sábado, 23 de abril de 2016

La crisis del Cristianismo

Las causas de la hipotética crisis del cristianismo (que no creo sea de ahora, sino que es periódica; hoy mismo percibo un cierto resurgimiento desde que ha empezado a lavar sus trapos sucios no porque hayan querido, sino porque los han obligado: “contricción forzosa”) hay que buscarlas tal vez en que Dios es de derechas… Porque manda mucho, y para mandar mejor debía mandar menos. Y sus acólitos también son de derechas, al menos en sus tres cuartas partes; así lo indica su autoritarismo, su dogmatismo, su misoginia, su tenebrosa hipocresía y su miedo enfermizo a las cosas del cuerpo, que ya expresó como pecado propio San Francisco, ese poeta ecologista y predicador a pájaros, sin duda su mayor definidor después de San Pablo, el misógino; ese desdén del cuerpo lo han padecido en forma de anorexia muchos de sus cerriles penitentes y muchos de los cuantiosos orates que en sus filas han perdido la chaveta con algunos de sus absurdos y supersticiones.

Contribuyen también hechos como ponerse siempre contra la legitimidad histórica y a favor de todos los tipos de poder, especialmente los militares, como en el caso de la Guerra Civil española: eso no le hizo ningún favor y motivó una gran crisis de vocaciones. No menos despreciable es el desprecio que papas retrógrados y protectores de violadores como Juan Pablo II mostraron a movimientos de renovación como la teología de la liberación, algo que hay que situar junto al aprecio que sintieron por el dinero que conseguían recaudar inmorales codiciosos del estilo de los Legionarios de Cristo (de nuevo el léxico militar: qué querencia le tienen: ¿no había un demonio llamado Legión?). Jesucristo condenó la codicia violentamente en el templo, y más que él el Antiguo Testamento y el decálogo judío no en uno, sino en dos de sus diez mandamientos. Por no hablar de las inmatriculaciones, una forma de “saqueo” organizado de la sociedad civil que debía dar más vergüenza de la que da.

El mundo se está volviendo adogmático y entre las tendencias místicas más peligrosas para la fe cristiana, que respeto tanto como la critico, veo que la peor es la new age a causa de su misma inconsistencia, muy similar a la del propio cristianismo en sus inicios, pues el cristianismo no es sino lo que ha llegado a ser desde que Constantino, un hombre acomplejado porque ninguna creencia le perdonaba el pecado de haber matado a su propio hijo sino la cristiana, le adhirió ese malsano poder temporal y ese cesaropapismo que tanta sangre inútil ha hecho verter en su historia.