim veHaHidot (El Jardín de las Parábolas y los Acertijos). La colección de poemas fue escrita principalmente en hebreo e incluía también poemas de otros autores. Se incluyeron además 35 poemas que representaban un debate poético entre Todros Abulafia y el poeta Finehas Halevi. [ 1 ]

Ángel Sáenz-Badillos, catedrático del Departamento de Hebreo de la Universidad Complutense de Madrid, España, cree que Abulafia fue "probablemente el mejor y más prolífico autor de la España cristiana durante los reinados de Alfonso el Sabio y su hijo Sancho IV de Castilla". [ 1 ]

Vida

Pariente lejano de Meir Abulafia, Todros Abulafia nació en 1247 en Toledo. Dominaba el árabe y poseía una amplia formación en poesía y literatura árabe y cristiana. [ 2 ]

Al principio de su carrera, Abulafia se convirtió en cortesano de Alfonso X de Castilla. La corte de Alfonso, conocido como Alfonso el Sabio, atrajo a un poeta ambicioso por ser un centro cultural de Castilla en aquella época.

Además de poeta, Abulafia también fue diplomático y financiero. [ 3 ] En 1279, el rey le ordenó recaudar una enorme cantidad de impuestos de la comunidad judía de Castilla. El rey necesitaba el dinero para financiar su campaña militar. Pero el dinero recaudado nunca llegó al ejército porque uno de los hijos del rey lo recabó para sus propios fines. El rey, furioso, ordenó la ejecución de dos importantes recaudadores de impuestos, uno de los cuales era el mecenas de Abulafia. Tiempo después, el poeta y la mayoría de los demás judíos toledanos fueron sacados de una sinagoga y arrestados. Se impuso un rescate como condición para su liberación. Él continuó escribiendo poemas mientras estaba en prisión. Tras su liberación, de alguna manera consiguió volver a ser cortesano, pero en la corte del hijo de Alfonso, Sancho IV de Castilla. [ 2 ] Se sabe poco sobre la vida de Abulafia después de 1298. [ 2 ]

Poesía

La poesía de Todros ben Judah Halevi Abulafia estuvo influenciada por su vida en la España cristiana, donde todavía se hablaba árabe 150 años después de que los gobernantes cristianos recuperaran Iberia de los moros. [ 2 ]

En cierto modo, su poesía difiere de la de sus predecesores judíos andaluces, que se vieron obligados a huir del sur de España durante la invasión bereber-almohade de 1147-1148; al mismo tiempo, aún se pueden observar motivos comunes como el uso de la hipérbole. Un ejemplo es un poema que Abulafia dedicó a Ibn Shoshan, un judío recién llegado a Toledo desde Marruecos. En el poema, titulado "Debate de flores", "la tierra ajardinada del autor, rodeada por un enjoyado collar de flores, enmarca la rivalidad de un grupo de flores prominentes: la rosa roja, vere, la rosa pálida, shoshan , y el narciso, havasele ". [ 4 ] En el poema, cada flor debate sus características, pero ninguna pudo superar a la rosa pálida, shoshan, que también representa al homenajeado del poema, Ibn Shoshan, y su familia. En el poema la rosa pálida, shoshan, ganó el debate de las flores porque presentaba las mejores características: "justa, valiente, humilde, filantrópica y digna de loa". [ 4 ] Su preferencia por las mujeres árabes encuentra confirmación en algunos de sus poemas. [ 5 ]

Sí, hay que amar a una árabe / aunque no sea hermosa ni pura. / ¡Pero aléjate de una española / aunque sea radiante! [ 5 ]

Todros llevó una vida de aventuras y de "próspera sensualidad" [ 6 ] y este realismo sexual con cierto grado de lujuria se refleja en muchos de sus poemas. [ 7 ]

Es tan ignorante que no sabe nada de sexo. / Pero toda chica árabe posee un encanto y una belleza / que cautivan el corazón y alivian la frustración. / Luce tan hermosa como si estuviera vestida con bordados áureos, / pero está desnuda. Y en el momento oportuno complace; / lo sabe todo sobre la fornicación y es experta en la lujuria. [ 5 ]

Los poemas de Abulafia continúan la tradición de los trovadores que siempre fueron bien recibidos en la corte de Alfonso el Sabio, y este "fin'amor trovadoresco" no se encuentra en la tradición hebrea andalusí. [ 8 ]

... ¡En verdad, le basta al hombre que la ama / verla o escuchar sus palabras! / / Es doctrina de todo noble convertir su vida / en una piedra para que ella tropiece y pueda lamerse el polvo de sus pies. / ¡Sufrid enteramente por su amor, / pues en verdad Dios multiplicará su recompensa! / Pondré mi corazón a servir a mi amor por ella por siempre. / ¡Nunca le pediré que me libere / mientras el sol salga por el este, / o mientras canten los pájaros de ella!” [ 8 ]

Al hablar de la poesía de Abulafia, Peter Cole afirma: «La obra de Todros se distingue sobre todo por su frescura y franqueza: logró introducir una dimensión personal vívida (aunque no siempre directa) en sus versos que trascendió con creces cualquier cosa que la poesía hebrea medieval hubiera visto antes. Llenó de ironía las convenciones clásicas, las invirtió o las eliminó por completo, y creó un nuevo espacio poético para trabajar». [ 2 ]

Desafíos de la traducción

La traducción de los poemas de Abulafia, así como la de otros poemas medievales escritos en hebreo, presenta algunos desafíos, ya que algunas palabras pueden tener varios significados. Un buen ejemplo de este desafío es el poema "Higos". Al pedirle higos a un amigo, el poeta escribe: "Envíame un higo maduro, dame una porción por siete, incluso por ocho". El siguiente verso del poema se tradujo como "Y a cambio, aquí está mi flato". La palabra hebrea utilizada en el poema es zemorah, que significa "sarmiento". Howard Tzvi Adelman, de la Universidad de Queen's, afirma: "Zemorah significa 'pene' e 'higo' es una referencia a 'vagina'. Creo que se trata de una referencia sexual y no escatológica; sin embargo, ambas encajan si se trata de la categoría de lo grotesco. El siguiente verso —"De ahora en adelante no se lo daré a extraños"— podría encajar en ambos sentidos". [ 9 ]

Gan HaMeshalim veHaHidot

Se sabe poco sobre la vida del poeta después de 1298. Tras su muerte, su poesía cayó prácticamente en el olvido durante más de seiscientos años. Posteriormente, el diván fue descubierto y copiado en el Egipto del siglo XVII . Durante los siglos siguientes, este manuscrito copiado viajó entre Irak y la India , cambiando de manos entre coleccionistas de anticuarios de diferentes países. A finales del siglo XIX, el manuscrito pasó a ser propiedad de Sha'ul 'Abdullah Yosef, un erudito y empresario iraquí, quien lo obtuvo mientras trabajaba en Hong Kong. (No se sabe con certeza cómo llegó el manuscrito a Hong Kong). Yosef comprendió el valor del manuscrito porque era un gran experto en hebreo. Tras su muerte en 1906, el manuscrito pasó a manos de David Yellin, un destacado erudito en poesía hebrea medieval de la época. Yellin publicó el manuscrito entre 1934 y 1937 en tres volúmenes, añadiendo unos mil doscientos poemas al "canon hebreo medieval". [ 2 ]

Referencias

 Ángel Sáenz-Badillos (enero 1996). ""Hebrew Invective Poetry: The Debate between Todros Abulafia and Phinehas Halevi". Prooftexts. 16(1):49–73. JSTOR 20689439.

 Cole, Peter (2007). The Dream of the Poem: Hebrew poetry from Muslim and Christian Spain, 950–1492. Princeton, N.J.: Princeton University Press. pp. 256–257. ISBN 978-0-691-12195-6.

 David A. Wacks. "Toward a History of Hispano-Hebrew Literature in its Romance Context". University of Oregon. p. 15. Retrieved April 4, 2011.

 Stacy N. Beckwith (Nov 1, 1999). Charting memory: recalling medieval Spain. Routledge. pp. 95–96. ISBN 978-0-8153-3325-8. Retrieved April 4, 2011.

 Elena Lourie; Harvey J. Hames (January 2004). Jews, Muslims, and Christians in and Around the Crown of Aragon: Essays in Honour of Professor Elena Lourie (Medieval Mediterranean). Brill Academic Publishers. p. 131. ISBN 90-04-12951-0. Retrieved April 4, 2011.

 Joan Comay; Lavinia Cohn-Sherbok (November 7, 2001). Who's who in Jewish history: after the period of the Old Testament. Routledge. pp. 8–9. ISBN 978-0-415-26030-5. Retrieved April 4, 2011.

 David Biale (January 10, 2006). Cultures of the Jews, Volume 2: Diversities of Diaspora, Volume 2. Schocken. ISBN 978-0-8052-1201-3. Retrieved April 4, 2011.

 David A. Wacks (February 26, 2011). "Todros Abulafia, Hebrew Troubadour at the Court of Alfonso X". uoregon.edu. Retrieved April 4, 2011.

 Howard Tzvi Adelman. "Poetry and History in Jewish Culture". medievalhebrewpoetry.org. Retrieved April 4, 2011.

jueves, 12 de junio de 2025

Manuel Romero Sánchez-Herrera, el farmacéutico quintacolumnista, escritor y alcalde de Ciudad Real, de Pozuelo, que salvó muchas vidas..

Compré en uno de nuestras librerías de lance un curioso librito de 55 páginas por una sola cara, Historia de un perro de caza, publicado en Ciudad Real en 1972 en poquísimos ejemplares, como el resto de su obra; la edición está llena de erratas y otras fallas, pero se vendió por la carísima cifra entonces de cien pesetas. Lleva en primera página una ilustración monócroma de un perro de caza menor de tamaño medio, el "Seguro" al que se alude en el texto, y, encima, un escrito poco legible en letra inglesa de bolígrafo a un tal Dionisio: "Dedicatoria merecidísima por tu sincero cariño, por mí correspondido", firmada por un Alberto que, por tanto, no es el autor. Indago para descubrir quién fue Manuel Romero, y descubro que fue un personaje local célebre por no pocas prendas, sin duda el Romero que da nombre a la farmacia de la calle Toledo que tengo a cincuenta metros de mi casa. Al fin del libro hay una hoja con los títulos de las otras obras que escribió: Anecdotario de un pajaritero. [La caza de la perdiz con reclamo, 1950, 1.ª ed.; 2.ª ed. con el título de Anecdotario y memorias de un pajaritero, con fotos a blanco y negro, introd. y notas de Carmelo-Víctor García Romero, seguramente pariente del autor, Madrid: FEDENCA / Escuela Española de Caza, 2009), Ensayos poéticos, Una vida en poemas [Madrid: Gráficas Áncora, 1965] y Durandín, [estampas de la Guerra Civil, Madrid: tipografía Flórez, 1970)]. Empiea a ser reconocido hoy como lo que fue, un héroe. La mejor semblanza que se le hizo creo yo que fue la de Juan Carlos Buitrago en una entrevista que dio a La Tribuna con motivo de la edición de su De la A a la Z. Los protagonistas de una larga Guerra Civil. Ciudad Real 1936-1944 (Serendipia, 2023):

  Poco reconocido es Manuel Romero Sánchez-Herrera, farmacéutico. Su familia sigue regentando una farmacia en la calle Toledo. Era de centro izquierda, de Unión Republicana, pero hombre de convicciones cristianas profundas. Ayudó a muchísima gente de derechas durante todo el periodo republicano. De hecho, fue el miembro más representativo de la Quinta Columna en Ciudad Real, jugó un doble papel durante mucho tiempo. Nunca fue reconocido ni por los suyos ni por el franquismo, porque siempre fue alguien sospechoso por su filiación política previa

En sus obras atestiguo quejas por la soledad que sufrió en la posguerra; él, que a tantos salvó, escribe en ese homenaje que brinda a su perro lo siguiente:

No va para mucho tiempo que necesité pasar por la calle de la Lanza, en Ciudad Real; en una de sus casas vivió un doctor en medicina, D. Luis Cilleruelo, que lo considero como el mejor amigo que en toda vida larga tuve. Evitaba pasar por la referida vía pública por suponer, como así sucedió, que al cruzar frente a la casa donde el doctor Cilleruelo, vendrían a mi memoria recuerdos que invadirían mi ser de pena y dolor. El referido doctor fue injustamente muerto en la guerra civil con un tiro en la nuca; aquella injusticia exacerbó mi repulsa y ligó para siempre el dolor que me causó con remordimientos. El primero, debido al gran cariño que sentía por aquel ser bueno y sabio; el segundo por creer que no puse los medios precisos para evitar su asesinato.

Muy pocos hicieron tanto por salvar vidas como Manuel Romero; la protección que le brindó su hermano desde su puesto dirigente también lo salvó a menudo. Su mismo tormento por las limitaciones que tenía que sufrir para hacer su buena obra atestigua cuán gran persona fue. Resumo aquí lo demás que he encontrado, por caso R. Roldán-Guerrero, Diccionario biográfico y bibliográfico de autores farmacéuticos españoles. Madrid: Imp. del P. H. O. E., 1975. Vol 4. p. 364, de donde extraigo estos datos sumarios:

Nació el 18 de mayo de 1896 en Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real). Fue licenciado en Farmacia por la Universidad de Madrid (1 de junio de 1920). Ejerció en Ciudad Real y también  como jefe de la Farmacia de su Hospital provincial. Fue secretario tesorero y presidente del Colegio Provincial de Farmacéuticos de Ciudad Real y también vocal de la Unión Farmacéutica Nacional... Dirigió el Boletín del Colegio de Farmacéuticos de Ciudad Real, donde público diversos artículos; también en La Voz de la Farmacia, y redactó diversas composiciones literarias tanto en prosa como en verso desde 1916 a los años treinta. También de carácter técnico y político. Por ejemplo: «Farmacéuticos provinciales», en: La Voz de la Farmacia, V. 1934. p. 275 y «El frente único y las Cooperativas», ídem.

En El Español Digital, una revista electrónica de ultraderecha, aparece un retrato fotográfico cedido por un tal José J. García y muchos más datos, por caso, su año y lugar de fallecimiento: 1984, Ciudad Real, en un artículo de un tal "Toribio", un poco mal escrito (tres gerundios seguidos, puntuación y ortotipografía incorrecta,  etcétera), pero valioso por su información, del que no aparece más referencia: "Manuel Romero Sánchez-Herrera, un heroico farmacéutico ciudadrealeño contra el Frente Popular", 14-II-2024. En su bibliografía recoge la fuente usada, el ya citado Durandín. Estampas de la Guerra Civil de Manuel Romero; pero parece también haber usado el Diccionario y haber resumido a saco y mansalva el más completo, serio y documentado artículo del portal Memoria democrática de Castilla-La Mancha "Farmacia de Romero. La quinta columna", protegido por derechos de autor. Copio casi íntegro el resumen de Toribio, suprimiendo información ya conocida:

"Manuel Romero Sánchez-Herrera... Tenía un hermano, César, cuatro años menor que él, auxiliar de farmacia de profesión, afiliado al PSOE y a la UGT, detenido y encarcelado por los sucesos revolucionarios de Octubre de 1934, puesto en libertad en 1936, fue presidente de la Casa del Pueblo socialista de Ciudad Real, llegando durante la guerra a comisario político de la 39.ª división del ejército frentepopulista, marchando a Méjico al finalizar la contienda, muriendo allí en 1953.

Manuel Romero, hombre de relevante personalidad, era presidente del Comité Local de Unión Republicana de Ciudad Real cuando comenzó la contienda 1936-39, habiendo pertenecido a la breve Unión Patriótica fundada por el Gral. Miguel Primo de Rivera durante su mandato dictatorial, presenció unos hechos el mismo 18 de Julio de 1936, recién llegadas las primeras noticias del alzamiento en África, que le impactaron sobremanera, los cuales contaría posteriormente así:

De la calle (…) un griterío ensordecedor, voces airadas, que les obligópor curiosidad y alertados a salir rápidos a la puerta del establecimiento (su farmacia).

A una distancia no superior a diez metros, vieron el desarrollo de una escena inhumana, bochornosa. Diez hombres vestidos con ropa de sacerdote, más bien de fraile; colocados de dos en dos, marchaban en fila, atados los codos y sujetos con una soga al cuello. Un número crecido de mujeres, desarrapadas, calzadas con alpargatas, originaban el escándalo. Pedían la muerte, el castigo de los frailes; no sólo se limitaban a insultarlos, sino que a su rostro pálido y demacrado arrojaban baba, saliva a los indefensos detenidos.

Los guardianes, esbirros que los conducían, dejaban en libertad a la furia, llegando algunas de ellas a utilizar alfileres que clavaban en las carnes de los indefensos mártires.

A partir de ese instante, y dado que las autoridades, el gobernador civil y el alcalde, con los que habló sobre lo que ocurría, no sólo se lavaron las manos, sino que incluso ampararon e impulsaron actos vandálicos similares, así como el saqueo de propiedades de todo tipo, incluida la catedral de la ciudad, decidieron a Manuel Romero a tomar partido por los alzados, dentro de sus posibilidades, lo que hizo durante toda la guerra, pues Ciudad Real estuvo siempre, hasta el final, en posesión de los frentepopulistas.

Con gran decisión, demostrando heroico valor y no cabe duda que con una habilidad muestra de su inteligencia, así como amparándose en el ascendiente que su personalidad tenía, organizó y dirigió en la capital manchega una sólida red quintacolumnista, ayudando a los perseguidos por la furia frentepopulista.

En su domicilio de la calle de Toledo, en cuyos bajos se situaba la farmacia de su propiedad, Manuel Romero mantuvo escondidas durante toda la guerra a una veintena de personas de toda clase y condición, según él mismo contó después “desde una monja hasta varios desertores”, a quienes alimentó con los suministros que periódicamente le traía el «tío Engorda», pseudónimo de uno de sus más eficaces colaboradores de la red, persona de especial carisma residente en el caserío “Los Chorruscos” (en los aledaños de los Montes de Toledo), cercano al castillo de Prim, en término municipal de Porzuna, encargado de llevar mensajes al herrero de la finca “Los Cortijos”, quien a su vez los hacía llegar a Talavera, desde la cual, el farmacéutico Leopoldo Nieto los hacía llegar a la dirección del Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) nacional, que dirigía el Col. José Ungría Jiménez, siendo su jefe en la zona central, de la que dependía Manuel Romero y su red, el Col. Francisco Bonel Huici, cuya sede se ubicaba en La Torre de Esteban Hambrán (Toledo), cerca de Torrijos. Asimismo, alimentó también a los familiares de algunos de los que, por desgracia, habían sido asesinados por los frentepopulistas, así como a las monjas de las Hermanitas de la Caridad expulsadas del Hospital Provincial del cual, como se ha dicho, él era jefe de su farmacia.

Manuel Romero, valiéndose de su cargo de presidente del Colegio de Farmacéuticos de la provincia, extendió su labor de amparo y ayuda a muchos de sus compañeros perseguidos en sus respectivos pueblos “Aprovechando el rumor muy extendido, que los fascistas cualquier día bombardearían con gases venenosos toda la provincia, nació la propuesta de crear una Compañía de anti-gas», excusa y hábil pantalla que se tragaron los dirigentes frentepopulistas con la que pudo concentrar en Ciudad Real a una veintena de farmacéuticos puestos en sus pueblos en el punto de mira de los respectivos comités revolucionarios frentepopulistas. Manuel Romero los solía reunir por las tardes en la sede del Colegio de Farmacéuticos para, según decía, hacer prácticas de cómo actuar en caso de necesidad, o sea, de ataque con gas de parte de los nacionales, aunque lo que hacían era escuchar las charlas radiofónicas del Gral. Queipo de Llano que trasmitía desde Sevilla.

Además de lo dicho, y gracias a su ascendencia, Manuel Romero consiguió aliviar en no poco la difícil situación de muchos, logrando para ellos un trato de favor en la Prisión Provincial, gracias a que el director era buen amigo suyo, así como consiguió que muchos jóvenes no fueran reclutados o, al menos, consiguieran destinos alejados del frente, tales como oficinas en la Comandancia Militar frentepopulista de Ciudad Real, Depósitos de Intendencia o Batallones de Retaguardia:

Mientras las unidades de combate de nuestro glorioso Ejército Popular –escribía– están llenos de hombres de edad avanzada que voluntariamente partieron para el frente y de hombres enfermos para los que el ejército de la guerra es extremadamente penoso, los cines, cafés y paseos de nuestra capital se ven siempre concurridos por la eterna colección de niños peras, fascistas o semifascistas, a los que por lo visto no hay forma de hacer que empuñen las armas. Ya no tienen miedo de ninguna clase. Un magnífico carnet o certificado acredita que prestan sus servicios en tal o cual sitio” (Diario frentepopulista Unión, Enero de 1938). Especialmente meritoria y arriesgada fue la que realizó Manuel Romero para lograr el pase a zona nacional de aquellos cuya permanencia en zona frentepopulista se tornaba especialmente peligrosa: “Existía una red de agentes campesinos, llamados el Monos, el Manco, etc., los cuales, mediante el estipendio correspondiente, fletaban con frecuencia y seguridad expediciones de elementos de derechas que querían pasar a la zona nacional. El traslado se llevaba a efecto por las sierras limítrofes de las provincias de Ciudad Real y Toledo, para terminar en la vanguardia fascista”.

Como es natural, tan importantes actividades no dejaron nunca de levantar las sospechas de los frentepopulistas, así como de alimentar su inquina contra él.

Ya a principios de 1937, el dirigente comunista, Daniel Sánchez Vizcaíno, publicaba el 8 de Enero un artículo en la prensa provincial en el que denunciaba las actividades de Manuel Romero incitando a colaborar en la eliminación de todos los que ayudaban a los «fascistas»: “No podían salirle mejores colaboradores a Franco. Tener agentes gratuitos que a la vez sabotean el reclutamiento antifascista, pasan por salvadores y líderes del pueblo. Pero que se anden con cuidado los tales individuos porque ya han sido descubiertos y pudieran pasarlo muy mal”. Y es que tenía razón el denunciante, pues Manuel Romero basaba su eficacia en buena medida en haber logrado situar a buena parte de su red en el interior de los propios partidos y organizaciones frentepopulistas de la provincia, logrando así neutralizar los golpes que, tras este primero, seguirían después.

En Mayo de ese mismo año de 1937, en un mitin del PCE, Domingo Cepeda, otro de sus dirigentes, acuciaba de la siguiente forma: “Es preciso limpiar la retaguardia de enemigos, no sólo de estos enemigos más o menos declarados, sino también de nuestras organizaciones, que si en el Partido Comunista hay que fusilar a alguien, seremos nosotros los primeros en fusilar, para que nadie tenga que venir a fusilarlos y que las demás organizaciones hagan lo mismo”.

Incluso, el 27 de Julio, también de 1937, la Federación de Trabajadores denunció al Gobierno Civil las actividades de Manuel Romero y los suyos: “Hace unos días que el camarada Lázaro Serrano Carreras, que ha estado tres días en esta Prisión Provincial vino a denunciarnos que en esta Prisión existían diferencias de trato entre los reclusos de izquierdas y de derechas, disfrutando de la libertad que dentro de la Prisión existe así como también del buen trato que merecen por parte de los empleados los elementos de derechas”. La investigación abierta por el gobernador civil dio la razón al sindicato socialista, pero no tuvo consecuencias prácticas ni para Manuel Romero ni para sus amparados.

No obstante, algunos de los componentes de la red de Manuel Romero acabarían siendo detenidos y fusilados, no sin antes sufrir los duros interrogatorios de los miembros del terrorífico Servicio de Información Militar (SIM) frentepopulista creado por el socialista Indalecio Prieto a instancias de los asesores soviéticos, interrogatorios en los que entre otras cosas, y como poco «…las víctimas eran golpeadas con porras y se les obligaba a beber una solución cáustica que les quemaba la boca” (Julius Ruiz, El terror rojo, Madrid, 1936 [Barcelona: Espasa, 2012]).

Conforme la guerra fue girando más y más de parte de los nacionales, la presión sobre la red de Manuel Romero, como sobre otras quintacolumnistas de la zona frentepopulista, fue aflojando en intensidad, toda vez que muchos dirigentes comenzaron a optar por favorecer a los perseguidos con la intención de hacerse perdonar sus crímenes, ayudando a «extender avales que llegan en aluvión a este Gobierno civil para recomendar a todo el que es detenido”.

Terminada la contienda, y si nadie aporta otros datos, Manuel Romero Sánchez-Herrera volvió a su quehaceres y vida habitual, sin dar importancia ni pedir recompensa alguna por su heroicidad, escribiendo sus memorias en 1970 que publicó en un librito de muy pequeña tirada y poca calidad de impresión, que pasó desapercibido, siendo hoy uno de esos escasos y difíciles de encontrar.

Hasta aquí el resumen de Toribio.

martes, 15 de abril de 2025

Entrevista a Beatriz Montáñez, una ermitaña escritora manchega

 Beatriz Montáñez: “Necesitaba averiguar quién era”, en Zenda, 9 ene 2023 / entrevista por Miguel Ángel Santamarina 

Christopher Johnson McCandless estaba harto y decidió romper con todo. Dejó a una familia con la que no se identificaba, donó sus ahorros a una ONG y puso rumbo a Alaska para cumplir su sueño: sobrevivir solo en plena naturaleza. Jon Krakauer contó su historia en Hacia rutas salvajes (Into the Wild), un libro convertido en guía espiritual para los jóvenes que años más tarde quisieron repetir esta aventura pese a su desgraciado final. Beatriz Montañez había conseguido un importante reconocimiento profesional, como periodista y guionista de cine y televisión, pero tenía una herida que debía cicatrizar, y para lograrlo ella también debía estar sola. McCandless se escondió en un viejo autobús abandonado de la compañía Fairbanks y Beatriz encontró su refugio en medio del bosque, en una casa derruida. Montañez comenzó a escribir, y la carne abierta se fue cerrando a cada nuevo párrafo. El vacío se llenó definitivamente cuando publicó Niadela (Errata Naturae, 2021), un sincero ejercicio de nature writing, que Harper Collins acaba de convertir en novela gráfica, ilustrada por Ángel Sánchez Trigo y Jorge García García.

Hablamos con Beatriz Montañez de heridas profundas que acaban sanando, de máscaras, de Ralph Waldo Emerson y de chimeneas que revocan. De fondo, suenan los versos de “Society” —Society, you’re a crazy breed, I hope you’re not lonely without me—, la canción que Eddie Vedder (Pearl Jam) compuso para la adaptación cinematográfica que Sean Penn hizo de la novela de Krakauer.

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—Fama, popularidad, éxito profesional… De cara a la galería su vida parecía idílica, pero había algo que no funcionaba. ¿De dónde sacó el valor para dar ese volantazo?

"Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser"

—Fama es una palabra que no me gusta. Cuando alguien aparece en la televisión y es conocido se le llama famoso. Pero esa es una definición con la que no me siento cómoda. La fama para mí era un lunar en la nariz que todo el mundo veía menos yo. Porque seguía siendo exactamente la misma y teniendo los mismos amigos que veinte años atrás. Después de salir en televisión, mi vida cambió bastante poco a nivel personal. Sí que lo hizo a nivel público. Hay personas a las que les agrada que les reconozcan por la calle, en los restaurantes, pero a mí me crea incomodidad. Porque pienso que el hecho de salir en televisión no es algo que haya que aplaudir. Partiendo de esa definición de “fama”, entre comillas, te diría que puedes tener prácticamente todo, o pensar que lo tienes prácticamente todo, y que te falte lo más importante. Yo me di cuenta de que lo más importante era yo misma, y que en ese momento yo no tomaba decisiones: me estaba dejando llevar por las circunstancias. Me sentía encorsetada en un personaje que no era yo, que los demás habían definido cómo debía ser. Utilizo la palabra “personaje”, que viene de “persona”, cuya etimología es “máscara”. Esa falta de identidad me empezó a causar estragos. Me cuestionaba cómo debía hacer las cosas para no defraudar a los demás. Eso me llevó a tomar una decisión: necesitaba averiguar quién era. Me identifico con la frase de Fritz S. Perls: “No estoy en este mundo para llenar tus expectativas y tú no estás en este mundo para llenar las mías”. Entonces un día, por necesidad más que por valor, me dije “basta ya”. Tenía que recuperarme a mí misma.

—”Ayer soñé que regresaba a Niadela…”. Ese homenaje a la novela de Daphne du Maurier, con el que empieza tu libro, encaja muy bien con ese ambiente fantasmagórico que supone irse a vivir sola en medio de la nada. ¿Por qué ese comienzo emulando a Rebeca?

—El comienzo de Rebeca me parece magistral. Es muy onírico. Habla de un regreso. En mi caso, ese “ayer soñé que regresaba a Niadela…” habla de un regreso a quien soy. En el libro, y la película, ella habla de un regreso al lugar que la hizo. Y esa vuelta es un sueño. El subconsciente, como bien dice Jung, trata de devolverte la imagen de quién eres. El usar ese comienzo en mi obra me ayudaba a volver. Al principio de manera onírica, y luego de manera física, a la persona que yo había sido, y que de alguna forma había dejado de ser por encajar, por gustarle a los demás.

—Hay unos cuantos guiños literarios en su obra. En la versión gráfica la vemos leyendo el Walden de Henry David Thoreau. ¿Cuánto hay de nature writing en su libro? ¿Ha sido algo buscado o ha surgido al confesarte mientras escribías tu obra?

—Ha sido algo absolutamente buscado. Tenía unas premisas ciertas, radicales y concretas, de lo que quería escribir, lo que hacía que fuese extremadamente difícil lograrlo. Tenía muy claro que debía ser un auténtico ejemplo de nature writing, más cercano a Emerson —que para mí es su mejor ejemplo— que a Thoreau. Quería mostrar cómo la apreciación de la naturaleza me transformaba y llegaba a entenderla mejor. En Walden creo que no hay una transformación de Thoreau, sino más bien una afirmación de lo que él siente por la naturaleza. En los ensayos de Emerson sí que ves ese cambio, esa comprensión del mundo que le rodea. Quería que fuese —y creo que ha sido— el primer libro de nature writing puro publicado en España. Este es un género que no tiene que ver con obras sobre la naturaleza o la gente que va a vivir al campo, sino con la transformación que atraviesa el hombre en la naturaleza. En este caso la mujer.

 —En su obra hay una búsqueda de redención. Para poder salvarse debía curar una herida profunda. ¿Lo ha logrado?

"La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes"

—Sí. Lo he conseguido. Igual que les ha ocurrido a otros escritores. Estos primeros libros, como también le pasó a Paul Auster, por ejemplo, sirven para lidiar con tus propios fantasmas. En La invención de la soledad él sacó a relucir asuntos familiares que permanecían a oscuras hasta ese momento. La escritura es el mejor proceso psicológico. La palabra es sanadora. Para curarte tienes que poner por escrito lo que sientes. Esta es también una manera de organizar tus pensamientos. Desde que tengo uso de razón, y dinero suficiente (ríe), he probado muchísimas terapias, no te puedes ni imaginar cuántas, para saber qué era lo que me ocurría: psicoanalíticas, cognitivas, Gestalt… La respuesta la encontré en la escritura. Antes de venir a Niadela, escribí La ausencia, que relata mi infancia, la muerte de mi padre y la relación con mi madre. Es una obra que de momento no tengo ninguna intención de publicar, que necesita reescritura —tiene ahora mismo 700 páginas—, y en la que vomité absolutamente todo lo que me había ocurrido y había vivido en mi adolescencia. Lo maravilloso de ese proceso de escritura es que tuve que crear el personaje de mi madre, el de mi padre y también el mío. Me puse en la situación de amigos y parientes, en su piel, y escribí diálogos con personas con las que nunca había hablado sobre ese tema… Eso fue algo difícil y mágico a la vez: comprender a través de tu personaje lo que el otro no ha dicho o no ha hecho. Muy pocas personas dicen lo que hacen o cómo son, porque se buscan máscaras a través del verbo.  Yo estudié interpretación en Los Ángeles y en la Escuela de actuación de Corazza en Madrid. Hay un ejercicio fascinante para trabajar con tu ego que se llama el “yo afectado”. Tienes que recrear una escena determinada en la que no has dicho, o hecho, lo que te gustaría. Este ejercicio me sirvió para escribir La ausencia y también Niadela. En tanto que aquello que no he dicho me define mucho más que lo que he dicho y lo que he hecho.

—Ese ejercicio sería ideal para nuestros políticos.

—Sí. (Risas). Totalmente. Deberían practicar con el “yo afectado”.

—En un pasaje de la obra dice: “Mi madre debía haberme explicado qué es la muerte, pero supongo que no estaba preparada”. ¿Por qué nos da tanto miedo hablar de ella?

"Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema"

—Mis dos obras hablan sobre la muerte. En Niadela hay un sueño en el cual me suicido. Entonces reconozco mi propia finitud y me siento preparada para morir. Esto es algo difícil para nosotros —aceptar la muerte—, porque pensamos que somos inmortales. Pensamos que nosotros mismos somos una obra inacabada y por eso hay una continua búsqueda no solamente de la felicidad, sino también de los deseos. Estamos en una continua insatisfacción que nos lleva a creer que disponemos de la eternidad para conseguir la solución al problema. Cuando sientes que tu vida es finita, que vas a morir, te entra la ansiedad y la angustia, porque comprendes que tienes un tiempo limitado para conseguir lo que quieres. Además, solemos cambiar de opinión una vez que hemos conseguido nuestro propósito en la vida; buscamos otro diferente. Es una búsqueda eterna de tu propuesta vital.

—Su madre trabajaba de noche y para poder dormir de día usaba unos tapones. Usted también comenzó a usarlos. ¿Qué descubrió en ese silencio? ¿Fue sanador?

—Los sigo usando. En el budismo hay un concepto sanador que se llama el Gran Silencio. En El silencio: Aproximaciones, David Le Breton crea un concepto de silencio absolutamente brutal, colocándolo en diferentes contextos, etapas vitales, situaciones sociales y circunstancias. Me parece absolutamente necesario, a nivel psicológico y espiritual, tener momentos de silencio, no solamente en nuestro día a día, sino a lo largo de toda nuestra vida. Es uno de los primeros procesos necesarios para llegar a la transformación. Con el silencio te vas a escuchar y vas a saber qué piensas, cómo lo piensas y por qué lo piensas.

—Vamos a la parte más prosaica de su vida en el bosque. ¿Cómo fue ese primer año sin luz eléctrica ni agua caliente a la luz de las velas?

"Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes"

—Hubo momentos muy gratificantes y otros… no voy a utilizar “difícil” porque esa es una palabra que tengo prohibida. Digamos “retadores”. Hubo momentos maravillosos, de llorar de felicidad, y otros que fueron un auténtico reto. Lo más complicado fue pasar de vivir en la sociedad, en una ciudad como Madrid, con amigos, con una vida social normal a estar realmente sola. Cuando vivía en Madrid podía requerir un momento de soledad, pero aquí eso era todo el rato. Al principio me costó. Los primeros meses estaba cada dos por tres conduciendo hacia el pueblo: a comprar un tornillo, cosas absurdas… Solo por el hecho de volver a refugiarme en la marabunta de la sociedad. Eso fue pasando. Hubo un proceso transformador y me fui aclimatando a esa incomodidad. De los momentos retadores pasé a los gratificantes. Me sentaba en un árbol muerto en el camino y sin darme cuenta habían transcurrido cinco horas. Empezaba a tener la sensación de pertenecer a algo más grande que yo misma. Que no hubiese luz no fue algo que me molestase. Soy una persona extremadamente curiosa. He llevado a mi familia adelante desde que era una niña porque mi madre se puso a trabajar después de la muerte de mi padre. Aprendí a cuidar de mis hermanos mayores, acepté el rol de cabeza de familia, aun siendo la más joven, y me acostumbré a solventar problemas. Eso me ayudó mucho cuando me encontré con los impedimentos del agua y de la luz; todo eso me suponían retos gratificantes a los que encontrarles una solución. Cuando me di cuenta de que no tenía luz, pensé: “Hasta que estudie un poco de electricidad y sepa de qué va esto, pues voy a sustituir las bombillas con velas“. Luego vino la mayor complicación: ninguna de las chimeneas funcionaba y pasaba un frío brutal en invierno. Revocaban todas; estaban mal construidas. Entonces viene el reto de aprender cómo funcionan las chimeneas y arreglarlas. Todo eso me incentivaba. No lo veía como una incomodidad. Me resultaba gratificante poner solución a esos problemas. Lo que sí que resultó duro fue adaptarme a la soledad y ver cómo iban desapareciendo personas de mi vida.

—En el bosque hay animales, muchos, algunos salvajes, con los que usted comienza una relación, que en algunos casos lleva a una identificación. Como ocurre con esa zorra, a la que unas ocasiones alimenta y en otras espanta a gritos.

—El proceso con la zorra fue muy particular. Creo que ese animal no dejaba de ser una representación de mí misma. Me acostumbré a alimentarla y me gustaba su compañía. Pasó de venir por las noches a estar aquí mañana, tarde y noche, porque yo la alimentaba con un trocito de carne o una carcasa de pollo. Yo le proporcionaba la facilidad de no tener que pelear por su comida. Se pasaba el rato tumbada a la entrada de la puerta. Eso es algo que yo empecé a identificar como un reflejo de mí misma, porque no me gusta nada que las personas dependan de mí. Eso me provoca una asfixia. Me ocurre también al revés. Cuando estoy empezando a depender de alguien, me alejo. Cuando me di cuenta de que la zorra se volvía dependiente de mí, quise echarla. Pensé: vamos a empezar de nuevo, te voy a dar de comer solo de vez en cuando porque no quiero que dependas de mí. Eso es lo maravilloso del nature writing y de estar en la naturaleza; te descubres a ti misma a través de ella.

—En una buena novela, el personaje principal tiene que hacer un viaje del que sale transformado. ¿Cómo ha cambiado usted después de estos en Niadela?

"Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando"

—Absoluta y enteramente. Hace poco tuve que revisar unos correos electrónicos antiguos, del año 2015, para buscar una información, y al leerlos tuve la sensación de que la persona que había escrito esos mails no era yo. Fue algo muy extraño, porque me sentía enajenada en la escritura. En esos textos era muy diligente, muy específica —esa es una característica que siempre he tenido—, con cierto aire de severidad… no me identificaba. Me preguntaba: “¿Quién es esta persona que escribe así?“. Me he transformado en un 99% y hay un 1% en el que sé que tengo que seguir trabajando. Y mejorando también ese 99%, porque sé que es susceptible de más cambios. A pesar de haber hecho el viaje del héroe de Joseph Campbell, y de haber regresado al mundo ordinario con el elixir del conocimiento, creo que, como decía Nietzsche, hay un eterno retorno. Cuando llegué a Niadela sabía que tenía que trabajar con tres grandes defectos que yo tenía, y lo llamé “la filosofía de las tres pes”: mi paciencia, mi practicidad y mi prudencia. Es algo que todavía tengo que pulir, pero creo que me puedo dar alguna palmadita en la espalda, porque he mejorado mucho (risas).

—¿Cuál es su próximo proyecto de escritura? ¿Veremos publicada La ausencia?

—Todavía no estoy preparada para enfrentarme a La ausencia, aunque sé que no soy la misma persona de antes. Debo guardar un poco de distancia para atreverme con esas setecientas páginas. Por ese motivo me he puesto a escribir algo rotundamente opuesto a Niadela, por consejo de Álvaro Colomer, que me recomendó ir al otro extremo, con un estilo y un contenido diferentes. Ahora estoy viviendo la aventura de escribir mi segundo libro, algo que disfruto, pero que también me da dolores de cabeza porque soy asquerosamente perfeccionista. Puedo estar días buscando la palabra que necesitaba.