viernes, 31 de marzo de 2017

Más parodias de poetas de la literatura española por Jorge Llopis

Parodia del Poema del Cid

POEMA DEL SUYO CID

Suyo Cid -y el de ustedes- por Castiella, triunfale,
cabalgando a caballo al su destierro parte.
¡Dios, que era muy bizarro e de muy buen talante!
¡Qué buena barba gasta, el cacho de animale!
Para llegar a Burgos dexó atrás Cibdad Reale
e Toro, Mequinenza, Calatayud e Caspe.
Llegósse con retardo, ca non era puntuale
et fallaba las citas por pitos e por flautes.
A su lado cabalga don Pero Peragález,
el calagurritano de pro, complido e tale,
honrado e muy bienquisto, ca nunca fuera alcalde,
e jamás dedicósse al tongo et al enjuague.
Ya catan a lo lejos de Burgos la cibdade,
e possada requieren del Hotel Condestable,
mas todo era muy lleno de damas e galanes
de essos que nos remiten de París de la France.
El dueño del hotele despidióles afable,
fablando con acento, ca era catalane,
e dicía unas oes que parescían aes,
e comía escudella los viernes e los martes.
Mas suyo Cid marchósse de Burgos la reale,
llorando de los ojos, ca había grand pessare,
camino de Valencia, donde diz el refrane
que del naranjal viene la naranja a los labies.
E passó por Cardeña, do por cassualidade
doña Ximena estaba faciendo cura de aires,
mas non de aguas, ca entonces las gentes principales
non se lavaban nunca, ca es so es liviandade,
e si guarro está el cuerpo, tal debe ser ca el tales
e pasto de gussanos ha de ser, que se aguante.


Parodia de Sem Tob

PROVERBIOS MORALES

Escuchadme, Señor,
lo que escribo en loor
e con grande dolor
ca soy muy pecador,

e la vida es baxera,
e non es placentera,
e aquesta gusanera
es cossa maxadera.

El home es soberbiosso
e meresce una cincha,
e al saberse grandioso
como un pavo se fincha.

E si come, se forra;
como colchón de borra
se atasca e se atiborra
de salchicha e chistorra

Señor Rey, es asaz
molestosso e non sano
que le escupa en la faz
al judío el cristiano.

Non le cuesta trabaxo
al que escupe et amuela
echar el su gargaxo
en la faz de su abuela.

Ca los judíos no hemos
cossa alguna de memos
e vengarnos podemos,
porque «arrieros semos». 

Antaño se escupía
al judío otro tanto,
mas aquel que lo hacía
se lo echaba en el manto.

Ca el vestido, aunque sea
de seda o de retor,
si le hacen cossa fea
non pierde en el su honor

La estofa, según digo,
se regala a un amigo,
et es cossa de abrigo
que non importa un figo.

Mas el rostro es cristal
de Dios, ca tiene brillo,
e resulta muy mal
vexallo et escupillo.

Et toda aquesta ciencia,
con paciencia de Job,
os la brinda en concencia
el Rabí don Sem Tob.

Parodia del canciller Pero López de Ayala

RIMADO DE PALACIO 

Aquesta vida es buena, no todo es rrobería,
ca muchos cavalleros hay de muy grand valía,
mas otros hay que tienen la cabeza baldía,
e non puedes fiarte nin de tu mesma tía.

Non debes passearte más tarde de las ocho,
ca matones e bravos te dexan cual vizcocho,
et de día hay truhanes que déxante muy pocho
si te facen el timo que llaman toco-mocho.

Si a paxe o a escudero contratas por soldada,
e te vas de viaxe e paras en possada,
el paxe los cavallos venderá a la descuidada
e a golpe de chapines farás la tu jornada.

E si vas e repriendes al servidor ingrato,
non le trates suave, sino con arrebato,
ca tiempo de quexarse ya tendrá el gurripato
cuando en tiempo futuro se invente el sendicato.

Buena cossa son estos tiempos tan feudales,
do los nobles señores, grandes e principales,
a los que están ayuso tratan como animales
e se dan una vida de pachás orientales.

Ca cuando passen siglos en Castilla non creo
que manden unos pocos e fagan mangoneo,
ca sería un aviesso e muy grand cachondeo,
e non sigo e me pongo punto en boca. Laus Deo


Parodia de don Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana
  
SERRANILLA NAVIDEÑA

Por Navacerrada,
serrana yo vide
gorda e colorada.
Montaba un borrico,
vestía un refaxo
que exhalaba un rico
regustillo de axo;
corpiño e faldeta
teñida de azul,
con su camiseta
e su canesul.

Por Navaccerrada
miréla, miréla
con la mirada.
E yo colegía,
viendo tal primor,
que non la vestía
don Christián Dior.

Vila que partía,
e como un pelele,
por saber do iría
yo «le» preguntéle:
Si marchas quizás,
¿do irás, girasol?
¿Do vienes? ¿Do vas?
¿Do, re, mi, fa, sol?

Non «me» contestóme
mas la su mirada
desencuadernóme.
Hoy es Nochebuena
-dixe- serranilla,
e tengo una cena
con pavo e morcilla.
Daréte el asado
que te he susodicho,
e un cerdo cebado
(con perdón sea dicho)
Daréte unas sopas
que dan calorías,
e después tres copas
de González Byass.
Creo, en poridat,
que te ofrezco, niña,
buena Navidat.
Otros la disfruten
-dixo-, caballero;
la cena es de buten,
mas cenar non quiero.
Non por etiqueta
rechazo el yantar;
es que estoy a dieta
por non engordar.
«¿Non vendrás, chiquilla?
«Señor, non iré.»
«Adiós, serranilla.»
«Adiós, don José.»
Por Navacerrada,
serrana yo vide
que non comía nada

174 – Jorge Llopis

LA PORQUERIÇA DE MATARREDONA 

(Serranilla catalana)

Cerca de Cardona
vi la Porquericça
de Matarredona.
Por senda boscossa
de cardos e ortigas,
la boca pastossa
y el cuerpo hecho migas,
hacia Badalona
por tierra caliça,
vi a la Porqueriça
de Matarredona.

Era colorada;
cruçaba sus manos,
mirando arrobada
a los sus marranos.
El campo, corona
puso de hortaliça
a la Porqueriça
de Matarredona.

Vestía un conjunto
-falda e pantalón-
y encima, de punto,
un minifaldón,
¡Y estaba tan bona,
que díxele: «Atiça!
¿Sois la Porqueriça
de Matarredona?»

Díxele: «Nenita,
saldremos de farra,
comeremos truita,
pan e butifarra.
Por Santa Madrona
que estáis muy rolliça,
linda Porqueriça
de Matarredona.

Después llevaréte
hasta el Llobregat,
y a beber daréte
en la Font del Gat.
¡Oh maca e bufona
ponte tu pelliça,
y ven, Porqueriça
de Matarredona!»

Dixo la su boca:
«¡Basta el devaneo,
que no exerço, loca
esse pluriempleo!
E non es buscona,
nin çorra, nin iça
esta porqueriça
de Matarredona.»

Mas entonces, biçco
al verla enfadada,
le aticé un pelliçco
en plena muslada.
Pero la bribona
con porra maciça
diome una paliça
en Matarredona.

SERRANILLA ESTIVAL

Muy cerca de Osorno
passaba yo un día
de mucho bochorno.
Mi boca quemada,
ansiossa de fresco,
seca suspiraba
por un buen refresco.
Dentro de una zanja  
que hallé de ocasión,
pedía naranja, pedía limón.

De forma ridícula,
passaba yo un día
de mucha canícula.

Como flor loçana
de aquel mediodía,
vide una serrana
que hacia mí venía.

No era nada zafia;
su cuerpo era sano,
e un bolso de rafia
llevaba en la mano.

Con mucho calor,
serrana yo vide
que iba en bañador.

De lastex extraño
era la su estofa,
y el gorro de baño
como una alcachofa.

La noté tan fría
de cabeça a pies,
que me parescía
doña Úrsula Andréss.

El pecho cual horno,
fablé a la serrana
muy cerca de Osorno.

Ofrecí llevarla
en mi bicicleta,
para ansí mostrarla
toda la Meseta.

Le dixe: «Muñeca,
sube al sillín, y hala».
Díxome: «Soy sueca
e nascí en Upsala.»
Con pena e bochorno,
perdí a mi serrana
muy cerca de Osorno.


Parodia de Juan de Mena

EL LABYRINTHO O LAS TRESCIENTAS

(Fragmento)

Aquella que vedes, rubiales de trença,
e bien colorada e bien pechugona,
aquella es la mesma María Pamplona,
que todos los días a vivir comiença,
e face lo mesmo que fiço en Sigüença,
e se quita paños, e mueve la tripa,
e queda en porreta, e non se constipa,
e tiene la pobre muy poca vergüença.

Aquellos que vienen en su derechura,
condes, escuderos, paxes, rodrigones,
fueron los amantes que tuvo a montones,
que non daba abasto su desenvoltura,
e a la luç del día o en la noche escura
volvíase loca buscando galanes,
concertaba citas, se arreglaba planes,
e todo lo fiço con poca mesura.

Agora la muerte con ella se forra,
de sus amadores tiénela apartada,
e ven que se pudre su carne cuitada
en la gusanera de su vil maçmorra;
e nadie al destino le busca camorra,
e nadie se espanta de verla en un grito,
e todo el que passa le dice baxito:
«¡Te lo meresciste por cochina e çorra!»

El cuerpo fermoso, la cara tan guapa,
si empieça su dança e su desafuero,
le cubren con pieças de muy duro cuero,
como a los cavallos cubren con gualdrapa;
e danle a diario polvos de xalapa
que agotan su cuerpo donoso e lascivo,
e danle los jueves un aperitivo,
mas, para que aprenda, non le sirven «tapa».

Mostrando su rostro de color alpiste,
fállase sañudo don Pero García,
que ayuntóse un día con la tal María
e su ayuntamiento fue cossa de chiste.
Tampoco ninguno acércase al triste
que mira a la espossa con oxo encendido,
e non se le acercan, porque es el marido,
e dicen que al pronto se arranca e embiste.


Parodia de las Coplas ¡Ay panadera!

COPLAS DE ¡AY TRIQUITRAQUE!

Dexa que yo te refiera
lo que ayer acontesció
en la lid que se libró
cerca de Mataporquera.
Pienso que lo que pasó
fue una cosa burladera
que a la Corte puso en jaque.
¡Ay triquitraque!

Las mesnadas se salían
al campo, e se contemplaban;
unos a otros se miraban,
de un lugar a otro corrían,
e tanto se trasladaban
que peones parescían
de ajedrez, mudando escaque
¡Ay triquitraque!

El barón del Manillar
puso pies en polvorosa,
e se fizo encima cosa
que non se debe nombrar.
Doña Mencía, su esposa,
mucho tuvo que lavar
y aromar con estoraque.
¡Ay triquitraque!

Huelga agora que se explique
que el Rey -lo sabe la gente-
es de la acera de enfrente,
adamado e alfeñique,
e fuyó, mas es corriente
ver fuir al Cuarto Enrique,
menoscabando su empaque.
¡Ay triquitraque!

Don Conrado e don Johan,
a pesar de sus varices,
corrieron como perdices
que ante los podencos van,
e dieron con sus narices
en el lodo. Ambos están
maldiciendo tanto achaque.
¡Ay triquitraque!

La hermosa doña Guiomar,
en su castillo de Auñón,
subióse en un torreón
para ansí parlamentar,
mas echáronle un lançón
sañudo, que le fue a dar
en medio del almanaque.
¡Ay triquitraque!

El conde del Resopón,
en vez de facer batalla,
encontróse en Santa Olalla
con un fermoso garçón.
Ambos, saltando una valla,
perdiéronse en un mesón
del término de Jadraque.
¡Ay triquitraque!

Los Infantes de Aragón,
al ser batidos con gana,
çurrábanse la badana
culpándose de la acción.
E uno se llamaba andana,
e el otro al uno, cabrón,
maxadero e badulaque.
¡Ay triquitraque!

Al ver que corría presto,
fuyendo, don Johan Arlança,
siguióle sin más tardança
el marqués del Manifiesto,
e metióle la su lança
en un sitio non honesto,
donde hace pupa el ataque.
¡Ay triquitraque!

E doña Sol del Escudo,
al ver al marido fuera,
se entregó sobre una estera
a un paxe fornido e rudo,
e ansí, la muy puñetera,
fizo al esposo cornudo,
porque tenía buen saque.
¡Ay triquitraque!

Parodia de Jorge Manrique

NUEVAS COPLAS MANRIQUEÑAS

En el mundo medieval,
donde la vida sin nexo
se plantea,
como todo es material,
medite y avive el seso
el que lea.
¿Qué se ficieron las damas?
¿Qué de su figura otrora
recatada?
Se han subido por las ramas
e van enseñando agora
la muslada.
¿Por qué triunfó don Froilán?
Méritos extraordinarios
non devana.
¿Por qué acude con afán
a los premios literarios
e los gana?
¿Cómo en puestos eminentes
hay alguno que subió
-yo non subo-
e, según dicen las gentes,
non sabe facer la o
con un tubo?
¿Por qué non dexan entrar
en la rueda que se aprieta
junto al solio,
e paran ya de chuparlos
que facen de la teta
monopolio?
Muchos hay con ufanía
que aparescen muy triunfales
e muy vanos;
e son, por su hipocrisía,
comeesfínteres anales,
los marranos.
Por esso yo non prospero
e posición que me cuadre
non me brota,
e todo porque fui entero
e non fice ni a mi padre
la pelota.
Hay quien quiere mil prebendas
e una cruz siempre apetesce
o medalla,
e a mí, para que lo entiendas,
todo aquesso me paresce
que es quincalla.
Con zajones andaluces
los hay a cavallo, ufanos,
fanfarrones,
e a mí, que estoy a dos luces,
me tocan a cuatro manos
los zajones.


Parodia del Romancero

ROMANCE DE ROSAFRITA

Rosafrita, Rosafrita,
la de la fermosa cara,
la del airoso corpiño
que de tan colmado estalla;
la que las caderas mueve
de tal guisa, que al miralla
perdieron la su chaveta
los Doce Pares de Francia.
Rosafrita, si quisiérades,
abriríasme tu estancia,
guardada por once dueñas
con cucuruchos de rafia.
Si quisiérades, podrías
dexar la puerta entornada,
y yo pasaría dentro,
non para cosa malsana,
nin puerca, nin indecente,
que proponerlo no osara,
sino para que los dos
nos metamos en la cama.»
Escuchando estas razones
tan corteses y tan castas,
ansí dixo Rosafrita,
bien oiréis lo que parlaba:
«Ven esta noche, Bardolfo,
que abriréte una ventana
por la que podrás pasar
si antes non te descalabras.
Mas non olvides, doncel,
que yo estoy ya maridada
con don Lope Gil y Puertas,
que, aunque fuese a Tierra Santa,
puede volverse de pronto,
y figúrate qué cara
va a poner si nos sorprende
con las manos en la masa.
Mis dueñas non te preocupen,
que les daré una tisana
que la santa de mi madre
usó muchísimo en casa,
que si en la color parece
cocción de tomillo y salvia,
te la tomas y las tripas
se te facen mermelada.»
Estaban folgando juntos
el galán y la su dama,
cuando cascos de caballo
en el castillo sonaban.
«Aquese trote, mancebo
-diz Rosafrita muy blanca-,

es el trote de mi esposo,
que entre mil lo adivinara.»
Ya subía el caballero
por escaleras y rampas,
y al llegar a su aposento,
estas palabras fablaba:
«¿Qué facen las once dueñas
muertas y despanzurradas?»
«Murieron de sopetón,
pues picóles la tarántula.»
«¿Qué facen esos calzones
de varón sobre mi cama?»
«Son un precioso presente
que os manda el rey de Navarra.»
«¡Vive Dios, que están rompidos!»
«Es que usólos el monarca,
y entre Pinto y Valdemoro
le clavaron una lanza.»
«¿Y de quién son esos pies
que asoman entre las sábanas?»
«Del postillón, que ha venido
a repartir unas cartas.»
«¿Y las reparte desnudo,
cual su madre le alumbrara?»
«En verano nada más,
porque en invierno se tapa.
El noble, considerando
la situación con gran calma,
dixo a su esposa con pena
y mansedumbre en su cara:
«Siempre dixe, Rosafrita,
que de buena te pasabas,
y como eres tan piadosa
la pringas, hija del alma.
Que se vaya el postillón
a otra parte a facer gárgaras.
¡Sin un hombre que gobierne,
la casa non es la casa! »

Parodia de Juan del Encina

CANCIÓN

Amor sus flechas lançó...
a mí sí, pero a ti no.

Por esso non tienes gana
de salir a la ventana
de palique e de xarana,
e sabes que soy de pro.

Amor sus flechas lanzó,
a mí sí, pero a ti no.

E dices, por san Felipe,
que mis dudas yo dissipe,
porque mala estás con gripe.
¿E sin ti qué fago yo?

Amor sus flechas lanzó...
a mí sí, pero a ti no.

Si te aguardo non te inquietas
porque tenga ya aguxetas,
e me faces pedorretas,
tú siempre arriba e yo so.

Amor sus flechas lançó...
a mí sí, pero a ti no.

E si sales me hago cruces
de lo mal que te conduces,
pues me arrojas altramuces
e me das en el «chapeau». 

Amor sus flechas lançó...
a mí sí, pero a ti no.


Non me temas, que es en vano.
Non soy bestia nin villano,
e xamás te meto mano,
que bien nascido soy yo.

Amor sus flechas lanzó...
a mí sí, pero a ti no.

¿E quieres que me reporte,
e non vibre cual resorte,
si me das el passaporte
e patada en el popó?

Amor sus flechas lançó.
¡La madre que lo parió!

Parodia de Garcilaso de la Vega

SONETO

Del ave lamentosa la querella
súbese hasta mi frente murmurando,
y es fuego que se face afogo blando
que se afogó y se fizo luego estrella.

Non lo fuyo y me fuyo al veros bella
aparescer, mis quexas escuchando,
y si feristeis sin querer, dudando,
vivo de mi ferida y dentro della. 

Agora non soy más que amor y sueño,
agora vuestro fierro me ha ferido,
agora de la muerte espero el hora,

y si agora non venço en el mi empeño,
y si agora he de ser raçón de olvido,
os mando a freír espárragos agora.


Parodia de Luis de León

LA ZAMBOMBA

En el aire propicio,
absorto, con el alma en cuarentena,
escucho el estropicio
que face, en Nochebuena,
el personal civil como colmena.

Los lindos pastorcicos
asan, cuecen, adoban y cocinan
loas y villancicos;
y no se compaginan,
y como condenados desafinan.

Quién la gaita discreta
face sonar con ímpetu que arroba,
quién da a la pandereta
una imponente soba
y el cendal de los tímpanos joroba.

y de pronto, no usada,
violenta y rumorosa como tromba,
sabiamente agitada,
siempre sin perder comba,
resuena impresionante la zambomba.

Su tallo circunspecto,
tallo de arbusto seco y problemático,
es un rexón selecto,
un bohordo axiomático
clavado en el ombligo de un asmático.

¡Qué bella tos ferina,
qué emocionante y fresca carraspera
la que emite y combina,
y al alma da dentera,
y en resumen, señores, es la pera!

¡Cómo canta y repica,
cómo la mano seca en el trabaxo
de pronto se lubrica
con un escupitaxo
para correr mejor de arriba abaxo!

Suspende los sentidos
el son que tanto ritmo desentraña,
y qué hermosos gruñidos
se le sacan con maña
a esa maceta que parió una caña.

Parodia de  Baltasar del Alcázar

LOS POSTRES

    Parece que de una cosa
nos olvidamos, Inés,
por culpa del portugués
y de don Lope de Sosa,
    que si con gusto parlamos
mientras duraba el yantar,
me parece recordar
que nada dulce catamos.
    Abre, pues, esa credencia
que el nogal severo enluta,
y saca nuégado y fruta
porque endulcen la conciencia;
    que cena sin piñonate
y catedral sin crucero
son lo mismo que el sombrero,
que en el varón es remate.
    Mas, ¿qué sacas? Alfandoque,
huevos moles, quesadillas,
alfajores y rosquillas.
¡Esto, Inés, es el disloque!
    ¿Un bollo maimón? ¡Castaña!
Invención es del infiel.
Si ves que me cebo en él
es por defender a España.
    ¿Esto es tocino de cielo?
Exquisito está y muy fino
De alto lugar se nos vino
para dar gusto y consuelo.
    Ve que todo se resuelve,
porque, para compensar,
si el bollo me hizo pecar,
el tocinillo me absuelve.
    ¿Ese lago de marfil
no es manjar blanco? Sí, tal.
A nadie le sale igual
que a las monjas de San Gil.
    Pero, Inés, ¡qué imprevisión!
Tanta dulzura y halago
a voces piden un trago
de málaga o fondillón.
    Aquí están, y yo a sus pies,
como cuadra a su excelencia;
mas, ¿por cuál dictar sentencia
para no ser descortés?
    Pues es claro, ¡vive Dios!
que si escojo el uno, creo
que es hacer al otro un feo
Beberé, pues, de los dos.
    Pero déjame probar
estos pellizcos de monja,
pues bien vale, y no es lisonja,
dejarse así pellizcar.
    Mas, basta, no saques más
chirlomirlo, que esta cena 

es más bien de la ballena
que del bueno de Jonás.
    Deo gracias. Voy satisfecho.
¿Falta algo más que complete?
¡Un trago de pajarete!
Y ahora, Inés, vamos al lecho.


Parodia de Luis de Góngora

SONETO

Estas, que me brotaron como escorias,
azules redes de dolor, varices,
y en mi tobillo siembran los matices
de sus mil telarañas ilusorias;

estos, sobre la piel, como memorias
que me bordó la edad, ricos tapices,
tiénenme,¡oh Filis!, hasta las narices
de sus rosas de sol circulatorias.

Mas ¿cómo he de sanar la que me estalla
rabia carnal segada por el dalle?
¿Cóómo medicinalla y aplacalla,

si tú, Filis ebúrnea, por la calle,
vaste con el primero que te halla
y sóbate muslamen, busto y talle?

UN PRISIONERO ESPAÑOL

Navegando a todo trapo
sobre las inquietas olas,
cruza el mar una galera
del pirata Barbagorda.

Terribles tiene el corsario
fama y prestigio en las costas,
pues según diz la leyenda,
a las mujeres hermosas

les hace con liviandad
la mayor de las deshonras:
las desnuda sobre un banco,
por los cabellos las toma,

y con la punta de un lápiz
les da en el oído y ¡sordas!
En un grupo de forzados
que le daban con pachorra

al remo, cierto español,
apuesto y de Zaragoza,
procuraba suavemente,
cual quien no quiere la cosa,

remar lo menos posible,
porque eso cansa las mollas.
El capitán, que le observa,
el gobernalle abandona,

atraviesa todo el puente
sonriendo con la boca
-porque por no ser muy culto
no aprendió con otra cosa-,

y sin quitarle de encima
al español la esclerótica,
se detiene pensativo
con las manos temblorosas:

una tocando el sextante,
y otra tocando la cofa.
Y conste que tocar eso
no es acción indecorosa,

que hombres de muchas agallas,
cuando se tercia, lo tocan.
Dirigiéndose al forzado,
dijo el capitán: «Perdona,

¡oh joven! si te interpelo,
mas eres la exacta copia
de un hijo que se me ha muerto
en Túnez de fiebre aftosa.

Allí tengo tres palacios
donde el agua canta o llora
en surtidores y fuentes,
según el viento que sopla;

tengo arrogantes caballos,
redes con aves canoras,
y lámparas por los techos
y por los suelos alfombras;

que uno, que es una hormiguita
y ya se las sabe todas,
tiene el riñón bien cubierto
por si al fin se arma la gorda.

Tendrás, si vienes, soldado,
un serrallo con cien moras,
que a nosotros -¡Alá es grande!–
siempre las hembras nos sobran. 

Y nos unimos con ellas
a la luz y no a la sombra,
como lo hacéis los cristianos
llamándolas querindongas.

Podrás leer libros raros,
podrás vestir a la moda,
podrás comer a la epístola,
vulgo carta, ricas cosas.

Resumiendo, que tendrás
buena cama y buena bolsa,
porque la renta "per cápita"
allí ni inquieta ni asombra.

Si quieres considerarme
como un padre desde ahora,
ven a mis brazos, soldado,
que lo vas a pasar bomba.»

El español, con orgullo,
así contesta y razona:
«Ni puedo ser hijo tuyo
ni lo consiente mi honra,

pues nací de don Juan Méndez,
Adelantado de Córdoba,
que tanto se adelantó,
que llegó hasta Tarragona,

se cayó en el Mare Nostrum
y se puso hecho una sopa.
Mis padres visten de negro,
negra es su figura airosa,

menos esa servilleta
rizada, que llaman gola.
Según dicen mis mentores,
el lujo, el tren y la pompa,

si a la carne dan gustito,
al espíritu joroban.
El mundo es valle de lágrimas
y no juerga o merendola,

y eso que me ofreces, moro,
casi es Sodoma y Gomorra.
Guárdate, pues, tus tapices
y el surtido de señoras,

que con altivez prefiero
mis prisiones y mi argolla,
pues soy español, y aguardo
que hará, porque es mi patrona,

de mi salud un milagro
la Virgen de Covadonga.»
Y dando la espalda al moro,
se fue a pasar hambre y roña,
soberbio, altivo, orgulloso,
español y gilipollas.


Parodia de Lope de Vega

SONETO


¡Oh bella entre las bellas, Amarilis,

al recordarte en esta quisicosa,
gritar quisiera el ansia que me acosa,
porque ahí es donde está todo el busilis!

Mi rimar, que es rimar sin mucha bilis,

buscando el contrapunto de su glosa,
mueve el plectro, y mi plectro es una cosa
sin perifollos vano ni fililis.

¿Por qué como Pomona o como Ceres

no caes al soplo de mi ardor de Eolo?
¡Cómo sois, Amarilis, las mujeres!

Me ves que sufro y peno, que me asolo,

y tú, deidad y estrella, ¡que si quieres. ..!
¡El amor es la Flauta de Bartolo!

SONETO


Perseguíte, Lisenda, cabe el Soto,

do el álamo templaba el fino oreo,
y observéte en la sombra un manoteo
y algo más gordo con galán ignoto.

Voy sin mí desde entonces, sin piloto

que guíe mi bajel por el Leteo,
porque lo que me has hecho está muy feo
y muerdo, rabio, grito, salto y boto.

Si hubo testigos de tu gran nequicia,

prepárate a morir -la vida es corta-
luego, en seguida, agora, incontinente.

Mas si nadie lo vio, nadie lo enjuicia,

y si nadie lo enjuicia, no me importa
llevar adornos bravos en la frente.


Parodia de Quevedo



LETRILLA SATÍRICA


La vida, Licia, no dame

lo que pedíle hasta hoy,
por eso solo me estoy,
que el buey suelto bien se lame,
No me importa que se trame,
se urda, se intrigue o se diga.
Mi Arcadia está en la barriga
con fuentes de «consomé»,
así, a quien Dios se la dé,
san Pedro se la bendiga.

Hay quien córtate un jubón

por este o aquel defeto,
y como nadie es perfeto
siempre hay corte y confección.
Siga la murmuración,
que su parla no castiga,
y se me importa una higa,
que a mí nadie me da el té,
pues a quien Dios se la dé,
san Pedro se la bendiga.

Hay quien promete muy cuerdo

el oro y el musulmán,
y al ir a cumplir su plan,
si te he visto no me acuerdo.
Prometa en vano ese cerdo
lo que a cumplir no se obliga,
mientras bailo yo la giga,
la chacona y el minué,
pues a quien Dios se la dé,
san Pedro se la bendiga.

Por eso yo cuidaréme,

ya que nadie cuidaráme,
 como nadie daráme,
yo solo regalaréme.
Váyase todo a la eme
a pie, en coche o en cuadriga,
y si al ejemplo ves miga,
Licia, nada más diré,
pues a quien Dios se la dé,
san Pedro se la bendiga.



Parodia de Tomás de Iriarte


FÁBULAS


EL GATO Y EL SOMORMUJO


Encontróse un somormujo

a cierto gato en Breslau.
El felino dijo: « ¡Miau!»
El ave pensó, y adujo:
«Tu maullido tiene embrujo,
mas no es correcto y asquea.»
Aprenda todo el que lea
este ejemplo sorprendente,
que maullar ante la gente
es una cosa muy fea.

LA MONA Y EL «POLO»


Una mona en Chamberí,

que de seda no vestía,
encontróse el otro día
por la calle a un jabalí.
El jabalí un pirulí
chupaba; la mona violo,
con atención observólo,
y preguntó muy curiosa:
«¿Qué es aquesta quisicosa?»
«Pues esto, chica, es un polo.»
La mona quiso uno igual
y comprólo en un carrito,
pero chupaba el palito
y no el jugo tropical.
Extrañóse el animal
y dijo: «Jabalí amigo,
oye bien lo que te digo:
o este “polo” ya esta usado,
o en verdad que me ha tomado
el pelo la "Casa Frigo".»
No acuses de fraude o dolo
a quien tu placer abona,
y no hagas como la mona,
chupando al revés el «polo»,
que quien hace tal acción
y chupa el palo, es cretino,
pues la madera de pino
no sabe como el limón.

LA EXCAVADORA Y LA BUHONERA


La excavadora, orgullosa,

dijo a la buhonera: «Eulalia,
a mí me importan de Italia,
y tú como si tal cosa.»
Dijo la vieja: «¡Mocosa!,
gracias a la chufa mía,
 al pirulí, mercancía
a la que restas halagos
nuestra balanza de pagos
se nivelará algún día.»
Moraleja
Hasta el comercio más feo
del chocho y del cacahuete,
si con ardor se acomete
llega a nivel europeo.

Parodia de Samaniego


FÁBULAS


EL MÁS Y EL MENOS


El hombre no es perfecto,

y peca por exceso o por defecto.
Esta fábula a punto
viene a explicar la enjundia del asunto:
A Paco Taravilla
le crecía muy poco la perilla,
en cambio, a Ernesto Sosa
le crecía una barba muy frondosa.
Uno se despepita
porque diz que la tiene un poco larga,
y el otro se abotarga
porque diz que la tiene muy cortita.
Moraleja. Allá va:
Corta, larga, escultórica o deforme,
sea así, sea asá,
cada cual con la suya se conforme.
La barba, claro está.

LA CHACHA Y EL GRIFO


Una chacha de Alcorcón,

que en la capital servía,
le daba a un grifo, la tía,
con abundante asperón.
El grifo, aquel achuchón
sufrió con paciencia asaz,
mas le dijo: «¡Oh contumaz!
¿Por qué me causas molestia?
¡Date brillo tú, so bestia,
que buena falta te haz!
Moraleja
En el mundo, logogrifo
que tiene muy poca lacha,
es conveniente ser grifo,
aunque te frote una chacha.

LA INSCRIPCIÓN


En la pared impo1uta

de cierta valla, en Porriño,
escribió con tiza un niño:
«El que lo lea ijo puta.»
Lo leyó doña Paloma,
se acercó a la valla abyecta,
y puso en forma correcta
preposición, hache y coma.
Y es que el más intransigente
es el pobre desdichado
que se ha visto reflejado
en lo que escribe la gente.

EL ORNITORRINCO Y EL MICRÓFONO


El ingenuo ornitorrinco

-mezcla de pato y conejo-
acercóse dando un brinco
al micrófono perplejo
y dio un grito con ahínco.
Comentó el bicho: «Por Palas,
que tan bien canto, en verdad,
que puedo incluso hacer galas.
¿Tendré por casualidad
la garganta de la Callas?»
Dijo el micrófono astuto:
«No pienses que eres tenor
porque sonó este canuto.
¡No eres tú quien canta, bruto,
sino el amplificador!
Que la voz precisa ciencia,
y devoción y ejercicio,
y años de mucha paciencia,
y método y sacrificio,
y talento, y experiencia.
Y esos muchachos flacuchos,
que dicen que cantan, locos,
ni tienen voz ni son duchos,
pues artistas hay muy pocos
y micrófonos hay muchos.»

EL CERDO y LA TONTA


La tonta de mi lugar

una tarde se decía:
«¡Qué tonta soy, madre mía!»
Y, ¡zas!, se echaba a llorar.
Un cerdo la vio al pasar,
y dijo: «El tino yo pierdo.
Ser tonto es malo, de acuerdo,
mas el quejarse no es justo;
yo, mi suerte sufro a gusto,
siendo, como soy, tan cerdo.»

Moraleja


Como la tonta, jamás

reniegues de tu destino.
Haz como el cerdo, y verás
cómo te llaman cochino.

LA COTORRA y EL PLÁTANO


Una cotorra verde y africana

un plátano encontró cierta mañana.
Lo mira, lo remira, sabihonda,
y dice al fin: «¡Qué cosa tan cachonda!
Nunca vi nada igual: largo, lustroso:
fusiforme, pulido y misterioso.
..Mas su aspecto me llena de pavura:
pues no creo que pase la Censura.
Así es que, sin dudar, si es que dudaba
lo tiro, y se acabó lo que se daba.»
y de su acción haciendo grave dolo
tomólo, enarbolólo y arrojólo.
Mas sucedió que, envuelta en la liana,
le apostrofó de pronto la banana,
diciéndole: «¡Oh estulta cacatúa,
que lo que usufructúa desvirtúa,
muchas veces un torpe y rudo aspecto
encubre el no va más de lo selecto,
y tú, por ignorar lo que te cito,
te has perdido el jugoso platanito!»
Moraleja: Juzgad cual la cotorra
el libro por la tapa que lo forra,
que en muchísimas obras literarias
hay dentro un platanito de Canarias.

EL OSO Y LA MEDUSA


Un oso de la Meseta

tocaba la cornamusa,
y en el mar, una medusa
le daba a la pandereta.
«iQué mal lo hacemos, puñeta!
-dijo el oso-, mas barrunto
que no importa. Ambos a punto
nos hallamos, sin dudar,
propicio para formar
eso que llaman conjunto.»

Parodia de Espronceda


CANTO A LUCILA

(Fragmento)

¿Por qué volvéis a mí con insistencia,

vanos recuerdos de una vida ñoña?
¿Para qué revivir lo que en esencia
se agostó para siempre y no retoña?
¡Oh Lucila, no vuelvas; ten paciencia,
no me hagas tu funesta carantoña,
y si te escapas de tu tumba fría,
no te muestres a mí, sino a tu tía!

Como un lirio dormido entre los lirios,

te abandonaste, pálida y serena;
sonreías con íntimos delirios
sobre tu altar de santa sin novena.
¡Qué túmulo tan rico! ¡Cuántos cirios!
y tu caja, ¡qué sólida y qué buena!
La pompa fue en verdad extraordinaria,
porque un riñón costó la funeraria.

Tu lecho, navegando entre las olas

-góndola mortuoria y amarilla-,
te alejaba de mí, y sus cuatro bolas,
bolas de cama, lumbre y pacotilla,
giraban sin cesar para ti sola.
La Muerte las lanzó de carrerilla
a la red de la Nada: gol molesto
de tu póstumo y triste baloncesto.

Te fuiste con el mágico aleteo

de la llama consunta de las teas,
te extinguiste sin un chisporroteo
(y no es decir que tú chisporroteas).
Partiste, pero vuelves y te veo,
y de todo mi ser te enseñoreas,
y verte siempre en tu capilla ardiente
no es lógico, ni limpio, ni decente.

Porque al aparecerte truculenta,

fantasmal, misteriosa y cejijunta,
observo que tu tez es macilenta
y tu carne entre pútrida y consunta,
cuando antaño fue rica y suculenta.
Por eso se me ocurre esta pregunta:
¿Por qué mostrarte, di, si sufro mucho
al ver lo que fue ebúrneo tan pachucho?

Por eso te huyo, sí, por eso lucho

con tu boca marmórea que me nombra,
y sufro a cada paso un arrechucho
al ver aparecer tu débil sombra,
y me entra tanto miedo si te escucho
que me cuelo debajo de la alfombra,
y hasta a veces me meto, ¡qué demonio!,
debajo de un colchón de matrimonio.

Un colchón que es el nuestro, verde, a listas

cárdenas, que torticolis produce;
es el colchón de nuestras entrevistas,
que, fatal y alocado, reproduce,
y entra en detalles vanos preciosistas,
y la emoción de antaño me traduce,
y de visiones tuyas me atiborra
cuando me escondo entre su inútil borra.

No vuelvas, ¡oh Lucila empecatada!;

regresa al panteón, que es un coloso
de mármol, con su clásica fachada
greco-jónica y digna. Tu reposo
está allí, y no en la muerte accidentada
que llevas. y te juro, lirio hermoso,
que si la culpa de que te esté viendo
es del colchón fatal, cojo y lo vendo.


Parodia de Bécquer


RIMAS


En la oquedad de los rincones fríos

que crujiendo parecen despertar,
nos movemos los dos como dos sombras
que danzan sin compás.
y no sé qué silencio pavoroso
me hace intuir el tiempo en su fanal,
pues si hoy es veinticuatro y Nochebuena,
mañana, Navidad.
En el espejo vano del recuerdo
te veo esbelta como en años ha,
y ahora usas unas bragas de franela
que dentera me dan.
No hurtes tu rostro al mío en la penumbra;
no te cambies de sitio sin parar.
Si yo voy a la silla, tú a la mesa,
al balcón o al sofá.
No se detiene el tiempo en un instante
como detiene al potro el mayoral,
y el pasado pasó, y porque ha pasado,
nunca vuelve a pasar.
Hoy, si te atraigo a mí con un abrazo,
se me quiebra marchita la ansiedad,
al ver que estás más gorda cada día
y vas a reventar.
Y además, te ha salido sobre el labio
un bigotazo espeso, tan audaz,
que pIenso a veces si seras mi esposa
o Emilio Castelar.
¡Apártate, no intentes con tus lágrimas
llenar nuestra espantosa soledad!
¡Vas siempre en bata, en bata y en chancletas!
¡¡No te puedo aguantar!!
Del salón en el centro, la mesa
ostentaba el condumio casero,
y en el plato de límpida loza
veíase el huevo.
¡Cuánta clara tenía en su clara!
¡Cuánta yema llevaba en el pecho,
esperando la mano de nieve
que moje en su centro!
¡Ay -pensé-, cuántas veces el hombre
está frito cual tímido huevo,
esperando una voz que le diga:
«Este mes te subimos el sueldo»!

¿Qué es huevo frito? -dices mientras clavas

tu mirada en el pálido trasluz-
.¿Qué es huevo frito? ¿y tú me lo preguntas?
¡Huevo frito eres tú!


Parodia de Rubén Darío


LA ODALISCA


Odalisca refulgente,

que se mueve incandescente
como un flan hecho en Oriente.
Elegante como galga,
en la música cabalga
con ardor de muslo y nalga,
y sus ricas cazoletas
son dos cónicas gavetas,
disimulo de sus tretas.
Hipsipila que vacila
y los ojos encandila
del pachá, que es un tío lila:
venerable circunciso
con la frente en compromiso
y el poder en decomiso.
Odalisca que, estrambótica
da a su danza, gris y erótica
espeluznos de neurótica.
Sobre escaques de caballo,
va sembrando en el serrallo
su dolor de ojos de gallo,
y en la noche desabrida
los consuelos de su vida
son reposo y callicida.
Odalisca desgraciada,
que no llega a Scherezada,
pues no está ni sindicada,
y por eso su castigo
es mover el rubio trigo
del buñuelo del ombligo.
No es extraño que vacile
y jamás se despabile
entre el humo del narguile
Flor de histeria que se pirra
por el oro, por la mirra
y el écharpe de Cachemirra.
Los visires y cadíes
le regalan borceguíes
perfumados con benjuíes
los eunucos tontorrones
la contemplan mansurrones
con su falta de razones,
y ella sigue el exhaustivo
movimiento rotativo
con el pompis sensitivo.

CURSILINA


Margarita está frita. ¿Qué tendrá Margarita?

Su boquita chiquita se marchita contrita
con bostezos de triste e infeliz boquerón.
Margarita no dice más que cosas vacías,
y al que coge por banda la mitad de los días
o le da la tabarra o le atiza un tostón.
El crepúsculo dora la discreta persiana;
ferroviaria, la tarde con su luz provinciana,
en el río se rasca sus narices de añil,
y en la calle despierta con rebuznos de establo,
se pasea don Lucas, se pasea don Pablo,
se pasea don Cosme, se pasea don Gil.
Margarita se aburre en su silla de enea;
vocinglera, su madre, por la casa pasea,
y su padre se toma una caña en el bar.
Margarita no tiene pebeteros ni pomos,
y en lugar de los sándalos y de los cinamomos,
el olor de repollo embalsama su hogar.
¿Piensa acaso en el príncipe de una tierra confusa
(Margarita es tontarria, Margarita es obtusa),
o en un hombre maduro o en un tierno doncel?
¿O en el rey del boato y la dulce fanfarria
(Margarita es obtusa, Margarita es tontarria),
que la lleve a los toros de Cacarabanchel?
 ¡Ay, la pobre muchacha de los senos homófonos,
quiere ser una artista y comerse micrófonos,
como todo el que piensa que maullar es cantar,
y almorzar con caviares y cenar con mariscos,
y firmar mil autógrafos, y grabar muchos discos,
que a comprar va su padre, el que estaba en el bar!
Margarita no tiene refulgentes joyeles,
ni dragones rampantes, ni fogosos corceles,
ni románticas dueñas de brial y runrún;
Margarita no cumple treinta y siete castañas,
y ha de darse prisita con truquitos y mañas,
si no quiere quedarse a the Valencia's moon.
Y no reina en las tierras del País de las Brumas,
ni en los vastos imperios de las Blancas Espumas
con sus olas que vienen y sus olas que van.
En su vida son pocos los momentos triunfales;
solamente fue reina de unos juegos florales,
que mantuvo y retuvo, como siempre, Pemán.
¡Oh quién fuera el liróforo que en la noche rechina
(Margarita es idiota, Margarita es cretina),
mariposa que sueña en un cielo ideal,
y si piensa que a tientas va a palpar el nelumbo,
al buscarlo sus manos, se le vuelve higo chumbo,
que es la máxima gala de la flora local!
¡Calla, calla, monada! -dice el Hada Violante-
(Margarita es pesada, Margarita es cargante),
en un ocho cilindros llega ya triunfador
el gentil financiero que tu amor presentía,
don José Iparraguirregorritiechevarría,
que maneja «Iberduero», «Marcabril» y «Exterior».


Parodia de Antonio Machado



A UN OLMO


Olmo dorado y fresco, que caminas

por la orilla del Duero tortuoso,
que en curva de ballesta, indiferente,
va mojándolo todo.
Arbol-padre, que mezclas tus cabellos
con jilgueros y tordos,
que no sé lo que harán, pero perdido
ponen al que en tu amor buscó reposo.
Castilla cochambrosa, ayer pudiente,
se cuelga de tu tronco,
y gimnasia ojival hace la brisa
en las vidrieras de tus hojas de oro.
Olmo altivo, atalaya de los siglos
que se han deshecho, fofos,
en torno a ti, que alientas y perduras
como un milagro entre cemento y polvo
olmo de los caminos;
olmo viejo y hermoso,
algo te pediría si pudiera:
tu fruto, por ejemplo, pero ¿cómo,
si es áspero y febril como el paisaje
que alimenta tus venas de coloso?
Y pedirte otro fruto, me parece
que es gratuito y obvio,
porque dice el refrán que está muy feo
pedir peras al olmo