sábado, 19 de abril de 2014

Sinrazones para una razón

Lo siento, pero se acabó lo que se daba, esto es, sanseacabó. No hay más vida. C'est fini. Aunque existiera otra vida, no merecería la pena preocuparse por ella, pues no hay manera de saber nada sobre el otro lado. Resulta que cuando nacimos no teníamos conciencia, luego la conciencia se crea, tiene tanta historia como un programa informático. La existencia es pura obsolescencia programada. ¿Por qué no destruirse? ¿Dónde está la prueba de que no? Supersticiones de antaño todavía vigentes... Nos morimos y nos vamos al mismo sitio donde estábamos antes de nacer. Así de crudo y así de lógico. Nuestra conciencia reside en el cerebro. Al morir cesa la conciencia. La materia puede transformarse e incluso puede que vuelva a formar parte de otro ser consciente, pero no el mismo. No la misma marca de software, pero, si es la misma, hará lo mismo. Tal vez un poco mejor, o tal vez peor. Mezclar mecánica cuántica y filosofía es problemático. Entre otras cosas porque lo que matemáticamente es posible desde las ecuaciones físicas a veces no se observa. La vida termina, y tal y como la conocemos tiene su fin; y tras el fin no hay fin. Si hay otra cosa, será otra cosa. Y nada observable. Mucho blablá, pero no hay evidencias de otra vida y con la misma conciencia menos; mezclar física cuántica y religión es el charlatanismo de moda hoy; la teología de antaño. Se necesita mucha cultura sobre ciencias o cómo mínimo tener "herramientas"cognitivas para no caer en camelos palabreros y sofísticos como ese. Somos flujo de energía armónica. Cuando el físico muere, la energía cesa. No hay más. Se acaba la vida y el cuerpo de pudre, al igual que nos comemos un pollo, los gusanos a nosotros. Nos descomponemos. El biocentrismo que nos quiere persuadir este mequetrefe es ni más ni menos que solipsismo. ¡Acaba de descubrir el solipsismo machadiano! Si hubiera repasado la bibliografía, habría visto que se repite hace miles de años. El argumento cuántico solo demuestra el desconocimiento de lo cuántico; en resumen: una parida. Todo tiene principio y fin. Todo se transforma, es decir, muere, deja de ser el "yo" que era, y con frecuencia termina siendo "eso". El "yo" es caduco, y lo que sigue es dar paso a otras mentes que recuerdan yoes que no fuimos. Y para demostrar otra cosa no bastan los argumentos de la lógica y la dialéctica, hay que aportar pruebas empíricas y científicas. Como muere un perro morimos nosotros, dice el Eclesiastés, y lo dice un libro de la Biblia. Si somos conciencia, al morir se pierde la información que nos conforma, desaparecemos sin más al no tener hardware, soporte físico. Termina el ritmo cardiaco, la falta de oxigeno hace que la sangre coagule y se imposibilitan las funciones fisicas para la vida, el cuerpo continua siendo carne, y luego productos químicos más simples, solo eso, la función fisica desaparece y la etérea..... por supuesto, no existe. ¿Es posible algún sistema de almacenamiento de datos y/o manipulación de estos sin soporte material? En nuestro caso son las neuronas. Pues si se demuestra que pueden almacenar tras la muerte, podríamos empezar a hablar en serio de que hay trascendencia y no somos intrascendentes. Por otra parte, nada ni nadie nos asegura que no lo fuésemos a pasar peor que aquí. El demonio de Laplace casi lo aclaró, pero le falta un empujoncito. La naturaleza no es determinista y dicho demonio no podría existir. Al morir descansamos o dormimos eternamente. Y sería una auténtica putada para los suicidas, ¿no? Definir la vida es difícil; es algo relativo y depende de múltiples factores que condicionan una forma de la existencia. Cuando los referentes desaparecen o son inestables, la vida, al menos tal y como la conocemos, desaparece. La existencia no es la vida. La vida es una forma de ser. El cuerpo y el alma, suponiendo que existan esas dos cosas y no una sola, permanecen indisolublemente unidos, es decir, el alma forma parte de las conexiones neuronales de nuestro cuerpo; de manera que si el cuerpo muere, el alma también. Así, al igual que antes de nacer no existíamos, después de morir tampoco. ¿Dónde estaba nuestra conciencia cuando los dinosaurios y cuando los romanos? Pues cuando muramos volverá a ese lugar, es decir, a ninguna parte. Suponer la perduración es suponer que la evolución tiene un sentido; y si tomamos la evolución como forma de desarrollo de la especie humana y por lo tanto de la vida, nuestro final total es volver a donde venimos, a la tierra.... Si hubiese vida, estoy seguro que mi madre me habría hablado más de una vez; si existe Dios, no sé, pero mi madre se preocupaba tanto como pudiera Dios de mí, y cuando lo he pasado mal, habría estado a mi lado, y no ha sido así (o eso podía creer, si no existe Providencia). Ni Dios me ha dicho que existe, ni mi madre me ha hablado. Somos materia en transformación, pero los átomos en el universo son siempre los mismos desde el inicio y también desde que empezó el ciclo de la vida, que es muy poco tiempo para tanto como hubo y probablemente habrá. Volvemos a lo que eramos antes de nacer: atomos y nada. Los átomos sí que no paran: ahora están en mí y mañana estarán en otro lado. Todo es materia. Para empezar el biocentrismo no es eso, y para continuar esto es una incitación a la cienciología eiusdem palotis. No es la primera vez que intentan colar cosas así para buscar adeptos. Somos parte inconsciente de ese todo que no muere, se transforma. Aunque a éste le ha llegado la inspiración con algún siglo de retraso, piense, hombre, piense, exista y déjese de historias inútiles. De la complejidad de la materia nace la conciencia que implicita el tiempo. Destruida esta desaprece conciencia y tiempo. Resumiendo: la muerte es la perfecta caja de cambios de dimensiones de cuatro a tres, y la vida desaparece. La vida como persona individualizada y única se acaba y la persona palidece y se desvanece; esto es tan real como la vida misma, pero si entendemos que al morir ortos se benefician de nuestros despojos, está claro que la vida continúa en otros órdenes y en todos los estadios, lo que no se va es a sitio alguno. Lo que afirma el físico Robert Lanza es un error. Aunque lo sea de una mentira, el final es el final. Podría ser posible que la información que conforma mi identidad y mi experiencia se pudiera reorganizar en otra cosa que no sea como cerebro... pero, si alguien o algo no sabe cómo y no hace algo por reubicarla... ¿seguiría siendo yo entonces? Si la muerte sin coordenadas espacio-temporales no existe, tampoco la vida ¿no? Que yo recuerde, siempre he existi... La muerte es lo mismito que recuerdas antes de nacer. Al igual que antes de nacer, no sientes nada ni eres nada. Cuando te mueres, lo mismo y exactamente igual. Todo tiene un principio y un final, pero quizás la vida nos dé un plus de conciencia para percibir la verdadera realidad justo después cuando morimos. Y ya, después de ese plus, todo termina. Ni las religiones monoteístas, ni los filósofos pueden aliviar al hombre de nuestro final. Somos una reacción química larga y compleja de oxígeno, hidrógeno y algunos minerales; es todo. No he visto ninguna señal de gente que quiero que ya ha muerto. De hecho, la incineración se encarga de que desaparezca cualquier esperanza de volver, incluso en forma de humo. El concepto de vida es entendido para lo que ocurre entre el nacimiento y la muerte. Todo lo que hay antes o después no puede llamarse vida; seguramente será otra forma de existencia, pero vida, como tal, no será. Todas esas cosas son propias de Deepak Chopra o algún otro chorra "maestro" o chamán new age. Si fuera científico en realidad no diría cuanticas imbecilidades "cuánticas". Si todo existe "porque lo creemos y pensamos" ¿cómo es que existen las cosas desde antes que existiera yo (o tú)? Mi cuerpo, como el de mis antepasados, ha sido creado por la diosa madre Tierra. Cuando cesen las reacciones físico-químicas que lo conforman y mantienen vivo, la conciencia de mi existencia desaparecerá y la materia que hace esto posible volverá a la madre Tierra. Fin. Van pasando los años y el desgaste del cuerpo es palpable, pura ley de entropía, segundo principio de la termodinámica. Todo en el universo pierde energía y se apaga; el universo se enfría y se expande como un cadáver. Crecemos hasta que no podemos crecer, y luego decrecemos, se nos tardan en curar más las enfermedades, los huesos se nos vuelven porosos, el adn empieza a cometer más errores, se nos acortan los telómeros, aumentan los radicales libres, las células empiezan a afixiarse en su propia mugre y, poco a poco, vamos perdiendo vida y, si tenemos suerte, nos vamos apagando como una vela y nos morimos dormidos y sin dolor, y, si no, morimos con dolor y, cuando se produce el fin, existiremos en parte y en fantasma mientras alguien nos recuerde. Aunque nos recuerden muchos, muchos, muchos años, ya no volveremos. Si existiera vida después de la muerte, como quiere Raymond J. Moody y tantos otros, ¿realmente valdría la pena siquiera pensar en ello?¿No es más razonable disfrutar de esta vida, de este milagro, con sus idas y venidas, sus golpes y sus premios, que estar pensando continuamente en una posterior dejando pasar esta, tan llena de cosas más interesantes? La vida es más interesante que la muerte, y desde luego, más sana. ¿A qué esas enfermizas obsesiones? Todo lo que pasa por la mente del ser humano es porque ha existido, existe o existirá. Solo un perturbado pensaría en la muerte: no podemos pensar en algo que no es, y, si pensamos en ello, pensaría que es porque existe y, es más, "alguien" o más bien "algo" lo instaló en su y nuestra consciencia para que lo tuviéramos presente. Hay que renovarse, la naturaleza no puede sostener ese tren de vida que llevamos y tiene que hacer sitio para optimizar los recursos disponibles; es una necesidad natural y la evolución está programada para ello; nosotros, también. Según la teoría de este hombre tampoco existiría el nacimiento, y la vida sería una ilusión o un periódico lleno de información que va cambiando con el tiempo. Vamos, que no nos morimos porque ya estamos muertos y todo esto es una película. Sería una nueva entrega o reciclamiento o reencarnación del monismo espiritualista de Berkeley, "ser es percibirse", pasado por el barniz de la teoría cuántica y soi-disant o autodenominado "biocentrismo", para aparentar rigor científico y patentar etiqueta o denominación de origen de marketing ideológico para vender libros propios de la sección de nueva era, new age. Ninguno ha vuelto, ni Jesucristo, y hace años que se fue y lo están esperando, sobre todo unos individuos llamados Vladimir y Estragón. Pero tiene algo de razón: algunos han visto delante de ellos mismos a personas que han muerto y aseguran que eran muy reales. El problema es definir cómo es posible, si hasta los escépticos topan con ello y no saben cómo desmentirlo. El caso es que todos tienen un miedo horrible a la no existencia y se inventan mentiras para hacerla más tolerable; es una ventaja derivada de tener razón y cerebro: nos podemos engañar con suma facilidad. Estamos diseñados para ser religiosos y creer en el otro mundo porque es una ventaja biológica de la evolución, que crea seguridad para la cohesión social. Hasta Napoleón admitía que cada cura le ahorraba diez policías. Si existes, eres; si no existes, no eres, y el planeta lo compagina así: unos comen para vivir y otros te comen para vivir también. ¿O es que no se aprende nada de la vida? Cuando pierdes un brazo ¿eres menos tú? O los dos, ¿eres menos tú aún, no? Entonces, ¿no eres tu cuerpo? Si es así, ¿por qué piensas que al morir tu cuerpo te mueres? ¡Con qué seguridad se asienta y afirma la ilusión de uno mismo! La muerte es una ilusión, pero la física cuántica no. ¿Seguro? ¿De verdad?

Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.

Se habla de evidencias científicas, cuando las bases de toda la ciencia son V = E/T. Si el espacio y el tiempo no existen, ninguna evidencia científica es correcta, incluida la que ha dado pie a pensar esto. Las personas desaparecen o se incineran o se descomponen. Eso es una evidencia. Lo que anima la vida es igual que anima la vida animal, se agota y se acabó. ¿Existe algo después de la muerte? Cuando ves un cadáver la persona se ha vuelto cosa, ya no es un yo, es un eso o un ello. Su evolución es la siguiente: de la carne al esqueleto, y punto. Cuerpo y alma son una bombilla. Y pensar que el alma sin cuerpo perdura es como pensar que una bombilla funcione sin electricidad. Tal vez exista la muerte, pero solo para aquellos que la desean y no han buscado la vida eterna. Estamos diseñados para montar teorías y formular signos artísticos y científicos; también la religión es una superchería, más cercana al arte que a la ciencia. Es una mímesis o imitación, una construcción retórica que funciona como aspirina para el dolor. Y la ciencia también puede fabricar aspirinas. Estamos diseñados para pensar que hay otras vidas. El afán de transcender del ser humano hace que busque argumentos para ser inmortal y se resiste al hecho, inaceptable para su psicología humana, de que hay dos verdades irrefutables: que nacimos y que morimos. Lo que podría ser eterno serían nuestras enseñanzas o aportes a la humanidad en conjunto para su bien o su mal. Hola y adiós. Es todo. "Nació y no supo. / Respondió, y no ha hablado", que dice Vicente Aleixandre en Poemas de la consumación. Y "Como Moisés es el viejo". Muere viendo ante él "lo que gozarán los otros". Y dice en otro lugar: "O tarde, o pronto, o nunca". Las formas frustrantes de padecer el tiempo en la vida: demasiado tarde como para poderlo disfrutar; demasiado pronto como para poderlo valorar; y, por fin, imposible de detentar. No hay muerte porque no hay vida, todo es una ilusión. Ahora bien, las palabras se crearon para algo, esto es, que lo que se entiende tiene sentido para la vida, porque existe, y lo otro también, o no sería preciso. Tras la muerte será como antes de la vida: nada".
¿Existe vida antes de la muerte? Lo que no nos dice, y esto es lo verdaderamente importante, es si transciende nuestra conciencia, si no es así me importa un pepino. Si pienso y si existo estoy vivo, la vida no es una ilusión atemporal. Qué manía la de confundir Conciencia y Consciencia... Todo lo que sabemos nos lo han inculcado, incluida esa estupidez de la inmortalidad. En realidad es el Complejo de superioridad humano y, de paso, una forma de dominar masas. Sí, hay mucho creyente pero nadie se quiere morir. ¿En qué creen los hombres? ¿En qué creen los gusanos? Si no eramos nada, no seremos nada, aunque alcancemos las más altas cumbres de la miseria. Savater en una entrevista se preguntaba el porqué de esta obsesión. Demos vida a los que están vivos y preguntémonos solo si tenemos vida antes de morir. Las aclaraciones del después ya nos llegarán (o no...) Simplemente es que, si realmente hay "otra" vida o como se la quiera llamar, y no soy consciente de la que estoy viviendo ahora, es que el que está escribiendo estas líneas ha muerto. RIP. Sin más, y sin dramatizar. Como en The end, de Jim Morrison. Creemos lo que nos enseñan a creer, no sabemos nada, pero el hecho de que nazcan niños supone ya creer en que existen vidas nuevas, en que resucitan los muertos. Lo que pasa es que no los sabemos ver.