Isabel Allende: «El mundo peligra en este momento», en La Razón, Javier Ors, Barcelona Creada: 16.10.2026
La escritora, que ha ganado el Premio Planeta con la secuela de «La casa de los espíritus», advierte de la deriva autocrática de muchos países y afirma: «Me importa la democracia. Sé lo que es perderla y también lo que cuesta recuperarla después».
Primero, los datos, porque, aunque los libros están hechos de palabras y nos llegan impresos en negro sobre blanco, también tienen una dimensión numérica. «La hora del alba», de Isabel Allende, saldrá con una tirada de 210.000 ejemplares; «La añoranza», de Sergio Hernández, con 90.000. Ambos libros llegarán a las librerías el próximo 4 de noviembre. Ese día marcará un comienzo y también un reencuentro, porque los lectores podrán volver al universo de «La casa de los espíritus». «He tardado 45 años en escribir esta novela. Desde el inicio recibí mensajes de lectores que querían saber qué había pasado con Alba, la nieta del patriarca, que tenía 20 años y que se había quedado sola en una casa llena de espíritus y dramas. En la novela, la protagonista vive aquellos años de dictadura. Sabe que uno vive en la nostalgia cuando está fuera y por eso prefiere quedarse esperando a su amante, un guerrillero que desaparece en los primeros días de la dictadura. Pero lo que sucederá a partir de entonces en esa casa es lo que le ocurrirá al país. La casa se convertirá en una metáfora. La historia también es una historia de amor y, al mismo tiempo, será la historia de la dictadura, del dictador y de cómo termina todo».
La escritora resaltó durante una rueda de Prensa que la novela ganadora y la finalista comparten un rasgo: «Son dos novelas sobre la represión, en un ambiente de censura. Quizá el tema está en el aire y nos atañe. Me importa la democracia. Sé lo que es perderla y también lo que cuesta recuperarla». Explicó que «durante estos años he vivido en un estado de memoria, manteniendo vivo mi país dentro de mis recuerdos junto a todas las personas que perdí y que están ya lejos de mí. El mundo peligra en este momento. Podría haber escrito este libro en 1985, pero no estaba madura. Han tenido que pasar todos estos años para que pudiera realizar este ejercicio de memoria».
La novelista apuntó que, para redactar esta historia, «tuve que volver atrás y revivir cosas que me tocó vivir. Chile nunca aparece mencionado en ninguna de mis novelas, tampoco en esta, pero se adivina que esa es la tierra a la que siempre vuelvo». Después dio paso a una confesión y reconoció que en su vida existe un hilo conductor desde pequeña: la palabra escrita. «Cuando era chica, empecé a leer y, como no había libros para niños, leía los que había. Primero fui lectora, luego periodista y después escritora. La palabra escrita me ha marcado. Desde el golpe militar, soy la misma persona. No he madurado nada. Soy igual; todavía me gusta Antonio Banderas, una obsesión importante».
Minar una democracia
Reveló también que le gusta «escribir sobre gente anónima que parece insignificante y que, de repente, saca a relucir un heroísmo, un coraje y una generosidad apabullantes. Y me emociona porque lo vi, vi cuánta gente solidaria había entonces en situaciones muy duras y cuántos traicionaban también. Pero los primeros todavía me emocionan. También he descubierto que no te haces más sabia con la edad, sino que eres más lo que eres. Así que cuidado con lo que eres».
La escritora ahondó en la situación actual y declaró que «todavía me importa la libertad. En Estados Unidos, las instituciones democráticas peligran. Uno podría pensar que es un país sólido, pero la democracia se pierde: a veces, de golpe; otras, se va minando desde abajo hasta que se derrumba». En ese instante se refirió a la prohibición de «La casa de los espíritus» en Estados Unidos. «En este país basta con que una persona se oponga a un libro para que lo saquen de la lista. También basta con que un maestro lo defienda para que lo devuelvan. Lo que no sé es por qué está prohibido en EE. UU: si es por las escenas sexuales, no puede ser por la violencia, porque EE. UU. vive en la violencia; ¿por contestatario? No sé si esta novela se va a prohibir, pero es un tremendo honor que a uno lo prohíban, porque es una garantía de que me van a leer todos».
Allende, que admitió que, a pesar de haber escrito 32 libros, no ha ganado confianza y que cada texto la obliga a ponerse a prueba, advirtió con seriedad contra las posturas intelectuales cómodas y recordó que «la corrupción, desde el presidente de Estados Unidos hacia abajo, es un escándalo, pero ahora ya está aceptada. Cuando ves a niños separados de sus padres y cómo los deportan a distintos países, sin que pase nada, y acabas aceptando esas cosas que nunca habrías creído posibles... Me asusta la complacencia porque eso le da toda la ventaja al otro».
Sergio Hernández, finalista del galardón por su novela «La añoranza», coincidió con la escritora y recordó qué sucede cuando pasamos una página de nuestra historia sin reflexionar sobre ella. Esta idea está relacionada con su novela, «centrada en la importancia de la memoria histórica en un país hecho de silencios. La memoria es necesaria para no cometer los mismos errores del pasado. Pero creo que ahora es más necesario que nunca saber de dónde venimos y construir un mundo mejor. Esta obra es esperanzadora y mira hacia adelante. Los libros son la salvación y la puerta para combatir el olvido».
El propio Hernández reconoció que le interesaba el exilio de Antonio Machado porque «hablamos de un poeta muy patriota, que pidió que lo enterrasen con tierra de España en Francia. Nosotros mismos hemos decidido que siga enterrado en Collioure. Hemos decidido convertir su exilio en un símbolo, para que Machado sea el exiliado por antonomasia». Aprovechó también la ocasión para despejar algunas dudas y aseguró que «en la primera parte de mi novela veremos a un Machado idealizado y, en la segunda, a un Machado más humano, al que no estamos tan acostumbrados: el hombre derrotado, cercano a la muerte, que sufre porque su país ha sido traicionado por italianos y alemanes. Es un Machado maravilloso, que duele y que, espero, se quede a vivir en el corazón de los lectores. Esta historia sirve para conocer la historia del exilio, que es una cicatriz que todos llevamos por dentro».
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