domingo, 20 de septiembre de 2015

Cortesía y patología de los textos electrónicos


Errores que un hombre no debe cometer en una 'app' para ligar.

Catorce minutos y medio. Es lo que suele tardar un hombre en crear un mensaje de texto amoroso, según una encuesta realizada por el portal de citas Match.com. Y este tiempo puede multiplicarse ad infinitum si el mensaje en cuestión es el primero. La inseguridad, la excitación y la incertidumbre son pésimas consejeras, y podrías tirarte horas quitando y poniendo palabras, estrujándote las meninges para provocar un efecto positivo en la receptora. “¿Me habré pasado de rosca? ¿Creerá que estoy desesperado? ¿Pensará que no soy lo bastante guay?”. Y así pasan las horas, y tu mensaje sigue sin despegar, mientras la chica de tus sueños es seducida por las frases de otro pretendiente más decidido. Para que no vuelva a pasar, vamos a darte unos consejos que te ayudarán a construir un mensaje digno en poco tiempo. No te garantizamos el ligue, pero al menos quedarás como un señor.

Anticípate y opta mejor por el WhatsApp que por el Facebook.

Has conocido a una chica ayer por la noche y tienes su contacto. Si te gusta y te interesa, vas a tener que armarte de valor y escribir tu mensaje, puesto que todavía son muy pocas las mujeres que toman la iniciativa en estos casos. Según una encuesta de Match.com, el 84% de las personas creen que es el hombre quien debe escribir antes. En cuanto al medio más indicado para enviar el mensaje, un estudio elaborado por The App Date nos dice que la mayoría de los españoles optan por el WhatsApp (98’5%).

Escribe antes de 24 horas: los flechazos no esperan.

Antes de la democratización del teléfono móvil, los hombres seguíamos una regla no escrita que establecía tres días como tiempo mínimo que había que esperar para llamar a una mujer recién conocida. Si la llamabas antes dabas la sensación de estar demasiado ansioso. Pero los tiempos se han acelerado una barbaridad: la escritora y experta en relaciones Kate Taylor nos ilustra: "La regla de los tres días es cosa del pasado. La tecnología ha cambiado mucho la manera en la que nos relacionamos. Lo suyo es enviar el primer mensaje unas horas después del encuentro o al día siguiente de la cita, como muy tarde”. Ten en cuenta que el primer chispazo se produjo cara a cara, pero luego os habéis separado y, si no te das prisa en avivar la llama, corres el peligro de que la cosa se enfríe.

Si empiezas con frases típicas no transmites exclusividad, y es muy probable que otros hayan escrito lo mismo”, dice la psicóloga y sexóloga Ana Sierra. No a mensajes como “ola ke ase”.
El experto en dating y redes sociales Guillermo López, advierte: “Los flechazos no esperan, por eso deberías escribirle lo antes posible. La hora da igual, si ves que la chica está conectada, lanzas el mensaje aunque sea a las cinco de la mañana”. En este caso, basta con teclear una frase corta y espontánea, pues el recuerdo está fresco. Algo como: “¿Qué pasa? ¿No duermes?”.

La frase perfecta.

Debes tener presente si la chica es tímida o lanzada, el lugar dónde la has conocido y hasta su profesión. Guillermo López pone el ejemplo de una mujer que has conocido en el ámbito laboral: “En un caso así debes ser mucho más ambiguo, por si ella no tiene interés en ti. Sondéala con frases que rocen lo personal, pero sin entrometerte demasiado”. El caso es tantear a la chica, para que con su respuesta nos diga si está disponible o no, y perder el menor tiempo posible haciendo cábalas. Una frase perfecta si la has conocido en un entorno poco informal es esta: “Aquí tienes mi WhatsApp, para lo que quieras ya sabes donde estoy”. Si ella no está interesada te dará una respuesta seca, como "ok", y si está interesada dirá algo tipo "ah, genial. Qué tal el otro día?", obligando a responderte e iniciando una conversación que puede acabar con otra cita.

No utlilices "ola ke ase".

Palabras como “hey” o frases hechas supuestamente graciosas como “ola ke ase” tienen un alto índice de fracaso. Son intentonas muy comunes que se prestan a ser ignoradas por la receptora. La psicóloga y sexóloga Ana Sierra, cree que “si empiezas con frases típicas no transmites exclusividad, y es muy probable que otros hayan escrito lo mismo”.

Tampoco interesa empezar con un “hola, guapa”: es un exceso de confianza que puede dar la sensación de que solo te has fijado en el aspecto de la candidata. Como dice Ana Sierra, “tiene que sentirse interesante, atractiva y única, pero no solo por su físico”.

Escribir muchos mensajes muy seguidos, aunque sean cortos, da la sensación de que eres un tipo alocado y ansioso”

No seas empalagoso y digas cosas como...

Que ni siquiera se te pase por la cabeza enviarle algo como: “No te veo desde hace dos horas y ya te echo de menos”, “¿Qué haces el resto de tu vida?”, “No dejo de pensar en ti” o “Tienes los ojos más bonitos que he visto en mi vida”. Sí, el último Informe Ausonia dice que el piropo favorito de las españolas es “eres maravillosa”, pero ya tendrás tiempo a decírselo en el futuro: recuerda que todavía no es tu novia, sino una perfecta desconocida, y con tanto almíbar lo único que conseguirás es que se empalague antes de tiempo y te bloquee de por vida.

Las faltas de ortografía son como el mal aliento.

Dicen que las faltas de ortografía son el equivalente escrito al mal aliento. No olvides, pues, pasar el corrector ortográfico antes de enviar el mensaje. Las abreviaturas, de momento, también sobran, puesto que, como dice Ana Sierra, “transmiten pereza o desinterés”. Del mismo modo, los “jajaja” son síntoma de nerviosismo e inseguridad. Y los signos de admiración son prescindibles en estos primeros pasos: resultan demasiado gráficos y un tanto pedantes.

No a estas tácticas rancias de ligoteo.

A veces deseamos tanto a una mujer que estaríamos dispuestos a regalarle la mismísima luna. O, en su defecto, un viaje a la luna. Según Guillermo López, “esto es un grave error y más en la primera frase. Proponer un plan suculento, como un concierto caro o una cena en un restaurante muy bueno, es quedar al descubierto. Son artes rancias de ligoteo. Hay que dejar claro que estás interesado pero sin ostentaciones”.

Tampoco suele funcionar hacer ostentación de tu dinero o de lo bueno que eres en el trabajo, pues quedarás en evidencia. Deberías, pues, derrochar sinceridad y naturalidad, para que ella no piense que la estás engañando. Y deja la artillería pesada para más tarde.

Sé claro y conciso.

Un “hola” y una buena frase son más que suficientes. Y, preferentemente, que todo esté en el mismo bloque de texto o, como mucho, repartido en dos.

La regla fundamental del dating, defendida por todos los expertos, establece que tenemos que intentar que nuestra conversación sea como una partida de ping-pong y que el número de mensajes enviados sea igual al de los recibidos. Lo explica Ana Sierra: “Escribir muchos mensajes muy seguidos, aunque sean cortos, da la sensación de que eres un tipo alocado y ansioso”. Y si te toma por un émulo de Norman Bates, tendrás muy pocas posibilidades de conseguir una cita.

Proponer un plan suculento, como un concierto caro o una cena en un restaurante muy bueno, es quedar al descubierto. Son artes rancias de ligoteo. Hay que dejar claro que estás interesado pero sin ostentaciones”

No uses emoticonos.

Aunque una encuesta de la web Singles in America revela que los solteros que usan emoticonos en sus mensajes tienen más relaciones sexuales que los demás, hay que ser muy cauto con el uso de estos monigotes en la primera frase. Guillermo López confiesa que él nunca los usa: “Porque quiero que vean que soy serio. Al menos al principio. Luego ellas enseguida los utilizan y les sigo la corriente; llegados a ese punto no esta mal tirar de emoticonos, sobre todo si no eres muy hábil escribiendo”. Ana Sierra matiza: “Hay que encontrar el punto medio. Un emoticono sonriente puede transmitir buen rollo, pero tienes que ser alguien muy expresivo, afectivo y seguro de ti mismo para que no quede raro. No hay que forzar la afectividad”.

Sigue el consejo de Brad Pitt.

No hay mejor forma de retomar contacto con una chica 24 horas después de conocerla que establecer una conexión con vuestro último encuentro. Guillermo López aconseja: “Al principio hay que centrarse en lo que pasó la última vez, en algo que hayáis compartido”. ¿Un ejemplo? “Tía, cómo nos reímos ayer, me hubiera gustado quedarme un rato más contigo, lástima que me tuviera que ir”. El uso de palabras coloquiales irá en función del grado de confianza y de la personalidad de la receptora. Y también de la tuya. Pero más vale pasarse de espontáneo que de correcto, puesto que, como dice Guillermo, “lo que más enfría es que seas un ligón de manual. Los manuales dicen que hay que ser ‘original, alegre, misterioso y tentador’, pero si te comportas así te toman por gilipollas”.

La referencia al último encuentro también puede dar pie a sugerir una cita, con frases como: “Deberíamos ir algún día a probar esos perritos calientes de los que me hablaste ayer, ¿no crees?”. Luego ya solo te queda aplicar la regla de Brad Pitt: si ella te dice que no puede un día y no propone un plan B, es probable que no esté interesada.

Sentido del humor sí, pero no seas un bufón.

Seducción rima con negociación. No hay que levantar todas las cartas, pero sí sugerir que te atrae y mostrarte accesible, que no desesperado. Y, por encima de todo, seguro de ti mismo y de tu interés por esa chica y por ninguna otra: “Si transmites seguridad, tienes la mitad del trabajo hecho”, apunta Ana Sierra. Después, te queda sonar positivo, único e incomparable, que no estrambótico. Y no olvides poner en tu mensaje una chispa humor, sin cruzar la frontera de la bufonada. “Lo importante es despertar en la chica emociones positivas, que se sienta alegre y excitada al hablar contigo”, añade la psicóloga.

No al victimismo: paciencia, chaval.

Al principio decíamos que la tecnología y el WhatsApp han acelerado la comunicación orientada al ligue. Pero, cuidado. Si le envías tu mensaje, que no te extrañe que tarde más de 24 horas en contestarlo. Incluso dos o tres días. O una semana. ¿Qué debes hacer en ese caso? Para empezar, dejar de mirar el móvil cada cinco minutos. El último informe de la Fundación Telefónica revela que los españoles consultamos el móvil 150 veces al día, aún sin tener ninguna notificación. Y si esperamos un mensaje de una chica, las 150 consultas pueden convertirse en un millón. Hasta que empezamos a rumiar formas de contraatacar y llamar su atención: un remedio que puede ser mucho peor que la enfermedad.

Guillermo López sostiene: “La regla principal es no molestar, así que insistir siempre es contraproducente”. Ana Sierra está de acuerdo: “Si no contesta, dale unos días, porque puede estar de viaje, o atravesando un problema familiar, o incluso ligando con otro chico…”. Y, pase lo que pase, bajo ningún concepto debes poner frases como “bueno, no te doy más la brasa” o “ya veo que pasas de mi”: en el terreno de la seducción, el victimismo y el chantaje emocional están condenados al más estrepitoso fracaso.

Finalmente, suerte...

II

Carmen Mañana, "Siete cosas feas que Internet le ha hecho al castellano", El País, 24-IX-2014:

'A ver' y 'haber'. Los puntos suspensivos. La falta de comas. Cuando parecía que habíamos superado a los SMS, Internet nos trajo estos regalitos.

Hay contenidos en la Red que no son aptos para menores de edad y otros que pueden herir la sensibilidad de la audiencia, pero comienza a resultar imprescindible un tercer tipo de advertencia: aquella que informa al internauta de que está a punto de presenciar la violación sistemática de la ortografía y la gramática castellanas. Un espectáculo snuff nada agradable para estómagos sensibles y cerebros educados con los cuadernillos Rubio, y que, en el caso de profesionales y amantes de la lengua, puede desembocar en patologías que van desde el desprendimiento de retina hasta la autoextracción de los globos oculares.

Dirijamos el dedo acusador hacia nosotros mismos. Internet es así porque nosotros lo hemos hecho así. Y aunque también ha hecho evolucionar la lengua incorporando nuevos términos a nuestro vocabulario (la RAE ya admite tuit: guasap, el siguiente eres tú) y no todos gustan de sodomizar el idioma, lo cierto es que un número cada vez mayor de estas perversiones online empieza a trasladarse al mundo analógico, como asegura Carmen Galán, Catedrática de Lingüística General de la Universidad de Extremadura.

Es la ciudad sin ley gramatical. El imperio del todo vale. El apocalipsis ortográfico. Y estas son sus siete plagas:

Signos de puntuación negativa. Galán asegura que sus alumnos de la Universidad de Extremadura más que utilizar las comas, las lanzan sobre el texto como quien vierte un puñado de fideos en la sopa. “Es cierto que cuando hablamos no decimos: ‘Te quiero, punto y aparte’. Pero sí hacemos pausas reflexivas que cada vez se reflejan menos en los textos. Puntuar bien es fundamental para entender todo el sentido de las oraciones”, apunta la catedrática. Ya saben: a la pregunta ¿te apetece hacer un Blablacar con Esperanza Aguirre? no es lo mismo responder ‘No aspiro a un compañero mejor’ que ‘No, aspiro a un compañero mejor’. De entre todos los signos de puntuación, el punto y coma es el que está en peligro de extinción extremo, según Galán. Pero, sin que sirva de precedente, no culparemos a Internet de ello.

Pasamos de poner un punto, pero si son tres no hay quien nos pare. Tal cual. Si la excusa para cometer casi todas estas aberraciones es que así ahorramos caracteres, ¿por qué tantos tuits, entradas de Facebook y mensajes están plagados de puntos suspensivos como si una epidemia de varicela hubiese inundado la Red? “Se supone que los mensajes se transmiten entre gente conocida con la que compartes ciertos presupuestos y códigos, así que tienden a ser más emotivos que descriptivos. En ellos predomina el contenido afectivo y se emplean mucho los puntos suspensivos para cerrar una secuencia sin acabar, porque sabemos que la otra persona es capaz de completarla”, trata de argumentar Galán

Interrogación interrumpida. La catedrática Carmen Galán no cree que el hecho de que la práctica desaparición de los signos iniciales de interrogación y exclamación se deba únicamente a la influencia anglosajona. En su opinión, se trata de otra cuestión de vagancia. Aunque tiene poco sentido mostrarnos tan rácanos al principio de una frase, cuando pocas veces bajamos de los tres signos al final de la misma. “Solo se ponen al final y están empezando a cambiar de función. La exclamación se utiliza fundamentalmente para marcar el énfasis”. Si existe una petición en Change.org para que se erija una estatua a Rosendo en Carabanchel, ¿no merecen el ¡ y el ¿ una campaña para evitar su muerte?

A-K-Báramos: Si lo piensan bien, como invita a hacer Galán, no tiene mucho sentido. “Es cierto que cuando aparecieron los SMS tenía su lógica abreviar las palabras porque se pagaba por caracteres. Y puede entenderse, incluso, que en Twitter, a veces, necesitemos rascar dos letras. Pero, ¿por qué k? Que no empieza por k y la k suena ka no ke”. ¿Es un acto de rebeldía? ¿Una reivindicación anarquista, punk? En el teclado de los móviles y de los ordenadores, la q es la primera letra de todas (si seguimos el orden tradicional, derecha-izquierda, arriba-abajo). Solo existe un misterio más inexplicable que el de la k: ¿por qué no existe un emoticono que reproduzca el gesto de vomitar?

Bomba H. “En esa urgencia que nos hemos autoimpuesto por comunicar constantemente todo lo que nos sucede, hemos terminado aceptando la siguiente excusa: como me van a entender igual, puedo escribir como me dé la gana. Además como el castellano tiene la ventaja de que puede leerse fonéticamente y las h son mudas ¿Para qué las necesito?” ¿Y para qué necesitamos el por favor y el gracias? ¿Y el hola? ¿De verdad suprimir las h supone un ahorro energético tan relevante en nuestras vidas? ¿El tiempo que empleamos en teclear esta letra nos daría para aprender un nuevo idioma, conseguir unos abdominales como los de Ronaldo o sacarnos el carné de conducir? ¿En un mundo sin h seríamos más listos y más guapos (y ya no necesitaríamos el transporte público)?


A ver ese haber. El número de tuits en los que alguien escribe a ver cuando en realidad se refiere al sinónimo del verbo existir resulta espeluznante. Prueben a hacer la búsqueda. “Es cierto que, en muchos casos y desgraciadamente, pueden ser faltas de ortografía inintencionadas. Pero hemos aceptado que en las redes sociales se escribe como se habla: a ver y haber suenan igual, así que no nos importa cómo se escriban porque es el contexto del mensaje el que determina si nos referimos a mirar o existir, y así lo van a interpretar nuestros interlocutores. Lo mismo está sucediendo con porqué o por qué y haya o halla o allá”, señala Galán. Sí, beach (playa) suena como bitch (zorra) cuando lo pronuncia un español. Pero no es lo mismo, ¿verdad?