domingo, 5 de julio de 2026

Más sobre Federico García Lorca

    I

 García Lorca en la inmensidad, en El País, por Enrique Vila-Matas, 26 may 2026:

La noticia del triunfo en Cannes de ‘La bola negra’, filme inspirado en la última e inacabada obra del poeta, me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que enviara desde Nueva York a sus padres

En el juego del escondite, ¿deseaste alguna vez no ser descubierto y así poder seguir felizmente oculto, perdidamente perdido en la noche, en silencio, sabiendo que existe la gloria nocturna de ser grande no siendo nada?

En esa gloria de ser y no ser pensé cuando la noticia del triunfo en Cannes de La bola negra —filme inspirado en la última e inacabada obra de Federico García Lorca— me llegó justo cuando estaba leyendo, emocionado, una de las cartas que el poeta enviara desde Nueva York a sus padres. Carta fechada el lunes 21 de octubre y escrita justo tres días antes del estallido del crack del 29. La encontraremos en el libro No te olvides de escribir (Akal, 2026), donde el especialista lorquiano Víctor Fernández ha reunido cronológicamente la arrebatadora correspondencia del poeta con su familia.

En esa carta, Federico contaba a los padres que por primera vez se había quedado perdidamente perdido en la gran ciudad de Nueva York y, a través de lo que narraba, podía intuirse la sombra del cambio radical de registro poético que se estaba dando en él, es decir, su paso de “poeta del pueblo” y de autor del Romancero gitano al de autor de Poeta en Nueva York.

Un documento que nunca imaginé que podría encontrar. Un documento donde en realidad narraba cómo fue que, al perderse por primera vez en aquella ciudad inmensa, acabó a la vez perdiéndose en lo más infinito del universo. Pero lo contaba de un modo más suave, con asombrosa sencillez, como si para explicar un cambio de estilo poético tan complejo fuera suficiente una prosa sintética: “Queridísimos padres (…) el otro día tuve al fin mi primera pérdida en la ciudad. Me equivoqué de ferrocarril elevado y, en lugar de coger el de la Sexta Avenida, tomé el de la Novena y fui a parar a un sitio opuesto a donde iba…”.

Así de sencillo. Hasta que no pasa algo así, decía Lorca, “no se entera uno de dónde está, de la inmensidad de calles y la agrupación de millones de gentes”. Y aquí creo que habría que añadir que tampoco se entera uno —en el momento en que eso ocurre— de que se está acercando a un tipo de literatura, que es una gran generadora de mundos, donde son muy valoradas las experiencias de lo desmesurado: “Nueva York me ha dado como un mazazo en la cabeza. El puerto y los rascacielos iluminados confundiéndose con las estrellas…”

Sólo tres días después de aquella crucial carta a los padres, estallaba el trágico crack del 29. Y Federico, como si tuviera contacto directo con nuestro mundo de hoy, hablaba con infinita lástima de “toda esa gente expuesta a las terribles presiones y al refinamiento frío de los cálculos de dos o tres banqueros dueños del mundo”.

Federico y sus presentimientos. Había presagiado su propia desaparición en el ancho universo, como si en el fondo —“estoy abrumado de tanto jaleo y tanta popularidad”— buscara el placer de no ser encontrado y la gloria nocturna de ser grande no siendo nada: “Me buscaron en los cafés, en los cementerios, en las iglesias / Ya no me encontraron, / ¿No me encontraron? / No. No me encontraron".

II

Los diarios secretos del último amor de Lorca: “Mi dolor fue mío, sin posibles consuelos dada la densa maraña de prejuicios que envenenaba la vida española”, en El País, Natalia Junquera, Madrid - 5 jul 2026:

EL PAÍS revela extractos de las memorias inéditas de Juan Ramírez de Lucas, con quien el poeta planeaba abandonar España antes de ser asesinado. La documentación podrá verse al completo en la nueva película de Manuel Menchón

“Con cerca de 70 años transcurridos”, escribe Juan Ramírez de Lucas, el último amor de Federico García Lorca, “si he decidido ahora comenzar este relato es porque considero que estos dolorosos recuerdos no deben quedar solo escondidos en lo más recóndito y secreto de mi vida, pues todo lo que perteneció —de una manera u otra— a la personalidad de uno de los más excelsos, decisivos, permanentes poetas españoles tiene un interés general histórico y no debe quedar recluido en el santuario íntimo de quien tuvo la inmensa fortuna de convivir con el POETA”.

El párrafo corresponde a la primera página de los diarios de Ramírez de Lucas, a la que ha tenido acceso EL PAÍS y que verá la luz en otoño, junto al resto de sus cuadernos, en la película La voz quebrada, dirigida por Manuel Menchón. El crítico de arte, último amor de Lorca, falleció en 2010 con el peso de aquel secreto, pero decidido a compartir su historia, consciente, como explica en ese “prefacio”, de que cualquier aspecto de la vida del poeta español más universal, “el POETA” con mayúsculas, como él mismo lo describe, merecía ser conocido por todos. “Muchas resistencias”, prosigue en ese diario, “he tenido que vencer para llegar a esta decisión presente, pues siempre mi dolor fue exclusivamente mío, sin posibles consuelos ajenos dadas las especiales circunstancias en las que todo se produjo y también la densa maraña de prejuicios y tabús que envenenaba la vida española de todos aquellos años y los muchos siguientes, que pesaban como losa inamovible sobre mí”. Estas líneas se publican por primera vez décadas después, en el último día de la fiesta del Orgullo.

En mayo de 2012, EL PAÍS reveló la última carta que Lorca había escrito a Ramírez de Lucas, fechada el 18 de julio de 1936, el día que estalla la Guerra Civil, así como dibujos y un poema inédito. En la misiva, el poeta le pedía a su novio que fuera fuerte y que tratara de convencer a sus padres para que respetaran sus ideas: “No dejes que el río te lleve. Juan, es preciso que vuelvas a reír. A mí me han pasado también cosas gordas, por no decir terribles, y las he toreado con gracia”. Dos meses después de que este diario publicase aquella documentación, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados reconoció la relevancia histórica de ese archivo privado, conservado durante décadas por el último amor de Lorca, y aprobó una proposición no de ley para instar al Gobierno a promover convenios para que pudieran ser digitalizados y puestos a disposición de los investigadores. “El precio de ese legado”, explicó entonces la diputada firmante de la iniciativa, Ascensión de las Heras, de Izquierda Unida, “es incalculable”. Pero todo quedó en nada.

Menchón se estaba documentando para hacer una película sobre Lorca cuando quiso saber más de aquel hombre que era un misterio, Ramírez de Lucas. “Hablé con Ian Gibson [el hispanista que ha dedicado toda su vida a indagar sobre el poeta] y me explicó que había intentado entrevistarlo, pero que había sido imposible. Contacté con la familia, les expliqué el proyecto documental que quería hacer y fueron muy generosos. Además de los documentos que el Congreso había pedido digitalizar, nos han cedido mucho más material inédito, y en paralelo hemos hecho una investigación propia de cinco años, apoyados por varias universidades, hispanistas, historiadores... Sinceramente, creo que el resultado es algo histórico porque esclarece muchas cosas de los últimos meses de vida de Federico”.

En la portada de los diarios de Ramírez de Lucas, publicada por primera vez por EL PAÍS en 2012, el nombre “Federico” está rodeado de lágrimas de color rojo, el de la sangre. El verano de 1936 ambos planeaban abandonar España y empezar una nueva vida en algún lugar donde no tuvieran que llevar su relación en secreto, pero el poeta fue asesinado la madrugada del 18 de agosto. Casi 90 años después sigue formando parte de los desaparecidos del franquismo, ya que fracasaron todos los intentos por encontrar la fosa donde fue enterrado. Su último amor convivió en secreto toda su vida con el dolor de aquella pérdida. “Luis María Ansón, que fue su jefe en Abc”, recuerda Menchón, “me dijo que para él Ramírez de Lucas siempre había sido un enigma. Veía que tenía una gran herida, tenía la impresión de que se había quedado atascado en 1936, pero no entendía por qué. Juan no contó nada a nadie, ni siquiera a su pareja. Durante toda su vida reprimió su gran secreto, su gran historia. Ver su trazo y lo que cuenta es pura emoción y, por tanto, puro cine”.

En el proceso de documentación para la película, el equipo de Menchón consultó archivos españoles y extranjeros, públicos y privados, y dio con un hallazgo más: imágenes inéditas de Lorca en movimiento en 1932, cuatro años antes de su asesinato. El material se encontraba en una lata de betún en casa de la familia Gonzalo Menéndez Pidal, quien rodó en los años treinta un documental sobre la compañía de teatro La Barraca. Fue restaurado y permitió identificar al poeta, sonriente, en el interior de coche. El fotograma formará parte de la película que se estrenará en otoño.

La banda sonora del documental incluye la interpretación de Canción de invierno, una pieza musical compuesta por el propio Lorca cuando aún era un adolescente. El actor Álvaro Morte (La casa de papel, Anatomía de un instante) dará voz al poeta y a toda una generación obligada a ocultar su identidad sexual. Menchón estrenó en 2020 Palabras para un fin del mundo, que pone en duda el relato conocido de la muerte del escritor Miguel de Unamuno y recoge las últimas averiguaciones sobre su célebre enfrentamiento con Millán Astray el 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, el famoso y cuestionado “venceréis pero no convenceréis”.

III

Ramírez de Lucas, el rubio de Albacete: el amor de Lorca que sobrevivió al tiempo, en El País, Amelia Castilla, Madrid - 20 oct 2026:

La edición del libro inédito de la última pareja sentimental del poeta coincide con la fiebre alrededor de su figura

Los Recuerdos de un enamorado envueltos en documentos inéditos; el documental de una voz quebrada; una película que domina la taquilla, basada en una obra inacabada de Federico García Lorca sobre la represión de la homosexualidad; un rodaje en Granada sobre los días que precedieron a su asesinato y hasta la biografía de Agustín Penón, pionero en investigar la muerte del autor de Romancero gitano, coinciden en el tiempo. Noventa años después de su muerte, investigación y creación confluyen en un momento en el que conviven el Lorca queer, la nostalgia del pasado y la polarización de la sociedad.

Esta semana llega a las librerías Recuerdos: breve historia de un amor (Seix Barral), el testimonio inédito del periodista y crítico de arte Juan Ramírez de Lucas, el último amor del poeta, editado por el hispanista Christopher Maurer y el periodista Víctor Fernández. El pasado viernes se estrenó La voz quebrada, el documental de Manuel Menchón, basado también en la relación del poeta y el estudiante de 19 años que soñaba con ser actor. Y es que la historia nunca acaba de escribirse. La que nos ocupa duró tres meses, de mayo a julio de 1936, en un Madrid convulso y su recuerdo incesante se mantuvo 864 meses. Ramírez de Lucas (Albacete, 1917-Madrid, 2010) guardó el secreto de su amor de juventud durante décadas, pero antes de morir decidió romper su silencio. Legó a sus herederos el relicario de sus recuerdos, reunidos en unos cuadernos, una carta de Lorca, un poema dedicado al rubio de Albacete, dibujos y dedicatorias para su publicación.

Parte de la documentación fue desvelada por EL PAÍS en 2012, pero faltaba el memorial sobre el encuentro y, por su interés biográfico e histórico, el análisis de los expertos. Desde Boston, donde imparte clases de Literatura Española, Maurer sostiene que se trata de un testimonio excepcional. “Su importancia reside en ser la única narración autobiográfica de sustancia escrita por uno de los hombres que amaron a Lorca. Me ha impresionado el dramático silencio que guardó durante años, en un mundo que consumía con avidez cualquier detalle nuevo sobre la vida del poeta. Es un silencio que habla no solo de su discreción, sino también de muchos aspectos de la sociedad española del siglo pasado y de este”.

Con prosa clara y los adjetivos justos, el memorial recrea cómo la pareja se despide en la madrileña estación de Atocha el 13 de julio de 1936, cuando Lorca parte para Granada. “Dos meses pasan pronto”, le consuela el poeta al joven enamorado, que no puede reprimir las lágrimas. Un día después el chico viaja a Albacete para conseguir el permiso de su padre para acompañar a Lorca a México, dado que era menor de edad. “El macho don Otoniel, mujeriego e inclinado a la violencia verbal y familiar”, lo recibe en su despacho a la mañana siguiente y al verlo en pijama le espeta: “Eso que llevas es de maricones”. La situación degenera en una discusión que sube de tono, con intentos de golpes incluidos, y con don Otoniel chillando “como una rata perseguida”. Lorca sería el primero en enterarse de la disputa entre padre e hijo, una relación nunca cordial que acabaría deteriorándose más y más.

El 16 de julio de 1936, festividad de la Virgen del Carmen, antes de que quedaran alteradas todas las comunicaciones por la inminente Guerra Civil, Lorca responde con una larga carta en la que ruega que lleve con talento el enojoso asunto de su padre. “Conmigo cuenta siempre. Y te pido que seas político y no dejes que el río te lleve. A mí me han pasado también cosas gordas por no decir terribles y las he toreado con gracia, no te dejes llevar por la tristeza”. La importancia de esta misiva obliga a modificar el epistolario completo del poeta. De hecho, Maurer y el también hispanista Andrew A. Anderson ya trabajan en la segunda edición: “En los últimos años de su vida escribe menos cartas que en años anteriores y menos cartas de sustancia. Esta es excepcional, por la fecha en que se escribió (un mes antes de su muerte) y por el intento de Lorca de animar a Ramírez de Lucas y consolarle por los prejuicios de su padre, que asocia con una generación anterior”. Y otro tanto con el poema para el rubio de Albacete, que le dedicó a su enamorado a la vuelta de un viaje a Córdoba y que no figura en ninguna antología. “Más que nada, el poema tiene un interés biográfico y muestra a Lorca como repentista. Debe incorporarse a la sección de los versos ocasionales o de circunstancia”, señala Maurer.

En unos pocos días la situación en Albacete cambió sustancialmente. La Guerra Civil había comenzado y con ella la feroz represión. Don Otoniel, que no había militado en ningún partido, era buscado por sus opiniones y tuvo que huir. “Se generalizó lo que denominaban el paseo, consistente en llevar camiones de personas, trasladarlas a las afueras y, allí, fusilarlas en masa. Costumbre en la que coincidieron las dos zonas en que había quedado dividida España”, escribe Ramírez de Lucas, que durante su estancia en Madrid había tenido contactos con miembros de Falange, cuyo programa le entusiasmaba con “la alegría de haber encontrado, al fin, un ideal político”. Al redactar sus recuerdos y su relación sentimental, escritos con el propósito de que se conocieran “algunos aspectos del vivir de Federico”, cuenta que, entre los intelectuales de la época, estaba de moda el siguiente latiguillo: “Hay que definirse”. “Había que tomar partido, estar con unos o con otros de las dos mitades irreconciliables en que se había convertido España. A Federico, que también conocía las miserias del alma humana, no le interesaba la política”. A su juicio, en el trágico desenlace del poeta influyó la nefasta influencia de su amigo “Rafel Alberti, que, bajo la presión de su esposa, la comunista María Teresa León, iba involucrando a cada vez mayor número de escritores en las propagandas subversivas”.

Editar los cuadernos de Ramírez de Lucas no fue tarea fácil. Redactó dos versiones de su relato, la primera en 1996, continuada en 2001, y la otra en 2005. A la interpretación de la obra se sumó otro problema: iba añadiendo detalles nuevos a los manuscritos, según surgían de su memoria, y a veces estos añadidos no encajaban del todo en la narración. La sensibilidad y elegancia del relato dejan al lector en vilo al enfrentarse a la lectura de su paso, en 1942, como voluntario por la División Azul, por Polonia, Rusia y Alemania, con “meses de frente agotadores, animados por himnos patrióticos”. De su visita a Berlín, donde no debía de quedar un judío vivo, guarda emociones gratas de una capital “llena de atractivos con sus teatros de ópera y obras clásicas [asistió a una interpretación de Fausto] representadas con un encanto nuevo”.

Estos y otros aspectos de su biografía son incógnitas que otros estudiosos deberán aclarar en el futuro. El breve relato de su vida está fechado en septiembre de 1945, antes de su carrera como crítico de arte de ABC, en cuya Redacción fue testigo pasivo de la publicación de los inéditos Sonetos del amor oscuro, una exclusiva mundial. Su ley del silencio funcionó como un reloj. Ni biógrafos ni investigadores lo habían citado en las muchas páginas que se han publicado sobre el poeta en estas nueve décadas. Solo en una ocasión y en unas pocas líneas aparece su nombre ligado a Lorca. Sucedió en 1956, durante la visita a España de Agustín Penón (Costa Rica, 1920-1976) para investigar la muerte del poeta. En el curso de una entrevista con Pura Ucelay, que había presenciado el encuentro de la pareja, deja unas líneas cuyo contenido figura en la documentación que reunió Marta Osorio, editora de Miedo, olvido y fantasía: “Oye, Pura, ¿de dónde sacas tú hombres tan guapos? Parece que la última ilusión amorosa de Lorca fue un muchacho, muy guapo y de buena familia. Federico estaba loco por él”. Y como unos libros parecen llevar a otros y encadenar historias, también estos días llega a las librerías la biografía de este escritor, uno de los personajes clave del universo lorquiano, Agustín Penón y Federico García Lorca (editorial Alvarellos). Juan Carlos García de Polavieja aborda por primera vez la vida de Penón, ilustrada con más de 200 documentos y fotografías.

No hay comentarios:

Publicar un comentario