lunes, 3 de octubre de 2016

Los poderes económicos que manipulan al estado

Cándido Marquesán Millán, "Grupo PRISA, paradigma de poder salvaje", en Nueva Tribuna, 2 de Octubre de 2016: 

Que la democracia, como sistema político, está pasando por un mal momento, no es ninguna novedad. Este sistema político, el peor exceptuados todos los demás, según Winston Churchill, como categoría política, en nuestra época está sometido a una contradicción. Por un lado, es el único régimen capaz de aspirar a la legitimidad. Ningún gobierno es aceptado si no se presenta ante la opinión pública como respetuoso del principio democrático. A la vez, las características que definen la democracia están en profunda crisis o amenazadas.

Tal como describe Gerardo Pisarello en su libro Un largo Termidor. Historia y crítica del constitucionalismo antidemocrático, si definimos democracia a grandes rasgos como un régimen basado en el sufragio universal, el pluralismo político, libertad de expresión, ideológica, de información; el gobierno de las mayorías en oposición al de unos pocos o uno solo; y capaz de maximizar la autodeterminación política con el respeto a las minorías, si evaluamos la salud de la democracia a través de estos elementos, tenemos que concluir que no solo no disfruta de una buena salud, sino que está al borde de su extinción.

El ejercicio del sufragio, a pesar de su generalización, tiene claras deficiencias. En España tenemos un sistema electoral injusto y muy poco proporcional, instaurado en la Transición como un filtro para que determinadas fuerzas no llegaran a las instituciones y si lo conseguían con una representación muy inferior a su fuerza real; así como también para potenciar el voto útil o de centro político, en el que los elegidos suelen ser reclutados en las clases medias o altas, y con orientaciones políticas moderadas. Y a pesar de ello irrumpen fuerzas como Podemos. Si ese filtro de la ley electoral no es suficiente, para ello está el funcionamiento de los partidos políticos y la manipulación de la opinión pública. El mundo financiero y empresarial es clave en la creación, sostén y financiación de los grandes partidos, por lo que, si estos llegan al gobierno, les proporcionan subvenciones, prebendas y favores sin cuento; e incluso, pueden incumplir sus programas electorales para responder a sus solicitudes. Según Josep Fontana la "United States Chamber of Commerce", la mayor federación empresarial del mundo, financió las campañas electorales a través de Comités de Acción Política, actividad que aumentó considerablemente desde 2009, tras la decisión del Tribunal Supremo. Debido a  la interconexión entre el mundo de la política con el financiero y empresarial, se produce el efecto "puerta giratoria": directivos del sector financiero o empresarial ocupan puestos políticos clave, y a la inversa. De ahí que  Antoni Doménech, catedrático de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Barcelona haya dicho: “Las democracias actuales se enfrentan a poderes privados neofeudales más grandes y poderosos de lo que soñaron las más codiciosas dinastías empresariales de la generación de nuestros ancestros”  Como prueba de ello: a finales de los 90 el presidente de Mercedes Benz, advirtió expresamente a Schröder que trasladaría toda su producción a los EEUU, de concierto con el gigante automovilístico Chrysler, para conseguir del canciller la destitución fulminante de su ministro de hacienda, Oskar Lafontaine (quien narra el episodio en sus ácidas e instructivas memorias).

Pero además de las deficiencias ya mostradas. Quiero detenerme en otra no menos grave. La libre circulación de ideas y opiniones se ve amenazada por los grandes medios de comunicación cada vez más concentrados y vinculados con los poderes financieros y empresariales,  que al alcanzar tanto poder, pueden contrariar o delimitar la soberanía expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia, de ahí que el profesor Luigi Ferrajoli en su libro Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional, los denomine poderes salvajes. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega “tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez,  una gran resistencia a las imposiciones del poder político”. Pueden forjar o derribar a su libre albedrío el liderazgo en un partido político con encuestas, editoriales, artículos de opinión, selección de determinadas noticias. Son el desafío principal para la democracia en nuestros días.

El periódico El País, del Grupo Prisa, puede ser un ejemplo paradigmático de lo expuesto, de un auténtico poder salvaje. Su actuación está al servicio de los grandes poderes financieros, de los cuales depende para no acabar en la bancarrota. Todos los conocemos. Será difícil encontrar en un sistema democrático una campaña continua tan sesgada, torticera, vergonzosa y malintencionada con el objetivo de destrozar la fuerza política de Podemos. Es seguro que se estudiará, ya se estudia, en las Facultades de periodismo. Lo mismo puede decirse de su actuación con determinadas editoriales recientes contra Pedro Sánchez, brutales en el fondo y en la forma. Tarea mendaz a la que sumaron toda una serie de intelectuales, cabe pensar que bien recompensados, como Javier Cercas, Antonio Elorza, Félix de Azúa, Fernando Savater, Félix Ovejero, José Luis Pardo o Santos Juliá, etc. Todo porque no se doblegaba a  la abstención patriótica y así facilitar un gobierno del PP, que está al servicio de los intereses de los grandes poderes económicos. ¡Qué bajo ha caído este periódico que en otra época fue un referente de la socialdemocracia!  Al final han podido con Pedro Sánchez, que estaba legitimado en unas primarias por la militancia y por 5, 4 millones ciudadanos españoles. Tales actuaciones del Grupo Prisa son un claro ejemplo del concepto de poderes salvajes expresado por Ferrajoli. Como también, las expresadas en el artículo "Las prisas de PRISA" de este mismo periódico de José M. Roca, que cito textualmente: “Así, el día 13 de enero de 1995, un editorial titulado “Final de etapa”, instaba a Felipe González a presentar una moción de confianza en el Congreso o en su defecto a convocar elecciones anticipadas. Y el día 18 de julio de 2011, con un editorial titulado “Final de ciclo”, acompañado por un artículo de Juan Luis Cebrián titulado “Esta insoportable levedad”, El País señaló el fin de la etapa de Rodríguez Zapatero”.