sábado, 28 de abril de 2012

El don Juan de don Juan Carlos.


La nómina (oficiosa) de conquistas e hijos naturales (5) del feo pero simpático rey se ha visto aumentada últimamente gracias a las investigaciones de Pilar Eyre y los chismorreos cibernéticos a que ha dado lugar: Lady Di, Julia Steinbush, Corinne Sayn-Wittgenstein, María Gabriela de Saboya, la condesa Olghina Nicolis de Robilant (exmujer de Robert de Balkany), de la que tendría una hija putativa, esto es, no reconocida; Sara Montiel, Bárbara Rey, "La decoradora balear" (según dicen una tal Marta Gayá, casada con un ingeniero que hizo el papel de Sancho Ortiz en La estrella de Sevilla y del que acabó divorciándose; la decoradora le habría dado al rey otra hija natural, y su relación habría durado unos quince años), Paloma San Basilio, otra Paloma que es modelo; "la actriz jovencita", "un par de amigas aristócratas de juventud", "otra de nuevo cuño", una de la que tuvo a un tal Alberto Bach Ramón (tampoco reconocido, pero que se le parece como una gota de agua a otra y fue dado en adopción con gestiones del propio Francisco Franco); análisis genéticos han demostrado también que una señorita belga, Ingrid Sartiáu, es su hermanastra y también hija del rey, que tuvo una relación con su madre, Liliane Sartiáu; también hay una italiana que le dio un hijo antes de casarse con Sofía y "otra más que iba contando por Madrid que estaba esperando un hijo suyo" etc. etc. etc. La lista, según la escritora, pasa de las mil quinientas; no está mal, aunque no llegue ni de lejos a las treinta mil de Georges Simenón, el caso patológico más grave de donjuanismo de los últimos tiempos. Los lugares escogidos por el Borbón para sus "cazas", no sólo cinegéticas, ya que eran excusa habitual para citarse con sus amantes junto con competiciones deportivas y otros actos, habrían sido una finca de Toledo, donde la reina e hijos lo pillaron en pelotas en 1976; otra extremeña a la que acudía en su helicóptero privado y una cala aislada, no lejos de Palma de Mallorca, donde se veía con la decoradora. Por demás, sólo hay que ver las fotos de la Corinne, capaz de tentar a todo un San Benito de Nursia, para apercibir el buen gusto del monarca, que no tiene la culpa de que le hayan seleccionado genéticamente desde hace siglos para ser una especie de verraco sultán sobrehormonado (siempre se escogía a las futuras reinas por su fertilidad, habida cuenta de la necesidad de descendientes que tiene toda monarquía). Y lo dejaremos aquí; el escritor colombiano Fernando Vallejo, que tiene a gala decir más (verdades) que nadie, ha añadido algunas cosillas que cualquiera puede consultar si andurrea por la Entrerred con un mínimo de curiosidad: sus cacerías en la Rumanía de Ceaucescu, por ejemplo, y [...] con lo que termino este escrito, monárquico, por supuesto: hay que acatar la ley, que obliga a hacer oídos sordos a todas estas infamias y mentiras de republicanos despreciables: el rey es un corderito inocente, víctima de mil quinientas lobunas mujeres, como sus, digamos, honorables, aunque dudosos, antepasados, por más que, la verdad, me parezca más inocente doña Sofía, esa mujer vegetariana. Ojalá le hubiera hecho caso a Agatha Christie cuando dijo: "Cásate con un arqueólogo. Cuanto más envejezcas, más te querrá".