domingo, 29 de diciembre de 2013

Sobre muertos y tumbas

El ayuntamiento (perdón por la obscenidad) se ha sacado, no diré de dónde, un impuesto nuevo, contra natura, si es contra natura ir contra el principio de que las leyes no pueden negar derechos adquiridos legalmente, y quiere cobrarnos un impuesto ya no solo por tener ventanas y aire, sino por tener muertos, en un lugar que los papeles dicen es a perpetuidad, como la misma muerte. Rosa quiere resucitarlos y hacerles pagar, incluso a los diminutos niños muertos que tan poco espacio ocupan. Nos quiere hacer más costosa la vida y que no tengamos ni dónde caernos. Dice ahora que no es a perpetuidad, que es un alquiler, y que paguemos. Negando el diccionario, nos quiere cobrar una tasa o se cagará en nuestros muertos, o, lo que es igual, los mandará a la fosa común, donde tendrán derecho a lo que tiene todo el mundo, que es muy común: tierra y gusanos.

No me niego, si cobran también el alquiler de la fosa común e incluso de las fosas no comunes, esas que hay por el campo y las cunetas, y ya que estamos, si cobran también el alquiler a los inquilinos del Valle de los Caídos o, en su defecto, a los herederos. La justicia ha de ser para todos, esto es, común. Como en la Danza de la Muerte: "Desde el papa / hasta el que no tiene capa"

Se supone que estamos en el mercado común; y un muerto es una cosa, no una persona, así que se puede comprar y vender e incluso alquilar. No sé qué será de los muertos de la señora Rosa; de la rosa dicen muchas cosas los refranes y los poetas, pero me parece que la rosa que me ocupa se va a ganar un nombre de la rosa muy poco atractivo. Un muerto es un producto de los tiempos, diríamos, y hasta una tasa lo es, no polvo que se lleva el viento por haber echado un polvo. "De este mundo sacarás / lo que metas, nada más". Quisiera que la economía del crecimiento cero que recomienda el sabio refrán fuera la que siguieran nuestros sabios legisladores municipales, que quieren explotar lo que ya decía Lope de Vega, que los pleitos son hasta lo judicial perjudiciales, queriendo cobrar a los ignorantes lo que no es a derecho ni al revés; hacen de la esperanza un esqueleto. Hasta de la esperanza de Resurrección, que nos que crean mucho esos incrédulos. El tiempo que nos hizo, nos deshace, que escribía Octavio Paz cuando andaba obsesionado con Quevedo. No sé cómo arreglarán en el cielo los matrimonios múltiples en la tierra de los viudos; más coherente me parece la postura del Islam, aunque algo machista, si los curas católicos admiten la monogamia y hasta los gametos de los monos que nos hacen, el día que la evolución sea teología. Pues eso y que detesto lo que legislan los abogados de secano del ayuntamiento: que agua pasada no mueve molino. Un refrán que, al contrario que el otro, no es nada sabio y no mueve molino. Sanchopancescos que somos.