sábado, 20 de junio de 2026

Zapatero y la m. por Javier Cercas

 Zapatero y la mierda, en El País, por Javier Cercas, 20 jun 2026:

No han cumplido con su deber de crear un sistema lo más invulnerable posible a la corrupción; y se lo hemos permitido

En pleno estallido del caso Zapatero, mientras leía noticias a cuál más deprimente, un titular me levantó el ánimo. “Con 89 años, tengo relaciones con distintos hombres fuera de la residencia”, declaraba a El Periódico una señora. Pensé: “Olé tus ovarios”. También pensé: “En las próximas elecciones, votaré a esta señora”. Pasado el subidón, volvió la depresión.

Lo más serio que se ha dicho sobre el caso Zapatero lo dijo en el Congreso Gabriel Rufián: “Es una mierda”. Pero yo no creo que sea una mierda porque Zapatero fuera un faro moral o un padre político que ha dejado a oscuras o huérfana a la izquierda, o por cualquiera de las demás cursiladas que se dijeron aquellos días. Yo creo que es una mierda porque Zapatero fue presidente del Gobierno. Que yo lo votara dos veces —todas las que se presentó a la presidencia— es lo de menos; lo relevante es que fue el presidente de todos, incluidos los que no lo votaron. Esa es la mierda auténtica. Hace ocho años, un Gobierno del PP cayó envuelto en casos de corrupción; todo parece indicar que este Gobierno va a caer envuelto en casos de corrupción. Esto no es un argumento equidistante: es un hecho. En realidad, ahora mismo no resulta nada fácil de explicar fuera de España, a menos que se recurra a la teoría de la conspiración, que siga en su puesto un presidente que tiene imputados por la justicia a su esposa, a su hermano, a su última mano derecha, a su penúltima mano derecha, a la mano derecha de su penúltima mano derecha y a un grupo de su propio partido, cuyo secretario de Organización urdió según el juez una “estructura criminal” para desacreditar adversarios; también a Zapatero, quien, como dijo Carlos E. Cué, para el presidente era mucho más importante que muchos ministros (así es: fue Zapatero quien pactó en 2023 con Puigdemont un acuerdo donde el PSOE suscribe todas las mentiras del secesionismo, lo que hizo posible la amnistía y la segunda legislatura de Sánchez). Dicho esto, ¿cómo extrañarse de que haya quien piense que todos los políticos son iguales y que el sistema está corrompido, gente a la que entren ganas de no volver a votar o de votar a una nonagenaria alegre y folladora? ¿Cómo es posible que haya quien acuse a esa gente deprimida de fomentar la antipolítica y no entienda que quien la fomenta son los políticos que no atajan de una vez la corrupción? Porque no se engañen: la cuestión no es cambiar los malos gobernantes por los buenos; la cuestión es cambiar el sistema de forma que ni siquiera los buenos gobernantes puedan convertirse en malos. ¿Imposible? Falso: en Dinamarca o Finlandia la corrupción es irrelevante. ¿Que nosotros somos distintos, que tenemos otra cultura y otra tradición? Y un cuerno: hace cuatro días también se decía que, a diferencia de daneses o finlandeses, nosotros no podíamos vivir en democracia porque teníamos otra cultura y otra tradición; y aquí estamos. No, la cuestión no es esa; la cuestión es que, en estos casi 50 años de democracia, nuestros partidos políticos —empezando por el PSOE y el PP— no han cumplido con su deber de crear un sistema lo más invulnerable posible a la corrupción; y que nosotros se lo hemos permitido. Esa es la verdadera mierda.

No ocultaré que conozco a Zapatero. Ya no era presidente, pero yo le había criticado en un artículo y quiso hablar conmigo. Conversamos; estuvimos de acuerdo en unas cosas y en otras no. No me pareció un faro, ni falta que hace: para ser un político útil basta con ser razonable y honesto, tener un poquito de humildad, saber escuchar, rodearse de buenos asesores y querer lo mejor para tu país. Me pareció que Zapatero cumplía los requisitos (y no tengo ninguna razón para pensar que mi nonagenaria favorita no los cumpla); ni se me pasó por la cabeza, en todo caso, que pudiera hacer nada semejante a lo que el juez le atribuye. Por lo demás, creo en la inocencia de Zapatero; por un motivo: porque la civilización consiste en creer que cualquier persona, sea el presidente del Gobierno o Jack el Destripador, sea de izquierdas, de derechas o mediopensionista, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Todo lo demás es una mierda

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